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El gobierno de la Alianza, una nueva etapa (*)

Por Christian Rath
1. La alianza de la pequeña burguesía y el imperialismo
 
El cambio de gobierno no ha sido un habitual traspaso de poder entre los partidos tradicionales del régimen. El papel protagónico del cambio, del 24 de octubre al 10 de diciembre, corresponde a la pequeño burguesía acomodada, democratizante, progresista, crítica, antimenemista, que está representada políticamente por el Frepaso. Esta corriente ha convergido conscientemente, en la Alianza, como segundo violín de la UCR para asegurar su "confiabilidad" a los amos del poder. El Frepaso abandonó la perspectiva de oposición alternativa apenas comprendió que esta variante lo pondría en línea de choque con el imperialismo. Por eso pasó a apoyar el plan Cavallo y las privatizaciones y decidió luego entregar el liderazgo político a Bordón primero, y a De la Rúa, más tarde. En ambos casos, políticos clericales. A su vez, la bancarrota electoral de la UCR, en 1995, facilitó el pasaje de ésta a la "tercera vía", pues de otro modo corría el riesgo de desaparecer.
 
Un elemento distintivo del gobierno actual respecto al anterior es la presencia de esta pequeño burguesía, en la que se reúnen los ex opositores al menemismo, como la CTA, el MTA, la Federación Agraria y las llamadas Apymes. El gobierno de De la Rúa coopta a los dirigentes de esta pequeño burguesía, no solamente por la integración del Frepaso (como lo demuestra Bonetto, presidente de la Federación Agraria e impulsor de los "tractorazos”, como director del Banco Nación).
 
El levantamiento de la carpa docente es emblemático en cuanto a la política y el protagonismo de esta pequeño burguesía antimenemista en el régimen actual. El acuerdo de Llach (clero) y la dirección de Ctera tiene un alcance estratégico, de gobierno. La dirección de Ctera enarbola conscientemente un planteo de privatización de la enseñanza en nombre de la pequeñaburguesía “progresista" (no casualmente Ctera fue la primera en presentar la educación privada como “educación pública bajo gestión no estatal"). Lo que se ve en educación corresponde a una posición de conjunto de esta pequeño burguesía que reivindica el protagonismo de ¡a ¡¡amada “sociedad civil”, o sea ¡a privatización de todas ¡as funciones del Estado (la mercantilización de la educación, la salud, la asistencia social, la justicia), para ser socia directa en esta empresa. En un artículo publicado en La Nación, Llach plantea que la familia se haga cargo de todas las funciones de protección social que ha tenido el Estado desde la década del '40, lo cual significa privatizar la pensión social, la asistencia social, la educación y la salud. El presupuesto de la familia debe hacerse cargo de lo que antes proveía el Estado. Se paga la educación y la salud, si hay un desocupado la familia lo ayuda y a la vez lo presiona para que vaya a trabajar. El seguro al parado atentaría contra esta responsabilidad, por eso se plantea el subsidio a las patronales que tomen personal, al que califica como un incentivo. Este planteo fue bautizado como “responsabilidad personal” por Clinton, Tony Blair, aunque sus tutores son los derechistas norteamericanos. En esta línea, monseñor Casaretto acaba de plantear que además de alimento los niños pobres necesitan educación, para lo cual debe constituirse una red única de asistencia privada y educación católica, loque haría caer a la “sociedad civil" bajo la red clerical.
 
Este planteo es uno de los grandes ejes del acuerdo de la pequeño burguesía con el imperialismo, que se expresa en el nuevo gobierno. La preeminencia de la^ “sociedad civil” (privatización), asociada con la “transparencia” (control del Estado por el FMI y los bancos) son las banderas formales de la pequeña burguesía alternativa al menemismo. El “chachismo” fue evolucionando en esta dirección, despojándose de todo planteo que supusiese un choque con el dominio del capital financiero. La lucha contra la corrupción, entendida como el derecho de supervisión del imperialismo sobre el Estado (“transparencia” de los fondos, de las política de Estado, de la defensa), embellece un programa de mayor sometimiento político.
 
El otro gran planteo del acuerdo de la pequeño burguesía con el imperialismo, sobre el que se cimienta este cambio de gobierno, es la atomización de la clase obrera. La flexibilidad laboral y los convenios por empresa no son sólo planteos directos del gran capital, sino también del Frepaso y la CTA, por algo su implementación está en manos de Alberto Flamarique y Alicia Castro.
 
La pequeña burguesía pretende obtener de la atomización de la clase obrera un ingreso masivo de capital internacional que le permita realizar sus propios apetitos de crecimiento social y aun de expropiación directa de los obreros.
 
La alianza entre la pequeño burguesía acomodada y el imperialismo reedita en términos más reaccionarios la coalición ya producida bajo el alfonsinismo y expresa las tendencias dominantes a escala mundial. La pequeña burguesía que tendió a recostarse en la burocracia de la URSS a lo largo de todo el período que culmina con la caída del Muro, se convierte en una punta de lanza de la política imperialista, con el argumento de que sólo la adaptación a la “globalización” capitalista permitiría encontrar una salida nacional. La expectativa imperialista es que el gobierno de la Alianza estabilice la situación, imponga una mayor confiscación a las masas y administre mejor la deuda pública. Si se hace abstracción de la crisis mundial y de la inminencia de colosales sacudidas económicas en las metrópolis imperialistas, la Argentina es un campo muy fértil para el imperialismo, debido a ía posibilidad de apropiarse de la pampa húmeda y dominar una fuente de primera línea en el mercado alimentario mundial.
 
De conjunto, todo el planteo que hoy arrastra a la pequeño burguesía encierra una enorme mistificación: la reivindicación de la “sociedad civil" en una etapa de excepcional concentración mundial del capital, escamotea la enorme socialización de la producción y la formación de un gigantesco ejército de desocupados, al mismo tiempo que escamotea la quiebra económica de los Estados capitalistas y por lo tanto su descomposición. En un intento desesperado por superar la tendencia declinante de la tasa de ganancia, la clase capitalista se ve obligada a reventar a su propio Estado, en una manifestación extrema de la competencia capitalista. En función de este operativo de ocultamiento de la política de atomizar a la clase obrera, el centro-izquierda propagandiza que en la sociedad actual la clase social ha dejado su lugar al “individuo”, los trabajadores a los accionistas, el Estado a la "sociedad civil”.
 
