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Resolución acerca del Frente de Izquierda

Este texto formó parte de los documentos preparatorios hacia el XXIII° Congreso del Partido Obrero.
Por Redacción
1. El Frente de Izquierda ha sido la expresión, a partir de 2010, de dos tendencias fundamentales en el proceso político de Argentina. De un lado, la radicalización de los obreros más avanzados y de una parte de la juventud, que se manifestó en el crecimiento de las luchas parciales y coaguló en las movilizaciones por el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra. Del otro lado, expresó la tendencia a la diferenciación política de clase de los trabajadores en relación con el gobierno kirchnerista. El asesinato de Mariano fue, precisamente, el momento culminante de esa diferenciación política, que se manifestó en la aguda lucha política librada por el Partido Obrero contra los intentos de ‘recuperación’ K del movimiento de reclamo de justicia y cárcel para los responsables. La especie de que el FIT fue el resultado accidental de la necesidad de superar el piso establecido por las Paso, es refutada, por un lado, por la tendencia de lucha de clases que lo precedió y, por el otro, por el protagonismo del Partido Obrero, y en sus términos por otras corrientes de izquierda, como vanguardia de ese proceso.
 
Es significativo que ninguno de los restantes integrantes del FIT destaca la cuestión de la delimitación del nacionalismo burgués y se limita a explicar su ascenso por la participación en las luchas o por un clamor popular por la unidad de la izquierda. Sin este rol histórico concreto de diferenciación del nacionalismo burgués, la izquierda revolucionaria no podría reivindicar en la actualidad la posibilidad de liderar una polarización política con el macrismo en la lucha por derrotar la tentativa de éste de descargar la crisis capitalista sobre las masas e infligir, él, una derrota estratégica al proletariado. Para la generalidad de los grupos de izquierda y sectores combativos, la lucha de clases se reduce a un proceso objetivo, en el cual no juega un rol decisivo la lucha política que impone esa lucha de clases. El nacionalismo burgués o pequeño burgués es criticado por esas tendencias en términos puntuales, por ejemplo “techos a las paritarias” o “pago de la deuda”, nunca en los términos de la revolución permanente; o sea, la pelea por la dirección de las masas por parte de la clase obrera consciente -organizada en partido propio. Nuestro partido caracterizó, desde un comienzo, que la demagogia nacionalista del kirchnerismo escondía una reconstrucción del Estado burgués, luego del levantamiento popular de 2001-2. En Argentina, es imposible el desarrollo de una dirección revolucionaria sin la lucha por la derrota política completa del peronismo.
 
2. El lugar histórico concreto del Frente de Izquierda debe ser distinguido de su composición política contradictoria, que en su momento fue caracterizada como “oportunista” en nuestra prensa. Es un frente con partidos luchadores y combativos, pero democratizantes. No plantean la dictadura del proletariado y oponen la autoorganización de las masas a la dirección política del partido revolucionario, aunque en la práctica desarrollan todos los métodos verticalistas de los grupos autoproclamatorios. Izquierda Socialista reivindica el Frente del Pueblo e Izquierda Unida, y todos los planteos de adaptación política al nacionalismo o a la izquierda democratizante de su corriente histórica, el morenismo, desde la formulación del “partido centrista legal” y la disolución en el peronismo (“entrismo”). En 2008 tomó partido por el frente patronal agrario ante la Resolución 125. Hace un fetiche de la “unidad de la izquierda” -o sea del frentismo sin principios-, precisamente lo que nos ha llevado a caracterizar al FIT como “oportunista” desde su fundación. El PTS se caracteriza por el zigzagueo político constante. La campaña electoral de 2011 la dedicó a reivindicar la estrategia de la guerra (que incluyó la mención de Clausewitz en actos públicos), para concluir, en 2015, abogando por una “democracia superior” basada en la reducción de los salarios de los funcionarios y atacando a la continuidad histórica revolucionaria bajo la etiqueta de la renovación generacional.
El PTS práctica el centrismo explícito con publicaciones que dan cabida, sin polémica, a todas las corrientes académicas y políticas, incluido el liberalismo burgués -o sea al frente único ideológico con la burguesía. La lista es larguísima: el ataque al ‘propagandismo’ del PO hasta la política actual de puro propagandismo y exhibicionismo mediático.
 
