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El capitalismo en el Alto Valle del Río Negro

Por Norberto E. Calducci
Artículo sobre del libro: "Trabajo y cambio técnico. El caso de la agroindustria frutícola en el Alto Valle” (autores: Grupo Estudios Sociales Agrarios de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue)
 
La producción frutícola en la zona del Alto Valle del Río Negro y su proceso de industrialización y comercialización, de conjunto, representa la actividad de mayor peso económico en esa provincia y la que nuclea a la mayor cantidad de trabajadores, respecto de otras ramas de la economía.
 
Obviamente, dependiendo del nivel de precios de la temporada y del nivel de producción, se considera que esta actividad genera un producto bruto de unos 300-400 millones de dólares por año, en una zona de unos 150 km. de largo por 20 de ancho, que comprende desde la localidad de Chichínales hasta Barda del Medio y Campo Grande, incluyendo a Villa Regina, Gral. Roca, Alien y Cipolletti como centros urbanos de importancia en la provincia de Río Negro. Sobre el Río Neuquén y en la provincia homónima la actividad se concentra en la zona de Centenario, Vista Alegre y San Patricio del Chañar. Totaliza, sumando las zonas de ambas provincias (Alto Valle del Río Negro y Valle del Río Neuquén) una población del orden de los 300.000 habitantes (1). El peso de esta actividad queda evidenciado por la cantidad de trabajadores ocupados en esta rama, que para el año 1988 era de unos 30.000 (a los que debe agregarse su grupo familiar).
 
De allí la importancia de que un grupo de investigadores, dedicados además a la sociología agraria, sistematizara y presentara un enfoque global sobre la fruticultura en esta zona.
 
A los efectos de someterla a una crítica, la obra puedo dividirse en dos partes:
 
Una “primera", que incluye el Prólogo de la licenciada Graciela Landriscini y la Introducción y los Capítulos I y VIII de las profesoras Mónica Bendini y Cristina Pescio, quienes además son las coordinadoras de la obra. En esta “primera” parte, tal y como se dice en la Introducción, “se presentan los marcos referenciales conceptuales del estudio en torno a: trabajo y tecnología, tecnología y empleo agrario, agroindustria, ajuste y globalización en los sistemas agroalimentarios”, por un lado, y por el otro se "sintetizan los aportes desde una visión de conjunto...’’. Es decir, es en estos capítulos donde se plantea la cuestión de fondo, el marco global y la adscripción ideológica del trabajo.
 
En la "segunda” parte (el resto de los capítulos) se presentan más bien datos técnicos o históricos, estadísticas, análisis particulares y temáticos. Es decir, es la parte menos “política” de la obra, y en algunos aspectos contradictoria con las conclusiones a las que se arriba en la “otra parte".
 
Si hay algo que es común a toda la obra es la omisión de la existencia de una lucha de clases y hasta la omisión de la existencia misma de clases sociales: a lo largo de todos los capítulos se refiere la existencia de “grupos sociales”, “sujetos sociales”, "interlocutores sociales”, "sectores sociales", “agentes sociales", “actores sociales", pero nunca clases sociales; algo que retrotrae a los autores a conceptos anteriores al marxismo, casi a la prehistoria de las ciencias sociales. A lo sumo se habla de “trabajadores”, frustrando así la posibilidad de extraer las mejores conclusiones, luego de un esfuerzo investigativo tan importante.
 
La "visión de conjunto" de la obra adhiere al planteo típicamente centroizquierdista que niega la existencia de una crisis mundial capitalista y afirma por el contrario que estamos ante una “...crisis del régimen de acumulación y del modo de regulación...” (Prólogo).
 
La desocupación: un desajuste estructural
 
En el Prólogo, se afirma que “Son hechos hoy incontrastables que la dinámica del trabajo y el empleo y el gran aumento del desempleo son la expresión de un profundo proceso de transformación técnica y social de las economías occidentales. En las grandes masas de individuos afectados por esas transformaciones, por procesos de descalificación o que son expulsados de los procesos productivos, se expresa una situación de desajuste estructural (ritmo de innovaciones técnicas - adopción incorporación de las innovaciones -calificación de los recursos humanos).
 
