La “guerra contra el terrorismo”, cinco años después


En el quinto aniversario de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y del comienzo de la llamada “guerra contra el terrorismo” del imperialismo, el presidente norteamericano George W. Bush aceptó, en su declaración pública, que Estados Unidos “no está seguro”, aunque estaría sin embargo, “más seguro”. Unos pocos días después, la publicación por parte de The New York Times1 de extractos de un documento clave filtrado a la prensa, el “Estimado de Inteligencia Nacional” de los Estados Unidos (NIE, por su sigla en inglés) –un documento de consenso entre dieciséis servicios de inteligencia relevantes de los Estados Unidos–, demolió la afirmación presidencial: el documento concluye que la ocupación de Irak creó “una herramienta de reclutamiento de nuevas generaciones de islamistas radicales” y “empeoró la posición de los Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo”. El diagnóstico pesimista diseñado por el NIE es que la ya mala situación será todavía peor para Estados Unidos en 2007. En otras palabras, el NIE reúne a casi todos los analistas principales que concuerdan en que la “guerra antiterrorista” encabezada por Estados Unidos, en su primera fase, ha fracasado. Un punto interesante al que prestar atención es la propia fecha en que este informe de inteligencia fue inicialmente publicado: abril de 2006. Los desarrollos posteriores, en Afganistán, en Irak y, sobre todo, en el Líbano, sobrepasaron por mucho las peores predicciones realizadas en el NIE y han probado una vez más que Bush (h) es el más grande mentiroso que jamás haya ocupado el trono imperial en la Casa Blanca. La guerra del imperialismo norteamericano, que siguió al 11 de septiembre, ha fracasado en alcanzar su real objetivo estratégico: controlar y rediseñar el mapa político de Medio Oriente, la región más rica del mundo en recursos petroleros y gasíferos, en las fronteras con Rusia y China, y en establecer su supremacía contra sus rivales en Europa y en Asia, en nuevos términos, en el caótico mundo de la posguerra fría. Aún peor: las agresiones militares y las ocupaciones en Afganistán, Irak, Gaza y Cisjordania, en Palestina, y más recientemente en el Líbano, produjeron una desestabilización generalizada e incontrolable, fieras resistencias, levantamientos y rebeliones populares. El vasto espacio del Mediterráneo a Asia Central ha sido transformado en el teatro de una guerra indefinida y en una trampa mortal para sus aliados voluntarios (y no voluntarios) y sus títeres. Afganistán Desde el 2003, el ejército norteamericano y sus aliados de la Otan en Afganistán –las fuerzas de ocupación británicas, canadienses, italianas, holandesas, griegas, que conforman la ISAF (Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia)– vienen anunciado una “ofensiva de primavera para acabar con los remanentes de los talibanes”. La ofensiva de primavera no llegó nunca; en su lugar, en 2006, llegó una ofensiva de los talibanes que puso una enorme presión sobre la fuerza de ocupación de 36.000 hombres y los hizo retroceder, abandonando el sur y el sudeste del país al control de la insurgencia afgana. Las tropas de la ISAF son forzadas de manera reiterada a pedir el apoyo de la fuerza aérea para enfrentar los determinados y reiterados ataques de los insurgentes. Como explicó un soldado británico: “Estamos bombardeando lugares que ya hemos bombardeado, pero los ataques continúan. Los hemos matado por docenas, pero muchos más continúan viniendo, tanto localmente como del otro lado de la frontera. Usamos bombarderos B1, aviones Harrier, F-16 y Mirage 2000.Tiramos bombas de 500 libras, de 1.000 libras y hasta de 2.000 libras. Nuestros Apaches (helicópteros de combate) se quedaron sin misiles de tanto disparar. Casi cualquier movimiento en el terreno es emboscado. Necesitamos un grupo de batalla entero para mover las cosas”.2 Los ataques aéreos son incapaces de detener los asaltos de los mujaidines (guerrilleros), pero tienen como resultado grandes pérdidas de vidas civiles, extendiendo el odio popular y la bronca contra los invasores extranjeros. Los generales de la Otan, el primer ministro británico Tony Blair, el ex secretario de Defensa norteamericano Donald Rumsfeld3 , y otros han reclamado por refuerzos urgentes pero las crisis políticas en sus propios países impiden que esos llamados encuentren eco en los distintos integrantes de la Otan (con una notable excepción: bajo estas condiciones de confrontaciones militares en aumento, el gobierno centroizquierdista de Prodi en Italia –con la ayuda del Partido de la Refundación Comunista dirigido por Fausto Bertinotti, e incluyendo el voto crucial de su “oposición de izquierda”, el grupo “Sinistra Critica”, en el Senado– votó por la extensión de la presencia italiana en Afganistán). En una entrevista en la CNN, el presidente de Pakistán, general Musharraf, explicó el punto crucial de que las fuerzas de ocupación de la Otan y el gobierno títere de Karzai no sólo se enfrentan con la actividad de la guerrilla talibán sino con un generalizado “levantamiento del pueblo pashtun”. Hasta agosto de 2006, el rápido avance de la contraofensiva de la insurgencia afgana sólo había sido cubierto por los periódicos especializados en temas de defensa y algunos sitios web especializados (por ejemplo, opendemocracy.net), pero el creciente número de bajas entre las tropas de la ISAF se ha abierto camino hasta los principales medios de prensa burgueses, que ahora hablan de “Perdiendo Afganistán: El ascenso de Jihadistán”4 o de “Perdiendo la guerra contra el terrorismo”5 .


 


La agresión imperialista en Afganistán no sólo fracasó totalmente en controlar ese país y toda el Asia Central, que era su real objetivo, sino que, además, obtuvo el “éxito” de desestabilizar a la dictadura militar proimperialista de la vecina Pakistán, un desarrollo dramático que está teniendo un efecto devastador en todo el subcontinente hindú. Las tensiones crecientes entre Washington e Islambad quedaron de manifiesto en una reciente entrevista al general Musharraf, cuando reveló que en septiembre de 2001 el gobierno de Bush amenazó con “bombardear Pakistán hasta llevarlo de nuevo a la Edad de Piedra” si no colaboraba de manera plena e inmediata en la “guerra contra el terrorismo”. El régimen militar de Musharraf se subordinó, pero cinco años después todo el edificio se viene abajo. La influencia política islámica se ha vuelto todopoderosa, proliferando en las escuelas coránicas así como también en las fuerzas armadas y, sobre todo, en los servicios secretos pakistaníes, profundamente involucrados durante años con la infiltración imperialista y las intervenciones en Afganistán, incluyendo la promoción de los talibanes al poder,durante los conflictos entre los señores de la guerra que siguieron a la retirada del derrotado Ejército Rojo.


 


Un paso importante se ha dado con el tratado firmado entre el régimen de Musharraf y los líderes tribales del Waziristán del Norte, bajo el control de los talibanes. Las fuerzas pakistaníes se retiraron del área en agosto de 2006,dejándola como un santuario, centro de entrenamiento y base de apoyo para la insurgencia afgana, mientras miles de detenidos fueron liberados de las prisiones de Pakistán. Este evento provocó agudos comentarios de oficiales de inteligencia norteamericanos y británicos acerca de que “Pakistán es el nuevo Afganistán”6 . El boletín interno de los neoconservadores norteamericanos, The Weekly Standard, concluyó que “los beneficios de los últimos cinco años fueron revertidos en unas pocas semanas con la pérdida de Waziristán y la liberación de 2.500 combatientes”7. Una de las razones que explican por qué el régimen de Pakistán abandonó Waziristán y aceptó la “talibanización” de las provincias fronterizas fue, además de las bajas militares que estaba sufriendo a manos de los insurgentes y la acomodación con los líderes tribales pro-talibanes, la rebelión en Baluchistán. Las fuerzas pakistaníes fueron desplegadas en esa región, rica en recursos y con 6,5 millones de pobres, porque la rebelión popular baluchistaní había escalado poderosamente contra el corrupto gobierno pakistaní y las familias ricas que saquean la riqueza de Baluchistán. La odiada dictadura de Musharraf, tomada entre rebeliones populares y crecientes sospechas del imperialismo, ve su futuro –si es que tiene alguno– más negro que nunca. Irak, fuera de control Tres años de guerra y ocupación, resistencia popular y contrainsurgencia, devastación y torturas, “cambio de régimen” y elecciones truchas para un gobierno títere, han dejado a Irak en caos y ruinas, pero fuera del control imperialista. Las tropas norteamericanas y sus aliados no pueden asegurar ni siquiera el más restringido espacio alrededor del perímetro de sus bases militares. El 16 de agosto, un alto oficial de inteligencia del cuerpo de marines, el coronel Pete Devlin, informó en su reporte que las tropas norteamericanas perdieron el control de la provincia de Anbar, al oeste y al sudoeste de Bagdad, una amplia faja de tierra justo en la frontera con Siria, que también conecta la país con Jordania y Arabia Saudita.8 En la provincia de Anbar están situados los mayores centros de resistencia contra la ocupación, como Fallujah y Ramadi. Fallujah se hizo mundialmente conocida como el teatro de una ofensiva mayor de los marines en abril de 2004, que se repitió en una escala mucho mayor en noviembre de ese año, cuando una fuerza conjunta del ejército y los marines destruyó tres cuartas partes de la infraestructura de la ciudad y mató, al menos, a 5.000 personas. En su momento, el gobierno de Bush había anunciado que Fallujah era el centro más importante de toda la resistencia iraquí, que fue declarada “derrotada” con la ocupación de la ciudad en noviembre de 2004.Pero,cuando la operación norteamericana en Fallujah todavía estaba en desarrollo, los insurgentes no sólo escaparon de los invasores sino que además se las arreglaron para tomar el control de la mayor parte de la ciudad de Mosul. Meses después, a pesar de la transformación de Fallujah en una masa de ruinas rodeada por bloqueos y tropas militares de élite, la actividad insurgente continúa en la ciudad. Lo mismo ocurrió en la ciudad de Ramadi, donde los intentos de controlar a la insurgencia fracasaron miserablemente. El enfoque del ejército norteamericano para ganar la guerra en Irak estaba basado en una sostenida política de “limpiar y mantener”, un proceso de limpieza de insurgentes de una ciudad, una aldea o un distrito para, a partir de entonces, mantenerlo con una combinación de fuerzas norteamericanas y colaboracionistas iraquíes. El destino de Fallujah, Ramadi y de toda la provincia de Anbar demuestra que esta estrategia fracasó. El informe del coronel Devlin implica que los problemas en la provincia de Anbar van mucho más allá de la “inseguridad”: Estados Unidos ha perdido el control de la provincia. Anbar no es una excepción. Otra región estratégicamente importante, Diyala, habitada por una mezcla de sunitas, shiítas y una minoría kurda, es considerada una “república talibán”9 . En la medida en que los imperialistas pierden sus principales medios de control militar y político sobre el pueblo iraquí, utilizan la rivalidad étnica y las divisiones religiosas y sectarias para alimentar la guerra civil, intentando derrotar la insurgencia por sus propias divisiones interiores y mediante el desmembramiento del país. Desafortunadamente, la violencia sectario-étnica está creciendo. Escuadrones de la muerte ya operan tanto del lado sunita como del shiíta, mientras los dirigentes kurdos utilizan sus peshmergas (combatientes) en beneficio de los ocupantes norteamericanos, amenazando incluso a otras fuerzas kurdas, como el PKK, para que no “interfieran” ni “creen problemas al régimen (títere) de Bagdad”. Aunque muy destructiva, la guerra civil sectaria-étnica como método imperialista de control tiene sus propios límites. A pesar de la servil colaboración de Talabani y Barzani con el imperialismo norteamericano, la irresuelta cuestión kurda afecta profundamente las relaciones entre Turquía y el imperialismo. Afecta también a Irán, un país con el cual el gobierno de Bush desarrolla un juego peligroso y contradictorio, combinando la histeria frente al programa nuclear iraní y las amenazas de guerra, con la cooperación a través de las formaciones políticas shiítas de Irak, como el llamado “Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak” (SCIRI),que se encuentra bajo el directo control de Teherán. Después del derrocamiento del régimen baathista de Saddam Hussein en Irak por parte del imperialismo y la intervención en Afganistán,el régimen de los mullahs en Irán fue “liberado” de sus antagonistas en Bagdad y en Kabul (los baathistas y los talibanes) y emergió como un poder regional hegemónico, eclipsando a Arabia Saudita y llenando de miedo a todos los gobernantes locales. En función de los intereses de la burguesía nacional iraní, y a pesar de su retórica extremista, el presidente de Irán, Ahmadinejead, colaboró estrechamente con los gobiernos títeres de Irak y Afganistán y usó la influencia iraní a través del SCIRI y el ayatollah Sistani para “moderar” la oposición a la ocupación, prometiendo a la mayoría shiíta en Irak el control del país y de sus recursos en el sur. Pero nadie puede olvidar que los shiítas de Irak lucharon fieramente contra los shiítas de Irán durante la catastrófica, para ambos países, guerra entre Irak e Irán. Su lealtad religioso-sectaria no prevaleció entonces porque el régimen baathista, a través de la nacionalización y centralización de los recursos petroleros, había establecido una cierta escala de redistribución de los ingresos petroleros en beneficio de los shiítas del sur.


 


Este mecanismo de centralización y redistribución fue destruido por la guerra y la ocupación norteamericana, por la ola privatizadora y por el saqueo de los recursos nacionales por las compañías multinacionales que le siguieron. La fuerza conductora de la rivalidad étnico-sectaria no es la fe en la identidad étnica o la disputa acerca de quién es el real sucesor del profeta Mahoma, sino el antagonismo entre élites que pretenden apropiarse de los ingresos petroleros, contra los intereses de las mayorías de sus comunidades. Por esta razón, las fuerzas centrífugas están creciendo dentro de la comunidad shiíta, incluyendo el Ejército de Mahdi de Multad al Sadr. Para unir a todas las comunidades del pueblo de Irak contra las fuerzas de ocupación, por la libertad y la independencia, es necesario un programa para expropiar el petróleo y todos los recursos nacionales, bajo el control de los trabajadores, y planificar la producción y distribución de los ingresos petroleros de acuerdo a las necesidades sociales, más allá de cualquier división de carácter étnico o religioso. Un programa de liberación nacional y social puede y debe ser planteado por la clase obrera y su vanguardia, organizada en partido revolucionario contra todas las formas de carnicería fratricida alimentada por el imperialismo norteamericano y sus agentes. Revolución permanente contra los opresores, no exterminación mutua de los oprimidos, es la salida ante el actual caos sangriento. El Líbano y Palestina La segunda guerra libanesa, entre el 12 de julio y el 14 de agosto, no ha sido apenas una derrota política-militar mayor del Estado sionista de Israel sino también una importante derrota, hasta ahora, del imperialismo norteamericano en su terrorista “guerra contra el terrorismo”10. El mito de la invencibilidad del ejército sionista, la cuarta más poderosa máquina de guerra en el mundo, plenamente asistido por la mayor superpotencia económica y militar, los Estados Unidos, recibió un golpe fatal a manos de una milicia popular árabe de unos pocos miles de combatientes, dedicados a su causa, bien entrenados y disciplinados por su partido, Hezbollah. El sionismo como un Estado de colonos y como proyecto ha caído en una crisis de dimensiones históricas. Al mismo tiempo, toda la estrategia del gobierno de Bush para Medio Oriente –el núcleo del proyecto de la “guerra contra el terrorismo”–recibió un golpe devastador. Al comienzo de la agresión, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, llena de arrogancia y de cinismo frente a las masacres como la de Qana, hablaba de los “dolores de parto de un nuevo Medio Oriente”. El Financial Times, la autorizada voz de la clase dominante británica, en un editorial correctamente apuntaba que “Washington puede confundir ‘dolores de parto’ con un estertor”11. En una entrevista, Itamar Rabinowitz, antiguo embajador israelí en Washington, ahora en la Universidad de Tel Aviv, se refirió, aquí y allá, a la reciente guerra como “la versión libanesa de la guerra civil española”, es decir, un ensayo general de una guerra internacional más amplia por la hegemonía mundial. En 1936, la guerra civil española fue para los nazis y las fuerzas fascistas del Eje el ensayo general de la que fue la Segunda Guerra Mundial. Esta vez, el imperialismo norteamericano reclama estar desarrollando una “guerra global indefinida contra el terrorismo”, particularmente contra el “islamofascismo”; la invasión sionista contra el Líbano tenía como objetivo la destrucción de Hezbollah, considerado (falsamente) como el “largo brazo de Irán”, como un paso inicial hacia la confrontación con el propio Irán y todo el “Eje del Mal”, extendido de Teherán y Damasco a Pyongyang y Caracas. Es obvio que este delirante plan estratégico fracasó ignominiosamente y fue retirado. Hezbollah sigue militarmente intacto y políticamente poderoso, más influyente que nunca, como se vio en la concurrencia de más de un millón de personas a un acto público en Beirut encabezado por un desafiante Nasrallah en septiembre; las masas populares de todo el mundo árabe y musulmán encontraron una fuente de inspiración para nuevas rebeliones contra el imperialismo, el sionismo y los regímenes locales corruptos y proimperialistas; Irán emergió como una potencia regional; Siria realizó un importante retorno geopolítico, justo un año después de la salida forzada de las tropas sirias del Líbano;y los Estados Unidos e Israel,como dijo el ex presidente norteamericano Jimmy Carter, han quedado más aislados que nunca.12 Zeev Schiff, el más famoso comentarista militar israelí, correctamente puntualizó que “una de las principales conclusiones de la guerra contra Hezbollah debería ser que la capacidad de combate de las fuerzas terrestres del ejército de Israel ha sido embotada por años de servir como una fuerza de policía en los territorios palestinos (…) el ‘modelo palestino’ ha servido como guía a las unidades involucradas en los sangrientos combates en Maroum Al-Ras y Bint Jbeil (en el sur del Líbano).Entraron en el campo de batalla como en una operación en Gaza. Y fueron derrotados”13. Una cosa es actuar como una brutal y brutalizada fuerza de policía que aterroriza, tortura y asesina a civiles inocentes, mujeres, niños y viejos, en Gaza, en Cisjordania, en las prisiones y bloqueos israelíes o, incluso, en la confrontación con guerrilleros mal armados, y otra cosa totalmente diferente es enfrentarse a una genuina guerra de liberación nacional. Esta es una lección para todos los casos de ocupación imperialista –en Palestina o en Irak o Afganistán–: los ejércitos más fuertes del planeta –norteamericanos, británicos, israelíes y las tropas de ocupación de la Otan– son completamente incapaces de controlar a un pueblo rebelado. Los conquistadores extranjeros están desmoralizados porque las propias tierras conquistadas se convierten en arenas movedizas y se encuentran rodeados por el odio de masas y la rebelión moral de la población local, en la cual los insurgentes “se mueven como un pez en el agua”, según la famosa frase de Mao. El Estado sionista realmente continúa la misma estrategia de auto-derrota de represión y asesinatos, intimidación policial y torturas. Su única esperanza es ahora la implementación en la Palestina ocupada de la misma táctica de los Estados Unidos en el Irak ocupado: alimentar la guerra civil entre los “moderados” de Fatah y los islamistas de Hamas, explotando la debilidad orgánica de ambas alas del nacionalismo árabe, la secular y la religiosa, y su falta de una real estrategia de liberación nacional. Entre la población judía de Israel, la ansiedad y la bronca por los resultados de la guerra forman ahora una explosiva mezcla con las tensiones sociales producidas por el desmantelamiento del “estado de bienestar” y el empobrecimiento de las masas. Mientras la derecha sionista trata de explotar la situación y la confusión todavía prevalece, la crisis ideológica y moral se profundiza. Nadie puede pasar por alto el hecho de que el movimiento contra la guerra crecía conforme se desarrollaba la guerra en el Líbano y que, al final, se movilizaron más manifestantes contra la guerra en Israel (de 10.000 en la segunda semana a más de 50.000 en Tel Aviv, a comienzos de agosto) que en toda Europa… La falsa investigación sobre la infame expedición militar en el Líbano ordenada por el primer ministro Olmert intenta encubrir el desastroso registro de los generales del ejército y del gobierno de Kadima y el laborismo. El gobierno no colapsó inmediatamente después de la derrota sólo por el hecho de que no hay alternativa real a él. El Likud de Netanyahu no está menos desacreditado que el Kadima de Olmert o el laborismo de Peretz. El sionismo está en una impasse histórica. Como enfatiza la ya mencionada declaración del Consejo Ejecutivo de la CRCI, “El proyecto de ‘un hogar nacional seguro para los judíos’, fraudulentamente presentado como una solución al problema del antisemitismo, y, en los hechos, el establecimiento de un Estado de colonos mediante la expulsión de la población árabe local de sus tierras, se ha demostrado definitivamente como una catástrofe para los palestinos y los árabes en su conjunto y como una trampa mortal para los propios judíos (…) Los trabajadores israelíes judíos están en una encrucijada. O con los carniceros sionistas, los guerreristas, los corruptos políticos burgueses, la clase dominante israelí y el imperialismo norteamericano que los conducen inevitablemente a una catástrofe histórica, o con las masas palestinas, social y nacionalmente desposeídas, contra el imperialismo, el sionismo y su Estado militarista. No hay paz sin la satisfacción de las aspiraciones nacionales palestinas, las cuales requieren la transformación de toda la región sobre nuevas bases políticas y sociales: la apertura de la vía hacia una república laica, democrática y socialista en todo el territorio histórico de Palestina en la perspectiva de una Federación Socialista de los pueblos de Medio Oriente”14. “Barbarie” versus “civilización” La seguidilla de serios retrocesos y derrotas que ha enfrentado la “guerra contra el terrorismo” durante los últimos cinco años, particularmente en el 2006, ha creado condiciones de régimen político en las metrópolis, en Europa (por ejemplo, en España, Italia y Gran Bretaña), así como también en los Estados Unidos. El agudo choque entre las agencias de inteligencia y la Casa Blanca, desde el escándalo Plame/CIAgate a la filtración del NIE, las crecientes disputas dentro del propio gobierno Bush, las interminables crisis entre y dentro de republicanos y demócratas, particularmente en la medida en que se acercan las elecciones parlamentarias de noviembre, los conflictos entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Poder Judicial reflejan profundas divisiones entre las élites capitalistas dominantes en relación a la guerra, a su (des)manejo y la crisis del sistema en su conjunto. Las crisis de régimen político en los países metropolitanos empuja más y más a las clases dominantes a cooptar e integrar en sus estrategias de supervivencia, incluyendo sus crímenes de guerra, a la izquierda, tanto la reformista como lo autoproclamada “revolucionaria”. No es un accidente que los partidos socialista y comunista y hasta secciones de la “extrema izquierda” en Francia e Italia hayan apoyado a “sus” gobiernos imperialistas en su política de “intervención pacificadora” en la ocupación militar del Líbano de acuerdo a la Resolución 1701 de las Naciones Unidas. El rechazo a luchar contra estos gobiernos capitalistas para derrocarlos y abrir el camino a gobiernos de trabajadores y al socialismo, transforma a estos sectores de la izquierda y del movimiento “anti-globalización” en partes de un sistema en desintegración y en un mecanismo de su defensa ideológica en el período de sus mayores crisis de legitimidad. Algunos representantes de la izquierda tienen más confianza en la salud del sistema capitalista que sus abiertos defensores de la derecha. Incluso el emblemático apologista del neo-conservadurismo Francis Fukuyama, el seudo-profeta del “fin de la Historia” después del colapso de la Unión Soviética, abandonó el barco. En su último libro (Después de los neoconservadores. Estados Unidos en la encrucijada), critica agudamente la conducta del gobierno de Bush en la guerra contra Irak y enfatiza que “no sólo por la guerra sino también por el proyecto neoconservador de una reforma democrática en Medio Oriente sirven mal al más amplio intento de combatir el terrorismo”. Todas estas crisis provocadas por la guerra no han disminuido los peligros, al contrario; los lunáticos en la Casa Blanca y el Pentágono han intensificado su guerrerismo, convirtiendo a Irán en un blanco demonizado privilegiado, sin exceptuar a Corea del Norte e incluso a la Venezuela de Chávez. Washington habla más y más de manera delirante de la guerra contra el “islamofascismo” que “conspira para establecer un Califato desde España a Indonesia”. Mientras realizan declaraciones salvajes contra el “islamofascismo” en el exterior, los gobernantes norteamericanos en Estados Unidos reducen la democracia burguesa a una farsa. Las libertades civiles se están reduciendo; el Estado de Emergencia de la “Patriot Act” se perpetúa a sí mismo y fue introducida una nueva legislación por el Congreso que extiende los métodos del Estado policial y legaliza la tortura. Los gobiernos de la Unión Europea (con el británico Tony Blair a la cabeza) siguen los pasos de sus amigos transatlánticos en su histeria terrorista e islamofóbica. El papa Benedicto Ratzinger, con sus venenosas afirmaciones anti-islámicas, dio la bendición a la nueva Cruzada. La ironía de la Historia es que esta locura es presentada e ideológicamente justificada como un choque entre la “civilización occidental y cristiana” con la islámica y otras civilizaciones consideradas como completamente bárbaras. Para los gobernantes de Estados Unidos y Europa Occidental y para sus apologistas, la única civilización real es la que fue establecida en Auschwitz en el pasado y en Guantánamo y Abu Ghraib en nuestros días.


 


Ellos presentan sus delirios imperiales como “la lucha de la modernidad contra la barbarie premoderna”, enfocándose de manera unilateral y distorsionada en algunos aspectos tradicionalistas de la revuelta de los oprimidos. El despertar revolucionario en Asia, en Medio Oriente, en las áreas aborígenes “atrasadas”, puede tomar y toma prestado del pasado formas ideológicas y formas tradicionales de vida que el capitalismo imperialista destruyó con un barbarismo sin precedentes. Las milicias shiítas, los insurgentes sunitas, los pashtuns en rebelión, los baluchistanos en rebelión, los pueblos aborígenes e indígenas rebelados entran nuevamente en la arena de la historia moderna. La rebelión de los “bárbaros” es una rebelión contra la barbarie realmente existente de un sistema mundial en decadencia, el capitalismo, que realiza, en consecuencia, una tarea histórica necesaria, realmente civilizadora. Marca no sólo la entrada de las masas populares de Asia y del llamado “Tercer Mundo” en la modernidad, como en los siglos anteriores, sino la crisis del propio mundo moderno en la época de la declinación capitalista: la lucha de las reivindicaciones de la propia modernidad para sacarse de encima las cadenas de las condiciones capitalistas que asistieron a su nacimiento hace algunos siglos y ahora, en su declinación, amenazan la vida y toda la riqueza cultural de la humanidad. Los llamados “bárbaros” pueden y deben derrotar a los reales bárbaros en el Occidente imperialista, pero no en el nivel y con los recursos agotados del pasado. Su liberación de la “civilización” de Abu Ghraib depende de los métodos y medios del futuro emancipatorio: el socialismo mundial. Su aliado estratégico es la clase obrera mundial, particularmente en los países metropolitanos, que debe ser emancipada de sus direcciones burocráticas ligadas a la maquinaria imperialista. El impacto de la crisis capitalista mundial en los propios centros metropolitanos ya ha llevado a millones a la lucha en Francia y en Estados Unidos. Fallujah y Beirut no están solas: las rebeliones juveniles en París y en toda Francia, el movimiento “sí se puede” de los trabajadores inmigrantes latinos en Los Angeles y en todos los Estados Unidos en la primavera de 2006 lo demuestran. Como la Revolución socialista de Octubre de 1917 unió al Oriente revolucionario con el bolchevismo internacional, una refundada IV Internacional, continuando el trabajo inconcluso de Octubre, tiene que unir a los explotados y a los oprimidos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, en una lucha revolucionaria mundial, un programa y una organización para la emancipación humana universal.


 


 


NOTAS:


 


1. The New York Times, 26 de septiembre de 2006.


 


2. Ver Kim Sengupta, "Soldiers reveal horror of Afgani campaign"; en The Independent, 13 de septiembre de 2006. 


 


3. El artículo fue escrito antes de la renuncia de Donald Rumsfeld, ocurrida inmediatamente después de la derrota republicana en las elecciones parlamentarias norteamericanas del 7 de noviembre (Nota del Editor).


 


4. Newsweek, 2 de octubre de 2006. 


 


5. The Washington Post, 11 de septiembre de 2006. 


 


6. Shaun Gregory, "Pakistan on edge", opendemocracy.net, 25 de septiembre de 2006. 


 


7. David Gartenstein- Ross y Hill Roggio, "Pakistan surrenders", 2 de octubre de 2006.


 


8. Ver Thomas E. Ricks, "Situation called dire in West Iraq"; The Washington Post, 11 de septiembre de 2006. 


 


9. Patrick Cockburn, "A journey into the 'Taliban Republic' where the militias rule unchallenged"; The Independent, 25 de septiembre de 2006.


 


10. Ver, "La situación mundial después de la agresión sionista al Líbano"; Declaración del Consejo Ejecutivo de la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional; 4 de septiembre de 2006.


 


11. Financial Times, 26 de julio de 2006. 


 


12. Perfil, 17 de septiembre de 2006. 


 


13 Haaretz, 22 de agosto de 2006.


 


14. "La situación mundial después de la agresión sionista al Líbano"; Declaración del Consejo Ejecutivo de la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional; 4 de septiembre de 2006


 

En defensa del catastrofismo

La miseria de la economía de izquierda


Un artículo reciente de Claudio Katz alega que la posición ‘catastrofista’ del Partido Obrero lo lleva a “desecha(r) por completo la posibilidad de obtener mejoras sustanciales bajo el capitalismo… (porque) estima que estos logros son incompatibles con el carácter catastrófico de la época actual y, por eso (el PO), presenta al derrumbe del capitalismo como el dato dominante del siglo XXI e identifica cualquier desequilibrio con la implosión del sistema… (lo) que le impide mensurar la dimensión de cada crisis”. Curiosamente, el texto en cuestión lleva de título “La crisis del reformismo”1 . Katz naturalmente miente. Por un lado, porque el PO es el autor de la iniciativa parlamentaria de reducción de la jornada laboral en el subte sin afectar el salario (una de las pocas mejoras reales que haya obtenido la clase obrera en algún par de décadas, y esto en el punto más alto de la real catástrofe de 2002). Lo mismo se puede decir de la lucha de los desocupados y de la conquista de los subsidios al desempleo y a otra infinita cantidad de reivindicaciones y conquistas. Pero, por otro lado, el mismo economista se equivoca fiero cuando acusa al PO de interpretar ‘catastróficamente’ cualquier ‘desequilibrio’ del sistema, ocultando a sus lectores que el PO previó o pronosticó la catástrofe de 2001, que se manifestó en una completa paralización de la sociedad capitalista y en un levantamiento popular, cuando el resto ni preveía este desenlace o lo sumo intuía un futuro “desequilibrio”. Suponemos que cuando Katz habla de “cualquier desequilibrio” del capitalismo, o sea de incidentes de ruta en lugar de la crisis de un régimen social, lo hace porque antes completó su trabajo de ajustar sus cuentas con el marxismo. La expresión ‘negligé’, “cualquier desequilibrio” delata a una defensor ideológico del capitalismo. Al menos desde el punto de vista marxista, los llamados ‘desequilibrios’ son manifestaciones de contradicciones insuperables del capitalismo, que obligadamente se desarrollan en una forma tendencial. Lo contrario es un lugar común, porque el ‘desequilibrio’ es una forma de existencia del ‘equilibrio’, lo cual explica “por qué el capitalismo se mantiene en pie…”.Al economista sólo le importa esto: que al cabo de crisis, catástrofes, guerras y revoluciones…“el capitalismo se mantiene en pie”. No es casual que quien ha reemplazado la labor de la crítica por la justificación de los hechos consumados, haya sido solicitado alguna vez como ‘ministro de Economía’ y de trotamundos económico de cualquier agrupamiento que busque justificar su propia declinación. Siempre a guisa de introducción, es necesario señalar que el economista de marras y también una cohorte que le hace eco ofreció como salida a la catástrofe de 2001-02, no con un ‘capitalismo que seguiría en pie’ sino con los “clubes de canje”, que fueron presentados como un sistema que abolía el cambio desigual y la moneda. El economista era incapaz de reconocer una catástrofe del capital, en términos teóricos, pero ofrecía, como seguidista de los hechos consumados que no alcanzaba a entender un retroceso social sin precedentes en la historia, un esquema que, mucho antes que a él, se le había ocurrido a Proudhon; Katz recuperaba como una conquista a “la filosofía de la miseria”. El profesor del gradualismo y de las ‘pequeñas conquistas’ nos invitaba a coexistir con la catástrofe, o sea con la pérdida definitiva de cualquier conquista. Es de algún interés hacer notar que la crítica de Katz repite, de un modo casi literal, una sentencia de Eduard Bernstein, el conocido dirigente socialista alemán de fines del siglo XIX: “Me opongo a la caracterización de que nos encontramos frente a un colapso de la sociedad burguesa y a que determinemos nuestra política en función de la perspectiva de tal catástrofe próxima”. Se trata de una coincidencia que amerita una reflexión y brinda la oportunidad de examinar algunos problemas claves. Eduard Bernstein fue el fundador del llamado “revisionismo” y el teórico del reformismo. Planteó la necesidad de abandonar la perspectiva de la revolución proletaria por “propuestas positivas de reforma” del capitalismo. Bernstein cuestionaba, al igual que Katz, la tesis central de Marx sobre la tendencia histórica irreversible al derrumbe del capital2. 


 


Volvamos a las reivindicaciones 


 


La especie de que el PO rechaza de plano la lucha reivindicativa es una imputación grosera, porque el PO es reconocido, por propios y extraños, por su participación, movilización y organización enorme en la lucha reivindicativa. El PO ocupa un primer plano en la organización de los trabajadores más oprimidos. Si Katz no lee los diarios ni mira los noticieros, al menos habrá leído la larga producción académica y de investigación universitaria sobre los movimientos sociales, la lucha de los desocupados y la irrupción de los piqueteros, una información que desborda las fronteras de nuestro país. Contra lo que afirma Katz, el PO es un factor consciente de la lucha reivindicativa precisamente por su análisis del capital. En oposición a los inspiradores de Katz, que inventaron la teoría de las ‘nuevas reivindicaciones’ que impondría el desarrollo imparable del capitalismo; o a los teóricos del ‘neocapitalismo’, que reducían las posibilidades de crisis y que aplanaban los ciclos; o sea, en oposición a quienes declararon caducas las ‘reivindicaciones’, sean sociales, sindicales u obreras, el PO señaló que la declinación del capitalismo, sus crisis y catástrofes ponían en primer lugar, con la pauperización y el hundimiento violento de las condiciones de vida de vastísimos contingentes de la masa popular, las reivindicaciones fundamentales de los explotados. Estas reivindicaciones no están determinadas, como ocurre con Katz, por las posibilidades del capital, sino por las necesidades de las masas. La catástrofe del capital no cancela la lucha reivindicativa sino que la potencia y, en última instancia, la convierte en revolucionaria. El tema que plantea Katz, por otro lado, es simplemente un anacronismo, porque una tradición revolucionaria que se remonta al siglo XIX, dejó definitivamente en claro que la lucha reivindicativa (y sus “logros”) educa y organiza al proletariado para derrocar al capitalismo. Esto lo explicó Rosa Luxemburgo, pero Lenin hizo algo más, a saber, señaló que las reformas son un subproducto de la lucha revolucionaria, y no el resultado un movimiento pacífico y gradual. Volviendo al ejemplo la reducción de la jornada laboral en subterráneos, en medio de la catástrofe, cuando los amigos actuales de Katz no creían ni un poquito en la iniciativa parlamentaria, hay que señalar que aunque la batalla parlamentaria fue un éxito rotundo porque permitió desarrollar una agitación y una movilización crecientes, y porque obtuvo el 80% de los votos, la conquista efectiva de esa reivindicación no se obtuvo por vía parlamentaria sino, varios meses después, por medio del método ‘catastrófico’ de la huelga indefinida. La lucha parlamentaria, siguiendo a Rosa Luxemburgo, preparó el terreno, pero la conquista fue el producto de una acción directa de las masas que amenazó ‘estratégicamente’ al novato gobierno de Kirchner. 


 


Sobre el “derrumbe”


 


 El PO no necesita oponer la movilización reivindicativa por “mejoras” a la barbarie capitalista porque es esta última la que reclama una lucha vital en defensa de las condiciones de existencia de los explotados. Es Katz quien tiene que plantear este artificioso antagonismo entre “reforma” y “derrumbe del capital” porque supone que la lucha por las primeras sería un mentís a la tesis sobre la “catástrofe” a la cual ha conducido la supervivencia, históricamente anacrónica, de la civilización capitalista. Katz reitera literalmente a Bernstein y se mofa de la caracterización del “derrumbe del capitalismo” como el “dato dominante del siglo XXI”, sin percibir siquiera de qué está hablando. ¿O sí? El “derrumbe del capitalismo” está muy lejos de ser un descubrimiento del PO. El Manifiesto Comunista de 1848 se coloca en el terreno del “preludio inmediato de la revolución proletaria”. Ninguna revolución social es posible, plantea el marxismo, si el “viejo régimen” no se ha transformado en un obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, si no ha cumplido su función histórica. Marx lo señala en el muy conocido párrafo de su “Prefacio” a la Contribución de la Crítica a la Economía Política, cuando indica que ese choque “abre un período de revolución social”. ¿O el capitalismo tiene aún una función histórica que no sea la barbarie? Es lo que recordó Trotsky en el III Congreso de la Internacional Comunista: “Ningún régimen social desaparece, dijo, antes de haber desenvuelto sus fuerzas productoras hasta el máximo de lo que pueda alcanzar”; “esta verdad fundamental para la política revolucionaria conserva hoy, para nosotros, su indudable valor director” (el discurso fue publicado como artículo con el título de “Una escuela de estrategia revolucionaria). El texto de Trotsky es muy interesante porque descarta cualquier vínculo mecánico e inmediato entre esta misma condición catastrófica y la revolución correspondiente; o sea que el capitalismo puede “seguir en pie”… catastróficamente (de hecho ocurrió así con el ascenso del nazismo). Trotsky observaba que la burguesía se presenta como más poderosa que nunca en sus métodos de dominio político en el mismo momento en que, en función de ese mismo desarrollo, las posibilidades históricas de la sociedad capitalista llegan al límite. No existe automatismo entre la descomposición capitalista y la revolución llamada a superarla; esta distinción revela que la constatación vulgar de que “el capitalismo sigue en pie”, no tiene status teórico sino que no pasa de ser una expresión de desmoralización política irreversible.


 


El original y la copia 


 


Katz no tiene agallas para presentar sus disquisiciones en el marco de la tradición bernsteiniana, que presentó al revisionismo como una tentativa de “actualizar” el socialismo. Haría el ridículo; ningún sociólogo de la pseudo-izquierda se atreve en la actualidad a pretender una “actualización” de la teoría. Las circunstancias de Bernstein eran otras y el equipamiento teórico del socialista alemán era también de otra envergadura. Porque Bernstein desenvolvió sus planteos en la etapa culminante de la civilización capitalista, en el debut de la época imperialista. La mundialización del modo de producción capitalista y un movimiento obrero que ya había construido grandes organizaciones y una historia propia, eran las expresiones de un sistema que había arribado a la madurez. La expansión del crédito había permitido extender el horizonte de la producción capitalista industrial hasta lo que constituía el apogeo de su “misión histórica” (en los términos en que la define Marx en El Capital, desarrollo de las fuerzas productivas y establecimiento de un mercado mundial).Bernstein creyó ver en este panorama lo que llamó “medios de adaptación” que permitirían al capital posponer y también superar por mucho tiempo las posibilidades de crisis y revertir lo que, desde Marx, se planteaba como la tendencia al colapso del capitalismo. Como conclusión de su análisis, Bernstein lanzó su propia tesis: la sustitución del capital no provendría de ninguna catástrofe sino de la evolución natural e indolora del propio capitalismo, y de la capacidad de la clase obrera para introducir regulaciones económicas a gran escala. El desarrollo de los acontecimientos en el siglo XX -las catástrofes sociales y económicas, las guerras y las revoluciones- constituyó un mentís brutal a las ilusiones del revisionismo y confirmaron las críticas a Bernstein que ya habían efectuado los dirigentes revolucionarios de entonces, comenzando por Rosa Luxemburgo y Karl Kautsky. El “socialismo” bernsteiniano de cuño criollo se plantea en un momento histórico totalmente diferente. Incluso podríamos interrogar a Bernstein, en la ficción, sobre la pertinencia de sus tesis “anticatastrofista” cuando las premisas de su propio análisis y la realidad de mundo actual son tan drásticamente distintas. Es imposible negar la inversión completa de la curva de los progresos de las masas, incluso en Estados Unidos. En la época de Bernstein, los elementos de la catástrofe capitalista aparecían en potencial, como posibilidad inscripta en las contradicciones de su sistema social; la miseria, en su época, la ocasionaba el derrumbe de las formas precapitalistas y el desplazamiento de la vieja agricultura. Ahora, en cambio, la pauperización progresa a grandes pasos en las naciones desarrolladas y se ha transformado en un factor político que está conmoviendo regímenes políticos como un todo. No solamente se ha producido un derrumbe catastrófico de la condición material de las masas sino, mucho más importante, de toda su perspectiva social. El contraste entre la expansión mundial del capitalismo en el período colonial y semicolonial, que dio un impulso sin precedentes al desarrollo de las fuerzas productivas de la periferia, contrasta con la catástrofe neutrónica que ha provocado la restauración capitalista en la ex URSS y en Europa Oriental. Incluso en China, que ha gozado de la ventaja comparativa de un atraso social mucho mayor, la restauración capitalista avanza en medio de catástrofes agrarias, ecológicas y financieras cada vez mayores. China es un campo de disputa del capital internacional que está socavando los últimos pilares de la cohesión nacional conquistada por la revolución de 1949.


 


La catástrofe en tiempo real


 


Es notable la ceguera o, como se dice ahora, el negacionismo del “anticatastrofismo”.Porque la bancarrota de 2001 en Argentina fue una de las manifestaciones destacadas de la “catástrofe” capitalista contemporánea; paralizó el sistema económico durante varios meses, fue la consecuencia de una crisis mundial (1997-2002) y ha salido de ella precariamente como consecuencia de medidas extraordinarias a nivel internacional y de guerras por toda Asia. Las medidas extraordinarias, como los enormes déficits norteamericanos, provocan ahora el derrumbe inevitable del dólar y una crisis mayor a que la que intentaron remediar.


Los gradualistas debieran reflexionar por qué no vieron venir la bancarrota de 2001 y por qué antes de esa bancarrota ya nos ‘acusaban’ de ‘catastrofismo’. En 2001 lo más importante no es que tocó fondo una de las “fases” del ciclo. Lo verdaderamente decisivo es que expresó una naturaleza terminal del metabolismo capitalista. Cuando la vida de una nación se paraliza por completo, cuando las transacciones mercantiles se paralizan, cuando la moneda nacional cesa literalmente de existir, el crédito deja de funcionar y el sistema financiero está formalmente quebrado en toda su extensión, cuando contingentes masivos de la población son lanzados a una inanición forzada; cuando todo esto sucede, hablar de una “crisis cíclica” que deber ser “mensurada”, como plantea Katz (pero que se anima a decir esto solamente después de la crisis), es una expresión del alivio del pequeño comerciante que logró salvar su tienda, o del profesor que aún conserva su cátedra. No es un planteo teórico, sino el comentario de un tercero. Es la época “catastrófica” del capitalismo senil lo que debe echar luz sobre la naturaleza de la crisis y no al revés. Los “anticatastrofistas” fracasaron completamente en interpretar la crisis que se desarrollaba ante sus ojos, y en un terreno en el cual se pretenden fuertes (como el de la “reflexión teórica”, que Katz reclama –‘antiparlamentariamente’– para sí). En la época de Bernstein, el crédito todavía funcionaba como adelanto de capital productivo. Esto se acabó hace mucho tiempo, inclusive cuando no se había secado la tinta de los escritos del propio jefe de los revisionistas. El capital bancario ha dejado su papel subordinado ante los requerimientos de su congénere de la industria (subordinación que marcó históricamente también al modo de producción capitalista como un avance civilizatorio al permitir que la industria y la producción a gran escala se desplegara a plenitud). No solamente prevalece el capital financiero, la “fusión” del capital bancario e industrial que implica un nuevo tipo social de capital dominante, específicamente parasitario; ese capital financiero se ha montado, ahora en un capital de operaciones virtuales (‘hedge funds’) que domina todo el movimiento del capital. 


 


El “derrumbe” de 2001 


 


Si los “anticatastrofistas” fueran menos dogmáticos estudiarían la catástrofe de Argentina de 2001, en lugar de hacer como los políticos patronales que suspiran de alivio por el trance que dejaron atrás. Cuando Domingo Cavallo impuso el “corralito” para bloquear la corrida bancaria (que en verdad ya habían concretado los grandes capitalistas al fugar miles de millones de dólares para provocar la devaluación y, al mismo tiempo, beneficiarse con ella),se produjo un fenómeno excepcional en la historia del capital: la dislocación entre la compra y la venta, el cese del mecanismo mercantil elemental.


 


Fue una demostración fantástica y práctica de que el producto del trabajo humano convertido en mercancía encierra un irreductible contradicción al condicionar su circulación a un acto que se desdobla en dos instancias, la compra y la venta, que responden a determinaciones diversas, que no son siempre ni armónicas ni complementarias y que se manifiestan en un antagonismo extremo en toda crisis, como expresión recurrente de los problemas insuperables del movimiento mercantil capitalista. Es a través de la circulación de mercancías que en el capitalismo se establecen las relaciones decisivas entre los hombres, las que tienen que ver con la reproducción de su vida en sociedad. Cuando esa circulación se fractura, se quiebran los hilos invisibles que aseguran el funcionamiento de la sociedad.


Porque el capital no conoce otra “sociabilidad” que la que se constituye por la vía del intercambio mercantil. Esta caracterización del 2001 es más rigurosa que las que reducen la crisis a unos “ahorristas” aterrorizados por el encarcelamiento de su dinero. Es una caracterización que pone de relieve su magnitud histórica y revela, para el que quiera comprenderlo, la distancia teórica que media entre un análisis enriquecido con la teoría de la tendencia a la disolución del capital sobre la base de sus propias leyes, y el estrecho horizonte del economista que se dedica a “mensurar la crisis”. Digamos de pasada que todo el pensamiento científico contemporáneo se ha desplazado del universo del “medir y contar” (Galileo había dicho que Dios creó el mundo con el lenguaje matemático) al terreno más fecundo que se conoce como el de la “complejidad”. Los “anticatastrofistas” de la izquierda, como Katz, no tienen presente que una de las más modernas ramas de la ciencia es precisamente la “teoría de la catástrofe”, que pretende dar cuenta de los fenómenos que no pueden ser mensurados con los viejos recursos de la aritmética y el cálculo matemático tradicional. Hasta existe en la actualidad una llamada matemática de la “calidad”; algo que vale también la pena tener en cuenta cuando se trata de evaluar la dinámica del capitalismo como un sistema históricamente condicionado, que pasa, siempre con los métodos que le son propios, del ascenso a la decadencia, de la juventud a la vejez, de la vitalidad productiva a la descomposición de sus propios métodos sociales de producción.


 


 La “argentinización” de la economía mundial 


 


El capitalismo nativo, luego del Argentinazo, se ha recuperado y los números del gobierno muestran una economía capitalista que se reconstituye a tasas “chinas”. Los “mensuradores de crisis” están satisfechos: está confirmado que “el capitalismo sigue en pie”. (Los economistas norteamericanos discuten si el fin del ‘boom inmobiliario’ conducirá a un ‘soft landing’ o a un ‘hard landing’, una desaceleración o a una crisis. Katz ya está anotado ‘a priori’ con los agrimensores ‘optimistas’ del capital.) No se comprende, sin embargo, que la recuperación argentina está “preñada” por la bancarrota previa: no solamente porque el contenido social de esa recuperación es un agravamiento de la explotación y miseria social de las masas. Esta ‘recuperación’ sólo se sostiene, a pesar de las condiciones comerciales favorables, por la intervención del Estado. Librada a sí misma hubiera llevado, como en parte lleva, a una explosión financiera y a una explosión social. El 80% de las nuevas deudas de los bancos se destinan a saldar a las que habrían entrado en ‘default’. La economía argentina es, finalmente –y no podría dejar de serlo–, una traducción particular de un fenómeno de alcance mundial. Pero sólo puede ver esto quien lo indaga. Si se “mensura” el crecimiento del Producto Bruto de Estados Unidos se ve lo que un contador sin mayor perspicacia llamaría un “robusto crecimiento”. (Uno de los gurúes más estimados en tal medio, R.A starita, no tiene reparo en afirmar que no sólo no hay “catástrofe” alguna, sino que ni siquiera es posible hablar de crisis “tradicional” y que, al revés, asistimos a una de los despliegues más exuberantes del capitalismo en toda su historia). No obstante, si se tiene en cuenta: a) el desbarranque de la principal economía del planeta también a principios de la década, cuando se desplomó Wall Street, reventó la llamada “burbuja” de las empresas tecnológicas asociadas al negocio informático y cuando se vinieron abajo corporaciones gigantes que quebraron en una magnitud sin precedentes, como fue el caso emblemático de la Enron. Si se tiene en cuenta, también, que, b) para superar tal situación la economía norteamericana llegó a un nivel de déficit fiscal y en el comercio exterior que ha impulsado ‘burbujas’ especulativas colosales, sin salida, en todo el mundo. Si se tiene en cuenta, además, que c) en la “agenda” de la recuperación reciente de la economía de Bush hay que anotar el militarismo desbocado y la barbarie en Irak;…en síntesis, si se tiene en cuenta a la realidad misma, no es difícil entender el caso argentino como expresión de un escenario más amplio y convulsivo que domina el panorama mundial capitalista. Katz ha tomado la expresión del PO de la “argentinización de la economía mundial” -se titulaba así un artículo referido a las grandes bancarrotas yanquis del momento en el año 2002- como testimonio de que para el PO todos los gatos son pardos. ¡Pero Argentina ocupaba en 2001 el primer lugar en negociación diaria de títulos de deuda en el mercado mundial! La “argentinización de la economía mundial” se encontraba en acto. Este peligro inició un intervencionismo norteamericano (pactado con China) para organizar una salida, necesariamente transicional, o sea que plantea una crisis aún más amplia. Irak y Afganistán fueron invadidos, más allá del petróleo y del control de Asia central, para sustentar la autoridad política del Estado norteamericano en su intervención económica. Este análisis es sustituido, por el gradualista Katz, por la reiteración de que se trata de “un desequilibrio más”. Una expresión interesante del carácter “epocal” de la economía del derrumbe capitalista lo revela la propia economía china, que es la mayor “burbuja” del convulsionado mercado planetario globalizado. A diferencia de lo que sucedió en otra etapa histórica con la economía yanqui, paradigma del desarrollo capitalista nacional en la época de ascenso de la sociedad burguesa, la actual expansión de China tiene características muy notorias de un período de saturación de la producción capitalista mundial. Estados Unidos fue proteccionista para cubrir a su mercado interior; China no. Estados Unidos importaba mucho más de lo que exportaba; China hace lo contrario. Estados Unidos se financiaba en el exterior para estirar el horizonte de su producción nacional, China es acreedora y asfixia el consumo interno con una tasa de inversión descomunal para satisfacer los apetitos del entrelazamiento con el capital financiero y monopólico foráneo que opera en la mayor plataforma de exportación de toda la historia. China es entonces una gigantesca economía “sobre-producida”, y que ha llevado las desproporciones que son propias del capitalismo a un nivel sin parangón, de dimensiones potencialmente catastróficas. Del mismo modo, si China se ha convertido, por un momento, en una sopapa de seguridad del capital mundial, que exporta a ella capitales y materias primas, antes tuvo que ocurrir una guerra civil, bajo la ‘revolución cultural’ y la restauración capitalista en todos los ex Estados obreros. En el caso de China late, con una tensión brutal, la realidad de un capitalismo en “exceso” que ha depredado regiones y ramas enteras de la economía mundial para “mantenerse en pie” (la muestra más feroz de este fenómeno es el proceso de destrucción que se procesó en los años ‘90 en la potencia industrial de lo que fue la vieja Unión Soviética, la mayor destrucción económica de una nación en “tiempos de paz”). Lo notable de este momento histórico consiste, precisamente, en que, en primer lugar, a pesar de la victoria mayor que significó para el capital la liquidación de la URSS, el proceso de restauración capitalista esté condicionado por la impasse más general del capital; que por eso mismo, en segundo lugar, no habían pasado diez años desde la disolución de la URSS, cuando una bancarrota general que comenzó en el sudeste asiático, no dejó títere con cabeza. Se extendió primero a la Rusia “restaurada”, luego a América Latina y alcanzó la ciudadela yanqui con la amenaza de un quebranto financiero general. Es decir, lo notable es que la propia salida para el capital que significa la reapropiación de mercados gigantescos de los cuales había sido expropiado, debe ser comprendida como parte de un proceso inacabado totalmente inserto en el período de una aguda decadencia histórica del capital. El problema ni siquiera es, en lo que respecta a este trabajo, investigar las alternativas que las contradicciones del momento actual de la economía del derrumbe capitalista plantea en términos de salidas más o menos transitorias, más o menos consistentes, desvíos o amortiguadores que den respuesta a los problemas más agudos del mercado mundial. La cuestión es otra, y resulta pedagógicamente pertinente recordar lo que Lenin respondió a Kautsky cuando este acabó por convertirse a la profesión de fe inaugurada por Bernstein. Kautsky argumentó entonces a favor de una especie de transición pacífica y no revolucionaria después de la Primera Guerra Mundial. Para esa transición sólo había que esperar que el capital mundial acabara por centralizar y concentrar los recursos del mundo entero a una escala tal, que de una suerte de “ultraimperialismo” se pasaría en forma natural al socialismo. Lenin planteó entonces que no había ninguna duda de que el mundo avanzaba a un escenario de hiperconcentración del capital imperialista, pero que lo hacía con sus propios métodos, con su anarquía, con su violencia, con sus crisis, con sus mecanismos de destrucción masiva de recursos; de modo que mucho antes de alcanzar el “ultraimperialismo”, se plantearía la cuestión de la revolución social para millones de seres humanos que integran el ejército de los obreros y explotados del capitalismo. Katz sostiene imperturbable que el “capitalismo sigue en pie” (aunque no pague salarios a miles de docentes de la UBA). Vale la misma respuesta: sigue en pie con sus métodos; a cada catástrofe y a cada manifestación de su crisis, la “salida” que puede encontrar reproduce y potencia esa misma catástrofe capitalista. Si uno no sabe lo que busca, dijo alguna vez un gran historiador, no entiende lo que encuentra. Un “capitalismo que sigue en pie” no ofrece perspectiva de transformación social (y, por definición, abole la categoría de perspectiva e instaura el fin de la historia). De ahí que Katz se haya convertido al keynesianismo, que es un programa precisamente de conservacionismo social. 


 


Catastrofismo revolucionario 


 


La conciencia “catastrofista”, inclusive concebida como inminencia de la revolución, es un rasgo distintivo original del marxismo, de su concepción del hombre y la historia. Marx y Engels fundan esa concepción, la que dominará luego toda su práctica intelectual, política y militante, como un discurso de la revolución. Es lo que pone de relieve el español Ciro Mesa, en un estudio reciente muy interesante y más que recomendable: “sus escritos (los de Marx) se encuentran atravesados por el pensamiento de que la revolución está a la vuelta de la esquina, de que puede acontecer en el instante siguiente… En sus textos la interconexión entre crítica y revolución irrumpe de un modo inmediato, natural y continuo. El concepto marxiano de historia se articula, pues, como una forma de intervención en un combate que ya está teniendo lugar. La era capitalista vendría a culminar en la contraposición abierta y definitiva entre clases. Ya no puede ser negado y ha alcanzado tal agudeza que cualquier discurso teórico habría que tomarlo como una forma de tomar parte de hecho en él…”. El catastrofismo de Marx se despliega a partir de la conciencia sobre la “inminencia de la revolución”. El “Manifiesto Comunista” es de 1848 en el apogeo de los movimientos revolucionarios de la época en Europa y tiene el propósito de intervenir prácticamente en ellos. En 1850 Marx realiza un balance de los acontecimientos revolucionarios en un documento conocido como Circular a la Liga de los Comunistas. Marx esperaba entonces que la revolución frustrada en Alemania, por el comportamiento pusilánime de la mediocre burguesía teutona, renaciera, en un episodio próximo, bajo la dirección de la pequeño burguesía. En función de tal expectativa la mentada circular es un impresionante compendio de estrategia y táctica revolucionaria, que incluye un análisis sobre el carácter de la revolución y su dinámica de clase, las posiciones y vínculos entre sí de la burguesía, la pequeño burguesía y la clase obrera, la política que debe desarrollar el proletariado. El tono, la tensión del texto y del objetivo al cual sirve siempre es “catastrófico”. Dice: “Nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada toda dominación de las clases más o menos poseedoras, hasta que el proletariado conquiste el Poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle y no sólo en un país, sino en todos los países predominantes del mundo, en proporciones tales que cese la competencia entre los proletarios en estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos del proletariado. Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva”. Las expectativas de Marx sobre la revolución no se cumplieron en los plazos del pronóstico original, pero las conclusiones revolucionarias de la Circular ganaron una perspectiva todavía más amplia, y si se quiere profética y anticipatoria, en la cual se formaron las generaciones de revolucionarios que le siguieron. Riazanov en su extraordinario trabajo sobre la vida de Marx y Engels dice que Lenin conocía las conclusiones de la Circular de Marx de memoria, lo que explica la conducta adoptada por Lenin ante el gobierno de Kerensky, pocos meses antes de octubre de 1917. Los mencheviques aconsejaban dejar pasar el momento para cuando el capitalismo volviera a “ponerse en pie”. ¿Y acaso no tuvieron razón, setenta años más tarde? Luego de la incumplida revolución del ’50, Marx planteó que el próximo “colapso” sobrevendría con la culminación del desarrollo de fuerzas productivas, que estimó estaría agotado para mediados de esa misma década. Y efectivamente la crisis sobrevino y aunque no provocó un estallido revolucionario, sí creó una situación revolucionaria (como explica Lenin en su estudio sobre situaciones revolucionarias); luego sobrevino la guerra franco-prusiana y la prematura Comuna de París. La secuencia podría seguirse con las expectativas de Marx, también cumplidas a medias, sobre las consecuencias del derrumbe de la producción agraria y la guerra civil yanqui al comenzar la década de los años sesenta del siglo XIX. Sobre el final de siglo, el propio Engels admitió que las expectativas de Marx y él mismo sobre la marcha de la revolución no se cumplieron, sin que esto quitase valor alguno a la teoría revolucionaria que sobre la base de una certeza inconmovible del “derrumbe del capital” ambos contribuyeron a cimentar de modo incomparable. Entendía lo que los marxistas ‘contables’ no asimilan -¡un siglo y medio después!- sobre la tendencia inevitable del capitalismo al colapso y a la disolución. Porque tanto Marx, como Engels, siguieron siendo “catastrofistas”, inclusive cuando estimaron que las vicisitudes de la economía capitalista y la maduración insuficiente del proletariado postergaban la revolución, por lo cual sacaron la conclusión de que esto reclamaba un trabajo de preparación política más prolongado para enfrentar adecuadamente…“el derrumbe del capitalismo”. El catastrofismo, este catastrofismo, está unido umbilicalmente a las concepciones de un socialismo riguroso, científico, revolucionario. Siempre fue así y siempre lo será. 


 


De la catástrofe a la revolución 


 


La caracterización que plantea la marcha inevitable de la sociedad burguesa a su propio desmoronamiento histórico como consecuencia de la “ley de movimiento del capital” (cuyo análisis y consecuencias, según las palabras del propio Marx, son la esencia de su propia obra); esta caracterización es el punto clave en el pasaje del socialismo como utopía al socialismo científico, según el título de un famoso libro de Engels. Pero el socialismo utópico que pretendía redimir a la humanidad, merced a los deseos, la racionalidad o inclusive la voluntad práctica de sus mejores representantes, fue en los comienzos del siglo XIX un síntoma precoz del “derrumbe del capitalismo” y hasta una expresión todavía primitiva, una transición hacia un socialismo obrero, cuando prácticamente no había obreros como clase forjada en la lucha contra el propio capitalismo. Ahora, doscientos años después, ya no el socialismo “utópico”, sino los trasnochados intentos por corregir la explotación capitalista con algunas inyecciones de dudosa moral, o de reflexiones metafísicas todavía más dudosas sobre el porvenir, muestran apenas un retroceso vulgar en materia de pensamiento de alguien que prefiere ignorar que nos encontramos en un período de “revolución social”. Y que, además, ni si siquiera tiene el mérito de la novedad. La elaboración del “catastrofismo” se encuentra, si se nos permite la expresión, en el alma del marxismo. Marx mismo señaló que no había que ver en la miseria y degradación humana provocada por el capital, sólo eso, sólo miseria y degradación, sino reconocer en ambos su elemento revolucionario. De la catástrofe, entonces, emana el progreso y es la civilización que se reconstituye de su negación, es la afirmación del hombre como autocreación por medio del trabajo, superando la alienación de ese mismo trabajo. Marx retomó así para su propia cosecha los mejor de la filosofía de Hegel en la cual se había formado. La catástrofe del capital, o lo que es la tendencia a la disolución social que implica su existencia más allá de las premisas que lo tornaron un fenómeno histórico necesario (y episódico entonces a la escala de la Historia), es lo que Marx llamó la labor del viejo “topo”, precisamente porque es la destrucción del capital que se prepara como resultado de las leyes de movimiento, desarrollo… y descomposición del propio capital. La tradición revolucionaria del marxismo nunca dejó de nutrirse y nutrir este catastrofismo, que alcanzará una nueva etapa de elaboración sobre la base del nivel que alcanza la sociedad capitalista y la lucha de clases en el siglo XIX y el siglo XX. Es, ya que hablamos de catástrofe, de la “última etapa” o “fase superior” del capital, para decirlo con las conocidas palabras de Lenin. El plano más elevado, que al revés del caso que nos ocupa, estimuló a las mejores cabezas del pensamiento socialista a caracterizar su “lugar histórico”. Es cuando florecen las grandes obras de los revolucionarios, planteando la “catástrofe que nos amenaza”, otra vez, citando un texto del líder de Octubre, que diera lugar a una de sus contribuciones más interesantes en plena revolución rusa.(Katz, en cambio, se preocupa por “mensurar las crisis”, como una especie de contador que estima cuánto falta para el siempre inalcanzable “porvenir del socialismo”, preocupado por explicar siempre “por qué el capitalismo se mantiene en pie”, según sus propias palabras.) 


