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La revolución de los claveles

Por Teresita Monkman
El golpe de Estado del 25 de abril de 1974 fue protagonizado por un grupo de oficiales de baja y mediana graduación -el Movimiento de las Fuerzas Armadas-, influenciados por la vasta experiencia de las guerras coloniales que dieron fin al gobierno de Caetano-Salazar
A partir de este hecho, el historiador Oliveira Márques (1) va a definir el golpe como un movimiento elitista protagonizado por el ejército, con las mismas características del golpe de 1926, estableciendo una diferencia: en 1926 pasó a gobernar una dictadura represiva mientras que en 1974 se pretendió gobernar con un régimen de amplia libertad. Oliveira Márques no explica que el golpe de 1926 fue una salida del ejército para terminar con la agitación de los obreros y con la incapacidad de la atrasada burguesía portuguesa.
Luego agrega que el MFA tuvo el apoyo “tácito" del pueblo portugués.
 
Es cierto que el ejército protagonizó el derrocamiento de Caetano. Sin embargo, lo que este análisis soslaya es que el golpe militar abrió las puertas a una amplia rebelión popular. El proceso que va a iniciarse está marcado por una irrupción popular.
 
El presente trabajo señalará los acontecimientos más destacados de este proceso revolucionario y de la participación del pueblo, que superó los límites que este sector del ejército había dado a su propia rebelión.
 
Entre abril de 1974 y fines de 1975 se abre un proceso convulsivo donde intervienen fuerzas contradictorias que darán lugar a sucesivas crisis políticas.
 
La propia revolución va a ser contenida por el papel que cumplieron los partidos que emergen como mayoritarios en el proceso revolucionario: el Partido Socialista y el Partido Comunista.
 
El golpe militar del 25 de abril de 1974 posibilitó un proceso político más amplio: abrió las puertas a una rebelión popular.
 
El 25 de abril, millones de personas ganaron las calles desoyendo los comunicados del MFA de permanecer en casa. Los floristas ofrecían claveles a los soldados, quienes los colocaban en los cañones de sus fusiles. Por esto, la revolución fue bautizada como la “revolución de los claveles”.
 
Los diarios de la época informaron de la agitación existente en la población: el diario Noticias, de Lisboa, que refleja el punto de vista de la Junta Militar, dice que “la libertad puede subirse a la cabeza debido a que no se mantiene el orden y el poder podría caer en manos de la chusma”. El 29 de abril, El Cronista Comercial informa que los estudiantes y trabajadores manifestaron en los últimos tres días, en las calles de Lisboa, donde se agitaban banderas rojas con leyendas izquierdistas. El ejército realizó numerosos disparos al aire para contener y dispersar a los grupos de exaltados que provocaban incidentes en la ciudad. Spinola fue llamado por Caetano pidiendo protección para no caer en las manos de la calle, afirma La Razón, de los días 26 y 27 de abril.
 
El 1o de Mayo de 1974 hubo una marcha en Lisboa que congregó cerca de 500.000 personas, junto a otras marchas en las principales ciudades del país, afirma el Centro Camoes (2).
 
Según Medero Ferreira (3), desatado el acto que derribó a la dictadura, éste provocó una serie de ondas de choque en la sociedad portuguesa que movilizaron multitudes en busca de nuevas formas de organización social, económica y política.
 
En los primeros meses posteriores a abril se observó la formación de “comisiones de inquilinos", luego de las ocupaciones en los barrios sociales y, sobre todo, en los barrios de lata de Lisboa, y en los barrios Carnarios, de Oporto. El gobierno fue presionado por los acontecimientos y debió legislar a favor de los inquilinos a través de un decreto-ley del mes de setiembre de 1974. Durante el año 1975 se asiste a una multiplicación de órganos de poder popular con el surgimiento de comités de ocupantes.
 
En este proceso de luchas sociales pueden observarse dos períodos distintos.
 
