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Sobre el Secretariado Unificado y las corrientes trotskistas internacionales

Por Osvaldo Coggiola
La característica común a los agolpamientos ‘trotskistas’ internacionales (los que tienen algún significado político), en especial el Secretariado Unificado de la IV Internacional (SU), es su estructuración, social y política, en un campo hostil a la independencia de clase y la revolución proletaria. Esta constatación es el punto de partida para cualquier tendencia trotskista internacional que se proponga seriamente la tarea de reconstruir la IV Internacional.
 
¿Centrismo?
 
No se trata de organizaciones centristas, esto es, organizaciones basadas en la clase obrera que oscilan entre reformismo y revolución, ni tampoco reformistas, o sea, organizaciones de masas que postulen que el capitalismo puede gradualmente transformarse en socialismo como consecuencia de las reformas conquistadas por el movimiento obrero. Su referencia (cada vez más platónica) a Trotsky y a la IV Internacional (o sea, a la corriente histórica de la revolución) no es un atenuante, sino precisa la función política de esas corrientes: el bloqueo de la organización revolucionaria de la vanguardia obrera y luchadora en nombre de Trotsky, o sea, la castración del trotskismo (así como la función última del stalinismo fue cumplir el mismo objetivo en nombre de Lenin y la revolución soviética).
 
Bien entendido, esto no es el resultado de alguna conspiración ni de un desarrollo espontáneo, sino el remate de un desenvolvimiento histórico, cuyo componente central es el fracaso de la IV Internacional en estructurarse como corriente obrera revolucionaria o, lo que es lo mismo, el atraso de la vanguardia obrera revolucionaria en organizarse como partido mundial. Al mismo tiempo, así como la hipocresía es el precio que el vicio paga a la virtud, la sobrevivencia hipócrita de la referencia ‘trotskista’ evidencia la extraordinaria fuerza política y programática de la corriente creada por Trotsky en la década del 30, del mismo modo que el ‘leninismo’ stalinista evidenciaba, de modo burocrático y reaccionario, la sobrevivencia de las relaciones sociales creadas por la revolución soviética, la extraordinaria fuerza histórica de Octubre aún en la hora de su retroceso.
 
Otra cosa es afirmar que esos agrupamientos realizan esa tarea de modo consciente —las traiciones pasadas del stalinismo y la socialdemocracia demuestran el carácter difuso de los límites entre conciencia e inconciencia— o que no puedan surgir, eventualmente, grupos clasistas o revolucionarios en su interior (lo que no los distinguiría de otros partidos políticos). Nada de eso puede ser pretexto para eludir la tarea de poner en pie una corriente trotskista independiente, lo que no sería necesario si esas corrientes fuesen centristas y recuperables.
 
Afirmar que estas corrientes cumplen una labor progresiva por poner en contacto sectores de la vanguardia obrera y juvenil con la literatura trotskista es lo mismo que decir que el stalinismo es progresivo porque editó las Obras Completas de Lenin (más progresivo entonces que los trotskistas europeos, pues puso mucho más empeño en la tarea). El mérito en ambos casos no es de los epígonos, sino de los maestros, y la (mutilada) actividad editorial, el precio pagado para continuar cubriendose con la autoridad de éstos.
 
Sería unilateral, y por tanto falso, afirmar que el SU, el lambertismo o el morenismo se caracterizaron por algún desvío político-ideológico en particular. Lo característico de estas corrientes es haber vestido todas las camisetas políticas posibles: stalinistas, socialdemócratas, nacionalistas, castristas-foquistas, petardistas, ecologistas, etc. No se han caracterizado por algún desvío político específico (sería cuestión, en ese caso, de discutirlo y reformarlos), sino por la búsqueda de todo tipo de ejes políticos para disolver la tarea de erigir la IVa Internacional, esto es, la organización política revolucionaria de la vanguardia obrera.
 
Adaptacionismo y derechismo
 
Sostener actualmente que el SU "en los países atrasados mantiene una adaptación a la ideología y política de los movimientos nacionalistas radicales pequeño burgueses" (1) es unilateral, y lo es más todavía si no se precisa cuál es la función histórica de esos movimientos y su evolución política en la etapa reciente. En Oriente Medio e Irlanda, para tomar dos casos importantes, la posición del SU (y de lambertistas y morenistas) es francamente proimperialista. Apoyan los ‘procesos de paz’ patrocinados por los EE.UU. (que el morenismo llegó a calificar de “victoria de las masas”), situándose a la derecha hasta de sectores nacionalistas que los condenan.
 