 


Imperialismo 


 


Las elaboraciones de Hilferding sobre el límite que alcanzaba el capital con las nuevas formas de capital financiero o ficticio, los análisis de Bujarin sobre las contradicciones insalvables de la “economía mundial” en la época del imperialismo, los planteos de Rosa Luxemburgo sobre los límites de la “acumulación del capital”, concentraron como nunca las caracterizaciones sobre el derrumbe del capital. Ocurría en los años dramáticos en que el movimiento obrero debatía la conducta a tomar frente a una catástrofe que se estimaba podía arrasar con la historia, como resultado, precisamente, de los obstáculos absolutos que enfrentaba el capitalismo para sobrevivirse a sí mismo. ¿Hay que recordar esto otra vez a los intelectuales e izquierdistas? Es la época de la gigantesca carnicería de la primera guerra mundial, es la época de la hecatombe de las viejas direcciones del movimiento obrero que terminan asociadas a esa misma carnicería, es la época de “socialismo o barbarie”, según la terrible dicotomía que planteara la propia Rosa Luxemburgo en 1915. El mérito de los revolucionarios de entonces fue haber puesto de relieve en una caracterización muy seria, cómo el desarrollo del capital había llevado a la sociedad burguesa a una suerte de ‘punto de inflexión histórico’, acabando con la libre competencia, hipertrofiando las formas de existencia más parasitarias del capital, extendiendo su dominación a escala planetaria y alcanzando así la constitución de un mercado mundial, que es la última estación de su “misión histórica” (Marx). La “catástrofe” era este “lugar histórico” (Lenin). La revolución se abrió paso como consecuencia del derrumbe y la catástrofe del capital. Fue el tema estratégico de debate de la Tercera Internacional. Es el “dato” insustituible, que los gradualistas consideran en el siglo XXI, con sorna, como una realidad superada; un derecho que nadie les puede negar, pero, claro, no en nuestro nombre, ni el del “socialismo”, ni el del “porvenir”, para no hablar de la revolución a la que han dejado de lado. Cuando las derrotas de la revolución mundial y el aislamiento de la revolución rusa llevaron a una degeneración de los soviets y dieron lugar a la aparición de ese tumor maligno del movimiento obrero que fue el stalinismo, el derrumbe del capital no cesó de hacer su camino. La época de guerras y revoluciones, los cataclismos económicos, las más brutales convulsiones sociales, las “catástrofes” bélicas más despiadadas inclusive se profundizaron. El análisis del derrumbe del capital tuvo que incorporar entonces la crisis de dirección del movimiento obrero, el desplazamiento de la cúpula burocrática en el poder al campo de la contrarrevolución. Esta combinación particular, históricamente trágica, del derrumbe del capital, por su lado, y degeneración de una burocracia surgida al interior de un Estado obrero, por el otro, llevó la catástrofe de la sociedad burguesa a un nivel impensado. El Programa de Transición (1938) habla, entonces, de una “crisis de la humanidad”. Este es el camino de la historia, el de la catástrofe a la revolución; el camino inverso es el de Katz y sus amigos, que es el resultado de la desmoralización.


 


…de la revolución a la catástrofe 


 


Lo prueba el hecho de que Katz al frente de un grupo denominado Economistas de Izquierda (EDI), llegó a celebrar la disolución social de 2001 en Argentina, porque habría ofrecido el escenario de una suerte de comunismo primitivo capaz de abrir paso a una sociedad auténticamente humana. El asunto, en todo caso, tiene su lógica y se puso de relieve muy claramente cuando los EDI de Katz tomaron como acta de nacimiento el planteo de un llamado “Frente Nacional contra la Pobreza” (de la CTA de De Gennaro, Lozano y Yasky).Que en la misma línea intelectual habían llegado a la conclusión de que el “derrumbe del capital” no conducía a ningún lugar en sus carreras profesionales. Se propusieron, entonces, la poco grata tarea de probar que todo el mundo podía comer sin necesidad de derrocar al capital, es decir, sin superarlo. Por eso se pasaron de los “frentes de liberación nacional y social” a los frentes contra la pobreza; no contra el capitalismo sino por su “humanización”. Ni siquiera se percataron (o sí) que “pobres” era la manera de designar a los menesterosos en la época precapitalista, cuando la tarea de socorrerlos estaba a cargo de organizaciones caritativas, en general eclesiásticas. “Pobre” es una denominación engañosa (por eso la prefieren los intelectuales diletantes) para encubrir la desocupación que deriva de la explotación capitalista, y más precisamente, cuando esa desocupación se transforma en crónica y masiva, en un resultado del “derrumbe del capital” y de su tendencia irrefrenable al colapso y la disolución social. Para concretar su propuesta, le dieron a la pobreza un tratamiento “impositivo”. Con el objetivo de poner en claro que no hacían referencia a la transformación social idearon un mecanismo tributario para mostrar que se podía asignar a todo núcleo familiar un ingreso monetario similar al marcado por la “línea de la pobreza”, es decir, que apenas permitiera comer mal. A esta peculiar forma de “eliminar” la pobreza le pusieron de nombre “seguro de empleo”, para que no se escapara una contraprestación laboral y que en ningún caso se tratara de un subsidio al desempleo, financiado por la clase capitalista responsable de la desocupación masiva. No debe extrañar, entonces, que la organización de los intelectuales que elaboraron esta propuesta apoyara al gobierno de la Alianza y algunos de ellos sean ahora funcionarios del gobierno de Kirchner. No es necesario mucho más para señalar el carácter marcadamente antiobrero de este planteo centroizquierdista. Basta decir que esta línea de políticas frente al desempleo en masa y a la pobreza endémica hace mucho forma parte de los planteos al respecto del Banco Mundial. Katz y su grupo de Economistas de Izquierda debutaron en pleno colapso económico, social y político de la Argentina, para copiar la propuesta centroizquierdista (e incluso del Banco Mundial). De tal modo que, siguiendo el libreto establecido por los colaboradores del gobierno de De la Rúa, rechazaron de movida exigir un subsidio al desocupado para plantear -y citamos textualmente- “un seguro de empleo y formación propuesto por organizaciones sociales y sindicales” (se refiere a la CTA).


Para que no cupieran dudas, Katz y el EDI especificaron que “los seguros de empleo… gestionados por las organizaciones del movimiento de trabajadores desocupados podrán convertirse en verdaderas remuneraciones del trabajo comunitario para recuperar la cultura del trabajo en oposición al trabajo alienado que surge de la actual relación entre el trabajo y el capital”. Es decir, que Katz y sus EDI veían en la descomposición social que llevó a privar del plato de comida a los explotados (o sea que el capital era incapaz de reproducir la fuerza de trabajo, o sea el “capital variable” necesario a su sistema social), para dar lugar a gigantescas ollas populares y diversos emprendimientos de autoayuda; veían en eso una “superación” del capitalismo y la forma suprema de convivencia humana en una existencia “desalienada”.La confusión de los efectos disolventes de la desocupación en masa con el “comunismo primitivo” no es otra cosa que una salida reaccionaria a la crisis a la esfera de que el capital “siga en pie”. Una igualdad en la miseria era presentada como la des-alienación del trabajo humano. 


 


Barbarie práctica y teórica 


 


Katz y sus amigos del EDI fueron en este camino hasta el final. Es así que propusieron como un paradigma de organización social, a la “economía del trueque”, o sea, el retorno a la economía pre-monetaria. Dirigentes del Partido Obrero, que eran a su vez líderes del movimiento piquetero, denunciaron al trueque como un mecanismo de confiscación económica y política. Por un lado, porque con la emisión incontrolada de “créditos” que servían para el intercambio se procedía a una devaluación creciente de este dinero “sui generis”, que acabó hundiendo a los mercados y a los “trocantes”. Esto, mientras algunos vivillos la presentaban como una salida “solidaria” a la crisis. Algunos tuvieron el atrevimiento de llamarlo “economía social” y no faltaron intelectuales que luego de fracasar en el estudio de la pobreza, se dedicaron a recabar fondos en algunas ONG para estudiar el fenómeno, dictar cursos y seminarios para líderes de la comunidad. Por otro lado, se trataba de una confiscación política porque el negocio del “trueque” se encontraba bajo el control de punteros y mafias peronistas que, más allá de sus propios beneficios, pretendían sustraer al pueblo empobrecido de la movilización y organización independiente contra el gobierno y el aparato estatal. En los mercados de “trueque” se produjo una hiperinflación de los “créditos”. Algo que inclusive podía “contabilizarse” en el número de créditos que se ofrecían a cambio de algunos trabajos de servicio personal (docentes para ayuda escolar, arreglos domésticos) frente al costo prohibitivo de algunos alimentos básicos. La falsificación indiscriminada de esa moneda basura (algo inevitable, porque el dinero no “se crea”) a cargo de diversas bandas vinculadas al aparato estatal, terminó por desmoronar los “mercados de trueque”. El trueque supra-potenció todas las lacras del fetichismo del dinero. Para Katz y los EDI, en cambio, el “trueque” constituía un fenómeno que “fomenta(ba) la dignidad del trabajo”, según escribió un coequiper de Katz. Como aquel personaje del impostor de Sartre que creía conveniente comenzar por engañarse a sí mismo para asegurarse que podría mejor confundir a los demás, Jorge Marchini explicó en una carta dirigida a Prensa Obrera (N° 750 del 18/4) el modelo socialista del “trueque” como de una “transparencia informativa –publicación del estado del circulante, auditoria por comisión abierta, inyección no arbitraria de nueva emisión, etc.– que no es habitual en la mayoría de las organizaciones sociales y políticas de la Argentina (ni siquiera en los partidos de izquierda, incluido el PO)”. Lamentablemente para Marchini-Katz, luego de sus análisis sobre la cristalinidad del mercado del trueque, el diario capitalista de mayor circulación en el país informaba sobre el derrumbe de la “red del trueque” por la sistemática estafa con los mentados “créditos” que por eso se desvalorizaban en la mayoría de los nodos al 90% del circulante”3.


 


Ya no como economistas, que parece ser una materia que no dominan, al menos como hombres de izquierda, Katz y sus EDI deberían saber que en la época actual


el “trueque” reaparece sólo como expresión de la barbarización. Esto mismo se verificó en la amplitud colosal que tomó la economía de trueque en la Rusia “restaurada” por el capital financiero. Los “economistas” de Katz no sólo no repararon en este hecho sino que olvidaron, como “teóricos”, que un mercado de “trueque” mucho más elaborado y productivo que el de ellos, ya había sido confundido con el socialismo por lo reformadores sociales del siglo XIX, incluyendo en esto a una de sus más conocidos representantes, como es el caso de Proudhon. Marx dedicó su Miseria de la filosofía a criticar la pretensión de Proudhon de superar al capitalismo mediante una economía del trueque que asegurara una justa “distribución” de las mercancías, a través de una suerte de certificados o “bonos de trabajo”, que acreditara las horas invertidas en su producción. Pero los productos del trabajo necesariamente ocultan esta condición (o sea que pierden la ‘transparencia’) y adoptan la forma intransferible de mercancías cuando el intercambio se realiza entre productores privados independientes unos de otros. En este caso, la regulación de este trabajo social dividido, sólo puede tener lugar, luego de un largo proceso histórico, a espaldas de los productores, a los cuales esa regulación (el dinero) se impone como una fuerza exterior. Proudhon pretendía superar al capital con una circulación general de mercancías, que en la medida que circulan se convierten en dinero y en capital (comercial-mercantilfinanciero). Marx demostró que la idea de los “bonos de trabajo” ni siquiera era propia de Proudhon sino que había sido formulada con anterioridad y en primer lugar por un inglés llamado John Gray (ver su artículo “John Gray y los vales de trabajo”) y que Proudhon la había extremado al absurdo punto de “sacralizar la mercancía como la esencia del socialismo” (idem).De todos modos, el planteo de Proudhon consistía en asegurar el “trueque” entre productores mercantiles reales; el de Katz y los EDI en asegurar el intercambio de consumidores desahuciados. El antecedente recuerda aquello de que cuando las cosas se repiten, emergen desgastadas.


 


Miseria de la economía 


 


No hay nada arbitrario en este comentario. Katz ‘asignó’ a los “economistas de izquierda” la tarea de “demostrar que un régimen basado en las reglas del mercado y la competencia puede ser reemplazado por otro sistema de organización real de la producción, orientado por las necesidades prioritarias de la población” (ataca al mercado pero no a la explotación capitalista, a la circulación, no a la producción). Precisamente, la identificación del socialismo con la “producción racional y colectiva” es propia de los tiempos prehistóricos del movimiento socialista, como tuvimos oportunidad de señalarlo en un artículo sobre el punto, titulado “El socialismo arqueológico de los economoizquierdistas”4. Decíamos en aquella nota que Claudio Katz había olvidado entonces el “curso de formación” que supimos dictar y en el cual citábamos a un terrateniente cuáquero que ya en 1696 presentó en el Parlamento británico un proyecto de sociedades cooperativas que mostraba las enormes ventajas de la “organización racional de la producción” concebida como tarea colectiva y planificada. El hombre, claro, no era socialista. Más acá, aunque doscientos años atrás, a comienzos del siglo XIX, las asociaciones de producción y consumo “planificadas” para la labor colectiva de miles de personas fueron ideadas por los exponentes del llamado “socialismo utópico”, en cuyas filas militaban industriales y filántropos. Más todavía, al final de ese mismo siglo, un mediocre socialista alemán, adversario de Marx y del movimiento obrero revolucionario, llegó a la conclusión de que una “organización metódica de la economía planificada” podría multiplicar rápidamente los ingresos de los obreros y reducir el horario de trabajo a la mitad del tiempo entonces vigente. Katz y los EDI boys se han dado a la tarea de volver a explicar, como “objetivo principal”, lo que era original hace más de trescientos años, pero no hoy. Lo cierto es que socialismo y producción planificada no son sinónimos, y emparejarlos es un error… pre-socialista. Que estos muchachos liderados por Katz sean considerados como “teóricos” de la economía política y de la “renovación socialista” es una especie de “mundo del revés”, según la conocida canción para niños de María Elena Walsh. La cuestión del socialismo no es de “racionalidad”; el capitalismo le dio al racionalismo un ímpetu sin precedentes. La pérdida de la “razón de ser” del capitalismo debe ser demostrada históricamente, por su bloqueo al desarrollo de las fuerzas productivas, y de ningún modo deducida de los principios de la “razón”. Al contrario, Marx identificó al derrumbe y a la catástrofe como una situación en el cual ya ni siquiera funcionaba la “razón organizadora del capital”. Marx expresó muchas veces que la “anarquía” y la “competencia capitalista” habían servido históricamente, bajo formas sociales contradictorias, para dar una extensión universal al mercado y poner en pie un “obrero colectivo”; un “taller social” de alcances planetarios que constituía la premisa para emprender una verdadera emancipación del hombre que mereciera el nombre de tal. Esto significa que el capitalismo no habría ocupado un lugar en la historia si no fuera precisamente por su “racionalidad” (frente a los modos de producción anteriores a él). Los mejores exponentes del movimiento socialista dijeron hace más de cien años que lo que importa no son las premisas técnicas de la “producción planificada” sino las condiciones sociopolíticas para concretarlas: la constitución de la clase obrera como organización política autónoma y su conciencia de que hay que destruir la maquinaria estatal de la burguesía, es decir, la revolución proletaria y socialista. Se ve que ya conocían a los “economistas de izquierda” de su tiempo.


 


 Miseria de los “economistas” (y de los no tanto) 


 


Conviene recordar ahora que la jefatura de hecho que asumió Katz entre los EDI no tuvo que ver absolutamente nada con sus, como vimos, discutibles cualidades como economista. Como lo señalamos en su oportunidad (“Propiedad, poder, economía”, en Prensa Obrera N° 783,5/12/02) los EDI salieron en su momento a la luz pública al ser súbitamente lanzados a la promoción mediática cuando el mismísimo Claudio Katz fue ungido ni más ni menos que como hipotético ministro de Economía de un igualmente hipotético gobierno de Luis Zamora. Zamora, un ex izquierdista que había abandonado la política casi una década atrás, luego del Argentinazo se presentó a elecciones repudiando la “partidocracia”, en particular la de la izquierda. Reivindicó su rol de francotirador en nombre de una especie de “autonomismo” de la “autodeterminación” individual; sobre todo si servía para recolectar votos entre quienes repudian todo tipo de liderazgos salvo el propio y para acceder a una banca convenientemente remunerada (es la acusación prácticamente literal del puñado de seguidores que poco tiempo después acabaron por fugar en masa del grupo zamorista, hoy aletargado en un piadoso olvido). En función de esa misma línea y al ser indagado en el pico de su popularidad sobre como haría para enfrentar los problemas económicos del país, Zamora naturalmente eligió otro individuo “autodeterminado” y, calificando positivamente su saber “económico”, nominó a…Claudio Katz como posible jefe de la cartera respectiva en su “gabinete”. En esas circunstancias, y en lugar de delimitarse de un planteo verdaderamente patético, Katz y el EDI armaron a toda prisa una presentación especial de su “programa” en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, que hasta la televisión reprodujo en horario noble. Su atractivo consistía en que presentaba una “propuesta socialista” elaborada por profesores universitarios y bajo el amparo de un político estrella de las encuestas de voto. Cierta izquierda que no podía resistir la promesa de algunos miles de papeletas electorales, se subió inmediatamente al carro de los EDI. La misma centroizquierda, recordemos, incluyó en el “programa” del EDI el planteo inadmisible de un miserable “seguro de empleo”. La propuesta del EDI fue entonces firmada por economistas y personajes de los más diversos que no tenían nada que ver con la economía, pero compartían con los seguidores de Katz su rechazo a un planteo revolucionario y el afán por presentar esto como una “propuesta económica socialista”. El concepto mismo de una propuesta “económica” socialista es, sin embargo, un contrasentido. Porque “la economía política es la ciencia de la miseria humana”, como afirma el autor de una de las mayores investigaciones académicas sobre la evolución del pensamiento de Marx5, y su crítica es el punto de partida del socialismo. La economía es sinónimo de un modo de producción social dominado por las mercancías y el capital, es decir, por la anarquía y la explotación del trabajo humano. Por esto mismo la crítica de la economía política no conduce a la perfección de la disciplina sino a su superación. Nos lleva, más allá del terreno de la economía, al plano de una teoría histórica, social y revolucionaria del mundo capitalista6. La economía, condicionada históricamente por la sociedad burguesa a la cual embellece, está llamada a ser disuelta junto a la desaparición de ésta última, como resultado del proceso que es propio de la revolución socialista. Las contradicciones insuperables de la economía se resuelven, entonces, en el terreno de la lucha de clases y de la disputa por el poder. Pero Katz y los EDI declararon explícitamente que sus planteos excluían cualquier definición respecto a un planteo de “poder”, para mantenerse en el terreno de la “economía”. Textualmente: “no definimos qué tipo de gobierno supone la aplicación de nuestras propuestas”. Nada que agregar entonces sobre semejante definición…“socialista”. 


 


Miseria del socialismo 


 


El socialismo convertido en “propuesta económica” consiste para Katz, y para una enorme cantidad de organizaciones y grupos izquierdistas e izquierdosos, en pregonar una serie de estatizaciones y nacionalizaciones de empresas varias. La confusión de tal modo entre estatismo y socialismo es especialmente negativa porque el segundo debe distinguirse en particular por su crítica al primero y por plantear en consecuencia la destrucción de la hipertrofiada máquina estatal capitalista con el objetivo de colocar todo el proceso social bajo el comando colectivo de los productores, es decir, de los trabajadores. Y el primer problema de los trabajadores en una transformación revolucionaria no es la propiedad sino el poder. Es el principio de todo… y desde el principio: “el primer paso de la revolución obrera es la toma del poder… del cual se valdrá (el proletariado) para despojar paulatinamente a la burguesía de todo el capital”7. 


 


Es decir, primero el poder, luego la propiedad, no al revés. En cambio, para Katz y cía., el “programa” consiste en eludir el problema del poder. Recordemos, además, que setenta años después de lo señalado por Marx en el Manifiesto, la misma cuestión reaparece en un notable texto escrito por Lenin en agosto de 1917, dos meses antes de la revolución socialista soviética8. Entonces, el panorama aparecía dominado por un enorme caos y desorganización económica. Lenin planteó que la cuestión podía y debía ser resuelta sometiendo todo el tejido productivo al “control, la vigilancia y la contabilidad”. Esto implicaba la centralización inmediata de recursos, comenzando por los bancos y su administración racional mediante el “control obrero” colectivo. Sólo de la pelea por tal control, es decir, de la disputa por el poder de comando de la situación, se derivaría el destino de toda la transformación social. Pretender expropiar a la burguesía sin luchar por destruir su Estado y llevar al proletariado al poder es propio de un “economista” atrapado en su propio laberinto. ¿Se puede decir entonces, como lo ha hecho el PTS en una crítica de muy escaso valor, que el problema Katz y el EDI es presentar un programa “económico” correcto y socialista, pero con el defecto de no plantear el “sujeto social” capaz de ejecutarlo? No es así. Una crisis profunda y decisiva puede llevar a la burguesía a las más variadas nacionalizaciones y expropiaciones… para reconstruir las bases de la economía capitalista y del Estado que le corresponde. Un programa que no conecta de un modo directo los ataques a la propiedad burguesa con la necesidad del poder obrero –y esto con la finalidad de hacer compatible sus propuestas con los enemigos de un gobierno de los trabajadores– es un programa pequeño burgués y antiobrero. El programa de Katz y el EDI corresponde a un sujeto social bien definido. Es la clase media intelectual, cebada en su supuesto dominio de la “teoría”, vacilante e inconsecuente. Pequeña burguesía que encuentra en la “economía” el terreno ideal del diletantismo. Del mismo modo que encuentra en la acción colectiva y disciplinada de una organización obrera su enemigo natural. El campo del EDI no es el de la acción y la movilización práctica, sino el de la “asesoría” y las “mesas redondas”.


 


Descubrir lo viejo 


 


En alguna oportunidad Marx fue interrogado sobre como pensaba que sería una sociedad socialista. Contestó despreciando la cuestión, como si la propia pregunta no supusiera una completa ignorancia acerca de sus planteos, concentrados en analizar las contradicciones de la sociedad capitalista y la organización del proletariado destinada a derrocarla y nunca en especular abstractamente sobre los tiempos que vendrán. “No soy el cocinero que provee las recetas del porvenir”, respondió entonces Marx. Katz acaba de publicar un libro sobre el “porvenir del socialismo” en el cual no falta ninguna de las recetas posibles. Suprime el movimiento de la revolución, la lucha del movimiento obrero por sus objetivos históricos y, en su lugar, se ofrece es una larga letanía en torno a algo que para Katz es una obsesión recurrente: la “democracia”. Una suerte de quimera, de esencia fundante tanto del capitalismo como del socialismo, puesto que la democracia constituye “una noción compartida” por ambos, dice Katz (pág. 199). Como coincidencia llamativa, digamos, que Bernstein inició su prédica del revisionismo con planteos muy similares en un trabajo llamado “Problemas del socialismo”.


 


La atribución a la democracia de un “valor universal” es un planteo en principio tan viejo como el propio pensamiento burgués y hunde sus raíces en mitos, religiones y filosofías que se remontan muy atrás en el tiempo. Pero, inclusive, cuando jugó un papel revolucionario, no lo hizo como bandera “universal” sino como dictadura jacobina. Era entonces la democracia revolucionaria que arrasaba sin miramientos -y también sin los prejuicios de la formalidad institucional de la democracia- contra todo lo que se oponía a la rebelión popular. Era “universal” hacia el futuro, no hacia el pasado. ¿Qué tiene de universal un régimen que perpetúa y que refuerza la oposición del hombre contra el hombre y la explotación de una mayoría por una minoría? La crítica a las limitaciones insalvables de lo mejor de la democracia burguesa es demasiado conocida como para repetirla acá y destacó en particular la contradicción entre la igualdad formal (y ficticia) en el plano político y la desigualdad real (y creciente) que es propia del sistema capitalista. En los materiales más elementales que todo militante socialista lee desde un comienzo figuran los que rezan la doctrina básica de que aunque los regímenes políticos de la burguesía no sean indiferentes para el proletariado y los explotados, la más amplia de las democracias no deja de ser una dictadura del capital. Cuando Claudio Katz afirma que “el socialismo presupone (nótese: pre-supone) la instauración de una democracia genuina”, el asunto es mucho más prosaico y nada tiene que ver con el campo de lo que es revolucionario sino más bien con su opuesto. Si algunas décadas atrás floreció el pseudo descubrimiento del “valor universal de la democracia”, la referencia no era la transformación radical del mundo medieval ni de ningún otro mundo, sino, al revés, el embellecimiento de los más podrido de la democracia imperialista, del voto manipulado por el capital, del parlamentarismo corporativo, de la división de poderes para mejor engañar al pueblo, del estado de derecho contra la acción directa… y la revolución. Esto ya no es teoría sino historia práctica reciente; fue cuando “el eurocomunismo” en el final de los años ’70 del siglo pasado se preparó para el ejercicio directo de la “democracia”, es decir, el comando de las potencias capitalistas europeas. La teoría del “valor universal” de la democracia se acuñó en la península itálica entonces como fundamento del “compromiso histórico” forjado por el stalinismo vernáculo con la mafia vaticana de la democracia cristiana. En nuestro continente fue tempranamente importada por la izquierda brasileña para proclamar que renunciaba a cualquier planteo revolucionario para acabar con la dictadura militar de la época y, al contrario, para afirmar su disposición a pactar una sucesión “institucional”, es decir, antidemocrática, con los militares en el poder. Los teóricos del “valor universal” de la democracia son los que terminaron llegando al poder con Fernando Henrique Cardoso, primero, y con Lula más tarde. Es un plato recalentado y en estado de descomposición el que nos ofrece Katz y ni más ni menos que para el “porvenir del socialismo”. ¡Ay, Dios (si existiera)! En realidad, ya no hay nada de socialismo; el socialismo se ha transformado en una suerte de extensión de la “democracia”. No sólo “presupone” el socialismo: “la democracia es la condición para un progreso emancipatorio, porque coloca los destinos de la sociedad en manos de la mayoría popular” (pág. 223). Abajo la revolución socialista entonces, viva la democracia. Tampoco hay proletariado, sólo “pueblo”. El “porvenir del socialismo” se carga así del anacronismo de su inventor y arrastra un populacherismo de museo libresco. El escenario socialista se concretaría entonces con la conquista de lo que Katz llama la “ciudadanía plena” ya que el capitalismo la ha coartado o dejado irresuelta. Pero la “ciudadanía” es el lado conservador de la revolución democrática, es la llamada emancipación política que se traduce en la “igualdad”… ante la ley, en la sociedad en la cual el contrato y la ficción jurídica convierte en sujetos “equivalentes” al “patrón” y al “obrero”… es la “sociedad civil” cuyos antagonismos, según la célebre sentencia de Marx, encuentran su “resumen oficial” en el poder político de la burguesía. ¿Pero acaso con nuestros “teóricos” tendremos que empezar todo de nuevo? La “ciudadanía plena” es la utopía idealizada del mundo burgués en la época más bárbara de la decadencia capitalista; es el “socialismo”… de la izquierda antirrevolucionaria.


 


Miseria de la política


 


La receta de Katz tiene un lado si se quiere simpático, cuando su “democracia”, que se le ocurre “socialista”, adquiere la forma de un producto de cotillón en la misma medida en que puede imaginarse como esos disfraces que se componen o adornan con fantasías y oropeles a elección del consumidor. Su “modelo” se compone con lo bueno de la democracia “directa”, lo mejor de la “indirecta”, un poco de lo que es propio del “consejismo”, otro del “régimen político libertario” y algún condimento de “multipartidismo”. Finalmente, todo tiene en este mundo algo bueno, según el pensamiento de este intelectual devenido en una variante de pastor socialista.Y todo ello debe tenerse en cuenta,dice Katz, para “prefigurar el régimen político del futuro”, que es lo que define como el propósito fundamental de su “reflexión teórica”. Este es el retrato genuino de estos “filósofos de la miseria”, vestido de ese tipo de personaje cocinero que nos brinda las recetas del mañana, su “modelo para armar”, que ofrece como resultado de la lectura de todas las fórmulas posibles y de las cuales nos presenta siempre el sabor más apropiado. La consecuencia es una especulación vana, vacía de contenido y que sólo busca impresionar por la cantidad de información que reúne de libros y artículos leídos sin ton ni son y de numerosos “papers” dedicados a similares ejercicios de “reflexología”, que en este caso nada tiene que ver con la disciplina del Dr. Pavlov. El socialismo como ciencia nació para descartar las recetas y Katz propone renovarlo transformándolo en un libro de cocina…“El señor convendrá conmigo en que un hombre que no comprendió el estado actual de la sociedad, comprenderá menos aún el movimiento que tiende a subvertirla y las expresiones literarias de este movimiento revolucionario”, escribió cierta vez Marx respecto a alguien bien más ilustre que el que nos toca en suerte. Es la desaparición de la política. El “porvenir del socialismo” es un ejercicio pasatista de literatura sin rigor que se adereza seguramente con alguna conferencia o viaje que pueda sentar bien al espíritu del autor. Es un estilo, una especie de socialismo “fashion”: el texto de Katz es amable y grato, porque jamás asume la dureza de una lucha ideológica concreta. La polémica es siempre insinuada, lateral, nunca dirigida a la conquista abierta de una posición por la cual jugarse, siempre evitando la controversia llana. Cuando se la plantea, al mismo tiempo se la disimula, como quien arroja la piedra y esconde la mano. Por eso la cita que encabeza este mismo artículo de crítica al Partido Obrero, nunca fue dirigida en realidad al… Partido Obrero; nosotros “forzamos” la aparición del sujeto para una polémica más leal.


Katz hace la crítica mencionando a un supuesto “crítico del reformismo” innominado (partidario del “catastrofismo”, etc.) y sólo una cita de pie de página medio perdida aclara que se trata de Jorge Altamira y de un artículo de Prensa Obrera que, de todos modos, no se dice que es el órgano del Partido Obrero. No es un detalle. En el territorio de Claudio Katz no hay partidos, tendencias, programas, organizaciones: todas las referencias remiten a “comentaristas”, “autores”, “investigadores”, “especialistas”. El tono pretendidamente académico es en sí mismo toda una definición y transforma al propio Katz en un “economista” o “profesor” del cual se vale la izquierda que descree definitivamente de las revoluciones y de la clase obrera para hacer pasar su propia involución. Es una interesante “dialéctica”, muy de nuestro tiempo. Katz mismo ha alcanzado el “desideratum”, muy cómodo para el “intelectual”, de la completa irresponsabilidad y esto en el sentido preciso de que no es responsable ante nadie, ningún agrupamiento, ninguna organización. La organización, sin embargo, es la condición para dar cuenta del “derrumbe del capitalismo”. Es necesario la asociación de los hombres, su conciencia, su acción práctica, la constitución de la vanguardia obrera como partido. Este es el propósito que se trazaron los fundadores del socialismo científico, partiendo, claro, del “dato” del “derrumbe del capitalismo”. Ni el PO, ni cualquier auténtico militante socialista tiene como propósito “mensurar” la “dimensión” de cada crisis capitalista, una tarea que, además es imposible de completar, porque requiere tiempo y perspectiva. Esto lo señaló Engels, más de un siglo atrás, cuando planteó que los socialistas estamos obligados a actuar contra la barbarie capitalista aún sin poder “mensurar” la “dimensión de las crisis”, lo que no impide apreciar su naturaleza histórica. El PO, ni ningún partido obrero, tiene la función de un economista, no tiene inversiones en la Bolsa, ni empresas que salvar de la bancarrota, “mensurando” ganancias y pérdidas en una crisis. En un debate reciente, Katz admitió que en sus elucubraciones sobre el “modelo” del “porvenir del socialismo” “excluye” considerar lo que sucedería en los “períodos de excepción”, es decir, “excluye” considerar la revolución que, naturalmente, es un acontecimiento histórico excepcional. De eso no se habla; no se habla de la catástrofe capitalista ni de la revolución que engendra. La crítica al “catastrofismo” es la crítica a la revolución social simplemente disfrazada de…“debate socialista”. Es la intelectualidad desnaturalizada, es decir, no al servicio del conocimiento, sino de la confusión y de malherir la teoría. Semejante cosa fue “explicada” en un Instituto del Pensamiento Socialista. Suena a Discépolo y cambalache. Como aquel emergente de la familia enferma en el cual se concentran los síntomas patológicos de su entorno aparentemente sano, Katz se convirtió en una expresión del lastimoso retroceso de una parte enorme de la izquierda, aplastada por las evidencias de una barbarie del capital que no cesa, incapaz de descubrir el elemento revolucionario que anida en un derrumbe civilizatorio que es incapaz de reconocer o sencillamente ocupada en disfrazar su propia impotencia, cuando no su propia impostura. El “porvenir del socialismo”, del que apenas hacemos una mención porque seguir sus meandros haría ahora excesivamente largo este trabajo ya demasiado extenso, es el retrato de este presente de confusión y desdicha que ha quebrado a tanta izquierda aquí y en el mundo. Por eso es que en la página web de la llamada “Liga Comunista Revolucionaria” de Francia figura Katz como renovador del marxismo en las pampas, es premiado oficialmente en Venezuela como librepensador “socialista” y abunda en una producción tan copiosa como insustancial con la cual rinde culto al programa de Voltaire de “cuidar el propio jardín”. Lo que una expresión latina llamaba “quid pro quo” es lo que explica la necesidad de este texto. 


 


 


NOTAS


 


1. Herramienta N° 32, junio de 2006.


 


2. David North, “Marxism and revisionism on the eve of the twentieh century”, en World Socialist Web Site.


 


3. Clarín, 17 de octubre de 2002


 


4. Prensa Obrera N° 765, 1º de agosto de 2002


 


5. Maximilien Rubel, en Karl Marx, una biografía intelectual, Ed. Paidós. 


 


6. George Labica y otros, Dictionnaire de Marxismo, Ed. Presses Universitaires de France. 


 


7. Karl Marx, Manifiesto Comunista.


 


8. Vladimir Lenin, La catástrofe que nos amenaza, y cómo combatirla.


 

Tesis del XV Congreso de la Central Obrera Departamental (COD) de La Paz


Presentamos a continuación la tesis aprobada en el XIX Congreso Ordinario de la Confederación General de Trabajadores Fabriles de Bolivia, realizado entre el 31 de julio al 5 de agosto de 2006, en Riberalta. Las tesis fueron presentadas a debate por el Frente de Unidad Fabril (FUF), que agrupa a una treintena de fábricas de La Paz que, en su mayoría, producen para el mercado interno. El FUF plantea la lucha contra el TLC (Tratado de Libre Comercio) con Estados Unidos, la independencia de clase frente al gobierno y la exclusión de los ministros burgueses del gobierno. Con esas consignas marchó el sector fabril el último 1º de Mayo. La intervención del FUF produjo una polarización con el sector de la dirigencia sindical de las fábricas que producen para la exportación; este sector apoya la firma de un TLC con los Estados Unidos (con ese objetivo organizaron una movilización en La Paz en diciembre del año pasado, en las vísperas de las elecciones presidenciales). Este sector sindical es fiel aliado del gobierno de Morales y cuenta con un ministro en el gabinete, Alex Gálvez Martínez, que ocupa la cartera de Trabajo. La misma tesis, con modificaciones y complementaciones, fue presentada en el XV Congreso de la Central Obrera Departamental (COD) de La Paz, realizado entre el 7 y 10 de septiembre; la COD organiza a todos los sindicatos y asociaciones de La Paz (fabriles, maestros urbanos, constructores, municipales, gremiales, salud, de prensa). En el debate de la Comisión Política del Congreso, la tesis que presentamos a continuación superó por un voto a la presentada por el Partido Obrero Revolucionario. El debate en la Comisión Política se centró en la intervención ante la Asamblea Constituyente y en las posibilidades políticas del gobierno, en particular en la posibilidad de que, contra su voluntad, el gobierno de Morales se vea obligado a chocar con el imperialismo. En la sesión plenaria del Congreso de la COD, la tesis presentada por el FUF fue aprobada por una amplia mayoría de trabajadores.


 


Por un sindicalismo de clase. 


 


Por una dirección revolucionaria. 


 


Por el instrumento político de los trabajadores. 


 


Por la Revolución Social. 


 


La clase obrera frente al proceso histórico


 


 Lo importante en un programa o tesis política es, a la vez de formular las concepciones teóricas conquistadas por la clase obrera, hacer un balance de las tendencias económicas y políticas mundiales del último período como un todo, en sus relaciones y sus contradicciones. ¿Cuáles son, entonces, las características de la economía mundial que han repercutido profundamente en nuestra realidad particular boliviana y por consecuencia a los sectores populares? Debemos ratificar que la sociedad capitalista actual ha llegado a una época de crecimiento inusitado, pero de contradicciones más agudas; son las características de una sociedad que ha caído en una época de hundimiento, o sea, de agonía. Las características que distinguen la presente etapa histórica están determinadas a partir de la disolución de lo que conocíamos como “socialismo real” y de la restauración capitalista en proceso. Esto ha ampliado geográficamente y socialmente la dominación del capital. El retroceso histórico que significó la caída del “socialismo real”, ha profundizado la competencia dentro de la clase obrera mundial, al reintegrar al mercado mundial a centenares de millones de trabajadores. Esto explica el desplazamiento de grandes consorcios a China, Vietnam, etc.


 


Este es el hecho material que explica la caída mundial del salario que podemos percibir, de los bajos niveles de sindicalización, de la desocupación en masa como un fenómeno permanente y de la derrota parcial que sufrió la clase obrera a nivel mundial; en nuestro país este fenómeno fue llamado como la crisis del movimiento sindical. A la vez, esto también explica el inicial proceso de resistencia obrera que surge ahora en Europa y los Estados Unidos (la lucha contra la precarización en Francia e Italia o las movilizaciones de los mal llamados inmigrantes en pleno corazón del imperialismo).Para poder competir con los bajos costos laborales de los países “emergentes”, las clases dominantes de los países imperialistas están obligadas a destruir todas las conquistas de su clase obrera, el salario indirecto, diferido, y el directo (sistema de salud, la jubilación y los salarios, etcétera). El proceso de restauración del capitalismo amplió el radio de explotación del capitalismo a nivel planetario. Esta forma de salir de la crisis impuesta a inicios de los años ochenta ha impulsado una mayor saturación de mercancías del mercado mundial. En la producción textil convirtió a China en su mayor ofertante, esto lleva como tendencia la monopolización de ese sector por este país, lo cual está llevando al cierre de miles de fuentes laborales en otros países. El ejemplo más papable es el propio México, donde se perdieron ya 300.000 empleos; China se convierte en el motor de la mayor fuente de acumulación de capital a nivel mundial y en la mayor generadora de crisis. Este proceso de restauración capitalista, que otros llaman globalización, no constituye un avance sino un retroceso histórico (económico y social), eso es palpable en China, la ex URSS, Europa, Estados Unidos y América Latina.


 


Para los obreros bolivianos la globalización significó la profundización del carácter semicolonial de nuestra economía, productora de materias primas (ahora el estaño es reemplazado por el gas), la penetración del capital transnacional en los sectores más importantes de la producción y la apropiación de su excedente por estas empresas, y el cierre de muchas fábricas “no competitivas” con la implementación de la política neoliberal de libre comercio, con su correlato de miles de despidos. Este proceso ha impulsado una nueva fase de industrialización parasitaria, que sustituye la industrialización de nuestro país con la implementación de “microempresas”, maquiladoras y armadurías, tercerizadas, en subcontrato o en contratos eternos de eventualidad. Este proceso tan presente en las fábricas textiles, joyeras y madereras tiene el objetivo de explotar la mano de obra barata boliviana. Desde 1985, se abrió un período para los trabajadores bolivianos, caracterizado por los continuos atentados contra la clase obrera y el pueblo, como nunca antes se había visto. Se despidieron a los mineros con la famosa relocalización, se abrieron las fronteras, lo cual significó el cierre de muchas empresas y unos 110.000 despedidos (entre mineros y fabriles), se congelaron salarios, se impuso una dictadura patronal que en los hechos ha flexibilizado las condiciones laborales, utilizando los contratos eventuales (de 30 días de prueba o los contratos por tiempo fijo) han eliminado la seguridad del trabajo; se incrementó la explotación alargando las jornadas laborales y se eliminaron las conquistas sociales como los bonos escolar, vacacional, de movilidad, sueldo quince, etcétera;se perdió el respeto a Ley General de Trabajo (sea buena o mala), se perdió el sistema solidario de jubilación. Todo esto ha erosionado la solidaridad de la clase obrera y debilitado su principal instrumento de lucha: el sindicato. Como vemos, la globalización tiene un carácter de retroceso histórico, esto en Bolivia, Argentina, Francia, Africa, China, los Estados Unidos, etcétera. 


 


La crisis, guerras y revoluciones tienen un carácter mundial 


 


La caída de los llamados tigres asiáticos en 1997 inició todo un período de crisis económicas, de permanentes crisis financieras. El estancamiento económico de las principales economías mundiales. La preeminencia del capital especulativo al productivo, la explosión de las llamadas burbujas especulativas, el extraordinario endeudamiento de los Estados. El fracaso e inconcluso proceso de restauración capitalista. La debacle económica del país imperial, Estados Unidos. Todo esto marca una tendencia de la economía mundial a mayores crisis. La restauración del capital en los llamados países socialistas o Estados obreros es un proceso inconcluso. La transferencia del patrimonio estatal a un puñado de acaparadores, en China, Rusia, el Este Europeo, no ha eliminado el carácter estatal de sus economías, no se ha formado todavía una clase burguesa. La cuestión de la propiedad no ha sido resuelta aún, eso lo demuestra la nacionalización de la principal empresa petrolera en Rusia (Yukos). La crisis social en los países imperialistas, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, etcétera, es la expresión más contundente de la crisis capitalista. La eliminación de todas las conquistas sociales de la clase obrera, logradas posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, apunta a la caída de los costos laborales, eso es lo que quieren lograr las burguesías imperialistas al eliminar la legislación laboral y la protección social (salud y previsión social) en sus países. Esto ha generado un inicial rebrote de luchas obreras en pleno corazón del imperialismo.


 


La guerra permanente impulsada por el gobierno norteamericano y sus aliados en Afganistán, Irak, Palestina, los Balcanes, y hoy el Líbano, plantean también otra tendencia, la sustitución de la política por otros medios y el completo fracaso de la salida económica a la crisis que fue el neoliberalismo. Es la antesala a un período de mayores matanzas, de guerras y revoluciones. Dos tendencias, nuevamente, se presentan para la clase obrera a nivel mundial, la profundización de la barbarie, de las guerras, un mayor retroceso social de las masas o la victoria definitiva de la revolución socialista. Por una dirección del proletariado La clase obrera construyó toda una perspectiva histórica a lo largo de más de dos siglos de luchas. No sólo participó en el triunfo de la sociedad capitalista frente al feudalismo oscurantista, sino que comprendió cuál era su papel dentro de esta sociedad dividida en clases y que para lograr la eliminación de la explotación en las fábricas debía de hacer una revolución social. La Comuna de París, en el siglo XIX, fue su primer intento de gobierno obrero, la revolución socialista en Rusia de 1917 su primer triunfo. Esto abrió el período histórico de la revolución proletaria a escala mundial, señalando que frente al agotamiento histórico de las relaciones sociales capitalistas, sonaba la hora de su abolición por la acción consciente del movimiento obrero organizado. La revolución inconclusa de 1952 en Bolivia confirmó que sólo la clase obrera podía dirigir un proceso de transformación profunda de la sociedad en que vivimos, al constatar el carácter limitado del nacionalismo, y el papel parasitario de la burguesía boliviana, siempre ligada a vivir del Estado y de las migajas que deja el capital internacional. El nuevo sector exportador boliviano de nuestros tiempos tiene esas mismas características. Estos últimos treinta años, las derrotas sufridas por la clase obrera, a nivel internacional y nacional, y la debilidad de sus organizaciones sindicales y políticas, han llevado a un retroceso en la conciencia de clase de las masas y esto se convierte en el factor decisivo que puede hacer avanzar el proceso revolucionario que vive nuestro país y el mundo. Se plantea la tarea de reconstruir una dirección de la clase obrera nacional y mundial.


 


América Latina: el eslabón más débil


 


Dentro de este panorama, los primeros años del nuevo siglo han sido testigos de una agudización de la lucha de clases, de crisis políticas de fondo en nuestro continente. En lo central de la crisis latinoamericana se encuentra nuestro país. Este cuadro de grandes crisis políticas y profundas movilizaciones de masas es la consecuencia de los devastadores golpes que ha asestado la crisis mundial a las débiles economías latinoamericanas y a sus sometidos regímenes políticos. La caída de los precios de las materias primas y el retiro de los capitales especulativos que inundaron el continente en la dé- cada de los noventa provocaron recesiones, elevadísimas tasas de desempleo, devaluaciones y quiebra de los sistemas fiscales y bancarios. La consecuencia ha sido una violentísima y acelerada pauperización de las masas latinoamericanas en los últimos años y una intolerable polarización social. El nuevo boom de los altos precios de las materias primas no se traduce ahora en mejoras de las condiciones sociales de los trabajadores. La crisis golpeó con todas sus fuerzas a los raquíticos regímenes políticos de la región. Los partidos tradicionales en los países más débiles casi desaparecieron.


 


Las condiciones revolucionarias en América Latina están determinadas por la situación sin salida de millones de obreros, campesinos y explotados; el cuadro de esta crisis histórica supera todas las posibilidades políticas de la centroizquierda, que ahora está en la mayoría de los gobiernos de la región.


 


La centroizquierda como fenómeno mundial


 


A finales de los noventa, y frente al fracaso del neoliberalismo, los trabajadores respondieron con la acción política organizada. Desde la lucha anti-globalización en Europa, hasta la guerra del gas de 2003 en nuestro país.


 


Nuevamente los trabajadores retoman sus métodos de lucha y existe a nivel germinal un rebrote de conciencia obrera. En el campo popular, frente a la ausencia de una dirección obrera, han surgido tendencias populistas centroizquierdistas de diverso tipo. Son la expresión del grado de nivel político que han alcanzado las masas en su lucha, contradictorias entre ellas y sus planteos. Han alcanzado la mayoría de los gobiernos en Latinoamérica, algunos moderados como Lula, Kirchner o Tabaré Vasquez; otros más “radicales”, como Chávez o Evo Morales, expresan a la vez el surgimiento de un movimiento anti-imperialista, con todos sus límites históricos.


 


El gobierno popular de Evo Morales


 


En el contexto señalado, ¿qué significa el MAS de Evo Morales para el movimiento proletario y el pueblo. El MAS comparte con los neoliberales el mismo respeto por la propiedad privada y el respeto por el Estado capitalista. Una y otra vez, como los neoliberales, el MAS dice que impulsará la inversión extranjera (el caso Mutún lo comprueba de manera fehaciente), ha respetado la presencia de las transnacionales en nuestro país, a las que ha elevado los “impuestos”, eso en el sector hidrocarburífero. Entonces, ¿qué diferencia al MAS del MNR de Goni, ya que desde un punto de vista de clase son fieles defensores de la propiedad privada? El MAS de Evo Morales representa por su concepción ideológica el resurgimiento del populismo, su mención a lograr un capitalismo andino-amazónico, de lograr la industrialización del país y por ende potenciar una burguesía nacional-indígena por un lado, son claros objetivos populistas. Los sectores en que se asienta el gobierno van desde los microempresarios, cooperativistas, campesinos, las comunidades, los gremialistas; en fin, sectores de “pequeña producción”. Este hecho marca a fuego al actual gobierno. El MAS representa a los pequeños productores que aspiran a convertirse en la burguesía andino-amazónica, en alianza con la burguesía nacional y las transnacionales. Esto explica la presencia de un fuerte contingente de ministros burgueses. Las medidas asumidas desde la “nacionalización”, la reforma agraria, la política minera, apuestan a este objetivo, pelear la mayor cantidad de excedente económico que puede quedarse en el país, para lograr el capitalismo andino-amazónico. A diferencia del MNR, que desvió el proceso revolucionario de 1952, la “revolución democrática” del MAS no expropió al capital transnacional, más bien pretende convivir con ella, en un contexto económico muy adverso al que tuvo el MNR. Luego de 1945 el capitalismo tuvo uno de los períodos de mayor expansión, los economistas lo denominaron la “época dorada”, pero ese período terminó en los años setenta. El propio MAS es reflejo del grado que ha alcanzado la lucha de clases en nuestro país, sus limitaciones y sus perspectivas. Las medidas de Evo Morales generaron roces con sectores de la burguesía brasilera pero centralmente con los intereses del imperialismo europeo (inglés, español) y del imperialismo norteamericano, dueña de la mayoría de las acciones de Petrobras. Estos hechos pueden llevar a un choque del gobierno de Morales con el imperialismo, es una de las grandes posibilidades del proceso político que vivimos. Las propias bases sociales que ahora sustentan a Evo Morales pueden llevarlo hacia la realización de medidas más radicales, cada vez más profundas, como la expulsión de las transnacionales petroleras y la nacionalización total de los hidrocarburos, eso explica que el gobierno desconozca los acuerdos que García Linera pactó con la oligarquía en la Asamblea Constituyente. En este proceso la clase obrera, y el pueblo en particular tomaremos siempre la defensa de los que enfrentan a la oligarquía y al imperialismo. La otra tendencia que está presente en la realidad es el profundo copamiento del MAS por parte de la burguesía y las transnacionales. Los acuerdos con la oligarquía cruceña, la negociación con las petroleras está llevando a un germinal, pero inicial proceso de desgaste del gobierno.


 


La clase obrera y su tarea histórica


 


La situación mundial y nacional, tomada en su conjunto, plantea que la burguesía no puede seguir gobernando como antes, que la situación boliviana a cada paso –pese al papel jugado por el MAS– tiende al reflote de las contradicciones sociales que llevaron a la rebelión popular de 2003, nos lleva a los obreros a retomar las banderas que la clase obrera boliviana ha impuesto todo el siglo XX. La posibilidad de profundizar la revolución social que se gesta en Bolivia, se centra en convertir en vanguardia de la lucha popular al núcleo más organizado de la clase obrera, los fabriles. Por su inserción en la producción de la riqueza de la sociedad, la clase obrera es el sujeto histórico de la revolución en alianza estrecha con los sectores campesinos, eso una y otra vez es ratificado por la historia.Todo esto plantea que la cuestión del poder está planteada, la necesidad de un gobierno obrero campesino que reorganice a nivel económico político y social el país. 


 


Fortalecer nuestros organizaciones sindicales


 


El gobierno del MAS, como los gobiernos del socialismo militar antes de la revolución de 1952, son un período de transición hacia un proceso revolucionario más amplio y profundo. Un nuevo período que impone la necesidad del fortalecimiento del sindicato de fábrica, de nuestras organizaciones sindicales, la mayor escuela de revolucionarios, y por consecuencia fortalecer a los fabriles, mineros, maestros, gremiales, etc. Este fortalecimiento, si quiere ser progresivo, debe estar ligado a la construcción de un sindicalismo de clase y combativo, que respete las decisiones de las bases, no puede, como antes, el sindicato convertirse en un apéndice del patrón o del gobierno de turno. Por otro lado, se debe combatir contra las tendencias que propugnan una estatización de las organizaciones sindicales. La independencia de clase frente al Estado y su gobierno es un principio irrenunciable.


 


Poder e instrumento político 


 


Toda revolución social es un fenómeno histórico, es el resumen de toda una fase de desarrollo de la civilización.Motines y rebeliones son muy frecuentes en nuestra historia, pero una revolución que sea capaz de poner fin a la dominación y explotación social, es imposible sin un programa y sin una organización política. El instrumento político de los trabajadores debe basarse en la experiencia ya vivida por el proletariado boliviano, debe superar el carácter conciliador del socialismo domesticado (comunistas, maoístas y socialistas) o el espíritu de secta del trotskismo.Al mismo tiempo, la organización política de la clase obrera debe basarse en el gran arsenal teórico que dejaron las internacionales obreras (desde la primera a la cuarta), bajo el influjo del marxismo revolucionario. Otra de las características del Partido Obrero,el instrumento político de los trabajadores, es la necesidad de la organización no sólo en el plano nacional, sino internacional. 


 


Por una Constituyente libre y soberana


 


Para los trabajadores bolivianos debe estar claro que la Asamblea Constituyente, largamente reclamada por numerosos sectores sociales, nació de un pacto entre el gobierno del MAS y la oligarquía, la burguesía y el derechista Podemos. Este hecho quitó la iniciativa política a las masas y lo trasladó al Congreso, y es el elemento central que ha devuelto vida a la derecha y a la oligarquía, derrotados en octubre de 2003.Los sectores sociales han sido relegados en la Constituyente. El contubernio y las maniobras del gobierno popular para evitar el pacto inicial con la derecha e imponer el voto de mayoría simple, es el reflejo de la presión de los sectores de base masistas y del pueblo, frente al pacto propiciado por Evo Morales y García Linera. La retórica en torno al carácter originario de la Asamblea Constituyente no cambia la realidad de una Constituyente derivada. La lucha por cambiar el carácter de la Asamblea Constituyente no está cerrada, en la medida de la actual posición de la oligarquía, minoritaria y débil. Una verdadera Constituyente libre y soberana pasa por la disolución del Ejército y de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, y la conformación de Asambleas Populares a nivel regional y departamental. 


 


Las tareas de la nueva dirección 


 


La nueva dirección nacional, que saldrá de este XV Congreso debe estar consciente de las tareas que están planteadas. Debe ser elegida entre los mejores cuadros sindicales para asumir la lucha por los siguientes puntos, todos éstos en la perspectiva de fortalecer a nuestro sector: 


 


I. La lucha contra el TLC 


 


Nadie cuestiona en la actualidad que los acuerdos o tratados de libre comercio son un proyecto hegemónico de Estados Unidos, dirigido a consolidar su dominio de la región, a través de nuevos mecanismos de penetración comercial, controles a la inversión y su preservación, controles de patentes, etc. Existen motivaciones político-militares, más decisivas aún, para imponer los TLC. Las rebeliones populares de los trabajadores del campo y la ciudad han llegado a tal nivel de organización y reivindicación que cada vez más cuestionan el régimen capitalista de opresión y explotación: esto ha generado interrupción de mandatos (Argentina, Ecuador y Bolivia), colapso de Estados (Colombia) y desaparición de partidos tradicionales en todo nuestro continente. “Preservar la estabilidad” se ha vuelto una prioridad central del gobierno norteamericano, reforzando su intervención militar encubierta (Colombia) o abierta (bases militares en la región). Los defensores del TLC han asentado su campaña en eslóganes de “exportar o morir” o “queremos trabajar”, junto a los intelectuales defensores de los intereses norteamericanos presagian que si perdemos esta oportunidad no podremos escapar a nuestro destino de pobreza y degradación. Que el exportar genera inversión, ingresos y empleos. Lo que no han podido demostrar los defensores del libre comercio es que los grandes desequilibrios de América Latina (el endeudamiento externo, economías exportadoras de sólo materias primas, intercambio desigual y la caída del poder adquisitivo de los trabajadores) no sean consecuencia del distanciamiento de la región con Estados Unidos. Más bien son efectos del estrechamiento de las relaciones económicas con esta potencia. No debemos olvidar que al capitalista sólo le interesa sacar ganancia, no le interesan las familias obreras y su destino. En el pasado inmediato han fugado del país luego de endeudarse no pagar salarios ni beneficios sociales. Queda claro al mismo tiempo que el TLC no garantiza el empleo en el sector exportador textilero, que está encadenado a acuerdos comerciales internacionales entre China y EEUU.Y la única oportunidad que le queda a la clase obrera para garantizar las fuentes laborales son la unidad, independencia de clase, que pueda en el futuro inmediato modificar la actual estructura económica política social del país. Una salida sólo política. La integración económica y política de América Latina, ese viejo sueño del Libertador Simón Bolívar, sólo puede llevarse a cabo por los trabajadores y los distintos pueblos bajo principios diferentes. Deberá estar basado en la satisfacción de las reivindicaciones básicas, como trabajo digno, el incremento salarial, educación y salud gratuitos. En la coordinación de políticas, para alcanzar estos objetivos, solidaridad antes que competencia, planificación antes que mercado.


 


2. Por la Ampliatoria del ATPDEA


 


El ATPDEA no sólo significó el ingreso de productos bolivianos al mercado norteamericano sin pagar aranceles. Debe estar claro para los fabriles que fue parte de un chantaje político a nuestro país. El ATPDEA se obtuvo por la aplicación de la política de “coca cero” que generó unos sesenta muertos en el Chapare en los gobiernos de dictador impune Banzer y de Tuto Quiroga. El objetivo de la reducción de cocales en nuestro país no repercutió en la reducción de la fabricación de cocaína, sólo generó un desplazamiento de cocales a otro país o en su forma más grotesca, la sustitución de la cocaína por otras drogas legales o ilegales. Es paradójico que Afganistán, ocupada por las fuerzas norteamericanas, se haya convertido hoy en el mayor productor de heroína. Tres rubros centralmente fueron “beneficiados” por este acuerdo, pero el textilero es el que muestra mayor susceptibilidad de ser afectado si no existe una ampliatoria del ATPDEA. La exportación de oro está beneficiada por la alta cotización de este mineral precioso, que ya alcanza un récord de 550 dólares la onza, esto puede ser explicado por la caída a nivel mundial del dólar como patrón y la búsqueda de alguna seguridad en el oro. El tema de la exportación de muebles, puertas, etcétera, puede fácilmente utilizar mecanismos de reducción de aranceles que la Organización Mundial de Comercio posibilita. La conclusión, el sector textilero es el más interesado en ampliar este acuerdo. Para Estados Unidos la producción boliviana sólo representa 0,038% de sus importaciones textiles y tiene como proveedores a China, Camboya, la India, Centroamérica y México, entre unos treinta. La principal ventaja competitiva que posibilita las exportaciones bolivianas en el sector manufacturero es que está basado en la sobreexplotación de la clase obrera son eternos eventuales, despedidos a los tres meses y luego contratados como un círculo vicioso permanente. Estas condiciones de sobreexplotación del trabajo existirían en las fábricas de Camboya, de China, etc., mecanismos que permitirían a los propietarios de las marcas, a presionar por el bajo precio de los productos. Si tú me subes el precio, le compraré a tu competidor. Como se ve, si queremos avanzar en conquistas sociales para los trabajadores “exportadores” textileros, esto necesariamente trasciende el panorama nacional. La necesidad de la solidaridad internacional de la clase sólo puede ser efectivizada por su partido político y su unidad como clase. Cuando los dirigentes llunkus y la empresa privada obligaron a marchar por el ingreso de Bolivia al TLC en diciembre de 2005, sólo buscaban objetivos políticos de potenciamiento de la derecha, dada la cercanía de las elecciones nacionales. El sector textilero era exportador antes del ATPDEA y seguirá siéndolo después de diciembre. Que los fabriles apoyemos la ampliatoria del ATPDEA, quitará el velo que ha impuesto el empresariado privado, en su defensa del capital transnacional, al ligar la defensa de las fuentes laborales a acuerdos comerciales. Esto posibilitará que el debate se centre en el mejoramiento de las condiciones laborales y la necesidad de tener un trabajo seguro. No podemos perder la dignidad bajo ninguna circunstancia.


 


3. Cogestión y autogestión de las empresas en quiebra o cerradas


 


El gobierno anunció que frente al virtual fracaso de la negociación de la ampliatoria del ATPDEA, éste podría afectar al sector textilero exportador y centralmente a un solo empresario. Esto llevó al vicepresidente a anunciar compensaciones de entre 12 y 20 millones de dólares, que vendrían de las exportaciones de gas. No es coherente seguir engordando las cuentas del empresariado, sumamente endeudado, sumado a esto la existencia del posible cierre de muchas industrias del mercado interno o la existencia de muchas empresas cerradas luego de 21.060. Las experiencias del pasado (PyP) demuestran el gran potencial del manejo en cogestión o autogestión de las fábricas. Es necesario todo un plan de estatización de la industria bajo control de los trabajadores.


