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Sobre la respuesta de Marcelo Ramal a Gabriel Solano

Por Eduardo Salas

El artículo “Panorama mundial”, de En defensa del marxismo N° 51, de Jorge Altamira, ha motivado la crítica de Pablo Giachello, y esto ha dado lugar a un intercambio de posiciones que debe ser debidamente caracterizado. Están la respuesta de Marcelo Ramal (en defensa de las líneas criticadas por Pablo), una respuesta de Pablo, un documento de Gabriel Solano publicado en el BI N° 41 y otro de Norberto Calducci (BI N° 43). Ahora Marcelo Ramal, al responder a Gabriel Solano considera que éste incorpora temas que no eran parte del debate original y eso sería la “confesión de que estamos ante un debate estratégico y no una polémica sobre una línea en un texto de miles palabras”. De esa manera sumaria, Ramal ha decidido convertir el debate en (prácticamente) una cuestión de principios y casi una divisoria de aguas dentro del partido que, en forma simplificada, sería entre quienes, por un lado, sostienen una estrategia revolucionaria y con ello la “continuidad histórica” del Partido Obrero, y los que, por el otro, sucumben al impresionismo y, por lo tanto, se alejan de los objetivos revolucionarios (y reniegan de nuestra historia).

Los primeros estarían corporizados en la persona de Jorge Altamira (“No es algo frecuente, pero es cierto que, algunas veces, el individuo es inseparable del programa. En el caso de Altamira, no es sólo quien ha orientado al Partido Obrero desde su fundación, sino que lo sigue haciendo ahora”, del documento de Ramal, BI N° 42). Esta posibilidad que no es frecuente sí se verificaría en el Partido Obrero, por lo cual cualquier cuestionamiento a los planteos de Altamira adquiere un carácter de principios, lo que nos llevaría al peligro (que el propio Altamira advirtió cuando propuso la rotación de cuadros) de que en nuestro partido suceda lo que en la mayoría de las corrientes trotskistas: desaparecieron junto a la generación que la fundó.

La tesis desenvuelta por Marcelo Ramal no es sólo peligrosa, y si se quiere impropia de un militante de la IV Internacional, sino que además es también falsa. Aunque el propósito evidente es destacar la figura de Altamira termina siendo injusto con él. Sucede que todo el partido tiene conocimiento que Altamira defendió con todo derecho posiciones contrarias a las resoluciones aprobadas por el Comité Nacional. Sin entrar en el mérito de cada posición y evaluar quién tuvo razón en cada caso, sabemos por el Boletín Interno y los debates producidos en oportunidad de los congresos del Partido Obrero, que Altamira se opuso a la propuesta de listas únicas del FIT que la dirección del Partido Obrero lanzó en el acto de Atlanta mediante el discurso de Pitrola; que en debate del XXIV Congreso rechazó la campaña por un Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda; que contra esa posición planteaba que la tarea era preparar las “Paso, las Paso, las Paso”; que difería con el documento votado por el Comité Nacional, que caracterizaba que el kirchnerismo a pesar de la derrota electoral seguía siendo un obstáculo en el movimiento de las masas; que en el debate del XXV Congreso también polemizó con el documento del Comité Nacional, lanzando la orientación de que el partido debía centrar su agitación en las coordinadoras fabriles y la huelga general, esto en contraposición a la consigna de paro activo nacional y plan de lucha; que en el propio congreso polemizó con la consigna finalmente votada, que incorporaba a la izquierda en el planteamiento general; y que, incluso más cerca en el tiempo, planteó que la Constituyente debía ser convocada por un gobierno de los trabajadores, algo que fue rechazado, a mi entender correctamente. Esta lista es incompleta, pero alcanza y sobra para mostrar que la afirmación de Marcelo Ramal no se compadece con la realidad. En el partido ha habido un debate sobre posiciones, caracterizaciones y consignas, que todo militante tiene a mano para sacar sus propias conclusiones. ¿A qué viene, ahora, la afirmación de que al partido lo “orienta Altamira”, cuando es claro que estamos ante una dirección colectiva, en la que puede haber síntesis de posiciones distintas, o votaciones de textos y planteos diferentes? El culto a la personalidad nunca es bueno, porque conlleva errores de método enormes, como se prueba ya en el texto de Ramal, que recurre a falsear el debate partidario de los últimos años. Insisto: no entro en el mérito de cada polémica, porque sería ahora inconducente, y su finalidad tendría sólo un propósito faccional. ¿Qué hubiese pasado si el Partido Obrero en vez de hacer una campaña por listas únicas desde Atlanta hasta el cierre de listas de 2017 hubiese planteado ir a las Paso? Nunca lo sabremos, pero es claro que existieron dos posiciones y no fue la de Altamira la que se llevó adelante. O si la campaña central del Partido Obrero en los meses iniciales de 2018 hubiese sido huelga general y coordinadoras fabriles; tampoco lo sabremos, aunque uno puede caracterizar, haciendo uso de la ventaja que ofrece el análisis retrospectivo, que no existían las condiciones para ello. Pero ignorar estas polémicas concretas, que todo el partido leyó y tuvo la oportunidad de fijar posición, es inadmisible.