En Oriente Medio, los Acuerdos de Oslo se basan en declarar "disputados” los territorios antiguamente definidos como "ocupados" por la ONU. Inprecor (SU) publicó un artículo ditirámbico sobre el finado Yitzhak Rabin, elogiando el “pasaje de una sociedad consensual para una normal (sic) y pluralista” en Israel, y afirmando que ‘ios sentimientos democráticos y pacifistas, aparecidos espectacular y masivamente en los últimos días, permiten ver el futuro con esperanza" (2). El conjunto de estas tendencias abandonaron la lucha contra el Estado sionista, correspondiendo a la tendencia Militant la teorización de que cuatro décadas de ocupación "crearon una conciencia nacional israelí", así como el abandono de la lucha por la unidad y liberación nacional de Irlanda, en nombre de la “unidad socialista de Gran Bretaña", ofreciendo el pretexto “de izquierda" a la traición de la dirección burguesa del nacionalismo irlandés, el Sinn Fein, que entrega la lucha nacional al amo inglés y al Imperialismo yanqui. Nada que sorprenda en una corriente que, en la guerra de las Malvinas, proclamó su neutralidad (objetivamente favorable al imperialismo inglés), en nombre de una "Federación Socialista de Inglaterra, Argentina y las Falklands” (sic), lo que la situó bien a la derecha del nacionalismo radical irlandés que, por lo menos, apoyó a la Argentina.
 
La Oposición Trotskista Internacional (ITO) es consciente de los datos de esta evolución, señalando, por ejemplo, que “artículos en la prensa de las secciones de la Internacional (SU) no se oponen a una intervención imperialista (en la ex-Yugoslavia) o la defienden activamente" (3) o que, en Irán, el SU rompió con su sección oficial para pasar a apoyar a un grupo islámico defensor de la represión a rajatablas de los partidos de izquierda, inclusive los trotskistas (4). Dos botones de muestra entre decenas de los últimos 45 años, que deberían llevar a cualquier militante honesto a sacar una conclusión política definitiva sobre la naturaleza del SU. Cuando éste ingresa en movimientos nacionalistas y/o pequeño burgueses “amplios” lo hace para apuntalar sus tendencias más derechistas, como en el PT brasileño, donde la sección del SU es la punta de lanza de la dirección burocrática contra su ala izquierda, después de haber presidido los tribunales disciplinares que expulsaron a los trotskistas: o México, donde el SU declaró inicialmente su neutralidad frente a los “acontecimientos de Chiapas" (¡llegó a pedirla intermediación de la Iglesia!), para después, y en la medida de la evolución derechista del EZLN, plantearse el ingreso en el mismo, para apuntalar esa evolución, hasta contra los sectores refractarios de la base zapatista (5).
 
En el Foro de San Pablo, que congrega a la mayoría de la izquierda latinoamericana, el SU, a pesar de toda su demagogia contra el
“neoliberalismo”, apoyó toda la evolución programática en dirección de un acuerdo estratégico con el imperialismo yanqui. Entre Yugoslavia, Irán, México y Bolivia, la distancia geográfica es grande, pero la distancia política nula, tratándose de las posiciones del SU.
 
Degeneración y parasitismo
 
Las posiciones actuales del SU son, simultáneamente, la conclusión de un largo proceso político y un aspecto de la espectacular evolución proburguesa de la izquierda mundial en los últimos años. Pero así como esto último no es una disculpa, lo primero no fue un proceso solamente ideológico. El “pablismo” (la apología de la burocracia rusa en nombre del “trotskismo”) fue la expresión teórica de la incapacidad en construir revolucionariamente la IV Internacional. Así como 1938 no fue el momento mágico de la fundación de la IV, el III Congreso Mundial (1951) no fue el momento mágico de su degeneración. Las raíces de ésta deben buscarse en los problemas políticos enfrentados por la Internacional después de la muerte de Trotsky, durante la II Guerra Mundial y en la inmediata posguerra, así como en la propia debilidad política y social del movimiento que le dió origen en la década del 30, a pesar de la presencia formidable de Trotsky y de otros militantes excepcionales (casi todos asesinados durante la guerra).
 
El pablismo no constituyó solamente una tara teórico-política, sino también, en la medida en que la lucha de clases —como la naturaleza— no tolera el vacío, en un proceso que transformó a esas corrientes en expresión de otras clases sociales. El SU tuvo la “ventaja” de expresar cabalmente ese proceso, al teorizar, por ejemplo, la sustitución del liderazgo proletario de la revolución por el campesinado o la pequeño burguesía radicalizada, característico de su adhesión al foquismo en América Latina, o a las teorías académicas sobre las “nuevas vanguardias" en Europa.
 
