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La crisis de la IVa Internacional y las tareas de los trotskistas consecuentes

Por Oposición Trotskista Internacional
(*) Adoptada el 5 de enero de 1992
 
1. El trotskismo ortodoxo se basa en los firmes cimientos colocados por los documentos elaborados —siguiendo las tesis y resoluciones de los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista— por las tres primeras reuniones de la ^Internacional: La Conferencia del Movimiento por la IVa Internacional (1936); el Congreso de Fundación (1938); y la Conferencia de Emergencia (1940).
En los documentos de esas reuniones internacionales, las líneas programáticas generales, estratégicas y tácticas fueron señaladas, y ellas —tal como se fueron desarrollando y creciendo hasta el día de hoy sobre la base de la evolución histórica de las décadas posteriores— todavía constituyen el fundamento político del trotskismo ortodoxo.
 
2. La muerte de León Trotsky y la Segunda Guerra Mundial propinaron duros golpes a la Internacional. La guerra no sólo significó el cese de las relaciones directas entre las diferentes secciones, sino que además el baño de sangre extirpó a varios de los más importantes dirigentes de la Internacional, en particular en Europa.
 
El Secretariado Internacional, bajo la dirección del Partido Socialista de los Trabajadores de los Estados Unidos (SWP) fue capaz sólo en parte de cumplir sus responsabilidades de dirección política y organizativa del movimiento trotskista internacional. Sin embargo, la IVa Internacional pasó la prueba de la guerra, política y organizativamente, y durante el período de reorganización (1943/ 46), corrigió las desviaciones oportunistas que se habían desarrollado en ciertas secciones, por ejemplo la francesa.
 
3. En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, a pesar de un cierto crecimiento en militancia y un aumento de la influencia de casi todas sus secciones, la Internacional no se convirtió en un centro de organización de masas, como erróneamente habían pronosticado que ocurriría, antes de la guerra, Trotsky y todo el movimiento trotskista. La Internacional intentó acomodarse con este hecho sustituyendo el método dialéctico por una ortodoxia voluntarista: bajo la dirección de Pablo, la Internacional actuó como si la crisis de dirección del proletariado tuviera una resolución próxima y el desarrollo de la Internacional  como una organización de masas fuera fácilmente realizable.
 
Al mismo tiempo, la principal sección de la Internacional, el SWP norteamericano —usando como causa la reaccionaria Ley Voorhis, que prohibía a cualquier organización norteamericana mantener una afiliación internacional— se aisló del resto del movimiento. Tomando esta decisión, el SWP expresaba lo que eran realmente posiciones federalistas sobre cuestiones de organización internacional y se colocaba, en la práctica, como el ala derecha de la IVa Internacional.
 
Sin embargo, a pesar de todas sus equivocaciones, la Internacional continuó basando su política en el trotskismo ortodoxo. Las tesis de la Conferencia de Reorganización (1946) y el Segundo Congreso Mundial (1948), aunque contienen errores, deberían ser incluidos como parte del legado histórico de nuestro movimiento.
 
4. El primer fracaso oportunista serio de parte de la Internacional ocurrió en 1948 en ocasión de la ruptura entre Yugoslavia y el Kremlin.
En lugar de limitarse a defender a Yugoslavia contra cualquier posible ataque militar de la URSS, la Internacional caracterizó la ruptura de Tito con Stalin como una expresión del potencial revolucionario del Partido Comunista yugoslavo. El PC yugoslavo fue caracterizado como 'centrista de izquierda1 y era visto como desplazándose hacia el trotskismo, mientras se hacían más y más intentos de alcanzar un acuerdo tanto con el PC yugoslavo como con las fuerzas pro-Tito en los países capitalistas. Con la perspectiva última de la afiliación del PC yugoslavo a la IVa Internacional, estas políticas se mantuvieron hasta 1950. Claramente, esto implicaba una total incompresión de la naturaleza de la burocracia titoísta, resultado del deseo de encontrar, a cualquier costo, un atajo para llegar a las masas. Todavía, el deseode ganaral PCyugoslavo a la IVa Internacional clarifica la diferencia entre la política de 1948/50 y el pablismo clásico de 1951 en adelante. El oportunismo de 1948 abrió la ruta al revisionismo pablista pero definitivamente no alcanzó la profundidad del oportunismo del verdadero pablismo.
 
5. El revisionismo pablista, que emergió a fines de 1950 y triunfó en el Tercer Congreso Mundial de 1951, representaba una desviación oportunista de tipo centrista. Extrayendo una falsa lección de los inesperados acontecimientos del período de la posguerra (la consolidación y expansión del stalinismo con la creación de los estados obreros deformados a través de las transformaciones sociales en los países ocupados por el Ejército ‘Rojo’y en la victoria de las revoluciones en Yugoslavia y China; la guerra fría; y el fracaso del desenvolvimiento de la IVa Internacional), las posiciones pablistas fueron tan lejos hasta negar la necesidad de la lucha por construir partidos trotskistas de masas en todos los países del mundo. El rol de instrumento revolucionario era, en efecto, asignado a la burocracia dirigente de la URSS y a los partidos stalinistas, llevados a asumir ese rol por la presión revolucionaria de las masas y la confrontación con el imperialismo y la “inevitable” formación y posible triunfo de tendencias internas centristas. Las secciones de la IVa Internacional, ubicadas dentro de los partidos comunistas de acuerdo a la estrategia del entrismo “sui gene-ris”, debían limitarse a actuar como pequeños grupos de discusión entre cuadros, con el objeto de ayudar al desarrollo objetivo del proceso revolucionario bajo la dirección de los stalinistas. De esta manera, la desilusión por la falta de éxito en transformarse en organizaciones de masas condujo al liquidacionismo político.
 
6. Las contratesis presentadas en el Tercer Congreso Mundial por la mayoría de la sección francesa, aunque contenían ciertas equivocaciones y carecían de un balance de los errores anteriores, constituían una defensa del trotskismo ortodoxo contra el revisionismo pablista. Para la sección francesa, el costo de la defensa de sus posiciones fue §u expulsión de la Internacional en 1952.
 
7. Sólo la emergencia de tendencias internas ultra-pablistas, que llevaron el liquidacionismo a su extremo, condujeron a la sección británica y al SWP norteamericano a lanzar, en 1953, la lucha contra Pablo. Conducidos sobre la base de las concepciones federalistas del SWP, y de las relaciones entre direcciones nacionales separadas, esta lucha no llegó a alcanzar los resultados posibles.
 
