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Por la refundación de la IVa Internacional Resolución del VIIº Congreso Nacional del Partido Obrero Revolucionario(de Grecia) (EEK - Trotskistas)

Por EEK (Grecia)
13 de diciembre de 1997, Atenas, Grecia
 
 
1. La galopante crisis financiera internacional, que ha comenzado con el derrumbe en el Este de Asia de 1997, tiene devastadoras implicancias sobre todo el planeta; marca un salto cualitativo en el desarrollo de la crisis económica y política mundial del capitalismo.
 
Sobre todo, demuestra el dramático fracaso de la ofensiva neoliberal posterior a 1979 para resolver las contradicciones que hicieron explotar, a comienzos de la década del 70, todo el edificio keynesiano del período de la segunda posguerra. Interconectada con el neoliberalismo, la globalización del capital financiero ha sido transformada en el detonador de las mayores explosiones económicas y sociales.
 
Se ha abierto un nuevo escenario de la lucha de clases, que superará la ola revolucionaria de los años 1968/75, involucrando a millones de trabajadores y a masas pauperizadas y desposeídas, desde el Este de Asia a América Latina y desde la antigua Unión Soviética a las propias metrópolis de América del Norte.
 
Nunca antes la clase obrera se enfrentó con un desafío, una amenaza y, al mismo tiempo, una oportunidad revolucionaria de una escala semejante.
 
Nunca como hoy fue más urgente la necesidad de una Internacional Obrera Revolucionaria que luche en cada continente contra el capitalismo globalizado. En sus filas hay lugar para todos los luchadores de la vanguardia que están empeñados en la tarea histórica de la revolución socialista mundial, más allá de cualquier origen nacional, étnico o político: después de la bancarrota de todas las tradicionales organizaciones burocráticas de la izquierda, han sido liberadas muchas fuerzas que buscan una perspectiva y una organización revolucionaria alternativa.
 
Pero la Internacional Revolucionaria no puede ser construida sobre la base de la amnesia histórica ni ignorando la necesidad de extraer las lecciones de las dramáticas experiencias del siglo XX que ahora termina. Por el contrario, no puede existir sin incorporar, y simultáneamente superar, todo el cuerpo de experiencias de las revoluciones y contrarrevoluciones, las epopeyas y las tragedias, por las que pasó hasta ahora el movimiento obrero internacional.
 
2. La Internacional no puede ser construida dentro de la estructura de las quebradas burocracias obreras de la socialdemocracia y el stalinismo, sino contra ellas.
 
La Internacional Socialista es el instrumento del capital dentro del movimiento obrero. La Internacional Comunista fue disuelta por Stalin y, como predijo Trotsky, su disolución probó ser, en el largo plazo, el preludio de la disolución de la propia URSS. 
 
La IVª Internacional fue fundada como la continuidad revolucionaria de la Internacional Comunista, después de su burocratización y su destrucción política por el stalinismo, en la lucha por defender y expandir internacionalmente la Revolución de Octubre, el primer acto de la revolución mundial.
 
Las colosales presiones ejercidas sobre una débil e inmadura IVª Internacional, especialmente después del asesinato de León Trotsky, y la sistemática exterminación de sus cuadros más experimentados por las agencias del imperialismo y el stalinismo, en las condiciones de la Segunda Guerra Mundial y la complicada situación del período de la posguerra, exacerbaron su debilidad como sujeto político y condujeron a su fragmentación después de 1953.
 
3. Ambas partes constituyentes de la ruptura de la IVª Internacional en 1953, el Secretariado Internacional y el Comité Internacional, así como también los otros siguientes subproductos de sus permanentes crisis y rupturas, fracasaron en la tarea histórica de construir la IVa Internacional. La última prueba política fue la reacción ante los acontecimientos históricos mundiales de 1989/91, ante los movimientos antiburocráticos de masas en Europa del Este, la caída del Muro de Berlín y del propio stalinismo, a la implosión de la Unión Soviética.
 
