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La base teórica de una política contrarrevolucionaria

El maoísmo y la cuestión agraria argentina
Por José Benco
El maoísmo y la cuestión agraria argentina
 
A modo de introducción
 
La situación de las masas y sus necesidades
 
La creciente descomposición del régimen politico menemista, producto de la gigantesca crisis económica nacional y mundial, plantea no sólo la oportunidad sino la necesidad objetiva de las masas de intervenir activamente en la lucha de clases.
 
Los estallidos populares que se suceden a lo largo y ancho del país expresan esta necesidad de intervención en defensa de los derechos y conquistas más elementales de los trabajadores.
 
En este escenario, la cuestión del poder empieza a aparecer en primer plano. Baste recordar los asaltos a los supermercados durante el período hiperinflacionario alfonsinista, para advertir una diferencia cualitativamente significativa: desde el Santiagueñazo, las rebeliones populares se dirigen directamente a los distintos centros de poder del estado. Esto implica, sin duda alguna, una politización de los conflictos y un avance en la conciencia de clase de las masas.
 
Esto último no significa que el conjunto de los trabajadores haya llegado a la conclusión de la necesidad de tomar el poder, ni mucho menos. Significa que las propias condiciones objetivas del actual derrumbe capitalista colocan en el centro del debate la cuestión del poder y que es la obligación de todo partido que se reclame revolucionario intervenir en los conflictos con un programa que apunte a la organización independiente de la clase obrera y, estratégicamente, a la toma del poder.
 
Lo acertado o no de las distintas caracterizaciones y, por lo tanto, la orientación que se le dé a la lucha de clases pueden ser la diferencia entre la victoria y la derrota del proletariado. Por eso es que la cuestión programática adquiere una importancia vital.
 
Sobre la intervención política del maoísmo
 
La izquierda argentina tiene una larga historia de intervenciones y programas que no representan y hasta son contrarios a los intereses objetivos de la clase obrera. Pero hay un caso, que llama especialmente la atención: hablamos del Partido del Trabajo y el Pueblo (Ptp) o Partido Comunista Revolucionario (Pcr), como se prefiera. El apoyo al gobierno de Isabelita-López Rega, la conformación de listas comunes con Menem en 1989, la defensa de Rico y Seineldín como sectores nacionalistas de las Fuerzas Armadas, el sabotaje sistemático a la conformación de agrupamientos obreros independientes de la patronal y del Estado, en beneficio de mesas multisectoriales (policlasistas), la subordinación permanente a un sector de la burocracia sindical (Cta, Mta), y el apoyo incondicional a distintos sectores de la pequeño-burguesía y burguesía nacional (Fedecámaras, Pymes, Federación agraria), por sólo nombrar una breve lista de políticas impulsadas por el maoísmo en el país, transforman el accionar de este partido en un verdadero prontuario político. Pero pasemos a analizar el razonamiento del maoísmo.
 
Fundamento teórico
 
Desde el punto de vista teórico, podemos asimilar las posiciones del Ptp a la teoría stalinista de la revolución por etapas. Según este planteo, en los países atrasados (no imperialistas), no se ha producido aún la revolución burguesa que se produjo en los países del primer mundo, y es por eso, que no se han desarrollado plenamente las fuerzas productivas capitalistas, frenadas por el poder imperialista. Según esta teoría, la tarea del proletariado en los países oprimidos es, entonces, acompañar y apoyar a las burguesías nacionales en su lucha contra el imperialismo, para poder romper el cerco de la dependencia. Una vez cumplida esta tarea, es decir, después de triunfar en esta "revolución burguesa pendiente", el proletariado podrá plantearse la tarea de luchar por el socialismo.
 
De allí se desprende la táctica stalinista (no sólo del Ptp) de buscar sistemáticamente la alianza con la burguesía nacional, para poder superar el atraso, y romper con la dependencia. ¿Donde visualiza este tipo de teóricos el atraso y la dependencia de los países oprimidos? En el agro. Como dice Eugenio Gastiazoro: "El desarrollo de la actividad primaria... condiciona el desarrollo general de una sociedad (...) el modo en que se organice la actividad primaria depende... del grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales..." (1).
 
A continuación, analizaremos en profundidad el pensamiento agrario del Ptp, en particular el tema de la renta, las clases sociales y el carácter de la producción. Nos proponemos, de esta manera, desentrañar los fundamentos teóricos de un programa y un accionar definitivamente contrarrevolucionarios.
 
Tomaremos como referencia fundamental la caracterización que hace Eugenio Gastiazoro, que será complementada por otros autores ligados al Ptp, como Azcuy Ameghino, y escritores filo-stalinistas en general.
 
Modo de producción
 
Para el Ptp, como decíamos más arriba, el atraso de los países dependientes se visualiza en el agro. En el libro Argentina hoy. Capitalismo dependiente y estructura de clases (1972), la caracterización de Gastiazoro sobre el modo de producción es insinuada desde el mismo título: Argentina es un país capitalista dependiente. Los vínculos del sector terrateniente con el imperialismo son muy estrechos y sus ingresos son derivados al sector servicios, al consumo e importación de artículos extranjeros, estrangulando la actividad del sector productivo. La tarea que se plantea en este libro es la de romper con el imperialismo, para acabar con la dependencia, y poder desarrollar libremente el capitalismo. En El problema agrario argentino y sus soluciones, del mismo autor, publicado cuatro años después del libro citado arriba, la caracterización es diferente. Aquí se plantea el carácter semi-feudal o precapitalista de la explotación agraria argentina. Este cambio de caracterización no carece de importancia: marca un giro a la derecha en las posiciones teóricas del Ptp, como veremos en esta sección del trabajo.
 
