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Un pronóstico sobre China y su resultado doce años después

Por Luis Oviedo
En 1984, al hacer referencia al acuerdo establecido entre la Corona británica y la burocracia china para la restitución de la colonia de Hong Kong a la soberanía china en 1997, Prensa Obrera afirmaba que "la integración a un Estado obrero de un territorio donde se mantiene la explotación capitalista, significa un principio de transformación de la burocracia en clase social, porque a partir de ese hecho el Estado burocrático pasa a ser un garante de la reproducción del régimen capitalista. El pasaje (de la burocracia) a la defensa de un régimen de explotación capitalista en una parte del territorio... plantearía un cambio de caracterización de la burocracia" (1). Se trata de uno de los pronósticos más rigurosos y certeros que formulara el PO, que contiene, en esencia, el conjunto de la política restauracionista de la burocracia china.
 
1997, el momento en que Hong Kong volverá a manos chinas, se acerca. En los últimos meses, sin embargo, estalló una violenta disputa entre el gobernador colonial de la isla — Chris Patten— y la burocracia china acerca de los futuros órganos de gobierno de la isla. Ocurre que hace apenas un año, después de siglos de dominación británica directa, el gobierno colonial dictó una ley que establece que el Consejo Legislativo de la isla sea elegido por el voto de sus ciudadanos. De esta manera, Patten pretendía establecer una ‘línea de defensa’ para las “otrora dominantes compañías controladas por el capital británico” (2). La burocracia, por su parte, anunció que, cuando retome el gobierno de la isla, disolverá el Consejo elegido por el voto y lo reemplazará poruña ‘Legislatura Provisional', cuyos miembros serán nombrados por el ‘Comité' que está preparando el traspaso, enteramente designado por la propia burocracia.
 
Lo notable de esta disputa entre el gobierno colonial británico y los ‘comunistas' chinos, es que el gran capital radicado en la isla se ubicó, sin deserción alguna, en el campo de la burocracia. La Cámara de Comercio de Hong Kong —uno de los 'lobbys' empresarios más poderosos de la isla— advirtió públicamente a Patten que su "negativa a cooperar con la Legislatura Provisional tendrá un efecto adverso" para los negocios (3). Más enfáticamente, las siete mayores organizaciones empresarias de Hong Kong —entre las que se encuentra la ya citada Cámara de Comercio— le dirigieron una carta al primer ministro británico John Major, acusando a su subordinado Patten de “atacar a la comunidad de negocios” (4). Los grandes capitalistas de carne y hueso de Hong Kong —los “Lo Tak-shing, un euroasiático educado en Oxford que una vez estuvo entre los más ruidosos apologistas del gobierno colonial” y los “Tsui Tsin-tong, un empresario súper-rico" (5)— están tan a muerte con la burocracia que, incluso, constituyen la abrumadora mayoría del ‘Comité preparatorio’.
Los capitalistas de Hong Kong se alinearon con la burocracia china no sólo porque “las compañías del continente incrementan su presencia y formas de asociación con los grupos comerciales dominantes en el territorio” (6). Se alinearon con los burócratas, sobre todo, porque mediante esta asociación se han convertido en los principales beneficiarios de la penetración imperialista en China. De esta manera, Vos grupos comerciales dominantes en el territorio' son, al mismo tiempo, los que dominan la vida económica china: en este sentido, no es Hong Kong la que se ‘reintegra’ a China sino, por el contrario, China la que se integra a Hong Kong como un enorme reservorio de ‘mano de obra barata' para valorizar los capitales internacionales.
 
Lo que queda en pie de la economía nacionalizada en China está al servicio de la acumulación capitalista y hasta del salvataje del capital. Un ejemplo reciente fue la adquisición, por parte de compañías chinas, de la mayoría del paquete accionario de la línea aérea de bandera de la isla, la Cathay Air, hasta entonces dominada por los británicos. Al asociarse con los burócratas, los británicos no sólo lograron evitar la quiebra de sus capitales sino, además, tener una vía de acceso privilegiada a ‘negocios’ en la propia China. En consecuencia, las acciones de la Cathay Air pegaron un salto fenomenal en la Bolsa de Hong Kong después de su ‘captura’ por los chinos.
 
Los grandes capitalistas de Hong Kong perciben a la ‘dictadura comunista’ como un guardián seguro y confiable de sus derechos de propiedad y de su acumulación capitalista. Pero, además, la burocracia de Pekín ya aseguró la intangibilidad de la burocracia estatal (colonial) de Hong Kong, o sea, la inamovilidad del ‘civilsen’ que heredará de los ingleses, con el agregado, en su cima, de un ‘Consejo’ designado por los burócratas y los grandes capitalistas. Por eso, el “súper-rico empresario Tsui Tsin-tong declara con una carcajada que ‘todo lo que ha sucedido es que los gatos gordos han cambiado su color-de blancos a amarillos’...” (7).
 
Todo esto ilustra perfectamente sobre el carácter social del régimen chino y, por sobre todo, a quienes —como los ‘comunistas’ cubanos, rusos o argentinos— consideran a China como un ‘modelo socialista’. Los ‘marxistas’ que todavía siguen considerando a China como un ‘Estado obrero’, deberían anunciar que la revolución proletaria en Hong Kong ya tiene fecha fija, establecida e inamovible: el 1o de julio de 1997, cuando los ‘gatos amarillos'... 'liberen' a Hong Kong de los ‘gatos blancos'.
 
 
Notas: 
 
1. Prensa Obrera n° 56, 17/10/84
2. Financial Times, 29/5/96
3. Financial Times, 22/5/96
4. Financial Times, 21/5/96
5. The Economist, 13/4/96
6. Financial Tunes, 29/5/96 1 .The Economist, 13/4/96

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