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China: Capitalismo de Estado Sui-Generis

Contribución a la polémica

China: Capitalismo de Estado Sui-Generis

Contribución a la polémica

En el debate sobre China que estamos desarrollando entre Pablo Giachello, Luis Brunetto y yo -que se puede seguir en las páginas de En Defensa del Marxismo1 partimos de una coincidencia fundamental que es que la restauración capitalista en el gigante asiático ha sido consumada. Lo que impera son relaciones capitalistas de producción fundadas en la explotación del trabajo asalariado. Impugnamos el punto de vista que sostiene la tesis de un “socialismo a la China” o de “una economía de transición hacia el socialismo” que niegael carácter capitalista de China y plantea, bajo diferentes matices y versiones, la existencia de un régimen fundado en otras bases sociales. El Estado chino, de acuerdo a la óptica que compartimos quienes sostenemos el presente debate, es un Estado capitalista o sea un representante, defensor y promotor de las relaciones capitalistas deproducción. Para los marxistas no existe un Estado neutral, por lo cual rechazamos la tentativa de oscurecer su carácter de clase. En el caso chino, el Estado es un agente y vehículo de la acumulación capitalista.

Hecho disruptivo

Hechas estas consideraciones, las divergencias surgen sobre la naturaleza de ese capitalismo. Aquí es donde tenemos que ver que China no es la repetición de los patrones de desarrollo histórico conocidos hasta ahora.

Esta fuera de discusión que China ha tenido un desarrollo prodigioso. El “gigante asiático”se ha convertido en la primera potencia manufacturara, ocupa en el planeta un rol de liderazgo en el comercio mundial como socio comercial, es la segunda economía de acuerdo a su PBI (incluso primera si lo medimos en términos de poder de compra), ha pegado un salto en su expansión mundial con la ruta de la seda y ha incursionado en las tecnologías de punta, pasando a ser un competidor en este plano de los países industrializados tradicionales, incluso superándolos en áreas como las telecomunicaciones 5 G, paneles solares, vehículos eléctricos. En este último ramo, se ha convertido en el principal productor mundial y ha empezado a invadir con sus marcas al mercado extranjero, incluso Estados Unidos y Europa. Al mismo tiempo está irrumpiendo en nuevos terrenos como la industria farmacéutica, hasta hace muy poco un coto exclusivo de las grandes metrópolis imperialistas.

La guerra arancelaria de Trump ha chocado con este poderío ascendente de China quien además acapara bajo su dominio y control el suministro de insumos críticos como el de las tierras raras que son imprescindibles para la informática, robótica y telecomunicaciones, la industria automotriz, y la industria bélica y aeroespacial, entre otras. Este hecho le otorga al régimen chino una capacidad de negociación especial a la hora de enfrentar las extorsiones y represalias de Washington. Acaba deconocerse la noticia de que este año las exportaciones china serán récord, poniéndose de relieve el fracaso estadounidense en frenar la expansión del gigante asiático.

El hecho de que China está en la cúspide de la rivalidad con Estados Unidos ha pasado a ocupar una centralidad de la situación internacional. Esto es unacuestión que debe ser seguida con atención. Constituye un enorme factor disruptivo pues da cuenta de un orden mundial en crisis, que se abre paso en el marco de un declive norteamericano potenciado por el desarrollo de la propia crisis capitalista mundial que está lejos de cerrarse. Estamos en presencia del derrumbe y fragmentación del orden imperialista creado luego de la Segunda Guerra Mundial, que tenía como vector ordenador el liderazgo de Estados Unidos. China no encarna un orden sustituto -no propicia un orden alternativo-, sino que trata de escalar en el marco del régimen de explotación capitalista reinante. La economía china es parte, y cada vez más gravitante, de las cadenas de valor y acumulación capitalista y Pekín está integrado a las intuiciones mundiales existentes (OMC, FMI, Naciones Unidas). En este contexto, ni China-y lo mismo puede decirse del bloque de los Bric que lidera- constituyen un polo antiimperialista y menos aún portavoces de una transformación social, un rol que pretende atribuirle parte una parte del progresismo y la izquierda mundial. Dicho esto, es necesario introducirse en la peculiaridad del capitalismo chino. Antes que nada, es necesario tener en cuenta que un modo de producción determinado y los productos que va generando a medida que se abre paso –nos referimos al capitalismo, así como en el pasado lo fueron el esclavismo o el feudalismo- es una relación social, nos remite a una estructura social, a clases y fuerzas sociales actuantes, cuya génesis y desenvolvimiento no puede separarse de su contexto histórico. Existe una dialéctica cambiante entre fuerzas productivas y relaciones de producción que es necesario observar y reexaminar permanentemente.

Fenómeno nuevo

Ya Lenin y Trotsky, incluso en forma más temprana, observaron que el recorrido al capitalismo de los países atrasados, rezagados económicamente, no iba a ser una réplica del pasado, que ya no era un espejo donde mirarse las antiguas metrópolis capitalistas que luego se transformaran en imperialistas. El contexto histórico había cambiado: el ingreso del capitalismo enuna época de decadencia y descomposición introducía una mutación en la dinámica de las clases sociales y en esa medida un cambio en la mecánica interna de las transformaciones y revolucionase sociales, que están condensadas acertadamente en las tesis de la revolución permanente

Con el mismo método es necesario hacer el abordaje de China. La restauración capitalista es un fenómeno nuevo. No tiene antecedente. El capitalismo que se reintroduce en China no es el hijo de un proceso revolucionario sino contrarrevolucionario. No viene de sustituir el orden feudal o de desplazar formaciones sociales precapitalistas, sino que su punto de partida es el aplastamiento de una revolución y desmantelamiento del orden social derivado de ella. En definitiva, no podemos perder de vista el contexto histórico: en lugar del ascenso del capitalismo, donde nacieron las potencias capitalistas tradicionales, la irrupción de China al capitalismo se opera en una etapa de decadencia y decrepitud del capitalismo y cerrándole el paso a una reorganización del país sobre nuevas bases sociales.

El regreso al capitalismo estuvo asociado a un proceso de colonización. Asistimos al desembarco y penetración masiva del capital internacional, flujo de capitales que viene del exterior sin parangón en la historia. La burguesía mundial apunta a someter a China y el espacio soviético a su tutelay por esa vía intentar revertir el impasse capitalista que se registra en la economía mundial, particularmente a partir de la década del 70 del siglo pasado y abrir paso a un nuevo florecimiento de un régimen con visibles señales de agotamiento. El hecho de que el régimen chino haya logrado imponer condiciones a la penetración del capital extranjero, como señala Brunetto, no anula el hecho que China irrumpió en el escenario mundial como un eslabón y engranaje subordinado en las cadenas de valor mundiales y de la acumulación capitalista que tiene a las potencias imperialistas como protagonistas. En ese sentido, es válido hablar de la restauración capitalista como un proceso exógeno, que viene desde afuera. El acople chino-norteamericano no entraña una relación de igualdad entre naciones sino una relación jerárquica en el que el imperialismo ocupó un lugar dominante.

Esto le da al capitalismo a la china connotaciones particulares. A diferencia de las potencias capitalistas tradicionales en que la burguesía es la fuerza dominante y motor de las trasformaciones sociales, no ocurre lo mismo en China donde la clase capitalista está confinada a un papel de segundo violín. Las decisiones gravitantes están concentradas en el Estado y es otra de sus particularidades que no tiene similitud con ninguna otra experiencia histórica. Es cierto que una injerencia del Estado puede llegar a ser relevante en ciertos países capitalistas en determinados momentos pero no se puede equiparar el lugar del Estado en China con el dirigismo existente en las metrópolis capitalistas tradicionales en coyunturas como las de una emergencia bélica y menos aún con las economías mixtas. La primacía que ejerce el Estado se parece a la de algunos países de la periferia pero eso no ayuda demasiado a esclarecer el fenómeno pues existe un abismo entre naciones que ocupan un lugar marginal en el concierto mundial y el gigante asiático que se ha catapultado como una de las principales potencias mundiales. La primacía que ejerce el Estado se asemeja a lo que existió en la Rusia estalinista o en la China de Mao o en el exespacio soviético pero esa similitud es de forma, pero no en su contenido. Los últimos nombrados eran la encarnación de un régimen fundado en otra base social, como los ex Estados obreros.

PCChy capitalistas rojos

El hecho de que el Partido Comunista de China (PCCh) haya perdido su carácter de clase original y haya legitimado el ingreso de empresarios, no debe llevar a colocar un signo igual entre el Partido, que es el que ejerce un rol dirigente en el Estado, con la propia burguesía.

Desde principios de los 2000, con la adopción de la Teoría de las Tres Representaciones por parte del PCCh, se abrió explícitamente la posibilidad de que propietarios o directivos de empresas privadas se afilien al Partido. Como resultado de ese cambio, se estima que un porcentaje importante de empresarios —sobre todo en el sector privado— ha ingresado al PCCh.

La presencia de empresarios en el PCCh (los llamados “capitalistas rojos”) no se limita a ser miembros individuales: algunos han alcanzado posiciones de influencia política. Hay datos de que en comités de dirección nacional —comités centrales del PCCh— al menos una parte de sus integrantes proviene del mundo empresarial u “oligarquías económicas”.

Pero la penetración no es masiva: por ejemplo, en un congreso reciente, de 2.280 delegados, solo 148 provenían del sector corporativo (es decir el 6 %), y de esos apenas 27 eran del sector privado. Es decir: aunque hay empresarios dentro de la estructura de decisión, siguen siendo una minoría dentro del conjunto del PCCh. Esto limita su capacidad para determinar, por sí solos, la línea general del Partido o del Estado. Que un empresario sea miembro del PCCh no implica automáticamente que tenga poder real o autonomía: muchas decisiones de peso siguen estando en manos del aparato estatal/partidario. Las células del Partido dentro de empresas privadas pueden, de hecho, limitar la libre administración empresarial. La representación de empresarios en instancias de dirección del PCCh es relativamente reducida —no dominante— lo que significa que políticos profesionales (funcionarios del Partido, burócratas, militares, etc.) siguen siendo mayoría entre los directivos. En síntesis, esa inserción no transforma al PCCh en un partido de capitalistas: la mayoría del poder real continúa concentrado en estructuras estatales/partidarias,

A partir del panorama aquí expuesto no nos debe sorprenderque las relaciones entre la burguesía y el Estado tengan uncarácter complejo y contradictorio y estén atravesadas de tensiones crecientes.

La inserción de empresarios ha sido acompañada de mecanismos de control del Partido dentro de las empresas: muchas firmas privadas —sobre todo las grandes o estratégicas— tienen células del PCCh o estructuras internas del Partido, lo que reduce la autonomía real de los empresarios frente al Estado/Partido.

Desde la década de 2010 —y con un despliegue intensificado bajo Xi Jinping— el PCCh ha incorporado de forma creciente estructuras partidarias dentro de las empresas chinas (estatales y privadas). En las empresas estatales, esas organizaciones (comités/secretarías) actúan formalmente como órganos de liderazgopolítico ligados a la propiedad estatal; en el sector privado actúan como canales de control, movilización y supervisión política, y en la práctica pueden influir en nombramientos, estrategia y cumplimiento de lineamientos del Estado. Esta expansión está respaldada por regulaciones del Partido y circulares que piden integrar “liderazgo del Partido” en la estructura de conducción empresarial.

  • Ley de Sociedades (Company Law): exige que las empresas faciliten actividades organizativas del Partido cuando haya condiciones —el texto no define con precisión poderes ejecutivos concretos, pero sirve de base legal para la existencia de células partidarias en empresas.
  • Regulaciones internas del PCCh: el Comité Central del PCCh ha publicado regulaciones y guías sobre el trabajo de los grupos dirigentes del Partido y sobre el trabajo de las organizaciones de base en empresas (por ejemplo: regulaciones de 2019 sobre organizaciones de base en SOE y normas sobre “leading party groups”). Esos textos formalizan la función política y organizativa del Partido dentro de empresas.
  • Orientaciones y opiniones recientes (2018–2025): documentos y “opinions” conjuntos del Partido y del Estado han reforzado la idea de “integrar liderazgo del Partido en el sistema corporativo moderno” y promueven la expansión de la presencia partidaria en el sector privado; en 2024–2025 hubo nuevos lineamientos para consolidar ese modelo.

Está a la vista por todo lo dicho que el Estado, a través de la presencia del PCCh, ejerce sino un doble poderal menos un poder paralelo a la de los cuerpos directivos y titulares accionarios en las empresas privadas. Esta injerencia no tiene paralelo con lo que ocurre en ningún país capitalista. Para ver la dimensión del punto basta tener presente que por mucho menos, ínfimo en relación a lo que viene ocurriendo en China, la burguesía argentina puso el grito en el cielo por la intromisión del gobierno en los directorios y asambleas de las compañías privadas cuando se dispuso la estatización kirchnerista de las AFJP. Entre las escenas que han quedado en la memoria colectiva está la presencia del entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, en las asambleas de Clarín que despertaron una condena generalizada del mundo de negocios. Llama profundamente la atención que esta cuestión es mencionada a la pasada o directamente ignorada en el análisis de Giachello o Brunetto, cuando es un punto clave a la hora de redondear una caracterización del país asiático.

Viene al caso destacar alguno de los episodios más representativos que hablan de esta relación conflictiva entre el Estado y la clase capitalista nacional. Quizás el caso más emblemático y publicitado es el de Jack Ma, dueño de Alibaba, que fue condenado al ostracismo y desapareció durante 6 meses de la vida pública, cuando osó cuestionar las regulaciones impuestas por el gobierno chino. Esto fue seguido (en noviembre 2020) por la suspensión de la oferta pública de acciones de AntGroup programada en Estados Unidos (una de las empresas que forma parte del grupo liderado por el empresario). El episodio es interpretado como mezcla de regulación financiera y regimentación política.

Otro ejemplo es el de Didi (julio 2021), cuando las autoridades chinas rechazaron la salida a la bolsa de la empresa en Nueva York. El caso mostró el poder del Estado para imponer sanciones de seguridad que no dependen de litigios clásicos de mercado.

Es oportuno incluiren esta enumeración una gran empresa estratégica, CATL, fabricante de baterías, que —igual que otros líderes de industria—ha reportado actividades que revelan el grado de entrelazamiento e intromisión del Estado en virtud de las cuales el secretario del Partido y altos directivos se coordinan en reuniones institucionales y existen interacciones permanentes entre la dirección y estructuras políticas locales (comités de empresa, visitas oficiales).

No se ha salvado de estos avatares el sector inmobiliario empezando por Evergrande, al que se han sumado otras compañas líderes: la ofensiva contra el sobreapalancamiento y las restricciones impuestas al financiamiento afectaron la propiedad de estos gigantes que quedaron en situación crítica.

