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La rebelión montonera en los llanos

El asesinato del Chacho Peñaloza

El desarrollo del litoral, la decadencia del Alto Perú y la fragmentación del mercado del norte

La rebelión montonera en los llanos

El asesinato del Chacho Peñaloza

El desarrollo del litoral, la decadencia del Alto Perú y la fragmentación del mercado del norte

En los territorios coloniales del Río de la Plata, a principios del siglo XVIII, el interior (Centro, Cuyo, Norte y Alto Perú) constituía la parte más poblada y rica, el litoral (Buenos Aires, Montevideo, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Paraguay) era el más atrasado y pobre. “Sin embargo, esta situación había comenzado a variar de manera vertiginosa a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y particularmente desde 1778, cuando la dinastía de los Borbones intentó desenvolver un desarrollo capitalista que la acercara al estadio de Inglaterra o Francia y produjo un vasto reordenamiento” (Cristian Rath. En Defensa del Marxismo N° 38. Junio 2010. El carácter de la Revolución de Mayo). En el Río de la Plata, este proceso abrió una diferenciación de clases criollas, al calor de la limitada apertura del monopolio colonial. Que permitió la liberación de derechos de exportación para las carnes saladas, astas, sebo y lanas, y un gravamen moderado para el cuero que era ya el rubro principal de los frutos ganaderos exportables de entonces. La demanda de cuero a nivel mundial, en particular, tuvo un crecimiento notable en el siglo XVIII. Producto de las guerras entre las potencias europeas y la Revolución Industrial -las máquinas de vapor llevaron juntas y obturadores de cuero por mucho tiempo- . El desarrollo de una clase de estancieros posibilita el mejor aprovechamiento de la carne. Los saladeros comenzaron a producir carne salada para esclavos de las plantaciones del Brasil portugués, de Cuba española y del sur de los Estados Unidos.

A finales del siglo XVIII, el Alto Perú en el territorio de la actual Bolivia (Charcas, Potosí, Cochabamba y La Paz), contaba con una población que era superior a la del resto del virreinato del Río de la Plata. Producto de un desarrollo que tuvo como motor la explotación minera sustentada en la mita (trabajo forzoso), lo que causo el extermino de gran parte de las comunidades originarios de la región, realizando un aporte importante al genocidio que significo la conquista española para los mal llamados “indios”. “La importancia de esta explotación minera se mide en una cifra: de las exportaciones que salieron entre 1779 y 1784 de los puertos del Río de la Plata, el 81%, en valor, correspondió a metálicos que provenían de Potosí” (Idem del anterior). Este centro político y económico entró en decadencia por el agotamiento de la plata en el “Cerro Rico" ubicado en Potosí después de más de 200 años de extracción intensiva a finales del siglo XVIII. Fue acompañado por  la crisis del régimen de la mita con los levantamientos de Tupac Amaru y Tupac Catari, que obligó a los concesionarios a apelar a la mano de obra libre.

El desarrollo del Alto Perú al calor de la minería, permitió la constitución de un importante mercado para las provincias del Norte y hasta la región de los llanos riojanos. Los levantamientos campesinos indígenas, primero, el agotamiento de la explotación minera, luego, van a hundir estas rutas comerciales. Las mismas tuvieron un golpe definitivo con la guerra de la independencia en el proceso de la Revolución de Mayo. La expedición “jacobina” de Castelli en 1810, acompañado por el moderado Soler, que proclamó la libertad del “indio” en las puertas de Tiahuanaco, produjo una reacción conservadora en las élites reaccionarias de la región altiplánica. Esto, sumado a la división de los patriotas porteños, causó el fracaso de las dos primeras expediciones auxiliadoras (Castelli-Soler y Belgrano). Este proceso de disgregación culminó el quiebre de conjunto en la economía del interior, que vio cerrado el más importante mercado interno de entonces para otros productos (yerba, aguardiente, tabaco, algunos tejidos, mulas, etc.). La decadencia del Alto Perú va a incidir con mayor fuerza en el vuelco hacia la explotación ganadera y torrnará aún más imparable la explotación del ganado bovino en la campaña.

Con el proceso de la Revolución de Mayo, Buenos Aires consolidó una política de libre comercio con los ingleses, llegando a su apogeo en 1824, con el Empréstito Baring, la primera deuda externa de nuestro país. El capital que llegó al Río de la Plata, menos de la mitad del total, fue utilizado sólo para la comprar mercancías industriales del mercado inglés. El mercado del interior que abastecía al Alto Perú quedó fragmentado, y solo sobrevivieron industrias primitivas provinciales de subsistencia. En el segundo proceso de unificación nacional, la “intentona rivadaviana", exigida por el capital británico como garantía de pago de la primera deuda, las Provincias Unidas no pudieron evitar entrar en  default, en un proceso de crisis continental que tuvo su epicentro en Londres. Esta primera quiebra nacional, sumado a la política dictatorial de la camarilla centralista rivadaviana junto a las entregadas en la guerra contra Brasil, llevaron nuevamente a un cuadro de levantamientos en el interior.

Los enfrentamientos con los centralistas

El "chacho” Peñaloza, no era de los terratenientes más ricos de la provincia riojana. Su familia era de propietarios rurales de los Llanos, por este motivo y aparte por dedicarse a la carrera militar, conoció muy joven al caudillo riojano Facundo Quiroga, apodado "El Tigre de los Llanos". Por su valor y destreza en el combate, se convirtió rápidamente en su lugarteniente. El 27 de octubre de 1826 participaron juntos en la batalla de Tala, para derrotar al centralista rivadaviano, el general La Madrid. Con el objetivo de desconocer al efímero gobierno central rivadaviano (a su banco y a su deuda), allanando el camino para la posterior caída de la presidencia de Rivadavia y del poder central.

Lavalle al volver de la guerra de Brasil realizó un golpe de estado centralista en Buenos Aires y fusiló a Dorrego, que era el gobernador desde la caída de Rivadavia. Para garantizar su intentona, mando al general Paz a derrocar al federal Bustos en la provincia de Córdoba. Quiroga y el Chacho lo enfrentaron en la Batalla de La Tablada (22 de junio de 1829) en una dura contienda donde los federales fueron derrotados y el “Chacho” fue herido. También lo enfrentaron en la Batalla de Oncativo (25 de febrero de 1830), otra derrota federal ante el General Paz, que desarticuló momentáneamente a las fuerzas de Quiroga y el “Chacho”. La superioridad táctica de Paz era notable, según apuntan sus contemporáneos fue el mejor alumno de San Martín, el único que aprendió atentamente las tácticas de acecho napoleónicas. Como decía el mismo “Tigre de los llanos” en sus cartas al Restaurador porteño: "Ese general Paz es un diablo; sabe tanto que, en sus maniobras, parece que hace bailar a la tropa al son de la música".

Pero la suerte, se le acabó rápido al “manco” Paz, el 10 de mayo de 1831, cuando “el manco” se preparaba para guerrear contra el federal López de Santa Fe, fue detenido por los federales y arrestado, cuando realizaba tareas de inteligencia en el terreno con una partida de adelantados. Este insólito acontecimiento produjo un giro inesperado en las guerras civiles en el interior. Pero en Buenos Aires también estaban pasando cosas. El asesinato de Dorrego fue aprovechado por el “Restaurador” Rosas para ponerse a la cabeza de los federales porteños (representaba la fracción de los terratenientes mas importantes como el clan Anchorena). Lavalle renunció a la gobernación porteña en junio de 1829 por las presiones de los federales después del fracaso del Pacto de Cañuelas. Rosas asume su primera gobernación en diciembre de ese mismo año. El 4 de noviembre de 1831 Facundo Quiroga derrotó al general Araoz De Lamadrid en la batalla de la ciudadela en Tucumán, terminando con el predominio de la Liga Unitaria del interior. Peñaloza participó también de esta batalla y según relatos orales capturó un cañón con su lazo y lo atrajo hacia el bando federal, siendo ascendido a teniente coronel por esta hazaña en combate.

El asesinato de Facundo Quiroga y la ruptura del “Chacho”

Después de la huida de Lavalle, la captura del “Manco Paz” y la segunda derrota de Araoz de Lamadrid en Tucumán, existió un periodo corto de consolidación federal con un triunfo sobre la mayoría de las provincias. Con el Pacto Federal de 1831 se hizo fuerte la Confederación Argentina (sin un estado central) y con la hegemonía de Rosas y como segundas figuras López y Quiroga. Desde finales de 1831 hasta 1835, no hubo grandes batallas en las guerras civiles internas. El país entró en una fase de relativa calma, aunque con conflictos latentes y represión política en algunas provincias. Quiroga se encontraba en Buenos Aires, realizando diferentes reuniones políticas. Le exigió una constitución al Restaurador como primer paso para el tercer intento de consolidación de un estado nacional. Pero Rosas que representaba la dictadura de los terratenientes porteños, con los comerciantes (centralistas) desplazados a un segundo lugar, no quería saber nada con encarar los costos de una reunificación. Tampoco quería saber nada de una constitución que pusiera en tela de juicio, aunque sea solo en los papeles, la apropiación hegemónica de los porteños de los recursos de la Aduana.

Quiroga para tratar de buscar aliados con sus intereses constitucionales participó de diferentes tertulias de la noche porteña donde circulaban algunos unitarios centralistas y aparte fue el único que se reunió con Rivadavia cuando intentó arribar a Buenos Aires y Rosas no lo dejó bajar del barco. Existía un conflicto latente entre dos provincias (Tucumán y Salta) por la hegemonía en la región. El gobernador Maza (en el interludio entre las dos gobernaciones de Rosas) le pidió al “Tigre de los llanos”, que tenía gran influencia en estos territorios, que viajará para garantizar la paz entre las provincias federales. “Quiroga tenía poderosos enemigos (incluso dentro de los federales) y había recibido noticias de que se atentaría contra su vida. Pero desprecio los avisos y la escolta que le ofrecieron sus amigos del norte. El 15 de febrero, un día antes del ataque, se le comunicaron detalles más concretos, el capitán Santos Pérez, con una partida, lo esperaba en Barranca Yaco. Respondió que esa partida le servirá de escolta para entrar a Córdoba" (Palacio, Ernesto. Historia de la Argentina. Barranca Yaco XVIII, Pág. 322. Decimocuarta edición 1986). El 16 de febrero, fue emboscado en el lugar que le habían indicado y por los hombres que le habían señalado. Quiroga en un último gesto de bravura increpó a los asaltantes al grito de “qué carajo pasa, soy Facundo Quiroga” y como respuesta recibió de inmediato un tiro en el ojo" que le provocó la muerte.

