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El lugar de Internet en la crisis capitalista

Por Luis Oviedo
En una economía mundial caracterizada por la sobreproducción y la tendencia a la deflación y a la depresión, Internet la red que enlaza a las computadoras a través del mundo es la única rama que crece. Y lo hace a tasas verdaderamente espectaculares.
 
El número de usuarios creció más del 600% en los Estados Unidos en los últimos dos años. Fuera de Estados Unidos, es todavía más espectacular: sólo en América Latina, el número de usuarios creció 1.200% desde 1997. Internet se ha convertido, en pocos años, en uno de los principales medios mundiales de comunicación: en 1998, el correo electrónico (E-mail) superó al correo postal como medio de transmisión de correspondencia.
 
Internet, que comenzó como una aplicación militar y luego se desarrolló como una herramienta de comunicación académica, se ha convertido, de una manera casi excluyente, en una vastísima red comercial, donde es posible vender desde programas informáticos hasta servicios financieros y turísticos, automóviles o libros. En consecuencia, lo que mide realmente su crecimiento es el desarrollo del comercio electrónico (E-com). En Estados Unidos, las ventas electrónicas alcanzaron los 8.000 millones de dólares en 1998, una cifra que triplica la registrada en 1997. A nivel mundial, superó los 13.000 millones de dólares. Este récord es todavía más llamativo si se considera que se ha producido en el cuadro de una contracción del comercio internacional: en 1998, por primera vez desde la última posguerra, el monto del comercio mundial ha retrocedido como consecuencia del efecto combinado de la baja de los precios de las materias primas y la recesión en numerosos países.
 
Los pronósticos más optimistas anticipan una duplicación anual del volumen mundial del comercio electrónico hasta alcanzar los 400.000 millones de dólares en el 2002 y un crecimiento más moderado a partir de entonces, hasta llegar a los 2,5 billones a fines de la próxima década.
 
Otro indicador del crecimiento de Internet es el aumento de la venta de servidores, las computadoras usadas para albergar los millones de páginas de la red: las ventas de Sun Microsystems crecieron un 30% en 1998; las de otros grandes fabricantes, como Hewlett Packard o IBM, crecieron, en promedio, un 15%. Se trata de un desempeño que otros grandes pulpos capitalistas, como GM o Texaco, envidiarían.
 
Sobre la base de estas vastas proyecciones comerciales, las acciones de las empresas de Internet son las que más se han valorizado en la hipervalorizada Bolsa de Wall Street. En 1998, el crecimiento promedio de las acciones de las empresas que operan en Internet fue del 225%, una cifra varias veces por encima del promedio de Wall Street (e incluso por encima del promedio de las acciones tecnológicas, que incluyen empresas que no operan en Internet). Pero esto es sólo un promedio: la valorización de algunas de las acciones más calientes de Internet superó el 1.200% en un solo año.
 
Con la entrada en el negocio de grandes pulpos como ATT, General Electric o Disney, también pegaron un enorme salto las adquisiciones de empresas Internet y las fusiones. En el segundo semestre de 1998 se registraron 247 compras y fusiones por un total de 16.000 millones de dólares (contra 167 acuerdos en el primer semestre). Los capitales envueltos en estas fusiones son enormes: en la compra de Excite (uno de los más importantes portales de ingreso a la red), la empresa At Home (a su vez, propiedad de la ATT) pagó un premio del 78% por acción. En otras palabras, la ATT pagó las acciones al 178% de su ya altísimo valor bursátil. Este premio y otros similares se explican porque "las grandes empresas que quieren entrar a Internet no tienen otra alternativa que pagar" (1).
 
¿La red mundial de computadoras y el ciber-comercio electrónico serán, como pretenden sus apologistas, la locomotora joven y potente que sacará de la crisis a los pesados y quebrados vagones de la economía del mundo real? ¿O son más bien, por el contrario, un factor de agravamiento de la crisis mundial?
 
Una burbuja especulativa volátil y salvaje...
 
Como otras revoluciones tecnológicas del pasado los ferrocarriles, la electricidad, el automóvil, la radio, la televisión o las computadoras, Internet ha desatado una manía de compras en Wall Street.
 
Las acciones de las empresas Internet son las más requeridas por los especuladores, sin importar su precio o la solidez de la empresa. Más aún, basta que cualquier empresa anuncie que abrirá negocios on-line para que automáticamente su cotización bursátil se dispare (2). En consecuencia, las acciones de las empresas Internet alcanzaron "precios que dan vértigo" (3), incluso para los elevadísimos niveles alcanzados por la Bolsa de Nueva York.
 
La valorización bursátil de las empresas líderes en la Internet asusta a muchos banqueros e inversores. America On Line, el mayor proveedor norteamericano de conexión telefónica con la red, con 15 millones de usuarios, tiene una valorización bursátil superior a la de la General Motors. La valorización de Yahoo!, uno de los más importantes portales, supera la de la Boeing-McDonell. La de Amazon.com que vende libros y música por Internet es mayor que la de Texaco o que la de la suma de dos de las más importantes cadenas de ventas minoristas de los Estados Unidos (J. C. Penney y Kmart).
 
La fiebre por las acciones Internet es tan brutal que incluso empresas desconocidas tienen rendimientos explosivos. En su primer día de cotización en Wall Street, las acciones de la empresa theglobe.com se valorizaron un 600%; las de otra empresa tan desconocida como la anterior Marketwatch, dedicada a la compra-venta de acciones por Internet se valorizó en un 484%. En 1998, en su primer día de cotización, las acciones Internet se valorizaron en promedio un 120%.
 
El crecimiento de los precios de las acciones Internet es tan violento que "los métodos tradicionales de valuación de las acciones han perdido sentido" (4). La valorización bursátil de Yahoo! equivale al 152% de su facturación anual y la de Amazon.com supera el 30% cuando esta relación en grandes empresas como GM o Wal-Mart no llega al 1%.
 
La sobrevaluación de estas acciones es todavía más espectacular si se compara su precio con el beneficio que producen las empresas. Muchas de las empresas Internet no han producido todavía un centavo de beneficios y no se espera que lo hagan en los próximos años. Peor aún, hay pesimistas que pronostican que empresas de venta minorista por Internet, como la mencionada Amazon.com, nunca obtendrán beneficios.
 
