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Revolución cubana, revolución permanente

Sobre Cuba: una historia crítica, de Frank García Hernández

Revolución cubana, revolución permanente

Sobre Cuba: una historia crítica, de Frank García Hernández

La publicación por Editorial Marea del libro de Frank García Hernández Cuba una historia crítica es el primer "ajuste de cuentas" con la historia de la Revolución Cubana hecha por un hijo crítico de la revolución. En ese sentido es también expresión del salto personal y de la evolución política provocada por ese parteaguas que fueron las protestas en la isla del 11 de julio de 2021. Frank, hasta entonces un miembro crítico del Partido Comunista Cubano (PCC), sufrió la cárcel por solidarizarse con una protesta de masas reveladora del profundo avance del proceso de restauración capitalista que la burocracia de su propio partido estaba comandando. En ese sentido, este texto de Frank es la primera obra de fondo y de conjunto de la izquierda crítica cubana luego del 11 de julio. Su tesis fundamental es que Cuba atraviesa un proceso de restauración capitalista "a la china", comandado por el propio PCC.

La restauración

El libro de Frank es fundamentalmente una historia cultural e ideológica de la revolución cubana. Frank aborda la dinámica histórica de la revolución desde una perspectiva marxista centrándose en el análisis de los fenómenos superestructurales entendidos como expresión de la lucha de clases. Y es en la muy buena tercera parte destinada al análisis del proceso de restauración, que Frank describe muy detalladamente, donde el libro consigue sus mejores resultados. De su interpretación de tal proceso se deduce una distinción y, a su vez, una confrontación entre dos "subperíodos": el Período Especial post disolución de la URSS, entre 1991 y 2002, y el período de restauración que se aceleraría según Frank con el paso del poder de Fidel a Raúl. En el medio, los años marcados por la radicalización del chavismo y la asistencia económica venezolana a la isla.

Luego de la disolución de la URSS, Fidel, según Frank, utilizó todo su peso político para retrasar el proceso de restauración. Frank subraya lo que entiende como diferencias importantes entre Fidel, quien aunque burocráticamente pretendía sostener el proceso de transición al socialismo, y Raúl, a quien identifica como un temprano promotor del proceso de restauración "a la china". En cualquier caso, lo que importa es que la evolución de conjunto del régimen burocrático no podía más que abrir camino al proceso de restauración.

Por eso, en el esquema general del período que se deduce del texto, Frank plantea un marcado contraste entre el Período Especial, con todas sus dificultades y privaciones, y el período posterior a la salida de Fidel del poder, en que la burocracia propicia abiertamente la formación de una nueva burguesía nativa. Entre medio, la aparición del chavismo y la asistencia venezolana especialmente en el terreno energético, proporcionó un respiro a la economía cubana durante la primera década del siglo, que profundizó el giro nacionalista burgués de la dirección cubana, y en el que se apoyó Fidel para lanzar su última campaña, que Frank describe detalladamente: la "batalla de ideas".

La distinción fundamental entre los dos períodos se encuentra, según Frank, en el cuidado con que, durante el Período Especial, se tomaron medidas que implicaban un retroceso en la construcción socialista previniendo a la vez el desarrollo de una nueva burguesía cubana asegurando el control estatal sobre la inversión de capital extranjero en el naciente sector turístico. Se combatió el incremento de la desigualdad especialmente manteniendo el acceso universal a un sistema de salud y educación de alta calidad. Así, Frank interpreta el Período Especial como una especie de NEP cubana, en la que hay que retroceder obligatoriamente pero se toman medidas que previenen el desarrollo de una clase capitalista.Frank refiere los sucesos del "maleconazo" de 1994, en que la intervención personal de Fidel frenó una masiva manifestación de protesta en comparación con la intervención personal de Diaz Canel y otros dirigentes del PCC durante las protestas del 11 de julio: García Hernández, Frank: Cuba una historia crítica, Marea, Buenos Aires, 2025, pgs. 275 y 276.