Una caracterización adecuada de la formación del Frente de Izquierda debe reunir, de un modo concreto, su contradicción de origen: de un lado, una coalición de fuerzas combativas que, como consecuencia de la presencia del PO, delimita posiciones del nacionalismo burgués y pequeño burgués (kirchnerismo, camporismo); del otro, una coalición con fuerzas democratizantes, por su programa y por sus oscilaciones permanentes. El programa ‘aprobado’ en 2011 (no hubo discusión) es una receta de estatizaciones y de ningún modo el desarrollo del método que debe llevar al proletariado a establecer un gobierno de trabajadores.
 
3. El faccionalismo acentuado al interior del Frente de Izquierda no es solamente la expresión de un método de descalificaciones personales e incluso violencias físicas. Esto queda patente en la campaña que desarrollan contra dirigentes y cuadros de nuestro partido a cargo de personajes designados para esa ‘guerra sucia’. Es fundamentalmente la envoltura escamoteadora de posiciones políticas no revolucionarias; sin despreciar lo primero, lo principal pasa por lo segundo. A pesar de que el Frente de Izquierda se había convertido en la delimitación de los obreros de vanguardia y los luchadores del kirchnerismo, el PTS desarrolló una política para destruir al FIT, en un caso para reemplazarlo por “un partido de trabajadores” sin trabajadores; por “candidaturas obreras” de características individuales, o sea no representativas políticamente, o por “encuentros sindicales” que no deben reivindicar la independencia política de la clase obrera de la burguesía -en definitiva, del peronismo y del kirchnerismo. En este cuadro se inscriben las provocaciones lanzadas contra el Congreso del movimiento obrero y la izquierda, que fue el punto más alto de reagrupamiento político de clase en todo el desarrollo del Frente de Izquierda. La ruptura de los acuerdos de gestión colectiva de las bancas parlamentarais y la formación de bloques separados tiene por finalidad proceder a una ruptura sin principios del Frente de Izquierda. Lleva la tesis del PTS, que entiende al FIT como “campo en disputa”, en oposición al frente único, incluso al terreno parlamentario.
 
La indignación moral ante estos métodos no deben obnubilar acerca del contenido centrista que busca disimular y contrabandear ese método, y acerca de la tentativa de sustituir al FIT por amalgamas sin principios. En Brasil, en completo antagonismo con lo que representa el FIT, el PTS ha pasado a integrar el PSOL (donde IS juega un rol protagónico desde el inicio de la ruptura con el PT, en 2003), una corriente tributaria del centroizquierdismo ampliado al clero ‘progresista’. En Bolivia propugnaron un PT con la burocracia colaboracionista de la COB -una reminiscencia del “partido obrero de Vandor”, formulado en 1965 (el pasaje del PTS al PSOL contrasta con su oposición a la consigna de “un gobierno de izquierda de Syriza, el PC y Antarsya”, una consigna que determinó una aguda ruptura de las masas con los partidos burgueses en Grecia -2012).
 
De nuevo, una caracterización correcta del FIT y un método adecuado para pronosticar su futuro debe distinguir su función en la situación histórica concreta, de un lado, y su estructura política, del otro.
 
4. El significativo ascenso electoral del Frente de Izquierda, en 2013, en particular la victoria del PO en la capital de Salta y la consagración, muy difícil, de un diputado nacional por la provincia, demostró la justeza de la caracterización del FIT como el instrumento que desarrolla una fuerte delimitación de las masas con el kirchnerismo y el peronismo. Toda la clave de la revolución proletaria, en Argentina, reside en este punto. El anterior Congreso del PO lo caracterizó como “una transición histórica”. La potenciación de la función histórica del FIT acentuó, en lugar de atenuar, las contradicciones de su condición ‘oportunista’. No hay manifestación más clara de la tendencia, dentro de la izquierda, a consagrar una “casta política”, porque los métodos políticos de ésta son precisamente la autoproclamación y la lucha de aparato sin principios.
 