Volvamos al punto central. La búsqueda de diferencias estratégicas, nunca demostradas, tiene un peligroso carácter faccional que debe ser rechazado y que puede dar lugar a un intercambio de posiciones que luego no sepamos cómo empezaron, algo que muy bien advierte Norberto Calducci, y que, por supuesto, tampoco sepamos de qué estamos discutiendo. Lejos de aportar al mejor desenvolvimiento de la actividad del partido estaríamos ante la pretensión de establecer acusaciones y descalificaciones. Insisto en lo peligroso de esto porque para llevarlo adelante, incluso, se apela a falsedades y tergiversaciones. Ramal no ha contestado aún la acusación de Pablo Giachello sobre su falsificación de la cita de la EDM. Ramal agregó un “al menos” (en negrita, itálica, y reiterado con signos de admiración) que no existe en el texto, y sobre ese agregado suyo desenvolvió gran parte de la respuesta a Pablo; obviamente, la falsificación es innegable y también descalificadora de quien la realizó ex profeso para “ganar” un debate. Algo similar sucede con el documento de Daniel Blanco, que monta su rechazo a la política parlamentaria negando lo que realmente sucedió cuando en la web del partido (en las versiones taquigráficas, en los videos, etc.) estaba la respuesta a sus preocupaciones. Advierto sobre el peligro de meter al partido en debates faccionales bajo la excusa de los principios, es una actitud disolvente del partido, que ya ha provocado crisis en algunas regionales, como sucedió, por ejemplo, en Vicente López, y que motivó el debate en dos congresos y la intervención de la Comisión de control.

Catastrofismo vs. fatalismo impresionista

Marcelo Ramal le dice al partido que la frase de Altamira (la pérdida de la iniciativa estratégica de la burguesía) en cuestión se refiere a una etapa histórica: la del derrumbe del capitalismo. Esto, a mi entender, ha sido debidamente refutado por Pablo Giachello y Gabriel Solano. Sin embargo, aportemos algunos elementos más.

Es llamativo que una conclusión referida a una etapa histórica de conjunto sea establecida sólo para el capítulo de América latina. Ramal dice que el ascenso de Bolsonaro y la apelación al fascismo para cubrir el vacío dejado por la crisis política no puede ser considerada una “iniciativa estratégica”, sino la confirmación de la falta de la misma porque el fascismo es la barbarie (resultado de lo cual habría triunfado una de las dos variantes que tan claramente sintetizó Rosa de Luxemburgo: “Socialismo o barbarie”, siguiendo esa línea difícilmente la iniciativa pase, ni potencialmente, ni “al menos”, a la izquierda revolucionaria).

Y a pesar de que soy enemigo de citar a los clásicos (siempre pensé que además de ser un signo de falta de argumentos, tiene un sesgo de arbitrariedad, ya que cada posición tiene que ser comprendida en su contexto histórico y preciso para poder aprovecharla, y en las citas difícilmente se pueda comprender así), me voy a tomar la licencia de citar a León Trotsky, en este caso en un texto que se refiere a la etapa histórica. Decía Trotsky: “Puede decirse, desde el punto de vista político, que la burguesía espera el máximo de su potencia, de la concentración de sus fuerzas y medios, medios políticos y militares, de mentira, de violencia y de provocación. Es decir, el máximo del desarrollo de su estrategia de clase en el mismo instante en que más amenazada está de su pérdida social. La guerra y sus terribles consecuencias (y la guerra era inevitable, porque las fuerzas productivas no cabían en el marco burgués) han descubierto ante la burguesía el amenazador peligro de su hundimiento. Tal hecho ha agudizado hasta lo infinito el instinto de conservación de clase. Cuanto más grande es el peligro más una clase (como cualquier individuo), tiende con todas sus fuerzas a la lucha por instinto de conservación” (Una escuela de estrategia revolucionaria, 1921).

