Después de la incursión armada del 3 de enero -que bombardeó Caracas junto a varias ciudades venezolanas- y de la «extracción» a sangre y fuego del presidente Nicolás Maduro y su compañera, Donald Trump advirtió que administrará el país invadido por tiempo indeterminado, incautando todo el petróleo venezolano.
El acto de guerra fue la culminación del bloqueo naval a Venezuela montado por los EEUU ante la pasividad cómplice de las burguesías nacionales de Latinoamérica. En una sucesión de amenazas, Trump prometió que Cuba caerá a la brevedad, se metió de lleno en la campaña electoral de Colombia para condicionar a Gustavo Petro, declaró que los Estados Unidos están dispuestos a cruzar la frontera para combatir a los carteles narcos en territorio mexicano con el concurso de la CIA, y en un plano más general intimó a Groenlandia a venderle la Isla si quiere evitar una intervención directa del ejército norteamericano.
Protectorado
Trump quiere reordenar el continente americano al que los EEUU consideran su patio trasero desde la Doctrina Monroe y sus “corolarios”. Las amenazas de una segunda ola de ataques -si la » presidenta encargada» Delcy Rodríguez no entrega los 50 millones de barriles de petróleo o incumple con otras exigencias comerciales- tienen como propósito hacer de la República Bolivariana un protectorado yanki. Si Trump logra imponer su política pirata, Venezuela retrocederá a la condición de una semicolonia directa del imperialismo y, por lo tanto, al convulsivo escenario que llevó – más de tres décadas atrás- al Caracazo, al derrumbe de los partidos tradicionales venezolanos y a la emergencia del chavismo.
A un mes de la agresión militar a la República Bolivariana, Trump y Rubio se jactan de que Delcy Rodríguez está cumpliendo a rajatablas con la senda trazada por la intervención del 3 de enero. La Encargada de Negocios norteamericana se trasladó a Venezuela para monitorear de cerca la agenda trumpista. Sin embargo, la postergada transición política en Venezuela abre un terreno tan incierto como potencialmente explosivo. El dúo Trump- Rubio condiciona esta transición tutelada a la «estabilización previa del país”.
Este primer tiempo prioriza los acuerdos con la cúpula del gobierno chavo-madurista como garantía de “paz social” y contención del movimiento popular para avanzar en el saqueo a Venezuela. El apoyo a Delcy Rodríguez no cayó del cielo: la actual presidenta “encargada” fue además de la vicepresidenta de Nicolás Maduro, la responsable de la política energética y de los asuntos petroleros del madurismo. Estos vínculos con los pulpos del petróleo y las posteriores declaraciones de Trump alimentan la presunción que detrás del golpe “con olor a petróleo” está la connivencia de la actual presidenta y un sector dirigente del gobierno venezolano. Las dudas se extienden al propio Nicolás Maduro y al rol jugado por el ahora expresidente encarcelado en los EEUU. Todavía deben esclarecerse las condiciones en que fueron masacrados los custodios cubanos de Maduro.
A Trump no le alcanza con el despliegue de su formidable aparato militar, al que llama “su ejército soñado”. Necesita del colaboracionismo del gobierno venezolano para apoderarse de los 50 millones de barriles. La llamada segunda fase de “reconstrucción” no es sino la apropiación de la reservas petroleras calculada en 300.000 millones de barriles, la mayor del planeta. La insistencia de Trump en que su preocupación inmediata es el petróleo sirve como zanahoria y promesa de ganancias extraordinarias futuras, y está dirigida a los grupos petroleros norteamericanos para que inviertan en el refinamiento del crudo pesado en la Faja del Orinoco.
EEUU es, en este momento, gracias al fracking, líder mundial en producción petrolera y no solo se autoabastece, sino que incluso exporta. Importa solo algunas variedades de petróleo pesado para sectores determinados de la industria. (Aunque sus reservas actuales alcanzan un promedio de 5/6 años). ¿Por qué entonces tanto interés en controlar el petróleo venezolano? Como planteaba Lenin en su estudio sobre “El Imperialismo, fase superior del capitalismo”, uno de los objetivos de la dominación imperialista es el de controlar la fuente de reservas de materias primas, no solo para su uso, sino para bloquear el uso por parte de potencias rivales. Esto es parte de la lucha contra el avance de China en el continente. A partir de la “intervención” yanqui en Venezuela han retrocedido considerablemente las exportaciones petroleras venezolanas a China.