Según este punto de vista, el desempleo no está relacionado a una crisis del sistema de producción, ni es una política destinada a forzar la rebaja salarial, ni a transformar la tecnología en un factor de incremento de las penurias y el esfuerzo del trabajador. Se le quita así todo carácter clasista, y por lo tanto el poder comprenderlo como la “salida” que impulsa una clase social (la burguesa) históricamente acabada, antisocial.
 
Por el contrario, según el punto de vista de la obra, el capitalista (un “innovador tecnológico y organizacional’) no logra “calificar recursos humanos” al mismo ritmo creciente y acelerado de “incorporación de innovaciones". Proceso frente al cual, en el Prólogo de la obra, es a la clase obrera a la que se la describe como reaccionaria, por oponerse al avance tecnológico: “Las respuestas sindicales frente a estos profundos cambios han mostrado estrategias defensivas para oponerse a la introducción de innovaciones tecnológicas u organizacionales,..” (bastardillas mías).
 
Esa oposición de la clase obrera está constituida, según las autoras, por “La defensa del nivel de empleo, los salarios reales y la conservación de los derechos sociales”, es decir, su propia defensa como clase y con ello, la del conjunto de los trabajadores, (en oposición) a la catástrofe capitalista.
 
Imbuidas de los clisés ideológicos del centroizquierda, tan en boga en los ambientes académicos, no pueden acertar sobre la médula de la cuestión, aunque su propia prosa las coloca al borde de una deducción lógica a la que no logran llegar, limitadas por la anteojera centroizquierdista.
 
Por ejemplo, en el Prólogo se afirma que "la búsqueda del incremento de la productividad, la reducción de costos... suele ir asociado a una mayor intensificación del trabajo” (bastardillas mías). La autora, ni por un momento se detiene a analizar por qué razón un paso adelante en la tecnología debería afectar “el nivel de empleo, los salarios reales y los derechos sociales”, o producir “una intensificación del trabajo", es decir, qué razón “estructural” haría que el “progreso técnico sea un retroceso social para el obrero (el productor).
 
Si se hubiera detenido en este análisis, habría llegado a la conclusión, sin mucho meditar, que es la sobrevivencia de las relaciones capitalistas de producción las que impiden un disfrute social del desarrollo de las “innovaciones tecnológicas". Es la solución capitalista para mantener su tasa de ganancia, que cae producto de la crisis capitalista y de la ...¡introducción de innovaciones tecnológicas! (cuando éstas significan un aumento del capital constante sobre el variable), lo que explica esta cuestión. Algo que es perfectamente claro desde El Capital de Carlos Marx; dicho esto, sin olvidar que los autores aún no han llegado a "conocer” de la existencia de clases sociales y de la lucha de clases, ubicándose ideológicamente en un tiempo de las ‘ciencias sociales” muy anterior a Marx.
 
Innovaciones tecnológicas: ¿De qué estamos hablando?
 
En el capítulo I, las autoras postulan que "En el terreno de la industria, la automatización no destruye las calificaciones sino que constituye una oportunidad para el nacimiento de nuevas competencias".
 
Esto lo afirma quien, se supone, no puede desconocer que la automatización implicó un aumento brutal de la productividad de los obreros de la fruta, en base a un aumento de su desgaste físico. En enero de 1992 se firmó un convenio salarial, que incluye “premios por productividad y presentismo", que llevó a que en el caso de los obreros empacadores, para cobrar el "premio por productividad” tuvieran que empacar 112 bultos de manzana y 94 de pera en plantas de tecnología convencional, pero se elevaba respectivamente a 168 y 141 (un 50%) en plantas con ‘‘nuevas tecnologías”.
 
Como afirma Alfredo O. Zgaib, en un trabajo que el diario Río Negro del 21/3/92 publicó bajo el título “La productividad desplazó a la indexación”, el acuerdo “ha permitido elevar la producción por hora en un rango que oscila entre el 20% y el 35%”, y cita un caso de “una firma empacadora de Alien que, con la misma dotación de 1991, elevó el número de bultos empacados en febrero desde 200.000 a 250.000”.
 
Con nueva tecnología o con la misma tecnología, lo que el capitalista persigue es el incremento de la productividad, es decir, la explotación del obrero. A esto las autoras lo califican como “...el nacimiento de nuevas competencias”.
 
