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Para construir la Internacional Obrera: Refundar la IVª Internacional

Por Partido Obrero
Entre el 6 y el 9 de marzo se realizó en Atenas (Grecia) la Conferencia Obrera Internacional y de la Izquierda Clasista votada en la reunión internacional de mayo de 1998 en Buenos Aires. Su objetivo era avanzar en el camino de la refundación de la IVª Internacional. Además del partido anfitrión, el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia, participaron delegaciones del PO (Argentina), de Causa Operaria (Brasil), de la Oposición Trotskista (Bolivia), de la Trostkyist League (Estados Unidos), de la Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia), del Colectivo En Defensa del Marxismo (España), de los grupos de la Oposición Trotskista Internacional en Gran Bretaña y la India y de la Liga Marxista de los Trabajadores (Turquía). Asistieron como observadores delegados de Voix des Travailleurs (Francia), de la Sección griega de la CWI (Comité por una Internacional Obrera), Valter Pomar (vicepresidente del PT de Brasil) y organizaciones de la izquierda griega como el NAR, una escisión del PC griego. Enviaron adhesiones el Partido de los Trabajadores (Uruguay) y el Comité Constructor de un Partido Obrero (Chile).
 
Los acontecimientos del último año han confirmado, más allá de cualquier duda, el carácter histórico, es decir no coyuntural ni cíclico, de la actual crisis capitalista mundial. Superando todas las barreras geográficas del sudeste asiático al Japón, de Rusia al Brasil y todo el cono sur latinoamericano la realidad de la crisis se impone como un dato inmediato a todos los países y todas las clases sociales, lo que permite caracterizarla como la más profunda, extensa y duradera que el capitalismo haya conocido en toda su historia. Todas las teorías acerca del carácter local de las diversas crisis han sido barridas por los acontecimientos. Pero también lo han sido aquellas que ven la crisis como un producto de los errores de los magos de la política económica, y no como una manifestación del conjunto de las contradicciones del capital y de su tendencia histórica hacia la autodisolución.
 
Que haya crisis de sobreproducción y de sobreinversión, cuando los niveles de miseria y de pauperización, anteriores a la crisis, se han extendido en el mundo [también en los EE.UU. y en Inglaterra], demuestra que estamos ante una gran crisis de sociedad, es decir, universal. En un período histórico en el que se acrecientan las necesidades sociales, el capital mundial ingresa en una fase de aguda bancarrota. Mientras las masas del mundo viven la sequía, el capital mundial vive la inundación. Esta irracionalidad del sistema en su conjunto es naturalmente percibida por las distintas clases sociales.
 
Confirmación de una perspectiva
 
Reunidos hace nueve meses en Buenos Aires, las organizaciones y partidos convocantes de esta conferencia, ya alertaban: lo que se denomina particularidades asiáticas la extrema fusión entre el capital bancario e industrial; el entrelazamiento profundo entre el capital privado y el Estado es la tendencia más general que está recorriendo el capitalismo mundial a través de las fusiones, adquisiciones y estructuraciones. Precisamente por esto, la crisis asiática sólo puede ser caracterizada como una expresión concentrada de la crisis del sistema capitalista mundial.
 
"La contradicción entre el desarrollo internacional que han alcanzado las fuerzas productivas y el carácter nacional de los capitales, las monedas y los Estados está en la base de la crisis actual, que revela así su carácter mundial, no de modelos o políticas sino del régimen social capitalista". [La confirmación absoluta de esa perspectiva está en la base de la clara continuidad política establecida a partir de ese evento a nivel mundial y nacional].
 
[Sería, sin embargo, restringir el alcance de la actual crisis analizarla como una manifestación lineal de las contradicciones históricas del capitalismo. Pues estamos asistiendo no sólo a ellas sino también al fracaso de todas las tentativas del Estado capitalista de conjurarlas o, al menos, ponerles un límite, y esto también con una velocidad y extensión superiores a lo acontecido, por ejemplo, en la década de los 30].
 