El camino elegido por Trump está plagado de contradicciones. Esto aumenta las dudas y las fracturas políticas en el propio imperialismo norteamericano, incluso en la base trumpista. Según las encuestas de opinión, el 70 % de la población norteamericana no apoya la invasión y menos aún que los EEUU se instalen en Venezuela como una fuerza de ocupación permanente. La incertidumbre política se mide por las reticencias de las petroleras yankis a invertir de inmediato los 100 mil millones de dólares que se les exige. Hoy Venezuela extrae menos de un tercio del petróleo que se extraía en la época del boom petrolero con Hugo Chávez pero además el precio del petróleo cae en el mercado mundial por la sobreproducción del crudo, la crisis capitalista mundial y la ralentización del crecimiento económico de China. Empresas como Chevron, Exxon o Phillips han declarado que el aumento de los seguros y las primas de riesgo encarecen la operatoria y el proceso.
Una escalada bélica contra Irán podría modificar radicalmente esta tendencia por el papel que juega la República Islámico como país exportador de petróleo con China como principal comprador. A medida que escala la posibilidad de una guerra, el precio sube. Donald Trump anunció que venderá los barriles arrebatados a Venezuela bajo su control directo y sin subsidios. Por ahora Trump lanzó al mercado lo sustraído con el bloqueo naval. Las prioridades de los grandes pulpos petroleros que operaban en tiempos de Chávez como “asociaciones estratégicas” es otra muy distinta en el corto plazo. ExxonMobil y Conoco Phillips desconfían del éxito del “Plan Trump” que descansa- en buena parte- en la estabilidad política y social que pueda aportarle un chavismo residual, descompuesto y desprestigiado. Temen que un agravamiento de la crítica situación social y económica sea el caldo de cultivo para una irrupción popular con Trump y su gobierno pegados a Delcy Rodríguez y al bloque colaboracionista del chavo-madurismo. Recientemente un directivo de ExxonMobil declaró que no hay condiciones para invertir en Venezuela. Estos grandes pulpos que hicieron enormes ganancias en tiempos de Chávez pretenden primero cobrarse los juicios que Venezuela fue perdiendo a partir de que Hugo Chávez tomase el control del 60 % de las empresas. En una reunión explicativa de los beneficios que les traería la Reforma de la Ley de Hidrocarburos, Delcy Rodríguez reunió a representantes de las petroleras Repsol, Chevron, Shell y otras multinacionales para reafirmarles que podrán invertir en Venezuela sin temores y con plenas garantías para su capital.
El articulado votado por la Asamblea Nacional incorpora la figura de arbitraje internacional para el caso de diferendos en la política petrolera u otras reclamaciones de las multinacionales. La ex vicepresidenta de Maduro se declara una entusiasta defensora de la inversión privada para que Venezuela se convierta en un boom exportador y autorizó con la reforma de la ley petrolera que los fondos de PDVSA sean utilizados por los privados. Del estatismo burgués, el régimen chavista pasó a la apología de los pulpos petroleros extranjeros.
Despejada la ficción mentirosa de una restauración democrática, Donald Trump dinamitó a la reaccionaria oposición derechista tildándola de incapaz para gobernar. Desandando caminos, el matón del mundo le bajó el pulgar a Corina Machado por carecer de apoyo popular interno, un golpe al relato de la legitimidad opositora. Por ahora, Donald Trump seguirá presionando y pactando con Delcy Rodríguez, quien, por su parte, le prometió a la Casa Blanca una nueva relación diplomática y económica con EEUU. El apoyo del secuestrado Maduro a su ex vicepresidenta confirma que el giro “hacia el Imperio” es una política común de la mayor parte -sino toda- de la cúpula chavista. La aprobación de la reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos, la reciente jura de obediencia de las Fuerzas Armadas Bolivarianas a la autoridad de la presidenta encargada y el nombramiento de la hija de Diosdado Cabellos como ministra del gobierno de Delcy Rodríguez apuntan a presentar la apertura petrolera, los pactos con el imperialismo y la transición -incluido el diálogo político con la oposición que apoyó la invasión- como una respuesta unificada del chavismo.
