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“La crisis no terminó”

Las causas económicas de la crisis política
Por Jorge Altamira
Existe una completa unanimidad entre los analistas políticos acerca de que la ratificación de Cavallo no ha concluido la crisis política. Los “mercados” se han anotado también en esta coincidencia, como lo demostró la continua caída de las acciones y títulos públicos, así como la pérdida de reservas del Banco Central, cuando ya había pasado más de una semana de la “ratificación” de Cavallo. El derrumbe bursátil se producía simultáneamente con la confirmación de dos empréstitos, en Alemania y en Japón, por dos mil millones de dólares, que tienen por finalidad recomprar títulos públicos para elevar sus cotizaciones. Otro dato es que a pesar de este “reingreso” al llamado "mercado voluntario” de créditos, e incluso de la aprobación del nuevo acuerdos con el FMI, las calificadoras de riesgo de los Estados Unidos (Standard & Poor) no han alterado la calificación del "riesgo argentino” establecida luego del estallido del “efecto tequila”.
Las intervenciones de Cavallo, en la televisión y en el Congreso, han transformado la división creciente que se venía registrando en la burguesía, como consecuencia de la crisis económica, en una guerra abierta entre pulpos, mafias y fracciones políticas; es decir que ahora existe la amenaza de una quiebra en el gobierno e incluso de un principio de quiebra en el aparato del Estado.
 
Cavallo reflotó el asunto Yabrán para tapar la denuncia que involucra a los funcionarios de la Fundación Mediterránea en una coima de 37 millones de dólares en el contrato de informatización del Banco Nación, con la IBM. Dos profesores de computación de la UBA han demostrado que las condiciones de la licitación del BNA fueron confeccionadas a la medida de IBM y que las características del contrato permiten suponer que el monopolio yanqui sobrefacturó su servicio en muchos millones de dólares. “La clave del caso Banco Nación, dice Ariel Garbaz, profesor a cargo de la cátedra de Tecnología de Computadoras, de la UBA, en Página 12 (29/8),... está en la página del pliego de licitación, donde se exige que el equipo principal del sistema sea modelo 9121, y ese modelo es exclusivo de IBM. Así quedaron afuera todos los restantes interesados, que ni siquiera llegaron a ser oferentes". Garbaz añade que “en el caso de las licitaciones informáticas hay un agravante mayor: cuando un sistema se basa en un hardware exclusivo no tiene precio de referencia, el precio es simplemente aquel que el comprador esté dispuesto a pagar y aquí el Banco Nación estuvo dispuesto a pagar cincuenta veces más que otros sistemas de similar prestación pero por supuesto carentes del ‘modelo exclusivo”. No conozco antecedentes en el mundo de algún sistema informático bancario que cueste casi medio millón de dólares por sucursal (249 millones dividido en Central y 520 sucursales”.
Semejante desfalco no es óbice, por supuesto, para que los alcahuetes de la burguesía sigan viendo en el llamado "costo laborar al principal obstáculo de la “modernización argentina” y que nada digan de los descomunales costos capitalistas, como esta sobrefacturación del 5.000% que será cargada al presupuesto nacional.
 
IBM ha monopolizado prácticamente todas las licitaciones informáticas del clan Cavallo, en perjuicio de Unisys y NCR. Aunque sorprenda a muchos, The Wall Street Journal acaba de informar (ver La Nación, 28/8) que IBM ha subcontratado a la gráfica Ciccone para crear un sistema de emisión y control de pasaportes y que esta subcontratista recibió financiamiento del grupo Yabrán. Ciccone es la única compañía autorizada para imprimir billetes, bonos y cheques. Cavallo reconoció en el Congreso que había intentado llegar a un acuerdo con Yabrán en el negocio del correo. Estamos en presencia, entonces, de una ruptura de negocios comunes y, probablemente, de una división interna del equipo Cavallo. Una evidencia de esto lo constituye la renuncia del secretario de Ingreso Públicos, el “memorable” Tacchi, que se produjo precisamente luego de la investigación a IBM y a sus sub-contratistas en el asunto del Banco Nación. Tampoco debe olvidarse que la correspondencia de la DGI está a cargo, no del Correo estatal, sino de O casa, del grupo Yabrán (incluso existiría una asociación íntima de éste con American Express) (Página 12, 30/8). Otra manifestación de la crisis interior del equipo Cavallo fue un *alejamiento" anterior, el del presidente de la Comisión de Valores y agente de los Fondos de Pensión norteamericanos, Martín Pérez Redrado, quien hoy milita junto a Erman González, el cual es un blanco invariable de los ataques de Cavallo. El plan Cavallo, además de "destructor de empleos" (Caro Figueroa dixit), se ha transformado ahora, como consecuencia de esta declaración abierta de guerra, en un amenazante destructor de negocios, algo que los capitalistas y el Estado no pueden, a la larga, tolerar.
 
Cavallo ha extendido la declaración de guerra a toda clase de negocios y negociados. Hay una guerra declarada, por supuesto, en lo relativo al Correo (incluso atentados criminales), donde se enfrentan el grupo Yabrán y Federal Express; el embajador Cheek reconoció que esta última opera a través de los permisionarios pequeños. Una guerra se ha declarado también en el tema seguros, pues Cavallo denuncia que las compañías que operan en la plaza argentina pretenden cobrarle al Estado reaseguros truchos por más de mil millones de dólares; en este sector Cavallo está defendiendo el ingreso de pulpos como Metropolitan Life, que ya ha puesto sus garfios en las AFJP. Como si el horno aun estuviera para bollos, el secretario de Agricultura, Felipe Solá, reflotó las acusaciones contra la mafia de los frigoríficos, principalmente los instalados en la provincia de Buenos Aires, denunciados por evasión de millones de pesos en impuestos y una deuda fiscal de 80 millones de dólares (La Prensa, 27/8); es incuestionable que aquí está en juego la monopolización del comercio exterior de carnes. El gobernador Duhalde y su ministro de la producción, Brown, están en la primera línea de defensa de los frigoríficos acusados. A todo este ajuste general de cuentas hay que sumar el no resuelto asunto de las patentes medicinales y la denuncia de Cavallo de que los laboratorios nacionales habrían coimeado a diputados del oficialismo y de la oposición. Se podría cerrar el recuento con la batalla que se disputa por el contralor de la Comisión de Telecomunicaciones, encargada de vigilar la aplicación de los contratos de privatización de teléfonos.
 
La creciente división de la burguesía, consecuencia inevitable de la crisis económica, que en Prensa Obrera fuimos destacando desde las elecciones del pasado 14 de mayo como una característica de la nueva situación política, ha sido convertida por Cavallo en una guerra entre pulpos y por lo tanto en una amenaza general para los negocios capitalistas. Esto explica, claro, los reclamos de treguay de apaciguamiento. De cualquier manera, esta guerra entraña la posibilidad de una crisis política de alcances muchos mayores, es decir, una fractura del poder; para ello sería suficiente una masiva fuga de capitales, determinada por la bancarrota financiera en que se encuentran el Estado y gran parte de la burguesía local.
 
