Entre la renuncia anticipada y la re-reelección


Después de las elecciones de octubre pasado, el proceso político parecía encaminado hacia la formación de un gobierno de coalición posterior a los comicios del 99. De un lado Duhalde, derrotado, parecía obligado a anudar una alianza con Cavallo, que en realidad venía discutiendo desde marzo del 97. Más recientemente, Duhalde entregó la presidencia del Banco Provincia al cavallista Sánchez y buscaba una solución a la quiebra del BCP, controlado por el clero, entregando su administración a los cavallistas Liendo y Llach ambos con sólidos vínculos con el Episcopado. Del otro lado, la Alianza triunfadora debía limitarse a resolver las candidaturas para el 99 con viento a favor en las encuestas. La desintegración del régimen menemista parecía, entonces, encauzada por dos alternativas de coalición sólidamente ancladas en la defensa de los grandes intereses capitalistas y del aparato del Estado.


 


¿Cómo es que aparece, en semejantes condiciones, el planteo de la re-reelección de Menem, triplemente cuestionado, además, por la imposibilidad constitucional, por el descomunal rechazo en las intenciones de votos del electorado y por un régimen electoral que obliga a conseguir más del 50% de los votos para obtener la presidencia?


 


La crisis de las coaliciones


 


Es indudable que la primera parte de la respuesta la ofrecen las crisis que han venido afectando al duhaldismo y a la Alianza después de las últimas elecciones.


 


La derrota electoral ha producido un importante desmembramiento del duhaldismo. La disputa de la sucesión de la gobernación de la provincia de Buenos Aires ha producido por lo menos cinco variantes enfrentadas entre sí, lo cual es naturalmente aprovechado por el menemismo para desgajarle a Duhalde distritos enteros tanto en el plano municipal como partidario. La cuestión policial ha significado una quiebra importante dentro del aparato del Estado, al extremo que Duhalde ha debido reclutar al frepasista Binder para diseñar la reforma de la bonaerense.


 


Por el lado de la Alianza, la crisis no es menos evidente. Si el gobierno de la ciudad de Buenos Aires sirve como indicador, no hay ningún indicio de una administración compartida entre la UCR y el Frepaso. Como si fuera una réplica exacta del gobierno nacional, el encargado de economía de De la Rúa, Rodríguez Giavarini, maneja la hacienda del distrito como una estancia, transando con los pulpos privatizadores y procurando esquilmar el bolsillo de los contribuyentes. La Alianza se apresta a resolver sus candidaturas mediante una interna, cuando aún no hay el menor indicio de que pueda elaborar un programa común. La reciente crisis en torno a la cuestión de las leyes de impunidad, ha mandado el discurso ético de la Alianza al tacho de basura y, peor todavía, reveló la completa impotencia de la coalición que goza de la mayoría electoral, frente al menemismo.


 


Lejos de promover una ofensiva intensa contra el menemismo, las coaliciones duhaldista y aliancista se encuentran a la defensiva. Esto se ha visto claramente en la denuncia de un pacto De la Rúa-Menem, tanto o más verosímil cuanto que el gobierno de la ciudad no ha encarado ninguna investigación de los desfalcos de las gestiones menemistas. La promesa de una Conadep de la corrupción ya está completamente archivada. En la provincia existe un pacto confeso entre el Frepaso y Duhalde para salvar a la bonaerense de una limpieza a fondo y, por sobre todo, para salvar al poder judicial de la provincia, que ha resultado privilegiado por la reforma duhaldo-frepasista. El Frepaso está obligado a votar en contra de cualquier proyecto de anulación de la obediencia debida, porque en caso contrario debería desmantelar su propia reforma policial y someter a juicio a todos los mandos y sub-mandos de la policía del narcotráfico, del gatillo fácil y del crimen organizado.


 


La manifestación más contundente de la supremacía del menemismo sobre sus opositores la constituyó, por un lado, la privatización de los aeropuertos y, por el otro, la firma del acuerdo con el FMI. Ni Duhalde ni la Alianza fueron capaces de utilizar su abrumadora mayoría parlamentaria para impedir una privatización a la cual declaraban oponerse. Por el lado del FMI, el acuerdo establece la privatización del Banco Nación y una reforma impositiva que ataca violentamente a los consumidores y a los tesoros provinciales. Frente a esto, la Alianza no ha dicho ni mu, a pesar de su insistencia demagógica durante la campaña electoral en que promovería una redistribución de los ingresos a favor del pueblo por medio de una reforma tributaria y presupuestaria que gravase a los pulpos privatizados.


 


Frente a dos alternativas que rezuman impotencia y vocación de vacío de poder, ¿por qué sorprenderse de que el menemismo conserve toda la iniciativa política y coquetee, cada vez con mayor audacia, con la posibilidad de la re-reelección?


 


La patria financiera


 


Naturalmente, como conglomerado de intereses económicos, el menemismo sigue siendo el principal defensor de los especuladores internacionales y privatizadores, que igualmente actúa como procurador de los intereses norteamericanos frente a sus rivales europeos y asiáticos. A pesar de todos los operativos de seducción, el menemismo le gana por varios cuerpos a sus opositores en los favores de los dueños de la deuda externa argentina.


 


Esto explica el apoyo que le acaba de brindar a Menem el Consejo Empresario Argentino, el cual tuvo el descaro de presentarse en Olivos en compañía de Martínez de Hoz. En la conferencia de banqueros de Davos, Suiza, los representantes de los pulpos nacionales publicaron una declaración de apoyo al gobierno por su política económica frente a la crisis asiática. El presidente de la Ford, Jorge Mostany, no tuvo reparos en decirle a La Nación de que la re-reelección "sería una garantía absoluta de la continuidad económica". Todavía más significativo es el apoyo de la banca y del gran comercio a la reforma laboral de Erman González, o sea la del FMI, sabiendo que esto consolida un bloque político entre Menem y la CGT. Otro dato interesante es la machacona insistencia de Menem para que se establezca una moneda única del Mercosur, porque siendo inviable como planteo económico, traduce la presión de la banca norteamericana para que Brasil devalúe y ate su moneda, el real, al dólar.


 


Es que en el lapso que le queda en el gobierno, Menem puede todavía concretar grandes negociados, el más importante de los cuales es la colocación de bonos para financiar el déficit de pagos de Argentina, que es del orden de los 20.000 millones de dólares. A esto hay que añadir los DNI, el Nación, la desregulación telefónica, la venta de las acciones remanentes de las empresas privatizadas y el desarrollo de un mercado financiero de operaciones futuras (derivados) y de redescuentos de créditos hipotecarios.


 


Entonces, ¿puede haber re-reelección?


 


La impotencia del duhaldismo y de la Alianza frente a Menem, así como la tendencia de ambos a la crisis y disgregación, dejan entrever que una victoria de cualquiera de ellos en el 99 plantearía la posibilidad de un gobierno débil y hasta de un vacío de poder. Si Menem es capaz de desnudar esta posibilidad con antelación al inicio del proceso electoral, puede naturalmente plantear su re-reelección. Es decir que para conseguir sus objetivos, Menem debería buscar la creación de un clima de crisis política anticipada, que es precisamente lo que está haciendo. Al igual que lo que ocurrió en 1993, Menem procura gobernar con métodos de golpe de estado, para lo que aprovecha su derecho constitucional a emitir decretos de necesidad y urgencia. Por todas estas razones también, impuso la postergación de la designación del candidato justicialista para el 99, hasta marzo del año que viene.


 


Pero son precisamente todas las razones expuestas hasta aquí, las que plantean una posibilidad mayor que la propia re-reelección, y es la posibilidad contraria, o sea, que Menem no logre completar su mandato. Porque bien mirado, la tentativa de re-reelección está reflejando una incapacidad creciente de la gran patronal para gobernar con la participación del conjunto de las instituciones del Estado y de sus partidos. Con una deuda externa que crece en forma fenomenal en condiciones de crisis financiera mundial; con una perspectiva de caída de la producción y de las exportaciones y de aumento del desempleo; con la posibilidad de devaluación en Brasil y de una crisis bancaria y monetaria en cadena en el Mercosur; con una tendencia a la acentuación de las luchas populares, no solamente en Argentina, sino en un número cada vez mayor de países; con todo esto, la tendencia al gobierno personal y a la re-reelección deberá plantear una crisis política que sólo podría ser superada con la salida anticipada del riojano. La burguesía especuladora y privatizadora debería, en este caso, ceder una parte del poder a un gobierno de coalición, que pague los costos del hundimiento económico y de la necesidad de apaciguar a las masas.


 


Incluso podría plantearse un gobierno de coalición doblemente coaligado, es decir, que coaligue a la coalición duhaldista con la aliancista.


 


Ni coalición, ni re-reelección


 


Lo que surge claro de este panorama y de la evidencia diaria, es que ni Duhalde ni la Alianza, no hablemos de Menem, pueden representar una salida para la agobiante situación del pueblo. Esto significa que la política del MTA y la CTA, entre otros, de seguidismo a los opositores, sólo puede cosechar nuevos fracasos.


 


Para todas las organizaciones obreras que denuncian la política de Menem, debería resultar claro que las alternativas centro-izquierdistas o nacionalistas al menemismo son igualmente neo-liberales, es decir que están presididas por el objetivo de avanzar en la superexplotación laboral y en la entrega al capital especulativo internacional. Así lo demuestran Blair, Jospin, Cuahutemoc Cárdenas, Cardoso y, más recientemente, Kim Dae-jung el coreano eternamente proscripto y centroizquierdista, que aun antes de asumir la presidencia ya ha firmado con el FMI el despido en masa, la flexibilidad laboral y la estatización de la deuda externa de los pulpos privados.


 


Pero la situación política actual ni siquiera se caracteriza por la posibilidad o la ilusión de que la oposición recoja las banderas populares. Se caracteriza por una crisis política que brota de la incapacidad de todos los partidos patronales de amortiguar la crisis económica actual y prevenir, siquiera mínimamente, la que se aproxima en forma inminente. El seguidismo a las alternativas patronales significará una completa impotencia para enfrentar esta crisis política. Por eso llamamos al MTA y a la CTA, entre otros, que pongan fin a su política actual y convoquen a un congreso obrero que ponga en pie una alternativa política de masas de los trabajadores.


 


Este llamamiento se inscribe en la política del Partido Obrero de ayudar a los luchadores obreros a superar los obstáculos que se levantan contra la independencia de clase, y de este modo desarrollar un fuerte partido obrero revolucionario.


 

El peronismo es un cadáver insepulto


La Maga dedicó en su último número una serie de notas al peronismo. El objetivo, difícilmente disimulado, fue tratar de minimizar la crisis que padece, luego de la histórica derrota electoral. Desde el flamante adquirente de La Maga, Daniel Lalín, los reportajes a Antonio Cafiero y Fermín Chávez, y los comentarios sobre el libro de José Pablo Feinmann Ignotos y famosos, todos se esfuerzan por augurar una vida todavía más larga al peronismo.


 


Lalín pretende exorcizar al peronismo a la manera de Racing y alejar a los malos espíritus que lo acosan. Es por eso que este sospechoso potentado del fútbol, socio de Herminio Iglesias, ex funcionario de Grosso y presumible testaferro de Duhalde en la adquisición de la revista, la ha convertido en un boletín interno del justicialismo.


 


La magnitud de la crisis del justicialismo se puede medir por la incapacidad manifiesta de los expositores para explicar siquiera sus causas. Lalín se ilusiona con que "La gente cambiará cuando tenga que elegir quién gobierna y votará distinto a cuando eligió quién legisla".


 


Puestos a argumentar sobre qué bases se puede reconstruir el peronismo, todos se apoyan en su capacidad para acomodarse a los cambios de situación. Pero es esta tendencia acomodaticia, es decir, parasitaria, la que mejor prueba el carácter irreversible de la crisis peronista.


 


Vigencia


 


La vigencia del peronismo en el tiempo no es, ciertamente, una característica distintiva. La UCR, 100 años después de su fundación, ganó las elecciones de 1983 y volvió a reacomodarse en octubre pasado, lo que no impide que se encuentre en una aguda descomposición. Lo mismo ocurre con otros partidos de América latina. Qué decir del PRI, quien no necesitó siquiera resurgir, ya que siempre estuvo en el poder.


 


La mantención por años de una fuerza política no garantiza su vigencia, es decir, su capacidad para producir transformaciones progresistas. Fermín Chávez dice que "el peronismo no muere porque la historia vuelve a dar razones" y que "la tercera vía es hoy más válida que antes. Hay más injusticia, hay menos soberanía, la desocupación es mayor, la brecha entre pobres y ricos es más amplia, no sólo acá. O sea que las tres banderas del justicialismo cobran más vigencia que nunca porque no se cumple ninguna". Antológico, en esta descripción Chávez se olvida que el actual Gobierno es justicialista y que ha llevado a un agravamiento sin precedentes los males que él denuncia, y que lo más sano sería desembarazarse de una fuerza política que ha cometido semejantes crímenes.


 


Identidad


 


Para Feinmann, la capacidad de adaptación y cambio del peronismo lo convierte "en un sujeto político en permanente estado de invención", "tuvo (y probablemente tendrá) tantos rostros dice que es imposible fijar uno. Su pragmatismo lo llevó a adaptarse a todas las coyunturas en lugar de asumirlas desde su propia identidad". Lástima para los lectores que el autor no les dé una pista acerca de ella.


 


Se podrá argumentar lo que se quiera pero la anterior descripción cuestiona el más elemental concepto de fuerza, incluso desde la física, que por definición requiere de una dirección y un sentido.


 


Con la manera de abordar el fenómeno del peronismo por esta gente, se concluiría que el gobierno del MNR de Sánchez de Losada, en Bolivia, puso en vigencia el antiimperialismo en su último mandato.


 


Cafiero llega al exabrupto de reivindicar todo lo que pasó dentro del peronismo, porque "han dejado siempre algo positivo aun los que han sido francamente negativos". Por eso dice: "Así como resistimos la infiltración marxista o neomarxista de nuestros muchachos jóvenes, también resistimos ahora la infiltración neoliberal. Eso es lo que yo no toleraría: que el peronismo se plegase a una corriente que nada tiene que ver con nuestro pensamiento fundacional". Esto lo dice un defensor del gobierno de Alsogaray, Cavallo, el FMI y el Citibank.


 


La remanida identidad peronista parece que anida sólo en la imaginación de la izquierda democratizante, ya que Chávez dice que "hoy no hay peronismo sino peronistas", y Cafiero concluye: "Nosotros los peronistas, estamos atravesando un período delicado. Porque sabemos lo que no queremos pero tampoco explicitamos claramente qué es lo queremos".


 


Como se puede apreciar la condición para la identidad está ausente.


 


Agotamiento


 


La descomposición del peronismo es la expresión de un extenso proceso político. No empieza con la segunda presidencia de Menem.


 


Del movimiento nacionalista burgués apoyado en la movilización popular que se planteó una modificación en las estructuras sociales en nuestro país, ya en el 73 no quedaba nada. La falta de comprensión de esta limitación insalvable del peronismo y las ilusiones en un movimiento policlasista de liberación nacional fue pagado al costo de 30.000 muertos.


 


El peronismo se agotó antes del 55.


 


Después del famoso "Braden o Perón", ya en el 47, Perón suscribe el TIAR bajo la tutela de Braden que somete a la Argentina a la diplomacia yanqui.


 


La recurrencia al peronismo por parte de la burguesía es adjudicable a que sigue siendo un material a su servicio. Esto lo han comprendido en su momento los Alsogaray, los Alemann y el compañero Cavallo.


 


El peronismo está irreversiblemente agotado porque ha dado todo lo que podía y en esta larga agonía fue convocado por la burguesía para quitar hasta lo mínimo que hubiera podido dar en su período de ascenso. Para las nuevas generaciones el peronismo será recordado como el que destruyó los convenios, robó a los jubilados y terminó de demoler la jubilación, destrozó la estabilidad laboral y se arrodilló al imperialismo asociándose, incluso, en las operaciones masacre propiciadas por los yanquis.


 


Superación


 


Cafiero dice que la Alianza es "un fenómeno distinto a todos los que hemos tenido en las historia". ¡Qué tontería! El Frepaso y la Alianza han recorrido a la velocidad de la luz los pasos menemistas, compitiendo sólo en el alcance de su postración al capital nacional e internacional. Los límites insalvables del nacionalismo burgués peronista fueron transmitidos a su sombra frepasista, rápidamente convertida en una agencia del gran capital y del Departamento de Estado.


 


El peronismo es un cadáver insepulto. Su permanencia evidencia la incapacidad de la vanguardia obrera para dar cuenta de él en términos de salida política. Pero su descomposición es irreversible.


 


Dependerá de la capacidad y celeridad con que se desarrolle la tarea de construir un partido obrero independiente, para que se acorte el sufrimiento de las masas, provocado por la sobrevivencia parasitaria del peronismo.


 


No será el peronismo el medio para la movilización popular contra el imperialismo y la patronal; esa labor sólo se realizará con un poderoso partido de la clase obrera. Ese es el desafío de esta etapa que concientemente asumimos.


 

López Rega por Fermín Chávez


En la nota de La Maga donde se reportea a Fermín Chávez, éste asume desembozada defensa de López Rega. 


Refiriéndose al poder que detentaba en esa época, Chávez dice: “No fue tanto. No hay que exagerar. Le adjudican cosas que no son. Yo le puedo asegurar porque estuve en la casa da Gobierno de asesor de gabinete del Ministro del Interior en toda esa etapa, y muchas de las cosas que se le atribuyen no son ciertas, inclusive las Tres A”.


 


Para protegerlo ante las evidencias Chávez plantea: “El problema de López Rega era su ignorancia” y que “Él tenía una enorme voluntad de poder, cosa que no tenían otros”.


 


La apología del siniestro personaje concluye con una mentira que vale más que mil palabras para caracterizar al propio Chávez, al admitir que López Rega mato gente, “Pero del movimiento obrero, no”. De qué está hablando este mascarón del PTP.


 


Fisher, Bufano, Salamanca, Atilio López y cientos de luchadores obreros asesinados desmienten al impostor.


Los dichos de Chávez alcanzarían para que cualquier corriente política que se declarara de los trabajadores, de izquierda o simplemente democrática, no abrigara la más mínima ilusión sobre tal personaje. A menos que coincida con sus posiciones.


 


Fermín Chávez es una confirmación del más agudo estado de descomposición del ala nacionalista (sic) del peronismo. 


 

IXº Congreso del Partido Obrero Argentina: El carácter de la nueva etapa


Comisión redactora: Julio Magri, Néstor Pitrola, Marcelo Peralta, Luis Oviedo 


Redacción final: Luis Oviedo


 


 


Desde el Santiagueñazo (diciembre de 1993) y, en particular, desde el primer Cutralcazo (junio/julio de 1996), diversos sectores de las masas trabajadoras y explotadas del país han desarrollado una extraordinaria actividad combativa.


 


Los cortes de rutas; las ocupaciones de fábrica (en Atlántida, en Fiat, en Renault); las ocupaciones de intendencias y edificios públicos; las huelgas generales por tiempo indeterminado (docentes de Neuquén, trabajadores del pescado de Mar del Plata); los piquetes (que hicieron cumplir los paros generales en el transporte y en el comercio, en particular en Córdoba y Rosario); las manifestaciones de masas; los enfrentamientos callejeros con la gendarmería y la policía; las asambleas populares. Se trata de métodos de lucha drásticos, atentatorios de la legalidad democrática, de la propiedad capitalista y del poder del Estado burgués; en otras palabras, se trata de métodos de lucha revolucionarios.


 


Con esos métodos de lucha, los trabajadores salieron a la lucha en defensa de programas, reivindicaciones y planteamientos que aunque todavía incompletos, parciales o tentativos revelan una creciente claridad de los explotados sobre la situación en su conjunto.


 


Los planteos de fogoneros y piqueteros neuquinos y salteños con relación a la desocupación y a la privatización de la industria petrolera pusieron al desnudo la incompatibilidad de la política capitalista con las reivindicaciones elementales de las masas para la subsistencia. Las puebladas en las provincias ricas en petróleo y, sin embargo, vaciadas productiva y financieramente, ayudaron a sacar a luz que YPF y las petroleras privadas han procedido a una colosal transferencia de capitales al exterior, que equivale a un vaciamiento industrial y patrimonial, y a una gigantesca depredación ecológica. El reclamo del aumento de las regalías petroleras y gasíferas y la exigencia de que se destinen al desarrollo industrial de las provincias extractoras plantea, en perspectiva, la renacionalización sin pago de las empresas privatizadas, bajo control de la clase obrera. Aún en forma tentativa, estas luchas plantearon la cuestión del control obrero: "la cuestión de la gestión de los trabajadores aparece claramente en el punto del acuerdo (para el levantamiento del primer Cutralcazo) referido a la distribución de los víveres (…) los piqueteros impusieron su derecho a voz y voto en la comisión encargada (…) cuando formularon esta exigencia, denunciaron la completa inacción de las municipalidades, es decir, vincularon el reconocimiento del derecho a la gestión popular con el derrumbe de las instituciones estatales existentes" (1).


 


La pueblada jujeña puso al descubierto que los ingenios azucareros habían literalmente vaciado a los bancos de sus provincias y a sus presupuestos estatales, mientras procedían a una concentración de tierras que no pretendían poner en producción. La confiscación de la oligarquía agraria es la perspectiva que se desprende de los reclamos de los piqueteros jujeños.


 


En resumen, podemos decir que, desde el Santiagueñazo y el primer Cutralcazo, "el pueblo lucha cada vez más; este pueblo que lucha se da cada vez mejores programas; con la lucha y la conciencia surge también una nueva generación de la clase obrera" (2).


 


Estas dos características de las luchas obreras y populares sus métodos y sus programas confirman los pronósticos formulados por el PO a partir de esas dos grandes rebeliones obreras que fueron el Santiagueñazo y el Cutralcazo.


 


En diciembre de 1993 (es decir, ¡hace ya más de cuatro años!), señalamos que "(el Santiagueñazo) es una rebelión que marcará época en los años 90". Pronosticamos que, como el Cordobazo de 1969, iniciaría una etapa de luchas y rebeliones populares ("Santiagueñazo: el Cordobazo de los 90"). Fuimos incluso más lejos al plantear que, si se exceptúa la importancia política y social de Córdoba y la presencia en esta provincia de un concentrado proletariado industrial, "en todo lo demás, el Santiagueñazo superó al Cordobazo". Lo superó porque sometió al poder político a una implacable demolición; porque se extendió al interior de la provincia y, fundamental, porque no estuvo dirigido contra una dictadura sino contra una democracia. En oposición a quienes planteaban que se trataba de un estallido espontáneo, dijimos que "por el solo hecho de haber demolido las instalaciones de todos los centros del poder político y de haber enfrentado a la policía, los manifestantes del Santiagueñazo demostraron una elevada conciencia, típicamente política …". Por todo esto, concluíamos en 1993, "el Santiagueñazo ha cumplido un enorme papel de pedagogía nacional (…) Para el conjunto de los movimientos sociales reivindicativos y de lucha, muestra el camino de la huelga general, de la acción callejera, de la ocupación de edificios, de las Asambleas populares y del poder" (3).


 


Dos años y medio después, señalamos que "la (primera) pueblada cutralquense fue una revolución, porque se abrió paso golpeando al Estado capitalista, porque lo redujo en gran parte a la impotencia y porque, en esa misma medida lo sustituyó por una organización, incipiente pero real, que asumió la representación y la autoridad de las masas (…) Por sus métodos y características (el Cutralcazo) alumbró una nueva realidad política, que choca frontalmente con todo el orden existente y que, por ese motivo, muestra la vigencia de una nueva perspectiva (…) La pueblada de Cutral Co – Plaza Huincul es una demostración irrefutable de que en todo movimiento profundo de los explotados se expresa instintivamente la tendencia a la reorganización de la sociedad sobre nuevas bases" (4).


 


Es imposible no encontrar las huellas del Santiagueñazo y del Cutralcazo en las luchas de los desocupados en todo el país, en las puebladas de Cutral Co, de Tartagal, de Cruz del Eje y de Jujuy; en la huelga de los docentes neuquinos, en las ocupaciones de las automotrices cordobesas, en las huelgas de los petroleros, en el proceso de reorganización sindical en Metrovías y la UTA, en la lucha de los colectiveros de TDO, en la lucha de dos meses de Atlántida, en la huelga general de los trabajadores del pescado de Mar del Plata, en las manifestaciones democráticas y juveniles contra los asesinatos del poder; en todas y cada una de las expresiones de lucha de los explotados de los últimos tiempos.


 


El desarrollo de los acontecimientos demostró lo acertado de estas caracterizaciones y del conjunto de la política derivada de ellas:


 


Con relación al programa de lucha, el VIIº Congreso del PO (1995) había votado: "1. Abajo el régimen fundido de Menem y Cavallo, que arrastra y quiere arrastrar todavía más a los explotados y al país a su propio hundimiento; 2. Que la crisis la paguen ellos; 3. Que se abran las cuentas del Estado y de los capitalistas; 4. Por un seguro al parado de 500 pesos; por una jubilación mínima de 450 pesos; por un salario mínimo igual a la canasta familiar (1.100 pesos); escala móvil de horas de trabajo; abajo todas las formas de flexibilización y de desconocimiento del contrato colectivo de trabajo; apoyo a todas las reivindicaciones populares; 5. No a la privatización de la salud ni de las obras sociales; por una salud estatal y gratuita bajo el control y gestión de los trabajadores; 6. Por la unificación de todas las luchas con una plataforma única: huelga general; 7. Fuera Menem-Cavallo y sus gobernadores; 8. Asambleas Populares, congresos de bases y congresos de trabajadores en lucha en todas las provincias y el país; denunciamos el planteo de formar multisectoriales con las patronales grandes y pequeñas, como una política de recambio del sistema, de paz social, y de derrota de los trabajadores; 9. Reconstruyamos y desarrollemos la organización obrera y de las masas, reventada por la burocracia sindical de todas las tendencias; 10. Formemos una dirección revolucionaria reclutando a la nueva generación de luchadores; 11. Por un gobierno de trabajadores. Por la unidad socialista de América Latina".


 


Como tareas para el desarrollo de una vanguardia obrera, fue decidida:


 


una campaña de suscripciones en masa, que concluyó con un éxito indudable;


 


una campaña de apertura de locales, concebidos como centros de organización político-reivindicativa de los explotados, que llevó a inaugurar casi 200 locales;


 


el llamamiento aprobado por el VIIIº Congreso del PO (diciembre de 1996) planteó la posibilidad de la formación de un frente de las organizaciones partidistas y no partidistas de la clase obrera, lo que marcó un salto en la proyección de una política frentista de carácter revolucionario;


 


la convocatoria a Asambleas Nacionales de Trabajadores, concebidas como el ámbito en el cual el Partido Obrero debate con la vanguardia obrera, en el cuadro de una experiencia política y de lucha común, los planteamientos políticos de la etapa, un programa y las tareas que se desprenden de ellos.


 


El significado de las luchas obreras


 


Por sus métodos y por sus programas, las luchas que han desarrollado y desarrollan las masas son una manifestación objetiva de la hondura que ha alcanzado la crisis del régimen social y político imperante.


 


Desde el punto de vista subjetivo, es decir, desde el punto de vista de la conciencia, plantean la posibilidad de una nueva generación obrera revolucionaria. Se trata del hecho más cargado de potencialidades revolucionarias que haya sucedido en la Argentina desde el Cordobazo, hace tres décadas.


 


Las tendencias revolucionarias que comienzan a hacerse presentes en la clase obrera argentina son la expresión concreta y positiva de la crisis del peronismo y del hundimiento del régimen político menemista: no es casual que las tendencias más combativas y los métodos de lucha más radicales se hayan visto entre la masa de trabajadores que en 1995 votó al peronismo. También se destaca el crecimiento del Partido Obrero (en número de votos, de locales, de suscripciones, de militantes y en su extensión geográfica), y su preeminencia creciente sobre la izquierda democratizante.


 


Desde el punto de vista metodológico, es imposible separar el análisis de estas tendencias y manifestaciones revolucionarias que recorren a la clase obrera argentina de la actividad y de los planteamientos del partido que las recoge, las analiza y pugna por generalizarlas y llevarlas un peldaño más arriba.


 


Medidas con el termómetro de la agitación política, las expresiones de esta tendencia revolucionaria son más que manifiestas:


 


La dureza y la energía con que los docentes neuquinos sostuvieron la huelga durante cinco semanas y el abierto repudio que manifestaron en sus asambleas a la traición de su dirección.


 


La empecinada negativa de los piqueteros y docentes neuquinos a abandonar los puentes; la negativa de los piqueteros jujeños a abandonar las rutas y las derrotas que infligieron a la gendarmería que intentó desalojarlos.


 


La negativa de los piqueteros jujeños a desarmar sus piquetes, después de levantar los cortes de ruta, y su decisión de mantenerlos, convertidos en ollas populares: "la victoria de Jujuy consiste precisamente en que ha quedado establecido un poder organizado de las masas, que permitirá ejercer una vigilancia popular sobre el poder del Estado y que servirá para impulsar futuras movilizaciones todavía más profundas …" (5).


 


Los piquetes obreros que, a pesar de la represión, garantizaron el paro general del 14 de octubre convocado por la CTA y el MTA, sin ninguna perspectiva de continuidad, dominguero, sin organización y subordinado a la perspectiva política de la Alianza.


 


La aparición en las luchas, de manera cada vez más decisiva, masiva y dirigente, de la juventud obrera y, en particular, de la mujer obrera, es decir, de las capas más explotadas de la población trabajadora. En ocasión del Encuentro de Mujeres, que se realizó en San Juan, Prensa Obrera destacó que se había producido un brusco cambio en la composición social y la agenda política del Encuentro (ya preanunciado como tendencia en los anteriores), con la masiva presencia de mujeres piqueteras, obreras, desocupadas, campesinas.


 


La enorme lucha de Atlántida, en la que una fracción de la clase obrera enfrentó un combate durísimo sabiendo, de entrada, que enfrentaba el riesgo de sufrir una severísima derrota, pero no estaba dispuesta a una capitulación sin combate que llevara a la desmoralización de la clase obrera y a la destrucción del paciente trabajo de construcción clasista llevado a cabo durante años por su Comisión Interna.


 


La derrota fue directamente infligida por el enemigo de clase y por la burocracia sindical. Llegó después de dos meses de una lucha heroica que recurrió a todos los métodos propios del movimiento obrero: la huelga, la ocupación de planta, los piquetes, los cortes de ruta, la olla popular, el fondo de huelga, la manifestación de masas, el establecimiento de lazos de solidaridad internacional con los gráficos del Cono Sur, la organización de las mujeres y los hijos de los huelguistas, la agitación popular y la campaña de boicot. En esos dos meses de lucha, Atlántida se convirtió en un punto de reagrupamiento para el movimiento obrero combativo de la zona norte y de todo el país, lo que se manifestó en la convocatoria, votada en asamblea general, al acto político del 1º de Mayo, junto con otras direcciones sindicales antiburocráticas y un conjunto de partidos de izquierda.


 


La existencia, permanencia y extensión de un movimiento de los desocupados que por su peso social y su capacidad de movilización y lucha, es una creación significativa de los explotados argentinos.


 


Las grandes manifestaciones contra los crímenes que involucran a la policía y a los organismos represivos (Cabezas, aniversario del atentado a la Amia) y, en particular, las sistemáticas movilizaciones juveniles contra la policía del gatillo facil.


 


El propio resultado de las elecciones, cuyo significado más importante es el aumento de la votación de la izquierda (incluido Pueblo Unido) y, particularmente, la votación del Partido Obrero. En este sentido, los trabajadores han dado un paso pequeño pero de características históricas, pues han dejado de votar por sus verdugos para votar por sus compañeros.


 


Una de las manifestaciones más claras de las tendencias que comienzan a manifestarse en la clase obrera es la respuesta de una significativa fracción de su vanguardia al llamamiento formulado por el PO para que las organizaciones partidistas y no partidistas de la clase obrera organizaran una jornada de lucha común el 1º de Mayo. El solo hecho de un planteamiento de estas características inédito para las actuales generaciones de luchadores y militantes prueba la existencia de un proceso de cambios en la vanguardia de la clase obrera. El PO formuló este planteo en función de las condiciones objetivas la segunda pueblada de Cutral Co, la huelga docente de Neuquén, la huelga de Atlántida, el conflicto de las automotrices cordobesas, y porque además también se desarrollaban condiciones subjetivas. Resulta evidente el grado de conciencia que demostró esta vanguardia obrera Atlántida, los delegados de las automotrices cordobesas, TDO, que respondió positivamente a este llamamiento, que la izquierda democratizante se lanzó a boicotear.


 


La movilización de los explotados argentinos es inseparable de la extensión de las luchas en el plano internacional, como las ocupaciones de tierras, edificios públicos y las marchas multitudinarias en Brasil; la pueblada que volteó a Bucaran en Ecuador; la insurrección en Albania; las luchas de los obreros europeos y norteamericanos; el levantamiento obrero que ha comenzado en el Asia. Asistimos a una reversión de las iniciativas políticas e ideológicas reaccionarias de la última década.


 


Es a la luz de un cuadro de conjunto signado por el agotamiento del peronismo; el hundimiento del régimen político; la crisis económica internacional; la crisis del Mercosur; la división de la burguesía; los recambios de régimen político, y movilizaciones de masas más amplias y revolucionarias a nivel mundial; la reversión de las tendencias ideológicas dominantes, que puede apreciarse la transición hacia una nueva etapa política, que debe llevar a la completa superación política de la clase obrera de los cadáveres putrefactos del policlasismo peronista, la burocracia sindical y la demagogia democratizante de la pequeña burguesía.


 


La política de la burocracia sindical. La CGT


 


La CGT menemista, golpeada por la derrota electoral del gobierno, pactó el recambio de Caro Figueroa por Erman González y la moneda de cambio ha sido, una vez más, la aplicación de la privatización gradual de las Obras Sociales, planteada por el Banco Mundial. El otro logro de la CGT es la participación de la burocracia central en los convenios por empresa.


 


La burocracia, al poner el acento en la reforma laboral, presenta a la ola masiva de suspensiones y despidos como una situación pasajera derivada de la crisis asiática. Sin embargo, se ha denunciado recientemente que se están firmando 25 convenios mensuales por empresa, con flexibilidad laboral, extensión de la duración de los contratos temporarios, fraccionamiento de las vacaciones; estos convenios que tienen un carácter ilegal, porque violan las disposiciones de la ley de contrato de trabajo caracterizan de conjunto el programa y la política de la burocracia menemista. Este es el argumento que está esgrimiendo el sindicalismo oficialista para obtener su reconocimiento como firmante de los futuros convenios de empresa: la firma ahora, en cantidades industriales y al margen de la ley de estos convenios por empresa flexibilizados. Entre tanto, la burguesía pasa a los hechos (Siderca, Fate, transporte, precarización absoluta de los nuevos empleos), mientras busca superar la crisis política del gobierno que empantana la reforma.


 


El acta-acuerdo CGT-gobierno está en total sintonía con los compromisos adoptados por Roque Fernández con el FMI: reduce el 30% las indemnizaciones por despido; elimina el piso de dos sueldos y reduce el preaviso; autoriza la eliminación de la indemnización y el seguro de desempleo en un plazo de tres años y su reemplazo por un fondo de retiro administrado por las AFJP; permite que los convenios puedan modificar total o parcialmente y en cualquier sentido los acuerdos generales y la ley; privilegia los acuerdos por empresa y los convenios individuales, atomizando al movimiento obrero; deroga los estatutos especiales y elimina la vigencia indefinida de los convenios. La operación Erman busca rescatar esta acta del golpe electoral. Entrelazada con el Estado, los gobiernos y los políticos patronales, la burocracia carece de la más mínima independencia para llevar adelante una lucha consecuente.


 


El modelo sindical de la CTA


 


La burocracia opositora de la CTA y el MTA no escapa a esta regla, como lo prueba su indiferenciación práctica con la burocracia menemista en la flexibilización de los choferes de colectivos y en Metrovías (UTA), en la brutal flexibilización de los convenios de OCA (camioneros), en la derrota del Area Material Córdoba, en la política de la CTA en Fiat y Río Turbio, en la traición de la huelga docente neuquina y el Cutralcazo, en el fracaso de la carpa docente. Su programa coincide con el planteo estratégico de la burguesía: modernizar las relaciones laborales, es decir, flexibilizar y atomizar al movimiento obrero.


 


La CTA basa la estrategia de la nueva central en reformas parlamentarias a la ley de asociaciones profesionales y a la ley de convenios. La ley de asociaciones profesionales 23551, o ley Britos, es un sistema de avales proscriptivos, exigencias de antigüedad, requisitos afiliatorios, intervencionismo de las comisiones internas de fábricas y empresas, de reducción del número de delegados, con mandatos a dos años no revocables, basado en el contralor del Ministerio de Trabajo, que consagra el monopolio burocrático de las cuentas y la digitación de las personerías por el Estado.


 


Sin embargo, la CTA critica este instrumento de regimentación e intervencionismo del Estado sobre las organizaciones obreras y de perpetuación de la casta burocrática sólo en un aspecto, el monopolio de la personería gremial.


 


Para la CTA, la dominación de la burocracia sindical estaría en crisis por causas externas al sindicalismo: desempleo, precarización, automatización, globalización, etc. La crisis capitalista y la tendencia patronal a la superexplotación obrera son presentadas como factores externos a los sindicatos y no como el escenario político donde se pone a prueba su carácter como organizaciones de clase, y de herramientas de lucha contra la barbarie capitalista, y el valor de sus direcciones. La causa de la crisis del sindicalismo es la integración de la burocracia al Estado capitalista y su subordinación al nacionalismo burgués, algo que a la CTA le parece normal. Por eso, no logra explicar porqué el sindicalismo burocrático está en crisis en el preciso momento en que las masas procuran desarrollar una actividad combativa y dotarse de organizaciones apropiadas para llevar sus luchas a la victoria.


 


La nueva central sería una opción para la incorporación de sectores no tradicionales, a saber, jubilados, desocupados e incluso cuentapropistas. Pero no es su política que los jubilados y los desocupados tengan sindicatos propios, sino que se manejen como comisiones del aparato sindical. Sí se busca convertir al sindicalismo en un movimiento social plural, para quitarle su connotación clasista.


 


La idea de la CTA de modificar el régimen de exclusividad sindical para adecuarlo a la normativa internacional la obliga a aclarar que "(el) planteo no es un cuestionamiento a la unidad sindical", precisamente porque una vez pasado en limpio, lo único que queda en pie de su planteo es la división de aparatos, desprovista de toda estrategia capaz de unir a la clase obrera para enfrentar la crisis capitalista.


 


Otro cuestionamiento de la CTA a la ley de asociaciones profesionales es la preeminencia del sindicato de actividad sobre el de menor rango, grupo, empresa, etc. Esto constituye una desembozada propuesta de sindicatos por empresa, que haría las delicias de la mismísima Techint.


 


La CTA hace esfuerzos extremos para poner su programa en línea con la Alianza. El especialista sindical de la Alianza, Julio Godio (un viejo funcionario de los organismos laborales del imperialismo), se despachó a favor de una rebaja del 40% al 50% de las indemnizaciones y por la rebaja de los aportes patronales para blanquear el empleo. El alineamiento con la Alianza coloca a la CTA en la disyuntiva de ser cooptado directamente por un sector del gran capital que busca terciar en la reforma laboral, recortando todavía más las conquistas para combatir la competencia desleal que provoca la contratación de obreros en negro. Según Clarín (23/12), nueve de cada diez nuevos empleos son precarios, a prueba, sin beneficios sociales ni previsionales, con un altísimo nivel de rotación.


 


Nuestro planteo de agosto de 1997 a la CTA y al MTA, señalando que "enfrentan un dilema insoslayable: o rompen con la Alianza o se convierten en lugartenientes sindicales y en verdugos de la clase obrera", fue confirmado por la realidad. La emergencia de nuevas y grandes luchas contra las consecuencias devastadoras de la crisis planteará, una y otra vez, esta disyuntiva. En este proceso inevitable de choques y crisis, la consigna del Congreso de Bases y la exigencia de la ruptura con Duhalde y la Alianza cobrarán enorme vigencia política. No se puede descartar que, como consecuencia de la presión de abajo y de los golpes de la crisis, estas direcciones tomen determinadas iniciativas de lucha. Pero carecen de toda posibilidad de llevarlas consecuentemente adelante. Sistemáticamente debemos impulsar una nueva dirección de los trabajadores.


 


El MTA


 


El carácter más oscilante del MTA respecto a la CTA, ha tenido expresión en su proyecto de reducir la semana laboral a 40 horas. Después de una inauguración sonora de la campaña, no se volvió a hablar más de ella.


 


En cuanto a la negociación colectiva, el MTA cierra filas con la CGT oficial y toma el viejo argumento de Miguel: el peligro del debilitamiento de la burocracia ante el cuadro de luchas y levantamientos obreros que se avecinan con la crisis. En este punto, el enfrentamiento entre el MTA y la CTA es muy agudo.


 


El MTA agita la vuelta al peronismo, pero consiguió la presencia de un solo legislador ¡para colmo radical! en el lanzamiento de su proyecto de las 40 horas en el Bauen. El planteo industrialista del momento es rebajar los aportes patronales, reducción concreta y efectiva del gasto público (despidos de trabajadores estatales, flexibilidad docente) y la más amplia libertad de contratación (liquidación de los convenios y las indemnizaciones).


 


El proyecto de las 40 horas no rompe de un modo general con el horizonte de la modernización de las relaciones laborales (convenios articulados, recursos de crisis), pero la inclusión de algunas reivindicaciones concretas como las 6 horas por insalubridad, el salario mínimo de 500 pesos en un año de plazo para los activos y jubilados, la derogación de los contratos basura lo transforman en una iniciativa que choca con la política de reforma laboral. Como consecuencia de ello, el proyecto no encuentra padrinos que lo adopten entre las fuerzas políticas de la burguesía y, por lo tanto, su perspectiva parlamentaria está completamente fundida.


 


La iniciativa podría tener vida apoyada en un Congreso de Bases y en un plan de lucha, algo que el MTA no está dispuesto a hacer, como lo demuestran sus últimas movilizaciones a la Corte Suprema y el acto de la Federación de Box, orientados exclusivamente al reemplazo de Daer por Viviani, un hombre de Miguel, en la cúpula de la CGT. En este punto, el levantamiento sin fecha del Confederal dejó sin eje, nuevamente, al MTA.


 


Semejantes oscilaciones son la causa de permanentes choques internos entre Camioneros, la UTA y la UOM. El ascenso del gremio de camioneros (movilizaciones, cortes de rutas) no encuentra una salida en el marco de la estrecha política de su dirección; tampoco los trabajadores de Metrovías o los del transporte, afectado por una crisis impresionante.


 


La izquierda


 


Frente a una situación caracterizada por la tendencia objetiva y subjetiva de la clase obrera y las masas explotadas a la lucha, la izquierda acentuó sus características democratizantes y su tendencia a las combinaciones electoralistas sin principios.


 


Las manifestaciones son abrumadoras:


 


Su adaptación justificatoria a la directiva de Aten (CTA) durante la huelga docente de Neuquén y, en particular, su apoyo político a la dirección de Aten Capital, a la que presentaban como una dirección combativa y clasista. Estas direcciones docentes traicionaron la huelga, levantándola sin obtener ninguna de las reivindicaciones, precisamente en el momento en que la movilización de toda la provincia había puesto al gobierno al borde del nocaut. La traición de estas direcciones fue completa: el levantamiento de la huelga, además, dejó aislados a los piqueteros de Cutral Co, que habían salido a cortar las rutas en apoyo a los docentes. La izquierda democratizante calificó el acta capituladora que firmaron las burocracias de Aten para levantar la huelga como una "victoria" (aquí también debe incluirse al Pts, que le concede a la burocracia haber obtenido algunas de las reivindicaciones planteadas).


 


Su política frente al Sitramf, el Sindicato de Trabajadores Mecánicos de Fiat, que surgió en Fiat Auto de Córdoba luego de la gran lucha del 96 (con ocupación de planta incluida) contra el convenio Fiat-Smata y la burocracia de Rodríguez-Campellone. En relación a la lucha de los mecánicos cordobeses, "la izquierda (democratizante) no quiere fijar una posición propia de oposición a la absorción del Sitramf por parte de Lorenzo Miguel; es decir que no defiende la independencia del Sitramf. No lucha por su reconocimiento; no lucha por la formación de una Interfabril en el Smata-Córdoba; no lucha por la expulsión de Campellone del Smata, es decir por la completa derrota del convenio Fiat-Smata, que debe ser un objetivo estratégico para toda la clase obrera" (6).


 


La izquierda apoyó la estrategia de la Directiva encabezada por Carlos Gallo de incorporar el Sitramf a la UOM (como seccional Ferreyra) … mientras la UOM boicoteaba los paros convocados en Fiat por la reincorporación de los activistas despedidos, con la excusa de un futuro (nunca concretado) plan de lucha nacional. Esto le permitió a la patronal seguir promoviendo despidos de activistas y avanzar en la aplicación del convenio Fiat-Smata, sin encontrar ninguna resistencia sindical.


 


Su activo boicot a la lista docente salteña integrada por los mejores activistas del gremio y encabezada por militantes del PO, y la conformación de una lista de toda la izquierda con el único objetivo de impedir una victoria clasista en el principal gremio de la provincia.


 


Su oposición a conformar Interfabriles en Córdoba, en la Zona Norte del Gran Buenos Aires que sirvieran como puntos de apoyo a los fundamentales conflictos que se desarrollaban.


 


Su política frente al acto del 1º de Mayo, donde se negó a que el lugar protagónico lo jugaran las organizaciones de fábrica o sindicales que habían promovido las principales luchas de los últimos meses. Así, se enfrentó a la unidad de acción común de las organizaciones obreras combativas, partidistas y no partidistas, que hubiera servido para desarrollar la conciencia de clase de las organizaciones no partidistas y para romper el aislamiento pequeñoburgués de la izquierda democratizante.


 


Su hostilidad a la conformación de un polo obrero y de izquierda, de oposición al ménemo-duhaldismo y a la Alianza en las elecciones.


 


Su movimientismo, es decir, su tendencia a la auto-degradación, a la búsqueda de su rescate por el centroizquierda y su desprecio al programa.


 


El extraordinario retraso del Mst para romper con la directiva traidora de Aten Capital, de la cual formaba parte: recién cuarenta días después del levantamiento de la huelga y con el argumento de que "la dirección traicionó" … lo cual suena como una excusa torpe después de que apoyó toda su política durante la huelga y calificó el acta capituladora como una "victoria".


 


La política del Ptp en Siderca, que dejó pasar sin lucha el despido del principal miembro de la Interna. Peor aún, se negó obstinadamente a una acción común con Atlántida, en ese momento en conflicto, que hubiera sido la base para la formación de una Interfabril en la Zona Norte.


 


La participación del Pc y de la Cpl en la lista única de la burocracia degennarista en las elecciones de la CTA.


 


La subordinación política del Ptp a la CTA y al MTA.


 


El frentismo descompuesto del Mst y del Pc, de cúpula, de espaldas a las masas y subordinado a los banqueros de la jubilación privada.


 


El abstencionismo del Ptp, que apenas disimulaba su apoyo a la Alianza.


 


La tendencia a la disolución política del Mas.


 


El contraste con la política del PO es rotundo.


 


Nuestra oposición política a la directiva de Aten Capital, desde mucho antes que comenzara la huelga docente (por su traición a la lucha de los desocupados, a los que calificaba de "lúmpenes"), sentó las bases para una política independiente durante la huelga, para la denuncia del acta de la traición en el mismo momento en que ésta era firmada, para la masiva oposición de los docentes al levantamiento capitulador de la huelga y para una política de reconstrucción política y organizativa del activismo después de la derrota.


 


Nuestra oposición a la disolución del Sitramf en la UOM y nuestro planteo, con un conjunto de activistas, de "no esperar nada de Miguel", de que "lo fundamental es el plan de lucha de Fiat Auto" y de la necesidad de la convocatoria de una interfabril con los delegados de base y activistas de Ciadea, VW y las autopartistas, "que se constituya en un comando único de los trabajadores automotrices en lucha, para la reorganización de los cuerpos de delegados y la denuncia de los convenios".


 


Nuestra insistencia, verdaderamente obsesiva, en el planteo de la unidad político-reivindicativa de las organizaciones de lucha, partidistas y no partidistas, de la clase obrera (1º de Mayo, elecciones) y el desarrollo de las Asambleas Nacionales de Trabajadores.


 


Por sus programas (nacionalistas, democratizantes, propatronales, cooperativistas) y por su acción política cotidiana (subordinada a la burocracia y a la Alianza; cupular; anticlasista y hostil a la independencia política del proletariado), la izquierda democratizante es un peso muerto. La izquierda no concibe el accionar político fuera de los marcos democratizantes, es decir, fuera de los marcos del Estado burgués.


 


La crisis económica


 


La crisis económica mundial es el principal factor en el inicio de un período de gigantescas convulsiones económicas, sociales y políticas. Fue preparada por la ruptura de todos los equilibrios económicos internacionales, el hundimiento bancario y bursátil japonés, iniciado hace ya cinco años, de un lado, y el endeudamiento y la sobrevaluación de Estados Unidos, por el otro.


 


El actual derrumbe incorpora la confiscación más gigantesca de la historia de los países coloniales y semicoloniales, cuyo epicentro fue la llamada década perdida en los años 80 (entre 1975 y 1990, el producto bruto por habitante en la Argentina, cayó un 25% aproximadamente), y la depredación de las economías del Este europeo a partir del derrumbe del Muro de Berlín y de la liquidación de la Unión Soviética en el inicio de los 90. Este enorme proceso de expropiación no pudo revertir la tendencia al estancamiento de la economía capitalista y dio lugar a un proceso especulativo que no tiene antecedentes en la historia del siglo XX, y concluye ahora bajo la forma de la caída estrepitosa de los mercados financieros del mundo entero.


 


El régimen menemista buscó adaptarse sin ningún tipo de condiciones a estas condiciones mundiales. Si la crisis fuera importada, como dicen los oficialistas, es simplemente porque el propio régimen se vanaglorió de importar lo que consideraba la dinámica propia del mundo moderno. La criminalización de los negocios, la acentuación de las desigualdades sociales y nacionales, la desintegración de los mercados, el despilfarro de los recursos y el uso de la violencia en la captura de posiciones de la competencia, son características salientes de esta fase de descomposición. Mientras las usinas intelectuales del gran capital proclaman que con la globalización el funcionamiento cíclico del capital y sus crisis periódicas quedan abolidos, las tendencias subterráneas de la crisis operan con más vigor que nunca.


 


Derrumbe del plan Cavallo


 


El derrumbe del plan Cavallo comenzó a principios de 1994, cuando el aumento de la tasa de interés en EE.UU. le puso un límite a la entrada del capital especulativo y a la reactivación del consumo basada en la bicicleta financiera y el endeudamiento público. La devaluación mejicana (tequila), de diciembre de 1994, potenció ese derrumbe y provocó una espectacular destrucción de fuerzas productivas. La crisis se manifestó con una caída pronunciada de la producción, una fuga de depósitos bancarios del orden de los 8.000 millones de dólares y un aumento de la desocupación oficial, que trepó al 18,5 %.


 


Esta crisis fue conjurada a través de un acuerdo con el FMI, que obligó al gobierno ménemo-cavallista a aumentar los impuestos al consumo y a armar una red de seguridad bancaria, para evitar el colapso de los bancos. Esta salida elevó el endeudamiento en más de 10.000 millones y, a pesar de los mayores impuestos, el déficit fiscal siguió en ascenso, superando los 7.000 millones de dólares. Los índices de producción industrial que se usaron en ese momento para mostrar la salud del plan Cavallo y la superación del tequila fueron, simplemente, ficticios: la existencia de una masa de millones de desocupados, sin posibilidades de ser reabsorbida, es su mayor refutación. Peor, algunas de las ramas que fueron mostradas como la prueba de la reactivación como la automotriz basaron su recuperación en el comercio administrado con Brasil.


 


La caída de Cavallo se explica por el derrumbe de su plan y por las luchas obreras y populares contra las consecuencias catastróficas del fracaso del plan y de los intentos gubernamentales por salvarlo.


 


Esta crisis abrió un nuevo proceso de confiscación, ya no a través de las privatizaciones de las empresas estatales, sino directamente con el desplazamiento de la gran burguesía argentina de bancos, grupos económicos, compañías de seguros, industrias y campos.


 


Según datos del gobierno, sin incluir las privatizaciones, los capitales extranjeros compraron a burgueses locales 423 empresas de gran porte, que sumaron más de 20.000 millones de dólares desde 1992 a setiembre de 1997, "de los cuales poco menos de 10.000 millones se realizaron durante 1997". En los tres meses siguientes, continuaron las compras, como las de las empresas de Yabrán por parte del Grupo Exxel, de varias compañías de seguros y otros bancos por otros fondos especulativos norteamericanos.


 


Los bancos fueron el destino predilecto de estas compras, lo que revela que la crisis bancaria de 1995 fue resuelta a través de una liquidación general de posiciones de los banqueros locales. Esto arrastró a las AFJP, que ya en un 75 por ciento están en manos de grupos extranjeros, y a las compañías de seguros (desde 1995 en adelante, fueron liquidadas 60 compañías). Una industria clave y tradicional de la burguesía argentina, la alimentación, fue la segunda donde se registraron compras por la monopolización económica que se abrió a partir del Mercosur.


 


A diferencia del período de las privatizaciones, donde el imperialismo europeo tuvo un papel importante, las compras de 1995 en adelante tienen al capital norteamericano en primer lugar. De los 20.000 millones en compras, 8.000 corresponden a grupos norteamericanos, como el Citibank, Exxel, TCI.


 


Aunque la prensa exaltó las suculentas sumas que se llevaron los vendedores, esta liquidación de compañías obedeció a la necesidad de la burguesía nacional de cubrir pérdidas en esos u otros negocios, o a su incapacidad de mantenerse en las nuevas posiciones a las que había ingresado por medio de las privatizaciones.


 


Conviene recordar aquí que, en el Informe Político al Vº Congreso, en enero de 1992, el PO refutó la tesis de que la convertibilidad y las privatizaciones de las empresas públicas a manos de los pulpos nacionales implicaban un fortalecimiento de la burguesía nacional. Y pronosticamos entonces que "al menor problema financiero, los bancos meten la mano en el capital de la burguesía nacional… ".


 


El Frepaso fue una punta de lanza de esta colonización, con el reclamo de seguridad jurídica y de la lucha contra la corrupción, consignas del imperialismo norteamericano para desplazar a los grupos rivales en la conquista de las últimas posiciones privatizadoras. Ahora, que las empresas de Yabrán pasaron a manos de los yanquis, se aprecia el trasfondo político-económico de toda la campaña frepasista y de la Alianza contra Yabrán.


 


La prensa argentina y mundial mistificó el proceso de inversión en Argentina. Un análisis de la Secretaría de Industria desmiente las cifras que se adjudican a la llamada inversión directa, cuando dice que "el stock de capital total en Argentina muestra tasas de crecimiento del 3,6% durante la década del 70. Durante los 80, esta tendencia continuó pero a tasas cada vez menores hasta 1982, año a partir del cual se produce un estancamiento del stock de capital. Recién a partir de 1991, el stock retorna a un sendero de crecimiento con tasas promedio del 2,1% anual. Si consideramos el período comprendido entre 1993 y 1996, el valor promedio de las tasas de crecimiento del stock de capital, asciende al 2,7%" (7).


 


El proceso de privatizaciones, primero, y de absorciones y fusiones, después, no permitió aumentar el stock de capital a tasas superiores a las del 70, con el agravante de que por la caída en la década del 80, en los 90 se partió de un nivel más bajo. El crecimiento es un 40% inferior al de los 70. Significa que la extranjerización de la propiedad ha centralizado capitales pero no ha impulsado una acumulación de conjunto.


 


Una parte de esas compras tiene un carácter puramente especulativo, pues apunta a su posterior reventa. Estas empresas se absorben, normalmente, con fondos del narcotráfico, al que se le ofrece la oportunidad de lavar dinero. Por ejemplo, el Grupo Exxel compró empresas de medicina privada porque van a valer más cuando se complete la desregulación de las obras sociales. Otro fondo, el Newbridge, que compró compañías de seguros, textiles, comunicaciones, declaró que "el objetivo es entrar en sectores con posibilidad de crecimiento rápido para salir en 5 años con un rendimiento atractivo …" (8).


 


Nueva crisis


 


Este ciclo especulativo-confiscatorio agravó el endeudamiento nacional, que trepa a los 150.000 millones, el déficit fiscal 6.000 millones y el quebranto de las cuentas externas 20.000 millones a renovar en 1998.


 


Esos números indican que, de conjunto, no se ha salido de la crisis; peor aún, que la explosividad de este cuadro ha sido agravada por la crisis financiera mundial.


 


La combinación de déficit fiscal y déficit externo plantea un colapso más o menos inmediato de las cuentas públicas. Es que Argentina tiene déficit fiscal a pesar de los extraordinarios ingresos por los impuestos a las importaciones que le originan su balanza comercial deficitaria. Como el gobierno está obligado a cortar importaciones para bajar el déficit de la balanza comercial, inevitablemente se le caerá una parte sustancial de los impuestos de importación, poniendo al desnudo la verdadera dimensión del déficit fiscal.


 


Por esa razón, el FMI plantea que el gobierno tiene que reformar la coparticipación federal. Es decir, sustraerles a las provincias la parte que les corresponde de los impuestos nacionales, para que queden en el Tesoro para afrontar el pago de la deuda. Pero esto provocará el colapso de las provincias, cuyas deudas públicas son enormes. El gobierno tiene que afrontar esta perspectiva de crisis en un cuadro político y económico desfavorable.


 


En pocos días, como consecuencia del derrumbe de las cotizaciones de las acciones de bancos y empresas, la capitalización bursátil (la sumatoria de los valores cotizados en la Bolsa) cayó en 15.000 millones de dólares, expresando de este modo la desvalorización general de activos y capitales, producto directo de la crisis financiera. Bajó la producción automotriz; en noviembre, la producción industrial cayó el 8,7%, se agravaron las dificultades para exportar, subieron los costos de financiamiento, hubo salida de capitales… Por ejemplo, el derrumbe del precio internacional del cobre y del oro anuló, en gran parte, los grandes dividendos que pensaban extraer los grupos que acapararon Bajo de la Alumbrera. Volvieron los choques con Brasil por el comercio exterior y por los subsidios que cada burguesía le da al capital extranjero en la radicación de industrias.


 


El gobierno se vanagloria que la crisis actual no se trasladó al sistema financiero gracias a la extranjerización. Sin embargo, lo cierto es que una parte de estos bancos ha sido duramente golpeada por la crisis financiera internacional, como es el caso del HSBC que compró el Roberts. Estos bancos retiraron divisas de la Argentina para cubrir las pérdidas en Asia.


 


La vulnerabilidad bancaria se revela en un simple hecho: el gobierno amplió en 1.500 millones la red de seguridad financiera y quiere privatizar el Banco Nación para ampliar el fondo anticrisis con el que piensa rescatar a los bancos con problemas de solvencia.


 


Coreanización


 


Por el grado de su vinculación comercial y financiera, ya no se puede hablar de una crisis en Brasil o en la Argentina, sino de un derrumbe de todo el Mercosur. El plan Real es una copia retardada de la convertibilidad. Así, todo el Mercosur se convirtió en un campo especulativo formidable, lo que se traduce en un endeudamiento regional de más de 400.000 millones de dólares, déficits fiscales del orden de los 40.000 millones anuales y necesidades de cubrir las cuentas externas del orden de los 60.000 millones de dólares (y esto, sin mencionar los enormes déficits de las provincias argentinas y de los estados brasileños). No existe una crisis del Brasil que agrave la potencialidad de la crisis argentina, sino una crisis conjunta de todo el Mercosur.


 


Existe una formidable presión devaluatoria sobre Brasil, lo que se ve en la dolarización superior a los 35.000 millones de parte de la deuda interna, y en la compra de dólares a futuro por otros 15.000 millones. Significa que las reservas del Banco Central do Brasil están hipotecadas. La Unión Industrial trabaja con la hipótesis de que Brasil devaluaría el 15%, y el viceministro Carlos Rodríguez confesó que hay un plan secreto para hacer frente a la devaluación de Brasil.


 


La crisis asiática, y en particular la coreana, marca los pasos del Mercosur. De un lado, las devaluaciones asiáticas al dificultar las exportaciones argentinas y brasileñas a terceros países y facilitar las importaciones de éstos al Mercosur agudizarán el déficit comercial, tanto en un país como en el otro. Pero no se trata sólo de dificultades comerciales: un derrumbe de Brasil planteará, inmediatamente, la perspectiva de su coreanización . Así como en Corea el FMI exigió que se dejara quebrar a la mitad de las empresas y bancos nacionales, lo mismo sucederá en Brasil en relación a los bancos quebrados, las grandes empresas industriales de capital brasileño y a las privatizaciones. En esta dirección, las posiciones que ocuparon en los últimos tiempos los grandes bancos internacionales en la Argentina pueden ser la punta de lanza para su penetración en Brasil.


 


Una devaluación del real pondría en cuarentena a la Argentina y abriría un proceso de fuga de capitales. Los bancos, ahora en manos extranjeras, ya no sólo serían el motor de esa fuga, sino que se anticiparían con la venta masiva de títulos en pesos y acciones. La insistencia del gobierno en poner más plata en el fondo anticrisis revela que trabaja con una hipótesis de catástrofe.


 


La crisis del Mercosur pone en evidencia la incapacidad de las burguesías latinoamericanas de dar una salida, mediante acuerdos comerciales subordinados a los monopolios imperialistas, a la situación de atraso de nuestros países. El carácter internacional de la crisis planteará de una manera aguda la necesidad de las burguesías de oponer a los trabajadores de sus países con los de los restantes países. Pero los trabajadores de la Argentina, de Brasil, de Chile, de toda América Latina, no somos enemigos unos de otros: tenemos los mismos patrones que nos quieren aplicar a todos la misma política de despidos, flexibilización y miseria. Reclamamos a los sindicatos en la Argentina y en Brasil una campaña común y una lucha común contra los despidos y las suspensiones en todo el Mercosur.


 


La burguesía ha fracasado en la tarea de unir políticamente a América Latina esta tarea ha quedado en manos de los trabajadores, que la utilizarán como un arma contra el imperialismo y los explotadores locales. A las maquinaciones impotentes de las burguesías latinoamericanas oponemos la necesidad de la unidad política de los explotados de América Latina, bajo la dirección de la clase obrera en una Federación Socialista de Estados Obreros latinoamericanos.


 


Choques


 


Ante el nuevo escenario de la crisis internacional, el imperialismo reclama abrir un nuevo proceso especulativo basado, esta vez, en la privatización social (salud, educación). Semejante perspectiva de expropiación social y de golpes al movimiento obrero choca con el nuevo cuadro político, caracterizado por el retroceso del menemismo, su fraccionamiento y la división política en la burguesía. Pero la devaluación del real y del peso podrían ser el escenario y la oportunidad para proceder a un nuevo proceso expropiatorio, que esta vez tendría lugar entre los propios grupos extranjeros.


 


No hay que olvidar que el Mercosur es el campo de batalla de fuertes choques entre el imperialismo norteamericano y el europeo. Estos choques se manifestaron claramente en torno a la apertura de las negociaciones por el ALCA.


 


La falta de acuerdo de Brasil con el FMI es también una expresión de este choque. El FMI plantea la devaluación del real, para abaratar las privatizaciones, y la apertura del sistema bancario a los capitales norteamericanos. Sobre esta base considera que podría abrir un nuevo proceso de acumulación y confiscación. El gobierno argentino es una punta de lanza del imperialismo norteamericano en el Mercosur: exige que Brasil vaya al FMI y abra completamente su sistema bancario.


 


En la Argentina, Roque Fernández planteó que la crisis asiática debía ser respondida con la privatización del Banco Nación, el reemplazo de las obras sociales por la medicina privada y la sanción de la reforma laboral flexibilizadora. Esta vuelta de tuerca que reclama el FMI choca, sin embargo, con el cambio en la situación política, abierto por el retroceso del gobierno, por la lucha de los piqueteros y fogoneros, por los choques de posiciones entre las burguesías del Mercosur y por la división política en la burguesía. El llamado inmovilismo del gobierno no es otra cosa que el reflejo de esta combinación de retroceso y división en las clases dominantes.


 


Cómo y qué hacer frente al nuevo escenario de la crisis internacional es un campo de disputa en la burguesía y el imperialismo. Para la gran burguesía industrial que aún conserva posiciones claves, como Pérez Companc y Techint, el gobierno está en piloto automático o sufre de anemia para adaptarse a la nueva etapa. Coincide con el programa de Roque Fernández en cuanto a la flexibilización laboral, pero se opone a la privatización total del Banco Nación y considera que se debe ir de a poco en la inclusión de la medicina privada en el campo de las obras sociales. Este planteo fue formulado a través de la Unión Industrial, que exige la eliminación de los aportes patronales, el apoyo del Estado a las exportaciones, con mayores reembolsos, créditos y el perdón fiscal, y la flexibilización laboral con la eliminación de las indemnizaciones por despido.


 


Pero la realidad del Estado es de crisis fiscal y endeudamiento hasta los tuétanos (al punto que necesita conseguir en 1998 financiamiento por más de 17.000 millones de dólares y pagar intereses superiores a los 7.000 millones). Los reclamos de la burguesía nacional chocan también con el planteamiento del FMI de avanzar en una reforma impositiva que obligue a la burguesía a pagar los impuestos y en una reforma laboral que termine con el trabajo en negro y los contratos eximidos del pago de las cargas sociales. La crisis financiera, además, agravó las contradicciones dentro del Mercosur.


 


El nombramiento de Erman González al frente del Ministerio de Trabajo, la media sanción de leyes para el pago del servicio de cobranzas por parte de las AFJP o la libreta de trabajo rural, que tiene la oposición de la Sociedad Rural, Coninagro y la Federación Agraria, la inclusión por el Congreso en el presupuesto de partidas de promoción industrial en algunas provincias, son concesiones a los sectores desplazados por la convertibilidad, las privatizaciones y la extranjerización.


