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“La postal del movimiento obrero y la izquierda”

Discurso de Jorge Altamira en el cierre del Congreso en el Luna Park
Por Jorge Altamira

Compañeras y compañeros: el Luna Park está repleto y este Luna Park repleto es la postal que define lo que va a ocurrir en nuestro país hasta el final de esta década. Es el momento del ascenso fuerte del movimiento obrero, de la izquierda, de la preparación de todas las condiciones de conciencia y organización para una victoria decisiva de los trabajadores contra la explotación capitalista.

Tenemos un escenario impresionante para todos los que siguen el acto de hoy, para las repercusiones que se van a desarrollar en el curso de la semana; es la prueba más definitiva, aplastante y contundente de lo que hemos construido políticamente en los últimos años. Es el acierto de una estrategia política, es el acierto de una caracterización: esta crisis y bancarrota del capitalismo y la emergencia, en el marco de esta crisis y de esta bancarrota, del ascenso de la izquierda revolucionaria, obrera y socialista. No tenemos 10 mil luchadoras y luchadores hoy en el Luna Park, sino como consecuencia de una labor política integral y de un despertar político, muy fuerte, de los luchadores populares. En primer lugar, de los luchadores obreros en todo el país. Estoy seguro de que muchos que no nos han acompañado en esta etapa, hubieran adoptado otra posición si hubiesen sabido de antemano que el sábado 8 de noviembre el Luna Park iba a estar lleno de luchadoras y luchadores de todo el país.

Es una postal definitiva de la etapa que se viene. De Gobernador Gregores hay delegados. De Puerto Madryn hay delegados. De Hipólito Yrigoyen (de esa escuelita del Ingenio de San Martín del Tabacal, donde el Partido Obrero derrotó al peronismo). Hay delegados tanineros de Formosa, donde hicimos una asamblea importante. A los compañeros petroleros del norte de Santa Cruz, a los compañeros de Aluar de Puerto Madryn, a los compañeros metalúrgicos de Córdoba, a los compañeros que van a luchar por la dirección de la UTA. Al compañero concejal del Frente de Izquierda de Guaymallén, que está haciendo cagar a la intendencia por corrupta y conmoviendo a la provincia de Mendoza. A los compañeros de la zona industrial de San Lorenzo, en Santa Fe, donde participé de una de las asambleas preparatorias de este Congreso más importante, con la representación obrera probablemente más numerosa y calificada de todas las que haya asistido, en el corazón de la clase obrera industrial, en el puerto de las cerealeras y en el puerto de los sojeros, en el municipio de los puertos privatizados.

Hoy, en el Luna Park, se está rematando toda una concepción de la construcción política del movimiento obrero. Es el final definitivo de la clase obrera argentina como columna vertebral de un cerebro capitalista. Este Congreso diseña con una claridad cristalina un proyecto estratégico. ¡Este Congreso lo protagonizan los únicos que importan en el movimiento obrero: los constructores de la independencia política de la clase obrera! No entendemos en el socialismo y en la izquierda otro concepto del luchador que el constructor y organizador de su clase, el desarrollo de su independencia, el desarrollo de su conciencia y organización, y, por lo tanto, la preparación sistemática de la lucha por el poder político.

 

La confrontación esencial

Hace dos o tres semanas se reunió en Mar del Plata un coloquio, el coloquio de Idea. Estuvieron Fiat, Acindar, el Banco Macro, Techint, estuvieron las cerealeras, la gran patronal metalúrgica, las patronales de los ingenios. (Aquí) también está Fiat, también están las cerealeras, también está Techint y está Acindar, pero no en la cabeza de la patronal sino de los delegados y de los activistas de la clase obrera de todas estas empresas. Esta confrontación es la esencia de la lucha política que hemos encarado y estamos entablando. Esta es la esencia, a esto se reduce toda la cosa: los grandes grupos económicos bajándole línea a Scioli, Massa, Macri, Cobos, Sanz. Y diez mil luchadores en el Luna Park bajándole línea al Frente de Izquierda y de los Trabajadores en una deliberación amplia y democrática.

Este es un Congreso que da un paso decisivo en la lucha por la autonomía política de la clase obrera. ¿Qué significa? En primer lugar, significa la lucha por terminar con la atomización de la clase obrera. Significa reconocerse como clase y actuar como un proyecto político. Los trabajadores, con el voto, han reivindicado nuestras trayectorias: que no hubiéramos bajado los brazos cuando el viento soplaba en contra y que hubiéramos puesto ladrillo por ladrillo para construir y hacer que el viento empiece a soplar a favor. Es así como se construye una conciencia de clase. Esa autonomía significa que vamos por nuestros objetivos, que deliberamos. En las asambleas que hubo en todo el país, se desarrollaron plataformas de gran envergadura. Esto es lo que hemos armado y por eso tenemos que seguir: estas asambleas se tienen que multiplicar. Imagínense miles de trabajadores en esas asambleas, en las provincias, capitales, departamentos, municipios, discutiendo una movilización política, discutiendo una movilización contra el poder y discutiéndolo como una alternativa.