En la medida en que mantuvo una referencia formal al trotskismo (a la independencia de clase), esto determinó que el SU y sus consortes pasasen a ser crecientemente, sólo una expresión parasitaria de las corrientes pequeño burguesas u obreras contrarrevolucionarias. Como dijimos hace ya tiempo, “al margen de la evolución política concreta de la clase obrera, el pensamiento que se reclama del trotskismo entra en el plano de la especulación aberrante, porque es arrastrado por la presión de los partidos pequeño burgueses y pretende conservar su fisonomía defendiendo una independencia que no tiene, desvinculado de su clase social. En esas condiciones, una comente no puede existir más que como expresión vergonzante de otras” (6).
 
Del revisionismo al democratismo burgués
 
La irreversibilidad del proceso del SU evidencia en el invariable curso derechista seguido después de cada desastre político. Tras la catástrofe “vanguardista" y foquista, el SU produjo una autocrítica vergonzosa, que ni hacía referencia a los delirios guerrilleristas del IX Congreso Mundial (1969) (7), y que fue calificada de puramente formal hasta por las propias corrientes internas del SU (8). La formalidad de la autocrítica, sin embargo, tenía un contenido más profundo, la preparación de un viraje derechista, consagrado en 1978 con la aprobación del documento programático Democracia Socialista y Dictadura del Proletariado, que es una teorización de la aproximación entre el imperialismo y las fracciones "democratizantes" de la burocracia, que se producía en torno a la política de “derechos humanos” de Cárter y al surgimiento del “eurocomunismo".
 
Bajo el pretexto de ofrecer un sistema de garantías contra la burocratización de una futura dictadura proletaria, el documento subordinó la revolución a un Estatuto de Garantías para la burguesía. “Libertades políticas ilimitadas para la burguesía mientras ésta no cometa actos de fuerza contra la clase obrera”: ¿cuáles serían esos actos? ¿Cómo medir su fuerza? ¿cuál es el sentido de esas abstracciones cuando se desconoce el curso concreto de la guerra civil en un país determinado? So pretexto de “democracia obrera” se extendía por anticipación un certificado de garantías a las organizaciones patronales, cuya legalidad y derechos se legalizaban de antemano.
 
"La democracia obrera implica la extensión de los derechos democráticos de los trabajadores, superando los derechos disfrutados bajo la sociedad burguesa”: al pie de la letra, esto significa excluir a las centenas de millones de trabajadores de los países atrasados que no gozan de esos derechos. En realidad, significa que lo único que está prohibido es el “derecho” de los trabajadores de ejercer su dominio político en la sociedad. El único “mérito” del nuevo “programa” del SU fue el de anticipar la derive democratizante de toda la izquierda mundial, en realidad apadrinarla: ¡si hasta los trotskistas estaban de acuerdo!
 
Sólo nuestra corriente produjo una delimitación marxista con relación a ese programa, así como en relación a la única reacción que produjo en el SU, producida exactamente por su corriente más democratizante (el morenismo) que, en un acto de oportunismo sin límites, se libró a una verdadera apología de la burocracia, demostrando el completo agotamiento del “marxismo” en el SU (9). El paso lógico siguiente fue el abandono de la dictadura del proletariado, lo mismo que hicieron sus opositores “izquierdistas", quienes luego de romper con el SU, se organizaron en una corriente, la LIT, que, de salida, abandonó la dictadura proletaria, declarándose favorable a un “régimen de democracia obrera" y al “socialismo con democracia" (o sea, a la reforma de la burocracia) (10).
 
Democratismo y burocracia
 
Concluía un curso revisionista: lo que en el pablismo era revisionismo empírico, se transformó con Mandel en revisionismo orgánico, con la teoría del "carácter inevitable de las deformaciones burocráticas en la sociedad de transición" (11): la burocracia expresaba una necesidad histórica, no siendo, como para Trotsky en La Revolución Traicionada, una camada social restauracionista.
En vísperas de la “perestroika”, esto llevó al SU. en su Congreso de 1984, a “no acordar ningún crédito a las hipótesis descabelladas sobre el hundimiento próximo de la economía soviética" y, más aún, a pronosticar que el futuro inmediato pondría “en evidencia que la reconciliación entre Nixon y Mao, o entre Cárter y Deng Tsiao Ping, como antaño el pacto Hitler-Stalin, sólo tiene un sentido coyuntural, y no un significado estructural concerniente a la naturaleza social de la República Popular China” (12).
 