El intervencionismo estatal ejerce también una presión en empresas extranjeras. Son frecuentes las fricciones con directivos extranjeros cuando se les pide crear células partidarias en sus subsidiarias; algunos han resistido o negociado su localización y funciones. En términos generales, las casas matrices se oponen a esta injerencia estatal, que consideran riesgosa al manejo de sus negocios y lesiva de su reputación.

En términos formales la titularidad legal de acciones puede no cambiar; sin embargo, el ejercicio efectivo del derecho de propiedad (control, disfrute, disposición y autonomía de gestión) sí se ve afectado, empezando por la dilución de la autonomía de las empresas. Aunque la propiedad accionaria siga perteneciendo a los fundadores o accionistas, la presencia partidaria en órganos de dirección y en nombramientos limita la libertad de los propietarios para dirigirla empresa. Raramente se ha visto una expropiación masiva de la titularidad accionaria con compensación al estilo clásico que, como es corriente, reciben un resarcimiento económico, otorgándoles una indemnización. Pero sí puede producir efectos equivalentes: mediante regulación, multas, rescates dirigidos, fusiones forzadas, o intervenciones administrativas, la práctica puede restringir el disfrute y disposición de la propiedad y reducir su valor de forma abrupta. Por tanto, desde la perspectiva del inversionista, el riesgo político se comporta como un riesgo “de facto expropiación” aunque no haya transferencia legal de la titularidad.

La relación conflictiva se extiende a las joint ventures (asociación del capital extranjero con socios chinos) en los que se suelen crear también una suerte de comité de empresa en las subsidiarias cuando hay suficientes miembros del Partido; esto es rutina en muchas operaciones. La presencia formal no siempre equivale a un poder operativo amplio, pero genera tensiones con las casas matrices extranjeras. Reuters documentó fricciones históricas entre ejecutivos extranjeros y las demandas de mayor presencia partidaria.

Entre los casos másilustrativos es oportuno citar a:

-VW - SAIC -FAW: VW mantiene múltiples joint ventures; en los últimos años ha negociado con socios chinos sobre control, plantas y reestructuraciones. Tensiones surgen por decisiones locales (ej.: cierre o venta de plantas regionales) que implican consultas con autoridades y socios.

-BMW-Brilliance: la dinámica del socio chino, problemas contables o regulatorios, y la presión política local llevaron a fricciones; BMW terminó tomando control mayoritario de su JV en 2022, tras cambios en reglas de propiedad extranjera y negociaciones complejas.

-GM: los socios chinos y las autoridades locales participan activamente en decisiones estratégicas; la creación de comités de empresa partidarios forma parte del paisaje e introduce una serie adicional de cortocircuitos. A nivel legal, la propiedad de la joint venture suele respetarse, pero el control operativo puede verse influido por socios locales y exigencias políticas (prioridades de contenido, cadena de suministro local, localización de IP, decisiones de inversión). Para las matrices extranjeras esto implica riesgos de administración, conducción y reputación.

Caracterización

Los elementos aquí expuestos deben ser ponderados en el momento de hacer una caracterización. El PCCh jugó un papel determinante e imprescindible en la restauración capitalista. La burguesía internacional y también la nativa fueron progresando y abriéndose paso a su sombra. Pero de ser un aliado, la injerencia del Estado está pasando crecientemente a convertirse en obstáculo para ambas. El Estado chino actúa como un capital colectivo, pero no podemos abstraernos que el capitalismo supone una multiplicidad de capitales individuales e independientes que pugnan entre sí en el mercado. En caso hipotético en la evolución del capitalismo se podría hablar de un monopolio único, al estudio de lo que concibió Kautsky con elultraimperialismo, aboliendo la competencia de las corporaciones y las barreras nacionales pero este escenario está muy alejado de la realidad actual. A nivel global, no estamos marchando a un monopolio único sino que se han acentuado la división y el choque de la burguesía mundial y sus corporaciones y Estados, que se expresa en la guerra comercial y las tendencias a la guerra misma que está abriendo paso a un escenario de conflagración mundial. En la propia China asistimos a  un universo numeroso y variopinto de empresas, con apetitos propios, que pugnan por una autonomía y, en esa medida, chocan con el corsé del Estado. El capitalismo colectivo al estilo chino es una figura ideal pero no se compadece con el escenario descripto. El Estado chino tiene como actores en la vereda de enfrente, por un lado, a los capitalistas rojos y, por el otro, al capital internacional. Pero ambos contendientes responden a intereses diferentes y hasta antagónicos entre sí, pues el primero apunta a catapultarse como clase dirigente dentro de sus fronteras y en esa medida afianzarse como un rival en pie e igualdad con las principales potencias mundiales y el segundo apunta a remover los escollos que se interponen en su camino para avanzar en una colonización del gigante asiático. El imperialismo no ha renunciado -pese al traspié por no lograr acaparar la restauración capitalista en sus propios términos, o sea, bajo su tutela y control- a su objetivo estratégico de someter a China y el ex espacio soviético.

Que se sostenga que el capitalismo de Estado terminó siendo una fortaleza para proyectar internacionalmente a China y alcanzar el liderazgo que ha conquistado, como lo plantea Giachello, es una verdad a medias y por lo tanto unilateral. Es cierto que la fuerte centralización de la actividad económica en manos del PCCh, sus características bonapartistas y dictatoriales le otorgan a China una ventaja y mayor eficiencia para la confrontación con el imperialismo (hasta el punto tal que uno de los debates internos en Estados Unidos gira en torno a la búsqueda de una mayor concentración de poder en manos del ejecutivo por encima de las instituciones republicanas), pero al mismo tiempo, la otra cara de la moneda es la potenciación de factores que van en sentido inverso, lo cual exacerba como nunca las contradicciones y tensiones entre el régimen y la burguesía. Con el afianzamiento del liderazgo chino, las regulaciones lejos de debilitarse se han acentuado. Los comités de control partidarios en las empresas privadas, como lo hemos destacado más arriba, lejos de atenuarse, se extienden. Este intervencionismo estatal ha crecido en forma exponencial y es oportuno y necesario insistir que el intervencionismo chino no tiene nada que ver con el reinante en el mundo capitalista. El poder discrecional de Pekín es infinitamente superior; no existe en las metrópolis tradicionales ese poder paralelo como el que ejerce el PCCh en la economía privada. No estamos hablando de aspectos menores, sino de aspectos centrales que hacen al corazón del régimen social y que son definitorios a la hora de hacer una caracterización. No podemos bajarle el precio alegremente o indirectamente ignorar la inseguridad de los empresarios cuyas empresas son extremadamente dependientes del Estado y vulnerables en forma muy acentuada a las arbitrariedades del régimen. No se puede pasar por alto que los capitalistas que caen en desgracia, las empresas de la cual son titulares corren el riesgo de irse a pique. No se puede soslayar la excomulgación y la condena al ostracismo, los arrestos y desapariciones de empresarios que insinúan algún tipo de autonomía. Esta regimentación –que insistimos va en aumento- atenta y pone en tela de juicio el derecho de propiedad. Estamos en presencia de una paradoja, porque el fortalecimiento del poderío chino, su afianzamiento como potencia en el concierto mundial, no va unido con una consolidación de la burguesía como clase dirigente. Por el contrario, se acentúa su lugar subordinado en la organización social. El éxito chino, paradójicamente, pone en evidencia y agudiza la vulnerabilidad dela burguesía china.

La caracterización de China como imperialista, ya sea “en formación “o “consolidada”, tiene el defecto de cargar las tintas unilateralmente en el sitial protagónico que ha conquistado en el escenario mundial, diluyendo el carácter peculiar y distintivo de este ascenso. El salto chino entraña un proceso contradictorio. A la hora de intentar hacer una caracterización, debemos integrar todos los factores, al menos los principales que intervienen en lo que pretendemos analizar.

Se sostiene que la categorización de China de “imperialismo en formación” tiene el mérito de capturar la dinámica de la situación. Pero la dinámica de la situación es también el intervencionismo peculiar, que no tiene paralelo con lo que conocemos en el mundo capitalista y que crece en detrimento de la burguesía nativa.

China como relación social

Las categorías económicas para los marxistas son, por sobre todo y en primer lugar, relaciones sociales. Capitalismo, imperialismo nos remiten a determinada estructura social, a la presencia de ciertas fuerzas sociales y el lugar que ocupan en el proceso de producción. Lo cualitativo es lo primero antes que lo cuantitativo. En China tenemos factores que la proyectan como país imperialista, pero factores que la frenan y socavan. ¿Por qué privilegiar a uno del otro? La evolución de China depende de la resolución de esas contradicciones que se va tener que dirimir en el escenario la lucha de clases, en el marco actual de guerras (en la que se afianzan las tendencias a una guerra mundial) y revoluciones que caracteriza la etapa histórica que atravesamos. El desenlace de este proceso se va dar tanto en la arena internacional -y lo que está claro es que no será pacifico- como en la arena nacional a través de crisis y confrontaciones llamado a ser muy agudos y violentos entre los diversos actores internos, no solo por la acción de la burguesía sino fundamentalmente de la clase obrera, cuya irrupción abriría un giro total de la situación.

El descontento popular probablemente crece, pero permanece oculto por la represión, al igual que cualquier desafío potencial al liderazgo de Xi, sofocado mediante purgas y procesos judiciales. A pesar de las restricciones institucionales, las huelgas y protestas laborales han crecido en los últimos años: hubo un aumento de huelgas por salarios impagos, condiciones laborales, despidos, especialmente tras la pandemia. Las luchas obreras se han intensificado, y asoma una “nueva” organización obrera combativa. Recientemente se reportó una nueva ola de huelgas en la industria manufacturera: en solo cuatro días, se registraron 14 huelgas o protestas colectivas, muchas por sueldos impagos. La deflación, el freno a la actividad económica y la crisis inmobiliaria afectan especialmente a la población media y obrera: su poder adquisitivo y su capacidad para consumir están limitadas, lo que pone en jaque las bases de sustentación del “modelo chino”.

El corolario de todo lo dicho es que la transición de China está abierta a un amplio abanico de desenlaces: que va desde su consagración como potencia imperialista –lo que plantea una nueva correlación de fuerzas entre el Estado y la burguesía-; una nueva vuelta de tuerca en la colonización a la que aspira el imperialismo-y que no ha abandonado como objetivo-hasta un nuevo capítulo de la revolución

No se nos puede escapar que cualquier definición que hagamos tropieza con el hecho de que apelamos a caracterizar un fenómeno nuevo valiéndonos de categorías viejas. Somos conscientes de estos límites. Pero el debate y objeciones en juego aquí no estriban en ese hecho -que, por otra parte, es inevitable- sino en dilucidar, a sabiendas de esos límites, a qué categorías apelamos que mejor se ajustan para describir la naturaleza de China. En función de ello, es que reivindico la pertinacia de hablar de “capitalismo de Estado” porque da cuenta de este proceso abierto y sintetiza  las experiencias históricas.

Hong Kong

El caso de Hong Kong merece ser seguida con atención pues su evolución aporta claves para comprender la naturaleza de China.

El avance de la tutela política del PCCh sobre Hong Kong está afectando a sectores de la burguesía china continental que utilizaban históricamente a la excolonia como válvula de escape frente a las regulaciones, controles y arbitrariedades del propio Estado-partido. El proceso no es solo un conflicto “Pekín versus capital extranjero” (apuntando a afianzar su liderazgo dentro de sus fronteras y reducir la gravitación que tenía históricamente la burguesía internacional) sino que reordena las relaciones entre el PCCh y su propia burguesía local.

Desde los años 80 y, con más fuerza tras los 90, Hong Kong cumplió varias funciones clave para capitalistas chinos: plataforma financiera externa, permitiendo el acceso a mercados de capitales sin controles de capital estrictos; seguridad jurídica relativa por medio de tribunales independientes, y cierto marco legal.

Esto permitió una dosis de opacidad y flexibilidad para fugar capitales, estructurar holdings offshore y el accionar comercial de empresas chinas evitando supervisión directa de Pekín y al mismo tiempo oficiar como puente con el capital imperialista, facilitando joint ventures y financiamiento externo. Esto fue funcional tanto para el capital extranjero, como para la burguesía privada china, e incluso para fracciones del propio capital estatal y cuadros del PCCh.

El giro iniciado claramente a partir de 2014–2019 (y consolidado con la Ley de Seguridad Nacional de 2020) introduce cambios estructurales que provocan una pérdida de autonomía política y jurídica, que se traduce en una subordinación del poder judicial, criminalización de la disidencia política y una intervención directa del PCCh en instituciones clave.Esta circunstancia erosiona la “excepcionalidad hongkonesa” que permitía operar fuera del alcance inmediato del Estado chino. Asistimos a una extensión del control político sobre el capital y va ganando terreno una mayor vigilancia sobre flujos financieros, una presión para alinear decisiones empresariales con objetivos estratégicos del Estado y riesgo político creciente para quienes usaban Hong Kong como “zona neutral”.

Aquí aparece con mucha nitidez la contradicción interna del capitalismo chino. Fracciones de la burguesía privada (especialmente las más internacionalizadas) ven restringida su capacidad de sacar activos del radar del PCCh y protegerse frente a campañas políticas, regulatorias o disciplinarias.

No es casual que parte del gran capital chino haya buscado Singapur, Londres o Estados Unidos como alternativas. Y se observe una relocalización patrimonial de élites económicas chinas.

La emigración de capitalistas tuvo su pico bajo el período del Covid (pero ese fenómeno sigue constatándose hasta el día de hoy). Se fueron a Singapur, Dubái (Emiratos Árabes Unidos), Malta, Londres, Tokio y Nueva York, a cualquier lugar menos a China, su país de origen, donde sentían que sus activos y su seguridad personal estaban cada vez más a merced del régimen. Singapur se ha convertido en un fuerte rival de Hong Kong como lugar para que los superricos de China aparquen su riqueza. Cuatro de los 10 singapurenses más ricos de la lista de multimillonarios de Forbes, son inmigrantes chinos en un periodo reciente. Singapur también compite con Hong Kong como lugar para que las empresas de China continental registren entidades independientes para sus operaciones internacionales y se ha convertido también en una especie de zona tapón ante la escalada de tensiones geopolíticas entre China y Estados Unidos. Para algunos, un pasaporte de Singapur es atractivo porque mantiene buenas relaciones con ambos países.

Viene al caso destacarel cónclave que mantuvo Xi Jinping con líderes empresarios como el fundador de Deep Seek, Liang Wenfengy, con otros a los que ha perseguido, como el fundador de Alibaba, Jack Ma, en la que elpresidentechino dejó clara cuáles son las reglas de juego: “No pueden cambiar y no lo harán”, sentencia que fue acompañada por una advertencia clara para cualquier entendedor: “Somos un país socialista y cualquier actividad ilegal de las compañías será castigada” (The Economist, 17/2). Las palabras vienen después de que Beijing lanzara una ofensiva contra el sector tecnológico en 2020 para acabar con los monopolios e implementar estrictas regulaciones de datos.