¿Esta inflación verdaderamente brutal de las acciones Internet indica un movimiento de capitales de largo plazo, de acuerdo con la tan prolongada maduración que prometen las empresas que operan en Internet? Ciertamente, no.
 
Las acciones Internet son compradas y vendidas ¡hasta 60 veces por día! Los compradores retienen las acciones cada vez menos tiempo, algo que los especialistas califican como "un hecho preocupante" (5). La compra-venta de estas acciones es tan frenética que el tiempo que insume la negociación de un volumen de acciones equivalente a la valorización total de una empresa se ha derrumbado: en el caso de Amazon.com, por ejemplo, pasó de 57 días (en el 97) a 13 días en diciembre de 1998 a pesar de que, en ese mismo lapso, su valorización bursátil aumentó en más del 100%.
 
"No es inversión. Es mentalidad de casino", resume un analista de Wall Street (6). Otro la califica como "la burbuja especulativa más salvaje de este siglo" (7) tan pródigo en burbujas especulativas salvajes.
 
...que marcha al derrumbe
 
No son pocos los que han señalado la extrema fragilidad de esta ciber-burbuja. "Después de la frenética corrida que llevó este invierno (boreal) a las acciones de empresas que todavía no obtienen beneficios a precios que dan vértigo, los inversores pueden sufrir grandes pérdidas por haber elegido ávidamente estas acciones calientes y volátiles" (8).
 
La sobrevaluación de las acciones Internet es tan manifiesta que hasta los optimistas pronostican una caída de hasta el 50% en el curso de este año. La revista británica The Economist afirma enfáticamente que "las acciones Internet caerán" (9). Las mismas razones que llevaron al aumento casi vertical de sus precios pocas acciones disponibles para la negociación, extrema velocidad de las transacciones, empresas poco o nada conocidas pueden convertir esta caída en un colapso.
 
La razón de esta inevitable pinchadura no es sólo el todavía escaso desarrollo que ha alcanzado el comercio electrónico sino, por sobre todo, sus inciertas perspectivas capitalistas. "El problema continúa The Economist no es solamente que pocas acciones Internet realmente tengan beneficios (...) Aunque pocos dudan que el comercio electrónico tenga un futuro emocionante, personas razonables difieren acerca de cómo y cuán rentable será ese futuro (...) Para justificar los precios actuales de sus acciones, las empresas Internet deberían gozar de un crecimiento sin precedentes en ventas y beneficios. Tomaría varios años de beneficios anuales de 1.000 millones de dólares para que tuviera sentido el actual valor de mercado de Amazon.com de 20.000 millones de dólares. Pero las ventas totales de Amazon.com en 1998 fueron de apenas 600 millones. Las ventas de muchas de las estrellas de Internet de hoy jamás llegarán tan alto" (10).
 
La pinchadura de la burbuja Internet, dicen los especialistas, sería incluso "saludable" (11) si fuera posible evitar que arrastrara en su caída a todo Wall Street. Por el papel que jugaron estas acciones en impulsar el alza que llevó a la Bolsa de Nueva York a los 10.000 puntos, su derrumbe podría ser el inicio de una caída generalizada.
 
Internet ha acentuado enormemente la sobrevaluación de las acciones y de la Bolsa neoyorquina tomada como un todo. Es decir que ha agudizado exponencialmente su volatilidad y su fragilidad. Como señala un analista, "Internet ha dado un nuevo sentido a la palabra volatilidad" (12).
 
Toda esta especulación significa una todavía mayor acumulación y sobreacumulación de capital ficticio. Tomando a la economía norteamericana en su conjunto, Internet ha agudizado la contradicción entre la masa de capital acumulado y la masa de plusvalía que la burguesía norteamericana arranca de la clase obrera mundial agravando, por lo tanto, la tendencia declinante de la tasa de beneficio media. Internet es, entonces, un factor de agudización de la crisis. Pero es también, y por ese mismo motivo, un factor de salida en la medida en que empuja a la quiebra a los capitales menos concentrados y rentables.
 
Entre los candidatos a la quiebra están, en primera fila, las propias empresas Internet porque, como anticipa un diario financiero, "sólo los fuertes sobrevivirán a la fiebre de Internet en Wall Street" (13). Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, anticipó que "la mayoría de las actuales empresas de Internet quebrarán" (14). "Habrá pocos ganadores y muchos perdedores", confirma otro comentarista (15). Incluso, las propias estrellas del actual firmamento Internet como Microsoft, AOL, Yahoo! o Amazon.com pueden quedar en el lote de los perdedores como consecuencia del propio desarrollo tecnológico.
 
¿Por qué, a pesar de semejantes perspectivas, es tan fuerte la Internet-manía entre los especuladores, al punto de que un diario financiero dice que "Internet ha convertido a los inversionistas en especuladores incontrolables" (16)?
 
La función de esta especulación desenfrenada es aceitar el proceso de centralización de capitales es decir, de compra y de adquisiciones de empresas por los grandes pulpos que se desarrolla, en lo fundamental, fuera de la Bolsa.
 
Este movimiento especulativo febril acompañó a cada una de las nuevas invenciones que fueron revolucionando el modo de producción capitalista. Rara vez, sin embargo, las compañías pioneras en una nueva rama fueron las que acabaron dominándola después de su copamiento monopólico por el capital financiero. Por eso, The Economist pronostica que "los historiadores del futuro bien podrán incorporar a las acciones de Internet a la larga lista de activos industriales incluyendo a la firmas de biotecnología en los 90, las compañías de radio en la década del 20 o las empresas de electricidad y los ferrocarriles en el siglo XIX que se han derrumbado espectacularmente" (17). De esos derrumbes emergieron los ganadores que en el período previo habían logrado monopolizar esas ramas de la producción: "las acciones beneficiadas con la fiebre desaparecen cuando el sector se estabiliza" (18). Es un proceso de expropiación de los pequeños y medianos capitalistas innovadores y de los pequeños inversores en beneficio de los grandes monopolios. Lo mismo está ocurriendo con Internet, donde se libra una batalla fenomenal por su monopolización.
 
