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¿Puede Rusia convertirse en otra Albania?

Conferencia pronunciada en Nueva York, el 30 de marzo de 1997, ante la Conferencia de estudiantes Socialistas.
Por Savas Michael-Matsas
Dirigente del EKK, Partido Revolucionario de los Trabajadores, de Grecia, que participó en la reunión de partidos y organizaciones trotskistas realizada en Génova en marzo de este año. 
Conferencia pronunciada en Nueva York, el 30 de marzo de 1997, ante la Conferencia de estudiantes Socialistas. 
 
 
1. ¿Adónde va el país de Octubre, ochenta años después de la Revolución, la posterior tragedia del stalinismo, su desastroso colapso y el giro abiertamente contrarrevolucionario hacia la restauración capitalista?
 
Una famosa cita de Marx, convertida en un dogma conservador por sus epígonos en la Segunda Internacional, fue que los países más avanzados muestran el futuro a los menos desarrollados. Octubre de 1917 y, antes, la teoría de la revolución permanente de Trotsky, refutaron el dogma y demostraron la esencia actual de la teoría de Marx. En nuestros días, ¿puede el país más atrasado de Europa, el más aislado y marginal entre los Estados del ahora difunto socialismo realmente existente, el eslabón más débil en la cadena de las economías en transición hacia el capitalismo, a saber Albania, puede su presente levantamiento mostrar el futuro a todos esos países, incluyendo a la propia Rusia?
 
La cuestión no sólo ha sido planteada por nosotros, sino también por amigos y enemigos de los presentes dirigentes del Kremlin. Por Izvestia, por ejemplo, el diario estrechamente conectado con la elite dirigente rusa, en un artículo posterior a la milagrosa recuperación de Yeltsin de la muerte, de su discurso en la Duma el 6 de marzo y de la designación de un nuevo gobierno neoliberal, bajo la dirección económica de Chubais, el elegido de los bancos y la persona más odiada de Rusia. La cuestión fue planteada también por la Nezavizimaya Gazeta, el periódico de la oposición liberal; por Alexander Lebed, por Berezovsky, el banquero y asesor de Yeltsin, durante la reciente cumbre Clinton-Yeltsin en Helsinki; por K. S. Karol en El País. ¿Es posible que Rusia se convierta en una Albania?
 
Podemos reformular la pregunta: ¿los acontecimientos albaneses son tan sólo otro incidente violento, una complicación menor en el camino universal hacia el capitalismo, otro estallido de la nunca terminada crisis balcánica; o son una anticipación, en una forma embrionaria, de próximas explosiones en todos los países de Europa central y oriental, en todo el antiguo espacio soviético, incluido su propio corazón, la misma Rusia?
 
2. Los propios imperialistas, tanto en Europa como en los Estados Unidos, no toman ligeramente la explosión albanesa. De otra manera, ¿por qué están tan preocupados y preparan cuidadosamente su intervención militar, como siempre bajo el pretexto, claro, de una intervención humanitaria?
 
Los medios occidentales están tratando los acontecimientos de una manera que tiene mucho más que ver con la preparación ideológica-sicológica para una intervención imperialista que con la verdad objetiva y su significado histórico.
 
Cuando a fines de 1996, las masas serbias protestaron con interminables manifestaciones contra el fraude electoral y los métodos antidemocráticos de gobierno del régimen de Milosevic, los medios occidentales hablaron del pueblo y de su lucha por la democracia. Cuando, por el contrario, las masas albanesas se levantaron contra la dictadura de Berisha y el robo de sus ahorros, ganados con sangre y sudor, por los esquemas piramidales del Estado mafioso, entonces, los medios occidentales sólo vieron anarquía y caos, y el pueblo rebelado fue además insultado como bandas de mafiosos, demagogos pueblerinos, delincuentes de aldea (que) están aullando por sangre y dinero. Las expresiones insultantes están tomadas de la respetable revista británica The Economist, pero el patrón es universal. El periódico conservador británico es notorio sólo porque, con su característica arrogancia conservadora y la estupidez sin fin de una clase dirigente en decadencia, ha superado a todos los demás cuando, por ejemplo, despreció el levantamiento popular revolucionario de conjunto como "un lío" de "inversores tontos" (1). (¿Pueden ustedes imaginar algunos inversores tontos de Wall Street marchando hacia la Quinta Avenida con fusiles Kalashnikovs en sus manos y gritando ¡Muerte al Fascismo! ¡Libertad al pueblo!, armando un lío). La verdad es que, por primera vez desde el colapso de 1989/91 en el Este, no tenemos sólo una movilización de masas populares en forma de huelgas o manifestaciones, ni tampoco una revuelta localizada, restringida, provocada y derrotada, como el Octubre negro de Moscú de 1993, sino una genuina e independiente insurrección armada de las masas populares, estableciendo sus propios órganos de auto-gobierno Comités revolucionarios elegidos y revocables por las asambleas populares, milicias populares, cortes populares, etc.
 