La responsabilidad material del hecho fue atribuida a los hermanos Reynafé, que controlaban la provincia de Córdoba y temían la influencia de Quiroga en su territorio. El poder porteño rápidamente atribuyó la autoría intelectual a los “Salvajes impíos Unitarios” y los autores materiales fueron fusilados y luego colgados en la actual Plaza de Mayo en 1837, frente a una multitud como si se tratara de un atroz espectáculo del circo romano. Un hecho que fue inolvidable en esta jornada fue que Santos Pérez, gritó justo antes de ser fusilado: “¡Rosas es el asesino de Quiroga!” (Adrián Pignatelli Infobae, 25 de octubre del 2022). Otros se lo atribuyeron al Mariscal López, debido a que los Reynafe eran hombres de su control y que López y Quiroga, a pesar de ser los dos federales, se disputaban el control de la provincia cordobesa. Rosas volvió a favorecerse por el asesinato de un adversario federal y utilizo este hecho para lograr la renuncia de Maza y su designación como gobernador de Buenos Aires por segunda vez con “la suma del poder público”.

Los franceses comenzaron a realizar hostilidades contra Rosas a principios de 1838 realizando un bloqueo al puerto de Buenos Aires: el objetivo era lograr la libre navegación del Río Paraná y la mismas condiciones que tenían los ciudadanos ingleses en la región. Los restos del partido centralista unitario, que en muchas provincias del NOA se encontraban cerca del poder, se organizaron junto a federales conversos y formaron la “Liga del Norte”. Mientras Lavalle, con apoyo francés, intentaba invadir Santa Fe. En Corrientes, cuna del levantamiento en el litoral, se montaron varios ejércitos para derrotar al Restaurador. Como el de Berón de Astrada, luego de su asesinato, el de Ferre que conto con la ayuda del gran táctico el “Manco Paz”, que había logrado evadirse de la libertad condicionada que le había otorgado Rosas después de una buena cantidad de años en prisión. Hasta un grupo de terratenientes de la provincia de Buenos Aires (Los Libres del Sur) se levantaron contra el gobierno del restaurador.

El Chacho Peñaloza sospechaba de la responsabilidad de Rosas en el asesinato de su antiguo líder Quiroga y compartía con el mismo la idea de una unidad constitucional. También se oponía al centralismo del gobierno porteño (que ponía y sacaba gobernadores) y a su dictadura sobre los recursos existentes. Por estas razones integró el frente anti nacional encabezado por las fuerzas invasoras francesas y el General Lavalle. Lo hizo de la mano del gobernador Brizuela, que fue designado al mando de las fuerzas de Lavalle en la región. Es que las oligarquías provinciales estaban lejos de ser refractarias a un proyecto de organización nacional, inclusive unitario y de la mano del capital extranjero, en la medida que garantizara sus intereses y pusiera límites a la arbitrariedad de Buenos Aires y su manejo de las rentas de la Aduana que correspondían a todo el territorio. Pero este frente fue derrotado de forma fragmentada, en distintas ocasiones,  desde 1838 hasta 1842. Los hacendados rebeldes fueron derrotados el 7 de noviembre de 1839 por las famosas milicias coloradas apoyadas por los temibles “indios amigos” del cacique Ranquel (el viejo). Cuando Lavalle llegó al campo de Buenos Aires sus aliados habían sido liquidados, se encontró aislado sin apoyo local (ni de los caudillos, ni de los sectores populares, tampoco de los originarios del sur) y dudó en atacar la ciudad solo apoyado por la fuerza naval de los franceses.

Luego Lavalle fue derrotado en Córdoba, en ese cuadro comenzó un retroceso que culminaría con su asesinato en Jujuy en 1841. Los franceses al ver que la rebelión de los liberales unitarios era derrotada sistemáticamente por las fuerzas federales, sumado a las protestas británicas por la intromisión unilateral en mercados que consideraban propios, decidieron desistir y retirarse momentáneamente. En la batalla de Rodeo del Medio, el 24 de septiembre de 1841, en la provincia de Mendoza, las tropas de Lamadrid y el Chacho fueron derrotadas. La coalición del norte fue disuelta, Chacho tuvo que partir al exilio en Chile, como el resto de los dirigentes unitarios liberales. Otros fueron degollados, como Marcos Manuel Avellaneda, padre del futuro presidente liberal.

La caída de Rosas, el frente con los porteños segregacionista y el acuerdo con Urquiza

El 3 de febrero de 1852, en la batalla de Caseros cayó el gobierno de Juan Manuel de Rosas. El rosismo había favorecido a la oligarquía terrateniente con su política de apoyo a la concentración ganadera, proletarización del gaucho y fortalecimiento del aparato coercitivo del Estado. Sin embargo, “esta misma oligarquía comprendía que la nueva situación del mercado mundial planteaba la necesidad de estructurar un Estado nacional para aprovechar las oportunidades de la nueva coyuntura internacional” (En defensa del Marxismo. Número 38. Año 2010. Algunos apuntes sobre el mitrismo y la organización nacional). Justo José de Urquiza, vencedor de Caseros, intento una rápida unificación del país bajo la batuta de los terratenientes entrerrianos, pero el 11 de septiembre de 1852 Buenos Aires se separó de la Confederación Argentina urquicista, disconforme por recibir un trato igualitario a las otras provincias y para seguir disponiendo de forma solitaria de la recaudación de la Aduana. Angel Vicente Peñaloza tuvo una relación compleja y conflictiva, en un principio, con la Confederación Argentina bajo la presidencia de Justo José de Urquiza. Tras la caída de Rosas, Peñaloza tuvo la esperanza que Urquiza, no solo impulsara la organización constitucional del país, sino que también respetara las autonomías provinciales. En este período, adhirió al nuevo gobierno federal. Rápidamente se sintió defraudado considerando que Urquiza cometía los mismo atropellos centralistas que Rosas. Se opuso al intervencionismo federal en las provincias y a la manipulación de los gobiernos locales por parte del gobierno nacional (con sede en Paraná después de la ruptura porteña).

El "Chacho" terminó levantándose en armas contra la Confederación Urquicista en 1853 en La Rioja, financiado y apoyado militarmente por los porteños. Eran dos sectores muy diferentes, también desiguales. que defendían su autonomía frente al intento de unificación urquicista. Luego a partir de 1854 Urquiza en su necesidad de derrotar a Buenos Aires (que se autodenominaba la República del Plata) buscó una política de conciliación con los caudillos de otras regiones. Esto implicaba, en la medida de lo posible, integrar a los caudillos federales disidentes y evitar nuevas guerras civiles que pudieran ser explotadas por Buenos Aires. Urquiza luego de derrotar al Chacho, optó por el indulto y el reconocimiento de la figura del Chacho en su región. Nombró a Peñaloza Comandante General de Armas de La Rioja. A partir de este reconocimiento y adjudicación de autoridad local, el Chacho mantuvo una lealtad nominal a la Confederación, pero siempre con la condición de que se respetaran las autonomías provinciales y de que el gobierno central no avasallara a los gobiernos locales. Su posición fue siempre la de un federal que vigilaba de cerca las acciones del gobierno nacional.

Los liberales convirtieron, primero a Buenos Aires y luego a la Argentina posterior a Caseros, en una nación semicolonial del imperio británico. Esta relación “carnal” con el capital inglés le permitió a Buenos Aires obtener créditos mucho más importantes que los otorgados a la Confederación. Buenos Aires comenzó a crecer la exportación, también obtuvo su primer ferrocarril y el mejoramiento de su puerto con la Aduana de Taylor. Mientras la confederación Argentinaurquicista no tenía recursos para pagar los salarios pero conservaba la supremacía militar en el territorio.

La claudicación de Urquiza y el levantamiento en los llanos

El 17 de septiembre de 1861, en la batalla de Pavon, Urquiza después de imponerse en el campo de batalla, de forma inesperada se retira a su provincia Entre Ríos y deja al resto de las provincias federales a merced de la dictadura de los liberales centralistas porteños.  Juan Bautista Alberdi, uno de los intelectuales más lúcidos de su tiempo y que apoyó la Confederación Argentina liderada por Urquiza participando como funcionario y en la elaboración de la Constitución, lo acusó de traidor por priorizar sus intereses personales, antes que los de la patria. Escribió: “¿Para qué dio Urquiza tres batallas? Caseros, para ganar la presidencia, Cepeda para ganar una fortuna y Pavón para asegurarla” (Grandes y Pequeños Hombres del Plata 1879). Frente a la retirada de Urquiza, el “chacho Peñaloza” quedó desconcertado por dos años, seguía exigiendo una respuesta del entrerriano pero del otro lado solo encontró silencio total.

El “Chacho”  no participó ni de la “Batalla de Caseros", ni de la “Segunda batalla de la Cañada de Cepeda" (1859), ni de la de Pavón (1861). Luego de la llamada claudicación Urquicista, el liberal Bartolomé Mitre quedó dueño del teatro de operaciones a nivel nacional, de inmediato comenzó la sangrienta “Campaña de pacificación nacional”. Fue mucho más intervencionista, centralista y criminal, que todas las intervenciones anteriores, tanto federales, como centralistas. Mitre utilizó las armas a repetición inglesas que se estaban produciendo en el marco de la segunda revolución industrial. Armas que Mitre podía comprar con créditos otorgados por los mismos ingleses y que ingresaban por el puerto porteño. Las montoneras del interior no podían competir contra este nuevo armamento, con lanzas, boleadoras y algunas pistolas. Urquiza con su caballería imparable y su artillería, podía vencer a Buenos Aires en batalla, pero claramente prefirió hacer plata, como socio menor de los porteños, que desafiar su poder.  

Bartolomé Mitre, para llevar adelante su “campaña de pacificación", una tremenda ofensiva contra las provincias, formó el Ejército Nacional sobre la base de las tropas que disponía el estado de Buenos Aires. Para esto Mitre contó con una cantidad de sanguinarios oficiales, siempre dispuestos a realizar todo tipo de crímenes de guerra, como su hermano, Emilio Mitre, quien fue una figura clave en las operaciones en Córdoba y el noroeste. Wenceslao Paunero, general que comandó fuerzas en la región de Cuyo y el Litoral; Pablo Irrazábal, coronel quien estuvo a cargo de capturar a Peñaloza, que también actuaba bajo las órdenes directas de Domingo Faustino Sarmiento gobernador del Cuyo, designado por Mitre y el oficial uruguayo Ambrosio Sandres, (su nombre se asoció a una serie de atrocidades, incluyendo asesinatos, torturas y el arrasamiento de poblados, lo que le valió la fama de ser el más sanguinario de los oficiales mitristas). La primera provincia en ser agredida fue Córdoba. Mariano Fragueiro era el gobernador federal en el momento de la intervención militar de fines de 1861 y a principios de 1862. Su gobierno cayó debido a la presión militar de las fuerzas de Wenceslao Paunero y a un levantamiento interno de los liberales cordobeses. Fue impuesto en su lugar el gobernador Manuel Lucero, quien era liberal y estaba alineado con el proyecto de Bartolomé Mitre.

