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La situación explosiva de Europa

Entrevista, realizada el 22 de marzo pasado al investigador económico y militante trotskista, Francois Chesnais
Por Partido Obrero

Antes de la entrevista nos habías hablado de una situación explosiva general, de conjunto, en Europa ¿Podés explicarnos eso?

 
Sí, creo que para poder comprender la situación en Europa hay que remontarse a la caída del estalinismo, al derrumbe del aparato estalinista en la URSS y a la dislocación inmediata de lo que quedaba del aparato internacional. El derrumbe del estalinismo en la URSS tuvo, sobre la clase obrera de los países europeos y sobre la clase obrera francesa en particular, un efecto doble, contradictorio. Por un lado está la cuestión de la comprensión de lo que fue verdaderamente el estalinismo, del desastre que dejó detrás suyo, y de la asimilación de que no había absolutamente nada de positivo, ni de lejos ni de cerca, en la URSS. Y los dirigentes estalinistas franceses mantuvieron, hasta el fin, la ficción de que era un balance positivo. Simultáneamente hubo, con efectos que se expresaron lentamente, la percepción de que con la caída del estalinismo no había más guía, y poco a poco la casta de plomo al interior del estalinismo sobre una parte de los cuadros del movimiento obrero francés se astilló, y sus militantes se dieron cuenta de que estaban obligados a pensar por sí mismos.
 
La manera en que se sucedieron algunas cosas, como la huelga ferroviaria y del transporte (SNCF-RATP trenes y subtes), y el movimiento contra la política de Juppé, tradujeron el hecho de que en el marco de la CGT en particular, ya no había esa firmeza de un aparato que recibía una orientación clara, sino que había un grupo de hombres que tenían intereses propios de aparato que querían conservar, pero en condiciones en que navegaban a ojo en la lucha de clases. El congreso de la CGT se realizó a principios de diciembre en el medio de la huelga SNCF-RATP; 40% del congreso votó que se llame a un paro general y Viannet, su secretario general tuvo que maniobrar, y por primera vez se vio entrar, en un congreso de la CGT, a la lucha de clases por la gran puerta. Y una dirección que vacilaba, que tenía que seguir al movimiento y autorizar cosas que nunca antes había autorizado: la autonomía, hasta cierto punto, de la asamblea general, para chapotear y no lanzar claro está el llamamiento al paro general. Pero vimos a la CGT en una situación donde tenía, con los trabajadores en lucha, una relación diferente, porque la clase obrera ha comprendido que tiene que buscar sus propias vías de acción.
 
En el marco de Alemania, la caída del Muro y el hecho de que se haya levantado la hipoteca del estalinismo, no sólo formalmente sino orgánicamente, que la unidad de la clase obrera alemana fuera reconstituida, es uno de los componentes de los hechos. En un cuadro manejado por los sindicatos, la clase obrera alemana ha entrado en acción contra la política económica de Köhl en condiciones totalmente distintas a todo lo que había hecho durante 25 años. Entonces, creo que el primer componente de la situación es que la caída del estalinismo tuvo este efecto contradictorio, un balance pesado que hay que digerir. Estamos en un marco de agresiones capitalistas y también con la voluntad y la posibilidad de reaccionar, sin encontrar de inmediato delante de uno, como antes, al aparato estalinista para desviar y encadenar al movimiento. Entonces, esta es la primera dimensión importante de la situación para Francia y para Alemania.
 
En el cuadro francés, un segundo componente central de la situación es que el PS, con la presidencia de Mitterrand y una duración sin precedentes del PS en el gobierno, incluso con la presencia en la primera época de ministros del PCF, tuvo para un partido que se reclamaba de los asalariados, del movimiento obrero en el sentido amplio, un manejo de la política de la burguesía, una participación activa en la puesta en marcha de esa política. Y tal ósmosis entre los cuadros del PS y los del Estado y de la alta industria pública o privada, hace que el PS haya desarrollado lo que se llama en Francia, de manera periodística, una "cultura de gobierno". El PS se encontró de manera reiterada del lado del gobierno mientras que antes estaba, digamos, en la oposición, y rechazaba tomar a cargo las reivindicaciones y rechazaba estar a la cabeza de las manifestaciones, tomar los elementos del programa de acción que se desprendían de ciertos combates, y eso condujo que a ciertos movimientos reivindicativos y políticos se situaran de manera cada vez más frontal, de choque con el PS. Y el Partido Socialista, paralelamente, hizo todo como para no darles ninguna esperanza. Todo esto es anecdótico, pero pienso que sirve, por el carácter mismo de Jospin, que es capaz de maniobrar de manera demagógica como tantos otros dirigentes, y quien con su formación de antiguo alumno de la Escuela de Administración y funcionario, tecnócrata, saca sus dossiers y explica que su programa es el mismo o casi que el de Juppé, y no hace ninguna promesa con respecto a los huelguistas y los manifestantes.
 