Por lo pronto el reingreso de una parte de los dólares que fueron producto de la venta del petróleo confiscado no irá a mejorar las condiciones de vida de los venezolanos sino a los bancos y el mercado financiero para contener la subida del dólar. Las masas de Venezuela tendrán la última palabra.
El diario Página 12 editorializa sobre la situación venezolana a treinta días de la intervención norteamericana presentando la apertura al capital privado y extranjero como un recurso de Delcy Rodríguez para ganar tiempo, evitar un segundo ataque y desarmar políticamente a la oposición antichavista. La agenda que lleva adelante el gobierno venezolano va mucho más allá de un compromiso dictado por la fuerza y las amenazas de Trump. Los hermanos Rodríguez disimulan la brutal injerencia imperialista cuando hablan de la «estabilidad política» importante como un gran triunfo del pueblo venezolano. La “estabilización” es el discurso hipócrita del imperialismo. Por las dudas, Marco Rubio le recordó a Delcy Rodríguez que el apoyo de EEUU a la estabilización de Venezuela -primera fase de la agenda Trump- no es incondicional.
La exigencia siguiente es la de una amnistía general que incluya a quienes conspiraron y fueron parte de intentos de golpe de estado. Trump siembra el terreno para la proimperialista oposición antichavista. El interinato de Delcy Rodriguez no es sino el prólogo de nuevas reformulaciones políticas. El apoyo a la » paz y estabilidad» que pregona el chavismo sustituto es un camino de mayores derrotas para los trabajadores venezolanos. Más que nunca es imprescindible una política de independencia política para la clase obrera frente al fracaso ruidoso del » Socialismo del Siglo XXI».
Imperialismo en retroceso y crisis mundial
Lo que pueda terminar ocurriendo en Venezuela es el gran interrogante para una amplia franja del capital estadounidense y mundial que tienen muy presente el fracaso de la invasión a Irak, el desastre en Libia, la desarticulación de Siria y el resultado ruidoso de la guerra en Afganistán que terminó con los talibanes en el poder.
La arremetida yanki contra Groenlandia abrió una crisis con Dinamarca y otros estados europeos de la OTAN. La crisis con la OTAN sobreviene cuando la alianza militar comandada por los EEUU está perdiendo la guerra en Ucrania.
Vale aquí detenerse en los escritos de la Fundación Mises que tiene en la Argentina una colateral llamada Fundación Libertad. Esta última cuestionó la invasión de los EEUU a Venezuela desentonando con Javier Milei a quien apoyan y llamaron a votar. La Fundación Mises con sede en Estados Unidos es una usina ideológica de los “libertarios” y defensora a ultranza de la escuela de economía austríaca y del liberalismo. Según esta Fundación, Trump le está infringiendo un golpe mortal a la autoridad moral de Norteamérica al violar la Constitución de los EEUU que subordina todo ataque militar a la autorización del Congreso, y agrega que el gobierno de Trump solo considera el derecho internacional cuando éste es funcional a los EEUU y a su aliado, Israel. La preocupación principal de los “libertarios” imperialistas es lo que pueda ocurrir en Venezuela si Trump tensa la cuerda y termina fracturando al precario gobierno de Delcy Rodríguez. Para la Fundación Mises la situación política en Venezuela es peligrosa e inestable porque las distintas fracciones del chavo-madurismo están agrupadas provisoriamente en apoyo a Delcy Rodríguez. Los “padrinos” de Milei temen que el remedio sea peor que la enfermedad y que termine radicalizando a las masas venezolanas. Acusan al gobierno del Partido Republicano por querer descargar el costo de una guerra de ocupación sobre los contribuyentes norteamericanos.
Venezuela no es un capítulo cerrado y tendrá que atravesar todavía por nuevas crisis en un escenario mundial cuya tendencia es hacia la guerra y a la conformación de bloques imperialistas y capitalistas antagónicos que se preparan para una gran confrontación militar. La invasión de Venezuela retrata la política imperialista de los EEUU y a la vez sus debilidades: Trump necesita del descompuesto aparato chavista para abrirse paso, así como de la colaboración de las burguesías latinoamericanas. El “izquierdista” Petro le recordó al mundo que fue él quien le propuso a Maduro –antes de la incursión armada- incorporar a la oposición antichavista al gobierno. Mirando las encuestas presidenciales a la baja, el presidente colombiano le propuso a Delcy Rodríguez una alianza militar con la participación de los EEUU para “aplastar” a las guerrillas disidentes de las FARC y del ELN que tienen pequeñas bases de refugio en la República Bolivariana. Repitiendo el libreto de Trump, Petro tildó al frente guerrillero FARC–ELN de narco- terrorismo.