Fracaso de la globalización capitalista
 
La así llamada globalización que aspiraba, a través de la completa liberación de movimientos del capital, nada menos que a la armonización mundial de las condiciones de explotación capitalista, concluyó generando desequilibrios económicos monstruosos y una fragilidad económica sin precedentes, al punto que sus propios beneficiarios (¡Soros!) reclaman ahora una vuelta a las reglamentaciones y a políticas de tipo keynesiano, en momentos en que la propia crisis ha socavado [por completo] la base para ese tipo de salida. La globalizacion pretendió superar un régimen que se caracterizó por la subordinación de todas las monedas nacionales al dólar en una escala nunca vista antes, es decir, por el sometimiento de los regímenes monetarios de cada país a la política de la Reserva Federal de Estados Unidos. Este régimen fomentó el gran período de especulación internacional, permitiendo, desde el punto de vista de la política monetaria, las subidas de las Bolsas, las deudas externas, la gigantesca ola de inversiones financiadas con créditos. La subordinación al dólar dio una relativa garantía internacional a la especulación en las diferentes monedas nacionales. Pero para que esto funcione adecuadamente, esta moneda que obra como garantía de valor de la circulación internacional tiene que ser una moneda realmente internacional. Pero el dólar es, antes que nada, la moneda de los Estados Unidos de Norteamérica; es un arma de la burguesía norteamericana en la lucha y la concurrencia con los capitales de los demás países. No es una moneda universal.
 
Esta contradicción quebró el proceso asiático, pues las monedas de estos países estaban atadas financieramente al dólar, pero su comercio está atado al Japón. Las devaluaciones asiáticas fueron la primera manifestación de una ruptura internacional de las monedas nacionales con el dólar, de una amenaza al recule del dólar como moneda que actúa ante la financiación internacional, por la competencia de los países que devalúan sus monedas. La especulación, en vez de valorizar los capitales, derriba las Bolsas, derriba los capitales, produce un repliegue del capital especulativo, repliegue del dinero de la circulación mundial y, como consecuencia de esto, desarrolla una crisis mundial.
 
El capitalismo no puede darse a sí mismo esa universalidad a la cual pretende ficticiamente. El capital sigue siendo una forma de apropiación de la riqueza nacional y particular. No es ni colectiva ni internacional.
 
Las consecuencias más serias de este fenómeno se van a manifestar en los EE.UU., que se ha valido del hecho de que el dólar es una moneda internacional para subsidiar a todas sus industrias y pagar el déficit de cuenta corriente con emisión de dinero y la creación de una gigantesca deuda internacional en dólares. Asistimos a una crisis de consecuencias internacionales, porque no ha sido fabricada en Asia sino que es la consecuencia de un largo desarrollo que data de la Segunda Guerra Mundial.
 
El mito del fin del socialismo
 
Este fracaso incluye la tentativa de salir de la crisis a través de la recolonización imperialista de los antiguos Estados obreros burocratizados. En 1990, como consecuencia de la caída del Muro de Berlín, Alemania Occidental absorbió a Alemania oriental y el capitalismo mundial resolvió la crisis política más importante de la Posguerra en beneficio suyo. Pues bien, esa solución fue la base económica de la expansión especulativa de la última década.
 
Al capitalismo se le presentó la colonización de Rusia, de China y de Europa del Este, países que habían escapado al control de la economía mundial capitalista como consecuencia de los procesos revolucionarios. El mercado ruso, en principio, debería resolver la crisis capitalista de sobreinversión. Frente a la dimensión del mercado a abastecer, esto podría dar una sobrevida al capitalismo y lo mismo se puede decir, en escala mucho mayor, del mercado chino.
 
La llamada globalización fue precisamente una tentativa de contrarrestar por mucho tiempo la tendencia a la desvalorización de capitales, para lo cual fue lanzada una intensa campaña de apertura de los mercados mediante las privatizaciones y el derribo del proteccionismo de los países emergentes. Pero la pieza central de esta política era la penetración en gran escala en China y la ex-URSS. La perspectiva de alcanzar estos objetivos alimentó la valorización bursátil de los capitales, en especial en Nueva York. Para quienes sostienen que el capitalismo tiene una salida, es necesario refrescarles que la globalización ha sido precisamente un intento de salida; que, salidas mediante, la crisis mundial no ha ido progresando en forma lineal sino a saltos, es decir, doblegando las distintas tentativas del capitalismo para superarlas y abrir un período de sostenida expansión del capital. La debacle rusa y la crisis generalizada que empieza a tomar cuenta de China han hecho fracasar esta perspectiva.
 
Como un boomerang, de salida para el capitalismo, Rusia y China se han convertido en un factor suplementario y decisivo de su crisis. Esto porque su reincorporación al mercado mundial y la reintroducción plena de relaciones mercantiles sólo se puede realizar con métodos capitalistas, que implican la destrucción de fuerzas productivas, la pauperización en masa y la reproducción en escala ampliada de todas sus contradicciones. Este análisis teórico se confirmó con la crisis rusa de agosto, que desató un período de recesión en numerosos países que habían sido menos afectados por la crisis asiática, en especial en Europa del Este y en América del Sur.
 