El Chacho, aún esperaba una reacción del antiguo líder de la Confederación, Urquiza, auto exiliado en su provincia y al mismo tiempo intentaba una solución pacífica al conflicto. Protestó enérgicamente por la intervención de Córdoba. En una carta a Urquiza, le exigió que interviniera y defendiera a las provincias federales, reprochándole su inacción tras Pavón. A Mitre le reclamó el cese de las hostilidades y el respeto por los gobiernos provinciales legítimos (aunque federales). Argumentando que esas acciones violaban la Constitución. La caída de Córdoba fue acompañada de golpes en otras provincias como San Luis y Mendoza. En esta oportunidad fue nombrado Sarmiento que tomó el control de toda esta región cuyana desde su provincia natal de San Juan. Al mismo tiempo las provincias del norte, también en 1862, (Tucumán, Salta, Catamarca, Jujuy) igualmente fueron intervenidas, invadidas y sus gobiernos federales fueron reemplazados por gobiernos afines a la línea de Mitre.

El asesinato del “Chacho”

Estos golpes provinciales consolidaron el control del gobierno central y fueron el detonante final para el levantamiento masivo de las montoneras de los llanos y la resistencia armada. Obligado por las circunstancias, el Chacho comenzó a movilizar sus montoneras y a preparar la resistencia armada. Entendió que el gobierno de Buenos Aires no se detendría hasta imponer su control total por la fuerza. Peñaloza lanza su proclama: "¡Basta de sangre! ¡Basta de luto! ¡Basta de sacrificios! ¡Queremos la paz, pero la paz honrosa, basada en la ley, en la justicia y en la igualdad de todos los argentinos! [...] El gobierno de Buenos Aires quiere dominarnos por la fuerza, quiere avasallar nuestras libertades, quiere convertirnos en sus esclavos. ¡No lo permitiremos!".

Mitre al ver que el enfrentamiento en los llanos se prolongaba decidió ir a una tregua para ganar tiempo, mientras seguía con los golpes de estado en otras provincias. El 30 de mayo de 1862 en la Estancia “La Banderita" en la Rioja se firmó un “acuerdo de paz” después de meses de intensa lucha. Este acuerdo volvía a reconocerle al “Chacho”, de parte de las autoridades centrales, autoridad sobre el territorio riojano. Cuando se dio un intercambio de prisioneros, el Chacho entregó a todos los prisioneros del ejército, pero el ejército había asesinado a todos los prisioneros montoneros. Pero la guerra y la pobreza de la provincia hicieron muy difícil las condiciones. Muchos montoneros se dedicaban al saqueo para sobrevivir porque sus medios de vida habían sido destruidos. Sarmiento desde la región comenzó una gran presión para continuar la guerra contra las montoneras, mientras el Chacho trataba de preservar el orden hasta que se dio cuenta que era imposible.

En Córdoba se dio una rebelión federal que derrocó al gobernador impuesto por Mitre y el Chacho acudió en apoyo con sus montoneras entrando de forma triunfal a la ciudad el 11 de junio de 1863. El ejército nacional comandado por el general Wenceslao Paunero los enfrentó en la Batalla de las Playas. Lo que empezó como una batalla terminó en una carnicería. El ejército logró dispersar las tropas federales, después de varias cargas de caballería y fuego de artillería a discreción. A partir de ese momento las tropas montoneras fueron casadas y asesinadas mientras huían. 300 muertos federales, 40 heridos y 700 prisioneros. Luego de la batalla, el Chacho se escondió por un tiempito en las montañas, pero dos meses más tarde reapareció en los llanos al frente de mil hombres. El objetivo era tomar San Juan y tomar como prisionero a Sarmiento. El 30 de octubre de 1863, las tropas Nacionales interceptaron a los montoneros a 20 kilómetros de San Juan. Fueron nuevamente derrotados y el Chacho volvió a los llanos escapando de la persecución del ejército.

Sarmiento, mientras perseguía al Chacho por el territorio de los llanos, realizaba una intensa correspondencia con Bartolomé Mitre, al calor de la misma realizó algunas de sus descripciones tristemente célebres sobre los métodos a seguir en el combate contra los caudillos y los originarios. "No hay que ahorrar sangre de gaucho, este es el abono que es preciso hacer útil al país, la sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes. Se los matan a todos, no perdonen a ninguno, ni al que peina canas ni al pequeño, porque ya tiene inculcado el odio de sus padres". El “padre del aula” tenía inculcado en su pensamiento la más profunda barbarie ideologíca, racista y genocida. Por su parte Mitre respondía: “Quiero hacer en La Rioja una guerra de policía. Declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de partidarios políticos, lo que hay que hacer es muy sencillo”.

En noviembre de 1863 el “Chacho” era perseguido, en los llanos y de cerca por el Coronelmitrista Irrazábal. Acorralado se rindió en Loma Blanca el 12 de noviembre, aldea que se ubicaba justo al lado del pueblo de Olta, ante el oficial mitrista Ricardo Vera. Aproximadamente una hora después se hizo presente en el lugar Irrazábal, quien sin mediar palabra atravesó al “Chacho” con su lanza, frente a su familia. A continuación hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos para asegurar su asesinato. Por órdenes directas del gobernador cuyano Domingo Faustino Sarmiento, le cortaron la cabeza y la clavaron en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus orejas fue exhibida en la ciudad de La Rioja y enviada a un dirigente liberal local. Su esposa, Victoria Romero, fue obligada a barrer la plaza mayor de la ciudad de San Juan, atada con cadenas. Mientras tanto Sarmiento para justificar estos actos criminales le volvía a escribir a Mitre: ”Nose qué pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma, sin cortarle la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses” (Carta de Domingo Faustino Sarmiento a Bartolomé Mitre, 18 de noviembre de 1863. Felipe Pigna, El asesinato del Chacho Peñaloza, en El Historiador.com.ar. Archivado desde el original el 27 de diciembre de 2011. Consultado el 4 de abril de 2012.).

José Hernández, el autor del Martin Fierro, desde su periódico de Paraná calificó el hecho como un “Asesinato atroz”. Y realizó una serie de escritos desde ese mismo periódico  a finales de 1863, llamados de conjunto: "Vida del Chacho". En los mismos denunció que Peñaloza fue asesinado brutalmente y criticó la acción de Mitre y Sarmiento. Presentaba a Peñaloza como un "mártir del federalismo nacional y democrático", un héroe sencillo, modesto, generoso y valiente, que defendió los derechos de los pueblos del interior frente a la hegemonía de Buenos Aires.

La infame guerra contra el Paraguay y la derrota definitiva del interior

A pesar de sus victorias relámpago sobre los caudillos federales de diferentes provincias y el brutal asesinato del Chacho Peñalosa, todavía existía una gran piedra, llamada Paraguay, en el zapato de la unificación mitrista. Porque el Paraguay era un refugio y referencia de los caudillos del interior desde el momento en que venía librando una lucha de más de cincuenta años contra el monopolio aduanero y portuario de Buenos Aires. Poseía el monopolio natural de la yerba mate y del tabaco. La agricultura y ganadería colmaban sus necesidades y contaban con vías navegables y buenas maderas, base de tempranos astilleros. Tenía una economía de pequeños campesinos arrendatarios, con producción doméstica, artesanal y de pequeña manufactura. Este desarrollo independiente le permitió obtener su primer ferrocarril y la producción de metal. Al igual que la Argentina estaba desarrollando un sistema de enseñanza estatal en el nivel primario. El carácter fuertemente campesino de la sociedad paraguaya compuesta de pequeños chacareros era una diferencia esencial con la provincia de Buenos Aires y el resto de la Argentina en donde reinaban los grandes terratenientes.

Mitre, realizó una alianza con el Imperio esclavista del Brasil y con los Colorados (unitarios uruguayos) con el objetivo de destruir el Paraguay. Proclamó desde el balcón de su casa, los primeros días de abril de 1865, que se trataría de una guerra de días -24 horas en los cuarteles, 15 días en campaña, tres meses en Asunción-. Para desgracia de Bartolomé, la heroica lucha del pueblo paraguayo (que siguió luchando hasta que no quedó un solo hombre mayor a trece años en todo el territorio guaraní) junto a la resistencia del pueblo argentino, provocaron el empantanamiento del conflicto. La guerra no duró tres meses, sino cinco años y fue la tumba de más de 20.000 argentinos. Nuevamente existieron levantamientos en todas las provincias, miles de soldados argentinos fueron obligados a pelear engrillados con cadenas para que no deserten. Urquiza fracasó tres veces en formar un ejército para participar del saqueo, tuvo que contentarse con ganar mucho dinero suministrando una parte de las caballadas necesarias para los infames aliados.

La rebelión más importante, la llevó adelante el también riojano Felipe Varela en 1866, un seguidor del asesinado “Chacho” Peñaloza. A pesar de tener un amplio apoyo en el interior, Varela fue derrotado en la decisiva Batalla de Pozo de Vargas en 1867 por las fuerzas del gobierno central. Esta batalla marcó el declive definitivo de la resistencia de las montoneras de los llanos a la unificación mitrista, Varela derrotado huyó a Chile para evitar ser asesinado como sus antecesores. El empantanamiento del conflicto con Paraguay y la pérdida de vidas, también afectó la carrera del propio Bartolomé Mitre que perdió la capacidad de imponer un sucesor a la presidencia y pasó el resto de su larga vida como un opositor oligarca.

La última rebelión montonera dirigida por un caudillo federal, fue la de Ricardo López Jordán en la provincia de Entre Ríos, que estalló en 1870 y fue finalmente sofocada en 1876. Al comienzo de la misma los insurrectos lograron asesinar al general Urquiza, irrumpiendo en su mansión de San José, después de esperar durante años su intervención. El resultado económico más notorio de la guerra contra el Paraguay (1865-1870) fue el aumento brutal del endeudamiento con los capitales británicos. Si bien la guerra fue impulsada por la burguesía porteña y sus cómplices, para destruir el desarrollo independiente paraguayo que competía con la hegemonía de Buenos Aires, los británicos, al igual que con la guerra del Pacifico (1879-1884) donde Chile derrotó a Perú y Bolivia (quien perdió la salida al mar), fueron los principales favorecidos. 