Trump se apoya en los gobiernos de derecha de América del Sur como el de Milei mientras negocia el colaboracionismo de los gobiernos “progresistas”. En este 2026 habrá elecciones presidenciales en Brasil, Colombia y Perú, país este último donde el derrumbe de los partidos burgueses está elevando la intención del voto en blanco al 50%. Donald Trump no deja de recordarle a Milei que La Libertad Avanza ganó las elecciones legislativas de octubre gracias a su apoyo y a la amenaza de dejar que la Argentina colapse y entre en default. A pesar del terreno comercial perdido frente a China, los EEUU siguen siendo la potencia imperialista dominante en Latinoamérica.
Desde hace unos días la crisis política en Irán, las movilizaciones populares contra el régimen reaccionario de Jamenei y las renovadas amenazas militares de Trump contra la nación persa parecen haber desplazado la atención sobre Venezuela de los medios de prensa. Los llamados de Trump a terminar con el régimen teocrático de los ayatolas -prometiéndole a los manifestantes que «la ayuda de EEUU va en camino»- confirma que los intereses de la primera potencia mundial no se reducen al disputado espacio trasero o al saqueo del petróleo de Venezuela. Los EEUU y su aliado el genocida estado de Israel están embarcados en un reordenamiento completo de Medio Oriente. Para los manifestantes que ganan la calle en Irán, que protestan contra la caída a pique del nivel de vida y el tarifazo, para las mujeres víctimas de una opresión brutal, y para el movimiento juvenil y estudiantil que lucha contra la censura y la persecución política, la invasión a Venezuela debería ser una lección política. No hay democratización posible de la mano del imperialismo sino saqueo, intervencionismo y mayores miserias para los pueblos.
Algunos «analistas internacionales» ven en la invasión a Venezuela el fruto de una negociación a tres bandas entre EEUU, China y Rusia para repartirse el control de sus áreas de influencia. La realidad -como se ha puesto nuevamente de relieve con las amenazas de intervención militar en Irán- va por otro lado. Crece la escalada militar y los choques cada vez más violentos de los EEUU con los imperialismos y estados capitalistas rivales. Recientemente las fuerzas navales de los EEUU, Gran Bretaña, Japón y Filipinas realizaron ejercicios de despliegue naval en el Mar de la China que apuntan directamente contra el gigante asiático más allá de Taiwán, un territorio históricamente chino. El imperialismo norteamericano está en un retroceso comparativo con respecto a China que ha pasado a ser el “principal socio comercial” de numerosos países de América del Sur. Hay una contradicción cada vez mayor entre la dominación del imperialismo yanki en América Latina y la pérdida de negocios e inversiones a manos de China.
La República Popular China ha pasado a ser el país capitalista con mayores inversiones en infraestructura en el continente americano, el comprador privilegiado de materias primas -incluida la Argentina de Milei- y el artífice de la inundación de mercancías baratas que llegan a los mercados latinoamericanos. El ultraderechista presidente de Chile tiene por delante el cumplimiento de la monumental obra que unirá ese país con Hong Kong, un cable submarino portador de un flujo de información y datos que los EEUU consideran un peligro para su seguridad y un aliento a la expansión de China. Trump implementa el garrote a costa de un extraordinario gasto militar que ascenderá al billón y medio en el presupuesto. Esta brutal maquinaria de guerra está asfixiando a la economía norteamericana en beneficio del Complejo Militar Industrial y de los negocios tecnológicos y de IA con aplicación bélica. La proliferación de conflictos y el intervencionismo norteamericano implican una escalada cada vez más brutal que empuja hacia una tercera guerra mundial, y una carga cada vez más onerosa a los contribuyentes que está polarizando al establishment norteamericano sumada a la secuela de derrotas electorales de los Republicanos a manos del Partido Demócrata.
