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Las Paso del Frente de Izquierda

Por Rafael Santos
En ocasión de las recientes elecciones primarias, abiertas y obligatorias (las “Paso”) en Argentina, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores logró 732.811 votos (3,25%) en la categoría presidencial: la lista del PTS obtuvo 375.874 votos (51,28%) con la fórmula Del Caño-Bregman, contra 356.978 votos (48,71%) de la fórmula Altamira-Giordano correspondiente a la Lista 2 Unidad, que conformaron el PO e Izquierda Socialista y que contó con la participación de otras organizaciones(1).
 
A nivel de candidatos para el Parlasur Nacional esta diferencia se acorta: la Lista 1 del PTS gana por sólo 105 votos -371.176 (1,77%) para la Lista 1 y 371.071 (1,77%) para la Lista 2 Unidad.
 
En la provincia de Buenos Aires, el principal distrito del país, triunfó la Lista 2 Unidad en todas las categorías. En la presidencial ganó la lista de Jorge Altamira con el 56% de los votos, en la Categoría a gobernador la fórmula que encabeza Néstor Pitrola con el 57% y lo mismo en diputados nacionales. Para gobernador, el PTS obtuvo 121.117 votos (1,48% de votos válidos) y la Lista Unidad 160.016 votos (1,98%), lo que hace un total de 281.133 votos (3,44%).
 
En esa provincia, la Lista Unidad ganó siete de las ocho secciones electorales en las categorías de diputados y senadores provinciales. En la restante sección -La Plata-, la Lista 1 ganó por una diferencia de sólo 28 votos. En las categorías a intendente y concejales, la Lista Unidad ganó en 77 de los 87 distritos en los que tiene expresión el Frente de Izquierda.
 
En la Capital Federal también se impuso la Lista 2 Unidad (POIS) en todas las categorías (presidente, Parlasur y diputado nacional). En la categoría diputado nacional se revirtió la derrota relativa sufrida por el Frente de Izquierda en las elecciones locales, con la candidatura de Myriam Bregman a jefe de Gobierno, frente a Luis Zamora (Autodeterminación y Libertad) unas semanas antes. El FIT obtuvo 76.187 votos y Zamora 53.073. Gabriel Solano (PO) encabezará la lista de diputados nacionales del FIT.
 
En Córdoba, el tercer distrito electoral del país, la Lista Unidad también triunfó en todas las categorías. El FIT quedó en el cuarto lugar con un total de 70.650 votos para presidente (Lista 2: 58,22%, Lista 1: 43,43%) y 85.526 votos para diputado nacional (Lista 2: 63,17%, Lista 1: 36,73%). La Lista 2 ganó en la Capital y en 25 de 26 departamentos provinciales.
 
El PTS logró una abultada diferencia en Mendoza, donde se impuso en una relación de 9 a 1 a la Lista Unidad. En la categoría presidencial, la Lista 1 obtuvo 79.745 votos contra 8.294 votos de la Lista 2. Esa diferencia de 71.451 votos resultó decisiva para el cómputo nacional. La Lista 1 ganó también en provincias donde el PTS no tiene personería electoral y escasa o nula presencia política, como Río Negro, Misiones y Tierra del Fuego, donde el PO, por el contrario, cuenta con trabajo político y presentó candidatos locales.
 
Desde el punto de vista nacional, el PTS ganó la interna en 13 provincias que representan el 33% del padrón electoral, mientras que la Lista Unidad 2 (PO-IS) ganó en 11 provincias que representan el 67% del padrón:
 
La votación nacional del Frente de Izquierda ha sido superior en un 40% a las Paso de 2011 y estuvo un 20% por encima de las elecciones generales de ese año para las listas legislativas. Sin embargo, la votación alcanzada en conjunto -730.000 votos- se encuentra ostensiblemente por debajo de la renovación parlamentaria de 2013, cuando obtuvo casi 1.300.000 votos.
 
La derrota de la Lista 2 fue recibida con sorpresa por la inmensa mayoría de los analistas políticos, porque no guarda relación con el desarrollo real de los partidos y de las listas.
 
Desde 2011, el Frente de Izquierda ha superado los topes proscriptivos de la legislación electoral, creció en las legislativas de 2013 y ha consagrado bancadas en el Congreso Nacional y parlamentos locales. En este momento, el Frente de Izquierda tiene presencia en siete legislaturas (Ciudad de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Neuquén, Salta, Santiago del Estero) y en numerosos municipios. Los resultados obtenidos durante la saga de elecciones de 2015 adquieren un carácter más contradictorio. En todas las provincias, sin excepción, estuvimos por debajo de los resultados logrados en las elecciones generales de 2013, aunque no de las Paso de ese año. En varias de ellas, sin embargo, logramos una creciente representación parlamentaria local.
 
Suele admitirse como válida la explicación de que no pueden compararse elecciones presidenciales con legislativas, algo que debe ser tomado con mucha reserva. Ocurre que las diferencias entre una elección y otra no pueden estar por encima de la lucha de clases y, especialmente, de la maduración de un sector de la propia clase obrera. Sería un error invocar las diferencias institucionales entre una elección y otra para ignorar el hecho de que al menos el 40% del electorado del Frente de Izquierda de 2013 votó en las Paso nacionales de 2015 por candidatos de los partidos capitalistas. Estas oscilaciones entre las distintas elecciones ponen en evidencia la relativa inmadurez y heterogeneidad política de la base electoral del Frente de Izquierda, lo cual es un dato que refiere al nivel subjetivo de la conciencia del sector más avanzado de los trabajadores.
 
Una campaña marketinera y democratizante
 
En las recientes Paso del Frente de Izquierda, esta heterogeneidad política se puso de manifiesto en el carácter que revistió la campaña y los ejes desenvueltos por las dos listas, y que concluyó con el ajustado triunfo logrado por la lista presentada por el PTS. La campaña realizada por su lista puso el eje en la “renovación” del propio Frente de Izquierda, en clara alusión al llamado “voto joven”, en el que la lucha de clases es reemplazada por una cuestión generacional (pasamos de Marx y Lenin a Ortega y Gasset). El programa de destrucción del Estado burgués fue sustituido por una denuncia a la “casta política”, abstrayendo artificialmente a ésta de la clase capitalista para la cual gobierna. La distorsión que se introduce tiene consecuencias políticas de fondo. Si la cuestión pasa por eliminar a la “casta política”, se deduce que afrontamos una “crisis de representación” y no una bancarrota capitalista, así como una avanzada tendencia de disolución de los partidos históricos del capital en Argentina.(2) Nos falta solamente que el PTS caracterice el impasse de Argentina y de la política mundial como una “crisis de representación”. En el Argentinazo de 2001, la “crisis de representación” fue utilizada para combatir la necesidad de los luchadores de organizarse en un partido político independiente2.
 
La consigna “que se vayan todos”, que ha sido superada precisamente por el desarrollo del Frente de Izquierda, reaparece en el mismo como un gigantesco retroceso. El carácter despolitizado y meramente marketinero del planteo se advierte cuando el PTS compara la victoria de Del Caño con el ascenso electoral de la derechista María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires(4); o sea, una reivindicación de “lo nuevo” que no reconoce fronteras políticas, y que une en un mismo fenómeno a Nicolás Del Caño contra Jorge Altamira, a Aníbal Fernández contra Julián Domínguez y sus punteros o a Vidal del PRO.(5).
 