Un especialista explica de esta manera la ansiedad que anima a los inversores a comprar a precios exorbitantes acciones de empresas que no obtienen beneficios y que muy posiblemente terminen en la quiebra: "alguien va a ganar y alguien va a perder; pero mientras tanto ambos tienen la oportunidad de ganar un montón de dinero" (19). Ese montón de dinero los beneficios especulativos producidos por la ciber-burbuja lubrica y facilita el proceso de la centralización de capitales y de copamiento monopólico de Internet.
 
Crisis y tecnología
 
En una nota editorial, el semanario británico The Economist sostiene que la pinchadura de la burbuja Internet sería "saludable" porque "los capitalistas del Silicon Valley (donde se encuentra radicada la industria de la informática) tienen más dinero del que pueden saber utilizar" (20). En otras palabras, han acumulado una masa de capital que está condenada a desvalorizarse porque no puede ser aplicada productivamente: bajo la forma de dinero, este capital no rinde ningún beneficio.
 
Un ejemplo de esta enorme acumulación de beneficios líquidos es Microsoft, que está sentada sobre una caja de 17.000 millones de dólares en efectivo, que crece a razón de 2.000 millones de dólares por año. En Prensa Obrera se ha analizado el significado de esta forzada inmovilización de capital:
 
"Puesto a analizar las alternativas del uso (de esa enorme masa de dinero en efectivo), un columnista del diario Financial Times no consigue llegar a ninguna conclusión. Aunque Microsoft tiene un récord de ganancias del orden del 40% de su capital en acciones, desestima que las destine a mayores inversiones porque las que ya van a investigación y desarrollo constituyen el 16% de todos sus ingresos. Es bien sabido, sin embargo, que las innovaciones tecnológicas de Microsoft son las más bajas de la industria y que sus mayores logros fueron pirateados a sus competidores. Según el columnista, el acaparamiento de nuevas empresas que aparecen en el mercado con innovaciones sigue siendo la práctica corriente de Microsoft.
 
"Otra posibilidad sería destinar el dinero a comprar empresas de espectáculos o de servicios financieros, pero esto enfrentaría problemas legales de monopolio. La recompra de sus propias acciones que se cotizan en Bolsa resultaría inconveniente debido a que su precio es inusitadamente alto, casi cincuenta veces sus ganancias. Pero como la inmovilización de decenas de miles de millones de dólares es manifiestamente improductiva desde el punto de vista capitalista, la conclusión del analista es que Microsoft debería deshacerse voluntariamente de, por lo menos, 10.000 millones de su excedente, por medio de un pago único a sus accionistas.
 
"La finalidad de esta alternativa es movilizar el capital-dinero parado hacia otras ramas de inversión, utilizando el canal de la distribución de dividendos. Es decir, que la informática se encuentra saturada desde el punto de vista del mercado y debería derivar su capital en exceso hacia otras industrias menos innovadoras. Mantener en la congeladora excedentes extraordinarios en efectivo presiona a la baja el rendimiento de los capitales que se colocan a interés y señala una tendencia al colapso económico conjunto del capitalismo" (21).
 
Aunque es un caso extremo, el de Microsoft no es el único. Otras grandes empresas informáticas están en la misma situación: Sun Microsystems, por ejemplo, tiene un margen operativo del 51% (incluso superior al de Microsoft) sobre ventas anuales de varias decenas de miles de millones. Las conclusiones precedentes, por lo tanto, pueden aplicarse a toda la industria informática.
 
Comercio electrónico: limitaciones y contradicciones
 
Es frecuente escuchar que Internet cambia la manera de hacer negocios y hasta se afirma que "el comercio electrónico será el fundamento del capitalismo del siglo XXI" (22).
 
Hasta el presente, sin embargo, los resultados son más bien modestos para tan ambiciosos objetivos.
 
El número de compradores por Internet, aunque en constante aumento, es todavía una fracción ridículamente minúscula del número de usuarios. El comercio electrónico alcanzó en los Estados Unidos un monto de 8.000 millones de dólares en 1998. Aunque esta cifra triplica las ventas de 1997, representa apenas el 0,5% del total del comercio minorista de los Estados Unidos (1,7 billones de dólares anuales). El monto del comercio electrónico es inferior todavía al que se realiza por correo. En comparación, todo el comercio electrónico en los Estados Unidos representa apenas el 6% de las ventas de una sola de las grandes cadenas minoristas como Wal-Mart.
 
Otra evidencia de la actual estrechez comercial de Internet es que el gasto en publicidad en los sitios de la red alcanza apenas al 0,7% del total del gasto publicitario en los Estados Unidos. Los especialistas estiman que no superará el 5% en el futuro previsible.
 
Incluso si se mantuvieran las actuales tasas geométricas de crecimiento, el comercio electrónico tardaría todavía varios años en alcanzar una porción tan modesta como el 5% del comercio minorista norteamericano. Demasiado poco para convertirse en la locomotora que saque a la economía capitalista de la crisis actual.
 
Sin embargo, a pesar de su relativa pequeñez, el comercio electrónico está teniendo una significativa influencia... como punta de lanza de la deflación, de la guerra de precios y de la caída de los márgenes de ganancia. Es decir, como un factor de potenciación de las tendencias propias de la crisis capitalista.
 
El comercio electrónico no crea nuevos clientes ni mercados sino que viene a reemplazar al ya establecido. El crecimiento de las ventas de automóviles, turismo o libros por Internet no ha significado un aumento paralelo de sus ventas totales. A diferencia de lo ocurrido con otras revoluciones tecnológicas del pasado, como la del ferrocarril, por ejemplo, con Internet no hay creación de nuevo comercio sino una nueva redistribución entre las empresas capitalistas. En un cuadro mundial deflacionario, esta redistribución sólo puede tener lugar mediante una ola de quiebras, bancarrotas y catástrofes comerciales. Robert Murdoch, el dueño de uno de los mayores imperios periodísticos internacionales, apunta en esta dirección cuando afirma que "Internet destruirá más empresas que las que creará porque elimina los intermediarios" (23).
 
