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Revolución en Albania

Por Christian Rath
"Albania no es Yugoslavia, como ha declarado certeramente el canciller Kohl. La crisis albanesa no se parece a ninguna otra. Las comparaciones con Bosnia, los análisis sobre el poscomunismo, por caso las referencias al hombre soviético, no alcanzan a definir a una revolución que tarda en encontrar sus jefes".
 
Cuando el periodista de Le Monde escribía esto, el 20 de marzo, la mayor parte del país, en particular la zona sur de Albania, estaba en manos del pueblo en armas. Los arsenales militares habían sido tomados sin resistencia alguna, las armas habían sido repartidas entre los trabajadores y la población empobrecida, merced a los Comités de Salvación, electos por el pueblo en asambleas en las plazas públicas, que gobernaban en las ciudades más importantes. Los municipios, los bancos, las estaciones de policía y las mansiones de los privilegiados del régimen habían sido ocupadas y, en muchos casos, destruidas por los insurrectos. La policía y los funcionarios habían desaparecido. Armados con cuchillos y palos, los rebeldes habían asaltado los cuarteles militares y los centros de la odiada policía secreta ("Shick") y muchos de los sospechosos de pertenecer a ésta habían sido detenidos y fusilados.
 
Esta enorme insurrección popular ha sido ocultada y deformada a niveles ignominiosos por los medios de comunicación, que repiten una historia oficial de bandas armadas organizadas por barones de la droga y el tráfico de armas, de luchas de clanes entre el norte y el sur en el escenario de un pueblo exasperado por la confiscación de sus ahorros a manos de algunas financieras que se habían declarado en quiebra. Esta operación tiene como único propósito ocultar que Albania se ha convertido en un laboratorio avanzado del tembladeral económico y financiero provocado por la crisis capitalista, de la reacción de las masas contra una confiscación histórica de sus medios de vida y del empantanamiento de la restauración capitalista en los ex estados obreros.
 
Historia
 
Albania es un pequeño país de los Balcanes, cuyos 3,4 millones de habitantes forman parte de una importante unidad étnica y lingüística, los indoeuropeos, que se extiende más allá de sus fronteras y que, en opinión de algunos historiadores, preservó su identidad por su cerco de montañas, su espíritu guerrero y su pobreza, todo lo cual sirvió para detener la ambición de sus poderosos vecinos, pero no para evitar la amputación de su territorio. Su constitución como "Estado independiente" data de 1912, y fue resuelta por el imperialismo europeo en el marco de una constante disputa entre Inglaterra e Italia, interesadas en controlar la ruta del Canal de Suez a la India. La Conferencia de Londres (1913) dibujó las fronteras de Albania, dejando afuera a casi la mitad de su población y de sus territorios, que pasaron a integrar Kosovo, en la actual Yugoslavia, y la parte norte de Grecia. Ocupada por Italia en 1939, la lucha heroica de los "partisanos" albaneses en la guerrilla de Tito fue determinante para que Albania se integrara a Yugoslavia al producirse el derrumbe del nazismo. Albania fue, además, el país en el que se exilió una buena parte del ejército guerrillero griego que motorizó el levantamiento popular en 1946-47, ahogado por el pacto entre los países imperialistas vencedores de la guerra y la burocracia soviética.
 
Lo que debería haber sido la unión libre y socialista de los distintos países de los Balcanes terminó en un reparto pactado de cargos y prebendas entre los distintos componentes nacionales de la burocracia, en el vaciamiento de las conquistas revolucionarias y un desarrollo extraordinariamente desigual de los diferentes países, campo fértil a las presiones del imperialismo. La fracción de la burocracia albanesa promovida por Moscú y dirigida por Enver Hodja (Partido de los Trabajadores) impulsó la ruptura con Yugoslavia a través de purgas sangrientas y rompió luego con Moscú, siguiendo a la burocracia china. "En ningún otro país comunista el contraste entre una teoría avanzada y el atraso en las condiciones de la vida cotidiana es tan sorprendente como en el régimen de Enver Hodja" (1), señaló un historiador de ese período. En un país pobre de recursos, con casi el 60 por ciento de la población en el campo, el dominio totalitario de una burocracia parasitaria se convirtió en una traba insuperable para la economía. El régimen de Hodja, reivindicado aún como "el último maoísta" (2), llevó a las masas a una situación de penuria extrema y convirtió al país en un inmenso campo de concentración. La crisis mundial hundió al régimen burocrático albanés como a sus pares, por el peso de la deuda externa y el dislocamiento provocado por los planes fondomonetaristas aplicados para pagar esa deuda.
 