 


A la luz de este cuadro político y económico, cobra particular fuerza el desplazamiento de Cavallo hacia las posiciones de Duhalde. Un sector de capitales norteamericanos considera que el duhaldismo cuenta con importantes recursos por entregar, como el Banco de la Provincia, los negocios financieros (AFJP, ART, seguros) y varias privatizaciones en danza. Y que dado el mosaico de posiciones contradictorias de la Alianza, el duhaldismo continúa siendo una alternativa de gobierno. Duhalde, además, comenzó a operar una depuración de la Policía, a la altura de las exigencias del imperialismo norteamericano, lo que lo candidatea para 1999.


 


La Alianza ha comenzado a fisurarse en torno de estos puntos. Alfonsín y Terragno cuestionaron el accionar del grupo Exxel, mientras el Frepaso es partidario de blanquear el operativo que desplazó a Yabrán y entronizó a los yanquis. La sucesión menemista continúa abierta y dará lugar a nuevos choques.


 


La deuda externa en los 150.000 millones de dólares; el vencimiento anual de su capital del orden de los 20.000 millones de dólares; la crisis financiera mundial; los cuatro millones de desocupados, indican el agotamiento completo del régimen económico impuesto por el gobierno menemista. Ante el derrumbe de una convertibilidad que se resume en el hipotecamiento financiero al capital internacional y en la creación de condiciones crecientemente gravosas para el porvenir de las masas, planteamos el desconocimiento de la deuda externa usuraria, la necesidad de nacionalizar el comercio exterior y la gran banca bajo control obrero, y el establecimiento de un plan económico nacional en beneficio de los explotados y de un desarrollo económico armónico del conjunto federal del país.


 


El derrumbe del menemismo plantea un cambio de régimen político


 


La derrota electoral del peronismo es una expresión inadecuada, incompleta y todavía parcial, de un proceso político de alcances más generales: el derrumbe del gobierno menemista y del régimen político especial que se puso en marcha con la emergencia dictada en 1989.


 


 


La derrota electoral del peronismo es una expresión inadecuada, incompleta y todavía parcial, de un proceso político de alcances más generales: el derrumbe del gobierno menemista y del régimen político especial que se puso en marcha con la emergencia dictada en 1989.


 


Las puebladas, los cortes de rutas, las huelgas y las grandes manifestaciones de todo el año 97; los choques abiertos entre las camarillas y mafias patronales; la impasse económica; la descomposición creciente de los aparatos judicial, administrativo y policial del Estado, son sus distintas manifestaciones.


 


El derrumbe del menemismo forma parte de una tendencia de orden más general, que ha sustituido a los regímenes derechistas y neoliberales (Major en Gran Bretaña, Juppé en Francia, Berlusconi en Italia) por otros de centroizquierda; en estos casos también está planteada una crisis del régimen político.


 


Crisis del menemismo


 


El gobierno menemista reúne las características de un régimen político especial, que gobierna por decreto sobre la base de un poder de camarilla.


 


El primer esbozo de un régimen basado en los decretos de necesidad y urgencia fue establecido por Alfonsín en su fallido proyecto de reforma constitucional: según ese proyecto, los decretos presidenciales adquirían fuerza de ley por el simple transcurso del tiempo. El segundo paso también fue dado por los radicales, bajo la presión de toda la burguesía y en beneficio de Menem: antes de partir, entre julio y diciembre de 1989, la mayoría radical del Congreso aprobó la ley de emergencia, que autorizó las privatizaciones por decreto y le entregó al Ejecutivo la suma del poder público económico.


 


La convertibilidad y el ingreso de una masa de capitales especulativos que superó los 60.000 millones de dólares dieron su forma peculiar y específica al régimen menemista de gobierno por decreto. Los decretos menemistas respondieron a los dictados y a las necesidades del capital financiero y abrieron camino a la privatización de las empresas públicas, a la privatización previsional y a la destrucción de los convenios y la legislación laboral. Mediante los decretos de necesidad y urgencia, y las atribuciones legislativas que se arrogó el Ejecutivo, los grandes monopolios modelaron conspirativamente esas privatizaciones y evitaron el debate público de un proceso de entrega de características escandalosas. La masiva entrada de capitales y los jugosos beneficios especulativos que permitieron, licuaron las protestas y resolvieron las agudas crisis que se presentaron en ese período (Yomagate, Swiftgate). El movimiento del capital especulativo era lo que daba estabilidad no sólo a la convertibilidad sino también al régimen político menemista en su conjunto.


 


El hundimiento de la convertibilidad, la crisis financiera internacional, la derrota electoral y las luchas de las masas acabaron con este régimen de gobierno por decreto tal como lo habíamos conocido. El fenómeno que convirtió a Menem en árbitro indiscutido ha desaparecido; ahora, Menem está obligado a arbitrar sin la lubricación del ingreso de capitales; al contrario, éstos se fugan. Según un informe reciente (9), el ingreso promedio de capitales externos a América Latina cayó de 8.000 millones (entre enero y octubre de 1997) a 2.000 millones (en octubre); la perspectiva, sin embargo, es la de una fuga neta de capitales, al compás del agravamiento de la crisis internacional.


 


Sin el lubricante de los beneficios especulativos promovidos por el ingreso del capital especulativo, cada decreto da lugar a crisis, choques e impugnaciones, incluso dentro del propio gabinete. La crisis desatada por la privatización por decreto de los aeroparques sólo se diluyó como consecuencia de la venta de las empresas de Yabrán al Grupo Exxel. En otros negocios, como la desregulación telefónica o los DNI, donde el enfrentamiento entre los pulpos competidores (y los gobiernos imperialistas que los apoyan) es brutal, el gobierno está paralizado.


 


La crisis del régimen menemista se manifiesta en el agotamiento de otra de sus instituciones políticas fundamentales: la Justicia, que actuaba como reaseguro y complemento necesario de los decretos de necesidad y urgencia. Salió a la luz la podredumbre de la Justicia privatizada y, por encima de todo, la fractura de la propia Corte Suprema. La crisis planteada alrededor del fallo de la Corte Suprema en la privatización de los aeropuertos y el reclamo del FMI del establecimiento del Consejo de la Magistratura ponen en evidencia que, en este plano, el menemismo está agotado y se plantea una alteración del régimen político.


 


En reemplazo de la manipulación de la justicia exclusivamente por parte de la camarilla menemista, el imperialismo y la Alianza reclaman una manipulación compartida a través del Consejo de la Magistratura. Este organismo fue establecido en la reforma constitucional del 94 y, desde entonces, el menemismo bloqueó su formación; fue reflotado después de las elecciones bajo la directa presión del FMI. El Consejo de la Magistratura es un engendro reaccionario que pone la designación de los jueces que continuarán teniendo un carácter vitalicio, es decir, no sujetos al control popular en manos del Ejecutivo, del parlamento y de las trenzas reaccionarias de los jueces y los grandes estudios de abogados. Como el nuevo método de designación de los jueces sólo regirá para los que se nombren de aquí para adelante, la formación del Consejo de la Magistratura equivale a la convalidación del cuerpo judicial digitado por el menemismo.


 


Nada de esto, sin embargo, ha revitalizado al parlamento. Su impotencia deberá acentuarse no disminuir. El agravamiento de la crisis económica y la consiguiente necesidad de medidas decisivas para proteger los patrimonios amenazados por ella, limitan las posibilidades de un co-gobierno en el parlamento. La agitación de la Alianza en favor de que el parlamento tome las riendas del proceso económico y de privatizaciones es pura demagogia. Esto porque el Congreso sólo está en condiciones de aprobar leyes de tal naturaleza cuando exista un acuerdo entre los distintos pulpos involucrados o afectados … algo ilusorio en momentos en que el agravamiento de la crisis económica exacerba la lucha entre esos pulpos.


 


En consecuencia, no es posible descartar que asistamos, incluso, a una acentuación del recurso a los decretazos de necesidad y urgencia. En particular, si se consideran las consecuencias explosivas que tendría un derrumbe de Brasil y la consecuente necesidad de encontrar la salida de la convertibilidad, es decir, de devaluar el peso. Bajo la urgencia de la crisis, una salida de esta naturaleza no podrá ser tomada por el Congreso; deberá ser el Ejecutivo quien la decrete.


 


En la misma dirección hacia el mantenimiento y aun la acentuación del uso de decretos empujan los intereses de la oligarquía financiera que se ha ligado íntimamente al menemismo y que se beneficia con los despojos de la convertibilidad: el Citibank-Telefónica, el CS First Boston, los bancos que obtuvieron el monopolio de la colocación de la deuda pública en un año en que el gobierno deberá emitir una inmensa masa de deuda nueva para cancelar la vieja.


 


El uso del mismo recurso político los decretos no alcanza a encubrir dos realidades contradictorias: de un régimen estable, en beneficio del gran capital en su conjunto, el menemismo se ha convertido en un régimen de crisis, representante de una muy estrecha oligarquía financiera. "La base social del menemismo se ha reducido (…) a una decena de chupasangres financieros, que conservan el fiel de la balanza mientras van anudando la soga que acabará provocando la bancarrota financiera" (10).


 


La envergadura de la crisis económica, de los enfrentamientos entre los pulpos, las luchas de las masas y la perspectiva del hundimiento de Brasil plantean, incluso, la posibilidad de una caída anticipada de Menem, si se revela incapaz de controlar las condiciones de la crisis.


 


El derrumbe financiero internacional, y en particular de Brasil, deberán agravar la división de la burguesía y la crisis política. La política del Partido Obrero se basa en este pronóstico: la profundización de la crisis política está fuera de cuestión; el único interrogante se limita a su ritmo y a sus alcances últimos.


 


El duhaldismo


 


La creciente rebelión popular no ha afectado aún el monopolio político burgués de la sucesión del menemismo.


 


El agotamiento del peronismo como movimiento de regimentación de la clase obrera detrás de planteamientos nacionalista-burgueses se manifiesta de una manera más aguda en el duhaldismo; lo demuestra el fracaso de Duhalde para evitizar la campaña electoral y su posterior derrota.


 


En función de su ascenso a la presidencia, Duhalde montó el imperio financiero más poderoso del país el Banco de la Provincia de Buenos Aires, al que asoció a la burguesía industrial, al gran capital terrateniente (forman parte de su directorio) y a una fracción relevante del capital financiero internacional, que participa como accionista de la administradora previsional, de la ART, de los negocios de seguros y de salud privada del banco provincial. Más aún, Duhalde anunció un conjunto de privatizaciones las principales, la de Eseba y la apertura del capital accionario del Banco Provincia para hacer todavía más estrecha su asociación con el capital financiero y la patria privatista. Además, tendió un puente a la patria exportadora y al capital financiero que tiene inversiones importantes en la actividad industrial (como el Citibank), al plantear, tímidamente, la necesidad de una política activa.


 


Duhalde concertó, además, un acuerdo político-financiero con el clan de Cavallo que se manifiesta en la venta del quebrado Banco de Crédito Provincial al segundo de Cavallo (Tomás Liendo) con la plata que aporta el Banco de la Provincia. Este acuerdo involucra también al clero, ya que el BCP manejaba los dineros de la Curia y uno de sus principales hombres de confianza lo dirigió hasta su quiebra. Otro cavallista, Carlos Sánchez (ex viceministro de Economía), fue designado presidente del Banco de la Provincia. Inmediatamente después de este acuerdo, Duhalde dio un golpe en el Congreso del PJ, desplazando de su conducción a la camarilla menemista, lo que le permitirá fijar la fecha de las elecciones internas para la designación de los candidatos para el 99.


 


La manifestación más directa de la lucha desesperada que ha emprendido el duhaldismo para superar su crisis es el acuerdo con el imperialismo norteamericano para reformar a la policía bonaerense. Esta reforma pretende llevar a cabo un desmantelamiento parcial y controlado para proceder, entonces, al rearme político y represivo. Sin embargo, al dividir las jefaturas policiales según los distritos judiciales, deja en pie el meollo del aparato policial actual: el entrelazamiento de la bonaerense con el aparato judicial. El fracaso en la reforma policial puede darse por descontado.


 


La Alianza


 


La formación de la Alianza UCR-Frepaso fue precipitada por la crisis de régimen del menemismo y por las amenazas que representaban para el sistema las luchas desarrolladas a partir de la huelga docente de Neuquén. En este sentido, es sintomático que las burocracias de la CTA y del MTA, que hundieron la huelga neuquina, fueran los más decididos promotores de la Alianza (el propio Alfonsín reconoció la insistencia de De Gennaro en este sentido).


 


La crisis de conjunto del régimen menemista explica el papel decisivo que tuvieron en la formación de la Alianza el Departamento de Estado norteamericano y los grandes capitalistas que se beneficiaron con el menemismo como Rocca (Techint), Soldati o el petrolero Oscar Vicente.


 


La dependencia social, política e ideológica de la Alianza UCR-Frepaso de los grandes grupos capitalistas que lucraron con el menemismo se revela en su programa: mantenimiento de la convertibilidad; irreversibilidad de las privatizaciones; flexibilidad laboral; rebaja de las indemnizaciones por despido; pago de la deuda externa y sometimiento al FMI; privatización del Banco Nación; atomización de los sindicatos; mantenimiento de la impunidad a los aparatos represivos de la dictadura.


 


La Alianza, ciertamente, logró encubrir su dependencia de los grandes capitalistas detrás de vaguedades tales como la ética y la transparencia . Ahora, después de la venta de las empresas de Yabrán a los norteamericanos de la Exxel, queda en claro que esa transparencia no es otra cosa que un regateo comercial para bajar el precio a esas empresas en beneficio del imperialismo yanqui. Esto salta a la vista si se considera la complicidad de los dirigentes del Frepaso en las negociaciones, secretas y conspirativas, que llevaron a la venta de las empresas de Yabrán a los norteamericanos. Señalemos las acusaciones de la UCR al Frepaso por el silencio cómplice de éste acerca de las negociaciones Yabrán-Exxel-Departamento de Estado.


 


El agotamiento del peronismo


 


Asistimos a la manifestación más aguda del agotamiento del peronismo como movimiento policlasista.


 


La raíz de la crisis del peronismo reside en la pérdida irreversible de su dominación sobre las masas. Esto se ha manifestado en un enorme retroceso electoral del peronismo en los cordones industriales del Gran Buenos Aires, de Córdoba, de Rosario, de San Lorenzo y en las barriadas y poblaciones obreras del Gran Tucumán. El repudio a la política antiobrera del peronismo en particular, a la desocupación fue la razón que llevó a vastos sectores de la clase obrera a dejar de votar por el peronismo.


 


Un sector de la propia dirección del peronismo entrevió anticipadamente esta pérdida de dominación sobre las masas. No es casual que haya sido el duhaldismo: en el Gran Buenos Aires residen la mayor concentración obrera y, también, el mayor polvorín social de miseria y desempleo de todo el país. Con las manzaneras, Duhalde intentó montar un aparato político capaz de cumplir la tarea que el aparato político tradicional del peronismo los punteros y la burocracia sindical ya no podía realizar: encuadrar y movilizar a las masas. El mejor retrato del agotamiento del peronismo fue el rápido fracaso de esta tentativa: las manzaneras no sólo no lograron movilizar a nadie sino que, además, ellas mismas desocupadas, comenzaron a reclamar un salario como trabajadoras estatales por la tarea asistencial que realizan.


 


En este cuadro, son manifiestas las tendencias del peronismo a su división. Los cada vez más violentos enfrentamientos entre Menem y Duhalde acerca de la re-reelección del riojano son una disputa para determinar cual de las dos camarillas dominará el peronismo. Es cada vez más evidente que la camarilla duhaldista no tolera la tutela del menemismo. Lo mismo ocurre a la inversa, lo que significa que estas disputas son un primer paso en el camino de la división del peronismo.


 


El lanzamiento de la candidatura presidencial de Cavallo, por otra parte, revela que el mediterráneo no se conforma con ser el segundo de Duhalde. Si Cavallo lograra unificar a la burguesía detrás de un planteo de salida a la crisis, su candidatura se convertiría en un fenomenal factor de descomposición del peronismo (y también de la Alianza).


 


Otra expresión de la tendencia del peronismo a su disolución es el pasaje de un grueso sector de la burocracia sindical al campo de la Alianza.


 


Diez años de menemismo y de entrelazamiento y complicidad de todas las fracciones del peronismo, en primer lugar la de Duhalde, con Menem han borrado al PJ como una referencia política para toda una generación obrera, para la cual el peronismo es el agente político de los privatizadores, de los banqueros, de los flexibilizadores, de los responsables de la desocupación y de los asesinos del gatillo fácil.


 


En el seno del proletariado y de las masas explotadas de la Argentina existe un vacío político que la Alianza por su pasado gorila y por sus posiciones abiertamente proimperialistas y antiobreras no puede llenar. En el próximo período, entonces, no sólo se plantea la cuestión del régimen político; se plantea, además, y también de manera objetiva para todas las clases sociales y sus representantes políticos, la lucha por llenar el vacío político que el derrumbe del peronismo ha dejado en la clase obrera.


 


El derrumbe del régimen político menemista y el agotamiento del peronismo miden el acierto de la consigna "Fuera Menem-Duhalde" y su plena vigencia en la actualidad, como orientación frente a un desenlace de la presente crisis política y, por sobre todo, para que los explotados se organicen en forma políticamente independiente de los partidos patronales e intervengan en la crisis sobre la base de su propio programa.


 


Por una lucha común de los trabajadores ocupados y desocupados


 


Las ofensivas patronales que se han desarrollado en 1997 contra grandes bastiones obreros asumirán este año un carácter generalizado, como consecuencia de las brutales repercusiones de la crisis mundial. Las suspensiones y los despidos en las automotrices, y en textiles y alimenticias ligadas al comercio con Brasil, plantean una perspectiva de despidos masivos.


 


El carácter general que tendrá la ofensiva contra el movimiento obrero pone en el primer plano la necesidad de consignas de orden general para movilizar a los sindicatos la asamblea general del Smata o de la UOM, por ejemplo, que hemos lanzado ante las primeras suspensiones y amenazas de despidos y la lucha por poner en pie Interfabriles, Coordinadoras y Congresos de Delegados de Bases que asuman la dirección de la lucha y planteen la perspectiva de una superación práctica de la burocracia sindical.


 


El principal problema de las masas lo constituye la desocupación, que afecta a alrededor de cuatro millones de trabajadores, incluida una parte importante de la clase media, y la amenaza de despidos y suspensiones como consecuencia del agravamiento de la crisis mundial.


 


La reivindicación más perentoria frente a esta situación es el reparto de las horas de trabajo disponibles entre todos los trabajadores sin afectar el salario vigente. Ningún despido, ninguna suspensión. Por la ocupación de toda empresa que cierre, suspenda o despida.


 


El destino de los trabajadores desocupados coloca a la sociedad ante la cuestión de quién debe gobernar. El reparto de las horas de trabajo entre todos los trabajadores, sin afectar el salario, no es sólo la única salida posible para los millones de desocupados que han perdido la esperanza de encontrar un empleo. Es, también, el reconocimiento de la sociedad de que las fuerzas productivas y la productividad del trabajo humano han alcanzado un grado de desarrollo tal que ya no pueden coexistir con la organización social capitalista sin provocar una catástrofe permanente. Es el reconocimiento de que para poder emplear a los millones de desempleados, es decir, para utilizar el potencial productivo que ha acumulado, es necesario liberar a las fuerzas productivas de la obligación de producir un beneficio privado.


 


La solución de la cuestión del desempleo plantea la necesidad de una completa reorganización social de la sociedad y, en consecuencia, del ascenso al poder de una nueva clase social, capaz de llevarla adelante: el gobierno de los trabajadores.


 


La crisis mundial ha acentuado brutalmente la presión de la burguesía por imponer su posición histórica respecto del derecho laboral: que el salario debe estar determinado por el rendimiento cotidiano del obrero. A partir de aquí se deriva la abolición de los contratos colectivos, el alargamiento de la jornada de trabajo, el pago por primas, la posibilidad de reducción de los salarios y el salario diferenciado por labores de igual calificación, la eliminación de las categorías, el fraccionamiento de las vacaciones y, por supuesto, la eliminación de la indemnización por despido, o sea la estabilidad laboral.


 


En oposición a la exigencia de superexplotación ilimitada de los capitalistas, la clase obrera reivindica la remuneración de la fuerza de trabajo sobre la base de una jornada de trabajo de duración determinada, por ejemplo, las ocho horas. Se trata de un principio de la economía política del proletariado en las condiciones del capitalismo, porque postula la remuneración de la fuerza de trabajo sobre la base del tiempo fijo que destina el trabajador a la producción social. Este límite a la explotación capitalista representa para la clase obrera una medida de defensa contra la degradación social y por la posibilidad de su progreso moral.


 


La perspectiva de un aumento de la desocupación como consecuencia de los despidos y suspensiones va en paralelo a los intentos gubernamentales de restringir o limitar los planes Trabajar, como consecuencia de las exigencias fondomonetaristas de austeridad fiscal. La masividad que han adquirido estos planes 400.000 en todo el país, incluyendo sus distintas variantes provinciales; nueve de cada diez empleos creados en los últimos seis meses ponen en evidencia que el gobierno no pudo acabar con las puebladas sin echar lastre. Pero este lastre, claro, tiene una naturaleza capitalista: se trata de empleos transitorios, flexibilizados al 100%, sin sindicato, sin obra social ni jubilación, con una retribución miserable y contraprestación laboral, que pretenden establecer un piso (en términos de salario y de condiciones de trabajo) para todo el movimiento obrero.


 


La conjunción de nuevos despidos y restricción de los planes podría replantear las puebladas, incluso a una escala superior . El régimen ha agrupado y concentrado a los desocupados con la formación de cuadrillas de trabajadores empadronados en los diversos planes, que han comenzado a elegir a sus delegados y a enarbolar diversas reivindicaciones. Por otra parte, la adjudicación de planes es aún ínfima en relación a la masa de desocupados: el ingreso de algunas camadas de éstos a los planes suele multiplicar, en cada barriada, los reclamos por el ingreso de nuevos trabajadores. Todo esto plantea un conjunto de reivindicaciones inmediatas, dirigidas a asegurar que ningún desocupado quede fuera de los planes; que pasen a las plantas permanentes de los municipios con igual salario que los trabajadores estables; por la obra social y el derecho a la jubilación, vacaciones y aguinaldo. Pero, en un orden más general, la crisis pone de manifiesto el cuño procapitalista de los planes y replantea las reivindicaciones históricas de este movimiento: el subsidio de 500 pesos a todos los desocupados mayores de 16 años y el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, para impedir que la desocupación masiva sea utilizada como un ariete contra el salario y las condiciones de trabajo de los empleados.


 


La emergencia de organizaciones de desocupados en todo el país y el agravamiento de la crisis ocupacional plantean la posibilidad de convertir al movimiento de los desocupados en un vasto movimiento de masas de alcance nacional. Una centralización nacional potenciaría enormemente al movimiento, al permitirle plantear consignas de orden nacional contra la desocupación y oponerlas directamente al gobierno nacional.


 


La perspectiva de la unificación nacional de los movimientos de desocupados sólo puede progresar de la misma manera que han progresado las actuales comisiones y coordinadoras regionales: en función de organizar iniciativas de lucha. Los planteos de un corte nacional de rutas (¡todos juntos y al mismo tiempo!) o de una marcha nacional de desocupados a la Plaza de Mayo serán los motores que permitirán desarrollar y organizar nacionalmente al movimiento de los desocupados.


 


Para el obrero ocupado, su principal preocupación es la pérdida del empleo; para el desocupado, conseguirlo. La consigna del reparto de las horas de trabajo disponibles sin afectar los salarios es el nexo que une la lucha de los trabajadores ocupados contra los despidos y suspensiones, con la lucha de los desocupados. Es por lo tanto, el nervio vital de una política obrera frente a la crisis, que para ser tal debe impulsar sistemáticamente la movilización conjunta de todo el movimiento obrero, sin distinción de gremios, sin distinciones entre ocupados y desocupados.


 


Para imponer las reivindicaciones, hay que preparar las huelgas, los cortes de rutas, los piquetes, las manifestaciones de masas, las ocupaciones de empresas y la huelga general.


 


La tarea estratégica: La construcción del Partido Obrero


 


El desarrollo, la incentivación, la maduración y la generalización de las tendencias revolucionarias que bullen en el seno de las masas explotadas y la construcción de un partido obrero con influencia de masas son un único y mismo proceso político. Si no concluye en la formación de un partido obrero, la recomposición del movimiento de las masas terminará en una nueva frustración. La política de reemplazar la construcción de un partido revolucionario por el movimientismo, es decir, por una amalgama de movimientos sociales de contornos difusos, políticamente indiferenciados, es igual a frustrar la perspectiva de un ascenso victorioso de los trabajadores.


 


El movimientismo desprecia la lucha política y, sobre todo, la lucha por un programa, y endiosa el rejunte, la aglomeración, el sometimiento a la moda política del momento, o sea, evita por todos los medios la delimitación política.


 


El planteo movimientista defiende el frentismo sin principios. El movimientismo es sinónimo de policlasismo, por eso lo han reivindicado todas las tendencias nacionalistas de contenido burgués.


 


Y también por eso, el movimientismo es, sin excepción, el refugio de la izquierda democratizante en las vísperas de acontecimientos revolucionarios.


 


En un país que se ha caracterizado, en el último medio siglo, por la dominación política del Movimiento Nacional Justicialista, la clase obrera conoce de sobra lo que significa el movimientismo: el trabajador no debe intervenir en la militancia política cotidiana (reservada para los carreristas) sino en el sindicato, regimentado por la burocracia, la cual se encuentra, a su vez, subordinada al líder. Los planteamientos movimientistas de la izquierda reproducen el mismo tipo de planteo político: busca encontrar su líder salvador, sea Moyano, Solanas, o el fiscal Molinas.


 


El partido estructura políticamente a la vanguardia en torno a un programa de alcances internacionales e históricos; en cada momento, expone ante las masas ese programa, sus caracterizaciones y las perspectivas políticas del movimiento de los explotados; los debate y establece con esas masas, democráticamente, un plan de acción común. Pero es el partido, como organización política de la vanguardia obrera, el encargado de llevar adelante esas tareas resueltas en común y el que debe rendir cuentas ante esas mismas masas de la lucha que ha librado para llevarlas adelante. De esta manera, la clase obrera puede realizar una experiencia con el partido como organizador colectivo de la clase y como su dirección política. La construcción de un partido obrero revolucionario no sólo es la única vía para tornar conscientes las tendencias revolucionarias que recorren a la clase obrera; es, en sí misma, una completa revolución en las formas de organización política de la clase obrera argentina.


 


La construcción del partido obrero es sinónimo de independencia de clase; es decir, de la posibilidad de que la clase obrera se eleve como caudillo de las masas oprimidas y que, como tal, se candidatee al poder político del Estado. En otras palabras, la construcción de un partido obrero es sinónimo del desarrollo de una alternativa de poder político propio del proletariado frente a la dominación de la burguesía. En la presente etapa política, cuando la clase obrera no ha logrado independizarse políticamente de sus explotadores, la lucha por la construcción de un partido obrero es la forma concreta, práctica y cotidiana que asume la cuestión estratégica de la lucha por el poder.


 


La combinación de una crisis económica de fondo, de la incapacidad del régimen de dar la más mínima solución a los problemas de las masas, de descomposición del peronismo y de pérdida de su autoridad política sobre la clase obrera, de movilizaciones populares que destacan la aparición de una generación obrera de características revolucionarias y de preeminencia política y organizativa de la izquierda revolucionaria, sobre la izquierda derrotista y derrotada, abre una oportunidad excepcional para avanzar en la tarea estratégica de independizar al proletariado de los explotadores y organizarlo en un gran partido obrero.


 


 


Notas:


1 . Prensa Obrera, nº 501, 4/7/96.


2 . En defensa del Marxismo, nº 17, julio de 1997.


3 . Prensa Obrera, nº 409, 22/12/93.


4 . Prensa Obrera, Nº 501, 4/7/96.


5 . Prensa Obrera, nº 542, 5/6/97.


6 . Prensa Obrera, nº 529, 6/3/97.


7 . Secretaría de Industria, Evolución del Stock de Capital en Argentina, diciembre de 1997.


8 . La Nación, 21/12/97.


9 . Clarín, 14/1/98.


10 . Prensa Obrera, nº 572, 22/1/98


 

Aspectos de la actual crisis económica internacional


Intervención en una mesa redonda organizada por la Cátedra de Economía para sociólogos de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (diciembre de 1997)


 


 


La crisis económica internacional que se está viviendo en la actualidad tiene una importancia muy grande, y va a tener con seguridad consecuencias muy profundas en el plano económico mundial, y en el plano ideológico y político. Estudiarla con cierto detenimiento nos va a ayudar a reconstruir el carácter del período histórico que estamos viviendo.


 


En primer lugar, hagamos una breve descripción del escenario de la crisis. Si la tomamos desde un período mayor, podemos decir que, desde aproximadamente fines del 80, hay una serie de estallidos económicos muy significativos que, en la estructura económica capitalista, tienen la importancia suficiente como para estar marcando una tendencia a una crisis general. No hace falta que les mencione, por ejemplo, la caída de una serie de casas bancarias muy importantes como la centenaria Baring, que desapareció como consecuencia de un aparente fraude financiero, en menos de 24 horas. O la crisis de las sociedades de ahorro y préstamo de los Estados Unidos, en la época del gobierno de Reagan, cuyo rescate le consumió al Estado norteamericano una cifra aproximada a los 500.000 millones de dólares, que tuvieron que pagar los contribuyentes norteamericanos. Y digo que no hace falta referirse a ésta y otras manifestaciones más, porque hay una que es la más importante de todas, que es el comienzo de la crisis en el Japón, en 1989, un fenómeno de una envergadura pocas veces vista en la economía mundial. La Bolsa japonesa, con 48 mil puntos en su índice de cotización en 1989, desciende a 15 mil puntos en 1997. Es decir que pierde el 70% de su valor de capitalización en menos de 10 años. Se esfuman exactamente 3 billones 200 mil millones de dólares de la circulación económica mundial.


 


Es decir que cuando decimos 1989, o fines de los 80, nos estamos quedando cortos, porque a principios del 80 se produce en los Estados Unidos una crisis de gran envergadura, porque la potencia económica más importante del mundo está a punto de caer en la hiperinflación, con la subida colosal de precios de finales del gobierno de Carter y principios del gobierno de Reagan, cuando la tasa de interés de los EE.UU. sube al 22% anual. Ustedes se dan cuenta que hay enormes síntomas, todos significativos, todos de conjunto, de una crisis que, más que localizada, es de sistema. Finalmente, tenemos la crisis de la deuda externa de América Latina, que le consume toda la década del 80, sin que aún se encuentre resuelta. Este es el escenario amplio en el cual se integra la crisis que comienza a principios de este año (1), que tiene su primera manifestación con la crisis tailandesa y va a arrastrar al conjunto de los países del Sudeste asiático.


 


Previsiones


 


Quiero destacar, porque ustedes verán la importancia que tiene para algunas conclusiones finales, que es absolutamente falso que alguna organización internacional, sea el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, o los grandes institutos de la banca internacional, haya previsto la crisis asiática. Y les voy a dar dos pruebas. Una que me consta personalmente, pero que se puede verificar objetivamente, y otra más objetiva todavía. La que me consta a mí es que cuando se produjo la devaluación en Tailandia me llegaron las publicaciones del FMI a las cuales estoy suscripto y una de ellas se refiere a Tailandia. El estudio demostraba, esto en abril, que Tailandia estaba irreversiblemente lanzada a convertirse en una gran potencia a finales del siglo XX y principios del XXI. Mientras leía el informe por un lado, y el Clarín por el otro, para decirlo en forma muy prosaica, el contraste no podía ser mayor, porque Clarín decía que nadie daba dos mangos por Tailandia.


 


Pero la prueba más interesante está en el hecho de que cuando los organismos internacionales abordan la crisis tailandesa, declaran que la crisis está confinada a Tailandia. El FMI organiza un préstamo internacional de 14 mil millones de dólares a condición de que el gobierno tailandés deje caer o declare formalmente en bancarrota a la mitad de su sistema financiero. Pero a caballo de estas medidas, la crisis se expandió a Filipinas, Malasia, Singapur e Indonesia. Para Indonesia no fueron ya necesarios 14 mil millones de dólares, sino 40 mil millones de dólares, y el reclamo de que se llevara a la quiebra al conjunto de las industrias indonesias ligadas al Estado y a la familia del presidente Suharto. Pero la crisis es hoy más profunda todavía. Ustedes pueden ver en este desarrollo la fenomenal imprevisión política y económica de los grandes institutos encargados de la regulación de la economía mundial. Y más allá de esto, cuando la crisis desborda a estos países y se traduce en un derrumbe en la bolsa de Hong Kong, en 24 horas la bolsa de Nueva York cae de una manera desconocida desde la crisis de 1987, ocasión en la que perdió medio billón de dólares en una sola jornada. Este es el escenario de la crisis mundial que estamos discutiendo ahora.


 


Caracterización oficial


 


¿Cuál es la interpretación oficial de este escenario? ¿Cuál es la interpretación de Roque Fernández, del FMI, del presidente de la banca central norteamericana, la Reserva Federal? La interpretación oficial de la crisis es que se trata de la crisis del llamado modelo asiático de capitalismo, por lo cual no tiene un alcance internacional, o como se dice ahora, no tiene un alcance sistémico. No solamente esto, sino que al atribuirle al capitalismo asiático características antagónicas al capitalismo central dominante, más que una crisis sistémica sería el equivalente a un derrumbe de la URSS en Asia, o sea, el último modelo que resistía al modelo norteamericano de acumulación capitalista.


 


No sería una derrota para el capitalismo, y aunque es una crisis, es más bien una oportunidad. ¿Cuál es este modelo asiático? ¿Qué es lo que simbolizaría? El entrelazamiento intenso entre la industria y la banca, la ausencia de separación entre el sistema bancario y financiero de un lado, y la industria, del otro. Y por otro lado, el entrelazamiento también profundo del Estado nacional con la banca y con la industria. La consecuencia de este entrelazamiento es que a través de los mecanismos del presupuesto, de los mecanismos de coacción económica del Estado, y de la canalización del ahorro por los bancos, el desarrollo industrial adquirió un ritmo vertiginoso y se transformó en una sobreinversión económica en gran escala. En una palabra, este modelo llevó a un nivel tal de sobreinversión, que el mercado no podía absorber la producción sin producir un derrumbe general de los precios y un derrumbe general de los beneficios y, por lo tanto, un derrumbe general del capital sobreinvertido.


 


Los capitalistas y los gobiernos de Inglaterra y los Estados Unidos dicen no, nosotros no operamos de esta manera. Tenemos por ahora separada a la banca comercial de la banca de inversión; tenemos separada por ahora a la industria de la banca y de las finanzas; se trata de una separación institucional, no económica, porque a través de la bolsa, por ejemplo, el sistema financiero invierte en el sistema industrial comprando acciones, y este último coloca sus excedentes de dinero en la especulación cambiaria. 


 


Pero esta interpretación no sirve. Primera objeción sobre la interpretación oficial. Durante 30 años esta misma interpretación explicaba porqué las naciones pobres y raquíticas del Sudeste asiático, violentadas por la Segunda Guerra, se habían transformado en tigres económicos. Adjudicaban ese crecimiento, precisamente, a la unidad entre la banca, la industria y el Estado. Destinan la plata a invertir, decían; no especulan, no andan timbeando en la bolsa, compran máquinas, luego exportan, es decir, es un capitalismo dinámico, mucho más dinámico que el norteamericano. Pruebas al canto, Japón crecía a una tasa anual del 9% y los EE.UU. lo hacían al 2%. Surcorea crecía por momentos a una tasa anual del 11% e Inglaterra crecía a una tasa vegetativa del 1 ó 2%. El mundo occidental estaba en decadencia, el mundo asiático estaba en ascenso. El capitalismo asiático había encontrado la llave de la valorización ininterrumpida.


 


Sin que se les mueva una pestaña, lo que era la llave del progreso económico la han transformado ahora en la causa fundamental del derrumbe económico. Lo cual no sería criticable, dialécticamente hablando, es decir, a condición de que se rescate la unidad. A ver si me explico. Si yo acepto esta explicación del modelo asiático, como unidad, tanto del ascenso como del derrumbe, estoy explicando sistémicamente que el ascenso conduce al derrumbe. Así sí. Pero esta explicación destruye el mito del capitalismo asiático y lo asimila al capitalismo en general. Pero si separo esta contradicción y destaco las virtudes del capitalismo asiático cuando va para arriba, y sus defectos cuando se derrumba, no estoy sacando ninguna conclusión de orden global, sino haciendo una manipulación ideológica.


 


Crisis internacional


 


La segunda reflexión es la sorprendente interpretación oficial de dar una explicación regional cuando se ha hecho una campaña feroz acerca de la globalización. Después de explicar durante diez años que estamos tan atados económicamente que nadie puede tomar una decisión sin mirar el movimiento de los mercados internacionales, cuando hay que explicar un derrumbe financiero-industrial de esta magnitud, dan una explicación particular, peculiar, regional o nacional, e incluso cultural, porque ustedes saben, se le atribuye al capitalismo asiático peculiaridades que tienen que ver con la historia y la cultura de Asia, y hasta con la religión y el modo de ser familiar …


 


Como ustedes pueden imaginar, ésta es una interpretación interesada, dirigida a velar el alcance de la crisis, y ya en función de intereses económicos en disputa, dirigida a hacer prevalecer una determinada salida. Es que aun si este modelo asiático está sobreinvertido, lo está como consecuencia de un gran endeudamiento en el mercado internacional. Si ellos están sobreinvertidos es porque alguien puso la plata para que sobreinvirtieran. Y con excepción de Japón, que es un país acreedor, las demás naciones del Sudeste asiático tienen colectivamente 890 mil millones de dólares de deuda externa. Es decir que la sobreinversión ha sido financiada en los mercados internacionales de capitales no asiáticos, y si esta sobreinversión financiada con deuda quiebra, naturalmente tiene que quebrar también el que ha financiado esta inversión. Donde quiebra un deudor quiebra un acreedor.


 


La prueba más rotunda de que no se trata de una crisis del modelo asiático es que la nación más sobreinvertida de todas, no sólo respecto a Asia, sino respecto a cualquier otro país, la que está más cerca del colapso característico de la sobreinversión, es los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque mientras Japón tenía una bolsa que valía 48 y hoy vale 16, es decir que sufrió un proceso de volatilización del capital, la bolsa de Nueva York hizo el movimiento contrario, pasó, para mantener la analogía, de 16 a 48. En la actualidad, la bolsa de Nueva York está extremadamente sobrevaluada, lo que quiere decir que el rendimiento en la bolsa de Nueva York es una fracción ridícula del beneficio, el 2% anual, con tendencia decreciente.


 


No quiere decir que el rendimiento de las empresas norteamericanas no sea todavía alto, o que no crezca. Por ejemplo, una empresa norteamericana puede estar ganando, digamos, 20 dólares al año y no 2. Si el capital que tiene invertido en maquinarias, materias primas, recursos tecnológicos, trabajadores, le costó al momento de su instalación o al momento de su reposición, digamos 100 dólares, si gana 20, tiene un 20% de beneficio. Pero en la bolsa de Nueva York esa fábrica cuyo costo de reposición es de 100 dólares, está cotizando a 1.000 dólares. Por lo tanto, el que compra una acción en la bolsa y paga mil dólares, cuando le dan los 20 de beneficio al finalizar el año le están dando el 2% del capital y no el 20%. Es decir, el país que se encuentra más afectado por esta crisis de sobreinversión es los Estados Unidos. Esto explica que el día 27 de octubre, pocas horas después de la caída de la bolsa de Hong Kong, se produjera un derrumbe generalizado en la bolsa de Nueva York. En realidad, en Nueva York está el epicentro de la crisis, porque ahí se encuentra, además, la mayor parte de los accionistas y especuladores que le han prestado dinero a Asia, no solamente norteamericanos, sino también europeos y japoneses.


 


Por ejemplo, el Chase Manhattan Bank, uno de los que más mueve en la bolsa de Nueva York, le prestó dinero a Brasil, a la Argentina, al Sudeste asiático. En el balance de octubre de este año, el Chase registra una pérdida de 200 millones de dólares en un solo mes. Es decir, que como consecuencia de la crisis mundial, el Chase no les va a dar a sus accionistas ni el 2% de beneficios. Probablemente, los accionistas, en lugar de recibir un beneficio, vean una caída de las acciones del Chase Manhattan Bank, y por lo tanto una pérdida del capital invertido. Es decir, el epicentro de la crisis son los Estados Unidos. Eso es lo que le da a la presente crisis un carácter extremadamente ágil.


 


Que haya una crisis de sobreproducción y de sobreinversión, cuando los niveles de miseria y pauperización, anteriores a la crisis, se han extendido en el mundo (también en los EE.UU. y en Inglaterra), demuestra que estamos ante una gran crisis de sociedad, es decir, universal. En un período histórico en que se acrecientan las necesidades sociales, el capital mundial ingresa a una fase de aguda bancarrota. Mientras las masas del mundo viven la sequía, el capital mundial vive la inundación. Esta irracionalidad del sistema en su conjunto es naturalmente percibido por las distintas clases sociales.


 


Ideología


 


Otra conclusión importante de esta crisis.


 


Con el derrumbe asiático y la crisis de Nueva York se produce una crisis, también, en la apología o el fetichismo con que se ha presentado la cuestión del mercado en los últimos 20 años.


 


Porque, ¿qué es el mercado en la teoría económica vigente? La forma más racional de asignar los recursos. Y la crisis es la demostración de lo contrario. El que invirtió en acero se equivocó, porque hay demasiado acero; el que lo hizo en automóviles se equivocó, la oferta o la capacidad de producción de automóviles internacional excede en 30 millones de automóviles a la demanda mundial. La Renault acaba de cerrar, en Bélgica, en la ciudad de Vilvoorde, una de sus fábricas más modernas, que tenía dos años de vida. Nadie puede decir que la cerró por obsoleta, la cerró porque aunque es la más moderna, la más computarizada y la más robotizada, hay demasiados automóviles. Por lo tanto, el mercado no se ha revelado como un asignador racional sino irracional de recursos. Pero al mercado lo mueven capitalistas en búsqueda de la mayor tasa de lucro, es decir, que es el capitalismo el que asigna irracionalmente los recursos disponibles y el que obliga a destruir la riqueza que se ha creado, aun en forma capitalista.


 


La crisis monetaria


 


Pero esta crisis que se presenta como una sobreinversión ha sido detonada por otra circunstancia de la mayor importancia. Me refiero a la crisis de todo el régimen monetario internacional de los últimos 10 ó 15 años. Este régimen se caracterizó por la subordinación de todas las monedas nacionales al dólar en una escala nunca vista antes, es decir, por el sometimiento de los regímenes monetarios de cada país a la política de la Reserva Federal de Estados Unidos. Este régimen fomentó el gran período de especulación internacional, permitiendo, desde el punto de vista de la política monetaria, las subas de las bolsas, las deudas externas, la gigantesca ola de inversiones financiadas con créditos. La subordinación al dólar dio una relativa garantía internacional a la especulación en las diferentes monedas nacionales. Pero para que esto funcione adecuadamente, esta moneda que obra como garantía de valor de la circulación internacional tiene que ser una moneda realmente internacional. Y aquí sí, si ella fuera una moneda auténticamente internacional, la teoría de la globalización sería correcta. Pero el dólar es antes que nada la moneda de los EE.UU. de América, que es un arma de la burguesía norteamericana en la lucha y la concurrencia con los capitales de los demás países. No es una moneda universal.


 


Como consecuencia de esto, las monedas de los mercados donde la especulación se hizo más intensa empezaron a sobrevaluarse, a tener un valor que no les permitía realizar las exportaciones en el mercado mundial. La polarización entre Estados Unidos y Japón se acentuó al extremo: el dólar sobrevaluado y el yen subvaluado; la bolsa de Nueva York en ascenso, la de Tokio en picada con Europa partida por el medio: Francia, Alemania y los Países Bajos del lado de la moneda fuerte, el resto del otro lado. Esta contradicción quebró el proceso asiático, pues las monedas de estos países estaban atadas financieramente al dólar, pero su comercio está atado al Japón. Las devaluaciones asiáticas son la primera manifestación de una ruptura internacional de las monedas nacionales con el dólar, de una amenaza al recule del dólar como moneda que actúa ante la financiación internacional, por la competencia de los países que devalúan sus monedas. La especulación, en vez de valorizar los capitales, derriba las bolsas, derriba los capitales, produce un repliegue del capital especulativo, repliegue del dinero de la circulación mundial, y como consecuencia de esto, desarrolla una crisis industrial.


 


El capitalismo no puede darse a sí mismo esa universalidad a la cual pretende ficticiamente. El capital sigue siendo una forma de apropiación de la riqueza nacional y particular. No es ni colectiva, ni es internacional.


 


Quiere decir que las consecuencias más serias de este fenómeno se van a manifestar en los EE.UU., que se ha valido del hecho que el dólar es una moneda internacional, para subsidiar a todas sus industrias y pagar el déficit de cuenta corriente con emisión de dinero y la creación de una gigantesca deuda internacional en dólares. Asistimos a una crisis de consecuencias internacionales muy importantes, porque no ha sido fabricada en Asia el otro día, sino que es la consecuencia de un largo desarrollo que data desde la segunda guerra mundial.


 


La salida


 


¿Cuál es la línea de salida del capitalismo mundial a esta crisis? ¿Qué es lo que ellos piensan como salida? La línea que se han dado está en el acuerdo que han firmado con Corea. A Corea le han prometido 55 mil millones de dólares, pero se exige que separe a los bancos de la industria y que permita el derrumbe de la mitad del sistema bancario coreano. Y no sólo que la industria vaya a financiarse al mercado mundial (y no que sea financiada o subsidiada en el país), sino además exigir un corte drástico tanto de las inversiones coreanas en el país como en el exterior. Significa que el FMI, controlado por los EE.UU., plantea como una línea de salida eliminar a otro competidor en el mercado mundial, copar el mercado coreano, copar el mercado asiático. Por eso, otra medida del acuerdo es que en Corea se autorice el ingreso de capitales extranjeros en la Bolsa y en todas las áreas, para que ese capital extranjero se compre a los capitales que están en quiebra y se colonice a Corea en beneficio del capital norteamericano. Esta es la línea de salida de la crisis.


 


¿Cuál es la objeción a esta línea de salida de la crisis? Para Roque Fernández y el viceministro Carlos Rodríguez, esta salida sería una maravilla, porque sanea la situación coreana, sanea Singapur, Indonesia, y da al capitalismo un nuevo aliento, una nueva perspectiva. Es decir que, en el mismo momento que el capitalismo proclama sus límites, es decir, que no puede seguir acumulando sin hacer pasar a la humanidad por la experiencia de una gigantesca destrucción de riqueza, busca sobrepasar ese límite precisamente mediante esa destrucción.


 


Pero la otra cara de este problema es que llevar a la quiebra a los monopolios asiáticos significaría admitir la quiebra, parcial al menos, de sus acreedores internacionales. La consecuencia de semejante política, va a ser trasladar las quiebras a los EE.UU. Es decir, están jugando con fuego. Pero el capitalismo no puede actuar sino de esta manera; el capitalismo no puede, ante una crisis de la concurrencia, actuar de otra manera que procurar acelerar esa crisis y copar el mercado dejado por el concurrente. Y al actuar de esa manera, sin embargo, está poniendo en peligro el conjunto del sistema económico. Porque ese concurrente es un deudor de acreedores a los cuales, si deja de pagar, los va a llevar, a su vez, a la quiebra, y a una retracción del mercado mundial.


 


Del destino que tenga esta salida, que se dé parcial o totalmente la expectativa del FMI o que se dé éste u otro desarrollo, depende que sigamos en un período de inestabilidades crecientes o que entremos en una fase de deflación a largo plazo, como la de 1930, en donde las quiebras desencadenaban nuevas quiebras y ninguna medida económica que tomara el Estado lograba revertir la situación. Y una experiencia de crisis como la de 1930, con posterioridad a 1930, la constituye Japón. Desde 1990 se inició una crisis que se mantiene hasta hoy, habiendo fracasado todas las medidas de intervención económica drásticas que se tomaron para levantar la producción, en ocho años. Como consecuencia de esto, la deuda pública pasó de cero a 1 billón de dólares, a fuerza de inyectar dinero en la economía. Y el producto bruto interno japonés cayó, en el segundo trimestre de este año, en un 11,2%. Después de la caída de los EE.UU., en 1930, de un 25%, ésta es la caída más grande que haya conocido una nación capitalista industrializada. Como ven, un escenario fenomenal.


 


Conclusiones


 


Dos conclusiones para terminar. Primera conclusión, cuando uno mira todos los países que están en crisis, descubre que desde el punto de vista de lo que el FMI reclama como país estable, todos son diferentes. Y sin embargo, se cayeron igual. Brasil tiene un déficit fiscal descomunal. ¿Cuál es la causa por la cual Brasil va a devaluar y se va a ir a una crisis tremenda? El déficit fiscal. Eso dice el FMI. ¿Y Corea? Corea tiene superávit fiscal, y se fue a la crisis igual. ¿Cómo es esto? Ah, pero Corea tenía déficit comercial. Y Japón tiene superávit comercial. Entonces, hay que tener superávit fiscal y superávit comercial. ¿Y Chile? Porque una de las grandes mentiras que se dicen acá, es que Chile está ajeno a la crisis mundial. Es una mentira total, la moneda chilena, en los últimos 10 días, se ha devaluado un 15%. Tiene superávit fiscal y superávit comercial.


 


Marx tenía razón y el FMI está equivocado… La sobreinversión es una tendencia económica del capital, no una medición contable de las cuentas nacionales. Puede ser financiada desde el exterior y crear una deuda externa o puede ser financiada internamente y crear un endeudamiento interno. Por ejemplo, un país que tiene un elevado ahorro nacional, ¿no va a tener crisis? Sí, la puede tener. Tendrá una sobreinversión, superior o no al ahorro nacional, si después no puede colocar esa producción en el mercado mundial o interno. Por ejemplo, Chile tiene superávit comercial y fiscal, pero desde el momento que se cayeron todos los países de Asia, el precio del cobre bajó desde 1.100 a 700 dólares la tonelada, y Chile enfrenta ahora una crisis de sobreproducción aun antes de conocer un déficit del comercio exterior. Esto es muy significativo. Ustedes van a leer que uno de los grandes logros de esta Argentina menemista es que ahora Catamarca saca oro y cobre, y que la empresa de la mina de Bajo La Alumbrera va a batir todos los récords en materia de producción de oro y cobre, justamente ahora que está bajando el precio del cobre y del oro. Todo el mundo, ahora, quiere vender oro y cobre, en el preciso momento que cae la demanda de oro y de cobre.


 


Este desmentido completo del análisis macroeconómico oficial, del FMI, de la Cepal, va a producir una crisis ideológica descomunal a nivel de los organismos financieros internacionales, que deben pautar las regulaciones económicas. El FMI ha salido a rescatar un montón de economías y ha comprometido en ese rescate 150 mil millones de dólares, la casi totalidad de sus recursos. Si cae Brasil, el FMI no tiene más plata. Es decir que ahora hay que rescatar al equipo de salvamento. El FMI no puede operar ahora como organismo de rescate. La ficción de la comunidad internacional defendiendo la estabilidad de algunas economías, queda al desnudo viendo a los funcionarios de EE.UU. recorriendo todos los países en provecho de sus capitales monopólicos, para decirles directamente cómo deben actuar. Es decir que va a saltar toda esta ficción de democracia internacional que se pretendió montar luego del derrumbe del muro de Berlín.


 


Crisis políticas


 


Todas las naciones van a sufrir el tipo de crisis política que caracterizó a la década de 1930. Esto ocurre en Corea, o en Indonesia, donde se insinúan movimientos nacionalistas, al ver que desde el exterior les dicen que hay que cerrar fábricas, que hay que cerrar empresas y que hay que dejar a la gente en la calle, lo cual ya está llevando a un movimiento de huelgas generales, de incendio de fábricas, ocupaciones de características muy fuertes. Esta es una primera conclusión…


 


Pero para que en las últimas dos décadas pasadas se haya producido una expansión tan grande de la circulación internacional, no sólo fueron necesarios ciertos mecanismos económicos, sino que fue necesario, a su vez, que el capitalismo reforzara la confianza política en sí mismo. Sin confianza política no se habría podido asistir a tal expansión del capital especulativo internacional. Por lo tanto, uno puede fácilmente decir que la solución que se le dio a la crisis alemana, en 1990, cuando como consecuencia de la caída del muro de Berlín, Alemania occidental absorbe a Alemania oriental y el capitalismo mundial resuelve la crisis política más importante de la posguerra en beneficio suyo; esa solución es la base económica de la expansión especulativa de la última década.


 


No es que considere negativa la caída del muro de Berlín, lo considero un hecho maravilloso y auspicioso, rico para el futuro; lo que digo es que la crisis que abrió la caída del muro de Berlín, la aprovechó el capitalismo, no la clase obrera de Alemania ni del mundo. Era una oportunidad también para la clase obrera, pero no la aprovechó; lo cierto es que el capitalismo resolvió eso, y resolvió también el problema de los países del Este.


 


Entonces, al capitalismo se le presentó lo que para los marxistas fue siempre la gran salida para el capitalismo, la colonización de Rusia, de China y de Europa del Este, países que habían escapado al control de la economía mundial capitalista como consecuencia de los procesos revolucionarios que vivieron… El mercado ruso, en principio, resuelve la crisis capitalista de sobreinversión. Frente a la dimensión del mercado a abastecer, habría una subinversión. Habría que reconstruir las fábricas en Rusia, meter plata, hacer caminos, reconstruir la industria nuclear, hay un campo de inversión en Rusia que le podría dar vida al capitalismo muchos años más. ¿Y China? Otros muchos más. La liquidación de la Unión Soviética, de China, etc., se plantea como una salida para el capitalismo.


 


Pero claro que no es una salida indolora. Es una salida dramática, profunda. Requiere medios despóticos, brutales. Pero el imperialismo no cuenta, todavía, con los medios políticos para imponer esa salida. Y hoy, Rusia es de todos, el país más golpeado por esta crisis mundial, que sufre un retroceso económico de niveles espeluznantes. Después de una década en que se le abrió al capitalismo su mejor perspectiva del siglo, tenemos, no una salida al capitalismo, sino una situación de derrumbe económico de las plazas financieras más importantes del mundo y la perspectiva de una crisis mundial. Esta crisis mundial es uno de los elementos que marcan una reversión de la tendencia económico-política que se inició con la unificación de Alemania en beneficio del capitalismo mundial. Porque esta crisis demuestra la impasse de la restauración capitalista en Rusia, la impasse de la restauración en China y pone en movimiento a gigantescas masas humanas que en Asia y América Latina van a luchar contra las consecuencias sociales del capitalismo. Esta es una de las pruebas políticas más serias … va a producir, como consecuencia, toda una revisión de pautas culturales e ideológicas, de comportamientos, etc., porque los problemas de la historia los resuelve la propia historia. Es decir, no los resuelve el discurso …


 


La última conclusión tiene que ver con nuestro entorno próximo. La tentativa de abrir un desarrollo en nuestro país por medio del Mercosur ha fracasado. Porque el derrumbe de Brasil es inminente, 20 mil obreros de la Volkswagen en estado de asamblea, caída vertiginosa de la producción automotriz, crisis económica. Los capitalistas han concebido una salida nacional en términos puramente comerciales. Y lo que América Latina necesita para salir, es una planificación democrática, ordenada, rica, de la totalidad de sus recursos, y ésta es una tarea política. No es una tarea comercial, es política. Eso no lo puede hacer la burguesía que tiene rivalidades entre sí; la burguesía argentina y la burguesía brasileña no se animan siquiera a defenderse en común. Entonces, se plantea una audaz tarea en América Latina, porque como no se puede volver atrás de los mecanismos económicos que se han armado, no se puede volver a la Argentina pre-Mercosur, o al Brasil pre-Mercosur, y para la burguesía adelante no hay nada, no hay señalamiento alguno, esta crisis plantea el problema de la unidad política de América Latina, y ésta es una tarea de los trabajadores …


 


Al tomar estas dos conclusiones, les estoy señalando dos tiempos en el análisis de la crisis. El puramente económico, que depende de factores que tienen que ver con la especulación mundial, etc., pero que también tienen que ver con la política. Y otro más amplio, porque las consecuencias de esta crisis económica se van a hacer sentir a través de los años y, por lo tanto, tiene que ver con soluciones de tipo estratégico.


 


Seriamente les digo que, en la medida que puedan, hagan el esfuerzo de seguir la marcha de esta crisis mundial, porque realmente es una experiencia única para esta generación poder vivir tan al detalle, poder vivir como dicen ahora en tiempo real, el derrumbe capitalista. Los pueblos ya no aguantan vivir en este sistema, y aquí fueron señaladas una serie de cosas que limitan a esos pueblos para encontrar una salida.


 


Una verdadera crisis es cuando la crisis de los de abajo se conjuga con la de los de arriba, cuando los modos de articulación de los de arriba se quiebran y ello empuja a toda la sociedad a plantearse una salida, sí o sí. La gran apuesta de esta generación es encontrar esa salida.


 

150 años del Manifiesto Comunista


El Manifiesto Comunista fue publicado por primera vez hacia fines de febrero o inicios de marzo de 1848, en Londres. Como fue establecido por Bert Andreas, es probable que el propio Marx haya llevado los originales de Bruselas, su residencia en el exilio, para Londres, en la última semana de febrero de 1848. La urgencia fue dictada por la estallido (día 22) de la "Revolución de Febrero" en Francia. El Manifiesto había sido encomendado, tres o cuatro meses antes, por la Liga de los Comunistas, al propio Marx.


 


El Manifiesto y 1848


 


Cuando El Manifiesto fue encomendado en noviembre de 1847, todos creían que Europa estaba a las puertas de una revolución. A pesar del sentimiento general de urgencia, Marx, aparentemente despreocupado, se demoró en entregar el documento. Hacia fines de enero, la dirección de la Liga de los Comunistas, residente en Londres, envió a Marx una carta impaciente: "Informamos que el Comité Regional de Bruselas deberá comunicar inmediatamente al ciudadano Marx que si el Manifiesto del Partido Comunista, cuya redacción él mismo consintió en realizar, no llegara a Londres hasta el martes 1º de febrero, las mayores medidas serán tomadas contra él. En caso que el ciudadano Marx no escriba el Manifiesto, el Comité Central exige la inmediata devolución de los documentos que le fueran cedidos por el Congreso (de la Liga)".


 


La carta estaba firmada por Bauer, Schapper y Moll, tres obreros alemanes exiliados en Londres, que por entonces eran dirigentes de la Liga. El Manifiesto coincidió con el inicio de la esperada revolución. Ella estalló en Suiza, se expandió rápidamente a Italia y París, luego hacia Renania, Prusia y, enseguida, hacia Austria y Hungría.


 


En realidad, el levantamiento revolucionario europeo de 1848 era largamente esperado. Como afirma Eric J. Hobsbawm: "La catástrofe de 1846/1848 fue universal, y la disposición de ánimo de las masas, siempre dependiente del nivel de vida, tensa y apasionada. Un cataclismo económico europeo coincidió con la visible erosión de los antiguos regímenes. Un levantamiento campesino en Galitzia en 1846; la elección de un Papa liberal en el mismo año; una guerra civil entre radicales y católicos en Suiza hacia fines de 1847, ganada por los radicales; una de las constantes insurrecciones autonomistas sicilianas en Palermo a inicios de 1848… Todo eso no era polvo y viento, sino los primeros rugidos de la tempestad. Todos sabían eso. Difícilmente una revolución haya sido más universalmente pronosticada, aun sin determinar en qué país y fecha daría inicio. Todo un continente aguardaba, presto para transmitir las primeras noticias de la revolución, de ciudad en ciudad, a través de los hilos del telégrafo" (1).


 


La Liga de los Justos y el Comunismo


 


El término "comunista" merece una explicación. En la época, el "socialismo" era considerado una doctrina burguesa, identificada con los distintos esquemas reformistas experimentales y utópicos de los ideólogos pequeño-burgueses. Los comunistas eran aquellos que estaban claramente a favor del derrocamiento revolucionario del orden existente y del establecimiento de una sociedad igualitaria. El comunismo de aquella época se originaba de una rama de extrema izquierda del jacobinismo francés, representado por Graco Babeuf (I) y Felipe Buonarroti (II).


 


La Liga de los Justos estaba compuesta por trabajadores, principalmente artesanos alemanes exiliados, localizados en Londres, Bruselas y París, y en algunas partes de Alemania. No se trataba de obreros modernos trabajando en grandes fábricas mecanizadas. Sin embargo, fueron atraídos por las concepciones de Marx y Engels acerca de la naturaleza de la sociedad capitalista moderna. La Liga de los Justos usaba en su bandera el eslogan "¡Todos los Hombres son Hermanos!". Cuando abrazó las concepciones de Marx y se transformó en Liga de los Comunistas, adoptó el llamado del Manifiesto: "Trabajadores del mundo, ¡uníos!".


 


La vieja Liga de los Justos ofrecía la particularidad de que, como federación, era secreta, aun cuando sus secciones (de Francia, Alemania, Bélgica y la "Asociación de Obreros Alemanes", grupo formado por Schapper, residente en Londres) eran legales y actuaban a plena luz del día.


 


En el seno de la "Asociación de Obreros Alemanes", habrían de enfrentarse las dos concepciones, pues uno de sus miembros más influyentes, Wilhelm Weitling (que era entonces el jefe espiritual de la Liga de los Justos, y que no tardó en ser alejado de la Asociación), apenas admitía una forma de propaganda, la de las sociedades clandestinas de conspiradores, en tanto Marx exigía que se pusiese fin a la propaganda secreta y que se transformasen las limitadas agitaciones subterráneas en un vasto y visible movimiento de masas.


 


De acuerdo con Emilio Frugoni: "A causa del Congreso de Viena (III) surgió todo ese florecimiento de sociedades secretas que minaba el terreno de la vida política y social del continente europeo. En Francia, como ya dijimos, las asociaciones blanquistas eran una forma de carbonarismo (IV). La Liga de los Justos surgió de la Liga de los Exiliados. Estos eran intelectuales emigrados de diversas naciones. Algunos artesanos que habían ingresado en esa Ligue des Bannis acabaron separándose de los intelectuales y formando la Liga de los Justos. Compuesta casi exclusivamente por obreros, ella luego se transformó en socialista, tendencia que se desarrolló por completo con el golpe de fuerza ensayado por los blanquistas en 1839, en el cual tomaron parte algunos miembros de la Liga" (2).


 


Marx y la Liga


 


En realidad, la Liga se hizo "comunista": de acuerdo con David Riazanov, se trataba del "socialismo revolucionario, el comunismo, que la burguesía bautizó con el nombre de blanquismo, derivado de Auguste Blanqui" (3), quien encabezó el frustrado levantamiento de mayo de 1839. Marx en París (donde residió desde fines de 1843 hasta el 5 de febrero de 1845, cuando fue expulsado por sus colaboraciones con el Vorwärts y partió para Bruselas) se mantuvo al margen de las sociedades secretas. No adhirió a la "Liga de los Justos", a pesar de frecuentar sus reuniones en la calle Vincennes, según un informe de la policía prusiana, y a pesar de la estima que tenía por los artesanos comunistas, en cuanto hombres y luchadores. "Entre ellos, escribió en 1844, la fraternidad no es una palabra vacía, sino una realidad, y toda la nobleza de la humanidad irradia de esos hombres endurecidos por el trabajo", en quienes Marx admiraba "el gusto por el estudio, la sed de conocimientos, la energía moral, la necesidad de desenvolvimiento". Invitado por la Liga de los Justos a adherirse a ella, Marx se afilió recién a inicios de 1847. Fueron establecidos nuevos estatutos, cuyo primer artículo decía: "El fin de la Liga es el derrocamiento de la burguesía, el reino del proletariado, la supresión de la antigua sociedad burguesa fundada en el antagonismo de clases y el establecimiento de una nueva sociedad sin clases y sin propiedad privada".


 


La Liga fue reorganizada para tornarse democrática, luego que Marx y Engels exigieran que se suprimieran de ella todo aquello que favoreciese la "superstición autoritaria". Se puso fin a todo tipo de conspiración, que requería métodos dictatoriales de dirección, y la actividad de la Liga se concentró en la propaganda pública, por lo menos cuando eso era posible. El Congreso aprobó la publicación de una revista, cuyo único número apareció en setiembre de 1847, con el título de Revista Comunista. En ese número aparece sustituido el antiguo lema de la Liga: "Todos los Hombres son Hermanos", por aquel indicado por Engels a sugerencia de Marx, y que sería el grito de guerra con el que habría de cerrarse el Manifiesto: "Proletarios de todos los países, uníos". Así se llegaba al fin del proceso evolutivo que había conducido a la Liga desde el comunismo idealista de los artesanos alemanes, o el comunismo "filosófico y sentimental" de Weitling; desde "la mezcla de socialismo o comunismo franco-inglés y de filosofía alemana que constituía la doctrina secreta de la Liga", según las palabras del propio Marx, a "una observación científica de la estructura económica de la sociedad burguesa, único fundamento teórico sólido" para sustituir la aspiración de realizar "un sistema utópico cualquiera, por una participación consciente en el proceso histórico de la revolución social que se verificaba bajo nuestras narices".


 


Conspiración y Comunismo


 


Ya desde mucho antes de su adhesión a la Liga, Marx y Engels eran conocidos como comunistas, como lo revela este informe de la policía alemana, del 14 de febrero de 1846: "Tres jefes comunistas alemanes, entre quienes se encuentra Karl Marx, están preparando la edición de 8 volúmenes sobre el comunismo, su doctrina, sus conexiones, su situación en Francia y en Inglaterra. Los otros dos colaboradores son Engels y (Moses) Hess, conocidos comunistas, el primero de los cuales llegó aquí desde Suiza. La obra será publicada en la imprenta de Der Deutsche Steuermann de París" (4).


