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Nahuel Moreno y la revolución boliviana

Por Julio Magri
Desde hace varios años, la corriente política que formó el Mas sostiene que fue la única que, inmediatamente después de la revolución de abril, denunció el apoyo “crítico” al MNR como una orientación contrarrevolucionaria y que planteó, en cambio, la consigna de “todo el poder a la COB”. “En 1952 y durante los años siguientes puede leerse en Solidaridad Socialista N° 93, 21/2/85— hubo una sola corriente política internacional que levantó para Bolivia la consigna de ‘la COB al poder’. Fue la corriente que en Argentina forma parte del Mas... ”
 
Lamentablemente, se trata de una grosera falsificación. El grupo ai 8entino liderado por Nahuel Moreno apoyó al gobierno del MNR. Más aún, dijo que había que rodearlo de “ministros obreros”, que fue precisamente lo que hizo el gobierno contrarrevolucionario.
 
En la prensa de Moreno de mayo de 1952 puede leerse: “Exigid la integración del gobierno de Paz Estenssoro con ministros obreros elegidos y controlados por la Federación de Mineros y la nueva Central Obrera. Exigid a vuestros ministros obreros el fiel y rápido cumplimiento de las resoluciones aprobadas por la FSTMB (Frente Proletario, 29/5/52). También se decía allí que “las dos alas existentes en el seno del MNR expresan actualmente los intereses del proletariado y la burguesía”, es decir que la burocracia colaboracionista de Lechín encarnaba los intereses del proletariado en la revolución.
 
Esto fue reconocido por Moreno en 1953. En un artículo publicado en “Revolución Permanente” (Revista del POR de Argentina) sostuvo que su comente ignoró “la existencia del poder dual en Bolivia, poder de la burguesía, MNR y Paz Estenssoro, por un lado, y poder el proletariado, con el poder de la COB, por el otro”, y que planteó el “desarrollo, apoyo y fortalecimiento de un ala izquierda en el MNR” (Reproducido en Estrategia, abril 1966). Como se ve, el mismo hombre que en los últimos 20 años viene sosteniendo haber tenido en 1952 una posición revolucionaria, reconocía en 1953 haber ignorado lo esencial de la revolución de abril y haberse orientado en la línea de la capitulación.
 
Fue en 1953 (pero no en 1952) que Moreno planteó: “queremos un gobierno de la COB con sus dirigentes para que cumplan inmediatamente el programa de la COB. Todo el poder a la COB”(En “Revolución Permanente”).
 
El subterfugio de Moreno, a partir de 1953, será presentar sus posiciones en este año como si las hubiera tenido en 1952.
 
Pero en 1953 y en los años siguientes la consigna “todo el poder a la COB” tenía el mismo contenido contrarrevolucionario que el apoyo al MNR en 1952. Lo que fue justo para las semanas siguientes a abril de 1952, se convirtió, por el cambio de la situación política, en reaccionario.
 
La consigna “todo el poder a la COB” debió haberse levantado en Bolivia en las semanas siguientes al triunfo de la revolución porque la Central Obrera no sólo agrupaba las masas revolucionarias, sino que era producto de ellas; con sus milicias armadas era un órgano de poder del proletariado.
 
La voz de orden de “’todo el poder a la COB’ — dice Lora podía haber llevado a la victoria a los trabajadores en dos oportunidades. La primera fue cuando la agitación alrededor de la inmediata nacionalización de las minas sin indemnización y bajo control obrero llegó a un punto culminante (primera mitad de 1952), La segunda se presentó con el fracaso del golpe de estado del 5 de enero de 1953. El no haber aprovechado debidamente estas oportunidades y el haberse conformado con marchar coreando las consignas de la izquierda movimientista, constituyen los mayores errores del P.O.R. y deben ser imputados a pablistas y ‘entristas’, que entonces monopolizaban la dirección” (La Revolución Boliviana, págs. 269/70).
 
Pero cuando Moreno planteó esta consigna (1953) se había entrado en el período de reflujo del movimiento de masas y luego que la dirección de la COB hubiera logrado desarticular las milicias y apartar a las masas obreras de los sindicatos. En estas condiciones, la consigna ya no tenía un carácter revolucionario, pues significaba una cuota de confianza en que la burocracia sindical pudiese encarnar una política revolucionario por sí misma.
 
Todo esto demuestra que, en 1952 y 1953, el morenismo actuó a la cola del lechinismo (algo que volvió a ocurrir en 1985).
 
No obstante, Moreno siguió reivindicando su posición de 1952 sosteniendo que su propuesta de co-gobierno era un “control revolucionario” sobre el gobierno de Paz una “forma concreta de aplicación del gobierno obrero y campesino del Programa de Transición” (ídem, revista “Revolución Permanente”).
 
¿Qué surge de aquí? Que el fundador del Mas tuvo, durante la revolución boliviana, las posiciones de los mencheviques en 1917, y las de Stalin antes de la llegada de Lenin, es decir hasta abril de ese año. Históricamente, estas posiciones son la expresión clásica de la estrategia contrarrevolucionaria en el seno de la clase obrera No en vano fue la estrategia política con la que se identificó el stalinismo, esto desde que surgió como tendencia política en 1924.
 
En lugar de superar sus posiciones capituladoras en la revolución boliviana, Nahuel Moreno ha montado toda una campaña de tergiversación, presentando como suyas posiciones que de ninguna manera tuvo. De modo que el morenismo se ha cristalizado políticamente como una variante del menchevismo, esto es lo que está en el debate sobre la revolución boliviana. Ahora, cuando el Mas se declara partidario de la institucionalización, de la defensa de la democracia (proimperialista) o del apoyo político a los patrones nacionales y a la burocracia sindical, puede percibirse que en todo esto existe un claro entronque político y teórico.

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