La abrumadora mayoría de los agrupamientos internacionales que se reclaman del trotskismo y de la IVª Internacional se han hundido por el rápido desarrollo y el colapso del stalinismo. Continuaron siendo totalmente incapaces no sólo para entender dialécticamente e intervenir en una contradictoria situación de explosión histórica sin precedentes, sino también, muy frecuentemente, probaron ser totalmente incapaces de distinguir entre revolución y contrarrevolución, entre un movimiento antiburocrático genuino, revolucionario de las masas y su desviación y reversión contrarrevolucionaria por las fracciones restauracionistas de la burocracia. Identificaron a la perestroika con la revolución política, dieron apoyo acrítico o crítico a Gorbachov, a Yeltsin o a los conspiradores del golpe de agosto de 1991. Más tarde, se hundieron en el peor pesimismo, alegando que la Revolución de Octubre había terminado para siempre, que la restauración es un hecho totalmente concluido, capitulando ante ella, frecuentemente ocultando esta capitulación con la impostura de un seudo-optimismo revolucionario. Han girado, tanto política como organizativamente, a la derecha, hacia la socialdemocracia, los mutantes partidos comunistas, el centroizquierda, etc.
 
Esto fue una tendencia generalizada.
 
El Secretariado Unificado, en su último Congreso, considera que la Revolución de Octubre dejó de ser el punto de referencia y de diferenciación entre tendencias dentro del movimiento obrero, y él mismo abandonó cualquier pretensión de que la IVª Internacional pueda ser el Partido Mundial de la revolución socialista.
 
La LIT morenista o lo que queda de ella considera también la destrucción de la Revolución de Octubre como totalmente completada, aunque, paradójicamente, encuentra que la situación continúa siendo revolucionaria ad infinitum.
 
La Alianza Internacional de Trabajadores lambertista tiene como objetivo construir una suerte de Primera Internacional de carácter reformista.
 
Los restos del Comité Internacional de Gerry Healy, después de elogiar a Gorbachov, se disolvieron en el ala de extrema derecha del mutante euro-stalinista Synaspismos (Alianza) en Grecia y en Iniciativa por Cataluña en España, capitulando completamente a la Europa imperialista del Tratado de Maastricht.
 
4. La más profunda línea divisoria entre las fuerzas que se reclaman trotskistas, así como también más allá de ellas, se da alrededor de la siguiente pregunta: ¿los dramáticos cambios de 1989/91 son el fin del ciclo histórico abierto en Octubre de 1917 y, consecuentemente, el comienzo de un prolongado período sin posibilidades revolucionarias, o iniciaron un violento y explosivo período de confrontación entre la revolución y la contrarrevolución a una escala mundial, del cual depende el resultado final del proyecto que fue lanzado internacionalmente por la Revolución de Octubre y que ha permanecido incompleto? Nuestro partido, el EEK, apoya la segunda posición. Estamos muy complacidos de reconocer que otras fuerzas revolucionarias en otros países y continentes, así como también en la propia tierra de Octubre, comparten la misma posición.
 
El trotskismo nunca fue mero anti-stalinismo, ni su rol se ha agotado con el colapso de los regímenes stalinistas y el giro abierto de las elites burocráticas hacia la restauración capitalista. El trotskismo, la Oposición de Izquierda Bolchevique y la IVª Internacional fueron formados como expresión consciente de la naturaleza internacional y la dinámica de la Revolución de Octubre, como la teoría y la práctica de la revolución permanente.
 
Su objetivo es la radicalización y la realización plena del inconcluso proyecto del bolchevismo internacionalista. El papel histórico de la IVª Internacional no está agotado, a pesar de los obstáculos que bloquearon su camino y la fragmentaron, en el período de la posguerra.
 
Ahora, cuando todos los equilibrios de la posguerra se han quebrado, existe la necesidad y la posibilidad de un gran salto.
 
La nueva Internacional será la IVª Internacional o no habrá Internacional.
 
5. El Partido Obrero Revolucionario (EEK- trotskistas) es producto de la transformación de la organización llamada inicialmente Liga Internacionalista de los Trabajadores, sección griega del Comité Internacional. Es el fruto de la prolongada crisis que ha sacudido y fragmentado la IVª Internacional en el período de la posguerra. Particularmente, está marcado por cada viraje de esta crisis y de la historia del Comité Internacional (Congreso de Unificación de 1963, año de fundación de nuestra organización; la ruptura entre la SLL y la OCI en 1971, la desintegración del Comité Internacional en 1985/89), que son también los virajes y la historia del viejo rumbo de 35 años del WIL/WRP.
 
