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En defensa del informe político

Por Pablo Heller

El XXVI Congreso se va a realizar en medio de un proceso político convulsivo que, como lo destaca el encabezamiento del informe político, se caracteriza por el derrumbe del macrismo. Esto plantea enormes desafíos para la vanguardia de la clase obrera. El fracaso de la experiencia derechista de Temer desembocó en Brasil en la victoria de Bolsonaro. En la Argentina, el gran desafío planteado es preparar el resultado contrario: cómo hacemos que esta transición culmine con un desenlace favorable a los trabajadores.

El Partido Obrero es puesto nuevamente a prueba y deberá demostrar si es capaz de interpretar el momento, lo cual debemos traducir en una orientación y consignas. La cuestión de las consignas, obviamente, es una cuestión importantísima y en el acierto en su selección reside la capacidad que tengamos de capturar los elementos objetivos, pero también subjetivos presentes.

Al referirse a las consignas, el Programa de Transición destaca que es necesario tener en cuenta su peso y articulación. Esta consideración aparece en el capítulo dedicado a los países atrasados en la que formula, entre otras consignas, la de Asamblea Constituyente: “El peso específico de las diversas consignas democráticas y transitorias en la lucha proletaria, su relación mutua y su orden de aparición vendrán determinados por las peculiaridades de los diferentes países atrasados y, en buena medida, por su grado de atraso”.

Es útil retener esta reflexión de Trotsky a la hora de abordar el debate que se viene desarrollando en el partido. Siguiendo esta línea metodológica, el informe político establece un sistema de consignas que apunta a recoger todas las aristas y tendencias de la situación, tanto objetivas como subjetivas, en especial estas últimas. Jorge Altamira, en su documento alternativo, advierte correctamente “contra una aplicación mecánica de la bancarrota económica a la política, sin verificar la mediación entre una y otra por la lucha de clases y, por sobre todo, por la calidad de la vanguardia de la clase obrera“. Está claro que los planteos, las consignas y las tareas en que el partido debe empeñarse deben necesariamente derivarse de un análisis de la lucha de clases y del estado de conciencia de clase.

Pero ese análisis es, precisamente, el gran ausente en el documento alternativo de Altamira. Gabriel Solano advierte agudamente en su respuesta al documento de Altamira que “el riesgo de omitir en un documento que se pretende congresal un balance de la lucha de clases del período y del estado de conciencia de los trabajadores es evidente, porque puede conducir a un objetivismo ajeno al marxismo, y de ahí derivarse tareas o consignas equivocadas, ya sea porque no se corresponde con la situación o porque son seleccionadas arbitrariamente”.

Acerca de las consignas

En el juego de consignas que plantea el informe político tomamos en cuenta la crisis del macrismo, pero también la ofensiva en desarrollo. No existe una contradicción en el hecho de que estemos frente a una ofensiva de un gobierno en crisis. En el comité nacional, como es sabido, tuvimos un debate sobre el punto, el año pasado. La objeción de que se trataría de “un contrasentido por definición” no se sostiene, hasta el punto de que fue abandonada por sus defensores.

El lanzamiento de una ofensiva es uno de los recursos del que intenta valerse el gobierno macrista para remontar la crisis. Esto, por supuesto, no es siquiera una originalidad del macrismo. La historia está plagada de contraofensivas de fuerzas políticas o militares acosadas, en retroceso, que echan mano de este expediente para revertir un escenario desfavorable. En algunos casos prosperan y en otros, no.

El macrismo está intentando preservar su base de apoyo en la clase capitalista procurando demostrar que es capaz de liderar y hacer pasar una agenda antiobrera. Los tarifazos, los techos salariales, el giro represivo, los despidos, unidos al avance de la flexibilidad laboral, incluido el reflotamiento de la reforma laboral, son piezas de este paquete. No se nos puede escapar que del desenlace de esta ofensiva dependerá en buena medida la capacidad del oficialismo de pilotear la crisis, hasta sus propias chances electorales y de perpetuarse en el poder. Como contrapartida, mirado desde el lado de los trabajadores, no es indiferente como éstos queden parados y lleguen a fin de año. Una cosa es que la agenda antiobrera logre pasar y otra que sea frenada y se logren victorias, incluso parciales. Ni qué hablar que esto va a condicionar el proceso electoral, influyendo en el estado de ánimo, disposición de lucha y también, por extensión, en el humor sindical y político de los trabajadores. En caso de que se articule una respuesta colectiva al ataque en curso, será un caldo de cultivo más favorable para una radicalización política de las masas y un desplazamiento hacia la izquierda. A caballo de ello, puede ampliarse el alcance del voto en favor del Partido Obrero y del FIT y el campo de acción para un reclutamiento.