Para Marx, el dominio del capitalismo implica el surgimiento de un nuevo tipo de propiedad en el agro. Ya no se trata del antiguo señor, de mentalidad tradicional y poderes absolutos en el marco de su feudo. "La propiedad moderna de la tierra dice Marx es... la propiedad del suelo modificada por la producción capitalista" (2). En este esquema, el terrateniente representa una clase propia del sistema capitalista, que detenta un tipo de propiedad diferente a la detentada por el señor feudal, una propiedad al servicio de la acumulación capitalista. Pero en el esquema de Gastiazoro, el terrateniente del agro argentino es identificado como un resabio feudal de una sociedad donde aún no se ha producido la "revolución burguesa". El agro argentino estaría caracterizado por la propiedad latifundista. Este "monopolio" de la tierra impediría la introducción de la agricultura y garantizaría la producción para el mercado externo, incentivada por la inversión imperialista. Todo esto no haría más que reforzar los lazos de la dependencia (3). Gastiazoro lo explica así: "Las pocas posibilidades de acceso a la tierra y de asentamiento de gente dedicada a la producción agrícola hizo que el arribo a la Argentina fuera poco atractivo para las grandes corrientes inmigratorias del siglo pasado, que optaban por afluir fundamentalmente hacia Estados Unidos, donde la puesta en producción de las tierras se efectuaba a un ritmo vertiginoso, al no encontrar los productores restricciones institucionales para el acceso a ellas. Esto explica el atraso relativo de la expansión del mercado interno argentino, la retracción y mantenimiento de relaciones de producción semifeudales en el campo y las escasas posibilidades de desarrollo industrial..." (4).
 
El párrafo arriba citado es muy ilustrativo del pensamiento del Ptp. Procedamos a analizarlo detenidamente.
 
a) Constatemos, en primer lugar, que la frase "el arribo a la Argentina (fue) poco atractivo (para) las grandes corrientes inmigratorias del siglo pasado" es sencillamente una mentira. Argentina fue, después de Estados Unidos, el país que mayor cantidad de inmigrantes recibió en el período que va de 1870 a 1915. Durante su transcurso, la inmigración neta alcanzó los 2,5 millones y, durante cuarenta años, el 70 por ciento de la población adulta de Buenos Aires fue así oriunda de países extranjeros (5).
 
b) Nótese, en segundo lugar, que las restricciones planteadas para el acceso a la tierra en la Argentina son fundamentalmente institucionales. Podemos decir que Estados Unidos, un país burgués, interesado en el desarrollo de sus fuerzas productivas capitalistas, no levantó barreras institucionales para la ocupación productiva de sus vastos territorios sino que, al contrario, incentivó la colonización de sus tierras vírgenes para garantizar el mejor desarrollo de la naciente nación capitalista. En la Argentina, en cambio, "predominan (y por supuesto, predominaban) relaciones de producción semifeudales", y como afirma un conocido dirigente del Ptp, Otto Vargas, "...las oligarquías locales (...) procuraron impulsar un amplio frente único que aislase a los beneficiarios directos del régimen colonial, manteniendo lo esencial de las relaciones feudales y esclavistas de producción" (6). Después de la independencia, esta "...clase terrateniente de indudable origen colonial" (7), levantó todas las trabas institucionales que le fueron posibles para evitar el asentamiento y el desarrollo capitalista del agro ya que esto hubiese afectado sus intereses. La otra opción, que, según Azcuy Ameguino, era la de "...reformar el régimen latifundista de ocupación del espacio rural" para "...favorecer (...) un proceso de formación originaria de las clases sociales que en el campo expresaran al nuevo modo de producción" (8), fue abortada. Muy lejos de esto, para este autor, "...la apropiación terrateniente, predominantemente latifundista, de las tierras se correspondía con la existencia de un campesinado mayoritariamente sujeto y dependiente de aquellos señores..." (9).
 
Lo que aparece aquí es un modo de producción feudal o precapitalista, una clase terrateniente, feudal o precapitalista, que mantiene "lo esencial de las relaciones feudales y esclavistas de producción" e impide el asentamiento y el desarrollo capitalista del agro. Ni siquiera estamos hablando de capitalismo dependiente, como se hacía en el primer libro que mencionamos al comenzar el capítulo. Dentro del esquema etapista del Ptp, esto significa que la lucha por el socialismo deberá ser aplazada todavía un poco más. La tarea que se propuso el Ptp es exigirle a la burguesía que haga una revolución (un argentinazo), contra el imperialismo y los terratenientes feudales supuestamente ligados a él, y al mismo tiempo plantearle al proletariado que se subordine a la dirección burguesa. La experiencia histórica, en este sentido, ha sido sin ninguna duda nefasta, como tendremos oportunidad de ver más adelante.
 