Con todo, como Frank describe y admite, la introducción del capital extranjero por la vía del turismo de lujo se produjo en esos años '90, y es esa introducción la que sentó las bases materiales en las que se apoya el proceso restauracionista. La burocracia cubana, sostiene Frank, promueve un proceso restauracionista que sigue el modelo chino- vietnamita pero que a diferencia de China o Vietnam, está basado en concreto en el flujo turístico. Frank muestra como la inversión estatal en turismo se ha multiplicado en detrimento de la inversión en toda otra serie de rubros más que prioritarios, y como la infraestructura gigantesca que se construyó con tales recursos se encuentra ampliamente subutilizada. ¿Era posible que la burocracia se propusiera afrontar el proceso de restauración promoviendo otros sectores, como la biotecnología o la industria farmacéutica, en la que Cuba había hecho enormes avances? ¿Se trata de una elección, a la luz del desastroso desempeño que viene teniendo el sector turístico, "equivocada", o existen razones de interés de la burocracia cubana que expliquen el curso económico seguido? Es una cuestión que surge de la lectura y en la que Frank no se adentra, pero que puede abrir un terreno fecundo para el análisis y la interpretación de los procesos de restauración.

La explicación del proceso de formación de la nueva burguesía y de sus fracciones (una cosmopolita, ligada a una intelectualidad cubana mundialmente prestigiosa y a las familias de los propios burócratas del PCC; la otra conservadora ligada a las iglesias evangélicas y cultos afro-caribeños), es seguramente uno de los mejores momentos del libro. La descripción de su proceso de surgimiento, evolución, de sus vínculos contradictorios con la burguesía gusana exiliada en Miami, con la burocracia que en parte la compone pero a la vez pretende someterla en forma "clientelar" al estilo chino, pero sobre todo el relato acerca del desarrollo del clima cultural que acompañó y acompaña a su formación es simplemente un muy buen ejemplo de aplicación del marxismo a la interpretación del proceso superestructural que expresa los cambios que se van produciendo en la economía y en la estructura de clases de Cuba.

Revolución cubana, revolución permanente...

En la revolución cubana, la consecuencia antimperialista de la dirección del Movimiento 26 de Julio, cuya base obrera y campesina fue la protagonista armada de la revolución, condujo el proceso antimperialista al límite de la abolición de las relaciones sociales capitalistas. Frank describe muy bien, en clave de la teoría de la revolución permanente, la evolución de ese proceso desde los gobiernos de Urrutia y Miró Cardona, políticos burgueses que estaban al frente nominalmente del gobierno en los primeros meses luego del triunfo de la revolución, el mecanismo mediante el cual la solución radical del problema agrario empuja a la burguesía a la contrarrevolución y, por el contrario, a la revolución hacia el camino del socialismo.

Sin embargo, el texto cita erróneamente como enunciación del concepto de revolución permanente una frase de Trotsky en la que, en realidad. El jefe del Ejército Rojo explica el concepto original de Lenin y los bolcheviques acerca del régimen que debía surgir de la revolución rusa: la "dictadura democrática del proletariado y los campesinos".Ver Idem, pág65. Para ver completa la frase que cita Frank ver Trotsky, León: La revolución permanente, Madrid, Fundación Federico Engels, 2001, pág. 35. Entiendo que Frank, quien en el libro considera que tal es el régimen político que la revolución estableció en Cuba, pretende tomando este concepto responder el interrogante que surge del triunfo de una revolución socialista apoyada en un componente mayoritariamente campesino. Era esa justamente la razón por la que Lenin desarrolló la fórmula de la dictadura democrática..., que negaba tanto cualquier capacidad revolucionaria a la burguesía nacional como la posibilidad de un gobierno directamente obrero en un país abrumadoramente campesino. Justamente Lenin consideraba, en el límite de un "etapismo radical" que abandonaría con las Tesis de Abril, que un régimen de ese tipo basado en la hegemonía campesina suponía toda una etapa que cumpliera con las tareas democráticas en el campo sin rebasar los límites del capitalismo. De haberse impuesto un régimen basado en la hegemonía campesina se hubiera bloqueado el desarrollo de una economía socialista. Es en cambio el concepto de revolución permanente, que Lenin aceptaría a partir de la revolución de febrero de 1917Ver Brunetto, Luis: Lenin y la revolución permanente, En Defensa del Marxismo, N.º 60, 2024., el que explica la evolución socialista de la revolución cubana.