En Albania se ha desarrollado una situación revolucionaria clásica de poder dual o, mejor dicho, de triple poder. Emergieron tres centros de poder rivales: los Comités populares, el gobierno de unidad nacional dirigido por los ex stalinistas y la mafia de Berisha. No hay dudas de que es una revolución en sus etapas iniciales.
 
Sacando las lecciones de la Revolución Rusa, cuando escribió su historia, Trotsky enfatizó correctamente que la más irrefutable característica de una revolución es la irrupción de las masas en la arena donde se determinan sus destinos.
 
Cuán lejos y cuán profundo avanzará la revolución albanesa, depende del desarrollo de la relación de fuerzas en el país, en los Balcanes e internacionalmente. En esa relación de fuerzas, el factor subjetivo juega un papel colosal. La permanencia de la revolución misma dependerá, en última instancia, del oportuno desarrollo de una subjetividad proletaria revolucionaria, dirigida por un partido marxista revolucionario de combate, armado con un programa socialista revolucionario y un alcance internacional/internacionalista.
 
3. ¿El caso albanés es un fenómeno local transitorio, o tiene una relevancia internacional para todos los países involucrados en el proceso de reabsorción en el capitalismo mundial? ¿Es una excepción o la manifestación de una relación esencial, la expresión de una ley gobernada con regularidad que funciona dentro de este particular intento de transición hacia el capitalismo, a pesar de todas las demás diferencias entre los ex países socialistas?
 
Entre esos países, Albania tiene el más bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y el más prolongado aislamiento de la división mundial del trabajo. Precisamente por esto, todos los procesos que están teniendo lugar, con diferentes formas y tempos en los países en transición hacia el capitalismo, están condensados y simplificados en Albania. La antigua elite stalinista, después de la muerte de Enver Hoxha en 1985, y especialmente después de los colapsos en el Este en 1989 y su efecto dominó, dio un muy tardío y tímido giro hacia las reformas pro-capitalistas las que fracasaron miserablemente, conduciendo a las hambrunas de masas en 1990/91 y facilitó la victoria de las fuerzas derechistas y restauracionistas del Partido Democrático de Shali Berisha, el antiguo médico de Enver Hoxha y, alguna vez, secretario del Comité Central del stalinista Partido del Trabajo. Una parte de la elite burocrática aseguró su posición privilegiada en el poder mediante la eliminación, marginalización, ilegalización y prisión de otras fracciones de su mismo estrato social. Esta fracción dominante de los antiguos gobernantes, que incluía una sustancial sección del antiguo aparato de la seguridad, la odiada Shigurimi, rebautizada Shik, destruyó casi todas las viejas estructuras y funciones de un aislado, militarizado, supercentralizado y burocrático pequeño estado-fortaleza obrero, que reclamaba haber construido el socialismo en una aislada aldea balcánica ... La industria colapsó; la agricultura, rápidamente descolectivizada, también. Para las masas, la única forma de escapar a la hambruna fue la emigración masiva a los países capitalistas vecinos, Grecia e Italia. El capital externo tuvo acceso libre, y cerca de 250 millones de dólares (120 millones, provenientes de Grecia) fueron invertidos en pequeñas empresas y servicios, que pagaban salarios ridículamente bajos y estaban totalmente exentos de impuestos. La mayor parte de la economía fue casi aniquilada y transformada, principalmente, en una estación para el tráfico internacional de drogas y el contrabando de armas y otros productos hacia la vecina Yugoslavia, durante la guerra de Bosnia y el embargo. La única institución político-económica realmente estable, indisolublemente conectada con la cúspide de la pirámide del Estado, era la mafia. Su padrino: Shali Berisha. Se desarrolló una situación peculiar: la vasta mayoría de la población activa estaba vendiendo su fuerza de trabajo como una mercancía extremadamente barata a los capitalistas en los países vecinos, Grecia e Italia; en otras palabras, su actividad laboral estaba basada en una relación de valor exterior, pero los ingresos por la venta de la fuerza de trabajo que volvían a su país de origen no podían encontrar ningún destino, porque ni el mercado real, ni el capital local, ni la relación del valor regulaban la propia economía albanesa. El dinero fue canalizado hacia los centros de especulación apadrinados por el Estado, por encima de todos los infames esquemas piramidales con sus astronómicos intereses del 20-50% mensual, o incluso más. En términos de El Capital de Marx, hubo una sobre-expansión de la relación M-M sin ninguna base en la relación M-C-M en la propia economía albanesa.
 