El aumento de la explotación era (y es) el reclamo central de la CAFI (cámara patronal que agrupa a las principales empresas del sector), tal como queda expresado en la solicitada publicada el 20/12/91, donde reclama que “... en un contexto de emergencia y cambio productivo... cláusulas de productividad" (bastardillas mías).
 
Luego de la primera temporada con salarios bajo cláusulas de productividad, haciendo un balance sobre esta cuestión, Anahí Tappatá. de la Fundación Mediterránea, en otra publicación en el diario Río Negro del 30/8/92, titulada Ta crisis tiene sus exigencias", se muestra satisfecha y no deja de reconocer que “Incluso los premios por reducción de ausentismo (aun cuando ya cada trabajador cobre el 30% del salario básico por presentismo) se han escalonado de forma tal que constituyen un verdadero incentivo a la utilización máxima de la jornada laboral" (bastardillas mías).
 
Aumento de la superexplotación y extensión de la jornada de trabajo. ¡A esto se reducen las ‘‘innovaciones tecnológicas" de los capitalistas de la fruticultura!
 
No obstante, hay otro párrafo de Anahí Tappatá que no tiene desperdicio, ya que culmina su trabajo con la siguiente reflexión: “Quizás lo más importante de este acuerdo es que convierte en atractivas para los trabajadores las innovaciones tecnológicas, un elemento que puede contribuir a presionar a los empresarios para que las adopten” (bastardillas mías).
 
Lo que la “cavallana" dice es que sólo la posibilidad de incrementar la intensidad y la extensión de la jornada de explotación puede “presionar a los empresarios a adoptar innovaciones tecnológicas”. Es decir, de ninguna manera estamos ante “empresas dinámicas y competitivas” e “innovadoras", como se plantea en el libro, sino ante vulgares negreros de la peor especie.
 
Y esto es tan así, que de los propios cuadros estadísticos del libro surge, con claridad, que si hay algo que caracterizó a la fruticultura del Alto Valle del Río Negro, es su escasa “innovación tecnológica" en todas las etapas.
 
Por ejemplo, en el capítulo V de la obra se comparan los sistemas de conducción (plantación) en las chacras de los años 1962/65, con el año 1991. El sistema de espaldera es el más moderno, permite mayor rendimiento por hectárea y hace más fácil las tareas de poda, recolección, etc.
 
Después de treinta años de “innovaciones tecnológicas”, aún más de la mitad del sistema de plantaciones era tradicional. Pero como además, el censo frutícola del año 1988 informa que el 80% de las chacras no superaba las 25 hectáreas (chicas y muy chicas), y un 66% (dato del año 1987) eran explotaciones de tipo familiar (trabajo de toda la familia y sólo eventual contratación de terceros para tareas especiales como poda, cosecha, etc.), puede deducirse que una buena parte de esa escasa "innovación tecnológica” estuvo en manos de los pequeños chacareros.
 
El Censo Frutícola de 1993 indica que en el Alto Valle del Río Negro, sobre 3.995 tractores existentes, 3.449 (o sea, el 86,3%) tenía más de 14 años de uso. Los nuevos eran el 7,7%. Y las pulverizadoras con más de 10 años de uso, eran el 75,1%.
 
Variedades frutales obsoletas, sistema de plantación con predominio tradicional, maquinaria obsoleta, minifundio (sobre 5.757 chacras, unas 4.562 -79,24%- no superaba las 15 has., el límite de superficie para hacer rentable una explotación). ¿De qué se habla cuando se habla de “innovación tecnológica"?
 
La conclusión no es distinta en la etapa de la industria frigorífica, ya que si analizamos el cuadro N° 27 del Anexo A del libro, podemos apreciar que allí se compara la evolución de la capacidad frigorífica de acuerdo a los distintos grados de tecnificación.
 
En 1961, el 90,58% de la capacidad estaba en cámaras de sistema convencional y sólo el 9,42% restante correspondía a frigoríficos con alguna “innovación tecnológica” (atmósfera controlada, antecámara refrigerada, túneles de preenfriamiento).
 
En el año 1987 (casi 30 años después), el sistema convencional todavía tenía el 85,04% de la capacidad instalada y el sector “innovado tecnológicamente” había pasado al 14,96%.
 
