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Crítica a “Panorama mundial” de Jorge Altamira

Por Pablo Giachello

El artículo “Panorama mundial” -que oficia de editorial de la última En defensa del marxismo[1] y que ha sido incluido en la nueva revista digital, “Revolución Mundial”, de nuestra corriente internacional- incluye una caracterización sobre América Latina que merece ser refutada. Allí, se hace la siguiente afirmación: “(…) La pelea política por una caracterización adecuada de la etapa actual en América Latina es un aspecto fundamental para determinar una política revolucionaria. Tomados todos los elementos en su conjunto, la burguesía ha perdido la iniciativa estratégica y ha pasado, potencialmente, a la izquierda independiente de los bloques capitalistas”.

Por más breve que resulte la cita, sin lugar a dudas, se trata del aspecto más sobresaliente de la caracterización que el artículo traza sobre la situación latinoamericana. Pues, por el alcance de la afirmación que se sostiene, se establece como la principal tesis del artículo en torno del futuro del subcontinente.

Sobre la ‘iniciativa estratégica’ de la burguesía

Sólo es cierto que “la burguesía ha perdido la iniciativa estratégica”, en tanto y en cuanto la afirmación se eleva a categoría histórica. Es decir, en tanto apunta a refutar las posibilidades del capitalismo de revertir su decadencia histórica. El chaleco que representan las relaciones capitalistas de producción para el libre desarrollo de las fuerzas productivas confirman el agotamiento histórico del capitalismo. El ingreso del capitalismo, hace ya más de un siglo atrás, a su fase imperialista, representa el ingreso del régimen a su etapa de senilidad o, lo que para el caso es lo mismo, de descomposición. La lucha por la revolución socialista encuentra, en esta caracterización histórica, su base objetiva -es decir, su premisa fundamental. Pero desde este punto de vista, “la pérdida de iniciativa estratégica de la burguesía” representaría un fenómeno de alcance universal y no sólo latinoamericano.

Es necesario distinguir la decadencia histórica del capitalismo de las ‘iniciativas estratégicas’ que la burguesía emprende con el fin de perpetuarse. En el artículo, la tesis en cuestión no expresa una sentencia histórica, sino que pretende caracterizar la etapa y la coyuntura abierta en el subcontinente, y sobre esa base pronosticar las tendencias sociales y políticas actuantes en el presente latinoamericano. Desde ese lugar, afirmar que “la burguesía ha perdido la iniciativa estratégica” representa un error.

Los ejemplos están a la vista. Por un lado, los ajustes fiscales contra las masas y las reformas laborales y previsionales que se están implementando en numerosos países latinoamericanos pueden ser claramente catalogados como ‘iniciativas estratégicas de la burguesía’. En esas ofensivas se aúnan las distintas alas de la clase capitalista, pues apuntan a proceder a una desvalorización de la fuerza de trabajo y a un arrebatamiento de conquistas históricas de la clase obrera. El triunfo de Bolsonaro en Brasil anticipa una ‘ofensiva estratégica’ contra la clase obrera, barriendo con conquistas históricas, desarrollando la persecución política e incluso avanzando en la tentativa de destrucción de las organizaciones de trabajadores. Por otro lado, la ofensiva de Estados Unidos contra Venezuela, con la creciente amenaza de intervención militar al país caribeño; la puja de Estados Unidos contra la penetración de los intereses chinos en el subcontinente; la ofensiva de un ala de la burguesía norteamericana para proceder a la plena restauración capitalista en Cuba y para apropiarse de los negocios dominados por las burguesías nacionales de Latinoamérica -que se han procesado bajo el forma de ‘la lucha contra la corrupción’ y de golpes de Estado como el que tuvo lugar en Brasil- son expresión de ‘iniciativas estratégicas’ que impulsa el capital financiero. De imponerse los planes de la burguesía, el horizonte que se traza para Latinoamérica es la barbarie.

¿La iniciativa estratégica a manos de la izquierda?

Que la iniciativa no ha pasado, ni siquiera potencialmente, a manos de la izquierda independiente de los bloques capitalistas es un hecho fácilmente demostrable. Confirmando que, de conjunto, la tesis en cuestión es equivocada. Es claro que, en este punto, la incursión en este error plantea, antes que nada, un problema de método. Una mirada más o menos incisiva de la situación de la izquierda latinoamericana, en términos de ubicación e intervención política y programática y de desarrollo organizativo, hubiera bastado para descartar de plano esa afirmación. Pues, con la relativa excepción de Argentina, la izquierda independiente de los bloques capitalistas en América Latina no sólo no tiene -ni potencialmente- la iniciativa estratégica, dado su escaso desarrollo y nivel de influencia; sino que, en la mayoría de los casos, ni siquiera existe como tal. Es decir, no representa una izquierda independiente del capital.