En el primero, de mayo a junio de 1974, las exigencias son sobre todo de carácter social, con amenazas de huelga parcial o total. Este período fue fuertemente dinamizado por las comisiones de trabajadores elegidas para conducir los conflictos. Estas comisiones ya existían antes del 25 de abril. Ejercieron varias funciones, llegando a ser reconocidas como comisiones internas en ciertos acuerdos colectivos de trabajo; también estaban las comisiones llamadas espontáneas que no eran legalizadas, las que promovieron acciones reivindicativas al margen de los sindicatos corporativos -200 mil textiles abandonan sus tareas exigiendo un aumento de salario del 70%; en los astilleros de Lisnava, 9 mil obreros abandonaron su empleo al fracasar las negociaciones; los electricistas de Lisboa realizaron una huelga de ^ 24 hs- (4).
 
En el segundo período, entre enero y marzo de 1975, se acentuaron las reivindicaciones de la expulsión de los funcionarios represores y pro-dictatoriales de las jerarquías superiores de las empresas, con ocupaciones de empresas como la forma de lucha más utilizada.
Este movimiento popular alcanzó las más diversas áreas de la vida social: la administración local, la vivienda urbana, la gestión de empresas, la educación, la cultura y los nuevos modelos de vida, la reforma agraria, etc.
 
El 25 de abril comenzó en Portugal una revolución obrera. El intento de la burguesía portuguesa de salir, a través de un golpe de Estado, de la crisis política del régimen corporativo fascista de Salazar-Caetano abrió una profunda brecha para la movilización de los trabajadores. Estos ganaron la calle creando una dualidad de poderes: 
 
todas las sedes y locales del corporativismo fueron ocupadas y saqueadas por las masas.
 
los soldados confraternizaron con los trabajadores, participando en las marchas y negándose a continuar la guerra colonial.
 
en todas las fábricas y oficinas, los obreros elevaron peticiones reivindicativas y se eligieron comités de fábrica. Estas peticiones no sólo reclamaban mejoras salariales y laborales; se ocuparon fábricas para exigir la destitución de los funcionarios patronales comprometidos con la dictadura de Salazar-Caetano.
 
los estudiantes en asambleas exigieron la destitución de los directores y profesores salazaristas, publicando las listas de las empresas imperialistas que los sustentaban.
 
el 1o de mayo, 500 mil trabajadores, sobre una población cercana al millón, manifestaron en Lisboa en el “Día de los Trabajadores”.
De esta manera, dirigiendo los ataques contra las instituciones del Estado corporativo, las masas portuguesas emprendieron el camino del desmantelamiento del Estado burgués: depuraron la administración, la policía, la universidad, la justicia, etc. La confraternización de los soldados y los cuadros subalternos con los trabajadores era una clara expresión del dislocamiento del ejército burgués.
 
Así, el intento de la burguesía de preservar la dominación capitalista y colonial mediante un recambio ‘controlado ’, fue rápidamente desbaratado por el movimiento de las masas.
 
La característica de la revolución portuguesa fue la formación autónoma de Comisiones de delegados, obreros y campesinos, en los lugares de trabajo, y de los comités revolucionarios de soldados. Crearon, como se dice más arriba,"una dualidad de poderes; esto es porque las masas seguían las directivas de sus organizaciones y no las del gobierno.
 
El mismo 25 de abril, el MFA entregó el gobierno a la Junta de Salvación Nacional, encabezada por un alto oficial, Spínola (que pertenecía a la alta jerarquía militar bajo el régimen salarazista), y a un Consejo de Estado formado por socialdemócratas, demócratas liberales y hasta monárquicos (5). Se vieron obligados a solicitar el ingreso del Partido Comunista Portugués, principal partido obrero, y del Partido Socialista Portugués.
 