El 16 de noviembre de 1953, usando como causa los métodos burocráticos de Pablo, el SWP rompió con la dirección pablista mediante una carta abierta en las vísperas del Cuarto Congreso Mundial, negándose a llevar adelante una lucha para ganar a la mayoría de la Internacional a la oposición a Pablo. Una semana más tarde, el 23 de noviembre, la expulsada mayoría de la sección francesa (PCI), la sección inglesa, la sección suiza y el SWP fundaron el Comité de la IVa Internacional (Cl), que declararon a Pablo y su Secretariado Internacional desplazados del poder, se autoproclamaron la nueva dirección del movimiento, e invitaron a los trotskistas de todo el mundo a agruparse bajo su bandera. Este llamado recibió una respuesta positiva de unas pocas secciones de la Internacional (China, Canadá), de la fracción dirigida por Moreno (Argentina), y de pequeñas minorías en otras pocas secciones. El rechazo de los antipablistas a desarrollar una lucha para ganar la mayoría, combinado con incorrectas tácticas en el momento de la ruptura, significaron que las dos terceras partes de la Internacional permanecieron con Pablo.
 
8. En la práctica, el Comité Internacional, basado en el federalismo organizativo, no representó de ninguna manera una respuesta bolchevique al pablismo. Se probó incapaz de extraer la más pequeña lección de la crisis de la Internacional. Las sucesivas políticas de las diferentes organizaciones (el entrismo de la organización morenista en el movimiento peronista; la política del PCI francés en relación al nacionalismo argelino y, más tarde, en relación a la socialdemocracia; la cada vez más marcada adaptación del SWP a los círculos de la pequeñoburguesía intelectual en los Estados Unidos; los zig-zags de la sección británica en su trabajo dentro del Partido Laborista Británico; etc.) demostraban claramente que el propio Comité Internacional —aunque obviamente en una forma menos seria que el Secretariado Internacional pablista— sufría de desviaciones oportunistas de tipo centrista, que su carácter federalista sólo podía exacerbar.
 
9. La reunificación alcanzada en 1963 entre el Secretariado Internacional pablista y un ala del Comité Internacional liderada por el SWP norteamericano fue el producto de la capitulación del SWP al pablismo, originada en el giro revisionista en curso hacia la derecha del propio SWP. Un elemento fundamental en este giro fue el impacto de la Revolución Cubana, que el SWP interpretó en términos impresionistas más que marxistas, llegando incluso a negar, al menos respecto a América Latina, la necesidad de luchar por la construcción de partidos trotskistas de masas y a abandonar abiertamente la estrategia de la revolución proletaria. Al mismo tiempo, el Secretariado Internacional, que acordaba con el SWP y sus aliados (Palabra Obrera de Argentina, Partido Obrero Revolucionario de Chile) en el análisis de la Revolución Cubana y del castrismo (que era presentado como una corriente marxista revolucionaria, aunque con limitaciones teóricas), continuó basándose en lo esencial en toda la política del pablismo liquidacionista. En los hechos, el Secretariado Internacional apenas descartó unos pocos elementos del análisis de Pablo (por ejemplo, la inminencia de la tercera guerra mundial) que obviamente se demostraron falsas, mientras que sus posiciones fundamentales continuaban siendo las mismas de 1951, de hecho con una más abierta capitulación hacia el nacionalismo pequeñoburgués en las colonias y ex colonias —posiciones que estaban vinculadas a una evaluación impresionista del nuevo período de desarrollo capitalista que siguió a la guerra. A partir de 1964, esta evaluación condujo a la teoría del ‘neocapitalismo’ con la consecuente subestimación de la actualidad de la perspectiva socialista y el papel revolucionario del proletariado en los países imperialistas.
 
A pesar de estas áreas de acuerdo político, la reunificación de 1963 representaba un bloque sin principios, al extremo de que numerosas cuestiones políticas fundamentales (tales como el “entrismo sui generis” en los partidos stalinistas y socialdemócratas en Europa), en las cuales persistían profundas divergencias entre el Secretariado Internacional y el ala del Comité Internacional encabezada por el SWP, no fueron confrontadas, con el objeto de evitar perturbar el proceso de unificación, mientras se establecía un acuerdo que en esencia garantizaba la recíproca independencia de los originales pablistas con respecto a Europa y del SWP con respecto a los Estados Unidos.
 
Significativamente, fue precisamente en el período inmediatamente anterior y posterior a esta reunificación que tuvieron lugar importantes rupturas del ala derecha del pablismo: la ruptura en 1962 de la fracción de Posadas del Secretariado Internacional, todavía adherido, suprahistóricamente, a todos los aspectos formales del pablismo original, incluyendo la inminencia de la tercera guerra mundial, y evolucionando hacia posiciones abiertamente pro-stalinistas; la expulsión en 1964 del Lanka Sama Samaja Party (LSSP) de Ceilán (ahora Sri Lanka), numéricamente la sección más importante y la única sección del Secretariado Unificado con una gran base de masas, que se pasó al reformismo contrarrevolucionario, entrando al gobierno burgués de Sirimavo Bandaranaike; y en 1965 la ruptura de la Fracción Marxista Revolucionaria, dirigida por el propio Pablo, en ese entonces asesor del gobierno de Ben Bella en Argelia, que llevó al extremo la posición del Secretariado Unificado (SU) sobre la prioridad de la revolución colonial por sobre la revolución proletaria en los países capitalistas adelantados y capituló ante el krushevismo, entre otras cosas apoyando a la URSS en la polémica con China, contra todo el resto del SU.
 
10. La lucha al interior del Comité Internacional contra la capitulación del SWP fue dirigida primeramente por la Socialist Labour Ligue (SLL) de Gran Bretaña y el Partido Comunista Intemacionalista (PCI) de Francia (más tarde Organización Comunista Intemacionalista, OCI, y desde 1981, nuevamente PCI). Esta lucha, sin embargo, no estaba basada en un genuino balance de la experiencia de posguerra del movimiento trotskista o del propio Comité Internacional. En efecto, la SLL y el PCI combinaban actitudes sectarias (sobre la reunificación en sí misma, rechazando participar en la reunificación con el objeto de luchar contra los pablistas en el seno de una Internacional unificada, lo que habría sido correcto - así como también sobre el carácter del Estado cubano) con el mantenimiento de una política esencialmente centrista de izquierda.
 
El Comité Internacional, mantenido por la SLL y la OCI con el apoyo de otras pocas organizaciones (Grecia, Hungría y la minoría de izquierda del SWP) en lugar de intentar, en su primer período (1963/66) extraer ciertas lecciones de su propia historia, no tuvo un carácter político cualitativamente diferente del Comité Internacional de 1953/62.
 