Sucede que la mayor parte de la izquierda del continente ha ingresado a esta etapa política -signada por el renovado fracaso de las experiencias nacionalistas y el triunfo electoral de variantes derechistas- adaptada a las fuerzas burguesas o pequeño burguesas que fueron, o aún son, gobierno en distintos países. Es justamente lo que hemos ponderado de la experiencia del Frente de Izquierda y de los Trabajadores de Argentina, en contraste con el papel jugado por la izquierda latinoamericana. Mientras el FIT abrió un canal de independencia política de los trabajadores en oposición al gobierno kirchnerista, en el resto de América Latina la izquierda tendió a diluirse detrás de las variantes nacionalistas.

Bastaba con repasar las Tesis, escritas por el propio Jorge Altamira, de la Conferencia sobre América Latina de 2016, convocada por el PT de Uruguay y por nuestro partido, para desmentir la tesis en cuestión. No era necesario, de ningún modo, esperar a conocer los resultados de la primera vuelta de las recientes elecciones brasileñas. En las Tesis de la Conferencia de 2016 se desarrolla con detalle el papel de la izquierda en aquellos países donde se han desenvueltos las experiencias más ricas con los gobiernos nacionalistas.

Por el lugar determinante que ocupa Brasil para el futuro de América Latina, es oportuno detenerse a considerar el papel de la izquierda en ese país. Es claro el papel del PSOL como fuerza tributaria del PT y de candidaturas patronales. Así lo hemos caracterizado en las Tesis latinoamericanas de 2016 y en numerosos artículos. Esto, sin embargo, no ha salvado al PSOL de obtener un magro resultado en las recientes elecciones. Las sucursales de IS y el Nuevo MAS en Brasil integran el PSOL, mientras el PTS aspira también poder integrarse. El PCO, ex integrante de la CRCI, ha ido más lejos aún en su política de adaptación al PT, acogiendo la campaña por la liberación de Lula como su eje político excluyente. El PSTU brasilero, por su parte, ha obtenido un resultado marginal en las recientes elecciones, luego de haber tenido una posición “ni-ni” ante el golpe contra Dilma Rouseff. A la luz de los resultados electorales, ahora sí, vale decir que la “iniciativa estratégica” en Brasil no parte desde la izquierda sino, más bien, desde el campo contrario.

En el caso de Venezuela, la izquierda se ha dividido, por un lado, entre la que tributa al chavismo y, por el otro, entre la que tributa a la oposición pro-imperialista. En Bolivia, la izquierda que no se diluyó detrás de Evo Morales se marginalizó practicando el ‘abstencionismo permanente’, para luego fracasar en la constitución de un PT de tipo centrista. En Perú, la sucursal de IS integra el Frente Amplio por Justicia, Vida y Libertad, un frente centroizquierdista completamente integrado al sistema. La mención del papel jugado por la izquierda vale, pues como bien se señala en las Tesis de la Conferencia de 2016, “El conjunto de las fuerzas políticas en presencia, sean burguesas, y por sobre todo la izquierda, no ingresan en esta etapa como un papel en blanco, que estaría abierto abstractamente a todas las posibilidades que ofrece el nuevo período. Por el contrario, están condicionadas por sus programas y por sus políticas precedentes, e incluso por los compromisos anudados en la etapa que ahora se agota”.

Es valioso observar las perspectivas latinoamericanas a la luz de la experiencia de la “Primavera árabe”. Pues allí, ninguna fuerza revolucionaria fue capaz de explotar en su favor el proceso de descomposición de los diversos regímenes nacionalistas que, en combinación con las consecuencias sociales devastadoras de la crisis capitalista mundial, dio lugar a la zaga de levantamientos populares que tuvieron lugar a partir de 2011 en numerosos países del norte africano y de Medio Oriente. Los países árabes pasaron de ser el epicentro de la rebelión popular a ser el epicentro de la contrarrevolución, con la intervención política y militar de distintas potencias imperialistas.

Seguidamente a la tesis en polémica, en el mismo artículo se sostiene que “No existe un solo sector de la izquierda latinoamericana que desenvuelva un planteo de poder, frente a la maduración de la crisis económica y política, en los términos de la Conferencia Internacional, que un conjunto de partidos cuartainternacionalistas han realizado en Buenos Aires a principios de abril pasado”. En este punto, el artículo peca de ecléctico, pues un “planteo de poder” en clave revolucionaria, es la precondición para poder contar, al menos potencialmente, con “la iniciativa estratégica”.