El ascenso del fascismo (Hitler) fue estimulado por los países imperialistas con el objetivo de derrotar a la URSS. ¿Está fuera de los métodos que usa la burguesía para “disimular su dominación”? Responden a la etapa de descomposición del capitalismo. De eso no cabe duda. Pero no es eso lo que estamos discutiendo y Ramal lo sabe porque está reiteradamente señalado por Solano y Giachello. En ningún lado está dicha, ni siquiera insinuada, la perspectiva de una ampliación del desarrollo histórico del capital; todo lo contrario, entonces, ¿cuál es el objetivo, para qué Ramal polemice como si esa fuera la tesis de Giachello o Solano? Estamos discutiendo sobre cómo se plantan las clases sociales en el marco del hundimiento del capitalismo. Hace unos cuarenta años, aproximadamente, leí una entrevista a Henry Kissinger, un hombre del sistema que fue secretario de Estado de Estados Unidos entre 1973 y 1977, donde decía más o menos lo siguiente (no pude encontrar la cita, pero el concepto es éste): como historiador, como intelectual, estoy seguro de que la crisis del capitalismo es terminal pero, como estadista, la voy a pelear hasta el final.

De lo que estamos discutiendo es del panorama de América Latina, hoy. Y ahí Altamira se equivoca no sólo en un pronóstico, sino en una caracterización. (Es llamativo que Ramal rechace el mote de pronóstico de Solano y diga que es una caracterización, y para defenderlo a Altamira haga una larga lista de pronósticos que habrían sido acertados.)

Norberto Calducci ha puesto de manifiesto las propias contradicciones del artículo de Altamira en cuestión con los señalamientos sobre Nicaragua y Venezuela. En Nicaragua apelarían a elecciones (obviamente una “maniobra”) que “disimulan la dominación del capital”. Bolsonaro mismo (con el Alto Mando militar, las iglesias evangélicas, los terratenientes, etc.) gana con elecciones (conquistando el voto de un sector importante de la clase obrera) -es decir, que el “disimulo” también está presente. Ramal defiende el párrafo en cuestión, que está negado en el mismo artículo. Si el que lo escribió, no vio las contradicciones o la imprecisión de lo que escribía, ¡qué bueno que un dirigente, joven, del partido lo haya advertido y haya escrito sobre ello! ¡Aleluya! Estamos en el buen camino para asegurar la continuidad de la organización que construimos y que la generación del ’60 fundó.

Ramal retrocede incluso en conclusiones que estableció el artículo que motivó todo este debate y que, aunque contradigan la frase del pase de la iniciativa estratégica, hace a una caracterización de en qué anda la izquierda. En las respuestas de Ramal, las masas, la clase obrera, sus organizaciones, la subjetividad, están directamente ausentes. Llama la atención que defienda el concepto de que “la iniciativa pasa potencialmente a la izquierda”, pero no se detenga a analizar el desarrollo concreto que esta izquierda tiene en el movimiento de las masas (sindicatos, organizaciones obreras de diverso tipo, de la juventud, de la mujer), su programa, etc. El debate así se vacía, porque no respeta el método científico de contrastar las hipótesis con los hechos. Ni una palabra sobre ello, toda vez que es lo fundamental para arribar al socialismo y no sucumbir a la barbarie, tan fundamental que es la base del Programa de Transición. Para Trotsky, el drama de la humanidad se “reduce a la crisis histórica de la dirección revolucionaria”, luego de considerar que la “premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar bajo el capitalismo”, incluso “han llegado a descomponerse”. Es evidente que Trotsky era un catastrofista, pero no un fatalista, sabía que para derrotar la barbarie de la catástrofe capitalista había que fijar la atención en la subjetividad política de la clase obrera y, para ello, estableció un programa, una organización y un método. Mirar el derrumbe capitalista sin la evolución de la conciencia de las masas y las características de su intervención en la lucha de clases conduce a un impresionismo que no da las herramientas para que la clase obrera se haga consciente de su papel.