El nombramiento de Wenceslao Bunge como representante de Yabrán, demuestra los sólidos apoyos con que cuenta éste dentro del gobierno norteamericano. A Cavallo le salió una réplica, no porque Bunge integre la pandilla de Harvard, sino porque sus lazos con los hombres del imperialismo yanqui son harto sólidos. Bunge está ligado a los estudios de abogados y consultoras económicas más importantes de los Estados Unidos, como los que encabezan W. Rogers y Kissinger, ambos ex secretarios de Estado. Además, fue un agente activo, en Nueva York, de las principales privatizaciones argentinas. Vinculado a Alejandro Reynal, del Merchánt Bank, pertenece al círculo de los Martínez de Hoz; el Merchant actúa en la Bolsa de Buenos Aires, se encuentra asociado al gigante pulpo financiero Salomon Brothers, desde 1985, y está realizando inversiones en bancos que se encuentran en crisis (Cronista Comercial, 30/8). La designación de Bunge indica claramente que la gran burguesía exige un arreglo, es decir un reparto de los negocios, con la posibilidad alternativa de llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias. Una tregua, sin embargo, no sería más que el intervalo para un nueva crisis. La gran burguesía, a la que la prensa ignorante coloca a la rastra de Cavallo, se queja de que “Cavallo ha abierto demasiados frentes de pelea” y de que “El deterioro de las expectativas en la plaza argentina se debe al agudo bombardeo de denuncias y rumores políticos” (sección financiera de Ámbito Financiero, 30/ 8). Este cuadro de situación explica que Bernardo Neustadt, “amigo” de los Cavallo, Bunge, Menem y Yabrán, haya planteado desde el inicio de esta nueva etapa de enfrentamientos, que Cavallo debía renunciar 0*Menem o Cavallo”).
 
Desde un punto de vista financiero, si el conflicto saliera definitivamente de madre, se produciría una nueva crisis que podría dejar en la lona a las numerosas empresas o pulpos que se encuentran endeudados en centenares de millones de dólares. Reabriría la crisis financiera no cerrada en toda América Latina, con gran perjuicio para los especuladores norteamericanos. Especialmente afectado quedaría el sector de especuladores internacionales que actúa en los llamados mercados de derivados”t donde se realizan las operaciones de garantía o cobertura de la deuda argentina, y que tenían hasta ahora como cierto el mantenimiento de la paridad cambiaría. A este sector de especuladores, que se ha comprometido a vender dólares futuros a la par, 1 a 1, una devaluación, no importa cual fuera su detonante, podría costarle fortunas. Este sector, especialmente, se encuentra detrás la movilización de políticos y capitalistas que reclamaron que Cavallo fuera ratificado, al menos por el momento. En los últimos diez días se fugaron unos mil millones de dólares (1.500 si se le suman las reservas bancarias que ahora se depositan en el Deustche Bank de Nueva York), lo cual equivale al 50% del valor de los empréstitos recientemente contratados; la circulación monetaria se redujo en un 10%. El respaldo en dólares del peso cayo a menos del 80%. La devaluación potencial del peso, representada por esta fuga de capitales, se manifestó no solamente en la caída de los títulos y de las acciones que cotizan en la Bolsa argentina, sino también en los mercados de cambio de Chile y de Brasil, cuyos Bancos Centrales no están obligados a responder a un tipo fijo. “Crisis argentina provoca nueva alza del dólar”, tituló El Mercurio, de Santiago (28/8); “Cavallo queda, pero arrastra a la suba al dólar en Brasil”, anunció la GazetaMercantil (25/8). La Bolsa ha vuelto a los niveles que tenía cuando tocó fondo la crisis mexicana. Mientras tanto, la crisis económica se ha agravado en términos estructurales, como lo demuestra el crecimiento de la deuda externa en 11.000 millones de dólares en la primera mitad del 95 y la espectacular caída de la producción industrial.
 
La crisis política, como acertadamente lo señaló Angeloz, amenaza crear un gobierno “bicéfalo”, lo cual dice mucho del deterioro del poder ejecutivo y de su capacidad de arbitraje; se trata de un poderoso elemento de disgregación del Estado. A esto se une el hecho de que Cavallo ha virtualmente creado un bloque parlamentario propio con una treintena de diputados justicialistas y de que cuenta con algunos gobernadores. En su intervención en el Congreso, volvió a insistir en que el poder ejecutivo es co-legislador, una tesis que significa que quiere convertir al Congreso en un cámara de registro. La crisis amenaza paralizar el proceso legislativo y, por los lazos que lo unen, el judicial; Cavallo llegó a conseguir que se eliminara una hoja de un expediente en una reciente crisis con la Corte Suprema. Por último, la fracción cavallana se apresta a disputar la elección del intendente de la Capital, a través de Gustavo Béliz. Los cavallanos están impulsando una reforma de los partidos políticos que establezca la realización de “internas abiertas” con la inocultable intención de apoderarse de las principales candidaturas del PJ, para 1999, en una reedición de lo que ocurrió en Córdoba cuando, por medio de ese procedimiento, el cavallista Schiaretti resultó elegido candidato en lugar de la Sota.
 
Esta tendencia a la disgregación política y la pretensión de superarla por medio de acciones de fuerza, se manifestó anticipadamente en el desplazamiento del gobernador de Córdoba, que fue obligado a renunciar mediante un boicot financiero que protagonizaron conjuntamente Menem y Cavallo, de un lado, y la Banca Dillon y el Banco Mundial, del otro. El régimen político menemista se vale cada vez más del método del golpe de estado, indicio inconfundible de disolución político. Que la crisis política haya estallado de una manera tan rotunda a 100 días de las elecciones del 14 de mayo, constituye una demoledora confirmación del diagnóstico que el Partido Obrero de que los comicios no resolverían los problemas planteados por el derrumbe del “plan” Cavallo a ninguna clase social, y de que el proceso post-electoral debía abrir un intenso enfrentamiento con las masas y una crisis política (en el Estado).
 
