Argentina: Una etapa excepcional

Declaración política del Xº Congreso del Partido Obrero, aprobada por unanimidad por los 108 delegados.


Con la presencia de 108 delegados, sesionó entre el 8 y 11 de julio el Congreso Nacional del Partido Obrero. Estuvieron presentes delegaciones del Partido de los Trabajadores de Uruguay y de la Oposición Trotskista de Bolivia. Enviaron saludos al Congreso los compañeros del Movimiento Sin Tierra de Brasil, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (EEK, de Grecia) y del Colectivo En Defensa del Marxismo, de España.


 


 


 


Los trabajadores debemos tomar conciencia de que la Argentina ha entrado en una etapa de crisis de características excepcionales. Es decir, de una crisis de conjunto que abre la rica posibilidad de pasar a una nueva etapa, no de derrotas sino de triunfos, no de pérdidas sino de transformaciones decisivas.


 


La experiencia sobre las posibilidades transformadoras de un gobierno del conjunto del peronismo, se ha agotado por completo. El menemismo concluye su mandato en condiciones de dislocamiento económico y de derrumbe social superior al dejado por el alfonsinismo. La producción industrial está cayendo a razón del 15% anual; la desocupación afecta a más de 4 millones de personas; no sólo el Estado nacional y las provincias sino también los grandes monopolios se encuentran en cesación de pagos con referencia a la deuda externa.


 


El proyecto de integración económica sudamericana se ha transformado en un campo de agudas rivalidades capitalistas y nacionales. La gran patronal argentina y el partido político que ha encarnado su proyecto nacional, el justicialismo, han fracasado en toda la línea. La desnacionalización completa del sistema bancario y de gran parte de la industria y de los latifundios ha reducido aún más la capacidad de los explotadores capitalistas para gobernar en términos de autonomía nacional.


 


Bajo el gobierno menemista del conjunto del peronismo, los trabajadores hemos perdido el 90% de las conquistas sociales y de organización que habíamos arrancado al cabo de un siglo de luchas. Han sido pulverizadas la seguridad social, la salud, la educación y el salario mínimo vital. La desocupación supera a la de la nefasta década de 1930; el salario real es el más bajo del siglo; los índices de pobreza, analfabetismo y desnutrición no tienen paralelo.


 


En las fábricas, la flexibilización laboral está haciendo añicos la existencia social de los trabajadores y la falta de seguridad, cobrando sus vidas. Los cuerpos de delegados y las comisiones internas han sufrido golpes devastadores. El frente nacional que en 1945 prometió la justicia social a los trabajadores culmina su trayectoria política como uno de los más antiobreros que conociera la Argentina (lo que no es poco).


 


El intento de reconstruir una izquierda del peronismo para recomponer el caduco movimiento nacional, como se hace desde varios sectores de la izquierda (IU y Patria Libre), va completamente a contramano de una salida progresista y trabajadora a la crisis. 


 


La burocracia sindical de todas las tendencias, que ha atado a las organizaciones obreras al proyecto nacional de los partidos patronales y del Estado, ha demostrado su definitiva incapacidad para defender las conquistas históricas de la clase obrera y las propias organizaciones sindicales.


 


Arriba no pueden, abajo no quieren


 


El carácter excepcional de la crisis actual no sólo está representado por la situación social desesperante de las masas. También está determinado por la feroz resistencia que nos esforzamos en desplegar los trabajadores mediante los cortes de rutas, la ocupación de edificios públicos, las manifestaciones masivas y la toma de los lugares de trabajo.


 


Esta resistencia se empeña en ingresar en una etapa ofensiva.


 


Lo demuestran el recule del gobierno frente a la movilización educativa; las victorias contra los despidos en Telefónica y Metrovías; la victoria de los docentes de San Luis contra el establecimiento de escuelas aranceladas (chatarra); el retroceso de la patronal de Perkins en su intento de rebajar los salarios; las luchas de los trabajadores de Mar del Plata contra la veda a la pesca; la serie de luchas fabriles en la zona norte del gran Buenos Aires; los paros de los trabajadores del azúcar y de los municipios en Tucumán; la gigantesca pueblada de Corrientes; y otras tantas manifestaciones combativas como la todavía inconclusa huelga de dos semanas de los estatales y docentes de Neuquén.


 


Los de abajo estamos demostrando que no estamos dispuestos a soportar la terrible descomposición que se abate sobre nosotros. Pero tampoco los explotadores están soportando a su propio régimen. Asistimos al fenómeno excepcional de la incapacidad de la clase dominante para seguir gobernando como lo venía haciendo.


 


¿No lo demuestran acaso así los paros rurales que incluyen a la oligárquica Sociedad Rural; los cortes de rutas de los chacareros, incluidos los medianos y los grandes; el lock out de las empresas camioneras; y las protestas de la anti-obrera Unión Industrial?


 


Incluso los bancos y los acreedores internacionales participan de este movimiento de subversión de su propio sistema. En los últimos 60 días han salido más de 2 mil millones de dólares del país; pulpos como Alpargatas o Soldati han visto negada la posibilidad de refinanciar sus deudas con el exterior; las tasas de interés que cobran los bancos nacionales e internacionales ya son un 250% superiores a las del mercado mundial; el peso argentino cotiza en Chicago a 1,20 el dólar. La bancarrota ha forzado a la fuga a un menemista del Citibank, como Moneta.


 


La gran prensa, es decir las propias patronales, habla abiertamente de un vacío de poder. Sin embargo, la inviabilidad con que concluye el régimen menemista expresa el fenómeno más general de la situación sin salida del conjunto del sistema capitalista; por eso tuvo que apelar precisamente al menemismo como su único recurso frente a la crisis. El derrumbe del plan Cavallo y del pacto de Olivos están a la vista.


 


Hay una salida


 


La salida que prepara la clase capitalista, a una situación que no tiene salida para su sistema, pasa por un mayor agravamiento de las penurias populares.


 


Aunque lo nieguen todos los días, los técnicos de Duhalde y de De la Rúa están planificando la devaluación del peso. Esta devaluación, sumada a una renegociación de la deuda externa e interna y a una mayor entrega de la economía, es la base del acuerdo entre Duhalde y Cavallo.


 


Los candidatos oficiales de la patronal hablan descaradamente de la necesidad de mayor flexibilización laboral. De la Rúa y Fernández Meijide ya han planteado la necesidad de privatizar la asistencia social. Esto supone que la desocupación seguirá en pie y que se darán nuevas concesiones impositivas a los capitalistas para que aporten a la ayuda a los pobres. También forman parte de la salida patronal: una mayor represión, la llamada tolerancia cero con el delito que practican los pobres, y una mayor cantidad de cárceles.


 


El FMI y el Banco Mundial exigen la privatización completa de la educación y de la salud y el establecimiento de fueros especiales para juzgar litigios financieros. Es decir, un panorama de mayor miseria para el pueblo y de posibilidades de rápida confiscación económica en beneficio de los grandes pulpos.


 


Esto no es una salida para los trabajadores.


 


La salida es que la crisis la paguen los Citibank, los Soros, los Techint y los Macri.


 


Que se prohíban los despidos y se reincorpore de inmediato al trabajo, compulsivamente, a todos los desocupados, repartiendo las horas disponibles en las empresas, sin afectar el salario.


 


Que haya un salario mínimo vital, de acuerdo con el valor de la canasta familiar, que el Indec ha calculado en 1.200 pesos.


 


Que se eliminen los impuestos al consumo y se grave exclusivamente al gran capital y sus beneficios.


 


Que se estaticen por completo la salud y la educación en condiciones de absoluta gratuidad, bajo el control de los profesionales, docentes, estudiantes, organizaciones de la cultura y el conjunto de la clase obrera.


 


Que se estatice el sistema jubilatorio, bajo control obrero, y que se restablezca el aporte patronal y el 82% móvil.


 


Que se abran los libros de todos los bancos y grandes empresas al control obrero. Que se desconozca la deuda pública asumida a espaldas del pueblo en términos usurarios. Que una conferencia obrera internacional determine el destino de la deuda mundial creada por los especuladores capitalistas a costa de la superexplotación de los trabajadores.


 


Que se desmantelen los aparatos represivos. Que organizaciones de trabajadores y de jóvenes se hagan cargo de su propia defensa y del país. Que los jueces y todos los funcionarios sean electos y revocables.


 


Que se llame a la inmediata unión política de América del Sur y del conjunto de América Latina, para elaborar un plan económico continental que desenvuelva la independencia nacional y el progreso de los trabajadores.


 


Por la reorganización del presente régimen social sobre la base de principios sociales que permitan el desarrollo colectivo e individual de las mayorías populares. Que un congreso democráticamente electo de trabajadores discuta un plan económico, social y cultural de conjunto.


 


Por un plan de lucha del conjunto del movimiento obrero y de los trabajadores, que plantee la huelga general.


 


Por una nueva dirección obrera


 


La crisis terminal del menemismo ha puesto más al desnudo todavía la completa inadecuación de todas las direcciones tradicionales del movimiento obrero, es decir de la burocracia.


 


La CGT concluye la presente etapa histórica presidiendo el mayor derrumbe de derechos obreros que se hubiera conocido. Sus burócratas corren ahora apresurados a cobijarse bajo el dudoso refugio de Duhalde.


 


El MTA, adversario de palabra de Menem y de la dirección cegetista, no ha luchado por ninguna conquista nueva, pero sí ha firmado convenios de flexibilización laboral y ha mirado pasivamente la caída de los salarios. Ahora, al igual que la CGT, busca la protección del duhaldismo y propone emparchar a la CGT mediante un acuerdo de cúpula entre las burocracias oficiales. Su diputada en el Frepaso, Alicia Castro, defiende los intereses de los pulpos aeronáuticos que no quisieron pagar el impuesto educativo.


 


La CTA plantea una estrategia de regulación de las relaciones sociales a través de la participación de los sindicatos en la gestión del Estado capitalistas. Un ejemplo de ello es la política de Ctera, que se ha asociado a los funcionarios de Menem en la defensa de un régimen de financiamiento de la educación que significa una carga para los sectores populares, que no representa ninguna mejora salarial y que admite la flexibilización laboral de la enseñanza y la anulación del estatuto del docente.


 


La CTA pregona la descentralización sindical, o sea el sindicato por empresa y hasta la representación individual de los afiliados, sin organización, en la central sindical; o sea la atomización de la clase obrera. Al mismo tiempo, defiende el ultraverticalismo sindical como ocurre con Ctera. Hace dos años, su dirección nacional (De Gennaro) fue la artífice de la formación de la Alianza UCR-Frepaso, la cual defiende abiertamente los programas del FMI.


 


Apoyando a Duhalde o a De la Rúa, estas burocracias sindicales siguen manteniendo a las organizaciones obreras en la ruta muerta del seguidismo a los partidos patronales.


 


El apoyo de la izquierda democratizante (Patria Libre, IU) a la burocracia sindical de la CTA y a sus pretensiones de central alternativa lleva a un callejón sin salida al activismo y a los luchadores.


 


La crisis plantea, con la fuerza de la necesidad, que las organizaciones obreras rompan con el Estado y los partidos patronales.


 


Para eso es necesaria una nueva dirección obrera, que transforme a los sindicatos en escuela de lucha clasista y que batalle por una transformación social bajo la dirección de la clase obrera.


 


Para abrir la perspectiva de una nueva dirección, llamamos a los activistas y luchadores a organizar un polo clasista. La virtual liquidación de la Corriente sindical del Perro Santillán, debida a su colaboración en una Mesa de Enlace con las políticas de las burocracias del MTA y de la CTA, demuestra la necesidad apremiante de un polo de real carácter clasista, que luche para sustituir a la burocracia de los sindicatos y no para colaborar con ella.


 


En la lucha por hacer renacer el movimiento obrero y dar paso a una dirección obrera clasista, es necesaria la concurrencia práctica de los jóvenes y de la mujer, y la organización de los desocupados. La organización independiente de la juventud y de la mujer trabajadora, y la organización de los desocupados, contribuirán enormemente a la formación de un polo clasista.


 


No puede haber un auténtico movimiento nacional, es decir antiimperialista consecuente, si no está dirigido por la clase obrera. Para ello, la clase obrera tiene que tener su propio partido, no puede continuar siendo el furgón de cola de los dirigentes y organizaciones patronales del peronismo o la Alianza. Hay que construir un Partido Obrero. El partido obrero es necesario porque todas las medidas y las luchas para imponer una salida obrera constituyen un problema de poder; sólo pueden resolverse, en definitiva, mediante la toma del poder por la clase obrera.


 


Las elecciones, una tribuna de agitación y lucha


 


En el cuadro de la enorme crisis actual, la campaña electoral tiene un carácter claramente distraccionista. Las elecciones son el pretexto para que el gobierno saliente no haga nada frente al derrumbe social y para que los que se postulan como candidatos prometan sus soluciones para después del 10 de diciembre. Se aprecia de este modo la faceta reaccionaria del electoralismo patronal, donde lo que importa no es que el pueblo elija a sus representantes sino que se induzca a los ciudadanos a soportar la crisis pasivamente durante meses, con el pretexto de que la salida debería darla un nuevo gobierno.


 


Pero incluso este distraccionismo pro-patronal ha entrado en contradicción con las necesidades de la misma clase patronal, que les exige a Duhalde y a De la Rúa que pacten ya un acuerdo nacional; ni los grandes capitalistas pueden esperar; también para ellos la campaña electoral se transforma en un distraccionismo disolvente.


 


Es decir que hay un gobierno que no puede gobernar y dos candidatos patronales que no quieren intervenir en la crisis por el temor a comprometer sus posibilidades electorales.


 


La campaña electoral se ha transformado, ella también, entonces, en una víctima de la crisis. Aunque los encuestadores registren esta o aquella intención de voto, De la Rúa y Duhalde no concitan ninguna movilización ni esperanzas en el pueblo, precisamente porque no resuelven nada. En estas condiciones, la llamada transición puede crear situaciones de acentuada crisis política e incluso revolucionaria. Ecuador, Venezuela, Brasil y Colombia se proyectan como ejemplos.


 


El Partido Obrero va a la campaña electoral no con un programa electoralista de promesas sino con un programa de lucha, planteando una salida que no necesita de esperas electorales.


 


El Partido Obrero va a la campaña electoral no para hacer propagandismo sino para levantar tribunas de agitación en favor de las reivindicaciones que reclaman los trabajadores movilizados, por un plan de lucha, por la huelga general, para que las organizaciones obreras rompan con las patronales, por un gobierno de trabajadores.


 


El Partido Obrero se valdrá de la campaña electoral para desarrollar la independencia de clase de los trabajadores. Por este motivo, el Partido Obrero repudia la decisión de la izquierda argentina en su conjunto de concurrir a las elecciones de Santa Fe con un empresario como candidato a gobernador.


 


Los candidatos del Partido Obrero no han sido reclutados en los laboratorios de las minorías explotadoras sino que son militantes que están participando en las actuales luchas y en la organización de los explotados.


 


LA LISTA DEL PARTIDO OBRERO ESTARA ENCABEZADA POR JORGE ALTAMIRA Y PABLO RIEZNIK.


 


El Partido Obrero rechaza el abstencionismo electoral, porque significa dejarle el terreno libre a los candidatos patronales y a su política distraccionista para derrotar al pueblo.


 


Por estas mismas razones, el Partido Obrero llama a todos los luchadores y activistas a integrar sus listas.

“La izquierda peronista fracasó en el Cordobazo”


Para comenzar quisiera agradecer la invitación que me han hecho llegar los compañeros del Partido Obrero para la participación en este importante acto. Quiero también expresar el saludo de dos de mis compañeros integrantes de la Comisión Interna: los compañeros Vázquez y Omar Luján que, a través mío, envían un saludo a este acto.


 


Quisiera hacer ante todo un repaso de la historia que tiene que ver con el Cordobazo, teniendo en cuenta que pertenecemos a un gremio que hoy está dirigido por Raimundo Ongaro, que en esos momentos, en el 69, era Secretario General de la CGT de los Argentinos. Por aquella época también, en enero del 69, Fabril Financiera, una de las mayores imprentas de esa época, que aglutinaba a más de 3.000 trabajadores fue a la huelga; durante cuatro meses estuvieron de paro. Si bien esos compañeros fueron derrotados, la experiencia sirvió para el protagonismo, para el abono, de la lucha de los trabajadores en el Cordobazo.


 


Ya en esos tiempos, lo que se daba en llamar la izquierda peronista, mostraba su hilacha dejando aislada la lucha, como lo hizo la Federación Gráfica Bonaerense frente a la huelga de Fabril. Ni siquiera salió a garantizar lo que en esos momentos era algo habitual: la solidaridad de clases entre taller y taller para que no se imprimieran las revistas, dejando así que otras empresas hagan los trabajos de los compañeros que estaban en lucha.


 


Esa traición de la Federación caló hondo en la conciencia de los trabajadores, de tal manera que, 15 años más tarde, cuando cae la dictadura militar y expulsamos a los colaboradores intervencionistas del Sindicato, Fabril fue el único taller grande que votó en contra de Ongaro.


 


Pero esta traición no fue la única, ni un hecho aislado de la política de estos izquierdistas, sino que se enmarcaba en una serie de capitulaciones; así también lo demostraba Ongaro a la vuelta del exilio, cuando intentó pactar con la burocracia sindical de los 25. Inclusive llamó a sumar a sus filas a los lopezrreguistas, los mismos que lo habían expulsado años atrás del Sindicato; hasta el día de hoy los tiene integrados a su lado, en su lista.


 


En esos momentos, en el 84, surge la Lista Naranja gráfica, que fue una respuesta histórica del activismo combativo al pasaje del ongarismo a las filas de la burocracia sindical en forma definitiva. Y no solamente él; en esos tiempos estaban Guillán en el sindicato Telefónico; Lorenzo Pepe era integrante de la CGT-A y hoy es un diputado menemista; o Anzorregui, que era abogado de la CGT-A y hoy está al frente de la Side. O como otros tantos izquierdistas que hablaban de la patria socialista, como Galimberti o Firmenich, y que hoy andan en motos de grandes cilindradas recorriendo los barrios más ricos de la ciudad.


 


¿Y cuál es el papel que hoy juega Ongaro dentro de la realidad nacional y cuál es la realidad, principalmente, de nuestro gremio? Ongaro está prendido directamente con el sistema, ya que en los comienzos, cuando se pone en práctica la jubilación privada, él mismo crea una AFJP junto con lo más recalcitrante de la burocracia sindical, como un Lorenzo Miguel, abrazado con la patronal de Clarín, con la Noble, crean la AFJP Activa. Nuestra obra social fue la primera que se embarcó en los préstamos que daba el Banco Mundial para la privatización de las obras sociales.


 


No le alcanzó todo esto. Actúa hoy, en estos momentos, arancelizando todos los servicios de la obra social y, últimamente, actuó como una de las más recalcitrantes patronales, reduciendo el salario de los trabajadores de la obra social un 10%.


 


Hoy, que los despidos y cierres de fábricas están a la orden del día, Ongaro mantiene el Sindicato Gráfico en una parálisis total. Cerró Abril, cerró Fabril y, más recientemente, tuvimos la lucha de Atlántida, con los trabajadores ocupando la planta por más de 2 meses, en defensa de los puestos de trabajo, con olla popular y corte de ruta incluido. Los compañeros están perseguidos y procesados, y está el pedido de desafuero contra el compañero Néstor Pitrola que era el Secretario General de la Comisión Interna de Atlántida.


 


Mientras todo esto sucedía, Ongaro no hacía nada. Nosotros junto a otros talleres íbamos al Sindicato a reclamar un Plenario General de Delegados, plenario que jamás se convocó. Boicoteó, día a día, la lucha de estos compañeros.


 


En nuestro taller también tuvimos que salir a la lucha. En octubre pasado, la patronal de Perfil acusando el fracaso del diario que había puesto en marcha unos meses antes, intentó aplicar la flexibilidad laboral a fondo. Esa intención de la patronal nos llevó a un enfrentamiento directo, que tuvo su expresión más alta cuando despiden a un compañero del sector encuadernación, por no querer acatar este nuevo plan de trabajo. Fuimos al paro inmediatamente y paramos la fábrica en contra, inclusive, de la burocracia sindical que quería frenar todo tipo de lucha y que en las asambleas planteaba levantar el paro. Hicimos caso omiso de todo eso, continuamos la lucha, por 14 horas el taller estuvo parado y se logró la reincorporación del compañero, un hecho histórico dentro del taller, lo que jamás había sucedido anteriormente. El triunfo de esa lucha preparó el terreno para que hoy, que los talleres gráficos de Editorial Perfil han sido vendidos a un pulpo extranjero, esa lucha nos dio pie para hacer respetar la antigüedad, el salario y el convenio colectivo de trabajo en las actas de traspaso que firmamos con esta nueva patronal.


 


La Lista Naranja gráfica está presente en este acto porque constituye la lucha por la independencia política de la clase obrera, porque hemos retomado el programa clasista de ruptura con la burguesía, programa que levantaron los dirigentes del Sitrac-Sitram, allá por el 69, expresando también la consigna de "luchar, luchar, por un gobierno obrero y popular".


 


Así como el nacionalismo peronista de contenido burgués ha terminado como agente del imperialismo y del FMI; el programa de la CGT-A, basado en la alianza de los obreros y los empresarios nacionales, ha terminado siendo hoy el programa del empresariado nacional, que no es otra que exigir más flexibilidad laboral, la privatización de las obras sociales y la jubilación, y la miseria salarial.


 


Todos estos hechos desnudan las limitaciones políticas de la centroizquierda y la izquierda peronista, y su total agotamiento como alternativa política de los trabajadores.


 


Entonces, siguiendo las huellas de lo que fue Fabril, de lo que fue Abril y de lo que fue Atlántida tomada, los gráficos de Perfil y de la Lista Naranja gráfica luchamos por la expulsión de la burocracia sindical y por la ruptura de nuestro sindicato con la patronal, con el PJ y con la Alianza. Nada más compañeros, muchas gracias…


 


 


 


* Raúl Cardozo Secretario general de la Comisión Interna gráfica de Editorial Perfil. 


Discurso pronunciado en el acto del 29 de mayo por el XXX Aniversario 


del Cordobazo, en la Federación de Box (Buenos Aires).


 

Los Balcanes y la crisis mundial


Declaración Política Internacional del Xº Congreso del Partido Obrero, aprobada por unanimidad por los 108 delegados que se reunieron entre el 8 y el 11 de julio de 1999.


 


 


La guerra de la Otan contra Yugoslavia ha concluido en la completa colonización de los Balcanes por parte del imperialismo. El bombardeo sistemático contra la infraestructura económica y la población civil, en el centro de Europa, resume la explosividad que han alcanzado las contradicciones sociales e internacionales del sistema capitalista en su conjunto. La impasse histórica del capitalismo ha quedado expuesta a la luz del día y ha desmentido la pretendida capacidad de la llamada globalización para promover el desarrollo armónico, pacífico o democrático de la sociedad. La agresión de la Otan tuvo el declarado propósito de establecer un protectorado militar, político y económico en los Balcanes. Este objetivo fue textualmente señalado en el proyecto de tratado de Rambouillet presentado por la Otan en febrero pasado. Este tratado establece explícitamente que el objetivo de la Otan es imponer el mercado libre en la región, es decir una restauración capitalista que deberá llegar hasta el Pacífico, el conjunto de la ex Asia soviética y China.


 


Asistimos a una nueva versión de la guerra del opio y de la diplomacia de las cañoneras, pero esta vez no para abrir el mercado de la China pre-capitalista, del Japón feudal o de los países atrasados de América Central sino para acabar con la propiedad estatal de los medios de producción y con la seguridad social y la garantía al empleo de centenares de millones de trabajadores. Por el carácter histórico de sus objetivos, la guerra de la Otan contra Yugoslavia se emparenta por sobre todo con la agresión hitleriana al Este en la Segunda Guerra Mundial.


 


Hasta 1990, la Otan y el FMI apoyaron la unidad de Yugoslavia. Buscaron valerse del régimen de Tito para imponer la colonización financiera de la región. También procuraron utilizarlo para desviar hacia una vía democratizante pro-capitalista los levantamientos revolucionarios que se producían en el Este, es decir, evitar que impusieran una auténtica dictadura del proletariado y desarrollaran el internacionalismo obrero hacia Occidente.


 


En la última década, en cambio, la Otan y el FMI (ahora con la abierta intervención del Vaticano) procedieron a dividir meticulosamente a la Federación Yugoslava. Las violentas contradicciones desatadas por la restauración capitalista inviabilizaron la unidad estatal de sus nacionalidades. Quedó abierto el camino al protectorado. La masacre perpetrada por la Otan no es otra cosa que el desarrollo de la política imperialista por otros medios. Es también la vía de salida del capital a la desarticulación del Estado, en Albania, como consecuencia de la revolución de 1997. En Bosnia, Macedonia, Kosovo y Albania han quedado estacionados 110.000 soldados de la Otan.


 


Las relaciones internacionales que quedaron establecidas luego de la Segunda Guerra Mundial, con la Revolución China y la expropiación burocrática del capital en Europa del Este, tenían obligadamente un carácter transitorio. O la revolución socialista se extendía a Occidente y ponía fin, al pasar, a los regímenes burocráticos en el oriente; o la restauración capitalista penetraba en el Este y en China con el objetivo último de acabar con el conjunto de las conquistas sociales arrancadas a la burguesía por el proletariado mundial en el curso del último siglo y medio.


 


En cualquiera de estas dos alternativas, el sistema político de la posguerra debía dar paso a una gigantesca crisis mundial y a conflictos internacionales más intensos, a crisis económicas más devastadoras y a nuevas guerras.


 


Durante cuarenta años, las tendencias revolucionarias y las restauracionistas se enfrentaron sin cesar. Los levantamientos y guerras revolucionarias en Alemania del Este, Vietnam, Hungría, Polonia, Cuba, Checoslovaquia, Nicaragua y varios más, se cruzaron con las intervenciones contrarrevolucionarias: intervención imperialista de Medio Oriente, de Indochina y Centroamérica, invasión rusa contra la clase obrera de Europa del Este. La actual crisis mundial significa una agudización excepcional de esta etapa de lucha entre la revolución y la contrarrevolución, no una reversión del carácter de la época actual.


 


Militarismo y crisis mundial


 


La guerra en los Balcanes tiene lugar (pues aún no ha cesado) en el marco de una declinación económica del capitalismo mundial. Los avances en la tecnología de la información y en la microelectrónica no han sino acentuado la descomposición económica del régimen burgués de explotación.


 


Lo testimonia la última década de recesión y quiebras generalizadas en Japón; de nulo crecimiento del producto por habitante en Europa occidental; de caída en el nivel de vida en los Estados Unidos; de derrumbe de los tigres de Asia y de México y Brasil; de tendencia a la reducción del desarrollo del comercio internacional; de nivel de endeudamiento sin precedentes (pre-bancarrota) de las empresas y de los Estados en todos los países, en especial, los Estados Unidos; de concentración, y en especial de centralización, del capital cada vez en menos manos, como consecuencia de las llamadas privatizaciones, fusiones y absorciones; de descomunal crecimiento del capital financiero y del capital ficticio en general, en detrimento del industrial, o sea el desarrollo de una economía parasitaria y rentista; el monstruoso desarrollo de una economía virtual de contratos especulativos por un monto nominal que se acerca a los 100 billones de dólares, o sea que es tres veces mayor que el conjunto del producto bruto mundial. La reproducción ampliada del capital enfrenta crisis y quiebras cada vez más intensas, es decir que se ha agudizado la tendencia hacia su propia disolución.


 


El derrumbe económico de países, Estados, monopolios y regiones, en la última década, ha dislocado efectivamente las relaciones sociales y políticas de numerosas naciones y desarticulado a la economía mundial.


 


A este proceso de conjunto obedece la existencia de 40 millones de desocupados en Estados Unidos y la Unión Europea y de cerca de 1.500 millones en todo el mundo; el crecimiento pavoroso de la pobreza, incluso en los países desarrollados; la quiebra de la protección social y laboral; la criminalización de la economía y de la sociedad; el espectacular crecimiento, en llamados tiempos normales, de los aparatos represivos, penal y carcelario; la violencia urbana y agraria; los estallidos sociales; las sublevaciones de masas y las revoluciones. Todo esto define una etapa de transición histórica.


 


En lugar de abrirle una salida a la impasse histórica del capitalismo, el derrumbe de los Estados Obreros ha acentuado los antagonismos internacionales entre las clases y las naciones y ha demostrado que la restauración capitalista exige dosis de violencia cada vez mayores, guerras más letales y hasta el dislocamiento estatal y nacional. La guerra imperialista contra Yugoslavia quebró los récords internacionales en referencia a la proporción de víctimas civiles y militares: 90 contra 10%, respectivamente. El carácter específico de la guerra imperialista ha quedado al desnudo: es un método de destrucción física de la clase obrera, es decir, de masacre social.


 


La salida al derrumbe capitalista vuelve a ser el armamentismo y la guerra. La Otan está redefiniendo su estrategia militar para poder intervenir en cualquier lugar del mundo; Clinton acaba de aumentar en un 50% el presupuesto militar norteamericano; la Unión Europea ha decidido crear una fuerza de defensa dentro de la Otan para operar en forma autónoma en Europa oriental y el Cáucaso; Estados Unidos y la Unión Europea pretenden reorganizar en torno a un plan único la industria militar y aeroespacial internacional; ha comenzado el rearmamentismo de Japón en función de una redefinición de su alianza militar con Estados Unidos.


 


El armamentismo significa mayores penurias económicas para los pueblos y mayores golpes a la protección social y a los sistemas de salud y educación públicas. Pero también significa una acentuación de las rivalidades nacionales, en especial de las rivalidades interimperialistas. Por eso, la posibilidad de un régimen de protectorado único internacional regido por la Otan es una utopía. Los planes de dominación mundial se tejen en momentos en que el mercado capitalista internacional es el terreno de una lucha de intereses cada vez más brutal, en la que los monopolios capitalistas se juegan su supervivencia. Es una unilateralidad suponer que la supremacía económica y militar que goza el imperialismo yanqui lo habilita para poder controlar y someter las contradicciones mundiales en su beneficio. Las contradicciones interiores e internacionales de la economía capitalista norteamericana son aún más explosivas que las de sus competidores. La resistencia de las masas norteamericanas a las expediciones bélicas de su burguesía es mucho más intensa de lo que todo el mundo cree. La hegemonía de una única potencia capitalista presupone el fascismo.


 


Una divisoria de aguas


 


La guerra imperialista contra Yugoslavia y la transformación de los Balcanes en un protectorado, ha vuelto a poner de manifiesto algo que muchos han olvidado: el carácter contrarrevolucionario de los gobiernos de centroizquierda y de colaboración de clases. Lo mismo vale para los partidos socialistas, comunistas y ex comunistas que apoyaron a los gobiernos belicistas de sus burguesías; el partido comunista de Rusia actuó como un instrumento de Yeltsin para lograr el sometimiento de Yugoslavia e incluso aprobó al gabinete actual que adhirió al establecimiento del protectorado de la Otan. Los stalinistas se jactan de su reconversión , pero, al igual que en los tiempos fuertes de la burocracia rusa, han vuelto a apoyar la violación de la soberanía nacional de los pueblos del este de Europa y de los Balcanes. En lugar de los tanques de Stalin, Kruschev o Brezhnev, ahora se alinean con los aviones y los tanques de los Clinton y de los Blair… y de Yeltsin.


 


En la guerra de los Balcanes, los gobiernos de frente popular han demostrado que son el recurso último de la burguesía para hacer frente a las crisis revolucionarias. Los Bush, Thatcher, Kohl, Chirac o Berlusconi no hubieran podido ser más eficaces que los Blair, Jospin, Schroeder o DAlema, para desencadenar una guerra imperialista, es decir reaccionaria, en un cuadro democrático interno.


 


La reciente guerra ha servido para clarificar definitivamente la divisoria de aguas en la llamada extrema izquierda. Su ala democratizante, encarnada por el Secretariado Unificado (el llamado trotskismo oficial) y por sectores como el Mas argentino, adoptaron una posición de neutralidad tras la pérfida consigna "ni Otan ni Milosevic". Actuaron así a sabiendas de que el objetivo de la Otan era el de consolidar un protectorado imperialista en los Balcanes y que ello colocaba automáticamente a la Yugoslavia de Milosevic en el campo de la resistencia antiimperialista, cualesquiera fuesen las fechorías de este último contra los pueblos de Serbia y Kosovo y la necesidad de combatirlo con métodos revolucionarios. Los principales dirigentes del SU apoyaron incluso el tratado de Rambouillet y propusieron luego una salida de paz mediante la intervención de la Onu y de la Osce, es decir de las mismas potencias imperialistas (más algunos otros) que dirigen la Otan. Se han convertido en responsables intelectuales y políticos de la paz imperialista que ha convertido a los Balcanes en un protectorado del imperialismo mundial.


 


Las posiciones pacifistas no son más que una transposición de las posiciones democratizantes en las relaciones internas al campo internacional. Los democratizantes ocultan las relaciones de explotación y de opresión que operan y determinan las relaciones políticas establecidas en la Constitución. Del mismo modo, los pacifistas ocultan que bajo la máscara de la diplomacia y de las relaciones internacionales domina el imperialismo y su tendencia a la reacción y a la guerra.


 


El pro-imperialismo del SU y de sus laderos, sin embargo, no hubiera debido sorprender a nadie. En su reciente programa para las elecciones europeas, junto a Lutte Ouvrière, defiende la vigencia de la unidad política de Europa bajo formas democráticas, lo que significa no solamente la defensa de la Europa capitalista del Este sino la restauración capitalista (siempre, claro, bajo formas democráticas). Reivindica la necesidad de regular al capitalismo, mediante un impuesto a los movimientos de capital de corto plazo (impuesto Tobin), no de derrocarlo. Coincide en esto con el financista Soros, que reclama lo mismo para evitar que nuevas crisis asiáticas manden a la bancarrota a los fondos especulativos como los que él dirige. Plantea de este modo la posibilidad de reforzar aún más los presupuestos públicos de los Estados capitalistas en momentos en que el imperialismo necesita dinero para financiar su armamentismo, sus fuerzas de defensa, sus protectorados y la reconstrucción económica de las regiones que él mismo ha devastado.


 


La guerra de la Otan no solamente ha confirmado la solidez de la posición del Partido Obrero, que caracteriza al SU como contrarrevolucionario. Más importante que esto todavía, vuelve a demostrar la importancia de una delimitación política completa con el SU, cuyas posiciones son un referente internacional para todas las posiciones contrarrevolucionarias que medran en la llamada extrema izquierda y aún en el centroizquierda. Sin esta delimitación es imposible darle una base programática y una perspectiva consecuente a la reconstrucción de una Internacional Obrera.


 


La guerra, partera de la Internacional


 


A mediados de 1860, la perspectiva de una guerra a iniciativa de los zares rusos contra Polonia fue el factor final que decidió a la clase obrera a unirse en la Asociación Internacional de Trabajadores, o sea la Iª Internacional.


 


La incapacidad de la Internacional Socialista, en 1914, para hacer frente a la Primera Guerra Mundial, provocó su destrucción.


 


En 1919, esa misma guerra mundial que engendró la revolución en Europa, parió a la IIIª Internacional.


 


En 1938, la inminencia de la Segunda Guerra Mundial llevó a los revolucionarios a no dilatar más la fundación de la IVª Internacional.


 


Hay en todo esto una lógica. La guerra imperialista es el recurso extremo de sobrevivencia de los explotadores. Más que en cualquier otra forma de ofensiva del capital es imposible enfrentar la guerra dentro de los cuadros nacionales, esto es sin la confraternización de los obreros de todos los países contra los explotadores y sus estados. No solamente esto. Así como la guerra imperialista es una forma necesaria de existencia del capital, hace de la supresión del capital una forma necesaria de existencia para los obreros.


 


En los Balcanes y en Rusia ya han surgido las voces de las organizaciones obreras que llaman a la unión internacional de los trabajadores para combatir el protectorado de la Otan y la intención del imperialismo de repetir esta acción en otras partes del mundo. Hay un llamamiento concreto a una Conferencia Obrera de los Balcanes y del Danubio. Hay un llamamiento concreto de la Central sindical independiente de Serbia a reconstruir la unidad internacional con los obreros kosovares. La Otan no ha liberado a Kosovo sino que pisotea su aspiración a la independencia. La Otan va unificando a todos los pueblos balcánicos en una similar condición de víctimas del imperialismo. La reivindicación de una Federación Obrera y Socialista de los Balcanes penetra en la sangre y en la historia real de los explotados de esos países.


 


El Partido Obrero llama a todas las organizaciones realmente obreras del mundo a responder positivamente al llamado de nuestros compañeros de clase de los Balcanes y a organizar un conferencia obrera internacional para luchar contra el imperialismo; para luchar por el restablecimiento de nuestras conquistas sociales; para luchar para poner fin a todos los regímenes de explotación, miseria y guerra y sustituirlos por gobiernos de los trabajadores.


 


El Partido Obrero advierte sobre las consecuencias funestas de la victoria de la Otan en los Balcanes para los explotados de América Latina. Los misiles de la Otan son una luz verde para que los monopolios, los terratenientes y sus gobiernos desaten la guerra contra nuestros pueblos, allí donde las formas democráticas se agoten como ya está ocurriendo. A los cocaleros de Bolivia; a los campesinos-indígenas de Ecuador; a los compañeros sin tierra de Brasil y Paraguay; a nuestros trabajadores campesinos del noroeste azucarero y hortícola y del nordeste algodonero y yerbatero; a los chacareros arruinados de la pampa argentina y uruguaya; a la inmensa masa, por supuesto, del campesinado colombiano y centroamericano; el Partido Obrero les señala la tendencia de los explotadores de cada uno de nuestros países a recurrir a los gamonales, a los policías militares, a los capangas y a las milicias paramilitares, para poner fin a la lucha por la tierra.


 


El Partido Obrero llama a apoyar todas las iniciativas para unificar las luchas agrarias de las organizaciones de campesinos sin tierras o despojados de ella, de América Latina.


 


El Partido Obrero también destaca el fracaso de todas la tentativas integracionistas de los explotadores latinoamericanos, incluida la de México con el imperialismo yanqui. Todas ellas se han transformado en terreno de rivalidades capitalistas, crisis y miseria social. El Partido Obrero llama a sacar las conclusiones correspondientes y a luchar por la unificación política y social de América Latina bajo la dirección de una alianza obrera y campesina.


 


Llamamos a la clase obrera industrial de México, Brasil y Argentina a luchar por una nueva dirección obrera que unifique nuestras luchas defensivas y ofensivas contra los explotadores extranjeros y nativos.


 


El Partido Obrero ofrece esta caracterización del presente momento histórico y de las fuerzas políticas actuantes, para que los obreros avanzados tomemos conciencia de que es la hora de unir a la vanguardia con conciencia de clase en una Internacional revolucionaria. Es en función del conjunto de tareas que plantea esta declaración que llamamos a la refundación inmediata de la IVª Internacional. Es decir, de la Internacional que opone al imperialismo decadente la formación de una Federación Internacional de Repúblicas Socialistas basadas en los consejos obreros.

Para construir la Internacional Obrera: Refundar la IVª Internacional


Entre el 6 y el 9 de marzo se realizó en Atenas (Grecia) la Conferencia Obrera Internacional y de la Izquierda Clasista votada en la reunión internacional de mayo de 1998 en Buenos Aires. Su objetivo era avanzar en el camino de la refundación de la IVª Internacional. Además del partido anfitrión, el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia, participaron delegaciones del PO (Argentina), de Causa Operaria (Brasil), de la Oposición Trotskista (Bolivia), de la Trostkyist League (Estados Unidos), de la Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia), del Colectivo En Defensa del Marxismo (España), de los grupos de la Oposición Trotskista Internacional en Gran Bretaña y la India y de la Liga Marxista de los Trabajadores (Turquía). Asistieron como observadores delegados de Voix des Travailleurs (Francia), de la Sección griega de la CWI (Comité por una Internacional Obrera), Valter Pomar (vicepresidente del PT de Brasil) y organizaciones de la izquierda griega como el NAR, una escisión del PC griego. Enviaron adhesiones el Partido de los Trabajadores (Uruguay) y el Comité Constructor de un Partido Obrero (Chile).


 


Los acontecimientos del último año han confirmado, más allá de cualquier duda, el carácter histórico, es decir no coyuntural ni cíclico, de la actual crisis capitalista mundial. Superando todas las barreras geográficas del sudeste asiático al Japón, de Rusia al Brasil y todo el cono sur latinoamericano la realidad de la crisis se impone como un dato inmediato a todos los países y todas las clases sociales, lo que permite caracterizarla como la más profunda, extensa y duradera que el capitalismo haya conocido en toda su historia. Todas las teorías acerca del carácter local de las diversas crisis han sido barridas por los acontecimientos. Pero también lo han sido aquellas que ven la crisis como un producto de los errores de los magos de la política económica, y no como una manifestación del conjunto de las contradicciones del capital y de su tendencia histórica hacia la autodisolución.


 


Que haya crisis de sobreproducción y de sobreinversión, cuando los niveles de miseria y de pauperización, anteriores a la crisis, se han extendido en el mundo [también en los EE.UU. y en Inglaterra], demuestra que estamos ante una gran crisis de sociedad, es decir, universal. En un período histórico en el que se acrecientan las necesidades sociales, el capital mundial ingresa en una fase de aguda bancarrota. Mientras las masas del mundo viven la sequía, el capital mundial vive la inundación. Esta irracionalidad del sistema en su conjunto es naturalmente percibida por las distintas clases sociales.


 


Confirmación de una perspectiva


 


Reunidos hace nueve meses en Buenos Aires, las organizaciones y partidos convocantes de esta conferencia, ya alertaban: lo que se denomina particularidades asiáticas la extrema fusión entre el capital bancario e industrial; el entrelazamiento profundo entre el capital privado y el Estado es la tendencia más general que está recorriendo el capitalismo mundial a través de las fusiones, adquisiciones y estructuraciones. Precisamente por esto, la crisis asiática sólo puede ser caracterizada como una expresión concentrada de la crisis del sistema capitalista mundial.


 


"La contradicción entre el desarrollo internacional que han alcanzado las fuerzas productivas y el carácter nacional de los capitales, las monedas y los Estados está en la base de la crisis actual, que revela así su carácter mundial, no de modelos o políticas sino del régimen social capitalista". [La confirmación absoluta de esa perspectiva está en la base de la clara continuidad política establecida a partir de ese evento a nivel mundial y nacional].


 


[Sería, sin embargo, restringir el alcance de la actual crisis analizarla como una manifestación lineal de las contradicciones históricas del capitalismo. Pues estamos asistiendo no sólo a ellas sino también al fracaso de todas las tentativas del Estado capitalista de conjurarlas o, al menos, ponerles un límite, y esto también con una velocidad y extensión superiores a lo acontecido, por ejemplo, en la década de los 30].


 


Fracaso de la globalización capitalista


 


La así llamada globalización que aspiraba, a través de la completa liberación de movimientos del capital, nada menos que a la armonización mundial de las condiciones de explotación capitalista, concluyó generando desequilibrios económicos monstruosos y una fragilidad económica sin precedentes, al punto que sus propios beneficiarios (¡Soros!) reclaman ahora una vuelta a las reglamentaciones y a políticas de tipo keynesiano, en momentos en que la propia crisis ha socavado [por completo] la base para ese tipo de salida. La globalizacion pretendió superar un régimen que se caracterizó por la subordinación de todas las monedas nacionales al dólar en una escala nunca vista antes, es decir, por el sometimiento de los regímenes monetarios de cada país a la política de la Reserva Federal de Estados Unidos. Este régimen fomentó el gran período de especulación internacional, permitiendo, desde el punto de vista de la política monetaria, las subidas de las Bolsas, las deudas externas, la gigantesca ola de inversiones financiadas con créditos. La subordinación al dólar dio una relativa garantía internacional a la especulación en las diferentes monedas nacionales. Pero para que esto funcione adecuadamente, esta moneda que obra como garantía de valor de la circulación internacional tiene que ser una moneda realmente internacional. Pero el dólar es, antes que nada, la moneda de los Estados Unidos de Norteamérica; es un arma de la burguesía norteamericana en la lucha y la concurrencia con los capitales de los demás países. No es una moneda universal.


 


Esta contradicción quebró el proceso asiático, pues las monedas de estos países estaban atadas financieramente al dólar, pero su comercio está atado al Japón. Las devaluaciones asiáticas fueron la primera manifestación de una ruptura internacional de las monedas nacionales con el dólar, de una amenaza al recule del dólar como moneda que actúa ante la financiación internacional, por la competencia de los países que devalúan sus monedas. La especulación, en vez de valorizar los capitales, derriba las Bolsas, derriba los capitales, produce un repliegue del capital especulativo, repliegue del dinero de la circulación mundial y, como consecuencia de esto, desarrolla una crisis mundial.