La "economía de mercado" y la catástrofe
 
En 1990, el régimen burocrático se desintegró y las masas desesperadas huyeron del país buscando sobrevivir en países vecinos. Más de 20.000 albaneses cruzaron el Adriático hacia Italia, otros 50.000 se internaron en Grecia. La mayoría de la vieja guardia stalinista se recicló como Partido Socialista, y una parte de sus cuadros se integró al Partido Democrático. Este, conducido por Sali Berisha, un hombre que fue secretario del viejo Partido del Trabajo por más de 20 años, y cardiólogo y parte del "círculo de hierro" de Enver Hodja, ganó las elecciones en 1992.
 
Berisha inauguró su gobierno presentando un plan para la total privatización de la economía. La tierra fue privatizada, las empresas estatales cerradas o vendidas a pulpos extranjeros y se produjo un feroz endeudamiento guiado por el FMI para financiar importaciones en masa. En virtud de este plan, Albania fue considerada por la banca internacional como uno de los modelos exitosos de transformación de los ex estados obreros a la "economía de mercado"; tuvo el respaldo absoluto y privilegiado del gobierno imperialista yanqui y actuó como peón de su diplomacia. "En el frente externo, Berisha dio seguridades de que, a despecho de las grandes e inquietas minorías étnicas en Serbia y Macedonia que levantan el justo reclamo de su autonomía, Albania se mantendría fuera de la disputa de los Balcanes. Los americanos, especialmente, respaldaron a Albania y a Berisha como referencia de estabilidad" (The Economist, 8/3). Albania, por otra parte, "es el mayor receptor de ayuda per capita de Estados Unidos en Europa del Este" (Financial Times, 11/3).
 
La crisis de Albania popularizó la palabra pirámides. El desencadenante de la rebelión popular fue la quiebra de un conjunto de financieras ligadas al gobierno, que se sostuvieron sobre la base de esquemas piramidales, donde los depósitos de los nuevos inversores servían para pagar los intereses de los anteriores hasta que la cadena se quebró. Durante los últimos tres años, las financieras captaron los ahorros de la población con la promesa de grandes intereses, en una magnitud tal que los organismos financieros internacionales "estiman que los fondos podrían haber atraído mil millones de dólares, equivalentes a más del 30 % del producto bruto interno. Mucha gente vendió sus casas, tierra o ganado para invertir en fondos que prometían devolver el doble de su dinero en dos o tres meses" (Financial Times, 27/1).
 
El origen de las pirámides no se explica por la existencia de "algunos" banqueros advenedizos; la expropiación es la forma natural del desenvolvimiento capitalista y adquiere características de catástrofe en circunstancias como las actuales. La construcción de las pirámides nació de un régimen sometido a una constante fuga de depósitos por su total inviabilidad. La mayoría de las empresas estatales han sido destruidas, las que fueron privatizadas no reciben inversión alguna y carecen de mercados en el exterior (salvo las minas de cromo tomadas por el capital alemán), los depósitos en las pirámides se dieron "en ausencia de un efectivo sistema bancario y en un período en el cual la economía fue ampliamente financiada a través de los envíos de albaneses que trabajan en el exterior, de la ayuda internacional y del extendido contrabando mientras se mantuvieron las sanciones de las Naciones Unidas contra Serbia y Montenegro" (ídem).
 
Esto explica que las pirámides hayan sido una política oficial del régimen de Berisha, de los privatizadores albaneses y hasta del FMI. "Vefa Holding, la compañía privada más grande de Albania, es ampliamente reconocida por observadores financieros occidentales como el centro de los esquemas piramidales ... Vefa es descripta por un funcionario albanés como un Estado dentro de otro Estado, con fuertes conexiones con el gobierno" (Financial Times, 1/2). El propietario de Vefa es Vebia Alimucaj, que financió la campaña del partido de Berisha en 1996 y representa al país ante la Nato. El gobierno actuó conscientemente como estado mayor de los estafadores capitalistas. Con el apoyo del FMI, se opuso a que los bancos y financieras depositaran fondos de garantía por sus depósitos, una iniciativa surgida en debates parlamentarios tres años antes del colapso.
 