11. La Tercera Conferencia del Comité Internacional (1966) decididamente bloqueó cualquier posibilidad de evolución hacia la izquierda del Comité Internacional. En efecto, la Conferencia reafirmó el carácter federalista de la organización (una regla requería un voto unánime para adoptar una resolución) y señaló la supresión de una seria discusión política con la exclusión de la Liga Espartaquista de los Estados Unidos por expresar posiciones generalmente correctas sobre numerosas y fundamentales cuestiones, incluyendo la naturaleza del pablismo y de la crisis de la IVa Internacional, el origen de los estados obreros deformados y el carácter del Estado cubano, y la evaluación de las perspectivas económicas y políticas internacionales.
 
El condominio esencialmente bipolar de la SLL y la OCI establecido en la Conferencia de 1966 contenía en embrión las premisas de la ruptura del Comité Internacional en dos bloques contrapuestos. La profundización de las diferencias entre las políticas de los dos bloques (la adaptación de la OCI a la socialdemocracia internacional y su espontaneísmo oportunista; el nacional-trotskismo del SLL, sectarismo verbal -en especial respecto a la cuestión del Partido Laborista- y una concepción idealista de la relación entre partido y clase) de hecho provocaron primero la parálisis política y luego la definitiva fractura del Comité Internacional en 1971.
 
12. El SU también se reveló como una estructura inestable, aunque en menor medida que el Comité Internacional. A fines de los 60, una aguda lucha faccional se desarrolló en el SU, la cual, en realidad, recreaba la división entre el viejo componente pablista, de un lado, y el SWP y sus aliados, del otro. El primer componente, la mayoría, se adaptó al ‘izquierdismo’ pequeñoburgués que dominaba al radicalizado sector de la juventud estudiantil. Adoptó una línea de guerrillerismo vanguardista para América Latina. Y subsecuentemente, durante los 70, teorizó sobre la inminencia de un ‘choque decisivo’, en el cual el papel de vanguardia revolucionaria sería jugado por la así llamada ‘nueva vanguardia con influencia de masas’, esto es, la confusa mixtura de organizaciones centristas y espontaneístas construidas a partir de la radicalización juvenil.
 
Ante esto, el SWP y sus aliados -entre los cuales el Partido Socialista de los Trabajadores, de Argentina (PST), adquirió cada vez mayor importancia- le contrapusieron la defensa de posiciones formalmente ‘ortodoxas’. Eso fue, en realidad, una expresión de la profunda adaptación a la estructura política de la democracia burguesa y al revisionismo más clásico, como se demostró durante la revolución portuguesa de 1974/75 y la crisis argentina de 1975/76.
 
Esta lucha faccional se desarrolló de una manera inesperada en la segunda mitad de la década del 70. De un lado, el PST de Argentina, claramente más determinado que el SWP a dirigir una lucha contra la mayoría del SU y rechazando las posiciones cada vez más abiertamente oportunistas del SWP, construyó su propia fracción internacional, la Fracción Bolchevique (FB). Por otro lado, el SWP realizó un giro completo de orientación política, virando hacia posiciones castristas y profundizándolas hasta que finalmente rompió con el SU en 1990.
 
La agudización de la lucha faccional en el SU condujo a la ruptura de la Fracción Bolchevique en 1979 alrededor de la adaptación de la mayoría del SU a la dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la consecuente condena a la actividad de los trotskistas nicaragüenses y latinoamericanos que intervinieron en Nicaragua sobre las bases de la política de la FB.
 
13. La crisis de la IVa Internacional provocó más y más divisiones organizativas pero no significó una desviación de fuerzas del movimiento trotskista al terreno del reformismo y de la aceptación del capitalismo o el stalinismo. De hecho, sólo dos organizaciones rompieron decididamente con la perspectiva de la revolución socialista internacional -el Lanka Sama Samaja Party (LSSP) de Sri Lanka, que entró en el gobierno del Frente del Pueblo de Bandaranaike en 1964, y la ‘IVa Internacional’ posadista, ahora reducida a un fantasma político que viró hacia posiciones semi-stalinistas a continuación de su apoyo a la invasión stalinista a Checoslovaquia en 1968.
 
Algunas otras organizaciones, sin deslizarse hacia el terreno del reformismo o del stalinismo, rompieron con sus orígenes trotskistas.
Representan, en su presente estado de desarrollo, organizaciones de tipo centrista. Los ejemplos más importantes son el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) de Gran Bretaña y sus aliados internacionales -el Partido de los Trabajadores del Mundo (WWP) de los Estados Unidos; y el SWP de los Estados Unidos. El SWP británico nació como una ruptura de la sección británica de la IVa Internacional a principios de los 50. Se colocó en una posición de ‘tercer campo’ en relación a la lucha entre el imperialismo y el stalinismo y calificaba a las sociedades dominadas por este último como ‘capitalismo de estado'. El WWP nació de una ruptura del SWP norteamericano a fines de los 50 y se caracteriza por posiciones pro-stalinistas.
 
Sin embargo, la gran mayoría de las organizaciones que se presentan como trotskistas han recorrido un proceso de degeneración política más limitado, que las ha llevado a expresar políticas de tipo centrista o centrista de izquierda sin haber roto sus lazos fundamentales con el trotskismo. Esas organizaciones viven en la contradicción entre su trotskismo y el carácter centrista de sus políticas. Tomadas en conjunto con las pequeñas fuerzas que permanecen en el terreno del trotskismo consecuente, forman el movimiento trotskista mundial, la actual IVa Internacional. La IVa Internacional, aunque dividida en diferentes organizaciones -que deben ser consideradas, más exactamente, fracciones separadas de la misma organización-y dominada por varios tipos de política revisionista, no está muerta. Puede y debe ser políticamente regenerada y organizativamente reconstruida.
 
De las numerosas y variadas fuerzas del movimiento trotskista mundial hay cinco grandes organizaciones internacionales que contienen a la gran mayoría de los militantes que se identifican como trotskistas.
 
A. El Secretariado Unificado de la IVa Internacional (SU)
 
El SU es el principal heredero político del pablismo liquidador. Expresa este hecho, antes que nada, por su negativa a la necesidad de construir partidos trotskistas de masas en todos los países como instrumentos necesarios para la victoria de la revolución socialista. Absolutamente vale con esto, el objetivo del SU no es construir una IVa Internacional de masas sino la construcción de la así llamada "Nueva Internacional Revolucionaria’’, sin una base programática y política consistente.
 