Hablando de constituyentes y de consignas políticas

En relación con la Constituyente, Ramal denuncia una suerte de sabotaje a la campaña por la misma (no dice de quién es la responsabilidad, por lo que supongo que el sabotaje será por parte de la dirección que él integra). Desde que se aprobó esa consigna (en el sistema de consignas, después me voy a referir a ello) han habido reuniones del Comité Ejecutivo y del Comité Nacional, ¿dónde está la advertencia de Ramal al sabotaje?, ¿cuál es su propuesta de campaña? En los boletines internos semanales no aparece nada. Ramal pone como ejemplo (no sé si propone o propuso lo mismo) la campaña por la Constituyente del ’94. Hay que recordar que esa constituyente fue convocada como resultado del pacto entre Menem y Alfonsín, que presentamos candidatos (en un frente con el MAS y el MST). Se trata de situaciones diferentes. En ese momento hicimos una campaña contra la Constituyente, porque había sido parida por el Pacto de Olivos para habilitar la reelección de Menem. Incluso más, denunciamos al morenismo que quería convertir esa constituyente en “libre y soberana”, mostrando en varios artículos que esa libertad y soberanía sería de Menem para incorporar en la Constituyente medidas reaccionarias. Nuestra campaña, al menos desde el punto de vista de la instalación popular, estaba facilitada porque la Constituyente era una realidad palpable: se iba a realizar y debía votar toda la población. ¿No es evidente que la situación es absolutamente distinta?

Incluso nuestra posición sobre las constituyentes fue variada. En Córdoba participamos con una lista en la Constituyente de Angeloz de 1987, pero llamamos a votar en blanco o no votar en la Constituyente de De la Sota de 2001, lo cual, visto después, fue un error, pero en ese momento hicimos una campaña extraordinaria, a tal punto que, como el voto en blanco fue del 33%, algunos periodistas nos entrevistaban como los ganadores de la contienda. El error no tuvo que ver con el planteo general de denuncia a la Constituyente, sino con que debíamos hacerlo participando de la elección y no mediante el voto en blanco, porque dejamos un vacío que fue aprovechado por la izquierda democratizante. La consigna de Asamblea Constituyente no nos define como organización revolucionaria, y sí lo hace la del gobierno obrero (dictadura del proletariado); la Constituyente es una consigna democrática de la cual debemos servirnos cuando así lo amerite.

Creo que Ramal desbarranca cuando responde a la crítica de la mayoría (¿?) del Comité Ejecutivo al planteo de constituyentes en Brasil y otros países de América Latina, presentado en la propuesta de Altamira para la Conferencia Latinoamericana. Dice: “Bolsonaro pretende derogar la Constitución de 1988 y está buscando un procedimiento para hacerlo”. Pero justamente por ello, si Bolsonaro quiere una Constituyente, nosotros no la podemos reclamar. Una Constituyente luego del triunfo electoral de Bolsonaro, sería una Constituyente de …Bolsonaro. Esto es el ABC de la política. Hablar de Constituyente para toda América Latina, dadas las situaciones políticas divergentes que existen, constituye un grave error. Termina elevando la consigna a un lugar estratégico que no tiene, sustituyendo al gobierno de los trabajadores.

El otro latiguillo es que el partido carecía de consignas y planteos políticos hasta que apareció lo de la Constituyente. Se le contestó sobradamente, que sí teníamos y tenemos (la del gobierno de los trabajadores). No sólo eso: la consigna “Derrotar el plan de ajuste de Macri, el FMI y los gobernadores”, ¿qué clase de consigna es? Es un planteo político, no es sindical, motoriza la acción colectiva y unifica la lucha de los trabajadores contra el gobierno, el centro de esta consigna es el poder político, no una cámara empresarial. Al incluirlo en un sistema de consignas que dan cuentan de la crisis política y económica (Fuera Macri, Asamblea Constituyente con poder), establecemos las condiciones para una alternativa política de la izquierda.

