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Brasil: El carácter del "Partido dos Trabalhadores"

Por Atilio de Castro*
Introducción -La vigencia del PT
 
La propuesta de construir un Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil fue lanzada en febrero de 1979, en un congreso de dirigentes sindicales, realizado en la pequeña ciudad de Lins, en el interior de San Pablo. Esta propuesta fue defendida por Luis Ignacio da Silva (Lula) presidente del Sindicato Metalúrgico de San Bernardo, que se puso a la cabeza de las primeras grandes huelgas de Brasil después de 10 años: la paralización de las fábricas automovilísticas en la región del Gran San Pablo (ABC) en mayo de 1978. El hecho de que el PT haya sido lanzado por esta dirección, que expresa un movimiento de la clase en el sentido de romper los lazos de las organizaciones sindicales con el Estado, trajo a discusión, en un importante período de ascenso, la cuestión de la organización propia de la clase obrera; o sea, planteó la perspectiva de que los trabajadores se organicen al margen de la burguesía y del Estado burgués.
Obviamente, el carácter progresivo de la propuesta está vinculado al hecho de que la clase obrera brasileña nunca llegó a tener un partido político propio de masas. El PC nunca ocupó tal lugar. Este es el hecho que merece ser destacado; y la inexistencia de un partido obrero de masas en Brasil debe ser explicado en una apreciación más amplia de la historia de los explotados del país. Es necesario señalar, no obstante, que no se puede confundir el carácter progresivo general de la propuesta con los métodos y la línea programática sobre la cual el PT viene desenvolviéndose, punto sobre el que volveremos más adelante.
 
Ahora bien, en relación a la historia del movimiento obrero brasileño, pretendemos apenas plantear algunas consideraciones para entender mejor el lugar que ocupa la propuesta actual de construir un Partido de Trabajadores de masas en el país.
 
La clase obrera brasileña, con su formación moderna, surge tardíamente, en un país que prácticamente hasta después de la segunda mitad del siglo XX, se caracteriza por una industria casi artesanal, primitiva y tremendamente dispersa. El peso de la economía agrícola primitiva era decisivo (hasta 1960, el 60 por ciento de la población económicamente activa se encontraba en el campo) y el proletariado, ultraminoritario y escasamente concentrado, difícilmente podía articularse como una clase nacional frente a la enorme masa agraria, en un territorio de dimensiones continentales. En realidad, la desestructuración nacional del país es una peculiaridad de la historia del Brasil en relación a otros países latinoamericanos. Hasta la década del 30, Brasil tenía una estructura política federativa, donde los Estados, independientes entre sí, -cada cual con su presidente-eran dominados por viejas oligarquías rurales. En estas condiciones, la primera arte de la historia del movimiento obrero -principios del siglo hasta los años 20- está marcada por la hegemonía anarquista, que lógicamente se apoyaba en la característica artesanal y de origen campesina de la primitiva masa de trabajadores que comenzaba a concentrarse en las ciudades, particularmente en el Centro-Sur del país.
 
En 1922, con una mayoría de dirigentes venidos de las filas anarquistas, fue fundado el Partido Comunista Brasileño. Esto en el momento en que comienza a surgir un importante movimiento nacionalista con base en la oficialidad media del Ejército, que será conocido como “tenentismo” y que levanta un tímido programa de unidad nacional contra el federativismo agrario. El “tenentismo” será la base sobre la cual nacerá el Varguismo, que triunfa con la revolución del 30, dando fin a lo que se llama en la historia brasileña la “república vieja”. El dato es importante porque será en relación a esta experiencia fundamental del nacionalismo que el PC fracasará por completo en estructurar una política de clase independiente, capaz de disputar la dirección del movimiento de masas. En realidad, la estructuración del PC fue extremadamente débil en la década del 20, marcada por una serie de crisis, a tal punto -que, a través de fracciones y exclusiones, al comienzo de la década del 30j no queda ningún elemento de la dirección que fundó el partido. Ya en esa época el PC está totalmente stalinizado; su política en relación al Varguismo estará marcada inicialmente por la política ultraizquierdista del tercer período —al principio el varguismo es caracterizado como fascista— y, posteriormente, por el frentepopulismo, esto es, por una política de colaboración activa en la última etapa del gobierno Vargas (42-45), cuando éste se incorpora junto a los aliados en la segunda Guerra Mundial. Con esta política, el PC se apartó primero, inclusive físicamente, de las organizaciones obreras, denominadas por el partido “Sindicatos fascistas”, que tendrían que ser destruidos— y después, al comienzo de la década del 40, volvería a sostener y apoyar a la burocracia sindical varguista. En realidad, el PC nunca tuvo una implantación profunda en las organizaciones obreras, comparando con otros países latinoamericanos (Chile, Perú, por ejemplo) Su mayor crecimiento, en el período de 45-47, cuando llegó a conseguir miles y miles de militantes, se dio mucho más sobre la pequeño burguesía y sobre bases electorales (fue el único período de legalidad del PC) que a través de la conquista de organizaciones obreras, la mayoría de las cuales se mantuvieron en manos de la burocracia nacionalista.
 