En realidad, el SU continúa el viejo proyecto político pablista de liquidar el movimiento trotskista en una confusa amalgama centrista. El fracaso de este proyecto se debe al hecho que varios ‘socios’ buscados por el SU, ni siquiera cuando realmente existen y no son solamente una invención de su imaginación, no están interesados en una perspectiva internacional, incluso de tipo centrista, porque esto va mucho más allá de sus horizontes programáticos y políticos no revolucionarios.
 
Durante cuarenta años, los pablistas han buscado las mitológicas “tendencias centristas que evolucionan hacia la izquierda”, con las cuales fusionarse, pero nunca las han encontrado, porque esas tendencias o eran, en realidad, más o menos inexistentes -como las “corrientes de izquierda” en los Partidos Comunistas en los 50, o las “nuevas vanguardias con influencia de masas” en los 70-; o, no estaban evolucionando hacia la izquierda.
 
Esta política pablista llevó al SU a adaptarse política, programática y organizativamente a varias fuerzas centristas y reformistas de izquierda. El tipo de adaptación ha variado de un momento a otro. Así, desde 1968 a mediados de los 70 el SU capituló ante las confusas fuerzas de las organizaciones centristas y espontaneístas producidas por la juventud radicalizada de la “Nueva Izquierda”. Pero a fines de la década del 70, el SU cambió de dirección y comenzó a adaptarse políticamente a las direcciones socialdemócratas y stalinistas de los movimientos de masas.
 
La dirección del SU y la de sus más importantes secciones una vez más comenzaron a ver su relación con la clase obrera como necesariamente mediatizada por las direcciones de los partidos de masas y de los sindicatos o por secciones particulares de estas direcciones. De esto deriva el mito de la "unidad del proletariado”, interpretado como la necesidad de la unidad estratégica de las organizaciones del movimiento obrero, apoyo incondicional a la formación de "gobiernos de izquierda" a nivel nacional o local -por ejemplo, la actitud inicial de la sección francesa del SU, la Liga Comunista Revolucionaria (LGR), hacia el gobierno de Mitterrand en Francia en 1981- y adaptación a la izquierda reformista de los sindicatos en varios países.
 
Esta política continúa hoy en el entramado de la nueva situación de crisis general del movimiento obrero internacional. La política oportunista del SU particularmente se orienta hacia los reformistas de izquierda. Ejemplos son el apoyo no crítico que dio el SU al antiguo dirigente del Partido Comunista francés, Juquin, en 1988, y su actitud hacia la mayoría reformista del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil.
 
En los países oprimidos, el SU mantiene una adaptación a la política y la ideología de los movimientos nacionalistas pequeñoburgueses radicales, como se demostró en su apoyo no crítico al régimen sandinista en Nicaragua, al que presentó como un régimen de dictadura del proletariado en la estructura de un Estado obrero sano.
 
En todos los movimientos de masas no proletarias, el SU tiende a adaptarse a la ideología dominante y las posiciones pequeñoburguesas.
En los Estados obreros deformados y degenerados, por un largo período, la dirección del SU se ha adaptado a las fuerzas oposicionistas reformistas.
 
Las posiciones revisionistas de la mayoría del SU pueden ser rastreadas en la concepción objetivista del proceso revolucionario que el pablismo desarrolló desde el momento de su origen. Esta concepción implica una subestimación del rol crítico del factor subjetivo, consciente -el partido trotskista y el programa—y la necesidad de una lucha consciente, organizada, determinada, para desarrollar la conciencia socialista revolucionaria en las masas. Este objetivismo necesariamente significa la subrepresentación de la activa perspectiva trotskista de la revolución permanente a alguna suerte de proceso automático más o menos objetivo.
 
Pero en este proceso de desenvolvimiento, el revisionismo de la dirección del SU ha ido muy lejos hasta desafiar algunos elementos claves del marxismo revolucionario. Esto incluye el rol del partido de vanguardia como un instrumento necesario paia Ia revolución socialista y la incomprensión de la democracia proletaria como contrapuesta a cualquier forma de democracia burguesa.
 
El desarrollo revisionista de las posiciones de la dirección del SU fue expuesta claramente por la actitud que tomó frente a la crisis internacional del stalinismo.
 
Después de décadas de adaptación al stalinismo bajo la presión de la dominante actitud pequeñoburguesa de los funcionarios de movimientos oficiales de los trabajadores y fambién entre las masas, el SU viró hacia una actitud stalinofóbica. Se mostró incapaz de desarrollar una política basada en la defensa intransigente de la propiedad colectivizada de los medios de producción y en la contraposición de la perspectiva de una democracia de los consejos obreros como organismos de administración política y dirección de la economía planificada, tanto contra la dictadura burocrática como contra el giro hacia una democracia formal de tipo burgués. Por el contrario, la dirección del SU cayó en un democratismo completamente centrista, confundiendo democracia burguesa y dictadura proletaria y aplicando criterios formalistas a los problemas de la autodeterminación de las repúblicas de la ex URSS y Yugoslavia.
 
B. La Liga Internacional de los Trabajadores (Lit; morenistas)
 
La Liga Internacional de los Trabajadores (Lit) existe principalmente en América Latina y España. Su principal dirigente fue Nahuel Moreno, muerto hace algunos años, y su principal sección es el Movimiento al Socialismo (Mas, anteriormente PST) de Argentina, que Moreno encabezaba.
 
La Lit es la continuación política de la antigua Fracción Bolchevique del SU, constituida después de un corto período de unificación política con la corriente lambertista entre 1979 y 1981.
 
La tendencia morenista se ha caracterizado por las amplias variaciones y contradicciones en sus posiciones políticas, tanto en el curso de su historia como en diferentes países al mismo tiempo. Un sorprendentemente amplio espectro de perspectivas ha sido planteado por la Lit y sus antecesoras, desde la extrema adaptación a la burocracia sindical hasta posiciones antisindicales; del apoyo abierto a estrategias frentepopulistas hasta el rechazo de las tácticas de frente único con organizaciones reformistas y nacionalistas pequeñoburguesas; desde el embellecimiento de los regímenes stalinistas hasta formas de stalinofobia.
 
Lo que subrayan estos abruptos virajes es una pronunciada versatilidad oportunista, es decir, la ‘ideología’del ‘morenismo’ que es una corriente camaleónica incapaz de llevar adelante el proceso de construir partidos revolucionarios en el terreno de los fundamentos trotskistas.
 
