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La defensa de los militantes poristas bolivianos y su llamado a impedir la liquidación del POR

Por Luis Oviedo
En abril de 1994, Juan Pablo Bacherer —dirigente del Partido Obrero Revolucionario de Bolivia, con más de veinte años de militancia— fue expulsado del POR acusado de "delación". Junto con Bacherer fueron expulsados del POR y de su juventud (URUS) todos los militantes que se solidarizaron con él. Los expulsados formaron la "Oposición Trotskista del POR”, que se reivindica como infracción revolucionaria del POR* y cuyo programa es la recuperación revolucionaria del partido. Publican el periódico Trinchera Revolucionaria
Los expulsados denuncian que su principal acusador —Guillermo Lora— no presentó hasta ahora una sola prueba de su acusación. Semejante conducta — concluyen— revela que Lora “se ha convertido en un vulgar calumniador, como expresión del proceso degenerativo del partido revolucionario en Bolivia" (1).
 
Durante este año y medio, Lora y el POR lanzaron nuevas y más graves acusaciones contra Bacherer. Primero se lo acusó de “haber revelado a la policía aspectos internos del partido durante su detención en Santa Cruz” (2); más tarde, se lo acusó de “bribón” y "corrupto" (3) y, finalmente, se lo acusa de “ayudar a las fuerzas de inteligencia del gobierno y del imperialismo” (4)...
 
Esta última acusación es la más grave, y no sólo porque califica a Bacherer como un represor infiltrado en las filas del movimiento obrero. Inmediatamente después de la nueva denuncia, Lora amenazó con “aplicar la ley de hierro a los traidores y canallas”, lo que sólo puede interpretarse como un llamado a la supresión física de Bacherer.
 
Sin derecho a defensa
 
La expulsión administrativa de Bacherer y de sus compañeros y la sistemática campaña de difamación lanzada contra ellos “son rasgos característicos de un partido stalinizado”,
 
Bacherer fue expulsado del POR sin permitírsele ninguna defensa.
 
Para impedir que yo pudiera defenderme recurrió a una doble maniobra: a) Indicó que se trataba de un trabajo ‘clandestino’ y que por ello no podía demostrar su acusación; b) abandonó la Conferencia Nacional, renunciando a su militanciaalPOR, hasta que se me expulse. Esto último fue, a todas luces, un chantaje a los militantes, para forzar mi expulsión sin discusión ni posibilidad de defensa” (5). Lora, que puso en juego en esa Conferencia su propia permanencia en el POR, sólo pudo hacer aprobar la expulsión ... por tres votos.
 
Tampoco pudo ser escuchado por el Congreso de la organización internacional que integra el POR (el llamado Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IVo Internacional), que se negó a tomar conocimiento de su reclamo de formar un tribunal por las expresas instrucciones de Lora, y "ratifica la monstruosidad que se ha cometido en el POR en su Conferencia nacional de 1994, sella(ndo) su compromiso vergonzoso y contrarrevolucionario con lo que viene sucediendo en el POR boliviano; demostra(ndo) que el comité internacional y su congreso no son la instancia máxima de la organización internacional sino que han nacido como un apéndice de la dirección porista en el período de su decadencia política” (6).
 
Tribunal Obrero y Revolucionario
 
La imposibilidad de defenderse en el cuadro interno del POR de las acusaciones a su moral obligaron a Bacherer y a los demás expulsados a reclamar la formación de un tribunal obrero y revolucionario que juzgue los cargos lanzados en su contra por Lora.
 
El tribunal, que deberá reunirse próximamente en Bolivia, no tiene por objeto juzgar las divergencias políticas entre Lora y Bacherer, sino establecer la verdad de los hechos en lo referido a las acusaciones: o establece que efectivamente Bacherer es un delator y un agente de los servicios de inteligencia —por lo que deberá ser expulsado ignominiosamente del movimiento obrero y revolucionario- o, por el contrario, establece que las acusaciones son falsas, lo que caracterizará a Lora como un calumniador y provocador. Para cumplir cabalmente con su labor, el tribunal estará integrado por militantes que han probado su devoción a la causa de la lucha contra la explotación.
 
En su exilio mexicano, Trotsky recurrió a un tribunal moral —semejante al que reclaman los expulsados del POR— para enfrentar la montaña de calumnias y provocaciones lanzadas en su contra por el stalinismo. Ese tribunal, conocido como “Comisión Dewey”, absolvió a Trotsky de todos los cargos.
 
Lora se ha opuesto por todos los medios a la formación del tribunal y ha lanzado una campaña de presiones y amenazas en Bolivia y fuera de ella sobre los militantes que han sido invitados a formar parte de él.
 