 


El pasaje de las "sociedades secretas" a las sociedades obreras comunistas fue un complejo proceso histórico. Según Bert Andreas: "La Liga de los Justos debía algunos trazos de su organización secreta (como el concepto de comunismo) a las sociedades secretas neobabeuvistas, con las cuales las comunas de la Liga en París tenían estrechas relaciones. Los miembros de la Liga estaban obligados a difundir los principios, hacer nuevos reclutamientos, fundar asociaciones oficiales de obreros y artesanos… Fue solamente en los grandes centros de la Liga, en París y Londres, y más tarde en Ginebra, donde las comunas tuvieron una existencia y una actividad continuas, apoyándose siempre en asociaciones obreras paralelas".


 


El cambio tuvo su epicentro en Inglaterra, donde el desarrollo industrial era más avanzado y la actividad de la clase obrera más abierta. La Convención General de las Clases Obreras de Gran Bretaña, primer parlamento obrero, convocada a principios de 1839 por los cartistas, había discutido públicamente durante meses la organización de la huelga general como medio de conquista del poder. El horizonte político de los Justos de Londres fue ampliado considerablemente. El mismo Andreas sostiene que "existía ahí una clase obrera nacida de la fábrica, que hacía valer sus reivindicaciones a través del poderoso movimiento cartista; había libertad de reunión y de asociación; había en aquel lugar numerosos obreros y artesanos de todos los países europeos, exiliados políticos franceses, alemanes, italianos y polacos de todas las opiniones. (La Liga tenía) a pesar de ser el elemento germánico fuertemente preponderante, un carácter internacional".


 


Simultáneamente, un segundo proceso, esencial, tenía lugar: "Al tiempo que la antigua desconfianza en relación a los intelectuales comenzaba a desaparecer entre los obreros y sus representantes, y el proletariado va a buscar sus armas intelectuales en la filosofía, los filósofos descubrían en los obreros, en esos bárbaros de nuestra sociedad civilizada, el elemento práctico de la emancipación del hombre. Después de la rebelión de los tejedores de Silesia en junio de 1844, Marx declaraba, en Vorwärts, que Alemania no podía encontrar el elemento activo de su liberación sino en el proletariado " (5).


 


La influencia del Cartismo


 


Tomando en consideración esta historia, se vuelve comprensible el fragmento del Manifiesto consagrado a la "actitud de los comunistas frente a otros partidos obreros": "Ella estaba dictada por el estado del movimiento obrero en aquella época, particularmente en Inglaterra. Los cartistas que habían ingresado en la Liga, lo hicieron con la condición de que pudiesen mantener la ligazón con el partido. Su intento era organizar una especie de núcleo comunista en el cartismo, para allí expandir el programa y los objetivos de los comunistas" (6).


 


La influencia del movimiento cartista fue, por lo tanto, decisiva para el surgimiento del "comunismo obrero". El cartismo, a su vez, testimonia el impetuoso surgimiento de la clase obrera en el escenario social europeo. Ya hacía tiempo que esta enorme fuerza social, en pleno proceso de formación, no se limitaba al plano defensivo o a la actividad puramente sindical, sino que también se proyectaba a la acción política. En enero de 1792, ocho hombres fundaron el London Corresponding Society, que se organizó en grupos de treinta miembros, basada en una contribución financiera accesible a los obreros. Hacia fines de ese año, la sociedad contaba ya con tres mil miembros. Sus objetivos: sufragio universal, igualdad de representación, parlamento honesto, fin de los abusos contra los ciudadanos humildes, fin de las pensiones otorgadas por el parlamento a los miembros de las clases dirigentes, menor jornada de trabajo, disminución de los impuestos y entrega de las tierras comunales a los campesinos. En esa misma época, el libro de Tom Paine, Los Derechos del Hombre, defendía a la Revolución Francesa y a la Independencia americana, atacando a la monarquía inglesa a favor del republicanismo. Publicado en inglés, céltico y gaélico, vendió 200 mil ejemplares en Gran Bretaña, y se transformó en el "manual universal del movimiento obrero".


 


En 1795, los dirigentes de la sociedad fueron apresados y ésta comenzó a decaer. Pero ella fue, sin duda, el antecedente de la primera gran organización política obrera, el cartismo inglés, así llamado por basarse en la Carta del Pueblo, proclamada en 1838. La reforma electoral de 1832, arrancada por la burguesía industrial a la monarquía, elevó el cuerpo electoral de 400 mil a 800 mil miembros: satisfacía los intereses de la burguesía, de ahí en más dueña del poder político, pero no al proletariado, pues sobrevivía el voto calificado (ligado a la propiedad). En 1836, los obreros condenados en revueltas anteriores fueron indultados, y comenzaron a regresar a Inglaterra.


 


En ese contexto, la Carta es proclamada y organizada en 1838: voto universal y secreto, abolición de la calificación (abolición del voto por nivel de renta), remuneración para los miembros del Parlamento (permitiendo el ingreso en él de trabajadores), nivelación de los distritos electorales, parlamentos anuales (control más efectivo y revocabilidad de los representantes). En base a este programa democrático, el cartismo organizó manifestaciones de masas y hasta una huelga general, en 1842, que abarcó a más de 50 mil obreros y que inauguró la práctica de los "piquetes móviles", después mundialmente difundida. En 1847, la última ola de actividad cartista conquistó la jornada de 10 horas: la primera victoria histórica de la clase obrera fue producto de un movimiento claramente político.


 


Alrededor de 1848, el movimiento cartista ya estaba despedazado y derrotado. No obstante, su importancia histórica puede ser medida por el hecho de haber lanzado y haber dado una base de masas a dos reivindicaciones centrales del proletariado, que tendrían importancia decisiva en la estructuración contemporánea de la sociedad inglesa, y de las sociedades capitalistas en general: a) la reducción de la jornada de trabajo; b) el sufragio universal y secreto.


 


Reformismo y Utopismo


 


El cartismo anticipó los debates posteriores del movimiento obrero, al escindirse en dos alas: 1) el ala partidaria de la fuerza moral, confiada en una alianza con sectores de la burguesía y en la presión moral de la justeza de sus reivindicaciones, que los llevaría a la victoria; esta ala basaba su acción en el Sur de Inglaterra, donde predominaban los viejos trabajadores artesanales; 2) el ala partidaria de la fuerza física, responsable por la organización de las huelgas y convencida de que sólo la acción directa de los obreros la llevaría al triunfo; su base de reclutamiento era el Norte industrial, especialmente los obreros de Manchester, núcleo de la revolución industrial y del proletariado fabril moderno. La Carta anticipó debates posteriores sobre reformismo y revolución.


 


Según Wolfgang Abendroth, en este período "los trabajadores se consideraban parte de las camadas populares de la nación, y permanecían prisioneros de esa ideología. Su privación de derechos sólo podía ser eliminada exigiendo para todos los ciudadanos el mismo derecho en determinar la actividad del poder político, de modo que no se abusase del Estado en provecho de unos pocos. Reclamaban para sí mismos los derechos de libertad correspondientes al derecho natural. Pero no eran capaces de colocar exigencias diferentes al pensamiento de los demócratas burgueses radicales" (7). En la práctica, en realidad, estuvieron bien lejos de eso.


 


El desarrollo social y político de la clase obrera creó las bases sociales para la superación del "socialismo" hasta entonces existente, tanto en Francia (Saint-Simon, Fourier) como en Inglaterra (Owen). El término "utopistas", aplicado a estos tres visionarios, fue así explicado por Engels: "Si los utopistas fueron utopistas, es porque, en una época en la que la producción capitalista estaba aún tan poco desarrollada, ellos no podían ser otra cosa. Si fueron obligados a extraer de sus propias cabezas los elementos de una nueva sociedad, es porque, de una manera general, estos elementos no eran todavía bien visibles en la vieja sociedad; si se limitaron a apelar a la razón para lanzar los fundamentos de su nuevo edificio, es porque no podían, aún, recurrir a la historia contemporánea".


 


En la propia Francia, el socialismo no basado en la lucha de clases tuvo su continuación en el trabajador artesanal zapatero Pierre-Joseph Proudhon, quien en La Organización del Crédito afirmaba: "Lo que precisamos, lo que reivindico en nombre de los trabajadores, es la reciprocidad, la igualdad en el cambio, la organización del crédito". El crédito gratuito era la solución del problema social: con él, los trabajadores "comprarían" su libertad del capitalista. "La propiedad es un robo", había afirmado Proudhon contra el capitalismo, proponiendo un sistema mutualista, basado en la gratuidad del crédito. Pero fracasaron sus tentativas de organizar un Banco de los Trabajadores (por la lógica concurrencia de los bancos capitalistas). Como dice George Lichteim, "no se trataba de un sistema socialista, por carecer de un planeamiento central, y menos aún era comunista. ¿Qué era? Tal vez, apenas la peculiar visión que Proudhon dio del socialismo". A pesar de criticarlo, Marx vio en Proudhon, un zapatero, la demostración de la capacidad de pensamiento independiente de la clase obrera.


 


Otro francés, Louis Blanc (V), por su parte, proponía que el Estado remediase el problema social. En La Organización del Trabajo, criticaba la economía individual, sosteniendo que la economía colectiva (la fábrica) acabaría por imponerse. "El Estado Popular debe regular la producción". Para eso, crearía Oficinas Nacionales mixtas (privadas y estatales), a fin de que todos pudiesen tener trabajo. "La concurrencia llevará a la transformación social pacífica", afirmaba, rechazando explícitamente todo acto de violencia revolucionaria. Y completaba: "La revolución social puede ser alcanzada, tal vez con mayor facilidad, a través de la colaboración entre los obreros y la burguesía". Para esto, un instrumento: el sufragio universal (Estado Popular). Fue con referencia a estos dos últimos que Marx (en Miseria de la Filosofía, de 1847) afirmó que "el ideal correctivo que gustarían de aplicar al mundo no es sino el reflejo del mundo actual. Es totalmente imposible reconstruir la sociedad sobre la base de una sombra embellecida de la misma. En la medida en que la sombra se transforma en cuerpo, se percibe que el cuerpo, lejos de ser el sueño imaginado, es apenas el cuerpo de la sociedad actual".


 


De acuerdo con Jean-Christian Petitfils, "ni la reforma electoral, ni el desenvolvimiento del movimiento cartista interesaron a Robert Owen, para quien el sufragio universal era una simple manía popular. En Francia, las oposiciones dinásticas y las aspiraciones republicanas de la oposición, dejaron a Saint-Simon y Fourier indiferentes. Ambos salieron de las pruebas de la Revolución de 1789 bastante decepcionados, por no decir más, sin grandes simpatías por los jacobinos o por los babeuvistas".


 


El "Partido Comunista Verdaderamente Actuante"


 


Paralelamente a los grandes constructores de sistemas sociales, se desenvolvió otra tendencia, directamente ligada a los movimientos populares. Fue la tendencia radical de las revoluciones democráticas, caracterizada por sus propuestas igualitarias, que fueron paulatinamente designadas con el término "comunismo".


 


Engels rastreó los orígenes de esa tendencia en los primeros grandes levantamientos contra la aristocracia, "en la época de la Reforma y de las guerras campesinas en Alemania, la tendencia de los anabaptistas (VI) y de Thomas Münzer; en la gran revolución inglesa, los levellers; y, en la gran Revolución Francesa, Babeuf. Y esos levantamientos revolucionarios de una clase incipiente son acompañados, a su vez, por las correspondientes manifestaciones teóricas: en los siglos XVI y XVII, surgen las descripciones utópicas de un régimen ideal de sociedad; en el siglo XVIII, teorías ya declaradamente comunistas, como las de Morelly y Mably. La reivindicación de la igualdad no se limitaba a los derechos políticos, sino también a las condiciones sociales de vida de cada individuo. Ya no se tenía en la mira abolir apenas los privilegios de clase, sino acabar con las propias diferencias de clase".


 


Karl Marx vio en esta tendencia "el partido comunista verdaderamente actuante". En sus Principios de Comunismo, anteriores al Manifiesto, Engels respondió así la pregunta "¿qué es el comunismo?": "Es un sistema según el cual la tierra debe ser un bien común a los hombres. Cada uno debe trabajar y producir de acuerdo con sus capacidades, y gozar y consumir de acuerdo con sus fuerzas". Lo diferenció claramente del "socialismo", "que debe su nombre a la palabra latina socialis. Se ocupa de la organización de la sociedad y de las relaciones entre los hombres. Pero no establece ningún sistema nuevo: su ocupación principal es componer el viejo edificio, esconder sus fisuras, obra del tiempo. Como máximo, como los fourieristas, pretenden construir un sistema nuevo encima de los viejos y podridos cimientos del llamado capitalismo".


 


En el momento más radical de la revolución inglesa del siglo XVII, una mayoría parlamentaria llegó a apoyar a los levellers ("igualitarios" o "niveladores"), quienes procuraban llevar las ideas democráticas a su conclusión lógica, atacando todos los privilegios y proclamando la tierra como una herencia natural de los hombres. Los levellers se concentraban en la reforma política: el socialismo implícito de su doctrina aún se expresaba en lenguaje religioso. Sus continuadores radicales fueron los diggers ("cavadores"), mucho más precisos en relación a la sociedad que deseaban establecer y que, totalmente descreídos de una acción política de tipo normal, sólo confiaban en la acción directa. Pero la revolución inglesa fue victoriosa como revolución burguesa, conciliándose finalmente con la monarquía y eliminando a sus alas radicales.


 


El período más radical de la Revolución Francesa también concluyó con la derrota de su dirección (los jacobinos, dueños del poder entre 1792 y 1794), pero éstos también tuvieron sus continuadores radicales en la llamada "Conspiración de los Iguales", encabezada en 1796 por Graco Babeuf. Como el propio nombre lo indica, esta fracción proponía un programa de propiedad comunal para profundizar la revolución, una especie de socialismo agrario (la industria aún estaba escasamente desarrollada). Y fue menos una conspiración que una continuación de las insurrecciones contra la reacción antijacobina o Thermidor instalada en el poder, las revueltas de Germinal y Prairial (VII). Según Daniel Guérin, Babeuf y sus amigos entraron en contacto con los sobrevivientes de esas insurrecciones, aprobando sus proyectos de poder popular y criticando la debilidad de esas tentativas, su desorganización. Los Iguales constituirían una organización centralizada, cuyo programa criticaba "la ley bárbara dictada por el capital", "que hace mover una multitud de brazos, sin que aquellos que los mueven recojan de ahí los frutos". Según Guérin, en su clásico Bourgeois et Bras-Nus, el perfeccionamiento del maquinismo y el progreso técnico estaban en la base del colectivismo de los Iguales, cuya propuesta política "llegó a lindar con la democracia directa, de tipo comunal y de consejos" (dirigentes electos directamente por la base y permanentemente revocables).


 


La Tradición Comunista


 


Los Iguales fueron derrotados, sus dirigentes presos o como el propio Babeuf guillotinados. En el proceso fueron acusados de jacobinos y terroristas. Pero crearon una tradición, que sobrevivió en poesías y cantos, y en un programa donde se leía: "Un pueblo sin propiedad y sin los vicios y los crímenes a que ella da origen, no tendría necesidad del gran número de leyes bajo las cuales penan las sociedades civilizadas de Europa".


 


No se trató de maquinaciones de grupos al margen de la corriente histórica. La lucha contra el monopolio de la propiedad había sido proclamada por la propia Constitución jacobina de 1793 (VIII) (aunque nunca llevada a la práctica). Aquélla elevó la igualdad al nivel de los derechos naturales imprescriptibles y dejó de calificar a la propiedad de "derecho inviolable y sagrado". Por otro lado, fuera de Francia, "delante de los intelectuales revolucionarios, fueron sobre todo los representantes de la naciente clase obrera los que lucharan por los objetivos de la Revolución Francesa: la solidaridad internacional por la democracia y los derechos del hombre. La lucha contra la coalición de las potencias europeas contra la Revolución Francesa tuvo su base social en Inglaterra, en los oficiales artesanos y en los obreros" (8).


 


La tradición y el programa igualitarista (crecientemente denominado comunista) de la Revolución Francesa fueron transmitidos directamente al movimiento obrero por un sobreviviente de los Iguales, Felipe Buonarroti, descendiente del escultor italiano Miguel Angel Buonarroti, quien escribió un libro: Historia de la Conspiración de los Iguales. En Democracia y Socialismo, Arthur Rosenberg informa que "después de 1830, el libro de Buonarroti era muy conocido entre los obreros. Pertenecía a la literatura popular junto a los discursos de Robespierre y los artículos de Marat" (líderes jacobino-radicales de la Revolución Francesa).


 


Así, como notó Eric J. Hobsbawm, en la década de 1840 "la historia europea asumió una nueva dimensión: el problema social, o mejor, la revolución social en potencia encontraba expresión típica en el fenómeno del proletariado. Sobre la base de una clase obrera que crecía y se movilizaba, era ahora posible una nueva y más significativa fusión de la experiencia y de las teorías jacobino-revolucionarias-comunistas, con las socialistas-asociacionistas". En Francia, el diario democrático Le National atacaba, en 1847, a los "comunistas". Otro diario democrático, La Réforme, le respondía: "Las propuestas económicas de los comunistas están más próximas de nosotros que las de Le National, porque les reconocemos el derecho a la discusión y porque las doctrinas que vienen de los propios obreros son siempre dignas de atención". El "comunismo", por lo tanto, era identificado con el proletariado, como surgido dentro de esa clase, y como su expresión teórico-doctrinaria.


 


En un paralelo notable, pocos años antes, Marx, como editor de la Rheinische Zeitung ("Gazeta Renana"), polemizó con un diario alemán (el Augsburger) que también atacaba al comunismo: "El respondió en síntesis: ustedes no tienen derecho a atacar al comunismo. No conozco el comunismo, pero si él asume la defensa de los oprimidos no puede ser condenado sin más. Antes de condenarlo, es preciso tener un conocimiento exacto y completo de esa corriente. Cuando se fue de la Rheinische Zeitung, Marx no era aún un comunista, pero ya era un hombre interesado en el comunismo como tendencia y como filosofía especial" (9). Las etapas del pasaje de Marx del democratismo radical al comunismo, hacia mediados de la década de 1840, se encuentran registradas en los Anales Franco Alemanes, editados por Marx en común con su amigo Arnold Ruge.


 


Democracia y Comunismo


 


En Inglaterra, hacia finales de la década de 1840, el movimiento cartista se dividió: sus miembros intelectuales y de la clase media se agruparon en la Asociación Nacional para la Reforma Parlamentaria y Financiera; sus miembros obreros, a su vez, apoyaron la Asociación Nacional de la Carta (dirigida por Ernest Jones y George Harney) y la Liga Nacional de la Reforma (dirigida por Bronterre OBrien), ambas de programa socialista. Harney y Jones mantenían estrecho contacto con los obreros y artesanos alemanes exiliados, sobre quienes tenían gran influencia Marx y Engels.


 


En el festival obrero conmemorativo de la República Francesa de 1792, celebrado en Londres en 1845, el manifiesto declaraba que "los demócratas de todos los países desean que la igualdad a la cual aspiró la Revolución Francesa renazca en Francia y se extienda a toda Europa". En su informe respecto de dicho festival, Engels escribía que "actualmente la democracia es el comunismo. La democracia se transformó en principio proletario, principio de masas" (destacado nuestro). Dos años después, en 1847, como ya fue dicho, la Liga de los Justos, que había organizado el festival junto a los cartistas ingleses y otros exiliados, encargó a Marx y Engels la redacción de su programa, que se transformaría en el Manifiesto Comunista, lo que llevó a cambiar el nombre de la Liga.


 


La asimilación entre "democracia" y "comunismo" era propia de la época, y sería superada por la defensa de la dictadura del proletariado concepto erróneamente atribuido a Blanqui que Marx va a realizar después de las revoluciones de 1848, como balance de las derrotas de esas revoluciones (el folleto de Marx Las Luchas de Clases en Francia 1848-1850 registra ese pasaje teórico-programático). Pero aún en julio de 1846, Marx y Engels dirigirán, desde Bruselas, en nombre de un grupo de emigrados alemanes, una declaración de apoyo y de adhesión al líder cartista inglés, OConnor (IX), publicada en la hoja cartista The Northern Star, y firmada "por los comunistas democráticos alemanes de Bruselas, el Comité: Engels, Ph. Gigot, Marx" (destacado nuestro).


 


David Riazanov fuerza el texto y la historia al afirmar que, cuando El Manifiesto asimila la "constitución del proletariado como clase dominante" a "la conquista de la democracia", Marx "se refiere a una democracia proletaria, opuesta a la democracia burguesa" (10). Esto no es verdad: a mediados de la década de 1840, la "democracia" era el movimiento general de lucha contra el statu-quo monárquico-aristocrático prevaleciente. Más allá de eso, Marx y Engels no fueron, antes de ser comunistas, demócratas vulgares. Ellos "proporcionaban por primera vez al movimiento democrático una comprensión real y completa de su tiempo. Las ideas atrasadas e infantiles sobre el desarrollo económico-social del mundo, a las que estaban apegados los líderes democráticos de todos los países antes de 1848", les eran ajenas. Marx y Engels fueron, por lo tanto, "los primeros demócratas que se liberaron completamente de esas ilusiones y del gusto por las experiencias abstractas. Comprendieron su tiempo porque se apropiaron de todo lo que los pensadores de la burguesía tenían que decir de su propia clase. Los economistas ingleses y los filósofos alemanes habían comprendido perfectamente la esencia de la sociedad burguesa moderna. Marx y Engels, al colocar las doctrinas de Ricardo y de Hegel al servicio de la revolución democrática, descubrieron los fundamentos teóricos de los cuales carecían Louis Blanc, OConnor y Mazzini" (11) (X). Pero haciendo esto, Marx y Engels se vieron obligados a superar ese fundamento teórico, esto es, la filosofía clásica alemana y la economía política inglesa, elaborando una síntesis teórico-práctica que dio un nuevo fundamento científico al ya existente comunismo.


 


Historicidad de la democracia


 


El carácter ilusorio de la democracia burguesa ya había sido denunciado por Juan Jacobo Rousseau en el siglo XVIII: "El pueblo inglés piensa ser libre, sin embargo se engaña totalmente. Es libre solamente durante la elección de los miembros del Parlamento: después que éstos son electos es esclavo, no es nada. La soberanía no puede ser representada: consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa. Es ella misma o es otra cosa: no hay término medio".


 


El Manifiesto colocó positivamente la superación de la naturaleza no democrática del Estado constitucional: "La primera fase de la revolución obrera es el advenimiento del proletariado como clase dominante, la conquista de la democracia". Democracia y dominio político de la burguesía son incompatibles, no existe "Estado democrático bajo hegemonía burguesa" e hipotéticamente, bajo hegemonía proletaria, ni dictadura burguesa bajo formas democráticas. La "conquista de la democracia" exige, por lo tanto, una revolución, cuyo primer paso es, como en toda revolución, la destrucción de la máquina represiva que es la esencia del antiguo régimen de explotación, sin lo cual la democracia no pasa de una fachada de dictadura de la clase explotadora.


 


Democracia y comunismo no son idénticos: el proletariado en el poder sólo comienza a efectuar el pasaje hacia la sociedad comunista a través de la supresión de la propiedad privada burguesa y de la progresiva socialización de los medios de producción. "La democracia tiene como consecuencia inevitable el dominio político del proletariado, y ese dominio es la primera premisa de todas las medidas comunistas", escribió Engels en octubre de 1847.


 


Con la sociedad comunista (de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades) se crean las bases para la superación de la alienación política (representación por medio de la burocracia estatal), de la separación entre la sociedad política y civil. Pero, en las palabras del Manifiesto, con la supresión del fundamento de esa separación la propiedad privada burguesa desaparece el Estado Político y, por lo tanto, la democracia, la forma más desenvuelta de ese Estado: "Una vez desaparecidos los antagonismos de clase en el curso de los acontecimientos, y estando concentrada toda la producción en manos de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter político… En lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y antagonismos de clase, surge una asociación donde el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desenvolvimiento de todos" (destacado nuestro).


 


En El Manifiesto, Marx y Engels combatieron anticipadamente la ilusión de los revolucionarios de 1848, para quienes en la base de las diferencias y antagonismos de clase se encontraba la desigualdad política. Consecuentes con eso, cuando el gobierno revolucionario decretó el sufragio universal, ¡también declaró abolidas las clases de la sociedad! (Tal declaración se encuentra ipsis litteris en la proclama del gobierno provisorio francés surgido de la "revolución de febrero" de 1848).


 


La idea de la universalidad atemporal de una forma política (la democracia) presentada como propia de Marx, no tiene nada que ver con éste. Ciertamente, Marx y Engels no despreciaban la lucha por el sufragio universal, aun bajo dominio burgués, de la misma manera que no despreciaban la lucha por aumentos salariales o por la reducción de la jornada de trabajo. El primer partido obrero independiente, el movimiento cartista inglés, había surgido justamente de la lucha por la extensión del derecho al sufragio. 


 


Lo que Marx y Engels hacían era poner de relieve el carácter revolucionario de esa lucha, la cual, por modestas que fuesen sus reivindicaciones iniciales, conducía necesariamente a un enfrentamiento decisivo entre la burguesía y el proletariado. Por eso Marx calificó la obtención de la jornada de 10 horas en Inglaterra, en 1847, como "la primera victoria de la economía política del proletariado". En Francia, en 1848, la lucha por la república acabó colocando frente a frente a la burguesía y a la clase obrera. Las simples reivindicaciones del derecho al trabajo originaron la "Comisión de Luxemburgo" que no pasó de algunos intentos de cooperativización, pero su existencia bastó para que Marx afirmase que "a esta creación de los obreros de París le cabe el mérito de haber revelado desde lo alto de una tribuna europea el secreto de la revolución del siglo XIX: la emancipación del proletariado" (12).


 


Comunismo y Revolución


 


Hasta las revoluciones de 1848, los comunistas, ya una tendencia independiente, se consideraban junto a la "democracia", del mismo lado de la barricada (en el mismo movimiento) contra la reacción feudal y monárquica. "Los comunistas trabajan por la unión y el entendimiento de los partidos democráticos en todos los países", dice El Manifiesto. La democracia revolucionaria (la Montaña en Francia, los Fraternal Democrats en Inglaterra) aún planteaba revolucionariamente sus reivindicaciones, en el sentido de la lucha de las masas contra la aristocracia y de un gobierno independiente de las masas populares, sin diluirlas en una democracia formal, que sólo aspira a la extensión del derecho al sufragio.


 


El desarrollo revolucionario del proletariado, no obstante, llevó a la burguesía a aliarse a la reacción, al precio incluso de sus menguadas aspiraciones democráticas. El liberalismo burgués trajo la revolución, y la democracia radical (la Montaña) fue una caricatura del jacobinismo de 1792-1794. A mitad de camino entre el proletariado y la burguesía su vieja base social, las masas pobres de sans-culottes, se había escindido, de cuyo seno ya surgirá un proletariado socialmente diferenciado, tuvo un papel lamentable en la revolución. Con la derrota de ésta, "estaba liquidada la democracia revolucionaria, tal como la modelara la Revolución Francesa. Ledrú-Rollin (XI), declamando inconscientemente entre las clases, y Raveaux (XII), llevaron al sepulcro lo que había sido fundado por Robespierre (XIII) y Saint Just (XIV)" (13). En su lugar surgió la "democracia pura" (pequeño-burguesa), de la cual Marx dice, en 1850, en la Circular a la Liga de los Comunistas, que "este partido democrático es más peligroso para los obreros de lo que fue el partido liberal", pues, tal como lo constató Engels en 1884 ("[Ella] puede tener importancia, en el momento de la revolución, como la más extrema tendencia de la burguesía, forma bajo la cual se presentó en [la Asamblea de] Frankfurt [en 1848-1849] y que pueda convertirse en la última tabla de salvación de toda la economía burguesa e incluso la feudal. En ese momento, toda la masa reaccionaria se coloca por detrás de ella y la fortalece. Todo lo que es reaccionario se comporta entonces como democrático. Nuestro único enemigo, en el día de la crisis y al día siguiente, es esa reacción total, que se agrupa en torno de la democracia pura"), sólo podría ser un recurso extremo de la burguesía contra la revolución proletaria.


 


La derrota del proletariado y la crisis de la democracia revolucionaria tenían también un contenido positivo: "La derrota de los insurrectos de junio preparaba y allanaba el terreno sobre el cual la república burguesa podía ser fundada y edificada, pero demostraba al mismo tiempo que, en Europa, las cuestiones en foco no eran sólo la República o la Monarquía. Revelaba que la república burguesa significaba el despotismo ilimitado de una clase sobre las otras" (14). Así se va esclareciendo el camino político para el advenimiento del proletariado como clase dominante: "El proletariado se va agrupando cada vez más en torno del socialismo revolucionario, del comunismo (que es) la declaración de permanencia de la revolución, de la dictadura del proletariado como punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que reposan tales diferencias, de todas las relaciones sociales que corresponden a estas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que resultan de esas relaciones sociales" (15).


 


En la lucha por las libertades democráticas (de organización sindical y política), el proletariado defiende su derecho a organizarse contra el capital, su derecho a la vida. Situándose a la cabeza de esa lucha, los comunistas no lo hacen en nombre de un ideal democrático universal, por encima de las clases, que sería común al proletariado y a la burguesía. En la lucha por la defensa y ampliación de la democracia política contra la reacción burguesa, la clase obrera actúa con sus propios métodos (acción directa, huelga general), preparando las condiciones para el derrocamiento de la burguesía. En esas condiciones, "el sufragio universal es el índice que permite medir la madurez de la clase obrera. En el Estado actual, no puede, ni podrá jamás, ir más allá de eso, pero es suficiente. El día en que el termómetro del sufragio universal registre para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán al igual que los capitalistas lo que les resta hacer" (16).


 


En su escrito de octubre de 1937, Noventa Años del Manifiesto Comunista (XV), León Trotsky rescató la interpretación revolucionaria del Manifiesto, contra su deformación democratizante: "El proletariado no puede conquistar el poder dentro del sistema legal establecido por la burguesía. Los comunistas declaran abiertamente que sus fines sólo pueden ser alcanzados a través del derrocamiento violento de todo el régimen social existente. El reformismo procuró explicar este postulado del Manifiesto en base a la inmadurez del movimiento obrero de esa época, y en el desarrollo inadecuado de la democracia. El destino de las democracias italiana, alemana (XVI), y de un gran número de otras, prueba que la inmadurez es el rasgo que distingue las ideas de los propios reformistas".


 


Los Orígenes del Manifiesto


 


El gran antecedente del Manifiesto Comunista son los Principios del Comunismo, redactados por Engels por encomendación de la Liga de los Justos, bajo la forma de preguntas y respuestas (catecismo), en las cuales el comunismo es definido como "el aprendizaje de las condiciones de liberación del proletariado" (17). Así como el Manifiesto, los Principios contienen un "programa de acción" (en verdad, un verdadero programa transicional) de doce puntos, y define claramente que la revolución proletaria no "será hecha en un solo país", ya que "la gran industria, al crear el mercado mundial, aproximó ya tan estrechamente unos pueblos de otros de la Tierra, que cada pueblo depende estrechamente de lo que acontece con los otros… la revolución social no será una revolución puramente nacional. Se producirá al mismo tiempo en todos los países civilizados". Engels fue el primer anti-stalinista…


 


Fue el propio Engels quien sugirió la sustitución de los Principios por el Manifiesto, que podría contener los elementos históricos que el "catecismo" no contenía. De acuerdo con Franz Mehring, la forma de los Principios "había, en todo caso, contribuido para volverlo accesible a todos y no lo contrario. Había sido más apropiado a las necesidades de agitación del momento que el Manifiesto que lo sustituyó; en cuanto al desarrollo de las ideas, los dos documentos coinciden internamente. No obstante, Engels, mostrando hasta qué punto él era escrupuloso, sacrificaría de movida las veinticinco preguntas y respuestas por una exposición histórica: el manifiesto con el cual el comunismo se anunciaría como un fenómeno histórico universal, debería como decía el historiador griego [Tucídides] ser una obra duradera y no un panfleto para ser olvidado tan rápidamente ni bien leído". El Manifiesto posterior, "no contiene una sola idea que Marx y Engels no hubiesen ya expuesto anteriormente. El no revelaba nada; apenas concentraba la nueva concepción del mundo de sus autores en un espejo cuyo vidrio no podría ser más transparente ni el cuadro más circunscripto. A juzgar por el estilo, la forma definitiva del Manifiesto se debe principalmente a Marx, en tanto que Engels, como lo demuestra su proyecto, conocía con la misma certeza las ideas que fueron expuestas, mereciendo plenamente el título de co-autor" (18).


 


El propio Engels reconoció, posteriormente, la paternidad de Marx sobre las "ideas fundamentales" del Manifiesto. Engels, mientras tanto, había tenido un papel mucho más activo que Marx en la "Liga", lo que da origen a una supuesta división del trabajo entre un Engels "práctico" y un Marx "teórico", olvidando el importante trabajo de organización hecho por Marx en los tres años precedentes. Riazanov protestó contra esa leyenda: "Los historiadores no tomaron en consideración todo ese trabajo de organización de Marx cuando hicieron de él un pensador de biblioteca. No percibieron el papel de Marx en cuanto organizador, perdiendo así uno de los ángulos más interesantes de su fisonomía. Sin conocer el papel que Marx (y yo digo Marx, y no Engels) ejerció entre 1846/47 como dirigente e inspirador de todo ese trabajo de organización, sería imposible comprender el gran papel que ejerció inmediatamente como organizador, entre 1868/69, y en la época de la Iº Internacional" (19). La exageración de Riazanov en cuanto al papel de Engels, no al de Marx es un exceso polémico contra la social-democracia que, en el período de la obra de Riazanov, hacía mención al "reformismo" inexistente de Engels, contra el revolucionarismo bolchevique.


 


El Manifiesto y la Dialéctica


 


El punto de partida histórico-universal total y, simultáneamente, clasista, ya contenido en los Principios y desenvuelto en el Manifiesto, les permitió a Marx y Engels superar la filosofía de la cual ambos eran tributarios (el hegelismo) en la cuestión-clave del Estado, que Hegel (XVII) aún veía bajo una forma abstracta y, al mismo tiempo, localista (alemana): "Una multitud de seres humanos solamente puede ser llamada Estado si estuviera unida para la defensa común de la totalidad (Gesamtheit) de (aquello que es) su propiedad… Para que un multitud constituya un Estado precisa organizar una defensa y una autoridad política común" (20).


 


Para Marx y Engels, el Estado nace de los antagonismos de clase y, en la era burguesa, él es, de acuerdo con el Manifiesto, el "comité administrativo de los intereses comunes de la burguesía". Esta afirmación nada tiene de circunstancial, como se pretendió posteriormente, y resulta el planteamiento metodológico más profundo del Manifiesto, o sea, del marxismo.


 


Lo más notable, sin embargo, es que el Manifiesto no es sólo una novedad en relación a la concepción "lineal" de los pensadores histórico-sociales del siglo XVIII, sino también en relación a la misma concepción defendida por los pensadores del siglo XX, los mismos que consideran a Marx como "un pensador del siglo XIX", cuyas concepciones sólo se vincularían a la realidad histórica de su época.


 


Compárese así el preciso y vivo análisis del Manifiesto sobre la ruptura cualitativa impuesta por la era del capital en la historia universal, sus raíces diferenciadas de los modos de producción precedentes, abriendo el período de la historia mundial propiamente dicha, con las concepciones de un Immanuel Wallerstein acerca del "capitalismo histórico", para quien el capital siempre existió, siendo el capitalismo el "sistema" en el cual "el capital vino a ser aplicado (invertido) de forma muy específica". El "capitalismo histórico" significaría "la mercantilización generalizada de los procesos… que anteriormente habían recorrido vías que no eran las de un mercado" (21). Un retroceso de un siglo y medio en relación a la superación de la producción mercantil por la producción capitalista, y a la concepción dialéctica de la historia (que incluye las rupturas históricas) ya expuestas en el Manifiesto.


 


El Manifiesto reconoce sus antecedentes, aparte del ya citado de Engels (los Principios), en toda la obra teórica precedente de Marx. Maximilien Rubel ya dijo que fue en París donde Marx escribió "para los Anales Franco-Alemanes, un primer manifiesto revolucionario, que fuera calificado como el germen del Manifiesto Comunista: Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie-Einleitung. En ese ensayo él se refiere por primera vez al proletariado como clase, y habla de formación (Bildung) de la clase obrera. Esos dos conceptos ya habían sido asociados concretamente en un documento publicado en París cuatro meses antes de su llegada: en LUnion Ouvrière de Flora Tristán" (22).


 


En 1843, la gran organizadora obrera francesa, Flora Tristan, hacía un llamado: "Vengo a proponer la unión general de los obreros y obreras, de todo el reino, sin distinción de oficios. Esta unión tendría por objetivo construir la clase obrera y construir establecimientos (Palacios de la Unión Obrera) distribuidos por toda Francia. Serían así educados los niños de los dos sexos, desde los 6 a los 18 años, y serían también recibidos los obreros enfermos, los heridos y los viejos. Hay en Francia 5 millones de obreros y dos millones de obreras". En su Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel, Marx cuestionaba en el filósofo alemán que reclamase "no sólo el espíritu del Estado, sino también el espíritu de autoridad, el espíritu burocrático", llegando a criticar "la inconsecuencia sorda y el espíritu de autoridad de Hegel (que) llegan a ser verdaderamente repugnantes" (destacado de Marx) (23).


 


El "Fantasma que recorre Europa"


 


En el mismo momento en que Marx llegaba a esas conclusiones, el comunismo se transformaba en una fuerza política en Alemania y en Europa (el "fantasma" del que habla el Manifiesto en su fase inicial).


 


De acuerdo con David McLellan, "el socialismo y el comunismo (los términos eran usados aleatoriamente en Alemania en aquella época) habían existido como doctrina en Alemania desde por lo menos el inicio de la década de 1830, pero fue en 1842 que ellos atrajeron la atención general por primera vez. Eso se debió en parte gracias a Moses Hess, quien convirtió tanto a Engels como a Bakunin al comunismo y publicó anónimamente propaganda comunista en la Rheinische Zeitung, y en parte gracias al libro de Lorenz von Stein, Sozialismus und Kommunismus des heutigen Frankreichs (Socialismo y Comunismo en la Francia contemporánea). Este consistía en una investigación de la difusión del socialismo francés entre los obreros alemanes inmigrantes en París" (24). En carta de Engels a Marx, del 22 de febrero – 7 de marzo de 1845, aquél relata la situación en Elberfeld: "Nuestra propaganda realiza un progreso extraordinario. Las personas sólo hablan de comunismo y todo el día reclutamos nuevos partidarios. En el valle del Wupper el comunismo ya es una realidad mejor dicho, es virtualmente una fuerza. No puedes imaginar lo favorable que es la situación. Las personas más ignorantes, más prejuiciosas y más filisteas, que hace poco no se interesaban por nada, están prácticamente vanagloriándose de su comunismo. No sé cuánto tiempo durará esto. La policía enfrenta verdaderas dificultades y no sabe lo qué hacer".


 


Lo que Marx y Engels aportaban al comunismo ya existente era una capacidad de formular sus objetivos basada en una síntesis de conocimientos que ninguno de sus teóricos previos (principalmente franceses e ingleses) poseía, por diversos motivos: "Antes de 1848, la única praxis sobre la cual Marx podía reflexionar era la de los jacobinos y sus sucesores entre las sectas radicadas en París; por otro lado, su economía (y la de Engels) era ya la de los socialistas ricardianos y owenistas de Gran Bretaña. Pero el arsenal de instrumentos conceptuales con que contribuyó para el conocimiento de los hechos comprendía un elemento que ni el racionalismo francés ni el empirismo británico podían proveer; la filosofía de la historia de Hegel y la visión de que la totalidad del mundo forma un conjunto ordenado que el intelecto puede comprender y dominar" (25).


 


En 1860, en Herr Vogt, Marx expuso el camino teórico que lo llevaría a la redacción del Manifiesto como programa para la Liga de los Justos (o de los Comunistas), recorrido en la década de 1840: "Publicamos al mismo tiempo una serie de folletos impresos o litografiados. Sometimos a una crítica impiadosa la mixtura de socialismo o comunismo anglofrancés y de filosofía alemana, que constituía en la época la doctrina secreta de la Liga; establecimos que sólo el estudio científico de la estructura económica de la sociedad burguesa podía proporcionar una sólida base teórica, y expusimos, por último, en forma popular, que no se trataba de poner en vigencia un sistema utópico, sino de intervenir, con conocimiento de causa, en el proceso de transformación histórica que se efectuaba en la sociedad". En La Sagrada Familia, de 1845, Marx ya tenía claro que se trataba de dotar de un programa a un movimiento ya existente y consciente de sus objetivos: "No hay necesidad de explicar aquí que una gran parte del proletariado inglés y francés ya está consciente de su tarea histórica y trabaja constantemente para desarrollar esa conciencia con total claridad".


 


El objetivo político del Manifiesto, por lo tanto, es dotar de un programa a un partido cuyos contornos están todavía poco definidos: "El partido comunista del que habla el Manifiesto es un partido internacional cuyos embriones son la Liga de los Comunistas y los Fraternal Democrats, esto es, de un lado, una organización compuesta sobre todo por alemanes, pero dispersa por toda Europa y, del otro, una organización concentrada en Londres pero compuesta de representantes exiliados de grupos obreros y comunistas de varios países del continente" (26).


 


El Manifiesto y la Revolución


 


El Manifiesto, en 1848, fue por lo tanto el remate de una obra teórica, política y organizativa, cuyos diversos aspectos son inseparables o, como dice Fernando Claudín, "análisis de la coyuntura pre-revolucionaria, formación de la Liga de los Comunistas, elaboración teórica, están estrechamente entrelazadas en la actividad de Marx y Engels durante el año de 1847 y enero-febrero de 1848, teniendo su resultado político-organizacional en el segundo congreso de la Liga y su gran síntesis teórico-política en el Manifiesto" (27).


 


El centro del Manifiesto, sin embargo, es la elaboración de un programa para la revolución venidera, en el cual Jean Jaurès fue el primero en ver "una teoría de la revolución proletaria que coincide con aquella que más tarde será llamada de la revolución permanente" (28). El socialista argentino Juan B. Justo criticó la "dialéctica" de Marx, culpable, según él, por haber previsto, en el Manifiesto, revoluciones proletarias en el horizonte de 1848 (29). Para Karl Korsch, el pronóstico de Marx sobre 1848 quedó impreso en la visión de los revolucionarios del pasado, al contraponer el programa de la revolución social a la revolución democrática concreta que se desarrollaba: "La sociedad burguesa nacida de la revolución, en su sobria realidad, acabó por contradecir en gran medida tanto las elevadas ideas que de sus resultados se habían formado sus participantes y espectadores entusiastas, como el heroísmo, el sacrificio, los horrores, la guerra civil y las matanzas populares que había necesitado para ver el mundo" (30).


 


No obstante, aunque la explosión política de 1848 fuese previsible, como dijimos antes, su alcance social estaba lejos de ser evidente antes de su acontecimiento: "La crisis económica que precedió a 1848 y sin la cual los movimientos insurreccionales no podían haber alcanzado en aquel año una amplitud muy superior a la de las conspiraciones tramadas a lo largo de las décadas precedentes, por sociedades secretas o grupos de conspiradores, e inclusive a la de las agitaciones populares comunes tuvo probablemente un carácter excesivamente clásico, normal, para provocar una peculiar inquietud en todos aquellos que físicamente no fueran víctimas de ella" (31).


 


Cabe a Marx, justamente, el mérito de haber sido el único en prever la amplitud social de los acontecimientos inminentes, y de formular un programa de acuerdo con esa perspectiva, que no era vista por la burguesía "liberal" revolucionaria, sus ideólogos y jefes políticos: "Los jefes del movimiento liberal son profesores universitarios. Ellos son hostiles tanto a los plutócratas de Francia como a la aristocracia privilegiada. Ellos no se ocupan del pueblo. Creen que los problemas de éste no se refieren al problema político, que es lo único que les interesa. ¿No le gustaría finalmente a Dahlmann ver cerrado el acceso a la escuela para los hijos de los pobres, para mantener el volumen de la mano de obra? Lo mínimo que podemos decir es que la burguesía comprendía mal el problema social" (32). El programa de Marx superaba, en virtud de eso, la perspectiva de una revolución puramente burguesa en los países en que la burguesía aún no había ascendido al poder político: "Contrastando con esas justificaciones economicistas de una inevitable etapa revolucionaria burguesa, Marx y Engels también argumentaban a partir de una perspectiva socio-política que anunciaba una concepción explícitamente permanentista de la revolución. En esta problemática transicional, la revolución burguesa aparece como precondición en la medida en que, aboliendo la monarquía y el poder de la nobleza feudal, el terreno político queda libre para la contraposición directa entre burguesía y proletariado" (33).


 


El Pronóstico del Manifiesto


 


El famoso pronóstico del Manifiesto ("Alemania se encuentra en las vísperas de una revolución burguesa, y realizará esa revolución en las condiciones más avanzadas de la civilización europea y con un proletariado infinitamente más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de Francia en el siglo XVIII; la revolución burguesa alemana, por consiguiente, sólo podrá ser el preludio inmediato de una revolución proletaria") se realizó por la negativa: la revolución alemana no triunfó como revolución proletaria pero, por eso mismo, también abortó como revolución democrática ("burguesa"). Según el balance ulterior de Trotsky, en 1848 se llegó a la peor de las situaciones históricas: el término medio. La burguesía ya no quería más hacer la revolución ("Su tarea consistía antes en y de eso ella se daba cuenta claramente incluir en el viejo sistema las garantías necesarias, no para su dominación política, sino simplemente para una división del poder con las fuerzas del pasado"); el proletariado aún no podía hacerla, por insuficiencia en el desenvolvimiento social y político: "En 1848 se necesitaba de una clase que fuese capaz de tomar el control sobre los acontecimientos, prescindiendo de la burguesía e inclusive en contradicción con ella, una clase que estuviese dispuesta no sólo a empujar a la burguesía adelante con toda su fuerza, sino inclusive a tirar del camino, en el momento decisivo, su cadáver político. Ni la pequeña burguesía ni el campesinado eran capaces de hacerlo… El proletariado era demasiado débil, se encontraba sin organización, sin experiencia y sin conocimientos. El desarrollo capitalista había avanzado lo suficiente como para volver necesaria la abolición de las viejas condiciones feudales, pero no lo suficiente como para permitir que la clase obrera el producto de las nuevas condiciones de producción se destacase como una fuerza política decisiva" (34).


 


Según el mismo Trotsky, el error del Manifiesto "surgió, por un lado, de una subestimación de las posibilidades futuras latentes en el capitalismo y, por otro, de una sobreestimación de la madurez revolucionaria del proletariado. La revolución de 1848 no se transformó en una revolución socialista como el Manifiesto había calculado, pero permitió a Alemania un vasto crecimiento posterior de tipo capitalista" (35).


 


De acuerdo con Engels, la desgracia de la revolución alemana fue haber llegado a remolque de la revolución en Francia, habiendo manifestado la burguesía su pavor a ser superada por la "revolución social" no a partir de los acontecimientos alemanes, sino de las "jornadas de junio" en París ("la primera jornada política independiente de la clase obrera"). Pero más allá del error de pronóstico, queda el hecho de que los ejes metodológicos del Manifiesto se revelaron correctos: "1º) la idea de que el desarrollo económico y social (la civilización), su grado de maduración revolucionaria, no pueden ser medidos en los límites de un solo Estado sino a escala internacional (europea, en el siglo XIX); 2º) la comprensión del hecho de que una revolución burguesa clásica (de tipo inglés o francés) no se puede repetir en Alemania en función del peso social y político que ganó el proletariado en el país; 3º) la intuición de que la revolución burguesa y la revolución proletaria no son dos etapas históricas distintas, sino dos momentos de un mismo proceso revolucionario ininterrumpido" (36). La reserva final de Löwy ("la afirmación de una prioridad necesaria de la revolución burguesa abre la puerta para un interpretación de tipo etapista del texto") no se justifica frente al texto, el desarrollo histórico y, sobre todo, frente al balance arrojado por los propios Marx y Engels.


 


El Destino del Manifiesto


 


Las revoluciones de 1848 culminaron en la desmovilización del proletariado: "Fue un año de desmovilización para el movimiento obrero en su conjunto, dominado por el desánimo. En abril, Inglaterra conoció el fracaso de la gran manifestación cartista de Kennington Common, punto culminante de la agitación política y social. En junio, la fusilería de la Guardia Nacional coloca, en Francia, un punto final en la era de los buenos sentimientos, surgida bajo la euforia de la revolución de febrero" (37). En la propia Alemania sucede una cosa semejante, según Engels, no sin dejar establecidas las bases del movimiento obrero futuro: "Con la condena de los comunistas de Colonia, en 1852, se bajan las cortinas sobre el primer período del movimiento independiente de los trabajadores alemanes. Se trata de un período hoy casi olvidado. No obstante, se extendió desde 1836 hasta 1852, y el movimiento se reflejó, con la dispersión de los trabajadores alemanes por el extranjero, en casi todos los países civilizados. Eso no es todo. El actual movimiento internacional de los trabajadores es, en el fondo, una continuación directa de ese movimiento alemán, que fue el primer movimiento obrero internacional, de donde saldrían muchos de aquellos que en la Asociación Internacional de Trabajadores tuvieron un papel de liderazgo" (38).


 


El Manifiesto Comunista corrió la misma suerte. En el prefacio a la edición alemana de 1890, Engels recuerda que "fue luego colocado en un segundo plano por la reacción que siguió a la derrota de los obreros en París, en junio de 1848", y que "con la desaparición del escenario público del movimiento obrero, que comenzara con la Revolución de Febrero, también el Manifiesto salió de la escena política".


 


La geo-historia del Manifiesto, en tanto, acompañó el desarrollo político de la clase obrera. A partir de la década de 1870, se multiplicaron las ediciones en alemán, al calor del surgimiento, del desenvolvimiento del Partido Socialdemócrata en ese país. Entre 1880 y 1900, de acuerdo con Eric Hobsbawm (39), hubo un cambio significativo: a las 18 ediciones del Manifiesto en alemán, le correspondieron 31 ediciones en ruso: "Entre la muerte de Marx (1883) y la de Engels (1895), ocurrió una doble transformación. En primer lugar, el interés por las obras de Marx y de Engels se intensificó con la afirmación del movimiento socialista internacional. En el curso de esos doce años, según B. Andreas, aparecerán no menos de 75 ediciones del Manifiesto, en 15 lenguas. Es interesante hacer notar que esas ediciones traducidas en las lenguas del Imperio Zarista eran ya más numerosas que las editadas en el original alemán (17 contra 11)" (40).


 


Era como si el Manifiesto hubiese ganado vida propia, acompañando el hilo de la revolución, y hasta anticipándola. Nos falta un estudio sobre las ediciones del Manifiesto en América Latina, semejante al trabajo realizado por Edgard Carone para el Brasil.


 


La casualidad hace coincidir los 150 años de la redacción del Manifiesto con el 80º aniversario de la Revolución de Octubre. Cuando, en la comisión preparatoria brasileña del 150º aniversario, varios militantes propusieron una edición del Manifiesto Comunista de un millón de ejemplares, tal vez los autores de la propuesta no supiesen que el fantasma invocado acostumbra a presentarse cuando es llamado.


 


 


I. Graco Babeuf: (1760/1797) Dirigente y fundador de la Sociedad de los Iguales, considerado el primer movimiento "comunista" de la historia. Murió ejecutado.(nota del traductor)


 


II. Felipe Buonarroti: compañero de Babeuf en la dirección de la Sociedad, deportado después de la "conspiración" de los Iguales (NdelT).


 


III. Congreso de Viena: Celebrado tras la derrota de Napoleón, entre octubre de 1914 y junio de 1915. Reunió a los principales Estados europeos consagrando la "Santa Alianza" (1815/26), que establecía el predominio del zarismo ruso, de la burocracia austríaca y de la aristocracia inglesa contra la revolución democrática en todo el continente (NdelT).


 


IV. Carbonarismo: movimiento conspirativo italiano de principios del siglo pasado, basado en sectas secretas. Luchaba por la unificación nacional, contra la dominación austríaca y por un régimen constitucional. Famoso por el "juramento" secreto que adoptaban (NdelT).


 


V. Louis Blanc: (1811-1882) Dirigente obrero francés, líder moderado de las revueltas de 1848. Afirmaba combatir al capitalismo, pero era decididamente enemigo de la lucha de clases. Integró el gobierno provisional, en febrero de 1848, en "representación" del movimiento obrero (NdelT).


 


VI. Anabaptistas: Durante el siglo XVI, en Alemania, movimiento de sectas campesinas que se sublevaban contra el feudalismo. Fueron exterminados por los príncipes aliados al luteranismo (NdelT).


 


VII. Revueltas de Germinal y Prairial: se refiere a las insurrecciones populares que, bajo el calendario de la época, se corresponden a los meses de abril y mayo de 1795 (NdelT).


 


VIII. Constitución jacobina de 1793: arrancó los principios democráticos más avanzados durante la gran revolución francesa, entre ellos el sufragio universal y el derecho a la insurrección (NdelT).


 


IX. Feargus OConnor: dirigente del movimiento cartista inglés. Se destacó en la lucha contra la "ley de Pobres", de 1834, denunciada como "ley maldita" porque condenaba al obrero desocupado a confinarse en "casas de trabajo", virtuales cárceles destinadas a sancionar a "los vagos y los disolutos". Años después, OConnor va a encabezar el ala más avanzada del cartismo (NdelT).


 


X. Giusseppe Mazzini: (1805/1872) Líder italiano que defendió la lucha por la unidad italiana, la independencia y la república. Forjó el movimiento de la Joven Italia (NdelT).


 


XI. Ledrú-Rollin: Representante de la pequeñoburguesía en el gobierno provisional surgido de la revolución de febrero de 1848 (NdelT).


 


XII. Raveaux:


 


XIII. Maximilien Robespierre: (1758/1794) Máximo representante de los jacobinos. Guillotinado tras su caída (NdelT).


 


XIV. Saint Just: (1767/1794) Líder jacobino, compañero y principal apoyo de Robespierre en el gobierno revolucionario. Murió, como éste, en el cadalso (NdelT).


 


XV. Este artículo de Trotsky se reproduce en la página 66 de esta edición de En Defensa del Marxismo (NdelT)


 


XVI. Se refiere a su capitulación ante Mussolini y Hitler, respectivamente (NdelT).XVII. Jorge Federico Hegel: (1770/1831) Filósofo alemán que revolucionó las leyes del pensamiento con su "Lógica". Fundó la dialéctica en términos metafísicos idealistas. Marx va a aprovechar el sistema hegeliano, poniéndole "los pies sobre la tierra", estableciendo la dialéctica materialista (NdelT).


 


 


Notas:


1. Eric J. Hobsbawm. Las Revoluciones Burguesas, Madrid, Guadarrama, 1971, pág. 544.


2. Emilio Frugoni. Fundamentos del Socialismo, Buenos Aires, Americalee, 1947, vol. I, pág. 127.


3. D.I. Riazanov. Manifiesto del Partido Comunista. Notas de D.I. Riazanov, México, Cultura Popular, 1978, pág. 135.


4. In: Hans M. Enzensberger. Conversaciones con Marx y Engels, Barcelona, Anagrama, 1974, vol. 1, pág. 62.


5. Bert Andreas. La Liga de los Comunistas, México, Cultura Popular, 1977, págs. 15-24.


6. David Riazanov. Marx et Engels, París, Anthropos, 1970, pág. 79.


7. Wolfgang Abendroth. Historia Social del Movimiento Obrero Europeo, Barcelona, Laia, 1978, pág. 45.


8. Idem, pág. 39.


9. David Riazanov. Op.Cit., pág.. 37. La respuesta concreta de Marx fue: "La Gazeta Renana (Rheinische Zeitung), que no puede siquiera conferir una realidad teórica a las ideas comunistas en su actual forma, y mucho menos desear o considerar posible su realización práctica, someterá esas ideas a una crítica severa. Si el Augsburger quisiese y pudiese producir más que frases resbaladizas, percibiría que escritos como los de Leroux, Considérant y, sobre todo, el trabajo penetrante de Proudhon, sólo pueden ser criticados después de estudiados larga y profundamente, y no a través de nociones pasajeras y superficiales… Debido a ese desacuerdo, tenemos que considerar con toda seriedad esos trabajos teóricos. Estamos firmemente convencidos de que el verdadero problema reside no en el esfuerzo práctico, sino en la explicación teórica de las ideas comunistas. Tentativas prácticas peligrosas, lo mismo que realizadas en gran escala, pueden ser derrumbadas de un solo golpe, pero las ideas conquistadas por la inteligencia, incorporadas en nuestra perspectiva, forjadas en nuestra conciencia, son amarras de las cuales no nos liberamos sin partir nuestros corazones; son demonios que superamos recién cuando nos sometemos a ellos" (destacado nuestro).


10. David Riazanov. Manifiesto…, ed. cit., pág. 136.


11. Arthur Rosenberg. Democracia e Socialismo, San Pablo, Global, 1986, págs. 89-91.


12. Karl Marx. As Lutas de Classes na França, Textos, San Pablo, Sociais, 1977, vol. 3, pág. 120.


13. Arthur Rosenberg. Op. Cit., pág. 108.


14. Karl Marx. O 18 Brumário de Luis Bonaparte, Textos, ed. cit., vol. 3, pág. 220.


15. Karl Marx. As Lutas de Classes na França, Textos, ed. cit., vol. 3, pág. 121.


16. Friedrich Engels. Origem da Familia, da Propriedade Privada e do Estado, Río de Janeiro, Vitória, 1964, pág. 138.


17. Cf. Friedrich Engels. Principios do Comunismo e Outros Textos, San Pablo, Mandacaru, 1990.


18. Franz Mehring. Vie de Karl Marx, París, Pie, 1984, págs. 662-663.


19. David Riazanov. Marx et Engels, ed. cit., pág. 72.


20. G.W.F. Hegel. La Constitución de Alemania, Madrid, Aguilar, 1972, págs. 22-23.


21. Immanuel Wallerstein. O Capitalismo Histórico, San Pablo, Brasiliense, 1985, págs. 10-14.


22. Maximilien Rubel. Karl Marx. Ensayo de Biografía Intelectual, Buenos Aires, Paidós, 1970, pág. 77.


23. Karl Marx. Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel, México, Grijalbo, 1968, págs. 154-155.


24. David McLellan. Marx before Marxism, Londres, Penguin Books, 1972, pág. 125.


25. George Lichteim. El Marxismo. Un estudio histórico y crítico, Barcelona, Anagrama, 1971, pág. 55.


26. Michael Löwy. La Teoría de la Revolución en el Joven Marx, Buenos Aires, Siglo XXI, 1972, pág. 225. Sobre el trabajo político-literario de Marx en el período, ver: Karl Obermann. Aux origines de la "Neue Rheinische Zeitung", Le Mouvement Social nº 77, París, octubre-diciembre 1971.


27. Fernando Claudin, Marx, Engels y la Revolución de 1848, Madrid, Siglo XXI, 1975, pág. 2.


28. Cf. Aimé Patri. Jean Jaurès et le Marxisme, in: Jean Jaurès, Le Manifeste Communiste de Marx et Engels, París, Spartacus, 1948.


29. Cf. Osvaldo Coggiola. Juan B. Justo y la Cuestión Nacional, En Defensa del Marxismo, nº 12, Buenos Aires, mayo 1996.


30. Karl Korsch. Marx y la Revolución de 1848, Sobre la Teoría y la Práctica de los Marxistas, Salamanca, Agora, 1979, págs. 262-263.


31. Guy Palmade. La Epoca de la Burguesía, México, Siglo XXI, 1986, pág. 27.


32. Félix Ponteil. Les Classes Bourgeoises et lAvènement de la Démocratie, París, Albin Michel, 1968, pág. 157.


33. Michael Löwy. The Politics of Combined and Uneven Development, Londres, Verso Books, 1981, pág. 6.


34. León Trotsky. 1789-1848-1905, Resultados y Perspectivas, Buenos Aires, El Yunque, 1975, págs. 30-32.


35. León Trotsky. Noventa años del Manifiesto Comunista, Escritos, t. IX, vol. 1, Bogotá, Pluma, 1977, pág. 27.


36. Michael Löwy. Revolucão Burguesa e Revolucão Permanente em Marx e Engels, Discurso, nº 9, San Pablo, FFLCH-USP, noviembre 1978.


37. Jean Christian Petitfils. Os Socialismos Utópicos, Río de Janeiro, Zahar, 1978, pág. 128.


38. Friedrich Engels. Introducción, in: Karl Marx, Revelaciones sobre el Proceso de los Comunistas de Colonia, Buenos Aires, Lautaro, 1946, pág. 9.


39. Eric J. Hobsbawm. La difusión del marxismo entre 1890 y 1905. Estudios de Historia Social, nº 8-9, Madrid, enero-junio 1979, pág. 17.


40. Eric J. Hobsbawm. El destino de las ediciones de Marx y Engels, História do Marxismo, Río de Janeiro, Paz e Terra, 1979, vol. I, pág. 425. Cf. también: Dieter Fricke. La cuestión de la organización y propagación del marxismo en el movimiento obrero internacional en la época de transición al imperialismo, Estudios de Historia Social nº 8-9, enero-junio 1979.


 

A noventa años del Manifiesto Comunista

Escrito en octubre de 1938.


¡Cuesta creer que falten tan sólo diez años para que se cumpla el centenario del Manifiesto del Partido Comunista! Este panfleto, más genial que cualquier otro en la literatura mundial, nos sorprende aún hoy por su frescura. Con certeza, los jóvenes autores (Marx tenía 29 años, Engels 27) tuvieron una mayor visión del futuro no sólo que sus predecesores sino que no fueron jamás igualados.


 


Ya en el prefacio que escribieron juntos para la edición de 1872, Marx y Engels declararon que, pese al hecho de que ciertos pasajes secundarios en el Manifiesto resultaban anticuados, consideraban que no tenían ningún derecho a alterar el texto original, en tanto que el Manifiesto ya se había convertido, en el período de 25 años que había transcurrido, en un documento histórico. Sesenta y cinco años más han pasado desde aquel momento. Pasajes aislados del Manifiesto resultan aún más anticuados. En este prefacio trataremos de señalar sucintamente tanto aquellas ideas del Manifiesto que conservan todo su vigor como aquellas que requieren una alteración o ampliación importante.


 


1. El concepto materialista de la historia, descubierto por Marx poco antes y aplicado con consumada habilidad en el Manifiesto, ha resistido perfectamente la prueba de los hechos y los golpes de la crítica hostil. Constituye hoy uno de los instrumentos más valiosos del pensamiento humano.


 


Las demás interpretaciones del proceso histórico han perdido toda significación científica. Podemos decir con certeza que en nuestro tiempo es imposible no sólo ser un militante revolucionario sino aun un observador versado en política, sin asimilar la interpretación materialista de la historia.


 


2. El primer capítulo del Manifiesto comienza con las siguientes palabras: "La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases". Este postulado, la conclusión más importante que se extrae de la interpretación materialista de la historia, se convirtió inmediatamente en un elemento de discusión en la lucha de clases. Ataques especialmente venenosos contra la teoría que reemplazaba el bien común, la unidad nacional y las verdades morales eternas por los intereses materiales como fuerza motriz, fueron lanzados por hipócritas reaccionarios, doctrinarios liberales y demócratas idealistas. Más tarde se le sumaron individuos reclutados en las filas del mismo movimiento obrero, los llamados revisionistas, es decir, los que proponían rever (revisar) el marxismo en el espíritu de la colaboración y la conciliación de clases. Finalmente, en nuestros tiempos, los despreciables epígonos de la Internacional Comunista (los stalinistas) han seguido, en la práctica, el mismo camino: la política del así llamado Frente Popular surge totalmente de la negación de las leyes de la lucha de clases. Mientras tanto, es precisamente la época del imperialismo la que, llevando todas las contradicciones sociales a un punto de máxima tensión, da al Manifiesto Comunista su mayor triunfo teórico.


 


3. La anatomía del capitalismo, como una etapa específica en el desarrollo económico de la sociedad, fue expuesta en forma acabada por Marx en El Capital (1867). Pero ya en el Manifiesto Comunista las líneas más importantes del futuro análisis fueron firmemente esbozadas: el pago de la fuerza de trabajo como equivalente al costo de su reproducción; la apropiación de la plusvalía por los capitalistas; la competencia como la ley fundamental de las relaciones sociales; la ruina de las clase intermedias, es decir, la pequeño burguesía urbana y el campesinado; la concentración de la riqueza en un número siempre decreciente de propietarios en un polo y el crecimiento numérico del proletariado en el otro; la preparación de las pre-condiciones materiales y políticas para el régimen socialista.


 


4. Atacaron violentamente la proposición en el Manifiesto referente a la tendencia del capitalismo a bajar el nivel de vida de los trabajadores y reducirlos a la pobreza. Clérigos, profesores, ministros, periodistas, teóricos socialdemócratas y dirigentes sindicales salieron al paso para enfrentar la llamada teoría del empobrecimiento. Invariablemente encontraban signos de creciente prosperidad entre los trabajadores, haciendo pasar la situación de la aristocracia obrera por la de todo el proletariado, o tomando como perdurable alguna tendencia momentánea. Mientras tanto, hasta el desarrollo del más poderoso capitalismo del mundo, el capitalismo de los Estados Unidos, ha convertido a millones de trabajadores en mendigos mantenidos a expensas de la caridad federal, municipal o privada.


 


5. En contra del Manifiesto, que describía a la crisis industrial y comercial como una serie de catástrofes cada vez mayores, los revisionistas aseguraban que el desarrollo de los trusts a nivel nacional e internacional aseguraría el control sobre el mercado, llevando gradualmente a terminar con la crisis. Lo que caracterizó el fin del siglo pasado y el comienzo del presente fue un desarrollo tan tempestuoso del capitalismo que las crisis aparecían como interrupciones accidentales. Pero esa época se ha ido para no volver. En definitiva, Marx tuvo razón también en este tema.