Una de las caras más visibles de esa ofensiva fue Ma, que fundó la empresa de comercio electrónico Alibaba en los años 1990 y en ese entonces fue el hombre más rico de China. Ha mantenido un perfil bajo y ha hecho pocas apariciones públicas en los últimos años después de criticar públicamente a los reguladores y los sistemas financieros de China durante un discurso en Shanghái. Otros líderes empresariales en dicha reunión en Beijing fueron Zeng Yuqun, presidente del desarrollador de baterías CATL, Wang Chuanfu, presidente del fabricante de autos eléctricos BYD, y PonyMa, el CEO de Tencent, propietario de WeChat.

Esto nos dauna idea muy nítida sobre las relaciones entre el Estado y la burguesía china.

El PCCh prioriza el control político centralizado, la seguridad del régimen y una disciplina del capital privado aun a costa de reducir márgenes de maniobra de “su propia” burguesía y está dispuestoa aceptar pérdidas de eficiencia financiera o fuga parcial de capitales.

Esto refuerza la tesis de que el Estado no es un simple instrumento pasivo de la burguesía. En el país actúa como capitalista colectivo y poder político autónomo, que subordina a la burguesía a un proyecto de acumulación controlada.

El avance de la tutela política del PCCh sobre Hong Kong no es un fenómeno “local” ni meramente represivo. Tiene implicancias estratégicas para la caracterización del régimen chino y, en particular, para la polémica en curso que estamosdesarrollando sobre si China sería una potencia imperialista emergenteo unaformación de capitalismo de Estado.

Si China actuara como una potencia imperialista,necesitaría preservar Hong Kong como espacio financiero relativamente autónomo, funcional a la libre circulación del capital, a la exportación de capitales y a la seguridad jurídica internacional. La intervención política del PCCh va en sentido inverso: reduce la confianzadel capital, limita la autonomía financiera, provoca relocalización de capitales.

Esto contradice la lógica imperialista, que requiere una estabilidad institucional para el capital. Cuando el mundo político financiero y de negocios a nivel internacional critica el régimen de partido único no llora porque sea un defensor de las libertades democráticas o los derechos humanos. Esto es una impostura cuando vemos cómo no tiene reparos ni escrúpulos, a la hora de apoyar a dictaduras, regímenes autocráticos y sanguinarios; la impugnación al partido único tienen que ver con las regulaciones y restricciones que el régimen chino ejerce sobre el capital.

El caso Hong Kong encuadra con la caracterización de capitalismo de Estado y no con la del imperialismo, cualquiera sea el aditamento que se le pretenda colocar. El Estado–PCCh actúa como capitalista colectivo, gestor centralizado de la acumulación. Y poder político que subordina al capital privado. La ofensiva del PCCh apunta a reintegrar el antiguo enclave colonial a la lógica del mando político central ypriorizar la estabilidad del régimen sobre la rentabilidad.

Esto muestra que el PCCh está dispuesto a socavar un centro financiero y de atracción de capitales en nombre del control político. Esa decisión va en sentido inverso al de un imperialismo emergente, pero es coherente con un capitalismo de Estado. La seguridad y estabilidad jurídica que reclama el capital es sustituida por la arbitrariedad política.

No nos podemos olvidar que el giro en Hong Kong se da en un contexto de presión imperialista de Estados Unidos, de guerra económica y comercial e incremento de las tensiones y riesgos de desestabilización política interna. Esto refuerza una dinámica defensiva, de cierre de filas del Estado, de subordinación del capital privado a objetivos políticos. Como se aprecia, la dinámica está atravesada por tendencias expansionistas y tendencias inversas que la abroquelan hacia adentro y en que la lógica que prevalece es la de una autopreservación del régimen. Hong Kong revela que el Estado no actúa como correa de transmisión de una demanda de la burguesía, sino como poder disciplinador. Lo dicho refuerza la idea de capitalismo de Estado donde lo que se destaca es esta mecánica contradictoria. Esto relativiza afirmaciones que leen el ascenso chino como una avenida cuya dirección principal va en el sentido de su consagración como potencia imperialista. Giachello y Brunetto sostienen esta óptica, aunque discrepan cual es el estadio de esa evolución; entre ellos, hay una diferencia de grado, pero no de concepto.

La caracterización que aquí se defiende reconoce el peso internacional de China, pero coloca en pie de igualdad la centralidad de la burocracia estatal, las tensiones internas (Estado vs. capital privado; deuda; fragilidad social) y la posibilidad de que estas contradicciones modifiquen radicalmente el rumbo de China. Partiendo de este diagnóstico se enfatiza que la izquierda que se reclama revolucionaria debe prepararse para explosiones sociales internas en China que serían centrales para cualquier perspectiva revolucionaria internacional.

Factores estructurales

Una caracterización, si cumple esa función, debe incorporar los principales factores que inciden en el fenómeno en observación. Lo concreto es la síntesis de múltiples determinaciones. No se puede desconocer en el caso de China que la apertura al capitalismo a partir de las reformas introducidas en su economía forma parte de una amplia colonización del país en este contexto, el capital extranjero sigue teniendo una gran gravitación.

Según los datos de la serie “IED neta (inflows) como % del PIB” reportados por el World Bank, China alcanzó en 2020 un valor de 1,44 % del PIB. Esa cifra contrasta con picos anteriores significativamente mayores: por ejemplo, en 1993 la IED neta llegó al 6,19 % del PIB, y desde entonces la proporción fue moderándose. En cuanto a montos absolutos recientes: para 2023 la entrada de IED a China fue de U$S 163.200 millones, lo que marcó una caída interanual del 13,6 %. A pesar de la caída, China siguió siendo uno de los principales destinos globales de IED en 2023. El stock acumulado de IED entrante a fin de 2023 rondaba los U$S 3,66 billones.

La IED como porcentaje del PIB fue muy alta en los años 90 (tras las reformas) pero ha disminuido desde entonces —lo que sugiere que, proporcionalmente, la dependencia de IED respecto al tamaño de la economía se redujo. No obstante, en valores absolutos, China sigue recibiendo montos significativos de capital extranjero. El sector servicios (y sectores de alta tecnología) ha ganado protagonismo en la composición de la IED, desplazando en parte a la manufactura intensiva en mano de obra.

IED EN CHINA ( Flujo Anual y % PBI)

Notas sobre la tabla

  • Los valores de “U$S” provienen de bases de datos consolidadas de flujos netos de IED para China.
  • Las cifras de “% del PIB” provienen de la serie histórica de IED neta (% PIB).
  • Hay años recientes (posteriores a 2008) donde los datos públicos disponibles por separado en U$S no siempre aparecen en la fuente agregada consultada —por eso marcados con ?.
  • El dato 2023 en U$S (U$S 163.300 millones) proviene de estadísticas oficiales recientes.

No hay fuentes públicas confiables recientes que permitan dar con precisión el “peso del capital extranjero dentro de los activos totales de China”. Una dato parcial e indirecto pero que nos puede dar una idea de ello es que en el 2024-2025, las empresas con inversión extranjera (Foreign‑Invested Enterprises, FIEs) representaron alrededor del 29,2 % del comercio exterior total de China (importaciones+exportaciones). En particular, dichas FIEs siguen siendo actores importantes en la exportación/importación de productos de alta tecnología: en 2025, más del 40 % del comercio exterior en bienes “high-tech” fue protagonizado por FIEs. Históricamente, la participación de las FIEs en el comercio exterior era mucho mayor. Por ejemplo, en 2005–2006 su share combinado de importaciones y exportaciones llegó a cerca del 58–59 %.

En paralelo, asistimos a un enorme salto en el proceso inverso, o sea la IED saliente que realiza China en el extranjero. Informes privados y de consultoras estiman la salida (ODI) en torno a U$S 162–163 mil millones.En este caso, las fuentes son más confiables a la hora de calcular el stock (acumulado) de IED china en el exterior (direct investments sets): según SAFE, a junio de 2025 el stock era U$S 3.349,1 mil millones.

IED SALIENTE DE CHINA (Flujo anual y Stock acumulado)

Notas sobre la tabla

  • Los flujos anuales (columna Outward_FDI_Flow_USD_billion) corresponden a la inversión directa china al exterior (OFDI) en ese año, medidos en mil millones de U$S.
  • El “stock” (columna Outward_FDI_Stock_USD_billion) representa la acumulación total de inversión directa de China en el exterior hasta ese año, también en mil millones U$S.
  • Los datos más recientes (2024) muestran un flujo de U$S 192.20 mil millones y un stock acumulado de U$S 3.139,93 billones.

China ha pasado a ocupar un lugar protagónico mundial en lo que se refiere a la IED. Este liderazgo en la exportación de capitales, no obstante, no nospuede hacer perder de vista la gravitación del capital extranjero en la propia China que se fue amasando durante décadas. Es cierto que el peso específico del capital extranjero está en retroceso, pero sigue siendo significativo y una medida de su alcance lo da el porcentaje que representa en el comercio exterior del gigante asiático; no ocurre lo mismo en las potencias capitalistas tradicionales donde, por más abiertas que estén sus economías, la influencia del capital extranjero es secundaria.

En China conviven tendencias expansivasque hablan de rasgos imperialistas con elementos propios de una economía dependiente que tiene que ver con la historia de China y en forma más reciente con la forma en que se produjo la restauración capitalista.

Asistimos a una convivencia entre aspectos propios de las economías capitalistas avanzadas y otros propios de la periferia.Es necesario darle a este hecho la relevancia que merece. No se trata de cosas del “pasado” que tienden a desaparecer, sino que siguen tenido una actualidad y condicionan el desarrollo de China.

No se puede bajar el precio al hecho de que elPBI per cápita y la productividad del trabajo sea una cuarta parte de los llamados países industrializados. Hay quienes destacan que las industrias en las zonas costeras y en general donde se ha concentrado la producción manufacturera, su productividad supera inclusoa la de las metrópolis tradicionales. Pero eso ocurre en muchos países de la periferia donde coexisten los avances más recientes del capitalismo con formas de producción atrasadas, o sea, el característico desarrollo desigual y combinado. Porsupuesto, no se pueden descartar distorsiones en la confección de las estadísticas, pero la disparidad es demasiado grande par apretender explicarla por ese motivo.

Al respecto, es oportuno refrescar lo que se señala en el artículo con el que arrancamos la polémica:

Una parte significativa de la población aún trabaja en sectores de baja productividad, como: Agricultura (donde trabaja ~25% de la población, pero genera solo ~7% del PIB). Esto da cuenta de la gravitación del atraso agrario.

Pero la baja productividad no se circunscribe al campo sino también se traslada a la órbita urbana. Pequeños comercios y servicios informales, con baja mecanización y tecnología. En contraste, los países industrializados tienen una mayor proporción de trabajadores en sectores de alto valor agregado, como tecnología, servicios financieros o industria avanzada.

Uno de los problemas más serios es una migración rural-urbana incompleta. Muchos trabajadores migrantes (“mingong”) trabajan en condiciones precarias y no acceden plenamente a los beneficios urbanos. El sistema de Hukou (registro de residencia) restringe la movilidad laboral completa y genera una dualidad entre trabajadores rurales y urbanos. El trabajo precario de los mingong (migrantes rurales en China) afecta negativamente la productividad laboral por varios motivos económicos. Los principales factores que inciden en este hecho son los siguientes:

Los mingong suelen trabajar en condiciones temporales, sin contratos estables ni garantías laborales. Esto genera alta rotación de personal, lo cual impide la acumulación de experiencia y reduce la productividad media del trabajo. “El alto nivel de rotación laboral en el sector manufacturero chino, vinculado a la temporalidad de los mingong, impide la consolidación de habilidades técnicas y reduce la productividad del trabajo.” (Andreas, Joel, 2019 Disenfranchised: The Rise and Fall of Industrial Citizenship in China)

Las empresas no tienen incentivos para capacitar a trabajadores que probablemente no se quedarán mucho tiempo. Esto limita el desarrollo de habilidades técnicas y profesionales. “La precariedad laboral impide que los trabajadores sean entrenados o promovidos, lo que reduce significativamente la eficiencia en sectores intensivos en trabajo.” (Pun Ngai&Lu Huilin, 2010, Unfinished Proletarianization: Self, Anger, and Class Action among the Second Generation of Peasant-Workers in China). Jornadas largas, salarios bajos, vivienda precaria y escasa protección social afectan la salud física y mental de los trabajadores, reduciendo su capacidad productiva.El agotamiento físico impacta directamente en el rendimiento laboral.

El modelo de desarrollo chino ha privilegiado el uso de trabajo barato más que la innovación o eficiencia. La existencia de millones de mingong dispuestos a trabajar en condiciones precarias frena los incentivos para modernizar procesos productivos. “La abundancia de fuerza de trabajo rural migrante ha llevado a un modelo de crecimiento extensivo basado en el bajo costo, en lugar de uno impulsado por productividad.” (Martin Hart-Landsberg (2010), The Chinese Reform Experience: A Critical Assessment) En resumen, el trabajo precario de los mingong abarata los costos laborales a corto plazo, pero frena el desarrollo de una fuerza de trabajo calificada, estable y productiva. En términos marxistas, esto refleja una forma de superexplotación donde la valorización del capital depende de la degradación de las condiciones laborales, lo cual tiene límites objetivos en la productividad media del trabajo.

Otro de los factores a tener en cuenta es la baja eficiencia en muchas empresas estatales. A pesar de las reformas, muchas empresas estatales (SOEs) siguen siendo ineficientes: tienen exceso de personal, baja innovación y operan protegidas de la competencia. La asignación de recursos (capital, subsidios, crédito) a estas empresas reduce la productividad total del sistema.

(Apuntes pata una caracterización de China, Pablo Heller, publicado en En defensa del Marxismo N° 62)

La conclusión que el artículo de marras pone de relieve es“que la brecha de productividad que separa a China de las potencias capitalistas tradicionales responde a cuestiones de fondo, estructurales que tienen que ver con la naturaleza del régimen chino. No se lo puede circunscribir a una incorporación tardía de China al proceso de industrialización. Si se tratara de esto, la superación de este abismo sería simplemente “cuestión de tiempo”. Lo que está detrás de este desfasaje respecto a las metrópolis capitalistas es la estructura social y la conformación histórica de China, como parte de las leyes del desarrollo capitalista desigual y la dinámica de la acumulación mundial” (ídem).

Nuevamente sobre transferencias de ingresos

Uno de los rasgos que distingue al imperialismo es la transferencia de ingresos de la plusvalía generada de la periferia hacia las metrópolis, que se puede verificar por cuatro vías: “el dominio y señoreaje de su moneda; los flujos de ingresos de las inversiones de capital; el intercambio desigual a través del comercio, y los cambios en los tipos de cambio”.

