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La “consulta vinculante” y el trabajo revolucionario del partido en el Parlamento

Por Néstor Pitrola

El debate que Jorge Altamira ha abierto sobre el tema de nuestro trabajo parlamentario trata de forzar una diferencia política.

Así en el BI N° 22 (12/7) afirma que “un proyecto de ‘consulta popular’, respecto del FMI, representa una modificación radical de la perspectiva política que ofrece la izquierda en la lucha contra el FMI y el gobierno tambaleante de Macri”, colocando el centro de su crítica al PTS, autor de ese proyecto -que nosotros acompañamos impulsando, al mismo tiempo, uno propio contra el acuerdo con el FMI.

En el BI N° 23 (19/7) critica ya directamente al Partido Obrero. Primero caracteriza la posición adoptada por el partido como “una defensa del plebiscito por descarte; no es una estrategia ni un método”. Pero poco más adelante remata: “el método de recurrir a la propuesta de plebiscitos cada vez que se produce un choque político (se cita la reforma previsional y otros casos), lo termina convirtiendo en una estrategia”.

A través de razonamientos amalgamados se intenta forzar la existencia de dos estrategias diferenciadas: la que quiere anular la deuda pública y el acuerdo con el FMI por vía parlamentaria (democratizante) y la que plantea hacerlo por la acción directa de las masas (revolucionaria).

Se trata de una operación de galimatías, de confusión política, para forzar una diferenciación. Porque es claro que nuestro proyecto de que el Congreso discuta el acuerdo con el FMI -que Altamira también impugna-, como el de la Consulta Popular, son recursos políticos para mejor desenvolver la denuncia del rol entreguista del gobierno y los partidos burgueses, y acelerar las condiciones para una intervención de las masas en la lucha contra la deuda y el FMI. Nuestro proyecto no se opone, sino que pretende sacudir y ayudar a desarrollar la conciencia y la movilización de la clase obrera y los explotados.

Que el Congreso discuta y fije posición

El artículo 60 de la ley 24.156 autoriza que el Poder Ejecutivo firme acuerdos con instituciones imperialistas, como el FMI, sin pasar por el Congreso. Esto es una cesión de derechos de las atribuciones del Parlamento. Consagrado en la época de Menem-Cavallo, ningún gobierno posterior (incluidos los K) lo derogó. Nuestro proyecto de ley plantea -junto a otros puntos importantes- no pago de la deuda, restitución de los aportes empresarios a la previsión social derogados por el gobierno, etc.- la anulación de dicho artículo para que el acuerdo con el FMI sea debatido por el Congreso que es el que debiera dictaminar -constitucionalmente- los empréstitos públicos. Este fue uno de los reclamos de los flamantes parlamentos revolucionarios en la época revolucionaria de la burguesía (revolución francesa, inglesa, etc.). Altamira rechaza esto “porque la burguesía y sus partidos han llegado a un acuerdo acerca la ratificación parlamentaria del acuerdo con el FMI” a través del próximo debate sobre el Presupuesto. Para él, “la bandera de que el acuerdo mismo pase por el Congreso es una pura demagogia” que le haría el juego preelectoral al kirchnerismo. Para Altamira, estaríamos desarrollando “ilusiones parlamentaristas” cuando “nuestro partido ha votado, en reiteradas oportunidades, impulsar el paro activo nacional, la preparación de una huelga general y el congreso de bases de las centrales sindicales” (BI N° 22). Contrapone nuestro proyecto de ley a la agitación por la huelga general y el congreso de bases.