 


4. Por la tercera nacionalización del gas y el petróleo


 


Los acontecimientos posteriores al 1° de Mayo han demostrado claramente que la nacionalización del MAS, es una confiscación del excedente económico, pero está lejos de una nacionalización. La rebelión de octubre de 2003 ha dejado claro que la lucha consecuente por la nacionalización de los recursos naturales estratégicos, como el gas y el petróleo, plantea de manera clara la necesidad de una revolución social. La importancia del sector petrolero en la generación de excedentes económicos está más que comprobada, cualquier posibilidad de industrializar la industria nacional pasa por el control total de las ganancias petroleras. La cuestión de los hidrocarburos es al mismo tiempo una cuestión internacional, no olvidemos que existen guerras internacionales, ahora por el control de los hidrocarburos (Irak y Chechenia). En el pasado inmediato, el imperialismo norteamericano intentó dar un golpe de Estado al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, no podemos ignorar el carácter internacional que implica la tercera nacionalización del gas y el petróleo, y el contenido de dicha nacionalización es la confiscación de los pulpos petroleros su expulsión y el control y gestión obrera.


 


Plan de lucha 


 


1. No al TLC, por la ampliatoria del ATPDEA. 


 


2. Cogestión y autogestión de empresas cerradas y en quiebra. 


 


3. Por la tercera nacionalización del gas y el petróleo. 


 


4. Estatización de la tierra y tierra para quien la trabaja. 


 


5. Trabajo con estabilidad laboral, trabajo para todos. Jornada de trabajo de seis horas. 


 


6. Educación pública y gratuita. No a la educación para ricos y pobres, escuela única. No al anteproyecto de Reforma Educativa del MAS. 


 


7. Fuera ministros burgueses del gobierno. 


 


8. Por un gobierno de obreros y campesinos. 


 


9. Por el instrumento político de los trabajadores.


 

Fulgor y muerte del movimiento feminista


Si el fracaso de un movimiento político que se postuló como liberador de las mujeres pudiera sintetizarse en una imagen, la imagen del fracaso del feminismo sería la de las jóvenes militares estadounidenses que torturaron y violaron a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib. Lynndie England y sus colegas mostraron que los postulados del feminismo de la igualdad –un programa político cuya máxima utopía es que las mujeres compartan en igualdad con los hombres el infierno capitalista– podían llevar hasta el lugar de quien ejecuta la tortura. Pero England también fue un mentís descarnado a cuatro décadas de esforzada construcción teórica del feminismo de la diferencia: ésa que supone que la mujer –no por razones biológicas sino por cómo se construyó su subjetividad bajo un sistema sexista– es radicalmente diferente del hombre –depredador, guerrero, violento, dominante– y representa el respeto a la vida, a la paz, a la preservación del planeta, la "ética del cuidado y de la compasión"1. Una descripción esencialista que roza peligrosamente alguno de los atributos que se usaron para explicar su lugar subordinado a lo largo de la historia. No muchas acusaron recibo del golpe. Julieta Paredes2 sostiene: "Con las luchas de las feministas en diferentes partes del planeta se han ido abriendo espacios donde las mujeres participan activamente en el manejo de sus vidas y la vida de sus pueblos. Toda lucha implica enfrentar los intentos de manipulación y cooptación por parte del sistema que se impugna (…) y una de estas armas ha sido la inclusión de la llamada ‘perspectiva de género’ que se aplica en todos los programas e instituciones de los gobiernos y Estados. Quiero aclarar que feminismo y enfoque de género son planteamientos políticos antagónicos. (…) Hoy se muestra la cara de esa igualdad, igualdad en los crímenes y las injusticias. Las torturas causadas a los iraquíes por parte de gringas y gringos, nos muestran claramente la llamada perspectiva de género a nivel mundial. ¡Jamás la perspectiva de género apuntó a denunciar y anular los privilegios!". Desde el sector de la igualdad, Barbara Ehrenreich3 analiza el suceso en un texto que es casi una asunción de responsabilidades: "Aunque me opuse a la guerra del Golfo Pérsico de 1991,me sentía orgullosa de nuestras militares y encantada de que su presencia disgustara a los anfitriones árabes. Secretamente esperaba que la presencia de mujeres cambiaría, con el tiempo, el ejército, haciéndolo más respetuoso con otras gentes y culturas, que lo haría más capaz de mantener la paz de forma genuina. Eso es lo que pensaba. Pero ya no lo pienso. Un cierto tipo de feminismo, o quizá debería decir un cierto tipo de feminismo ingenuo murió en Abu Ghraib. Era un feminismo que veía a los hombres como los eternos autores de los delitos, a las mujeres como las eternas víctimas y la violencia sexual de los hombres contra las mujeres, como la raíz de toda injusticia. La violación ha sido utilizada repetidamente como un instrumento de guerra y para algunas feministas, empezaba a parecer como si la guerra fuese una extensión de la violación. Parecía haber al menos cierta evidencia de que el sadismo sexual masculino, estaba conectado con la trágica propensión de nuestra especie a la violencia. Esto era antes de que viéramos el sadismo sexual femenino en acción". No era la primera vez que las feministas de la igualdad se regocijaban de ver chicas en uniforme: "Me da mucha alegría saber que ahora en West Point se fabrican uniformes para embarazadas", dijo alguna vez Betty Friedan, máxima líder de la "segunda ola". ¿Cuál es el camino que llevó a pensar que la liberación femenina podía venir envasada en el uniforme de un ejército imperialista? El enfoque de género, que critica Paredes, asumido como propio hoy por la ONU, el Banco Mundial, el Parlamento Europeo, el Ministerio de Salud argentino: ¿es una traición, es el hijo idiota del feminismo o es una deriva inevitable, si se analizan las posiciones que sostuvieron desde su origen aún las más radicales?


 


Un poco de historia


 


El movimiento feminista renació en los países imperialistas a fines de los '60 –la llamada "segunda ola"– y convocó a miles de mujeres, que pelearon y obtuvieron en la calle –y no en el lobby parlamentario, aunque sus conquistas tuvieran obviamente una expresión legal– importantes derechos democráticos en el plano familiar, laboral y –lo más novedoso– sexual: disociación de sexo y procreación, derecho a la anticoncepción, más tarde el derecho al aborto, impugnación de la norma heterosexual y un largo etcétera. Su fe de bautismo fue el libro de Betty Friedan, La mística de la feminidad (1963), que denunciaba que "algo" estaba pasando entre las mujeres norteamericanas –"el problema que no tiene nombre"– quienes, a pesar de estar felizmente casadas, rodeadas de electrodomésticos, sin problemas económicos y con hijos sanos, experimentaban una asfixia interior intolerable. Friedan la achacó a no saberse definida sino a partir de las funciones que se ejercen: esposa, madre, ama de casa…Va de suyo que no se ocupó de las mujeres de Harlem, pero el malestar descripto tenía un sustrato objetivo: las mujeres que habían ingresado al mercado de trabajo durante la Segunda Guerra –bajo el slogan "We can do"–, habían sido regresadas al encierro doméstico cuando volvieron sus maridos del frente y reocuparon sus puestos de trabajo.4


 


Las feministas politizaron –"lo personal es político"– la sexualidad, la estructura familiar y la vida cotidiana, desmintiendo que "la biología es un destino" y cuestionando la maternidad como función social primordial de las mujeres. Denunciaron fenómenos hasta entonces naturalizados y silenciados como la violencia sexual y la violencia doméstica. Sólo en la década de los '70, el Congreso de los Estados Unidos aprobó 71 disposiciones relativas al "problema de la mujer". Muchos de estos temas habían sido trabajados desde Engels, pasando por Zetkin y Kollontai, entre otras, pero las feministas de la segunda ola lo ignoraban porque el Termidor stalinista había borrado de la memoria de la clase obrera y de sus organizaciones las posiciones bolcheviques en torno a la opresión de la mujer.


 


Pero es justo reconocer que nadie como el feminismo –y particularmente el feminismo de la diferencia– desmenuzó hasta en sus ínfimos detalles las múltiples expresiones de la doble opresión y cuestionó todas las áreas del conocimiento humano, develando que la ciencia había considerado las características masculinas como universales.


 


Y sólo el feminismo vio en la imposición de la norma heterosexual un elemento clave de la opresión femenina. El feminismo igualitarista francés –heredero de El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir– y el feminismo liberal estadounidense (Friedan) entendieron que la cuestión clave de la subordinación femenina era la desigualdad en la familia, en el acceso a la educación y el trabajo, en la representación política, en síntesis, la exclusión de las mujeres de la esfera pública, y propugnaron reformas legales que paulatinamente la revirtieran. Su meta fue y es la construcción de una "ciudadanía de las mujeres", lo que se obtendría mejorando progresivamente la democracia burguesa. Un intento de resucitar a Olimpe de Gouge5 y su reivindicación de los derechos de la mujer, pero no en el fervor jacobino sino en la época de descomposición del capitalismo. La radicalización de las masas en plena guerra de Vietnam, el Mayo Francés, impulsaron una nueva tendencia, mujeres más jóvenes "que aspiraban a cambiar el sistema", tomando algunos elementos del marxismo. Este sector transpoló algunas categorías del marxismo al análisis de la opresión femenina. Las mujeres fueron consideradas el sexo oprimido y se señaló como culpable final de la opresión de la mujer no a los varones sino al capitalismo. "La liberación de la mujer no podía darse sin la liberación general de otros trabajadores oprimidos y explotados bajo el capitalismo. El capitalismo era concebido como responsable de la organización injusta del trabajo que oprime al obrero y oprime a la mujer con la doble jornada".6 Esta corriente, en la que por primera vez tomaban la palabra mujeres negras y lesbianas, acusó al feminismo liberal de ser una corriente política de blancas, heterosexuales, profesionales, con autonomía económica, de pocos hijos, que no representaban sino sus intereses y más bien pretendían silenciar bajo el amplio manto del sisterhood –de la hermandad entre todas las mujeres– las diferencias de clase, etnia, opción sexual.


 


Estos grupos,"identificados con la Nueva Izquierda se unieron a todas las causas que promovía:movimiento de protesta juvenil,defensa de los Derechos Civiles,pacifismo.Sin embargo,rápidamente consideraron que allí se reproducía bajo otros ropajes la opresión de la mujer,relegada eternamente de los lugares decisivos. Por otra parte, sus reivindicaciones siempre se veían supeditadas a los objetivos más importantes de la lucha global.En consecuencia,decidieron separarse y de esta decisión nació el Movimiento de Liberación de la Mujer".7 Otro sector convergió en el feminismo de la diferencia,que considera que la opresión de las mujeres es transhistórica, anterior al capitalismo y que no terminaría con él,como parecían demostrarlo palpablemente los estados burocratizados. En 1971, Kate Millet, en Política sexual, define el patriarcado como "una institución en virtud de la cual una mitad de la población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad (los hombres)".Shulamit Firestone,autora de La dialéctica del sexo, sostiene que "el materialismo histórico es aquella concepción del curso histórico que busca la causa última y la gran fuerza motriz de los acontecimientos en la dialéctica del sexo: en la división de la sociedad en dos clases biológicas diferenciadas con fines reproductivos y en los conflictos de dichas clases entre sí; en las variaciones habidas en los sistemas de matrimonio,reproducción y educación de los hijos creadas por dichos conflictos; en el desarrollo combinado de otras clases físicamente diferenciadas (castas);y en la prístina división del trabajo basado en el sexo y que evolucionó hacia un sistema (económico-cultural) de clases". El feminismo radical puso en práctica los grupos de autoconciencia, donde cada participante exponía su experiencia personal de opresión de modo de sintetizarla colectivamente y analizarlas en clave política. Cada mujer hablaba por sí misma y nadie podía representarla:he aquí la semilla del horizontalismo. En Italia, Carla Lonzi8 y La Librería de Mujeres y en Francia Luce Irigarai fueron, entre otras, sus teóricas más destacadas. Si bien al interior del ala radical hay infinidad de matices, y como se dijo, algunas se esforzaron por dar una base materialista a la opresión de la mujer, el "feminismo radical o de la diferencia" opina que "el patriarcado, un sistema de dominación sexual, se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la de clase y raza. El género expresa la construcción social de la feminidad y la casta sexual alude a la común experiencia de opresión vivida por todas las mujeres"9. 


 


Esta opresión común –"sobre la que se levanta el resto de las dominaciones"– unirá a las mujeres por encima de los antagonismos de clase y sellará la división entre el movimiento feminista y la clase obrera. La revolución tendría un carácter cultural y devendría de un "cambio de los imaginarios", un cambio civilizatorio. "Tenemos que replantearnos lo que es hacer política desde y para las mujeres. Una verdadera otra política que nos dé valor y autoridad, en el sentido de autoría. No podemos ya seguir jugando al poder neutro, al Estado neutro, a la política neutra, porque sólo estaremos jugando al poder masculino, al Estado masculino, a la política masculina"10. La hostilidad a los partidos de izquierda –"Trabajadores del mundo ¿quién lava vuestros calcetines?", se preguntaba un graffiti parisino de la época; "No hay nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda", pintan hoy las bolivianas– fue un rasgo que se profundizó con el tiempo.


 


Esto determinaría fatalmente la trayectoria, la cooptación y el ocaso de las dos corrientes hegemónicas del movimiento feminista y el quiebre político o personal de muchas de sus dirigentes.


 


Las hijas de las madres fundadoras


 


Sobre esas bases teóricas y políticas se desenvolvió el movimiento feminista en estas cuatro décadas. En los países centrales, las alas más radicales terminaron dispersas, estranguladas por el triunfo de Reagan y el retroceso político de los años '80.El feminismo de la igualdad, por el contrario, transmutó de movimiento social a ONG y fue ganando lugares en los ministerios y dentro de todo en el aparato estatal, así como en la ONU, el FMI, el Banco Mundial y todos los organismos multilaterales –son las asesoras de la "perspectiva de género" de la que habla Paredes–, a costa no sólo de olvidar cualquier pretensión de jacobinismo sino de negociar hasta las más elementales banderas democráticas. Otro sector, el feminismo académico, se concentró en los llamados estudios de género que, si bien hizo y hace aportes vertebrales al análisis de la singularidad de la mujer como sujeto social, obvia –salvo contadas excepciones– una sola de sus identidades: la de clase. Nadie considera, empezando por ellas mismas, al feminismo académico como una corriente política o parte de un movimiento social, así que esta nota puede prescindir de él.


 


Durante la década del '70 surgieron en América Latina pequeñísimos grupos feministas, reflejo de lo que ocurría en Europa y Estados Unidos (excepto quizás en México y Brasil).La mayoría se identificó con el Feminismo de la Diferencia y, hostiles a la izquierda, los partidos y la clase obrera "patriarcales", vegetaron marginados del alza de masas que signó la época. En algunos casos, su separatismo llegó a extremos profundamente reaccionarios.11 El feminismo chileno –liderado por Julieta Kirkwood y Margarita Pisano–, en cambio participó en las calles de la lucha antidictatorial, si bien desde una perspectiva absolutamente democratizante, bajo la consigna "democracia en el país y en la casa". 


 


Las "casas Sofía", situadas en las poblaciones, fueron auténticos centros de organización de la mujer explotada. Para la "apertura democrática", los grupos feministas están integrados por pequeño burguesas independientes próximas al movimiento de derechos humanos, mujeres organizadas en ONG o militantes de los partidos patronales.12 A pesar del protagonismo de las mujeres en las luchas de la época, "la agenda feminista" no incidió sobre ellas. Nunca logró la masividad que había tenido en los países centrales ni siquiera en México, Chile y Brasil. Los encuentros feministas de América Latina y el Caribe –convocados desde 1981 y financiados por la "cooperación internacional"– se convirtieron en la vidriera donde las financiadoras comenzarán su trabajo de cooptación, detectando las individuas y grupos más permeables a su influencia. En la Argentina, los grupos feministas apelaron en los inicios del alfonsinismo a la movilización callejera, los 8 de Marzo, en apoyo a la ley del divorcio, la patria potestad compartida. La Comisión por la Legalización del Aborto fue uno de los sectores más independientes y también hubo una importante denuncia de la violencia contra las mujeres, con la constitución del Tribunal Mabel Montoya, en homenaje a una joven que sufrió un intento de violación en una entrevista laboral y murió al arrojarse por la ventana (1983). La creación de la Subsecretaría de la Mujer, ocupada por la feminista radical (UCR) Zita Montes de Oca, fue entendida como un logro y aplaudida sin distingos por todos los sectores13.Desde 1985,siguiendo lo convenido en el encuentro feminista de Bertioaga, se impulsan los encuentros de mujeres, que se hicieron en varios países pero sólo sobreviven en la Argentina. Los pequeños grupos que se distancian del gobierno son ásperamente criticados por aquellos totalmente adaptados. En 1997, Magui Bellotti y Martha Fontenla, de Atem (tal vez el único grupo consecuentemente autónomo de la Argentina), decían: "Todo análisis cuestionador de las democracias realmente existentes pretendía ser clausurado con la apelación a dos opciones aparentemente excluyentes: democracia o dictadura, recurso antidemocrático que suele ser usado por los gobiernos para paralizar y desacreditar toda crítica o movilización social por 'desestabilizadoras y conducentes al pasado de golpes militares y genocidios'. Pareciera que estas democracias constituyen un punto de llegada y que, a lo sumo, hay que perfeccionarlas un poco e incorporar a ellas en la 'perspectiva de género', es decir, incluir a algunas mujeres en el excluyente modelo patriarcal capitalista y neoliberal". El cuestionamiento del ala izquierda no superó empero el marco del centroizquierda: la denuncia a los planes de ajuste y el "neoliberalismo". En un contexto de pauperización, desempleo masivo producto de las privatizaciones, de resistencia a los planes de ajuste del FMI y hambruna, se orientaron jugosos recursos de la cooperación internacional como estrategia de desmovilización y control de acuerdo con la estrategia del Consenso de Washington de cooptación de los movimientos sociales. La cooptación del feminismo incluyó desde la imposición de la "agenda de trabajo" –por ese camino la legalidad del aborto transmutó en derechos reproductivos– hasta la forma de organización interna de las ONG14. Un hito decisivo en la política de cooptación fue la IV Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing 1995), donde 35.000 mujeres de todo el mundo se reunieron bajo el paraguas de Naciones Unidas para discutir una plataforma común de "progreso, desarrollo e igualdad de oportunidades para las mujeres". En un principio la convocatoria fue aceptada masivamente, pero la designación por parte de las agencias imperialistas de "grupos focales" que digitaron la participación distanció a los sectores autónomos. "Para la IV Conferencia, los financiadores gubernamentales más importantes y más influyentes se dividieron de manera colonial al mundo: Usaid, la agencia de cooperación del gobierno norteamericano financió la participación de las mujeres de países latinoamericanos, mientras la agencia de cooperación francesa se hizo cargo de sus ex colonias en África, por citar dos ejemplos. (…) La Cepal dispuso cuáles categorías debían ser analizadas, tanto ONGs como gobiernos se aseguraron de que se tratara de mujeres dispuestas a escribir lo que mandaba Usaid", escribe Julieta Paredes.15 En Beijing, la lucha contra la doble opresión se convirtió en "planes para el desarrollo con perspectiva de género" y por una década, en sintonía con los acuerdo con el Vaticano; la palabra "aborto" desapareció de la agenda del feminismo institucional para ser sustituida por "derechos reproductivos" o "procreación responsable"; la "feminización de la pobreza" se debía combatir en microcréditos; la violencia contra la mujer devino "violencia intrafamiliar", etc. "Lograr la igualdad social entre los sexos constituye uno de los objetivos del desarrollo y de la cooperación al desarrollo", explicaba la economista Teresa Rendón.16 Marcela Lagarde, feminista mexicana y diputada del PRI, afirma: "Para la violencia contra las mujeres es un remedio prioritario la democracia, el desarrollo y el progreso, es decir, los principios de la modernidad"17. Si hasta entonces había algunas feministas "políticas" en los gobiernos, a partir de Beijing el grueso del movimiento feminista latinoamericano adquiere las mismas características que ya tenía en de los países imperialistas y, convertido en una constelación de ONG, tendrá a sus dirigentes en los organismos internacionales, con la función de incluir la "perspectiva de género" en los planes de ajuste. La coordinadora para América Latina, la peruana Gina Vargas18, se convirtió en asesora del Banco Mundial. Podemos decir sin vacilar que a partir de Beijing la corriente hegemónica del movimiento feminista se convierte en uno de las vías de imposición de la política imperialista y en la correa de transmisión de sus intereses dentro del movimiento de mujeres. Gina Vargas expresa con elocuencia ese programa: "Los procesos de globalización en lo económico, pero también en lo político y sociocultural, abrieron nuevos campos de actuación para los movimientos sociales y para los feminismos y nuevos terrenos para la lucha por derechos ciudadanos. Los dramáticos procesos de creciente exclusión –comunes a toda la región– enfrentaron a los feminismos a la posibilidad y la urgencia de ampliar sus luchas desde lo nacional-regional hacia –y desde– lo global (…) Un sector significativo de estas instituciones feministas estuvieron presentes "disputando" contenidos y perspectivas para las Cumbres y Conferencias mundiales. Estas feministas comenzaron así a ser actoras fundamentales en la construcción de espacios democráticos de las sociedades civiles regionales y globales. A lo largo de los '90 se fueron abriendo nuevos espacios, hubo una generalización del discurso de derechos y un énfasis en la construcción ciudadana tanto de las sociedades civiles y sus movimientos como desde los Estados".


 


Un cuestionamiento sin perspectiva


 


"Lo que quedó de Beijing –opina Ximena Bedregal19– fue la consolidación de un feminismo institucionalizado que terminó por poner su mirada y sus esfuerzos en los espacios y estructuras del poder patriarcal y que terminó por suavizar y adecuar su discurso, para hacerlo accesible a éstas. Que terminó por renunciar a su crítica radical de las lógicas y éticas de esta cultura y limitarse al concepto de género. Fue un proceso que terminó por romper nuestras viejas búsquedas de democracia interna para constituirse como otro movimiento cupular donde algunas mujeres, que han adquirido mucho poder, terminaron por representar a todas sin más consultas que algunos elegantes foros.


 


Un feminismo que terminó por someterse a los mandatos de las agencias de cooperación internacional y a sus visiones primermundistas sobre lo que es bueno para nosotras y lo que deben ser nuestras democracias (destacado nuestro). Un movimiento que ya casi no existe como tal, sino como un conjunto de ONG (algunas verdaderos monopolios) sin contacto con las mujeres (…) Sin estructuras de base y sin trabajo sobre la subjetividad y sobre el preguntarse ¿qué es ser mujer? En vez de las mujeres, los interlocutores privilegiados y únicos son el poder, sus instituciones y sus representantes. Un feminismo al que le importan más las cuotas en partidos o instituciones, que ya no tienen ninguna capacidad de darle nuevos sentidos a la gente, que uno con capacidad de buscar nuevos sentidos de vida, nuevas formas de sociedad y de cultura (subrayado nuestro) donde las mujeres quepamos en todos los sentidos de la existencia y encontremos nuevas formas de leernos a nosotras mismas. Un feminismo con líderes a las que ya no les da vergüenza decir que renunciaron al deseo de cambiar el mundo y que prefieren, ahora, ser "reformistas, socialdemócratas y bien adecuadas". La indignación del feminismo autónomo refleja de un modo distorsionado la generalización del proceso de decepción en los regímenes democráticos y en sus instituciones pero es una decepción en el marco de la democracia burguesa y profundamente idealista. Hay que "cambiar el mundo" para encontrar el modo en que las "nuevas formas de sociedad y de cultura" entren en "nuestras democracias". En el VII Encuentro Feminista de Cartagena, Chile (1996) estalló la confrontación entre "institucionales" y "autónomas".


 


El Encuentro, organizado por una comisión con mayoría autónoma, fue saboteado por parte del feminismo institucional –que intentó cambiar la sede– y las agencias financiadoras: recibió el 10% de los 460.000 dólares de aportes que había recibido el de El Salvador, dos años antes. En Cartagena, Pisano acusó: "se autoproclaman representantes de las mujeres y del movimiento feminista y se constituyen en las expertas de las políticas sobre las mujeres. Sostenemos que esas instituciones no son neutras, que pertenecen a un sistema y lo sostienen, y que el dinero pasa a ser entonces un instrumento político". Gina Vargas fue la vocera de las institucionales, en su descargo no desmiente sino que confirma las acusaciones: "Uno de los cambios significativos ha sido la modificación de una postura antiestatista hacia una postura ética negociadora en relación al Estado y a los espacios formales internacionales (…) la existencia en los '80 de un movimiento potente, visible, movilizado, ha dado paso a un movimiento más reflexivo, anclado en una utopía realista". Respecto del camino a Beijing, Vargas aclaró: "Sin detenernos acá en la discusión sobre el carácter imperialista de la Usaid, finalmente todas lo son en cierta forma, pero además consideramos que son adjetivos que nos dicen poco sobre el funcionamiento actual de un mundo globalizado". El escándalo fue tan grande que Vargas se comprometió a renunciar a la asesoría del Banco Mundial.


 


Pero la denuncia furibunda de las autónomas –abucheadas por dos tercios del encuentro, las institucionales y un sector que centrea, "ni las unas ni las otras"– no identifica las causas objetivas ni de la situación política ni del proceso de cooptación: "Vemos a muchas feministas instalándose desde la perspectiva de género en un sistema que hoy sostienen 57 guerras en el planeta, reconociéndole la capacidad de resolver los problemas que él mismo provoca y necesita para sostenerse (…) El pacto entre los varones se asienta en la relación que ellos establecen con la mujer, construye la misoginia para explotar a las mujeres, para tener mano de obra gratuita, para que procreen a sus hijos, para que cuiden y mantengan su cultura. Mientras no hagamos política entre nosotras las mujeres (…) no seremos capaces de hacer política alternativa."20 Las autónomas no dan un paso en dirección a la lucha antiimperialista y se mantienen en el exclusivo terreno del enfrentamiento sexo contra sexo. El idealismo del análisis esplende. ¿Qué es la "política alternativa"? El capitalismo patriarcal, ¿es una construcción del sistema de sexo-género o un modo de producción? Imperialismo, burguesía, proletariado son términos ausentes en los dos sectores.


 


No sólo Vargas opina que el imperialismo "nos dice poco". Esta categoría también es ajena a las autónomas que, cuanto más, hablan de "neoliberalismo". La institución del patriarcado desplaza, en el plano teórico, el carácter central de la explotación en las relaciones sociales capitalistas hacia una de sus formas de opresión. No son pactos entre hombres, ni entre hombres y algunas mujeres los que determinan sus conductas, es el lugar que éstos ocupan en las relaciones de propiedad y de producción, su pertenencia de clase, su programa político. Cartagena fue la última irrupción colectiva del feminismo autónomo, hoy totalmente disgregado y reducido a algunas teóricas, con excepción de las Mujeres Creando bolivianas. La crisis del modelo "neoliberal" y el paso a los regímenes de centroizquierda en América latina, aggiornó las posturas de las institucionales, que llevaron la "perspectiva de género" al Foro Social Mundial y al Foro de San Pablo. Alda Facio, primera directora del Caucus de Mujeres por una Justicia de Género en la Corte Penal Internacional, advierte: "La incorporación del discurso de género en las instituciones de la oligarquía internacional como el BM, el BID y el FMI, ha permitido que puedan seguir con sus planes de ajuste estructural sin oposición del movimiento feminista porque lo están haciendo con perspectiva de género. Cinco años después de Beijing, las mujeres del mundo estamos más pobres, más violentadas y más marginadas de los espacios de poder real, y sin embargo decimos que hemos avanzado porque ahora estamos presentes en el discurso de los poderosos y la perspectiva de género en todas o casi todas sus políticas y proyectos".


 


La lavada de cara no alcanza a disimular nada. Gina Vargas abunda en el mismo sentido: "Lo que no es bueno para las mujeres, no es bueno para la democracia, esta aseveración está sustentada en muchas y dolorosas experiencias de exclusión no sólo desde las políticas estatales sino desde las mismas sociedad civiles y sus diferentes actores, incluso los que levantaban propuestas alternativas frente a las democracias realmente existentes". Más próximas de lo que ellas mismas creen, las institucionales no están solas en su hostilidad a las "propuestas alternativas". Las autónomas tampoco ahorran, en nombre de los derechos de las mujeres, un macartismo militante. Todo su discurso se orienta hacia alejar a las mujeres de una perspectiva revolucionaria: "El patriarcado no ha podido crear una propuesta válida y llevadera. Todas sus utopías han fracasado, todas han pasado del breve momento revolucionario al largo momento de la injusticia, la jerarquía y el poder sobre otros (…) ni sus izquierdas tienen más propuesta que administrar el sistema neoliberal, haciendo –en el mejor de los casos– que el llamado derrame llegue un poquito más a los más desfavorecidos y siempre como dádiva, como caridad, como un regalo.21


 


Ni en el Argentinazo, ni en la revolución boliviana


 


La percepción de la propia debacle es aguda: "Cuando en el reciente caos económico y político acaecido en Argentina las gentes se echaron a la calle con sus cacerolas y su ira justificada, también las feministas salieron, pero no tuvieron nada que decir. Ellas andaban ensimismadas con su propuesta de la ‘paridad’ en los diversos órganos de representación política, creyendo fervientemente en la audacia de su propuesta, pero se encontraron con que esas gentes gritaban furibundas:‘¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!’. De pronto se habían quedado sin discurso. Eso me hizo pensar que, en la nueva era de la globalización neoliberal, el feminismo ha llegado a un umbral que no puede traspasar manteniendo sus anquilosadas posiciones, lo que supone una necesidad de nuevas formulaciones en su teoría y 'praxis'".22 La Sendón de León se equivoca: las feministas no dejaron sus despachos en los gabinetes ministeriales ni sus asesorías –María José Lubertino, presidenta de la Comisión de igualdad de género del Ministerio de Trabajo; Mabel Bianco, directora Unidad Coordinadora Ejecutora de VIH/Sida y ETS y muchas otras– para "bajar" ni a la calle ni a las asambleas populares. Las pocas que lo hicieron o permanecieron en silencio como muestra de su horizontalismo cerril, que habla de su propia percepción como una élite, o reservaron su palabra para denunciar, en nombre del autonomismo y, otra vez, de la horizontalidad, el papel de los partidos y las organizaciones de izquierda. La hostilidad del ala izquierda del feminismo –si acaso esto existe– hacia el movimiento piquetero no cooptado, hacia las Asambleas Piqueteras Nacionales, hacia la intervención masiva de las piqueteras en los encuentros de mujeres –"traen el programa de sus partidos y no su propia voz", dicen– son expresión de una hostilidad de clase disfrazada tanto de igualitarismo como del programa de construcción de "otros imaginarios".


 


Hasta el grupo más radical que conocemos –las Mujeres Creando–, que tienen cierta inserción entre las cocaleras, las deudoras de los microcréditos y de El Alto, han tenido una intervención antiobrera y centroizquierdista en la revolución boliviana. Son el motor de la Asamblea Feminista del El Alto y no dejan de alertar sobre el "uso" que hacen los compañeros de las luchadoras. "Compañera, hermana, estás marchando junto a los compañeros, junto a tus hermanos como una forma de visibilizar tu presencia, tu lucha consecuente con la causa y por la justicia. Pero los dirigentes, los caudillos no toman en cuenta nuestra participación. Para ellos no tenemos la voz propia, nos invisibilizan, solamente somos un tumulto de defensa para facilitar el paro o bloqueo".23 La Asamblea Feminista del El Alto, si bien declara "no descansaremos hasta que la nacionalización de los hidrocarburos sea un hecho", también denuncia que "los líderes de los movimientos sociales están entretenidos en la búsqueda de protagonismos personales o grupales, típica manera patriarcal de ahogar las luchas sociales, no generan propuestas concretas y corremos el peligro de quedarnos en consignas, mientras el futuro se diluye entre nuestras manos". ¿Y cuál es la propuesta concreta de la Asamblea Feminista? "Acompañar al señor Rodríguez, presidente de la Corte Suprema, con un gabinete ministerial nombrado por el pueblo, de manera que se garantice la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente, cuya elección de constituyentes no debe estar manipulada por la ley de partidos políticos y agrupaciones ciudadanas, para así garantizar entre otras reivindicaciones la participación de un 50% de mujeres asamblearias"24. El "señor" Rodríguez merece no sólo un trato más considerado, recibe además una confianza política que jamás se deposita en las organizaciones revolucionarias. La crónica de Ximena Bedregal en La Jornada de México es directamente derechista: "De verdad que Bolivia está al borde de un gran baño de sangre. Lo digo con el corazón partido, con el alma apretada. No entiendo cómo los viejos izquierdosos pueden estar felices con lo que pasa allá. ¡Tantas revoluciones vio el siglo XIX y el XX. ¿Cambió algo para mejor, alguna revolución significó una re-evolución del conjunto social? Ni hablemos de las mujeres, uso y usufructo de patriarcas ricos y pobres ¿podrá haber una revolución bolchevique en pleno fundamentalismo patriarcal, neoliberal y militarista?25 


 


Pacifismo proimperialista


 


Las feministas institucionales llevaron su adaptación hasta todos los extremos, avalaron la invasión a los Balcanes en nombre de la democracia y avalaron la invasión a Afganistán en nombre de la defensa de las mujeres "bajo el yugo del Islam", defensa que ha sido más que contestada por las mujeres "bajo el yugo del Islam", que las han enviado a cajas destempladas a vincularse con las mujeres oprimidas de otras clases en sus propios países.26 La tradición pacifista del feminismo se ha extinguido en nombre de la extensión del régimen democrático, aunque venga en bombardeos de la Otan porque, como dice Amelia Valcárcel: "el feminismo, que es en origen un democratismo, depende para alcanzar sus objetivos del afianzamiento de las democracias. Aunque en situaciones extremas la participación activa de algunas mujeres en los conflictos civiles parezca hacer adelantar posiciones, lo cierto es que éstas sólo se consolidan en situaciones libres y estables. Bastantes mujeres han descubierto en su propia carne que el hecho de arriesgar su seguridad o sus vidas para derrocar una tiranía no las pone a salvo de padecer las consecuencias de su victoria si el régimen que tras ella se instala es otra tiranía (…) Sólo la democracia, y más cuanto más profunda y participativa sea, asegura el ejercicio de las libertades y el disfrute de los derechos adquiridos. Por imperfecta que pueda ser, siempre es mejor que una dictadura de cualquier tipo, social, religiosa, carismática. (…) Feminismo, democracia y desarrollo económico industrial funcionan en sinergia. El feminismo está comprometido con el fortalecimiento de las democracias y a su vez contribuye a fortalecerlas"27.A confesión de partes…


 


Muchas feministas de las más diversas orientaciones consideran ejemplar la lucha de las "Mujeres de negro "yugoslavas, israelíes 28, colombianas 29–, una organización de mujeres que "están en contra de todo el continuo de violencia, desde la violencia masculina contra las mujeres, hasta el militarismo y la guerra. Abogan por la paz, la justicia y la democracia multiétnica, así como por la implementación de medios no violentos, negociados, para resolver las diferencias"30. Si bien es imposible no simpatizar con las Mujeres de Negro por su valentía callejera para denunciar la masacre palestina, los paramilitares colombianos, la limpieza étnica de Milosevic o la barbarie de la Otan, su alternativa negociadora sólo representa una de las estrategias del bloque imperialista en estos conflictos. Porque la salida a la guerra de los Balcanes, a la causa palestina, a la invasión de Afganistán, a la guerra de Irak desde el feminismo siempre incluirá un llamado "al diálogo" entre las partes, la denuncia de "ambos sectores" por su actitud "patriarcal y militarista" y finalizará en el mismo punto: en el reconocimiento de Naciones Unidas como un organismo esta vez sí neutral y en el reclamo de que intervenga. A las más refinadas analistas de la opresión sexual femenina, todas las otras opresiones les pasan por un costado. En relación con la invasión de Bush a Irak, se pregunta Bedregal:"¿Cuántas intelectuales feministas siguen vendiendo la idea de que estamos a las puertas de verdaderas democracias de género sólo porque ya aceptan la perspectiva de género hasta el mismo puñado de belicistas halcones que se arrogan el poder total (y por supuesto, sus obedientes empleadillos nacionales) mientras llevan al planeta a un Estado policíaco, fascistamente bélico, lleno de guerras "preventivas" y a sus pocas y débiles instancias multilaterales a la bancarrota ética y política? Un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la guerra global. La pregunta que queda es ¿podrá el pensamiento y la acción crítica abrir caminos para que ésta se vaya al abismo de lo que quiso y no pudo?" La respuesta a la desolada pregunta es: Para un programa político que ignora la opresión nacional y la opresión de clase, y que ataca las luchas de liberación nacional y social como contrarias a los intereses de las mujeres; para un programa político que promueve el fortalecimiento de "las pocas y débiles instancias multilaterales" del capital y se empantana en un idealismo antisocialista, el único camino es la cooptación o el abismo.


 


 


NOTAS:

 


1. Carol Gilligan, La moral y la teoría. Psicología del desarrollo femenino, Fondo de Cultura Económica, México, 1985 


 


2. "Torturas con enfoque de género", Paredes es del Grupo Mujeres Creando, corriente autónoma de Bolivia. 


 


3. "Un útero no sustituye una conciencia". Ehrenreich es una feminista de la igualdad" estadounidense.


 


4. La filósofa feminista española Amalia Valcárcel explica: "Ahora, las ‘mujeres modernas’, que eran ciudadanas y tenían formación, eran libres y competentes. Libres de elegir permanecer en su hogar y no salir a competir en un mercado laboral adusto. Competentes para llevar adelante la unidad doméstica mediante una planificación cuasiempresarial. El nuevo hogar tecnificado en el que los electrodomésticos libraban de algunas de las tareas más trabajosas y humillantes, necesitaba a una ingeniera doméstica al frente. Una mujer que sabía que el éxito provenía de una correcta dirección de la empresa familiar. Cada ama de casa era una directora gerente de la que dependía el éxito completo de la familia nuclear. No tenía sentido salir a competir en el mercado por un puesto de cualificación media o baja cuando se podía ser su propia jefe".


 


5. La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, aprobada en 16 de agosto 1789, en plena efervescencia revolucionaria en Francia, llevó a la francesa Olympe de Gouges a redactar la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, al considerar que la primera excluía a las mujeres. "La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos". Este enunciado, que encabeza el texto redactado por de Gouges en 1791, resume en gran medida las nacientes ideas y luchas de las mujeres durante la Revolución de 1789. Es una réplica al primer enunciado de la Carta de 1789, que consagra los principios de igualdad de todos los varones y sus derechos políticos. De Gouges, una destacada activista de la revolución, terminó en la guillotina. 


 


6. Sheila Rowbotham, autora de Mujer, Resistencia y Revolución (1972) y La conciencia de la mujer en el mundo de los hombres (1973), toma como antecedente a Flora Tristán.


 


7. “Una mirada sobre los sucesivos feminismos”, María Salas. 


 


8. Autora de Escupamos sobre Hegel, una denuncia del sexismo en Hegel, Freud y Marx y el conjunto de la filosofía occidental. 


 


9. Ana de Miguel, Neofeminismo: los años ’60 y ’70. 


 


10. Ximena Bedregal, feminista autónoma, dirigente del feminismo mexicano en los ’80. Democracia masculinista, democracia heterosexual compulsiva, México.


 


11. La psicoanalista Nancy Caro Hollander cuenta una reunión de la UFA(Unión Feminista Argentina), el 22 de agosto de 1972, día de la masacre de Trelew: "En el encuentro que tuvo lugar esa noche surgió un debate acerca de lo que debíamos hacer los grupos feministas, si alinearnos o no con las numerosas organizaciones que denunciaban públicamente las acciones represivas del Estado. Muchas de nosotras deseábamos hacer una declaración pública, denunciando los actos del gobierno militar, pero algunas de las mujeres argumentaron que eso no tenía nada que ver con nosotras como feministas, porque en los movimientos revolucionarios el rol subordinado, adjudicado a las mujeres, reflejaba la opresión patriarcal tradicional de las mismas. De modo que: ¿por qué protestar por la suerte de esos hombres que sólo reproducían actitudes y conductas patriarcales?”. 


 


12. "La política feminista en América Latina se comenzó a desplegar tempranamente en las luchas contra las dictaduras o gobiernos autoritarios o gobiernos democráticos que no parecían serlo y ante los cuales se desarrolló una actitud de profunda desconfianza. Quizá por ello, los feminismos en su despliegue orientaban mucho más sus estrategias hacia perfilarse desde la sociedad civil antes que a interactuar y menos negociar con los Estados y gobiernos", Gina Vargas, Lima, 2003.


 


13. La inclusión de feministas en los gobiernos democratizantes es una constante de la época. "Feministas bolivianas de algunas ONG se sintieron convocadas por el impulso modernizador del presidente Gonzalo Sánchez de Losada (1994-1997) y trabajaron bajo su administración, e incluso una feminista independiente de la coalición de los partidos en gobierno ocupó el primer mandato de la Subsecretaría de Género; al igual que otra profesional de una ONG de mujeres, también independiente del partido Liberal en Colombia, fue la encargada de la Dirección Nacional de Equidad de las Mujeres creada por la administración Samper en 1996. El Conamu (Consejo Nacional de la Mujer) del Ecuador, fundado en 1997, incorporó en su Consejo Directivo a tres "representantes" del movimiento de mujeres elegidas en sus bases, al igual que el Isdemu (Instituto Salvadoreño de Desarrollo de la Mujer), que invitó también a dos representantes de los grupos de mujeres a participar como miembros plenos en su Junta Directiva. En Chile, en función de los acuerdos partidarios de la Concertación, una socialista –generalmente feminista– ocupa la subdirección del Sernam, y en el Perú, el Consejo Consultivo del Ministerio de Promoción de la Mujer y Desarrollo Humano (Promudeh) está integrado por algunas feministas y representantes de agencias internacionales". Los malestares del feminismo latinoamericano, Maruja Barriga. 


 


14. La exigencia de incorporar profesionales a las ONG cambió totalmente la composición de éstas. La Morada, en Chile, expulsó "democráticamente" a su fundadora, Pisano, por denunciar "el camino a Beijing".


 


15. Las Mujeres Creando fueron apaleadas en La Paz por la Policía, a pedido de sus adversarias, por denunciar la estafa del "camino a Beijing". 


 


16. Género, desarrollo y cooperación al desarrollo. 


 


17. El Periódico, México, 4/8/04.


 


18. Miembro del colectivo Flora Tristán, con perdón de la nombrada. 


 


19. Ximena Bedregal, ¿Qué quedó del proceso de Beijing?


 


20. Margarita Pisano.


 


21. Ximena Bedregal, Democracia masculinista, democracia heterosexual compulsiva. 


 


22. Sendón de León, Victoria, filósofa feminista española. Encuentro de Mujeres Filósofas, octubre 2002, Barcelona. 


 


23. Florentina Alegre, dirigente campesina. "Sólo somos un tumulto de defensa para facilita el paro".


 


24. "La Asamblea feminista con el Pueblo”, La Paz, 9/6/05. 


 


25. Ximena Bedregal, "Bolivia al borde de un baño de sangre", 8/6/05. 


 


26. "Sobre la autonomía del feminismo árabe", Fátima Mernissi: "Que algunas feministas occidentales vean a las mujeres árabes como esclavas serviles y obedientes, incapaces de tomar conciencia o de desarrollar ideas revolucionarlas propias que no sigan el dictado de las mujeres más liberadas del mundo (de Nueva York, París y Londres), a primera vista parece más difícil de entender que una postura similar en los patriarcas árabes (…) no me preocupa tanto el futuro de la solidaridad internacional de las mujeres como la capacidad del feminismo occidental de crear movimientos sociales populares para lograr un cambio estructural en las capitales mundiales de su propio imperio industrial. Una mujer que se considera feminista debería preguntarse si es capaz de compartir esto con las mujeres de otras clases sociales de su cultura. La solidaridad de las mujeres será global cuando se eliminen las barreras entre clases y culturas." 


 


27. Amelia Valcárcel y Rosalía Romero, Los desafíos del feminismo en el siglo XXI.


 


28. "Desde 1988 las Mujeres de Negro de Israel se manifiestan contra la ocupación militar israelí y construyen puentes de paz con las mujeres palestinas para poder finalmente vivir en paz en dos Estados para dos pueblos". 


 


29. “Colombia: Las mujeres de la Ruta Pacífica no creemos en el poder de las armas, no creemos en los guerreros. Hacemos un llamado para fortalecer la democracia, para no cerrarle el paso a las libertades y derechos civiles, para no permitir que en nombre de la lucha contra el "terrorismo" se persiga, se encarcele y se mate. Nuestra fuerza y rebeldía se ha traducido en voluntad política para desde nuestra autonomía frente a todos los actores armados, desde el dolor que compartimos con las mujeres desplazadas, las que tienen a sus familiares muertas/os, desaparecidas/os, secuestrada/os, asesinadas/os, retenidas/os, encarceladas/os, torturadas/os, exigir la salida política negociada y los acuerdos humanitarios, desde el firme compromiso de contribuir a la desmilitarización de la vida civil y a la construcción de un país y una casa libre de violencias, opresiones y subordinaciones.” 


 


30. Nancy Caro Holander, op. cit.


 

La dialéctica y la revolución, ahora


1. “¿Por qué la dialéctica? ¿Por qué ahora?”


 


Recientemente reformulada por Bertell Ollman1, a su manera directa y urgente, la cuestión sobre la actualidad de la dialéctica incluye la paradoja de sus términos y sus relaciones mutuas –“la dialéctica” y el “ahora”: 


 


• Cómo se sitúa la dialéctica frente al desafío del “ahora”, del momento presente en el tiempo histórico. 


• Cómo es visto y desafiado por la dialéctica el “momento-ahora” de la historia. 


 


Es bien sabido que la dialéctica, o bien “las bases de toda dialéctica” de Hegel, según Marx2, o, sobre todo, la dialéctica materialista marxista, ha caído supuestamente en descrédito, a partir del (mal) uso del materialismo dialéctico como “filosofía de Estado” (la descripción precisa es de Georges Labica) por parte de la burocracia stalinista en la Unión Soviética. Con el colapso del Estado soviético y de otros tipos de Estados “soviéticos” en Europa del Este, suele argumentarse que la dialéctica ha sido enterrada, de una vez por todas, bajo sus ruinas. 


Sería un error fatal, sin embargo, equiparar emancipación comunista con stalinismo y dialéctica materialista con “dia-mat”, esta monstruosidad que ha sido utilizada como defensa apologética de reglas burocráticas, una tecnología de pseudo-conocimiento adaptada a una tecnología de poder. ¿Qué relación acaso puede existir entre la dialéctica como “el estudio de las contradicciones en la esencia de los objetos”3 ,y los métodos empiristas de una burocracia atemorizada por la misma idea de las contradicciones y tratando desesperadamente de escapar de su influencia mal administrándolas? ¡Esta es la misma burocracia que, mientras usaba “dia-mat” como filosofía de Estado, encontró necesario abolir la ley de negación de la negación de la dictadura de Stalin! La cuestión de si la dialéctica ha sobrevivido o no a la tragedia histórica de la Revolución de Octubre no puede ser juzgada por su falsa identificación con su antítesis, el constructo burocrático de “dia-mat”. En un contexto histórico diferente, Marx ya había hecho una aguda distinción entre la forma mistificada y apologética de la dialéctica y su forma racional, crítica y revolucionaria: “En su forma mistificada la dialéctica se transforma en la moda en Alemania, porque parece transfigurar y glorificar el estado existente de las cosas. En su forma racional es un escándalo y una abominación para la burguesía y sus profesores doctrinarios…”4 .  El “materialismo dialéctico” mistificado como transfiguración ideológica y glorificación del estado de cosas burocrático denominado “socialismo realmente existente” está definitivamente muerto y enterrado. Pero el materialismo dialéctico aún sigue siendo un escándalo viviente y una abominación para la burguesía y sus defensores ideológicos. El entendimiento del ahora, del presente como Historia, no debería ser confundido con los prejuicios burgueses ahora prevalecientes y que se difunden globalmente asumiendo la “victoria” de la Guerra Fría. 


 


Un método que es crítico y no-apologético hacia el estado de las cosas existente no tiene que ser sólo autocrítico sino también crítico del concepto de tiempo, particularmente del propio concepto del “ahora”. Cuando planteamos el interrogante de “¿Por qué la dialéctica? ¿Por qué ahora?”, no deberíamos olvidar que como el “dia-mat” no es dialéctico, el “ahora” del interrogante no es el ahora considerado como un punto en una serie infinita sobre una línea de progreso gradual de “vacío, homogeneidad, tiempo histórico”. Como advirtió correctamente Walter Benjamin,“En el ahora, la verdad es cargada con el tiempo al punto de explosión”5 .El momento-ahora, el Jetztzeit de Benjamin, no es un punto indiferente en una continuidad homogénea sino la etapa del tiempo heterogéneo, el punto de ruptura de la continuidad, la apertura a la Historia de la posibilidad, lo que los antiguos griegos llamaban Kairos/Καιρος, el momento correcto, Νυν/Καιρος, el momento ahora, o Καιρο ν ακμη, la era del tiempo como momento. 


 


Esto es central en todas las consideraciones de la dialéctica. Bertell Ollman, interrogándose sobre la cuestión “¿Por qué la dialéctica? ¿Por qué ahora?”, sugirió una respuesta mediante la exploración del futuro (comunismo) como el potencial dentro del presente (capitalista). 


 


Siguiendo el camino abierto por Benjamin,estas relaciones temporales pueden ser abordadas mediante la formación de una nueva constelación de la dialéctica con ahora, donde (continuando con el lenguaje de Benjamin), la dialéctica “destella su imagen iluminada en el ahora de su reconocibilidad”6 .En otras palabras, la dialéctica tiene que buscarse en el ahora del actual mundo en crisis como el momento de su reconocibilidad en la etapa del tiempo. Y viceversa: el momento ahora tiene que ser asido por una dialéctica que lo desafía mediante el descubrimiento de sus contradicciones internas que lo conducen a su negación.


 


2. La crisis como escuela de la dialéctica


 


En el famoso Prólogo de la segunda edición alemana de 1873 de “El Capital”, Marx resume, en forma superlativa en su densidad, los principales elementos del método dialéctico que lo convirtieron en un escándalo y en una abominación para las reglas de clase y las reglas de la ideología. Inseparablemente conectada con la inversión materialista y con la reelaboración de la lógica de Hegel, la dialéctica marxista “incluye en su comprensión y reconocimiento afirmativo la existencia del estado de las cosas, y también al mismo tiempo, el reconocimiento de la negación de ese estado, de su inevitable ruptura”, descubriendo el “trabajo de lo negativo” dentro de lo positivo, las “contradicciones inherentes en el movimiento de la sociedad capitalista”. Sobre estas bases se captura el vínculo entre movimiento y cambio, transición, en lo que concierne a “toda forma social históricamente desarrollada como un movimiento que fluye, y por lo tanto toma en cuenta su naturaleza transitoria no menos que su existencia momentánea”. Por último pero no menor, “no deja nada impuesto sobre esto”, rechazando todos los dogmas preestablecidos y todas las intrusiones externas para el proceso de descubrimiento de la verdad. Componiendo todos los elementos previamente mencionados en un todo integral, la dialéctica materialista “es en su esencia crítica y revolucionaria”7.


 


Es comprensible que en la post era del “desastre oscuro” (Alain Badiou)8 de 1989/01, nuestras reglas del “sentido común” sintieran semejante indignación al confrontarse con semejante razonamiento dialéctico. Entre las celebraciones por el “triunfo final y definitivo” del capitalismo liberal y por el “final” de todo lo demás –fin del comunismo, de la revolución, de las clases y de la lucha de clases, de las ideologías, de la filosofía, del arte, de la Historia, etcétera– demandar la “comprensión y reconocimiento afirmativo del estado de cosas existente” en el caótico mundo de la post Guerra Fría, explorar el “funcionamiento de lo negativo en lo positivo” es efectivamente escandaloso frente a sus ojos. Lo que esto requiere es tomar la dialéctica de la negatividad del capitalismo globalizado, su “existencia momentánea” y, sobre todo, su “naturaleza transitoria”, sin dejar que nada se imponga sobre la lucha teórica y práctica por la emancipación, sin dejar que prevalezca el prejuicio conservador y filisteo del derecho ni el escepticismo organizado de la izquierda derrotista, desafiando irreconciliablemente el status quo mediante un acercamiento crítico y revolucionario al momento ahora. Sobre todo, esforzarse por asir el presente como una etapa de tiempo y una apertura de la historia, un terreno de posibilidades todavía inexplorado, un nuevo horizonte desconocido de una práctica histórica para cambiar el mundo.


 


En la conclusión de su resumen sobre el método en el “Prólogo” de 1873, Marx advirtió a todos sus enemigos sobre la lección que la dialéctica les enseñaría al acercarse la crisis capitalista: “Mediante la universalidad de su teatro y la intensidad de su acción [la crisis] hará resonar la dialéctica aún en las cabezas de los presuntuosos del nuevo y santo Imperio Prusiano Germano”.9


 


Los imperios, sus reglas y sus dóciles sirvientes, son malos estudiantes. Suelen aprender nada y olvidar todo. Esto se aplica tanto para el viejo y “santo” Imperio Pruso Germano como para el nuevo non santo Imperio global norteamericano con el cual fantasean los neoconservadores en Washington. Aun en la hora fatal, cuando la escritura proverbial esté sobre la pared, el nuevo Balthasar y sus guardias imperiales son incapaces de comprender las reglas escritas o la lógica de su propio destino, llamado dialéctica.


 


Nadie puede dudar que la lección, o más bien la “venganza” de la dialéctica, que Marx predijo, ya está sobre nosotros: la crisis capitalista está aquí, la universalidad de su teatro cubre al planeta entero, y la intensidad de su acción ya se sintió fuertemente tanto en los centros metropolitanos como en los países de la periferia. La transformación en lo opuesto no es enseñada mediante libros de texto sino mediante las experiencias devastadoras de los últimos quince años.


 


La euforia inicial y el triunfalismo de los capitalistas siguiendo la implosión de la Unión Soviética rápidamente se ha disipado. La quimera del establecimiento de un eterno y pacífico reino del capitalismo liberal en la Tierra se transformó rápidamente en una pesadilla de guerras perpetuas, desde los Balcanes a Asia Central, desde el desmembramiento de la ex Yugoslavia a Afganistán y el infierno iraquí. Las declaraciones sobre la paz universal después de la Guerra Fría fueron reemplazadas por el terror de una permanente “guerra contra el terror” donde, parafraseando a Brecht, la misma paz es reducida a un no convencional “caso extremo” de guerra. La retórica de los derechos humanos se transformó en el horror de Abu Ghraib y Guantánamo. “Exportar democracia” se volvió sinónimo de ocupación brutal en el extranjero y de importación del Estado policial a nivel nacional, aboliendo el estado de Derecho mediante la ley, estableciendo en los centros metropolitanos de Europa y Estados Unidos un “estado de Emergencia” que, como ha predicado Benjamin, es transformado de excepción a regla. La paz civil ha sido transformada en una contienda civil con ataques continuos contra las libertades civiles y pasos preparatorios para la posibilidad de que una guerra civil estalle en los centros urbanos.


 


La base material para todas estas manifestaciones violentas es la propia crisis de la globalización capitalista. “Globalización”, como el mito dominante de las últimas dos décadas que fue presentado como la “victoria completa y final” del capitalismo en el planeta, como el libre movimiento del capital más allá de la recurrente amenaza de las crisis sistemáticas, pero también como la fuerza conductora para el enriquecimiento de todos, tanto para los países del privilegiado centro como para los pobres de la periferia.


 


Obviamente, en las dos décadas pasadas, la globalización financiera se transformó en la fuerza conductora de exactamente lo contrario: para las masas, empobrecimiento a escala sin precedentes; para los continentes en caída del “Tercer Mundo”, como África, al limbo de un “Cuarto Mundo”; y para la creación de vastas zonas del “Tercer Mundo” dentro de los centros metropolitanos del “Primer Mundo”. Están concentrando masas de trabajadores pobres, de “nuevos pobres”, de trabajadores con bajos salarios, de viejos y nuevos tipos de excluidos, así como también las víctimas de las gigantescas olas inmigratorias que la “globalización” ha llevado desde la catástrofe social de sus países de origen en el Sur y Este a la miseria social y sobreexplotación en el Oeste y Norte. La globalización capitalista se convirtió en la más poderosa fuerza conductora para la pauperización globalizada, y para la sobreconcentración de la riqueza del mundo en las manos de una diminuta minoría de especuladores financieros y forajidos corporativos. La monstruosa exacerbación de la desigualdad social a escala global, esta dialéctica de la pobreza es la impugnación de la pobreza de toda anti-dialéctica.


 


La propia globalización financiera fue producto de la crisis y, a la vez, generadora de una crisis aun mayor. La liberalización del movimiento del capital y la globalización de los mercados financieros emergieron como una salida temporaria a la crisis sin precedentes y a la sobreproducción de capital, una vez que la igualmente sin precedente expansión capitalista de la post Segunda Guerra Mundial había alcanzado sus límites a principios de los ’70.La dominación global en este “fetiche automáticamente consumado, la propia expansión del valor, el dinero haciendo dinero (…) un Moloch demandando todo el mundo como un sacrificio”, como proféticamente predijo Marx10, produjo a lo largo y ancho del globo las más salvajes ilusiones fetichistas de la historia del capitalismo. Las implicaciones en la conciencia e ideología de las masas no deberían ser subestimadas. Entre otras cosas, ésta es la poderosa fuente de la anti-dialéctica y de la idolatría del simulacro en nuestros días.


 


Pero el vuelo de la especulación a los cielos internacionales, la tremenda expansión de capital ficticio como salida al estancado excedente de capital, a la larga terminaron exacerbando la crisis de sobreacumulación. La globalización del capital se ha reproducido a escala ampliada y ha globalizado todas sus contradicciones, llevándolas al punto de explosión. Una serie de colapsos financieros seguidos de agitaciones sociales hicieron erupción a fines de los ’90. Desde la quiebra de 1997, centrada en la región de Asia-Pacífico, al default ruso en 1998, al estallido de la burbuja financiera de la economía de las “punto.com” en Wall Street en 2000, y desde los escándalos de Enron y Parmalat al estado de bancarrota de países exaltados como “historias exitosas” del llamado neoliberalismo (como Argentina en 2001), el universalismo del teatro y la intensidad de la acción de la sistemática crisis del capitalismo en el mundo quedó a la vista de todos. Además, estos terremotos financieros fueron internamente relacionados con una desestabilización generalizada que produce descontento social y revueltas populares, movilizaciones antiimperialistas y luchas de clases con potencial revolucionario, desde América Latina (Argentina, Ecuador, Bolivia, Perú, Venezuela) a Europa (los movimientos sociales de masa que culminaron con el voto por el “No” a la constitución de la UE en Francia) y el Medio Oriente (la Intifada palestina, la Resistencia iraquí). El surgimiento del poderoso movimiento contra la globalización capitalista en las luchas que tuvieron lugar en Seattle y Génova, así como también las más grandes movilizaciones de la historia que tuvieron lugar en febrero de 2003, en las vísperas de la guerra imperialista contra Irak, son sin lugar a dudas la manifestación de las fuerzas sociales desatadas en el campo de batalla por la crisis de la globalización capitalista.


 


La crisis mundial, como explicó Marx “debe ser considerada como la concentración y adaptación contundente de todas las contradicciones de la economía burguesa”.11 La lógica de las contradicciones en su totalidad es precisamente dialéctica.


 


Lenin comentó que “si Marx no dejó detrás de sí una ‘Lógica’ (con mayúscula), dejó la lógica de ‘El Capital’ y esto debe ser utilizado por completo en esta cuestión”12.El estudio de esta lógica dialéctica ahora es más urgente que nunca: contradicciones explotando dentro de la crisis, la transformación en su opuesto de todos los rasgos del período previo, una post Guerra Fría mundial en una transición extremadamente dolorosa… la lista podría seguir. Evitar la dialéctica ahora es una expresión del miedo a las contradicciones, una negación a transformar el infierno presente en su opuesto; aferrándose a la vana esperanza de una vida después del capitalismo parlamentario liberal con “rostro humano”.


 


3. Bajo la estrella de una catástrofe


 


Un cambio de época, marcado por agitaciones históricas, guerras, oleadas revolucionarias de las masas oprimidas o retiradas y contrarrevoluciones, siempre es un momento de reconocibilidad de la dialéctica. Es el momento que hace posible el reconocimiento de un vacío en la Historia –el Real, en términos lacanianos; una aparente imposibilidad demandando y previniendo su penetración por cognición. En el límite de este vacío de la Historia se puede rastrear la dialéctica, tendiendo y cerniendo el vacío como el Rouah Elohim (el Espíritu de Dios) sobre las aguas del abismo en el comienzo de la Torah. Fuera de este encuentro con la imposibilidad, en un período de transición histórica y de crisis de transición, surge la necesidad de formar una nueva constelación entre la dialéctica y las demandas del Momento-Ahora.


 


La dialéctica, como escribió Hölderlin en 1805 (en un muy denso comentario poético/ filosófico en los fragmentos de Píndaro que había traducido nuevamente, muy interconectado con sus profundamente dialécticos Comentarios sobre las tragedias de Sófocles, Edipo y Antígona) 13, es “el arte de estar seguro en el propio entendimiento en el medio de errores positivos.”14 En momentos de cambio cruciales, cuando todo aparece alejado, ajeno (Fremde), un intenso entrenamiento en dialéctica es particularmente necesario: “Si nuestro entendimiento ha sido intensamente ejercitado, retiene su fortaleza aún en difusión; puesto que fácilmente reconoce lo Ajeno (das Fremde) mediante su mejorada agudeza, y de esta manera no es fácilmente confundido con situaciones desconocidas”.15


El poeta alemán, un jacobino impenitente que escribe en las condiciones post-termidorianas de la reacción burguesa, “en años de necesidad” [in dürftiger Zeit]16 no menos oscuros que los nuestros, gira hacia “el arte de permanecer fiel en circunstancias cambiantes.” Permanece fiel a la Revolución permanente mediante una “Infidelidad de Sabiduría” [Umtreue der Weisheit], rechazando cualquier fijación a un invariable Mismo, Identidad abstracta, consagrándose a una nueva revisión de los textos de Píndaro y Sófocles, y en este camino establece un nuevo entendimiento de la dialéctica de la modernidad en relación con la antigüedad. 