Aún en 1995, según el relevamiento de frigoríficos frutícolas de Río Negro, en el marco del Censo Agroindustrial, apenas el 15,8% de la capacidad correspondía a atmósfera controlada.
 
El frigorífico con atmósfera controlada es considerado “el adelanto de mayor relevancia tecnológica de los últimos años”. En la presentación oficial de los datos del Censo Agroindustrial de 1993, el subsecretario de Fruticultura de Río Negro reprocha que “falta capacidad frigorífica”, “faltan túneles de preenfriado”. Y agregó: “De acuerdo al relevamiento que se hizo, nos damos cuenta que aumentó la cantidad de frigoríficos con atmósfera controlada, pero no aumentó mucho la capacidad... no es difícil ver que un productor tenga en su chacra un frigorífico con atmósfera controlada para poder llegar a esta época con la fruta y poder venderla a valores importantes”.
 
Más en detalle, se refirió al problema de la producción de peras, a las que “para producirlas en calidad, hay que trabajarlas en fresco... Esto hay que trabajarlo, al igual que el problema de los túneles de preenfriado. Porque cuando nuestras peras llegan a Europa mal, es porque no se produce el preenfriamiento necesario en el tiempo necesario. Esto es porque no tenemos acceso a túneles especiales como hay, por ejemplo, en California, donde en doce horas bajan la fruta a cero grado” (diario Río Negro, 6/12/95)
 
En este rubro, puede afirmarse, sin temor a equivocarse, que sólo la necesidad objetiva de poder manipular la producción de peras sin afectar la calidad, es lo que ha obligado a subir la "innovación tecnológica” en los frigoríficos, un mísero 6,5% en más de 30 años.
Respecto a las “innovaciones tecnológicas" en el empaque, el relevamiento del Censo Agroindustrial de 1995 puso al desnudo que, sobre 319 galpones empacadores, “sólo 24 poseen el sistema de volcado con hidroinmersión continuo, con lavadora, tratamiento de encerado, tamañado electrónico”, mecanismos que el libro detalla como la base de la “innovación tecnológica” en el sector del empaque.
 
Los datos objetivos desmienten los planteos de que estamos ante un proceso de "innovación tecnológica", y el concepto de las autoras acerca de que tal "innovación" es producto de “empresas innovadoras”
 
La “innovación tecnológica” queda circunscripta a algunos lugares muy puntuales, pero de ninguna manera es un fenómeno global (2).
Sí existe un fenómeno al cual, paradojalmente, el libro no se refiere, que viene produciéndose en los últimos años y está llamado a traer consecuencias en la producción frutícola del Alto Valle del Río Negro y el Valle del Río Neuquén. Se trata de la compra de grandes extensiones para la creación de chacras frutales fuera de estas zonas. Para este caso, en las zonas de Chimpay y Chelforó, y la zona del Valle Medio.
 
Estas zonas, netamente rurales, son el centro de asentamiento de los nuevos emprendimientos de los sectores integrados (sobre todo, los exportadores), quienes así buscan implantar en otras zonas las nuevas variedades frutales que requiere el mercado externo, con explotaciones de varios centenares de hectáreas, con trabajadores aislados de los centros politizados y sindicalizados del Alto Valle, y con un recorrido más corto hacia el puerto exportador para abaratar fletes. Incluso, algunas firmas (como Expofrut) instalan galpones y frigoríficos en el Valle Medio, lejos del "conflictivo Alto Valle”.
 
Esto niega que el "Alto Valle...” pueda estar ante un proceso de reconversión frutícola. Todo lo contrario, la tendencia de los pulpos exportadores es ir trasladando la producción y el empaque fuera del "Alto Valle...”, en un proceso más que de reconversión, de destrucción productiva para éste.
 
Subsidios al gran capital y saqueo del salario y del pequeño productor
 
Distintas coyunturas económicas o del mercado, así como las condiciones climáticas, han servido de excusa para que el sector capitalista reciba subsidios de todo tipo.
 
Un azote para las cosechas de frutas en el “Alto Valle...” son el granizo y las heladas tardías. Si bien técnicamente existen medios para proteger las plantaciones contra ambas contingencias climáticas, resultan caros desde la óptica capitalista.
 