Causas objetivas
 
La causa objetiva de la guerra entre los pulpos y de la crisis política, es la crisis económica en su conjunto. El derrumbe del *'plan” Cavallo significa que éste no puede asegurar el proceso de la acumulación de capital, siendo indiferente para el caso que esto ocurra con una u otra paridad cambiarla. De hecho, la recesión económica y la deflación de precios, que en parte ya está ocurriendo y que explica el parcial cambio de tendencia del saldo del comercio exterior, deberían inducir a una revaluación del peso; la deflación, después de todo, significa que el dinero se valoriza con relación a las mercancías contra las que se intercambia. Si esta revaluación del peso no ha ocurrido, ello está demostrando que el gobierno sigue una política inflacionaria: emisión de moneda para rescatar bancos y déficit fiscal. Por otro lado, la escala de la deflación que se ha producido hasta el momento es considerablemente inferior al nivel de desvalorización real del capital, la cual se encuentra disimulada en los balances de las empresas y bancos que están virtualmente en quiebra, y en el estímulo ficticio del mercado de acciones. Por este motivo, la amenaza de una devaluación del peso está planteada, no por la crisis industrial y la quiebra bancaria, sino por los intentos que realiza el gobierno de rescatar a los capitalistas mediante subsidios y un mayor endeudamiento. Un intento capitalista “ortodoxo” de mantener la paridad del peso con el dólar, eliminaría los subsidios y reduciría la deuda interna y externa, lo que llevaría a una quiebra económica generalizada. Quienes identifican al “plan” Cavallo con el actual tipo de cambio, simplemente lo están justificando, mientras ocultan el estallido de todas las contradicciones del movimiento de la acumulación capitalista.
 
Los índices de la producción industrial de julio (corregidos por factores de estacionalidad) revelan una caída del 4.4% con relación a julio de 1994; según el Estudio Broda, “la producción industrial y el PBI cayeron durante el segundo trimestre respecto de los primeros tres meses del año, en términos desestacionalizados, aproximadamente el 6.5% y el 5.2%, respectivamente” (El Economista, 25/8). Entre el segundo y el primer trimestre de este año, la baja de la producción industrial fue de casi el 10%. En los primeros siete meses de 1995, la producción industrial apenas superaba en un 6% al nivel de once años antes, en 1984 (Informe Fiel). ¡Estos son los "milagros” del “plan económico”.
 
Lo principal, con todo, es la perspectiva de bancarrotas creada por la crisis. La cartera irregular de préstamos bancarios creció en un 26%, entre diciembre y mayo pasados, de 13.560 a 16.593 millones de pesos, con tendencia creciente. Estas cifras significan, grosso modo, una perspectiva de incobrabilidad de más del 40% del total de los préstamos bancarios y equivale al 120% del total del patrimonio de los bancos, lo que significa que el sistema se encuentra técnicamente quebrado. Dentro de la cartera irregular, los préstamos definitivamente incobrables, subieron de 3.162 millones de pesos, en noviembre de 1994, a 5.300 millones, en marzo último, un aumento de casi el 70% en cuatro meses. Desde marzo, la situación debe haber empeorado considerablemente. Otro índice de la bancarrota lo constituye la morosidad en las AFJP, del orden del 45% de los aportes totales, que son retenidos por las patronales (Página 12, 5/8).
Estos datos ponen en evidencia que el retorno de unos 4.000 millones de dólares al sistema bancario, no ha resuelto nada, ni constituye, decimos, un principio de solución. La razón es muy sencilla de entender: los bancos tienen que pagar intereses por depósitos que no pueden prestar; la crisis se caracteriza, precisamente, por la dificultad para "reactor” el capital ocioso depositado en los bancos! Para superar esta limitación sin superar la propia crisis, Cavallo ha ideado diversas bicicletas financieras, que deberán aumentar naturalmente la hipoteca general que pesa sobre la economía. Estableció, por ejemplo, que los encajes bancarios, es decir las reservas que deben guardar los bancos como una garantía de los depósitos, sean remuneradas por el Banco Central o puedan ser depositadas en el Deutsche Bank de Nueva York; se anuncia, incluso, que se admitiría la posibilidad de constituir esos encajes, no con dinero, sino con títulos públicos. Es decir que se recurre a aumentar el déficit fiscal, esto porque el Banco Central deja de recibir intereses por los encajes que recibía y en su lugar debe pagarlos, y se impulsa una expatriación de capitales, (según Ámbito Financiero (30/8), de los 1.500 millones de dólares que se fugaron al exterior, a fines de agosto, más de 500 millones están representados por colocación de reservas bancarias en la sucursal neoyorquina del Deutsche Bank, que se calcula llegarán, finalmente, a 1.200 millones. La autorización a colocar la garantía de los depósitos en bonos, significa ponerla a merced de la especulación financiera y es naturalmente contradictoria con la decisión oficial de recomprar títulos públicos. En todos los casos, se intenta que los bancos puedan reciclar depósitos, en condiciones en que su cartera de préstamos a la industria se encuentra en estado “irregular” o “irrecuperable”. La “trampa de la liquidez” consiste, precisamente, en que aunque hay dinero banca-rio, éste no va a la industria y debe ser reciclado financieramente a costa del presupuesto público (Curia, “Amenaza de una Supercrisis”, en El Cronista Comercial, 22/8).
 
La pretensión de reducir la tasa de interés con estos procedimientos, podrá tener un éxito transitorio en lo que se refiere al que deben pagar los bancos a sus depositantes, pero de ningún modo al que tienen que pagar los prestatarios, ya que para estos la tasa de interés está determinada por el grado de incobrabilidad que registra la economía. Incluso en los “mejores” momentos del “plan”, el interés sobre los préstamos, sea a la producción o al consumo, fue prácticamente usurario. La diferencia que se establece así entre la tasa de interés "pasiva” y la “activa”, representa el beneficio usurario que gana la gran banca.
 
El sostenimiento de los beneficios bancarios a cargo del Tesoro también se verifica en los empréstitos contratados por Cavallo, en Francfort y Tokio, al sólo efecto de recomprar de los títulos públicos en poder de los bancos y de ese modo elevar artificialmente sus precios. Ocurre que el valor de las carteras de títulos en poder de los bancos cayó de 4.500 millones de dólares, a comienzos de 1994, a 3.400 millones, en octubre de ese año, y a 2.500 millones en el punto más bajo (Julio Magra, Informes preliminares al VIIo Congreso del Partido Obrero). Pero el cambio de títulos por dinero, y el beneficio especulativo para los bancos {“liquidez ), crea mayores posibilidades para la fuga de capitales, en el marco altamente anárquico actual. “Con mucha liquidez una crisis puede costarle muchos dólares al Banco Central”, le dijo a Página 12 el economista Miguel Bein (27/8).
 