Con la reedición de la experiencia nacionalista, en la década del 60, el PC se hundirá en una política de sostén incondicional del nacionalismo y renunciará a todo combate por imponer una dirección independiente de la burguesía al movimiento obrero, siendo un factor de primer orden en la sumisión de las masas al gobierno de Goulart y su miserable retirada sin resistencia frente al golpe contrarrevolucionario del 64. Lo que importa indicar aquí es que el PCB (la experiencia más importante del proletariado brasileño en relación a la construcción de un partido propio) fracasó completamente en la tarea histórica de construir un partido obrero de masas. Al contrario, el PC contribuyó directamente para que la burguesía mantenga su hegemonía de clase sobre el movimiento de masas, llevando hasta las últimas consecuencias su línea de colaboración de clase. El menchevismo del PC llega a un punto tal que en la actualidad convoca a los trabajadores a disolverse en el partido burgués de oposición, el PMDBC
 
Las conclusiones básicas que sacamos de la experiencia histórica del movimiento brasileño son: a) Permanece abierta para la clase obrera la tarea de construir su partido obrero independiente; b) la construcción del partido obrero de masas forma parte de un proceso de diferenciación del proletariado del nacionalismo burgués, tanto en su contenido programático, como en su composición de clase y los métodos prácticos de acción; c) la contribución del stalinismo a la derrota y a las frustraciones de las masas subordinadas al nacionalismo lo colocó, en la práctica, en el campo enemigo del proletariado. La lucha por un partido obrero de masas nace en oposición al aparato stalinista.
 
En síntesis, el PT se constituye, en el presente, como una tendencia objetiva del proceso político. Sus raíces están en las experiencias de la clase obrera con el nacionalismo, llena de derrotas y frustraciones y en el fracaso histórico del stalinismo contrarrevolucionario. El PT aparece, en la actual coyuntura de recuperación del movimiento obrero, como una posibilidad de superación de la tarea pendiente de estructurar el partido obrero independiente. Esta posibilidad, evidente* mente, no significa automáticamente que tendremos en Brasil un partido obrero de masas a partir de la propuesta del PT. Lo que decimos es que el PT tiene vigencia como posibilidad de ocupar el lugar dejado por el PCB en el período constitutivo del proletariado brasileño. El otro lado de la cuestión está en las preguntas siguientes: ¿Para dónde camina el PT? ¿Cuáles son sus características reales? Es lo que trataremos de desarrollar a continuación.
 
II. El origen del PT
 
¿Cuáles son las principales características del momento político en que fue lanzado el PT? ¿Y qué lugar ocupa el PT en este momento? Estas preguntas son importantes no sólo para determinar la génesis del partido sino también para caracterizar su fisonomía concreta, tomada en el curso de su construcción.
 
El PT nace en una etapa de franco ascenso del movimiento obrero. Las huelgas que existieron en el corazón industrial del país -ABC paulista- en 1978, impulsaron al movimiento de masas a recuperarse del profundo reflujo al que estuvieron sometidas durante muchos años. También la pequeño burguesía tendió para la izquierda, defendiéndose de la crisis económica y reflejando la crisis del régimen militar. Por su parte, el frente burgués se rompió, tratando de ajustar sus relaciones con el imperialismo frente a la crisis económica y a la necesidad de rever sus métodos de dominación de clase. El choque del movimiento huelguístico con el régimen militar hace explotar la contradicción entre las actuales relaciones jurídicas y políticas del poder burgués con la nueva etapa de ascenso. La legislación antiobrera vigente que limitaba la acción sindical es cuestionada en algunos fundamentos básicos: derecho de huelga, negociación libre y directa entre patrón/empleado y derecho de libre organización sindical. Es el movimiento obrero el que comienza a romper la sumisión de los sindicatos, que pasan a ser recuperados por la acción directa de las masas en la perspectiva de su movilización independiente. Es en el interior de esta situación de ascenso de masas que ocurren algunos fenómenos políticos que son importantes para comprender el origen del PTC
 
En primer lugar, se produjo un proceso de diferenciación en el aparato sindical. Alrededor del Sindicato Metalúrgico de San Bernardo, donde se concentraron las mayores huelgas, se formó la llamada corriente de “sindicalistas auténticos”, que así se llamó, en contraposición a la burocracia sindical reaccionaria, alineada y pro-gubernamental. En realidad, los auténticos se guiaron en este proceso de ruptura en forma bastante empírica, a través de sucesivas aproximaciones y distanciamientos. Lo esencial es que esta diferenciación de los “auténticos" representa un sector de la burocracia que, puesta a la cabeza de importantes movimientos huelguísticos, expresa no un movimiento de integración al Estado a partir de posiciones independientes, sino un movimiento en el sentido de la independencia a partir de posiciones de integración al Estado. Es en este sentido que ésta podría ser calificada de burocracia centrista, que busca un margen mayor de maniobra para los sindicatos en la nueva situación política; será a través de ésta que surgirá la propuesta del PT. Mientras tanto, la burocracia contrarevolucionaria se aliará al PCB para constituir la llamada “Unidad Sindical”, organismo formado por importantes sindicatos de diversos Estados, y defenderá la unidad de la oposición burguesa (PMDB) contra el PT.
 