2. Caracterización del nuevo gobierno
 
Pero el escenario político actual que ha resultado del pronunciamiento electoral tiene características más concretas, pues al lado del gobierno nacional de la Alianza coexiste un conjunto de gobiernos provinciales y municipales peronistas e incluso francamente derechistas.
 
La función de la “tercera vía" o centroizquierda es integrar a las burocracias vinculadas a las organizaciones obreras y sindicales en un contexto de aguda crisis económica del capitalismo. El gobierno de la Alianza responde a esta tendencia y está literalmente obligado a intentar modificar las condiciones y la política que transformó a su predecesor de factor de estabilidad en factor de perturbación política.
 
El régimen político que emergió en octubre pasado reúne al gobierno centroiz-quierdista rabiosamente capitalista y semicolonial de la Alianza de un lado, con el clericalismo de derecha y de los servicios de Ruckauf, Cavallo y Rico, del otro. Se ha formado transitoriamente, un régimen de colaboración entre uno y el otro, lo que vuelve a demostrar que "el progresismo pequeño burgués ha caducado por completo como fuerza reformista o como afirmación de la independencia nacional; para cumplir con sus mandantes capitalistas no ahorrará sangre del pueblo. Los burócratas sindicales o los izquierdistas que son incapaces de ver el carácter de clase del progresismo centroizquierdista, están condenados a ser cómplices de los verdugos” (1).
 
¿Qué dice la izquierda sobre esto? Para el MST, el gobierno de la Alianza es producto del “voto castigo” al menemismo, es decir del repudio popular, lo que es decir que es progresista con referencia a su antecesor. Pero también plantea que es "lo mismo" que su antecesor; lo cual deja la puerta abierta a cualquier maniobra política. Para el PTP, estamos en presencia de “un gobierno radical más”. Estas caracterizaciones omiten decir que éste es el “producto final” de la experiencia que nació en el Frente del Sur, siguió en el Frente Grande y culminó como Frepaso, y esconden el papel fundamental de la pequeña burguesía progresista. Esto le permitirá operar a diferentes niveles, por ejemplo apoyando a elementos progresistas y criticando a los que son “más de lo mismo", escamoteando que son parte del mismo gobierno.
 
De la Rúa ha conformado un gabinete más representativo del gran capital que Menem. Llach, López Murphy, Rodríguez Giavarini, Santibañez, etc. (López Murphy es uno de los ideólogos de FIEL, una fundación del capital financiero; Llach es un abanderado de los planes del Banco Mundial en el área educativa y social, con los cuales se identifica también Rodríguez Giavarini que, al igual que Llach, suma su condición de hombre estrechamente vinculado al Episcopado). Los representantes del capital financiero y el Vaticano han quedado como una suerte de monitores y árbitros de la nueva administración aliancista. De la Rúa ha instituido, además, un Comité de Control de la Gestión Estatal con hombres orgánicamente vinculados a las grandes corporaciones extranjeras y nacionales -Citibank, Bank Boston, IBM, Loma Negra-, lo que convierte a la Casa Rosada en una oficina del imperialismo yanqui. El Episcopado ha declarado que su colaboración será “cotidiana" con el nuevo gobierno y dispuso desplazamientos en sus cuerpos directivos de manera tal que los elementos con mejor llegada a la Alianza y al Frepaso tejan una relación estrecha con el equipo de De la Rúa. La Meijide adelantó que otorgaría a la Iglesia el control de los recursos destinado a la política asistencial del Estado.
 
La conformación del gobierno es reveladora por sí misma. Ha sido estructurado para dar garantías al "establishment” y plantear de entrada un llamado al orden a los izquierdistas de la Alianza y a las burocracias sindicales, fijando así las condiciones y los límites de colaboración en la nueva gestión.
 
Un gobierno que se integra con hombres del cavallismo y la derecha “neoliberal”, que integra al ala “progresista” de la UCR y a la cúpula del Frepaso y que suma la colaboración declarada de los líderes sindicales “combativos” de la CTA y el MTA es una suerte de gobierno de “unidad nacional".
 
3. Volver sobre los pasos del menemismo
 
El gobierno de la Alianza necesita reconstruir la capacidad de acción del Estado que fue frenada por la lucha contra Menem, el derrumbe del plan Cavallo y la división de la burguesía. La crisis que "hereda" De la Rúa y las luchas que enfrenta, como Corrientes y Tartagal, son la expresión del movimiento de lucha que paró a Menem. De la Rúa está obligado a “volver sobre los pasos” de Menem. Una herencia que el gobierno tiene que afrontar, una conquista de la propia movilización de las masas de todo el último período que está presente en la situación política, aunque la conciencia de este proceso sea extremadamente débil e inconsistente, esto por la ausencia de un punto de vista político propio en el movimiento obrero. Desde este punto de vista, la emergencia de un gobierno que representa al ala izquierda del imperialismo, es decir que se expone a una lucha de clases con los trabajadores y la pequeña burguesía progresista, es un progreso de la situación política, es decir, la hace menos reaccionaria y más revolucionaria. La alternativa es: o que la Alianza consiga su objetivo de atenuar la lucha de los trabajadores y crear una situación de conciliación de clases adecuada para su gobierno o que esa lucha se acentúe y se estructure una situación de polarización política, con toda la democracia de un lado y las masas y sus organizaciones independientes del otro. El peronismo y la derecha provinciales y municipales respaldan la política de la Alianza de cooptación de las luchas, de sus dirigentes y de las burocracias tradicionales, como la única vía para desarrollar los planes proimperialistas.
 