El Mas argentino, como sus predecesores, tiene una historia de políticas profundamente centristas, incluyendo, a pesar de ciertos vuelcos a la izquierda y vacilaciones, la adaptación a la burocracia sindical, al nacionalismo burgués y al frentepopulismo, y el disimulo de los aspectos revolucionarios de su programa. Por varios años, además, el Mas siguió una política de bloque político y electoral con el Partido Comunista argentino, en este caso, también, con ciertos zigzags. Partiendo de una errónea concepción del frente único, los morenistas transformaron su bloque con el PC de una táctica específica por demandas concretas en una estrategia, a pesar del carácter políticamente reformista y organizativamente burocrático del PC.
 
En la cuestión central de la construcción de la IVa Internacional como la dirección de la futura revolución socialista internacional, la Lit, a pesar de sus críticas al oportunismo y liquidacionismo del SU, expresa posiciones contradictorias y confusas, que son potencialmente liquidacionistas. Por ejemplo, la Lit planteó en su propio “Manifiesto Internacional” la perspectiva de una internacional de masas "casi-trotskista”, que reagruparía a diversas fuerzas y en la cual los trotskistas, es decir aquellos con posiciones trotskistas, serían una minoría.
 
C. La Tendencia Internacional Militant
 
La Tendencia Internacional Militant (MT) es la proyección internacional de la Tendencia Militant (MT) de Gran Bretaña, históricamente dirigida por Ted Grant, que desarrolló un trabajo de entrismo dentro del Partido Laborista británico con un significativo éxito organizativo.
 
La MT tiene sus orígenes en la fracción mayoritaria de la sección británica de la IVa Internacional en la década del 40, el Partido Comunista Revolucionario (RCP). En los Congresos Mundiales de 1946 y 1948, el RCP planteó críticas generalmente correctas al análisis político de la dirección internacional, en particular respecto de la recuperación capitalista en el Oeste (de Europa) y la expansión del stalinismo en el Este (de Europa).
 
La fracción dirigida por Grant fue colocada al margen de la Internacional porque, irónicamente, no siguió la política de entrismo total en el Partido Laborista propuesta por el Secretariado Internacional y aplicada con su apoyo por una amplia minoría que rompió con el RCP. Por esta razón, la fracción de Grant no estuvo directamente involucrada en la ruptura de la IVa Internacional de 1953. Por los siguientes diez años, existió una relación contradictoria entre el grupo dirigido por Grant y el Secretariado Internacional pablista, y más tarde el SU.
Pasada la mitad de la década del 60, el grupo de Grant se separó del SU y se convirtió en la Tendencia Militant, por el nombre de su periódico, tuvo un desarrollo autónomo, primero como una organización nacional y, más tarde, con su propia extensión internacional.
La IMT se caracteriza por una estrategia general de ‘entrismo profundo’ de varias décadas de duración, primero en el Partido Laborista británico, e, internacionalmente, en fuerzas de tipo socialdemócrata. El IMT tiene posiciones extremadamente sectarias hacia las otras fuerzas del movimiento trotskista, a las que llama "Las sectas’.
 
La estrategia de ‘entrismo profundo' de la IMT produjo una política de adaptación-en parte formal, en parte sustancial-a las posiciones reformistas, por ejemplo, sobre la naturaleza del Estado burgués y sobre la necesidad de una insurrección revolucionaria de masas para destruirlo. Desarrollando una concepción espontaneísta de la 'conciencia socialista’ de la clase obrera, la IMT abiertamente critica la visión leninista del partido expresada en el ¿ Qué hacer? Reivindicando aplicar el método del Programa de Transición, la IMT tiende realmente a limitarse a sí misma a una propaganda general, sin intentar transformar las reivindicaciones transicionales en consignas de agitación, allí donde fuera posible.
 
La IMT ha expresado una seria adaptación al imperialismo, en particular, al imperialismo británico, enmascarada con una ampulosa retórica ‘socialista’ e 'intemacionalista'. Esto se expresa claramente en su actitud hacia la cuestión irlandesa. La MT condena demagógica y moralmente las acciones del Ejército Republicano Irlandés (Ira), igualando a los activistas del Ira con los paramilitares ‘leales’ y llamándolos “Tories (conservadores) verdes”. En la guerra de Malvinas, en 1982, la IMT efectivamente tuvo una posición muy alejada del antimperialismo: no apoyó a Gran Bretaña sino por las ‘sanciones obreras contra Argentina’ y por la hipótesis abstracta de una ‘guerra socialista’ contra la Argentina.
 
En el último período, la IMT ha pegado un viraje hacia la izquierda, en parte como respuesta dentro de la sección británica al largo proceso de su expulsión del Partido Laborista. El viraje fue realizado a través de una lucha fraccional que dejó en una pequeña minoría al antiguo dirigente Ted Grant, que permanecía fiel a la totalidad de sus viejas posiciones. Mientras la gran mayoría de los miembros británicos se alineaban contra Grant bajo la dirección de Peter Taaffe, la gran mayoría de los miembros de las otras secciones nacionales se alineaban con Grant. Este viraje a la izquierda, que está relacionado pricipalmente con el carácter del trabajo de entrismo en el Partido Laborista, no se ha traducido en un desafío general a las bases principales del revisionismo que recubre a la IMT.
 
D. El Centro Internacional de Reconstrucción (CIR, lambertistas)
 
El Centro Internacional de Reconstrucción (CIR) es la extensión internacional del Partido Comunista Intemacionalista de Francia (PCI, anteriormente OCI). El principal dirigente del CIR y del PCI es Pierre Lambert. En la práctica, todas las secciones del CIR están estrictamente subordinadas al PCI, que es profundamente nacional-trotskista.
 
Las principales características de la política del CIR son la capitulación ante la socialdemocracia en todo el mundo, la adaptación política a la conciencia sindicalista de la clase obrera, la transformación de la táctica del frente único (y del frente único antiimperialista en los países atrasados) en una estrategia permanente, stalinofobia, los “vendedores de crisis” políticas y económicas (la perpetua teoría de la “revolución inminente").
 
El CIR carece de cualquier democracia real interna, especialmente en el PCI francés. Su dirección ha cobrado notoriedad por sus campañas de mentiras y sus ataques gangsteriles contra sus oponentes políticos, particularmente en ocasión de las grandes rupturas de sus predecesores organizativos, el Comité de Organización para la Reconstrucción de la IVa Internacional (Corci, 1972/80) y del efímero bloque con la tendencia morenista en el Comité Paritario (1979/80) y la IVa Internacional (Comité Internacional, 1980/81), es decir las rupturas que condujeron a la creación de la organización de Varga en 1972/73, de la Tendencia Cuartainternacionalista en 1979, y la ruptura del bloque con los morenistas en 1981.
 
