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Sobre el "PST bajo la dictadura”

Por Celia (Moreno)

Febrero de 1993.

Al Comité de Redacción:
 
En el artículo "El PST bajo la dictadura” (1976-1983) en EDM N°5, Magri dice: "El fracaso del plan de 'inacción' de la CUTA... dejó al PST girando en el vacío. La reacción de los militantes del PST frente a estas monstruosidades de posiciones fue casi nula". Sería necesario y muy importante aclarar que durante ese periodo los militantes y el partido habían recién salido de la “peor crisis en 30 años" (según Moreno). Esa crisis estuvo relacionada con el funcionamiento de una fracción numerosa con Comité Central y Ejecutivo paralelos; que cuestionaba precisamente esas “monstruosidades".
 
Como miembro de esa fracción en una zona caracterizada como "oficialista”, un sector de la dirección regional me permitió publicar un boletín donde escribí un artículo respecto al acuerdo superestructural de la CUTA y lo que ello significaba para los trabajadores. Advertía que no debía depositar ninguna confianza y continuar luchando, apelando a los métodos de organizaciones clasistas e independientes. El “oficialismo” partidario presentó otro artículo, en el mismo boletín, defendiendo las posiciones del periódico en cuestión. Se abrió un debate con algunos contactos, en forma conjunta, para corroborar el apoyo a las dos posiciones. De esa manera luchábamos para desbaratar esas mentiras y tantas otras.
 
A continuación, el artículo dice: “La razón de esto era una combinación de total falta de democracia interna y, por supuesto, de determinada ‘educación’ ". Es necesario aclarar que la fracción autorizada por la dirección (no tuvo otra salida dada la crisis que se generó, y al número de adherentes), funcionaba con dirección propia, plenarios, equipos, documentos, etc. ¿Qué significaba esto para los militantes disidentes?: doble militancia, doble riesgo... Magri habla de “democracia” sin advertir cómo se milita en una etapa contrarrevolucionaria, la más sangrienta de nuestra historia...
 
Así y todo, la mitad de los "educados” y "obsecuentes” decidimos dar la batalla... decidimos la defensa de una posición y de los compañeros caídos en la lucha, por una política criminal.
 
Continúa el párrafo con “Después de todo la corriente morenista había buscado siempre en la burocracia sindical un atajo a la construcción del partido revolucionario... en definitiva los militantes del PST habían sido ‘educados’ en esa trayectoria, que ahora proseguía con el endeudamiento durante 4 años a una burocracia colaboracionista con el régimen más sangriento de la historia del país y la confianza en que éste ayudaría al movimiento obrero a reorganizarse”.
 
Es necesario aclarar que los miembros de la fracción sacábamos nuestras propias conclusiones, también, en el plano sindical, y actuábamos en consecuencia. Teníamos buenas estructuraciones, influíamos a los trabajadores; algunos éramos dirigentes sindicales.
 
En bancarios, sanidad, luz y fuerza cumplimos un rol importante y no precisamente como “colaboracionistas”. En bancarios, cuando se produjeron las caídas, quiebras, tuvimos que enfrentar los embates de los "oficialistas”, ya en crisis total, que apelaban a cualquier método, denunciándonos como agentes de la cana.
 
En estas luchas se fueron formando los futuros dirigentes de sanidad que al momento de arrancarles la dirección del sindicato a la burocracia estaban en crisis política total, por el desbande y la fundición de muchos militantes, que terminaron renegando de la formación de un partido.
 
“A mediados de 1980 la dirección del PST convocó a un congreso. Los métodos con que se preparó y realizó este congreso hablan por sí solos. Con antelación al mismo se sancionó y expulsó a un importante grupo de militantes, lo que ponía en evidencia que la sola ‘educación’ morenista era ineficaz para domesticar a la base”.
 
Esto se contradice con lo enunciado anteriormente, pero Magri no desarrolla esa contradicción, no es dialéctico en su análisis, a pesar de que maneja muy bien el método.
 
“Un congreso para resolver, según dijo Moreno, la peor crisis del partido, tuvo 30 días de pre-congreso sin documentos y con los delegados filtrados por la dirección nacional, ampliamente cuestionada por la base”
 
¿Qué había pasado con los “educados”, quién los reeducó?
 
Los marxistas no creemos en el “arte de magia” de la historia.
 
Moreno para resolver la crisis utilizó una maniobra de alto vuelo, la brigada Simón Bolívar y su operativo Nicaragua le sirvió para dar vuelta a la mejor parte del ejecutivo de la fracción, ofreciéndoles puestos de dirección en la FB y así desbaratar a las bases. Los que no sufrimos el impresionismo, seguimos adelante, quedaba en pie el balance de 4 años de “monstruosidades”. Fuimos caracterizados como “ultras” y echados con la complicidad de la dirección de la fracción “comprada” por Moreno. Fuera del partido seguimos dando la batalla. Y aquí vuelvo al principio, la lucha contra la caracterización de la CUTA se realizó luego del desbande de la fracción.
 
En los plenarios abiertos de pre congreso denunciábamos cómo el morenismo revisaba, en un breve documento, citas de Lenin y Trotsky con respecto a la caracterización de la etapa y las tareas, revisaba el concepto de militante para acreditar en el SU 5.000 militantes del PST, pata fuerte de la FB y así pelearle la dirección internacional a Mandel.
 
Creo haber aclarado lo que considero es una gran contradicción en el artículo de Magri. Supongo que la revista está dedicada a captar al activismo independiente y ex militantes actuales de otras organizaciones; ¿así lo lograremos?
 
No pasé la revista a un ex militante del PST, 10 años delegado pues no tendría argumentos para defender el ataque que hace Magri a los militantes de esa organización; ¿desde cuando recurrimos a estos métodos?
 
En nombre de la “democracia” pido se publique donde la dirección lo considere y se debata el tema.

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