5. Varios sectores exteriores al PO han criticado el recurso de las Paso, para definir las candidaturas en 2015 -ignorando que fueron reclamadas, en términos extorsivos, desde 2013, por los rivales. Simplemente, ignoran que las contradicciones internas habían llegado a un estallido, y que las Paso eran el recurso último para defender la presencia del Frente de Izquierda en una elección que definía la sucesión presidencial. El PTS había roto el bloque parlamentario que había trabajado en forma unificada en Córdoba -ratificando la decisión de provocar una ruptura sin principios con el FIT. Las Paso fueron precedidas por el debate acerca de si el FIT era un frente único, en tanto represente un instrumento de desarrollo de la lucha de clases y la independencia obrera, o un “campo en disputa” -o sea en el terreno de peleas faccionales (sin principios). El “campo en disputa” fue el nombre y apellido de la política de romper el FIT en nombre de la autoproclamación y el autobombo.
 
El método de nuestro partido fue intachable: agrupar a todas las fuerzas partidarias del FIT sobre la base de un método: un programa y una integración que debía darse a través de una experiencia de lucha en el tiempo. Más allá de las deformaciones territoriales de algunos resultados (caso Mendoza), la derrota de la Lista 2 (nuestra lista “Unidad”) en las Paso puso de manifiesto un fuerte apoyo a la posición democratizante y electorera de la Lista 1 (“Renovar y fortalecer”) y, más que eso, a su carácter antirrevolucionario. Asimilar la trayectoria revolucionaria de nuestros candidatos al atornillamiento en el Estado de la politiquería burguesa o reducir el planteo de la izquierda a la reducción de salarios de la burocracia estatal, no es otra cosa que la política del español Podemos, un agrupamiento de arribistas, que fue copiada desvergonzadamente en este punto. Al mismo tiempo, se manifestó anticipadamente en la Lista 1 una tendencia hacia el kirchnerismo, que ya había sido anticipada ‘ideológicamente’ por la caracterización de que los K habían triunfado “culturalmente”, desde la celebración del Bicentenario. Para Izquierda Socialista, el PSOL es un ejemplo de la estrategia de “unidad de la izquierda”; lo mismo para el MST.
 
Caracterizamos a la victoria de la Lista 1, más allá de la lucha faccional, como una regresión democratizante del Frente de Izquierda, como una tendencia a la ‘podemización’ y ‘syrización’. Del estudio de la estrategia militar de Von Clausewitz, por un lado, a la reducción de salarios de una “casta”, al otro, para producir “una democracia superior”, queda descripta la oscilación del oportunismo dentro del FIT. Al mismo tiempo, caracterizamos la adaptación de un sector del electorado que ha votado a la izquierda a esta suerte de moda electorera, como un episodio superficial que será barrido por una creciente polarización política, de un lado, y por la firmeza de los planteos del Partido Obrero, por el otro.
 
Es necesario señalar el retroceso que ha representado el resultado electoral del Frente de Izquierda, que no logró atraer nuevos votos luego de las Paso. Este resultado relega, por un lado, la posición conquistada por el FIT como alternativa política, y esto ofrece un margen de acción al centroizquierdismo, que el éxito del FIT había puesto en estado de extinción. Por otro lado, desnuda la inconsistencia de la campaña contra el “testimonialismo”, dirigida por el PTS contra el Partido Obrero. La caracterización de la izquierda como “testimonial” está sacada del arsenal de la derecha, que siempre ha acusado a la izquierda revolucionaria de “utópica” o por levantar “proyectos irrealizables”, obviamente en el marco del capitalismo. Pero estos adversarios de izquierda del testimonialismo no han ofrecido otra cosa, en distintas situaciones revolucionarias internacionales, que el voto en blanco o el abstencionismo, en nombre de prepararse para la “confrontación final”. En oposición a este testimonialismo real -o sea, el inmovilismo-, nosotros hemos opuesto el programa de transición -o sea, una política revolucionaria para todas las fases de la lucha. En esto consiste la preparación sistemática de la revolución: la denuncia del capital y el desarrollo de la conciencia y organización del proletariado. El ‘posibilismo’ es una versión bastarda del reformismo. El resultado electoral, que no movió el amperímetro respecto a las Paso, demostró la vacuidad del ‘posibilismo’ e incluso de sus posibilidades electorales.
 