Los grandes empresarios de la fruta, cada vez que reclaman un subsidio, un crédito que no piensan devolver o algún reintegro a la exportación, sacan a relucir la defensa del productor, amparándose en los miles de reales productores, pero en realidad “defendiendo” su propia producción, es decir, sus propias chacras, quedándose con la mayor parte de los subsidios que, bajo el eufemismo de “socorro a los productores", otorga el Estado.
 
Con el planteo de paliar los daños que el granizo y las heladas tardías causan al “productor", cientos de millones de dólares han ido a parar al bolsillo de los grupos monopólicos exportadores.
 
Miguel Miquel y Roberto Rappazzo Cesio, dirigentes de la Corporación Frutícola Argentina por el año 1986, plantearon “la preocupación del sector” por el vencimiento de la cuota de ese año de los préstamos en dólares sin interés que habían recibido, y que significaban “un pago del orden de Ios4.000.000 de dólares”, una cantidad “que equivale al doble de los que recibimos en concepto de reembolsos a las exportaciones" (diario Río Negro del 28/5/86).
 
Durante la gestión del gobernador Alvarez Guerrero (1983-1987), "fueron condonados entre 70 a 80 millones de dólares por las deudas nominadas en esa divisa, sin que mediara compromiso alguno de parte de los beneficiarios” (diario Río Negro del 27/12/92).
 
“Durante la administración de Massaccesi” de 1987 a 1995, (se instrumentó) la cancelación de deudas mediante la utilización de títulos de la deuda externa del Estado nacional (ídem). Es decir, las grandes patronales de la fruta se han beneficiado desde siempre con millonadas de dólares, bajo la forma de subsidios.
 
Además, históricamente, este sector recibió de los trabajadores una transferencia de recursos, ya que como exportan gran parte de su producción, fijan sus ingresos en dólares, en tanto pagan salarios en moneda nacional. En períodos de alta inflación, este "modus operandi” permite un jugoso negocio, por ejemplo, el dólar fruta en relación a los salarios pasó de 400 unidades en enero de 1989 a menos de 100 en mayo de ese mismo año (3). En cuatro meses, el costo salarial cayó estrepitosamente para los exportadores (4).
 
A pesar de esta fenomenal rebaja de los "costos laborales”, 108 trabajadores del empaque debieron ir a la toma masiva de galpones en enero de ese año para imponer un acuerdo salarial en paritaria, que recuperara parcialmente el poder adquisitivo perdido.
 
Esta transferencia de recursos, el sector exportador también la extrae al pequeño chacarero. "Este año el productor guardó su fruta en frío porque instituciones o personas, sin basarse en estudios serios, recomendaron esa política. Ahora nuestros productos tienen precios de 60 australes contra tarifas de 40 o 50” (5).
 
A moneda constante, si en 1972 se pagaba al productor $ 0,039/kg de fruta, en 1989 se paga $ 0,018/kg. Menos de la mitad (a moneda constante), en tanto las estadísticas mostraban que los años 1987, 1988 y 1989 baten récords de exportación de fruta por el puerto de San Antonio Este. Como casi 2/3 de la producción se exporta (en ese año salieron a exterior 202.000 toneladas, sobre 343.000 embaladas) y el 86% de esa exportación está concentrada en apenas empresas, puede calcularse la inmensa transferencia de recursos en favor de un puñado de pulpos capitalistas.
 
Pero con la “estabilidad" cavallana, a los grupos exportadores no les va peor. La producción del año 1992 es vendida a excelentes precios (esta cosecha ya se realizó y empaco con salarios sometidos a la productividad y presentismo), o cual lleva al diario Río Negro (vocero de los grupos expo a dores) a titular que “la coyuntura internacional provoca una lluvia de dólares para los exportadores” (bastardillas mías).
 
Y como sobre llovido, mojado, ese año los empacadores - exportadores son premiados por el Ministerio de Trabajo de la Nación, incluyendo a la provincia de Río Negro en a “emergencia ocupacional", lo cual les permite a las patrona es la contratación de obreros por tiempo determinado (eximición de la indemnización), el contrato de jóvenes aprendices , a eximición del pago del 50% de contribuciones patronales, etc.
 