Desarrollando posiciones cada vez más antileninistas, el CIR, como las otras tendencias revisionistas, liquidó la perspectiva de construir partidos trotskistas en cada país y construir una IVa Internacional de masas. El CIR, de hecho, intenta crear las condiciones para unificarlas así llamada “tendencias legítimas de la clase obrera", reivindicando basarse en las tradiciones de la Ia y la IIa Internacionales, en contraposición al "sectarismo organizativo” de la IIIa Internacional.
 
Desarrollando esta perspectiva, el CIR mezcla un extremo oportunismo-ligándose a tendencias y organizaciones marginales a escala internacional y esencialmente reformistas o semi-reformistas, como el Mir venezolano -con los alardeos más demagógicos. En enero de 1991, el CIR, con sólo sus propias fuerzas más algunas pequeñas fuerzas aliadas reformistas y pequeñoburguesas, proclamó la llamada “Alianza Internacional de Trabajadores por una Internacional Obrera” y una sección continental, la "Alianza Europea de Trabajadores”.
 
En Francia, en noviembre de 1991, sobre una base semi-reformista y minimalista, el PCI proclamó el llamado “Partido de los Trabajadores”, que se suponía que iba a unir a las corrientes trotskistas, anarquistas, socialistas y comunistas. Este "Partido de los Trabajadores” no es más que un organismo burocráticamente controlado por el PCI, que reagrupa esencialmente a sus miembros y a sus estrictos simpatizantes más un cierto número de trabajadores individuales engañados por las mentiras lambertistas. Al mismo tiempo, la sección argelina de la ICR utilizaba la concepción oportunista de Lambert del frente único antiimperialista para justificar su apoyo político al Frente Islámico de Salvación Nacional.
 
La ICR es una de las más degeneradas y presumiblemente insalvables tendencias del movimiento trotskista internacional.
 
E. La Unión Comunista Intemacionalista
 
La Unión Comunista Intemacionalista (Lutte Ouvriere) — ICU— es la proyección internacional de la organización francesa Lutte Ouvriere (Lucha Obrera), con pequeños grupos en los Estados Unidos, las 'Antillas francesas’y las comunidades de inmigrantes africanos en Francia.
 
LO se originó de un grupo formado en Francia durante la Segunda Guerra con posiciones sectarias (el Grupo Comunista Lucha de Clases; Unión Comunista después de la Guerra), que en 1944 rechazó unificarse con las restantes tendencias trotskistas francesas en la nueva sección francesa de la IVa Internacional.
 
La principal característica revisionista de la política de LO es su obrerismo economicista, expresado en la virtual reducción de la intervención en la lucha de clases con reivindicaciones transitorias al reclamo por la escala móvil de horas y de salarios, combinado con una propaganda abstracta y popularizada por el socialismo. LO tiene el mito de construir un genuino partido obrero”, viendo equivocadamente la causa de la crisis de la IVa Internacional -una crisis que considera que se originó en el período de la formación de la IVa Internacional-composición pequeñoburguesa de la organización. Esta concepción evidencia el horizonte nacional de LO, porque aunque la sección francesa tenía objetivamente ese problema objetivo a fines de la Segunda Guerra Mundial, otras secciones n composiciones proletarias mucho más importantes -por ejemplo, el RCP británico; la sección belga Fl; el SWP estadounidense; el POR de Bolivia; y la SLLP de Sri Lanka -y eso no les evitó ni la crisis de la IVa Internacional ni tampoco los efectos degenerativos del nacional-trotskismo.
 
En base a estas posiciones, LO adoptó métodos no leninistas de intervención, organización interna y funcionamiento.
Como resultado, incluso aunque LO ha venido recibiendo votaciones relativamente importantes -alrededor de medio millón- en las elecciones francesas desde 1973 en base a su propaganda popular abstracta, fue incapaz de hacer uso de esas ganancias electorales para construir el partido revolucionario.
 
Lo ha sostenido tradicionalmente un análisis de los Estados obreros degenerados como semi-capitalistas de Estado, reconociendo a la Unión Soviética como un Estado obrero degenerado pero caracterizando los Estados obreros deformados como estados capitalistas.
Las posiciones obreristas de LO lo conducen a abstenerse de muchas luchas políticas. Esto tiene consecuencias extremadamente negativas en sus posiciones sobre la opresión especial, en particular la opresión de las mujeres y la opresión de los homosexuales. Respecto a éstos, LO refleja en gran medida las posiciones reaccionarias de los sectores atrasados de las masas.
 
F. Los grupos trotskistas más pequeños
 
Además de las cinco tendencias mayores que hemos indicado, existen otras varias tendencias menores. Algunas son organizaciones nacionales, en algunos casos con un rol relativamente significativo en su país, y ciertas tendencias internacionales, formal o informalmente constituidas.
 
Algunas de esas tendencias están a la izquierda de las organizaciones mayores del movimiento trotskista mundial y aplican políticas cercanas al trotskismo consecuente. Este es el caso, por ejemplo, del Partido Obrero de Argentina, que tiene algunas organizaciones solidarias en otros países de América Latina y de la Liga por una Internacional Comunista Revolucionaria (LRCI), cuya principal sección es el grupo Poder Obrero (Worker’s Power) de Gran Bretaña.
 
En general, sin embargo, estas organizaciones tienden a tener un horizonte esencialmente nacional, a subordinar la lucha por la IVa Internacional a sus perspectivas nacionales y a adoptar una actitud sectaria de construir sus propias pequeñas organizaciones desdeñando otras fuerzas trotskistas. Este es el caso, por ejemplo, con el PO y el Worker’s Power.
 
Si estas relativamente pequeñas, izquierdistas organizaciones trotskistas tienen éxito en separarse de sus perspectivas nacionales y sectarias, podrían jugar un papel significativo en la lucha por la regeneración política y la reconstrucción organizativa de la IVa Internacional. Pero esto sólo podría ser el resultado de una lucha política con esas organizaciones por parte de las fuerzas que comprenden las tareas de los trotskistas consecuentes en esta etapa histórica.
 