 


La dialéctica en los tiempos modernos siempre hace su aparición bajo la estrella de una catástrofe, cuando el viejo mundo está muriendo y el nuevo aún no ha surgido completamente. 


 


1789 produjo los elementos dialécticos de Hölderlin y de la Fenomenología y la Lógica de Hegel.La crisis europea y la Revolución de 1848 se transformaron en el primer campo para la dialéctica marxista. 1905 y la Primera Revolución Rusa fueron el lugar de nacimiento para la teoría dialéctica de la Revolución Permanente de Trotsky.El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y el colapso de la Segunda Internacional condujeron a Lenin a cambiar la Lógica de Hegel por una completa tradición dialéctica, comenzando desde los antiguos griegos,como una preparación teórica necesaria para la victoria de la primera revolución proletaria en 1917. La tragedia épica de la Revolución Alemana de 1919 dio el impulso a las grandes contribuciones dialécticas de Walter Benjamin y Ernst Bloch. La catástrofe de 1933, con la victoria del nazismo de Hitler y la muerte política de un Comintern burocratizado, empujó a Trotsky a seguir el camino de Lenin en un nuevo estudio de la Lógica de Hegel. Las Tesis sobre el concepto de Historia, escritas por Benjamín en 1940, el mayor ataque contra las anti-dialécticas y gradualistas concepciones de la democracia social y el stalinismo que condujeron a políticas desastrosas, fueron el anteproyecto cuando “fue la medianoche del siglo”…  ¿Y ahora? La cuestión permanece abierta.


 


4. Metamorfosis


 


Un materialista dialéctico, subraya Benjamín, “no puede considerar la historia de otro modo que no sea como una constelación de peligros…”17Y como materialista reconoce que el peligro real no puede ser confrontado solamente con explicaciones o racionalizaciones teóricas sino con la praxis histórica de la transformación de las condiciones existentes. La dialéctica materialista es una teoría que permanentemente se relaciona a sí misma, así como un método para revolucionar la práctica histórica de la clase revolucionaria esforzándose en transformar las condiciones sociales; es una actividad práctica crítico-revolucionaria, que moviliza a los oprimidos en un real y “verdadero estado de emergencia” (Benjamin, Tesis VIII) contra el “ficticio estado de emergencia” declarado por las reglas de clase y sus terroristas Actas “Patrióticas”.


 


En un fundante texto del marxismo, la introducción a la Crítica de la filosofía y del derecho de Hegel, escrita por Marx en 1844, el método dialéctico de la movilización revolucionaria es presentado en forma condensada con una famosa frase: “Estas relaciones petrificadas deben ser forzadas a bailar cantándoles su propia melodía!” [man muss diese versteinerten Verhaeltnisse dadurch zum Tanzen zwingen, dass man ihnen ihre eigne Mölodie vorsingt!!]18.


Bertell Ollman ha elegido apropiadamente esta frase como principio guía y como lema de su libro titulado, precisamente, El baile de la dialéctica.


 


Tres elementos están incluidos en la frase marxiana resumiendo todo el proyecto dialéctico: a) un reconocimiento (descubrimiento) crítico de la petrificación de las relaciones sociales históricas; b) el descubrimiento y capacidad de “¡cántales su propia melodía!”; c) la transformación activa de su petrificación presente en lo contrario, un movimiento rítmico, una danza de liberación.


 


Permítasenos mirar más de cerca de estos tres elementos de la dialéctica materialista histórica


 


a. Petrificación


 


El primer paso para un estudio crítico de las relaciones sociales es el reconocimiento de su historicidad, de su naturaleza condicional y transitoria; lo que significa el estudio de su transición, el descubrimiento de su verdadero carácter histórico, y el momento particular de su proceso de vida. “Petrificación” refiere a la época del declive histórico de una formación social, cuando se convierte en un anacronismo en relación con las demandas de un maduro potencial de desarrollo social. En otras palabras, en esta metáfora está contenido el núcleo de la concepción del materialismo histórico que Marx desarrolla más adelante en las dinámicas de las relaciones sociales de producción y en las fuerzas sociales de producción del trabajo humano como la fuerza conductora del cambio histórico y de la revolución en la sociedad de clases.


 


La metáfora de Marx se estaba refiriendo en primer lugar a la Alemania de la víspera de la Revolución de 1848, un Antiguo régimen fosilizado en una sociedad capitalista moderna. Más tarde la metáfora se extendió para incluir a todas las formaciones sociales en declive, repitiendo como farsa lo que primero fue una tragedia en la historia.


El “globalizado” capitalismo contemporáneo, a pesar de sus pretensiones de se ser una fuerza ultramodernizada, es en realidad “nuestro” Antiguo régimen. La modernidad nació bajo condiciones capitalistas pero no es idéntica a ellas. No hay unidad y además existe una creciente contradicción entre modernidad y capitalismo, que los apologistas siempre tratan de olvidar o esconder, una contradicción que la globalización conduce al extremo de su exacerbación.


La modernidad es la tendencia a la universalidad, la incesante trasgresión de todos los límites, una fuerza ilimitada generada por el capital como valor auto-expansivo, pero que ingresa en un conflicto cada vez más agudo con los límites inherentes a la relación capitalista. Como enfatizó Marx en Los Grundrisse: “…la universalidad por la cual se esfuerza incesantemente el capital, se levanta contra las barreras de la propia naturaleza del capital, barreras que, en cierta etapa de su desarrollo, le permitirán ser reconocido convirtiéndose a sí mismo en la mayor barrera en el camino de esta tendencia, y entonces lo conducirán hacia la trascendencia a través de sí mismo”19. La revolución socialista mundial es precisamente la emancipación de esta tendencia universalizante de la modernidad, sofocada ahora en las condiciones petrificadas de un capitalismo en declinación y crisis, mediante la autoemancipación de una clase universal, el proletariado moderno.


 


Por supuesto, podría objetarse que la globalización financiera contemporánea se caracteriza por una extrema “fluidez” más que por una petrificación inmóvil. Pero esta fluidez, la extrema velocidad de las transacciones financieras a escala planetaria, representa el movimiento libre del capital abstracto (como Hilferding correctamente denominó al capital financiero); capital abstraído de las condiciones de sus orígenes en la producción de excedente de capital. La globalización financiera es la apoteosis del sistema económico y social cuyo principio regulativo es el trabajo abstracto, el intercambio de “masas de tiempo de trabajo congelado”20, tiempo congelado o, si se prefiere, tiempo petrificado. El capitalismo mundial, una sociedad donde “los individuos ahora están regidos por abstracciones”21, como Marx deliberadamente escribió, a pesar de, o más bien por, la extrema movilidad de estas abstracciones en las condiciones actuales, choca más temprano que tarde con sus propias barreras, sus propias rigideces, y como muestra todo shock financiero, con su propia petrificación. Pera repetir, entonces: ahora este es nuestro Antiguo régimen.


 


La petrificación de las relaciones de la vida social bajo el capitalismo significa la reificación de esas relaciones, una inversión de las relaciones de vida, una forma específica de alienación de la vida social donde, como se explica en el famoso capítulo sobre el “fetichismo” en el primer tomo de El Capital, las relaciones materiales entre las personas asumen la forma fantástica de relaciones entre cosas.22


 


En la teoría de la alienación y el fetichismo de Marx no sólo puede encontrarse la continuidad sino sobre todo la discontinuidad de su método con el de Hegel. Mientras para el idealista Hegel la alienación es lo mismo que la deshumanización de la Idea, y la Naturaleza es descrita como “Inteligencia Petrificada”, para el materialista Marx la alienación está históricamente basada en la división del trabajo, de modo que no siempre es idéntica a la deshumanización del poder social de los seres humanos y, bajo el capitalismo, asume la peculiar forma de una reificación/petrificación de las relaciones sociales, dominando las condiciones de vida materiales.


 


La vida misma con todas sus diversas demandas es subyugada a las demandas de la acumulación del capital, dándole al poder burgués su carácter específico, que Michael Foucault describió como “bio-poder”. La vida humana petrificada sufre, y en cada intento de escapar al dolor su petrificación se vuelve más insoportable. Se parece al Prometeo de la leyenda moderna de Franz Kafka, quien empotrado en la roca y tratando de escapar del desgarrador pico del águila, “se presionó a sí mismo en su agonía más y más profunda hasta fundirse con la roca”.23


 


La vida petrificada, sin embargo, sigue siendo vida. La petrificación puede ser putrefacción pero, como explicó Marx en la edición francesa de El capital, “en la historia, como en la naturaleza, la putrefacción es el laboratorio de la vida”24. Produce ella misma negación de lo viejo, los elementos de lo nuevo. La globalización del capital no sólo representa su dominación a escala mundial sino también, como lo demostró Paresh Chattopadhyay en su excelente trabajo25, conduce a esta “dialéctica de la negatividad” a su extremo, al punto de explosión y transformación revolucionaria. Aún en esta miserable condición petrificada, Prometeo permanece vivo, desafiando a todos los opresores y resistiendo a la tiranía, esperando oír la canción de la libertad, la propia melodía de Prometeo cantada por otro, las fuerzas liberadoras.


 


b. La canción de la dialéctica


 


¿Cómo es posible una transición desde las condiciones de vida petrificadas hacia la danza de la vida? Este extraordinario evento de metamorfosis no puede ser ni arbitrario u “orgánico” ni gradual sin una ruptura revolucionaria en continuidad. Marx bosquejó una clara demarcación tanto desde el subjetivismo político como desde el objetivismo del reformismo. En primer lugar, se separa decididamente del reformismo de toda clase, viejo y nuevo:“…entre la sociedad burguesa, basada como lo está en el valor de cambio [énfasis original] las relaciones de intercambio y de producción son generadas con lo que sólo son tantas minas como para hacerla volar en pedazos. (Una multitud de formas antagónicas de la entidad social, cuyo antagonismo, sin embargo, nunca puede explotar por una calma metamorfosis…)” [énfasis añadido].26


 


El capitalismo como campo minado de contradicciones no explotará automáticamente por sí mismo, no cambiará pacíficamente en una “calma metamorfosis”. La globalización capitalista y su militarización han transformado a todo el planeta en el más peligroso campo minado. Sólo aquellos que intentan reformar, “humanizar” la inhumanidad capitalista globalizada, pueden tener la ilusión de “una calma metamorfosis” del infierno presente. Las “minas” sistémicas, que ahora están haciendo explotar ciegamente todo el mundo a través de las guerras, el empobrecimiento de las masas y las indescriptibles formas de barbarismo, tienen que ser activadas por un organismo revolucionario, la movilización de las masas oprimidas y su vanguardia organizada “para hacerlo volar en pedazos”.


 


Esta actividad de las masas no debería ser ciega o arbitraria. Tiene que ser “la expresión consciente del proceso inconsciente” de la historia, de las demandas del desarrollo histórico. Marx advierte contra toda manifestación de idealismo histórico y voluntarismo ciego: “…si no las encontramos latentes en la sociedad como lo están, las condiciones materiales de producción y sus correspondientes relaciones de intercambio para una sociedad sin clases, todo intento de explosión sería quijotesco”.27


 


En la exploración y descubrimiento de estas condiciones materiales, la crítica de la “anatomía de la sociedad civil”, de la economía política, del método presentado en la lógica de El Capital de Marx es vital; aún no hemos terminado de releer esta obra magna.


 


A través de esta exploración crítica tenemos que descubrir la lógica específica de las contradicciones que se mueven en un tipo específico de sociedad, la peculiar “melodía” inherente a las relaciones sociales petrificadas que tenemos que entonar para hacerlos danzar. Hölderlin, nuevamente traduciendo y comentando el fragmento 140b de Píndaro, habla en Von Delphin28 [Del Delfín] sobre esta melodía, que es capaz de mover y hacer aparecer formas ocultas en las profundidades de la naturaleza y de la historia:


 


Que en la calma profundidad del mar de flautas 


 


La canción se ha movido deliciosamente


 


Esta es la Canción de la Naturaleza misma, der Gesang der Natur que, cuando es cantada “en semejante tiempo cada ser lanza su tono, su lealtad, la forma en la que se relaciona a sí mismo dentro de sí mismo” (“in Duch a time each being utters its tone, its faithfulness, the way in which it relates itself within itself”).29 Lo que esencialmente está oculto bajo la superficie aparece en respuesta a la canción de su propia melodía. La dialéctica materialista es la habilidad de encontrar una lógica específica de un objeto específico,el arte de cantar la canción de la naturaleza, el verdadero das Lied von der Erde. La dialéctica, “el elemento más revolucionario del marxismo”, como lo definió Lenin, también es su principio órfico. Entonces, ahora la cuestión es: ¿cómo es que la melodía específica puede ser descubierta y apropiadamente cantada?


 


La melodía, la lógica específica, la conexión interna de las contradicciones que mueven una entidad, tiene que ser abstraída de ella, descubierta entre ella, y no impuesta sobre ella. La dialéctica no es una tecnología pragmática de conocimiento, un conjunto de reglas para ser aplicadas sin un objeto de cognición. La melodía tiene que ser hallada y aprendida en su fuente interna. ¿Cómo? Siguiendo explícitamente a Heráclito, Lenin indicó el camino: “La desintegración de un simple todo y el entendimiento de sus partes contradictorias […] es la esencia (una de las “esencias”, una de las principales, sino la principal, característica o rasgo) de la dialéctica […] el reconocimiento (descubrimiento) de las contradictorias, mutuamente exclusivas, tendencias opuestas en todo fenómeno y proceso de naturaleza (incluyendo la mente y la sociedad)”30.Estas son las “minas a explotar” que el “carácter destructivo” del marxismo tiene que encontrar.31 O, para usar nuestra otra metáfora, el particular “tono”, la “melodía” entre las condiciones petrificadas para hacerlas danzar, de acuerdo a principio órfico.


 


Es el mismo camino de Heráclito que Hölderlin procede en su lectura, traducción y comentario del fragmento 213 de Píndaro bajo el título Das Umerdliche [El Infinito].32 El poeta plantea la más aguda cuestión política de su (y nuestro) tiempo: cuando los seres humanos reales están involucrados en construir en la tierra la Ciudad (o la República Utópica de Platón, la República revolucionaria jacobina, o la República obrera en la forma de la dictadura del proletariado),¿cómo están relacionadas la Justicia y la astucia de la Razón política, sus estratagemas y tácticas engañosas?


 


Primero, para evitar distorsiones políticas y apologías del status quo, es necesario un reconocimiento (descubrimiento) crítico de la contradicción en la transición,que efectivamente existe entre la justicia en la esfera de la libertad y la razón política actual en la propia Revolución. Hölderlin hace hincapié en que “la vacilación y el conflicto entre la justicia y la razón están resueltos sólo en una relación de interpenetración [in durchgänginger Beziehung]”, de transición y transformación de uno a otro, a su opuesto.


 


Esta relación de interpenetración entre la meta histórica y el movimiento actual, la que niega el existente estado de cosas, es rechazada tanto por los reformistas como por los utopistas abstractos. Desde Bernstein hasta el presente, para los fetichistas del “movimiento social per se”, la meta de la emancipación humana global en una sociedad sin clases es liquidada en el movimiento diario; por otra parte, toda clase de abstencionistas y sectarios aíslan al socialismo de la actual lucha de clases.


 


Para descubrir esta vital relación de interpenetración como conexión [Zusammenhang] entre la justicia y la razón política, la conexión, escribe Hölderlin,“no tiene que ser atribuida a ninguno de ellos sino a un tercero al cual están conectados infinitamente (exactamente), por eso tengo un pensamiento dividido”.33 Con la sentencia final el poeta alemán interpreta el último verso en el fragmento 213 de Píndaro:


 


Dividido tengo el pensamiento para decirlo con exactitud


 


El verso pindariano es el polo opuesto a la conclusión del Tratado de Wittgenstein: puedes decir exactamente la conexión sólo a través de un pensamiento dividido en partes contradictorias. Una división interna en conocimiento –su movimiento a través de la contradicción, su carácter dialéctico– es necesaria para capturar la desintegración interna de un simple todo en exclusividad mutua, tendencias opuestas. La relación de interpenetración siempre involucra a la interpenetración del objeto y del sujeto de conocimiento a través de la práctica. Desde este punto, tenemos que prestar atención a la palabra ‘atreika’/ατρεκεια deliberadamente usada por Píndaro. Hölderlin la traduce como genau (exactamente) y la interpreta como “infinitamente”.ατρεκεια en griego antiguo en general, y en la poesía pindariana en particular, tiene, sin embargo, un doble significado: significa “unswerving/precisión”, exactitud; pero al mismo tiempo también es el nombre del dios de la Justicia, particularmente venerado por los locrianos del oeste34,en la Magna Grecia (Sur de Italia),donde fue establecido de acuerdo a una tradición del primer código legal escrito. En este sentido, el verso en el fragmento 213 de Píndaro habla tanto sobre la declaración precisa hecha por el pensamiento dialéctico como de la propia Justicia. La cognición dialéctica y la justicia en las relaciones sociales existe en una relación de interpenetración. No es accidental que Hölderlin en su comentario sobre el famoso fragmento 169 de Píndaro sobre la ley (que hoy ha sido revivido por Giorgio Agamben en su libro Homo Sacer) haga hincapié en que “estrictamente mediar es la ley”35.


 


La mediación como ley universal, “rey de los mortales y de los inmortales”, tiene que ser asida, según Hölderlin, tanto como “el mayor terreno para el conocimiento” como lo que estabiliza “aquellas condiciones de vida en las que, a su tiempo, un pueblo se ha encontrado y se encuentra a sí mismo”36; en otras palabras, como una relación de interpenetración de conocimiento con las condiciones materiales de vida. Este hallazgo del “tercero”, la fuerza mediadora que conecta y conduce más allá de los polos opuestos ahora es más que nunca el problema central de la dialéctica.


 


Hölderlin toma la mediación en un forma muy diferente, en realidad contraria, a la de su viejo amigo en Tübingen, Hegel. Al igual que Marx, Hölderlin se fundamenta en un implícito y explícito terreno crítico de la concepción hegeliana de la mediación y de la negación de la negación que al igual que Marx encuentra a Hölderlin. La mediación, en Hölderlin, no es reconciliación sino que involucra una ruptura cualitativa, una “caesura”, una “separación infinita”, como escribe en su “Comentarios sobre Edipo y Antígona”37; es una revolucionaria mejora (Umkehr). Philippe Lacoue-Labarthe38 directamente nos recuerda que en el entorno histórico de Hölderlin la palabra “Umkehr” claramente refería a la revolución que ya había tenido lugar en Francia. La revolución en sí misma es la mediación, la tercera fuerza que conecta la astucia de la Razón política, estrategia y táctica del movimiento revolucionario con la Justicia en una sociedad emancipada.


 


La revolución es un proceso en marcha, lleno de contradicciones y zigzags, saltos hacia delante y regresiones, rodeando toda una etapa histórica de transición. La lucha emancipatoria no tiene que esperar indefinidamente en la antecámara a la revolución con el pretexto de la “inmadurez” de las condiciones actuales, no tiene que disiparse en la caza de la perfectibilidad gradual de esas condiciones; en lugar de ello tiene que actualizar el potencial de la situación para los propósitos revolucionarios, desde el punto en el que se encuentra hacia la victoria final. Por lo que la Canción de la dialéctica siempre ha tenido como su refrán la melodía de La Internacional: “C’est la lutte finale!”.


 


c. La danza de la Revolución


 


El elemento más crucial en una revolución, como es bien sabido, es el propio tiempo. Como lo remarcó Trotsky, un análisis dialéctico siempre es “la más alta estimación cualitativa y cuantitativa de la realidad objetiva desde el punto de partida de la acción revolucionaria”39. En ese análisis concreto de la situación concreta, la correcta estimación del momento correcto de tiempo, del Kairós/Καιρος es central. Como dice otro verso pindariano:


Vοησαι δε καιρος αριοτος Asir el momento correcto es el mejor objetivo de la cognición.40


Pero este reconocimiento del Kairós no termina con todo el asunto: es crucial “hacer que las condiciones petrificadas bailen cantándoles su propia melodía”, pero la danza propia de las condiciones específicas en cada país tiene que seguir lo que el gran marxista peruano José Carlos Mariátegui llama “el ritmo de la historia mundial”, hoy determinado por el carácter mundial de la economía, la política, la cultura y consecuentemente por el carácter mundial de la revolución misma. 


 


El carácter mundial no desaparece con la bajada de la bandera roja del Kremlin; al contrario. El círculo histórico mundial abierto en 1917 no ha sido cerrado como clama la opinión general, por ejemplo, la ideología burguesa. Todos los tumultuosos desarrollos de los últimos quince años, las guerras sin fin desde los Balcanes a Irak y Asia Central, las nuevas rondas de las llamadas “revoluciones (contrarrevoluciones) naranja” en el ex espacio soviético rodeando el corazón del territorio ruso, etc., demuestran que la confrontación continúa a escala mundial para determinar el destino de la herencia del último siglo de guerras y revoluciones, así como también el destino del mundo en el siglo XXI. La danza de la revolución está adelante y no atrás de nosotros.


 


Mariátegui remarcó la sobredeterminación de las circunstancias nacionales mediante el ritmo de la historia mundial en un esfuerzo por elaborar el programa del partido revolucionario en sus días. La cuestión de “dialéctica y revolución ahora” no puede evitar la cuestión crucial de la organización revolucionaria. La pregunta de Lenin, “¿Qué hacer?”, y toda la problemática sobre la organización revolucionaria no puede ser soslayada. Tiene que ser dialécticamente reelaborada sobre las bases de la experiencia histórica de nuestra época, incluyendo la trágica experiencia del stalinismo y la lucha contra éste.


 


Figuras como San Pablo o San Francisco de Asís, a las cuales recientemente han estado prestando especial atención un número de pensadores radicales, tal vez podrían ser precursoras remotas pero de ninguna manera un sustituto o un modelo para la militancia revolucionaria en el período post-bolchevique, post-1917.


 


En una época de globalización capitalista avanzada en crisis insoluble, tenemos que reinventar, pero sin ninguna amnesia histórica, la Internacional como un astuto Meinstersinger de la Canción de la Dialéctica y como la vanguardia en la Danza de la Revolución Mundial –el apasionado Carmagnole del siglo XXI.


Agosto 2005


 


NOTAS:


 


1. Bertell Ollman, “Dance of the Dialectic-Steps in Marx’s Method”, University of Illinois Press 2003, págs. 155-168. 


 


2. Carta de Marx a Kugelman del 6 de marzo de 1868 en Letters on “Capital” de Karl Marx y Friederich Engels, New Park Publications 1983, pág. 166. 


 


3. V. I. Lenin, “Philosophical Notebooks”, Completed Works, vol. 38, Progress-Moscow 1981, pág. 29.


 


4. K. Marx, Prólogo de la segunda edición alemana, 1873, El Capital, vol. I, Progress-Moscow 1986, pág. 29. 


 


5. Walter Benjamín, Paris Capitale du XIXe siècle-Le Livre des Passages Cerf 1989, pág. 479. 


 


6. W. Benjamín, op. cit.


 


7. K. Marx, op. cit. Enfasis agregado por el autor. 


 


8. Alain Badiou, D’un désastre obscur, Edición de I’Aube, 1991. 


 


9. K. Marx, op. cit.


 


10. K. Marx, op. cit. Enfasis del autor.


 


11. K. Marx, Theories of Surplus Value, Part. II, Progress-Moscow 1975, págs. 510. Enfasis del autor. 


 


12. V. I. Lenin, op. cit., 317.


 


13. Hölderlin, Comentarios Sur (Edipo-Comentarios sur Antígona, traducción francesa de F. Fédier, 10/18, París 1965). 


 


14. Friedrich Hölderlin, Pindar Fragments and Commentary (1805), en Poems and fragments, traducido por Michael Hamburger, Anvil 2004, págs. 704-705. 


 


15. Op. cit., la traducción está algo alterada.


 


16. F. Hölderlin, Brod und Wein [Pan y vino) en Poems and fragments, op. cit., págs. 326-327.


 


17. W. Benjamin, op. cit., pág. 487. 


 


18. K. Marx, Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung en Marx-Engels Werke, Berlin, Dietz Verlang, 1976, pág. 381.


 


19. K. Marx, Grundrisse, en Marx-Engels Collected Works, Progress-Moscow 1986, vol. 28, Marx: 1857-1861, pág. 337. 


 


20. K. Marx, Capital I, op. cit., p. 47. 


 


21. K. Marx, Gruñidse, op. cit., p. 101. 


 


22. K. Marx, Capital I, op. cit., p. 78.


 


23. Franz Kafka, Prometheus en The Great Wall of China and Other Short Stories, Pocket Penguin 2005, pág. 49. 


 


24. K. Mark, Le Capital, Vol. I (1875) en Oeuvres: Economie I Pléiade. 


 


25. Paresh Chattopadhyay, Marx on Capital’s Globalization – The Dialectic of Negativity, Economic and political Weekly, vol. XXXVII, Nº 19, May 11, 2002. 


 


26. K. Marx, Grundrisse, op. cit., págs. 96-97.


 


27. Op. cit., pág. 97. 


 


28. F. Hölderlin, Pindar Fragments and Commentary (1805), op. cit., pág. 711. 


 


29. Op. cit. Traducción levemente alterada. 


 


30. V. I. Lenin, op. cit., pág. 357-358. Enfasis en el original. 


 


31. Ver W. Benjamín, The Destructive Character en Selected Writings, vol. 2, 1917-1934, Harvard, 1999, pág. 541- 542. 


 


32. Hölderlin, op. cit., ppas. 716-717.


 


33. Op. cit. Traducción levemente alterada. 


 


34. Píndaro, Olympian Ode X, 13. 


 


35. Hölderlin, op. cit., págs. 713.


 


36. Op. cit., pág. 713. Traducción levemente alterada. 


 


37. Hölderlin, Remarques…, op.cit., pág. 62-63. 


 


38. Ver Hölderlin, CEdipe le Tyran de Sophocle, traducido del alemán por Philippe Lacoue-Labarthe, Christian Bourgois 1998. Notas pág. 246. 


 


39. L. Trotsky, The New Course, edición Allagi-Greek de EEK (Partido Revolucionario de Trabajadores), 1980, pág. 58. 


 


40. Píndaro, Olympian Ode XIII, 48.


 

El de más bajo perfil de los dos: Friedrich Engels y el marxismo político e internacionalista


“Con todos los filósofos es precisamente el ‘sistema’ el que perece, por la simple razón de que surge de un deseo eterno del espíritu humano: el deseo de superar todas las contradicciones” Friedrich Engels


 


En una carta personal, Karl Marx le dice a su viejo compañero de luchas e ideas, Friedrich Engels, que “siempre seguirá sus huellas”. Es sabido que Marx, por principio estaba en contra de los elogios fáciles o cualquier tipo de demagogia. Hay algo profundo en esta afirmación que proviene de alguien considerado “el más grande pensador del milenio”, de acuerdo con una encuesta llevada a cabo por la BBC a fines del siglo XX. Por lo tanto, la función de Engels en la “dupla” es esencial para la formulación de lo que luego sería llamado “marxismo” y no un complemento, como se cree comúnmente.(1) Después de todo, fue Engels quien introdujo a Marx al mundo del movimiento obrero (inglés)(2) y a los círculos revolucionarios comunistas (en Europa).


 


Sin Friedrich Engels, el marxismo no habría existido. Esta aserción se refiere no solamente al valor específico de la llamada “contribución” de Engels para la formulación de la nueva doctrina social del proletariado: sería obviamente ridículo hablar de la “contribución” de Marx al marxismo. El propio Engels relativizó su papel histórico (por ejemplo, en la muy citada frase “en vida de Marx siempre toqué como segundo violín”, incluida en una carta personal a Conrad Schmidt). Pero esto contribuye poco a hacer creer lo contrario al análisis que sitúa a un Engels “mecanicista” contrapuesto a un Marx “dialéctico”.(3)


 


Por sus incursiones en el campo de las relaciones hombre-naturaleza (en Dialéctica de la Naturaleza) o el estudio de los estadios iniciales de la Historia de la sociedad humana (en El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado), Engels siempre fue considerado como el formulador de las bases de la antropología materialista (o marxista) cuyos presupuestos se modificarían constantemente, incluso en los debates de biología contemporánea. Con respecto a las ciencias naturales, Engels escribió en “Dialéctica de la Naturaleza” que “las líneas rígidas y rápidas son incompatibles con la teoría de la evolución… El viejo método metafísico no sirve más que para un período de aprendizaje en la visión de la naturaleza donde todas las diferencias convergen en grados intermedios y todos los opuestos se penetran mutuamente a través de conexiones inmediatas. La dialéctica, que no sigue estructuras rígidas y rápidas de validez universal e incondicional…y reconcilia los opuestos, es el único método de pensamiento apropiado en el más alto grado durante este período de formación”.


 


La realidad era el objetivo del conocimiento: “la naturaleza” no podía quedar fuera del universo en observación. Engels se lanzó a la tarea de desenmascararla a través de sus líneas de pensamiento filosóficos. Si las leyes de la dialéctica son válidas en la naturaleza deben reflejarse en los contenidos de la ciencia. Y para descubrir las leyes de la naturaleza, la utilización de la dialéctica no solamente sería esencial sino también beneficiosa. Pero con anterioridad era necesario demostrar el carácter dialéctico de los sistemas científicos, en sus principios y temas centrales. El gran problema consistía en el conflicto entre filosofía y ciencia, como puntualizaba el mismo Engels.


 


“Dialéctica de la Naturaleza” comenzó a ser desarrollada a partir de 1873; sin embargo, Engels ya hacía un largo tiempo que estaba embarcado en el estudio de las ciencias naturales. A pesar de que con dedicación continuó escribiendo el libro durante trece años, no pudo completarlo. Sin embargo, recogió muchos datos y escribió muchos capítulos hasta la muerte de Marx en 1883. Luego la responsabilidad de sustituir a su amigo y compañero no le dejó mucho tiempo para concentrarse en su obra: la “Dialéctica de la Naturaleza” se convirtió en el gran libro inacabado del siglo XIX(4). Sus ideas centrales, sin embargo, aparecen en el Anti-Dühring, la obra de Engels que marcó una nueva etapa en el desarrollo del marxismo. De acuerdo con el historiador de la socialdemocracia alemana Gary P.


 


Steenson, “la publicación del Anti-Dühring señala el comienzo de una escuela de pensamiento marxista en la patria del maestro. En el contexto de la historia del marxismo, la importancia de Anti-Dühring demuestra el grado en el cual Engels ligó la obra de Marx a una concepción del mundo, basada en el desarrollo de las ciencias naturales de su época”(5).


 


Uno de los biólogos contemporáneos más destacados, Stephen Jay Gould, señaló el “resultado brillante” que anticipó “una fuente que sin dudas sorprenderá a la mayoría de los lectores”(6)


 


Estos monos, cuando descendieron al nivel del suelo, comenzaron a adquirir el hábito de usar sus manos y adoptar una posición más erecta. Este fue un paso decisivo en la transición del mono al hombre. La postura erecta librea las manos para fabricar herramientas (trabajo, en la terminología de Engels). El desarrollo de la inteligencia, dice, vendría después. En consecuencia, “La mano no es solamente el órgano del trabajo, sino también un producto del trabajo. Solamente mediante el trabajo, por la adaptación a nuevas funciones… y por la aplicación siempre renovada de estas habilidades heredadas en nuevas y cada vez más complicadas operaciones, alcanzó la mano humana ese alto grado de perfección requerida para convertir en realidades las pinturas de un Rafael, las esculturas de un Thorwalden, la música de un Paganini”:


 


Gould señala que el trabajo de Engels no tenía exactamente una conclusión propia (de por sí) sino que su importancia radica en su análisis político incisivo del motivo por la cual la ciencia occidental está comprometida con la afirmación apriorística de la primacía cerebral. Cuando los seres humanos aprendieron a manejar su propio entorno material, dice Engels, se agregaron otras habilidades a las primitivas de caza y agricultura: tejido, cerámica navegación, artes y ciencias, ley y política y finalmente, “la reflexión fantástica de las cuestiones humanas en la mente humana: la religión”. Cuando se acumuló riqueza, pequeños grupos de hombres alcanzaron poder y obligaron a otros hombres a trabajar para ellos. El trabajo, la fuente de toda riqueza y la fuerza motriz de la evolución humana, asumió un status devaluado al trabajar para los poderosos. A partir del momento en que los poderosos comenzaron a controlar la voluntad de los demás, las funciones del cerebro parecían hacer lo mismo. La filosofía profesional prosiguió con la creación de un ideal inmaculado de libertad. Los filósofos se retiraron a un patrocinio estatal-religioso.


 


Incluso si Platón no hubiese trabajado en forma consciente para el fortalecimiento de la clase gobernante con una filosofía supuestamente abstracta, su propia clase dio nacimiento a un énfasis en que la Idea era lo primario, lo dominante y en particular, más importante que el Trabajo.


 


La tradición idealista dominó la filosofía hasta los días de Darwin. Y su influencia estaba tan profundamente enraizada y era tan persuasiva que incluso los científicos materialistas como Darwin, caían bajo su influjo. Se debe reconocer el prejuicio para poder rectificarlo. La primacía del cerebro parecía tan obvia y natural que se aceptaba como dada antes de ser reconocida como un prejuicio social profundamente extendido relativo a la posición de los pensadores y sus patrones.


 


Engels escribió en el texto citado: “Todo el mérito por el veloz avance de la civilización fue atribuido a la mente, el desarrollo y la actividad del cerebro. Los hombres se acostumbraron a explicar sus actos por sus pensamientos, en lugar de buscar la explicación en sus necesidades…Y de esa forma con el transcurso del tiempo fue surgiendo esta concepción idealística del mundo, la cual especialmente luego de la caída del mundo antiguo, dominó la mente humana. Este pensamiento tuvo tanta influencia que hasta los más materialistas entre los científicos de la escuela darwinista fueron incapaces de formarse una idea clara acerca del origen del hombre, porque bajo esta influencia ideológica no reconocían el papel jugado por el trabajo”. El énfasis en una definición antropológica del hombre a partir del trabajo, marca su carácter humano concreto, su desarrollo histórico y no debe ser confundido con una caracterización genérica y abstracta del trabajo, que lo define como una “forma de actividad” cuya esencia sería la búsqueda de un resultado en el menor tiempo posible.


 


Más decidido intelectualmente fue Engels, primer autor de la “Crítica de la Economía Política”, en 1843, un clásico que Marx caracterizó como “brillante”. Fue Engels entonces quien guió a Marx hacia el camino de la Economía, escribiendo la secuencia de la obra maestra de Marx comenzada como una crítica sucesivamente de la filosofía, la religión y la política (del Estado) que daría lugar a la mágnum opus del pensador alemán (El Capital).Sin poseer la formación teórica y académica de Marx (quien era doctor en Filosofía, mientras que Engels no había frecuentado ninguna universidad, poseyendo la cualidad que hoy en día se llama “de oyente”),Engels tenía una visión de la realidad de su tiempo espontánea, abarcativa y profunda, lo que le evitó a Marx buscar seguir otros caminos o probablemente demorarse en la elección del camino que finalmente lo llevó a la construcción de la obra político-intelectual más influyente de la contemporaneidad.


 


En el año clave de 1844,cuando se produjo la revuelta de los canutos (trabajadores de la seda) de Lyon, bajo la bandera de “vivir trabajado o morir combatiendo”, Engels que vivía en la Inglaterra industrial escribió “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, mientras Marx escribió sus “Manuscritos Económico-Filosóficos”, donde la cuestión básica y más importante no era la relación entre el trabajador y los medios de producción, sino entre el trabajador y su producto (la “alienación” una categoría hegeliana, formulada desde el punto de vista materialista por Marx como la pauperización material y antropológica del ser humano).


 


Era correcta, por lo tanto la afirmación de Gareth Stedman Jones de que “Engels hizo los primeros señalamientos del tipo de conflictos de clase generados por la industria moderna”. Al hacerlo, Engels rompió con la base político-filosófica que había sostenido hasta entonces, el “comunismo filosófico” de Moses Hess, para quien el comunismo sería el resultado de la victoria de los principios comunitarios y de unidad sobre el egoísmo y la fragmentación. Para Hess, el comunismo no era el producto de la lucha de clases, con su futuro inserto en el destino de una clase determinada (en 1843,todavía influenciado por las ideas de Hess, Engels se rehusó a adherirse a la “Federación de los Justos”, a pesar de haber sido invitado por sus organizadores alemanes, Bauer, Schapper y Moll).1844 debería ser considerado como el año más importante para el marxismo ya que no solamente se lo señala como el de la ruptura de Marx con Feuerbach, sino también la de Engels con Hess.


 


Engels notó que, paralelamente a las grandes construcciones de los sistemas sociales en boga en la Europa de mediados del siglo XIX, se desarrolló otra tendencia directamente ligada a los movimientos sociales. Era la tendencia radical de las revoluciones democráticas, conocidas por sus propuestas igualitarias. A estas propuestas se les fue gradualmente asignando el término “comunismo”. Karl Marx vería en esta tendencia al “partido comunista realmente en acción”.


 


Engels rastreó los orígenes de esta tendencia en los grandes levantamientos contra la aristocracia, “la tendencia de los Anabaptistas y Thomas Münzer, en la época de la Reforma y la lucha de los campesinos en Alemania, los levellers en la gran revolución inglesa, y Babeuf en la gran Revolución Francesa. Y a su turno, esos levantamientos revolucionarios de una clase incipiente fueron acompañados por sus expresiones teóricas correspondientes: en los siglos XVI y XVII surgen las descripciones utópicas de un régimen ideal de sociedad, en el siglo XVII teorías ya declaradamente comunistas, como las de Morelly y Mably. La reivindicación de igualdad no se limitaba a los derechos políticos, también se extendía a las condiciones sociales de vida de cada individuo. Su objetivo no era solamente abolir los privilegios de ciertas clases, sino abolir la diferencia de clases en sí misma”.


 


Engels juega un papel decisivo y central en la ruptura provocada por la cuestión de la lucha de clases dentro de la “izquierda hegeliana” (a la cual pertenecían Marx y Engels).En ese sentido, como recuerda Gareth Sedman Jones,“(Engels) suministró los componentes básicos que destacaban la insuficiencia de la teoría anterior: las que constituían una gran parte de las proposiciones hacia las cuales se volcaba la nueva teoría (debido a) su capacidad de transmitir los elementos teóricos y prácticos desarrollados en el corazón del movimiento obrero, de forma tal de volverlos parte intrínseca de la estructura de la nueva teoría”. Pero esto tuvo una consecuencia decisiva para la “nueva teoría”, la del desplazamiento de su eje hacia la anatomía de la sociedad burguesa, contenida en la economía política. “Fue el primero en la izquierda filosófica alemana en desplazar el debate sobre la economía política, dilucidando las conexiones entre la propiedad privada, la economía política y las condiciones sociales modernas en el proceso de transición al comunismo”.(7)


 


Antes de comenzar una colaboración sistemática con Marx, Engels ya había comenzado a moverse en la dirección que sería el núcleo del sistema marxista: el materialismo dialéctico, o la “inversión” de la dialéctica hegeliana, liberada de su naturaleza conservadora e idealista.


 


Ya en 1841 (Engels nació en 1820) se había integrado en Berlín a “los jóvenes hegelianos” rompiendo con la Joven Alemania. Engels no se mostró acrítico acerca de la defensa de Hegel contra la postura filosófica reaccionaria de Shelling, el profesor universitario encargado por el gobierno prusiano de atacar la dialéctica hegeliana (y por lo tanto combatido por los “jóvenes hegelianos” o “izquierda hegeliana”, como se los llamó retrospectivamente). En un artículo titulado “Schelling y Hegel”, Engels trató de señalar la debilidad de la dialéctica hegeliana: “los principios se asientan siempre sobre la independencia y el libre-pensamiento, mientras que las conclusiones sin duda son frecuentemente tímidas e incluso conservadoras… solamente es verdadera la libertad que, en sí misma, contiene la necesidad”.(8) Ya se estaban esbozando los principios de una dialéctica materialista y revolucionaria.


 


Es perfectamente posible entonces afirmar que “sería posible, sin ser extremadamente paradójico sustentar que Engels tenía iguales derechos que Marx a dar su propio nombre a la teoría que ambos construyeron en conjunto…De los dos amigos, Engels fue el primero en varios caminos, en su aproximación a Feuerbach, en su crítica a la economía política, en su crítica a la religión, en su análisis de las clases, en su conocimiento de los mecanismos internos del capitalismo o en sus conocimientos de las ciencias exactas y naturales”(9) . El propio Marx reconoce, como se ha citado anteriormente, en una carta escrita a Engels el 4 de julio de 1864:“Usted sabe que: 1) todo se me ocurre tarde; 2) siempre sigo sus pasos”.


 


Hasta el inicio de su colaboración orgánica en 1845, y a pesar de la frialdad de su primer encuentro en 1842, Marx y Engels habían trabajado en direcciones paralelas, que eran similares en sus objetivos. Marx ya había comenzado a criticar no solamente la dialéctica hegeliana, sino también el feuerbachianismo (base filosófica de la “izquierda hegeliana”),una crítica que se ve en una frase de ese período: “El hombre no fue creado para las sutilizas filosóficas, sino para la acción”.


 


Por su lado, Engels exploró inicialmente su filosofía de acción siguiendo los pasos de Moses Hess. Esto “lo convenció” que la filosofía alemana estaba lista para renunciar y venerar a la razón en un pedestal solitario. En su intento de crear una filosofía de acción, encontró que era necesario asimilar el espíritu de Spinoza con el de Saint-Simon. En el mismo momento en que Feuerbach estaba enfrentando a los jóvenes hegelianos con el problema de la especie humana, Hess ponía en contacto al ala izquierda del movimiento con la sociología francesa”. En una carta escrita en noviembre de 1843 Engels reconoce a Moses Hess el haber introducido el comunismo en la izquierda hegeliana. Esto es así porque “si bien la influencia de Feuerbach fue revolucionaria en el campo de la filosofía alemana, él fue incapaz de percibir la necesidad del problema de la acción o su naturaleza. Donde él falló, Hess cubrió la brecha”. Culpaba a la filosofía hegeliana de evitar la tarea de deducir el futuro desde el pasado y el presente, de evitar proceder a influenciar su naciente etapa. Esta es una idea típicamente sansimoniana, que más tarde se convertirá en piedra fundacional del sistema de Marx y Engels”.


 


Al mismo tiempo que asimilaba estas ideas, Engels comenzó a superarlas mediante la observación de la lucha social y política en Inglaterra donde se había establecido para trabajar en una sucursal de la firma comercial de su familia. “Fue necesario reconocer que, en Inglaterra, el progreso dependía, no de un choque de principios sino de un choque de intereses”. En “La situación de la clase trabajadora en Inglaterra”, escrita en 1844, ya había germinado la idea básica del materialismo histórico si bien “este caso particular aún no se había transformado en una filosofía de la historia”.(10)


 


Fue Engels quien insistió en los mecanismos histórico-económicos que se encontraban en la base del surgimiento de la modernidad capitalista: “el descubrimiento de América se debió a la sed de oro, que anteriormente había impulsado a los portugueses a recorrer África, pues el gigantesco desarrollo de la industria europea en los siglos XIV y XV, así como el correspondiente desarrollo del comercio, reclamaban más medios de cambio de los que podía suministrar Alemania, la gran productora de planta entre 1450 y 1550”.(11)


 


Y no es una paradoja que fuera el propio Engels quien en el final de su trayectoria alertara acerca del peligro de un análisis económico-reduccionista de la historia y de las limitaciones del propio “método científico” que formulara junto a Marx. En un texto escrito poco antes de su muerte, Engels reconocía que “en la historia contemporánea nos veremos forzados muy a menudo a considerar este factor, el más decisivo, como un factor constante. Nos veremos forzados a considerar la situación económica en la cual nos encontrábamos en el inicio del período en cuestión, como válida para todo el período y como invariable, o a no considerar más que aquellos cambios operados en esta situación que aparezcan como obvios y claros. Por lo tanto, el método materialista tenderá aquí con mucha frecuencia a limitarse por la reducción de los conflictos políticos a conflictos de intereses de las clases sociales y fracciones de las clases existentes, determinados por el desarrollo económico y a demostrar que los partidos políticos son más o menos la expresión política de esas clases y fracciones de clases”.


 


Y concluye: “Demás está decir que esta subestimación de los cambios operados simultáneamente en la situación económica, verdadera base de todos los acontecimientos que se analizan, tiene que ser necesariamente fuente de errores”.(12)


 


En una carta anterior a Bloch del 21 de septiembre de 1890, Engels ya había advertido contra cualquier uso simplista y reduccionista del materialismo histórico: “según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado más que esto. Por lo tanto, si alguien tergiversa este concepto diciendo que el factor económico es el único determinante, transformará esta tesis en una frase absurda, abstracta, sin sentido”.


 


Existe una interacción entre esta base económica y la superestructura ideológica y política. El factor económico es preeminente en esta interacción. “Existe un mutuo intercambio de acciones y reacciones dentro de estos factores en el cual, en medio de un sinfín de causalidades (es decir, de cosas y eventos cuya conexión interna es tan remota y tan difícil de probar que podemos considerarla como inexistente y no tomarlo en cuenta), finalmente el movimiento económico siempre acaba imponiéndose como necesario. Por el otro lado, sería más fácil aplicar esta teoría a cualquier período histórico que resolver una simple ecuación de primer grado”.


 


Engels había revelado así los diferentes elementos del concepto materialista de la historia y grosso modo, las relaciones existentes entre ellos. Bo Gustafson sintetizó en cinco puntos el análisis de Engels sobre las relaciones base-estructura en el proceso histórico, análisis más complejo que el que se encuentra en los fragmentos de Marx al respecto:


 


1.“Que los distintos elementos de la superestructura –Estado, derecho, ideologías– se han desarrollado a partir del desarrollo de la base económica, a partir de ésta y simultáneamente, junto con ella. 


 


2.“Que la superestructura depende de la base: en el largo plazo ésta determina el desarrollo de aquella”. 


 


3.“Que a pesar de su dependencia con respecto a la base, la superestructura posee una autonomía relativa, condicionada, porque se desarrolla desde la base, pero es única y crea sus propias estructuras características que obedecen a leyes específicas. 


 


4.“Que la base y la superestructura se deberán influir mutuamente porque, por un lado, se encuentran en una dependencia recíproca y por el otro poseen, no obstante cierta independencia, la una en relación con la otra. 


 


5.“Que la autonomía relativa de la superestructura puede ser tan grande, bajo ciertas condiciones, que puede transformase temporariamente o parcialmente en el factor primario y determinante de todo el desarrollo.”(13) La revolución proletaria, a su vez, no fue concebida en el “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels (principalmente por Marx(14) si bien Engels lo precediera, aquí también en sus “Principios del Comunismo”) sin la mediación de la política. Este factor es sorprendentemente ignorado en algunos análisis del texto (confusión que se origina debido a la simplificación de su título: el texto se publicó originalmente como “Manifiesto del Partido Comunista”). El “Manifiesto” se publicó cuando estallaban las revoluciones de 1848 y es importante leerlo en forma conjunta con el balance que Marx hizo durante el período revolucionario en los artículos periodísticos de “La Nueva Gazeta del Rin” y, especialmente en “La lucha de clases en Francia (1848- 1850), donde se especifican diversos conceptos políticos a la luz de la experiencia histórica. Se explicitan allí críticas al proudhonismo, el socialismo reformista (o “socialismo republicano”) y especialmente a la democracia revolucionaria, las cuales llevaron a Marx a elaborar el concepto de “dictadura del proletariado” como una mediación política entre el capitalismo y la consolidación de la sociedad socialista.


 


Marx y Engels concibieron en forma conjunta los fundamentos básicos de la teoría marxista en el período inmediatamente previo a las revoluciones de 1848. El período de ruptura con el grupo filosófico de los “jóvenes hegelianos”, con Feuerbach y con el “comunismo filosófico” de Moses Hess, y los encuentros con las organizaciones del proletariado revolucionario culminó en el Manifiesto Comunista, publicado en 1848, donde se propugnaba el objetivo del “levantamiento del proletariado contra la clase dominante”. Simultáneamente fue el punto de ruptura con la noción previa de socialismo filosófico y filantrópico (socialismo utópico) y el punto de partida para una nueva organización política de la clase obrera, luego llamada “Liga de los Comunistas” en sustitución de la “Federación de los Justos”. Luego de la derrota de la revolución, el impulso de Marx y Engels desplegado en obras tales como “La lucha de clases en Francia” (1848-1850) y “El 18 Brumario de Louis Bonaparte” encontró su mejor expresión, sintética y política, en la “Circular a la Liga de los Comunistas de 1850”.


 


En la Circular, vemos un cambio en el punto de vista de Marx y Engels Luego de haber experimentado la gran revolución europea de 1848(15), Marx llama a desconfiar de “los demócratas pequeño-burgueses” quienes, en una futura (y próxima) revolución, querrán detenerla en su período inicial cuando sus estrechos intereses de clase fueran satisfechos. Por consiguiente, Marx propuso la fórmula de “revolución en permanencia” ([o “permanente”, una fórmula también expresada en “La lucha de clases en Francia (1848-1850)”]. En una carta a Engels, Marx caracteriza la Circular como “un plan de guerra contra la democracia” (entendiendo como se entendía en la política contemporánea, con su correspondiente base de clase pequeño burguesa).


 


Más de cuatro décadas más tarde, Engels afirmaría que el error de la Circular fue que ésta asumía que el capitalismo todavía contenía importantes posibilidades de un amplio desarrollo de las fuerzas productivas, pero no de método. En su prefacio de 1893 a la edición italiana del Manifiesto, Engels reafirmó la imposibilidad de una revolución burguesa y del carácter proletario de 1848:“La revolución fue por completo obra de la clase obrera, fue la que construyó las barricadas y pagó con sus vidas. Solamente los trabajadores de París tenían la intención bien definida de que, derribando al gobierno, derribaban el régimen burgués. Pero si bien tenían amplia consciencia del fatal antagonismo que existía entre su propia clase y la burguesía, todavía ni el progreso económico del país ni el desarrollo intelectual de la masa de trabajadores franceses había llegado a un grado tal en el cual hubiera sido posible una reconstrucción social. En el análisis final, sin embargo, los frutos de la revolución fueron recogidos por la clase capitalista. En otros países, en Italia, Alemania, Austria, los obreros, desde el principio, no hicieron más que llevar a la burguesía al poder.(16)


 


El texto de Engels Revolución y Contrarrevolución en Alemania(17), por su fuerza y riqueza, por su análisis de la estructura y la coyuntura de las clases sociales y de la economía, de los partidos y de las fuerzas en lucha, se eleva al mismo nivel del Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte de Marx.(18) En el párrafo de cierre del texto, Engels se refiere a la disolución de la inoperante Asamblea Nacional del Parlamento Alemán: “Su convocatoria ha sido la primera prueba que una revolución ha efectivamente tenido lugar en Alemania… Elegida bajo la influencia de la clase capitalista por una población rural desmembrada y dispersa –en su inmensa mayoría haciendo frente a los problemas provenientes del silencio feudal– este Parlamento sirvió para introducir en la arena política, a través de una única organización, a todos los grandes nombres populares de 1820-1848,para después arruinarlos totalmente. Todas las celebridades del liberalismo de la clase media estaban ahí reunidas; la burguesía esperaba milagros; pero sólo brindó vergüenza para ella y para sus representantes…El liberalismo político, el régimen de la burguesía, tanto bajo una forma de gobierno monárquico o republicano, nunca fue posible en Alemania”.


 


En el prefacio que escribió para la edición de 1874 de su libro sobre la guerra de los campesinos en Alemania, Engels afirmaba que “el desastre de la burguesía alemana consiste en que, siguiendo una costumbre favorita alemana, llegó demasiado tarde. Así fue el peculiar destino de la revolución burguesa en Prusia, que comenzó en 1808-1813, que continuó en 1848 y terminó al final del siglo en la forma agradable del bonapartismo.


 


Y si todo marcha bien, si el mundo permanece quieto y tranquilo, y nosotros envejecemos lo suficiente, podremos quizá todavía vivir para ver –quizás en 1900– al gobierno prusiano liquidando todas las instituciones feudales y Prusia alcanzando finalmente la situación en que se encontraba Francia en 1792…”(19)


 


Engels declaraba que en 1848, como al comienzo del siglo XVI, con Lutero, Alemania sola consiguió igualarse a Europa, y hasta incluso colocarse a la delantera en el plano de la razón y del pensamiento religioso y científico. Engels vio, lúcida y correctamente, que el proceso de la modernización de Prusia que se inició en 1808-13 como respuesta a la invasión napoleónica. Se profundiza a partir de 1848, como respuesta a la revolución de ese año, culmina en la unificación de 1870.Y, en esos tres momentos, la transformación de la maquinaria del Estado se hizo “por arriba”. No sucedió así para la revolución.


 


Engels presentó un resumen de la revolución de 1848, demostrando que a pesar de haber sido una revolución burguesa fracasada, “la burguesía había obtenido una parte modesta de poder político, pero cada éxito político fue explotado con la perspectiva de un desarrollo industrial”(20). Luego demostró como Alemania comenzó, a pesar de todo, su transformación capitalista.


 


Mientras estudiaba el problema de la unificación del país, la cual era exigida por ese mismo desarrollo capitalista, Engels se preguntaba: ¿Cómo unir las fuerzas de toda la nación? Se podían visualizar tres caminos después de los intentos frustrados de 1948 –las nubes a menudo se disipan tras la neblina”. Después de considerar las dos primeras, “como la abiertamente revolucionaria” (tal como la unificación italiana, que Engels, vagamente consideraba que había sido “alcanzada de esta forma”) y la “unificación bajo el auspicio de Austria”, se dedica a la tercera, “la unificación bajo el auspicio de Prusia”. Engels afirmó que con esta última, la cual efectivamente se verificó, nosotros descendemos “del dominio de la especulación hacia un terreno mucho más sólido y hasta más sórdido, el de la de una puesta en práctica política realista”.


 


Al examinar el proceso histórico real de unificación alemana, Engels afirmó que “Bismarck cumplió el deseo de la burguesía alemana…contra su voluntad. La burguesía alemana continuó con su famosa contradicción: por un lado, exigía el poder político para ella sola…Por el otro, reclamaban la transformación revolucionaria de las estructuras de Alemania -lo cual sólo era posible con el recurso de la violencia, y bajo una verdadera dictadura. Sin embargo, desde 1848,la burguesía, demostró en todos los momentos decisivos, que no tiene ni una pizca de la energía necesaria para cumplir ni con una o dos de estas tareas. En las condiciones de Alemania de 1871, Bismarck había sido efectivamente votado para conducir una política ambigua entre las diferentes clases… La única cosa que importaba era saber el objetivo de esa política. Si independientemente de su naturaleza esta política podía estar dirigida consciente y resueltamente hacia el reino final de la burguesía, podría estar en armonía con la evolución histórica –hasta el punto, evidentemente, que ésta fuera compatible con la existencia de los ricos. Si la conservación del viejo estado prusiano y la gradual prusificación de Alemania era el objetivo de esta política, ésta era reaccionaria y acabaría por fracasar”. Es suficiente mencionar la ruta seguida por Alemania hasta su derrota en la Primera Guerra Mundial, para comprender como la historia le hizo justicia al razonamiento de Engels.(21)


 


Las divergencias políticas e ideológicas al interior del proletariado (que justificaron e hicieron necesaria la organización de los comunistas en un partido político diferenciado) no fueron un proceso puramente ideológico, pero fueron la consecuencia, directa o indirecta, de las presiones constantes y de los cambios que experimentaba el propio proletariado. Esas divergencias tenían por lo tanto una raíz social. Cualquier controversia “marxista” que no pudiera ser desenmascarada, sería incompleta o “idealista”, por considerar estas ideas, desvinculadas de su base material, o sea, de su base social o de clase.


 


Este fue exactamente el método de Marx y Engels en la tercera parte del Manifiesto Comunista, dedicado a la crítica de la “literatura socialista y comunista existente”. “La constitución de la clase proletaria”, y su consecuencia, “la conquista del poder político”, serían la conclusión de una lucha de ideas en las que éstas expresaban los procesos sociales objetivos. Luego los acelerarían El otro aspecto a ser tomado en cuenta es la madurez de las condiciones objetivas de la revolución proletaria. El Manifiesto se refiere a ellas como responsables (por su ausencia) del fracaso de “el socialismo y del comunismo critico-utópico”…“No necesariamente fracasaron debido al estado embrionario del propio proletariado, sino debido a la ausencia de condiciones materiales de su emancipación, condiciones que sólo pueden germinar en un período burgués”.


 


Una gran parte de este trabajo de Marx y Engels puede ser visto como una investigación acerca de la madurez de esas “condiciones materiales”, de los factores acelerantes o retardantes, o incluso, del desarrollo de los antagonismos de clase en los países capitalistas, y de la expansión mundial de los nuevos medios de producción.


 


Como recuerda Denise Arenas(22), Marx y Engels habían elaborado la teoría de la revolución proletaria en un período “intermedio”, o sea, en el momento en que el desarrollo de las fuerzas productivas y el grado de radicalización de la oposición de las clases burguesas y proletarias no permitían más que una revolución burguesa. Todavía éstas no podrían dar a luz la revolución proletaria.


 


Marx y Engels eran totalmente conscientes de esta situación, y explicaron la razón del conservadorismo de la burguesía alemana en 1848, que buscó asociarse por todos los medios con la nobleza feudal para protegerse a sí misma de la amenaza proletaria en la revolución nacional burguesa. Sin embargo, debió pasar mucho tiempo antes que Trotsky pudiese sacar de esta oposición dialéctica de no más y todavía nada, las debidas implicaciones teóricas concebidas por Engels en la última etapa de su vida.


 


Fue tan enorme la influencia ejercida por Engels, personalmente y a través de sus textos, en la dirección de los partidos obreros que formaron la Segunda Internacional, que diversos autores posteriormente lo hicieron responsable de haber sembrado la semilla de su degeneración reformista.


 


Los dirigentes de la socialdemocracia alemana llegaron a un punto extremo. Ellos se refirieron a los textos de Engels en apoyo a Alemania a comienzos de la guerra franco-prusiana de 1870, para justificar su apoyo a los requerimientos del Kaiser en las vísperas de la guerra de 1914-1918.Esto llevó a la bancarrota a la social democracia y a la Segunda Internacional. No solamente pasaron por alto el apoyo dado por Engels a Francia a partir del surgimiento de la Comuna de París, sino que también llegaron al colmo de destruir un plan militar encontrado entre los papeles personales dejados por Engels, que él había elaborado con el objeto de defender a París contra el inminente ataque del ejército prusiano de Bismarck.


 


Toda esta operación supuestamente destinada a hacer de Engels un “padre del reformismo”, estaba basada en una omisión, mutilación o destrucción de textos similar a la emprendida posteriormente por el stalinismo con relación a la Revolución de Octubre, y buscando satisfacer las mismas necesidades: preservar los intereses de la burocracia.


 


Esto es paradójico, no sólo por el conocido hecho de haber sido Engels quien más insistió en el carácter de clase de todo Estado (“incluso en las más democráticos”),sino que fue quien primero llegó a la siguiente conclusión antes que Marx e independientemente de él: “mientras que Marx afirmaba la subordinación del Estado a la sociedad civil (en su Crítica a la Filosofía del Derecha de Hegel, OC) Engels elabora, no sólo en una forma teórica generalizada una propuesta igualmente importante: el carácter de clase del Estado”(23)


 


La imagen de un Engels, partidario de una transición pacífica al socialismo, a través del sufragio universal, fue presentada por la socialdemocracia alemana. Según Francisco Weffort, caracterizar a las “democracias modernas” como burguesas sería producto de “leer a Marx, no de comprenderlo bien”. También dijo, incorrectamente, que “la idea de la democracia como una forma, por excelencia, de la dominación burguesa… mucha gente preferiría olvidar que eso era verdad en la Europa del joven Marx, y que va dejando de serlo para la Europa de Engels. Quien tenga dudas, puede leer el célebre prefacio de Engels a la obra de Marx acerca de La lucha de clases en Francia”(24).


 


Lo mismo puede decirse acerca de la Introducción de Engels (1895) a la citada obra de Marx, publicada por los socialdemócratas alemanes con mutilaciones. Se presenta a Engels como partidario de una vía no revolucionaria y parlamentaria de transición al socialismo. Engels protestó contra esto durante su vida y exigió que su obra fuera publicada entera sin cortes.


 


Para constatarlo, uno puede observar que en este prefacio Engels elogia el uso inteligente del sufragio universal por parte del partido de los trabajadores alemanes, lo cual “aumenta la seguridad de la victoria de los trabajadores por un crecimiento regularmente verificado y extremadamente rápido del número de votos…lo cual nos provee de un criterio superior a cualquier otro para evaluar el alcance de nuestra actuación”, esto permite al partido de los trabajadores llevar su propaganda a todas las capas de la sociedad y le ofrece una tribuna de alcance nacional e internacional, etc. Pero nada en el sufragio universal ha cambiado la naturaleza social del Estado y del régimen político (los fundamentos sociales burgueses del régimen, o más bien, la raíz de la estructura de clase del Estado),una situación que sería equivalente a una revolución social. Por el contrario, el sufragio universal ha demostrado que “si el dominio político de la burguesía se organiza en instituciones del Estado, todavía ofrece nuevas posibilidades de utilización que permiten a la clase obrera combatirlas”. Así parece, Engels no sólo creía que las instituciones del Estado (una de las cuales es el parlamento) continuaba organizando el dominio político de la burguesía, sino que el proletariado debía combatirlas (todas) usándolas cuando fuera posible.