Destacar la utilidad de las ideas de León Trotsky acerca del proceso de restauración capitalista en la URSS, cuya clave explicativa se encuentra en el desarrollo del proceso de burocratización condicionado por el aislamiento y el atraso de la economía rusa, para interpretar a su vez el desarrollo del proceso restauracionista cubano es el principal acierto del libro. Frank distingue básicamente dos períodos en este proceso: toda una primera fase en la que el protagonismo de la movilización popular es clave. Pero se trataba de un protagonismo "controlado" desde arriba. No se desarrollan instituciones de democracia socialista que aseguren la planificación por parte de las masas ni el control de los dirigentes. Frank cita la "carta- informe" que el Che dejó a Fidel antes de su salida de Cuba, en la que advierte sobre la burocratización pero a la vez admite que no sabe "como hacer participar a los obreros en la producción".Estación Finlandia: Carta inédita del Che a Fidel Parte III: "El partido y el estado" El salto en la burocratización se da, según Frank, con el viraje post fracaso de la "zafra de los 10 millones" de 1970 y la completa integración al sistema económico y político de la dirección stalinista, el abandono del proyecto de extensión de la revolución a Latinoamérica y África, y la subsiguiente capitulación frente a la política de coexistencia pacífica de la URSS, después de una década de idas y venidas de las que por ejemplo, ya había sido un anticipo el apoyo al aplastamiento de la sublevación checa del '68.

Frank dedica al llamado "quinquenio gris" regido por la censura y la más absoluta regimentación al estilo "realismo socialista". Sin embargo, Frank no ofrece un análisis de este período en clave trotskista, sino que se limita a una serie de referencias atinadas pero meramente descriptivas, a Rosa Luxemburgo y a Hanah Arendt. En el primer caso, a su crítica de la revolución rusaRosa fue asesinada junto a Karl Liebcknecht luego del fracaso del levantamiento espartaquista en enero de 1919., un texto sobre el que conviene siempre advertir al lector que no fue publicado por Rosa en vida, convencida al respecto por Paul Levi, quien fue su editor finalmente en 1922, luego de ser expulsado de la III Internacional... En el segundo, si bien el texto de Arendt es muy interesante, no se apoya en el concepto de clase y de interés de clase que constituye la base del análisis de Trotsky acerca del proceso de burocratización.El motor del proceso de burocratización de las instituciones originales de la democracia soviética es, según Trotsky, en el contexto de una economía de transición al socialismo apoyada sobre una economía capitalista atrasada y aislada como la de Rusia, el desarrollo del interés de la burocracia dirigente del estado obrero en estabilizar sus privilegios mediante la restauración de la propiedad privada y su transformación de casta burguesía en burguesía. Frank, aquí, y aun cuando frecuente y correctamente alude al definitorio carácter de clase de la democracia y por lo tanto advierte sobre la necesidad de juzgarla según su contenido social, se queda en los límites de la defensa de la libertad absoluta.

La ideología de la revolución cubana

El libro ofrece un panorama de la evolución ideológica de la revolución, y especialmente del Movimiento 26 de Julio y su dirección. Las marcas que delinean esa evolución aparecen con mucha claridad en la muy completa descripción de la evolución de las fuerzas políticas, del ideal "restaurador" de la Constitución del '40, del nacionalismo del que provienen Fidel y el núcleo primitivo del 26 de Julio. En relación a este proceso es muy importante el aporte historiográfico a la dilucidación de la cuestión del "comunismo original" de Fidel.

Como Frank señala, la evolución socialista de la revolución, motorizada por la radicalidad en la solución del problema agrario y la voluntad consecuentemente antimperialista de su dirección, precede a Bahía de los Cochinos. La derrota de la invasión gusana no hizo más que echar luz sobre el asunto y preparar el escenario para la proclamación del carácter socialista. Ese proceso condujo a la adopción del marxismo y a la unificación de las organizaciones revolucionarias, aunque en constante conflicto con la línea que, a través del Partido Socialista Popular, impulsaba la URSS. La evolución del papel del PSP, que arrastraba como un estigma su apoyo original al golpe de Batista para convertirse luego, post Bahía de Cochinos, en una de las organizaciones principales que confluirán en 1965 en el flamante PCC, es un proceso que Frank registra en detalle al igual que los apropiados "ajustes" con que la historiografía oficial cubana encubrió este trasvasamiento.