14. La IVa Internacional sufrió un grave proceso de degeneración política y fragmentación organizativa. Como una fuerza política unida, organizada, como el organismo de la dirección internacional del proletariado; como la organización mundial del genuino marxismo revolucionario, obviamente ha dejado de existir. Este hecho plantea la lucha por la dirección internacional proletaria en una forma extremadamente elemental como la primera tarea que enfrentan hoy los revolucionarios. La primera cuestión de la estrategia internacional, que los trotskistas ortodoxos, consecuentes, deben, entonces, recoger es la cuestión de cómo proceder en la actualidad en esta lucha elemental por la dirección internacional del proletariado.
 
Aunque políticamente degenerada y organizativamente fragmentada, la IVa Internacional no ha muerto políticamente. A pesar de su agudeza, la crisis histórica de la IVa Internacional todavía difiere cualitativamente de las de la IIa y IIIa Internacionales.
En agosto de 1914 la traición al internacionalismo proletario por parte de casi todas las secciones nacionales socialdemócratas el estallar la Primera Guerra Mundial marcó la conversión de la socialdemocracia en un agente contrarrevolucionario del imperialismo dentro del movimiento obrero, cuya función política principal era prevenir la unidad revolucionaria de los proletarios de todos los países y la toma revolucionaria del poder por parte de la clase obrera en cualquier país. El programa socialdemócrata de reformas, real o ilusorio, se convirtió principalmente en un medio para inhibir el desarrollo militante de la lucha de clase del proletariado atando a los trabajadores de cada nación a ‘su propia' burguesía y al desarrollo económico de 'su propio’ capitalismo nacional. El rol esencialmente contrarrevolucionario de la socialdemocracia fue confirmado por sus respuestas a la Revolución Rusa de 1917 y las situaciones revolucionarias que se desarrollaron a través del mundo inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial.
 
En 1933, la más importante sección de la IIIa Internacional fuera de la URSS, el Partido Comunista alemán, gracias a la grotesca línea del ‘tercer período' de la Comintern stalinista, se mostró del todo incapaz de montar una lucha seria contra el ascenso de Hitler al poder. En lugar de extraer abiertamente las lecciones de su catastrófico fracaso, la IIIa Internacional en su conjunto simuló que no se habían cometido serios errores políticos, mientras se movía, inicialmente a puertas cerradas, del ultimatismo burocrático y aventurerismo de finales de la década del ‘20 y principios de la década del ‘30, hacia la política gruesamente oportunista del frentepopulismo, en 1934/36. El frentepopulismo y la colaboración internacional de clases se convirtió en la principal estrategia de la IIIa Internacional, a la quefue sacrificada la misma organización de la IIIa Internacional, en 1943.
 
La incapacidad del Partido Comunista alemán o de la Internacional Comunista para responder de alguna forma comunista al ascenso de Hitler, llevó a Trotsky, en 1933, a pasar de la estrategia de luchar por la regeneración de la IIIa Internacional, burocratizada y centrista, a la estrategia de luchar por construir la IVa Internacional, caracterizando a la IIIa Internacional todavía como burocrática y centrista, pero ya incapaz de ser recuperada. Y con la adopción por parte del gobierno stalinista y de la Comintern de la política que abiertamente respalda “el derecho a la autodefensa nacional” por parte de los imperialismos “democráticos”, la Internacional Comunista se convirtió, alrededor de su VIIa Congreso en 1935, en una fuerza contrarrevolucionaria, en la práctica social-patriota, y empeñada en impedir la revolución proletaria mundial.
 
Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, los partidos stalinistas traicionaron a las clases obreras de Europa y Asia, impidiendo o abortando luchas revolucionarias. La extensión burocrática de la propiedad colectivizada en Europa del Este y, eventualmente, en el Este de Asia y en Cuba, no altera el carácter esencial del stalinismo como una fuerza contrarrevolucionaria internacional.
 
La IVa Internacional pasó por semejante transformación decisiva. Su degeneración y fragmentación ha llevado al desarrollo de un conjunto de organizaciones que, con pocas excepciones -esencialmente el SLLP de Sri Lanka y los posadistas-no puede ser consideradas como organizaciones contrarrevolucionarias consolidadas al interior del movimiento de los trabajadores. Las organizaciones internacionales y nacionales que se presentan a sí mismas como trotskistas difieren cualitativamente de las esencialmente contrarrevolucionarias formaciones socialdemócratas y stalinistas.
 
La gran mayoría de las fuerzas que han degenerado del trotskismo mantienen políticas que son generalmente revisionistas y centristas - o, en unas pocas instancias, ultrarevisionistas- sin romper abiertamente o liquidar completamente el programa trotskista.
 
Los pablistas han distorsionado el programa trotskista y lo han adaptado a varias corrientes no revolucionarias pequeño-burguesas y burocráticas. Han subordinado o negado el rol de los partidos trotskistas como la expresión necesaria de la independencia política de la clase obrera, en favor de la adaptación a fuerzas no revolucionarias y no proletarias. Las organizaciones del Comité Internacional de 1963/71 tendieron a combinar el adaptacionismo nacional-trotskista con extremas formas de sectarismo nacional-trotskista (Lambert más claramente caracterizado por la capitulación a la socialdemocracia; Healy por el colapso en el sectarismo loco).
 
Pero, de ambas partes de la ruptura de 1953, sobreviven organizaciones y tendencias cuyo revisionismo oportunista y sectario del trotskismo no han producido una completa y decisiva ruptura con las bases programáticas de la política proletaria revolucionaria. Esas organizaciones continúan emparedándose positivamente, de varias maneras, con el Programa de Transición de 1938.
Programáticamente, todavía permanece en la perspectiva de la dictadura del proletariado basada en la democracia soviética, todavía rechazan formalmente el frentepopulismo, todavía declaran su pertenencia al internacionalismo proletario, y todavía -con cierta confusión y ciertas significativas excepciones- mantienen el análisis trotskista de los regímenes stalinistas y de la necesidad de la defensa de las formas de propiedad colectivizada contra el imperialismo-incluso mientras revisan y distorsionan estos principios y se adaptan a corrientes hostiles a ellos. Son esencialmente organizaciones centristas, pero organizaciones centristas de un tipo especial.
 
Al continuar proclamando su adhesión, incluso de manera distorsionada, al programa revolucionario del trotskismo, estas organizaciones continúan atrayendo militantes que rompen hacia la política revolucionaria a partir de la socialdemocracia, el stalinismo y las formas convencionales de centrismo.
 