Uno de los aspectos controvertidos presente en la polémica que venimos desarrollando es qué ocurre con China, si se apropia o cede ingresos. Algunos autores como Michael Roberts, plantean la segunda alternativa, lo cual apuntala la caracterización que sitúa a China en el pelotón de los países dela periferia.

Frente a este planteo, hay economistas, como Isikara y Mokre, que advierten que en las últimas décadas ha habido cambios en lo que se refiere a China. Ambos autores destacan que, respecto al comercio internacional, el gigante asiático pasó a capturar ingresos en lugar de transferirlos como ocurría en el pasado.

El análisis y argumentos esgrimidos en torno al punto por parte de diferentes autores están holgadamente expuestos en el artículo que está publicado, de modo tal que no voy a insistir sobre ellos. Me remito a lo que está escrito.

Pero lo nuevo consiste en que Isikara yMokre han publicado un nuevo libro (“Las teorías del valor en las fronteras – Economía Política Clásica, Imperialismo y Colapso Ecológico”) cuyas consideraciones aportan al debate en curso. Su conclusión para China -como lo pone de relieve Michel Roberts-"es cualitativamente diferente de la posición establecida en la literatura, según la cual China se encuentra entre los países dominados o sufre de la pérdida de valor en el comercio internacional". Pero añaden advertencias. En primer lugar, China solo se convirtió en un ganador neto en los últimos diez años desde la Gran Recesión, después de la cual el crecimiento del comercio mundial se debilitó. Y su resultado "solo se refiere a las transferencias de valor en las industrias de producción (omitiendo otros aspectos económicos del imperialismo) y, en consecuencia, no es en sí mismo evidencia de que China sea ahora una potencia imperialista" (Las negritas son de nuestra autoría) (Las fronteras de la Teoría del Valor, Sin permiso, 10-25).

Al comentar las conclusiones de la nueva obra de Isikara y Mokre destaca que “estos resultados se basan únicamente en las industrias de producción; el flujo de valor a través de industrias no productivas como las actividades financieras y de seguros en la transferencia de plusvalía de un país a otro en forma de ganancias, tarifas e intereses no está abordado. Los autores intentan una estimación de la "captura de valor no productivo" y encuentran que la transferencia de valor es bastante pequeña en comparación con la transferencia de valor en los sectores de producción de las economías. Pero reconocen que la captura de valor no productivo en sus tablas de input-output probablemente esté subestimada. De hecho, otro trabajo sobre esto de Thomas Rotta, que incorpora los sectores de producción y no producción, encuentra que China es el mayor donador de valor, mientras que los Estados Unidos es el mayor captador de valor en la economía mundial. La proporción estadounidense de "valor capturado" o sigue aumentando a expensas de países periféricos como India y China, aunque, como en el análisis de Mokre e Isikara, Rotta encuentra que la pérdida anual de China se ha reducido significativamente desde la Gran Recesión” (Michael Roberts, ídem).

Hay otras formas de ver la transferencia de ingresos de los países periféricos al núcleo imperialista “utilizando las transferencias netas de ingresos primarios y el ‘exceso de rendimiento" en la inversión extranjera. (…) Cuando se trata de flujos de ingresos transfronterizos del comercio y las inversiones, el núcleo imperialista gana visiblemente, mientras que los BRICS, incluida China, son perdedores netos. Y Piketty, en sus estimaciones, también ha descubierto que cuando se calculan los rendimientos de los activos extranjeros netos, de nuevo el núcleo imperialista tiene ganancias positivas, mientras que los BRICS (incluida China) son perdedores netos” (Michael Roberts, ídem).

El tema por supuesto es altamente controvertido, pero los elementos que vuelcan los autores nombrados en su una nueva obra coloca el interrogante sobre la condición imperialista de China.

Estos factores estructurales son clave a la hora de hacer una caracterización de China. Ellos explican la peculiaridad de la restauración capitalista y condiciona su desarrollo y consolidación. Estos problemas estructurales potenciados con la crisis capitalista en desarrollo son los que están en la base de las crecientes tensiones que atraviesa el país y que se refractan en el régimen.

Recientemente acaba de producirse una purga significativa en el ejército: se expulsaron nueve generales de alto rango, incluyendo al tercero en el rango interno en las Fuerzas Armadas. Uno de los más destacados fue Miao Hua, antiguo director del departamento de trabajo político en la Comisión Militar Central (CMC), quien fue removido por “graves violaciones disciplinarias”. La gran ironía del enfoque de Xi es que cuanto más intenta consolidar su poder, más vulnerable se vuelve su régimen.

Pese al ensalzamiento que se hace del auge del gigante asiático, China enfrenta: una economía en desaceleración y con una presión deflacionaria severa: los precios al productor han caído, y hay riesgo de que la deflación se profundice. El mercado inmobiliario sigue siendo un gran lastre: sobreproducción en muchas ciudades, caída de ventas y de la inversión, y debilidad persistente en la confianza de compradores.

El consumo interno es bajo: hay llamados del gobierno para reactivar el consumo como motor de crecimiento implementando políticas para aumentar la demanda interna (subsidios, fortalecimiento del poder adquisitivo). Pero eso no ha logrado invertir las tendencias: la población es renuente a volcarse al consumo por la incertidumbre laboral y con más razón cuando viene de un sacudón en sus ahorros por la crisis inmobiliaria. Los límites al consumo se sienten en especial en las nuevas generaciones donde el desempleo juvenil supera el 20 por ciento y es creciente.

Esto hace que China siga dependiendo de las exportaciones, perspectiva por cierto frágil e incierta si tenemos presente la tendencia a la recesión y el incremento de la guerra comercial dominantes en la economía mundial. Esto se da en un marco de un endeudamiento que casi triplica el PBI y que se ha vuelto cada vez más insostenible y que pone límites más definidos a la capacidad del estado para contrastar la crisis económica en desarrollo. Y a las consecuencias sociales que se derivan de ella.

Esta sumatoria de elementos habla de un potencial explosivo que gira cada vez más en torno a Xi Jinping como árbitro y piloto de tormentas. Si la economía no logra reactivar la demanda interna, se acentúan las tendencias a una recesión mundial y a la guerra comercial y el descontento laboral crece, puede haber choques crecientes que desafíen la capacidad del PCCh y de Xi, en especial, para pilotear la crisis. China está llamada a ocupar un lugar protagónico en el escenario de la lucha de clases de próxima etapa.

Síntesis y conclusiones

  1. Lo que impera en China son relaciones capitalistas de producción, fundadas en la explotación del trabajo asalariado. Impugnamosel punto de vista que sostiene la tesis de un socialismo a la china o de una economía de transición hacia el socialismo que niega el carácter capitalista de China y plantea, bajo diferentes matices y versiones, la existencia de un régimen fundado en otras bases sociales. El Estado chino, de acuerdo a la óptica que compartimo squienes sostenemos el presente debate, es un Estado capitalista o sea un representante, defensor y promotor de relaciones capitalistas de producción.
  2. El gigante asiático ha tenido un desarrollo prodigioso.Se ha convertido en la primera potencia manufacturera, ocupa un rol de liderazgo en el comercio mundial como socio comercial en el planeta, es la segunda economía de acuerdo a su PBI (incluso primera si lo medimos en términos de poder de compra ), ha pegado un salto en su expansión mundial con la ruta de la seda y ha incursionado en las tecnologías de punta, pasando  ser un competidor en este plan de los países industrializados tradicionales, incluso superándolos en áreas como las telecomunicaciones 5G, paneles solares, vehículos eléctricos.
  3. El hecho de que China está en la cúspide de la rivalidadcon Estados Unidos constituye un enorme factor disruptivo pues da cuenta de un orden mundial en crisis, que se abre paso en el marco de un declive norteamericano potenciado por el desarrollo de la propia crisis capitalista mundial que está lejos de cerrarse. Estamos en presencia del derrumbe y fragmentación del orden imperialista creado luego de la Segunda Guerra Mundial, que tenía como vector ordenador el liderazgo de Estados Unidos. Pero China –y lo mismo vale por los BRICS-  no encarnan un orden sustituto, no constituyen un polo antimperialista y menos aún portavoz de una transformación social, un rol que pretenden atribuirle una parte del progresismo y la izquierda mundial.
  4. Un modo de producción es una relación social, nos remite a una estructura social, a clases y fuerzas sociales actuantes, cuya génesis y desenvolvimiento no pueden separarse de su contexto histórico. A diferencia de las potencias capitalistas tradicionales en que la burguesía es la fuerza dominante y motor de las trasformaciones sociales, no ocurre lo mismo en China donde la clase capitalista está confinada a un papel de segundo violín. Las decisiones gravitantes están concentradas en el Estado y es una de sus particularidades que no tiene similitud con ninguna otra experiencia histórica.
  5. El hecho de que el PCCh haya perdido su carácter de clase original y haya legitimado el ingreso de empresarios, no debe llevar a colocar un signo igual entre el Partido, que es el que ejerce un rol dirigente en el Estado con la propia burguesía. Los empresarios son una minoría en la composición de los órganos directivos del PCCh. La inserción de empresarios ha sido acompañada de mecanismos de control del Partido dentro de las empresas: muchas firmas privadas —sobre todo las grandes o estratégicas— tienen células del PCCh o estructuras internas del Partido, lo que reduce la autonomía real de los empresarios frente al Estado/Partido. Está a la vista por todo lo dicho que el Estado, a través de la presencia del PCCh, ejerce sino un doble poderal menos un poder paralelo a la de los cuerposdirectivos y titulares accionarios en las empresas privadas. Esta injerencia no tiene paralelo con lo que ocurre en ningúnpaís capitalista.
  6. La caracterización de China como imperialista, ya sea en formación o consolidada, tiene el defecto que carga las tintas unilateralmente en el sitial protagónico que ha conquistado en el escenario mundial relegando a un segundo plano este intervencionismo estatal peculiar, que no tiene paralelo con lo que conocemos en el mundo capitalista y que crece en detrimento de la burguesía nativa. La dinámica de China encierra ese proceso contradictorio.
  7. El caso de Hong Kong merece ser seguido con atención pues su evolución aporta claves para comprender la naturaleza de China. El avance de la tutela política del PCCh sobre Hong Kong está afectando a la burguesía china continental que utilizaba históricamente a la excolonia británica como válvula de escape frente a las regulaciones, controles y arbitrariedades del propio Estado-partido. Esto refuerza la tesis de que el Estado no es un simple instrumento pasivo de la burguesía. Si China actuara como una potencia imperialista,necesitaría preservar Hong Kong como espacio financiero relativamente autónomo, funcional a la libre circulación del capital, a la exportación de capitales y a la seguridad jurídica internacional. La intervención política del PCCh va en sentido inverso: reduce la confianzadel capital, limita la autonomía financiera, provoca relocalización de capitales.
  8. China ha pasado a ocupar un lugar protagónico mundial en lo que se refiere a la IED. Este liderazgo en la exportación de capitales, no obstante, no nos puede hacer perder de vista la gravitación del capital extranjero en la propia China que se fue amasando durante décadas. Es cierto que el peso específico del capital extranjero está en retroceso, pero sigue siendo significativo y una medida de su alcance lo da el porcentaje que representa en el comercio exterior del gigante asiático; no ocurre lo mismo en las potencias capitalistas tradicionales donde, por más abiertas que estén sus economías, la influencia del capital extranjero es secundaria.
  9. En China conviven tendencias expansivas que hablan de rasgos imperialistas con elementos propios de una economía dependiente que tiene que ver con la historia de China y en forma más reciente con la forma en que se produjo la restauración capitalista. Es necesario darle a este hecho la relevancia que merece. No se trata de cosas del pasado que tienden a desaparecer, sino que siguen tenido una actualidad y condicionan el desarrollo de China.No se puede bajar el precio al hecho de que el PBI per cápita y la productividad del trabajo sea una cuarta parte de los llamados países industrializados. El origen de ello hay que buscarlo en los problemas estructurales que distinguen a China: atraso agrario, el peso de los trabajadores migrantes y la extensión del trabajo precario, ineficiencia de las empresas estatales.
  10. Los llamados BRICS, como los mayores representantes de la periferia en el capitalismo mundial, son los mayores perdedores en la transferencia de ingresos. Hay en líneas generales, una coincidencia en la literatura especializada de que en China este proceso se viene revirtiendo. China se convirtió en un ganador neto en los últimos diez años desde la Gran Recesión pero su resultado – "solo se refiere a las transferencias de valor en las industrias de producción (omitiendo otros aspectos económicos del imperialismo) y, en consecuencia, no es en sí mismo evidencia de que China sea ahora una potencia imperialista" (Isikara y Morke, Fronteras del teoría del valor).
  11. Los problemas estructurales potenciados con la crisis capitalista en desarrollo son los que están en la base de las crecientes tensiones que atraviesa el país y que se refractan en el régimen. Recientemente acaba de producirse una purga significativa en el ejército. El ensalzamiento que se hace del auge del gigante asiático no debe oscurecer que China enfrenta: una economía en desaceleración y con una presión deflacionaria severa: los precios al productor han caído, y hay riesgo de que la deflación se profundice. El mercado inmobiliario sigue siendo un gran lastre: sobreproducción en muchas ciudades, caída de ventas y de la inversión, y debilidad persistente en la confianza de compradores. El consumo interno es bajo y se siente en especial en las nuevas generaciones donde el desempleo juvenil supera el 20 por ciento y es creciente. Esto hace que China siga dependiendo de las exportaciones, perspectiva por cierto frágil e incierta si tenemos presente la tendencia a la recesión y el incremento de la guerra comercial dominantes en la economía mundial. Esto se da en un marco de un endeudamiento que se vuelve insostenible. Esta sumatoria de elementos, habla de un potencial explosivo que gira cada vez más en torno a Xi Jinping como árbitro y piloto de tormentas. Si la economía no logra reactivar la demanda interna, se acentúan las tendencias a una recesión mundial y a la guerra comercial y el descontento laboral crece, puede haber choques crecientes que desafíen la capacidad del PCCh y de Xi, en especial, para pilotear la crisis.