El inglés The Financial Times (18/7/95) asegura que “Dada la reluctancia a efectuar préstamos (por parte de los bancos), los analistas dicen que las nuevas medidas han sido confeccionadas a medida para los grandes bancos. 'Estas medidas fueron requeridas básicamente por los bancos más grandes3', dijo Daniel Tassan Din, un analista de Baring Securities en Buenos Aires. Los grandes bancos ganarán intereses sobre los fondos excedentes anteriormente inmovilizadas en calidad de requerimientos de reservas sin compensación.”
Sin embargo, la inminencia de la recompra de títulos públicos (Bocones y Bies) no ha logrado parar la caída de la cotizaciones. Peor aún: luego de la campaña concertada para presentar a esos empréstitos como una prueba de la reencontrada “confiabilidad” argentina en el exterior, nos venimos a enterar, por la sección financiera de. Ámbito Financiero (30/8), que el banco responsable por la colocación del empréstito en marcos, el Deustche Bank, está recomprando los bonos de ese empréstito para evitar la caída de su cotización. ¡Para ello utiliza los encajes de los bancos argentinos que el gobierno ha establecido que se depositen en la filial del Deutsche en Estados Unidos! Para cubrir los riesgos de esta operación, el banco alemán ha vendido, simultáneamente, otros bonos en su poder en el mercado argentino, en este caso especulando a la baja, lo que cual lo habría convertido en uno de los principales factores de la caída de la Bolsa durante la semana de la crisis Cavallo-Menem-Yabrán. La acción del Deutsche Bank pone de manifiesto que los capitales que le prestan al Estado argentino y apoyan al "plan” Cavallo, son los mismos que se ven socavan a uno y al otro.
 
La crisis bancaria no afecta solamente, como acostumbra a decir la prensa venal, a los bancos provinciales o a los públicos nacionales o a los cooperativos, ni a los privados chicos o medianos. Aunque la mora en la banca privada nacional promedia el 40%, el grupo internacional Morgan Stanley, acaba de aconsejar a los inversores, por ejemplo, no comprar acciones del Galicia, porque su cartera morosa es del 8-10%; la de los bancos Shaw y del Sud se acerca al 15%.
 
Como se puede apreciar, el retomo de los depósitos no ha resuelto nada y menos de la recreación del crédito. Para "empiojar” aún más la situación, los gobiernos provinciales se han visto obligados a emitir moneda propia ("bonos”), que en el caso de Córdoba habrá de superar a la base monetaria provincial. El déficit fiscal del conjunto de los gobiernos provinciales, ha sido estimado en 15.000 millones de dólares. Si se suman las "monedas” provinciales al cálculo de la circulación monetaria, resulta claro que la "convertibilidad” ha dislocado al régimen monetario en lugar de “estabilizarlo”.
 
Calvo-Cavallo
 
La envergadura de la crisis bancaria explica por qué muchos analistas afirman que es necesario "depurar” el sistema; una reactivación económica, sin esa "depuración”, sólo agravaría en el tiempo el peso de las carteras incobrables.
 
Para Guillermo Calvo (dos entrevistas al diario La Nación), el "plan de convertibilidad” lleva necesariamente a la quiebra bancaria, por lo cual sólo podría funcionar con la completa extranjerización de la banca, porque en este caso las casas matrices serían las responsables del rescate de las sucursales, algo que no puede hacer el Banco Central. Como este “economista de moda” debe hablar con alguna clase de respaldo, está claro que refleja la posición de la banca yanqui. Calvo se planteó, por eso, que no debían ser reducidos los encajes de garantía de los bancos, aunque luego aceptó que fueran remunerados o colocados en títulos públicos, sin reparar que de este modo se convierten en volátiles, comprometen el gasto fiscal y dejan, por lo tanto, de ser realmente garantías. Más consecuente ha sido, a este respecto, la posición del economista Walter Graziano, cuyos planteos han comenzado a coincidir, en los últimos meses, con los intereses de la gran banca extranjera.
 
Calvo parece ignorar, sin embargo, que los bancos nacionales se están cayendo en toda América Latina, con independencia de los “planes” o regímenes monetarias. En Venezuela, la bancarrota bancaria ya insumió al Estado la friolera de 7.000 millones de dólares, “en lo que a escala se considera el descalabro bancario más grave del mundo” (El Mercurio, 28/8). Ahora, Venezuela se está enfrentando a una nueva ola de quiebras CPrensa Obrera, 29/8). Desde enero de 1994, quebró en Venezuela el 80% de los bancos y el 65% de las compañías de seguro. En Brasil, el primer banco del país, Banes-paha otorgado créditos, hoy incobrables, al Estado de Sao Paulo por 13.000 millones de dólares (Gaze-ta Mercantil, 29/8) y se encuentra con un patrimonio líquido negativo de 4.200 millones de dólares; el primer banco privado, el Bradesco, ha visto aumentar sus préstamos morosos en un 150% en lo que va del año (The Wall Street Journal-La Nación, 30/8); solamente dos bancos, el Itaú y el Bamerindus, son considerados “sanos”. En México, el gobierno se vio obligado, a mediados de agosto, a apelar a la "repudiable” medida “intervencionista” de regular la tasa de interés que los bancos cobran a sus clientes, para salvar a los primeros de una insolvencia generalizada, provocada por la insolvencia generalizada de sus deudores. ¿Será a esto a lo que se refiere la prensa cuando asegura que México “superó” el “efecto tequila"?
 
En Chile, luego de la gigantesca quiebra bancaria de 1982, que aún hoy ha dejado una deuda impaga con el Banco Central de 5.000 millones de dólares, la banca norteamericana ya controla el 60% del sistema financiero en su conjunto; “es así, dice un estudio de “La Documentation Frangaise" (octubre-diciembre de 1993), tres consorcios de este país (Estados Unidos) controlan el 61.2% de los fondos acumulados en las administradoras de Fondos de Pensión. En 1990, estas AFP poseían activos por 6.800 millones de dólares, o sea el 26.5% del PBI; los bancos chilenos reciben créditos a largo plazo de los bancos norteamericanos para represtarlos a Argentina y a Bolivia a tasas de interés multiplicadas por dos o por tres” (El estudio cita, a su vez, al mensuario inglés The Banker, de junio de 1993). En el caso de Brasil, el gobierno acaba de enviar un proyecto de ley al parlamento para autorizar la compra de acciones de los bancos nacionales por los extranjeros, con el argumento de que sería la única vía para evitar una quiebra en masa.
 
En Argentina, se acaba de anunciar la compra de acciones del Merchant Bank por parte del pulpo financiero norteamericano Salomón Brothers, lo que le permitirá ingresar en operaciones de comercio exterior y la apertura de cuentas corrientes (Cronista Comercial, 30/8). Por otro lado, el Banco Nacional de México ( que controlan los norteamericanos) pasa a controlar al fusionado banco Sud-Shaw, que quedará consolidado como el cuarto banco local de acuerdo al valor de su patrimonio. La escalada de la penetración extranjera en el negocio bancaria plantea un fuerte choque con los pulpos nacionales, como Pérez Companc, e incluso para algunos asociados a la burguesía nacional, como el Citibank.
 