Los “actores principales”
 
Luego de varios años de bonanza (los de la lluvia de los dólares"), la perspectiva de la temporada 1993 no se presentaba con iguales condiciones a las anteriores, lo que puso en marcha el operativo de “crisis” de las grandes patronales. En los primeros días de verano de 1993, días previos al inicio de temporada de cosecha, el presidente de la CAFI vaticinaba un “año negro”, por la “superproducción europea y las devaluaciones monetarias en ese continente" (Diario Río Negro, 9/1/93).
 
También se puso en marcha el tradicional operativo "golondrina”, como se le denomina a la migración de trabajadores del Norte argentino, sobre todo tucumanos, que "llegan” a la zona para trabajaren la cosecha. Esta migración, que se “justifica" en la escasez de mano de obra local, no se ha detenido ni en la cosecha de 1996, cuando la oferta de mano de obra desocupada de la zona era elevadísima; es decir, no responde a una “ley del mercado", sino que está directamente implementada por las grandes patronales del empaque como una forma de crear competencia laboral al inicio de cada cosecha, cuando se deben discutir los acuerdos salariales, y siempre en busca de presionar a la baja de los mismos.
 
El diario La Mañana del Sur del 7/1/93 es muy ilustrativo de esta cuestión. En una entrevista al presidente de una Agrupación Tucumana de Cosecheros de Manzana, éste cuenta que en sus oficinas de la ciudad de Tucumán, ubicadas en San Juan 763 de esa ciudad, a través del fax que tiene instalado, “... recibe los pedidos de las empresas de la región en cuanto a la cantidad y calidad de personal que requieren". Con el fax en la mano, este “buen servidor” se traslada al domicilio del elegido y luego, a través del Ministerio de Asuntos Sociales de la provincia norteña, se le paga el pasaje hasta la zona del Alto Valle. Agrega el presidente de la “Agrupación" que “... en octubre visitó el Alto Valle con el objetivo de levantar pedidos de contratación de obreros tucumanos. Hasta ahora han recibido solicitudes de Agronifa, Zetone y Tres Ases, las que especifican en el fax la cantidad qué requieren y para que época de la temporada".
 
Cada año, la flor y nata de la CAFI es la impulsora y beneficiaría de este proceso migratorio, que busca forzar una nueva baja salarial, aumentando artificialmente la oferta de mano de obra.
 
Es muy ilustrativo que, si bien en la caracterización de que 1993 se presentaba como un “año negro”, se mencionan sólo razones de los mercados externos, la “solución" de la CAFI, como todos los años, haya sido presionar para la baja salarial.
 
Esta constante puja ha motivado que, desde siempre, hayan sido los obreros del empaque quienes protagonizarán las luchas históricas en la fruticultura valletana, dirigida contra las patronales y el gobierno, algunas de las cuales, con toma masiva de galpones, como las de las temporadas de los años 1989 y 1990, fueron duramente reprimidas por las policías tanto de Río Negro como de Neuquén.
 
Estas luchas de los obreros han sido directamente ignoradas por el libro (al igual que el fenómeno de la migración promocionada). Pero no puede aducirse que las luchas concretas no son un objetivo de la obra, ya que dedica todo un análisis a los "tractorazos” (movimiento de protesta de los chacareros), a quienes define como los “actores principales de la resistencia" (Capítulo VIII), reservando, como ya vimos, a la clase obrera, el papel de "opositora a la introducción de innovaciones tecnológicas u organizacionales”.
 
El tractorazo de 1993
 
Ausente la clase obrera y sus luchas, en un libro que, entre otras de sus ¿paradojas?, está dedicado “A los trabajadores de la fruta de Río Negro y Neuquén", en la “visión de conjunto" se presenta a los chacareros como los "actores principales de la resistencia”, al calor del análisis de los llamados “tractorazos .
 
Veamos cuál ha sido el papel desempeñado en los "tractorazos" por los "actores principales de la resistencia”:
 
Durante el "tractorazo” de 1993, que es el analizado en el libro, las Cámaras de Productores reclaman contra el salario y contra los costos laborales y exigen mayor “flexibilidad laboral”, en unidad de acción con la CAFI. Al punto que la cámara de la gran patronal apoyó el “tractorazo”.
 
Esta unidad de acción con la CAFI, impulsada desde las directivas de las Cámaras de Productores y dirección política de los “tractorazos", expresa los intereses de los grandes chacareros, que contratan asalariados en forma permanente y no de los chacareros arruinados a los que dicen representar (6).
 