Siguiendo esta la línea de razonamiento, si descartamos a la izquierda tributaria de los bloques capitalistas y a la que no cuenta con un planteo de poder, la izquierda que ha pasado a tener, potencialmente, la iniciativa estratégica, sería la participante de la Conferencia Internacional impulsada por la CRCI.

Vale, entonces, detenerse a considerar el lugar de las fuerzas latinoamericanas que participaron de las conferencias organizadas por la CRCI. Sin dudas, las caracterizaciones, los planteos políticos y los métodos de los partidos revolucionarios son determinantes para visualizar su potencial desarrollo. Pero el grado de desarrollo con el que esas fuerzas ingresan a los momentos de agudización de la crisis capitalista, con todas sus consecuencias sociales y políticas, también lo es. Pues los aciertos tácticos, en toda la fase previa a los momentos de alza de la lucha de las masas, sólo si encarnan en una organización pueden transformar a ésta en una fuerza social y política capaz de candidatearse a la lucha por el poder. La organización no se improvisa, se prepara en forma metódica y tenaz.

Por eso corresponde, a la hora de analizar la tesis en cuestión, indagar sobre nuestro propio desarrollo y el de las corrientes con las que comulgamos política y programáticamente. Las conferencias no sólo contaron con convocatorias modestas, sino que con la excepción del PO, y en menor medida del PT de Uruguay, las organizaciones participantes se encuentran en una fase embrionaria. No sólo por su cantidad de miembros, sino porque la mayoría de ellas carece, incluso, de una publicación regular, sea impresa o digital.

Necesariamente, nuestro grado de influencia y penetración debe ser un parámetro de comprobación de la tesis en cuestión. Es claro que, el cuadro descripto desmiente de plano la tesis que plantea que la iniciativa estratégica, potencialmente, habría pasado, en América Latina, a manos de la izquierda independiente del capital. Basar esa afirmación en el exclusivo desarrollo del PO representa un desatino de corte autorreferencial.

Cuestiones de método

El debate en cuestión remite a divergencias que han atravesado algunos debates partidarios en el último período, incluido el que se desarrolló en la fase pre-congresal y en el Congreso mismo del PO. En lo esencial, tiene que ver con un abordaje objetivista de las crisis, despreciando o relegando el estadio concreto de la lucha de clases y de las fuerzas políticas que intervienen. Así como en “Panorama mundial” se afirma que “en Brasil, la crisis política mostrará toda su amplitud cuando las próximas elecciones dejen al desnudo la ingobernabilidad del país”; en el congreso, Marcelo Ramal presentó un documento que también sostenía que Brasil era “ingobernable”. Varios compañeros rechazaron ese planteo, por considerar que en política no existe el vacío y que, en ausencia de una intervención de las masas, la burguesía buscaría los medios para enfrentar la crisis mediante métodos que le permitan avanzar sobre la clase obrera y sus conquistas. El ascenso de Bolsonaro, como fase última de la política golpista, pero también con un apoyo electoral recogido incluso en los bastiones del PT, muestra que las salidas políticas son el resultado de una lucha concreta entre las clases y sus partidos, algo que de ningún modo está definido de antemano.

Esto no niega bajo ningún concepto la crisis de fondo que atraviesa Brasil, con una deuda pública que equivale a todo su PBI, con un déficit gemelo -fiscal y comercial- y una caída de la industria que ya lleva varios años. Pero esa crisis opera contradictoriamente: por un lado, le quita base material a la burguesía para establecer un régimen estable; pero, por el otro, la obliga a redoblar su ofensiva contra las masas. Si esa ofensiva finalmente se impone, la clase capitalista habrá logrado un triunfo sobre los trabajadores y la izquierda revolucionaria.

Con sus diferencias, el debate también remite a la Argentina y la crisis de Macri y más allá de él, del régimen político en su conjunto. Si la ofensiva que el gobierno encarna contra las masas, en acuerdo con el FMI y el imperialismo yanqui, logra imponerse, Macri tiene la posibilidad de una sobrevida. ¿Lo logrará? No lo sabemos, y es probable de que no, pero eso dependerá de una lucha directa. Los regímenes en crisis despliegan su ofensiva contra las masas, justamente como medio para superarla. El Comité Nacional, a partir de esta consideración de método, votó un sistema de consignas que parte de la necesidad de derrotar la ofensiva contra las masas -es decir, alentar la intervención de la clase obrera. El planteo de poder (“Fuera Macri, Constituyente soberana”) debe colocarse en este contexto, porque fuera de él se convierte en un planteo exclusivo de propaganda.

 

[1]. “Panorama mundial” por Jorge Altamira, en En defensa del Marxismo, n.º 51, agosto de 2018.

 

29/10/18

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