La explicación de esta extranjerización bancaria en toda América Latina (en Uruguay es del 100%, por eso opera como refugio de capitales) no es otra que el crecimiento impresionante de la deuda externa, y de todo el capital sobrante (especulativo) internacional creado por el aumento colosal de las deudas públicas de todas las naciones, que no solamente ha puesto a todos los sistemas monetarios bajo la dependencia de los especuladores internacionales, sino que ha acentuado en forma gigantesca la anarquía del mercado (“volatilidad”). Las posibilidades de producción y de acumulación del capital productivo se encuentran, en consecuencia, fuertemente condicionadas por los movimientos del capital especulativo, al extremo de que éste se ha transformado en muchos casos en el principal factor de crecimiento ( y, luego, de hundimiento) de la demanda, es decir del mercado de inversión y de consumo. Esto explica que los ciclos industriales, incluso en los países desarrollados (Japón, o Alemania con los subsidios de la absorción del Este, o Estados Unidos con las revaluaciones y devaluaciones que sufrió el dólar en los últimos diez años), sean forzados a seguir el movimiento convulsivo de los ciclos especulativos.
 
El pulgar que el Morgan Stanley le bajó al Galicia (ver arriba), es un indicio del enfrentamiento en curso entre los burgueses nacionales y sus socios imperialistas. La banca nacional, en algún momento, tendrá que volver a reclamar que el Banco Central vuelva a sus funciones “nacionales”.
 
Ligado al planteo de extranjerizar a los bancos, Calvo diagnosticó una crisis estructural, es decir, crónica, de financiamiento de la economía argentina, sobre la base de la previsión que los capitales especulativos que inundaron Argentina entre 1991 y 1993/4, no volverán por mucho tiempo en esa escala. Esa crisis sólo podría ser resuelta, sostiene, por una desvalorización general de la economía argentina, es decir, por medio de su adaptación a las menores posibilidades de financiamiento, o más claramente todavía, a su menor- perspectiva de tasa de beneficio. Esta desvalorización general sólo podría ser obtenida por medio de una deflación acentuada del valor del capital, de las mercancías y de la fuerza de trabajo, es decir, poruña depresión industrial y quiebras bancarias, o por una devaluación que obtenga los mismos efectos. Toda la historia económica enseña que la deflación y la devaluación no se oponen necesariamente y que sí se engendran recíprocamente. Lo que está claro es que una desvalorización de la economía, acentuaría el peso relativo de la deuda externa, es decir, como proporción de la producción y de los activos nacionales, es decir su peso como deuda hipotecaria sobre los activos del país, lo que naturalmente facilita confiscación de estos por los pulpos “internacionales”.
 
Aunque la política de Cavallo pretende sortear la bancarrota general mediante un crecimiento indiscriminado del endeudamiento, ha coincidido con Calvo, por ejemplo, en la necesidad de priva-tizar al banco Provincia y al Nación, y ha emprendido una furiosa arremetida contra todos los bancos provinciales, en especial los de Córdoba y, próximamente, Santa Fe. Se percibe la intención de ofrecerlos a cambio del mantenimiento de la alianza entre los grandes bancos privados nacionales y la banca extranjera. Se perfila cada vez más, en consecuencia, la gran guerra de las mafias en torno a los bancos.
 
“Capitanes de la industria”
 
El reciente congreso de la UIA en Mar del Plata puso al desnudo el enfrentamiento entre uña parte de los capitanes de la industria” y Cavallo, al punto que se puede decir que constituyó el verdadero inicio de la crisis política.
 
Si Techint y Macri reclamaron una “política industrial” y la protección contra los “dumping”, no fue solamente porque la producción industrial está en picada. Además, están aumentando las dificultades para exportar a Brasil, como lo demuestran los cierres de fábricas de electrodomésticos y la crisis de las negociaciones comerciales en el Mercosur. Hace pocos días, Brasil planteó aumentar las trabas para-aran celarías para 116 productos nuevos, lo que afecta, entre otros, a los automóviles, textiles y arroz. El pulpo Pérez Companc enfrenta ahora el problema de que el “holding” brasileño Oderbrecht se quede con la privatización de Indupa y, por lo tanto, con todo el negocio de la petroquímica en el Mercosur. Como consecuencia de toda la crisis, se ha secado la financiación, incluso para las exportaciones. Más grave aún, la creciente crisis fiscal amenaza con agotar la vaca de los subsidios a la exportación, que llegan hoy al 33% del valor de las ventas al exterior. Las exportaciones truchas de oro explican el 40% del elogiado aumento de las exportaciones de manufacturas de origen industrial (Página 12,20/8). El principal rubro de exportación argentino son los subsidios que pagan los trabajadores con los impuestos. Aunque el sector siderúrgico ha estado entre los más beneficiados por las exportaciones, un reciente informe señala perspectivas negativas para los precios del acero, una razón suficiente para que Techint se comience a preocupar por el mercado interno, en especial, la demanda del sector automotriz.
 
Otro informe pone de relieve que los sectores con más dificultades para pagar los créditos bancarios son la agropecuaria (36%, aumenta en un 50% en el año); el comercio minorista (25%, aumenta un 25%); el mayorista (22%, aumenta el 20%); la industria (21%, sin aumento). Los principales beneficiarios en la distribución del crédito son los servicios, en su mayoría de empresas privatizadas (El Economista, 25/8).
 
Que en semejante situación Cavallo denuncie que los industriales y los comerciantes evaden 10.000 millones de dólares de impuestos, explica que Ámbito Financiero haya denunciado la emergencia de una “dictadura fiscal”. La pretensión del gobierno de que se justifiquen los gastos de consumo, con facturas, por encima de los 3.000 pesos, desató la crítica furibunda de todos los diarios. La grande y mediana industria está dispuesta a resistir las embestidas fiscales que emprende Cavallo para financiar el presupuesto y pagar la deuda externa. El imposible equilibrio de Cavallo, que pretende rescatar al mismo tiempo a los bancos a la industria y a los capitalistas y al Estado, se puso de manifiesto cuando tuvo que renunciar a la pretensión de que la nueva moratoria resuelta por la DGI quedara documentada en pagarés que pagarían el 1.3% mensual. Cavallo quiere ahora que los bancos le presten 800 millones de dólares contra la recaudación que espera de esa moratoria, tensando el endeudamiento fiscal más allá del punto de ruptura, si se tiene en cuenta que la recaudación impositiva cae sistemáticamente.
 