El desarrollo del comercio electrónico tiene un definido efecto depresivo sobre el comercio mundial, en términos de precios y de beneficios. Veamos cómo actúa el comercio electrónico tomando como ejemplo a la empresa Amazon.com, el mayor vendedor mundial de libros on-line, que ha sido objeto de numerosas investigaciones periodísticas.
 
Amazon.com vende libros casi al costo, a precios que no pueden ser imitados por las librerías tradicionales. En este terreno, las ventajas del comercio electrónico son formidables.
 
Una de ellas es que permite una brutal racionalización de personal, en la medida en que ya no son necesarios, entre otras categorías, cajeros, empleados de ventas, de depósitos, personal de seguridad de los salones de ventas. Así, las ventas por empleado de Amazon.com (373.000 dólares anuales) más que triplican las de la mayor librería tradicional norteamericana, Barnes & Noble (24).
 
Con todo, la principal ventaja de empresas como Amazon.com radica en "la baratura del capital que obtiene" (25): el stock promedio de las librerías tradicionales es de 160 días de ventas contra 15 días de Amazon.com, con el consecuente ahorro de espacio físico (depósitos). Esto ocurre porque, a diferencia de las librerías tradicionales, Amazon.com no necesita tener un libro en sus estantes para poder venderlo. Este ahorro financiero le permite pagar a sus proveedores con apenas 15 días de demora (contra 45/90 días de las librerías tradicionales). De esta manera, obtiene menores precios por los libros que compra y evita pagar los intereses que debe desembolsar el comercio tradicional por el crédito comercial de sus proveedores. "Este flujo de 25 millones mensuales provee gran parte del capital que Amazon utiliza para cubrir sus gastos operativos" (26).
 
Utilizando estos mecanismos, Amazon.com ejerce una "fuerte presión sobre los márgenes de beneficio" de todo el sector de librería (27). Lo mismo sucede en el resto de las ramas (como turismo o ventas minoristas de discos compactos) en los que el comercio electrónico ha logrado una posición medianamente significativa.
 
Pero la baratura del capital (o para decirlo de otra manera, la inversión relativamente baja necesaria para montar un comercio on line) que es una ventaja frente al comercio tradicional, se vuelve contra las perspectivas capitalistas del propio comercio electrónico. Esto porque lo que no es posible para el comercio tradicional (competir a través de la rebaja de los precios), sí lo es para los distintos competidores on-line. Los nueve principales competidores electrónicos de Amazon.com, por ejemplo, se han coaligado para vender libros y discos compactos al costo. Estas empresas esperan obtener beneficios de la publicidad que se coloque en sus páginas. Esto, sin embargo, es calificado por una revista financiera como "una ecuación para el fracaso": "el futuro anticipa será muy desagradable para varias de las hipervaluadas empresas de Internet que basan sus ingresos en la publicidad y no en las ventas" (28).
 
Además, el comercio tradicional comienza a abrir sus propios sitios de venta en la red: para competir con Amazon.com en su mismo terreno, la ya mencionada Barnes & Noble y la mayor casa editorial europea, la alemana Berstelmann, se asociaron para montar un sitio de ventas y firmaron, además, un convenio de exclusividad con Microsoft (por el cual son los únicos autorizados a vender libros en el sitio comercial de Microsoft).
 
No son éstas, por cierto, las únicas amenazas para un pulpo electrónico como Amazon.com. Están empezando a aparecer sitios en los cuales, por el pago de una suscripción, los potenciales compradores pueden informarse sobre la dirección en la cual se vende al precio más bajo un producto determinado. Hay quienes, incluso, están vendiendo sistemáticamente por debajo del precio de costo. La empresa norteamericana Price-Line abrió un sitio para vender por subasta: el eventual comprador establece el precio que está dispuesto a pagar por un producto o un servicio, por ejemplo un pasaje aéreo en una determinada ruta y horario. Con esa oferta, la empresa consulta a los proveedores. Si alguno acepta el precio ofrecido, la venta se realiza ... normalmente a precios sustancialmente menores al costo (29).
 
De todo esto se desprende que la guerra de precios en el comercio electrónico es sencillamente brutal y está provocando una sistemática caída de los beneficios en el comercio sometido a su competencia en primer lugar, en el propio comercio electrónico.
 
Thomas Friedman, del New York Times, sostiene que "lo que Amazon.com y (la devaluación de) Brasil nos están diciendo es que la próxima fase de la globalización será realmente depresiva. Apretará los márgenes de beneficios de todas las empresas que hacen negocios en Internet (o que compiten con ellas) y será un terror para los productores" (30). Lo realmente significativo no es que Friedman le asigne al comercio electrónico un efecto deflacionario y depresivo sino que cuantifica sus efectos en una magnitud equivalente a las devaluaciones competitivas que se han venido sucediendo en el último año y medio hasta llegar a la de enero en Brasil. Para entender la magnitud deflacionaria y depresiva que se le asigna a Internet hay que recordar que estas devaluaciones llevaron los precios internacionales de las materias primas a su nivel más bajo de las últimas décadas.
 
Por todas estas razones, son muchos los que aseguran que Amazon.com nunca obtendrá beneficios, aún cuando concentre el 60% de las ventas de libros por Internet. Las perspectivas para las empresas de segundo o tercer orden son infinitamente más difíciles.
 
Esta guerra de precios explica la aparente paradoja de que, a pesar del paso del tiempo, del aumento de las ventas y del número de clientes, las pérdidas de Amazon.com aumenten en lugar de disminuir. En el tercer trimestre de 1998, sus pérdidas fueron de 25 millones de dólares (más del doble que en el mismo período del año anterior) pese a que sus ventas se triplicaron. "Cuanto más vende, más pierde", sintetiza una revista de negocios norteamericana (31).
 
A modo de epitafio anticipado, una revista británica señala que "Amazon.com puede tener ventas de miles de millones de dólares y las ganancias de un kiosco de pochoclo" (32). En otras palabras, la estrella del comercio electrónico puede convertirse en el más espectacular fracaso de la historia del capitalismo, un régimen en el cual la producción y venta de mercancías es, tan sólo, el vehículo para la valorización del capital.
 