 


El capitalismo no puede darse a sí mismo esa universalidad a la cual pretende ficticiamente. El capital sigue siendo una forma de apropiación de la riqueza nacional y particular. No es ni colectiva ni internacional.


 


Las consecuencias más serias de este fenómeno se van a manifestar en los EE.UU., que se ha valido del hecho de que el dólar es una moneda internacional para subsidiar a todas sus industrias y pagar el déficit de cuenta corriente con emisión de dinero y la creación de una gigantesca deuda internacional en dólares. Asistimos a una crisis de consecuencias internacionales, porque no ha sido fabricada en Asia sino que es la consecuencia de un largo desarrollo que data de la Segunda Guerra Mundial.


 


El mito del fin del socialismo


 


Este fracaso incluye la tentativa de salir de la crisis a través de la recolonización imperialista de los antiguos Estados obreros burocratizados. En 1990, como consecuencia de la caída del Muro de Berlín, Alemania Occidental absorbió a Alemania oriental y el capitalismo mundial resolvió la crisis política más importante de la Posguerra en beneficio suyo. Pues bien, esa solución fue la base económica de la expansión especulativa de la última década.


 


Al capitalismo se le presentó la colonización de Rusia, de China y de Europa del Este, países que habían escapado al control de la economía mundial capitalista como consecuencia de los procesos revolucionarios. El mercado ruso, en principio, debería resolver la crisis capitalista de sobreinversión. Frente a la dimensión del mercado a abastecer, esto podría dar una sobrevida al capitalismo y lo mismo se puede decir, en escala mucho mayor, del mercado chino.


 


La llamada globalización fue precisamente una tentativa de contrarrestar por mucho tiempo la tendencia a la desvalorización de capitales, para lo cual fue lanzada una intensa campaña de apertura de los mercados mediante las privatizaciones y el derribo del proteccionismo de los países emergentes. Pero la pieza central de esta política era la penetración en gran escala en China y la ex-URSS. La perspectiva de alcanzar estos objetivos alimentó la valorización bursátil de los capitales, en especial en Nueva York. Para quienes sostienen que el capitalismo tiene una salida, es necesario refrescarles que la globalización ha sido precisamente un intento de salida; que, salidas mediante, la crisis mundial no ha ido progresando en forma lineal sino a saltos, es decir, doblegando las distintas tentativas del capitalismo para superarlas y abrir un período de sostenida expansión del capital. La debacle rusa y la crisis generalizada que empieza a tomar cuenta de China han hecho fracasar esta perspectiva.


 


Como un boomerang, de salida para el capitalismo, Rusia y China se han convertido en un factor suplementario y decisivo de su crisis. Esto porque su reincorporación al mercado mundial y la reintroducción plena de relaciones mercantiles sólo se puede realizar con métodos capitalistas, que implican la destrucción de fuerzas productivas, la pauperización en masa y la reproducción en escala ampliada de todas sus contradicciones. Este análisis teórico se confirmó con la crisis rusa de agosto, que desató un período de recesión en numerosos países que habían sido menos afectados por la crisis asiática, en especial en Europa del Este y en América del Sur.


 


[La misma crisis rusa provocó, por primera vez desde 1987, la posibilidad de una bancarrota de los más grandes bancos del mundo, afectados por la quiebra del fondo especulativo LTCM, comprometido negativamente por contratos derivativos de casi un billón y medio de dólares (un trillón y medio, en inglés)]. Los precios de las materias primas se despeñaron, lo cual contribuyó, por primera vez en la posguerra, a que el comercio mundial descendiera el 2% en términos de valor en 1998. Más de la mitad de las naciones se encuentran en recesión. Primero en agosto, como consecuencia de la crisis rusa; luego en octubre a raíz de la quiebra del LTCM; más tarde en diciembre y finalmente en enero, la crisis mundial ha comenzado a manifestarse a pleno en Brasil, de cuyo mercado dependen ingentes capitales norteamericanos. La devaluación del real se produjo a pesar de un paquete preventivo del FMI, de 41.000 millones de dólares. Mientras que la crisis rusa puso en riesgo de desvalorización y falencia a capitales prestados y a contratos de seguros o derivativos del orden de los 300.000 millones de dólares, la crisis brasilera amenaza valores de cerca de un billón y medio de dólares si se considera solamente al Mercosur.


 


Junto a esto se plantea la perspectiva de derrumbe chino a corto plazo y [la crisis de finanzas públicas y el riesgo de hiperinflación] (el acentuamiento de la crisis) en Japón, que está pasando por una depresión económica más importante, en términos de duración, que la de los años 30. [De vía de salida para la sobreproducción de capitales, las exnaciones soviéticas y China se han convertido parcialmente en su cementerio;] (Las ex naciones soviéticas y China) en lugar de funcionar como atenuantes de la crisis capitalista, mediante la absorción de mercaderías y capitales, como ocurrió luego con la caída de las Bolsas en octubre de 1987, la están potenciando.


 


Crisis financiera y crisis capitalista


 


Los bloques económicos armados por el capitalismo para contrarrestar la crisis no resisten al propio desarrollo de ésta. La crisis brasileña provocó la espectacular devaluación del real, frente a una fuga de capitales superior a 60.000 millones de dólares y, simultáneamente, la dolarización completa de la economía argentina, haciendo estallar al Mercosur y su perspectiva de una moneda única sudamericana, a imagen del celebrado euro. Todos los planes capitalistas no resisten al desarrollo impetuoso de sus tendencias parasitarias y contradictorias.


 


El desarrollo del llamado sector financiero obedece a la necesidad del capitalismo de superar su contradicción de base que se reproduce incesantemente. Se opone al capital productivo como un hermano siamés a otro… El desarrollo del sistema de crédito y los bancos, las sociedades por acciones y los mercados de valores, el desdoblamiento del capital en productivo y financiero, la centralización de los capitales y el sistema de la deuda pública, la aparición del capital ficticio, todo esto obedece a la necesidad del capital en su conjunto de superar los límites que se oponen a su reproducción indefinida. Esos límites son, de un lado, el consumo personal relativamente limitado de las masas frente a una capacidad productiva creciente; del otro lado, la estrechez que representa la producción para el beneficio privado frente a la revolución constante de la técnica y los procedimientos de producción (tendencia al descenso de la tasa de ganancia y a la extinción de la ley del valor). En síntesis, "el límite del capital es el capital mismo".


 


El desarrollo financiero facilita el pasaje del capital de una rama de producción sobreexpandida o no rentable a otra en desarrollo que ofrece mayores beneficios; moviliza con mayor rapidez esos capitales, ayuda a superar dentro de sus propios límites la contradicción entre la creación y la destrucción de capitales (absorciones); extiende los límites del consumo más allá de los salarios que paga a la población trabajadora; desenvuelve una acumulación de capital propio (ficticia) que actúa como un crédito sui generis tanto para la producción como para el consumo. Este desarrollo (parasitario, porque no crea valor) actúa como factor contrarrestante de la crisis capitalista hasta que se transforma en el principal factor de su estallido. Esto ocurre cuando la sobreacumulación de capital que no asume una forma productiva directa, y que se ha sobreacumulado para contrarrestar los límites impuestos por la sobreacumulación de capital productivo, alcanza proporciones incompatibles con la plusvalía total que este último puede arrancar a la fuerza de trabajo. [Se ha transformado en una gigantesca hipoteca que traba más allá de toda posibilidad la reproducción del capital en general. Su derrumbe constituye, por eso, la etapa final de una crisis que ha tenido ya un largo proceso de incubación, así como la condición destructiva para iniciar una nueva etapa. Esto ha ocurrido en el curso de la presente crisis].


 


[Desarrollo desigual]


 


[El desarrollo desigual de la crisis, por el que muchos le adjudicaron un carácter local, y en el que otros vieron la posibilidad de un control de aquélla, es en realidad un factor de profundización de la propia crisis y de agudización de la expropiación de los países atrasados y la lucha interimperialista. El gigantesco proceso de expropiación de la burguesía japonesa por los EE.UU. en Asia (¡y en el propio Japón!) que permite al imperialismo yanqui postergar la crisis dentro de sus propias fronteras, no hace sino ampliar las bases de la crisis en el corazón del capitalismo mundial: la inevitable caída del coloso capitalista asumirá niveles que asemejarán los actuales cracks bursátiles a pequeñas crisis comerciales. La aparente salud del capitalismo norteamericano corresponde a la de un enfermo terminal con enormes dosis de morfina].


 


[La gran hipertrofia financiera en los últimos años ha permitido acentuar enormemente la confiscación relativa de las clases medias, a través de los fondos de inversión y, en especial, de la privatización de las jubilaciones. Los ingresos que percibe la clase media han sido transformados por estos medios en capital en términos muy baratos, lo cual aumenta la tasa de beneficios del nuevo capital que se pone en movimiento y contrarresta la tendencia declinante de la tasa de ganancia que obtenía el capital ya existente. En EE.UU., se ha logrado el récord de afectar a un 36% de las familias en el negocio financiero, lo que significa que se agota el pozo de recursos adicionales al que el capital norteamericano podría recurrir en el caso de un derrumbe].


 


[Una caída bursátil de gran alcance llevaría a la quiebra a la clase media, la que por otro lado se ha endeudado para su consumo más allá de las rentas que percibe por sus colocaciones financieras, y destruiría por completo lo que todavía se llama Seguridad Social. Esto significa que las posibilidades histórico-económicas del capital norteamericano frente a una crisis son infinitamente menores que en los años 30 y lo mismo ocurre con las llamadas recetas keynesianas].


 


[El auge de la bolsa financió una gran parte del aumento del PBI norteamericano, porque permitió una expansión sin precedentes del crédito al consumo, sobre la base de la garantía que le ofrecían las inversiones del consumidor en la bolsa (llamado efecto riqueza). Es decir que la inversión bursátil de la clase media se encuentra totalmente hipotecada a favor de los bancos, con el agravante de que un derrumbe bursátil seguramente desvalorizará esa garantía colocada en títulos públicos y acciones, pero no hará bajar un dólar las deudas contraídas por los consumidores. Es así que el conjunto de la economía norteamericana depende hoy de la marcha de la Bolsa y la marcha de ésta depende de la hegemonía económica y política del capital norteamericano en el plano mundial. Así como no existe una dicotomía infranqueable entre la economía real y la virtual, tampoco la hay entre la acumulación del capital y la lucha de clases internacional, es decir, entre la economía y la política].


 


(La crisis se desarrolla de un modo desigual y combinado. Es más intensa en Africa, Asia, Europa Oriental y América Latina que en los países imperialistas, en los que tiene una intensidad variable. Esto lleva a algunos a ver la crisis como local y a otros a pensar que es neutralizable. En realidad, ese desarrollo desigual de la crisis, la profundiza. Las tentativas imperialistas para librarse de la crisis agravan las condiciones en las semicolonias, en los estados obreros y en los ex-estados obreros e intensifican la competición interimperialista: la crisis que desplazan hacia afuera vuelve hacia ellos).


 


(El carácter combinado de la crisis se expresa también en la caída económica del Japón y en el inicio de una caída en Europa Occidental. Este carácter también se expresará en breve en una caída en los Estados Unidos. El centro del sistema imperialista es también el centro de la crisis. Por ahora, los Estados Unidos manifiestan una aparente inmunidad frente a la crisis. Pero a medida que se intensifica la tormenta, en parte como resultado de la tentativa de evitarla, ella también englobará los EE.UU.).


 


(Actualmente, la crisis es principalmente económica y social, pero los levantamientos revolucionarios en Albania e Indonesia muestran, limitadamente, su potenial positivo para el futuro, así como las guerras en Bosnia y Kosovo muestran su potencial negativo.).


 


Carácter de la crisis


 


La sobreinversión es una tendencia económica del capital, no una medición contable de las cuentas nacionales. Puede ser financiada desde el exterior y crear una deuda externa o puede ser financiada internamente y crear un endeudamiento interno. La economía financiera ha tenido una expansión descomunal, como lo demuestran las cotizaciones estratosféricas que han alcanzado las principales Bolsas, el colosal incremento de la deuda pública, el surgimiento de los fondos de inversiones, especialmente los de pensiones; el mercado de créditos derivativos, cuyos contratos se estiman mundialmente en más de 40 billones de dólares.


 


El desarrollo creciente de la contradicción entre la acumulación más rápida del capital financiero respecto del productivo; entre éste y la tasa menor de producción corriente; entre ésta y el menor consumo de las masas; entre la progresión geométrica de la renta financiera y el rezagado beneficio productivo; entre todo esto y la rentabilidad capitalista en su conjunto (no sólo la rentabilidad media sino también la de los monopolios); la agudización cada vez más intensa del conjunto de estas contradicciones, todo esto caracteriza a la crisis actual y a la etapa histórica de la descomposición capitalista. La tendencia a una pauperización absoluta de las masas, que era desconocida desde la crisis de los años 30 y la Guerra, es una manifestación más que fundamental de las dificultades extraordinarias que sufre el proceso de reproducción del capitalismo y constituye para la actual generación de las masas una experiencia concreta sobre el destino histórico del capitalismo. La actual capacidad ociosa de la industria mundial es la mayor desde 1930, lo que es un índice seguro del bloqueo de las fuerzas productivas y de la madurez de la contradicción entre ellas y las relaciones capitalistas de producción. La destrucción masiva de industrias que ha acompañado a la restauración capitalista en la ex-URSS, en la mayor parte de la Europa del Este, y ahora en China, no es sino una manifestación brutal de la enormidad del excedente de capital acumulado con relación a sus posibilidades de beneficios y de realización; la centralización pacífica de capitales que tiene lugar en el mercado mundial asume características violentas y despóticas cuando se opera en los territorios de los ex Estados obreros. Es que no estamos aquí ante una confiscación de un capitalista por otro en el marco de las relaciones de mercado y de la ley del valor sino de la confiscación de la propiedad confiscada por la revolución a los capitalistas en el marco de lo que fue una economía planificada. La mecánica de la crisis actual pone al desnudo el carácter social antagónico del régimen de los ex Estados Obreros y el régimen capitalista mundial. El saqueo que produce la restauración capitalista asume entonces la forma de una contradicción histórica y muestra la extensión y la profundidad de la crisis mundial.


 


Crisis económica y crisis política


 


La política es economía concentrada, pero la relación entre una y otra no es mecánica. La estrategia democratizante, ciertamente, ha rendido enormes beneficios al imperialismo norteamericano. Le permitió hacer frente a las crisis revolucionarias planteadas por el derrumbe de los regímenes burocráticos de Europa Oriental y Rusia. Es el vehículo de una vasta penetración económica imperialista en los ex-Estados obreros, en particular en los de Europa Oriental y en China. La política democratizante es el ariete con el que el imperialismo pretende derribar al régimen cubano y la que permitió enterrar las situaciones revolucionarias en América central, en Sudáfrica [en Angola y en Oriente Medio].


 


Hasta en la propia Europa, la política democratizante ha jugado su papel como lo prueban los acuerdos de paz que han hundido la lucha nacional irlandesa. En América Latina, el ciclo democratizante es el de la penetración financiera, económica y política del imperialismo y de la liquidación de las conquistas sociales de las masas más profundo del que se tenga memoria. La monopolización económica del continente y la subordinación política de sus regímenes al imperialismo norteamericano no tiene precedentes.


 


EE.UU. adoptó la política democratizante, además, por sus propias contradicciones internas. La burguesía norteamericana llevó adelante una salvaje reducción del salario obrero y de las conquistas sociales de los trabajadores en el cuadro [de la contrarrevolución democrática reaganiana] (del reaganismo).


 


Habiéndose agotado el ciclo, todavía tiene por delante la llamada segunda generación de reformas: la privatización de los sistemas de salud, de educación y de jubilación y la destrucción de la Seguridad Social. Frente a estas tareas, los ataques clintonianos con una fraseología igualitaria y con el respaldo de la burocracia sindical son enormemente más efectivos para la burguesía que la derecha republicana y religiosa.


 


La política democratizante, el engaño democrático, tiene todavía viabilidad porque las direcciones de las organizaciones de las masas la burocracia sindical, la socialdemocracia, los ex-estalinistas reconvertidos, la izquierda democratizante [y hasta las corrientes que se reclaman del trotskismo] están integradas en la política del imperialismo democrático. Ante la falta de independencia política del proletariado, la creciente polarización social no se traduce en una polarización política sobre ejes de clase. En este cuadro el [sistemático] ascenso de las luchas obreras se manifiesta [en EE.UU.], en el [Sudeste de] Asia y, en forma menos marcada, en América Latina, Europa (y EE.UU.) es una razón adicional para que la burguesía evite las salidas extremas. La burocracia sindical y los partidos de la izquierda democratizante se han revelado infinitamente más efectivos que la derecha para hacer retroceder y llevar a la derrota las luchas de los explotados.


 


Es indudable, por otro lado, que la crisis asiática provocó el derrumbe de la dictadura de Suharto y un debut de la revolución en Indonesia; es también un hecho que la crisis euro-oriental (las pirámides financieras) fue la causa de la revolución albanesa [que todavía tiene fragmentado al Estado restauracionista]; es también verdad que la crisis económica ha acentuado por decenas de miles las huelgas obreras y los levantamientos campesinos en China; es igualmente cierto que el llamado efecto samba provocó la ocupación de fábricas automotrices en Brasil, cortes de ruta y el recule transitorio de las patronales imperialistas en el mantenimiento de los despidos masivos que ya habían puesto en práctica. En Argentina, desde el comienzo de la declinación del Plan Cavallo se han producido el Santiagueñazo, el Cutralcazo y el Jujeñazo; el gobierno menemista y el peronismo están fuertemente divididos y hay una constante aunque irregular radicalización política; quién puede negar la descomunal huelga minera en Rumania, que fue desatada en respuesta a los acuerdos del FMI; sin olvidar la importancia del movimiento de masas en Francia, desde 1995; ni el extraordinario desarrollo del movimiento guerrillero colombiano, muy cerca de EE.UU., por un lado, y de Cuba, por otro, y cuyo progreso ha ido paralelo a la crisis económica [en Rusia se han producido luego de la crisis de agosto renacionalizaciones forzadas de empresas por parte de los trabajadores] (en Rusia se desarrollan luchas de resistencia de la clase obrera)]; incluso en los EE.UU. el reflujo sindical es una cosa del pasado, como lo demuestran las huelgas de la UPS, General Motors, la defensa de los despedidos de Caterpillar, la andanada de huelgas de pilotos de aviación. Los expertos adjudican este renacer sindical al bajo desempleo norteamericano, pero lo que motoriza a los trabajadores es la caída de los salarios, la descomunal flexibilidad laboral, la precariedad de los empleos, en suma, el ataque al que se ven obligados a recurrir los capitalistas para superar la crisis económica.


 


Existe una inversión de tendencia de las luchas populares internacionales con relación a la década de 1985/1994.


 


Crisis y centroizquierda


 


La combinación del descalabro económico con la insurgencia de las masas lleva a la burguesía a importantes cambios políticos, en los que bajo la forma de gobiernos de centro-izquierda se renuevan, en forma derechizada, las fórmulas de colaboración de clases típicas de los frentes populares. De conjunto, los gobiernos centro-izquierdistas de colaboración de clases acceden al gobierno cuando, desde círculos capitalistas cada vez más amplios, se reclama reglamentación de los movimientos de capitales para salvaguardarlos de sí mismos; medidas públicas frente a la desocupación; bandas cambiarias organizadas entre las principales monedas: establecimiento de bancos regionales para contrapesar al FMI. Y estos reclamos no solamente tienen que ver con la crisis en su faceta económica sino más especialmente con su faceta social, o sea con la tendencia de las masas a responder de nuevo con luchas, ya sean los obreros y campesinos como los estudiantes. Aunque los movimientos de mayor escala han sido las movilizaciones de los mineros del Ruhr, a principios de 1997 [(que crearon una fugaz situación de doble poder en la ciudad de Bonn)], y las huelgas de trabajadores estatales, camioneros y choferes de colectivos en Francia, en repetidas oportunidades; también han habido movimientos conjuntos a la escala de Europa y, en el caso de Bélgica, una gigantesca movilización de masas, que aún continua organizada contra la corrupción y la pedofilia oficiales [(en este país algunas direcciones sindicales de fábrica están propagandizando la necesidad de lanzar un partido de trabajadores en abierto choque con el PS y las direcciones oficiales de los sindicatos)]. Los gobiernos neoliberales o conservadores fueron removidos porque se habían constituido en un elemento de inestabilidad de la situación política. Los gobiernos centroizquierdistas están literalmente obligados a intentar modificar las condiciones y la política que transformaron a sus predecesores de factores de estabilidad en factores de perturbación, so pena de acabar de la misma manera, pero con el agravante de haber agotado las soluciones moderadas. Lo que convirtió a los gobiernos conservadores en factores de desorden fue el agotamiento de su política neoliberal, la profundización de la crisis mundial y su incapacidad para contener a las masas que reaccionaban a la crisis. [La realidad de fondo del derrumbe conservador se manifiesta mejor que nada en la incapacidad de sus partidos para recuperarse ahora que están en la oposición, lo que incluye las espectaculares escisiones de los conservadores ingleses y de la ultraderecha francesa].


 


Crisis política mundial


 


[El cambio fundamental en la situación mundial es la interacción y la profundización de la crisis política, porque todos los medios tradicionales de dirección política y control social de las masas se han demostrado totalmente inadecuados. Esto incluye] el colapso irreversible del stalinismo en 1989/91, el obvio fracaso del neoliberalismo de la derecha y la imposibilidad, [a causa de la crisis de sobreacumulación de capital], de volver a [formas de neo-keynesianismo y de] reformas del tipo socialdemócrata tradicional dirigido por la emergencia del llamado nuevo centro-izquierda. Los gobiernos capitalistas tratan de gestionar la crisis contra los trabajadores, en beneficio del gran capital.


 


En Europa, la mayor parte de los países están dirigidos por esta clase de gobiernos, que no sólo introducen reformas y concesiones sino que son responsables de [salvajes] ataques contra [todas] las conquistas sociales pasadas de la clase obrera europea y de las contrarreformas.


 


El conflicto entre las necesidades sociales de las masas y las políticas de los gobiernos de centro-izquierda se convierte en fuente de tensiones políticas e inestabilidad en Italia, Francia, Alemania o Grecia.


 


La Unión Europea imperialista, para hacer frente a la crisis mundial y a la competencia de América, especialmente con la introducción del euro y la transición hacia la Unión Monetaria, tiene que destruir las llamadas rigideces y resistencias en los mercados laborales para introducir su desregulación, en la vía por la que avanzó previamente en los países anglosajones, e intentar superar las desigualdades y conflictos entre los diferentes niveles e intereses nacionales.


 


La transformación de la euforia inicial sobre el euro en su propia crisis se debe no sólo a factores cíclicos sino a los estructurales. A pesar de todas sus proclamas, Europa permanece profundamente dividida a lo largo de líneas nacionales. El Banco Central Europeo no puede funcionar como la Reserva Federal de EE.UU.; además las divisiones entre los banqueros centrales, los gobiernos nacionales y entre los círculos dirigentes de cada país individual, impiden que Europa amenace económicamente a la hegemonía norteamericana, así como política y militarmente. El fiasco europeo en los Balcanes, desde Dayton a Rambouillet, lo demuestra gráficamente.


 


Por los Estados Unidos Socialistas de Europa


 


Ante el impacto de la crisis mundial posterior a 1997, la Europa imperialista tiene que acelerar su reestructuración social, destruyendo todas las formas anteriores de regulación de los antagonismos del capital con el trabajo. [A causa de la debilidad política de la burguesía para levantar el ataque a gran escala contra la clase obrera europea, se] (Se) promueven las coaliciones de centro-izquierda burguesa para hacer el trabajo sucio que los partidos de la derecha burguesa tradicional son incapaces de realizar.


 


Pero estas formaciones políticas recién surgidas como producto de la crisis, entran a su vez en crisis.


 


[Necesitan, más que nunca, no sólo una cobertura democrática de centro izquierda burguesa sino también nuevas defensas por parte de la izquierda, incluyendo la llamada extrema izquierda].


 


En esta situación, el acuerdo electoral LO/LCR para una lista común en las elecciones europeas de 1999, podía y tenía que ser un llamamiento a la lucha contra la burguesía europea, sus direcciones políticas y las medidas sociales contrarrevolucionarias mostrando una vía socialista de salida de la crisis en base a un programa de transición.


 


Pero lo que ha ocurrido en realidad es [todo lo contrario: la plataforma política de este acuerdo representa una adaptación a las presiones burguesas] (que han fracasado en hacer esto). En ninguna parte aparece la perspectiva del socialismo, ni siquiera la palabra, no se plantea la consigna más vital que nunca de los Estados Unidos Socialistas de Europa, del Este y del Oeste.


 


[No es solamente un error táctico, en la profesión de fe de LO-LCR todas las cuestiones estratégicas que se nos presenten a los revolucionarios aparecen, pero de modo negativo:] (La cuestión es:) ¿Hemos de luchar por una Europa democrática, o bien por los Estados Socialistas de Europa? ¿Hemos de luchar por la confiscación del capital, la expropiación de los expropiadores o sólo para restringir el movimiento libre de capitales y sus beneficios especulativos? Entre estas dos alternativas no puede haber ningún compromiso. El destino de la próximas confrontaciones sociales en Europa está ligado a esto.


 


Una verdadera intervención revolucionaria en las elecciones europeas debe partir, con independencia de la eventual consigna de voto a partidos centristas o reformistas, de la elaboración y postulación de una verdadera plataforma revolucionaria, sin ninguna concesión a la fiesta europea de la burguesía, y planteando, en primer lugar, el combate contra los Estados y gobiernos nacionales reaccionarios [(por ejemplo, planteando en Francia, en primer lugar, la consigna de fuera Chirac)] a los que la construcción europea pretende servir de pantalla contra las masas. Este debe ser el punto de partida para un programa de reivindicaciones transitorias que concluya con medidas expropiatorias del capital y el gobierno independiente de los trabajadores.


 


Por la unidad mundial de los explotados: por la IVª Internacional


 


En América Latina existe la tendencia a responder al gigantesco proceso de expropiación económica y enajenación política a través de la unidad política antiimperialista del continente [, es una tendencia histórica de los explotados]. El resurgimiento de la lucha por la tierra, en especial en Brasil, Bolivia, México y Ecuador, la lucha de los desocupados, las ocupaciones de fábricas en diversos países, plantean la vía en la que esta unidad puede concretarse en el marco de la actual crisis. La lucha por una conferencia obrera y campesina del Mercosur, ya planteada en reuniones promovidas en el cuadro de la Conferencia Obrera y de Izquierda, debe ser desarrollada como un punto de apoyo decisivo para desarrollar la independencia de clase y la alianza obrera y campesina, condiciones de una lucha antiimperialista profunda y de largo aliento.


 


La perspectiva de los Estados Unidos Socialistas de América Latina se levanta nuevamente como el arma estratégica para quebrar la base histórica del imperialismo norteamericano, constituyendo un aspecto esencial de la lucha anticapitalista a escala mundial.


 


El flagelo de la desocupación tiene alcance mundial y unifica todas las tendencias de la descomposición capitalista en la actual fase.


 


La lucha por el empleo tiene, por eso mismo, un carácter mundial objetivo e inmediato, siendo la palanca decisiva para unificar a la clase obrera de cada país y a escala internacional.


 


Las políticas de semana laboral de 35 horas, planteadas, especialmente, por el centroizquierda europeo, se revelan cada día más como un señuelo para desviar las luchas e introducir la contracción salarial, el trabajo temporal, el no pago de las horas extras y la flexibilidad laboral. Contra esa política, contra los despidos y contra la complicidad de las burocracias sindicales, debe ser planteada la consigna de trabajo para todos, distribuyendo las horas de trabajo existentes entre todos los trabajadores aptos, sin ninguna rebaja salarial. Esto plantea objetivamente el control obrero de la producción y la unidad internacional de los trabajadores: una Conferencia Internacional contra la desocupación y en defensa de los trabajadores debería ser el objetivo de toda dirección obrera consecuente y debe ser planteado como el objetivo específico de una campaña mundial.


 


En el cuadro de esas y otras luchas, la cuestión de la unidad política internacional de los trabajadores se plantea objetivamente para todas las organizaciones que luchan. [Las iniciativas de coordinación existentes, sin embargo, son políticamente limitadas pues no proponen la lucha mundial contra el capital y por el socialismo obrero o enfeudadas a direcciones conciliadoras superadas por la propia crisis, o por su propia debacle política].


 


El objetivo de la Internacional Obrera debe ser consciente y consecuentemente defendido, a través de la elaboración de un programa transitorio y la construcción de una organización. No se trata de construir una nueva tendencia internacional de iluminados que defienda sus verdades particulares y se dedique a un interminable ajuste de cuentas con sus adversarios reales o imaginarios sino de la construcción del instrumento necesario para la victoria mundial de la clase obrera y todos los explotados.


 


Esta Internacional sólo puede ser construida como continuidad de la lucha secular de los trabajadores, y de la asimilación de todas sus conquistas teóricas y programáticas concretadas en la obra de sus mejores pensadores y militantes (a comenzar por Marx) y en los programas de sus internacionales, hasta llegar a su expresión más reciente y actual en el programa y el método de la IVª Internacional. El combate consecuente por todos los objetivos inmediatos de los explotados sólo tiene perspectivas, por lo tanto, si toma una forma consciente y políticamente organizada a través de la refundación inmediata de la IVª Internacional.


 


 


Atenas, 8 de marzo de 1999.


 


 


 


(*) Declaración política aprobada por la Conferencia Obrera Internacional y de la Izquierda Clasista – Atenas, 6 al 9 de marzo de 1999. Para conocimiento de nuestros lectores, reproducimos entre corchetes y en negrita los párrafos suprimidos del documento puesto a discusión, principlamente por objeciones presentadas por los compñaeros de la ITO. Los párrafos entre paréntesis y en itálica fueron agregados en su reemplazo a iniciativa de estos mismos compañeros. 

El oscurantismo posmoderno


Significado y alcance


 


En el curso de las últimas décadas, ha irrumpido, en el campo de las ideas, el llamado "posmodernismo". Dicha corriente, lejos de revelarse como una moda efímera y pasajera, ha ido extendiendo su influencia y ganado adeptos no sólo en el marco de las actividades intelectuales más especulativas sino también en las ciencias sociales y hasta en las denominadas ciencias "duras".


 


Esta circunstancia ya es una razón harto suficiente para prestarle una merecida atención a dicho fenómeno, analizarlo y extraer las debidas conclusiones.


 


Una primera dificultad con que tropezamos es que, bajo el paraguas común del "posmodernismo" se reúne una cantidad numerosa de exponentes diseminados en distintas disciplinas. Sin embargo, tras esa diversidad de expresiones y tendencias, es posible distinguir un cuerpo común y central de ideas, de modo tal que es pertinente hablar de "posmodernismo" sin que esto resulte una quimera como hubiera ocurrido de tratarse simplemente de una bolsa de gatos o un cambalache.


 


En las páginas de En Defensa del Marxismo, han aparecido referencias y críticas a diversas facetas del posmodernismo, entre otras, "El fetichismo del lenguaje", de Hernán Díaz; "Un largo camino hacia ninguna parte", de Eduardo Sartelli y, por sobre todo, el artículo "Engels, ciencia y socialismo", de Pablo Rieznik. Dichas contribuciones son retomadas en este trabajo, pero en el marco de una crítica integral de dicha tendencia ideológica.


 


Tan o más importante que ello es explicar las bases materiales que dan origen a esa corriente y permiten su florecimiento y persistencia en el tiempo. La conexión entre determinada concepción y el contexto histórico es una cuestión que despierta particularmente la ira de los posmodernos para quienes una relación causal de esa índole es un sacrilegio que debe ser rigurosamente condenado.


 


A título de una primera aproximación, el posmodernismo es "un estilo de pensamiento que desconfía de las nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad, de la idea de progreso universal o de emancipación, de las estructuras aisladas, de los grandes relatos o de los sistemas definitivos de explicación" (1).


 


Como su nombre lo indica, se plantea a sí mismo como una reacción y superación de la "modernidad", cuyo vicio habría consistido en pretender explicar el mundo y hasta moldearlo en torno de la razón. Contra esta tendencia "racionalista" (cuyo origen se remonta al iluminismo y, sin solución de continuidad, se le adjudica a todo el pensamiento contemporáneo y, en especial, al marxismo) se "considera el mundo como contingente, inexplicado, diverso, inestable, indeterminado, un conjunto de culturas desunidas o de interpretaciones que engendra un grado de escepticismo sobre la objetividad de la verdad, la historia y las normas" (2).


 


Historia


 


Los posmodernistas consideran que constituye un acto de violencia teórica procurar establecer una explicación unitaria y monista de la realidad y aspirar a un conocimiento de carácter universal y de alcances generales.


 


La novedad posmoderna reside en que hay que aferrarse a los "pequeños relatos", circunscribiéndonos al tratamiento de eventos aislados y fragmentarios. Es necesario apartarse de las "grandes narraciones" cuyo secreto mecanismo suponemos erróneamente poseer. "El tiempo de los grandes relatos ha pasado", aunque (el autor) no desprecia "el sacrificio de quienes creyeron en ellos" (3).


 


Hay que rebajar "las ambiciones, banalizar el lenguaje y poner a los filósofos en su sitio, que no puede ser otro que uno más humilde. En lugar de aspirar a ser reyes, como recomendaba Platón, los teóricos deberían satisfacerse en dialogar con la tradición en la que se especializan y comentar los desarrollos sociales sin pretender dominarlos con la mirada, ni mucho menos guiarlos hacia una presunta meta inexorable (4).


 


Desechado un hilo conductor y una comprensión unitaria y abarcativa de los hechos, la historia pasa a ser una sucesión interminable de episodios fortuitos. "Se ha llegado a estas formas políticas (en referencia a la democracia liberal) por casualidad". Dichas formas "no son el punto donde desemboca un desarrollo necesario, como suponen quienes aún confían en una filosofía de la historia. No tenemos la clave de la evolución humana" (5). En síntesis, no sabemos de dónde venimos ni a dónde vamos ni por qué estamos parados en el lugar en que estamos si es que lo estamos en algún lado.


 


La antitotalidad u holofobia viene como anillo al dedo para considerarse eximidos de cualquier consideración del régimen capitalista en su conjunto. No es necesario abrir un juicio favorable o desfavorable, pues tal categoría sistémica no existe.


 


No es ocioso señalar que tal estrechez equivale a una aceptación resignada del orden social imperante. Excluida una perspectiva general para la actividad humana, la acción política debería circunscribirse a objetivos modestos, pero al menos realizables.


 


"También en política… lo pequeño es hermoso. En lugar de apasionarse por los movimientos históricos de largo aliento (el socialismo), los filósofos deberían reconocer que son en realidad las campanas por temas puntuales las que permiten un mayor margen para el progresismo" (6).


 


Racionalidad e irracionalidad


 


Bajo este ángulo, no hay historia propiamente dicha ni proceso. El propio "posmodernismo" rechaza verse como una narración, pues niega que la historia esté armada en algún sentido "narrativo".


 


Los posmodernos cuestionan la pretensión de colocar la historia como una entidad provista de un propósito que se desarrollaría secretamente a nuestras espaldas. La historia, de acuerdo con ese punto de vista objetado, ya tendría trazada una dirección inexorable, definido un final. Dicha estación terminal estaría a la espera de que el hombre la descubra; la historia no sería más que aproximaciones sucesivas hacia el reino de la razón.


 


Dicho itinerario "racional" es propio de las corrientes liberales, empezando por el iluminismo y siguiendo luego por los positivistas, y neo positivistas pero es ajeno al marxismo, el cual surgió como una delimitación y superación de dichas concepciones.


 


"La historia de la sociedad difiere de la historia del desarrollo de la naturaleza. En la historia social actúan hombres con su propia pasión, sus intereses, su conciencia y voluntad. Dicho de otro modo, se trata de una historia humana, por oposición a la pura y estrechamente natural…"(7). "La voluntad está determinada por la pasión o por la reflexión. Pero los resortes que, a su vez, mueven directamente a éstas, son muy diversos. Unas veces, son objetos exteriores; otras veces, motivos ideales: ambición, pasión por la verdad y la justicia, odio personal y también manías individuales de todo género. Pero, por una parte, ya veíamos que las muchas voluntades individuales que actúan en la historia producen casi siempre resultados muy distintos de los propuestos a veces, incluso contrarios y, por lo tanto, sus móviles tienen también una importancia secundaria en cuanto al resultado total. Por otra parte, hay que preguntarse qué fuerzas móviles, qué causas históricas son las que en el cerebro de los hombres se transforman en estos móviles" (8).


 


"Pero esta distinción, por muy importante que ella sea para la investigación histórica, sobre todo la de épocas y acontecimientos aislados, no altera para nada el hecho de que el curso de la historia se rige por leyes generales de orden interno" (9). Como decía Marx, "los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, en condiciones elegidas por ellos, sino en las condiciones dadas y heredadas del pasado". Pero esta constatación no es de ningún modo sinónimo de fatalismo. Contra la idea de un proceso lineal, ininterrumpido e inexorable de progreso y un desarrollo "racional" de la historia, el marxismo pone de relieve más bien el proceso inverso, a saber, el carácter contradictorio e "irracional" de ese desarrollo, fundado en la base antagónica de una sociedad dividida en clases. Lo que prevalece, y en forma abrumadora, son las fuerzas ciegas e "irracionales" que fue lo que llevó a los fundadores del socialismo científico a calificar como "prehistoria" la historia humana conocida hasta el presente. Esa "irracionalidad" no sólo es un factor decisivo y primordial al momento de considerar la historia hasta el día de hoy sino que tampoco podemos sustraernos a ella a la hora de empeñarnos por ponerle fin y procurar organizar la sociedad sobre bases "racionales".


 


"Las revoluciones no se hacen en el orden más cómodo. En general, no se hacen arbitrariamente. Si se les pudiera designar un itinerario racional, probablemente no sería menos posible evitarlas. Pero la revolución expresa justamente la imposibilidad de reconstruir con ayuda de métodos racionalistas una sociedad dividida en clases. Los argumentos lógicos, aun elevados por Russell a la altura de fórmulas matemáticas, son impotentes en presencia de los intereses materiales. Las clases dominantes condenarán a perecer a toda la civilización, comprendidas las matemáticas, antes que renunciar a sus privilegios … Los mismos factores irracionales de la historia obran de la manera más brutal a través de los antagonismos de clase. No se puede saltar por encima de estos factores. Así como los matemáticos, operando con magnitudes irracionales llegan a conclusiones perfectamente racionalistas, la política no puede ejercer una acción racional, es decir, instituir en la sociedad un orden racional, sino cuando tiene en cuenta claramente las contradicciones irracionales de la sociedad a fin de reducirlas definitivamente, no apartando la revolución, sino gracias a ésta" (10).


 


Para el marxismo, por lo tanto, el "progreso" no es "inevitable". Sí lo es el choque y el entrenamiento de las fuerzas sociales en pugna, pero de ningún modo está asegurado de antemano un desenlace de ese conflicto. El pronóstico es alternativo: existe la posibilidad de avanzar, pero también de retroceder, del progreso y del no progreso, del socialismo o de la barbarie.


 


Que el fiel de la balanza se incline para un lado o para el otro dependerá, en tanto factor insustituible e indeleble, de la propia acción de los actores sociales, de cómo se organicen, de cómo se preparen para esa instancia y la determinación que pongan en la conquista de sus objetivos.


 


Azar y necesidad


 


Del rechazo al "fatalismo" pasamos de la mano de los posmodernistas al extremo opuesto, al de la ambigüedad y la indeterminación. Negar, sin embargo, que la historia esté provista de un proyecto propio y un destino predeterminado no es lo mismo que negar toda clase de leyes o causas determinantes.


 


En lo que a las relaciones causales se refiere, algo que se suele olvidar es que el marxismo no sólo toma distancia con el idealismo, que sostiene que la realidad no existe independientemente del pensamiento o el sujeto, sino también con el llamado materialismo de carácter "mecanicista".


 


Para este último, toda condición del fenómeno entraba como un componente necesario en la determinación del resultado final. Todas las condiciones, todas las causas estaban así colocadas en el mismo plano, influyendo de la misma manera en el desarrollo de los fenómenos. Desde ese punto de vista, el mínimo accidente era elevado al rango de necesidad o, lo que es lo mismo, la necesidad era rebajada al nivel de accidente. Esta lógica aplicada escrupulosamente fue lo que llevó a Holbach (11) a sostener, a título de ejemplo, que la mala digestión de un monarca bastaba para engendrar una guerra y concluir modificando el desarrollo histórico. Este determinismo mecanicista con la ambición de darnos un cuadro rígido del orden de la naturaleza y de la sociedad, procurando descubrir el encadenamiento riguroso de los acontecimientos con tanta precisión como los engranajes y agujas del reloj, nos pone, en realidad, en presencia de un caos. Es decir, por otra vía llegamos al mismo resultado que los partidarios de la indeterminación absoluta.


 


La causalidad que es el defecto que encierra el materialismo vulgar no debe ser confundido con la necesidad, que expresa lo que hay de esencial y de general en un fenómeno. "La causa y el efecto escribía Lenin no son sino los momentos de la interdependencia y del vínculo universal, de la conexión de los acontecimientos; no son sino eslabones en la cadena del desarrollo de la materia" (12).


 


La descripción de un fenómeno por las causas sigue siendo exterior; la necesidad expresa, por el contrario, la ley interna fundamental del desarrollo.


 


Un ejemplo nos permitirá percibir esta distinción. La muerte del hombre está incluida en la ley interna de su desarrollo. Pero la causa de la muerte, ya sea por un epidemia, ya por un accidente o directamente de viejo es subalterno, accesorio respecto de la necesidad general de la muerte de todo organismo vivo.


 


"La universalidad es el carácter que abarca, en la conexión universal, todo lo que la causalidad no expresa sino unilateral, incompleta y fragmentariamente" (13).


 


El marxismo no niega la existencia de lo accidental o fortuito. Ese fue el error de los materialistas franceses del siglo XVIII quienes habían suprimido la cuestión negando directamente su existencia. Esa era la tesis de Spinoza quien asociaba la casualidad a la insuficiencia de nuestros conocimientos.


 


Hegel notaba ya que "lo casual es necesario y la misma necesidad se determina como casualidad". Semejante enunciado subraya primeramente la existencia independiente de lo fortuito, pero va más allá de ello. La casualidad no es un hecho sin causa sino un hecho que no es fruto de un desarrollo necesario.


 


Se advierte aquí toda la importancia de la distinción entre causalidad y necesidad. La casualidad no es ausencia de causalidad sino ausencia de necesidad. No existe la contingencia "pura", como si un hecho pudiera fundarse o surgir misteriosamente de la nada. En todo fenómeno, hay una relación causa-efecto.


 


De la misma manera que no hay casualidad "pura", tampoco hay necesidad "pura". Así como la casualidad tiene sus causas, la necesidad no se abre camino sino a través de una multitud de casualidades. La casualidad es la forma de existencia de la necesidad. El hecho de que yo me alimente es una necesidad, pero no lo es el que yo coma a las doce y no a la una. Esta necesidad va a expresarse a través de una serie de actos contingentes al igual que la ley de la evolución de las especies animales se abre camino a través de un multitud de actos fortuitos (la selección natural opera a través de las mutaciones al azar presentes en el proceso de reproducción).


 


Lejos de haber una oposición entre lo aleatorio y lo necesario, necesidad y casualidad constituyen dos momentos de la universal vinculación de los fenómenos, dos momentos de la acción recíproca. Aunque no lo adviertan, los posmodernistas tienen la misma matriz teórica que el "determinismo vulgar" que dicen denostar. Ambos parten del carácter irreconciliable de lo contingente y lo necesario. La diferencia consiste en el término que excluyen.


 


Llegado a este punto, no nos debería llamar la atención que ambos también arriben a iguales consecuencias en el plano del conocimiento. Si es verdad que todas las causas están en el mismo plano, no sería posible establecer ninguna ley científica, que es, en definitiva, lo que sostienen los teóricos posmodernos.


 


"La historia… escribe Marx a Kugelmann en abril de 1871 sería de naturaleza harto mística si las casualidades no representaran algún papel. Estos casos fortuitos entran naturalmente en la marcha general de la evolución y se encuentran compensados por otras casualidades. Pero la aceleración o el retardo del movimiento dependen mucho de semejantes casualidades, entre las cuales figura también la casualidad del carácter de los jefes llamados, en primer término, a conducir el movimiento" (14). Pero "allí donde superficialmente está en juego la casualidad, esta causalidad se revela sometida a leyes científicas. Lo esencial es descubrir tales leyes" (15).