Compañeros, la quiebra de los partidos como el peronismo ya se produjo en otros países y ya fueron sustituidos por la izquierda. El getulismo (por el presidente Getúlio Vargas), el Perón de Brasil, dominaba el movimiento obrero de Brasil como el peronismo al de Argentina. El getulismo no existe más, ahora está Lula. Uruguay estaba más dividido que entre Peñarol y Nacional, entre colorados y blancos. Hoy domina la izquierda en Uruguay. En Bolivia estaba el Movimiento Nacionalista Revolucionario, que se puso al frente de la gran revolución proletaria en Bolivia en 1952; hoy el MNR no existe más. El problema, compañeros, es que cuando la izquierda enfrentó la necesidad de sustituirlos y de ponerse a la cabeza del movimiento popular, en la lucha al interior de la izquierda, una lucha dura, vencieron los sectores reformistas, los partidarios de la conciliación de clases. En Argentina, esa también fue la experiencia de Izquierda Unida y del Frente del Pueblo. Lo que tenemos ahora es un fenómeno político diferente: la posibilidad de que la reestructuración de la clase obrera de Argentina como clase autónoma se haga bajo las banderas del socialismo revolucionario y del gobierno de los trabajadores.

Lo hacemos en un momento en que una nueva tentativa de tipo nacionalista, encabezada por el matrimonio Kirchner, naufraga por todos lados: rematan la telefonía, rematan el petróleo, los gobiernos ejecutan el pago ‘soberano’ a los usureros internacionales. A la contaminadora de la Patagonia y vaciadora financiera y energética de Repsol le dieron 8 mil millones de dólares; a los saqueadores del Club de París les dieron 10 mil millones de dólares. A las empresas privatizadas que litigan en el Banco Mundial les están pagando los reclamos que hacen, cuando la Argentina decidió, en 2002 por el Congreso de la Nación, que las tarifas de las empresas privatizadas quedaban pesificadas. Aplican un impuesto directo al salario. No les alcanza con el IVA, nos les alcanza con Ingresos Brutos, no les alcanza con el impuesto a la vivienda única de los trabajadores: ahora también hay un impuesto al salario. El 54% de los ingresos de los trabajadores se lo queda el Estado, y el Estado usa esa plata para subsidiar a los grupos capitalistas y para pagar la deuda externa. El Estado nos saca el 54% de los ingresos para financiar a la clase capitalista, más allá de la explotación cotidiana que sufre la clase obrera.

 

La necesidad del frente único

El gobierno vuelve a hacer frente a una corrida contra la moneda nacional endeudando a la Argentina a una escala impresionante. El gobierno está rematando el país como lo hacía Menem. Menem entregó la empresa de telefonía a cambio de títulos de deuda externa, y el gobierno entrega las frecuencias digitales a cambio de dólares para pagar la deuda externa: es un final nacional menemista del gobierno nacional y popular. Por eso no debe sorprender que la única alternativa que ven por delante es Daniel Scioli.

Scioli fue a Nueva York y les prometió a los financistas internacionales un plan de inversiones en Argentina de 220 mil millones de dólares. Tres semanas después fue Massa, con tanta torpeza que también prometió un plan de 220 mil millones de dólares. Necesitamos un poderoso Frente de Izquierda para que desenmascare absolutamente esta farsa política, esta trampa, este engaño. ¿Y eso cómo lo vamos a hacer? Con asambleas, con comités de apoyo, con movilizaciones políticas. ¿Cómo lo vamos a hacer? Con un Frente de Izquierda que actúe como frente único. Ponernos a discutir en una interna armada por el Estado capitalista es bastante peor que la acusación que se nos hace de que participamos de las elecciones burguesas; todavía se puede participar de una elección burguesa, pero en un enfrentamiento contra los capitalistas, ¿poner el centro en un debate entre nosotros? Tenemos 365 días al año para debatir con nuestros métodos. Los que estamos acá somos los que hemos construido este gigantesco Luna Park, que es el sello postal del ascenso de la izquierda y del movimiento obrero.