6. El destino del Frente de Izquierda -o sea sus posibilidades de desarrollo- no puede abstraerse del desarrollo de la situación política en su conjunto, a partir de la crisis de poder dejada por el derrumbe del kirchnerismo y por la crisis económica. El derrumbe financiero del Estado, la caída de la tasa de ganancia del capital industrial y el ajuste plantean, de un lado, una agudización sin precedentes de la lucha de clases y, por el otro, la forzada adaptación del nacionalismo burgués, en general, del peronismo, más precisamente, y del kirchnerismo, con sus propias características, a la política del capital -o sea al macrismo. Al FIT se le plantea el desafío -o sea la posibilidad y la obligación- de luchar por la dirección de esta lucha y, por esta vía, convertirla en una lucha por el poder político de los trabajadores. Es la estrategia y el método que plantea el Partido Obrero.
 
Dentro de la izquierda, en general, la caracterización de la etapa y las tareas que corresponden son diferentes. Caracterizan una iniciativa histórica de la burguesía y una etapa de “resistencia” de la clase obrera. El descarrilamiento relativo del plan económico del macrismo y las primeras movilizaciones populares confirman nuestra caracterización y desmienten a nuestros rivales. El PTS ha descubierto el frente único para ir a remolque de los K, con una especulación electoralista muy reveladora: porque si el pronóstico es que el cristinismo se va a desintegrar, oficiar de furgón de cola de él es liquidacionista. Algunos, como el MAS, van tan lejos como proponer una marcha común, el 24 de Marzo, con Guillermo Moreno y la cohorte de la ley antiterrorista, el Proyecto X y el gatillo fácil de la década ganada. Este planteo impugna, en los hechos, el voto en blanco en el balotaje. Todos los pronunciamientos K, en la nueva etapa, reivindican su gestión capitalista y antiobrera de esa década.
 
7. La tarea fundamental del Partido Obrero en esta etapa, que será prerrevolucionaria, es impulsar la iniciativa de la lucha contra el gobierno entreguista y antiobrero. La iniciativa debe expresarse en una agitación política sistemática. Sobre la base de esta agitación convocamos, como partido del FIT, a la izquierda y a todos los luchadores a un frente único combativo. Sobre la base de este frente único planteamos la lucha por la movilización de los sindicatos, por un lado, y por superar a la burocracia sindical, por el otro. Nuestra estrategia debe desarrollarse como una agitación política contra el gobierno -o sea el desarrollo de una alternativa de poder- con un programa de transición, la movilización hacia el gobierno de los trabajadores. El curso político de esta etapa determinará la recaracterización de las fuerzas de izquierda en lucha y del mismo FIT. La delimitación del nacionalismo burgués da paso ahora a una iniciativa de agitación política, que tiene un alcance o proyección más amplio que en la etapa precedente.
 
La actividad en el Congreso y en las legislaturas debe estar al servicio de la denuncia del gobierno y de sus aliados permanentes y ocasionales (“coalición a la carta”), incluido en especial el kirchnerismo. Esa actividad debe destacar que la acción directa, y no las combinaciones parlamentarias, es la vía para la victoria de las reivindicaciones del pueblo. La agitación política debe ser un plan de conjunto del Partido Obrero, a partir de la cual se estructuran las actividades parlamentarias, sindicales, culturales, estudiantiles, juveniles y de la mujer trabajadora.
8. Es con la proyección definida en este texto que llamamos a los partidos del FIT, en primer lugar, a los agrupamientos que lo apoyaron en las elecciones, a la izquierda y sectores combativos a movilizarnos por las reivindicaciones contra el ajuste y la denuncia al gobierno macrista, mediante un acto público frente al Congreso, el 1° de marzo y el boicot parlamentario del FIT a la sesión inaugural.
 
 
24 de febrero de 2016
 

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