En segundo lugar, por la crisis política, el gobierno Figueiredo abre en octubre del 79 el proceso de “Reformulación Partidaria”, con el objetivo de impedir las posibles victorias electorales de) MDB, que cuestionarían las reglas del juego del gobierno militar y tratando de mantener la posición privilegiada de las fracciones burguesas que usufructúan los favores de la camarilla militar. En los planes originales, la “Reformulación Partidaria” debía dar lugar a tres partidos que surgirían del MDB: los sectores más conservadores del partido constituirían el llamado partido “independiente”, dispuesto a realizar alianzas con Arena, el partido del gobierno (después transformado en PDS); al centro quedaría una agremiación liberal de verborragia democrática, y finalmente, la pequeño burguesía izquierdista, integrada por numerosas sectas centristas y el PCB, formarían un tercer partido de “izquierda legal”. Fue en base a este esquema que el ala de izquierda del MDB buscó cooptar a los dirigentes sindicales, que ya habían lanzado la propuesta del PT, para constituir un tal partido “policlasista”, que inicialmente denominaron “partido popular”.
 
El máximo representante del PT —Lula- ya había intentado, por su parte, una aproximación con el MDB, apoyando, en las elecciones de noviembre de 1978, al candidato a senador Fernando Henrique Cardoso.
Esta tentativa tiene su explicación: la dirección lulista buscaba una representación política en el MDB para proseguir el objetivo de obtener un espacio político para los sindicatos en el cuadro de la apertura.
Su estrategia básica era la de conseguir una reformulación de la CLT (legislación sindical en vigor) para poder manejar, con cierto margen de libertad, el sindicato: implantar el delegado sindical por fábrica, obtener el derecho de negociación directa, derecho de huelga, etc. Lula no estaba en contra de formar un partido con la izquierda emedebista, pero no estaba dispuesto a dejar la hegemonía del proceso de formación del partido, ya que la única dirección de hecho de la clase era él.
 
Así, las negociaciones en torno de un partido de izquierda legal en los marcos de la apertura de Figueiredo no llegaron a nada: no hubo acuerdo sobre el papel que los sindicalistas auténticos deberían tener en el nuevo partido. La izquierda emedebista se dividió: por un lado, la intelectualidad, el PC y el PC do B maoísta permanecieron en el MDB, que quedó mejor estructurado de lo que el gobierno pensaba cuando lanzó la “Reformulación partidaria”; por otro, una serie de grupos menores centristas y vinculados a la iglesia se pasaron para el PT, que quedó con los sindicalistas lulistas en la dirección del nuevo partido.
 
Conclusión: si, por una parte, la propuesta del PT tuvo vigencia práctica desde su origen, gracias al ascenso del movimiento obrero, al que las direcciones del PT estaban íntimamente ligadas, por otro, la propuesta de los sindicalistas auténticos se formuló tras el fracaso de las negociaciones con la izquierda emedebista.
 
En realidad, la dirección sindical, no teniendo en los partidos de oposición burguesa ningún tipo de representación política, y frente a la reformulación partidaria, lanzó la cuestión del PT como un medio de buscar un lugar en el arreglo y evitó en todo momento volcar la autoridad de los sindicatos de masas que dirige en la construcción del partido. Desde el primer momento, se lanzó la teoría de que las organizaciones obreras de masas —los sindicatos- no tendrían que entrometerse en cuestiones políticas.
Este surgimiento empírico del PT, como expresión de las contradicciones que marcan la nueva situación política brasileña, es importante para entender la característica de su intervención en la lucha de clases y el significado del programa que más tarde adoptará.
 
III. Programa
 
El PT tiene dos documentos básicos, el “Manifiesto” y el “Programa”, el primero aprobado en el Encuentro Nacional de febrero y el segur do en el Encuentro Nacional de Mayo/Junio. Mientras tanto, el documento “Puntos para la elaboración de un Programa”, lanzado por la Comisión Nacional Provisoria como proyecto preparatorio del II Encuentro Nacional, se constituyó en importante pieza programática pues reflejaba la influencia de los intelectuales en el PT y, también, porque su orientación básica triunfó en los Encuentros. Algunas diferencias particulares pueden existir, pero lo que importa es que en esencia son la misma cosa.
 
La principal característica de estos documentos del PT es que plantean que el objetivo estratégico del proletariado y de las masas es luchar “por la democratización del Estado”. Este objetivo aparece explícitamente en “Puntos para la elaboración de un programa”: "El PT lucha por una democracia más profunda; la democratización de la economía, de la sociedad y del estado deben caminar juntas. Mientras en el manifiesto y en el programa esta idea aparece en forma más generalizada en fórmulas como: “democratización de la sociedad en todos los niveles”; “Compromiso con la democracia plena ejercida directamente por las masas” (Manifiesto); o, “Luchamos por la construcción de una democracia que garantice en todos los niveles la dirección de los trabajadores en las decisiones políticas y económicas del país de acuerdo a sus intereses y a través de sus organismos de base” (Programa).
 