Estados Unidos versus Asia y Europa: la guerra comercial en el ciberespacio
 
Internet, como el béisbol o la Coca Cola, es un producto típicamente norteamericano. Fue desarrollada inicialmente por el ejército norteamericano durante la guerra fría como un sistema de comunicaciones virtualmente inmune a los ataques enemigos. Posteriormente, las universidades norteamericanas iniciaron su uso civil. Fueron norteamericanas las empresas que desarrollaron tanto los programas como el instrumental para su uso y son norteamericanas las empresas que lideran todos los rubros ligados a la tecnología de Internet. Finalmente, fueron también los mismos norteamericanos los que primero desarrollaron su veta comercial. El inglés norteamericano es el idioma dominante en la red, lo que no es sino un reflejo de que el capital de ese origen es la principal potencia económica detrás de la expansión de la Internet.
 
De esta manera, Internet es además de un potentísimo canal de penetración ideológica y política del imperialismo norteamericano una fenomenal arma contra sus rivales comerciales.
 
"Europa está comenzando a sentir la presión de Estados Unidos" en la lucha por la dominación del comercio electrónico (33). El tráfico y el comercio en Internet crecen más rápidamente fuera que dentro de los Estados Unidos y se estima que, en el curso de los próximos dos años, el monto total del comercio electrónico originado fuera de los Estados Unidos superará al originado dentro de ese país. Pero "¡las empresas que más venden en Internet son las norteamericanas!" (34).
 
El suplemento económico del diario francés Le Monde advierte que "Europa (y en especial Francia) está atrasada varios años" en el desarrollo del comercio electrónico y anticipa que "alrededor del 70% de las empresas europeas podrían no ser más competitivas de aquí al 2001 si continúan ignorando el comercio electrónico" (35).
 
Algunas, a pesar de las advertencias, han llegado irremediablemente tarde. La ya mencionada Amazon.com realiza el 22% de sus ventas en el exterior de los Estados Unidos. Para competir con ella, como señalábamos arriba, la alemana Berstelmann se asoció con una librería norteamericana, Barnes & Noble. Pero, mientras tanto, Amazon.com ya montó dos sitios de venta en Europa (uno en Gran Bretaña, otro en Alemania) para fortalecer su cabeza de playa.
 
La presión norteamericana derrumbó las débiles barreras al desarrollo del comercio electrónico que intentaron imponer algunos gobiernos europeos, notablemente el de Francia. Por eso, "la industria de la computación (europea) festejó la decisión del gobierno de Jospin de facilitar el uso de Internet y pavimentar el desarrollo del comercio electrónico" (36). Pero para cuando el gobierno francés se decidió a fomentar el comercio electrónico, ya hacía rato que los usuarios franceses venían comprando en los sitios norteamericanos.
 
Europa y Asia, ni hablar de América Latina, quizás, hayan llegado definitivamente tarde como consecuencia de que "el mercado comercial electrónico se está cerrando rápidamente" (37). Los europeos y también los asiáticos tienen cada vez menos posibilidades de acceder a un lugar comercial de privilegio en la red a causa de su copamiento por los grandes pulpos y de los acuerdos monopólicos establecidos entre los proveedores de programas, los portales de acceso a la red y los proveedores, todos ellos norteamericanos.
 
America On Line (AOL), el mayor servicio de conexión telefónica a la red y uno de los mayores portales de los Estados Unidos, ha comprado a Netscape, productora de programas de navegación, y ha establecido un acuerdo con Sun Microsistems, proveedora de servidores y de Java, el programa más utilizado para montar sitios en Internet. Además, firmó centenares de contratos de exclusividad con numerosas empresas, 99% de ellas norteamericanas, para que solamente sus productos puedan venderse en el concurrido sitio comercial de AOL.
 
Estos acuerdos monopólicos son una limitación fundamental para el acceso de los europeos y los asiáticos a un lugar relevante en el comercio electrónico y amenazan con relegarlos al papel de simples consumidores. Todo esto demuestra que en el mercado más globalizado del planeta, el del comercio electrónico, el capital continúa teniendo o mejor dicho, refuerza su carácter nacional en oposición a los restantes capitales.
 
La centralización del capital y el copamiento monopólico que se viene desarrollando en Internet, y que tienen como principales beneficiarios a los grandes monopolios norteamericanos, son inseparables del agravamiento de la lucha comercial y financiera interimperialista.
 
Monopolización y crisis política
 
Las pequeñas empresas que desarrollaron Internet y que comenzaron con el comercio electrónico están desapareciendo aceleradamente. Las fusiones, las adquisiciones, la formación de alianzas monopólicas y el ingreso al negocio de grandes pulpos extraños, como la ATT, Disney o la NBC, subsidiaria de la General Electric es decir, el proceso de la centralización capitalista de la nueva rama, sólo están dejando lugar a pulpos gigantescos.
 
En poco más de un año desaparecieron pioneras como Netscape (que desarrolló el primer programa para navegar a través de la red), Hotmail (una de las primeras en ofrecer servicio gratuito de correo electrónico) y los portales Geocities, Infoseek y Excite. Fueron devorados por los grandes pulpos, que están librando una batalla mortal para monopolizar los programas de navegación, los portales, los sitios comerciales, las vías de acceso alternativas a Internet (como la TV por cable) y la aún en desarrollo tecnología para la conexión con la red sin necesidad de pasar por una computadora.
 
La presión de la competencia es tan feroz y es tan grande la envergadura de los monopolios que se colocan a cada lado de la trinchera que no han podido menos que provocar una crisis política que paralizó al propio Ejecutivo norteamericano.
 
"Las mayores compañías de telefonía y tecnología informa un diario financiero están librando una dura batalla de lobby (que ha) sitiado a la Comisión Federal de Comunicaciones" (38). Los contendientes son la ATT, los operadores de cable y Microsoft, de una parte; AOL, la telefónica US West y los proveedores de servicios de conexión telefónica a Internet, por el otro. El motivo de la disputa es la monopolización del acceso de alta velocidad a Internet a través de la TV por cable (en lugar de hacerlo, como hasta hoy, por vía telefónica). AOL y los proveedores de conexiones telefónicas a Internet reclaman que el gobierno desregule el régimen de la TV por cable para obligar a la ATT a abrir esa vasta red a las empresas rivales que deseen prestar servicios de conexión a Internet. El monopolio de la ATT sobre el acceso a Internet por medio del llamado cable-módem desvalorizaría de inmediato a AOL, una empresa que, no hay que olvidarlo, tiene una valorización bursátil superior a la de GM. ATT se niega rotundamente a abrir sus redes porque, precisamente, compró a la empresa de TV por cable TCI para ganar ese lugar de privilegio en el futuro mercado de conexión de alta velocidad a Internet. La "intensidad de la pelea" (39) es tal que la poderosa Comisión Federal de Comunicaciones no ha logrado, hasta el momento, fijar una posición.
 