Para recuperar la iniciativa política que el gobierno anterior perdió con la caída de Cavallo y el proceso de movilizaciones producido en los últimos años, el Frepaso continúa siendo imprescindible para la estabilidad política del nuevo gobierno, que también requiere del apoyo de las burocracias sindicales, en especial del MTA y la CTA que ya han sido colocadas "entre la espada y la pared . El Partido Obrero tiene que subrayar el carácter de esta nueva etapa para alimentar y estimular la acción y la conciencia obrera sobre las posibilidades abiertas, sobre las grietas del sistema, sobre sus flancos débiles y sobre la política que intenta aplicar para superar esta impasse heredada.
 
4. Los escenarios de la crisis
 
La crisis económica
 
De conjunto, la salida de emergencia que estructuró el menemismo entre el ‘91 y el '95 está agotada. Existe una situación de insolvencia por una deuda pública de 200.000 millones de dólares, lo que equivale a toda la producción anual del país si se la considera a su valor real (no en base a un peso sobrevaluado). El Mercosur, que constituyó una salida episódica para algunas fracciones de los explotadores, se encuentra en desintegración. La deuda externa de los mayores pulpos capitalistas supera los 60.000 millones de dólares y Argentina está, después de Sudáfrica, entre los países con mayor nivel de insolvencia corporativa. El 25% de los préstamos bancarios son de incierta recuperación. La quiebra de los deudores agrarios pondría en manos de los bancos unos 200 millones de hectáreas ofrecidas en hipoteca.
 
Frente a esta situación, la reforma impositiva es una maniobra de corto alcance. Ya antes del ascenso de De la Rúa planteamos que la política de ajuste fiscal no podía resolver la crisis “por la simple razón de que no es el déficit fiscal sino el privado (deuda externa privada y remisión de utilidades al exterior) lo que causa la carestía financiera (altas tasas de interés) y porque esta carestía financiera es internacional, no ya nacional, como lo prueba el alza constante de las tasas de interés en los Estados Unidos —¡66% de aumento en los dos
últimos años!-" (2).
 
El fínanciamiento del pago de la deuda pública y privada encarecerá aún más el crédito y agravará la crisis de la industria y los choques en el seno de la burguesía. Forzar a las AFJPs a financiar el pago de la deuda sería una fuente de conflicto explosiva.
 
La presencia en el gobierno de un sector partidario de ir a la rebaja directa de salarios, es revelador de la hondura de la crisis. Esta llega al punto de poner en cuestión la continuidad de los estados provinciales, e incluso el régimen federal argentino es considerado “inviable" por el Banco Mundial (3), es decir que la autonomía provincial es incompatible con el pago de la deuda externa.
 
El Mercosur está agotado como proyecto político y podría morir del todo en caso de una nueva crisis y una dolarización argentina.
Numerosos capitales reclaman una devaluación para reflotarlo, pero esto podría agravar la crisis argentina y llevar a esa dolarización. El Mercosur fue concebido como una estación de paso en el mercado internacional, pero su agotamiento plantea ahora, como alternativa un reflotamiento del proyecto de la Iniciativa para las Américas, o sea un mercado bajo control económico y político del imperialismo yanqui.
En Argentina la perspectiva de la devaluación está presente. El director de la Fundación Mediterránea, Mondino, ha planteado que “ante los ojos de Wall Street la situación argentina no difiere sustancialmente de la que presentaba Brasil (a principios del año pasado, en los días previos a la devaluación)”. En su análisis, un posible hundimiento de la moneda en Hong Kong, también ‘atada’ al dólar como la argentina, haría insostenible la “convertibilidad” (4). Otra alternativa es que el gobierno se vea forzado a tomar esta medida ante la profundidad de la crisis provocada por la recesión. Fiat volvió a hacer punta en este reclamo, luego del ascenso del nuevo gobierno, luego que Techint, Arcor, Macri, Pérez Companc y Bridas plantearan que las monedas de los países del Mercosur debían variar entre sí con un margen de amplitud establecido a priori, lo que significa la devaluación en la Argentina y una flotación posterior, en una especie de devaluación permanente (5).
 
La alianza de la pequeño burguesía y el imperialismo representada por el gobierno radical-frepasista tiene su límite más inmediato en esta próxima crisis financiera y en la actual recesión, que puede barrer en poco tiempo la luna de miel’ del imperialismo y los ‘progres’.
 
La crisis política
 
Para concretizar la caracterización de la actual etapa de la crisis heredada del menemismo, es necesario incorporar las huelgas, ‘aguantes’ y cortes de ruta, o sea el empeño de una parte de las masas por encontrar una salida por la vía de la lucha. Esto explica que la burguesía se haya abroquelado en la defensa de la política del gobierno entrante, de llamar en su auxilio a la burocracia obrera y de izquierda
 
La cuestión principal no son, sin embargo, estas burocracias, porque la mayoría de ellas está muy desprestigiada y porque su principal recurso contra las luchas, incluso de parte de las más izquierdistas, ha sido la inacción. El punto fundamental es, primero, que se desarrolle en las masas que salen a la lucha la tendencia a buscar en esa lucha una vía de salida, en lugar de involucionar hacia protestas desesperadas de impotencia. El papel del partido es fundamental, aunque de ningún modo omnipotente, en esta contradicción, ya que de él depende en gran medida que prevalezca la tendencia a estructurar las luchas en torno a un programa y a desarrollarlas como organizaciones, o sea piquetes, coordinadoras, congreso de trabajadores. En esta línea, se producirá un gran desarrollo de la vanguardia y del partido, y la lucha se transformará en vía de salida a la corta o a la larga, dependiendo de un conjunto de factores. Dentro de esta variante del desenvolvimiento de las luchas, se puede prever un fuerte desplazamiento de activistas hacia la vanguardia, en especial de la CTA, y, por sobre todo, el surgimiento de jóvenes obreros luchadores.
 