La cuestión de la renta
 
Renta absoluta
 
En el esquema de Gastiazoro acerca del agro argentino, la propiedad privada del suelo traba el desarrollo del capitalismo y ésta es su verdadera preocupación. Primero, la renta absoluta, renta que percibe el terrateniente en calidad de dueño de la tierra, quita al capitalista una parte de su ganancia. Segundo, si el capitalista logra arrendar la tierra, no introducirá mejoras, ante la obligación de devolver las tierras al vencimiento del contrato. Tercero, el terrateniente que actúe como capitalista tampoco invierte. En palabras textuales de Gastiazoro: "Su falta de interés en realizar este tipo de inversiones responde a la intención de poder conservar como terrateniente la facultad de retirar en cualquier momento la tierra de la producción, cuando mediante su actividad no logre la renta amén de la tasa normal de ganancia" (10). Todos estos factores hacen, siempre según el autor, que la propiedad privada del suelo constituya una traba para el desarrollo capitalista en el campo.
 
Sucede que este autor, que parece un capitalista preocupado por su ganancia, pasa por alto una cuestión fundamental: la propiedad privada de los medios de producción es inherente al sistema capitalista. El capitalismo necesita, por un lado, expropiar a los campesinos para eliminar su autosubsistencia y obligarlos de esta manera a vender su fuerza de trabajo en el mercado y, por el otro, superar los límites de la pequeña propiedad campesina, para poder introducir economías de escala que multipliquen la racionalidad de la explotación y, por lo tanto, la ganancia del capitalista. Por otra parte, la defensa del sacrosanto derecho a la propiedad privada es la esencia del modo de producción capitalista; esto es lo que obliga a una enorme mayoría de explotados a venderle su fuerza de trabajo a los explotadores. La tierra, si bien es un factor limitado, finito, no escapa a esta característica.
 
Pero analicemos punto por punto los problemas planteados por nuestro amigo. En primer lugar, que la renta absoluta quita al capitalista parte de su ganancia es falso. Parte del costo de producción de los productos agrícolas es la renta y este costo es trasladado a los precios. Por lo tanto, en principio, no afecta la ganancia capitalista. Eleva, esto sí, el costo de reproducción de la mano de obra, que consume los productos alimenticios. Pero, en este caso, la elevación del costo de reproducción de la mano de obra se da en todos los sectores y no sólo para el agro, ya que todos necesitan consumir los productos del agro para subsistir. En cualquier caso, la plusvalía no se ve afectada. Por otra parte, la renta no desaparece en el aire: va a parar al sistema financiero y financia a la burguesía. Es decir, que la renta no sólo no afecta la ganancia de los capitalistas sino que contribuye, a través del sistema de créditos, a la inversión y la acumulación de capital en todas las ramas de la economía.
 
En relación con el segundo punto planteado por Gastiazoro, notemos que choca con la evidencia empírica más elemental. Si es cierto lo que él dice, que si el capitalista logra arrendar la tierra no introducirá mejoras, ante la obligación de devolver las tierras al vencimiento del contrato, ¿cómo se explica el enorme desarrollo tecnológico, en cuanto a maquinaria, técnicas de riego, etc., que caracteriza al agro argentino?
 
La zona pampeana, en particular, es testigo de un proceso de elevado desarrollo del capitalismo. Desde 1880, la incorporación de capital constante y variable sienta las bases de una producción fuertemente competitiva. Las gigantescas trilladoras, primero, y más adelante, la introducción de cosechadoras, camiones y tractores a gran escala (a partir de 1920) ponen a la región pampeana dentro de los primeros lugares del mundo en cuanto a tecnología y rendimiento. La condición necesaria para lograr este enorme desarrollo es la propiedad latifundiaria, que garantizaba, debido a las grandes extensiones que configuraba, una eficiente utilización de la moderna tecnología, aprovechando economías de escala (11). ¿Qué lugar ocupan estas transformaciones que revolucionaron el agro como nunca antes en la historia de la humanidad? No esperemos ninguna respuesta.
 
El tercer punto es directamente un disparate. El terrateniente que actúa como capitalista tampoco invierte. Resulta que el terrateniente es un señor feudal aun cuando es un capitalista. El terrateniente (vaya uno a saber por qué extraño mecanismo de la mentalidad feudal) prefiere la renta a la ganancia capitalista y no invierte para poder retirar su tierra de la producción, en caso de que la renta no alcance el nivel correspondiente según la ganancia media. Además de chocar con la evidencia empírica, este planteo va en contra del sentido común: si el terrateniente decide actuar como capitalista, va a ser, efectivamente, un capitalista: va a invertir e intentará percibir la mayor ganancia posible, como cualquier capitalista. La renta es una categoría subordinada a la ganancia y no al revés. La renta sólo aumenta si crece la ganancia. Es decir, el valor de la tierra (y el costo de su arrendamiento) depende del margen de utilidades que esa tierra pueda arrojar. En el caso de que la renta sea baja, la tierra será arrendada de todas maneras: el terrateniente prefiere tener ingresos bajos a no tener ningún ingreso.
 