 


Engels llamaba a la república democrática burguesa “una forma lógica del dominio burgués”.(25) “Lógica” aquí no es sinónimo de normal: el libre comercio entre países es la forma lógica de circulación de mercaderías, lo que no impide que las crisis propias del capitalismo desaten el proteccionismo. “La república democrática, la forma más desarrollada entre las formas del Estado, que aparece como una necesidad inevitable en las modernas condiciones sociales, no reconoce oficialmente las diferencias entre los que tienen y los que no tienen. En ella la riqueza ejerce su poder de modo indirecto, con seguridad. Por un lado, bajo la forma directa de la corrupción de los funcionarios de Estado –en América podemos encontrar un clásico ejemplo de esto–; por otro lado, bajo la forma de una alianza entre el gobierno y la Bolsa”.


 


La lógica económica del capital coincide con su política óptima, pero “la república democrática no es esencial para la unión fraterna entre el gobierno y la Bolsa”. En la república “es directamente a través del sufragio universal que los ricos dominan. Mientras que la clase oprimida –el proletariado– no está madura para promover su propia emancipación, la mayoría de sus miembros considera que el orden social existente es el único posible. Políticamente ellos forman su propio sector de extrema izquierda como furgón de cola de la clase capitalista”.


 


En la Comuna de París de 1871, el proletariado a la cabeza de las masas populares, no se limitó a diluirse en el Estado existente, lo destruyó, oponiendo a él una nueva organización democrática de la sociedad. En la medida que continuaba siendo un Estado, la comuna no dejaba de ser una dictadura de clase, pero por primera vez, fue una dictadura de la mayoría sobre la minoría (de los explotadores).De ahí la conclusión de Engels: “Miren a la Comuna de París: ¡aquí encontrarán la dictadura del proletariado!”.(26) La naturaleza social inherente de esta dictadura –ser la primera en la historia de la sociedad de clases, una dictadura de la mayoría a favor de la mayoría– la condujo a abolirla, suprimiendo todos los antagonismos de clase, y en ese proceso, al mismo Estado”. “La Comuna ya no era un Estado en el sentido propio de la palabra”.(27) Como las funciones del Estado eran absorbidas por la sociedad, el poder público “perdía su carácter político”.


 


En El Capital, Marx vio un elemento conflictivo en la caída de la tasa de ganancia durante el desarrollo del comercio exterior. En forma similar en el comercio (y en la emigración) con Rusia y América, él y Engels vieron un factor de moderación del antagonismo de clase representativos de la Europa capitalista: “Ambos países proveían a Europa de materias primas, siendo al mismo tiempo un mercado para la venta de sus productos industriales. Por lo tanto, de una manera u otra eran los pilares del orden vigente en Europa”.


 


La expansión mundial del capital, a su vez, tenía un efecto fatal sobre el intercambio comercial entre el lugar de nacimiento histórico del capitalismo y las regiones periféricas como factor de la estabilidad de Europa, así como sobre la posibilidad de que Rusia y América jugasen un rol en la política internacional. Tres décadas y media después del Manifiesto, Marx y Engels escribían en el prefacio de la primera edición rusa (de 1882):“¡Que diferencia hoy! Fue justamente la inmigración europea la que posibilitó a Amé- rica del Norte una producción agrícola en proporciones gigantescas, cuya competencia está haciendo temblar las bases de la propiedad rural europea –grande y pequeña”.


 


Al mismo tiempo, permite a los Estados Unidos explotar sus inmensos recursos industriales, con una energía y a una escala que, en breve, arruinarán el monopolio industrial de Europa, en especial de Inglaterra. Ambas circunstancias repercuten de manera revolucionaria en América del Norte misma. Poco a poco, la pequeña y mediana propiedad rural, la base del régimen político en su totalidad, sucumbe frente a la competencia de las haciendas gigantescas; al mismo tiempo, se desarrolla por primera vez en las regiones industriales, un proletariado numeroso y una fabulosa concentración de capitales. ¿Y en Rusia? Durante la revolución de 1848-49, no sólo los príncipes de Europa, sino la misma burguesía europea veían en la intervención rusa la única manera de salvación frente al proletariado, que recién despertaba. El Zar fue proclamado jefe de la reacción europea. Hoy, él es, en Gatchina, un prisionero de guerra de la revolución y Rusia forma la vanguardia de la acción revolucionaria en Europa”.


 


A través de toda su vida, su observación general de los problemas contemporáneos llevó a Engels a formular, más claramente que Marx, los problemas políticos internacionales derivados de la expansión del capital. Así como el intercambio comercial con las regiones periféricas había sido en el siglo XIX un pilar del orden europeo, los superbeneficios monopolistas cumplirían en el siglo XX, un papel semejante al permitir a la burguesía de los países imperialistas la elevación artificial del nivel de vida en un sector de la clase obrera de las ciudades (la “aristocracia obrera”), poniendo un obstáculo al desarrollo revolucionario.


 


Aquí también Engels se dio cuenta del embrionario fenómeno. Esto se revela en una carta de Engels a Marx en la última parte de su vida: “El proletariado inglés se está volviendo cada vez más burgués, de modo que pareciera, esta nación es más burguesa que las demás, y tiende a ser en última instancia, tanto una aristocracia obrera, como una burguesía. Ciertamente, hasta cierto punto esto explica el caso de una nación explotadora del mundo entero”.(28)


 


Esta no es una observación secundaria o superficial, pues ella fue comprobada por una investigación histórica: “En lo que se refiere al siglo XIX en Inglaterra, el concepto (de la aristocracia obrera) se apoyó sobre bases económicas y políticas sólidas”.(29) Pero Engels “todavía afirmaba que esta aristocracia obrera se hizo posible debido al monopolio industrial de Inglaterra y que por lo tanto, desaparecería o se confundiría con el resto del proletariado con el fin de ese monopolio”.(30) Más tarde, sobre la base de su teoría del imperialismo, Lenin avanzó sobre la hipótesis para explicarlo por qué, lejos de desaparecer, la categoría en cuestión se extendía a otros países europeos con el desarrollo del capital monopolista.


 


Fue Engels quien, vinculando la expansión de la conquista colonial con la especulación financiera y el nuevo papel de la Bolsa de Valores (“La Bolsa modifica la distribución en el sentido de la centralización, acelera enormemente la concentración de capitales y, en ese sentido, es tan revolucionaria como la máquina a vapor”), adelantó los temas fundamentales para una teoría del capitalismo imperialista, así como también el rol de la expansión global del robusto capital de las metrópolis: “La ausencia de crisis desde 1868 está basada en la expansión del mercado global, el cual redistribuye el capital superfluo inglés y europeo en inversiones y circulación global en diferentes ramas de inversión. Por eso una crisis de superespeculación en bancos, ferrocarriles, o especialmente en inversiones en América o en negocios de la India, sería imposible, mientras que crisis pequeñas como la de la Argentina, de años atrás a esta parte se hacen posibles. Pero todo esto demuestra que se prepara una crisis gigantesca”.


 


En una crítica carta a Kautsky, Engels enfatiza que es necesario “identificar en la conquista colonial el interés de especulación en la Bolsa”. En el cuarto final del siglo XIX, el uso del término “imperialismo” estaba de moda, para describir de qué modo el método adoptado por las potencias europeas para dividir el “mundo colonial” alcanzaba su fin.(31) Estaba basado en una analogía formal con los imperios precedentes de la historia europea. En sus “consideraciones suplementarias” al volumen III de El Capital, Engels ya había tratado de puntualizar el fenómeno en el contexto del desarrollo histórico general del capitalismo: “La colonización hoy es puramente subsidiaria de la Bolsa de Valores, por cuyos intereses las potencias europeas dividieron Africa pocos años atrás, y directamente la entregaron a las manos de sus compañías como un botín”.(32)


 


De hecho, El Capital no solamente anticipó los monopolios sino que también los percibió como la base para el análisis de las súperganancias del capital monopolista mediante la explotación de las naciones atrasadas, basado en los diversos niveles de desarrollo de las fuerzas productivas: “Mientras la producción capitalista se desarrolla en un país, la intensidad y la productividad del trabajo dentro de él se repite a nivel internacional”. Por lo tanto, las diversas mercaderías de la misma clase producidas en países distintos durante el mismo tiempo de trabajo, tienen valores internacionales distintos expresados en precios distintos, es decir, en sumas de dinero que varían según los valores internacionales… De acuerdo con esto, el valor relativo del dinero será menor en los países en que impere un régimen progresivo de producción capitalista que en aquellos en que impere un régimen capitalista de producción más atrasado. De aquí se deduce igualmente que el salario nominal, el equivalente de la fuerza de trabajo expresado en dinero, tiene que ser también mayor en los primeros países que en los segundos: lo que no quiere decir en modo alguno, que este criterio sea también aplicable al salario real. Sin embargo, prescindiendo de estas diferencias relativas en relación al valor relativo del dinero en los diferentes países, a menudo encontramos que el salario diario, semanal, etcétera, es mayor en los primeros países que en los últimos, mientras que el valor relativo del trabajo, es decir, el valor del trabajo en relación a la plusvalía como al valor del producto, es más alto en los últimos países que en los primeros.”(33)


 


Engels también trató brevemente esas tendencias en el Anti-During, y el resumen de esta obra, Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico, donde las sociedades anónimas fueron caracterizadas como el punto más alto de la organización capitalista de producción, o sea, como la antesala de la socialización de los medios de producción. Todo esto conduce a la conclusión central que pronosticaba ya en la década de 1890, la etapa de tensión mundial que conduciría a la Primera Guerra Mundial (y su consecuencia más importante: La Revolución de Octubre). “Y todavía una magnífica ironía de la historia: a la producción capitalista sólo le falta ahora conquistar China, y finalmente cuando ello se realiza, se torna imposible cumplirlo en su propia patria”.(34) En el mundo del trabajo, la entrada en un período de declinación histórica del capital traería consecuencias decisivas, incluso para los trabajadores de las metrópolis. Una lucha que se limite sólo a “mejoras” en las condiciones de los trabajadores, no conseguiría invertir esta tendencia. En palabras de Engels en su Crítica al Programa de Erfurt: “la organización de los trabajadores y su resistencia creciente, posiblemente opere como un muro de contención al aumento de la miseria, pero definitivamente lo que crece es la inseguridad de la existencia”. Las condiciones de trabajo, o sea, de vida se volverían más penosas.


 


El conflicto entre marxismo y anarquismo es uno de los elementos que han reencendido el debate sobre la independencia de la clase obrera en el mundo de la producción material. En la polémica con los anarquistas italianos, en su texto De La Autoridad, Engels disoció la cuestión de la propiedad colectiva de los medios de producción (axioma básico de un modo de producción socialista o comunista), de la dirección del proceso del trabajo.


Los obreros deberían ser los legítimos dueños de las fábricas, pero no necesariamente ellos las comandarían en todo lugar, en asambleas democráticas y menos poderosas. Argumentó que las condiciones de la industria moderna exigían autoridad y disciplina. ¿Pero de dónde emanaría ésta? ¿Del Estado? ¿Del Partido? ¿De los sindicatos? ¿De los concejos?


 


Las respuestas iniciales se dieron entre 1880 y 1914, porque organizaciones de diferente naturaleza y principalmente, las primeras acciones de la clase obrera se desarrollaron en ese período.


 


Maximilian Ruben puntualizó que la mayoría de los más de doscientos artículos publicados en el New York Daily Tribune con la firma de Marx fueron en realidad escritos por su amigo Engels. Se trataba de una generosa contribución material del hijo del industrial de Barmen al amigo y camarada de teorías y luchas, ya que tal contribución periodística estaba remunerada. Pero también era una forma de salvar a Marx de confrontar con las cuestiones inmediatas presentadas por la comunidad internacional, permitiendo que se dedicara fundamentalmente a la elaboración de su principal obra El Capital.


 


Fue Engels, antes de Marx, quien primero puso su atención en el estudio del “problema nacional”. Esto tuvo lugar durante los años 1848-49, cuando estaba escribiendo, en las páginas de la Nueva Gaceta Renana, una serie de artículos que abordaban la situación de las poblaciones eslavas sometidas al dominio austro-húngaro. Aunque estas elaboraciones habían generado el concepto extremadamente controversial de “pueblos sin historia”, aplicado por él a las nacionalidades que no habían experimentado a lo largo de su historia la organización de un Estado nacional, la afirmación de que la reivindicación de soberanía por parte de los eslavos del sur sería una demanda reaccionaria tuvo un fuerte impacto posterior en la teoría marxista. Punto de discordia en la Segunda Internacional, las propuestas de Engels sobre la cuestión colonial, y las reflexiones del joven Engels sobre los llamados “pueblos sin historia” fueron, a lo largo de la historia, los principales pilares de apoyo a las críticas dirigidas al posible egocentrismo y evolucionismo de los formuladotes del marxismo clásico.


 


Marx y Engels habían apoyado la destrucción de los imperios multinacionales y la constitución de las grandes naciones (Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Hungría y Polonia) en las luchas nacionales de mediados del siglo XIX. Habían rechazado, en bloque, las aspiraciones nacionales del pueblo eslavo del imperio austro-húngaro y del imperio ruso (obviamente con la excepción de Polonia). Esta posición no fue confirmada por la historia, especialmente en el caso de Checoslovaquia, que experimentó un importante desarrollo capitalista y nacional. En el trabajo crítico más importante sobre esta cuestión, Roman Rosdolsky sostuvo que “esta concepción (que retrocede sobre Hegel) no podría sostenerse en sí misma y que era contradictoria al concepto materialista de la historia propuesto por el propio Engels”. Por lo tanto, en lugar de derivar la esencia de los conflictos entre naciones y movimientos nacionales de las condiciones de vida materiales y las relaciones de la clase (continuamente cambiantes), encontró su “última razón” en el concepto de la “viabilidad nacional”, con resonancia metafísica. Esto no explicaba absolutamente nada”.(35)


 


El citado autor relacionó esto con el error, admitido por Marx y Engels, respecto de las posibilidades de expansión del desarrollo capitalista después de las revoluciones de 1848, o mejor, respecto de la creencia de Marx y Engels en un rápido ritmo histórico en el curso del período en el que concluye la formación de las naciones. Esto refiere al período de la unificación de esas naciones a través de la revolución socialista. Para Miklós Molnar, sin embargo, la posición inicial de Marx y Engels “está notablemente enraizada en la teoría de las grandes unidades nacionales, capaces de jugar un rol gradual en la historia”.(36) En la segunda mitad del siglo XX, las posiciones marxistas claramente se inclinaron hacia la dirección de la lucha por la independencia de las naciones oprimidas, como en el caso de Irlanda, o en la fundación de la Primera Internacional (1864). Esta última consideraba que la independencia de Polonia debía ser una línea divisoria de principios para la democracia burguesa y pequeño burguesa, en nombre del movimiento de los trabajadores.


 


Todas las teorías sobre la situación del pueblo eslavo de Europa central y occidental, más tarde corroboradas por Marx, fueron derivadas de la posición sostenida por Engels. Marx proclamó la solidaridad con los reclamos nacionales de los polacos siguiendo los pasos de Engels. Este es considerado el único reclamo pertinente a la soberanía nacional en esa región. Semejante reconocimiento consolidó la experiencia previa de los polacos, no sólo de una organización en un Estado nacional, sino también del impacto que la restauración de dicho Estado provocaría en toda la “estructura de poder” europea. La idea de la existencia de un “orden mundial” que subordinaba a las situaciones nacionales derivaba directamente del rol del mercado global en la dinámica del capitalismo: si el mercado global no estaba limitado a la suma total de las economías nacionales, el “orden mundial” no consistiría solamente en acuerdos entre diferentes Estados nacionales.


 


La posición sostenida por Marx y Engels fue menos controversial sobre la cuestión de las colonias y las poblaciones no europeas. Mientras denunciaron los problemas provocados por la colonización británica en India y China, enfatizaron el posible efecto de introducir relaciones capitalistas en esas formaciones sociales; esto fue tradicionalmente concebida como una manifestación del eurocentrismo, e incluso del “racismo subyacente” de los dos teóricos alemanes. El reclamo de que las reflexiones marxistas no abarcan los asuntos internacionales contemporáneos es infundado y es ciertamente contradictorio con la generosa cantidad de artículos que Marx y Engels han escrito sobre esos temas.


 


Por otro lado, el extenso trabajo literario de Engels sobre temas militares descalifica la crítica de Raymond Aron sobre la posibilidad de formular una teoría marxista sobre las relaciones internacionales(37).Para el sociólogo francés, una teoría de las relaciones internacionales sería imposible sin una teoría sobre la guerra. Para Aron, el marxismo no tiene una teoría de la guerra, sólo una teoría de la revolución. Sin embargo, Engels mostró un interés excepcional en analizar temas militares. El volumen de su producción intelectual concerniente a la cuestión, el reconocimiento recibido por los medios de información como Pall Mall Gazette y American Cyclopedia, lo considera entre los principales especialistas sobre cuestiones militares en la segunda mitad del siglo XIX. Engels elaboró, como se señaló más arriba, un plan para la defensa militar de la Comuna, después de haber estudiado la guerra franco-prusiana que precedió a la Comuna de París.(38)


 


Engels, sin embargo, anticipó nuevas características del marxismo: crítica a la economía política, análisis de las luchas sociales como lucha de clases, naturaleza del carácter del Estado. Desarrolló, más que el propio Marx, el alcance de la dialéctica, transformándola en una ciencia de aplicación universal. Participó en la revolución de 1848 como militante y organizó centros proletarios en Alemania y otros países antes, y después de ella. Fue fundador de la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores) en 1864 y editor de sus principales resoluciones. Sus proezas periodísticas son reconocidas por los especialistas como uno de los mejores cuadros de la interpretación histórica del siglo XIX. Fue el que inició el incuestionable espíritu de la Internacional Socialista (la Segunda Internacional) durante su fundación en 1889.Después de la muerte de Marx publicó el volúmenes segundo y el tercero de El Capital, no sólo descifrando su incomprensible caligrafía, sino además reordenando los voluminosos manuscritos y reinterpretando y reconstruyendo todas las teorías de Marx. Lo hizo tan bien que varios economistas creen que es una injusticia que los tres volúmenes del trabajo recogido no lleven su nombre.


 


Engels puso a la dialéctica en contraste con la metafísica, definiéndola como “la ciencia de las interconexiones”. Resume estas formas de interconexión en tres leyes: la ley de la transformación de la cantidad en calidad, la ley de la interpenetración de los opuestos, y la ley de la negación de la negación. Pero, como él enfatiza en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, “ya no es cuestión de inventar conexiones, sino de descubrirlas en los hechos”. En Dialéctica de la naturaleza, Engels dice que el error de Hegel “reside en el hecho de que estas leyes están impuestas a la naturaleza y a la historia como leyes del pensamiento, y no deducidas de ellas. Esta es la fuente de todo el trato forzado y a menudo indignante; el universo, se quiera o no, se hace para ajustarse a un sistema de pensamiento que en sí mismo sólo es el producto de una etapa definida de la evolución del pensamiento humano. Si se da vuelta la cosa, entonces todo se vuelve simple, y las leyes de la dialéctica que parecen extremadamente misteriosas en la filosofía idealista inmediatamente se tornan simples y claras como la luz del día”. O, como dijo en el Anti-Dühring, revelan “un proceso que cualquier niño puede comprender, ya que ocurre durante todo el día y a toda hora”.


 


Resumiendo la dialéctica, escribe en Feuerbach, que es un “concepto fundamental que el mundo necesita entender no como una complejidad de cosas establecidas en el espacio, sino como una complejidad de procesos, donde los conceptos aparentemente estáticos, así como la imagen que tenemos de ellos, atraviesan un proceso ininterrumpido de transformación y pasaje, donde aunque todo parece ser accidental, se logra al final un desarrolló básico”. O todo lo sólido se desvanece en el aire.


 


También es importante notar que el hombre que universalizó la dialéctica –una empresa que nadie asumió en el pasado– fue acusado de ser antidialéctico. Como Gareth Stedman Jones observa, “Podemos entender por qué Engels atribuyó tanto poder a la dialéctica y por qué sus conceptos formales no son muy usados en el Capital: la dialéctica es el espejo de la historia misma y la historia es todo. La dialéctica de Hegel destruye la rigidez de los conceptos de concordancia, las inamovibles distinciones hechas por la mente –ninguno/o, causa/efecto, etcétera. De una manera similar, la historia no reconoce estados fijos; todo nace y luego es deshecho, todo es transitorio. Esto es verdad, tanto en el mundo natural como en el humano. El error de Hegel fue imaginar que esto era un proceso de pensamiento, y entonces proyectando arbitrariamente al mundo; pero en realidad es un proceso del mundo mismo, y lo único que hace el pensamiento es reflejarlo, o mejor, dado que el pensamiento es parte del proceso, solamente lo trae al nivel conciente”.(39)


 


Con Friedrich Engels, la dialéctica materialista se convirtió en una teoría de la política revolucionaria internacional. Si Marx, considerado como “el más grande pensador del milenio”, pudo reconocerlo como su predecesor, no hay razón para que no podamos hacer lo mismo.


 


 


NOTAS


 


1. De acuerdo a Perry Anderson: “Está de moda subestimar la contribución de Engels en la creación del materialismo histórico. Para aquellos que aún se inclinan a aceptar esta idea infundada, encuentro necesario decir con calma e incisivamente: los juicios históricos de Engels son casi siempre superiores a los de Marx. Tenía un conocimiento más profundo de la historia europea y una comprensión más profunda de los magníficos conceptos en los que ellos posteriormente llegaron a creer.” (Anderson, Perry: Linhagens do Estado Absolutista, Porto, Afrontamento, 1984, p.23). 


 


2. Desde 1842 Engels (debido a obligaciones familiares) estuvo en Inglaterra y pudo involucrarse en el mayor movimiento obrero de esos tiempos: el movimiento “Carta” (referido a los derechos de los trabajadores), conformado por trabajadores y artesanos. Este movimiento fue popularmente conocido como “Cartismo”.


 


3. En Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Engels escribió: “Últimamente se ha aludido con insistencia a mi participación en esta teoría; no puedo pues evitar decir unas pocas palabras para poner en claro este punto. No puedo negar que tanto antes como durante los 40 años de mi colaboración con Marx tuve cierta participación independiente en la fundamentación de la teoría, y más particularmente en su elaboración. Pero la mayor parte de las ideas directrices fundamentales, especialmente en los dominios económico e histórico, y, sobre todo, su formulación nítida y definitiva, pertenecen a Marx. Lo que aporté –en todo caso con la excepción de mi trabajo en unos pocos campos especiales– Marx pudo muy bien haberlo logrado sin mí. Lo que Marx llevó a cabo yo no podría haberlo logrado. Marx tenía más talla, veía más lejos y tenía una visión más amplia y rápida que el resto de nosotros. Marx era un genio; los restantes en el mejor de los casos éramos talentosos. Sin él la teoría no habría sido lo que es hoy. Y por lo tanto, como corresponde, lleva su nombre”. Engels explicó las razones para la “división del trabajo” en un texto de 1887, La cuestión de la vivienda: “Como consecuencia de la división del trabajo entre Marx y yo, me tocó la tarea de presentar periódicamente nuestras opiniones en la prensa, es decir, particularmente lo concerniente a la lucha contra las visiones opositoras, por eso Marx tuvo tiempo de elaborar su obra mayor”. Marx y Engels, o “el grupo Marx-Engels” (como se lo llamó más tarde) constituyó una unidad política, en la que la división del trabajo ayudó a penetrar sus ideas en la vanguardia y en las masas. Fue de esta manea una unidad que fue el embrión político y de los partidos obreros y revolucionarios que se desarrollaron posteriormente. 


 


4. Friedrich Engels: Dialectics of Nature. Moscow, Progress Publisher, 1966.


 


5. Gary P. Steenson: Not One Man! Not One Penny! Pittsburgh, University of Pittsburgh Press, 1981, pp. 193-194. 


 


6. Stephen Jay Gould: Darwin e os Grandes Enigmas da Vida. São Paulo, Martins Fontes, 1992.


 


7. Gareth Stedman Jones: Retrato de Engels. In Eric J. Hobsbawm, História do Marxismo, vol. 1, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1979, pp. 396


and 413. 


 


8. Apud J. P. Netto: Engels, São Paulo, Ática, 1981, p. 31. 


 


9. Georges Labica: Engelsisme. In: Dictionnaire Critique du Marxisme, Paris, PUF, 1982, p. 321.


 


10. Gustav Mayer: Engels, Buenos Aires, Peuser, 1946, pp. 30-31 and 37. 


 


11. Letter from Friedrich Engels to Conrad Schmidt, 27th October 1890 (including: Karl Marx and Friedrich Engels. Selected


Correspondence, London 1934).


 


12. Karl Marx & Friedrich Engels: Obras Escogidas, Moscow, Lenguas Extranjeras, s.d.p., vol. I, p. 114. 


 


13. Bo Gustafsson: Marxismo y Revisionismo, Barcelona, Grijalbo, 1978, p. 58. 


 


14. Engels lo reconoció más tarde, en su Contribución a la historia de la Liga Comunista: “la idea fundamental del Manifiesto, a saber, de


que la base de un cierto período histórico está constituida por la producción económica y la estructura social fatalmente determinada por


ésta; de que, por lo tanto, toda la historia, desde la desintegración de la comunidad agrícola primitiva, ha sido la historia de la lucha de


clases, esto es, la lucha entre el explotado y el explotador, entre las clases sometidas y las clases gobernantes en cada nivel de la evolución social; de que esta lucha ahora ha alcanzado un grado en el que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede liberarse a sí misma del yugo de la clase explotadora y opresora (la burguesía) sin liberar a toda la sociedad de la explotación, de la opresión y de la lucha de clases ahora y para siempre. Esta idea fundamental, debo decir, pertenece enteramente a Marx”.


 


15. Engels, nacido en 1820, participó directamente en la revolución alemana de 1848, incluso como un líder militante. Marx, nacido en 1818, dirigió la Nueva Gaceta de Renana, y fue uno de los principales líderes revolucionarios en Alemania. Su militancia lo llevó al exilio, primero de Alemania y luego de Bélgica, hasta que se estableció en Inglaterra. Allí la contribución con su amigo se tornó concentrada y definitiva.


 


16. Todas las citas del Manifiesto Comunista fueron tomadas de la tracudción de Alvaro Pina, incorporada en la edición de Osvaldo Coggiola (organización e introducción): Manifiesto Comunista, Boitempo Editorial, São Paulo, 1998. 


 


17. Friedrich Engels: Revolução e Contra-Revolução na Alemanha, Lisboa, Avante, 1981. 


 


18. Hasta el siglo XX, nadie notó que los artículos sobre Alemania publicados en el New York Daily Tribune (más tarde reunidos en el volumen Revolución y contrarrevolución en Alemania) no pertenecían a la pluma de Marx, sino de Engels (fue necesario un descubrimiento documentado para establecer este hecho). Georges Labica señaló singularmente esta “división del trabajo”, atribuyendo a Marx “la parte económica y, de hecho, sólo la escritura de El Capital, mientras (Engels) cubrió áreas que eran literalmente más diversas, desde el campo de la filosofía a la física y la historia de las ciencias, hasta la antropología y la teoría del Estado”. Como si La lucha de clases en Francia, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte o La Guerra civil en Francia no fueran trabajos de Marx… 


 


19. Friedrich Engels: La Guerra campesina en Alemania, Buenos Aires, Claridad, 1971.


 


20. Friedrich Engels: Violência e Economia na Instauração do Novo Império Alemão, Porto, Escorpião, 1974. 


 


21. Modesto Florenzano: Engels historian of Germany and the theory of bourgeois revolution. En: Osvaldo Coggiola (org.). Marx e Engels


na História, São Paulo, Xamã-FFLCH/USP, 1996


 


22. Denise Avenas: Teoria e Política no Pensamento de Trotsky, Lisboa, Delfos, 1973. 


 


23. Gareth Stedman Jones: op. cit., p. 405.


 


24. Francisco C. Weffort: Porque Democracia?, São Paulo, Brasiliense, 1984, p. 37. 


 


25. Friedrich Engels: Carta a Bernstein, 24 de marzo de 1884.


 


26. Friedrich Engels: Introducción a la Guerra Civil en Francia. En: Karl Marx y Friedrich Engels. Textos, vol. 3, São Paulo, Alfa-Omega, p.


167. 


 


27. Carta de Engels a Bebel, 28 de marzo de 1875.


 


28. Karl Marx and Friedrich Engels: Selected Correspondence, Londres, 1934, p. 115. 


 


29. Eric J. Hobsbawm: La aristocracia obrera en la Gran Bretaña del siglo XIX. En: Trabajadores. Barcelona, Crítica, 1979, p. 316. 


 


30. Eric J. Hobsbawm: Lênin e a aristocracia operária. En: Revolucionários. Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1982, p.127 


 


31. Hobson comenzó su estudio clásico sobre el tema, publicado en 1902, con las siguientes palabras: “Necesitamos especificar el


significado de una palabra que está en boca todos. Esta palabra es usada para hablar sobre el más importante movimiento político


contemporáneo en el mundo occidental” (John Atkinson Hobson, L’Imperialismo, Rome, Newton & Compton, 1996, p. 55). 


 


32. Para un resumen histórico de la política global en el período dominado por el imperialismo, ver: Andres Ribard: Imperialismo y


Socialismo, Turín, Giulio Einaudi, 1953. Para una historia económica del “fenómeno” imperialista, ver: Tony Smith: Los Modelos del


Imperialismo, Estados Unidos, Gran Bretaña y el mundo tardíamente industrializado desde 1815, México, Fondo de Cultura Económica,


1984.


 


33. Karl Marx: O Capital. Vol. I., Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1968. 


 


34. Apud Franco Andreucci: Socialdemocrazia e Imperialismo. I marxisti tedeschi e la política mondiale. 1884-1914, Rome, Editor Riuniti,


1988, pp. 105-108. Marx ya había afirmado que “el ferrocarril inicialmente había nacido como una gloriosa corona en países donde la industria moderna estaba más desarrollada: Inglaterra, Estados Unidos, Bélgica, Francia, etcétera. Y tengo que señalar que (el ferrocarril) había sido (junto con los navíos transoceánicos a vapor y el telégrafo) un medio de adecuar la comunicación con las modernas vías de producción, pero, sobre todo, la base de inmensas compañías por acciones y puntos de partida de otras compañías, en primer lugar el banco. En resumen, dieron impulso inusitado a la concentración del capital y, por lo tanto, a la aceleración y enorme magnificación de la actividad cosmopolita del capital de crédito”.


 


35. Roman Rodolsky: Friedrich Engels y el Problema de los Pueblos “Sin História”, México, Siglo XXI (Cuadernos Pasado y Presente N° 88), 1980, p. 127.


 


36. Miklós Molnár: Marx, Engels et la Politique Internationale, Paris, Gallimard, 1975, p. 81. 


 


37. Cf. Raymond Aron: Guerra e Paz entre as Nações, Brasilia Editora da UNB, 1986 


 


38. Friedrich Engels: Note sulla Guerra Franco-Prussiana del 1870/71, Milán, Lotta Comunista, 1996.


 


39. Gareth Stedman Jones: Engels and the end of classical German philosophy, New Left Review, N° 79, Londres, noviembre 1977.


 


 


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El obrero norteamericano y la teoría de la revolución permanente

Karl Kautsky sobre el libro de Werner Sombart “¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos?”


Una de las principales peculiaridades del desarrollo histórico norteamericano ha sido la debilidad política relativa del movimiento obrero de ese país. El intento burgués clásico de analizar las razones de este fenómeno es el famoso libro Werner Sombart ¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos?, publicado por primera vez en 1906.Aunque las tesis de Sombart han sido objeto de un largo debate académico tanto en los Estados Unidos como en Europa,no es generalmente sabido que Karl Kautsky, el principal teórico marxista de ese período, les respondió con un análisis comparativo de las peculiaridades del desarrollo capitalista en Rusia, Inglaterra y los Estados Unidos, y de su influencia sobre los respectivos movimientos obreros. El estudio de Kautsky, publicado en 1906 en el órgano teórico de la socialdemocracia alemana, Die Neue Zeit, bajo el título El obrero norteamericano, es parte de una serie de artículos en los cuales Kautsky desarrolló la idea de que la revolución rusa de 1905 iría más allá del marco de las revoluciones burguesas clásicas e inauguraría “una era de revoluciones europeas que culminará en la dictadura del proletariado que prepara el terreno para el establecimiento de una sociedad socialista”.En la introducción de 1922 a su libro 1905, Trotsky hizo la siguiente observación acerca de la posición de Kautsky en aquel entonces: “El debate acerca del carácter de la revolución rusa, aun durante aquel período, había ido más allá de los confines de la socialdemocracia rusa y había sido objeto de la atención de los elementos más avanzados del socialismo mundial. La concepción menchevique de la revolución burguesa fue expuesta más concienzudamente, esto es, más crudamente, en el libro de Cherevanin.


Apenas apareció, los oportunistas alemanes lo acogieron calurosamente. A pedido de Kautsky, escribí una reseña analítica de este libro para la revista Neue Zeit.En aquel entonces, Kautsky se identificaba totalmente con mis concepciones. Como el difunto Mehring, defendía el punto de vista de la ‘revolución permanente’. Hoy, Kautsky se ha unido retrospectivamente a las filas de los mencheviques, y pretende reducir su pasado al nivel de su presente. Pero esta falsificación, que satisface las demandas de una mala conciencia teórica, encuentra obstáculos en forma de documentos impresos. Lo que Kautsky escribió durante aquella época, la mejor de su actividad científica y literaria (su respuesta al socialista polaco Ljusnia , sus estudios sobre los obreros americanos y rusos, su respuesta al cuestionario de Plejanov sobre el carácter de la revolución rusa , etcétera) fue y sigue siendo una refutación implacable del menchevismo y una completa vindicación teórica de la táctica revolucionaria adoptada después por los bolcheviques, a quienes los tontos y renegados, con Kautsky hoy en día a la cabeza, acusan de aventurerismo, demagogia, y bakuninismo.”8


 


El estudio de Kautsky fue traducido al ruso inmediatamente después de su publicación, e impreso en siete ediciones diferentes, generalmente bajo el título de Los obreros americanos y rusos, uno de ellos con un prefacio del futuro comisario del pueblo de educación bolchevique, Anatoly Lunacharskii.En el capítulo cuarto de su libro Balance y perspectivas, que sintetizó las lecciones de la revolución de 1905, Trotsky incluyó la siguiente referencia a El obrero norteamericano:


 


“Kautsky, en su trabajo sobre el proletariado norteamericano, recientemente editado, señala que no hay ninguna analogía directa e inmediata entre las fuerzas políticas del proletariado y la burguesía, por un lado, y el grado de desarrollo capitalista, por el otro. ‘Son sobre todo dos estados –dice– que se contraponen como dos extremos, y de los cuales cada uno contempla el efecto desproporcionadamente fuerte (es decir mayor de lo que corresponde al nivel de su desarrollo) que produce cada uno de estos dos elementos del modo de producción capitalista: América, la clase de los capitalistas; Rusia, la de los proletarios. En América, más que en ningún otro lugar, se puede hablar de la dictadura del capital. El proletariado en lucha, en cambio, no ha obtenido, bajo ningún concepto, la importancia que en Rusia, y esta importancia tendrá que aumentar, y lo hará, ya que este país tan sólo acaba de comenzar a contemplar luchas de clase y de concederles, en cierto modo, un cierto margen de libertad para su libre desenvolvimiento’. Después de la mención de que Alemania puede estudiar, en cierta medida, su futuro en Rusia, Kautsky continúa: ‘La verdad es que constituye un fenómeno peculiar el que sea precisamente el proletariado ruso quien deba indicarnos nuestro futuro, no en lo que toca a la organización del capital sino en lo que toca a la rebelión de la clase obrera; pues Rusia es el Estado más atrasado entre los grandes Estados del mundo capitalista. Eso parece estar en contradicción con la concepción materialista de la historia, según la cual el desarrollo económico forma la base del político. Sin embargo está solamente en contradicción con aquella clase de concepción materialista de la historia que presentan nuestros adversarios y críticos que entienden por ello un patrón hecho y no un método de investigación’.10 Estas líneas hay que recomendarlas especialmente a aquellos marxistas nacionales que sustituyen el análisis independiente de las relaciones sociales por la interpretación de textos preseleccionados por ellos y aplicables a todos los casos de la vida. ¡Nadie compromete el marxismo tanto como estos marxistas nominales! Por tanto, siguiendo a Kautsky, Rusia está caracterizada en el terreno económico por un nivel relativamente bajo del desarrollo capitalista, y en la esfera política por la falta de importancia de la burguesía capitalista y por el poder del proletariado revolucionario. Esto conduce a que la lucha por los intereses de toda Rusia corresponda a la única clase fuerte actualmente existente, al proletariado industrial. ‘Como consecuencia de esto, al proletariado industrial le corresponde una gran importancia política; por lo tanto, la lucha en Rusia por la liberación del pulpo asfixiante del absolutismo ha llegado a ser un duelo entre éste y la clase de obreros industriales, un duelo en el cual el campesinado otorga un apoyo importante pero sin que pueda desempeñar un papel dirigente’.11 Todo esto, ¿no nos da derecho a concluir que el ‘siervo’ ruso puede llegar al poder antes que su ‘amo’?”.12


 


El trabajo de Kautsky fue también mencionado como un “análisis penetrante” por el principal economista de la Segunda Internacional, el austríaco Rudolf Hilferding, en su libro El capital financiero.13


 


Werner Sombart y los teóricos marxistas clásicos


 


Durante los primeros estadios de su carrera académica Sombart estuvo cercano al marxismo, o al menos estudió la teoría marxista cuidadosamente. En su “Suplemento y agregado al tercer volumen del Capital”, Engels escribió: “En el Archiv für soziale Gesetzgebung, editado por Braun (Vol. VII, N° 4) Werner Sombart ofrece una síntesis del sistema marxista que es, en general, excelente. Es la primera vez que un profesor universitario alemán consigue ver en los escritos de Marx lo que éste realmente dice, y declara que la crítica del sistema marxista no puede consistir en una refutación (‘que los arribistas políticos se ocupen de eso’) sino simplemente en su desarrollo”. El 11 de marzo de 1895 Engels inclusive le envió una carta a Sombart ampliando esta idea e indicando lo que él consideraba como las concepciones erróneas de Sombart sobre la ley del valor y el proceso histórico de formación de una tasa media de ganancia.14 Pero, sin embargo, unos meses más tarde ya encontramos al prominente historiador y revolucionario marxista Franz Mehring defendiendo al libro de Engels La situación de la clase obrera en Inglaterra contra la defensa que Sombart hizo de la supuesta “refutación detallada” de Bruno Hildebrand, un miembro de la “escuela histórica” alemana de economía burguesa fundada por Wilhelm Roscher.15


 


Un año más tarde, Mehring reseñó el libro de Sombart El socialismo y la cuestión social en el siglo diecinueve y lo hallo un típico intento profesoral de “sublimar” al marxismo a fin de tranquilizar el público burgués. Aunque enfatizando que él no consideraba a Sombart como “un típico ideólogo capitalista ignorante”, Mehring sostuvo que su intento de volver legal y respetable al marxismo, separando la economía de la política, la teoría de la práctica, la evolución de la revolución, etcétera, no lo conduciría a ninguna parte. Mehring señaló el ejemplo de otro académico, Ferdinand Tönnies, que también empezó por defender una ética suspendida por encima de la lucha de clases que luego había salido en defensa de los trabajadores portuarios de Hamburgo, y concluyó: “Es de esperar que el señor Sombart también evolucionará, pero no debemos olvidar que la quintaesencia del socialismo que acaba de publicar contiene todos los elementos que le permitirán redactar más adelante un reconfortante breviario para el filisteo alemán titulado La falta de perspectivas de la socialdemocracia”.16


 


La respuesta de Sombart fue lanzar contra Mehring “una batería de los más groseros insultos personales”.17 De allí en más ambos chocaron varias veces, por ejemplo cuando Sombart, alabando a Marx como “no sólo el preceptor Germaniae, sino el preceptor del mundo entero,” rechazó su teoría de la ganancia en favor de la del economista liberal Schulze-Delitsch, quien la definía como un “salario intelectual” (geistigen Arbeitslohn) similar al de los policías, los inventores, los oficinistas y los profesores.18 En otra ocasión, Mehring criticó a Sombart por arguir, en una “asociación cultural” creada para una audiencia obrera (el Goethebund de Bremen), que el materialismo histórico era insostenible porque Goethe no había escrito el Fausto por motivos económicos.19 El padre del marxismo ruso, Georgii Plejanov, también criticó las “correcciones” de Sombart a la teoría de la lucha de clases en su brillante introducción a la segunda edición rusa del Manifiesto Comunista.20


 


Rosa Luxemburg tomó parte activa en el debate contra Sombart, refutando por ejemplo su teoría de las crisis basadas en la desproporcionalidad entre las distintas ramas de la producción, que Sombart atribuía a causas naturales tales como la naturaleza de la producción del oro y los alimentos.21 Sobre todo, Rosa Luxemburg criticó el intento de Sombart de enfrentar a los sindicalistas alemanes con los líderes socialistas con argumentos nacionalistas derivados de la economía burguesa. Su primer artículo sobre este tema, escrito a iniciativa de Mehring y con un prefacio suyo, apareció en 1900. 22 Su famoso panfleto sobre la huelga de masas, escrito siete años más tarde como un resumen de las lecciones de la revolución rusa de 1905, contiene la siguiente referencia a Sombart:


 


“Del ocultamiento de los límites objetivos impuestos por el orden social burgués a la lucha sindical surge una hostilidad a cualquier crítica teórica que haga referencia a estos límites en conexión con los objetivos últimos del movimiento obrero. La obsecuencia más obscena y el optimismo acrítico son considerados condiciones de rigor para todo ‘amigo del movimiento sindical’. Pero dado que la tarea de la Social Democracia consiste precisamente en luchar contra el optimismo parlamentario acrítico, surge un frente contra la teoría marxista: hay quienes quieren una ‘nueva teoría sindical’ que abra perspectivas ilimitadas de progreso económico para la lucha sindical dentro del sistema capitalista, en oposición a la doctrina social demócrata. Esa teoría existe desde hace algún tiempo: es la del profesor Sombart, quien la promulgó con la intención expresa de separar a los sindicatos de la Social Democracia en Alemania, para llevarlos a posiciones burguesas”.23


 


En su trabajo pionero sobre la cuestión judía, Kautsky denunció y refutó uno de los aspectos más desagradables de su nacionalismo (su antisemitismo), que lo llevaría a transformarse en un simpatizante de los nazis durante la última década de su vida (Sombart murió en 1941).24 Abraham León dedicó toda una sección de su libro sobre la cuestión judía (que a pesar de su definición problemática de los judíos como un “pueblo” es el principal estudio materialista sobre el tema) a refutar la tesis de Sombart, postulada en su libro Los judíos y el capitalismo moderno, de que los judíos fueron “los fundadores del capitalismo moderno”.25 Pero a pesar de todas sus deficiencias, los trabajos de Sombart, por su riqueza de datos históricos y por la perspicacia que le proporcionó su conocimiento de la teoría marxista, siguieron siendo objeto de un gran interés para los teóricos marxistas. Este es especialmente el caso de su extenso Magnum opus Der moderne Kapitalismus. Cuando la primera parte apareció en 1902, Hilferding la reseñó detalladamente, 26 y 37 años más tarde Trotsky aún la consideraba lo suficientemente importante como para criticarla en uno de sus últimos libros.27


 


El debate revisionista


 


El obrero norteamericano es una continuación de la polémica de Kautsky contra el ala derecha revisionista de la socialdemocracia alemana, como puede verse por la referencia explícita, en la sección sobre el “ministerialismo proletario”, al “enfant terrible del revisionismo”, Eduard Bernstein. Originariamente un amigo cercano de Friedrich Engels, Bernstein sufrió durante su período de exilio en Londres la influencia de la Fabian Society, y en una serie de artículos originariamente publicados en Die Neue Zeit y reunidos en un libro en 1899 bajo el título Las precondiciones del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, llevó adelante una revisión reformista del marxismo.28 Presionado por líderes marxistas rusos, polacos y (extrañamente) ingleses, tales como Plejanov, Parvus, Rosa Luxemburg y Belfort Bax,29 Kautsky finalmente criticó el ataque de Bernstein a los postulados centrales del marxismo en las páginas de Die Neue Zeit. Sus artículos fueron recogidos en 1899 bajo el título Bernstein una das sozialdemokratische Programm. Eine Antikritik. El libro fue traducido casi inmediatamente a media docena de idiomas y se transformó en uno de los clásicos de la literatura socialista.30 Gracias a él y a su libro sobre la cuestión agraria, publicado el mismo año, Kautsky estableció su reputación como la principal autoridad teórica del marxismo internacional hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.


 


La sección de El obrero norteamericano que trata del “ministerialismo proletario” también contiene una referencia crítica explícita a la primera aplicación práctica de los principios revisionistas: en 1899 el diputado socialista francés Alexandre Millerand se sumó al “gobierno de defensa republicana” burgués encabezado por Waldeck-Rousseau (que incluía además al carnicero de la Comuna de París de 1871, el general Gallifet) usando como excusa el juicio a Dreyfus, en una aplicación temprana de la política de “frente popular” de Stalin. Lenin resumió de esta manera las lecciones de esa experiencia en ¿Qué hacer?:


 


“Por si la crítica teórica de Bernstein y sus anhelos políticos estaban aún poco claros para ciertas personas, los franceses se han cuidado de demostrar palmariamente lo que es el ‘nuevo método’. Francia se ha hecho una vez más acreedora de su vieja reputación de ‘país en el que las luchas históricas de clase se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio’ (Engels, en el prólogo a la obra de Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte). En lugar de teorizar, los socialistas franceses han puesto manos a la obra; las condiciones políticas de Francia, más desarrolladas en el aspecto democrático, les han permitido pasar sin demora al ‘bernsteinianismo práctico’ con todas sus consecuencias. Millerand ha dado un brillante ejemplo de este bernsteinianismo práctico: ¡por algo Bernstein y Vollmar se han apresurado a defender y ensalzar con tanto celo a Millerand! En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia, ni más ni menos que un partido de reformas y debe tener el valor de reconocerlo con franqueza, un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués sino que incluso debe siempre aspirar a ello. Si la democracia implica, en el fondo, la supresión de la dominación de las clases, ¿por qué un ministro socialista no ha de cautivar a todo el mundo burgués con discursos acerca de la colaboración de las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio, aun después de que los asesinatos de obreros por gendarmes hayan puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el verdadero carácter de la colaboración democrática de las clases? ¿Por qué no ha de participar personalmente en la felicitación al zar, al que los socialistas franceses no dan ahora otro nombre que el de héroe de la horca, del látigo y de la deportación (‘knouteur, pendeur et déportateur’)? ¡Y a cambio de esta infinita humillación y este autoenvilecimiento del socialismo ante el mundo entero, a cambio de pervertir la conciencia socialista de las masas obreras –única base que pueda asegurarnos el triunfo–, a cambio de todo eso, ofrecer unos rimbombantes proyectos de reformas tan miserables que eran mayores las que se lograban obtener de los gobiernos burgueses!”.31


 


Las teorías revisionistas de Bernstein fueron condenadas en septiembre de 1903 en el congreso de Dresden del partido socialdemócrata alemán, y el ministerialismo de Millerand sufrió una suerte similar un año más tarde, en el congreso de Amsterdam de la Segunda Internacional. Pero la “victoria” de Dresden contra el “revisionismo teórico”, como la subsecuente “victoria” en el congreso de Jena de la socialdemocracia alemana, reunido en septiembre de 1905, contra el revisionismo “sindical” o “práctico”, resultó ser ilusoria, como veremos a continuación.


 


La revolución rusa de 1905 y la socialdemocracia alemana


 


El obrero norteamericano fue, por sobre todas las cosas, un producto de la revolución rusa de 1905. Más específicamente, nació de un intento de ofrecer un análisis materialista del hecho aparentemente paradójico de que la revolución liderada por la clase obrera estuviera teniendo lugar en una de las áreas más atrasadas de Europa, mientras que el movimiento socialista continuaba siendo relativamente débil en el país industrialmente más desarrollado: los Estados Unidos.


 


La revolución rusa de 1905 por primera vez enfrentó a los partidos de la Segunda Internacional con tareas revolucionarias prácticas, después del período de reacción de más de treinta años que siguió a la masacres de los communards de París en 1871.Las masas rusas, al crear los consejos de diputados obreros (soviets) y al implementar medidas tales como el control obrero de la producción, fueron en la práctica más allá del marco del Estado y la sociedad burgueses, y forzaron literalmente a los mejores teóricos marxistas del período a enfrentarse con un tema crucial: el lazo entre el programa mínimo de reformas políticas y sociales alcanzables en la sociedad burguesa, y el programa máximo que demanda la expropiación de la burguesía y la socialización de los medios de producción.


 


El centro de la elaboración teórica marxista antes del estallido de la Primera Guerra Mundial no era el imperio de los zares sino Alemania, el país de Marx y Engels y del Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD), el mayor partido de la Segunda Internacional. La fuente indiscutida de teoría marxista para al movimiento socialista mundial era el órgano teórico del SPD, Die Neue Zeit, editado por Kautsky. En un artículo de 1908 conmemorando el 25 aniversario de la revista, Trotsky describió la relación entre el socialismo alemán y el ruso con estas palabras: “El reproche más frecuente que se le hace al partido socialdemócrata ruso desde su creación es que ve la vida rusa a través de anteojos alemanes (…) La razón de este reproche es la influencia profunda de la socialdemocracia alemana sobre el partido ruso. Pero esa influencia sólo fue posible porque los anteojos alemanes habían sido diseñados según las leyes de la óptica internacional de la lucha de clases (…) Uno de los órganos más importantes de esa influencia del partido alemán sobre la socialdemocracia rusa fue Die Neue Zeit.”32 


 


Después de explicar el rol crucial de la revista en la propagación de las ideas marxistas entre la intelectualidad rusa, especialmente durante la controversia revisionista, Trotsky continuó:


 


“Aun antes del comienzo de la revolución rusa, cuando muchos camaradas europeos, por razones fácilmente comprensibles, se negaban a tomar en serio a los socialistas rusos, Die Neue Zeit apoyó incansablemente los intereses de la revolución rusa ante el forum del socialismo europeo. Durante la revolución, estuvo con nosotros y para nosotros, no sólo durante nuestros períodos de éxito, sino también durante los momentos difíciles de nuestras derrotas. Mientras los innumerables raisonneurs susurraban sermones venenosos en nuestros oídos; mientras la escoria liberal repetía interminablemente que no teníamos nada en común con la razonable táctica legal, respetable y moderada de los partidos socialistas europeos; mientras la prensa reaccionaria gritaba ensordecedoramente que no éramos sino anarquistas que nos cubríamos con la túnica honesta de la socialdemocracia alemana para ocultar nuestros propósitos criminales; nosotros siempre pudimos, con absoluta confianza, mostrarles el último número de Die Neue Zeit y decir con orgullo a nuestros enemigos: ‘Somos carne de la carne y sangre de la sangre del socialismo internacional’.”33


 


Podemos ver que en aquel entonces aun los líderes de las corrientes más extremas de la socialdemocracia rusa se consideraban discípulos fieles de los líderes del SPD, Bebel y Kautsky, y no parte de una tendencia de izquierda dentro de la Segunda Internacional. En palabras de Trotsky, hasta el 14 de agosto de 1914 “Lenin consideró a Kautsky como su maestro y enfatizó este punto siempre que pudo (…) Hablando del menchevismo como el ala oportunista de la socialdemocracia, Lenin comparaba a los mencheviques no con el kautskismo, sino con el revisionismo. Además, veía en el bolchevismo la forma rusa del kautskismo, que a sus ojos era en aquel período idéntico con el marxismo.”34 A fin de entender la significación de El obrero norteamericano, es importante comprender por qué Lenin se vio a sí mismo durante tanto tiempo como “sólo una traducción al lenguaje de las condiciones rusas de la tendencia de Bebel-Kautsky”.35


 


La teoría de la revolución permanente entre 1850 y 1905


 


Retrospectivamente es claro que el resultado teórico más importante de la revolución rusa de 1905 fue el redescubrimiento por parte de un grupo de intelectuales marxistas de la teoría de la revolución permanente, elaborada por primera vez por Marx y Engels en marzo de 1850 en su Circular del Comité Central de la Liga Comunista.36 Este grupo incluía, además de Trotsky, a rusos como Parvus (Alexander Helphand), polacos como Rosa Luxemburg, y alemanes como Franz Mehring y Karl Kautsky; aunque no todos ellos emplearon el término en el sentido acabado que le dio Trotsky, es decir implicando la socialización completa de los medios de producción.37 El mentor y colaborador cercano de Trotsky durante la revolución, Parvus, por ejemplo, limitó sus perspectivas a una democratización radical de la vida política y económica rusa y a la instauración de un gobierno laborista reformista según el modelo australiano.38


 


Después de su primera formulación en la Circular del Comité Central de la Liga Comunista de marzo de 1850, Engels mencionó dos veces más la teoría de la revolución permanente. En ocasión del primer aniversario de la muerte de Marx, Engels publicó en el Sozialdemokrat del 13 de marzo de 1884 el artículo “Marx y la Neue Rheinische Zeitung”(1848-49),donde declaró que, como Marat en 1793,Marx “no quería que la revolución fuera declarada terminada, sino en permanencia” [nicht für abgeschlossen,sondern in Permanenz erklärt wissen].39


 


En 1885, un par de años después de la muerte de Marx, Engels esperaba que Europa fuera sacudida por una nueva erupción revolucionaria. En estas circunstancias, Engels reimprimió el panfleto que Marx escribió en 1853,El reciente proceso de Colonia, agregándole como apéndice las dos circulares del Comité Central de la Liga Comunista de marzo y junio de 1850 –es decir, las directivas que aconsejaban transformar la revolución “socialrepublicana” pequeño burguesa en una revolución comunista. El contexto político en el que Engels decidió reimprimir esta exposición clásica de la teoría de la revolución permanente es también importante. Engels advirtió acerca del peligro de una futura contrarrevolución democrática,que se materializaría después de la revolución bolchevique y cuya teoría fue más ampliamente elaborada por el Kautsky senil. Engels declaró que:


 


“La Circular [de marzo de 1850], redactada por Marx y por mí, tiene todavía hoy interés, pues la democracia pequeño burguesa sigue siendo aún el partido que en la próxima conmoción europea, que no tardará en producirse (…) será, necesariamente, el primero en empuñar el timón de Alemania, como salvador de la sociedad frente a los obreros comunistas. Por tanto, muchas de las cosas que decimos allí todavía siguen teniendo aplicación hoy.”40


 


Los principales documentos de la historia de la teoría de la revolución permanente entre los discípulos de Marx, desde 1889 hasta la publicación de Balance y perspectivas de Trotsky en 1906, han sido recientemente reunidos en inglés en la antología The Renaissance of Permanent Revolution publicada por la editorial Brill. 41 Estos son los hitos centrales:


 


En 1889 apareció el libro de Kautsky sobre la revolución francesa Los antagonismos de clase en 1789, originalmente publicado como una serie de artículos en Die Neue Zeit. 42 Una versión francesa apareció en 1901, 43 y cuatro ediciones rusas fueron publicadas antes y durante la revolución de 1905. 44 En una carta a Kautsky enviada desde Londres y fechada el 20 de febrero de 1889, Engels expresó algunas críticas sobre este libro,45 pero es notable la descripción que Kautsky hace de la política de los sansculottes en 1793-94 como de una Revolution in Permanenz. 46 Ese capítulo fue luego republicado junto con el artículo de Kautsky “Old and New Revolution” y el de Rosa Luxemburgo “La revolución rusa” en el Festschrift 1649-1789-1905.


 


Kautsky fue el primero en considerar la posibilidad de que los obreros rusos actuarían como la vanguardia de la revolución europea en su artículo Los eslavos y la revolución, publicado en Iskra el 10 de marzo de 1902. 47


 


Al año siguiente, en 1903, Kautsky escribió una introducción a la edición polaca del Manifiesto Comunista que contenía una referencia explícita a la Circular del Comité Central de la Liga Comunista de marzo de 1850 y a “una revolución burguesa que, volviéndose permanente, va más allá de sus límites originales y se transforma en una revolución proletaria”. La versión alemana de este artículo apareció en julio de 1904 en el Leipziger Volkszeitung, uno de los órganos principales del ala izquierda del SPD, bajo el título “¿Hasta qué punto está obsoleto el Manifiesto Comunista?”.48


 


Kautsky empleó por primera vez la expresión “revolución permanente” para analizar los eventos de la revolución rusa de 1905 en una serie de artículos publicados en julio de 1905 en Die Neue Zeit bajo el título “Las consecuencias de la victoria japonesa y la socialdemocracia”49 –la segunda mención de esta frase en la prensa marxista de Europa occidental desde la publicación del artículo de Rosa Luxemburgo “Después del primer acto” en febrero de 1905. 50 El artículo de Kautsky sobre las consecuencias de la guerra ruso-japonesa fue traducido al ruso y apareció en cuatro ediciones diferentes, una de ellas en el periódico de Lenin Proletarii.


 


En diciembre de 1905 Kautsky publicó el artículo “Revoluciones viejas y nuevas”, mencionado más arriba, donde declaró que la revolución rusa “promete inaugurar una era de revoluciones europeas que culminará con la dictadura del proletariado, que preparará el terreno para el establecimiento de una sociedad socialista”.51


 


Finalmente,en agosto de 1908 Kautsky escribió su respuesta al cuestionario de Plejanov sobre el carácter de la revolución rusa y las tareas de los socialistas rusos, Fuerzas motoras y perspectivas de la revolución rusa,52 que Trotsky describió como “la mejor exposición teórica de mis propias ideas”.53 Volveremos a la apreciación de Lenin sobre este documento más adelante.


 


El segundo teórico alemán de primera línea que adoptó el punto de vista de la revolución permanente fue Franz Mehring, quien ya en 1899,durante la controversia revisionista, había defendido este concepto contra las acusaciones que Bernstein le hacía de “blanquismo” (putschismo).54 Tres años más tarde, en 1902, Mehring reimprimió la Circular del Comité Central de la Liga Comunista en el tercer volumen de su edición de las obras escogidas de Marx, Engels y Ferdinand Lassalle.55 En noviembre de 1905, durante la revolución, Mehring publicó en Die Neue Zeit el artículo “La revolución en permanencia”, donde se puede leer: “Es precisamente con la ‘revolución permanente’ que la clase obrera rusa debe replicar, y, según todas las informaciones llegadas hasta el momento, ha replicado efectivamente, ante el grito angustiado de la burguesía pidiendo ‘la calma a cualquier precio’”.56


 


El concepto de “revolución permanente” fue introducido en la socialdemocracia rusa por Riazanov (un futuro miembro de la Organización Inter Distritos de Trotsky en 1917 y director del Instituto Marx-Engels-Lenin después de la revolución bolchevique),en tres documentos publicados en Ginebra en 1902-03 por el grupo Borba (Lucha) bajo el título Materiales sobre el programa del partido obrero, parte segunda: El borrador de programa de Iskra y la tareas de los socialdemócratas rusos.57 Dos años más tarde, “En el otoño de 1905 Riazanov se sumó [nuevamente] al debate revolucionario con un nuevo panfleto publicado en Ginebra. Además de admoniciones a la unidad entre las fracciones, el panfleto contenía partes seleccionadas de sus publicaciones anteriores. En vez de ‘revolución in permanentia’[en permanencia],Riazanov proponía ahora la ‘revolución in Permanenz’ [permanente]. Esta era la única diferencia con su trabajo anterior [de 1903]”.58


 


Pero a pesar del rol de pionero, virtualmente desconocido hasta hoy, jugado por Riazanov, el representante más famoso e influyente de la teoría de la revolución permanente en la socialdemocracia rusa antes de 1917 es León Trotsky. Según Hartmut Mehringer,59 Trotsky elaboró gradualmente la teoría de la revolución permanente en el curso del año 1905 en tres trabajos, más tarde resumidos en su libro Balance y Perspectivas 60:el panfleto “Antes del nueve de enero”,61 con un prefacio de Parvus; el prefacio de Trotsky a la edición rusa del libro de Marx La comuna de París, titulado “Treinta y cinco años después:1871-1906”6263


 


Trotsky y Lenin sobre la teoría de la Revolución Permanente


 


Trotsky rechazó la limitación artificial de la revolución rusa a las demandas democrático burguesas y defendió la idea de que la dictadura del proletariado podía ser instaurada en la Rusia atrasada, donde la servidumbre había sido abolida en 1861.Trotsky argumentó que el campesinado, geográficamente disperso y políticamente desorganizado, era incapaz de jugar un rol político independiente: sólo podía llegar al poder bajo el liderazgo del sector revolucionario de la población urbana. Dado que la burguesía rusa se había pasado al campo de la contrarrevolución, sólo el proletariado industrial, numéricamente pequeño pero altamente concentrado y con conciencia de clase, podía proveer ese liderazgo. Una vez en el poder, el proletariado se vería obligado a ir más allá de las tareas democráticas y a poner al colectivismo a la orden del día: la revolución rusa sólo podía triunfar como una revolución socialista. La supervivencia del gobierno obrero establecido sobre una base económica tan atrasada dependería, en última instancia, del éxito de la revolución socialista en el occidente.64


 


La revolución de 1905 encontró a los marxistas rusos divididos en dos tendencia principales: los bolcheviques y los mencheviques. Esta escisión no respondió, en un principio, a motivos estratégicos sino organizacionales. Lenin demandaba un mayor grado de centralización que sus oponentes debido a la falta de libertades democráticas del régimen autocrático ruso. La revolución condujo a una división programática entre ambas tendencias. Mientras que los mencheviques se aferraron a la idea de que el futuro de la revolución democrática dependía de mantener una alianza entre el proletariado y la burguesía, Lenin adoptó una posición intermedia entre Plejanov y Trotsky. El objetivo de la revolución rusa, según Lenin, era crear las mejores condiciones posibles para el desarrollo del capitalismo y, en consecuencia, su problema central era la cuestión agraria. La burguesía, sin embargo, era incapaz de solucionar este problema debido a que el nivel relativamente alto de diferenciación de clases dentro del tercer estado había conducido a la degeneración reaccionaria del liberalismo. Temerosos de la lucha de clases, los capitalistas estaban dispuestos a alcanzar un compromiso con los terratenientes y el zar (es decir, a traicionar la reforma agraria), lo que hubiera conducido a un desarrollo lento y penoso del capitalismo ruso según el modelo prusiano. Lenin, por lo tanto, se opuso a la estrategia menchevique de una alianza entre el proletariado y la burguesía, sosteniendo que la revolución sólo podía triunfar como resultado de una alianza entre el proletariado y el campesinado, y que en consecuencia se vería forzada a realizar expropiaciones mucho más masivas que las revoluciones burguesas clásicas. El proletariado y el campesinado, después de tomar el poder, establecerían una “dictadura democrática” conjunta y proclamarían la república, la jornada de ocho horas y la reforma agraria más radical (incluyendo la nacionalización de la tierra),lo que le permitiría a Rusia embarcarse en lo que Lenin llamó “la vía americana de desarrollo burgués”.65 Llevarían, además, la revolución a occidente, donde asumiría inmediatamente un carácter socialista. Pero, puesto que el campesinado ocuparía el rol central en el gobierno revolucionario, en Rusia misma la revolución no llegaría a la socialización total de los medios de producción.