Esto crea un espacio en el cual, ahora, hay militantes, en el sentido amplio del término, que están en sindicatos y asociaciones, en un marco disperso y dislocado, y tenemos a decenas de miles de personas que saben que al objetivo político hay que buscarlo por sí mismos. Que no tienen nada que esperar del PS, ni del PC, y a un año de las legislativas estamos en una situación en donde el PC y PS, y los aparatos sindicales y los dirigentes sindicales en su mayoría, tratan de canalizar todo hacia las elecciones, y eso no anda. La presión subirá, pero hoy estamos en una situación en donde, por un lado, en relación a todo lo que puede pasar entre ahora y marzo/abril del 98, la gente que va a entrar en acción, ya sea reivindicativa o política, no va a esperar a las elecciones, o que la victoria del PS vaya a arreglar todo.
 
Por otra parte, podría haber una fuerte abstención obrera y popular porque existe este abismo. Existe también, como factor de radicalización política, el Frente Nacional, pero lo que hay de importante en las manifestaciones que hubo contra la ley Debré (manifestaciones superficiales, frentepopulistas, de unión nacional), es que eran contra el gobierno, y que la ley Debré era el marco de expresión del lepenismo, pero con la idea clara de que el problema no era Le Pen, sino la política del Estado francés, el capitalismo francés y la necesidad de orientarse hacia este lado y no en las denuncias contra Le Pen como tal.
 
Estos son algunos de los elementos sobre la situación francesa que se articulan directamente a lo que pasa en Alemania y que acaban de ser una forma de avance contradictoria y poco clara, a la manera en que la CGT reacciona frente al cierre de la Renault en Bélgica. Es la primera vez que la CGT, arrastrando a FO y CFDT, asume la responsabilidad de luchar contra el cierre (...). La responsabilidad de los sindicatos belgas es nuestra responsabilidad. ¿Llamarán a una reunión de grupo? No sé si tienen la capacidad de hacerlo, pero al menos tienen cierta elaboración de un plan de respuestas a Renault que les permitiría salvar a esa fábrica, repartiendo las horas de trabajo entre todo el grupo, es decir que dieron por primera vez una respuesta a una cuestión que siempre trataron como si no fuera su problema.
 
Pero Viannet, cuando fue a Bélgica, aprovechó la oportunidad para declararse a favor del Tratado de Maastricht y de la Unión Europea, dijo que lo que ocurría en Renault demostraba la necesidad de que el movimiento obrero se comprometiera a fondo con la construcción europea. ¿No es contradictorio esto?
 
Pienso que te obliga a tomar esto de acuerdo a las posiciones que de ahí se desprenden y en relación incluso de las alianzas actuales del PCF con gente como Chevenement, con Seguin (nacionalistas del RPR). Creo que, a su manera de burócrata, Viannet busca a sacar a la CGT de un curso nacionalista muy reciente (la CGT asumía lo que siempre fue su consigna, "produzcamos francés").
 
La única perspectiva adecuada hoy en Europa es el combate por los estados socialistas de Europa, y es evidente que sobre esta línea hay que hacer la propaganda. En el nº 2 de la revista "Cahier Rouge" hice un primer artículo sobre la actualidad de esa consigna.
 
Entonces, quiere decir que Viannet procura desenganchar a la CGT de una vieja política nacionalista; eso sería un poco la idea que está en el planteo de él, hay un cambio. ¿Te parece que el cierre brusco de la Renault en Bélgica puede ser un ataque de la burguesía francesa a la entrada en vigor del acuerdo de Maastricht?
 
