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La desocupación y el progreso técnico

Por Christian Rath
En la mesa redonda organizada por un conjunto de sindicatos y comisiones internas de la zona norte, uno de los panelistas (*) señaló, en una Intervención de calidad sobre la reforma educativa, que “la introducción de tecnología” era una de las causas relevantes de la desocupación.
 
Se trata de una caracterización repetida hasta el cansancio por los “formadores de opinión”, y que ha hecho suya el centroizquierda, el CTA y un extendido arco de la izquierda. Duhalde le ha dado un tono casi épico a su campaña “contra la tecnología que destruye el trabajo de la gente", proponiendo como salida al desempleo un plan de obras públicas basado en el trabajo manual.
 
¿Cuál es la realidad?
 
Es falso que la introducción de tecnología en la industria tenga un peso determinante en la desocupación en Argentina. Para esto es suficiente con apelar a las propias estadísticas oficiales. El aumento en la productividad del trabajo asalariado (un 22% en el período 91/94, según la OIT) ha sido el resultado de la aplicación, legal o ilegal, de la ‘flexibilización laboral’, es decir de la polivalencia, por el aumento de los ritmos de producción y de las jomadas laborales, por la extensión de las horas extras y el desconocimiento de los convenios.
 
Es lo que reconoce el Ministerio de Trabajo en su balance sobre los acuerdos salariales basados en la ‘productividad’. Del total de cláusulas contenidas en los convenios firmados durante los tres primeros años del ‘plan’ Cavallo, el 78% corresponde a disposiciones que intensifican el esfuerzo físico del trabajador-movilidad laboral, polivalencia, incentivos al trabajo, aumentos de la jomada laboral, premios por presentismo y alteración de vacaciones. Del total de cláusulas sobre mejoras en la productividad solo el 5.9% está referido a "inversiones con innovaciones tecnológicas sustantivas (procesos y productos’)", un dato que el Ministerio atribuye a “(un) proceso de inversión aún no plenamente recuperado” (Aplicación del criterio de productividad en la negociación salarial, Informe 11, Ministerio de Trabajo).
 
En otro estudio, sobre 228 acuerdos homologados por los sindicatos, que incluye varios de los más numerosos de la industria, se concluye que “la productividad fue referida casi exclusivamente al mayor esfuerzo productivo del trabajador”, el criterio ‘preferido’ fué la llamada productividad futura que se focalizó en la modificación de las condiciones de trabajo- vacaciones, tiempo de trabajo efectivo, polivalencia.
En cuanto a “las formas de productividad que implican decisiones de los empresarios que no sea la mano de obra como equipos, materias primas o tecnología” fueron “de escasa o casi nula adopción” (Estudio Hullsberg-Zapiola, revista "Trabajo y Seguridad Social” de la Universidad Católica Argentina).
 
Pero existe otro modo de medir el supuesto ‘salto tecnológico’en la industria. Las maquinarias incorporadas a la producción, en su totalidad importadas, han creado una dependencia extrema de toda la industria de los insumos y las tecnologías también importadas. ¿Pero cual es la verdadera cantidad y calidad de esta “incorporación tecnológica”? En un estudio sobre la importación de bienes de capital durante el año 1993 se reveló que el 30% correspondía a bienes que no tenían nada que ver con el proceso productivo (desde “equipos de oficina y cálculo" hasta “tiovivos, columpios., atracciones para ferias, maniquíes”) (Página 12, junio de 1994).
 
La desocupación no tiene como base, entonces, el “desempleo tecnológico”. El CEMA, ‘laboratorio’ al que pertenecen Roque Fernán dez y el equipo económico, planteó desde el inicio del ‘plan’ Cavallo la necesidad de seguir la experiencia inglesa de acuerdos por empresa o planta que “requerían tanto de una contribución directa por parte del trabajador, dada por un mayor esfuerzo o nivel de exigencia, como de un cambio en las prácticas laborales”. Toda mejora salarial, en este caso, quedaba condicionada a un régimen de “flexibilidad horaria y laboral” (productividad ‘futura’) en oposición incluso a “métodos de pago de acuerdo con los resultados” (Montuschi, del CEMA, Ambito, 31/10/9I). En la Unión Europea, los que tienen trabajo deben trabajar cada vez más- el porcentaje de hombres que trabajan 48 horas o más a la semana se ha incrementado sistemáticamente en la última década (Comisión Europea, Clarín).
 
¿“Hagamos como en Europa”?
 
Quienes hablan del ‘desocupado tecnológico’, como el CTA, proponen subsidios a los capitalistas, reducción de los aportes patronales y hasta salarios por productividad, porque esto abarataría el ‘costo laboral’ en relación al ‘costo del capital’, lo que redundaría en un aumento de la demanda de la fuerza de trabajo y en una caída de la demanda de tecnología. Se aboga entonces por el atraso tecnológico, en nombre de la modernización. No se ve, sin embargo, que el resultado final es el mismo, porque si la baja de costo laboral sirve para aumentar los beneficios capitalistas y acrecentar el stock de capital en detrimento del valor de la fuerza de trabajo, el valor de mercado del primero volverá a caer más que el segundo, de modo que para incentivar la contratación de trabajadores habrá que volver a reducir el ‘costo laboral'. Esto, sin mencionar que la mayor productividad obrera unida a una menor capacidad adquisitiva del salario, deberá acentuar las tendencias a la sobreproducción y, por lo tanto, al desempleo.
 
La tendencia a la desocupación no es inherente a la tecnología o a un gobierno sino al capitalismo, que solamente puede acrecentar los beneficios produciendo una sobreoferta relativa o absoluta de trabajadores, para poder incrementar la tasa de explotación.
 
¿Europa?
 
En la izquierda se ignora el carácter capitalista de la crisis. El PTP, para tomar un caso, plantea la jornada semanal de 35 horas como “consigna que puede ayudar a unificar a todos los sectores populares y patrióticos que verdaderamente quieran defender la industria nacional en un marco de progreso”, es decir, construir un “frente nacional” con la burguesía en crisis. No casualmente, el PTP lanzó su campaña por las 35 horas haciendo una lectura particular de convenios firmados en los países imperialistas. “En Europa la jomada laboral flexible tiene que respetar horarios y dar más tiempo libre a los asalariados, aquí quieren imponernos una verdadera semiesclavitud”, los convenios firmados (con la VW y la BMW) son “todo lo contrario de lo que pretenden hacer aquí con la flexibilización de la jornada” (Hoy, junio 94). La burguesía sería así capaz de dar una salida a la desocupación masiva. Se ignora que la tasa de desocupación en Alemania es del 15%.
 
La política que condujo a los convenios en Alemania fue la misma de José Rodríguez: flexibilización y baja de salarios ‘a cambio’ de empleos. Como lo saben los lectores de Prensa Obrera, esta política fracasó, no se creó un solo nuevo puesto de trabajo y un conjunto de grandes pulpos impusieron sus propios contratos por empresa. En la VW se ‘pactó' un aumento de la productividad del 30 % en cuatro años, la baja del tiempo de producción por auto de 32 a 14 horas y la supresión de 30.000 puestos de trabajo sobre 95.000 a lo largo de cuatro años. ¿Argentina o Alemania?
 
 
Notas:
* Alicia Trolla, secretaria general Suteba Escobar
 

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