En el mismo momento, PO, al hacer referencia al acuerdo establecido entre Inglaterra y la burocracia china para la restitución de Hong Kong en 1997, afirmaba que "la integración a un Estado Obrero de un territorio donde se mantiene la explotación capitalista, significa un principio de transformación de la burocracia en clase social, porque a partir de ese hecho el Estado burocrático pasa a ser un garante de la reproducción del régimen capitalista. El pasaje a la defensa de un régimen de explotación capitalista en una parte del territorio plantearía un cambio de caracterización de la burocracia" (13).
 
No se trata (sólo) de una mayor clarividencia política, sino principalmente de una cuestión de programa: al hundirse los regímenes burocráticos y abrir la propia burocracia un curso declaradamente restauracionista, el SU, haciéndose eco de la propaganda imperialista acerca del “fin del comunismo", declaró caduco el pronóstico de Trotsky (la revolución política), en el exacto instante en que el único pronóstico que se revelaba 100% equivocado era...el del propio SU.
 
El XIII Congreso del SU (1991) decretó, entonces, el fin del ciclo histórico de la revolución socialista, al declarar que “la Revolución de Octubre ya no representa la referencia estratégica central por la cual se definen los revolucionarios de todo el mundo” (14), o sea que, tal cual la propaganda burguesa, el fin de la burocracia equivale al fin del comunismo. El Congreso reveló también la descomposición organizativa del SU, con la deserción de secciones enteras (el SWP de los EE.UU., la LCR de España, etc.) (15).
 
Programa capitalista
 
El XIV Congreso Mundial (1995) reafirmó la caducidad del trotskismo y la inactualidad de la revolución, partiendo, Para el análisis de la situación mundial, de la existencia de una onda larga recesiva que se traduce en una transformación profunda de la lógica de la acumulación" (16). Un análisis tan largo cuanto superficial de la situación económica y política mundiales, en que la lucha de clases ni siquiera es mencionada, concluye afirmando que los cambios en curso no son coyunturales, se trata de una transformación histórica del modo de producción capitalista’’(17). Terminado el ciclo histórico de la revolución socialista, está abierto, Por tanto, el de la revolución capitalista: el SU, sin embargo, fio saca las conclusiones últimas de sus propios planteos (aunque la posibilidad de la autodisolución esté evocada en los textos del Congreso).
 
Se trata de un patrón de evolución común a todos los a9rupamientos internacionales. La última teoría lambertisa es la del “imperialismo senil": como, según Lenin, el imperialismo es la fase senil del capital, cabe ahora suponer que exista una "senilidad de la senilidad", y así sucesivamente, como en el problema de la flecha y su blanco de la Asofia griega. Del desarrollo actual de la especulación capitalista, se deduce que ya no funcionan (o casi) las leyes del capital enunciadas por Marx, y se plantea la “reindustrialización" y “el alcance revolucionario del combate para retomar el consumo", para concluir con este genial descubrimiento económico: “el aumento del consumo llevaría al aumento de la producción de mercancías... único punto de Partida de una verdadera retomada económica" (18). Después de una evolución grotesca, el lambertismo concluye a la derecha de la socialdemocracia histórica, para la cual, por lo menos, el programa mínimo no era una estrategia (y que n° hacía la apología de la producción de mercancías, o de la Producción capitalista).
 
La LIT morenista se revela también una completa ficción Política, enfrascada actualmente en una discusión en la que, a Partir de los conceptos creados por la propia economía burguesa (globalización, posfordismo, etc.) se considera también la existencia de una nueva fase histórica del capitalismo, siendo su crisis no un síntoma de su agotamiento, sino la partera de un capitalismo “global", emancipado de las economías y los Estados nacionales (19), lo que significaría que ha superado su principal contradicción histórica, la que lo condujo a su decadencia imperialista y a dos conflagraciones mundiales.
 
Ninguna corriente ‘trotskista’ parte del punto de partida elemental para el análisis de la situación actual: en el cuadro de su decadencia histórica y de la crisis más profunda de su historia, el punto álgido alcanzado por la abstracción del capital y la internacionalización sin precedentes de la producción, entran en choque también sin precedentes con el refuerzo de las fronteras nacionales y de la explotación imperialista (proceso expresado en la guerra comercial, industrial y financiera: en la formación de bloques regionales alrededor de las potencias; en el fabuloso endeudamiento externo; en el refuerzo policial y militar de los Estados y en la virulencia de los conflictos locales). Si el desarrollo capitalista se caracterizó históricamente por la contradicción entre el carácter cada vez más social de la producción y el carácter cada vez más privado de la apropiación, en la era imperialista esta contradicción se desdobla en el carácter cada vez más internacional de la producción y el carácter cada vez más nacional de la apropiación, que alcanza actualmente su paroxismo.
 