 El corolario de todo lo dicho es que la transición de China está abierta a un amplio abanico de desenlaces, que van desde su consagración como potencia imperialista -lo que plantea una nueva correlación de fuerzas entre el Estado y la burguesía-; una nueva vuelta de tuerca en la colonización a la que aspira el imperialismoy que no ha abandonado como objetivo; hasta un nuevo capítulo de la revolución. China está llamada a ocupar un lugar protagónico en el escenario de la lucha de clases, que marcarásu propio destino y el dela humanidad

1• Pablo Heller:“Apuntes para una caracterización de China”• Pablo Giachello:“De dónde viene y adónde va China” •Luis Brunetto: “Sobre el carácter de la sociedad china”. revistaedm.com. • Presentación / charla-debate “¿A dónde va China?” (panel con Heller, Giachello y Brunetto). revistaedm.com

En el debate sobre China que estamos desarrollando entre Pablo Giachello, Luis Brunetto y yo -que se puede seguir en las páginas de En Defensa del Marxismo1 partimos de una coincidencia fundamental que es que la restauración capitalista en el gigante asiático ha sido consumada. Lo que impera son relaciones capitalistas de producción fundadas en la explotación del trabajo asalariado. Impugnamos el punto de vista que sostiene la tesis de un “socialismo a la China” o de “una economía de transición hacia el socialismo” que niegael carácter capitalista de China y plantea, bajo diferentes matices y versiones, la existencia de un régimen fundado en otras bases sociales. El Estado chino, de acuerdo a la óptica que compartimos quienes sostenemos el presente debate, es un Estado capitalista o sea un representante, defensor y promotor de las relaciones capitalistas deproducción. Para los marxistas no existe un Estado neutral, por lo cual rechazamos la tentativa de oscurecer su carácter de clase. En el caso chino, el Estado es un agente y vehículo de la acumulación capitalista.

Hecho disruptivo

Hechas estas consideraciones, las divergencias surgen sobre la naturaleza de ese capitalismo. Aquí es donde tenemos que ver que China no es la repetición de los patrones de desarrollo histórico conocidos hasta ahora.

Esta fuera de discusión que China ha tenido un desarrollo prodigioso. El “gigante asiático”se ha convertido en la primera potencia manufacturara, ocupa en el planeta un rol de liderazgo en el comercio mundial como socio comercial, es la segunda economía de acuerdo a su PBI (incluso primera si lo medimos en términos de poder de compra), ha pegado un salto en su expansión mundial con la ruta de la seda y ha incursionado en las tecnologías de punta, pasando a ser un competidor en este plano de los países industrializados tradicionales, incluso superándolos en áreas como las telecomunicaciones 5 G, paneles solares, vehículos eléctricos. En este último ramo, se ha convertido en el principal productor mundial y ha empezado a invadir con sus marcas al mercado extranjero, incluso Estados Unidos y Europa. Al mismo tiempo está irrumpiendo en nuevos terrenos como la industria farmacéutica, hasta hace muy poco un coto exclusivo de las grandes metrópolis imperialistas.

La guerra arancelaria de Trump ha chocado con este poderío ascendente de China quien además acapara bajo su dominio y control el suministro de insumos críticos como el de las tierras raras que son imprescindibles para la informática, robótica y telecomunicaciones, la industria automotriz, y la industria bélica y aeroespacial, entre otras. Este hecho le otorga al régimen chino una capacidad de negociación especial a la hora de enfrentar las extorsiones y represalias de Washington. Acaba deconocerse la noticia de que este año las exportaciones china serán récord, poniéndose de relieve el fracaso estadounidense en frenar la expansión del gigante asiático.

El hecho de que China está en la cúspide de la rivalidad con Estados Unidos ha pasado a ocupar una centralidad de la situación internacional. Esto es unacuestión que debe ser seguida con atención. Constituye un enorme factor disruptivo pues da cuenta de un orden mundial en crisis, que se abre paso en el marco de un declive norteamericano potenciado por el desarrollo de la propia crisis capitalista mundial que está lejos de cerrarse. Estamos en presencia del derrumbe y fragmentación del orden imperialista creado luego de la Segunda Guerra Mundial, que tenía como vector ordenador el liderazgo de Estados Unidos. China no encarna un orden sustituto -no propicia un orden alternativo-, sino que trata de escalar en el marco del régimen de explotación capitalista reinante. La economía china es parte, y cada vez más gravitante, de las cadenas de valor y acumulación capitalista y Pekín está integrado a las intuiciones mundiales existentes (OMC, FMI, Naciones Unidas). En este contexto, ni China-y lo mismo puede decirse del bloque de los Bric que lidera- constituyen un polo antiimperialista y menos aún portavoces de una transformación social, un rol que pretende atribuirle parte una parte del progresismo y la izquierda mundial. Dicho esto, es necesario introducirse en la peculiaridad del capitalismo chino. Antes que nada, es necesario tener en cuenta que un modo de producción determinado y los productos que va generando a medida que se abre paso –nos referimos al capitalismo, así como en el pasado lo fueron el esclavismo o el feudalismo- es una relación social, nos remite a una estructura social, a clases y fuerzas sociales actuantes, cuya génesis y desenvolvimiento no puede separarse de su contexto histórico. Existe una dialéctica cambiante entre fuerzas productivas y relaciones de producción que es necesario observar y reexaminar permanentemente.

Fenómeno nuevo

Ya Lenin y Trotsky, incluso en forma más temprana, observaron que el recorrido al capitalismo de los países atrasados, rezagados económicamente, no iba a ser una réplica del pasado, que ya no era un espejo donde mirarse las antiguas metrópolis capitalistas que luego se transformaran en imperialistas. El contexto histórico había cambiado: el ingreso del capitalismo enuna época de decadencia y descomposición introducía una mutación en la dinámica de las clases sociales y en esa medida un cambio en la mecánica interna de las transformaciones y revolucionase sociales, que están condensadas acertadamente en las tesis de la revolución permanente

Con el mismo método es necesario hacer el abordaje de China. La restauración capitalista es un fenómeno nuevo. No tiene antecedente. El capitalismo que se reintroduce en China no es el hijo de un proceso revolucionario sino contrarrevolucionario. No viene de sustituir el orden feudal o de desplazar formaciones sociales precapitalistas, sino que su punto de partida es el aplastamiento de una revolución y desmantelamiento del orden social derivado de ella. En definitiva, no podemos perder de vista el contexto histórico: en lugar del ascenso del capitalismo, donde nacieron las potencias capitalistas tradicionales, la irrupción de China al capitalismo se opera en una etapa de decadencia y decrepitud del capitalismo y cerrándole el paso a una reorganización del país sobre nuevas bases sociales.

El regreso al capitalismo estuvo asociado a un proceso de colonización. Asistimos al desembarco y penetración masiva del capital internacional, flujo de capitales que viene del exterior sin parangón en la historia. La burguesía mundial apunta a someter a China y el espacio soviético a su tutelay por esa vía intentar revertir el impasse capitalista que se registra en la economía mundial, particularmente a partir de la década del 70 del siglo pasado y abrir paso a un nuevo florecimiento de un régimen con visibles señales de agotamiento. El hecho de que el régimen chino haya logrado imponer condiciones a la penetración del capital extranjero, como señala Brunetto, no anula el hecho que China irrumpió en el escenario mundial como un eslabón y engranaje subordinado en las cadenas de valor mundiales y de la acumulación capitalista que tiene a las potencias imperialistas como protagonistas. En ese sentido, es válido hablar de la restauración capitalista como un proceso exógeno, que viene desde afuera. El acople chino-norteamericano no entraña una relación de igualdad entre naciones sino una relación jerárquica en el que el imperialismo ocupó un lugar dominante.

Esto le da al capitalismo a la china connotaciones particulares. A diferencia de las potencias capitalistas tradicionales en que la burguesía es la fuerza dominante y motor de las trasformaciones sociales, no ocurre lo mismo en China donde la clase capitalista está confinada a un papel de segundo violín. Las decisiones gravitantes están concentradas en el Estado y es otra de sus particularidades que no tiene similitud con ninguna otra experiencia histórica. Es cierto que una injerencia del Estado puede llegar a ser relevante en ciertos países capitalistas en determinados momentos pero no se puede equiparar el lugar del Estado en China con el dirigismo existente en las metrópolis capitalistas tradicionales en coyunturas como las de una emergencia bélica y menos aún con las economías mixtas. La primacía que ejerce el Estado se parece a la de algunos países de la periferia pero eso no ayuda demasiado a esclarecer el fenómeno pues existe un abismo entre naciones que ocupan un lugar marginal en el concierto mundial y el gigante asiático que se ha catapultado como una de las principales potencias mundiales. La primacía que ejerce el Estado se asemeja a lo que existió en la Rusia estalinista o en la China de Mao o en el exespacio soviético pero esa similitud es de forma, pero no en su contenido. Los últimos nombrados eran la encarnación de un régimen fundado en otra base social, como los ex Estados obreros.

PCChy capitalistas rojos

El hecho de que el Partido Comunista de China (PCCh) haya perdido su carácter de clase original y haya legitimado el ingreso de empresarios, no debe llevar a colocar un signo igual entre el Partido, que es el que ejerce un rol dirigente en el Estado, con la propia burguesía.

Desde principios de los 2000, con la adopción de la Teoría de las Tres Representaciones por parte del PCCh, se abrió explícitamente la posibilidad de que propietarios o directivos de empresas privadas se afilien al Partido. Como resultado de ese cambio, se estima que un porcentaje importante de empresarios —sobre todo en el sector privado— ha ingresado al PCCh.

La presencia de empresarios en el PCCh (los llamados “capitalistas rojos”) no se limita a ser miembros individuales: algunos han alcanzado posiciones de influencia política. Hay datos de que en comités de dirección nacional —comités centrales del PCCh— al menos una parte de sus integrantes proviene del mundo empresarial u “oligarquías económicas”.

Pero la penetración no es masiva: por ejemplo, en un congreso reciente, de 2.280 delegados, solo 148 provenían del sector corporativo (es decir el 6 %), y de esos apenas 27 eran del sector privado. Es decir: aunque hay empresarios dentro de la estructura de decisión, siguen siendo una minoría dentro del conjunto del PCCh. Esto limita su capacidad para determinar, por sí solos, la línea general del Partido o del Estado. Que un empresario sea miembro del PCCh no implica automáticamente que tenga poder real o autonomía: muchas decisiones de peso siguen estando en manos del aparato estatal/partidario. Las células del Partido dentro de empresas privadas pueden, de hecho, limitar la libre administración empresarial. La representación de empresarios en instancias de dirección del PCCh es relativamente reducida —no dominante— lo que significa que políticos profesionales (funcionarios del Partido, burócratas, militares, etc.) siguen siendo mayoría entre los directivos. En síntesis, esa inserción no transforma al PCCh en un partido de capitalistas: la mayoría del poder real continúa concentrado en estructuras estatales/partidarias,

A partir del panorama aquí expuesto no nos debe sorprenderque las relaciones entre la burguesía y el Estado tengan uncarácter complejo y contradictorio y estén atravesadas de tensiones crecientes.

La inserción de empresarios ha sido acompañada de mecanismos de control del Partido dentro de las empresas: muchas firmas privadas —sobre todo las grandes o estratégicas— tienen células del PCCh o estructuras internas del Partido, lo que reduce la autonomía real de los empresarios frente al Estado/Partido.

Desde la década de 2010 —y con un despliegue intensificado bajo Xi Jinping— el PCCh ha incorporado de forma creciente estructuras partidarias dentro de las empresas chinas (estatales y privadas). En las empresas estatales, esas organizaciones (comités/secretarías) actúan formalmente como órganos de liderazgopolítico ligados a la propiedad estatal; en el sector privado actúan como canales de control, movilización y supervisión política, y en la práctica pueden influir en nombramientos, estrategia y cumplimiento de lineamientos del Estado. Esta expansión está respaldada por regulaciones del Partido y circulares que piden integrar “liderazgo del Partido” en la estructura de conducción empresarial.

  • Ley de Sociedades (Company Law): exige que las empresas faciliten actividades organizativas del Partido cuando haya condiciones —el texto no define con precisión poderes ejecutivos concretos, pero sirve de base legal para la existencia de células partidarias en empresas.
  • Regulaciones internas del PCCh: el Comité Central del PCCh ha publicado regulaciones y guías sobre el trabajo de los grupos dirigentes del Partido y sobre el trabajo de las organizaciones de base en empresas (por ejemplo: regulaciones de 2019 sobre organizaciones de base en SOE y normas sobre “leading party groups”). Esos textos formalizan la función política y organizativa del Partido dentro de empresas.
  • Orientaciones y opiniones recientes (2018–2025): documentos y “opinions” conjuntos del Partido y del Estado han reforzado la idea de “integrar liderazgo del Partido en el sistema corporativo moderno” y promueven la expansión de la presencia partidaria en el sector privado; en 2024–2025 hubo nuevos lineamientos para consolidar ese modelo.

Está a la vista por todo lo dicho que el Estado, a través de la presencia del PCCh, ejerce sino un doble poderal menos un poder paralelo a la de los cuerpos directivos y titulares accionarios en las empresas privadas. Esta injerencia no tiene paralelo con lo que ocurre en ningún país capitalista. Para ver la dimensión del punto basta tener presente que por mucho menos, ínfimo en relación a lo que viene ocurriendo en China, la burguesía argentina puso el grito en el cielo por la intromisión del gobierno en los directorios y asambleas de las compañías privadas cuando se dispuso la estatización kirchnerista de las AFJP. Entre las escenas que han quedado en la memoria colectiva está la presencia del entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, en las asambleas de Clarín que despertaron una condena generalizada del mundo de negocios. Llama profundamente la atención que esta cuestión es mencionada a la pasada o directamente ignorada en el análisis de Giachello o Brunetto, cuando es un punto clave a la hora de redondear una caracterización del país asiático.

Viene al caso destacar alguno de los episodios más representativos que hablan de esta relación conflictiva entre el Estado y la clase capitalista nacional. Quizás el caso más emblemático y publicitado es el de Jack Ma, dueño de Alibaba, que fue condenado al ostracismo y desapareció durante 6 meses de la vida pública, cuando osó cuestionar las regulaciones impuestas por el gobierno chino. Esto fue seguido (en noviembre 2020) por la suspensión de la oferta pública de acciones de AntGroup programada en Estados Unidos (una de las empresas que forma parte del grupo liderado por el empresario). El episodio es interpretado como mezcla de regulación financiera y regimentación política.

Otro ejemplo es el de Didi (julio 2021), cuando las autoridades chinas rechazaron la salida a la bolsa de la empresa en Nueva York. El caso mostró el poder del Estado para imponer sanciones de seguridad que no dependen de litigios clásicos de mercado.

Es oportuno incluiren esta enumeración una gran empresa estratégica, CATL, fabricante de baterías, que —igual que otros líderes de industria—ha reportado actividades que revelan el grado de entrelazamiento e intromisión del Estado en virtud de las cuales el secretario del Partido y altos directivos se coordinan en reuniones institucionales y existen interacciones permanentes entre la dirección y estructuras políticas locales (comités de empresa, visitas oficiales).

No se ha salvado de estos avatares el sector inmobiliario empezando por Evergrande, al que se han sumado otras compañas líderes: la ofensiva contra el sobreapalancamiento y las restricciones impuestas al financiamiento afectaron la propiedad de estos gigantes que quedaron en situación crítica.