La renta diferencial
 
Analicemos ahora la cuestión de la renta diferencial. Las tierras que, ya sea por su mayor productividad o por su cercanía a los mercados (lo cual disminuye los costos de transporte), son mejores en relación con otras tierras, aportan al terrateniente una renta diferencial. Significa esto que el precio de arrendamiento de estas tierras es mayor, ya que la ganancia que las mismas arrojan es mayor, en relación con otras tierras. Esto lo refleja Gastiazoro, cuando plantea "la diferente fertilidad del suelo y la distancia entre las propiedades y los mercados permiten, a quienes explotan las mejores tierras y/o las más cercanas a los mercados, una ganancia extraordinaria o diferencial respecto de los que explotan peores tierras, ya sea en calidad o en distancia de los mercados" (12). La renta diferencial es una característica del capitalismo, en donde domina el mercado mundial, y en donde las mercancías (en este caso, productos agrícolas) son producidas para la venta en el mercado. Sólo en un contexto de estas características es posible pensar en la renta diferencial. "La aparición de este beneficio extraordinario presupone la incorporación del campo al mercado capitalista..." (13). El concepto teórico de renta diferencial es inimaginable para una sociedad feudal, en donde la producción de alimentos no es para el mercado sino que es, básicamente, para la autosubsistencia. Pero resulta que los terratenientes feudales, desinteresados por la ganancia capitalista, ignorantes de las mayores posibilidades económicas que ofrece la agricultura, aparecen ocupando las mejores tierras para asegurarse la renta diferencial. La contradicción es insalvable. La conclusión es rechazada a coro por todos los maoístas del Ptp, porque destruiría su imagen del campo argentino dominado por los terratenientes feudales. Sin embargo, la impone el rigor de los hechos: los actuales terratenientes del agro argentino no son una clase feudal, remanente de la colonia, sino que, muy por el contrario, constituyen una clase del moderno capitalismo. Son los propietarios del principal objeto de producción del agro: la tierra.
 
Las clases sociales
 
El carácter de clase de los terratenientes
 
Analicemos ahora un elemento que evidencia, para Gastiazoro, el carácter de clase de los terratenientes argentinos. Según este autor, existe una "tenaz" (14) oposición de los mismos a la introducción de la agricultura. Para Gastiazoro, esto se debe al desarrollo hegemónico de la ganadería, actividad que sólo beneficiaría al imperialismo, que es quien invirtió en este rubro. Esta afirmación es sostenida planteando que a pesar de que la agricultura incorpora más valor agregado que la ganadería, "...sólo un 9% de la tierra apta se dedica a la agricultura..." (15). Según Gastiazoro, "ese 9% de la tierra aporta más de la mitad del valor agregado por el sector agropecuario, mientras que la otra mitad corresponde al resto (91%) de la tierra apta del país" (16).
 
Analicemos este problema de la ganadería versus la agricultura. Si damos por ciertos los grotescos porcentajes aportados por Gastiazoro (9% de la tierra abocada a la agricultura, 91% abocada a la ganadería), salta a la vista la siguiente pregunta: ¿Por qué, si la agricultura incorpora más valor agregado que la ganadería, las tierras dedicadas a la primera actividad ocupan tan poca parte del total de las tierras explotadas? La primera respuesta que se puede dar, en forma inmediata, es que la actividad ganadera necesita una extensión de tierra mucho más grande que la agrícola. Pero si pasamos por alto este dato elemental, y nos seguimos interrogando, como hace el autor: ¿por qué los terratenientes no introducen la agricultura a gran escala? Las respuestas no son muchas. Podemos pensar que los terratenientes no leyeron el libro de Gastiazoro y, por lo tanto, no se les ocurrió, que su mentalidad precapitalista los hace desinteresarse por las ganancias, o bien podemos pensar que la ganadería ofrece mayores ganancias y es por eso que pesa tanto en el porcentaje total de tierras explotadas. Esta última opción, tan evidente como sencilla, no se le ocurre al autor porque quebraría su imagen precapitalista de la explotación agraria argentina. Y sin embargo, que la agricultura aporte más valor agregado no significa que aporte más ganancia. La producción agropecuaria argentina está indisolublemente ligada al mercado mundial, y la orientación de su producción depende de las ventajas comparativas en relación con los demás países productores de productos primarios, es decir, está ligada a la competencia internacional y a las posibilidades de ganancia, más alla del valor agregado que puedan contener los diferentes productos. Sólo un individuo muy fantasioso o verdaderamente necio puede concebir a una clase terrateniente que opera independientemente del mercado mundial, y que "(decide que) se quita parte de la tierra a los cultivos y se echan vacas" (17).
 
Los campesinos y la clase obrera rural
 
Bien diferenciados de los terratenientes, y como clases antagónicas de los mismos, aparecen los campesinos, por un lado, y el proletariado rural, por el otro. Vale la pena aclarar, sin embargo, que dependiendo del libro que se analice, e inclusive de la página que se esté leyendo, la caracterización puede variar notablemente. Tal es así que en algunos tramos del libro Argentina hoy: capitalismo dependiente y estructura de clases, encontraremos a una burguesía "rica" urbana, a otra rural, y las correspondientes medias y pequeñas burguesías, todas con una capa "inferior", y otra "superior" (18). Notamos no sólo que la anterior caracterización diferencia tajantemente a los capitalistas rurales de los urbanos, ignorando por completo la realidad de la intensa movilidad del capital, de determinadas ramas hacia otras, sino que ninguna de estas categorías aparece en el libro posterior que estamos analizando en profundidad. Detrás de este cambio u omisión inocente, se esconde el viraje a la derecha que ya mencionamos, y sobre el que volveremos enseguida.
 