Pero el gobierno y la burguesía, por algo quieren evitar un debate público del acuerdo con el FMI y su aprobación a través del voto parlamentario. Actúan en forma conspirativa para no soliviantar el estado de ánimo de la población trabajadora y explotada. Si el acuerdo del FMI se discutiera explícitamente en el Parlamento, podemos augurar que seguramente veríamos la generación -en el cuadro político actual- de una formidable manifestación anti-imperialista. Como en gran medida sucedió el 14 y 18 de diciembre de 2017 para intentar bloquear las reformas previsional y tributarias reaccionarias. E incluso, con la gigantesca movilización que permaneció durante casi 24 horas frente al Parlamento en oportunidad del voto a la ley del derecho al aborto en la Cámara de Diputados. ¿Esto indica que hay ilusiones parlamentaristas? Sí, pero no nuestras, sino de las masas, que debemos tomar en cuenta y, a su turno, hacer chocar contra las fuerzas políticas que dominan las instituciones parlamentarias -o sea, saberlas utilizar para intervenir, fortaleciendo una organización de clase, de independencia política y revolucionaria de los trabajadores. Y, desde luego, en la acción directa y la acción política elevar las perspectivas de la lucha de clases por parte de los trabajadores. Este es el ABC de un partido revolucionario, trotskista, que afronta un aún incipiente desarrollo independiente del proletariado y vastas ilusiones parlamentarias de las masas.

Hemos sido elegidos por una parte de la vanguardia obrera y la izquierda para ir al Parlamento a desnudar y pelear al régimen político capitalista. Nosotros, que denunciamos que el acuerdo con el FMI no pasa por el Congreso, tenemos que estar dispuestos a luchar para que pase, cuando tenemos posiciones parlamentarias. Queremos que se debata para potenciar nuestra denuncia y para que quede registrado, blanco sobre negro, cómo intervienen y votan los bloques y cada diputado. Esto no es crear “ilusiones parlamentaristas”, sino usar el Parlamento para denunciar su impotencia -Rossi, recientemente, fue empujado en un programa televisivo a definir que si fuera presidente pagaría la deuda con el FMI. Y eso fue incluso lo que hizo nuestra diputada, Romina Del Plá, en su discurso (de los cinco minutos reglamentarios) en la sesión especial que se convocó para debatir este tema: “Objetamos el acuerdo celebrado con el FMI desde el principio del cuestionamiento de la totalidad de la deuda pública… Para ello, no solamente alcanza con formular declaraciones y expresiones de repudio, sino que se necesita un programa (…) que desde el punto de vista del interés de los trabajadores, ataque profundamente los intereses capitalistas, que son los que sistemáticamente defienden el endeudamiento”. Luego de denunciar que se eludía el debate en el Congreso, planteó “nosotros tampoco creemos que si planteamos este tema aquí vamos a resolverlo y ponerlo al servicio de los trabajadores. Lo que ocurre es que tratar esto aquí, implica también brindar explicaciones a la población en general y poner de relieve lo que se está cocinando a espaldas de los ciudadanos” (actas taquigráficas de la sesión especial, 19/12/18).

¡Impresionante! Un modelo de agitación revolucionaria, que -aunque divulgado en redes- podría haber dado lugar a un volante con el título: “¿Por qué Macri y la pseudo-oposición no quieren que se discuta el acuerdo del FMI en el Congreso? Discurso de la diputada Romina del Plá (PO-FIT) en la sesión parlamentaria”.

Si cada vez que vamos a plantear un problema y reclamamos su debate en el Congreso, estamos potenciando “ilusiones parlamentaristas”, casi sería mejor no entrar en el Congreso. Ya se ha dicho repetidas veces que el parlamentarismo está caduco históricamente, pero no políticamente. Porque hay grandes sectores de las masas (en Argentina, mayoritarios) que piensan que una bancada progresista u obrera podría resolver muchos de sus problemas. No ven aún la necesidad de superar este Estado capitalista que defiende el régimen de explotación de clase, por medio de otro, obrero y socialista, que abra el curso a la eliminación de la sociedad de clases.

¿Cuál es, entonces, la desviación parlamentarista de nuestra bancada? Usamos el Parlamento burgués para desnudar su esencia de clase, su impotencia, etc. En su intervención, Romina no se quedó sólo en la parte de denuncia, sino que también planteó que “se deben adoptar medidas de forma inmediata. En primer término, hay que frenar la fuga de capitales que se está produciendo en forma muy acelerada mediante el control del ingreso y egreso de divisas, y la nacionalización de la banca y el comercio exterior”. Desarrolló un programa transicional para enfrentar la crisis en marcha. Denunció la demagogia de “la totalidad de la oposición que ha sido pagadora serial de la deuda y no se ha distinguido en nada en este proceso” planteando que “no se trata de esperar hasta 2019”, propugnando la necesidad “de un paro activo nacional” y llamando a participar del Congreso Obrero de Lanús, que se hacía cuatro días después: “esta es la vía para derrotar al FMI, la intervención independiente de los trabajadores” (las citas son de las actas taquigráficas de la sesión nombrada).