Más allá de los límites políticos de estos planteos, lo verdaderamente grave es que el PTS colocó la muletilla de la “renovación”, no contra Vidal o el pejotismo, sino al servicio de la lucha faccional al interior del Frente de Izquierda -en otras palabras, metió a Altamira y a la Lista Unidad en la bolsa de la “casta” y de la “vieja política”. Antes de que se definiera la interna, sin embargo, el mismo PTS había lanzado una campaña de firmas para que Altamira aceptara encabezar una lista presidencial junto a Nicolás del Caño, bajo la forma de una “lista de unidad”, que debía evitar una confrontación en las Paso. En semanas, el PTS pasó de la propuesta de combinar “experiencia y juventud” (sic) al ‘trasvasamiento generacional’. En oposición a la enorme renovación de caracterizaciones y tácticas que fue desarrollando el Partido Obrero en el campo de la lucha por un frente de izquierda, que el PTS combatió en forma sistemática desde el inicio, la Lista 1 apeló al recurso político conservador típico de la burguesía en períodos de crisis: el cambio de ropaje, bajo la etiqueta de la “renovación”. Con ello, el PTS no hizo sino retomar los ataques sistemáticos de los medios de comunicación contra las presentaciones de Altamira a elecciones nacionales, para presentarlos como la perpetuación de una burocracia. En esto ha convertido a la trayectoria política más consecuente de este país; el Partido Obrero, después de todo, es la única corriente histórica en pie de la izquierda, luego del desmantelamiento del Partido Comunista y el viejo MAS.
 
Una “renovación” en oposición a esa tradición política plantea una ruptura con la tradición revolucionaria del Cordobazo, la revolución de Octubre o la IV Internacional, y cuyo programa y conclusiones deben servir para soldar la lucha entre las viejas y nuevas generaciones de revolucionarios. La explotación reaccionaria -y hasta comercial- de la juventud y su natural tendencia a la rebelión pasa, justamente, por cortar ese hilo conductor. La rebelión, sin programa y sin pasado, queda reducida a la “renovación”; o sea, al relevo de los cuadros de la burocracia y el orden social existente.
 
La victoria de este planteo implica una regresión política del Frente de Izquierda, atenuada por la victoria de la Lista 2 en los distritos más importantes.
 
“Casta política”
 
En esa misma línea, la Lista 1 usurpó a Podemos la denuncia contra la “casta política”, que en España apuntó contra el PP y el PSOE y en Argentina contra el principal candidato de la Lista 2. Se podría decir que fue un caso de macartismo de izquierda. Nada menos que Luis Zamora se vio obligado a enfrentar este ataque contra Jorge Altamira, que había desarrollado Myriam Bregman en el programa de televisión “Intratables”, a partir de una provocación del puntero K, Artemio López. De todos modos, la reducción del Estado a la burocracia gobernante representa, incluso en su variante más favorable (lo que no es el caso), es un claro retroceso en una organización que se declara marxista. Que la Lista 1 haya sorprendido con una victoria en base a este planteo, muestra el poder de manipulación que tiene este planteo puramente democratizante, que reemplaza el objetivo de destrucción del Estado burgués por una depuración de su personal. A este propósito ha servido también la insistencia exagerada que se ha hecho del planteo de que los diputados cobren lo mismo que un maestro y que, sustraído de una crítica de fondo al Estado capitalista y sus bases sociales, juega con la idea de un rescate de las propias instituciones a través de un proceso de manipulite. Por eso mismo, ese parche es batido por la izquierda democratizante y hasta por la Iglesia, que celebra las donaciones de los diputados o legisladores ligados a ella.
 
Otro aspecto de lo mismo es la publicidad abusiva que desarrolló el PTS con las donaciones de su banca a aquellas luchas donde tenía un mayor o menor protagonismo, como si los recursos que utiliza un partido para movilizarse por esas luchas no fueran una contribución económica a ellas. Nuevamente, convirtieron este recurso en un maniobra baja contra el propio Frente de Izquierda, cuando denunciaron la ausencia de ese nivel de ‘donaciones’ y dieron a entender, en el caso de Salta, la infamia de que los diputados y senadores del PO se quedaban con la totalidad de la dieta. Bien mirado, el PTS reclama a los partidos revolucionarios una ‘transparencia’ en la utilización de sus recursos económicos, que la convierte en una delación ante el Estado burgués -el cual, de paso, ha sido reducido a “una casta”. Como dijimos, se trata de otra manifestación de macartismo de izquierda. Como el dinero es, en definitiva, fungible, y lo que se dice que sale de un lado puede haber salido de otro, la única prueba que podría ofrecer el PTS de su ‘desprendimiento’ económico es que abra sus libros para el conjunto de la población. Estas ‘donaciones’ del PTS fueron ampliamente publicitadas y usadas contra otras organizaciones de izquierda. O sea que fueron un arma de división y faccionalismo en el propio frente de apoyo a estas luchas. El activismo de la zona norte de la provincia de Buenos Aires conoce hasta qué punto se utilizó este recurso para dividir a los trabajadores y aislar la lucha de Lear, y convertirla en un monopolio mediático- electoral del PTS.
 
Los socialistas que acceden a una banca parlamentaria mantienen el mismo nivel de vida que un trabajador por una cuestión de principios (la oposición al carrerismo político) y porque prefigura la estructuración de un gobierno de trabajadores. Pero no transformamos ese planteo en una propuesta para rescatar al parlamentarismo decadente y corrupto. La dieta ‘ad honorem’ fue combatida por los obreros y socialistas en el siglo XIX: los obreros hacían colectas para solventar a los diputados socialistas para que pudieran dedicar su tiempo y energía a defender sus derechos políticos en el parlamento. La aprobación de un salario para el diputado fue una conquista obrera, al igual que el sufragio universal. La dieta parlamentaria no es siquiera la forma principal de remuneración de los legisladores burgueses, quienes son corrompidos en forma cotidiana por los lobbys que transitan por el Congreso.
 
Cuando por la devaluación de 2001, los legisladores perdieron el 75% del valor de sus haberes, fueron ‘compensados’, selectivamente, mediante el uso de las partidas reservadas.
 
Algunas de nuestras propuestas
 
* Basta de políticos que cobran como gerentes! COMO YA HACEN NUESTROS PARLAMENTARIOS, QUE TODO FUNCIONARIO POLÍTICO COBRE
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Folleto del PTS donde se destaca la lucha contra el salario de la casta política y no contra el régimen capitalista.
Un recurso igualmente demagógico se echó mano con el llamado a votar a “la única lista con 70% de mujeres”. Con independencia de la tergiversación de los hechos (la Lista Unidad PO-IS encabezó distritos fundamentales como Mendoza, Santa Fe, Neuquén o Córdoba con destacadas compañeras), el PTS coloca la cuestión de la lucha y la intervención política de la mujer en términos numéricos y administrativos. Es lo que hace el Estado y los partidos de la burguesía, que encubren con cupos electorales la política de violencia y desigualdad de derechos hacia la mujer trabajadora. A la luz de esta demagogia democratizante, es difícil no sustraerse al interrogante de qué pasó con el planteo del PTS, en 2011, cuando en los actos públicos llamaba a estudiar a Von Clausewitz y a distinguir las guerras de movimiento de las guerras de posición.
 
Mendoza y Jujuy
 
El carácter de las posiciones y la orientación política que se puso en juego en las Paso del Frente de Izquierda se expresó agudamente en dos distritos donde particularmente triunfó la Lista 1: Mendoza y Jujuy. En Mendoza, bastión de la Lista 1, la campaña en favor de Del Caño enfatizó todos los rasgos de adaptación al electoralismo y al democratismo que señalamos antes. La propaganda mural llamaba simplemente a que “sigamos haciendo historia” (con Del Caño); o sea, no a un programa o a un bloque político definidos, sino a una épica de carácter personal. Mientras el PTS desarrollaba esta campaña despolitizada, la burguesía mendocina y sus medios de comunicación descerrajaban todos sus cañones contra quien encabezaba la Lista 2: Raquel Blas, del Partido Obrero y secretaría general de la Asociación de Trabajadores Estatales de Mendoza. Una semana antes de las Paso, el principal diario de la provincia, Los Andes, calificó a Blas como “el terror de los tres últimos gobernadores”. Luego de las elecciones, estos mismos medios festejaron que la Lista 2 (PO-IS) hubiera recibido un “voto castigo” por esta composición sindical y apostaron a que la victoria de la “renovación” implicara, semanas después, un golpe en las elecciones del sindicato, donde su dirección debía revalidarse contra un frente de la centroizquierda y sectores K. Ese bloque justificó la ruptura con Blas por la “adhesión al Partido Obrero” de su dirigente. Sin embargo, el 55% de los estatales mendocinos apoyaron a la lista promovida por Raquel Blas.
 