Detrás de esta orientación de democratizar la sociedad se plantean los puntos programáticos de reivindicaciones sindicales, de libertades democráticas y una vaga bandera de independencia nacional. En realidad, la plataforma de lucha aparece como un recetario de consignas carentes de contenido, pero lo que interesa realmente es que la naturaleza del programa es burguesa, pues atribuye a los explotados la tarea de democratizar la sociedad capitalista, opuesto al objetivo histórico del proletariado de conducir a las masas oprimidas a romper la estructura capitalista, destruir el Estado burgués y abolir la propiedad privada. La estrategia de la democracia burguesa es contradictoria con este objetivo y significa integrar el proletariado al Estado capitalista.
 
Algunos puntos deben ser comentados en relación a esta línea. Primero la democracia no es una categoría neutra; la democracia es una de las formas del régimen burgués basado en la propiedad privada y en la cual los trabajadores tienen “libertad” de elegir periódicamente los representantes y agentes de los patrones que los van a gobernar. La más democrática de las democracias tiene como fundamento último el poder represivo del Estado burgués que monopoliza las armas y la organización profesional que las usa (el ejército). Es por esto que la república más democrática no deja de ser una dictadura de la burguesía.
Por lo tanto es ilusionar a las masas señalar el camino de la democracia burguesa como salida para sus problemas. Esta afirmación del programa demuestra bien ese carácter ilusionista: “El PT nace en una coyuntura en la que uno de los grandes problemas de la sociedad brasileña es el de la democracia: garantizar el derecho a la, libre organización de los trabajadores en todos los niveles hoy es, para el PT, su lucha democrática concreta”. Es verdad que uno de los grandes problemas de hoy es el de la falta del derecho de organización del proletariado, pero es preciso señalar el camino correcto de la lucha; levantar las consignas democráticas para movilizar a las masas contra la dictadura militar. ¿Y cuál es el objetivo? ¿Establecer la “democracia burguesa”, basada en la propiedad privada de los medios de producción, sostenida por las masas? No, profundizar la lucha contra la burguesía, estructurar el proletariado como dirección de la mayoría nacional oprimida para liquidar el estado burgués e implantar el gobierno obrero y campesino, sostenido por las organizaciones soviéticas (soviets). El objetivo de un programa obrero solo puede ser el de liquidar él régimen de la propiedad privada. Y esto sólo puede ser conseguido a través de la revolución social, dirigida por el proletariado, con el claro objetivo de resolver las tareas democráticas pendientes del Brasil semicolonial, combinado con la construcción del socialismo.
La estrategia obrera está contrapuesta a la estrategia de la construcción de la democracia burguesa defendida en el programa, que comete el error terrible de confundir ia lucha por las libertades democráticas con la defensa de una forma de re-gimen burgués explotador.
En segundo lugar, la democracia burguesa (que los trabajadores saben distinguir de las formas totalitarias de la dictadura burguesa) es, incluso, un lujo que los países atrasados y semicoloniales, como el Brasil, no se pueden dar. La democracia es un privilegio de los países imperialistas, financiada con los recursos de sus ricas burguesías expoliadoras de su proletariado y de todas las naciones oprimidas del mundo. La historia de Brasil y de todos los países latinoamericanos nos probó, miles de veces, la completa incapacidad de las democracias para resolver los agudos conflictos de clase con los que se enfrentan. El reciente golpe de García Meza en Bolivia es una prueba más que evidencia esta cuestión. Por lo tanto, entre la contrarrevolución burguesa y la revolución proletaria, los países atrasados no tienen la posibilidad de encontrar un camino intermedio democrático burgués que abra todo un período de desarrollo económico y social. Tal camino está históricamente superado a nivel mundial.
En tercer lugar, es preciso decir que la lucha por las libertades democráticas no se confunde con el objetivo de enchalecar a los trabajadores dentro de los límites de la democracia parlamentaria. En un país semicolonial como Brasil, gobernado casi permanentemente por dictaduras, las cuestiones como la reforma agraria, libertades de organización sindical y partidaria, asamblea nacional constituyente libre y soberana, etc, asumen tremenda importancia para la movilización de los trabajadores. Sin embargo, esas banderas no tienen un fin en si mismo. Son tomadas por las masas para oponerse a la dictadura y a la burguesía y a través de la acción directa, impulsar sus organizaciones independientes, dirigidas para expropiar el capital y construir el socialismo. Las banderas democráticas son instrumentos de la lucha de dase para profundizar el abismo, entre las masas y los explotadores y no para democratizar el Estado burgués.
 
En cuarto lugar, la cuestión de la independencia nacional planteada por el PT es un palabrerío nacionalista que se resume en dos consignas: "Contra la dominación imperialista” y “por una política externa independiente”. La independencia nacional forma parte del conjunto de tareas democráticas propias de un país oprimido por el imperialismo. Está demostrado que dentro de les marcos del imperialismo no existe posibilidad que los países capitalistas de economía atrasada alcancen su independencia nacional.
No se alcanzará la independencia nacional, ni tampoco la revolución agraria, si no se rompen todos los vínculos de dependencia político-económico con el capital internacional. Para esto sólo hay una vía, dotar al proletariado de un programa democrático y antiimperialista que conduzca a la revolución social.
Entonces, debe quedar claro que se trata, sí, de proclamar la expropiación de las empresas imperialistas y de gran capital nacional y no la consigna abstracta de "contra la dominación imperialista”; se trata de defender la ruptura de los acuerdos secretos y de todos los pactos con el imperialismo y no de "una política externa independiente , consigna burguesa que tendría que ser substituida por la reivindicación del internacionalismo proletario y por la lucha contra el imperialismo que domina nuestro continente, en la perspectiva de los "Estados Unidos Socialistas de América Latina”.
 