Daniel Bensaid (6) afirmó que el primer objetivo de la burguesía era detener ia acción de las masas. Era necesario que dejaran la calle interrumpiendo los movimientos huelguísticos. Por esto la integración de los dirigentes del PCP y del PSP aun gobierno de unión nacional, va a permitir canalizar la irrupción de la clase obrera sobre la arena política. De esta manera se aseguraba una ligazón entre el Estado burgués y los dos principales partidos obreros para facilitar esta 'delicada' transición. La burguesía no estaba en condiciones de gobernár sola, porque la relación de fuerzas le era muy desfavorable. Y Bensaid agrega que los representantes del capital -Palma Carlos, Sá Cameiro, Cornel Firmino Miguel, el caetanista Eduardo Correia, etc.- y los líderes reformistas -Mario Soares, Alvaro Cunhal-constituían un instrumento para hacer prevalecer la voluntad de !a clase dominante y así mantener la movilización dentro de límites razonables.
 
La misión de la Junta fue destruir la situación de dualidad de poder, reconstruir el aparato del Estado burgués y reestablecer el orden en el ejército. Son las direcciones del PS y del PC las que combatirán el movimiento independiente del pueblo, permitiendo la subsistencia del Estado y de la contrarrevolución. La importancia de esta colaboración queda reflejada incluso electoralmente: en las primeras elecciones generales post-salazaristas, las Constituyentes del 25 de abril de 1975, el PCP y el PS juntos obtuvieron más del 50% de los votos. La confianza de los obreros en estos partidos es el fino hilo que sostiene a la burguesía. Comenzaron a aplicar una política de división al mismo tiempo que llamaban a no movilizarse para no fomentar la 'provocación'. El PC acordaba con el MFA una ley sindical dirigida a disolver las comisiones de fábrica.
 
En el momento que los trabajadores tendían a tomar en sus manos su propio destino, la dirección del PC denunciaba en un comunicado que las ocupaciones de los municipios no facilitaban el proceso de democratización del aparato administrativo sino que, al revés, eran un obstáculo (7).
 
Osvaldo Coggiola afirma (8) que la desactivación de la "bomba revolucionaria" del sur de Europa no se debió a las virtudes intrínsecas de la "democracia" sino a la colaboración contrarrevolucionaria de las direcciones obreras, en especial el stalinismo. El mismo Cunhal, líder del PCP, contradiciendo su propia actuación (9) afirmaba entonces que “si las fuerzas reaccionarias y conservadoras ocupan el poder, la contrarrevolución es inevitable y las conquistas democráticas pueden perderse”. Tenía razón, el colaboró y así fue.
 
Un gobierno que intentase satisfacer las reivindicaciones y aspiraciones de las masas no podía ser un gobierno donde estuvieran representadas las fuerzas políticas y sociales de la burguesía portuguesa, enteramente comprometida con la dictadura de Salazar.
 
El PC combatió físicamente algunas huelgas postales y apoyó la Ley de Huelga, promulgada el 28 de agosto de 1974. En mayo de 1975, el gobierno militar, junto con el PC y el PS, lanzó un decreto que declaraba ilegal la incitación a la desobediencia militar, las huelgas y las manifestaciones no autorizadas, así como ofender al Presidente de la República, a los miembros del Consejo de Estado y del Gabinete. Luego se dictó un decreto añti-huelgas y una ley sindical que postulaba la sustitución de los comités de fábrica por delegados nombrados por las directivas de los sindicatos. De esta manera se procuraba evitar que las masas se estructuraran en organizaciones autónomas de la burguesía, en camino a su propio poder.
 
En relación a las nacionalizaciones, Cunhal decía que son “objetivamente necesarias y económicamente inevitables. Pero esta solución se muestra impracticable porque no figura en el programa del MFA; habrá que buscar otra salida. No queremos crear puntos de ruptura que hagan difícil la evolución de la situación” (10).
 
Y también afirmaba que Mel PC no aspira al poder, sólo lucha por la democracia” (11).
 
Antonio Dias Lourenco, editor del diario Avante, del PC, “llamó a los trabajadores a unirse y repudiar las huelgas que pudieran llevar al país a una inestabilidad financiera perjudicial para todos” (12). Y en Nuestra Palabra, del 15 de mayo de 1974, el PCP declara que “tan peligrosa como la derecha es el izquierdismo que se expresa sobretodo en la impaciencia que no tiene en cuenta la relación de fuerzas" ... desaprueba acciones cuando no están creadas las condiciones... “las ocupaciones no facilitan sino que por el contrario crean en estos momentos graves dificultades”... (13). Una vez más el stalinismo cumple su misión contrarrevolucionaria como en España en 1936, en Francia y en Italia después de la Segunda Guerra Mundial.
 
