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Sobre la Asamblea Constituyente

Por Sebastián Rodriguez

El debate actual sobre la Asamblea Constituyente gira, dicho en bruto, en torno del lugar que debe ocupar la consigna en nuestra agitación. Lógicamente, no se trata de meros lugares en la enunciación dentro de un planteo político sino que constituyen planteos políticos bien diferenciados. Trataré de explicar en este texto mi rechazo absoluto a las dos posiciones en debate y mi oposición al planteo de la Asamblea Constituyente por considerarla una consigna democratizante en esta etapa. Manifiesto, a su vez, mi preocupación porque entiendo que ha mutado en consigna-fetiche para todo un sector del partido. En ese sentido, señalo que la Asamblea Constituyente es muchas veces identificada automáticamente y de manera abstracta con una consigna de poder. Si bien mi planteo retoma debates anteriores que se suponen superados, no puedo evitarlo para dejar planteada lo más claro posible mi posición.  

Asambleas Constituyentes revolucionarias y contrarrevolucionarias

La función histórica revolucionaria de las asambleas constituyentes fue reemplazar el poder de las monarquías absolutistas y poner en pie el Estado burgués. La burguesía reemplazó las viejas instituciones, caducas históricamente, con las propias. A través de la Asamblea Constituyente, una institución de su propio régimen social, construyó el nuevo Estado (la burguesía revolucionaria nunca planteó un “Consejo Real libre y soberano” o algo por el estilo). Absolutamente revolucionarias, las asambleas constituyentes en Inglaterra del siglo XVII o Francia en el siglo XVIII (las más destacadas) deben ser entendidas en la etapa histórica de las revoluciones burguesas. No se comprende la razón por la cual son citadas para trazar un paralelismo con la situación actual. Es una lectura ahistórica.

En la etapa actual, de guerras y revoluciones, en el marco del Estado burgués agotado históricamente, la Asamblea Constituyente tiene por función histórica reforzar el carácter constitucional del Estado -o sea, reforzar el Estado mismo. No rompe con sus límites. En situaciones revolucionarias puede presentarse como el último recurso constitucional (la otra variante es el frente popular) contra el Estado obrero.

Un concepto que no se nos debe escapar: la Asamblea Constituyente “con poder, libre y soberana” en los términos planteados no tiene sentido. Es pura abstracción. Mientras los medios de producción y el armamento están en poder de la burguesía, la Asamblea Constituyente “con poder” es para la tribuna, papel mojado. Ninguna clase social entregaría el poder en esas condiciones. Corremos el riesgo seriamente de alimentar ilusiones democráticas, cuando lo que está cuestionado objetivamente es el conjunto del régimen social (cuadernogate, crisis económica, deuda, agotamiento histórico...). Tenemos que ayudar a la clase obrera a romper con el Estado burgués. La Asamblea Constituyente, en este contexto, antepone una valla en ese camino por más intenciones y programas que le asignemos.

La Asamblea Constituyente fue planteada por Trotsky en China tras la derrota del proletariado en Cantón, frente al reflujo de las masas, en un país carente de experiencia constitucional. La burguesía victoriosa tenía planteada la necesidad de una Asamblea Constituyente para ajustar cuentas con el sector militarista del país y con el imperialismo. Las tareas pendientes de unificación nacional, destrucción de las aduanas interiores, creación de una moneda única, de un mercado único, ponían la convocatoria a la Asamblea Constituyente en el orden del día. León Trotsky levantó la consigna, frente a una situación concreta, con un contenido político dirigido a movilizar tras ella a las masas trabajadoras en reflujo.

La disolución de la Asamblea Constituyente en Rusia por el gobierno de los soviets demuestra el rol contrarrevolucionario que esta institución burguesa puede adquirir frente a un gobierno obrero. Los bolcheviques levantaron la consigna frente al zarismo ante la ausencia de experiencia constitucional de las masas. Luego contra el Gobierno Provisional, que planteaba la necesidad de ganar la guerra, después convocar la Asamblea Constituyente y después resolver el problema agrario y de las masas en general. La consigna de Asamblea Constituyente fue capitalizada para desenmascarar la política del Gobierno Provisional, al que no le interesaba terminar la guerra, menos la Asamblea Constituyente y mucho menos resolver las necesidades de los trabajadores. Otra vez, la Asamblea Constituyente estaba objetivamente planteada en la situación política.

La experiencia alemana de 1918-19 demuestra el carácter contrarrevolucionario de la Asamblea Constituyente frente a la movilización obrera. Utilizada como recurso para oponer un poder burgués al poder de la clase obrera movilizada. O sea, encorsetar la movilización dentro de los límites del Estado burgués, condenarla a la derrota.

Estos acontecimientos, por nombrar brevemente algunos de los más destacados en cuanto a la intervención política del proletariado, muestran la importancia del análisis concreto en situaciones concretas, contra todo esquematismo y fetichismo. Las consignas democráticas pueden ser levantadas si son capaces de movilizar a los explotados, si sirven para que los trabajadores saquen conclusiones revolucionarias, si están planteadas objetivamente en la situación política. De ahí surge el segundo punto que quiero colocar: ¿es la Asamblea Constituyente la consigna adecuada para esta etapa? ¿Tiene capacidad movilizadora sobre los trabajadores? ¿Ayuda a la clase obrera a sacar conclusiones revolucionarias?

