Introducción


La caída de Cavallo, a fines de julio pasado, cristalizó en términos políticos las modificaciones que se fueron produciendo en las relaciones sociales de fuerza a partir del Santiagueñazo, en diciembre de 1993, y del derrumbe del plan' económico, que tuvo lugar antes de la crisis mexicana, o sea que comenzó entre agosto y octubre de 1994. Ni la victoria electoral de Menem, en mayo de 1995, ni la derrota de las tres grandes luchas del año pasado, a saber, las gigantescas huelgas y movilizaciones rionegrinas y las huelgas y luchas en Córdoba y Jujuy, fueron suficientes para que la burguesía pudiera revertir la situación prerrevolucionaria que se había ido creando. Bastante entrado 1996, la ‘pueblada9 tucumana de mayo y el levantamiento neuquino en Cutral Co-Plaza Huincul, demostraron que el conjunto del régimen menemista se encontraba agotado. Aesto se agregó un importantísimo reanimamiento político entre los obreros de la industria automotriz e incluso entre los metalúrgicos de Matanza, Córdoba y Avellaneda-Lanús. Es pertinente hablar de ‘régimen’, y no simplemente de gobierno, porque el menemismo ha significado un conjunto de instituciones y de instrumentos de poder completamente excepcionales, que va más allá de la herencia jurídico-estatal de las dictaduras militares, y que representó la vía para imponer una entrega sin precedentes de la economía estatal y un ataque histórico a los derechos conquistados por la clase obrera. Los centenares de decretos de necesidad y urgencia; la manipulación completa del poder judicial; la delegación de poder efectuada por el Congreso; la legitimación de las medidas expropiatorias representadas por el plan Bonex, de enero de 1990; todo esto caracteriza al menemismo como un régimen político de características específicas – que concentra la suma del poder político en un marco ficticiamente constitucional. Con el apoyo de los partidos de la oposición, gran parte de estas atribuciones violatorias del régimen representativo fueron incorporadas a la reforma constitucional de 1994.


 


Al igual que la crisis mexicana, el hundimiento del ‘plan Cavallo’ señala las descomunales limitaciones del proceso económico internacional tomado en su conjunto, y que fue publicitado bajo el apologético rubro de ‘neo-liberalismo’. Es que más allá de las contradicciones propias de cada una de las economías nacionales, puso de manifiesto la crisis de la acumulación capitalista mundial, que tiene como uno de sus principales pivotes la colonización financiera de los países atrasados. El desarrollo del comercio internacional, que registra tasas de crecimiento del cinco por ciento anual, aunque la mayor proporción de este crecimiento está constituido por transacciones inter-empresas, que han localizado sus plantas en diferentes países; este desarrollo comercial contrasta con el virtual estancamiento de la producción mundial, que sólo crece a una tasa anual del uno por ciento, y contrasta, por sobre todo, con la tasa de crecimiento del endeudamiento internacional público y privado, asi como con el crecimiento de la valorización de los capitales en la Bolsa, del orden de más del 50% anual. Un reciente estudio ha señalado que el valor de Bolsa de las compañías capitalistas es un ciento por ciento mayor al del valor comercial de sus activos físicos y de organización. Es inevitable que esto conduzca a quiebras industriales crecientes y, a término, a la quiebra del capital ficticio cotizado en las Bolsas.


 


En Argentina se da el caso curioso de que la caída de Cavallo no es atribuida ni al hundimiento del ‘plan’ ni al desarrollo de las luchas obreras y populares. Esta ‘interpretación’ sólo deja lugar a que se la atribuya a luchas de camarillas o a que se la minimice. La izquierda argentina, que no solamente no previo esta caída sino que pronosticó que era imposible, coincidió con esta posición generalizada de la burguesía y de los mentideros políticos, razón por la cual demoró luego casi dos meses en admitir, con reservas, que se había modificado la situación política en su conjunto. El cumplimiento masivo del paro general del 8 de agosto no podía dejar lugar a dudas a este respecto, salvo que se atribuyera la inspiración de las masas a factores extra-sociales o incluso naturales.


 


El ascenso popular ha tenido diversas manifestaciones, en especial en la movilización de los docentes y de los estudiantes, y en el desarrollo del movimiento de los desocupados. Los primeros, vilipendiados por sus propios dirigentes como un sector desmoralizado y desmovilizado, tiene ahora la posibilidad de quebrar otro pilar del menemismo: la ‘reforma educativa’. Se trata de una cuestión eminentemente política, porque está claro que si al hundimiento del 'plan Cavallo’ se suma el de la 'reforma', como efectivamente debería ocurrir dada la relación entre economía y educación y entre ésta y la lucha popular; si se produce esto el régimen menemista no demoraría en caer. Esta es precisamente la razón por la cual la oposición y la burocracia del sindicato docente se encuentran procurando que los gobiernos provinciales acepten una suerte de cogestión para aplicar la ‘reforma’, algo que ha recibido el semi-apoyo del diario La Nación.


 


Con relación al movimiento de desocupados, en la provincia de Neuquén ha creado una especie de doble poder con los municipios, que viven jaqueados por la amenaza de ser ocupados. El movimiento cobró un inusitado desarrollo en Córdoba y en ciudades importantes de Buenos Aires, como Zárate y San Nicolás, o en el partido de La Matanza.


 


Aunque procura disimularlo, la burguesía aborda la nueva situación política dividida, tanto en relación a la política como a la economía. La mayoría aboga por una cogestión con el Congreso y un recule del gobierno por decreto; la minoría vinculada a la banca internacional, plantea acentuar las características de este último. En lo económico, la burguesía industrial está reclamando proteccionismo e incluso la devaluación de la moneda, en tanto que la banca presiona por la aceleración de la privatización de la salud y de los bancos estatales; ambas reclaman acabar con los convenios colectivos, pero divergen sobre el rol que se debe asignar a la burocracia de los sindicatos.


La UCR y el Frepaso parecen haber comprendido que se puede presentar una situación que los lleve a un gobierno de coalición; esto se aprecia en el planteo de que “el gobierno se rectifique”. También se ha comenzado a discutir la relevancia de la nueva figura de ministro coordinador para un gobierno de coalición. La UCR y el Frepaso indicaron su disposición a co-gobernar en una reciente decisión de ofrecer quórum en la cámara de diputados para aprobar un paquetazo impositivo del gobierno. Este hecho mostró también la división dentro del partido justicialista.


 


El gobierno reposa ahora en una alianza entre Menem y Duhalde, que amenaza romperse, sin embargo, todos los días. Algunos informes de las consultoras internacionales señalan que si esto ocurre, se producirán simultáneamente la caída de Menem y la devaluación del peso. Duhalde, por su lado, está buscando un acuerdo con la burocracia de la CGT y con la oposición. El bloqueo del sector parlamentario de Duhalde a la designación senatorial de Ramón Saadi, impulsada por Menem, ha sido la última manifestación de una confrontación que puede acabar en ruptura. Duhalde es algo más que un gobernador, ya que se encuentra a la cabeza del principal pulpo financiero internacional; a partir del Banco de la Provincia de Buenos Aires, controla la principal administradora de fondos de pensión y de accidentes de trabajo, y pretende incursionar en la privatización de la salud. Esto la ha puesto en choque con importantes pulpos aseguradores internacionales, como el caso de Liberty.


 


Una peculiaridad del ascenso obrero actual, es que ha incorporado al sector que hasta las últimas elecciones siguió votando por Menem. Que esto habría de ocurrir con bastante rapidez fue señalado en el acto de clausura de la campaña electoral del Partido Obrero, el 11 de mayo del año pasado. Las masas entran, a esta etapa, con gigantescas reivindicaciones reprimidas durante cuatro años por los ataques capitalistas y la euforia especulativa del consumo. Enfrentan, además, constantes ofensivas capitalistas, que no admiten recular ante el cambio de las condiciones políticas, aunque no ocurra lo mismo en el plano de los gobiernos provinciales, por ejemplo, que han debido proceder a concesiones en los casos de Neuquén, Santa Cruz o Córdoba.


 


Esta circunstancia permite destacar otra característica de la política argentina, que consiste en la completa negativa de la burocracia sindical y de los partidos de izquierda a plantear una lucha reivindi-cativa. Uno y otro se limitan a protestar contra las medidas gubernamentales, pero se niegan a una agenda propia de las masas. Resistieron hasta dónde pudieron al reclamo de un seguro al desocupado, que rechazaban con la especie de que es necesario 'trabajo para todos’, porque ‘el trabajo dignifica’. Se niegan a reclamar aumentos de salarios, lo cual en el caso de los docentes constituye un freno a su lucha por acabar con la 'reforma educativa’. Se oponen virulentamente a la reivindicación de paritarias, es decir, de un pliego reivindicativo sindical en materia salarial y de condiciones de trabajo, lo cual impide decir qué opone el movimiento obrero a la 'flexibilidad laboral y salarial’. Esta oposición a los planteamientos reivindicativos lleva a la burocracia y a la izquierda a formar un bloque con la oposición patronal en nombre de modificar "la política económica”.


 


La cuestión reivindicativa es fundamental en la presente etapa, porque responde a hondas necesidades de las masas, abre una perspectiva de lucha y, por lo tanto de organización, y opone la agenda de las masas a la del Estado en los planos fundamentales. La campaña del Partido Obrero contra el convenio Fiat-Smata ha demostrado la completa justeza de la política reivindicativa, como lo prueba la crisis laboral que se ha abierto en la industria automotriz, que hasta ahora ha tenido como grandes manifestaciones a la derrota electoral de la burocracia en las principales fábricas, a la lucha reciente de Renault contra los despidos y a la ocupación más reciente aún de Cormec, que de hecho plantea la confección de un convenio colectivo de trabajo por medio de paritarias.


 


La otra característica de fondo de la situación está constituida por la crisis potencialmente terminal del menemismo y, con ello, de la posibilidad de un descalabro económico general. Se plantea, entonces, la cuestión del poder, en condiciones en que las masas se encuentran totalmente alejadas de cualquier pensamiento independiente sobre el asunto, es decir que siguen o concluirán siguiendo a la burguesía. Nuevamente en este punto la izquierda ha demostrado estar ajena a cualquier responsabilidad política independiente, al extremo que siempre se opuso a la consigna Fuera Menem-Cavallo, en nombre de un “abajo el plan económico" – como si este 'plan' fuera algo meta o para político. Es necesario llamar la atención de los explotados sobre el agotamiento del gobierno y la necesidad y probabilidad de su reemplazo, porque esto los ayudará a prestar atención a los planteamientos de los partidos políticos y a diferenciarse de los capitalistas. Como la clase obrera todavía necesita estructurarse políticamente, en una situación de crisis de poder, el Partido Obrero propone el planteo de un congreso de las organizaciones de las masas para elaborar el programa de una salida popular y los medios políticos para efectivizarla. La contradicción entre la madurez alcanzada por la crisis de conjunto y la extraordinaria inmadurez de las masas y de sus organizaciones, tiene así una salida, que no se limita a la frase vacía y paralizante de hablar de una situación que ya sería revolucionaria.


 


Al igual que lo que ocurre en muchos países donde la experiencia de los movimientos nacionalistas de masas ha sido muy fuerte, en Argentina existe una profunda incomprensión acerca de la necesidad de un partido obrero revolucionario. Las organizaciones políticas de izquierda actúan en forma ‘movimientista’, es decir, como factores de presión en las organizaciones populares constituidas, la mayoría de las cuales son además profundamente burocráticas y gozan de un saludable desprestigio. Se da así la ‘paradoja’ de que se desprecia a las organizaciones de masas existentes en su función reivindicativa, que las ha hecho precisamente organizaciones de masas, y se las sobrevalora en su función política, como si en este aspecto no fueran otra cosa que una correa de transmisión del Estado y de la burguesía, que operan por medio de la burocracia sindical.


 


La estructuración plena del partido revolucionario es la cuestión estratégica fundamental que plantea la situación actual. Es la lección fundamental que se desprende del último gran ascenso obrero — de 1969 a 1976.


 


En las páginas esta edición de En Defensa del Marxismo, el lector encontrará artículos relevantes publicados en Prensa Obrera, es decir en el calor de los acontecimientos, sobre la nueva etapa política en Argentina. Una nueva etapa que se desenvuelve en toda América Latina — como lo demuestran las movilizaciones cada vez más intensas, en Bolivia; la ola de ocupaciones de colegios, en Uruguay; y, por sobre todo, la insurrección de masas en Colombia.

Cayó


La lucha continúa, por supuesto. Más que nunca. Infinitamente más encarnizada, más dura, más implacable, como la misma vida que hasta aquí y de aquí en más el capitalismo le augura a las masas explotadas.


 


Pero no ya en las mismas consideraciones políticas. Porque hemos tirado abajo a Cavallo. Hemos volteado al hombre que personificó la mayor entrega del país en toda la historia; la mayor liquidación de derechos sociales y laborales; la mayor miseria social; el mayor y más descarado enriquecimiento capitalista. El hombre que impulsó una política que reunió, en un mismo frente, a todos los intereses capitalistas contra los trabajadores. El ‘héroe ’del embajador norteamericano. El ‘imprescindible’ de Wall Street. El iniciador de las 'relaciones carnales’.


 


El 'gran organizador’ de las victorias electorales del menemismo.


 


Domingo Cavallo transformó al menemismo en un régimen político con características propias. Los decretos de necesidad y urgencia y los vetos parciales de las leyes, que resumen la organización política anticonstitucional, camarillesca y discrecional del menemismo, surgieron como una necesidad del ‘plan Cavallo’. Cavallo logró que la oposición los incorporara a la Constitución reformada. La caída de Cavallo no solamente cambia las características del gobierno, sino también las del régimen político de este gobierno. La primera prueba de esta modificación la tenemos en la heterogeneidad del nuevo gabinete, donde conviven por lo menos cuatro fracciones capitalistas enfrentadas, además de sus sub-fracciones, lo que transforma al Ejecutivo en un Parlamento ministerial, en un gobierno de retazos, es decir, en un cero a la izquierda a corto plazo.


 


Por la naturaleza social, económica y política del menemo-cavallismo, la caída de Cavallo es una victoria popular. Es incuestionable que esa caída es la consecuencia de las contradicciones insalvables del ‘plan económico’, que ningún periódico del país denunció con mayor anticipación, claridad, previsión y firmeza que Prensa Obrera. Pero la comprobación de la inviabilidad del 'plan', que el frepasista Alvarez se había arrepentido de no haber votado, que todos los opositores defendieron cuando lo ‘atacaban’ como “insuficiente", pero señalando siempre que era “necesario”; la comprobación de esta inviabilidad también es una victoria, de naturaleza ideológica, de los explotados. Es el régimen de ‘ellos’, no el ‘nuestro’, el manifiestamente inviable. La ‘utopía’, reaccionaria, es de ellos.


 


También es incuestionable que Cavallo cae como consecuencia de una feroz lucha entre fracciones capitalistas: entre los acreedores internacionales, que quieren cobrar la deuda externa y seguir prestando y privatizando aun a costa de la más implacable recesión y de impuestos a los otros sectores capitalistas; la ‘patria exportadora’, que quiere mayores prebendas fiscales, menores salarios, un ‘alivio’ de su deuda en dólares; los capitalistas que producen para el mercado interior, que se achica sin cesar; los privatizadores, que defienden a rajatablas la ‘convertibilidad’ para conservar sus tarifas usurarias en dólares y mandar sus beneficios al exterior. Todos estos grupos se encontraban unidos en el período del ‘boom’ o el ‘efecto licuadora’, cuando entraban once mil millones de dólares por año de capital especulativo. Pero ahora que esto se terminó, la lucha que se ha desatado es por la simple subsistencia. En los últimos meses, importantes grupos de la burguesía nacional tuvieron que ceder posiciones estratégicas al capital extranjero. Desde diciembre pasado existe una persistente salida de capital del país, que se encuentra disimulada por el ingreso de dólares debido al extraordinario endeudamiento del Estado. Pero la quiebra del frente explotador es también una victoria política popular, porque pone al desnudo los límites que la lucha popular ha puesto al intento de descargar toda la crisis sobre las espaldas del pueblo. La reacción ante los decretos antisalariales amenazaba propagarse en el marco de esta crisis política y convertirse en una amenaza de conjunto para el Estado.


 


Teniendo en cuenta este conjunto de factores que precipitaron la crisis política y que seguirán teniendo un peso excepcional en los próximos acontecimientos de esta crisis, la caracterización fundamental es que Cavallo fue derribado por la amenaza representada por las movilizaciones populares que irrumpieron, en algunos casos, con características revolucionarias, al margen de todos los aparatos populares y sindicales de este sistema. En señalar esta amenaza consistió la actividad principal del clero en los últimos meses. El levantamiento de Cutral Co y Plaza Huincul; la situación de creciente sublevación que existe en los principales municipios de Neuquén; el crecimiento de los movimientos de desocupados en todo el país y, en especial, en el Gran Buenos Aires; la ‘pueblada’ de Tucumán; las huelgas fabriles en Córdoba; la decena de huelgas de choferes victoriosas en Capital y provincia; desde el ‘santiagueñazo’, esto fue derribando a Cavallo. La burguesía comprendió que tenía que abandonar una política que la llevaba a peligros enormes, incluso si no existía dentro de ella un consenso o acuerdo sobre cuál debía ser la política de recambio. Pero es esto mismo lo que le da a la caída su carácter de crisis fundamental. El reemplazo del ‘plan Cavallo’ por un ‘collage’ de remiendos es una evidencia contundente de la improvisación que reina en la clase capitalista y del carácter político excepcional de la caída de Cavallo. A Roque Fernández, Menem lo puso por descarte y fue más un ‘ascenso de escalafón’ que una designación ministerial.


 


En suma, a Cavallo lo tiró el pueblo. Es esto, por sobre todo, lo que la califica como una victoria popular.


 


Los capitalistas tienen una imperiosa necesidad, ahora, de disimular ante el pueblo la envergadura de esta crisis y de desligar a la crisis del papel que jugó en ella el protagonismo popular. Por eso se escuchan en estos días pavadas de antología, como las que atribuyen la crisis al ‘carácter’ de Cavallo, o la conclusión del frepasista Alvarez de que lo ocurrido demuestra que "no existen hombres imprescindibles”. Pero todos somos imprescindibles para aquello que se nos necesita. El acierto de una buena caracterización política del momento actual consiste en señalar por qué Cavallo se transformó en inútil.


 


El nombramiento de un 'ultra-liberal' en el ministerio de Economía ha impresionado, naturalmente, a los impresionables, que ven en esto 'un giro a la derecha' o, por lo menos, que ‘todo sigue igual’. Pero esto no alcanza para una caracterización. El menemismo está obligado a dar demostraciones de fidelidad a la ‘ortodoxia liberal’, para no dar la impresión de que está cediendo ante el movimiento popular. La sustitución de Cavallo por un gobierno de concesiones habría producido un desbande político entre los grupos capitalistas que sostienen al gobierno. La cuestión que importa es que los ‘ultraliberales’ tienen menos condiciones políticas para llevar a cabo su programa ‘extremista’ que las que tuvo Cavallo para su ‘plan’ ‘moderado’. Por esto mismo, la lucha en la próxima etapa será más dura e incluso más difícil, pero será inevitable, al igual que el crecimiento del descontento popular, el espíritu de movilización y las posibilidades de mayor organización de los explotados. Las crisis políticas serán también más numerosas y crecientes.


 


Para las masas, en su conjunto, es extremadamente importante una comprensión adecuada de la nueva etapa política. El inicio de un período de crisis políticas sucesivas del menemismo; de mayores contradicciones dentro de los capitalistas; de giros brutales en la política económica; todo esto le dicta al movimiento popular una política de iniciativa y de acción, de lucha por defender lo que se nos pretende sacar—como las obras sociales, los convenios colectivos, las asignaciones familiares, o reducir salarios— y por recuperar lo perdido y avanzar. Sólo golpeando a las patronales y a su Estado con nuestras reivindicaciones se puede cambiar el modelo, ya que el cambio del ‘modelo’ explotador por el ‘modelo’ de los explotados no consiste en otra cosa que en imponer por medio de la acción y el cambio del poder político las reivindicaciones de los explotados.


 


Esas reivindicaciones fundamentales son: la derogación de los decretos antisalariales: la convocatoria de paritarias libremente elegidas para discutir el aumento de los salarios y el cese de la flexibilidad laboral; la defensa de las obras sociales bajo control obrero; un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar; la reducción de la jomada de trabajo sin afectar el salario; 82% móvil para los jubilados; 500 pesos mínimos para todos los desocupados; ocupar y estatizar toda fábrica que despida; un plan de obras públicas bajo control obrero; la nacionalización bajo control obrero de la banca; el cese del pago de la deuda pública a los acreedores internacionales y grandes acreedores nacionales.


 


La burocracia sindical sigue diciendo, sin embargo, que no es la hora de poner sobre la mesa las grandes reivindicaciones populares, debido a que lo impediría 7a recesión, o el aislamiento, o /a correlación de fuerzas’ Pero el derribamiento de Cavallo es una victoria popular contra la política de 'recesión’y contra el ‘aislamiento’, y mejora 'la correlación de fuerzas’. Y esto fue logrado —a pesar de los agoreros— ¡por los santiagueñazos y cutralcazos!


 


La caída de Cavallo no debe disimular un hecho fundamental —que los decretos salariales no fueron derogados. A esto se agrega ahora la tentativa de imponer la eliminación de las indemnizaciones por despidos, la liquidación de los convenios de trabajo y la privatización total de las obras sociales. Menem y el imperialismo quieren limitar la salida de Cavallo a una operación 'sacrificamos al hombre para dejaren pie su política'; es decir, poner un límite a la derrota que han sufrido. Imponer la derogación de esos decretos mediante la huelga es por eso fundamental. La política de la burocracia de los sindicatos, en todas sus tendencias, no es luchar por la derogación de los decretos anti-salariales sino, nuevamente, sacrificar, si es necesario, las asignaciones familiares y el no descuento de los tickets-canasta a la posibilidad de su participación en la des regulación de las Obras Sociales, de donde la quieren sacar varios ministros privatistas de la salud del nuevo gabinete. De todos modos, la crisis le impone al nuevo ministerio medidas como el impuesto al gas oil, los aumentos de tarifas del transporte y otras medidas confiscatorias (incluyendo la devaluación que pregona Alsogaray), lo que indudablemente ampliará el campo de las masas en lucha.


 


Para la nueva etapa proponemos: reivindicaciones, lucha, organización.


 

La política del Partido Obrero. Del Informe al VIII°Congreso

(*) Del 5 al 8 de diciembre de 1996


La caída de Cavallo abrió una crisis de gobierno y de régimen que puede plantear la caída de Menem.


 


Cavallo cayó como consecuencia del derrumbe del 'plan económico’)/ de la feroz y creciente resistencia de las masas. La crisis política resultante expresa la división de las distintas fracciones de la burguesía. Las luchas populares, por su parte, se han ido transformando en una amenaza creciente para el actual régimen político.


 


En esta medida, la quiebra del frente patronal, la crisis económica y la inviabilidad del ‘plan’ Cavallo se interrelacionan políticamente con la lucha popular.


 


Objetiva y subjetivamente, la caída de Cavallo es una victoria política del movimiento obrero. La burguesía tuvo que actuar 'de apuro’ y abandonar una política que la llevaba a peligros enormes, aún sin haber definido una política de recambio.


 


Sólo la profundización de la crisis decidirá las características de un nuevo reagrupamiento de la burguesía y el eje político que tome. Estamos frente a un período más o menos prolongado de crisis política, contradicciones y choques entre los capitalistas y realineamientos políticos en los partidos y en los sindicatos.


 


Los planteamientos que levantan los sectores enteros de la burguesía industrial-promoción de las exportaciones, licuación de deudas, restricciones a las importaciones, reducción de los costos financieros y de los servicios, expansión del crédito- llevan, a término, a la devaluación y al abandono de la ‘convertibilidad’.


 


En este campo tiende a alinearse un sector mayoritario de la UCR (Terragno), el Frepaso y, eventualmente, Duhalde. También el clero, que en un reciente encuentro de obispos se pronunció por el abandono de la 'convertibilidad' y una política proteccionista. El clero actúa como pieza política clave en el armado de una ‘coalición’ que contenga la descomposición del menemismo y prepare, al mismo tiempo, su relevo. Por otro lado, los planteamientos de Beliz revelan que Cavallo se encontraría más cerca de las posiciones de la UIA que de las de la banca y Roque Fernández. Esto último confirma el doble error de quienes sostienen que Fernández es más de lo mismo: primero, porque Fernández no se encuentra en las mismas circunstancias de Cavallo, segundo porque la política de Fernández tampoco es la misma que intentó desarrollar Cavallo.


 


El potencial devaluatorio es enorme. En primer lugar, en el plano internacional. La tendencia a una crisis financiera mundial de envergadura, como el tequilazo mexicano, esta vez con epicentro en el sudeste asiático, refuerza las tendencias devaluacionistas.


La crisis económica, la persistente fuga de capitales y la división de la burguesía han convertido al gobierno en un rehén más vulnerable que nunca a la especulación.


 


Menem no puede plantear la devaluación porque significaría su caída, de la misma manera que Cavallo tampoco podía devaluar. El programa devaluatorio requiere, en última instancia, la caída del gobierno.


 


¿Qué perspectivas políticas se plantean entonces?


 


Recambio capitalista


 


Una variante probable que la burguesía desearía, es esperar hasta las elecciones parlamentarias de 1997.


 


Otra variante, que puede emerger antes, si la descomposición del gobierno adquiere un ritmo mas acelerado, es la de un gabinete de coalición. Pero el peronismo sólo aceptaría un gabinete de coalición si es encabezado por el propio duhaldismo, con o sin Menem. La cuestión del gabinete de coalición está presente en todo el espectro político, desde Alsogaray que plantea el abandono de la convertibilidad hasta el Mas, el Mst, el Ptp y el Pts, que levantan posiciones movimientistas, es decir, de frentes sin principios y sin programa, que constituyen un paso hacia los frentes con la burguesía.


 


Una variante más improbable es la del fujimorazo, esto porque el menemismo ha agotado el recurso a los decretos de necesidad y urgencia.


 


Finalmente, tampoco hay que descartar que, en caso de una agudización violenta de la crisis, se plantee la posibilidad de una salida collorida, es decir, el desplazamiento directo del presidente. La aparición de conexiones mafiosas que incriminan directamente a la camarilla íntima de Menem en el juicio a Trovato y las advertencias de Terragno acerca de la necesidad de resguardar los reaseguros institucionales, pueden ser un antecedente en este camino.


 


El régimen político diseñado por el menemismo está en crisis. El ‘plan’ Cavallo sólo podía sostenerse sobre la base de los decretos de necesidad y urgencia, los vetos parciales de las leyes o el manejo discrecional de la 'justicia', es decir, de un régimen de poder personal frente a la quiebra capitalista y la descomposición económica. Esta organización política de características camarillescas está agotada. Las pruebas de esta modificación las tenemos en las características del nuevo gabinete -una ‘federación’ de fracciones capitalistas- y en el peso propio que adquiere el parlamento por referencia a la etapa anterior.


 


Se ha producido una ruptura del equilibrio político, entre la burguesía y las masas, entre los partidos oficialistas y ‘opositores’, entre la burocracia y los trabajadores. Se ha abierto un período de crisis políticas sucesivas del menemismo, mayores contradicciones dentro de los capitalistas, giros brutales en la política económica, lo que le plantea al movimiento obrero una política de iniciativa y de acción, de luchar por recuperar lo que nos han quitado y avanzar. La crisis puede ser muy profunda, pero hay que considerar atentamente la evolución de todos los factores de crisis (por ejemplo, la economía y la política mundiales).


 


El movimiento obrero


 


Los realineamientos políticos en curso en el Estado y en las cúpulas de los partidos y los sindicatos reflejan el cambio en la situación política.


 


El movimiento obrero ingresa en esta crisis luego de un largo período de retroceso en sus conquistas laborales y sociales, acumulando reclamos postergados, lo que hace prever el desencadenamiento de mayores luchas reivindicativas.


 


Las maniobras de todos los sectores de la burocracia para dilatar un nuevo paro luego del 8, testimonian el agotamiento de las direcciones de la CGT, el MTA y el CTA para abordar la actual crisis política y la intervención de las masas.


 


Todo indica que en el próximo congreso de la CGT habrá un cambio en la conducción. La cúpula de la CGT está obligada a operar este relevo como un reflejo de los cambios ocurridos en la situación política. Se trata de reemplazar a los burócratas directamente identificados con el menemismo con otros menos enfrentados con las masas, con la ilusión de contenerlas


 


El movimiento obrero ha dado saltos en su maduración política, como lo revelan las experiencias de los desocupados, los piqueteros y la lucha de los choferes, entre otros. Luego de la caída de Cavallo, estamos asistiendo a nuevos y profundos desarrollos del movimiento de las masas. Es el caso de las movilizaciones en Neuquén, donde la movilización sistemática de los trabajadores sobre las intendencias y de los desempleados toma formas de doble poder. O de Córdoba, donde la rebelión contra la ‘reforma educativa’ ha abierto una etapa de ascenso e iniciativa de las masas y de crisis profunda del régimen de Mestre, un caso patente de ‘fujimorización’ fracasada a nivel provincial.


 


El movimiento obrero ha dado todos estos saltos en su maduración política, pero ingresa en esta crisis sin la preparación política necesaria para intervenir de modo independiente.


 


La presente etapa de luchas plantea la cuestión de la preparación política del movimiento obrero, la intervención en base a su propio programa, para madurar la conclusión: la necesidad de luchar por el poder político, por un gobierno de trabajadores.


 


El problema de la preparación política de los trabajadores para enfrentar la crisis capitalista es común al movimiento obrero internacional, que se ve empujado a la lucha por las circunstancias que le impone la crisis — ataque a todas sus conquistas históricas— sin independencia política propia.


 


Explosión reivindicativa


 


La lucha consecuente por el reclamo de un salario que cubra la canasta familiar, de trabajo o subsidio de 500 pesos para los desocupados, de jubilación del 82% a los 60 años, de cobertura universal y solidaria de la salud, de educación pública y gratuita para todos, conduce a la conclusión de luchar por el poder político para la clase obrera.


 


El reclamo de paritarias debe ser agitado como una vía para la intervención organizada del movimiento obrero, como un canal de centralización de todos los reclamos antipatronales, como el terreno de lucha para derogar todas las normas flexibilizadoras impuestas en los últimos años.


 


La salida a la desocupación no puede ser sino anticapitalista, requiere de la organización de los trabajadores —ocupados y desocupados— para imponer sus reivindicaciones mediante una lucha que quiebre la voluntad de los capitalistas y del Estado. Sobre esta base ha comenzado a tomar cuerpo un movimiento de masas, que es el más importante salto en la organización de la clase obrera en todo el último período.


 


Apoyamos todos los movimientos de autoorganización de los trabajadores y desocupados dentro y fuera de los sindicatos, proponiendo en los mismos una plataforma reivindicativa, en oposición a las ‘multisectoriales’ (Consejo del Trabajo y la Producción), que estrangulan las reivindicaciones propias de los trabajadores en beneficio de la burguesía nacional.


 


La consigna de los 500 pesos al parado, planteada por nosotros desde un principio, se ha convertido en la reivindicación sobre la que se está construyendo el movimiento de lucha nacional de los desocupados. Planteamos la consigna de convocar a un congreso nacional de desocupados para dar una proyección nacional a esta lucha y un salto en la organización de los desocupados.


 


El Cordobazo educativo pone a la orden del día, como una tarea práctica e inmediata y con un alcance nacional, la derogación de la ley Federal de Educación. El movimiento nació de abajo, de los jóvenes, docentes y padres que ganaron las calles para enfrentarla catástrofe educativa.


 


La 'multisectoríal’ que dirige la lucha contra la reforma educativa en Córdoba, es un ejemplo de confiscación de las reivindicaciones, por parte de la iglesia, enemiga de la educación pública, gratuita y laica, que interviene en defensa de sus propios intereses.


Igual carácter tiene la intervención del CTA, proponiendo los llamados paros comunitarios en oposición a las huelgas de trabajadores, propuesta que luego del parazo del 8 de agosto adquiere un carácter patético con el apoyo al apagón de 5 minutos convocado por el FREPASO y la UCR.


 


En las luchas del último período, el surgimiento de un nuevo activismo es el hecho más importante del último período y expresa, a su vez, un cambio de conjunto en la situación de las masas.


 


La construcción del partido


 


Un aspecto decisivo es desarrollar la iniciativa desde abajo. El derrumbe del ‘pian’ Cavallo y la intervención de las masas cambia las condiciones políticas de conjunto y abre un período favorable a la construcción de un movimiento obrero políticamente independiente.


El problema del partido se ha vuelto un componente esencial de la situación política, porque es la única conclusión consecuente de la maduración de las masas y de la situación política. Rechazamos el ‘movimientismo’ que hoy enarbola la izquierda, en el que no hay programa, no hay perspectiva estratégica ni partido de militantes (y que disfraza su posición frentepopulista)


 


Entramos a un proceso eminentemente político. Nuestra arma poderosa, más que nunca, es el periódico.


 


“Venga a las reuniones del Partido Obrero”, para intervenir consciente y organizadamente en las luchas reivindicativas y plantearla lucha política socialista.


 


La consigna “Fuera Menem y todas las políticas antiobreras, por un gran congreso de bases de organizaciones obreras, desocupados, activistas y trabajadores que resuelva un plan económico y político de los trabajadores”, es la consigna propagandística estratégica para esta 'tercera vuelta’ de crisis política y luchas crecientes contra la explotación capitalista. Un “plan económico y político” que proponen los trabajadores como plataforma de su gobierno y presentación de su propia candidatura al poder. Estamos en un período preparatorio y su ‘laboratorio’ es la explosión reivindicativa que recorre todo el país.


 


31/8/96


 

Conozca el programa del ‘apagón’


Aunque Página 12 (4/9) lo festejó como un “Acuerdo con todas las luces" y se alegró más cuando “En un mismo ámbito se cruzaron el dirigente trotskista Luis Zamora y el ex embajador de la dictadura militar en Italia, Rafael Martínez Raymonda…’’, el programa de la 'asamblea multisectorial’ que resolvió el fugaz 'apagón' del 12 de setiembre no contiene nada que pueda satisfacer a los trabajadores y menos si están desocupados. Esto no debiera sorprender, por supuesto, porque es el programa de un frente patronal.


 


De acuerdo a lo informado por ese diario, el primer punto de la ‘multisectorial’ convoca a “hombres y mujeres de distintos sectores y pensamientos… para que el Gobierno escuche a la sociedad y rectifique su rumbo”.


 


¿Pero no es una ilusión hacer este reclamo al cabo de siete años do gobierno menemista? En este caso, ¿no está claro que la política de la ‘multisectorial’ se encuentra en el pantano ya desde el arranque? El reclamo de “cambiar el rumbo” significa, además, dejar expresamente de lado el cambio de las estructuras sociales y políticas que han determinado la situación actual de colosal empobrecimiento de los trabajadores. Esta es, por sobre todo, la finalidad de la ‘multisectorial’: disimular con un reclamo de cambio la estrategia de salvar de la hecatombe al sistema social responsable de esa hecatombe y a la clase explotadora que encarna a ese sistema social.


 


El reclamo de un ‘cambio de rumbo' al menemismo, define a la ‘multisectorial’ como un mero frente de presión, no de oposición, empeñado más que nada en asegurar la sobrevivencia del gobierno menemista.


 


Pero como ocurre con tantas cosas, es necesario ir un poquito más allá. ¿ Qué pasa si el menemismo acepta el'pedido1 Porque está claro que si Menem ‘cambia el rumbo’ no podría seguir gobernando con el personal político actual, necesitaría de otro nuevo, so pena de precipitar su famoso ‘cambio de rumbo’. Lo que la ‘multisectorial’ está reclamando, entonces, es un gobierno de coalición con un menemismo de rumbo cambiado.


 


Esto delata claramente el carácter para-oficialista de los ‘opositores’. Si Menem ya pactó con Alfonsín y ahora el alfonsinista Terragno pacta con el ‘Cavallo’ Alvarez, y ya éste intentó pactar con Cavallo luego de haberse ‘arrepentido’ por no haber votado la ‘convertibilidad’—es muy poco lo que faltaría para un pacto 'a trois’. Luego de que se hubieran establecido en la Constitución de 1994 los ‘decretos de necesidad y urgencia’, que son la piedra basal del ménemo-cavallismo, frepasistas y radicales acaban de ponerse de acuerdo para establecer lo mismo en el Estatuto de la Capital. En un reciente ‘seminario’, estos 'opositores’ revalorizaron el invento alfonsinista de establecer un 'ministro coordinador’, como un ‘reaseguro’ para el caso de una ‘crisis de gobierno’. O sea, para un gobierno de coalición.


Otro punto del programa esclarece el ‘cambio de rumbo’ que se le solicita a Menem. Postula “que los equilibrios económicos sólo serán permanentes si se basan en la expansión de la producción y en una distribución armónica del bienestar".


 


Semejante planteo es más afín a un receta de ‘autoayuda’ que a un programa político. Porque si el régimen capitalista tuviera la posibilidad de asegurar un desarrollo indefinido de las fuerzas productivas, no sólo estarían asegurados los ‘equilibrios económicos’ sino que tampoco harían falta los ‘frentes opositores’. Los ‘multisectoriales’ no creen una palabra en lo que han escrito; lo que quieren decir por producción es Unión Industrial Argentina, y su planteo es que si se expande la burguesía industrial estarían asegurados los ‘equilibrios’ con los acreedores, los terratenientes y los banqueros. Subsidiar a la industria: éste es el programa, incluyendo en el subsidio la flexibilización laboral. Gracias al ‘equilibrio’ que se presenta como resultado y objetivo de la ‘promoción industrial’, se podrá seguir pagando la deuda externa.


 


La ‘multisectorial’, el programa y el ‘apagón’ recibieron de inmediato el apoyo de Rafael Rey, obispo, titular de Cáritas nacional, “el más importante organismo de asistencia social de la Iglesia”, dicho con las palabras autorizadas de Página 12. Pero es precisamente la 'asistencia social’ el medio más poderoso con que cuenta el clero para penetrar entre las masas y, con esto, combatir la tendencia de éstas a la rebelión política y social. Es decir que la ‘multisectorial’ recibió, ya en el bautismo, el apoyo de la organización contrarrevolucionaria por excelencia, precisamente la que durante siete años apoyó al menemismo, y antes a todas las dictaduras militares. Como retribución, los ‘opositores’ invocarán a Dios en el Estatuto de la Capital, para mejor recordarle al país que la iglesia jugó un papel fundacional de las naciones latinoamericanas, como vanguardia de la masacre colonial de los pueblos indígenas.


 

Apaguen la luz que vamos a votar el ajuste

Extraído de Prensa Obrera N° 511, 19/9/96


El jueves 12 pasado, un ‘apagón popular hizo descender el consumo normal de electricidad en un 60% — según lo que recogió el diario La Nación de una fuente ‘re-confiable’. Si se tienen en cuenta la iluminación pública, los servicios de emergencia y la actividad oficial, el dato indica que casi e| 90% de la población se movilizó en la protesta contra el gobierno.


 


Apenas 72 horas más tarde, el domingo 15, el “Chacho" Alvarez anunciaba, sin embargo, que el Frepaso daría el ‘quorum’ para la reunión parlamentaria que debe aprobar el ‘paquete impositivo’. Este paquete incluye un aumento del impuesto a los combustibles, una modificación del decreto que derogó las asignaciones familiares y los tickets-canasta (sin devolverlo perdido), el aumento de las contribuciones de los autónomos y la autorización para aumentar la deuda externa en 4.000 millones de dólares. El mismo día, Rodolfo Terragno anunciaba también la decisión de contribuir al 'quórum'.


 


“Aunque por elevación, la postura implica un fuerte respaldo a las decisiones presidenciales”. Así caracterizaba a las decisiones del Frepaso y de |a UCR el 'antimenemista' diario La Nación (16/9). Agregaba: “En el gobierno había anoche ánimos distendidos y rostros felices". Al día siguiente, un editorial de este diario apoyaba a estos mismos que ‘respaldaban decisiones presidenciales’, con el argumento de que |a asistencia al Congreso favorece “el equilibrio republicano". Claro que, en este caso, favorece más que nada a los banqueros internacionales a los que Argentina debe 100.000 millones de dólares. "La misión del Congreso, se deschava La Nación, es ejercer su función de cogobierno…”. A la hora de defender su bolsillo, los banqueros de la 'transparencia’ no se distinguen de los ‘corrompidos’.


 


Alvarez, ‘arrepentido’ de no haber votado la ‘ley de convertibilidad’, no quiere ‘arrepentirse’ de nuevo. Tres días le sobraron para consumar una de las más indignas traiciones que ya se cometieran en este país de políticos patronales y de burócratas sindicales desleales.


 


Al día siguiente del ‘apagón’, Alvarez había reclamado “la rediscusión del presupuesto 97, el problema de la políticas sociales, la negociación de los intereses de la deuda, la defensa del Banco Nación y Yaciretá, la exigencia de que haya una justicia independiente” (La Razón, 13/9). Precisamente porque en estos puntos no había nada sobre salarios, nada sobre convenios colectivos, nada contra la privatización de la salud, nada contra la ‘flexibilidad laboral'1, precisamente por esto, Alvarez decía que "Hay condiciones para que el gobierno cambie”. El programa de la Multisectorial también pide que “el gobierno rectifique el rumbo”. Pocos advirtieron, antes y después del ‘apagón’, que Alvarez y la Multisectorial no habían puesto al impuestazo en la 'agenda de discusión’ que estaban reclamando.


 


Los que 'arrugaron'—y algo más que el rumbo—fueron Alvarez y la Multisectorial, que decidieron dar marcha atrás en la política de no contribuir a la formación del quorum para votar el impuestazo. Probablemente, la decisión de no formar quorum, la habían tomado ‘apresuradamente’, porque descontaban que el peronismo sería perfectamente capaz de reunir a su ‘tropa’ y a la de los partidos provinciales para sacar el ‘paquetazo’.


 


Alvarez dice, sin embargo, que decidió cambiar el fusil de hombro ante las amenazas de Menem de gobernar por decreto. Esa amenaza, más antigua, no le había impedido, sin embargo, llamar al 'apagón'. No fueron las 'amenazas'de Menem, entonces, sino la amplitud que alcanzó el ‘apagón’, más allá de sus cálculos, y las movilizaciones ‘fuera de libreto' que se produjeron al margen del ‘apagón' (y la marcha de Suteba ese mismo día, así como las crecientes luchas populares), lo que 'convenció' a Alvarez a capitular. Es que un nuevo fracaso del gobierno en sacar el paquete, luego del ‘apagón’ y en vísperas de una huelga de 36 horas; esto sí que ‘amenazaba’ acabar con el menemismo.


 


Alvarez y Terragno; la UCR, el Frepaso y la Multisectorial (donde se encuentran el MTA de Palacios y el CTA de De Gennaro, e incluso el Mst y el Ptp); decidieron dar el quorum con absoluta claridad de que con ello reforzaban al gobierno ante la huelga de 36 horas y de que probablemente desmoralizaran a algunos trabajadores. Esta alevosía política contra el movimiento obrero es un retrato fiel de la hostilidad de los políticos patronales opositores contra cualquier levantada de cabeza de los explotados.


 


Ceder ante la amenaza de gobernar por decreto, significa que Menem podrá gobernar, no ya por decreto, sino con el mero amague de un decreto. Alfonsín usó la misma ‘defensa’ cuando firmó el ‘pacto de Olivos'—la ‘amenaza’ de Menem de un plebiscito y de desconocer a las ‘Instituciones’. Pero Alfonsín podía esgrimir una ‘coartada ’ que Alvarez y Terragno hoy no tienen: que en 1993, aunque no estuviera en su mejor momento, Menem estaba diez veces mejor que hoy. Terragno llegó a la presidencia de la UCR y Alvarez a subir hasta el 50% en la Capital, gracias a que denunciaron el “pacto de Olivos". Hoy, los dos, han agregado sus firmas al pie.


 


Alvarez y el Frepaso estaban en contra, hace tres años, de los ‘decretos de necesidad y urgencia’', ahora no se oponen ni a la amenaza de usarlos.


 


Alvarez y Terragno cedieron, sin embargo, ante la misma presión que cedió Alfonsín: la presión de los ‘capitanes de la industria’ y del ‘grupo de los Ocho', como lo deja testimoniado Clarín del lunes 16. Luego del “pacto de Olivos" estos mismos capitalistas le tributaron a Alfonsín un homenaje que lo dejó lagrimeando.


 


Es que ahora que le sacaron al ‘paquete’ una buena cantidad de cosas, los Macri y los Techint quieren, con el FMI, que el ‘paquete’ salga. Le sacaron el aumento del impuesto a la riqueza, le sacaron las exenciones al IVA, le metieron el aumento del financiamiento extranjero, le dejaron casi solamente el aumento del impuesto a los combustibles, sin que haya que co-participarlo con las provincias. Fuera del 'paquete' están imponiendo la liquidación de las indemnizaciones por despido y de la negociación colectiva de trabajo. Estas son las 'razones'del editorial de La Nación para reclamar el ‘equilibrio republicano'. “Suponiendo que las leyes pasen rápido, le decía el ecónomo menemista Guillermo Calvo a Noticias (14/9), va a haber una sensación de alivio muy grande”.


 


Pero la burguesía quiere ahora que el paquete salga, porque pretende, por sobre todo, valerse de los recursos del impuesto a los combustibles para restablecer los reembolsos a las exportaciones. El Cronista (17/9) dice que el PJ ofrece devolver estos reembolsos como 'carnada’ para que la oposición dé el 'quórum', lo que equivale a una pérdida fiscal de 600 millones de dólares.


 


La ‘ética’ ha sufrido un nuevo ‘arañazo’—y nuevamente de parte de los ‘éticos’, que viven de la frase vacía y de la pose, es decir que hacen de la ética carrerismo político. Pero en este caso hay una yapa. Porque ya está establecido que lo que el Congreso apruebe con el quorum de la UCR y del Frepaso, no se va a convertir en ley, va a quedar como papel, como ficción, como estafa—como una prueba miserable de la estafa que son el ‘equilibrio republicano’ y la democracia capitalista en general.


 


Ocurre que como el menemismo no tiene en Diputados los dos tercios de los votos que son necesarios para establecer que el impuesto a los combustibles no se coparticipará con las provincias, hará aprobar un proyecto de impuesto a los combustibles que deja en pie la coparticipación, con la única finalidad de que el Senado, donde el menemismo sí tiene esos dos tercios, pueda insistir con su propio proyecto de pacto fiscal que excluye la coparticipación, y convertir definitivamente al ‘paquete’ en ley sin la coparticipación.


 


La descomunal estafa que ya han anunciado la UCR y el Frepaso es, sin embargo, característica de un determinado período político, hunde sus raíces en él; no se trata de lamentarla sino de explicarla. El hundimiento del ‘plan Cavallo', el agotamiento del menemismo, la veloz recomposición de la lucha popular; todos estos factores reunidos, privan de espacio de acción a la charlatanería y al contorsionismo parlamentarista. A medida que la crisis se agrava, la propia presión social y política obliga a acciones claras y a una elección sin vueltas entre los campos en lucha. Por eso la ‘oposición’ ha salido al rescate del gobierno y a apoyar abiertamente el impuestazo del imperialismo, sin miramientos ni recato. LO MISMO HICIERON EN 1993 CUANDO VOTARON LA INTERVENCION MENEMISTA A SANTIAGO DEL ESTERO.


 


En apenas un par de horas se quebraron las ilusiones y las fantasías de los partidos izquierdistas y de los burócratas ‘combativos’ que entraron a formar parte de la Multisectorial.


 

La caracterización del PO

Quién tiró a Cavallo


Ya cuando se produjo la primera gran crisis política entre Cavallo y el clan menemista, señalamos: “Contra lo que puedan hacer suponer los pronunciamientos capitalistas de apoyo a Cavallo, es probable que el desenlace de una crisis ministerial sea la salida de Cavallo, porque al imperialismo se le plantea ahora, más que el rescate de un ‘plan económico’, el salvataje de un gobierno y de un régimen político” (editorial de Prensa Obrera, 13/6/95).


 


El 4 de julio pasado decíamos en Prensa Obrera que el desbarranque de la situación económica “plantea desde hace mucho la necesidad de alterar la política económica, algo que viene haciendo el propio Cavallo en abierta violación del llamado ‘plan de convertibilidad’. Es este fracaso el que conduce a la caída de Cavallo. Pero en el panorama nacional se está agregando otro factor más para esa caída, lo que los consultores llaman el ‘riesgo político’ que encierra la alta tasa de desocupación, o sea la rebelión de los desocupados. Estos factores fueron, precisamente, los que provocaron en su momento la caída de Krieger Vasena (1969), el hundimiento del plan de Martínez de Hoz (1981) y el final de Sourrouille y el ‘plan austral’


 


"Cavallo se va a ir por el fracaso total del menemismo y del imperialismo —las intrigas palaciegas son el lado menor y grotesco de la historia”.


 


Los analistas patronales, en cambio, caracterizan ahora que Cavallo se fue debido a que su “fuerte personalidad" lo llevaba a chocar con el Congreso y los restantes miembros del poder ejecutivo.


 


En la edición anterior de Prensa Obrera (18/7) titulábamos en la tapa: “¿El principio del fin?", y señalábamos que “el choque contra Cavallo… tiene lugar con el fondo de una gran bronca popular, que realmente asusta a las patronales… En las próximas semanas se podría plantear, entonces, la salida de Cavallo. Este hecho no debe abrir en los trabajadores ninguna expectativa. El sucesor pretenderá aprovecharla para lanzar nuevos paquetazos. Los trabajadores tenemos que armarnos de un programa, cuyo eje es éste: que se convoquen a paritarias con delegados elegidos en asamblea. De este modo pondremos en pie de lucha al movimiento obrero y barreremos con la burocracia sindical. Por una vez, que la crisis de los de arriba sea plenamente aprovechada por los de abajo".


 


 


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Para la izquierda, Cavallo seguía


 


El conjunto de la izquierda aseguró que Cavallo no iba a caer.


 


El PC, en su periódico (Propuesta, 25/7), un día antes del despido de Cavallo, planteaba: “Ni Menem ni Duhalde cuentan con el tiempo ni el escenario para reemplazar a Cavallo más aún cuando ese cambio no se justificaría en ninguna alteración de la actual política…”. Para el PC, una caída de Cavallo sería incluso intrascendente.


 


El Ptp, en su periódico (Hoy, 24/ 7) caracterizaba que "Ese miedo al desborde popular y a la posibilidad de que la renuncia de Cavallo haga colapsar la economía y precipite la crisis política fueron determinantes para que la cúpula del PJ —con Duhalde a la cabeza— pasara de la crítica al apoyo de las medidas tomadas por el ministro". Para el Ptp-"Está claro entonces que lo único que permite la sobrevivencia del plan Cavallo son los sucesivos ajustes contra el pueblo y la mayor entrega y  sometimiento nacional, en un tirabuzón sin fin hacia abajo". Pero, a diferencia del PC, al Ptp le interesa que se “transforme todas las deudas y activos financieros en moneda extranjera a la moneda nacional", para “permitir revertir la actual situación de ahondamiento de la crisis económica y social". Es, precisamente, lo que preparan muchos economistas burgueses, para lanzar una devaluación monetaria que perjudique a las masas sin tocar las posiciones de la burguesía endeudada en dólares, marcos o yenes.


 


Para las corrientes del tronco ‘morenista’ (Mas, Pts, Mst), cuyas prensas salen más espaciadas y tienen análisis aún más rudimentarios, la burguesía seguía apoyando también a Cavallo y a su ‘plan’.


 


El fracaso de la izquierda argentina para pronosticar la caída de Cavallo traduce su completa incomprensión de las contradicciones del régimen capitalista y de la crisis catastrófica de su economía y de su política.


 

Apoyo político de la izquierda al frente patronal opositor

Se les apagó la luz


El conjunto de la izquierda argentina resolvió ‘adherir’ al apagón de cinco minutos que convocó un frente de partidos patronales opositores (y hasta sectores del oficialismo), las burocracias sindicales y la Iglesia.


 


Dice el Mst, en su periódico (28/8): “El Frepaso, la Ucr, Nueva Dirigencia, Fedecámaras, el Mta, el Cta, el padre Farinello y otras organizaciones convocan a un apagón de luces el 12/9 de 5 minutos… Apoyamos esta acción que es parte del repudio popular al ajuste… Creemos que la propuesta tiene que estar al servicio de derrotar el plan económico de Menem y el por Rafael Santos fmi".


 


Pero independientemente de lo que finja 'creer' el Mst, estos ‘opositores’ 'al ajuste’ están ejecutando la ‘reforma del Estado’ y el ‘plan Cavallo’ en Córdoba, Río Negro y la Capital. Han establecido su completo acuerdo con este régimen y con esta política en la Constitución del 94 y en la Estatuyente actual (decretos de necesidad y urgencia). Se han hecho voceros de la UIA, cuyo ‘ministro de economía’ es el radical Machinea. En realidad, el ‘frente de oposición’ constituye un reaseguro de los explotadores al desplome del menemismo. El Chacho Alvarez se reúne con Duhalde y es apoyado por la embajada norteamericana y el gran capital.


 


El 'apagón’ no implica ninguna lucha, como se encargó de resaltarlo el propio Alvarez, al señalar que pretendía “una medida totalmente pacífica, que no le cueste ningún esfuerzo a la gente…" (Página 12). El ‘apagón’ es lanzado para desviarel impacto de la huelga general del 8 de agosto. Zamora se sienta ahora con Terragno y Fernández Meijide, como en 1974 y 1975 lo hizo en el bloque de los 8 partidos burgueses ‘opositores’ para defender la ‘institucionalización’ de Perón, Balbín, las tres A, Isabelíta y López Rega.


 


El Ptp, por su parte, luego de admitir (Hoy, 4/9) que “sectores de las clases dominantes están trabajando… para recambios en el gobierno", propone… “golpear juntos en hechos como el apagón”. "Pero para que esos  hechos no pavimenten el camino de un simple (sic) recambio, se excusa el Ptp, la principal condición es que la clase obrera tercie… (sic)”. Es lo que quiere también el frente patronal, que la clase obrera vaya a la rastra de su política ‘opositora’. El Ptp no quiere un recambio ‘simple’, sino uno más 'complejo', y quiere que los obreros ‘tercien’, pero no que impongan su política. El programa del ‘apagón’ es el de la UIA, o sea, la defensa de la industria nacional y la ‘flexibilización laboral’.


 


El Mas también declara: “no nos oponemos al apagón, del mismo modo que no nos oponemos a cualquier acción contra el gobierno” (Solidaridad, 29/8). Esto, a pesar de que dice que “Es una jugada de sectores burgueses y burocráticos, que no servirá a los trabajadores”. Curioso lenguaje: “No nos oponemos” quiere decir ‘apoyamos’, y 'apoyamos' quiere decir ‘apoyamos politicamente’, o sea, los objetivos y los métodos. El Mas, al igual que el Mst, apoya al frente patronal opositor.


 


Para el Mas, “el apagón es una forma puramente pasiva de expresar el descontento". Otra vez, el lenguaje. Porque esa “forma puramente pasiva” es lo que impide que el descontento se exprese, no sólo en su manifestación práctica, sino en su objetivo político de acabar con el menemismo. En esta crisis, por otro lado, hay muchas clases de ‘descontentos’-, el programa del ‘apagón’ expresa el ‘descontento’ de la UIA.