 


6. "El gobierno del Estado moderno no es más que una Junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa". Esta fórmula sucinta, que los dirigentes de la socialdemocracia consideraron como una paradoja periodística, de hecho contiene la única teoría científica del Estado. La democracia creada por la burguesía no es, como lo creyeron Bernstein (1) y Kautsky (2), una bolsa vacía que puede ser llenada sin problemas con cualquier tipo de contenido de clase. Un gobierno del Frente Popular, esté dirigido por Blum (3) o Chautemps (4), Caballero (5) o Negrín (6), no es sino "una Junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa". Cuando este comité maneja mal las cosas, la burguesía lo echa a patadas.


 


7. "Toda lucha de clases es una lucha política". "La organización del proletariado como clase, (es) en consecuencia su organización como partido político". Sindicalistas por un lado y anarco-sindicalistas por el otro, durante largo tiempo se alejaron, y aún hoy tratan de escaparse, de la comprensión de estas leyes históricas. El sindicalismo puro ahora ha sufrido un golpe demoledor en su principal refugio: Estados Unidos (7). El anarco-sindicalismo ha sufrido una derrota irreparable en su última plaza fuerte: España (8). Aquí también el Manifiesto demostró estar en lo cierto.


 


8. El proletariado no puede conquistar el poder dentro del marco legal establecido por la burguesía. "Los Comunistas declaran abiertamente que sus fines sólo pueden ser alcanzados destruyendo por la fuerza las condiciones sociales existentes". El reformismo intentó explicar este postulado del Manifiesto sobre la base de la inmadurez del movimiento de aquel momento y el desarrollo inadecuado de la democracia. El destino que sufrieron las democracias italiana, alemana (9) y muchas otras demuestra que la inmadurez es el rasgo distintivo de las ideas de los reformistas mismos.


 


9. Para la transformación socialista de la sociedad, la clase trabajadora debe concentrar en sus manos un poder tal que le permita aplastar todos y cada uno de los obstáculos políticos que cierren el camino hacia el nuevo sistema. "El proletariado organizado como clase dominante" eso es la dictadura. Al mismo tiempo es la única verdadera democracia proletaria. Su alcance y profundidad dependen de las condiciones históricas concretas. Cuantos más Estados tomen el camino de la revolución socialista, tanto más libres y flexibles serán las formas que adoptará la dictadura, tanto más ancha y más profunda será la democracia obrera.


 


10. El desarrollo internacional del capitalismo ha predeterminado el carácter internacional de la revolución proletaria. "La acción común del proletariado, al menos de los países civilizados, es una de las primeras condiciones para su emancipación". El desarrollo ulterior del capitalismo unió tan estrechamente todos los sectores de nuestro planeta, tanto civilizados como no civilizados, que el problema de la revolución socialista ha asumido total y decisivamente un carácter mundial. La burocracia soviética intentó liquidar el Manifiesto en lo que respecta a esta cuestión fundamental. La degeneración bonapartista del Estado soviético es una abrumadora demostración de la falsedad de la teoría del socialismo en un solo país.


 


11. "Una vez que en el curso del desarrollo hayan desaparecido las diferencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter político". En otras palabras: el Estado se desvanece. La sociedad permanece, liberada de su chaleco de fuerza. Esto no es otra cosa que el socialismo. El teorema inverso: el monstruoso crecimiento de la coerción estatal en la URSS es el testimonio elocuente de que la sociedad se está alejando del socialismo.


 


12. "Los trabajadores no tienen patria". Estas palabras del Manifiesto más de una vez han sido evaluadas por los filisteos como un latiguillo agitativo. De hecho, ellas dieron al proletariado la única directiva concebible en lo que respecta a la cuestión de la patria capitalista. La violación de esta directiva por la Segunda Internacional (10) trajo como consecuencia no sólo cuatro años de devastación en Europa, sino además el actual estancamiento de la cultura mundial. En vista de que la nueva guerra ya es inminente, posibilitada por la traición de la Tercera Internacional (11), el Manifiesto aún hoy sigue siendo el consejero más digno de confianza con respecto a la cuestión de la patria capitalista.


 


Así, vemos que la producción conjunta y relativamente breve de dos jóvenes autores, aún continúa ofreciendo directivas irreemplazables acerca de las cuestiones más importantes y candentes de la lucha por la emancipación. ¿Qué otro libro podría compararse siquiera de lejos con el Manifiesto Comunista? Pero esto no implica que, luego de noventa años de desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas y vastas luchas sociales, el Manifiesto no necesite correcciones ni agregados. El pensamiento revolucionario no tiene nada en común con la adoración de ídolos. Los programas y los pronósticos se ponen a prueba y se corrigen a la luz de la experiencia, que es el criterio supremo de la razón humana. El Manifiesto también requiere correcciones y agregados. Sin embargo, como lo evidencia la experiencia histórica, estas correcciones y agregados sólo pueden hacerse con éxito si se procede con el método que anida en las bases del Manifiesto mismo. Trataremos de indicar esto en varias instancias por demás importantes.


 


I. Marx enseñó que ningún sistema social desaparece de la arena de la historia antes de agotar sus potencialidades creativas. El Manifiesto censura violentamente al capitalismo por retardar el desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, durante aquel período, así como también en las décadas siguientes, este retraso era de naturaleza sólo relativa. Si hubiera sido posible, en la segunda mitad de siglo XIX, organizar la economía sobre bases socialistas, sus ritmos de crecimiento habrían sido inconmensurablemente mayores. Pero este postulado teóricamente irrefutable no invalida el hecho de que las fuerzas productivas siguieron expandiéndose a escala mundial hasta las vísperas de la (Primera) Guerra Mundial. Sólo en los últimos veinte años (12), pese a las más modernas conquistas de la ciencia y la tecnología, ha comenzado la época de decisivo estancamiento y aun decadencia de la economía mundial. La humanidad está empezando a gastar su capital acumulado, mientras la guerra amenaza con destruir las mismas bases de la civilización en los años venideros. Los autores del Manifiesto pensaban que el capitalismo sería derrocado mucho antes de llegar el momento en que se transformaría de un régimen relativamente reaccionario en un régimen reaccionario en términos absolutos. Esta transformación tomó su forma definitiva sólo ante los ojos de la generación actual, y convirtió a nuestra época en la época de las guerras, las revoluciones y el fascismo.


 


II. El error de Marx y Engels en relación con las fechas históricas surgía por un lado de la subestimación de las posibilidades futuras latentes en el capitalismo, y por el otro, de la sobrevaloración de la madurez revolucionaria del proletariado. La revolución de 1848 no se convirtió en una revolución socialista como había pronosticado el Manifiesto, sino que abrió para Alemania la posibilidad de un vasto ascenso capitalista en el futuro. La Comuna de París (13) demostró que el proletariado no podía quitarle el poder a la burguesía si no tiene para conducirlo un partido revolucionario experimentado. Mientras tanto, el período prolongado de prosperidad capitalista que siguió, produjo, no la educación de la vanguardia revolucionaria, sino más bien la degeneración burguesa de la aristocracia obrera, lo que a su vez se convirtió en el principal freno a la revolución proletaria. La naturaleza de las cosas hizo imposible que los autores del Manifiesto pudieran prever esta dialéctica.


 


III. Para el Manifiesto, el capitalismo era el reino de la libre competencia. Mientras que hacía referencia a la creciente concentración del capital, el Manifiesto no sacó la necesaria conclusión en relación al monopolio, que se ha convertido en la forma capitalista dominante en nuestra época y en el más importante prerrequisito para la economía socialista. Sólo más tarde, en El Capital, estableció Marx la tendencia hacia la transformación de la libre competencia en monopolio. Fue Lenin quien dio una caracterización científica del capitalismo monopolista en su Imperialismo.


 


IV. Basándose fundamentalmente en el ejemplo de la revolución industrial en Inglaterra, los autores del Manifiesto se representaron de una manera demasiado unilateral el proceso de liquidación de las clases intermedias, como una completa proletarización de las artesanías, pequeños oficios y el campesinado. De hecho, las fuerzas elementales de la competencia están muy lejos de haber completado esta tarea, simultáneamente progresiva y bárbara. El capitalismo ha arruinado a la pequeña burguesía más rápido de lo que la ha proletarizado. Más aún, el Estado burgués desde hace mucho tiempo instrumenta una política conciente dirigida al mantenimiento artificial de estratos pequeñoburgueses. En el polo opuesto, el desarrollo de la tecnología y la racionalización de la industria a gran escala, engendra desempleo crónico y obstaculiza la proletarización de la pequeñaburguesía. Concurrentemente, el desarrollo del capitalismo ha acelerado en extremo el surgimiento de legiones de técnicos, administradores, empleados de comercio, en resumen, la llamada nueva clase media. En consecuencia, las clases intermedias a las que se refiere el Manifiesto en forma tan categórica son, aun en un país altamente industrializado como Alemania, alrededor de la mitad de la población. Sin embargo, la preservación artificial de la antigua capa pequeñoburguesa de ninguna manera mitiga las contradicciones sociales, sino que, por el contrario, las inviste de una especial malignidad, y junto con un ejército permanente de desocupados, constituye la expresión más malévola de la decadencia del capitalismo.


 


V. Concebido para una época revolucionaria, el Manifiesto contiene (fin del capítulo II) diez consignas, que corresponden al período de transición directo del capitalismo al socialismo. En su prefacio de 1872, Marx y Engels declararon que estas consignas se habían vuelto en parte anticuadas, y en todo caso sólo de importancia secundaria. Los reformistas interpretaron esta evaluación en el sentido de que las consignas transicionales revolucionarias habían cedido su lugar para siempre al programa mínimo socialdemócrata que, como es sabido, no trasciende los límites de la democracia burguesa. De hecho, los autores del Manifiesto indicaron con bastante precisión la corrección fundamental de su programa de transición, a saber: "La clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines". En otras palabras, la corrección iba dirigida contra el fetichismo de la democracia burguesa. Marx luego contrapuso el Estado del tipo de la Comuna al Estado capitalista. Este tipo más tarde asumió la forma mucho más gráfica de soviets. No puede haber un programa revolucionario hoy, sin soviets y sin control obrero. Y por lo demás, las diez consignas del Manifiesto que resultaron arcaicas en una época de actividad parlamentaria pacífica, hoy han recobrado completamente su verdadero significado. Por otro lado, el programa mínimo de la socialdemocracia se ha vuelto irremediablemente anticuado.


 


VI. Basando sus expectativas en que "la revolución burguesa alemana no será más que el preludio de una revolución proletaria inmediatamente posterior", el Manifiesto hace referencia a las condiciones mucho más avanzadas de la civilización europea en comparación con la Inglaterra del siglo XVII y la Francia del siglo XVIII, y el desarrollo mucho mayor del proletariado. Lo equivocado de este pronóstico no sólo era la fecha. La revolución de 1848 mostró, en unos pocos meses, que precisamente bajo condiciones más avanzadas, ninguna de las clases burguesas es capaz de llevar la revolución a su término: la gran y mediana burguesía tienen vinculos demasiados estrechos con los terratenientes y el temor a las masas las inmoviliza; la pequeñaburguesía se presenta demasiado dividida, y en sus capas dirigentes se muestra demasiado dependiente de la gran burguesía. Como lo evidencia todo el curso subsiguiente del desarrollo en Europa y Asia, la revolución burguesa, por sí sola, en términos generales ya no puede consumarse. Sólo a condición de que el proletariado, libre de la influencia de los partidos burgueses, tome su puesto a la cabeza del campesinado estableciendo su dictadura revolucionaria, puede concebirse la purga de la sociedad de todo residuo feudal. Por este hecho, la revolución burguesa se entrelaza con la primera etapa de la revolución socialista, para disolverse luego en esta última. La revolución nacional se vuelve de este modo un eslabón de la revolución mundial. La transformación de las bases económicas y de todas las relaciones sociales asume un carácter permanente.


 


Para los partidos revolucionarios en países atrasados de Asia, América Latina y Africa, se vuelve una cuestión de vida o muerte la clara comprensión de la conexión orgánica entre la revolución democrática y la dictadura del proletariado, y por lo tanto, con la revolución socialista internacional.


 


VII. Mientras describe cómo el capitalismo arrastra en su vorágine a los países bárbaros y atrasados, el Manifiesto no contiene ninguna referencia a la lucha de los países coloniales y semicoloniales por su independencia. Dado que Marx y Engels consideraban a la revolución social "por lo menos en los países civilizados más importantes", como una cuestión que debía resolverse en unos pocos años, para ellos el problema colonial estaba resuelto automáticamente, no como consecuencia de un movimiento independiente de las nacionalidades oprimidas, sino como consecuencia de la victoria del proletariado en los centros metropolitanos del capitalismo. Por lo tanto, en el Manifiesto ni siquiera se hace referencia de pasada a las cuestiones de la estrategia revolucionaria en países coloniales y semi-coloniales. Sin embargo, estas cuestiones exigen una solución independiente. Por ejemplo, es bastante autoevidente que mientras la cuestión del nacionalismo se ha convertido en el más dañino de los frenos históricos en los países capitalistas adelantados, aún permanece como un factor relativamente progresivo en países atrasados que se ven obligados a luchar por una existencia independiente.


 


"En resumen, los comunistas", declara el Manifiesto, "apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente". El movimiento de las razas de color en contra de sus opresores imperialistas, es uno de los movimientos más importantes y poderosos en contra del orden existente y por lo tanto exige el apoyo incondicional e ilimitado por parte del proletariado de raza blanca. El mérito por el desarrollo de una estrategia revolucionaria para las nacionalidades oprimidas le corresponde primordialmente a Lenin.


 


VIII. La parte más anticuada del Manifiesto no en lo que respecta a método sino a material es la crítica de la literatura socialista de la primera parte del siglo XIX (capítulo III) y la definición de la posición de los comunistas en relación a varios partidos de oposición (capítulo IV). Los movimientos y partidos enumerados en el Manifiesto fueron barridos tan drásticamente por la revolución de 1848 o la contrarrevolución posterior, que uno debe buscar hasta sus nombres en un diccionario. Sin embargo, también en esta sección, el Manifiesto quizás está más cerca nuestro ahora que lo que estuvo de la generación anterior. En las épocas de florecimiento de la Segunda Internacional, cuando el marxismo parecía ejercer una influencia sin fisuras, podría haberse considerado que las ideas del socialismo pre-marxista habían quedado definitivamente en el pasado. Hoy las cosas son distintas. La descomposición de la socialdemocracia y de la Internacional Comunista engendra a cada paso monstruosas reincidencias ideológicas. El pensamiento senil parece haberse vuelto infantil. A la búsqueda de fórmulas salvadoras, los profetas en la época de decadencia descubren nuevamente doctrinas enterradas hace muchos años por el socialismo científico.


 


Es en lo que respecta a la cuestión de los partidos de oposición que las décadas pasadas han introducido los cambios más profundos, no sólo en el sentido de que los viejos partidos han sido reemplazados por otros nuevos, sino también en el sentido de que el mismo carácter de los partidos y sus relaciones mutuas han cambiado radicalmente en las condiciones de la época imperialista. Por lo tanto, el Manifiesto debe ser ampliado con los documentos más importantes de los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista, la literatura bolchevique esencial y las decisiones de las Conferencias de la IVª Internacional.


 


Ya hemos comentado más arriba que, según Marx, ningún orden social desaparece de escena antes de agotar sus potencialidades latentes. Sin embargo, aun un orden social anticuado no cede su lugar a un orden nuevo sin oponer resistencia. Un cambio de régimen social presupone la lucha de clases en su forma más cruda, es decir, una revolución. Si el proletariado, por una razón u otra, se muestra incapaz de derrocar con un golpe audaz al perimido orden burgués, entonces el capital financiero, en su lucha por mantener su dominio inestable, no puede hacer otra cosa que convertir a la pequeñaburguesía, a la que ha empobrecido y desmoralizado, en el ejército fascista de los pogroms. La degeneración burguesa de la socialdemocracia y la degeneración fascista de la pequeñaburguesía están interrelacionadas en cuanto causa y efecto.


 


En la actualidad, la Tercera Internacional lleva a cabo en todos los países la tarea de engañar y desmoralizar a los trabajadores, mucho más desenfrenadamente que la Segunda. Al masacrar a la vanguardia del proletariado español, los desatados mercenarios de Moscú no sólo abren el camino al fascismo sino que ejecutan, además, una buena parte de sus tareas. La crisis prolongada de la revolución internacional, que se está convirtiendo cada vez más en una crisis de la cultura humana, se reduce esencialmente a la crisis de su dirección revolucionaria.


 


Como heredera de la gran tradición, de la que el Manifiesto Comunista constituye su eslabón más preciado, la IVª Internacional está educando cuadros nuevos para la solución de viejas tareas. La teoría es la realidad generalizada. La urgencia apasionada por reconstruir la realidad social se expresa en una actitud honesta hacia la teoría revolucionaria. El que en la parte sur del continente negro, compañeros de nuestras mismas ideas hayan sido los primeros en traducir el Manifiesto al idioma africano, constituye otra ilustración gráfica del hecho de que el pensamiento marxista hoy sólo vive bajo la bandera de la IVª Internacional.


 


 


 


Notas:


 


1. Bernstein, Eduard (1850/1932). Dirigente del ala derechista de la socialdemocracia alemana y principal teórico del reformismo y el revisionismo.


2. Kautsky, Karl (1854/1938). Dirigente de la socialdemocracia internacional. Hasta la guerra mundial, encabezó el combate teórico contra el revisionismo bernsteiniano. Más tarde, frente a la Guerra Mundial y la Revolución de Octubre, él mismo se pasó a posiciones revisionistas, oscilando entre el ala derechista y el ala revolucionaria. Fue un ferviente opositor de la Revolución de Octubre.


3. Blum, León (1872/1950). Dirigente del Partido Socialista francés. Primer ministro a la cabeza del gobierno de coalición con los radicales burgueses. Al asumir como primer ministro, en junio de 1936, anunció la necesidad de mantenerse dentro de los límites del sistema capitalista.


4. Chautemps, Camille. Socialista radical francés, ministro del gabinete de Blum.


5. Caballero, Francisco Largo. Dirigente del ala izquierda del socialismo español. Primer ministro del gobierno del Frente Popular; bajo su mandato fueron desarmados los Comités que los obreros españoles habían puesto en pie para combatir a la contrarrevolución; fue desplazado del gobierno después del aplastamiento de la insurrección obrera de Barcelona (mayo de 1937).


6. Negrín, Juan. Dirigente del ala derecha del socialismo español. Reemplazó a Largo Caballero como primer ministro; estrechamente aliado a los stalinistas, fue jefe de gobierno de la República Española hasta la victoria de Franco.


7. Se refiere al sindicalismo amarillo, cuyo principal representante fue Samuel Gompers.


8. Se refiere al hundimiento del anarco-sindicalismo español durante la revolución que siguió al levantamiento de Franco y la guerra civil. Los dirigentes anarco-sindicalistas apoyaron a los gobiernos de Frente Popular que hundieron la revolución y abrieron el camino a la victoria de Franco.


9. Se refiere al ascenso al poder por parte de Mussolini y Hitler.


10. Se refiere a la traición de la Segunda Internacional, cuyas principales secciones nacionales (Alemania, Francia, Austria) apoyaron a las burguesías de cada uno de sus países en la Primera Guerra Mundial.


11. Se refiere a la política de la Internacional Comunista, que sin luchar permitió el acceso de Hitler al poder en Alemania y la victoria del franquismo en España.


12. Se refiere al período que va de 1918 a 1938.


13. Comuna de París. Primer gobierno obrero de la historia, nacido de la insurrección de los obreros de París en marzo de 1871; los primeros decretos de la Comuna fueron la supresión del ejército regular y su reemplazo por el pueblo en armas, la separación de la Iglesia y el Estado, y la abolición de la burocracia estatal (mediante la elección y revocabilidad de todos los cargos, remunerados con el salario de un obrero). La heroica tentativa de la Comuna fue salvajemente aplastada por la burguesía francesa a fines de mayo: 32.000 obreros fueron fusilados en las calles de París entre el 25 y el 28 de mayo de 1871.


 

Un balance en serio de la derrota de Fiat


Confrontar el balance de la lucha de Fiat (ex Cormec) es una necesidad, en particular ahora, que la lucha por los 42 cesantes ha terminado en una derrota, agravada por el despido de Carlos Gallo, secretario general antes del Sitramf y hoy de la UOM Ferreyra, y la persecución sistemática contra el activismo que enfrenta el infierno de flexibilización laboral en las plantas Fiat.


 


Debería interesar extraer todas las conclusiones posibles de esta lucha, la más importante del ciclo de intervención de la clase obrera industrial que se inicia en 1996 y que forma parte de las modificaciones en las relaciones sociales de fuerza a partir del Santiagueñazo (diciembre de 1993), del derrumbe del plan económico y el agotamiento del régimen menemista. Este reingreso de los obreros industriales al escenario político, con los mecánicos, los choferes y los gráficos, no va a disiparse, ciertamente, por éstas y otras derrotas (Atlántida).


 


Varias corrientes de izquierda han publicado sus balances sobre la lucha de Fiat. El Pts editó "Primeras lecciones de un gran combate" (1), fechado luego del levantamiento de la toma de fábrica de enero, que arrojó como saldo el despido de 42 directivos y activistas del Sitramf (2), y de la decisión posterior de los trabajadores de disolver esta organización e ingresar en la UOM. El Mas y el Mst han producido sus propios balances. Debatir las conclusiones de La Verdad Obrera tiene una ventaja adicional: simplifica el debate frente al conjunto de la izquierda, que repite, en un amplio espectro, las posiciones del partido que actúa detrás de este nombre (3).


 


¿La derrota de Fiat era inevitable?


 


El análisis del Pts supone que luego de la ocupación victoriosa de setiembre de 1996, "la patronal, el gobierno nacional y provincial y todas las alas burocráticas conformaron un gran frente para dar el escarmiento, no sólo a los trabajadores de Fiat sino … a todo el movimiento obrero", un frente único monolítico que debía mostrar a los trabajadores que "no se puede hacer nada por fuera de la burocracia". Este frente único antiobrero habría descargado su ataque sobre los trabajadores "aprovechando el parate de las luchas a nivel nacional, con la burocracia negociando con los empresarios y el gobierno la esclavitud laboral y un pacto de paz social" (la ocupación derrotada se inició el 22 de enero de 1997). Para el Mas, en la misma línea, un elemento determinante fue "(la) inmensa ofensiva del frente unido de la patronal, el gobierno y la burocracia sindical" y la inconciencia de los trabajadores sobre ella: "la magnitud de (estos) enemigos … no fue asimilada a fondo por el bando de los obreros" (4). Si la burguesía estaba unida como un puño, si la clase obrera estaba en un parate y encima los trabajadores de Fiat son inmaduros, la derrota de Fiat era poco menos que inevitable y no hay mucho más que hablar. Simplemente se dieron todas en contra.


 


El problema de esta caracterización es que es falsa y, además, tramposa, porque escamotea todos los problemas políticos que se les plantearon a los trabajadores y dirigentes de Fiat.


 


El gran frente de la burguesía y todas las alas de la burocracia para destruir una experiencia que habría sembrado "el pánico" entre ellos, es una muletilla. La clase capitalista tiene una posición tomada en cuanto a imponer el convenio Fiat-Smata a toda la industria, pero de allí a coincidir sobre cómo lograrlo puede haber un abismo, porque tiene que afrontar la descomposición cada vez más vertiginosa del régimen menemista, un cuadro agudo de miseria social y una tendencia a la reconstrucción organizativa de la clase obrera.


 


El desenlace de la primera toma (22 de setiembre de 1996) puso de relieve estos matices de la política de la clase patronal. La conciliación obligatoria que dictó la secretaría de Trabajo de Mestre retrotrajo el conflicto a su punto de partida, suspendió la vigencia del convenio negrero Fiat-Smata y restituyó salarios y normas laborales fijadas en el convenio de la UOM, lo cual consagró una victoria de la clase obrera que, al mismo tiempo, abrió una crisis en las filas patronales. La empresa Fiat (y con ella el resto de pulpos automotrices) se opuso tozudamente a este desenlace, al punto que La Voz del Interior no vaciló en escribir que "Trabajo se equivocó (al) deshacer los contratos que se han firmado" (por los cuales los trabajadores aceptaban el convenio negrero, arrancados bajo chantaje) y que "algunos artículos (de la resolución de la secretaría) dejaron fríos a los empresarios".


 


La secretaría de Trabajo de Mestre actuó de este modo porque quería lograr el desalojo de la planta antes del inicio de la huelga general de 36 horas (26 y 27 de setiembre), y no se equivocó. En ningún lugar como en Córdoba la huelga fue tan masiva y combativa, y de haberse fusionado con la ocupación, la lucha contra la flexibilización laboral se hubiera convertido en una voz de orden para toda la clase obrera. Durante la segunda ocupación, la política del gobierno fue variando con el correr de las horas: se había propuesto no intervenir frente a los despidos porque suponía reconocer la existencia de un conflicto colectivo que la empresa negaba, y terminó dictando la conciliación trucha cuando los trabajadores respondieron, con la ocupación y el control de la entrada a la planta, a las cesantías.


 


¿"Parate" de las luchas obreras?


 


La segunda ocupación de Fiat comienza el 22 de enero, oportunidad en la que, según La Verdad Obrera, los obreros de Fiat van a pelear en las peores circunstancias, por el doble cerrojo del frente único de la burguesía y la burocracia, decidido a aplastarlos, y el parate de las luchas obreras. Para el Mas, casi en sintonía, fue clave "el aislamiento en que se dio (esta) segunda toma"; "los obreros industriales no son la vanguardia del proceso de luchas del país, sin lograr en muchos casos superar todavía los años de derrota" (5).


 


Para apreciar de qué se habla, entre la primera toma (setiembre de 1996) y la segunda transcurren sólo cuatro meses. En este tiempo, y si se quiere desde más atrás, desde la caída de Cavallo, Juan Ramón Mestre es un gobernante sitiado. El 23 de agosto, una pueblada educativa de 50.000 estudiantes, docentes y padres paraliza de un golpe la reforma educativa; el 17 de setiembre, la ocupación de Fiat impide la aplicación del convenio Fiat; el 26 y 27 del mismo mes, una impresionante huelga general vuelve a golpear la flexibilización laboral; en octubre, los estatales frenan la rebaja de los adicionales, un paso hacia el salario asistencial propuesto por el Banco Mundial; el 12 de noviembre, la ocupación de Ciadea vuelve a dejar la tercerización en suspenso; a principios de diciembre, la rebelión de los trabajadores lucifuercistas gana las calles y barre con los burócratas más comprometidos con el proceso de privatización y partición de Epec; el 20 de diciembre, Menem renuncia a viajar a Córdoba ante un clima popular irrespirable; el 26 de diciembre, Córdoba vuelve a parar en masa contra los decretos que pulverizan los convenios colectivos de trabajo. Un mes después de esto, se vuelve a ocupar Fiat.


 


¿Viendo esta enumeración, se puede hablar de un parate en las luchas obreras o un aislamiento determinante de la derrota en Fiat? En enero del 97 no hubo, como en setiembre del 96, una huelga general que pudiera entroncar con la ocupación y apresurar su desenlace, pero existían las mismas condiciones que presidieron la primera victoria contra el convenio negrero. Plantear como causa del retroceso en Fiat que "los obreros industriales no son la vanguardia del proceso de luchas" a nivel nacional es una impostura y una mentira. Impostura porque es un argumento traído de los cabellos para explicar el supuesto aislamiento de la lucha en Fiat. Mentira porque la propia Córdoba desnuda la tendencia de la clase obrera industrial a intervenir macizamente, algo que Mestre tiene muy claro por historia y que está lejos de ser un fenómeno cordobés, como se aprecia en las huelgas y la reconstrucción del movimiento obrero del cordón de la zona Norte de Rosario, en la deliberación y los procesos de lucha en las plantas siderúrgicas o en la huelga de Atlántida y el salto en la organización en las plantas gráficas.


 


Sosteniendo la tesis del absoluto aislamiento de la lucha en Fiat, estas corrientes van a proponer a los trabajadores la retirada. Es el caso del Mas: "en nuestra opinión, respetando la de otros compañeros y dirigentes de la Fiat que opinan distinto, esa medida (la ocupación) fue un error" (6). O el caso más sibilino del Pts: "si se opinaba que la relación de fuerza no daba (como decían los dirigentes de la CTA) había que decirles la verdad a los trabajadores para que realmente se pudiera decidir democráticamente sobre lo que se venía" (7).


 


El problema no residió en el error táctico de la ocupación o en la relación de fuerzas desfavorable, sino en la estrategia dictada por la CTA y por un sector de la Comisión Provisoria. Los argumentos de estas corrientes de izquierda blanquean la responsabilidad política de la fracción de la burocracia sindical que tuvo la responsabilidad directa en la conducción del conflicto y que arrastra más derrotas que años de existencia. El levantamiento de la toma a cambio de una caricatura de conciliación la parte obrera carecía de representatividad sindical, los cesantes quedaban fuera fue impulsada por los dirigentes y asesores de la CTA e impuesta contra vacilaciones dentro de la propia conducción del Sitramf y en la base fabril.


 


Pero aun suponiendo que el levantamiento de la ocupación fuese inevitable para preservar la unidad fabril y luego volver a salir en mejores condiciones, todos los hechos posteriores revelaron que no se estaba en presencia de una decisión táctica impuesta por las circunstancias, sino de una política que quería ahorrarse a toda costa los riesgos de una lucha sin cuartel.


 


Por esta política no se actuó en función de volver a ocupar la planta al fin de la conciliación, lo que hubiera llevado a formar piquetes, armar una red de abastecimientos, crear un comité de apoyo, llamar a un paro general al Smata y formar la interfabril automotriz.


 


Por esta política se desperdició la enorme oportunidad que planteó el paro del 17 de abril, en el que los trabajadores pararon masivamente y marcharon encolumnados al centro de la ciudad, como parte de la ola huelguística nacional (Neuquén, Atlántida) y de una intensa deliberación en las plantas mecánicas contra los convenios Fiat.


 


Por esta política se desintegró el Sitramf y se hizo regresar a la UOM a los trabajadores de Fiat, repitiendo el operativo político por el cual, hace trece años (1984), Alberto Piccinini, Francisco Gutiérrez y Carlos Gdansky pactaron con Lorenzo Miguel la liquidación del ascenso combativo y antiburocrático en la UOM, no bien "llegaron al poder" en cada una de sus seccionales. Luego de la retirada en Córdoba, Luis Reinaudi, asesor legal de la UOM Ferreyra y miembro de la CTA, hará el balance de la derrota inevitable: "los límites de la lucha antiburocrática están a la vista: es suicida atacar la estructura misma del movimiento obrero. No se puede combatir una conducción proponiendo el sindicato por empresa, aun con un cierto grado de autonomía" (Deuda Externa, abril/mayo 1997).


 


Detrás de la rendición de las seccionales rebeldes en la UOM en el 84, y la rendición de Fiat trece años después, están los mismos responsables: los constructores de la CTA y el Frepaso.


 


La política del PO


 


Tanta cautela y preocupación táctica sobre la oportunidad de la ocupación soslaya lo fundamental: el enfrentamiento contra la Fiat era inevitable y el momento de la batalla, si no lo fijaban los obreros, iba a ser fijado por la patronal. Desde el momento en que se vio obligada a renunciar a la vigencia del convenio flexibilizador en forma inmediata, la Fiat se lanzó a una guerrilla de provocaciones contra los obreros con la intención de medir su actitud y prepararse para la creación de un conflicto en el momento oportuno. El problema era si los trabajadores se preparaban para librar esta batalla decisiva o no, sea porque confiaran en una intervención neutral del Estado, ante los temores a un conflicto generalizado, o porque, en cualquier caso, estimaran que no había condiciones para empeñarse en esa batalla.


 


El PO actuó, en función de este diagnóstico, llamando a impulsar el movimiento de lucha del grueso de la clase obrera contra el convenio Fiat y a poner en pie una interfabril, objetivamente planteada por la ofensiva común de las patronales y por las manifestaciones de rebelión de los trabajadores en cada una de las plantas mecánicas.


 


Esta política tuvo un contenido distinto en cada fase de la lucha.


 


Luego de la victoria de la ocupación y del imponente paro de 36 horas del 26 y 27 de setiembre de 1996, llamamos a todas las centrales, sindicatos e internas a constituir un Comando Obrero contra el convenio negrero y lanzar la lucha por convenios por industria y paritarios de base. Advertimos, frente a la puja burocrática UOM-Smata por los trabajadores de Cormec, que "primero hay que conquistar un convenio que contemple los reclamos … no al convenio Fiat, ni para empezar a discutir" (8).


 


Frente al compromiso entre la Comisión Provisoria y la patronal (9), dijimos: "el acuerdo firmado es un paso atrás del movimiento obrero, pero no es, ni de lejos, tampoco el desenlace deseado por los capitalistas. La vigencia de la asamblea obrera en Fiat y de la Comisión Provisoria son realidades que ni la empresa ni la burocracia del Smata están dispuestas a tolerar. Esto permite pronosticar un tercer round ¿o (la nueva dirección) será asimilada por la burocracia?" (10).


 


Llamamos a convertir la iniciativa de constituir una seccional del Smata en Ferreyra en una palanca de rebelión de todos los trabajadores mecánicos, a través del impulso a un plebiscito en las terminales por la renuncia de la comisión directiva del Smata Córdoba, en el momento de mayor desprestigio de esta burocracia por la firma del convenio infame y su capitulación frente a las tercerizaciones, un programa superconcreto para poner en pie una interfabril con los dirigentes de Fiat y de la combativa Lista Blanca a la cabeza.


 


Esta es la rendición de cuentas de la política del PO hasta el momento en que los trabajadores deciden fundar el Sitramf (15 de enero de 1997). ¿Qué política tuvo el resto de la izquierda? El Ptp se declaró partidario de que los trabajadores de Cormec, que habían expulsado a patadas a los burócratas de la UOM, perseveraran … en la UOM. La Corriente Patria Libre se definió por el ingreso incondicional … al Smata, como lo exigía Campellone. Del Mst no conocemos la posición, pero no tiene importancia, porque formaba parte, junto al Ptp y la Cpl, del Plenario Sindical Combativo, que en este punto, como se ve, se dividió entre Lorenzo Miguel y José Rodríguez. El PC, a esta altura, formaba parte de la conspiración con Piccinini y la CTA para hacer reingresar a los trabajadores de Fiat a la UOM. No puede llamar la atención que la única corriente que llamó públicamente a votar la moción 2 (creación de la seccional Ferreyra del Smata) en el plebiscito realizado en Fiat haya sido el PO, "porque de todas las variantes presentadas, abre la posibilidad de unir a los trabajadores de Perkins, de Ivecco, de Chrysler y de las autopartistas a radicarse en la zona, para luchar contra el convenio Fiat-Smata" (11).


 


Estos son los hechos, pero existe un segundo capítulo.


 


La izquierda y el Sitramf


 


En el mes de febrero, el PO propuso a la izquierda, en los plenarios por la constitución de un frente, un acto común en Córdoba en defensa del Sitramf y en oposición a los 42 despidos. Con la excepción de La Verdad Obrera, el resto de la izquierda no quiso saber nada.


 


¿Por qué? Porque la izquierda no quería fijar una posición propia de oposición a la absorción del Sitramf por Lorenzo Miguel o, dicho de otro modo, no estaba dispuesta a defender la independencia de Sitramf. Es aleccionador que cuando los trabajadores deciden constituir un sindicato autónomo, independiente de la burocracia, con pautas estatutarias que fijan la revocabilidad de los delegados y los directivos por asamblea, es decir, un sindicato con rasgos clasistas, esta izquierda mira para otro lado. No lucha por su reconocimiento, no lucha por la formación de una interfabril que lo sostenga, ni lucha por la expulsión de Campellone del Smata, que es la completa derrota del convenio infame.


 


De nuevo los hechos. Para el Ptp, la fundación del Sitramf, "un sindicato prácticamente de empresa, (es una) decisión polémica en estos momentos para la situación del movimiento obrero" (12). Para los ex maoístas, el Sitramf era un sindicato rompehuelgas ("amarillo") y la política era no romper la orgánica con la UOM, aliada del MTA. No casualmente, en el 2º Plenario Sindical Combativo, convocado por el Ptp, el Mst y la CPL, y concretado el 1º de marzo en Córdoba, es decir, días antes de la decisión de las asambleas de Fiat de reingresar a la UOM como seccional Ferreyra, no se planteó una sola palabra en defensa del Sitramf.


 


El PC apoyó la disolución del Sitramf y la integración de los trabajadores a la UOM, a la cual identificó, contra todas las evidencias, como "enfrentada a la flexibilización en forma global" (13). Para el Mas, volver a la UOM era "un retroceso", pero no rechazó esta decisión, porque aun así, "en un terreno distinto (sigue) la pelea por (la) organización independiente" (14). Cualquiera puede darse cuenta que, para quienes luchan por la independencia obrera, la pelea sigue en cualquier terreno; el problema es si se opusieron en el lugar y la hora indicados a la movida de Miguel, cosa que no hicieron.


 


Por estas razones, no hubo acto común de la izquierda en defensa del Sitramf y de los 42 cesantes. Entre Lorenzo Miguel y el Sitramf, la izquierda, en masa, votó por el Loro. Siguió el libreto elaborado en los cuarteles de la UOM y la CTA, que plantea la disolución de las corrientes combativas en el miguelismo en base a la historia, según la cual el veterano dirigente encarnaría una corriente de resistencia histórica al avasallamiento del convenio único y el sindicato.


 


Todas las corrientes se desgañitaron reclamando un plan de lucha a la UOM, algo desatinado, porque la burocracia miguelista era parte interesada en la derrota de Fiat y porque el centro de una resistencia era la organización de las plantas de Ferreyra y la interfabril. El Mst va a llegar a decir que "la planta está debilitada … a causa de la UOM, (que) nunca apoyó a los obreros de Fiat aunque la seccional estuviera reconocida por el secretariado nacional … hay que exigir de verdad a Lorenzo Miguel y la UOM" (15). Expresiones de este tipo ocupan su buen espacio en la prensa del Mas, el PC o el Pts.


 


El PO planteó: "No a la UOM, ni Rodríguez, ni Miguel, Interfabril" (16).


 


La inmadurez de los trabajadores de Fiat o "la nostalgia ya no es lo que era antes"


 


La izquierda, que en la lucha de Fiat ha actuado como furgón de cola de cada una de las burocracias actuantes, le hace, sin embargo, un fuerte reparo a los dirigentes del sindicato de Ferreyra: su "inmadurez" o su escasa conciencia de clase en comparación con las direcciones de la década del setenta en los sindicatos Fiat. Para La Verdad Obrera: "la nueva camada de dirigentes que ha surgido hoy, es aún inmadura. No han surgido todavía los Páez, los Sufi, los Bizzi, los Flores, los que estuvieron presos por ser parte de la directiva del Sitrac y los más importantes representantes del clasismo" (17).


 


Para el Mas, "lejos estaban los dirigentes y obreros de hoy (de Fiat) de (aquellos) del programa revolucionario del Sitrac-m del 70" (18).


 


Prueba de esta "inmadurez" sería que los viejos dirigentes de Sitrac y Sitram "se apoyaron con todo en la democracia obrera … no era solamente que la base votaba y decidía sino que en las asambleas siempre había varias mociones distintas abiertas para debatir (!?). El Sitramf no dio aún esa calidad de dirigentes…" (19).


 


Destacar la supuesta inmadurez de los trabajadores de Fiat tiene como único propósito encubrir las responsabilidades flagrantes del paso atrás en Fiat, que son de la CTA y de la propia izquierda, que actuó como comisionista de ésta y otras burocracias. Por otra parte, ¿a qué debería llamarse inmadurez de la clase obrera en la Argentina? A una débil asimilación del agotamiento político del peronismo y del democratismo burgués que hoy se ofrece como relevo. En las últimas elecciones, el peronismo perdió 1.200.000 votos, de los cuales menos de 400.000 fueron a la Alianza y otro tanto fue a la izquierda. Existen sobradas razones para pensar que una gran parte del electorado que votó por la Alianza, que ha participado de los cortes, las huelgas y las marchas, dará la espalda a esta dirección no bien termine de comprobar su carácter antiobrero y proimperialista. Es decir, por referencia a los cincuenta años de poderoso nacionalismo burgués, que dominó sin rivalidad en todos los planos (sin una izquierda marxista que peleara su hegemonía durante un gran período), estamos en el punto más alto de madurez de la clase obrera.


 


Ni aislamiento, ni inmadurez. Los dirigentes de Fiat se sometieron en un momento clave a la política de derrota de los Bazán y Piccinini, con dudas y con gran desconfianza. Tienen un crédito abierto sobre su desenlace político, infinitamente mayor que los avisados izquierdistas que les propusieron ingresar como rebaño a la UOM o al Smata y disolver cuanto antes el Sitramf. La izquierda no ha entendido aún que el centroizquierda, expresado en la CTA, no es un producto de la inmadurez de la clase obrera, sino un sector que ha elegido conscientemente el pasaje del revolucionarismo pequeño burgués al democratismo burgués proimperialista y se aprovecha de esta situación.


 


Finalmente, Sitrac-m


 


La reivindicación de esta experiencia por la izquierda es absolutamente oportunista. Los sindicatos clasistas opusieron a la "democracia con justicia social", patrimonio común de Cafiero, Chacho Alvarez, Frepu o IU, la lucha contra las soluciones burguesas o pequeño burguesas en función de "la clase obrera acaudillando a las masas interesadas en la lucha anticapitalista y antiimperialista"; a la "extensión de los principios de la democracia a las fuerzas armadas" (Frepu o IU), la "destrucción de las fuerzas armadas" (20); al "pluralismo en los sindicatos" (ídem), una dirección clasista y revolucionaria en las organizaciones obreras; a la no ruptura con el FMI (ídem), la expulsión del imperialismo.


 


A la hora de confrontar una y otra perspectiva política, de los sindicatos clasistas no se habla. A la hora de marcar a fuego la responsabilidad del centroizquierda y de la propia izquierda en el hundimiento de la lucha en Fiat, los sindicatos clasistas son invocados (y aun embellecidos) para mostrar que la situación no da, y que la actual generación obrera es un conjunto de mentecatos. Expresan su desmoralización y su horizonte político, encarnado en la pequeño burguesía.


 


La enorme militancia clasista y antiburocrática de la década del setenta fue canalizada por organizaciones que no planteaban la independencia de clase como viga maestra de su estrategia, pero éste fue un fenómeno transitorio, como se reveló en la propia maduración de la dirección del Sitrac y Sitram. El resultado último de la evolución política de esta generación sólo se puede prejuzgar, porque lo que acabó con ella fue la dictadura militar.


 


La nueva dirección obrera de Fiat, que tiene crédito abierto en cuanto a su evolución política, enfrenta un escenario diferente al de sus mayores del setenta. Entonces, "las expectativas de la clase en el peronismo, que todavía no había entrado en descomposición, actuaban como un dique de contención que impedía la penetración de las ideas clasistas en el plano político" (21). Si algo acaban de revelar las elecciones recientes es el desplazamiento de miles de trabajadores hacia la izquierda y el PO, directamente desde el peronismo. Una fracción significativa de la clase obrera les ha dicho basta a los partidos capitalistas y ha expresado la voluntad de construir un partido obrero. Esos compañeros también están en Fiat.


 


 


Notas:


 


1. Ediciones La Verdad Obrera, marzo 1997.


2. Luego del rechazo de la burocracia del Smata a la constitución de una seccional Ferreyra, reclamada por los trabajadores de Fiat para poder discutir el convenio y dotarse de autonomía, las asambleas de planta, a iniciativa de la Comisión Provisoria, resolvieron constituir el Sindicato de Trabajadores Metalmecánicos de Ferreyra.


3. Pts, luego MoJuVor, luego La Verdad Obrera.


4. Solidaridad Socialista, 10/7/97.


5. Idem.


6. Idem.


7. Ediciones La Verdad Obrera, marzo 1997.


8. Prensa Obrera, 3/10/96.


9. El acuerdo entre la patronal de Fiat y la Comisión Provisoria estableció el pago de la indemnización de ley por el cierre de Cormec y una garantía salarial del 90-95% del salario durante dos años como plus por encima de los básicos de convenio Fiat (un 40% más bajos que los del convenio UOM). Los trabajadores de la ex Cormec quedaban afectados a una jornada laboral menos flexibilizada que sus compañeros de la terminal y varios puntos quedaron en debate ("19 puntos"). El acuerdo establecía la vigencia del convenio Fiat-Smata para el conjunto de los trabajadores, un paso atrás respecto a la situación abierta con la ocupación, que había logrado reinstalar el convenio de la UOM. Para los compañeros de la Comisión Provisoria, esto estaba compensado por la obtención del plus que impedía la rebaja del salario hasta el momento de renegociar el convenio infame, que rige hasta el 31/12/98.


10. Prensa Obrera, 17/10/96.


11. Prensa Obrera, 14/11/96.


12. Hoy, 19/2/97.


13. Propuesta, 20/2/97.


14. Solidaridad Socialista, 20/2/97.


15. Alternativa Socialista, 4/6/97.


16. Prensa Obrera, 20/2/97.


17. Ediciones La Verdad Obrera, marzo 1997.


18. Solidaridad Socialista, 10/7/97.


19. Ediciones La Verdad Obrera, marzo 1997.


20. Citas extraídas de la Declaración del Sitrac-m al "Congreso de Sindicatos Combativos, Agrupaciones Clasistas y Obreros Revolucionarios", agosto 1971.


21. Sitrac-m: del Cordobazo al clasismo; Gregorio Flores, Ediciones Magenta;Bs.As;1995


 

La ilusión del realismo y el realismo de la utopía


Ensayo presentado a la Conferencia Científica Internacional organizada en la Universidad Estatal de Moscú el 22 y el 23 de junio de 1996 por el profesor Alexander V. Bouzgalin.


 


 


1. Ser un realista hoy, significa estar realmente conforme con las ideas sobre la realidad de la clase dominante incluso, si estas ideas son contradichas constantemente por la propia realidad. ¡Generalmente, cuanto más tonta es una idea dominante, más aceptada se vuelve como una verdad obvia, y más se convierte el realista, es decir, en realidad, el conformista, en un idiota significativo y muy respetado!


 


La Academia y los medios masivos de comunicación están llenos de ellos. Francis Fukuyama, en filosofía de la historia, o Jeffrey Sachs, en economía, son dos de los ejemplos más notorios. Repiten constantemente el disparate del fin de la historia, de la final y completa victoria del capitalismo liberal o de la singular eficiencia de la terapia de shock neoliberal, a pesar de que el veredicto de la historia la ha condenado para siempre.


 


Los que quieren presentar una alternativa a estos puntos de vista sólo alterando o mejorando los mismos disparates, son incluso peores. Ridículamente, repiten constantemente que "no hay fin para la historia, pero por supuesto (¡por supuesto!) el capitalismo es el único sistema posible por un período indefinido de tiempo". O "estamos de acuerdo con que la terapia de shock no fue una terapia e incluso fue peor que la propia enfermedad, pero permítannos intentar tener un poco más de terapia y un poco menos de shock", "permítannos intentar una versión más gradual de lo mismo" el llamado modelo chino o una REP, una Real Política Económica según el famoso (o mejor dicho, infame) término usado por los realistas de la escuela de Ziuganov/Partido Comunista de la Federación Rusa. Particularmente después del colapso del stalinismo en Europa del Este y la implosión de la Unión Soviética de 1989/91, la sabiduría de hoy en día es proclamar la inevitabilidad, e incluso la deseabilidad del mercado, su supuestamente probada superioridad sobre la planificación, considerada como ineficiente, sin esperanzas, enterrada de por vida bajo las ruinas del desmanejo burocrático del stalinismo.


 


En el mismo sentido, la revolución fue rechazada como una utopía y/o una catástrofe. Fue reemplazada, tanto en el Este como en el Oeste, por un giro abierto de los viejos revolucionarios hacia el reformismo en un período en el que la crisis global del capitalismo ha hecho tan problemática, y hasta sin esperanzas, la implementación de cualquier reforma seria favorable a las masas populares.


 


Todas estas pretensiones de realismo son definitivamente el polo opuesto de lo que, según el marxismo, es realmente el realismo: "la forma más de evaluación cuantitativa y cualitativa elevada de la realidad objetiva" con todas sus contradicciones en constante movimiento y cambio, en transición, "desde el punto de vista de la acción revolucionaria" (1).


 


2. La forma dominante del realismo manifiesta las ilusiones dominantes en las clases dirigentes. Pero esta ilusión de realismo no es ni un completo disparate ni un inmediato y simple efecto co-lateral de los shocks producidos por los dramáticos giros de la historia. Hay un realismo en la ilusión, un poder compulsivo y convincente en él, un elemento objetivo que no puede ser dejado de lado. Pero la peor ilusión de todas es que estas ilusiones no tienen base real en el mundo objetivo, material, y pueden ser superadas simplemente por medio de la ilustración y la retórica de la propaganda.


 


El realismo de las ilusiones está basado en contradicciones reales del mundo material, histórico, emergiendo como formas necesarias de aparición en la conciencia social de las masas, y entonces ellas son moldeadas posteriormente en formas ideológicas.


 


No estamos tratando simplemente con una falsa conciencia, ilusiones, sino con procesos que deben ser confrontados con su origen material, histórico, tanto teórica como prácticamente. El núcleo de estos procesos, su matriz, se encuentra en el fetichismo de la mercancía, analizado por Marx en El Capital, como la primordial relación de alienación donde "una relación social definida entre seres humanos asume la forma imaginaria de una relación entre cosas" (2). Esta relación fundamental, invertida, entre el sujeto y el objeto, no es estática; se desarrolla históricamente en el fetichismo del capital, cuya fórmula trinitaria abarca "todos los secretos del proceso de producción social" (3); finalmente, "las relaciones de capital asumen su forma más externalizada y fetichista en la forma de capital que produce interés" (4).


 


El desarrollo histórico del fetichismo sigue el progreso histórico de las relaciones de valor y del propio capital, desde su forma mercantil hasta el capital industrial y el capital ficticio la forma dominante en el mundo de hoy de mercados financieros globalizados.


 


Ahora, permítannos tener una visión crítica sobre algunas de las concepciones dominantes en el terreno ideológico en este extraño fin de siècle. En forma particular, trataremos brevemente tres ideas muy prominentes e interconectadas sobre:


 


a) la omnipotencia de la globalización económica;


 


b) la omnipotencia de los llamados nuevos titanes, es decir, de las últimas tecnologías informáticas controladas por el gran capital financiero que gobierna en un mítico mundo posindustrial, más allá de la vieja sociedad industrial, que fue acosada por su molesto y feroz viejo fantasma, la clase obrera. No más industrias, entonces, ¡no más fantasmas!;


 


c) la supuesta irrelevancia actual de la vieja división entre la derecha y la izquierda.


 


Aparentemente, estas tres ideas conducen a la conclusión de que no es posible ninguna perspectiva de cambio revolucionario en la sociedad, ni siquiera en el más salvaje de nuestros sueños. ¡Esta es la quintaesencia del realismo en nuestros días! …


 


3. En los últimos años, las discusiones sobre la globalización se volvieron apologéticas de la hegemonía del capital financiero: "Nadie, ningún Estado nacional, ningún gobierno nacional, y sobre todo ningún movimiento de masas, puede desafiar exitosamente el poder supremo de los mercados globalizados".


 


Este último punto está prácticamente refutado por sucesos como la rebelión zapatista contra el Nafta o la movilización de masas de diciembre de 1995 en Francia contra las directivas de Maastrich, de la Unión Europea y la dictadura del capital globalizado. 


 


Está más allá de toda duda que la globalización económica ha alcanzado dimensiones sin precedentes; que las firmas financieras capitalistas, controlando recursos mucho mayores que los que cualquier Estado nacional o gobierno incluso los más poderosos pueden tener a su disposición, están transfiriendo cada día, a cada hora o segundo, cantidades colosales de capital desde un mercado financiero a otro en la otra punta del planeta, sin que ningún gobierno, ni autoridad nacional, pueda controlar estos movimientos y sus consecuencias.


 


Es verdad que los mercados globalizados y sus demandas, que dirigen el destino de la economía de todos los países y continentes, aparecen como una fuerza extraña, que existe fuera de la real vida de la gente, fuera de su control, de su voluntad e incluso de su actividad, mandando por sobre sus vidas y muertes. La globalización del capital se convierte en una forma suprema y en fuente de alienación.


 


Al mismo tiempo, la propia globalización se convierte en la globalización de las contradicciones del capital, en el origen de sus crisis y en una forma de transición hacia un nuevo modo de producción superior, para el cual produce la necesaria base material y potencial.


 


Marx predijo estos desarrollos. Escribió en los Grundrisse: "… la universalidad por la cual se esfuerza incesantemente el capital, se levanta contra las barreras de la propia naturaleza del capital, barreras que, en cierta etapa de su desarrollo, le permitirán ser reconocido convirtiéndose a sí mismo en la mayor barrera en el camino de esta tendencia, y entonces lo conducirán hacia la trascendencia a través de sí mismo" (5).


 


Esta tendencia a la universalidad, a la formación de una división internacional del trabajo y de una economía mundial, se manifiesta desde el comienzo del capitalismo. El capitalismo es el sistema del valor que se auto-expande , que rompe todas las barreras de las economías naturales basadas en los valores de uso. La tendencia a la universalidad evoluciona con el capital, madura con él y choca con él, especialmente cuando alcanza su punto más alto bajo el capitalismo, en la etapa de su decadencia imperialista.


 


"Mientras el capital es débil, escribe Marx, busca sus propias muletas en modos de producción pasados o en modos de producción que desaparecerán con su ascenso. Tan pronto como se siente lo suficientemente fuerte, tira las muletas y se mueve según sus propias leyes. Tan pronto empieza a sentir que él mismo es, y es sabido que es, una barrera al desarrollo, se refugia en formas que, mientras aparentemente completan el dominio del capital, quebrando la libre competencia, simultáneamente proclaman la disolución del capital y del modo de producción basado en él" (6).


 


Aquí tenemos un conciso resumen del desarrollo del capitalismo como "un proceso histórico-natural".


 


Si el capital mercantil está más desarrollado cuando el capitalismo está menos desarrollado, el capital industrial es su forma madura y el capital financiero es su forma dominante en la época de su declinación histórica.


 


4. Hoy, la entidad capitalista más avanzada no es la empresa industrial, incluso las altamente desarrolladas con una cadena internacional de unidades productivas y una red internacional de distribución, sino la compañía transnacional como una firma financiera, que usa sus propios activos industriales como una parte de su arsenal en sus expediciones financieras en los mercados de capitales globalizados del planeta.


 


El dominio y el parasitismo del capital financiero ha adquirido proporciones mucho mayores que en los días en que Lenin escribió su libro sobre el imperialismo.


 


Si en el primer período del imperialismo, las Big Three, las mayores empresas capitalistas del mundo, eran todavía Ford, GM y Chrysler; hoy han sido reemplazadas por un nuevo Big Three: Fidelity Investments, Vanguard Group y Capital Research & Management, que no son industrias, ni están basadas directamente en el capital industrial; manejan, como firmas financieras, enormes cantidades de fondos de pensión. La globalización, particularmente en los últimos 15 años, es la base, la fuerza conductora y el resultado de la expansión del capital financiero.


 


Para alcanzar el presente nivel de desregulación de los mercados financieros globalizados, controlando la vida económica internacional, se ha dado, primero, un período de 30 años de estallidos bélicos, revoluciones y contrarrevoluciones, desde 1914 hasta 1944, y después, un segundo período de 30 años de expansión y boom del mundo capitalista, después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en el marco de los acuerdos de Bretton Woods de internacionalizadas políticas keynesianas.


 


Todos los equilibrios económico, social, político, geoestratégico establecidos como resultado de estos dos períodos históricos, entre las dos guerras mundiales y después, están colapsando en la última parte de este tumultuoso siglo.


 


Primero, fue el edificio keynesiano de Bretton Woods el que colapsó a principios de los 70, como resultado de una crisis sin precedentes de sobreproducción de capital, provocada por el prolongado boom inflacionario en el período de posguerra.


 


Fue bajo el impacto de esta crisis de sobreacumulación que tuvo lugar el giro al neoliberalismo y, sobre todo, una fantástica carrera hacia el capital financiero.


 


Todos los intentos de superar la crisis sólo lograron exacerbarla, expandiendo y agudizando las contradicciones.


 


La acumulación de la deuda mundial y las intervenciones del FMI para manejar el problema, la desregulación de los movimientos de capital, la introducción de tecnologías innovadoras, la reestructuración o desguace de industrias y el completo giro neoliberal anti-keynesiano iniciado por Thatcher y Reagan a comienzo de los 80, devastaron el panorama social en el mundo capitalista, tanto en los países adelantados como en los atrasados, pero fracasaron en superar la crisis.


 


Incluso, una bien conocida publicación reaccionaria de los Estados Unidos, respaldada por la CIA, como Foreign Affairs, tuvo que admitir recientemente que "el fracaso del avanzado capitalismo globalizado para mantener la expansión de la riqueza, plantea un desafío no sólo a quienes hacen las políticas, sino también a la moderna ciencia económica. Por generaciones, a los estudiantes se les enseñó que el incremento del comercio y la inversión, junto a los cambios tecnológicos, elevarían la productividad nacional y crearían riqueza. Ya en la década pasada, a pesar del boom continuado del comercio y las finanzas internacionales, la productividad se ha estancado, mientras han empeorado la desigualdad en los Estados Unidos y el desempleo en Europa" (7).


 


Lo que aparece como un espejismo post-industrial no es más que una imagen invertida del retroceso de la base productiva industrial, y de la sobre-expansión del capital financiero improductivo, ficticio, es decir, parasitario. La consecuencia es una situación dramática de desempleo crónico de masas, que tiene actualmente explosivas manifestaciones sociales. Nuevamente, como el mismo artículo de Foreign Affairs enfatiza "en Europa occidental, la cifras del desempleo asustan. En Francia, el promedio de desempleo entre 1969 y 1973 fue de 2,6%; hoy se encuentra por encima del 11%. En Alemania, la tasa estaba por debajo del 1%; hoy está cerca del 10%. En Bélgica, la tasa de desempleo se ha cuadruplicado en los últimos 20 años. Los europeos han creado una generación perdida de trabajadores…" (8).


 


La situación en los Estados Unidos es diferente sólo en la forma. Como observa Edward Luttwark, "los empleos en la venta minorista, los servicios de salud, los pequeños negocios (del tipo de baño de perros en su propia casa) se han incrementado tanto en los Estados Unidos, que la tasa oficial de desempleo ha estado cayendo a pesar de todas las reestructuraciones (…) El secreto de la economía norteamericana, envidiada por su habilidad para crear trabajos, no es un misterio: es lo bastante fácil emplear gente cuando es tan barato contratarla, tan fácil despedirlos (diferenciado del autor) () durante los años de Reagan, los trabajadores de Estados Unidos perdieron los empleos industriales bien pagos, viéndose forzados a aceptar los salarios mínimos de la rama de servicios" (hamburguesas al instante).


 


En este "capitalismo turbo-acumulado", como lo llamó Luttwark, "el efecto combinado de los rápidos cambios tecnológicos, el retroceso de los controles estatales y la globalización (…) la economía de los Estados Unidos creció mucho desde 1978, pero los ingresos de siete de cada diez norteamericanos han declinado" (9).


 


Esto, por supuesto, se aplica a la sección más o menos empleada de los trabajadores blancos norteamericanos. La situación es incomparablemente peor para la comunidad afro-americana, que en sus ghettos, sostiene "una permanente intifada de jóvenes negros desempleados y que no están en condiciones de ser empleados" (10).


 


El capitalismo no sólo condena al hambre y las privaciones al 80% de la humanidad que vive en el Tercer Mundo, sino que reduce también cada vez más al status del Tercer Mundo a vastas áreas de las megaciudades de los países metropolitanos. No es accidental que en Harlem, un barrio de Nueva York, la expectativa de vida sea más baja que en Bangladesh. El capitalismo turbo-acumulado de la época de declinación se ha transformado en un infierno, una pesadilla peor que la de los días febriles del capitalismo industrial en el siglo XIX en Inglaterra, descriptos por Charles Dickens y analizados por Marx y Engels. Este es el verdadero "valiente nuevo mundo" del tipo supuestamente post-industrial.


 


5. Sobre la base de esta devastación social en los avanzados países industrializados, los sistemas políticos parlamentarios, en la forma que fueron reestablecidos en el período de la segunda posguerra, están exhaustos, completamente incapaces de manejar la crisis, o de disipar las tensiones sociales. Entonces, están cayendo. Italia fue el primero, pero no el último ejemplo. Detrás de todo lo que se dice sobre la superación de la división entre la derecha y la izquierda y sobre la actual convergencia programática de amplias coaliciones, de fuerzas autodenominadas vagamente de centroderecha o centroizquierda, detrás de las nuevas formas de realpolitik, se oculta el fracaso de todas las estrategias para encontrar una salida a la crisis capitalista en el contexto del sistema capitalista.


 


Dos estrategias económicas se convirtieron en predominantes durante diferentes períodos de este siglo de capitalismo decadente: la estrategia keynesiana de intervencionismo estatal y de expansión del Estado del Bienestar, y el giro anti-keynesiano hacia el neoliberalismo. Ambas fracasaron, dejando ruinas trás de sí.


 


Los partidos políticos establecidos en el sistema político de derecha y de izquierda, se quedaron sin ningún medio eficaz para hacer aplicables, o al menos plausibles, sus políticas. Por esta razón, tenemos actualmente en Europa esta convergencia, entre la derecha y la izquierda, hacia políticas similares, igualmente anti-populares e igualmente en bancarrota.


 


La que se presenta como una nueva izquierda realista no es tan diferente de la nueva derecha modernizada: un reformismo sin reformas, o mejor dicho, con contra-reformas, del tipo del social-neoliberalismo iniciado por el nuevo laborismo de Tony Blair en Gran Bretaña, o la coalición centroizquierdista de Prodi – Dini – DAlema – Agnelli en Italia.


 


Estas híbridas monstruosidades políticas, pueden por un corto período de tiempo atraer las inclinaciones izquierdistas de las masas, generar ilusiones e incluso hacerles aceptar sacrificios en nombre del realismo y vagas promesas de un futuro mejor. Pero en el mediano y largo plazo, no pueden controlar a las masas y están en un curso de choque contra ellas.


 


Este (contra)reformismo con orientación neoliberal tuvo, y todavía mantiene, la ambición de llenar el vacío dejado por el patético colapso del llamado socialismo realmente existente.


 


Pero incluso si la social-democracia intenta vivir a expensas del cadáver del stalinismo sigue siendo ella misma, como la describiera con exactitud Rosa Luxemburgo hace varias décadas, "un cadáver apestoso".


 


6. El colapso en el Este no hizo revivir el reformismo sólo su ilusión y la de su realismo. De hecho, esto fue la culminación de la ruptura de todos los equilibrios internacionales establecidos.


 


Después del derrumbe de la estructura internacional de Bretton Woods, de las relaciones económicas de la posguerra, a comienzos de los 70, y más tarde, a fines de los 80, de la desintegración del orden geopolítico de la posguerra establecido en Yalta, emergió un Nuevo Caos Mundial.


 


La crisis mundial del capitalismo y el colapso del burocratizado socialismo realmente (no) existente son dos aspectos del mismo proceso histórico de una transición inconclusa y temporariamente bloqueada.


 


Para que el capitalismo pueda superar su crisis y restablecer un nuevo equilibrio internacional, tiene que: a) superar la crisis de sobreacumulación de capital destruyendo al mismo tiempo todas las conquistas sociales de la clase trabajadora; b) reestablecer una nueva relación entre Estados Unidos, Europa y Japón en el sistema mundial, y c) reconectar los eslabones de su cadena internacional rotos por la Revolución de Octubre de 1917, y sus extensiones, es decir, reabsorber, por sobre todo, el viejo espacio soviético dentro del sistema capitalista mundial.


 


Estos tres procesos no pueden desarrollarse sin gigantescas luchas y explosiones sociales.


 


Estos tres procesos se interpenetran e interactúan, más estrecha e intensamente en el continente europeo. La tragedia de los Balcanes, como a principios de siglo, es sólo el primer temblor de los próximos terremotos de la historia. El siglo XXI estará marcado por la interacción de las luchas sociales generadas tanto por la presión del capitalismo globalizado y el desmantelamiento de los restos del Estado de Bienestar en Europa, como por la confrontación en la propia tierra de Octubre sobre su futuro. Sin regresar a una suerte de eurocentrismo, Europa, tanto del este como del oeste, vuelve a ser una de las ardientes arenas de la historia mundial.


 


7. En los tiempos por venir, la historia enfrenta una aporía, un círculo vicioso. La acumulación de contradicciones y obstáculos al desarrollo social no permite concesiones en el presente sistema, ni una solución gradual a la crisis. No hay lugar para las reformas y, al mismo tiempo, una solución revolucionaria aparece como muy remota.


 


Pero entre el ilusorio realismo del reformismo y la aparente utopía de la revolución, la propia realidad no le da ninguna oportunidad a la primera y le brinda a la segunda todas las materias primas necesarias. Los sacudones producidos por las convulsiones del desarrollo histórico en la forma de vida y la conciencia de las masas explotadas crean una gran receptividad a las ideas revolucionarias, y muchas más oportunidades prácticas para probar su corrección en la experiencia de millones.


 


La cuestión clave es que estas ideas revolucionarias no son dadas ni como verdades eternas, ni como dogmas. Ellas mismas deben desarrollarse de una manera revolucionaria, dando un salto cualitativo, asimilando todas las invalorables y trágicas experiencias de este siglo, superándolas, abriendo nuevos horizontes y tomando nuevos riesgos.


 


Esta es la tarea internacional de todos los marxistas revolucionarios.


 


19/20 de junio de 1996, Atenas


 


22 de junio de 1996, Moscú


 


 


 


 


Notas:


 


(*) Savas Michael-Matsas Dirigente del EEK (Partido Obrero Revolucionario), de Grecia. 


 


1. León Trotsky, New Course, 1993.


2. Karl Marx, El Capital, Progress Publishers, vol III pág. 77.


3. Op.Cit. vol. III pág. 814.


4. Op.Cit. vol. III, pág. 391.


5. cf. Marx Engels Collected Works, Progress, vol. 28 pág. 337.