[La misma crisis rusa provocó, por primera vez desde 1987, la posibilidad de una bancarrota de los más grandes bancos del mundo, afectados por la quiebra del fondo especulativo LTCM, comprometido negativamente por contratos derivativos de casi un billón y medio de dólares (un trillón y medio, en inglés)]. Los precios de las materias primas se despeñaron, lo cual contribuyó, por primera vez en la posguerra, a que el comercio mundial descendiera el 2% en términos de valor en 1998. Más de la mitad de las naciones se encuentran en recesión. Primero en agosto, como consecuencia de la crisis rusa; luego en octubre a raíz de la quiebra del LTCM; más tarde en diciembre y finalmente en enero, la crisis mundial ha comenzado a manifestarse a pleno en Brasil, de cuyo mercado dependen ingentes capitales norteamericanos. La devaluación del real se produjo a pesar de un paquete preventivo del FMI, de 41.000 millones de dólares. Mientras que la crisis rusa puso en riesgo de desvalorización y falencia a capitales prestados y a contratos de seguros o derivativos del orden de los 300.000 millones de dólares, la crisis brasilera amenaza valores de cerca de un billón y medio de dólares si se considera solamente al Mercosur.
 
Junto a esto se plantea la perspectiva de derrumbe chino a corto plazo y [la crisis de finanzas públicas y el riesgo de hiperinflación] (el acentuamiento de la crisis) en Japón, que está pasando por una depresión económica más importante, en términos de duración, que la de los años 30. [De vía de salida para la sobreproducción de capitales, las exnaciones soviéticas y China se han convertido parcialmente en su cementerio;] (Las ex naciones soviéticas y China) en lugar de funcionar como atenuantes de la crisis capitalista, mediante la absorción de mercaderías y capitales, como ocurrió luego con la caída de las Bolsas en octubre de 1987, la están potenciando.
 
Crisis financiera y crisis capitalista
 
Los bloques económicos armados por el capitalismo para contrarrestar la crisis no resisten al propio desarrollo de ésta. La crisis brasileña provocó la espectacular devaluación del real, frente a una fuga de capitales superior a 60.000 millones de dólares y, simultáneamente, la dolarización completa de la economía argentina, haciendo estallar al Mercosur y su perspectiva de una moneda única sudamericana, a imagen del celebrado euro. Todos los planes capitalistas no resisten al desarrollo impetuoso de sus tendencias parasitarias y contradictorias.
 
El desarrollo del llamado sector financiero obedece a la necesidad del capitalismo de superar su contradicción de base que se reproduce incesantemente. Se opone al capital productivo como un hermano siamés a otro... El desarrollo del sistema de crédito y los bancos, las sociedades por acciones y los mercados de valores, el desdoblamiento del capital en productivo y financiero, la centralización de los capitales y el sistema de la deuda pública, la aparición del capital ficticio, todo esto obedece a la necesidad del capital en su conjunto de superar los límites que se oponen a su reproducción indefinida. Esos límites son, de un lado, el consumo personal relativamente limitado de las masas frente a una capacidad productiva creciente; del otro lado, la estrechez que representa la producción para el beneficio privado frente a la revolución constante de la técnica y los procedimientos de producción (tendencia al descenso de la tasa de ganancia y a la extinción de la ley del valor). En síntesis, "el límite del capital es el capital mismo".
 
El desarrollo financiero facilita el pasaje del capital de una rama de producción sobreexpandida o no rentable a otra en desarrollo que ofrece mayores beneficios; moviliza con mayor rapidez esos capitales, ayuda a superar dentro de sus propios límites la contradicción entre la creación y la destrucción de capitales (absorciones); extiende los límites del consumo más allá de los salarios que paga a la población trabajadora; desenvuelve una acumulación de capital propio (ficticia) que actúa como un crédito sui generis tanto para la producción como para el consumo. Este desarrollo (parasitario, porque no crea valor) actúa como factor contrarrestante de la crisis capitalista hasta que se transforma en el principal factor de su estallido. Esto ocurre cuando la sobreacumulación de capital que no asume una forma productiva directa, y que se ha sobreacumulado para contrarrestar los límites impuestos por la sobreacumulación de capital productivo, alcanza proporciones incompatibles con la plusvalía total que este último puede arrancar a la fuerza de trabajo. [Se ha transformado en una gigantesca hipoteca que traba más allá de toda posibilidad la reproducción del capital en general. Su derrumbe constituye, por eso, la etapa final de una crisis que ha tenido ya un largo proceso de incubación, así como la condición destructiva para iniciar una nueva etapa. Esto ha ocurrido en el curso de la presente crisis].
 