No, pienso que sería otorgarle a esta burguesía mucha clarividencia, más capacidad de maniobra de la que ella posee. Pienso que es la expresión de un grupo industrial acorralado y que resiste ciegamente.
 
En el tema de la situación explosiva en Europa, ¿cuál es la importancia de que una parte sustancial de la industria no tenga sobrevivencia?
 
Tiene una importancia central, es un componente de la situación política. El problema es que esa industria europea no tiene lugar en el proceso de organización del capital tal como se desarrolló, a pesar de ser una industria moderna, avanzada. El caso de la fábrica de Vilvorde (en Bélgica) es ejemplar, porque es muy moderna. De allí, la posibilidad de comenzar a decir en los medios sindicales, que el problema con el cual la clase obrera se va a enfrentar será, o el de contentarse con pedirle al capital cosas que se niega a hacer, o so pena de desaparecer como clase, decir tenemos otro proyecto para Europa, otra visión de las prioridades, otra escala de valores; estamos dispuestos a hacer lo que el capital ya no quiere hacer. Llegamos a una faz de la lucha de clases en Europa en donde si el movimiento obrero se queda sólo en posición reivindicativa frente al capital, la clase obrera será aplastada, será amenazada de desaparición. Estamos en un momento en el cual se hace presente la vieja cuestión que Marx planteó, de pasar de clase en sí a clase para sí. Y de afirmar su capacidad en dirigir la sociedad.
 
¿Nos podés explicar sobre la actualidad de la consigna de los Estados Unidos Socialistas de Europa?
 
Sí. La actualidad es doble. Es, en relación a la necesidad (que se convirtió en posibilidad tangible) de considerar a las fuerzas productivas en Europa como un todo. Y se combina con una realidad en la cual hay una situación sin precedentes en Europa, en donde todas las clases obreras están enfrentadas a las burguesías en el mismo momento, contra la misma política, contra el mismo ataque.
 
Esto se combina con ese ataque convergente programado para una fecha fija (entrada en vigor del tratado de Maastricht, para 1998), que es un factor que puede conducir a una toma de conciencia y a la posibilidad y necesidad de una respuesta única. La otra dimensión es el resurgimiento de la cuestión nacional de la manera más dramática, en condiciones en que sólo puede desembocar en conflictos de tipo yugoslavo, y todo esto en provecho de burocracias y burguesías mezquinas, que conducen después de la masacre a una impasse total de la sociedad.
 
¿Entonces, para vos, la participación de la izquierda en movimientos anti-Maastricht tiene ciertas características nacionalistas?
 
No, yo creo que es progresiva, pero sin el programa, sin darle un contenido a algo que nunca va a tener un contenido como la Europa social, se encuentra en un terreno extremadamente superfluo, descompuesto, no esclarecido, no es por la Federación de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
 
¿Y esta confusión la tienen también los trotskistas? De oponerse a Maastricht sin dar un contenido programático.
 
Ninguna de ellas toma las banderas de los Estados Unidos Socialistas de Europa, ninguna trabaja con esta consigna. Sin dudas hay militantes que lo piensan, pero los órganos de dirección, no.
 
¿Cuál es la situación de los partidos trotskistas en Francia?
 
Primero quiero decirte algo sobre Albania. Pienso que Albania forma parte de la situación europea, pero de cierta manera Europa vive las consecuencias de la crisis conjunta del estalinismo y el imperialismo, vive una regresión que es muy desigual. Hay sociedades que resisten mejor, clases obreras en situaciones más fuertes, Alemania no es Francia, o Italia, pero habría que ser ciego para no ver que hay mecanismos de dislocación bajo el efecto de la crisis capitalista y la presión cada vez más fuerte de los Estados Unidos sobre Europa.
 
La presión económica de los Estados Unidos para llevar en serio a Europa bajo su dominación nunca fue tan fuerte desde finales de la guerra. Entonces, en plena crisis capitalista y descomposición política, las masas populares (Albania), frente a situaciones extremas, se organizan fuera de sus representantes políticos tradicionales, de manera molecular, con dirigentes desconocidos, formas de organización muy difíciles de identificar, que son capaces de tomar ciudades, administrar regiones enteras, con un programa político de mucha confusión. Pero esto es algo que tiene relación inmediata con lo que traté de explicar sobre Francia; en el marco de un país donde todo se derrumbó, gente que se dice: "no hay nadie que nos salve, sólo nosotros".
 