Para ponerlo en los términos de la teoría del materialismo dialéctico, hubo un conflicto de opuestos (relaciones de valor y de no valor) sin ninguna mediación real; no una relación de negatividad interna y sustancialidad, no la unidad de los opuestos. La única seudo-mediación fueron los propios centros de especulación bajo la garantía del Estado. Sin ninguna mediación real, toda la relación ficticia y fetichista colapsó. Una economía no planificada ni de mercado, totalmente abierta al mercado mundial, a la economía mundial regulada por la ley del valor, no tiene otra opción que girar hacia el parasitismo y la especulación, hasta que toda la burbuja estalle. Los esquemas piramidales no son una anomalía del sistema; ponen de manifiesto la anomalía como sistema.
 
Semejante anomalía sistematizada no es viable. En Albania, el inevitable colapso de la base especulativa de una economía fantasma condujo, primero, a la desintegración de la estabilidad social, incitando al descontento popular y el desarrollo de movilizaciones de masas; luego, a la desestabilización de la vida seudo-política gobernada por el fraude electoral y los métodos dictatoriales y, finalmente, a la desintegración de las débiles estructuras del Estado y a la emergencia de estructuras de poder rivales por encima de todas, el pueblo en armas con sus Comités revolucionarios de tipo soviético.
 
4. La aparición y el colapso de los esquemas piramidales en Albania no es un fenómeno localizado. En el mismo período, otros grandes esquemas piramidales, fomentados por el Estado, colapsaron en la antigua república yugoslava de Macedonia. En Hungría, todavía repercute el shock por el colapso del Postabank . En Bulgaria, el colapso del sector bancario y de la moneda nacional fue el principal factor detrás de la desestabilización política, las demostraciones de masas y la derrota del gobierno de los mutantes ex stalinistas. En la propia Rusia, nadie olvida el colapso de MMM en 1994.
 
Es un hecho que, en todos esos países, hay cientos de bancos pero no hay un real sistema de crédito. El sobreexpuesto sector bancario es la conexión entre el Estado (y sus subsidios) y la industria en desintegración.
 
Al mismo tiempo, el robo masivo de la propiedad pública por la nomenklatura, con el pretexto de esquemas de privatización, etc.; el control de los recursos locales y las redes de distribución; la relación compradora con el capital externo; no sólo provocaron las privaciones de millones de personas hambrientas, sino también una riqueza fabulosa, concentrada más y más en las manos de la oligarquía de los grupos financieros. Este es especialmente el caso de Rusia.
 
5. La riqueza social robada, ahora en las manos de unos pocos centros oligárquicos en forma de dinero, todavía no ha encontrado un destino en un mercado doméstico real, regulado por la ley del valor. Inevitablemente, esa riqueza se vuelve hacia la especulación y el parasitismo.
 
Los grandes holdings de riqueza monetaria no son sólo centros de especulación, sino también de crisis. Son los puntos nodales de una transición en crisis, bloqueada entre un "socialismo actualmente no existente", que irrevocablemente colapsó en ruinas, y un capitalismo que existe sólo como una ficción monstruosa.
 