En relación a esto tal vez hubiese sido posible profundizar en el problema de las relaciones entre Fidel y el proyecto de extensión de la revolución que promovía el Che y que chocaba con la política de coexistencia pacífica promovida por la burocracia de la URSS. Al respecto, Frank cita mi entrevista en La Habana a Aurelio AlonsoEl Furgón Vagón de Noticias de Revista Sudestada: ["Entrevista a Aurelio Alonso: 'Nunca vi una amistad basada en criterios tan compartidos como la de Fidel y el Che". En esta entrevista Aurelio dice: "El Che era un marxista convencido y Fidel hacía uso del marxismo tácticamente" de diciembre de 2019, en la que el intelectual cubano cuenta su versión del episodio del retorno del Che luego de la conferencia de Argel. Sobre ese encuentro de varios días se han tejido miles de mitos. ¿Fidel estaba convencido de ese proyecto o lo usó como moneda de cambio con la burocracia del PCUS en relación a las disputas sobre las relaciones con la URSS y la dirección del nuevo partido comunista? ¿Fue la campaña internacionalista un proyecto común cuyo fracaso determinó la capitulación ante la burocracia de la URSS? Son cuestiones de importancia que el texto sin embargo no aborda.

Algunas cuestiones ausentes

Independientemente de los mitos, lo objetivo es que a esa reunión sin testigos entre Fidel y el Che siguió la campaña internacionalista africana y boliviana, y entre medio de ambas la Conferencia Tricontinental de 1967 y el proyecto de la OLAS. El análisis de todo este importantísimo proceso no ocupa sin embargo en el libro el lugar que entiendo sería necesario. Otra laguna, en parte compensada por el interesantísimo capítulo dedicado a Angola y en general a la política cubana hacia África en los '70 y '80, es el análisis del impacto de la revolución nicaragüense de 1979 y del papel de Fidel y la dirección cubana en la contención de ese proceso dentro de límites burgueses.

De cualquier modo, estas ausencias no opacan la utilidad y la enorme importancia no sólo intelectual, sino fundamentalmente política, del texto de Frank. En el contexto de las horas decisivas que Cuba vive, este muy buen libro de Frank García Hernández es de lectura obligatoria para quienes enfrentamos las explicaciones derechistas acerca de la crisis de una revolución que conquistó las expectativas y los corazones de las clases trabajadoras de todo el mundo. Y por supuesto, para quienes en Cuba pretenden abrir una perspectiva a esa crisis que exprese el interés del pueblo trabajador y se desarrolle como una alternativa al saqueo recolonizador que Trump y el imperialismo yanqui pretenden negociar con la burocracia restauracionista cubana.

La publicación por Editorial Marea del libro de Frank García Hernández Cuba una historia crítica es el primer «ajuste de cuentas» con la historia de la Revolución Cubana hecha por un hijo crítico de la revolución. En ese sentido es también expresión del salto personal y de la evolución política provocada por ese parteaguas que fueron las protestas en la isla del 11 de julio de 2021. Frank, hasta entonces un miembro crítico del Partido Comunista Cubano (PCC), sufrió la cárcel por solidarizarse con una protesta de masas reveladora del profundo avance del proceso de restauración capitalista que la burocracia de su propio partido estaba comandando. En ese sentido, este texto de Frank es la primera obra de fondo y de conjunto de la izquierda crítica cubana luego del 11 de julio. Su tesis fundamental es que Cuba atraviesa un proceso de restauración capitalista «a la china», comandado por el propio PCC.

La restauración

El libro de Frank es fundamentalmente una historia cultural e ideológica de la revolución cubana. Frank aborda la dinámica histórica de la revolución desde una perspectiva marxista centrándose en el análisis de los fenómenos superestructurales entendidos como expresión de la lucha de clases. Y es en la muy buena tercera parte destinada al análisis del proceso de restauración, que Frank describe muy detalladamente, donde el libro consigue sus mejores resultados. De su interpretación de tal proceso se deduce una distinción y, a su vez, una confrontación entre dos «subperíodos»: el Período Especial post disolución de la URSS, entre 1991 y 2002, y el período de restauración que se aceleraría según Frank con el paso del poder de Fidel a Raúl. En el medio, los años marcados por la radicalización del chavismo y la asistencia económica venezolana a la isla.

Luego de la disolución de la URSS, Fidel, según Frank, utilizó todo su peso político para retrasar el proceso de restauración. Frank subraya lo que entiende como diferencias importantes entre Fidel, quien aunque burocráticamente pretendía sostener el proceso de transición al socialismo, y Raúl, a quien identifica como un temprano promotor del proceso de restauración «a la china». En cualquier caso, lo que importa es que la evolución de conjunto del régimen burocrático no podía más que abrir camino al proceso de restauración.