[Desarrollo desigual]
 
[El desarrollo desigual de la crisis, por el que muchos le adjudicaron un carácter local, y en el que otros vieron la posibilidad de un control de aquélla, es en realidad un factor de profundización de la propia crisis y de agudización de la expropiación de los países atrasados y la lucha interimperialista. El gigantesco proceso de expropiación de la burguesía japonesa por los EE.UU. en Asia (¡y en el propio Japón!) que permite al imperialismo yanqui postergar la crisis dentro de sus propias fronteras, no hace sino ampliar las bases de la crisis en el corazón del capitalismo mundial: la inevitable caída del coloso capitalista asumirá niveles que asemejarán los actuales cracks bursátiles a pequeñas crisis comerciales. La aparente salud del capitalismo norteamericano corresponde a la de un enfermo terminal con enormes dosis de morfina].
 
[La gran hipertrofia financiera en los últimos años ha permitido acentuar enormemente la confiscación relativa de las clases medias, a través de los fondos de inversión y, en especial, de la privatización de las jubilaciones. Los ingresos que percibe la clase media han sido transformados por estos medios en capital en términos muy baratos, lo cual aumenta la tasa de beneficios del nuevo capital que se pone en movimiento y contrarresta la tendencia declinante de la tasa de ganancia que obtenía el capital ya existente. En EE.UU., se ha logrado el récord de afectar a un 36% de las familias en el negocio financiero, lo que significa que se agota el pozo de recursos adicionales al que el capital norteamericano podría recurrir en el caso de un derrumbe].
 
[Una caída bursátil de gran alcance llevaría a la quiebra a la clase media, la que por otro lado se ha endeudado para su consumo más allá de las rentas que percibe por sus colocaciones financieras, y destruiría por completo lo que todavía se llama Seguridad Social. Esto significa que las posibilidades histórico-económicas del capital norteamericano frente a una crisis son infinitamente menores que en los años 30 y lo mismo ocurre con las llamadas recetas keynesianas].
 
[El auge de la bolsa financió una gran parte del aumento del PBI norteamericano, porque permitió una expansión sin precedentes del crédito al consumo, sobre la base de la garantía que le ofrecían las inversiones del consumidor en la bolsa (llamado efecto riqueza). Es decir que la inversión bursátil de la clase media se encuentra totalmente hipotecada a favor de los bancos, con el agravante de que un derrumbe bursátil seguramente desvalorizará esa garantía colocada en títulos públicos y acciones, pero no hará bajar un dólar las deudas contraídas por los consumidores. Es así que el conjunto de la economía norteamericana depende hoy de la marcha de la Bolsa y la marcha de ésta depende de la hegemonía económica y política del capital norteamericano en el plano mundial. Así como no existe una dicotomía infranqueable entre la economía real y la virtual, tampoco la hay entre la acumulación del capital y la lucha de clases internacional, es decir, entre la economía y la política].
 
(La crisis se desarrolla de un modo desigual y combinado. Es más intensa en Africa, Asia, Europa Oriental y América Latina que en los países imperialistas, en los que tiene una intensidad variable. Esto lleva a algunos a ver la crisis como local y a otros a pensar que es neutralizable. En realidad, ese desarrollo desigual de la crisis, la profundiza. Las tentativas imperialistas para librarse de la crisis agravan las condiciones en las semicolonias, en los estados obreros y en los ex-estados obreros e intensifican la competición interimperialista: la crisis que desplazan hacia afuera vuelve hacia ellos).
 
(El carácter combinado de la crisis se expresa también en la caída económica del Japón y en el inicio de una caída en Europa Occidental. Este carácter también se expresará en breve en una caída en los Estados Unidos. El centro del sistema imperialista es también el centro de la crisis. Por ahora, los Estados Unidos manifiestan una aparente inmunidad frente a la crisis. Pero a medida que se intensifica la tormenta, en parte como resultado de la tentativa de evitarla, ella también englobará los EE.UU.).
 
(Actualmente, la crisis es principalmente económica y social, pero los levantamientos revolucionarios en Albania e Indonesia muestran, limitadamente, su potenial positivo para el futuro, así como las guerras en Bosnia y Kosovo muestran su potencial negativo.).
 
Carácter de la crisis
 
La sobreinversión es una tendencia económica del capital, no una medición contable de las cuentas nacionales. Puede ser financiada desde el exterior y crear una deuda externa o puede ser financiada internamente y crear un endeudamiento interno. La economía financiera ha tenido una expansión descomunal, como lo demuestran las cotizaciones estratosféricas que han alcanzado las principales Bolsas, el colosal incremento de la deuda pública, el surgimiento de los fondos de inversiones, especialmente los de pensiones; el mercado de créditos derivativos, cuyos contratos se estiman mundialmente en más de 40 billones de dólares.
 