La referencia obligada a la Doctrina Monroe es pertinente en tanto denuncia el expansionismo imperialista, sin embargo es necesario situar esta referencia en el tiempo. La Doctrina Monroe data del siglo XIX cuando los EEUU estaban en pleno desarrollo capitalista perfilándose como el país más importante del continente americano. El corolario Roosevelt de 1904 legitimó las ocupaciones militares yankis cuando iban agudizándose las contradicciones imperialistas que desatarían la Primera Guerra Mundial, los EEUU que entraron al final de la guerra salieron fortalecidos en sus aspiraciones imperialistas. Trump aplica su propio corolario en nombre de la “seguridad nacional” y la “lucha contra el narcotráfico” pero éste corresponde a un imperialismo que está en retroceso, que pierde posiciones, y que debe recurrir una y otra vez al papel de policía del mundo y de ejército de ocupación en su propio territorio.
El talón de alquiles de Trump y del imperialismo norteamericano es la crisis cada vez más aguda en los propios Estados Unidos, la inflación, la precariedad laboral y el empobrecimiento de la población. No son pocos los que consideran que dentro de los EEUU hay una virtual guerra civil no declarada pero en proceso por las enormes desigualdades sociales, el despliegue del ejército y las fuerzas militares contra la población y las ciudades santuarios, por la radicalización de las movilizaciones populares y de la población migrante, y por la quiebra y pérdida de autoridad de las instituciones del estado, acicateada por las derrotas electorales de Trump y su avasallamiento del Congreso.
Los datos son concluyente: el 1% de los súper ricos concentra el 31 % de la riqueza nacional y si se extiende la franja hasta el 10% de los más pudientes, éstos se quedan con el 70% de la torta. El tercio restante del ingreso se divide en un 50% que apenas recibe un 2,5% y la otra mitad compuesta por una clase media cada vez más empobrecida. El cine está recogiendo esta crisis en distintas películas que dan cuenta del clima de guerra interna que se vive en los EEUU donde la pobreza alcanza a 40 millones de estadounidenses. El temor mas grande de la población norteamericana es a quedarse sin casa, a ser desalojados y a vivir en la calle porque los alquileres se fueron por las nubes y los salarios caen por la inflación y la precariedad de la oferta laboral. Los “poor workers” son aquellos trabajadores que están obligados a tomar varios trabajos en jornadas agotadores para poder sobrevivir. Los EEUU se están “latinoamericándose” y van ocupando un lugar central en la lucha de clases. Mientras brama, Trump le pidió a los congresistas del Partido Republicano que ganen la elección de medio término de este año para bloquear un juicio político.
Los pronunciamientos de distintos actores norteamericanos contra Trump, la huelga general y las movilizaciones de masas en Mineápolis, y el discurso anti-ICE de Bad Bunny en la entrega de los Grammy van marcando el pulso de un giro político cuando este año se realizarán elecciones de medio término en EEUU.
Cuba en la mira de Trump
La agenda que impuso Trump en Venezuela -aceptada por Delcy Rodríguez y el chavismo- incluye la prohibición de venta del petróleo a Cuba. De esta forma la República Bolivariana pierde el derecho soberano a decidir el destino de sus exportaciones y Donald Trump se asegura el control del petróleo venezolano. Pero además, el voto del imperialismo yankee refuerza el bloqueo criminal a Cuba.
En paralelo con el condicionamiento que rige sobre Venezuela, Trump dispuso castigar con mayores aranceles a todo país que se proponga enviar petróleo a la Isla. Simultáneamente amenazó a México si éste continúa enviando embarques a Cuba. Con tono amenazante afirmó que Cuba es un tema terminado y que está » conversando con cubanos importantes el futuro de ese país. Las consecuencias del bloqueo están a la vista y son tremendas. Según medios de prensa internacionales, la provisión petrolera y energética de Cuba estaría próxima al colapso en dos o tres semanas. Esto significa que faltaría electricidad en los hogares, hospitales y para el transporte cotidiano y comercial. Una verdadera catástrofe humanitaria.
La defensa de Cuba frente al bloqueo y las amenazas de hacer de la Isla «otra Venezuela» es una tarea de primer orden para los socialistas revolucionarios y para la clase obrera latinoamericana. Trump está empeñado en tomar el control de Cuba y en quebrar toda resistencia de la burocracia a la búsqueda de un punto de apoyo en el propio gobierno cubano.