La segunda variante, que el detonante lo puedan constituir las organizaciones tradicionales, es altamente probable, porque depende de que conjuguen, en una crisis política, las presiones de la burguesía y de las masas, como ocurriera cuando cayó Cavallo y tuvieron lugar las huelgas de fines de julio y principios de agosto de 1996. La posibilidad de que este detonante abra una vía de desarrollo independiente de los explotados, dependerá de la implantación previa del partido, de ningún modo exclusivamente de la orientación del momento. Las dos variantes señaladas, aunque formalmente alternativas, tienen en común la crisis de conjunto y la necesidad de un partido desarrollado, en especial en las grandes fábricas, pero también en los sindicatos. La importancia de esta caracterización no reside en que pueda servir de consuelo revolucionario sino en que determina un trabajo de implantación del partido sobre la base con un programa relacionado con la impasse histórica del capitalismo y las tendencias explosivas que genera, o sea de un programa revolucionario.
 
Las alternativas políticas que una crisis de dimensión le ofrece al gobierno son, por un lado, una alianza con los gobernadores peronistas, inclusive los servicios y el clero, que acompañan hoy al gobierno como una sombra, y como un reaseguro del régimen. Del otro lado, una integración al gobierno de sectores directos de la burocracia sindical de centroizquierda. En este caso dependerá de la fuerza del partido que la ilusión en esta suerte de frente popular no culmine en sangrienta derrota. 
 
Un terreno especial de la crisis en curso tiene que ver con las crisis de las provincias, uno de los eslabones débiles del sistema. El gobierno tuvo que enfrentar tempranamente una insurgencia en Corrientes y en el norte de Salta, Río Negro, Neuquén, Tierra del Fuego, Jujuy, Catamarca están en los umbrales de una experiencia similar. Los municipios pueden convertirse en otro escenario de esta crisis, en particular en el Gran Buenos Aires, donde las elecciones desviaron un conjunto de contradicciones que habrán de estallar en el futuro inmediato. El peronismo perdió el control de la Legislatura (ambas cámaras en manos de la Alianza), intendencias claves del conurbano (Avellaneda, Morón, Lomas de Zamora) y el dominio político de varios consejos municipales de la provincia. Está en crisis, además, la red de punteros y “manzaneras” que controla el paquete asistencial, acelerada por el colapso de los Planes Trabajar, y en definitiva el régimen de camarilla del duhaldismo (una situación que, con sus características, se reproduce en Santa Fe y es extensiva al resto del país). Todo esto convertiría a los municipios en centros de la crisis política y del reclamo popular, en particular ante el intento de descargar un nuevo ataque sobre las provincias, que éstas descargarán a su vez sobre las comunas llevándolas a un punto de aniquilamiento. Existen modalidades de este proceso de crisis política que se pueden advertir en las elecciones de Capital, como la existencia no de dos, sino de varios bloques patronales, y una extraordinaria división del peronismo
 
5. Las masas, características de su intervención
 
Al culminar el año, el nivel de luchas registrado fue el más alto de los últimos tres años y en secuencia ascendente desde el ‘97. Este balance incluye las luchas de Corni, Emfer, Diasa, Foetra, Metrovias, Hospital Larcade, las huelgas con corte de rutas en San Lorenzo, la huelga de Interpack, el ‘aguante’ tucumano, el ‘aguante’ correntino, la rebelión obrera en el puerto de Mar del Plata, el corte en Tartagal.
Derrotas, semiderrotas, victorias y conflictos latentes, verificándose que las derrotas o derrotas sin lucha corresponden, en general, a los conflictos más controlados por la burocracia, con Diasa como caso modelo. Pero el accionar de la burocracia es un elemento y no explica la totalidad de la actitud de las masas .
 
Aun cuando el nivel de protesta haya sido y es grande (Corrientes, Tartagal), hay una frontera de la protesta que las masas aún deben sobrepasar. Es el salto a la organización de conjunto, con un programa, “para sí”: a la independencia política, la organización propia.
 
En estas condiciones, las masas son proclives a servir a variantes políticas que no representan sus intereses. Pero la acción de la burocracia sindical como factor de bloqueo y traición no explica la totalidad el fenómeno. La crisis de dirección va más allá. Es un fenómeno mundial. Todo sucede como si las masas intuyeran que tienen que abstenerse de acciones históricas independientes, lo cual está en contradicción con la necesidad desesperante de una salida, y con la posibilidad, por lo tanto, de luchas que no son vistas como vía de salida. La crisis social puede, en estas condiciones, acentuar su diferenciación, con sectores que se adaptan para no caer más abajo en la miseria. Pero, claramente, el problema es de naturaleza política, es decir de si progresa el partido y la organización y la lucha que lo tiene por protagonista.
 
La adaptación al orden vigente de las centrales sindicales le da a las luchas un carácter fragmentado, pero también explosivo, y obligadamente recurrente. Es dentro de estas condiciones que se está gestando y desarrollando una vanguardia obrera clasista y revolucionaria. Estos activistas constituyen una herramienta fundamental en el desarrollo de una dirección obrera en el PO y un “puente" hacia la masa de luchadores que han comenzado a actuar para recuperar las conquistas y las organizaciones. Esto exige una gran lucha por la implantación del partido: 1) por medio de la agitación, para crear la delimitación con el régimen político, 2) por medio de la propaganda, para formar los cuadros, 3) por un enorme trabajo de organización, atendiendo a las características de cada etapa de la vida de las masas.
 
6. Las organizaciones obreras
 
La tregua permanente de la burocracia de la CGT, desde la crisis que llevó a los paros del '96, es justificada ahora por la burocracia en la posibilidad de mantener el manejo de fondos de las Obras Sociales, que es la última posibilidad del financia-miento de los sindicatos en crisis; lo mismo plantean el MTA y la CTA. Se une a este pacto la participación de la burocracia en una serie de negocios capitalistas, como los que se desprenden de la anunciada privatización de las empresas de energía de Santa Fe y Córdoba, sea a través de la “propiedad participada” de acciones o la “tercerización".  
 
