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Punto de viraje para la lucha nacional kurda en Turquía

Por Sungur Savran
El bombardeo de los campos del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) en el norte de Irak por parte de la fuerza aérea turca, 16 de diciembre de 2007), fue el primer gran resultado de la alianza turco-norteamericana contra el movimiento nacional kurdo, sellada (en la Casa Blanca el 5 de noviembre de 2007) entre George Bush y el primer ministro Tayyip Erdogan. El ataque destruye una multitud de mitos referidos a la política norteamericana frente a Turquía y la cuestión kurda, muy extendidos en la izquierda turca y en el movimiento kurdo. Pero también simboliza la apertura de un nuevo período para el movimiento nacional kurdo.
 
Mucha histeria ha provocado en los últimos cuatro años en Turquía la supuesta alianza entre Estados Unidos y el PKK – el movimiento guerrillero que ha estado luchando por los derechos nacionales kurdos desde 1984–, al punto que el propio primer ministro, un firme aliado de Estados Unidos, amenazó en octubre con poner fin a la alianza establecida hace ya mucho tiempo entre Turquía y Estados Unidos. El mito ha sido propagado por el movimiento fascista, que pretendía posar como una fuerza anti-norteamericana en nombre de los intereses nacionales turcos, y por la llamada "izquierda nacionalista", una muy amplia formación de fuerzas políticas, intelectuales y organizaciones que posan de antiimperialistas mientras, en los hechos, desarrollan una política decididamente chovinista ante la cuestión nacional kurda. Las negociaciones del 5 de noviembre en la Casa Blanca pusieron fin a esta hipocresía. Bush declaró que el PKK era un enemigo de Estados Unidos, prometió proveer a Turquía inteligencia "en tiempo real" para ayudar en sus planeados ataques en el norte de Irak, y refrenó la vehemente reacción de los dirigentes kurdos del norte de Irak (Barzani y Talabani) ante la perspectiva de operaciones turcas más allá de las fronteras. El bombardeo de las bases y aldeas que supuestamente escondían guerrilleros del PKK en el norte de Irak, el 16 de diciembre, fue la primera aplicación seria de este nuevo acuerdo. El jefe del Estado Mayor del ejército turco (TSK) se empeñó en enfatizar la contribución de Estados Unidos a la operación, puntualizando que Washington no sólo había provisto inteligencia, sino también dado autorización a Turquía para entrar en el espacio aéreo iraquí. Más simbólicamente, entre los aviones utilizados por Turquía para bombardear los blancos del PKK, se contaban los F-4 modernizados por Israel. Uno encuentra aquí, casi en su expresión pura, un frente de las fuerzas más reaccionarias que actúan en el Medio Oriente.
 
Este desarrollo destruye totalmente los cuidadosamente detallados mitos construidos desde la guerra de Irak de 2003 por la izquierda nacionalista, y revela su hipocresía. Después de todo, la fuerza que ellos continuamente suponen antiimperialista y anti-norteamericana, y a la que apoyaron contra el gobierno semi-islámico, el TSK, ahora está colaborando en el campo de batalla con Estados Unidos. Por lo tanto, esta izquierda nacionalista se encuentra ahora del mismo lado de la barricada que el imperialismo.
 
Desafortunadamente, la izquierda nacionalista y los fascistas no estuvieron solos pintando este cuadro irreal en el período que se extiende desde la guerra de Irak al acuerdo de la Casa Blanca. El propio movimiento nacional kurdo construyó castillos en el aire intentando hacer creer que Estados Unidos había optado definitivamente por sus nuevos aliados kurdos en todos los países del Medio Oriente; es decir, no sólo en Irak, Irán y Siria, sino también en Turquía. La idea era que, a menos que Turquía dejara de oprimir a su población kurda, sufriría la misma suerte que los tres países en cuestión. Este planteo era el eco, del otro lado de la barricada, de las ideas de la izquierda nacionalista y de los fascistas. Los otros tres países en cuestión han sido calificados como el "Eje del Mal" por Bush en los días que siguieron al 11 de septiembre, mientras Turquía es quizás el aliado más importante de Estados Unidos en Medio Oriente después de Israel. Con un ejército cuyo tamaño es el segundo más grande de la Otan (después del norteamericano), con la economía capitalista más avanzada de la región con la excepción de Israel, con un régimen secular moldeado según el modelo occidental, integrada a todas las instituciones supranacionales del mundo occidental y empeñada en negociaciones para integrarse a la Unión Europea, por lo tanto presentada como un modelo en el mundo islámico, Turquía es un aliado indispensable para Estados Unidos, especialmente en estos tiempos de guerras y conflictos en los Balcanes, Medio Oriente, el Cáucaso y Asia Central.
 
Nosotros, Lucha Obrera, durante todos estos años hemos hecho el mayor esfuerzo para explicar este simple hecho al movimiento kurdo y al movimiento obrero y socialista. El reciente giro de los acontecimientos es una clara confirmación de los análisis que hemos realizado. El movimiento kurdo y todos los demás deberán sacar sus deducciones de este estado de cosas y, de acuerdo con ellos, realinear rápidamente su política. 
 