Anatoli Chubais puede pavonearse de haber dirigido "la mayor campaña de privatización de la historia". Pero, en realidad, ¿qué clase de capitalismo es ése en que las empresas sólo pueden sobrevivir mediante los subsidios estatales, como en los viejos días de la antigua URSS; donde no pagan salarios a los trabajadores por meses, ni impuestos al Estado por años, y donde realizan la mayoría de sus transacciones mediante el trueque? Oficialmente, el trueque, como proporción de todas las ventas industriales en Rusia, creció del 10% a mediados de 1993, al 40% a fines de 1996. En algunas industrias es casi universal. Entre las industrias de la energía y el combustible, sólo el 20% de las transacciones son canceladas en efectivo (2).
 
Aparentemente, el antiguo ideal de una sociedad sin clases es reemplazado por lo que es cínicamente llamado "una sociedad sin efectivo". Para los trabajadores, esto significa vivir en una permanente pesadilla. A fines de enero de 1997, se les debía a los trabajadores 9.000 millones de dólares por salarios impagos, un total que se ha más que duplicado en el curso de un año.
 
La crisis de pagos impulsó una serie de huelgas (como las de las áreas mineras, en 1995/6) y huelgas generales, como la de la víspera del aniversario de la Revolución de Octubre en noviembre de 1996, y la segunda, recientemente, el 27 de marzo de 1997.
 
Esta crisis está reflejando, en una forma distorsionada, la debilidad social y política del régimen restauracionista. Incluso, un declarado apologista de Yeltsin como The Economist, ha tenido que admitir la razón más profunda: "El no pago de los salarios es tolerado más fácilmente porque mantiene bajo el desempleo. Si cada uno que trabajó debiera cobrar en efectivo, el desempleo se habría clavado muy, muy por encima de la actual tasa del 9,3%" (3).
 
El desempleo es mantenido deliberadamente bajo, incluso a través de la crisis de pagos, para evitar la explosión social. Pero al mismo tiempo, el mismo miedo previene la formación de un real mercado de trabajo, donde los trabajadores puedan ser libremente contratados y despedidos. En otras palabras, la reconversión de la fuerza de trabajo soviética, que tiene como prerrequisito la formación del mayor ejército de desocupados de la Historia, todavía no ha tenido lugar. Las relaciones de valor no funcionan en la producción, a pesar del hecho de que un enorme monto de valores ficticios, carentes de sustancia real, esté en circulación. La seudo mediación, otra vez, entre opuestos, es provista por los llamados holdings financieros bajo la protección del Estado.
 
Para plantearlo en otros términos: la misma receta para el desastre que condujo a la explosión albanesa, es aplicada a la escala de un país gigantesco como Rusia.
 
Indudablemente, hay enormes diferencias de magnitud, de complejidad social, de recursos económicos entre el gigante y el pigmeo; pero su fisiología, o mejor dicho, patología, como vivientes monstruosidades híbridas, es la misma.
 
6. El país de Octubre, ochenta años después de la Revolución socialista, después de un prolongado período de aislamiento y presión imperialista, que produjo la tragedia del stalinismo y su colapso, se encuentra, a fines de siglo, en una impasse. Esta transición en total crisis puede conducir, o bien hacia nuevas y todavía más profundas manifestaciones de desintegración, o bien a intervención política independiente de la clase obrera, superando la impasse por medios y métodos revolucionarios. Una más profunda caída en el caos, que generará también fútiles intentos para controlarlo mediante formas de gobierno de una dictadura bonapartista y autoritarismo estatal o una segunda revolución.
 
O permanente desintegración y catástrofe o Revolución Permanente ésa es la única alternativa realista.
 
7. La cuestión clave es, otra vez, la de la subjetividad revolucionaria. Aquí también Albania rebelada puede dar, como en un microcosmos, valiosas lecciones y enseñanzas para el futuro.
 
Primero: habitualmente, la posibilidad de cualquier actividad revolucionaria autónoma de las masas en el mundo post-stalinista es negada, particularmente por los escépticos de todo tipo, dentro de la llamada izquierda internacional. Los albaneses y otros pueblos balcánicos son considerados como bárbaros, mafiosos, delincuentes, chauvinistas ciegos, etcétera. El pueblo ruso es considerado como una masa pasiva, obediente, conformista, dispuesta a aceptar cualquier cosa de parte de sus dirigentes. Las referencias a la proverbial alma rusa se hacen para exorcizar cualquier pensamiento de que alguna explosión revolucionaria pueda tener lugar en el país de la mayor revolución y de la mayor tragedia de la historia.
 