En lo relativo a la reforma laboral, las burocracias de la CGT y el MTA defienden el convenio único, aunque se lo descentralice; la CTA, en cambio, parece plantear abiertamente el convenio por empresa, lo que le permitiría pelear la representación gremial. Se trata de planteos de regimentación, de unos, y de atomización, de la otra, que se refuerzan mutuamente. La posición de la burocracia de todas las centrales es antiobrera. A esto hay que oponer la democracia sindical y la independencia de la clase. Es decir paritarias elegidas en asamblea o congreso de bases: anteproyectos de convenio discutidos libremente, no a la conciliación y arbitraje obligatorios; fuera la burocracia; revocabilidad; obras sociales solidarias; control obrero; fuera la reforma laboral, jornada de 8 horas, 6 horas por insalubridad, salario mínimo móvil de 600 pesos.
 
La CTA plantea abiertamente la atomización obrera; ella misma se basa en el voto individual, inclusive de sectores no obreros. La Ctera, sin ir más lejos, tiene un acuerdo global con la reforma global, capitalista, de la educación, que incorpora a la reforma laboral como una pata insoslayable (pasantías). La CTA tiene un programa que confluye con el planteo estratégico de la burguesía de flexibilizar y atomizar al movimiento obrero. Su proyecto de ley de “ampliación del garantismo sindical” no cuestiona la intervención del Estado en los sindicatos sino el monopolio de la personería gremial. El proyecto de “garantismo" (presentado por diputados del Frepaso) habilita la atomización del sindicato de actividad en gremios por empresa o grupo, destruyendo la organización fundada en la defensa del convenio de industria y en línea con la propuesta de sindicatos por fábrica alentada por un vasto sector de la patronal (la siderúrgica en primer lugar). La “central alternativa" ignora toda lucha por la recuperación de las organizaciones de manos de la burocracia, apuntando a la mera división de aparatos y sin estrategia alguna dirigida a unir a la clase obrera para enfrentar la crisis capitalista.
 
El MTA nació, en 1994, a días del “santiagueñazo", proclamando la necesidad de una “nueva dirección” en la CGT, lo que concretará ahora para presidir la política de preservación de la burocracia y luego de haber puesto su empeño en encuadrar y vaciar la rebelión popular detrás de la oposición patronal. El MTA es un grupo de presión del Grupo Productivo conformado en torno a la UIA, en particular de su ala devaluacionista.
 
La CTA y el MTA fueron artífices de la Alianza y responsables del vaciamiento de las luchas luego de la caída de Cavallo y el agotamiento de la capacidad de iniciativa del gobierno menemista contra las masas. La Mesa de Enlace (junto a la CCC) llevó a un callejón sin salida al activismo y a los luchadores en función de la política de la oposición patronal representada en la Alianza. Los ataques en marcha y los planes que se anuncian contra las conquistas de las masas plantean la necesidad de que las organizaciones obreras rompan con el Estado y los partidos patronales. Para esto es necesaria una nueva dirección obrera que transforme a los sindicatos en escuela de lucha clasista y que batalle por una transformación social bajo la dirección de la clase obrera. Para abrir la perspectiva de una nueva dirección llamamos a los activistas y luchadores a organizar un polo clasista, que luche para sustituir a la burocracia de los sindicatos y convertirlos en herramientas de lucha obrera independiente. El polo es un arma de organización clasista en los procesos de lucha y reagrupamiento que se operan en la nueva situación política y que tendrán por escenario las organizaciones obreras y las que las masas creen en el curso de la lucha (“autoconvocados"). Existe un proceso de debilitamiento general de la burocracia sindical que se expresa abiertamente en la UOM y en gremios de la CTA (Suteba Matanza). En la lucha por dar paso a una dirección obrera clasista es necesario colocar el centro de la actividad en las fábricas y gremios industriales y comprometer la intervención práctica de los jóvenes, la mujer y la organización de los desocupados. El planteo de IU de conformar el “brazo sindical” de la Unión Popular de Córdoba, junto a Bazán y la CTA, pretende subordinar a la vanguardia a la estratega democratizante y electorera. IU y Patria Libre caracterizan a la CTA como una alternativa de los trabajadores, militan en su dirección y la apoyaron en las recientes elecciones de ATE (PC y CPL). La política del PTP está en ruinas luego del derrumbe de la Mesa de Enlace. En la UOM se han alineado con Lorenzo Miguel (incluyendo las expulsiones dictadas por el “secretariado”).
 
¿Qué escenarios se abren en el movimiento obrero?
 
Estas burocracias deberán ir cada vez más lejos en la integración política con el régimen, acentuando la brecha con los trabajadores. Claro que intentarán adaptarse en caso de un viraje de la situación política que produzcan las masas. Si la crisis los obliga a reemplazar su inacción por presiones limitadas, se abrirá un campo más amplio de acción, cuyo aprovechamiento dependerá de la capacidad de las fuerzas en presencia.
 
7. La perspectiva y el programa
 
La ofensiva a la que ya está lanzado el nuevo gobierno tiene un carácter general y plantea consignas de carácter general dirigidas a movilizara las masas organizadas en los sindicatos y a las no organizadas; a las que ya están en lucha y a las que todavía no entraron. Partiendo de los niveles más elementales de los reclamos y la protesta.
 
La perspectiva de la crisis creciente plantea la cuestión de la unificación de la clase obrera para la lucha contra el régimen aliancista. Por eso, en todas las ocasiones, se planteará la cuestión del congreso de trabajadores, congreso de bases, dirigida a todas las organizaciones obreras y las masas no organizadas.
 
La consigna congreso de trabajadores tiene un carácter de método, que responde a las necesidades de esta etapa. Se plantea en cada lucha como método de acción y como política de desarrollo de la lucha. Congreso de trabajadores en las barriadas, tomará la forma de asamblea popular, cuando se trata de coordinar las luchas de varios barrios. Congreso de trabajadores, que toma la forma de congreso de bases para, por ejemplo, la CTA; “ante el apoyo de la dirección de la CTA al gobierno y el levantamiento de la carpa blanca etc.”, o para “discutir la posición ante el gobierno y la salida a la crisis", como dice el manifiesto de Santa Cruz. Ante la crisis de la UOM, congreso de bases de la UOM.
 