Centrémonos en el análisis de las clases antagónicas a los terratenientes, en su caracterización de 1976 (El problema agrario argentino y sus soluciones). Tenemos, por un lado, a los campesinos, que se subdividen en cuatro categorías (19):
 
a. Campesinos parcelarios o semiproletarios, que son los que no alcanzan a cubrir sus necesidades.
 
b. Campesinos pobres, que son los que logran cubrir sus necesidades, pero no consiguen acumular excedente. Contratan jornaleros sólo esporádicamente.
 
c. Campesinos medios, que son los que pueden lograr un excedente y transformarlo en capital.
 
d. Campesinos ricos, que son los que tienen tierras suficientes como para actuar como capitalistas. Contratan varios jornaleros.
 
Por último tenemos a la clase obrera rural, asimilable a los jornaleros.
 
Está claro que este último esquema no resiste el menor análisis. Dentro de los campesinos, tenemos categorías tan diferentes entre sí, que lo único que comparten, junto con los obreros agrícolas, es el hecho de estar vinculadas al agro. Fuera de esto, las categorías 3 y 4, si contratan mano de obra asalariada y acumulan capital son claramente burguesía, una clase sin duda opuesta a los trabajadores rurales, puestos por Gastiazoro como sus aliados, ya que estos últimos son explotados por sus patrones capitalistas, campesinos en el esquema anterior. Pero no sólo esto, sino que dentro de los campesinos, la categoría 1, que se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a las categorías 3 y 4, e incluso en algunos casos a la categoría 2, ya que no logran cubrir sus necesidades elementales bajo la autosuficiencia, está enfrentada en la lucha de clases con las otras tres categorías, especialmente con la 3 y la 4, que son las que la explotan directamente.
 
Toda esta arbitraria construcción de las clases sociales en el agro es más fácil de comprender si consideramos el único enfrentamiento de clases que el Ptp quiere ver: El de los sectores explotados (incluyendo aquí a amplios sectores de la burguesía) con el imperialismo y los terratenientes. De esta forma, se explica cómo lo que figuraba en el primer libro de Gastiazoro como "burguesía agraria", aparece ahora mezclado en el campesinado, una clase que no se desprende del modo de producción capitalista, y que le sirve al Ptp, en este giro derechista, para ignorar teóricamente la lucha irreconciliable que existe entre capital y trabajo, burgueses y proletarios, campesinos medios o ricos y campesinos semiproletarios o proletarios agrícolas. Esta construcción teórica es profundamente reaccionaria, ya que pretende diluir a la clase trabajadora junto con el enemigo de clase, saboteando de esta manera toda organización independiente de los trabajadores, para condenarnos a soportar la explotación capitalista, a la espera de que nos llegue el turno.
 
Sobre la manipulación de datos
 
La distribución de la tierra
 
En El capitalismo agrario pampeano, Alfredo Pucciarelli, un férreo defensor de la teoría de la dependencia, coincide con Gastiazoro en que "...el capitalismo agropecuario en la Argentina nace doblemente condicionado por la orientación económica que le impone el latifundio y por las oscilaciones y condiciones de expropiación externa trazadas desde el mercado exterior" (20). A pesar de esta coincidencia inicial, y de otras posteriores, llama la atención el manejo que se hace de las fuentes estadísticas en uno y otro caso.
 
En ambos casos, se quiere probar el "efecto distorsionante" de la presencia del latifundio en la estructura productiva argentina.
 
Pucciarelli va a tomar los datos del tercer Censo Nacional, año 1914, tomo V, y va introducir una primera diferenciación: En las regiones marginales, tanto la concentración de la tierra como la cantidad de minifundios es mucho mayor que en las zonas más productivas. En La Rioja, por ejemplo, las explotaciones de 0 a 25 hectáreas representan el 64% de las explotaciones, y ocupan un 0,8% de la superficie explotable. En la región pampeana, tenemos que los minifundios (0-25 ha), ocupando el 0,8% de tierra, representan el 22% de las explotaciones. En relación con los latifundios (más de 5.000 ha), en La Rioja representan el 3% de las explotaciones y ocupan el 56% de la superficie económicamente apta, mientras que en la región pampeana ocupan un 32,2% y representan el 0,6 de las explotaciones (21).
 
Para resumir, dice Pucciarelli: "(En la región pampeana) No sólo es menor el peso relativo de los grandes latifundios sino que las parcelas minifundiarias apenas superan el 20% del total. Pero, además, entre unas y otros hay una serie de categorías intermedias ... que agrupan el 75% de los establecimientos y más del 40% de la tierra explotada". Y concluye: "A pesar de desenvolverse en el marco de una economía dominada por el latifundio, la región pampeana presenta una característica diferencial en relación con las estructuras más arcaicas del capitalismo dependiente: el coeficiente de concentración de la tierra explotada en agroganadería es menor" (22).
 