Compañeros, hoy tenemos luchas, la mayor parte de ellas, no diría derrotadas, pero por lo menos no triunfantes. Hay suspensiones que se cumplen y no se han podido revertir, hay despidos que se han consumado en numerosos lugares; yo he tenido en San Nicolás discusiones con compañeros de Acindar que estaban en Villa Constitución, y también con compañeros de Techint que convocaban a asambleas porque había despidos, y las asambleas consideraban que no estaban reunidas las condiciones, que había que hacer un trabajo preparatorio; pero hay una cosa en todas esas luchas que no se han detenido: que se incorporan más y más activistas, y ninguna patronal logra asestar un golpe decisivo. La lucha política en este país se reduce a la lucha por el control del movimiento obrero. ¿Por qué hubo un golpe militar en 1976? Para aplastar al movimiento obrero que nació en el Cordobazo. ¿Por qué un golpe en 1955? Porque los trabajadores empezaban a movilizarse frente a las políticas de austeridad del propio Perón. Se han dado golpes de Estado en este país como la única solución para cortar a la clase obrera en su evolución política. Ayer, un periodista me dijo: “¿Qué le pasa a la clase obrera que siempre le cuesta acercarse en los votos para meter un Presidente?”. Y yo le contesté: “¿Vos no te fijaste que desde el ‘55 hasta ahora tuvimos siete golpes de Estado porque nos acercábamos a la presidencia?”. Claro, a lo mejor no a través de una elección, o finalmente a través de una elección, pero a través de luchas, movilización, ocupaciones de fábricas.

 

Una cuestión estratégica

Compañeros, ¿cuál es el valor de una caracterización? ¿Cuál es el valor de llenar el Luna Park? ¡Condensar, en la cabeza del trabajador, adónde queremos ir, cuál es el proyecto último, la meta por la que uno juega todos los sueños! ¡Esto es una escenificación en la que se van a reconocer todos los que luchan! Porque todos los días luchamos pasito por pasito, trabajo por trabajo, volante por volante, tribuna por tribuna, caminata por caminata; no se puede hacer política socialista sin decir cuál es la estrategia, cuál es el carácter político de la convocatoria; no se puede producir un reclutamiento de fuerzas sin el diseño de un gran planteo estratégico que conmueva a las masas; porque si las masas no se conmueven, los activistas no participan en los procesos políticos que la izquierda está convocando.

Entonces, compañeros, la llave de este proceso político hoy está todavía en nuestra manos. Las lecciones de las experiencias anteriores son nuestro mayor capital, por eso nosotros postulamos firmemente el frente único: el frente único en cada empresa, el frente único en cada sindicato, el frente único en cada región. Eso no significa que no discutamos, porque además los únicos que discuten realmente son los que están en un frente único, a los que no están en un frente único ni les interesa discutir. Por la falta de frente único, muchas tentativas que nosotros hemos criticado, vemos que han fracasado y, además, hay que recuperar esas tentativas que fracasaron, para un proceso político.

Compañeros, el destino, hasta cierto punto, por supuesto, está en nuestras manos. Tenemos que volver a nuestros lugares de trabajo, estudio, provincias y ciudades a construir asambleas más numerosas, comités; tenemos que dar una lección en la próxima campaña electoral: la clase obrera en las calles, en los debates, en las asambleas, en los actos públicos.

Compañeros, la primera elección es la de Salta. Objetivamente, hay una lucha por la intendencia, somos el partido que en la última elección sacó el mayor número de votos. Pero quiero que entiendan una cosa: no es que tenemos la intendencia al alcance de la mano. No, nosotros tocamos el tema porque nos presenta el desafío de desarrollar un programa de gobierno. Nuestro planteo es que convocaremos a una asamblea constituyente que va a destruir al régimen burocrático del municipio, lo va a transformar en deliberativo, revocable, con concejales que ganan lo mismo que un docente; que va a recibir en sus edificios al movimiento obrero de la capital y a sus luchas. Por eso, como dice la resolución, la experiencia busca desarrollar un efecto demostrativo; nosotros podemos, a través de este método político, ayudar a entender lo que es un programa de transición y además ayudar a entender que nosotros no somos una secta iluminada a la espera del día final, por lo cual, si hay un desafío concreto, tenemos una respuesta política concreta, y si el desafío es la intendencia de Salta, tenemos un planteamiento político concreto; es un factor educativo. Los compañeros de Salta saben que nuestra lucha en esa provincia es por toda la provincia, especialmente por los departamentos de General San Martín y de Orán; queremos ganar al interior de Salta. Nosotros, en la última elección, nos llevamos la mayoría del voto peronista y del voto católico de Salta, porque tenemos una política obrera y socialista.

Compañeros, entonces, la tarea es ésa: desarrollemos las conclusiones en las asambleas, formemos comités, movilicémonos, hagamos actos públicos y, como lo propuso Izquierda Socialista, un acto público de inicio de la campaña electoral del Frente de Izquierda sin tantas vueltas, sin tantos remezones, sin tanto fastidio. Queremos un frente único para derrotar a los candidatos capitalistas. ¡Las oportunidades históricas se aprovechan!

¡Viva el Frente de Izquierda, viva el Congreso del movimiento obrero y la izquierda! ¡Vivan los compañeros que organizaron este Congreso! ¡Grande Luna Park, grande por esta postal que marca la escenografía de la izquierda argentina hasta el final de la década!

Gracias, compañeros.

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