 


En la atmósfera embriagadora de la revolución, Lenin a veces hizo declaraciones que iban más allá de ese esquema. Por ejemplo en septiembre 1905 escribió: “De la revolución democrática comenzaremos inmediatamente, en la medida de nuestras fuerzas, la fuerzas del proletariado organizado y con conciencia de clase, a pasar a la revolución socialista. Estamos a favor de la revolución ininterrumpida. No nos detendremos en la mitad del camino”.66 Y en una nota escrita pocos meses después, pero no publicada hasta 1926, Lenin agregó que la derrota de los obreros rusos era segura a menos que el proletariado socialista de Europa occidental lo socorriera. “La segunda victoria será la revolución socialista en Europa. Los obreros europeos nos mostrarán ‘cómo hacerlo’, y entonces, junto con ellos, llevaremos a cabo la revolución socialista”.67 Pero a pesar de los insights que estas líneas ofrecen sobre la dinámica del pensamiento de Lenin (y en el de sus seguidores obreros), no fueron sino expresiones de entusiasmo que contradicen las exposiciones oficiales de la política bolchevique, elaborada en los escritos teóricos de Lenin en el período anterior a 1917.


 


Kautsky, Lenin y Trotsky


 


Ya hemos visto más arriba que en agosto de 1908 Trotsky le escribió a Kautsky diciendo que su respuesta al cuestionario de Plejanov, Fuerzas motoras y perspectivas de la revolución rusa, era “la mejor exposición teórica de mis propias ideas” –en otras palabras, que consideraba a la respuesta de Kautsky como una exposición brillante de la teoría de la revolución permanente.


 


Curiosamente, en una reseña del mismo escrito de Kautsky publicada en el órgano bolchevique Proletarii, Lenin la describió como “una brillante vindicación de los principios fundamentales de la táctica bolchevique”, agregando: “El análisis de Kautsky nos satisface totalmente. Ha confirmado plenamente nuestra aseveración de que estamos defendiendo la posición de la socialdemocracia revolucionaria contra el oportunismo, y no creando ninguna tendencia bolchevique ‘especial’”.68 Lenin retomó esta idea en su libro El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa, 1905-07:


 


“Los bolcheviques, desde el comienzo de la revolución en la primavera y el verano de 1905, indicaron claramente la fuente de nuestras divergencias tácticas enfatizando el concepto de revolución campesina como una de las variantes de la revolución burguesa, y definiendo la victoria de la revolución campesina como una ‘dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado’. Desde entonces el bolchevismo ha ganado su más grande victoria ideológica en la socialdemocracia internacional con la publicación del artículo de Kautsky sobre las fuerzas motrices de la revolución rusa.”69


 


A primera vista el hecho de que tanto Trotsky como Lenin hayan suscripto el análisis de Kautsky puede parecer paradójico. Ambos líderes rusos podían ver en la respuesta de Kautsky a Plejanov una confirmación de su propio análisis porque el teórico alemán, que no sabía ruso y no podía interiorizarse sobre la vida política del país de primera mano, no quería dar una respuesta definitiva a la cuestión estratégica que separaba a Lenin de Trotsky, a saber: si sería el campesinado o el proletariado la clase que lideraría el gobierno revolucionario. Kautsky sólo quería dejar en claro que, dada la correlación de fuerzas en la sociedad rusa, la posibilidad de un bloque de los obreros con la burguesía liberal representada por los Cadetes quedaba, en su opinión, excluida. La reforma agraria era el eje de la revolución democrática, y la burguesía estaba demasiado ligada a los terratenientes y al capital extranjero, y tenía demasiado temor a los obreros, como para apoyar una confiscación de los latifundios sin compensación. La pequeña burguesía urbana, a su vez, era demasiado débil como para jugar el rol central que había desempeñado en la Comuna de París durante la revolución francesa. Los obreros socialdemocráticos se verían por lo tanto obligados a tomar el poder junto con los campesinos a fin de llevar a cabo la revolución democrática, y de allí en más toda una serie de escenarios era posible, de acuerdo a la profundidad de la guerra campesina, la extensión de la revolución más allá de la fronteras de Rusia, etcétera.


 


En general el análisis de Kautsky tendía a apoyar más la fórmula de Trotsky “dictadura del proletariado apoyándose en el campesinado” que la fórmula de Lenin “dictadura democrática del proletariado y el campesinado” –por ejemplo en sus artículos antes mencionados:“¿Hasta qué punto está obsoleto el Manifiesto Comunista?” (julio de 1904),“Las consecuencias de la victoria japonesa y la socialdemocracia” (julio de 1905) y “Revoluciones viejas y nuevas” (diciembre de 1905). Pero cuando se vio confrontado con la revolución socialista en 1917-1918, Kautsky abandonaría su antiguo análisis revolucionario, como veremos más adelante.


 


Los escritos tempranos de Kautsky sobre el socialismo norteamericano


 


Volviendo al artículo El obrero norteamericano, algunos lectores pueden preguntarse cuáles eran las calificaciones de Kautsky para escribir sobre este tema, ya que nunca había vivido en los Estados Unidos. En su defensa puede decirse que no sólo era el principal líder teórico de una organización obrera mundial (la Segunda Internacional), sino que sabía inglés perfectamente, ya que había vivido en Londres entre 1885 y 1890, además de manejar otros cuatro idiomas modernos y dos lenguas muertas. Kaustky claramente seguía la vida política americana con atención.


 


Además, su interés en el movimiento obrero de ese país no era ocasional ni producto de una mera curiosidad. El Sachregister de la bibliografía de los escritos de Kautsky compilada por Blumenberg lista 31 ítems sobre temas políticos y económicos norteamericanos, desde 1880 hasta 1934, de los cuales 19 tratan específicamente del movimiento obrero de ese país.70 Entre los últimos, además del artículo sobre Sombart, encontramos una nota de 1880 sobre las federaciones obreras norteamericanas, un artículo de 1886 sobre los Knights of Labor (Caballeros del Trabajo) y la lucha por la jornada de ocho horas, un artículo de 1887 sobre “Socialismo en Rusia y Norteamérica”, y cinco cartas a periódicos obreros norteamericanos.71 De este material reseñaremos sólo los artículos que aparecieron en Die Neue Zeit, que como órgano teórico tendía a publicar trabajos más largos que resumían las polémicas entabladas en los diarios como el Vorwärts.


 


En 1889 Kautsky publicó una reseña de la famosa novela utópica de Edward Bellamy Looking Backward, 2000-1887, que consideró carente de valor como obra de arte. El argumento era absurdo, los personajes era tontos, y el autor no parecía tener idea del movimiento obrero moderno. La república socialista del futuro estaba llena de amas de casa, predicadores y gente rica que ya no sentía ansiedad por perder su fortuna. Pero Kautsky considera que el libro era de todos modos significativo:


 


“El socialismo ha sido hasta ahora una planta exótica en Norteamérica; era considerado un producto alemán. De hecho el movimiento socialista, si no compuesto exclusivamente de alemanes, era un apéndice del socialismo alemán. La tarea de crear, sobre la base del socialismo científico internacional, un partido obrero realmente norteamericano, con su propia literatura, programa y táctica, recién está comenzando a ser emprendida ahora. Dada esta situación, el libro de Bellamy tiene una gran significación como síntoma. Muestra el poder del movimiento obrero norteamericano; el hecho de que fuerza a enfrentarse con los problemas sociales aun a círculos burgueses que no están ni teórica ni prácticamente bajo la influencia del socialismo europeo.”72


 


Dada la mentalidad de los obreros americanos, hostil a toda teoría, Kautsky concluyó que Looking Backward podía incluso ser útil como material de propaganda. El libro eventualmente dio a luz una red de los llamados “clubes nacionalistas”, durante varios años numéricamente considerables, que estaban compuestos mayormente de empleados públicos y académicos de clase media, y que demandaban la nacionalización de los medios de producción.


 


Kautsky volvió al tema de los obreros norteamericanos seis años más tarde, en una nota corta pero muy interesante en defensa de Friedrich Sorge, cuya historia del movimiento obrero norteamericano estaba siendo serializada en Die Neue Zeit. Sorge había criticado al Socialist Labor Party por su sectarismo. El SLP se había negado a tomar parte en la campaña electoral de Nueva York en 1886 (el candidato de los obreros era Henry George, pero Sorge sostenía que los marxistas debían tomar parte en su movimiento como una tendencia organizada, porque había despertado el entusiasmo de las masas y la elección podía por lo tanto ofrecer una oportunidad excelente para educar y reclutar cuadros obreros), había apoyado al Progressive Labor Party (el ala izquierda que se había escindido de la lista obrera en las elecciones de 1886) sólo unos días antes de las elecciones de 1887, y no había defendido a los mártires de la plaza de Haymarket en Chicago en 1886 porque eran anarquistas. Sobre todo, Sorge rechazó como un callejón sin salida sectario el intento del SLP de crear sus propios “sindicatos rojos” minúsculos,con el pretencioso nombre de Socialist Trade and Labor Alliance of the United States and Canada. El diario, editado por Daniel De Leon, contestó esta crítica llamando a los escritos de Sorge “artículos humorísticos” y “arlequinadas”, y describiendo a su autor como “un habitante alemán de Hoboken, pacífico y respetuoso de la ley”.


 


Kautsky quedó visiblemente shockeado por la brutalidad del ataque a Sorge:


 


“Nuestros informes desde Norteamérica, enviados por el compañero F.A. Sorge, son generalmente reconocidos, aun en círculos enemigos, como contribuciones extraordinariamente valiosas e instructivas para comprender el movimiento obrero americano. Sin embargo, el órgano de nuestro partido hermano en Norteamérica, The People, editado en Nueva York, no comparte esa opinión (…) En Europa es, por decirlo de alguna manera, bastante inusual que un órgano partidario emplee semejante lenguaje contra un camarada, que no es un jovencito recién llegado, sino un veterano que tomó parte en las grandes batallas de 1848 y 1849, y que desde su emigración a Norteamérica ha sido un trabajador incansable por la causa proletaria, un amigo personal de Marx y Engels, y el alma de la [Primera] Internacional en América.”


 


Kautsky atribuyó el estilo brutal del SLP a un sectarismo nacido de las condiciones americanas, particularmente hostiles:


 


“Hasta ahora la socialdemocracia nunca ha tenido que hacer frente a tantos obstáculos como en Norteamérica. La desunión y las luchas mezquinas entre las diferentes organizaciones socialistas son aun mayores que en Inglaterra. Mientras que en esta última los obstáculos han sido parcialmente contrarrestados por grandes avances en la conciencia socialista del proletariado, la efervescencia mental que últimamente se observa en los Estados Unidos no ha redundando hasta ahora en beneficio del movimiento socialista. Por el contrario, algunas organizaciones socialistas incluso han declinado. Si la culpa la tienen los obreros americanos o los socialistas, si los primeros son demasiado limitados y egoístas o los últimos no comprenden suficientemente a los obreros, o finalmente si ambos son responsables por esta situación, es difícil de determinar desde aquí. Pero es claro que semejante situación requiere ser criticada, y que debe también conducir a reacciones particularmente irritables.”


 


Kautsky le pidió a los seguidores de Daniel De Leon parar el torrente de invectivas (“llamémoslas americanismos”) y concluyó:


 


“Los informes de Sorge no pueden ser vindicados más efectivamente que por el artículo de The People. Tenemos la satisfacción de anunciar el lanzamiento, en los próximos números de Die Neue Zeit, de una larga serie de artículos escritos por nuestro compañero, que están a nuestra disposición desde hace tiempo pero cuya publicación se vio demorada debido a falta de espacio.”73


 


En este punto Kautsky estaba por completo de acuerdo con Engels, quien recomendó la publicación del trabajo de Sorge como un libro a la casa editorial del SPD, aunque este proyecto finalmente no fue ejecutado. En una carta desde Londres fechada el 12 de mayo de 1894, Engels escribió a Sorge:


 


“La Social Democratic Federation comparte con tus socialistas alemano-americanos [el SLP] la cualidad de ser los únicos partidos que han conseguido reducir la teoría marxista del desarrollo en una ortodoxia rígida, a la que los obreros no deben acceder a través de sus sentimientos de clase, sino que deben tragar de golpe como un artículo de fe, sin ningún desarrollo. Es por eso que ambas siguen siendo meras sectas y van, como diría Hegel, de la nada, a través de la nada, hacia la nada.”74


 


El libro de Sorge fue finalmente publicado en inglés en 1977-87 en dos tomos, es primero de ellos con una introducción del historiador estalinista Philip Foner.75


 


Kautsky y los corresponsales norteamericanos de “Die Neue Zeit”


 


Kautsky recibía informes regulares sobre las condiciones norteamericanas de los corresponsales de Die Neue Zeit que vivían en los Estados Unidos o los visitaban. Los visitantes incluyeron a la hija de Marx, Eleanor Marx Aveling y su compañero Edward Aveling, cuyo libro sobre la situación de la clase obrera en los Estados Unidos apareció originariamente como una serie de artículos en Die Neue Zeit.


76 El publicista austro-inglés e historiador del socialismo Max Beer también pasó varios años en Nueva York y escribió muchos artículos sobre temas norteamericanos.77 Pero la mayor parte de los informes provenían de líderes socialistas norteamericanos como Sorge, Algie Simons, Louis Boudin 78,Algernon Lee, Morris Hillquit 79,William English Walling y, finalmente, Hermann Schlüter, el historiador del movimiento obrero y editor del órgano de la federación alemana del Socialist Party of America, el New Yorker Volkszeitung (Schlüter fue también autor de libros importantes sobre la historia del movimiento obrero en los Estados Unidos y el Inglaterra).80


 


En el primer apéndice a El obrero norteamericano, Kautsky alabó al órgano teórico del ala izquierda del partido socialista liderado por Eugene Debbs, el International Socialist Review, en ese entonces editado por Algie Martin Simons, quien también tradujo al inglés, junto con su mujer May Wood Simmons, dos de los mejores libros de Kautsky: The Social Revolution (1902) y The Road to Power (1909).81 En la sección quinta de El obrero norteamericano (“El capitalismo en los Estados Unidos”) hay una referencia explícita al panfleto de Simons Class Struggles in America, publicada por primera vez en 1903, como “el excelente trabajo del compañero Simons, de reciente aparición, que ofrece una sinopsis del desarrollo socioeconómico de los Estados Unidos desde sus comienzos”. El librito de Simons, publicado por la editorial de Charles H.Kerr, identificada con el ala izquierda del partido socialista norteamericano, creció de 32 páginas en la primera edición de 1903 a 64 en la segunda edición de 1906 (citada por Kautsky) y a 120 páginas en la tercera edición de 1907. Una versión alemana fue publicada en 1909 como un suplemento de Die Neue Zeit.82 Cuando una versión inglesa de 325 páginas,corregida y aumentada, fue publicada por MacMillan dos años más tarde bajo el título un tanto equívoco de Social Forces in American History 83,Kautsky la alabó con estas palabras:


 


“No es necesario ofrecer una descripción de los contenidos de este libro a los lectores de Die Neue Zeit. Ya hemos publicado como un suplemento, en 1909, un trabajo del compañero Simons llamado Las luchas de clases en América, que contenía las ideas centrales de este libro. Simons ahora aumentó y corrigió aquella corta exposición, haciéndola más clara y persuasiva. Es de esperar que aparezca en alemán. Es valiosa como una ilustración de lo fructífero de la concepción materialista de la historia, y servirá de elemento constitutivo para la construcción de la historia materialista universal, que está siendo gradualmente completada. En su forma presente, el libro presupone que el lector ya conoce los eventos más importantes de la historia americana. Pero no será difícil para los lectores alemanes agregar por sí mismos la información necesaria. Van a recibir a cambio una clara visión panorámica de la historia de los Estados Unidos.”84


 


Los elogios de Kautsky al libro de Simons no deberían ser vistos como una aprobación sin reservas de sus tesis, que para un lector contemporáneo están claramente distorsionadas por prejuicios populistas y racistas, especialmente en el análisis de la Guerra Civil y la Reconstrucción.


 


Cuando el libro de Simons The American Farmer apareció en 1902 85,Kautsky escribió una reseña laudatoria, en la que sin embargo advertía que el libro tendía a borrar la línea divisoria entre los obreros y la clase media rural.


 


Kausky sostenía que, aunque ambas clases debían luchar en contra de sus explotadores comunes, debían organizarse por separado, porque el partido socialista no podía alentar los prejuicios de una clase históricamente condenada a desaparecer.86 Es importante recordar en este contexto que el libro de Kautsky La cuestión agraria,87 que había aparecido tres años antes, había nacido, como el libro contra Bernstein, de una polémica contra los revisionistas pequeño burgueses dentro del SPD. En el congreso de Frankfurt de 1894 y en el congreso siguiente, reunido en Breslau en 1895, los marxistas dentro del SPD polemizaron duramente con los líderes del “revisionismo agrario”, Eduard David y Georg von Vollmar. La tendencia que estos últimos representaban tenía su base en el sudoeste de Alemania, una región en la que la clase de pequeños campesinos era particularmente numerosa, y demandaba medidas proteccionistas para retardar su extinción, aun a expensas de las condiciones de vida de los obreros. Kautsky detectaba síntomas similares en el trabajo de Simons. Recordemos que la década anterior el movimiento populista (People’s Party) había tenido mucha fuerza en el oeste y el sur de los Estados Unidos.88


 


Simons no entendió o no prestó atención al consejo de Kautsky. En la edición de diciembre de 1905 del International Socialist Review Simons reimprimió el ensayo de Frederick Jackson Turner sobre la significación de la frontera en la historia norteamericana con una introducción que describía a este ensayo racista, que celebra la limpieza étnica de los pueblos originarios en Norteamérica, como “sin duda la mayor contribución hecha hasta el presente a la aplicación de la concepción materialista de la historia a la condiciones americanas”.89 Siete años más tarde lo encontramos arguyendo, en un artículo titulado “Ningúnpopulismo en el partido socialista norteamericano”, que el programa agrario adoptado a iniciativa suya por la convención del partido reunida en Indianápolis en mayo de 1912 no hacía ninguna concesión de principios a los pequeños capitalistas agrícolas.90 Como resultado de estas contradicciones irresueltas, Simons comenzó a girar a la derecha después de 1905, y después del estallido de la Primera Guerra Mundial degeneró completamente, convirtiéndose en un organizador de la Wisconsin Loyalty Legion, director del departamento de personal de una corporación industrial, profesor de administración de empresas en la Universidad de Wisconsin, apoyando a Hoover en 1928, y finalmente haciendo campaña para la American Medical Association en contra de la adopción de un seguro médico público.91


 


La revolución rusa de 1905 y los Industrial Workers of the World


 


Retrospectivamente, la parte más insostenible de El obrero norteamericano parecería ser su conclusión: “Debemos esperar un florecimiento del socialismo en América, no sólo en la generaciones venideras, sino considerablemente antes”, de manera tal que “América quizá nos dará, aun antes que Europa, el ejemplo de un proletariado conquistando el poder económico y político, y estableciendo una sociedad socialista”.92 A fin de entender la razón de este optimismo aparentemente exagerado, es necesario analizar el impacto de la revolución rusa de 1905 sobre el movimiento obrero norteamericano, especialmente sobre su organización más revolucionaria: los Industrial Workers of the World (popularmente conocidos como “Wobblies”).


 


“Cuando la convención fundadora de los IWW se reunió en Chicago en junio de 1905”,escribió James Cannon, el líder histórico del trotskismo norteamericano y un antiguo “Wobbly”,“la huelga general con la que se inició la primera revolución rusa ya había comenzado, y sus reverberaciones se podían sentir en la sala de convenciones. Los dos eventos coincidieron para dar al mundo una anticipación del futuro. Los líderes en Chicago saludaron la revolución rusa como un triunfo para su propia causa. Las dos acciones simultáneas, que surgieron independientemente en los dos confines del mundo, marcaban el comienzo de un siglo revolucionario.”93


Las actas de la convención fundacional de la IWW 94 muestran claramente la influencia de la primera revolution rusa en los eventos norteamericanos. Para citar las palabras de uno de los líderes más destacados, la famosa anarco-comunista afro-americana Lucy E. Parsons:


 


“Ustedes, compañeros y compañeras, deberían estar imbuidos del espíritu que muestran las masas en la lejana Rusia y la lejana Siberia, donde creíamos que habían sido completamente deshumanizadas. Sigamos su ejemplo. Vemos a la clase capitalista fortalecerse detrás de sus Citizen’s Associations y Employer’s Associations a fin de aplastar al movimiento obrero americano. Observemos la lejana Rusia y derivemos inspiración y coraje de quienes luchan allá, y de las noticias que inspiran terror en la clase capitalista del mundo entero -la bandera roja, el emblema que ha aterrorizado a los tiranos a lo largo de la historia, ha sido izada en Rusia (aplausos).”95


El delegado Charles Kiehn, representando al sindicato Longshoremen’s Union of Hoboken, N.J., presentó la siguiente resolución “sobre la lucha del pueblo ruso”:


 


“Considerando, que en este momento se está llevando a cabo en la lejana Rusia una enorme lucha de la clase obrera, contra vejaciones, opresiones y crueldades intolerables y por condiciones más humanas para la clase obrera de ese país; y “Considerando, que el resultado de esa lucha es de la mayor importancia para los miembros de la clase obrera de todos los países en su lucha emancipatoria; y “Considerando, que esta convención se reunió con el propósito de organizar a la clase obrera americana en una organización que le permita sacudirse el yugo de la opresión capitalista; “Resolvemos que nosotros, los sindicalistas industriales de América reunidos en asamblea, alentamos a nuestros hermanos obreros de Rusia en su lucha, y expresamos nuestra sincera simpatía para con las víctimas de las vejaciones, opresiones y crueldades, ofrecemos nuestro apoyo moral y prometemos ayuda financiera en la medida de nuestras posibilidades a nuestros camaradas perseguidos, que luchan y sufren en la lejana Rusia.”96


 


La moción fue adoptada por el Comité de resoluciones. Los sucesos revolucionarios en Rusia enriquecieron el debate de la convención en puntos centrales como el carácter político de la lucha obrera, que los anarquistas negaban en su rechazo a la táctica parlamentaria de la mayoría socialista. El delegado Goodwin declaró:


 


“¿Creen ustedes, delegados aquí reunidos, que esta unión económica de la clase obrera va a permanecer puramente en el plano económico? Los eventos del Mar Negro han probado que la lucha en Rusia es finalmente política. No hay urnas en Rusia, y los rusos no las necesitan, porque bajo sus condiciones deben luchar sin elecciones. La declaración de la convención dice: ‘Su propósito final es la abolición de la esclavitud asalariada y la completa libertad de la clase obrera en posesión de los medios de producción y distribución’. Si éste es realmente el propósito de esta organización, niega de hecho el párrafo anterior, que sostiene que éste no es un movimiento político. El acto mismo de organizar a la clase obrera en este sindicato, de apoderarse de los medios de producción y distribución, es político, y yo sostengo que la mera existencia de un sindicato que se propone arrancar esas cosas de manos de la clase capitalista y dárselas a la clase obrera es en sí misma un hecho político.”97


 


Aun más importante que la cuestión de la táctica electoral era la cuestión de la insurrección armada como el inevitable estadio culminante de la revolución social. Mientras que muchos movimientos de protesta posteriores en los Estados Unidos, nacidos de la lucha contra la política exterior imperialista del país, tendrían una estrategia pacifista (una de las principales conquistas del movimiento contra la guerra de Vietnam, por ejemplo, fue la abolición de la conscripción), algunos de los delegados a la convención fundadora de los IWW comprendían que el triunfo de su causa requería la organización de una insurrección armada, y que ésta, a su vez, requería el entrenamiento militar y el armamento de las masas obreras. La propuesta de resolución sobre el militarismo decía:


 


“Considerando, que el capitalismo contemporáneo está incrementando la violencia organizada para perpetuar el espíritu de despotismo; y Considerando, que el resultado de este espíritu será una degradación y opresión aun mayores de la clase obrera; Resolvemos, que condenamos el militarismo en todas sus formas y funciones, que amenazan nuestros derechos y privilegios constitucionales en la lucha entre el capital y el trabajo; y además Resolvemos, que cualquier persona que se sume a la milicia o acepte un cargo de los sheriffs o la policía, o como miembros de agencias de detectives o matones de los empleados en tiempos de luchas industriales, será excluida para siempre de las filas de esta organización.”


 


El delegado Murtaugh criticó la propuesta de resolución en estas palabras:


 


“Creo que el pasaje de la resolución por esta convención sería un error, porque estaríamos negándonos la oportunidad de usar precisamente el arma que quizá nos veremos obligados a usar para emancipar a la clase obrera. La esperanza de Rusia hoy, su única esperanza, es que el ejército ruso se impregne de espíritu revolucionario. La revolución francesa tuvo éxito porque ese espíritu llegó al ejército. La razón de los atropellos en Colorado es que no tuvimos personas imbuidas con ese espíritu en la milicia de Colorado. Si dejamos que el gobierno organice gente en contra nuestra, los proveerá de armas superiores, y nos encontraremos absolutamente indefensos. Si tenemos suficiente inteligencia como para ir a la milicia organizadamente, ya verán cómo se oponen a nuestra política. No deberíamos, por lo tanto, agregar nuestra propia oposición. Quisiera que cada obrero en los Estados Unidos, cada obrero organizado al menos, fuera también un miembro de una compañía de milicia y estuviera armado con las mejores armas disponibles.”98


 


Es interesante el hecho de que los delegados a la convención fundadora de los IWW identificaban a los soviets rusos (consejos de delegados obreros) con el sindicato industrial revolucionario que ellos estaban intentando establecer en los Estados Unidos. William E. Trautmann, un líder de la United Brewery Worker’s Union y secretario de la convención, sostuvo que “los obreros de Rusia han estado organizándose durante los diez últimos años de la misma manera en que los obreros americanos se organizarán de ahora en más; es decir, según los modelos del sindicalismo industrial, siguiendo las líneas de organización económica de la clase obrera, con el poder y la determinación de declarar una huelga cuando lo consideren oportuno”, agregando un tanto fantasiosamente que los obreros rusos “organizaron en cada comunidad, en cada región, en cada país, sindicatos industriales como los Industrial Workers of the World están tratando de organizar en este país”.99


 


En el discurso de clausura de la reunión de ratificación, Bill Haywood, secretario general de la Western Federation of Miners, futuro líder del comunismo norteamericano inicial, y presidente de la convención fundadora de los IWW, hizo un llamado a los obreros americanos a “organizarse industrialmente como los obreros de Rusia están organizados (aplauso) –en una organización que incluye cada hombre, mujer y niño que trabaja en una industria”, y expresó su deseo de ver al nuevo movimiento “crecer en todo el país hasta incluir a la gran mayoría de los trabajadores, y que esos trabajadores se levanten en revuelta contra el sistema capitalista como la clase obrera rusa lo está haciendo hoy (gran aplauso)”.100


 


El imperialismo y la aristocracia obrera


 


El principal defecto de El obrero norteamericano, aparte de su casi ausencia de análisis de la cuestión negra, que constituían más del diez por ciento de la población norteamericana en 1910 (casi 10 millones en un total de 92 millones de habitantes),101 es la escasa atención que Kautsky prestó a la cuestión del imperialismo y de su impacto sobre el movimiento obrero,especialmente su rol en el desarrollo de una aristocracia y una burocracia obreras en los países imperialistas. Eso se debió a que, aunque el término imperialismo comenzó a ser utilizado en círculos socialistas en 1900 para designar el último estadío de desarrollo capitalista,102 los teóricos marxistas europeos comenzaron a analizar detenidamente el tema sólo a partir del congreso de Stuttgart de la Segunda Internacional, que tuvo lugar en 1907, es decir un año después de la publicación del artículo de Kautsky.103 Como parte de esta controversia, Parvus publicó su libro La política colonial y el colapso del capitalismo 104 y Kautsky su estudio sobre el socialismo y el colonialismo.105 Tres años más tarde, el economista austro-marxista Rudolf Hilferding publicó su magnum opus, El capital financiero.106 Junto con el estudio del economista británico John A. Hobson Imperialism: A Study, publicado en 1902, el libro de Hilferding proveyó la base teórica para el famoso libro de Lenin El imperialismo, la etapa superior del capitalismo, cuyo objetivo inmediato era descubrir las causas económicas y de clase para el estallido de la Primera Guerra Mundial y el colapso de la Segunda Guerra Mundial.107


 


El análisis del rol de la aristocracia proletaria y la burocracia sindical como base social del reformismo dentro del movimiento obrero fue iniciado por dos teóricos ultraizquierdistas:el americano Daniel De Leon en su panfleto de 1903 Two Pages from Roman History,108 y el “tribunista” holandés Anton Pannekoek en su libro The Tactical Differences in the Labor Movement (1909).109 Pero las conclusiones que extrajeron de este análisis fueron nonsequiturs: sectarismo organizacional y creación de sindicatos paralelos revolucionarios (“dual unionism”) en el caso de De Leon; oposición a la participación de los comunistas en las elecciones parlamentarias y en los sindicatos, oposición del “comunismo de los consejos obreros” al partido, y una versión temprana del tercermundismo en el caso de Pannekoek.110


Kautsky analizó un aspecto de estos fenómenos (el ascenso de una burocracia sindical contrarrevolucionaria) en la última serie de artículos que escribió sobre los Estados Unidos:una polémica con el ala derecha del SPD sobre las estadísticas acerca del estándar de vida de los obreros norteamericanos y sobre el burócrata sindical Samuel Gompers, líder de la American Federation of Labor, en ocasión de su visita a Alemania hacia fines de 1910.A fin de entender el carácter áspero de la polémica y sus implicaciones, es necesario ver cómo la declinación política de la izquierda europea que se produjo después del fracaso de la revolución rusa de 1905 afectó la vida interna del SPD.


 


Bajo la influencia de la revolución de 1905, el congreso de Jena del SPD, reunido en septiembre de ese año, había adoptado una resolución planteando el uso de la huelga general política en la lucha por los derechos electorales y democráticos, aunque a pedido de Bebel la huelga general política fue descripta como una táctica defensiva contra el ataque previsto de la burguesía ante el avance del partido obrero. Sin embargo, el 16 de febrero de 1906 tuvo lugar una conferencia secreta entre el comité central del SPD [Parteivorstand] y la comisión general de los sindicatos “libres” (es decir, socialdemócratas), liderados por su secretario Carl Legien, en la cual el comité central del SPD se comprometió a “tratar de prevenir una huelga general en la medida de lo posible”. Si de todas maneras la huelga estallaba, el partido asumiría sólo la responsabilidad de su liderazgo: los sindicatos no participarían en ella oficialmente, y sólo se comprometieron a “no acuchillarla por la espalda”. Los costos financieros de la huelga general debían ser cubiertos por el partido; algo obviamente imposible. El acuerdo significaba una anulación en la práctica de la resolución del congreso de Jena, y fue ratificado poco después por la resolución del congreso de Mannheim, que tuvo lugar en septiembre de 1906. Esta resolución, nuevamente a sugerencia de Bebel, reconocía explícitamente que el comité central del partido no podía iniciar ninguna acción de masas sin la aprobación de los sindicatos, dándoles de facto el control de la política del SPD.El Lepiziger Volkszeitung, editado por Rosa Luxemburg y Franz Mehring, sacó de estos acontecimientos la amarga conclusión de que diez años de lucha contra el revisionismo habían sido en vano, “porque el revisionismo que matamos en el partido resurge con mayor fuerza en los sindicatos”.111


 


Los líderes sindicales fueron capaces de imponer su línea al SPD debido a dos causas principales: la gran cantidad de miembros de los sindicatos y sus todavía mayores recursos financieros en comparación con el partido. Los sindicatos “libres” socialdemócratas crecieron de 215.000 miembros en 1892,a más de un millón en 1904 y a dos millones y medio de miembros en 1913, dejando muy atrás tanto a los sindicatos liberales Hirsch-Duncker como a los sindicatos cristianos, los cuales tenían, respectivamente, 106.000 y 218.000 miembros en 1913. En 1906, cuando el SPD llevó a cabo su primer censo, se descubrió que el número de miembros registrados era 348.327 mientras que el de los sindicatos libres llegaba a 1.689.709. En 1913 la proporción era aun dos y medio a uno en favor de los sindicatos. Además, el ingreso del partido para el año fiscal 1906-07 fue 1.191.819 marcos, mientras que el de los sindicatos libres era 51.396.784 marcos, es decir cincuenta veces mayor.


 


La evolución del movimiento socialista norteamericano antes de la Primera Guerra Mundial fue muy similar a la del SPD y a la de la gran mayoría de los partidos que pertenecían a la Segunda Internacional. Creada como una federación de partidos obreros europeos (en los Estados Unidos, europeoamericanos) en 1889, las secciones nacionales de la Segunda Internacional pronto comenzaron a girar a la derecha como resultado del largo período de crecimiento económico gradual que duró desde la segunda mitad de los 1890 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Otra causa importante fue la transición de la mayoría de los países en los que la Segunda Internacional estaba basada al imperialismo. Aunque los burócratas sindicales nunca fueron parte del Socialist Party of America, debido al peso mucho menor del socialismo en los Estados Unidos, el crecimiento del cáncer reformista en el partido siguió un curso similar. Aun la cronología de la declinación del socialismo alemán y norteamericano es muy similar: la reacción contra el ala izquierda comenzó en los Estados Unidos después de los malos resultados de las elecciones presidenciales de 1908, muy similares a las así llamadas “elecciones de los Hotentotes” en Alemania en 1907, que también resultaron en un revés para el SPD y en un fortalecimiento del ala derecha del partido.112


 


La polémica de Kautsky con la burocracia sindical (Gompers)


 


Durante la polémica contra la burocracia sindical, hasta fines del año 1909, Kautsky siguió siendo el líder más reconocido del ala izquierda del SPD, cuyos puntos fuertes dentro del aparato partidario eran la organización de mujeres, el movimiento de la juventud y la escuela del partido. La segunda edición del libro de Kautsky La revolución social, publicada en 1907 y revisada para incluir las lecciones de la revolución rusa de 1905,fue celebrado como un triunfo para el bolchevismo por Lenin.113 En 1905 Kautsky escribió una introducción llena de entusiasmo al libro de Henriette Roland-Holst (una colaboradora cercana de Rosa Luxemburg) sobre la huelga general, que alarmó al cauteloso Bebel.114 Finalmente, en mayo de 1909 Kautsky publicó su libro El camino al poder, que Lenin llamó “el último y el mejor de los trabajos de Kautsky contra los oportunistas”.115 En este libro Kautsky defendió las ideas marxistas tradicionales de que el ministerialismo y la votación a favor de los presupuestos estatales burgueses en el parlamento significaban un suicidio moral y político, y analizó con mayor detenimiento las implicaciones revolucionarias del imperialismo. El comité central del SPD se opuso a la publicación del libro y pidió eliminar o corregir una serie de pasajes, temiendo que resultara en un juicio de alta traición contra el partido (Karl Liebknecht estaba entonces cumpliendo una sentencia de prisión por su libro Militarismo y antimilitarismo). Kautsky finalmente accedió a presentar las tesis del libro como una opinión personal y no como una exposición oficial de la política del partido, o que causó una gran indignación a su amiga Clara Zetkin, una futura líder del Spartakusbund.116


 


En El camino del poder Kautsky, usando estadísticas del United States Bureau of Labor, había mostrado que el poder de compra de los salarios en Norteamérica se había estancado durante más de una década, a pesar de todas las luchas sindicales de los obreros norteamericanos. Kautsky sostuvo que el alza en los salarios nominales había sido más que contrarrestada por el alza en los precios –debido entre otras cosas a la aparición de trusts (monopolios) y de asociaciones de empleadores– y por el incremento en la intensidad del trabajo, como lo demostraba especialmente el crecimiento del trabajo a destajo. Los sindicatos se verían por lo tanto forzados a entrar en la arena política y a colaborar estrechamente con el Partido Socialista si querían ser capaces de hacer frente a la presión de los empleadores y defender el estándar de vida de sus miembros. Este análisis condujo a una polémica furiosa con los órganos sindicales como el Grundstein y especialmente el Korrespondenzblatt der Generalkomission der Gewerkschaften Deutschlands, que lo acusó de ser “un oponente de la organización sindical” y de “menospreciar y subestimar” el trabajo sindical.117


 


La Comisión General de los Sindicatos Libres de Alemania (Generalkommission der Freien Gewerkschaften Deutschlands), es decir la federación de sindicatos socialdemócratas, había sido creada en noviembre 1890 por una Conferencia de Ejecutivos Sindicales reunida en Berlín. El presidente de la Comisión desde 1890 hasta su muerte en 1920 fue Carl Legien (1861- 1920),un miembro del ala derecha de la socialdemocracia alemana y un defensor acérrimo de la independencia de los sindicatos con respecto al partido socialista. Legien también ejercía una influencia decisiva sobre la política de la Comisión como editor de su periódico, el Korrespondenzblatt. Además ocupaba una serie de cargos importantes. En 1893 fue elegido al Reichstag, en 1902 fue nombrado secretario del Bureau Internacional de Sindicatos Socialistas, y en 1913 se transformó en presidente de la Federación Internacional de Sindicatos creada en Zürich.118 Durante la Primera Guerra Mundial Legien se transformó en un chauvinista declarado y después de la revolución alemana de 1918 en un promotor de la cooperación entre los empleadores y los sindicatos.119


 


Kautsky respondió a las críticas de la Comisión General arguyendo que las luchas sindicales podían elevar los salarios en un momento dado, pero no determinar su evolución a largo plazo, que dependía de causas económicas más profundas. Dada una tendencia al alza de salarios, los sindicatos podían aumentarlos más rápidamente; dada una tendencia a la baja, podían retardar su disminución. Pero no podían controlar esas tendencias, como los reformistas sostenían. Los sindicatos era capaces de “mantener los salarios a un nivel relativamente más alto que el que alcanzarían en otras circunstancias, pero no pueden garantizar su alza absoluta ininterrumpida”.120 Si los sindicatos querían ser capaces de hacer frente al poder concentrado de los capitalistas y de su Estado, estaban forzados a politizarse y a emplear su arma más poderosa: la huelga general política.


 


“Los sindicatos ingleses entendieron perfectamente bien que no podían seguir avanzando con métodos puramente sindicales, y se constituyeron en un partido político, que ya les ha dado una influencia considerable. La fuerza del proletariado austríaco también descansa en la colaboración estrecha entre el partido y los sindicatos. Nunca se les ocurrió separar rigurosamente ambos campos. Cada lucha política de la socialdemocracia es a la vez una lucha por los sindicatos, y cada lucha sindical también concierne al partido. En Alemania, las esferas de influencia de ambas organizaciones están aún fuertemente separadas, debido a causas históricas que no favorecieron la lucha de clases proletaria. Pero las grandes batallas que nos esperan unirán estrechamente al partido con los sindicatos en una poderosa falange, en la que cada parte no trabará a la otra, sino por el contrario, cada una alentará y fortalecerá a la otra para la lucha. Fomentar este proceso, enfatizando los grandes objetivos que sólo pueden ser alcanzados mediante una lucha en común del partido y los sindicatos, y acentuando la impotencia creciente a la que el aislamiento condena a ambas partes –esa fue una de mis tareas principales cuando me propuse escribir El camino del poder. En ese momento no me di totalmente cuenta de que, al hacer esto, estaba generando antagonismo entre los rutinarios cuyo entusiasmo ha sido debilitado por los esquemas tradicionales. Pero aun entre ellos esperaba más comprensión de la que encontré en mis críticos del Korrespondenzblatt. Se han alineados con Rexhäufer y Gompers.”121


 


La disputa sobre las estadísticas americanas fue sólo el primer round en la polémica entre Kautsky y los órganos sindicales del SPD.Cuando Samuel Gompers, el líder de la American Federation of Labor, visitó Alemania en julio de 1909, fue alabado por Legien, como “un verdadero revolucionario que quiere unir a las masas proletarias”. Kautsky le recordó a Legien que “Gompers es no sólo un oponente de la forma especial que el movimiento socialista ha asumido en América, sino un enemigo de la lucha de clases proletaria en general”.122 


Después de citar una de las típicas filípicas a lo Panglos de Gompers sobre la confianza que debería reinar entre los capitalistas, su gobierno y sus esclavos asalariados, Kautsky agregó:


 


“No puede decirse que esta confianza ciega es producto del hecho de que en América el gobierno y los capitalistas son especialmente amistosos hacia los trabajadores. Es poco probable que haya una clase capitalista más vulgar e inescrupulosa que la norteamericana, o un país en el que la clase capitalista tenga un control más absoluto de los instrumentos del poder, en el que las leyes sean más desvergonzadamente manipuladas (y, en caso de necesidad, violadas) en beneficio de los capitalistas y en detrimento de los trabajadores, que los Estados Unidos. Sin embargo, Gompers está lleno de confianza. Estas declamaciones sentimentales sobre la armonía no son meramente frases ocasionales dichas para ganar la aprobación de la burguesía, sino el contenido del su trabajo político. Gracias a él, Gompers ha sido nombrado primer vicepresidente de la [National] Civic Federation, una fundación capitalista de los últimos años, 123 que surgió debido al ascenso del socialismo americano, y que se ha abocado a la tarea de promover la colaboración entre obreros y burgueses. En realidad es una organización de lucha contra el socialismo y contra la lucha de clases proletaria, que conduce una propaganda enérgica gracias a los amplios medios financieros de los que dispone.124


 


Al ver la influencia mucho mayor del movimiento socialista en Europa, el burócrata sindical americano ocultó cuidadosamente esos hechos de sus audiencias europeas: Gompers juega su doble rol de presidente de la American Federation of Labor y vicepresidente de la Civic Federation sólo en América. En Europa aparece solamente en el papel de presidente de la federación sindical. Olvidó su rol de vicepresidente de la Reichsverband [la Liga contra la socialdemocracia alemana] mientras cruzaba el Atlántico. Mr. Gompers trabaja como comedor de socialistas sólo en escenarios donde su claque está asegurada. La prudencia es no menos importante que la valentía.”125


 


En realidad, Gompers había viajado a Europa para encontrar apoyo en el viejo continente, después de que el fracaso espectacular de sus políticas había hecho peligrar su posición en los Estados Unidos:


 


“Gompers elogia su ‘política obrera’ como si a ella se debiera el hecho de que el estándar de vida en América es más alto que en Europa. Esa es una patraña ridícula. El estándar de vida más alto de los obreros norteamericanos no ha sido ganado durante las últimas décadas sino heredado de sus antepasados. Fue, sobre todo, un producto de la disponibilidad de tierras para los colonos, de las cuales todo el que quisiera ser independiente recibía lo que necesitaba. Esa disponibilidad de tierras ‘libres’ es la razón principal de que el estándar de vida norteamericano en general, y el de los obreros asalariados en particular, sea mucho más alto que en Europa


Pero esta superioridad, de la que el señor Gompers está tan orgulloso, está desapareciendo rápidamente.


 


Un claro testimonio de ello es la completa interrupción de la emigración alemana a Norteamérica. Unas pocas décadas atrás, un obrero alemán aun mejoraba considerablemente su situación emigrando a los Estados Unidos. Por esta razón muchos fueron allá a probar su suerte. Hoy la superioridad del estándar de vida norteamericano es tan mínima, que la emigración no vale más la pena.


 


El nivel de vida del obrero alemán en general ha aumentado durante las últimas décadas, mientras que el del obrero americano ha declinado. De acuerdo a las estadísticas antes mencionadas, el poder de compra de los salarios americanos en 1896 estuvo 4,2% por encima del promedio para la década 1890-99. En 1905 estaba sólo 1,5% por encima de ese promedio, y aun ese punto y medio debe haberse perdido como consecuencia de la crisis.


 


Precisamente durante la década en la cual el movimiento obrero americano estuvo dominado por Gompers, el ascenso de la clase obrera americana se estancó.


 


Sabemos muy bien que eso dependió de factores de los cuales Gompers no es responsable. El agotamiento de la reserva de tierras libres, el influjo masivo de obreros con estándares de vida más bajos, la aparición de empresas industriales a gran escala en el sur, y finalmente el fortalecimiento de las asociaciones de empresarios han sido los causantes de esta situación.


 


Pero de todas maneras, esto prueba que Gompers no tiene motivos para vanagloriarse de la superioridad de las condiciones de trabajo americanas sobre las europeas, y para presentarlas ente los obreros europeos como el fruto de su política de armonía y confianza.


El señor Gompers no ha creado las tendencias degradantes del capitalismo que son tan evidentes hoy en día en América, pero ha hecho todo lo posible para allanarles el camino, porque su política de colaboración de clases condenó al proletariado a una impotencia política completa.


 


El proletariado sólo puede conquistar el poder político uniéndose en una organización política de clase propia. Gompers y sus acólitos han ejercido toda su influencia para volver esa organización imposible. Los proletarios no deben construir un partido obrero especial, sino vender sus votos al mejor postor entre los candidatos burgueses. Sólo que no deben hacerlo en el sentido vulgar de vender sus votos por dinero, sino dárselos a aquellos candidatos burgueses que les hagan más promesas.


 


Una política más ridícula, corrupta y políticamente desmoralizante para el proletariado es difícil de imaginar. Gracias a ella no hay ningún país industrializado democrático en el que los obreros sean tratados con más desprecio por el gobierno, y especialmente por los tribunales, que los Estados Unidos.”126


 


En las elecciones presidenciales de 1908 Gompers había convencido a la AFL de que apoyara al candidato demócrata William Jennings Bryan, que fue derrotado por el candidato republicano William Howard Taft. Después de este fiasco Gompers había partido rumbo a Europa para buscar apoyo entre los burócratas sindicales del viejo continente. Kautsky concluyó su artículo con este consejo:


“Los compañeros deben recordar siempre, al tratar con Gompers, que cada palma que levantan para aplaudirlo será usada para dar una bofetada a los miembros de nuestro partido hermano en los Estados Unidos, cuyo enemigo más peligroso y venenoso es Samuel Gompers.”127


 


Dos meses y medio después de publicar este artículo sobre Gompers, Kautsky escribió una secuela llamada “Die Civic Federation,” donde defendió al principal órgano de la federación alemana del partido socialista norteamericano, el New Yorker Volkszeitung, que había sido acusado por el Korrespondenzblatt de incitar a una escisión en las filas de la AFL, o sea de apoyar a los Industrial Workers of the World, una acusación negada por los editores del periódico. Kautsky concluyó llamando a la Civic Federation “una banda de nuestros enemigos más sucios y encarnizados”, y preguntándose cómo Legien podía considerarse un amigo de Gompers.128 Este artículo dio lugar a otra ronda de polémicas sobre Gompers y la National Civic Federation en las páginas de la prensa socialdemócrata alemana.129


 


Las posiciones de Kautsky y de Lenin sobre los sindicatos


 


La crítica de Kautsky a Gompers fue una proyección de la lucha contra la burocracia sindical alemana llevada a cabo por el ala revolucionaria de la socialdemocracia, que demandaba la subordinación de los sindicatos al partido.130 Las críticas de Lenin a los líderes sindicales alemanes seguían la línea de Kautsky. El 31 de enero de 1911,es decir después de la ruptura de Kautsky con Rosa Luxemburg, Lenin le envió una carta pidiéndole que escribiera un artículo para la revista marxista rusa Mysl, en contra de la neutralidad de los sindicatos hacia el partido.131


 


La posición de Lenin sobre Gompers y la American Federation of Labor puede hallarse en su artículo “En America”, escrito en diciembre de 1912, que es un comentario sobre la trigésimo segunda convención anual de la AFL. Lenin describió a la AFL como “una reliquia viva del pasado: de las viejas tradiciones liberales y burguesas de los sindicatos de obreros calificados (craft unions) que son tan fuertes entre la aristocracia obrera norteamericana”. Lenin describió con optimismo los 5.074 votos recibidos el año anterior por el candidato socialista a la presidencia de la AFL, Max Hayes, que fueron casi la mitad de los 11.974 votos recibidos por Gompers. Obviamente, Lenin apoyaba la política de “taladrar desde adentro” (“boring from within”) la AFL más que la política de formar sindicatos revolucionarios separados como los Industrial Workers of the World. La línea de Lenin se convirtió más tarde en la política sindical oficial del partido comunista norteamericano, que patrocinaba a la Trade Union Educational League dirigida por William Z. Foster.132


 


Lenin indicó que “Gompers no sólo acepta totalmente el mito burgués de la ‘armonía entre el trabajo y el capital,’ sino que lleva adelante una política abiertamente burguesa en la Federación contra los socialistas, aunque declare apoyar la completa ‘neutralidad’ política de los sindicatos”. Lenin remarcó que “ese estado de cosas en el movimiento obrero norteamericano nos muestra, como en Gran Bretaña, la división claramente visible entre la política sindical y la política socialista, la escisión entre la política obrera burguesa y la política obrera socialista”. Lenin atribuyó la fuerza de la política burguesa en las filas del movimiento obrero a las condiciones excepcionalmente favorables para el desarrollo del capitalismo en los Estados Unidos. “Estas condiciones han tendido a producir dentro de la clase obrera una aristocracia que ha seguido a la burguesía, traicionando a su propia clase”.133


 


La actitud de Kautsky ante la táctica del partido obrero (Labour Party)


 


En el congreso del Bureau Socialista Internacional que tuvo lugar en octubre de 1908,Lenin criticó la resolución de Kautsky apoyando la afiliación del British Labour Party a la Segunda Internacional. Lenin estaba de acuerdo con su admisión, pero dado que el Labour Party no era una organización socialista con una política independiente de la burguesía, Lenin propuso enmendar la resolución de Kautsky, describiendo al partido como “el primer paso de parte de las organizaciones realmente proletarias de Gran Bretaña hacia una política con conciencia de clase y hacia un partido obrero socialista”. La rectificación de los errores sectarios de la Social Democratic Federation (el partido socialista previamente existente en el país) no podía ser hecha dando “ni el más mínimo aliento a otros errores, indudables y no menos importantes de los oportunistas británicos que lideran el así llamado Independent Labour Party”.134 Aunque en ese entonces Lenin describió al incidente como “sólo una ligera torpeza en la resolución de Kautsky”,es retrospectivamente significativo debido a la involución política posterior de Kautsky, y también porque su último escrito significativo sobre el movimiento obrero americano fue un artículo polémico, escrito 1909 contra Karl Radek, acerca de las perspectivas para la formación de un partido obrero (Labour Party) en Gran Bretaña y los Estados Unidos, y de la actitud que los marxistas deberían adoptar hacia él. Como en muchos de los trabajos de Kautsky, este análisis histórico brillante culmina en una serie de conclusiones políticas equívocas, que conducían en la práctica a una adaptación a la burocracia reformista de los sindicatos y del partido.


 


Kautsky distinguió entre dos modelos de desarrollo histórico: el modelo continental europeo, cuyo mejor ejemplo era la socialdemocracia alemana, y el modelo anglosajón, que podía ser estudiado más claramente en Gran Bretaña, pero también en Norteamérica y Australia. La gran diferencia entre el mundo anglosajón y el continente europeo consistía en el hecho de que el desarrollo político del último tuvo lugar bajo la bandera de la revolución francesa de 1789, mientras que la revolución burguesa en Inglaterra fue completada en 1688, es decir, con más de un siglo de antelación. La revolución burguesa anglosajona tuvo lugar, por lo tanto, bajo condiciones menos desarrolladas, y no podía producir la enorme transformación en la vida espiritual y política que produjo la revolución francesa. Los subsecuentes avances políticos de las clases revolucionarias en Inglaterra y sus colonias norteamericanas desde 1688 asumieron normalmente la forma de luchas aisladas por objetivos particulares, que no envolvían al conjunto de la sociedad, y constituyeron, por ende, un campo mucho menos fértil para el desarrollo de ideas revolucionarias. Por el contrario, las clases revolucionarias en el continente europeo, cuyas ideas fueron influenciadas por la revolución francesa, eran mucho más propensas a considerar a la sociedad como un todo y a fijarse objetivos que implicaban transformaciones sociales globales. En consecuencia, estaban más predispuestas que sus contrapartes inglesas a considerar la conquista del poder político como un medio indispensable para la realización de la revolución social.


 


En el continente europeo, Kautsky arguyó, la organización política del proletariado –un partido de masas con un programa marxista– se había desarrollado antes de su organización sindical, mientras que en los países anglosajones (en Inglaterra después de la declinación del cartismo) todo el interés de la clase obrera se centraba en el movimiento sindical, y un partido político independiente parecía superfluo, dado que no había obstáculos legales a su actividad política individual. En estas condiciones, sólo era posible formar un partido obrero independiente de masas uniendo a los sindicatos en una organización política común, como un estadio de transición hacia la creación de un partido obrero revolucionario con un claro programa marxista. Kautsky esperaba que la American Federation of Labor fuera capaz de jugar ese rol en los Estados Unidos.135 Más tarde, a pesar de la amarga experiencia de los comunistas americanos con el fiasco del Federated Farmer-Labour Party de 1924,Trotsky y sus seguidores norteamericanos finalmente adoptaron la consigna de crear un partido obrero basado en los sindicatos (labour party) durante la Gran Depresión y el estallido de huelgas masivas que condujeron a la formación de una nueva federación de sindicatos industriales, el Congress of Industrial Organizations (CIO).136


 


Del marxismo revolucionario al centrismo 


 


En Balance y perspectivas (1906) Trotsky escribió:


 


“La función de los partidos socialistas fue y es revolucionar la conciencia de la clase obrera, así como el desarrollo del capitalismo revolucionó las relaciones sociales. Pero el trabajo de agitación y organización en las filas del proletariado tiene una inercia interna. Los partidos socialistas europeos, particularmente el mayor de ellos, la socialdemocracia alemana, se han vuelto conservadores a medida que las grandes masas han abrazado la causa socialista y se han organizado y disciplinado. Como consecuencia, la socialdemocracia, como organización que expresa la experiencia política del proletariado, puede en cierto momento transformarse en un obstáculo al conflicto abierto entre los obreros y la reacción burguesa. En otras palabras, el conservatismo propagandista de los partidos obreros socialistas puede en un cierto momento obstruir la lucha directa del proletariado por el poder político.”137


 


Desgraciadamente, esta profecía resultó ser correcta y, por así decirlo, encarnó en la persona del viejo Kautsky.


 


Kautsky había advertido sobre la creciente burocratización del partido ya en septiembre de 1906,en el congreso de Mannheim del SPD.138 En una carta dirigida a Hugo Haase el 14 de febrero de 1909,en el contexto de la oposición del comité central del SPD a la publicación de su libro El camino del poder, Kautsky escribió: “Lo que más me deprime de todo este asunto es la debilidad de August [Bebel],que seguramente se debe a su mal estado de salud. Me reprochó incluso mi reseña del libro de Cunow en el Vorwärts, que consideró ¡demasiado revolucionaria!139 La palabra revolución parece causarle un malestar físico. En su obituario de Natalie Liebknecht habla de los ‘años del movimiento’ y no de los ‘años revolucionarios.’ La situación es tal que, hoy por hoy, el partido socialdemócrata más poderoso del mundo tiene el comité central más servil del mundo. August ha perdido toda su fuerza, y durante los últimos años él era el único político con una visión amplia entre nosotros. Singer tiene buenos instintos y trabaja excelentemente con Bebel, pero sin él, y aún menos contra él, no está en condiciones de poner en movimiento la masa indolente”.140 Ambos líderes murieron poco después: Paul Singer en 1911 y Bebel en 1913.


 


En una carta dirigida a Victor Adler el 26 de septiembre de 1909, Kautsky confesó su pesimismo ante lo que llamó el Überwuchern des Bürokratismus que, comenzando en los sindicatos, se había extendido al partido, transformando a sus casi tres mil funcionarios pagos en meros administradores de un enorme aparato, y extinguía toda iniciativa audaz. Kautsky esperaba que una acción de masas inyectara, una vez más, el ímpetu necesario en el cuerpo inerte de la burocracia partidaria y sindical.141 Sin embargo, en los años siguientes la burocracia reformista incrementaría su dominio del Comité Central del partido, que pasó a ser controlado por Friedrich Ebert.


 


La declinación de Kautsky comenzó unos meses más tarde, cuando comenzó a acomodarse a las presiones reformistas de la burocracia y la aristocracia obreras. En 1909 había escrito, en el último capítulo de El camino del poder, titulado “Un nuevo período de revoluciones”:


“La tarea inmediata del proletariado en Alemania es luchar enérgicamente por la democracia, tanto en la federación como en los distintos Estados, especialmente Prusia y Sajonia. Desde el punto de vista internacional, su tarea más urgente es la lucha contra el imperialismo y el militarismo. No menos evidente que la tarea misma son los medios a nuestra disposición para llevarla a cabo. A los que empleamos hasta ahora, debemos agregar la huelga general, que hemos adoptado teóricamente desde el comienzo de los 1890, y cuya eficacia en circunstancias favorables ha sido probada varias veces.”142


 


Sin embargo, un año más tarde, Kautsky se negó a publicar en las páginas de Die Neue Zeit un artículo de Rosa Luxemburg llamando a utilizar la huelga general para obtener el sufragio universal en Prusia, levantando el slogan de la república como una demanda transicional a fin de transformar la cuestión de la reforma electoral en una vía de acción revolucionaria.143 Este choque resultó en la ruptura de las relaciones personales de Kautsky con Rosa Luxemburg y, un año más tarde, también con Franz Mehring (que fue removido del equipo editorial de Die Neue Zeit en 1912),así como en una serie de polémicas con Rosa, Karl Radek, Anton Pannekoek y Paul Lensch, que marcaron el comienzo de la separación entre el centro y el ala izquierda del SPD y de la Segunda Internacional.


 


En el curso de este debate,Kautsky asumió el rol de teórico de los centristas en el SPD y desarrolló su infame “estrategia del desgaste” (Ermattungsstrategie) en la lucha contra el capitalismo. Irónicamente, el antiguo lí- der de la polémica contra el revisionismo, que había comenzado con un artículo contra Bernstein escrito por el socialista inglés Belfort Bax, titulado “Nuestro converso alemán al fabianismo,” se encontró a sí mismo recomendando emular la estrategia de Fabius Cunctator.144 Cuando, en el curso de la polémica, Kautsky comenzó a referirse a los miembros del ala izquierda del SPD como “nuestros rusos,” Rosa Luxemburg le recordó que, unos años antes, él también había sido llamado “ruso” y un predicador del “romanticismo revolucionario”, y que su política actual no era “nada sino parlamentarismo”.145


 


En lo referente a la cuestión central de la política moderna, el imperialismo, Kautsky comenzó a sostener que el conflicto de intereses entre los poderes imperialistas no era una necesidad económica, y a defender la política ilusoria de luchar contra la carrera armamentista abogando por acuerdos internacionales que limitaran el armamento en el marco de la sociedad imperialista.146 Como dijo Radek, Kautsky se vio forzado a revisar su vieja teoría de que el militarismo era una producto inevitable del imperialismo, no porque el imperialismo hubiera cambiado su naturaleza, sino porque su estrategia fabiana de “agotar al enemigo” no podía ser sostenida por su análisis anterior.147


 


Cuando estalló la controversia entre el centro y el ala izquierda del SPD, la mayor parte de los líderes revolucionarios rusos no tomaron partido por Rosa Luxemburg. En julio de 1910 Trotsky le escribió a Kautsky que nadie en el partido ruso, “ni siquiera entre los bolcheviques”, se atrevía a apoyar a Rosa Luxemburg, y que él admiraba su “noble impaciencia” pero consideraba absurdo “elevarla a una principio estratégico para el partido”.148 El comentario más lúcido fue el de Parvus, quien indicó a Kautsky que “todo el asunto es una copia fiel de la discusión entre los bolcheviques y los mencheviques antes de la revolución rusa [de 1905]”.149 Pero Lenin tenía un número de divergencias teóricas con Rosa Luxemburg y su organización polaca, sobre temas tales como la cuestión nacional 150 y la organización del partido151, así como la crítica que ella había hecho de los esquemas de reproducción ampliada de Marx, en la que Rosa Luxemburg había basado su teoría del imperialismo.152


 


Por sobre todas las cosas, Lenin estaba mucho menos al tanto que Rosa Luxemburg del avanzado estado de burocratización del SPD. Sus primeros choques con el liderazgo centrista de la Segunda Internacional se produjeron en 1912, cuando Lenin se opuso a la iniciativa de unificación del partido ruso por parte del Bureau Socialista Internacional, después de la escisión definitiva entre bolcheviques y mencheviques.153 Una reunión tuvo finalmente lugar en Bruselas en julio de 1914, en la cual los bolcheviques rechazaron toda tentativa de unificación por considerar que no había una base programática común. Pero en lo relativo a la política alemana e internacional, Lenin siguió considerándose un discípulo fiel de Kautsky hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.