 


La izquierda, al igual que el Mta y el Cta, se suma al frente de la oposición patronal. Es precisamente su estrategia política. El ‘movimiento’ al Socialismo, el ‘movimiento’ Socialista de los Trabajadores y la ‘Corriente’ Clasista adoptan esa forma ‘movimientista’, porque han relegado el planteo de la independencia política obrera y de la dirección obrera de los oprimidos, y por eso tampoco plantean construir un partido de la clase obrera.


 


Pero de la construcción de ese partido depende que la crisis tenga una salida social transformadora, y que no sea un recambio capitalista.


 

El balance electoral que hizo la izquierda


Los balances electorales de la casi totalidad de los partidos de izquierda tienen un dato común, la “revalorización” del FREPASO como un canal del movimiento popular y el planteo de un conjunto de combinaciones políticas destinadas a confluir con él.


 


Para el PC, “la idea de la unidad más amplia contra el modelo neoliberal se muestra como acertada con los resultados (electorales) en la mano”, para lo cual propone “la definición de una construcción electoral permanente de la izquierda, que no niegue alianzas” (Propuesta, 18/5). En esta línea argumental, lo que explicaría la victoria menemista en Santiago del Estero no es el bloqueo chacho-bordionista a la movilización obrera y popular que dio origen al “santiagueñazo” (votaron la intervención a la provincia), sino “modificaciones de carácter cultural… (que) ha(n) instalado la idea de que cuestionar al modelo neoliberal está fuera de la órbita del sentido común… y la psicología del voto útil”. El Pe parece no haberse dado cuenta todavía que la Alianza Sur es un Frepaso en pequeño, que ya se había comprometido a votar por Bordón en una hipotética segunda vuelta.


 


Para el PTP “la responsabilidad de Patria y Pueblo y Alianza Sur (es) pugnar por la unidad de esas fuerzas populares que votaron separadas el 14 de mayo”. Para los ex maoístas existiría un vasto “campo popular” antimenemista en la que entra ‘1a gran mayoría” de los que votaron a Massaccesi y “sobre todo a Bordón”, y aun quienes votaron a Menem por su “tradición peronista” (Hoy, 17/5). Este llamado a “unir" a los que han votado separados para “acabar con la política menemista”, plantea la disolución de la Alianza del Sur y la alianza con el Frepaso.


 


El Mst caracteriza por su lado que “(el FREPASO) logró canalizar la crisis y la ruptura de sectores de base radical y peronista" y que “los cinco millones que votaron al Frepaso muestran que existe un proceso de ruptura y de búsqueda de un cambio político  nista”. Para el Mst, la votación por el FREPASO constituye un giro a la izquierda” del electorado, que incluye “un vuelco muy importante de franjas de trabajadores que eran votantes del peronismo”. La falta de referencia a la UCR demuestra que el Frepaso tiene una calidad opositora completamente especial. El único interrogante que queda aquí es porqué el Mst no integró el Frepaso.


 


Sobre la base de esta caracterización, el Mst traza su política. En la contratapa del mismo “Semanario…” en que se publica el balance (17/5) el Mst reivindica la declaración de las ocho organizaciones de derechos humanos sobre el 'arrepentimiento” del Ejército, porque, dice, pedir la nulidad de las leyes y el indulto es un paso muy importante" (llama a impulsar una campaña de firmas para exigir su derogación). Pero estos organismos (Familiares, Línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, APDH) apoyan políticamente lo que ha dado en llamarse el mensaje de reconciliación”de Balza, un operativo del generalato para retirar las denuncias de los arrepentidos del escenario público y evitar el juicio y castigo a los culpables. Estos mismos organismos han llegado al extremo de criticar Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo por denunciarla maniobra “indultadora” del alto mando. Antes de esto, Luis Zamora había visto en el documento de Balza “la confesión pública de las torturas y asesinatos" pero para nada la maniobra política que pretende sustraer del conocimiento público a los militares arrepentidos y a sus denuncias.


 


“Redescubrimento”


 


Estas caracterizaciones de la izquierda con relación al Frepaso sirven para poner en claro las razones que impidieron la constitución de un frente de izquierda. Para esta izquierda, el frente debía ser un trampolín para el frente con la gran burguesía bordonista; por eso ahora explotan la catástrofe electoral de la izquierda para justificar su pasaje sin disfraces al centroizquierda.


 


Los derechos de autor de esta política corresponden a Nahuel Moreno, que planteó tempranamente encolumnar a la izquierda detrás de los llamados peronistas independientes —Susana Valle, Pablo Unamuno, Villaflor— los “bordonistas" de entonces y de ahora. De este Dlanteo surgió el Frepu, el frente por la democracia con justicia social", el IU, el frente que se proponía "acabar con la explotación" a través de la democracia "sin aditamentos”, como decía Vicente. Todos, precursores del Frepaso.


 


En el caso particular del Mst, su crisis sin salida obedece a la incapacidad de sus dirigentes para dar el paso decisivo al frente de colaboración de clases, que sistemáticamente estuvieron alentando.


 

La tercera vuelta

Un discurso del 11 de mayo (*)


Para los militantes del Partido Obrero fue un discurso singular. Algunos compañeros lo caracterizaron como la expresión de una fuerte perspectiva política, pero muchos otros lo visualizaron como un intento de contrarrestar un previsible retroceso electoral. Entre los dos mil asistentes al acto de cierre de la campaña electoral del Partido Obrero, en plaza Once, se lo sintió como un discurso fuertemente emotivo y cargado de fuertes esperanzas. En cualquier caso, sin embargo, es indudable que constituyó el punto más alto del planteamiento que caracterizó al PO bajo todo el régimen de Menem-Cavallo. Fue, por lo tanto, para muchos, el más controvertidoy el que ponía mejor de manifiesto la política partidaria.


 


Han pasado apenas 45 días del 11 de mayo pasado, y hoy el lector puede cotejar el contenido de los señalamientos que Jorge Altamira hizo en esa oportunidad con la realidad inmediata que envuelve a todo el país y a todas sus clases sociales, pero fundamentalmente a los trabajadores, a los explotados, a la clase obrera.


 


"… No voy a criticar a los encuesta-dores de esta campaña electoral con el método de Massaccesi, ni con el método de Bordón o de “Chacho" Alvarez, de que los encuestadores no cuentan esto o que no tienen en cuenta aquello o de que proyectan mal los “indecisos"; que hay que proyectarlos así y no proyectarlos asá; que no tienen en cuenta la diversidad regional o que la cantidad de personas que entrevistan es poca. Francamente todo eso importa un bledo. La crítica fundamental a los encuestadores, y en cierto modo, la denuncia fundamental de la incapacidad de la burguesía, es que los encuestadores no han registrado el fenómeno fundamental que se ha producido en el pueblo en el curso de esta campaña electoral.


 


Ascenso popular


 


“A partir de la toma de la empresa Continental fueguina comenzó un ascenso imparable en el movimiento obrero y popular. Este dato no lo pueden descubrir los encuestadores. Este dato sólo lo percibe el que tiene el oído pegado a las masas de su país. Vengo de Santa Cruz, donde los compañeros de Río Turbio han iniciado una huelga ge neral indefinida con el apoyo masivo de la población y se han incorporado de esta manera al torrente de luchas que en jujuy, Salta, Córdoba y Río Negro envuelve a la Argentina. ¿Se da cuenta la burguesía de que la caldera de la presión popular ha comenzado a explotar? ¿Se da cuenta, en su frivolidad, de que estamos asistiendo a un proceso que las urnas no alcanzarán a registrar pero que van a marcar el verdadero derrotero? Está ocupado el Concejo Deliberante de Ushuaia; está ocupado el Concejo Deliberante en Barilo-che; hay movilizaciones todos los días en Cippoletti y en Viedma. En Córdoba, ocupan los edificios públicos; en Jujuy, los trabajadores marchan una vez más sobre la Legislatura. Los chicos de las universidades ocupan las facultades y los más chicos de los secundarios cruzan las calles e impiden el tránsito, defendiendo sus derechos a una organización libre e independiente en los colegios secundarios. ¿Se habrá dado cuenta alguien de este proceso fundamental que, por su extensión, su permanencia, su alcance, está mostrando que hemos iniciado una nueva etapa política para el movimiento obrero argentino? Esta es la clave de la situación política.


 


“Y lo que se concluye de todas esas luchas es una consigna: “¡¡que la crisis la paguen ellos!!".


 


"En el curso de la campaña electoral hemos comprobado que nuestra consigna no es un producto de laboratorio; no es una alquimia; no la inventó una persona ni salió del cenáculo de un Comité Nacional; es la traducción al lenguaje, es la traducción a la consigna y a la conciencia, del movimiento real de nuestras masas trabajadoras contra la explotación capitalista y contra la bancarrota del sistema actual.


 


Peor con Menem


 


“Compañeros: el gobierno menemista, que creía que ganaba estas elecciones por varios cuerpos, anda desesperado. Hace una gala de terror ideológico y de terror psicológico por todos lados: “si perdemos nosotros se hunde el país . ¿Qué mejor confesión de la fragilidad de sus instituciones y de la hipocresía del régimen democrático? La Renault acaba de suspender por quince días a sus trabajadores, claro que como manifestación de esta crisis industrial que el PARTIDO OBRERO fue el primero en poner de manifiesto, pero por sobre todo como una medida de terror político y psicológico con que la burguesía aborda una “pacífica” consulta electoral. “Si no gana Menem, van a perder el trabajo. Si no gana Menem, van a caer los bancos. Si no gana Menem, se van a huir los capitales. Si no gana Menem, ¡el país se hunde!".


"Qué lástima Menem, no tenés a alguien con dos dedos en la cabeza que te hubiera evitado decir todo esto, porque el país se hunde con vos, Menem, los capitales ya se van, las fábricas ya cierran; la desocupación ya crece; ¡el levantamiento popular ya está en marcha! Menem lo ha suscitado, no la partida de Menem del gobierno (aplausos).


 


‘El gobierno tiene una mira de corto plazo, porque el trabajador despolitizado, el trabajador que no tiene conciencia de clase y que apretado por este terror le dé el voto a Menem, por causa de este terror psicológico; por causa de estas amenazas, si ganara Menem y viera que las amenazas se concretan igual…, que precisamente lo que él creía que iba a evitar reeligiendo a este cipayo a la presidencia de la Nación, se concreta más todavía como consecuencia de que ha sido reelegido, va a sonar un escarmiento terrible; va a ser un boomerang. El terror psicológico contra el pueblo se va a transformar en el terror del pueblo contra estos terroristas (aplausos). No es gratuito lo que están haciendo. No es gratuito jugar con esta política. Los trabajadores van a sacar sus conclusiones. Porque el panorama esencial del país está determinado por el derrumbe del "plan” económico; por la fuga creciente de capitales; por la incapacidad de mantener en pie a los bancos; por la crisis de la industria y por el dato más grave de todos: los esclavistas, a pesar de sus riquezas y a pesar de su tecnología, no logran alimentar a sus esclavos, no logran cumplir con la ley elemental que mantiene en pie un régimen esclavista. Por eso, la crisis se agrava y la crisis se va a acentuar. Han tratado de disimular su política para birlar el voto. Como si esto fuera a quedar impune. Estas maniobras políticas no quedarán impunes, porque el pueblo se cobrará el engaño, se cobrará la estafa y rápidamente sacará conclusiones políticas.


 


El año comienza en mayo


 


“El otro día, un periodista me “chicaneaba” sobre el poco progreso del PARTIDO OBRERO en veinte años, lo cual es lógico de parte de él, porque estos últimos veinte años para él fueron veinte años de plácida vida familiar, cuando Para nosotros fueron años de alzas y de bajas, de luchas y de persecuciones, de pérdida de compañeros y de conquistas de muchos más compañeros, de combates, de frustraciones, de victorias y de derrotas que él despachaba bajo la frase “los últimos veinte años". Pero ya Marx dijo: ¡¡hay días que condensan veinte años!! Nosotros nos vamos a cobrar los veinte años que demoramos en construir el PARTIDO OBRERO, en un día, en que sacaremos todas las conclusiones victoriosas de una experiencia de veinte años.


 


“¿Porque quién nos puede refutar que el verdadero proceso político de 1995 recién comienza en mayo? E| ap0 comienza en mayo. El año comienza el lunes, cuando se disipe esta farsa y haya que ir a enfrentar la crisis “de frente" Ahí es que hay que probar los programas y las políticas y ahí es que van a fundirse. Que la crisis se superó, ¡macanas! Cierra la industria automotriz, caen las ventas, cae la producción, se despiden compañeros, se ocupan fábricas, los trabajadores están siendo obligados a emprender una lucha ofensiva. Buxton, una gran fábrica metalúrgica, es un símbolo, de un lado, de la crisis industrial; de otro lado, de la lucha inevitable que van a librar los trabajadores. Por eso, es acertado el planteo: la tercera vuelta es la decisiva, la tercera vuelta es la vencida y queremos que voten al PARTIDO OBRERO porque votar al PARTIDO OBRERO es votar por la dirección de la tercera vuelta. No de estos lacrimógenos, no de este Bordón que cada vez que habla pone cara de que estuviera a punto de llorar, como si pidiera perdón por no ser más menemista que Menem. El candidato éste del Frente Grande, el asesor del “Chacho" Alvarez; el asesor de Bordón, este Arnaldo Bocco, le dice al Semanario Económico, que ya fue citado por los compañeros que me precedieron, a la pregunta del periodista de “¿qué van a hacer con el acuerdo que firmó Cavallo con el Fondo Monetario Internacional?”.


 


él contesta sin pelos en la lengua, “cumplirlo, cumplir el programa del Fondo Monetario Internacional —dice— porque no hay otra salida”. Este es el opositor; éste es el que quiere polarizar; éste es el que quiere ofrecer a los trabajadores una nueva alternativa. Naturalmente, que por eso el país le da la espalda, por eso sólo atrae a un cenáculo de la clase media. Pero no puede penetrar en las masas profundas de trabajadores. Esa tarea de penetrar en las masas profundas de trabajadores le está reservada al PARTIDO OBRERO. ¡¡Y el PARTIDO OBRERO tiene que salir de este acto juramentado de que este año se va a esforzar por penetrar como nunca en masas que están pidiendo una dirección política ya!! (aplausos).


 


Brasil


 


"Nos dicen, ¡qué va a haber crisis económica!; lo resolvemos con el comercio con Brasil. Sin embargo, qué pasa en Brasil. Una huelga general, de características espectaculares, está paralizando el sistema petrolero del país; está paralizado el sistema ferroviario; está paralizado el transporte urbano y está paralizado la administración pública … Y si yo les digo por qué… ustedes van a ver cómo el alma de la clase obrera es gemela en todos los países. Están parados porque le dicen NO A LA JUBILACION PRIVADA. Por eso hay una huelga indefinida en Brasil.


 


"¿Brasil es una salida? Brasil, al comienzo de esta crisis, tenía 45.000 millones de dólares de reservas en el Banco Central. Hoy tiene 28.000, perdió más que la Argentina. Perdió 17.000 millones de dólares en menos de cuatro meses. Es un país que va al colapso. Como la Argentina, peor que la Argentina. Brasil no es una salida para la Argentina y Argentina no es una salida para el Brasil, porque la salida para Brasil y para la Argentina y para Bolivia y para Chile y para todos los pueblos del mundo, es acabar con el capitalismo y establecer un gobierno de trabajadores a nivel internacional (aplausos)…


 


“Compañeros: algún observador imparcial va a decir que mi discurso es sui generis, es un discurso atípico para un final de campaña electoral, pero ocurre que nosotros no hacemos discursos ni de principios ni de finales de campaña electoral; para nosotros está la lucha de clases, el movimiento obrero, y la lucha contra la explotación del hombre por el hombre. Mi discurso de hoy tiene un eje: el PARTIDO OBRERO en una situación política, social y económica cada vez más seria.


 


“Gane quien gane las próximas elecciones, la burguesía, inevitablemente, formará un gobierno de coalición. Menem, si gana, contra lo que digan todos los periodistas, y no importa la cantidad de votos que saque, formará un gobierno débil, un gobierno, si gana, que estuvo a punto de perder con un don nadie” como Bordón, y por sobre todas las cosas, que tiene que enfrentar una crisis que supera la capacidad de acción del gobierno menemista, deteriorado, desgastado y desprestigiado realmente ante las masas trabajadoras…


 


“La vida no puede ser encerrada en el calendario de la Constitución; los calendarios constitucionales son una ficción que conviene a la burguesía. La vida tiene sus leyes. La lucha tiene sus leyes. Las leyes son éstas, las de los trabajadores, peleando y esforzándose para que “la crisis la paguen ellos".


 


Y nosotros somos el partido que hemos levantado esa consigna y que le tenemos que dar una alternativa victoriosa…


 


“Pero un gobierno de coalición, cualquiera se da cuenta, es un recurso extremo. La burguesía, por principio o por norma general, no quiere gobiernos de coalición, prefiere que uno gobierne y el otro haga de recambio. Si el que gobierna se desgasta, mete al que estaba en la oposición; si el que está en la oposición, pasó a ser gobierno y se desgasta, vuelve a meter al que antes era oficialista y que después se pasó a la oposición. Juntarlos a todos en el gobierno es peligroso. Es quemarlos de una sola vez. Es como haber agotado la cajita de fusibles, y de golpe un apagón y no hay como reemplazarlos…; por lo tanto, si se apela a eso, es un recurso extremo y los recursos extremos de este tipo, miden la envergadura de una crisis económica, social y política. El gobierno de coalición es apenas un paso para un gobierno que empleará como método político el estado de sitio, como lo acaba de hacer el gobierno constitucional de Sánchez de Losada en Bolivia. El estado de sitio contra las huelgas; el estado de sitio contra las movilizaciones; los centroizquierdistas, la historia los castigará por miserables que no sólo debutaron como diputados votando la intervención a Santiago del Estero, sino que debutarán como ministros metiendo presos a trabajadores por virtud del estado de sitio. Eso es lo que la historia les depara a estos centroizquierdistas, que han hecho su cañera enarbolando los derechos humanos para, apenas logrado el puesto que ambicionaron, traicionarlos alevosamente. Esta es la perspectiva política y ésta es la tercera vuelta de la que habla el PARTIDO OBRERO.


 


Hay que prepararse


 


“Hasta el último día hay que reclamarle al compañero, vecino, compañero de trabajo, amigo, trabajador, que vote al PO y no porque a esta altura del partido importe un voto más o un voto menos. Tiene que ver con un problema de método, porque a partir de ahora, la actitud práctica cotidiana de organizar a los trabajadores sobre la base de las conclusiones que impone el propio desarrollo de la crisis y sobre la base de las conclusiones que impone el propio desarrollo de la lucha de los trabajadores, va a ser un deber sagrado, no hay que dejar espacio, no hay que dejar agujerito, hendija, poro, a la presión política de la burguesía. Hay que preparar sistemáticamente a nuestra clase. Yo no digo que 1995 va a ser el año de la victoria. Yo lo que digo es que va a ser un año decisivo.


 


Y la victoria que obtengan los trabajadores contra el gobierno pro-imperialista marcará un peldaño muy importante para nuevos emprendimientos, nuevos saltos, nuevas tareas, nuevas acciones, las cuales, ellas sí con el tiempo, el esfuerzo, el trabajo y el esclarecimiento, nos llevarán a nuestra generación; a los trabajadores de nuestra generación; a las mujeres de nuestra generación; a los jóvenes de nuestra generación; a obtener una victoria que el pueblo argentino reclama desde hace cincuenta años, porque éste es un pueblo, ésta es una clase, éstas son masas populares que están agotadas de ser derrotadas. Están cansadas de las derrotas. ¡¡El PARTIDO OBRERO tiene que ser el gran organizador de victorias!!


 


“Nada más, compañeros" (aplausos).


 


 


Nota:


(*) Discurso de cierre de la campaña presidencial del Partido Obrero, a cargo de Jorge Altamira. Extraído de Prensa Obrera N° 453, 27/6/96


 


 

Polivalencia y categorías en los convenios de trabajo

Una respuesta obrera a la desvalorización de la fuerza de trabajo


Una de las grandes innovaciones en la serie de convenios firmados por la burocracia del SMATA con las terminales automotrices en vías de instalación (FIAT, CHRYSLER, TOYOTA), es la desaparición de las categorías tradicionales y su reemplazo por niveles de “polivalencia”. El régimen ‘clásico’ de categorías en el convenio UOM 75, por ejemplo, reconocía ocho escalones de calificación, de peón a oficial múltiple, con diferencias del 7,5 % en el salario a percibir en cada caso. Las tareas exigidas a cada categoría, estaban enumeradas taxativamente en el convenio y el trabajador tenía el derecho de rendir cada año para la categoría superior y percibir un adicional por “falta de vacante” si la patronal no le daba una función acorde a su nueva calificación.


 


Para tomar sólo un ejemplo de los nuevos convenios, el ‘acuerdo’ SMATA-TOYOTA determina la existencia de dos niveles de trabajadores, los operarios polivalentes y los líderes de célula, cuya función, en ambos casos, es operar 'indistintamente' en cualquier tarea. En el caso de los líderes, deben, además, ‘capacitar’ al resto y reemplazar a los operarios que falten “en todos los casos que sea necesario”, un trabajo por el que perciben 900 pesos, casi el doble del operario raso. La única 'mejora' salarial prevista es un aumento de algo más del 3 % a los 12, 24 y 36 meses, es decir en función de la antigüedad y hasta los 3 años. La patronal se reserva en forma total y absoluta la distribución de tareas a cada trabajador y la selección de los “líderes” polivalentes.


 


La sustitución de las categorías tradicionales por la polivalencia pretende ser presentado como un progreso en la calificación del trabajador, que de este modo estaría en condiciones de dominar el Proceso del trabajo y  hasta internarse en el terreno de la investigación científica. Nada más falso. El crecimiento en complejidad de las máquinas y los sistemas administrativos va paralelo a la simplificación de los conocimientos necesarios para operarlas. Se asiste a un procesos de descalificación, que “mide” al trabajador en función de una destreza específica, cada vez más unilateral, una operación limitada y reiterada y en definitiva de la rapidez. Desaparece así el propio concepto de calificación, como puede verse en los tiempos de entrenamiento cada vez más cortos, y el salario deja de tener un 'básico' para estar cada vez más sujeto a "premios de productividad y calidad, que miden la intensificación física del esfuerzo del trabajador.


Para un autor, citado por Harry Braveman en “Trabajo y capital monopolista, los defensores de la polivalencia "confunden (interesadamente) destreza incrementada con calificación o talento. Cuando un constructor de gabinetes es calificado en su oficio, la calificación (alude a) su habilidad para imaginar como se presentarán las cosas en forma final si tales y cuales herramientas y materiales fueran usados… Pero si el hombre fuera capaz de no hacer nada sino castañetear los dedos rápidamente y con facilidad una y otra vez para ganarse la vida, luego, estaríamos hablando de destreza. Esto último es… lo que llama(n) calificación. Sin embargo en la industria, hoy, el aumento de la destreza significa disminución de la calificación (Kennedy, División del trabajo y la cultura del capitalismo).


 


Esta descalificación aleja todavía más al trabajador de la comprensión del proceso productivo y a una degradación global del contenido del trabajo —los productos basura”— Además, en la medida que el entrenamiento capacita al trabajador sólo para cumplir las instrucciones diarias de su orden de trabajo, su ‘calificación’ termina casi al momento de empezar y no le sirve más que para actuar en un lugar específico y como prolongación de una o varias máquinas que serán declaradas obsoletas en poco tiempo.


 


La polivalencia avanza en la destrucción de la calificación individual, que tiene su origen en la maestría artesanal, que combina materiales y procesos con la pericia manual requerida para crear un producto. En el proceso del trabajo, el capital plantea dos reglas básicas: una, cuando más hay que saber para dominar el proceso de la produción, menor debe ser el conocimiento necesario del operario (polivalente); dos, la evaluación se funda en el mayor esfuerzo y la velocidad del operario en la tarea encomendada, lo que supone la dictadura férrea de la patronal en la fábrica.


 


En el ideal del modo de producción capitalista, el dominio de los procesos del trabajo, a través del conocimiento científico, técnico y de ingeniería queda en manos de una elite patronal y vedado a la población trabajadora. A ésta se le reserva el papel de 'bestia de carga' combinado con la 'reducción' del trabajo a tareas simples y tontas. Esta tendencia se manifiesta en el campo de la enseñanza secundaria y técnica 'polimodal' de ‘ciclos cortos' y títulos 'basura', para no 'desperdiciar' los recursos de la sociedad en 'ilustrar' trabajadores que deben quedar sumidos poco menos que en la ignorancia.


 


Defender las categorías


 


Tal como surge del "convenio” Fiat y los que le sucedieron el planteo de arrasar con las categorías es seguido por la reducción salarial. Los cuatro o cinco niveles de polivalencia que se establecen parten de mínimos salariales inferiores y achatan las diferencias salariales hacia arriba. Este es el contenido básico de la política patronal. Los trabajadores tenemos que defender un régimen de categorías en los convenios y niveles de salarios incrementados, que corresponden al mayor costo que representa para el trabajador el encarecimiento de su formación técnica.


 


Este planteo de categorías corresponde a la propia realidad de los lugares de trabajo. Solo un trabajador con determinada calificación está en condiciones de reparar una máquina, plantar una matriz o conducir un subte. La patronal se propone ‘desconocer’ estas habilidades y ‘ahorrarse’ el pago del salario ‘diferencial’ respectivo (aún si se aceptan tareas en otras secciones o “células”, siempre debe estar presente el reconocimiento de la categoría y del salario).


 


Esto debe ir unido a la defensa y actualización de las asignaciones (mensuales) por título secundario y título técnico, que en el convenio de la UOM significaban el 15% del salario y, en el caso del título técnico, el pasaje automático a la categoría de oficial.


 


Hasta aquí las patronales han impuesto su criterio en 'convenios' que corresponden a plantas a instalarse, sin obreros, y en los que la burocracia del Smata firmó lo que le pusieron delante. No es el caso de las plantas establecidas o de las líneas de transporte, en las que las batallas cruciales contra la reducción de salarios, la destrucción de la jornada de trabajo y la disolución de las categorías aún están por darse.


 


Extraído de Prensa Obrera n° 505, 7/8/96

Imponiendo paritarias aplastaremos la ‘reforma laboral’

Extraído de Prensa Obrera, n° 511, 19/9/96


Menem amenaza con sacar por decreto una ‘reforma laboral' que va mucho más allá de la derogación de los convenios. Según Caro Figueroa, "una de las ideas centrales es que. una vez reformada la ley de negociación colectiva, los nuevos convenios puedan modificar leyes, decretos, normas, convenios anteriores, estatutos especiales e incluso derechos adquiridos” (1).


 


Todo esto significa que se pretende arrasar con el principio básico del derecho laboral que impide pactar condiciones laborales y salariales menos favorables para el trabajador a las establecidas por las leyes, o acuerdos individuales para el trabajador  inferiores a los fijados en el convenio. El sentido de la legislación  social es, precisamente, poner un piso a la explotación física del trabajador. Menem y Caro Figueroa pretenden abolir, sin necesidad de derogarla, toda la legislación laboral argentina.


 


En el libro "Convenciones Colectivas de Trabajo”, el profesor de derecho laboral A. Fernandez Pastorino señala justamente que la legislación, que Menem quiere derogar, especifica “que las normas de las convenciones colectivas homologadas serán de cumplimiento obligatorio y no podrán ser modificadas por los contratos individuales de trabajo, en perjuicio de los trabajadores. O sea que la disposición admite la posibilidad de que la modificación se efectúe, por la vía de tales contratos, para mejorarlas condiciones en su beneficio, única mente. De igual manera… la aplicación de las convenciones no puede afectar las condiciones más favorables para los trabajadores, estipuladas en sus contratos individuales de trabajo” (página154).


 


Demás está decir que si un convenio entre partes o un acuerdo individual pudieran anular una ley, las propias leyes dejarían de tener sentido. Como el derecho laboral es de ‘orden público’, menos aún pueden existir acuerdos que las anulen.


 


Hasta para los contratos de alquiler las leyes fijan, por ejemplo, plazos mínimos para la locación o prohíben el aumento del precio del alquiler durante la vigencia del contrato.


 


Hasta el propio diario ‘flexibilizador’ La Nación reconoce que “la proyectada reforma laboral entra en colisión con mandatos constitucionales” (2), toda vez que el artículo 14 bis dice que el trabajo “gozará de la protección de las leyes”. Se desprende, que los convenios o los contratos individuales no pueden anularlas ni siquiera temporal o parcialmente.


 


La Nación cita al constitucionalista Daniel Sabsay, quien cuestiona que incluso el Congreso pueda "generar desequilibrios que, para beneficiar a un sector de la sociedad, discriminen al sector trabajador”. Los tratados internacionales que se sumaron a nuestra constitución… —dice Sabsay también impiden rebajar el piso de bienes ya alcanzado para todos los derpchos sociales. Por eso, contra cualquier medida que disminuya o retrotraiga ese piso de conquistas sociales se podría presentar un amparo colectivo, previsto en el nuevo artículo 43 de la ley fundamental” (3).


 


Menem y Caro Figueroa quieren imponer salarios por debajo de los convenios, eliminar el aguinaldo, la provisión e ropa de trabajo y establecer jomadas laborales superiores a las horas convencionales.


 


Demás está decir que, si esto se aprueba, la patrona colocará como condición para emplear a un trabajador, que es e renuncie al convenio y que firme un contrato individual, es precisamente, para evitar esta clase de chantaje que las leyes laborales son un piso y no pueden ser derogadas por acuerdos individuales.


 


Pero también se pretende legislar ‘para atrás', ya que os nuevos convenios podrían derogar “derechos adquiridos colectivos o individuales. Las condiciones más favorables que adquiere un trabajador, plasmadas o no en un contrato individual, son un derecho adquirido que no puede ser derogado por un convenio o por otro acuerdo individual.


 


Finalmente, se quiere sustituir la indemnización por un fondo de retiro. El objetivo es abaratar la fuerza de trabajo y facilitar los despidos por dos razones : 1) porque las patronales aceptarán aportar a un fondo si ese aporte es inferior a las actuales indemnizaciones por despido; 2) porque, al no existir la indemnización, las patronales podrán reemplazar, sin costo alguno, a cualquier trabajador por otro, que acepte condiciones inferiores.


 


La burocracia se hace la distraída


 


La burocracia de la CGT ‘reunificada’ se ha hecho la distraída frente a todo este enorme paquete antiobrero. Es que desde 1989 en adelante ha sido cómplice en el arrasamiento de los convenios, en común acuerdo con las patronales y el gobierno.


 


En Clarín (4) se detalla que “en los convenios firmados a partir de 1991, en 80 casos se acordó incrementar el tiempo efectivo de trabajo, por reducción o modificación de licencias o aumentos del tiempo operativo de la jornada de trabajo. También en otros 253 casos hubo rebajas de beneficios convencionales, en 296 acuerdos se habilitó la movilidad o polivalencia funcional y en otros 270 se reorganizaron horarios o las vacaciones se distribuyeron en el año". Todo sin contabilizar los nuevos convenios para las futuras plantas automotrices (como Fiat o Toyota) con clausulas que arrasan con leyes y con toda la jurisprudencia laboral.


 


Además, está la propia “Ley para las Pymes” que establece la “disponibilidad colectiva", facultando a los “convenios colectivos de trabajo” referidos a la pequeña empresa a otorgar vacaciones fraccionadas o “a modificar el régimen de extinción del contrato de trabajo”. También se pusieron en vigencia los llamados contratos promovidos, sin derecho al preaviso y a la indemnización. “Actualmente, el 12% de los asalariados tienen estas modalidades de empleo”, dice Clarín (5).


 


Está claro que lo pactado por la burocracia en los convenios como en las leyes antiobreras de los últimos años que contribuyó a dictar, son claramente inconstitucionales. El propio asesor de la CGT, Héctor Recalde, dijo que “estas disposiciones (de la ley Pyme) son nulas por su ilegalidad manifiesta… (y) son inconstitucionales”. La CGT, el MTA y el CTA , sin embargo, las han dejado pasar, sin hablar del Frepaso o la UCR. El Chacho Alvarez participó incluso en la Conferencia de la Unión Industrial donde Menem anunció este paquetazo, y Terragno se reunió con el patron-flexibilizador Blanco Villegas, con el que llegó a “grandes coincidencias”. No es ninguna casualidad que la Constitución ‘reformada’, que la UCR y el Frepaso supieron conseguir autorice al Ejecutivo a dictar decretos de necesidad y urgencia en materia laboral, cuando se los prohíbe, por ejemplo, en materia impositiva.


 


Que se convoquen las paritarias


 


El gobierno que pretende arrasar con todo el derecho laboral está en una crisis terminal. Solamente se sostiene por la complicidad de la burocracia sindical y de la ‘oposición’. Pero bastaría un movimiento de cierta amplitud de la clase obrera para que Menem se tenga que tragar todo el paquete flexibilizador La llamada relación de fuerzas es hoy claramente contraria a Menem, como se vio en el contundente paro del 8 de agosto en la masividad del 'apagón' y en la marcha del Suteba.


 


Si Menem quiere eliminar los convenios, la mejor manera de hacerle morder el polvo es reclamando LA CONVOCATORIA DE TODAS LAS PARITARIAS YA, PARA DISCUTIR EL AU MENTO DE LOS SALARIOS, LA MEJORA DE LAS CONDl" CIONES DE TRABAJO, PARA BAJAR LOS RITMOS DE PRODUCCION Y ANULAR TODAS LAS CLAUSULAS DE FLEXIBILIDAD LABORAL


 


El PO llama a la CGT, al CTAy al MTA a que denuncien todos los convenios de trabajo y lancen un plan de lucha con paros activos, asambleas de fábrica y plenarios de delegados, para que se discutan los pliegos de reivindicaciones y los proyectos de convenio y para que se elijan los paritarios.


 

La desocupación y el progreso técnico

Mesa debate en la Zona Norte del Gran Buenos Aires


En la mesa redonda organizada por un conjunto de sindicatos y comisiones internas de la zona norte, uno de los panelistas (*) señaló, en una Intervención de calidad sobre la reforma educativa, que “la introducción de tecnología” era una de las causas relevantes de la desocupación.


 


Se trata de una caracterización repetida hasta el cansancio por los “formadores de opinión”, y que ha hecho suya el centroizquierda, el CTA y un extendido arco de la izquierda. Duhalde le ha dado un tono casi épico a su campaña “contra la tecnología que destruye el trabajo de la gente", proponiendo como salida al desempleo un plan de obras públicas basado en el trabajo manual.


 


¿Cuál es la realidad?


 


Es falso que la introducción de tecnología en la industria tenga un peso determinante en la desocupación en Argentina. Para esto es suficiente con apelar a las propias estadísticas oficiales. El aumento en la productividad del trabajo asalariado (un 22% en el período 91/94, según la OIT) ha sido el resultado de la aplicación, legal o ilegal, de la ‘flexibilización laboral’, es decir de la polivalencia, por el aumento de los ritmos de producción y de las jomadas laborales, por la extensión de las horas extras y el desconocimiento de los convenios.


 


Es lo que reconoce el Ministerio de Trabajo en su balance sobre los acuerdos salariales basados en la ‘productividad’. Del total de cláusulas contenidas en los convenios firmados durante los tres primeros años del ‘plan’ Cavallo, el 78% corresponde a disposiciones que intensifican el esfuerzo físico del trabajador-movilidad laboral, polivalencia, incentivos al trabajo, aumentos de la jomada laboral, premios por presentismo y alteración de vacaciones. Del total de cláusulas sobre mejoras en la productividad solo el 5.9% está referido a "inversiones con innovaciones tecnológicas sustantivas (procesos y productos’)", un dato que el Ministerio atribuye a “(un) proceso de inversión aún no plenamente recuperado” (Aplicación del criterio de productividad en la negociación salarial, Informe 11, Ministerio de Trabajo).


 


En otro estudio, sobre 228 acuerdos homologados por los sindicatos, que incluye varios de los más numerosos de la industria, se concluye que “la productividad fue referida casi exclusivamente al mayor esfuerzo productivo del trabajador”, el criterio ‘preferido’ fué la llamada productividad futura que se focalizó en la modificación de las condiciones de trabajo- vacaciones, tiempo de trabajo efectivo, polivalencia.


En cuanto a “las formas de productividad que implican decisiones de los empresarios que no sea la mano de obra como equipos, materias primas o tecnología” fueron “de escasa o casi nula adopción” (Estudio Hullsberg-Zapiola, revista "Trabajo y Seguridad Social” de la Universidad Católica Argentina).


 


Pero existe otro modo de medir el supuesto ‘salto tecnológico’en la industria. Las maquinarias incorporadas a la producción, en su totalidad importadas, han creado una dependencia extrema de toda la industria de los insumos y las tecnologías también importadas. ¿Pero cual es la verdadera cantidad y calidad de esta “incorporación tecnológica”? En un estudio sobre la importación de bienes de capital durante el año 1993 se reveló que el 30% correspondía a bienes que no tenían nada que ver con el proceso productivo (desde “equipos de oficina y cálculo" hasta “tiovivos, columpios., atracciones para ferias, maniquíes”) (Página 12, junio de 1994).


 


La desocupación no tiene como base, entonces, el “desempleo tecnológico”. El CEMA, ‘laboratorio’ al que pertenecen Roque Fernán dez y el equipo económico, planteó desde el inicio del ‘plan’ Cavallo la necesidad de seguir la experiencia inglesa de acuerdos por empresa o planta que “requerían tanto de una contribución directa por parte del trabajador, dada por un mayor esfuerzo o nivel de exigencia, como de un cambio en las prácticas laborales”. Toda mejora salarial, en este caso, quedaba condicionada a un régimen de “flexibilidad horaria y laboral” (productividad ‘futura’) en oposición incluso a “métodos de pago de acuerdo con los resultados” (Montuschi, del CEMA, Ambito, 31/10/9I). En la Unión Europea, los que tienen trabajo deben trabajar cada vez más- el porcentaje de hombres que trabajan 48 horas o más a la semana se ha incrementado sistemáticamente en la última década (Comisión Europea, Clarín).


 


¿“Hagamos como en Europa”?


 


Quienes hablan del ‘desocupado tecnológico’, como el CTA, proponen subsidios a los capitalistas, reducción de los aportes patronales y hasta salarios por productividad, porque esto abarataría el ‘costo laboral’ en relación al ‘costo del capital’, lo que redundaría en un aumento de la demanda de la fuerza de trabajo y en una caída de la demanda de tecnología. Se aboga entonces por el atraso tecnológico, en nombre de la modernización. No se ve, sin embargo, que el resultado final es el mismo, porque si la baja de costo laboral sirve para aumentar los beneficios capitalistas y acrecentar el stock de capital en detrimento del valor de la fuerza de trabajo, el valor de mercado del primero volverá a caer más que el segundo, de modo que para incentivar la contratación de trabajadores habrá que volver a reducir el ‘costo laboral'. Esto, sin mencionar que la mayor productividad obrera unida a una menor capacidad adquisitiva del salario, deberá acentuar las tendencias a la sobreproducción y, por lo tanto, al desempleo.


 


La tendencia a la desocupación no es inherente a la tecnología o a un gobierno sino al capitalismo, que solamente puede acrecentar los beneficios produciendo una sobreoferta relativa o absoluta de trabajadores, para poder incrementar la tasa de explotación.


 


¿Europa?


 


En la izquierda se ignora el carácter capitalista de la crisis. El PTP, para tomar un caso, plantea la jornada semanal de 35 horas como “consigna que puede ayudar a unificar a todos los sectores populares y patrióticos que verdaderamente quieran defender la industria nacional en un marco de progreso”, es decir, construir un “frente nacional” con la burguesía en crisis. No casualmente, el PTP lanzó su campaña por las 35 horas haciendo una lectura particular de convenios firmados en los países imperialistas. “En Europa la jomada laboral flexible tiene que respetar horarios y dar más tiempo libre a los asalariados, aquí quieren imponernos una verdadera semiesclavitud”, los convenios firmados (con la VW y la BMW) son “todo lo contrario de lo que pretenden hacer aquí con la flexibilización de la jornada” (Hoy, junio 94). La burguesía sería así capaz de dar una salida a la desocupación masiva. Se ignora que la tasa de desocupación en Alemania es del 15%.


 


La política que condujo a los convenios en Alemania fue la misma de José Rodríguez: flexibilización y baja de salarios ‘a cambio’ de empleos. Como lo saben los lectores de Prensa Obrera, esta política fracasó, no se creó un solo nuevo puesto de trabajo y un conjunto de grandes pulpos impusieron sus propios contratos por empresa. En la VW se ‘pactó' un aumento de la productividad del 30 % en cuatro años, la baja del tiempo de producción por auto de 32 a 14 horas y la supresión de 30.000 puestos de trabajo sobre 95.000 a lo largo de cuatro años. ¿Argentina o Alemania?


 


 


Notas:


* Alicia Trolla, secretaria general Suteba Escobar


 

Una experiencia de lucha por las categorías


La aparición de los convenios tipo GM o Fiat-Smata, entre otros, pone sobre el tapete la cuestión de la defensa de las categorías -arrasadas por la invención del ‘operario polivalente’-, lo que equivale a decir la defensa del oficio, la capacitación y la práctica, con la correspondiente remuneración de esa especialización.


 


Tenemos en el gremio gráfico  en particular en la Editorial Atlántida, una rica experiencia de lucha en este punto, sobre la que vale la pena volver nuestra mirada.


 


Tempranamente, en 1987, el ongarismo planteó reducir nuestro convenio de 10 categorías a 7, y así lo presentó en el anteproyecto que tratamos en aquel año. Las comisiones de rama, aunque defectuosamente constituidas sin llamar a la Asamblea General que marca el estatuto, “colaron” otra posición con el apoyo de la Naranja: se agregaron al anteproyecto 3 categorías sobre la 10, estableciendo de hecho 13 escalones en lugar de 7. Un planteo ligado a la introducción de nuevas tecnologías y responsabilidades en la altísima calidad y velocidad que ha ido tomando la impresión gráfica en todas sus facetas.


 


En el mismo debate del anteproyecto de convenio obtuvimos otra victoria política contra la burocracia. Logramos el pronunciamiento masivo del gremio, incluidos los delegados y activistas más honestos de la lista Verde, contra la incorporación de los capataces al convenio gráfico. Un intento en el que tozudamente pulseó el ongarismo hasta muy poco antes de la asamblea que aprobó el anteproyecto, en la cual directamente borraron la propuesta. Caía derrotado otro temprano intento de incluir en el convenio gráfico a quienes hoy son “líderes de célula o grupo", que trabajan, ordenan y alcahuetean al tiempo que son parte del mismo convenio.


 


Nosotros explicamos al gremio que la presencia del capataz en el convenio gráfico los habilitaba a meter mano en la producción, lo que está excluido por convenio; los habilitaba a participar y votar en las asambleas obreras con su cuota de intimidación, como quintacolumna patronal en el seno de la organización obrera, sea de fábrica o general del sindicato. Señalamos que incorporábamos con ellos los futuros carneros de nuestras huelgas y movimientos de lucha. Exactamente lo que se pretende hoy de los líderes de círculo en los convenios tipo Fiat-Smata. Esto, lejos de ser una categoría, es la "flexibilización” del viejo capataz al que se le agregan funciones: trabajo directo en producción, ritmos y conductas ejemplares, y carnereaje. Todo por el económico salario de 800 ó 900 pesos. Un precio muy barato para borrar las fronteras de clase de los convenios colectivos.


 


Hasta el día de hoy, los encargados no entraron al convenio gráfico, pero en numerosos talleres, con la anuencia del sindicato, se han impuesto maquinistas que ganan casi el doble que sus ayudantes en la máquina, lo que desvirtúa el convenio y transforma a la dotación en un "círculo” con salarios de 350 pesos (promedio de convenio) y al maquinista en un “líder”.


 


El anteproyecto que le impusimos a Ongaro jamás fue discutido. Continúan al día de hoy las categorías del famoso convenio de 1975, uno de los primeros y únicos que aceptaron —en una asamblea a punta de pistola los topes de Isabel Perón.


 


Al año, en 1988 agotada momentáneamente la posibilidad de un nuevo convenio de industria, abrimos la lucha por una ‘miniparitaria’ en Atlántida, en la que, tras varios meses de discusión y movilización interna, logramos 184 nuevas categorías. Pero no sólo se otorgaron categorías a nuevos compañeros. Se categorizó cada puesto en base a los 14 ítems de la OIT sobre capacitación necesaria, estudios requeridos, riesgo, responsabilidad, esfuerzo, etc. Cada especialidad fue objeto de tironeo entre la comisión obrera y el comité patronal. Como consecuencia de este proceso quedó conformada, en Atlántida, una escala de 15 categorías (la mayor alcanza los 1.500 pesos brutos), que tenemos hasta el día de hoy.


 


Con todo el avance salarial que esto significó, nos preocupó siempre que una apertura extrema de la escala produjera división interna, un objetivo de las patronales desde todos los tiempos. Por ello, empujamos hasta conseguir que ningún oficio estuviera debajo de la categoría 5, quedando las primeras cuatro reservadas a los compañeros aprendices recién ingresados como tales. Distinto es el caso del compañero que ingresa con oficio, el cual es ubicado de inmediato en la categoría correspondiente a su puesto de labor.


 


Las polivalencias, en realidad, no surgieron ahora. Para ellas está prevista la “diferencia de categoría”, que es el plus correspondiente a la categoría superior de una tarea que se hace en reemplazo de un compañero que faltó, o de un trabajo eventual de categoría superior. A los 9 meses continuos o 12 discontinuos de realización de la tarea de categoría superior, se la obtiene en forma definitiva.


 


En una reunión autollamada Congreso de la Juventud Gráfica, la lista Verde aprobó una resolución cuyo primer punto dice que “la tecnología trae la flexibilidad”. Gruesa estafa destinada a aceptar la violación y posterior liquidación del convenio.


 


En las secciones completamente informatizadas de Atlántida, en las que se usa alternativamente distintos programas de computación como fotografía, hemos luchado hasta imponer la máxima categoría, de manera que esta calificación actúa como paraguas que comprende las distintas funciones. En rotativas se llevó adelante, hace pocos años, una lucha mediante un prolongado “trabajo a convenio” obteniendo la categoría 7 para compañeros que en un trabajo de equipo alternan ciertas tareas que sobrepasan las suyas.


En Macintosh, un sector de fotografía, se luchó durante 8 meses por la máxima categoría hasta imponerla, porque la patronal quería ligarla a una determinada productividad, algo inaceptable. Las categorías responden a una especialización, de lo contrario son un premio al destajo.


 


Desde hace dos años venimos rechazando otro planteo: la multifunción intersección. Es decir que si no hay trabajo en un sector, o en otro hay más apuro, el compañero podría ser desplazado de sección. Esto no se puede categorizar, contra esto sólo se puede luchar, porque se trata de un híper aprovechamiento del personal, que termina extenuado y se anulan puestos de trabajo. En este caso no hay “diferencia" ni plus que valgan. Tampoco tiene que ver con tecnología alguna. Es pura flexibilidad laboral, se carga al esfuerzo obrero los desacoples del proceso productivo.


 


Como se puede ver de nuestra experiencia, es posible y necesario abrir la discusión de convenio. Es más, es imprescindible, porque el 80% de las máquinas que se usan no están previstas en el convenio, que tiene más de 20 años, cuando el ciclo de obsolescencia de una tecnología hoy ronda los 5 años. El problema de la burocracia, que se niega a plantear paritarias, es que no está dispuesta a defenderlas reivindicaciones obreras. Las paritarias abrirían la deliberación a fondo en las filas obreras sobre el conjunto de la ofensiva patronal, sobre el salario, los premios, los ritmos, las dotaciones y la propia jornada laboral sobre la que cae de maduro una reducción, frente al colosal avance de la productividad.


 


Las categorías, los convenios y las paritarias son consignas fundamentales de esta etapa.


 

“El ‘Navarrazo’ y el gobierno de Obregón Cano” de Roberto A. Ferrero


El ‘Navarrazo’ es una crónica detallada de la gestación de una crisis política que culminó con la destitución del gobernador Obregón Cano, quien asumió el 25 de mayo de 1973, tras su elección el 11 de marzo. El autor realiza un importante esfuerzo documental para juntar los antecedentes y posiciones de las fuerzas en pugna durante los diez meses de duración del gobernador Obregón Cano al frente de la provincia de Córdoba. Para analizar el ‘Navarrazo’, parte de la caracterización de las fuerzas políticas que lo apoyaron en aquellos tempestuosos días. Obregón Cano era básicamente un gobernador sostenido por la llamada izquierda peronista, en la que se incluían la Juventud Peronista (JP), con sus "ramas” universitaria (JUP), y sindical (JTP), el “movimiento villero peronista” (MVP) y el movimiento “revolucionario peronista" (MRP). Todas estas corrientes constituían lo que se dio en llamarla "tendencia revolucionaria peronista"; en la jerga de aquellos tiempos, simplemente “la tendencia". Apoyaron, además, a Obregón Cano, las llamadas formaciones “especiales” del peronismo, como los Montoneros.


 


La izquierda ‘obregonista’ iba más allá del peronismo. La apoyaban el PVP (Partido de Vanguardia Popular), que era una escisión del Partido Socialista de Vanguardia; a su vez, era entusiastamente apoyado por el MAP (Movimiento de Afirmación Popular), por disidentes comunistas, por sectores que rompieron con el frondicismo y con la UCR. En el plano sindical, era apoyado por la corriente sindical peronista llamada los “legalistas”, encabezada por Atilio López, de la UTA, sobre el que recayó el puesto de vicegobernador. Además, fue apoyado electoralmente por los gremios combativos liderados por Agustín Tosco y los “clasistas”, liderados por Salamanca del Smata, que también apoyaban tácticamente a Obregón Cano.


 


El gabinete de Obregón Cano fue un reparto de hombres de estas tendencias del peronismo y de fuera del peronismo, que rápidamente fue considerado como un gabinete “marxista". Ilustrando estas designaciones, el autor relata, de boca del propio gobernador, que en una reunión con Perón, el general le dijo: “Doctor, tenga cuidado con los infiltrados”, a lo que Obregón Cano respondió: "No se preocupe general, los izquierdistas están bien vigilados y se portan bien”. Entonces Perón le contestó socarronamente: “Me refiero a que no se le vaya a infiltrar algún peronista en el gobierno” (pág. 20). El diálogo ilustra a uno y a otro.


 


La oposición a Obregón Cano dentro del movimiento peronista estaba desde el principio concentrada en dos sectores. Los llamados "auténticos" de la CGT, opuestos a los “legalistas" de Atilio López, de la UTA, y que respondían a los principales burócratas sindicales de la CGT nacional; y a Antun, que encabezaba en la provincia el llamado peronismo “ortodoxo", que perdió la interna. Esta oposición fue, por lejos, mucho más virulenta que, la del conjunto del arco opositor, y tuvo una decisiva participación en el derrocamiento del gobernador y fue parte activa (armas en mano) del Navarrazo.


 


Navarro. Designación y antecedentes


 


Uno de los problemas importantes dentro de la tendencia” era la designación del jefe de policía, el cual tenía que presentar un “perfil acorde a los nuevos tiempos que corrían. En Buenos Aires había sido nombrado Righi, ministro del Interior caracterizado como antirepresor, pero en Córdoba no había nombre presentaron a Obregón Cano una “terna” de nombres, aconsejando a Navarro, que no era peronista pero que se ajustaba al proyecto político de los hombres de Firmenich.


 


Navarro era y fue hasta en los momentos más críticos un “hombre del general Carcagno”, de quien había sido su ayudante de campo. Una vez confirmado Carcagnocomo nuevo jefe del Ejército por el gobierno nacional, los Montoneros sostuvieron a Navarro sobre la base de la siguiente "tesis’’ política: que “al morir Perón se produciría un vacío político que debía ser llenado por el ejército y el peronismo a través del ala más dinámica que eran los sectores juveniles, quienes serían los dueños del peronismo en el futuro. Por esta razón era necesario establecer una alianza entre el ejército y la Juventud Peronista para asegurar el futuro de la Nación y evitar que el país se precipitara en un caos" (pág. 30).


 


Con estos argumentos quedó como jefe de policía de Córdoba el ayudante del general que reprimió a los obreros cordobeses en el ‘69. Como únicamente lo definiera Política Obrera por aquellos años, Navarro era el representante del "anti-cordobazo". El tiempo le daría amplia razón a esta caracterización política.


 


Navarro fue condiscípulo de dos militares en franco ascenso en aquellos años, Alcides López Aufranc y Jorge Rafael Videla, y llegó en 1970 a teniente coronel como premio a su "destacada” labor como ayudante de Carcagno en el Tercer Cuerpo del Ejército. En mérito a la actuación represiva del "Cordobazo" y a la fidelidad al general represor, sería nombrado teniente coronel.


 


La interna sindical


 


Al producirse la asunción de Obregón Cano, el movimiento obrero cordobés estaba dividido en cuatro tendencias. Las "62 organizaciones” peronistas eran los autollamados “auténticos", liderados por Simó y Labat; las "62" “legalistas" de Atilio López, los Ocho gremios "independientes" liderados por Tosco, y los cinco “clasistas", dirigidos por Salamanca del PCR. El enfrentamiento más o menos abierto de los “auténticos" con las otras tres fracciones fue uno de los detonantes del ‘Navarrazo’, que incluso utilizó a los primeros como fuerza de choque del golpe que destituyó a Obregón Cano. Aun antes del 25 de mayo, ya los burócratas de Buenos Aires habían mandado a Kloosterman, un ca-pitoste de la CGT y del Smata, con decenas de matones, para enjuiciar a Salamanca y propiciar su destitución, pero fueron sacados a los golpes por los mecánicos cordobeses.


 


Sin embargo, los “legalistas”, que también se reivindicaban de las 62 organizaciones, trataban de conciliar con los burócratas nacionales la ‘normalización’ de la CGT cordobesa, para lo que dejaban de lado a los “independientes de Tosco y a los “clasistas” de Salamanca. Así, por presiones directas de Rucci, el secretario general de la CGT, se llegó a un acuerdo de un congreso ‘normalizador’, en el cual los “legalistas” y los "auténticos” se repartieron los cargos. El propio ministro de Trabajo, Otero, asistió al congreso 'normalizador’, atacando a los sectores combativos y señalando que harían de Córdoba “la capital del peronismo" (pág. 43). Nada más equivocado, pues la brecha con los “legalistas”, a pesar de la actitud abiertamente conciliadora de éstos, se profundizaba cada día más. Esta actitud conciliadora de Atilio López con lo peor de la derecha peronista no difería en nada de la actitud también conciliadora con el gobierno central del propio Obregón Cano, que siempre aspiró a encontrar un equilibrio entre las iniciativas de su gabinete de “la tendencia” y la política del Pacto Social y la propia liquidación de la dirección de la Juventud Peronista de parte de Perón.


 


Ante esta ‘normalización’ de la CGT cordobesa, los gremios de Tosco y Salamanca se unieron y formaron el "Movimiento Sindical Combativo”, señalando en su manifiesto inicial que Otero tenía “como principal objetivo copar la CGT regional Córdoba para colocarla como un apéndice más en el interior del país de la entreguista y traidora burocracia porteña” (pág. 43). No obstante, los "combativos" siempre dejaron una puerta abierta a la alianza con Atilio López y con el gobierno provincial. Planteándose aun después del congreso ‘normalizador’ impuesto por la burocracia de Buenos Aires, “defender la unidad combativa entre los gremios hermanos del peronismo revolucionario para evitar la claudicación de la CGT cordobesa” (Comunicado del MSC, del 1/8/73).


 


Tres violentos episodios se registraron al poco tiempo de este congreso, por enfrentamientos de los “auténticos” con los trabajadores de los complejos industriales de Ferreira, pues los ex Sitrac-Sitram se resistían a ser encuadrados en la UOM de los “auténticos”.