La Nación, del 27 de marzo de 1975, dice que el ministro Vasco Goncalvez se vio obligado a reconocer que el desenvolvimiento del proceso revolucionario... ha ido más lejos... que el programa económico y social. Y el PC afirma que, habiéndose iniciado la batalla económica de la revolución, aconseja a los obreros “abstenerse de pedir grandes aumentos de salarios y menos horas de trabajo, respondiendo a la necesidad de austeridad del ministro” (14). “El Consejo de la Revolución sabrá interpretar las aspiraciones del pueblo portugués”, agrega Cunhal (15).
 
Sacando el balance de la experiencia revolucionaría europea de fines del siglo XIX y comienzos del XX, Lenin (16) afirma que"... Los capitalistas, mejor organizados, más expertos que nadie en materia de lucha de clases y de política, aprendieron su lección con más rapidez que los demás. Cuando vieron que la posición del gobierno era desesperada recurrieron a un método que por muchas décadas, desde 1848, ha sido practicado por los capitalistas de otros países para engañar, dividir y debilitar a los obreros. Este método es el llamado “gobierno de coalición", o sea un ministerio mixto formado por integrantes de la burguesía y por tránsfugas del socialismo... Los jefes socialistas que entran en un ministerio burgués resultan siempre figurones, títeres, biombos de los capitalistas, instrumentos para engañar a los obreros".
 
En 1972 Mario Soares (17) había dicho, refiriéndose a Portugal, que ningún sector de la oposición tenía la fuerza suficiente para imponer por sí mismo un cambio de régimen. “La unidad es una necesidad objetiva que obliga a todos los sectores políticos a hacer un esfuerzo de compresión para ofrecer una alternativa común al caetanismo... Hay que fortalecer la solidaridad que une a todos los antifascistas...".
Esto fue dicho antes de la revolución. Y lo que parece una posición positiva y progresiva, la búsqueda de unidad para derrocar al gobierno fascista, después que éste es derrocado va a ser usado para justificar que la revolución no puede ir más allá porque tiene que conservarla unidad, la alianza con todos los sectores. Sectores que jamás van a permitir loque el mismo Soares afirmaba ese año: “creo firmemente que, en su lento camino al progreso, el hombre conseguirá crear una sociedad humanizada, esto es liberada de la explotación del hombre por el hombre y en las cual los medios de producción serán colectivizados al servicio de todos, al mismo tiempo que los poderes de decisión estarán controlados democráticamente por la base... Por eso estoy a favor de un socialismo en libertad y de autogestión... per un socialismo de rostro humano” (18).
 
En el proceso que va desde el 25 de abril de 1974 hasta setiembre de 1975 -en sólo 15 meses- hubo seis gobiernos, todos con la participación del PS y del PC. Esta sucesión de gobiernos se revela como crítica ya que ninguno logra estabilizarse. La dualidad de poderes determinaba la necesidad de un mayor apoyo por parte del PC y del PS. Así llegará el sexto gobierno el 3 de setiembre, cuando asume el almirante Pinheiro de Azevedo (representante del sector moderado de MFA).
 
Mientras Azevedo se apoyaba fundamentalmente en el PS, el PC tenía una política dual: tenía un ministro en la cartera de Trabajoy al mismo tiempo incentivaba las movilizaciones contra el gobierno y contra el reestablecimiento de la disciplina militar.
 
Este gobierno debió enfrentar numerosas huelgas. El 14 de noviembre Azevedo fue obligado a anunciar un aumento salarial del 40% reclamado por los obreros de la construcción. Ese anuncio fue hecho frente a 20.000 trabajadores en huelga. Dos días después se realizó una marcha de más de 100.000 personas en Lisboa, impulsada por los obreros de la construcción, apoyados por el PC y los partidos a la izquierda de éste. En este proceso se irán produciendo divisiones y subdivisiones dentro de las Fuerzas Armadas que terminarán desencadenando un golpe, el 25 de noviembre, que fracasa. El levantamiento armado fue protagonizado por unidades militares de la región de Lisboa (paracaidistas de Tañeos), encabezadas por Gonpálves-Carvallo contra el gobierno.
 