El planteo de Asamblea Constituyente surge de la distancia existente entre la crisis económica y política en curso, y la conciencia que los trabajadores tienen de esa crisis y de cómo superarla políticamente. Como un puente al gobierno de los trabajadores. Pero ¿cumple los requisitos?

Asamblea Constituyente en la etapa actual

Jorge Altamira plantea que la consigna “Fuera Macri... Asamblea Constituyente con poder” debe ser central. Haciendo a un lado el debate de la centralidad o no de la consigna entiendo que así planteada la consigna misma nace floja de papeles. No precisa quiénes convocarían la Asamblea Constituyente. Estamos frente a una consigna, pero carecemos del sujeto (o sujetos) político convocante. Y sin sujeto político convocante, la Asamblea Constituyente deviene en un planteo absolutamente abstracto. No es un aspecto para despreciar si pensamos en conquistar políticamente y movilizar a la clase obrera y a las masas trabajadoras. En el Boletín Interno N° 2 congresal [“Documento alternativo para el XXVI congreso”], Altamira retoma la idea de una Asamblea Constituyente convocada por un gobierno de trabajadores, convocada por la clase obrera, lo que agrega otro inconveniente: ¿por qué un gobierno de trabajadores tendría, a priori, que convocar a una institución burguesa? Así planteada, la Asamblea Constituyente es democratizante.

La propuesta del Comité Nacional en el informe político, por su parte, coloca el eje en la necesidad de una intervención política de las masas para dotar a la Asamblea Constituyente de un contenido revolucionario. Por eso coloca, en primer lugar, “Que la crisis la paguen los capitalistas, fuera el FMI, no al pago de la deuda”. Una vez que las masas intervengan políticamente, la Asamblea Constituyente tomaría plena vigencia. Dos motivos por los que rechazo este planteo: primero, no acuerdo con el argumento -esgrimido en charlas y boletines internos anteriores- que adjudica expectativas democráticas a las masas. Considero que ese argumento resulta antojadizo y configura además una especie de etapismo que la misma dinámica de la crisis va a hacer estallar en mil pedazos. Si la clase obrera se levanta y enarbola un programa revolucionario, no se va a andar con formalidades democrático-burguesas. Los ejemplos de Brasil y Venezuela ratifican la idea de que las masas, cuando se movilizan frente a una crisis de régimen, no se detienen en detalles democráticos-burgueses. Unos votaron a un fascistoide que hizo campaña contra los derechos democráticos y otros alientan la intervención extranjera y/o defienden el nacionalismo burgués con sus colectivos paraestatales incluidos. Ambos ejemplos configuran la capitalización de la crisis por distintos sectores de la burguesía, mientras el proletariado manifiesta su crisis histórica de dirección y no interviene de forma independiente. ¿Y las formalidades democrático-burguesas? Bien, gracias. Segundo, otro inconveniente de este planteo es que una vez que las masas intervengan con un programa político independiente... ¿por qué deducimos que la Asamblea Constituyente va a estar en el orden del día? Corremos un serio riesgo de encorsetar la intervención popular en los marcos del Estado capitalista, de allí deduzco su rol democratizante en esta etapa. Llegado ese momento, veremos las consignas adecuadas teniendo en cuenta las condiciones objetivas y subjetivas.

El único aporte real que percibí (y negativo) de la consigna Asamblea Constituyente fue bloquear en un momento de ataque la acusación de “golpistas”. Presentando una institución burguesa en nuestro planteo, la acusación quedaba bloqueada. Pero con un costo alto, lindando la defensa del régimen. Los ejemplos anteriores de Brasil y Venezuela son más que suficientes para demostrar el valor que tiene la democracia burguesa para la burguesía, y ese es todo un ángulo para desenmascarar al régimen.

El debate actual plantea la cuestión de fondo: el capitalismo está históricamente agotado y no puede seguir funcionando si no es sobre la base de una mayor explotación obrera y más miseria. El problema es el régimen social. Las conclusiones revolucionarias, los trabajadores las tendrán que sacar en base a su propia experiencia. Estoy absolutamente de acuerdo con que hay que dotarse de consignas que ayuden a una intervención política de las masas. Acuerdo con las propuestas del informe político, pero rechazo que la Asamblea Constituyente forme parte de esas consignas por tener un carácter democratizante en la etapa actual.

En ese sentido, en lugar de Asamblea Constituyente, planteo la consigna “Por un gobierno de trabajadores y la izquierda”. Se puede señalar que esta formulación tendría un carácter puramente agitativo y abstracto si se quiere, tanto como la Asamblea Constituyente, pero tiene la ventaja de plantear la cuestión de poder en términos clasistas: qué clase es la que tiene que gobernar para superar la crisis. Apunta a desarrollar, a su vez, el sujeto político y no confundirlo en una institución policlasista. Al calor de la crisis y en la batalla por el desarrollo de los organismos de lucha política de los trabajadores, se pondrá a consideración eventualmente la necesidad o no de una Asamblea Constituyente.

18/2/19

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