El primer planteo de que se intervenga la provincia salió de la burocracia sindical de los “auténticos". Desde Buenos Aires, Rucci consideraba que había que intervenir para dar paso a una “limpieza general de marxistas en toda Córdoba”.


 


El problema policial


 


De acuerdo al autor, éste fue uno de los problemas que separó definitivamente a Navarro de la gobernación, pues a pesar de los enfrentamientos que se venían desarrollando en las esferas sindicales, para Obregón Cano como para el ministro de Gobierno, Erio Bonetto, “Navarro nos fue muy leal en la primera época” (pág. 49).


 


La policía se había constituido, durante los años de Onganía, como un cuerpo especializado en la represión popular; se mantenía unida alrededor de lo que Ferrero llama un cierto “anticomunismo profesional” (pág. 52). Desde el gabinete de Obregón Cano se estaba llevando adelante un proyecto de modificación de la “Ley orgánica de la policía”, que planteaba la reincorporación, al igual que en la administración pública, de los cesanteados en el ’55 con la caída de Perón. La policía veía en esta modificación un doble peligro: por un lado, un corte de sus carreras, pero para Navarro y el cuerpo superior de la policía, esto significaba la entrada en masa a la policía de hombres de la “tendencia”, que podía quebrar el “anticomunismo” acérrimo que se mantenía en las filas.


 


Aunque el autor no responsabiliza a Navarro de acciones parapoliciales, lo cierto es que fueron “apretados” varios senadores, cinco de ellos amenazados de muerte para no aprobar las modificaciones y hubo atentados en varios domicilios (pág. 53). Pese a esto, se dio media sanción a reforma y hubo un virtual motín policial y una reunión de Navarro con el gobernador, en el que Navarro ofició de “delegado” de los reclamos policiales.


 


Desde el punto de vista de las relaciones entre Navarro y Obregón Cano, allí comenzó la cuenta regresiva que terminaría en el 'Navarrazo’. Navarro viajó a Buenos Aires a consultar a su ‘jefe’, el general Carcagno, por esta crisis, pidiéndole un consejo porque estaba entre renunciar o pedir su pase a retiro. Carcagno le aconsejó que no renunciara y que pidiera el pase a retiro, lo que en boca del mismo Navarro significaba que “ahora sí podía actuar más libremente” (pág. 55).


 


A partir de este problema, mientras los peronistas cesanteados en el '55 hacían penosos trámites burocráticos sin ser reincorporados a la policía, Navarro fusionó a toda su plana mayor y empezó a mandar informes de “inteligencia" a Buenos Aires sobre los miembros de la “tendencia”, con los cuales hasta ahora había mantenido amigables relaciones, y comenzó a tener reuniones con miembros del peronismo ortodoxo y con las 62 “auténticas".


 


Montoneros, entonces, pidió a Obregón Cano la renuncia de Navarro, pero el gobernador no accedió. La situación se había tornado extremadamente tensa y presagiaba un gran conflicto.


 


Un conflicto con el clero


 


El mes de noviembre deparó un nuevo enfrentamiento; esta vez, por un proyecto de un diputado de la “tendencia”, referido a un “Estatuto básico para la docencia privada".


 


El proyecto establecía la estabilidad del docente privado, equiparaba su sueldo con los estatales y creaba un régimen de concursos para acceder a los cargos. La iglesia puso 'el grito en el cielo’, porque los docentes privados dejaban de estar sometidos a la arbitrariedad absoluta de sus empleadores e incluso (a los efectos de la Obra Social), muchos de ellos estaban encuadrados en el sindicato de Empleados de Comercio pero sin representación gremial alguna.


 


Cuando el proyecto tuvo media sanción, comenzó la "movilización” de la iglesia con solicitadas y ocupaciones de colegios, y culminó con un acto público el 9 de noviembre y el envío de un telegrama a Perón, en un nuevo llamado a la intervención a la provincia, donde se manifestaba que "La actitud del gobierno de Córdoba favoreciendo y propiciando a penetración ideológica marxista en el ámbito educacional, era intolerable por lo que le rogaba interceder en la forma que estime conducente a fin de evitar graves enfrentamientos Gobierno-Iglesia" (telegrama del 16/11/73).


 


Cuando la ley se promulga el 27 de noviembre, la iglesia ocupa todos los establecimientos privados, hasta que el gobierno cede y, en una mediación, se esterilizan los aspectos más sentidos de la ley. De cualquier modo, las relaciones gobierno provincial-iglesia estaban quebradas lo que con tribuyó también a las presiones que, de varios lados venían reclamando la intervención provincial.


 


Carne y transporte: se acelera la crisis


 


En diciembre, un conflicto con los productores de carne produjo una gran crisis política. El gobierno había fijado un precio de carne al mostrador que no era acatado por los carniceros. En realidad, se empezó a realizar un lock-out patronal, pues los ganaderos no respetaban el precio tope y colocaban la carne en otras provincias, provocando un brutal desabastecimiento. El gobierno, ante esta crisis, optó por expropiar 1.500 reses, lo que produjo un enfrentamiento cada vez más agudo con las patronales. Finalmente, el gobierno cedió, pero los conflictos no tenían fin.


 


Al otro día, los choferes salieron a un paro por aumento de salarios. Ganaban un básico de 144.000 y reclamaban 250.000; las patronales ofrecen dar 200.000, lo que fue rechazado por los trabajadores. Entonces, interviene el gobierno, en su ‘estilo’, reconociendo que “las aspiraciones son justas”, pero pidió prudencia para evitar un choque “que desate un proceso inflacionario" (pág. 77). Las patronales contra ofertan dar el aumento si se les otorga el del boleto, lo que abriría una verdadera crisis. A pesar de que se redactó una primera acta donde la huelga se levantaba, al otorgarse un aumento de salarios y la posibilidad de un aumento del boleto, la intendencia no otorgó el aumento del boleto por violatorio del “Pacto Social". El intendente se entrevista con Bonetto, el ministro de Gobierno, quien le pidió que se permita el aumento del boleto; no hay acuerdo, y entonces el intendente manda un nuevo telegrama a Perón, señalando que el gobierno provincial alienta la huelga y la quiebra del “Pacto Social”, reclamándole la intervención de la provincia.


 


Atilio López, que había quedado como gobernador en ejercicio por vacaciones de Obregón Cano, consiguió que se intervinieran todas las administraciones de las empresas. “Una hora después de asumir sus cargos, los interventores suscribieron con la UTA un ‘acuerdo’ por el que se les concede a los trabajadores los aumentos solicitados" (pág. 81). Pero todo era papel mojado, pues las patronales retiraron los colectivos de la calle en un brutal lock-out, que el gobierno no pudo responder, generando una crisis política enorme. La intervención estaba ‘cantada’.


 


El desenlace


 


La crisis política nacional se aceleraba. El 19 de enero, el ERP atacó una guarnición militar de Azul, donde hubo un enfrentamiento de más de siete horas. Perón aprovechó esta acción para deshacerse de Oscar Bidegain, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que tenía las características de Obregón Cano, acusándolo de “tolerancia con la subversión". La caída de Bidegain y la asunción del vicegobernador Calabró, desató una gran ofensiva de la CGT nacional y los “auténticos” contra Obregón Cano. Por otro lado, Perón lanzó un discurso contra la juventud peronista, con el argumento de la “infiltración” en el peronismo, que desató una verdadera ‘caza’ de brujas por todo el país.


 


Ante la creciente conspiración de los sectores ortodoxos con Navarro, el gobernador había decidido desprenderse del jefe de policía. Enterado, Navarro comenzó a operar activamente para impedirlo. Ordenó que 500 efectivos antiguerrilleros de las localidades del interior viajaran a Córdoba capital, hizo retirar la totalidad de las armas automáticas de las comisarías de la capital, para aumentar el poder del cuerpo de infantería, redujo al mínimo la custodia de la gobernación, preparando su acción posterior.


 


Llamado a casa de gobierno, Navarro pide un plazo de 12 horas para “presentar” su renuncia, tiempo que aprovecha para reunirse con la plana mayor de la policía y levantarse en armas. La policía copó los medios de difusión, e inundó de policías y matones de la “juventud sindical" las calles de Córdoba. Estos se identificaban con brazaletes amarillos y estaban provistos de armas por el propio Navarro. Obregón y sus ministros fueron detenidos y trasladados al cuartel general de la policía.


 


Había triunfado el golpe casi sin resistencia, salvo aislados e ineficaces tiroteos de sectores de la “tendencia”. La clase obrera estuvo ausente frente al ‘Navarrazo’. Es más, la CGT de los "auténticos" estuvo "activa", decretando un paro de repudio al gobernador. No hubo respuesta alguna de los sindicatos “combativos".


 


El autor describe la ausencia de resistencia al golpe en el Smata, señalando que Salamanca llamó a los trabajadores a realizar una movilización, pero que los trabajadores se retiraron a sus domicilios y sólo 100 lo siguieron un trecho, pero se dispersaron a las pocas cuadras.


 


Otto Vargas, el dirigente del PCR recordaría los hechos de la siguiente manera: “Los ‘prosoviéticos’, como acostumbraban a hacer, nos presionaban a nosotros, que dirigíamos algunos centros estudiantiles y el Smata Córdoba, para que salgamos a la cabeza de la lucha, pero nosotros evitamos ser utilizados por los prosoviéticos como punta de lanza de una movilización que golpeaba centralmente al general Perón" (pág. 144). El autor llega a una conclusión sobre la conducta del PCR en el ‘Navarrazo’'. "Por este renuncio los ‘comunistas revolucionarios’ debieron sobrellevar por mucho tiempo el oprobioso mote de 'lopezreguistas(pág. 144).


 


Ausente la resistencia al ‘Navarrazo’, los acontecimientos giraron alrededor de la estrategia del gobierno central, que era la de hacer todo lo posible para la intervención de la provincia sin nombrar oficialmente a un interventor, hasta que la situación se pudriera de tal modo que el gobierno y la oposición radical la consintieran.


 


Con los fachos dominando las calles de Córdoba, asumió, como títere de Navarro, Agodino, el presidente de la Cámara de Diputados, con el que se arregló un formal llamado a elecciones que nadie en realidad se creía, pues el mismo Navarro arregló la ‘huida’ de Obregón Cano, Atilio López y Bonetto de los cuarteles policiales, con el propósito de que se mantuviera una situación propicia a la intervención central, porque Obregón Cano no había renunciado y existía un gobernador nombrado de facto.


 


El final del ‘Navarrazo’ se vivió en Buenos Aires. Perón acordó con Balbín, el máximo dirigente radical de aquellos años, que se intervenía la provincia si Obregón Cano y Atilio López renunciaban a sus cargos.


 


Los radicales jugaron un papel bochornoso ante la intervención. El operador principal del acuerdo por la intervención fue, César Angeloz, por aquel entonces senador por Córdoba,. Este les planteó a Obregón Cano y a Atilio López que ya nada se podía hacer para evitar la intervención: “Ya no hay nada que hacer. Balbín arregló con Perón" (pág. 169, Declaraciones de la Conversación Angeloz-Cano). Los dos gobernantes, entonces, firmaron la renuncia y los radicales presentaron el caso como una capitulación de los dos, y dieron quorum para que se aprobara finalmente la intervención, nombrando a Duillio Brunello como interventor de la provincia.


 


“El ‘Navarrazo’ había triunfado completamente, aunque su autor no recibiera precisamente las gracias del peronismo ortodoxo de orden nacional" (pág. 170).


 


Conclusión


 


Hay erróneas conclusiones políticas en el libro. Aun cuando se advierte un importante trabajo documental sobre los hombres que participan en aquellos tumultuosos meses, para el autor, la conclusión del ‘Navarrazo’ es la “puntada final de un proceso de casi un lustro, durante el cual la izquierda peronista perdió su batalla contra los sectores ortodoxos aliados a la dirigencia sindical y al lopezreguismo" (Prólogo, pág. 9).


 


Así, el libro tiende a mostrar a Obregón Cano como un gobierno de “buenas intenciones", imposibles de llevar adelante por la gran ofensiva derechista que atravesaba al país a partir del propio Perón.


 


El autor tiende a despreciar un problema político de primer orden, que es el cuadro de luchas sociales que se abrieron en Córdoba a partir de la huelga de los estatales de IME, que abrió, después de las ilusiones creadas en las masas después del triunfo del peronismo, el primer gran enfrentamiento con ese gobierno y la primera amenaza de quiebra del “Pacto Social", llave maestra de la política económica de Perón.


 


Ferrero desprecia la evolución del movimiento obrero de aquella época, en ningún momento asocia el ‘Cordobazo’j el ‘Navarrazo’ como la contracara del ascenso de la clase obrera en Córdoba: incluso hace un juicio negativo sobre esta evolución operada, al juzgar a las direcciones emergentes del Sitrac-Sitram. Para Ferrero. la formación del Sitrac-Sitram fue un episodio que dio paso, de una burocracia ajena a los intereses de los trabajadores, a una dirección ultraizquierdista.


 


El ‘Navarrazo’ fue en realidad el “anti-Cordobazo”. El gobierno de Perón necesitaba imponerle una derrota en toda la línea a la clase obrera cordobesa, que era la que más lejos había ido en plantearse sus reivindicaciones y su organización sindical independiente y, por lo tanto, fue la primera que dio una lucha firme contra los planes del “Pacto Social” de Perón.


 


El balance del gobierno de Obregón Cano es el balance de un gobierno patronal que reflejaba la fase ‘camporista’ del peronismo, que fue superada por la burguesía cuando, el 13 de julio del '73 desalojó al ‘tío’ del poder. “A partir de aquí el gobierno provincial se adaptó a la ofensiva derechista para no sucumbir. En realidad creó las condiciones para una caída más estrepitosa y sin gloria” (Política Obrera. 16/3/74).


 


En los propios conflictos que detalla Ferrero es evidente que las presiones patronales siempre encontraron una respuesta vacilante; las patronales de la UTA le impusieron al gobierno provincial sus reclamos; lo mismo sucedió con los reclamos de los ganaderos, con la Iglesia, con la ley de prescindibilidad de IME y con el encuadramiento en la UOM de los ex Sitrac-Sitram.


 


El período que precedió al Cordobazo puso al rojo vivo los problemas de dirección del movimiento obrero y la ausencia de una salida política independiente de los trabajadores. La tragedia de los dirigentes como Tosco y Salamanca es que fueron tributarios de esa política patronal de Obregón Cano, en nombre de un enfrentamiento con el gobierno nacional. Las direcciones mantuvieron paralizado al movimiento obrero en nombre de este apoyo, lo que desarmó la lucha contra el ‘Navarrazo’. Por otra parte, la bancarrota de la izquierda peronista completó esta impotencia. Fueron ellos mismos quienes propusieron a su enterrador, reflejando la contradicción sin salida que tuvo este sector en Córdoba y en todo el país.


 


La mejor lección del ‘Navarrazo’ es que, distinguiendo entre gobierno débil que pueda, o amenace, dar concesiones a las masas, y un gobierno reaccionario que pretende atacar en regla al movimiento obrero, el peor de los crímenes es ser tributario de la patronal 'menos mala’. Más que nunca, el movimiento obrero debe levantar su propio programa y plantearse algo ausente en las direcciones sindicales de aquellos años. La lucha por la construcción de un partido obrero.


 


 

El capitalismo en el Alto Valle del Río Negro


Artículo sobre del libro: "Trabajo y cambio técnico. El caso de la agroindustria frutícola en el Alto Valle” (autores: Grupo Estudios Sociales Agrarios de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue)


 


La producción frutícola en la zona del Alto Valle del Río Negro y su proceso de industrialización y comercialización, de conjunto, representa la actividad de mayor peso económico en esa provincia y la que nuclea a la mayor cantidad de trabajadores, respecto de otras ramas de la economía.


 


Obviamente, dependiendo del nivel de precios de la temporada y del nivel de producción, se considera que esta actividad genera un producto bruto de unos 300-400 millones de dólares por año, en una zona de unos 150 km. de largo por 20 de ancho, que comprende desde la localidad de Chichínales hasta Barda del Medio y Campo Grande, incluyendo a Villa Regina, Gral. Roca, Alien y Cipolletti como centros urbanos de importancia en la provincia de Río Negro. Sobre el Río Neuquén y en la provincia homónima la actividad se concentra en la zona de Centenario, Vista Alegre y San Patricio del Chañar. Totaliza, sumando las zonas de ambas provincias (Alto Valle del Río Negro y Valle del Río Neuquén) una población del orden de los 300.000 habitantes (1). El peso de esta actividad queda evidenciado por la cantidad de trabajadores ocupados en esta rama, que para el año 1988 era de unos 30.000 (a los que debe agregarse su grupo familiar).


 


De allí la importancia de que un grupo de investigadores, dedicados además a la sociología agraria, sistematizara y presentara un enfoque global sobre la fruticultura en esta zona.


 


A los efectos de someterla a una crítica, la obra puedo dividirse en dos partes:


 


Una “primera", que incluye el Prólogo de la licenciada Graciela Landriscini y la Introducción y los Capítulos I y VIII de las profesoras Mónica Bendini y Cristina Pescio, quienes además son las coordinadoras de la obra. En esta “primera” parte, tal y como se dice en la Introducción, “se presentan los marcos referenciales conceptuales del estudio en torno a: trabajo y tecnología, tecnología y empleo agrario, agroindustria, ajuste y globalización en los sistemas agroalimentarios”, por un lado, y por el otro se "sintetizan los aportes desde una visión de conjunto…’’. Es decir, es en estos capítulos donde se plantea la cuestión de fondo, el marco global y la adscripción ideológica del trabajo.


 


En la "segunda” parte (el resto de los capítulos) se presentan más bien datos técnicos o históricos, estadísticas, análisis particulares y temáticos. Es decir, es la parte menos “política” de la obra, y en algunos aspectos contradictoria con las conclusiones a las que se arriba en la “otra parte".


 


Si hay algo que es común a toda la obra es la omisión de la existencia de una lucha de clases y hasta la omisión de la existencia misma de clases sociales: a lo largo de todos los capítulos se refiere la existencia de “grupos sociales”, “sujetos sociales”, "interlocutores sociales”, "sectores sociales", “agentes sociales", “actores sociales", pero nunca clases sociales; algo que retrotrae a los autores a conceptos anteriores al marxismo, casi a la prehistoria de las ciencias sociales. A lo sumo se habla de “trabajadores”, frustrando así la posibilidad de extraer las mejores conclusiones, luego de un esfuerzo investigativo tan importante.


 


La "visión de conjunto" de la obra adhiere al planteo típicamente centroizquierdista que niega la existencia de una crisis mundial capitalista y afirma por el contrario que estamos ante una “…crisis del régimen de acumulación y del modo de regulación…” (Prólogo).


 


La desocupación: un desajuste estructural


 


En el Prólogo, se afirma que “Son hechos hoy incontrastables que la dinámica del trabajo y el empleo y el gran aumento del desempleo son la expresión de un profundo proceso de transformación técnica y social de las economías occidentales. En las grandes masas de individuos afectados por esas transformaciones, por procesos de descalificación o que son expulsados de los procesos productivos, se expresa una situación de desajuste estructural (ritmo de innovaciones técnicas – adopción incorporación de las innovaciones -calificación de los recursos humanos).


 


Según este punto de vista, el desempleo no está relacionado a una crisis del sistema de producción, ni es una política destinada a forzar la rebaja salarial, ni a transformar la tecnología en un factor de incremento de las penurias y el esfuerzo del trabajador. Se le quita así todo carácter clasista, y por lo tanto el poder comprenderlo como la “salida” que impulsa una clase social (la burguesa) históricamente acabada, antisocial.


 


Por el contrario, según el punto de vista de la obra, el capitalista (un “innovador tecnológico y organizacional’) no logra “calificar recursos humanos” al mismo ritmo creciente y acelerado de “incorporación de innovaciones". Proceso frente al cual, en el Prólogo de la obra, es a la clase obrera a la que se la describe como reaccionaria, por oponerse al avance tecnológico: “Las respuestas sindicales frente a estos profundos cambios han mostrado estrategias defensivas para oponerse a la introducción de innovaciones tecnológicas u organizacionales,..” (bastardillas mías).


 


Esa oposición de la clase obrera está constituida, según las autoras, por “La defensa del nivel de empleo, los salarios reales y la conservación de los derechos sociales”, es decir, su propia defensa como clase y con ello, la del conjunto de los trabajadores, (en oposición) a la catástrofe capitalista.


 


Imbuidas de los clisés ideológicos del centroizquierda, tan en boga en los ambientes académicos, no pueden acertar sobre la médula de la cuestión, aunque su propia prosa las coloca al borde de una deducción lógica a la que no logran llegar, limitadas por la anteojera centroizquierdista.


 


Por ejemplo, en el Prólogo se afirma que "la búsqueda del incremento de la productividad, la reducción de costos… suele ir asociado a una mayor intensificación del trabajo” (bastardillas mías). La autora, ni por un momento se detiene a analizar por qué razón un paso adelante en la tecnología debería afectar “el nivel de empleo, los salarios reales y los derechos sociales”, o producir “una intensificación del trabajo", es decir, qué razón “estructural” haría que el “progreso técnico sea un retroceso social para el obrero (el productor).


 


Si se hubiera detenido en este análisis, habría llegado a la conclusión, sin mucho meditar, que es la sobrevivencia de las relaciones capitalistas de producción las que impiden un disfrute social del desarrollo de las “innovaciones tecnológicas". Es la solución capitalista para mantener su tasa de ganancia, que cae producto de la crisis capitalista y de la …¡introducción de innovaciones tecnológicas! (cuando éstas significan un aumento del capital constante sobre el variable), lo que explica esta cuestión. Algo que es perfectamente claro desde El Capital de Carlos Marx; dicho esto, sin olvidar que los autores aún no han llegado a "conocer” de la existencia de clases sociales y de la lucha de clases, ubicándose ideológicamente en un tiempo de las ‘ciencias sociales” muy anterior a Marx.


 


Innovaciones tecnológicas: ¿De qué estamos hablando?


 


En el capítulo I, las autoras postulan que "En el terreno de la industria, la automatización no destruye las calificaciones sino que constituye una oportunidad para el nacimiento de nuevas competencias".


 


Esto lo afirma quien, se supone, no puede desconocer que la automatización implicó un aumento brutal de la productividad de los obreros de la fruta, en base a un aumento de su desgaste físico. En enero de 1992 se firmó un convenio salarial, que incluye “premios por productividad y presentismo", que llevó a que en el caso de los obreros empacadores, para cobrar el "premio por productividad” tuvieran que empacar 112 bultos de manzana y 94 de pera en plantas de tecnología convencional, pero se elevaba respectivamente a 168 y 141 (un 50%) en plantas con ‘‘nuevas tecnologías”.


 


Como afirma Alfredo O. Zgaib, en un trabajo que el diario Río Negro del 21/3/92 publicó bajo el título “La productividad desplazó a la indexación”, el acuerdo “ha permitido elevar la producción por hora en un rango que oscila entre el 20% y el 35%”, y cita un caso de “una firma empacadora de Alien que, con la misma dotación de 1991, elevó el número de bultos empacados en febrero desde 200.000 a 250.000”.


 


Con nueva tecnología o con la misma tecnología, lo que el capitalista persigue es el incremento de la productividad, es decir, la explotación del obrero. A esto las autoras lo califican como “…el nacimiento de nuevas competencias”.


 


El aumento de la explotación era (y es) el reclamo central de la CAFI (cámara patronal que agrupa a las principales empresas del sector), tal como queda expresado en la solicitada publicada el 20/12/91, donde reclama que “… en un contexto de emergencia y cambio productivo… cláusulas de productividad" (bastardillas mías).


 


Luego de la primera temporada con salarios bajo cláusulas de productividad, haciendo un balance sobre esta cuestión, Anahí Tappatá. de la Fundación Mediterránea, en otra publicación en el diario Río Negro del 30/8/92, titulada Ta crisis tiene sus exigencias", se muestra satisfecha y no deja de reconocer que “Incluso los premios por reducción de ausentismo (aun cuando ya cada trabajador cobre el 30% del salario básico por presentismo) se han escalonado de forma tal que constituyen un verdadero incentivo a la utilización máxima de la jornada laboral" (bastardillas mías).


 


Aumento de la superexplotación y extensión de la jornada de trabajo. ¡A esto se reducen las ‘‘innovaciones tecnológicas" de los capitalistas de la fruticultura!


 


No obstante, hay otro párrafo de Anahí Tappatá que no tiene desperdicio, ya que culmina su trabajo con la siguiente reflexión: “Quizás lo más importante de este acuerdo es que convierte en atractivas para los trabajadores las innovaciones tecnológicas, un elemento que puede contribuir a presionar a los empresarios para que las adopten” (bastardillas mías).


 


Lo que la “cavallana" dice es que sólo la posibilidad de incrementar la intensidad y la extensión de la jornada de explotación puede “presionar a los empresarios a adoptar innovaciones tecnológicas”. Es decir, de ninguna manera estamos ante “empresas dinámicas y competitivas” e “innovadoras", como se plantea en el libro, sino ante vulgares negreros de la peor especie.


 


Y esto es tan así, que de los propios cuadros estadísticos del libro surge, con claridad, que si hay algo que caracterizó a la fruticultura del Alto Valle del Río Negro, es su escasa “innovación tecnológica" en todas las etapas.


 


Por ejemplo, en el capítulo V de la obra se comparan los sistemas de conducción (plantación) en las chacras de los años 1962/65, con el año 1991. El sistema de espaldera es el más moderno, permite mayor rendimiento por hectárea y hace más fácil las tareas de poda, recolección, etc.


 


Después de treinta años de “innovaciones tecnológicas”, aún más de la mitad del sistema de plantaciones era tradicional. Pero como además, el censo frutícola del año 1988 informa que el 80% de las chacras no superaba las 25 hectáreas (chicas y muy chicas), y un 66% (dato del año 1987) eran explotaciones de tipo familiar (trabajo de toda la familia y sólo eventual contratación de terceros para tareas especiales como poda, cosecha, etc.), puede deducirse que una buena parte de esa escasa "innovación tecnológica” estuvo en manos de los pequeños chacareros.


 


El Censo Frutícola de 1993 indica que en el Alto Valle del Río Negro, sobre 3.995 tractores existentes, 3.449 (o sea, el 86,3%) tenía más de 14 años de uso. Los nuevos eran el 7,7%. Y las pulverizadoras con más de 10 años de uso, eran el 75,1%.


 


Variedades frutales obsoletas, sistema de plantación con predominio tradicional, maquinaria obsoleta, minifundio (sobre 5.757 chacras, unas 4.562 -79,24%- no superaba las 15 has., el límite de superficie para hacer rentable una explotación). ¿De qué se habla cuando se habla de “innovación tecnológica"?


 


La conclusión no es distinta en la etapa de la industria frigorífica, ya que si analizamos el cuadro N° 27 del Anexo A del libro, podemos apreciar que allí se compara la evolución de la capacidad frigorífica de acuerdo a los distintos grados de tecnificación.


 


En 1961, el 90,58% de la capacidad estaba en cámaras de sistema convencional y sólo el 9,42% restante correspondía a frigoríficos con alguna “innovación tecnológica” (atmósfera controlada, antecámara refrigerada, túneles de preenfriamiento).


 


En el año 1987 (casi 30 años después), el sistema convencional todavía tenía el 85,04% de la capacidad instalada y el sector “innovado tecnológicamente” había pasado al 14,96%.


 


Aún en 1995, según el relevamiento de frigoríficos frutícolas de Río Negro, en el marco del Censo Agroindustrial, apenas el 15,8% de la capacidad correspondía a atmósfera controlada.


 


El frigorífico con atmósfera controlada es considerado “el adelanto de mayor relevancia tecnológica de los últimos años”. En la presentación oficial de los datos del Censo Agroindustrial de 1993, el subsecretario de Fruticultura de Río Negro reprocha que “falta capacidad frigorífica”, “faltan túneles de preenfriado”. Y agregó: “De acuerdo al relevamiento que se hizo, nos damos cuenta que aumentó la cantidad de frigoríficos con atmósfera controlada, pero no aumentó mucho la capacidad… no es difícil ver que un productor tenga en su chacra un frigorífico con atmósfera controlada para poder llegar a esta época con la fruta y poder venderla a valores importantes”.


 


Más en detalle, se refirió al problema de la producción de peras, a las que “para producirlas en calidad, hay que trabajarlas en fresco… Esto hay que trabajarlo, al igual que el problema de los túneles de preenfriado. Porque cuando nuestras peras llegan a Europa mal, es porque no se produce el preenfriamiento necesario en el tiempo necesario. Esto es porque no tenemos acceso a túneles especiales como hay, por ejemplo, en California, donde en doce horas bajan la fruta a cero grado” (diario Río Negro, 6/12/95)


 


En este rubro, puede afirmarse, sin temor a equivocarse, que sólo la necesidad objetiva de poder manipular la producción de peras sin afectar la calidad, es lo que ha obligado a subir la "innovación tecnológica” en los frigoríficos, un mísero 6,5% en más de 30 años.


Respecto a las “innovaciones tecnológicas" en el empaque, el relevamiento del Censo Agroindustrial de 1995 puso al desnudo que, sobre 319 galpones empacadores, “sólo 24 poseen el sistema de volcado con hidroinmersión continuo, con lavadora, tratamiento de encerado, tamañado electrónico”, mecanismos que el libro detalla como la base de la “innovación tecnológica” en el sector del empaque.


 


Los datos objetivos desmienten los planteos de que estamos ante un proceso de "innovación tecnológica", y el concepto de las autoras acerca de que tal "innovación" es producto de “empresas innovadoras”


 


La “innovación tecnológica” queda circunscripta a algunos lugares muy puntuales, pero de ninguna manera es un fenómeno global (2).


Sí existe un fenómeno al cual, paradojalmente, el libro no se refiere, que viene produciéndose en los últimos años y está llamado a traer consecuencias en la producción frutícola del Alto Valle del Río Negro y el Valle del Río Neuquén. Se trata de la compra de grandes extensiones para la creación de chacras frutales fuera de estas zonas. Para este caso, en las zonas de Chimpay y Chelforó, y la zona del Valle Medio.


 


Estas zonas, netamente rurales, son el centro de asentamiento de los nuevos emprendimientos de los sectores integrados (sobre todo, los exportadores), quienes así buscan implantar en otras zonas las nuevas variedades frutales que requiere el mercado externo, con explotaciones de varios centenares de hectáreas, con trabajadores aislados de los centros politizados y sindicalizados del Alto Valle, y con un recorrido más corto hacia el puerto exportador para abaratar fletes. Incluso, algunas firmas (como Expofrut) instalan galpones y frigoríficos en el Valle Medio, lejos del "conflictivo Alto Valle”.


 


Esto niega que el "Alto Valle…” pueda estar ante un proceso de reconversión frutícola. Todo lo contrario, la tendencia de los pulpos exportadores es ir trasladando la producción y el empaque fuera del "Alto Valle…”, en un proceso más que de reconversión, de destrucción productiva para éste.


 


Subsidios al gran capital y saqueo del salario y del pequeño productor


 


Distintas coyunturas económicas o del mercado, así como las condiciones climáticas, han servido de excusa para que el sector capitalista reciba subsidios de todo tipo.


 


Un azote para las cosechas de frutas en el “Alto Valle…” son el granizo y las heladas tardías. Si bien técnicamente existen medios para proteger las plantaciones contra ambas contingencias climáticas, resultan caros desde la óptica capitalista.


 


Los grandes empresarios de la fruta, cada vez que reclaman un subsidio, un crédito que no piensan devolver o algún reintegro a la exportación, sacan a relucir la defensa del productor, amparándose en los miles de reales productores, pero en realidad “defendiendo” su propia producción, es decir, sus propias chacras, quedándose con la mayor parte de los subsidios que, bajo el eufemismo de “socorro a los productores", otorga el Estado.


 


Con el planteo de paliar los daños que el granizo y las heladas tardías causan al “productor", cientos de millones de dólares han ido a parar al bolsillo de los grupos monopólicos exportadores.


 


Miguel Miquel y Roberto Rappazzo Cesio, dirigentes de la Corporación Frutícola Argentina por el año 1986, plantearon “la preocupación del sector” por el vencimiento de la cuota de ese año de los préstamos en dólares sin interés que habían recibido, y que significaban “un pago del orden de Ios4.000.000 de dólares”, una cantidad “que equivale al doble de los que recibimos en concepto de reembolsos a las exportaciones" (diario Río Negro del 28/5/86).


 


Durante la gestión del gobernador Alvarez Guerrero (1983-1987), "fueron condonados entre 70 a 80 millones de dólares por las deudas nominadas en esa divisa, sin que mediara compromiso alguno de parte de los beneficiarios” (diario Río Negro del 27/12/92).


 


“Durante la administración de Massaccesi” de 1987 a 1995, (se instrumentó) la cancelación de deudas mediante la utilización de títulos de la deuda externa del Estado nacional (ídem). Es decir, las grandes patronales de la fruta se han beneficiado desde siempre con millonadas de dólares, bajo la forma de subsidios.


 


Además, históricamente, este sector recibió de los trabajadores una transferencia de recursos, ya que como exportan gran parte de su producción, fijan sus ingresos en dólares, en tanto pagan salarios en moneda nacional. En períodos de alta inflación, este "modus operandi” permite un jugoso negocio, por ejemplo, el dólar fruta en relación a los salarios pasó de 400 unidades en enero de 1989 a menos de 100 en mayo de ese mismo año (3). En cuatro meses, el costo salarial cayó estrepitosamente para los exportadores (4).


 


A pesar de esta fenomenal rebaja de los "costos laborales”, 108 trabajadores del empaque debieron ir a la toma masiva de galpones en enero de ese año para imponer un acuerdo salarial en paritaria, que recuperara parcialmente el poder adquisitivo perdido.


 


Esta transferencia de recursos, el sector exportador también la extrae al pequeño chacarero. "Este año el productor guardó su fruta en frío porque instituciones o personas, sin basarse en estudios serios, recomendaron esa política. Ahora nuestros productos tienen precios de 60 australes contra tarifas de 40 o 50” (5).


 


A moneda constante, si en 1972 se pagaba al productor $ 0,039/kg de fruta, en 1989 se paga $ 0,018/kg. Menos de la mitad (a moneda constante), en tanto las estadísticas mostraban que los años 1987, 1988 y 1989 baten récords de exportación de fruta por el puerto de San Antonio Este. Como casi 2/3 de la producción se exporta (en ese año salieron a exterior 202.000 toneladas, sobre 343.000 embaladas) y el 86% de esa exportación está concentrada en apenas empresas, puede calcularse la inmensa transferencia de recursos en favor de un puñado de pulpos capitalistas.


 


Pero con la “estabilidad" cavallana, a los grupos exportadores no les va peor. La producción del año 1992 es vendida a excelentes precios (esta cosecha ya se realizó y empaco con salarios sometidos a la productividad y presentismo), o cual lleva al diario Río Negro (vocero de los grupos expo a dores) a titular que “la coyuntura internacional provoca una lluvia de dólares para los exportadores” (bastardillas mías).


 


Y como sobre llovido, mojado, ese año los empacadores – exportadores son premiados por el Ministerio de Trabajo de la Nación, incluyendo a la provincia de Río Negro en a “emergencia ocupacional", lo cual les permite a las patrona es la contratación de obreros por tiempo determinado (eximición de la indemnización), el contrato de jóvenes aprendices , a eximición del pago del 50% de contribuciones patronales, etc.


 


Los “actores principales”


 


Luego de varios años de bonanza (los de la lluvia de los dólares"), la perspectiva de la temporada 1993 no se presentaba con iguales condiciones a las anteriores, lo que puso en marcha el operativo de “crisis” de las grandes patronales. En los primeros días de verano de 1993, días previos al inicio de temporada de cosecha, el presidente de la CAFI vaticinaba un “año negro”, por la “superproducción europea y las devaluaciones monetarias en ese continente" (Diario Río Negro, 9/1/93).


 


También se puso en marcha el tradicional operativo "golondrina”, como se le denomina a la migración de trabajadores del Norte argentino, sobre todo tucumanos, que "llegan” a la zona para trabajaren la cosecha. Esta migración, que se “justifica" en la escasez de mano de obra local, no se ha detenido ni en la cosecha de 1996, cuando la oferta de mano de obra desocupada de la zona era elevadísima; es decir, no responde a una “ley del mercado", sino que está directamente implementada por las grandes patronales del empaque como una forma de crear competencia laboral al inicio de cada cosecha, cuando se deben discutir los acuerdos salariales, y siempre en busca de presionar a la baja de los mismos.


 


El diario La Mañana del Sur del 7/1/93 es muy ilustrativo de esta cuestión. En una entrevista al presidente de una Agrupación Tucumana de Cosecheros de Manzana, éste cuenta que en sus oficinas de la ciudad de Tucumán, ubicadas en San Juan 763 de esa ciudad, a través del fax que tiene instalado, “… recibe los pedidos de las empresas de la región en cuanto a la cantidad y calidad de personal que requieren". Con el fax en la mano, este “buen servidor” se traslada al domicilio del elegido y luego, a través del Ministerio de Asuntos Sociales de la provincia norteña, se le paga el pasaje hasta la zona del Alto Valle. Agrega el presidente de la “Agrupación" que “… en octubre visitó el Alto Valle con el objetivo de levantar pedidos de contratación de obreros tucumanos. Hasta ahora han recibido solicitudes de Agronifa, Zetone y Tres Ases, las que especifican en el fax la cantidad qué requieren y para que época de la temporada".


 


Cada año, la flor y nata de la CAFI es la impulsora y beneficiaría de este proceso migratorio, que busca forzar una nueva baja salarial, aumentando artificialmente la oferta de mano de obra.


 


Es muy ilustrativo que, si bien en la caracterización de que 1993 se presentaba como un “año negro”, se mencionan sólo razones de los mercados externos, la “solución" de la CAFI, como todos los años, haya sido presionar para la baja salarial.


 


Esta constante puja ha motivado que, desde siempre, hayan sido los obreros del empaque quienes protagonizarán las luchas históricas en la fruticultura valletana, dirigida contra las patronales y el gobierno, algunas de las cuales, con toma masiva de galpones, como las de las temporadas de los años 1989 y 1990, fueron duramente reprimidas por las policías tanto de Río Negro como de Neuquén.


 


Estas luchas de los obreros han sido directamente ignoradas por el libro (al igual que el fenómeno de la migración promocionada). Pero no puede aducirse que las luchas concretas no son un objetivo de la obra, ya que dedica todo un análisis a los "tractorazos” (movimiento de protesta de los chacareros), a quienes define como los “actores principales de la resistencia" (Capítulo VIII), reservando, como ya vimos, a la clase obrera, el papel de "opositora a la introducción de innovaciones tecnológicas u organizacionales”.


 


El tractorazo de 1993


 


Ausente la clase obrera y sus luchas, en un libro que, entre otras de sus ¿paradojas?, está dedicado “A los trabajadores de la fruta de Río Negro y Neuquén", en la “visión de conjunto" se presenta a los chacareros como los "actores principales de la resistencia”, al calor del análisis de los llamados “tractorazos .


 


Veamos cuál ha sido el papel desempeñado en los "tractorazos" por los "actores principales de la resistencia”:


 


Durante el "tractorazo” de 1993, que es el analizado en el libro, las Cámaras de Productores reclaman contra el salario y contra los costos laborales y exigen mayor “flexibilidad laboral”, en unidad de acción con la CAFI. Al punto que la cámara de la gran patronal apoyó el “tractorazo”.


 


Esta unidad de acción con la CAFI, impulsada desde las directivas de las Cámaras de Productores y dirección política de los “tractorazos", expresa los intereses de los grandes chacareros, que contratan asalariados en forma permanente y no de los chacareros arruinados a los que dicen representar (6).


 


Días antes del “tractorazo", la CAFI había lanzado su propuesta de “reconversión", que era una verdadera declaración de guerra contra los trabajadores y los pequeños chacareros, ya que planteaba “…erradicar las explotaciones sin rentabilidad: aproximadamente la mitad de la superficie plantada con manzanos —equivalente a casi 20.000 hectáreas—y alrededor del 40 por ciento del área destinada a peras — unas 7.000 hectáreas—…", además de “…el descenso del volumen de cosecha vendido a la industria (no más del 15 por ciento del total), la defensa contra heladas del 65% del área cultivable y el incremento de la productividad laboral en el empaque…".


 


El programa de la CAFI, esencialmente antiobrero y por la liquidación del pequeño chacarero, es tomado por las direcciones del “tractorazo” como propio.


 


Por ejemplo, la Cámara de Cipolletti, en solicitada del 30/ 6/93, si bien critica el aprovechamiento de las patronales del empaque contra el chacarero, termina reclamando créditos a la exportación, eximición impositiva y por la eliminación de los aportes patronales y previsionales y contra el aumento del costo de la mano de obra.


 


De allí que resulte una "visión de conjunto" tergiversada definir a “Los pequeños y medianos productores, como lo han sido históricamente… (como) los actores principales de la resistencia…” (Capítulo VIII, pág. 212).


 


Estos no tuvieron una actuación independiente. Por más que sus intereses chocaran con los de la gran patronal, eran arrastrados por sus dirigentes a reclamar el programa de la CAFI. Y cuando el desarrollo de los “tractorazos" comenzó a poner al desnudo esta cuestión, los mismos culminaron.


 


Más tergiversada aún es la inclusión del Estado en una supuesta alianza obrero-chacarero-CAFI: “El análisis del caso de la fruta demuestra por un lado la manifestación regional del conflicto, y la alianza coyuntural con base territorial entre los distintos sectores sociales, incluyendo el Estado local, en defensa de los procesos de reproducción social (de la acumulación y de la fuerza de trabajo) dentro de un determinado territorio…” (Capítulo VIII, pág. 213).


 


Al contrario de lo que afirman las autoras, no se produce “una alianza coyuntural entre trabajadores, productores, empresarios integrados; que incluye a otros sectores de la comunidad local".


 


El planteo de la existencia de una “alianza coyuntural", no está abonado por ninguna base material que fundamente esa alianza en la concordancia de los intereses concretos de las clases en lucha. Por el contrario, a medida que se fue desarrollando el “tractorazo", lo que se verifica es la pugna de intereses entre los productores entre sí (los ligados al gran capital y los sectores empobrecidos), y entre éstos y los “empresarios integrados” (CAFI), ya que en las asambleas, la voz de los sectores productores más pequeños estaba dirigida contra las patronales del empaque y sus propios dirigentes (7), abriéndose una brecha entre los propios chacareros, que se reflejó en crisis en las directivas de varias Cámaras. Cuestión que se extendió aun dentro de la misma patronal del empaque (en 1994 hubo un intento de formar una cámara patronal de los pequeños y medianos empacadores).


 


Esta “alianza coyuntural" existe en la medida que las autoras se limitan a la “historia oficial” del conflicto, y explica por qué ni se menciona la represión del Estado (aquí sí, en alianza con… la CAFI) sobre los obrera.


 


Lo trágico de esa “alianza coyuntural", fue que de ella también participó la comisión directiva del Sindicato de Obreros y Empacadores de Fruta de Río Negro y Neuquén, que a su vez reclamaba contra la “flexibilización laboral" en el empaque. Pero aquí también hay que diferenciar entre la posición de los dirigentes y los intereses objetivos de su base.


 


Que esa alianza “en defensa de las economías regionales" existió y existe objetivamente, es precisamente la visión del CTA, del cual el sindicato de obreros del empaque es parte, y por eso apoyó los reclamos del “tractorazo", es decir, de la CAFI.


 


Esta comunidad de intereses obrero-patronales, "dentro de un determinado territorio”, "en defensa de los procesos de reproducción social…”, es la base de toda la política del centroizquierda en relación a las “economías regionales”, y la base teórica de sus Congresos del Trabajo y la Producción.


 


La verdadera historia pasa muy lejos de estas teorías centroizquierdistas: en la fruticultura, como no podía ser de otro modo, también se desarrolla una brutal lucha de clases, que a veces logra ser enmascarada por las direcciones del movimiento bajo el manto de la "defensa de la producción regional".


 


Conclusión


 


Aun reconociendo el esfuerzo investigativo del libro en cuestión, la manera de interpretar la realidad, infisionada de todos los lugares comunes de la vulgaridad centroizquierdista, mutila el valor del libro.


 


Queda pendiente, y debería ser un desafío para los propios autores de algunos capítulos, darle forma sistemática y globalizadora a la realidad sobre “el caso de la agroindustria frutícola del Alto Valle”.


 


 


NOTAS:


 


1- Curiosamente, en la Introducción, se plantea que la región del Alto Vallo del Río Negro y Neuquén, “…en conjunto conforman una región metropolitana de aproximadamente 500 mil habitantes”. En realidad, el censo del Indec de 1991 atribuye a toda la provincia de Río Negro una población de 506.772 personas. Los autores, para llegar a esa cifra en el Alto Valle del Río Negro y Neuquén deben incluir también en su cálculo a la zona de Neuquén Capital y Plottier. Para el caso de la capital, la actividad frutícola es casi inexistente en relación a su población y economía, y Plottier está ubicada sobre el río Limay, fuera del objeto de este estudio. Creemos más correcto denominar a la zona frutícola como “Alto Valle del Río Negro y Valle del Neuquén”. La aclaración tiene su importancia en el hecho de que se muestra mejor la magnitud relativa de la población ligada a la actividad frutícola si se define a la zona como proponemos.


 


2- Alfredo Palmieri, integrante de un consorcio que moviliza entre un 10% y un 15% de la producción del Alto Valle, es muy claro: “En general en toda la actividad hay un abismo entre la tecnología conocida y la que es de aplicación y generalizada”. Diario Río Negro del 13/10/91 (bastardillas mías).


 


3- Alfredo O. Zgaib: Diario Río Negro del 1/6/89.


 


4- “La inflación en un sector que en un 70% produce para exportación, dio posibilidades de negociación de salarios y de insumos en moneda local contra ingresos en moneda constante, lo que hacía que los costos se diluyeran a lo largo del ciclo. La inflación en definitiva, ayudaba en la estructura de costos ”. Diario Río Negro del 13/10/91 (bastardillas mías).


 


Hugo Sánchez, conductor de una firma líder fl uctícola decía: “La felicidad del Valle (sic) estuvo atada al tipo de cambio alto y a la inflación sostenida. En procesos así no es necesario ajustarlos costos si se liquida a los productores con 30 o 60 días de atraso, se licúa la factura del teléfono V el gas o se aprovechan los tipos de cambios múltiples para ingresar dólares en negro ” (Diario Río Negro, 27/12/92). Bastardillas mías.


 


5- Edgardo Kristensen, secretario del Movimiento Regional de Productores. Diario Río Negro del 15/10/89.


 


6- “No faltaron los que crecieron independizándose de las cooperativas en las que participaron en gestiones direcü vas y a expensas de relaciones adquiridas en ellas”. Evelyn Alias en Diario Río Negro del 3/2/92.


 


7- En tanto algunos dirigentes se sumaban al reclamo de la CAFI para exigir bajarlos costos laborales, reclamar créditos sin límite. eliminar impuestos a los ingresos brutos y sellos y la firma del Pacto Fiscal, etc., otros sectores rechazaban los créditos: «son un salvavidas de plomo”, dijo el presidente de la Cámara de Productores de Cipolletti. “Tomar préstamos es siempre muy riesgoso y yo tuve una muy mala experiencia”, dijo un productor de Alien. Diario Río Negro del 14/7/93.


 


En esta línea de expresión están todas las declaraciones de los pequeños productores entrevistados por los diarios de esos días. Se agregan también frases como ésta: “Uno vende la fruta (a los galpones de empaque o jugueras. Nota del autor) y no hay un contrato, no sabés cuándo la vas a cobrar ni cuánto vas a obtener . Diario Rio Negro. 16/7/93.


 


 

Una Historia del trotskismo cubano (1era- Parte)


A. Las raíces de la Oposición de Izquierda cubana


 


Afines de los años 20, el comunista más importante del Caribe era Julio Antonio Mella. Como líder estudiantil de izquierda se había destacado como un audaz y activo militante en la Universidad de La Habana a principios de los años 20, y que bajo la influencia de las ideas marxistas tuvo una gran responsabilidad en el acercamiento entre los estudiantes y el movimiento obrero. A mediados de 1925 fue una figura central en la fundación del Partido Comunista de Cuba (PCC), pero fue pronto 'orzado al exilio luego de un proceso que incluyó su arresto, una huelga de hambre y, posteriormente a su liberación, una garantía de que sería arrestado nuevamente, emitida por las fuerzas del Estado durante la presidencia del general Gerardo Machado. A su paso por Centroamérica fue expulsado tanto de Honduras como de Guatemala, antes de recalar en México, donde pronto se convirtió en miembro del Comité Central del Partido Comunista de México (PCM). Durante su estadía en este país, Mella fue también un miembro dirigente de la Liga Anti-lmperialísta de las Américas (LAA) y de la Liga Nacional Campesina (LNC) de México. Fue en representación de estas organizaciones que Mella asistió al Congreso Mundial contra la Opresión Colonial y el Imperialismo en Bruselas, y luego al Cuarto Congreso de la Internacional Sindical Roja (Profintern) en Moscú, en el año 1927. Fue en ocasión de este último congreso, en marzo de 1927, que Mella conoció a Andrés Nin, quien fue el primer contacto cubano con el trotskismo. De acuerdo a Gálvez Can-cino, Nin se volcó al programa de la Oposición de Izquierda y su lucha dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, el Comintern y del Profintern contra la política de colaboración de clases de la dirección centroderechista de Stalin y Bujarín (1).


 


En 1928 se publicó en México el folleto de Mella ¿Qué es el ARPA? La esencia de su razonamiento era que aunque el proletariado pudiera trabajar con las organizaciones de representantes de la burguesía en la lucha nacional contra el imperialismo, la clave que aseguraría una genuina revolución nacional era la independencia y no la subordinación de la clase obrera ante las otras clases (2). Esta condición crucial, que había sido la crítica central de Trotsky contra la política del Comintern durante la Revolución China de 1925-27 (3), apareció por primera vez en forma explícita en los escritos de Mella en momentos en que el Comintern estaba abandonando la táctica derechista del Segundo Período hacia la línea ultraizquierdista del Tercer Período, en el que adoptó una posición aventurerista, caracterizando al resto de las fuerzas dentro del movimiento obrero como social-fascistas. El viraje de Mella hacia la izquierda, sin embargo, no adoptó este carácter sectario y ultraizquierdista.


 


Mella se mostró particularmente crítico hacia la política del PCM con respecto a la cuestión sindical. Con Alvaro Obregón, postulado en las elecciones presidenciales mexicanas de 1928, y atacando a la oportunista central obrera reformista, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), Mella consideró que había llegado el momento de que el PCM jugara un rol central en la organización de un nuevo cuerpo sindical que actuara como un polo para atraer a aquellas fuerzas que vinieran de la CROM a medida que los ataques se intensificaban. De acuerdo a Gálvez Cancino, Mella sostuvo enérgicamente que el colapso del sindicalismo ‘amarillo’ debía ser utilizado para dotar al sindicalismo de una base clasista y revolucionaria y a mediados de septiembre de 1928 había logrado finalmente que estas propuestas para la creación de una nueva central sindical, la Confederación Unitaria de México (CSUM), fueran aceptadas por la mayoría del Partido. En esta reunión decisiva, la moción presentada por Mella fue apoyada por el futuro líder trotskista Diego Rivera (4). Sin embargo, la adopción de esta decisión había coincidido con el advenimiento del Tercer Período y con el PCM cambiando de posición, para acatarla línea de construir lo que se convirtió en una relativamente pequeña central sindical 'roja'.


 


Los motivos sectarios y ultraizquierdistas del PCM no coincidían con los de Mella, quien consideraba a la unidad de clase en la esfera de los sindicatos, como un objetivo estratégico. Para Mella no era significativo que la mayoría de los trabajadores que se acercaban a una nueva organización no fueran comunistas al momento de afiliarse (5). Sefue volviendo cada vez más crítico hacia el zigzag izquierdista del stalinismo, y gran parte de su actividad política a fines de 1928 estuvo condicionada por lo que veía como la forma sectaria en que el PCM estaba perdiendo la oportunidad de constituir una organización sindical de la clase. Trotsky y la Oposición de Izquierda Internacional desarrollaron esta crítica hacia la táctica stalinista del Tercer Período con respecto a las cuestiones sindicales.


 


Mella fue asesinado en las calles de Ciudad de México en enero de 1929. En ese momento, el PCM culpó a Machado. Sin embargo, de ahí en más, numerosos autores cuestionaron esta versión, sugiriendo que algunos agentes del Comintern, especialmente Vittorio Vidali, estuvieron profundamente involucrados en el asesinato (7). El motivo citado por algunas de dichas versiones es que Mella sentía alguna simpatía por las ideas de la Oposición de Izquierda, y que fue a causa de estas ‘desviaciones' que fue asesinado.


 


Tal como hiciera notar Blackwell, en los momentos que precedieron a su asesinato en 1928, "… Mella había sido acusado de trotskista, y sólo se le permitiría permanecer en la dirección [del PCM] … a condición de que renunciara formalmente a las ideas de la Oposición de Izquierda” (8). Gálvez Cancino ha citado también muchas evidencias aportadas por contemporáneos de Mella que sugieren que sentía un gran respeto por el trotskismo (9). Entre éstas se encuentra la idea de que en el PCM, Mella se encontraba en el centro del círculo que después de su muerte daría origen a la Oposición de Izquierda Mexicana (10). También cita la dedicatoria escrita por Mella en la tapa de una copia del libro La Plataforma de la Oposición de Izquierda para un comunista mexicano. Esta reza: “Para Alberto Martínez con el objeto de rearmar al comunismo. Julio Antonio Mella” (11).


Sin embargo, como Blackwell nos hace notar (12), al serle formulada la pregunta de si, “es trotskista", Mella renegó de la política y posiciones de la Oposición de Izquierda.


 


En 1928, en México, Mella fundó también la Asociación Nacional de Nuevos Emigrados Revolucionarios de Cuba (AN ERC), con el objeto de unir a los exiliados cubanos en su lucha por desafiar y confrontar al régimen de Machado. Uno de sus más estrechos colaboradores en este proyecto fue Sandalio Junco, el líder de los obreros negros. De acuerdo a Charles Simeón, ambos se encontraban preparando algún tipo de movimiento opositor en el seno del PCC (13). No obstante, sería Junco quien fundaría el verdadero movimiento trotskista cubano.


 


Sandalio Junco, un panadero de la provincia de Matanzas, fue un líder genuino de los negros y trabajadores en Cuba, que sería asesinado finalmente por los stalinistas en Cuba (14). En diciembre de 1920 participó en la fundación de la Federación Obrera de La Habana (FOH) (15), primera organización sindical regional en Cuba capaz de unir a los trabajadores de distintos oficios e industrias. Junco se unió al PCC en 1926 ó 1927 (16) y se convirtió en el secretario internacional de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), la primera central obrera cubana de alcance nacional. Cumpliendo esta función, viajó a Montevideo en abril de 1928 para la reunión del Comité Preparatorio de la Primera Conferencia Sindical Latinoamericana. De acuerdo a Charles Simeón, tuvo mucha publicidad, lo que motivó que le fuera imposible regresar a Cuba en ese momento (17).


Como resultado de esto, viajó a México para unirse al resto de los exiliados cubanos. En junio de 1929 representó una vez más a la CNOC en la Primera Conferencia Sindical Latinoamericana que se llevó a cabo en Buenos Aires (18). Por un período ocupó también el puesto de “secretario del Secretariado Caribeño del RILU”(19). De vuelta en México, Junco estuvo entre los numerosos exiliados comunistas extranjeros que fueron expulsados a principios del año 30 durante la campaña contra el PCM iniciada por el gobierno de Emilio Portes Gil (20). Finalmente , lograría llegar a Moscú, donde se enfrentaría a las autoridades del movimiento Comunista.