Las pirámides constituyeron el mecanismo de confiscación de los 500.000 (!) trabajadores albaneses en el exterior, cuyos ahorros fueron en masa a las arcas de las financieras, y de muchos otros miles que hipotecaron sus escasos bienes ante la ausencia total de perspectivas. Lo que se pretende ocultar es que la huida a las pirámides expresó el colapso del proceso de restauración capitalista mucho antes de la insurrección popular. En los cinco años de la administración Berisha, ramas enteras de las viejas industrias fueron cerradas, la desocupación se duplicó 400.000 albaneses, sobre una población de 3,4 millones, están desempleados, el salario de los que trabajan ronda los 65 dólares al mes, un pan grande cuesta 75 centavos, mientras el salario por día de un obrero industrial oscila entre los dos y tres dólares. La privatización del campo llevó a una caída mayor de la productividad, por la división de las granjas colectivas en unidades que tornan imposible cualquier cultivo racional.
 
Luego de una expropiación "que ha alcanzado a casi cada familia albanesa", los círculos financieros internacionales han puesto en claro que no habrá auxilio para devolver los ahorros. "La política oficial de los Estados Unidos es que no habrá acción de salvataje para los albaneses que han perdido sus ahorros en los esquemas piramidales" (Financial Times, 11/3). En contraposición, los expropiadores se han lanzado al aprovechamiento de la crisis. "De 11 compañías ofrecidas en subasta en Tirana la última semana, sólo dos no atrajeron oferentes. La mayoría de los compradores fueron compañías albanesas... Los albaneses estuvieron muy interesados y elevaron sus ofertas de manera increíble" (ídem).
 
Revolución
 
A partir de enero, movilizaciones de masas en todo el país exigieron la devolución de los ahorros perdidos. Estas puebladas se convirtieron en insurrección a principios de marzo, cuando Berisha se hizo reelegir presidente por un parlamento electo en comicios fraudulentos y en los que tuvo el respaldo de los estafadores capitalistas. "Berisha, con el apoyo de algunos de los más grandes Fondos, ganó las elecciones nacionales en mayo en comicios que los observadores denunciaron por el arreglo de urnas y la intimidación" (International Herald Tribune, 3/2).
 
En el lapso de una semana, el levantamiento popular se extendió de Vlore, el puerto del Adriático, a otras seis ciudades en el sur. En todos los casos, los rebeldes tomaron las armas de los propios arsenales del ejército, abiertos por soldados y oficiales que tomaron partido por los insurrectos. La represión ordenada por el régimen en el primer instante, y encomendada a un ejército de 30.000 hombres, con tanques y helicópteros, no pudo ejecutarse nunca por la desintegración literal de los efectivos. En palabras de un soldado: "¿Por qué deberíamos atacar a nuestra propia gente? ... Nuestras familias han perdido también todo el dinero. Nos prometieron mejores cosas en 1992 (pero) estamos peor que al principio" (Sunday Times, 9/3).
 
Este hecho, la quiebra del ejército y la creación en la propia lucha de un virtual ejército popular, sobrecogió a todos los observadores. "Los diplomáticos occidentales están aterrorizados por lo que ellos piensan es una región sin ley, en la cual jóvenes trabajadores están comandando tanques robados" (Financial Times, 7/3). El 8 de marzo cae en manos de los rebeldes la ciudad de Girokastra y el arsenal más importante del país. Todo el sur está en manos de los insurrectos, el ejército se ha desbandado y la única fuerza fiel a Berisha es la policía secreta. El 11 de marzo, el alzamiento se traslada por primera vez al norte del país (Tropoje y Fierze, cerca de la región serbia de Kosovo, de mayoría albanesa, bajo el dominio de la dictadura de Milosevic) y cae el mayor aeropuerto militar, a 100 kilómetros de Tirana. Todas las patrañas sobre enfrentamientos tribales entre el Norte y el Sur se derrumban ante lo que constituye un alzamiento nacional de la mayoría explotada y confiscada, cualquiera sea su origen étnico o confesión religiosa los griegos, afincados en las ciudades del sur, se pliegan en masa a la rebelión, desoyendo a los jefes de su comunidad.
 