 


Libertad


 


No es ocioso señalar que "el libre albedrío", la "libre elección", tan caros al pensamiento posmodernista quedan reducidos en los términos de su propia lógica, a la nada. El individuo es "libre", según su curioso punto de vista, no porque pueda ejercer cierto control o dominio sobre el mundo y la sociedad que lo rodea, sino porque… el mundo no puede ejercer ninguna influencia o condicionamiento significativo sobre él. "El dilema entre libertad y fundamento queda así resuelto, pero sólo a riesgo de eliminar al propio sujeto libre. Pues es difícil ver que se pueda hablar aquí en absoluto de libertad, no más que lo que es libre una partícula de polvo en un rayo de sol" (16). En otras palabras, el sujeto posmoderno pasa a tener la misma categoría que la materia inerte o inanimada. Sin quererlo o queriendo, el posmodernismo termina abrazándose teóricamente con el determinismo vulgar.


 


La libertad, en cambio, para el marxismo se plantea en términos concretos: la libertad del hombre no puede desenvolverse sino sobre la base de la necesidad histórica, del conocimiento de las leyes de esa necesidad y en la práctica fundada en el conocimiento de esas leyes. El "hombre" fuera de la naturaleza y la historia es una abstracción. Aunque pretendamos ignorar o desconocer los mecanismos internos que gobiernan las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad humana, como hacen nuestros sabios posmodernos, ese hecho no nos evita que tales fuerzas, mal que les pese a éstos, siguen actuando, producen su efecto, a espaldas nuestras y en contra nuestro. Esas fuerzas nos dominan.


 


"La libertad no es otra cosa que el conocimiento de la necesidad. La necesidad sólo se ciega en cuanto no se la comprende. La libertad no reside en la sonada independencia de las leyes naturales sino en el conocimiento de estas leyes y en la posibilidad que lleva aparejada de hacerlas actuar de un modo planificado para fines determinados (…).


 


"El libre arbitrio no es, por tanto, según eso, otra cosa que la capacidad de decidir con conocimiento de causa" (17).


 


Verdad y discurso


 


Otro de los supuestos hallazgos teóricos que el posmodernismo lega a la humanidad consistiría en liberarla definitivamente de la tiranía de la "verdad".


 


"La unidad antaño provista por la razón como facultad trascendental que sintetizaba los datos empíricos en categorías propias, hoy se ha desvanecido en una multiplicidad de campos divergentes y hasta antagónicos" (18).


 


El saber posmoderno constituye "más bien una superposición arbitraria de juegos de lenguaje acotados según las distintas disciplinas científicas, en los que no solamente se renuevan constantemente los elementos del juego los datos empíricos y los participantes los científicos sino también las mismas reglas o jugadas" (19).


 


La palabra "juegos" no es arbitraria. La teoría posmoderna afirma que los hechos adquieren o toman significado o valor dentro de ciertas convenciones o reglas, de la misma forma que las piezas del ajedrez adquieren el suyo dentro de las reglas del juego y lo pierden al margen de éste.


 


Estamos recorridos, de acuerdo con esta óptica, por lenguajes, cada uno con sus reglas cerradas, independientes el uno del otro, lo cual hace impracticable cualquier intento de dilucidar un problema, ni siquiera pretender una comprensión común. "Dado que los diversos lenguajes no admiten la existencia de un metalenguaje al cual pudieran recurrir los distintos participantes con el fin de entenderse y de establecer criterios comunes de evaluación, comenzando por el criterio de verdad, éstos se definen fáctica o, como dice Lyotard, performativamente, es decir, mediante el uso de un cierto poder de decidir por parte de los participantes. Así, todo consenso será puramente contingente, dependerá en cada caso de las constelaciones internas u externas que determinan cada disciplina y, por último, se evaporará tan rápidamente como se formó al cambiar el cuadro de dominios e influencias" (20).


 


Conclusión: cada grupo social y hasta cada individuo construyen sus propias verdades sin que haya modo racional de unificarlas.


 


Si algún mérito hay que adjudicarle a esta apreciación es que desmistifica el lugar de la ciencia y de los medios "académicos", los saca de su altar inmaculado, como si los mismos pudieran abstraerse y estar por encima de los conflictos y antagonismos sociales.


 


Esto es particularmente válido en el momento actual, pues como nunca antes en la historia, la actividad intelectual y científica, en especial, ha pasado a girar bajo la órbita del capital. La investigación y el quehacer científico, junto con sus protagonistas, pierden toda independencia y se transforman en un coto cerrado de la corporación privada, la cual decide qué, cómo y cuándo se debe investigar y quién debe hacerlo.


 


Pero el defecto de Lyotard y sus seguidores es que, en lugar de ver en este fenómeno la forma peculiar que adopta la actividad intelectual bajo el régimen social vigente, se la atribuye a la propia naturaleza de ésta. Importa destacar que, de todos modos, este fenómeno se expresa como tendencia o, mejor dicho, como contratendencia pues no puede anular la tendencia al conocimiento, es decir, los límites que el capital coloca al desarrollo del conocimiento son "relativos" (por referencia a las posibilidades que ofrecen los recursos y la condiciones materiales y humanas que cuenta la sociedad), aunque no excluye que, bajo ciertas circunstancias, en determinadas coyunturas o áreas y por cierto tiempo, esto pueda alcanzar un carácter "absoluto".


 


No hace falta ningún metalenguaje para establecer una conexión y un vínculo universal entre las diferentes expresiones y construcciones intelectuales, como no lo necesitamos cuando pasamos del inglés al castellano o al chino, o a la inversa, aunque sus reglas gramaticales, su fonética y sus estructuras sintéticas sean radicalmente diferentes. La humanidad se las ha ingeniado para establecer una comprensión común de los problemas, interrogantes y enigmas que debía enfrentar, sin tropezar con obstáculos insalvables como pretenden intimidarnos los posmodernos. El fantástico y gigantesco acervo cultural y científico, heredado de generación en generación, renovado y ampliado, es la constatación más concluyente de dicho proceso.


 


Verdad, creencias e intereses sociales


 


Lo que luego va a transformarse en una verdadera "moda" arranca en los años 60, cuando los precursores del posmodernismo "sostuvieron que no hay diferencias entre conceptos observacionables y conceptos teóricos: que todos los primeros tienen una carga teórica, porque toda observación es guiada por alguna teoría, explícita o tácita. No advirtieron la diferencia entre conceptos tales como hueso y carga eléctrica, ni el hecho de que en una ciencia se necesitan ambos" (21).


 


De acuerdo con esta óptica, estamos atrapados sin salida en un círculo vicioso epistemológico, dado que cualquier interpretación está sesgada por nuestras creencias e intereses. "La racionalidad que podemos ofrecer para evaluar (la realidad) … opera sólo dentro de esas creencias, es un producto de ellas" (22).


 


El remedio a este dilema que los positivistas ofrecieron en el pasado y que, agreguemos, siguen planteando en el presente es que el hombre debería despojarse de sus intereses. La creación científica sería un acto supremo y sublime de desinterés, con lo cual lograríamos distanciarnos, de alguna manera, de nuestra situación histórica. El posmodernismo comparte esta concepción, pero difiere con sus antagonistas en que tal baño de asepsia no puede consumarse, con lo cual da por cancelado todo acto genuino de conocimiento.


 


Huelga señalar que estamos ante una pretensión metafísica, pues el individuo existe solo en la historia y no fuera de ella. Como lo señaló Bertolt Brecht alguna vez, "sólo alguien que está dentro de una situación (refiriéndose a la historia) puede juzgarla". Al margen de la historia, es una abstracción hablar de sujeto.


 


La labor intelectual tomada de conjunto como un fenómeno colectivo, incluida la capacidad para hacer un análisis desprejuiciado de la realidad, no sujeto a preconceptos y esquemas inconmovibles, más aún cuando nos acercamos al campo de las ciencias sociales, no es ajena al tiempo histórico y tampoco al lugar en que sus autores están parados y se ubican en el escenario social.


 


La historia contemporánea es el mejor testimonio de ello pues la revolución científico técnica y cultural más grande de la humanidad tuvo como fundamento y motor la aparición en escena de nuevos actores y fuerzas sociales.


 


Otro de los blancos predilectos de los posmodernistas consiste en arremeter contra la "verdad absoluta", un "conocimiento acabado", como si ésa fuese una premisa del marxismo al cual le adjudican tamaña ambición cuando "es lo primero que liquidaron como pretensión Marx y Engels en el mismo momento en que accedieron a definir al socialismo como ciencia" (23). "Apenas conseguimos comprender (…) que la tarea que así se coloca la filosofía no quiere decir sino que un filósofo individual debe realizar lo que sólo puede ser realizado por el género humano entero en su desenvolvimiento gradual; apenas comprendimos eso, toda la filosofía, en el sentido que hasta entonces se dio a esta palabra, está terminada. Se abandona la verdad absoluta que no puede ser alcanzada por ese camino ni por cualquier individuo aisladamente y se pasa a buscar, al contrario, las verdades relativas, accesibles a través de la ciencias positivas y de la síntesis de sus resultados por medio del pensamiento dialéctico" (24).


 


La postura posmoderna es una copia de la de los agnósticos, de Kant en adelante, con la única diferencia de que, en lugar del lenguaje, la barrera para el conocimiento según estos últimos, eran los sentidos (en qué medida éstos eran capaces de darnos una información confiable y fidedigna de los objetos por ellos percibidos). El hombre "había resuelto escribe Engels la dificultad mucho antes que las cavilaciones humanas la inventasen. La prueba del budín es el comerlo" (25).


 


"Desde el momento en que aplicamos estas cosas, con arreglo a las propiedades que percibimos en ellas, a nuestro propio uso, sometemos las percepciones de nuestros sentidos a una prueba infalible en cuanto a su exactitud o falsedad. Si estas percepciones fuesen falsas lo sería también nuestro juicio acerca de la posibilidad de emplear la cosa de que se trata y nuestro intento de emplearla tendría que fracasar forzosamente. Pero si conseguimos el fin perseguido, si encontramos que la cosa corresponde a la idea que nos formábamos de ella, que nos da lo que de ella esperábamos al emplearla, tendremos la prueba positiva de que, dentro de estos límites, nuestras percepciones acerca de esta cosa y de sus propiedades coinciden con la realidad existente fuera de nosotros" (26).


 


Pluralismo


 


Este relativismo epistemológico llevado al absurdo se compadece con el culto que el posmodernismo cultiva por el "pluralismo": "todo es interpretable", "todo es relativo", "todo depende de las creencias de cada uno", una serie de vulgaridades llevadas a la categoría de máximas indiscutibles. Sería, según este prisma, una imposición y un ejercicio autoritario querer hacer prevalecer cierta idea o concepción y excluir otra pues "nadie es dueño de la verdad".


 


Lo menos que puede decirse es que, con este método, lo único que puede florecer es el eclecticismo y la ambigüedad, pues todo enunciado o afirmación de algo supone exclusión.


 


Este mismo principio lo extienden al campo social. El orden social ideal que proclaman los posmodernos es aquel en que no haya que "excluir a alguien". Pero lo que no han podido resolver, es cómo se puede no excluir a alguien, incluyendo a los "excluidores". El régimen social capitalista es una poderosa maquinaria de exclusión (de las riquezas, de los recursos, del esfuerzo y del producto ajeno, de la salud, de la educación y de la vida) de la abrumadora mayoría de la población, la más grande que haya conocido la historia. Para avanzar, para que la humanidad dé un salto hacia adelante, lo primero que hay que hacer, aunque no sea del agrado de los posmodernistas, es excluir acto coactivo y autoritario mediante a los excluidores.


 


El pensamiento posmoderno, pese a hacer gala de pluralismo, se caracteriza por una extremada unilateralidad. Está fuera de su modo de operar tener en cuenta los dos términos de la contradicción. Los conceptos de "pluralidad", "diferencia", "cambio", "diversidad", "heterogeneidad" coexisten con los de "unidad", "identidad", "totalidad", "universalidad". En lugar de examinar sus vínculos y acción recíprocos, los posmodernistas tienden a suprimir, a "excluir" (aun a costa de violentar sus principios) uno de esos términos, por supuesto, el que más les conviene.


 


Esto vale a la hora de considerar la historia rindiéndole pleitesía al "cambio", como si éste consistiera en la entrada en acción de una coyuntura que reemplaza a otra, sin conexión con lo que pasó ni influencia sobre lo que vendrá; una suerte de eterno presente. Aunque todo cambio supone ruptura, pero también continuidad. "La tácita reducción de la historia al cambio una especie de hiperhistoria (…) es el más comprensible de los hábitos polémicos pero perpetúa una verdad a medias que confunde. La historia es también y decisivamente, en su mayor parte continuidad. El proceso histórico es diferencial: está modelado por una pluralidad de ritmos y temporalidades, algunos medibles con relojes y calendarios, otros que pertenecen a la eternidad práctica del tiempo profundo. Las estructuras y los acontecimientos históricos (…) son, por lo tanto, de carácter complejo y nunca pertenecen a un único modo (continuidad/discontinuidad) o temporalidad. Los contextos son breves y estrechos (una generación, una crisis política), pero también prolongados y amplios (un lenguaje, un modo de producción, un privilegio de género sexual) y todo esto al mismo tiempo" (27).


 


Idealismo


 


Pero el posmodernismo va aún más lejos. Del cuestionamiento sobre la capacidad de discernir la verdad en términos racionales se pasa a proclamar la abolición de la distinción entre hecho y teoría. No es un asunto menor, pues saltamos de una tesis concerniente al conocimiento a otra que se refiere a la propia naturaleza del mundo, aunque es fácil percibir que una desemboca en la otra.


 


Dicha tendencia también ha encontrado sus adeptos en el propio ámbito científico. En su influyente libro Laboratory Life: The Social Construction of Scientific Facts (1979, pág.182), Latour y Woolgar afirman dogmáticamente que "el allí afuera (el mundo exterior) es la consecuencia del trabajo científico antes que su causa".


 


Y agregan: "La naturaleza es un concepto utilizable sólo como producto secundario de la actividad agonística". Otros constructivistas concuerdan. Por ejemplo, H. M. Collins escribe que "el mundo natural desempeña un papel pequeño o nulo en la construcción del conocimiento científico. K. D. Knorr-Cetina sostiene que "en ningún lugar de laboratorio encontramos la naturaleza o la realidad que es tan crucial en las interpretaciones descriptivistas [no constructivistas] de la investigación" (28).


 


El fetichismo del lenguaje es llevado a su máxima expresión: ya no sólo es un obstáculo para el conocimiento de la realidad sino que directamente la crea.


 


El lenguaje pasa a ser el eje constitutivo del mundo. Es el regreso al pensamiento oscurantista de Wilgenstein, quien sostiene que, como "nuestro lenguaje nos da al mundo, no puede comentar su relación con él" (29). Ingresamos en el universo de los discursos hasta tal punto que se comienza a hablar de "prácticas discursivas" (como si fuera lo mismo hablar de un asesinato que el acto de cometerlo).


 


Este punto de vista tuvo, entre sus adherentes en las filas del marxismo, a Althusser quien pasó a hablar de la "práctica teórica", con la cual el propio término pasa a carecer de significado, pues si todo es "práctica", el concepto ya no sirve para distinguir nada. Dicho sea de paso, semejante categoría en el sistema althusseriano está al servicio de romper la unidad de teoría y práctica, es decir de la praxis, que concibe la actividad revolucionaria práctica como la realización indispensable de una parte de la ciencia, que se abre paso en la historia través de la revolución social.


 


La posición posmoderna tiene una innegable filiación nietzscheana. Para Nietzsche, el mundo es un caos inefable: "El significado es cualquier cosa que construimos arbitrariamente mediante nuestros actos de dar sentido. El mundo no se clasifica espontáneamente en especies, jerarquías causales, etc., como podría pensar un realista filosófico; por el contrario, somos nosotros los que hacemos todo esto al hablar sobre él. Nuestro lenguaje no refleja tanto la realidad como la significa, le da forma conceptual. Así, pues, es imposible responder a la pregunta de qué es aquello que recibe una forma conceptual: la realidad misma, antes de que lleguemos a constituirla mediante nuestros discursos, es sólo una X inexpresable" (30).


 


La razón, según Nietzsche, es una facultad subalterna y acomodaticia al servicio de la verdadera sustancia del ser humano que residiría en sus facultades más instintivas e impulsos primarios, en particular en "su irreprimible voluntad de poder, cuya más alta expresión se encuentra en la figura del superhombre nietzscheano" (31).


 


En este marco, la pretensión de establecer una correspondencia entre teoría y realidad es una pretensión sin sentido. No podemos utilizar los hechos que nos proporciona la realidad para poner a prueba las teorías y ninguna teoría serviría para guiar la búsqueda de nuevos hechos. "Dado que los hechos son productos del discurso, sería circular comparar nuestro discurso con ellos. El mundo no interviene en nuestra conversación, aun cuando estemos hablando de él. ¡No interrumpas! ¡Estamos hablando sobre ti! es la respuesta de los pragmáticos a cualquier débil chistido que pueda emitir el mundo, como una pareja de padres imponentes que discuten acerca de su hijo timorato" (32).


 


Los posmodernistas se autoproclaman herederos de Saussure, fundador de la lingüística moderna, pero éste de ninguna manera otorgó al lenguaje un carácter "determinante" del individuo y menos aun "constituyente" del mundo. El punto de partida de su análisis es, precisamente, el proceso inverso al destacar los factores que intervienen en su conformación. Es decir, no en la calidad de factor "determinante" sino de fenómeno "determinado" por diferentes dimensiones biológicas y anatómicas, psíquicas, sociales e históricas.


 


Saussure destaca que "no hay sonidos sin los órganos bucales". El sonido, por otro lado, "no es más que el instrumento del pensamiento y no existe por sí mismo". El lenguaje "tiene un lado individual y un lado social y no puede concebirse el uno sin el otro". Implica a la vez "un sistema establecido y una evolución: en cada momento es una institución actual y un producto del pasado" (33).


 


Fijado este cuadro, su labor consiste en establecer el objeto específico de estudio destinado a justificar a la lingüística, en proceso de formación en ese entonces, como una disciplina científica independiente. El signo "sausseriano" no es el demiurgo de lo real sino que cumple una función más modesta (para desilusión de los posmodernistas), apenas de un entidad lingüística.


 


Lugar histórico del posmodernismo


 


Aunque no sea del agrado de sus partidarios y representantes, el posmodernismo es una constatación de que el "determinismo" existe si entendemos por éste la existencia de conexiones y relaciones necesarias que explican y dan cuenta del desenvolvimiento social.


 


La crisis y descomposición de un régimen social no puede dejar de invadir todos los poros de la actividad humana y, entre ellos, uno tan sensible como es la producción intelectual y creativa. La negación de cualquier criterio de verdad y comprensión común de los fenómenos, el rechazo a cualquier explicación unitaria de alcance general, el descrédito de la razón, el idealismo y ecleticismo, todos estos elementos que configuran los rasgos salientes de dicha corriente nos hablan de un acentuado oscurantismo.


 


Nuevamente, ha quedado demostrado que, cuando algo ha llegado al final de su vida útil y no es reemplazado a tiempo, comienza a pudrirse. El oscurantismo posmoderno es un testimonio de que tampoco este proceso es ajeno al campo de las ideas, como lo revela la extensión que ha adquirido dicha corriente ideológica en el mundo intelectual, en la opinión pública, en las ciencias y hasta en la propia educación. La innovación científico-técnica y cultural, originada en la incesante renovación de los métodos de producción y aumento de la productividad del trabajo, inherentes al modo de producción capitalista, chocan con las relaciones de producción imperantes de las cuales el oscurantismo posmoderno es un subproducto.


 


La burguesía ya no puede, como en el pasado, presentar sus propias aspiraciones e intereses como encarnación de los intereses generales de la humanidad. El orden social, resultante de su irrupción como clase social dirigente, fue exhibido en su momento como la consagración de la razón. Esto se reveló tempranamente como una estafa (un falso universalismo que no era más que una envoltura para encubrir sus intereses particulares como clase), pero siguió valiéndose de dicho recurso para justificar sus actos y acciones.


 


Una medida del retroceso que el posmodernismo implica es que la Iglesia ha irrumpido en escena reivindicando la "razón". La última encíclica papal "Fides et Ratio (Fe y Razón)", de reciente aparición, sostiene la posibilidad de reconciliación de ambos términos. Nos encontramos con la paradoja de que el reducto histórico del oscurantismo ha terminado convirtiéndose en el abanderado del conocimiento científico. Dicho aggiornamiento de la Iglesia está al servicio de preservar ciertos principios y posiciones muy caras para ésta (el aborto, la educación confesional) y, por sobre todo, el oscurantismo mayor, el de la creación divina, principio medular y primario de la fe (34).


 


Pero al margen de lo irónico de este hecho, no deja de expresar una formidable bancarrota intelectual con implicancias para el funcionamiento del sistema capitalista en su conjunto. Consagrar como principio la falta de principios y verdades es una base muy endeble para suscitar el entusiasmo de alguien, actuar de fuerza convocante y aglutinadora y menos aun para motivar su identificación política. Por lo pronto, quien no tenga un cuerpo de ideas con alcance universal carece de título suficiente para reclamar un liderazgo o supremacía política y social. En ese sentido, el posmodernismo, a su modo y especialmente en alguna de sus expresiones, mina esa autoridad al presentar la verdad como función del poder y del deseo (léase, los apetitos y voracidad capitalista), desenmascarando el verdadero rostro de la sociedad moderna.


 


Por eso, el sistema no puede evitar insistir en la naturaleza universal de sus fundamentos. En este contexto, es donde adquiere un renovado e inusitado impulso la Iglesia, la cual se autopostula para ocupar ese lugar y función ideológica unificadora.


 


El hecho de que el posmodernismo asuma una envoltura progresista y que, en muchos casos, quienes más devotamente lo cultivan provengan de estos círculos e incluso de las filas de la izquierda no desmiente el carácter retrógrado y regresivo del posmodernismo sino que delata el desplazamiento político e ideológico de sus partidarios. No por casualidad es una matriz teórica donde se nutre la centroizquierda y la izquierda democratizante. "Proviene de intelectuales que no tienen particularmente ninguna razón apremiante para ubicar su propia existencia social dentro de un marco político más amplio" (35).


 


No se trata simplemente de un error teórico o una diferencia de estilos. "Pensarlo como una elección de estilos intelectuales es en sí un movimiento idealista. Cuán global sea un pensamiento no depende de cuán impresionantemente gruesos sean nuestros libros sino de dónde se está parado, a menos de que no se quiera estar parado en ninguna parte" (36).


 


La imposibilidad de la burguesía para enarbolar un pensamiento de conjunto, abarcativo y general, sus limitaciones específicas como clase, la burguesía pretende transferírselas a la sociedad en su conjunto.


 


El oscurantismo posmoderno es una constatación más, y no por cierto menor, de que el interés universal de la humanidad reclama de otros actores sociales y otro régimen social. La "necesidad histórica" reclama la aparición protagónica de la clase obrera y el socialismo.


 


Notas:


1. Terry Eagleton, Las ilusiones del posmodernismo, Ed. Paidós, 1998.


2. Idem.


3. Richard Rorty, Pragmatismo y Política. Citado por el diario Clarín, 3/1/99.


4. Idem.


5. Idem.


6. Idem.


7. Pablo Rieznik. "Engels, Ciencia y Socialismo", En Defensa del Marxismo Nº 8, Setiembre 95.


8. Marx, Obras escogidas, Ed. Sociales, 1948, pág. 173.


9. Marx. La lucha de clases en Francia, Ed. Sociales, 1948, pág. 173.


10. León Trotsky, ¿A dónde va Inglaterra?, El Yunque, junio de 1974, pág. 200 y 201.


11. Filósofo francés (1723/89), uno de los exponentes más destacados del enciclopedismo, cuyas ideas inspiraron la revolución francesa. Materialista y ateo es autor del tratado Sistema de la Naturaleza.


12. Lenin, Cuadernos filosóficos, págs. 97/134.


13. Idem, págs. 98/135.


14. Marx, Cartas a Kugelmann, publicadas en anexo a La guerra civil en Francia 1871, Ed. Sociales, París, 1952, pág. 78.


15. Marx y Engels, Obras escogidas, pág. 354.


16. Terry Eagleton, op. cit., pág. 73


17. Federico Engels, Anti-Duhring, Ed. Pueblos Unidos, 1948, pág. 139.


18. Jean-Francois Lyotard, La condición posmoderna, trad. esp. Madrid: Cátedra, 1986. Citado por La Nación, "Teoría critica y posmodernismo", por Osvaldo Guariglia, Buenos Aires, julio de 1992.


19. Idem.


20. Idem.


21. Mario Bunge, Elogio de la curiosidad. Sudamericana, editado en julio de 1998, pág. 194.


22. Terry Eagleton, Las ilusiones del posmodernismo, pág. 64.


23. Pablo Rieznik, op. cit. Para un mayor desarrollo del tema, consultar el artículo citado.


24. Federico Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Ed. Polémica, agosto de 1975, pág. 69.


25. Federico Engels, Anti-Duhring, pág. 139.


26. Idem, pág. 411.


27. Mulhern, Francis (comp.), Contemporary Marxist Literary Criticism, Londres, 1992, pág.22. Citado por Terry Eagleton en Las ilusiones del posmodernismo.


28. Mario Bunge, op cit., pág 195.


29. Terry Eagleton, Las ilusiones del posmodernismo, pág. 67.


30. Terry Eagleton, Ideología, Ed. Paidós Básica,1997, pág. 255.


31. Ludovico Geymonat, Historia de la filosofía y de la ciencia, Ed. Crítica,1985, pág. 290.


32. Terry Eagleton, Las ilusiones del posmodernismo, pág. 66.


33. Ferdinand de Saussure, Curso de lingüística general, Ed. Planeta, pág. 21 y 22.


34. Fernando Savater, La Nación, 12/11/98.


35. Terry Eagleton, Las ilusiones del posmodernismo, pág. 29.


36. Idem, págs. 29 y 30.

La dialéctica de la dependencia y la libertad


La dialéctica de la dependencia y la libertad


 


 


El uso de sustancias psicotrópicas por parte del ser humano siempre ha formado parte de la cultura de una sociedad dada y se remonta a la antigüedad. Como señala correctamente Jacques Derrida, la dependencia de sustancias como las drogas y el alcohol es un fenómeno social entretejido con la modernidad (1). Es su contemporáneo.


 


Sin embargo, la dependencia de esas sustancias difiere de su uso no sólo cualitativamente. La dependencia se ha convertido en un fenómeno social desde el comienzo del capitalismo. El nacimiento de ese fenómeno está estrechamente vinculado con la Revolución Industrial, el comienzo de la ciencia y las migraciones masivas de campesinos hacia las ciudades, así como con el proceso de proletarización que lo acompañó. La relación entre las drogas y los cambios sociales se evidencia por primera vez en las clases proletarias del siglo XIX, que eran obligadas a sufrir condiciones de vida y de trabajo extenuantes, así como entre las mujeres oprimidas y los artistas. Debido al rápido desarrollo de la medicina y la farmacéutica en esa época, el fenómeno comenzó a extenderse rápidamente. Por ejemplo, los derivados del opio se podían obtener fácilmente por prescripción médica y, en muchos casos, se podían comprar en farmacias sin restricción alguna.


 


La idea de la adicción relacionada con las drogas y el alcohol se utilizó con un sentido legal y médico por primera vez en el siglo XVII para indicar un estado entre la enfermedad y el delito que ponía en peligro tanto la salud de un individuo como el orden público. La extensión ulterior de este fenómeno hasta nuestros días puede relacionarse con varios factores, conectados con cuestiones tales como el individuo y su entorno, la estructura de la familia y la sociedad y además con las representaciones sociales adaptadas por la sociedad a través de su cultura y las diferentes regulaciones legales establecidas por el Estado.


 


La civilización y sus descontentos


 


La confusión entre los términos dependencia y uso sugiere una tendencia a ignorar sus puntos de referencia históricos, reduciéndolos al campo de la psicopatología individual. Como señala Zafiroupulos: "incluso si la adicción a las drogas pertenece indudablemente al campo de la psicopatología, ésta trasciende las restricciones de cualquier reducción y se autoconfirma como la expresión del descontento por excelencia en nuestra civilización" (2). La dependencia de sustancias es básicamente un fenómeno social que se explica por una variedad de determinantes. Entre ellos, existen tres factores con los que está estrechamente relacionada. Según Olievenstein, estos factores son: la personalidad, la sustancia y la pauta temporal sociocultural, todos con igual grado de importancia (3). El término "pauta temporal sociocultural" refiere a las condiciones sociales y culturales dentro de las cuales la personalidad entra en contacto con la sustancia. Nadie deviene en drogadicto o alcohólico por casualidad, aun cuando diga haberse acercado a las drogas por curiosidad o por atracción hacia lo prohibido. Lo hace porque quiere soportar su crisis personal y la crisis de la sociedad, en tanto se reflejan en el interior de su entorno familiar y éste no puede funcionar normalmente. Lo hace porque, a través de su conducta, busca desesperadamente un camino fuera de su propio Yo y fuera de su realidad, llena de tensión, contradicciones, negaciones y sufrimiento. Busca una función y una identidad social, aunque sea en los márgenes de la sociedad. Procura los medios para tolerar su insoportable soledad, para ser aceptado aunque sea por una minoría marginal, para llenar su vacío existencial. Trata de encontrar una vía para escapar de la fuente de las contradicciones sociales y termina en un estado de alienación total de sí mismo y de los demás.


 


El drogadicto es, sobre todo, una persona alienada. Como señala Olievenstein, es alguien que ha organizado su vida dentro y a través de la dependencia. Este modo de vida es la culminación de la no-autonomía, de la no-autodefinición, de la pérdida total de la libertad respecto de la sustancia y de la sumisión total a ésta, a costa de los otros parámetros que caracterizan la existencia humana, como las relaciones, los intereses, las actividades individuales y colectivas, los valores y las metas. Desde este punto de vista, podemos definir la dependencia de las sustancias como la expresión extrema de la alienación del hombre moderno.


 


El ser humano alienado


 


El ser humano es alienado cuando carece de todas las cualidades que lo definen como ser humano y lo diferencian de los otros seres. Es alguien que ha perdido la esencia de su existencia y que se ha transformado en una abstracción. Según Bertell Ollman, la entidad de las relaciones sociales de un individuo alienado, que también constituye su esencia, ha sido escindida en trozos desintegrados, diferenciados, fragmentarios y descoordinados. Estos, habiendo perdido su carácter universal y la capacidad de la esencial comunicación humana, se consumen en la parcialidad de una u otra relación, lo que simplemente confirma el carácter general de la alienación (4).


 


Esto es exactamente lo que estigmatiza la pérdida de su libertad. El significado de la libertad no se limita a la ausencia de coerción sino que llega a ser una fuerza positiva mediante la cual el ser humano puede confirmar su individualidad positiva. Marx describió esta noción positiva de la libertad como un desarrollo energético y un despliegue, como la realización de todas las posibilidades y la satisfacción de las necesidades, la total cooperación con sus semejantes en un ambiente de reciprocidad, con el fin de incorporar la libre actividad de la naturaleza en la actividad humana. Por consecuencia, la libertad personal sólo puede existir dentro de una comunidad, dentro de un conjunto integrado y diverso de relaciones entre los seres humanos en un acto de libre creación, en un cambio radical de su relación con la naturaleza y en el logro de una autonomía mediante una mayor conciencia de las necesidades naturales.


 


Así pues, la autonomía es precisamente la plena culminación de la naturaleza social del ser humano. No tiene nada en común con la supuesta autonomía del individuo dependiente que le da la espalda a todos, que reduce sus necesidades a una actividad biológica mínima y disminuye sus relaciones a una sola y única transacción: la búsqueda de la sustancia de su adicción. Estamos ante un caso de un pseudo sentimiento de autonomía, una ilusión mantenida a través de la negación de la realidad social, mediante el cuestionamiento del sistema y sus valores, a través del conflicto con la entidad social. En muchas ocasiones, dicho conflicto es violento y, por consecuencia, toma la forma de una conducta desviada. Sin embargo, es importante subrayar que esta violencia individual no es más que la encarnación de la violencia histórica que funciona a nivel social en esta persona particularmente tentada y predispuesta. Cuando vivimos en tiempos de profunda crisis, como indudablemente ocurre hoy en día, se activa un mecanismo que crea personas victimizadas que soportan todo el sufrimiento y la crisis de la sociedad. Estas personas serán llevadas al ostracismo. Tal como en la antigua Pharmacos, serán excluidos de la sociedad que ellos habían negado.


 


El sujeto de la aflicción


 


El dolor psíquico de la personalidad dependiente de una sustancia es agobiante e inefable. Como señala Olievenstein, sólo puede ser comparado con el sufrimiento experimentado por los sobrevivientes de los campos de concentración. Este dolor psíquico encierra una amplia amargura que proviene de la pérdida de un Yo que en realidad nunca existió de forma integral, pues su representación fue fragmentada durante su formación en el espejo del significante Otro en la mirada de la madre dejando atrás cierta nostalgia que no se puede conceptualizar a través de los procesos del sentido común.


 


Este indescriptible dolor psíquico subyace tras el desafío constante a todas las leyes y medidas, así como tras la negación estéril, la continua controversia y el comportamiento agresivo de la personalidad del que depende de una sustancia. Este es el dolor que no puede soportar. Es exactamente lo que quiere adormecer cuando toma las sustancias psicotrópicas para "alimentar su cabeza". Por esta razón, la personalidad dependiente de una sustancia no es otra cosa que el sujeto de su propia aflicción, el cual, a través del proceso terapéutico, está llamado a transformarse en sujeto de su propia historia y de la historia humana en general.


 


La negación destructiva


 


La inclinación hacia el uso de sustancias expresa la necesidad interna de escapar de la insufrible presión de una realidad personal y social que el adicto no puede tolerar. Este cambio crucial constituye la primera negación, la cual usualmente se manifiesta a través de la oposición al statu quo; un tipo de resistencia que frecuentemente se torna desconsiderada, violenta y autodestructiva. Mediante esta tendencia destructiva, la personalidad dependiente tarde o temprano incorpora las características más extremas del hombre alienado contemporáneo.


 


Esta primera negación destructiva está relacionada no sólo con la realidad que vive la personalidad dependiente sino también con el sentido de su Yo para sí mismo. Al asumir la identidad del drogadicto, el individuo niega su previa identidad, es decir, a sí mismo antes del uso de la sustancia. En realidad, lo que niega es esa identidad desorganizada que no sólo constituyó su sustrato psicológico vulnerable y residual, sino que también creó la predisposición hacia el uso de la sustancia en el momento crucial del sínodo de su crisis personal, social y familiar.


 


Por último, la adicción en tanto condición de vida de la miseria en los tiempos modernos, no es nada más que el verdadero rostro de la sociedad, pero visto a través de un espejo deformante. Este espejo, roto en varios lugares, refleja la negatividad. A través de su conducta, el individuo dependiente rechaza a la sociedad en su conjunto, sus reglas y principios. Sin embargo, esta negación es básicamente una pseudo-negación, puesto que trata de escapar de la fuente de la contradicción. Es una elaboración de la contradicción original y de su solución. En este caso específico, la transición la vuelta a un nivel más alto de la contradicción original está bloqueada. La segunda negación, que contiene y da lugar a la negación del presente, es absolutamente irrealizable sin la intervención de un factor externo e interno que actúe como factor intermedio, capaz de reestructurar la entidad inicial, determinándola en cada detalle y transformándola en una inmediatez intermedia (5).


 


La negación de la negación y el mediador


 


Las condiciones para la segunda negación la negación de la negación deben crearse mediante los procesos terapéuticos del tratamiento del drogadicto. La contradicción social original es inherente a la nueva identidad psicosocial, organizada a través del proceso terapéutico. Sin embargo, existe un intermediario en esta contradicción. El contexto terapéutico, así como el adicto dentro de él, funcionan como mediadores.


 


El papel del mediador puede ser asumido sólo por el contexto terapéutico y el adicto debe ser comprometido voluntariamente con este proceso, donde es él quien tiene la experiencia. "El grupo llega a ser aquí un espacio intermedio, un intermediario, una tríada, con las cualidades de un espacio transitorio que sostiene la secuencia de delirios, seguido por la desintegración de los mismos. Se encuentra entre la realidad interna, mental y la realidad externa, social." (6) El contexto terapéutico y el adicto dentro de él pueden funcionar como mediadores siempre que el contexto tenga principios claros basados en una filosofía liberadora y que el adicto continúe inspirado por una decisión sobrepotenciada de convertirse en el factor activo del proceso de tratamiento. Sólo en la medida en que deja de ser el objeto de nuestra preocupación y se convierte en sujeto del proceso liberador ya mencionado, el adicto será capaz de organizar su nueva identidad psicosocial y, por lo tanto, crear un nuevo estilo de vida. Sólo así se pueden dar las condiciones para la transición de la negación destructiva y la pseudoindividualidad hacia la negación de la negación (la negación dialéctica de la desdichada realidad individual y social de la cual trató de escapar) y finalmente hacia su maduración y emancipación.


 


La dialéctica de la Necesidad y la Contingencia


 


Debido a su naturaleza transitoria, el contexto terapéutico comprende el concepto de lo inacabado, lo imprevisible y la apertura a lo nuevo, tanto en la realidad clínica como social. Este contexto transitorio constituye un campo de potencialidades, donde los terapeutas y los grupos de terapia descubren y crean conjuntamente posibilidades que deben realizarse (percibirse) a través de la realización colectiva de actividades plenas de sentido. El significado de dichas actividades que tienen que descubrirse permanentemente está relacionado no sólo con la parte simbólica de la realidad sino también con la parte imaginativa que debe activarse. Lo imprevisto y aparentemente casual que podría ser una iniciativa, un movimiento, una actitud o una acción puede realmente revelar una nueva posibilidad. Esta nueva posibilidad puede ser percibida sólo en la medida en que el adicto adquiera, a través de su permanente aprendizaje, la habilidad de confrontarla de manera positiva y creativa, sin derrumbarse ante la primera reacción emocional creada por esta posibilidad.


 


En el proceso terapéutico, "lo imposible" puede transformarse en "lo posible". A través de las rutinas cotidianas, el adicto aprende a descubrir la posibilidad de realizar (percibir) cosas que anteriormente parecían imposibles. Aprende a buscar la controversia detrás de lo imposible, la cual podría ser intermediaria y, de esta forma, podría abrir nuevos horizontes hacia el futuro. La posibilidad siempre se busca en la dialéctica de la necesidad y de la contingencia. En este caso, lo contingente es lo imprevisible, que perturba los planes y los horarios. Lo necesario se infiere de la evaluación de las necesidades terapéuticas del individuo en cada momento. La necesidad siempre está relacionada con el cambio que tiene que ocurrir y que se infiere a través de la evaluación colectiva (por parte de los miembros del grupo terapéutico) de todos los parámetros de la realidad clínica específica. Esta evaluación se debe realizar a todos los niveles y en cada momento del proceso terapéutico. Esta necesidad se ha hecho consciente (autovoluntaria) para el adicto por medio del proceso de la psicoterapia. Sobre la base de esta evaluación, habrá que establecer la organización de la intervención sistemática del grupo terapéutico en todos los aspectos de la vida del adicto y dentro del contexto terapéutico. En primer lugar y ante todo, este terreno constituye el análisis teórico de todas las relaciones plenas de sentido y de las interconexiones internas de todos los elementos que constituyen la realidad operativa del contexto terapéutico y del adicto dentro del mismo.


 


Transición y responsabilidad


 


El grupo terapéutico dentro del programa y las fuertes relaciones establecidas con el adicto pueden servir de catalizador en el cambio de su crítica de la sociedad. A menudo, la crítica es muy confusa, autodestructiva y dañina, pero puede convertirse, al menos, en algo positivo que esclarece la verdad. Esta es la única forma en que el individuo dependiente puede tomar decisiones fuertes y libres es decir conscientes, incluso puede decidir organizar la transición de la sociedad hacia el reino de la libertad.


 


Evidentemente, el concepto de responsabilidad y los grupos de terapia que tratan con el adicto en tanto ciudadano responsable es un tema esencial de política y moral. La moralidad, en este sentido, debe verse como un modo de vida, un modo de existencia en el mundo, o sea la búsqueda constante de la verdad. La verdad es lo que se busca, incluso para aquellos que, como Jacques Lacan, creen que no podemos hablar de moralidad sino siempre de un proceso que examina a otro proceso, que es la verdad.


 


II


 


Cuestiones morales


 


En este contexto y desde el punto de vista de alguien personalmente involucrado, trataré de abordar algunas cuestiones de moral y política que son el resultado de una larga experiencia en la Unidad de Droga y Alcoholdependencia del Hospital Mental Estatal de Attica. Específicamente me referiré al programa "18 años", uno de los primeros programas desarrollado aquí, en Grecia, basado en psicoterapia individual y de grupo, que sigue los principios básicos de funcionamiento de la comunidad terapéutica en sus clínicas de pacientes internos para la desintoxicación fisica y mental de drogas. Esto puede considerarse como un punto de partida para algunas reflexiones en el campo del tratamiento en su conjunto en la difícil realidad griega (y europea) de hoy.


 


1.- El individuo dependiente no es un enfermo mental ni un demente; sólo ha elegido en condiciones muy específicas un modo de vida que incluye el consumo de sustancias. Es por esto que es él quien debe elegir un modo de vida alejado de las sustancias a través de su integración voluntaria al programa terapéutico. Es él también quien debe ser responsable de su progreso terapéutico y debe reconocer esta obligación. Los resultados van a depender de él y no de los terapeutas.


 


Los terapeutas deben aprender a enfrentar la presión que ejerce la lógica de los dependientes, en la cual se insiste que "los otros son los responsables". Esta lógica también es frecuentemente compartida por la familia; lógica que exige rápidas y hasta mágicas soluciones para cada problema, transfiriendo la responsabilidad a los terapeutas y dándoles el papel de salvador o instructor. Deben aprender a confrontar su propio narcisismo, que puede llevarlos a asumir ese rol.


 


2.- No existe un solo tipo de drogadicto o alcohólico. Cada dependiente tiene su propia historia, su propia personalidad, pero también su propia psicopatología, su propia familia y su ambiente social, sus propias necesidades y habilidades, su ritmo personal e idiosincrasia. Por consiguiente, no es posible seguir sólo una cura una todoterapia (panacea) o un solo tipo de modelo de programa terapéutico que cubra todas las necesidades existentes. Cualquiera sea el tipo de enfoque terapéutico, la cuestión moral más importante es la actitud hacia el dependiente, el respeto por el individuo, por su historia, su dolor, incluso cuando todo esto está oculto por su "degradación". Sin embargo, esto no implica de ningún modo que las condiciones, las reglas y los límites del contexto terapéutico sean negociables. Por el contrario, los terapeutas sólo pueden mostrar su fe en los principios del programa y su respeto por ellos a través de una actitud de respeto por el dependiente y de un constante diálogo y comprensión. Es la única manera de hacer que el dependiente funcione dentro de ciertos límites, de enseñarle a respetarse a sí mismo y a los demás, de exigir y brindar ayudar, de ser criticado y criticar, de fomentar un pensamiento colectivo a través del grupo.


 


3.- El discurso terapéutico debe ser utilizado como una herramienta para generar un sentido de responsabilidad (7). Su objetivo es hacer que el individuo dependiente a través de la psicoterapia individual y de grupo pueda entender el sentido de sus acciones, aprender a decodificar las profundas razones de su dependencia, a iluminar las tinieblas de su alma y a llegar a conocerse a sí mismo a través de los demás, mediante un proceso de constante cambio. En este sentido, el proceso terapéutico es una fuente de cambio incesante.


 


Los terapeutas, en sus variados roles complementarios, son miembros del grupo terapéutico que trabaja sobre una base de igualdad. Todos los terapeutas juegan un papel importante en el proceso terapéutico y son los guardianes de los principios del programa. Su lugar no está al frente de los miembros del grupo sino a su lado. Deben acompañarlos a lo largo de este difícil proceso de cambio, construyendo con ellos una relación terapéutica esencial que es, de hecho, la piedra angular del proceso terapéutico. Mantienen un diálogo fluido con los miembros ayudándolos a definirse sobre la base de la comprensión. Los terapeutas no detentan la verdad absoluta, no ejercen el poder, no interpretan fácilmente. Su autoridad viene de su función, pero no es evidente por sí misma, es algo que deben lograr con su actitud. Sabemos que, debido a la estructura deficiente de su personalidad y para ser capaces de funcionar, las personas dependientes necesitan un modelo con el cual identificarse. Sin embargo, según Olievenstein, los terapeutas deben ofrecer apoyo más que servir de modelo. Deben evitar adjudicarse el papel de líder carismático. No tienen el derecho de imponer su modelo de vida a priori o sus propias verdades.