 


Cuando el SPD traicionó el principio más elemental del internacionalismo proletario, plasmado en el slogan que había sido siempre la base de su agitación (“a este sistema, ni un hombre ni un centavo”) votando por los créditos de guerra en el Reichstag el 4 de agosto de 1914,Lenin revirtió drásticamente su posición y reconoció la validez de la crítica de Rosa Luxemburg al centrismo de Kautsky. En la sección de su libro El Estado y la revolución que trata de la controversia entre Kautsky y Pannekoek sobre la huelga general política, Lenin escribió:


 


“Pannekoek se levantó contra Kautsky como uno de los representantes de aquella tendencia ‘radical de izquierda’ que contaba en sus filas a Rosa Luxemburgo, a Karl Radek y a otros, y que, defendiendo la táctica revolucionaria, abrigaban unánimemente la convicción de que Kautsky se pasaba a la posición del ‘centro’, el cual, vuelto de espaldas a los principios, vacilaba entre el marxismo y el oportunismo. Que esta apreciación era exacta vino a demostrarlo plenamente la guerra, cuando la corriente del ‘centro’ (erróneamente denominada marxista) o del ‘kautskismo’ se reveló en toda su repugnante miseria.”154


 


El bolchevismo y la contrarrevolución democrática


 


Siempre hubo un dualismo no resuelto en la concepciones de Kautsky entre su fe en las virtudes milagrosas de la democracia parlamentaria burguesa y su defensa del gobierno obrero –de allí que Trotsky lo llamara “medio renegado” en relación a sus propias ideas, ya que no a las de Marx.155 La expresión más clara de las contradicciones de Kautsky en esta cuestión es su libro El parlamentarismo, la legislación popular y la socialdemocracia, donde defendió la noción de que el parlamentarismo es una mera forma política que podía recibir cualquier contenido de clase 156, así como la todavía más sorprendente idea de que el parlamento podía transformarse en un instrumento de la dictadura del proletariado:


 


“Sólo un ciego político puede sostener hoy que el sistema representativo asegura la dominación de la burguesía aun bajo un régimen de sufragio general, y que a fin de derrocar esa dominación es necesario ante todo, eliminar al sistema representativo. Comienza a ser claro hoy en día que un régimen parlamentario real puede ser tanto un instrumento para la dictadura del proletariado como un instrumento para la dictadura de la burguesía.”157


 


No es de sorprenderse que el principal exponente de la “vía parlamentaria al socialismo” en Francia, Jean Jaurès, en su prefacio a la edición francesa del libro de Kautsky, haya visto en él “una defensa del parlamentarismo desde el punto de vista socialista” y que haya considerado como su parte más interesante “el capítulo en el cual Kautsky parece prever la necesidad de un parlamento, es decir de un régimen de transición, aun durante la revolución socialista”.158


 


Como otros aspectos del pensamiento de Kautsky, también sus posiciones sobre este tema se radicalizaron mucho durante la primera revolución rusa. En El camino del poder, Kautsky les recordó a sus oponentes que Marx y Engels habían “acunado la frase dictadura del proletariado, que Engels defendió en 1891, poco antes de su muerte 159160 Pero como Rosa Luxemburg notó aun antes de la Primera Guerra Mundial, Kautsky retornó a sus posiciones parlamentaristas cuando se trasformó en el ideólogo del ala centrista del SPD.


 


La Primera Guerra Mundial finalmente condujo al estallido de una nueva revolución en Rusia en febrero de 1917, cuyo curso no correspondió a los esquemas usuales del bolchevismo. Aunque la revolución fue realizada por los obreros y los campesinos, no condujo al establecimiento de una “dictadura democrática” sino a un régimen de doble poder en el cual un gobierno burgués se vio enfrentado a los consejos de diputados obreros y soldados (soviets) liderados por los social-revolucionarios y los mencheviques. Lenin rearmó el partido con sus tesis de abril, que abrían la perspectiva de tomar el poder y establecer la dictadura del proletariado en el futuro inmediato, como Trotsky, entonces un exiliado en los Estados Unidos, demandaba desde la lejana New York. Después de esta adopción de hecho de la teoría de la revolución permanente por Lenin y el partido bolchevique, Trotsky y los otros miembros de su organización interdistrito se sumaron al partido bolchevique y jugaron un papel de liderazgo en la revolución de octubre.


 


A principios de 1917, las frases “pacifistas” del presidente racista de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, fueron celebradas ruidosamente por Kautsky y los otros líderes centristas del SPD, como Hugo Haase y George Ledebour,161 que de hecho sentaron las bases del rol que jugaría la socialdemocracia europea después de la Primera Guerra Mundial como “agencia política del capitalismo norteamericano”.162 Después de la revolución bolchevique, Kautsky condenó la disolución de la asamblea constituyente en enero de 1918,se postró ante los fetiches del parlamentarismo burgués, y se sumó al campo de la contrarrevolución democrática montada por el imperialismo. Su colaborador más cercano en el partido socialdemócrata independiente (USPD: Unabhängige Sozialdemokratische Partei Deutschlands) fue Eduard Bernstein, que nunca había renunciado a sus concepciones revisionistas. Kautsky escribió tres libros en defensa de la contrarrevolución democrática, dos de los cuales fueron respondidos por Lenin y Trotsky. La revolución proletaria y el renegado Kautsky (1918) de Lenin fue una respuesta al libro de Kautsky La dictadura del proletariado (1918), y el libro de Trotsky Terrorismo y comunismo (1920) es una crítica de otro libro de Kautsky del mismo título. En 1921 Kautsky escribió un tercer tomo en contra de la revolución bolchevique, titulado De la democracia a la esclavitud estatal: Una polémica con Trotsky.163


 


En su panfleto de 1922, Las vías de la revolución bolchevique, Radek citó largos pasajes del ensayo de Kautsky Las fuerzas motoras y perspectivas de la revolución rusa (1907) mostrando que contradecía sus afirmaciones posteriores de que la revolución rusa debería haberse limitado a llevar adelante tareas puramente burguesas, agregando:


 


“Este señor quiere crear la impresión que ha sido un menchevique de nacimiento. Pero como estas citas lo prueban, no sólo estuvo del lado de los bolcheviques sobre la cuestión decisiva del rol de la burguesía en la revolución rusa, sino que donde se desviaba de ellos iba aún más allá y predecía el pasaje de la revolución rusa a una lucha directa por el socialismo. El respetado Kautsky puede argüir en su defensa que sus ideas presentes son un eco de las de Martov, y que en 1905-06 repetía las ideas de Rosa Luxemburg. Los argumentos de Kautsky en 1906 reflejaban los de la tendencia cuyos representantes durante la primera revolucion rusa eran Trotsky, Parvus y Rosa Luxemburg, una tendencia que, como dijimos, estaba fuera de ambas fracciones de la socialdemocracia rusa. Los representantes de esta tendencia indicaron que, aun si el campesinado representaba una gran fuerza revolucionaria que la clase obrera debe a toda costa intentar desarrollar y en la que debía apoyarse, no era capaz de llevar adelante una política independiente debido a su atomización social, a su dispersión, y a su bajo nivel de desarrollo. Mientras que Lenin y los bolcheviques hablaban acerca de una dictadura del proletariado y el campesinado, los marxistas antes mencionados levantaban la consigna de la dictadura del proletariado apoyándose en el campesinado”.164


 


En su panfleto de 1919 “La dictadura proletaria y el terrorismo”, escrito en respuesta a Kautsky,Radek describió en esta palabras la imagen que de él tenían los revolucionarios en aquel entonces:


 


“Mientras largas filas de popes con incensarios oscilantes marchan al frente de las tropas de Kolchak, buscando quebrar el coraje de los campesinos del ejército rojo con las imágenes de sus íconos, Karl Kautsky muestra al proletariado ruso y europeo un ícono de la milagrosa democracia en una mano y una imagen terrible del despotismo proletario en la otra.”165


 


Radek concluyó diciendo que Kautsky evidentemente nunca había asimilado las lecciones de la Comuna de París de 1871, que fue también una insurrección contra los resultados del sufragio universal en Francia, puesto que la Asamblea Nacional elegida después de la caída de Luis Napoleón incluía 400 representantes monárquicos y 200 republicanos. La contrarrevolución democrática sería luego repetidamente empleada por la burguesía para confundir a los líderes revolucionarios de la clase obrera, por ejemplo a los jóvenes cuadros de la Cuarta Internacional durante el período revolucionario que se abrió en Europa occidental inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.166


 


Pero el triste final de Kautsky no disminuye el valor de los escritos de su período revolucionario, de los cuales El obrero norteamericano es un ejemplo notable. Como Trotsky escribió en su obituario: “Recordamos a Kautsky como nuestro antiguo maestro, de quien aprendimos mucho, pero que se separó de la revolución proletaria y del cual tuvimos por consiguiente que separarnos nosotros mismos”.167


 


 


NOTAS


 


(*) Comentarios y críticas pueden ser enviadas por correo electrónico a: [email protected] 1. Ver, por ejemplo, Seymour Martin Lipset, Why No Socialism in the United States? en Seweryn Bialer y Sophia Sluzar (eds.), Sources of Contemporary Radicalism, Boulder, Colorado: Westview Press, 1977, pp. 31-149; Eric Foner, “Why Is There No Socialism in the United States?”, History Workshop, Vol. 17 (Spring 1984) 57-80; Jean Heffer y Jeanine Rovet (eds.), Why Is There No Socialism in the United States? – Pourquoi n’y a-t-il pas de socialisme aux Etats-Unis? Paris: Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, 1988; y Seymour Martin Lipset y Gary Marks, It Didn't Happen Here: Why Socialism Failed in the United States, New York: W.W. Norton & Co., 2000. 


 


2. Karl Kautsky, “Der amerikanische Arbeiter”, Die Neue Zeit, Vol. 24, N° 1 (1906) 676-83, 717-27, 740-52 y 773-87.


 


3. Kautsky, “Old and New Revolution”, en Daniel Gaido y Richard Day, The Renaissance of Permanent Revolution: The Impact of the 1905 Russian Revolution on the European and American Labor Movement, Leiden & Boston: Brill Academic Publishers, 2006. 


 


4. F. A. Tscherewanin [seudónimo de Fedor Andreevich Lipkin], Das Proletariat und die russische Revolution, Mit einer Vorrede von H. Roland-Holst und einem Anhang vom Übersetzer S. Lewitin, Stuttgart : J.H.W. Dietz, 1908. Series: Kleine Bibliothek, Nr. 2 


 


5. Trotsky incluyó su reseña del libro de Cherevanin como un apéndice a la edición de 1922 de su libro 1905, New York: Random House, 1971, Chap. 24: The Proletariat and the Russian Revolution: On the Menshevist Theory of the Russian Revolution. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1905/ch24.htm Ver también la reseña del libro de Cherevanin hecha por Rosa Luxemburg, "Die Lehren der Drei Dumas" (May 1908), en Luxemburg, Internationalismus und Klassenkampf: Die polnischen Schriften, Berlin: Luchterland, 1971, pp. 339- 71, que fue explícitamente mencionada como una reivindicación de la teoría de la revolución permanente por su discípulo Karl Radek en su excelente panfleto The Paths of the Russian Revolution, in Al Richardson (ed.), In Defence of the Russian Revolution: A Selection of Bolshevik Writings, 1917-1923, London: Porcupine Press, 1999, pp. 35-75. 


 


6. Kautsky K., Allerhand Revolutionäres, Die Neue Zeit, Vol. 22, N° 1 (1904) 588-98, 620-27, 652-57, 685-95, 732- 40. Esta fue la respuesta de Kautsky a la crítica de su libro La revolucion social hecha por el socialista polaco Ljusnia, cuyo verdadero nombre era C. V. Kelles Krauz. Ver las extensas citas de este estudio hechas por Trotsky en el capítulo siete de su libro Resultados y perspectivas ("Un gobierno obrero en Rusia y el socialismo"). http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1931-tpv/rp08.htm 


 


7. Kautsky, Triebkräfte und Aussichten der russischen Revolution", Die Neue Zeit, Vol. 25, N° 1 (1907), pp. 284-90, 324-33. English: “The Driving Forces of the Russian Revolution and Its Prospects”, con una introducción de Lenin, en Neil Harding (ed.), Marxism in Russia: Key Documents, 1879-1906, Cambridge: Cambridge University Press, 1983, pp. 352-403. 


 


8. Leon Trotsky, 1905, New York: Random House, 1971, p. VIII, énfasis mío. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1905/pre.htm 


 


9. Moira Donald, Marxism and Revolution: Karl Kautsky and the Russian Marxists, 1900-1924, New Haven: Yale University Press, 1993, Appendix, nos. 115-19, 190, 213, pp. 296, 300, 301.


 


10. K. Kautsky: El obrero norteamericano y el ruso, San Petersburgo, 1906 (nota de Trotsky). 


 


11. Ibid (nota de Trotsky).


 


12. Trotsky, Resultados y perspectivas, capítulo IV: "Revolución y proletariado". http://marx.org/espanol/trotsky/balance/byp4.htm 


 


13. Rudolf Hilferding, Finance Capital: A Study of the Latest Phase of Capitalist Development, London: Routledge and Kegan Paul [1910], 1981, p. 431, note 17.


 


14. Werner Krause, Ein unveröffentlicher Brief von Friedrich Engels über die Werttheorie, Beiträge zur Geschichte der Deutschen Arbeiterbewegung, Vol. 3, No. 3 (1961), pp. 636-40. 


 


15. Franz Mehring, Einiges über den jungen Engels (October 1895), reimpresa en Aufsätze zur Geschichte der Arbeiterbewegun g (Gesammelte Schriften, Band 4), Berlín: Dietz, 1963, pp. 26-32. 


 


16. Mehring, Politik und Sozialismus (December 1896), Ibid., pp. 135-43. 


 


17. Mehring, Ein französischer Sombart (March 1902), Ibid., pp. 222-28. 


 


18. Mehring, Marx in Hühnerhof (January 1904), reimpreso en Politische Publizistik, 1891 bis 1904 (Gesammelte Schriften, Band 14), Berlin: Dietz, 1964, pp. 628-33. 


 


19. Mehring, Recht so! (April 1905), reimpreso en Politische Publizistik, 1905 bis 1918 (Gesammelte Schriften, Band 15), Berlin: Dietz, 1966, pp. 28-33. 


 


20. Plekhanov, The Initial Phases of the Theory of the Class Struggle, en Selected Philosophical Works, Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1981, Vol. II, pp. 449-450.


 


21. Rosa Luxemburg, “In Rate der Gelehrten”, Die Neue Zeit, Vol. 22, No. 1 (1903), pp. 5-10; reeimpreso en Gesammelte Werke, Berlin: Dietz, 1972, Band 1, Nr. 2, pp. 382-90. http://www.sozialistische-klassiker.org/Luxemb/Luxmb37.html 


 


22. Rosa Luxemburg, “Die ‘deutsche Wissenschaft’ hinter den Arbeitern”, Die Neue Zeit, Vol. 18, No. 2 (1899-1900), 740-47 and 773-82; reimpreso en Ibid., Band 1, Nr. 1, pp. 767-90. http://www.sozialistische-klassiker.org/Luxemb/Luxmb28.html 


 


23. Rosa Luxemburg, The Mass Strike, the Political Party and the Trade Unions, 1906, Chapter VII: Need for United Action of Trade Unions and Social Democracy. http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1906/mass-strike/index.htm 


 


24. El libro de Sombart de 1912 El futuro de los judíos ya incluye gemas como ésta: “¿Quién querría mezclar a la Judiths y a las Miriams? Por el contrario, deberían retener su pureza. No podemos tolerar esta mezcla de morochas y rubias". Sombart, Die Zukunft der Juden, Lepizig, 1912, p. 72. Citado en Kautsky, Are the Jews a Race?, London: Jonathan Cape, 1921, Chapter IV: Differences and Oppositions between the Races of Man, p. 80. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1914/jewsrace/ch04.htm Sombart estaría feliz de saber que su oposición a la "mezcla de morochas y rubias" es apoyada hoy en día a rajatabla por una cierta corriente política dentro del judaísmo moderno. 


 


25. Abraham Leon, The Jewish Question: A Marxist Interpretation, New York: Pathfinder Press, 1970, Chapter 4, Section A: The Jews in Western Europe after the Renaissance: The Thesis of Sombart. http://www.marxists.org/subject/jewish/leon/ch4.htm#a


 


26. Rudolf Hilferding, Werner Sombart, Der moderne Kapitalismus, in Zeitschrift für Volkswirtschaft, Sozialpolitik und Verwaltung, 12 (1903), S. 446-53. Reprinted in Bernhard vom Brocke (ed.), Sombarts "Moderner Kapitalismus": Materialien zur Kritik und Rezeption, München: Deutscher Taschenbuch Verlag, 1987, pp. 147-60. 


 


27. León Trotsky, Marxism in Our Time, introducción a The Living Thoughts of Karl Marx, Greenwich, Conn.: Fawcett Publications [1939], 1963, pp. 24-51. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1939/1939-cri.htm 


 


28. Eduard Bernstein, The Preconditions of Socialism, editada y traducida por Henry Tudor, Cambridge: Cambridge University Press, 1993. http://www.marxists.org/reference/archive/bernstein/works/1899/evsoc/index.htm 


 


29. Una buena selección de documentos de la primera fase de la controversia revisionista, es decir antes de la publicación de los libros de Bernstein y Kautsky, es H. Tudor y J. M. Tudor (eds.), Marxism and Social Democracy: The Revisionist Debate 1896-1898, Cambridge: Cambridge University Press, 1988. Los artículos de Rosa Luxemburg contra los revisionistas fueron recogidos en su libro Social Reform or Revolution. http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1900/reform-revolution/index.htm Los artículos de Plejanov en defensa del materalismo dialéctico contra Bernstein y Conrad Schmidt aparecen en el segundo volumen de sus Selected Philosophical Works, 1981. 


 


30. Kautsky, La doctrina socialista: Respuesta a la crítica de Eduard Bernstein, traducción y nota preliminar de Pablo Iglesias y Juan A. Meliá, Madrid: Francisco Beltrán, 1930.


 


31. V. I. Lenin, ¿Qué hacer? (1902), I: Dogmatismo y "libertad de crítica": ¿Qué significa la "libertad de crítica"? http://marx.org/espanol/lenin/1900s/quehacer/qh1.htm


 


32. Trotsky, “Über den Marxismus in Rußland (Zum fünfundzwanzigjährigen Jubiläum der ‘Neuen Zeit’)”, Die Neue Zeit, Vol. 26, N° 1 (1908) p. 7. 


 


33. Ibid., p. 10, énfasis en el original. 


 


34. Leon Trotsky, “Hands Off Rosa Luxemburg”, en Writings, 1932, New York: Pathfinder Press, 1973, p. 132, énfasis en el original.


 


35. Ibid., p. 132. 


 


36. Marx y Engels, Circular del Comité Central a la Liga Comunista (marzo de 1850). http://marx.org/espanol/m-e/1850s/50_circ.htm Ver también el artículo primero del Règlement de la société universelle des communistes révolutionnaires, adoptado el 1° de abril de 1850 por representantes de la Liga Comunista alemana (Marx, Engels y August Willich), un grupo de reugiados blanquistas en Londres (Adam y J. Vidil) y el ala revolucionaria del cartismo (George J. Harney): "Le but de l'association est la déchéance de toutes les classes privilégiées, de soumettre ces classes à la dictature des prolétaires en maintenant la révolution en permanence jusqu'à la réalisation du communisme, qui doit être la dernière forme de constitution de la famille humaine". Marx-Engels Gesamtausgabe (Mega), Berlin: Dietz, 1977, Erste Abteilung, Band 10, pp. 568-69 and 1080-81. 


 


37. La frase “revolución permanente” fue usada para analizar la revolucion rusa de 1905, independientemente de Trotsky, en orden cronológico, por las siguientes personas: 1) Rosa Luxemburg, "Nach dem ersten Akt", Die Neue Zeit, Vol. 23, N° 1 (February 4, 1905) 610-14, reimpreso en Gesammelte Werke, Berlin: Dietz, 1971, Band 1, Nr. 2, pp. 485-90; http://www.marxists.org/deutsch/archiv/luxemburg/index.htm. 2) Kautsky, “Die Folgen des japanischen Sieges und die Sozialdemokratie”, Die Neue Zeit, Vol. 23, N° 2 (July 2, 1905) 460-68, 492-99, 529-37. 3) Franz Mehring, "Die Revolution in Permanenz", Die Neue Zeit, Vol. 24, N° 1 (November 1, 1905) 169-72, reimpreso en Politische Publizistik, 1905 bis 1918 (Gesammelte Schriften, Band 15), pp. 84-88. 


 


38. La principal colección de los artículos de Parvus sobre la revolución rusa de 1905 no ha sido traducido: Rossiia i revoliutsiia, St Petersburg: Izdanie N. Glagoleva, 1906. 


 


39. Engels, Marx y la Neue Rheinische Zeitung (1848-1849) Der Sozialdemokrat, N° 11, del 13 de marzo de 1884. http://marx.org/espanol/m-e/1880s/1884-nrz.htm


 


40. Engels, Contribución a la Historia de la Liga de los Comunistas, originalmente publicado como prefacio al libro Karl Marx Enthüllungen über den Kommunisten-Prozess zu Köln, Hottingen-Zürich, 1885, y en el periódico Der Sozialdemokrat, números 46-48, del 12, 19 y 26 de noviembre de 1885. http://marx.org/espanol/m-e/1880s/1885-hist.htm 


 


41. Richard B. Day and Daniel F. Gaido, The Renaissance of Permanent Revolution: The Impact of the 1905 Russian Revolution on the European and American Labor Movement, Leiden & Boston: Brill Academic Publishers, 2006. 


 


42. Karl Kautsky, Die Klassengegensätze von 1789: Zum hundertjährigen Gedenktag der großen Revolution, Stuttgart: Dietz, 1889. Separat-Abdruck aus der Neuen Zeit, 1889, Vol. 7, pp. 1-9, 49-56, 97-108, 145-57. Una segunda edición apareció en 1908 con el título Die Klassengegensätze im Zeitalter der Französischen Revolution: Neue Ausgabe der Klassengegensätze von 1789, 2. Auflage, Stuttgart: Dietz, 1908. 


 


43. Karl Kautsky, La Lutte des classes en France en 1789; traducido por Édouard Berth, Paris: G. Jacques, 1901, Bibliothèque d'études socialistes, 3, pp. 79-87; reimpreso en Paris: Centre d'Études et de Recherches sur les Mouvements Trotskyste et Révolutionnaires Internationaux, Les cahiers du Cermtri, No. 95, 1999. 


 


44. St. Petersburg, 1902, traducido por G. F. L’vovich; Kiev, 1902, traducido por I. S. Bisk, Rostov, 1903, y Rostov: Donskaia Rech, 1905. 


 


45. Friedrich Engels to Karl Kautsky, 20 February 1889. En Marx y Engels, Selected Correspondence, Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1953, pp. 481-86. 


 


46. Karl Kautsky, Die Sansculotten der französischen Revolution" (Aus: "Die Klassengegensätze von 1789") en Festschrift 1649-1789-1905", Berlin: Buchhandlung Vorwärts, 1905, pp. 11-12. Originalmente publicado como Die Klassengegensätze von 1789: Zum hundertjährigen Gedenktag der grossen Revolution, Stuttgart : Dietz, 1889, pp. 51-52. 


 


47. Kautsky, "Slaviane i revoliutsiia", Iskra, Nr. 18, March 10, 1902 . http://www.marxists.org/archive/kautsky/1904/xx/manifesto.htm 


 


48. Kautsky, "Zur polnishen Ausgabe des Kommunistichen Manifesto u.d.T.: Wie weit is das Kommunistische Manifest veraltet?" Leipziger Volkszeitung, N° 169, 179, 172 – 23., 25., 27. Edición en inglés: "To What Extent is the Communist Manifesto Obsolete?" Social Democrat, Vol. 9 (1905) pp. 155-64.


 


49. Karl Kautsky, "Die Folgen des japanischen Sieges und die Sozialdemokratie," Die Neue Zeit, Vol. 23, N° 2 (July 2-19, 1905), pp. 460-468, 492-499, 529-537. 


 


50. Rosa Luxemburg, "Nach dem ersten Akt", Die Neue Zeit, 23 (1), February 4, 1905, pp. 610-14. Edición online: http://www.sozialistische-klassiker.org/Luxemb/Luxmb41.html 


 


51. Karl Kautsky, Alte und neue Revolution, en Festschrift "1649-1789-1905", Berlin: Buchhandlung Vorwärts, 1905, pp. 3-5. 


 


52. Karl Kautsky, “Triebkräfte und Aussichten der russischen Revolution”, Die Neue Zeit, November 1907, Vol. 25, N° 1, pp. 184-90, 324-33. 


 


53. Trotsky to Kautsky, 11 August 1908, Kautsky Archive, IISG (International Institute of Social History, Amsterdam). Citado en Donald, op. cit., p. 91. 


 


54. Franz Mehring, "Eine Nachlese", Die Neue Zeit, Vol. 17, N° 2, 1899, pp. 147-54. 


 


55. Aus dem literarischen Nachlass von Karl Marx, Friedrich Engels und Ferdinand Lassalle, Stuttgart: J.H.W. Dietz Nachfolger, 1903. http://www.ceip.org.ar/boletin8/gz.htm. 


 


56. Franz Mehring, "La revolución permanente", Die Neue Zeit, 24º año, 1er. Volumen, 1 de noviembre de 1905. 


 


57. N. Riazanov, Materialy dlia vyrabotki partiinoi programmy, vyp.2, Proekt programmy "Iskry" i zadachi russkikh sotsial-demokratov.


 


58. Riazanov, Ocherednie voprosi nashego dvizheniia, Geneva, 1905, p. 41. Reidar Larsson, Theories of Revolution: From Marx to the First Russian Revolution, Stockholm: Almqvist & Wiksell, 1970, pp. 177-95, 303. Riaza nov was later killed by Stalin. Riazanov sería, más tarde, asesinado por Stalin. 


 


59. Hartmut Mehringer, Permanente Revolution und Russische Revolution: Die Entwicklung der Theorie der permanenten Revolution im Rahmen der marxistischen Revolutionskonzeption 1848-1907, Frank furt am Main: Peter Lang, 1978. 


 


60. Trotsky, Balance y Perspectivas (1906). http://marx.org/espanol/trotsky/balance/index.htm 


 


61. Trotsky, Do devjatogo janvarija (Before January 9th ), reproducción en Vol. II, Part I of Trotsky's Sochineniia (Complete Works), en el que aparece con el título Nasha pervaia revoliutsiia (Our First Revolution). Una edición francesa del prefacio de Parvus está disponible en Internet en: http://www.trotsky-oeuvre.org/05/01/050100p.html), Sankt Petersburg, 1905. 


 


62. Trotsky, "Cerez tridcat' pjat' let 1871-1906", in Karl Marx, Parizhskaia kommuna, Sankt Petersburg: Knigoizd-vo "Molot", 1906. 


 


63. Prefacio de Trotsky a F. Lassalle, Rec pered sudom prisjaznych (Ferdinand Lassalle, Rede vor dem Geschworenengericht). 


 


64. Para un análisis más detallado de estos temas ver Leon Trotsky, “Three Conceptions of the Russian Revolution”, en Writings, 1939-1940, New York: Pathfinder Press, 1973, pp. 55-73. Edición online: The Character of the Russian Revolution as Foreseen by Plekhanov, Lenin and Trotsky. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1940/1940-russia.htm


 


65. Acerca del análisis de Lenin sobre "la vía americana de desarrollo burgués" ver sus libros The Agrarian Program of the Social Democracy in the First Russian Revolution, 1905- 1907, en Collected Works, Vol. XIII, pp. 217-431. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1907/agrprogr/index.htm y New Data on the Laws Governing the Development of Capitalism in Agriculture, en íbid., Vol. XXII, pp. 13-102. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1915/newdev/index.htm 


 


66. Lenin, "Social-Democracy's Attitude Towards the Peasant Movement", Proletarii, Nr. 16 (1 September 1905), en Ibid., Vol. IX, pp. 236-37. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1905/sep/05e.htm 


 


67. Lenin, The Stages, the Trend and the Prospects of the Revolution, escrito a finales de 1905 o al comienzo de 1906, en íbid., Vol. X, pp. 91-92, énfasis en el original. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1905/dec/3.htm


 


68. Lenin, “The Proletariat and Its Ally in the Russian Revolution”, en Collected Works, Vol. XI, pp. 372-73, énfasis en el original. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1906/dec/20.htm 


 


69. Lenin, The Agrarian Program of the Social Democracy in the First Russian Revolution, 1905-1907, Chapter IV. Political and Tactical Considerations in Questions of the Agrarian Programme, Section 5: A Peasant Revolution Without the Conquest of Power by the Peasantry?, in Collected Works, Vol. XIII, p. 353, emphasis in the original. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1907/agrprogr/ch04s5.htm


 


70. Werner Blumenberg, Karl Kautskys literarisches Werk: Eine bibliographische Ubersicht, Internationaal Instituut voor sociale Geschiedenis, Amsterdam: Mouton, 1960. 


 


71. “Karl Kautsky on American Socialism”, St. Louis Labor (St. Louis, Missouri), Nr. 96, 6 December 1902. “Letter to the editor”, The Socialist (Seattle), Nr. 108, 31 August 1902. “On the American labor movement”, Appeal to Reason (Girard, Kansas), 22 June 1907. “[Schreiben zum Jubiläum der Zeitung]”, New Yorker Volkszeitung, Sonntagsblatt, 23 February 1908. Versión en inglés: The Socialist (Seattle), Nr. 1015, Sonntagsblatt 23 February 1908. “Karl Kautsky to Call Readers”, The New York Call, Nr. 219, 13 September 1909. 


 


72. Kautsky, “Der jüngste Zukunftsroman”, Die Neue Zeit, Vol. 7 (1889) 268-76.


 


73. Kautsky, “Unsere amerikanischen Berichte”, Die Neue Zeit, Vol. 8 (1895) 183-85. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1895/05/sorge-de-leon.htm 


 


74. Karl Marx and Frederick Engels, Letters to Americans, 1848-1895: A Selection, New York: International Publishers, 1953, p. 263. 


 


75. Friedrich A. Sorge’s Labor Movement in the United States: A History of the American Working Class from Colonial Times to 1890, edición por Philip S. Foner y Brewster Chamberlin, Westport, Conn.: Greenwood Press, 1977, y Friedrich A. Sorge’s Labor Movement in the United States: A History of the American Working Class from 1890 to 1896, traducido por Kai Schoenhals, Westport, Conn.: Greenwood Press, 1987. Sobre Sorge ver tambien el obituario de Franz Mehring “F. A. Sorge †,” Die Neue Zeit, Vol. 25, N° 1 (1906-07) 145-47; reinpreso en Aufsätze zur Geschichte der Arbeiterbewegung, pp. 487-89. http://www.marxists.org/archive/mehring/1906/xx/sorge.htm 


 


76. Edward Aveling y Eleanor Marx Aveling, The Working-Class Movement in America, New York: Arno Press [1891] 1969. http://www.marxists.org/archive/eleanor-marx/works/wcia.htm


 


78. El principal trabajo de Boudin es The Theoretical System of Karl Marx, in the Light of Recent Criticism, Chicago: Charles H. Kerr, 1906. Una versión alemana con una introducción de Kautsky sobre la teoría burguesa subjetiva del valor (la teoría de la "utilidad marginal") y la ética individualista fue publicada en 1909: Das theoretische System von Karl Marx, Aus dem Englischen übersetzt von Luise Kautsky; mit einem Vorwort zur deutschen Ausgabe von Karl Kautsky, Stuttgart: J. H. W. Dietz Nachf. Internationalen Bibliothek, 46, 1909. Una versión rusa del libro, traducido por Vera Zasulich, fue publicada en San Petersburg en 1908, y republicada después de la revolución bolchevique en 1920. 


 


79. La versión alemana del libro de Hillquit, History of Socialism in the United States, era la principal fuente de información sobre el tema para los socialistas del continente europeo: Geschichte des Sozialismus in den Vereinigten Staaten, autorisierte Übersetzung von Karl Müller-Weinberg, Stuttgart: J. H. W. Dietz, 1906. 


 


80. Herman Schlüter, Die Internationale in Amerika: Ein Beitrag zur Geschichte der Arbeiter-Bewegung in den Vereinigten Staaten, Chicago: Deutsche Sprachsgruppe der Sozialist Partei der Vereinigten Staaten, 1918, and Die Chartisten-Bewegung: Ein Beitrag zur Sozialpolitischen Geschichte Englands, New York: Socialist Literature Company, 1916. Schlüter wrote an important historical work in English: Lincoln, Labor and Slavery: A Chapter from the Social History of America, New York: Russell & Russell, [1913] 1965. Ver la reseña de Mehring de su primer libro, “Hermann Schlüter, Die Anfänge der deutschen Arbeiterbewegung in Amerika”, Die Neue Zeit, Vol. 26, N° 1 (1907- 08) pp. 347-49. http://www.marxists.org/archive/mehring/1907/xx/schlueter.htm 


 


81. Karl Kautky, El camino del poder, traducción del alemán: Helga Parlowsky, Barcelona: Fontamara, 1979. Versión inglesa: The Road to Power: Political Reflections on Growing into the Revolution, Chicago, Ill.: S.A. Bloch, 1909. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1909/power/index.htm 


 


82. Algie Martin Simons, “Klassenkämpfe in der Geschichte Amerikas”, Übersetzt von B. L., Die Neue Zeit, Vol. 28, N° 1 (1909), Ergänzungshefte, Heft 7, 40 pp. 


 


83. Algie Martin Simons, Social Forces in American History, New York: Macmillan, 1911. http://www.ku.edu/carrie/texts/carrie_books/simons/index.html


 


84. Kautsky, “A. M. Simons, Social Forces in American History”, Die Neue Zeit, Vol. 30, N° 2 (1912) 631. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1912/xx/simons.htm 


 


85. Simons, The American Farmer, Chicago: C.H. Kerr, 1902, Reimpresión: New York: Arno Press, 1975. 


 


86. Kautsky, “Socialist Agitation among Farmers in America”, International Socialist Review, Vol. 3 (September 1902) 148-160. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1902/09/farmers.htm 


 


87. Kautsky, La cuestión agraria: Estudio de las tendencias de la agricultura moderna y de la política agraria de la socialdemocracia, Barcelona: Laia, 1974.


 


88. Massimo Salvatori, Karl Kautsky and the Socialist Revolution, 1880-1938, London: NLB, 1979, pp. 48-59. 


 


89. Gretchen y Kent Kreuter, An American Dissenter: The Life of Algie Simons, Lexington: University of Kentucky Press, 1969, pp. 66, 71, y David Shannon, The Socialist Party of America, Chicago: Quadrangle Books, 1967, p. 18-19. 


 


90. Simons, “Kein Populismus in der amerikanischen sozialistischen Partei”, Die Neue Zeit, Vol. 31, N° 1 (1912) 597-602.


 


91. William A. Glaser, “Algie Martin Simons and Marxism in America”, Mississippi Valley Historical Review, Vol. 41 (1955) 419-34. Este artículo hostil escrito por un historiador burgués contiene algunos insights notables sobre la mezcla peculiar de populismo y marxismo que caraterizaba a Simons. 


 


92. Karl Kautsky, "Der amerikanische Arbeiter", Die Neue Zeit, February 1906, Vol. 24, N° 1, p. 787. 


 


93. James P. Cannon, "The I.W.W.", Fourth International, Vol. 16, N° 3, Summer 1955. http://marx.org/archive/cannon/works/1955/iww.htm 


 


94. Proceedings of the Founding Convention of the Industrial Workers of the World: Founded at Chicago, June 27- July 8, 1905, Stenographically reported by W.E. McDermut; Revised and approved by William E. Trautmann, Secretary of the Convention, New York, N.Y.: Labor News Company, 1905. http://www.marxists.org/history/usa/unions/iww/1905/convention/index.htm 


 


95. Ibid., Third Day, Afternoon Session (Thursday, June 29).


 


96. Ibid., Fifth Day’s Session.


 


97. Ibid., Sixth Day, Afternoon Session.


 


98. Ibid., Seventh Day, Morning Session. 


 


99. Ibid., Appendix, Part I: Speeches at Ratification Meeting. 


 


100. Ibid., Appendix, Part I: Speeches at Ratification Meeting.


 


101. Para rectificar esta situación, el cuarto congreso de la internacional comunista, reunido en noviembre de 1922, creó una comisión sobre la cuestión negra, cuyos miembros incluían a Claude McKay y Otto Huiswood. Las tesis del Comintern describían a los afro-americanos como "la vanguardia de la lucha por la liberación negra" en las colonias. Ver Fourth Congress of the Communist International, “The Black Question” (30 November 1922), en Alan Adler (ed.), Theses, Resolutions and Manifestos of the First Four Congresses of the Third International, London: Ink Links, 1983, pp. 328-31. http://www.marxists.org/history/international/comintern/4th-congress/blacks.htm 


 


102. Ver por ejemplo el artículo de Heinrich Cunow, "Handelsvertrag und imperialistische Expansionspolitik", Die neue Zeit, Vol. 28, N° 2, 1900, pp. 215ff., 239ff. 


 


103. Ver Lenin “The International Socialist Congress in Stuttgart, Proletary, Nr. 17 (20 October 1907), en Collected Works, Vol. XIII, pp. 75-81. 


 


104. Parvus (Alexander Helphand), Die Kolonialpolitik und der Zusammenbruch, Leipzig: Verlag der Leipziger Buchdruckerei Aktiengesellschaft, 1907. Ver la reseña positiva de Rudolf Hilferding en Die Neue Zeit, Vol. 25, N° 2 (1906- 07), pp. 687-88. 


 


105. Karl Kautsky, Socialism and Colonial Policy, 1907. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1907/colonial/index.htm 


 


106. Rudolf Hilferding, El capital financiero: [Un estudio de la ultima fase de desarrollo capitalista], Madrid: Tecnos, 1985. Ver la reseña de Kautsky, “Finanzkapital und Krisen (Rudolf Hilferding, Das Finanzkapital)”, Die Neue Zeit, Vol. 29, N° 1 (1911) 764-72, 797-804, 838-64, 874-83. Versión parcial en inglés: Finance Capital and Crises. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1911/xx/finance.htm 


 


107. (The main book on the history of the theory of imperialism in the SPD is Hans-Christoph Schröder) El principal libro sobre la historia de la teoría del imperialismo en el SPD es Sozialismus und Imperialismus: Die Auseinandersetzung der deutschen Sozialdemokratie mit dem Imperialismusproblem und der "Weltpolitik" vor 1914, Bonn-Bad Godesberg: Neue Gesellschaft, 1975. 


 


108. Daniel De Leon, Two Pages from Roman History: I. Plebs Leaders and Labor Leaders II. The Warning of the Gracchi, Palo Alto, CA: New York Labor News, 1988 (1903). http://www.marxists.org/archive/deleon/pdf/1902/two_pages.pdf En 1920 Lenin le escribió a Bujarin: “Pienso que deberíamos publicar en ruso el libro de De Leon Dos páginas de historia romana con la introducción y la notas de Fraina. También voy a escribir unas líneas. Si estás de acuerdo, por favor, anuncialo a través de la editorial estatal”. Lenin on the United States: Selected Writings, New York: International Publishers, 1970, p. 536, énfasis en el original. Louis Fraina (Lewis Corey), un discípulo de Daniel De Leon, fue el ideólogo del comunismo norteamericano durante sus primeros años. 


 


109. Die taktischen Differenzen in der Arbeiterbewegung, Hamburg: Erdmann Dubert, 1909. Ver los elogios a este panfleto en Lenin, “Differences in the European Labour Movement” (December 1910), in Collected Works, Vol. XVI, pp. 347-52. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1910/dec/16.htm


 


110. Sobre Pannekoek, Gorter y su tendencia ver Lenin Left-Wing Communism: An Infantile Disorder (May 1920), in Collected Works, Vol. XXXI. (http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1920/lwc/index.htm) y Trotsky, "On the Policy of the KAPD: Speech Delivered at the Session of the ECCI, November 24, 1920", en The First Five Years of the Communist International, 2nd ed., New York: Monad Press, 1972, Vol. I, pp. 137-52. http://mia.marxists.org/archive/trotsky/works/1924/ffyci-1/ch13.htm 


 


111. Carl E. Schorske, German Social Democracy, 1901-1917: The Development of the Great Schism, New York: Russell & Russell, 1970, pp. 28-58.


 


112. Para un punto de vista trotskista de la historia del Partido Socialista debsiano ver James P. Cannon, “Eugene V. Debs and the Socialist Movement of his Time”, Fourth International, Vol. 16, N° 1, (Winter 1955). http://www.marxists.org/archive/cannon/works/1956/debs.htm 


 


113. Karl Kautsky, The Social Revolution (1902), Charles Kerr & Co., 1903. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1902/socrev/index.htm Lenin, The Agrarian Program of the Social-Democracy in the First Russian Revolution, 1905-1907, Chapter IV, Section 5, en Lenin, Collected Works, Vol. XIII, p. 354. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1907/agrprogr/ch04s5.htm#v13pp72-351 


 


114. Kautsky, Vorwort to Henriëtte Roland-Holst, Generalstreik und Sozialdemokratie, Dresden: Kaden, 1905. Bebel to Victor Adler, September 16, 1905, in Friedrich Adler (ed.) Victor Adler: Briefwechsel mit August Bebel und Karl Kautsky, Wien: Verlag der Wiener Volksbuchhandlung, 1954, pp. 467-469. 


 


115. Karl Kautky, El camino del poder, Barcelona: Fontamara, 1979. Lenin, The State and Revolution, Chapter VI, en Collected Works, Vol. XXV, 381-492.


 


116. Ursula Ratz, "Briefe zum Erscheinen von Karl Kautskys Weg zur Macht", International Review of Social History, Vol. 12 (1967), pp. 432-77. 


 


117. “Sisyphusarbeit oder positive Erfolge?” Correspondenzblatt der Generalkomission der Gewerkschaften Deutschlands, 1909, Vol. 9, pp. 501-05, 517-19, 529-32, 545-48, 561-564, 577-80, 617-24. Posteriormente publicado como un panfleto con el mismo título. 


 


118. Michael Schneider, A brief history of the German trade unions, Bonn: J. H. W. Dietz, 1991, p. 86. 


 


119. Sobre Legien ver Lenin, “What Should Not Be Copied from the German Labour Movement” (April 1914), Collected Works, Vol. 20, pp. 254-58. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1914/apr/00.htm


 


120. Kautsky, “Leichtfertige Statistik”, Die Neue Zeit, Vol. 27, N° 2 (1909) 523. 


 


121. Kautsky, “Nochmals die amerikanische Statistik”, Die Neue Zeit, Vol. 27, N° 2 (1909) 832. 


 


122. Kautsky, “Samuel Gompers”, Die Neue Zeit, Vol. 27, N° 2 (1909) 678, énfasis en el original.


 


123. La National Civic Federation fue creada en 1900 por la Chicago Civic Federation. Incluía a grandes empleadores y líderes sindicales. El primer presidente de la Civic Federation fue el senador republicano de Ohio, Mark Hanna. 


 


124. Ibid., pág. 679. 


 


125. Ibid., pág. 680.


 


126. Ibid., págs. 680-81, énfasis en el original. 


 


127. Ibid., pág. 685. 


 


128. Kautsky, “Die Civic Federation", Vorwärts, Nr. 256, 2 November 1909. Reimpreso en Die Neue Zeit, 28, N° 1 (1910): 132-37. 


 


129. Kautsky, Nochmals die Civic Federation, 253-54. Ver también Generalkommission der Gewerkschaften (Correspondenzblatt), “Immer noch ‘Civic Federation’”, y Kautsky’s response in Vorwärts, “Und doch noch einmal die Civic Federation” (November 23, 1909).


 


130 Ver, por ejemplo, Kautsky, "Partei und Gewerkschaften", Die Neue Zeit, Vol. 24, N° 2 (1905), págs. 716-35, 749- 54, y "Die Neutralisierung der Gewerkschaften", Die Neue Zeit, Vol. 18, N° 2 (1900), págs. 388-94, 429-33, 457-66, 492-97. Hay una edición francesa online del último artículo con el título "Politique et Syndicats". http://marx.org/francais/kautsky/works/1900/00/kautsky_19000000.htm 


 


131. “Fünf Briefe W.I. Lenins”, International Review of Social History, Vol. 9, N° 2 (1964), págs. 255-67. 


 


132. Ver el panfleto de Foster, “The Bankruptcy of the American Labor Movement”, Trade Union Educational League, 1922. http://www.marxists.org/archive/foster/1922/index.htm 


 


133. Lenin, “In America” (December 1912). Collected Works. Moscow: Progress Publishers, 1972, Vol. 36. Reimpreso en Lenin on the United States: Selected Writings. New York: International Publishers, 1970, págs. 56-57, énfasis en el original.


 


134. Lenin, "Meeting of the International Socialist Bureau", Proletarii, N° 37, 16 October 1908, Collected Works, Vol. XV, pp. 231-46, énfasis en el original. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1908/oct/16b.htm 


 


135. Karl Kautsky, "Sects or Class Parties", The Social Democrat (London), Vol. 13, N° 7 (July 1909), pp. 316-28. Originalmente publicado como "Sekte oder Klassenpartei?", Die Neue Zeit, Vol. 27, N° 2 (1909), pp. 4-14. http://www.marxists.org/archive/kautsky/1909/07/unions.htm


 


136. Leon Trotsky on the Labor Party in the United States, New York: Merit Publishers, 1969. 


 


137. Leon Trotsky, Results and Prospects, Chapter IX: Europe and Revolution. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1931-tpv/rp09.htm 


 


138. Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages der Sozialdemokratische Partei Deutschlands, Abgehalten zu Mannheim: vom 23, bis 29. September 1906, pág. 257. 


 


139. Kautsky, “Ein neues Buch über die französische Revolution”, Vorwärts, 1909, Nr. 32, February 7, 1909; una reseña de Heinrich Cunow, Die revolutionäre Zeitungsliteratur Frankreichs während der Jahre 1789 bis 1794, Berlin: Buchhandlung Vorwärts, reeditada en 1912 as: Die Parteien der grossen französischen Revolution und ihre Presse. 


 


140. Reproducido en Ratz, op. cit., pp. 432-77.


 


141. Adler (ed.), op. cit., págs. 500-502. 


 


142. Kautsky, Der Weg zur Macht, hrsg. und eingeleitet von Georg Fulberth, Frankfurt am Main: Europaische Verlagsanstalt, 1972, pág. 110, énfasis en el original. Versión en inglés: http://www.marxists.org/archive/kautsky/1909/power/ch09.htm 


 


143. El artículo fue finalmente publicado como “Was Weiter?” en el Dortmunder Arbeiterzeitung, March 14-15, 1910, y reimpreso en Rosa Luxemburg, Gesammelte Werke, Berlin: Dietz, 1971, Band 2, págs. 289-99. Edición en inglés: “The Next Step”, en Robert Looker (ed.), Rosa Luxemburg: Selected Political Writings, London: Jonathan Cape, 1972, págs. 148-59. http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1910/03/15.htm 


 


144. Kautsky, “Was nun?”, Die Neue Zeit, Vol. 28, N° 2 (1909-10), págs. 33-40, 68-80. Rosa Luxemburg, “Ermattung oder Kampf?” Die Neue Zeit, Vol. 28, N° 2 (1909-10), págs. 257-66, 291-305; reimpreso en Gesammelte Werke, Berlin: Dietz, 1972, Band 2, págs. 344-77. http://www.marxists.org/deutsch/archiv/luxemburg/1910/ermokampf/index.htm Kautsky, “Eine neue Strategie”, Die Neue Zeit, Vol. 28, N° 2 (1909-10), págs. 332-41, 364-74, 412-21. Rosa Luxemburg, “Die Theorie und die Praxis”, Die Neue Zeit, Vol. 28, N° 2 1910, págs. 564-78, 626-42; reimpreso en Gesammelte Werke, Band 2, págs. 378-420. Versión en inglés: Theory & Practice [A polemic against Comrade Kautsky's theory of the Mass Strike]. http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1910/theory-practice/


 


145. Kautsky, "Nachgedanken zu den nachdenklichen Betrachtungen", Die Neue Zeit, Vol. 31, N° 2 (1912-13), págs. 532-40, 558-68, 662-64. Rosa Luxemburg, "Das Offizi ö sentum der Theorie", Die Neue Zeit , Vol. 31, N° 2 (September 1913), pp. 828-43; reimpreso en Gesammelte Werke, Band 3, págs. 300-21. http://www.marxists.org/deutsch/archiv/luxemburg/1913/offiz/index.htm 


 


146. Ursula Ratz, "Karl Kautsky und die Abrüstungskontroverse in der deutschen Sozialdemokratie, 1911-12", International Review of Social History, Vol. 11 (1966), pp. 197-227. Irène Petit, "Kautsky et les discussions autour du problème de l'impérialisme dans le parti social démocrate allemand de 1907 à 1914", Revue d'Allemagne, Vol. i (Janvier-Mars 1969), pp. 325-37. 


 


147. Karl Radek, "Unser Kampf gegen den Imperialismus" (Die Neue Zeit, May 1912). 


(http://www.marxists.org/deutsch/archiv/radek/1912/05/imperial.htm) y "Wege und Mittel im Kampfe gegen den Imperialismus" (Bremer Bürger-Zeitung, 1912), http://www.marxists.org/deutsch/archiv/radek/1912/xx/kampfimp.htm en Radek, In den Reihen der deutschen Revolution, 1909-1919: Gesammelte Aufsätze und Abhandlungen von Karl Radek, München: K. Wolff, 1921, pp. 156-207. Radek como un seguidor de Rosa: ver Kautsky, “Krieg und Frieden. Betrachtungen zur Maifeier”, Die Neue Zeit, Vol. 29, N° 2 (1910-11), pp. 97-107; y Luxemburg, “Friedensutopien”, Leipziger Volkszeitung, Nr. 103-4 (Mai 1911); reimpreso en Gesammelte Werke, Band 2, pp. 491-504. http://www.marxists.org/deutsch/archiv/luxemburg/1911/05/utopien.htm 


 


148. Trotsky to Kautsky, 21 July 1910. Kautsky Archive, IISG (International Institute of Social History, Amsterdam). Citado en J.P. Nettl, Rosa Luxemburg, London: Oxford University Press, 1966, Vol. I, p. 433. 


 


149. Parvus to Kautsky, 10 June 1910. Kautsky Archive, IISG (International Institute of Social History, Amsterdam). Citado en Moira Donald, op. cit., pp. 183-84. 


 


150. Luxemburg, “The National Question: Selected Writings”, Monthly Review Press, 1976; http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1905/misc/polish-question.htm http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1896/07/polish-question.htm http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1909/national-question/index.htm Lenin, The Right of Nations to Self-Determination (February-May 1914), Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1950. http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1914/self-det/ 


 


151. Luxemburg, Organizational Questions of Social Democracy (1904), en Rosa Luxemburg Speaks, ed. by MaryAlice Waters, New York: Pathfinder Press, 1970, pp. 112-30. http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1904/questions-rsd/index.htm 


 


152. Rosa Luxemburg, “The Accumulation of Capital” (1913), New York: Monthly Review Press, 1964. http://www.marxists.org/archive/luxemburg/1913/accumulation-capital/index.htm Lenin, “Marginal Notes on Luxemburg’s The Accumulation of Capital”, Research in Political Economy, Vol. 18 (2000), 225-38. Lenin recomendó tres críticas del libro de Rosa Luxemburg: Gustav Eckstein, "Rosa Luxemburg: Die Akkumulation des Kapitals. Ein Beitrag zur ökonomischen Erklärung des Imperialismus", en Vorwärts Nr. 40 vom 16. Februar 1913 (reimpreso como un apéndice a la edición de 1923 del libro de Luxemburg); Anton Pannekoek, "Rosa Luxemburg: Die Akkumulation des Kapitals. Ein Beitrag zur ökonomischen Erklärung des Imperialismus", en Bremer Bürger-Zeitung, Nr. 24 u. 25 vom 29. u. 30. Januar 1913; y Otto Bauer's article “The Accumulation of Capital”, History of Political Economy, Vol. 18, N° 1 (Spring 1986) 87-110 (originalmente publicado en Die Neue Zeit, Vol. 31, N° 1, 1913, págs. 831-38, 862-74).


 


153. Lenin, "A Good Resolution and a Bad Speech" (Proletarskaya Pravda, N° 6, December 13, 1913), in Lenin, Collected Works, Vol. XIX, págs. 528-530. (http://marx.org/archive/lenin/works/1913/dec/13.htm) and Lenin, "Kautsky's Unpardonable Error" (Proletarskaya Pravda, N° 8, December 15, 1913), in Collected Works, Vol. XIX, págs. 546- 47. http://marx.org/archive/lenin/works/1913/dec/15b.htm Ver también Georges Haupt, "Lénine, les Bolcheviks et la IIe Internationale", Cahiers du Monde Russe et Soviétique [France], Vol. 7, N° 3 (1966), págs. 387-407. 


 


154. Lenin, El Estado y la revolución, Capítulo 6, sección 3. (http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1917/staterev/ch06.htm) Ver los documentos en Antonia Grunenberg (ed.), Die Massenstreikdebatte, Frankfurt: Europaische Verlagsanstalt, 1970. 


 


155. Trotsky, “Karl Kautsky” (8 November 1938), en Writings, 1938-39, págs. 98-99. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1939/1939-kautsky.htm 


 


156. “Que el sistema representativo está indisolublemente ligado a la dominación de la burguesía es uno de esos mitos que una sola mirada a la historia alcanza para destruir. El sistema representativo es una forma política, cuyo contenido puede divergir enormemente”, Kautsky, Karl, Parlamentarismus und Demokratie, 2. durchgesehene und verm. Auflage, Stuttgart: J.H.W. Dietz Nachf., 1911, págs. 95-96. Primera edición publicada en 1893 con el título: Der Parlamentarismus, die Volksgesetzgebung und die Sozialdemokratie.


 


157. Ibid., págs. 121-22. 


 


158. Karl Kautsky, Parlementarisme et socialisme: étude critique sur la législation directe par le peuple, traduit par Edouard Berth, préface de Jean Jaurès, Paris: Librairie G. Jacques, 1900, pp.V-IX. 


 


159. En referencia a la introducción de Engels (de 1891) en La guerra civil en Francia, donde él escribe: "Ultimamente, las palabras 'dictadura del proletariado' han vuelto a sumir en santo terror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿quieren saber qué presenta esta dictadura? Miren a la Comuna de París. He ahí la dictadura del proletariado". (Of late, the Social-Democratic philistine has once more been filled with wholesome terror at the words: Dictatorship of the Proletariat. Well and good, gentlemen, do you want to know what this dictatorship looks like? Look at the Paris Commune. That was the Dictatorship of the Proletariat.”) Frederick Engels, On the 20th Anniversary of the Paris Commune. http://www.marxists.org/archive/marx/works/1871/civil-war-france/postscript.htm 


 


160. Karl Kautsky, “Der Weg zur Macht: Politische Bebrachtungen über das Hineinwachsen in die Revolution”, Berlin, Vorwärts 1909, Reimpreso en Frankfurt am Main: Europaische Verlagsanstalt, 1972, p. 20. 


 


161. Rosa Luxemburg, "Wilsons Sozialismus (April 1917)", Spartacus, Nr. 4, April 1917, reimpreso en Gesammelte Werke, Band 4, pp. 246-251. http://www.marxists.org/deutsch/archiv/luxemburg/1917/04/wilson.htm


 


162. Leon Trotsky, "Perspectives of World Development" (July 28, 1924), en Trotsky, Europe & America: Two Speeches on Imperialism, New York: Pathfinder, 1971, p. 23. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1924/1924- world.htm 


 


163. Kautsky, Von der Demokratie zur Staats-Sklaverei: eine Auseinandersetzung mit Trotzki, Berlin: Verlagegenossenschaft "Freiheit", e.g.m.b.h., 1921. 


 


164. Radek, The Paths of the Russian Revolution, en Al Richardson (ed.), In Defence of the Russian Revolution: A Selection of Bolshevik Writings, p. 40, énfasis en el original.


 


165. Radek, Proletarian Dictatorship and Terrorism, Detroit, Mich.: The Marxian Education Society, 1921, Chapter I: Karl Kautsky’s Autumn Offensive against Soviet Russia, pp. 13-14. (http://www.marxists.org/archive/radek/1920/dictterr/ch01.htm). Ver también Lenin, “Theses and Report on Bourgeois Democracy and the Dictatorship of the Proletariat (March 4, 1919)”, adoptadas en el Primer Congreso de la Tercera Internacional, en Alan Adler (ed.), Theses, Resolutions and Manifestos of the First Four Congresses of the Third International, London: Ink Links, 1983, pp. 7- 19. (http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1919/mar/comintern.htm) 


 


166. Ver Sam Bornstein y Al Richardson, The War and the International: A History of the Trotskyist Movement in Britain, 1937-1949, London: Socialist Platform, 1986, pp. 160-208. 


 


167. Trotsky, “Karl Kautsky” (8 November 1938), in Writings, 1938-39, pp. 98-99. http://www.marxists.org/archive/trotsky/works/1939/1939-kautsky.htm

Haití: Primera nación independiente de América Latina


La historiografía tradicional ha ocultado lo que fue una verdad tangible para quienes participaron activamente en el proceso de la independencia latinoamericana. No hay más que revisar los documentos relevantes de la época para darse cuenta que la revolución haitiana tuvo una honda repercusión en los hombres que fraguaron la independencia de las colonias hispano-lusitanas.


 


La clase dominante criolla –sobre todo la del Brasil,Venezuela, Colombia, Cuba y Puerto Rico–, enriquecida con la explotación del trabajo esclavo, fue la primera en alarmarse por aquella rebelión que conquistó no sólo la independencia,sino también la liberación de los esclavos.La decisión de los esclavócratas criollos fue evitar, a toda costa, que el proceso independentista se transformara en revolución social,impidiendo una nueva Haití,aunque se retardara la independencia, como ocurrió en Cuba y Puerto Rico.


 


Tan honda fue la repercusión de la revolución haitiana, que varios precursores de la independencia latinoamericana visitaron la isla para ver en el terreno cómo fue posible que un país tan pequeño venciera a las mejores tropas de Napoleón e instaurara la primera nación independiente de América Latina, el primer país negro no monárquico del mundo, en que por primera vez los esclavos lograban un triunfo definitivo en la historia universal, superando la gesta de Espartaco contra el imperio romano.


 


Este fenómeno,tan evidente para sus contemporáneos,fue posteriormente relegado al olvido por los historiadores. Es sobradamente conocido por todos que las Historias de América Latina –respaldadas por las Academias Nacionales– abren el capítulo de la Independencia con las revoluciones de 1810, omitiendo deliberadamente a Haití.


 


Hasta se ha llegado a ocultar que Haití prestó una ayuda inestimable a la independencia de los países de tierra firme.En su calidad de primera nación libre de América Latina, fue visitada por Francisco de Miranda el 20 de febrero de 1806, bajo el seudónimo de George Martin, con el fin de solicitar ayuda para su expedición a Venezuela. Después de seis semanas en la tierra liberada por Dessalines, donde pudo apreciar el profundo significado social de la revolución antiesclavista, partió a su patria con la generosa ayuda de los haitianos que no sólo le proporcionaron armas, sino también hombres, como Fequiere,Gayot y Gastram.No por azar,Miranda propuso la libertad de los esclavos cuando fue Presidente de la Junta de Gobierno de Venezuela en 1811.


 


Una de las ayudas más decisivas que dio Haití a la revolución latinoamericana fue la de Petion a Bolívar en 1815 (2.000 fusiles) y en 1816 (4.000 fusiles,15.000 libras de pólvora,otras tantas de plomo,una imprenta,30 oficiales haitianos y 600 voluntarios). La influencia ideológica y social de Haití sobre Bolívar fue decisiva para su decisión irrevocable de luchar por la abolición de la esclavitud y la servidumbre en las colonias hispanoamericanas.