En Alemania tenemos una ilustración de ello y pienso que estamos comprometidos con una situación que va a ser muy caótica y donde tenemos una situación paradójica en el marco de la mundialización del capital. Los EE.UU. se presentan más que nunca como el poder del imperialismo, las relaciones son mundialmente más a favor del capital mundial, y se acompaña en muchas partes del mundo, en varios países de América Latina y en Europa globalmente, con condiciones donde la burguesía debe agredir a la clase obrera sin tener los medios políticos para eso. Tenemos esta situación de convulsión política, donde hay un espacio para avanzar con el programa y combatir, para que la clase obrera europea, en sus distintos componentes, se levante como clase.
 
Hablame de las organizaciones trotskistas que tienen una responsabilidad muy grande en esta situación.
 
Sí. No te puedo dar una buena respuesta. Porque tocamos el hecho de que me comporto (desde que dejé a Stephan Just), espero, como un intelectual marxista, como un intelectual revolucionario, pero no tengo actividad sistemática como militante; no leo la prensa regularmente, las respuestas que te daré son aproximadas.
 
Del lado del Secretariado Unificado, la organización más importante en Europa es de lejos la LCR, quien está alrededor de Krivine, en un camino donde quieren, y lo dicen, ayudar a la reconstitución de la unión de la izquierda, al frente popular, quieren ser un parte de éste. Están orientados a estar del lado del PC y del PS, con una postura responsable, con posiciones más a la izquierda, sin perder el contacto, pero sin chocar. Evitar la colisión entre las masas con el PC- PS: ayudar al PC-PS a comprender a las masas, de un lado, y a explicarles a las masas que no pueden estar sin el PC-PS. Están en mediadores (go between), entre el proceso autónomo y los aparatos.
 
El gran chiste que se cuenta en la calle: se encuentran Filoche y Krivine (ambos de la LCR) y cuando Filoche le dice que va a ser diputado socialista, Krivine le responde yo voy a ser ministro; es un chiste, pero traduce hacia dónde va la Liga actualmente.
 
En el mitin de Bruselas, la gran pena de Krivine fue que los dirigentes sindicales, el PS-PC, desfilaron separados. Lutte Ouvrière está en crisis, desde las elecciones presidenciales, desde el triunfo de Laguillier. Ella tuvo la prudencia de hacer una declaración de que estaba por un partido obrero, y luego se retractó y sólo hubo una invitación a adherir a Lutte Ouvrière. Esta crisis la paraliza, pero se acompaña con el hecho de que en todos los combates reivindicativos ellos se posicionan siempre en relación al PC-PS-CGT, izquierdizan sus posiciones.
 
Estratégicamente, lo mismo que la Liga.
 
Sí. Con un modo diferente, sin parlamentarismo, purista, de secta, es la misma política. Del lado del PC-PT (Lambert) hay una política que está más que nunca subordinada a las necesidades de la alianza con el aparato de FO, que puede sufrir accidentes como el almuerzo de Hebert (el compañero de Lambert en FO) con Chirac para discutir los problemas de FO y persuadirlo de que no era una buena idea desmantelar la Seguridad Social. Pero el aparato dice que no tenemos posibilidades de rechazar los proyectos de Chirac, y a Chirac le dice que tiene que recibir a los representantes de la izquierda. Chirac entonces invitó a Lambert a almorzar.
 
Tuvo terribles dificultades para explicarle a su organización; ésta tiene algo en común con Lutte Ouvrière y la Liga, pues dicen que las relaciones de fuerza a escala mundial han sido modificadas, por la caída de la URSS, a favor del imperialismo estadounidense; comparten esa incapacidad para ver lo que se desprende como elemento nuevo de la situación política. Hicieron un acto antes de Navidad, donde dijeron que todo andaba mal, que no había mucho para hacer, quizá más tarde, pero ahora estamos en un túnel. Lutte Ouvrière también comparte estas ideas. La oposición a Krivine en la Liga está muy frenada, porque tiene esta posición.
 
No ven los elementos de renovación y de convergencia de la situación política en Europa. Bueno, eso es todo.
 

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