Otra muestra de la parálisis que está provocando en el Ejecutivo norteamericano el enfrentamiento de los pulpos informáticos es la posición o mejor dicho, la falta de ella del gobierno de Clinton en el juicio que el propio Estado le ha entablado a Microsoft por prácticas monopólicas. Lo que está en juego en ese juicio es, nada menos, que el dominio de Internet y, de un modo más general, "el destino de toda la industria informática norteamericana" (40).
 
Clinton, hasta el momento, ha guardado silencio frente al juicio y sobre qué hacer con Microsoft. Esto porque "cualquier posición que asuma le causará problemas a Gore (su vicepresidente, próximo candidato presidencial demócrata y representante del lobby informático en el actual gobierno). En un momento en que está buscando conseguir apoyo y dinero en una comunidad de negocios escéptica, le produciría daños ser visto buscando hacer pedazos a la más exitosa corporación norteamericana. Pero, al mismo tiempo, el grupo de empresarios de la informática que lo rodea de hecho, su gabinete de confianza incluye algunos de los más ardientes críticos de Microsoft" (41). Para el diario de los especuladores norteamericanos, la suerte de la candidatura demócrata en las próximas elecciones podría decidirse en el caso Microsoft.
 
La gran batalla
 
Entre los numerosos acuerdos de fusión o compra que tuvieron lugar en los últimos meses, hubo uno que "shockeó a la industria informática" (42): el anuncio de la compra de Netscape (el competidor directo de Microsoft en la venta de programas de navegación por Internet) por America On Line, el principal proveedor norteamericano de acceso a Internet y una de las principales páginas de ventas y productos en la red, competidor directo de Microsoft en este último campo. El acuerdo incluye a otro enemigo de Microsoft, Sun Microsystems, que recibirá de AOL la tecnología y los programas de Netscape para expandir la difusión de su lenguaje Java (43).
 
Esta fusión ha creado un competidor formidable para Microsoft, el gigante de la informática que domina el negocio de los programas operativos y de aplicaciones para computadoras de escritorio y de los navegadores de Internet y que está desarrollando una furiosa ofensiva para monopolizar, también, el comercio electrónico. "Ya no será una guerra entre David y Goliat sino una gran batalla entre Goliat y Goliat", dice un diario financiero en referencia a la batalla entre Microsoft y sus competidores (44).
 
Mediante el acuerdo, AOL extenderá su dominio comercial sobre Internet, agregando a sus actuales 15 millones de usuarios (fundamentalmente hogareños) los varios millones de usuarios empresarios de la página comercial de Netscape. Con esto, hará casi imbatible el único monopolio que, hasta ahora, "Microsoft no pudo quebrar" (45). Al mismo tiempo, los grandes beneficios de AOL permitirán actualizar tecnológicamente el navegador Netscape para competir con el de Microsoft.
 
Con todo, la principal amenaza que plantea esta alianza para Microsoft radica en otra parte. AOL no es una empresa de informática sino de venta de servicios en red; a diferencia de Microsoft no está atada a las computadoras sino que sus negocios van mucho más allá: a la TV digital y, sobre todo, al desarrollo de otros aparatos (televisión, agendas de bolsillo, computadoras de mano) que puedan conectarse a Internet de manera más sencilla, directa y barata y, sobre todo, sin pasar por una computadora y, en consecuencia, sin pasar por el sistema operativo de Microsoft. La batalla que se plantea "no es por el mercado de los navegadores sino por la manera en que la gente y las empresas se conectan a Internet y cómo hacen negocios en ella () El cambio de la industria del software, de la fabricación de programas para computadoras al de programas para servers que permitan correr aplicaciones sobre Internet para toda clase de aparatos digitales, con tecnología Java, aparece como una amenaza creíble para Microsoft" (46).
 
Claro que todo esto no puede ocultar el hecho de que Netscape ha desaparecido del mapa: los más de 4.000 millones que pagó AOL por la empresa representan una estrategia de salida para sus inversores, que han decidido vender antes que la empresa termine quebrada.
 
La alianza AOL-Netscape-Sun, sin embargo, parece ser apenas un acuerdo transitorio y provisional en el camino hacia una mayor monopolización de la Internet y de la industria informática: uno de los grandes pesos pesados del capitalismo norteamericano la IBM ha entrado en la batalla.
 
Hasta mediados de los 80, IBM se había especializado en la fabricación de computadoras. Cuando quiso entrar en el mercado de los sistemas operativos de computadoras de escritorio, fracasó porque Microsoft le impuso a los fabricantes y a las empresas de programación contratos de exclusividad para el uso de su sistema operativo. Pero el desarrollo del lenguaje Java cambió las cosas e IBM vuelve a la carga.
 
IBM es el principal impulsor de la utilización del Java como alternativa a la dominación de Microsoft. Como hace notar un experto, la Sun no tiene la suficiente potencia financiera para convertir, por sí misma, al lenguaje que desarrolló en una amenaza para Microsoft; sólo el respaldo de la IBM que tiene un tamaño diez veces superior a Microsoft ha llevado al Java al lugar que ocupa en la actualidad (47). Al mismo tiempo, como reconoció el propio Bill Gates en una comunicación interna que se hizo pública durante el juicio, "(Microsoft) podría poner rápidamente en su lugar los intentos de IBM por entrar en la industria del software si no fuera por el Java" (48).
 
"IBM aparece cada vez más claramente como el pivot de la alianza anti-Microsoft" (49), que incluye a casi toda la industria de programación. En particular, esta alianza está a la cabeza en el desarrollo de aparatos digitales para el ingreso en la red.
 