También se destruye la historia oficial sobre el caos, el desorden y el protagonismo de "bandas mafiosas". La revolución progresa con un orden asombroso: en la mayoría de las ciudades en que ha triunfado el alzamiento, se constituyen "Comités de Salvación" electos por la población, que se encargan de la seguridad, de la defensa y del abastecimiento. "Desde el 2 de marzo, a la mañana y a la tarde, se convoca a la asamblea de los ciudadanos de Saranda en la plaza del municipio", para deliberar y resolver, comenta asombrado un periodista (Il Manifesto, Roma, 11/3). El funcionamiento en las plazas públicas sugiere el funcionamiento de verdaderas "asambleas populares", ante las que responden los "comités de gobierno". El surgimiento de organismos a través de los cuales las masas ejercen el poder político en forma directa, sostenido en su propio armamento y en oposición a la mediación parlamentario-burocrática de la democracia, revela la profundidad de la revolución albanesa.
 
Estos comités locales se coordinaron en un "Comité Nacional de Salvación Pública", cuyo primer manifiesto reclamó "la inmediata renuncia del presidente Sali Berisha, sin condiciones", consideró "insuficiente la oferta hecha por los partidos políticos de Tirana" y propuso "la inmediata convocatoria a elecciones" y la creación de "un gobierno de coalición con representantes de este Comité" (ídem, 12/3). El programa exige, además, el desmantelamiento de la policía secreta y la devolución de los ahorros. La dirección del Comité Nacional quedó compuesta por 29 miembros, 8 de Valona y 3 por cada una de otras siete ciudades (entre las que, sin embargo, no figura Vlore, uno de los centros de la insurrección).
 
El caos fue una operación organizada deliberadamente por el régimen ante el desmoronamiento del ejército y los datos inocultables de su derrota. No bien la insurrección se extendió en el sur, "el gobierno la atribuyó a criminales organizados envueltos en el tráfico marítimo de drogas y armas hacia Italia. Los canales de televisión denunciaron que los gangsters esperaban crear un estado sureño". "La impresión (de que se trataba de una maniobra del gobierno) fue confirmada cuando ... bandas de hombres armados liberaron a cientos de criminales de las cárceles de la ciudad" (de Vlore) (Sunday Times, 9/3). La presentación de la revolución como un "levantamiento mafioso", tuvo el indudable propósito de preparar a la opinión pública mundial para la represión violenta del pueblo albanés, e incluso para la intervención militar imperialista, con el objetivo de ahogar en sangre la insurrección.
 
"Nada que represente al Estado existe hoy..."
 
A mediados de marzo, la revolución había destruido casi por completo el aparato del Estado. El ejército y la policía se habían disuelto, la administración pública había dejado de funcionar y Berisha dominaba tan sólo "los restos de la policía nacional, concentrados en Tirana y algunas ciudades del norte (y) mantiene las riendas de la policía secreta, que aunque oficialmente disuelta, continúa operando" (International Herald Tribune, 9/4). Al Estado en ruinas le quedaba, sin embargo, el poder político proveniente del reconocimiento del imperialismo mundial, que va a dictar cada uno de los pasos siguientes del régimen. Es bajo directa inspiración del gobierno norteamericano que se constituye un "gobierno de unidad nacional" con la oposición, encabezada por el Partido Socialista, el partido de los stalinistas reciclados. Esta coalición propone, como señuelo a las masas, "elecciones libres" en el mes de junio.
 
La decisión fue precipitada por la caída de Girokastra, la última ciudad estratégica del sur de Albania, y la ocupación inminente de los campos petroleros en Balls, uno de los centros de la inversión extranjera; es decir, con el régimen de Berisha en agonía. El "gobierno de coalición", sin embargo, no tiene autoridad alguna sobre los insurrectos. Los milicianos del sur "no tienen más confianza en la oposición ... y no aparecen como fieles partidarios del Partido Socialista" (Le Monde, 13/4). Cuando el jefe del estado mayor de los insurgentes, Xhevat Kostiq, se atrevió a plantear que "se podrán deponer las armas ... una vez que el presidente nombre el gobierno y la fecha de elecciones esté firme", por primera vez, desde el estallido de la rebelión, "no fue aplaudido y la muchedumbre se dispersó en silencio" (Le Monde, 11/3). En las poblaciones ocupadas del sur, "el entusiasmo es parecido, lo mismo que la voluntad de no ceder nunca más" (ídem).
 