6. Marx-Engels Completed Works, Progress, vol. 29 pág. 39.


7. E.B. Kapstein, Workers and the World Economy, Foreign Affairs, Mayo-Junio 1996 pág.16.


8. Op.cit., pág. 22.


9. Edward Luttwark, Buchanan has it right, London Review of Books, 9 de Mayo de 1996.


10. Op.Cit.


 

La clase obrera y el gobierno de la Unidad Popular


Chile (1970/73)


 


Cuando el 4 de septiembre de 1990, los restos de Salvador Allende fueron trasladados, en una ceremonia auspiciada por el gobierno de la "Concertación" de Patricio Aylwin, desde el Cementerio de Viña del Mar al Cementerio General de Santiago, sólo algunos militares protestaron ante lo que consideraban "un cuadro grotescamente desequilibrado".


 


El general Alejandro Medina calificó de "hipócritas" a Aylwin y su partido (la Democracia Cristiana), porque durante el gobierno de la Unidad Popular "encabezaron la oposición contra el ex-mandatario, y hoy respaldan desde el gobierno el homenaje" (1).


 


La ceremonia, obviamente, formaba parte del operativo "transición democrática", proceso que estaba en marcha desde incluso antes del plebiscito de 1988, y en el cual el partido de Allende (el Partido Socialista) co-gobernaba Chile junto a Aylwin… y Pinochet.


 


"Allende Aún Vive", tituló Página 12 su crónica tras la salvaje represión en Santiago, al cumplirse el 11/9 pasado otro aniversario del trágico golpe de Pinochet, resaltando el hecho que la mayoría de los manifestantes ni siquiera habían nacido cuando se dio el golpe militar. El mismo hecho inquietaba al Ministerio del Interior chileno…


 


Será necesario, entonces, hacer un repaso histórico de lo ocurrido durante el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, para saber si en verdad lo que aún vive es su memoria, o simplemente las ansias de los explotados chilenos por un ajuste de cuentas con sus verdugos, de ayer y de hoy… Porque no es cierto, como sostuviera el escritor Gabriel García Márquez, que Allende muriera "defendiendo toda esa parafernalia apolillada de un sistema de mierda que se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro".


 


Analizar la relación entre las masas chilenas y la UP nos ayudará a comprender cómo el Frente Popular significa la enajenación a un frente de salvataje del Estado burgués, de la independencia política conquistada por los trabajadores (2).


 


La "Revolución en Libertad" de Frei


 


Cuando a mediados de 1969, el Partido Socialista acepta la proposición del PC de ampliar hacia la derecha (buscando atraer a las famosas "capas medias") el anterior frente electoral FRAP, con vistas a las elecciones presidenciales del año siguiente, el gobierno de Eduardo Frei, de la Democracia Cristiana (la llamada Revolución en Libertad), mostraba un notable grado de agotamiento.


 


El derrumbe de Frei significaba el fracaso estrepitoso de la "Alianza para el Progreso", es decir, el plan conjunto del imperialismo y las burguesías latinoamericanas, que buscaba a través de una "modernización" capitalista, tratar de contener la oleada de insurgencia que despertaba la Revolución Cubana.


 


La "Alianza" implicaba para Chile que el imperialismo yanqui aportaría 20.000 millones de dólares en un plazo de 20 años, con el objetivo de propiciar una reforma agraria, mejorar la distribución del ingreso y financiar obras públicas.


 


Pero la burguesía chilena terminaba en bancarrota su experiencia con la Alianza: terriblemente endeudada (el país con mayor deuda externa per cápita después de Israel, la niña mimada del imperialismo), sin ningún tipo de "diversificación" productiva (sólo las exportaciones de cobre constituían el 70%), con una fuerte recesión (una capacidad ociosa del 30%) y enfrentaba un alza de masas.


 


A comienzos de 1968, una gran huelga nacional fue decretada por la Central Unica de Trabajadores (CUT), en contra de un proyecto de ley anti-huelgas. El espíritu combativo de los trabajadores se evidenciará en la actividad huelguística: en el 69 se realizaron 1.939 huelgas que involucraron a un total de 230.725 trabajadores. En el 70 (último año de Frei) la situación estallaba: un total de 5.295 huelgas contaban con la adhesión de 316.280 trabajadores (3).


 


Las nacientes organizaciones de campesinos desbordaban al gobierno, exigiendo el cumplimiento de la "reforma agraria" sancionada en 1967, con la que Frei buscaba crear una nueva clase de pequeños propietarios rurales, y que será resistida por los terratenientes y los sectores más derechistas (los momios, según el lenguaje popular).


 


La radicalización estudiantil se palpaba con la hegemonía universitaria del MIR (organización pro-foquista) y con la ocupación de las universidades católicas de Santiago y Valparaíso (auténticos monasterios oscurantistas), en un intento por democratizar el ambiente universitario, movimiento que culminaría con una gigantesca marcha nacional a Santiago.


 


En esta coyuntura, la burguesía se divide y las FF.AA., a través del general Roberto Viaux, harán al gobierno de Frei un "planteamiento" para que éstas tuviesen de ahora en más una mayor influencia en "las grandes decisiones nacionales".


 


El PC mostrará cierta simpatía hacia estos grupos de la "oficialidad joven", y entreviendo quizás la posibilidad de contar para la "liberación nacional" con un Nasser o un Velasco Alvarado chileno, tomará varios "planteos" para incorporarlos al Programa de la Unidad Popular.


 


Los allendistas, aun después del golpe, justificarán esta política por ser la primera vez en Chile que "un programa de gobierno consideraba como instituciones nacionales, como seres humanos interesados en el proceso social, a las menospreciadas y menoscabadas fuerzas armadas" (4).


 


Nace el Frente Popular


 


En el cuadro antes descripto, es que nace la alianza electoral llamada Unidad Popular (5).


 


El PC retira, entonces, la precandidatura presidencial del poeta Pablo Neruda, y se barajan los nombres de los candidatos: Salvador Allende (senador del PS), Jacques Chonchol (¡¡ex-ministro de Frei!!), Rafael Tarud (del API, partido pequeñoburgués), e inclusive un tal Alberto Baltra, del Partido Radical (que será luego ministro de Justicia de la UP y terminará, en octubre del 72, pasándose a la oposición pro-golpista).


 


El Programa de la Unidad Popular verá la luz en diciembre del 69, y en él se mezclaban condenas al imperialismo, a la burguesía monopolista nacional, al FMI, con proposiciones de políticas de "ampliación de la democracia", de intregración de las FF.AA. a la vida social, de un nuevo orden institucional (sic) que crearía un Estado Popular.


 


El Programa también hablaba de "transformaciones revolucionarias" que se afianzarían gracias a la participación de los trabajadores, bajo la forma de "poder popular".


 


El Programa llamaba a la formación masiva de comités de base que "no sólo serán organismos electorales. Serán intérpretes y combatientes de las reivindicaciones inmediatas de las masas, y sobre todo, se prepararán para ejercer el Poder Popular" (6).


 


En realidad, el Frente Popular disolverá los Comités de la Unidad Popular a sólo tres semanas de realizadas las elecciones.


 


En plena campaña electoral se lleva a cabo el primer paro general campesino en la historia de Chile, y 55 días antes de las elecciones se realiza una huelga nacional masiva convocada por la CUT. La Democracia Cristiana, sabiendo del giro político de las masas, tratará de imprimirle a la candidatura de Radomiro Tomic fuertes rasgos "izquierdistas".


 


Recordemos que el FRAP fue la alianza electoral de dos partidos: PS y PC, y que en 1964 obtuvo el 38,64% de los votos. En 1970, con la Unidad Popular, con la consiguiente inserción de partidos de la pequeña-burguesía (supuestamente para sumar votos), y en el medio de un alza de masas sin precedentes, la votación caerá al 36,2%. Lo suficiente, sin embargo, para proclamar presidente a Salvador Allende.


 


La burguesía chilena no podía creerlo: sus partidos iban divididos, el Partido Nacional obtenía el 34,9% e igualmente perdía el gobierno.


 


Si bien el Congreso Pleno debía elegir como presidente al candidato más votado, el candidato Jorge Allesandri, del Partido Nacional, le ofreció una alianza a Tomic (DC) para ser él el elegido, con la promesa de renunciar inmediatamente y provocar una nueva elección nacional.


 


La burguesía, dividida y confundida, dudaba en apelar al recurso del Frente Popular, pese a que en las décadas del 30 y 40 tal recurso les había resultado súmamente útil.


 


El gobierno frentepopulista de González Videla (1948-52), por ejemplo, una vez realizado el trabajo sucio, llegará a romper con el PC y sancionará una ley de "Defensa de la Democracia", con la cual podrá perseguir "constitucionalmente" a sus ex-aliados comunistas y sindicalistas.


 


Pero esta vez, el desgaste de los partidos patronales era mayor y, conjuntamente, el alza de masas era más profundo.


 


A Nixon, presidente yanqui, el triunfo de Allende lo colocará en un estado de histeria, imaginándose una segunda Cuba en América Latina. En esos días, William Colby, director de la CIA, declarará que "se nos autorizó para todo, excepto para una intervención tipo República Dominicana".


 


El asesor del presidente Nixon, Henry Kissinger, viejo operador de todas las masacres habidas y por haber, explicaba que "es bastante fácil predecir que si Allende gana, hay muchas posibilidades de que se establezca durante un período de años una suerte de gobierno comunista… un gobierno comunista unido, por ejemplo, a Argentina, que ya está profundamente dividida; unido a Perú… unido a Bolivia, que también ha avanzado en una dirección más izquierdista; contra los EE.UU. Yo creo que no debemos engañarnos a nosotros mismos pensando que si Allende toma el control de Chile no va a provocarnos problemas".


 


Las multinacionales yanquis en Chile (la ITT, sobre todo) también querrán jugar sus cartas, y serán las más firmes impulsoras, primero de un "golpe preventivo" (para impedir la asunción de Allende), y luego, de la "desestabilización" del gobierno de la UP.


 


El comandante en jefe del ejército, general René Schneider, bajará línea a sus compañeros de armas unas semanas antes del Congreso Pleno que debía ratificar a Allende, sosteniendo que "las fuerzas armadas no pueden ahora detener… los cambios. Un grupo muy importante de chilenos no está dispuesto a dejarse arrebatar un triunfo electoral que creen les cambiará el curso de sus vidas… El señor Senador Allende nos ha dado seguridades de que se mantendrá dentro de la Constitución y las leyes… El señor Senador me ha dicho personalmente algo en lo que estoy de acuerdo con él: en estos momentos un gobierno como el del señor Allende es el único tipo de gobierno que puede impedir que estalle una insurrección popular violenta… Las fuerzas armadas, que somos garantía de que esta sociedad siga siendo occidental y cristiana, tenemos que esperar y ver qué sucede en el futuro. El futuro dirá si tenemos que intervenir para volver a poner las cosas en su lugar, o si el señor Allende cumple su palabra de encauzar la inquietud popular y de impedir la insurrección de los que nada tienen" (7).


 


El Pentágono yanqui compartirá esta caracterización y preferirá, entonces, "aceptar el experimento Allende, esperar y ver".


 


Las discrepancias en el seno de la reacción, sin embargo, provocarán que el 22 de octubre, un comando de ultra-derecha se encargue de "liquidar al traidor" Schneider, con la intención de provocar un golpe militar, que será abortado por decisión del mismísimo Pentágono y el alto mando del ejército.


 


Para finalmente acceder al gobierno, la Unidad Popular firmará con la burguesía, a través de un acuerdo con la DC, un "Estatuto de Garantías Democráticas", por el cual la UP se comprometía a no realizar ningún tipo de reformas en las FF.AA., la policía, la Iglesia y los medios de comunicación (8).


 


En función del acuerdo con la burguesía se desmontan los 15 mil comités de base de la UP, que con su movilización defendieron la noche del 4/9/70 la victoria electoral de Allende.


 


El gobierno de la UP, entonces, lejos de convertir al proletariado en clase dominante, y lejos de iniciar cualquier "tránsito pacífico al socialismo", significaba la llegada al Palacio de la Moneda de un frente (hegemonizado por partidos de izquierda) que se proponía dejar intacto el régimen político y el conjunto del Estado burgués.


 


¿La vía chilena al socialismo?


 


Según sus líderes, el triunfo de la Unidad Popular abría "una vía al socialismo en libertad, pluralismo y democracia". En palabras de Allende, era la posibilidad de marchar hacia un socialismo "con empanadas y vino tinto".


 


El PC, con la victoria electoral, veía cristalizar, tras largos años de espera, su política de colaboración de clases, bautizada con el nombre de Frente de Liberación Nacional, y que significaba "agrupar muchas fuerzas: al proletariado, a amplios sectores de las capas medias e incluso a la burguesía nacional, a sectores que, perteneciendo a la burguesía, estaban interesados objetivamente, aunque esto no fuera del todo conciente, en cambios sociales, en cambios estructurales, en cambios democráticos en la sociedad chilena" (9).


 


Para la intelectualidad izquierdista, "el proyecto político de la UP se propuso cambiar los parámetros estructurales del desarrollo capitalista iniciando un desarrollo de nuevo tipo de carácter socialista que no sacrificaba el sistema democrático sino por el contrario ampliaba aún más la democracia" (10).


 


Para no aburrir al lector con el abc del marxismo, simplemente señalemos la naturaleza utópica-reaccionaria de estos planteos, contrastados a la luz de la experiencia histórica: "con respecto a los países de desarrollo burgués atrasado… la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida" (11).


 


La defensa del nacionalismo burgués por parte de la UP se evidenciará en la visión de que las empresas transnacionales "significan un ataque frontal contra el Estado-nación, y un peligro cada vez más fuerte para los países en desarrollo" (12).


 


En los papeles, la estrategia de la Unidad Popular era usar las considerables atribuciones del Poder Ejecutivo para tomar rápidamente medidas económicas que sacasen del estancamiento a la economía capitalista (nacionalizaciones con indemnizaciones, redistribución del ingreso, nacionalización del cobre, reforma agraria, etc.).


 


Con el gobierno de la UP "se aseguraba la persistencia de un amplio sector de capitalismo nacional y aun del inversionista extranjero no imperialista en las extensas áreas de la economía mixta y privada" (13).


 


El crecimiento económico movilizaría a las masas, y entonces el Estado expropiaría a grandes industrias y crearía las bases de una nueva economía socializada. Los logros económicos reportarían en un nuevo crecimiento electoral, y así, con una mayoría electoral, la UP haría aprobar mediante un plebiscito, una nueva Constitución que "institucionalizaría la incorporación del pueblo al poder estatal" bajo la forma de un Estado Popular (14).


 


El viejo Engels ya había fustigado a los socialdemócratas alemanes, en particular a Bebel, por hablar de un Estado Popular, disparate tal que hasta había sido blanco del ataque de Bakunin (15).


 


Allende planteará, en su primer mensaje al Congreso, que "Chile es hoy la primera nación de la Tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista". Cuando un periodista francés lo interrogue sobre el verdadero rigor teórico del denominado "segundo modelo", Allende contestará que "si acaso rompiéramos la virginidad de los ortodoxos pero hiciéramos las cosas, me quedo con lo segundo…" (16).


 


Un par de semanas antes, en el discurso del 1º de Mayo del 71, Allende se dirigirá a los trabajadores para advertirles que "si fracasamos en el campo económico, fracasaremos en el campo político… Piensen, compañeros, que en otras partes se levantaron los pueblos para hacer su revolución y que la contrarrevolución los aplastó… Aquí podemos hacer la revolución por los cauces que Chile ha buscado, con el menor costo social, sin sacrificar vidas y sin desorganizar la producción" (17).


 


Los mil días de la Unidad Popular


 


El "proceso revolucionario" de la UP puede valorarse mediante la confesión del entonces secretario general del PS: "si Allende mantuvo algunas opciones en las distintas fases de la gestión, éstas fueron sucesivamente: transar el proceso revolucionario; claudicar incondicionalmente; y por último, abdicar a su cargo" (18).


 


Para no alarmar a la burguesía, Allende se abstendrá de usar hasta las atribuciones ordinarias que la Constitución chilena le otorgaba al Poder Ejecutivo. Tanto es así, que Allende rara vez usará los llamados "decretos de insistencia", que lo facultaban para destrabar las situaciones en las que la oposición parlamentaria le obstaculizaba su plan de gobierno.


 


Mediante las medidas keynesianas, la Unidad Popular logró bajar la desocupación del 6% al 3,8%, la capacidad industrial utilizada trepó del 75% al 95%, y el crecimiento del PBI pasó del 2% al 10,9% en 1971. Los trabajadores chilenos se verán beneficiados por el sustancial aumento de los salarios reales.


 


Según el MAPU, integrante del ala izquierda de la UP, "los estratos medios perdieron rápidamente el miedo al gobierno comunista. Los comerciantes y empresarios aumentaron muy rápido sus ventas y se dieron cuenta de que con este gobierno no solamente se podía coexistir sino también hacer buenos negocios" (19).


 


En el medio de este "boom económico", se dan las elecciones municipales de abril del 71, y la Unidad Popular logrará aumentar en casi la mitad su caudal electoral, obteniendo el 50,9% de los votos.


 


Para aquellos desprevenidos que creían en el "programa" de la UP, éste hubiera sido el momento de convocar al famoso plebiscito por el socialismo, que "institucionalizaría la incorporación masiva del pueblo al poder estatal"; pero lo que traería el nuevo triunfo en las urnas era la suspensión del tan mentado "plan".


 


En cuanto a las medidas económicas del Frente Popular, la burguesía no se engañaba a sí misma, y por boca de la DC reconocerá abiertamente que "en lo fundamental sólo se había producido un cambio de patrón en las empresas del área social, donde el capitalista privado fue reemplazado por un nuevo patrón, el Estado".


 


Así, en las empresas nacionalizadas que formaban el Area de Propiedad Social (APS), la gestión de las mismas quedaba a cargo de Consejos Administrativos, compuestos de 5 representantes de los obreros y 5 funcionarios estatales. Los mandatos de los representantes obreros eran revocables cada año, no así el de los burócratas estatales, que manejaban las empresas con el mismo estilo que los viejos patrones "privados".


 


Básicamente, se trataba de comprometer a los trabajadores con el cumplimiento de metas productivas, pero los obreros no tenían poder para fijar esas metas, no sólo al nivel de la rama de actividad (a medida que el APS se ampliaba), sino al nivel de la propia empresa.


 


Posteriormente, el Gobierno y la UP plantearán la incorporación de los sindicatos al esquema de "participación". La subordinación de los mejores elementos de la clase, a la gestión del capitalismo de Estado, implicará una dependencia política frente a ese mismo Estado burgués. Es decir, se estaba inclusive muy lejos de una situación parecida a la que motivó el famoso debate entre Lenin y Trotsky sobre el papel de los sindicatos en el nuevo poder soviético.


 


En cuanto a la nacionalización del cobre (proceso iniciado con la compra del 51% de las acciones durante el gobierno de Frei), basta decir que no sólo implicaba indemnizar a las empresas yanquis, sino que… ¡¡hasta la derecha la votó!!


 


El secretario general del PS quiso dejar en claro, para la posteridad, que la famosa nacionalización del cobre "no fue un acto arbitrario y unilateral del gobierno marxista… se efectúa por decisión unánime del Parlamento, en el cual la coalición gobernante estaba en minoría" (20).


 


Entre noviembre del 70 y agosto del 71, el gobierno de Allende pagará en concepto de indemnizaciones: 400 millones de dólares a bancos comerciales; 576 millones a multinacionales del hierro y el salitre; 320 millones a terratenientes; 600 millones a monopolios expropiados; 8.830 millones a las empresas yanquis de cobre Anaconda y Kennecott (21).


 


Semejante hemorragia de dólares contribuirá al imperialismo yanqui a decidir el corte de todos los créditos, porque una cosa era ver qué sucedía con el experimento Allende, y otra cosa era financiarlo… con el riesgo, inclusive, de perderlo todo.


 


Téngase en cuenta que, antes y después de este "bloqueo invisible" (como lo denominaron los dirigentes de la UP), el gobierno chileno venía pagando puntualmente la abultada deuda externa, y que llegado el momento, no dudará tampoco en firmar un stand-by con el FMI.


 


La propuesta más audaz que haga el gobierno de la UP a la gran banca internacional será una moratoria de 3 años.


 


La caída del precio del cobre (manejado por las multinacionales a las cuales la UP indemnizaba generosamente) significaba una pérdida del 33% de los ingresos del Presupuesto Nacional.


 


Pese al alza de los salarios reales y al lento cumplimiento de la reforma agraria, las masas no cesaban de organizarse y movilizarse. Los explotados chilenos esperaban que ahora, con Don Chicho en el gobierno, sus más anheladas reivindicaciones se verían al fin cumplidas… Y si acaso la derecha no le permitía al compañero Presidente cumplir con el Programa, entonces qué mejor que organizarse y movilizarse con aún mayor intensidad.


 


Por eso, en marzo del 71 Allende recriminará a las organizaciones de campesinos la toma de fundos, exigiéndoles que esperen el trámite legal.


 


Para los obreros en huelga, también habrá reprimendas: "Que los trabajadores entiendan que éste es su Gobierno, y que siendo su Gobierno… no puede haber la pretensión de un sector de los trabajadores de imaginarse que tienen una influencia mayor. Porque la paralización de su actividad puede implicar fuertemente un impacto en la economía nacional" (22).


 


La misma actitud había tenido Maurice Thorez, capo del PC francés y dirigente de otro Frente Popular, que se dirigía a las masas en alza, en junio del 36, planteando que "las ocupaciones de fábricas, de negocios y granjas, no estaban incluidas en el programa del Frente Popular… Esto no sólo es ilegal, sino que es algo peor: es una humillación al patrón. Las ocupaciones deben cesar" (23).


 


Pese al esfuerzo bipartito de la UP y la CUT durante el período enero-diciembre del 71, el número de huelgas ascendía a 1.758, y las tierras ocupadas se contabilizaban en 1.278.


 


La burguesía empezará a protestar abiertamente por la incapacidad del Frente Popular para frenar a las masas. Radomiro Tomic, de la DC, alarmado, declarará que "las ocupaciones ilegales no se deben sólo al accionar de la ultraizquierda, sino también a la acción espontánea de grupos de campesinos, trabajadores y mineros".


 


En diciembre del 71, la derecha retoma la iniciativa política. En ocasión de la visita de Fidel Castro a Chile, los partidos de derecha organizan la "Marcha de las Cacerolas", en la cual 80.000 personas (mayoritariamente mujeres) se dirigen a La Moneda para protestar contra el desabastecimiento.


 


La movilización de la burguesía y el accionar de los grupos de extrema-derecha (Patria y Libertad, Comando Rolando Matus) merecerán la advertencia de Fidel Castro acerca del peligro del fascismo en Chile.


 


En los tres años de la Unidad Popular, la derecha logrará movilizar, cuantas veces se lo proponga, a numerosos sectores de las "capas medias" (irónicamente, la niña bonita de la UP), y así los médicos, abogados, profesores universitarios, odontólogos, pequeños comerciantes, se convertirán en arietes de la burguesía y (en la visión de la izquierda chilena) en "la amenaza fascista".


 


¿Era inevitable esta actitud de la pequeña-burguesía? ¿Eran las "capas medias" el caldo de cultivo del "fascismo chileno"?


 


Analizando la situación política alemana, y la relación entre fascismo y pequeña burguesía, Trotsky sostendrá que "la lucha cotidiana del proletariado agudiza la inestabilidad de la sociedad burguesa. Las huelgas y las revueltas políticas agravan la situación económica. La pequeña burguesía podría adaptarse pasajeramente a estas privaciones crecientes si llegase, por experiencia, a la conclusión de que el proletariado está en condiciones de guiarla por un nuevo camino… La pequeña burguesía no puede seguir al obrero si no ve en él al nuevo amo… La política del reformismo quita al proletariado la posibilidad de dirigir a las masas plebeyas de la pequeña burguesía, transformándola ya por eso en carne de cañón del fascismo" (24).


 


A inicios de junio del 72, Pedro Vuskovic, ministro de Hacienda, sostenía que "la burguesía aún no tiene la cohesión suficiente para intentar una contrarrevolución armada", y dado que el aparato jurídico-administrativo (sic) había hecho crisis, urgía "una gigantesca movilización de masas con el objeto de controlar el aparato productivo, y prepararlo para el enfrentamiento militar entre clases".


 


En esos mismos días, para el PC la tarea más importante era "aumentar la producción"…


 


El 17/6, Allende designa un nuevo gabinete en el cual, por presiones de la derecha y el PC, ya no figura Vuskovic…


 


Para fines de junio habrá un nuevo pacto con la DC, por el cual se acuerdan los integrantes de los directorios de los bancos estatizados, y se excluye del Area de Propiedad Social a la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (el mayor monopolio del ramo), cuyo principal propietario es… Jorge Allesandri, del Partido Nacional.


 


El incipiente desgaste de los trabajadores chilenos con el gobierno y la izquierda explicará que en las elecciones de junio en la CUT, la lista respaldada por la DC se lleve el 32% de los votos.


 


Estado capitalista y "Poder Popular"


 


En junio del 72, el gobierno todavía no podía hacer cumplir la ley de reforma agraria sancionada por Frei… y tampoco lograba contener a las masas.


 


En la población de Melipilla, cerca de Santiago, los campesinos organizarán una enorme movilización reclamando la entrega inmediata de las tierras y la renuncia del juez Olate, que demoraba alevosamente el trámite judicial. La policía reprimirá la manifestación y unas 20 personas serán detenidas.


 


Sin embargo la lucha no cesa. Una semana más tarde, los campesinos de Melipilla saldrán a cortar las rutas, y se encontrarán con la solidaridad activa de los obreros en conflicto de las fábricas textiles Perlak y Polycrom, y de la fábrica de aluminio Las Américas, que venían desde la vecina localidad de Cerrillos para apoyar a sus aliados de clase.


 


Mientras vitorean el nombre de Allende y culpan al Congreso por no defenderlos, darán nacimiento a la primera organización de tipo "soviético": el Cordón Industrial de Cerrillos, que rápidamente saca una declaración a favor del "control obrero de la producción" y por una "Asamblea de Trabajadores" que reemplace al Congreso.


 


La idea pega con fuerza entre los explotados chilenos, y en un par de días nacerá otro Cordón, el de Vicuña McKenna. El PC y el sector allendista del PS ordenarán a sus militantes boicotear los Cordones, con el argumento de que todas las acciones debían ser coordinadas a través de la CUT.


 


"Globalmente la UP no comprendió ni captó la poderosa fuerza inmersa en el Poder Popular. Lo percibió como una expresión izquierdista y anarquizante de cuyo control desconfiaba", será el balance, mistificador, de la dirección del PS años después del golpe (25).


 


A fines de julio del 72, cerca de 3.000 delegados, representando a partidos de izquierda, sindicatos, organizaciones populares y estudiantiles, se reúnen en una Asamblea Popular en la ciudad de Concepción, para discutir la situación política.


 


Ausente con aviso: el PC, para quien la Asamblea era "una maniobra de la reacción y el imperialismo, usando de pantalla a elementos de la ultraizquierda".


 


Atacando la Asamblea de Concepción, Allende manifestará su adhesión a la democracia, al señalar que "ningún revolucionario sensato puede ignorar el sistema institucional que gobierna nuestra sociedad, del cual el gobierno de la Unidad Popular forma parte".


 


Asimismo, Allende expresará su oposición al "doble poder", porque éste habría surgido en "otras circunstancias históricas, en oposición a estructuras de poder reaccionarias, que no tenían ni base social ni apoyo popular".


 


Para Allende, la creación de órganos de "doble poder" bajo su gobierno era sin dudas un acto de "crasa irresponsabilidad", ya que el gobierno de la UP representaba los intereses de la clase obrera como un todo (26).


 


Allende se oponía no sólo a la dictadura del proletariado, sino también al primer paso que conduce a ella: el desarme de la burguesía y el armamento del proletariado.


 


Por eso sostendrá que bajo el gobierno de la Unidad Popular "no habrá aquí más grupos armados que aquellos estipulados por la Constitución, es decir, el ejército, la marina y la fuerza aérea. Eliminaré cualquier otro que apareciera".


 


Los continuos cambios de gabinete evidenciaban la falta de cohesión al interior del Frente Popular. La impasse intentará ser superada en julio del 72 con el primer Congreso de los partidos integrantes de la Unidad Popular, donde se distinguen dos políticas.


 


La primera será la del PC y la mayoría del PS, que consistía en buscar a cualquier costo un nuevo acuerdo con la burguesía vía la Democracia Cristiana, tratando de evitar una crisis para la cual "ni la Unidad Popular ni las fuerzas sociales en que se apoya están preparadas".


 


La segunda era la del sector de izquierda del PS, el MAPU y la Izquierda Cristiana, que abogaban por cumplir aceleradamente con las nacionalizaciones previstas en el Programa en base a una ofensiva ideológica.


 


El debate en el seno de la UP mostraba que la totalidad de la izquierda, por diversos motivos, era incapaz de ver que "cuando el movimiento obrero y de los explotados ha roto los diques de control de la burguesía, cuando su desarrollo se desenvuelve masivamente en el cuadro de los partidos obreros, cuando su movilización apunta al doble poder; en una palabra, cuando no… se trata de una ampliación del desenvolvimiento capitalista, sino del gobierno obrero y el anti-capitalismo… las nacionalizaciones burguesas se encuadran dentro de los recursos políticos para frenar a las masas, para desviarlas y, por lo tanto, aplastarlas. El capitalismo de estado que había en los proyectos allendistas estaba vinculado a todo el objetivo de arrebatar las libertades de movilización de las masas y marchar, contra ellas, hacia un bonapartismo cívico-militar" (27).


 


Como desenlace del Congreso de la UP, Allende designará en agosto del 72 al nuevo ministro de Hacienda, Orlando Millas (miembro del Comité Central del PC), que implementará una política económica de "disciplina laboral" (represión de huelgas), con énfasis en las "tareas de producción" (mayor explotación), y con medidas "anti-inflacionarias" (tarifazos).


 


Octubre del 72


 


El 9 de octubre de 1972 se inicia el paro de los propietarios camioneros, cuyo líder, León Vilarín, es dirigente del grupo paramilitar Patria y Libertad. La paralización del transporte terrestre, a través del bloqueo armado, en sentido literal, de la única ruta que comunica Chile de norte a sur (la Panamericana), provocará la rápida escasez de alimentos, de combustible, de materias primas y repuestos.


 


Animados por el paro de los camioneros, las patronales de las industrias y el campo sentirán la necesidad de darle una lección a tanto obrero y campesino revoltoso, y producirán un lock-out.


 


Cerrarán sus persianas los comercios, y se sumarán al caos provocado por la burguesía los médicos, los farmacéuticos, los dentistas, los abogados.


 


Se trataba, entonces, de una insurrección de la burguesía, que usaba su enorme e intacto poder económico para presionar y poner de rodillas al Frente Popular.


 


Conviene no perder de vista que el conflicto directo entre el Frente Popular y la burguesía está subordinado a la contradicción básica, a la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. Por lo tanto, será el fracaso del Frente Popular en disciplinar a las masas, y no el Frente Popular en sí mismo, lo que llevará a la burguesía a la sublevación.


 


Pero con el lock-out patronal de octubre se producirá un nuevo e impresionante salto en la conciencia y organización de las masas populares, pasando por encima de sus direcciones, y llevando a la práctica el frente único de los trabajadores: los obreros democristianos lucharán codo a codo con los obreros socialistas y comunistas.


 


Ante el sabotaje económico de la patronal, la clase obrera toma en sus manos la tarea de mantener en pie la producción. Así, se ocupan las industrias y tierras abandonadas por sus dueños, y se multiplican los Cordones Industriales.


 


Para defender el consumo popular, amenazado por la especulación, el acaparamiento y el cierre de los negocios, las masas dan vida a las JAP (Juntas de Abastecimiento y Precios), que actúan como un sistema de control popular sobre la distribución y comercialización de productos de primera necesidad.


 


Para coordinar a nivel municipal las tareas de mantenimiento de los servicios públicos, es que surgen los Comandos Comunales.


 


Cada una de estas organizaciones no dudará, no sólo en tomar el control de la situación, sino también en recuperar los camiones, despejar las rutas, abrir los supermercados, etc., por medio de la violencia física; que también usará para auto-defenderse de los atentados de Patria y Libertad.


 


El gobierno declara el estado de sitio, y en las "zonas de emergencia" el poder político de las provincias pasa a manos de las FF.AA. Los interventores militares enviados por el gobierno mostrarán, como no podía ser de otra forma, más premura por entorpecer las actividades de las masas y reprimirlas, que por imponer a la patronal la ley y el orden.


 


La clase obrera chilena será, en el transcurso de 26 días, el caudillo nacional que guiaba la vida social de la nación. La burguesía había sido derrotada, humillada.


 


Pero el 3 de noviembre, Allende llama a las fuerzas armadas a ingresar al gobierno, en un nuevo gabinete de "paz social". Hay que resaltar que el gobierno acudió a las FF.AA. no para derrotar el lock-out patronal, sino una vez derrotado éste, para imponer una tregua a los explotados victoriosos.


 


El general Prats, jefe del Ejército, es designado ministro del Interior, y su tarea consistirá en asegurar la devolución de las empresas ocupadas a sus dueños privados.


 


El general Bachelet, jefe de la Fuerza Aérea, se encargará del área de la distribución, con la misión de desbaratar la actividad de las JAP.


 


La dirección del PC chileno elogiará la implantación del bonapartismo cívico-militar, porque significaba "un avance y un signo de fuerza, más que de la Unidad Popular, del Gobierno constitucional, de la democracia chilena" (28).


 


El Pentágono yanqui, sin embargo, no se conmoverá por este "triunfo de la democracia", y sacará sus propias conclusiones en un informe llamado "Octubre en Chile", en el cual se señala que, ante el peligro inminente que Allende sea desbordado por la insurrección popular en desarrollo, sólo un régimen duro podía desarticular la organización de los trabajadores (29). El régimen político de dominación democrática tenía los días contados…


 


Terminado el paro patronal, se viven momentos de euforia en el gobierno y en los partidos de la Unidad Popular. Un militar retirado, sin embargo, hará una advertencia a un funcionario allendista: "Ustedes están equivocados, es el pueblo el que ganó, no ustedes… Habrá un nuevo paro como éste, pero el pueblo no lo ganará. Habrá sido atemorizado y desarticulado antes. Y ese paro será el último que se verá…".


 


El "Pliego del Pueblo"


 


La derrota del paro patronal de octubre y el giro político que había provocado la respuesta obrera, impulsará a los explotados chilenos a discutir su programa, uniendo a sus organizaciones de base (Cordones Industriales, Comandos Comunales, JAP) y dando a conocer, de cara a sus hermanos de clase, el "Pliego del Pueblo".


 


Este manifiesto nacía en abierta oposición al programa de los capitalistas y sus partidos políticos, que habían elaborado el "Pliego de Chile" durante la huelga de los camioneros.


 


Los explotados chilenos no dudan en sacar las conclusiones: "la experiencia de estos días ha demostrado que los trabajadores no necesitan de los patrones para hacer funcionar la economía. En sus desesperados intentos por paralizar al país, sólo han conseguido mostrar su carácter parasitario… La conclusión es clara: sobran los patrones" (30). En cuanto a la relación con la burocracia del Frente Popular, "es necesario… que creemos otras formas de relacionarnos con el Gobierno y sus instituciones. Nadie tiene derecho, y menos aún en nuestro nombre, a actuar sin consultarnos… Ningún funcionario puede olvidar que su primera responsabilidad es con el pueblo y que está, por lo tanto, obligado a someterse a su control organizado" (31).


 


En el plano político, el Pliego constata "las debilidades de sectores de la izquierda", y manifestando su repudio a la decisión de la UP, plantea que "la crisis no puede ser resuelta mediante concesiones y alianzas con algunos militares de alta graduación… Se trata de salir hacia adelante apoyándose en la fuerza de la clase obrera y las masas populares, a través de una ofensiva permanente expresada en la lucha por el Pliego del Pueblo" (32).


 


Se plantearán como tareas inmediatas: "derrotar el gabinete militar y cualquier otro tipo de concesiones", "no devolver las industrias intervenidas, requisadas y ocupadas durante la huelga capitalista e incorporarlas al Area Social" y también "establecer definitivamente el control obrero en todas aquellas empresas que permanecen en el área privada… donde se han generado las condiciones de fuerza necesaria" (33).


 


El documento exige la nacionalización rápida y sin indemnización de las inversiones norteamericanas, el no pago de la deuda externa, la abolición del secreto comercial y bancario.


 


Ante la táctica de la burguesía de parar todo tipo de inversión, reclamándole (y recibiendo) subsidios al gobierno de la UP, el documento plantea poner un límite a las ganancias capitalistas, y obligar a los patrones a invertir, bajo control de los trabajadores.


 


El Pliego del Pueblo planteaba que "el capitalismo… exige la existencia de 1 millón 600 mil mujeres esclavizadas en el trabajo doméstico, atadas a la casa, obligadas a soportar malas condiciones de vivienda, falta de agua… salarios miserables. La mujer que trabaja es doblemente explotada, en las fábricas y en su casa". Por lo tanto, se plantea la creación por doquier de guarderías y jardines infantiles, lavanderías populares, comedores populares; impulsar la producción masiva de electrodomésticos que alivien el trabajo de la mujer en la casa; establecer la igualdad de salarios entre hombres y mujeres, y luchar por un salario para las amas de casa.


 


Habrá finalmente un llamado a "reforzar la organización de los comités de autodefensa y vigilancia" y "fortalecer las JAP".


 


La vía chilena al desastre…


 


Años después del golpe, el PC seguía sosteniendo que tras el paro patronal de octubre "era preciso frenar la ocupación de empresas, dar garantías al empresario privado y contener toda movilización popular dentro de los estrictos marcos legales" (34).


 


El acentuamiento de la política de compromiso con la burguesía, después de octubre, abrirá algunas fisuras en la UP. En la izquierda, por ejemplo, el MAPU sufrirá una escisión de derecha (allendista), que añadirá a la sigla partidaria las palabras "Obrero y Campesino".


 


A fines de noviembre, el presidente de la CUT (y flamante ministro de Trabajo) deberá bajar dos veces para tratar de convencer a los obreros de Arica de permitir la vuelta al trabajo de la gerencia borrada durante el paro de octubre. Aun así, hará falta la fuerza argumentativa de los Carabineros para desalojar a los trabajadores que habían tomado la fábrica.


 


En enero del 73, el gabinete Millas-Prats da a conocer su intención de restituir a sus dueños las fábricas ocupadas durante el paro patronal, y la reducción a un mínimo del número de empresas que pasarían a ser propiedad estatal.


 


La reacción obrera no tardará en manifestarse. En el Cordón Cerrillos-Maipú se producen manifestaciones y se levantan barricadas. Se organiza una marcha unitaria de los Cordones a Santiago. En la fábrica Textil Bromack, trece militantes comunistas romperán con el PC como gesto de protesta…


 


Como instancia de esta lucha, y ante la indiferencia (hostilidad disimulada, en realidad) de los periódicos de izquierda, el Cordón de Vicuña McKenna empezará a editar su propio periódico, llamado "Tarea Urgente", cuyo primer ejemplar informa que "en su asamblea del 28/1 los miembros de este Cordón aprobaron la siguiente resolución:


 


1) Ninguna fábrica tomada durante la huelga patronal debe ser devuelta a sus dueños;


 


2) Unánimemente rechazamos el llamado Plan Millas, que no representa las verdaderas aspiraciones de la clase obrera" (35).


 


El 5 de febrero se realiza, en el Estadio Nacional de Santiago, una nueva y enorme movilización de repudio al Plan Millas. Un grupo de manifestantes portará una bandera con la consigna "Un pueblo desarmado es un pueblo conquistado".


 


Las protestas irán sin embargo a un punto muerto, fundamentalmente porque los ojos de la izquierda chilena estaban puestos en las nuevas elecciones. Para el domingo 4 de marzo estaban fijadas elecciones legislativas, y la UP se vería enfrentada a la derecha unida en la Confederación Democrática.


 


El PC levantará, antes y después de las elecciones, la consigna "No a la guerra civil", colosal consigna desmovilizadora que, junto a su política abiertamente derechista, le hará tan sólo mantener su electorado, mientras el PS lograba duplicar el suyo…


 


En las elecciones de marzo del 73, la UP consigue, en medio de una hiperinflación, el 44% de los votos. Se ve frustrada así la táctica de la Confederación Democrática de lograr los dos tercios del Congreso para deshacerse "constitucionalmente" del gobierno de Allende. Será en este momento cuando se abra un definitivo conflicto entre el golpismo y la UP.


 


El resultado de las elecciones no detenía la lucha de clases, y la combatividad obrera y campesina se mantendrá. El 10 de abril, la población de Constitución realizará una Asamblea del Pueblo, ante los problemas creados por la exigencia gubernamental de "devolver" las fábricas ocupadas, y los reclamos populares por la tierra y contra el mercado negro.


 


En esa Asamblea, los 25.000 pobladores votan simplemente tomar el control del municipio, y serán ellos mismos quienes durante el transcurso de 2 días (tiempo que demoró el Estado en maniobrar su derrota) asuman todas las funciones estatales, garantizando la salud, la educación, los transportes, la comercialización de bienes, etc.


 


El 19 de abril, cerca de 13.000 obreros de El Teniente, mina de cobre nacionalizada por la UP, iniciaban una huelga que duraría más de 2 meses, y que estallaba por la negativa del gobierno en reconocer aumentos salariales estipulados en convenio.


 


El paro será abandonado primero, y combatido después, por la totalidad de la izquierda chilena (MIR incluido), para quienes la lucha por defender el salario en medio de una hiperinflación era "desestabilizadora".


 


Políticamente huérfanos por decisión de la propia izquierda, los confundidos obreros recibirán el apoyo de la DC y de Patria y Libertad.


 


Tampoco la amenaza golpista (siempre invocada por el gobierno, pero ante la cual capitulaba invariablemente) impedirá la lucha de los trabajadores.


 


Así, un par de días después del primer ensayo de golpe de estado (29 de junio), un lock-out patronal en la fábrica textil El As provocará que las trabajadoras, hasta ese día sin ninguna tradición de lucha, decidan tomar el control de la fábrica… En medio del conflicto, una obrera declarará que "la solución de la CUT es hablar con la patronal y llegar a un acuerdo para devolverles la fábrica… Yo nunca me metí en política, pero en ésta estamos todas involucradas… Quizás sea una fábrica chica, pero acá importa lo político, no lo económico… Si nosotros los trabajadores queremos el poder, nunca lo obtendremos devolviendo las fábricas, sean del tamaño que fueren…" (36).


 


En este cuadro, en julio toma estado público, para la izquierda, claro, que en medio del paro camionero de octubre del 72, por iniciativa del senador democristiano Juan de Dios Carmona, se había votado una Ley de Control de Armas, que suspendía la inviolabilidad del domicilio, daba una total libertad a las FF.AA. para realizar allanamientos, en los que se actuaba en base a delaciones secretas de las cuales no quedaba constancia ni en el mismísimo sumario. Todo esto, para entregar las armas en manos de los trabajadores al Estado burgués.


 


Pasado el proyecto de ley al Poder Ejecutivo para su conformidad, y ante la ausencia de veto presidencial, quedó promulgada con el número 17.998. En la izquierda, nadie podía (o quería) explicar por qué Allende no había vetado la ley.


 


El semanario Chile Hoy, editado por el PS, lo atribuirá a "una imperdonable omisión de algún funcionario" (37). El olvido es siempre la memoria de lo que uno no quiere hacer…


 


En realidad, un funcionario estatal reconoció que "tanto el Presidente Salvador Allende como la mayoría de los parlamentarios de la UP consideraron positivo el proyecto, pues pensaron en unas FF.AA. imparciales, neutras y leales al gobierno" (38).


 


Lo cierto es que desapercibida en un primer momento, la sanción de la ley de Control de Armas se tornará en una pesadilla en julio del 73…


 


Una semana antes del golpe, en una manifestación de masas en celebración del tercer aniversario de la victoria de la UP, los órganos de poder dual (Cordones Industriales, Comandos Comunales, JAP, etc.) de la provincia de Santiago, enviarán a Allende una carta expresando que "antes teníamos el temor de que el proceso al socialismo se estaba transando, para llegar a un gobierno de centro, reformista, democrático-burgués, que tendía a desmovilizar a las masas o a llevarlas a acciones insurreccionales de tipo anárquico, por instinto de conservación. Pero ahora nuestro temor ya no es ése, ahora tenemos la certeza de que no sólo se nos está llevando por el camino que nos conducirá al fascismo en un plazo vertiginoso, sino que se nos ha estado privando de los medios para defendernos".


 


Los órganos del poder dual "le exigimos a usted, compañero Presidente, que se ponga a la cabeza de este verdadero ejército sin armas". La carta terminará advirtiendo que si su requerimiento no es escuchado, "en este país habrá no una guerra civil, que ya está en pleno desarrollo, sino una masacre fría, planificada" (39).


 


El MIR y la Unidad Popular


 


A mediados de 1973, algunos círculos intelectuales gustaban comparar la situación chilena con la de Rusia en julio-agosto del 17 (40).


 


Así, Allende y la UP serían algo así como Kerensky y su Gobierno Provisional. El PC podía compararse a los mencheviques. Los Cordones serían la versión chilena de los soviets. Candidatos a Kornilov seguramente no faltaban. El problema era encontrar un equivalente a los bolcheviques. Algunos creyeron verlo en el MIR.


 


El MIR nació en 1965 al influjo de la Revolución Cubana. Inicialmente, tendrá una influencia localizada únicamente en la ciudad de Concepción, una composición abrumadoramente estudiantil y adoptará el foquismo como línea política.


 


El MIR desarrollaba sus campañas financieras mediante espectaculares asaltos a bancos, ampliamente publicitados y demonizados por la prensa derechista, con El Mercurio a la cabeza. La tendencia morenista en el MIR, que propiciaba un "giro hacia la clase obrera", será expulsada hacia 1968.


 


El MIR irá dejando de lado su foquismo, e irá creciendo mediante su inserción en frentes de masas, organizando a sectores atomizados, como ser campesinos, indios mapuches, pobladores de las callampas (villas miserias), etc.


 


El foquismo, sin embargo, estará de alguna manera implícito en la resistencia del MIR a insertarse en el proletariado. En principio, porque en la concepción foquista el proletariado no es el sujeto central en la lucha por el socialismo. Luego, por la incapacidad política de luchar en la práctica contra el reformismo del PC y PS, con fuertes raíces en la clase obrera. En resumen, el MIR encaró con gran retardo su inserción en el proletariado; síntoma de esto es que en junio del 72 (elecciones de la CUT), a pesar de levantar la candidatura del venerado Clotario Blest, sólo obtendrá el 2% de los votos.


 


En los primeros documentos del MIR se dice que la revolución chilena "tendrá el carácter de antiimperialista y anticapitalista a la vez, esto es, será fundamentalmente socialista".


 


El objetivo será destruir la superestructura legal burguesa, e "instaurar un gobierno revolucionario de obreros y campesinos, que siente de inmediato las bases para la construcción del socialismo" (41).


 


En las elecciones de 1970, el MIR llamará a la abstención, y pese a lo anunciado, el triunfo de la UP "no estaba en los cálculos de ninguno de nosotros" (42).


 


Tras la sorpresa de las elecciones, el MIR tardará en acomodarse a la nueva situación política, y algunos de sus miembros se sumarán al grupo para-estatal de seguridad personal de Allende, el GAP.


 


Miguel Enríquez (secretario general del MIR) y Salvador Allende acostumbraban tener frecuentes reuniones, y se dice que en una de esas innumerables discusiones, "Miguel de algún modo lo acusó de socialdemócrata… y Allende le dijo: A mucha honra…" (43).


 


A pesar de las reiteradas críticas al reformismo de la UP, el MIR se abstendrá de criticar al gobierno de Allende por lo que en realidad representaba: un Frente Popular.


 


Es por esto que el MIR sólo verá preocupaciones de tecnócratas y reformistas cuando el gobierno de Allende hable de darles importancia vital a "las tareas de ordenar la economía, elevar la producción, imprimir eficiencia y disciplina en el trabajo".


 


Para el MIR, el gobierno frentepopulista podía corregir sus taras de nacimiento, gracias a la tarea de crítica marxista que ellos encaraban.


 


Pese a sus tremendas limitaciones políticas, el MIR sabrá ganarse el odio del PC, que no dudará en llamarlo "caballo de Troya de la reacción".


 


Para Luis Corvalán, del PC, "la actividad política del MIR y de los demás agrupamientos ultraizquierdistas… es de las más perjudiciales al gobierno de la UP" y denunciaba particularmente del MIR "su política de ataque frontal contra la burguesía y contra la oposición en bloque, la ocupación de empresas y de fundos agrarios pequeños y medios, el poner el acento sobre la tesis de la inevitabilidad de un enfrentamiento armado" (44).


 


Faltaba sólo un paso más del PC hacia su integración en el Estado burgués para que se hubiese repetido la política del PC español para con la izquierda (POUM y anarquistas), en el transcurso de la Guerra Civil. De alguna forma, la ley de "Control de Armas" puede interpretarse como un avance en ese sentido…


 


El CC del PS condenará también al MIR porque "la esencia de la política del MIR es levantar una alternativa distinta de la que ofrece la UP. A juicio del MIR, el programa de la UP no es revolucionario y la alianza que lo sustenta no es revolucionaria; luego, el Gobierno Popular tiene un carácter de conciliación de clases y reformista; en definitiva, Chile no está viviendo un proceso revolucionario" (45).


 


El MIR tenía, en cambio, muy buenas relaciones con la izquierda del PS. Recordemos que, hoy como ayer, el PS chileno funcionaba como una cooperativa electoral, donde el sector de izquierda (Aniceto Rodríguez, Clodomiro Almeyda, etc.) hacía auténticos malabarismos con su verbalismo centrista, con el fin de evitar el éxodo por izquierda de los militantes (y particularmente de su juventud).


 


El MIR no sólo se abstendrá de desenmascarar (en la discusión, en el planteamiento de tareas políticas concretas) a esta izquierda trucha, sino que inclusive la apoyará electoralmente en marzo del 73.


 


Después del golpe, la implacable opinión de la izquierda del PS sobre el MIR nos servirá para caracterizar tanto a unos como a otros: "incapaz de entender el verdadero papel del poder popular, trató de arrastrarlo hacia una posición alternativista: transformarlo en un doble poder, opuesto al conjunto de la institucionalidad burguesa, olvidando que en órganos importantes de ésta estaban instaladas las fuerzas populares. En esa perspectiva confluía a deteriorar la autoridad del gobierno, estimulaba la indisciplina, introducía brechas en la unidad de la izquierda, y contribuía a confundir a la clase obrera y al campesinado" (46).


 


El MIR tampoco verá a los trabajadores de los Cordones como gérmenes de poder soviético, quizás por temor a su debilidad numérica en comparación con el PS.


 


Aprovechando la intensa relación política entre el MIR y el castrismo, la dirección mirista pedirá armas personalmente a Castro. Según el recuerdo de un ex-dirigente, "Fidel nos dijo que llegado el momento habría armas para todos los revolucionarios".


 


Lo cierto es que el famoso momento tardaba en llegar, e inclusive "el día del golpe fuimos a la embajada… y el funcionario responsable se negó" (47).


 


Con la derrota de los trabajadores consumada, finalmente "después del golpe nos llegaron más de las que necesitábamos… más de las que podíamos guardar" (48).


 


Resultará particularmente irónico que Fidel Castro, en el acto de masas con que recibió a la viuda de Allende, a los pocos días del golpe, sostuviera que "… una lección que hay que sacar de este ejemplo chileno es que con el pueblo sólo no se hace la revolución: ¡hacen falta también las armas!" (49).


 


Las limitaciones políticas del MIR serán determinantes, en última instancia, de la debacle de los trabajadores chilenos. Porque "sin una organización dirigente, la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor" (50).


 


La experiencia del MIR sirve para confirmar, por la vía negativa, que para ganar a las masas a una política revolucionaria organizada, centralizada; para arrancarlas de la influencia de los dirigentes de la UP; para darles a los Cordones la forma superior de organización clasista; para preparar a tiempo la insurrección victoriosa; hacían falta, como decía Trotsky a propósito de la España revolucionaria, sólo tres condiciones: "un partido, otra vez un partido, y siempre un partido".


 


El golpe militar


 


Según Joan Garcés, asesor personal de Allende, los servicios secretos soviéticos habían detectado, a mediados del 73, que en la base militar de Panamá, y con la coartada de participar en el operativo Unitas, se aprestaba una Escuadra de guerra yanqui que, cuando llegara a Valparaíso, actuaría como apoyo al golpe militar en Chile.


 


Los servicios soviéticos jamás informaron, según Garcés, al Frente Popular (51), hecho que sirve de base para que después de veinte años, el propio Garcés caracterice todo el proceso chileno como un mero round latinoamericano de la "Guerra Fría" (52).


 


Sin embargo, el gobierno de Allende no necesitaba de los servicios secretos de Brezhnev, puesto que a inicios de junio, un grupo de suboficiales y marineros (fruto del trabajo político del MIR en el seno del ejército) se entrevista con los senadores Altamirano (PS), Garretón (MAPU) y con Miguel Enríquez del MIR, para informar con lujo de detalles los nombres y los planes golpistas.


 


La reunión será detectada, y en las semanas siguientes son encarcelados secretamente por la Marina unos 400 suboficiales bajo el cargo de "tentativa de golpe contra la armada".


 


Si bien el gobierno de la UP sabía esto, "ninguna voz se alzó ni ninguna acción se tomó en favor de ellos" (53).


 


El ensayo del golpe fue el Tancazo, cuando el 29 de junio el general Souper, a cargo del Regimiento Blindado Nº 2 de Santiago, pruebe la reacción de los Cordones Industriales. Pinochet mismo reconocerá que el "Tancazo" fue como una "mano de Dios" que le hizo ver que "esta guerra se decidía aquí en Santiago", ahogada en sangre la resistencia obrera en los Cordones Industriales (54).


 


De allí en más, en virtud de la ya citada Ley de Control de Armas, las FF.AA. allanarán fábricas, empresas estatales, locales partidarios, casas particulares y hasta cementerios, en busca de armas en poder de los trabajadores. Se preparaba el camino hacia la masacre…


 


Así, el 27/7 se inicia el segundo paro nacional de los camioneros, que según su líder León Vilarín, "terminará cuando se acabe el gobierno de Allende".


 


Sólo cuatro días después, unos 250 oficiales de la guarnición militar de Santiago solicitan al general Prats una "reunión deliberativa" (¿a ésto llamaba la UP la "democratización del concepto de seguridad nacional"?), en la cual se exige:


 


1) Un acuerdo gobierno-DC.


 


2) Entrega total de las empresas del Area Social a las FF.AA.


 


3) Declarar fuera de la ley a los Cordones Industriales.


 


Tras innumerables negociaciones y concesiones para lograr el levantamiento de la huelga de los camioneros, será llamado nuevamente Prats a intervenir, quien sorpresivamente en ese momento renuncia a su cargo de Comandante en Jefe del Ejército porque "ya no puedo detener las fuerzas golpistas".


 


El 23 de agosto, Allende designa al general Pinochet como reemplazo de Prats.


 


A principios de setiembre, se adhieren al paro de los camioneros numerosos sectores de la clase media: médicos, farmacéuticos, abogados, comercios mayoristas y minoristas, etc.


 


El individuo Salvador Allende sufrirá en carne propia su política de "ampliación de las libertades" cuando, a partir de fines de agosto, la prensa burguesa (El Mercurio) llegue a extremos inauditos, invitándolo a renunciar, a suicidarse, o ambas cosas a la vez.


 


Allende, impotente, les contestará: "Yo no puedo, no estoy en condiciones de hacer nada en contra de El Mercurio, pero háganlo ustedes" a los dirigentes del MIR que criticaban su "blandura" ante la contrarrevolución (55).


 


La contrarrevolución tenía una radiografía de las fuerzas motrices de la revolución chilena, distinguiendo tres "grupos":


 


1) "Los motores del marxismo", es decir, el activismo comunal, regional, de los Cordones, partidista o no, quienes realmente "movían al pueblo".


 


2) "Los dirigentes del marxismo", o sea, cuadros políticos de la UP, intelectuales, dirigentes estudiantiles.


 


3) "Los dirigentes y funcionarios de gobierno y jerarcas de la UP".


 


La contrarrevolución, consecuentemente, procederá a "detener y fusilar inmediatamente" a aquellos pertenecientes al primer "grupo"; a "detener, torturar y condenar a largas penas" al segundo grupo, y a "detener largo tiempo y expulsarlos del país" a los funcionarios del Frente Popular.


 


El viernes 7 de setiembre se allanan los bastiones obreros del APS, como las fábricas textiles Sumar y Lanera Austral. En esta última, un trabajador es fusilado por los militares (56).


 


El sábado 8 de setiembre, Allende se reúne con los generales Pinochet, Leigh y Montero, y les pide que den órdenes a sus subordinados para que "moderen sus ímpetus" en los allanamientos por la ley de control de armas…


 


El 10 de septiembre, sólo cuatro horas antes de que el golpe se iniciara en Valparaíso, el ministro de Defensa, Orlando Letelier (asesinado por la DINA años después), da una conferencia de prensa anunciando que "la situación del país tiene una solución política que en breves horas dará a conocer el Presidente".


 


Letelier se refería a la decisión de Allende de llamar, el martes 11, a un plebiscito sobre la continuidad del gobierno de la UP. Los primeros enterados del plebiscito eran los golpistas Pinochet y Urbina, quienes se habían reunido con Allende el domingo 9 de setiembre ante los rumores sobre la inminencia del golpe.


 


Sabiendo Pinochet esto, el previsto "llamado a plebiscito" no hizo más que adelantar en 3 días la fecha del golpe… Desde aquel día pasaron 24 años, pero aún hoy, Gladys Marín (actual jefa del PC) sostiene que no había razones para dar el golpe, porque el plebiscito daba una salida a la impasse (57).


 


En realidad, las urnas podrían haber acabado, o no, con el gobierno de la UP, pero jamás podían acabar con los Cordones, con los Comandos Comunales, con las JAP… Para eso hacía falta, una vez que el Frente Popular había logrado (en gran parte) contener y confundir a las masas, desatar la masacre de los trabajadores y explotados.


 


El 11 de setiembre del 73 será solamente el último acto de un golpe que había comenzado desde hacía ya un par de meses.


 


El ejército aplasta los focos de resistencia en las fábricas (en Lucchetti Pastas, los obreros derribaron un helicóptero) y en las "callampas" (en Nueva La Habana será la Fuerza Aérea quien bombardee a la población).


 


A media mañana, Allende recibirá de los golpistas la oferta de un salvoconducto para él, su familia y sus colaboradores… lo que rechazará indignado y, fusil FAL y bazooka en mano, resistirá el bombardeo al Palacio de la Moneda (58).


 


Por radio, Allende enviará su último mensaje: "Tengo la certeza que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición".


 


Pobre consuelo para una clase obrera que supo tener en sus manos, mediante sus propias organizaciones, el curso de su propio destino y el de la nación oprimida, y que terminará siendo sometida por la burguesía chilena y el imperialismo, a manos de una Junta Militar Gubernamental de Liberación Nacional dirigida por el constitucionalista Pinochet.


 


Quedaban sepultadas bajo la forma de una monumental estafa política las proclamaciones de la Unidad Popular acerca del "poder popular" y de los "canales de participación de los trabajadores", que ocultaban el hecho fundamental, decisivo, de que "el pueblo no tenía ningún derecho a armarse, un privilegio que la Constitución reservaba sólo a la camarilla militar. El gobierno de Allende era, en este aspecto, absolutamente constitucional, y no permitía otros canales armados que los establecidos".


 


Para los trabajadores chilenos "el resultado fue una feroz masacre y una feroz dictadura de más de 15 años. Allende se valió de las fuerzas armadas para desarmar al pueblo, y aunque ello le costó la vida, sirvió para salvar al único Estado que Allende reconocía como propio: el burgués" (59).


 


 


 


Notas:


1. Diario Sur, Bs.As., 4/9/1990.


2. La cuestión del Frente Popular es, sin lugar a dudas, la cuestión principal de la estrategia obrera. En anteriores números de En Defensa del Marxismo, varios artículos trataron extensamente el tema.


3. Cifras recogidas por Mike González, en Revolutionary Rehearsals, Londres, pág. 44.


4. Luis Vega, La caída de Allende, La Semana Publicaciones, Israel, pág. 105.


5. Alianza compuesta por seis organizaciones: el PC, el PS, el Partido Radical, el MAPU, el API y el Partido Socialdemócrata.


6. El Programa puede leerse completo en Nuestro camino al socialismo – La vía chilena, de Salvador Allende, págs. 151-174, Ediciones Papiro, Bs.As.


7. Citado por L.Vega, op. cit, págs. 147-148.


8. La firma del "Estatuto" fue, por razones obvias, un hecho sistemáticamente minimizado por las direcciones del PS y el PC, y su texto celosamente ocultado a las bases partidarias.


9. Definición del secretario general del PC, Luis Corvalán, en el libro de Eduardo Labarca titulado El Chile de Luis Corvalán, pág. 215, Editorial Fontamara.


10. Citado en Luis Vega, op. cit., págs. 110-111.


11. León Trotsky, La Revolución Permanente, pág. 167, El Yunque Editora.


12. Salvador Allende, citado por Carlos Altamirano en Dialéctica de una derrota, pág. 230, Siglo XXI Editores (1977).


13. Luis Vega, op. cit., pág. 105. Quedará como un misterio insoluble saber a qué hacía referencia la UP cuando hablaba de "inversionista extranjero no imperialista"…


14. La estrategia de la UP es expuesta por Kyle Steenland, en Two Years of Popular Unity, New Left Review, marzo-abril 1973.


15. Ver al respecto El Estado y la revolución de V.I. Lenin, págs. 74-76, en Obras Completas, Tomo XXVII, Akal Editor.


16. Salvador Allende, en Nuestro camino…, op.cit., pág. 56.


17. Idem, págs. 111-112.


18. C. Altamirano, op.cit., págs. 99-100.


19. Extracto del cuarto Congreso del MAPU (diciembre de 1971), citado en el libro Revolución y contrarrevolución en Chile, pág. 57, Ediciones del Sol, Bs.As.


20. Carlos Altamirano, op.cit., pág.126.


21. Citado por L. Vega, op.cit., pág. 132.


22. Salvador Allende, op.cit., pág. 109.


23. Citado por J. Jackson en The Popular Front in France. Defending Democracy (1936-38), pag. 231, Londres.


24. L. Trotsky, Alemania, la revolución y el fascismo, pág. 188, Juan Pablos Editor, México.


25. Carlos Altamirano, op.cit., pág. 115.


26. Citado por Mike González, op.cit., pág. 53.27. "Respuesta de Política Obrera al PST", citado por Osvaldo Coggiola en El trotskismo en la Argentina (1960-1985)/2, CEAL, Bs.As.


28. L. Corvalán, op.cit., pág. 36.


29. Citado por L. Vega, op.cit., pág. 182.


30. El documento entero puede leerse en Revolución y contrarrevolución en Chile, pág. 94, Ediciones del Sol, Bs.As.


31. Idem, pág. 96.


32. Ibídem, pág. 115.


33. Ibídem, pág. 116.


34. Introducción de Ignacio Gayango a El Chile de Luis Corvalán, op.cit., pág. 19.


35. Citado por M. Gonzales, op. cit., pág. 66


36. Idem, pág. 76


37. Citado en Revolución y…, op.cit., pág.58.


38. Luis Vega, op.cit., pág. 177.


39. Citado en Dialéctica…, op.cit., págs. 113-114.


40. Ver, por ejemplo, Kyle Steenland, op.cit., págs. 13-14.


41. Citado por Alain Labrousse, en El experimento chileno, Editorial Grijalbo, España.


42. Declaraciones del ex-dirigente del MIR, Roberto Moreno, en un documental de Televisión Nacional de Chile.


43. Roberto Moreno, en el documental ya citado.


44. Citado por Ernest Mandel, en Crítica del Eurocomunismo, pág. 241, Editorial Fontamara.


45. C. Altamirano, op.cit., pág. 120.


46. C. Altamirano, op.cit., pág. 121.


47. Nuevamente Roberto Moreno, en el documental ya citado.


48. Idem.


49. Discurso de Castro del 28/9/73, en el aniversario de la creación de los CDR, transcripto íntegro en el libro El más alto ejemplo de heroísmo, págs. 95-96, Editorial de Ciencias Sociales, Cuba.


50. León Trotsky, en Historia de la Revolución Rusa, Tomo I, pág.11, Editorial Galerna.


51. Ver el testimonio en Orlando Letelier: Testimonio y vindicación, de J. Garcés y Saul Landau pág. 3, Siglo XXI Editores.


52. Ver el capítulo dedicado al gobierno de la UP de su libro Estrategias globales, americanos y españoles, Siglo XXI Editores (1995).


53. L. Vega, op.cit., pág. 216.


54. Citado por C. Altamirano, op. cit., págs. 187-188.


55. Testimonio de Luis Corvalán, citado en L. Vega, op.cit., págs. 118-119.


56. Orlando Letelier…, op.cit., pág. 21.


57. Reportaje concedido a la Televisión Nacional de Chile.


58. Ver el testimonio de su viuda, en el acto del 28/9/73, reproducido en El más alto ejemplo de heroísmo, op. cit., págs 11-21.


59. Jorge Altamira, La estrategia de la izquierda en la Argentina, págs. 251/2, Editorial Rumbos.


 

América en el pensamiento político de Bartolomé de Las Casas


1- Introducción


 


La conquista americana suscitó una amplia polémica entre los partidarios de la evangelización como único instrumento colonizador y los que consideraban lícito el uso de otros recursos. En los dos casos, surgieron tres problemas que estuvieron presentes todo el proceso de asentamiento de los colonos en el continente: la relación con los infieles, el poder del Papa y del rey, y la guerra justa contra los indios.


 


El debate americano sobre estas cuestiones estuvo irremediablemente vinculado al objetivo mercantil de la conquista, tanto o más importante que el evangelizador, al punto que Las Casas, campeón de la evangelización, tuvo que ceder espacio al primero. "Todas las cosas obedecen al dinero y los indios evangelizados son instrumentos para alcanzar el oro", escribió en el Tratado comprobatorio del imperio soberano.