Los caudillos federales posteriores a 1820

Existió una gran diferencia entre los Federales de Mayo y los posteriores a la Derrota de Artigas e incluso el fusilamiento de Dorrego. La revolución de mayo abrió las puertas de la guerra social en diferentes puntos del antiguo virreinato del Río de la Plata. Este proceso se caracterizó por un enorme intervención de las masas (Orilleros, campesinos, gauchos, mulatos y originarios) en un frente estratégico con los caudillos revolucionarios federales. Esta guerra social tuvo su epicentro en los lugares donde los españoles más se resistieron y fue un recurso de las élites criollas para derrotar la contrarrevolución. Así sucedió en un comienzo en el Alto Perú, en Salta con los gauchos bravos de Güemes y en la Banda Oriental con la revolución agraria artiguista.

Pero a partir de 1820, después de varios años de lucha tenaz, esta alza de las masas comenzó a ser derrotada por los “restauradores del orden”. Los propietarios criollos apenas vieron que a los españoles no les daba la nafta para reconquistar inmediatamente Buenos Aires y el resto de las provincias quisieron sofocar la guerra social y comenzaron un viraje conservador. Esto se manifestó muy tempranamente primero con Saavedra y la Junta grande, después con el Primer triunvirato, con Rivadavia como secretario. Después en la Asamblea del año XIII que no declaró la independencia y conspiró contra el artiguismo y se profundizó con el Congreso de Tucumán en 1816. Donde en reuniones secretas se resolvió promover y no intervenir frente a la invasión portuguesa de la Provincia Oriental perteneciente a las Provincias Unidas, para aplastar a la guerra social y el reparto de tierras, del otro lado del Plata. Artigas fue derrotado por los portugueses invasores en 1820, luego de ser traicionado por sus lugartenientes, López y Ramírez. Desmoralizado y sin fuerzas disponibles se marchó al exilio al Paraguay para nunca más volver al Plata. El santafesino López y el entrerriano Ramírez se enfrentaron entre si, resultando eliminado Ramírez. San Martin fue abandonado en su campaña libertadora en el Perú, luego de transar con la elite reaccionaria en Lima, le entregó el resto de su ejército a Bolívar y se fue retirando de la escena política. Pero esto no evitó una campaña de  ataques contra su persona de parte de los rivadavianos. Güemes fue asesinado en 1821, traicionado por la élite salteña.

Dorrego, junto a los compañeros de Mariano Moreno, después de sufrir el asesinato de sus seguidores de las milicias populares en 1820, a manos de las fuerzas del Restaurador del Orden (Rosas), la siguió peleando casi toda la década del 20. Protestando contra la falta de reacción frente a la invasión Portuguesa-Brasileña a la provincia Oriental, denunciando a la deuda ilegítima rivadaviana y exigiendo el sufragio universal para que puedan votar los sectores populares. Tanto el programa de Artigas como el de Dorrego, se caracterizaban por impulsar reformas progresistas en favor de las masas y la intención de formar una nación federal al estilo norteamericano. Pero esto cambió con la segunda generación de Federales. Los federales del interior se convirtieron en autonomistas conservadores prebendarios de Buenos Aires. Y en Buenos Aires después del asesinato de Dorrego, los sectores más acaudalados (Rosas y sus amigos del clan Anchorena) fueron ganando la dirección del partido federal e impusieron el “Orden terrateniente de los restauradores”.  

En la guerra contra Francia y los centralistas Unitarios, las masas actuaron en un frente con los Caudillos Federales más importantes en Buenos Aires y Santa Fe (Rosas y López). En una situación de subordinación de sus intereses y defensa de los intereses más importantes de estos caudillos propietarios estancieros. Las masas ignoraron los llamados a la rebelión contra el supuesto tirano que distribuyen los Unitarios, se mostraron hostiles a las fuerzas Centralistas y se incorporaron a los ejércitos federales que aplastaron todos los levantamientos armados por el frente anti nacional. Una situación muy similar se dio en las batallas de Vuelta de Obligado y Punta Quebracho. En estas circunstancias, frente al ataque de las dos potencias más importantes del mundo, las masas populares volvieron a combatir con los caudillos federales y derrotaron, como en la intentona anterior, la intromisión inglesa-francesa. En estos enfrentamientos lo que se defendió fue la potestad de la burguesía porteña y asociados, de cobrar impuestos a los barcos que surcaban los ríos que desembocan el Río de la Plata y de esta forma se defendió la soberanía, poniendo limites a los invasores.  .

El carácter de Peñaloza y el fin de las montoneras

¿Por qué las masas combativas de los llanos, los gauchos bravos, seguían a Quiroga, Peñaloza y Varela? Según Arturo Jaureche, nacionalista radical progresista del grupo FORJA, el caudillo era el sindicato de los gauchos. Los caudillos defendían las ideas federales y la autonomía de sus provincias frente al centralismo porteño. Es verdad que los caudillos defendían a los gauchos, pero era porque los necesitaban como mano de obra en la estancia. Pero en realidad no se puede meter en la misma bolsa a todos los caudillos del interior. Urquiza, no era lo mismo que Penaloza. Urquiza le terminó dando la espalda al resto de las provincias para garantizar su propiedad y posición privilegiada como socio menor de Buenos Aires. Ni hablar de la diferencia con el opulento Restaurador dueño de una de las fortunas más importantes del Plata. Como planteó Liborio Justo la lucha contra el centralismo no se relacionaba solamente con la lucha de los oprimidos sino que representaba sobre todo los programas de las elites locales. Los caudillos representaban una figura histórica compleja, surgida de las contradicciones del desarrollo argentino, en el movimiento de las montoneras confluyeron dos expresiones bien concretas del siglo XIX en nuestro país. Por un lado representaba los intereses populares de las montoneras y por el otro el de las élites.

Las montoneras fueron una expresión de lucha y resistencia, de los gauchos oprimidos, dirigidas por los caudillos del interior que se resistieron a la unificación mitrista bajo la brutal dictadura porteña. Pero estas oligarquías del interior solo buscaban un reparto mejor de la escasa riqueza de la Argentina y proteger sus intereses económicos provinciales. No tenían un programa alternativo como Artigas y Dorrego. Esta falta de programa se puede notar en las idas y vueltas de Peñaloza: con Quiroga contra Lavalle y los unitarios; luego con Lavalle y los franceses contra Rosa, más luego complotando con Mitre contra la Confederación y finalmente levantando a los llanos contra el mitrismo. 

Al tiempo que sus fracciones mas enfrentadas al mitrismo fueron derrotadas en sistemáticas  campañas de “pacificación”, las oligarquías provinciales buscaron una integración a nivel económico, y mantener un peso político en el estado nacional en formación. Desde el punto de vista del estado nacional, su integración también era un requisito para garantizar la estabilidad política. Recordemos que el estado nacional  solamente logró conquistar una relativa estabilidad cuando pudo derrotar, no solamente al federalismo del interior, sino también al autonomismo porteño, que se alzó en 1880 contra el gobierno de Roca y cuya derrota terminó generando las condiciones para imponer la federalización de Buenos Aires, decapitando a la provincia, al separarla de la ciudad portuaria, que quedó bajo control del estado nacional. La estructura institucional del nuevo estado nacional les garantizó a estas oligarquías provinciales un lugar tanto en el control de sus propios gobiernos y legislaturas (aunque reservándose siempre la carta de la intervención federal) como además el peso en las Cámaras de Diputados y Senadores.

Es que las cosas estaban cambiando a nivel económico, estaba comenzando la etapa agroexportadora, un auge exportador muy importante acompañado de un desarrollo desigual y combinado. Junto a la producción primaria de las Pampas, se expanden modernas líneas de ferrocarril y se implementa maquinaria para aumentar la exportación. Esta expansión del mercado nacional y el acceso a los mercados internacionales, asocia a sectores importantes de estas oligarquías del interior, las más representativos de las cuales son el azúcar en Tucumán y el vino en Mendoza. En general, las oligarquías provinciales buscaron en su integración al estado nacional un marco más amplio de negocios al mismo tiempo que buscaron explotar la “pacificación” impuesta a punta de bayoneta para disciplinar a la fuerza de trabajo en sus provincias e imponer marcos de superexplotación laboral, avanzar en concentrar la propiedad de las tierras, etc.

Al mismo tiempo, la necesidad de mano de obra, frente al exterminio de gauchos y originarios, abrió las puertas a la gran inmigración, millones de trabajadores europeos arribaron al Plata en busca de un futuro mejor. La llegada de los ferrocarriles al interior y el auge exportador fue terminando con el espíritu de las montoneras. En ese momento las elites provinciales liberales y sobrevivientes a las campañas de “pacificación” podían participar del negocio agroexportador. En estos años se produce una verdadera unificación nacional tardía y bajo el auspicio del crédito británico, con la conformación de la burguesía argentina, a imagen y semejanza de la porteña. La necesidad de nuevos pastos y el desarrollo del comercio bovino empujaron al estado a la sangrienta conquista de la Patagonia contra los originarios. Lo mismo sucedió en el norte chaqueño: las comunidades originarias fueron sometidas y expulsadas de los mejores territorios. En las ciudades portuarias como Buenos Aires y Rosario, aparece una nueva clase social, que se conforma al calor del constante flujo migratorio y la fusión con los oprimidos anteriores (orilleros, mulatos, gauchos y originarios). La naciente clase obrera argentina reproduciendo sus experiencias más recientes en la lucha de clases europea conforman las primeras organizaciones obreras. Los alemanes fundaron el “Club Vorwärts” (Adelante, en castellano). Primera organización socialista del Río de la Plata que data del 1° enero de 1882. Al mismo tiempo los anarquistas conformaban sus primeras organizaciones con el arribo al país del dirigente Malatesta en 1885. La lucha de clases cambia de forma, desde las relativamente confusas guerras civiles de mediados del siglo XIX, a la lucha entre capital y trabajo que se va desarrollando en la Argentina agroexportadora.

En 1890 mientras una parte de las elites se levantaba contra las intenciones del imperialismo británico de cobrarse la tercera gran quiebra nacional con tierras pampeanas, la clase obrera demostraba independencia de clase realizando el primer acto del primero de mayo. Este nuevo movimiento obrero será el que tendrá la capacidad, con su programa y sus métodos de lucha, de poner en jaque a la burguesía nacional.  Así lo demostraron las huelgas generales insurreccionales de principios del siglo XX como la “semana roja” o la “gran huelga del centenario”.