La historia, tal como está recogida en las Obras de León Trotsky, cuenta que Junco “fue ganado a la Oposición de Izquierda en el curso de un viaje a Moscú por el propio Andrés Nin, quien era en ese entonces secretario de la Internacional Sindical Roja. Una versión no verifica refiere, por otra parte, que apenas fue convencido propuso aprovechar una recepción oficial para interpelar violentamente a Stalin a propósito de las persecuciones contra Trotsky y sus camaradas” (21). Alonso Avila repite lo mismo acerca de la iniciación de Junco en el trotskismo: corrió la versión de que Sandalio había tenido una conversación muy desagradable en su entrevista con Stalin, cuando estuvo en la Unión Soviética, a consecuencia de haber expresado sus simpatías por los puntos de vista de Trots-ky”(22). Alonso Avila duda, sin embargo, de la veracidad de esta ‘versión’que involucra a Stalin, aun cuando afirma que ya en Cuba, luego de su regreso de la URSS, Junco evidenció una marcada inclinación hacia la política anti-stalinista del trotskismo (23).


 


De hecho, esta versión que incluye una confrontación personal con Stalin es la razón citada por Eusebio Mujal para explicar el porqué de la expulsión de Junco del Partido. Mujal afirma que Junco denunció a Stalin en su propia cara como un “traidor al movimiento de la clase obrera mundial (24). Thomas describió cómo “Junco fue abandonado entonces sin documentos ni dinero en Hamburgo, pero no asesinado, dado que Stalin no quería en ese momento verse envuelto en cuestiones raciales”(25). De todas maneras, la versión oficial, de acuerdo a Blasier, es que Junco fue expulsado del Partido en 1930 luego de que se lo acusara de sostener equivocadamente que la revolución en los Estados Unidos era un prerrequisito para el triunfo de la revolución en Cuba."(26) Goldenberg describe la expulsión de Junco en los siguientes términos: "[en] respuesta a … una carta y a directivas del Bureau del Caribe del Comintern, el Partido Cubano en noviembre de 1930 llevó a cabo un viraje en su política, acompañado por una ‘purga’ en la cual numerosos miembros prominentes, entre ellos Sandalio Junco, fueron expulsados de sus filas”(27).


 


Aunque Junco fue el primer miembro del PCC en ser expulsado en un movimiento contra la influencia trotskista, a poco de su retomo de la Unión Soviética, otros lo seguirían. De acuerdo a García Montes y Alonso Avila (28,) Luis Busquet, Marcos García Villarreal y Roberto Fontanillas se encontraban entre los acusados de ser trotskistas que fueron expulsados del Partido en ese momento.


 


Con el PCC fundado recién en 1925 y admitido en el Comintern sólo en 1928, no pudo desenvolver un proceso de aprendizaje para desarrollar un programa en tiempos de feroces conflictos nacionales e internacionales. Además, tuvieron que trabajar clandestinamente durante gran parte del período de Machado con lo que no hubo una real facción u oposición a la por entonces ya stalinista dirección del PCC. Como Blasier sostuvo, “…el impacto inicial del conflicto Stalinista-Trotskista en el Comintern ha sido disipado antes de que alcanzara a influenciar significativamente en el partido”(29).


 


Sin embargo, cuando Junco volvió a Cuba en 1932, inmediatamente empezó a trabajar criticando la posición del PCC. De acuerdo a Simeón (30), Junco “escribió un memorándum dirigido a la Internacional Comunista, objetando sus análisis de la situación cubana. Sostuvo que no había ninguna alianza con una tradicional oligarquía terrateniente, desde fue destruida en la Primera Guerra de la Independencia de 1868 a 1878. También llamó la atención del Comintern acerca del tamaño e importancia de la clase media cubana, notando que no era la tradicional clase media europea sino una constituida por la burocracia (estatal). Recalcó su importancia en la revolución cubana, y su tendencia a recurrir a la violencia y aún a los métodos terroristas. “Este memorándum, sin embargo, no tuvo ningún efecto en el Comintern y con su expulsión, él se encaminó hacia la construcción de un grupo de Oposición de Izquierda Comunista. Primero tomó el nombre de Oposición Comunista, antes de convertirse en el Partido Bolchevique Leninista (PBL) el 14 de septiembre de 1933 (31).


 


En resumen, como The Militant afirmó a mediados de 1934, "en Cuba en el verano de 1933 sólo había dos serias organizaciones políticas trabajando entre las fuerzas de clase: el Partido Comunista (stalinista) y el Bolchevique-Leninista… (El grupo trotskista cubano) tenía menos de dos años, y para ese tiempo, todavía adhería a la orientación de reformar al Cl (Comintern) y al PC de Cuba, y era comparativamente una organización pequeña. Su mayor fuerza descansaba en sus conexiones con el movimiento sindical. Contaba con una influencia casi decisiva en la Federación de Trabajo de La Habana, compuesta por treinta sindicatos en los cuales también tenían influencia los anarcosindicalistas" (32).


 


En el documento Programa del Partido Bolchevique Leninista, escrito en octubre de 1933, el PBL declaró que incluía, en sus orígenes una completa revisión de los falsos métodos empleados por los distintos Partidos Comunistas, así como el Comintern (33). Respecto al tratamiento que sus miembros y argumentos recibieron desde el PCC, el PBL, en el mismo documento, escribió que "la dirección del Partido Comunista movilizó todo su aparato burocrático; nos insultó diariamente; desnaturalizó nuestras tesis; cubrió de infamias nuestros documentos. La burocracia, que es incapaz de conducir la revolución, ha demostrado sus inmensas cualidades de falsificaciones y deslealtades. Desde la delación cínica a los cuerpos policíacos, hasta el asalto armado a nuestros locales, recorrió el stalinismo todo el sendero de las cobardías y las bajezas" (34).


 


Aparte de Junco, otros miembros de este grupo oposicionista eran Gustavo Fraga Jacomino (35), Urbano Armesto, Luis M. Busquets, Roberto Fontanillas, Marcos García Villarreal, Joaquín Grassó, Carlos Gonzáles Palacios, Armando Hado, Carlos Padrón, Fermín Sánchez (36), así como Eusebio Mujal y Charles Simeón. Aunque el Programa del Partido Bolchevique Leninista afirmó, sin ambigüedad que sus miembros procedían de las filas del PCC (37), las raíces políticas de estos dos últimos camaradas, o sea, Mujal y Simeón, en muchas formas describe y define la composición programática del trotskismo cubano.


 


De acuerdo con Simeón, Eusebio Mujal fue más un maurinísta, o sea, un seguidor de la línea política de Joaquín Maurín, que un trotskista (38). Maurín fue el líder de la Federación Catalana, también conocida como el Bloque Obrero y Campesino, el cual estaba por fusionarse con la antigua Oposición de Izquierda Española, conducida por Andrés Nin para crear el Partido Obrero de Unificación Marxista (POU M) (39), en 1935. Su Federación Catalana es sencialmente un ala derecha, división del Partido Comunista Español, que había mantenido silencio frente a la política derechista del Partido a mediados de los '20, y mientras estaba ampliamente a favor del desarrollo de frentes populares de izquierda, era severamente crítico de los excesos ultra-izquierdistas sectarios de la táctica del Tercer Período seguidas a fines de la década del '20 y principios de la del '30. Los trotskistas consideraban a esta corriente maurinista como ocupando la “línea divisoria de la extrema izquierda de la pequeña burguesía"(40). La trayectoria y el divisionismo derechista de Mujal lo condujeron posteriormente a convertirse en un líder sindical, primero al servicio de los ‘auténticos’ y después de Batista (41).


 


En forma similar, el mismo Simeón llegó al PBL de la pequeña burguesía de izquierda, arraigada en el medio estudiantil. Fue miembro del Ala Izquierda Estudiantil, grupo de estudiantes controlado por el PCC que se había dividido del Directorio Estudiantil Universitario (42) en 1931. Criticaban al Directorio por ser sólo anti-Machado y no ser antiimperialista. Sin embargo, cuando el viraje ultra-izquierdista, y sectario del Comintern estaba en pleno apogeo, en 1933, fue el frente único lo que se transformó en el semillero de la controversia dentro de la misma Ala izquierda Estudiantil (43).


 


Fue en este punto que Simeón discutió con el partido y tomó contacto con Junco (44). Alonso Avila había opinado que los trotskistas eran principalmente rebeldes radicales; desde los ’20 quienes siempre se habían rebelado contra la disciplina del Partido, por sobre todo la que fue impuesta como resultado del Sexto Congreso del Comintern en 1928 (45). De nuevo, entonces, aunque el componente estudiantil iba hacia la Oposición Comunista y el PBL en oposición a la política ultra-izquierdista del PCC, ellos, centralmente, no habían desarrollado una crítica a la antigua posición del Segundo Período del Comintern de formar bloques antiimperialistas con los partidos de la burguesía nacional como el Kuomintang en China. Fue esta tendencia de compromiso con la pequeña burguesía nacional la que definió sus trabajos y desarrollos a través de la década del ’30.


 


B. Los primeros tiempos del trotskismo cubano


 


Juan Ramón Breá, un militante cubano en España en 1932-1933, quien en palabras de Simeón estimuló la influencia trotskista en la Oposición Comunista cubana, enviando literatura trotskista a Cuba. De particular importancia fue la revista Comunismo, publicada por Juan Andrade y Andrés Nin (46). En marzo de 1933, el grupo de Oposición Comunista cubana hizo entonces su primer contacto colectivo con la Oposición de Izquierda de Europa, con una carta a Nin en España. Esta carta indicó que una oposición existía dentro del PCC, pero reconocía que, aunque ellos fundamentalmente discrepaban con la línea del Partido, la Oposición no se expresaba por medio de una corriente homogénea. Afirmaba, “quizás en España se ignora aun el hecho de que en Cuba ha surgido una Oposición Comunista, en las filas del Partido. Esta Oposición, no es, no puede ser, exclusivamente nacional. Las cuestiones planteadas por nosotros a la dirección del Partido Cubano y de la Internacional Comunista, están fundamentalmente, contra la línea teórica y práctica de estos señores en materia colonial. Ahora bien: en lo que a la línea internacional de nuestra Oposición se refiere, es justo que digamos que no existe aún perfecta unidad. De ahí, el que nosotros nos dirijamos a ustedes solicitando el envío de materiales editados por la Oposición Comunista española, e Internacional. Con ello echaremos las bases para desarrollar ulteriormente nuestro movimiento"(47).


 


La Oposición Española envió una carta a la Oposición de Izquierda Internacional (Bolchevique- Leninista) en París, que, en el subsiguiente intercambio, inicialmente respondió a los cubanos declarando que “Estamos seguros que a esta altura, nuestros compañeros españoles les habrán enviado al menos una parte de nuestra literatura editada en español. En todo caso nos ocuparemos de solicitárselos”.


 


El secretariado general de la Oposición Comunista Cubana a su tumo, respondió a este primer contacto internacional organizado, informando a la sección francesa de la Oposición Internacional de Izquierda que ellos no habían recibido ninguno de los materiales requeridos ni en francés ni en español. Ellos también pidieron una urgente consideración a su propuesta para establecer vínculos a los que consideraban de vital importancia para su movimiento (49). La urgencia de este requerimiento, ellos la sostenían describiendo su aislamiento de las luchas teóricas que se venían dando a nivel internacional después de su expulsión del PCC. Los cubanos oposicionistas escribieron: “Al momento vivimos casi sin relaciones con la situación internacional del movimiento obrero comunista europeo. Nuestra exclusión de las filas del partido oficial de Cuba, nos ha dejado apartados de las directivas de la Internacional Comunista para estos pueblos, que son enviadas exclusivamente a los miembros activos del partido. Nuestro material de información y teórico es muy pobre e incompleto. En estos días hemos recibido las resoluciones del C. E. de la Internacional sobre el problema alemán, en la traducción de la Correspondencia Internacional del mes de abril.


 


Sin embargo, en esta misma carta y con referencia a su trabajo político en Cuba, la Oposición Comunista Cubana era decididamente positiva en la evaluación de sus intervenciones. El balance que hicieron para sí mismo será el siguiente: “En Cuba atravesamos un momento de lucha política aguda. Intensificación de la lucha en ciertos medios proletarios y una franca liquidación de la dictadura gobernante. El imperialismo norte Américano busca fórmulas de acuerdo entre las fracciones burguesas y pequeño burguesas en lucha. El movimiento comunista es muy débil ye proletariado industrial también. El partido oficial, arrumado por los sectarios que lo dirigen, no sabe qué hacer con las frases aprendidas de los manuales de instrucción de uso internacional. La Oposición Comunista en un ano, agrupo a su alrededor a casi toda la base proletaria del partido y esta cada día más en contacto con el trabajo de masas. Tenemos que reconocer que no tenemos el control y la influencia deseadas pero trabajamos sin desmayo con ese in, sin desconocer las dificultades que enfrentamos, especialmente del círculo conspirado en el que operamos. De todos modos, la región agraria más importante de Cuba, el Oriente, está bajo nuestro control. En el último mes hemos conducido victoriosamente tres huelgas en la zona de Guantánamo. Es universalmente conocido el terror que el imperialismo Américano ejerce en las plantaciones de azúcar, con lo que puede comprenderse la significación de nuestra huelga. Por otra parte, la mayoría de los sindicatos de La Habana, están ya bajo nuestra influencia. En resumen, podemos asegurar que luchamos sin tregua por la conquista de las masas”.


 


Los Oposicionistas cubanos terminaron esta carta con un llamado a la unidad de todos los grupos de América Latina de la Oposición de Izquierda y la organización de la Oposición de Izquierda Internacional. Incluyeron una copia de un folleto, En el camino de la Revolución, el cual era un resumen de las tácticas que ellos defendían, y también prometían enviar una copia del programa de la Oposición Cubana tan rápido como esto fuera acordado (52).


 


Esta serie de contactos internacionales fue continuada posteriormente con una respuesta del Secretariado Internacional (53) de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista en junio de 1933. Esta correspondencia, dirigida a la Oposición de Izquierda Comunista (54), tomaba nota de la queja de los Oposicióónistas cubanos, de que no habían recibido ninguna literatura en francés ni en español y prometía asegurar el despacho de futuro material, aunque ellos sólo garantizaban que fuera enviado el material francés. Como ellos escribieron: “Nosotros podemos, por lo tanto, asegurar solamente el envío de material en francés, porque en español no hay nada más que la revista Comunismo, que aparece en Madrid, y que no sale regularmente". Esta explicación de la incapacidad del Secretariado Internacional de asegurar el envió de ediciones de Comunismo a los Oposicionistas cubanos estaba quizá lejos de ser completa.


 


Se ha afirmado que la Oposición de Izquierda Española dirigida por Nin y Andrade y, en particular, su periódico Comunismo ejercieron una real influencia en los círculos de Oposición de América Latina. El líder trotskista argentino Héctor Raurich, conocido como Reinaldo Frigerio, y Antonio Gallo, conocido como Antonio Ontiveros, son dos ejemplos citados de notables líderes latinoAméricanos que fueron ganados a la Oposición de Izquierda cuando estudiaban en España. El joven maestro mexicano Octavio Fernández también hizo contacto con la Oposición de Izquierda Internacional después de haber leído una edición de Comunismo (56). Sin embargo, a mediados de 1933, las relaciones entre Nin y los Oposicionistas españoles dentro de la Izquierda Comunista de España (ICE) por un lado, y el Secretariado Internacional del ILO en París y Trotsky mismo, por el otro fueron en todo momento bajas. Afines de 1933, los trotskistas franceses y alemanes hablaron de la carencia en la ICE de un programa concreto para la revolución española. El Seci etariado Internacional hizo críticas similares y entonces en la Pre-Conferencia del ILO en febrero de 1933 (57), condenaron al ICE por ser la cola del nacionalista pequeño burgués y charlatán de Maurin" y estar a favor de participar de las elecciones parlamentarias de una manera contraria a la impulsada por el ILO. Las relaciones declinaron aún más cuando el ICE sucesivamente criticó algunas de las decisiones de esta Pre-Conferencia (58). De acuerdo a Durgan, “inmediatamente después de la Pre-Conferencia, el Secretariado Internacional inició una campaña contra Nin y la dirección del ICE” (59). En abril de 1933 Trotsky mismo hizo una apelación directa a los miembros del ICE, acusando a su dirección de tener apenas alguna posición correcta en serias cuestiones de los tres años previos (60). En agosto de 1933 las relaciones entre la dirección del ICE y las organizaciones internacionales se habían deteriorado hasta el punto que Trotsky escribía acerca de “los peligros y fasedades" de la política de Nin y “toda una serie de errores que habían impedido a la Oposición de Izquierda Española que ganar el lugar que se le abría por las condiciones de la Revolución Española" (61). Con especifica referencia a la influencia sobre los Oposicionistas de América Latina de la revista Comunismo, y las diferencias abiertas entre el ILO con el ICE Trotsky reconoció que “Los éxitos en América del Sur son muy satisfactorios, pero no podemos olvidar que la mayoría utiliza la literatura española. Debemos prestar particular atención a todas nuestras secciones sudAméricanas sobre nuestras divergencias con la sección española. Sería bueno enviarles en español mi correspondencia con Nin y al menos dos cartas tratando la cuestión española” (62).


 


En la carta del 29 de junio de 1933, el Secretariado Internacional del ILO también hizo una referencia indirecta de su orientación frente a varios Partidos Comunistas y el Comintern, que había estado experimentando algunas revisiones desde que Hitler había consolidado su posición en Alemania, sin tener que enfrentar una respuesta combativa del Partido Comunista Alemán (KPD). Este problema del grado de independencia política a ser mantenida en relación con el Partido Comunista oficial había sido un hueso duro de roer entre el Secretariado Internacional del ILO y el ICE, con los Oposicionistas españoles abogando por una línea más independiente mucho antes que los eventos en Alemania empujaran al ILO a cambiar definitivamente su posición en agosto de 1933 (63). En la carta, el Secretariado Internacional describía que “Es particularmente importante el hecho de que ya hayan dirigido huelgas después de vuestra constitución en Oposición de Izquierda. Eso demuestra que ustedes tomaron rápidamente el buen camino para ir hacia y ganar a las masas. Aunque no seamos más que una fracción del Partido, no debemos temer dirigirnos abiertamente a las masas en situaciones concretas determinadas. Todo formulismo en ese campo sería funesto para el desarrollo de nuestra organización (64).


En otros punto sustantivos el Secretariado Internacional se refería al folleto En el camino de la Revolución, declarando que les daba unas indicaciones teniendo en cuenta los considerables esfuerzos realizados por la Oposición Cubana para que se den “una plataforma en el terreno nacional en conformidad con los principios generales de la Oposición de Izquierda” (65).


 


La organización internacional prometió además dedicar sus mejores esfuerzos a un completo y adecuado estudio de los problemas Latino-américanos aunque ellos dudaban de su capacidad para poder hacerlo en ese preciso momento.


 


Sin embargo le preguntaron al grupo cubano si le gustaría ser puesto en contacto con otras secciones o grupos en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, etc., y de esa forma poder comparar directamente sus experiencias (66). De hecho, la primera sección de la organización trotskista internacional en mencionar al grupo Oposicionista cubano fue la norteaméricana Liga Comunista de América. James P. Cannon, escribiendo como su secretario escribió el 25 de septiembre de 1933 al Secretariado Internacional en los siguientes términos: “En las recientes minutas del Secretariado que hemos visto, hubo una referencia a una sección de la Oposición de Izquierda de Cuba. Hasta ahora no fuimos capaces de establecer una conexión directa con ellos. Ya que en el presente desarrollo esto es muy importante, les pedimos que nos manden información si es que la tienen. Y también que le pidan a los camaradas cubanos que se pongan en contacto con nosotros. Les podríamos dar alguna asistencia” (67).


 


Aparte de la mención en la minuta del Secretariado y el “presente desarrollo" en Cuba, de situación revolucionaria que ha derribado del poder al dictador cubano, general Gerardo Machado, y conducido a la inauguración del gobierno nacionalista de izquierda de Ramón Grau San Martín, esta solicitud de la Liga Comunista de América fue también impulsada por un ataque a la Oposición Cubana en una edición de la época de la revista stalinista norteamericana Comunista. En palabras de Cannon, la Liga Comunista de América “… careció de material con el cual responder" (68).


 


Durante el comienzo de la década del '30, el Partido Comunista inició una intensa agitación sobre los trabajadores azucareros. Esto culminó en diciembre de 1932 con la formación del Sindicato Nacional de Obreros de la Industria Azucarera (SNOIA), la primera organización nacional que unía a los obreros de la principal industria cubana (69). Un importante elemento orientador de este proceso fue la contribución de Junco. Como Zeitlin había escrito, “manifestaciones masivas y huelgas en Matanzas y Santa Clara conducidas por Sandalio Junco, expulsado del Partido Comunista por trotskista; su formación del sindicato azucarero en Manzanillo, Oriente, fueron fases importantes de la batalla precursoras a la fundación del SNOIA (70).


 


En La Habana, los trotskistas también trabajaban en el centro sindical Federación Obrera de La Habana (FOH) y desde allí lanzaban sus ataques verbales a la política del PCC que dominaba la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) (71). Fue esta intervención en el movimiento sindical la que habría de proveer las bases para la intervención de la Oposición Comunista y por lo tanto al rol del Partido Bolchevique-Leninista en la caída de Machado y en subsiguiente período revolucionario de 1933-35.


 


C. El Partido Bolchevique-Leninista en el período revolucionario de 1933-35


 


Durante la presidencia del general Machado, desde 1925 a 1933, él creyó que sólo una mano fuerte podía salvar a Cuba, y nunca vaciló en usar los métodos más violentos cada vez que la oposición se atravesaba en su camino. Con el 'crack' de Wall Street, sin embargo, en octubre de 1929, y el colapso del mercado norteamericano para el azúcar cubana, la isla fue arrastrada a una crisis económica. El balance de fuerzas en Cuba fue drásticamente alterado. Los salarios cayeron y la desocupación aumentó. La popularidad de Machado se deterioró y esto alentó a la oposición a desafiar abiertamente su régimen. Una brutal represión fue montada pero no fue suficiente para destruir a la oposición (72). A principios de 1933, los trabajadores de la central azucarera de Nazábal tomaron la fábrica, acciones de este tipo se repetían muchas veces a lo largo de ese período. En abril de 1933 la situación de toda la nación se había convertido en crítica y los Estados Unidos enviaron un embajador especial en un intento de negociar una paz social.


 


Sin embargo, como Rosalio Negrete (74) informó en The Militant del 27 de mayo de 1933, incluso elementos del ejército y de la policía estaban indecisos en su apoyo a Machado. Escribió: "recientes despachos de la provincia de Oriente reportan serias deserciones en las guarniciones de numerosas ciudades pequeñas” (75). Negrete sostenía que las quiebras en ejército parecen “ser inspiradas por el sector de las fuerzas armadas anti-Machado el cual es favorable a una intervención americana (sic)” (76). Afirmó más adelante que “los principales líderes de la Junta de Oposición, en la cual estaban representadas la mayoría de las camarillas burguesas y de la pequeña burguesía, eran opuestos a intervenir en ese momento, ya que eso podría interferir con su propio plan para distribuirse los puestos políticos y las ventajas económicas entre ellos mismos” (77). Señalando el probable desenvolvimiento de la lucha en Cuba, Negrete concluye que “sería ingenuo esperar cualquier acción decisiva del proletariado en la presente coyuntura, pero es cierto que el derrocamiento de Machado podría ser inmediatamente seguido por agudas luchas entre diversos sectores de la burguesía nacional y los intereses imperialistas contrapuestos" (78).


 


Contrarando este pronóstico, sin embargo, la clase trabajadora tomó la iniciativa, cuando un movimiento huelguista comenzó en La Habana el 2 de julio y se desarrolló rápidamente hacia una huelga general, cortando las comunicaciones por toda Cuba. El embajador norteamericano, SummerWelles, cambió su táctica al pedirle a Machado que acorte su período en el gobierno un año. Su utilidad era ahora limitada para los norteamericanos (79). Bajo la dirección de la FOH y de la CNOC, la huelga se había sostenido más allá de los límites económicos y se había transformado en un movimiento político directo contra el régimen de Machado (80). Como ha escrito Pérez Jr., “la huelga del transporte en la capital se extendió a otros sectores y en un plazo de días todo el movimiento económico se detuvo. A fines de la primera semana de agosto, la huelga general había adquirido la dimensión de una ofensiva revolucionaria y Welles y Machado habían contraído un adversario más formidable que los amenazaba con barrer a un lado, tanto al régimen de Machado como la hegemonía de Estados Unidos" (81).


 


Machado, tomando pasos para debilitar la ofensiva de la clase trabajadora, ofreció a la dirección stalinista de la CNOC, la legalidad para el PCC y el reconocimiento para la CNOC a cambio de su apoyo al levantamiento de la huelga. La dirección de la CNOC concedió el retomo al orden laboral (82), pero encontró la oposición de la FOH, dominada por el trotskismo y su llamado ignorado por las masas. La huelga continuó victoriosa hasta el 12 de agosto, cuando Machado huyó del país. Los trabajadores en La Habana retornaron al trabajo y un gobierno conducido por Carlos Manuel de Céspedes emergió de la oscuridad política. La ruptura de la 1 – y y el orden, sin embargo, continuó con los mazazos de la justicia revolucionaria aplicada a los oficiales sospechosos de machadistas (83). Negrete, escribiendo en The Militant, advirtió que “José Magrinat, quien fue enviado a México por Machado en enero de 1929 para asesinar al camarada Julio Antonio Mella, no tuvo ni siquiera tiempo para escurrirse por su agujero como una rata" (84). Después, a fines de agosto y en septiembre, una serie de huelgas espontáneas en la industria azucarera alcanzó el punto en el que una parte sustancial de los medios de producción de la principal industria de la isla estaban bajo el control de los comités de huelga. La Revolución era todavía una posibilidad. Como Zeitlin notó, “el primer molino azucarero fue tomado por los obreros en Punta Alegre en Camagüey el 21 de agosto, y en un mes, 36 molinos estaban bajo control obrero. 'Soviets' de obreros, campesinos y soldados fueron organizados en Mabay, Jaronu, Senado, Santa Lucía y otras centrales, con control extendido al sistema central de ferrocarriles, puertos y ciudades lindantes y áreas de agricultura en partes de Santa Clara, Camagüey y provincias de Oriente. El movimiento incluyó a casi todos los molinos y zonas azucareras, extendiéndose inclusive a las zonas más remotas. En algunos lugares la bandera roja fue izada, inclusive en varias ferrovias terminales. Las huelgas y tomas de molinos estallaron tan rápido que fue difícil para los comunistas enviar organizadores capaces de orientar y dirigir el movimiento en cada lugar. Ellos mismos fueron tomados por sorpresa por la profundidad de la ofensiva de los obreros azucareros. Las huelgas y tomas estaban, no obstante, mayormente dirigidas por los comunistas. Los comités de huelga supeditados al SNOIA fueron creados en todos los lugares para dirigir la lucha" (85).


 


Sin embargo, el fin del gobierno de Céspedes vino bajo la forma de la Revuelta de los Sargentos el 4 de septiembre de 1933. La intervención del Directorio Estudiantil Universitario transformó una protesta armada en una revolución política. Bajo la dirección política de los estudiantes, un directorio de cinco hombres formó un nuevo gobierno, que le abrió el camino a Ramón Grau San Martín, la elección del estudiantado radical para presidente. En el día de inicio de su presidencia, Grau unilateralmente proclamó la abrogación de la enmienda Platt y seguidamente nuevas reformas. Sin embargo, el clamor por más y profundos cambios sociales continuó. Milicias obreras fueron formadas y en algunas instancias entablaron combate con las unidades aimadas. En todo este período los Estados Unidos rehusaron reconocer la administración de Grau y veían en Batista, el I ídei de la Revuelta de los Sargentos, como la única figura en Cuba que representaba autoridad (86).


 


Fue en esta coyuntura que John G. Wright, escribiendo i m artíct /lo de discusión en The Militant argumentó que.es suicida hablar de la inmediata toma del poder. En el período ¡i' mediatamente anterior, debe ser librada una batalla defensiva. Una seria decisión de empezar una sistemática y regular lucha está en vías de desarrollo en una considerable masa de trabajadores. Pero primero que todo, ésta debe existir en las filas de la vanguardia revolucionaria. Faltando esta condición es imposible proceder a una directa organización de Soviets. En la medida en que esta condición no exista, la directa realización de Soviets no debe ser promovida. La consigna no es insurrección, sino ¡¡Defensa Nacional Revolucionaria!! ¡ ¡Autodeterminación para Cuba!! ¡ ¡Abajo con la enmienda Plattü".


 


“…La vanguardia debe liderar el reclamo de la inmediata convocatoria de la Asamblea Constituyente. Las masas deben movilizarse bajo las banderas de las demandas de transición. Al mismo tiempo, con estas consignas democráticas (¡Libertad de expresión!, ¡Libertad de prensa!, ¡Libertad de asamblea!, etc.) se debe agitar ampliamente la consigna de la nacionalización…


 


“… Pero primero y principal, la vanguardia debe organizar el frente único contra el imperialismo Americano (sic);


y en este frente único deben ser incluidas no sólo todas las organizaciones obreras sino todas y cada una de las secciones de la pequeña burguesía que estén deseosas y dispuestas para pelear en contra del enemigo común" (87).


 


La posición de Wright se contrapone en muchas cuestiones con un artículo anterior de The Militant. A mediados de septiembre de 1933, se había argumentado que “los campesinos y trabajadores cubanos, sin embargo, pueden confiar sólo en su propia fuerza, en sus propios organismos populares de lucha, en los Soviets. En este aspecto, no tenemos nada en común con la concepción stalinista de que los Soviets sólo deben ser organizados en el momento de la insurrección proletaria. Eso sólo conduciría, como fue trágicamente demostrado por la política stalinista en China, al fracaso de organizar Soviets en el momento, como centro revolucionario e instrumento obrero y campesino, o si no para caricaturizar los Soviets después que la revolución ha retrocedido” (88).


 


En efecto, Trotsky mismo respondió a la declaración de Wright contra la formación de los Soviets y en favor de la formación de un frente único con los elementos progresivos de la pequeña burguesía, alrededor de la consigna de defensa de la revolución nacional, en una carta del 21 de noviembre de 1933. Trotsky escribió, "en tu artículo sobre Cuba, es correcto, por supuesto, que nosotros no podemos proponernos a la conquista del poder como una tarea inmediata, si la mayoría de la pequeña burguesía rural y urbana no nos sigue. Esto sólo puede ser logrado con una directa y abierta batalla en contra de la burguesía 'nacional' y los líderes oportunistas de la pequeña burguesía. Yo no entiendo, sin embargo, por qué te declarás en contra de la creación de los Soviets u organismos muy similares a los Soviets. Los Soviets son los organismos de la conquista del poder sólo en un análisis final. En general, los Soviets en condiciones revolucionarias, constituyen la organización básica de lucha del proletariado y los sectores que lo acompañan. Rechazar la creación de los Soviets sólo es posible en la eventualidad de que condiciones externas insuperables lo impidan. Pero ésas no son ni pueden ser consideraciones tácticas que lleven a que los socialistas revolucionarios rechacen la consigna de Soviets, en condiciones en que su creación es totalmente posible” (89).


 


Con todo, la caída del gobierno de Grau San Martín se produjo en enero de 1934, después de que fue demasiado lejos con sus reformas ordenando el embargo de las plantas propiedad de Estados Unidos. Batista trasladó su apoyo armado desde Grau hacia Carlos Mendieta y en cinco días los Estados Unidos habían reconocido al nuevo gobierno (90).


 


Durante este período, que había visto al gobierno de Grau San Martín llegar e irse el PCC era la organización dominante dentro del movimiento de la clase trabajadora, aunque “las influencias del Partido eran más débiles en Camagüey, donde la huelga azucarera había sido principalmente conducida por los anarco-sindicalistas y trotskistas… y en la Federación Obrera de La Habana, donde los trotskistas eran dominantes” (91). Este período también vio a los trotskistas cubanos de la Oposición Comunista formar un partido independiente, el Partido Bolchevique-Leninista. Una nota al pie de página en las obras de León Trotsky, informa que sus miembros son un millar. (92) El PBLfue oficialmente constituido el 14 de septiembre de 1933, en una asamblea de "delegados de las secciones y núcleos de la Oposición Comunista de Cuba” (93) y las 64 páginas del programa del Partido fueron preparada por el Buró político del Partido y sometidas a discusión en los encuentros plenarios nacionales, mantenidos en La Habana el 27 y 28 de octubre (94). Sin embargo, el documento sólo se dio a conocer después de tres meses (95). Lo que fue publicado y distribuido por el Partido en el momento de la formación del PBL fue un manifiesto mucho más corto, conteniendo “una declaración inicial de principios definidos y claros” (96). El texto completo fue reproducido en inglés en The Militant del 18 de noviembre de 1933 bajo, el título de “A los trabajadores y los campesinos cubanos: Manifiesto del partido Bolchevique-Leninista de Cuba”.


 


En el manifiesto el PBL anunciaba que el "… partido emerge después de una larga y dificultosa lucha de más de un año, no vacila en declarar abiertamente ante todos los trabajadores, que surge de la cuna misma del Partido Comunista de Cuba y que es históricamente la negación del mismo” (97). Criticando la falta de un partido revolucionario hasta el momento de su propia formación, el PBL, de forma bastante objetiva, explicó su nacimiento en tal situación revolucionaria. Argumentaron que “sin tener en cuenta nuestros deseos, una vanguardia obrera revolucionaria puede sólo ser organizada en ciertas coyunturas históricas. En períodos de grandes luchas revolucionarias, el flujo y reflujo del movimiento de las masas automáticamente produce los medios necesarios para llevar a cabo exitosamente la creación de un nuevo partido" (98).


 


Refiriéndose a la Revolución de los Sargentos del 4 de septiembre, el PBL sostenía que esta “revuelta de suboficiales y soldados del ejército abrió una nueva etapa en el proceso revolucionario en Cuba. Esta rebelión confirmó completamente nuestra correcta línea política, en la cual afirmamos, siempre desde marzo de 1933, que la caída de Machado provocaría choques entre el ala de la burguesía reaccionaria de la Oposición y los variados elementos de la pequeña burguesía. La teoría sostenida por los líderes del Partido Comunista bastantes meses atrás (mayo de 1933), de que existía una abierta radicalización de las masas, que “obligaba a las fuerzas de la contra-revolución a unirse”, ha caído por el piso destrozada por la realidad de la situación" (99). Sin notar la militancia espontánea de los trabajadores, de y alrededor de la central azucarera, que ha conducido a las ocupaciones y a la formación de organizaciones de tipo casi soviético, el manifiesto del PBL continúa: “se dice que existe una abierta radicalización de las masas al mismo tiempo que tiene lugar un levantamiento de los cuadros y bases del ejército, y este levantamiento eleva a los elementos de la pequeña burguesía del Directorio Estudiantil al poder" (100).


 


El análisis del PBL de la situación fue que la pequeña burguesía había tomado el poder político y que “frente a la violenta ruptura de la pequeña burguesía con las reaccionarias fuerzas de ‘mediación’, esta teniendo lugar un reagrupa-miento de las fuerzas de la burguesía y la pequeña burguesía en la lucha por conquistar el poder" (101). Para el PBL, "el imperialismo yanqui… apoya abiertamente la formación de un frente contra-revolucionario conducido por el ABC y Menocal” (102), mientras que en su opinión, “bajo la presión del imperialismo, el gobierno de Grau San Martín sucesivamente se agita, gesticula, amenaza, concede, pero no conduce firmemente el directo y fundamental ataque en contra de la intervención yanqui” (103). Para el PBL, “sólo una posición de clase verdaderamente independiente puede salvar al proletariado de la derrota”, de modo que “sólo la clase trabajadora en alianza con el campesinado pobre puede liberar a Cuba de la opresión imperialista” (104).


 


Las perspectivas inmediatas del PBL para la revolución en Cuba incluía la tesis de que el proletariado “…está todavía demasiado débil políticamente para reunir al campesinado a su alrededor y tomar el poder" (105). El manifiesto continúa: “como muchas otras colonias Cuba carece de unidad económica independiente, y en su conjunto su economía está todavía en una etapa pre-capitalista" (106).


 


En cuanto a teoría, el PBL dibujó una clara línea de distinción entre el mismo por un lado y las fuerzas de la pequeña burguesía por el otro. El manifiesto declara que “las diferencias entre los elementos de la pequeña burguesía y nosotros, los Bolcheviques-Leninistas, descansa, en sustancia, en la forma de gobierno capaz de garantizar la independencia de la isla, en sus medios para obtenerla y en las metas" (107). El PBL ataca a quienes argumentan que la revolución proletaria todavía no podía ser realizada porque el proletariado no estaba suficientemente desarrollado en Latinoamérica, y que la lucha debía ser primero limitada a echar al imperialismo. Ellos descartaban esta fórmula “en su totalidad” (108), argumentando que podían"… considerar la lucha no en un sentido aislado sino como parte de la lucha proletaria mundial”. Como tal, el deber de la hora no era “…el de iniciar el desarrollo del capitalismo en América sino el de realizar la revolución agraria, llevando a cabo la revolución socialista y estableciendo la dictadura del proletariado (109). El PBL reiteraba que “la burguesía nacional y la pequeña burguesía, tanto rural como urbana, orgánica e ideológicamente, era incapaz de conducir la lucha revolucionaría del pueblo oprimido hacia su triunfo. Toda conciliación con estos elementos en relación a propósitos específicos la revolución, es una traición a los obreros y campesinos. El entregar estas fuerzas a la conducción de la pequeña burguesía, es repetir concientemente las traiciones en China y México” (110).


 


El PBL afinó más la línea de demarcación entre ellos y algunas fuerzas políticas de la pequeña burguesía, como los Apristas, encaminándose hacia la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky (111).


 


Argumentaron que “la revolución agraria anti-imperialis-ta no sólo cumpliría las tareas de la revolución burguesa (liquidación de las formasfeudales de producción, liberación nacional, revolución agraria, etc.), sino que debe, por el hecho de que la burguesía no es la fuerza motriz en ella y es llevada a cabo sin el apoyo de la burguesía y en contra de la burguesía, colocar las bases, desde las cuales se puede tomar el camino hacia la revolución socialista y la dictadura del proletariado” (112).


 


En cuanto a la teoría, entonces, el PBL cubano adoptó posiciones que claramente lo distinguen de aquéllas del PCC. Siguiendo la desastrosa línea del Comintern, el PCC consideró a la administración de Grau San Martín tanto en el campo del imperialismo como Machado. Ellos acusaron a Grau San Martín de “reforzar (su) posición como un representante de las clases explotadoras en Cuba en su lucha en contra de la revolución…. (y) en obtener el apoyo del imperialismo Americano (sic) en contra del creciente movimiento de masas, en la práctica si no formalmente” (113). Sin embargo, enfocando en la “revolución agraria anti-imperia-lista” el PBL sembró las semillas para hacer concesiones a la pequeña burguesía nacionalista y la subsiguiente degeneración.


 


El organismo oficial del PBL fue llamado Rayo (114). El editorial de la primera edición, titulado "Cuidado con las aventuras", hacía “una cuidadosa evaluación de la (entonces) presente situación política en la isla, advirtiendo en contra de los intentos putchistas del stalinismo que, a pesar de la formidable declinación de su influencia y prestigio desde septiembre (de 1933), está ahora llamando a la toma del poder" (115). Según The Militant, otro artículo analítico dibujó “el balance del régimen de Grau San Martín y de la política del Partido Comunista que condujo a la masacre del 29 de septiembre cuando se suponía el funeral de Mella como la señal de una insurrección” (116). La semilla, sin embargo, de la subsiguiente degeneración, fue también denunciada en The Militant en su resumen del informe del Rayo de la situación de la actividad organizativa de la rama del PBL en la Provincia de Oriente. El artículo declaraba que los camaradas del PBL habían sido capaces de construir una extensa organización con unidades en la mayoría de las ciudades importantes y las plantaciones azucareras.


Sin embargo, senas dificultades internas se habían originado en la sección del partido de Guantánamo, cuyos miembros mantenían agudas diferencias teóricas tales como la del caráctei que el partido debía asumir. En la Conferencia Nacional de la Oposición de Izquierda cubana del 14 de septiembre de 1933, en la cual fue decidido el cambio de nombre de la organización por el de Partido Bolchevique-Leninista de Cuba, los camaradas de Guantánamo insistieron en la creación de ‘una asociación abierta de obreros, campesinos y estudiantes’ como contraria a un 'cerrado' Partido Bolchevique. La sección de Guantánamo ha funcionado desde entonces independientemente e ignorado las directivas del Comité Central" (117).


 


Las raíces de la degeneración política, entonces, habían sido sembradas, pero como The Militant sostuvo, el nuevo gobierno de Mendieta, que reemplazó al de Grau San Martín, estaba decidido a liquidar al PBL y las organizaciones obreras en las cuales participaba y jugaba un rol de liderazgo ( 118). Esta aserción fue hecha al comunicar la noticia 'del arresto de toda la dirección de la Federación del Trabajo de La Habana (FOH). La policía cayó por sorpresa en la reunión del Plenario de la Federación mientras sesionaba, poniendo a todos los miembros bajo arresto… (siendo) Junco el único de los arrestados que fue nombrado" (119). Las siguientes ediciones semanales de The Militant informaban cómo otros miembros del PBL arrestados en el mismo momento, que eran de origen español, eran deportados a España (120). El artículo también transmitía "la urgente súplica de asistencia financiera”.


 


La edición del 14 de abril de 1934 de The M/7/Yanf también contenía una traducción de un artículo del Rayo. El artículo, titulado La situación cubana después de Grau", fue probablemente el artículo al que The Militant se había referido en su edición del 10 de marzo de 1934, porque contenía el análisis del PBL del régimen de Grau San Martín y las lecciones a ser extraídas de la experiencia con los dirigentes de la pequeña burguesía y la provocativa y aventurera política del PCC durante su período en el poder. El artículo fue primero que nada, despreciativo cómo el gobierno de Grau San Martín "en lugar de su aparato de guerra… sus amenazadores gestos … (y) sus llamamientos a la “Ley y Justicia ,… fue desplazado del poder sin un serio intento de resistencia de su parte” por una simple maniobra diplomática (121).


 


El PBL retomó lo que ellos habían "afirmado de que el rol hegemónico de la pequeña burguesía conducía al gobierno (de Grau San Martín) a una política indecisa de zig-zags” (122).


 


Programáticamente, las tareas que el PBL se había encomendado a sí mismo durante el período de zig-zags, las cuales, según el mismo artículo, le fueron impuestas por la militancia del proletariado, incluían: “continuar ardientemente el trabajo de reagrupar al proletariado, para exigir del gobierno de la pequeña burguesía la realización de su propio programa demagógico (tribunales revolucionarios, distribución de la tierra, Asamblea Constituyente, etc.); para pelear por la constitución de las Juntas Revolucionarías como un paso en la organización de los Soviets, y al mismo tiempo llevar adelante un trabajo intenso entre las masas para prepararlas para la defensa contra las agresiones del Gobierno (123). El PBL sostenía que tal táctica mantendría al movimiento revolucionario en la cresta, preparando a las masas para el período en que la “cobarde pequeña burguesía tuviera que volverse en contra de las masas” (124).


 


En la cuestión del PCC, el PBL acusaba al Partido Comunista oficial de “tomar una postura esquemática y sectaria, (la cual) conducía al proletariado a la masacre, y le causaba l pérdida de confianza en su propia capacidad revolucionaria” (125). Más específicamente, describían cómo la política provocativa del PCC los conducía a gritar “en contra del ‘gobierno asesino de Grau-Batista-Carbo describiéndolo como un "bloque burgués-feudal-terrateniente-imperialista". Y entonces ellos llamaban a la insurrección… El 29 de septiembre fue la culminación de esa imbecilidad política. El día del entierro de Mella fue elegido como el día de la insurrección, y entonces el ejército, que ya había empezado a fraternizar con los obreros, masacró a estos últimos en las calles de La Habana” (126).


 


El PBL criticó más aún las acciones del aventurerista PCC después del fiasco de la insurrección fallida. Escribieron: “entonces el Partido, perdiendo toda su orientación, lanzó el llamado a la huelga general. Esto hubiera conducido a la mayor y completa derrota de los trabajadores si la Federación del Trabajo de La Habana, previendo el desastre, no les hubiera mostrado el camino. Los Bolcheviques-Leninistas lograron éxito en hacer retornar a los trabajadores a sus posiciones, y ésa es la razón por la cual el presente período de lucha no está cerrado.


 


“Pero esto no fue suficiente para curar las heridas hechas por los aventureros. El desorden provocado en el proletariado permitió al Gobierno parar en seco la ofensiva de los obreros” (127).


 


Marcos García Villarreal, uno de los líderes del PBL, reiteró la enorme culpa que los trotskistas cargaban al PCC en un artículo especialmente escrito para The Militant y publicado el 28 de abril de 1934. García Villarreal escribió: "ningún partido de los trabajadores tuvo alguna vez mayor responsabilidad histórica que la que cayó directamente sobre la burocracia stalinista del Secretariado Caribeño (sic), y del Partido Comunista de Cuba… El stalinismo cubano ha sido convertido en el factor más negativo dentro del proceso del desarrollo revolucionario. La culpa entera por la derrota proletari, cae en los hombros del stalinismo, sin ninguna limitación" (128). García Villarreal describía que “habiendo crecido y fortificado su influencia, el stalinismo, por su visión política estrecha, aisló a la clase trabajadora, empujándola hacia la ruta de las aventuras; zig-zags violentos; abruptas retiradas… clasificó al gobierno de la pequeña burguesía de San Martín como un “gobierno burgués-feudal, lacayo del imperialismo''. Tan amplia teoría implica una aplicación práctica. Todos los esfuerzos fueron dirigidos hacia el derrocamiento del gobierno de Grau, en beneficio, no de la clase trabajadora, sino de la reacción imperialista que estaba preparando una vez más su regreso al poder con el aparato estatal" (129). García Villarreal describió cómo la política sectaria del PCC los condujo a confundir todos sus enemigos en una masa sólida. Las disputas internas dentro de las clases enemigas, en vez de ser utilizadas en interés de los trabajadores, fueron consideradas sin importancia por los stalinistas" (130). Su argumento, en esencia, fue que el PCC condujo a los trabajadores a batallas prematuras que los agotaron y confundieron, de modo que cuando el proletariado se vio forzado a luchar, fue ya demasiado tarde: Carlos Mendieta había sido elevado al poder del gobierno en los atléticos hombros de los Marines Americanos' (131).


 


El PC recibió mayores críticas de García Villarreal por su respuesta a la ‘reacción desenfrenada’, entonces en pleno auge en Cuba. Declaró que “el stalinismo ha ordenado que, en caso de revolución, la propiedad de los holdings imperialistas feudales debía ser respetada, porque el imperialismo es un enemigo 'infinitamente superior” (132). Esta “vergonzosa capitulación” que, en la opinión de García Villarreal, completó la traición del PCC, fue presentada como ‘elmás delicado fruto’ del pacto Litvinoff-Roosevelt (133), esto es, “el respeto por la dominación del capital financiero yanqui” (134).


 


La perspectiva inmediata del PBL para la orientación y el trabajo futuro después de la caída del gobierno de Grau San Martín, reposaba en su análisis de que “el desplazamiento del gobierno de Grau San Martín por un bloque derechista… encuentra al proletariado en una actitud defensiva… La tarea inmediata hoy es luchar sin cuartel contra las leyes fascistas y en defensa de las conquistas ganadas como la jornada de ocho horas en todas las industrias. En esas batallas que asumirán gigantescas proporciones en los molinos azucareros, es posible construir una resistencia más firme para el comienzo de luchas mayores por la organización sindical” (135). Esta perspectiva 'defensiva’ fue reiterada en el artículo de García Villarreal en The Militant del 28 de abril de 1934. Allí escribió que, históricamente, la llegada de Mendieta al poder “es una derrota para el proletariado. Sólo preparando la defensa enérgica y conciente-mente, alcanzando a todas las organizaciones de masas para la creación de un frente único; construyendo el equipamiento combativo del proletariado que protegerá el retroceso y preparará las ofensivas del mañana, es posible detener la desintegración de las filas obreras bajo los golpes de la reacción" (136).


 


Con todo, a mediados de 1934, el movimiento huelguístico estaba otra vez en ascenso. The Militant, en octubre de 1934, informaba que "huelgas generales de significado político revolucionario han tenido lugar en varias ciudades y en varias industrias", mientras que “trabajadores de numerosas plantaciones de azúcar y líneas de transporte se están preparando para batallas más profundas en la época del comienzo de la zafra, o cosecha” (137). The Militant argumentaba que esta ola de huelgas indicaba “la necesidad de cierta forma de organismo permanente de frente único” (138).


 


Sin embargo, en el terreno, la situación de la clase trabajadora y sus dos principales organizaciones, la FOH controlada por los trotskistas, y la CNOC controlada por los stalinistas, estaba lejos de permitir la acción común en una atmósfera que permitiera la libertad para la crítica política. De acuerdo con García Montes y Alonso Avila, “la pugna entre Sandalio Junco y César Vilar (139) se había convertido en una cuestión de extrema violencia. Aquél acusaba a éste de utilizar a los obreros para su mero encumbramiento personal y para servir a sus intereses políticos sectarios. Sandalio Junco obtuvo inclusive que el Sindicato de la Construcción juzgara a César Vilar por haberse aburguesado como dirigente sindical” (140). Citaron una particularmente exitosa huelga en el sector del comercio, que fue dirigida por la FOH y a la cual se unieron empleados de la North American Company, que tenía grandes tiendas en La Habana. García Montes y Alonso Avila también citan un ejemplo de extrema violencia cuando un grupo armado miembros del Partido Comunista salió de las oficinas de la CNOC y atacó a compañeros en el interior del edificio de la FOH, controlada por los trotskistas. Este asalto causó un muerto y varios heridos (141).


 


Entonces, a pesar del aumento de la militancia industrial, la empeorada relación entra la FOH y la CNOC, en una atmósfera creada tanto por los intercambios verbales como por los asaltos físicos, combinada con las raíces políticas de los miembros del PBL, determinaron en gran medida la interpretación y dirección del llamado del PBL a alcanzar “todas las organizaciones de masas para la creación de un frente único”. Aunque en teoría no habían apoyado al gobierno de Grau San Martín, caracterizándolo como un comité de la pequeñoburguesía que podía satisfacer tanto las demandas del proletariado como las de la burguesía, dependiendo de quién expresara sus reclamos más estridentemente, no mantuvieron una clara posición sobre la necesidad de la revolución proletaria como única vía al socialismo. En pocas palabras, después de la caída del gobierno de Grau San Martín, el PBL sustituyó el trabajo por un genuino frente único antiimperialista, por frentes antiimperialistas democráticos.


 


En el documento “Resoluciones sobre la presente situación política y nuestras tareas en ella", fechado el 16 de octubre de 1934 y al que se arribó después de tres reuniones regulares del Comité Central del PBL (142), su posición sobre la correcta estrategia a seguir, esto es, revolución democrática o proletaria, fue expuesta con una total falta de claridad. La resolución señalaba en una parte que: “de aquellos que perdieron el poder el 16 de enero de 1934, se han formado desde entonces tres grupos políticos: el Partido Revolucionario Cubano, el Partido Nacional Agrarios/ Joven Cuba, que constituye el factor más heterogéneo y al mismo tiempo del cual más se puede esperar. En consecuencia, nuestra política consiste en empujar al ABC (¿con?) toda otra fuerza que no sea favorable a él, para hacer imposible a la pequeñoburguesía alcanzar un acuerdo con las clases dominantes, reagrupar al proletariado en tomo a nosotros, aplastar al stalinismo" (143).


 


Las concesiones del PBL al nacionalismo pequeñoburgués fueron específicamente expuestas en su análisis de Joven Cuba. “Debemos caracterizarla (a Joven Cuba) como la izquierda de ese partido, entre la pequeñoburguesía y el proletariado. Teniendo una base teórica esencialmente nacionalista y pequeñoburguesa, se declara como un enemigo del imperialismo … como toda ruptura todavía sostiene, como si hiciera sus primeros pasos, el cordón umbilical que lecuerda la matriz de la cual proviene. La vida por sí misma está limpiando a Joven Cuba de sus elementos originales, y está (¿moviéndose?) hacia un campo donde seguramente será absorbida … Su mayor defecto sigue radicando precisamente en que comandando una fuerza militar y teniendo una militancia armada, Joven Cuba subestima las condiciones políticas necesarias para la revolución, para caer en el fetichismo de la organización técnica del acto insurreccional por sí mismo. El aventurerismo es su debilidad orgánica. Sin embargo, la desintegración del Partido Revolucionario Cubano le ha dado a Joven Cuba una base de masas más fuerte, y esto aparentemente ha modificado su política.


 


Convencida de que la insurrección es un punto de coronación de un definido proceso político, Joven Cuba ahora se aproxima a la clase obrera y no duda en proponer el frente único. Tomándola como una coyuntura, es necesario desarrollar una política realista hacia ella. Joven Cuba simboliza en realidad un grupo en movimiento, cuyos miembros no pueden sino permanecer en el campo de los trabajadores o bien en las filas de la reacción. El futuro demostrará que no puede continuar existiendo con su actual programa como una organización separada" (144).


 


El PBL estaba alejándose de la posición bolchevique, que sostiene que aunque el proletariado puede trabajar con las organizaciones representativas de la burguesía y la pequeñoburguesía en lucha contra el imperialismo, debe preservarse la independencia del movimiento de la clase obrera, incluso si está sólo en forma embrionaria (145). No contrapusieron abiertamente la revolución proletaria, la única revolución capaz de llevar a cabo incluso las más elementales tareas de la revolución burguesa en una semicolonia, al programa de la revolución democrática antiimperialista preconizada por la Joven Cuba. No se delimitaron claramente de las fuerzas pequeñoburguesas de Joven Cuba, no importa cuán ‘izquierdistas’ parecieran; el PBL fracasó en comprender lo que Lenin llamó su ‘tarea especial’, esto es, “la lucha contra los movimientos democrático-burgueses dentro (de su propio país)” (146). Las concesiones del PBL en lo concerniente a la teoría quedaron expuestas cuando escribieron que, como “la represión aumenta, sectores de la pequeñoburguesía han sido obligados a promover ruidosas protestas. La ahora abierta política de asesinatos públicos, ha tornado definitivamente a los grupos ‘auténticos’ hacia una posición de retroceso en el terreno electoral, y por otra parte, de preparación de la ‘insurrección’. Cuando, después de ocho meses de propaganda ‘pacifica’, el partido de Grau San Martín confesó que esa vía estaba temporariamente exhausta, automáticamente colocó tanto la ventaja como la responsabilidad sobre los hombros de su ‘ala izquierda’ (Antonio Guiteras). Políticamente, el ala izquierda ha vencido a sus adversarios de la derecha y el centro. Pero la izquierda está muy lejos de ser un partido de masas capaz de llevar a la práctica una genuina insurrección popular. Esta es el ala izquierda que busca contacto con nosotros y establece la primera condición para ‘unir la lucha contra la reacción, a la preparación conjunta de la insurrección1. De todos los rincones de la isla, nuestros camaradas, regocijados, informan sobre estas propuestas de frente único. Sabemos que la situación es crítica y requiere de cuidado… A esas proposiciones, les damos la siguiente respuesta concreta: Estamos deseosos de entrar en ese frente único, pero sobre la base de un programa de acción concreto. La aplicación de este programa de acción es nuestra principal tarea” (147).