Días antes del “tractorazo", la CAFI había lanzado su propuesta de “reconversión", que era una verdadera declaración de guerra contra los trabajadores y los pequeños chacareros, ya que planteaba “...erradicar las explotaciones sin rentabilidad: aproximadamente la mitad de la superficie plantada con manzanos —equivalente a casi 20.000 hectáreas—y alrededor del 40 por ciento del área destinada a peras — unas 7.000 hectáreas—...", además de “...el descenso del volumen de cosecha vendido a la industria (no más del 15 por ciento del total), la defensa contra heladas del 65% del área cultivable y el incremento de la productividad laboral en el empaque...".
 
El programa de la CAFI, esencialmente antiobrero y por la liquidación del pequeño chacarero, es tomado por las direcciones del “tractorazo” como propio.
 
Por ejemplo, la Cámara de Cipolletti, en solicitada del 30/ 6/93, si bien critica el aprovechamiento de las patronales del empaque contra el chacarero, termina reclamando créditos a la exportación, eximición impositiva y por la eliminación de los aportes patronales y previsionales y contra el aumento del costo de la mano de obra.
 
De allí que resulte una "visión de conjunto" tergiversada definir a “Los pequeños y medianos productores, como lo han sido históricamente... (como) los actores principales de la resistencia...” (Capítulo VIII, pág. 212).
 
Estos no tuvieron una actuación independiente. Por más que sus intereses chocaran con los de la gran patronal, eran arrastrados por sus dirigentes a reclamar el programa de la CAFI. Y cuando el desarrollo de los “tractorazos" comenzó a poner al desnudo esta cuestión, los mismos culminaron.
 
Más tergiversada aún es la inclusión del Estado en una supuesta alianza obrero-chacarero-CAFI: “El análisis del caso de la fruta demuestra por un lado la manifestación regional del conflicto, y la alianza coyuntural con base territorial entre los distintos sectores sociales, incluyendo el Estado local, en defensa de los procesos de reproducción social (de la acumulación y de la fuerza de trabajo) dentro de un determinado territorio...” (Capítulo VIII, pág. 213).
 
Al contrario de lo que afirman las autoras, no se produce “una alianza coyuntural entre trabajadores, productores, empresarios integrados; que incluye a otros sectores de la comunidad local".
 
El planteo de la existencia de una “alianza coyuntural", no está abonado por ninguna base material que fundamente esa alianza en la concordancia de los intereses concretos de las clases en lucha. Por el contrario, a medida que se fue desarrollando el “tractorazo", lo que se verifica es la pugna de intereses entre los productores entre sí (los ligados al gran capital y los sectores empobrecidos), y entre éstos y los “empresarios integrados” (CAFI), ya que en las asambleas, la voz de los sectores productores más pequeños estaba dirigida contra las patronales del empaque y sus propios dirigentes (7), abriéndose una brecha entre los propios chacareros, que se reflejó en crisis en las directivas de varias Cámaras. Cuestión que se extendió aun dentro de la misma patronal del empaque (en 1994 hubo un intento de formar una cámara patronal de los pequeños y medianos empacadores).
 
Esta “alianza coyuntural" existe en la medida que las autoras se limitan a la “historia oficial” del conflicto, y explica por qué ni se menciona la represión del Estado (aquí sí, en alianza con... la CAFI) sobre los obrera.
 
Lo trágico de esa “alianza coyuntural", fue que de ella también participó la comisión directiva del Sindicato de Obreros y Empacadores de Fruta de Río Negro y Neuquén, que a su vez reclamaba contra la “flexibilización laboral" en el empaque. Pero aquí también hay que diferenciar entre la posición de los dirigentes y los intereses objetivos de su base.
 
Que esa alianza “en defensa de las economías regionales" existió y existe objetivamente, es precisamente la visión del CTA, del cual el sindicato de obreros del empaque es parte, y por eso apoyó los reclamos del “tractorazo", es decir, de la CAFI.
 
Esta comunidad de intereses obrero-patronales, "dentro de un determinado territorio”, "en defensa de los procesos de reproducción social...”, es la base de toda la política del centroizquierda en relación a las “economías regionales”, y la base teórica de sus Congresos del Trabajo y la Producción.
 