Hasta cierto punto, la importante diferencia de votos en Jujuy a favor del PTS (71 a 29%) tiene una similitud con el clima propagandístico de Mendoza. En Jujuy, el PTS hizo campaña abierta en contra de la incorporación al FIT de Carlos “Perro” Santillán, dirigente combativo del Sindicato de Empleados y Obreros Municipales (Seom) de Jujuy, históricamente acusado por acciones huelguísticas y piqueteras, que han volteado a varios gobiernos antiobreros.
En Mendoza y Jujuy, el discurso de la “renovación”, conjugando con la campaña de la burguesía, se batió contra la tradición de lucha y organización de los destacamentos más combativos de los trabajadores y sus referentes, que se alinearon con la Lista Unidad.
 
“Testimonialidad”, propaganda y abstencionismo
 
Es indudable que las tendencias democratizantes en amplios sectores del electorado están planteadas de manera objetiva en la situación actual. En el pasado reciente, las elevadas votaciones que recibieron el Partido Obrero en Salta y el Frente de Izquierda en Mendoza, entre otras, obedecieron a que una parte del electorado consideró positiva una mayor representación parlamentaria de la izquierda. Trotsky señaló que la historia se salta etapas, pero un partido revolucionario no puede saltarse las etapas de maduración de la conciencia de las masas. La cuestión es si se hace de esas expectativas democráticas una explotación revolucionaria -desarrollando sus ángulos de oposición y repudio al régimen- o reaccionaria -esto es, como arma de lucha contra las posiciones revolucionarias. Los planteos del PTS durante la campaña fueron una adaptación a los prejuicios de las masas y delatan su propio electoralismo.
En el tramo final de su campaña, el PTS incorporó en sus comunicados y discursos la muletilla del rechazo a “una izquierda testimonial”. Es la vieja diatriba que siempre se utilizó contra los partidos revolucionarios para justificar, por ejemplo, la participación de la izquierda en gobiernos capitalistas o cualquier otra forma de adaptación al Estado y al régimen social vigente. De un modo general, la participación de la izquierda en la lucha electoral reviste un carácter “testimonial” (propagandístico). Deja de serlo cuando las masas intervienen efectivamente en esos procesos electorales, sea por medio de luchas o manifestaciones, y más aún cuando buscan subordinar esas luchas a los mismos procesos electorales. En cambio, ¿qué significa para el PTS superar la “fase testimonial”? En La Izquierda Diario, del 8 de mayo, se señala que “en 2013, mientras Altamira sacó el 5,6% de los votos en las legislativas como candidato a diputado nacional por la CABA y no logró entrar en el Congreso, Del Caño sacó un 14% en ese momento y se consagró diputado”. Según el PTS, la superación de un estadio propagandístico depende, entonces, de un resultado electoral. De acuerdo con este criterio, Zamora -quien obtuvo un 13% y ocho legisladores porteños en 2003- sería la expresión más alta de la “izquierda no testimonial”, aun cuando ese ascenso electoral se diluyó en cuestión de meses. El debate sobre esta cuestión revela el carácter superficial que el propio PTS tiene respecto del Frente de Izquierda y su desarrollo.
 
Pero si vamos al aspecto negativo de la “testimonialidad” (en tanto propagandismo abstracto), hay que detenerse precisamente en la política del PTS, cuando se escuda en el principismo para renunciar a intervenir en procesos políticos fundamentales. Es lo que ocurrió en 2012 en ocasión de la crisis griega, cuando el PO planteó apoyarse en el planteo de “gobierno de la izquierda” levantado por Syriza, para desarrollar un movimiento de masas y la perspectiva del doble poder. El PTS rechazó el planteo, en nombre de la preparación revolucionaria para “el desenlace” o “el momento decisivo”. En Argentina, una cuestión similar acaba de ocurrir en Tucumán, con el rechazo del PTS a apoyarse en el reclamo contra el fraude y por nuevas elecciones, para luchar por el liderazgo de un movimiento popular transitoriamente encabezado por la oposición burguesa tradicional.
 
Desde 2011, la mayor “renovación” que introdujo el Frente de Izquierda consistió en unir las reivindicaciones más apremiantes de las masas con una salida política de conjunto, a la escala de una propaganda dirigida a millones de personas. En otras palabras, el rescate de “la política electoral para la estrategia revolucionaria”(6). Estrictamente, esa “renovación” no fue más que el desarrollo profundo del método del Programa de Transición a las actuales circunstancias. El PTS ha renunciado a ese método, cuando sustituye a la propaganda revolucionaria por el electoralismo y al método transicional por el ultimátum y el abstencionismo.
 
Los “hijos de Menem”
 
En La Izquierda Diario, un artículo de su principal editorialista señalaba a la militancia, del Frente de Izquierda en particular y de la izquierda en general, que “la decisión que tomó el kirchnerismo de encolumnarse detrás de la candidatura del peronismo conservador de Daniel Scioli abre la posibilidad de que una franja de sus adherentes ‘por izquierda’ se inclinen hacia el FIT. Algunos referentes públicos y periodísticos que representan a ese espacio han manifestado sus simpatías por Nicolás del Caño”(7). En otro artículo, el mismo editorialista dice que por “la bajada de Randazzo (de su candidatura) hay un ‘run- run’ de que sus seguidores apoyarán al PTS”. Lo que el columnista se cuidó de decir explicítamente -pero lo sabe- es que estos elementos votaron a Del Caño sin dejar de ser kirchneristas, con sus consecuencias de cara a las elecciones generales (los que votaron a Del Caño en agosto -contra Altamira y el PO- votarán a Scioli en octubre, como “buenos” kirchneristas). El PTS presenta como un desplazamiento “a la izquierda”, lo que sólo fue la intromisión de un bloque político burgués en las Paso del FIT y en favor de una de sus listas -la del PTS. En nuestra oposición a las Paso, siempre criticamos que la elección de los candidatos quedara expuesta a factores ajenos a la propia militancia del FIT -esto es lo que ocurrió, después de que la ‘interna’ del kirchnerismo dejó de ser ‘competitiva’ y sólo quedó un candidato.
 
Para abonar ese camino, el PTS apeló... al kirchnerismo explícito. En su campaña, describió al elenco político destinado a suceder electoralmente al kirchnerismo como “los hijos de Menem”. El planteo presenta una ruptura de fondo entre el gobierno de Scioli y el actual régimen económico y político. Es cierto que la denuncia del carácter menemo-duhaldista de parte de los que aspiran a suceder a CFK puede ser un arma de lucha electoral, a condición de que no se convierta en un blanqueo del gobierno actual. Por un lado, el ajuste que prepara el futuro gabinete sciolista no es sino una tentativa de superar los límites del inocultable ajuste CFK-Kicillof, que pasa por la carestía, la confiscación impositiva del salario y una recesión que pagan los trabajadores con suspensiones y despidos. Por el otro, la propia fórmula presidencial constituye una coalición entre los “hijos de Menem” y La Cámpora. Esta lavada de cara al actual gobierno tuvo múltiples manifestaciones. Todavía como candidata a jefa de Gobierno, Myriam Bregman señaló que “sabemos a futuro que los jóvenes que vieron bajar el cuadro (de Jorge Videla) en el Colegio Militar no pueden ver bien un candidato como Scioli”(8), una indisimulada reivindicación de la política de “derechos humanos” del kirchnerismo.
 