El apoyo de los "capitanes” al planteo de desdoblar Economía y crear un ministerio de la Producción, un punto neurálgico de la crisis política, traduce el tibió intento de subordinar los compromisos financieros de la deuda a la exigencia de reactivar la economía con créditos baratos y subsidios. En este sentido, Roberto Rocca, de Techint, acaba de plantear una "brasileñización" de la política económica, claro que sin mencionar los escasos resultados que esto le está produciendo a Brasil y, menos aún, de que tal cosa (protección aduanera) llevaría a una crisis en el Mercosur. El giro de todo un sector de privilegiados privatizadores hacia posturas proteccionistas revela la crisis que ha sufrido este proceso como consecuencia del elevado endeudamiento que exigió. El grupo Soldati, por ejemplo, tuvo que reprogramar, recientemente, 400 millones de dólares, de una deuda total de 490 millones, y vender su participación en Telefónica Argentina (Julio Magri, Informe preliminar al VIIo Congreso del Partido Obrero). También como resultado de la elevada deuda externa privada, Alpargatas tuvo que vender hace poco un sector rentable de su fabricación de calzado (Cronista Comercial, 4/8).
 
La burguesía industrial argentina no ha enfrentado aún el problema de un replanteo de conjunto de la política oficial, por la simple razón de que depende extremadamente de la banca internacional. Pero percibe claramente qué la continuidad del "plan" vigente conduce a violentas bancarrotas. Macri, por este motivo, en la reciente crisis política se colocó más cerca de Yabrán que de la permanencia de Cavallo. En una entrevista a Clarín (1/8), Macri “criticó la falta de un plan de crecimiento”, dijo que “la recesión pudo evitarse”, “pidió que se proteja al mercado interno” y hasta vomitó que “la Argentina es un provincia de Brasil”. Si a pesar de todo esto, el conjunto dé la UIA se apresuró a pegar un giro de 180° y pasó a reclamar la continuidad de Cavallo, ello se debe a que una renuncia intempestiva de éste, con el consiguiente riesgo de un hundimiento del peso, hubiera puesto fin al Mercosur. De acuerdo al semanario El Economista (18/8), la UIA tiene la expectativa de que Cavallo podría adaptar la política actual a las exigencias proteccionistas de los industriales.
 
Una cosa debe quedar clara: no es el cambio de frente de la burguesía industrial o la tendencia hacia ese cambio, lo que explica el derrumbe económico o la crisis política, sino que éstas explican aquélla. Es esta cuestión de método la que permitió al Partido Obrero establecer pronósticos acertados, tanto económicos como políticos, a partir de la caracterización de las contradicciones del proceso económico y de las limitaciones insalvables del "plan” oficial.
 
Oposición, izquierda, movimiento obrero
 
La oposición, en general, no tiene una caracterización adecuada de la crisis. No ve la tendencia de la crisis mundial que se anuncia con las sucesivas crisis bancarias, con las devaluaciones de las principales monedas y con la deflación sin precedentes en Japón, y hasta confunde, como ocurre con todos los propagandistas internacionales del capitalismo, a la creciente anarquía de la producción y la guerra comercial, con una “globalización* de la economía mundial. Clarín (30/8) informa, sin embargo, que “según un trabajo a punto de difundirse en Nueva York, el mercado financiero global teme una violenta licuación (desvalorización) de activos electrónicos —por sobre oferta de deuda externa periférica” , o más sencillamente, una desvalorización de capitales por su exceso relativo a las posibilidades de producción y acumulación capitalistas.
 
Aferrada a la perennidad del capitalismo, sin embargo, esta izquierda ni siquiera ve los síntomas que apuntan hacia una generalizada desvalorización de capitales y, por lo tanto, de quiebras y de depresión; sólo los capitalistas japoneses perdieron 600.000millones de dólares en sus inversiones en Estados Unidos, entre 1985 y 1991, como antesala de su crisis actual. “De acuerdo a la revista Institutional Investor, de enero de 1995, ha desaparecido más dinero de los balances (debido a las dificultades del mercado de bonos en 1994) que en el curso de cualquier otro derrumbe desdé el krach de 1929 –“incluido el hundimiento bursátil de 1987.” Le Monde Diplomatique (7/95), qué reproduce lo anterior, acrecienta que “Las pérdidas, en 1994, de estos gestionarlos de fondos han sido estimadas en 1 billón 500.000 millones de dólares, o sea un poco menos que el total de la deuda de países en vías de desarrollo.” Aunque la devaluación del dólar, añade el mensuario francés, “no es reconocida como un cese de pagos de la deuda de los Estados Unidos, no deja de constituir por ello una contracción de facto del valor real de la deuda pública de los Estados Unidos en los mercados.” Este es el marco internacional del derrumbe del "plan” Cavallo.
 
El centroizquierdismo se ha alineado en la crisis con Cavallo, incluso se ha transformado en su vocero. Ha llegado a esto como resultado de su oportunismo electorero, que se reduce al negocio de los asuntos éticos, sin importarle estar encubriendo los fraudes de su promotor. La UCR, fiel todavía al “pacto de Olivos”, se ha puesto del lado de Menem, lo cual confirma lo dicho por nosotros (ver Las Elecciones del 14 de mayo) que la oposición política en Argentina es un reflejo pasivo de la división en el campo oficial, lo que equivale a decir que los opositores son marionetas de los clanes oficialistas. La propuesta más osada del centroizquierdismo es insinuar la necesidad de reestructurar la deuda externa.
 
En el campo de la izquierda se ignora completamente el carácter capitalista de la crisis. Esto explica que tome a los elevados índices de desocupación como una manifestación de “exclusión social* desvinculada de la descomposición de las relaciones de producción capitalistas, la cual no admite, y que asegure que el capitalismo evoluciona a un ",modelo* de-"creciente exclusión”, sin incomodarse en responder con qué reemplazará el capitalismo, en ese "modelo”, a los obreros, como objeto de su explotación, y a los consumidores, que sólo pueden ser generados, a su vez, por el propio proceso de producción y de explotación, como mercado para sus productos. La tendencia del capitalismo a crear un ejército de desocupados constituye una manifestación de los límites insalvables del capital, que llegado a un determinado punto se constituye en la manifestación de su tendencia a disolverse como régimen social históricamente determinado. Tampoco se tiene en cuenta que la gigantesca desocupación actual constituye una derrota ideológica de la burguesía, que había asegurado a los trabajadores y a la opinión pública que el neo-liberalismo realizaría los afanes de consumo y hasta la felicidad personal de todos los argentinos. De cualquier manera, el único índice seguro del agotamiento de un régimen social, los ofrece su incapacidad para alimentar a sus propios esclavos.
 