A la luz de lo expuesto, la consigna de “derrotemos el plan de guerra de Macri, el FMI y los gobernadores” es una consigna clave y central.

La experiencia reciente de Brasil es aleccionadora al respecto. El triunfo de Bolsonaro es inseparable del desasosiego y la desmoralización provocada por la ausencia de una respuesta frente al ataque perpetrado por Temer, que terminó haciendo estragos en términos de retroceso social en todos los planos (pérdida salarial, de conquista laborales y puestos de trabajo). Pese a tratarse de un gobierno totalmente devaluado, que culminó su mandato con un 3% de popularidad, aprovechó ese vacío para hacer pasar un ataque de proporciones.

El gran problema es cómo los trabajadores irrumpen en la crisis. Nuevamente allí volvemos a la articulación de las consignas y el peso de cada una de ellas. En el caso de la revolución rusa, la consigna de Constituyente formó parte del arsenal de consignas agitadas por los bolcheviques. Pero siendo una consigna democrática, cuyo valor es incuestionable en oposición a la autocracia zarista que acababa de derrumbarse, estuvo integrada a otras consignas que, incluso, ocuparon un lugar superior y más preponderante. Lenin en “Enseñanzas de la revolución”, cuya lectura recomiendo, subraya la importancia de las consignas de “pan, paz y tierra” como grandes motores políticos de la revolución. El mismo análisis hace Trotsky.

En un país diezmado por la guerra, la cuestión de una “paz inmediata sin anexiones” se convirtió en una bandera central que abrazó a todas las clases oprimidas. Poner fin a la guerra iba de la mano de parar la devastación y el hambre. En el caso especifico de los campesinos, que reunía a la masa mayoritaria del pueblo, la aspiración de la tierra estaba íntimamente ligada a la paz porque nadie iba a poder usufructuarla si estaba condenado a morir en los campos de batalla. “Pan, paz y tierra” fue una gran consigna política y no un mera sumatoria de reivindicaciones sociales. Ayudó a una clarificación y delimitación de campos y, en esa medida, a separar a los obreros y campesinos de la burguesía y atraerlos al campo de la revolución.

Una función semejante, la cumple hoy la consigna de que “la crisis la paguen los capitalistas”. El gran debate nacional es cómo se sale de la crisis y cuáles son las medidas para hacerlo. Hoy, en la Argentina, enfrentamos una crisis brutal, en la que el pueblo viene siendo sometido a sacrificios y privaciones inauditas. Nuestra consigna de que la crisis la paguen los capitalistas va unida a un programa de salida, que agrupa consignas mínimas y transicionales, y establece las bases de una salida de los trabajadores, en oposición a las salidas capitalistas. Dentro de este programa está la cuestión central de romper con el FMI, el no pago de la deuda, la nacionalización de la banca, los recursos naturales y estratégicos. El desafío histórico es superar al peronismo y esto exige una clarificación política de los planteos y propuestas que enarbola el nacionalismo burgués y en especial el ala kirchnerista que es la que despierta más expectativas entre los trabajadores.

La Constituyente debe estar íntimamente ligada a la imposición de este programa. De lo contario corremos el peligro de colocar el carro delante del caballo. Terminamos haciendo de ella un fetiche.

El debate de Jorge Altamira con Moreno -viene al caso señalarlo- giró alrededor de cuál es el programa, las medidas y las propuestas para hacer frente a la crisis nacional. Quedó expuesto, negro sobre blanco, el programa del socialismo versus el que enarbola el nacionalismo burgués, que apunta al rescate de la burguesía nacional. En una hora de duración del programa -o sea, que había tiempo de sobra- no hubo una sola referencia a la Constituyente. En el debate televisivo no faltó, sin embargo, un planteo de poder, aunque fue formulado en forma algebraica, planteando una salida política de los trabajadores y la izquierda.