Gastiazoro empieza planteando "...el 47% de la tierra económicamente explotada del país ... aparece concentrada en el 1,2% de las explotaciones, que son las que tienen más de 5.000 hectáreas. En el otro extremo, el 38,4% de las explotaciones, que son las que tienen menos de 25 hectáreas cada una, cubre solamente el 1% de la tierra censada.". Y continúa: "Si a las explotaciones de más de 5.000 hectáreas agregamos las que van de 1.000 a 5.000, nos encontramos con que el 74,4% de la superficie se encuentra en manos del 5,6% de las explotaciones." Los datos fueron extraídos de los trabajos efectuados sobre el censo por CONADE-CFI (23), Gallo Mendoza y N. Tadeo, y por el que realizó CIDA, algunos de los cuales son utilizados por Pucciarelli. ¿De dónde surgen, entonces, números y datos tan disímiles? En primer lugar, vemos que Gastiazoro mete en la misma bolsa a regiones de tan bajo rendimiento como son La Rioja o Salta, junto con la región pampeana. Como hemos visto en Pucciarelli, los coeficientes de concentración no son los mismos para unas y para otras. Esto hace que el nivel de concentración aparezca abultado en los totales de Gastiazoro (24). No sólo esto sino que al medir con la misma vara a tierras de capacidad productiva tan desigual, este autor convierte su lectura en inútil por completo, ya que, en este caso, las tierras deben medirse por su capacidad productiva y no por su extensión. El mismo autor reconoce, más adelante, que "...200 hectáreas en una zona de riego ... pueden ser tanto o más importantes que 5.000 hectáreas de jarilla en San Luis o en La Rioja" (25). A pesar de esto, todo aparece compensado: las superficies relativamente extensas pero no tan productivas, no entran en la categoría de latifundio, pero se ven compensadas por tierras no tan extensas pero que, de acuerdo con su capacidad económica, entran en la categoría de latifundio. El criterio es definitivamente antojadizo y anticientífico.
 
Pero volvamos un poco hacia atrás. Gastiazoro junta a las explotaciones de 5.000 ha con las de 1.000 a 5.000 ha, y concluye que el 74,4% de la superficie se encuentra en manos del 5,6% de las explotaciones. Pero más adelante, nos habla de los campesinos ricos con explotaciones de 2.000 ha de promedio (26). ¿Pero cómo, más de 1.000 hectáreas no eran latifundio? Si esto último es cierto, entonces el propietario de esas 2.000 ha es un terrateniente latifundista y no un campesino rico.
 
La dificultad radica en que, a pesar de que Gastiazoro repite sistemáticamente la palabra latifundio, no sabe muy bien lo que es. No hay, de hecho, en todo el texto una sola definición precisa de latifundio. Por momentos se refiere a las explotaciones de más de 5.000 ha, en otras ocasiones, como vimos más arriba, se les suman las que van de 1.000 a 5.000 ha, en otros momentos son las que tienen un promedio de 9.000 ha. Algo similar ocurre con la categoría de minifundio. Esta definición se corresponde alternativamente con explotaciones de hasta 25 ha, o de hasta 200 ha: "...si a las explotaciones de hasta 25 hectáreas agregamos las que van de 25 a 200, nos encontramos con que el 77% de las explotaciones tiene sólo el 10,4% de la tierra explotada" (27).
 
No es nuestra intención, desde ya, negar el peso del latifundio en nuestro país. No obstante, desenmascarar la manipulación sistemática de datos en la que incurre Gastiazoro contribuye en el estudio de la imagen del campo argentino que dista mucho de ser la que el Ptp pretende construir.
 
(VER RECUADRO EN PDF)
 
Hacia una síntesis
 
Un esquema sin sustento empírico e insostenible teóricamente
 
Las fantasiosas elucubraciones de Gastiazoro son el resultado de pretender ajustar la realidad del agro argentino a un esquema preconcebido. Este autor ignora por completo cuál fue la evolución del agro argentino y cuáles son las clases sociales que intervienen en este proceso. Lamentablemente para él, las cosas son bastante diferentes de lo que se imagina.
 
Ya desde 1870, se comienza a registrar una fuerte expansión del área sembrada. Al mismo tiempo, se empiezan a incorporar a la explotación los últimos adelantos tecnológicos (trilladoras y segadoras mecánicas), proceso que se profundiza hacia 1920, con la adquisición cada vez mayor de cosechadoras, lo que redundó en un fuerte aumento de la composición orgánica del capital agrario (28). La implementación de estos adelantos por parte de la burguesía agraria argentina demuestra no sólo que la propiedad latifundiaria no constituyó una traba para el desarrollo del capitalismo sino que, por el contrario, lo favoreció. La propiedad privada garantizó el acceso al arrendamiento por parte de los chacareros capitalistas, quienes obtuvieron enormes beneficios, en base a la explotación del trabajo asalariado. La extensión de las propiedades posibilitó la implementación de economías de escala, incorporando tecnología fija que arrojaba un gran rendimiento por área sembrada. Estos factores son los que determinaron no ya el desarrollo del capitalismo en el agro sino la hegemonía argentina en los mercados cerealeros mundiales hasta la crisis del 30 (29).
 
Resumamos, pues, lo que tenemos hasta aquí. En primer lugar, lejos de lo que pretende el Ptp, el carácter capitalista del agro pampeano es indiscutible. Los chacareros (campesinos medios o ricos, en el esquema de Gastiazoro) conforman una clase burguesa que llegó a ser altamente competitiva a nivel mundial, introduciendo importantes innovaciones tecnológicas (al revés de lo que propone el mismo autor), por un lado, y explotando a los jornaleros (aliados de los campesinos, en el modelo que analizamos), por el otro.
 
En segundo lugar, los terratenientes no sólo no trabaron este proceso sino que lo acompañaron e impulsaron, arrendando sus tierras y recibiendo a cambio una porción de la plusvalía extraída a los trabajadores agrarios. Justamente en este punto cobra sentido el concepto de renta. Esta sólo existe como una categoría subordinada a la ganancia. Si no hay ganancia, la tierra no se arrienda y, por lo tanto, no da renta. La renta diferencial es el producto de las mejoras introducidas por la burguesía agraria, en su lucha por la competencia en los mercados mundiales.
 