“Una expulsión preventiva”
 
Bacherer denuncia que su expulsión y la de sus compañeros tuvo el objetivo preciso de enterrar el debate político que se venía desarrollando en el POR de cara a la Conferencia de 1994. Por eso la caracteriza como "una expulsión preventiva.
 
No es la primera vez que Lora recurre a las expulsiones sumarias para acabar con el debate interno. En 1984 reunió un Congreso cuyo único objetivo fue expulsar a Jorge Cueto, un militante del POR que sufrió muchísimos años de prisión. En 1985 expulsó a los dirigentes de las regionales de Oruro y Huanuni, también acusados de delación.
 
Precisamente, las acusaciones fueron subiendo de tono conforme progresaban las discusiones internas. “En septiembre de 1992, cuando ya habíamos iniciado una discusión con G. Lora -dijimos que ante su incapacidad de realizar una verdadera autocrítica de los errores cometidos en la estructuración del partido de masas, había acusado a los dirigentes de ese entonces como “para-stalinistas”, "proburgueses”, “contrarrevolucionarios”, etc.-recurrió por primera vez a la calumnia de "delación” pero en ese momento, extrañamente, sólo pidió que yo bajase a la base del partido. ... Lo sorprendente fue que en el Congreso Extraordinario de principios de 1993, donde precisamente se analizó la conducta de la dirección en la que me encontraba y se la sustituyó, G. Lora no sólo ni siquiera asistió al Congreso sino que ocultó la supuesta delación que denunciaba. Al cabo de más de un año, en febrero de 1994, en la Conferencia Nacional, G. Lora nuevamente se acuerda de la delación y de que se trata de un asunto princi-pista con el que no se puede transar... Como se ve, las contradicciones del propio acusador lo desnudan como un vulgar mentiroso y calumniador... Si es verdadera la posición de Lora de 1992, tiene que levantar la sanción que pesa sobre mi persona y al mismo tiempo sancionar al calumniador ejemplarmente. Si, por el contrario, es verdadera la acusación de 1994, tiene que sancionar al que se ha convertido en cómplice del calumniador por más de un año” (7). Poco antes de la última y definitiva acusación de Lora en la Conferencia, había aparecido el documento “La situación revolucionaria bloqueada apunta a la insurrección espontánea (Problemas de la estructuración del partido bolchevique)”, en el cual Bacherer critica las caracterizaciones y conclusiones políticas formuladas por Lora en el documento oficial para la Conferencia...
El debate que se intentó quebrar con la expulsión de Bacherer estaba centrado en la recurrente y sistemática incapacidad del POR para convertirse no ya en el partido dirigente de la clase obrera boliviana sino, simplemente, para convertirse en una corriente de masas. “No se volvió a tener la influencia del pasado en el sector minero, ni en el campesino; tampoco se penetró en el sector fabril ni en los gremialistas... ” (8). Peor aún, "el POR ha sufrido modificaciones profundas en su composición de clase. Se puede decir que ha vivido un proceso de progresiva ‘desproletarización’ si lo comparamos con la que existía en las décadas del 40,50 ó 60. Después de la crisis de 1974175, los obreros poristas quedaron como simple adorno de un partido predominantemente pequeñoburgués en su composición clasista” (9).
 
El carácter de la crisis del POR
 
¿Cuáles son la razones políticas de un fracaso tan sistemático y persistente? Hay que recordar que, poco después de la Conferencia de 1981, se registró "un fracaso contundente” en el intento de "transformarnos en un partido con mil o dos mil militantes” (10).
 
La explicación hay que rastrearla en alguien insospechable de enemistad con el POR, el propio Lora. En noviembre de 1983, Guillermo Lora escribió— que "ha dirección y particularmente el Secretario General (el propio Lora) han realizado un tenso trabajo en este sentido..., sin mayor éxito. En resumen: no tenemos posibilidades de actuar como dirección revolucionaria ... Un partido que no se apresta a prepararse para ser dirección de las masas subvertidas, si no pasa revista a sus armas (nosotros estamos desarmados en el sentido mar-xista del término) es ya, en realidad, un partido contrarrevolucionario; traicionará las esperanzas que en él han puesto los explotados y no merece existir. ... (En consecuencia) Hay que salvar nuestra responsabilidad ante las masas y yo asumo esa actitud. El POR debe autodisolverse en su congreso y explicar las causas en un documento público” (11).
 
En la misma dirección, en un ampliado regional de Cochabamba planteó que "la gran tarea inmediata está a la vista: elevarnos hasta la comprensión del acto de autodisolución ... " (12).
 
Hasta el presente, que se tenga noticia, no ha habido una autocrítica del POR de la tesis "autodisolutiva” que, con razón, el "ampliado regional de Cochabamba” definía como "inédito en la historia política universal. Hubo que esperar todavía algunos años para que la tesis lorista de la "autodisolución” fuera aplicada en gran escala por los stalinistas.
 