Otra expresión de la incomprensión del carácter capitalista de la crisis, es decir, que la atribuye a razones subjetivas o de política económica, son el PC y el Ptp, que ofrecen como salida los llamados "créditos blandos” a las Pymes, los que serían financiados con una suspensión del pago de la deuda externa por un año, es decir, a cuenta de recursos que todavía deben ser creados en ese período. Con este planteo artificioso y por sobre todo inviable, se pretende construir un "frente nacional* y una mesa dirigente con las burocracias del CTAy del MTA. Pero en el cuadro de una crisis industrial, capitalista, la única función de una "creación” del crédito, y encima “blando”, es finan, ciar el vaciamiento de las empresas y la fuga de capitales, es decir, salvar a los capitalistas, porque no es el crédito el que puede resolver la crisis, es decir, la caída de la tasa de beneficios, la sobreproducción y la desvalorización de los capitales, sino al revés, es la recomposición de los beneficios, la digestión de la producción sobrante y la eliminación del capital excedente, es decir, la superación de la crisis, lo que debe recrear el mercado, la producción de plusvalía, la recomposición de la acumulación del capital y, como consecuencia, el crédito. El planteo de esta izquierda se asemeja como dos gotas de agua, en el plano teórico, al de Cavallo, con la diferencia de que éste pretende superar la crisis con subsidios directos o crediticios al gran capital, aquélla pretende dirigirlos a la pequeña producción.
La pequeña burguesía de izquierda pretende que las crisis capitalistas tienen una solución indolora dentro del marco capitalista, es decir que no son crisis. Toda verdadera crisis plantea, históricamente, la cuestión del poder, no del crédito, y de qué clase disputa ese poder, que obviamente no serán las Pymes. Para esa cuestión hace falta un programa de reorganización de la sociedad. La izquierda va a remolque de la burguesía nacional y de la burocracia, en momentos en que éstas son mucho más impotentes que en el pasado para actuar en forma independiente. Lo prueba la burocracia cegetista, dispuesta a entregar absolutamente todo, a cambio de participar en la privatización de la salud. El planteo de "protección industrial”, que también levantan centro e izquierdistas, constituye una solución inflacionaria que deberán pagar los trabajadores. La protección de la nación frente al imperialismo no tiene cabida en un planteo aduanero; sólo es real y consecuente mediante una completa reorganización económica y social bajo la dirección de los trabajadores. El desconocimiento de la deuda externa, la confiscación de la banca, la apertura de las cuentas del Estado y de los capitalistas, el control y la gestión obreras, y el monopolio del comercio exterior, constituyen la única forma de defensa nacional consecuente. La cuestión nacional, que hoy se ve replanteada y reforzada como consecuencia de una presión imperialista sin precedentes, está ubicada en la unidad política de América Latina, para realizar las medidas de emancipación nacional, distinta del planteo de las burguesías nacionales, de unidad comercial y financiera, que mantiene y aun agrava las disputas entre esas burguesías por el mercado, y debilita la capacidad de resistencia contra la confiscación imperialista. La unidad política de América es una tarea que corresponde al proletariado, en alianza con las masas campesinas.
 
Un reciente estudio, de cuño centro-izquierdista por añadidura, al mostrar la amplitud de la cuestión de la desocupación y refuta por sí mismo la tesis de la supervivencia del capitalismo sobre la base de una creciente “exclusión social”. El trabajo de Claudio Lozano, del CTA y de ATE, en Pagina 12 (6/8), calculo a ‘los que sobran” (en el mercado de trabajo) en el nivel del 54% de la población activa, esto porque suma a los desocupados y sub-ocupados, con “los que buscan otro empleo para mejorar” y con “los que quieren trabajar aún más por insuficiencia de ingresos”. Semejante cifra refuta por sí sola la vieja tesis centroizquierdista de la "sociedad de consumo* (lo que hay es “infraconsumo”) y demuestra que las masas están obligadas, por la marcha del conjunto de la descomposición del propio capitalismo, a transformarse en una fuerza combatiente (Lenin dixit).
 
La guerra de las mafias esconde un proceso de disolución económica de la sociedad capitalista, que sólo puede ser superado por la acción revolucionaria de la clase obrera. Es la clase obrera la que debe decir su palabra frente a esta crisis. Para ello debe deliberar. Mediante asambleas y congresos de trabajadores, aunque al principio reúnan sólo a la masa de los activistas, luchadores y delegados, debe fijar su posición y someterla a la prueba de la experiencia y de la lucha.
 
En Argentina no existe una situación revolucionaria, y sí una considerable confusión política en entre los explotados; en las últimas elecciones, la parte menos activa votó por el menemismo, mientras que la que protagonizó las recientes luchas, lo hizo por el “Opus Dei” Bordón y el “Cavallo" Alvarez. Pero por otro lado, desde principios de año ha habido un crecimiento espectacular de luchas, en las que comenzaron a intervenir electores del menemismo, y un progreso político evidente en términos de generalización, métodos de lucha y dirección. Alas huelgas de estatales y de docentes de los últimos años, se han incorporado los metalúrgicos y los mecánicos; los movimientos parciales se han transformado en paros generales en las provincias y, en varias oportunidades, en ocupaciones de edificios públicos y de empresas. No se han registrado victorias, pero se ha impuesto recules a los gobiernos y las patronales, como los mineros del Turbio, los estatales de San Juan, e incluso en Córdoba el gobierno de Mestre acaba de confesar que no logra imponer la ley que establece la reducción de los salarios a través del arbitrio de reducir la jomada o semana laboral.
 
Las marchas de trabajadores desocupados en numerosas comunas de Neuquén y de Río Negro, o las registradas incluso en Zárate y San Nicolás, han sentado las premisas de una política obrera con relación a los municipios, al reclamarles, como parte del Estado, que asuman el establecimiento de un seguro al parado y de la realización de obras públicas que sirvan para contratar a los desempleados.
 
Con relación a la dirección obrera, sigue siendo la cuestión política pendiente. La experiencia del CTA y de numerosas direcciones de izquierda que fueron electas en los últimos meses y años, demuestra que la sustitución del viejo personal burocrático no reemplaza la necesidad de una dirección estructurada en tomo a un programa político, revolucionario. El ya señalado confusionismo ideológico que realizan el Ptp y el PC (no incluimos al Mst, porque simplemente es un ladero de éstos), apunta a crear en la izquierda un furgón de la burguesía argentina y de la burocracia sindical, considerablemente más pernicioso que el representado por Montoneros y Erp en la década del 70, o de los propios PC y Ptp bajo el alfonsinismo (ambos votaron a Luder-Iglesias, el Ptp integró el frente menemista hasta mucho después de las elecciones del 89, el PC pretendió votar a Menem en el caso de requerirse el desempate en el colegio electoral). El papel que ambos acaban de jugar en el Foro de San Pablo, donde se opusieron a la expulsión del represor Movimiento Bolivia Libre, es un hecho de magnitud considerable; respondía al planteo de mantener la unidad política a cualquier precio con los “Cavallo” Alvarez de América Latina, la mayor parte de los cuales son financiados por organizaciones empresarias (es el caso de Cuahutemoc Cárdenas y de Lula; en el último congreso del PT se denunció el financiamiento prestado a sus candidatos en la última elección, por el pulpo más fuerte del país, el grupo Oderbrecht; nos acabamos de enterar que el ministro de Agricultura del Estado de Rondonia, del PT, acaba de justificar una reciente matanza de campesinos sin tierra, por la policía militar de ese Estado. Ibda una proeza para los que repiten el infundio stali-nista de que los trotskistas desprecian la alianza con las clases intermedias). En esa votación en el Foro tuvieron en su contra a partidos como los Tupamaros o el PC de Paraguay y, según sabemos ahora, también el ala izquierda del PT critica que éste no hubiera votado la expulsión del MBL (ver Teoría y Debate, agosto 95, órgano de discusión del PT de Brasil). El sector de la izquierda al que hacemos referencia, adopta una política faccional o de aparato con relación al planteo de unidad de la izquierda en todos los terrenos de la lucha, seguramente para proteger su confusionismo ideológico y sus apetitos políticos. La profundización de la crisis y de las luchas plantea, en cambio, exigir unidad en la acción y la más completa discusión del programa.
 