El desarrollo creciente de la contradicción entre la acumulación más rápida del capital financiero respecto del productivo; entre éste y la tasa menor de producción corriente; entre ésta y el menor consumo de las masas; entre la progresión geométrica de la renta financiera y el rezagado beneficio productivo; entre todo esto y la rentabilidad capitalista en su conjunto (no sólo la rentabilidad media sino también la de los monopolios); la agudización cada vez más intensa del conjunto de estas contradicciones, todo esto caracteriza a la crisis actual y a la etapa histórica de la descomposición capitalista. La tendencia a una pauperización absoluta de las masas, que era desconocida desde la crisis de los años 30 y la Guerra, es una manifestación más que fundamental de las dificultades extraordinarias que sufre el proceso de reproducción del capitalismo y constituye para la actual generación de las masas una experiencia concreta sobre el destino histórico del capitalismo. La actual capacidad ociosa de la industria mundial es la mayor desde 1930, lo que es un índice seguro del bloqueo de las fuerzas productivas y de la madurez de la contradicción entre ellas y las relaciones capitalistas de producción. La destrucción masiva de industrias que ha acompañado a la restauración capitalista en la ex-URSS, en la mayor parte de la Europa del Este, y ahora en China, no es sino una manifestación brutal de la enormidad del excedente de capital acumulado con relación a sus posibilidades de beneficios y de realización; la centralización pacífica de capitales que tiene lugar en el mercado mundial asume características violentas y despóticas cuando se opera en los territorios de los ex Estados obreros. Es que no estamos aquí ante una confiscación de un capitalista por otro en el marco de las relaciones de mercado y de la ley del valor sino de la confiscación de la propiedad confiscada por la revolución a los capitalistas en el marco de lo que fue una economía planificada. La mecánica de la crisis actual pone al desnudo el carácter social antagónico del régimen de los ex Estados Obreros y el régimen capitalista mundial. El saqueo que produce la restauración capitalista asume entonces la forma de una contradicción histórica y muestra la extensión y la profundidad de la crisis mundial.
 
Crisis económica y crisis política
 
La política es economía concentrada, pero la relación entre una y otra no es mecánica. La estrategia democratizante, ciertamente, ha rendido enormes beneficios al imperialismo norteamericano. Le permitió hacer frente a las crisis revolucionarias planteadas por el derrumbe de los regímenes burocráticos de Europa Oriental y Rusia. Es el vehículo de una vasta penetración económica imperialista en los ex-Estados obreros, en particular en los de Europa Oriental y en China. La política democratizante es el ariete con el que el imperialismo pretende derribar al régimen cubano y la que permitió enterrar las situaciones revolucionarias en América central, en Sudáfrica [en Angola y en Oriente Medio].
 
Hasta en la propia Europa, la política democratizante ha jugado su papel como lo prueban los acuerdos de paz que han hundido la lucha nacional irlandesa. En América Latina, el ciclo democratizante es el de la penetración financiera, económica y política del imperialismo y de la liquidación de las conquistas sociales de las masas más profundo del que se tenga memoria. La monopolización económica del continente y la subordinación política de sus regímenes al imperialismo norteamericano no tiene precedentes.
 
EE.UU. adoptó la política democratizante, además, por sus propias contradicciones internas. La burguesía norteamericana llevó adelante una salvaje reducción del salario obrero y de las conquistas sociales de los trabajadores en el cuadro [de la contrarrevolución democrática reaganiana] (del reaganismo).
 
Habiéndose agotado el ciclo, todavía tiene por delante la llamada segunda generación de reformas: la privatización de los sistemas de salud, de educación y de jubilación y la destrucción de la Seguridad Social. Frente a estas tareas, los ataques clintonianos con una fraseología igualitaria y con el respaldo de la burocracia sindical son enormemente más efectivos para la burguesía que la derecha republicana y religiosa.
 
La política democratizante, el engaño democrático, tiene todavía viabilidad porque las direcciones de las organizaciones de las masas la burocracia sindical, la socialdemocracia, los ex-estalinistas reconvertidos, la izquierda democratizante [y hasta las corrientes que se reclaman del trotskismo] están integradas en la política del imperialismo democrático. Ante la falta de independencia política del proletariado, la creciente polarización social no se traduce en una polarización política sobre ejes de clase. En este cuadro el [sistemático] ascenso de las luchas obreras se manifiesta [en EE.UU.], en el [Sudeste de] Asia y, en forma menos marcada, en América Latina, Europa (y EE.UU.) es una razón adicional para que la burguesía evite las salidas extremas. La burocracia sindical y los partidos de la izquierda democratizante se han revelado infinitamente más efectivos que la derecha para hacer retroceder y llevar a la derrota las luchas de los explotados.
 