Tercero, el carácter capitalista del agro, y sus correspondientes relaciones sociales, enfrentan a los obreros rurales con la burguesía agraria, y con la clase terrateniente. La burguesía nacional (agraria o no) es un estrecho aliado del imperialismo (aunque le pese al Ptp), dado que la existencia y reproducción de ambos se basa en una constante coincidente: el monopolio de los medios de producción y la explotación de los trabajadores.
 
Por último, apuntemos que el predominio de una determinada actividad agropecuaria (ganadería, por ejemplo) se relaciona con la obtención de la mayor ganancia posible, dadas las condiciones de competencia en el mercado mundial, y no con el deseo de un caprichoso señor feudal, por otra parte inexistente.
 
Comentarios finales
 
La lucha de clases y las etapas. Algunos ejemplos históricos
 
La burguesía, enfrentada con los trabajadores, se encuentra atada por innumerables lazos al imperialismo y a la gran propiedad agraria. Cualquier levantamiento de los trabajadores oprimidos por el capitalismo hace peligrar el sistema de acumulación del que se benefician la burguesía, los terratenientes y el imperialismo. Es por eso que una verdadera revolución nacional antiimperialista sólo puede estar dirigida por el movimiento obrero. En palabras de Trotsky: "...la dictadura del proletariado se convertiría en el instrumento para la realización de los fines de una revolución burguesa históricamente retrasada. Pero las cosas no podían quedar aquí. Al llegar al poder, el proletariado veríase obligado a hacer cortes cada vez más profundos en el derecho de propiedad privada, abrazando con ello las reivindicaciones de carácter socialista" (30). Los ejemplos de Cuba y México confirman con exactitud estas palabras. En el primer caso, la dirección obrera que se terminó imponiendo no sólo consumó la revolución nacional sino que, para defenderla, se expandió al plano social, y terminó consumando una revolución socialista. En México, por el contrario, la dirección burguesa que finalmente preponderó liquidó la revolución (31). En relación con el programa y accionar contrarrevolucionarios que propone el maoísta Ptp, el ejemplo mismo de la revolución china es tremendamente ilustrativo. Hacia 1924, y aduciendo que se estaba produciendo una revolución de carácter nacional, y que por lo tanto la dirección del movimiento le correspondía a la burguesía, el stalinismo reconoció como partido dirigente al Kuomintang, partido de la burguesía nacional. No sólo esto, sino que se obligó al Partido Comunista Chino a ingresar al Kuomintang y a someterse a su disciplina. Los resultados fueron catastróficos. El movimiento obrero y campesino fue reprimido salvajemente por el Kuomintang, y quedó completamente desarticulado y desmoralizado. La revolución, obviamente, fue abortada. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, y con el territorio chino dividido por el control del PC, por un lado, y del Kuomitang, por el otro, el estalinismo insiste una vez más con su política contrarrevolucionaria, y se dispone a frenar las reformas agrarias de fondo, y a concertar un gobierno de coalición con el Kuomintang. Mao acata esta política, pero se ve desbordado por todos los flancos: por un lado, el Kuomintang rompe los acuerdos auspiciados por el estalinismo y el imperialismo yanki, y ataca a las brigadas rojas del PC. Por el otro, la rebelión campesina se vuelve cada vez más intensa y obliga al PC a introducir las reformas tan esperadas por las masas y tan contenidas por el PC. En definitiva, la revolución china triunfó porque derrotó a la burguesía y no porque ésta la dirigió. Triunfó porque la alianza obrero-campesina se alzó con el poder ignorando las sagradas etapas stalinistas, y obligando a Mao a modificar su estrategia y a romper, en este sentido, con Stalin. ¿En qué estará pensando la dirección del Ptp cuando busca alianzas electorales con sectores de la burguesía nacional, o cuando intenta sabotear todo intento de organización independiente de los trabajadores, impulsando mesas multisectoriales (multiclasistas) por doquier?
 
Analicemos, por último, la propia experiencia de la Revolución Rusa. En Rusia, las últimas conquistas de la técnica y de la estructura capitalista son implantadas en unas relaciones de barbarie feudal y prefeudal, de la mano del imperialismo, transformándolas y dominándolas. Justamente, esto es lo que permite que triunfe una revolución proletaria en una nación más atrasada económicamente que los países de la Europa Occidental. La inversión del capital extranjero y del Estado generaron en Rusia el desarrollo de un potente y concentrado proletariado, frente a una débil burguesía que se pasó al campo de la contrarrevolución, por miedo a la acción revolucionaria del proletariado, organizado en un partido propio e independiente, como era el partido bolchevique. El gobierno provisional, nacido de la revolución burguesa de febrero, fue incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo, y ni siquiera pudo llevar adelante la reforma agraria, es decir, no pudo implementar su propio programa burgués. Va a ser la Revolución de Octubre y la dictadura del proletariado las que se van a encargar de dar curso a las tareas propias de la revolución burguesa. El campesinado, por su carácter de clase contradictorio (mitad propietario, mitad proletario), no tuvo ni pudo tener un programa propio e independiente para tomar el poder: los kulaks (campesinos ricos) arrastraban al campesinado a una alianza con la burguesía, mientras que los campesinos pobres, se inclinaban hacia al proletariado. Sólo el proletariado fue capaz de aglutinar detrás suyo a todas las clases oprimidas y cumplir así con las tareas de la revolución. ¿Aceptaría, sin embargo, el proletariado, después de haberse armado y conquistado el poder, dejarse explotar por los capitalistas? Definitivamente, no. Por eso es que, una vez conquistada la revolución agraria, el proletariado pasó directamente a imponer las reivindicaciones socialistas. En este sentido, la revolución es permanente: las tareas de la revolución burguesa se combinan, sin etapas, con las de la revolución socialista.
 