En los territorios coloniales del Río de la Plata, a principios del siglo XVIII, el interior (Centro, Cuyo, Norte y Alto Perú) constituía la parte más poblada y rica, el litoral (Buenos Aires, Montevideo, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Paraguay) era el más atrasado y pobre. “Sin embargo, esta situación había comenzado a variar de manera vertiginosa a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y particularmente desde 1778, cuando la dinastía de los Borbones intentó desenvolver un desarrollo capitalista que la acercara al estadio de Inglaterra o Francia y produjo un vasto reordenamiento” (Cristian Rath. En Defensa del Marxismo N° 38. Junio 2010. El carácter de la Revolución de Mayo). En el Río de la Plata, este proceso abrió una diferenciación de clases criollas, al calor de la limitada apertura del monopolio colonial. Que permitió la liberación de derechos de exportación para las carnes saladas, astas, sebo y lanas, y un gravamen moderado para el cuero que era ya el rubro principal de los frutos ganaderos exportables de entonces. La demanda de cuero a nivel mundial, en particular, tuvo un crecimiento notable en el siglo XVIII. Producto de las guerras entre las potencias europeas y la Revolución Industrial -las máquinas de vapor llevaron juntas y obturadores de cuero por mucho tiempo- . El desarrollo de una clase de estancieros posibilita el mejor aprovechamiento de la carne. Los saladeros comenzaron a producir carne salada para esclavos de las plantaciones del Brasil portugués, de Cuba española y del sur de los Estados Unidos.

A finales del siglo XVIII, el Alto Perú en el territorio de la actual Bolivia (Charcas, Potosí, Cochabamba y La Paz), contaba con una población que era superior a la del resto del virreinato del Río de la Plata. Producto de un desarrollo que tuvo como motor la explotación minera sustentada en la mita (trabajo forzoso), lo que causo el extermino de gran parte de las comunidades originarios de la región, realizando un aporte importante al genocidio que significo la conquista española para los mal llamados “indios”. “La importancia de esta explotación minera se mide en una cifra: de las exportaciones que salieron entre 1779 y 1784 de los puertos del Río de la Plata, el 81%, en valor, correspondió a metálicos que provenían de Potosí” (Idem del anterior). Este centro político y económico entró en decadencia por el agotamiento de la plata en el “Cerro Rico» ubicado en Potosí después de más de 200 años de extracción intensiva a finales del siglo XVIII. Fue acompañado por  la crisis del régimen de la mita con los levantamientos de Tupac Amaru y Tupac Catari, que obligó a los concesionarios a apelar a la mano de obra libre.

El desarrollo del Alto Perú al calor de la minería, permitió la constitución de un importante mercado para las provincias del Norte y hasta la región de los llanos riojanos. Los levantamientos campesinos indígenas, primero, el agotamiento de la explotación minera, luego, van a hundir estas rutas comerciales. Las mismas tuvieron un golpe definitivo con la guerra de la independencia en el proceso de la Revolución de Mayo. La expedición “jacobina” de Castelli en 1810, acompañado por el moderado Soler, que proclamó la libertad del “indio” en las puertas de Tiahuanaco, produjo una reacción conservadora en las élites reaccionarias de la región altiplánica. Esto, sumado a la división de los patriotas porteños, causó el fracaso de las dos primeras expediciones auxiliadoras (Castelli-Soler y Belgrano). Este proceso de disgregación culminó el quiebre de conjunto en la economía del interior, que vio cerrado el más importante mercado interno de entonces para otros productos (yerba, aguardiente, tabaco, algunos tejidos, mulas, etc.). La decadencia del Alto Perú va a incidir con mayor fuerza en el vuelco hacia la explotación ganadera y torrnará aún más imparable la explotación del ganado bovino en la campaña.

Con el proceso de la Revolución de Mayo, Buenos Aires consolidó una política de libre comercio con los ingleses, llegando a su apogeo en 1824, con el Empréstito Baring, la primera deuda externa de nuestro país. El capital que llegó al Río de la Plata, menos de la mitad del total, fue utilizado sólo para la comprar mercancías industriales del mercado inglés. El mercado del interior que abastecía al Alto Perú quedó fragmentado, y solo sobrevivieron industrias primitivas provinciales de subsistencia. En el segundo proceso de unificación nacional, la “intentona rivadaviana», exigida por el capital británico como garantía de pago de la primera deuda, las Provincias Unidas no pudieron evitar entrar en  default, en un proceso de crisis continental que tuvo su epicentro en Londres. Esta primera quiebra nacional, sumado a la política dictatorial de la camarilla centralista rivadaviana junto a las entregadas en la guerra contra Brasil, llevaron nuevamente a un cuadro de levantamientos en el interior.

Los enfrentamientos con los centralistas

El «chacho” Peñaloza, no era de los terratenientes más ricos de la provincia riojana. Su familia era de propietarios rurales de los Llanos, por este motivo y aparte por dedicarse a la carrera militar, conoció muy joven al caudillo riojano Facundo Quiroga, apodado «El Tigre de los Llanos». Por su valor y destreza en el combate, se convirtió rápidamente en su lugarteniente. El 27 de octubre de 1826 participaron juntos en la batalla de Tala, para derrotar al centralista rivadaviano, el general La Madrid. Con el objetivo de desconocer al efímero gobierno central rivadaviano (a su banco y a su deuda), allanando el camino para la posterior caída de la presidencia de Rivadavia y del poder central.

Lavalle al volver de la guerra de Brasil realizó un golpe de estado centralista en Buenos Aires y fusiló a Dorrego, que era el gobernador desde la caída de Rivadavia. Para garantizar su intentona, mando al general Paz a derrocar al federal Bustos en la provincia de Córdoba. Quiroga y el Chacho lo enfrentaron en la Batalla de La Tablada (22 de junio de 1829) en una dura contienda donde los federales fueron derrotados y el “Chacho” fue herido. También lo enfrentaron en la Batalla de Oncativo (25 de febrero de 1830), otra derrota federal ante el General Paz, que desarticuló momentáneamente a las fuerzas de Quiroga y el “Chacho”. La superioridad táctica de Paz era notable, según apuntan sus contemporáneos fue el mejor alumno de San Martín, el único que aprendió atentamente las tácticas de acecho napoleónicas. Como decía el mismo “Tigre de los llanos” en sus cartas al Restaurador porteño: «Ese general Paz es un diablo; sabe tanto que, en sus maniobras, parece que hace bailar a la tropa al son de la música».

Pero la suerte, se le acabó rápido al “manco” Paz, el 10 de mayo de 1831, cuando “el manco” se preparaba para guerrear contra el federal López de Santa Fe, fue detenido por los federales y arrestado, cuando realizaba tareas de inteligencia en el terreno con una partida de adelantados. Este insólito acontecimiento produjo un giro inesperado en las guerras civiles en el interior. Pero en Buenos Aires también estaban pasando cosas. El asesinato de Dorrego fue aprovechado por el “Restaurador” Rosas para ponerse a la cabeza de los federales porteños (representaba la fracción de los terratenientes mas importantes como el clan Anchorena). Lavalle renunció a la gobernación porteña en junio de 1829 por las presiones de los federales después del fracaso del Pacto de Cañuelas. Rosas asume su primera gobernación en diciembre de ese mismo año. El 4 de noviembre de 1831 Facundo Quiroga derrotó al general Araoz De Lamadrid en la batalla de la ciudadela en Tucumán, terminando con el predominio de la Liga Unitaria del interior. Peñaloza participó también de esta batalla y según relatos orales capturó un cañón con su lazo y lo atrajo hacia el bando federal, siendo ascendido a teniente coronel por esta hazaña en combate.

El asesinato de Facundo Quiroga y la ruptura del “Chacho”

Después de la huida de Lavalle, la captura del “Manco Paz” y la segunda derrota de Araoz de Lamadrid en Tucumán, existió un periodo corto de consolidación federal con un triunfo sobre la mayoría de las provincias. Con el Pacto Federal de 1831 se hizo fuerte la Confederación Argentina (sin un estado central) y con la hegemonía de Rosas y como segundas figuras López y Quiroga. Desde finales de 1831 hasta 1835, no hubo grandes batallas en las guerras civiles internas. El país entró en una fase de relativa calma, aunque con conflictos latentes y represión política en algunas provincias. Quiroga se encontraba en Buenos Aires, realizando diferentes reuniones políticas. Le exigió una constitución al Restaurador como primer paso para el tercer intento de consolidación de un estado nacional. Pero Rosas que representaba la dictadura de los terratenientes porteños, con los comerciantes (centralistas) desplazados a un segundo lugar, no quería saber nada con encarar los costos de una reunificación. Tampoco quería saber nada de una constitución que pusiera en tela de juicio, aunque sea solo en los papeles, la apropiación hegemónica de los porteños de los recursos de la Aduana.

Quiroga para tratar de buscar aliados con sus intereses constitucionales participó de diferentes tertulias de la noche porteña donde circulaban algunos unitarios centralistas y aparte fue el único que se reunió con Rivadavia cuando intentó arribar a Buenos Aires y Rosas no lo dejó bajar del barco. Existía un conflicto latente entre dos provincias (Tucumán y Salta) por la hegemonía en la región. El gobernador Maza (en el interludio entre las dos gobernaciones de Rosas) le pidió al “Tigre de los llanos”, que tenía gran influencia en estos territorios, que viajará para garantizar la paz entre las provincias federales. “Quiroga tenía poderosos enemigos (incluso dentro de los federales) y había recibido noticias de que se atentaría contra su vida. Pero desprecio los avisos y la escolta que le ofrecieron sus amigos del norte. El 15 de febrero, un día antes del ataque, se le comunicaron detalles más concretos, el capitán Santos Pérez, con una partida, lo esperaba en Barranca Yaco. Respondió que esa partida le servirá de escolta para entrar a Córdoba» (Palacio, Ernesto. Historia de la Argentina. Barranca Yaco XVIII, Pág. 322. Decimocuarta edición 1986). El 16 de febrero, fue emboscado en el lugar que le habían indicado y por los hombres que le habían señalado. Quiroga en un último gesto de bravura increpó a los asaltantes al grito de “qué carajo pasa, soy Facundo Quiroga” y como respuesta recibió de inmediato un tiro en el ojo» que le provocó la muerte.