Indudablemente, las contradicciones de este curso dejaron sus marcas en nuestra organización, tan estrechamente asociada con el Comité Internacional. Hasta el último momento de la disolución del Comité Internacional de Gerry Healy, estuvimos atados a la ilusión de que representaba la continuidad de la Internacional de Trotsky. Hemos pagado un alto precio por esto, sobre todo durante la ruptura de 1989, cuando finalmente rehusamos transformarnos en apologistas ciegos de Gorbachov, de la perestroika y del catastrófico giro del Kremlin hacia la restauración capitalista.
 
Demoradamente, sufrimos las consecuencias y reconocimos el carácter reaccionario del subjetivismo descontrolado, del sectarismo hacia las otras fuerzas revolucionarias de izquierda, del oportunismo hacia las direcciones burocráticas y nacionalistas burguesas que caracterizaron al Comité Internacional bajo la dirección de Healy, especialmente en su período de estancamiento y desintegración.
 
Ciertamente, un reexamen histórico sistemático de toda la trayectoria del movimiento de la IVª Internacional después del asesinato de Trotsky, queda por ser desenvuelto. Tenemos que cumplir, sin ninguna demora esta tarea, cuando estamos, este año, en el 60 aniversario del Congreso de Fundación de la IVa Internacional.
 
6. De la reevaluación de nuestra historia, continuamos defendiendo los siguientes puntos de principios fundamentales:
 
a. Defendemos toda la lucha histórica de Trotsky y sus compañeros que llevó a la fundación de la IVª Internacional en 1938 y a la elaboración del Programa de Transición, costosamente pagada con la sangre de nuestros mártires, para salvar el más precioso capital político del bolchevismo contra los ataques del capitalismo y del stalinismo.
 
b. Consideramos a la Teoría de la Revolución Permanente como la expresión consciente y la única estrategia de la revolución mundial en la época de transición al comunismo mundial.
 
c. El núcleo revolucionario de la teoría y práctica del marxismo consiste en la dialéctica materialista como su filosofía, lógica y teoría del conocimiento. La lección del vuelco de Lenin, en 1914, hacia un nuevo estudio materialista de Hegel, así como también, más tarde, el similar giro de Trotsky, que incluyó su crucial y última batalla ideológica contra la oposición pequeñoburguesa de Burnham y Schachtman, continúa siendo la piedra angular para el desarrollo del trotskismo.
 
El problema, en el pasado, no fue la fidelidad de Healy al materialismo dialéctico, sino un curso que condujo a la disolución de la dialéctica en un caos de intuiciones subjetivas, ignorancia arrogante y manipulación ideológica para preservar la autoridad (y el autoritarismo) del gurú.
 
d. No hay táctica ni estrategia revolucionaria sin partir de un reexamen y un análisis a fondo de las tendencias de la economía y la política mundiales, de la crisis mundial, de la naturaleza de la época de la decadencia capitalista.
 
Este análisis debe fundarse y desarrollarse en las conquistas metodológicas del marxismo, en particular como se encuentran corporizadas en las sucesivas elaboraciones de El Capital y en su lógica dialéctica, por parte de Marx.
 
Sobre esta base, insistir en el análisis de la crisis mundial y la decadencia del capitalismo no tiene nada que ver con el catastrofismo y el abstracto tráfico de palabras sobre la crisis, la así llamada "situación revolucionaria mundial" que caracterizó (no exclusivamente) al Comité Internacional.
 
e. Insistimos en que nuestra tarea central es la construcción de un partido revolucionario independiente de la clase obrera (junto con su organización juvenil, su prensa, sus agrupamientos sindicales, etc.), como una sección del Partido Mundial de la Revolución Socialista, la IVª Internacional.
 
Seguimos defendiendo el legado del bolchevismo, enriquecido con el espíritu libertario de El Estado y la Revolución de Lenin y su carácter internacionalista, sin el cual la Revolución de Octubre habría sido imposible.
 