Es indudable, por otro lado, que la crisis asiática provocó el derrumbe de la dictadura de Suharto y un debut de la revolución en Indonesia; es también un hecho que la crisis euro-oriental (las pirámides financieras) fue la causa de la revolución albanesa [que todavía tiene fragmentado al Estado restauracionista]; es también verdad que la crisis económica ha acentuado por decenas de miles las huelgas obreras y los levantamientos campesinos en China; es igualmente cierto que el llamado efecto samba provocó la ocupación de fábricas automotrices en Brasil, cortes de ruta y el recule transitorio de las patronales imperialistas en el mantenimiento de los despidos masivos que ya habían puesto en práctica. En Argentina, desde el comienzo de la declinación del Plan Cavallo se han producido el Santiagueñazo, el Cutralcazo y el Jujeñazo; el gobierno menemista y el peronismo están fuertemente divididos y hay una constante aunque irregular radicalización política; quién puede negar la descomunal huelga minera en Rumania, que fue desatada en respuesta a los acuerdos del FMI; sin olvidar la importancia del movimiento de masas en Francia, desde 1995; ni el extraordinario desarrollo del movimiento guerrillero colombiano, muy cerca de EE.UU., por un lado, y de Cuba, por otro, y cuyo progreso ha ido paralelo a la crisis económica [en Rusia se han producido luego de la crisis de agosto renacionalizaciones forzadas de empresas por parte de los trabajadores] (en Rusia se desarrollan luchas de resistencia de la clase obrera)]; incluso en los EE.UU. el reflujo sindical es una cosa del pasado, como lo demuestran las huelgas de la UPS, General Motors, la defensa de los despedidos de Caterpillar, la andanada de huelgas de pilotos de aviación. Los expertos adjudican este renacer sindical al bajo desempleo norteamericano, pero lo que motoriza a los trabajadores es la caída de los salarios, la descomunal flexibilidad laboral, la precariedad de los empleos, en suma, el ataque al que se ven obligados a recurrir los capitalistas para superar la crisis económica.
 
Existe una inversión de tendencia de las luchas populares internacionales con relación a la década de 1985/1994.
 
Crisis y centroizquierda
 
La combinación del descalabro económico con la insurgencia de las masas lleva a la burguesía a importantes cambios políticos, en los que bajo la forma de gobiernos de centro-izquierda se renuevan, en forma derechizada, las fórmulas de colaboración de clases típicas de los frentes populares. De conjunto, los gobiernos centro-izquierdistas de colaboración de clases acceden al gobierno cuando, desde círculos capitalistas cada vez más amplios, se reclama reglamentación de los movimientos de capitales para salvaguardarlos de sí mismos; medidas públicas frente a la desocupación; bandas cambiarias organizadas entre las principales monedas: establecimiento de bancos regionales para contrapesar al FMI. Y estos reclamos no solamente tienen que ver con la crisis en su faceta económica sino más especialmente con su faceta social, o sea con la tendencia de las masas a responder de nuevo con luchas, ya sean los obreros y campesinos como los estudiantes. Aunque los movimientos de mayor escala han sido las movilizaciones de los mineros del Ruhr, a principios de 1997 [(que crearon una fugaz situación de doble poder en la ciudad de Bonn)], y las huelgas de trabajadores estatales, camioneros y choferes de colectivos en Francia, en repetidas oportunidades; también han habido movimientos conjuntos a la escala de Europa y, en el caso de Bélgica, una gigantesca movilización de masas, que aún continua organizada contra la corrupción y la pedofilia oficiales [(en este país algunas direcciones sindicales de fábrica están propagandizando la necesidad de lanzar un partido de trabajadores en abierto choque con el PS y las direcciones oficiales de los sindicatos)]. Los gobiernos neoliberales o conservadores fueron removidos porque se habían constituido en un elemento de inestabilidad de la situación política. Los gobiernos centroizquierdistas están literalmente obligados a intentar modificar las condiciones y la política que transformaron a sus predecesores de factores de estabilidad en factores de perturbación, so pena de acabar de la misma manera, pero con el agravante de haber agotado las soluciones moderadas. Lo que convirtió a los gobiernos conservadores en factores de desorden fue el agotamiento de su política neoliberal, la profundización de la crisis mundial y su incapacidad para contener a las masas que reaccionaban a la crisis. [La realidad de fondo del derrumbe conservador se manifiesta mejor que nada en la incapacidad de sus partidos para recuperarse ahora que están en la oposición, lo que incluye las espectaculares escisiones de los conservadores ingleses y de la ultraderecha francesa].
 