La IV° Internacional
 
La evolución cada vez más derechista de los agolpamientos “trotskistas" no obedece a un centrismo empírico, sino a una profunda evolución programática en dirección del capital, que hunde sus raíces en los errores pasados, en el modo burocrático-empírico con que se los enfrentó, y en la pérdida del filón clasista. La conclusión política que se impone es clara: con independencia de sus oscilaciones coyunturales, el SU y consortes están completamente degenerados desde el punto de vista marxista y perdidos para la tarea de erigir la internacional obrera.
 
La crisis de dirección del proletariado mundial exige una política obrera internacional: sólo ella puede ofrecer una salida a esa crisis. Las ideas forman los cuadros. El legado del trotskismo para esa política es el Programa de Transición, y la propia continuidad histórica, pues la nueva Internacional deberá comenzar su trabajo allí donde lo dejaran las precedentes. Como sólo se puede construir sobre la historia concreta y no en el vacío, la Internacional a ser reconstruida es la IV: su reivindicación no es una reivindicación sectaria del trotskismo, sino la retomada de un trabajo histórico emprendido por el proletariado mundial en el último siglo y medio.
 
 
Notas:
 
1. ITO. The Crisis of the Fourth International and the Taks of Consistent Trotskyists. Bulletin of the Faction for the Trotskyist International, vol. 1, marxo 1992
2. Inprecor n°397. París, diciembre 1995.
3. Bulletin Trotskyste n" 2, enero 1993.
4. Appel pour la Constitution d’une Ten-dance de Gauche dans la QI, Bulletin de Débat International n° 7,13éme. Congrés Mundial, noviembre 1990.
5. Cf. Osvaldo Coggiola. La Crisis Mexicana y la Guerrilla Zapatista. En Defensa del Marxismo n° 10, Buenos Aires, diciembre 1995.
6. Julio N. Magri. El Revisionismo en el Trotskismo, Buenos Aires. Política Obrera, 1973.
7. Inclusive, en el caso de países donde haya grandes movilizaciones y conflictos de clase urbanos, la guerra civil tomará formas variadas de lucha armada, en las cuales el eje principal será la guerrilla rural, término cuyo significado esencial es geográfico-militar, no implicando una composición social principalmente campesina... América Latina entró en un período de explosiones y conflictos revolucionarios de lucha armada y guerra civil en escala continental... La única perspectiva realista es la de una lucha armada que puede durar largos años. No se puede concebir la preparación técnica sólo como uno de los aspectos del trabajo, sino como su aspecto fundamental a escala internacional.
8. Cf. Jack Bames. El Significado de la Autocrítica sobre América Latina de la TMI del SU. Boletín Interno del CORCI n° 4, 1977.
9. Cf. Aníbal Romero. La '‘Dictadura Revolucionaria del Proletariado” según Nahuel Moreno, Internacionalismo n° 2, diciembre 1980; reproducido en En Defensa del Marxismo n° 13. Buenos Aires, julio 1996.
10.Manifiesto de la Liga Internacional de los Trabajadores, octubre 1985.
11.Emest Mandel. De la Bureaucratie, Cahiers Rouge n" 3. París, 1969.
12.Proyecto de Tesis sobre la Situación Internacional del Secretariado Unificado, Boletín Interno de Discusión Internacional n° 7, junio 1984.
13.Prensa Obrera n° 56, 17 de octubre de 1984.
14.Inprecor n° 86. Madrid, septiembre 1991.
15.Cf. Aldo Ramírez. El XIII Congreso Mundial del Secretariado Unificado de la IV Internacional, En Defensa del Marxismo n°4. Buenos Aires, abril 1992.
16. Resoluciones del XIV Congreso Mundial de la IV Internacional, Inprecor n°50, México, noviembre 1995.
17. Em Tempo n° 282, San Pablo, junio 1995.
18. Daniel Gluckstein. O Imperialismo Senil, San Pablo, O Trabalho, 1996.
19. Discussao sobre Economía e Reestru-turayáo Produtiva, Boletim Especial. LIT-QI, enero 1996.

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