Reclamar que el Parlamento burgués discuta el endeudamiento nacional y denunciarlo porque sus bancadas mayoritarias no quieren hacer ese debate, es totalmente legítimo. Lenin denunciaba, por ejemplo, la quita de derechos políticos a los zemtvos (consejos municipales regimentados por el zarismo). Desde el punto de vista formal, si el gobierno no quiere debatir el acuerdo con el FMI y los empréstitos en el Congreso, debiera haber una rebelión popular contra una política autocrática que define por decreto, rompiendo con la propia legalidad burguesa, problemas centrales de la vida nacional. Tenemos que denunciar que la cesión de derechos fue en la época de Menem-Cavallo (con su ofensiva privatizadora y antiobrera) y que se sigue ejecutando -entregando al gobierno actual este “derecho”, por parte de una pseudo-oposición cómplice. Tal vez, hemos hecho menos de lo que debiéramos de haber hecho. Fue usado nuestro proyecto sólo como un recurso de denuncia y de combate contra la postración de la burguesía nacional frente al imperialismo del FMI.

El Parlamento nacional, de mayoría opositora, todo el tiempo ha sido cómplice del Poder Ejecutivo y su política antiobrera, antipopular y antinacional. Primero a través de los acuerdos “a la carta”, luego aceptando los decretazos y los vetos. Pero hay que terminar de “agotarlo” tantas veces como sea necesario, hasta que las masas lo superen revolucionariamente.

El agotamiento de las “ilusiones parlamentarias” no es una frase o una sentencia, es parte de una política obrera y socialista: las masas deben superar estas ilusiones a través de su propia experiencia y, en ese proceso, el papel del partido es fundamental. Ni oportunismo ni abstencionismo: una política de acción, de intervención revolucionaria, incluso en las instituciones del enemigo de clase.

Yendo a nuestra propia historia, nuestro partido aprendió a utilizar la tribuna parlamentaria, cuando Altamira inauguró la primera experiencia en la materia, en la Legislatura porteña (si no contáramos la experiencia importante -pero circunstancial- de la Constituyente de Santa Cruz). En 2001, Altamira presentó un proyecto de declaración (23/3/01), donde planteábamos que exigíamos que la Legislatura funcione y “que delibere y se pronuncie frente a la crisis nacional. La soberanía de la ciudad, tantas veces declamada, debe traducirse efectivamente (…) reclamamos un pronunciamiento para que el poder político de la Nación y las provincias sea transferido a asambleas constituyentes libres y soberanas, en todas las provincias y en la Ciudad de Buenos Aires” (del Informe de Actividades al XII Congreso del Partido Obrero, votado por unanimidad, BI N° 4, 28/6/01). Y aunque la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires no tenía institucionalmente posibilidades de resolución, pedíamos que se pronunciara. Incluso criticando que -producto de la crisis en curso- hubiera dejado de reunirse durante dos semanas. Desde ningún punto de vista consideramos que esta posición asumida por Altamira era fomentar “Ilusiones parlamentarias”, sino usar el Parlamento para denunciar su impotencia, no como slogan genérico sino a través de la experiencia que no se quería pronunciar sobre la crisis nacional. ¿Y si se hubiese pronunciado? ¿La Legislatura lo hubiera hecho en el sentido del proyecto que presentamos de que el poder pasará a manos de una Asamblea Constituyente? Imposible: pero hubiera permitido que nuestra bancada (Altamira) aprovechara la oportunidad del debate para colocar en el banquillo de los acusados al régimen político y social capitalista, y llamado a encarar la lucha por la Constituyente.

Sobre los referéndum

Jorge Altamira, en el BI N° 23, se lanza a todo a un análisis histórico de cómo han sido usados los referéndums como apoyatura de gobiernos bonapartistas. Llega a plantear que “la dictadura del proletariado no se ejerce por medio del método del plebiscito popular (…) sino por medio de la deliberación de consejos obreros”. Pero no es esto lo que está en discusión: no defendemos un posible referéndum frente a una democracia soviética, sino frente a la conspiración del Poder Ejecutivo contra el pueblo y el propio parlamento cómplice.