Es un método de trabajo, señala la continuidad de la experiencia de la clase obrera, desde las asambleas de los fogoneros de Cutral Co, de los piqueteros de Tartagal, de los autoconvocados de Corrientes. Y antes, de la asamblea popular de T relew (1993). Reivindicando el hecho de que las asambleas de Cutral Co y Tartagal fueron asambleas de trabajadores, dado el peso específico en ellas de los despedidos fabriles y de YPF, muchos de ellos cuadros y activistas sindicales, que imprimieron la tónica al funcionamiento y a los programas aprobados en ellas.
 
Muy importante: congreso de trabajadores, de desocupados, congreso conjunto. Para encarar la unificación de la clase obrera y la lucha por las reivindicaciones:
 
La consigna de 600 pesos de mínimo legal para activos, desocupados y jubilados (600 pesos de salario mínimo para todos, una consigna que colocó en la calle la extrema pobreza de las masas) como base de un reclamo inmediato que puede ser la columna vertebral de una política de movilización conjunta del movimiento obrero, sin distinciones entre ocupados, desocupados y jubilados. Planteamos la lucha por reconstruir la “institución” del salario mínimo, vital y móvil que fuera destruida por el menemismo, un reclamo que interesa a todos (600 pesos de básico mínimo en los convenios significa un aumento salarial de conjunto).
 
Retiro del proyecto de reforma laboral que extiende el trabajo precario, deroga los convenios por industria y habilita los convenios por empresa. Paritarias por ramas de actividad, con paritarios elegidos en asamblea. Muy importante, porque enfrenta la política de los convenios por empresa y la flexibilidad laboral. Pero también prepara una intervención ante la eventualidad de una paritaria descentralizada, para impedir que impongan por vía “democrática" lo que Pinochet impuso con la dictadura. Sí una paritaria descentralizada es un hecho “que en asamblea se elijan paritarios y se discuta el pliego de reivindicaciones".
 
Frente a la continuidad de la quiebra industrial y la situación sin salida de los desocupados, que se prohíban los despidos y se reincorpore de inmediato al trabajo, compulsivamente, a todos los desocupados, repartiendo las horas disponibles en las empresas sin afectar el salario. Es la única salida posible frente al desempleo y para las masas, que no cuestionan todavía al capitalismo, significa plantear un método anticapitalista para satisfacer un derecho típicamente capitalista: el derecho a ser explotado a cambio de un salario. La solución a la desocupación plantea la necesidad de una reorganización completa de la sociedad y, en consecuencia, el ascenso al poder del único gobierno capaz de llevarla adelante: el gobierno obrero y de los trabajadores.
 
La crisis mundial va a acentuar la presión de la burguesía por abolir hasta los últimos rasgos del derecho laboral, con el objetivo estratégico de someter el salario al rendimiento cotidiano del obrero. Esto ya se expresa en la porción de miseria que ocupa el básico en la suma total percibida por el trabajador, en el alargamiento de la jornada de trabajo, en el salario diferenciado por trabajos de similar calificación, en la eliminación de las categorías y el abaratamiento del despido, o sea la liquidación de la estabilidad laboral. En oposición a la exigencia de superexplotación ilimitada de los capitalistas, la clase obrera reivindica la remuneración de la fuerza de trabajo sobre la base de una jornada de duración determinada, por ejemplo ocho horas, y la derogación de la flexibilidad laboral. Defendemos el concepto del salario como pago del tiempo fijo que destina el trabajador a la producción social, una medida de defensa contra la explotación capitalista y la degradación física y moral.
 
El agravamiento de la crisis ocupacional plantea la necesidad de convertir al movimiento de los desocupados en un movimiento de masas a escala nacional y librar una lucha en su seno por una política de movilización clasista e independencia obrera frente al Estado, frente a las corrientes que pretenden disolverlo en los marcos del “asistencialismo” y de la relación prebendaría.
 
Contra las falsas salidas “nacionales” de las patronales, que demostraron su fracaso en el Mercosur, un programa común de reivindicaciones y un plan económico y social de la clase obrera. Unidad política de los trabajadores de América Latina por una salida obrera independiente a la crisis.
 
De conjunto, planteamos que la crisis la paguen “ellos”: salario que cubra el valor de la canasta familiar; eliminación de los impuestos al consumo, gravamen exclusivo al gran capital y sus beneficios; salud y educación integralmente estatales y gratuitas, bajo control de profesionales, docentes, estudiantes, organizaciones de la cultura y el conjunto de la clase obrera; estatización del sistema jubilatorio, bajo control obrero, restablecimiento del aporte patronal y el 82% móvil; que se abran los libros de todos los bancos y grandes empresas al control obrero, desconocimiento de la deuda pública; desmantelamiento de los aparatos represivos, que organizaciones de trabajadores y de jóvenes se hagan cargo de su propia defensa y de la del país, que los jueces y todos los funcionarios sean electos y revocables. Que un congreso democráticamente electo de trabajadores discuta un plan económico, social y cultural de conjunto.
Por un plan de lucha del conjunto del movimiento obrero y de los trabajadores, que plantee la huelga general. Fuera el plan de De la Rúa y el FMI.
 
8. La izquierda
 
La izquierda democratizante no participa de ninguna de las luchas obreras industriales actuales. Mientras la IU se ocupa de ‘escraches’ a represores, el PO dirigió la lucha de Interpack y las elecciones del INTI y de UTA Smata. El PO organizó la única protesta contra el pacto Ctera-Llach y la oposición al levantamiento de la Carpa Blanca, mientras los congresales de IU al Congreso de Ctera se ausentaban sin aviso, capitulando ante la Maffei y Llach. Se trata de los hechos más destacados del movimiento obrero de los últimos meses. Esta izquierda no organiza ni orienta. No ha preparado ninguna lucha. La crisis de la izquierda a nivel internacional, caracterizada por el emblocamiento de toda ella con los planteos “regulacionistas" del capitalismo, afecta a la izquierda argentina democratizante en todas sus variantes. El apoyo a las Pymes, la promoción de candidatos patronales y burócratas en la campaña electoral, son síntomas claros de esa descomposición. Pero lo más significativo son los planteos devaluacionistas de la izquierda. Los planteos a favor de la devaluación monetaria, de manera directa por la CPL y el PTP y el apoyo a sectores devaluacionistas patronales en IU, los convierte en grupos de presión de los exportadores, de los afectados por la competencia extranjera y del sector financiero que teme su absorción por los bancos extranjeros.
 