 


Mercantilismo y evangelización fueron las dos caras de la misma moneda, y sería imposible entender el proceso de la conquista eliminando o negando la importancia de uno de ellos. Contradictorios al principio, ambos se complementaron en la práctica, sin que los colonizadores tuviesen la pretensión de esconder uno detrás de otro. Por eso es inútil calificar al soldado o al eclesiástico de hipócritas, pues practicaron esa doble finalidad a la luz del día y sin compulsión alguna. Cortés fue un buen ejemplo de soldado que creía que la riqueza era indispensable y la evangelización de los indios necesaria.


 


Sacerdotes, corregidores, visitadores y otras autoridades, según el cronista Huamán Poma de Ayala, hicieron una y otra cosa a la vista y paciencia de todo el mundo.


 


La complementación entre el objetivo mercantil y evangelizador fue un hecho característico de la época moderna, y la finalidad última de la conquista fue la dominación política no sólo de los indios, sino también de los propios españoles que vinieron para América.


 


Cabe destacar que los tres problemas citados más arriba no sólo fueron discutidos por teólogos, juristas y letrados, sino también por el hombre común tanto en España como en América. Y en ese gran debate del siglo XVI, la participación del dominico Bartolomé de Las Casas tuvo un lugar destacado.


 


El pensamiento político de Las Casas, objeto de este artículo, aparentemente muy ortodoxo en el sentido de las fuentes que lo inspiraron, notoriamente Santo Tomás y Aristóteles, rompió, en muchos casos, esa ortodoxia, indagando en ciertas teorías de los escolásticos italianos de los siglos XIII y XIV, defensores de la independencia y las libertades republicanas de las ciudades del norte italiano. Pensadores que formularon las primeras tesis sobre la soberanía popular, libre elección del príncipe, pluralidad de autoridades políticas, separación de los poderes secular y eclesiástico, derechos de los individuos y derechos del Estado, etc. Entre esos pensadores, es necesario mencionar a Remigio de Girolami, Bartolo de Sassoferrato, Marcilio de Padua, Jean Gerson, Guillermo de Occam, frecuentemente citados por Las Casas.


 


También es necesario recordar a los pensadores españoles contemporáneos del dominico, que directa o indirectamente lo influenciaron. En este caso tenemos a Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Melchor Cano.


 


Entre los extranjeros se destaca John Maior, citado por Las Casas en sus obras más importantes. Maior recuperó y sintetizó las teorías de Gerson, Bartolo y Marcilio de Padua.


 


El pensamiento político lascasiano está indisolublemente asociado al proceso de la conquista española en América. Sin embargo, su originalidad reside en el cuestionamiento de los resultados probables de la sociedad organizada por los vencedores. En otras palabras, si desde el ángulo de la conquista ese pensamiento estaba inserto en la problemática de ese proceso y en el debate general que ese evento promovió en el siglo XVI, desde la perspectiva de la sociedad que nacía, ese pensamiento aparece como primero y único.


 


La originalidad de Las Casas consiste en esto último: pensar la sociedad resultante de ese choque de culturas e intentar extraer de esa realidad los trazos generales, las posibles tendencias que le permitieran prever el futuro de esa sociedad.


 


Con esa finalidad, el dominico usó con exuberancia todos los conceptos y las teorías políticas existentes en su época. Las tesis acerca de la soberanía popular, consenso político-social, derechos y libertades individuales, pacto político, pluralidad de poderes, autodeterminación de los pueblos, imperio de la ley, constituyeron las bases de su visión sobre los destinos del continente americano.


 


2- Tres ideas y una única historia


 


Tres ideas diferentes, acompañadas de sus respectivas imágenes, constituyen la esencia del pensamiento lascasiano: la imagen servil del indio, la imagen de "destrucción de las Indias" y la simulación de los vencidos.


 


La imagen acerca de los indios, volcada en todos los escritos del fraile, rechaza cualquier concepción de sujetos sociales activos y participantes en una historia dramática. No obstante, esa imagen nos permitió enfocar, por el opuesto, una de las cuestiones más discutidas por la historiografía acerca de Las Casas y de la conquista española, esto es, la imagen que el dominico ha transmitido al mundo sobre el comportamiento cruel de los conquistadores. En realidad, y desde la perspectiva americana, la imagen sobre los indios siempre como pusilánimes, medrosos y pasivos, era una cuestión crucial y mucho más importante que aquella sobre los conquistadores, porque en su esencia definía los destinos de la historia americana según el fraile, aunque éste no haya percibido todo el alcance de su creación y los efectos negativos de su criatura.


 


No obstante, esa imagen trae a colación otra cuestión para ser analizada: ¿era posible un comportamiento tan pasivo, tan carente de carácter, tan servil por parte de los amerindios durante la invasión y la destrucción de sus civilizaciones?


 


La resistencia militar de los indígenas había sido corta y el propio Las Casas la descalificó como un rejunte de guerrillas sin ninguna fuerza.


 


Por otro lado, el dominico manifestó su profunda admiración por los pueblos americanos e intentó justificar la pasividad, el miedo y hasta la cobardía de ellos. Pero en esta difícil tarea, insinúa otra idea que equilibraba la imagen de indios inertes: la simulación. Derrotados militarmente y violentados por las prácticas de los invasores, los indios simularon obediencia, pasividad, servilismo para salvar la vida y, especialmente, su cultura.


 


De esta forma, la imagen acerca de los indios contiene dos vertientes aparentemente contradictorias pero que se juntan en una concepción sorprendente del proceso histórico de la conquista. Por un lado, los indios aparecen derrotados y conquistados con relativa facilidad, y su pasividad les quita la condición de sujetos activos y centrales del proceso. Queda así establecida la idea de que el proceso social del continente, ya desde el inicio de su modernidad, fue obra de la minoría. Sin embargo, la idea de la simulación nos presenta una mayoría que actúa por vías diferentes de las comunes, que resiste silenciosamente la dominación y acaba distorsionando el proceso como un todo.


 


La imagen acerca de los indios y la simulación fueron discutidas por nosotros en otros trabajos (1).


 


Nuestro interés se centra ahora en la tercera imagen lascasiana: "la destrucción de las Indias".


 


La idea de simulación de los vencidos nos ha permitido establecer la relación entre el pensamiento de Las Casas y la acción social de los indios, pero por una vía diferente de la que fue recorrida por la mayor parte de los historiadores lascasianos. En efecto, no se trata ya de discutir su importancia como defensor de los indígenas y denunciante de las atrocidades de los conquistadores. En esta defensa y denuncia, él desarrolló la imagen más espectacular de toda su obra, que por su carácter impresionista atrajo la atención de todos los estudiosos. La imagen de la destrucción no sólo dio título a su libro más famoso, sino que además resumió todo su pensamiento sobre América.


 


En nuestra opinión, esa imagen apocalíptica no puede ser interpretada sólo en su sentido literal, como han hecho la mayoría de los estudiosos, sea a favor o en contra. Nos parece que sería disminuir el alcance de la visión lascasiana sobre el continente.


 


Los hechos de la conquista, exagerados o no, constituyen los instrumentos a través de los cuales Las Casas quiere visualizar el probable destino de los americanos, el futuro de la nueva sociedad organizada por los conquistadores. El vigor de su humanismo militante lo colocó cara a cara con fragmentos, indicios, trazos indefinidos, que le hacen presagiar para América un futuro desastroso. En este sentido, la idea y la imagen de destrucción cumplían una doble función: denunciar la matanza de los indios y presagiar el futuro curso de la nueva sociedad. En ambos casos, la denuncia y la profecía, se le figuraban trágicos.


 


En otras palabras, el clérigo no se limitó a narrar los hechos para denunciar la tragedia; él quiso extraer de los hechos los elementos que le permitiesen pensar las posibilidades de la sociedad y, en este intento, insinúa una de sus ideas magistrales: la nueva sociedad fundada por los conquistadores nacía con sus entrañas destruidas, corroída en sus propios fundamentos, desequilibrada, abjurando de cualquier consideración cristiana, humanitaria y de derecho.


 


Las preocupaciones de Las Casas con las libertades públicas e individuales, con los fundamentos jurídicos de la sociedad que se organizaba, con el deseo de ver en América una sociedad de derecho y justicia social, de respeto a los derechos humanos, configuraron su visión de los destinos americanos.


 


En este nivel, es bueno que se diga, poco importa que el dominico no haya amado a los indios o que no los haya comprendido, acusación frecuente entre los estudiosos modernos. Pero, ¿por qué debía amarlos?; ¿alguien los amó alguna vez?; ¿son amados y comprendidos ahora? Los problemas suscitados por la conquista no se resumían, en el pensamiento del fraile, tanto en el desamor y en el desprecio; era otro problema, entre muchos, el que se destacaba en las tinieblas: la sociedad que se instituía nacía sin los fundamentos de la sociedad moderna, sin justicia, sin derecho y sin poder legítimo. Entre el amor, circunstancial y pasajero, aun siendo cristiano, y los derechos sociales e individuales, Las Casas se comprometió con los últimos, pues de ellos dependía el futuro de América, las instituciones americanas, el gentío americano, fuesen indígenas o españoles.


 


También es bueno que se diga que Las Casas no defendió ciegamente a todos los indios. Censuró y denunció a los caciques que explotaban a los pueblos, que arrendaban tierras a los indios más desvalidos, y condenó con vehemencia a todos los indios traidores que olvidaron "la salud de la patria, la nación y de la familia".


 


Tampoco condenó a los colonizadores en general. Su crítica y denuncia estuvo centrada en los soldados, encomenderos, dueños de minas; en los explotadores, en aquellos que designa como "robadores". Pero creía en los labradores honestos, en los centenares de colonizadores humildes y pobres capaces de producir si tuviesen las mínimas condiciones. En el Confesionario, hizo mención de ellos y orientó a los confesores a repartir los bienes, restituidos por los penitentes arrepentidos, entre esos colonizadores. Se acordó de ellos, nuevamente, en su discurso final contra Ginés de Sepúlveda en Valladolid. Todos ellos eran piezas fundamentales en sus planes de colonización pacífica (2).


 


La imagen de destrucción de las Indias se liga a esa preocupación por el futuro de la sociedad americana. Esta imagen expresaba un alerta sobre el porvenir. Ella intentó expresar, en medio del estruendo de la destrucción material, una previsión: la nueva sociedad comenzaba a nacer distorsionada, preñada de desequilibrios, de injusticias, carente de los más elementales derechos.


 


Esa preocupación por el futuro había sido manifestada en el prólogo de la Historia de las Indias la obra debía servir para el bien de los pueblos americanos. Quedó clara en otra frase del dominico en Los tesoros del Perú, que expresaba toda la densidad de su pensamiento: "los acontecimientos futuros están a consideración de los hombres". Más allá de esto, formuló otra cuestión que absorbió profundamente su pensamiento: ¿por qué la conquista tuvo un resultado al revés, al contrario? (3).


 


¿Pero qué significa al revés? En el Tratado comprobatorio del imperio soberano y en Algunos principios que deben servir de punto de partida, Las Casas concebía el funcionamiento de la sociedad como un equilibrio entre los derechos y los intereses individuales y el bien común, equilibrio fundado en el imperio de la ley que, a su vez, regulaba las relaciones entre gobernantes y gobernados. La sociedad justa y de derecho es aquella capaz de mantener ese equilibrio y respetarlo. De tal forma que la sociedad de opuestos era, justamente, el contrario de la sociedad de derecho, esto es, una sociedad desequilibrada, sin los cimientos necesarios para funcionar adecuadamente, corroída en sus propios fundamentos.


 


El significado que damos a la idea de "destrucción de las Indias" permitió invertir el ángulo analítico de la relación entre el pensamiento lascasiano y la acción social de los nativos dentro de la sociedad colonial del siglo XVI. Si el dominico visualizó una "sociedad de opuestos", no vio, o tal vez no quiso ver, que más allá de las causas apuntadas por él, había otra que colocaba a los indios como actores principales, esto es, una acción subrepticia que, también, distorsionaba y erosionaba a la sociedad organizada por los vencedores. Sin embargo, la velada acción de los indios fue admitida por Las Casas en otro contexto de su pensamiento. España y sus reyes nunca tuvieron el consenso de los pueblos americanos para gobernar el continente, y sin el consenso político de la mayoría, ese gobierno era tiránico.


 


3- Los indios son los dueños de América


 


En el Tratado comprobatorio del imperio soberano, Las Casas escribió que el fundamento del cristianismo repudiaba la fuerza como instrumento de expansión de la fe. El Evangelio sólo podía ser recibido por la libre y espontánea voluntad de los infieles. El descubrimiento no otorgaba ningún derecho a los reyes de Castilla ni a la Iglesia. Los reyes indígenas eran los soberanos y los indios los dueños de América.


 


El título de los reyes de Castilla de señorío universal y supremo estaba fundado en la prédica del Evangelio y la conversión de los indígenas. Fue este principio lo que le permitió a la Iglesia cederles ese derecho. Pero, de ningún modo, ese hecho eliminaba los derechos soberanos y la libertad de los nativos, lo mismo que la propiedad de las tierras y haciendas.


 


En 1535, Las Casas estaba plenamente convencido de que lo único que justificaba y daba fundamento al dominio de los reyes españoles en América, era la prédica de la fe:


 


"Y éste es, señor, el primer paso y la puerta de entrada en estas tierras: primero, que estas gentes admitan a Dios por la fe y por su Dios, y después al rey por señor. Pues la causa final y el fundamento total de su majestad, como rey de Castilla, para tener acción y título en estas tierras, es la prédica de la fe" (4).


 


Para Las Casas, el Papa tenía jurisdicción sobre los infieles, pero no de la manera que la tenía sobre los cristianos. Sobre éstos, la jurisdicción era tenida en acto, pudiendo ser ejercida en cualquier momento. En el caso de los infieles, la jurisdicción era in habitu, esto es, pasaba por la voluntad y el consentimiento de ellos.


 


En el debate de 1550, Sepúlveda lo acusó de negar el poder temporal del Papa sobre los infieles. Las Casas respondió que Sepúlveda no entendía que los indios eran súbditos en potencia de la Iglesia, debido a lo cual no se podía usar la fuerza contra ellos. El Papa tenía autoridad para anunciar la fe, pero no podía usar ningún instrumento que contrariase la voluntad de los indígenas.


 


El poder de los reyes de Castilla en América estaba fundado en la concesión papal, lo que significaba que el poder espiritual tenía más valor porque se originaba en Dios. El poder temporal se perfeccionaba y alcanzaba su verdadero sentido por la aprobación papal, pero esto no quería decir que ese poder tuviese origen en el Papa, pues era de derecho natural y estaba fundado en el pueblo. Sólo, e indirectamente, se volvía más perfecto cuando realizaba la finalidad espiritual, en este caso específico, la conversión del gentío americano:


 


"Cualquier poder temporal debe subordinarse al espiritual cuando la finalidad es espiritual, y es conveniente que aquél tome de éste las leyes y normas para ordenar su régimen, de modo de conseguir el objetivo espiritual y poder vencer cualquier obstáculo que pueda impedir su consecución" (5).


 


La aceptación voluntaria de la fe, por parte de los indios, era el requisito básico y previo para que se pudiese ejercer sobre ellos el dominio político. En otras palabras, el poder político de los reyes de Castilla sobre América debía ser consecuencia del dominio espiritual de la Iglesia, dominio este último que, también, pasaba por el consenso de los indios. Una vez cristianizados, por quedar dentro de la esfera de la Iglesia, los indios quedarían bajo el poder político del rey español. Así lo afirmó en la proposición XIX:


 


"Todos los reyes y señores naturales, ciudades, comunidades y pueblos de aquellas Indias son obligados a reconocer a los reyes de Castilla como universales y soberanos señores y emperadores en la forma mencionada, después de haber recibido, por su propia y libre voluntad, nuestra santa fe y el sacro bautismo, y si antes que lo reciban, no lo hacen y tampoco quieren hacerlo, no pueden ser castigados por ningún juez o justicia" (6).


 


Lo contrario, es decir, establecer el dominio político para luego propagar la fe, no era posible para Las Casas, porque no existían razones plausibles de cualquier naturaleza que justificasen ese acto, ni por parte de los indios, ni por parte de los cristianos. ¿Por qué los príncipes infieles y sus pueblos aceptarían el dominio político de los cristianos?, se preguntó Las Casas en Del único modo, para luego afirmar que nadie pide, voluntariamente, ser dominado políticamente. Entonces, el dominio político sólo podría ser impuesto por la guerra.


 


Incluso, si los príncipes indígenas tomasen la decisión de aceptar la señoría de los castellanos sin el consentimiento de sus pueblos, ¿éstos no tendrían el derecho, por ley natural, de negarles y privarlos de su real dignidad e, inclusive, matarlos? Y si los súbditos, sin consultar a sus reyes, aceptasen la soberanía del rey cristiano, ¿no incurrirían en traición? (7).


 


Las Casas cerraba todos los caminos para la colonización, pues todos ellos, con excepción de la evangelización, contrariaban el derecho natural y, lo que era peor, llevaban a la guerra, absolutamente injusta. Sólo la evangelización transformaba en justa la colonización; ella era capaz de establecer un dominio que fuese la resultante del consenso de los pueblos americanos, porque estaba revestida de métodos sutiles, suaves, delicados, casi impalpables, y respetaba el derecho natural de los indígenas como personas libres y soberanas:


 


"Cualesquiera naciones y pueblos, por infieles que sean, poseedores de tierras y reinos independientes, que habitan desde el principio, son pueblos libres, que no reconocen fuera de sí ningún superior, excepto los suyos propios, y este superior o superiores, tienen la misma plena potestad y los mismos derechos de príncipe supremo en sus reinos, que los que ahora posee el emperador en su imperio" (8).


 


Este texto recuerda la tesis de Bartolo sobre la pluralidad de autoridades políticas soberanas. El emperador es soberano del mundo, pero el hecho relevante es que en América los reyes indígenas tienen tanta autoridad en sus reinos, como el emperador en el suyo. El imperio no invalidaba la soberanía de los indios, ni quitaba su libertad y propiedades.


 


Queremos creer que Las Casas usó la idea de la pluralidad de autoridades soberanas imaginando una especie de federación entre el reino español y los reinos americanos. Cabía al rey de España el poder máximo y central, por fuerza de la concesión papal; los príncipes indígenas reconocían esa autoridad, dominus mundi, pagando un tributo, pero mantenían autonomía para gobernar sus reinos. Los indios sólo debían pagar tributo a sus príncipes directos (9).


 


Los reyes de Castilla no tenían derechos para ceder en usufructo el trabajo personal de los indios a los conquistadores. Cualquier jurisdicción sobre los indios, es un derecho de los reyes indígenas (10).


 


El rey cristiano, por su universal señorío, puede explotar las minas americanas con trabajadores españoles.


 


En ningún caso, los príncipes, señores y súbditos americanos pueden ser privados de sus señoríos, dignidades y bienes debido al pecado de la idolatría, sacrificios humanos y otros más graves, pues el pecado no elimina el derecho natural en que se funda la soberanía y libertad de las naciones (11).


 


La relación federativa entre el reino cristiano y los reinos americanos, fundada en la igualdad, la justicia y la autonomía soberana, debía ser consagrada en un solemne tratado que ambas partes juraran cumplir (12).


 


Como ya fue señalado más arriba, sólo después de ser evangelizados, los nativos quedaban bajo la jurisdicción del rey español. El reconocimiento de esa autoridad limitaría la jurisdicción y libertad de los indios, pero, en compensación, los beneficios de ese reconocimiento eran mayores que las pérdidas. El rey cristiano, cumpliendo la misión evangelizadora, sacaría a los indios de la idolatría, reformaría algunas prácticas que hacían defectuosos los gobiernos americanos. La autoridad del príncipe cristiano "les concedería más libertad que la que ellos tenían".


 


Sin embargo, nada semejante ocurrió en América y Las Casas tal vez lo supiese, y no por eso desistió de luchar contra la tendencia de la historia que lo sobrepasó ampliamente. No tuvo recelos y, lo que todo indica, no se sintió tocado por el fracaso. Su convicción, su postura honesta y coherente, fueron más fuertes que la renuncia, el cansancio, el abandono de una realidad americana profundamente trágica y dolorosa. Cuatro años antes de su muerte, condenó con vehemencia la conquista y descalificó la autoridad del rey de España para gobernar América, por falta de fundamentos jurídicos y consensuales de parte de los pueblos americanos:


 


"Ningún rey, señor, pueblo o persona privada o particular de todo aquel mundo de las Indias, desde el primer día de su descubrimiento hasta el día de hoy, 30 de agosto de 1562, reconoció ni aceptó de manera verdadera, libre y jurídica a nuestros ínclitos reyes de España como señores y superiores, ni a los delegados, caudillos o capitanes enviados en nombre del rey, y la obediencia que hasta hoy les han prestado y ahora prestan, es y siempre fue involuntaria y compulsiva" (13).


 


4- España no tuvo consenso popular para gobernar América


 


El texto que acabamos de transcribir sugiere una de las cuestiones más debatidas por los pensadores españoles del siglo XVI, esto es, el principio del consenso popular como elemento explicativo de la transición de la sociedad pre-política a la sociedad política, y como principio legitimador del poder. En opinión de los estudiosos modernos, ni los dominicos, ni los jesuitas de ese siglo, desarrollaron el concepto como legitimador del gobierno, del dominio y de las leyes.


 


No obstante, el texto lascasiano transcripto arriba, anticipó la idea que el dominio sobre América no era legítimo por no estar fundado en el consenso de los pueblos americanos; la obediencia fue impuesta por la fuerza; el poder del rey español no estaba fundado en el derecho, en la libre voluntad de los indígenas.


 


En otro texto, Las Casas fue aún más transparente: "Cuando un pueblo eligió sus príncipes o su rey, no perdió su libertad ni renunció o concedió poder para que (él) pueda aplastarlo, constreñirlo, ordenarle, imponiéndole cargas que perjudiquen al pueblo o a la comunidad política" (14).


 


La idea del consenso, como legitimador del poder, fue derivada del principio de soberanía popular, que Las Casas aceptó sin las limitaciones impuestas por Vitoria y Suárez. En realidad, los dos pensadores no consiguieron apartarse de la idea tomista de que el pueblo, cuando elige al soberano, enajena la soberanía, de tal forma que el gobernante debía tener un poder mayor que el de la comunidad. Suárez llegó a decir que "cuando una comunidad transfiere su poder al príncipe, éste, entonces, puede hacer uso de este poder como propietario de él", es decir, el poder del príncipe estaba por encima del de la sociedad civil. El rey tenía el poder absoluto.


 


Contrariamente, Las Casas prefirió seguir las tesis de Bartolo, que los tomistas del siglo XVI consideraban subversivas, esto es, el pueblo no enajena la soberanía, apenas la delega, de tal forma que el rey no estaba por encima de la comunidad, ni era propietario del poder.


 


A este respecto, el fraile no pudo ser más claro y consciente cuando escribió:


 


"Quien está gobernado por otro, está sometido jurisdiccionalmente; pero, quien tiene jurisdicción, no tiene bajo su poder a todos aquellos sobre los que ejerce la jurisdicción. La razón consiste en que todo gobernante tiene poder de coacción sobre los súbditos de alguna manera, pero no ejerce su potestad coactiva sobre todos por igual, pues tiene sobre los súbditos un poder que no es de él propio, pero sí de ley; más allá de eso, está subordinado al bien común" (15).


 


El poder no es propiedad del rey, el poder pertenece al pueblo y la delegación no limita la libertad de los individuos, ni da derechos al gobernante para imponer cargas y obligaciones que perjudiquen a la comunidad civil, simplemente, porque el poder está esculpido en la ley, se identifica con ella, es la ley misma.


 


La importancia que Las Casas daba a la ley, se transformó en el fundamento de toda su concepción política de la sociedad. Para él, la ley se identificaba con la justicia, idea defendida por Soto, para quien la justicia debía definirse en función del ius, en cuanto éste debía ser interpretado como el objeto de la justicia. En otras palabras, para Soto y Las Casas, el ius era igual a la ley. Según esta interpretación, el punto de equilibrio entre el poder del príncipe, representante de la dignidad real, y el pueblo, fuente de poder, era la ley. Las Casas pensaba que, en última instancia, la ley era la mayor potestad y los hombres estaban sometidos a ella porque, justamente, la ley era producto de la voluntad colectiva.


 


En el tratado De regia potestade, Las Casas escribió:


 


"nadie tiene poder para establecer cosa alguna que perjudique al pueblo. El rey o gobernante no manda sobre los súbditos en calidad de hombre, sino como ministro de la ley. Así, no es dominador, sino administrador del pueblo por medio de las leyes".


 


Poco antes, los reyes fueron definidos de la siguiente forma:


 


"Se concluye que los reyes y gobernantes no son, propiamente hablando, señores de los reinos, sino presidentes, gerentes y administradores de los intereses públicos" (16).


 


Este pasaje recuerda a Gerson, autor frecuentemente citado por Las Casas.


 


No obstante, es necesario reiterar que para Santo Tomás y Francisco de Vitoria, el rey no estaba obligado a obedecer a la ley.


 


La idea del bien común, como finalidad de gobierno y de convivencia social, y sin abandonar la fuente aristotélica, probablemente la tomó de Remigio de Girolami, pensador del siglo XIV, al cual cita con frecuencia, y que escribió un libro titulado El bien común.


 


En Algunos principios, otro de los grandes tratados, el dominico discute el pacto político entre gobernantes y gobernados. El pueblo delega la soberanía al rey para que éste gobierne en función del bien común, finalidad que autoriza al gobernante a dictar leyes que pueden limitar los derechos individuales, pero nunca los derechos colectivos. El bien común debía ser el punto de equilibrio entre el rey y los súbditos. Cuando el poder no era el producto del consenso y de la elección, entonces era tiránico:


 


"Viendo los hombres que no podían vivir en común sin un jefe, ellos eligieron, de mutuo acuerdo o pacto y desde un principio, uno o algunos para que dirigiesen y gobernasen toda la comunidad y cuidasen, principalmente, del bien común. Sólo de este modo, o sea, por elección del pueblo, tuvo origen cualquier dominio justo o jurisdicción de los reyes sobre los hombres en todo el mundo y en todas las naciones; dominio que, de otro modo, habría sido injusto y tiránico…


 


"Todo jefe espiritual o temporal de cualquier multitud está obligado a ordenar su régimen al bien común y a gobernarla de acuerdo a su naturaleza… por lo tanto, su autoridad y todo lo demás, deben ordenarse al bien del todo y no al contrario, pues el bien de las gentes es más divino que el de un hombre solo, según declara el filósofo en el libro primero de su Etica… el reino no es para el rey, sino el rey para el reino…" (18).


 


La teoría del origen popular del poder, del consenso, de la pluralidad de autoridades políticas, estaba firmemente vinculada a la visión del hombre como ser libre por naturaleza, a la convicción de que la libertad es un derecho imprescriptible. En Algunos principios, Las Casas expone con claridad su pensamiento sobre la libertad:


 


"Todo hombre, toda cosa, toda jurisdicción y todo régimen o dominio, tanto de las cosas como de los hombres, de que tratan los referidos principios, son, o por lo menos se presume que son, libres, si no se demuestra lo contrario. Se prueba, porque desde su origen todas las criaturas racionales nacen libres, porque en una naturaleza igual, Dios no hizo a uno esclavo del otro, sino que a todos concedió idéntico arbitrio: la razón es que una criatura racional no se le subordina a otra, como por ejemplo, un hombre a otro hombre, según dice Santo Tomás… Porque la libertad es un derecho existente en los hombres por necesidad y es innato en la criatura racional, y por esa razón, de derecho natural… y que la esclavitud es un acto accidental que ocurre al ser humano por obra de la casualidad y del azar" (19).


 


 


 


Notas:


 


1. "Derrota e simulação. Os indios e a conquista da América". Resgate. Revista de Cultura. Centro de Memória/UNICAMP. Campinas, Ed. Papirus, nº 2, 1991. También nuestra tesis aún inédita, Bartolomé de Las Casas e a simulação dos vencidos.


2. Un estudio detallado de esto en nuestro trabajo, Bartolomé de Las Casas e a simulaçao dos vencidos.


3. Opúsculos, Cartas y Memoriales. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, T. 110, 1958, pág. 61.


4. "Carta a un personaje de la corte", en Opúsculos, Cartas … ob.cit., pág. 67.


5. Algunos principios que deben servir de punto de partida, en Tratados de … ob.cit., vol. 2, pág. 1267. En el Tratado comprobatorio, siguiendo más de cerca a Tomás, y reiterando la finalidad espiritual de la conquista, consideró que el poder temporal se sujetaba al poder del Papa. Tratados, vol. 2, pág. 949 y sig.


6. Treinta proposiciones muy jurídicas, en Tratados, vol. 1, pág. 483.


7. Historia de las Indias, México, F.C.E., 1986, vol. 3, L III, Cap. LVIII, pág. 28.


8. Algunos principios … ob.cit., in Tratados, vol. 2, pág. 1255.


9. Historia de las Indias, ob.cit., vol. 2, L III, cap. XI, pág. 468.


10. Veinte remedios para reformar las Indias, in Tratados, vol. 2, págs. 647 a 654.


11. Treinta proposiciones muy jurídicas, en Tratados, ob.cit., vol.1, p 475.


12. Los tesoros del Perú. Madrid, Imprenta y Editora Maestre, 1953, pág. 120 y sig. Queralto Moreno considera la propuesta de Las Casas como un tratado de derecho internacional. Preferimos la idea de un estado federativo, pues el fraile admitió la sujeción de América al Estado español.


13. Los tesoros del Perú, pág. 55.


14. De regia potestade, cit. por Queralto Moreno, El pensamiento filosófico-político de Bartolomé de Las Casas, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1976, pág. 297.


15. De regia potestade, cit. por Queralto Moreno, ob.cit., p 311.


16. Ibidem, págs. 313 y 321.


17. Tratado comprobatorio … ob.cit., en Tratados de … vol. 2, pág. 1063.


18. Algunos principios … ob.cit., en Tratados, vol. 2, págs. 1245 a 1259.


19. Ibidem, págs. 1249 a 1251.


 

Un gran paso adelante en la lucha por la Internacional Obrera


Pasaron sólo ocho meses desde que el Partido Obrero propusiera a un conjunto de organizaciones trotskistas iniciar una campaña por la refundación inmediata de la IVª Internacional. En Génova, Italia, a mediados de marzo pasado, varias organizaciones y partidos hicieron suya esta moción. El acuerdo quedó plasmado en un breve documento de principios, que sostenía la defensa de la dictadura del proletariado, la caracterización de los frentes populares como instrumentos de la contrarrevolución, la necesidad de superar al llamado secretariado unificado de la IVª Internacional, el planteo de la revolución social en los ex Estados obreros que sufren un proceso de restauración capitalista, y la necesidad de abordar la lucha de masas frente a la crisis mortal del capitalismo mediante un sistema de reivindicaciones transitorias.


 


La reunión de Génova tuvo el enorme acierto de desechar la formación de una nueva tendencia internacional, que sólo podría servir para una fragmentación mayor del confuso movimiento revolucionario y, lo que es peor, sustituir la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional por un bloque de inevitables características sectarias. Los participantes en la reunión de marzo señalaron el conjunto de factores que hacían actual y obligatoria la lucha por la refundación inmediata de la IVª Internacional, entre los que se destacaban el irrecuperable agotamiento del llamado SU y del método de formación de tendencias supuestamente opositoras y supuestamente internacionalistas, y el ingreso a una etapa de creación de situaciones revolucionarias, como consecuencia de la agudización extraordinaria de la crisis capitalista mundial y de la tendencia a la rebelión popular que ya se estaba manifestando en diferentes partes del mundo.


 


A principios de noviembre tuvo lugar una nueva reunión internacional, que se caracterizó por un conjunto de avances políticos. Por un lado, el partido obrero revolucionario de Grecia, que había asistido como observador a Génova, se incorporó decididamente a la campaña internacional, por un mandato expreso de su comité central. El POR de Grecia es una organización con fuerte implantación en el proletariado del país y con una tradición igualmente fuerte en la lucha de las masas de los últimos treinta años. Dentro del llamado movimiento trotskista, actuó largo tiempo en la corriente "healista" (por el nombre de su máximo dirigente, el inglés Gerry Healy), con la cual rompió mucho antes de la completa desintegración de ésta. El POR tiene previsto para las próximas semanas la realización de su congreso nacional, que discutirá la plena incorporación del partido al movimiento por la refundación inmediata de la IVª Internacional (1).


 


El otro importante avance de la reunión consistió en la elaboración de una declaración sobre la situación mundial, que supera las limitaciones de los cinco puntos de Génova en lo que tiene que ver con la comprensión que ofrece del momento histórico actual. Un desarrollo más sistematizado y general de esta declaración constituiría una clara base programática para la discusión de una conferencia internacional que se proponga dar pasos decisivos en la refundación de la IVª Internacional.


 


El texto de esta declaración, que se publica en la presente edición de En Defensa del Marxismo, debe ser objeto de un fuerte análisis y debate en las filas del Partido Obrero y de todos los activistas que se están planteando la lucha por la independencia política de los trabajadores. La construcción de un gran partido obrero en la Argentina es metodológicamente inseparable de la reconstrucción del partido de la clase obrera internacional.


 


Un tercer aspecto lo constituyó el progreso que se verificó en las posibilidades de una discusión y de una acción internacionales con la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT), fundada hace cerca de quince años por Nahuel Moreno.


 


Los participantes de la reunión por la refundación de la IVª tomaron nota de un texto de 21 puntos que la LIT lanzó a fines del año 1996 como base para una conferencia internacional. En el curso de la reunión se discutió la convocatoria de la LIT y se redactó una respuesta que detalla las principales divergencias con el documento y que expone también la política para refundar la IVª Internacional. Una delegación de tres miembros de la dirección de la LIT participó, invitada, a una fase de la reunión, durante la cual le fue volcado un análisis de los 21 puntos y se le hizo entrega de la respuesta correspondiente. Un dirigente de la LIT intervino para desarrollar las posiciones de su organización y valoró como positivo el método de los participantes. La delegación de la LIT entregó un documento para su conferencia, que tendría lugar en abril próximo, y prometió responder a la brevedad a la propuesta de participación que se les hizo en la reunión.


 


Las tres organizaciones que participaron en la reunión por parte de la Oposición Trotskista Internacional, no compartieron la totalidad de los términos de la respuesta a los 21 puntos y así se lo hicieron saber también a la LIT, a la cual, por esa razón, harían entrega a la brevedad de las aclaraciones correspondientes. La OTI lleva el nombre de "oposición" porque actuó como tal en el SU y aún lo sigue haciendo en algunos países.


 


La respuesta a la invitación que se formula en los 21 puntos de la LIT y los contactos para viabilizarla fueron una iniciativa del Partido Obrero de la Argentina.


 


En el curso de la reunión se volvieron a poner de manifiesto las divergencias entre la OTI y especialmente el PO, cuya clarificación podrá progresar en la medida que la OTI las vaya poniendo por escrito. Estas divergencias demuestran lo inadecuado de la propuesta de formar una tendencia internacional, que naturalmente habrían ahogado las grandes iniciativas que están en marcha.


 


Estas divergencias entre la OTI, de un lado, y el resto de las organizaciones, del otro, impidieron la aprobación de la respuesta a la carta que a todos los participantes del movimiento les enviara Lutte Ouvrière, la organización trotskista francesa, a mediados de mayo pasado. El texto de esa respuesta fue elaborado por los delegados del PO, luego de que se rechazara una propuesta de la comisión de trabajo respectiva. La decisión de no someter el texto a votación fue aprobada por unanimidad a propuesta del POR de Grecia, el cual dejó establecido, sin embargo, que el comité central de su organización había aprobado en términos generales la respuesta que escribiera Altamira en Prensa Obrera en junio pasado. El comité nacional del Partido Obrero deberá discutir el envío de la respuesta a LO, bajo su exclusiva responsabilidad.


 


Los avances que se han registrado en pocos meses en torno a un nuevo planteamiento político, la refundación inmediata de la IVª Internacional, aun entre organizaciones que tienen divergencias y tradiciones desiguales, revela la fuerza del planteo. La refundación inmediata de la IVª Internacional significa dos cosas fundamentales. Por un lado, establecer una línea demarcatoria definitiva con los planteos y las organizaciones democratizantes que se encubren con el ropaje del trotskismo o de la IVª Internacional. En algunos casos, el SU y otros, esta línea ya se encuentra definitivamente demarcada; en otros casos, será necesario proceder a una discusión política. Por otro lado, significa plantearles a los luchadores de la clase obrera mundial la necesidad de organizar a la vanguardia en partido internacional sobre la base de un programa de salida a la descomposición capitalista, es decir, un programa de transformación socialista del régimen actual. El desarrollo desigual opera también dentro de la clase obrera y entre sus diferentes componentes nacionales, de modo que sólo la acción política internacional organizada permitirá una homogeneización y generalización de la lucha de clases, que son la condición para la victoria contra el capitalismo.


 


 


Notas:


1. ver página 146 en esta Edición de En Defensa del Marxismo


 

Por la refundación de la IVª Internacional


I. El capitalismo mundial se encuentra actualmente ante una extraordinaria impasse. Durante las últimas semanas, la generalización de la crisis financiera internacional ha destruido la idea de que el llamado neoliberalismo sería capaz de resolver las contradicciones del capitalismo por un largo período histórico. El colapso de los Estados obreros (degenerados) de la ex Unión Soviética y Europa del Este inyectó una gran dosis de confianza en los capitalistas, lo que constituyó la base política del incontrolado proceso de especulación financiera de los últimos años. Los cada vez peores crashes de los mercados de valores, la fuga de capitales y la crisis política derivada de esta situación, muestran claramente la base ilusoria de todo este proceso. En sólo una década, el neoliberalismo victorioso ha agotado sus posibilidades y es incapaz de realizar sus promesas de un desarrollo capitalista progresivo y pacífico.


 


Esta crisis tiene su raíz en la naturaleza del capitalismo y su período de irreversible declinación histórica. Los mal llamados "treinta gloriosos años", en realidad, expandieron la base parasitaria del capital financiero y exacerbaron el desarrollo desigual de su sistema internacional, que ha conducido ya a dos guerras mundiales. En medio de esta crisis, el capital intentó escapar a sus contradicciones mortales por medio de la globalización. Esto condujo a la virtual eliminación de una serie de economías nacionales, desde entonces ligadas al dólar, la moneda de reserva internacional.


 


Las características típicas del capitalismo exacerbado desarrollo desigual y opresión de los países atrasados han sido llevadas al paroxismo. La especulación y el endeudamiento monstruosos revelan la contradicción entre la posición dominante de los EE.UU. en el mundo y la economía mundial como tal. La crisis de superproducción agudiza la competencia internacional, provocando devaluaciones, una tras otra, que hacen explotar la magia de la dolarización. En el cuadro de la globalización, puede verse la clara tendencia a la fragmentación del mercado mundial, exacerbada por la rivalidad interimperialista.


 


La generalización de la crisis financiera revela la base puramente especulativa del proceso en curso. La devaluación de las monedas y capitales cuestiona los programas de privatización en los estados capitalistas, los países atrasados y los ex países socialistas. La crisis de las bolsas y la fuga de capitales produjeron la pérdida de todo lo acumulado en años de privatizaciones y expoliación, en apenas unas horas. La perspectiva es una deflación económica y una depresión en el largo plazo. El colapso de la pirámide albanesa fue sólo la primera señal del colapso de la pirámide de Wall Street.


 


El capitalismo mundial carece de una salida progresiva y estable, incluso en el corto plazo. Bajo presión, sólo puede descargar el peso de sus contradicciones sobre las espaldas de los trabajadores a través de la desocupación, la flexibilidad laboral, rebajas salariales y recortes de los servicios públicos y gastos sociales, sin lograr encontrar una salida a su crisis por esta vía.


 


La descomposición capitalista pone de relieve la actualidad de la revolución proletaria mundial. Para la lucha de la clase obrera, el período de las soluciones parciales o de corto plazo pertenece al pasado. Sólo la acción internacional de las organizaciones obreras contra el desempleo y la superexplotación abre una perspectiva realista. La reorganización de la economía mundial sobre una nueva base social se plantea no sólo como una necesidad histórica, sino también como una necesidad inmediata.


 


II. La destrucción de los Estados obreros burocráticamente deformados, hipotéticamente podría permitir al imperialismo ir lejos en la estabilización de su sistema, a través de la completa restauración del capitalismo en estos países y su transformación en semicolonias superexplotadas. Pero para esto existen obstáculos insuperables, así como los hay para los otros elementos de una hipotética re-estabilización del imperialismo: reestructuraciones en los países capitalistas avanzados, penetración neoliberal en las semicolonias, atenuación de las rivalidades interimperialistas a través de acuerdos globales sobre el libre flujo de bienes y capitales, y la explotación de los avances tecnológicos de los últimos 25 años.


 


El imperialismo querría completar el proceso de restauración capitalista, convirtiendo a los ex Estados obreros en semicolonias. Pero no tiene los medios económicos o político-militares para hacerlo, a excepción de los países más avanzados de Europa del Este.


 


Las viejas y nuevas elites de los antiguos Estados obreros querrían completar el proceso de restauración capitalista, convirtiéndose ellas mismas en una oligarquía financiera a la cabeza de nuevos Estados imperialistas.


 


La perspectiva para la ex Unión Soviética, Europa del Este, China y el resto de los antiguos Estados obreros es de una profundización de la crisis y el incremento de la resistencia obrera, a medida que continúa el proceso de restauración capitalista.


 


Mientras que pueden diferir las valoraciones acerca de cuán lejos ha ido el proceso de restauración capitalista en estos países, está claro que en muchos de ellos ciertamente en la ex Unión Soviética y China este proceso no puede ser completado pacíficamente. La concreción de las ambiciones tanto del imperialismo como de las clases capitalistas emergentes en estos países, requeriría el uso de la violencia en una escala terrible dictaduras militares, fascismo, conflictos nacionales y guerra.


 


El imperialismo había esperado que la restauración capitalista en los ex Estados obreros pudiera ayudarlo a reestabilizar su sistema. Pero los regímenes stalinistas de estos Estados eran un importante elemento en el equilibrio establecido después de la segunda guerra mundial. Su destrucción ha tenido y tendrá un efecto profundamente desestabilizador en el capitalismo mundial.


 


III. Todo el período de ataques neoliberales en los 80 y 90 se ha cerrado con el total fracaso económico y político del neoliberalismo. Como resultado, una serie de gobiernos neoliberales de derecha ha caído, incluyendo al thatcherismo en Gran Bretaña, que inició internacionalmente la ofensiva neoliberal.


 


Todas las formas de dominación política del capital enfrentan una profunda crisis. Las antiguas formas burocráticas de mediación de las contradicciones entre capital y trabajo, a través de intermediarios reformistas y/o stalinistas, han colapsado. La bancarrota del stalinismo después de 1989 es irreversible. La socialdemocracia, por su parte, se está desintegrando políticamente, en la medida en que las bases materiales para las políticas keynesianas y las concesiones reformistas han sido destruidas por la crisis.


 


Como consecuencia de esta impasse histórica del capitalismo y de la incapacidad de las burocracias para cumplir su rol con los antiguos métodos, el capitalismo gira hacia nuevas formas de control político de las masas. La colaboración de clases es nuevamente vital para sus fines. Es movilizada en nuevas alianzas del tipo de los frentes populares, bajo la rúbrica diversionista de coalición de centro-izquierda.


 


El centro-izquierda es muy diferente de los bloques políticos del mismo nombre en el período de posguerra. Entonces, sus maniobras estaban basadas en medidas keynesianas y concesiones. Ahora, no hay ningún keynesianismo o reformismo, sino las más brutales medidas del neoliberalismo, que deben ser impuestas a las masas por los gobiernos de sus propios representantes políticos.


 


Estos nuevos frentes populares de colaboración de clases tienen, además, otra diferencia cualitativa con los frentes populares del pasado. Entonces estaban conectados, en una forma u otra, con la burocracia stalinista de la URSS, y usurpaban el prestigio de la Revolución de Octubre para maniatar a la clase obrera al orden burgués y aplastar sus aspiraciones revolucionarias.


 


Luego de la caída del muro de Berlín, de la implosión de la Unión Soviética y del giro abierto de las burocracias stalinistas hacia la restauración capitalista, los nuevos frentes populares de centro-izquierda no sólo no tienen ninguna conexión o referencia con la Revolución de Octubre, sino que, por el contrario, organizan sus traiciones en nombre del "fracaso de la Revolución de Octubre y del comunismo" y de "la clausura del ciclo histórico abierto en 1917", etc.


 


En este esfuerzo ideológico, tienen la ayuda directa no sólo del imperialismo y de las fuerzas burocrático-restauracionistas, sino además de los elementos desmoralizados de la antigua extrema izquierda en el mundo capitalista, que se mueven rápidamente hacia la derecha.


 


La democracia pura, como una alternativa fraudulenta al famoso fracaso del comunismo, se convierte en el grito de unidad de la contrarrevolución. El objetivo de los promotores burgueses de la democracia no es un ideal democrático supra-clasista, sino paralizar a la clase obrera, debilitar la resistencia popular, imponer la contrarrevolución neoliberal contra las condiciones de vida y derechos sociales de las masas obreras.


 


El frente popular de hoy, en contradicción con el del pasado, es una agencia anticomunista social-neoliberal abierta del imperialismo.


 


Así como el propio neoliberalismo ha fracasado en enfrentar la crisis económica, también los frentes populares de centro-izquierda están condenados al fracaso. La cuestión crucial es si serán derrotados por la revolución socialista, o si fuerzas de extrema derecha de tipo fascista capitalizarán su bancarrota.


 


IV. Es urgente para la clase obrera internacional, en esta nueva situación mundial, armarse con una organización revolucionaria, una estrategia, un programa y una teoría en una escala mundial. El desafío en el umbral del milenio, en las nuevas condiciones históricas mundiales, sólo puede ser encarado por una Internacional obrera revolucionaria.


 


Una Internacional de esta clase sólo puede ser construida como continuación de la Revolución de Octubre y el Marxismo revolucionario. Es decir, sólo puede ser la Cuarta Internacional, incorporando todas las experiencias de este siglo.


 


En la lucha por superar el pasado en una dramática nueva situación mundial, llamamos a realizar una campaña internacional en todo el movimiento obrero mundial por una conferencia internacional para discutir la refundación inmediata de la Cuarta Internacional.


 


 


Oposición Trotskista Internacional (ITO)


Liga Trotskista (Estados Unidos)


Sección inglesa de la ITO


Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia)


Partido Obrero Revolucionario (Grecia)


Partido de los Trabajadores (Uruguay)


Oposición Trotskista del POR (Bolivia)


Partido Causa Operaria (Brasil)


Colectivo En Defensa del Marxismo (España)


Partido Obrero (Argentina)


 

El llamamiento de la Liga Internacional de Trabajadores


El texto completo de los "21 puntos", así como también el "Llamado a una reunión internacional",  redaccpueden encontrarse en Correo Internacional, revista del Mas.


 


 


La reunión que mantuvieron a principios de noviembre de 1997 los partidos que sostienen la necesidad de refundar inmediatamente la IVª Internacional, exploró las posibilidades de una discusión y acción internacionales con la Liga Internacional de Trabajadores (LIT).


 


Los participantes de la reunión tomaron nota del Documento de 21 puntos que la LIT lanzó a fines del año anterior (1996) como base para una conferencia internacional y elaboró una respuesta que detalla las principales divergencias con ese documento.


 


Los 21 puntos constituyen los "Puntos constitutivos de la Declaración del Comité de Enlace" y fue acordada en junio de 1995 entre la LIT y la Internacional Obrera para Reconstruir la IVª Internacional (WI-RFI). A fines de enero de 1997, la LIT conjuntamente con el Partido Obrero Internacional (de Ucrania) y el Grupo de Iniciativa por un Partido Obrero (de Polonia) tomaron este documento como punto de partida para convocar a una reunión internacional "a todas las fuerzas que expresen su disposición a trabajar por la construcción de una Internacional Obrera basada en el principio del centralismo democrático y en un programa revolucionario".


 


Ofrecemos a nuestros lectores un resumen (1) de los 21 puntos.


 


El documento comienza reivindicando las resoluciones y tesis de los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista y el Programa de Transición y el Congreso fundacional de la IVª Internacional. En particular, en lo referente a "democracia y reformismo (y) los problemas de la toma del poder y la dictadura del proletariado".


 


Sobre esta base política, el documento plantea la necesidad de reconstruir la IVª Internacional.


 


La crisis histórica del capitalismo


 


Al referirse a la presente etapa del desarrollo capitalista, el documento afirma que "la reconstrucción de la IVª Internacional (…) se apoya en una conclusión fundamental del análisis marxista: en su fase de descomposición, el capitalismo es un obstáculo para las fuerzas productivas de la humanidad".


 


Por el carácter social de las relaciones en cuyo marco se realizan, el desarrollo de los elementos científicos y técnicos de la última década dice el documento llevó a una destrucción masiva de los elementos más importantes de las fuerzas productivas: la clase obrera y la propia naturaleza.


 


El documento culmina esta caracterización con la conclusión de que "la alternativa socialismo o barbarie es algo presente en la vida de millones de personas".


 


Restauración del capitalismo


 


En su "Introducción", el documento traza una caracterización de conjunto de la perspectiva abierta para la economía mundial con los procesos restauracionistas que se desarrollan en los ex Estados obreros: "La tentativa de restauración del capitalismo en Rusia y Europa del Este dice no ofrece al capitalismo mundial un camino para superar sus contradicciones. Por el contrario, le trae enormes problemas (porque) ya no tiene la ayuda de su principal instrumento en el movimiento obrero: el stalinismo".


 


En el cuerpo del documento propiamente dicho, los autores dejan constancia de que "a partir de la caída del Muro de Berlín, tanto al interior de la WI (RFI) como de la LIT, existe un rico debate sobre la naturaleza de estos estados (…) que se refiere tanto a qué son hoy esos estados, después de los sucesos del 89-91, así como a qué fueron en el pasado". El propio documento caracteriza que se trata de "un debate de largo alcance (…) que puede durar mucho tiempo (…) que el Comité de Enlace deberá iniciar".


 


En referencia a la cuestión de la naturaleza de los sucesos de 1989-91, dice que "la caída de las burocracias a través de la acción revolucionaria de las masas fue un desarrollo altamente positivo porque destruyó el aparato centralizado del stalinismo, aunque el proceso no se haya completado con la destrucción total de la burocracia y el poder de la clase obrera a través de sus organismos"; que estos acontecimientos destruyeron la utopía reaccionaria del socialismo en un solo país y confirmaron la teoría de la Revolución Permanente.


 


Finalmente, el documento enfatiza "la importancia de la lucha contra los procesos de privatización y el proceso general de restauración capitalista" que impulsan la burocracia y el imperialismo.


 


Cuba


 


El documento rechaza la identificación entre la defensa de la revolución cubana y la defensa política de la dirección castrista; denuncia que "el castrismo, en acuerdo con el imperialismo, está restaurando el capitalismo en Cuba", y sostiene que la lucha por defender las conquistas de la Revolución "significa la lucha por una revolución política en Cuba".


 


Nacionalismo burgués y pequeñoburgués


 


Después de distinguir entre el nacionalismo de los oprimidos y el de los opresores, los 21 puntos se declaran defensores de los movimientos nacionalistas frente al imperialismo.


 


"Aunque haya diferencias políticas básicas entre el trotskismo y los movimientos nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses dice el documento, defendemos todos los movimientos de liberación del ataque del imperialismo y la burocracia y a todos los estados que alcanzaron su independencia política del imperialismo (…) de ninguna manera esa defensa significa que damos apoyo político a los gobiernos burgueses nacionales de tales países". El documento rechaza cualquier "alianza permanente o estratégica" con la burguesía o la pequeñoburguesía, pero considera "esenciales" las acciones antiimperialistas comunes.


 


Bosnia


 


El documento denuncia la agresión gran-serbia contra Bosnia como una agresión a la "independencia" de esa república, que había sido votada por su población. Frente a la guerra de los Balcanes hay que recordar que el documento data de junio de 1995, los firmantes sostienen que su objetivo estratégico es la Federación Socialista de los Balcanes. "Pero, agrega, la lucha por llegar a ese objetivo parte de la defensa incondicional del derecho del pueblo bosnio a conseguir su independencia y su integridad territorial".


 


Democracia burguesa


 


Los 21 puntos denuncian "el uso de las instituciones de la democracia burguesa" por el imperialismo, las burguesías nacionales y la burocracia para desviar los procesos revolucionarios. En relación al proceso electoral burgués, agrega, "cuando participamos en él lo hacemos como forma de divulgar ampliamente nuestro programa y denunciar esa institución burguesa".


 


Naciones Unidas y acuerdos de paz


 


Los firmantes denuncian como contrarrevolucionarios los acuerdos de paz de Medio Oriente, de Sudáfrica y los que intentan acabar con la lucha por la unidad de Irlanda.


 


Denuncian también el contenido imperialista de las misiones de paz y las misiones humanitarias de las Naciones Unidas en todos los países.


 


Gobierno obrero


 


El documento reafirma "la demanda del Programa de Transición por un gobierno obrero y campesino", en particular "como parte de un programa de reivindicaciones que le permita al proletariado romper con las direcciones traidoras (…) durante la preparación de la lucha por el poder".


 


Sostiene, además, que la consigna del "gobierno obrero" debe estar ligada a otras dos: que esas direcciones traidoras "rompan con la burguesía" y "gobiernen apoyados en los organismos obreros y populares con un programa anticapitalista (…)".


 


Frente Popular


 


En referencia a la cuestión de los Frentes Populares, el documento sostiene que "los gobiernos de Frente Popular, es decir los gobiernos de colaboración entre las direcciones de la clase obrera con sectores burgueses (como el que intentó construir Lula en Brasil) son burgueses y como tal contrarrevolucionarios".


 


El documento avanza en la caracterización de estos "gobiernos de Frente Popular" sosteniendo que "coloca al partido revolucionario frente a desafíos y oportunidades excepcionales (porque) las direcciones traidoras, al ponerse al frente del gobierno burgués, pueden con más facilidad ser desenmascaradas ante las masas (…)".


 


Métodos de lucha


 


El documento reivindica "todos los métodos de lucha" que ha adoptado el movimiento obrero a través de su experiencia y se declara opuesto al "terrorismo individual (y) la guerra de guerrillas".


 


Democracia obrera


 


Los 21 puntos señalan que es necesaria "la más amplia democracia obrera a todos los niveles, en las luchas, en los sindicatos y en las luchas por la tierra (…) que los trabajadores decidan".


 


Partido


 


Los firmantes declaran su empeño en luchar por partidos obreros revolucionarios, que sean secciones de la IVª Internacional reconstruida, organizados bajo los principios del centralismo democrático.


 


Repudian como propio del stalinismo el método de las calumnias, la violencia y las acusaciones fraudulentas, "diseñadas para silenciar y expulsar a los opositores políticos".


 


Objetivos


 


El documento establece los objetivos que se propone el Comité de Enlace establecido entre la LIT y la WI (RFI): "la reconstrucción de la IVª Internacional en el proceso de la reconstrucción del movimiento obrero como un todo (y) la elaboración en común de un programa, basado en el desarrollo y la actualización del Programa de Transición".


 

Los 21 puntosde la LIT: Documento del movimiento por la refundación de la IVª Internacional


San Pablo, Brasil, 6/11/97


 


A los compañeros de la dirección de la Liga Internacional de Trabajadores


 


En una reunión que tuvo lugar en Génova a mediados de marzo del corriente año, un conjunto de organizaciones y partidos de Asia, América Latina y Europa, que reivindicamos los objetivos históricos de la IVª Internacional, arribamos a la conclusión de que debíamos iniciar una campaña por su refundación, para lo cual establecimos un acuerdo de principios de cinco puntos: la reivindicación de la dictadura del proletariado como el objetivo político de la revolución proletaria y como el contenido común de la revolución socialista mundial; la reivindicación del método de acción política que está expresado en las demandas transitorias del programa fundacional de la IVª Internacional; la caracterización de los frentes populares, o sea de los frentes que subordinan al proletariado a la burguesía o a la pequeña burguesía democratizante, como un recurso último del imperialismo contra la revolución proletaria; el señalamiento de que el movimiento de restauración capitalista en los ex Estados obreros, replanteaba la necesidad de la revolución social en esos países, precisando que debe tomarse en cuenta la peculiaridad histórica y social de esas naciones, que les fue impresa por la experiencia, la influencia y las conquistas de la Revolución de Octubre de 1917, y por la degeneración ulterior motorizada por la burocracia stalinista; por último, que las expresiones tradicionales que han invocado el nombre de la IVª Internacional, como el Secretariado Unificado y el lambertismo, son irrecuperables, como programa y como organizaciones internacionales, para la reconstrucción de la IVª Internacional.


 


Sobre la base de este planteo, convinimos en impulsar la realización de una Conferencia Internacional por la refundación de la IVª Internacional. Desde esa fecha mantuvimos reuniones con partidos que se reclaman de la IVª Internacional y promovimos este objetivo desde la prensa de nuestros partidos y por los más diversos medios de propaganda.


 


La base principal de nuestro planteo está determinada por un conjunto de factores: 1) que los desarrollos catastróficos que tienen lugar en Rusia, Europa oriental, China, Indochina y Cuba forman parte de una crisis mundial, histórica del capitalismo; 2) que el problema de la crisis de dirección revolucionaria se plantea en cada país como la expresión de una crisis de dirección internacional; 3) que la quiebra del stalinismo y, como consecuencia, de sus más variados apéndices nacionales o internacionales, había liquidado toda referencia práctica internacional para la clase obrera de todo el mundo y sus organizaciones; 4) que el vacío dejado por esta debacle general sólo podía ser cubierto por un programa, por un método político y por una perspectiva que habían pasado triunfalmente la prueba de la historia, los de la IVª Internacional; 5) que tendía a agotarse la etapa política iniciada con la derrota de las revoluciones políticas e insurrecciones en Polonia, Berlín, Rumania, Pekín, y el consecuente impulso a la restauración capitalista, como lo demostraban la creciente crisis económica mundial en Japón, México, Europa occidental, y los movimientos populares como las huelgas francesas o argentinas, la huelga general política en Ecuador, la insurrección albanesa, la huelga general en Corea del Sur, el crecimiento guerrillero en Colombia, los movimientos de huelga y de ocupaciones de fábrica en China, así como otras manifestaciones de menor envergadura pero no de menor alcance político general; 6) que la tendencia a la creación de situaciones revolucionarias es la consecuencia inevitable de la incapacidad del imperialismo para darle una salida a su crisis por medio de una colonización semidemocrática y semi-pacífica de los ex Estados obreros; 7) por último, que la tendencia a reconstruir la IVª Internacional por medio de agrupamientos parciales, fracciones y encasillamientos organizativos se había demostrado como definitivamente incapaz de alcanzar el objetivo propuesto, y que esa tendencia fraccionista constituye hoy, frente a las tareas que plantea la crisis mundial, un obstáculo insalvable para recrear la IVª Internacional.


 


Es en estas condiciones que tomamos conocimiento de una declaración de la LIT, redactada sin embargo con anterioridad a la reunión y conclusiones de Génova, que propone una conferencia internacional sobre la base de 21 puntos que son expresamente señalados. De esta declaración, los partidos que redactamos el presente texto retenemos como coincidencias fundamentales el objetivo de reconstruir la IVª Internacional; la reivindicación de la dictadura revolucionaria del proletariado; la reivindicación de la Revolución de Octubre; la oposición a los frentes populares, y la disposición a iniciar un debate sobre esos 21 puntos.


 


Es por esta razón que aceptamos la invitación que ustedes formulan a quienes deseen participar en la conferencia internacional que convocan y que proponemos discutir con la dirección de la LIT las modalidades de nuestra participación.


 


Clarificaciones para discutir


 


Es en este marco de definición política que les hacemos llegar los puntos que entendemos necesarios que deberían ser clarificados en lo que concierne a los 21 puntos.


 


Frente popular


 


Los 21 puntos no dejan ningún margen para el equívoco cuando restringen o limitan la caracterización de contrarrevolucionarios solamente a los gobiernos de frente popular y no a los frentes populares en cuanto tales. Se trata de una distinción que no tiene justificación y que los 21 puntos no intentan siquiera explicar. Parece muy evidente que un gobierno de frente popular sólo puede ser caracterizado anticipadamente como contrarrevolucionario, es decir, antes de que actúe como gobierno, porque la coalición política que prepara ese gobierno como alternativa a la situación del momento es ya contrarrevolucionaria. Si se califica como contrarrevolucionario el gobierno que intentó construir Lula en Brasil, es porque el intento de construir ese gobierno, o sea el frente que materializaba la alternativa de gobierno, era contrarrevolucionario.


 


Sorprende la distinción que sobre este asunto establecen los 21 puntos, porque contradice los términos del programa de fundación de la IVª Internacional, que se refiere al frente popular como tal como un instrumento del imperialismo contra la revolución proletaria. No se entiende, por otra parte, cómo podría ser legítimo colaborar en la construcción de un frente popular y preparar, por lo tanto, su ascenso al gobierno, y deslegitimar luego a ese gobierno; en otras palabras, cómo impulsar un gobierno de frente popular y luego llamar a derrocarlo.


 


Este asunto del frente popular es una piedra de toque principista para los marxistas desde que Marx denunció la función contrarrevolucionaria del gobierno francés con la participación de Louis Blanc, entre febrero y junio de 1848. Por esa misma época, en la circular de 1850, Marx llama a oponer al Estado burgués un Estado de la clase obrera y, a partir de aquí, hacer la revolución permanente.


 


Desde la debacle del aparato stalinista internacional, la política de los frentes populares ha sufrido una modificación, que no deja de ser importante a pesar de que no es cualitativamente diferente al pasado. Aunque no han perdido nada de su condición contrarrevolucionaria, los frentes populares de hoy no son ya un instrumento de presión política y hasta de autodefensa diplomática de la desaparecida burocracia obrera estatal, como lo fueron los de la década del 30. Hoy, son exclusivamente agencias directas del imperialismo, como lo demuestran los gobiernos de Jospin, Blair o Prodi, por ejemplo, o el Frepaso argentino, el FA uruguayo y su alianza con el Encuentro Progresista, o el frente de Lula con Bisol o Arraes en Brasil, y el gobierno de Mandela o de la Autoridad Nacional Palestina. Es este frentepopulismo el que respalda un sector del partido Demócrata y del departamento de Estado norteamericano en América Latina. Su vehículo lo constituye gran parte del llamado Foro de San Pablo, el cual es, por lo tanto, un instrumento para liquidar la revolución cubana aunque cuente con el apoyo del castrismo, o precisamente por esto mismo. Para el registro político, queremos destacar la implacable lucha que desplegó el Partido Obrero de Argentina desde la primera reunión del Foro de San Pablo, contra su estrategia democratizante y contra su finalidad contrarrevolucionaria, preparando sistemáticamente su ruptura. Es muy claro que si desplazamos el centro de atención política para los gobiernos de frente popular y no para los frentes populares que se preparan como alternativa de gobierno, estaríamos desarmando a las masas para la comprensión del principal problema político que tienen que superar hoy en todos los continentes: el frente popular rebautizado como centroizquierda.


 


Con relación a esto mismo, observamos como peligrosa la afirmación de que los gobiernos de frente popular ofrecerían una oportunidad excepcional a los revolucionarios, con el argumento de que este hecho les facilitaría desenmascarar a las direcciones traidoras que pasan a integrar o a encabezar un gobierno burgués. Este desenmascaramiento debe hacerse, en nuestra opinión, antes de que lleguen al gobierno e incluso antes de que logren concretar la formación de un frente popular; primero, para evitar que lo consigan por medio de un desvío, contención o estrangulamiento de la revolución proletaria; segundo, para que si aun así llegan al gobierno, debuten en él con un alto grado de desconfianza de parte de las masas y con una aguda claridad acerca de las tareas que plantea la nueva situación de parte de su vanguardia.


 


Dictadura del proletariado y gobierno obrero y campesino


 


Coincidimos con los 21 puntos cuando definen que el reclamo a los partidos pequeñoburgueses para que tomen el poder, debe tener el carácter de un llamado a que rompan con la burguesía y a que armen a las masas.


 


Sin embargo, a la luz de toda la experiencia de la lucha teórica y política de los últimos treinta años, en especial (aunque no exclusivamente) con relación al SU y al lambertismo, es necesario restablecer el punto de vista auténtico del programa de transición, el cual caracteriza a la reivindicación del gobierno obrero y campesino como un sinónimo de la dictadura del proletariado. Es decir, para el marxismo, tanto la experiencia histórica como las conclusiones teóricas invalidan la posibilidad de un régimen político intermedio, de características propias, entre el Estado burgués y la dictadura proletaria. Un gobierno pequeñoburgués con las características revolucionarias apuntadas, estará rápidamente obligado a reconstruir un aparato de Estado contra las masas, entre otras cosas a desarmarlas, si su experiencia de gobierno no se transforma en apenas un episodio hacia la dictadura del proletariado. En estas condiciones, no solamente debemos exigir, en las ocasiones apropiadas, que los partidos pequeñoburgueses rompan con la burguesía mediante el armamento de las masas y la toma del poder, sino dejar claramente establecido que la realización integral de los objetivos revolucionarios exige el reemplazo en el gobierno de los partidos pequeñoburgueses por el partido proletario, y que sólo bajo la hegemonía del partido proletario la revolución se puede convertir en permanente.


 


El SU y el lambertismo (aunque no solamente ellos) han interpretado invariablemente la consigna de gobierno obrero y campesino en contraposición con la dictadura del proletariado, convirtiéndola en la práctica en un planteo de régimen intermedio entre la dictadura burguesa y la obrera, o sea, para utilizar la expresión de Stalin, en una dictadura democrática, es decir, en un régimen democratizante disfrazado, y para usar la expresión de Trotsky, en una soga democrática ceñida al cuello del proletariado.


 


El Secretariado Unificado y el lambertismo


 


El punto 3 hace referencia, en tiempo pasado, al revisionismo liquidacionista, que ha actuado como una correa de transmisión del stalinismo dentro del movimiento trotskista. Pero no identifica a este revisionismo con el SU ni con el lambertismo, en tanto fueron las dos corrientes que corporizaron la destrucción de la IVª Internacional a nivel mundial. Tampoco se lo conjuga en tiempo presente. Es decir que no dice si aún sigue presente o no.