Crisis política mundial
 
[El cambio fundamental en la situación mundial es la interacción y la profundización de la crisis política, porque todos los medios tradicionales de dirección política y control social de las masas se han demostrado totalmente inadecuados. Esto incluye] el colapso irreversible del stalinismo en 1989/91, el obvio fracaso del neoliberalismo de la derecha y la imposibilidad, [a causa de la crisis de sobreacumulación de capital], de volver a [formas de neo-keynesianismo y de] reformas del tipo socialdemócrata tradicional dirigido por la emergencia del llamado nuevo centro-izquierda. Los gobiernos capitalistas tratan de gestionar la crisis contra los trabajadores, en beneficio del gran capital.
 
En Europa, la mayor parte de los países están dirigidos por esta clase de gobiernos, que no sólo introducen reformas y concesiones sino que son responsables de [salvajes] ataques contra [todas] las conquistas sociales pasadas de la clase obrera europea y de las contrarreformas.
 
El conflicto entre las necesidades sociales de las masas y las políticas de los gobiernos de centro-izquierda se convierte en fuente de tensiones políticas e inestabilidad en Italia, Francia, Alemania o Grecia.
 
La Unión Europea imperialista, para hacer frente a la crisis mundial y a la competencia de América, especialmente con la introducción del euro y la transición hacia la Unión Monetaria, tiene que destruir las llamadas rigideces y resistencias en los mercados laborales para introducir su desregulación, en la vía por la que avanzó previamente en los países anglosajones, e intentar superar las desigualdades y conflictos entre los diferentes niveles e intereses nacionales.
 
La transformación de la euforia inicial sobre el euro en su propia crisis se debe no sólo a factores cíclicos sino a los estructurales. A pesar de todas sus proclamas, Europa permanece profundamente dividida a lo largo de líneas nacionales. El Banco Central Europeo no puede funcionar como la Reserva Federal de EE.UU.; además las divisiones entre los banqueros centrales, los gobiernos nacionales y entre los círculos dirigentes de cada país individual, impiden que Europa amenace económicamente a la hegemonía norteamericana, así como política y militarmente. El fiasco europeo en los Balcanes, desde Dayton a Rambouillet, lo demuestra gráficamente.
 
Por los Estados Unidos Socialistas de Europa
 
Ante el impacto de la crisis mundial posterior a 1997, la Europa imperialista tiene que acelerar su reestructuración social, destruyendo todas las formas anteriores de regulación de los antagonismos del capital con el trabajo. [A causa de la debilidad política de la burguesía para levantar el ataque a gran escala contra la clase obrera europea, se] (Se) promueven las coaliciones de centro-izquierda burguesa para hacer el trabajo sucio que los partidos de la derecha burguesa tradicional son incapaces de realizar.
 
Pero estas formaciones políticas recién surgidas como producto de la crisis, entran a su vez en crisis.
 
[Necesitan, más que nunca, no sólo una cobertura democrática de centro izquierda burguesa sino también nuevas defensas por parte de la izquierda, incluyendo la llamada extrema izquierda].
 
En esta situación, el acuerdo electoral LO/LCR para una lista común en las elecciones europeas de 1999, podía y tenía que ser un llamamiento a la lucha contra la burguesía europea, sus direcciones políticas y las medidas sociales contrarrevolucionarias mostrando una vía socialista de salida de la crisis en base a un programa de transición.
 
Pero lo que ha ocurrido en realidad es [todo lo contrario: la plataforma política de este acuerdo representa una adaptación a las presiones burguesas] (que han fracasado en hacer esto). En ninguna parte aparece la perspectiva del socialismo, ni siquiera la palabra, no se plantea la consigna más vital que nunca de los Estados Unidos Socialistas de Europa, del Este y del Oeste.
 
[No es solamente un error táctico, en la profesión de fe de LO-LCR todas las cuestiones estratégicas que se nos presenten a los revolucionarios aparecen, pero de modo negativo:] (La cuestión es:) ¿Hemos de luchar por una Europa democrática, o bien por los Estados Socialistas de Europa? ¿Hemos de luchar por la confiscación del capital, la expropiación de los expropiadores o sólo para restringir el movimiento libre de capitales y sus beneficios especulativos? Entre estas dos alternativas no puede haber ningún compromiso. El destino de la próximas confrontaciones sociales en Europa está ligado a esto.
 