Concluyendo, es necesario observar que el Programa del PT está atrás de todos los programas obreros ya elaborados en el país. Lejos de constituirse en un programa centrista o con muchas imperfecciones, se constituye en un programa burgués, pues procura limitar la acción de las masas a la democracia burguesa, esto es, a las fronteras de la propiedad privada. Los intelectuales y las corrientes nacionalistas que militan en el PT y elaboraron su línea programática explican que en el interior de un país atrasado sólo hay lugar para un frente de clases y no para un partido obrero. Esta explicación viene de la observación del escaso peso numérico del proletariado frente a la gran masa campesina. De aquí deducen que el PT debe ser un frente de clases, donde se expresen los más variados intereses de las diversas capas explotadas, constituyéndose el partido en un defensor de los intereses comunes de todas ellas. Es por esto que, según los "Puntos Programáticos...”, el partido no puede tener como meta el socialismo (por lo tanto, el "interés común de las masas es la democracia burguesa, según la interpretación de syss defensores) de ahí sacan otra deducción: un partido obrero se limitaría a organizar estrictamente a la clase obrera.
 
La distorsión de esta concepción es fabulosa. Al contrario de lo que dice el programa del PT, solo un programa obrero respondería globalmente a los intereses de todas las capas oprimidas por la burguesía. Algunas razones pueden ser apuntadas: A)la resolución de los problemas de los varios estratos populares no podrá darse en los marcos del capitalismo. ¿Podrán resolverse los problemas de los pequeños propietarios al lado de los grandes monopolios? ¿Y los del trabajador autónomo al lado de las grandes corporaciones industriales y comerciales? Está claro que no. B) el proletariado es la única clase, por su posición en la producción y por su radical antagonismo con la burguesía, capaz de plantear la expropiación del capital como objetivo de una lucha que podrá emancipar a todos los explotados. Ninguna otra capa explotada tiene esa cualidad esencial. C) reconocer que la clase obrera brasileña es minoritaria en relación a la mayoría nacional explotada no significa concluir que ésta deba renunciar a su papel dirigente de las masas para abolir el capitalismo. Lo que importa es su peso social y político: como las experiencias nacionalistas lo demostraron, o el proletariado encabeza la lucha antiimperialista de las masas o la burguesía nacional será la dirección y el resultado será la frustración de las amplias masas. Por lo tanto, sólo a través de la dirección de la clase obrera es que el pequeño comerciante, el indio o el jubilado pueden incorporarse a la movilización de todos los oprimidos para acabar con el dominio del capital. D) En realidad, lo que está en cuestión es saber bajo que orientación las capas explotadas se organizarán. Si lo hacen bajo la orientación del proletariado, asimilarán sus métodos y sus tácticas de lucha y.caminarán para expropiar a la burguesía,; En caso contrario, sólo podrán alinearse tras una orientación burguesa o pequeño burguesa y terminarán aplastadas cuando éstas se doblen frente al imperialismo, como nos enseña nuestra propia historia.
 
IV. Una práctica y una teoría para apartarse del movimiento de masas
 
La función de la crítica al programa del PT no es la de establecer una discusión doctrinaria-académica. Es tratar de comprender cual es la relación existente entre el programa adoptado y la conducta práctica del partido en la lucha de clases. Esto porque, en el caso del PT actual, no estamos frente a un partido que empíricamente trata de canalizar y dirigir el movimiento de masas, con un programa inacabado, incompleto, equivocado, sino frente a una organización que renuncia explícitamente a asumir la dirección del movimiento de masas„ Es este, hoy, el problema clave frente al cual se encuentra el PT: sólo una intervención de combate, sólo en un partido que intente centralizar realmente el movimiento de masas y que, por lo tanto, sea un canal para la organización de los explotados, se darán .las condiciones para corregir un programa equivocado. Los oportunistas de todo tipo (nos referimos a infinidades de organizaciones pequeño burguesas que constituyen hoy la fuerza de un PT carente de presencia real de masas) ha lanzado la teoría de que el programa no tiene ninguna importancia o es secundario —esto en el momento en que estaba en discusión un programa de características burguesas—, pero al mismo tiempo ocultan que el problema central del PT es su negativa a asumir un papel dirigente de la lucha de los trabajadores.
 