El intervencionismo estatal ejerce también una presión en empresas extranjeras. Son frecuentes las fricciones con directivos extranjeros cuando se les pide crear células partidarias en sus subsidiarias; algunos han resistido o negociado su localización y funciones. En términos generales, las casas matrices se oponen a esta injerencia estatal, que consideran riesgosa al manejo de sus negocios y lesiva de su reputación.

En términos formales la titularidad legal de acciones puede no cambiar; sin embargo, el ejercicio efectivo del derecho de propiedad (control, disfrute, disposición y autonomía de gestión) sí se ve afectado, empezando por la dilución de la autonomía de las empresas. Aunque la propiedad accionaria siga perteneciendo a los fundadores o accionistas, la presencia partidaria en órganos de dirección y en nombramientos limita la libertad de los propietarios para dirigirla empresa. Raramente se ha visto una expropiación masiva de la titularidad accionaria con compensación al estilo clásico que, como es corriente, reciben un resarcimiento económico, otorgándoles una indemnización. Pero sí puede producir efectos equivalentes: mediante regulación, multas, rescates dirigidos, fusiones forzadas, o intervenciones administrativas, la práctica puede restringir el disfrute y disposición de la propiedad y reducir su valor de forma abrupta. Por tanto, desde la perspectiva del inversionista, el riesgo político se comporta como un riesgo “de facto expropiación” aunque no haya transferencia legal de la titularidad.

La relación conflictiva se extiende a las joint ventures (asociación del capital extranjero con socios chinos) en los que se suelen crear también una suerte de comité de empresa en las subsidiarias cuando hay suficientes miembros del Partido; esto es rutina en muchas operaciones. La presencia formal no siempre equivale a un poder operativo amplio, pero genera tensiones con las casas matrices extranjeras. Reuters documentó fricciones históricas entre ejecutivos extranjeros y las demandas de mayor presencia partidaria.

Entre los casos másilustrativos es oportuno citar a:

-VW – SAIC -FAW: VW mantiene múltiples joint ventures; en los últimos años ha negociado con socios chinos sobre control, plantas y reestructuraciones. Tensiones surgen por decisiones locales (ej.: cierre o venta de plantas regionales) que implican consultas con autoridades y socios.

-BMW-Brilliance: la dinámica del socio chino, problemas contables o regulatorios, y la presión política local llevaron a fricciones; BMW terminó tomando control mayoritario de su JV en 2022, tras cambios en reglas de propiedad extranjera y negociaciones complejas.

-GM: los socios chinos y las autoridades locales participan activamente en decisiones estratégicas; la creación de comités de empresa partidarios forma parte del paisaje e introduce una serie adicional de cortocircuitos. A nivel legal, la propiedad de la joint venture suele respetarse, pero el control operativo puede verse influido por socios locales y exigencias políticas (prioridades de contenido, cadena de suministro local, localización de IP, decisiones de inversión). Para las matrices extranjeras esto implica riesgos de administración, conducción y reputación.

Caracterización

Los elementos aquí expuestos deben ser ponderados en el momento de hacer una caracterización. El PCCh jugó un papel determinante e imprescindible en la restauración capitalista. La burguesía internacional y también la nativa fueron progresando y abriéndose paso a su sombra. Pero de ser un aliado, la injerencia del Estado está pasando crecientemente a convertirse en obstáculo para ambas. El Estado chino actúa como un capital colectivo, pero no podemos abstraernos que el capitalismo supone una multiplicidad de capitales individuales e independientes que pugnan entre sí en el mercado. En caso hipotético en la evolución del capitalismo se podría hablar de un monopolio único, al estudio de lo que concibió Kautsky con elultraimperialismo, aboliendo la competencia de las corporaciones y las barreras nacionales pero este escenario está muy alejado de la realidad actual. A nivel global, no estamos marchando a un monopolio único sino que se han acentuado la división y el choque de la burguesía mundial y sus corporaciones y Estados, que se expresa en la guerra comercial y las tendencias a la guerra misma que está abriendo paso a un escenario de conflagración mundial. En la propia China asistimos a  un universo numeroso y variopinto de empresas, con apetitos propios, que pugnan por una autonomía y, en esa medida, chocan con el corsé del Estado. El capitalismo colectivo al estilo chino es una figura ideal pero no se compadece con el escenario descripto. El Estado chino tiene como actores en la vereda de enfrente, por un lado, a los capitalistas rojos y, por el otro, al capital internacional. Pero ambos contendientes responden a intereses diferentes y hasta antagónicos entre sí, pues el primero apunta a catapultarse como clase dirigente dentro de sus fronteras y en esa medida afianzarse como un rival en pie e igualdad con las principales potencias mundiales y el segundo apunta a remover los escollos que se interponen en su camino para avanzar en una colonización del gigante asiático. El imperialismo no ha renunciado -pese al traspié por no lograr acaparar la restauración capitalista en sus propios términos, o sea, bajo su tutela y control- a su objetivo estratégico de someter a China y el ex espacio soviético.

Que se sostenga que el capitalismo de Estado terminó siendo una fortaleza para proyectar internacionalmente a China y alcanzar el liderazgo que ha conquistado, como lo plantea Giachello, es una verdad a medias y por lo tanto unilateral. Es cierto que la fuerte centralización de la actividad económica en manos del PCCh, sus características bonapartistas y dictatoriales le otorgan a China una ventaja y mayor eficiencia para la confrontación con el imperialismo (hasta el punto tal que uno de los debates internos en Estados Unidos gira en torno a la búsqueda de una mayor concentración de poder en manos del ejecutivo por encima de las instituciones republicanas), pero al mismo tiempo, la otra cara de la moneda es la potenciación de factores que van en sentido inverso, lo cual exacerba como nunca las contradicciones y tensiones entre el régimen y la burguesía. Con el afianzamiento del liderazgo chino, las regulaciones lejos de debilitarse se han acentuado. Los comités de control partidarios en las empresas privadas, como lo hemos destacado más arriba, lejos de atenuarse, se extienden. Este intervencionismo estatal ha crecido en forma exponencial y es oportuno y necesario insistir que el intervencionismo chino no tiene nada que ver con el reinante en el mundo capitalista. El poder discrecional de Pekín es infinitamente superior; no existe en las metrópolis tradicionales ese poder paralelo como el que ejerce el PCCh en la economía privada. No estamos hablando de aspectos menores, sino de aspectos centrales que hacen al corazón del régimen social y que son definitorios a la hora de hacer una caracterización. No podemos bajarle el precio alegremente o indirectamente ignorar la inseguridad de los empresarios cuyas empresas son extremadamente dependientes del Estado y vulnerables en forma muy acentuada a las arbitrariedades del régimen. No se puede pasar por alto que los capitalistas que caen en desgracia, las empresas de la cual son titulares corren el riesgo de irse a pique. No se puede soslayar la excomulgación y la condena al ostracismo, los arrestos y desapariciones de empresarios que insinúan algún tipo de autonomía. Esta regimentación –que insistimos va en aumento- atenta y pone en tela de juicio el derecho de propiedad. Estamos en presencia de una paradoja, porque el fortalecimiento del poderío chino, su afianzamiento como potencia en el concierto mundial, no va unido con una consolidación de la burguesía como clase dirigente. Por el contrario, se acentúa su lugar subordinado en la organización social. El éxito chino, paradójicamente, pone en evidencia y agudiza la vulnerabilidad dela burguesía china.

La caracterización de China como imperialista, ya sea “en formación “o “consolidada”, tiene el defecto de cargar las tintas unilateralmente en el sitial protagónico que ha conquistado en el escenario mundial, diluyendo el carácter peculiar y distintivo de este ascenso. El salto chino entraña un proceso contradictorio. A la hora de intentar hacer una caracterización, debemos integrar todos los factores, al menos los principales que intervienen en lo que pretendemos analizar.

Se sostiene que la categorización de China de “imperialismo en formación” tiene el mérito de capturar la dinámica de la situación. Pero la dinámica de la situación es también el intervencionismo peculiar, que no tiene paralelo con lo que conocemos en el mundo capitalista y que crece en detrimento de la burguesía nativa.

China como relación social

Las categorías económicas para los marxistas son, por sobre todo y en primer lugar, relaciones sociales. Capitalismo, imperialismo nos remiten a determinada estructura social, a la presencia de ciertas fuerzas sociales y el lugar que ocupan en el proceso de producción. Lo cualitativo es lo primero antes que lo cuantitativo. En China tenemos factores que la proyectan como país imperialista, pero factores que la frenan y socavan. ¿Por qué privilegiar a uno del otro? La evolución de China depende de la resolución de esas contradicciones que se va tener que dirimir en el escenario la lucha de clases, en el marco actual de guerras (en la que se afianzan las tendencias a una guerra mundial) y revoluciones que caracteriza la etapa histórica que atravesamos. El desenlace de este proceso se va dar tanto en la arena internacional -y lo que está claro es que no será pacifico- como en la arena nacional a través de crisis y confrontaciones llamado a ser muy agudos y violentos entre los diversos actores internos, no solo por la acción de la burguesía sino fundamentalmente de la clase obrera, cuya irrupción abriría un giro total de la situación.

El descontento popular probablemente crece, pero permanece oculto por la represión, al igual que cualquier desafío potencial al liderazgo de Xi, sofocado mediante purgas y procesos judiciales. A pesar de las restricciones institucionales, las huelgas y protestas laborales han crecido en los últimos años: hubo un aumento de huelgas por salarios impagos, condiciones laborales, despidos, especialmente tras la pandemia. Las luchas obreras se han intensificado, y asoma una “nueva” organización obrera combativa. Recientemente se reportó una nueva ola de huelgas en la industria manufacturera: en solo cuatro días, se registraron 14 huelgas o protestas colectivas, muchas por sueldos impagos. La deflación, el freno a la actividad económica y la crisis inmobiliaria afectan especialmente a la población media y obrera: su poder adquisitivo y su capacidad para consumir están limitadas, lo que pone en jaque las bases de sustentación del “modelo chino”.

El corolario de todo lo dicho es que la transición de China está abierta a un amplio abanico de desenlaces: que va desde su consagración como potencia imperialista –lo que plantea una nueva correlación de fuerzas entre el Estado y la burguesía-; una nueva vuelta de tuerca en la colonización a la que aspira el imperialismo-y que no ha abandonado como objetivo-hasta un nuevo capítulo de la revolución

No se nos puede escapar que cualquier definición que hagamos tropieza con el hecho de que apelamos a caracterizar un fenómeno nuevo valiéndonos de categorías viejas. Somos conscientes de estos límites. Pero el debate y objeciones en juego aquí no estriban en ese hecho -que, por otra parte, es inevitable- sino en dilucidar, a sabiendas de esos límites, a qué categorías apelamos que mejor se ajustan para describir la naturaleza de China. En función de ello, es que reivindico la pertinacia de hablar de “capitalismo de Estado” porque da cuenta de este proceso abierto y sintetiza  las experiencias históricas.

Hong Kong

El caso de Hong Kong merece ser seguida con atención pues su evolución aporta claves para comprender la naturaleza de China.

El avance de la tutela política del PCCh sobre Hong Kong está afectando a sectores de la burguesía china continental que utilizaban históricamente a la excolonia como válvula de escape frente a las regulaciones, controles y arbitrariedades del propio Estado-partido. El proceso no es solo un conflicto “Pekín versus capital extranjero” (apuntando a afianzar su liderazgo dentro de sus fronteras y reducir la gravitación que tenía históricamente la burguesía internacional) sino que reordena las relaciones entre el PCCh y su propia burguesía local.

Desde los años 80 y, con más fuerza tras los 90, Hong Kong cumplió varias funciones clave para capitalistas chinos: plataforma financiera externa, permitiendo el acceso a mercados de capitales sin controles de capital estrictos; seguridad jurídica relativa por medio de tribunales independientes, y cierto marco legal.

Esto permitió una dosis de opacidad y flexibilidad para fugar capitales, estructurar holdings offshore y el accionar comercial de empresas chinas evitando supervisión directa de Pekín y al mismo tiempo oficiar como puente con el capital imperialista, facilitando joint ventures y financiamiento externo. Esto fue funcional tanto para el capital extranjero, como para la burguesía privada china, e incluso para fracciones del propio capital estatal y cuadros del PCCh.

El giro iniciado claramente a partir de 2014–2019 (y consolidado con la Ley de Seguridad Nacional de 2020) introduce cambios estructurales que provocan una pérdida de autonomía política y jurídica, que se traduce en una subordinación del poder judicial, criminalización de la disidencia política y una intervención directa del PCCh en instituciones clave.Esta circunstancia erosiona la “excepcionalidad hongkonesa” que permitía operar fuera del alcance inmediato del Estado chino. Asistimos a una extensión del control político sobre el capital y va ganando terreno una mayor vigilancia sobre flujos financieros, una presión para alinear decisiones empresariales con objetivos estratégicos del Estado y riesgo político creciente para quienes usaban Hong Kong como “zona neutral”.

Aquí aparece con mucha nitidez la contradicción interna del capitalismo chino. Fracciones de la burguesía privada (especialmente las más internacionalizadas) ven restringida su capacidad de sacar activos del radar del PCCh y protegerse frente a campañas políticas, regulatorias o disciplinarias.

No es casual que parte del gran capital chino haya buscado Singapur, Londres o Estados Unidos como alternativas. Y se observe una relocalización patrimonial de élites económicas chinas.

La emigración de capitalistas tuvo su pico bajo el período del Covid (pero ese fenómeno sigue constatándose hasta el día de hoy). Se fueron a Singapur, Dubái (Emiratos Árabes Unidos), Malta, Londres, Tokio y Nueva York, a cualquier lugar menos a China, su país de origen, donde sentían que sus activos y su seguridad personal estaban cada vez más a merced del régimen. Singapur se ha convertido en un fuerte rival de Hong Kong como lugar para que los superricos de China aparquen su riqueza. Cuatro de los 10 singapurenses más ricos de la lista de multimillonarios de Forbes, son inmigrantes chinos en un periodo reciente. Singapur también compite con Hong Kong como lugar para que las empresas de China continental registren entidades independientes para sus operaciones internacionales y se ha convertido también en una especie de zona tapón ante la escalada de tensiones geopolíticas entre China y Estados Unidos. Para algunos, un pasaporte de Singapur es atractivo porque mantiene buenas relaciones con ambos países.

Viene al caso destacarel cónclave que mantuvo Xi Jinping con líderes empresarios como el fundador de Deep Seek, Liang Wenfengy, con otros a los que ha perseguido, como el fundador de Alibaba, Jack Ma, en la que elpresidentechino dejó clara cuáles son las reglas de juego: “No pueden cambiar y no lo harán”, sentencia que fue acompañada por una advertencia clara para cualquier entendedor: “Somos un país socialista y cualquier actividad ilegal de las compañías será castigada” (The Economist, 17/2). Las palabras vienen después de que Beijing lanzara una ofensiva contra el sector tecnológico en 2020 para acabar con los monopolios e implementar estrictas regulaciones de datos.