Esta adaptación era retribuida desde ‘desde arriba’ por la constelación de multimedios kirchneristas, como se notó en la promoción especial que se le dio a Del Caño y a la Lista 1 por parte del Grupo 23 de los empresarios Szpolski-Garfunkel, por Página/12 y la misma agencia de noticias oficial (Télam). Apoyos similares recibieron de importantes portales como la agencia de noticias K Paco Urondo.
 
El comentado incidente de Myriam Bregman en el programa de televisión “Intratables” evidenció que el PTS demandaba estas simpatías de manera pública y sin cuidar las formas (Bregman le respondió, al aire, al opinólogo kirchnerista Artemio López: “entonces votá por Del Caño”, después de que López acusara a Jorge Altamira de ser parte de la “casta política”).
 
El oficialismo alentó al PTS en las internas de las Paso porque caracteriza al Partido Obrero y a Altamira como adversarios estratégicos por su oposición sistemática al nacionalismo burgués desde el lugar de la clase obrera y el socialismo. Con relación al kirchnerismo, no se trata solamente de la extendida experiencia en su provincia de origen (Santa Cruz), donde el PO jugó el papel de oposición obrera y consecuente desde los primeros años noventa. Ya bajo la presidencia de Néstor Kirchner, el PO caracterizó los límites insuperables de la experiencia kirchnerista: su rescate de la deuda externa y de las privatizaciones, su pacto de hierro con la burocracia sindical y la gran burguesía, su tentativa tardía de arbitraje ante la crisis capitalista y ante una tendencia a la autonomía política en el movimiento obrero y en la juventud. Todo ello estuvo jalonado en episodios de la lucha de clases que tuvieron al PO en un lugar protagónico, como la conquistas de centros y federaciones estudiantiles por parte de la izquierda; o la lucha contra las tercerizaciones, que se cobró la vida de Mariano Ferreyra y el combate por el castigo a sus asesinos; y la conquista de sindicatos y seccionales -por ejemplo entre la docencia, los estatales, municipales, la docencia universitaria, el Neumático, la construcción, seccionales de la CTA y cuerpos de delegados y agrupaciones sindicales en gremios de las cinco centrales. Es de notar que, en el año 2010, el PTS se encandilaba frente a los fastos del Bicentenario y lo que llamaba “la Argentina kirchnerista” -o sea que le asignaba al gobierno del pago serial de la deuda una dimensión histórica propia. La máxima expresión de esta política es la caracterización del kirchnerismo como “reformista”: se presenta como un gobierno que ha concedido conquistas sociales o laborales duraderas al régimen que paga la fuerza de trabajo de la clase obrera por debajo de su valor, que sostiene un 35% de trabajo precario y que ha reforzado al asistencialismo ante una miseria social agravada por su propia política.
En relación con el filokirchnerismo del PTS, y desde afuera del Frente de Izquierda, la Corriente Patria Grande, que integra el Frente Popular con De Gennaro y Lozano, trazó un balance significativo de la interna del FIT.
Patria Grande ubica a Altamira y al PO como parte de una izquierda “rígidamente antikirchnerista”. En cambio, el PTS “muestra un matiz interesante (...) de dialogar con la base del kirchnerismo a lo largo de estos años”. Patria Grande valora la adaptación que, todavía más profundamente, caracteriza a su propia política. Además -el PTS-, “incorpora a su discurso la denuncia de la ‘casta política’ haciendo contacto con las simpatías que genera el fenómeno Podemos en España”, continúa.
 
Para “los más memoriosos -señala Patria Grande- pareciera que algún reflejo han heredado de Nahuel Moreno, del cual hoy reniegan, en sus mejores características (...) como interpelar a los fenómenos populares en cada etapa histórica (...) el famoso ‘entrismo’ en el peronismo y más adelante su momentáneo acercamiento a la revolución cubana y al guevarismo”. Patria Grande enlaza al PTS con el carácter orgánicamente oportunista del morenismo, que lo llevó sucesivamente del seguidismo al peronismo, al foquismo y al electoralismo.
 
En La Plata, donde presentó boleta local, Patria Grande votó a Del Caño en el plano nacional. El elogio y el apoyo al PTS por parte de una corriente filokirchnerista dice más que cualquier otra observación respecto de quienes sustituyeron la crítica al gobierno nacionalista por el ataque a los “hijos de Menem”.
 
Antecedentes de las Paso (I): del FIT a... un partido centrista
 
Las contradicciones políticas que condujeron a las Paso recorren toda la breve historia del Frente de Izquierda. Cuando el FIT emerge electoralmente en 2011, quedó situado como una inocultable referencia política para el sector más activo de los trabajadores. En vez de proyectar ese desarrollo hacia las organizaciones obreras, el PTS le opuso la formación de un partido de trabajadores, de tipo centrista. Se trataba de un evidente retroceso programático y político. El planteo de un “Partido de Trabajadores” fue formulado en el pasado por los socialistas, para empalmar con un sector masivo de trabajadores y organizaciones sindicales que tendían a la independencia de clase, pero aún no hacían suyo un programa revolucionario integral. En ese sentido, la formación de un partido de trabajadores era considerado un paso progresivo, aún con un programa centrista. Pero de ningún modo era, ni es la situación que existe en la Argentina. Aunque con un ritmo lento y desigual, la ruptura de los trabajadores con los partidos capitalistas, en la medida en que se desenvuelve, se procesa a través del Frente de Izquierda, que lucha por el gobierno de los trabajadores. La creación de un “partido de trabajadores sin patrones” -que el PTS ponía como condición para una futura “fusión con la vanguardia obrera en un gran partido revolucionario”- sólo contaba con el propio PTS para su formación. No tenía, por lo tanto, una función política definida... a menos que la de reconvertir orgánicamente al propio PTS en un PT centrista. De algún modo, esa tendencia quedó expresada en la salida de publicaciones como Nuestra Lucha y -ahora- La Izquierda Diario, que ha pasado de página web, donde el PTS hablaba de sí mismo en tercera persona, a la condición de órgano partidario(9).
 
Sin terreno propicio en Argentina, el PTS se empeñó en su “partido de trabajadores sin patrones” en Bolivia, en este caso, cuando la burocracia de la Central Obrera Boliviana creyó necesario contar con un instrumento electoral propio. El seguidismo a esa burocracia sustituyó la lucha por una delimitación estratégica respecto del MAS y del indigenismo, como trabajo preparatorio para la creación de un partido obrero. Muy rápidamente, el oficialismo coptó al “instrumento electoral” de la burocracia sindical, que abandonó su construcción, evidenciando el carácter aventurero y superficial de la política del PTS.
 
Antecedentes (II): la usurpación parlamentaria
 
En diciembre de 2013 asumieron los tres diputados nacionales del Frente de Izquierda electos en octubre: Néstor Pitrola (PO), Pablo López (PO) y Nicolás del Caño (PTS). La primera medida que adoptó el PTS fue dividir lo que debía ser un bloque común en el Congreso. Nicolás del Caño, electo por Mendoza, constituyó un bloque unipersonal del PTS, diferenciado de los otros dos diputados del FIT. El bloque Frente de Izquierda quedó constituido entonces por Pitrola -que había encabezado la boleta del FIT en la provincia de Buenos Aires- y por Pablo López -electo por el PO de Salta (los otros partidos del Frente no contaban con personería ni trabajo político en esa provincia).
 