Levantaban reivindicaciones ultraizquierdistas, pero las crónicas periodísticas de la época indican que las masas no tuvieron ninguna intervención, ni adhirieron. Clarín, del 26 de noviembre de 1975, dice que el pueblo no se alarmó y la circulación del transporte fue normal.
 
La extrema izquierda llamó a una marcha y a una huelga a los obreros industriales de la región de Lisboa, pero el llamado tuvo poca repercusión.
 
En ese golpe estaban comprometidos elementos vinculados al PC. Fueron vencidos por Azevedo y Costa Gomes-partidarios de una participación restringida del PC en el gobierno. Según La Nación del 27 de noviembre fue derrotado un intento de golpe de estado militar de características comunistas y por lo tanto se abría en Portugal el camino para un régimen liberal capaz de integrarse a Europa.
 
El fracaso de este golpe de las izquierdas para tomar el poder sólo consiguió robustecer a sus adversarios, agrega Oliveira Marques (19).
Después del fracaso, el PC se desligó de los golpistas gongalvistas y negoció el mantenimiento de su participación en el sexto gobierno hasta las elecciones presidenciales del 27 de junio de 1976.
 
En Portugal hubo una gran revolución. El golpe militar del 25 de abril de 1974 fue protagonizado por un sector de las Fuerzas Armadas: el MFA. Logró el derrocamiento de Caetano pero al mismo tiempo posibilitó un proceso más amplio: desencadenó y abrió las compuertas de una revolución popular. Ese amplio proceso político se tradujo en una movilización de los trabajadores que ganaron las calles y fueron creando una verdadera dualidad de poderes, desde el momento que las masas seguían las directivas de sus organizaciones y no las del
gobierno.
 
Esta revolución primero fue contenida y luego desarticulada por el PC y el PS, que integrando un “gobierno de coalición", con posiciones socialdemócratas y stalinistas ayudaron en todo momento a reconstruir las bases del Estado burgués.
 
 
Notas
 
1. Oliveira Márques, A, História de Portugal, vol. III. Palas Editores Lisboa, 3a. edición, 1986.
 
2. Centro de documentación 25 de abril, Universidad de Coimbra
 
3. Medeiros Ferreira, José, Historia de Portugal, 8o volumen, Portugal em transe (1974-1985), dirección de José Maltosso.
 
4. Jornal do Brasil, 19 de mayo.
 
5. Oliveira Márques, Idem.
 
6. Bensaid, Daniel; Rossi, Carlos; Udry, Charles André, Portugal: La révolution en marche, Christian Bourgois Editeur, París, 1975.
 
7. Citado en Política Obrera, 1o de julio de 1974.
 
8. Coggiola Osvaldo, Espanha y Portugal, O fín das ditaduras. “A origem da crise portuguesa y espanhola na década del 70", Serie Eventos, FFLCH-Historia USP, 1995.
 
9. Cunhal, Alvaro, Espanha e Portugal. O fím das ditaduras. “A revolucao dos cravos". Idem.
 
10. Le Monde, 8 de octubre de 1974.
 
11. Cronista Comercial, 21 de octubre de 1974.
 
12. Buenos Aires Herald, 21 de mayo de 1974.
 
13. Citado en Política Obrera, 5 de junio de 1974.
 
14. La Opinión, 29 de marzo de 1975.
 
15. Le Monde, 18 de marzo de 1975.
 
16. Lenin, V. I., Las Enseñanzas de la Revolución, Obras Completas,tomo XXVI, 2a. edición, pág. 316/317.
 
17. Soares Mário, Portugal: La lucha por la liberación, Monte Avila Editores, C. A. Venezuela, 1974.
 
18. Soares, Mário, ídem.
 
19. Oliveira Márquez, ídem.
 

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