Una de las caras más visibles de esa ofensiva fue Ma, que fundó la empresa de comercio electrónico Alibaba en los años 1990 y en ese entonces fue el hombre más rico de China. Ha mantenido un perfil bajo y ha hecho pocas apariciones públicas en los últimos años después de criticar públicamente a los reguladores y los sistemas financieros de China durante un discurso en Shanghái. Otros líderes empresariales en dicha reunión en Beijing fueron Zeng Yuqun, presidente del desarrollador de baterías CATL, Wang Chuanfu, presidente del fabricante de autos eléctricos BYD, y PonyMa, el CEO de Tencent, propietario de WeChat.

Esto nos dauna idea muy nítida sobre las relaciones entre el Estado y la burguesía china.

El PCCh prioriza el control político centralizado, la seguridad del régimen y una disciplina del capital privado aun a costa de reducir márgenes de maniobra de “su propia” burguesía y está dispuestoa aceptar pérdidas de eficiencia financiera o fuga parcial de capitales.

Esto refuerza la tesis de que el Estado no es un simple instrumento pasivo de la burguesía. En el país actúa como capitalista colectivo y poder político autónomo, que subordina a la burguesía a un proyecto de acumulación controlada.

El avance de la tutela política del PCCh sobre Hong Kong no es un fenómeno “local” ni meramente represivo. Tiene implicancias estratégicas para la caracterización del régimen chino y, en particular, para la polémica en curso que estamosdesarrollando sobre si China sería una potencia imperialista emergenteo unaformación de capitalismo de Estado.

Si China actuara como una potencia imperialista,necesitaría preservar Hong Kong como espacio financiero relativamente autónomo, funcional a la libre circulación del capital, a la exportación de capitales y a la seguridad jurídica internacional. La intervención política del PCCh va en sentido inverso: reduce la confianzadel capital, limita la autonomía financiera, provoca relocalización de capitales.

Esto contradice la lógica imperialista, que requiere una estabilidad institucional para el capital. Cuando el mundo político financiero y de negocios a nivel internacional critica el régimen de partido único no llora porque sea un defensor de las libertades democráticas o los derechos humanos. Esto es una impostura cuando vemos cómo no tiene reparos ni escrúpulos, a la hora de apoyar a dictaduras, regímenes autocráticos y sanguinarios; la impugnación al partido único tienen que ver con las regulaciones y restricciones que el régimen chino ejerce sobre el capital.

El caso Hong Kong encuadra con la caracterización de capitalismo de Estado y no con la del imperialismo, cualquiera sea el aditamento que se le pretenda colocar. El Estado–PCCh actúa como capitalista colectivo, gestor centralizado de la acumulación. Y poder político que subordina al capital privado. La ofensiva del PCCh apunta a reintegrar el antiguo enclave colonial a la lógica del mando político central ypriorizar la estabilidad del régimen sobre la rentabilidad.

Esto muestra que el PCCh está dispuesto a socavar un centro financiero y de atracción de capitales en nombre del control político. Esa decisión va en sentido inverso al de un imperialismo emergente, pero es coherente con un capitalismo de Estado. La seguridad y estabilidad jurídica que reclama el capital es sustituida por la arbitrariedad política.

No nos podemos olvidar que el giro en Hong Kong se da en un contexto de presión imperialista de Estados Unidos, de guerra económica y comercial e incremento de las tensiones y riesgos de desestabilización política interna. Esto refuerza una dinámica defensiva, de cierre de filas del Estado, de subordinación del capital privado a objetivos políticos. Como se aprecia, la dinámica está atravesada por tendencias expansionistas y tendencias inversas que la abroquelan hacia adentro y en que la lógica que prevalece es la de una autopreservación del régimen. Hong Kong revela que el Estado no actúa como correa de transmisión de una demanda de la burguesía, sino como poder disciplinador. Lo dicho refuerza la idea de capitalismo de Estado donde lo que se destaca es esta mecánica contradictoria. Esto relativiza afirmaciones que leen el ascenso chino como una avenida cuya dirección principal va en el sentido de su consagración como potencia imperialista. Giachello y Brunetto sostienen esta óptica, aunque discrepan cual es el estadio de esa evolución; entre ellos, hay una diferencia de grado, pero no de concepto.

La caracterización que aquí se defiende reconoce el peso internacional de China, pero coloca en pie de igualdad la centralidad de la burocracia estatal, las tensiones internas (Estado vs. capital privado; deuda; fragilidad social) y la posibilidad de que estas contradicciones modifiquen radicalmente el rumbo de China. Partiendo de este diagnóstico se enfatiza que la izquierda que se reclama revolucionaria debe prepararse para explosiones sociales internas en China que serían centrales para cualquier perspectiva revolucionaria internacional.

Factores estructurales

Una caracterización, si cumple esa función, debe incorporar los principales factores que inciden en el fenómeno en observación. Lo concreto es la síntesis de múltiples determinaciones. No se puede desconocer en el caso de China que la apertura al capitalismo a partir de las reformas introducidas en su economía forma parte de una amplia colonización del país en este contexto, el capital extranjero sigue teniendo una gran gravitación.

Según los datos de la serie “IED neta (inflows) como % del PIB” reportados por el World Bank, China alcanzó en 2020 un valor de 1,44 % del PIB. Esa cifra contrasta con picos anteriores significativamente mayores: por ejemplo, en 1993 la IED neta llegó al 6,19 % del PIB, y desde entonces la proporción fue moderándose. En cuanto a montos absolutos recientes: para 2023 la entrada de IED a China fue de U$S 163.200 millones, lo que marcó una caída interanual del 13,6 %. A pesar de la caída, China siguió siendo uno de los principales destinos globales de IED en 2023. El stock acumulado de IED entrante a fin de 2023 rondaba los U$S 3,66 billones.

La IED como porcentaje del PIB fue muy alta en los años 90 (tras las reformas) pero ha disminuido desde entonces —lo que sugiere que, proporcionalmente, la dependencia de IED respecto al tamaño de la economía se redujo. No obstante, en valores absolutos, China sigue recibiendo montos significativos de capital extranjero. El sector servicios (y sectores de alta tecnología) ha ganado protagonismo en la composición de la IED, desplazando en parte a la manufactura intensiva en mano de obra.

IED EN CHINA ( Flujo Anual y % PBI)

Notas sobre la tabla

  • Los valores de “U$S” provienen de bases de datos consolidadas de flujos netos de IED para China.
  • Las cifras de “% del PIB” provienen de la serie histórica de IED neta (% PIB).
  • Hay años recientes (posteriores a 2008) donde los datos públicos disponibles por separado en U$S no siempre aparecen en la fuente agregada consultada —por eso marcados con ?.
  • El dato 2023 en U$S (U$S 163.300 millones) proviene de estadísticas oficiales recientes.

No hay fuentes públicas confiables recientes que permitan dar con precisión el “peso del capital extranjero dentro de los activos totales de China”. Una dato parcial e indirecto pero que nos puede dar una idea de ello es que en el 2024-2025, las empresas con inversión extranjera (Foreign‑Invested Enterprises, FIEs) representaron alrededor del 29,2 % del comercio exterior total de China (importaciones+exportaciones). En particular, dichas FIEs siguen siendo actores importantes en la exportación/importación de productos de alta tecnología: en 2025, más del 40 % del comercio exterior en bienes “high-tech” fue protagonizado por FIEs. Históricamente, la participación de las FIEs en el comercio exterior era mucho mayor. Por ejemplo, en 2005–2006 su share combinado de importaciones y exportaciones llegó a cerca del 58–59 %.

En paralelo, asistimos a un enorme salto en el proceso inverso, o sea la IED saliente que realiza China en el extranjero. Informes privados y de consultoras estiman la salida (ODI) en torno a U$S 162–163 mil millones.En este caso, las fuentes son más confiables a la hora de calcular el stock (acumulado) de IED china en el exterior (direct investments sets): según SAFE, a junio de 2025 el stock era U$S 3.349,1 mil millones.

IED SALIENTE DE CHINA (Flujo anual y Stock acumulado)

Notas sobre la tabla

  • Los flujos anuales (columna Outward_FDI_Flow_USD_billion) corresponden a la inversión directa china al exterior (OFDI) en ese año, medidos en mil millones de U$S.
  • El “stock” (columna Outward_FDI_Stock_USD_billion) representa la acumulación total de inversión directa de China en el exterior hasta ese año, también en mil millones U$S.
  • Los datos más recientes (2024) muestran un flujo de U$S 192.20 mil millones y un stock acumulado de U$S 3.139,93 billones.

China ha pasado a ocupar un lugar protagónico mundial en lo que se refiere a la IED. Este liderazgo en la exportación de capitales, no obstante, no nospuede hacer perder de vista la gravitación del capital extranjero en la propia China que se fue amasando durante décadas. Es cierto que el peso específico del capital extranjero está en retroceso, pero sigue siendo significativo y una medida de su alcance lo da el porcentaje que representa en el comercio exterior del gigante asiático; no ocurre lo mismo en las potencias capitalistas tradicionales donde, por más abiertas que estén sus economías, la influencia del capital extranjero es secundaria.

En China conviven tendencias expansivasque hablan de rasgos imperialistas con elementos propios de una economía dependiente que tiene que ver con la historia de China y en forma más reciente con la forma en que se produjo la restauración capitalista.

Asistimos a una convivencia entre aspectos propios de las economías capitalistas avanzadas y otros propios de la periferia.Es necesario darle a este hecho la relevancia que merece. No se trata de cosas del “pasado” que tienden a desaparecer, sino que siguen tenido una actualidad y condicionan el desarrollo de China.

No se puede bajar el precio al hecho de que elPBI per cápita y la productividad del trabajo sea una cuarta parte de los llamados países industrializados. Hay quienes destacan que las industrias en las zonas costeras y en general donde se ha concentrado la producción manufacturera, su productividad supera inclusoa la de las metrópolis tradicionales. Pero eso ocurre en muchos países de la periferia donde coexisten los avances más recientes del capitalismo con formas de producción atrasadas, o sea, el característico desarrollo desigual y combinado. Porsupuesto, no se pueden descartar distorsiones en la confección de las estadísticas, pero la disparidad es demasiado grande par apretender explicarla por ese motivo.

Al respecto, es oportuno refrescar lo que se señala en el artículo con el que arrancamos la polémica:

Una parte significativa de la población aún trabaja en sectores de baja productividad, como: Agricultura (donde trabaja ~25% de la población, pero genera solo ~7% del PIB). Esto da cuenta de la gravitación del atraso agrario.

Pero la baja productividad no se circunscribe al campo sino también se traslada a la órbita urbana. Pequeños comercios y servicios informales, con baja mecanización y tecnología. En contraste, los países industrializados tienen una mayor proporción de trabajadores en sectores de alto valor agregado, como tecnología, servicios financieros o industria avanzada.

Uno de los problemas más serios es una migración rural-urbana incompleta. Muchos trabajadores migrantes (“mingong”) trabajan en condiciones precarias y no acceden plenamente a los beneficios urbanos. El sistema de Hukou (registro de residencia) restringe la movilidad laboral completa y genera una dualidad entre trabajadores rurales y urbanos. El trabajo precario de los mingong (migrantes rurales en China) afecta negativamente la productividad laboral por varios motivos económicos. Los principales factores que inciden en este hecho son los siguientes:

Los mingong suelen trabajar en condiciones temporales, sin contratos estables ni garantías laborales. Esto genera alta rotación de personal, lo cual impide la acumulación de experiencia y reduce la productividad media del trabajo. “El alto nivel de rotación laboral en el sector manufacturero chino, vinculado a la temporalidad de los mingong, impide la consolidación de habilidades técnicas y reduce la productividad del trabajo.” (Andreas, Joel, 2019 Disenfranchised: The Rise and Fall of Industrial Citizenship in China)

Las empresas no tienen incentivos para capacitar a trabajadores que probablemente no se quedarán mucho tiempo. Esto limita el desarrollo de habilidades técnicas y profesionales. “La precariedad laboral impide que los trabajadores sean entrenados o promovidos, lo que reduce significativamente la eficiencia en sectores intensivos en trabajo.” (Pun Ngai&Lu Huilin, 2010, Unfinished Proletarianization: Self, Anger, and Class Action among the Second Generation of Peasant-Workers in China). Jornadas largas, salarios bajos, vivienda precaria y escasa protección social afectan la salud física y mental de los trabajadores, reduciendo su capacidad productiva.El agotamiento físico impacta directamente en el rendimiento laboral.

El modelo de desarrollo chino ha privilegiado el uso de trabajo barato más que la innovación o eficiencia. La existencia de millones de mingong dispuestos a trabajar en condiciones precarias frena los incentivos para modernizar procesos productivos. “La abundancia de fuerza de trabajo rural migrante ha llevado a un modelo de crecimiento extensivo basado en el bajo costo, en lugar de uno impulsado por productividad.” (Martin Hart-Landsberg (2010), The Chinese Reform Experience: A Critical Assessment) En resumen, el trabajo precario de los mingong abarata los costos laborales a corto plazo, pero frena el desarrollo de una fuerza de trabajo calificada, estable y productiva. En términos marxistas, esto refleja una forma de superexplotación donde la valorización del capital depende de la degradación de las condiciones laborales, lo cual tiene límites objetivos en la productividad media del trabajo.

Otro de los factores a tener en cuenta es la baja eficiencia en muchas empresas estatales. A pesar de las reformas, muchas empresas estatales (SOEs) siguen siendo ineficientes: tienen exceso de personal, baja innovación y operan protegidas de la competencia. La asignación de recursos (capital, subsidios, crédito) a estas empresas reduce la productividad total del sistema.

(Apuntes pata una caracterización de China, Pablo Heller, publicado en En defensa del Marxismo N° 62)

La conclusión que el artículo de marras pone de relieve es“que la brecha de productividad que separa a China de las potencias capitalistas tradicionales responde a cuestiones de fondo, estructurales que tienen que ver con la naturaleza del régimen chino. No se lo puede circunscribir a una incorporación tardía de China al proceso de industrialización. Si se tratara de esto, la superación de este abismo sería simplemente “cuestión de tiempo”. Lo que está detrás de este desfasaje respecto a las metrópolis capitalistas es la estructura social y la conformación histórica de China, como parte de las leyes del desarrollo capitalista desigual y la dinámica de la acumulación mundial” (ídem).

Nuevamente sobre transferencias de ingresos

Uno de los rasgos que distingue al imperialismo es la transferencia de ingresos de la plusvalía generada de la periferia hacia las metrópolis, que se puede verificar por cuatro vías: “el dominio y señoreaje de su moneda; los flujos de ingresos de las inversiones de capital; el intercambio desigual a través del comercio, y los cambios en los tipos de cambio”.

