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Crisis en la AFL-CIO

Sindicatos norteamericanos
Por L.O.
En la cúpula de la AFL-CIO —la central obrera norteamericana— se ha desatado una crisis que ha llamado la atención de los más importantes medios de prensa, al punto que The Economist (17/6) caracteriza que Lañe Kirkland, su presidente, “enfrenta una rebelión en sus filas”. Veintiuno de los sindicatos más importantes —que engloban al 54% de los afiliados de la central se  han negado a apoyar su reelección —la novena consecutiva y presionaron más o menos públicamente por su renuncia. Kirkland ya anunció que no se presentara a la reelección y que se retirará en agosto. Se trata de un hecho inédito en la historia de la central sindical norteamericana pues, en el pasado, sólo una enorme a o a muerte podían desalojar de su sillón a un burócrata.
 
La oposición, compuesta de los sindicatos de la industria automotriz (UAW), camioneros (Teamsters), maquinarias (IAM), empleados públicos y empresarios de servicios, levantan la candidatura de John Sweenwey, que enfrenta a Thomas Donahue, vicepresidente de Kirkland. Uno de los principales gremios impulsores de la candidatura de Sweenwey, el de los “Teamsters”, ha protagonizado hace poco tiempo su propia renovación hace ya dos años, una dirección centroizquierdista derrotó a la histórica dirección derechista de los camioneros.
 
Los dirigentes de los grandes sindicatos acusan a Kirkland de “falta de energía” para revertir el retroceso de la influencia y del número de afiliados de los sindicatos. Después de una aguda caída en la década pasada, la tasa de afiliación a los sindicatos ha caído en la actualidad al 12% de la fuerza laboral (y esto pese a la recuperación de 350.000 afiliados, principalmente en los gremios estatales, en los años 93 y 94). Según el candidato opositor Sweenwey, “pasamos inadvertidos para la vasta mayoría de trabajadores que no están afiliados en nuestro país” (The Economist, 17/6).
 
El retroceso político de la burocracia ha corrido parejo con la caída de sus afiliados. Esto se hizo muy evidente en la primera etapa del gobierno de Clinton, cuando los burócratas no pudieron hacer progresar ninguno de los proyectos que apoyaban—-pese a que los demócratas dominaban ambas cámaras del parlamento. Un ejemplo claro de este retroceso es lo sucedido con la ley que permite a las patronales el “reemplazo permanente” de los obreros huelguistas por carneros, que ha sido una de las armas favoritas de las patronales en su lucha contra los sindicatos. Durante la última campaña presidencial, Clinton prometió a los sindicatos -que apoyaban su candidatura- que derogaría la ley de reemplazos permanentes”', una vez electo, nunca volvió a mencionar el tema.
 
La pérdida de "influencia” de la burocracia en el partido demócrata ha llevado a que en un sector importante de las direcciones sindicales (los camioneros y el sindicato del petróleo, la química y la energía nuclear) y gran parte de las corrientes de oposición en otros gremios, incluso, se haya comenzado a debatir la idea de crear un “partido de trabajadores”, un partido basado en los sindicatos, a imagen del viejo partido laborista inglés.
 
En reemplazo del “inexpresivo” Kirkland (The New York Times, 20/6), al que caracterizan como un obstáculo para la reconstrucción del movimiento sindical, “los ansiosos presidentes de los sindicatos ahora están buscando un liderazgo más enérgico y estrategias más efectivas” (ídem). El candidato de los "opositores”, Sweenwey, se destaca precisamente por haber duplicado el número de los afiliados de su sindicato —la federación de empleados públicos federales, estatales y comunales—, y haber colocado en puestos dirigentes a mujeres y minorías raciales. Su candidata a vicepresidente es, precisamente, una mujer de origen hispano.
 
Tanto Sweenwey como Donahue son dos representantes de la ‘Vieja guardia sindical” (ídem), provienen del mismo sindicato y hasta son viejos amigos. No debe descartarse, por lo tanto, la posibilidad de un compromiso. Sin embargo, para The New York Times (20/6): “Cualquiera sea el candidato que prevalezca, es seguro que ahora viene un cambio”.
 
Ocurre que esta crisis es el resultado de que “una franja de dirigentes sindicales presiente que los actuales signos de resistencia provenientes de las bases sindicales a los continuos ataques de los empleadores son un anticipo del futuro” (The Militant, 12/6).
 
La dirección actual ha fracasado en toda la línea en defender a los sindicatos de estos ataques, como lo prueba la reciente derrota de la huelga de la Bridgestone/Firestone. Después de diez meses de huelga, la dirección del sindicato del neumático en defensa del Marxismo (URW) ordenó el levantamiento de la huelga y la aceptación incondicional del contrato que había rechazado con anterioridad. El contrato incluye aumentos salariales apor productividad” y tumos (shifts) de 12 horas durante los siete días de la semana. Aunque el sindicato levantó la huelga, es improbable que los huelguistas vuelvan al trabajo: la patronal los ha reemplazado por "carneros permanentes”.
 
Durante esos diez meses, la dirección no hizo ningún intento serio de movilizar a los 93.000 afiliados del sindicato en apoyo a la huelga y tampoco impulsó los piquetes de masas que impidieran la entrada de los "reemplazos permanentes por el contrario, trató de organizar vanamente un *boicot de consumidores” y organizó la huelga como una campaña en defensa de los "valores americanos” contra los japoneses, que son los propietarios de la compañía (¡como si los capitalistas yanquis no aplicaran la misma política de "productividad” y de ataque a los sindicatos que los japoneses de la Bridgestone!). El levantamiento de la huelga fue resistido por una fracción importante de los huelguistas e, incluso, por algunas direcciones locales: “No fueron los miembros del sindicato los que decidieron esto. Quiero que la gente que nos ha apoyado durante todos estos meses sepa que nosotros no hemos votado esto”, declaró uno de los activistas opuestos al levantamiento de la huelga.
 
Las importantes huelgas que se han desarrollado en los Estados Unidos en los últimos dos años (mineros, plantas de GM, Caterpillar, e incluso la derrotada de Bridgestone/Firestone) son esos “signos de resistencia que anticipan el futuro”. Los grandes burócratas impulsan el "cambio” porque “saben que los actuales líderes de la AFL-CIO no pueden tapar las batallas que se avecinan” (The Militant, 12/6).

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