La ayuda haitiana para el logro de nuestra independencia política no se limitó a Venezuela.Antes de Bolívar, prestó colaboración a los hermanos Miguel y Fernando Carabaño que organizaron,desde los Cayos,una expedición de 150 hombres contra Cartagena,hecho que trajo como consecuencia fuertes protestas de las autoridades españolas contra Petion,acusándolo de romper la neutralidad. No obstante, los haitianos siguieron solidarizándose activamente con otros revolucionarios latinoamericanos, como los mexicanos Toledo y Herrera, con quienes colaboró el corsario haitiano Bellegarde en el ataque a Tampico y Veracruz.Otro patriota,Francisco Javier Mina,también estuvo en Haití preparando una invasión a México colonial, siendo acompañado por varios marineros haitianos.1


 


Ante pruebas tan evidentes acerca de la relevancia del proceso haitiano, sólo cabe pensar que la cortina de silencio ha sido tendida por los historiadores recargados de prejuicios raciales o por investigadores temerosos de abordar la única revolución social triunfante que se dio en el ciclo de los movimientos independentistas.


 


La ignorancia sobre la historia de Haití es inclusive notoria en su país vecino. Cuando visitamos República Dominicana nos llamó la atención la falta de conocimiento e información que había acerca de Haití, observación que luego encontramos ratificada por un escritor de Santo Domingo: “Es doloroso tener que admitirlo, pero aquí se conoce la historia de cualquier nación europea o latinoamericana más que la haitiana”.2


 


Algunos autores han llegado a argumentar que no se ha analizado este pa- ís porque no era colonia hispanoamericana sino francesa, como si Haití no hubiera sido culturizada por los mismos aborígenes que habitaron otras islas del Caribe y luego, colonizada por los españoles.La ulterior colonización francesa, también de raigambre latina, aunque de distinta lengua, no altera el hecho objetivo de que Haití formó y forma parte de América Latina.


Lo insólito es que la mayoría de los historiadores marxistas no han hecho nada por desenmascarar la mistificación fabricada por la historiografía tradicional, aceptando la falsificación histórica y reafirmando en sus libros la falacia de que la revolución por la independencia comenzó en 1810.


 


Nosotros nos permitiremos empezar con una caracterización global para poner de relieve la trascendencia universal del movimiento acaecido en ese pequeño territorio.La revolución haitiana fue,a nuestro juicio,el escenario de uno de los procesos de lucha más ricos y multifacéticos de la historia. Fue una guerra por la independencia combinada con una guerra social por la liberación de los esclavos, en la que se entrelazó una guerra civil y una guerra internacional.


Comenzó con un proceso independentista, impulsado por la “sacarocracia” u oligarquía azucarera criolla de origen francés en contra de la monarquía de Luis XVI,que se transformó,en 1791,en contra de la voluntad de los iniciadores, en una revolución social por el término de la esclavitud y en una guerra civil entre negros y mulatos.Todo ello, cruzado por una guerra internacional en la que los insurgentes debieron enfrentar la invasión de las tropas españolas e inglesas y,al final,lo más granado del ejército napoleónico,instaurando con Dessalines, en 1804, no sólo la primera nación independiente de América Latina, sino también el primer país negro independiente republicano del mundo, a través de un proceso en que por primera vez en la historia universal triunfa una insurrección de esclavos en forma definitiva hasta implantar una nación soberana y autónoma.


 


Estructura social y económica de la colonia


 


Habitada y culturizada durante centurias por los Taínos –uno de los pueblos agroalfareros más notables del Caribe–, la isla que Colón bautizó con el nombre de La Española fue arrasada por los conquistadores, a pesar de la resistencia de los caciques Canoabo y Cotubanama.A raíz del exterminio de toda la población indígena –más de 100.000 personas–, los españoles se vieron obligados a importar negros esclavos para explotar el oro, y cuando éste se agotó, en 1525, la caña de azúcar, las maderas preciosas y el ganado.


 


Interesada más en la parte oriental de la isla, la corona española desmanteló y despobló en 1603 el territorio actual de Haití, sin tomar en cuenta las advertencias de numerosos colonos. El Cabildo de Santo Domingo elevó, entonces, al Rey un memorial el 26 de agosto de 1604 donde manifestaba:“Quedando los pueblos marítimos despoblados,y siendo como son de tan buenos puertos y disposición, los ocuparán los enemigos”.3 Efectivamente, muy pronto desembarcaron los bucaneros en pos de ganado y, luego, los filibusteros, contrabandistas y reos fugados, que fundaron Saint Domingue.La colonización francesa se hizo desde la isla de La Tortuga,por intermedio de la “Compagnie des Isles d’Amerique” y la “Compagnie des Indes Occidentales”.


 


Para profundizar la colonización,el ministro Colbert escogió al gentilhombre aventurero Bertrand d’Ogeron,amigo de los bucaneros y filibusteros.En 1670,Saint Domingue comenzó a funcionar como una verdadera colonia,importando “engagés” o trabajadores contratados en Europa,especialmente campesinos bretones y normandos, a los cuales se les prometía tierras y casas. Posteriormente fueron reclutados a la fuerza y con engaños obreros y marineros, cesantes, hugonotes y calvinistas, vagabundos y prostitutas.A estas relaciones serviles de producción,pronto se sumaron las esclavistas,con la compra masiva de negros.En 1681,había 6.648 personas,de las cuales 2.970 eran franceses y 2.000 africanos,ocupados en unos treinta ingenios azucareros;el resto eran mestizos dedicados al comercio y la agricultura.


 


La prosperidad de esta economía primaria exportadora comenzó hacia 1720.Treinta años después, Saint Domingue había desplazado del mercado azucarero a Brasil, Jamaica, Barbados y Martinica,convirtiéndose en la principal colonia de Francia en el Caribe. El auge se acentuó con la necesidad que tuvo Estados Unidos de comprar azúcar a Saint Domingue,a raíz de la orden dada por Inglaterra a sus colonias azucareras de las Antillas de no venderle productos al país que acababa de independizarse. Norteamérica, cuya industria se basaba en gran medida en las destilerías, se vio obligada a comprar masivamente azúcar a Saint Domingue,que pasó a convertirse en la colonia francesa más rica del mundo.


 


La inversión metropolitana sobrepasaba los 1.600 millones de francos, de los cuales más de la mitad correspondía a los comerciantes de Burdeos.“Para comprender la importancia económica de la colonia, basta señalar que en 1789 las exportaciones francesas totalizaron 17 millones de libras esterlinas, de los cuales 11 millones estuvieron dedicados al comercio colonial de Saint Domingue.”4


 


La “sociedad hatera” o ganadera del Santo Domingo español pasó a depender en gran medida del mercado haitiano, que era el principal comprador de ganado para los ingenios. Esclavos y maquinarias necesitaban alimentos y animales de tracción en una cantidad que sólo podía suministrar la parte oriental de la isla. Este comercio, al principio de contrabando, fue oficializado en 1760.A su vez, los colonos franceses revendí- an al Santo Domingo español manufacturas y otros productos, estableciéndose entre ambas colonias un importante mercado regional que, de hecho, quebraba en alguna medida los monopolios comerciales francés y español. Un testigo de la época, M. Duclos, decía de los colonos franceses:“Es ventajoso para ellos tener vecinos españoles que les proveen de todo lo que necesitan, dándoles la oportunidad de sembrar sus terrenos de azúcar o índigo y sacarles mayor partido que empleando una parte para criar animales”.5


 


Como resultado de la tendencia ascendente de esta economía de plantación,en 1789 se exportaron 163 millones de libras de azúcar,68 millones de libras de café y cerca de un millón de libras de añil. El comercio de Francia “con su colonia representaba cerca de dos tercios de su economía general”.6 Esta importancia económica llegó a expresarse en términos de rangos aristocráticos: “La nobleza de Saint Domingue contaba con los más grandes nombres de Francia, y un colono impertinente podrá en Versalles decir al rey Luis XVI: Señor, vuestra corte es criolla”7 .


 


Efectivamente, más de medio millón de esclavos explotados en 800 ingenios y miles de añilerías y cafetales habían arrojado un plusproducto tan fabuloso que contribuyó ostensiblemente al proceso de acumulación originaria para el despegue de la Revolución Industrial, al mismo tiempo que generaba en Saint Domingue uno de los sectores más ricos de la burguesía francesa.


 


Este sector, integrado por los “grandes blancos”, se componía en 1789 de unos 30.000 franceses, que levantaron una ciudad ostentosa,“Cap Fran- çais”, el París de las Antillas. La capa más ilustrada de esta sacarocracia leía a Voltaire, D’ Alembert, Montesquieu y Diderot, preparándose para el día del advenimiento del autogobierno,que ya se incubaba en los roces cotidianos con la metrópoli y su sistema monopólico de comercio. En el Cabo existían varias logias masónicas y un círculo filadelfiano, influido por las ideas de la independencia norteamericana, donde se discutía de política y literatura. Numerosos dueños de plantaciones vivían en París, los absentistas, que luego de amasar grandes fortunas con el trabajo de los demás se marchaban a la metrópoli, dejando sus ingenios a cargo de otros compatriotas menores, los “petit blanc”.


 


Estos “pequeños blancos”, en número de 10.000, constituían una fuerte capa media integrada por medianos y pequeños productores de azúcar, café y añil, artesanos (peluqueros, zapateros, pimaderos, etc.), notarios, pequeños comerciantes y funcionarios del Estado colonial. Muchos de ellos eran criollos, con cierto rechazo a la “madre patria”, actitud que los condujo a conspirar desde temprano en favor de la independencia.


 


El otro sector medio estaba formado por unos 30.000 mulatos, muchos de los cuales eran propietarios de esclavos y de medianos ingenios. Estos “sang-melé” eran denominados “gente libre de color”. El acelerado proceso de mulatización fue producto de la escasez de mujeres blancas y de la cruza de franceses con esclavas negras, cuyos hijos pasaron en muchos casos a la condición de libres. “Nosotros no vemos en este país –escribía M. d’Aquyan en 1713– nada más que negras y mulatas a quienes sus amos han dado la libertad a cambio de su doncellez.Y el intendente Montholon declaraba, en 1724, que si no se tomaban medidas, los franceses han de ser rápidamente como los españoles, sus vecinos, de los que las tres cuartas partes son mestizos”.8


 


Los mulatos eran abiertamente discriminados por la sociedad blanca. No gozaban de derechos cívicos y eran obligados a servir en la milicia encargada de perseguir a los cimarrones.Estaban excluidos de las profesiones de médico o abogado y de todos los empleos públicos. En las iglesias, teatros y lugares selectos de diversión tenían asientos separados de los blancos.


 


Importantes franjas de mulatos lograron acumular sustanciosas fortunas a base de la explotación de los esclavos en las plantaciones, especialmente en la parte sur y occidental de la isla. “Una fértil parroquia del sur (Jéremie) se hallaba casi enteramente en sus manos (…) Los menos ambiciosos se dedicaban a la vida de los negocios en las ciudades (…) Algunos dicen que en 1791 poseían la tercera parte de toda la tierra de la colonia y la cuarta parte de los esclavos; otros, afirman que sólo eran dueños de un quinto, tanto de aquélla como de éstos.9


 


Durante un tiempo lograron enviar a sus hijos a educarse a Francia; pero en 1777 se les prohibió entrar a la metrópoli, a solicitud de los colonos. También se les prohibió contraer matrimonio con blancos en 1778, reivindicación que habían logrado décadas antes por vía consuetudinaria. “Puede suponerse –anota Franco– el odio que engendró esta teoría interminable de discriminaciones e injusticias sociales en los mulatos ricos e instruidos en Europa.”10


 


Como expresión de resentimiento social, los mulatos acentuaron el odio racial y de clase hacia los negros libres y, sobre todo, a los esclavos.“Los esclavos negros y los libertos mulatos se odiaban.Estos no cesaban de demostrar por la palabra, por sus triunfos en la vida y mayor parte de sus actividades, la falsedad de la pretendida superioridad racial (…) Los libertos negros eran menos numerosos, pero su piel era objeto de tal desprecio que un esclavo mulato se consideraba superior a un negro libre y se hubiera matado antes de ser esclavo de un negro.”11


 


La clase social más explotada estaba constituida por los esclavos, que en 1789 sobrepasaban el medio millón.Sus condiciones de vida eran infrahumanas:“Desde las cinco de la mañana,la campana los despertaba,y eran conducidos a golpes de látigo a los campos o a las fábricas donde trabajaban hasta la noche (…) diez y seis horas diarias (…) Abatidos por el trabajo de todo el día,a veces hasta la media noche,muchos esclavos dejaban de cocinar sus alimentos y los comían crudos (…) Incluso las dos horas que les concedían en medio de la jornada,y las vacaciones del domingo y días de fiesta,no estaban consagradas al descanso,pues debían atender al cultivo de pequeños huertos donde trataban de encontrar un suplemento a las raciones regulares (…) Se interrumpían los latigazos para aplicar al negro castigado un hierro candente en el cuello; y sobre la llaga sangrienta se le rociaba sal, pólvora, limón, cenizas (…) La tortura del collar de hierro se reservaba a las mujeres sospechosas de haberse provocado un aborto, y no se lo quitaban hasta no producir un niño (…) Un género de suplicio frecuente aún –dice Vassiére, testigo de la época– es el entierro de un negro vivo,a quien ante toda la dotación se le hace cavar su tumba a él mismo, cuya cabeza se le unta de azúcar a fin de que las moscas sean más devoradoras.A veces se varía este último suplicio:el paciente, desnudo, es amarrado cerca de un hormiguero, y habiéndolo frotado con un poco de azúcar, sus verdugos le derraman reiteradas cucharadas de hormigas desde el cráneo a la planta de los pies,haciéndolas entrar en todos los agujeros del cuerpo”.12


 


Los que lograban fugarse de este infierno se integraban a los grupos de cimarrones que se gestaron durante 80 años de resistencia.El llamado despectivamente “marronage” obligó a los refinados esclavócratas franceses a firmar en 1782 un tratado, por el cual se les reconocía la libertad, luego de sucesivas insurrecciones armadas, como las de 1704, 1758 y 1781.


 


Noel fue el negro que encabezó una de las luchas más importantes de los cimarrones de Fort Dauphin. Otro jefe cimarrón sobresaliente fue François Macandal,que –hacia mediados del siglo XVIII– logró huir del trapiche de Lenormand de Mézy,en el Norte.En las montañas,nucleó a sus compañeros alrededor del Vodú o Vudú. Era un gran orador, con fama de inmortal, iluminado y profeta. Un día, metió tres pañuelos en un vaso. Sacó el amarillo y dijo: “He aquí,los primeros habitantes de Saint Domingue eran amarillos.He aquí, los habitantes actuales,y enseñó el pañuelo blanco.He aquí,en fin,los que serán los dueños de la isla;era el pañuelo negro.”13 Su influencia se extendió por todo el norte,que era la zona de mayor concentración esclava.En las veladas y prácticas mágicas se relataban las hazañas de Macandal, que finalmente fue apresado en enero de 1758.No obstante ser quemado en la hoguera,sus hermanos negros quedaron convencidos de que François no había muerto y que reaparecería para redimir a su gente.


 


La mezcla de etnias dio lugar a nueva lengua, el “creole”, y a un sincretismo religioso llamado Vodú, que ha sido motivo de diferentes interpretaciones, como religión o como práctica mágica traída de Africa y adaptada a la realidad esclavista de Saint Domingue. El Vudú, a través de sus concreciones sincretistas, fue un medio de resistencia de los negros a la explotación, facilitando la creación de “sociedades secretas cuyas reuniones se hacían en el fondo de los bosques (…) Sin duda, esas reuniones tomaron con el tiempo un carácter francamente político, pero puede asegurarse que fueron ante todo culturales.”14 Por eso, el Vudú fue perseguido tenazmente por la administración colonial.


 


El Estado colonial francés fue tan represivo, autoritario y monopólico como el español y, en algunos aspectos, fue más rígido, pues prohibía la organización municipal. No permitía Cabildos ni estructuras institucionales provinciales.Recién con el advenimiento de la Primera República Francesa se autorizó la formación de municipios.


A la cabeza de la administración colonial de Saint Domingue estaba el gobernador, quien centralizaba prácticamente todas las actividades, desde las económicas hasta las de Justicia,pasando por el nombramiento de los militares y empleados públicos, la concesión de tierras, la fijación de impuestos, etc. Su labor era complementada por el Intendente, que se encargaba de las finanzas, de los servicios públicos y del mantenimiento de las Fuerzas Armadas, con la cual colaboraban una milicia de blancos y otra de mulatos y libertos.


 


Causas de los primeros aprestos independentistas de la sacarocracia


 


Al igual que en el proceso independentista de las colonias hispanoamericanas, hubo en Saint Domingue causas de estructura y de coyuntura. Entre las primeras cabe destacar el descontento de los colonos por los términos desiguales de intercambio, los elevados precios de los artículos manufacturados en contraste con los bajos precios de los productos de exportación mediante un sistema cerrado de monopolio mercantil, que impedía a los esclavócratas comerciar libremente, en especial con Estados Unidos. La apertura de ocho puertos libres con este país, en 1784, no hizo más que acrecentar los apetitos de la sacarocracia criolla, produciendo un efecto similar al de las Reformas Borbónicas en Hispanoamérica.En 1789 entraron 684 barcos norteamericanos con harina y manufacturas a precios más rentables llevándose en cambio toneladas de azúcar para las destilerías estadounidenses. 


 


Asimismo,los colonos protestaban contra los comerciantes monopolistas que hacían el tráfico negrero porque solamente vendían al contado y a precios especulativos.Paralelamente,a los productores de Saint Domingue no se les permitía refinar el azúcar, cuya producción debía destinarse totalmente a las refinerías de Burdeos,Nantes y Marsella.“Si a las colonias se les autorizaba a fabricar azúcares blancos, las refinerías metropolitanas se hubieran estimado amenazadas.”15 Más aún, los monopolistas de Nantes se opusieron a que los colonos transformaran el cacao en chocolate.


 


El monopolio comercial era tan rígido que impedía el comercio libre entre un puerto y otro de la misma colonia. De más está decir que no se permitía a los colonos el tráfico negrero, directo con Africa.“Desde 1748, una memoria del comercio de Nantes se opone a que la Compañía de Indias permita ese tráfico a los antillanos;y pide se exija a los gobernadores que no toleren que se vulnere esa prohibición.Aún después de 1763,cuando el comercio negrero tomó la iniciativa de pedir la apertura de nuevos puertos al trá- fico de esclavos,no consintió el monopolio nantés en que ese favor se extendiera a las colonias antillanas.”16 Ni siquiera se dejó a los colonos hacer el comercio de cabotaje que solicitaron en l755. Otro motivo de descontento de los criollos era que no tenían ningún tipo de representación en las instituciones del Estado colonial.


 


En ese clima de opresión colonial se encontraba la sacarocracia criolla, cuando ocurrió un fenómeno político de extraordinaria importancia:la independencia de Estados Unidos,que demostraba a escasas millas de distancia la posibilidad de romper el nexo colonial.En tal sentido,la influencia de la independencia norteamericana,fue decisiva para que los colonos de Saint Domingue Se decidieran a luchar por el autogobierno. Pero no tenían claro si convenía implantar una república o un gobierno monárquico constitucional, legitimado por el Rey de Francia. Los más moderados aspiraban a cierto grado de autonomía similar al de las islas británicas del Caribe.


 


Entretanto, acaeció otro hecho coyuntural –la Revolución Francesa de 1789– que trastornó todos los planes y obligó a formular otros. Los esclavócratas de Saint Domingue aprovecharon la situación para presentar, ante los Estados Generales de 1789, sus quejas por el poder absoluto de los gobernadores y el monopolio comercial, siendo sus portaestandartes los propietarios absentistas, organizados en un club secreto de París llamado “Massiac”.


Sin embargo, temían a la dinámica social y al programa de la Revolución Francesa, aún del período moderado de los girondinos, sobre todo la expropiación y distribución de tierras de la nobleza y los vientos igualitarios que corrían en la metrópoli, porque atentaban contra el régimen esclavista y la discriminación étnica.


 


Este fenómeno no ha sido debidamente evaluado en su dimensión histó- rica.Las aspiraciones autonomistas de los residentes en la colonia se enfrentaron a un hecho inesperado y sin precedentes: una revolución social en la capital del imperio. Un acontecimiento que no era un mero cambio de gobierno sino una revolución que liquidaba todo un sistema social, económico y político, terminando definitivamente con un modo de producción e implantando otro en una nueva formación social que, inclusive, cambiaba el carácter del Estado. En fin, una revolución social que sacudía todos los cimientos del antiguo régimen y que, por consiguiente, afectaba desde sus raíces las relaciones de propiedad y de producción.


 


Era la primera vez en la historia que las colonias se encontraban frente a una revolución social acaecida en el corazón mismo del imperio. Este fenó- meno no se había producido en ningún imperio anterior,ni en el inglés y holandés,ni tampoco se iba a dar con España y Portugal.El hecho de que la burguesía norteamericana no tuviera que enfrentar una situación como la de Francia, le permitió conservar las relaciones esclavistas de producción, ya que no fue afectada por una metrópoli sacudida por corrientes igualitarias. Del mismo modo,la oligarquía criolla de las colonias hispano-lusitanas de América no se vio conmovida por puntuales procesos revolucionarios en las metrópolis, hecho que facilitó la perpetuación de relaciones serviles y esclavistas y,sobre todo,el monopolio de la propiedad territorial.En cambio,la revolución social de la metrópoli francesa hizo entrar en crisis el sistema de dominación de los esclavócratas de la colonia de Saint Domingue, obligándolos a reajustar sus planes de autonomía política.


 


La Asamblea de Francia accedió en gran parte a la autonomía solicitada por los colonos blancos de Saint Domingue, pero insinuó la necesidad de otorgar derecho de voto a los mulatos, proposición que fue rechazada por la sacarocracia. Los grandes propietarios de plantaciones continuaban, en el fondo, siendo monárquicos, al igual que los militares y altos empleados de la burocracia colonial, alarmados por la radicalización y el carácter plebeyo que adquiría la Revolución Francesa al pasar Robespierre y Marat a los puestos de comando.


 


De este modo, se produjo un proceso de diferenciación política entre los colonos blancos. Un sector,“los pequeños blancos”, era partidario de la Primera República y de un gobierno autónomo en la isla.Otro,era abiertamente contrarrevolucionario. Un tercer grupo, minoritario pero poderoso, representaba al nuevo gobierno francés, aspirando a contar con el apoyo de los mulatos ricos.


 


La situación hizo crisis cuando llegó en 1791 la noticia de que la Asamblea Francesa había otorgado el derecho de voto a los mulatos.El representante mulato, Julien Raymond, dijo en esa Asamblea un discurso en el que se entrecruzaban los intereses de clase con los políticos.Ante todo, ofreció al gobierno francés el apoyo de los mulatos para combatir cualquier rebelión de los esclavos negros. “Supondréis a los mulatos bastante locos, poseyendo, como poseen, la cuarta parte de los esclavos y la tercera parte de las tierras (…) ¿Qué importa que seáis blancos? ¿Qué importa que nosotros seamos mulatos? Unos y otros somos propietarios, unos y otros poseemos esclavos y tierras, y somos, por consiguiente, aliados naturales.”17


 


No obstante, la mayoría aplastante de los blancos criollos se opuso violentamente a la resolución de la Asamblea Francesa, planteando de hecho la ruptura con la metrópoli y amenazando con solicitar la protección inglesa.Para neutralizar a los mulatos, un sector de grandes propietarios blancos trató de hacer un acuerdo con ellos, ofreciéndoles participación política en las asambleas locales y la posibilidad de casarse con blancas.


 


Se produjo entonces la siguiente paradoja: de criollos que desconocían el poder central del imperio colonial, en pos de la autonomía política,pero que objetivamente jugaban un papel contrarrevolucionario al oponerse a las medidas progresistas e igualitarias proclamadas por el gobierno republicano surgido de la Revolución Francesa. Más todavía, la sacarocracia planteó sin ambages su decisión de formar el Partido Realista para luchar por el restablecimiento de la monarquía, que se resistía a morir en la Francia de la Vendée.Al comentar las acciones contrarrevolucionarias de los plantadores de Saint Domingue, Jean Jaurés decía:“Desde 1789,la gran isla de Santo Domingo fue como una Vendée burguesa, capitalista y esclavista”.18


 


La segunda paradoja fue que los esclavócratas, viéndose perdidos y carentes de fuerzas, tuvieron que recurrir al apoyo de sus esclavos, prometiéndoles reducir las jornadas de trabajo, en nombre del Rey. De este salto al vacío ni siquiera alcanzaron a arrepentirse, porque pronto se iniciaría la gran rebelión negra que iba a terminar con sus cabezas.


 


La revolución social de los esclavos


 


Los esclavos, que hasta ese momento estaban a la expectativa,aprovecharon las contradicciones entre los blancos y entre éstos y los mulatos. Con sapiencia táctica, al servicio de su estrategia de liberación, aceptaron el ofrecimiento de sus amos, que era lo más tangible, pues no se tenía ninguna noticia de Francia sobre la abolición concreta de la esclavitud. Se dio, así, la tercera gran paradoja: que los esclavos lucharon por un tiempo junto a sus amos, a favor de la monarquía.


 


La insurrección negra fue iniciada por Boukman, esclavo originario de Jamaica, en la rica y poblada zona norte de la isla. Esa noche, en medio de danzas y del ritual Vudú, recitó en “creole”:“El Dios de los blancos ordena el crimen/ el nuestro solicita acciones/ Pero ese Dios que es tan bueno (el nuestro)/ nos ordena la venganza./ El va a conducir nuestros brazos/ y darnos asistencia./ Destruyamos la imagen del Dios de los blancos/ que tiene sed de nuestras lágrimas/ Escuchemos en nosotros mismos/ el llamado de la libertad”.19


 


A la rebelión de Boukman, acompañado por Jean François y Biassou, que arrasó con ingenios y cafetales, pronto se sumó Toussaint-Louverture, descendiente de familia negra esclava, liberto, curandero de campo y cochero, de vasta cultura, pues conocía a Plutarco y otros clásicos griegos, las teorías humanistas del abate Reynal y estaba informado de los avances de la “Société des Amis des Noirs”, integrada por Mirabeau, Condorcet y otros humanistas que bregaban por el fin de la trata de negros.


 


La insurrección ganó nuevos líderes con la incorporación de Jean Jacques Dessalines, antiguo esclavo, carpintero, y Henri Christophe, camarero negro de un hotel de la isla. Pronto se generalizaba y consolidaba en la parte norte, donde existía la mayor concentración de esclavos. Un documento enviado a las autoridades francesas; manifestaba alarmado:“Cien mil negros se han sublevado en la parte norte;más de doscientas haciendas de azúcar han incendiado; los dueños son despedazados (…) los negros han ganado las montañas”.20


 


Los curas se dividieron:unos,a favor de los blancos;y otros,junto a los negros, entre ellos el abate de La Haya, cura de Dondon, y los padres Sulpice y Phillipe, quienes colaboraron con los revolucionarios negros en la redacción de documentos y proclamas.A la acción de los curas de avanzada,se sumaba la influencia del Vudú, que agitaba a los negros,“exaltando su acometividad y audacia por medio de amuletos y objetos religiosos.Los que caían en los combates, morían sin pensar, con la esperanza de revivir en Africa”.


 


La insurrección negra, combinada con la rebelión de los blancos monárquicos, llevaba ya cerca de dos años cuando en 1793 llegaron comisionados del gobierno francés para pacificar la isla, ratificar las leyes a favor de los hombres libres de color y reprimir la insurrección de los negros.Entonces,los esclavos redoblaron su oposición al gobierno republicano,que quería perpetuar su miserable condición. Por su parte, la sacarocracia realista enfrentó abiertamente a dichos comisionados, desencadenando una guerra que produjo graves pérdidas en Ciudad del Cabo, la más importante de la isla.


 


Cuando llegó la noticia de la ejecución del rey Luis XVI y el consiguiente estallido de la guerra de Inglaterra y España contra Francia,“los blancos de todos los partidos cesaron de combatirse y se coligaron para entregar el territorio al extranjero”.21 Los españoles de la parte Este de la isla entregaron víveres y armas a los negros,con el objeto de enfrentar el desembarco de los ingleses.Un nuevo ingrediente se agregaba al ya multifacético proceso de esta colonia francesa: una guerra internacional.


 


Ante la perspectiva de una irremediable derrota, los comisionados del gobierno republicano francés solicitaron el apoyo de los esclavos, prometiéndoles la libertad. Un sector de negros acudió al llamado, pero otro se mantuvo transitoriamente al lado de los monárquicos. Los mulatos, a su vez, estaban entre dos fuegos porque como dueños de esclavos no les convenía la medida abolicionista, pero por otro lado respaldaban la República por haberles concedido el derecho a voto y formulado otras promesas igualitarias.


 


Con el objeto de definir drásticamente una situación que se hacía insostenible, los comisionados decidieron decretar la abolición de la esclavitud el 29 de agosto de 1793, medida ratificada seis meses después por la Convención de la Primera República francesa, entonces liderada por Robespierre. En marzo de 1794, los esclavos dirigidos por Toussaint se pasaron a las filas republicanas sin renunciar a la lucha por la independencia política. El delegado francés en Saint Domingue, Polvérel, escribía alborozado: “Toussaint-Louverture, uno de los tres jefes de los africanos realistas coligados con el gobierno español, ha conocido al fin sus verdaderos intereses y los de sus hermanos, ha sentido que los reyes jamás podrían ser amigos de la libertad y de la igualdad. Combate ahora por la República al frente de un fuerte ejército”.22


 


Se demuestra así que la posición de Toussaint de apoyar a uno u otro sector de blancos –o mejor dicho, de aprovecharse de la pelea entre blancos– estuvo siempre motivada por un objetivo estratégico: la liberación de sus hermanos negros.Años después, el delegado francés Laveaux opinaba sobre Toussaint:“no peleaba más que por la libertad de los negros;se le había dicho que sólo un rey podía conceder esta libertad general. Cuando, en esa época, yo pude probarle que la Francia Republicana concedía esta libertad, él se colocó bajo el pabellón tricolor”.23


 


Paralelamente, los mulatos en su gran mayoría continuaban apoyando a la administración colonial, ahora remozada y barnizada con las ideas de una metrópoli republicana y, por momentos, jacobina y plebeya. Los mulatos, dirigidos por Bauvais, Rigaud, Petion y Villate, lograron rechazar la invasión inglesa en el sur y oeste de la isla. En compensación por estas acciones, los comisarios franceses, Sonthonax y Polvérel, delegaron el mando de la Ciudad del Cabo a Villate, quien logró de este modo atraer a esa zona a gran parte de los mulatos de Saint Domingue. Cuando Laveaux, gobernador general de la isla, partidario de Toussaint, quiso controlar el poder de Villate, los mulatos lo apresaron. Entonces, comenzó un nuevo proceso en el ya complejo escenario de la revolución haitiana: una violenta lucha de clases entre negros y mulatos que adquirió los caracteres de guerra civil.Aunque este enfrentamiento tuvo matices étnicos, la contradicción principal fue clasista,porque los mulatos eran en su mayoría propietarios de plantaciones y aspiraban a seguir explotando a los esclavos, mientras que éstos habían roto con un pasado que se resistía a morir.


 


En marzo de 1796, Toussaint, apoyado por Dessalines, se puso al frente de un poderoso ejército que aplastó rápidamente a Villate, liberando al gobernador Laveaux, quien nombró a Toussaint como segunda autoridad de la isla.Varios mulatos, entre ellos Villate, fueron deportados, mientras otros, liderados por Rigaud, continuaron oponiéndose al gobernador, sobre todo en la zona sur, y protestando por la designación de un negro, como Toussaint, en tan alto cargo.


 


El ejército mulato, que se componía de unos 8.000 hombres, cometió una masacre de negros,que obligó a Toussaint a reiniciar la ofensiva,aplastando nuevamente a Rigaud.24 En febrero de 1799 volvió a estallar la guerra civil entre negros y mulatos, que no fue una guerra por el color de la piel,sino por profundas contradicciones de clase.“Tanto Rigaud como Toussaint negaron vigorosamente que la guerra tuviera un carácter racial.”25


 


Petion reforzó el ejército mulato de Rigaud,pero Toussaint,Dessalines, Christophe y otros jefes lograron un triunfo decisivo el 1° de agosto de 1800. Miles de mulatos huyeron a Cuba y Francia, facilitando sin proponérselo la tarea de Toussaint.Los blancos habían sido exterminados u obligados a salir fuera del país:“En Filadelfia, Baltimore y New York se contaban más de 10.000 (…) otros se habían puesto a salvo en Francia, Louisiana y Antillas”.26


 


Sin embargo, los blancos monárquicos no cejaban en sus propósitos, que ya no se limitaban a la restauración de la reyecía,sino que también aspiraban a derrotar al ejército negro para reimplantar las relaciones esclavistas de producción en sus antiguos ingenios.Para llevar adelante ese plan contrarrevolucionario, reafirmaron su decisión de entregar la isla a Inglaterra con la condición de obtener ayuda militar. Los británicos, que estaban en guerra con Francia, otorgaron prestamente la colaboración. Más aún, se pusieron al frente de una escuadra con miles de soldados, que invadieron la isla por la parte occidental. Las tropas inglesas, comandadas por almirantes que habían derrotado a la “Invencible” y a los batallones españoles y franceses, fueron aplastados por la capacidad militar y el odio ancestral de 48.000 negros, comandados por Toussaint.


 


Fue una guerra internacional –nuevo factor que se entrelazó con otros en el proceso haitiano– que demostró la entereza y habilidad de un pueblo oprimido, capaz de derrotar a la potencia naval más importante de la época. Una guerra internacional en la que también participó España, junto a Inglaterra, tanto para derrotar a la Francia Republicana como para restaurar el régimen esclavista de una isla que podría contagiar al resto de las colonias, también sometidas a las relaciones de producción esclavistas.Los ingleses tenían mucho que perder en Jamaica,Barbados y otras islas antillanas, si sus esclavos imitaban el ejemplo de Saint Domingue. El mismo riesgo corrían los españoles en Cuba, Puerto Rico,Venezuela y otras colonias,cuyas riquezas se basaban en el trabajo esclavo.Ni qué decir de Portugal, que se apropiaba del plusproducto que generaban los indios del Brasil.


Por consiguiente,estas potencias internacionales se coaligaron para tratar de aplastar la revolución anticolonial social más relevante de esa época y una revolución de carácter social como la francesa.Pero mientras ésta respetaba –dentro de sus profundos cambios– la propiedad privada, los esclavos cristianos estaban liquidando, por primera vez en la historia, las relaciones de propiedad.


 


Los imperios coordinaron su acción en un intento desesperado por ahogar en sangre la revolución social de los esclavos. Por el lado Este de la isla estaban las tropas españolas acantonadas en la colonia de Santo Domingo,a pesar del Tratado de Paz con Francia (1797),alarmadas por la posibilidad de extensión del proceso revolucionario. El gobernador español de Santo Domingo, Joaquín García, sostenía que Toussaint quería propagar la revolución “a Jamaica, Cuba y al seno mexicano”.27


 


Los ingleses invadieron por el lado Oeste, tratando de ganar el apoyo de un sector de los mulatos. Pero se encontraron con tropas tan disciplinadas como las que comandaba Whitelocke, el mismo que más tarde dirigiera la invasión inglesa del Río de la Plata. En menos de una semana, Dessalines y Morner “tomaron por asalto siete campamentos fortificados de los ingleses. Estos evacuaron completamente los distritos del Oeste a cambio de la protección de las vidas y propiedades de los habitantes franceses que se encontraban bajo la dominación británica”.28Toussaint, ahora apoyado por el mulato Rigaud, inició la ofensiva final. En enero de 1798 los ingleses se batían en retirada ante la arrolladora campaña del ejército negro, pidiendo clemencia no obstante las atrocidades que habían cometido contra la población. El 31 de agosto de ese mismo año se firmaba la paz entre Toussaint y el general inglés Maitland, sobre la base de la evacuación total de las tropas invasoras, que en un comienzo creyeron haber sido enviadas a un paseo militar en aquella isla de negros. El paseo les costó miles de hombres muertos y heridos y una pérdida de 5 millones de libras esterlinas, según el investigador inglés Fortescue en su libro History of the British Army29, en una guerra que se prolongó cerca de cinco años.


 


Toussaint de Lourverture y el primer gobierno de ex-esclavos


 


Toussaint emergió de la guerra contra los ingleses como un líder nacional y social,que no sólo había derrotado a un ejército invasor extranjero sino también consolidado la libertad de los esclavos, que constituían al 90% de la población de Saint Domingue. Nunca proclamó formalmente la independencia política,pero las iniciativas autonomistas tomadas por Toussaint convirtieron de hecho a Saint Domingue en un país independiente, lo que pronto suscitó la intervención armada de la metrópoli francesa.


 


Toussaint impuso medidas de emergencia para reorganizar la economía devastada por una década de guerra y, al mismo tiempo, una política econó- mica de largo alcance que permitiera remontar la grave crisis del país que nacía. Para solucionar el problema inmediato de la hambruna, sólo recurrió a una regresiva forma de producción heredada de la colonia, dictando un decreto que hacía obligatorio el trabajo de los ex esclavos en sus antiguas plantaciones, para lo cual hizo un llamado a ciertos propietarios blancos en un contradictorio y retrógrado intento de conciliación nacional de clases. En la base de esta actitud de Toussaint estaba su carácter de líder de los libertos que, antes del estallido revolucionario, habían constituido una capa intermedia entre los esclavócratas y los esclavos.De ahí también sus vacilaciones políticas ante el pedido francés y su falta de decisión para reclamar formalmente la independencia política.


 


Toussaint no permitió que se parcelaran las grandes plantaciones, con el fin de que los campesinos trabajaran allí por la alimentación y un cuarto del producto de la cosecha.Las otras partes del sobreproducto social se la apropiaban los propietarios de los ingenios y el Estado. En la política económica de Toussaint, el Estado jugaba un papel relevante en la producción, práctica novedosa en aquella época librecambista del “dejar hacer, dejar pasar”.


 


Los ex esclavos quedaron adscritos a las antiguas propiedades donde habían trabajado, pero ahora en calidad de campesinos libres. Se abrió así una fase de transición entre el modo de producción esclavista y un capitalismo incipiente, caracterizado por el papel dinámico del Estado en la economía y un sector de propietarios blancos y mestizos que daban trabajo a campesinos que percibían una forma de salarios en especies, evaluado en la cuarta parte de la producción total por ingenio o empresa. Otra relación de producción impuesta por Toussaint fue el arrendamiento de tierras por los ex esclavos.


 


La venta de tierras debía hacerse con previa autorización de los municipios para evitar la subdivisión incontrolable de los grandes ingenios azucareros, proceso que podía conducir a la brusca disminución de la producción y a la proliferación de minifundios improductivos.


 


Se ha criticado a Toussaint por haber hecho concesiones a un sector de propietarios blancos y por imponer el trabajo obligatorio de los campesinos.


 


El hecho objetivo es que bajo Toussaint el trabajo fue reglamentado y hasta vigilado militarmente,pero pagado en un monto igual a la cuarta parte del producto de la hacienda.Esta forma de pago ha sido calificada por algunos autores como relación servil o feudal de producción, tesis que tampoco compartimos porque los propietarios del ingenio o el Estado no eran señores feudales ni exigían a los campesinos un trabajo servil no remunerado.


 


De todos modos, se fue generando una élite militar de negros y mulatos que lentamente se iba apropiando de parte del excedente por vía de la centralización económica del Estado.Toussaint tampoco pudo liquidar los latifundios en manos de los grandes propietarios blancos y mulatos.Su objetivo inmediato era reconstruir la economía sobre las cenizas dejadas por el conflicto armado.


 


En medio de la guerra social e internacional,Toussaint procuraba mantener ciertos niveles de producción,prohibiendo el pillaje y la devastación.“Los ingenios de los campos del Cabo notablemente trabajaban bien. Cuarenta y ocho fueron en 1797 valorados al precio de 545.050 libras por año (…) Los comerciantes reabrieron sus establecimientos y almacenes y los negocios se reiniciaron en el Norte.”30 En 1800, ya estaban en plena producción algunos rubros fundamentales de exportación, como lo demuestra el siguiente cuadro comparativo.


El periódico francés Press admitía que “más de treinta millones de productos colonialistas, almacenados o en plena recolecta, testimoniaban la buena administración de Toussaint”.31 En síntesis, Toussaint fue capaz de levantar con el esfuerzo de sus hermanos negros al país de la ruina de un decenio, aproximándose en algunos rubros a los dos tercios y en otros a más de la mitad de lo producido en el momento de auge de la economía colonial.


 


La liberación de los esclavos se propagó al Santo Domingo español


 


Casi al final del siglo XVIII, el Santo Domingo español era sacudido por una rebelión de esclavos, fuertemente influenciados por los sucesos de la parte francesa de la isla.A cinco años del levantamiento de Toussaint, en diciembre de 1795, los esclavos de la colonia española comenzaron a rebelarse. En octubre de 1796, doscientos esclavos de la principal hacienda,“el llamado ingenio de Boca de Nigua,propiedad de don Juan de Oyarzábal,se levantaron en armas haciendo huir a su propietario,destrozando e incendiando los cañaverales y los edificios, y matando los animales que encontraron”.32


 


El ejército colonial, reforzado con un contingente de Puerto Rico, masacró a centenares de esclavos; el resto se atrincheró “aprovechando las fortificaciones del ingenio contra los piratas. Es significativo que, como en años posteriores, fueron esclavos de plantaciones los que se rebelaran intentando extender el proceso de Haití”.33 Esto demuestra que las condiciones estaban preparadas para que los esclavos de la colonia española recibieran con entusiasmo a sus hermanos de la parte francesa recién liberados, hecho que comenzaba a rumorearse luego del Tratado de Basilea (1795), por el cual Espa- ña había cedido Santo Domingo a Francia.


 


Los opositores a este Tratado eran los esclavócratas, la burocracia colonial española y los comerciantes. Los comisionados franceses tampoco querían que se aplicara de inmediato porque temían que la revolución social negra tomara el poder en toda la isla.Ante un pedido de Toussaint para que se pusiera en práctica el Tratado de Basilea,los delegados franceses se negaron: “el gobierno francés no quería que los negros de Saint Domingue pasaran a la parte española encabezados por Toussaint, quien de una manera u otra se las ingeniaría para consolidar también su jefatura en esta parte de la isla y sería más difícil todavía arrancar de sus manos un liderazgo que,aunque ejercido en nombre de Francia, resultaba inconveniente para los planes imperiales de Napoleón Bonaparte y la burguesía francesa.Tanto Roume como el general Antonio Chanlatte,quien quedó en Santo Domingo en su lugar como comisionado francés, tenían órdenes de no ocupar la parte española a menos que no fuese con tropas especialmente enviadas desde Francia para ello”.34


 


Así se dio el caso paradójico de que los comisionados franceses se enfrentaron militarmente a quienes querían llevar a la práctica el Tratado de Basilea, que favorecía a Francia. Cuando Toussaint dio un paso más en pos de la liberación de los esclavos, organizando una expedición para tomar posesión de la parte española de la isla, en nombre de Francia, se encontró con que los primeros enemigos eran los franceses, liderados por Chanlatte y Kerverseaux, al frente de 900 hombres.


 


En enero de 1801, Toussaint ocupó Santo Domingo, decretando de inmediato la abolición de la esclavitud. El grueso de la clase dominante huyó a Venezuela, Cuba y Puerto Rico, a pesar de que Toussaint en su primera proclama garantizó la vida de todos los habitantes, instándolos a volver a sus trabajos habituales. El esclavócrata Gaspar de Arredondo y Pichardo, escribió en su Memoria de 1805:“El negro Toussaint hizo publicar un indulto para que se restituyesen a sus hogares, prometiéndoles seguridad y protección del gobierno. Con esto ya poco a poco volviendo los vecinos a ocupar sus casas”.35 A continuación destilaba su resentimiento:“En un baile que dieron para celebrar la entrada de Moyse, antes de la venida de la armada francesa, se me hizo la gran distinción por el bastonero de sacarme a bailar con una negrita esclava de mi casa,que era una de las señoritas principales del baile,porque era bonita, y no tuvo otro título ni otro precio para ganar su libertad, que la entrada de los negros en el país con las armas de la violencia (…) En ese gobierno el primero de los delitos era ser blanco y haber tenido esclavos”.36


Toussaint implementó un plan de emergencia,decretando que el peso fuerte español pasara de ocho reales a once;obligó a los habitantes a trabajar en sus antiguas tierras,limitando la parcelación de las haciendas como había propuesto en Saint Domingue.Puso énfasis en los cultivos de exportación,eliminando todos los impuestos de exportación establecidos por el Estado colonial español.Al decir de Moya Pons:“la política agraria de Toussaint tendía a erradicar el sistema laboral tradicional dominicano”.37


 


Después de suplantar los cabildos por los municipios, Toussaint “se retiró por Azua y San Juan colmado de las bendiciones de los dominicanos, sensibles entonces a sus beneficios como más tarde lo fueron a las crueldades de Dessalines y a las perfidias y vejaciones de Boyer.Así se estableció con este territorio bajo la bandera francesa la dominación ‘del primero de los negros’ como él mismo se apellidaba”.38


 


A su vez, el gobernador de Santo Domingo, Joaquín García, comunicaba al Rey el 24 de febrero de 1801, desde el axilio en Maracaibo, que los pueblos se intimidaron ante Toussaint,“se fueron entregando sucesivamente.El alentó su marcha siempre adelante sin esperar reconvenciones,y aunque se le opuso alguna resistencia de que resultó alguna sangre, no pudo ser sino con respecto a una cortísima guarnición y ningún apoyo del País que sólo aspiraba a asegurar sus posesiones de la rapacidad de una negrada que así lo ofrecía (…) Cada día se propagaban más y más sus pretensiones (…) alargó sus ideas hasta comprender todos los caudales del Rey, libros y papeles, siempre con apariencias de violencia,pero prestándose a condiciones regulares para lograrlo;en términos que a cada cuerpo,y aún a mí mismo me fijó el día de salir porque convenía, antes de que se alterase la buena inteligencia (…) según me ofreció el Negro,si es que puede esperarse de él cumplimiento de cosa alguna”.39


 


Estos documentos, además de expresar el odio y la discriminación racial de los blancos respecto del “negro y la negrada”, muestran claramente que el ejército de ex esclavos derrotó de manera aplastante a las fuerzas españolas, respaldadas por los generales franceses, y al mismo tiempo la capacidad de Toussaint para reactivar la producción de la zona española ocupada por sus huestes, en colaboración con los esclavos y demás explotados de esa parte de la isla.


 


Toussaint reorganizó, con gran visión de estadista, la Administración de la isla unificada.Normalizó las finanzas y organizó una policía marítima para combatir el contrabando.Quebró de facto el monopolio francés al estimular el libre comercio con Inglaterra y,sobre todo,con Estados Unidos,aspiración largamente acariciada por los colonos.Abrió escuelas para educar a sus hermanos ex esclavos. Hizo un monumento conmemorativo de la abolición de la esclavitud. Se preocupó de garantizar la tolerancia religiosa.Y dio los primeros pasos para fomentar la industria nacional.


 


El 9 de julio de 1801 convocó una Asamblea Constituyente, que aprobó la primera Constitución de la isla unificada.Al refrendar esta Constitución, que lo nombró Gobernador vitalicio, sin consultar a Francia, Toussaint estaba de hecho implantando la autonomía política, aunque no lo declarara de modo expreso. De ahí a la independencia política no faltaba más que la proclamación formal de la ruptura del nexo colonial.


 


La invasión de las fuerzas napoleónicas


 


La respuesta colonialista no se hizo esperar. En 1802, en representación del gobierno francés,Napoleón envió una poderosa expedición integrada por 86 barcos y cerca de 30.000 veteranos de guerra, a los cuales pronto se sumaron otros 20.000 hombres; al mando de su cuñado, el general Carlos Víctor Manuel Leclerc.


 


El ataque de Napoleón a Santo Domingo francés y español formaba parte de un vasto plan de dominio de otras islas antillanas, el sur de los Estados Unidos y México. España había cedido la Louisiana a Francia, hecho que inquietó al presidente de Estados Unidos, Jefferson, quien notificaba a Livingston, ministro norteamericano en París:“La cesión de la Louisiana y ambas Floridas que España le hace a Francia afecta muy gravemente a Estados Unidos. En el globo no hay sino un punto cuyo poseedor es nuestro enemigo natural y habitual. Hablo de Nueva Orleans, por donde la producción de las tres octavas partes de nuestro territorio tiene necesariamente que pasar para llegar a los mercados”.40


 


Napoleón pretendió hacer creer a los ingleses que la expedición a Santo Domingo era en interés no sólo de Francia sino también de Gran Bretaña. En nota de Talleyrand, dictada por Bonaparte, se decía:“Haga saber a Inglaterra que en la resolución que he tomado de aplastar en Saint Domingue el gobierno de los negros,me he guiado menos por consideraciones de comercio y finanzas que por la necesidad de ahogar en todas partes del mundo toda especie de inquietud y desórdenes (…) la libertad de los negros, reconocida en Saint Domingue y legitimada por el gobierno francés,sería,en todos los tiempos, un punto de apoyo para la República en el Nuevo Mundo. En ese caso, el cetro del Nuevo Mundo caería tarde o temprano en manos de los negros;la sacudida que resultaría para Inglaterra sería incalculable,mientras que la sacudida del imperio de negros, relativamente a Francia. se confundiría con la revolución”.41


 


El general Leclerc se posesionó de las costas, mientras el Ejército haitiano se retiraba ordenadamente al interior. La táctica de Toussaint “consistió en eludir toda batalla campal,en quemar el suelo bajo las propias plantas del enemigo y en atraerlo a los lugares donde la disposición topográfica del terreno significaba alguna ventaja para la defensa… predominó en todo el país la táctica de las guerrillas”.42 No obstante el apoyo de los jefes mulatos Rigaud, Petion,Villate y Jean Pierre Boyer al ejército invasor, las milicias de los libertos batieron ampliamente a las tropas napoleónicas que se habían paseado triunfalmente por Europa.Toussaint cometió el error de negociar.Pronto Leclerc le tendió una celada y lo hizo prisionero,deportándolo a Francia, donde murió en las montañas del Jura el 7 de abril de 1803.


 


Leclerc restauró la esclavitud, hecho que motivó una masiva reacción de los negros.Los mulatos ricos apoyaron al principio a Leclerc, pero pronto comenzaron a dudar, sobre todo de sus métodos de exterminio. Las atrocidades cometidas por estos adalides de la “civilización europea” fueron peores que las de los conquistadores españoles, como lo atestigua un militar francés de la época, Lemonnier Delafosse:“Fusilamientos,anegados, ahorcamientos, autos de fe, víctimas que se entregaban a los perros para que los devoraran,tales fueron los medios que se creyó deber emplear para someter al país (…) Muy pronto llegó su turno a los negros para vengarse. Después de nuestra salida, todos los blancos que quedaron fueron degollados; y las atrocidades que se habían cometido allí eran suficientes para legitimar las venganzas (…) Es preciso haber estado en guerra para conocer su audacia”.43


El terror y los crímenes cometidos por Leclerc no hicieron más que incrementar el odio al invasor francés. Miles de ex esclavos y otros sectores de la población se incorporaron activamente a la resistencia.


 


Jean Jacques Dessalines se puso al frente del ejército de los libres, reemplazando la bandera francesa por otra azul y roja con el lema “Libertad o Muerte”.A medida que avanzaba,repartía tierras.Sus principales lugartenientes eran Christophe y Belair.Además fue muy dúctil para lograr el apoyo de un fuerte sector de mulatos, pues no sólo luchaba por la liberación de los esclavos sino también por un gran proyecto político:la independencia nacional, en la cual también estaba interesado un grueso sector de mulatos.


 


La mayoría de los historiadores magnifica la epidemia que sufrió el ejército francés con el objeto de minimizar el avance del ejército negro. Sin dejar de considerar la importancia de la epidemia, en la cual pereció Leclerc, creemos que la derrota del ejército napoleónico fue en último análisis el resultado del enfrentamiento con un ejército superior en moral y en táctica militar. El 29 de noviembre de 1803, Rochambeau tuvo que capitular en toda la línea.Las invictas tropas napoleónicas habían perdido en los campos de batalla de esa pequeña isla de las Antillas más de 62.000 hombres y 225 millones de libras esterlinas. Los tan menospreciados y discriminados negros habían batido sin apelación a los mejores espadas del Estado Mayor del Ejército de Napoleón.


 


La proclamación de la Independencia


 


Después de la invasión napoleónica se canceló la fase de las conciliaciones con la administración Francesa. Victoriosos en una guerra de liberación, entrecruzada con la guerra social y étnica, sólo faltaba la declaración formal de ruptura con la metrópoli. Consciente del paso histórico que iba a dar, Dessalines proclamó el 1° de enero de 1804 la independencia política de Saint Domingue,a la que bautizó con el nombre de Haití,primer país independiente de América Latina. Por eso, el inicio de la revolución por la independencia no comienza en 1810, como se ha repetido falsamente, sino el primer día del año nuevo de 1804.


 


La Constitución aprobada el año siguiente estableció que “ningún blanco, sea cual fuere su nacionalidad,pisará este territorio con el título de amo o de propietario ni podrá en lo porvenir adquirir propiedad alguna.Art. 13: El artículo precedente quedará sin efecto así con respecto a las mujeres blancas que han sido naturalizadas haitianas por el gobierno como con respecto a los hijos que de ellas han nacido o están por nacer.Art. 14: Los haitianos serán tan sólo conocidos bajo la denominación genérica de negros”.44 El artículo 1° de esta Constitución,aprobada el 20 de mayo de 1805,expresaba claramente la decisión de consolidar la unificación de la isla:“El pueblo que habita esta isla llamada Santo Domingo ha convenido que formará un Estado libre, soberano e independiente de cualquier otra potencia del universo y se llamará el Imperio de Haití”.45 Se estableció,asimismo,que el mal de Haití era el color blanco, como expresión de repudio a la explotación centenaria de los esclavócratas.


 


Dessalines se propuso desde el primer momento extender a Santo Domingo la influencia de la revolución social haitiana. Cuando las tropas francesas evacuaron a principios de 1804 las ciudades de Santiago, La Vega y Cotuí, el gobierno haitiano las incorporó de inmediato.Dessalines impuso un millón de pesos de contribución a los propietarios, medida que provocó la fuga masiva de los esclavócratas a Cuba, vía Puerto Plata.


 


El objetivo de Dessalines era expulsar definitivamente a los franceses, que al mando del general Ferrand controlaban Santo Domingo.Aunque esta decisión se tomó con retardo, la estrategia era correcta por cuanto la existencia de tropas francesas en una región tan cercana podía poner en peligro la independencia de Haití. El general Ferrand había ordenado tomar prisioneros a los niños negros menores de 14 años, con el fin de exterminar la raza africana.


 


En su proclama del 8 de mayo de 1804 a los habitantes de la parte espa- ñola, Dessalines manifestaba:“Para mayor prueba de mi solicitud paternal, en los lugares sometidos a mi autoridad, no he nombrado jefes sino a hombres tomados y escogidos de entre vosotros mismos”.46 Poco después,Dessalines, junto con Petion y Christophe, atravesaron la isla hasta poner sitio a Santo Domingo.47 Luego de tres semanas, tuvo que retirarse ante la presencia de una nota francesa que amenazaba con invadir también las costas haitianas.En su alocución al pueblo,en la que rendía cuentas de su expedición a Santo Domingo,reafirmaba su decisión de luchar por la unificación de la isla:“resolví ir a apoderarme de la porción integrante de mis Estados y borrar allí hasta los últimos vestigios del ídolo europeo. En consecuencia, una fuerza armada fue desplazada contra la parte española. Nuestra marcha fue rápida, y nuestros pasos fueron señalados por otros tantos éxitos felices (…) En cualquier punto que el destino de este país haga un llamado a mi firmeza, recibiréis de mí el ejemplo de vivir o de morir como hombres libres (…) Y si fuere necesario perecer víctimas de la más justa de las causas, dejamos tras nosotros el honroso recuerdo de lo que puede la energía de un pueblo que lucha contra la esclavitud, la injusticia y el despotismo”.48


 


Dessalines nacionalizó los bienes de los colonos franceses, colocándolos bajo la administración del Estado, con lo cual se convirtió en el primer gobernante de América Latina en nacionalizar la tierra y otorgar un papel relevante al Estado en los asuntos económicos.


 


El Estado quedó encargado de distribuir la tierra entre los antiguos esclavos.“Es cierto que Dessalines no pudo conseguir este reparto efectivo de las tierras a todos, pero si se considera la época en la cual fueron emitidas sus concepciones económicas es preciso elogiar el genio intuitivo y práctico de este revolucionario.El papel asignado a la Administración de los Dominios era la forma más avanzada, concebible en la época, de la intervención del Estado en la vida económica”.49


 


En síntesis, Toussaint y Dessalines llevaron adelante la revolución social más trascendente de la América Latina del siglo XIX, fundaron la primera nación de nuestro continente y se convirtieron en los primeros gobernantes en liberar a los esclavos y nacionalizar la tierra.


 


 


NOTAS:


 


1. Centro de documentación e Información sobre Haití: Petion-Bolívar, Caracas, 1981, pág. 5. 


 


2. Prólogo de Franklin J. Franco al libro de José Luciano Franco: Historia de la Revolución de Haití, Editora Nacional, Santo Domingo, 1971.


 


3. Américo Lugo: Historia de Santo Domingo. Edad media de la Isla Española. Desde 1566 hasta 1608, Santo Domingo, 1952.


 


4. Emilio Cordero Michel: La Revolución Haitiana y Santo Domingo, pág. 22, Santo Domingo, 1968. 


 


5. Citado por Frank Moya Pons: Manual de Historia Dominicana, pág. 122, Univ. Católica, Santo Domingo, 1977. 


 


6. J.L. Franco: op. cit., pág. 147. 


 


7. Ibid, pág. 147.


 


8. Ibid, pág. 98 


 


9. James G. Leyburn: El Pueblo Haitiano, Buenos Aires, 1946. 


 


10. J.L. Franco: op. cit., p. 161. 


 


11. Ibid, p. 161.


 


12. Ibid, págs. 137 a 41. 


 


13. Ibid, pág. 171. 


 


14. Jean Price-Mars: Ansi Parle l’Oncle. Essais d’Ethnographie, Port au-Prince, 1928.


 


15. Gastón Martín: L’Ere des Négriers (1714-1774), París, 1931. 


 


16. J.L. Franco: op. cit., pág. 135.


 


17. Jean Jaures: Historia Socialista de la Revolución Francesa, Tomo II, Buenos Aires, 1946. 


 


18. Ibid. 


 


19. J.L. Franco: op. cit., pág. 208.


 


20. J. L. Franco: Documentos para la Historia de Haití, Archivo Nacional, La Habana, 1954. 


 


21. Ibid, pág. 228 


 


22. Horace Pauleus Sannon: Historie de Toussaint-Louverture, Port-au-Prince, 1938.


 


23. J.L. Franco: Historia (…), op. cit., pág. 240. 


 


24. Victor Schoelcher: Vie de Toussaint-Louverture, París, 1889. 


 


25. J.L. Franco: Historia (…), op. cit., pág. 271. 


 


26. Padre A. Gabón: Notes sur l’Histoire Religieuse d’Haití, Port-au-Prince, 1933.


 


27. J.L. Franco: op. cit. 


 


28. J.L. Franco: op. cit., pág. 259. 


 


29. J.L. Franco: op. cit., pág. 258.


 


30. Ibid, pág. 252. 


 


31. Ibid, pág. 293. 


 


32. Frank Moya Pons: op. cit., pág. 173. 


 


33. R. Cassa: op. cit., Tomo I, pág. 192.


 


34. Frank Moya Pons: op. cit., págs. 187 y 188. 


 


35. Gaspar de Arredondo y Pichard: Memoria de mi salida de la isla de Santo Domingo el 28 de abril de 1805, en Invasiones Haitianas de 1801, 1805 y 1822, Academia Dominicana de la Historia, Ed. del Caribe, pág. 129, Repú- blica Dominicana, 1955. 


 


36. Ibid, págs. 132 y 134.


 


37. Frank Moya Pons: op. cit., pág. 194 


 


38. Alejandro Llenas: op. cit., págs. 187 y 188. Ver también: Juan Bosch: Composición Social Dominicana, págs. 118-120, Ed. Alfa y Omega, Santo Domingo, 1978.


 


39. Fray Clpriano de Utrera: Toussaint-Louverture aniquila el Batallón Fijo de Santo Domingo, en Invasiones Haitianas…, op. cit., págs. 228 y 229. 


 


40. Charles y Mary Beard: Historia de la Civilización de los Estados Unidos de Norteamérica, Buenos Aires, 1946


 


41. J.L. Franco: op. cit., págs. 293 y 294. 


 


42. Jean Price-Mars: La República de Haití y la República Dominicana, págs. 34 y 35, Puerto Príncipe, 1953. 


 


43. R. Cassa: op. cit., Tomo I, pág. 187.


 


44. Jean Price-Mars: op. cit., pág. 52. 


 


45. Ibid, pág. 52. 


 


46. J.J. Dessalines: op. cit., pág. 97.


 


47. Alonso Rodríguez Demorizi: “Dessalines y la Independencia de Santo Domingo”, en Hélices N° 6, Santiago, noviembre 1934. 


 


48. J.J. Dessalines: op. cit., págs. 105 y 108. 


 


49. Emilio Cordero Michel: op. cit., pág. 79.