 


Sobre este punto, nuestra conclusión es que son un obstáculo irrecuperable que debe ser superado políticamente para poner en pie a la IVª Internacional. Algunos de nosotros sostienen que es contrarrevolucionario, otros no.


 


Es necesario agregar algo importante. Hace mucho tiempo que el SU o el lambertismo han dejado de ser correas stalinistas, para transformarse en el vehículo de la opinión pública democratizante de los países imperialistas o de la opinión pública pro-imperialista democrática de los países oprimidos. A su manera, han sufrido el proceso de reconversión política e incluso social que ha seguido la propia burocracia de carácter staliniano. Este es el contenido que tiene la afirmación reiterada de los líderes del SU, acerca de que la Revolución de Octubre ha perdido vigencia histórica. Los discípulos del pablismo ejercen de este modo el lamentable oficio de repetir con veinte años de demora la tesis fundamental del eurocomunismo, que sirvió para la preparación ideológica de la restauración capitalista. Digamos de paso que ha quedado confirmada así la caracterización que los revolucionarios ya hicieron en aquel momento acerca de las afinidades teóricas y sociales entre el eurocomunismo y el SU. Negar la vigencia histórica de la Revolución de Octubre equivale a negar la necesidad de la IVª Internacional, que fue fundada bajo sus banderas, para la realización de nuevos Octubres, esta vez definitivamente victoriosos.


 


La ambigüedad frente al SU ha sido probablemente uno de los factores que más han contribuido al fracaso de las tentativas de reconstrucción de la IVª Internacional en el pasado, porque supusieron, por un lado, la posibilidad de su recuperación mediante el debate, es decir, no se percibió su contenido social pequeñoburgués antirrevolucionario, hostil a la clase obrera, y por el otro lado, porque las divergencias que se plantearon contra el SU no pasaron de ser una suma de cuestiones prácticas o de momento, y nunca denunciaron su carácter democratizante. Esta ambigüedad volvería a llevar al fracaso cualquier nueva tentativa de reconstruir la IVª. La esencia de las tareas de la vanguardia revolucionaria en este momento histórico consiste, precisamente, en presentar el programa, la organización y los métodos cuartainternacionalistas sin confusión ni manchas a la nueva generación que comienza a transitar las experiencias revolucionarias en los diferentes países. La IVª Internacional debe ser puesta en pie, nuevamente, con el objetivo fundamental de permitir acelerar la evolución política de esta nueva generación y facilitarle la mejor asimilación de la experiencia histórica del proletariado mundial.


 


Ustedes mismos afirman, en un artículo que figura en la misma revista del Llamado y los 21 puntos, que el SU ha renegado de la Revolución de Octubre y de las bases programáticas del marxismo. La permanencia liquidacionista del SU (y también del lambertismo, aunque éste nunca tuvo la importancia del primero) explica el desarrollo tendencioso y faccional de todas las tentativas de reconstrucción de la IVª Internacional. Han pululado las tendencias internacionales del más variado carácter y las diferenciaciones ideológicas, o presumiblemente tales, llevadas hasta el infinito, porque ha estado ausente una caracterización de conjunto de la degeneración protagonizada por el SU. La tendencia a convertir las más variadas divergencias sobre táctica, o sobre la apreciación del momento político, o por el control del aparato organizativo, en supuestas cuestiones de principio, es típico de un desarrollo sectario mortal, en especial, cuando se transforma en el pretexto reiterado para la creación de nuevas corrientes o grupos.


 


Es necesario superar en la teoría y en la acción al SU, mediante la refundación de la IVª sobre la base de una comprensión de las tareas del actual momento histórico de la revolución socialista mundial iniciada en Octubre de 1917.


 


La restauración capitalista


 


La introducción a los 21 puntos declara que la caída del stalinismo no es una victoria para el capitalismo, pero nada dice del significado del establecimiento de gobiernos burgueses y regímenes políticos de restauración capitalista en los ex Estados obreros. Esta sorprendente omisión deja la impresión de que la caída del stalinismo sería del mismo orden que la transformación social y política de contenido capitalista operada en esos Estados. Pero esto no es un tema secundario, y si se mete todo en la misma bolsa (la caída del stalinismo y la restauración capitalista) tendríamos que la victoria del capitalismo sería la victoria del proletariado.


 


La destrucción de la propiedad estatal y aun de la planificación burocratizada; la liquidación del monopolio del comercio exterior; las privatizaciones, y la penetración en gran escala del capital internacional en los viejos Estados obreros, constituyen sin el menor asomo de duda un enorme retroceso para el proletariado mundial y, por lo tanto, una derrota en beneficio del imperialismo. La confusión en torno a este punto no sólo constituye, en nuestra opinión, una visión completamente inadecuada del proceso político internacional, sino que, mucho más importante todavía, significaría no distinguir las grandes y pequeñas conquistas del proletariado de sus derrotas y de su mayor subalternización social y política, y significaría, por lo tanto, no saber qué tenemos que defender de nuestra condición presente, qué tenemos que superar en las conquistas que hemos obtenido y qué debiéramos procurar conquistar de aquí en más.


 


Algo más, los pasos importantes que se han dado en la restauración capitalista significan la liquidación de los restos precarios de las conquistas impuestas por la Revolución de Octubre. Minimizar esta pérdida, ni qué decir si se la desprecia por completo, equivaldría a abjurar del programa de esa revolución.


 


En nuestras discusiones, llegamos a la conclusión de que el origen o la causa de estas confusiones podría radicar en una dificultad para conceptualizar un fenómeno contradictorio, como lo constituye, de un lado, la quiebra del aparato stalinista internacional, y del otro, la derrota sufrida por la clase obrera. La confusión consiste en proclamar en forma unilateral uno u otro aspecto de la cuestión. Lo que ha ocurrido en realidad es que las gigantescas revoluciones políticas a partir de 1979, en Polonia, en Rumania, la ola de huelgas en Rusia, el movimiento de masas que derribó el muro de Berlín; este proceso revolucionario no llegó a su término, no fue victorioso, fue en definitiva derrotado, al menos transitoriamente. Sobre la base de un frente común para provocar esta derrota y, luego, sobre la base de estas derrotas, se erigió el acuerdo entre la burocracia contrarrevolucionaria y el imperialismo para promover la restauración capitalista.


 


La cuestión que se plantea es ahora la siguiente: ¿estas derrotas y la restauración política burguesa que ha resultado de ellas, significa el ingreso en un período de barbarie y la clausura prolongada de las posibilidades revolucionarias, o por el contrario, se trata de un episodio en la guerra entre la revolución y la contrarrevolución, que sigue dejando en el tapete la cuestión de socialismo o barbarie?


 


Como para nosotros, todos estos acontecimientos son episodios de gran envergadura, por cierto, que caracterizan a una nueva etapa revolucionaria, marcada por las revoluciones mencionadas, por el agravamiento de la crisis mundial y por la inevitabilidad de que se creen nuevas y mayores situaciones revolucionarias; para nosotros, decimos, que sí tienen ese carácter, esas derrotas de la revolución no se inscriben en una perspectiva de victoria estratégica de la reacción internacional, sino en una perspectiva que sigue siendo revolucionaria y que a cada momento puede convertirse en efectivamente revolucionaria.


 


Lo cual de ningún modo puede interpretarse, como lo establece a su manera la introducción a los 21 puntos, de que la restauración capitalista no ofrezca una salida a la impasse en que se encuentra el capitalismo. Al revés, decimos nosotros, esa restauración es su salida única y típica, y de concretarse, significaría una derrota histórica para todo el proletariado mundial, ya que ella es inconcebible sin la aplicación de métodos fascistas y aun de regímenes fascistas y de guerra; la consumación de la restauración capitalista en los ex Estados obreros no nos retrotraería a la situación previa a Octubre del 17 ella sería el sinónimo de la barbarie. Pero para esto el imperialismo deberá liquidar los derechos y libertades del proletariado y de las masas en todas las naciones principales del mundo.


 


Nos parece que los 21 puntos no tienen una posición común respecto de si la URSS era un Estado obrero, posición histórica de la IVª Internacional. La expropiación de la burguesía realizada en el Este Europeo, y sobre todo en la URSS, fue una conquista obrera: ¿qué piensa al respecto la LIT? Es claro que esto se relaciona con lo ya referido a la restauración capitalista en el Este. Pero como además, los 21 puntos establecen que la indefinición sobre este punto capital, que siempre fue considerado una de las conquistas mayores del programa de la IVª y de la teoría marxista, es dejada librada al resultado de una discusión de largo alcance y no a una delimitación política inmediata de las partes en conflicto; repetimos, como se consagra a esta indefinición como norma, señalamos que ello es incompatible con los métodos y hasta con la misma viabilidad para alcanzar el objetivo de reconstruir la IVª Internacional.


 


Nosotros defendemos, en relación a esto, el párrafo del punto 6 de los 21 puntos, en la parte que dice "reivindicamos la Revolución de Octubre (que) destruyó el Estado capitalista y estableció el Estado obrero". Agregamos, de nuestra parte, y que inició el período histórico de la revolución socialista internacional, que sólo podrá concluir con el triunfo del socialismo o de la barbarie.


 


Método


 


En el curso del análisis de los 21 puntos, los delegados de los diferentes partidos y organizaciones que nos hemos reunido en San Pablo, destacamos otros puntos para la discusión, como el relativo a la existencia de la nación bosnia o del movimiento de ayuda a Bosnia y el carácter de la guerra en la ex Yugoslavia en general; o el uso especial que el imperialismo hace de las instituciones de la democracia burguesa; o a que no es lo mismo defender a una nación oprimida que es agredida por el imperialismo que, como parece deducirse de algunas frases de los 21 puntos, defender a los movimientos nacionalistas burgueses del mismo imperialismo.


 


Pero, en Génova, ya habíamos llegado al acuerdo de que nuestro método para reconstruir la IVª no es hacer una lista de las divergencias reales o supuestas, sino concentrar la atención de los revolucionarios en la cuestión de la estrategia y del programa, y al acuerdo de proceder a refundar, mediante una discusión, la IVª Internacional como partido mundial de la revolución socialista, que habrá de basarse en el centralismo democrático. Condicionar a un acuerdo sobre lo fundamental y a lo que es menos fundamental la construcción del partido significa, por lo menos, concebir al partido como una organización monolítica, impermeable a las presiones de la sociedad, a la evolución de la comprensión política y a la socialización de la experiencia, y es renunciar al método de la delimitación de posiciones políticas para fusionarnos en un partido obrero revolucionario.


 


Hacia un pIanteamiento de conjunto


 


Tanto los 21 puntos de la LIT como los 5 puntos de nuestra reunión de Génova tienen en común una flagrante y ostensible limitación: no avanzan un solo paso en ofrecer una comprensión de conjunto del actual período histórico. Como se puede ver, no solamente compartimos varios planteamientos sino también varios defectos, lo cual no deja de ser una base que nos puede unir si nos proponemos superarlos.


 


Nuestro planteo por la refundación de la IVª y contrario a la construcción de otra tendencia internacional más, que se sumaría a la disgregación de los revolucionarios y al sectarismo; nuestro planteo, decimos, tiene por fundamento, precisamente, la idea de que esa refundación está ligada, y por eso es completamente viable, a un planteo estratégico que dé cuenta de las modificaciones producidas en la situación mundial en la última década y media, y que sobre esa base establezca un programa de acción. Para refundar la IVª entendemos necesario señalar este horizonte y mostrar el completo agotamiento de los métodos aplicados hasta el presente.


 


Los acontecimientos de las últimas semanas, que han visto un colosal derrumbe capitalista en los mercados de valores, es decir, de capitales, señalan el agotamiento que se está produciendo en la etapa abierta con la absorción capitalista en Alemania y la victoria del contra-golpe de Yeltsin en Rusia. Esta etapa le dio al imperialismo un margen de acción sin precedentes, al permitir reforzar su autoridad y su dominación a una escala que había perdido hacía mucho tiempo. Sin embargo, la vía de la restauración capitalista semi-pacífica y semi-democrática simplemente lo ha conducido a un callejón sin salida mucho más agudo que el que tenía hace diez años. Al imperialismo se le plantea una crisis en sus métodos y formas de dominación política, lo que equivale a decir que se inicia una nueva etapa de enfrentamientos entre las distintas potencias capitalistas, ya que un replanteo de la situación mundial no podría tener lugar nunca, bajo el capitalismo, sin un previo o simultáneo ajuste de cuentas entre los capitalistas.


 


La crisis de las últimas semanas ha acentuado la perspectiva de una depresión mundial, que ya se encuentra afectando al capitalismo japonés y que es, por otra parte, uno de los detonantes principales de la crisis bursátil y monetaria de las últimas semanas.


 


Queremos ir a la conferencia que ustedes convocan y a la que nos sentimos convocados según los términos de su llamamiento, no solamente para clarificar, delimitar y superar lo que aparecen como divergencias dentro de declarados principios comunes, sino para superar este encuadre y pasar a discutir el momento histórico presente y un plan de acción para orientar la lucha de las masas. Pero esta misma tarea no debe quedar reservada a la LIT y a los partidos que suscribimos la presente carta, sino que debe ofrecerse como propuesta a la vanguardia de las masas que luchan, para proceder a la reconstrucción del internacionalismo proletario, que no puede ser otro que el de la refundación de la IVª Internacional en la presente etapa y dentro de los plazos más breves posibles.


 


 


 


Oposición Trotskista Internacional (ITO)


Liga Trotskista (Estados Unidos)


Sección inglesa de la ITO


Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia)


Partido Obrero Revolucionario (Grecia)


Partido de los Trabajadores (Uruguay)


Oposición Trotskista del POR (Bolivia)


Partido Causa Operaria (Brasil)


Colectivo En Defensa del Marxismo (España)


Partido Obrero (Argentina)


 

Intervención de Savas Michael-Matsas ante la delegación de la LIT


Desde el principio tengo que clarificar un punto: no estamos en ninguna tendencia internacional, ni soy en este momento el portavoz de una tendencia. Somos diferentes organizaciones, con diferentes tradiciones. Ustedes deben conocer a los camaradas de Latinoamérica quizá mejor que nosotros, y puede ser que conozcan a los camaradas de Asia o de otro país, y a nuestro partido de Grecia, el Workers Revolutionary Party, de bastante diferente tradición; quizás ustedes conozcan a nuestros ex camaradas de Gran Bretaña con el mismo nombre.


 


Nos reunimos en Génova, como probablemente también lo sepan, a principios de este año, en marzo, con diferentes organizaciones, partidos casi de todos los continentes, Europa, Norteamérica, Sudamérica, Asia, para discutir una cosa muy importante para nosotros, la necesidad en el presente período de enormes cambios en el mundo, de iniciar una campaña por la Refundación de la Cuarta Internacional. El resultado fue un llamado centrado en algunas cuestiones de principios, cuya discusión estamos continuando en San Pablo. Entre otras cosas, hemos creído muy importante tomar en cuenta el llamado de ustedes, del Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IVª, para discutir vuestra propuesta de 21 puntos para la reconstrucción de la IVª Internacional.


 


Para eso hemos escrito un documento (*), expresándoles nuestra aproximación general al tema en su conjunto, con algunos puntos de clarificación y, por supuesto, con la intención de nuestra parte de discutir con ustedes las modalidades de la participación en la Conferencia Internacional que ustedes ya han planeado hacer.


 


Esta carta, en su primera página, contiene los temas en los cuales todos nosotros estamos de acuerdo; en la última parte de esta carta hay puntos de discusión entre nosotros. Pero desde el comienzo tenemos que remarcar que, a pesar de todas las diferencias, distintas tradiciones, diversos puntos de vista, o el hecho de que no somos una tendencia, queremos reconstruir la Cuarta Internacional. Nuestra base común es que la situación de fines de los 90 es totalmente diferente, de la que aparecía al principio de la década, cuando dominaba la opinión pública burguesa, pequeñoburguesa y de muchas organizaciones de izquierda acerca del fin de la historia. Ahora, al final de los 90, con la agudización de la crisis económica mundial y el crash financiero, es necesario ir hacia el movimiento de la clase obrera mundial con una campaña internacional por una Conferencia para discutir la reconstrucción inmediata de la IVª Internacional.


 


En vuestro documento, ustedes dicen que los 21 puntos son un punto de partida para la discusión, pero no es una especie de ultimátum. Estamos de acuerdo con eso; que los tengamos como punto de partida y no como un punto de común acuerdo con ellos. De vuestra declaración deducimos que todos nosotros queremos como objetivo la reconstrucción de la IVª Internacional. Ustedes plantean también la cuestión de la dictadura revolucionaria del proletariado, la continuidad de la Revolución de Octubre, la oposición al frente popular. Tenemos que discutir estos 21 puntos sin prejuicios ni ultimátums.


 


Queremos, entonces, discutir con ustedes las modalidades de nuestra participación en la Conferencia que ustedes planean y, antes que eso, presentarles algunos puntos para la clarificación de la discusión. Aclaramos que no planteamos una lista de diferencias o contraponer una enciclopedia a otra enciclopedia. Este no es el punto. Quiero decir: hay que dejar los faccionalismos; no hacer una lista de diferencias y, muchas veces, algunas pueden ser clarificadas a través de la discusión.


 


La cuestión no es para nosotros trazar una línea de demarcación entre vuestro documento y nuestra actitud, sino, por encima de todo, crear un marco más amplio no sólo hacia la Liga, sino hacia la clase trabajadora, al movimiento de la clase obrera, para discutir las tareas revolucionarias de hoy y la cuestión de la IVª Internacional.


 


En esta carta nos concentramos en unos pocos puntos para clarificar y discutir. Primero está la cuestión del Frente Popular. Ustedes, en vuestro documento, se oponen al Frente Popular cuando éste toma la forma de un gobierno, que se convertiría entonces en un instrumento contrarrevolucionario. Pero la cuestión es para nosotros que estos frentes de colaboración de clase son ya contrarrevolucionarios antes de tomar el poder. La colaboración de clases es siempre contrarrevolucionaria, y un arma que, en las condiciones actuales, no es solamente una repetición del viejo frente popular de colaboración de clases, sino que hay un nuevo elemento en el contenido de este frente, que está conectado con los dramáticos cambios que han tenido lugar en la anterior Unión Soviética.


 


Siempre los frentes populares, en los 30 y ahora, son instrumentos de la contrarrevolución, pero hay una diferencia importante. En los 30 o en los 40, en la crisis de Grecia, los frentes populares de colaboración de clases estaban conectados con la burocracia soviética y con la diplomacia stalinista, usando el prestigio de la Revolución de Octubre en el movimiento de la clase obrera para atar a la clase obrera al orden burgués. Después del colapso de la Unión Soviética hay una diferencia: el frente popular de hoy no habla en nombre de la Revolución de Octubre, como lo hicieron en España (1936) o en Grecia (1944); habla, por el contrario, en nombre del fracaso de la Revolución de Octubre y del cierre histórico definitivo del período iniciado por esa revolución. El centroizquierda plantea ahora el frente popular, en una concepción abiertamente anticomunista, antibolchevique, aunque use el viejo nombre. En Europa, el centroizquierda no es el centroizquierda del pasado; como en Italia, por ejemplo, donde tenían que hacer maniobras y concesiones. Ahora, estos frentes son instrumentos del neoliberalismo contra la clase obrera, abiertamente, y tratan de hacer el trabajo que la derecha no puede hacer por sí misma. Así, necesitan de estos frentes populares de centroizquierda para imponer el ataque neoliberal contra la clase trabajadora, para imponerse por medio de representantes de la clase obrera, en colaboración con los partidos burgueses, como en Latinoamérica; ustedes lo saben mejor que yo, como en Europa y en todos lados. Y eso lo hacen cuando están en el poder y cuando se están preparando para estar en el poder. En algunos países europeos ya están en el poder, y en otros no lo están o se están preparando para llegar al poder en un futuro inmediato; pero aun si están en una posición previa o ya están en el poder, en el gobierno, son igualmente contrarrevolucionarios en cualquiera de los dos casos.


 


Segundo punto: Dictadura del proletariado y gobierno obrero y campesino.


 


Estamos de acuerdo con los 21 puntos en que plantean el reclamo a los partidos pequeñoburgueses para que tomen el poder, a que rompan con la burguesía, etc. Trotsky, en El Programa de Transición, incorporó toda la experiencia de la Revolución Rusa y toda la experiencia hasta 1938 y adoptó esta consigna en el programa. Consideramos, sin embargo, muy importante el hecho de que en los últimos treinta años, diferentes tendencias políticas, incluyendo al SU y al lambertismo, hayan contrapuesto sistemáticamente la consigna de gobierno obrero y campesino a la dictadura del proletariado, de modo tal que parece que el gobierno obrero y campesino fuese un Estado intermedio, no burgués, no proletario, algo como la dictadura democrática de obreros y campesinos. Los lambertistas dijeron que Cuba no era un Estado obrero sino un gobierno obrero y campesino por cuarenta años. Tenemos que ser claros en esto, tenemos que usar esta consigna del programa de transición en el sentido de un llamado para que los partidos pequeñoburgueses rompan con la burguesía y armen a las masas para que tomen el poder, o sea, como sinónimo de la dictadura del proletariado.


 


Otra área para clarificar es en relación al SU, un punto que siempre tenemos que clarificar entre nosotros también. Verificamos en el punto 3 de vuestro documento la demarcación que ustedes hacen en contra del revisionismo liquidacionista; pero para ser históricamente concretos, este revisionismo liquidacionista tiene nombre: es una fuerza histórica definida. Así, el SU fue protagonista, en el período de la posguerra, con Pablo, de este revisionismo liquidacionista, y lo mismo vale, en otro sentido, para los lambertistas, que trataron de presentarse como alternativa al liquidacionismo de Pablo. Para usar una analogía de la historia, pero de otra manera, el lambertismo es el segundo violín del antimarxismo que fue el SU. Esta es mi opinión. Pero el SU también debe ser visto con relación a los cambios en la situación y en la lucha de clases. Estas tendencias revisionistas tuvieron un desarrollo (no son tendencias metafísicas, suprahistóricas), ellas cambian con la situación y, de acuerdo con una parte de los camaradas aquí presentes, el rechazo por parte del SU al legado de la Revolución de Octubre y su abrazo a la democracia burguesa en el mismo período en que emergió el eurocomunismo, fue a la vez una adaptación a la opinión pública democrático-burguesa y el preludio de la época restauracionista para destruir los Estados obreros en nombre de la democracia. Esto tenemos que clarificarlo, entre nosotros y con ustedes.


 


Esto me lleva a un último punto, casi un último punto: el tema de la restauración capitalista.


 


Ustedes enfatizan en su documento que el colapso del stalinismo en Europa del Este abre una gran oportunidad para los revolucionarios. Hay muchos puntos para clarificar, pero éste es un tema central para el movimiento obrero mundial.


 


Nunca el movimiento obrero mundial había enfrentado una situación como esta, es un fenómeno histórico nuevo, nuevo desde la emergencia de la Unión Soviética. Es comprensible que haya diferencias de análisis, de aproximaciones, errores, que se necesite más clarificación.


 


Nosotros pensamos que lo que Trotsky escribió en La Revolución Traicionada es absolutamente correcto: que el peor error es dar una definición terminada a un proceso no terminado, y que lo que fue verdad cuando la Unión Soviética estaba en los años 30, es verdad también ahora. Ni la Revolución de Octubre ni la historia terminan en 1991. Podemos tener diferencias en nuestro enfoque acerca de las razones de los cambios en el Este y, consecuentemente, sobre su desenvolvimiento futuro, pero tenemos un proceso no acabado, tenemos que aproximarnos de un modo dialéctico para hacer una investigación más a fondo de las contradicciones internas de este cambio. Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, ésta es la cuestión central frente al movimiento obrero mundial: ¿Son estos cambios en el Este el comienzo, de un período prolongado en el que no existen posibilidades revolucionarias, o estamos en un período de gigantescos conflictos, de confrontaciones entre la revolución y la contrarrevolución, desde la tierra de Octubre hasta Brasil y en todo el mundo?


 


¿Tenemos ya una barbarie con una cara humana democrática, la esperanza de un paraíso socialista recién para dentro de 1.000 años?


 


¿O el dilema socialismo o barbarie está planteado ahora en forma más aguda aún que cuando lo planteara Rosa Luxemburgo?


 


Todo esto tiene que ver con la naturaleza de la época, con nuestra caracterización de la época. Con si los últimos acontecimientos son manifestaciones violentas y volcánicas de la decadencia del imperialismo, época de guerras y revoluciones, o estamos en un período similar al que hubo en Alemania después de la derrota de la guerra campesina liderada por Thomas Münzer, en 1525, y tenemos que esperar tres siglos para tener una nueva revolución en Alemania, en 1848. Personalmente, yo participé en una reunión en Nueva York, donde discutían si el nuevo desarrollo se daría en 400 o 500 años. ¡Y el que sostenía que sería en 500 años acusaba al otro de ser ultraizquierdista! Por lo tanto, es muy importante la caracterización del destino de la naturaleza del período que tenemos frente a nosotros.


 


Un punto importante es el siguiente: no podemos tener una visión unilateral. La cuestión central aquí es si la Revolución de Octubre fue, como Trotsky enfatizó en forma absolutamente correcta, en En Defensa del Marxismo, la más grande revolución de la historia; entonces, el intento del imperialismo y las agencias burocráticas del imperialismo de destruir la Revolución de Octubre y sus extensiones, representa la peor contrarrevolución en la historia humana. Para retomar la cuestión que planteé antes: si ya está todo terminado y la Revolución de Octubre está destruida, y la peor contrarrevolución en la historia humana ya está instalada, estamos probablemente en la peor situación desde la victoria de Hitler, y Auschwitz fue sólo una muestra de lo que vendrá. Si tomamos toda la cuestión dialécticamente otra vez, la clase obrera ha recibido terribles golpes y hay un enorme peligro no sólo para la clase obrera rusa, sino para toda la clase obrera mundial en esta situación; pero si como pronosticó Trotsky, el destino de la Revolución de Octubre será decidido finalmente por una lucha a nivel mundial entre la revolución y la contrarrevolución, ésta es la tarea que tenemos por delante, no la que quedó atrás.


 


Vamos a defender en todos los países del mundo la Revolución Socialista Mundial que empezó en 1917. Por esto, la cuestión de la continuidad histórica de la Revolución de Octubre para nosotros está indisolublemente interconectada con la cuestión de la IVª Internacional. Y éste es el último punto, con este método nos aproximamos a la cuestión de la discusión propiamente dicha. Por esta razón no hay una tendencia a convertirnos en una tendencia o a faccionalizarnos, a explotar las debilidades entre nosotros… sería ridículo. Sentimos que estamos en una situación totalmente nueva, con enormes peligros y enormes oportunidades revolucionarias. Para nosotros, la cuestión no es sólo darles una lista completa de nuestras divergencias, hay más si ustedes quieren, Yugoslavia, etc., etc., pero eso es secundario. Para nosotros lo más importante es que sobre esta base, a partir de la reunión de Génova, a partir de la necesidad de todas las fuerzas revolucionarias, a pesar de todas las diferencias de origen, tradiciones, peculiaridades nacionales u otras, considerar en esta nueva situación, donde la alternativa socialismo o barbarie está más firmemente planteada que nunca antes durante este siglo trágico, si la IVª Internacional de Trotsky es algo del pasado desde 1991, como se planteó en el último Congreso del SU; si el ciclo histórico comenzado en 1917 está cerrado, o si por el contrario, debemos luchar por la defensa de la continuidad histórica de la Revolución de Octubre y la Revolución Mundial, refundando la Internacional Revolucionaria de los Trabajadores.


 


Pero para nosotros ésta sólo puede ser la IVª Internacional, no la Vª. Porque Trotsky, en la IVª Internacional, corporiza la totalidad de la experiencia histórica de la revolución en los dos últimos siglos, que no puede en modo alguno ser pasada por alto. Por esta razón, dirigimos este llamamiento para ver cómo organizamos una discusión internacional y una conferencia por la Refundación de la IVª no sólo a ustedes y a otras organizaciones, sino que siguiendo los objetivos de la IVª Internacional de Trotsky, también a otras organizaciones de origen no trotskista, porque el colapso del stalinismo y la desintegración de la socialdemocracia liberan nuevas fuerzas que podemos ganar para impulsar esta importante lucha por el Partido de los Trabajadores.


 


 


Notas:


 


1. "Los 21 puntos de la LIT". Documento del movimiento por la refundación de la IVª Internacional; en la pág. XX de esta edición de En Defensa del Marxismo.


 

En respuesta a Lutte Ouvrière


En marzo de 1997, representantes del Partido Obrero, de la Oposición Trotskista (Bolivia), del Partido Causa Operaria (Brasil), de la Asociación Marxista Revolucionaria-Proposta (Italia), de la Liga Trotskista (Estados Unidos) y de la Oposición Trotskista Internacional se reunieron con la dirección de Lutte Ouvrière (Francia), a la que le propusieron realizar un trabajo conjunto en pro de una Conferencia Mundial para la refundación de la IVª Internacional, en los términos de la declaración conjunta que esas organizaciones habían acordado en Génova pocos días antes (1).


 


Poco después, Lutte Ouvrière formuló una respuesta por escrito a esta propuesta (ídem). Esta respuesta fue analizada por Jorge Altamira (ver en la presente revista).


 


En la reunión de partidos trotskistas realizada en San Pablo en noviembre último, la delegación del PO planteó que se elaborara, en común, una respuesta a la carta enviada por Lutte Ouvrière. Una comisión redactó una respuesta con la que no hubo acuerdo. La delegación del PO presentó entonces un texto, que fue sometido a debate. Finalmente, se aprobó la moción de que no fuera enviada ninguna respuesta a Lutte Ouvrière.


 


Para conocimiento de nuestros lectores, publicamos el texto que la delegación del Partido Obrero presentó en la reunión de San Pablo.


 


San Pablo, 7/11/97


 


Compañeros de la dirección de Lutte Ouvrière:


 


Las organizaciones y partidos que suscribimos la presente carta, apreciamos enormemente el hecho de que ustedes hubieran respondido por escrito a los planteos en la reunión de París, en marzo pasado, y al texto de nuestra propuesta para iniciar una campaña para refundar la IVª Internacional sobre la base del marxismo.


 


Aunque ustedes son categóricos en contestarnos que no aprueban ni los términos ni la tentativa a la que apunta nuestra propuesta, resultan harto menos categóricos cuando se trata de decir si están de acuerdo o no con los puntos que hemos presentado como una base de principios para iniciar una discusión. En ningún lado expresan su acuerdo o desacuerdo con el planteo de la dictadura del proletariado; con la caracterización del frente popular como un recurso político del imperialismo; con el método de acción política basado en el programa de las reivindicaciones transitorias; con la caracterización de que en los ex Estados obreros se han instalado regímenes de restauración capitalista y, por lo tanto, la recuperación del legado de Octubre del 17 exige ahora también una revolución social; o, incluso, con nuestra caracterización del Secretariado Unificado como una organización internacional que no puede ser reformada con el objetivo de reconstruir la IVª Internacional.


 


En ningún lugar de vuestra carta ustedes toman una posición sobre esto. En lugar de proceder a clarificar vuestra posición sobre estos puntos de principios, ustedes prefieren esconderse detrás de la aventurada suposición de que nuestro propósito sería armar un bloque sin principios contra el Secretariado Unificado.


 


Vuestra especulación es falsa, sin embargo, por partida doble. Ni queremos un bloque sin principios, sea contra el SU o contra quien fuere, ni tampoco nuestro objetivo estratégico está subordinado a maniobras o falta de maniobras con relación al SU, sino a un debate político y a un cuadro organizado que nos permita reconstruir la IVª Internacional dentro de los plazos más breves posibles y como único marco metodológico para discutir las diferentes posiciones de los revolucionarios de diferentes partes del Mundo.


 


Es verdad que ustedes reafirman la necesidad de una Internacional revolucionaria sobre la base de las ideas trotskistas. Pero se niegan a definir cuáles son exactamente esas ideas, al revés de lo que hacemos nosotros, a pesar del manoseo o la desvirtuación de esas ideas en el último medio siglo.


 


Lo que ustedes sí dicen enfáticamente es lo contrario de una precisión sobre los principios cuartainternacionalistas y de un acuerdo sobre esos principios, debidamente restablecidos, definidos, precisados o delimitados. Lo que ustedes dicen es que están dispuestos a colaborar con cualquier organización que se reclame trotskista cualesquiera sean las divergencias políticas que puedan separarlos de ella. Tratándose de una colaboración que es confinada a un grupo especial de organizaciones, las llamadas trotskistas, esta disposición a colaborar políticamente sin que importen las divergencias políticas, sean ellas tácticas, estratégicas o de principios, significa precisamente plantear una política de acuerdos sin principios.


 


Es curioso que aun en este planteo de colaboración política por encima de las ideas ustedes excluyan nada menos que al SU y solamente al SU, pues en vuestro texto ustedes se refieren exclusivamente a las organizaciones que adhieren al SU, es decir que dejan de lado a su dirección y organización internacionales.


 


Esto sí que podría ser calificado como la tentativa de armar un bloque para condenar, aislar o lo que fuere, al SU.


 


Vuestra disposición a una colaboración política incondicional con quienes se reclaman del trotskismo, ofrece una explicación al porqué ustedes no se pronuncian en relación a las cuestiones principistas de base de nuestra propuesta. O están en contra de ellas, pero no lo dicen, o las juzgan irrelevantes.


 


Para ustedes las cuestiones de programa o de estrategia tienen menos importancia que las de procedimiento, pues denuncian expresamente los procedimientos políticos habituales de numerosas organizaciones, entre las que sí incluyen al SU como organización internacional, como los responsables de que las llamadas organizaciones trotskistas abandonen sus ideas en la práctica. Para ustedes, entonces, no corresponde proceder a una discusión política, sino crear personalidades organizativas que tuvieran la capacidad para proceder de acuerdo a lo que serían sus ideas. Este enfoque idealista está fuera de lugar.


 


Aunque admiten la colaboración política sin que importen las divergencias y sin que importe siquiera discutirlas, esgrimen las divergencias para rechazar la posibilidad de una disciplina común, que ninguno de nosotros ha planteado antes de proceder a un debate político. Pero en ningún lugar dicen cuáles son esas divergencias. Nosotros hemos constatado, en otras reuniones que realizamos en Europa, que esas divergencias son precisamente la dictadura del proletariado, el frente popular, la naturaleza de los cambios en los ex estados obreros y consecuentemente en la situación mundial que sobrevino a esos cambios, el programa de transición y la necesidad o no de ofrecer a la vanguardia obrera que lucha, un centro de reagrupamiento y organización política internacionales, es decir, refundar la IVª Internacional.


 


Ustedes también señalan que las condiciones internacionales no serían propicias para refundar o reconstruir la IVª, o para superar divergencias. Que para ello tendría que producirse primero un ascenso obrero mundial. En relación a esto les entregaremos las conclusiones de la última reunión que precisamente redactó la presente carta. Pero opinamos que la invocación de las condiciones internacionales es una enorme abstracción a la hora de tener que definir las relaciones positivas entre organizaciones revolucionarias, o sea que constituye una distracción respecto a lo concreto: ¿están o no de acuerdo con los puntos planteados?, ¿es necesario ampliarlos o reducirlos?, ¿es necesario profundizarlos? Nosotros defendemos esos puntos, metodológicamente, porque son la herencia fundamental del movimiento revolucionario y porque son pertinentes en una situación mundial donde una de sus principales características es el pasaje de los stalinistas reconvertidos al campo de la democracia pura y a la formación de gobiernos centro-izquierdistas, en lo cual han sido seguidos, a su manera, por el SU, cuando no fue su precursor. Recordemos para ello sus tesis sobre la democracia socialista. Algunos de sus principales dirigentes dicen ahora que quedó clausurada la época abierta por la Revolución de Octubre. Esto explica muy bien porqué se oponen a la dictadura del proletariado y admiten la colaboración de clases con el neocomunismo y la socialdemocracia, o sea la nueva versión del frente popular.


 


La corta experiencia con nuestra campaña por la refundación de la IVª Internacional nos ha permitido verificar el acierto de nuestros acuerdos en Génova, porque nos ha permitido avanzar en el plano de la realización práctica de nuestro objetivo refundador sobre la base de métodos principistas. Tendremos oportunidad de informarles al respecto en la próxima reunión que desearíamos tener con ustedes.


 


Esperamos vivamente que quede abierta entre nosotros la posibilidad de profundizar estos problemas y para ello reivindicamos desde ya la franqueza y transparencia de nuestros procedimientos.


 


Saludos revolucionarios.


 


 


Notas:


 


1. En Defensa del Marxismo Nº 17, junio de 19972.


2. Ver pág. XXX a pág. YYY, en la presente edición de En Defensa del Marxismo)


 

Por la refundación de la IVa Internacional Resolución del VIIº Congreso Nacional del Partido Obrero Revolucionario(de Grecia) (EEK – Trotskistas)


13 de diciembre de 1997, Atenas, Grecia


 


 


1. La galopante crisis financiera internacional, que ha comenzado con el derrumbe en el Este de Asia de 1997, tiene devastadoras implicancias sobre todo el planeta; marca un salto cualitativo en el desarrollo de la crisis económica y política mundial del capitalismo.


 


Sobre todo, demuestra el dramático fracaso de la ofensiva neoliberal posterior a 1979 para resolver las contradicciones que hicieron explotar, a comienzos de la década del 70, todo el edificio keynesiano del período de la segunda posguerra. Interconectada con el neoliberalismo, la globalización del capital financiero ha sido transformada en el detonador de las mayores explosiones económicas y sociales.


 


Se ha abierto un nuevo escenario de la lucha de clases, que superará la ola revolucionaria de los años 1968/75, involucrando a millones de trabajadores y a masas pauperizadas y desposeídas, desde el Este de Asia a América Latina y desde la antigua Unión Soviética a las propias metrópolis de América del Norte.


 


Nunca antes la clase obrera se enfrentó con un desafío, una amenaza y, al mismo tiempo, una oportunidad revolucionaria de una escala semejante.


 


Nunca como hoy fue más urgente la necesidad de una Internacional Obrera Revolucionaria que luche en cada continente contra el capitalismo globalizado. En sus filas hay lugar para todos los luchadores de la vanguardia que están empeñados en la tarea histórica de la revolución socialista mundial, más allá de cualquier origen nacional, étnico o político: después de la bancarrota de todas las tradicionales organizaciones burocráticas de la izquierda, han sido liberadas muchas fuerzas que buscan una perspectiva y una organización revolucionaria alternativa.


 


Pero la Internacional Revolucionaria no puede ser construida sobre la base de la amnesia histórica ni ignorando la necesidad de extraer las lecciones de las dramáticas experiencias del siglo XX que ahora termina. Por el contrario, no puede existir sin incorporar, y simultáneamente superar, todo el cuerpo de experiencias de las revoluciones y contrarrevoluciones, las epopeyas y las tragedias, por las que pasó hasta ahora el movimiento obrero internacional.


 


2. La Internacional no puede ser construida dentro de la estructura de las quebradas burocracias obreras de la socialdemocracia y el stalinismo, sino contra ellas.


 


La Internacional Socialista es el instrumento del capital dentro del movimiento obrero. La Internacional Comunista fue disuelta por Stalin y, como predijo Trotsky, su disolución probó ser, en el largo plazo, el preludio de la disolución de la propia URSS. 


 


La IVª Internacional fue fundada como la continuidad revolucionaria de la Internacional Comunista, después de su burocratización y su destrucción política por el stalinismo, en la lucha por defender y expandir internacionalmente la Revolución de Octubre, el primer acto de la revolución mundial.


 


Las colosales presiones ejercidas sobre una débil e inmadura IVª Internacional, especialmente después del asesinato de León Trotsky, y la sistemática exterminación de sus cuadros más experimentados por las agencias del imperialismo y el stalinismo, en las condiciones de la Segunda Guerra Mundial y la complicada situación del período de la posguerra, exacerbaron su debilidad como sujeto político y condujeron a su fragmentación después de 1953.


 


3. Ambas partes constituyentes de la ruptura de la IVª Internacional en 1953, el Secretariado Internacional y el Comité Internacional, así como también los otros siguientes subproductos de sus permanentes crisis y rupturas, fracasaron en la tarea histórica de construir la IVa Internacional. La última prueba política fue la reacción ante los acontecimientos históricos mundiales de 1989/91, ante los movimientos antiburocráticos de masas en Europa del Este, la caída del Muro de Berlín y del propio stalinismo, a la implosión de la Unión Soviética.


 


La abrumadora mayoría de los agrupamientos internacionales que se reclaman del trotskismo y de la IVª Internacional se han hundido por el rápido desarrollo y el colapso del stalinismo. Continuaron siendo totalmente incapaces no sólo para entender dialécticamente e intervenir en una contradictoria situación de explosión histórica sin precedentes, sino también, muy frecuentemente, probaron ser totalmente incapaces de distinguir entre revolución y contrarrevolución, entre un movimiento antiburocrático genuino, revolucionario de las masas y su desviación y reversión contrarrevolucionaria por las fracciones restauracionistas de la burocracia. Identificaron a la perestroika con la revolución política, dieron apoyo acrítico o crítico a Gorbachov, a Yeltsin o a los conspiradores del golpe de agosto de 1991. Más tarde, se hundieron en el peor pesimismo, alegando que la Revolución de Octubre había terminado para siempre, que la restauración es un hecho totalmente concluido, capitulando ante ella, frecuentemente ocultando esta capitulación con la impostura de un seudo-optimismo revolucionario. Han girado, tanto política como organizativamente, a la derecha, hacia la socialdemocracia, los mutantes partidos comunistas, el centroizquierda, etc.


 


Esto fue una tendencia generalizada.


 


El Secretariado Unificado, en su último Congreso, considera que la Revolución de Octubre dejó de ser el punto de referencia y de diferenciación entre tendencias dentro del movimiento obrero, y él mismo abandonó cualquier pretensión de que la IVª Internacional pueda ser el Partido Mundial de la revolución socialista.


 


La LIT morenista o lo que queda de ella considera también la destrucción de la Revolución de Octubre como totalmente completada, aunque, paradójicamente, encuentra que la situación continúa siendo revolucionaria ad infinitum.


 


La Alianza Internacional de Trabajadores lambertista tiene como objetivo construir una suerte de Primera Internacional de carácter reformista.


 


Los restos del Comité Internacional de Gerry Healy, después de elogiar a Gorbachov, se disolvieron en el ala de extrema derecha del mutante euro-stalinista Synaspismos (Alianza) en Grecia y en Iniciativa por Cataluña en España, capitulando completamente a la Europa imperialista del Tratado de Maastricht.


 


4. La más profunda línea divisoria entre las fuerzas que se reclaman trotskistas, así como también más allá de ellas, se da alrededor de la siguiente pregunta: ¿los dramáticos cambios de 1989/91 son el fin del ciclo histórico abierto en Octubre de 1917 y, consecuentemente, el comienzo de un prolongado período sin posibilidades revolucionarias, o iniciaron un violento y explosivo período de confrontación entre la revolución y la contrarrevolución a una escala mundial, del cual depende el resultado final del proyecto que fue lanzado internacionalmente por la Revolución de Octubre y que ha permanecido incompleto? Nuestro partido, el EEK, apoya la segunda posición. Estamos muy complacidos de reconocer que otras fuerzas revolucionarias en otros países y continentes, así como también en la propia tierra de Octubre, comparten la misma posición.


 


El trotskismo nunca fue mero anti-stalinismo, ni su rol se ha agotado con el colapso de los regímenes stalinistas y el giro abierto de las elites burocráticas hacia la restauración capitalista. El trotskismo, la Oposición de Izquierda Bolchevique y la IVª Internacional fueron formados como expresión consciente de la naturaleza internacional y la dinámica de la Revolución de Octubre, como la teoría y la práctica de la revolución permanente.


 


Su objetivo es la radicalización y la realización plena del inconcluso proyecto del bolchevismo internacionalista. El papel histórico de la IVª Internacional no está agotado, a pesar de los obstáculos que bloquearon su camino y la fragmentaron, en el período de la posguerra.


 


Ahora, cuando todos los equilibrios de la posguerra se han quebrado, existe la necesidad y la posibilidad de un gran salto.


 


La nueva Internacional será la IVª Internacional o no habrá Internacional.


 


5. El Partido Obrero Revolucionario (EEK- trotskistas) es producto de la transformación de la organización llamada inicialmente Liga Internacionalista de los Trabajadores, sección griega del Comité Internacional. Es el fruto de la prolongada crisis que ha sacudido y fragmentado la IVª Internacional en el período de la posguerra. Particularmente, está marcado por cada viraje de esta crisis y de la historia del Comité Internacional (Congreso de Unificación de 1963, año de fundación de nuestra organización; la ruptura entre la SLL y la OCI en 1971, la desintegración del Comité Internacional en 1985/89), que son también los virajes y la historia del viejo rumbo de 35 años del WIL/WRP.


 


Indudablemente, las contradicciones de este curso dejaron sus marcas en nuestra organización, tan estrechamente asociada con el Comité Internacional. Hasta el último momento de la disolución del Comité Internacional de Gerry Healy, estuvimos atados a la ilusión de que representaba la continuidad de la Internacional de Trotsky. Hemos pagado un alto precio por esto, sobre todo durante la ruptura de 1989, cuando finalmente rehusamos transformarnos en apologistas ciegos de Gorbachov, de la perestroika y del catastrófico giro del Kremlin hacia la restauración capitalista.


 


Demoradamente, sufrimos las consecuencias y reconocimos el carácter reaccionario del subjetivismo descontrolado, del sectarismo hacia las otras fuerzas revolucionarias de izquierda, del oportunismo hacia las direcciones burocráticas y nacionalistas burguesas que caracterizaron al Comité Internacional bajo la dirección de Healy, especialmente en su período de estancamiento y desintegración.


 


Ciertamente, un reexamen histórico sistemático de toda la trayectoria del movimiento de la IVª Internacional después del asesinato de Trotsky, queda por ser desenvuelto. Tenemos que cumplir, sin ninguna demora esta tarea, cuando estamos, este año, en el 60 aniversario del Congreso de Fundación de la IVa Internacional.


 


6. De la reevaluación de nuestra historia, continuamos defendiendo los siguientes puntos de principios fundamentales:


 


a. Defendemos toda la lucha histórica de Trotsky y sus compañeros que llevó a la fundación de la IVª Internacional en 1938 y a la elaboración del Programa de Transición, costosamente pagada con la sangre de nuestros mártires, para salvar el más precioso capital político del bolchevismo contra los ataques del capitalismo y del stalinismo.


 


b. Consideramos a la Teoría de la Revolución Permanente como la expresión consciente y la única estrategia de la revolución mundial en la época de transición al comunismo mundial.


 


c. El núcleo revolucionario de la teoría y práctica del marxismo consiste en la dialéctica materialista como su filosofía, lógica y teoría del conocimiento. La lección del vuelco de Lenin, en 1914, hacia un nuevo estudio materialista de Hegel, así como también, más tarde, el similar giro de Trotsky, que incluyó su crucial y última batalla ideológica contra la oposición pequeñoburguesa de Burnham y Schachtman, continúa siendo la piedra angular para el desarrollo del trotskismo.


 


El problema, en el pasado, no fue la fidelidad de Healy al materialismo dialéctico, sino un curso que condujo a la disolución de la dialéctica en un caos de intuiciones subjetivas, ignorancia arrogante y manipulación ideológica para preservar la autoridad (y el autoritarismo) del gurú.


 


d. No hay táctica ni estrategia revolucionaria sin partir de un reexamen y un análisis a fondo de las tendencias de la economía y la política mundiales, de la crisis mundial, de la naturaleza de la época de la decadencia capitalista.


 


Este análisis debe fundarse y desarrollarse en las conquistas metodológicas del marxismo, en particular como se encuentran corporizadas en las sucesivas elaboraciones de El Capital y en su lógica dialéctica, por parte de Marx.


 


Sobre esta base, insistir en el análisis de la crisis mundial y la decadencia del capitalismo no tiene nada que ver con el catastrofismo y el abstracto tráfico de palabras sobre la crisis, la así llamada "situación revolucionaria mundial" que caracterizó (no exclusivamente) al Comité Internacional.


 


e. Insistimos en que nuestra tarea central es la construcción de un partido revolucionario independiente de la clase obrera (junto con su organización juvenil, su prensa, sus agrupamientos sindicales, etc.), como una sección del Partido Mundial de la Revolución Socialista, la IVª Internacional.


 


Seguimos defendiendo el legado del bolchevismo, enriquecido con el espíritu libertario de El Estado y la Revolución de Lenin y su carácter internacionalista, sin el cual la Revolución de Octubre habría sido imposible.


 


Los principios del bolchevismo no tienen nada en común con su prostitución por el stalinismo y su caricatura dentro de las sectas que se reclaman trotskistas y que internalizan en sus microcosmos el carácter y la conducta de sus oponentes stalinistas (como era la práctica de la dirección de Healy y muchas otras).


 


7. Sobre esta base, el VIIº Congreso Nacional del Partido Obrero Revolucionario apoya la iniciativa internacional tomada por una serie de organizaciones trotskistas independientes (Partido Obrero, de Argentina; Partido Causa Operaria, de Brasil; Oposición Trotskista del POR, de Bolivia; Colectivo En Defensa del Marxismo, de España; Partido de los Trabajadores, de Uruguay; la Oposición Trotskista Internacional (ITO); Asociación Marxista Revolucionaria Proposta, de Italia; Liga Trotskista, de los Estados Unidos; partidarios británicos de la ITO), especialmente en sus reuniones de Génova, en marzo de 1997, y en San Pablo, en noviembre del mismo año, en las cuales participó una delegación de la dirección del EEK.


 


Después de nuestra ruptura final con la secta de Healy, en 1989, conscientemente el EEK se mantuvo alejado de toda conexión político-organizativa con cualquiera de los agrupamientos internacionales que se proclamaban "la IVª Internacional" o que llamaban a su "reconstrucción". Al mismo tiempo, estuvimos y estamos abiertos a discusiones y/o colaboración práctica específica con trotskistas y otras organizaciones de izquierda, reconociendo qué ciego y criminal fue nuestro aislamiento sectario en los tiempos del Comité Internacional. Nuestra política de rechazar cualquier afiliación internacional no tenía nada que ver con ningún tipo de nacional-trotskismo de nuestra parte; estuvo basada en el reconocimiento de que el colapso del stalinismo, que arrastró en su caída al abismo a la mayoría de las organizaciones trotskistas, creó una situación totalmente nueva que no deja ninguna vitalidad a la preservación de los viejos modos de existencia político-organizativos del movimiento trotskista en el período de posguerra.


 


El necesario reagrupamiento de los revolucionarios en una escala mundial tiene que superar los viejos esquemas. Tiene que involucrar a fuerzas con distintos orígenes políticos y tradiciones. Al mismo tiempo, en este movimiento hacia el reagrupamiento, los trotskistas revolucionarios tienen que luchar por la victoria política del legado que representan, por la victoria de las ideas más avanzadas de nuestra época. En otras palabras, tienen que luchar para hacer del reagrupamiento una victoria política de la IVª Internacional.


 


El elemento más importante en la iniciativa expresada en el llamamiento de Génova y, sobre todo, en una forma más desarrollada, en la Declaración de San Pablo, es que no tenemos por milésima vez la formación de otra tendencia trotskista internacional que busca la reconstrucción de la IVª Internacional.


 


Organizaciones trotskistas de diferentes tradiciones y todavía con divergencias entre ellas mismas, acuerdan que los cambios en la situación mundial imponen la necesidad de una campaña internacional en todo el movimiento obrero, sin exclusiones, por una Conferencia donde deberá discutirse la cuestión de la inmediata refundación de la IVª Internacional.


 


El EEK concuerda que la base sobre la cual tiene que ser desarrollada la campaña es el respaldo a los principios básicos del llamamiento de Génova actualidad de la lucha por la revolución socialista mundial y la dictadura del proletariado; lucha contra el Frente Popular de colaboración de clases; necesidad de la revolución en todos los llamados, antes e incluso ahora, países socialistas; elaboración de una estrategia anticapitalista con el método de las reivindicaciones transicionales.


 


Acordamos, también, con el desarrollo y la concretización aportados por la Declaración de San Pablo en relación al salto en la crisis mundial, sus implicaciones sobre el proceso de la restauración capitalista en la ex URSS, el rol de la centroizquierda, la necesidad de la Internacional.


 


El EEK toma la decisión, en su VIIº Congreso, de participar activamente en la lucha internacional en esta dirección. A esta tarea histórica convoca no sólo a sus miembros y a su periferia, sino también a todos los demás trotskistas y revolucionarios.


 


 

La crisis del trotskismo francés


En la posguerra, Francia ha sido tradicionalmente considerada la patria del trotskismo. La dirección mundial de la IVª Internacional, que se encontraba en los EE.UU. durante la Segunda Guerra, se trasladó a Francia poco después de que ésta terminara. La vieja tradición democrática de tierra de asilo hizo también que, antes y durante la guerra, se dirigiesen a Francia muchos dirigentes de izquierda de diversos países europeos, perseguidos por los regímenes nazi-fascistas en sus países de origen, incluidos cuadros y militantes trotskistas. En 1946 se celebró en Francia la conferencia europea para reorganizar la IVª Internacional; en 1948 y 1951, también se realizaron allí el IIº y el IIIº Congreso Mundiales de la Internacional. Después de la crisis política consecutiva a este último, fue en Francia que se localizaron las principales organizaciones y direcciones de las corrientes internacionales que surgieron de aquélla (pablo-mandelismo, lambertismo, Lutte Ouvrière).


 


En virtud de eso, el trotskismo francés constituyó organizaciones bastante fuertes, política y organizativamente, que tuvieron relevante papel en la huelga de la Renault de 1947 y en la huelga general de 1953, sin evitar, sin embargo, que el stalinismo confiscase y traicionase el ascenso revolucionario con que concluyó la guerra, y el desmoronamiento del nazismo y su régimen títere en el país. Aun así, el trotskismo jugó un importante papel en el Mayo francés de 1968, en las luchas estudiantiles de las décadas posteriores, en las huelgas ferroviarias de la década de 1980, y en los más recientes procesos huelguísticos de maestros, camioneros, funcionarios públicos y otros sectores.


 


Lo que era una ventaja se transformó en desventaja cuando aquellas corrientes se revelaron crecientemente incapaces de combatir la presión contrarrevolucionaria de los aparatos stalinista y socialdemócrata y, más recientemente, la presión de la política burguesa imperialista democratizante. En consecuencia, fueron cada vez más incapaces de estructurar el partido revolucionario (a pesar de que Francia presentó numerosas e inmejorables oportunidades en ese sentido) y, por lo tanto, de jugar un papel positivo en la puesta en pie de la Internacional. Al contrario, el anquilosamiento político-organizativo cada vez mayor de las llamadas organizaciones históricas del trotskismo francés, que llegó a extremos ridículos, fue un factor decisivo en la dispersión y derechización crecientes de las corrientes trotskistas internacionales.


 


Por eso, es de gran importancia que en los últimos tiempos la crisis política de esas organizaciones haya cristalizado en fracciones y escisiones y que, en las últimas semanas, varias de éstas hayan tomado la iniciativa de buscar un terreno en común, lo que las pone en colisión, objetivamente, con el faccionalismo democratizante de las viejas direcciones, y revela la actualidad urgente de nuestro planteo de refundar la IVª Internacional.


 


El "Encuentro Militante Obrero"


 


Más de 500 militantes sindicalistas obreros, de los movimientos de desocupados y contra el racismo, participaron el 10 y 11 de enero (1998) de una reunión con ese nombre convocada por la minoría de la LCR (Liga Comunista Revolucionaria, SU), llamada Tendencia Revolución; de Lutte Ouvrière (fracción L Etincelle, La Chispa), y por el grupo Voix des Travailleurs (VdT). El encuentro se realizó con invitaciones personalizadas (no era abierto), y aun así, muchos militantes quedaron fuera, dado que el local previsto carecía de lugar suficiente para admitirlos.


 


La minoría de la LCR, que es de hecho una fracción, se constituyó hace años contra la política oportunista de la dirección, y recogió 19% de los votos en su último congreso (la LCR posee un millar de militantes y 1,1% de los votos del país; 1,26% en media promedio, en las últimas elecciones, en las circunscripciones en que se presentó). Actualmente, lucha contra la posición oportunista de la LCR frente al gobierno Jospín ("ni adherir ni sabotear") y contra el cambio de nombre de la organización, considerado "obsoleto" por la dirección (que junto al SU, considera "terminada en 1989 la época histórica abierta por la Revolución de Octubre"), la cual propone ahora una "democracia radical" y que la LCR se llame "Izquierda Democrática Revolucionaria" o "Alianza por la Democracia y el Socialismo".


 


La fracción minoritaria de LO se constituyó en 1990, con un tercio de su Comisión Política, en divergencia sobre el proceso en la ex-URSS. La minoría ve un proceso de restauración capitalista, negado por la mayoría con argumentos semejantes a los que en el pasado la llevaron a negar el carácter obrero de los Estados del Este europeo, China y Cuba: Trotsky "no lo dijo" (demostrando hasta su incapacidad de leer correctamente los pronósticos de las principales obras de Trotsky al respecto). Las divergencias se han extendido hasta alcanzar el conjunto de la política de LO (1): la minoría sólo obtuvo, sin embargo, 3% de los votos en el último congreso (LO posee un número de militantes poco superior al de la LCR, aunque con base a criterios militantes más rígidos, y 3% de los votos del país, 3,06% en las últimas elecciones). La minoría de LO está concentrada en una sola región de París, donde actúa autónomamente, con su propio boletín fabril, y reagrupa a numerosos militantes obreros fuera de LO (que les impide el ingreso), presentes en el Encuentro como "Fracción Comunista Revolucionaria (La Chispa)".


 


"Voix des Travailleurs" publica un periódico quincenal homónimo, y nació hace un año de los comités de Bordeaux y Rouen de LO, que los excluyó en una conferencia especial en marzo de 1997 (los comités representaban 10% de sus militantes) con acusaciones desvergonzadas: defensa de los valores morales de LO (2), críticas escicionistas a la línea de la dirección. VdT explicó en un folleto (3) que la dirección no soportó que fuesen criticados los increíbles zig-zags, que le impidieron capitalizar la gran votación obtenida por su candidata presidencial Arlette Laguillier en 1995 (1.600.000 votos; 5,3% del total nacional) para construir el partido revolucionario. VdT creció bastante con miembros de la antigua periferia de LO, y recientemente incorporó al pequeño grupo de la LIT en Francia (LS), sin pronunciarse sobre las diversas corrientes trotskistas internacionales.


 


Los debates del Encuentro


 


Participaron otros grupos especialmente invitados, como la "Gauche Révolutionnaire" (GR, Izquierda Revolucionaria) y la "Association por le Rassemblement des Travailleurs" (ART). GR es la sección francesa del CIO (Congreso por la Internacional Obrera, animado por el PS-"Militant", de Inglaterra), surgida de los cuadros dirigentes de la JRC (juventud de la LCR) excluidos en 1992, entonces en contacto con la OTI (Oposición Trotskista Internacional), y ahora "ala izquierda" del CIO. ART es un colectivo de militantes obreros, surgido del núcleo de ferroviarios de la LCR, dirigentes de la CGT en Rouen y de las importantes huelgas del sector en 1986/87. Rompieron con la LCR reclamando la organización de la vanguardia obrera con un programa anticapitalista y superando el faccionalismo LCR-LO: los miembros de la ART pueden formar parte de otros grupos revolucionarios.


 


La principal contradicción del Encuentro fue motivada por el hecho de que dos de sus convocantes (la minoría de la LCR y de LO) querían que éste se restringiese a su título (encuentro de militantes obreros), discutiendo solamente "la coordinación de las luchas" y la intervención de los revolucionarios en ellas. Esto, acompañado de una valoración pesimista de la situación política y de las relaciones de fuerza entre las clases en Francia, especialmente de parte de la minoría de LO (LO ha hecho del pesimismo político una marca registrada).


 


Vdt, GR y ART se opusieron a ambos aspectos, aunque el presidente de la reunión (de la minoría LCR) y la informadora oficial (de la minoría de LO) insistieron en la limitación del encuentro. Pero estos límites fueron rotos con las primeras intervenciones, especialmente con el discurso de un dirigente ferroviario de Rouen (ART), que puso el acento en las potencialidades revolucionarias de la situación y en la necesidad de discutir una alternativa política, lo que fue recibido con grandes aplausos de la audiencia, en lo que fue seguido por otros militantes de los grupos mencionados, que subrayaron la completa quiebra de las organizaciones revolucionarias (LO, LCR, PT lambertista).


 


Una compañera de GR señaló que los grupos revolucionarios ya habían dirigido en los últimos años luchas de masas, sin desarrollar la conciencia de clase de los participantes. El principal dirigente de ART y de los ferroviarios de Rouen, León Pérez, se refirió a la gran lucha contra la reforma jubilatoria de la derecha: "En el otoño del 95 tuvimos un grandioso movimiento de lucha. Lo que faltó entonces no fue movilización, sino una salida política".


 


La constitución de una nueva organización revolucionaria, rompiendo con LO y la LCR, basada en un programa transitorio de enfrentamiento con la burguesía y el gobierno Jospin, y capaz de intervenir en la significativa crisis del PCF (Partido Comunista), estaba objetivamente planteada y planeaba sobre la reunión, aunque ninguno de sus participantes la evocase explícitamente.


 


La lucha por la refundación de la IVª Internacional estuvo presente a través de la intervención de Franco Grisolía, de la distribución de más de 500 folletos con las traducciones al francés de las declaraciones de las conferencias trotskistas internacionales de Génova (marzo de 1997) y de San Pablo (noviembre de 1997), además de la realización de reuniones con las tres organizaciones convocantes, que formularon una invitación explícita, y que se comprometieron a responder por escrito a los documentos mencionados. Esto demuestra que las discusiones y resoluciones de las reuniones trotskistas realizada en 1997 no obedecen a un acuerdo formal o diplomático, sino que constituyen la base política para una actividad internacionalista militante en común, lo que pone de relieve el gran avance representado por esas conferencias internacionales.


 


Debate con el ala izquierda del PCF


 


Hubo también reuniones con la "Izquierda Comunista" (GC) del PCF, partido que todavía cuenta con 10% del electorado y que reagrupa a la mayoría de la vanguardia obrera amplia, a través de la CGT. En el último congreso, el 5% de los delegados votó contra la tesis de la dirección, mientras que un 20% también lo hizo en la consulta al partido sobre la entrada al gobierno Jospin, y los porcentajes de este tipo no paran de crecer.


 


La GC tiene algunas centenas de militantes, publica un boletín y la revista "Prometeo". En su primera asamblea nacional declaró: "Los militantes de la Izquierda Comunista se declaran anti-stalinistas, pero rehúsan encuadrarse atrás de cualquier pensador marxista, considerando que cada uno, de Lenin a Gramsci, de Rosa Luxemburgo a Trotsky, ha hecho contribuciones a nuestra teoría. En la actual situación, reafirman su negativa a la participación comunista en el gobierno Jospin-Chirac". Han indicado en su boletín su interés y solidaridad política hacia "Proposta", tendencia política trotskista de la Refundación Comunista de Italia, aunque anteriormente sólo había habido encuentros fortuitos entre miembros de la GC y de "Proposta".


 


La GC ha desarrollado una campaña de frente único con el PT lambertista contra el tratado de Maastricht (de contenido nacionalista y democratizante). Declaró no tener ninguna simpatía política específica hacia el PT. Realizó una campaña política que permitió movilizar sectores de base del PCF, y de la izquierda de otros países, como la izquierda laborista inglesa, incluyendo a su líder histórico, Tony Benn.


 


En la celebración del 80º aniversario de la Revolución de Octubre en Aubervilliers, histórica municipalidad comunista ahora dirigida por la GC, ésta invitó al conjunto de las organizaciones trotskistas a organizar el acto conjuntamente, lo que fue recusado no sólo por la LCR y LO, sino también por el PT. El acto, que tuvo repercusión nacional, acabó organizado por la GC, VdT y GR, grupos anteriormente mencionados. Dicho esto, la GC carece de una apreciación crítica de la campaña lambertista, lo que es un obstáculo para su evolución revolucionaria.


 


Para las organizaciones y grupos trotskistas en ruptura con LO y la LCR, sería muy importante desarrollar un trabajo hacia la GC del PCF, que representa potencialmente un punto de reagrupamiento revolucionario en ese partido, en completa crisis (¿quién hubiera dicho, pocos años atrás, que sería posible en el PCF votar contra la dirección y organizar fracciones públicas referidas al trotskismo, sin hacerse expulsar?). Lamentablemente, ese trabajo está ausente porque todavía prevalece en esa izquierda trotskista un planteo de carácter movimientista, no centrado en la construcción de la alternativa política (el partido), lo que les impide actuar para cristalizar un salto cualitativo de la vanguardia revolucionaria francesa, en primer lugar declarando la quiebra irreversible de LO, LCR y PT, y la construcción de una organización que las supere.


 


Está claro que el debate abierto con la izquierda trotskista francesa sólo podrá avanzar, en la construcción de una dirección revolucionaria para ese país, en el cuadro de la lucha por la refundación de la IVª Internacional, cuyas bases políticas han sido establecidas en los documentos surgidos de las conferencias de Génova y San Pablo, y con base en los cuales es necesario avanzar.