 


Su rol es el de moldear la verdad, lo cual da libertad y junto a los miembros del grupo cultivar su sentido crítico, ensanchar sus horizontes, rechazar cada expresión de conformidad a rutinas y criticar positivamente cada instancia de poder consciente o inconsciente. De lo contrario, cada paso conllevaría el peligro de que ellos mismos llegaran a ser los portadores del control social y las herramientas de represión en nombre de la normalización. La confrontación exitosa con este peligro presupone un entrenamiento constante, una gran experiencia y una actitud personal hacia la vida enriquecida con principios y metas. Los individuos dependientes deben aprender a manejarse en situaciones de estrés de forma positiva para ser capaces de disfrutar de la vida de manera que el peligro de recaer en la conducta autodestructiva del pasado se vea disminuido (8).


 


Identidad positiva


 


A través del proceso terapéutico, el adicto debe ser capaz de continuar su desarrollo psicosentimental desde el punto en el que fue interrumpido alguna vez y debe construir su ego. Debe aprender a llenar el desfase comunicacional que tiene con los demás, ser capaz de establecer un diálogo con los demás y consigo mismo; poder valorar sus aspectos positivos y los de los demás; decodificar las razones más profundas de su dependencia; crear una identidad positiva en la realidad existente; encontrar su propia función, tomar responsabilidades, superar dificultades y obstáculos, derrotas y desilusiones. El proceso de poner en pie una nueva identidad comienza dentro del marco terapéutico y con la ayuda del grupo. Demanda una perspectiva dual del dependiente, una hacia afuera y una hacia el interior, hacia sí mismo. Como señala Kataki, "aunque la formación de una identidad constituye un proceso interno, el diálogo con otros y la experiencia en general es el contexto donde tendrá lugar el proceso fructífero del cambio interno. Nuestro Yo no es una celda aislada de conciencia ubicada en algún lugar cerrado de nuestro cerebro, ni tampoco emerge automáticamente de la experiencia cotidiana. Por el contrario, se interrelaciona de forma personal y obtiene su sentido a partir de las circunstancias históricas que formaron los valores colectivos. A través de narraciones acerca de algo que se refiere a nosotros, podemos revisar algunos de esos atributos que nos pertenecen y gradualmente logramos transformar la imagen total que vemos en nuestro espejo. Este proceso de enriquecimiento interno toca dimensiones esenciales de nuestra identidad" (9). De esta forma, el proceso de aprendizaje está basado en la experiencia no consciente y el proceso de poner en pie una nueva identidad constituye un gran desafío para el nuevo individuo.


 


Democracia mental


 


El aspecto más importante en relación con la moralidad de un proceso terapéutico es la formación de las condiciones necesarias para ayudar al adicto a alcanzar el estado de democracia mental (10). Debe aprender a poner en pie su sólido ego psíquico, ideológico y cultural, ser capaz de crear relaciones directas y esenciales con los demás, actuar dentro de un grupo, comunicarse, comparar, expresar su opinión, rechazar su estigmatización y exclusión, luchar contra toda tendencia a escapar, encontrar su propio papel independiente en la vida lejos de la gente, los lugares y las situaciones relacionadas con las drogas, ser autónomo a través de sus propias elecciones profesionales, emocionales y demás más allá del programa y su terapeuta como una familia adulta y no como un niño que lo quiere todo aquí y ahora.


 


Una nueva forma de vida


 


Apuntamos a una moralidad que el adicto sólo puede alcanzar a través del programa terapéutico, de la creación de una forma de vida que haga de él una entidad social y lo aleje de las sustancias, dado que ya no las necesitará más. Una forma de vida en la cual el presente se inserta nuevamente en un marco histórico. Finalmente, el propósito de todo el proceso psicoterapéutico es dar mayor claridad a su existencia y al sentido que ésta tiene actualmente para el individuo. Además, una vez más debe controlar cada momento de su pasado y alcanzar a ver su verdadero sentido. En otras palabras, el sentido que le dará a cada instancia en su vida está relacionado con la pregunta de cuándo ocurrió y qué momento está representado en toda la cadena de acontecimientos en su vida. Esto significa que el timing (el cuándo) debe reintegrarse en el sentido que le da a cada momento de su vida, según el cual el presente debe ser estructurado sobre la base de la comprensión del pasado para construir su futuro. Esta es la única forma en que el individuo puede superar la inicial negación autodestructiva de la realidad individual y social, a través del proceso de concienciación de las contradicciones sociales que determinan su vida.


 


Al tomar conciencia conscientemente, el individuo es liberado, confirmado y evaluado. "El propósito de la terapia no puede ser comprometer al drogadicto con una realidad miserable de la cual alguna vez quiso escapar con la ayuda de la droga sino hacerlo capaz de estar dentro de esa realidad y no en el margen, confrontarla sin mitos ni ilusiones, encarar dicha realidad y su ideología, abrir más amplias perspectivas a sus actividades cotidianas y finalmente encontrar el verdadero sentido de su vida, volverse responsable y serio y siempre luchar contra la hipocresía social para ganar y preservar su real autonomía e independencia, libre de temores, prejuicios … exclusiones y discriminación" (11).


 


Por lo tanto, la moralidad del procedimiento terapéutico nada tiene que ver con moralizar. Es una moralidad que apunta a la felicidad de las relaciones humanas a través de la búsqueda constante de la autenticidad, la felicidad de la creación, la felicidad de comprometerse con la lucha por una mejor vida personal en una sociedad realmente humana, libre de explotación, libre de toda forma de dependencia de drogas o de cualquier otra cosa. Sólo bajo estas condiciones, podemos hablar de la dialéctica de la emancipación del hombre moderno.


 


 


 


Notas:


 


(*) Katerina Matsas. Reconocida psiquiatra y activista trotskista, miembro del Comité Central del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia (EKK). Dirige la Unidad de Drogadependencia del Hospital de Salud Mental estatal de Attica (Atenas).


 


1. "Rhetorique de la drouge. Entretien avec Jacques Derrida", Lésprit des drogues, Nº 106, April 1989, págs. 197/214.


2. M. Zafiropoulos, Le toxicomanie nexiste pas, Navarin.


3. "De la toxicomanie. Entretien avec C. Olievenstein", Nervure, Nº 4, April 1991, págs. 74/82.


4. Bertell Ollman, Alienation, Cambridge University Press, 1976, págs. 116 y 133.


5. Savas Mikhail, "On the Concept of the Crisis of Transition", Reform or Revolution, Athens, 1992, págs. 153/163.


6. Jean Luis Beratto, "De lespace de soins a la psychotherapie dans le cadre de la clinique des toxicomanes".


7. J. L. Genard, "Toxicomanie, droit et responsabilité", Interventions, Nº 45, July 1994, págs. 42/43.


8. Martin Kooyman, The Therapeutic Community for Addicts, Amsterdam, 1993, pág. 64.


9. C. Kataki, The Violet Liquid, Athens, 1995, págs. 322/323.


10. C. Olievenstein, "La place des therapeutiques transitionnelles en toxicomanie", La clinique du toxicomane, Paris, 1987.


11. K. Matsa, "Psychological Recovery: A Liberation Process. Basic Principles of the Programme of the Drug Dependency Unit of the Psychiatric Hospital of Attica", Notebooks of Psychiatry, Nº 35, 1991, págs. 109/116.

El lugar de Internet en la crisis capitalista


En una economía mundial caracterizada por la sobreproducción y la tendencia a la deflación y a la depresión, Internet la red que enlaza a las computadoras a través del mundo es la única rama que crece. Y lo hace a tasas verdaderamente espectaculares.


 


El número de usuarios creció más del 600% en los Estados Unidos en los últimos dos años. Fuera de Estados Unidos, es todavía más espectacular: sólo en América Latina, el número de usuarios creció 1.200% desde 1997. Internet se ha convertido, en pocos años, en uno de los principales medios mundiales de comunicación: en 1998, el correo electrónico (E-mail) superó al correo postal como medio de transmisión de correspondencia.


 


Internet, que comenzó como una aplicación militar y luego se desarrolló como una herramienta de comunicación académica, se ha convertido, de una manera casi excluyente, en una vastísima red comercial, donde es posible vender desde programas informáticos hasta servicios financieros y turísticos, automóviles o libros. En consecuencia, lo que mide realmente su crecimiento es el desarrollo del comercio electrónico (E-com). En Estados Unidos, las ventas electrónicas alcanzaron los 8.000 millones de dólares en 1998, una cifra que triplica la registrada en 1997. A nivel mundial, superó los 13.000 millones de dólares. Este récord es todavía más llamativo si se considera que se ha producido en el cuadro de una contracción del comercio internacional: en 1998, por primera vez desde la última posguerra, el monto del comercio mundial ha retrocedido como consecuencia del efecto combinado de la baja de los precios de las materias primas y la recesión en numerosos países.


 


Los pronósticos más optimistas anticipan una duplicación anual del volumen mundial del comercio electrónico hasta alcanzar los 400.000 millones de dólares en el 2002 y un crecimiento más moderado a partir de entonces, hasta llegar a los 2,5 billones a fines de la próxima década.


 


Otro indicador del crecimiento de Internet es el aumento de la venta de servidores, las computadoras usadas para albergar los millones de páginas de la red: las ventas de Sun Microsystems crecieron un 30% en 1998; las de otros grandes fabricantes, como Hewlett Packard o IBM, crecieron, en promedio, un 15%. Se trata de un desempeño que otros grandes pulpos capitalistas, como GM o Texaco, envidiarían.


 


Sobre la base de estas vastas proyecciones comerciales, las acciones de las empresas de Internet son las que más se han valorizado en la hipervalorizada Bolsa de Wall Street. En 1998, el crecimiento promedio de las acciones de las empresas que operan en Internet fue del 225%, una cifra varias veces por encima del promedio de Wall Street (e incluso por encima del promedio de las acciones tecnológicas, que incluyen empresas que no operan en Internet). Pero esto es sólo un promedio: la valorización de algunas de las acciones más calientes de Internet superó el 1.200% en un solo año.


 


Con la entrada en el negocio de grandes pulpos como ATT, General Electric o Disney, también pegaron un enorme salto las adquisiciones de empresas Internet y las fusiones. En el segundo semestre de 1998 se registraron 247 compras y fusiones por un total de 16.000 millones de dólares (contra 167 acuerdos en el primer semestre). Los capitales envueltos en estas fusiones son enormes: en la compra de Excite (uno de los más importantes portales de ingreso a la red), la empresa At Home (a su vez, propiedad de la ATT) pagó un premio del 78% por acción. En otras palabras, la ATT pagó las acciones al 178% de su ya altísimo valor bursátil. Este premio y otros similares se explican porque "las grandes empresas que quieren entrar a Internet no tienen otra alternativa que pagar" (1).


 


¿La red mundial de computadoras y el ciber-comercio electrónico serán, como pretenden sus apologistas, la locomotora joven y potente que sacará de la crisis a los pesados y quebrados vagones de la economía del mundo real? ¿O son más bien, por el contrario, un factor de agravamiento de la crisis mundial?


 


Una burbuja especulativa volátil y salvaje…


 


Como otras revoluciones tecnológicas del pasado los ferrocarriles, la electricidad, el automóvil, la radio, la televisión o las computadoras, Internet ha desatado una manía de compras en Wall Street.


 


Las acciones de las empresas Internet son las más requeridas por los especuladores, sin importar su precio o la solidez de la empresa. Más aún, basta que cualquier empresa anuncie que abrirá negocios on-line para que automáticamente su cotización bursátil se dispare (2). En consecuencia, las acciones de las empresas Internet alcanzaron "precios que dan vértigo" (3), incluso para los elevadísimos niveles alcanzados por la Bolsa de Nueva York.


 


La valorización bursátil de las empresas líderes en la Internet asusta a muchos banqueros e inversores. America On Line, el mayor proveedor norteamericano de conexión telefónica con la red, con 15 millones de usuarios, tiene una valorización bursátil superior a la de la General Motors. La valorización de Yahoo!, uno de los más importantes portales, supera la de la Boeing-McDonell. La de Amazon.com que vende libros y música por Internet es mayor que la de Texaco o que la de la suma de dos de las más importantes cadenas de ventas minoristas de los Estados Unidos (J. C. Penney y Kmart).


 


La fiebre por las acciones Internet es tan brutal que incluso empresas desconocidas tienen rendimientos explosivos. En su primer día de cotización en Wall Street, las acciones de la empresa theglobe.com se valorizaron un 600%; las de otra empresa tan desconocida como la anterior Marketwatch, dedicada a la compra-venta de acciones por Internet se valorizó en un 484%. En 1998, en su primer día de cotización, las acciones Internet se valorizaron en promedio un 120%.


 


El crecimiento de los precios de las acciones Internet es tan violento que "los métodos tradicionales de valuación de las acciones han perdido sentido" (4). La valorización bursátil de Yahoo! equivale al 152% de su facturación anual y la de Amazon.com supera el 30% cuando esta relación en grandes empresas como GM o Wal-Mart no llega al 1%.


 


La sobrevaluación de estas acciones es todavía más espectacular si se compara su precio con el beneficio que producen las empresas. Muchas de las empresas Internet no han producido todavía un centavo de beneficios y no se espera que lo hagan en los próximos años. Peor aún, hay pesimistas que pronostican que empresas de venta minorista por Internet, como la mencionada Amazon.com, nunca obtendrán beneficios.


 


¿Esta inflación verdaderamente brutal de las acciones Internet indica un movimiento de capitales de largo plazo, de acuerdo con la tan prolongada maduración que prometen las empresas que operan en Internet? Ciertamente, no.


 


Las acciones Internet son compradas y vendidas ¡hasta 60 veces por día! Los compradores retienen las acciones cada vez menos tiempo, algo que los especialistas califican como "un hecho preocupante" (5). La compra-venta de estas acciones es tan frenética que el tiempo que insume la negociación de un volumen de acciones equivalente a la valorización total de una empresa se ha derrumbado: en el caso de Amazon.com, por ejemplo, pasó de 57 días (en el 97) a 13 días en diciembre de 1998 a pesar de que, en ese mismo lapso, su valorización bursátil aumentó en más del 100%.


 


"No es inversión. Es mentalidad de casino", resume un analista de Wall Street (6). Otro la califica como "la burbuja especulativa más salvaje de este siglo" (7) tan pródigo en burbujas especulativas salvajes.


 


…que marcha al derrumbe


 


No son pocos los que han señalado la extrema fragilidad de esta ciber-burbuja. "Después de la frenética corrida que llevó este invierno (boreal) a las acciones de empresas que todavía no obtienen beneficios a precios que dan vértigo, los inversores pueden sufrir grandes pérdidas por haber elegido ávidamente estas acciones calientes y volátiles" (8).


 


La sobrevaluación de las acciones Internet es tan manifiesta que hasta los optimistas pronostican una caída de hasta el 50% en el curso de este año. La revista británica The Economist afirma enfáticamente que "las acciones Internet caerán" (9). Las mismas razones que llevaron al aumento casi vertical de sus precios pocas acciones disponibles para la negociación, extrema velocidad de las transacciones, empresas poco o nada conocidas pueden convertir esta caída en un colapso.


 


La razón de esta inevitable pinchadura no es sólo el todavía escaso desarrollo que ha alcanzado el comercio electrónico sino, por sobre todo, sus inciertas perspectivas capitalistas. "El problema continúa The Economist no es solamente que pocas acciones Internet realmente tengan beneficios (…) Aunque pocos dudan que el comercio electrónico tenga un futuro emocionante, personas razonables difieren acerca de cómo y cuán rentable será ese futuro (…) Para justificar los precios actuales de sus acciones, las empresas Internet deberían gozar de un crecimiento sin precedentes en ventas y beneficios. Tomaría varios años de beneficios anuales de 1.000 millones de dólares para que tuviera sentido el actual valor de mercado de Amazon.com de 20.000 millones de dólares. Pero las ventas totales de Amazon.com en 1998 fueron de apenas 600 millones. Las ventas de muchas de las estrellas de Internet de hoy jamás llegarán tan alto" (10).


 


La pinchadura de la burbuja Internet, dicen los especialistas, sería incluso "saludable" (11) si fuera posible evitar que arrastrara en su caída a todo Wall Street. Por el papel que jugaron estas acciones en impulsar el alza que llevó a la Bolsa de Nueva York a los 10.000 puntos, su derrumbe podría ser el inicio de una caída generalizada.


 


Internet ha acentuado enormemente la sobrevaluación de las acciones y de la Bolsa neoyorquina tomada como un todo. Es decir que ha agudizado exponencialmente su volatilidad y su fragilidad. Como señala un analista, "Internet ha dado un nuevo sentido a la palabra volatilidad" (12).


 


Toda esta especulación significa una todavía mayor acumulación y sobreacumulación de capital ficticio. Tomando a la economía norteamericana en su conjunto, Internet ha agudizado la contradicción entre la masa de capital acumulado y la masa de plusvalía que la burguesía norteamericana arranca de la clase obrera mundial agravando, por lo tanto, la tendencia declinante de la tasa de beneficio media. Internet es, entonces, un factor de agudización de la crisis. Pero es también, y por ese mismo motivo, un factor de salida en la medida en que empuja a la quiebra a los capitales menos concentrados y rentables.


 


Entre los candidatos a la quiebra están, en primera fila, las propias empresas Internet porque, como anticipa un diario financiero, "sólo los fuertes sobrevivirán a la fiebre de Internet en Wall Street" (13). Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, anticipó que "la mayoría de las actuales empresas de Internet quebrarán" (14). "Habrá pocos ganadores y muchos perdedores", confirma otro comentarista (15). Incluso, las propias estrellas del actual firmamento Internet como Microsoft, AOL, Yahoo! o Amazon.com pueden quedar en el lote de los perdedores como consecuencia del propio desarrollo tecnológico.


 


¿Por qué, a pesar de semejantes perspectivas, es tan fuerte la Internet-manía entre los especuladores, al punto de que un diario financiero dice que "Internet ha convertido a los inversionistas en especuladores incontrolables" (16)?


 


La función de esta especulación desenfrenada es aceitar el proceso de centralización de capitales es decir, de compra y de adquisiciones de empresas por los grandes pulpos que se desarrolla, en lo fundamental, fuera de la Bolsa.


 


Este movimiento especulativo febril acompañó a cada una de las nuevas invenciones que fueron revolucionando el modo de producción capitalista. Rara vez, sin embargo, las compañías pioneras en una nueva rama fueron las que acabaron dominándola después de su copamiento monopólico por el capital financiero. Por eso, The Economist pronostica que "los historiadores del futuro bien podrán incorporar a las acciones de Internet a la larga lista de activos industriales incluyendo a la firmas de biotecnología en los 90, las compañías de radio en la década del 20 o las empresas de electricidad y los ferrocarriles en el siglo XIX que se han derrumbado espectacularmente" (17). De esos derrumbes emergieron los ganadores que en el período previo habían logrado monopolizar esas ramas de la producción: "las acciones beneficiadas con la fiebre desaparecen cuando el sector se estabiliza" (18). Es un proceso de expropiación de los pequeños y medianos capitalistas innovadores y de los pequeños inversores en beneficio de los grandes monopolios. Lo mismo está ocurriendo con Internet, donde se libra una batalla fenomenal por su monopolización.


 


Un especialista explica de esta manera la ansiedad que anima a los inversores a comprar a precios exorbitantes acciones de empresas que no obtienen beneficios y que muy posiblemente terminen en la quiebra: "alguien va a ganar y alguien va a perder; pero mientras tanto ambos tienen la oportunidad de ganar un montón de dinero" (19). Ese montón de dinero los beneficios especulativos producidos por la ciber-burbuja lubrica y facilita el proceso de la centralización de capitales y de copamiento monopólico de Internet.


 


Crisis y tecnología


 


En una nota editorial, el semanario británico The Economist sostiene que la pinchadura de la burbuja Internet sería "saludable" porque "los capitalistas del Silicon Valley (donde se encuentra radicada la industria de la informática) tienen más dinero del que pueden saber utilizar" (20). En otras palabras, han acumulado una masa de capital que está condenada a desvalorizarse porque no puede ser aplicada productivamente: bajo la forma de dinero, este capital no rinde ningún beneficio.


 


Un ejemplo de esta enorme acumulación de beneficios líquidos es Microsoft, que está sentada sobre una caja de 17.000 millones de dólares en efectivo, que crece a razón de 2.000 millones de dólares por año. En Prensa Obrera se ha analizado el significado de esta forzada inmovilización de capital:


 


"Puesto a analizar las alternativas del uso (de esa enorme masa de dinero en efectivo), un columnista del diario Financial Times no consigue llegar a ninguna conclusión. Aunque Microsoft tiene un récord de ganancias del orden del 40% de su capital en acciones, desestima que las destine a mayores inversiones porque las que ya van a investigación y desarrollo constituyen el 16% de todos sus ingresos. Es bien sabido, sin embargo, que las innovaciones tecnológicas de Microsoft son las más bajas de la industria y que sus mayores logros fueron pirateados a sus competidores. Según el columnista, el acaparamiento de nuevas empresas que aparecen en el mercado con innovaciones sigue siendo la práctica corriente de Microsoft.


 


"Otra posibilidad sería destinar el dinero a comprar empresas de espectáculos o de servicios financieros, pero esto enfrentaría problemas legales de monopolio. La recompra de sus propias acciones que se cotizan en Bolsa resultaría inconveniente debido a que su precio es inusitadamente alto, casi cincuenta veces sus ganancias. Pero como la inmovilización de decenas de miles de millones de dólares es manifiestamente improductiva desde el punto de vista capitalista, la conclusión del analista es que Microsoft debería deshacerse voluntariamente de, por lo menos, 10.000 millones de su excedente, por medio de un pago único a sus accionistas.


 


"La finalidad de esta alternativa es movilizar el capital-dinero parado hacia otras ramas de inversión, utilizando el canal de la distribución de dividendos. Es decir, que la informática se encuentra saturada desde el punto de vista del mercado y debería derivar su capital en exceso hacia otras industrias menos innovadoras. Mantener en la congeladora excedentes extraordinarios en efectivo presiona a la baja el rendimiento de los capitales que se colocan a interés y señala una tendencia al colapso económico conjunto del capitalismo" (21).


 


Aunque es un caso extremo, el de Microsoft no es el único. Otras grandes empresas informáticas están en la misma situación: Sun Microsystems, por ejemplo, tiene un margen operativo del 51% (incluso superior al de Microsoft) sobre ventas anuales de varias decenas de miles de millones. Las conclusiones precedentes, por lo tanto, pueden aplicarse a toda la industria informática.


 


Comercio electrónico: limitaciones y contradicciones


 


Es frecuente escuchar que Internet cambia la manera de hacer negocios y hasta se afirma que "el comercio electrónico será el fundamento del capitalismo del siglo XXI" (22).


 


Hasta el presente, sin embargo, los resultados son más bien modestos para tan ambiciosos objetivos.


 


El número de compradores por Internet, aunque en constante aumento, es todavía una fracción ridículamente minúscula del número de usuarios. El comercio electrónico alcanzó en los Estados Unidos un monto de 8.000 millones de dólares en 1998. Aunque esta cifra triplica las ventas de 1997, representa apenas el 0,5% del total del comercio minorista de los Estados Unidos (1,7 billones de dólares anuales). El monto del comercio electrónico es inferior todavía al que se realiza por correo. En comparación, todo el comercio electrónico en los Estados Unidos representa apenas el 6% de las ventas de una sola de las grandes cadenas minoristas como Wal-Mart.


 


Otra evidencia de la actual estrechez comercial de Internet es que el gasto en publicidad en los sitios de la red alcanza apenas al 0,7% del total del gasto publicitario en los Estados Unidos. Los especialistas estiman que no superará el 5% en el futuro previsible.


 


Incluso si se mantuvieran las actuales tasas geométricas de crecimiento, el comercio electrónico tardaría todavía varios años en alcanzar una porción tan modesta como el 5% del comercio minorista norteamericano. Demasiado poco para convertirse en la locomotora que saque a la economía capitalista de la crisis actual.


 


Sin embargo, a pesar de su relativa pequeñez, el comercio electrónico está teniendo una significativa influencia… como punta de lanza de la deflación, de la guerra de precios y de la caída de los márgenes de ganancia. Es decir, como un factor de potenciación de las tendencias propias de la crisis capitalista.


 


El comercio electrónico no crea nuevos clientes ni mercados sino que viene a reemplazar al ya establecido. El crecimiento de las ventas de automóviles, turismo o libros por Internet no ha significado un aumento paralelo de sus ventas totales. A diferencia de lo ocurrido con otras revoluciones tecnológicas del pasado, como la del ferrocarril, por ejemplo, con Internet no hay creación de nuevo comercio sino una nueva redistribución entre las empresas capitalistas. En un cuadro mundial deflacionario, esta redistribución sólo puede tener lugar mediante una ola de quiebras, bancarrotas y catástrofes comerciales. Robert Murdoch, el dueño de uno de los mayores imperios periodísticos internacionales, apunta en esta dirección cuando afirma que "Internet destruirá más empresas que las que creará porque elimina los intermediarios" (23).


 


El desarrollo del comercio electrónico tiene un definido efecto depresivo sobre el comercio mundial, en términos de precios y de beneficios. Veamos cómo actúa el comercio electrónico tomando como ejemplo a la empresa Amazon.com, el mayor vendedor mundial de libros on-line, que ha sido objeto de numerosas investigaciones periodísticas.


 


Amazon.com vende libros casi al costo, a precios que no pueden ser imitados por las librerías tradicionales. En este terreno, las ventajas del comercio electrónico son formidables.


 


Una de ellas es que permite una brutal racionalización de personal, en la medida en que ya no son necesarios, entre otras categorías, cajeros, empleados de ventas, de depósitos, personal de seguridad de los salones de ventas. Así, las ventas por empleado de Amazon.com (373.000 dólares anuales) más que triplican las de la mayor librería tradicional norteamericana, Barnes & Noble (24).


 


Con todo, la principal ventaja de empresas como Amazon.com radica en "la baratura del capital que obtiene" (25): el stock promedio de las librerías tradicionales es de 160 días de ventas contra 15 días de Amazon.com, con el consecuente ahorro de espacio físico (depósitos). Esto ocurre porque, a diferencia de las librerías tradicionales, Amazon.com no necesita tener un libro en sus estantes para poder venderlo. Este ahorro financiero le permite pagar a sus proveedores con apenas 15 días de demora (contra 45/90 días de las librerías tradicionales). De esta manera, obtiene menores precios por los libros que compra y evita pagar los intereses que debe desembolsar el comercio tradicional por el crédito comercial de sus proveedores. "Este flujo de 25 millones mensuales provee gran parte del capital que Amazon utiliza para cubrir sus gastos operativos" (26).


 


Utilizando estos mecanismos, Amazon.com ejerce una "fuerte presión sobre los márgenes de beneficio" de todo el sector de librería (27). Lo mismo sucede en el resto de las ramas (como turismo o ventas minoristas de discos compactos) en los que el comercio electrónico ha logrado una posición medianamente significativa.


 


Pero la baratura del capital (o para decirlo de otra manera, la inversión relativamente baja necesaria para montar un comercio on line) que es una ventaja frente al comercio tradicional, se vuelve contra las perspectivas capitalistas del propio comercio electrónico. Esto porque lo que no es posible para el comercio tradicional (competir a través de la rebaja de los precios), sí lo es para los distintos competidores on-line. Los nueve principales competidores electrónicos de Amazon.com, por ejemplo, se han coaligado para vender libros y discos compactos al costo. Estas empresas esperan obtener beneficios de la publicidad que se coloque en sus páginas. Esto, sin embargo, es calificado por una revista financiera como "una ecuación para el fracaso": "el futuro anticipa será muy desagradable para varias de las hipervaluadas empresas de Internet que basan sus ingresos en la publicidad y no en las ventas" (28).


 


Además, el comercio tradicional comienza a abrir sus propios sitios de venta en la red: para competir con Amazon.com en su mismo terreno, la ya mencionada Barnes & Noble y la mayor casa editorial europea, la alemana Berstelmann, se asociaron para montar un sitio de ventas y firmaron, además, un convenio de exclusividad con Microsoft (por el cual son los únicos autorizados a vender libros en el sitio comercial de Microsoft).


 


No son éstas, por cierto, las únicas amenazas para un pulpo electrónico como Amazon.com. Están empezando a aparecer sitios en los cuales, por el pago de una suscripción, los potenciales compradores pueden informarse sobre la dirección en la cual se vende al precio más bajo un producto determinado. Hay quienes, incluso, están vendiendo sistemáticamente por debajo del precio de costo. La empresa norteamericana Price-Line abrió un sitio para vender por subasta: el eventual comprador establece el precio que está dispuesto a pagar por un producto o un servicio, por ejemplo un pasaje aéreo en una determinada ruta y horario. Con esa oferta, la empresa consulta a los proveedores. Si alguno acepta el precio ofrecido, la venta se realiza … normalmente a precios sustancialmente menores al costo (29).


 


De todo esto se desprende que la guerra de precios en el comercio electrónico es sencillamente brutal y está provocando una sistemática caída de los beneficios en el comercio sometido a su competencia en primer lugar, en el propio comercio electrónico.


 


Thomas Friedman, del New York Times, sostiene que "lo que Amazon.com y (la devaluación de) Brasil nos están diciendo es que la próxima fase de la globalización será realmente depresiva. Apretará los márgenes de beneficios de todas las empresas que hacen negocios en Internet (o que compiten con ellas) y será un terror para los productores" (30). Lo realmente significativo no es que Friedman le asigne al comercio electrónico un efecto deflacionario y depresivo sino que cuantifica sus efectos en una magnitud equivalente a las devaluaciones competitivas que se han venido sucediendo en el último año y medio hasta llegar a la de enero en Brasil. Para entender la magnitud deflacionaria y depresiva que se le asigna a Internet hay que recordar que estas devaluaciones llevaron los precios internacionales de las materias primas a su nivel más bajo de las últimas décadas.


 


Por todas estas razones, son muchos los que aseguran que Amazon.com nunca obtendrá beneficios, aún cuando concentre el 60% de las ventas de libros por Internet. Las perspectivas para las empresas de segundo o tercer orden son infinitamente más difíciles.


 


Esta guerra de precios explica la aparente paradoja de que, a pesar del paso del tiempo, del aumento de las ventas y del número de clientes, las pérdidas de Amazon.com aumenten en lugar de disminuir. En el tercer trimestre de 1998, sus pérdidas fueron de 25 millones de dólares (más del doble que en el mismo período del año anterior) pese a que sus ventas se triplicaron. "Cuanto más vende, más pierde", sintetiza una revista de negocios norteamericana (31).


 


A modo de epitafio anticipado, una revista británica señala que "Amazon.com puede tener ventas de miles de millones de dólares y las ganancias de un kiosco de pochoclo" (32). En otras palabras, la estrella del comercio electrónico puede convertirse en el más espectacular fracaso de la historia del capitalismo, un régimen en el cual la producción y venta de mercancías es, tan sólo, el vehículo para la valorización del capital.


 


Estados Unidos versus Asia y Europa: la guerra comercial en el ciberespacio


 


Internet, como el béisbol o la Coca Cola, es un producto típicamente norteamericano. Fue desarrollada inicialmente por el ejército norteamericano durante la guerra fría como un sistema de comunicaciones virtualmente inmune a los ataques enemigos. Posteriormente, las universidades norteamericanas iniciaron su uso civil. Fueron norteamericanas las empresas que desarrollaron tanto los programas como el instrumental para su uso y son norteamericanas las empresas que lideran todos los rubros ligados a la tecnología de Internet. Finalmente, fueron también los mismos norteamericanos los que primero desarrollaron su veta comercial. El inglés norteamericano es el idioma dominante en la red, lo que no es sino un reflejo de que el capital de ese origen es la principal potencia económica detrás de la expansión de la Internet.


 


De esta manera, Internet es además de un potentísimo canal de penetración ideológica y política del imperialismo norteamericano una fenomenal arma contra sus rivales comerciales.


 


"Europa está comenzando a sentir la presión de Estados Unidos" en la lucha por la dominación del comercio electrónico (33). El tráfico y el comercio en Internet crecen más rápidamente fuera que dentro de los Estados Unidos y se estima que, en el curso de los próximos dos años, el monto total del comercio electrónico originado fuera de los Estados Unidos superará al originado dentro de ese país. Pero "¡las empresas que más venden en Internet son las norteamericanas!" (34).


 


El suplemento económico del diario francés Le Monde advierte que "Europa (y en especial Francia) está atrasada varios años" en el desarrollo del comercio electrónico y anticipa que "alrededor del 70% de las empresas europeas podrían no ser más competitivas de aquí al 2001 si continúan ignorando el comercio electrónico" (35).


 


Algunas, a pesar de las advertencias, han llegado irremediablemente tarde. La ya mencionada Amazon.com realiza el 22% de sus ventas en el exterior de los Estados Unidos. Para competir con ella, como señalábamos arriba, la alemana Berstelmann se asoció con una librería norteamericana, Barnes & Noble. Pero, mientras tanto, Amazon.com ya montó dos sitios de venta en Europa (uno en Gran Bretaña, otro en Alemania) para fortalecer su cabeza de playa.


 


La presión norteamericana derrumbó las débiles barreras al desarrollo del comercio electrónico que intentaron imponer algunos gobiernos europeos, notablemente el de Francia. Por eso, "la industria de la computación (europea) festejó la decisión del gobierno de Jospin de facilitar el uso de Internet y pavimentar el desarrollo del comercio electrónico" (36). Pero para cuando el gobierno francés se decidió a fomentar el comercio electrónico, ya hacía rato que los usuarios franceses venían comprando en los sitios norteamericanos.


 


Europa y Asia, ni hablar de América Latina, quizás, hayan llegado definitivamente tarde como consecuencia de que "el mercado comercial electrónico se está cerrando rápidamente" (37). Los europeos y también los asiáticos tienen cada vez menos posibilidades de acceder a un lugar comercial de privilegio en la red a causa de su copamiento por los grandes pulpos y de los acuerdos monopólicos establecidos entre los proveedores de programas, los portales de acceso a la red y los proveedores, todos ellos norteamericanos.


 


America On Line (AOL), el mayor servicio de conexión telefónica a la red y uno de los mayores portales de los Estados Unidos, ha comprado a Netscape, productora de programas de navegación, y ha establecido un acuerdo con Sun Microsistems, proveedora de servidores y de Java, el programa más utilizado para montar sitios en Internet. Además, firmó centenares de contratos de exclusividad con numerosas empresas, 99% de ellas norteamericanas, para que solamente sus productos puedan venderse en el concurrido sitio comercial de AOL.


 


Estos acuerdos monopólicos son una limitación fundamental para el acceso de los europeos y los asiáticos a un lugar relevante en el comercio electrónico y amenazan con relegarlos al papel de simples consumidores. Todo esto demuestra que en el mercado más globalizado del planeta, el del comercio electrónico, el capital continúa teniendo o mejor dicho, refuerza su carácter nacional en oposición a los restantes capitales.


 


La centralización del capital y el copamiento monopólico que se viene desarrollando en Internet, y que tienen como principales beneficiarios a los grandes monopolios norteamericanos, son inseparables del agravamiento de la lucha comercial y financiera interimperialista.


 


Monopolización y crisis política


 


Las pequeñas empresas que desarrollaron Internet y que comenzaron con el comercio electrónico están desapareciendo aceleradamente. Las fusiones, las adquisiciones, la formación de alianzas monopólicas y el ingreso al negocio de grandes pulpos extraños, como la ATT, Disney o la NBC, subsidiaria de la General Electric es decir, el proceso de la centralización capitalista de la nueva rama, sólo están dejando lugar a pulpos gigantescos.


 


En poco más de un año desaparecieron pioneras como Netscape (que desarrolló el primer programa para navegar a través de la red), Hotmail (una de las primeras en ofrecer servicio gratuito de correo electrónico) y los portales Geocities, Infoseek y Excite. Fueron devorados por los grandes pulpos, que están librando una batalla mortal para monopolizar los programas de navegación, los portales, los sitios comerciales, las vías de acceso alternativas a Internet (como la TV por cable) y la aún en desarrollo tecnología para la conexión con la red sin necesidad de pasar por una computadora.


 


La presión de la competencia es tan feroz y es tan grande la envergadura de los monopolios que se colocan a cada lado de la trinchera que no han podido menos que provocar una crisis política que paralizó al propio Ejecutivo norteamericano.


 


"Las mayores compañías de telefonía y tecnología informa un diario financiero están librando una dura batalla de lobby (que ha) sitiado a la Comisión Federal de Comunicaciones" (38). Los contendientes son la ATT, los operadores de cable y Microsoft, de una parte; AOL, la telefónica US West y los proveedores de servicios de conexión telefónica a Internet, por el otro. El motivo de la disputa es la monopolización del acceso de alta velocidad a Internet a través de la TV por cable (en lugar de hacerlo, como hasta hoy, por vía telefónica). AOL y los proveedores de conexiones telefónicas a Internet reclaman que el gobierno desregule el régimen de la TV por cable para obligar a la ATT a abrir esa vasta red a las empresas rivales que deseen prestar servicios de conexión a Internet. El monopolio de la ATT sobre el acceso a Internet por medio del llamado cable-módem desvalorizaría de inmediato a AOL, una empresa que, no hay que olvidarlo, tiene una valorización bursátil superior a la de GM. ATT se niega rotundamente a abrir sus redes porque, precisamente, compró a la empresa de TV por cable TCI para ganar ese lugar de privilegio en el futuro mercado de conexión de alta velocidad a Internet. La "intensidad de la pelea" (39) es tal que la poderosa Comisión Federal de Comunicaciones no ha logrado, hasta el momento, fijar una posición.


 


Otra muestra de la parálisis que está provocando en el Ejecutivo norteamericano el enfrentamiento de los pulpos informáticos es la posición o mejor dicho, la falta de ella del gobierno de Clinton en el juicio que el propio Estado le ha entablado a Microsoft por prácticas monopólicas. Lo que está en juego en ese juicio es, nada menos, que el dominio de Internet y, de un modo más general, "el destino de toda la industria informática norteamericana" (40).


 


Clinton, hasta el momento, ha guardado silencio frente al juicio y sobre qué hacer con Microsoft. Esto porque "cualquier posición que asuma le causará problemas a Gore (su vicepresidente, próximo candidato presidencial demócrata y representante del lobby informático en el actual gobierno). En un momento en que está buscando conseguir apoyo y dinero en una comunidad de negocios escéptica, le produciría daños ser visto buscando hacer pedazos a la más exitosa corporación norteamericana. Pero, al mismo tiempo, el grupo de empresarios de la informática que lo rodea de hecho, su gabinete de confianza incluye algunos de los más ardientes críticos de Microsoft" (41). Para el diario de los especuladores norteamericanos, la suerte de la candidatura demócrata en las próximas elecciones podría decidirse en el caso Microsoft.


 


La gran batalla


 


Entre los numerosos acuerdos de fusión o compra que tuvieron lugar en los últimos meses, hubo uno que "shockeó a la industria informática" (42): el anuncio de la compra de Netscape (el competidor directo de Microsoft en la venta de programas de navegación por Internet) por America On Line, el principal proveedor norteamericano de acceso a Internet y una de las principales páginas de ventas y productos en la red, competidor directo de Microsoft en este último campo. El acuerdo incluye a otro enemigo de Microsoft, Sun Microsystems, que recibirá de AOL la tecnología y los programas de Netscape para expandir la difusión de su lenguaje Java (43).


 


Esta fusión ha creado un competidor formidable para Microsoft, el gigante de la informática que domina el negocio de los programas operativos y de aplicaciones para computadoras de escritorio y de los navegadores de Internet y que está desarrollando una furiosa ofensiva para monopolizar, también, el comercio electrónico. "Ya no será una guerra entre David y Goliat sino una gran batalla entre Goliat y Goliat", dice un diario financiero en referencia a la batalla entre Microsoft y sus competidores (44).


 


Mediante el acuerdo, AOL extenderá su dominio comercial sobre Internet, agregando a sus actuales 15 millones de usuarios (fundamentalmente hogareños) los varios millones de usuarios empresarios de la página comercial de Netscape. Con esto, hará casi imbatible el único monopolio que, hasta ahora, "Microsoft no pudo quebrar" (45). Al mismo tiempo, los grandes beneficios de AOL permitirán actualizar tecnológicamente el navegador Netscape para competir con el de Microsoft.


 


Con todo, la principal amenaza que plantea esta alianza para Microsoft radica en otra parte. AOL no es una empresa de informática sino de venta de servicios en red; a diferencia de Microsoft no está atada a las computadoras sino que sus negocios van mucho más allá: a la TV digital y, sobre todo, al desarrollo de otros aparatos (televisión, agendas de bolsillo, computadoras de mano) que puedan conectarse a Internet de manera más sencilla, directa y barata y, sobre todo, sin pasar por una computadora y, en consecuencia, sin pasar por el sistema operativo de Microsoft. La batalla que se plantea "no es por el mercado de los navegadores sino por la manera en que la gente y las empresas se conectan a Internet y cómo hacen negocios en ella () El cambio de la industria del software, de la fabricación de programas para computadoras al de programas para servers que permitan correr aplicaciones sobre Internet para toda clase de aparatos digitales, con tecnología Java, aparece como una amenaza creíble para Microsoft" (46).


 


Claro que todo esto no puede ocultar el hecho de que Netscape ha desaparecido del mapa: los más de 4.000 millones que pagó AOL por la empresa representan una estrategia de salida para sus inversores, que han decidido vender antes que la empresa termine quebrada.


 


La alianza AOL-Netscape-Sun, sin embargo, parece ser apenas un acuerdo transitorio y provisional en el camino hacia una mayor monopolización de la Internet y de la industria informática: uno de los grandes pesos pesados del capitalismo norteamericano la IBM ha entrado en la batalla.


 


Hasta mediados de los 80, IBM se había especializado en la fabricación de computadoras. Cuando quiso entrar en el mercado de los sistemas operativos de computadoras de escritorio, fracasó porque Microsoft le impuso a los fabricantes y a las empresas de programación contratos de exclusividad para el uso de su sistema operativo. Pero el desarrollo del lenguaje Java cambió las cosas e IBM vuelve a la carga.


 


IBM es el principal impulsor de la utilización del Java como alternativa a la dominación de Microsoft. Como hace notar un experto, la Sun no tiene la suficiente potencia financiera para convertir, por sí misma, al lenguaje que desarrolló en una amenaza para Microsoft; sólo el respaldo de la IBM que tiene un tamaño diez veces superior a Microsoft ha llevado al Java al lugar que ocupa en la actualidad (47). Al mismo tiempo, como reconoció el propio Bill Gates en una comunicación interna que se hizo pública durante el juicio, "(Microsoft) podría poner rápidamente en su lugar los intentos de IBM por entrar en la industria del software si no fuera por el Java" (48).


 


"IBM aparece cada vez más claramente como el pivot de la alianza anti-Microsoft" (49), que incluye a casi toda la industria de programación. En particular, esta alianza está a la cabeza en el desarrollo de aparatos digitales para el ingreso en la red.


 


Esta alianza monopólica se extiende mucho más allá de las fronteras de la industria informática. Sun Microsystems ha establecido una alianza con los dos mayores fabricantes mundiales de artículos electrónicos para el hogar, Philips y Sony, para "crear una generación de aparatos en red que se comunicarán entre sí y con los hombres a través de Internet" (50) tomando como base el lenguaje Jini, un derivado del Java que permite a los programadores desarrollar aplicaciones para una completa red de máquinas, no sólo computadoras. El diario que informa acerca de esta alianza señala que, con la aparición de estos aparatos, está comenzando la "era post-PC".


 


No son, sin embargo, los únicos que están desarrollando este tipo de tecnología. La británica Psion ha establecido una alianza con los principales fabricantes mundiales de teléfonos celulares Motorola, Nokia y Ericsson para "desarrollar una nueva generación de aparatos manuales inteligentes capaces de acceder a Internet" (51). Se espera que los primeros aparatos de este tipo teléfonos celulares capaces de enviar y recibir faxes y correos electrónicos aparecerán a fines de este año.


 


"El número de estos aparatos inteligentes superará al de computadoras hogareñas en el año 2001", anticipa una revista de negocios (52). Esta perspectiva de centralización del capital en la industria informática plantea la posibilidad de la desaparición de algunos de los grandes de hoy, como Microsoft, cuya suerte está ligada a la de las computadoras de escritorio. Otra vez, el desarrollo tecnológico es un arma en la lucha por la monopolización y está subordinada a ésta.