Es una izquierda democratizante y nacionalista; la ampliación de IU hacia la Unidad Popular con la devaluacionista Patria Libre, su apoyo a las Pymes y al Encuentro Progresista de Uruguay, indican una tendencia a una integración cada vez mayor al Estado burgués. La izquierda democratizante (en particular IU y la CPL) apoya el proyecto de central alternativa de características policlasistas, es decir antisindical, integrada al Estado y basada en la atomización del movimiento obrero. La CTA es el vaso comunicante de la izquierda democratizante con la pequeño burguesía proimperialista.
 
Es una izquierda históricamente en retroceso; su sector nacionalista no ha logrado demostrarla vigencia de ningún fenómeno nacionalista con alguna perspectiva. El MST no ha superado la crisis del Mas. Su planteo de unidad de la izquierda es contrarrevolucionario, porque plantea el acuerdo electoral con carácter estratégico. IU es, de hecho, un partido electoral.
 
La unidad puede ser revolucionaria cuando tiene lugar con tendencias que evolucionan, no que degeneran, con tendencias que rompen con la burguesía, no que se adaptan al régimen. El PO confluye, en cambio, con los que luchan o representan un proceso vivo de la lucha de clases (CGT San Lorenzo).
 
¿Qué sentido tiene entonces que el PO destaque ante las masas la importancia de la unidad con esta izquierda? La campaña por la “unidad de la izquierda" es un planteo vulgar de los medios, que señalaron como una anomalía la existencia de varias candidaturas de izquierda en la campaña electoral, como' una manera de depreciar a la propia izquierda. O de los que quieren que se les ahorre el trabajo de discernir a qué posiciones políticas corresponden las distintas corrientes para poder votar a la izquierda sin culpa.
 
La campaña pública del PO, desde fines del ‘96 hasta mayo del ‘97, por la unidad de la izquierda demostró en la práctica la imposibilidad de acuerdos reales de lucha y revolucionarios. Fue rechazada con argumentos arbitrarios por los democratizantes y culminó en el sabotaje a la participación de las organizaciones obreras en lucha en el acto del 1o de Mayo de ese año. Quedó claro que se interesan por los “luchadores sociales” cuando necesitan utilizarlos demagógicamente y disimularse tras ellos para propósitos reaccionarios y de aparato. No para impulsar un libre desarrollo de la vanguardia obrera.
 
Ante la pregunta por qué no hay unidad de la izquierda, contestamos que tenemos perspectivas políticas diferentes, ellos medran bajo este régimen y nosotros estamos por el gobierno obrero y el socialismo; ellos son “movimientistas".
 
Es necesario reclamarla crítica a la unidad democratizante de la izquierda en el frente proimperialista que la izquierda mundial (y no sólo la centroizquierda) va constituyendo de hecho (Secretariado Unificado, Refundación Comunista, ex Militant, Izquierda Unida de España, etc.). Al programa democratizante oponemos: el gobierno obrero y de los trabajadores para intervenir despóticamente contra el capital (sinónimo de dictadura proletaria); el señalamiento de la bancarrota del nacionalismo burgués y el planteamiento de la Unidad Socialista de América Latina, la construcción de un partido obrero (o sea revolucionario y socialista), como la forma histórica más completa para desarrollar la lucha de clase independiente de os explotados, su conciencia de clase y la conquista del poder, refundando a
 
La unidad circunscripta a las elecciones podría ser, en ciertas condiciones, revolucionaria, pero hoy es la expresión estratégica de la política democratízame.
 
Hay que hacer una unidad para impulsar un Plan de Lucha y una Huelga Nacional, para luchar en los sindicatos con una política revolucionaria; y para oponer a las burocracias sindicales, sin excepción, un Polo Clasista. La participación en las elecciones deberá dar una expresión a esta política y deberá servir para desarrollarla.
 
9. Construir el partido
 
Estamos en un período signado por la bancarrota capitalista, la incapacidad del régimen para ofrecer una mínima solución a los problemas de las masas, agonía del peronismo y de gestación de una vanguardia obrera. Es esta situación la que deberá llevar a revolucionar los métodos de lucha de las masas, revolucionar los términos de su organización como clase y convertimos en alternativa de los partidos oficiales. En la evolución y el acercamiento al PO de compañeros que representan una nueva generación obrera revolucionaria está presente e agotamiento de la experiencia con las burocracias “alternativas” y el acierto de haber planteado un programa de salida obrera de la crisis capitalista en términos de conjunto, concentrando en el reclamo de meter a todos los trabajadores en las fábricas y repartir las horas de trabajo.
 
En el documento preparatorio del IX Congreso planteamos que las puebladas de los trabajadores neuquinos y salteños (96/97) expresaban un salto en la lucha obrera por la radicalización de sus métodos y los programas (Aumento de las regalías petrolíferas y gasíferas para destinarla al desarrollo industrial de las provincias, lo que planteaba, en perspectiva, la renacionalización de YPF). “El pueblo lucha cada vez más; este pueblo que lucha se da cada vez mejores programas; con la lucha y la consciencia surge también una nueva generación de la clase obrera” (6). El problema del partido es cada vez más un componente esencial de la situación política. Es la clave en la maduración revolucionaria de las masas.
 
Resumen
 
Con el advenimiento del nuevo gobierno se ha producido un cambio importante en la situación política.  Lo que distingue a la situación actual de la que existía bajo el gobierno de la Alianza cuenta con la presencia de la pequeño burguesía progresista que fue oposición al menemismo.
 
La clase capitalista ha debido operar un relevo por la crisis del régimen anterior y el agotamiento del peronismo ante las masas. El gobierno de la Alianza está obligado a reconstruir la capacidad de acción del Estado que fue frenada por la lucha obrera contra Menem, el derrumbe del plan Cavallo y la división de la burguesía (1996).
 