Desde el principio, como vimos, los dirigentes sindicales del PT se negaron a volcar la autoridad de los sindicatos que dirigen para transformar el partido en un vehículo de verdaderas organizaciones de masas que están siendo recuperadas por los trabajadores. En vez de un partido basado en tales organizaciones, surgió un PT de 11 núcleos” con prácticamente ninguna presencia del proletariado industrial en sus filas. Esto quedó claro en los encuentros nacionales del PT, dominados por representantes periféricos del proletariado y por una predominancia de elementos de clase media y de militantes de organizaciones pequeño burguesas de izquierda. En la propia huelga del ABC, protagonizada por el sindicato dirigido por Lula, la presencia del PT fue prácticamente nula y el partido no tuvo una intervención centralizada, permaneciendo como tal en un completo segundo plano, sin ninguna directriz para la intervención de los militantes y sin delimitarse de la oposición burguesa que, solidarizándose de palabra con el movimiento huelguístico, trató de evitar su generalización y de contenerlo dentro de un cuadro de compromiso con el gobierno militar.
 
El PT nació, así, apartándose del movimiento real que le dio origen, la movilización huelguística que comenzó a re-erguir a los sindicatos, rechazó esta base para desarrollarse y acabó siendo fundado como una federación de grupos pequeño burgueses de izquierda y con una influencia marcante de la Iglesia, cuyos sectores llamados progresistas no esconden su apoyo al PT. (En los medios rurales las comunidades de la Iglesia son la base fundamental del desarrollo de los núcleos del partido). En la actualidad, se desarrolla toda una línea de liquidación de los núcleos iniciales del partido, formados por gremios, para transformarlo en un partido apoyado en "directorios municipales”, en los términos de la legislación e-lectoral de la dictadura militar. La línea que está siendo aplicada es la de una adaptación mayor al cuadro del parlamentarismo regimentado por los militares y a la reformulación partidaria del gobierno, borrando toda característica clasista en su organización y limitándose a una preparación electorera para las elecciones de gobernadores, que tal vez se realicen en 1982. La izquierda de la Iglesia apoya esto en la misma línea que apoyó la reciente visita reaccionaria del jefe del vaticano, que anduvo pregonando que los justos movimientos reivindicativos debían apartarse de toda lucha de clases y violencia contra los ricos.
 
Esta concepción de un PT ajeno al combate real de las masas fue elevada al plano de la teoría, cuando en sus documentos programáticos, se planteó que “el PT, está presente en todas las luchas del movimiento popular, pero respetando y defendiendo la autonomía de las organizaciones populares”. Cabe preguntar: ¿autonomía en relación a qué, o a quién?
 
Las organizaciones "populares” ¿pueden ser autónomas de la perspectiva obrera, burguesa o pequeño burguesa, que sus direcciones pueden imprimir a la lucha y movilización popular?; ¿vale lo mismo para un partido que se declara formalmente por la lucha por una "sociedad sin explotadores ni explotados”? En lugar de una declaración de respeto a la autonomía, lo que corresponde es lo contrario: un partido que pretende centralizar la lucha de los trabajadores debe señalar que intervendrá, a través de la experiencia propia de las masas, para imponer un curso y una perspectiva consecuente a su lucha reivindicativa, para arrancarlas de la influencia de direcciones ajenas al movimiento obrero, que no pueden pretender otra cosa sino esterilizar y limitar su movilización.
 
La peor consecuencia de semejante “teoría” es el “modus vivendi” que la dirección sindical auténtica del PT ha encontrado con los burócratas que dirigen la mayoría de los sindicatos. En lugar de lanzar la consigna fuera los burócratas y organizar un movimiento real en este sentido, el PT, con la ayuda de la teoría de la “autonomía” de los sindicatos, renuncia a organizar fracciones sindicales propias en éstos y a darle un carácter centralizado al combate por una nueva dirección del movimiento obrero contra los agentes de la burguesía en sus filas.
 
La actual etapa política es de ascenso de las masas. Este ascenso ha pasado principalmente por los sindicatos. En ellos, el PT debe intervenir, presentándose como alternativa de dirección, para combatir a los burócratas, organizando comisiones de fábrica, levantado la bandera de independencia de los sindicatos frente a la burguesía y centralizando las luchas sociales contra la dictadura militar. Lo mismo decimos en relación a la juventud estudiantil y obrera y a los diversos movimientos reivindicativos. El PT debe disputar la organización de la juventud, que se caracteriza por el combate anti-dictatorial y antiimperialista, con la oposición burguesa que trata de ganarlos con sus maniobras democratizantes. La defensa de la “autonomía” de los movimientos populares en relación al PT es el resultado práctico de todos los fundamentos burgueses de la línea programática. Al contrario de diluir el papel centralizador del movimiento de masas, el PT tiene que aparecer como un verdadero canal de movilización y organización de los trabajadores, formando las fracciones sindicales, la juventud de masas y dando una expresión organizada a la movilización de las diversas capas explotadas. Fundar sólidas organizaciones de masas que arranquen a los explotados de la influencia burguesa es una condición para el desarrollo de un partido de combate de los trabajadores.
 
V . Perspectivas
 
Los trotskistas comprenden que sólo un partido revolucionario de la IV Internacional podrá cumplir la tarea de conducir al proletariado y a las masas explotadas a la destrucción definitiva de la sociedad de clases. No hay substituto para esta tarea histórica del proletariado.
 