Criticando el rechazo del Auténtico a “tener nada que hacer con las elecciones a Constituyente" (148), en la ‘ Resolución sobre la presente situación y nuestras tareas en ella”, el PBL destacó que el Buró Político del Partido "ha publicado su consigna en Rayo: ¡Por una Constituyente no controlada por el gobierno! (149). En apoyo a ella, enviaron una carta a todos los partidos democráticos de Cuba (150).


 


Levantando la consigna de “una Constituyente no controlada por el gobierno, elegida en los centros de trabajo y de estudio”, el PBL argumentaba que “iniciamos, en una forma embrionaria, los soviets, y establecemos la dualidad de poder por primera vez. Dadas las terribles condiciones prevalecientes en el país, puede esperarse una drástica reacción gubernamental que impida llevar a la práctica estas propuestas. Entonces, el Frente Unico se desenvolvería como un órgano de lucha activa. Debemos estar preparados, cuando las circunstancias lo requieran, a sustituirlo por la consigna de “frente único de lucha contra el gobierno y por la formación de juntas revolucionarias (consejos)”. Las juntas revolucionarias (consejos) funcionando en cada pueblo, centrales azucareras, etc., formadas por representantes de los dos partidos (el de Guiteras y el nuestro) tendrían a su cargo la preparación de la lucha en su conjunto. Es así como debemos comenzar la insurrección, y como debemos influenciarla y dirigirla desde adentro. Si, después de toda la preparación necesaria, el acto técnico de la insurrección tiene lugar como culminación del proceso político, entonces el frente único cesa automáticamente. Es casi seguro que la pequeñoburguesía alcanzará el poder. Pero la fuerza que impulsa la revolución hacia adelante es la clase obrera dirigida por nuestro partido. Es entonces que podremos llevar a la práctica la transformación de la revolución democrática en revolución socialista. Es entonces que a través de una transformación dentro de las juntas revolucionarias, los auténticos consejos de obreros, campesinos y soldados nacerán de las masas. Es entonces que la consigna “Todo el poder a las Juntas" adquirirá su contenido revolucionario de masas" (151).


 


A pesar de la insistencia del PBL en que el éxito del Frente Único no depende de su habilidad para intrigar con el adversario, como acusaban los stalinistas, sino del “desplazamiento hacia nosotros de las fuerzas más capaces, más … vivas de la revolución”, no existía una clara delimitación entre ellos y las fuerzas revolucionarias pequeñoburguesas de la Joven Cuba. Como proseguía la resolución, “cuando el propósito principal para el que fue creado, desaparece, el frente único como instrumento revolucionario ya no tiene más ninguna razón para existir. Debemos estar preparados para el momento en que tenga lugar su completo desplazamiento" (152). La revolución proletaria, aunque formalmente todavía planteada como objetivo final, era vista como el resultado de ciertos procesos objetivos que podrían desarrollarse si se le daba la prioridad a la revolución democrática antiimperialista.


 


Cuando Carlos Mendieta llegó al gobierno, la designación de Batista como presidente cubano, a principios de 1934, fue enfrentada con una serie de huelgas. Ese crecimiento de la militancia fue contenido temporalmente por el comando militar (153). Sin embargo, el descontento, aumentó otra vez a principios de 1935, y se convirtió en una huelga general. La huelga fue iniciada por los estudiantes y docentes, en paro desde el 12 de febrero. El movimiento obrero organizado -que de acuerdo con Zeitlin todavía se estaba recobrando de sus derrotas de 1934- dudó, y sólo lanzó un llamado a la huelga el 11 de marzo (154).


 


El PBL, “conciente de la debilidad de las organizaciones obreras, concentró todas sus fuerzas en el fortalecimiento del Comité de Defensa Proletaria, creado previamente (frente unido) de manera que la huelga general pudiera tener una dirección centralizada y una posibilidad de victoria. Pero ante esta propuesta, nos encontramos con la oposición lisa y llana de una parte del partido stalinista, que deseoso de mantener su propia hegemonía, llamó a una huelga separadamente del Comité, y de otro lado, con la oposición de los líderes de los estudiantes y la pequeñoburguesía. que buscaban precipitar el movimiento” (155).


 


“Por tres días enteros reinó el terror” (156). Fue declarada la ley marcial y “hordas de policías y militares invadieron las calles y dispararon contra los trabajadores allí donde se reunieran. Los locales centrales de todas las organizaciones proletarias fueron asaltados, saqueados y demolidos” (157). Estas medidas, “las más extremas en la historia de la república", derrotaron rápidamente al movimiento huelguístico (158).


 


Refiriéndose al período inmediatamente precedente y a! siguiente, a la huelga de marzo de 1935 y a las concesiones del PBL al frente democrático antiimperialista. Alexander escribió que “el PBL fue totalmente explícito en sus planes para organizar una 'revolución democrática antiimperialista de obreros y campesinos’, incluso publicando un programa de gobierno que había sido acordado entre el PBL y Joven Cuba. Esta proclamación despertó fuertes protestas de la sección norteamericana de la Oposición Internacional de Izquierda, el Worker’s Party. A. J. Muste, el secretario general del Worker’s Party, objetó tanto la consigna de gobierno de “obreros y campesinos” como la colaboración con Joven Cuba, sugiriendo que debía establecerse un comité de unidad más amplio, incluyendo a los stalinistas. Estas críticas parecen haber tenido poca influencia en la política inmediata de los trotskistas cubanos.


 


“Pero había claramente considerables divergencias en el seno del PBL. El secretario general del partido puso a consideración del Secretariado Internacional, en París, un informe en el cual se refirió a las tensiones dentro del partido entre aquellos que identificaba como los ‘reales1 defensores del cuartointernacionalismo, y los elementos más ‘oportunistas” (159).


 


Durante la corta pero decisiva huelga y sus consecuencias, las oficinas de la FOH, dirigida por el PBL, fueron atacadas, todos los muebles y equipos fueron saqueados, los documentos robados y todos los que estaban en ellas, golpeados y luego arrestados. Entre los muertos en otros centros estaba Cresencio Freire, miembro del PBL y dirigente del sindicato de los panaderos (160). Más aún, posteriormente, los tribunales de excepción “pronunciaron sentencias de seis a diez años contra miembros del Partido Bolchevique Leninista". En octubre de 1935, el PBL tenía 30 militantes detenidos, la mayoría eminentes dirigentes políticos y sindicales (161).


 


D. El trotskismo cubano durante el período frentepopulista de la Internacional Comunista


 


Zeitlin argumentó que el fracaso del movimiento reve cionario de 1935 y el ‘terror blanco’ que se desencadenó contra las organizaciones de clase de los trabajadores “provocaron una transformación del carácter radical del movimiento” (162). Continuaba: “el fracaso de la revolución fue responsable por la desmoralización de la clase obrera y el agotamiento de las energías revolucionarias de los trabajadores. Desorientada, desorganizada, con muchos de sus veteranos dirigentes detenidos o muertos, la situación era de tal naturaleza que podía esperarse el crecimiento de un limitado sindicalismo de naturaleza reformista” (163).


 


De esa manera, se había creado la base material para otra capitulación de las fuerzas revolucionarias dentro del PBL. Revisiones previas de las conquistas programáticas de los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista ya habían llevado al PBL al punto de formar bloques estratégicos con varias fuerzas nacionalistas pequeñoburguesas, y eso, a su turno, provocaría que la mayoría de los afiliados del PBL desertaran del comunismo revolucionario para unirse a las filas de esas fuerzas.


 


Después del asesinato de Antonio Guiteras (164), la perspectiva del PBL fue trabajar dentro de las filas de Joven Cuba. Fracasando en reconocer la naturaleza histórica de la derrota, R. S. de la Torre escribió en The New International que “la penetración del PBL en las filas de Joven Cuba, la simpatía que sus miembros tienen por nuestro partido, abren buenas perspectivas para nuestra organización. La pequeñoburguesía no busca frenar sus intenciones insurreccionales. Es una cuestión de vida o muerte para ella. Aquí se ofrece una brillante oportunidad al partido proletario para demostrar sus capacidades de liderazgo" (165).


 


El oportunismo del PBL, que se origina en su confusión sobre la línea táctica del Segundo Período de la Internacional Comunista y el rechazo stalinista de ésta en favor de la orientación sectaria del Tercer Período, llevaron a la disolución dentro del movimiento nacionalista democrático en el plazo de dos años. Simeón resume la evolución y eventual disolución de los trotskistas de la FOH y el PBL a mediados de la década del 30 de la siguiente manera: "la Federación Obrera de La Habana dio apoyo tácito a los tres meses de gobierno revolucionario de Grau San Martín en 1933… (En 1935/36) el Partido Bolchevique Leninista se desintegró. El propio Simeón dejó el grupo en 1934, uniéndose a los Auténticos. Mujal ingresó a Joven Cuba, como Sandalio Junco, más tarde, se convirtió en secretario sindical de Joven Cuba, antes de unirse al Partido Auténtico" (166).


 


La fracasada huelga de marzo 1935 y la desintegración del PBL también coincidieron con la promoción de la política del Frente Popular (167), iniciada por la Internacional Comunista en su sexto Congreso. El PCC, sin embargo, inicialmente fue rechazado en sus intentos de formar un frente popular con el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) de Grau San Martín (168). Como consecuencia, tuvo lugar una gradual reconciliación entre Batista y los comunistas a partir de 1937. Batista declaró una amnistía para todos los presos políticos en 1937 y permitió a los comunistas organizar el Partido Unión Revolucionario (PUR). Poco después permitió al ilegal PCC publicar un periódico, Hoy, y dos meses más tarde, en julio de 1938, la asamblea plenaria del Partido Comunista decidió adoptar “una actitud más positiva hacia Batista”, que ya no fue descripto como "un centro de la reacción sino “como el defensor de la democracia". Las familiares tácticas del Frente Popular procedieron a manifestarse en Cuba. En setiembre de 1938, Batista restauró el status legal del PCC. El PUR desapareció. Después de eso, los comunistas retomaron su campaña contra los Auténticos y los partidos opositores a Batista. En los años de la Segunda Guerra Mundial, el Partido Comunista "en su dirección de los trabajadores, en la práctica abandonó cualquier concepción tanto de lucha de clases como de antiimperialismo" (169).


 


Sobre los trotskistas, Alonso Avila escribió: “cuando los comunistas se pusieron de acuerdo con Batista, hubo otra pugna y purga en el partido… Los purgados salieron con el sambenito de trotskistas. Un poco después, la presencia de Trotsky en México despertó algunos entusiasmos en ciertos jóvenes intelectuales de izquierda que se iniciaban en las labores periodísticas. Algunos eran ex apristas y algunos ex comunistas… En definitiva, la mayoría de aquellos revolucionarios terminó por incorporarse al PRC (Auténtico), por entender que era el partido que interpretaba las ideas revolucionarias en Cuba y el que se oponía a Batista y a los comunistas” (170).


 


Este era el paso lógico para los miembros del PBL que habían mantenido una posición confusa en su relación con las fuerzas pequeñoburguesas en lucha por una revolución democrática antiimperialista. La clase obrera había sido derrotada y sus raíces orgánicas e implantación en la clase obrera, vía FOH, había sido tan golpeadas que el abandono de la lucha por la primacía de la revolución proletaria, aplicada inconsecuentemente en la práctica, fue completo-La trayectoria política de Sandalio Junco es quizás el más esclarecedor ejemplo de la disolución del PBL en el campo pequeñoburgués. Después de unirse a la Joven Cuba y haber trabajado en el desarrollo de sus lazos con la clase obrera, se unió al Partido Auténtico donde, junto con Eusebio Mujal, formó la Comisión Nacional Obrera del PRC (Auténticos), que permaneció como un centro de oposición a la dirección stalinista del movimiento sindical (171)- Cuan do Junco fue asesinado por un grupo de pistoleros stalinistas el 8 de mayo de 1942 en Sancti Spiritu durante un acto en conmemoración del séptimo asesinato de Antonio Guiteras, The Militant mostró cómo la prensa stalinista había denunciado a Junco en términos usualmente reservados a los trotskistas, es decir, ‘quintacolumnistas’, en los días inmediatamente anteriores al asesinato (172). En la opinión de The Militant, “como secretario sindical del Partido Revolucionario Cubano, él pertenecía a su ala izquierda, enfatizando la necesidad de la acción independiente de la clase obrera. Era un encarnizado oponente a la línea del Frente Popular de los stalinistas. Estaba por la defensa de la Unión Soviética, pero se oponía a apoyar a los imperialistas en la guerra. Su último artículo, publicado unos pocos días antes de su asesinato fue un ataque a la capitulación ante el imperialismo del dirigente stalinista Blas Roca” (173).


 


Esta bastante confusa posición de apoyar la acción independiente de la clase obrera y oponerse a las tácticas del Frente Popular de la Internacional Comunista desde dentro de las filas de los Auténticos, él mismo una amalgama de clases sociales, definió al temprano trotskismo cubano. Esto también puede explicar por qué la influencia trotskista se hundió en los últimos años de la década del 30 en comparación con la de los stalinistas. La base social para la colaboración de clases, es decir, la propiedad privada, todavía existía en Cuba, pero fue el Partido Comunista, con todo su prestigio internacional, antes que el movimiento trotskista, quien podría hacer aceptar alianzas de distintas clases a la clase obrera en tiempos de crisis.


 


Fin de la primera parte


 


 


1. Ver Gálvez Cancino, A., ‘Julio Antonio Mella: Un Marxista Revolucionario (Debate en tomo asu vida y a su muerte)’, p. 118, in: Críticas de la Economía Política, n° 30, 1986, México D.F., Ediciones El caballito, pp. 101/151.


2. Ver Mella, J.A., ¿Qué es el APRA?, Lima, Editorial Educación, 1975, en particular, p. 24.


3. Ver Frank, P., Ixi Citaría Internacional: La Larga Marcha de los Trotskistas, London, Ink Links, 1979, p. 31/33.


4. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit. pp. 133-4.


5. Algunos de los escritos de Mella que incorporan esa línea política no sectaria fueron originalmente publicados en Defensa Proletaria, N° 5, 20 de enerode 1929yreimpresosenGálvezCancino,A., op.cit., pp. 143-4.


6. Ver Ttotsky, L.D., “The Question of Trade Union Unity”, en Trotsky, L.D., LeónTYotsky On The TVade Unions, New York, Pathfmder Press, 1975, pp. 45-53.


7. Ver, por ejemplo, RienÜ'er, K., Comunistas Españoles en América, Madrid, Edita-a Nacional, 1953, 130-9; Alba V., Esquema Histórico del Comunismo en Iberoamérica, México D.F., Ediciones Occidentales, 1960, p.61; Gorkin. J., Cómo Asesinó Stalin aTrotski, Barcelona, Plazay Janes, 1961, p.204; y Suchlicld, J., University Students And Revolution In Cuba, 1920-1968, Florida, University of Miami Press, 1969, p.22.


8. Ver Blackwell, R., “JulioAntonio Mella", p.l, en: The Militant (New York), 15 de enero de 1931 (BNL).


9. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit. pp. 144-47.


10. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit. pp. 146-47.


11. “Para Alberto Martínez con el propósito del rearme comunista, Julio Antonio Mella” (Traducción propia, G.T.). Citado en Gálvez Cancino, A., op.cit., p. 145. Alberto Martínezfue más tarde uno de los líderes fundadores de la Oposición de Izquierda mexicana con Russell Blackwell. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit., p. 147.


12. Ver Blackwell, R., op.cit. p. 1.


13. Ver p. 1 del manuscrito de una enüevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander en Union City, New Jersey, el 12 de abril de 1970 (RJA).


14. Ver el artículo “Dirigentes obreros asesinados por el stalinismo en Cuba”, en: The Militant, Vol. VI, N° 25,20 de junio de 1942, p. 1. (BNL)


15. Riera Hernández, M., Historial ObreroCubano 1574-1965, Miami, Rema Press, 1965, p. 275. La F.O.H. fue un centro sindical formado en momentos de unaola huelguística y demostraciones callejeras en La Habana contra alzas agudas en el costo de vida La condujeron juntos anarcosindicalistas y reformistas, aunque fue el anarcosindicalismo, que en aquel tiempo incluía a Junco, el que tomó el control durante esos témp anos años. Ver García


Montes, J. y Alonso Avila, A., Historia del Partido Comunista de Cuba, Miami, Ediciones Universal, 1970, pp. 31-2.


16. Ver Gddenberg, B., “The rise and fall of a Party: The CubanCP (1925-59)"( Ascenso y caída de un Partido, el PCC), p. 66 N° 19. en: Problems of Communism, Vol. 19, N° 4, julio-agosto 1970, pp. 61-80.


17. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


18. Ver p. 1 de la carta de Antonio Alonso Avila a RJ.Alexander, fechada el 21 de marzo de 1970. (RJA).


19. Ver “Arrest Leaders Of The Cuban Labor Movement”, en: The Militant (New York), 7 de abril de 1934, p. 1 (BNL).


20. Ver Carr, B., Marxism and Communism In Twentieth-Century México, Lincoln, University of Nebraska, 1992, pp. 45 y 340, N° 97.


21. León Trotsky, Oeuvres, marzo-julio 1933, París, Publicaciones del Instituto León Trotsky, 1979, p. 161,N° 11 (SP)


22. Citado de la p. 1 de la carta de Antonio Alonso Avila a R.J. Alexander, fechada el 21 de marzo de 1970 (RJA).


23. Ver GarcíaMontes, J. y Alonso Avila, A., op.cit. p. 115.


24. Ver Thomas, H., Cuba: The Pursuit of Free-dom, New York, Harpers and Row, 1971, p. 597,


N’ 60.


25. Ver Thomas, H., op.cit p. 597, N° 60.


26. Citadoen Blasier, S.C.,The Cuban and Chilean Communist Parties, Instruments of Soviet Policy. 1935-48. PhD Thesis (no publicada), Columbia University, Ann Arbor, Michigan, 1956, p. 23. Blasier declara que Junco fue expulsado en 1930, pero Hugh Thomas y Charles Simeón dan el año 1932 como fecha de esa expulsión del P.C.C. Ver Thomas, H, op.cit. p. 597, y p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit. En esa entrevista, Simeón volvió a expresar que no es cierto el planteo de que Junco disintió con el P.C.C. porque le desagradó que César Vilar fuera nominado secretario general de la CNOC delante suyo. Tilomas, sin embargo, está supuestamente citando el trabajo de Blasier.


27. Ver Goldenbarg, B., op.cit. p. 66.


28. Ver García Montes, .1., y Alonso Avila A., op.cit. p. 115.


29. Ver Blasier, S.C., op.cit. pp. 22-3.


30. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


31. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit Simeón dice actualmente que el Partido Bolchevique Leninista (PBL) fue formado en 1934, pero en el documento Programa del Partido Bolchevique


Leninista está señalado que el PBL fue formado el 14 de septiembre de 1933. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista La Habana Imprenta O’Reilly # 36, 1934, p. 7 (HI).


32. Ver “Stalinist Record In the Cuban Revolution’, en: The Militant (New York). 16 de junio de 1934, p. 3 (BNL).


33. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista loc.cit.


34. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista loc.cit


35. Antes de unirse a la Oposición Comunista, Gustavo Fraga Jacomino fue miembro del PCC pero tuvo profundos desacuerdos con los líderes stalinistas. Junto con AntonioToresy otros elaboró las tesis que organizaron el Movimiento de los Trabajadores dentro del Movimiento 26 de Julio.


Un hreve esbozo biográfico de Gustavo Fraga Jacomino aparece en Vanguardia Telefónica, el óigano de la Federación de las Trabajadores Telefónicos de Cuba en su ejemplar de septiembre de 1959, y fue reproducido en inglés en The International, febrero de 1960, Vol. 4, N° 3, p. 7 (SP)


36. Ver Riera Hernández, M., op.cit. p. 286.


37. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista loc.cit


38. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


39. El POUM fue formado en 1935 en base a la fusión del Bloque Obrero-Campesino de Joaquín Mauiin y la Oposición de Izquierda de Nin. Trotsky consideró que, aunque en su puntualización teórica trataban de basarse en la fórmula de la revolución permanente, en la práctica aislaban a la vanguardia revolucionaria de la clase. Fue el POUM, desde el punto de vista de Trotsky, el principal obstáculo en el camino de la creación de un partido revolucionario. Ver Trotsky, L.D., op.cit., pp. 317/8.


40. Esta cita particular está tomada de Durgan A., “The Spanish Trotskists and The Foundation of The POUM”, p. 20, en: The Spanish Civil War: El punto de vista de la Izquierda Revolucionary History, Vol. 4, N° 1/2, Invierno 1991/2.pp. 11-53. Las páginas 15 a21 del trabajo de Durgan tratan en detalle la política de la Federación Catalana y su líder Maurin.


41. Ver Karol. K.S.. Guerrillas In Power, London, JonathanCape, 1971.p. 126 N°64. Karol bosqueja el argumento de que el mujalismo, un tipo de sindicalismo corrupto, que defendía los salarios con una completa despreocupación por asuntos políticos, en parte explica la despolitización de la clase obrera cubana y su falla de actividad en la Revolución de 1959.


42. Directorio Estudiantil Universitario una organización estudiantil pequeñoburguesa contra ria a Machado, formada a mediados de 1927, con el propósitode oponerse al régimen. Muchos délos líderes iniciales de la ruptura hacia Ala ¡zquieida Estudiantil fueron miembros del PCC y pronto se colocaron al frente del partido. Ver Suchlicki, J., University Students and Revolution In Cuba, 1920-68, Florida, University of Miami Press, 1969, pp.24/8.


43. Ver Aguilar, L.E., Cuba 1933: Prólogo a la Revolución. Ithaca, Comell University Press, 1972, p. 117.


44. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Challes Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


45. Verp. 1 del manuscrito de una carta de Antonio Alonso Avila a RJ.Alexander, op.cit.


46. Ver p. 2 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


47. Carta de Juan López a Andrés Nin, La Habana 31/3/1933.


48. Ver la caita de la Oposición de Izquierda Internacional (Bolchevique-Leninista) en París a los camaradas de La Habana, sin fecha (IISH).


49. Ver la carta del secretariado general de la (Oposición Comunista Cubana a la sección francesa de la Oposición de Izquierda Internacional, fumada por A.Goinez Villar, el secretario general, sin fecha (IISH).


50. Carta del secretario General de la Oposición Comunista Cubana a la sección francesa de la Oposición de Izquierda.


51. Idem.


52. Ver la caita del Secretariado General de la Oposición Comunista Cubana a la sección francesa de la Oposición de Izquierda Internacional, firmada por A. Gómez Villar, secretario general, sin fecha íbid.


53. El Secretariado Internacional fue un comité electo de la Oposición de Izquierda Internacional.


54. En febrero de 1933, una preconferencia organizada por la ILO acordó tomar el título de “oposición Comunista Internacional Bolchevique-Leninista", para todas sus secciones nacionales. Ver Dutgan, A., op.cit. p. 24.


55. Ver la carta del Secretariado General de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista a la Oposición de Izquierda Cubana, fechada el 29 de junio de 1933. (IISH)


56. Ver León Trotsky, Oeuvres, marzo-julio 1933, op.cit.. p 161, N" 11.


57. La preconferencia de la posición de Izquierda Internacional tuvo lugar en París del 4 al 8 de febrero de 1933, esto es, unos pocos días después de ser designado Hitler como canciller en Alemania La resolución adoptada en París fue escrita por Trotsky y puede ser leída en “Writings of León Trotsky ’, 1932-3, New York, Palhfinder.


58. Ver Durgan, A., op.cit. pp. 22-4.


59. Ver Durgan, A., op.cit., p 24


60.  Ver Trotsky, L. D.. The spanish Revolution (1931/39). New York, Pathfinder, 1973, pp. 195-198


61.  Ver Trotsky, L. D., Thr Spanish Revolution (1931/39), ibid, pp. 198-201


62. Ver León Trotsky, Ouvres, marzo-julio 1933, op. Cit. P. 161


63. La Oposición Internacional de Izquierda decidió fonnar nuevos partidos independientes de los Partidos Comunistas oficiales y fundar la Liga Comunista Internacional (LCT), corno primer paso en el camino de la creación de una nueva Internacional, en agosto de 1933. La Izquierda Comunista Española, sin embargo, había trabajado en numerosas organizaciones obreras disidentes, y con cierta independencia del PC español desde 1931. Ver Durgan A., op. cit. para un completo seguimiento de las oiganizaciones marxistas no stalinistas durante el período y sus relaciones con los partidos stalinistas.


64. Ver la caita del Secretariadolntemaeional déla Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista a la Oposición de Izquierda del comunismo cubano, fechada el 29 de junio de 1933, op.cit.


65. Ver la carta del Secretariado Internacional de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista a la Oposición de Izquierda del comunismo cubano, fechada el 29 de junio de 1933, op. cit.


66. Ver la caita del Secretariado Internacional de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevi-que-Leninista a la Oposición de Izquierda del comunismo cubano, fechada el 29 de junio de 1933, op. cit.


67. VerCannon.J.P. Writings andSpoeches, 1932-34: The CoinmunLst League ()fAmerica 1932-34, New York. Monad Press, 1985, p. 270.


68. Ver Cannon, J.P., ibid., p. 270.


69. Ver Zeitlin. M., Working CJass Politics In Cuba: Astudy in Political Sociology, PhD Thesis, University of California Berkeley, UniversityMi-crofilms Inc., Ann Arbor, Michigan, 1964, p. 35.


70. Ver Zeitlin, M., íbid., p. 36.


71. Ver García Montes, J. y Alonso Avila A., op. cit.. p. 164.


72. Ver Aguijar, LE., “Cuba c,1860-c. 1930”, pp. 50-54, en: Bethell, L. (ed), Cuba: AShoit Histoiy, Cambridge. CUP, 1933, PP. 21-55.


73. Ver Zeitlin, M., íbid., p. 36.


74. Russell Blackwell (Rosario Negrete) nació en New York en 1904. Trabajó para la Internacional Coinunista en México, pero rompió con el stalinismo volcándose ; trotskismo después de leer el periódico norteamericano The Militant. Fundóun grupo trolskistaporíueradel Partido Comunistade México pero fue al poco tiempo expulsado del país. De nuevo en los EE.UU. se sumó a la Liga Comunista Trotskista de América. Compartió las críticas del POUM al trotskismo, militando en el POUM. luchó y fue herido en las barricadas, junto a sus militantes y a los de la CNT durante las Jomadas de Mayo. Ver Alba V. y Schwartz S., Spanish Marxism versus Soviet Communism, New Brunswick Transaction Books, 1988, pp-294/96: y la introducción a “Negrele and  ehki From Barcelona’’, p. 34, en: Revolutionary History, Vol. 1,N° 2, Verano I988i


75. Ver Negrete. R. 


76. Gárit P- 2.


77. Ves Negrele R., íbid, p. 2.


78. Ver Negrete R . íbid, p. 2.


79. Ver PérezJr., LA., “Cuba c. 1930-1959”, pp. 63-4. en: Bethell, L. (ed), Cuba: A Short History, op.cit. pp. 57-93.


80. Ver Zeitlin, M., op. cit., p. 38.


81. Ver Pérez Jr., L.A.. op. cit., p. 65.


82. Ver Pérez Jr., L.A., op. cit., p. 65: yZeiUin, M., op.cit


83. Ver Pérez Jr., L.A., op.cit. pp. 67/8.


84. Ver Negrele. R., “The Overílow of the cuban revolt”, en The Militant (New York), 26 de agosto de 1933, p. 3 (BNL).


85. Ver Zeiüin. M. op.cit. pp. 40-1.


86. Ver Zeitlin, M. op.cit., pp. 39-41; y Pérez Jr., L.A., Cuba Under The  Platt Amendment 1902-34, Pittsburgh, University of Pittsbuigh Press. 1986, pp.322-332.


87. Ver Wright, J.G., "Problems of Üie cuban revolution", en: The Militant (New York), 28 de octubre de 1933, p. 3 (BNL).


88. Ver The Militant (New York), 16 de septiembre de I933,“Program and Perspéctives lor the cuban proletaria!”,pp. 1-4. Sintomáticamente, Wright se reincorporó a la Oposición de Izquierda de los EE.UU. … Ver León Trotsky. Ouvres, noviembre de 1933-abri! de 1934, París, Publicaciones del Instituto León TVotsky, 1979, p. 77 N"2.


89. Ver Breitinan, G. (ed), Writings of León Trols-ky; Supplement (1929-33), New York Pathfmder, 1979. p. 333. Trotsky dirigió esa carta al camarada Vanzler. Joseph Vanzler era el (seudónimo) de John G.Wright. Ver León Trotsky, Oeuvres; Noviembre de f933-abrilde 1934, op.cit., p. 77, N°2.


90. Ver Zeitlin, M., op.cit., p 41; y Pérez Jr., L.A., Cuba UnderThe PlattAmendment 1902-34, Pitts-buigh. University of Pittsburgh Press, 1986, pp. 322/32.


91. Ver Zeitlin, M., op.cit. p. 45.


92. Ver León Trotsky. Oeuvres, noviembre de 1933-abril de 1934. op.cit, p. 78, N"5.


93. Ver “To tlie Cuban Workers and Peasants’, p. 3, en The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, pp. 3-4. (BNL).


94. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista op.cit. prefacio, p. 3.


95. De acuerdo al prefacio de ese mismo programa, eso fue debido al déficit de recursos para que fuera publicado. Ver Programa del Piulido Bolchevique Leninista op.cit, prefacio, p. 3.


97. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


98. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


99. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


100. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


101. Ver The Militant (New York). 18 de noviembre de 1933, op.cit.


102. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


103. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933. opcit.


btc do OjU'il.


105. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


106. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


107. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


108. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


109. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


110. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


111. La teoría de laRevolución Permanente sostiene, entre otras cosas, que en el período de la revolución, para cumplir y consolidar incluso las tareas democrático burguesas en los países escasamente desarrollados, deben superarse los límites de la revolución democrática y acometer tareas socialistas. La Revolución Socialista no debe ser vista así, como el estadio final que vendría en un futuro incierto después de que se haya consolidado una primer etapa de desarrollo capitalista. Para una amplia exposición de esta teoría ver Trotsky, L.D., The Pennanent Revolution. Resultáis And Prospectó (1906), London, New Park Publications, 1982.


112. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


113. Citado en Blasier, S.C., op.cit., p. 22.


114. The Militant (New York) del 10 de marzo de 1934 informa que recibió la primer edición de 8 páginas tamaño tabloid de Rayo. Ver “The Cuban Bolshevik-Leninists”, en: The Militant (New York), 10 de marzo de 1934, p. 2. (BNL)


115. Ver The Militant (New York), loc.cit.


116. Ver The Militant (New York), loc.cit. Detalles de los planes del PCC se pueden ver en García Montes, J. y Alonso Avila, A., op.cit. p. 141.


117. Ver The Militant (New York), 10 de marzo de 1934, op.cit.


118. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, op.cit.


119. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, op.cit.


120. Ver “Cuban Arrests”, en: The Militant, 14 de abril de 1934.


121. Ver “The CubanSituation after Grau”, en:The Militant (New York), 14 de abril de 1934, p. 3. (BNL).


122. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


123. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


124. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


125. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


126. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


127. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


128. Ver “Stalinism KneelsTo American Imperia-lisin”, en: The Militant (New York), 28 de abril de 1934, p. 3 (BNL) Este artículo fue escrito en abril de 1934 en La Habana


129. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


130. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


131. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


132. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


133. El pacto Litvinoff-Roosevelt comprometió al gobierno de los EE.UU. concediéndole reconocimiento oficial al gobierno soviético.


134. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, op.cit


135. Ver The Militant (New York), 14 de abril de 1934, op.cit, p. 3.


136. Ver The Militant (New York), 14 de abril de 1934. op.cit.


137. Ver "Striki Wave Rises In Cuba” en: The Militant (New York), 13 de octubre de 1934, p. 3. (BNL)


138. VerThe Militant (NewYork), 13 de octubre de 1934, íbid.


139. César Vilar fue el secretario general de la CNOC.


140. Ver García Montes, J. y Alonso Avila A., op.cit., p. 164.


141. Ver García Montes, J. y Alonso Avila A., op.cit., pp. 164-5.


142. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934 y firmada por A. Gómez Villar, secretario general del PCB por el Comité Central, p. 1. (PRL)


143. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 1.


144. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 3.


145. Eso íue establecido con mucha claridad por Leninen el Segundo Congreso de la III Internacional. Ver Theses and Manifestos of the First-Four Congresses of the Third International, London, Pluto Press, 1983, p. 80.


146. Ver Theses and Manifestos of the First-Four Congresses of the Third International, loc.cit.


147. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 4-5.


148. Ver la caita titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 5.


149. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934. íbid. p. 5.


150. Ver la caita titulada "Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934. íbid. p. 5.


151. Ver la carta titulada Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 5.


152. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 5.


153. Ver Zeitlin, M., op.cit. pp. 42-3.


154. Ver Zeitlin. M.. op.cit pp. 43-4.


155. Ver De La Torre, R.S., "The Situation In Cuba”, p. 205, en: The new International, octubre de 1935, pp. 204-5.


156. Ver De La Torre, R.S., íbid, p. 205.


157. Ver De La Torre. R.S., íbid, p. 205.


158. Ver Zeiüin. M., op.cit. pp. 44.


159. Ver Alexander, RJ., International Trotskism 1929-85. A Documented Analysis Of the Movement. London, Duke University Press, 1991, p. 229.


160. Ver De La Torre, R.S., íbid, p. 205.


161. Ver De La Torre, R.S., íbid, p. 205.


162. Ver Zeitlin. M.. op.cit pp. 47.


163. Ver Zeitlin, M., op.cit pp. 47.


164. Antonio Gueiteras fue tomado por sorpresa y asesinado por el ejército cubano cerca de Matanzas, justo cuando estaba huyendo para México en mayo de 1935. Ver De laTorre. RS., íbid. p. 205.


165. Ver De laTorre, R.S.. íbid, p. 205.


166. Ver pp. 1-2 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


167. El Frente Popular es un bloque de dos o más partidos políticos de clases sociales antagónicas. La política del frente Popular, o Frente del Pueblo fue de la III Internacional en 1935.


168. Ver Zeitlin, M.. op.cit.. pp. 49.


169. Detalles de la política del Partido Comunista en los años siguientes a la derrota sufrida en marzo de 1935 se encuentran reseñados en Zeitlin, M., op.cit. p. 49.


170. Ver p. 3 de la carta de Alonso Avila A., a Alexander, R.J., del 21 de marzo de 1970.


171. RieraHernández, M., op.cit. p. 138. La lista de los miembros de la Comisión se encuentra en Riera Hernández, M., op.cit. p. 293.


172. Ver The Militant (New York), 20 de junio de 1942, op.cit. Rienffer sastiene que Junco, íntimo amigo de Mella cuando estuvieron juntos exiliados en México, no creía que Machado tuera el responsable del asesinato de Mella. Ver Rienffer, K.. Comunistas Españoles en América. Madrid, Editora Nacional, 1953, p. 29.


173. Ver The Militant (NewYork). 20 de junio de 1942, op.cit.


 


A. Las raíces de la Oposición de Izquierda cubana


Afines de los años 20, el comunista más importante del Caribe era Julio Antonio Mella. Como líder estudiantil de izquierda se había destacado como un audaz y activo militante en la Universidad de La Habana a principios de los años 20, y que bajo la influencia de las ideas marxistas tuvo una gran responsabilidad en el acercamiento entre los estudiantes y el movimiento obrero. A mediados de 1925 fue una figura central en la fundación del Partido Comunista de Cuba (PCC), pero fue pronto 'orzado al exilio luego de un proceso que incluyó su arresto, una huelga de hambre y, posteriormente a su liberación, una garantía de que sería arrestado nuevamente, emitida por las fuerzas del Estado durante la presidencia del general Gerardo Machado. A su paso por Centroamérica fue expulsado tanto de Honduras como de Guatemala, antes de recalar en México, donde pronto se convirtió en miembro del Comité Central del Partido Comunista de México (PCM). Durante su estadía en este país, Mella fue también un miembro dirigente de la Liga Anti-lmperialísta de las Américas (LAA) y de la Liga Nacional Campesina (LNC) de México. Fue en representación de estas organizaciones que Mella asistió al Congreso Mundial contra la Opresión Colonial y el Imperialismo en Bruselas, y luego al Cuarto Congreso de la Internacional Sindical Roja (Profintern) en Moscú, en el año 1927. Fue en ocasión de este último congreso, en marzo de 1927, que Mella conoció a Andrés Nin, quien fue el primer contacto cubano con el trotskismo. De acuerdo a Gálvez Can-cino, Nin se volcó al programa de la Oposición de Izquierda y su lucha dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, el Comintern y del Profintern contra la política de colaboración de clases de la dirección centroderechista de Stalin y Bujarín (1).


En 1928 se publicó en México el folleto de Mella ¿Qué es el ARPA? La esencia de su razonamiento era que aunque el proletariado pudiera trabajar con las organizaciones de representantes de la burguesía en la lucha nacional contra el imperialismo, la clave que aseguraría una genuina revolución nacional era la independencia y no la subordinación de la clase obrera ante las otras clases (2). Esta condición crucial, que había sido la crítica central de Trotsky contra la política del Comintern durante la Revolución China de 1925-27 (3), apareció por primera vez en forma explícita en los escritos de Mella en momentos en que el Comintern estaba abandonando la táctica derechista del Segundo Período hacia la línea ultraizquierdista del Tercer Período, en el que adoptó una posición aventurerista, caracterizando al resto de las fuerzas dentro del movimiento obrero como social-fascistas. El viraje de Mella hacia la izquierda, sin embargo, no adoptó este carácter sectario y ultraizquierdista.


Mella se mostró particularmente crítico hacia la política del PCM con respecto a la cuestión sindical. Con Alvaro Obregón, postulado en las elecciones presidenciales mexicanas de 1928, y atacando a la oportunista central obrera reformista, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), Mella consideró que había llegado el momento de que el PCM jugara un rol central en la organización de un nuevo cuerpo sindical que actuara como un polo para atraer a aquellas fuerzas que vinieran de la CROM a medida que los ataques se intensificaban. De acuerdo a Gálvez Cancino, Mella sostuvo enérgicamente que el colapso del sindicalismo ‘amarillo’ debía ser utilizado para dotar al sindicalismo de una base clasista y revolucionaria y a mediados de septiembre de 1928 había logrado finalmente que estas propuestas para la creación de una nueva central sindical, la Confederación Unitaria de México (CSUM), fueran aceptadas por la mayoría del Partido. En esta reunión decisiva, la moción presentada por Mella fue apoyada por el futuro líder trotskista Diego Rivera (4). Sin embargo, la adopción de esta decisión había coincidido con el advenimiento del Tercer Período y con el PCM cambiando de posición, para acatarla línea de construir lo que se convirtió en una relativamente pequeña central sindical 'roja'.


Los motivos sectarios y ultraizquierdistas del PCM no coincidían con los de Mella, quien consideraba a la unidad de clase en la esfera de los sindicatos, como un objetivo estratégico. Para Mella no era significativo que la mayoría de los trabajadores que se acercaban a una nueva organización no fueran comunistas al momento de afiliarse (5). Sefue volviendo cada vez más crítico hacia el zigzag izquierdista del stalinismo, y gran parte de su actividad política a fines de 1928 estuvo condicionada por lo que veía como la forma sectaria en que el PCM estaba perdiendo la oportunidad de constituir una organización sindical de la clase. Trotsky y la Oposición de Izquierda Internacional desarrollaron esta crítica hacia la táctica stalinista del Tercer Período con respecto a las cuestiones sindicales.


Mella fue asesinado en las calles de Ciudad de México en enero de 1929. En ese momento, el PCM culpó a Machado. Sin embargo, de ahí en más, numerosos autores cuestionaron esta versión, sugiriendo que algunos agentes del Comintern, especialmente Vittorio Vidali, estuvieron profundamente involucrados en el asesinato (7). El motivo citado por algunas de dichas versiones es que Mella sentía alguna simpatía por las ideas de la Oposición de Izquierda, y que fue a causa de estas ‘desviaciones' que fue asesinado.


Tal como hiciera notar Blackwell, en los momentos que precedieron a su asesinato en 1928, "… Mella había sido acusado de trotskista, y sólo se le permitiría permanecer en la dirección [del PCM] … a condición de que renunciara formalmente a las ideas de la Oposición de Izquierda” (8). Gálvez Cancino ha citado también muchas evidencias aportadas por contemporáneos de Mella que sugieren que sentía un gran respeto por el trotskismo (9). Entre éstas se encuentra la idea de que en el PCM, Mella se encontraba en el centro del círculo que después de su muerte daría origen a la Oposición de Izquierda Mexicana (10). También cita la dedicatoria escrita por Mella en la tapa de una copia del libro La Plataforma de la Oposición de Izquierda para un comunista mexicano. Esta reza: “Para Alberto Martínez con el objeto de rearmar al comunismo. Julio Antonio Mella” (11). Sin embargo, como Blackwell nos hace notar (12), al serle formulada la pregunta de si, “es trotskista", Mella renegó de la política y posiciones de la Oposición de Izquierda.


En 1928, en México, Mella fundó también la Asociación Nacional de Nuevos Emigrados Revolucionarios de Cuba (AN ERC), con el objeto de unir a los exiliados cubanos en su lucha por desafiar y confrontar al régimen de Machado. Uno de sus más estrechos colaboradores en este proyecto fue Sandalio Junco, el líder de los obreros negros. De acuerdo a Charles Simeón, ambos se encontraban preparando algún tipo de movimiento opositor en el seno del PCC (13). No obstante, sería Junco quien fundaría el verdadero movimiento trotskista cubano.


Sandalio Junco, un panadero de la provincia de Matanzas, fue un líder genuino de los negros y trabajadores en Cuba, que sería asesinado finalmente por los stalinistas en Cuba (14). En diciembre de 1920 participó en la fundación de la Federación Obrera de La Habana (FOH) (15), primera organización sindical regional en Cuba capaz de unir a los trabajadores de distintos oficios e industrias. Junco se unió al PCC en 1926 ó 1927 (16) y se convirtió en el secretario internacional de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), la primera central obrera cubana de alcance nacional. Cumpliendo esta función, viajó a Montevideo en abril de 1928 para la reunión del Comité Preparatorio de la Primera Conferencia Sindical Latinoamericana. De acuerdo a Charles Simeón, tuvo mucha publicidad, lo que motivó que le fuera imposible regresar a Cuba en ese momento (17). Como resultado de esto, viajó a México para unirse al resto de los exiliados cubanos. En junio de 1929 representó una vez más a la CNOC en la Primera Conferencia Sindical Latinoamericana que se llevó a cabo en Buenos Aires (18). Por un período ocupó también el puesto de “secretario del Secretariado Caribeño del RILU”(19). De vuelta en México, Junco estuvo entre los numerosos exiliados comunistas extranjeros que fueron expulsados a principios del año 30 durante la campaña contra el PCM iniciada por el gobierno de Emilio Portes Gil (20). Finalmente , lograría llegar a Moscú, donde se enfrentaría a las autoridades del movimiento Comunista. La historia, tal como está recogida en las Obras de León Trotsky, cuenta que Junco “fue ganado a la Oposición de Izquierda en el curso de un viaje a Moscú por el propio Andrés Nin, quien era en ese entonces secretario de la Internacional Sindical Roja. Una versión no verifica refiere, por otra parte, que apenas fue convencido propuso aprovechar una recepción oficial para interpelar violentamente a Stalin a propósito de las persecuciones contra Trotsky y sus camaradas” (21). Alonso Avila repite lo mismo acerca de la iniciación de Junco en el trotskismo: corrió la versión de que Sandalio había tenido una conversación muy desagradable en su entrevista con Stalin, cuando estuvo en la Unión Soviética, a consecuencia de haber expresado sus simpatías por los puntos de vista de Trots-ky”(22). Alonso Avila duda, sin embargo, de la veracidad de esta ‘versión’que involucra a Stalin, aun cuando afirma que ya en Cuba, luego de su regreso de la URSS, Junco evidenció una marcada inclinación hacia la política anti-stalinista del trotskismo (23).


De hecho, esta versión que incluye una confrontación personal con Stalin es la razón citada por Eusebio Mujal para explicar el porqué de la expulsión de Junco del Partido. Mujal afirma que Junco denunció a Stalin en su propia cara como un “traidor al movimiento de la clase obrera mundial (24). Thomas describió cómo “Junco fue abandonado entonces sin documentos ni dinero en Hamburgo, pero no asesinado, dado que Stalin no quería en ese momento verse envuelto en cuestiones raciales”(25). De todas maneras, la versión oficial, de acuerdo a Blasier, es que Junco fue expulsado del Partido en 1930 luego de que se lo acusara de sostener equivocadamente que la revolución en los Estados Unidos era un prerrequisito para el triunfo de la revolución en Cuba."(26) Goldenberg describe la expulsión de Junco en los siguientes términos: "[en] respuesta a … una carta y a directivas del Bureau del Caribe del Comintern, el Partido Cubano en noviembre de 1930 llevó a cabo un viraje en su política, acompañado por una ‘purga’ en la cual numerosos miembros prominentes, entre ellos Sandalio Junco, fueron expulsados de sus filas”(27).


Aunque Junco fue el primer miembro del PCC en ser expulsado en un movimiento contra la influencia trotskista, a poco de su retomo de la Unión Soviética, otros lo seguirían. De acuerdo a García Montes y Alonso Avila (28,) Luis Busquet, Marcos García Villarreal y Roberto Fontanillas se encontraban entre los acusados de ser trotskistas que fueron expulsados del Partido en ese momento.


Con el PCC fundado recién en 1925 y admitido en el Comintern sólo en 1928, no pudo desenvolver un proceso de aprendizaje para desarrollar un programa en tiempos de feroces conflictos nacionales e internacionales. Además, tuvieron que trabajar clandestinamente durante gran parte del período de Machado con lo que no hubo una real facción u oposición a la por entonces ya stalinista dirección del PCC. Como Blasier sostuvo, “…el impacto inicial del conflicto Stalinista-Trotskista en el Comintern ha sido disipado antes de que alcanzara a influenciar significativamente en el partido”(29).


Sin embargo, cuando Junco volvió a Cuba en 1932, inmediatamente empezó a trabajar criticando la posición del PCC. De acuerdo a Simeón (30), Junco “escribió un memorándum dirigido a la Internacional Comunista, objetando sus análisis de la situación cubana. Sostuvo que no había ninguna alianza con una tradicional oligarquía terrateniente, desde fue destruida en la Primera Guerra de la Independen-


cia de 1868 a 1878. También llamó la atención del Comintern acerca del tamaño e importancia de la clase media cubana, notando que no era la tradicional clase media europea sino una constituida por la burocracia (estatal). Recalcó su importancia en la revolución cubana, y su tendencia a recurrir a la violencia y aún a los métodos terroristas. “Este memorándum, sin embargo, no tuvo ningún efecto en el Comintern y con su expulsión, él se encaminó hacia la construcción de un grupo de Oposición de Izquierda Comunista. Primero tomó el nombre de Oposición Comunista, antes de convertirse en el Partido Bolchevique Leninista (PBL) el 14 de septiembre de 1933 (31).


En resumen, como The Militant afirmó a mediados de 1934, "en Cuba en el verano de 1933 sólo había dos serias organizaciones políticas trabajando entre las fuerzas de clase: el Partido Comunista (stalinista) y el Bolchevique-Leninista… (El grupo trotskista cubano) tenía menos de dos años, y para ese tiempo, todavía adhería a la orientación de reformar al Cl (Comintern) y al PC de Cuba, y era comparativamente una organización pequeña. Su mayor fuerza descansaba en sus conexiones con el movimiento sindical. Contaba con una influencia casi decisiva en la Federación de Trabajo de La Habana, compuesta por treinta sindicatos en los cuales también tenían influencia los anarcosindicalistas" (32).


En el documento Programa del Partido Bolchevique Leninista, escrito en octubre de 1933, el PBL declaró que incluía, en sus orígenes una completa revisión de los falsos métodos empleados por los distintos Partidos Comunistas, así como el Comintern (33). Respecto al tratamiento que sus miembros y argumentos recibieron desde el PCC, el PBL, en el mismo documento, escribió que "la dirección del Partido Comunista movilizó todo su aparato burocrático; nos insultó diariamente; desnaturalizó nuestras tesis; cubrió de infamias nuestros documentos. La burocracia, que es incapaz de conducir la revolución, ha demostrado sus inmensas cualidades de falsificaciones y deslealtades. Desde la delación cínica a los cuerpos policíacos, hasta el asalto armado a nuestros locales, recorrió el stalinismo todo el sendero de las cobardías y las bajezas" (34).


Aparte de Junco, otros miembros de este grupo oposicionista eran Gustavo Fraga Jacomino (35), Urbano Armesto, Luis M. Busquets, Roberto Fontanillas, Marcos García Villarreal, Joaquín Grassó, Carlos Gonzáles Palacios, Armando Hado, Carlos Padrón, Fermín Sánchez (36), así como Eusebio Mujal y Charles Simeón. Aunque el Programa del Partido Bolchevique Leninista afirmó, sin ambigüedad que sus miembros procedían de las filas del PCC (37), las raíces políticas de estos dos últimos camaradas, o sea, Mujal y Simeón, en muchas formas describe y define la composición programática del trotskismo cubano.


De acuerdo con Simeón, Eusebio Mujal fue más un maurinísta, o sea, un seguidor de la línea política de Joaquín Maurín, que un trotskista (38). Maurín fue el líder de la Federación Catalana, también conocida como el Bloque Obrero y Campesino, el cual estaba por fusionarse con la antigua Oposición de Izquierda Española, conducida por Andrés Nin para crear el Partido Obrero de Unificación Marxista (POU M) (39), en 1935. Su Federación Catalana es sencialmente un ala derecha, división del Partido Comunista Español, que había mantenido silencio frente a la política derechista del Partido a mediados de los '20, y mientras estaba ampliamente a favor del desarrollo de frentes populares de izquierda, era severamente crítico de los excesos ultra-izquierdistas sectarios de la táctica del Tercer Período seguidas a fines de la década del '20 y principios de la del '30. Los trotskistas consideraban a esta corriente maurinista como ocupando la “línea divisoria de la extrema izquierda de la pequeña burguesía"(40). La trayectoria y el divisionismo derechista de Mujal lo condujeron posteriormente a convertirse en un líder sindical, primero al servicio de los ‘auténticos’ y después de Batista (41).


En forma similar, el mismo Simeón llegó al PBL de la pequeña burguesía de izquierda, arraigada en el medio estudiantil. Fue miembro del Ala Izquierda Estudiantil, grupo de estudiantes controlado por el PCC que se había dividido del Directorio Estudiantil Universitario (42) en 1931. Criticaban al Directorio por ser sólo anti-Machado y no ser antiimperialista. Sin embargo, cuando el viraje ultra-izquierdista, y sectario del Comintern estaba en pleno apogeo, en 1933, fue el frente único lo que se transformó en el semillero de la controversia dentro de la misma Ala izquierda Estudiantil (43).


Fue en este punto que Simeón discutió con el partido y tomó contacto con Junco (44). Alonso Avila había opinado que los trotskistas eran principalmente rebeldes radicales; desde los ’20 quienes siempre se habían rebelado contra la disciplina del Partido, por sobre todo la que fue impuesta como resultado del Sexto Congreso del Comintern en 1928 (45). De nuevo, entonces, aunque el componente estudiantil iba hacia la Oposición Comunista y el PBL en oposición a la política ultra-izquierdista del PCC, ellos, centralmente, no habían desarrollado una crítica a la antigua posición del Segundo Período del Comintern de formar bloques antiimperialistas con los partidos de la burguesía nacional como el Kuomintang en China. Fue esta tendencia de compromiso con la pequeña burguesía nacional la que definió sus trabajos y desarrollos a través de la década del ’30.


 


B. Los primeros tiempos del trotskismo cubano


Juan Ramón Breá, un militante cubano en España en 1932-1933, quien en palabras de Simeón estimuló la influencia trotskista en la Oposición Comunista cubana, enviando literatura trotskista a Cuba. De particular importancia fue la revista Comunismo, publicada por Juan Andrade y Andrés Nin (46). En marzo de 1933, el grupo de Oposición Comunista cubana hizo entonces su primer contacto colectivo con la Oposición de Izquierda de Europa, con una carta a Nin en España. Esta carta indicó que una oposición existía dentro del PCC, pero reconocía que, aunque ellos fundamentalmente discrepaban con la línea del Partido, la Oposición no se expresaba por medio de una corriente homogénea. Afirmaba, “quizás en España se ignora aun el hecho de que en Cuba ha surgido una Oposición Comunista, en las filas del Partido. Esta Oposición, no es, no puede ser, exclusivamente nacional. Las cuestiones planteadas por nosotros a la dirección del Partido Cubano y de la Internacional Comunista, están fundamentalmente, contra la línea teórica y práctica de estos señores en materia colonial. Ahora bien: en lo que a la línea internacional de nuestra Oposición se refiere, es justo que digamos que no existe aún perfecta unidad. De ahí, el que nosotros nos dirijamos a ustedes solicitando el envío de materiales editados por la Oposición Comunista española, e Internacional. Con ello echaremos las bases para desarrollar ulteriormente nuestro movimiento"(47).


La Oposición Española envió una carta a la Oposición de Izquierda Internacional (Bolchevique- Leninista) en París, que, en el subsiguiente intercambio, inicialmente respondió a los cubanos declarando que “Estamos seguros que a esta altura, nuestros compañeros españoles les habrán enviado al menos una parte de nuestra literatura editada en español. En todo caso nos ocuparemos de solicitárselos”.


El secretariado general de la Oposición Comunista Cubana a su tumo, respondió a este primer contacto internacional organizado, informando a la sección francesa de la Oposición Internacional de Izquierda que ellos no habían recibido ninguno de los materiales requeridos ni en francés ni en español. Ellos también pidieron una urgente consideración a su propuesta para establecer vínculos a los que consideraban de vital importancia para su movimiento (49). La urgencia de este requerimiento, ellos la sostenían describiendo su aislamiento de las luchas teóricas que se venían dando a nivel internacional después de su expulsión del PCC. Los cubanos oposicionistas escribieron: “Al momento vivimos casi sin relaciones con la situación internacional del movimiento obrero comunista europeo. Nuestra exclusión de las filas del partido oficial de Cuba, nos ha dejado apartados de las directivas de la Internacional Comunista para estos pueblos, que son enviadas exclusivamente a los miembros activos del partido. Nuestro material de información y teórico es muy pobre e incompleto. En estos días hemos recibido las resoluciones del C. E. de la Internacional sobre el problema alemán, en la traducción de la Correspondencia Internacional del mes de abril.


Sin embargo, en esta misma carta y con referencia a su trabajo político en Cuba, la Oposición Comunista Cubana era decididamente positiva en la evaluación de sus intervenciones. El balance que hicieron para sí mismo será el siguiente: “En Cuba atravesamos un momento de lucha política aguda. Intensificación de la lucha en ciertos medios proletarios y una franca liquidación de la dictadura gobernante. El imperialismo norte Américano busca fórmulas de acuerdo entre las fracciones burguesas y pequeño burguesas en lucha. El movimiento comunista es muy débil ye proletariado industrial también. El partido oficial, arrumado por los sectarios que lo dirigen, no sabe qué hacer con las frases aprendidas de los manuales de instrucción de uso internacional. La Oposición Comunista en un ano, agrupo a su alrededor a casi toda la base proletaria del partido y esta cada día más en contacto con el trabajo de masas. Tenemos que reconocer que no tenemos el control y la influencia deseadas pero trabajamos sin desmayo con ese in, sin desconocer las dificultades que enfrentamos, especialmente del círculo conspirado en el que operamos. De todos modos, la región agraria más importante de Cuba, el Oriente, está bajo nuestro control. En el último mes hemos conducido victoriosamente tres huelgas en la zona de Guantánamo. Es universalmente conocido el terror que el imperialismo Américano ejerce en las plantaciones de azúcar, con lo que puede comprenderse la significación de nuestra huelga. Por otra parte, la mayoría de los sindicatos de La Habana, están ya bajo nuestra influencia. En resumen, podemos asegurar que luchamos sin tregua por la conquista de las masas”.