Esta alianza monopólica se extiende mucho más allá de las fronteras de la industria informática. Sun Microsystems ha establecido una alianza con los dos mayores fabricantes mundiales de artículos electrónicos para el hogar, Philips y Sony, para "crear una generación de aparatos en red que se comunicarán entre sí y con los hombres a través de Internet" (50) tomando como base el lenguaje Jini, un derivado del Java que permite a los programadores desarrollar aplicaciones para una completa red de máquinas, no sólo computadoras. El diario que informa acerca de esta alianza señala que, con la aparición de estos aparatos, está comenzando la "era post-PC".
 
No son, sin embargo, los únicos que están desarrollando este tipo de tecnología. La británica Psion ha establecido una alianza con los principales fabricantes mundiales de teléfonos celulares Motorola, Nokia y Ericsson para "desarrollar una nueva generación de aparatos manuales inteligentes capaces de acceder a Internet" (51). Se espera que los primeros aparatos de este tipo teléfonos celulares capaces de enviar y recibir faxes y correos electrónicos aparecerán a fines de este año.
 
"El número de estos aparatos inteligentes superará al de computadoras hogareñas en el año 2001", anticipa una revista de negocios (52). Esta perspectiva de centralización del capital en la industria informática plantea la posibilidad de la desaparición de algunos de los grandes de hoy, como Microsoft, cuya suerte está ligada a la de las computadoras de escritorio. Otra vez, el desarrollo tecnológico es un arma en la lucha por la monopolización y está subordinada a ésta.
 
La alianza anti-Microsoft es, sin embargo, una "alianza frágil y díscola" (53), porque cada uno de sus integrantes es, a su vez, competidor de los restantes. Esto plantea, a término, la absorción de los más débiles por el más fuerte, es decir por IBM. Esta perspectiva ha llevado al presidente de la IBM a sostener que "al final, será una batalla entre Microsoft y nosotros" (ídem). Lo mismo opinan, incluso, los restantes miembros de la alianza: el presidente de Oracle, uno de los más fieros competidores de Microsoft, afirma que "mi sueño es que IBM compre a las otras compañías y compita con Microsoft" (54). Todo esto permite anticipar que los acuerdos de hoy serán rotos y reemplazados por nuevos enfrentamientos, acentuando (y no atenuando) la presente crisis económica mundial.
 
Crisis capitalista
 
La guerra por el dominio de la Internet y el desarrollo de nuevos aparatos digitales es presentada habitualmente como una demostración de la revolución tecnológica y de la pujanza del capitalismo. Pero aquí hay una guerra provocada por la crisis capitalista de sobreproducción y la caída de los beneficios.
 
La furiosa entrada de IBM al mercado de los programas de computación está dictada "por una cuestión que la industria de la informática evita mencionar: el mercado de las PC en los Estados Unidos está próximo a su punto de saturación" (55). El crecimiento de las ventas en 1998 fue del 10%, contra el 16/18% de los últimos años. La mayoría de los especialistas sostiene que las ventas todavía continuarán subiendo, aunque a ritmo decreciente, hasta mediados de 1999 para después "colapsar" (56). El presidente de Oracle afirma, por su parte, que "la proliferación de PC es insostenible" (57).
 
Este pronóstico no se ha cumplido en los primeros meses de 1999. Lo que sostuvo las ventas de computadoras en este período no fue, sin embargo, la expansión del mercado sino la renovación forzosa provocada por los temores que despierta la llamada bomba del 2000 (58). Pero la tendencia a la saturación del mercado de computadoras es imparable, como lo muestra la situación de los fabricantes de microprocesadores.
 
"Sigue en duda dice un diario de negocios la capacidad de Intel (el mayor fabricante mundial de microprocesadores) de mantener su porción en el mercado de rápido crecimiento de las computadoras de bajo precio" (59). En diciembre, los precios de las computadoras cayeron por primera vez debajo de los 1.000 dólares (en los Estados Unidos) y se espera que haya computadoras de menos de 500 dólares en junio. Los beneficios de la industria de fabricación de computadoras y de sus componentes, en consecuencia, se están derrumbando (60).
 
Esta caída de precios y beneficios es la causa de la crisis de la histórica alianza entre Microsoft e Intel, ya que la primera ha salido a establecer contratos con otros fabricantes de chips más baratos. Uno de estos fabricantes, National Semiconductors, plantea la perspectiva, en un futuro no muy lejano, de computadoras gratis que, como los teléfonos celulares en la actualidad, serán entregadas sin cargo para poder vender el servicio de conexión.
 
La saturación del mercado de computadoras plantea, a su vez, el estancamiento del número de usuarios de Internet. Para continuar su expansión, el mercado de acceso a Internet y el del comercio electrónico necesitan alcanzar a una franja de consumidores que no tiene acceso a las computadoras, dada su creciente complejidad. Esto explica el desarrollo desesperado de nuevos aparatos digitales que puedan conectarse directamente a Internet más sencillos y más baratos, y por lo tanto accesibles a esa franja de consumidores potenciales.
 
Barbarie, socialismo e Internet
 
Por la extrema volatilidad que ha agregado a las Bolsas, por el carácter todavía epidérmico del comercio electrónico, por sus efectos deflacionarios sobre precios y beneficios, y por su incierto futuro capitalista; por la sobreproducción mundial de computadoras y microprocesadores, por la brutal lucha monopólica entablada en torno de la dominación de Internet y del comercio electrónico; por todo esto, difícilmente pueda afirmarse que el desarrollo de Internet y del comercio electrónico abran una vía de salida a la crisis capitalista mundial. Al contrario, esos mismos factores los presentan como un factor que la agrava y la profundiza.
 
Que Internet y el comercio electrónico no puedan ser la locomotora que lleve a la economía mundial hacia delante no debería extrañar. La historia enseña que la salida a crisis de una envergadura histórica como la presente no es económica ni, mucho menos, tecnológica, sino social y política.
 
La agudeza que ha alcanzado la crisis significa que existe una fenomenal sobreacumulación de capital por relación a la masa de plusvalía que ese capital puede arrancar al proletariado mundial. En consecuencia, la salida de la crisis supone un completo reordenamiento de las relaciones entre las clases a nivel mundial. En otras palabras, plantea la necesidad de una completa reorganización social a escala planetaria.
 