Sin embargo, el partido revolucionario no será construido sino en el interior de las experiencias del movimiento de los explotados.
 
La existencia del PT en Brasil planteó en forma concreta la tarea histórica pendiente, dejada en abierto por el PCB, de estructurar un Partido obrero independiente. Esta es una de las mayores cuestiones presentes para el proletariado y, como experiencia de clase, plantea para los trotskistas la obligación de agotarla.
 
La intervención en el PT pasó a ser una obligación para construir un partido revolucionario. Y esta obligación no quiere decir acompañar la trayectoria del PT para asistir a su fracaso, sino para intervenir firmemente en la defensa del partido obrero de masas, que adopte un programa por el Gobierno Obrero y Campesino, que declare la inviabilidad de la democracia en nuestro país y defienda por lo tanto, que los intereses comunes -agrarios, democráticos, antiimperialistas— de las más amplias masas explotadas sólo pueden ser resueltas en el cuadro de la liquidación del Estado capitalista, como parte de la revolución mundial y del combate por los Estados Unidos Socialistas de América Latina.
 
En esta línea, es. inevitable un trabajo de fracción en el PT, diferenciándose nítidamente de las corrientes pequeño burguesas nacionalistas y oportunistas, que hacen de todo para fundir el movimiento independiente del proletariado con el nacionalismo burgués. Por la propia experiencia de la lucha de clases pasada, quedó comprobado que la burguesía nacional está completamente caduca para realizar las tareas democráticas en nuestro país semicolonial. Esta tarea cabe al proletariado, que, dirigiendo la mayoría nacional oprimida, podrá romper las cadenas imperialistas de la opresión nacional e implantar el Estado Obrero. En este sentido, luchamos en el PT para que éste ayude a las masas a .diferenciarse del nacionalismo y del aparato contrarrevolucionario stalinista y le facilite la tarea de realizar sus objetivos históricos.
 
Esto supone una clara delimitación política de la orientación y práctica actual del PT desde que se lanzó la propuesta de construir un PT sin patrones, los trotskistas, agrupados en la sección brasileña de la TCI, señalaron que la tarea de construir un partido de clase independiente correspondía a una tendencia del proceso político actual en Brasil. La intervención crítica de la OQI en el PT estuvo marcada desde el comienzo por una cuestión central: no es suficiente proponerse dar a los trabajadores una representación política propia, es necesario definir una estrategia, un programa de clase. Una representación política de los trabajadores sujeta a los límites de la apertura, limitada a reivindicar una democracia inviable, no podrá jamás poner en pie un PT realmente de masas.
 
En la actualidad, el movimiento de masas no pasa por el PT y su orientación es una traba para abrirse un camino hacia las masas. Por otro lado, la estructuración del partido a nivel nacional i corresponde a la derrota de la última huelga de los metalúrgicos del Gran San Pablo, que abrió u-na etapa de reflujo transitorio en el movimiento obrero. Como la tendencia general del ascenso no ha sido revertida y la crisis económica agrava las condiciones de vida de las masas a niveles insoportables, son inevitables nuevos combates ¿Utilizarán las masas el PT? Esta es una pregunta que la propia lucha de clases tendrá que responder .Si las masas entran en el PT, se crearán las condiciones para romper la línea pequeño burguesa de conciliación de clase y para superar el programa burgués adoptado en los Encuentros. Ahora, si las masas no entran al PT, no hay forma de construirlo. El gobierno y los partidos bloquearán completamente su camino y lo sofocarán. Una variante de esto sería la integración del PT a una alianza con partidos burgueses opositores, que comenzó a ser negociada recientemente. Sería un frente popular en el que los trabajadores sacrificarían su independencia política en los límites de un programa burgués. Esta es la situación real del PT y no hay por qué no señalarla. El camino para intentar la superación de este impasse (dado por las características pequeño burguesas del PT) es trazar una línea de acción para intervenir en los sindicatos y en los movimientos populares: convocar una Conferencia del Partido para discutir la situación nacional y las tareas del movimiento de masa. Armar las campañas, llamar a las masas a movilizarse y aparecer como un canal centralizador y aglutinador de las luchas obreras. Fuera de este terreno no vemos cómo podrá mantenerse el PT. Salir del terreno parlamentario, tomar por referencia la acción directa de las masas y penetrar en sus aspiraciones es una condición de vida o muerte para el partido. La lucha presente es vencer este poderoso obstáculo.
 
VI. Un comentario final y necesario: Los pseudo trotskistas y el PT
 
Como no podía dejar de ser, la propuesta del PT exigió una rápida respuesta de todas las alas que se reivindican del trotskismo en Brasil. Dos de esas organizaciones son la OSI, sección nacional del Corci, y Convergencia Socialista, ligada a la Fracción Bolchevique de Nahuel Moreno. Lo que nos interesa es la actitud de estas organizaciones, que se dicen trotskistas, frente a la importante cuestión del partido obrero independiente, planteada por la existencia de la propuesta del PT.
 