Por eso, en el esquema general del período que se deduce del texto, Frank plantea un marcado contraste entre el Período Especial, con todas sus dificultades y privaciones, y el período posterior a la salida de Fidel del poder, en que la burocracia propicia abiertamente la formación de una nueva burguesía nativa. Entre medio, la aparición del chavismo y la asistencia venezolana especialmente en el terreno energético, proporcionó un respiro a la economía cubana durante la primera década del siglo, que profundizó el giro nacionalista burgués de la dirección cubana, y en el que se apoyó Fidel para lanzar su última campaña, que Frank describe detalladamente: la «batalla de ideas».

La distinción fundamental entre los dos períodos se encuentra, según Frank, en el cuidado con que, durante el Período Especial, se tomaron medidas que implicaban un retroceso en la construcción socialista previniendo a la vez el desarrollo de una nueva burguesía cubana asegurando el control estatal sobre la inversión de capital extranjero en el naciente sector turístico. Se combatió el incremento de la desigualdad especialmente manteniendo el acceso universal a un sistema de salud y educación de alta calidad. Así, Frank interpreta el Período Especial como una especie de NEP cubana, en la que hay que retroceder obligatoriamente pero se toman medidas que previenen el desarrollo de una clase capitalista.1Frank refiere los sucesos del «maleconazo» de 1994, en que la intervención personal de Fidel frenó una masiva manifestación de protesta en comparación con la intervención personal de Diaz Canel y otros dirigentes del PCC durante las protestas del 11 de julio: García Hernández, Frank: Cuba una historia crítica, Marea, Buenos Aires, 2025, pgs. 275 y 276.

Con todo, como Frank describe y admite, la introducción del capital extranjero por la vía del turismo de lujo se produjo en esos años ’90, y es esa introducción la que sentó las bases materiales en las que se apoya el proceso restauracionista. La burocracia cubana, sostiene Frank, promueve un proceso restauracionista que sigue el modelo chino- vietnamita pero que a diferencia de China o Vietnam, está basado en concreto en el flujo turístico. Frank muestra como la inversión estatal en turismo se ha multiplicado en detrimento de la inversión en toda otra serie de rubros más que prioritarios, y como la infraestructura gigantesca que se construyó con tales recursos se encuentra ampliamente subutilizada. ¿Era posible que la burocracia se propusiera afrontar el proceso de restauración promoviendo otros sectores, como la biotecnología o la industria farmacéutica, en la que Cuba había hecho enormes avances? ¿Se trata de una elección, a la luz del desastroso desempeño que viene teniendo el sector turístico, «equivocada», o existen razones de interés de la burocracia cubana que expliquen el curso económico seguido? Es una cuestión que surge de la lectura y en la que Frank no se adentra, pero que puede abrir un terreno fecundo para el análisis y la interpretación de los procesos de restauración.

La explicación del proceso de formación de la nueva burguesía y de sus fracciones (una cosmopolita, ligada a una intelectualidad cubana mundialmente prestigiosa y a las familias de los propios burócratas del PCC; la otra conservadora ligada a las iglesias evangélicas y cultos afro-caribeños), es seguramente uno de los mejores momentos del libro. La descripción de su proceso de surgimiento, evolución, de sus vínculos contradictorios con la burguesía gusana exiliada en Miami, con la burocracia que en parte la compone pero a la vez pretende someterla en forma «clientelar» al estilo chino, pero sobre todo el relato acerca del desarrollo del clima cultural que acompañó y acompaña a su formación es simplemente un muy buen ejemplo de aplicación del marxismo a la interpretación del proceso superestructural que expresa los cambios que se van produciendo en la economía y en la estructura de clases de Cuba.

Revolución cubana, revolución permanente…

En la revolución cubana, la consecuencia antimperialista de la dirección del Movimiento 26 de Julio, cuya base obrera y campesina fue la protagonista armada de la revolución, condujo el proceso antimperialista al límite de la abolición de las relaciones sociales capitalistas. Frank describe muy bien, en clave de la teoría de la revolución permanente, la evolución de ese proceso desde los gobiernos de Urrutia y Miró Cardona, políticos burgueses que estaban al frente nominalmente del gobierno en los primeros meses luego del triunfo de la revolución, el mecanismo mediante el cual la solución radical del problema agrario empuja a la burguesía a la contrarrevolución y, por el contrario, a la revolución hacia el camino del socialismo.