Siendo un arma privilegiada de los regímenes bonapartistas o de la impasse de gobiernos parlamentarios en torno de algún tema (Cafiero por la reforma constitucional en la provincia de Buenos Aires; Alfonsín por la aprobación de los acuerdos del Beagle; etc.), los revolucionarios no tenemos una estrategia de “democracia directa”, de consultas populares, que levantaron y/o levantan corrientes anarquistas (partidarios de la “derogación” del Estado y su reemplazo por utópicas comunas independientes), autonomistas o centroizquierdistas pseudo-progresistas cuyo horizonte programático es la reforma democratizante del Estado burgués.

En todos los casos, somos partidarios de la lucha de clases, de la acción directa de la clase obrera y las masas para poner fin a la maquinaria del Estado burgués y reemplazarlo por un gobierno de trabajadores (sinónimo de dictadura del proletariado). Esta lucha de clases se da en todos los terrenos incluso en el parlamentario: por eso vamos a elecciones y hacemos elegir diputados de la clase obrera. Queremos que los obreros y el pueblo explotado se organicen en un partido para la transformación social, por el gobierno de trabajadores, y que cuando tengan que votar dentro de la sociedad burguesa lo hagan por partidos con un programa socialista revolucionario y no en torno de plebiscitos donde se pone en debate un solo tema. De los métodos electorales burgueses, el referéndum, en particular, se presta a la manipulación de las preguntas, debiendo contestar por sí o por no a las alternativas que plantea el poder.

Digamos que todas las elecciones bajo el Estado burgués son manipuladas por la clase gobernante, no sólo a través de la legislación proscriptiva, sino por el dominio que ésta tiene de los medios de producción y del conjunto de la sociedad (prensa, etc.). El referéndum no es, desde este punto de vista, un caso especial. Hay que fijar posición frente a cada caso concreto, siguiendo con la norma elemental del marxismo que es el análisis socialista de la situación concreta en cada caso concreto. El referéndum es un arma de los regímenes bonapartistas para regimentar a las masas e impedir su desarrollo y organización independiente. También puede ser usado por la reacción para tratar de revertir una conquista impuesta por las masas y/o votada por un parlamento (Luis XVI fue condenado a la guillotina durante la Revolución Francesa, y el ala girondina exigió un referéndum como última forma de salvar la vida del rey y frenar la revolución. Como sabemos, fracasaron por el impulso “dictatorial” del ala jacobina y de las masas revolucionarias).

Pero de la misma manera que usamos una elección parlamentaria o presidencial en favor de la organización y propaganda socialista, en ciertas condiciones también podemos usar el referéndum como un arma de desenmascaramiento de los propósitos burgueses. El proyecto que elaboró el PTS, y que nosotros acompañamos legislativamente, plantea convocar a una “consulta popular” de carácter vinculante, donde se vote por sí o por no, aceptar la firma del “pacto/acuerdo alcanzado entre el Poder Ejecutivo Nacional y el FMI”, en un plazo no mayor a los 60 días. ¿En qué marco se da este reclamo? En el que entre el 70 y 80% de la población ha manifestado -según todas las encuestas- su oposición al acuerdo con el FMI y al ajuste que esto implica. La misma causa por la cual el gobierno no quiere que el problema del acuerdo con el FMI se discuta y vote, concretamente, en el Congreso: para no acelerar una radicalización y movilización popular. Prefiere maniobrar en las trastiendas con empresarios, partidos y legisladores burgueses.

¿Cuál es la desviación oportunista o democratizante que denuncia Jorge Altamira?

En el BI N° 23, el documento de Altamira dice: “¿Qué situación tenemos hoy? Una votación popular que derogue el acuerdo con el FMI sellaría la caída del gobierno”.