La responsabilidad material del hecho fue atribuida a los hermanos Reynafé, que controlaban la provincia de Córdoba y temían la influencia de Quiroga en su territorio. El poder porteño rápidamente atribuyó la autoría intelectual a los “Salvajes impíos Unitarios” y los autores materiales fueron fusilados y luego colgados en la actual Plaza de Mayo en 1837, frente a una multitud como si se tratara de un atroz espectáculo del circo romano. Un hecho que fue inolvidable en esta jornada fue que Santos Pérez, gritó justo antes de ser fusilado: “¡Rosas es el asesino de Quiroga!” (Adrián Pignatelli Infobae, 25 de octubre del 2022). Otros se lo atribuyeron al Mariscal López, debido a que los Reynafe eran hombres de su control y que López y Quiroga, a pesar de ser los dos federales, se disputaban el control de la provincia cordobesa. Rosas volvió a favorecerse por el asesinato de un adversario federal y utilizo este hecho para lograr la renuncia de Maza y su designación como gobernador de Buenos Aires por segunda vez con “la suma del poder público”.

Los franceses comenzaron a realizar hostilidades contra Rosas a principios de 1838 realizando un bloqueo al puerto de Buenos Aires: el objetivo era lograr la libre navegación del Río Paraná y la mismas condiciones que tenían los ciudadanos ingleses en la región. Los restos del partido centralista unitario, que en muchas provincias del NOA se encontraban cerca del poder, se organizaron junto a federales conversos y formaron la “Liga del Norte”. Mientras Lavalle, con apoyo francés, intentaba invadir Santa Fe. En Corrientes, cuna del levantamiento en el litoral, se montaron varios ejércitos para derrotar al Restaurador. Como el de Berón de Astrada, luego de su asesinato, el de Ferre que conto con la ayuda del gran táctico el “Manco Paz”, que había logrado evadirse de la libertad condicionada que le había otorgado Rosas después de una buena cantidad de años en prisión. Hasta un grupo de terratenientes de la provincia de Buenos Aires (Los Libres del Sur) se levantaron contra el gobierno del restaurador.

El Chacho Peñaloza sospechaba de la responsabilidad de Rosas en el asesinato de su antiguo líder Quiroga y compartía con el mismo la idea de una unidad constitucional. También se oponía al centralismo del gobierno porteño (que ponía y sacaba gobernadores) y a su dictadura sobre los recursos existentes. Por estas razones integró el frente anti nacional encabezado por las fuerzas invasoras francesas y el General Lavalle. Lo hizo de la mano del gobernador Brizuela, que fue designado al mando de las fuerzas de Lavalle en la región. Es que las oligarquías provinciales estaban lejos de ser refractarias a un proyecto de organización nacional, inclusive unitario y de la mano del capital extranjero, en la medida que garantizara sus intereses y pusiera límites a la arbitrariedad de Buenos Aires y su manejo de las rentas de la Aduana que correspondían a todo el territorio. Pero este frente fue derrotado de forma fragmentada, en distintas ocasiones,  desde 1838 hasta 1842. Los hacendados rebeldes fueron derrotados el 7 de noviembre de 1839 por las famosas milicias coloradas apoyadas por los temibles “indios amigos” del cacique Ranquel (el viejo). Cuando Lavalle llegó al campo de Buenos Aires sus aliados habían sido liquidados, se encontró aislado sin apoyo local (ni de los caudillos, ni de los sectores populares, tampoco de los originarios del sur) y dudó en atacar la ciudad solo apoyado por la fuerza naval de los franceses.

Luego Lavalle fue derrotado en Córdoba, en ese cuadro comenzó un retroceso que culminaría con su asesinato en Jujuy en 1841. Los franceses al ver que la rebelión de los liberales unitarios era derrotada sistemáticamente por las fuerzas federales, sumado a las protestas británicas por la intromisión unilateral en mercados que consideraban propios, decidieron desistir y retirarse momentáneamente. En la batalla de Rodeo del Medio, el 24 de septiembre de 1841, en la provincia de Mendoza, las tropas de Lamadrid y el Chacho fueron derrotadas. La coalición del norte fue disuelta, Chacho tuvo que partir al exilio en Chile, como el resto de los dirigentes unitarios liberales. Otros fueron degollados, como Marcos Manuel Avellaneda, padre del futuro presidente liberal.

La caída de Rosas, el frente con los porteños segregacionista y el acuerdo con Urquiza

El 3 de febrero de 1852, en la batalla de Caseros cayó el gobierno de Juan Manuel de Rosas. El rosismo había favorecido a la oligarquía terrateniente con su política de apoyo a la concentración ganadera, proletarización del gaucho y fortalecimiento del aparato coercitivo del Estado. Sin embargo, “esta misma oligarquía comprendía que la nueva situación del mercado mundial planteaba la necesidad de estructurar un Estado nacional para aprovechar las oportunidades de la nueva coyuntura internacional” (En defensa del Marxismo. Número 38. Año 2010. Algunos apuntes sobre el mitrismo y la organización nacional). Justo José de Urquiza, vencedor de Caseros, intento una rápida unificación del país bajo la batuta de los terratenientes entrerrianos, pero el 11 de septiembre de 1852 Buenos Aires se separó de la Confederación Argentina urquicista, disconforme por recibir un trato igualitario a las otras provincias y para seguir disponiendo de forma solitaria de la recaudación de la Aduana. Angel Vicente Peñaloza tuvo una relación compleja y conflictiva, en un principio, con la Confederación Argentina bajo la presidencia de Justo José de Urquiza. Tras la caída de Rosas, Peñaloza tuvo la esperanza que Urquiza, no solo impulsara la organización constitucional del país, sino que también respetara las autonomías provinciales. En este período, adhirió al nuevo gobierno federal. Rápidamente se sintió defraudado considerando que Urquiza cometía los mismo atropellos centralistas que Rosas. Se opuso al intervencionismo federal en las provincias y a la manipulación de los gobiernos locales por parte del gobierno nacional (con sede en Paraná después de la ruptura porteña).

El «Chacho» terminó levantándose en armas contra la Confederación Urquicista en 1853 en La Rioja, financiado y apoyado militarmente por los porteños. Eran dos sectores muy diferentes, también desiguales. que defendían su autonomía frente al intento de unificación urquicista. Luego a partir de 1854 Urquiza en su necesidad de derrotar a Buenos Aires (que se autodenominaba la República del Plata) buscó una política de conciliación con los caudillos de otras regiones. Esto implicaba, en la medida de lo posible, integrar a los caudillos federales disidentes y evitar nuevas guerras civiles que pudieran ser explotadas por Buenos Aires. Urquiza luego de derrotar al Chacho, optó por el indulto y el reconocimiento de la figura del Chacho en su región. Nombró a Peñaloza Comandante General de Armas de La Rioja. A partir de este reconocimiento y adjudicación de autoridad local, el Chacho mantuvo una lealtad nominal a la Confederación, pero siempre con la condición de que se respetaran las autonomías provinciales y de que el gobierno central no avasallara a los gobiernos locales. Su posición fue siempre la de un federal que vigilaba de cerca las acciones del gobierno nacional.

Los liberales convirtieron, primero a Buenos Aires y luego a la Argentina posterior a Caseros, en una nación semicolonial del imperio británico. Esta relación “carnal” con el capital inglés le permitió a Buenos Aires obtener créditos mucho más importantes que los otorgados a la Confederación. Buenos Aires comenzó a crecer la exportación, también obtuvo su primer ferrocarril y el mejoramiento de su puerto con la Aduana de Taylor. Mientras la confederación Argentinaurquicista no tenía recursos para pagar los salarios pero conservaba la supremacía militar en el territorio.

La claudicación de Urquiza y el levantamiento en los llanos

El 17 de septiembre de 1861, en la batalla de Pavon, Urquiza después de imponerse en el campo de batalla, de forma inesperada se retira a su provincia Entre Ríos y deja al resto de las provincias federales a merced de la dictadura de los liberales centralistas porteños.  Juan Bautista Alberdi, uno de los intelectuales más lúcidos de su tiempo y que apoyó la Confederación Argentina liderada por Urquiza participando como funcionario y en la elaboración de la Constitución, lo acusó de traidor por priorizar sus intereses personales, antes que los de la patria. Escribió: “¿Para qué dio Urquiza tres batallas? Caseros, para ganar la presidencia, Cepeda para ganar una fortuna y Pavón para asegurarla” (Grandes y Pequeños Hombres del Plata 1879). Frente a la retirada de Urquiza, el “chacho Peñaloza” quedó desconcertado por dos años, seguía exigiendo una respuesta del entrerriano pero del otro lado solo encontró silencio total.

El “Chacho”  no participó ni de la “Batalla de Caseros», ni de la “Segunda batalla de la Cañada de Cepeda» (1859), ni de la de Pavón (1861). Luego de la llamada claudicación Urquicista, el liberal Bartolomé Mitre quedó dueño del teatro de operaciones a nivel nacional, de inmediato comenzó la sangrienta “Campaña de pacificación nacional”. Fue mucho más intervencionista, centralista y criminal, que todas las intervenciones anteriores, tanto federales, como centralistas. Mitre utilizó las armas a repetición inglesas que se estaban produciendo en el marco de la segunda revolución industrial. Armas que Mitre podía comprar con créditos otorgados por los mismos ingleses y que ingresaban por el puerto porteño. Las montoneras del interior no podían competir contra este nuevo armamento, con lanzas, boleadoras y algunas pistolas. Urquiza con su caballería imparable y su artillería, podía vencer a Buenos Aires en batalla, pero claramente prefirió hacer plata, como socio menor de los porteños, que desafiar su poder.  

Bartolomé Mitre, para llevar adelante su “campaña de pacificación», una tremenda ofensiva contra las provincias, formó el Ejército Nacional sobre la base de las tropas que disponía el estado de Buenos Aires. Para esto Mitre contó con una cantidad de sanguinarios oficiales, siempre dispuestos a realizar todo tipo de crímenes de guerra, como su hermano, Emilio Mitre, quien fue una figura clave en las operaciones en Córdoba y el noroeste. Wenceslao Paunero, general que comandó fuerzas en la región de Cuyo y el Litoral; Pablo Irrazábal, coronel quien estuvo a cargo de capturar a Peñaloza, que también actuaba bajo las órdenes directas de Domingo Faustino Sarmiento gobernador del Cuyo, designado por Mitre y el oficial uruguayo Ambrosio Sandres, (su nombre se asoció a una serie de atrocidades, incluyendo asesinatos, torturas y el arrasamiento de poblados, lo que le valió la fama de ser el más sanguinario de los oficiales mitristas). La primera provincia en ser agredida fue Córdoba. Mariano Fragueiro era el gobernador federal en el momento de la intervención militar de fines de 1861 y a principios de 1862. Su gobierno cayó debido a la presión militar de las fuerzas de Wenceslao Paunero y a un levantamiento interno de los liberales cordobeses. Fue impuesto en su lugar el gobernador Manuel Lucero, quien era liberal y estaba alineado con el proyecto de Bartolomé Mitre.