Sin embargo, el texto cita erróneamente como enunciación del concepto de revolución permanente una frase de Trotsky en la que, en realidad. El jefe del Ejército Rojo explica el concepto original de Lenin y los bolcheviques acerca del régimen que debía surgir de la revolución rusa: la «dictadura democrática del proletariado y los campesinos».2Ver Idem, pág65. Para ver completa la frase que cita Frank ver Trotsky, León: La revolución permanente, Madrid, Fundación Federico Engels, 2001, pág. 35. Entiendo que Frank, quien en el libro considera que tal es el régimen político que la revolución estableció en Cuba, pretende tomando este concepto responder el interrogante que surge del triunfo de una revolución socialista apoyada en un componente mayoritariamente campesino. Era esa justamente la razón por la que Lenin desarrolló la fórmula de la dictadura democrática…, que negaba tanto cualquier capacidad revolucionaria a la burguesía nacional como la posibilidad de un gobierno directamente obrero en un país abrumadoramente campesino. Justamente Lenin consideraba, en el límite de un «etapismo radical» que abandonaría con las Tesis de Abril, que un régimen de ese tipo basado en la hegemonía campesina suponía toda una etapa que cumpliera con las tareas democráticas en el campo sin rebasar los límites del capitalismo. De haberse impuesto un régimen basado en la hegemonía campesina se hubiera bloqueado el desarrollo de una economía socialista. Es en cambio el concepto de revolución permanente, que Lenin aceptaría a partir de la revolución de febrero de 19173Ver Brunetto, Luis: Lenin y la revolución permanente, En Defensa del Marxismo, N.º 60, 2024., el que explica la evolución socialista de la revolución cubana.

Destacar la utilidad de las ideas de León Trotsky acerca del proceso de restauración capitalista en la URSS, cuya clave explicativa se encuentra en el desarrollo del proceso de burocratización condicionado por el aislamiento y el atraso de la economía rusa, para interpretar a su vez el desarrollo del proceso restauracionista cubano es el principal acierto del libro. Frank distingue básicamente dos períodos en este proceso: toda una primera fase en la que el protagonismo de la movilización popular es clave. Pero se trataba de un protagonismo «controlado» desde arriba. No se desarrollan instituciones de democracia socialista que aseguren la planificación por parte de las masas ni el control de los dirigentes. Frank cita la «carta- informe» que el Che dejó a Fidel antes de su salida de Cuba, en la que advierte sobre la burocratización pero a la vez admite que no sabe «como hacer participar a los obreros en la producción».4Estación Finlandia: Carta inédita del Che a Fidel Parte III: «El partido y el estado» El salto en la burocratización se da, según Frank, con el viraje post fracaso de la «zafra de los 10 millones» de 1970 y la completa integración al sistema económico y político de la dirección stalinista, el abandono del proyecto de extensión de la revolución a Latinoamérica y África, y la subsiguiente capitulación frente a la política de coexistencia pacífica de la URSS, después de una década de idas y venidas de las que por ejemplo, ya había sido un anticipo el apoyo al aplastamiento de la sublevación checa del ’68.

Frank dedica al llamado «quinquenio gris» regido por la censura y la más absoluta regimentación al estilo «realismo socialista». Sin embargo, Frank no ofrece un análisis de este período en clave trotskista, sino que se limita a una serie de referencias atinadas pero meramente descriptivas, a Rosa Luxemburgo y a Hanah Arendt. En el primer caso, a su crítica de la revolución rusa5Rosa fue asesinada junto a Karl Liebcknecht luego del fracaso del levantamiento espartaquista en enero de 1919., un texto sobre el que conviene siempre advertir al lector que no fue publicado por Rosa en vida, convencida al respecto por Paul Levi, quien fue su editor finalmente en 1922, luego de ser expulsado de la III Internacional… En el segundo, si bien el texto de Arendt es muy interesante, no se apoya en el concepto de clase y de interés de clase que constituye la base del análisis de Trotsky acerca del proceso de burocratización.6El motor del proceso de burocratización de las instituciones originales de la democracia soviética es, según Trotsky, en el contexto de una economía de transición al socialismo apoyada sobre una economía capitalista atrasada y aislada como la de Rusia, el desarrollo del interés de la burocracia dirigente del estado obrero en estabilizar sus privilegios mediante la restauración de la propiedad privada y su transformación de casta burguesía en burguesía. Frank, aquí, y aun cuando frecuente y correctamente alude al definitorio carácter de clase de la democracia y por lo tanto advierte sobre la necesidad de juzgarla según su contenido social, se queda en los límites de la defensa de la libertad absoluta.