Los Oposicionistas cubanos terminaron esta carta con un llamado a la unidad de todos los grupos de América Latina de la Oposición de Izquierda y la organización de la Oposición de Izquierda Internacional. Incluyeron una copia de un folleto, En el camino de la Revolución, el cual era un resumen de las tácticas que ellos defendían, y también prometían enviar una copia del programa de la Oposición Cubana tan rápido como esto fuera acordado (52).


Esta serie de contactos internacionales fue continuada posteriormente con una respuesta del Secretariado Internacional (53) de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista en junio de 1933. Esta correspondencia, dirigida a la Oposición de Izquierda Comunista (54), tomaba nota de la queja de los Oposicióónistas cubanos, de que no habían recibido ninguna literatura en francés ni en español y prometía asegurar el despacho de futuro material, aunque ellos sólo garantizaban que fuera enviado el material francés. Como ellos escribieron: “Nosotros podemos, por lo tanto, asegurar solamente el envío de material en francés, porque en español no hay nada más que la revista Comunismo, que aparece en Madrid, y que no sale regularmente". Esta explicación de la incapacidad del Secretariado Internacional de asegurar el envió de ediciones de Comunismo a los Oposicionistas cubanos estaba quizá lejos de ser completa.


Se ha afirmado que la Oposición de Izquierda Española dirigida por Nin y Andrade y, en particular, su periódico Comunismo ejercieron una real influencia en los círculos de Oposición de América Latina. El líder trotskista argentino Héctor Raurich, conocido como Reinaldo Frigerio, y Antonio Gallo, conocido como Antonio Ontiveros, son dos ejemplos citados de notables líderes latinoAméricanos que fueron ganados a la Oposición de Izquierda cuando estudiaban en España. El joven maestro mexicano Octavio Fernández también hizo contacto con la Oposición de Izquierda Internacional después de haber leído una edición de Comunismo (56). Sin embargo, a mediados de 1933, las relaciones entre Nin y los Oposicionistas españoles dentro de la Izquierda Comunista de España (ICE) por un lado, y el Secretariado Internacional del ILO en París y Trotsky mismo, por el otro fueron en todo momento bajas. Afines de 1933, los trotskistas franceses y alemanes hablaron de la carencia en la ICE de un programa concreto para la revolución española. El Seci etariado Internacional hizo críticas similares y entonces en la Pre-Conferencia del ILO en febrero de 1933 (57), condenaron al ICE por ser la cola del nacionalista pequeño burgués y charlatán de Maurin" y estar a favor de participar de las elecciones parlamentarias de una manera contraria a la impulsada por el ILO. Las relaciones declinaron aún más cuando el ICE sucesivamente criticó algunas de las decisiones de esta Pre-Conferencia (58). De acuerdo a Durgan, “inmediatamente después de la Pre-Conferencia, el Secretariado Internacional inició una campaña contra Nin y la dirección del ICE” (59). En abril de 1933 Trotsky mismo hizo una apelación directa a los miembros del ICE, acusando a su dirección de tener apenas alguna posición correcta en serias cuestiones de los tres años previos (60). En agosto de 1933 las relaciones entre la dirección del ICE y las organizaciones internacionales se habían deteriorado hasta el punto que Trotsky escribía acerca de “los peligros y fasedades" de la política de Nin y “toda una serie de errores que habían impedido a la Oposición de Izquierda Española que ganar el lugar que se le abría por las condiciones de la Revolución Española" (61). Con especifica referencia a la influencia sobre los Oposicionistas de América Latina de la revista Comunismo, y las diferencias abiertas entre el ILO con el ICE Trotsky reconoció que “Los éxitos en América del Sur son muy satisfactorios, pero no podemos olvidar que la mayoría utiliza la literatura española. Debemos prestar particular atención a todas nuestras secciones sudAméricanas sobre nuestras divergencias con la sección española. Sería bueno enviarles en español mi correspondencia con Nin y al menos dos cartas tratando la cuestión española” (62).


En la carta del 29 de junio de 1933, el Secretariado Internacional del ILO también hizo una referencia indirecta de su orientación frente a varios Partidos Comunistas y el Comintern, que había estado experimentando algunas revisiones desde que Hitler había consolidado su posición en Alemania, sin tener que enfrentar una respuesta combativa del Partido Comunista Alemán (KPD). Este problema del grado de independencia política a ser mantenida en relación con el Partido Comunista oficial había sido un hueso duro de roer entre el Secretariado Internacional del ILO y el ICE, con los Oposicionistas españoles abogando por una línea más independiente mucho antes que los eventos en Alemania empujaran al ILO a cambiar definitivamente su posición en agosto de 1933 (63). En la carta, el Secretariado Internacional describía que “Es particularmente importante el hecho de que ya hayan dirigido huelgas después de vuestra constitución en Oposición de Izquierda. Eso demuestra que ustedes tomaron rápidamente el buen camino para ir hacia y ganar a las masas. Aunque no seamos más que una fracción del Partido, no debemos temer dirigirnos abiertamente a las masas en situaciones concretas determinadas. Todo formulismo en ese campo sería funesto para el desarrollo de nuestra organización (64).


En otros punto sustantivos el Secretariado Internacional se refería al folleto En el camino de la Revolución, declarando que les daba unas indicaciones teniendo en cuenta los considerables esfuerzos realizados por la Oposición Cubana para que se den “una plataforma en el terreno nacional en conformidad con los principios generales de la Oposición de Izquierda” (65).


La organización internacional prometió además dedicar sus mejores esfuerzos a un completo y adecuado estudio de los problemas Latino-américanos aunque ellos dudaban de su capacidad para poder hacerlo en ese preciso momento.


Sin embargo le preguntaron al grupo cubano si le gustaría ser puesto en contacto con otras secciones o grupos en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, etc., y de esa forma poder comparar directamente sus experiencias (66). De hecho, la primera sección de la organización trotskista internacional en mencionar al grupo Oposicionista cubano fue la norteaméricana Liga Comunista de América. James P. Cannon, escribiendo como su secretario escribió el 25 de septiembre de 1933 al Secretariado Internacional en los siguientes términos: “En las recientes minutas del Secretariado que hemos visto, hubo una referencia a una sección de la Oposición de Izquierda de Cuba. Hasta ahora no fuimos capaces de establecer una conexión directa con ellos. Ya que en el presente desarrollo esto es muy importante, les pedimos que nos manden información si es que la tienen. Y también que le pidan a los camaradas cubanos que se pongan en contacto con nosotros. Les podríamos dar alguna asistencia” (67).


Aparte de la mención en la minuta del Secretariado y el “presente desarrollo" en Cuba, de situación revolucionaria que ha derribado del poder al dictador cubano, general Gerardo Machado, y conducido a la inauguración del gobierno nacionalista de izquierda de Ramón Grau San Martín, esta solicitud de la Liga Comunista de América fue también impulsada por un ataque a la Oposición Cubana en una edición de la época de la revista stalinista norteamericana Comunista. En palabras de Cannon, la Liga Comunista de América “… careció de material con el cual responder" (68).


Durante el comienzo de la década del '30, el Partido Comunista inició una intensa agitación sobre los trabajadores azucareros. Esto culminó en diciembre de 1932 con la formación del Sindicato Nacional de Obreros de la Industria Azucarera (SNOIA), la primera organización nacional que unía a los obreros de la principal industria cubana (69). Un importante elemento orientador de este proceso fue la contribución de Junco. Como Zeitlin había escrito, “manifestaciones masivas y huelgas en Matanzas y Santa Clara conducidas por Sandalio Junco, expulsado del Partido Comunista por trotskista; su formación del sindicato azucarero en Manzanillo, Oriente, fueron fases importantes de la batalla precursoras a la fundación del SNOIA (70).


En La Habana, los trotskistas también trabajaban en el centro sindical Federación Obrera de La Habana (FOH) y desde allí lanzaban sus ataques verbales a la política del PCC que dominaba la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) (71). Fue esta intervención en el movimiento sindical la que habría de proveer las bases para la intervención de la Oposición Comunista y por lo tanto al rol del Partido Bolchevique-Leninista en la caída de Machado y en subsiguiente período revolucionario de 1933-35.


 


C. El Partido Bolchevique-Leninista en el período revolucionario de 1933-35


Durante la presidencia del general Machado, desde 1925 a 1933, él creyó que sólo una mano fuerte podía salvar a Cuba, y nunca vaciló en usar los métodos más violentos cada vez que la oposición se atravesaba en su camino. Con el 'crack' de Wall Street, sin embargo, en octubre de 1929, y el colapso del mercado norteamericano para el azúcar cubana, la isla fue arrastrada a una crisis económica. El balance de fuerzas en Cuba fue drásticamente alterado. Los salarios cayeron y la desocupación aumentó. La popularidad de Machado se deterioró y esto alentó a la oposición a desafiar abiertamente su régimen. Una brutal represión fue montada pero no fue suficiente para destruir a la oposición (72). A principios de 1933, los trabajadores de la central azucarera de Nazábal tomaron la fábrica, acciones de este tipo se repetían muchas veces a lo largo de ese período. En abril de 1933 la situación de toda la nación se había convertido en crítica y los Estados Unidos enviaron un embajador especial en un intento de negociar una paz social.


Sin embargo, como Rosalio Negrete (74) informó en The Militant del 27 de mayo de 1933, incluso elementos del ejército y de la policía estaban indecisos en su apoyo a Machado. Escribió: "recientes despachos de la provincia de Oriente reportan serias deserciones en las guarniciones de numerosas ciudades pequeñas” (75). Negrete sostenía que las quiebras en ejército parecen “ser inspiradas por el sector de las fuerzas armadas anti-Machado el cual es favorable a una intervención americana (sic)” (76). Afirmó más adelante que “los principales líderes de la Junta de Oposición, en la cual estaban representadas la mayoría de las camarillas burguesas y de la pequeña burguesía, eran opuestos a intervenir en ese momento, ya que eso podría interferir con su propio plan para distribuirse los puestos políticos y las ventajas económicas entre ellos mismos” (77). Señalando el probable desenvolvimiento de la lucha en Cuba, Negrete concluye que “sería ingenuo esperar cualquier acción decisiva del proletariado en la presente coyuntura, pero es cierto que el derrocamiento de Machado podría ser inmediatamente seguido por agudas luchas entre diversos sectores de la burguesía nacional y los intereses imperialistas contrapuestos" (78).


Contrarando este pronóstico, sin embargo, la clase trabajadora tomó la iniciativa, cuando un movimiento huelguista comenzó en La Habana el 2 de julio y se desarrolló rápidamente hacia una huelga general, cortando las comunicaciones por toda Cuba. El embajador norteamericano, SummerWelles, cambió su táctica al pedirle a Machado que acorte su período en el gobierno un año. Su utilidad era ahora limitada para los norteamericanos (79). Bajo la dirección de la FOH y de la CNOC, la huelga se había sostenido más allá de los límites económicos y se había transformado en un movimiento político directo contra el régimen de Machado (80). Como ha escrito Pérez Jr., “la huelga del transporte en la capital se extendió a otros sectores y en un plazo de días todo el movimiento económico se detuvo. A fines de la primera semana de agosto, la huelga general había adquirido la dimensión de una ofensiva revolucionaria y Welles y Machado habían contraído un adversario más formidable que los amenazaba con barrer a un lado, tanto al régimen de Machado como la hegemonía de Estados Unidos" (81).


Machado, tomando pasos para debilitar la ofensiva de la clase trabajadora, ofreció a la dirección stalinista de la CNOC, la legalidad para el PCC y el reconocimiento para la CNOC a cambio de su apoyo al levantamiento de la huelga. La dirección de la CNOC concedió el retomo al orden laboral (82), pero encontró la oposición de la FOH, dominada por el trotskismo y su llamado ignorado por las masas. La huelga continuó victoriosa hasta el 12 de agosto, cuando Machado huyó del país. Los trabajadores en La Habana retornaron al trabajo y un gobierno conducido por Carlos Manuel de Céspedes emergió de la oscuridad política. La ruptura de la 1 – y y el orden, sin embargo, continuó con los mazazos de la justicia revolucionaria aplicada a los oficiales sospechosos de machadistas (83). Negrete, escribiendo en The Militant, advirtió que “José Magrinat, quien fue enviado a México por Machado en enero de 1929 para asesinar al camarada Julio Antonio Mella, no tuvo ni siquiera tiempo para escurrirse por su agujero como una rata" (84). Después, a fines de agosto y en septiembre, una serie de huelgas espontáneas en la industria azucarera alcanzó el punto en el que una parte sustancial de los medios de producción de la principal industria de la isla estaban bajo el control de los comités de huelga. La Revolución era todavía una posibilidad. Como Zeitlin notó, “el primer molino azucarero fue tomado por los obreros en Punta Alegre en Camagüey el 21 de agosto, y en un mes, 36 molinos estaban bajo control obrero. 'Soviets' de obreros, campesinos y soldados fueron organizados en Mabay, Jaronu, Senado, Santa Lucía y otras centrales, con control extendido al sistema central de ferrocarriles, puertos y ciudades lindantes y áreas de agricultura en partes de Santa Clara, Camagüey y provincias de Oriente. El movimiento incluyó a casi todos los molinos y zonas azucareras, extendiéndose inclusive a las zonas más remotas. En algunos lugares la bandera roja fue izada, inclusive en varias ferrovias terminales. Las huelgas y tomas de molinos estallaron tan rápido que fue difícil para los comunistas enviar organizadores capaces de orientar y dirigir el movimiento en cada lugar. Ellos mismos fueron tomados por sorpresa por la profundidad de la ofensiva de los obreros azucareros. Las huelgas y tomas estaban, no obstante, mayormente dirigidas por los comunistas. Los comités de huelga supeditados al SNOIA fueron creados en todos los lugares para dirigir la lucha" (85).


Sin embargo, el fin del gobierno de Céspedes vino bajo la forma de la Revuelta de los Sargentos el 4 de septiembre de 1933. La intervención del Directorio Estudiantil Universitario transformó una protesta armada en una revolución política. Bajo la dirección política de los estudiantes, un directorio de cinco hombres formó un nuevo gobierno, que le abrió el camino a Ramón Grau San Martín, la elección del estudiantado radical para presidente. En el día de inicio de su presidencia, Grau unilateralmente proclamó la abrogación de la enmienda Platt y seguidamente nuevas reformas. Sin embargo, el clamor por más y profundos cambios sociales continuó. Milicias obreras fueron formadas y en algunas instancias entablaron combate con las unidades aimadas. En todo este período los Estados Unidos rehusaron reconocer la administración de Grau y veían en Batista, el I ídei de la Revuelta de los Sargentos, como la única figura en Cuba que representaba autoridad (86).


Fue en esta coyuntura que John G. Wright, escribiendo i m artíct /lo de discusión en The Militant argumentó que.es suicida hablar de la inmediata toma del poder. En el período ¡i' mediatamente anterior, debe ser librada una batalla defensiva. Una seria decisión de empezar una sistemática y regular lucha está en vías de desarrollo en una considerable


masa de trabajadores. Pero primero que todo, ésta debe existir en las filas de la vanguardia revolucionaria. Faltando esta condición es imposible proceder a una directa organización de Soviets. En la medida en que esta condición no exista, la directa realización de Soviets no debe ser promovida. La consigna no es insurrección, sino ¡¡Defensa Nacional Revolucionaria!! ¡ ¡Autodeterminación para Cuba!! ¡ ¡Abajo con la enmienda Plattü".


“…La vanguardia debe liderar el reclamo de la inmediata convocatoria de la Asamblea Constituyente. Las masas deben movilizarse bajo las banderas de las demandas de transición. Al mismo tiempo, con estas consignas democráticas (¡Libertad de expresión!, ¡Libertad de prensa!, ¡Libertad de asamblea!, etc.) se debe agitar ampliamente la consigna de la nacionalización…


“… Pero primero y principal, la vanguardia debe organizar el frente único contra el imperialismo Americano (sic); y en este frente único deben ser incluidas no sólo todas las organizaciones obreras sino todas y cada una de las secciones de la pequeña burguesía que estén deseosas y dispuestas para pelear en contra del enemigo común" (87).


La posición de Wright se contrapone en muchas cuestiones con un artículo anterior de The Militant. A mediados de septiembre de 1933, se había argumentado que “los campesinos y trabajadores cubanos, sin embargo, pueden confiar sólo en su propia fuerza, en sus propios organismos populares de lucha, en los Soviets. En este aspecto, no tenemos nada en común con la concepción stalinista de que los Soviets sólo deben ser organizados en el momento de la insurrección proletaria. Eso sólo conduciría, como fue trágicamente demostrado por la política stalinista en China, al fracaso de organizar Soviets en el momento, como centro revolucionario e instrumento obrero y campesino, o si no para caricaturizar los Soviets después que la revolución ha retrocedido” (88).


En efecto, Trotsky mismo respondió a la declaración de Wright contra la formación de los Soviets y en favor de la formación de un frente único con los elementos progresivos de la pequeña burguesía, alrededor de la consigna de defensa de la revolución nacional, en una carta del 21 de noviembre de 1933. Trotsky escribió, "en tu artículo sobre Cuba, es correcto, por supuesto, que nosotros no podemos proponernos a la conquista del poder como una tarea inmediata, si la mayoría de la pequeña burguesía rural y urbana no nos sigue. Esto sólo puede ser logrado con una directa y abierta batalla en contra de la burguesía 'nacional' y los líderes oportunistas de la pequeña burguesía. Yo no entiendo, sin embargo, por qué te declarás en contra de la creación de los Soviets u organismos muy similares a los Soviets. Los Soviets son los organismos de la conquista del poder sólo en un análisis final. En general, los Soviets en condiciones revolucionarias, constituyen la organización básica de lucha del proletariado y los sectores que lo acompañan. Rechazar la creación de los Soviets sólo es posible en la eventualidad de que condiciones externas insuperables lo impidan. Pero ésas no son ni pueden ser consideraciones tácticas que lleven a que los socialistas revolucionarios rechacen la consigna de Soviets, en condiciones en que su creación es totalmente posible” (89).


Con todo, la caída del gobierno de Grau San Martín se produjo en enero de 1934, después de que fue demasiado lejos con sus reformas ordenando el embargo de las plantas propiedad de Estados Unidos. Batista trasladó su apoyo armado desde Grau hacia Carlos Mendieta y en cinco días los Estados Unidos habían reconocido al nuevo gobierno (90).


Durante este período, que había visto al gobierno de Grau San Martín llegar e irse el PCC era la organización dominante dentro del movimiento de la clase trabajadora, aunque “las influencias del Partido eran más débiles en Camagüey, donde la huelga azucarera había sido principalmente conducida por los anarco-sindicalistas y trotskistas… y en la Federación Obrera de La Habana, donde los trotskistas eran dominantes” (91). Este período también vio a los trotskistas cubanos de la Oposición Comunista formar un partido independiente, el Partido Bolchevique-Leninista. Una nota al pie de página en las obras de León Trotsky, informa que sus miembros son un millar. (92) El PBLfue oficialmente constituido el 14 de septiembre de 1933, en una asamblea de "delegados de las secciones y núcleos de la Oposición Comunista de Cuba” (93) y las 64 páginas del programa del Partido fueron preparada por el Buró político del Partido y sometidas a discusión en los encuentros plenarios nacionales, mantenidos en La Habana el 27 y 28 de octubre (94). Sin embargo, el documento sólo se dio a conocer después de tres meses (95). Lo que fue publicado y distribuido por el Partido en el momento de la formación del PBL fue un manifiesto mucho más corto, conteniendo “una declaración inicial de principios definidos y claros” (96). El texto completo fue reproducido en inglés en The Militant del 18 de noviembre de 1933 bajo, el título de “A los trabajadores y los campesinos cubanos: Manifiesto del partido Bolchevique-Leninista de Cuba”.


 


En el manifiesto el PBL anunciaba que el "… partido emerge después de una larga y dificultosa lucha de más de un año, no vacila en declarar abiertamente ante todos los trabajadores, que surge de la cuna misma del Partido Comunista de Cuba y que es históricamente la negación del mismo” (97). Criticando la falta de un partido revolucionario hasta el momento de su propia formación, el PBL, de forma bastante objetiva, explicó su nacimiento en tal situación revolucionaria. Argumentaron que “sin tener en cuenta nuestros deseos, una vanguardia obrera revolucionaria puede sólo ser organizada en ciertas coyunturas históricas. En períodos de grandes luchas revolucionarias, el flujo y reflujo del movimiento de las masas automáticamente produce los medios necesarios para llevar a cabo exitosamente la creación de un nuevo partido" (98).


Refiriéndose a la Revolución de los Sargentos del 4 de septiembre, el PBL sostenía que esta “revuelta de suboficiales y soldados del ejército abrió una nueva etapa en el proceso revolucionario en Cuba. Esta rebelión confirmó completamente nuestra correcta línea política, en la cual afirmamos, siempre desde marzo de 1933, que la caída de Machado provocaría choques entre el ala de la burguesía reaccionaria de la Oposición y los variados elementos de la pequeña burguesía. La teoría sostenida por los líderes del Partido Comunista bastantes meses atrás (mayo de 1933), de que existía una abierta radicalización de las masas, que “obligaba a las fuerzas de la contra-revolución a unirse”, ha caído por el piso destrozada por la realidad de la situación" (99). Sin notar la militancia espontánea de los trabajadores, de y alrededor de la central azucarera, que ha conducido a las ocupaciones y a la formación de organizaciones de tipo casi soviético, el manifiesto del PBL continúa: “se dice que existe una abierta radicalización de las masas al mismo tiempo que tiene lugar un levantamiento de los cuadros y bases del ejército, y este levantamiento eleva a los elementos de la pequeña burguesía del Directorio Estudiantil al poder" (100).


El análisis del PBL de la situación fue que la pequeña burguesía había tomado el poder político y que “frente a la violenta ruptura de la pequeña burguesía con las reaccionarias fuerzas de ‘mediación’, esta teniendo lugar un reagrupa-miento de las fuerzas de la burguesía y la pequeña burguesía en la lucha por conquistar el poder" (101). Para el PBL, "el imperialismo yanqui… apoya abiertamente la formación de un frente contra-revolucionario conducido por el ABC y Menocal” (102), mientras que en su opinión, “bajo la presión del imperialismo, el gobierno de Grau San Martín sucesivamente se agita, gesticula, amenaza, concede, pero no conduce firmemente el directo y fundamental ataque en contra de la intervención yanqui” (103). Para el PBL, “sólo una posición de clase verdaderamente independiente puede salvar al proletariado de la derrota”, de modo que “sólo la clase trabajadora en alianza con el campesinado pobre puede liberar a Cuba de la opresión imperialista” (104).


Las perspectivas inmediatas del PBL para la revolución en Cuba incluía la tesis de que el proletariado “…está todavía demasiado débil políticamente para reunir al campesinado a su alrededor y tomar el poder" (105). El manifiesto continúa: “como muchas otras colonias Cuba carece de unidad económica independiente, y en su conjunto su economía está todavía en una etapa pre-capitalista" (106).


En cuanto a teoría, el PBL dibujó una clara línea de distinción entre el mismo por un lado y las fuerzas de la pequeña burguesía por el otro. El manifiesto declara que “las diferencias entre los elementos de la pequeña burguesía y nosotros, los Bolcheviques-Leninistas, descansa, en sustancia, en la forma de gobierno capaz de garantizar la independencia de la isla, en sus medios para obtenerla y en las metas" (107). El PBL ataca a quienes argumentan que la revolución proletaria todavía no podía ser realizada porque el proletariado no estaba suficientemente desarrollado en Latinoamérica, y que la lucha debía ser primero limitada a echar al imperialismo. Ellos descartaban esta fórmula “en su totalidad” (108), argumentando que podían"… considerar la lucha no en un sentido aislado sino como parte de la lucha proletaria mundial”. Como tal, el deber de la hora no era “…el de iniciar el desarrollo del capitalismo en América sino el de realizar la revolución agraria, llevando a cabo la revolución socialista y estableciendo la dictadura del proletariado (109). El PBL reiteraba que “la burguesía nacional y la pequeña burguesía, tanto rural como urbana, orgánica e ideológicamente, era incapaz de conducir la lucha revolucionaría del pueblo oprimido hacia su triunfo. Toda conciliación con estos elementos en relación a propósitos específicos la revolución, es una traición a los obreros y campesinos. El entregar estas fuerzas a la conducción de la pequeña burguesía, es repetir concientemente las traiciones en China y México” (110).


El PBL afinó más la línea de demarcación entre ellos y algunas fuerzas políticas de la pequeña burguesía, como los Apristas, encaminándose hacia la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky (111).


Argumentaron que “la revolución agraria anti-imperialis-ta no sólo cumpliría las tareas de la revolución burguesa (liquidación de las formasfeudales de producción, liberación nacional, revolución agraria, etc.), sino que debe, por el hecho de que la burguesía no es la fuerza motriz en ella y es llevada a cabo sin el apoyo de la burguesía y en contra de la burguesía, colocar las bases, desde las cuales se puede tomar el camino hacia la revolución socialista y la dictadura del proletariado” (112).


En cuanto a la teoría, entonces, el PBL cubano adoptó posiciones que claramente lo distinguen de aquéllas del PCC. Siguiendo la desastrosa línea del Comintern, el PCC consideró a la administración de Grau San Martín tanto en el campo del imperialismo como Machado. Ellos acusaron a Grau San Martín de “reforzar (su) posición como un representante de las clases explotadoras en Cuba en su lucha en contra de la revolución…. (y) en obtener el apoyo del imperialismo Americano (sic) en contra del creciente movimiento de masas, en la práctica si no formalmente” (113). Sin embargo, enfocando en la “revolución agraria anti-imperia-lista” el PBL sembró las semillas para hacer concesiones a la pequeña burguesía nacionalista y la subsiguiente degeneración.


El organismo oficial del PBL fue llamado Rayo (114). El editorial de la primera edición, titulado "Cuidado con las aventuras", hacía “una cuidadosa evaluación de la (entonces) presente situación política en la isla, advirtiendo en contra de los intentos putchistas del stalinismo que, a pesar de la formidable declinación de su influencia y prestigio desde septiembre (de 1933), está ahora llamando a la toma del poder" (115). Según The Militant, otro artículo analítico dibujó “el balance del régimen de Grau San Martín y de la política del Partido Comunista que condujo a la masacre del 29 de septiembre cuando se suponía el funeral de Mella como la señal de una insurrección” (116). La semilla, sin embargo, de la subsiguiente degeneración, fue también denunciada en The Militant en su resumen del informe del Rayo de la situación de la actividad organizativa de la rama del PBL en la Provincia de Oriente. El artículo declaraba que los camaradas del PBL habían sido capaces de construir una extensa organización con unidades en la mayoría de las ciudades importantes y las plantaciones azucareras. Sin embargo, senas dificultades internas se habían originado en la sección del partido de Guantánamo, cuyos miembros mantenían agudas diferencias teóricas tales como la del caráctei que el partido debía asumir. En la Conferencia Nacional de la Oposición de Izquierda cubana del 14 de septiembre de 1933, en la cual fue decidido el cambio de nombre de la organización por el de Partido Bolchevique-Leninista de Cuba, los camaradas de Guantánamo insistieron en la creación de ‘una asociación abierta de obreros, campesinos y estudiantes’ como contraria a un 'cerrado' Partido Bolchevique. La sección de Guantánamo ha funcionado desde entonces independientemente e ignorado las directivas del Comité Central" (117).


Las raíces de la degeneración política, entonces, habían sido sembradas, pero como The Militant sostuvo, el nuevo gobierno de Mendieta, que reemplazó al de Grau San Martín, estaba decidido a liquidar al PBL y las organizaciones obreras en las cuales participaba y jugaba un rol de liderazgo ( 118). Esta aserción fue hecha al comunicar la noticia 'del arresto de toda la dirección de la Federación del Trabajo de La Habana (FOH). La policía cayó por sorpresa en la reunión del Plenario de la Federación mientras sesionaba, poniendo a todos los miembros bajo arresto… (siendo) Junco el único de los arrestados que fue nombrado" (119). Las siguientes ediciones semanales de The Militant informaban cómo otros miembros del PBL arrestados en el mismo momento, que eran de origen español, eran deportados a España (120). El artículo también transmitía "la urgente súplica de asistencia financiera”.


La edición del 14 de abril de 1934 de The M/7/Yanf también contenía una traducción de un artículo del Rayo. El artículo, titulado La situación cubana después de Grau", fue probablemente el artículo al que The Militant se había referido en su edición del 10 de marzo de 1934, porque contenía el análisis del PBL del régimen de Grau San Martín y las lecciones a ser extraídas de la experiencia con los dirigentes de la pequeña burguesía y la provocativa y aventurera política del PCC durante su período en el poder. El artículo fue primero que nada, despreciativo cómo el gobierno de Grau San Martín "en lugar de su aparato de guerra… sus amenazadores gestos … (y) sus llamamientos a la “Ley y Justicia ,… fue desplazado del poder sin un serio intento de resistencia de su parte” por una simple maniobra diplomática (121).


 El PBL retomó lo que ellos habían "afirmado de que el rol hegemónico de la pequeña burguesía conducía al gobierno (de Grau San Martín) a una política indecisa de zig-zags” (122).


Programáticamente, las tareas que el PBL se había encomendado a sí mismo durante el período de zig-zags, las cuales, según el mismo artículo, le fueron impuestas por la militancia del proletariado, incluían: “continuar ardientemente el trabajo de reagrupar al proletariado, para exigir del gobierno de la pequeña burguesía la realización de su propio programa demagógico (tribunales revolucionarios, distribución de la tierra, Asamblea Constituyente, etc.); para pelear por la constitución de las Juntas Revolucionarías como un paso en la organización de los Soviets, y al mismo tiempo llevar adelante un trabajo intenso entre las masas para prepararlas para la defensa contra las agresiones del Gobierno (123). El PBL sostenía que tal táctica mantendría al movimiento revolucionario en la cresta, preparando a las masas para el período en que la “cobarde pequeña burguesía tuviera que volverse en contra de las masas” (124).


En la cuestión del PCC, el PBL acusaba al Partido Comunista oficial de “tomar una postura esquemática y sectaria, (la cual) conducía al proletariado a la masacre, y le causaba l pérdida de confianza en su propia capacidad revolucionaria” (125). Más específicamente, describían cómo la política provocativa del PCC los conducía a gritar “en contra del ‘gobierno asesino de Grau-Batista-Carbo describiéndolo como un "bloque burgués-feudal-terrateniente-imperialista". Y entonces ellos llamaban a la insurrección… El 29 de septiembre fue la culminación de esa imbecilidad política. El día del entierro de Mella fue elegido como el día de la insurrección, y entonces el ejército, que ya había empezado a fraternizar con los obreros, masacró a estos últimos en las calles de La Habana” (126).


El PBL criticó más aún las acciones del aventurerista PCC después del fiasco de la insurrección fallida. Escribieron: “entonces el Partido, perdiendo toda su orientación, lanzó el llamado a la huelga general. Esto hubiera conducido a la mayor y completa derrota de los trabajadores si la Federación del Trabajo de La Habana, previendo el desastre, no les hubiera mostrado el camino. Los Bolcheviques-Leninistas lograron éxito en hacer retornar a los trabajadores a sus posiciones, y ésa es la razón por la cual el presente período de lucha no está cerrado.


“Pero esto no fue suficiente para curar las heridas hechas por los aventureros. El desorden provocado en el proletariado permitió al Gobierno parar en seco la ofensiva de los obreros” (127).


Marcos García Villarreal, uno de los líderes del PBL, reiteró la enorme culpa que los trotskistas cargaban al PCC en un artículo especialmente escrito para The Militant y publicado el 28 de abril de 1934. García Villarreal escribió: "ningún partido de los trabajadores tuvo alguna vez mayor responsabilidad histórica que la que cayó directamente sobre la burocracia stalinista del Secretariado Caribeño (sic), y del Partido Comunista de Cuba… El stalinismo cubano ha sido convertido en el factor más negativo dentro del proceso del desarrollo revolucionario. La culpa entera por la derrota proletari, cae en los hombros del stalinismo, sin ninguna limitación" (128). García Villarreal describía que “habiendo crecido y fortificado su influencia, el stalinismo, por su visión política estrecha, aisló a la clase trabajadora, empujándola hacia la ruta de las aventuras; zig-zags violentos; abruptas retiradas… clasificó al gobierno de la pequeña burguesía de San Martín como un “gobierno burgués-feudal, lacayo del imperialismo''. Tan amplia teoría implica una aplicación práctica. Todos los esfuerzos fueron dirigidos hacia el derrocamiento del gobierno de Grau, en beneficio, no de la clase trabajadora, sino de la reacción imperialista que estaba preparando una vez más su regreso al poder con el aparato estatal" (129). García Villarreal describió cómo la política sectaria del PCC los condujo a confundir todos sus enemigos en una masa sólida. Las disputas internas dentro de las clases enemigas, en vez de ser utilizadas en interés de los trabajadores, fueron consideradas sin importancia por los stalinistas" (130). Su argumento, en esencia, fue que el PCC condujo a los trabajadores a batallas prematuras que los agotaron y confundieron, de modo que cuando el proletariado se vio forzado a luchar, fue ya demasiado tarde: Carlos Mendieta había sido elevado al poder del gobierno en los atléticos hombros de los Marines Americanos' (131).


El PC recibió mayores críticas de García Villarreal por su respuesta a la ‘reacción desenfrenada’, entonces en pleno auge en Cuba. Declaró que “el stalinismo ha ordenado que, en caso de revolución, la propiedad de los holdings imperialistas feudales debía ser respetada, porque el imperialismo es un enemigo 'infinitamente superior” (132). Esta “vergonzosa capitulación” que, en la opinión de García Villarreal, completó la traición del PCC, fue presentada como ‘elmás delicado fruto’ del pacto Litvinoff-Roosevelt (133), esto es, “el respeto por la dominación del capital financiero yanqui” (134).


La perspectiva inmediata del PBL para la orientación y el trabajo futuro después de la caída del gobierno de Grau San Martín, reposaba en su análisis de que “el desplazamiento del gobierno de Grau San Martín por un bloque derechista… encuentra al proletariado en una actitud defensiva… La tarea inmediata hoy es luchar sin cuartel contra las leyes fascistas y en defensa de las conquistas ganadas como la jornada de ocho horas en todas las industrias. En esas batallas que asumirán gigantescas proporciones en los molinos azucareros, es posible construir una resistencia más firme para el comienzo de luchas mayores por la organización sindical” (135). Esta perspectiva 'defensiva’ fue reiterada en el artículo de García Villarreal en The Militant del 28 de abril de 1934. Allí escribió que, históricamente, la llegada de Mendieta al poder “es una derrota para el proletariado. Sólo preparando la defensa enérgica y conciente-mente, alcanzando a todas las organizaciones de masas para la creación de un frente único; construyendo el equipamiento combativo del proletariado que protegerá el retroceso y preparará las ofensivas del mañana, es posible detener la desintegración de las filas obreras bajo los golpes de la reacción" (136).


Con todo, a mediados de 1934, el movimiento huelguístico estaba otra vez en ascenso. The Militant, en octubre de 1934, informaba que "huelgas generales de significado político revolucionario han tenido lugar en varias ciudades y en varias industrias", mientras que “trabajadores de numerosas plantaciones de azúcar y líneas de transporte se están preparando para batallas más profundas en la época del comienzo de la zafra, o cosecha” (137). The Militant argumentaba que esta ola de huelgas indicaba “la necesidad de cierta forma de organismo permanente de frente único” (138).


Sin embargo, en el terreno, la situación de la clase trabajadora y sus dos principales organizaciones, la FOH controlada por los trotskistas, y la CNOC controlada por los stalinistas, estaba lejos de permitir la acción común en una atmósfera que permitiera la libertad para la crítica política. De acuerdo con García Montes y Alonso Avila, “la pugna entre Sandalio Junco y César Vilar (139) se había convertido en una cuestión de extrema violencia. Aquél acusaba a éste de utilizar a los obreros para su mero encumbramiento personal y para servir a sus intereses políticos sectarios. Sandalio Junco obtuvo inclusive que el Sindicato de la Construcción juzgara a César Vilar por haberse aburguesado como dirigente sindical” (140). Citaron una particularmente exitosa huelga en el sector del comercio, que fue dirigida por la FOH y a la cual se unieron empleados de la North American Company, que tenía grandes tiendas en La Habana. García Montes y Alonso Avila también citan un ejemplo de extrema violencia cuando un grupo armado miembros del Partido Comunista salió de las oficinas de la CNOC y atacó a compañeros en el interior del edificio de la FOH, controlada por los trotskistas. Este asalto causó un muerto y varios heridos (141).


 


Entonces, a pesar del aumento de la militancia industrial, la empeorada relación entra la FOH y la CNOC, en una atmósfera creada tanto por los intercambios verbales como por los asaltos físicos, combinada con las raíces políticas de los miembros del PBL, determinaron en gran medida la interpretación y dirección del llamado del PBL a alcanzar “todas las organizaciones de masas para la creación de un frente único”. Aunque en teoría no habían apoyado al gobierno de Grau San Martín, caracterizándolo como un comité de la pequeñoburguesía que podía satisfacer tanto las demandas del proletariado como las de la burguesía, dependiendo de quién expresara sus reclamos más estridentemente, no mantuvieron una clara posición sobre la necesidad de la revolución proletaria como única vía al socialismo. En pocas palabras, después de la caída del gobierno de Grau San Martín, el PBL sustituyó el trabajo por un genuino frente único antiimperialista, por frentes antiimperialistas democráticos.


En el documento “Resoluciones sobre la presente situación política y nuestras tareas en ella", fechado el 16 de octubre de 1934 y al que se arribó después de tres reuniones regulares del Comité Central del PBL (142), su posición sobre la correcta estrategia a seguir, esto es, revolución democrática o proletaria, fue expuesta con una total falta de claridad. La resolución señalaba en una parte que: “de aquellos que perdieron el poder el 16 de enero de 1934, se han formado desde entonces tres grupos políticos: el Partido Revolucionario Cubano, el Partido Nacional Agrarios/ Joven Cuba, que constituye el factor más heterogéneo y al mismo tiempo del cual más se puede esperar. En consecuencia, nuestra política consiste en empujar al ABC (¿con?) toda otra fuerza que no sea favorable a él, para hacer imposible a la pequeñoburguesía alcanzar un acuerdo con las clases dominantes, reagrupar al proletariado en tomo a nosotros, aplastar al stalinismo" (143).


Las concesiones del PBL al nacionalismo pequeñoburgués fueron específicamente expuestas en su análisis de Joven Cuba. “Debemos caracterizarla (a Joven Cuba) como la izquierda de ese partido, entre la pequeñoburguesía y el proletariado. Teniendo una base teórica esencialmente nacionalista y pequeñoburguesa, se declara como un enemigo del imperialismo … como toda ruptura todavía sostiene, como si hiciera sus primeros pasos, el cordón umbilical que lecuerda la matriz de la cual proviene. La vida por sí misma está limpiando a Joven Cuba de sus elementos originales, y está (¿moviéndose?) hacia un campo donde seguramente será absorbida … Su mayor defecto sigue radicando precisamente en que comandando una fuerza militar y teniendo una militancia armada, Joven Cuba subestima las condiciones políticas necesarias para la revolución, para caer en el fetichismo de la organización técnica del acto insurreccional por sí mismo. El aventurerismo es su debilidad orgánica. Sin embargo, la desintegración del Partido Revolucionario Cubano le ha dado a Joven Cuba una base de masas más fuerte, y esto aparentemente ha modificado su política.


Convencida de que la insurrección es un punto de coronación de un definido proceso político, Joven Cuba ahora se aproxima a la clase obrera y no duda en proponer el frente único. Tomándola como una coyuntura, es necesario desarrollar una política realista hacia ella. Joven Cuba simboliza en realidad un grupo en movimiento, cuyos miembros no pueden sino permanecer en el campo de los trabajadores o bien en las filas de la reacción. El futuro demostrará que no puede continuar existiendo con su actual programa como una organización separada" (144).


El PBL estaba alejándose de la posición bolchevique, que sostiene que aunque el proletariado puede trabajar con las organizaciones representativas de la burguesía y la pequeñoburguesía en lucha contra el imperialismo, debe preservarse la independencia del movimiento de la clase obrera, incluso si está sólo en forma embrionaria (145). No contrapusieron abiertamente la revolución proletaria, la única revolución capaz de llevar a cabo incluso las más elementales tareas de la revolución burguesa en una semicolonia, al programa de la revolución democrática antiimperialista preconizada por la Joven Cuba. No se delimitaron claramente de las fuerzas pequeñoburguesas de Joven Cuba, no importa cuán ‘izquierdistas’ parecieran; el PBL fracasó en comprender lo que Lenin llamó su ‘tarea especial’, esto es, “la lucha contra los movimientos democrático-burgueses dentro (de su propio país)” (146). Las concesiones del PBL en lo concerniente a la teoría quedaron expuestas cuando escribieron que, como “la represión aumenta, sectores de la pequeñoburguesía han sido obligados a promover ruidosas protestas. La ahora abierta política de asesinatos públicos, ha tornado definitivamente a los grupos ‘auténticos’ hacia una posición de retroceso en el terreno electoral, y por otra parte, de preparación de la ‘insurrección’. Cuando, después de ocho meses de propaganda ‘pacifica’, el partido de Grau San Martín confesó que esa vía estaba temporariamente exhausta, automáticamente colocó tanto la ventaja como la responsabilidad sobre los hombros de su ‘ala izquierda’ (Antonio Guiteras). Políticamente, el ala izquierda ha vencido a sus adversarios de la derecha y el centro. Pero la izquierda está muy lejos de ser un partido de masas capaz de llevar a la práctica una genuina insurrección popular. Esta es el ala izquierda que busca contacto con nosotros y establece la primera condición para ‘unir la lucha contra la reacción, a la preparación conjunta de la insurrección1. De todos los rincones de la isla, nuestros camaradas, regocijados, informan sobre estas propuestas de frente único. Sabemos que la situación es crítica y requiere de cuidado… A esas proposiciones, les damos la siguiente respuesta concreta: Estamos deseosos de entrar en ese frente único, pero sobre la base de un programa de acción concreto. La aplicación de este programa de acción es nuestra principal tarea” (147).


Criticando el rechazo del Auténtico a “tener nada que hacer con las elecciones a Constituyente" (148), en la ‘ Resolución sobre la presente situación y nuestras tareas en ella”, el PBL destacó que el Buró Político del Partido "ha publicado su consigna en Rayo: ¡Por una Constituyente no controlada por el gobierno! (149). En apoyo a ella, enviaron una carta a todos los partidos democráticos de Cuba (150).


Levantando la consigna de “una Constituyente no controlada por el gobierno, elegida en los centros de trabajo y de estudio”, el PBL argumentaba que “iniciamos, en una forma embrionaria, los soviets, y establecemos la dualidad de poder por primera vez. Dadas las terribles condiciones prevalecientes en el país, puede esperarse una drástica reacción gubernamental que impida llevar a la práctica estas propuestas. Entonces, el Frente Unico se desenvolvería como un órgano de lucha activa. Debemos estar preparados, cuando las circunstancias lo requieran, a sustituirlo por la consigna de “frente único de lucha contra el gobierno y por la formación de juntas revolucionarias (consejos)”. Las juntas revolucionarias (consejos) funcionando en cada pueblo, centrales azucareras, etc., formadas por representantes de los dos partidos (el de Guiteras y el nuestro) tendrían a su cargo la preparación de la lucha en su conjunto. Es así como debemos comenzar la insurrección, y como debemos influenciarla y dirigirla desde adentro. Si, después de toda la preparación necesaria, el acto técnico de la insurrección tiene lugar como culminación del proceso político, entonces el frente único cesa automáticamente. Es casi seguro que la pequeñoburguesía alcanzará el poder. Pero la fuerza que impulsa la revolución hacia adelante es la clase obrera dirigida por nuestro partido. Es entonces que podremos llevar a la práctica la transformación de la revolución democrática en revolución socialista. Es entonces que a través de una transformación dentro de las juntas revolucionarias, los auténticos consejos de obreros, campesinos y soldados nacerán de las masas. Es entonces que la consigna “Todo el poder a las Juntas" adquirirá su contenido revolucionario de masas" (151).


A pesar de la insistencia del PBL en que el éxito del Frente Único no depende de su habilidad para intrigar con el adversario, como acusaban los stalinistas, sino del “desplazamiento hacia nosotros de las fuerzas más capaces, más … vivas de la revolución”, no existía una clara delimitación entre ellos y las fuerzas revolucionarias pequeñoburguesas de la Joven Cuba. Como proseguía la resolución, “cuando el propósito principal para el que fue creado, desaparece, el frente único como instrumento revolucionario ya no tiene más ninguna razón para existir. Debemos estar preparados para el momento en que tenga lugar su completo desplazamiento" (152). La revolución proletaria, aunque formalmente todavía planteada como objetivo final, era vista como el resultado de ciertos procesos objetivos que podrían desarrollarse si se le daba la prioridad a la revolución democrática antiimperialista.


Cuando Carlos Mendieta llegó al gobierno, la designación de Batista como presidente cubano, a principios de 1934, fue enfrentada con una serie de huelgas. Ese crecimiento de la militancia fue contenido temporalmente por el comando militar (153). Sin embargo, el descontento, aumentó otra vez a principios de 1935, y se convirtió en una huelga general. La huelga fue iniciada por los estudiantes y docentes, en paro desde el 12 de febrero. El movimiento obrero organizado -que de acuerdo con Zeitlin todavía se estaba recobrando de sus derrotas de 1934- dudó, y sólo lanzó un llamado a la huelga el 11 de marzo (154).


El PBL, “conciente de la debilidad de las organizaciones obreras, concentró todas sus fuerzas en el fortalecimiento del Comité de Defensa Proletaria, creado previamente (frente unido) de manera que la huelga general pudiera tener una dirección centralizada y una posibilidad de victoria. Pero ante esta propuesta, nos encontramos con la oposición lisa y llana de una parte del partido stalinista, que deseoso de mantener su propia hegemonía, llamó a una huelga separadamente del Comité, y de otro lado, con la oposición de los líderes de los estudiantes y la pequeñoburguesía. que buscaban precipitar el movimiento” (155).


“Por tres días enteros reinó el terror” (156). Fue declarada la ley marcial y “hordas de policías y militares invadieron las calles y dispararon contra los trabajadores allí donde se reunieran. Los locales centrales de todas las organizaciones proletarias fueron asaltados, saqueados y demolidos” (157). Estas medidas, “las más extremas en la historia de la república", derrotaron rápidamente al movimiento huelguístico (158).


Refiriéndose al período inmediatamente precedente y a! siguiente, a la huelga de marzo de 1935 y a las concesiones del PBL al frente democrático antiimperialista. Alexander escribió que “el PBL fue totalmente explícito en sus planes para organizar una 'revolución democrática antiimperialista de obreros y campesinos’, incluso publicando un programa de gobierno que había sido acordado entre el PBL y Joven Cuba. Esta proclamación despertó fuertes protestas de la sección norteamericana de la Oposición Internacional de Izquierda, el Worker’s Party. A. J. Muste, el secretario general del Worker’s Party, objetó tanto la consigna de gobierno de “obreros y campesinos” como la colaboración con Joven Cuba, sugiriendo que debía establecerse un comité de unidad más amplio, incluyendo a los stalinistas. Estas críticas parecen haber tenido poca influencia en la política inmediata de los trotskistas cubanos.


“Pero había claramente considerables divergencias en el seno del PBL. El secretario general del partido puso a consideración del Secretariado Internacional, en París, un informe en el cual se refirió a las tensiones dentro del partido entre aquellos que identificaba como los ‘reales1 defensores del cuartointernacionalismo, y los elementos más ‘oportunistas” (159).


Durante la corta pero decisiva huelga y sus consecuencias, las oficinas de la FOH, dirigida por el PBL, fueron atacadas, todos los muebles y equipos fueron saqueados, los documentos robados y todos los que estaban en ellas, golpeados y luego arrestados. Entre los muertos en otros centros estaba Cresencio Freire, miembro del PBL y dirigente del sindicato de los panaderos (160). Más aún, posteriormente, los tribunales de excepción “pronunciaron sentencias de seis a diez años contra miembros del Partido Bolchevique Leninista". En octubre de 1935, el PBL tenía 30 militantes detenidos, la mayoría eminentes dirigentes políticos y sindicales (161).


 


D. El trotskismo cubano durante el período frentepopulista de la Internacional Comunista


 


Zeitlin argumentó que el fracaso del movimiento reve cionario de 1935 y el ‘terror blanco’ que se desencadenó contra las organizaciones de clase de los trabajadores “provocaron una transformación del carácter radical del movimiento” (162). Continuaba: “el fracaso de la revolución fue responsable por la desmoralización de la clase obrera y el agotamiento de las energías revolucionarias de los trabajadores. Desorientada, desorganizada, con muchos de sus veteranos dirigentes detenidos o muertos, la situación era de tal naturaleza que podía esperarse el crecimiento de un limitado sindicalismo de naturaleza reformista” (163).


De esa manera, se había creado la base material para otra capitulación de las fuerzas revolucionarias dentro del PBL. Revisiones previas de las conquistas programáticas de los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista ya habían llevado al PBL al punto de formar bloques estratégicos con varias fuerzas nacionalistas pequeñoburguesas, y eso, a su turno, provocaría que la mayoría de los afiliados del PBL desertaran del comunismo revolucionario para unirse a las filas de esas fuerzas.


Después del asesinato de Antonio Guiteras (164), la perspectiva del PBL fue trabajar dentro de las filas de Joven Cuba. Fracasando en reconocer la naturaleza histórica de la derrota, R. S. de la Torre escribió en The New International que “la penetración del PBL en las filas de Joven Cuba, la simpatía que sus miembros tienen por nuestro partido, abren buenas perspectivas para nuestra organización. La pequeñoburguesía no busca frenar sus intenciones insurreccionales. Es una cuestión de vida o muerte para ella. Aquí se ofrece una brillante oportunidad al partido proletario para demostrar sus capacidades de liderazgo" (165).


El oportunismo del PBL, que se origina en su confusión sobre la línea táctica del Segundo Período de la Internacional Comunista y el rechazo stalinista de ésta en favor de la orientación sectaria del Tercer Período, llevaron a la disolución dentro del movimiento nacionalista democrático en el plazo de dos años. Simeón resume la evolución y eventual disolución de los trotskistas de la FOH y el PBL a mediados de la década del 30 de la siguiente manera: "la Federación Obrera de La Habana dio apoyo tácito a los tres meses de gobierno revolucionario de Grau San Martín en 1933… (En 1935/36) el Partido Bolchevique Leninista se desintegró. El propio Simeón dejó el grupo en 1934, uniéndose a los Auténticos. Mujal ingresó a Joven Cuba, como Sandalio Junco, más tarde, se convirtió en secretario sindical de Joven Cuba, antes de unirse al Partido Auténtico" (166).


La fracasada huelga de marzo 1935 y la desintegración del PBL también coincidieron con la promoción de la política del Frente Popular (167), iniciada por la Internacional Comunista en su sexto Congreso. El PCC, sin embargo, inicialmente fue rechazado en sus intentos de formar un frente popular con el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) de Grau San Martín (168). Como consecuencia, tuvo lugar una gradual reconciliación entre Batista y los comunistas a partir de 1937. Batista declaró una amnistía para todos los presos políticos en 1937 y permitió a los comunistas organizar el Partido Unión Revolucionario (PUR). Poco después permitió al ilegal PCC publicar un periódico, Hoy, y dos meses más tarde, en julio de 1938, la asamblea plenaria del Partido Comunista decidió adoptar “una actitud más positiva hacia Batista”, que ya no fue descripto como "un centro de la reacción sino “como el defensor de la democracia". Las familiares tácticas del Frente Popular procedieron a manifestarse en Cuba. En setiembre de 1938, Batista restauró el status legal del PCC. El PUR desapareció. Después de eso, los comunistas retomaron su campaña contra los Auténticos y los partidos opositores a Batista. En los años de la Segunda Guerra Mundial, el Partido Comunista "en su dirección de los trabajadores, en la práctica abandonó cualquier concepción tanto de lucha de clases como de antiimperialismo" (169).


Sobre los trotskistas, Alonso Avila escribió: “cuando los comunistas se pusieron de acuerdo con Batista, hubo otra pugna y purga en el partido… Los purgados salieron con el sambenito de trotskistas. Un poco después, la presencia de Trotsky en México despertó algunos entusiasmos en ciertos jóvenes intelectuales de izquierda que se iniciaban en las labores periodísticas. Algunos eran ex apristas y algunos ex comunistas… En definitiva, la mayoría de aquellos revolucionarios terminó por incorporarse al PRC (Auténtico), por entender que era el partido que interpretaba las ideas revolucionarias en Cuba y el que se oponía a Batista y a los comunistas” (170).


Este era el paso lógico para los miembros del PBL que habían mantenido una posición confusa en su relación con las fuerzas pequeñoburguesas en lucha por una revolución democrática antiimperialista. La clase obrera había sido derrotada y sus raíces orgánicas e implantación en la clase obrera, vía FOH, había sido tan golpeadas que el abandono de la lucha por la primacía de la revolución proletaria, aplicada inconsecuentemente en la práctica, fue completo-La trayectoria política de Sandalio Junco es quizás el más esclarecedor ejemplo de la disolución del PBL en el campo pequeñoburgués. Después de unirse a la Joven Cuba y haber trabajado en el desarrollo de sus lazos con la clase obrera, se unió al Partido Auténtico donde, junto con Eusebio Mujal, formó la Comisión Nacional Obrera del PRC (Auténticos), que permaneció como un centro de oposición a la dirección stalinista del movimiento sindical (171)- Cuan do Junco fue asesinado por un grupo de pistoleros stalinistas el 8 de mayo de 1942 en Sancti Spiritu durante un acto en conmemoración del séptimo asesinato de Antonio Guiteras, The Militant mostró cómo la prensa stalinista había denunciado a Junco en términos usualmente reservados a los trotskistas, es decir, ‘quintacolumnistas’, en los días inmediatamente anteriores al asesinato (172). En la opinión de The Militant, “como secretario sindical del Partido Revolucionario Cubano, él pertenecía a su ala izquierda, enfatizando la necesidad de la acción independiente de la clase obrera. Era un encarnizado oponente a la línea del Frente Popular de los stalinistas. Estaba por la defensa de la Unión Soviética, pero se oponía a apoyar a los imperialistas en la guerra. Su último artículo, publicado unos pocos días antes de su asesinato fue un ataque a la capitulación ante el imperialismo del dirigente stalinista Blas Roca” (173).


Esta bastante confusa posición de apoyar la acción independiente de la clase obrera y oponerse a las tácticas del Frente Popular de la Internacional Comunista desde dentro de las filas de los Auténticos, él mismo una amalgama de clases sociales, definió al temprano trotskismo cubano. Esto también puede explicar por qué la influencia trotskista se hundió en los últimos años de la década del 30 en comparación con la de los stalinistas. La base social para la colaboración de clases, es decir, la propiedad privada,


todavía existía en Cuba, pero fue el Partido Comunista, con todo su prestigio internacional, antes que el movimiento trotskista, quien podría hacer aceptar alianzas de distintas clases a la clase obrera en tiempos de crisis.