El Chacho, aún esperaba una reacción del antiguo líder de la Confederación, Urquiza, auto exiliado en su provincia y al mismo tiempo intentaba una solución pacífica al conflicto. Protestó enérgicamente por la intervención de Córdoba. En una carta a Urquiza, le exigió que interviniera y defendiera a las provincias federales, reprochándole su inacción tras Pavón. A Mitre le reclamó el cese de las hostilidades y el respeto por los gobiernos provinciales legítimos (aunque federales). Argumentando que esas acciones violaban la Constitución. La caída de Córdoba fue acompañada de golpes en otras provincias como San Luis y Mendoza. En esta oportunidad fue nombrado Sarmiento que tomó el control de toda esta región cuyana desde su provincia natal de San Juan. Al mismo tiempo las provincias del norte, también en 1862, (Tucumán, Salta, Catamarca, Jujuy) igualmente fueron intervenidas, invadidas y sus gobiernos federales fueron reemplazados por gobiernos afines a la línea de Mitre.

El asesinato del “Chacho”

Estos golpes provinciales consolidaron el control del gobierno central y fueron el detonante final para el levantamiento masivo de las montoneras de los llanos y la resistencia armada. Obligado por las circunstancias, el Chacho comenzó a movilizar sus montoneras y a preparar la resistencia armada. Entendió que el gobierno de Buenos Aires no se detendría hasta imponer su control total por la fuerza. Peñaloza lanza su proclama: «¡Basta de sangre! ¡Basta de luto! ¡Basta de sacrificios! ¡Queremos la paz, pero la paz honrosa, basada en la ley, en la justicia y en la igualdad de todos los argentinos! […] El gobierno de Buenos Aires quiere dominarnos por la fuerza, quiere avasallar nuestras libertades, quiere convertirnos en sus esclavos. ¡No lo permitiremos!».

Mitre al ver que el enfrentamiento en los llanos se prolongaba decidió ir a una tregua para ganar tiempo, mientras seguía con los golpes de estado en otras provincias. El 30 de mayo de 1862 en la Estancia “La Banderita» en la Rioja se firmó un “acuerdo de paz” después de meses de intensa lucha. Este acuerdo volvía a reconocerle al “Chacho”, de parte de las autoridades centrales, autoridad sobre el territorio riojano. Cuando se dio un intercambio de prisioneros, el Chacho entregó a todos los prisioneros del ejército, pero el ejército había asesinado a todos los prisioneros montoneros. Pero la guerra y la pobreza de la provincia hicieron muy difícil las condiciones. Muchos montoneros se dedicaban al saqueo para sobrevivir porque sus medios de vida habían sido destruidos. Sarmiento desde la región comenzó una gran presión para continuar la guerra contra las montoneras, mientras el Chacho trataba de preservar el orden hasta que se dio cuenta que era imposible.

En Córdoba se dio una rebelión federal que derrocó al gobernador impuesto por Mitre y el Chacho acudió en apoyo con sus montoneras entrando de forma triunfal a la ciudad el 11 de junio de 1863. El ejército nacional comandado por el general Wenceslao Paunero los enfrentó en la Batalla de las Playas. Lo que empezó como una batalla terminó en una carnicería. El ejército logró dispersar las tropas federales, después de varias cargas de caballería y fuego de artillería a discreción. A partir de ese momento las tropas montoneras fueron casadas y asesinadas mientras huían. 300 muertos federales, 40 heridos y 700 prisioneros. Luego de la batalla, el Chacho se escondió por un tiempito en las montañas, pero dos meses más tarde reapareció en los llanos al frente de mil hombres. El objetivo era tomar San Juan y tomar como prisionero a Sarmiento. El 30 de octubre de 1863, las tropas Nacionales interceptaron a los montoneros a 20 kilómetros de San Juan. Fueron nuevamente derrotados y el Chacho volvió a los llanos escapando de la persecución del ejército.

Sarmiento, mientras perseguía al Chacho por el territorio de los llanos, realizaba una intensa correspondencia con Bartolomé Mitre, al calor de la misma realizó algunas de sus descripciones tristemente célebres sobre los métodos a seguir en el combate contra los caudillos y los originarios. «No hay que ahorrar sangre de gaucho, este es el abono que es preciso hacer útil al país, la sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes. Se los matan a todos, no perdonen a ninguno, ni al que peina canas ni al pequeño, porque ya tiene inculcado el odio de sus padres». El “padre del aula” tenía inculcado en su pensamiento la más profunda barbarie ideologíca, racista y genocida. Por su parte Mitre respondía: “Quiero hacer en La Rioja una guerra de policía. Declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de partidarios políticos, lo que hay que hacer es muy sencillo”.

En noviembre de 1863 el “Chacho” era perseguido, en los llanos y de cerca por el Coronelmitrista Irrazábal. Acorralado se rindió en Loma Blanca el 12 de noviembre, aldea que se ubicaba justo al lado del pueblo de Olta, ante el oficial mitrista Ricardo Vera. Aproximadamente una hora después se hizo presente en el lugar Irrazábal, quien sin mediar palabra atravesó al “Chacho” con su lanza, frente a su familia. A continuación hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos para asegurar su asesinato. Por órdenes directas del gobernador cuyano Domingo Faustino Sarmiento, le cortaron la cabeza y la clavaron en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus orejas fue exhibida en la ciudad de La Rioja y enviada a un dirigente liberal local. Su esposa, Victoria Romero, fue obligada a barrer la plaza mayor de la ciudad de San Juan, atada con cadenas. Mientras tanto Sarmiento para justificar estos actos criminales le volvía a escribir a Mitre: ”Nose qué pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma, sin cortarle la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses” (Carta de Domingo Faustino Sarmiento a Bartolomé Mitre, 18 de noviembre de 1863. Felipe Pigna, El asesinato del Chacho Peñaloza, en El Historiador.com.ar. Archivado desde el original el 27 de diciembre de 2011. Consultado el 4 de abril de 2012.).

José Hernández, el autor del Martin Fierro, desde su periódico de Paraná calificó el hecho como un “Asesinato atroz”. Y realizó una serie de escritos desde ese mismo periódico  a finales de 1863, llamados de conjunto: «Vida del Chacho». En los mismos denunció que Peñaloza fue asesinado brutalmente y criticó la acción de Mitre y Sarmiento. Presentaba a Peñaloza como un «mártir del federalismo nacional y democrático», un héroe sencillo, modesto, generoso y valiente, que defendió los derechos de los pueblos del interior frente a la hegemonía de Buenos Aires.

La infame guerra contra el Paraguay y la derrota definitiva del interior

A pesar de sus victorias relámpago sobre los caudillos federales de diferentes provincias y el brutal asesinato del Chacho Peñalosa, todavía existía una gran piedra, llamada Paraguay, en el zapato de la unificación mitrista. Porque el Paraguay era un refugio y referencia de los caudillos del interior desde el momento en que venía librando una lucha de más de cincuenta años contra el monopolio aduanero y portuario de Buenos Aires. Poseía el monopolio natural de la yerba mate y del tabaco. La agricultura y ganadería colmaban sus necesidades y contaban con vías navegables y buenas maderas, base de tempranos astilleros. Tenía una economía de pequeños campesinos arrendatarios, con producción doméstica, artesanal y de pequeña manufactura. Este desarrollo independiente le permitió obtener su primer ferrocarril y la producción de metal. Al igual que la Argentina estaba desarrollando un sistema de enseñanza estatal en el nivel primario. El carácter fuertemente campesino de la sociedad paraguaya compuesta de pequeños chacareros era una diferencia esencial con la provincia de Buenos Aires y el resto de la Argentina en donde reinaban los grandes terratenientes.

Mitre, realizó una alianza con el Imperio esclavista del Brasil y con los Colorados (unitarios uruguayos) con el objetivo de destruir el Paraguay. Proclamó desde el balcón de su casa, los primeros días de abril de 1865, que se trataría de una guerra de días -24 horas en los cuarteles, 15 días en campaña, tres meses en Asunción-. Para desgracia de Bartolomé, la heroica lucha del pueblo paraguayo (que siguió luchando hasta que no quedó un solo hombre mayor a trece años en todo el territorio guaraní) junto a la resistencia del pueblo argentino, provocaron el empantanamiento del conflicto. La guerra no duró tres meses, sino cinco años y fue la tumba de más de 20.000 argentinos. Nuevamente existieron levantamientos en todas las provincias, miles de soldados argentinos fueron obligados a pelear engrillados con cadenas para que no deserten. Urquiza fracasó tres veces en formar un ejército para participar del saqueo, tuvo que contentarse con ganar mucho dinero suministrando una parte de las caballadas necesarias para los infames aliados.

La rebelión más importante, la llevó adelante el también riojano Felipe Varela en 1866, un seguidor del asesinado “Chacho” Peñaloza. A pesar de tener un amplio apoyo en el interior, Varela fue derrotado en la decisiva Batalla de Pozo de Vargas en 1867 por las fuerzas del gobierno central. Esta batalla marcó el declive definitivo de la resistencia de las montoneras de los llanos a la unificación mitrista, Varela derrotado huyó a Chile para evitar ser asesinado como sus antecesores. El empantanamiento del conflicto con Paraguay y la pérdida de vidas, también afectó la carrera del propio Bartolomé Mitre que perdió la capacidad de imponer un sucesor a la presidencia y pasó el resto de su larga vida como un opositor oligarca.

La última rebelión montonera dirigida por un caudillo federal, fue la de Ricardo López Jordán en la provincia de Entre Ríos, que estalló en 1870 y fue finalmente sofocada en 1876. Al comienzo de la misma los insurrectos lograron asesinar al general Urquiza, irrumpiendo en su mansión de San José, después de esperar durante años su intervención. El resultado económico más notorio de la guerra contra el Paraguay (1865-1870) fue el aumento brutal del endeudamiento con los capitales británicos. Si bien la guerra fue impulsada por la burguesía porteña y sus cómplices, para destruir el desarrollo independiente paraguayo que competía con la hegemonía de Buenos Aires, los británicos, al igual que con la guerra del Pacifico (1879-1884) donde Chile derrotó a Perú y Bolivia (quien perdió la salida al mar), fueron los principales favorecidos. 