 


La alianza anti-Microsoft es, sin embargo, una "alianza frágil y díscola" (53), porque cada uno de sus integrantes es, a su vez, competidor de los restantes. Esto plantea, a término, la absorción de los más débiles por el más fuerte, es decir por IBM. Esta perspectiva ha llevado al presidente de la IBM a sostener que "al final, será una batalla entre Microsoft y nosotros" (ídem). Lo mismo opinan, incluso, los restantes miembros de la alianza: el presidente de Oracle, uno de los más fieros competidores de Microsoft, afirma que "mi sueño es que IBM compre a las otras compañías y compita con Microsoft" (54). Todo esto permite anticipar que los acuerdos de hoy serán rotos y reemplazados por nuevos enfrentamientos, acentuando (y no atenuando) la presente crisis económica mundial.


 


Crisis capitalista


 


La guerra por el dominio de la Internet y el desarrollo de nuevos aparatos digitales es presentada habitualmente como una demostración de la revolución tecnológica y de la pujanza del capitalismo. Pero aquí hay una guerra provocada por la crisis capitalista de sobreproducción y la caída de los beneficios.


 


La furiosa entrada de IBM al mercado de los programas de computación está dictada "por una cuestión que la industria de la informática evita mencionar: el mercado de las PC en los Estados Unidos está próximo a su punto de saturación" (55). El crecimiento de las ventas en 1998 fue del 10%, contra el 16/18% de los últimos años. La mayoría de los especialistas sostiene que las ventas todavía continuarán subiendo, aunque a ritmo decreciente, hasta mediados de 1999 para después "colapsar" (56). El presidente de Oracle afirma, por su parte, que "la proliferación de PC es insostenible" (57).


 


Este pronóstico no se ha cumplido en los primeros meses de 1999. Lo que sostuvo las ventas de computadoras en este período no fue, sin embargo, la expansión del mercado sino la renovación forzosa provocada por los temores que despierta la llamada bomba del 2000 (58). Pero la tendencia a la saturación del mercado de computadoras es imparable, como lo muestra la situación de los fabricantes de microprocesadores.


 


"Sigue en duda dice un diario de negocios la capacidad de Intel (el mayor fabricante mundial de microprocesadores) de mantener su porción en el mercado de rápido crecimiento de las computadoras de bajo precio" (59). En diciembre, los precios de las computadoras cayeron por primera vez debajo de los 1.000 dólares (en los Estados Unidos) y se espera que haya computadoras de menos de 500 dólares en junio. Los beneficios de la industria de fabricación de computadoras y de sus componentes, en consecuencia, se están derrumbando (60).


 


Esta caída de precios y beneficios es la causa de la crisis de la histórica alianza entre Microsoft e Intel, ya que la primera ha salido a establecer contratos con otros fabricantes de chips más baratos. Uno de estos fabricantes, National Semiconductors, plantea la perspectiva, en un futuro no muy lejano, de computadoras gratis que, como los teléfonos celulares en la actualidad, serán entregadas sin cargo para poder vender el servicio de conexión.


 


La saturación del mercado de computadoras plantea, a su vez, el estancamiento del número de usuarios de Internet. Para continuar su expansión, el mercado de acceso a Internet y el del comercio electrónico necesitan alcanzar a una franja de consumidores que no tiene acceso a las computadoras, dada su creciente complejidad. Esto explica el desarrollo desesperado de nuevos aparatos digitales que puedan conectarse directamente a Internet más sencillos y más baratos, y por lo tanto accesibles a esa franja de consumidores potenciales.


 


Barbarie, socialismo e Internet


 


Por la extrema volatilidad que ha agregado a las Bolsas, por el carácter todavía epidérmico del comercio electrónico, por sus efectos deflacionarios sobre precios y beneficios, y por su incierto futuro capitalista; por la sobreproducción mundial de computadoras y microprocesadores, por la brutal lucha monopólica entablada en torno de la dominación de Internet y del comercio electrónico; por todo esto, difícilmente pueda afirmarse que el desarrollo de Internet y del comercio electrónico abran una vía de salida a la crisis capitalista mundial. Al contrario, esos mismos factores los presentan como un factor que la agrava y la profundiza.


 


Que Internet y el comercio electrónico no puedan ser la locomotora que lleve a la economía mundial hacia delante no debería extrañar. La historia enseña que la salida a crisis de una envergadura histórica como la presente no es económica ni, mucho menos, tecnológica, sino social y política.


 


La agudeza que ha alcanzado la crisis significa que existe una fenomenal sobreacumulación de capital por relación a la masa de plusvalía que ese capital puede arrancar al proletariado mundial. En consecuencia, la salida de la crisis supone un completo reordenamiento de las relaciones entre las clases a nivel mundial. En otras palabras, plantea la necesidad de una completa reorganización social a escala planetaria.


 


La salida de la burguesía y del capital financiero plantea la liquidación de una masa sustancial del capital excedente y la elevación drástica y permanente de la explotación obrera para elevar la tasa de beneficio. Esta salida exige la alteración de los regímenes políticos y del conjunto de las relaciones internacionales en una dirección represiva para contener y arbitrar las brutales contradicciones sociales que plantea. Esta salida de la desocupación, de la superexplotación, de la miseria, del agravamiento de la opresión nacional y de la intervención militar del imperialismo a escala planetaria es la salida de la barbarie.


 


La salida del proletariado plantea el entierro de un régimen histórico agotado y en avanzada descomposición mediante la revolución proletaria y la completa reorganización socialista de la economía mundial.


 


No han pasado muchos años para que quedaran en el olvido las teorías que decían que Internet "revolucionaría el mundo en que vivimos" y que hasta lograría la superación pacífica del capitalismo mediante la organización espontánea de la producción. Internet es, cada vez más, el dominio de los grandes monopolios capitalistas. Tampoco pasará mucho tiempo para que se demuestre que no serán la Internet o el comercio electrónico sino la más implacable lucha de clases quien dictará la salida a la crisis mundial.


 


 


Notas:


1. Business Week, 1° de febrero de 1999.


2. Un ejemplo del alcance de esta Internet-manía en Wall Street lo dio la empresa Active Apparel, una tercerizadora que fabrica ropa deportiva para las marcas Converse y Everlast. En los días siguientes al anuncio de que abriría una página web para vender sus productos, el precio de sus acciones trepó un 820% en medio de una especulación descontrolada: en dos días, el monto negociado multiplicó por 16 el valor de la empresa. A los especuladores no les importó que la empresa tuviera beneficios mínimos (apenas 100.000 dólares anuales, menos del 1% por acción) o que la propia empresa anunciara que no esperaba aumentar sus ventas más que un 5% con la apertura de su página web (The Washington Post, 8 de enero de 1999).


3. The New York Times, 19 de enero de 1999.


4. Idem.


5. The Wall Street Journal, 5 de enero de 1999.


6. The New York Times, 2 de febrero de 1999.


7. The Washington Post, 8 de enero de 1999.


8. The New York Times, 19 de enero de 1999.


9. The Economist, 30 de enero de 1999.


10. Idem (diferenciado LO).


11. Idem.


12. The Washington Post, 8 de enero de 1999.


13. The Wall Street Journal, 1° de febrero de 1999.


14. Ambito Financiero, 29 de enero de 1999.


15. Los Angeles Times, 24 de enero de 1999.


16. The Wall Street Journal, 5 de enero de 1999.


17. The Economist, 30 de enero de 1999.


18. The Wall Street Journal, 1° de febrero de 1999.


19. The Wall Street Journal, 26 de enero de 1999 (diferenciado LO)


20. The Economist, 30 de enero de 1999.


21. Miguel Briante, "La crisis y la tecnología"; en Prensa Obrera Nº 607, 12 de noviembre de 1998.


22. Business Week, 7 de diciembre de 1998.


23. Financial Times, 13 de enero de 1999.


24. Business Week, reproducido por Gazeta Mercantil, 9 de enero de 1999.


25. Idem.


26. Idem.


27. The Economist, 30 de enero de 1999.


28. Forbes, 28 de diciembre de 1998.


29. Financial Times, 11 de enero de 1999.


30. The New York Times, 18 de enero de 1999.


31. Business Week, 7 de diciembre de 1998.


32. The Economist, 30 de enero de 1999.


33. Forbes, 28 de diciembre de 1998.


34. Idem.


35. Le Monde, 30 de marzo de 1999.


36. Financial Times, 21 de enero de 1999.


37. Forbes, 28 de diciembre de 1998.


38. The Wall Street Journal, 22 de enero de 1999.


39. Idem.


40. The Wall Street Journal, 19 de noviembre de 1998.


41. Idem.


42. The Wall Street Journal, 30 de noviembre de 1998.


43. Los programas basados en el lenguaje Java tienen la peculiaridad de que pueden operar en cualquier computadora y con cualquier sistema operativo. Precisamente por esto, amenazan con acabar con la exclusividad de Microsoft, que monopoliza el mercado de aplicaciones (procesadores de texto, planillas de cálculos) y de navegadores de Internet a partir de su monopolio sobre el mercado de sistemas operativos (el programa sin el cual una computadora ni siquiera puede arrancar): Microsoft ha atado cada uno de estos programas a su sistema operativo, Windows. Por eso, Sun/Java constituyen una amenaza "devaluatoria y potencialmente destructiva" para Microsoft, según las palabras de su propio presidente, Bill Gates. Para acabar con Sun, Microsoft firmó un contrato para la utilización de su programa Java que luego incumplió, modificándolo para que sólo pudiera funcionar con su sistema operativo. La justicia norteamericana acaba de fallar a favor de Sun Microsystems en el juicio que ésta entabló contra Microsoft por la alteración de Java.


44. The Wall Street Journal, 30 de noviembre de 1998.


45. Idem, 2 de diciembre de 1998.


46. Idem, 19 de noviembre de 1998.


47. Idem.


48. Idem.


49. Idem.


50. The New York Times, 20 de enero de 1999.


51. Financial Times, 19 de enero de 1999.


52. Business Week, 8 de marzo de 1999.


53. The Wall Street Journal, 19 de noviembre de 1998.


54. Idem.


55. Folha de Sao Paulo, 28 de noviembre de 1998.


56. Financial Times, 17 de noviembre de 1998.


57. Idem.


58. Los modelos más antiguos de computadoras están equipados con microprocesadores que registran las fechas con campos de sólo dos dígitos variables. En consecuencia, estos chips no reconocerían el año 2000 (00) como el posterior a 1999 (99), provocando alteraciones en su funcionamiento. Según el Financial Times (5 de enero), "nadie sabe cuánto daño puede causar" esta bomba que, "a esta altura ha dejado de ser un problema tecnológico para convertirse en un problema político".


59. Financial Times, 12 de enero de 1999.


60. Idem.

El debate acerca de la violencia y el movimiento popular en la Revolución Rusa

Una reseña literaria


Una de las grandes ironías de los escritos durante la Guerra Fría sobre la Revolución Rusa de 1917 es que las apreciaciones, a ambos lados de la Cortina de Hierro, tendían a ser imágenes espejadas una de la otra. Puesto que el régimen soviético existente sostenía su legitimidad en los acontecimientos de 1917, debía definir la esencia de la revolución en términos consistentes con su propia posición social. Así, la revolución era presentada como si hubiese sido liderada por un líder benévolo y omnisciente, que guió un partido complaciente y también omnisciente para dirigir un ejército proletario dócil en cuyo nombre se tomó el poder. En Occidente, esta apreciación fue sencillamente invertida. Aquí, el argumento fue que un líder maligno descarrió a un partido maligno, que a su vez tomó el poder mediante un golpe de estado en nombre de una clase obrera engañada. Desde 1960, este consenso esencial (que siempre había sido cuestionado por la izquierda anti-stalinista) fue atacado en Occidente por un grupo creciente de historiadores sociales inspirados en el enfoque de la historia desde abajo. Este trabajo intentó restaurar la visión de una clase obrera y un partido con mayor autonomía, e incluso, en un reducido número de casos, intentó desentramar los conflictos políticos, las decisiones e indecisiones de los líderes, tanto del bando revolucionario como del bando del orden. En tanto este enfoque era aceptado, parecía legitimar a 1917 como una revolución popular y la mayoría de los historiadores sociales se dispusieron a aceptar explícitamente esta conclusión. Mucho menos claramente, planteaban también el delicado problema de la relación entre 1917 y los acontecimientos posteriores. Si era verdad que 1917 representaba una genuina revolución, entonces ¿el surgimiento posterior del stalinismo en la URSS representaba una traición a 1917 y, en todo caso, cuán profunda era esa traición? ¿Cómo debieran ser evaluadas las afirmaciones de que la URSS era socialista? Desafortunadamente, muchos entre esta nueva generación de historiadores eludieron el tema, ya sea ignorándolo por completo o bien aceptando implícitamente alguna forma de continuidad. Para algunos en el campo de la derecha política, esto representaba el talón de Aquiles de los historiadores sociales, lo que permitía presentarlos, no sólo como justificadores de la revolución sino como historiadores apologistas, si no del stalinismo, ciertamente de los regímenes post stalinistas de Rusia.


 


Ya antes del colapso de la URSS, había, por lo tanto, espacio para dudar de la consistencia de la nueva concepción de la revolución desarrollada por la escuela de la historia desde abajo. Y aun sin los acontecimientos de Rusia posteriores a 1985, estas dudas se acentuaron por el impacto de la re-evaluación, inspirada por François Furet, del enfoque de la historia desde abajo en relación con la Revolución Francesa, así como también por los inicios del desarrollo del llamado enfoque posmoderno, y el giro hacia la lingüística (1). Cuando, por lo tanto, en 1989, comenzaron a desvanecerse las esperanzas que muchos tenían de que la perestroika y la glasnost traerían aparejada una nueva era dorada de socialismo en Rusia, y el propio estado soviético colapsó en 1991, no sorpredió que esto creara confusión entre los historiadores y realimentara una re-evaluación de 1917.


 


Los que en la izquierda consideraban a 1917 como una genuina revolución y al stalinismo como contrarrevolucionario, explicaron este retroceso de las esperanzas y aspiraciones de 1917, en términos de las circunstancias objetivas que los revolucionarios encontraron después de Octubre. Aunque los bolcheviques salieron victoriosos en la Guerra Civil, su efecto fue catastrófico en tres sentidos. Primero, los bolcheviques tuvieron que pelear la guerra civil solos. La esperada revolución mundial no ocurrió y hacia 1921 la revolución estaba aislada. Las esperanzas de una revolución permanente, por la cual la Rusia atrasada podía enlazarse con el Occidente desarrollado, fueron en principio pospuestas y luego, con el desarrollo de la doctrina del socialismo en un solo país, abandonadas. Segundo, la guerra civil destruyó a la sociedad rusa, especialmente la base proletaria del régimen revolucionario, forzando el poder hacia arriba. El partido bolchevique sustituyó a la clase obrera, no porque hubiera una lógica sustitucionista inherente en la revolución sino porque la clase obrera fue destruida por la crisis de 1918/22. Tercero, al ocurrir esta sustitución, también el ideario bolchevique comenzó a cambiar y a acomodarse a la nueva situación. Al principio, esto se dio sólo de manera sutil, como ocurrió, durante la guerra civil, cuando gran parte de la concepción emancipadora de 1917 sobrevivió conjuntamente con las prácticas más brutales, forzadas por los hechos. Pero esta brecha no podía sostenerse indefinidamente y, pese a los intentos de Trotsky y la izquierda por mantener la concepción original de la revolución de 1917, y a sus intentos por desarrollar una política revolucionaria que la ayudara a re-encaminarse, las ideas en la cima del poder se acomodaban a la realidad y Stalin y sus seguidores fueron capaces de valerse de la burocratización creciente para consolidar su dominio social, político e ideológico. La continuidad ideológica no fue, por lo tanto, una continuidad real, sino una ilusión creada por el hecho peculiar de que los organizadores de la contrarrevolución se habían desarrollado dentro mismo del partido ya degenerado, y buscaban mantener la retórica, aún cuando el contenido ideológico original era completamente desechado, después de su victoria en 1928/29. 


 


Los historiadores partidarios de la continuidad podían, por supuesto, admitir gran parte de esto, pero tenían que encontrar además, evidencias de semillas de stalinismo en la propia revolución. Tradicionalmente, la manera más obvia de hacer esto había sido enfatizar en las características ideológicas y organizacionales del bolchevismo, que se suponía, lo predisponían hacia la dictadura lo que podría llamarse la lógica del ¿Qué hacer?. Pero si los historiadores sociales habían demostrado satisfactoriamente la existencia del apoyo genuino a la revolución basado en la democratización masiva, tales relatos, entonces, no podían ser sostenidos adecuadamente por sí mismos. En lo esencial, hubo tres maneras de responder al desafío.


 


Una era sostener que, aunque la revolución bolchevique fue un levantamiento de masas, los bolcheviques lo utilizaron para sus propios intereses, ya sea deliberadamente o por error de cálculo. Esto pudo ocurrir porque, aunque la revolución reflejó un crecimiento en la conciencia de clase, el nivel alcanzado no fue suficiente como para permitirle a la clase obrera tomar el poder. Este argumento es esencialmente una variante del ofrecido por los mencheviques a fines de 1917/18. De acuerdo con esta opinión, la clase obrera no estaba realmente preparada para la revolución. Los mencheviques de centroizquierda reconocían la radicalización de la época, pero veían su alcance como un giro temporario a la izquierda, que sería difícil de sostener. Tomar el poder en esas condiciones, como hicieron los bolcheviques, era arriesgarse, por lo tanto, a perder ese apoyo, forzando de esta manera al régimen revolucionario a gobernar por sobre la clase obrera, en lugar de hacerlo a través de ella. En su versión moderna, esta crítica halló quizás su exponente más agudo en Vladimir Brovkin, quien se identifica concientemente con la posición menchevique (aunque con el tiempo su hostilidad hacia los bolcheviques se haya vuelto más estridente y generalizada) (2). Pero, en este tipo de crítica, el problema tiende a ser descargado sobre el bolchevismo más que sobre el movimiento popular, el cual es acusado básicamente de inmadurez en términos de la ortodoxia marxista (IIª Internacional).


 


Sería posible una crítica más comprometedora si se pudiera demostrar que el gusano en el capullo se encontraba no sólo en el bolchevismo sino en el propio movimiento popular. Si fuera éste el caso, el argumento sobre el carácter emancipador de la revolución podría ser completamente socavado. Una forma de hacer esto ha sido enfocar la historia sobre el movimiento organizado. Marc Ferro, por ejemplo, sostiene haber encontrado tendencias oligárquicas en los soviets y en los comités de fábrica de 1917 (3). Después de la movilización inicial de masas en febrero/marzo, la participación de las bases no se mantuvo y cayó de sus niveles originales, permitiendo a las direcciones de los comités reproducirse a sí mismas. Más recientemente, Shkliarevsky utilizó el concepto de burocracia obrera para sostener que hubo una tensión entre la burocracia electa de los soviets y de los comités de fábricas, por un lado, y las bases, por el otro. El relato de Ferro acerca de la revolución es ecléctico (aunque a veces con gran perspicacia), de modo que su discusión de este problema difícilmente pueda ser considerada estratégica. En manos de Shkliarevsky, sin embargo, tenemos casi un intento de combinar la historia social desde abajo con las perspectivas de Pareto y Michels (4). En contraste con libertarios como Brinton, Shkliarevsky parece ver a la oligarquía y a la circulación de elites como una parte virtualmente inevitable de la historia (5). El bolchevismo fue, por lo tanto, simplemente una expresión de esta ley subyacente, más que la causa de la degeneración.


 


Otra manera de abordar el problema es sostener que el propio movimiento popular fue la causa de mucha de la violencia y el terror de la época. En el campo de la derecha, este no es un argumento nuevo el populacho contemplando con aprobación cómo cae la cuchilla de la guillotina es para muchos la típica imagen de la Revolución Francesa en particular y de la revolución en general. Aun en los relatos conservadores más antiguos, el movimiento popular actua como público para los excesos sanguinarios de los protagonistas de la elite. Ahora, sin embargo, algunos que se ubicarían a sí mismos en la tradición de los historiadores sociales han comenzado a desarrollar argumentos convergentes con esta antigua concepción, pero que sitúan los excesos en el movimiento desde abajo. Aquí, la crítica al bolchevismo es que legitimó y alentó esta violencia en lugar de contenerla. Una vez más, elementos de esta concepción pueden hallarse en los primeros escritos de Ferro. Pero, especialmente a partir de fines de los 80, cuando el ataque general sobre la historiografía revolucionaria se volvió más abierto, esta crítica comenzó a destacarse cada vez más en la discusión tanto de la Revolución Francesa como de la Rusa.


 


Este artículo va a explorar este último abordaje mediante un análisis de la forma en que la vinculación entre el movimiento popular y la violencia es tratado en tres versiones que cubren el amplio espectro de escritos acerca de la revolución rusa que aparecieron tras el colapso de la Unión Soviética. Las posiciones reflejadas en estos trabajos pueden ser descriptas como de derecha, centro (o centroderecha) y aún de izquierda, aunque, como se verá, en puntos importantes convergen, lo cual entendemos que refleja menos la naturaleza de 1917 que el pesimismo acerca del potencial de cambio desde abajo, que prevalece a fines del siglo XX.


 


En la derecha, el colapso soviético llevó a un resurgimiento de los escritos condenatorios, que afirman triunfalmente la opinión tradicional sobre la revolución, hasta cierto punto reforzados, por la crítica a lo Furet en Francia. Esto puede apreciarse en la historia general de Rusia de Martín Malia, pero más notablemente para nosotros en la enorme historia de la revolución de Richard Pipes (6). Observando la revolución de arriba a abajo, Pipes hace aparecer al desafío desde abajo como poco más que una violencia indiscriminada. La revolución de febrero fue apoyada por una revuelta de soldados, "un típico disturbio ruso, con poderosos matices anarquistas". Transcribe alegremente las impresiones que la emperatriz le escribe al Zar de que su trono estaba amenazado por un movimiento de hooligans (7) de Petrogrado, así como el ataque de Vasillii Rozanov contra la gente de abajo (8). Esta mirada hostil fue quizás mejor expresada por Shulgin en su notable comentario acerca de las masas de Febrero: "no importa cuántos fueran, todos tenían una especie de apariencia estúpida, incluso demoníaca. ¡Dios, qué horrendos parecían! Tan horrendos que apretaba mis dientes. Me sentía dolorido e indefenso, amargamente enfurecido. ¡¡Ametralladoras!! Eso es lo que quería, sentía que sólo el lenguaje de las ametralladoras podía hablarle a la muchedumbre, y que sólo las ametralladoras y la correa podían llevar nuevamente a su guarida a la terrible bestia. La bestia no era otra que Su Majestad el pueblo ruso" (9). A medida que Pipes avanza con su historia, la evaluación negativa del movimiento popular no mejora, más aún, en determinado momento recurre a Gustav Le Bon para ayudarlo en sus análisis. La culminación es, entonces, la afirmación de que "Octubre fue un típico golpe de estado", montado sobre esta ola de violencia y anarquía. Steve Smith puede definirlo con justicia como "el Hipólito Taine de la Revolución Rusa" (10). El problema con los bolcheviques no era únicamente que tomaron el poder sino que aceptaron y alentaron esta violencia desde abajo: "el resultado fue la anarquía generalizada: anarquía de la que el nuevo gobierno culpaba al antiguo régimen, pero que era, de hecho, mayormente obra suya". También el liberalismo tiene parte de la culpa, porque "la premisa tácita de que el hombre puede y debe ser reconstruido … une al liberalismo y al radicalismo, y ayuda a explicar por qué, pese a todos sus rechazos a los métodos violentos empleados por los revolucionarios, cuando se vieron forzados a elegir entre ellos y sus oponentes conservadores, los liberales pueden ser incluidos entre los que unieron su destino al de los revolucionarios" (11).


 


Más al centro, o mejor dicho, un relato liberal de derecha es el de Orlando Figes en A Peoples Tragedy: the Russian Revolution (1891/1924) ("Una tragedia popular: la revolución rusa, 1891/1924"). El trabajo anterior de Figes lo ubicaba en la escuela de la historia social, pero aquí vemos una enorme re-evaluación que se hace eco conscientemente del intento de Simon Schama de demoler la tradicional visión de la Revolución Francesa, mostrando cómo la brutalidad de abajo, más que la conciencia política, comprometieron a 1789. Para Figes, la Revolución Rusa fue un acontecimiento igualmente negativo. Fue una tragedia que no pudo ser resistida y que consumió por completo a sus participantes, una tragedia originada desde abajo en no menor medida. Aquí Figes, como Schama antes que él, trata de volver a la historia social contra sí misma, al aparentar usar sus técnicas de abajo hacia arriba para demostrar la brutalidad y violencia del movimiento popular y su complicidad en el carácter destructivo de la época.


 


En la izquierda, podemos situar una tercera nueva historia, por Christopher Read, From Tsar to Soviets: the Russian People and their Revolution, 1917/1921 ("Del Zar a los Soviets: el pueblo ruso y su revolución, 1917/1921"). Read trata conscientemente de continuar el enfoque de la historia desde abajo en la tradición establecida por E.P. Thompson de la Universidad de Warwick, donde Read trabaja. En agudo contraste tanto con Pipes como con Figes, describe su objetivo como el de "restablecer a la actividad revolucionaria autónoma de la gente común, a su legítimo sitial, en la interpretación global de la revolución". Insiste en que los obreros, soldados y campesinos comunes fueron actores racionales y que, por lo tanto, la revolución puede ser analizada racionalmente (12).


 


Nuestra intención aquí es explorar estos diferentes enfoques, concentrándonos en una preocupación que todos ellos comparten y que es central en las interpretaciones hostiles tanto de Pipes como de Figes: la cuestión de la relación entre el movimiento popular y la violencia popular. Este es un problema que ha sido ilustrado también por estudios como el de Joan Neuberger en su relato del hooliganismo de preguerra en San Peterburgo, así como en otras discusiones que envuelven a ambos bando del período revolucionario (13).


 


1. Un doble criterio


 


La cuestión acerca de qué es violencia legítima e ilegítima siempre ha sido debatida con mayor claridad en la izquierda, que entre liberales y conservadores que prefieren cerrar sus ojos acerca del alcance de todo tipo de violencia sobre el que descansan la sociedad y el Estado actuales. Tom Paine sostuvo firmememtne esta posición con firmeza en su respuesta a Edmund Burke, cuando Burke acusaba de atroces a los revolucionarios franceses: "todo lo que vemos o escuchamos como ofensivo a nuestros sentimientos, y despectivo del carácter humano, debiera llevarnos a otras reflexiones que las del reproche. Aun los seres que los cometen merecen nuestra consideración. ¿Cómo es que tan vastas clases de seres humanos, distinguidas con el adjetivo de muchedumbre vulgar o ignorante, son tan numerosas en todas las viejas naciones? Desde el momento en que nos hacemos esta pregunta, el intelecto presiente una respuesta. Ellas emergen como una consecuencia inevitable de la mala constitución de todos los viejos gobiernos de Europa. Es por exaltar distorsionadamente a algunos hombres, que otros son distorsionadamente rebajados, hasta que todos son expulsados de la naturaleza. Una vasta masa de seres humanos son arrojados hacia los abismos de la existencia humana, para destacar con más brillo, el juego de marionetas del Estado y la aristocracia. En los inicios de una revolución, esos hombres son más los seguidores del cuartel que de las normas de la libertad y deben ser instruidos aún de cómo reverenciarla … las atrocidades no son el efecto de los principios de la revolución sino de las mentes degradadas que existían antes de la revolución, y que la revolución pretende reformar. Sitúenlos en su justa causa y el reproche diríjanselo a ustedes mismos" (14). Si queremos entender la violencia popular, debemos entonces mirar no sólo a la revolución en sí misma sino a la sociedad de la cual emerge. La Rusia zarista se caracterizaba por la inmensidad de la pobreza frente a la riqueza de unos pocos. Hay muchas maneras de medir esto, pero tomemos la tasa de mortalidad infantil anual, sin mencionar siquiera las hambrunas y epidemias que estallaban periódicamente. La mortalidad infantil (primer año de vida) de pre-guerra de Rusia en su conjunto era de 260 por cada 1.000 nacimientos vivos, comparado con las 130 en Inglaterra, y los 80/90 en Suecia y Noruega. A la edad de 5 años, la mortalidad de la niñez rusa era de alrededor de 400 por 1.000. La mortalidad infantil y de la niñez es un índice terrible porque es uno de los indicadores más sensibles para medir la desigualdad entre las clases y dentro de ellas. En San Petersburgo, por ejemplo, la mortalidad infantil de familias donde el esposo ganaba 20 rublos mensuales era, en vísperas de la guerra, de 280 por 1.000. Pero allí donde los salarios eran de 50 rublos, la tasa era de sólo 110 por 1.000. La cultura era un elemento a considerar también. Donde ambos padres eran analfabetos, la mortalidad infantil era de 250 por 1.000 entre los obreros industriales urbanos, pero donde ambos padres tenían instrucción era de 160 por 1.000 (15). Por lo tanto, la pobreza material y cultural de las mayorías en el capitalismo ruso fue instalada en sus vidas diarias de la forma más desgarradora posible: a través de las posibilidades de supervivencia de sus hijos.


 


En la cúspide, por contraste, encontramos una Corte funcionando, en palabras del corresponsal de pre-guerra del Times, "en una escala pródiga y gigantesca, con un despliegue de lujo y esplendor tal, que no puede ser superada, o quizás siquiera igualada, por cualquier otra Corte en Europa" (16). Bajo el capitalismo, estos problemas aparecen como producto aparentemente de fuerzas abstractas y, por lo tanto, son a veces interpretados como ejemplos de violencia estructural. En la derecha, en sentido contrario, se sostiene a menudo que es ilegítimo denominar como violencia a tales sufrimientos, pues el daño resultante no proviene de actos humanos. Pero la distribución de los recursos y la indiferencia ante el sufrimiento, que permiten esto, involucra una elección humana y, por lo tanto, actos humanos. El sistema que crea tales inequidades no surge de la nada y su reproducción requiere políticas que acepten y perpetúen esos problemas. Lo importante, entonces, no es tanto si los problemas sociales podían o no ser eliminados por una simple redistribución, sino el hecho de que existía una relación sistemática entre la riqueza, los privilegios y el poder de unos pocos, y la pobreza de las masas urbanas y rurales. Si los historiadores han sido renuentes a ver esto, muchos por abajo lo entendieron más claramente. En marzo de 1906, por ejemplo, encontramos al Sindicato de Panaderos en San Petersburgo quejándose acerca de lo que yacía debajo del círculo de luces brillantes y fiestas de la ciudad. "La sociedad de San Petersburgo no sabe que, en los sótanos debajo de las hermosas pastelerías y atractivas panaderías, existen verdaderos trabajos forzados… ¿Dónde más trabaja la gente 18 a 20 horas diarias? En ningún lado, sólo nosotros. ¿Dónde más no hay feriados? En ningún lado, sólo entre nosotros. No conocemos ni el día de Pascua, ni de Navidad, ni de Año Nuevo. ¿Dónde más la gente duerme en casas sucias, hacinados? ¿Dónde duermen en turnos, sin tiempo para enfriar las camas? Aquí, entre nosotros los panaderos" (17). Podemos ir más lejos aún y sostener que el sistema zarista estaba basado, en gran medida, en la percepción consciente de la necesidad de mantener un despliegue de ostentación y una ostensible brecha social a cualquier costo. El Zar, por ejemplo, ha sido defendido por algunos historiadores con el argumento de que él demostraba reacciones humanas antes los desastres que ocurrían al pueblo de su reino, pero que era continuamente aconsejado para no mostrar esta cara más humana, por sus consejeros en la Corte. Pero la motivación de estos consejeros era a menudo defender precisamente la majestuosidad del régimen, para proteger lo que James C. Scott llamaría la transcripción pública de su poder; al mantener fuera de la imagen pública el despliegue de las emociones humanas normales, evitaban reducir el temor reverencial sobre el cual se mantenía el zarismo (18).


 


La cuestión del nivel cultural de la sociedad rusa provee una clara indicación de las prioridades de los de arriba. El censo de 1897 mostró que Rusia tenía una tasa de alfabetismo urbano del 54% para los hombres y del 35,6% para las mujeres, mientras la tasa rural era de 25,2 y 9,8, respectivamente. En cada caso, la cifra era una de los peores de Europa. Ahora conocemos que hubo una especie de revolución educativa en la tardía Rusia zarista, de manera tal que la cifra de personas con educación primaria se elevó de 1,1 millones en 1880 a 8 millones en 1914, pero aún esto representaba apenas poco más del 50% de la población en edad escolar. Así, aunque la revolución se apoyaba en una creciente instrucción y una más amplia educación formal, también llevaba la marca del rechazo a admitirle a las masas su pertenencia plena, sociocultural y política, a la sociedad rusa. Ansiosos por preservar sus privilegios, los gobernantes de Rusia vacilaban entre querer mantener sometido al populacho y tratar de elevar su nivel cultural e integrarlo (19). Stolypin respondió a un peticionante: "usted no sabe por quiénes intercede. Todos ellos son brutos, locos y sólo pueden ser gobernados a través del miedo. Si les damos libertad, nos masacrarán a todos a usted y a todos los que vistan traje". Posteriormente, Miliukov reflejará puntos de vista muy similares, "si la Revolución llegara, no será tanto un levantamiento, como un motín lleno de odio. La chusma se habrá desatado" (20).


 


Esta opinión tremendamente peyorativa del ruso común reforzó, comparativamente, el uso más abierto de la violencia física, en las relaciones sociales y políticas antes de 1917. El uso del puño por parte del amo contra el sirviente, del patrón y el capataz contra el obrero y del terrateniente contra el campesino fue algo que quizás sobrevivió en mayor grado, y era tenido como más aceptable en Rusia que en el resto de Europa. El apoyo semi-oficial a los pogroms y al antisemitismo es bien conocido, incluyendo el apoyo del Zar a los Centurias Negras. A la luz de esto, quizás debiéramos sorprendernos de la escasa reacción desde abajo, aún en tiempos de extrema tensión. En tanto que las clases bajas soportaban el peso de la brutalidad del sistema, pareciera que ellas dirigían sus reacciones violentas contra sí mismas, más que contra sus amos. Como algunos de los críticos de Pipes han señalado, por ejemplo, a pesar de su opinión hostil hacia el movimiento popular, él también se ve forzado a admitir que en el campo en 1905/6 hubo un solo caso comprobado de asesinato de un terrateniente (21).


 


Aun así, son justamente estas acciones desde abajo contra la sociedad de arriba lo que provoca la preocupación de historiadores como Pipes y Figes, antes y durante la revolución. Pero lo inadecuado de su respuesta a este problema ya fue señalada por Barrington Moore Jr., hace tres décadas: "la manera en que casi toda la historia ha sido escrita impone un prejuicio abrumador contra la violencia revolucionaria. El prejuicio se convierte en horripilante cuando uno se da cuenta de su profundidad. Igualar la violencia de los que resisten la opresión, con la violencia de los opresores, sería totalmente engañoso. Pero hay más aún. Desde los días de Espartaco, pasando por Robespierre hasta el día de hoy, el uso de la fuerza por los oprimidos contra sus antiguos amos ha sido objeto de una condena casi universal. Mientras tanto, la represión cotidiana de la sociedad normal merodea vagamente en el trasfondo de muchos libros de historia. Aun los historiadores radicales que enfatizan las injusticias de la época pre-revolucionaria, generalmente se concentran en el corto período que precede al inmediato estallido. De esta manera, ellos también distorsionan involuntariamente los registros" (22). Pero lo fundamental de este argumento no es sugerir que un tipo de violencia puede ser simplemente reemplazado por otro, sino mostrar que, tanto en términos de estructura como de política, la sociedad existente se basa en la brutalidad y la violencia, de manera tal que no sólo desvirtúa las afirmaciones de su superioridad moral sino que ayuda a explicar por qué los seres humanos actúan como actúan en circunstancias extremas. Y cuando estalló la guerra, este impulso a la violencia de la sociedad normal se tornó aún más pronunciado. La Primera Guerra Mundial fue sencillamente la mayor concentración de violencia organizada y no-organizada que el mundo haya visto hasta entonces. Un aspecto de esto, fueron los 10 millones, aproximadamente, de muertos por la guerra, y los muchos millones más de víctimas. Respecto de Rusia, Hindenburg se preguntaba a posteriori: "En el libro de la Gran Guerra, la página donde figuraban las pérdidas rusas ha sido arrancada. Nadie sabe las cifras. ¿Cinco u ocho millones? Nosotros tampoco tenemos idea. Todo lo que sabemos es que, a veces, en nuestras batallas con los rusos, debíamos remover la pila de cadáveres delante de nuestras trincheras, para tener el campo libre para disparar contra las nuevas olas de asalto. La imaginación puede intentar reconstruir la cifra de las bajas, pero un cálculo preciso quedará para siempre como algo vano" (23). Pero no se trata sólo de una cuestión de muertos y heridos sino también del círculo vicioso de brutalidad y degradación que surge de cualquier guerra. En teoría, la disciplina militar permite establecer una distinción entre uso legítimo e ilegítimo de la violencia, pero en la práctica la línea divisoria es menos clara y la tendencia de todos los ejércitos es mantener, más o menos ocultos, los registros de atrocidades, no sólo porque falla la disciplina militar sino porque la misma brutalidad de la guerra lo hace inevitable, y al menos un cierto grado de tolerancia es necesario aún en los ejércitos mejor conducidos.


 


Podemos ir más lejos aún, y sostener que cuando impulsos humanos positivos afloran, como desertar para escapar de la matanza, o fraternizar para detenerla, ellas invariablemente provocan la violencia organizada desde arriba, bajo la forma de cortes marciales y ejecuciones, o los bombardeos notoriamente deliberados de su propia artillería que reportaban las tropas rusas en el frente Oriental. El ciclo de violencia y degradación, entonces, funciona tanto abajo, con los soldados rasos, como arriba, con los oficiales y generales. Ellos deben enviar a la muerte a decenas de miles a veces en un solo día y mantener el sistema que sostiene esto. Más aún, en el caso ruso, esto significaba enviar soldados al frente con una bayoneta en una mano y una bomba en la otra. Trotsky señaló cómo las consecuencias de esto se sentían tanto arriba como abajo durante la guerra civil rusa, cuando el modelo de atrocidades continuaba: "Durante la guerra (mundial) emergieron de las filas de la burguesía grande, media y pequeña cientos de miles de oficiales, combatientes profesionales, hombres cuyo carácter se había endurecido en la batalla, y había sido liberado de cualquier restricción externa; soldados calificados, listos y capaces de defender la posición privilegiada de la burguesía que los produjo, con una ferocidad que, a su manera, rayaba el heroísmo" (24).


 


2. Teorizando la violencia popular


 


Esta necesidad de perspectiva no significa que no debamos enfrentar la cuestión de la violencia popular cuando ésta sucede. Aquí el análisis de Neuberger, tanto de la imagen como de la realidad del hooligan antes de 1914, nos ofrece varias pistas interesantes. Había comportamientos violentos de todo tipo, entre gente joven, especialmente de clases bajas. En su interpretación, Neuberger señala obviamente que lo que parecían travesuras en las clases altas, eran consideradas hooliganismo en las clases bajas, así que el doble criterio se aplicaba también aquí. Pero ella elabora su análisis del hooliganismo alrededor de un tema más sofisticado. La preocupación acerca del hooliganismo, sugiere ella, reflejaba los problemas de las clases medias y altas de Rusia de adaptarse al rápido crecimiento de San Petersburgo; la fragmentación de la intelligentsia a medida que crecía en tamaño y diversidad; dudas acerca del carácter y el propósito de la cultura rusa; y el shock de 1905. Estas fuerzas poderosas llevaron al hooliganismo como concepto a emerger "desde un simple pánico moral a incorporarse al discurso nacional ruso, como símbolo evocativo de desintegración social, diferencias culturales y decadencia" (25). El mismo hecho de que el comportamiento hooligan pareciera crecer con las crisis políticas de 1905/7 y 1912/14 ayudó a destrabar el apoyo de las clases medias a los cambios desde abajo.


 


En vísperas de la Primera Guerra Mundial, salvo una pequeña ala optimista, muchos en la sociedad rusa estaban afectados por el temor de lo que Blok llamara "el poderoso flujo de resentimiento popular, apenas contenido por los débiles diques de la civilización y de un estado decadente". Este es un útil correctivo a la opinión simplista que veía a la intelligentsia como simpatizante acrítica de las clases bajas. En cambio, Neuberger enfatiza el "generalizado desprecio hacia el pobre entre las elites rusas" (26). Las clases medias y altas en Rusia llegaron a verse a sí mismas como paradas en los márgenes de la civilización. Definirse a sí mismos como respetables contra los hooligans, los ayudaba a ubicar su propia posición de clase y les permitía ser vistos como una barrera contra Asia y como una fuerza civilizadora en Rusia ellos eran la barrera europea contra los bárbaros de adentro y de afuera.


 


Neuberger provee abundante evidencia para este enfoque en su detallado análisis de la prensa de San Petersburgo y de los llamados densas revistas de discusión. Pero el argumento puede extenderse fácilmente al campo. Mientras que autores anteriores han tendido a idealizar al campesinado, a comienzos del siglo XX, pueden hallarse en la literatura opiniones cada vez más hostiles. El famoso y descarnado cuento corto de Chejov "Campesinos" fue un caso típico de este cambio (27). Narrativas como ésta son frecuentemente consideradas como más realistas, pero lo que a menudo se olvida considerar es que también incorporan una temática particular, establecida por el observador externo, impidiéndonos comprender realmente la dinámica interna de la vida rural. Esto es aplicable también para un escritor como Gorki, quien es extensamente citado por Figes a causa de su evaluación negativa de la brutalidad de la cultura de las clases bajas, tanto urbanas como rurales, antes, durante y después de la revolución. Pero Figes lee a Gorki como si fuera un cronista objetivo de la realidad, sin ver a sus escritos como el producto de alguien que estuvo en ese medio y que ahora mira hacia atrás, una compleja amalgama de ideas revolucionarias con elementos de conservadurismo, no inusuales en escritores similares en Occidente (28).


 


Es difícil medir el hooliganismo ya que la misma idea incorpora una problemática particular. Neuberger hace un sensible intento por despejar la realidad, pero incluso ella puede ser criticada por la manera en que a menudo parece convertir a los hooligans en una clase, fallando en explorar en profundidad la manera en que lo que se dice de mucha gente es el comportamiento que ocasionalmente se les permite tener (29). En tanto trata de explicarlo, destaca lo que James C. Scott llama la lectura oculta de la actividad hooligan. Hooliganismo es lo que, siguiendo a Scott, podemos llamar "un arma de los débiles". Hooliganismo, dice Neuberger, "es la táctica de la gente sin mayores armas a su disposición, de manera tal que los hooliganspueden actuar sólo cuando las autoridades tradicionales ya están debilitadas", y esto la lleva a tratar de relacionar hooliganismo con crisis. Reconozcamos que esto no lo embellece, por supuesto ella, y esto no debe sorprendern, demuestra que las mujeres eran blanco de los 'hooligans' porque eran, en algún sentido, más vulnerables aún que los propios hooligans. Pero esta idea de arma de los débiles sí señala un interesante camino hacia el futuro. Requiere tanto que seamos más sensibles a los diferentes tipos de hooliganismo como que cuando vemos hechos que en cualquier sociedad serían inaceptables, reconozcamos, que en tanto surgen de debilidades, la solución reside en fortalecer en alentar a la gente a conseguir armas más fuertes y más disciplinadas. Esto apunta a un conflicto fundamental de interpretación. Para la agenda normal de los historiadores, la que está en las raíces de los relatos de Figes y Pipes, se trata del control de arriba hacia abajo de mantenerlos en línea, a través de la imposición de acciones estatales, más específicamente la policía y la ley, y a largo plazo combinarlo con el control social a través de la educación. Pero esto no toma para nada en cuenta la cuestión de las relaciones de poder y la distribución de fuerzas y debilidades en una sociedad. Por el contrario, el enfoque de arriba hacia abajo actúa para mantener las inequidades fundamentales que yacen en la raíz de esta problemática. Si esto es verdad respecto de la Rusia pre-revolucionaria, lo es más aún respecto de 1917.


