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Resolución sobre la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional

Por Redacción
La cuestión de la dirección política internacional de la clase obrera es un problema objetivo de la actual situación mundial. Esto significa que se plantea con independencia de la voluntad de las direcciones existentes, inclusive contra ellas: a) por la internacionalización sin precedentes de la producción y la economía capitalistas; b) por la naturaleza idéntica de los ataques contra la clase obrera a nivel mundial (flexibilización laboral, privatización de la previsión social, destrucción de los convenios colectivos y de todos los regímenes de cobertura sanitaria y seguridad laboral, congelamiento salarial y despidos masivos); c) por la quiebra de las direcciones tradicionales de las organizaciones obreras, originada en la propia crisis de las relaciones políticas mundiales.
La objetividad del problema se evidencia inclusive en las diversas iniciativas adoptadas por las direcciones burocráticas para darle respuesta: Foro de San Pablo, iniciativas sindicales a nivel del Mercosur, Fórums continentales de partidos de izquierda en Europa, etc. La reconstrucción de la IVª Internacional se plantea, entonces, como la respuesta política revolucionaria a una cuestión que está puesta en el orden del día del movimiento mundial de la clase obrera y los explotados.
 
El carácter político del problema desecha, de movida, las tentativas de darle una respuesta a partir de un agrupamiento internacional concebido sobre bases estrechamente sindicales o economicistas. Toda tentativa de imponer las reivindicaciones obreras sin plantear la lucha por el poder está condenada, hoy más que ayer, de antemano al fracaso. En la época de ascenso histórico del capitalismo, cuando la lucha por un programa mínimo poseía todavía, hasta cierto punto, vigencia histórica, el reagrupamiento internacional del proletariado tuvo bases claramente políticas, ya desde la Iª y la IIª Internacionales, en un programa por el poder (las reivindicaciones políticas precedieron y presidieron la construcción de todas las Internacionales, desde la Iª Internacional).
 
El planteo que criticamos se sitúa como una variante dentro de la completa degeneración política de las corrientes internacionales que se reivindican trotskistas. Las mismas corrientes que se hacen eco de una supuesta globalización o mundialización del capital, declaran la inactualidad de la lucha por el partido mundial de la clase obrera. Para estas corrientes, la IVª Internacional carece de actualidad porque tampoco la posee la lucha por el partido revolucionario de la clase obrera, al que diluyen en un movimientismo de características amorfas, carente de un programa revolucionario y producto de acuerdos sin principios con corrientes hostiles a la revolución, al que pretenden someter a la vanguardia obrera. El internacionalismo de estas corrientes es puramente formal, es la proyección internacional de su fracaso histórico en construir el partido revolucionario en sus propios países.
Frente a estos planteos antirrevolucionarios, el PO reafirma la vigencia del internacionalismo proletario, del reagrupamiento político internacional de la clase obrera, de la lucha por poner en pie el partido mundial de la revolución, de la lucha por la dictadura del proletariado, que retome toda la tradición del movimiento obrero revolucionario, fundado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky, por la abolición del capitalismo y las fronteras nacionales, por la construcción del socialismo y el comunismo. Los problemas que enfrenta el movimiento obrero, desde el Manifiesto Comunista, son los de su estructuración política, la lucha por el poder. Toda la tradición histórica del marxismo ha sido la de la lucha por la puesta en pie de la clase obrera, a escala nacional y mundial, como una clase para sí, es decir, consciente de sus tareas históricas.
 
Porque se trata de una tarea política, sólo puede ser resuelta en base a la tradición acumulada de las Internacionales Obreras precedentes, que se encuentra sintetizada en la IVª Internacional, la única que posee un programa de transición que tiende el puente entre las reivindicaciones inmediatas, partiendo del nivel presente de la conciencia, para alcanzar la conquista del poder.
 
El VIIIº Congreso del Partido Obrero reafirma la lucha internacionalista librada en el último período, expresada en la intervención y la ruptura revolucionarias con los agrupamientos democratizantes prohijados por las direcciones burocráticas (Foro de San Pablo), en la regularización y ampliación de la difusión de nuestro órgano teórico internacional (En Defensa del Marxismo), en la discusión y tareas políticas llevadas adelante con organizaciones y grupos trotskistas de otros países. Las luchas llevadas adelante en común (como el Tribunal Moral de Bolivia, la campaña por la libertad de Bacherer, etc.), no fueron obstáculo para el desarrollo del debate político, a través de la revista, el periódico, y en reuniones internacionales. Reafirmamos, en especial, la lucha política para que la AMR-Proposta, que lleva adelante un importante trabajo en el PRC (Rifondazione Comunista) de Italia, se defina programática y estatutariamente por la dictadura del proletariado, so pena de situarse como extrema izquierda del terreno democratizante delimitado por la propia dirección del PRC.
 
Para el Partido Obrero, con todo, el aspecto más destacado de su combate internacionalista, se mide en la lucha librada al interior de nuestro propio partido por alcanzar una conciencia colectiva militante respecto a la comprensión de la situación internacional y de nuestras tareas cuartointernacionalistas.
 
Para asentar esta conciencia en la más firme tradición marxista, el VIIIº Congreso decide reeditar, para la formación política, el curso dado por el dirigente bolchevique David Riazanov, acerca de la lucha de Marx y Engels por el partido revolucionario y la Internacional de la clase obrera.
 
 

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