Los caudillos federales posteriores a 1820

Existió una gran diferencia entre los Federales de Mayo y los posteriores a la Derrota de Artigas e incluso el fusilamiento de Dorrego. La revolución de mayo abrió las puertas de la guerra social en diferentes puntos del antiguo virreinato del Río de la Plata. Este proceso se caracterizó por un enorme intervención de las masas (Orilleros, campesinos, gauchos, mulatos y originarios) en un frente estratégico con los caudillos revolucionarios federales. Esta guerra social tuvo su epicentro en los lugares donde los españoles más se resistieron y fue un recurso de las élites criollas para derrotar la contrarrevolución. Así sucedió en un comienzo en el Alto Perú, en Salta con los gauchos bravos de Güemes y en la Banda Oriental con la revolución agraria artiguista.

Pero a partir de 1820, después de varios años de lucha tenaz, esta alza de las masas comenzó a ser derrotada por los “restauradores del orden”. Los propietarios criollos apenas vieron que a los españoles no les daba la nafta para reconquistar inmediatamente Buenos Aires y el resto de las provincias quisieron sofocar la guerra social y comenzaron un viraje conservador. Esto se manifestó muy tempranamente primero con Saavedra y la Junta grande, después con el Primer triunvirato, con Rivadavia como secretario. Después en la Asamblea del año XIII que no declaró la independencia y conspiró contra el artiguismo y se profundizó con el Congreso de Tucumán en 1816. Donde en reuniones secretas se resolvió promover y no intervenir frente a la invasión portuguesa de la Provincia Oriental perteneciente a las Provincias Unidas, para aplastar a la guerra social y el reparto de tierras, del otro lado del Plata. Artigas fue derrotado por los portugueses invasores en 1820, luego de ser traicionado por sus lugartenientes, López y Ramírez. Desmoralizado y sin fuerzas disponibles se marchó al exilio al Paraguay para nunca más volver al Plata. El santafesino López y el entrerriano Ramírez se enfrentaron entre si, resultando eliminado Ramírez. San Martin fue abandonado en su campaña libertadora en el Perú, luego de transar con la elite reaccionaria en Lima, le entregó el resto de su ejército a Bolívar y se fue retirando de la escena política. Pero esto no evitó una campaña de  ataques contra su persona de parte de los rivadavianos. Güemes fue asesinado en 1821, traicionado por la élite salteña.

Dorrego, junto a los compañeros de Mariano Moreno, después de sufrir el asesinato de sus seguidores de las milicias populares en 1820, a manos de las fuerzas del Restaurador del Orden (Rosas), la siguió peleando casi toda la década del 20. Protestando contra la falta de reacción frente a la invasión Portuguesa-Brasileña a la provincia Oriental, denunciando a la deuda ilegítima rivadaviana y exigiendo el sufragio universal para que puedan votar los sectores populares. Tanto el programa de Artigas como el de Dorrego, se caracterizaban por impulsar reformas progresistas en favor de las masas y la intención de formar una nación federal al estilo norteamericano. Pero esto cambió con la segunda generación de Federales. Los federales del interior se convirtieron en autonomistas conservadores prebendarios de Buenos Aires. Y en Buenos Aires después del asesinato de Dorrego, los sectores más acaudalados (Rosas y sus amigos del clan Anchorena) fueron ganando la dirección del partido federal e impusieron el “Orden terrateniente de los restauradores”.  

En la guerra contra Francia y los centralistas Unitarios, las masas actuaron en un frente con los Caudillos Federales más importantes en Buenos Aires y Santa Fe (Rosas y López). En una situación de subordinación de sus intereses y defensa de los intereses más importantes de estos caudillos propietarios estancieros. Las masas ignoraron los llamados a la rebelión contra el supuesto tirano que distribuyen los Unitarios, se mostraron hostiles a las fuerzas Centralistas y se incorporaron a los ejércitos federales que aplastaron todos los levantamientos armados por el frente anti nacional. Una situación muy similar se dio en las batallas de Vuelta de Obligado y Punta Quebracho. En estas circunstancias, frente al ataque de las dos potencias más importantes del mundo, las masas populares volvieron a combatir con los caudillos federales y derrotaron, como en la intentona anterior, la intromisión inglesa-francesa. En estos enfrentamientos lo que se defendió fue la potestad de la burguesía porteña y asociados, de cobrar impuestos a los barcos que surcaban los ríos que desembocan el Río de la Plata y de esta forma se defendió la soberanía, poniendo limites a los invasores.  .

El carácter de Peñaloza y el fin de las montoneras

¿Por qué las masas combativas de los llanos, los gauchos bravos, seguían a Quiroga, Peñaloza y Varela? Según Arturo Jaureche, nacionalista radical progresista del grupo FORJA, el caudillo era el sindicato de los gauchos. Los caudillos defendían las ideas federales y la autonomía de sus provincias frente al centralismo porteño. Es verdad que los caudillos defendían a los gauchos, pero era porque los necesitaban como mano de obra en la estancia. Pero en realidad no se puede meter en la misma bolsa a todos los caudillos del interior. Urquiza, no era lo mismo que Penaloza. Urquiza le terminó dando la espalda al resto de las provincias para garantizar su propiedad y posición privilegiada como socio menor de Buenos Aires. Ni hablar de la diferencia con el opulento Restaurador dueño de una de las fortunas más importantes del Plata. Como planteó Liborio Justo la lucha contra el centralismo no se relacionaba solamente con la lucha de los oprimidos sino que representaba sobre todo los programas de las elites locales. Los caudillos representaban una figura histórica compleja, surgida de las contradicciones del desarrollo argentino, en el movimiento de las montoneras confluyeron dos expresiones bien concretas del siglo XIX en nuestro país. Por un lado representaba los intereses populares de las montoneras y por el otro el de las élites.

Las montoneras fueron una expresión de lucha y resistencia, de los gauchos oprimidos, dirigidas por los caudillos del interior que se resistieron a la unificación mitrista bajo la brutal dictadura porteña. Pero estas oligarquías del interior solo buscaban un reparto mejor de la escasa riqueza de la Argentina y proteger sus intereses económicos provinciales. No tenían un programa alternativo como Artigas y Dorrego. Esta falta de programa se puede notar en las idas y vueltas de Peñaloza: con Quiroga contra Lavalle y los unitarios; luego con Lavalle y los franceses contra Rosa, más luego complotando con Mitre contra la Confederación y finalmente levantando a los llanos contra el mitrismo. 

Al tiempo que sus fracciones mas enfrentadas al mitrismo fueron derrotadas en sistemáticas  campañas de “pacificación”, las oligarquías provinciales buscaron una integración a nivel económico, y mantener un peso político en el estado nacional en formación. Desde el punto de vista del estado nacional, su integración también era un requisito para garantizar la estabilidad política. Recordemos que el estado nacional  solamente logró conquistar una relativa estabilidad cuando pudo derrotar, no solamente al federalismo del interior, sino también al autonomismo porteño, que se alzó en 1880 contra el gobierno de Roca y cuya derrota terminó generando las condiciones para imponer la federalización de Buenos Aires, decapitando a la provincia, al separarla de la ciudad portuaria, que quedó bajo control del estado nacional. La estructura institucional del nuevo estado nacional les garantizó a estas oligarquías provinciales un lugar tanto en el control de sus propios gobiernos y legislaturas (aunque reservándose siempre la carta de la intervención federal) como además el peso en las Cámaras de Diputados y Senadores.

Es que las cosas estaban cambiando a nivel económico, estaba comenzando la etapa agroexportadora, un auge exportador muy importante acompañado de un desarrollo desigual y combinado. Junto a la producción primaria de las Pampas, se expanden modernas líneas de ferrocarril y se implementa maquinaria para aumentar la exportación. Esta expansión del mercado nacional y el acceso a los mercados internacionales, asocia a sectores importantes de estas oligarquías del interior, las más representativos de las cuales son el azúcar en Tucumán y el vino en Mendoza. En general, las oligarquías provinciales buscaron en su integración al estado nacional un marco más amplio de negocios al mismo tiempo que buscaron explotar la “pacificación” impuesta a punta de bayoneta para disciplinar a la fuerza de trabajo en sus provincias e imponer marcos de superexplotación laboral, avanzar en concentrar la propiedad de las tierras, etc.

Al mismo tiempo, la necesidad de mano de obra, frente al exterminio de gauchos y originarios, abrió las puertas a la gran inmigración, millones de trabajadores europeos arribaron al Plata en busca de un futuro mejor. La llegada de los ferrocarriles al interior y el auge exportador fue terminando con el espíritu de las montoneras. En ese momento las elites provinciales liberales y sobrevivientes a las campañas de “pacificación” podían participar del negocio agroexportador. En estos años se produce una verdadera unificación nacional tardía y bajo el auspicio del crédito británico, con la conformación de la burguesía argentina, a imagen y semejanza de la porteña. La necesidad de nuevos pastos y el desarrollo del comercio bovino empujaron al estado a la sangrienta conquista de la Patagonia contra los originarios. Lo mismo sucedió en el norte chaqueño: las comunidades originarias fueron sometidas y expulsadas de los mejores territorios. En las ciudades portuarias como Buenos Aires y Rosario, aparece una nueva clase social, que se conforma al calor del constante flujo migratorio y la fusión con los oprimidos anteriores (orilleros, mulatos, gauchos y originarios). La naciente clase obrera argentina reproduciendo sus experiencias más recientes en la lucha de clases europea conforman las primeras organizaciones obreras. Los alemanes fundaron el “Club Vorwärts” (Adelante, en castellano). Primera organización socialista del Río de la Plata que data del 1° enero de 1882. Al mismo tiempo los anarquistas conformaban sus primeras organizaciones con el arribo al país del dirigente Malatesta en 1885. La lucha de clases cambia de forma, desde las relativamente confusas guerras civiles de mediados del siglo XIX, a la lucha entre capital y trabajo que se va desarrollando en la Argentina agroexportadora.

En 1890 mientras una parte de las elites se levantaba contra las intenciones del imperialismo británico de cobrarse la tercera gran quiebra nacional con tierras pampeanas, la clase obrera demostraba independencia de clase realizando el primer acto del primero de mayo. Este nuevo movimiento obrero será el que tendrá la capacidad, con su programa y sus métodos de lucha, de poner en jaque a la burguesía nacional.  Así lo demostraron las huelgas generales insurreccionales de principios del siglo XX como la “semana roja” o la “gran huelga del centenario”.

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