Eso potenciaría nuestra intervención y radicalizaría a las masas obreras y explotadas: ahí sí que estaríamos ya con el planteo de “Fuera Macri” y el reclamo de una Asamblea Constituyente, luchando para hacer realidad este reclamo y ver qué gobierno convoca a esa Constituyente (no entramos en este debate, porque no es el objetivo de este documento). Jorge Altamira nos dice “si lo pierde (Macri a la Consulta), Argentina ingresaría en una crisis política que derivaría, alternativamente, en un gobierno de frente popular o en un bonapartismo de signo ‘populista’”. Eso, por supuesto, dependerá de la intervención de la clase obrera y de su vanguardia socialista revolucionaria (PO, FIT). Dicho así, no podríamos plantear “Fuera Macri” hasta tener disponibles órganos de poder.

Pero la “Consulta Popular” no va a ser convocada por el gobierno de ninguna manera en las actuales circunstancias, porque podría tener estas consecuencias, detonar una crisis de régimen y sufrir una fuerte derrota en el marco de un ascenso de masas.

La experiencia de Syriza

El plebiscito que convocó Syriza fue un intento de convalidar el acuerdo “ajustador” del gobierno centroizquierdista con la Troika de la Unión Europea. Por supuesto, que nosotros no lo hubiéramos pedido en el marco del ascenso de masas en desarrollo. Pero el pueblo griego votó mayoritariamente el rechazo a ese acuerdo. Esto creó una crisis internacional: el mundo entero hablaba del plebiscito griego, antes, durante y después del mismo. Si triunfaba el Sí al acuerdo, el gobierno tenía el camino allanado. Toda la banca imperialista y nacional apoyó el Sí. El gobierno no hizo campaña por el No. Pero, triunfo el No. ¿Esto fue una táctica genial de Syriza? Como el Partido Obrero explicó muchas veces, el kerenskismo es débil sólo si hay un partido revolucionario que sepa intervenir, que haya preparado el terreno como corriente independiente. No de palabra, sino en los hechos, ligándose a las luchas de las masas y transitando con ellas sus experiencias más importantes con una política de independencia de clase. Frente a una oposición obrera pro-Syriza, el gobierno kerenskista saca recursos del Estado y de la burguesía nacional y mundial para maniobrar y estrangular el ascenso obrero. No “fue una maniobra” inteligente de un gobierno que buscó ese resultado. Fue una crisis que el gobierno afrontó tirándose a la pileta. Syriza se rompió. La impotencia de la oposición de izquierda hizo que luego ganara las elecciones Tsypras (las masas más atrasadas deben haber pensado que no había condiciones para derrotar el ajuste, porque no hubo un equipo capaz de enfrentar al gobierno y su traición, y que en ese caso era “mejor” que Tsypras negociara la entrega, apoyándose en el plebiscito opositor). De la misma manera que el freno del PC al Mayo francés y la desmovilización de la crisis revolucionaria hicieron que De Gaulle, luego de ser levantada la huelga general, ganara las elecciones que convocó inmediatamente después. Pero el caso de Syriza no viene a cuento con el proyecto que presentamos de que se discuta en el Congreso el acuerdo con el FMI y la Consulta para que el pueblo dictamine: fue usado como un arma contra el gobierno entreguista.