 


3. Tipo, escala y oportunidad de la violencia en 1917/8


 


No es difícil contraponer una mala opinión de la revolución de 1917 con el mito heroico, y tanto Pipes como Figes a su manera lo hacen. Figes, en todo caso, intenta una crítica más descalificadora que la de Pipes. La suya es una revolución donde las mujeres son violadas en las veredas durante las manifestaciones; los objetos del odio popular arrojados a las calles; el Palacio de Invierno saqueado con sus defensores corriendo incierta fortuna y los anaqueles con vinos abiertos en un festival de ebriedad que, mucho más que la conciencia política la preservación de unos pocos representa el nivel de la mayoría. Al tope de esta sombría película, se pavonean los macho-bolcheviques, vestidos con sus camperas de cuero personificando una masculinidad muscular (ya que las mujeres bolcheviques presumiblemente no vestían cuero), una perspectiva crítica del bolchevismo que cree que le permitirá demostrar sus credenciales de historiador social capaz de atraer a lectoras feministas (30).


 


Sería tonto negar que una adecuada historia de la revolución debe reconocer que ocurrieron incidentes brutales. Pero la cuestión es su escala, su dinámica y la relación con la naturaleza general del movimiento popular. ¿Estaba en lo cierto Tom Paine cuando dijo que "las atrocidades no son el efecto de los principios de la revolución sino de las mentes degradadas que existían antes de la revolución y que la revolución pretende reformar. Sitúenlos en su justa causa y el reproche diríjanselo a ustedes mismos"?


 


Existía claramente una criminalidad básica. Parece, por ejemplo, que alrededor de 20.000 criminales fueron liberados en Petrogrado por la Revolución de Febrero. Quiénes eran estas personas es una pregunta interesante. Algunos sin duda eran víctimas atónitas e infortunadas del sistema. Quizás algunos fueron los hooligans de Neuberger, que estuvieron en el lugar incorrecto en el momento incorrecto. Algunos posiblemente eran criminales en el más legítimo sentido de la palabra, cuyas actitudes pudieran haber sido transformadas por la experiencia liberadora de la revolución. Un núcleo significativo, de todos modos, habiendo sido socializado en los márgenes de la sociedad, quizás vio a la revolución brindándole nuevas oportunidades para sus talentos y, sin duda, fueron acompañados por otros que experimentaban su fuerza contradictoria. Aun el clásico relato de John Reed llamaba la atención sobre el hecho de que en septiembre y octubre de 1917 "los robos y saqueos aumentaron. En casas de apartamentos, los hombres se turnaban toda la noche, montando guardia con rifles cargados" (31). Pero el argumento de historiadores como Pipes y Figes va más allá de esto, para condenar al más organizado movimiento popular por su brutalidad, violencia y criminalidad.


 


Parecería que una manera de tratar esto sería crear algún índice de violencia en 1917, pero, como deja claro el relato de Neuberger acerca del hooliganismo de pre-guerra, lo que se pueda contar es lo que estaba registrado, lo que a su vez refleja el prisma ideológico a través del cual eran definidos violencia y crimen. Es importante notar aquí que, mientras historiadores como Pipes y Figes enfatizan el comportamiento violento, para muchos analistas contemporáneos lo que era llamativo era precisamente su ausencia. Wilton, el notoriamente anti-semita corresponsal del Times, escribió que "la sorprendente, y para el extranjero que desconoce el carácter ruso, casi extraña, compostura y buena naturaleza de las muchedumbres de soldados y civiles a lo largo de la ciudad (Petrogrado) son quizás los hechos más sobresalientes de la gran Revolución Rusa". Nada menos que para Harold Williams, el filo-ruso comentador británico: "Es hermoso ver nacer la libertad. Con la libertad surge la hermandad, y hoy en Petrogrado hay un flujo sentimental de hermandad. Uno puede observarlo en las calles. Los tranvías aún no circulan y la gente está harta de caminar. Pero la costumbre actual es compartir el taxi con perfectos desconocidos. La policía ha desaparecido, pero la disciplina es maravillosa. Todos comparten la tarea de mantener la disciplina y el orden. Se ha formado una milicia de voluntarios… Todo el mundo está contento con este tipo de orden libre. El fuerte sentimiento de responsabilidad común por el orden, ha unido a todas las clases en un gran ejército de libertad…". Los comentarios de Williams son especialmente interesantes porque aun después de Octubre pudo escribir el 6 de noviembre (según el viejo calendario), que "no existe gobierno en Rusia, y aún así Rusia existe por la fuerza de la costumbre, por mérito de alguna creencia simple, irrefutable e irracional. Los rusos son ciertamente en el fondo un pueblo extremadamente respetuoso de las leyes, considerando las continuas oportunidades para cometer excesos". Más aún pues estaba casado con una militante del partido cadete, Adriadna Tyrkova-Williams, quien un año después, escribiría un relato de la revolución con violencia de patotas por doquier (32).


 


Lo que esto refleja es quizás menos las diferencias reales en el nivel y el carácter de la violencia que una apreciación cambiante de ella. En la primavera de 1917, la violencia era vista como una vía necesaria y legítima de deshacerse del zarismo. Era, por lo tanto, ignorada o vista con benevolencia por las clases medias y altas. Cuando más avanzaba la revolución rusa en un sentido radical, más hostiles se tornaban sus apreciaciones. Este cambio puede ser apreciado en las actitudes cambiantes de los individuos de la época. El barón Heyking, por ejemplo, estaba inicialmente contento explicándole a su audiencia británica que el rol de los soldados en la Revolución de Febrero no era más que la revuelta de Pipes, y que en particular, "los campesinos en Rusia, vestidos de color caqui, educaron a sus hermanos soldados para la llegada de la Revolución, y fueron parte en el proceso de preparar al ejército para derribar al régimen autocrático". Pero con Octubre, cambió rápidamente de posición, ahora sostenía que los nuevos gobernantes de Rusia representaban una delgada capa de cultura enfrentada a una masa de ignorancia, y para 1918 insistía que "elementos leales y bien intencionados de Rusia" debieron pedir auxilio a los Aliados para ejercer "una benevolente guardia temporaria en defensa de la civilización", tal como las potencias europeas se habían agrupado para defender la civilización contra la rebelión Boxer en China (33).


 


La brecha entre apariencia y realidad puede apreciarse en la violencia del famoso ritual del paseo, donde los odiados gerentes y capataces era atados y paseados fuera de las fábricas, en carros frente a masas burlonas de obreros. Para Paul Aurich, en uno de los primeros relatos de radicalismo clasista, "el ruido de las carretas hasta ayer, vehículos de una nueva clase de opresores se convirtió en el sonido de la revolución proletaria en las ciudades rusas". Tres cosas son de interés aquí. Primero, la interpretativa para la víctima, esto era degradante, un trato brutalmente violento; para los trabajadores era una afirmación de su propia dignidad, que ponía en su debido lugar a quienes los habían oprimido. Segundo, aunque el trato era brutal, la violencia estaba en forma de ritual, precisamente porque estaba organizada. Si bien es cierto que los obreros usaron la amenaza de violencia algo de lo cual los gerentes frecuentemente se quejaban es también importante reconocer que el lenguaje violento en el contexto de las relaciones industriales llevó muy raramente a acciones violentas. Lo que debemos analizar es cómo la acción directa rompió tanto con la pasividad anterior que permitía el abuso patronal sin restricciones como con la que aún dependía de las concepciones de legitimidad. Una tercera cuestión es la pregunta de cuán comunes fueron realmente tales acciones. Aunque nos gustara ver con Avrich, al paseo como un elemento distintivo de 1917, la evidencia sugiere que en realidad era más un símbolo de radicalización que una práctica habitual (34). Rosenberg y Koenkev sólo pudieron registrar 6 episodios de paseo en Moscú y Petrogrado. Si ésta es una evaluación realista de la escala de los paseos queda como una cuestión abierta. El análisis de la experiencia de fábricas aisladas sugiere que fueron más comunes (35). Pero lo que es importante para nosotros es que la baja cifra reportada sugiere que el paseo sería mejor considerarlo como un símbolo de radicalización, antes que como "el sonido de la revolución proletaria en las ciudades rusas (Avrich)".


 


Si miramos más allá, a otras formas de violencia popular, el cuadro es igualmente complicado. Read, en particular, sostiene firmemente que su real dimensión ha sido exagerada e insiste en que, cuando la violencia popular tuvo lugar, debe ser apreciada en el contexto de una cultura y costumbre populares y racionales. En el ejército, por ejemplo, las tomas del control desde abajo fueron "espontáneas, ordenadas y responsables". Los comités de castigo, cuando fueron usados, reflejaban una escala de valores aceptada (36). También refuta el cuadro de una anarquía campesina en el campo: "disturbios violentos, en los cuales los terratenientes y sus colaboradores fueran seriamente lastimados y muertos, fueron pocos y dispersos. Los daños a la propiedad fueron más raros que lo que la leyenda sostiene. Después de todo, los campesinos eran gente práctica, que prefería tomar y usar los bienes, antes que destruirlos sin objeto… Los campesinos actuaron rudamente y con crudeza, pero, como norma, no fueron maliciosamente destructivos". Las acciones de los campesinos fueron generalmente racionales y coordinadas, lo que refleja el sentido de legitimidad y la habitual justicia de los campesinos. Cuando tomaban la forma de ataques, usualmente tenían una clara lógica, por ejemplo la quema de una casa solariega significaba que los terratenientes no podían retornar (37). En los centros urbanos, también, aparecían fuerzas similares y puede apreciarse el desarrollo de una lucha sobre la naturaleza de la cultura popular. Tyrkova-Williams ilustró esto, con relación a los derechos de la mujer, antes que su visión de la revolución se volviera adversa. Informa cómo una activista de clase media felicitaba a una multitud de mujeres en la cola de la panadería porque ahora iban a tener "sus derechos". Era recibida con cierto desconcierto, hasta que un soldado preguntó "¿Quiere decir que no puedo golpear a mi esposa?" La multitud gritaba: "Nada de eso. Atrévete. No lo hagas. ¿Dejaremos que nos sigan golpeando? Nunca más en nuestras vidas. Nadie tiene ese derecho ahora" (38). Mucho se habla de ataques indiscriminados contra los que parecían burgueses o intelectuales, pero estos ataques eran asociados aun antes de 1914 con las actividades de las Centurias Negras (el ataque a la gente con lentes, intelectuales, en la reacción de 1905/6 es señalada por Pipes). Más aún, el lenguaje violento, que algunos seguidores del giro lingüístico ven como un indicador significativo, no es necesariamente una buena guía en la práctica. Las fotografías de las masas revolucionarias, e incluso de los Guardias Rojos, muestran personas bien vestidas. Los líderes bolcheviques no eran conocidos por vestir mal y cuando la primera estatua de Karl Marx fue instalada frente al Instituto Smolny, era difícil imaginar una imagen más burguesa que la que allí se erguía; en palabras de Arthur Ransome, con un "enorme sombrero, como la boca de un cañón de 18 pulgadas" (39).


 


Cuando se trata la cuestión de quiénes estaban involucrados, Read sostiene que "los elementos más violentos de la clase obrera eran los obreros sin oficio, los chernorabochii (40) … que frecuentemente eran los inmigrantes más recientes", pero éstos también enfrentaban las condiciones más extremas. Smith señala además que la mayor violencia popular parece haber tenido lugar después de Octubre, en el contexto de la espiral de crisis post revolucionaria, cuando el abastecimiento de alimentos y materias primas se derrumbó en el invierno de 1917/18. Pero inclusive entonces no queda claro cuán generalizado era. Arthur Ransome envió un cable a su periódico el 29 de diciembre (calendario nuevo): "los informes de desórdenes… están basados en su mayoría en distorsiones intencionadas de los periódicos de oposición. La ciudad está más calma de lo que lo ha estado (sic) durante meses antes de que los bolcheviques tomaran el control. Por primera vez desde la revolución, el gobierno de Rusia está basado en una fuerza real. La gente quizás no quiera a los bolcheviques, pero les obedece con presteza" (41). Lejos de auspiciar la violencia indiscriminada, el movimiento revolucionario se oponía a ella y la condenaba. Los obreros organizados eran especialmente hostiles a la idea de las revueltas y veían la necesidad de defenderse contra ellas. Read señala que ésta era una de las tareas de los Guardias Rojos y de las milicias obreras, y aunque su escala no debiera ser exagerada, sostiene que "constituían la evidencia incontrovertible de que el movimiento popular no era simplemente una turba" (42). Getzler va más allá, sosteniendo que la violencia era inversamente proporcional al número de obreros políticamente activos, puesto que ellos apuntaban a un enfoque más constructivo. Esta es una razón por la cual, a pesar de la creciente brecha entre el Gobierno Provisional y los activistas, aquel seguía queriendo su apoyo en 1917. Esta determinación por dar una dirección al movimiento popular se aplica por sobre todo a los bolcheviques. Es evidente, también, en uno de los casos más notorios el asesinato a manos de los marineros de dos ex ministros del gobierno provisional, Shingarev y Kokoshkin mientras estaban enfermos en el hospital. Los historiadores más hostiles señalan esto como un ejemplo de la brutalidad de las masas revolucionarias, pero pocos han notado que se llevó a cabo una campaña contra tales actos de violencia indiscriminada entre los soldados y marineros. Arthur Ransome dijo acerca de Krylenco, por ejemplo, "recuerdo escucharlo hablar en las barracas después del asesinato de Shingarev y Kokoshkin, llamando a la lucha de clase y, al mismo tiempo, explicando la diferencia entre ella y el asesinato de hombres enfermos en su lecho. Se refirió al asesinato y, mientras continuaba su discurso, hablando de otro tema, mencionó la acción de un hombre que se acercaba a una cama y mata con una pistola a una persona que duerme. Era un truco, claro, pero el efecto horrible, repugnante, sacudió a toda la audiencia con un temblor de disgusto" (43). Claro está que este tipo de argumentos no siempre eran exitosos. Shingarev y Kokoshkin fueron asesinados. Pero esto no significa que debamos ignorar la lucha que se libraba en el seno del movimiento popular por darle una dirección y mantener la línea contra las fuerzas del caos y el desorden, de arriba y de abajo (44). No es posible, entonces, contraponer simplemente modelos de comportamiento en 1917. El análisis de Getzler es especialmente interesante a este respecto, porque sostiene que lo que estaba en juego en 1917 era un enorme proceso de enseñanza democrática, que venía no de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba. A pesar del encantamiento con el hecho de que la Asamblea Constituyente fue la única elección libre de la época, es probablemente cierto decir que ningún otro pueblo en la historia mundial tuvo tantas oportunidades de votar como los rusos (especialmente los obreros de la ciudad) en 1917 elecciones para los consejos locales, para los sindicatos, para las cooperativas, para distintas organizaciones locales, para los comités de fábrica y, las más famosas, para los soviets. "Los soviets rusos se convirtieron en un vasto campo de entrenamiento en prácticas electorales, procedimientos parlamentarios y pluralismo político", escribe Getzler. Relatos de la lucha por la democracia soviética a menudo parecen estar basadas en la presunción de que mientras las elecciones para la Asamblea Constituyente involucraban a muchos, las elecciones de los soviets y demás organizaciones involucraron a unos pocos. De hecho, mientras votaron cuarenta y cuatro millones en las elecciones para la Asamblea Constituyente, Getzler sostiene que alrededor de 20 millones lo hicieron para los soviets de la ciudad y 17 millones para los del campo (45).


 


Esta fue una respuesta inmensamente positiva desde abajo, especialmente cuando, en los votos otorgados a los no-rusos (incluso a los judíos), podemos apreciar el quiebre de uno de los peores legados del antiguo régimen. Lo mismo sucede con la elección de mujeres. Vale la pena recordar que las caras populares del bolchevismo en 1917 eran Trotsky y Kollontai. Seguramente debe tenerse en cuenta también las políticas que se llevaban adelante en el interior de la democracia revolucionaria y la manera en la que trataban de cambiar creencias y costumbres. Esto coloca a historiadores como Figes y Pipes en una especie de dilema. En la medida en que se oponen y desacreditan a la democracia popular, se oponen a las fuerzas creadoras de 1917. Aunque se empeñen en negarlo (especialmente en el caso de Figes, más liberal), se alinean efectivamente detrás del orden desde arriba, legitimando la imposición del gobierno de arriba hacia abajo, a través de lo que imaginan son las benévolas tendencias civilizadoras de los que dirigían la sociedad rusa.


 


4. La conformación de clase y las cuestiones políticas


 


¿Significa esto que debiéramos preferir un relato como el de Read, al de Pipes y Figes? Si ésta fuera la alternativa, la respuesta debería ser un sí inequívoco su relato es mucho más balanceado, mucho más matizado y muestra un mejor entendimiento de todos los aspectos de la revolución. Pero esto no significa que su enfoque pueda ser avalado de manera acrítica, porque puede decirse que fracasa en superar las debilidades claves del enfoque de la historia desde abajo; y esto no sólo lo deja vulnerable a los ataques de los Figes y Pipes sino que, en cuestiones claves, le hace llegar a conclusiones que parecen el eco de las posiciones de aquéllos.


 


Read, por ejemplo, comparte la opinión de que la clase obrera estaba incompletamente formada en 1917. Esto por dos razones, relacionadas con la sociología del movimiento popular. La primera, es la opinión de que el proceso subyacente de constitución de clase era aún débil. "El proletariado no era tanto una clase estable, sino una estación de paso con una corriente constante de gente, que venía desde las aldeas y que volvía a ellas en las épocas malas o, en el caso de la mujer, para tener familia". Sugiere que esto llevaba a una mayor importancia del narod, del pueblo, que de la clase, llevándolo a la conclusión de que, en lo que denomina el sentido thompsoniano, la clase obrera rusa en 1917 era "una clase obrera incompleta, o una clase obrera en formación". Luego hace una segunda observación, en el sentido de que cuando los obreros viraron hacia el bolchevismo, lo hicieron de manera defensiva, en busca del programa original de Febrero, que los demás partidos fracasaron en alcanzar. Así, "lejos de una marea creciente de entusiasmo revolucionario a los trabajadores a medida que la revolución se desataba, la atmósfera en la que vivían era de crecientes amenazas a su subsistencia". La consigna todo el poder a los soviets fue un "último recurso defensivo"; "el programa popular un mejor trato para los obreros, la redistribución de tierras, la protección ante la crisis económica, una mayor democracia directa y un justo fin a la guerra permaneció como un programa relativamente estable que buscaba ser implementado". "El movimiento popular no viró hacia el bolchevismo porque se haya convertido a su filosofía básica". Los bolcheviques fueron apoyados porque eran los "mejores mencheviques", afirma irónicamente.


 


La dificultad aquí es que deja de lado por entero la cuestión política. La conciencia popular en 1917 implicaba opciones políticas, como sostuvo John Marot (46). No es cuestión de introducir la política desde afuera, o verla, como hacen los posmodernos, como una fuerza autónoma. Se trata de ver las elecciones que el pueblo realiza como elecciones políticas, que requieren argumentos políticos. El hecho de que los trabajadores hayan sido llevados defensivamente a rechazar a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios (de derecha), no significa que esto no implicara una transformación política de sus ideas. Lo que Read hace, sin embargo, es inclinarse hacia la tendencia de la historia social a suprimir una comprensión política del movimiento popular, concibiendo al estómago como al que gobierna la mente de la gente que protesta, más que explorando la relación entre ambos. Esto tiene un efecto doble. En lugar de que la conciencia de clase esté relacionada con la situación material de los trabajadores en un proceso que es, a la vez, social y político se la convierte en algo que es más crudamente social y, por lo tanto, más crudamente determinista. También lleva a la opinión de que lo que sucedió en 1917 sólo fue una convergencia temporaria entre el movimiento popular y una política bolchevique que existía independientemente del movimiento, en el aire, para decirlo de alguna manera, y condenada a quedar aún más en el aire cuando las mismas fuerzas sociales que levantaron al movimiento popular antes de 1917 volvieron sobre sus pasos y la arrastren hacia abajo después de octubre, creando una situación en la cual los bolcheviques (y los socialistas revolucionarios de izquierda) inevitablemente iban a gobernar en nombre de la clase obrera, más que a través de ella. Esto también lleva a Read al conocido argumento de que hay una contradicción entre la visión emancipadora de Marx y la de Lenin en 1917, a pesar de lo que Victor Serge llamaría posteriormente el comunismo libertario de la época.


 


5. Degeneración revolucionaria y violencia, organizada y no organizada


 


Una vez que Read se aleja de Octubre, encontramos un conjunto de dificultades más que familiares. En su raíz, está su ambigüedad frente a la relación entre las políticas de la época y el posterior desarrollo del stalinismo. Esta es la cuestión clave de la relación Lenin-Stalin. Decimos relación Lenin-Stalin, porque sostener una disputa entre el leninismo y el stalinismo, es prejuzgar a favor de Stalin, puesto que el leninismo, como un ismo, fue sobre todo una creación del período inmediatamente posterior a la muerte de Lenin, de la lucha faccional de la época. Para Read, sin embargo, como para muchos historiadores, el post Octubre y aun el clima de Octubre están cargados de presagios de lo que estaba por venir y esto se trasluce en su lenguaje. Así, en el proceso de rechazar el modelo monolítico del bolchevismo, lo describe como un montón de "sectas en riña", con Lenin como un Ayatollah y a los leninistas como "archi-fundamentalistas, temerosos del contacto potencialmente contaminante con los infieles". Su propia aceptación de las opiniones convencionales acerca de lo que es y no es el socialismo, se refleja también en un par de referencias, fuera de contexto, respecto de Mao y hasta de Pol Pot. Al final, tenemos un elogio al fallido programa de reformas de Gorbachov, cuyos mejores aspectos, sugiere Read, "representaban el sano ideal de las experiencias post-revolucionarias rusas, abriéndose paso a través de los restos dilapidados, y totalmente desacreditados, de la dictadura stalinista" (47).


 


Con esta perspectiva, Read se aleja inevitablemente del argumento de que la revolución fue desviada de su sendero original por las horrendas circunstancias de la guerra civil, hacia la concepción de Furet de que las revoluciones (ya sea la francesa o la rusa) construyen su propio porvenir. Como sostiene Read: "Uno ya no puede esgrimir consideraciones de este tipo para relevar al bolchevismo de su parte de responsabilidad por el resultado. Irónicamente, una y quizas la principal razón del fracaso de este sueño no residía en los enemigos de la revolución desde la derecha que fueron derrotados con sorprendente facilidad y nunca parecieron acumular poder como para revertir la revolución social sino de sus amigos bolcheviques". Es cierto que, a diferencia de Figes y Pipes, Read percibe que había algunas opciones disponibles al terminar la Guerra Civil ("aun en 1921 varios futuros quedaron abiertos. El proto-stalinismo había ciertamente ganado terreno, pero su posterior evolución no era inevitable, aunque Lenin apareció impulsando una línea fundamentalista intransigente en el Xº Congreso de aquel año"). Pero con éste énfasis aún sigue al Furet de la Revolución Francesa, por lo menos por el hecho de poner el acento en la dinámica ideológica interna más que en las circunstancias externas.


 


Para concluir nuestra discusión, llamaremos la atención sobre dos de las muchas dificultades que surgen con esta argumentación. La primera es la manera en que conduce a una mala interpretación de las primeras medidas de auto-defensa revolucionaria. Read no es indiferente a los dilemas generales del nuevo estado revolucionario, en el área de la ley y la auto-defensa. Señala, por ejemplo, el problema acerca de qué ley debe hacerse cumplir. Pero el peso del futuro pesa tanto en sus análisis de 1917/18, que ilegítimamente hace a la historia de la época prefigurar los hechos posteriores y, por lo tanto, reducir el significado del cambio que ocurrió posteriormente. Las contradicciones que esto produce están fielmente ilustradas en el comentario de Read del arresto, en Octubre, a cargo de Antonov-Ovseenko, de los ministros del gobierno provisional: "en un gesto lleno de presagios del sistema burocrático que nacía aquella noche, la primera cosa que Antonov-Ovseenko hizo cuando arrestó a los ministros (del gobierno provisional) fue redactar un acta y hacérselo firmar a todos los presentes". Este es un típico ejemplo de la actitud que los historiadores adoptan ante los bolcheviques y sus seguidores durante este periodo y que no les deja ninguna opción ganadora. Si los ministros hubieran sido amordazados, golpeados y quizás fusilados, esto habría sido interpretado como una manifestación de revuelta, pero como se intentó darle alguna formalidad al arresto, esto prefigura el futuro burocrático del sistema. De hecho, visto en términos de 1917, la actitud de Antonov-Ovseenko adquiere todo su sentido. Se trataba de un momento de alcance histórico la supremacía de lo nuevo sobre lo viejo, un momento que necesitaba ser documentado, tanto para registrarlo como para legitimarlo, un documento que registrara la transferencia "de facto" del poder, para luego ser acompañado de documentos constitucionales de "jure". Requería de ello, más aún, precisamente, porque éste era un acto político consciente y no una revuelta sin conciencia política. Es difícil concebir cómo una revolución genuina hubiera requerido otra cosa y, por lo tanto, no tiene sentido considerarlo como una expresión de degeneración burocrática.


 


Claro está que finalmente la revolución no pudo estar a la altura de sus ideales de 1917. Para explicar esto, de todos modos, debe considerarse la espiral de crisis que los revolucionarios enfrentaron después de Octubre. Aquí la promesa del enfoque de la historia social no se ha cumplido, en parte porque sus seguidores no prestaron la atención suficiente a la cronología de la crisis. Roxa Luxemburgo puso esto en claro: "todo cuanto ocurre en Rusia es comprensible y representa una inevitable cadena de causas y efectos, de la cual el punto de partida y el término final son: el fracaso del proletariado alemán y la ocupación de Rusia por parte del imperialismo alemán" (48).


 


La idea crucial aquí es la de "una inevitable cadena de causas y efectos". Si pensamos en términos de una espiral de crisis, es fácil comprobar cómo es posible conectar ciertos puntos de la espiral para obtener una línea recta o generalizar en forma simplista a través de la senda descendente. La historia social más analítica de Read cae en esta trampa al generalizar a través de la espiral, en vez de seguir sus idas y vueltas. Pipes y Figes, por otra parte, con un mayor énfasis en la narrativa, tienen algún sentido del movimiento, pero están demasiado concentrados en encontrar la línea recta, en vez de analizar la complejidad de las perspectivas cambiantes. Este enfoque es acompañado por más detallados estudios acerca de la Guerra Civil, que tienden a disolverla en un conjunto de guerras civiles separadas. Que la oposición a los bolcheviques no era monolítica, hace rato que se sabe; se ha prestado mucha atención, por ejemplo, a la oposición de los campesinos y de las denominadas fuerzas verdes. Pero esto no significa que la guerra no tuviera una unidad básica. Más aún, está en la naturaleza de la guerra que se reduzcan las opciones, a menudo en forma sencillamente brutal, a la alternativa de "a favor o en contra". Esto es así en parte por lo que Clausewitz llamaba la "niebla de la guerra" la confusión, tanto política como militar, que llega con el humo de la batalla y que es parte de la labor del historiador recrear. Pero también reduce las opciones porque está en la naturaleza de la guerra reducir lo que podemos llamar la "estructura de opciones". Como consecuencia de tan terribles acontecimientos, a menudo es tentador ir hacia atrás en el tiempo y re-escribir la historia como si hubiese habido terceras vías. La historia militar está llena de este tipo de especulaciones. Pero si se pierde de vista el carácter punzante de las opciones reales de la época, se deja de trasmitir convicción, y mucho de los más recientes escritos acerca de la Guerra Civil hacen precisamente esto.


 


De manera similar, los tres relatos de la revolución examinados aquí, tienden a evitar consideraciones serias acerca de la "estructura de opciones". Fallan en comprender el grado en que el proceso general de decadencia social afectaba a la clase obrera y, por lo tanto, socavaba las bases del régimen posterior a 1917. Mientras todos reconocen la descomposición de la población urbana en gran parte de Rusia, tienden sin embargo a considerar a la clase obrera como un ente estático, especialmente cuando se trata de contrastar las políticas del régimen con los intereses de la clase obrera durante la Guerra Civil. Pero esto es minimizar el dilema de los bolcheviques y quebrar la cadena de causa y efecto que señalaba Rosa Luxemburgo. Una vez hecho esto, es fácil entonces atacar a los bolcheviques por gobernar sobre la clase obrera, en vez de a través de ella.


 


La dimensión real del dilema de la época puede ser percibido si incorporamos el concepto de causa y efecto al relato de 1918/1921. La crisis, por ejemplo, puede ser percibida en su mayor profundidad en Petrogrado, y en la medida en que ésta era el crisol de la revolución, su colapso fue quizás el indicador socio-político más serio de la magnitud del desastre de la Guerra Civil (49). Mientras la población de Petrogrado cayó de 2,4 millones en 1917 a 740 mil en 1920 (una caída del 70%), las cifras de la clase obrera industrial cayeron aún más. Entre enero de 1914 y enero de 1917, el número de obreros fabriles creció de 242.600 a 384.600, un aumento neto de 142.000 y un aumento bruto cercano a 180.000, cuando se toma en cuenta la movilización del 15-17% de la fuerza de trabajo, para alistarse en la guerra. En 1917, las cifras se mantuvieron más o menos estables hasta Octubre. Pero, para esa época, la economía ya estaba en los inicios del círculo vicioso del colapso, frente al cual, en algún sentido, la revolución fue un intento desesperado por detenerlo. A pesar de los mejores esfuerzos del nuevo gobierno revolucionario, dos sucesivas oleadas de crisis aplastaron a la clase obrera de la ciudad. La primera ola, desde octubre del 17 hasta el verano de 1918, implicó el primer reclutamiento para el Ejército Rojo, el envío de trabajadores para extender la revolución a las provincias, intentos apresurados por lograr una desgarradora conversión fabril hacia el esfuerzo bélico y, más importante, el impacto de la desesperante falta de alimentos y la carencia de materias primas. El impacto combinado de todo esto hizo caer el número de obreros industriales activos a 293.000 en enero de 1918, 159.000 en abril y 115.000 en octubre de 1918. En este mes, una segunda ola de crisis, esta vez directamente inducida por la Guerra Civil, devastó la ciudad. En los próximos dos años, otros 40.000 trabajadores se incorporaron al Ejército Rojo, 20.000 fueron transferidos a la órbita estatal y quizás otros 20 mil murieron, cuando la tasa de mortalidad llegó en determinado momento a un 80 por mil. En su punto más bajo, el número de obreros fabriles se redujo a cerca de 80.000 un 20% del nivel de 1917. Pero esta cifra era tanta porque muchos nuevos obreros fueron arrastrados a la fuerza laboral en 1919 y 1920, a menudo desde otras clases sociales. De los que estaban en las fábricas de Petrogrado en 1917 quizás sólo quedaban 50.000 en 1920 el 12,5% de la cifra de 1917.


 


Esta crisis se sintió también en el partido, ya que los obreros dejaban el trabajo para pelear, en otras formas, por la revolución. Si en octubre del 17, el partido tenía 45 mil miembros en la ciudad, para marzo del 18 tenía 36 mil y para agosto del 18 sólo 15.500. Una encuesta, en octubre de 1918, mostraba que sólo el 41,2% de los miembros había ingresado antes de Octubre, con lo que en el curso de un año quizás el 80% del partido de Octubre del 17 había dejado la ciudad para pelear y ayudar a la revolución a propagarse en otros lados (50).


 


Estas cifras demuestran dos cosas. Primero, muestran claramente cómo la descomposición de la clase obrera significó que el partido debió sustituir a la clase, pero también cómo, dentro del partido, el poder inevitablemente se desplazó hacia arriba. Segundo, muestran cuán equivocado es imaginar que uno puede sencillamente contraponer el partido a la "clase" durante la Guerra Civil, o en los tensos días de comienzos de 1921 durante las huelgas de Petrogrado y la revuelta de Kronstadt. En este punto, la "clase obrera" sencillamente ya no era una entidad significativa. Esto explica la gran paradoja que nunca ha sido plenamente considerada por los críticos de los bolcheviques; que aun sus críticos obreristas de la época se encolumnaron en los períodos de crisis política detrás de ellos, más que de la clase obrera, porque agitar las banderas de la clase obrera para ese entonces era invocar a un ente retórico más que una fuerza realmente existente.


 


El problema fue, entonces, que, durante la Guerra Civil, los bolcheviques tuvieron que reaccionar burocráticamente porque no había otro camino. Por supuesto, Rosa Luxemburgo señaló en su relato los problemas de esta situación, como los percibió en sus primeras etapas: "el peligro sólo comienza cuando se hace de la necesidad una virtud, forzados por circunstancias adversas". Pero para entender esto es necesario apreciar el cambio ideológico que se produjo en este período, en que las necesidades se convirtieron en virtudes. Pero precisamente porque Pipes, y otros como él, consideran a la historia como una línea más o menos recta, son incapaces también de medir plenamente el cambio ideológico que se produjo. Esta es una cuestión decisiva porque, quizás con excepción de El Estado y la Revolución de Lenin, no hay un solo trabajo escrito en 1917 que codifique la esencia de la democratización desde abajo tal como era vista en esa época. Por el contrario, cuando los contemporáneos fijaron sus opiniones acerca de lo que fue 1917, estaban influidos por las medidas de la Guerra Civil, aunque los escritos más sensibles de esa época, como la obra de Victor Serge, permiten casi palpar la cambiante re-definición de la revolución que estaba desarrollándose y las tensiones que producía (51).


 


Conclusiones


 


Recordando las muertes durante el Terror jacobino, Thomas Jefferson escribió que "las deploro tanto como cualquiera y algunas las deploraré hasta el día de mi muerte. Pero las deploraría como debiera, si hubieran ocurrido en combate. Fue necesario usar el brazo del pueblo, una máquina no tan ciega como las balas y las bombas, pero también hasta un cierto punto ciega" (52). Este es un juicio que aún conserva su poder tanto respecto de la Revolución Francesa como de la Revolución Rusa, aunque recientemente hasta Jefferson se haya ganado el oprobio de un escritor como Conor Cruise OBrien.


 


Pero "usar el brazo del pueblo" no es popular hoy, ni en el Este ni en Occidente. Cuando los historiadores lo rechazan, sin embargo, deben tener cuidado con la tendencia a alinearse en apoyo al orden establecido. Nada es más fácil que crear lo que podemos llamar la tiranía de las dos alternativas la opción es "de Lenin a Stalin" o "democracia y mercado". ¿Pero qué pasaría si éstas no fueran las opciones? ¿Qué pasaría si Lenin no derivara en Stalin y si la "democracia y mercado" no fuesen el fin de la historia? A su manera, los trabajos de Pipes y Figes son colaboraciones políticas directas. Pipes ha estado involucrado activamente en política en EE.UU. y en Rusia, y el relato de Figes se acomoda perfectamente a las perspectiva de la intelligentsia liberal de Occidente y al sector de Yeltsin en el Este (53). Pero Rusia está sufriendo el trauma de un cambio cuyo costo humano es enorme y montado en él está la clase que se benefició con la degeneración de la revolución, la clase que llegó al poder en su nombre pero sobre sus muertos, robándole la memoria para sus propios intereses. Ahora, vestidos con nuevas ropas, proclaman sus nuevos compromisos y están felices porque 1917 sigue siendo asociado con el régimen que alguna vez dirigieron, o con los restos de los PCs stalinistas que ocasionalmente marchan en la Plaza Roja como parte de la alianza Roja-Marrón. Los historiadores, sin embargo, deberían cuidarse de caer en la trampa de alinearse demasiado fácilmente con estas opciones. Cuando E. P. Thompson hablaba de rescatar el pasado de "la enorme condescendencia de la posteridad" no se trataba sólo de una cuestión de tratar de entender las actitudes de pequeñas sectas del pasado sino de tratar de rescatar la naturaleza de las verdaderas opciones que se presentaban entonces. Hacerlo no es sólo hacer justicia con el pasado sino también es hacer justicia en el presente, en un mundo en que existe todavía demasiada poca justicia verdadera y demasiada gente cuyo bienestar y posición social depende de mantener en las sombras el pasado.


 


 


Notas:


1. Francois Furet, Interpretando la Revolución Francesa, Cambridge, 1981.


2. Comparar a Vladimir Broukin, Los mencheviques después de Octubre. La oposición Socialista y el surgimiento de la dictadura Bolchevique, Cornell, 1997 con sus otras obras. Detrás del frente durante la Guerra Civil, partidos políticos y movimientos sociales de Rusia (Princeton, 1994) y Los bolcheviques en la sociedad rusa (Yale, 1994).


3. Marc Ferro, La Revolución bolchevique. Historia social de la Revolución rusa, Londres, 1985.


4. Germady Schkliarevsky, El movimiento obrero en la Revolución rusa. Comités de fábrica y sindicatos, 1917-1918, Nueva York, 1993.


5. Maurice Brinton, Los bolcheviques y el control obrero, Londres, 1970.


6. Ver: Martín Malia, La tragedia soviética: la historia del socialismo en Rusia, Nueva York, 1994; Richard Pipes, La Revolución Rusa, 1899-1919, Londres, 1992; y también de Richard Pipes, Rusia bajo el régimen bolchevique, 1919-1924, Londres, 1995.


7. Hooligans en el original. Término que hoy se utiliza para los barrabravas violentos de Inglaterra. Más en general se usa para las barras violentas marginales, para las patotas o pequeños matones [nota del traductor].


8. R. Pipes, La Revolución Rusa, op.cit., pág. 281.


9. Christopher Read, Del Zar a los soviets: el pueblo ruso y su revolución, Londres, 1966, pág. 62.


10. Steven Smith, "Una reseña: Richar Pipes. La Revolución Rusa " (1990), revista Social History, 1992, pág. 332.


11. R. Pipes, La Revolución Rusa, op. cit; págs. 281, 298, 386, y 398. Tal como han señalado ciertos cantidad de críticos, Pipes ofrece una concepción muy inexacta del liberalismo, que se volvió crecientemente hostíl a la izquierda después de 1905.


12. C. Read, op. cit., pág 5.


13. Joan Neuberger, Hooliganismo: crimen, cultura y poder en San Petersburgo, 1900-1914, California, 1993. Veáse también Laura Phillips "Mensaje en una botella: la cultura de la clase obrera y la lucha por la legitimación revolucionaria", Revista Rusa, 1997.


14. Thomas Paine, Los derechos del hombre, Londres, págs. 22 y 23.


15. N. A. Vigdorchik, Destkaya Smertnost sredi petersburgskikh rabochikh, San Petersburgo, 1914.


16. G. Dobson, San Petersburgo. Londres, 1910, pág. 106.


17. Citado por Geoffrey Freeze, en De la súplica a la revolución. Historia social documentada de la Rusia Imperial, Nueva York. 1988, págs. 265-6.


18. Ver Robert Massie, Nicolás y Alejandra, Londres, 1968, para la familia zarista; también James C. Scott, La dominación y el Arte de la resisistencia, Yale, 1990.


19. Jeffrey Brooks, Cuando Rusia aprendió a leer: alfabetismo y literatura popular, 1861-1917, Princeton, 1985. Durante la revolución de 1905, un crítico liberal del zarismo decía que "el analfabetismo de los campesino era atesorado como la más preciosa de las joyas de la Corona Imperial" (citado por A. Meyendorff, Los antecedentes de la Revolución Rusa, Nueva York, 1919, pág. 95). Laura Phillips, op.cit., señala que los trabajadores instruídos, cultos, eran tratados frecuentemente como sospechosos por las autoridades y una buena manera para un activista obrero de evitar ser descubierto era fingir ser un borracho inculto.


20. Citado por Marcel Leibman, en La Revolución Rusa: orígenes, fases y significados de la victoria bolchevique, Londres, 1970, págs. 23 y 82.


21. Orlando Figes, La tragedia de un pueblo: la Revolución Rusa, 1891-1924, Londres, 1996, pág. 138, ofrece un juicio no menos sorprendente. Citando la estimación de 17.000 muertos y heridos por el terrorismo en la Rusia zarista, dice que esto representa "más de cinco veces el número de muertos en Irlanda del Norte durante los 25 años de disturbios…". La comparación intenta mostrar claramente la desventaja de la Rusia zarista, mostrando el grado en que el movimiento revolucionarios estaba preparado para el terror, augurando el posterior modelo de la revolución. Pero la comparación es completamente falaz. Notemos en primer lugar que compara "muertos y heridos" contra "muertos". Segundo, no brinda ninguna indicación de la composición de las víctimas (en Irlanda del Norte, la comunidad nacionalista, los leales a la corona, el ejército y la policía, etc., la composición de la cifra rusa no es clara). Tercero, y más importante, mientras el Imperio Ruso tenía una población de más de 160 millones en 1914, la población de Irlanda del Norte es de apenas 1,5 millones. Aplicando crudamente la tasa de muertes por terrorismode Irlanda del Norte a Rusia, nos daría más de 300.000 muertos. Igualmente, aplicando la tasa de muertos y heridos por el terrorismo a Irlanda del Norte daría no 3.000 muertos sino apénas 160 muertos y heridos. En otras palabras, el nivel de terror es enormemente mayor en Irlanda del Norte que en la Rusia zarista.


22. Barrington Moore Jr., Orígenes sociales de la dictaura y la democracia, Hardmondsworth, 1966, pág. 505.


23. Las cifras reconocidas por parte de Rusia en la Primera Guerra Mundial son de 15,7 millones de hombres movilizados, de los cuales 13,7 millones cumplieron servicio activo. Unos dos millones fueron muertos o fallecieron por heridas recibidas. Unos 0,7 millones fueron muertos o fallecieron por las heridas en el frente. Unos 5,1 millones fueron heridos o cayeron enfermos, de los cuales 1,1 millones murieron; unos 3,2 millones volvieron a pelear y el resto quedó inválido; unos 5,1 millones de soldados desaparecieron en acción o fueron tomados prisioneros (de los cuales 118 mil están registrados como muertos). Además, la lucha en el sector ruso del Frente Oriental creó unos 10 millones de refugiados cuya condición es comparable a las tragedias de refugiados posteriores durante este siglo. Debe tomarse en consideración el impacto de la guerra en la mortalidad civil en el frente interno. Véase R. W. Davies (ed), La transformación económica de la Unión Soviética, 1913-1945, Cambridge, 1994, págs. 60 a 62.


24. León Trotsky, Terrorismo y Comunismo. Una respuesta a Karl Kautsky, pág. 67.


25. J. Neuberger, op. cit, pág. 4.


26. Idem, pág. 277. Esta es una evidencia adicional que refuta la opinión de Pipes de que forzados a elegir entre la izquierda y la derecha, los liberales elegirían la izquierda.


27. Anton Chejov, "Campesinos", incluido en El amo ruso y otras historias, Oxford.


28. Richard Hare, Máximo Gorky. Reslista romántico o Revolucionario conservador, Londres, 1962.


29. Esto lleva a un planteo más amplio en la discusión sobre la cultura popular. Puede señalarse que la idea de respetabilidad, tan utilizada frecuentemente por los historiadores sociales, era un concepto que los trabajadores usaban social y políticamente, dependiendo de las circunstancias que enfrentaran.


30. Cuando se trata de demostrar sus credenciales feministas, sin embargo, Figes cae en el rídiculo en su relato de Alejandra Kollontai, quien no había sido tratada tan misóginamente por muchas décadas. Así, la encontramos (pág. 480) saliendo con Dybenko, cuando ella era "tan vieja como para ser su madre", (él tenía 28, y ¡ella 45!); practicando su "filosofía del amor libre con una larga serie de amantes antes de convertirse, en boca de todos, en la amante del rey de Suecia, cuando fue embajadora soviética, después de 1930". Figes, transcribe el chisme infantil de los años 30 como evidencia. Si se hubiera esmerado un poco más, podría haber agregado el cargo de roba abuelos al de roba cunas, puesto que, en 1930, (el respetable) Rey Gustavo tenía 72 y Kollontai 58. Luego acentúa su tarea arrojando el viejo bolazo de que la revolución decretó, en algunas zonas, la nacionalización de las mujeres, cayendo en uno de los mayores ejemplos de la propaganda negra de la época, y aparentemente ciego a la larga discusión sobre ésta cuestión. Véase, por ejemplo, a Alexei Velidov, El decreto de nacionalización de la mujer: la historia de una mistificación, en Novedades de Moscú, Nº 8-9, 1990.


31. John Reed, Diez días que conmovieron al mundo, Londres, pág. 37.


32. Véase Harvey Pitcher, Testigos de la Revolución Rusa, Londres, 1994, págs. 44, 61 y 252/3; también Adriadna Tyrkova-Williams, De la libertad a Brest-Litovsk. El primer año de la Revolución Rusa, Londres, 1919, capítulo 10 passim.


33. A. Heyking, Los problemas que enfrenta Rusa, Londres, 1918, págs. 26, 51, 60 y 81. Cómo era difícil defender el derecho de propiedad contra el prejuicio clasista del bolchevismo, Heyking sostenía que el ataque a las riquezas no era sino un medio para alcanzar el fin principal, aplastar a las clases educadas de Rusia.