Ramal (y en muchos artículos de Altamira está como conclusión) insiste en que la clase obrera debe tomar nota de la crisis, comprenderla. Eso está muy bien, pero la comprensión y el conocimiento en abstracto no van a motorizar la organización política. Es un “poquito” más complejo.

Volvamos a Trotsky y al Programa de Transición. Luego de la caracterización de la descomposición capitalista, Trotsky escribe un programa que empieza con el capítulo “El proletariado y su dirección”, sigue con el “Programa mínimo y el programa de transición” para pasar a la “escala móvil de los salarios y escala móvil de las horas de trabajo”, y 10 (diez) puntos después, plantear el gobierno obrero y campesino. Trotsky no procede arbitrariamente así, sino como señala en el capítulo de “El programa mínimo…”: “La tarea estratégica del próximo período -período prerrevolucionario de agitación, propaganda y organización- consiste en superar la contradicción entre la maduración de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y su vanguardia”. Fantástico. Trotsky tenía el oído, el cerebro, el corazón, todos los sentidos en la premisa fundamental que cualquier catastrofista debe tener: la subjetividad de la clase obrera. Sobre eso, Ramal nos deja en ayunas.

El partido en su sistema de consignas ha seguido este método. Rechazo que no tengamos consignas políticas.

Por una crítica al trabajo internacional

Ramal considera prácticamente un sacrilegio las críticas al trabajo internacional del partido que hacen Giachello y Solano. Y como si lo nuestro fuera un dogma, el que lo ataque corre “el riesgo de incurrir en un nacional-trotskismo -un autobombo del Partido Obrero, en confrontación con el ‘raquitismo’ izquierdista mundial”. Eso es exactamente lo que va a suceder si no sometemos a una crítica nuestro trabajo internacional.

Es evidente que hemos retrocedido. Tomemos el congreso de la CRCI de 2004. Se fueron los italianos, el grupúsculo yanqui, los brasileños y los bolivianos; luego, se incorporó el DIP, cuya posición sobre sostener la CRCI es por lo menos ambigua, en el BI N° 33 de septiembre de este año están publicadas la carta que nos envió el DIP y nuestra respuesta a ella, donde señalamos que “en efecto, tenemos una divergencia de estrategia y de método”. El DIP cuestiona a la CRCI como organización y no ha desarrollado las críticas (que dice tener) al programa votado en 2004; ellos sugieren otro método de acercamiento con organizaciones centristas que lleva a la dilución de la CRCI. O sea que 14 años después, vamos a un segundo congreso con un final aún incierto.

Por otro lado, los grupos que se fueron acercando luego no se consolidaron (es el caso de los chilenos, por ejemplo) y en la ruptura con los brasileños (Causa Operaria) y con los italianos no logramos armar grupos de la CRCI, sólo quedaron algunas relaciones no estructuradas en una organización.

En el libro El renacimiento de la Internacional se detalla la historia de la CRCI, de nuestro método, hay una suerte de balance. ¿No corresponde ir a fondo con el mismo? Somos marxistas, la crítica es nuestra principal herramienta, lo otro es dogmatismo.

Las diversas iniciativas que hemos tomado en el último año y medio fueron una revisión de la parálisis que teníamos y que fue señalada reiteradas veces (por el propio Altamira) en el Comité Nacional. Acuerdo con ello, pero debemos tener conciencia de en dónde estamos parados. La Conferencia Latinoamericana reciente mostró, para el que quiera verlos y actuar en consonancia, varios problemas.

El desarrollo de nuestro trabajo internacional obviamente que está limitado por el “raquitismo de la izquierda mundial” y las posiciones que adopta (y que Altamira detalla en el “Panorama mundial” para el caso de América Latina), sería imposible que no fuera así. Entonces, aún más tenemos que hacer un balance y debe ser material para nuestra caracterización de la etapa.

El debate congresal que se abre será una gran oportunidad para que, de conjunto, fijemos el rumbo de nuestro trabajo internacional.

Si hay debate, si hay controversias, que sirvan al desarrollo del partido y no a la pretensión de establecer una divisoria de aguas y, mucho menos, corporizar esa división en lealtades personales. Rechacemos ese propósito, sea consciente o no.

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