Uno de los aspectos controvertidos presente en la polémica que venimos desarrollando es qué ocurre con China, si se apropia o cede ingresos. Algunos autores como Michael Roberts, plantean la segunda alternativa, lo cual apuntala la caracterización que sitúa a China en el pelotón de los países dela periferia.

Frente a este planteo, hay economistas, como Isikara y Mokre, que advierten que en las últimas décadas ha habido cambios en lo que se refiere a China. Ambos autores destacan que, respecto al comercio internacional, el gigante asiático pasó a capturar ingresos en lugar de transferirlos como ocurría en el pasado.

El análisis y argumentos esgrimidos en torno al punto por parte de diferentes autores están holgadamente expuestos en el artículo que está publicado, de modo tal que no voy a insistir sobre ellos. Me remito a lo que está escrito.

Pero lo nuevo consiste en que Isikara yMokre han publicado un nuevo libro (“Las teorías del valor en las fronteras – Economía Política Clásica, Imperialismo y Colapso Ecológico”) cuyas consideraciones aportan al debate en curso. Su conclusión para China -como lo pone de relieve Michel Roberts-«es cualitativamente diferente de la posición establecida en la literatura, según la cual China se encuentra entre los países dominados o sufre de la pérdida de valor en el comercio internacional». Pero añaden advertencias. En primer lugar, China solo se convirtió en un ganador neto en los últimos diez años desde la Gran Recesión, después de la cual el crecimiento del comercio mundial se debilitó. Y su resultado «solo se refiere a las transferencias de valor en las industrias de producción (omitiendo otros aspectos económicos del imperialismo) y, en consecuencia, no es en sí mismo evidencia de que China sea ahora una potencia imperialista» (Las negritas son de nuestra autoría) (Las fronteras de la Teoría del Valor, Sin permiso, 10-25).

Al comentar las conclusiones de la nueva obra de Isikara y Mokre destaca que “estos resultados se basan únicamente en las industrias de producción; el flujo de valor a través de industrias no productivas como las actividades financieras y de seguros en la transferencia de plusvalía de un país a otro en forma de ganancias, tarifas e intereses no está abordado. Los autores intentan una estimación de la «captura de valor no productivo» y encuentran que la transferencia de valor es bastante pequeña en comparación con la transferencia de valor en los sectores de producción de las economías. Pero reconocen que la captura de valor no productivo en sus tablas de input-output probablemente esté subestimada. De hecho, otro trabajo sobre esto de Thomas Rotta, que incorpora los sectores de producción y no producción, encuentra que China es el mayor donador de valor, mientras que los Estados Unidos es el mayor captador de valor en la economía mundial. La proporción estadounidense de «valor capturado» o sigue aumentando a expensas de países periféricos como India y China, aunque, como en el análisis de Mokre e Isikara, Rotta encuentra que la pérdida anual de China se ha reducido significativamente desde la Gran Recesión” (Michael Roberts, ídem).

Hay otras formas de ver la transferencia de ingresos de los países periféricos al núcleo imperialista “utilizando las transferencias netas de ingresos primarios y el ‘exceso de rendimiento» en la inversión extranjera. (…) Cuando se trata de flujos de ingresos transfronterizos del comercio y las inversiones, el núcleo imperialista gana visiblemente, mientras que los BRICS, incluida China, son perdedores netos. Y Piketty, en sus estimaciones, también ha descubierto que cuando se calculan los rendimientos de los activos extranjeros netos, de nuevo el núcleo imperialista tiene ganancias positivas, mientras que los BRICS (incluida China) son perdedores netos” (Michael Roberts, ídem).

El tema por supuesto es altamente controvertido, pero los elementos que vuelcan los autores nombrados en su una nueva obra coloca el interrogante sobre la condición imperialista de China.

Estos factores estructurales son clave a la hora de hacer una caracterización de China. Ellos explican la peculiaridad de la restauración capitalista y condiciona su desarrollo y consolidación. Estos problemas estructurales potenciados con la crisis capitalista en desarrollo son los que están en la base de las crecientes tensiones que atraviesa el país y que se refractan en el régimen.

Recientemente acaba de producirse una purga significativa en el ejército: se expulsaron nueve generales de alto rango, incluyendo al tercero en el rango interno en las Fuerzas Armadas. Uno de los más destacados fue Miao Hua, antiguo director del departamento de trabajo político en la Comisión Militar Central (CMC), quien fue removido por “graves violaciones disciplinarias”. La gran ironía del enfoque de Xi es que cuanto más intenta consolidar su poder, más vulnerable se vuelve su régimen.

Pese al ensalzamiento que se hace del auge del gigante asiático, China enfrenta: una economía en desaceleración y con una presión deflacionaria severa: los precios al productor han caído, y hay riesgo de que la deflación se profundice. El mercado inmobiliario sigue siendo un gran lastre: sobreproducción en muchas ciudades, caída de ventas y de la inversión, y debilidad persistente en la confianza de compradores.

El consumo interno es bajo: hay llamados del gobierno para reactivar el consumo como motor de crecimiento implementando políticas para aumentar la demanda interna (subsidios, fortalecimiento del poder adquisitivo). Pero eso no ha logrado invertir las tendencias: la población es renuente a volcarse al consumo por la incertidumbre laboral y con más razón cuando viene de un sacudón en sus ahorros por la crisis inmobiliaria. Los límites al consumo se sienten en especial en las nuevas generaciones donde el desempleo juvenil supera el 20 por ciento y es creciente.

Esto hace que China siga dependiendo de las exportaciones, perspectiva por cierto frágil e incierta si tenemos presente la tendencia a la recesión y el incremento de la guerra comercial dominantes en la economía mundial. Esto se da en un marco de un endeudamiento que casi triplica el PBI y que se ha vuelto cada vez más insostenible y que pone límites más definidos a la capacidad del estado para contrastar la crisis económica en desarrollo. Y a las consecuencias sociales que se derivan de ella.

Esta sumatoria de elementos habla de un potencial explosivo que gira cada vez más en torno a Xi Jinping como árbitro y piloto de tormentas. Si la economía no logra reactivar la demanda interna, se acentúan las tendencias a una recesión mundial y a la guerra comercial y el descontento laboral crece, puede haber choques crecientes que desafíen la capacidad del PCCh y de Xi, en especial, para pilotear la crisis. China está llamada a ocupar un lugar protagónico en el escenario de la lucha de clases de próxima etapa.

Síntesis y conclusiones

  1. Lo que impera en China son relaciones capitalistas de producción, fundadas en la explotación del trabajo asalariado. Impugnamosel punto de vista que sostiene la tesis de un socialismo a la china o de una economía de transición hacia el socialismo que niega el carácter capitalista de China y plantea, bajo diferentes matices y versiones, la existencia de un régimen fundado en otras bases sociales. El Estado chino, de acuerdo a la óptica que compartimo squienes sostenemos el presente debate, es un Estado capitalista o sea un representante, defensor y promotor de relaciones capitalistas de producción.
  2. El gigante asiático ha tenido un desarrollo prodigioso.Se ha convertido en la primera potencia manufacturera, ocupa un rol de liderazgo en el comercio mundial como socio comercial en el planeta, es la segunda economía de acuerdo a su PBI (incluso primera si lo medimos en términos de poder de compra ), ha pegado un salto en su expansión mundial con la ruta de la seda y ha incursionado en las tecnologías de punta, pasando  ser un competidor en este plan de los países industrializados tradicionales, incluso superándolos en áreas como las telecomunicaciones 5G, paneles solares, vehículos eléctricos.
  3. El hecho de que China está en la cúspide de la rivalidadcon Estados Unidos constituye un enorme factor disruptivo pues da cuenta de un orden mundial en crisis, que se abre paso en el marco de un declive norteamericano potenciado por el desarrollo de la propia crisis capitalista mundial que está lejos de cerrarse. Estamos en presencia del derrumbe y fragmentación del orden imperialista creado luego de la Segunda Guerra Mundial, que tenía como vector ordenador el liderazgo de Estados Unidos. Pero China –y lo mismo vale por los BRICS-  no encarnan un orden sustituto, no constituyen un polo antimperialista y menos aún portavoz de una transformación social, un rol que pretenden atribuirle una parte del progresismo y la izquierda mundial.
  4. Un modo de producción es una relación social, nos remite a una estructura social, a clases y fuerzas sociales actuantes, cuya génesis y desenvolvimiento no pueden separarse de su contexto histórico. A diferencia de las potencias capitalistas tradicionales en que la burguesía es la fuerza dominante y motor de las trasformaciones sociales, no ocurre lo mismo en China donde la clase capitalista está confinada a un papel de segundo violín. Las decisiones gravitantes están concentradas en el Estado y es una de sus particularidades que no tiene similitud con ninguna otra experiencia histórica.
  5. El hecho de que el PCCh haya perdido su carácter de clase original y haya legitimado el ingreso de empresarios, no debe llevar a colocar un signo igual entre el Partido, que es el que ejerce un rol dirigente en el Estado con la propia burguesía. Los empresarios son una minoría en la composición de los órganos directivos del PCCh. La inserción de empresarios ha sido acompañada de mecanismos de control del Partido dentro de las empresas: muchas firmas privadas —sobre todo las grandes o estratégicas— tienen células del PCCh o estructuras internas del Partido, lo que reduce la autonomía real de los empresarios frente al Estado/Partido. Está a la vista por todo lo dicho que el Estado, a través de la presencia del PCCh, ejerce sino un doble poderal menos un poder paralelo a la de los cuerposdirectivos y titulares accionarios en las empresas privadas. Esta injerencia no tiene paralelo con lo que ocurre en ningúnpaís capitalista.
  6. La caracterización de China como imperialista, ya sea en formación o consolidada, tiene el defecto que carga las tintas unilateralmente en el sitial protagónico que ha conquistado en el escenario mundial relegando a un segundo plano este intervencionismo estatal peculiar, que no tiene paralelo con lo que conocemos en el mundo capitalista y que crece en detrimento de la burguesía nativa. La dinámica de China encierra ese proceso contradictorio.
  7. El caso de Hong Kong merece ser seguido con atención pues su evolución aporta claves para comprender la naturaleza de China. El avance de la tutela política del PCCh sobre Hong Kong está afectando a la burguesía china continental que utilizaba históricamente a la excolonia británica como válvula de escape frente a las regulaciones, controles y arbitrariedades del propio Estado-partido. Esto refuerza la tesis de que el Estado no es un simple instrumento pasivo de la burguesía. Si China actuara como una potencia imperialista,necesitaría preservar Hong Kong como espacio financiero relativamente autónomo, funcional a la libre circulación del capital, a la exportación de capitales y a la seguridad jurídica internacional. La intervención política del PCCh va en sentido inverso: reduce la confianzadel capital, limita la autonomía financiera, provoca relocalización de capitales.
  8. China ha pasado a ocupar un lugar protagónico mundial en lo que se refiere a la IED. Este liderazgo en la exportación de capitales, no obstante, no nos puede hacer perder de vista la gravitación del capital extranjero en la propia China que se fue amasando durante décadas. Es cierto que el peso específico del capital extranjero está en retroceso, pero sigue siendo significativo y una medida de su alcance lo da el porcentaje que representa en el comercio exterior del gigante asiático; no ocurre lo mismo en las potencias capitalistas tradicionales donde, por más abiertas que estén sus economías, la influencia del capital extranjero es secundaria.
  9. En China conviven tendencias expansivas que hablan de rasgos imperialistas con elementos propios de una economía dependiente que tiene que ver con la historia de China y en forma más reciente con la forma en que se produjo la restauración capitalista. Es necesario darle a este hecho la relevancia que merece. No se trata de cosas del pasado que tienden a desaparecer, sino que siguen tenido una actualidad y condicionan el desarrollo de China.No se puede bajar el precio al hecho de que el PBI per cápita y la productividad del trabajo sea una cuarta parte de los llamados países industrializados. El origen de ello hay que buscarlo en los problemas estructurales que distinguen a China: atraso agrario, el peso de los trabajadores migrantes y la extensión del trabajo precario, ineficiencia de las empresas estatales.
  10. Los llamados BRICS, como los mayores representantes de la periferia en el capitalismo mundial, son los mayores perdedores en la transferencia de ingresos. Hay en líneas generales, una coincidencia en la literatura especializada de que en China este proceso se viene revirtiendo. China se convirtió en un ganador neto en los últimos diez años desde la Gran Recesión pero su resultado – «solo se refiere a las transferencias de valor en las industrias de producción (omitiendo otros aspectos económicos del imperialismo) y, en consecuencia, no es en sí mismo evidencia de que China sea ahora una potencia imperialista» (Isikara y Morke, Fronteras del teoría del valor).
  11. Los problemas estructurales potenciados con la crisis capitalista en desarrollo son los que están en la base de las crecientes tensiones que atraviesa el país y que se refractan en el régimen. Recientemente acaba de producirse una purga significativa en el ejército. El ensalzamiento que se hace del auge del gigante asiático no debe oscurecer que China enfrenta: una economía en desaceleración y con una presión deflacionaria severa: los precios al productor han caído, y hay riesgo de que la deflación se profundice. El mercado inmobiliario sigue siendo un gran lastre: sobreproducción en muchas ciudades, caída de ventas y de la inversión, y debilidad persistente en la confianza de compradores. El consumo interno es bajo y se siente en especial en las nuevas generaciones donde el desempleo juvenil supera el 20 por ciento y es creciente. Esto hace que China siga dependiendo de las exportaciones, perspectiva por cierto frágil e incierta si tenemos presente la tendencia a la recesión y el incremento de la guerra comercial dominantes en la economía mundial. Esto se da en un marco de un endeudamiento que se vuelve insostenible. Esta sumatoria de elementos, habla de un potencial explosivo que gira cada vez más en torno a Xi Jinping como árbitro y piloto de tormentas. Si la economía no logra reactivar la demanda interna, se acentúan las tendencias a una recesión mundial y a la guerra comercial y el descontento laboral crece, puede haber choques crecientes que desafíen la capacidad del PCCh y de Xi, en especial, para pilotear la crisis.

 El corolario de todo lo dicho es que la transición de China está abierta a un amplio abanico de desenlaces, que van desde su consagración como potencia imperialista -lo que plantea una nueva correlación de fuerzas entre el Estado y la burguesía-; una nueva vuelta de tuerca en la colonización a la que aspira el imperialismoy que no ha abandonado como objetivo; hasta un nuevo capítulo de la revolución. China está llamada a ocupar un lugar protagónico en el escenario de la lucha de clases, que marcarásu propio destino y el dela humanidad

1• Pablo Heller:“Apuntes para una caracterización de China”• Pablo Giachello:“De dónde viene y adónde va China” •Luis Brunetto: “Sobre el carácter de la sociedad china”. revistaedm.com. • Presentación / charla-debate “¿A dónde va China?” (panel con Heller, Giachello y Brunetto). revistaedm.com

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