Esta política no sólo se mantiene hasta el día de hoy, sino que fue imitada en otros lugares donde el PTS obtuvo algún legislador: en Mendoza, donde contamos con varios representantes en la Cámara de Diputados y en diferentes concejos deliberantes, el PTS escindió el bloque del FIT y constituyó su propio bloque. Lo mismo ocurrió en el Congreso cuando, producto de los acuerdos de rotación, Néstor Pitrola renunció a su banca de diputado nacional para dar lugar al ingreso de Myriam Bregman. Su primera decisión fue separarse del bloque del FIT -que conformaban Pitrola y López- para unirse al bloque “PTS”. Como resultado de lo anterior, en el actual Congreso se presenta la siguiente paradoja: las dos bancas que son resultado de una presentación electoral frentista de los dos o tres partidos del FIT -Mendoza y Buenos Aires- revistan como “bloque PTS”. Por el contrario, el bloque del Frente de Izquierda se encuentra representado por un diputado electo sólo por el Partido Obrero, el salteño Pablo López.
 
La usurpación y el carácter escisionista de esta decisión es por demás evidente. Por un lado, los trabajadores y la izquierda eligieron a los diputados como parte de un bloque, de un frente único para la lucha parlamentaria. Este mandato político se expresó en las propias consignas que convocaron a votar por el ingreso del Frente de Izquierda al parlamento, tales como “la izquierda tiene que estar” o “por un bloque de izquierda en el Congreso”. Ese ingreso debía reforzar una unidad de acción, para que la presencia parlamentaria y las bancas conquistadas en forma colectiva sirvieran para desarrollar una agenda de movilización política de los trabajadores. Este planteo supera las limitaciones del sindicalismo, por un lado, y del parlamentarismo, por el otro, y los reunifica en una estrategia socialista. El campo de acción de la izquierda revolucionaria, que habíamos ampliado con la agitación política electoral y los resultados obtenidos, tendría ahora una nueva oportunidad de desarrollo. En cambio, la escisión del bloque del FIT es una clara violación de ese mandato de los votantes, que eligieron a parlamentarios del Frente de Izquierda y no de un determinado partido. La usurpación del PTS choca con la gestión colectiva de las bancas del FIT, uno de los principios sobre los cuales se constituyó la alianza. En efecto, si cada banca obtenida será compartida en el tiempo por los diferentes partidos del Frente, ninguno de ellos se puede apropiar de la misma durante su gestión. En el Congreso, y luego de la rotación de Pitrola a favor de Bregman, la banca obtenida en Buenos Aires ha “pasado” del bloque del FIT al del PTS, y “volverá” al FIT cuando asuma el compañero de IS, un verdadero mamarracho.
 
El PTS se autojustifica señalando que, aunque actuamos en bloques separados, “en ninguna cuestión de trascendencia el Frente de Izquierda ha votado dividido, lo que muestra su coherencia interna” (La Izquierda Diario, 24/6). Si esto es así, ello refuerza la pertinencia de constituir un bloque común y demuestra que la escisión responde a razones puramente faccionales u autoproclamatorias. Pero en verdad, hemos tenido votaciones diferenciadas(10), allí donde el PTS elude confrontar con la demagogia pseudodemocrática o nacionalista del kirchnerismo. Un bloque del FIT hubiera permitido un debate previo de las diferencias y arribar a una posición común o, en su defecto, a una delimitación pública. La ruptura de un trabajo parlamentario en bloque, inmediatamente después del mayor ascenso electoral del FIT, ha sido un golpe contra su desarrollo político.
 
Antecedentes (III): sindicalismo sin programa o unidad del movimiento obrero y la izquierda
 
En las elecciones de 2013, que el PO arrancó tempranamente y en soledad dentro del Frente de Izquierda, obtuvimos casi 1.300.000 votos, metimos tres diputados en el Congreso y varios otros en legislaturas provinciales y municipios. La oportunidad de constituir al FIT en un factor político de primer orden para desarrollar el frente único de las tendencias clasistas en los sindicatos y para unir al movimiento obrero que lucha con el programa socialista, estaba planteada.
 
Las divergencias entre las corrientes integrantes, que en el pasado obstaculizaron la formación de un Frente de Izquierda, podían encontrar un marco de superación en el marco de una acción común y del ascenso de la izquierda que protagonizó el FIT. Un ascenso significa la atracción de nuevos sectores sociales y nuevas realidades que influyen al interior de los propios partidos, y pueden permitir la superación de viejas divergencias.
 
Cuando en la mesa del Frente de Izquierda se debatió la posibilidad de convocar a un encuentro sindical, el Partido Obrero sostuvo que éste debía ser explícitamente convocado por el FIT. Entendíamos que, después de la gran elección de 2013, contábamos con la mayor autoridad para dirigirnos al activismo obrero, y para reagruparlo en torno de un programa político definido.
 
En esa misma perspectiva, el Congreso del Partido Obrero de abril de 2014 propone al Frente la realización en común de un congreso del movimiento obrero y la izquierda. La propuesta apuntaba a aprovechar el impulso electoral del FIT para avanzar en la tarea de unir al movimiento obrero que lucha con el programa y la perspectiva de la izquierda, partiendo de la constatación de que buena parte de los luchadores obreros habían votado al FIT o simpatizaban con él. De este modo, el FIT podía pasar a convertirse en un factor político decisivo para que los trabajadores rompan con los partidos patronales, avancen en el proceso de su independencia política y recuperen sus sindicatos, expulsando a la burocracia sindical.
 
El PTS rechazó esta propuesta, a la que le opuso un congreso meramente sindical, sin definiciones políticas precisas. Pero, como ningún planteo sindical de una corriente política gira en el vacío, esa indefinición comportaba la formación de un bloque antagónico al Frente de Izquierda y a su perspectiva política.
 
El objetivo anunciado del llamado “Encuentro sindical combativo” (conocido luego como “Encuentro de Atlanta”) era la “coordinación nacional del sindicalismo antiburocrático y combativo” y avanzar en “un nuevo modelo sindical de lucha, antiburocrático y democrático, para formar un polo sindical combativo”. En esa definición fue excluida la pretensión de impulsar un sindicalismo clasista, que conduce a la lucha por un gobierno de trabajadores. No era un “Encuentro” para apoyar o impulsar una lucha determinada, sino que apuntaba a constituir una tendencia organizada. ¿Que relación tenía con el FIT? Explícitamente ninguna, a pesar de que la mayoría de los convocantes y concurrentes al encuentro pertenecían a dos de sus tres partidos (PTS e Izquierda Socialista). Más allá de éstos, el Encuentro se organizó con algunos pocos sectores que en aquel momento no apoyaban al FIT, como la corriente del “Perro” Santillán. Con ellos, no existió debate ni delimitación alguna, siquiera para establecer los términos políticos del acuerdo. El “Encuentro” nunca llegó a sacar un planteamiento programático constitutivo, lo que lo hubiera obligado a definirse ante el FIT y habría expuesto las concepciones políticas heterogéneas que existían entre sus integrantes. El Encuentro tampoco logró articular una política común en los sindicatos o en las luchas obreras, principalmente por el faccionalismo del PTS. Finalmente, el “Encuentro” estalló por sus contradicciones, y el PTS fue el primero en escindirlo.
 
El balance de esta experiencia arroja luz sobre las visiones contradictorias que existen al interior del Frente de Izquierda en torno de su relación con el movimiento obrero. Para el PTS, el Frente de Izquierda era una construcción meramente “electoral” o parlamentaria (aunque, como ya se vio, en este último aspecto también la escindieron). Del otro lado, y a través de la experiencia del “encuentro”, promovieron un reagrupamiento de luchadores sindicales sin programa ni perspectiva.
 