La verdadera historia pasa muy lejos de estas teorías centroizquierdistas: en la fruticultura, como no podía ser de otro modo, también se desarrolla una brutal lucha de clases, que a veces logra ser enmascarada por las direcciones del movimiento bajo el manto de la "defensa de la producción regional".
 
Conclusión
 
Aun reconociendo el esfuerzo investigativo del libro en cuestión, la manera de interpretar la realidad, infisionada de todos los lugares comunes de la vulgaridad centroizquierdista, mutila el valor del libro.
 
Queda pendiente, y debería ser un desafío para los propios autores de algunos capítulos, darle forma sistemática y globalizadora a la realidad sobre “el caso de la agroindustria frutícola del Alto Valle”.
 
 
NOTAS:
 
1- Curiosamente, en la Introducción, se plantea que la región del Alto Vallo del Río Negro y Neuquén, “...en conjunto conforman una región metropolitana de aproximadamente 500 mil habitantes”. En realidad, el censo del Indec de 1991 atribuye a toda la provincia de Río Negro una población de 506.772 personas. Los autores, para llegar a esa cifra en el Alto Valle del Río Negro y Neuquén deben incluir también en su cálculo a la zona de Neuquén Capital y Plottier. Para el caso de la capital, la actividad frutícola es casi inexistente en relación a su población y economía, y Plottier está ubicada sobre el río Limay, fuera del objeto de este estudio. Creemos más correcto denominar a la zona frutícola como “Alto Valle del Río Negro y Valle del Neuquén”. La aclaración tiene su importancia en el hecho de que se muestra mejor la magnitud relativa de la población ligada a la actividad frutícola si se define a la zona como proponemos.
 
2- Alfredo Palmieri, integrante de un consorcio que moviliza entre un 10% y un 15% de la producción del Alto Valle, es muy claro: “En general en toda la actividad hay un abismo entre la tecnología conocida y la que es de aplicación y generalizada”. Diario Río Negro del 13/10/91 (bastardillas mías).
 
3- Alfredo O. Zgaib: Diario Río Negro del 1/6/89.
 
4- “La inflación en un sector que en un 70% produce para exportación, dio posibilidades de negociación de salarios y de insumos en moneda local contra ingresos en moneda constante, lo que hacía que los costos se diluyeran a lo largo del ciclo. La inflación en definitiva, ayudaba en la estructura de costos ”. Diario Río Negro del 13/10/91 (bastardillas mías).
 
Hugo Sánchez, conductor de una firma líder fl uctícola decía: “La felicidad del Valle (sic) estuvo atada al tipo de cambio alto y a la inflación sostenida. En procesos así no es necesario ajustarlos costos si se liquida a los productores con 30 o 60 días de atraso, se licúa la factura del teléfono V el gas o se aprovechan los tipos de cambios múltiples para ingresar dólares en negro ” (Diario Río Negro, 27/12/92). Bastardillas mías.
 
5- Edgardo Kristensen, secretario del Movimiento Regional de Productores. Diario Río Negro del 15/10/89.
 
6- “No faltaron los que crecieron independizándose de las cooperativas en las que participaron en gestiones direcü vas y a expensas de relaciones adquiridas en ellas”. Evelyn Alias en Diario Río Negro del 3/2/92.
 
7- En tanto algunos dirigentes se sumaban al reclamo de la CAFI para exigir bajarlos costos laborales, reclamar créditos sin límite. eliminar impuestos a los ingresos brutos y sellos y la firma del Pacto Fiscal, etc., otros sectores rechazaban los créditos: «son un salvavidas de plomo”, dijo el presidente de la Cámara de Productores de Cipolletti. “Tomar préstamos es siempre muy riesgoso y yo tuve una muy mala experiencia”, dijo un productor de Alien. Diario Río Negro del 14/7/93.
 
En esta línea de expresión están todas las declaraciones de los pequeños productores entrevistados por los diarios de esos días. Se agregan también frases como ésta: “Uno vende la fruta (a los galpones de empaque o jugueras. Nota del autor) y no hay un contrato, no sabés cuándo la vas a cobrar ni cuánto vas a obtener . Diario Rio Negro. 16/7/93.
 
 

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