Cuando Trotsky planteó impulsar un referéndum

En 1937/8, Trotsky tuvo una polémica con el partido trostkista norteamericano, el Socialist Workers Party (SWP) sobre la necesidad de impulsar el proyecto de referéndum presentado ante la Cámara de Diputados yanqui, por un diputado demócrata, Ludlow, que exigía una “consulta” al pueblo norteamericano, antes de que el gobierno declarase la guerra. Era una época donde se estaba incubando la Segunda Guerra Mundial y el capital imperialista yanqui se aprestaba a intervenir, pero había una fuerte oposición popular. La dirección del SWP se opuso a apoyar esta iniciativa parlamentaria por una “consulta popular” en un tema tan importante. Trotsky rechazó esta oposición: consideró que el SWP debía estar a la vanguardia de esta campaña “para ayudar al hombre humilde para llevar a cabo su experiencia contra las pretensiones dictatoriales de las grandes empresas”. Trotsky reflexiona con el SWP: “¿El referéndum es una ilusión? No lo es, ni más ni menos, que el sufragio universal u otros recursos de la democracia. ¿Por qué no podemos usar el referéndum como usamos las elecciones presidenciales?”. Para Trotsky se trata de agotar la experiencia de las masas trabajadoras y explotadas: “La ilusión del hombre humilde americano también tiene sus características progresistas”… si las sabemos interpretar y utilizar. El SWP no tenía diputados en el parlamento yanqui. Después de un debate decidió cambiar de posición del rechazo a la abstención. Pero Trotsky insistió en el planteamiento y, finalmente, el SWP modificó su posición y lanzó (tardíamente) una campaña de agitación utilizando la consigna “Que el pueblo vote sobre la guerra”, en favor del citado referéndum popular. Finalmente, en enero de 1938. el Parlamento rechazó la enmienda Ludlow (aunque por escaso margen). Una semana antes, una encuesta de Gallup, señalaba que el 72% del pueblo norteamericano apoyaba el reclamo del referéndum contra la guerra. El único que tuvo una posición correcta en la dirección del SWP fue Burnham, un dirigente que se oponía a Trotsky y terminó rompiendo con él y la IV. La carta de Trotsky con su posición estaba dirigida a Cannon, entonces secretario del SWP, autorizándolo a que hiciera el uso más conveniente para la unidad del partido, frente a un problema que ya había sido votado. Cannon resolvió mostrar el documento y reabrió el debate logrando hacer cambiar de posición al SWP.

¿La primera vez?

Jorge Altamira nos dice (BI N° 22): “Sería la primera vez que nuestro partido apoya una ‘consulta’ -de estas características o cualquier otra; del mismo modo que ´los derechos no se plebiscitan´, tampoco lo hacen las reivindicaciones políticas de la clase obrera”. Es un enfoque de doctrina contra la posibilidad de que el partido en situaciones determinadas apele a este instrumento de la democracia burguesa para desarrollar una campaña política en sus propios términos y superar ilusiones de tipo democráticas, o mejor aún hacer chocar una voluntad popular contra el poder político de la burguesía.

Fue Jorge Altamira mismo quien impulsó el planteo de Consulta Popular cuando era miembro del Comité Ejecutivo, en 2014. El llamó directamente a nuestra bancada (Pitrola) en el Parlamento, para plantear -en el transcurso del debate parlamentario que se estaba desarrollando- una Consulta Popular si se aceptaba el pago o no a los fondos buitre.

¿Cuál es la diferencia con el planteo que se desarrolló en la sesión del 19/6/18? Como hay que estudiar cada situación no con un cliché, sino analizando la situación concreta, tenemos que decir que el gobierno enarboló el planteo de negociar el pago de la pretendida deuda (leonina) con los fondos buitre, luego del fallo Griessa, para recuperar el crédito y la confianza internacional (imperialista). Todo indica que si hubiera habido una Consulta Popular, es más que probable que el gobierno hubiera ganado la misma y ratificado plebiscitariamente su accionar. Pero el gobierno nac&pop y la burguesía no querían esto: no querían dejar el antecedente de que el pueblo interviniera (aún manipulada y deformadamente) en la “resolución de los problemas nacionales”. Siendo un gobierno de carácter bonapartista, de poder personal, defendió que el pueblo no gobierna sino por medio de sus representantes. En aquel momento, la dirección y el bloque parlamentario del partido caracterizaron que si se daba la alternativa de una Consulta y perdíamos, nadie nos iba a quitar los 60 días de fuerte agitación anti-imperialista que hubieran propulsado al partido y al FIT como una alternativa nacional de masas. Aunque se corría el riesgo de que se fortaleciera el “bonapartismo tardío” de CFK. Fue una posición correcta que reivindica los métodos concretos de intervención del partido frente a los hechos concretos de la crisis. El Comité Nacional aprobó en su reunión del 29/6/14 esta orientación (con el voto de Altamira) en términos semejantes a los adoptados en esta oportunidad: “reivindicamos el valor de la consigna del ‘referendo’ o consulta popular para resolver si debe pagarse o no la deuda, pues apunta a cuestionar que la decisión sobre un tema crucial para la vida de las masas sea tomada por una pequeña camarilla, la mayor parte de ella no electa por nadie y responsable de habernos conducido a la crisis actual. Este manejo conspirativo se extiende al conjunto de la cuestión de la deuda, cuyo carácter y condiciones son secretas. Junto con el referéndum, reclamamos que se den a conocer todos los contratos de deuda, así como los actuales tenedores de los títulos. El planteo de referéndum no condiciona ni se opone al del repudio de la deuda; por el contrario, busca ampliar su campo de lucha: reclamamos que en una amplia deliberación popular cada corriente exponga sus planteos y que el pueblo decida” (BI N° 18, 3/7/14).