El Congreso del movimiento obrero y la izquierda, propuesto y llevado adelante por el PO, fue saboteado directamente por el PTS. Al congreso, que culminó con una sesión multitudinaria en el Luna Park, terminaron concurriendo y adhiriendo IS y otros sectores que habían participado del Encuentro de Atlanta, y expresaban una primera aproximación política al FIT. Numerosas delegaciones obreras, sindicales, juveniles, de luchadores por la tierra y la vivienda, por los derechos de la mujer y las libertades democráticas acudieron al mismo. Diez mil trabajadores, jóvenes y mujeres debatieron en comisiones, aprobaron resoluciones y luego desbordaron las instalaciones del Luna Park en un multitudinario y combativo acto.
 
Antecedentes (IV): el debate sobre las Paso
 
Desde su propia constitución, el “ADN” del Frente de Izquierda estuvo marcado por la crítica a las Paso y a su carácter proscriptivo. El Partido Obrero, además, las denunció como una tentativa de estatiza- ción de la vida de los partidos.(11)
 
Cuando se constituyó el FIT, en 2011, las candidaturas se distribuyeron luego de un debate sobre el peso relativo de cada organización. En algunos casos, como Neuquén, el PTS hizo valer su personería electoral exclusiva en ese momento para extorsionar a las restantes fuerzas del Frente y arrancar los dos primeros lugares. Para reclamar mayores posiciones en las elecciones de 2013, el PTS volvió a plantear varias veces que reclamaría definir las candidaturas en las Paso: “ante la posibilidad de no terminar de acordar con un criterio común para la selección de las y los candidatos del Frente, creemos que no debemos descartar la utilización de las Primarias como forma de dirimir las diferencias respecto a las candidaturas, (...), podría, eventualmente, ser una interesante forma de dirimir el orden de las candidaturas que incluso podría motivar la atención de cientos de miles sobre el FIT” (Carta del Comité Ejecutivo del PTS al PO e IS, del 27 de marzo de 2013).
 
El Comité Nacional del Partido Obrero respondió con otra carta: “este planteo -decía- no deja de ser una extorsión, porque el PTS tiene derecho a ellas (las Paso) por una norma legal. Los inconvenientes que presentan las primarias son, sin embargo, evidentes, en primer lugar porque exhibirían una disputa dentro de una fuerza frentista que se reclama alternativa, y porque nos nivelaría con todos los frentes burgueses, que disputarán sus carreras políticas con ese método” (7/4/13).
 
Advertía, además: “hay otros problemas también. ¿Estamos seguros de que ya tenemos el piso del 1,5% de los votos que son necesarios para ir a las generales? En la mayoría de las provincias no vamos a alcanzar ese piso. Una disputa podría comprometer ese objetivo”. Alertábamos: “El recurso a las Paso podría ser perjudicial”.
 
Efectivamente, el FIT, en las Paso de agosto de este año, no superó el piso en siete provincias (la propia Lista 1 del PTS no superó el 1,5% para gobernador en la provincia de Buenos Aires, aún cuando la fórmula quedó habilitada porque la Lista 2 obtuvo casi el 2% y la suma de ambas cerca del 3,5%).
 
Así las cosas, llegamos a fines de 2014 con las bancadas divididas desde el mismo día de su asunción, con la Mesa del Frente de Izquierda paralizada y con el PTS buscando sucedáneos artificiosos (Partido de los Trabajadores, Encuentro Sindical) al desarrollo del FIT. Esta quiebra del frente único por parte del PTS no sólo tuvo lugar en el plano parlamentario y político, sino particularmente en el de la lucha de clases. Es el caso de las listas divididas en las compulsas gremiales y estudiantiles frente a las burocracias. Entre estas escisiones, cabe destacar la que se produjo en el sindicato del Subte de la Ciudad, donde el PTS constituyó una lista con un sector desplazado de la directiva filokirchnerista, rompiendo con nuestra lista clasista. En gran medida, esta parálisis del Frente intentó ser remontada por la iniciativa de nuestro Partido y de sus principales dirigentes públicos.
 
Por qué fuimos a las Paso
 
Fue para romper esta impasse y potenciar la presencia política nacional del Frente que propusimos que el FIT tomara la iniciativa política mediante la convocatoria a un congreso del movimiento obrero y de la izquierda. Después de agotar las discusiones sobre esta propuesta con el PTS, convocamos a un congreso abierto con los resultados que ya comentamos. Para contrarrestar la iniciativa, el PTS lanzó, una semana antes del congreso, la candidatura presidencial de Del Caño, y reiteró sus reclamos por las Paso. De ese modo, tomaba forma precisa la formulación que anunciaron a comienzos de ese año, cuando propusieron, no uno, sino cuatro candidatos presidenciales alternativos del propio PTS. Desde la tribuna multitudinaria del Luna Park rechazamos el planteo del PTS de ir a las Paso e insistimos en formar una lista común para iniciar de inmediato la campaña política presidencial. El propósito era presentar al Frente de Izquierda como una unitaria y masiva alternativa política: “¿cómo lo vamos a hacer? Con un Frente de Izquierda que actúe como frente único. Ponernos a discutir en una interna armada por el Estado capitalista es bastante peor que la acusación que se nos hace de que participamos de las elecciones burguesas (...) En un enfrentamiento contra los capitalistas ¿poner el centro en un debate entre nosotros?” (discurso de Jorge Altamira en el Luna Park).
 
Sin embargo, el PTS saboteó toda posibilidad de acuerdo. Así, buscó la atomización de los acuerdos de constitución de listas, provincia por provincia -Capital, Mendoza, Santa Fe, Neuquén y Córdoba-, mientras daba por cerradas las negociaciones nacionales hasta principios de junio, a pocos días de la oficialización de los frentes y candidaturas. Era clara la intención de arrancar mejores posiciones en las listas, bajo la amenaza de romper el FIT al filo del cierre legal de las alianzas electorales.
 
Así, el Frente de Izquierda quedó paralizado como alternativa nacional, sin una candidatura presidencial y con su presencia atomizada en las diferentes elecciones provinciales. Ello, mientras los candidatos burgueses salían al ruedo, armaban sus frentes y publicitaban sus campañas.
 
En el acto del 1° de mayo de este año se podía constatar que el FIT estaba dividido y paralizado. En su discurso de cierre, Altamira reiteró un llamado: “Todo un campo político está esperando una orientación. El Partido Obrero se compromete, desde esta tribuna, en los próximos días, a tomar todas las medidas prácticas y políticas para impulsar al Frente de Izquierda, por una vigorosa campaña presidencial para enfrentar desde Jujuy hasta Tierra del Fuego la expresión del socialismo y la clase obrera, por un lado, contra las expresiones putrefactas, podridas y en descomposición, por el otro, de la derecha y el capitalismo”.(12)
 
Antes de finalizar dicho acto en Plaza de Mayo, un dirigente del PTS en forma extemporánea volvió a lanzar por micrófono la precandidatura presidencial de Del Caño. Simultáneamente, y como veremos más abajo, el PTS vetaba la participación de nuevos sectores en la campaña electoral del FIT.
 
Frente al bloqueo completo de la campaña presidencial, y ante la negativa del PTS a definir un curso al problema de las candidaturas y al frente único electoral, resolvimos, junto a Izquierda Socialista, lanzar la fórmula presidencial Altamira-Giordano y dirimir el conjunto de las candidaturas en las Paso. Nunca ocultamos ni nos desdijimos de nuestra crítica al método de las internas abiertas. Pero nos vimos obligados a recurrir a ellas como un recurso extremo para romper la parálisis y evitar la ruptura del FIT.
 