De la Rúa debe volver sobre los pasos del menemismo, pero para ello tiene que re establecer un régimen de ofensiva pleno contra las masas, incluyendo la desarticulación del movimiento de lucha. Desde este punto de vista, el desplazamiento del peronismo en crisis por un gobierno que representa a la izquierda del imperialismo, y que se expone a una lucha de clases con los trabajadores y la pequeño burguesía progresista, es un progreso de la situación política. Acerca estratégicamente la perspectiva de un gobierno de trabajadores.
 
Para cumplir con los planes del imperialismo el gobierno de la Alianza aparece travestido con los ropajes de la democracia “pura" y del “chau Menem". El levantamiento de la carpa docente no se operó con los métodos de “ramal que para, ramal que cierra" sino a través de un pacto perverso del gobierno con la burocracia de Ctera. Con esta fachada intenta introducir la confusión política en la clase obrera, ganar tiempo y explotar un margen de crédito para consumar la ofensiva planteada.
 
El nuevo régimen político reúne al gobierno centroizquierdista, rabiosamente capitalista y semicolonial de la Alianza, de un lado, con el clericalismo de derecha y los servicios de Ruckauf, Cavallo y Rico, del otro. El rasgo distintivo es la presencia de la pequeño burguesía democratizante, que se ha volcado al campo del imperialismo sobre la base de dos grandes campos de acuerdo: la política de privatización de la salud, la educación y de todos los sectores estatales y la atomización del movimiento obrero.
 
El gobierno enfrenta varios escenarios de crisis. El colapso económico no hallará salida por vía de las medidas fiscales, presupuestarias y laborales del gobierno, ni por el lado del colapsado Mercosur. No es el déficit público, sino el privado, constituido por la deuda externa privada y la remisión de utilidades al exterior, lo que provoca la carestía financiera, que, por otra parte, es internacional. La perspectiva de la devaluación está presente, sea por una nueva crisis financiera internacional o porque el gobierno se vea forzado a adoptarla frente a una crisis provocada por la recesión. 
 
Un segundo factor es el empeño de las masas por hallar una salida a través de la lucha, lo que explica que la burguesía defienda la política del gobierno, de llamar en su auxilio a la burocracia obrera y de izquierda. Por eso, la evolución y el éxito de la lucha de las masas, por sus reivindicaciones, dependerá de la delimitación política que se produzca en relación al carácter de este gobierno y sus aliados.
 
La existencia de un partido obrero, su desarrollo y su intervención orientadora en las luchas, es un factor decisivo en esa evolución, al subrayar el carácter de la nueva etapa y los flancos débiles de la política que intenta aplicar el gobierno. Una variante de desarrollo de la situación es que prevalezca la tendencia a estructurar las luchas en torno a un programa y al desarrollo de organizaciones propias, lo que puede significar una franca evolución para la vanguardia y el partido. Otra variante probable es que el detonante lo constituyan las organizaciones tradicionales, bajo determinadas condiciones de presión de la burguesía y de las masas, como en la crisis del 96 y la caída de Cavallo.
 
Las dos variantes tienen en común la crisis de conjunto y la necesidad de un partido desarrollado, en especial en las grandes fábricas y también en los sindicatos.
 
Las alternativas políticas a una crisis del nuevo gobierno son, por un lado, una alianza con los gobernadores peronistas, los servicios y el clero. Por otro, una integración al gobierno de sectores directos de la burocracia sindical de centroizquierda.
 
La tendencia de las centrales obreras (CGT, MTA, CTA) es ir cada vez más lejos en la integración política imperialista con el régimen, acentuando la brecha con los trabajadores. En caso de un viraje de la situación política, producido por las masas, pueden intentar presiones limitadas, que abrirán un campo más amplio de acción cuyo aprovechamiento dependerá de la calidad de intervención y la implantación previa del partido.
 
La ofensiva del gobierno plantea consignas de carácter general, dirigidas a movilizar a las masas organizadas y no organizadas. Partiendo dé los niveles más elementales: 600 pesos de salario mínimo legal para todos, paritarias por rama de actividad, con paritarios elegidos en asamblea, prohibición de despidos, reincorporación compulsiva de todos los desocupados, reparto de las horas de trabajo sin / afectar el salario. Plan de lucha, huelga general. Contra las falsas salidas "nacionales" patronales, oponemos un programa común de reclamos y un plan económico y social de la clase obrera.
 
De conjunto planteamos que la crisis “la paguen ellos” enarbolando el conjunto de consignas que exigen una reorganización completa de la sociedad y en consecuencia un gobierno obrero y de los trabajadores.
 
La perspectiva de la crisis plantea la cuestión elemental de la unificación de la clase obrera para la lucha contra el régimen aliancista. En ese sentido plantearemos la cuestión del congreso de trabajadores, congreso de bases, dirigida a todas las organizaciones obreras y de las masas no organizadas. Se plantea en cada lucha como método de acción y como política de desarrollo de la lucha.
 
El PO defiende la unidad revolucionaria de izquierda, para impulsar un plan huelguístico de la clase obrera contra el régimen aliancista y un polo clasista. Que luche por el gobierno obrero, entendido como la dictadura del proletariado contra el capital y por un verdadero partido obrero. La participación en las elecciones deberá dar expresión a esta política y servir para desarrollarla.
 
El período signado por la bancarrota capitalista, por la incapacidad del régimen para ofrecer la mínima solución a los problemas de las masas, por el agotamiento del peronismo y la gestación de una vanguardia obrera, plantea la construcción de un partido obrero revolucionario como única salida a los explotados. En el acercamiento al PO de compañeros que representan una nueva generación obrera revolucionaria está presente el agotamiento de la experiencia con las burocracias “alternativas” y el acierto de haber planteado un programa de salida obrera a la crisis capitalista en términos de conjunto, concentrado en el reclamo del reparto de las horas.
 
 
(*) Informe político al XI Congreso del Partido Obrero. Comisión redactora, en base a la discusión realizada en la reunión de Comité Nacional del 5 de enero de 2000: Sergio Villamil, Juan Ferro y Christian Rath. Redacción final: Christian Rath.
 

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