Ni bien fue lanzado el PT por las direcciones sindicales, la OSI lo definió como “una articulación burguesa que juega un papel de apoyo a la dictadura” (Resolución, julio de 79).. Casi un año después, en enero de 80, la OSI cambia radicalmente su opinión sobre el PT, afirmando: “el PT es una respuesta del movimiento del proletariado en el sentido de una organización independiente”. Y para explicar su posición reaccionaria inicial explica: “El PT nace como una articulación de agentes de la burguesía en el movimiento obrero, pero no evolucionó como un pilar de la dictadura” (como la OSI preveía). Y continúa:
“La fuerza motriz de su articulación es la lucha de los trabajadores y no los partidos burgueses, ni la dictadura militar”. Un esclarecimiento: la OSI consideraba al PT un pilar de la dictadura porque nacía de las direcciones sindicales que ellos consideraban representantes directos de la dictadura y del Estado Burgués, y los sindicalistas no eran obreros, sino burgueses. De esta forma, dedujo que el PT sería un organismo reaccionario (por lo tanto, fueron coherentes con su razonamiento ultraizquier-dista). Ahora, sin ninguna autocrítica, ni explicación, pasan a defender al PT como un factor progresivo en la organización de la clase obrera. Es importante notar también que ahora se habla de "agentes de la burguesía”, refiriéndose a los dirigentes sindicales. Con esto los coloca en el mismo campo que las burocracias stalinistas y socialdemócratas, mientras que hasta ahora se hablaba de una diferencia “cualitativa”, en la medida en que los “pelegos” (burócratas sindicales brasileños) eran funcionarios directos del Estado. En segundo lugar, la afirmación genérica de que la “fuerza motriz” del PT son las masas es un cuento que la OSI usa para desbarrancarse hacia el oportunismo. Esto porque desprecia el hecho concreto de que el PT ha sido levantado por iniciativa de los dirigentes sindicales de la corriente lulista que buscan, a través del PT, un medio de acción política en el cuadro de la apertura regimentada del gobierno militar. La afirmación genérica sustituye la crítica concreta: en lugar de planificar una intervención crítica en el PT, la OSI señala que la estrategia central consiste en “resaltar, en la plataforma propuesta por los articuladores del PT, las convergencias en relación de nuestro programa”. Esto, cuando la plataforma del PT plantea, como perspectiva estratégica, lograr la “participación política de los trabajadores en el parlamento y el Estado burgués”.
 
En realidad, .la OSI sustituye la crítica por la provocación: “Para la mayoría de los trabajadores -dice- no es evidente que todos los articuladores del PT están a-poyando a la dictadura”, oscilando, así, entre el sectarismo original de la tesis de los sindicatos fascistas y la capitulación sin principios.
 
Los morenistas, por su parte, diferentemente, revelaron desde el inicio su oportunismo crónico. Antes del lanzamiento del PT, intentaron construir un Partido Socialista en los moldes de la II Internacional, llamando para eso desde Almino Affonso (ex ministro de Joao Goulart) hasta las tendencias “marxistas”. 
Esto porque preveían que la socialdemocracia iría a tener un período de florecimiento en el país y para eso era importante tomarle la delantera. Cuando esta propuesta fracasó, pasó a apoyar la candidatura del presidente del Sindicato Metalúrgico de Santo André para diputado del MDB. Después, cuando apareció la posibilidad del surgimiento del PT entre los sindicalistas, redactaron el primer proyecto de programa. Trataron de pasar al frente del proceso con una propuesta de programa caracterizado por un amontonamiento de viejos clichés nacionalistas, como erradicación del latifundio improductivo y no expropiación del gran capital agrario; congelamiento de los precios y no control obrero de la producción; política externa independiente y no internacionalismo proletario. La principal consigna fue la de “gobierno de los trabajadores”. A pesar del odio de las corrientes pequeño burguesas nacionalistas del PT, la consigna “gobierno de los trabajadores” no ofrece dudas sobre su ambigüedad, y por eso mismo de su característica pequeño burguesa. “Gobierno de los Trabajado-* res” es una fórmula contraria a la consigna de gobierno obrero y campesino, que por su origen histórico en la revolución Rusa, significaba la alianza del proletariado con el campesinado, cuya dirección hegemónica cabe al proletariado. La tendencia de oscurecer el contenido preciso de la estrategia del partido revela el oportunismo de la posición programática de Convergencia Socialista en el PT. De la misma forma, la consigna de PT sin patrones (progresiva a nivel general), no tuvo un contenido definido por la defensa del PT como un partido obrero de masas.
 
La actitud ultra izquierdista y oportunista, revelada como rasgos fisonómicos de estas tendencias, frente al hecho concreto de la construcción del PT, es la demostración más clara de la degeneración del Corci y de la FB. Con esta línea política no es posible construir un partido obrero independiente en Brasil. Si la OSI, al nacer, tuvo el mérito de levantar en su programa la consigna de Partido Obrero Independiente, hoy, con las oscilaciones entre el sectarismo y el oportunismo, nada tiene que ver con aquella idea original. Sólo le resta el mérito del pasado. Cuanto a Convergencia Socialista, no le resta nada, pues su concepción de partido de masas nada tiene en común con la tarea de construir el partido obrero independiente.
 
*Miembro del C.E. de la Organización Cuarta Internacional (Brasil)
 

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