Una verdadera intervención revolucionaria en las elecciones europeas debe partir, con independencia de la eventual consigna de voto a partidos centristas o reformistas, de la elaboración y postulación de una verdadera plataforma revolucionaria, sin ninguna concesión a la fiesta europea de la burguesía, y planteando, en primer lugar, el combate contra los Estados y gobiernos nacionales reaccionarios [(por ejemplo, planteando en Francia, en primer lugar, la consigna de fuera Chirac)] a los que la construcción europea pretende servir de pantalla contra las masas. Este debe ser el punto de partida para un programa de reivindicaciones transitorias que concluya con medidas expropiatorias del capital y el gobierno independiente de los trabajadores.
 
Por la unidad mundial de los explotados: por la IVª Internacional
 
En América Latina existe la tendencia a responder al gigantesco proceso de expropiación económica y enajenación política a través de la unidad política antiimperialista del continente [, es una tendencia histórica de los explotados]. El resurgimiento de la lucha por la tierra, en especial en Brasil, Bolivia, México y Ecuador, la lucha de los desocupados, las ocupaciones de fábricas en diversos países, plantean la vía en la que esta unidad puede concretarse en el marco de la actual crisis. La lucha por una conferencia obrera y campesina del Mercosur, ya planteada en reuniones promovidas en el cuadro de la Conferencia Obrera y de Izquierda, debe ser desarrollada como un punto de apoyo decisivo para desarrollar la independencia de clase y la alianza obrera y campesina, condiciones de una lucha antiimperialista profunda y de largo aliento.
 
La perspectiva de los Estados Unidos Socialistas de América Latina se levanta nuevamente como el arma estratégica para quebrar la base histórica del imperialismo norteamericano, constituyendo un aspecto esencial de la lucha anticapitalista a escala mundial.
 
El flagelo de la desocupación tiene alcance mundial y unifica todas las tendencias de la descomposición capitalista en la actual fase.
 
La lucha por el empleo tiene, por eso mismo, un carácter mundial objetivo e inmediato, siendo la palanca decisiva para unificar a la clase obrera de cada país y a escala internacional.
 
Las políticas de semana laboral de 35 horas, planteadas, especialmente, por el centroizquierda europeo, se revelan cada día más como un señuelo para desviar las luchas e introducir la contracción salarial, el trabajo temporal, el no pago de las horas extras y la flexibilidad laboral. Contra esa política, contra los despidos y contra la complicidad de las burocracias sindicales, debe ser planteada la consigna de trabajo para todos, distribuyendo las horas de trabajo existentes entre todos los trabajadores aptos, sin ninguna rebaja salarial. Esto plantea objetivamente el control obrero de la producción y la unidad internacional de los trabajadores: una Conferencia Internacional contra la desocupación y en defensa de los trabajadores debería ser el objetivo de toda dirección obrera consecuente y debe ser planteado como el objetivo específico de una campaña mundial.
 
En el cuadro de esas y otras luchas, la cuestión de la unidad política internacional de los trabajadores se plantea objetivamente para todas las organizaciones que luchan. [Las iniciativas de coordinación existentes, sin embargo, son políticamente limitadas pues no proponen la lucha mundial contra el capital y por el socialismo obrero o enfeudadas a direcciones conciliadoras superadas por la propia crisis, o por su propia debacle política].
 
El objetivo de la Internacional Obrera debe ser consciente y consecuentemente defendido, a través de la elaboración de un programa transitorio y la construcción de una organización. No se trata de construir una nueva tendencia internacional de iluminados que defienda sus verdades particulares y se dedique a un interminable ajuste de cuentas con sus adversarios reales o imaginarios sino de la construcción del instrumento necesario para la victoria mundial de la clase obrera y todos los explotados.
 
Esta Internacional sólo puede ser construida como continuidad de la lucha secular de los trabajadores, y de la asimilación de todas sus conquistas teóricas y programáticas concretadas en la obra de sus mejores pensadores y militantes (a comenzar por Marx) y en los programas de sus internacionales, hasta llegar a su expresión más reciente y actual en el programa y el método de la IVª Internacional. El combate consecuente por todos los objetivos inmediatos de los explotados sólo tiene perspectivas, por lo tanto, si toma una forma consciente y políticamente organizada a través de la refundación inmediata de la IVª Internacional.
 
 
Atenas, 8 de marzo de 1999.
 
 
 
(*) Declaración política aprobada por la Conferencia Obrera Internacional y de la Izquierda Clasista - Atenas, 6 al 9 de marzo de 1999. Para conocimiento de nuestros lectores, reproducimos entre corchetes y en negrita los párrafos suprimidos del documento puesto a discusión, principlamente por objeciones presentadas por los compñaeros de la ITO. Los párrafos entre paréntesis y en itálica fueron agregados en su reemplazo a iniciativa de estos mismos compañeros. 

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