En el afán por otorgarle una centralidad a la Constituyente se termina por restarle relevancia política a las otras consignas que venimos formulando, que son confinadas a la categoría de consignas “reivindicativas” o “sindicales”. El ángulo inverso con que abordaron el punto los dirigentes de la revolución de Octubre, que apreciaron el alto voltaje político que encerraba la batalla alrededor de un conjunto de reivindicaciones vitales.

“Derrotemos el plan de guerra de guerra de Macri, el FMI y los gobernadores” pone en primer plano la acción directa de la clase obrera y, por lo tanto, el paro activo y la huelga general, y el congreso de bases de las centrales y los sindicatos. Por fuera de la articulación de consignas que promovemos en el informe político, la Constituyente no pasa de ser una consigna democratizante pues se relega a un segundo plano las palancas fundamentales para promover la movilización popular. Sin irrupción de las masas, el “fuera Macri” y una eventual convocatoria de una Constituyente sería simplemente la punta de lanza y la envoltura de un recambio burgués motorizado por algún ala de la oposición patronal.

El “derrotemos” traza una divisoria de aguas con la oposición patronal y sus exponentes en el campo sindical, que vienen dejando pasar la ofensiva capitalista. El argumento para sostener esta conducta consiste en que hay que esperar hasta fines de 2019, en que van a tener lugar las elecciones presidenciales. Hugo Yasky, secretario general de la CTA kirchnerista, plantea que hay que descartar los paros en el curso de este año. Se trata del mismo argumento que utilizó el PT y la burocracia sindical de la CUT, tributaria de Lula y sus acólitos. Esta conducta tuvo un efecto letal, como es conocido, provocando una parálisis de las organizaciones obreras y pavimentando el terreno para el ascenso de la derecha. El frente democrático (que en nuestro país tiene su expresión en el frente antimacrista) es el principal escollo que hay que vencer. El sistema de consignas que reivindicamos en el informe nos habilita para una clarificación política y una batalla integral con el colaboracionismo de clases, empezando por el kirchnerismo. Más allá de las peleas, la oposición cierra filas con el oficialismo en la defensa de la gobernabilidad. Ninguno de ellos quiere que la situación se desmadre; inclusive, los opositores, ven con agrado que el gobierno cargue con el trabajo sucio del ajuste.

El debate en la Conferencia Latinoamericana

El lugar que ocupa la Asamblea Constituyente también estuvo presente en la Conferencia Latinoamericana.

En la elaboración del informe de apertura que presentamos a la conferencia, desechamos la tesis de que la Asamblea Constituyente fuera una consigna con vigencia universal para América Latina. Su oportunidad debía ser discutida concretamente, como lo señala el informe aprobado. El punto afloró también en el curso de las deliberaciones. Los delegados presentes, incluido las delegaciones de Brasil, consideraron acertadamente que una Constituyente, en las actuales condiciones, cuando se viene de una elección plebiscitaria de Bolsonaro, sería una instancia amañada, bajo el control del nuevo gobierno. En Venezuela no resulta tampoco oportuna, en momentos en que el único que podría convocarla sería la derecha, como parte de un engranaje golpista.

Las deliberaciones de la Conferencia Latinoamericana, como era de esperar, no escaparon al debate general que enfrenta el partido. Como puede verse en la resolución aprobada, el centro de la preocupación está puesto en la irrupción de los trabajadores, lo cual, obviamente está lejos de pasar meramente por el embudo de la Constituyente.

El informe de apertura que sometimos a consideración en la conferencia plantea un programa y una línea de intervención integral para Latinoamérica. La versión original omitía este abordaje y fue enriquecida con los agregados que se fueron haciendo. Transcribimos, a continuación, sus aspectos salientes:

“La lucha por el poder enfrenta el desafío de superar la crisis de dirección del movimiento obrero, que en todas partes desempeña un papel de freno y de recurso último de la contrarrevolución. Esto pone a la orden del día la necesidad de enarbolar un programa de salida frente a la crisis y los medios para imponerlo. Un programa transicional para que la crisis la paguen los capitalistas, que ligue las reivindicaciones inmediatas con la cuestión del poder, y que promueva el desarrollo revolucionario en los sindicatos y la independencia política de los trabajadores”.