Hay, sin embargo, una diferencia entre los ejemplos mencionados y el caso argentino. Sucede que, fundamentalmente en México y en China, el peso del campesinado es verdaderamente significativo. No sucede esto en Argentina, en donde el campesinado como clase no existe. Sí existen, como se explicaba más arriba, terratenientes (pero no de carácter feudal), burguesía, pequeñoburguesía y proletariado rurales. Esto se debe simplemente a que las relaciones capitalistas, en la inmensa mayoría de las tierras de nuestro país, se hallan vastamente extendidas. Partiendo desde aquí, el panorama político se clarifica aún más: el carácter de clase ambiguo (proletario-pequeñoburgués) del campesinado no ejerce su influencia sobre las masas, y la necesidad de derrocar a la burguesía y tomar el poder se convierte en un objetivo muy claro para un auténtico revolucionario. La política del Ptp apunta, como hemos visto, a subordinar a los trabajadores a los partidos, las organizaciones y los programas de la burguesía. Ellos mismos se subordinaron cuando entraron en las listas de Menem en 1989, o más recientemente en las listas del Mid de San Juan, un partido igualmente menemista, en las últimas elecciones a diputados de octubre de 1997. En el turbulento período que se avecina, la vanguardia obrera debe actuar con firmeza y claridad política. La existencia de un aliado seguro y probado de la burguesía, dentro del campo popular, es un hecho que no puede ser ignorado ni minimizado. En este momento, más que nunca, tenemos que plantear el problema de la organización de los trabajadores con total claridad. Aquella organización que no luche por la independencia política de los trabajadores en la perspectiva de la toma del poder, se coloca consciente o inconscientemente en el campo de la reacción política.
 
 
Notas:
1. Gastiazoro, Eugenio, El problema agrario argentino y sus soluciones, Paidós, Buenos Aires, 1976, pág. 10.
2. Marx, Karl, Teorías sobre la plusvalía, Cartago, Bs.As., 1974, tomo II, pág. 205. Ver también El Capital, tomo III, cap. XXXVII a XLVII.
3. Idem 1, pág. 51.
4. Idem 1, pág. 12. Destacado nuestro.
5. Ver Glade, William. "América Latina y la economía internacional", 1870-1914 en Leslie Bethell (ed), Historia de América Latina, pág. 31. Ver también Romero, J.L., Latinoamérica: Las ciudades y las ideas, México, Siglo XXI, 1984 y Halperín Donghi, T., Historia contemporánea de América Latina, Madrid, Alianza, 1993.
6. Ver cit. Azcuy Ameghino, E., Historia de Artigas y la independencia argentina, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1993, págs. 53 y 54.
7. Azcuy Ameguino, E., "Comercio exterior y comercio de cueros en el Virreinato del Río de la Plata", en CIHES, Doc. Tr. Nº 3, 1988, pág. 26.
8. Idem 6, págs. 69 y 70.
9. Idem 6, pág. 69.
10. Idem 1, pág. 44.
11. Para un mayor desarrollo sobre la cuestión de la tecnología en el agro argentino, ver Sartelli, Eduardo, "Ríos de oro y gigantes de acero", en Razón y revolución, Nº 3,1997.
12. Idem 1, pág. 46.
13. Idem 1, pág. 46.
14. Idem 1, pág. 12.
15. Idem 1, pág. 20.
16. Idem 1, pág. 20.
17. Idem 1, pág. 50.
18. Gastiazoro, Eugenio, Argentina hoy: capitalismo dependiente y estructura de clases, Polemos Editorial, Bs. As., 1972, págs. 113 a 115.
19. Idem 1, pág. 28.
20. Pucciarelli, Alfredo R., El capitalismo agrario pampeano 1880-1930, Hyspamérica, Bs. As., 1986, pág. 47.
21. Pucciarelli, op. cit. Ver cuadro V1, pág. 252.
22. Pucciarelli, op.cit., págs. 254 y 255.
23. Idem 1, pág. 22.
24. Ver cuadro de página 118.
25. Idem 1, pág. 22.
26. Idem 1, pág. 23.
27. Idem 1, pág. 21.
28. La incorporación de tecnología siguió un ritmo verdaderamente vertiginoso. Los censos nacionales establecen la cantidad de 2.500 cosechadoras para 1908, 8.444 para 1914, 21.755 para 1927, y 40.414 hacia 1937. Fuentes: Censos nacionales, Anuario de Comercio Exterior y Conti, M, "Lo que deben conocer nuestros agricultores sobre la cosecha de trigo", en Boletín Nº 2 de UBA, Fac. de Agric. y Veterinaria, Bs.As., 1929, pág. 46.
29. Ver Sartelli, Eduardo, "Ríos de oro y gigantes de acero", en Razón y Revolución, Nº 3, 1997
30. Trotsky, León, La revolución permanente, Hyspamérica, Bs.As., 1988, pág. 28.
31. Para profundizar este tema, ver Adolfo Gilly, La revolución interrumpida, Ediciones Era, México, 1994.

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