El imperialismo mundial puso en pie el "gobierno de coalición" como último recurso para preservar al régimen y para crear las condiciones políticas de una intervención militar, que era una operación trazada de antemano. Horas después de haber asumido, "todos los partidos políticos albaneses ... hicieron un desesperado llamamiento a una intervención militar extranjera" (La Nación, 14/3). Fueron enviadas misiones diplomáticas a las ciudades insurrectas para lograr la neutralidad de los "comités" frente al envío de una fuerza de intervención, encubierta como "misión humanitaria". Hubo un cuidadoso operativo de preparación de la opinión pública dentro y fuera de Albania para justificar el envío de tropas. Desde el inicio de la rebelión salieron 13.000 albaneses, contra los 70.000 que lo hicieron en la crisis de 1990.
 
Al día de hoy, más de 6.000 hombres de ocho naciones, bajo los auspicios de la ONU, con apoyo de blindados y helicópteros, han ocupado las principales ciudades del sur albanés. El "objetivo humanitario" no se sostiene un minuto, desde el momento que la Cruz Roja viene distribuyendo alimentos y medicamentos desde el inicio de la insurrección sin tropiezo alguno, y en casos como Vlore, "el pueblo está bien alimentado y los mercados ... abiertos y florecientes" (The New York Times, 26/4).
 
El mandato oficial de las tropas "no es controlar al pueblo ni recuperar las armas" (ídem), porque no podrían hacerlo en este momento. La intervención imperialista se propone: a) poner en pie un frente político de reconstitución del Estado y dividir los comités rebeldes, b) organizar las elecciones para que el próximo gobierno pueda desarmar a la población y aplastar el levantamiento. Las elecciones libres no están garantizadas por nadie, desde el momento que el aparato de Berisha sigue actuando, los "observadores internacionales" ya convalidaron dos fraudes gigantescos y la oposición ha anudado un pacto con el gobierno. La presencia de las tropas extranjeras ha estimulado el accionar de las bandas mafiosas, ligadas a la policía secreta de Berisha, contra las organizaciones populares.
 
La intervención militar del imperialismo mundial está encabezada por Italia, que considera de su interés nacional el aplastamiento de la revolución que se desarrolla a cincuenta kilómetros de su frontera. Este objetivo sumó al conjunto de fuerzas políticas burguesas, incluido el Partido Democrático de Izquierda (ex Pc), y paralizó a la izquierda europea. Refondazione Comunista se opuso al envío de tropas a Albania en tanto pudieran ser utilizadas para apoyar al régimen de Berisha (sic) y, aun en estos términos, su acción política no pasó del debate parlamentario. El movimiento trotskista no desarrolló la menor acción práctica contra el envío de tropas y en defensa de la revolución albanesa.
 
¿Insurrección espontánea?
 
La caracterización de la revolución albanesa como un movimiento "espontáneo" de las masas recorre a la prensa oficial y a la propia prensa de la izquierda. "No hay indicación de que alguna organización política haya dirigido o planificado las protestas y los saqueos" (de los arsenales militares), dice el Financial Times (7/3), en una apreciación repetida hasta el cansancio. La idea de una "revolución sin pasado y sin rostro", en la que las masas explotan en un minuto y reducen a cenizas todo el viejo régimen obedeciendo a un movimiento espontáneo, no es nueva. Como lo explicó un gran revolucionario, satisface a los funcionarios, jueces, empresarios y políticos que, hasta el día anterior, defendieron al régimen que las masas se lanzan a demoler, y apresuradamente, se ponen a marchar al paso de la revolución que, finalmente, se habría consumado como un proceso instintivo. La leyenda de la espontaneidad desprecia el pensamiento "mucho más audaz, penetrante y consciente" de las masas "incultas", lanzadas a la revolución (3).
 