“Que la crisis la paguen los capitalistas significa: por salarios y jubilaciones equivalentes a la canasta familiar, ningún despido, reparto de las horas de trabajo, sin afectar los salarios. Anulación de los tarifazos, la apertura de todos los costos y libros de los monopolios energéticos, de la industria, de los servicios y del transporte, y el control de los trabajadores” (…)

“Esto plantea, a su vez, la necesidad de alentar la irrupción en la crisis de la clase obrera para que emerja como un factor autónomo y una alternativa de poder. Llamamos a impulsar la deliberación de la clase obrera para derrotar los planes de ajuste y ataque en marcha y los que se avecinan, y discutir un programa de conjunto de salida a la crisis. Por congresos de bases, con delegados elegidos y mandatados de los sindicatos y centrales sindicales. Por agrupaciones clasistas y combativas. Por una nueva dirección obrera.”

El alcance de la ofensiva capitalista y, en especial, su alcance en Brasil con el ascenso de Bolsonaro, fue parte también del debate. Los fuertes condicionamientos que enfrenta el nuevo gobierno, en especial los que impone la crisis mundial capitalista, unido a los propios desequilibrios internos de Brasil, no nos debe hacer perder de vista las dimensiones del ataque en curso y el severo golpe que esto puede representar en las filas de la clase obrera. Estamos frente a una gran pulseada, cuyo desenlace va a marcar el proceso político brasileño en la próxima etapa.

Esa conclusión política es la que está volcada en la declaración aprobada que advierte esta situación y llama a una acción continental para derrotar al fascismo y los gobiernos responsables del ajuste y los planes de guerra que se vienen llevando a cabo contra el pueblo trabajador.

Estas consideraciones valen para la Argentina. En el informe de apertura, en otro de los cambios y agregados a la versión original, se da cuenta, por un lado, de la envergadura del ataque implementado por el gobierno argentino y los preparativos de una nueva fase del mismo y, por el otro, de la situación contradictoria que atraviesan las masas argentinas.

“El macrismo intentará valerse del triunfo del ex capitán de navío para reforzar un ataque contra las masas. En la misma dirección, las patronales argentinas han salido a reclamar la implementación de una agenda antiobrera más ambiciosa, empezando por los proyectos de reforma laboral pendientes. En la capacidad del gobierno para llevar a cabo esta ofensiva se juega la suerte del macrismo y sus planes reeleccionistas. El imperialismo, por ahora, sigue alineado con el gobierno y el rescate del FMI se inscribe en esta política.”

“Argentina se encuentra, en lo que se refiere al movimiento popular, en un estado contradictorio: una lucha excepcional del movimiento de mujeres (no solamente por el derecho al aborto), movilizaciones del estudiantado, algunos conflictos sindicales aguerridos en puntos diversos del país se combinan con ataques de grandes dimensiones, que han logrado abrirse paso, imponiendo golpes importantes a los trabajadores. El gobierno y los partidos patronales, a su turno, se fragmentan en grados diferentes”.

Estos golpes se han agravado en el final del año anterior y en el arranque del actual, con una ola de cierres y un tendal de despidos.

Reflexión final

La crisis por arriba, por más importante que sea, no configura una crisis de poder mientras las masas no articulen una respuesta colectiva y conquisten la iniciativa. Esto le otorga una capacidad de maniobra y acción a la burguesía pata pilotear una crisis y siempre está a mano el recurso de apelar a contraofensivas, como la que está intentando orquestar, ahora, el macrismo.

Hay una polémica en curso sobre la “iniciativa estratégica”, pero antes de ponderar los méritos de una u otra posición, sería útil y hasta saludable despejar una cuestión previa. La insistencia sobre la ausencia de una “iniciativa estratégica” de la burguesía, aún suponiendo que fuera una tesis válida, no nos puede llevar a desconocer iniciativas, que se han revelado como recursos eficaces, incluso duraderos en el tiempo, para someter y doblegar a los trabajadores. No podemos obviar que el nacionalismo burgués y la izquierda democratizante dominaron el escenario latinoamericano durante casi dos décadas. Precisamente, el informe presentado en la conferencia resalta la eficacia de los frentes de colaboración de clases para abortar los procesos revolucionarios y contener a las masas. No tenerlo en cuenta, en nombre de su derrumbe actual, sería necio. Un recurso alternativo es el fascismo que habrá que ver, en el caso de Brasil, si evoluciona y logra afirmarse. En momentos en que se conmemora los 100 años del estallido de la revolución alemana, es insoslayable el rol determinante jugado por la socialdemocracia, totalmente integrada al Estado capitalista, para restablecer el orden y aplastar la insurrección obrera.