El movimiento nacional kurdo entre el martillo y el yunque
 
El acuerdo de la Casa Blanca no fue, por supuesto, unidireccional. A cambio del extendido apoyo a su lucha contra el PKK, Turquía fue convencida de cambiar su orientación frente a los aliados kurdo-iraquíes de Estados Unidos (todavía no sabemos a qué clase de acuerdo sucio llevaron en referencia a Irán).Desde comienzos de la década del ’90,cuando Estados Unidos dejó en claro, al calor de la Guerra del Golfo, que estaba inclinándose hacia el movimiento kurdo de Irak como un nuevo aliado, la de otra manera sólida alianza entre Estados Unidos y Turquía fue dañada por el desagrado de esta última al ver nacer una entidad política kurda independiente en el sur turco.
Como insistimos a comienzos de los ’90, la solución norteamericana a este espinoso problema de las contradicciones entre sus dos aliados, Turquía y los kurdos de Irak, fue un nuevo arreglo acerca de las bases sobre las cuales Turquía sería el protector de la nueva entidad a cambio de ventajas políticas y económicas y la asistencia de la dirección kurda iraquí a su reclamo de aplastar al PKK.
 
Había muchos en el "establishment" turco que ya habían sido ganados a esta idea. Pero todavía el TSK, el más poderoso actor de la política turca, parecía alejado y distante.El acuerdo de la Casa Blanca parece haber sido un punto de viraje en la completa conversión del "establishment" turco a esta solución norteamericana. Un signo revelador es el sorprendente giro del líder de los llamados socialdemócratas del CHP (el Partido Republicano del Pueblo) inmediatamente después de las negociaciones en la Casa Blanca, que súbitamente descubrió la necesidad de relaciones de buena vecindad con la entidad kurda en Irak, cuando hasta el día anterior se desbordaba en insultos a Barzani y compañía. Aunque todavía es temprano para decir que los dados están definitivamente echados, Turquía parece encaminarse a ser una suerte de "hermano mayor" para el Kurdistán iraquí.
 
Una extensión de este cambio en la política turca hacia el Kurdistán iraquí parece ser una actitud más sutil hacia los militantes de base y la gran base de simpatizantes del PKK. El gobierno turco parece haberse asegurado el apoyo del TSK para seguir una estrategia a dos puntas. Junto con el recurso a las operaciones a través de la frontera y el crecimiento de la histeria militarista, el gobierno ha expuesto gradualmente una medida que puede terminar en una amnistía para miles de guerrilleros. Esto ha sido llamado "proyecto de fraternidad" por el viceprimer ministro, un término sorprendente que implícitamente concede que lo que está en cuestión no es "terrorismo", como siempre ha sostenido la línea oficial, sino la vital cuestión del futuro de la relación entre los pueblos turco y kurdo. En esta clase de apertura tiene su base el éxito electoral del AKP, el partido del gobierno, en las provincias kurdas en las elecciones de julio de 2007. El AKP ha puesto ahora sus ojos en la recuperación de los municipios de las grandes ciudades kurdas, empezando con Diyarbakir, de las manos del DTP, el "Herri Batasuna kurdo", y está reclamando explícitamente el apoyo del resto del "establishment" para esta apuesta. De esta manera, la cuestión kurda parece haber calmado temporalmente los nervios en la guerra civil política de las dos alas de la burguesía, la laica-occidental y la semi-islámica, que llevó a Turquía al umbral de un golpe militar en la primavera (boreal) de 2007 sobre la elección del presidente. Pero esto tiene que ser necesariamente temporal, porque las contradicciones se siguen cocinando a fuego lento, especialmente sobre la nueva constitución propuesta por el gobierno y la cuestión de la vestimenta del velo islámico en las universidades.
 
De todos modos, el movimiento nacional kurdo está bajo ataque desde todos los ángulos. La Unión Europea, durante años hipócrita defensora de los derechos de los kurdos en Turquía, respalda el ataque turco-norteamericano. Habiéndose alineado con una impresionante lista de aliados, tales como Estados Unidos, la Unión Europea y la dirección kurda iraquí, el Estado turco está atacando al movimiento nacional kurdo, para así decirlo, por arriba y por abajo. Mientras intenta debilitar militarmente al PKK, también está intentando debilitar la moral de sus bases e intenta convencerlas, por medio de medidas como la amnistía, de abandonar la lucha y "volver a casa". También está atacando al DTP, dejando al movimiento sin terreno para maniobrar. El presidente del partido fue arrestado al volver a Ankara luego de un viaje a Europa bajo los cargos de fraude para evitar el servicio militar y fue encarcelado como medida preventiva, un escándalo incluso en un país donde se abusa de manera habitual de la detención preventiva.
 
Todo un período ha terminado para el movimiento nacional kurdo. Durante años, le ha extendido la mano a toda clase de fuerzas reaccionarias – a Estados Unidos, a la Unión Europea, a la llamada burguesía "liberal" turca, al AKP, y a la propia burguesía kurda. Todas esas fuerzas le han dado la espalda a la causa kurda, incluso la burguesía kurda, que se distancia gradualmente del movimiento. Lucha Obrera ha venido machacando sobre la idea de que el único aliado confiable de los oprimidos kurdos en Turquía es la clase obrera. Si los diputados del DTP se vuelven hacia la clase obrera y la población trabajadora y comienzan a usar sus posiciones parlamentarias para defender radicalmente a la clase obrera del incesante asalto de la burguesía, toda la química del país podría cambiar. Hasta entonces, a la causa kurda y al movimiento socialista kurdo le esperan días difíciles.
 
19 de enero de 2007

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