Jorge Altamira escribió entonces en Prensa Obrera, una nota editorial (PO, 3/7/14) planteando: “Que el pueblo decida: por un plebiscito sobre el fallo yanqui y la deuda externa”. (De paso: fijémonos que Jorge Altamira no dice deuda pública, esto porque popularmente anular la deuda externa es anular la deuda con el gran capital nacional y extranjero expresada ahora mayoritariamente en bonos que se transan en el mercado financiero: se usan como sinónimos políticos de deuda pública, salvo que se demuestre que hay intención de respetar la deuda pública en moneda nacional en beneficio de algún sector burgués ‘nacional’. Esta es otra de las acusaciones de Jorge Altamira: que el proyecto del Partido Obrero plantea contra la deuda externa, en lugar de decir la deuda pública, introduciendo la sospecha si estamos a favor del capital nacional. Como partido hemos fijado doctrina que respetaríamos las tenencias de los jubilados y pequeños ahorristas.)

Arbitraria diferenciación sobre la oposición popular

El 70-80% de la población manifestó su oposición al acuerdo con el FMI, según encuestas y análisis periodísticos. Se trata de un repudio popular que acentuó el desplazamiento político de amplios sectores populares contra el gobierno, que ya se había manifestado en diciembre contra las reformas que originaron las grandes acciones de lucha. La expresión usada en diversos materiales partidarios en el sentido de que “se ha reforzado la oposición popular” para definir este cuadro es tomada en el sentido capcioso de que se han reforzado los partidos políticos opositores, que jamás hemos caracterizado de “populares” sino de partidos capitalistas. Constituye un abuso arbitrario decir que aquella expresión es un apoyo al kirchnerismo. Por otro lado, no es sólo la clase obrera (que incluso, por insuficiencia, sólo se ha pronunciado minoritariamente al respecto, regimentada como está por la burocracia), sino los estudiantes, los jubilados, la clase media, etc., los que han manifestado su oposición al acuerdo con el FMI. El kirchnerismo no adhirió al proyecto presentado por las dos bancadas del FIT en el Congreso. ¿Por qué entregar al kirchnerismo el diploma de que representa a la oposición popular frente al pacto con el FMI? Al contrario, esa oposición popular al rescate del FMI y los desplazamientos contra Macri son un campo político de disputa con todas las alas del peronismo y especialmente con el kirchnerismo que, naturalmente, y mientras la lucha obrera y de masas no pegue un salto, canalizan mayoritariamente. En los principios del marxismo está la agitación socialista sobre todas las capas de la población.

¿Parlamentarismo de la bancada del Partido Obrero vs. acción directa del Partido Obrero en el Congreso Obrero reivindicativo?

Altamira nos dice: “¿Por qué no proponen un congreso por el plebiscito en lugar del Congreso Obrero reivindicativo de Lanús?” (BI N° 23). Esto tiene más errores que palabras.