Los trabajadores albaneses, despreciados por sus explotadores burgueses en Grecia, en Italia, en Europa, por cada pequeñoburgués racista, probaron por medio de su magnífica rebelión que las masas no son un cuerpo inerte, muerto, mecánico, sino que corporizan, como ya ha demostrado Baruch Spinoza, como una poderosa potencia, un potencial determinante del curso de la sociedad, objetiva y subjetivamente.
 
La gran espiral histórica abierta por la Revolución de Octubre también despertó a los pueblos balcánicos; durante las luchas populares revolucionarias antifascistas, en el curso de la Segunda Guerra Mundial, fueron elevados de "pueblos sin historia" (Hegel, Engels) a la arena de la Historia. Allí, fueron bloqueados por el stalinismo durante todo un período, viviendo en una forma de intermundo, entre la Historia y la no-Historia. El colapso del stalinismo los condujo, primero al abismo de la no-Historia, como lo ha demostrado la pesadilla yugoslava. Ahora, con la revolución albanesa, los pueblos de los Balcanes están elevándose otra vez hacia el dominio de una nueva Historia revolucionaria.
 
Segundo: las masas rebeladas contra las desastrosas consecuencias del proceso de restauración chocarán, no sólo contra el ala derecha restauracionista en el poder, sino también contra esos mutantes stalinistas que se presentan a sí mismos como una oposición a los regímenes post-stalinistas. El Partido Socialista de Albania, la mutación del stalinista Partido del Trabajo, condensa las diferentes variantes de mutación seguidas por otros PC en Europa del Este y la antigua Unión Soviética. Actualmente, sus dos alas están reflejando, una, a los socialdemócratas del tipo polaco y húngaro; la otra, al tipo de partido stalino-chauvinista de Zyuganov. En los márgenes, hay incluso una pequeña formación de línea dura, que recuerda el tenor del PKP de Anpilov o Tioulkin.
 
El Partido Socialista, con sus diferentes alas, solía tener una importante implantación e influencia políticas en el sur de Albania, la zona más desarrollada cultural, política y económicamente. Pero durante la crisis revolucionaria, el Partido Socialista usó su poder político para proteger y salvar a Berisha y su régimen, de la ira de las masas revolucionarias. Los mutantes stalinistas fueron llevados de la oposición, e incluso de las prisiones, al timón del gobierno por los propios imperialistas, para poner un freno a la revolución, para desarmar a las masas y salvar al régimen restauracionista. El tercer polo de poder, el gobierno de unidad nacional del economista educado en los Estados Unidos, Bashkim Fino, fue formado para disolver el polo revolucionario en el sur y salvar de la aniquilación a la junta contrarrevolucionaria de Berisha en el norte.
 
Lección número uno: la segunda revolución que se aproxima en el Este no sólo no puede depositar ninguna ilusión en los mutantes stalinistas socialdemócratas o de línea dura, en la oposición o en el poder, sino que necesariamente, en algún punto, deberá chocar con ellos. Esto nos lleva al crucial tercer punto. La subjetividad revolucionaria puede y debe ser desarrollada en Rusia, en Europa del Este e internacionalmente sólo por medio de la comprensión teórica y la superación de toda experiencia histórica pasada; antes que nada, de la Revolución de Octubre; de sus logros y de su tragedia; de la naturaleza del stalinismo; de la lucha de la Oposición Bolchevique de Izquierda por una alternativa; en pocas palabras: la lucha absolutamente irreconciliable, en la teoría y la práctica, entre la revolución permanente y el "socialismo en un solo país".
 
Sólo por medio de una lucha teórica consecuente, la herencia bolchevique de Lenin y Trotsky puede ser re-apropiada y desarrollada, y el inconcluso proyecto bolchevique puede ser completado.
 
La Revolución de Octubre, como momento inicial de la revolución socialista mundial, está ochenta años atrás en el pasado y, simultáneamente, frente a nosotros, en el futuro.
 
 
 
Atenas, 24/25 de marzo de 1997
 
Nueva York, 30 de marzo de 1997
 
 
Notas:
 
1. The Economist, 15 de marzo de 1997.
2. Ver The Economist, 15 de marzo de 1997.
3. Idem.
 

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