¿Cuál fue la respuesta del PTS? En una nota firmada por su dirección nacional, “reunida el domingo 10 de mayo, saluda la decisión de los compañeros del PO e IS de que hayan aceptado dirimir mediante este método las diferencias que hubiere sobre candidaturas. Es una solución que evitaría cualquier posibilidad de ruptura de la gran conquista que significa nuestro Frente de Izquierda y de los Trabajadores ante diferencias de este tipo”.
 
Después, y ya forzados a ir a las Paso, el PTS propuso una negociación de candidaturas, reconociendo a Altamira como candidato a presidente y poniendo ellos a Del Caño como vice. Pero, a su vez, condicionaban esta variante a que Del Caño no rotara de su banca de diputado nacional por Mendoza (en diciembre tiene que asumir Soledad Sosa, del PO), al tiempo que reclamaban para el PTS el primer cargo de diputado por esa provincia. Se trataba, claramente, de una ruptura de los acuerdos de rotación existentes desde la constitución del FIT. En los mismos días en que el PTS hacía sus supuestos “últimos llamados a una lista unitaria”, adoptaba la decisión de separar a la recién asumida Myriam Bregman del bloque del FIT, para sumarse al “bloque PTS” con Del Caño. Era claro que las propuestas ‘unitarias’ del PTS sólo apuntaban a levantar un argumento de campaña para su lista, en el marco de las futuras internas.
 
Quién defendió al Frente de Izquierda
 
El progreso del FIT, como frente único de la vanguardia de los trabajadores en el campo electoral, lo convirtió en un polo de atracción para otras corrientes obreras y movimientos sociales interesados en una lucha política contra el Estado y los partidos del capital. Es lo que ocurrió con el “Perro” Santillán y su corriente, que pasó de sostener posiciones políticas antagónicas al FIT a apoyarlo como alternativa: en un reportaje del portal Prensa Jujuy (23/12/2014), Santillán llamó a “sumar el esfuerzo de todos los sectores hacia el camino político iniciado por el FIT para que el próximo año tenga todavía mejores resultados (...) Sería importante -agregó- poder sumar esfuerzos a esta gran herramienta que ha demostrado ser buena para los trabajadores, para darle más impulso todavía”.
 
El apoyo al FIT se extendió a otros sectores, como la corriente Pueblo en Marcha (agrupamiento de una fracción del Frente Darío Santillán con otros grupos) y la corriente “por la reconstrucción del Comunismo Revolucionario” (ruptura del maoísta PCR). Con estas corrientes, el PO se dio un método: establecer un marco de participación y colaboración junto al FIT, a partir de la unidad de acción, de la explicitación de los acuerdos y de una agenda de debate para las diferencias políticas existentes. Este método se plasmó en el acuerdo que suscribieron Altamira y Santillán en Jujuy, donde se propuso “la discusión del programa del FIT, con el objetivo de una clarificación de las posiciones políticas en presencia y, en segundo lugar, a partir de esa delimitación política, determinar el método de participación y colaboración con las iniciativas del FIT”. Luego, se coincidió en que “la participación en las elecciones y los parlamentos no es un fin en sí mismo, sino que apunta a la preparación de clase obrera y el pueblo para la conquista del poder político, mediante el desarrollo de una conciencia de clase” y finalmente se reivindicó al frentismo de izquierda “como un frente único que debe servir al desarrollo de la lucha de clases de los trabajadores en todos los terrenos”(13). El PTS vetó la incorporación de estos sectores, condicionando el reglamento de la propia interna a que su participación en las listas quedara confinada a lugares subordinados. Ahora, el PTS dice que la diferencia “estratégica” de su lista respecto a la del PO-IS es que esta última “sostuvo que el desarrollo del FIT pasaba por incorporar, sin un debate serio previo y una práctica común, a agrupamientos que no compartían el programa del FIT”. Falso: el PO nunca propuso la integración sumaria de estas corrientes al Frente de Izquierda, sino un proceso de debate y clarificación política en el marco de la unidad de acción en torno de las tareas del FIT.
Concebimos la integración de estas corrientes al FIT como la coronación de una experiencia de trabajo común -y no como su punto de partida.
 
Esto es lo que desarrollamos intensamente con Pueblo en Marcha y otros compañeros en la Ciudad de Buenos Aires, tanto en las elecciones locales como en las Paso posteriores.
 
Al criticar la posición del PTS, señalamos que “el sectarismo es un obstáculo mayor al desarrollo de una clase obrera
revolucionaria que el centrismo. Un frente de luchadores, hecho en la claridad, es siempre un avance para el movimiento obrero real”(14). Para justificar su posición, el PTS le ha colgado el sayo de “chavistas, populistas o evomora- listas”, a quienes reclamaban luchar políticamente con el FIT. La calificación desconoce, sin embargo, que el acercamiento de estas fuerzas al FIT estuvo precedido de delimitaciones políticas y escisiones a su interior, entre quienes viraron a la izquierda y quienes permanecieron en el centroizquierdismo o el filokirchnerismo. No puede perderse de vista que el chavismo continental apoya al gobierno kirchnerista; en cambio, quienes se acercaron al FIT, y aún reivindican al chavis- mo, son antikirchneristas. El ‘maoísmo’ nativo (PCR) lucha contra el FIT desde la centroizquierda tradicional, pero su escisión tomó partido por el FIT en el plano de la lucha electoral. La determinación de prescindir de estos apoyos expulsa a estas fuerzas hacia sus orígenes y atenta contra la posibilidad de reforzar el polo de lucha de izquierda y anticapitalista contra los partidos de Estado. El sectarismo es una señal nefasta para los trabajadores activos que procuran acercarse al Frente de Izquierda, pues revela la negativa a un progreso sobre principios políticos claros a expensas del sectarismo y la autoproclamación.
 
“Desarrollo de los partidos” o autobombo
 
El PTS sostiene que su ajustado triunfo electoral en las Paso sobre la lista del PO-IS fue la expresión del ‘desarrollo de los partidos’ de las respectivas listas. Según esa afirmación, el PTS contaría con mayor desarrollo político-organizativo en Mendoza, Jujuy, Córdoba e incluso “en otras provincias donde también ganamos, como Santa Fe, Tucu- mán, San Luis, La Pampa, Río Negro, Chubut y Entre Ríos”, no por casualidad, sino por “el mayor desarrollo militante del PTS respecto al PO e IS”.
 
La afirmación es insostenible, y el PTS lo sabe. Incluso en Mendoza, donde el desarrollo numérico de ambas organizaciones (PTS y PO) es bastante paritario, el PO ha logrado progresos cualitativos importantes en el movimiento obrero.
 
Pero, ¿qué decir de Santa Fe o de Tucumán? En la primera provincia, el PO cuenta con un desarrollo extendido en toda su geografía, y representación legislativa en el estratégico cordón de San Lorenzo. El PTS, en cambio, sólo puede acreditar una presencia en Rosario. En el caso de Tucumán, la diferencia de desarrollo de los dos partidos es abismal, lo que fue reconocido incluso por el PTS cuando, en la negociación de la lista para la elección provincial, admitió que el PO encabece las candidaturas de gobernador y primer diputado. En la reciente elección provincial, el PO colocó más de 800 fiscales -cubriendo Capital y el interior de la provincia de Buenos Aires- que pelearon a brazo partido contra el fraude, mientras que el PTS puso algunas decenas sólo en la Capital. Jugamos un rol dirigente en el importante sindicato de los docentes universitarios, que protagonizó la huelga más extensa de la historia provincial, luego de la cual ganamos el gremio. En otras provincias, donde la victoria de la Lista 1 también se atribuye a “un mayor desarrollo”, el PTS literalmente no existe. Es el caso de Río Negro o Misiones, donde la Lista 1 venció sin contar siquiera con lista provincial. Finalmente, en esta misma línea se inscribe la afirmación de que se reunieron “1.800 candidatos (...) con mayoría de activistas obreros, del movimiento de mujeres y de la juventud combativa”. Es bueno recordar que, en el caso de Buenos Aires, el PTS debió apelar a la publicación de un aviso en su página para completar sus listas en diversos municipios.
 