La ideología de la revolución cubana

El libro ofrece un panorama de la evolución ideológica de la revolución, y especialmente del Movimiento 26 de Julio y su dirección. Las marcas que delinean esa evolución aparecen con mucha claridad en la muy completa descripción de la evolución de las fuerzas políticas, del ideal «restaurador» de la Constitución del ’40, del nacionalismo del que provienen Fidel y el núcleo primitivo del 26 de Julio. En relación a este proceso es muy importante el aporte historiográfico a la dilucidación de la cuestión del «comunismo original» de Fidel.

Como Frank señala, la evolución socialista de la revolución, motorizada por la radicalidad en la solución del problema agrario y la voluntad consecuentemente antimperialista de su dirección, precede a Bahía de los Cochinos. La derrota de la invasión gusana no hizo más que echar luz sobre el asunto y preparar el escenario para la proclamación del carácter socialista. Ese proceso condujo a la adopción del marxismo y a la unificación de las organizaciones revolucionarias, aunque en constante conflicto con la línea que, a través del Partido Socialista Popular, impulsaba la URSS. La evolución del papel del PSP, que arrastraba como un estigma su apoyo original al golpe de Batista para convertirse luego, post Bahía de Cochinos, en una de las organizaciones principales que confluirán en 1965 en el flamante PCC, es un proceso que Frank registra en detalle al igual que los apropiados «ajustes» con que la historiografía oficial cubana encubrió este trasvasamiento.

En relación a esto tal vez hubiese sido posible profundizar en el problema de las relaciones entre Fidel y el proyecto de extensión de la revolución que promovía el Che y que chocaba con la política de coexistencia pacífica promovida por la burocracia de la URSS. Al respecto, Frank cita mi entrevista en La Habana a Aurelio Alonso7El Furgón Vagón de Noticias de Revista Sudestada: [«Entrevista a Aurelio Alonso: ‘Nunca vi una amistad basada en criterios tan compartidos como la de Fidel y el Che». En esta entrevista Aurelio dice: «El Che era un marxista convencido y Fidel hacía uso del marxismo tácticamente» de diciembre de 2019, en la que el intelectual cubano cuenta su versión del episodio del retorno del Che luego de la conferencia de Argel. Sobre ese encuentro de varios días se han tejido miles de mitos. ¿Fidel estaba convencido de ese proyecto o lo usó como moneda de cambio con la burocracia del PCUS en relación a las disputas sobre las relaciones con la URSS y la dirección del nuevo partido comunista? ¿Fue la campaña internacionalista un proyecto común cuyo fracaso determinó la capitulación ante la burocracia de la URSS? Son cuestiones de importancia que el texto sin embargo no aborda.

Algunas cuestiones ausentes

Independientemente de los mitos, lo objetivo es que a esa reunión sin testigos entre Fidel y el Che siguió la campaña internacionalista africana y boliviana, y entre medio de ambas la Conferencia Tricontinental de 1967 y el proyecto de la OLAS. El análisis de todo este importantísimo proceso no ocupa sin embargo en el libro el lugar que entiendo sería necesario. Otra laguna, en parte compensada por el interesantísimo capítulo dedicado a Angola y en general a la política cubana hacia África en los ’70 y ’80, es el análisis del impacto de la revolución nicaragüense de 1979 y del papel de Fidel y la dirección cubana en la contención de ese proceso dentro de límites burgueses.

De cualquier modo, estas ausencias no opacan la utilidad y la enorme importancia no sólo intelectual, sino fundamentalmente política, del texto de Frank. En el contexto de las horas decisivas que Cuba vive, este muy buen libro de Frank García Hernández es de lectura obligatoria para quienes enfrentamos las explicaciones derechistas acerca de la crisis de una revolución que conquistó las expectativas y los corazones de las clases trabajadoras de todo el mundo. Y por supuesto, para quienes en Cuba pretenden abrir una perspectiva a esa crisis que exprese el interés del pueblo trabajador y se desarrolle como una alternativa al saqueo recolonizador que Trump y el imperialismo yanqui pretenden negociar con la burocracia restauracionista cubana.

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