34. Paul Avrich, "Los comités de fábrica rusos en 1917", en Anuarios de Historia de Europa del Este Nº 11, 1963, pág. 172. También W. Rosemberg & D. Koenkev, en Amercian Historial Review Nº92, "Los límites de la protesta formal: El activismo obrero y la polarización social en Petrogrado y Moscú, de marzo a octubre de 1917", 1992, pág 304.


35. Esta sección se ha visto enriquecida por los comentarios de Kevin Murphy, quien ha estado investigando la historia de la fábrica Guzhom. Las opiniones, en cambio, son mías.


36. Ver Read, op. cit, págs. 123 y 130.


37. Idem, págs. 114, 115 y 117.


38. Citado por Rosalind Marsch, "Nacimiento, muerte y renacimiento de la literatura feminista en Rusia" del libro Liberación Textual. Escritos del feminismo europeo del Siglo XX, Londres, 1991, pág 136.


39. Arthur Ransome, Seis semanas en Rusia, Londres, 1992, pág. 66.


40. En ruso en el original [nota del traductor].


41. H. Pitcher, op. cit. pág. 266.


42. C. Read, op. cit., pág. 88.


43. Arthur Ransome, op. cit., pág 117.


44. Figes aporta un caso ejemplo de la manera en que este tipo de contradicciones es ignorado, lo que ilustra tristemente el enfoque ingenuo en el tratamiento de los problemas y las evidencias, lo que arruina todo su relato. Se trata de la expropiación del oro, de las cajas de seguridad de los bancos en San Petersburgo en 1918. No era sólo un intento de expropiar los bienes de los ricos, sino de obtener las divisas internacionales que se necesitaban desesperadamente. Para Figes, de todos modos, lo que realmente importa es la forma de la expropiación. Cita en un relato de la época, una vívida descripción de un marinero, frotándose las manos ante la montaña del botín, interesado sólo en el oro, y aparentemente atolondrado, dejando de lado las joyas, incluyendo un huevo Fabergé. La autobiografía de la cual saca esta evidencia, de todas maneras usa este episodio para señalar lo contrario. Las memorias de la condesa Mershcherskaya enfatizan la necesidad de divisas, y la oposición de los propietarios que rehusaban entregar el oro diciendo "¡Dejen que entren los bastardos! Dejen que reduzcan el edificio a escombros!" La madre de Meshcherskaya fue una de las pocas que entregó volutariamente el oro de la familia. Era deber del marinero tomar sólo el oro, y dejar las joyas a su dueño original. Lo hizo registrando con cuidado qué era de lo que se estaba apoderando y luego entregándole un recibo a Meshcherskaya. "Que pena que yo, siendo aún una adolescente tonta … no tomé el recaudo de preservar el recibo. Sólo después de varios años me dí cuenta del valor de aquel documento histórico fascinante". Para Figes, no menos que para la "adolescente tonta", el significado del episodio está ausente o, peor aún, es deliberadamente atenuado en su relato para demostrar la violencia irracional de las masas de la época. Aquí tenemos al marinero revolucionario cargando en el episodio todos sus sentimientos y conciencia contradictorios, incluyendo parte de los desechos del viejo orden, como cuando reacciónó con hostilidad ante un collar de Otelo dentro de la caja fuerte: "¡Esto demuestra qué desvergonzadas eran las mujeres de las clases altas! ¡Yendo por la calle con imágenes de negros colgando de sus cuellos!". Pero en vez de robarse la joya, en vez de meterse en el bolsillo el huevo de Fabergé, tomó cuidadosamente lo que el estado revolucionario requería, redactó el recibo, y le devolvió el resto a sus dueños. En otras palabras, el punto central de esta historia es exactamente el contrario del que le atribuye Figes. Véase Figes, op. cit., pág. 527.


45. Israel Getzler, "Richard Pipes, historia revisionista de la Revolución Rusa", en Slavonic and East European Review, 1992.


46. John Marot, revista Revolutionary Russia, "Conflicto de clase, competencia política y transformación social: perspectiva crítica en la historia social de la Revolución Rusa", 7:2, 1994.


47. Read, op. cit., pág. 294.


48. Rosa Luxemburgo, "La Revolución Rusa" en Habla Rosa Luxemburgo, Path Finder Press, Nueva York, pág. 394.


49. Las muertes de la Guerra Civil son horrorosas, pero incluyen cuatro categorías. Primero, un estimado de 0,8 a 1,2 millones de muertos en combate (incluyendo enfermedades y atrocidades de ambos lados); segundo, hubo ejecuciones detrás del frente cuya escala permanece aún en discusión; tercero, hubo muertes por hambre y enfermedad que quizás sumen 2 millones para 1918-21; cuarto, hubo de 5 a 6 millones de muertes en la horrible hambruna de 1920-21 en la región del Volga. En total, unos 8-10 millones dependiendo de estimacions precisas en cada categoría. Estas cifras, a diferencia de las de los años 30, nunca fueron secretas. Fueron publicadas y ampliamente debatidas en los años 20 en Rusia, cuando la opinión oficial era que, dado que muchas podían ser imputadas a la contrarrevolución, las cifras eran una trágica consecuencia de la intervención extranjera y la actividad de los Blancos. La categoría clave, en términos del debate acerca de violencia revolucionaria en la Guerra Civil, se refiere a las ejecuciones "detrás del frente", y a las ejecuciones y atrocidades, al compás de los cambios del frente de batalla en que las regiones eran capturadas y recapturadas. La Cheka dió una cifra de sus propias ejecuciones, unas 13 mil, pero ésta excluye las muertes en combate y las producidas fuera de Rusia Central. William Chamberlin, el mejor observador neutral sugería que llevando estas cifras a un nivel más realista, nos daría unas 50 mil (William Henry Chamberlin, La Revolución Rusa, tomo 2, 1918/1921, "De la guerra civil a la civilización del poder", Pinceton, 1987). Graham Leggett, en su historia de la Cheka, más que duplicó esta cifra, lo que puede ser justificable pero es dificil de comprobar sobre la base de las evidencias que ofrece, y legitima infortunadamente su nueva estimación, llamando la atención del lector a su similitud con la de Robert Conquest, a la cual consideraba correcta para los períodos posteriores de la historia soviética (George Leggett, La Checa, la policía política de Lenin, la Comisión Extraordinaria de toda Rusia, Oxford, 1981). De hecho, ahora es ampliamente aceptado (aunque no por Conquest) que sus cifras posteriores, tanto de muertes como de campos de concentración, eran más o menos el doble de las reales. Otros autores han inflado las cifras aún más. Menor atención se le prestó al bando de los Blancos. Chamberlin no ofreció una estimación de esas muertes, tampoco lo hace Leggett, pero los autores que prestaron atención a esto sugieren cifras tan altas como las dadas por Leggett para el Terror Rojo, si no mayores aún. Mucho depende de la evaluación y clasificación de las muertes de judios en el sur. El terror de la denominada tercera fuerza también fue extendido; Read toma de Makhno aquéllo de que "los que se resitían eran tratados sin piedad" (Read, op. cit, pág. 259).


50. O. I. Shkaratan, revista Istoriya SSSR, 1959.


51. Victor Serge, La revolución en peligro. Escritos desde Rusia, 1919-1921, Londres, 1997.


52. Citado por M. Liebman, op. cit, pág. 338.


53. En un debate en la Radio de la BBC, para recordar el 80º aniversario de la Revolución, el historiador Boris Kolonitskii describió la obra de Figes como una que Yeltsin aprobaría.


 

Historia de Política Obrera


Esta investigación es un trabajo periodístico sobre la prensa partidaria, en general, y sobre la prensa y el periodismo obrero, en particular; por ello se hizo hincapié tanto en los contenidos como en la diagramación, edición y todos los elementos de impresión, difusión, etcétera. El presente artículo fue presentado a la cátedra de "Historia del Periodismo y las Comunicaciones en Argentina" de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.


 


Introducción


 


Esta investigación se hizo teniendo en cuenta la trayectoria del periódico del Partido Obrero a lo largo de más de treinta años de participación en el debate político nacional e internacional. Se intenta hacer en este trabajo un esbozo de los orígenes de Prensa Obrera en 1964 (con la denominación de Política Obrera) hasta nuestros días.


 


La formación de Política Obrera, agrupación de jóvenes trotskistas, que en 1964 se separan de Reagrupar (desprendimiento del MIRA Movimiento de Izquierda Revolucionario Argentino), para formar un gran partido obrero por la revolución socialista mundial, está íntimamente vinculada con sus publicaciones. Pues es bajo las banderas del marxismo-leninismo, que estos jóvenes veinteañeros se esforzaron por la construcción de un partido de la clase obrera. En esta ardua tarea, la función de un periódico que se transforme en la voz de los trabajadores y en su "organizador colectivo" es esencial.


 


Prensa Obrera es, desde 1983, el periódico del Partido Obrero, organización que sobrevivió al duro "Proceso de Reorganización Nacional" de los años 76/83 bajo la clandestinidad que se le impuso. Partido Obrero es el nombre que toma Política Obrera a partir de la apertura democrática.


 


Es importante destacar que, en la actualidad, Prensa Obrera tiene cinco mil suscripciones en todo el país y una periodicidad semanal de aparición. Si bien numéricamente puede no ser mucho, figura entre los periódicos políticos más vendidos, si no es el más vendido.


 


Esta investigación fue realizada, principalmente, sobre la base de los ejemplares originales de la publicación, gracias a la colaboración del Partido Obrero.


 


 


Historia de Política Obrera


 


Ficha técnica


 


Registro de Identificación – Morfología


 


Nombre del Medio: Prensa Obrera


 


Leyenda que acompaña al nombre: "Por un Partido Obrero"


 


Residencia de Redacción: Ayacucho 448, Capital Federal


 


Dirección de Internet: http:www.Po.org.ar E-mail: [email protected]


 


Periodicidad: semanal


 


Cantidad de Ediciones: una


 


Zonas de difusión: Capital Federal; Gran Buenos Aires: San Martín, Morón, Merlo-Moreno, La Matanza, Avellaneda-Lanús, Lomas de Zamora, Florencio Varela. Provincia de Buenos Aires: La Plata, Bahía Blanca, Mar del Plata, Mercedes, Olavarría, Carlos Casares, Junín. Interior: Tucumán, salta, Catamarca, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe, Chaco, Corrientes, Mendoza, San Luis, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz, Tierra del Fuego. Países extranjeros: Brasil, Estados Unidos, Bolivia, Uruguay, España, Inglaterra, Grecia.


 


Precio unitario: $ 1,50


 


Precio por suscripción: $ 20 anuales


 


Características de diagramación


 


Formato: tabloide


 


Cantidad de páginas: entre 8 y 16


 


Columnas por páginas: de tres a cinco


 


Expediente de identidad


 


Edición: Ediciones Rumbos (e.f.) Editor Responsable J. C. Rath – Domicilio Saavedra 427, Capital Federal.


 


Estructura Jurídica y Financiera: Registro de la Propiedad Intelectual Nº 192.643. Impresora Balbi, Belgrano 5951, Wilde, provincia de Buenos Aires. Fondo Partidario Permanente.


 


Distribución en Capital y Gran Buenos Aires: J. Montero & Asoc.


 


Distribución en el interior del país: D.I.S.A. Distribuidora Interplaza S.A. Pte. L. S. Peña 1836. TEL/FAX 4304-9377.


 


 


 


Algunos conceptos teóricos


 


Es de vital importancia para un trabajo serio sobre la historia de un periódico que se reclama marxista, leninista y trotskista enumerar los fundamentos teóricos que le dieron origen y que hasta el día de hoy continúan en vigencia. Básicamente, estos conceptos se encuentran en el libro Qué Hacer de V. I. U. Lenin, escrito entre fines de 1901 y principios de 1902. Allí destaca la función que debe cumplir una publicación periódica dentro del partido de la clase obrera.


 


Lenin decía al respecto: "…El primer paso práctico hacia la creación de la organización que deseamos y, finalmente, el hilo fundamental que nos permitirá desarrollar, ahondar y ensanchar incesantemente esa organización, debe ser la creación de un periódico para toda Rusia…". Destaca la función del periódico como el hilo conductor de toda la actividad política del partido y como el organizador colectivo de la organización, para unificar la influencia sobre el pueblo y sobre el gobierno. Siendo así, afirma Lenin: "Es más, el periódico debe ser, necesariamente, para toda Rusia. Mientras no sepamos unificar nuestra influencia sobre todo el pueblo y sobre el gobierno por medio de la palabra impresa, no dejará de ser utópico pensar la unificación de otras formas de influencia, más complejas, más difíciles, pero también más decisivas…".


 


El periódico deberá concentrar el descontento político y de protesta y fecundar el movimiento revolucionario. Pero teniendo en cuenta que la clase obrera primero denuncia las arbitrariedades de orden económico, un periódico debe lograr el paso siguiente que es, según sus propias palabras, el de "despertar, en todas las capas populares medianamente conscientes, la pasión por denunciar las arbitrariedades de orden político (…) La razón consiste en que las personas capaces y dispuestas a hacer la denuncia carecen de una tribuna desde la que puedan hablar…" Esta tribuna debe ser el periódico que se transforme en la voz del proletariado, en un verdadero órgano político de raigambre popular.


 


Para ejemplificar el concepto de organizador colectivo, Lenin dice: "El papel del periódico no se limita, sin embargo, a difundir ideas, a educar políticamente y a ganar aliados políticos. El periódico es no sólo un propagandista y un agitador colectivo sino también un organizador colectivo. En este último sentido, puede compararse con el andamiaje levantado en un edificio en construcción, que marca sus contornos, facilita el contacto entre los diversos grupos de obreros, les ayuda a distribuir las tareas y a ver el resultado final obtenido gracias a un trabajo organizado. Con la ayuda del periódico y en relación con él se irá formando por sí misma la organización permanente, que se ocupe no sólo del trabajador local sino del trabajo general y regular, que acostumbre a sus miembros a seguir atentamente los acontecimientos. La sola tarea técnica de asegurar la necesaria provisión de materiales para el periódico y su debida difusión obligará a crear una red de agentes locales de un partido único, que mantendrá entre sí un contacto vivo, que conocerán el estado general de las cosas…".


 


La idea es que el periódico sepa "en el momento oportuno, dar la consigna, para el combate decisivo y dirigirlo…".


 


Lenin se pregunta si puede un periódico ser un organizador colectivo; allí destaca que es el único medio que puede educar fuertes organizaciones políticas, y que éste debe ser difundido con frecuencia y regularidad (Lenin aquí dice que la frecuencia debe ser no mensual sino cuatro veces al mes). La idea es que la publicación cree un lazo de unión efectivo entre las ciudades, sobre la base de un trabajo regular para compartir las experiencias de todo el mundo. El periódico sería un incitador infatigable para que la gente siga hacia adelante, por todos los caminos, hacia la revolución.


 


El periódico, dice Lenin, incentivaría a los obreros a buscar distintas lecturas sobre los problemas más variados que se suscitan. "Cada explosión, cada manifestación se enjuiciaría, se discutiría en todos sus aspectos (…) haciendo surgir el deseo de no quedar a la zaga, de hacer las cosas mejor que nadie…".


 


Finalmente, Lenin dice, metafóricamente: "Este periódico sería una partícula de un enorme fuelle de forja que atizase cada chispa de la lucha de clases y de la indignación del pueblo, convirtiéndola en un gran incendio".


 


Características generales


 


Prensa Obrera, a lo largo de toda su historia, a pesar de los cambios de formato, diagramación e incluso de nombres, mantuvo ciertos rasgos que le son distintivos y que tienen que ver con su concepción política e ideológica. Uno de ellos es que nunca tuvo publicidad en sus páginas, porque no tiene otra financiación que la que le brindan sus lectores. No la subsidia el Estado ni empresa capitalista alguna. Esta autofinanciación representa, por un lado, la independencia política del periódico de los intereses de los pequeños y grandes empresarios y, por otro, representa un método fundamental de desarrollo de una prensa obrera. Es decir que intenta ganar el interés de la clase obrera, penetrar en los conflictos que la sacuden, transformarse en su vocero y tratar de generalizar sus experiencias políticas en términos de conclusiones, teorías y programa independientes. "Prensa Obrera no se regala, no se distribuye ni se difunde, se vende, es decir que sale por el esfuerzo, el sacrificio y la conciencia de clase de una parcela de la clase obrera" (extracto de artículo sobre Prensa Obrera, en su edición número 488, del 4/4/96).


 


Prensa Obrera trató siempre de no ser una publicación marginal dentro del movimiento obrero sino una tribuna de él, teniendo como objetivo llegar a ser un medio de comunicación de masas; por ello, sus intentos de abaratar los costos mediante las suscripciones y las distintas estrategias para que se venda en forma masiva. Intenta ser una alternativa distinta de lo que son los diarios como Clarín, La Nación, o Página 12, es decir la prensa burguesa. Dando otra perspectiva a los acontecimientos, defendiendo los intereses de los trabajadores en la lucha por su emancipación de la "explotación capitalista".


 


Prensa Obrera está íntimamente ligada al partido y a su política, no se la puede concebir al margen de él. La organización que la sustenta es la que tiene de conjunto una política nacional e internacional y la que trata de atrapar el interés de los trabajadores a través de este medio.


 


A lo largo de su historia, fue incorporando un numeroso grupo de colaboradores en todo el país, corresponsales y también un correo de lectores. Llamando incansablemente a los lectores a que escriban a Prensa Obrera, para que el periódico se transforme en el canal político que puedan utilizar manifestando sus inquietudes y sus intereses.


 


Por último, Prensa Obrera es, además de una posibilidad de debate y de tribuna, una posibilidad de oposición intelectual de los obreros argentinos.


 


Los orígenes: Política Obrera


 


La década del sesenta es el contexto en el que surgirá la organización "Política Obrera", época signada por la revolución cubana y por las luchas sociales en la Argentina y en el resto del mundo. Una nueva generación revolucionaria entra en escena, sector que comienza a plantearse la cuestión del partido revolucionario de la clase obrera, hecho que replanteará la actividad trotskista en el país.


 


Osvaldo Coggiola, en su libro El trotskismo en la Argentina 1960-1985, tomo 1, transcribe lo siguiente: "Política Obrera dice uno de sus fundadores nació en 1964 como resultado de una escisión en grupos existentes con anterioridad. Estábamos en el período de auge del maoísmo y aun de la revolución cubana. A raíz de una discusión de carácter estratégico, quedó definida una tendencia que hacía, por primera vez, un planteo basado en la tesis del trotskismo y en la necesidad de un trabajo estructural dentro del proletariado y de sus organizaciones…".


 


En 1961, un grupo de militantes, entre ellos Jorge Altamira, rompe con Praxis (grupo liderado por Silvio Frondizi), en oposición al planteo de "Movimiento de Liberación Nacional", considerado sin una base de clase, realizado por su dirigente. Junto con otro sector, crean MIRA (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y editan El Militante, luego este grupo se rompe y, en 1962, se crea Reagrupar, de tendencia marxista y foquista al mismo tiempo. Es en 1963 que Reagrupar se disuelve por el planteo que Jorge Altamira realiza, respecto de la estrategia de construir un partido obrero contra la del foco guerrillero tan en boga en ésta época. Idea de base programática trotskista. En torno de ésta se va creando un grupo de jóvenes de entre 18 y 22 años, llamado Política Obrera.


 


PO comienza una intensa actividad sistemática en torno de la clase obrera, asistiendo a las fábricas para vender sus materiales, analizando los conflictos fabriles en su prensa e interviniendo en los procesos de lucha de los trabajadores. Hacia 1967 y 1968, ya existían varias agrupaciones sindicales de PO: Vanguardia Metalúrgica, Trinchera Textil, Vanguardia Obrera Mecánica.


 


Los primeros pasos


 


Al principio, Política Obrera sale como revista, fueron seis números en forma bimestral y trimestral. El objetivo que tenía era sentar las bases programáticas de la organización. El número 1 de Política Obrera es de marzo de 1964. Es en los primeros números de esta publicación que se delimitan del resto de la izquierda y plantean la continuidad y vigencia histórica del leninismo-trotskismo, definiendo al trotskismo como "la ideología de nuestra generación", según lo expresan en un artículo. Tiempo después, comienza a salir como revista-boletín durante seis números, con una periodicidad mensual. Lentamente, la publicación se va regularizando y pasa a tratar los problemas del movimiento obrero, "pero todavía no de una manera muy popular sino como estudios reales de conflictos, huelgas de la época, etc…", comenta Rafael Santos, miembro de la comisión redactora de Prensa Obrera.


 


En cuanto a la diagramación, la revista era una impresión de Rotaprint en hoja oficio doblada por la mitad con dos colores (rojo y negro) solamente en la tapa. Contaba con dos columnas por carilla y con algunas fotos; la extensión era de 32 páginas.


 


Hacia 1968, el boletín ya sale quincenalmente, su lenguaje se populariza y trata sobre los conflictos de las fábricas, planteando reivindicaciones y salidas concretas a la clase obrera; además se transcriben materiales teóricos de León Trotsky, Lenin y Marx.


 


También realizan una crónica de los acontecimientos sucedidos en Francia (Mayo Francés). (Al respecto, se puede ver PO Nº 31, y tapa de PO Nº 47).


 


Por otro lado, comenta Rafael Santos que "el partido solía sacar folletos sobre algún problema específico del momento, como por ejemplo sobre la devaluación monetaria y el retorno de Perón; la ventaja del folleto es que era más popular. Se podía vender en forma masiva en concentraciones y en actos".


 


Existía también una publicación de una hoja perteneciente a las distintas listas sindicales, llamada Voz Obrera, destinada a la mención de las realidades de cada fábrica y escrita por los mismos obreros. Esta era reproducida de vez en cuando en el boletín. No tenía una frecuencia específica porque salía cuando surgía un ataque contra sus condiciones laborales.


 


Política Obrera y el gobierno de Onganía


 


El 28 de junio de 1966, Onganía da el golpe de Estado y promulga la ley anticomunista. Según Rafael Santos, "ahí es donde comienza de alguna manera el gran desarrollo del Partido Obrero, en el sentido de que con la dictadura empieza a haber toda una serie de huelgas de resistencia…", en las que el PO tiene una importante intervención.


 


Es en este momento cuando PO se convierte en periódico bajo diversas formas, "trató de salir primero en diarito y se hizo difícil (así que) salió como boletín quincenal". Durante la dictadura, las publicaciones de este tipo fueron prohibidas. Al principio, había imprentas que trabajaban en forma clandestina, pero esta tarea se les hacía cada vez más difícil y comenzaron a cobrar precios muy altos. Entonces, la impresión de PO se tuvo que realizar a través del mismo equipo que trabajaba en su elaboración, porque las imprentas comerciales se negaban a correr el riesgo de ser allanadas o clausuradas.


 


La temática giraba en torno de los conflictos en las fábricas, por ejemplo en Renault, la huelga petrolera de La Plata o la Intersindical de Bahía Blanca. Al respecto se puede ver la publicación de PO Nº 47, del 10 de marzo de 1969, en la cual se apoya a la huelga desatada en Citroën, llamando al paro general por tiempo indeterminado. También PO llamaba desde sus páginas a resistir y organizarse contra la represión que día a día se iba endureciendo con la intervención directa del Ejército y la policía ("Parar el malón policíaco-militar", PO Nº 32, del 1º de julio de 1968).


 


Inserción en el Movimiento Obrero


 


Política Obrera y el Cordobazo


 


"Con el Cordobazo empieza un ascenso muy grande que se nota en que todas las organizaciones de izquierda se refuerzan y entran a ganar gente (…) se produce el Mayo Francés del 68, Checoslovaquia, viene un aire de cambio que en la Argentina va a estallar con el Cordobazo. Pero antes del Cordobazo se produce esta gran huelga (petrolera), otra serie de huelgas, que aunque la dictadura las sigue ganando se nota que le cuesta mucho. Entonces, de alguna manera, son triunfos pírricos. La ganó, pero se extenuó completamente…", comenta Rafael Santos.


 


Política Obrera previó el Cordobazo una semana antes; por medio de los militantes cordobeses que enviaban informes con los acontecimientos preliminares se llegó a la conclusión de la inminencia de un estallido social. Desde su periódico lo venían anunciando a diferencia de las otras organizaciones de izquierda que caracterizaban al período como de reflujo en las luchas: "…Todo eso se sabía cuarenta y ocho horas antes y el partido estaba sacando volantes la noche anterior, llamando a acompañar. Nadie iba a saber que se iba a llamar Cordobazo, pero sí que iba a haber un hecho trascendental", continúa diciendo Santos.


 


Las agrupaciones sindicales clasistas de PO experimentaron un gran crecimiento en todo el país: muchos militantes pasaron a controlar varias comisiones internas de fábricas en Buenos Aires, Rosario y Córdoba.


 


Crean una juventud socialista con el objetivo de ser de masas hacia el año 1971: la UJS (Unión de Juventudes por el Socialismo), y en 1972 llegó a reunir a 1.200 militantes en su primer congreso. Es decir que, a principios de la década del 70, PO poseía una implantación real en la lucha de clases de nuestro país.


 


Este proceso va acompañado por una aparición más sistemática de la publicación. Comienza a salir semanalmente, porque a medida que el partido iba creciendo, vieron la necesidad de "un periódico en el sentido en que lo marca Lenin como organizador colectivo", relata Rafael Santos. Para ese entonces, tenía una tirada de entre 1.000 y 1.500 ejemplares que se vendían en mano, pues aún no se había implementado el sistema de venta por suscripciones. PO cambia su formato de revista por el de periódico tamaño oficio de largo, pero más ancho, incorpora nuevas tipografías, el uso de titulares destacados, fotos y un diseño más vistoso. Paralelamente, continúa popularizando su lenguaje.


 


En 1970, sus páginas ya hablan del retorno de Perón (PO Nº 76, 7/10/70, pág. 3), sobre la lucha por las libertades democráticas contra la dictadura y, por sobre todo, aparecen en cada edición notas referidas a la situación del movimiento obrero en el resto de los países del mundo: la resistencia de los trabajadores polacos contra la crisis económica, las movilizaciones de los obreros metalúrgicos de España, las manifestaciones en Estados Unidos contra la agresión yanqui en Vietnam, son sólo ejemplos del interés internacionalista que tenía y tiene esta publicación (tapa de PO Nº 89, del 10/5/71; págs. 9, 10 y 11 de PO Nº 81, del 4/1/71). Sobre la situación política y los problemas sindicales también continúan escribiendo. En cuanto a la realidad económica que atravesaban los trabajadores para ese entonces, Política Obrera planteaba profundizar un plan de lucha con paros, movilizaciones y congresos de bases. Es decir que el periódico apuntaba mediante sus titulares a realizar consignas en pos de la organización independiente de la clase obrera (al respecto se puede ver PO Nº 77, del 26/10/70, y tapa de PO Nº 76, del 7/10/70).


 


PO sacaba también publicaciones teóricas como el ABC del Comunismo de Nicolás Bujarin. "Ediciones Política Obrera" trataba de brindar a su público un análisis coyuntural de la situación del país y el mundo desde su periódico sin olvidar el material para que el proletariado se prepare y eduque en pos de la revolución mundial (PO Nº 85, pág. 11, del 15/3/71).


 


Para 1971, PO denuncia de antiobrero al acuerdo "Lanusse-Perón", al mismo tiempo que bregaba "por un 1º de Mayo obrero e independiente" (PO Nº 88, del 28/4/71, tapa y pág. 3).


 


A mediados del año 71, la publicación se agranda a tamaño tabloide. La temática y tratamiento de los temas continúa en la misma línea, pero se incorporan nuevos elementos pintorescos como la impresión de una foto de León Trotsky dentro de la edición del mismo tamaño para que sea "pegado como afiche", seguramente un recurso utilizado para que los trabajadores argentinos peronistas cambien sus símbolos por los del marxismo revolucionario (afiche publicado en PO Nº 95, del 24/8/71).


 


PO en su tapa no lleva ninguna leyenda, tiene varias columnas en su interior y continúan utilizando fotos blanco y negro con algunos detalles de dibujos y caricaturas (se puede ver al respecto PO Nº 97, 22/9/71 y Nº 96, del 7/9/71).


 


1973: Política Obrera y el retorno de Perón


 


Política Obrera opinaba: "Desde el mismo mes de septiembre de 1955, cuando el golpe gorila se impuso contra una clase obrera cuya dirección sindical y Perón se negaron a armar y movilizar, los trotskistas pronosticamos que el retorno de Perón sólo habría de ser posible como el resultado de una victoria de las masas por medio de sus combates contra el régimen gorila, y también que, frente a tales circunstancias, Perón regresaría al país para impedir que las masas concreten su victoria en un nuevo régimen gubernamental, el gobierno obrero… Si la dictadura militar, expresión del régimen que viene proscribiendo al peronismo desde hace 17 años, se vio obligada a admitir e incluso reclamar el retorno de Perón, ello se debe a los formidables levantamientos de masas que comenzaron con el Cordobazo y que liquidaron al máximo exponente, Onganía" (1) (PO Nº 159, tapa, del 22 de junio de 1973 y PO, del 8/6/73, artículo "¿A qué viene Perón?", pág. 3).


 


Política Obrera planteaba, desde sus páginas: asambleas en todas las fábricas y sindicatos para discutir la intervención de la clase obrera, oponiendo a todo tipo de "unión nacional" el frente revolucionario dirigido por la clase obrera y la unidad e independencia de ésta. Sin embargo, PO no tomó recaudos para legalizar una lista independiente y por ello planteó un frente de partidos y "organizaciones anticolaboracionistas", que rompiera con la subordinación a Perón y con los frentes burgueses. Este frente electoral se frustró y Política Obrera no figuró entre las alternativas electorales.


 


Contra la tregua social y política que propone el peronismo, unos días antes de la asunción de Cámpora al gobierno, PO denuncia que la dirección de la CGT pretende la desmovilización de los trabajadores para imponerles nuevos sacrificios en pos de aumentar la producción, recalcando que ello es un reclamo de distintos sectores capitalistas, militares y partidos de la burguesía. Esta posición se ve claramente definida en PO Nº 154, tapa y pág. 2. Además, en un periódico del 15 de junio de 1973, llaman a que Perón se pronuncie contra este Acuerdo Social.


 


El gobierno de Cámpora cayó a los 45 días. PO desde sus páginas planteaba: asamblea constituyente, Congreso de bases de la CGT, frente electoral clasista (PO, tapas, del 13, 20 y 27 de julio de 1973).


 


PO impulsa un plenario nacional por el Frente Electoral Clasista al que concurren 1.800 obreros, el 18 de agosto del 73. Pero es el PST (Partido Socialista de los Trabajadores), de la tendencia de Nahuel Moreno, el que capitalizó un sector más amplio del activismo, debido a su legalidad electoral. PO llamó a un voto de ruptura con Perón, llamando a votar en blanco o por el PST, el cual lanzó la fórmula Coral-Páez (ver tapa de PO, 31 de agosto de 1973).


 


En realidad, son innumerables las notas de análisis político del peronimo y de la situación política del momento, pues se puede decir que éste es uno de los períodos más ricos de la publicación en cuanto a llegada al público que va dirigido, a la calidad de los artículos, del ingenio gráfico para sintetizar sus posiciones políticas y la audacia para anunciar sus consignas y advertencias a la clase obrera en medio del auge peronista. Lisa y llanamente, PO planteaba que Perón no era el defensor de los trabajadores sino un representante de los capitalistas (se puede ver al respecto PO Nº 167, del 24/8/73, tapa).


 


PO, la represión y algunos aspectos editoriales


 


En todo este período, hay una gran mejora de las ediciones de PO, cada número salía con dos colores distintos combinados en la tapa y contratapa y además comienza un plan de suscripciones para llegar a las 5.000 que lamentablemente es frustrado por el crecimiento de la represión. Rafael Santos comentaba al respecto: "…el objetivo había sido llegar a las cinco mil suscripciones y anduvimos bastante cerca. Lo que pasa es que empezó enseguida la política de la triple A y (…) la gente no quería figurar en ninguna lista; había que tener más cuidado. Entonces empezó a retroceder la suscripción y después desapareció como criterio porque las condiciones eran de semilegalidad y de semiclandestinidad. Había locales, pero de repente te podían asaltar un local y bueno, había parapoliciales" (ver PO del 12/10/73, allanamiento del local central de la UJS). Por esta situación, PO crea una sección central denominada "La lucha contra la represión"; allí se enumeraban los compañeros detenidos y se inicia una campaña para enviarles cartas a las cárceles. En PO Nº 231, del 2 de junio del 75, pág. 9 decía: "Hay que enviar miles y miles de cartas a las cárceles; hay que inundarlas de cartas, hay que desatar una impresionante ola de pronunciamientos por medio de cartas firmadas con seudónimos, que testimonien la solidaridad". Además al respecto se puede ver en PO Nº 232, del 11 de junio, pág. 10, el crecimiento de la persecución contra esta organización. "Grave atentado contra el local central de la UJS", titula un artículo de Política Obrera (Nº 217, del 2/12/74), nota en la que pregonan por organizar un "Frente único contra la represión".


 


El 13 de diciembre de 1974 son asesinados dos militantes de Política Obrera, Jorge Fisher y Miguel Angel Bufano. Política Obrera comienza una gran campaña por el esclarecimiento de sus muertes (ver al respecto PO Nº 218, del 23 de diciembre de 1974 y PO Nº 219, págs. 3, 8 y 9).


 


Política Obrera en este período tenía una editorial muy importante "Yunque Editora" que llegó a publicar varios ejemplares de libros teóricos, sobre todo de L. Trotsky; además editó "Cuadernos de formación política" sobre el marxismo, la revolución rusa, el Estado, etc. Sacaban aproximadamente dos mil libros cada seis meses (propaganda de "Yunque Editora", campaña de movilización por el esclarecimiento del asesinato de Fischer y Bufano, etcétera en PO del 8/1/75).


 


La difusión de Política Obrera proseguía en los sectores fabriles. Rafael Santos cuenta: "En Editorial Abril, en el año 73, los compañeros de la fábrica de 450 obreros, vendían 200 periódicos por semana, una parte por suscripciones y otra en mano (…). El 40 por ciento de la fábrica compraba el periódico… Ya estaba el peronismo, pero sin embargo las internas eran combativas, eran clasistas, y la gente empezaba a realizar ese año una experiencia con el peronismo; empezaba a ver, a movilizarse, a chocar con el gobierno peronista. Desde el punto de vista histórico, esto va a tener su conclusión en la huelga general del 75, que fue probablemente la huelga más importante que tuvo el movimiento obrero argentino en el sentido de que, durante 20 días, el país estuvo paralizado con marchas, huelgas, movilizaciones, ocupaciones en contra de un gobierno popular con la creación de intersindicales, interfabriles, pero no logró rematarlo y eso abre camino a la dictadura…".


 


Un pronóstico acertado: El Rodrigazo


 


PO denunciaba un autogolpe gubernamental. "Por exigencia del imperialismo yanqui y de la patronal argentina, Isabel y el Ejército preparan un autogolpe. El plan en marcha es: 1) Entrega del país: nueva devaluación, acuerdos con el FMI y los bancos extranjeros. 2) Suspensión de las paritarias y de la discusión salarial. 3) Un antivilla (2) nacional contra todos los activistas independientes y combativos", así titulaba PO Nº 225, 9 de abril de 1975. Exactamente lo que sería el Rodrigazo dos meses después. Este fue un pronóstico de Política Obrera que se cumplió exactamente, pues en junio el plan Rodrigo es puesto en marcha: anulación de las paritarias, devaluación monetaria, incremento en el precio del combustible, ofensiva contra el movimiento obrero. A partir de esta iniciativa del gobierno de Isabel Perón y su ministro de Economía Celestino Rodrigo se desata la huelga general por tiempo indeterminado. Las páginas de PO llamaban a parar: "¡El plan Rodrigo-López Rega no debe pasar!"; a unos días de anunciado el plan, PO en su tapa del 11 de junio titulaba: "Tremenda irrupción obrera contra el plan Rodrigo-Lopez Rega" (PO Nº 232, del 11/6/75).


 


1976: Política Obrera y el Proceso de Reorganización Nacional


 


El 24 de marzo de 1976, la Junta Militar, compuesta por las tres Fuerzas Armadas, derroca al gobierno de Isabel Perón. Ilegalizan directamente a Política Obrera, pues la orden fue explícita por primera vez, porque anteriormente ante el golpe de Onganía no la tuvieron en cuenta por ser una organización nueva. Es decir que legalmente podían encarcelar a toda persona que tuviera algo de PO.


 


Ante esta realidad, Política Obrera cambió de nombre, pasó a llamarse ¡Adelante!, para mantener la seguridad de los militantes, pues la ilegalidad era de PO y no de ¡Adelante!. Tenía una pequeña explicación al frente diciendo que era una tribuna abierta y no una organización política. Salieron pocos números y luego cambió su denominación por Tribuna y nuevamente Política Obrera, camuflada dentro de una pantomima de revista cultural llamada Cultura y Comunicación de circulación clandestina. Esta publicación era completada posteriormente por un periódico sindical (Qué Pasa en los Sindicatos) y otro juvenil (Nueva Generación). Desde el inicio, denuncia las atrocidades de la dictadura y bregan por un combate unitario por las libertades democráticas. Edita el primer vocero político del movimiento democrático, por la libertad de presos y desaparecidos: "Libertades Democráticas", de amplia difusión teniendo en cuenta las condiciones de clandestinidad. Allí trataban toda la información de las cosas que no se decían, como por ejemplo la publicación del libro de Jacobo Timmerman, el director del diario La Opinión, que fue secuestrado y torturado y, en el exilio, escribió contando su experiencia. El libro en el exterior fue un best-seller, pero en la Argentina no se publicaba. PO lo publicó en una edición propia y lo hizo circular en el informe de Amnesty International.


 


Es decir que, a pesar de la dura y sangrienta represión del "Proceso de Reorganización Nacional", PO se las ingenió para continuar; salió ininterrumpidamente en todo este período de forma mensual.


 


Historias de camuflajes y clandestinidad: Cultura y Comunicación


 


Durante todo el Proceso, la publicación salía de forma camuflada. Una de las primeras fue dentro de cajas de cigarrillos: habían logrado meter el periódico dentro del paquete de forma tal que si detenían a la persona que lo llevaba parecía un paquete cerrado de cigarrillos. Otro método empleado fue el de las bolsitas de residuos: una comisión de organización se encargaba de poner el periódico dentro de las bolsas que se venden por 20; dentro de todas las bolsitas no se sentía ni al tacto; luego las sellaban con una máquina automática. Llevaban una leyenda al frente ("Bolsiplast") pero nunca la dirección. Se puede decir que instalaron un negocio de bolsitas que luego se repartía por los comités y círculos. De esta manera, nunca iban a poder detenerlos por comprar bolsas de residuos o cigarrillos.


 


Durante un tiempo, el periódico era escrito desde Brasil porque una parte de la dirección del partido estaba allí o en Europa por una cuestión de seguridad. Los artículos llegaban por medio de algunos que iban y volvían. "Hacían debates políticos, se podía discutir un poquito mejor y más libremente y volvían a la Argentina con un análisis, una editorial…", comenta Rafael Santos.


 


En 1978, el periódico vuelve a salir con el nombre de Política Obrera, pero dentro de una revista cultural llamada Cultura y Comunicación. En realidad eran dos hojas que tenían artículos de otras revistas, de libros, etc., en el medio iba PO y luego dos hojas más de cultura. Lógicamente, para realizar todo este operativo de camuflajes, el periódico tuvo que disminuir su tamaño, así que se convirtió en dimensión oficio. La tapa de Cultura y Comunicación llevaba una leyenda que decía: "es una publicación dedicada a destacar los más importantes acontecimientos del quehacer cultural argentino". Muchas veces los artículos se repetían en un número y otro pues no le daban importancia, el objetivo era solamente el de esconder la verdadera publicación. Cada ejemplar tenía una numeración de tres cifras cuyas dos últimas coincidían con las de PO. Estaba dividida por secciones: Situación Política, Movimiento Obrero, Libertades, Economía, Juventud e Internacionales (PO Nº 296, CYC Nº 96, 15/06/79).


 


En las páginas de PO se denunciaban las atrocidades del régimen. En 1979 se contaban quince mil casos de secuestros y PO reclamaba la libertad de presos y secuestrados. Textualmente PO decía: "Con la excusa de la guerra contra la subversión, la dictadura ha llevado a cabo una fenomenal sangría represiva" (PO Nº 296, editorial del 15/06/79, en pág. 1). Mostraban los números de los desaparecidos censurados por la dictadura y su crecimiento, nómina realizada por los organismos de derechos humanos. Inició desde sus páginas una campaña contra la represión, logrando que se liberen a los detenidos de PO antes del golpe y al dirigente Pablo Rieznik, secuestrado y torturado en 1977.


 


PO y la reapertura democrática: Prensa Obrera


 


En diciembre de 1982, Política Obrera decide intervenir en la nueva etapa política, lo que implicaba participar del proceso electoral y la obtención de la legalidad. La lucha contra la dictadura, que fue para esta organización una tarea persistente, había forjado varias centenas de militantes, cuya nota principal en relación con la de los años 70 era la de estar compuesto en un 70% de obreros y militantes sindicales. Llaman entonces a construir un partido obrero. El combate legal por este objetivo estuvo ligado a la venta y difusión del periódico que, en diciembre de 1982, sale por primera vez con el nombre de Prensa Obrera. Primero, la dictadura exigía firmas para el reconocimiento legal y, luego de esto, exigían 65 mil afiliaciones y el reconocimiento electoral en cinco provincias. La campaña fue realizada sistemáticamente en la calle por sus militantes, cuerpo a cuerpo con la gente; tocando puertas en los barrios explicando por qué construir un partido obrero. Finalmente, PO logró la legalidad electoral en 14 provincias y presentó 3 mil candidatos, lanzó la fórmula Gregorio Flores (histórico dirigente del Sitrac clasista de Córdoba) – Catalina Guagnini (dirigente de Familiares de Detenidos – Desaparecidos) (PO Nº 29, del 16/8/83, tapa). La tormenta había pasado y lentamente los militantes comenzaban a perder el temor y a gozar de la simple libertad de abrir la prensa, como llaman ellos a su periódico, en el micro y en la calle sin ningún tipo de prejuicio. El Partido Obrero, en 1983, primera elección a la que se presentaba y única corriente nueva por ese entonces obtuvo 20 mil votos.


 


Prensa Obrera


 


Lógicamente, la publicación cambió de formato, pues ya no existía la necesidad de esconderla; pasó al tamaño tabloide, persistiendo así hasta el día de hoy. Su tapa y contratapa combinaban los colores negro y marrón; su aparición se fue regularizando, pasando a salir quincenalmente. El primer número es del 14 de diciembre de 1982 y titulaba: "Los paros y manifestaciones plantean noquear a la dictadura" (ver Prensa Obrera Nº 1). Las páginas centrales están pobladas de temas relacionados con la lucha por los derechos humanos, por el juicio y castigo de los asesinos del Proceso, por la"aparición con vida de detenidos y desaparecidos", contra la reconciliación de la que ya se hablaba, y por la restitución de los niños desaparecidos a sus hogares.


 


La apertura democrática incentivó la actividad del periódico, "Lea y difunda Prensa Obrera. Por un partido obrero", decía una propaganda dentro del mismo periódico, que luego fue plasmado en afiches (propaganda de pág. 7, en PO Nº 2).


 


El nombre del periódico lleva una leyenda: "Por un partido obrero"; esto, por un lado, por la perspectiva política de este partido, pero por el otro, cuenta Rafael Santos, es por una cuestión legal "en el sentido de que si mañana hay un juicio contra el periódico por algún motivo, que no incrimine directamente al Partido Obrero".


 


La campaña por la legalidad era seguida desde las páginas de la prensa, allí salía cómo iban en números y también escribían los militantes contando sus experiencias (ver PO Nº 6, del 25/2/83, págs. 5 y 6, "Pedro: 44 afiliaciones en un día" y "La Marcha de la Campaña…"). Cada crecimiento de las afiliaciones se publicaba y daba a conocer, recalcando la insistencia y la continuidad por llegar al requisito. (PO Nº 8, págs. 6 y 7, del 11/3/83, título "36.000 afiliaciones")


 


Concluida la tarea de la legalidad el Partido Obrero se plantea un nuevo objetivo: "Vender 10 mil ejemplares de Prensa Obrera". (PO Nº 15 del 6/5/83). En Prensa Obrera Nº 12 se destaca que la prensa es el instrumento más importante para el desarrollo del Partido Obrero. Llegan a vender entre ocho mil y nueve mil ejemplares en ese año.