La clase obrera latinoamericana puede inclinar la balanza
La movilización en defensa de Venezuela y un paro continental son de vital importancia para que la clase obrera y las organizaciones populares de todo el continente intervengan para impedir que el país hermano sea reducido a la condición de un protectorado. En 1965 la Argentina fue el escenario de movilizaciones de masas contra la invasión norteamericana a Santo Domingo con la presencia de miles de estudiantes -convocados por la FUA- que ganaron las calles y ocuparon las facultades. Esta enorme presión política fue decisiva para que Arturo Illia desistiese de sumarse a la “Fuerza Interamericana de Paz” armada por el imperialismo y su ministerio de colonias –la OEA- para darle una cobertura cómplice a la invasión.
La intervención de la clase obrera latinoamericana es el principal sostén que puede recibir la clase obrera venezolana para derrotar las provocaciones de Trump y para abrir una salida y alternativa propia de los explotados frente al colaboracionismo del aparato chavista-madurista que actúa como contención de una respuesta popular a la invasión norteamericana. La razón principal del estado de excepción que rige en Venezuela es la de allanar el camino a un giro del chavismo residual hacia el imperialismo yanki.
La adaptación del chavo-madurismo es una lección histórica de los límites del nacionalismo burgués a escala continental y de un nacionalismo fiscal venezolano que dilapidó los ingresos por regalías para poner en pie a una boliburguesía (burguesía bolivariana) que terminó pasándose a la oposición golpista y que hoy actúa en el campo de la transición regenteada por Trump y Rubio. Si Trump desmoraliza a la oposición derechista negociando con Delcy Rodríguez, los restos del chavismo hacen lo propio con la combativa clase obrera venezolana que supo derrotar el golpe contra Chávez en el 2002.
Los explotados venezolanos tienen que sacudirse décadas de regimentación y estatización de los sindicatos. El balance sobre la complicidad de las burguesías nacionales latinoamericanas es abrumador: donde no apoyaron explícitamente la invasión, tampoco fueron más allá del palabrerío impotente sobre la violación del “derecho internacional”, una coartada para no luchar contra la injerencia militar de Trump en Venezuela.
Es lo que hace el peronismo en el país sudamericano y lo que hará si Trump avanza sobre Cuba. Las centrales sindicales burocráticas argentinas acompañan esta política de desmovilización funcional al imperialismo. Es el caso archi-ejemplificador de la CGT y de las CTAs que no luchan por defender a Venezuela como tampoco luchan contra la Reforma Laboral Esclavista de Milei. El papel que está jugando el peronismo es ilustrativo del derrumbe político del nacionalismo burgués argentino que diferencia positivamente el proteccionismo imperialista de Trump del liberalismo aperturista e “industricida” de Milei. La cantinela del Trump nacionalista y peronista es un golpe mortal a los trabajadores. El nacionalismo de los países imperialistas necesita del liberalismo semicolonial y entreguista para imponerse.
Como hemos denunciado en Prensa Obrera, el peronismo se ha partido entre los Jaldo, Guillermo Moreno y sus aliados -no solo Pichetto sino el intendente kicillofista Granados- que apoyan entusiastamente la invasión y el alineamiento con EEUU contra China, y los impostores de La Cámpora y del Movimiento Derecho al Futuro de Kicillof que desertaron de toda movilización antiimperialista. Sergio Berni declaró que Maduro “se compró todos los premios”, una forma miserable de justificar el intervencionismo norteamericano.
El paro continental es para el Partido Obrero mucho más que una consigna de principios, se trata de una hoja de ruta y agenda de lucha política al interior de los sindicatos, los centros de estudiantes y las organizaciones populares. Es decir que empieza por casa poniendo en evidencia la parálisis de las burocracias sindicales y estudiantiles. El FITU (Frente de Izquierda) debiera estar al frente de una convocatoria no solo nacional, sino continental de la izquierda contra la intervención imperialista de Trump en Venezuela, Cuba y América Latina. Pero, a pesar de la propuesta del PO, dirigida a la mesa del FITU, de convocar a un congreso antiimperialista continental no hemos tenido un eco positivo. El MST (integrante de la LIS) trabaja por el contrario por la realización de un Encuentro frentepopulista antifascista en Porto Alegre en marzo próximo con las corrientes que apoyan al lulismo, kirchnerismo, etc. que tienden a conciliar con la ofensiva trumpista. Colocamos la lucha antiimperialista en la ruta estratégica de la lucha por la Unidad Socialista de América Latina.