El partido fue el principal organizador del Congreso Obrero, que reunió una considerable cantidad de fuerzas que se reclaman antiburocráticas, combativas y/o clasistas. Y de la lucha política que hemos dado por su realización y su programa. Es un congreso que se inscribe en los congresos históricos que hicieron en el país la izquierda (Sitrac-Sitram, Villa Constitución, etc.), que tomamos como antecedentes de lucha por la independencia de clase. ¿Por qué insiste Jorge Altamira en caracterizarlo-rebajarlo como un congreso “reivindicativo”? El congreso adoptó una resolución donde no sólo se levanta un importante programa reivindicativo, sino una serie de puntos transicionales frente a la crisis (no pago de la deuda, abajo el pacto con el FMI, nacionalización de la banca y el comercio exterior, etc.). Y se pronuncia “por la independencia política de los trabajadores”, “por una salida obrera para que la crisis la paguen los capitalistas” mediante “un plan económico dirigido por los trabajadores”. Si no pudo avanzar más en dos puntos centrales para una estrategia socialista revolucionaria -congreso de bases, gobierno de trabajadores- fue por la oposición de Izquierda Socialista y algún otro sector. Esto fue analizado y seguido en los densos debates preparatorios del Congreso de Lanús y consideramos importante avanzar igualmente en una organización y movimiento de lucha de frente único, influenciado directamente por el partido. El PTS saboteó este congreso y es duramente criticado por nosotros por oponerse a poner en pie, en frente único, una fuerza obrera independiente. El arte de un partido proletario es organizar y sumar fuerzas para la lucha contra el capitalismo: en el Parlamento establecimos un acuerdo en torno de un proyecto contra la deuda; en el Congreso Obrero, un acuerdo para impulsar la movilización independiente de los trabajadores. Cada uno de estos acuerdos fue con un integrante diferente del FIT. ¿Es una táctica de la dirección? ¿O Jorge Altamira no conoce acaso que la mesa del FIT tiene un funcionamiento no sistemático -por supuesto, sin actas- reflejando diferencias políticas? Hemos propuesto, en junio, convocar a un acto político del FIT, rechazado; luego el 9 de julio, también rechazado: ahora acabamos de recibir una carta pública de la dirección del PTS aceptando convocar un acto en un estadio, cuando la crisis que llevó al rescate del FMI lleva meses.

El Partido Obrero no plebiscita la lucha

Jorge Altamira mete por la ventana un nuevo ataque ya no a la Consulta contra el pacto con el FMI sino, otra vez, en un sentido doctrinario escrito en mármol: con el planteo que “los derechos no se plebiscitan”. Altamira afirma: “Llama inevitablemente la atención de que se considere oportuno un proyecto de consulta popular luego de la feroz polémica del movimiento de mujeres contra la posibilidad de que el derecho al aborto fuera sometido a plebiscito. ‘Los derechos no se plebiscitan’ -dijeron, ni siquiera, añado, frente a un gobierno en derrumbe y el reforzamiento de la oposición popular”. Esta insinuación de Altamira, ¿se hace eco de la campaña contra en el partido, la UJS y el PdT que lanzaron sectores intrigantes, como el MST, para impugnar el fuerte trabajo de organización de plebiscitos en decenas de colegios y universidades por el derecho al aborto, y donde miles de votantes se pronunciaron por el Sí? Esta campaña ha amplificado la organización y movilización de la juventud por el derecho al aborto. Hemos debatido en el Comité Nacional que, si incluso en alguna fábrica fuera derrotada -en el marco de un plebiscito- la moción y triunfara el No, sería un progreso organizar a los que hicieron campaña y votaron por el Sí. El Partido Obrero ha estado a la cabeza de la movilización independiente.

No ha habido ninguna campaña por una Consulta Popular para definir el derecho al aborto, hasta agotar el debate en el Parlamento y jugar todas las fichas para arrancarlo en esta lucha. Todas las fichas del partido dentro del amplio frente único que se constituyó en torno de la Campaña se basa (con graves crisis y discusiones internas que hemos ido reflejando) en la movilización de masas. Si se intentara levantar esta campaña de movilización para que se apruebe el derecho al aborto, por una Consulta Popular, nos opondríamos y la criticaríamos por desmovilizadora. Pero si sale derrotado del Senado, el proyecto con media sanción de Diputados, es legítimo abrir el debate sobre la convocatoria a una consulta popular para dar continuidad y objetivos al movimiento de masas, y no diluirlo en la perspectiva electoral 2019, como se inclinan las fuerzas dominantes de organizaciones participantes.

En Irlanda, la Consulta dio un masivo 70% por el Sí al derecho al aborto y, seguramente, habríamos estado en primera fila organizando el voto masivo. Todo depende del análisis concreto de la situación concreta. Por algo lo hemos reivindicado en la declaración internacional publicada en Prensa Obrera.

7/8/18

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Néstor Pitrola

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