Está claro que un partido que se autodefine como "desarmado”, como siendo "en realidad un partido contrarrevolucionario”, que "no merece existir” y que plantea como "la gran tarea” su "autodisolución”, es un partido que ha perdido, irremediablemente, no ya sus objetivos estratégicos, sino cualquier rumbo claro. No importa, por lo tanto, cuántas veces aparezca en los textos del POR la expresión "dictadura del proletariado”... no deja de ser una frase, porque el partido que debería luchar por imponerla "no tiene posibilidades de actuar como dirección revolucionaria”.
 
A fuerza de repetir que "el programa es el partido”, Lora no puede desconocer que la tesis de "autodisolver” el partido porque "ya es en realidad un partido contrarrevolucionario”, es la confesión del fracaso histórico del programa trotskista para dar una salida revolucionaria a la nación atrasada y, por esta vía, agrupar y organizar en tomo suyo al proletariado y convertirse en el caudillo de las masas explotadas.
 
La tesis de la "autodisolución” de 1983 —que, reiteramos, no ha sido revisada por el POR— significa que el POR ha abandonado el trotskismo... porque si lo que ha fallado, es el partido, es su programa el que ha sucumbido. A esta tarea de liquidar el programa (nacionalismo vergonzoso) se ha dedicado Lora en la última década, tanto más febrilmente cuanto cada revisión provocaba un retroceso más pronunciado del POR.
 
Un ejemplo regular del abandono por el POR del programa trotskista y de su pasaje al campo del nacionalismo es la tesis de que "tenemos un ejército diferente del chileno, brasileño o argentino (ya que el boliviano), es sumamente permeable a la lucha de clases y a las presiones ideológicas de la izquierda marxista... no tiene espíritu de casta... Es tarea del partido potenciarla corriente revolucionaria de las Fuerzas Armadas y la Policía por medio de la propaganda... (13).
 
En un análisis de estas posiciones, Osvaldo Coggiola dice que, "para el POR, la vía de la revolución consistiría en imponer la doctrina marxista en el Ejército y la policía... a través de la propaganda ideológica. ... El papel específico del partido proletario sería el de resolver la cuestión de la política militar del proletariado’'. En fin, gracias al ‘partido’ (transformado aquí en un ente metafísico y atemporal), el Ejército boliviano sería el único del mundo que tendría un papel histórico propio e independiente, sustituyendo al proletariado en una revolución hecha con los hombres y las armas del Ejército, en la que el proletariado entra ría como “doctrina” (de la que sería depositario el POR, o sea Lora)" (14).
 
A la luz de estas reiteraciones sobre la existencia de una "corriente revolucionaria de las Fuerzas Armadas y la policía”, se entienden mejor otras afirmaciones de Lora, como que en Bolivia, “la presencia de la política revolucionaria no tiene lugar a través de la mediación del partido revolucionario” (15). Como se ve, la tesis de la “autodisoluciónn no ha sido criticada por el POR por una razón muy sencilla: entre esa tesis de 1983 y la de 1994. de que “la política revolucionaria no se expresa a través de la mediación del partido revolucionario”, hay un hilo conductor.
 
El abandono del marxismo ha llevado al POR a una degeneración aguda y a una crisis que es terminal, una de cuyas expresiones es la expulsión burocrática de Bacherer y sus compañeros.
 
Apoyamos incondicionalmente la formación del tribunal que juzgue la veracidad de las acusaciones formuladas por Lora contra Bacherer. Pero la tarea crítica va mucho más allá: debe servir, además, para desterrar el patoterismo, el matonismo y el burocratismo de las organizaciones obreras.
 
 
 
NOTAS:
(1). Juan Pablo Bacherer Soliz, Represión política en el Partido Obrero Revolucionario, Cuadernos Marxistas n° 2, La Paz, 1994.
(2). Idem.
(3). Trinchera Revolucionaria, n° 89, 10/7/95.
(4). Trinchera Revolucionaria, n° 91, 14/8/95.
(5). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(6). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(7). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(8). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(9). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(10). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(11). Documento de Guillermo Lora (8/11/83), citado por Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(12). Boletín interno del POR, citado por Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.
(13). Hoy, La Paz, 23/4/95, citado por Osvaldo Coggiola, La izquierday la huelga general en Bolivia, En Defensa del Marxismo, n° 7, julio de 1995.
(14). Osvaldo Coggiola, La izquierda y la huelga general en Bolivia, En Defensa del Marxismo, n° 7, julio de 1995.
(15). Documento de Guillermo Lora, citado por Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.

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