 


Fin de la primera parte


 


 


1. Ver Gálvez Cancino, A., ‘Julio Antonio Mella: Un Marxista Revolucionario (Debate en tomo asu vida y a su muerte)’, p. 118, in: Críticas de la Economía Política, n° 30, 1986, México D.F., Ediciones El caballito, pp. 101/151.


2. Ver Mella, J.A., ¿Qué es el APRA?, Lima, Editorial Educación, 1975, en particular, p. 24.


3. Ver Frank, P., Ixi Citaría Internacional: La Larga Marcha de los Trotskistas, London, Ink Links, 1979, p. 31/33.


4. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit. pp. 133-4.


5. Algunos de los escritos de Mella que incorporan esa línea política no sectaria fueron originalmente publicados en Defensa Proletaria, N° 5, 20 de enerode 1929yreimpresosenGálvezCancino,A., op.cit., pp. 143-4.


6. Ver Ttotsky, L.D., “The Question of Trade Union Unity”, en Trotsky, L.D., LeónTYotsky On The TVade Unions, New York, Pathfmder Press, 1975, pp. 45-53.


7. Ver, por ejemplo, RienÜ'er, K., Comunistas Españoles en América, Madrid, Edita-a Nacional, 1953, 130-9; Alba V., Esquema Histórico del Comunismo en Iberoamérica, México D.F., Ediciones Occidentales, 1960, p.61; Gorkin. J., Cómo Asesinó Stalin aTrotski, Barcelona, Plazay Janes, 1961, p.204; y Suchlicld, J., University Students And Revolution In Cuba, 1920-1968, Florida, University of Miami Press, 1969, p.22.


8. Ver Blackwell, R., “JulioAntonio Mella", p.l, en: The Militant (New York), 15 de enero de 1931 (BNL).


9. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit. pp. 144-47.


10. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit. pp. 146-47.


11. “Para Alberto Martínez con el propósito del rearme comunista, Julio Antonio Mella” (Traducción propia, G.T.). Citado en Gálvez Cancino, A., op.cit., p. 145. Alberto Martínezfue más tarde uno de los líderes fundadores de la Oposición de Izquierda mexicana con Russell Blackwell. Ver Gálvez Cancino, A., op.cit., p. 147.


12. Ver Blackwell, R., op.cit. p. 1.


13. Ver p. 1 del manuscrito de una enüevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander en Union City, New Jersey, el 12 de abril de 1970 (RJA).


14. Ver el artículo “Dirigentes obreros asesinados por el stalinismo en Cuba”, en: The Militant, Vol. VI, N° 25,20 de junio de 1942, p. 1. (BNL)


15. Riera Hernández, M., Historial ObreroCubano 1574-1965, Miami, Rema Press, 1965, p. 275. La F.O.H. fue un centro sindical formado en momentos de unaola huelguística y demostraciones callejeras en La Habana contra alzas agudas en el costo de vida La condujeron juntos anarcosindicalistas y reformistas, aunque fue el anarcosindicalismo, que en aquel tiempo incluía a Junco, el que tomó el control durante esos témp anos años. Ver García


Montes, J. y Alonso Avila, A., Historia del Partido Comunista de Cuba, Miami, Ediciones Universal, 1970, pp. 31-2.


16. Ver Gddenberg, B., “The rise and fall of a Party: The CubanCP (1925-59)"( Ascenso y caída de un Partido, el PCC), p. 66 N° 19. en: Problems of Communism, Vol. 19, N° 4, julio-agosto 1970, pp. 61-80.


17. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


18. Ver p. 1 de la carta de Antonio Alonso Avila a RJ.Alexander, fechada el 21 de marzo de 1970. (RJA).


19. Ver “Arrest Leaders Of The Cuban Labor Movement”, en: The Militant (New York), 7 de abril de 1934, p. 1 (BNL).


20. Ver Carr, B., Marxism and Communism In Twentieth-Century México, Lincoln, University of Nebraska, 1992, pp. 45 y 340, N° 97.


21. León Trotsky, Oeuvres, marzo-julio 1933, París, Publicaciones del Instituto León Trotsky, 1979, p. 161,N° 11 (SP)


22. Citado de la p. 1 de la carta de Antonio Alonso Avila a R.J. Alexander, fechada el 21 de marzo de 1970 (RJA).


23. Ver GarcíaMontes, J. y Alonso Avila, A., op.cit. p. 115.


24. Ver Thomas, H., Cuba: The Pursuit of Free-dom, New York, Harpers and Row, 1971, p. 597,


N’ 60.


25. Ver Thomas, H., op.cit p. 597, N° 60.


26. Citadoen Blasier, S.C.,The Cuban and Chilean Communist Parties, Instruments of Soviet Policy. 1935-48. PhD Thesis (no publicada), Columbia University, Ann Arbor, Michigan, 1956, p. 23. Blasier declara que Junco fue expulsado en 1930, pero Hugh Thomas y Charles Simeón dan el año 1932 como fecha de esa expulsión del P.C.C. Ver Thomas, H, op.cit. p. 597, y p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit. En esa entrevista, Simeón volvió a expresar que no es cierto el planteo de que Junco disintió con el P.C.C. porque le desagradó que César Vilar fuera nominado secretario general de la CNOC delante suyo. Tilomas, sin embargo, está supuestamente citando el trabajo de Blasier.


27. Ver Goldenbarg, B., op.cit. p. 66.


28. Ver García Montes, .1., y Alonso Avila A., op.cit. p. 115.


29. Ver Blasier, S.C., op.cit. pp. 22-3.


30. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


31. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit Simeón dice actualmente que el Partido Bolchevique Leninista (PBL) fue formado en 1934, pero en el documento Programa del Partido Bolchevique


Leninista está señalado que el PBL fue formado el 14 de septiembre de 1933. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista La Habana Imprenta O’Reilly # 36, 1934, p. 7 (HI).


32. Ver “Stalinist Record In the Cuban Revolution’, en: The Militant (New York). 16 de junio de 1934, p. 3 (BNL).


33. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista loc.cit.


34. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista loc.cit


35. Antes de unirse a la Oposición Comunista, Gustavo Fraga Jacomino fue miembro del PCC pero tuvo profundos desacuerdos con los líderes stalinistas. Junto con AntonioToresy otros elaboró las tesis que organizaron el Movimiento de los Trabajadores dentro del Movimiento 26 de Julio.


Un hreve esbozo biográfico de Gustavo Fraga Jacomino aparece en Vanguardia Telefónica, el óigano de la Federación de las Trabajadores Telefónicos de Cuba en su ejemplar de septiembre de 1959, y fue reproducido en inglés en The International, febrero de 1960, Vol. 4, N° 3, p. 7 (SP)


36. Ver Riera Hernández, M., op.cit. p. 286.


37. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista loc.cit


38. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


39. El POUM fue formado en 1935 en base a la fusión del Bloque Obrero-Campesino de Joaquín Mauiin y la Oposición de Izquierda de Nin. Trotsky consideró que, aunque en su puntualización teórica trataban de basarse en la fórmula de la revolución permanente, en la práctica aislaban a la vanguardia revolucionaria de la clase. Fue el POUM, desde el punto de vista de Trotsky, el principal obstáculo en el camino de la creación de un partido revolucionario. Ver Trotsky, L.D., op.cit., pp. 317/8.


40. Esta cita particular está tomada de Durgan A., “The Spanish Trotskists and The Foundation of The POUM”, p. 20, en: The Spanish Civil War: El punto de vista de la Izquierda Revolucionary History, Vol. 4, N° 1/2, Invierno 1991/2.pp. 11-53. Las páginas 15 a21 del trabajo de Durgan tratan en detalle la política de la Federación Catalana y su líder Maurin.


41. Ver Karol. K.S.. Guerrillas In Power, London, JonathanCape, 1971.p. 126 N°64. Karol bosqueja el argumento de que el mujalismo, un tipo de sindicalismo corrupto, que defendía los salarios con una completa despreocupación por asuntos políticos, en parte explica la despolitización de la clase obrera cubana y su falla de actividad en la Revolución de 1959.


42. Directorio Estudiantil Universitario una organización estudiantil pequeñoburguesa contra ria a Machado, formada a mediados de 1927, con el propósitode oponerse al régimen. Muchos délos líderes iniciales de la ruptura hacia Ala ¡zquieida Estudiantil fueron miembros del PCC y pronto se colocaron al frente del partido. Ver Suchlicki, J., University Students and Revolution In Cuba, 1920-68, Florida, University of Miami Press, 1969, pp.24/8.


43. Ver Aguilar, L.E., Cuba 1933: Prólogo a la Revolución. Ithaca, Comell University Press, 1972, p. 117.


44. Ver p. 1 del manuscrito de una entrevista dada por Challes Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


45. Verp. 1 del manuscrito de una carta de Antonio Alonso Avila a RJ.Alexander, op.cit.


46. Ver p. 2 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


47. Carta de Juan López a Andrés Nin, La Habana 31/3/1933.


48. Ver la caita de la Oposición de Izquierda Internacional (Bolchevique-Leninista) en París a los camaradas de La Habana, sin fecha (IISH).


49. Ver la carta del secretariado general de la (Oposición Comunista Cubana a la sección francesa de la Oposición de Izquierda Internacional, fumada por A.Goinez Villar, el secretario general, sin fecha (IISH).


50. Carta del secretario General de la Oposición Comunista Cubana a la sección francesa de la Oposición de Izquierda.


51. Idem.


52. Ver la caita del Secretariado General de la Oposición Comunista Cubana a la sección francesa de la Oposición de Izquierda Internacional, firmada por A. Gómez Villar, secretario general, sin fecha íbid.


53. El Secretariado Internacional fue un comité electo de la Oposición de Izquierda Internacional.


54. En febrero de 1933, una preconferencia organizada por la ILO acordó tomar el título de “oposición Comunista Internacional Bolchevique-Leninista", para todas sus secciones nacionales. Ver Dutgan, A., op.cit. p. 24.


55. Ver la carta del Secretariado General de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista a la Oposición de Izquierda Cubana, fechada el 29 de junio de 1933. (IISH)


56. Ver León Trotsky, Oeuvres, marzo-julio 1933, op.cit.. p 161, N" 11.


57. La preconferencia de la posición de Izquierda Internacional tuvo lugar en París del 4 al 8 de febrero de 1933, esto es, unos pocos días después de ser designado Hitler como canciller en Alemania La resolución adoptada en París fue escrita por Trotsky y puede ser leída en “Writings of León Trotsky ’, 1932-3, New York, Palhfinder.


58. Ver Durgan, A., op.cit. pp. 22-4.


59. Ver Durgan, A., op.cit., p 24


60.  Ver Trotsky, L. D.. The spanish Revolution (1931/39). New York, Pathfinder, 1973, pp. 195-198


61.  Ver Trotsky, L. D., Thr Spanish Revolution (1931/39), ibid, pp. 198-201


62. Ver León Trotsky, Ouvres, marzo-julio 1933, op. Cit. P. 161


63. La Oposición Internacional de Izquierda decidió fonnar nuevos partidos independientes de los Partidos Comunistas oficiales y fundar la Liga Comunista Internacional (LCT), corno primer paso en el camino de la creación de una nueva Internacional, en agosto de 1933. La Izquierda Comunista Española, sin embargo, había trabajado en numerosas organizaciones obreras disidentes, y con cierta independencia del PC español desde 1931. Ver Durgan A., op. cit. para un completo seguimiento de las oiganizaciones marxistas no stalinistas durante el período y sus relaciones con los partidos stalinistas.


64. Ver la caita del Secretariadolntemaeional déla Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista a la Oposición de Izquierda del comunismo cubano, fechada el 29 de junio de 1933, op.cit.


65. Ver la carta del Secretariado Internacional de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevique-Leninista a la Oposición de Izquierda del comunismo cubano, fechada el 29 de junio de 1933, op. cit.


66. Ver la caita del Secretariado Internacional de la Oposición de Izquierda Internacional Bolchevi-que-Leninista a la Oposición de Izquierda del comunismo cubano, fechada el 29 de junio de 1933, op. cit.


67. VerCannon.J.P. Writings andSpoeches, 1932-34: The CoinmunLst League ()fAmerica 1932-34, New York. Monad Press, 1985, p. 270.


68. Ver Cannon, J.P., ibid., p. 270.


69. Ver Zeitlin. M., Working CJass Politics In Cuba: Astudy in Political Sociology, PhD Thesis, University of California Berkeley, UniversityMi-crofilms Inc., Ann Arbor, Michigan, 1964, p. 35.


70. Ver Zeitlin, M., íbid., p. 36.


71. Ver García Montes, J. y Alonso Avila A., op. cit.. p. 164.


72. Ver Aguijar, LE., “Cuba c,1860-c. 1930”, pp. 50-54, en: Bethell, L. (ed), Cuba: AShoit Histoiy, Cambridge. CUP, 1933, PP. 21-55.


73. Ver Zeitlin, M., íbid., p. 36.


74. Russell Blackwell (Rosario Negrete) nació en New York en 1904. Trabajó para la Internacional Coinunista en México, pero rompió con el stalinismo volcándose ; trotskismo después de leer el periódico norteamericano The Militant. Fundóun grupo trolskistaporíueradel Partido Comunistade México pero fue al poco tiempo expulsado del país. De nuevo en los EE.UU. se sumó a la Liga Comunista Trotskista de América. Compartió las críticas del POUM al trotskismo, militando en el POUM. luchó y fue herido en las barricadas, junto a sus militantes y a los de la CNT durante las Jomadas de Mayo. Ver Alba V. y Schwartz S., Spanish Marxism versus Soviet Communism, New Brunswick Transaction Books, 1988, pp-294/96: y la introducción a “Negrele and  ehki From Barcelona’’, p. 34, en: Revolutionary History, Vol. 1,N° 2, Verano I988i


75. Ver Negrete. R. 


76. Gárit P- 2.


77. Ves Negrele R., íbid, p. 2.


78. Ver Negrete R . íbid, p. 2.


79. Ver PérezJr., LA., “Cuba c. 1930-1959”, pp. 63-4. en: Bethell, L. (ed), Cuba: A Short History, op.cit. pp. 57-93.


80. Ver Zeitlin, M., op. cit., p. 38.


81. Ver Pérez Jr., L.A.. op. cit., p. 65.


82. Ver Pérez Jr., L.A., op. cit., p. 65: yZeiUin, M., op.cit


83. Ver Pérez Jr., L.A., op.cit. pp. 67/8.


84. Ver Negrele. R., “The Overílow of the cuban revolt”, en The Militant (New York), 26 de agosto de 1933, p. 3 (BNL).


85. Ver Zeiüin. M. op.cit. pp. 40-1.


86. Ver Zeitlin, M. op.cit., pp. 39-41; y Pérez Jr., L.A., Cuba Under The  Platt Amendment 1902-34, Pittsburgh, University of Pittsbuigh Press. 1986, pp.322-332.


87. Ver Wright, J.G., "Problems of Üie cuban revolution", en: The Militant (New York), 28 de octubre de 1933, p. 3 (BNL).


88. Ver The Militant (New York), 16 de septiembre de I933,“Program and Perspéctives lor the cuban proletaria!”,pp. 1-4. Sintomáticamente, Wright se reincorporó a la Oposición de Izquierda de los EE.UU. … Ver León Trotsky. Ouvres, noviembre de 1933-abri! de 1934, París, Publicaciones del Instituto León TVotsky, 1979, p. 77 N"2.


89. Ver Breitinan, G. (ed), Writings of León Trols-ky; Supplement (1929-33), New York Pathfmder, 1979. p. 333. Trotsky dirigió esa carta al camarada Vanzler. Joseph Vanzler era el (seudónimo) de John G.Wright. Ver León Trotsky, Oeuvres; Noviembre de f933-abrilde 1934, op.cit., p. 77, N°2.


90. Ver Zeitlin, M., op.cit., p 41; y Pérez Jr., L.A., Cuba UnderThe PlattAmendment 1902-34, Pitts-buigh. University of Pittsburgh Press, 1986, pp. 322/32.


91. Ver Zeitlin, M., op.cit. p. 45.


92. Ver León Trotsky. Oeuvres, noviembre de 1933-abril de 1934. op.cit, p. 78, N"5.


93. Ver “To tlie Cuban Workers and Peasants’, p. 3, en The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, pp. 3-4. (BNL).


94. Ver Programa del Partido Bolchevique Leninista op.cit. prefacio, p. 3.


95. De acuerdo al prefacio de ese mismo programa, eso fue debido al déficit de recursos para que fuera publicado. Ver Programa del Piulido Bolchevique Leninista op.cit, prefacio, p. 3.


97. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


98. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


99. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


100. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


101. Ver The Militant (New York). 18 de noviembre de 1933, op.cit.


102. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


103. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933. opcit.


btc do OjU'il.


105. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


106. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


107. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


108. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


109. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


110. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


111. La teoría de laRevolución Permanente sostiene, entre otras cosas, que en el período de la revolución, para cumplir y consolidar incluso las tareas democrático burguesas en los países escasamente desarrollados, deben superarse los límites de la revolución democrática y acometer tareas socialistas. La Revolución Socialista no debe ser vista así, como el estadio final que vendría en un futuro incierto después de que se haya consolidado una primer etapa de desarrollo capitalista. Para una amplia exposición de esta teoría ver Trotsky, L.D., The Pennanent Revolution. Resultáis And Prospectó (1906), London, New Park Publications, 1982.


112. Ver The Militant (New York), 18 de noviembre de 1933, op.cit.


113. Citado en Blasier, S.C., op.cit., p. 22.


114. The Militant (New York) del 10 de marzo de 1934 informa que recibió la primer edición de 8 páginas tamaño tabloid de Rayo. Ver “The Cuban Bolshevik-Leninists”, en: The Militant (New York), 10 de marzo de 1934, p. 2. (BNL)


115. Ver The Militant (New York), loc.cit.


116. Ver The Militant (New York), loc.cit. Detalles de los planes del PCC se pueden ver en García Montes, J. y Alonso Avila, A., op.cit. p. 141.


117. Ver The Militant (New York), 10 de marzo de 1934, op.cit.


118. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, op.cit.


119. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, op.cit.


120. Ver “Cuban Arrests”, en: The Militant, 14 de abril de 1934.


121. Ver “The CubanSituation after Grau”, en:The Militant (New York), 14 de abril de 1934, p. 3. (BNL).


122. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


123. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


124. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


125. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


126. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


127. Ver The Militant (New York), 7 de abril de 1934, íbid, p. 3.


128. Ver “Stalinism KneelsTo American Imperia-lisin”, en: The Militant (New York), 28 de abril de 1934, p. 3 (BNL) Este artículo fue escrito en abril de 1934 en La Habana


129. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


130. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


131. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


132. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, íbid.


133. El pacto Litvinoff-Roosevelt comprometió al gobierno de los EE.UU. concediéndole reconocimiento oficial al gobierno soviético.


134. Ver The Militant (New York), 28 de abril de 1934, op.cit


135. Ver The Militant (New York), 14 de abril de 1934, op.cit, p. 3.


136. Ver The Militant (New York), 14 de abril de 1934. op.cit.


137. Ver "Striki Wave Rises In Cuba” en: The Militant (New York), 13 de octubre de 1934, p. 3. (BNL)


138. VerThe Militant (NewYork), 13 de octubre de 1934, íbid.


139. César Vilar fue el secretario general de la CNOC.


140. Ver García Montes, J. y Alonso Avila A., op.cit., p. 164.


141. Ver García Montes, J. y Alonso Avila A., op.cit., pp. 164-5.


142. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934 y firmada por A. Gómez Villar, secretario general del PCB por el Comité Central, p. 1. (PRL)


143. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 1.


144. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 3.


145. Eso íue establecido con mucha claridad por Leninen el Segundo Congreso de la III Internacional. Ver Theses and Manifestos of the First-Four Congresses of the Third International, London, Pluto Press, 1983, p. 80.


146. Ver Theses and Manifestos of the First-Four Congresses of the Third International, loc.cit.


147. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 4-5.


148. Ver la caita titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 5.


149. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934. íbid. p. 5.


150. Ver la caita titulada "Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934. íbid. p. 5.


151. Ver la carta titulada Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas", fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 5.


152. Ver la carta titulada “Resolución sobre la situación política presente y nuestras tareas”, fechada el 16 de octubre de 1934, íbid. p. 5.


153. Ver Zeitlin, M., op.cit. pp. 42-3.


154. Ver Zeitlin. M.. op.cit pp. 43-4.


155. Ver De La Torre, R.S., "The Situation In Cuba”, p. 205, en: The new International, octubre de 1935, pp. 204-5.


156. Ver De La Torre, R.S., íbid, p. 205.


157. Ver De La Torre. R.S., íbid, p. 205.


158. Ver Zeiüin. M., op.cit. pp. 44.


159. Ver Alexander, RJ., International Trotskism 1929-85. A Documented Analysis Of the Movement. London, Duke University Press, 1991, p. 229.


160. Ver De La Torre, R.S., íbid, p. 205.


161. Ver De La Torre, R.S., íbid, p. 205.


162. Ver Zeitlin. M.. op.cit pp. 47.


163. Ver Zeitlin, M., op.cit pp. 47.


164. Antonio Gueiteras fue tomado por sorpresa y asesinado por el ejército cubano cerca de Matanzas, justo cuando estaba huyendo para México en mayo de 1935. Ver De laTorre. RS., íbid. p. 205.


165. Ver De laTorre, R.S.. íbid, p. 205.


166. Ver pp. 1-2 del manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a RJ.Alexander, op.cit.


167. El Frente Popular es un bloque de dos o más partidos políticos de clases sociales antagónicas. La política del frente Popular, o Frente del Pueblo fue de la III Internacional en 1935.


168. Ver Zeitlin, M.. op.cit.. pp. 49.


169. Detalles de la política del Partido Comunista en los años siguientes a la derrota sufrida en marzo de 1935 se encuentran reseñados en Zeitlin, M., op.cit. p. 49.


170. Ver p. 3 de la carta de Alonso Avila A., a Alexander, R.J., del 21 de marzo de 1970.


171. RieraHernández, M., op.cit. p. 138. La lista de los miembros de la Comisión se encuentra en Riera Hernández, M., op.cit. p. 293.


172. Ver The Militant (New York), 20 de junio de 1942, op.cit. Rienffer sastiene que Junco, íntimo amigo de Mella cuando estuvieron juntos exiliados en México, no creía que Machado tuera el responsable del asesinato de Mella. Ver Rienffer, K.. Comunistas Españoles en América. Madrid, Editora Nacional, 1953, p. 29.


173. Ver The Militant (NewYork). 20 de junio de 1942, op.cit.


 

Prensa Obrera y la restauración del capitalismo en Rusia


La restauración del capitalismo en todos los Estados obreros degenerados constituye un acontecimiento histórico fundamental frente al cual se estrellaron, casi sin excepciones, todas las corrientes ‘marxistas’, incluidas las 'trotskistas'.


 


El Partido Obrero, por su lado, puede trazar un balance de estos acontecimientos recurriendo a las caracterizaciones y a los pronósticos fundamentales que formulara en los 500 números de Prensa Obrera. Ese es el objetivo de este trabajo.


 


Antes de la perestroika


 


La dominación totalitaria de una burocracia parasitaria -que obtenía sus privilegios del saqueo sistemático del presupuesto nacional-se convirtió en una traba insuperable para la economía soviética.


 


A principios de la década del 70, Política Obrera —el periódico que antecedió a Prensa Obrera— señalaba la gravedad del estancamiento soviético, el cual se manifestaba en la bajísima productividad del trabajo, y cuya consecuencia era la sistemática escasez de artículos de primera necesidad, de maquinarias y repuestos industriales (1).


 


La crisis de la agricultura soviética era la consecuencia del atraso de la Industria, incapaz de proveerla de las máquinas y medios técnicos. La superación de la crisis exigía, por lo tanto, una sistemática inversión industrial, pero "el temor a un levantamiento obrero (la burocracia comprendió las lecciones de los acontecimientos polacos de 1970/71) le impiden elevar el fondo de inversión por (medio de) la reducción del consumo personal” (2). Al contrario, la burocracia brezhneviana promovió una costosa importación de alimentos y de bienes de consumo con el objeto de postergar, cuanto fuera posible, cualquier expresión de descontento: en consecuencia, las importaciones de granos consumían las divisas que habrían sido necesarias para importarlos equipos y maquinarias imprescindibles para la industria. El mismo temor a un levantamiento obrero le impedía recurrir al reforzamiento de la ‘disciplina' laboral y al incremento de la intensidad del trabajo.


 


La posibilidad de alcanzaren forma simultánea, tanto la reconversión de la industria como el aumento del consumo en calidad y cantidad, mediante la liquidación del parasitismo de la gestión burocrática, estaba fuera del alcance de la casta dominante, la cual en esta época, precisamente, llevó ese parasitismo a su punto más alto.


 


Las contradicciones sociales condenaban al régimen stalinista al estrangulamiento industrial. La burocracia pretendió salir del atolladero volviéndose hacia el imperialismo, del que esperaba obtener créditos para adquirir el equipamiento industrial necesario. La política de endeudamiento, sin embargo, encontró rápidamente un límite, porque "sólo podrían contar con una garantía duradera los contratos que reposaran sobre una base social idéntica (al capitalismo), basada en el beneficio” (3). El primer paso de la burocracia para otorgar esas "garantías duraderas” fue la firma, en 1975, de los acuerdos de Helsinki (de Seguridad y Cooperación Este-Oeste), en los cuales la URSS realizó concesiones claves en lo relativo al derecho de la propiedad en el interior de la URSS, base necesaria para el desarrollo de la penetración imperialista y de las posteriores 'reformas' gorbachoviano-yeltsinianas. A partir de la firma de estos acuerdos, el endeudamiento externo de la URSS y de los regímenes burocráticos fue tumultuoso y alcanzó dimensiones de catástrofe. Los planes fondomonetaristas en los 'países socialistas', al integrar a la burocracia a la economía capitalista mundial, trasladaron la crisis económica internacional a los regímenes burocráticos.


 


La caracterización de la perestroika


 


Al asumir Gorbachov, el estancamiento económico se había convertido en franco retra ceso y el descontento popular se había transformado, con la Solidaridad polaca, en revolución proletaria. La perestroika fue una 'salida' empírica para enfrentar la catástrofe, que consistía en una asociación más estrecha con el imperialismo y en mayores avances en los derechos de propiedad.


 


El PO caracterizó entonces que “la 'era Gorbachov’ acentuará todas las contradicciones sociales. En ese sentido, la crisis se replanteará a muy corto plazo. Cabalgando sobre ella, un sector de la burocracia buscará salir del atolladero mediante un entrelazamiento con el capital imperialista y el desmembramiento parcial de la planificación burocrática” (4). Poco después, y ante la evidencia del fracaso de las ‘medidas administrativas' iniciales, se autorizó a las empresas estatales a ‘independizarse’de la planificación centralizada, a mantener relaciones directas con el mercado mundial y a usar autónomamente las divisas así obtenidas. Los ataques a la planificación centralizada y al monopolio estatal del comercio exterior, autorizaban a caracterizar a la perestroika como "antisocialista”, porque “objetiva y subjetivamente la burocracia disloca la economía planificada” (5).


 


Pasados diez años, aquellos pronósticos parecen obvios. En la época, sin embargo, chocaban frontalmente con el 'consenso general’ de la izquierda, que caracterizaba a la perestroika como “progresiva” y rechazaba que tuviera una finalidad restauracionista. Importa señalar esta divergencia fundamental porque en la perestroika, por así decirlo, se encontraba ‘en germen’ toda la política restauracionista que llevó de Gorbachov a Yeltsin.


 


El PO caracterizó a la política gorbachoviana en función de la política de conjunto de la burocracia frente a la revolución mundial, a la clase obrera soviética y a las bases sociales del Estado obrero.


 


Apenas llegado al poder, Gorbachov firmó con Reagan un conjunto de tratados armamentistas que convirtieron a Estados Unidos en la única potencia nuclear capaz de una iniciativa estratégica. Junto con esto, establecieron una serie de acuerdos para 'resolver los conflictos regionales’, es decir, para acabar con las revoluciones sociales y los levantamientos nacionales en América Central, Sudáfrica y Medio Oriente. En este cuadro, cuando la burocracia sostenía que su política tendía a "acabar con las barreras que separan a ambos sistemas", era claro que no sólo se refería a las 'barreras exteriores’ (la revolución mundial y la carrera armamentista), sino también a las ‘interiores’, es decir, a la planificación económica y a la propiedad estatizada.


 


¿Qué caracterización tenía la propia burocracia de la crisis? ‘'Para la actual burocracia, los males de la URSS se explican por la ‘desidia’, la 'pereza’ y la falta de responsabilidad de los obreros” (6). La ‘solución’ que planteaba era “la disciplina del rublo” (es decir, el cese de los gastos sociales) y “la expulsión” (es decir, el despido) (ídem). A nadie se le podía ocultar que, desde el vamos, la perestroika declaró abiertamente sus objetivos reaccionarios.


 


Finalmente, la “autonomía" financiera otorgada a las empresas y la autorización para establecer relaciones directas con el mercado mundial, permitían una 'acumulación privada’ de los burócratas que las regenteaban. Que la burocracia tenía perfectamente en claro su objetivo estratégico, lo revela el planteo de Gorbachov de establecer un 'estado socialista de derecho’.


 


Prensa Obrera explicó entonces que “el derecho es un regulador de las diferencias y antagonismos sociales en tanto que el socialismo es la progresiva desaparición de todo antagonismo social… En realidad, al hablar de ‘derecho’, Gorbachov pone de relieve la tendencia de la burocracia a asegurar sus privilegios sociales, que ya no consigue mantener por medio de la arbitrariedad, sobre la base más sólida de la propiedad … El derecho es un producto histórico de la producción mercantil, es entonces natural que la burocracia lo tenga en cuenta a la hora de desmantelar el monopolio del comercio exterior y la planificación económica. Hay que fijar los derechos privados de los productores y los consumidores y el reparto del producto entre los primeros. Lo que ha sido presentado como un paso hacia la democracia política es, en realidad, un planteo de liquidación de las conquistas sociales de las masas de la URSS” (7).


 


La perestroika provocó una gigantesca desorganización económica: los burócratas utilizaron sistemáticamente la fuga de divisas, el mercado negro, el desabastecimiento y la hiperinflación para proceder a la ‘acumulación privada’ con vistas a su transformación en capitalistas. Al mismo tiempo, las manifestaciones de masas, las huelgas-en especial de los mineros-y los levantamientos nacionales se extendían por todo el territorio de la URSS. Los regímenes burocráticos de Europa oriental colapsaron ante las revueltas de los trabajadores. Bastaron cuatro años para hundir al régimen gorbachoviano.


 


El golpe de la KGB contra Gorbachov (agosto de 1991) señaló el fracaso definitivo del intento de proceder a una restauración 'pacifica’, ‘democrática’y ‘gradual’ del capitalismo. La derrota de los ‘duros’ aplazó por largo tiempo la posibilidad de proceder a una restauración ‘a la china’, es decir, sin ninguna clase de libertades para las masas. La burocracia —como lo pronosticara Trotsky— había destruido la URSS.


 


Revolución política


 


La revolución proletaria de 1980 en Polonia fue más que una ‘advertencia’ para la burocracia. El derrumbe de los regímenes burocráticos se combinó con procesos de revolución política, porque “1o) los regímenes han sido quebrados por sus propias contradicciones; 2o) no han sido sustituidos por una contrarrevolución triunfante: 3o) han caído porque ya no pueden contener a las masas” (8). La restauración del capitalismo y la revolución política se excluyen mutuamente, porque corresponden a las salidas que dan cada una de las clases fundamentales —la burocracia asociada al capital mundial, de una parte; el proletariado, de la otra.


 


En numerosas oportunidades señalamos que el enorme potencial revolucionario del movimiento de los trabajadores soviéticos tenía su principal limitación en la naturaleza gorbachoviana, yeltsiniana o democratizante de sus direcciones. Son estas limitaciones las que permitieron a la burocracia y al imperialismo mantener el control político de la situación en su conjunto. Frente a esta situación, Prensa Obrera caracterizó con realismo que “la ausencia de un partido revolucionario en la URSS excluye la posibilidad de la victoria de una revolución proletaria en el próximo período” (9)… “pero (teniendo en claro que) hoy estamos ante los primeros pasos (que son diferentes en cada país) de un movimiento de enorme alcance; no se puede negar la revolución política y condenar los esfuerzos de las masas con el pretexto de que falta (por ahora) un partido revolucionario” (10). La clase obrera rusa no ha dicho aún su última palabra.


 


La cuestión de la naturaleza del Estado


 


Como consecuencia de la derrota del golpe contra Gorbachov, “el viejo aparato estatal de la Unión Soviética se ha quebrado, con el derrumbe del partido comunista y de la KGB. La Unión Soviética, en tanto unidad estatal ha dejado de existir, y lo mismo debe decirse de la URSS como un estado obrero. El viejo régimen burocrático, completamente agotado, ha sido reemplazado por un nuevo régimen burocrático de carácter restauracionista. Aunque la propiedad de los medios de producción continúa en manos del Estado, este hecho está vaciado de contenido desde el momento en que el régimen político es restauracionista” (11). Esta caracterización fue formulada en las 48 horas siguientes a la derrota del golpe de agosto de 1991 y cuatro meses antes de la disolución de la URSS.


 


La camarilla yeltsiniana, desde su ascenso al poder, destrozó inmediatamente lo poco que aún quedaba en pie de la economía planificada y proclamó que su objetivo era la reconstrucción del capitalismo en Rusia.


 


La caracterización del PO —"un estado obrero en disolución”—fue rechazada con el ‘argumento' de que la propiedad de los medios de producción era, todavía, mayoritariamente estatal … pasando por alto que esa propiedad, todavía estatal, estaba puesta al servicio de la ‘acumulación privada' de los burócratas. Pero, precisamente, la cuestión clave para determinar la naturaleza de clase del Estado no era si todavía la propiedad estaba estatizada, sino si la política del régimen político era defenderla o aboliría. Prensa Obrera había señalado, con mucha anterioridad, "en un estado que abolió el capitalismo, el carácter y las perspectivas del desarrollo económico dependen del carácter del régimen político” (12).


 


En respuesta a los ‘trotskistas vulgares’, señalamos que “la restauración capitalista no significa que sea necesario que se consume la privatización de todas y cada una de las grandes empresas estatizadas. Bastaría que la economía -aun cuando comportara un alto porcentaje de empresas estatizadas- se integre a la circulación del capital mundial a través del comercio exterior, de la deuda pública y de la formación de un mercado. A esto apuntan precisamente las medidas que han abolido el monopolio estatal del comercio exterior y de las finanzas; la planificación estatal; la liberación de los precios y la autorización para la formación de empresas mixtas con el capital extranjero … En estas condiciones concretas, la propiedad estatal (no capitalista) queda reducida a una ficción jurídica, que en la vida real sirve para la acumulación privada, si no directamente capitalista, sí introductoria del capitalismo en la forma de reservas en divisas, créditos, licencias y mercados junto al capital extranjero” (13).


 


Importa aquí señalar el rigor que se aprecia en los análisis de Prensa Obrera, en especial cuando son vistos con la perspectiva del tiempo transcurrido. En ocasión del golpe que llevó al poder al general Jaruzelsky en Polonia, en 1983, antes por lo tanto de la perestroika, se señalaba que “la disolución de hecho del PC y la militarización del Estado, de un lado, y la vinculación de la masa de la clase obrera a Solidaridad, del otro, configura una situación muy instructiva para la comprensión del Estado obrero burocrático. Es que aquí no queda ninguna duda sobre el carácter no obrero del aparato del estado y su semejanza extraordinaria con las dictaduras militares burguesas. El caso extremo de Polonia revela el carácter no obrero de todos los aparatos del estado de los estados obreros y su semejanza con las formas totalitarias de dominación burguesa (fascismo, bona-partismo, dictadura militar). El carácter ‘obrero’ del estado (sólo) está dado (aquí) por el carácter del régimen de propiedad estatal, no privado. Un régimen burocrático cuya función no esté vinculada al régimen de propiedad estatal no configura un estado obrero, por mayor que sea la exclusión del viejo personal político burgués” (14). Estos párrafos son el anticipo teórico de la caracterización que se efectuará en agosto de 1991, de que la URSS había dejado de ser un estado obrero.


 


Esta caracterización echa luz también sobre los procesos de restauración del capital que tienen lugar en estados como China, Vietnam y Cuba. Allí, la burocracia mantiene una sólida dominación política; la utiliza para favorecer la penetración del capital extranjero, para dislocar la economía planificada, para transformarse en una clase propietaria y para impedir la organización independiente del proletariado durante toda esta ‘transición’. En todos ellos, el componente ‘no obrero' del Estado -su “órgano burgués”, según la definición de Trotsky en La Revolución Traicionada- liquida su componente obrero; lo que queda en pie de esos estados es un aparato estatal totalitario que protege relaciones sociales crecientemente capitalistas.


 


Un régimen sin salida


 


Con Yeltsin en el poder, el proceso de la restauración capitalista asumió un ritmo acelerado. Privatizó en masa empresas, consorcios industriales, yacimientos y minas en beneficio de una pequeñísima capa de burócratas, mediante procedimientos que fueron definidos por numerosos observadores como “delictivos”, “criminales”, “maffiosos”. En consonancia, las masas sufrieron un retroceso sin precedentes en sus condiciones de vida.


 


Nada de esto, sin embargo, logró poner un parate al retroceso de la economía rusa. La producción -tanto industrial como agrícola-continúa cayendo en picada; la dependencia del endeudamiento externo es mayor que nunca y el retraso relativo de la economía rusa respecto de la mundial se agudizó. El repudio popular al régimen yeltsiniano, en consecuencia, se extiende como una mancha de aceite, como lo confirma el hecho de que —incluso con fraude— perdió 24 millones de votos en las últimas elecciones presidenciales.


 


Ocurre que el sistema capitalista es mucho más que la simple propiedad privada de los medios de producción; es un conjunto de relaciones sociales que la burocracia y el imperialismo no han logrado establecer en Rusia. Los burócratas no han invertido un solo dólar en las empresas privatizadas a precios de regalo; carentes de capital, estas empresas sólo logran sobrevivir gracias a los subsidios estatales. Las empresas privatizadas carecen de mercados en el exterior (salvo los grandes pulpos energéticos y del aluminio). Rusia carece de un sistema bancario, ya que los bancos existen sólo gracias al presupuesto del Estado, a la deuda pública y a la emisión moneda; además, están en quiebra después de haber fugado los depósitos de sus ahorristas al exterior, a través de préstamos a empresas ‘relacionadas’. Rusia carece de un sistema legal que reglamente los litigios de la propiedad —que sólo puede obtenerse y mantenerse por medios ‘maffiosos’— y hasta el simple cumplimiento de los contratos. Las empresas no pagan el salario de sus obreros. Rusia no tiene un sistema monetario, ya que el valor del rublo sólo es sostenido por los préstamos internacionales. El Estado ruso está en bancarrota.


Después de diez años de 'reformas de mercado’, "el mercado no es elemento unificador de la economía rusa; ese papel de unificación lo juega la intervención directa de los estados imperialistas” (15).


 


Crisis mundial Los análisis y los pronósticos del PO caracterizan el desarrollo de la crisis de los regímenes burocráticos como una expresión de la descomposición histórica del capitalismo mundial, de un lado, y de la crisis de dirección obrera, del otro.


 


El golpe de gracia a los regímenes burocráticos se los dio la deuda externa, la dislocación económica provocada por los planes fondomonetaristas y los levantamientos populares. Sus enormes contradicciones sociales convirtieron a los regímenes burocráticos en el ‘eslabón más débil’ de la cadena que anudaron con el sistema capitalista mundial.


 


A lo largo de estos años, Prensa Obrera no le hizo perder un solo segundo a sus lectores con la tan remanida cuestión del ‘fracaso del socialismo’', nos esforzamos por poner siempre de manifiesto el desarrollo unitario de la crisis mundial y de los dos pilares contrarrevolucionarios del orden mundial existente, el imperialismo y la burocracia.


 


 


Notas:


 


1. Política Obrera n° 166. 11/8/73


2. Política Obrera n° 167. 24/8/73


3. Política Obrera n° 168. 31/8/73


4. Prensa Obrera n° 127, 6/3/86


5. Prensa Obrera n° 169, 28/1/87


6. Prensa Obrera n° 127. 6/3/86


7. Prensa Obrera n° 234. 20/7/86


8. Prensa Obrera n° 361, 16/7/92


9. Prensa Obrera n° 339. 29/8/91


10. Prensa Obrera n° 361, 16/7/92


11. Prensa Obrera n°339. 29/8/91


12. Prensa Obrera n° 207, 25/11/87


13. Prensa Obrera n° 350, 29/1/92


14. Prensa Obrera n° 43. 15/12/83


15. Prensa Obrera n° 498, 13/6/96

Un pronóstico sobre China y su resultado doce años después

Extraído de Prensa Obrera, n° 500, del 27/6/96


En 1984, al hacer referencia al acuerdo establecido entre la Corona británica y la burocracia china para la restitución de la colonia de Hong Kong a la soberanía china en 1997, Prensa Obrera afirmaba que "la integración a un Estado obrero de un territorio donde se mantiene la explotación capitalista, significa un principio de transformación de la burocracia en clase social, porque a partir de ese hecho el Estado burocrático pasa a ser un garante de la reproducción del régimen capitalista. El pasaje (de la burocracia) a la defensa de un régimen de explotación capitalista en una parte del territorio… plantearía un cambio de caracterización de la burocracia" (1). Se trata de uno de los pronósticos más rigurosos y certeros que formulara el PO, que contiene, en esencia, el conjunto de la política restauracionista de la burocracia china.


 


1997, el momento en que Hong Kong volverá a manos chinas, se acerca. En los últimos meses, sin embargo, estalló una violenta disputa entre el gobernador colonial de la isla — Chris Patten— y la burocracia china acerca de los futuros órganos de gobierno de la isla. Ocurre que hace apenas un año, después de siglos de dominación británica directa, el gobierno colonial dictó una ley que establece que el Consejo Legislativo de la isla sea elegido por el voto de sus ciudadanos. De esta manera, Patten pretendía establecer una ‘línea de defensa’ para las “otrora dominantes compañías controladas por el capital británico” (2). La burocracia, por su parte, anunció que, cuando retome el gobierno de la isla, disolverá el Consejo elegido por el voto y lo reemplazará poruña ‘Legislatura Provisional', cuyos miembros serán nombrados por el ‘Comité' que está preparando el traspaso, enteramente designado por la propia burocracia.


 


Lo notable de esta disputa entre el gobierno colonial británico y los ‘comunistas' chinos, es que el gran capital radicado en la isla se ubicó, sin deserción alguna, en el campo de la burocracia. La Cámara de Comercio de Hong Kong —uno de los 'lobbys' empresarios más poderosos de la isla— advirtió públicamente a Patten que su "negativa a cooperar con la Legislatura Provisional tendrá un efecto adverso" para los negocios (3). Más enfáticamente, las siete mayores organizaciones empresarias de Hong Kong —entre las que se encuentra la ya citada Cámara de Comercio— le dirigieron una carta al primer ministro británico John Major, acusando a su subordinado Patten de “atacar a la comunidad de negocios” (4). Los grandes capitalistas de carne y hueso de Hong Kong —los “Lo Tak-shing, un euroasiático educado en Oxford que una vez estuvo entre los más ruidosos apologistas del gobierno colonial” y los “Tsui Tsin-tong, un empresario súper-rico" (5)— están tan a muerte con la burocracia que, incluso, constituyen la abrumadora mayoría del ‘Comité preparatorio’.


Los capitalistas de Hong Kong se alinearon con la burocracia china no sólo porque “las compañías del continente incrementan su presencia y formas de asociación con los grupos comerciales dominantes en el territorio” (6). Se alinearon con los burócratas, sobre todo, porque mediante esta asociación se han convertido en los principales beneficiarios de la penetración imperialista en China. De esta manera, Vos grupos comerciales dominantes en el territorio' son, al mismo tiempo, los que dominan la vida económica china: en este sentido, no es Hong Kong la que se ‘reintegra’ a China sino, por el contrario, China la que se integra a Hong Kong como un enorme reservorio de ‘mano de obra barata' para valorizar los capitales internacionales.


 


Lo que queda en pie de la economía nacionalizada en China está al servicio de la acumulación capitalista y hasta del salvataje del capital. Un ejemplo reciente fue la adquisición, por parte de compañías chinas, de la mayoría del paquete accionario de la línea aérea de bandera de la isla, la Cathay Air, hasta entonces dominada por los británicos. Al asociarse con los burócratas, los británicos no sólo lograron evitar la quiebra de sus capitales sino, además, tener una vía de acceso privilegiada a ‘negocios’ en la propia China. En consecuencia, las acciones de la Cathay Air pegaron un salto fenomenal en la Bolsa de Hong Kong después de su ‘captura’ por los chinos.


 


Los grandes capitalistas de Hong Kong perciben a la ‘dictadura comunista’ como un guardián seguro y confiable de sus derechos de propiedad y de su acumulación capitalista. Pero, además, la burocracia de Pekín ya aseguró la intangibilidad de la burocracia estatal (colonial) de Hong Kong, o sea, la inamovilidad del ‘civilsen’ que heredará de los ingleses, con el agregado, en su cima, de un ‘Consejo’ designado por los burócratas y los grandes capitalistas. Por eso, el “súper-rico empresario Tsui Tsin-tong declara con una carcajada que ‘todo lo que ha sucedido es que los gatos gordos han cambiado su color-de blancos a amarillos’…” (7).


 


Todo esto ilustra perfectamente sobre el carácter social del régimen chino y, por sobre todo, a quienes —como los ‘comunistas’ cubanos, rusos o argentinos— consideran a China como un ‘modelo socialista’. Los ‘marxistas’ que todavía siguen considerando a China como un ‘Estado obrero’, deberían anunciar que la revolución proletaria en Hong Kong ya tiene fecha fija, establecida e inamovible: el 1o de julio de 1997, cuando los ‘gatos amarillos'… 'liberen' a Hong Kong de los ‘gatos blancos'.


 


 


Notas: 


 


1. Prensa Obrera n° 56, 17/10/84


2. Financial Times, 29/5/96


3. Financial Times, 22/5/96


4. Financial Times, 21/5/96


5. The Economist, 13/4/96


6. Financial Tunes, 29/5/96 1 .The Economist, 13/4/96

Prensa Obrera y el Muro de Berlín

Extraído de Prensa Obrera, n° 500, del 27/6/96


No pasa un día sin que los diarios no hagan referencia a la depresión económica de la otrora milagrosa Alemania, al agravamiento social de las masas o a las tendencias ‘espontáneas’ de éstas a repetir en suelo germano la reciente huelga francesa.


 


Para un país donde el capitalismo habría derrotado al socialismo y donde el ‘mercado’ habría demostrado su superioridad respecto a la planificación, esta evolución explosiva en la ciudadela de los triunfadores, debe resultar sorprendente para más de uno. Sin embargo, desde estas páginas pudimos anticiparla en sus líneas de fondo, precisamente a partir de nuestra caracterización de la caída del Muro de Berlín.


 


No es casual que la crisis alemana se produzca apenas cinco años después de que la burguesía alemana se anexara la RDA; el hilo conductor de los sucesos que provocaron la caída del Muro desembocó -y no podía menos que hacerlo- en el presente agravamiento de la lucha de clases en Alemania.


 


Un acontecimiento de la revolución europea


 


La caída del Muro de Berlín fue el resultado de una imparable revolución popular que se anidó durante más de cuarenta años, y que conoció sucesivos estallidos debido a la inviabilidad del régimen stalinista de la Alemania oriental, y de los regímenes stalinistas en general, principalmente el ruso. Se inscribió en la ola de levantamientos que inició la clase obrera polaca en 1980, una ola que puso al desnudo la negativa de la clase obrera a soportar la carga de la ‘coexistencia pacifica’ y de la 'distensión' entre el imperialismo mundial y la burocracia stalinista, que se traducía en pesadas deudas externas y descomunales 'ayustes' económicos. Poreso, aunque las grandes potencias de los dos bloques ya habían tomado la decisión de enfrentar a los pueblos del este, no mediante la represión sino mediante el ‘desvío democrático', el derribamiento del Muro por una revolución popular fue un episodio de la revolución europea, que quebró “el artificio montado (por el imperialismo mundial y la burocracia soviética) para dividir al proletariado más fuerte de Europa” (1); la caída del Muro puso sobre el tapete "la descomposición conjunta del imperialismo y de los regímenes burocráticos y el completo agotamiento de las relaciones políticas establecidas entre ellos a partir de la posguerra" (2).


 


La movilización que acabó con el Muro fue tempranamente estrangulada por la pequeñoburguesía democratizante, el sector ’perestroiko' de la vieja camarilla stalinista y el imperialismo, mediante recursos principalmente políticos, fundamentalmente el pasaje abierto de la burocracia al capitalismo y de la pequeñoburguesía a la democracia imperialista. Esto explica que el derribamiento del Muro se convirtiera, al cabo de un proceso político muy claro, en la anexión forzada del sector oriental a la Alemania capitalista, y que el episodio revolucionario quedara limitado a "una semi-revolución, lo cual hasta cierto punto o relativamente significa que fue una contrarrevolución” (3). "Hasta cierto punto”, porque aunque el contenido social de la anexión política del sector oriental es contrarrevolucionario, las masas alemanas recuperaban un protagonismo político que el imperialismo y el stalinismo les habían destruido desde el ascenso del nazismo.


 


El error que llevó a la casi totalidad de la izquierda a su derrumbe político, luego de la 'caída del Muro’, tiene su raíz en la incapacidad de esa izquierda para definir por medio de contradicciones, el carácter de esos acontecimientos, o dicho de otro modo, caracterizarlos en su movimiento y devenir, y no reducirlos a formulismos sociológicos fijos.


 


Las direcciones pequeñoburguesas y gorbachovianas aseguraron que, rápidamente, el control político del proceso pasara íntegramente a las manos del imperialismo alemán. Anudando un conjunto de 'garantías' y 'salvaguardas' con el imperialismo norteamericano y con la burocracia moscovita, el gran capital alemán se lanzó a la 'unificación' del país, que no fue tal sino que consistió en “la integración del aparato estatal staliniano y sus burócratas al régimen capitalista” y en “un operativo financiero que apunta a la privatización masiva de las empresas estatales del este" (4). Es esta anexión capitalista la que ha provocado la crisis actual.


 


La privatización de las empresas estatales del este en favor de los pulpos del oeste fue subsidiada masivamente por el Estado alemán (que se hizo cargo de la deuda externa de la RDA y de las deudas internas y externas de sus empresas), lo que provocó una descomunal emisión monetaria y un crecimiento espectacular del déficit fiscal. El 'costo' de la ‘unidad alemana’ ascendió a varios cientos de miles de millones de dólares… que ahora se pretende que paguen los trabajadores del este y del oeste mediante la reducción del seguro al desempleado, de los subsidios familiares y el elevamiento de la edad jubilatoria. Este ‘costo', enfatizábamos entonces, "está expresando dos cuestiones fundamentales: de un lado, la falta de pujanza, el envejecimiento o la descomunal crisis del capitalismo mundial; y, del otro lado, los métodos de destrucción económica que inevitablemente ha tenido que imponer para encarar la ‘unificación'… Todo esto importa -concluíamos- porque demuestra los límites insalvables de la penetración capitalista en el este, y su tendencia a generalizar las condiciones revolucionarias al este y al oeste de Europa" (5).


 


La anexión significó, efectivamente, una enorme destrucción de fuerzas productivas: desaparecieron las dos terceras partes del PBI industrial este-alemán y la desocupación trepó más allá del 40% de la población activa. Esta sangría sistemática del este sirvió para que los capitalistas del oeste amasaran enormes beneficios y para que la economía alemana escapara por un tiempo a la recesión… pero cuando la fiesta de la ‘unificación’ pasó, dejó al descubierto una crisis capitalista agravada, pero por sobretodo, ha dejado en claro que la unidad alemana sólo puede hacerla la dictadura del proletariado y el socialismo.


 


La crisis ‘oriental' se ha convertido, entonces, en una crisis general; que la gigantesca masa de beneficios provocada por el copamiento (subsidiado) de los mercados orientales y la eliminación (también subsidiada) de los competidores orientales por los grupos occidentales, no haya alcanzado para elevar de una manera decisiva la tasa de beneficio, es una demostración inapelable de la envergadura de la crisis del capitalismo alemán. La política capitalista frente a la crisis apunta a la ‘convergencia de los salarios' y a una ‘flexibilización radical del mercado del trabajo en toda Alemania'. Esto significa agudizar la competencia entre los trabajadores mediante la eliminación de la estabilidad en el empleo y la introducción de la famosa flexibilidad'; la burguesía trata de utilizar el desempleo oriental para forzar la reducción de los salarios y las condiciones de trabajo de los obreros del oeste.


 


El ‘problema’ para la burguesía alemana es que debe llevar adelante este ataque en las condiciones históricas determinadas por la caída del Muro de Berlín: “la conjugación del desmantela-miento del aparato de opresión del stalinismo con la declinación histórica mundial del capital (que) ha abierto un período de características revolucionarias, cuya perspectiva sería la de unir al conjunto del proletariado alemán en un combate común” (6).


 


La crisis social y el agravamiento de la lucha de clases en Alemania confirman el pronóstico fundamental de que "la cuestión de la unidad alemana sigue abierta: o se consuma como resultado de una revolución socialista o como resultado de una contrarrevolución burguesa —cuya misión no es solamente el desmantelamiento de la propiedad estatal en la parte oriental sino la liquidación de las conquistas sociales y democráticas del movimiento obrero de Alemania occidental” (7).


 


Hoy.más que nunca, cuando la ‘guerra social' se desenvuelve cada vez más abiertamente, "no se puede comprender la situación alemana si no se establece la conexión histórica y política que objetivamente existe entre el conjunto de la clase obrera alemana” (8).


 


Notas:


 


1. Prensa Obrera n" 284. 19/10/89


2. Idem ant.


3. Prensa Obrera n° 297. 27/3/90


4. Prensa Obrera n° 307. 2/7/90


5. Prensa Obrera n° 315. 11/10/90


6. Prensa Obrera n" 327. 27/4/91


7. Idem ant.


8. Idem ant.

La reconstrucción de la IVa Internacional – un debate


A principios de agosto pasado se reunieron, en Estados Unidos, un conjunto de organizaciones cuartainternacionalistas para proceder a un intercambio de puntos de vista y a una discusión política, que tienen por objetivo estratégico la reconstrucción de la IVa Internacional. 


Se entiende por esto último, la construcción de un partido obrero revolucionario en una escala mundial, cuyo contenido es la lucha por la dictadura del proletariado, el socialismo, la abolición de los Estados y fronteras nacionales y el comunismo.


 


No pudieron asistir a la reunión Causa Operaría de Brasil y el PT de Uruguay – el primero debido a las exigencias de la campaña electoral en curso y el segundo por razones económicas. Osvaldo Coggiola compartió la delegación del Partido Obrero, pero al mismo tiempo fue mandatado por la Oposición Trotskista de Bolivia como su delegado. La organización boliviana elevó a la reunión un informe escrito.