La salida de la burguesía y del capital financiero plantea la liquidación de una masa sustancial del capital excedente y la elevación drástica y permanente de la explotación obrera para elevar la tasa de beneficio. Esta salida exige la alteración de los regímenes políticos y del conjunto de las relaciones internacionales en una dirección represiva para contener y arbitrar las brutales contradicciones sociales que plantea. Esta salida de la desocupación, de la superexplotación, de la miseria, del agravamiento de la opresión nacional y de la intervención militar del imperialismo a escala planetaria es la salida de la barbarie.
 
La salida del proletariado plantea el entierro de un régimen histórico agotado y en avanzada descomposición mediante la revolución proletaria y la completa reorganización socialista de la economía mundial.
 
No han pasado muchos años para que quedaran en el olvido las teorías que decían que Internet "revolucionaría el mundo en que vivimos" y que hasta lograría la superación pacífica del capitalismo mediante la organización espontánea de la producción. Internet es, cada vez más, el dominio de los grandes monopolios capitalistas. Tampoco pasará mucho tiempo para que se demuestre que no serán la Internet o el comercio electrónico sino la más implacable lucha de clases quien dictará la salida a la crisis mundial.
 
 
Notas:
1. Business Week, 1° de febrero de 1999.
2. Un ejemplo del alcance de esta Internet-manía en Wall Street lo dio la empresa Active Apparel, una tercerizadora que fabrica ropa deportiva para las marcas Converse y Everlast. En los días siguientes al anuncio de que abriría una página web para vender sus productos, el precio de sus acciones trepó un 820% en medio de una especulación descontrolada: en dos días, el monto negociado multiplicó por 16 el valor de la empresa. A los especuladores no les importó que la empresa tuviera beneficios mínimos (apenas 100.000 dólares anuales, menos del 1% por acción) o que la propia empresa anunciara que no esperaba aumentar sus ventas más que un 5% con la apertura de su página web (The Washington Post, 8 de enero de 1999).
3. The New York Times, 19 de enero de 1999.
4. Idem.
5. The Wall Street Journal, 5 de enero de 1999.
6. The New York Times, 2 de febrero de 1999.
7. The Washington Post, 8 de enero de 1999.
8. The New York Times, 19 de enero de 1999.
9. The Economist, 30 de enero de 1999.
10. Idem (diferenciado LO).
11. Idem.
12. The Washington Post, 8 de enero de 1999.
13. The Wall Street Journal, 1° de febrero de 1999.
14. Ambito Financiero, 29 de enero de 1999.
15. Los Angeles Times, 24 de enero de 1999.
16. The Wall Street Journal, 5 de enero de 1999.
17. The Economist, 30 de enero de 1999.
18. The Wall Street Journal, 1° de febrero de 1999.
19. The Wall Street Journal, 26 de enero de 1999 (diferenciado LO)
20. The Economist, 30 de enero de 1999.
21. Miguel Briante, "La crisis y la tecnología"; en Prensa Obrera Nº 607, 12 de noviembre de 1998.
22. Business Week, 7 de diciembre de 1998.
23. Financial Times, 13 de enero de 1999.
24. Business Week, reproducido por Gazeta Mercantil, 9 de enero de 1999.
25. Idem.
26. Idem.
27. The Economist, 30 de enero de 1999.
28. Forbes, 28 de diciembre de 1998.
29. Financial Times, 11 de enero de 1999.
30. The New York Times, 18 de enero de 1999.
31. Business Week, 7 de diciembre de 1998.
32. The Economist, 30 de enero de 1999.
33. Forbes, 28 de diciembre de 1998.
34. Idem.
35. Le Monde, 30 de marzo de 1999.
36. Financial Times, 21 de enero de 1999.
37. Forbes, 28 de diciembre de 1998.
38. The Wall Street Journal, 22 de enero de 1999.
39. Idem.
40. The Wall Street Journal, 19 de noviembre de 1998.
41. Idem.
42. The Wall Street Journal, 30 de noviembre de 1998.
43. Los programas basados en el lenguaje Java tienen la peculiaridad de que pueden operar en cualquier computadora y con cualquier sistema operativo. Precisamente por esto, amenazan con acabar con la exclusividad de Microsoft, que monopoliza el mercado de aplicaciones (procesadores de texto, planillas de cálculos) y de navegadores de Internet a partir de su monopolio sobre el mercado de sistemas operativos (el programa sin el cual una computadora ni siquiera puede arrancar): Microsoft ha atado cada uno de estos programas a su sistema operativo, Windows. Por eso, Sun/Java constituyen una amenaza "devaluatoria y potencialmente destructiva" para Microsoft, según las palabras de su propio presidente, Bill Gates. Para acabar con Sun, Microsoft firmó un contrato para la utilización de su programa Java que luego incumplió, modificándolo para que sólo pudiera funcionar con su sistema operativo. La justicia norteamericana acaba de fallar a favor de Sun Microsystems en el juicio que ésta entabló contra Microsoft por la alteración de Java.
44. The Wall Street Journal, 30 de noviembre de 1998.
45. Idem, 2 de diciembre de 1998.
46. Idem, 19 de noviembre de 1998.
47. Idem.
48. Idem.
49. Idem.
50. The New York Times, 20 de enero de 1999.
51. Financial Times, 19 de enero de 1999.
52. Business Week, 8 de marzo de 1999.
53. The Wall Street Journal, 19 de noviembre de 1998.
54. Idem.
55. Folha de Sao Paulo, 28 de noviembre de 1998.
56. Financial Times, 17 de noviembre de 1998.
57. Idem.
58. Los modelos más antiguos de computadoras están equipados con microprocesadores que registran las fechas con campos de sólo dos dígitos variables. En consecuencia, estos chips no reconocerían el año 2000 (00) como el posterior a 1999 (99), provocando alteraciones en su funcionamiento. Según el Financial Times (5 de enero), "nadie sabe cuánto daño puede causar" esta bomba que, "a esta altura ha dejado de ser un problema tecnológico para convertirse en un problema político".
59. Financial Times, 12 de enero de 1999.
60. Idem.

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