 


27 de enero de 1998


 


 


Notas:


 


1. En las elecciones de 1995, LO propuso por primera vez un programa transitorio (limitado), el "Plan de Urgencia para los Trabajadores". Con el éxito electoral, llamó a construir "un nuevo partido representante de los intereses políticos de los trabajadores". Pero esta perspectiva, que ponía en cuestión a la secta y sus reglas, fue inmediatamente abandonada, con la siguiente argumentación: "(Los votos de LO) no representan un desplazamiento considerable de votos hacia nuestras ideas para tener cualquier significado sobre el estado del espíritu de una fracción de las masas populares, o para representar un flujo de simpatía por nuestras ideas y de militantes potenciales para nuestra organización. Sólo un resultado mucho más elevado, por lo menos el doble (sic), nos permitiría abrir la esperanza de que esto se concretase en el plano militante". En cuanto al "Plan de Urgencia", el CC de LO de marzo de 1997 declaró: "Estamos frente a una crisis permanente donde el problema es la redistribución de ingresos, o sea, quién pagará. Y bastaría que la burguesía pagase un poquito más. Esto no es reformismo, porque para que ella pague un poco más, será necesario imponérselo. Y lo que proponemos no es de ningún modo tomarle todo. Pero es posible imponerle otro centro de gravedad de los sacrificios". Sin comentarios…


2. LO tiene un sistema de reglas internas ajeno a la tradición comunista y muy semejante al de un orden religioso. Los militantes no deben tener hijos, que distraen de la militancia revolucionaria, y los dirigentes que quiebren esta norma son expulsados. Los militantes de Bordeaux eran culpables de haber organizado una gira de propaganda en su región, durante la cual una pareja (legalmente casada) durmió junta en la misma carpa…


3."Fausses Raisons dune Exclusion, Vraies Raisons dune Rupture"


 

Qué pasa en Eslovaquia: En qué terreno se coloca la AIT lambertista


La Asociación de Trabajadores de Eslovaquia (ZRS) forma parte del Acuerdo Internacional de Trabajadores (AIT) , la corriente internacional del lambertismo francés (Corriente Comunista Internacionalista, CCI).


 


En 1994, los aliados eslovacos de los lambertistas participaron en las elecciones nacionales con un programa de oposición a las privatizaciones y al ingreso del país a la Otan. Poco después, sin embargo, ingresaron al gobierno burgués y restauracionista de Vladimir Meciar (del Movimiento por una Eslovaquia democrática), que precisamente, impulsa las privatizaciones y el ingreso de Eslovaquia a la Otan. Más aún, uno de los hombres del ZRS, Peter Bisak, fue nombrado, nada menos, ministro de Privatizaciones; otro miembro del ZRS, Josef Kalman, fue designado presidente del "Consejo gubernamental para la Integración de Eslovaquia a la Unión Europea" (1).


 


El lambertismo defendió fervorosamente la participación de sus asociados eslovacos en el gobierno restauracionista, privatista y pro-Otan de Meciar, con el sorprendente argumento de que "lo hace en nombre de su oposición a las privatizaciones" (2).


 


Para apreciar, en toda su magnitud, la aguda descomposición política del lambertismo, presentamos a continuación una reseña de la situación eslovaca y de la política de la ZRS-AIT.


 


Restauración burguesa y privatizaciones


 


El gobierno eslovaco siguió la misma política respecto de las privatizaciones que la mayoría de los gobiernos burgueses, entre ellos el de Menem: poco antes de ponerlas a la venta, bajó considerablemente el valor de las empresas para beneficiar a sus compradores, en su mayoría amigos del gobierno. Así, en vísperas de la iniciación del programa de privatizaciones, el gabinete (recordemos, integrado por la ZRS-AIT) aprobó una resolución que redujo el valor de las empresas del Estado a la mitad (3), a 40 billones de coronas (3 mil 400 millones de dólares). Como contraparte de la política de privatizaciones, el gobierno de Bratislava obtuvo un crédito del FMI.


 


Daniel Gluckstein, el principal dirigente del lambertismo francés y de la AIT, nos dice que no hay que atacar a la ZRS ya que "en este momento se ha emprendido una gran ofensiva por parte de los gobiernos de los principales países capitalistas contra el gobierno eslovaco". Cita en su apoyo un artículo de The Wall Street Journal y declaraciones del canciller alemán Kohl, según las cuales el régimen de Meciar no llevaría a fondo la política de privatizaciones.


 


Pero más allá de opiniones interesadas de los gestores de negocios imperialistas, en Eslovaquia la política de privatizaciones va. Así lo dice, por ejemplo, un profesor visitante de Economía de la Universidad de Wisconsin en la Universidad Matej Bel, en Banska Bystrica, y cuyo cargo fue financiado por la imperialista Comisión Fulbright: "Aunque supuestamente se opone y trata de estorbar la inversión extranjera y el proceso de privatizaciones por acciones, el primer ministro (Meciar), en realidad, aceleró el proceso de privatizaciones tomado en conjunto. Los que han obtenido las acciones y poseen las compañías son los colegas y los amigos del primer ministro… Ellos han pagado precios que están sustancialmente por debajo de unhonesto valor en el mercado … (pero) aquellos que temen que Eslovaquia caiga de nuevo en manos de los rusos, no tienen por qué temer. Eslovaquia está en vías de tener su economía de mercado" (4). Y así es realmente.


 


En esta economía de mercado, la penetración del capital extranjero ha ido de la mano de las privatizaciones. Así, por ejemplo, la revista local de economía y finanzas Trend informó que la compañía de gas eslovaca firmó un contrato por valor de 174,2 millones de coronas (15 millones de dólares) con la subsidiaria local del Citibank, para financiar la construcción de un gasoducto (5).


 


Otro de los proyectos de inversión aprobados por el gobierno es el de la subsidiaria eslovaca de la Siemens (Siemens Slovensko), de 3,9 billones de coronas (335 millones de dólares) desde 1993. Siemens ha fundado desde entonces once compañías en el campo de la electricidad y la energía nuclear y es uno de los mayores inversores en Eslovaquia, con una ganancia de 7 mil 200 millones de marcos, sólo el año pasado (6).


 


De por sí, muchas de las empresas privatizadas cuentan con gran parte de las acciones en manos de empresas extranjeras, como la fructífera compañía de seguros Otcina, el 80% de cuyas acciones está en manos de la austríaca Bundeslander (7).


 


El proceso de privatizaciones eslovaco, sin embargo, no se reduce a un fenómeno local. Un consorcio eslovaco-noruego, por ejemplo, se ha presentado a licitaciones en otros países del ex-bloque soviético, como el caso de la empresa húngara de aluminio Ajkai Aluminiumipari (8).


 


La misma Siemens ha establecido Eucom, un consorcio con la compañía rusa Framaton, dedicado a la producción de energía nuclear, con base en Eslovaquia (9).


 


Gluckstein nos ha contado bellas historias acerca de que la ZRS decidió participar del gobierno de Meciar "en nombre de su oposición a las privatizaciones". Sin embargo, a nadie, excepto a un lambertista, se le puede escapar que encabezar el ministerio de Privatizaciones está completamente reñido con este supuesto objetivo opositor.


 


El 25 de enero del año pasado, la revista The Economist organizó una mesa redonda con el gabinete eslovaco y doscientos altos expertos extranjeros y locales sobre economía y política. Entre sus sponsors figuraron Ericsson, J.P. Morgan, la banca Credinstalt, Consulta, Reuters y otras grandes empresas. Allí, el primer ministro Meciar afirmó que "las dudas respecto de la estabilidad y la democracia en Eslovaquia no tienen base", ya que su país "se desarrolla como un país democrático… garantizando la constitución y otras leyes las instituciones del Estado" (10), es decir, capitalista con todas las de la ley.


 


La estrella de la jornada fue, sin embargo, el ingeniero Peter Bisak, de la ZRS y ministro de Privatizaciones, que según pretende hacernos creer Glucsktein se opone a ellas. Veamos cómo se opone.


 


Bisak confirmó "que su ministerio está listo para ampliar las privatización en junio y explicó la actitud del gabinete eslovaco en relación a la privatización de compañías estratégicas. Bisak enfatizó que la privatización por venta directa (la entrega de las empresas a precio de regalo a los amigos del gobierno) es parte del proceso de transformación (porque) asegura la transferencia de los activos estatales al sector privado. Por lo tanto, señaló, los socios extranjeros no tienen que temer que esta venta directa obstaculice el ambiente de libre mercado. Bisak explicó que varias compañías eslovacas necesitan cooperación con el capital extranjero para apoyar su desarrollo y efectividad en el mercado" (11). En otras palabras, el aliado eslovaco de la AIT lambertista, aconseja al capital imperialista que para apoderarse de las empresas privatizadas debe esperar que caigan en sus garras los beneficiarios originales de las privatizaciones, necesitados de asistencia tecnológica y financiera. Ese camino fue, precisamente, el que siguieron los pulpos imperialistas para apoderarse de las privatizaciones argentinas, las cuales en una primera etapa beneficiaron a los amigos del gobierno.


 


Las explicaciones que recibieron del gobierno eslovaco llenaron de satisfacción a las empresas extranjeras presentes en la mesa redonda. Vladimir Kanich, director de Ericsson Slovakia, por ejemplo, sostuvo que fue "un encuentro importante, porque las anteriores decisiones económicas del gabinete no habían sido explicadas y justificadas; el énfasis ha sido puesto en futuros desarrollos y en la posibilidad de atraer más capital extranjero a Eslovaquia" (12).


 


Como lo confirma Le Monde, "la privatización eslovaca ha sido conducida activamente: en 1996 el sector privado representaba ya un 76,8% del producto bruto interno" (13). Es verdad que muchas empresas han sido entregadas a los amigos del primer ministro y que la privatización de los grandes bancos se realiza más lentamente. Pero esto no cambia en nada el carácter capitalista de Eslovaquia y de su gobierno, integrado por la ZRS con el beneplácito de los lambertistas.


 


Reforzamiento del Estado


 


La política del libre mercado en Eslovaquia ha sido implementada por medio del reforzamiento del Estado y de una legislación represiva contra la oposición. El gobierno, por ejemplo, aprobó una enmienda al código criminal, que impone penas en ese terreno por actividades políticas como la organización de manifestaciones contra el gobierno (14).


 


El gobierno eslovaco ha mantenido el aparato represivo stalinista y lo ha puesto al servicio de la restauración capitalista. Es así que el jefe del servicio de inteligencia eslovaco ha estado envuelto en el secuestro del hijo del propio presidente, Michael Kovac, en agosto de 1995. Este affaire fue parte de un ajuste de cuentas entre el primer ministro Meciar y Kovac, quienes en su momento se apoyaron mutuamente y luego se distanciaron políticamente. Un testigo clave del secuestro fue asesinado en un atentado, cuando todos los indicios señalaban a la policía secreta como responsable del secuestro.


 


En enero de este año, distintas organizaciones de los derechos humanos denunciaron actos de brutalidad policial y de espionaje a personalidades políticas por parte del servicio de inteligencia (15).


 


El gobierno de Meciar ha puesto a sus partidarios al control de los medios de comunicación y ha expulsado a opositores de todos lo niveles en el aparato del Estado. Además de la aprobación de leyes anti-manifestaciones, el gobierno ha promulgado una legislación que limita la libertad de expresión académica en las universidades. Por último, ha desarrollado una creciente política contra las minorías, sobre todo contra húngaros y gitanos.


 


El partido de Meciar, el HZDS, y su gobierno, son parte de la burocracia stalinista reciclada. Fueron parte del Partido Comunista checoslovaco hasta 1989, donde hicieron su carrera: antes, explotaron su condición de jerarcas, como parte de la burocracia del Estado y del partido; ahora, han visto la oportunidad de enriquecerse en forma privada.


 


Integración a la Unión Europea y la Otan


 


La restauración capitalista en Eslovaquia va de la mano con su integración económica dentro de la Unión Europea. A pesar de todos los ataques públicos del imperialismo, el gobierno eslovaco y la ZRS se mueren por integrarse a la Unión Europea. Así se lo ha reafirmado Josef Kalman, de la ZRS y presidente del "Consejo Gubernamental para la Integración de Eslovaquia a la Unión Europea", al embajador de ésta en Eslovaquia, Georgios Zavvos. Kalman ha propuesto el ingreso de Eslovaquia al programa Phare 1997, para la financiación, por parte de la Unión Europea, de varios proyectos económicos y gubernamentales por 83 millones de Ecu, la moneda oficial de la Unión Europea (16).


 


La ZRS, sin embargo, se ha opuesto al ingreso de Eslovaquia a la Otan. Es más, en un plesbicito realizado en mayo pasado, el gobierno de Meciar fue derrotado: la mayoría de la población se opuso al ingreso de Eslovaquia a la Otan y a la existencia de bases de la misma con armas nucleares en su territorio. La ZRS, el utranacionalista Partido Nacional Eslovaco y el Partido Campesino Eslovaco, todos ellos integrantes de la coalición gobernante, y otros partidos de la oposición, llamaron a votar por el "No".


 


De todos modos, resultaba claro que los Estados Unidos y la mayoría de los países europeos no propiciaban en esos momentos la entrada de Eslovaquia a la Otan, "a pesar de los positivos resultados macro-económicos", según declarara Herbert Bosch, jefe del comité de relaciones Unión Europea-Eslovaquia (17).


 


El imperialismo no tiene una posición unificada, en relación a Eslovaquia en particular, y a la integración de los países del ex-bloque soviético en general, como no lo ha tenido respecto del acuerdo que la Otan firmó con Rusia (18).


 


El más hostil a la inclusión en la Otan de los países del Este de Europa es el alemán Karl-Heinze Kamp, de la Fundación Adenauer. En Estados Unidos hay un grupo, los llamados evolucionistas, que sostienen que primero hay que integrar económicamente a dichos países a la Unión Europea, y la adhesión a la Otan vendrá luego. Esta era la posición de Warren Christopher, ex-secretario de Estado norteamericano. En relación con Rusia, hay duros y moderados. Henry Kissinger, por ejemplo, piensa que la frontera ruso-polaca es el límite de Europa; Zbigniew Brzezinski, por el contrario, consejero del presidente Carter, juzga que en forma teórica hasta Rusia tiene que ser parte de la Otan.


 


Clinton es un evolucionista: prefiere una integración controlada, país por país, como ha enfatizado desde hace tiempo, y lo ha corroborado en la cumbre en Madrid de julio pasado, donde se decidió la inclusión de Polonia, la República Checa y Hungría a la Otan, pero no de Eslovaquia (19).


 


En mayo, Clinton le envió una carta al presidente de Eslovaquia señalando su "preocupación acerca del ritmo lento de la reforma democrática del (régimen) de Bratislava" y enfatizando que Eslovaquia debía promover una "atmósfera de amplitud respecto de la oposición y las minorías". Clinton también escribió que los Estados Unidos están "interesados en asegurar que el proceso de ampliación (de la Otan) continúe luego de la cumbre de Madrid" (20).


 


Lo que debe quedar claro es que la oposición a la integración a la Otan no es, per se, prueba de una alternativa antiimperialista. Rusia ha estado, en cierto sentido, detrás del rechazo de la integración de Eslovaquia a la Otan, y ha firmado en los últimos meses una decena de acuerdos económico-estratégicos con ésta (21). Esto no ha impedido que Rusia misma firmara el acuerdo con la Otan para la reconstrucción de Europa central y oriental (22).


 


Conclusiones: la ZRS al socorro de la burguesía


 


La integración de la ZRS al gobierno privatizador, antidemocrático y proimperialista de la HZDS, no ha sido para oponerse a las privatizaciones, sino para salvar al régimen que las impone.


 


Es verdad que después de una corta recesión, el crecimiento económico de Eslovaquia fue mayor al de sus vecinos: 5% en 1994, 7,6% en 1995 y 6,9% en 1996. Sin embargo, esto ha sido a costa de las masas: según la ex-ministro de Economía, del Partido de la Izquierda Democrática (SDL), "el 80 a 90% de la población vive peor que hace 10 años atrás. Los presupuestos sociales han sido recortados hasta el punto que en algunas regiones del país, una persona de cada cinco está desocupada" (23).


 


La oposición por parte de las masas a este desarrollo ha sido registrada en las últimas elecciones: la propia ZRS es una prueba de ello. En 1992 y 1994 se realizaron elecciones en las que triunfó el HZDS de Meciar sobre el gobernante SAL. La base electoral del HZDS la constituyen trabajadores, pensionados y parte de campesinos. La ZRS se presentó por primera vez en 1994, obteniendo un número relativamente alto de votos, el 7,3% del total, sobre todo entre los trabajadores y los desocupados. El SDL, que había sido gobierno en 1990, sólo obtuvo 10,4% en una coalición con otros partidos, mientras que el HZDS obtuvo el 35% del total, cifra similar a 1992. La mayoría de los votos a la ZRS provino de los decepcionados que en 1992 votaron al HZDS (42,6% del total) o al SDL (17%) (24). En resumen, el ascenso electoral de la ZRS representa el descontento de las masas al proceso de pauperización y desocupación más arriba mencionado.


 


En lugar de desarrollar una política independiente y volcar el enorme prestigio conseguido en las elecciones a una lucha política de las masas eslovacas contra el proceso de privatizaciones e integración económica y política a Europa, la ZRS ingresó al gobierno de Meciar, firmó la plataforma que incluía el plan de privatizaciones y el pedido de ingreso a la Unión Europea y la Otan, y pasó a ser parte decisiva en dicho proceso.


 


La ZRS se halla por entero en el terreno proimperialista. El explícito apoyo de la AIT lambertista al partido que tiene como miembro al ministro de las privatizaciones eslovacas, confirma que también el lambertismo está metido hasta el cuello en la podredumbre restauracionista y proimperialista.


 


 


Notas:


 


1. Ver Daniel Tepper; "AIT lambertista: una Entente con los privatizadores y la Otan"; en En Defensa del Marxismo, nº 18, octubre de 1997.


2. Daniel Gluckstein, "Respuesta a una campaña contra la AIT". Defensa de la democracia; en Carta del Buró Internacional de la AIT, nº 20, Nueva serie, setiembre de 1996.


3. Le Monde (7/4/95).


4. Joseph Kastantin, A Semester in Slovakia. University of Wisconsin / La Crosse News; n.d.


5. Trend, 13/6/97.


6. Trend, 22/6/97.


7. Trend, 15/6/97.


8. Idem ant.


9. Trend, 22/6/97.


10. Slovak Cabinet Holds Roundtable Discussion; en Slovak Academy of Sciences News,1996.


11. Idem.


12. Idem.


13. Karel Bartak, "La Slovaquie, mauvaise élève de l'Occident"; en Le Monde Diplomatique, Mayo de 1997.


14. Trend, 18/12/96.


15. Open Media Research Institute Daily Digest, Slovak Selection, 31/1/97.


16. Trend, 17/12/96.


17. Idem, 15/6/97.


18. Ver Luis Oviedo, "La Otan hacia el Este"; en Prensa Obrera, nº 542, 5/6/97.


19. John F. Harris, "Clinton will visit Poland, Romania to Smooth NATO Transition", en The Washington Post, 276/97; "Text of NATO's Invitations", en The Washington Post, 8/7/97. "Eslovaquia está en la lista de las próximas invitaciones", según una nota del mismo diario firmada por Richard Cohen, "NATO: Make it Larger".


20. Open Media Research Institute Daily Digest, Slovak Selection, 23/5/97.


21. Idem.


22. Luis Oviedo, Op.Cit.


23. Karel Bartak, Op.Cit.


24. EUnet Slovakia, 1994 Elections, 2/10/94.


 

Sobre la cuestión de las etapas en la degeneración de la Internacional Comunista y el SU de la IVª Internacional


Quisiera responder brevemente a algunas de las afirmaciones formuladas por Luis Oviedo en respuesta a mi artículo "Caracterizando al Secretariado Unificado de la IVª Internacional hoy" (I). En primer lugar, Luis parece dudar de que Trotsky continuara caracterizando al Comintern como "burocrático centrista" (y no como "contrarrevolucionario") después de la victoria nazi en 1933 y hasta el pacto Stalin-Laval en 1935, cuando lo denunció abiertamente como "social-patriótico" (es decir, contrarrevolucionario). Esta errónea suposición ha sido hecha constantemente por aquellas fracciones del trotskismo que provienen del Comité Internacional (healysmo y lambertismo). El WRP británico, por ejemplo, siempre hizo esa errónea afirmación.


 


Este error puede ser mostrado examinando los escritos de Trotsky en el período 1933-35. Hitler tomó el poder en marzo de 1933. En un artículo publicado en mayo de 1933, hablando sobre los crímenes del stalinismo en la Revolución china de 1927 y en la victoria nazi, Trotsky aún caracterizaba a la facción stalinista como "centrista burocrática": "Como marxistas nos mantenemos en el terreno del realismo revolucionario en la lucha contra el centrismo burocrático" (1). En un documento posterior publicado en junio de 1933 escribió: "El centrismo de la facción stalinista está caracterizado por una política de convulsivos zigzags o paralizaciones, y es la más conservadora de todas las formaciones centristas que jamás hayan existido en el movimiento obrero. Esto se explica por el hecho de que esta vez el centrismo encontró un poderoso soporte social en la burocracia soviética" (2). Nuevamente en julio de 1933, escribió: "Dentro del aparato del PCUS y fuera de él tiene lugar el agrupamiento de los elementos dispersos de los dos partidos básicos: el proletario y el termidoriano-bonapartista. Elevándose sobre ambos, la burocracia centrista lleva a cabo una guerra de aniquilación contra los bolcheviques-leninistas". En el mismo artículo, en la página siguiente, dice también: "La analogía charlatana está proyectada para disimular el hecho de que los oportunistas brandlerianos están tratando de adular a los centristas stalinistas…"(3).


 


En setiembre de 1933, seis meses después de la victoria nazi, Trotsky escribía: "Llamamos al aparato stalinista centrista precisamente porque desempeña un rol dual ; hoy, cuando ya no hay más una dirección marxista, y no hay ninguna próxima todavía, defiende la dictadura proletaria con sus propios métodos, pero estos métodos son tales que facilitan la victoria del enemigo mañana" (4) (subrayados del original).


 


En febrero de 1934, casi un año después de la victoria nazi, y seis meses después de haber anunciado que era necesario construir una nueva internacional, Trotsky escribió: "La definición de la política del Comintern como centrista burocrática mantiene toda su fuerza también ahora. Es un hecho que sólo el centrismo es capaz de constantes saltos desde las traiciones oportunistas hasta el aventurerismo ultraizquierdista; sólo la poderosa burocracia soviética pudo asegurar por diez años una base estable para la ruinosa política de zigzags" (5).


 


En junio de 1934, casi un año después del anuncio de que el Comintern está "muerto para los objetivos de la revolución", Trotsky escribe: "Habiendo abandonado una línea de principios en la cuestión de la guerra, la Tercera Internacional vacila entre el derrotismo y el social patriotismo"(6), es decir, en la clásica forma centrista.


 


A comienzos de 1935, la concepción de "centrismo burocrático" evolucionando hacia un "bonapartismo soviético" comienza a aparecer en los escritos de Trotsky a medida que Stalin concentra más y más poder en sus manos. Trotsky también modifica su analogía con la Revolución Francesa en tanto comprende que la etapa del bonapartismo se está desarrollando y que el Termidor está en el pasado más que en el futuro. "El centrismo burocrático, que se ha desarrollado hacia la forma soviética del bonapartismo no sería lo que es, si pudiera mantenerse a salvo de alguna otra manera que por los continuos ataques en dos frentes, es decir, en último análisis, contra el internacionalismo proletario y contra las tendencias a la restauración capitalista" (7). Y nuevamente, en enero de 1935 : "En tanto la burocracia se vuelve cada vez más independiente, en tanto se concentra cada vez más poder en las manos de una sola persona, más se transforma el centrismo burocrático en bonapartismo" (8).


 


Finalmente, sólo en mayo de 1935, más de dos años después de la victoria nazi, Trotsky sale abiertamente a denunciar a los stalinistas como "social patriotas", "cerdos" : "Por primera vez Stalin dijo abiertamente lo que es, es decir, a la vista de todo el mundo, repudió el internacionalismo revolucionario y se pasó a la plataforma del social patriotismo" (9).


 


El apoyo al rearme del ejército francés fue una indicación clara y sin ambigüedades de que Stalin apoyaría el esfuerzo bélico de un poder imperialista. La guerra civil española lo confirmó también, en tanto los stalinistas masacraron a la vanguardia del proletariado español.


 


Para responder brevemente a otras cuestiones formuladas por Luis. ¿Una caracterización de centrista significa que el SU es recuperable? No necesariamente. Como decía Trotsky del Comintern "nunca prometimos curar el organismo, simplemente nos negamos a enterrar lo que no había muerto". Como digo en mi artículo : no hay garantía de éxito, pero no lo sabremos si no lo intentamos. Como observó también Trotsky, quienes son incapaces de luchar para preservar las conquistas pasadas no construirán nada nuevo.


 


No estoy seguro de lo que quiere decir Luis cuando dice que yo "comparo" a la Revolución cubana con la anexión de Polonia oriental y los Estados bálticos. Yo no tengo presente haber dicho que "el SU se limitó a apoyar acríticamente la expropiación del capital por medios burocráticos (por esa razón era centrista)". ¿Dónde dije esas cosas y qué significado se supone que se le atribuye al hecho de que yo (supuestamente) dijera esas cosas?


 


Luis dice que la "lógica" de mi argumento es que Trotsky debió haber permanecido en el Comintern hasta 1935 y que quizás fue errado fundar la Cuarta Internacional. No, ésa no es la "lógica" en absoluto. El criterio utilizado por Trotsky no fue simplemente la caracterización del Comintern, sino la respuesta de la dirección y de los cuadros (o más bien, la falta de ella) ante la victoria nazi. Por supuesto, ambas cuestiones no están desconectadas. Pero la sola caracterización no puede ser la única consideración. Otras consideraciones acompañan nuestra evaluación de lo que es posible en términos de regeneración, regeneración parcial o conquista de una minoría significativa. El fracaso de la dirección del Comintern en admitir la enormidad de la derrota, o tan siquiera sus propios errores, fue un factor en la decisión de Trotsky de romper con la Tercera Internacional. El otro factor fue la ausencia de toda respuesta, o discusión, en las filas del Comintern. No hubo ningún congreso convocado para discutir la derrota, ni nacional ni internacional; ningún debate interno (lo que estaba prohibido por la burocracia de todos modos), y ningún debate en la prensa del Comintern.


 


¿Se puede decir que en el período reciente, el SU no hizo ningún intento por admitir sus errores o expulsar a las secciones que abiertamente traicionaron los intereses de la clase obrera? ¿Que no hubo ninguna discusión interna sobre esas cuestiones, ninguna conferencia, ningún debate en la prensa que discutiese estas cuestiones? ¿En forma inconsistente, inadecuada, tardía? Ciertamente. ¿Pero de ningún modo? Sería ridículo afirmarlo.


 


Luis toma la palabra "ocasionalmente" y afirma "no, todo el tiempo". Si yo hubiera dicho que el SU había sido "oportunista el 75 por ciento del tiempo", él habría afirmado indudablemente "150 por ciento". Si yo hubiera dicho "eran muy malos", él habría dicho "¡No! eran terribles". Así que no pienso que pueda ganar a este argumento, el cual, en todo caso, es un poco estéril.


 


Luis afirma, también, que la lógica de mi argumento indica que si una organización tiene "tamaño" debemos permanecer en ella. Claramente, el Comintern era más importante en términos de tamaño que el SU. Incluía a la mayoría de la vanguardia del proletariado internacional, cosa que ni el SU, ni el CWI, ni Lutte Ouvrière, por supuesto, logran. Aun así, si las fuerzas del trotskismo consecuente son muy pequeñas (como lo son), y las del trotskismo centrista son mucho mayores, y geográficamente más extendidas (incluyendo importantes países del Tercer Mundo como India, Sri Lanka, Sudáfrica, etc.), éste debe ser un factor a ser considerado para decidir cómo mejor reconstruir la Cuarta Internacional.


 


No se deduce necesariamente que ese "eterno centrismo" en una organización trotskista centrista sea apropiado como la reciente experiencia de la ITO ha demostrado. Los camaradas italianos de la ITO fueron obligados a operar independientemente del SU en orden a proseguir una política adecuada en el PRC. En Gran Bretaña, tenemos una división del trabajo con algunos camaradas en el SLP y otros en el SU, a partir que la mayoría de la gente del SU adoptó una hostilidad sectaria ante el SLP. En el SLP, allí donde podemos trabajamos junto a un grupo de gente mayoritariamente ex-SU, pero en las Conferencias estamos en lados opuestos en el debate de muchas cuestiones. En otras palabras, mayores oportunidades en las organizaciones de la amplia vanguardia obrera puede significar que elijamos trabajar en ellas más que en las organizaciones trotskistas centristas como el SU, el CWI, etc. Una cuidadosa evaluación de las condiciones existentes y una flexibilidad táctica son aquí la clave. Allí donde estamos obligados a operar independientemente del SU o de otras organizaciones trotskistas centristas, lo importante para nosotros es dejar abiertos los canales de comunicación y diálogo, de modo que podamos ejercer influencia sobre ellos. Hemos rechazado siempre la estéril y sectaria posición de la tradición del Comité Internacional, que consiste sólo en autoaislarse de las otras fuerzas (es decir, la mayoría) identificadas con el trotskismo.


 


Sí, conocía que hay otros ejemplos de oportunismo del SU, incluso en Europa. De todos modos, estaba escribiendo un artículo, no un libro. Y estaba polemizando contra la Declaración de la Tendencia Cuartainternacionalista, la cual, si recuerdo correctamente, tenía poco que decir en términos de ejemplos de los crímenes europeos del SU, sino que se dirigía principalmente hacia los ejemplos latinoamericanos del oportunismo del SU. Si Luis quiere un informe más abarcativo de mi opinión sobre los defectos del SU, le puedo enviar cuatro años de polémicas ad nauseum que escribí en la sección británica del SU (ISG). ¡Esto incluye los materiales de nuestra intervención en el Congreso Mundial, el que fue tan diplomático y oportunista que ellos no los divulgaron! Pero deberá enviarme un enorme estampillado para hacerlo.


 


Discrepo con Luis cuando dice que la burocracia (stalinista) no "adoptó el programa de la clase enemiga". ¿Es serio? ¿Estaba sólo preocupada por la "coexistencia pacífica" con el imperialismo? ¿Qué pasó con la idea que la burocracia era el agente de la burguesía en los Estados obreros? ¿Y en el Tercer Mundo? ¿Tenía el stalinismo el programa de la clase enemiga en la Guerra Civil española cuando masacraba a la vanguardia? ¿Qué era el frente popular con la burguesía así llamada "liberal", si no la adopción del programa de la clase enemiga?


 


Una caracterización como contrarrevolucionario implica o una confrontación física directa con la clase obrera (represión) o el aval político a dichas acciones por un gobierno burgués o stalinista. Así era, por cierto, como Trotsky lo consideraba en la larga cita en mi último artículo sobre el ejército campesino chino. Hemos visto degenerar a secciones particulares del SU hasta ese punto (por ejemplo, Sri Lanka, Irán), pero en cada oportunidad el SU las expulsó. En otros casos, secciones particulares llegaron cerca de tal posición, pero pegaron un giro bajo la presión de otras secciones de la Internacional y se echaron atrás a último momento (por ejemplo, Brasil, donde Mandel, en una reunión del Comité Ejecutivo Internacional, denunció lo que estaban haciendo dentro del PT, literalmente, ¡como "mierda"!).


 


Luis responderá sin dudas a esto, diciendo que es una prueba ulterior de mis tendencias "pablistas", y también, de que no mencioné la vez en que Mandel cometió tal o cual crimen. De hecho, sería fácil para la ITO acordar con Luis, en aras de una vida tranquila, que los pablistas son simplemente todos "cerdos" contrarrevolucionarios (para utilizar el término de Trotsky sobre el stalinismo francés) y que eso es todo lo que hay sobre el asunto. Pero no seríamos honestos con nosotros mismos si lo hiciéramos. La pregunta que Luis y el PO tienen que contestar es: ¿dónde una sección del SU reprimió físicamente a la clase obrera, o se unió, o apoyó políticamente a un gobierno que lo hizo, pero no fue subsecuentemente expulsada del SU? En Irán, una sección del SU apoyó la represión física de sus propios camaradas por el régimen de Khomeini eran realmente "cerdos" contrarrevolucionarios en el pleno sentido de la palabra, pero fueron expulsados del SU. La dirección del SU no quiso enfrentar esta cuestión en forma aguda, lo cual es vergonzoso, es cierto, y hasta ahora no han publicado un balance completo de su propio rol en este asunto. Tuvo que ser ejercida presión por parte de los camaradas iraníes que fueron las destinatarios finales de la represión sobre la dirección del SU para llegar a la expulsión. Fue un episodio vergonzoso que no le otorgó ningún crédito a la dirección del SU. ¿Pero podemos equiparar las acciones de los perpetradores iraníes de la represión con el resto del SU que los expulsó? ¿Es el conjunto del SU contrarrevolucionario porque una de sus dos secciones iraníes traicionó a la otra, la cual, hasta donde podemos afirmar, jugó un rol en general ejemplar en la revolución iraní? Es simplista y un disparate afirmarlo.


 


Cuando la sección de Sri Lanka se incorporó a un gobierno burgués en 1964, fueron expulsados. Es cierto, esto no exonera a la dirección del SU de culpa en este asunto lejos de ello. Fue como cerrar la puerta del establo después de que el caballo se escapara, como señaló nuestro documento para el Congreso Mundial del SU de 1995. Pero la cuestión no es si el SU es una organización consecuentemente trotskista o no. Coincidimos con Luis que no es nada por el estilo. La cuestión es sobre si su práctica hasta ahora justifica la caracterización de "contrarrevolucionario". ¿Era la dirección del SU, que expulsó a su contrarrevolucionaria sección de Sri Lanka, ella misma contrarrevolucionaria? Formular la pregunta de este modo es contestarla por la negativa.


 


Luis mencionará otros ejemplos como el apoyo de la sección mejicana al partido burgués nacionalista de Cárdenas, o los errores similares de la sección de Sri Lanka. Nuestros desacuerdos no son sobre la seriedad de estas acciones o sobre si hay un peligro (potencial) de traición contrarrevolucionaria. En nuestra reunión internacional de Génova, el camarada Rui Costa Pimenta habló de otros desarrollos similares en Brasil acerca de los cuales le pedimos que publicara información adicional.


 


Pero la cuestión clave es identificar el punto en el cual la degeneración centrista, con su característica inconsecuencia, sus vacilaciones y zigzags, sus sacudones hacia la derecha y sus echadas atrás al filo de la traición a último momento, se transforman en una política de traición estable y consecuente. ¿Cuándo la cantidad se transforma en calidad? Las polémicas demagógicas que colocan la peor glosa posible en las acciones de nuestros rivales políticos pueden estar permitidas para intercambios casuales en el ida y vuelta cotidiano de la vida política. Pero se pueden convertir en mezquinos prejuicios sectarios en aras de justificar nuestra propia marginalizada existencia separada. Y esos prejuicios no son suficientes para las afirmaciones más medidas, necesarias para las caracterizaciones formales.


 


En la cuestión de la ideología versus el análisis de clase, Trotsky, como Luis sabe, utilizó buena parte del tiempo para defender la "dialéctica" durante la lucha faccional con los shachtmanista, tanto que en la regional Nueva York del SWP, cualquier mención a la palabra aparentemente daba lugar a alaridos de carcajadas burlonas de la oposición shachtmanista. Trotsky tenía razón al enfatizar el hecho que casi todas las personas que rechazan el materialismo dialéctico terminan, por cierto, seriamente desorientadas políticamente, como se comprobó en el caso de Burnham, que se convirtió en anticomunista. De modo que es errado disminuir en cualquier sentido la importancia del método político y de la "dialéctica". El hecho de que el senil Healy utilice los cursos sobre dialéctica para mistificar la cuestión, no invalida la necesidad de la educación marxista incluida la dialéctica.


 


Sí, tanto los schachtmanistas como los pablistas fueron especies de influencias pequeño burguesas en la Cuarta Internacional, pero la forma ideológica que ambas tomaron fue el de un fracaso en utilizar el método marxista, la dialéctica, para analizar los acontecimientos que ocurrían a su alrededor.


 


Siempre fue de mi comprensión que los castristas intentaron constituir un frente popular con los restos de la burguesía anti-Batista después de la derrota del ejército de Batista, al igual que los stalinistas del Este europeo lo hicieron inmediatamente después de la derrota de los nazis con elementos burgueses. En una discusión informal con Rui Costa Pimenta en Italia, tuve la impresión, en un punto, de que él argumentaba que mientras los pablistas eran contrarrevolucionarios, los castristas, al menos antes del presente período de giro restauracionista, no lo eran. Interrogado sobre esta aparente reversión de la realidad, negó que fuera eso lo que estaba argumentando. Señaló que los castristas se encaminaban en dirección a la contrarrevolución, pero que no habían arribado allí (¡irónicamente, esto es lo principal que estoy argumentando en relación al SU!). No quiero atribuir mucha importancia a un intercambio político informal, y espero no haber malinterpretado lo que Rui estaba diciendo, pero pienso que es posible ver el potencial absurdo de combinar una prematura caracterización del SU como contrarrevolucionario con una caracterización del castrismo como algo menos que contrarrevolucionario.


 


Luis tiene razón de prevenir sobre los peligros de confiar en el Guardian por toda la verdad y nada más que la verdad. Personalmente, ni siquiera confiaría en ese periódico para informar con certeza los resultados de fútbol. Desafortunadamente, no hay muchos diarios bolcheviques en Gran Bretaña hasta ahora (aunque estamos trabajando en ello), de los cuales obtener un balance confiable de los acontecimientos, pasados y presentes. Pero ninguno es suficientemente bueno como para dar por sentado que deben ser mentiras.


 


Dando por sentado que sea cierto, no pienso que sea "formalismo grotesco" comparar la promesa de abandonar la revolución en América Latina continental (es decir, sacrificando los intereses de la clase obrera fuera de Cuba) como parte de un acuerdo con el imperialismo, con el pacto Hitler-Stalin. La oposición castrista a la expropiación de toda la propiedad privada en Nicaragua fue un factor de primer orden en el eventual colapso de la revolución sandinista.


 


No tengo razones para dudar de los puntos que Luis resalta sobre el "marxismo legal" de Moreno (hicimos un planteo similar en la ITO dando lugar a documentos). Luis dice, erróneamente, que yo presenté a la LTF/T como una "oposición desde la izquierda", usando comillas que implican que realmente escribí eso cosa que no hice. Yo dije que se desarrolló una oposición interna que llevó a cabo una lucha limitada contra el guerrillerismo y en defensa del partido leninista. Deliberadamente, no subrayé la importancia de la oposición ("el hecho de que se hubiera desarrollado una oposición no dejó de tener significación"). Sin embargo, ¿es necesario reconocer que la resistencia de la oposición (cualquiera fueran sus motivaciones políticas subjetivas) ayudó a detener el bandazo hacia el ultraizquierdismo maníaco del IMT? Es simplemente craso prejuicio sectario negarse a reconocer algo positivo en ello. ¿Me pregunto si Luis habrá leído realmente los documentos del debate interno durante ese período? (10). Esta oposición incluyó considerablemente más fuerzas que los morenistas y los errores políticos de estos últimos no pueden ser atribuidos a todas las fuerzas involucradas en la LTF/T. El hecho de que la política del componente morenista de la oposición fuera sospechosa no invalida mi afirmación de que una oposición interna se desarrolló contra el loco guerrillerismo aventurero de Mandel-Maitan. Tenemos que evitar tanto el cinismo como la ingenuidad.


 


El comentario de Luis de que el abandono del guerrillerismo se debió a que el IMT siguió el cambio de línea de Castro, y que la lucha interna no jugó ningún rol en ello, está afirmado, pero no fundamentado. ¿No es esto otro ejemplo de craso prejuicio sectario?


 


Una vez más, se alega que yo no "menciono" otros crímenes de los mandelistas (Eurocomunismo, democracia socialista), como si estuviera motivado por un siniestro deseo de evitar esas cuestiones. Luis adopta la postura del encumbrado crítico de izquierda que mira desde fuera de la cancha a aquellos que deben correr el riesgo de ensuciarse las manos en la desordenada tarea de intentar reconstruir la Cuarta Internacional a través de una intervención desde adentro.


 


La contraposición final de Luis entre el "eterno entrismo" o "partidos independientes para reconstruir la Cuarta internacional" ya fue bastante tratada más arriba. Querríamos simplemente agregar que esta falsa contraposición indica una incapacidad para considerar todas las posibles orientaciones tácticas, una falta de flexibilidad táctica. Indica una disposición a evitar la difícil lucha interna vinculada a la tarea de reconstruir la Cuarta Internacional mediante la confrontación con los centristas en su propio terreno, en su propia organización, como una minoría. Indica una preferencia por criticar desde fuera de la cancha a aquellos que están queriendo llevar a cabo esa lucha, haciendo ataques baratos sobre la base de la culpabilidad por asociación: usted lucha en la organización pablista porque usted es blando con el pablismo o es usted mismo un "pablista". Este tipo de abordaje no ayudará a la clarificación política ni dará resultados para reconstruir la Cuarta Internacional.


 


 


NOTAS:


 


(I) Nota del traductor: el autor se refiere al artículo "Respuesta a Chris Edwards" aparecido en En Defensa del Marxismo nº 16, de marzo de 1997. El autor de este artículo es Aldo Ramírez y no Luis Oviedo. En consecuencia, cada vez que se hace referencia al autor del artículo criticado, se trata de Aldo Ramírez.


 


1. Trotsky, León , "On the Foreign Policy of the Stalinist Bureacracy" in Writings of León Trotsky 1932-33, pág. 234. Pathfinder. New York, 1972.


 


2. Trotsky, León , "The Left Socialist Organisations and Our Tasks" in Writings of León Trotsky 1932-33, pág. 277. Pathfinder. New York, 1972.


 


3. Trotsky, León, "It is Necesary to Build Communist Parties and an International Anew" in Writings of León Trotsky 1932-33, págs. 309-310. Pathfinder. New York, 1972.


 


4. Trotsky, León , "The Class Nature of rhe Soviet State" in Writings of León Trotsky 1933-34, pág. 116. Pathfinder. New York, 1972.


 


5. Trotsky, León , "Centrism and the Fourth International" in Writings of León Trotsky 1933-34, pág. 235. Pathfinder. New York, 1972.


 


6. Trotsky, León , "War and teh Fourth International" in Writings of León Trotsky 1933-34, pág. 317. Pathfinder. New York, 1972.


 


7. Trotsky, León , "Where is the Stalinist Bureacracy Leading the URSS" in Writings of León Trotsky 1934-35, pág. 162. Pathfinder. New York, 1972.


 


8. Trotsky, León , "The Workers State, Thermidor and Bonapartism" in Writings of León Trotsky 1934-35, pág. 180. Pathfinder. New York, 1971.


 


9. Trotsky, León , "Stalin has Signed the Death Certificate of the Third International" in Writings of León Trotsky 1934-35, pág. 291. Pathfinder. New York, 1971.


 


10. Hansen,J., The Leninist Strategy of Party Building: the Debate on Guerrilla War in Latin America. Pathfinder, New York, 1979.


Quisiera responder brevemente a algunas de las afirmaciones formuladas por Luis Oviedo en respuesta a mi artículo "Caracterizando al Secretariado Unificado de la IVª Internacional hoy" (I). En primer lugar, Luis parece dudar de que Trotsky continuara caracterizando al Comintern como "burocrático centrista" (y no como "contrarrevolucionario") después de la victoria nazi en 1933 y hasta el pacto Stalin-Laval en 1935, cuando lo denunció abiertamente como "social-patriótico" (es decir, contrarrevolucionario). Esta errónea suposición ha sido hecha constantemente por aquellas fracciones del trotskismo que provienen del Comité Internacional (healysmo y lambertismo). El WRP británico, por ejemplo, siempre hizo esa errónea afirmación.


 


Este error puede ser mostrado examinando los escritos de Trotsky en el período 1933-35. Hitler tomó el poder en marzo de 1933. En un artículo publicado en mayo de 1933, hablando sobre los crímenes del stalinismo en la Revolución china de 1927 y en la victoria nazi, Trotsky aún caracterizaba a la facción stalinista como "centrista burocrática": "Como marxistas nos mantenemos en el terreno del realismo revolucionario en la lucha contra el centrismo burocrático" (1). En un documento posterior publicado en junio de 1933 escribió: "El centrismo de la facción stalinista está caracterizado por una política de convulsivos zigzags o paralizaciones, y es la más conservadora de todas las formaciones centristas que jamás hayan existido en el movimiento obrero. Esto se explica por el hecho de que esta vez el centrismo encontró un poderoso soporte social en la burocracia soviética" (2). Nuevamente en julio de 1933, escribió: "Dentro del aparato del PCUS y fuera de él tiene lugar el agrupamiento de los elementos dispersos de los dos partidos básicos: el proletario y el termidoriano-bonapartista. Elevándose sobre ambos, la burocracia centrista lleva a cabo una guerra de aniquilación contra los bolcheviques-leninistas". En el mismo artículo, en la página siguiente, dice también: "La analogía charlatana está proyectada para disimular el hecho de que los oportunistas brandlerianos están tratando de adular a los centristas stalinistas…"(3).


 


En setiembre de 1933, seis meses después de la victoria nazi, Trotsky escribía: "Llamamos al aparato stalinista centrista precisamente porque desempeña un rol dual ; hoy, cuando ya no hay más una dirección marxista, y no hay ninguna próxima todavía, defiende la dictadura proletaria con sus propios métodos, pero estos métodos son tales que facilitan la victoria del enemigo mañana" (4) (subrayados del original).


 


En febrero de 1934, casi un año después de la victoria nazi, y seis meses después de haber anunciado que era necesario construir una nueva internacional, Trotsky escribió: "La definición de la política del Comintern como centrista burocrática mantiene toda su fuerza también ahora. Es un hecho que sólo el centrismo es capaz de constantes saltos desde las traiciones oportunistas hasta el aventurerismo ultraizquierdista; sólo la poderosa burocracia soviética pudo asegurar por diez años una base estable para la ruinosa política de zigzags" (5).


 


En junio de 1934, casi un año después del anuncio de que el Comintern está "muerto para los objetivos de la revolución", Trotsky escribe: "Habiendo abandonado una línea de principios en la cuestión de la guerra, la Tercera Internacional vacila entre el derrotismo y el social patriotismo"(6), es decir, en la clásica forma centrista.


 


A comienzos de 1935, la concepción de "centrismo burocrático" evolucionando hacia un "bonapartismo soviético" comienza a aparecer en los escritos de Trotsky a medida que Stalin concentra más y más poder en sus manos. Trotsky también modifica su analogía con la Revolución Francesa en tanto comprende que la etapa del bonapartismo se está desarrollando y que el Termidor está en el pasado más que en el futuro. "El centrismo burocrático, que se ha desarrollado hacia la forma soviética del bonapartismo no sería lo que es, si pudiera mantenerse a salvo de alguna otra manera que por los continuos ataques en dos frentes, es decir, en último análisis, contra el internacionalismo proletario y contra las tendencias a la restauración capitalista" (7). Y nuevamente, en enero de 1935 : "En tanto la burocracia se vuelve cada vez más independiente, en tanto se concentra cada vez más poder en las manos de una sola persona, más se transforma el centrismo burocrático en bonapartismo" (8).


 


Finalmente, sólo en mayo de 1935, más de dos años después de la victoria nazi, Trotsky sale abiertamente a denunciar a los stalinistas como "social patriotas", "cerdos" : "Por primera vez Stalin dijo abiertamente lo que es, es decir, a la vista de todo el mundo, repudió el internacionalismo revolucionario y se pasó a la plataforma del social patriotismo" (9).


 


El apoyo al rearme del ejército francés fue una indicación clara y sin ambigüedades de que Stalin apoyaría el esfuerzo bélico de un poder imperialista. La guerra civil española lo confirmó también, en tanto los stalinistas masacraron a la vanguardia del proletariado español.


 


Para responder brevemente a otras cuestiones formuladas por Luis. ¿Una caracterización de centrista significa que el SU es recuperable? No necesariamente. Como decía Trotsky del Comintern "nunca prometimos curar el organismo, simplemente nos negamos a enterrar lo que no había muerto". Como digo en mi artículo : no hay garantía de éxito, pero no lo sabremos si no lo intentamos. Como observó también Trotsky, quienes son incapaces de luchar para preservar las conquistas pasadas no construirán nada nuevo.


 


No estoy seguro de lo que quiere decir Luis cuando dice que yo "comparo" a la Revolución cubana con la anexión de Polonia oriental y los Estados bálticos. Yo no tengo presente haber dicho que "el SU se limitó a apoyar acríticamente la expropiación del capital por medios burocráticos (por esa razón era centrista)". ¿Dónde dije esas cosas y qué significado se supone que se le atribuye al hecho de que yo (supuestamente) dijera esas cosas?


 


Luis dice que la "lógica" de mi argumento es que Trotsky debió haber permanecido en el Comintern hasta 1935 y que quizás fue errado fundar la Cuarta Internacional. No, ésa no es la "lógica" en absoluto. El criterio utilizado por Trotsky no fue simplemente la caracterización del Comintern, sino la respuesta de la dirección y de los cuadros (o más bien, la falta de ella) ante la victoria nazi. Por supuesto, ambas cuestiones no están desconectadas. Pero la sola caracterización no puede ser la única consideración. Otras consideraciones acompañan nuestra evaluación de lo que es posible en términos de regeneración, regeneración parcial o conquista de una minoría significativa. El fracaso de la dirección del Comintern en admitir la enormidad de la derrota, o tan siquiera sus propios errores, fue un factor en la decisión de Trotsky de romper con la Tercera Internacional. El otro factor fue la ausencia de toda respuesta, o discusión, en las filas del Comintern. No hubo ningún congreso convocado para discutir la derrota, ni nacional ni internacional; ningún debate interno (lo que estaba prohibido por la burocracia de todos modos), y ningún debate en la prensa del Comintern.


 


¿Se puede decir que en el período reciente, el SU no hizo ningún intento por admitir sus errores o expulsar a las secciones que abiertamente traicionaron los intereses de la clase obrera? ¿Que no hubo ninguna discusión interna sobre esas cuestiones, ninguna conferencia, ningún debate en la prensa que discutiese estas cuestiones? ¿En forma inconsistente, inadecuada, tardía? Ciertamente. ¿Pero de ningún modo? Sería ridículo afirmarlo.


 


Luis toma la palabra "ocasionalmente" y afirma "no, todo el tiempo". Si yo hubiera dicho que el SU había sido "oportunista el 75 por ciento del tiempo", él habría afirmado indudablemente "150 por ciento". Si yo hubiera dicho "eran muy malos", él habría dicho "¡No! eran terribles". Así que no pienso que pueda ganar a este argumento, el cual, en todo caso, es un poco estéril.


 


Luis afirma, también, que la lógica de mi argumento indica que si una organización tiene "tamaño" debemos permanecer en ella. Claramente, el Comintern era más importante en términos de tamaño que el SU. Incluía a la mayoría de la vanguardia del proletariado internacional, cosa que ni el SU, ni el CWI, ni Lutte Ouvrière, por supuesto, logran. Aun así, si las fuerzas del trotskismo consecuente son muy pequeñas (como lo son), y las del trotskismo centrista son mucho mayores, y geográficamente más extendidas (incluyendo importantes países del Tercer Mundo como India, Sri Lanka, Sudáfrica, etc.), éste debe ser un factor a ser considerado para decidir cómo mejor reconstruir la Cuarta Internacional.


 


No se deduce necesariamente que ese "eterno centrismo" en una organización trotskista centrista sea apropiado como la reciente experiencia de la ITO ha demostrado. Los camaradas italianos de la ITO fueron obligados a operar independientemente del SU en orden a proseguir una política adecuada en el PRC. En Gran Bretaña, tenemos una división del trabajo con algunos camaradas en el SLP y otros en el SU, a partir que la mayoría de la gente del SU adoptó una hostilidad sectaria ante el SLP. En el SLP, allí donde podemos trabajamos junto a un grupo de gente mayoritariamente ex-SU, pero en las Conferencias estamos en lados opuestos en el debate de muchas cuestiones. En otras palabras, mayores oportunidades en las organizaciones de la amplia vanguardia obrera puede significar que elijamos trabajar en ellas más que en las organizaciones trotskistas centristas como el SU, el CWI, etc. Una cuidadosa evaluación de las condiciones existentes y una flexibilidad táctica son aquí la clave. Allí donde estamos obligados a operar independientemente del SU o de otras organizaciones trotskistas centristas, lo importante para nosotros es dejar abiertos los canales de comunicación y diálogo, de modo que podamos ejercer influencia sobre ellos. Hemos rechazado siempre la estéril y sectaria posición de la tradición del Comité Internacional, que consiste sólo en autoaislarse de las otras fuerzas (es decir, la mayoría) identificadas con el trotskismo.


 


Sí, conocía que hay otros ejemplos de oportunismo del SU, incluso en Europa. De todos modos, estaba escribiendo un artículo, no un libro. Y estaba polemizando contra la Declaración de la Tendencia Cuartainternacionalista, la cual, si recuerdo correctamente, tenía poco que decir en términos de ejemplos de los crímenes europeos del SU, sino que se dirigía principalmente hacia los ejemplos latinoamericanos del oportunismo del SU. Si Luis quiere un informe más abarcativo de mi opinión sobre los defectos del SU, le puedo enviar cuatro años de polémicas ad nauseum que escribí en la sección británica del SU (ISG). ¡Esto incluye los materiales de nuestra intervención en el Congreso Mundial, el que fue tan diplomático y oportunista que ellos no los divulgaron! Pero deberá enviarme un enorme estampillado para hacerlo.


 


Discrepo con Luis cuando dice que la burocracia (stalinista) no "adoptó el programa de la clase enemiga". ¿Es serio? ¿Estaba sólo preocupada por la "coexistencia pacífica" con el imperialismo? ¿Qué pasó con la idea que la burocracia era el agente de la burguesía en los Estados obreros? ¿Y en el Tercer Mundo? ¿Tenía el stalinismo el programa de la clase enemiga en la Guerra Civil española cuando masacraba a la vanguardia? ¿Qué era el frente popular con la burguesía así llamada "liberal", si no la adopción del programa de la clase enemiga?


 


Una caracterización como contrarrevolucionario implica o una confrontación física directa con la clase obrera (represión) o el aval político a dichas acciones por un gobierno burgués o stalinista. Así era, por cierto, como Trotsky lo consideraba en la larga cita en mi último artículo sobre el ejército campesino chino. Hemos visto degenerar a secciones particulares del SU hasta ese punto (por ejemplo, Sri Lanka, Irán), pero en cada oportunidad el SU las expulsó. En otros casos, secciones particulares llegaron cerca de tal posición, pero pegaron un giro bajo la presión de otras secciones de la Internacional y se echaron atrás a último momento (por ejemplo, Brasil, donde Mandel, en una reunión del Comité Ejecutivo Internacional, denunció lo que estaban haciendo dentro del PT, literalmente, ¡como "mierda"!).


 


Luis responderá sin dudas a esto, diciendo que es una prueba ulterior de mis tendencias "pablistas", y también, de que no mencioné la vez en que Mandel cometió tal o cual crimen. De hecho, sería fácil para la ITO acordar con Luis, en aras de una vida tranquila, que los pablistas son simplemente todos "cerdos" contrarrevolucionarios (para utilizar el término de Trotsky sobre el stalinismo francés) y que eso es todo lo que hay sobre el asunto. Pero no seríamos honestos con nosotros mismos si lo hiciéramos. La pregunta que Luis y el PO tienen que contestar es: ¿dónde una sección del SU reprimió físicamente a la clase obrera, o se unió, o apoyó políticamente a un gobierno que lo hizo, pero no fue subsecuentemente expulsada del SU? En Irán, una sección del SU apoyó la represión física de sus propios camaradas por el régimen de Khomeini eran realmente "cerdos" contrarrevolucionarios en el pleno sentido de la palabra, pero fueron expulsados del SU. La dirección del SU no quiso enfrentar esta cuestión en forma aguda, lo cual es vergonzoso, es cierto, y hasta ahora no han publicado un balance completo de su propio rol en este asunto. Tuvo que ser ejercida presión por parte de los camaradas iraníes que fueron las destinatarios finales de la represión sobre la dirección del SU para llegar a la expulsión. Fue un episodio vergonzoso que no le otorgó ningún crédito a la dirección del SU. ¿Pero podemos equiparar las acciones de los perpetradores iraníes de la represión con el resto del SU que los expulsó? ¿Es el conjunto del SU contrarrevolucionario porque una de sus dos secciones iraníes traicionó a la otra, la cual, hasta donde podemos afirmar, jugó un rol en general ejemplar en la revolución iraní? Es simplista y un disparate afirmarlo.


 


Cuando la sección de Sri Lanka se incorporó a un gobierno burgués en 1964, fueron expulsados. Es cierto, esto no exonera a la dirección del SU de culpa en este asunto lejos de ello. Fue como cerrar la puerta del establo después de que el caballo se escapara, como señaló nuestro documento para el Congreso Mundial del SU de 1995. Pero la cuestión no es si el SU es una organización consecuentemente trotskista o no. Coincidimos con Luis que no es nada por el estilo. La cuestión es sobre si su práctica hasta ahora justifica la caracterización de "contrarrevolucionario". ¿Era la dirección del SU, que expulsó a su contrarrevolucionaria sección de Sri Lanka, ella misma contrarrevolucionaria? Formular la pregunta de este modo es contestarla por la negativa.


 


Luis mencionará otros ejemplos como el apoyo de la sección mejicana al partido burgués nacionalista de Cárdenas, o los errores similares de la sección de Sri Lanka. Nuestros desacuerdos no son sobre la seriedad de estas acciones o sobre si hay un peligro (potencial) de traición contrarrevolucionaria. En nuestra reunión internacional de Génova, el camarada Rui Costa Pimenta habló de otros desarrollos similares en Brasil acerca de los cuales le pedimos que publicara información adicional.


 


Pero la cuestión clave es identificar el punto en el cual la degeneración centrista, con su característica inconsecuencia, sus vacilaciones y zigzags, sus sacudones hacia la derecha y sus echadas atrás al filo de la traición a último momento, se transforman en una política de traición estable y consecuente. ¿Cuándo la cantidad se transforma en calidad? Las polémicas demagógicas que colocan la peor glosa posible en las acciones de nuestros rivales políticos pueden estar permitidas para intercambios casuales en el ida y vuelta cotidiano de la vida política. Pero se pueden convertir en mezquinos prejuicios sectarios en aras de justificar nuestra propia marginalizada existencia separada. Y esos prejuicios no son suficientes para las afirmaciones más medidas, necesarias para las caracterizaciones formales.


 


En la cuestión de la ideología versus el análisis de clase, Trotsky, como Luis sabe, utilizó buena parte del tiempo para defender la "dialéctica" durante la lucha faccional con los shachtmanista, tanto que en la regional Nueva York del SWP, cualquier mención a la palabra aparentemente daba lugar a alaridos de carcajadas burlonas de la oposición shachtmanista. Trotsky tenía razón al enfatizar el hecho que casi todas las personas que rechazan el materialismo dialéctico terminan, por cierto, seriamente desorientadas políticamente, como se comprobó en el caso de Burnham, que se convirtió en anticomunista. De modo que es errado disminuir en cualquier sentido la importancia del método político y de la "dialéctica". El hecho de que el senil Healy utilice los cursos sobre dialéctica para mistificar la cuestión, no invalida la necesidad de la educación marxista incluida la dialéctica.


 


Sí, tanto los schachtmanistas como los pablistas fueron especies de influencias pequeño burguesas en la Cuarta Internacional, pero la forma ideológica que ambas tomaron fue el de un fracaso en utilizar el método marxista, la dialéctica, para analizar los acontecimientos que ocurrían a su alrededor.


 


Siempre fue de mi comprensión que los castristas intentaron constituir un frente popular con los restos de la burguesía anti-Batista después de la derrota del ejército de Batista, al igual que los stalinistas del Este europeo lo hicieron inmediatamente después de la derrota de los nazis con elementos burgueses. En una discusión informal con Rui Costa Pimenta en Italia, tuve la impresión, en un punto, de que él argumentaba que mientras los pablistas eran contrarrevolucionarios, los castristas, al menos antes del presente período de giro restauracionista, no lo eran. Interrogado sobre esta aparente reversión de la realidad, negó que fuera eso lo que estaba argumentando. Señaló que los castristas se encaminaban en dirección a la contrarrevolución, pero que no habían arribado allí (¡irónicamente, esto es lo principal que estoy argumentando en relación al SU!). No quiero atribuir mucha importancia a un intercambio político informal, y espero no haber malinterpretado lo que Rui estaba diciendo, pero pienso que es posible ver el potencial absurdo de combinar una prematura caracterización del SU como contrarrevolucionario con una caracterización del castrismo como algo menos que contrarrevolucionario.


 


Luis tiene razón de prevenir sobre los peligros de confiar en el Guardian por toda la verdad y nada más que la verdad. Personalmente, ni siquiera confiaría en ese periódico para informar con certeza los resultados de fútbol. Desafortunadamente, no hay muchos diarios bolcheviques en Gran Bretaña hasta ahora (aunque estamos trabajando en ello), de los cuales obtener un balance confiable de los acontecimientos, pasados y presentes. Pero ninguno es suficientemente bueno como para dar por sentado que deben ser mentiras.


 


Dando por sentado que sea cierto, no pienso que sea "formalismo grotesco" comparar la promesa de abandonar la revolución en América Latina continental (es decir, sacrificando los intereses de la clase obrera fuera de Cuba) como parte de un acuerdo con el imperialismo, con el pacto Hitler-Stalin. La oposición castrista a la expropiación de toda la propiedad privada en Nicaragua fue un factor de primer orden en el eventual colapso de la revolución sandinista.


 


No tengo razones para dudar de los puntos que Luis resalta sobre el "marxismo legal" de Moreno (hicimos un planteo similar en la ITO dando lugar a documentos). Luis dice, erróneamente, que yo presenté a la LTF/T como una "oposición desde la izquierda", usando comillas que implican que realmente escribí eso cosa que no hice. Yo dije que se desarrolló una oposición interna que llevó a cabo una lucha limitada contra el guerrillerismo y en defensa del partido leninista. Deliberadamente, no subrayé la importancia de la oposición ("el hecho de que se hubiera desarrollado una oposición no dejó de tener significación"). Sin embargo, ¿es necesario reconocer que la resistencia de la oposición (cualquiera fueran sus motivaciones políticas subjetivas) ayudó a detener el bandazo hacia el ultraizquierdismo maníaco del IMT? Es simplemente craso prejuicio sectario negarse a reconocer algo positivo en ello. ¿Me pregunto si Luis habrá leído realmente los documentos del debate interno durante ese período? (10). Esta oposición incluyó considerablemente más fuerzas que los morenistas y los errores políticos de estos últimos no pueden ser atribuidos a todas las fuerzas involucradas en la LTF/T. El hecho de que la política del componente morenista de la oposición fuera sospechosa no invalida mi afirmación de que una oposición interna se desarrolló contra el loco guerrillerismo aventurero de Mandel-Maitan. Tenemos que evitar tanto el cinismo como la ingenuidad.


 


El comentario de Luis de que el abandono del guerrillerismo se debió a que el IMT siguió el cambio de línea de Castro, y que la lucha interna no jugó ningún rol en ello, está afirmado, pero no fundamentado. ¿No es esto otro ejemplo de craso prejuicio sectario?


 


Una vez más, se alega que yo no "menciono" otros crímenes de los mandelistas (Eurocomunismo, democracia socialista), como si estuviera motivado por un siniestro deseo de evitar esas cuestiones. Luis adopta la postura del encumbrado crítico de izquierda que mira desde fuera de la cancha a aquellos que deben correr el riesgo de ensuciarse las manos en la desordenada tarea de intentar reconstruir la Cuarta Internacional a través de una intervención desde adentro.


 


La contraposición final de Luis entre el "eterno entrismo" o "partidos independientes para reconstruir la Cuarta internacional" ya fue bastante tratada más arriba. Querríamos simplemente agregar que esta falsa contraposición indica una incapacidad para considerar todas las posibles orientaciones tácticas, una falta de flexibilidad táctica. Indica una disposición a evitar la difícil lucha interna vinculada a la tarea de reconstruir la Cuarta Internacional mediante la confrontación con los centristas en su propio terreno, en su propia organización, como una minoría. Indica una preferencia por criticar desde fuera de la cancha a aquellos que están queriendo llevar a cabo esa lucha, haciendo ataques baratos sobre la base de la culpabilidad por asociación: usted lucha en la organización pablista porque usted es blando con el pablismo o es usted mismo un "pablista". Este tipo de abordaje no ayudará a la clarificación política ni dará resultados para reconstruir la Cuarta Internacional.


 


Notas:


 


(I) Nota del traductor: el autor se refiere al artículo "Respuesta a Chris Edwards" aparecido en En Defensa del Marxismo nº 16, de marzo de 1997. El autor de este artículo es Aldo Ramírez y no Luis Oviedo. En consecuencia, cada vez que se hace referencia al autor del artículo criticado, se trata de Aldo Ramírez.


 


1. Trotsky, León , "On the Foreign Policy of the Stalinist Bureacracy" in Writings of León Trotsky 1932-33, pág. 234. Pathfinder. New York, 1972.


2. Trotsky, León , "The Left Socialist Organisations and Our Tasks" in Writings of León Trotsky 1932-33, pág. 277. Pathfinder. New York, 1972.


3. Trotsky, León, "It is Necesary to Build Communist Parties and an International Anew" in Writings of León Trotsky 1932-33, págs. 309-310. Pathfinder. New York, 1972.


4. Trotsky, León , "The Class Nature of rhe Soviet State" in Writings of León Trotsky 1933-34, pág. 116. Pathfinder. New York, 1972.


5. Trotsky, León , "Centrism and the Fourth International" in Writings of León Trotsky 1933-34, pág. 235. Pathfinder. New York, 1972.


6. Trotsky, León , "War and teh Fourth International" in Writings of León Trotsky 1933-34, pág. 317. Pathfinder. New York, 1972.


7. Trotsky, León , "Where is the Stalinist Bureacracy Leading the URSS" in Writings of León Trotsky 1934-35, pág. 162. Pathfinder. New York, 1972.


8. Trotsky, León , "The Workers State, Thermidor and Bonapartism" in Writings of León Trotsky 1934-35, pág. 180. Pathfinder. New York, 1971.


9. Trotsky, León , "Stalin has Signed the Death Certificate of the Third International" in Writings of León Trotsky 1934-35, pág. 291. Pathfinder. New York, 1971.


10. Hansen,J., The Leninist Strategy of Party Building: the Debate on Guerrilla War in Latin America. Pathfinder, New York, 1979.