¿Cómo se explica la acción organizada de trabajadores y soldados sitiando arsenales, organizando tropas irregulares de la nada, fundando asambleas populares, eligiendo comités de gobierno en las ciudades e intentando darles una coordinación nacional? La espontaneidad no explica nada. Lo ocurrido en Albania está muy por delante de una "jacquerie" (4), y ni siquiera ésta es espontánea. Para que las masas actúen como lo han hecho en el país "más pobre de Europa", es necesario que los trabajadores y su sector dirigente hayan vivido acontecimientos históricos y que tuvieran una experiencia y una valoración de los mismos.
 
En el levantamiento de los trabajadores albaneses está presente la tradición política de la lucha guerrillera contra el nazismo en la segunda guerra mundial, y la experiencia del levantamiento popular armado de 1944/46. Gran parte de los oficiales que dirigen los "comités rebeldes" o que han sido protagonistas en su constitución, vienen de la lucha "partisana" y no han sido cooptados por la restauración capitalista. Trabajadores o viejos soldados participaron también del levantamiento popular que derrumbó al régimen burocrático (1991) y arrancó derechos de organización y de lucha para las masas, que la dictadura civil de Berisha trató de liquidar. "Somos hijos del pueblo que combatimos por la democracia dice uno de los jefes de la insurrección. Venimos de cincuenta años de un régimen comunista muy rudo ... no podemos aceptar nunca más una dictadura" (Le Monde, 9/3).
 
En Albania ha estallado una revolución social, aunque no haya debutado con los métodos de la clase obrera, la huelga general, las milicias obreras, los consejos obreros, entre otras razones porque no puede hablarse en términos estrictos de proletariado albanés. Los obreros albaneses son, en su inmensa mayoría, emigrantes a quienes les han expropiado sus reservas, y son sus familias las que se rebelan. El contenido proletario de la revolución aparece, en estos términos, no en su forma "clásica".
 
El cumplimiento del programa más elemental que levantan las masas la devolución total y completa de los ahorros robados plantea la caída del gobierno y la conquista del poder por los trabajadores, para expropiar a la burocracia reciclada en clase capitalista, expropiar las empresas privatizadas y desconocer la deuda externa. Dicho de otro modo, las reivindicaciones sociales inmediatas son incompatibles con el capitalismo. No bien se desgarre la ilusión en torno a las elecciones, quedará planteada al rojo vivo la continuidad de la lucha suspendida.
 
Está fuera de toda duda que pocas revoluciones han absorbido tanta energía popular y han arrojado tan escasas conquistas positivas como la revolución albanesa a la hora presente. Pero el desenlace en Albania es provisorio: la población no ha sido desarmada, los comités rebeldes existen, no hay plan alguno para devolver los ahorros confiscados y el salario de los trabajadores se hunde aún más. "Durante un mitin, un albanés grita una frase que parece ser universalmente conocida en italiano: ¡Up yours, up yours¡ ("¡Váyanse a hacer la puñeta!"). ¿Cuánto tiempo puede durar este cuadro de tensión sin estallar?" (International Herald Tribune, 9/4) .
 
Revolución, sí
 
Todos los rasgos de la revolución están presentes en Albania. Para las masas, el "viejo orden no puede seguir", las capas medias se han sumado a la rebelión, "los de arriba" no pueden seguir gobernando. El pueblo está armado, las reivindicaciones económicas han dado lugar a las políticas ("nuestra lucha ya no es sólo por los ahorros, Berisha debe irse"). Las apreciaciones de la izquierda mundial, sin embargo, varían entre "alzamiento", "rebelión", "insurrección" (en algún caso extremo, la pregunta es: "¿Hubo una revolución?").
 
La visión de hombres y mujeres del pueblo que se arman contra el régimen que los ha confiscado, ocupan cuarteles, deliberan en las plazas públicas y forman gobiernos, no le alcanza a esta izquierda para "habilitar" la existencia de una revolución en el pequeño país de los Balcanes. Sin embargo, estaba fuera de cualquier pronóstico de la burguesía que estos hechos pudieran ocurrir en Europa y a ocho años de la caída del Muro de Berlín. La caída del stalinismo supuso, para la mayoría de las corrientes políticas, incluida la izquierda, el alejamiento de la revolución para siempre o por todo un período histórico. Antes de una década, la revolución se ha hecho presente y con una intensidad no vista en mucho tiempo.
 
(Esta izquierda cambia los términos y confunde los conceptos. ¿Qué significa hablar de insurrección y no desentrañar las tendencias que la mueven?).
 
