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¿Internet va a cambiar el mundo?

Por Jorge Martín
“Internet —la mayor red informática del mundo— llegó a la Argentina”, informaba hace pocas semanas Clarín. Pero, ¿qué es esta Internet que, según diversos especialistas, “ha transformado el mundo, desde la educación hasta la organización del trabajo”?
 
Internet es un sistema mundial de conexiones de computadoras que permite, en teoría, a cualquier usuario acceder a la información almacenada en cualquier otra computadora en cualquier lugar del globo. La Internet no es otra cosa que un lazo de comunicación planetaria compuesto por computadoras y líneas telefónicas. Basta con estos elementos para acceder a las informaciones contenidas en bases de datos dispersas por todo el mundo y mantener “conversaciones” con otros usuarios en cualquier lugar del planeta. Las aplicaciones son, evidentemente, vastísimas: desde consultar bibliotecas o listas de precios y comprar productos, organizar “foros de discusión” sobre los más variados temas con millones de participantes potenciales, hasta la posibilidad de que ciertas capas de trabajadores desarrollen sus tareas en su casa, interconectadas con las computadoras de su empleo.
 
Las redes de información tuvieron por origen las aplicaciones militares, en primer lugar, y las universitarias más tarde. Estos límites iniciales han sido desbordados por más de 30 millones de usuarios, muchos de ellos “institucionales”. Su crecimiento ha sido de un 1.700% en 1994; un nuevo usuario se suma cada diez minutos.
 
La red —en realidad, la interconexión de más de 25.000 redes de información en todo el mundo— ha dado lugar a una organización espontánea de usuarios que han puesto en pie bancos de información y “boletines” sobre los más diversos temas: desde caza y pesca, jardinería y “bricolage” hasta informaciones sobre luchas políticas y sindicales, denuncias de violaciones a los derechos humanos y luchas por los derechos democráticos. Es precisamente esta utilización la que ha provocado la intención de censurar las informaciones que recorren la red.
 
El entusiasmo despertado por la gigantesca masa de información disponible e intercambiable, ha llevado a que florezcan “teorías” sobre la capacidad de la Internet de transformar —y hasta de “revolucionar”— “el mundo en que vivimos”, incluso de sustituir al capitalismo por la organización espontánea de la producción.
 
Que el progreso técnico podría servir para hacer menos brutales y más llevaderas las condiciones de trabajo es un argumento que se viene usando desde que existe el capitalismo. La experiencia práctica de millones de trabajadores ha demostrado, sin embargo, que el progreso técnico ha endurecido las cadenas de la explotación, ha descalificado el trabajo obrero y ha hecho más terribles las condiciones de trabajo. En los albores del capitalismo, la aparición del maquinismo llevó a un alargamiento brutal de la jornada de trabajo y, en la actualidad, el uso masivo de computadoras y robots lleva a los patrones a exigir la "flexibilización" y la precarización de las condiciones de trabajo, incluida la baja de los salarios. Es que el progreso técnico ofrece una base material para permitir condiciones de trabajo menos penosas, pero no modifica las condiciones sociales que son propias de la sociedad capitalista. El progreso tecnológico disminuye la participación del trabajo vivo del obrero en el total del capital desembolsado para la producción, lo que exige una intensificación de la explotación de la fuerza de trabajo para obtener tasas de beneficio elevadas.
 
El acceso a la información tampoco significará una democratización del Estado —ni, mucho menos, una atenuación de la “tiranía capitalista”—, porque el poder del estado y la burguesía radica en el monopolio de los medios de producción, de las armas y de los más variados medios de coerción, materiales y espirituales. Los grandes avances que en el pasado han permitido el acceso de grandes masas humanas a la información (la prensa escrita primero, luego la radio, la TV y el cable) no abolieron la dominación de la burguesía ni “democratizaron el Estado”, que es cada vez más abiertamente —aun bajo las cubiertas “democráticas una máquina de opresión del capital financiero. Es cierto que los revolucionarios y los demócratas de todas las épocas lucharon denodadamente por servirse de estos medios para influenciar a las masas y luchar contra la explotación y la reacción; pero la utilización revolucionaria de la prensa, la radio o la TV es ínfima en comparación con la utilización que hace de ella la burguesía, que las ha convertido en puntales de su dominación ideológica... a la vez que en fuentes de fenomenales superbeneficios.
 
Lo mismo está sucediendo con la Internet. Las grandes corporaciones capitalistas están luchando para transformar el conocimiento electrónico en una fuente de superbeneficios (mediante la imposición de patentes, derechos de acceso a determinados bancos de datos, instalaciones de cables, etc.), es decir, en una mercancía... de la misma manera que siglos atrás convirtieron en una mercancía el conocimiento escrito y el conocimiento visual.
 
La Internet no revolucionó ni revolucionará la base social del mundo actual: al igual que la prensa escrita, la radio y la TV, bajo el capitalismo la interconexión electrónica provee de ciertos medios para la organización de la clase obrera, única vía para la transformación social. No es el acceso a la “libre información” —por otra parte, cada vez menos “libre”— sino la experiencia, la movilización y la organización de los propios explotados lo que revolucionará “el mundo que conocemos”.
 
Lucha política en el “ciberespacio”
 
Alrededor de la Internet y de la información que circula por ella se libra una aguda lucha política y económica para determinar quién se beneficia con el uso de la red. Son evidentes los intentos de los gobiernos imperialistas por imponer la censura y el control de las informaciones que circulan por la red y los de sus servicios de inteligencia por “pinchar” las comunicaciones. Los grandes capitalistas, por su parte, pugnan por convertir a la red en una fuente de superbeneficios (con la aplicación de patentes, etc.). Las necesidades capitalistas de la "seguridad” y del “beneficio” chocan entre sí y con la resistencia de miles de usuarios y de redes espontáneas que pretenden defender el acceso Ubre y gratuito a la comunicación y al conocimiento, sin ningún tipo de injerencia estatal. Esta lucha política en el “ciberespacio” —en la que están en juego las libertades democráticas y el combate contra el totalitarismo estatal y la mercantilización del conocimiento— será objeto de una próxima nota.

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