 


Los prolegómenos de esta reunión empezaron en oportunidad del VIIo Congreso del Partido Obrero, en diciembre de 1995, al cual asistieron como observadores dos representantes de la Oposición Trotskista Internacional. La discusión en el congreso prosiguió en una reunión inmediata posterior, en la cual se constataron divergencias acerca del Secretariado Unificado de la IVa Internacional, de la naturaleza social del Estado en China, Vietnam y Cuba, y de la caracterización de la situación mundial en su conjunto. Se tomó el acuerdo de proceder a una discusión por escrito. El Partido Obrero, Causa Operaría y el PT de Uruguay presentaron sus trabajos, que fueron publicados en En Defensa del Marxismo N° 12, como lo testimonian los artículos de Luis Oviedo, sobre China y Vietnam, de Rafael Fernández sobre Cuba, de Rui Costa Pimenta y de Osvaldo Coggiola, sobre el PSTU de Brasil, y de Jorge Altamira, sobre el programa de la corriente fundada por el zamorismo. Las organizaciones de la ITO no cumplieron con sus compromisos.


 


El carácter público del debate no está limitado, de ninguna manera, a la intención de presentar una delimitación política, o sea, a constatar divergencias. Tiene que ver, por el contrario, con el método que impulsa el PO, de que cualquier debate político sirva para impulsar una discusión programática a una escala más amplia, tanto al número de organizaciones que puedan ser atraídas a esa discusión, como a la amplitud que debe darse a la cuestión del programa. La crisis de la IVa Internacional se reduce, esencialmente, a una crisis en torno al programa, es decir al abandono completo del programa de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado, por parte de las tendencias llamadas ‘tradicionales’, por su completo pasaje al democratismo, por su transformación en organizaciones pequeño burguesas que han abandonado el objetivo de estructurar revolucionariamente a la vanguardia de la clase obrera.


 


En la apreciación del Partido Obrero, las organizaciones de la ITO se destacan por manifestaciones políticas de importancia para la causa de la reconstrucción de la IVa Internacional. Una es su ruptura con el S.U., cuyas características podrán ser apreciadas en los textos de esta corriente. La otra es una clara determinación de intervenir en el proceso de la evolución política de la clase obrera de sus países, como lo testimonian la participación independiente de la Asociación Marxista Revolucionaria Proposta’ en Rifondazione Comunista, en Italia; la intervención de la Liga Trotskista en la fundación del Labor Party, en Estados Unidos, y la conducta similar de la sección inglesa en


el Socialist Labour Party, en Gran Bretaña.


 


En la reunión de agosto se presentaron informes sobre la actividad en los diferentes países, los que fueron objeto de una amplia discusión.


Se ratificó el método de la discusión pública, para lo cual las organizaciones volvieron a comprometerse a presentar posiciones por escrito. A esto responde el artículo de Osvaldo Coggiola, en este número, sobre el Secretariado Unificado y otras organizaciones trotskistas. Los compañeros de la ITO reivindicaron un texto ya publicado, para participar del debate, con el agregado de una introducción que debía actualizarlo – pero esto último han vuelto a no hacerlo. Se publica, entonces, el texto antiguo sin la introducción. Sobre la naturaleza social de los estados mencionados, los delegados de la ITO presentaron en la reunión las diferencias que comenzaron a desarrollarse entre sus organizaciones, luego de la reunión mencionada de diciembre de 1995, pero lamentablemente dejaron establecida en el acta que se leerá más abajo, una posición común. Para la ITO, China, Vietnam y Cuba conservarían sus características de Estados obreros.


 


La reunión de agosto pasado puso de manifiesto un empeño serio de parte de todas las organizaciones para avanzar en un desarrollo internacional sobre la base de principios, programa, claridad e intervención en la lucha de clases. El Partido Obrero va a defender con todos sus medios esta posibilidad, como lo ha hecho, por otra parte, desde los compromisos asumidos inicialmente.


 


En marzo próximo tendrá lugar una nueva reunión. Llamamos a todos los militantes a interesarse y a participar de pleno derecho y activamente en esta actividad para construir, a la larga, el partido obrero de la revolución socialista internacional. Llamamos a todas las organizaciones que luchan en términos de clase, a interesarse por este proceso y a plantear su protagonismo.


 


 


Declaración


 


Reunidas entre el 2 y el 5 de agosto en Detroit, Estados Unidos, delegaciones del Partido Obrero de Argentina y de la Oposición Trotskista Internacional (ITO), procedieron a un intercambio de informes sobre la situación política en sus respectivos países y el desarrollo de sus organizaciones. Discutieron asimismo la situación internacional, en especial la caracterización de los Estados existentes en la ex-Unión Soviética, China, Cuba y Europa del Este. Esta discusión evidenció la necesidad de nuevos desarrollos y discusiones. Las divergencias sobre aquellos países fueron consideradas y deben ser discutidas como parte del conjunto de la situación internacional.


 


Se discutió también la cuestión de la reconstrucción de la IVa Internacional, habiéndose constatado claras divergencias en torno a la caracterización de la naturaleza y política de los agrupamientos trotskistas existentes, en especial del Secretariado Unificado de la IVa Internacional (SU). Ambas partes se comprometieron a elaborar de inmediato documentos sobre la cuestión, desarrollando los puntos de vista expuestos en la reunión, y abriendo una discusión pública al respecto.


 


Futuras reuniones procederán a un balance de esa discusión, así como procurarán avanzar en el conjunto de los puntos de la totalidad de la discusión.


 


Jorge Altamira Partido Obrero (Argentina) 


 


Chris Edwards Sección británica de la ITO 


 


Osvaldo Coggiola Oposición Trotskista (Bolivia) 


 


Franco Grisolia Associazione Marxista Rivoluzionaria (Italia)


 


Peter Johnson Trotskist League (Estados Unidos)

La crisis de la IVa Internacional y las tareas de los trotskistas consecuentes


(*) Adoptada el 5 de enero de 1992


 


1. El trotskismo ortodoxo se basa en los firmes cimientos colocados por los documentos elaborados —siguiendo las tesis y resoluciones de los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista— por las tres primeras reuniones de la ^Internacional: La Conferencia del Movimiento por la IVa Internacional (1936); el Congreso de Fundación (1938); y la Conferencia de Emergencia (1940).


En los documentos de esas reuniones internacionales, las líneas programáticas generales, estratégicas y tácticas fueron señaladas, y ellas —tal como se fueron desarrollando y creciendo hasta el día de hoy sobre la base de la evolución histórica de las décadas posteriores— todavía constituyen el fundamento político del trotskismo ortodoxo.


 


2. La muerte de León Trotsky y la Segunda Guerra Mundial propinaron duros golpes a la Internacional. La guerra no sólo significó el cese de las relaciones directas entre las diferentes secciones, sino que además el baño de sangre extirpó a varios de los más importantes dirigentes de la Internacional, en particular en Europa.


 


El Secretariado Internacional, bajo la dirección del Partido Socialista de los Trabajadores de los Estados Unidos (SWP) fue capaz sólo en parte de cumplir sus responsabilidades de dirección política y organizativa del movimiento trotskista internacional. Sin embargo, la IVa Internacional pasó la prueba de la guerra, política y organizativamente, y durante el período de reorganización (1943/ 46), corrigió las desviaciones oportunistas que se habían desarrollado en ciertas secciones, por ejemplo la francesa.


 


3. En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, a pesar de un cierto crecimiento en militancia y un aumento de la influencia de casi todas sus secciones, la Internacional no se convirtió en un centro de organización de masas, como erróneamente habían pronosticado que ocurriría, antes de la guerra, Trotsky y todo el movimiento trotskista. La Internacional intentó acomodarse con este hecho sustituyendo el método dialéctico por una ortodoxia voluntarista: bajo la dirección de Pablo, la Internacional actuó como si la crisis de dirección del proletariado tuviera una resolución próxima y el desarrollo de la Internacional  como una organización de masas fuera fácilmente realizable.


 


Al mismo tiempo, la principal sección de la Internacional, el SWP norteamericano —usando como causa la reaccionaria Ley Voorhis, que prohibía a cualquier organización norteamericana mantener una afiliación internacional— se aisló del resto del movimiento. Tomando esta decisión, el SWP expresaba lo que eran realmente posiciones federalistas sobre cuestiones de organización internacional y se colocaba, en la práctica, como el ala derecha de la IVa Internacional.


 


Sin embargo, a pesar de todas sus equivocaciones, la Internacional continuó basando su política en el trotskismo ortodoxo. Las tesis de la Conferencia de Reorganización (1946) y el Segundo Congreso Mundial (1948), aunque contienen errores, deberían ser incluidos como parte del legado histórico de nuestro movimiento.


 


4. El primer fracaso oportunista serio de parte de la Internacional ocurrió en 1948 en ocasión de la ruptura entre Yugoslavia y el Kremlin.


En lugar de limitarse a defender a Yugoslavia contra cualquier posible ataque militar de la URSS, la Internacional caracterizó la ruptura de Tito con Stalin como una expresión del potencial revolucionario del Partido Comunista yugoslavo. El PC yugoslavo fue caracterizado como 'centrista de izquierda1 y era visto como desplazándose hacia el trotskismo, mientras se hacían más y más intentos de alcanzar un acuerdo tanto con el PC yugoslavo como con las fuerzas pro-Tito en los países capitalistas. Con la perspectiva última de la afiliación del PC yugoslavo a la IVa Internacional, estas políticas se mantuvieron hasta 1950. Claramente, esto implicaba una total incompresión de la naturaleza de la burocracia titoísta, resultado del deseo de encontrar, a cualquier costo, un atajo para llegar a las masas. Todavía, el deseode ganaral PCyugoslavo a la IVa Internacional clarifica la diferencia entre la política de 1948/50 y el pablismo clásico de 1951 en adelante. El oportunismo de 1948 abrió la ruta al revisionismo pablista pero definitivamente no alcanzó la profundidad del oportunismo del verdadero pablismo.


 


5. El revisionismo pablista, que emergió a fines de 1950 y triunfó en el Tercer Congreso Mundial de 1951, representaba una desviación oportunista de tipo centrista. Extrayendo una falsa lección de los inesperados acontecimientos del período de la posguerra (la consolidación y expansión del stalinismo con la creación de los estados obreros deformados a través de las transformaciones sociales en los países ocupados por el Ejército ‘Rojo’y en la victoria de las revoluciones en Yugoslavia y China; la guerra fría; y el fracaso del desenvolvimiento de la IVa Internacional), las posiciones pablistas fueron tan lejos hasta negar la necesidad de la lucha por construir partidos trotskistas de masas en todos los países del mundo. El rol de instrumento revolucionario era, en efecto, asignado a la burocracia dirigente de la URSS y a los partidos stalinistas, llevados a asumir ese rol por la presión revolucionaria de las masas y la confrontación con el imperialismo y la “inevitable” formación y posible triunfo de tendencias internas centristas. Las secciones de la IVa Internacional, ubicadas dentro de los partidos comunistas de acuerdo a la estrategia del entrismo “sui gene-ris”, debían limitarse a actuar como pequeños grupos de discusión entre cuadros, con el objeto de ayudar al desarrollo objetivo del proceso revolucionario bajo la dirección de los stalinistas. De esta manera, la desilusión por la falta de éxito en transformarse en organizaciones de masas condujo al liquidacionismo político.


 


6. Las contratesis presentadas en el Tercer Congreso Mundial por la mayoría de la sección francesa, aunque contenían ciertas equivocaciones y carecían de un balance de los errores anteriores, constituían una defensa del trotskismo ortodoxo contra el revisionismo pablista. Para la sección francesa, el costo de la defensa de sus posiciones fue §u expulsión de la Internacional en 1952.


 


7. Sólo la emergencia de tendencias internas ultra-pablistas, que llevaron el liquidacionismo a su extremo, condujeron a la sección británica y al SWP norteamericano a lanzar, en 1953, la lucha contra Pablo. Conducidos sobre la base de las concepciones federalistas del SWP, y de las relaciones entre direcciones nacionales separadas, esta lucha no llegó a alcanzar los resultados posibles.


 


El 16 de noviembre de 1953, usando como causa los métodos burocráticos de Pablo, el SWP rompió con la dirección pablista mediante una carta abierta en las vísperas del Cuarto Congreso Mundial, negándose a llevar adelante una lucha para ganar a la mayoría de la Internacional a la oposición a Pablo. Una semana más tarde, el 23 de noviembre, la expulsada mayoría de la sección francesa (PCI), la sección inglesa, la sección suiza y el SWP fundaron el Comité de la IVa Internacional (Cl), que declararon a Pablo y su Secretariado Internacional desplazados del poder, se autoproclamaron la nueva dirección del movimiento, e invitaron a los trotskistas de todo el mundo a agruparse bajo su bandera. Este llamado recibió una respuesta positiva de unas pocas secciones de la Internacional (China, Canadá), de la fracción dirigida por Moreno (Argentina), y de pequeñas minorías en otras pocas secciones. El rechazo de los antipablistas a desarrollar una lucha para ganar la mayoría, combinado con incorrectas tácticas en el momento de la ruptura, significaron que las dos terceras partes de la Internacional permanecieron con Pablo.


 


8. En la práctica, el Comité Internacional, basado en el federalismo organizativo, no representó de ninguna manera una respuesta bolchevique al pablismo. Se probó incapaz de extraer la más pequeña lección de la crisis de la Internacional. Las sucesivas políticas de las diferentes organizaciones (el entrismo de la organización morenista en el movimiento peronista; la política del PCI francés en relación al nacionalismo argelino y, más tarde, en relación a la socialdemocracia; la cada vez más marcada adaptación del SWP a los círculos de la pequeñoburguesía intelectual en los Estados Unidos; los zig-zags de la sección británica en su trabajo dentro del Partido Laborista Británico; etc.) demostraban claramente que el propio Comité Internacional —aunque obviamente en una forma menos seria que el Secretariado Internacional pablista— sufría de desviaciones oportunistas de tipo centrista, que su carácter federalista sólo podía exacerbar.


 


9. La reunificación alcanzada en 1963 entre el Secretariado Internacional pablista y un ala del Comité Internacional liderada por el SWP norteamericano fue el producto de la capitulación del SWP al pablismo, originada en el giro revisionista en curso hacia la derecha del propio SWP. Un elemento fundamental en este giro fue el impacto de la Revolución Cubana, que el SWP interpretó en términos impresionistas más que marxistas, llegando incluso a negar, al menos respecto a América Latina, la necesidad de luchar por la construcción de partidos trotskistas de masas y a abandonar abiertamente la estrategia de la revolución proletaria. Al mismo tiempo, el Secretariado Internacional, que acordaba con el SWP y sus aliados (Palabra Obrera de Argentina, Partido Obrero Revolucionario de Chile) en el análisis de la Revolución Cubana y del castrismo (que era presentado como una corriente marxista revolucionaria, aunque con limitaciones teóricas), continuó basándose en lo esencial en toda la política del pablismo liquidacionista. En los hechos, el Secretariado Internacional apenas descartó unos pocos elementos del análisis de Pablo (por ejemplo, la inminencia de la tercera guerra mundial) que obviamente se demostraron falsas, mientras que sus posiciones fundamentales continuaban siendo las mismas de 1951, de hecho con una más abierta capitulación hacia el nacionalismo pequeñoburgués en las colonias y ex colonias —posiciones que estaban vinculadas a una evaluación impresionista del nuevo período de desarrollo capitalista que siguió a la guerra. A partir de 1964, esta evaluación condujo a la teoría del ‘neocapitalismo’ con la consecuente subestimación de la actualidad de la perspectiva socialista y el papel revolucionario del proletariado en los países imperialistas.


 


A pesar de estas áreas de acuerdo político, la reunificación de 1963 representaba un bloque sin principios, al extremo de que numerosas cuestiones políticas fundamentales (tales como el “entrismo sui generis” en los partidos stalinistas y socialdemócratas en Europa), en las cuales persistían profundas divergencias entre el Secretariado Internacional y el ala del Comité Internacional encabezada por el SWP, no fueron confrontadas, con el objeto de evitar perturbar el proceso de unificación, mientras se establecía un acuerdo que en esencia garantizaba la recíproca independencia de los originales pablistas con respecto a Europa y del SWP con respecto a los Estados Unidos.


 


Significativamente, fue precisamente en el período inmediatamente anterior y posterior a esta reunificación que tuvieron lugar importantes rupturas del ala derecha del pablismo: la ruptura en 1962 de la fracción de Posadas del Secretariado Internacional, todavía adherido, suprahistóricamente, a todos los aspectos formales del pablismo original, incluyendo la inminencia de la tercera guerra mundial, y evolucionando hacia posiciones abiertamente pro-stalinistas; la expulsión en 1964 del Lanka Sama Samaja Party (LSSP) de Ceilán (ahora Sri Lanka), numéricamente la sección más importante y la única sección del Secretariado Unificado con una gran base de masas, que se pasó al reformismo contrarrevolucionario, entrando al gobierno burgués de Sirimavo Bandaranaike; y en 1965 la ruptura de la Fracción Marxista Revolucionaria, dirigida por el propio Pablo, en ese entonces asesor del gobierno de Ben Bella en Argelia, que llevó al extremo la posición del Secretariado Unificado (SU) sobre la prioridad de la revolución colonial por sobre la revolución proletaria en los países capitalistas adelantados y capituló ante el krushevismo, entre otras cosas apoyando a la URSS en la polémica con China, contra todo el resto del SU.


 


10. La lucha al interior del Comité Internacional contra la capitulación del SWP fue dirigida primeramente por la Socialist Labour Ligue (SLL) de Gran Bretaña y el Partido Comunista Intemacionalista (PCI) de Francia (más tarde Organización Comunista Intemacionalista, OCI, y desde 1981, nuevamente PCI). Esta lucha, sin embargo, no estaba basada en un genuino balance de la experiencia de posguerra del movimiento trotskista o del propio Comité Internacional. En efecto, la SLL y el PCI combinaban actitudes sectarias (sobre la reunificación en sí misma, rechazando participar en la reunificación con el objeto de luchar contra los pablistas en el seno de una Internacional unificada, lo que habría sido correcto – así como también sobre el carácter del Estado cubano) con el mantenimiento de una política esencialmente centrista de izquierda.


 


El Comité Internacional, mantenido por la SLL y la OCI con el apoyo de otras pocas organizaciones (Grecia, Hungría y la minoría de izquierda del SWP) en lugar de intentar, en su primer período (1963/66) extraer ciertas lecciones de su propia historia, no tuvo un carácter político cualitativamente diferente del Comité Internacional de 1953/62.


 


11. La Tercera Conferencia del Comité Internacional (1966) decididamente bloqueó cualquier posibilidad de evolución hacia la izquierda del Comité Internacional. En efecto, la Conferencia reafirmó el carácter federalista de la organización (una regla requería un voto unánime para adoptar una resolución) y señaló la supresión de una seria discusión política con la exclusión de la Liga Espartaquista de los Estados Unidos por expresar posiciones generalmente correctas sobre numerosas y fundamentales cuestiones, incluyendo la naturaleza del pablismo y de la crisis de la IVa Internacional, el origen de los estados obreros deformados y el carácter del Estado cubano, y la evaluación de las perspectivas económicas y políticas internacionales.


 


El condominio esencialmente bipolar de la SLL y la OCI establecido en la Conferencia de 1966 contenía en embrión las premisas de la ruptura del Comité Internacional en dos bloques contrapuestos. La profundización de las diferencias entre las políticas de los dos bloques (la adaptación de la OCI a la socialdemocracia internacional y su espontaneísmo oportunista; el nacional-trotskismo del SLL, sectarismo verbal -en especial respecto a la cuestión del Partido Laborista- y una concepción idealista de la relación entre partido y clase) de hecho provocaron primero la parálisis política y luego la definitiva fractura del Comité Internacional en 1971.


 


12. El SU también se reveló como una estructura inestable, aunque en menor medida que el Comité Internacional. A fines de los 60, una aguda lucha faccional se desarrolló en el SU, la cual, en realidad, recreaba la división entre el viejo componente pablista, de un lado, y el SWP y sus aliados, del otro. El primer componente, la mayoría, se adaptó al ‘izquierdismo’ pequeñoburgués que dominaba al radicalizado sector de la juventud estudiantil. Adoptó una línea de guerrillerismo vanguardista para América Latina. Y subsecuentemente, durante los 70, teorizó sobre la inminencia de un ‘choque decisivo’, en el cual el papel de vanguardia revolucionaria sería jugado por la así llamada ‘nueva vanguardia con influencia de masas’, esto es, la confusa mixtura de organizaciones centristas y espontaneístas construidas a partir de la radicalización juvenil.


 


Ante esto, el SWP y sus aliados -entre los cuales el Partido Socialista de los Trabajadores, de Argentina (PST), adquirió cada vez mayor importancia- le contrapusieron la defensa de posiciones formalmente ‘ortodoxas’. Eso fue, en realidad, una expresión de la profunda adaptación a la estructura política de la democracia burguesa y al revisionismo más clásico, como se demostró durante la revolución portuguesa de 1974/75 y la crisis argentina de 1975/76.


 


Esta lucha faccional se desarrolló de una manera inesperada en la segunda mitad de la década del 70. De un lado, el PST de Argentina, claramente más determinado que el SWP a dirigir una lucha contra la mayoría del SU y rechazando las posiciones cada vez más abiertamente oportunistas del SWP, construyó su propia fracción internacional, la Fracción Bolchevique (FB). Por otro lado, el SWP realizó un giro completo de orientación política, virando hacia posiciones castristas y profundizándolas hasta que finalmente rompió con el SU en 1990.


 


La agudización de la lucha faccional en el SU condujo a la ruptura de la Fracción Bolchevique en 1979 alrededor de la adaptación de la mayoría del SU a la dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la consecuente condena a la actividad de los trotskistas nicaragüenses y latinoamericanos que intervinieron en Nicaragua sobre las bases de la política de la FB.


 


13. La crisis de la IVa Internacional provocó más y más divisiones organizativas pero no significó una desviación de fuerzas del movimiento trotskista al terreno del reformismo y de la aceptación del capitalismo o el stalinismo. De hecho, sólo dos organizaciones rompieron decididamente con la perspectiva de la revolución socialista internacional -el Lanka Sama Samaja Party (LSSP) de Sri Lanka, que entró en el gobierno del Frente del Pueblo de Bandaranaike en 1964, y la ‘IVa Internacional’ posadista, ahora reducida a un fantasma político que viró hacia posiciones semi-stalinistas a continuación de su apoyo a la invasión stalinista a Checoslovaquia en 1968.


 


Algunas otras organizaciones, sin deslizarse hacia el terreno del reformismo o del stalinismo, rompieron con sus orígenes trotskistas.


Representan, en su presente estado de desarrollo, organizaciones de tipo centrista. Los ejemplos más importantes son el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) de Gran Bretaña y sus aliados internacionales -el Partido de los Trabajadores del Mundo (WWP) de los Estados Unidos; y el SWP de los Estados Unidos. El SWP británico nació como una ruptura de la sección británica de la IVa Internacional a principios de los 50. Se colocó en una posición de ‘tercer campo’ en relación a la lucha entre el imperialismo y el stalinismo y calificaba a las sociedades dominadas por este último como ‘capitalismo de estado'. El WWP nació de una ruptura del SWP norteamericano a fines de los 50 y se caracteriza por posiciones pro-stalinistas.


 


Sin embargo, la gran mayoría de las organizaciones que se presentan como trotskistas han recorrido un proceso de degeneración política más limitado, que las ha llevado a expresar políticas de tipo centrista o centrista de izquierda sin haber roto sus lazos fundamentales con el trotskismo. Esas organizaciones viven en la contradicción entre su trotskismo y el carácter centrista de sus políticas. Tomadas en conjunto con las pequeñas fuerzas que permanecen en el terreno del trotskismo consecuente, forman el movimiento trotskista mundial, la actual IVa Internacional. La IVa Internacional, aunque dividida en diferentes organizaciones -que deben ser consideradas, más exactamente, fracciones separadas de la misma organización-y dominada por varios tipos de política revisionista, no está muerta. Puede y debe ser políticamente regenerada y organizativamente reconstruida.


 


De las numerosas y variadas fuerzas del movimiento trotskista mundial hay cinco grandes organizaciones internacionales que contienen a la gran mayoría de los militantes que se identifican como trotskistas.


 


A. El Secretariado Unificado de la IVa Internacional (SU)


 


El SU es el principal heredero político del pablismo liquidador. Expresa este hecho, antes que nada, por su negativa a la necesidad de construir partidos trotskistas de masas en todos los países como instrumentos necesarios para la victoria de la revolución socialista. Absolutamente vale con esto, el objetivo del SU no es construir una IVa Internacional de masas sino la construcción de la así llamada "Nueva Internacional Revolucionaria’’, sin una base programática y política consistente.


 


En realidad, el SU continúa el viejo proyecto político pablista de liquidar el movimiento trotskista en una confusa amalgama centrista. El fracaso de este proyecto se debe al hecho que varios ‘socios’ buscados por el SU, ni siquiera cuando realmente existen y no son solamente una invención de su imaginación, no están interesados en una perspectiva internacional, incluso de tipo centrista, porque esto va mucho más allá de sus horizontes programáticos y políticos no revolucionarios.


 


Durante cuarenta años, los pablistas han buscado las mitológicas “tendencias centristas que evolucionan hacia la izquierda”, con las cuales fusionarse, pero nunca las han encontrado, porque esas tendencias o eran, en realidad, más o menos inexistentes -como las “corrientes de izquierda” en los Partidos Comunistas en los 50, o las “nuevas vanguardias con influencia de masas” en los 70-; o, no estaban evolucionando hacia la izquierda.


 


Esta política pablista llevó al SU a adaptarse política, programática y organizativamente a varias fuerzas centristas y reformistas de izquierda. El tipo de adaptación ha variado de un momento a otro. Así, desde 1968 a mediados de los 70 el SU capituló ante las confusas fuerzas de las organizaciones centristas y espontaneístas producidas por la juventud radicalizada de la “Nueva Izquierda”. Pero a fines de la década del 70, el SU cambió de dirección y comenzó a adaptarse políticamente a las direcciones socialdemócratas y stalinistas de los movimientos de masas.


 


La dirección del SU y la de sus más importantes secciones una vez más comenzaron a ver su relación con la clase obrera como necesariamente mediatizada por las direcciones de los partidos de masas y de los sindicatos o por secciones particulares de estas direcciones. De esto deriva el mito de la "unidad del proletariado”, interpretado como la necesidad de la unidad estratégica de las organizaciones del movimiento obrero, apoyo incondicional a la formación de "gobiernos de izquierda" a nivel nacional o local -por ejemplo, la actitud inicial de la sección francesa del SU, la Liga Comunista Revolucionaria (LGR), hacia el gobierno de Mitterrand en Francia en 1981- y adaptación a la izquierda reformista de los sindicatos en varios países.


 


Esta política continúa hoy en el entramado de la nueva situación de crisis general del movimiento obrero internacional. La política oportunista del SU particularmente se orienta hacia los reformistas de izquierda. Ejemplos son el apoyo no crítico que dio el SU al antiguo dirigente del Partido Comunista francés, Juquin, en 1988, y su actitud hacia la mayoría reformista del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil.


 


En los países oprimidos, el SU mantiene una adaptación a la política y la ideología de los movimientos nacionalistas pequeñoburgueses radicales, como se demostró en su apoyo no crítico al régimen sandinista en Nicaragua, al que presentó como un régimen de dictadura del proletariado en la estructura de un Estado obrero sano.


 


En todos los movimientos de masas no proletarias, el SU tiende a adaptarse a la ideología dominante y las posiciones pequeñoburguesas.


En los Estados obreros deformados y degenerados, por un largo período, la dirección del SU se ha adaptado a las fuerzas oposicionistas reformistas.


 


Las posiciones revisionistas de la mayoría del SU pueden ser rastreadas en la concepción objetivista del proceso revolucionario que el pablismo desarrolló desde el momento de su origen. Esta concepción implica una subestimación del rol crítico del factor subjetivo, consciente -el partido trotskista y el programa—y la necesidad de una lucha consciente, organizada, determinada, para desarrollar la conciencia socialista revolucionaria en las masas. Este objetivismo necesariamente significa la subrepresentación de la activa perspectiva trotskista de la revolución permanente a alguna suerte de proceso automático más o menos objetivo.


 


Pero en este proceso de desenvolvimiento, el revisionismo de la dirección del SU ha ido muy lejos hasta desafiar algunos elementos claves del marxismo revolucionario. Esto incluye el rol del partido de vanguardia como un instrumento necesario paia Ia revolución socialista y la incomprensión de la democracia proletaria como contrapuesta a cualquier forma de democracia burguesa.


 


El desarrollo revisionista de las posiciones de la dirección del SU fue expuesta claramente por la actitud que tomó frente a la crisis internacional del stalinismo.


 


Después de décadas de adaptación al stalinismo bajo la presión de la dominante actitud pequeñoburguesa de los funcionarios de movimientos oficiales de los trabajadores y fambién entre las masas, el SU viró hacia una actitud stalinofóbica. Se mostró incapaz de desarrollar una política basada en la defensa intransigente de la propiedad colectivizada de los medios de producción y en la contraposición de la perspectiva de una democracia de los consejos obreros como organismos de administración política y dirección de la economía planificada, tanto contra la dictadura burocrática como contra el giro hacia una democracia formal de tipo burgués. Por el contrario, la dirección del SU cayó en un democratismo completamente centrista, confundiendo democracia burguesa y dictadura proletaria y aplicando criterios formalistas a los problemas de la autodeterminación de las repúblicas de la ex URSS y Yugoslavia.


 


B. La Liga Internacional de los Trabajadores (Lit; morenistas)


 


La Liga Internacional de los Trabajadores (Lit) existe principalmente en América Latina y España. Su principal dirigente fue Nahuel Moreno, muerto hace algunos años, y su principal sección es el Movimiento al Socialismo (Mas, anteriormente PST) de Argentina, que Moreno encabezaba.


 


La Lit es la continuación política de la antigua Fracción Bolchevique del SU, constituida después de un corto período de unificación política con la corriente lambertista entre 1979 y 1981.


 


La tendencia morenista se ha caracterizado por las amplias variaciones y contradicciones en sus posiciones políticas, tanto en el curso de su historia como en diferentes países al mismo tiempo. Un sorprendentemente amplio espectro de perspectivas ha sido planteado por la Lit y sus antecesoras, desde la extrema adaptación a la burocracia sindical hasta posiciones antisindicales; del apoyo abierto a estrategias frentepopulistas hasta el rechazo de las tácticas de frente único con organizaciones reformistas y nacionalistas pequeñoburguesas; desde el embellecimiento de los regímenes stalinistas hasta formas de stalinofobia.


 


Lo que subrayan estos abruptos virajes es una pronunciada versatilidad oportunista, es decir, la ‘ideología’del ‘morenismo’ que es una corriente camaleónica incapaz de llevar adelante el proceso de construir partidos revolucionarios en el terreno de los fundamentos trotskistas.


 


El Mas argentino, como sus predecesores, tiene una historia de políticas profundamente centristas, incluyendo, a pesar de ciertos vuelcos a la izquierda y vacilaciones, la adaptación a la burocracia sindical, al nacionalismo burgués y al frentepopulismo, y el disimulo de los aspectos revolucionarios de su programa. Por varios años, además, el Mas siguió una política de bloque político y electoral con el Partido Comunista argentino, en este caso, también, con ciertos zigzags. Partiendo de una errónea concepción del frente único, los morenistas transformaron su bloque con el PC de una táctica específica por demandas concretas en una estrategia, a pesar del carácter políticamente reformista y organizativamente burocrático del PC.


 


En la cuestión central de la construcción de la IVa Internacional como la dirección de la futura revolución socialista internacional, la Lit, a pesar de sus críticas al oportunismo y liquidacionismo del SU, expresa posiciones contradictorias y confusas, que son potencialmente liquidacionistas. Por ejemplo, la Lit planteó en su propio “Manifiesto Internacional” la perspectiva de una internacional de masas "casi-trotskista”, que reagruparía a diversas fuerzas y en la cual los trotskistas, es decir aquellos con posiciones trotskistas, serían una minoría.


 


C. La Tendencia Internacional Militant


 


La Tendencia Internacional Militant (MT) es la proyección internacional de la Tendencia Militant (MT) de Gran Bretaña, históricamente dirigida por Ted Grant, que desarrolló un trabajo de entrismo dentro del Partido Laborista británico con un significativo éxito organizativo.


 


La MT tiene sus orígenes en la fracción mayoritaria de la sección británica de la IVa Internacional en la década del 40, el Partido Comunista Revolucionario (RCP). En los Congresos Mundiales de 1946 y 1948, el RCP planteó críticas generalmente correctas al análisis político de la dirección internacional, en particular respecto de la recuperación capitalista en el Oeste (de Europa) y la expansión del stalinismo en el Este (de Europa).


 


La fracción dirigida por Grant fue colocada al margen de la Internacional porque, irónicamente, no siguió la política de entrismo total en el Partido Laborista propuesta por el Secretariado Internacional y aplicada con su apoyo por una amplia minoría que rompió con el RCP. Por esta razón, la fracción de Grant no estuvo directamente involucrada en la ruptura de la IVa Internacional de 1953. Por los siguientes diez años, existió una relación contradictoria entre el grupo dirigido por Grant y el Secretariado Internacional pablista, y más tarde el SU.


Pasada la mitad de la década del 60, el grupo de Grant se separó del SU y se convirtió en la Tendencia Militant, por el nombre de su periódico, tuvo un desarrollo autónomo, primero como una organización nacional y, más tarde, con su propia extensión internacional.


La IMT se caracteriza por una estrategia general de ‘entrismo profundo’ de varias décadas de duración, primero en el Partido Laborista británico, e, internacionalmente, en fuerzas de tipo socialdemócrata. El IMT tiene posiciones extremadamente sectarias hacia las otras fuerzas del movimiento trotskista, a las que llama "Las sectas’.


 


La estrategia de ‘entrismo profundo' de la IMT produjo una política de adaptación-en parte formal, en parte sustancial-a las posiciones reformistas, por ejemplo, sobre la naturaleza del Estado burgués y sobre la necesidad de una insurrección revolucionaria de masas para destruirlo. Desarrollando una concepción espontaneísta de la 'conciencia socialista’ de la clase obrera, la IMT abiertamente critica la visión leninista del partido expresada en el ¿ Qué hacer? Reivindicando aplicar el método del Programa de Transición, la IMT tiende realmente a limitarse a sí misma a una propaganda general, sin intentar transformar las reivindicaciones transicionales en consignas de agitación, allí donde fuera posible.


 


La IMT ha expresado una seria adaptación al imperialismo, en particular, al imperialismo británico, enmascarada con una ampulosa retórica ‘socialista’ e 'intemacionalista'. Esto se expresa claramente en su actitud hacia la cuestión irlandesa. La MT condena demagógica y moralmente las acciones del Ejército Republicano Irlandés (Ira), igualando a los activistas del Ira con los paramilitares ‘leales’ y llamándolos “Tories (conservadores) verdes”. En la guerra de Malvinas, en 1982, la IMT efectivamente tuvo una posición muy alejada del antimperialismo: no apoyó a Gran Bretaña sino por las ‘sanciones obreras contra Argentina’ y por la hipótesis abstracta de una ‘guerra socialista’ contra la Argentina.


 


En el último período, la IMT ha pegado un viraje hacia la izquierda, en parte como respuesta dentro de la sección británica al largo proceso de su expulsión del Partido Laborista. El viraje fue realizado a través de una lucha fraccional que dejó en una pequeña minoría al antiguo dirigente Ted Grant, que permanecía fiel a la totalidad de sus viejas posiciones. Mientras la gran mayoría de los miembros británicos se alineaban contra Grant bajo la dirección de Peter Taaffe, la gran mayoría de los miembros de las otras secciones nacionales se alineaban con Grant. Este viraje a la izquierda, que está relacionado pricipalmente con el carácter del trabajo de entrismo en el Partido Laborista, no se ha traducido en un desafío general a las bases principales del revisionismo que recubre a la IMT.


 


D. El Centro Internacional de Reconstrucción (CIR, lambertistas)


 


El Centro Internacional de Reconstrucción (CIR) es la extensión internacional del Partido Comunista Intemacionalista de Francia (PCI, anteriormente OCI). El principal dirigente del CIR y del PCI es Pierre Lambert. En la práctica, todas las secciones del CIR están estrictamente subordinadas al PCI, que es profundamente nacional-trotskista.


 


Las principales características de la política del CIR son la capitulación ante la socialdemocracia en todo el mundo, la adaptación política a la conciencia sindicalista de la clase obrera, la transformación de la táctica del frente único (y del frente único antiimperialista en los países atrasados) en una estrategia permanente, stalinofobia, los “vendedores de crisis” políticas y económicas (la perpetua teoría de la “revolución inminente").


 


El CIR carece de cualquier democracia real interna, especialmente en el PCI francés. Su dirección ha cobrado notoriedad por sus campañas de mentiras y sus ataques gangsteriles contra sus oponentes políticos, particularmente en ocasión de las grandes rupturas de sus predecesores organizativos, el Comité de Organización para la Reconstrucción de la IVa Internacional (Corci, 1972/80) y del efímero bloque con la tendencia morenista en el Comité Paritario (1979/80) y la IVa Internacional (Comité Internacional, 1980/81), es decir las rupturas que condujeron a la creación de la organización de Varga en 1972/73, de la Tendencia Cuartainternacionalista en 1979, y la ruptura del bloque con los morenistas en 1981.


 


Desarrollando posiciones cada vez más antileninistas, el CIR, como las otras tendencias revisionistas, liquidó la perspectiva de construir partidos trotskistas en cada país y construir una IVa Internacional de masas. El CIR, de hecho, intenta crear las condiciones para unificarlas así llamada “tendencias legítimas de la clase obrera", reivindicando basarse en las tradiciones de la Ia y la IIa Internacionales, en contraposición al "sectarismo organizativo” de la IIIa Internacional.


 


Desarrollando esta perspectiva, el CIR mezcla un extremo oportunismo-ligándose a tendencias y organizaciones marginales a escala internacional y esencialmente reformistas o semi-reformistas, como el Mir venezolano -con los alardeos más demagógicos. En enero de 1991, el CIR, con sólo sus propias fuerzas más algunas pequeñas fuerzas aliadas reformistas y pequeñoburguesas, proclamó la llamada “Alianza Internacional de Trabajadores por una Internacional Obrera” y una sección continental, la "Alianza Europea de Trabajadores”.


 


En Francia, en noviembre de 1991, sobre una base semi-reformista y minimalista, el PCI proclamó el llamado “Partido de los Trabajadores”, que se suponía que iba a unir a las corrientes trotskistas, anarquistas, socialistas y comunistas. Este "Partido de los Trabajadores” no es más que un organismo burocráticamente controlado por el PCI, que reagrupa esencialmente a sus miembros y a sus estrictos simpatizantes más un cierto número de trabajadores individuales engañados por las mentiras lambertistas. Al mismo tiempo, la sección argelina de la ICR utilizaba la concepción oportunista de Lambert del frente único antiimperialista para justificar su apoyo político al Frente Islámico de Salvación Nacional.


 


La ICR es una de las más degeneradas y presumiblemente insalvables tendencias del movimiento trotskista internacional.


 


E. La Unión Comunista Intemacionalista


 


La Unión Comunista Intemacionalista (Lutte Ouvriere) — ICU— es la proyección internacional de la organización francesa Lutte Ouvriere (Lucha Obrera), con pequeños grupos en los Estados Unidos, las 'Antillas francesas’y las comunidades de inmigrantes africanos en Francia.


 


LO se originó de un grupo formado en Francia durante la Segunda Guerra con posiciones sectarias (el Grupo Comunista Lucha de Clases; Unión Comunista después de la Guerra), que en 1944 rechazó unificarse con las restantes tendencias trotskistas francesas en la nueva sección francesa de la IVa Internacional.


 


La principal característica revisionista de la política de LO es su obrerismo economicista, expresado en la virtual reducción de la intervención en la lucha de clases con reivindicaciones transitorias al reclamo por la escala móvil de horas y de salarios, combinado con una propaganda abstracta y popularizada por el socialismo. LO tiene el mito de construir un genuino partido obrero”, viendo equivocadamente la causa de la crisis de la IVa Internacional -una crisis que considera que se originó en el período de la formación de la IVa Internacional-composición pequeñoburguesa de la organización. Esta concepción evidencia el horizonte nacional de LO, porque aunque la sección francesa tenía objetivamente ese problema objetivo a fines de la Segunda Guerra Mundial, otras secciones n composiciones proletarias mucho más importantes -por ejemplo, el RCP británico; la sección belga Fl; el SWP estadounidense; el POR de Bolivia; y la SLLP de Sri Lanka -y eso no les evitó ni la crisis de la IVa Internacional ni tampoco los efectos degenerativos del nacional-trotskismo.


 


En base a estas posiciones, LO adoptó métodos no leninistas de intervención, organización interna y funcionamiento.


Como resultado, incluso aunque LO ha venido recibiendo votaciones relativamente importantes -alrededor de medio millón- en las elecciones francesas desde 1973 en base a su propaganda popular abstracta, fue incapaz de hacer uso de esas ganancias electorales para construir el partido revolucionario.


 


Lo ha sostenido tradicionalmente un análisis de los Estados obreros degenerados como semi-capitalistas de Estado, reconociendo a la Unión Soviética como un Estado obrero degenerado pero caracterizando los Estados obreros deformados como estados capitalistas.


Las posiciones obreristas de LO lo conducen a abstenerse de muchas luchas políticas. Esto tiene consecuencias extremadamente negativas en sus posiciones sobre la opresión especial, en particular la opresión de las mujeres y la opresión de los homosexuales. Respecto a éstos, LO refleja en gran medida las posiciones reaccionarias de los sectores atrasados de las masas.


 


F. Los grupos trotskistas más pequeños


 


Además de las cinco tendencias mayores que hemos indicado, existen otras varias tendencias menores. Algunas son organizaciones nacionales, en algunos casos con un rol relativamente significativo en su país, y ciertas tendencias internacionales, formal o informalmente constituidas.


 


Algunas de esas tendencias están a la izquierda de las organizaciones mayores del movimiento trotskista mundial y aplican políticas cercanas al trotskismo consecuente. Este es el caso, por ejemplo, del Partido Obrero de Argentina, que tiene algunas organizaciones solidarias en otros países de América Latina y de la Liga por una Internacional Comunista Revolucionaria (LRCI), cuya principal sección es el grupo Poder Obrero (Worker’s Power) de Gran Bretaña.


 


En general, sin embargo, estas organizaciones tienden a tener un horizonte esencialmente nacional, a subordinar la lucha por la IVa Internacional a sus perspectivas nacionales y a adoptar una actitud sectaria de construir sus propias pequeñas organizaciones desdeñando otras fuerzas trotskistas. Este es el caso, por ejemplo, con el PO y el Worker’s Power.


 


Si estas relativamente pequeñas, izquierdistas organizaciones trotskistas tienen éxito en separarse de sus perspectivas nacionales y sectarias, podrían jugar un papel significativo en la lucha por la regeneración política y la reconstrucción organizativa de la IVa Internacional. Pero esto sólo podría ser el resultado de una lucha política con esas organizaciones por parte de las fuerzas que comprenden las tareas de los trotskistas consecuentes en esta etapa histórica.


 


14. La IVa Internacional sufrió un grave proceso de degeneración política y fragmentación organizativa. Como una fuerza política unida, organizada, como el organismo de la dirección internacional del proletariado; como la organización mundial del genuino marxismo revolucionario, obviamente ha dejado de existir. Este hecho plantea la lucha por la dirección internacional proletaria en una forma extremadamente elemental como la primera tarea que enfrentan hoy los revolucionarios. La primera cuestión de la estrategia internacional, que los trotskistas ortodoxos, consecuentes, deben, entonces, recoger es la cuestión de cómo proceder en la actualidad en esta lucha elemental por la dirección internacional del proletariado.


 


Aunque políticamente degenerada y organizativamente fragmentada, la IVa Internacional no ha muerto políticamente. A pesar de su agudeza, la crisis histórica de la IVa Internacional todavía difiere cualitativamente de las de la IIa y IIIa Internacionales.


En agosto de 1914 la traición al internacionalismo proletario por parte de casi todas las secciones nacionales socialdemócratas el estallar la Primera Guerra Mundial marcó la conversión de la socialdemocracia en un agente contrarrevolucionario del imperialismo dentro del movimiento obrero, cuya función política principal era prevenir la unidad revolucionaria de los proletarios de todos los países y la toma revolucionaria del poder por parte de la clase obrera en cualquier país. El programa socialdemócrata de reformas, real o ilusorio, se convirtió principalmente en un medio para inhibir el desarrollo militante de la lucha de clase del proletariado atando a los trabajadores de cada nación a ‘su propia' burguesía y al desarrollo económico de 'su propio’ capitalismo nacional. El rol esencialmente contrarrevolucionario de la socialdemocracia fue confirmado por sus respuestas a la Revolución Rusa de 1917 y las situaciones revolucionarias que se desarrollaron a través del mundo inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial.


 


En 1933, la más importante sección de la IIIa Internacional fuera de la URSS, el Partido Comunista alemán, gracias a la grotesca línea del ‘tercer período' de la Comintern stalinista, se mostró del todo incapaz de montar una lucha seria contra el ascenso de Hitler al poder. En lugar de extraer abiertamente las lecciones de su catastrófico fracaso, la IIIa Internacional en su conjunto simuló que no se habían cometido serios errores políticos, mientras se movía, inicialmente a puertas cerradas, del ultimatismo burocrático y aventurerismo de finales de la década del ‘20 y principios de la década del ‘30, hacia la política gruesamente oportunista del frentepopulismo, en 1934/36. El frentepopulismo y la colaboración internacional de clases se convirtió en la principal estrategia de la IIIa Internacional, a la quefue sacrificada la misma organización de la IIIa Internacional, en 1943.


 


La incapacidad del Partido Comunista alemán o de la Internacional Comunista para responder de alguna forma comunista al ascenso de Hitler, llevó a Trotsky, en 1933, a pasar de la estrategia de luchar por la regeneración de la IIIa Internacional, burocratizada y centrista, a la estrategia de luchar por construir la IVa Internacional, caracterizando a la IIIa Internacional todavía como burocrática y centrista, pero ya incapaz de ser recuperada. Y con la adopción por parte del gobierno stalinista y de la Comintern de la política que abiertamente respalda “el derecho a la autodefensa nacional” por parte de los imperialismos “democráticos”, la Internacional Comunista se convirtió, alrededor de su VIIa Congreso en 1935, en una fuerza contrarrevolucionaria, en la práctica social-patriota, y empeñada en impedir la revolución proletaria mundial.


 


Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, los partidos stalinistas traicionaron a las clases obreras de Europa y Asia, impidiendo o abortando luchas revolucionarias. La extensión burocrática de la propiedad colectivizada en Europa del Este y, eventualmente, en el Este de Asia y en Cuba, no altera el carácter esencial del stalinismo como una fuerza contrarrevolucionaria internacional.


 


La IVa Internacional pasó por semejante transformación decisiva. Su degeneración y fragmentación ha llevado al desarrollo de un conjunto de organizaciones que, con pocas excepciones -esencialmente el SLLP de Sri Lanka y los posadistas-no puede ser consideradas como organizaciones contrarrevolucionarias consolidadas al interior del movimiento de los trabajadores. Las organizaciones internacionales y nacionales que se presentan a sí mismas como trotskistas difieren cualitativamente de las esencialmente contrarrevolucionarias formaciones socialdemócratas y stalinistas.


 


La gran mayoría de las fuerzas que han degenerado del trotskismo mantienen políticas que son generalmente revisionistas y centristas – o, en unas pocas instancias, ultrarevisionistas- sin romper abiertamente o liquidar completamente el programa trotskista.


 


Los pablistas han distorsionado el programa trotskista y lo han adaptado a varias corrientes no revolucionarias pequeño-burguesas y burocráticas. Han subordinado o negado el rol de los partidos trotskistas como la expresión necesaria de la independencia política de la clase obrera, en favor de la adaptación a fuerzas no revolucionarias y no proletarias. Las organizaciones del Comité Internacional de 1963/71 tendieron a combinar el adaptacionismo nacional-trotskista con extremas formas de sectarismo nacional-trotskista (Lambert más claramente caracterizado por la capitulación a la socialdemocracia; Healy por el colapso en el sectarismo loco).


 


Pero, de ambas partes de la ruptura de 1953, sobreviven organizaciones y tendencias cuyo revisionismo oportunista y sectario del trotskismo no han producido una completa y decisiva ruptura con las bases programáticas de la política proletaria revolucionaria. Esas organizaciones continúan emparedándose positivamente, de varias maneras, con el Programa de Transición de 1938.


Programáticamente, todavía permanece en la perspectiva de la dictadura del proletariado basada en la democracia soviética, todavía rechazan formalmente el frentepopulismo, todavía declaran su pertenencia al internacionalismo proletario, y todavía -con cierta confusión y ciertas significativas excepciones- mantienen el análisis trotskista de los regímenes stalinistas y de la necesidad de la defensa de las formas de propiedad colectivizada contra el imperialismo-incluso mientras revisan y distorsionan estos principios y se adaptan a corrientes hostiles a ellos. Son esencialmente organizaciones centristas, pero organizaciones centristas de un tipo especial.


 


Al continuar proclamando su adhesión, incluso de manera distorsionada, al programa revolucionario del trotskismo, estas organizaciones continúan atrayendo militantes que rompen hacia la política revolucionaria a partir de la socialdemocracia, el stalinismo y las formas convencionales de centrismo.


 


El rol actual y potencial de esas organizaciones “trotskistas centristas” como polos aparentemente marxistas revolucionarios de atracción de los trabajadores avanzados en la mayoría de los países avanzados, semicoloniales y países stalinistas, crea una situación altamente contradictoria, compleja y sin precedentes históricos, con implicancias fundamentales para las perspectivas estratégicas de los trotskistas ortodoxos que luchan por la regeneración política y la reconstrucción organizativa de la IVa Internacional. Esas organizaciones no sólo vacilan entre posiciones revolucionarias y oportunistas. Al continuar proclamando que se basan en el Programa de Transición, mantienen la capacidad de exponer a los cuadros, aunque inadvertidos, a las actuales posiciones trotskistas. Sus constantes vacilaciones entre el trotskismo y las políticas revisionistas tienden a generar no sólo frecuentes fracturas sino también choques de tendencias y fracciones internas, en las que, una y otra vez, algunos militantes se elevan a la defensa de al menos algunas posiciones trotskistas contra el revisionismo.


 


Todo esto significa que, aunque ampliamente las direcciones de estas organizaciones están endurecidas en sus posiciones revisionistas y adaptacionistas, estas organizaciones, vistas de conjunto en una escala internacional, tienden: a contener militantes que se están moviendo hacia posiciones trotskistas ortodoxas; a estar sujetas a un constante proceso de luchas limitadas por las posiciones trotskistas; y a mostrar una constante tendencia a atraer hacia ellas a trabajadores avanzados en búsqueda, en realidad, de la alternativa revolucioanria del trotskismo.


 


Para los trotskistas ortodoxos, dar la espalda a los trabajadores avanzados que están siendo atraídos hacia las posiciones trotskistas por las organizaciones ‘trotskistas centristas y a los militantes que luchan por las posiciones trotskistas dentro de ellas, sería un acto de sectarismo de proporciones históricamente trágicas. Mejor, la tarea de los trotskistas ortodoxos es desarrollar una tendencia internacional orientada estratégicamente hacia la reconstrucción de la IVa Internacional por medio de la ligazón, el apoyo y la organización de toda lucha por el trotskismo, en favor de todo desarrollo genuinamente trotskista en el mundo, tanto dentro como fuera de las grandes organizaciones "trotskistas centristas”.


 


En situaciones en la que se encuentran organizados independientemente, los trotskistas ortodoxos deben desarrollar un trabajo ejemplar en la lucha de clases de una manera que los convierta en genuinos polos de atracción para los trabajadores avanzados, tanto dentro como fuera de las organizaciones ‘trotskistas centristas'. Dentro de las organizaciones trotskistas centristas’, fracciones trotskistas deben luchar por la regeneración política de esas organizaciones, basándose en particular en las luchas que surgen sobre los problemas de intervención revolucionaria en la lucha de clase proletaria en curso.


 


En el sentido de que en todas las organizaciones derivadas de la crisis de la IV° Internacional y que reivindican basarse en el Programa de Transición, ciertas luchas conscientes por la regeneración política de la IV° Internacional han tenido lugar, están teniendo lugar, y deberán tener lugar en el próximo contorno algo amorfo del movimiento internacional en el cual los trotskistas consecuentes deben luchar para desarrollar y unificar todas las fuerzas genuinamente trotskistas en una IV° Internacional regenerada y reconstruida.


 


Esta perspectiva no significa que los trotskistas ortodoxos identifiquen o confundan de aguna manera su programa con el programa concreto y la política de los revisionistas pablistas o antipablistas. Tampoco significa que esas organizaciones ‘trotkistas centristas’ derivadas de la crisis de la IV° Internacional sean la única arena para la lucha por la regeneración de la IV° Internacional. Una fracción trotkista puede decidir entrar, de conjunto, en una organización ‘trotskista revisionista' internacional, para trabajar principalmente dentro de algunas de esas organizaciones, para funcionar principalmente como un grupo de organizaciones independientes, y así sucesivamente —dependiendo de las condiciones concretas que mejor favorezcan la lucha por regenerar la IVa Internacional.


 


Lo que el reconocimiento del carácter especial de estos agrupamientos centristas significa es que los trotskistas ortodoxos deben mantener una orientación estratégica hacia ellos. Más todavía, su carácter especial tiene un número de implicaciones prácticas específicas.


 


Dentro de las organizaciones ‘trotskistas centristas', debemos promover la formación de fracciones trotskistas ortodoxas, unidas sobre una base internacional con las demás -independientemente de las varias organizaciones internacionales o nacionales en las que respectivamente se encuentren interviniendo- y con las organizaciones trotskistas ortodoxas independientes, todos los componentes unidos formando una fracción trotskista internacional, organizada en base al centralismo democrático, tanto internacionalmente como en sus secciones nacionales.


 


Las fracciones trotskistas que luchan dentro de las organizaciones ‘trotskistas centristas’ no deben, como regla general, tener una orientación dirigida de antemano a un entrismo de corta duración, orientadas a fracturar rápidamente a esas organizaciones, ni tampoco, una orientación que nunca, bajo ninguna circunstancia, rompa con esas organizaciones. Más bien, la principal orientación táctica de estas fracciones trotskistas debería ser luchar de una manera disciplinada por sus ideas políticas dentro de las reglas de esas organizaciones y hacer a los dirigentes centristas claramente responsables por cualquier medida administrativa, como las expulsiones.


 


Estas consideraciones tácticas no implican que esté claramente establecido, garantizado, un curso de acción que necesariamente conduzca a la regeneración revolucionaria y la reorganización de la IVa Internacional. Tampoco estas consideraciones implican que es inevitable o incluso probable que tendremos éxito en regenerar una o más de las existentes formaciones ‘trotskistas revisionistas’. Sin embargo, sólo la estrategia flexible y dialéctica de una lucha semejante por la regeneración política, combinando un trabajo independiente en la lucha de clases proletaria con la intervención fraccional dentro de las organizaciones ‘trotskistas revisionistas' nos permitirá completar el complejo proceso actual, cualquiera sea su desarrollo concreto, el cual -a través de escisiones, fusiones, regeneraciones parciales y crecimiento del trabajo independiente- capacitará a la fracción trotskista internacional para ganar la mayoría política de los militantes que se orientan hacia el trotskismo en el mundo y transformarse en la IVa Internacional regenerada.


 


Se presentará una amplia serie de alternativas prácticas para el desarrollo de la actividad de los trotskistas ortodoxos. Los trotskistas deben estar preparados a ajustar sus tácticas al desarrollo concreto de la lucha por regenerar la IVa Internacional y al desarrollo concreto de la lucha internacional de la clase obrera -con la única condición de que mantengan la absoluta independencia política de la fracción trotskista ortodoxa internacional.