El rechazo a ver una revolución en Albania no tiene que ver con la cautela lógica de quien se aproxima por primera vez a ciertos hechos, sino que responde a un juicio sobre la situación internacional; por eso no han habido movilizaciones de apoyo a la revolución albanesa. No se reconoce la colosal descomposición del capitalismo como sistema mundial: su tendencia a las crisis políticas y revolucionarias.
 
Fracaso de la restauración capitalista
 
Las manifestaciones de esta crisis, que son múltiples y de una envergadura enorme, han hecho estallar a Albania. Las pirámides financieras son una realidad más allá de sus fronteras y de los ex estados obreros sometidos a la restauración capitalista. La principal pirámide mundial es la Bolsa de Valores de Nueva York, que ha pasado de menos de 4.000 a más de 7.000 puntos en dos años. En EE.UU., la crisis de las sociedades de ahorro y préstamo (verdaderas pirámides) se tragó 250.000 millones de dólares de sus depositantes. Los mecanismos de endeudamiento y expansión del crédito a los que ha apelado el capitalismo, para escapar de la crisis, han creado una masa enorme de capital ficticio, que es la base de la pirámide. El florecimiento de las pirámides está vinculado, además, a una criminalización de las finanzas, cada vez más infiltradas por el dinero del narcotráfico.
 
La estafa que sufrieron millones de ahorristas es una demostración irrefutable del carácter confiscatorio de la restauración capitalista. Albania es tan sólo el "eslabón más débil" de una cadena en la que se encuentran todos los ex estados obreros, caracterizada por el retroceso productivo, el endeudamiento, la penetración imperialista y la tendencia a la disgregación de los estados. El proceso de restauración capitalista destruyó lo que quedaba en pie de las relaciones sociales heredadas del período revolucionario de posguerra, sin haber creado un sistema de relaciones sociales capitalistas.
 
Albania es Rusia
 
Berisha es el Yeltsin albanés: las masas rusas han sufrido, como las albanesas, el saqueo de las financieras que robaron sus ahorros; el no pago de salarios tiende a reproducir el cuadro de desesperación popular que creó la quiebra de las pirámides. Todos los pronósticos apuntan en dirección a un estallido popular en Rusia, en un cuadro en el que la descomposición militar está mucho más avanzada que en Albania.
 
Albania demuestra que las movilizaciones, a poco de andar, pueden adquirir un carácter revolucionario. En este sentido, la lucha de clases a nivel mundial tiene aún la última palabra en lo que respecta a definir el carácter social de los ex estados obreros.
 
La revolución albanesa creó, por su propia iniciativa, el cimiento de un nuevo régimen, pero no ha ido, por ahora, mas allá de este escalón. La dirección de los "comités" se ha sometido a la política democratizante del imperialismo, y ha renunciado a plantear decididamente la lucha por el poder un gobierno nacional de los comités, que una y dirija hacia un mismo fin toda la actividad política y militar del pueblo revolucionario. Pero la movilización de las masas fue contra los ladrones capitalistas, su gobierno y hasta los opositores derechistas y proimperialistas. El sometimiento de los líderes de los "comités" a la política de los ex stalinistas ha creado un mutuo recelo entre aquéllos y las masas. El desenlace está abierto. En Albania, la experiencia práctica de la revolución confirma que se está operando un giro en la situación mundial, y que el programa de la IVª Internacional sólo la conquista del poder por los trabajadores puede imponer los objetivos que levantan las masas está plenamente vigente.
 
 
Notas:
 
1. Historia de las Democracias Populares, por Francois Fejto, Penguin.
2. En el año 1953, del Comité Central del PT formado a fines de la guerra, quedaban sólo Hodja y otros dos miembros, los demás habían sido ajusticiados o enviados a prisión por la facción stalinista. El PTP, en la Argentina, reivindica "al histórico líder Enver Hodja (que) encabezó la heroica lucha revolucionaria del pueblo albanés contra la ocupación nazi" (Hoy, nº 652), lo que también es una impostura.
3. Historia de la Revolución Rusa, León Trotsky, TI.
4. Nombre dado a las revueltas de campesinos franceses contra la opresión de la nobleza, bajo Juan II (1350/1364).
 

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