El rol actual y potencial de esas organizaciones “trotskistas centristas” como polos aparentemente marxistas revolucionarios de atracción de los trabajadores avanzados en la mayoría de los países avanzados, semicoloniales y países stalinistas, crea una situación altamente contradictoria, compleja y sin precedentes históricos, con implicancias fundamentales para las perspectivas estratégicas de los trotskistas ortodoxos que luchan por la regeneración política y la reconstrucción organizativa de la IVa Internacional. Esas organizaciones no sólo vacilan entre posiciones revolucionarias y oportunistas. Al continuar proclamando que se basan en el Programa de Transición, mantienen la capacidad de exponer a los cuadros, aunque inadvertidos, a las actuales posiciones trotskistas. Sus constantes vacilaciones entre el trotskismo y las políticas revisionistas tienden a generar no sólo frecuentes fracturas sino también choques de tendencias y fracciones internas, en las que, una y otra vez, algunos militantes se elevan a la defensa de al menos algunas posiciones trotskistas contra el revisionismo.
 
Todo esto significa que, aunque ampliamente las direcciones de estas organizaciones están endurecidas en sus posiciones revisionistas y adaptacionistas, estas organizaciones, vistas de conjunto en una escala internacional, tienden: a contener militantes que se están moviendo hacia posiciones trotskistas ortodoxas; a estar sujetas a un constante proceso de luchas limitadas por las posiciones trotskistas; y a mostrar una constante tendencia a atraer hacia ellas a trabajadores avanzados en búsqueda, en realidad, de la alternativa revolucioanria del trotskismo.
 
Para los trotskistas ortodoxos, dar la espalda a los trabajadores avanzados que están siendo atraídos hacia las posiciones trotskistas por las organizaciones ‘trotskistas centristas y a los militantes que luchan por las posiciones trotskistas dentro de ellas, sería un acto de sectarismo de proporciones históricamente trágicas. Mejor, la tarea de los trotskistas ortodoxos es desarrollar una tendencia internacional orientada estratégicamente hacia la reconstrucción de la IVa Internacional por medio de la ligazón, el apoyo y la organización de toda lucha por el trotskismo, en favor de todo desarrollo genuinamente trotskista en el mundo, tanto dentro como fuera de las grandes organizaciones "trotskistas centristas”.
 
En situaciones en la que se encuentran organizados independientemente, los trotskistas ortodoxos deben desarrollar un trabajo ejemplar en la lucha de clases de una manera que los convierta en genuinos polos de atracción para los trabajadores avanzados, tanto dentro como fuera de las organizaciones ‘trotskistas centristas'. Dentro de las organizaciones trotskistas centristas’, fracciones trotskistas deben luchar por la regeneración política de esas organizaciones, basándose en particular en las luchas que surgen sobre los problemas de intervención revolucionaria en la lucha de clase proletaria en curso.
 
En el sentido de que en todas las organizaciones derivadas de la crisis de la IV° Internacional y que reivindican basarse en el Programa de Transición, ciertas luchas conscientes por la regeneración política de la IV° Internacional han tenido lugar, están teniendo lugar, y deberán tener lugar en el próximo contorno algo amorfo del movimiento internacional en el cual los trotskistas consecuentes deben luchar para desarrollar y unificar todas las fuerzas genuinamente trotskistas en una IV° Internacional regenerada y reconstruida.
 
Esta perspectiva no significa que los trotskistas ortodoxos identifiquen o confundan de aguna manera su programa con el programa concreto y la política de los revisionistas pablistas o antipablistas. Tampoco significa que esas organizaciones ‘trotkistas centristas’ derivadas de la crisis de la IV° Internacional sean la única arena para la lucha por la regeneración de la IV° Internacional. Una fracción trotkista puede decidir entrar, de conjunto, en una organización ‘trotskista revisionista' internacional, para trabajar principalmente dentro de algunas de esas organizaciones, para funcionar principalmente como un grupo de organizaciones independientes, y así sucesivamente —dependiendo de las condiciones concretas que mejor favorezcan la lucha por regenerar la IVa Internacional.
 
Lo que el reconocimiento del carácter especial de estos agrupamientos centristas significa es que los trotskistas ortodoxos deben mantener una orientación estratégica hacia ellos. Más todavía, su carácter especial tiene un número de implicaciones prácticas específicas.
 
Dentro de las organizaciones ‘trotskistas centristas', debemos promover la formación de fracciones trotskistas ortodoxas, unidas sobre una base internacional con las demás -independientemente de las varias organizaciones internacionales o nacionales en las que respectivamente se encuentren interviniendo- y con las organizaciones trotskistas ortodoxas independientes, todos los componentes unidos formando una fracción trotskista internacional, organizada en base al centralismo democrático, tanto internacionalmente como en sus secciones nacionales.
 
Las fracciones trotskistas que luchan dentro de las organizaciones ‘trotskistas centristas’ no deben, como regla general, tener una orientación dirigida de antemano a un entrismo de corta duración, orientadas a fracturar rápidamente a esas organizaciones, ni tampoco, una orientación que nunca, bajo ninguna circunstancia, rompa con esas organizaciones. Más bien, la principal orientación táctica de estas fracciones trotskistas debería ser luchar de una manera disciplinada por sus ideas políticas dentro de las reglas de esas organizaciones y hacer a los dirigentes centristas claramente responsables por cualquier medida administrativa, como las expulsiones.
 
Estas consideraciones tácticas no implican que esté claramente establecido, garantizado, un curso de acción que necesariamente conduzca a la regeneración revolucionaria y la reorganización de la IVa Internacional. Tampoco estas consideraciones implican que es inevitable o incluso probable que tendremos éxito en regenerar una o más de las existentes formaciones ‘trotskistas revisionistas’. Sin embargo, sólo la estrategia flexible y dialéctica de una lucha semejante por la regeneración política, combinando un trabajo independiente en la lucha de clases proletaria con la intervención fraccional dentro de las organizaciones ‘trotskistas revisionistas' nos permitirá completar el complejo proceso actual, cualquiera sea su desarrollo concreto, el cual -a través de escisiones, fusiones, regeneraciones parciales y crecimiento del trabajo independiente- capacitará a la fracción trotskista internacional para ganar la mayoría política de los militantes que se orientan hacia el trotskismo en el mundo y transformarse en la IVa Internacional regenerada.
 
Se presentará una amplia serie de alternativas prácticas para el desarrollo de la actividad de los trotskistas ortodoxos. Los trotskistas deben estar preparados a ajustar sus tácticas al desarrollo concreto de la lucha por regenerar la IVa Internacional y al desarrollo concreto de la lucha internacional de la clase obrera -con la única condición de que mantengan la absoluta independencia política de la fracción trotskista ortodoxa internacional.

 

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