Es necesario hacer uso, pero no abuso, de las categorías o premisas que venimos enarbolando. Esto vale también a la hora de abordar el impasse histórico del capital. La burguesía, por más que encarna un régimen históricamente agotado, dispone de enormes recursos y una experiencia acumulada que hunde sus raíces en su condición de clase dirigente durante varios siglos. Sería un error imperdonable subestimar la iniciativa de la burguesía para articular una estrategia contrarrevolucionaria. Las reflexiones que hace Trotsky sobre esta cuestión en uno de sus escritos a posteriori de la revolución de octubre (cuya parte saliente Pablo Giachello transcribe en su último texto) me exime de comentarios.

Por lo pronto, es desafortunado presentar la ofensiva que encara Macri y la que se propone Bolsonaro como simples manotazos cuando estamos frente a ataques en regla, que apuntan a una alteración profunda de las relaciones entre las clases y, por lo tanto, a promover un retroceso histórico de la fuerza de trabajo, que supone, como paso previo, una derrota de las masas. Con ese mismo método, se caracterizó a Bolsonaro como un producto de la crisis, omitiendo que se trata de un armado de amplios sectores de la burguesía y la reacción política de Brasil y del imperialismo para reforzar una ofensiva contra las masas como salida justamente a la crisis (Marcelo Ramal, documento en respuesta a Eduardo Salas).

En torno de la “iniciativa estratégica”, ya han aparecido abundantes textos impugnado el automatismo, el fatalismo y el reduccionismo de dicha sentencia. Las premisas económicas de la revolución deben trasladarse luego al proceso vivo de la lucha de clases. Solamente agregaría que, incluso en el supuesto de que se admitiera la premisa sobre la ausencia de una iniciativa estratégica de la burguesía, eso, de todos modos, no habilita a hablar de una iniciativa en la vereda opuesta, por parte de la izquierda y los trabajadores. Hablar de una iniciativa potencial de la izquierda es unilateral. Ojo con las “aplicaciones mecánicas”. Al pasar del plano de la economía a la política tenemos que hacer pasar la caducidad del capital por el filtro de la lucha de clases. Esta revela una situación contradictoria: explosiones populares, crisis políticas inmensas y, al mismo tiempo, una descomunal crisis de dirección. Si nos referimos a la calidad de la vanguardia de la clase obrera, se constata en la izquierda, incluida la que se reivindica revolucionaria, una tendencia a la adaptación al régimen capitalista y seguidismo a los partidos de la burguesía. A la hora de hacer una caracterización, tenemos que recoger todos los elementos en juego. Si queremos definir seriamente una política internacional no sólo es necesario sino imprescindible que hagamos un recuento de fuerzas, incluido el lugar en que estamos parados nosotros mismos. En eso consiste un análisis dialéctico. Cualquier otra cosa es mecanicismo, aunque se lo quiera pintar de lo contrario.

¿Hacer un reconocimiento de la debilidad es rendirse frente a los hechos consumados? ¿Es una señal de derrotismo? De ninguna manera, pone como nunca el foco en la crisis de dirección pavorosa y llama la atención sobre los grandes escollos que tenemos que vencer.

Afirmar que al proletariado es el agente del progreso de la humanidad y el sujeto llamado a liderar la transformación social, convengamos, que es apenas un punto de partida. Obviamente, no nos podemos quedar marcando el paso en esta premisa. Mientras la clase obrera no pase de ser una “clase en sí” para transformarse en “una clase para sí” (es decir consciente de su interés histórico) -o sea, conquiste su independencia de clase- la burguesía tiene un campo muy amplio para manipular a las masas y, tomar iniciativas políticas y abrir paso a la contrarrevolución. El dilema es socialismo o barbarie, de modo tal que la perspectiva de la barbarie está presente como amenaza cierta. Queda un complejo camino por recorrer. Estamos ante un proceso abierto, que deberá resolverse en la arena de la lucha de clases, que se concentra en la crisis de dirección de la clase obrera, es decir, en el sujeto. Por esta razón, el sistema de consignas que elaboremos debe partir de tener el oído muy pegado a las masas e inspirarse en el balance de la lucha de clases del período y el estado de conciencia de los trabajadores.

5/2/19

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