¿Cuál es la razón de tan evidente distorsión por parte del PTS? No se trata sólo de una tentativa de magnificar su desarrollo político. Principalmente, se quiere disimular el carácter mediático (superficial) de lo que llaman “el fenómeno Del Caño”.
 
El mismo autor del balance antes mencionado del PTS, Freddy Lizarrague, confirma que “el triunfo de la Lista 1A fue una ‘sorpresa’”. Y continúa: “si todos esperaban el triunfo de Altamira, esto era por ser, de lejos, el candidato más conocido a nivel nacional, por años de presencia mediática y por haber sido postulante a presidente del FIT en el 2011”. Pero esto no es así: no es Jorge Altamira, sino el Partido Obrero (y Altamira como dirigente del PO) quien es reconocido nacionalmente por amplios sectores de la vanguardia obrera y de lucha. Se trata, no de un problema “mediático”, sino de una probada trayectoria de lucha junto a los trabajadores y explotados, y por el planteo programático de la independencia de clase y el gobierno de los trabajadores.
 
En un período de tiempo relativamente breve, el PTS pasó de reivindicar en los actos el estudio del militar prusiano Carl von Clausewitz, como si la lucha de clases en la actualidad hubiera cobrado la forma de una guerra de clases con los ejércitos delineados y sus respectivos generales ya formados, a impulsar un partido basado en las redes sociales; de formular la consigna de un partido de trabajadores, a inspirarse en la experiencia movimientista de Podemos de España; de editar un “periódico de obreros”, a La Izquierda Diario pensado para la clase media; después de estos virajes, siguiendo desde atrás las modas en boga de la política internacional, recayó en su variante ‘renovadora’ del Frente de Izquierda, con un programa contra la “casta política” y por el “voto joven”. El denominador común de estos vaivenes es el sabotaje al desarrollo del FIT como un frente único que lucha por construir una alternativa obrera y socialista.
El PTS ha armado una capciosa codificación de tipos de frentes a construir, manipulable y al servicio del faccionalismo. El Frente de
Izquierda sería un frente que termina el mismo día en que se realizan las elecciones, y no para intervenir integralmente en la lucha de clases. Introduce una división artificiosa que separa la lucha política de la acción directa.
 
El triunfo ajustado de la Lista 1 no implica una nueva etapa del FIT, sino una regresión política.
 
Balance contradictorio de las Paso para el FIT
 
El balance contradictorio de las Paso debe tomar en cuenta, por un lado, que el FIT ha quedado como una de las fuerzas que ha superado el régimen electoral proscriptivo y participará de una elección general donde tiene planteado el desafío de ampliar su representación parlamentaria, principalmente en Buenos Aires, en la Capital, en Mendoza y Córdoba. Por el otro, esa elección se dio en un cuadro general donde la burguesía logró retener en su campo a más del 95% de los votos, si se incluye a Stolbizer. No sólo el FIT, sino el conjunto de la izquierda, retrocedió electoralmente. En este cuadro, en las Paso del FIT triunfó una tendencia de carácter democratizante y autoproclamatoria, que se apoyó en tendencias ajenas a la izquierda -e incluso del Estado- para vencer ajustadamente a la lista que encabezó Jorge Altamira.
 
La campaña de la Lista 2 Unidad estuvo centrada, en cambio, en el ataque al gobierno y a los candidatos del ajuste. Señalamos explícitamente que no haríamos de la interna un campo de disputas con el PTS, sino que presentaríamos a la Lista Unidad como la mejor y más consecuente alternativa para luchar contra los candidatos del capital en las elecciones generales. Por ese motivo, y cuando el PTS salió a reclamar por los medios “debatir con Altamira” y otros candidatos de la Lista Unidad, sin llevar antes la propuesta a la Mesa del FIT, lo rechazamos. No sorprendió, tampoco, que esa posibilidad de confrontación entre las listas de izquierda fuera azuzada por sectores K (como el grupo mediático de Sergio Szpolski), en la expectativa de denigrar al propio Frente de Izquierda y presentarlo como un reñidero, a igual título que el resto de los partidos y coaliciones burguesas.
 
Los alcances de las divergencias que se presentaron en la campaña electoral del Frente de Izquierda no pueden atribuirse a la disputa interna de las Paso, sino que la preceden. El alcance de las mismas deberá verse en el tiempo. Argentina atravesará, en el próximo período, grandes crisis políticas y económicas que pondrán a prueba los programas de los partidos y la fortaleza de su propia estructuración. La izquierda ingresa en esta fase con un lugar conquistado muy superior al que tenía en el Argentinazo de 2001. La campaña electoral del Frente de Izquierda puso de manifiesto una crisis y una delimitación a su interior. Es necesario que todos los luchadores de izquierda asuman la responsabilidad de debatir a fondo las divergencias que se han presentado, para asegurar el desarrollo del Frente de Izquierda como una expresión política de los trabajadores contra el capital y sus partidos.
 
 
* Rafael Santos es militante del Partido Obrero. Es coautor del libro La asamblea constituyente, qué debe hacer la izquierda y autor de numerosos folletos y artículos políticos.
 
 
NOTAS
 
1. La corriente Pueblo en Marcha (integrada por el Frente Popular Darío Santillán, Democracia Socialista y otros grupos); el PSTU y el Comité por la Reconstrucción del Comunismo Revolucionario (CRCR), entre otros.
 
2. En un reciente intercambio de textos, propusimos al PTS un manifiesto que caracterizara que la Argentina enfrenta de nuevo, “una crisis económica y una crisis del conjunto del Estado”. La contrapropuesta recibida reemplaza esa afirmación por “una situación económica crítica y recesiva”. 
 
3. Un reciente texto del PTS presenta el “odio a la casta política” y “a una democracia que ya no puede albergar a estos jóvenes” (precarizados) como continuidad del “que se vayan todos” de 2001 (Paula Varela, “Del Caño y la ‘diferencia’”, Ideas de Izquierda N° 23, septiembre de 2015).
 
4. “Las Paso, el peronismo y el Frente de Izquierda”, www.izquierdadiario.com 
 
5. Ver “Vidal y Del Caño”, nota de Gabriel Solano en Prensa Obrera N° 1.377, 20 de agosto de 2015.
 
6. Este concepto está ampliamente desarrollado en Altamira, Jorge (2011): El ascenso de la izquierda en Argentina, Buenos Aires, Editorial Rumbos.
 
7. Rosso, Fernando: “Las Paso del FIT”, La Izquierda Diario, 24/6/2015.
 
8. El Cronista, 30/6/2015.
 
9. El PTS acaba de anunciar la desaparición de La Verdad Obrera (periódico partidario) y su reemplazo por una edición impresa quincenal de La Izquierda Diario..
 
10. Es el caso de los acuerdos con China o la reciente reivindicación de la política oficial en materia de violencia de género, que fueron criticadas por los diputados del PO y contaron con la abstención del PTS, en el primer caso, y su aprobación en el segundo.
 
11. Una muy importante caracterización sobre el punto puede encontrarse en Altamira Jorge (2013): “Contra las Paso”. En defensa del marxismo N° 41, octubre.
 
12. Reproducido en Prensa Obrera (6/5/2015).
 
13. El texto completo del compromiso suscripto con la corriente del “Perro” Santillán puede leerse en Prensa Obrera N° 1.352 (26/2/2015) y en internet en cor.to/altamiraperro 
 
14. “Incorporemos a la corriente del “Perro” Santillán a la lista de Jujuy”. Prensa Obrera N° 1.373 (23/7/2015).

 

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