Es incuestionable que existe en América Latina una pequeña burguesía de izquierda, “consumista” y “modernizante”, cuya distancia material de las masas cada vez más hambrientas, crece de día en día; esta pequeña burguesía constituye la base social del macaneo democratizante que protege su situación de privilegio, porque este régimen político ha servido para que pueda ser cooptada por el imperialismo. Desde el punto de vista ideológico, este sector es oriundo del stalinismo y del nacionalismo burgués “antiguo”.Es decir que la cuestión de la dirección es política; no se limita a sustituir al personal burocrático. En los últimos meses, esa estructuración en torno a un programa ha progresado también, dentro de los sindicatos estatales de Córdoba, algunos de Río Negro, en seccionales de la UOM y de gráficos del gran Buenos Aires, en docentes de Santa Fe e incluso en la juventud, como lo revela la incipiente Coordinadora de estudiantes secundarios.
 
Si hubiera que resumir la posición de la totalidad de las fracciones de la burocracia sindical y, hasta cierto punto, del conjunto de la izquierda democratizante con relación al momento político actual, se podría decir que se limitan a la “gestión de las actuales luchas y estallidos, es decir, a cuestionar una determinada rebaja salarial, a protestar” ante determinados despidos, es decir a fingir que tienen una política, unos con la expectativa de que con el tiempo la crisis se amortigüe, otros con la poder progresar a la sombra de la crisis.
La ausencia de una caracterización de la crisis como propia del capitalismo en descomposición y de naturaleza internacional, ausencia que responde naturalmente a intereses y limitaciones de clase, se manifiesta en la ausencia de una consigna de conjunto que oriente a las masas hacia una vía de salida y les sirva para modificar el escenario político de sus luchas.
 
Es en relación a esta función estratégica, que el Partido Obrero ha lanzado una campaña por la “apertura de las cuentas del Estado y de los capitalistas”, para discutir desde un plano de poder la alegación de los gobiernos y de las patronales de que necesitan reducir los salarios y producir despidos en masa. La consigna de la “apertura...” arma políticamente a los trabajadores para luchar contra despidos y reducciones, y por el aumento de los salarios y el reparto de las horas de trabajo, mediante las huelga general y las ocupaciones de empresas, porque desnuda la falacia de que la economía carece de recursos, de que la crisis tiene una naturaleza extrasocial o de que la miseria de las masas es inevitable y más allá de cualquier posibilidad humana de remediarla. La plata está en los cofres de los capitalistas, en la deuda externa ficticia, en las partidas del presupuesto, o disimulada en los balances de las empresas. Los recursos no faltan sino la capacidad de hacer un uso socialmente productivo de ellos, es decir, contradictorio con la ley del beneficio privado. La consigna de la “apertura...” tiene una función política esencial para abrir una perspectiva a la lucha de los trabajadores y tiende un puente a la cuestión del poder. ¿No es sorprendente que las organizaciones de izquierda se hayan opuesto, en cuanto Encuentro, Foro o asamblea sindical haya tenido lugar, a plantear la consigna de que se “abran las cuentas del Estado y de los capitalistas” y a que se impulse una campaña a favor de ella, como una herramienta que impulse los planes de lucha, la preparación del movimiento obrero, el paro activo y la huelga general?
 
Nadie discute que la burocracia de la CGT resolvió el llamado "cese” del 6 de setiembre como consecuencia de la decisión del gobierno de desplazarla del negocio de la privatización de las obras sociales, aunque este proyecto aún no se ha consumado. Pero la limitadísima "movilización” que ha iniciado para apoyar sus intereses, además de reflejar una variedad de presiones, como las de los Macri, ha planteado un nuevo cuadro en el movimiento obrero, ya que por los entresijos de esa “movilización” se cuelan las presiones de los trabajadores que sufren superexplotación, desocupación y miseria salarial. Se replantea, como consecuencia de esto, una importante cuestión de método para el movimiento obrero: la de agotar todas las posibilidades para que las organizaciones tradicionales vuelquen su peso en apoyo de los trabajadores y de que las viejas y repodridas direcciones asuman la responsabilidad de hacer frente a los reclamos reivindicativos y de organización de las bases. En vísperas del 6, un numeroso plenario de delegados de la UOM de Córdoba, por ejemplo, decidió abrumadoramente denunciar la conducta pasiva de la burocracia de Miguel y reclamar un plan de lucha que concluya en una huelga general indefinida, luego del 6 de setiembre. Otro hecho han sido las elecciones docentes, porque aquí la enorme abstención electoral puso al desnudo el vaciamiento provocado en el sindicato por la política y los métodos de su dirección, ligada al CTA, que menos de dos meses antes se jactaba del “éxito” de la “elección directa” en esta Central, sin importarle que en realidad hubiera pasado desapercibida. Se abre la posibilidad ahora de un amplio movimiento de defensa de CTERA contra la burocracia marysanchista, que se ligará a una nueva etapa de luchas docentes, acuciados por la crisis fiscal de las administraciones provinciales.
 
De un modo muy general, la situación política en su conjunto admite dos alternativas fundamentales: una es que el gobierno logre controlar por un tiempo la presente crisis y que esto lo ayude para desgastar y desmovilizar a los trabajadores en lucha. No solamente es la variante menos probable sino que sería un intervalo para la otra alternativa: profundización de la crisis económico-política, acentuación y generalización de las luchas. En este último caso, una quiebra en el gobierno se combinaría con victorias parciales del movimiento reivindicativo de los trabajadores, lo que cambiaría todo el escenario de la situación política. Cualesquiera sean los vericuetos de la realidad, todo el trabajo político debe servir para preparar a la vanguardia y a las masas para esta perspectiva, que plantea, aunque no quiere decir que la resuelva inmediatamente, una cuestión de poder.
 
Es decir desarrollar el programa y desarrollar el espíritu, los métodos y la organización combativa del proletariado.
 
31 de agosto de 1995
 

 

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