Los principios del bolchevismo no tienen nada en común con su prostitución por el stalinismo y su caricatura dentro de las sectas que se reclaman trotskistas y que internalizan en sus microcosmos el carácter y la conducta de sus oponentes stalinistas (como era la práctica de la dirección de Healy y muchas otras).
 
7. Sobre esta base, el VIIº Congreso Nacional del Partido Obrero Revolucionario apoya la iniciativa internacional tomada por una serie de organizaciones trotskistas independientes (Partido Obrero, de Argentina; Partido Causa Operaria, de Brasil; Oposición Trotskista del POR, de Bolivia; Colectivo En Defensa del Marxismo, de España; Partido de los Trabajadores, de Uruguay; la Oposición Trotskista Internacional (ITO); Asociación Marxista Revolucionaria Proposta, de Italia; Liga Trotskista, de los Estados Unidos; partidarios británicos de la ITO), especialmente en sus reuniones de Génova, en marzo de 1997, y en San Pablo, en noviembre del mismo año, en las cuales participó una delegación de la dirección del EEK.
 
Después de nuestra ruptura final con la secta de Healy, en 1989, conscientemente el EEK se mantuvo alejado de toda conexión político-organizativa con cualquiera de los agrupamientos internacionales que se proclamaban "la IVª Internacional" o que llamaban a su "reconstrucción". Al mismo tiempo, estuvimos y estamos abiertos a discusiones y/o colaboración práctica específica con trotskistas y otras organizaciones de izquierda, reconociendo qué ciego y criminal fue nuestro aislamiento sectario en los tiempos del Comité Internacional. Nuestra política de rechazar cualquier afiliación internacional no tenía nada que ver con ningún tipo de nacional-trotskismo de nuestra parte; estuvo basada en el reconocimiento de que el colapso del stalinismo, que arrastró en su caída al abismo a la mayoría de las organizaciones trotskistas, creó una situación totalmente nueva que no deja ninguna vitalidad a la preservación de los viejos modos de existencia político-organizativos del movimiento trotskista en el período de posguerra.
 
El necesario reagrupamiento de los revolucionarios en una escala mundial tiene que superar los viejos esquemas. Tiene que involucrar a fuerzas con distintos orígenes políticos y tradiciones. Al mismo tiempo, en este movimiento hacia el reagrupamiento, los trotskistas revolucionarios tienen que luchar por la victoria política del legado que representan, por la victoria de las ideas más avanzadas de nuestra época. En otras palabras, tienen que luchar para hacer del reagrupamiento una victoria política de la IVª Internacional.
 
El elemento más importante en la iniciativa expresada en el llamamiento de Génova y, sobre todo, en una forma más desarrollada, en la Declaración de San Pablo, es que no tenemos por milésima vez la formación de otra tendencia trotskista internacional que busca la reconstrucción de la IVª Internacional.
 
Organizaciones trotskistas de diferentes tradiciones y todavía con divergencias entre ellas mismas, acuerdan que los cambios en la situación mundial imponen la necesidad de una campaña internacional en todo el movimiento obrero, sin exclusiones, por una Conferencia donde deberá discutirse la cuestión de la inmediata refundación de la IVª Internacional.
 
El EEK concuerda que la base sobre la cual tiene que ser desarrollada la campaña es el respaldo a los principios básicos del llamamiento de Génova actualidad de la lucha por la revolución socialista mundial y la dictadura del proletariado; lucha contra el Frente Popular de colaboración de clases; necesidad de la revolución en todos los llamados, antes e incluso ahora, países socialistas; elaboración de una estrategia anticapitalista con el método de las reivindicaciones transicionales.
 
Acordamos, también, con el desarrollo y la concretización aportados por la Declaración de San Pablo en relación al salto en la crisis mundial, sus implicaciones sobre el proceso de la restauración capitalista en la ex URSS, el rol de la centroizquierda, la necesidad de la Internacional.
 
El EEK toma la decisión, en su VIIº Congreso, de participar activamente en la lucha internacional en esta dirección. A esta tarea histórica convoca no sólo a sus miembros y a su periferia, sino también a todos los demás trotskistas y revolucionarios.
 

 

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