 


Prensa Obrera seguía también al pie la lucha de los obreros de Volkswagen, esto porque, según sus propias líneas, "… es indudable que el Partido Obrero tiene un interés fundamental en toda lucha obrera, en impulsar la organización y la clarificación de la clase obrera" (ver PO Nº 12, pág. 5, "Prensa Obrera y la lucha de VW"). En este sentido, dice Rafael Santos, "en un periódico es inevitable que haya campañas políticas porque si no no sería un periódico. Por ejemplo, Clarín incluso tiene ciertas campañas. Vos ves que toca un tema y lo sigue durante diez días hasta que decae o hasta que se resuelve desplazarlo, también tiene su interés político. Pero un periódico como el de un partido como el nuestro es inevitable que haga campañas y que, por lo tanto, número tras número se vaya remachando el problema, presentándolo con otros ángulos, colocando experiencia, reportajes, entrevistas, polémicas con gente que está en contra del planteamiento…".


 


En cuanto a las fechas importantes, el 1º de Mayo es considerado como un día de lucha, por ello este día sale una edición especial de Prensa Obrera, invitando a los actos que se realizan para festejar por "el Día Internacional de los Trabajadores", recordando a los mártires de Chicago, pero no como una mera remembranza del tiempo pasado sino teniendo en cuenta las tareas del proletariado mundial en el momento presente (se puede ver al respecto PO Nº 14, del 1/5/83).


 


Correo de lectores


 


Hay un espacio destinado al correo de lectores, en que pueden escribir todas las personas que así lo deseen sobre cualquier tema, poesías, críticas y sugerencias. El correo de lectores no tiene ningún tipo de censura o condición, siempre se publica todo lo que los lectores mandan; el único límite es la cantidad de espacio, pero si no sale para el número inmediato saldrá en el próximo. Al respecto, se puede ver en anexo pág. 8 de PO Nº 6 y contratapa de PO Nº 588, Correo de Prensa Obrera, "Un llamado a la reflexión", carta de Laura, donde se critica la omisión al tema del narcotráfico y la drogadicción. Críticas más duras y aun debates ideológicos muy importantes se han realizado a partir del correo de lectores, logrando muchas veces que se incorporen al debate partidario.


 


Para el PO son muy importantes los ángulos críticos: "Es una manera de tomar contacto y convertir el periódico en algo vivo. Lleva denuncia, hay polémica, gente que protesta contra posiciones, artículos (…) Si llovieran cartas de lectores al periódico indicaría que hay una avidez… Nosotros estaríamos muy contentos… Cuando estábamos en la suscripción número tres mil y empezamos a ver que venían correos de lectores cada vez más, decidimos pasar a doce páginas…", comentaba Rafael Santos.


 


Prensa Obrera en la actualidad


 


El periódico hoy en día presenta importantes modificaciones con respecto a sus primeras ediciones de los años 60. El lenguaje que logró clarificarse y popularizarse tiene que ver con la política de reivindicaciones concretas del Partido Obrero. Esto quiere decir que hay una caracterización de la situación actual, lo que hace que sus análisis no sean refritos de teorías revolucionarias sino un conjunto de notas que hacen referencia a la realidad económica, social y política de la Argentina y el mundo. Para análisis más de tipo teóricos y debates internacionales con otras corrientes de la izquierda trotskista, cuentan con la revista En defensa del Marxismo que sale trimestral o bimestralmente. En esta etapa, la periodicidad de la prensa se regulariza, transformándose en semanario. Paso importante para su difusión, ya que le permite estar al día y más cerca de los acontecimientos.


 


Por otro lado, Prensa Obrera también lleva notas culturales, críticas de libros y películas, logrando una multiplicidad de atracciones para sus lectores. Por ejemplo, cuando se cumplieron los cien años del nacimiento del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, se publicó una nota de una página entera en la contratapa de PO Nº 577, del 19/3/98. Críticas de las películas más taquilleras del momento también se encuentran en las páginas de PO, con un análisis muy interesante desde el punto de vista estético, cinematográfico e ideológico. Se puede ver al respecto nota sobre el nuevo cine inglés y el film "Tocando el viento", del director Mark Herman, y sobre "Titanic", en PO Nº 576, del 12/3/98.


 


Las notas semana a semana son sobre los temas candentes del presente brindando a sus lectores otra cara de los acontecimientos. Como ejemplo, se puede citar: respecto de la detención de Videla, ex presidente de facto, Prensa Obrera publica su punto de vista denunciando a los diarios La Nación, Ambito Financiero y El Cronista como defensores del represor. El debate sobre los crímenes que ya fueron cosa juzgada en el Juicio a las Juntas en 1985 es analizado en la edición del día 18 de junio de 1998. Tema central de los diarios más leídos en la Argentina. El tratamiento del acontecer en PO siempre hace referencia a las posiciones de los matutinos de la burguesía, contrastando su política con una salida para las masas.


 


En las notas de análisis económico, también se cita a los diarios reafirmando las visiones puramente técnicas sobre la tendencia del capitalismo en la actualidad. Como parten de un examen científico del movimiento de los capitales en el mundo, muchas veces se pronostican ciertos hechos que con el tiempo suceden; y Prensa Obrera no duda en resaltarlo. Así sucedió con una nota de Jorge Altamira sobre la "Crisis económica internacional" que deducía un futuro derrumbe de las bolsas en Asia y la eventual caída del yen japonés; dos meses después los titulares del mundo entero hablaban de la caída en picada de la economía en Japón (contratapa de PO Nº 589).


 


Análisis de la Información


 


Prensa Obrera y el Programa de Transición de León Trotsky


 


Es preciso mencionar, aunque sólo sea en parte, la ideología que llevan en sí las consignas y reivindicaciones de Prensa Obrera. Sólo de esta manera se podrá comprender con detenimiento la forma que toman las noticias en este periódico. Como primer punto, se sabe que trata de llevar a los trabajadores a la conclusión de que la revolución socialista es el camino hacia su verdadera emancipación como clase y como individuos. En segundo término, que esta tarea sólo podrá realizarse en forma colectiva y de conjunto a través de una organización sistemática realizada dentro de un partido obrero. Pero ello no significa que las páginas de PO deban estar llenas de palabras como revolución social, revuelta y socialismo. Es precisamente León Trotsky quien va a explicar en el Programa de Transición las tareas de la IVª Internacional, partido de la clase obrera mundial, hacia la toma del poder de los trabajadores.


 


León Trotsky escribía, en 1938, lo siguiente: "La tarea estratégica del próximo período período prerrevolucionario de agitación, propaganda y organización consiste en superar la contradicción entre la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (…) Es preciso ayudar a la masa, en el proceso de la lucha cotidiana, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Ese puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera y conduciendo invariablemente a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado".


 


Las consignas, los titulares de Prensa Obrera en esta etapa son abiertamente pronunciados hacia el poder, ya no se ven como una organización en vías de sentar sus bases programáticas sino como una corriente de influencia política aunque todavía sea hacia una porción de los trabajadores. "Fuera Menem", dice el titular de PO Nº 512, del 26/10/96, consigna claramente ubicada en este sentido. "Que un Congreso de Bases de los Trabajadores se haga cargo de la dirección económica y política del país" continúa diciendo en la tapa. "Es necesario un nuevo gobierno, para aplicar otra política…", concluye este editorial.


 


"Las crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis de todo el sistema capitalista, aportan a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores. El crecimiento de la desocupación ahonda a su vez la crisis financiera del Estado y mina los sistemas monetarios vacilantes…", continúa diciendo Trotsky. Ante esta realidad, que es en la actualidad un problema concreto de los trabajadores argentinos, Prensa Obrera titulaba en su tapa del 7 de mayo del corriente año: "Contra la Reforma Laboral, Paro General". "La IVª Internacional… defiende incansablemente los derechos democráticos de los obreros y sus conquistas sociales(…) La IVª Internacional auspicia un sistema de reivindicaciones transitorias, cuyo sentido es el dirigirse cada vez más abierta y resueltamente contra las bases del régimen burgués. (…) el Programa de Transición cuyo objetivo consiste en una movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria", prosigue el Programa de Trotsky.


 


La lucha por un subsidio al desocupado de 500 pesos, por la huelga general y en defensa de las libertades democráticas impresas en PO van rumbo a este sentido. Trotsky nombra dos medidas: "escala móvil de salarios" y "de horas de trabajo" para contrarrestar la desocupación; son las que también se encontrarán en Prensa Obrera, 50 años después.


 


1989-1995: Las dos elecciones de Menem y Prensa Obrera


 


Cuando en 1989 Carlos Menem asumió la Presidencia, Prensa Obrera titulaba: "La Casa Rosada no cambia de dueño", en alusión a que tanto el mandatario saliente, Raúl Alfonsín, como el flamante justicialista son los representantes políticos de los "capitanes de la industria" y de los "explotadores de toda laya". En medio del surgimiento de Menem como figura salvadora de la crisis económica en la que estaba inmerso el país, Prensa Obrera decía que: "En la Rosada, habrá un relevo de inquilinos, no de los dueños del poder". A través de estas frases, PO estaba diciendo que los trabajadores se habían equivocado, o que este error los obligará a luchar ante "una catástrofe y saqueo capitalistas descomunales".


 


Prensa Obrera marcaba su posición política opuesta a la opinión de la mayoría del pueblo argentino, pero no se desmoralizaba, pues concluye: "El Partido Obrero declara su compromiso a fondo con este combate, y con la tarea de hacer germinar de él la consumación de la completa emancipación nacional, del gobierno obrero y de los trabajadores, y de la abolición de la explotación capitalista". Posicionándose así, ante una nueva etapa política desfavorable para los trabajadores, según ellos, pero brindando una posibilidad para contrarrestarla (tapa de PO Nº 272, del 29/6/89).


 


Una situación parecida sucedió con la reelección del presidente Menem en 1995. Prensa Obrera titulaba "Ganó la Bolsa", "La que ha triunfado es la Bolsa, es decir, los accionistas de las grandes empresas y los acreedores del Estado". Es decir que continúa en la misma línea anterior (tapa de PO Nº 497 y pág. 3, del 16/5/95). En la misma nota hay una autocrítica: "El Partido Obrero hizo su peor elección desde 1985; perdió la mitad de los votos con relación a su mejor elección en 1991". El Partido Obrero había sacado sólo el 0,18%, 30 mil sufragios.


 


Ediciones y publicaciones extraordinarias


 


Es importante nombrar las publicaciones extraordinarias que realiza Prensa Obrera en torno de distintas campañas políticas, como la edición de un folleto sobre la privatización de la jubilación denominado La Bolsa o la vida, y otro sobre el convenio Fiat-Smata. Estos son una herramienta más que analiza profundamente sus posiciones políticas y contribuyen a la militancia en pos de éstas. La juventud tiene su revista llamada La Caldera; sale mensualmente, no es una edición extraordinaria porque es periódica y es el órgano de difusión de la UJS (juventud del PO).


 


Una edición extraordinaria para destacar es la que salió cuando Prensa Obrera cumplía los 500 números. Es digna de destacar porque sus páginas centrales le brindan principal atención a la prensa obrera en general. Una nota de cómo hacer un periódico proletario según Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista cubano; otra de Hernán Díaz sobre la prensa obrera a principios de siglo, relatando las históricas publicaciones del anarquismo y el Partido Socialista Obrero Argentino, La Protesta Humana y La Vanguardia. Históricos especialmente porque llegaban a miles y miles de trabajadores argentinos diariamente. Hecho muy importante, también para Prensa Obrera que lucha para llegar a ser un diario de todos los días, leído masivamente (al respecto se puede ver PO Nº 500). La nota de Julio A. Mella es un pequeño curso de cómo escribir una buena nota dentro de un periódico clasista, dedicado seguramente a los lectores para que escriban a Prensa Obrera.


 


Prensa Obrera y su acercamiento al público


 


Sobre la llegada al público, el intento por que esta publicación llegue a más lectores se evidencia no sólo en la redacción de los artículos sino en el empeño por abaratar los costos y en la creación de nuevas formas de difusión como lo es la nueva página en Internet. En 1996, inician una campaña por seis mil suscripciones logrando llegar a ese tope y con la perspectiva de aumentarlo. La venta del periódico en mano también crece, en la actualidad tiene una tirada de 15 mil a 16 mil ejemplares. La idea es que todo trabajador pueda acceder al periódico. Considerando que la desocupación es tremendamente masiva hoy en día, se implementó la modalidad de venta por suscripciones anuales y semestrales que baja el precio de 1,50 a 0,40 pesos cada edición. También llevan adelante una distribución comercial en los kioscos, que todavía no tiene mucho resultado porque el periódico no es muy conocido. Por esta realidad, se intentó hacer publicidad en el diario Clarín. Salió durante la última campaña electoral una propaganda paga pequeña, pero luego se la abandonó. Lo que sí tuvo y tiene más éxito parece ser la prensa en Internet. La web del Partido Obrero tiene un promedio de noventa visitantes por día, los cuales bajan artículos del periódico, pues allí se encuentran las prensas desde el número 500. En PO Nº 590, del 25 de junio de 1998, se puede ver una nota sobre el ranking de la página de PO en Internet y las notas que más han impreso los visitantes (artículo titulado "PO en la WWW").


 


Por último, a manera de agregar un dato más con respecto a este punto, mencionamos que el Partido Obrero obtuvo, en las elecciones realizadas en octubre del año 1997, 150 mil votos en el ámbito nacional.


 


Conclusión


 


Primero que todo, quiero aclarar que para poder plasmar, en estas hojas, más de treinta años de historia, se tuvo que acotar los temas, lo que significó, seguramente, sacrificar buena parte de la trayectoria de Prensa Obrera. De todas maneras, lo que se intentó hacer es un primer acercamiento a la reconstrucción de los hechos que hicieron a la prensa, y las distintas formas que fue adquiriendo estratégicamente para cumplir su objetivo primordial, ser el vocero de la clase obrera.


 


A mi parecer, hay un esfuerzo por parte de los fundadores y creadores de esta publicación por brindar una política independiente a los trabajadores en todo momento histórico, a pesar de las prohibiciones, represiones y persecuciones políticas.


 


La historia de la prensa obrera, en general, de nuestro país es muy rica. Producciones de esta índole fueron de una gran difusión masiva, como La Vanguardia y La Protesta, otras fueron pioneras como El Obrero. Prensa Obrera es en el presente una de las pocas expresiones que continúan con el periodismo obrero. En este sentido, sus páginas hoy hablan de la actualidad, contestando a los diarios burgueses, dándoles espacio a los conflictos sociales con reportajes a trabajadores, conclusiones políticas y consignas revolucionarias.


 


Prensa Obrera escribe de política y economía, no desde la pura teoría, como en sus inicios, sino imbricada en la realidad, redactada en forma clara y precisa. Sin olvidar el camino hacia la revolución socialista. Esto es lo que a mi entender se trasluce en sus ediciones.


 


Prensa Obrera intenta también ser un entretenimiento cultural, incorporando artículos de cine, críticas de libros y crónicas de artistas. Posiblemente, tenga que ver con la creación de una idiosincrasia propia y con el objeto de sacar a los trabajadores de las propagandas y slogans comerciales que invaden los hogares a través de los medios de comunicación masivos para alienarlos aún más.


 


Pienso que la publicación de las críticas tiene un carácter educativo y formativo. Hecho fundamentalmente difícil en el marco del derrumbe de la escuela pública, dentro de un clima poco favorable a la lectura. Sabemos muy bien, como jóvenes, que la juventud de hoy atraviesa una etapa de múltiples carencias en todos los ámbitos, afectando esta falta de avidez por los textos; muy distinta a la época de nuestros padres, las décadas el 60 y 70.


 


Prensa Obrera tiene la gran limitación de no ser masiva, pero pareciera tener una influencia política importante, aunque sólo sea en un sector de los trabajadores. Consecuencia tal vez, de su persistencia y continuidad a través del tiempo.


 


En un mundo marcado por los discursos posmodernistas sobre globalización, muerte de las ideologías, muerte del comunismo y triunfo del neoliberalismo; Prensa Obrera se declara contra el capitalismo, habla de socialismo y de la lucha entre explotados y explotadores.


 


Prensa Obrera se caracteriza por transmitir entusiasmo a los trabajadores en lucha, a pesar de las teorías intelectuales adversas, que inundan en los ambientes académicos y en los grandes medios de comunicación. Consignas de combate que llevan a la lucha y a la organización de los oprimidos son las que se encuentran en sus titulares.


 


Está investigación pretende funcionar como disparador de futuras investigaciones. Porque la historia de Prensa Obrera no se agota aquí y porque la historia sigue su curso.


 


Bibliografía


 


Ejemplares de Política Obrera y Prensa Obrera que se encuentran en anexo, por gentileza del Partido Obrero. Los originales encuadernados se encuentran en el local central del Partido Obrero, Ayacucho 448, Capital Federal.


 


Coggiola, Osvaldo. El Trokismo en la Argentina (1960-1985), tomos 1 y 2, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1986.


 


Lenin V. I., Obras Escogidas: Qué Hacer, Buenos Aires, Cartago, 1974.


 


Trotsky, Leon. El Programa de Transición. Buenos Aires, ediciones El Yunque, 1983.


 


Fuente primordial: La guía histórica para realizar esta investigación nos la permitió la entrevista a Rafael Santos, miembro de la comisión redactora de Prensa Obrera, e integrante del Comité Nacional del Partido Obrero.


 


Fuente consultada y no mencionada en el trabajo: reportaje a Daniel Rapanelli, responsable político del Partido Obrero regional La Plata, Berisso y Ensenada, dirigente docente.


 

El gobierno obrero húngaro de 1919


El 21 de marzo de 1919 la dirección del muy joven Partido Comunista húngaro, encabezado por Béla Kun, se encontraba en la cárcel central de Budapest. Afuera de las celdas había gran agitación: el gobierno liberal de Miguel Karolyi, acosado por la insurgencia de obreros y soldados, la impaciencia campesina y el asedio de las tropas extranjeras (rumanas y francesas), decide ofrecer el gobierno a la socialdemocracia. El Partido Socialista acepta, pero en una reunión interna deciden que, a su vez, ofrecerán formar gobierno a los comunistas, dada la arrolladora adhesión de este grupo entre los obreros. El ala izquierda del socialismo se dirige a la cárcel, pacta con Béla Kun la unificación de los partidos y la conformación de un nuevo gobierno y luego se retiran. Béla Kun es, de hecho, el nuevo líder de la Hungría revolucionaria, el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de los consejos obreros, pero sigue detenido hasta unas horas después, cuando un comité de soldados decide liberar a los presos políticos antes de los decretos correspondientes.


 


Seguramente, ninguna revolución tuvo un comienzo tan cinematográfico. ¿Cómo un partido como el PC húngaro, nacido cinco meses antes, pudo en tan poco tiempo recibir el apoyo masivo de obreros y soldados, al punto que la socialdemocracia temió ejercer el poder sin el concurso de los comunistas? ¿De dónde nació la fuerza de una revolución que en poco tiempo barrió con toda la lacra capitalista y tuvo que sufrir el acoso de cuatro ejércitos extranjeros para sucumbir? ¿Qué enseñanzas se pueden sacar hoy del tercer gobierno obrero en el mundo, después de la Comuna de París y de Rusia?


 


Hungría y el Imperio Austro-Húngaro


 


Hungría, poblada desde mil años antes por los magiares, estaba dominada por la corona de los Habsburgo y sometida al imperio austríaco desde el siglo XVI. Hasta finalizar el siglo XIX, era un país de economía absolutamente agraria y la industrialización que comenzaba a modificar la faz europea no llegó a Hungría hasta comienzos del siglo XX.


 


La mitad de la tierra estaba en manos de unos pocos aristócratas. La otra mitad estaba en manos de una multitud de minifundistas que no podían sobrevivir con el producto de su trabajo. Los campesinos pobres no podían mecanizar el trabajo agrícola y la pequeña parcela actuaba como expulsora constante de mano de obra. Quienes lentamente comenzaron a mecanizar el campo fueron los latifundios, creándose una gran masa de asalariados agrícolas superexplotados. A fines del siglo XIX, el minifundio está en completa bancarrota y los emigrados húngaros llenan los barcos que van al resto de Europa y, sobre todo, a Estados Unidos.


 


Siendo uno de los más importantes productores de materias primas del centro de Europa, Hungría empezó a desarrollar industrias procesadoras de sus propios productos: harinas, azúcar, cerveza, alcohol, frutas en conserva, fiambres. También la minería empieza a cumplir un rol importante: yacimientos de hierro, cal, fosfato, etc. La exportación de productos agrícolas sigue siendo el rubro mayor en el comercio húngaro. Además de granos, es muy importante la exportación de cerdos. La competencia en este rubro con Serbia es uno de los varios factores que desencadenan la Primera Guerra Mundial.


 


El capital de estas industrias era fundamentalmente alemán, francés, italiano. La aristocracia latifundista prácticamente no capitalizó este proceso de incipiente industrialización.


 


El nacimiento de la industria en las grandes urbes pudo por fin absorber parte de la mano de obra desocupada del campo. La cantidad de obreros se duplica entre 1890 y 1914, pasando de 100.000 a 220.000. La mitad de ellos se encuentra en Budapest, la capital. Los sindicatos, dirigidos por la socialdemocracia, pasan de 50.000 afiliados en 1905, a 160.000 en 1917 y 720.000 en 1918.


 


Esta evolución económica hay que enmarcarla en el mosaico de problemas nacionales que hacen del centro de Europa un polvorín. Austria domina toda la región con mano de hierro. En 1867, llega a un acuerdo con la aristocracia húngara para hacer un solo reino con dos regiones independientes, y así se convierte en el Imperio de Austria-Hungría. Cada una de las dos regiones tiene independencia y ambas dependen de la corona de Habsburgo. Pero Austria le cede a Hungría el control de todas las nacionalidades sometidas, y los magiares se convierten de esta forma en los opresores de checos, eslovacos, rutenos, rumanos, croatas y eslovenos.


 


Al terminar la Gran Guerra en 1918, los imperios alemán y austríaco son vencidos por la Entente formada por Francia, Inglaterra y Rusia, aunque esta última se apartó de la alianza militar a partir de la toma del poder por los bolcheviques. La derrota militar hace entrar en colapso a todo el centro de Europa. Las monarquías se derrumban; la economía entra en un caos absoluto; las masas reclaman por la carestía y la desocupación. El problema nacional también estalla y el imperio austro-húngaro termina completamente desmembrado.


 


Monárquicos y liberales en Hungría


 


La estructura económica que hemos esbozado hacía de Hungría un país de grandes diferencias sociales. A una enorme masa de campesinos pobres, a la que se agregaba en los primeros años de este siglo una clase obrera muy concentrada y mal pagada, le correspondía una aristocracia elitista y una burguesía raquítica. Las sublevaciones liberales, especialmente la de 1848, fueron salvajemente reprimidas. El sistema político era abiertamente excluyente: sólo votaban los propietarios según su renta, eligiendo entre dos partidos oligárquicos: el partido pro-imperial, dirigido por el archirreaccionario Istvan Tisza, y el Partido de la Independencia, también aristocrático, más proclive a escuchar los problemas de Hungría.


 


De este último, surge a comienzos de siglo el Partido Radical, de Oscar Jászi y el conde Miguel Karolyi, que representa las aspiraciones de la burguesía liberal, favorable a la reforma agraria (a pesar de que Karolyi es aristócrata y latifundista) y al sufragio universal. Enemigo de Austria, se inclina más hacia Francia y, durante la guerra, es antibelicista. La fantasmal burguesía húngara no va a poder proyectar su apoyo al Partido Radical hasta 1914, cuando consiguen algunas diputaciones al Parlamento. Pero va a ser en 1918, con la caída del imperio, cuando serán llamados a cumplir un rol de contención del caos inminente.


 


La entrada en la guerra concita al principio cierto apoyo de la población magiar y la pasividad de los pueblos eslavos. Pero, en cuatro años de sangría, el ejército imperial no realiza ningún avance sensible. Los ataques de los rusos y de los serbios pueden ser resistidos sólo gracias a la ayuda alemana. Pasado el entusiasmo belicista, en 1917 empiezan los reclamos populares por la carestía económica y los reclamos nacionales. El nuevo emperador Carlos de Habsburgo presiona a Hungría para que haga concesiones a los pueblos eslavos, pero la aristocracia húngara es completamente reacia a modificar el statu quo colonial.


 


La disolución del ejército acompaña este proceso. En 1917 se subleva la flota, estacionada en el mar Adriático. También la infantería se amotina en Pécs (sur de Hungría) resistiendo dos días la represión, que termina con decenas de fusilados. En enero de 1918 se producen grandes huelgas, que comienzan en las fábricas de municiones de Budapest. Las consignas son por la paz y el apoyo al proletariado ruso. El socialismo agrega la consigna de sufragio universal, para congraciarse con los sectores pequeño burgueses, y a la vez llama a terminar la huelga. Sin embargo el movimiento sigue en todo el país durante tres días.


 


La disciplina en el Partido Socialista se quiebra. Surge un ala izquierda formada por delegados obreros de Budapest, ex anarquistas y socialistas partidarios del apoyo a la Rusia soviética.


 


En junio se produce otra huelga general, esta vez incluyendo a los trabajadores agrarios. Se inicia en una fábrica estatal de máquinas, donde la gendarmería, convocada para arbitrar, decide hacerlo matando varios obreros. La reacción de los trabajadores es inmediata y nacional, pero el Partido Socialista no abre la boca durante los cuatro días de huelga.


 


Finalmente, el 4 de octubre Alemania y Austria-Hungría solicitan el armisticio a las potencias de la Entente y la situación en el interior de esos países se derrumba. En Hungría se empiezan a formar consejos de obreros y soldados en forma inmediata, tanto en Budapest como en cada ciudad del interior. El ejército se desvanece de un día para el otro y todos los días se ven manifestaciones contra la guerra y contra el imperio.


 


La monarquía rehace el gabinete convocando otra vez a sectores reaccionarios. La burguesía y el Partido Socialista (que como siempre le da la espalda a las movilizaciones de masas) se unen en el Consejo Nacional, ofreciéndose como recambio gubernamental. Las masas se inclinan cada vez más a la izquierda: el 28 de octubre se convoca una gran manifestación que va desde el sector obrero (Pest) al sector antiguo (Buda) de la ciudad de Budapest. La policía reprime y los obreros asaltan armerías y cuarteles, consolidando la unidad con los soldados a través de los consejos comunes.


 


Ante el armamento obrero y la unidad de proletarios y soldados, el gobierno decide trasladar las tropas fuera de Budapest, pero éstas se niegan, plegándose todos los cuerpos a la agitación revolucionaria. El 31 de octubre cae el gobierno y sube el Consejo Nacional (frente de coalición entre el Partido Radical y el Partido Socialista), siendo presidente Miguel Karolyi. Las manifestaciones masivas en todo el país (en una de ellas, en Budapest, un soldado mata al jefe de la reacción, Istvan Tisza) expresan la alegría del pueblo ante la caída de la monarquía y el régimen reaccionario. Ha sido una revolución donde la clase obrera y los consejos fueron el motor y la burguesía (secundada por la socialdemocracia) fue a la rastra de los acontecimientos. Como en la revolución de febrero de 1917 en Rusia, los obreros todavía confían en los demócratas, aunque en su lucha van mucho más a la izquierda que éstos. La del 31 de octubre de 1918 es una revolución obrera usurpada por la burguesía, producto de la poca maduración política de las masas.


 


La experiencia del partido bolchevique ya influye en la izquierda del socialismo, que no se conforma con el nuevo gobierno y decide seguir adelante en su lucha. El día de proclamación de la república (16 de noviembre), ante decenas de miles de manifestantes, tres aviones arrojan un panfleto sobre la multitud con el texto de un telegrama de Sverdlov (miembro del gobierno soviético ruso) incitando al proletariado a seguir el combate contra la burguesía y a continuar con la lucha de clases. Entre la socialdemocracia y el ala izquierda del partido se empieza a abrir un abismo.


 


El gobierno liberal de Karolyi


 


Miguel Karolyi gobierna desde el 1º de noviembre de 1918 hasta el 21 de marzo de 1919. En apenas 141 días se desvanece en el aire todo el apoyo, el entusiasmo y la ilusión que en él habían depositado buena parte de las masas de Hungría.


 


Con el derrumbe de las economías vencidas en la guerra, la moneda húngara estaba destruida. Los obreros reclamaban aumentos de salarios; los soldados reclamaban un subsidio a la desocupación, que el gobierno concedió; los capitalistas escondían sus fortunas y no pagaban los impuestos. La única salida inmediata que encontró el gobierno de Karolyi fue la emisión de billetes, que a los pocos meses carecían completamente de valor.


 


"Los empresarios practicaban el sabotaje. Aun en los casos en que había materias primas y no faltaban los pedidos, los empresarios obstaculizaban la producción, porque ésta ya no les proporcionaba plusvalía sino déficit" (1). La burguesía estaba en tal estado de postración que buscaba malvender sus empresas y sus activos. Los obreros metalúrgicos y siderúrgicos comunistas proponen el control obrero de la producción como una consigna de transición hacia la toma del poder: "El control obrero representa únicamente una fase de transición hacia el sistema de la gestión obrera, para la cual es necesaria como condición previa la toma del poder político, la expropiación de los medios de producción sin indemnización a los actuales empresarios y la toma de posesión de los bancos por parte del Estado proletario" (2). Como se puede notar, el programa de transición que enarboló más tarde la IVª Internacional no fue un invento de laboratorio sino el resultado de la experiencia revolucionaria de toda una generación.


 


El control obrero se desprendía de la misma situación económica: a los burgueses ya no les interesaban sus fábricas, que quedaban a merced de sus administradores o de nadie. Ante la catástrofe, los obreros se veían obligados a tomar las riendas de la economía en sus manos. Pero el gobierno de Karolyi, a propuesta del socialista Garami, propone una administración mixta de las fábricas: patrones, obreros y Estado. Esta fórmula burocrática donde los obreros están en minoría se va a mostrar poco a poco ineficaz e irritativa.


 


Para solucionar el problema agrario, Karolyi proyecta el reparto de las tierras latifundiarias en parcelas de 500 hectáreas entre jornaleros y pequeños propietarios. Pero el aparato burocrático destinado a fiscalizarla es lento y pone más trabas que soluciones. Con el correr de los meses, los campesinos armados empiezan a ocupar las tierras con sus propios métodos y sin pagar el impuesto que el gobierno había decretado. Incluso se llega a expulsar por la fuerza a los administradores estatales de la reforma.


 


De todas maneras, la reforma no es más que una venta forzosa y subsidiada de las grandes propiedades a los campesinos pobres. Pero la gran mayoría de los obreros agrícolas no tienen medios para afrontar ese pago y el conflicto en el campo se agrava. Es así que en los cinco meses de gobierno liberal no se llega a producir el reparto de tierras salvo en casos contados.


 


El desorden en el campo enemista a los campesinos y obreros agrícolas con el gobierno, pero también a la aristocracia latifundista. El resultado es que Karolyi pierde base de apoyo y las ciudades empiezan a tener serios problemas de aprovisionamiento, al punto tal que ya en el mes de enero se recurre a las requisas de los comercios y al racionamiento de alimentos.


 


El problema financiero no es menor. A la depreciación colosal de la moneda y la recesión económica, se agrega la enorme desocupación por el licenciamiento de los soldados, ante los que el gobierno cede, concediendo un subsidio de 15 coronas diarias. Karolyi reconoce los empréstitos de guerra, para no enemistarse con la banca, lo cual aumenta la deuda pública. Recurre a una reforma monetaria (para separar su moneda de Austria) que es un completo fracaso y a una reforma fiscal que consiste en un impuesto progresivo sobre las rentas. La clase pudiente no paga sus impuestos (sólo espera subsidios y salvatajes del Estado, que está exhausto) y cada día se aparta más de Karolyi.


 


Las organizaciones obreras


 


La ruptura entre las direcciones obreras izquierdistas y el partido socialdemócrata se consolidó con la creación del Partido Comunista en noviembre de 1918. Hacia fines de ese mes llegan desde Rusia Béla Kun, Laszlo, Rabinovics que, siendo prisioneros de guerra y liberados por la revolución, pudieron ser testigos de la política bolchevique, a la que adhirieron. El PC húngaro no sólo recibió la adhesión de los obreros por su relación directa con la Revolución Rusa sino también porque desarrollaba una lucha sin cuartel contra el Estado de los capitalistas. En diciembre ya dominaba el sindicato de metalúrgicos y siderúrgicos, pero se encontró con un obstáculo: para los sindicatos húngaros, afiliarse a un sindicato era afiliarse al Partido Socialista, y no se permitía otro tipo de partidos en los sindicatos. La lucha del PC por sus ideas tuvo que comenzar por la lucha por el derecho a participar en los sindicatos. La negativa socialista llevaba a la fractura de la unidad proletaria.


 


Los metalúrgicos (dirigidos por el PC) presentaron un acabado programa político, donde se planteaba que la "república popular" no era más que "una forma modificada de la dominación capitalista" y el Estado, "el órgano colectivo de la clase detentadora de la propiedad". Propugnaba el control obrero como medio de transición contra la pobreza, llamaba a la construcción de Consejos obreros y a continuar la lucha de clases. Detallaba cómo debía otorgarse el subsidio al desempleo, que debía ser pagado por el Estado y los industriales en partes iguales. Finalmente, se afirmaba que nada impedía que los metalúrgicos adhirieran al PC. Durante tres días, una asamblea nacional de delegados discutió este programa y la aprobación del último punto significó la primera victoria del PC y su ingreso a la dirección de una multitud de sindicatos.


 


Los socialdemócratas estaban divididos en un ala derecha (Erno Garami) y un ala izquierda (Zsigmond Kunfi), pero esta ala izquierda también participaba del gobierno y sólo se diferenciaba de la derecha en que propiciaba un acuerdo con los comunistas.


 


Los socialdemócratas confiaban en las elecciones para una Asamblea Nacional y por izquierda planteaban que, a través de ella, la clase obrera obtendría el poder. Todas sus reivindicaciones las postergaban para la Asamblea Nacional y llamaban a los obreros a no exigir soluciones inmediatas al gobierno, dejándolas como tareas para dicha asamblea. Pero la situación de catástrofe urgía acciones concretas y, para peor, en las elecciones de Asamblea Nacional de Alemania primero, y de Austria después, los socialdemócratas de esos países quedaron en minoría, con lo cual se alejaban las posibilidades de lograr alguna reforma por esa vía.


 


El PC tenía una postura opuesta y se basaba en las conversaciones que Béla Kun había tenido con Lenin en Rusia (3). Afirmaba que "la democracia es sólo una forma modificada del dominio capitalista, que sólo aparece o bien cuando la clase detentadora de la propiedad es tan fuerte que puede permitir sin peligro a las masas trabajadoras hacer oír su voz en la cámara legislativa del estado burgués, o cuando es tan débil que no puede conservar el dominio del capital sin hacer tales concesiones a las masas" (4). Y esto lo decía el PC luego de toda una historia de dominio de la monarquía y los aristócratas, con una "democracia" nueva, que podía concitar las ilusiones de buena parte de las masas. Las críticas del PC no hacían más que retomar las posiciones de Marx en la "Circular de 1850" y la experiencia del Partido Bolchevique entre febrero y octubre de 1917.


 


A la sorda disputa entre socialdemócratas y comunistas en el interior de los sindicatos, se pasó en enero al combate abierto. Para el gobierno liberal, el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en Alemania (15 de enero de 1919) fue como el aviso de iniciación de la represión. El diario socialdemócrata Népszava (La Voz del Pueblo) lanzó una campaña histérica contra el partido de Béla Kun. La central sindical decide expulsar a los comunistas de toda dirección gremial.


 


En este clima de resentimiento generalizado contra el comunismo, se produce el asalto al Népszava el 20 de febrero. Inmediatamente fue atribuido a los comunistas, pero la dirección comunista se enteró por teléfono en momentos en que informaba a la dirección socialdemócrata sobre una invitación protocolar a Rusia. Aunque el PC negó toda participación en los hechos, el asalto había dejado varios muertos y heridos en la calle (entre ellos, algunos policías) y toda la prensa burguesa aprovechó para reclamar por la cabeza de los dirigentes comunistas. La dirección del PC se reunió pocas horas después y decidió no esconderse sino enfrentar el enjuiciamiento y continuar con la agitación. Esa misma noche es encarcelada toda la dirección, siendo salvajemente torturados y maltratados. Hasta la prensa burguesa cuestionó el maltrato a los comunistas, pero los socialdemócratas justificaron a los policías por "el dolor que sentían por los colegas caídos" en la provocación montada.


 


Con el PC descabezado, la socialdemocracia quiso asestarle el golpe final, desatando una caza de brujas en los sindicatos y exigiendo a los obreros que regresaran a la socialdemocracia. Por ejemplo, se intimó a los obreros de una fábrica de aviones a reintegrarse al PS o la fábrica (estatal) sería castigada con la interrupción de los insumos y el cese de la producción. Como se ve, para el PS en la lucha contra el comunismo valía cualquier recurso.


 


Sin embargo, las presiones de la realidad fueron más fuertes que la histeria socialdemócrata, y los obreros siguieron adhiriendo en masa al Partido Comunista. Las presiones populares obligan al gobierno a liberar a 29 detenidos a fines de febrero, y a retirarles a los restantes la acusación de "alta traición". En todo el norte de Hungría los comunistas se unen a los socialistas de izquierda y prácticamente se adueñan de la situación en varias ciudades, desconociendo la autoridad del gobierno central.


 


Una a una, durante el mes de marzo, las fábricas se pronuncian en contra de la política socialdemócrata de depositar confianza en la Asamblea Nacional. También llueven los pronunciamientos por la libertad de los comunistas presos. El congreso de los Consejos Obreros de la llanura húngara reclama en esos días la socialización de la producción, el fin de la paz civil y la expropiación de la tierra sin indemnización. El sindicato de torneros llama a una manifestación el 9 de marzo por la dictadura del proletariado. La dirección del sindicato, socialdemócrata, intenta en vano modificar la decisión. El 18 de marzo, los 20.000 obreros de la fábrica de municiones de Csepel, cerca de Budapest, realizan un acto en conmemoración de la Comuna de París y votan una resolución por la liberación de los comunistas presos, llamando a una reunión nacional para el 21 en la misma ciudad.


 


A un mes de la provocación del Népszava, los intentos socialdemócratas por aislar a los comunistas se ven coronados por una inequívoca derrota.


 


Volteretas de la izquierda socialista


 


Seguramente a partir del cariz que fueron tomando los acontecimientos, la crisis del gobierno, el inmovilismo del Partido Socialista y el creciente apoyo que recibían los comunistas de parte de los obreros de la ciudad y del campo, el ala izquierda del socialismo decide hacia el 10 de marzo retomar los contactos con la dirección comunista en la cárcel. Tres dirigentes del sindicato de tipógrafos, Bogár, Mausz y Sebök, solicitan a Béla Kun que redacte un programa en base al cual se pueda reconstituir la unidad del movimiento obrero.


 


Béla Kun contesta con un escrito de gran importancia, pues en base a él se conformará finalmente la unidad de ambos partidos. Allí aboga por la ruptura con los socialtraidores, por una unidad real y revolucionaria de la clase obrera, por llevar a la práctica "las medidas transitorias conducentes al socialismo". Y especifica los puntos siguientes, que resumimos:


 


1. Ningún apoyo al llamado gobierno del Estado burgués. El poder a los consejos de obreros, soldados y campesinos.


 


2. Rechazo de la integridad territorial del viejo imperio húngaro. Ninguna guerra con checos, rumanos o serbios por su "reintegración" a Hungría.


 


3. Nada de república parlamentaria sino república centralista de los Consejos. Abolición de toda fuerza armada permanente. Eliminación completa de la burocracia. Los cargos deben ser elegibles y revocables ante las asambleas. Ingreso no superior al de un trabajador calificado.


 


4. Control centralizado de los Consejos y control descentralizado de la producción industrial y agrícola y de la distribución de los productos.


 


5. La tierra es del Estado, toma de posesión de la propiedad del suelo por el proletariado. "Enérgica lucha contra los repartos de tierra." Aceptación de cooperativas como método de transición.


 


6. Socialización de la banca.


 


7. Estatización de la industria y los transportes.


 


8. Monopolio estatal del comercio exterior y del comercio de productos de primera necesidad.


 


9. Protección de los trabajadores.


 


10. "Propaganda del socialismo por cuenta del Estado. Separación inmediata de la Iglesia y el Estado. La escuela debe ponerse abiertamente al servicio de la educación para el socialismo."


 


En la misma carta termina reconociendo (cosa que había significado una acusación por parte de la socialdemocracia) que el Partido Comunista húngaro recibía el apoyo de Lenin y de los espartaquistas alemanes, tanto con ideas (a través de Radek) como con rublos.


 


Mientras se producían estos intercambios, la situación del gobierno y, por consecuencia, la del ala derecha de la socialdemocracia empeoraban día a día. A la insurgencia de obreros, campesinos y soldados, cuyos consejos iban ocupando cada día más porciones de poder (ciudades, tierras, fábricas) ante la inoperancia del gobierno liberal, Karolyi debió soportar en esos días una nueva ofensiva de las tropas extranjeras que fue lo que en definitiva lo hizo caer.


 


Con la derrota bélica, Hungría ya había perdido Bohemia, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia y Transilvania. Karolyi, cuyo partido era francófilo, confiaba en mantener las fronteras de la propia Hungría. Pero el 20 de marzo el coronel Vix, del ejército francés que operaba desde Rumania, le comunicó a Karolyi los nuevos acuerdos de la Entente con Rumania: las tropas húngaras debían desmilitarizar una franja de su territorio limítrofe con Transilvania que incluía varias ciudades importantes como Debreczin y Szeged, las tropas rumanas avanzarían hasta lo que es hoy la frontera entre Hungría y Rumania; la zona desmilitarizada sería controlada por el ejército francés. Pero aun esta frontera, según la nota del coronel Vix, era provisoria.


 


La intimación del ejército imperialista llegó en momentos en que el Consejo de soldados instalaba cañones en una colina junto a la ciudad de Budapest, los periódicos no salían a la calle hacía dos días por huelga de tipógrafos y se reunían en Csepel delegados de todo el país para forzar un cambio de gobierno. El gobierno liberal había llegado a su fin.


 


En una reunión de gabinete, Karolyi anticipó su renuncia y le propuso a los socialistas que formaran gobierno. Estos manifiestan su acuerdo, pero más tarde, en una reunión interna, deciden aceptar las bases programáticas presentadas por Béla Kun y formar gobierno con los comunistas. Algunos dirigentes del ala derecha renuncian al partido. El resto se dirige a la cárcel y pacta con la dirección comunista la unificación de los dos partidos en el Partido Socialista Unificado de Hungría, la conformación de un gobierno con base en los Consejos de Obreros, Soldados y Campesinos y mayoría de ministerios para los comunistas, sobre la base de la plataforma de unidad presentada por Béla Kun que detalláramos más arriba. Redactan una nueva declaración que afirma, entre otras consideraciones, que el nuevo partido "asume inmediatamente el poder en nombre del proletariado". Y suspende las "tan cacareadas elecciones" para la Asamblea Nacional.


 


La dirección comunista, como señaláramos al comienzo del artículo, siguió todavía algunas horas detenida. Hacia la tarde del 21 de marzo, llegó el Consejo de soldados (luego de una reunión donde se pronunció por la liberación de los comunistas y la dictadura del proletariado) dispuesto a liberar por la fuerza a los presos, pero al mismo momento llegó el oficial de justicia ordenando la liberación, feliz casualidad que evitó un baño de sangre entre soldados y policías.


 


Al día siguiente, Béla Kun declaró: "Las cosas han ido demasiado bien. No he podido dormir, he estado pensando toda la noche dónde nos hemos podido equivocar. Porque en uno u otro punto debe ocultarse un error. Ha sido algo demasiado fácil. Ahora nos damos cuenta de ello, pero temo que sea demasiado tarde" (5).


 


El día que el lobo se disfrazó de oveja


 


¿Qué transformación se había operado en la socialdemocracia para constituir gobierno junto a los comunistas, a los que hasta pocos días antes insultaba desde su periódico? Según sus declaraciones en ese momento, consideraban que el país marchaba hacia el comunismo en forma inevitable, por el apoyo que los obreros daban al PC, por la enorme ilusión que representaba la cada día más consolidada Revolución Rusa, por la catástrofe social y económica de Hungría. Como dijera meses después Jacob Weltner (dirigente del ala izquierda), "debíamos elegir entre la guerra civil, la unificación o la retirada completa por nuestra parte". Es decir que, por lo menos, la socialdemocracia era consciente de que no podría formar gobierno sola, como hiciera en Alemania y en Austria, sino que, abandonado por la burguesía liberal, un gobierno socialdemócrata sería un último paso antes de la toma del poder por los obreros, ya casi completamente volcados al apoyo al comunismo. La dirección socialdemócrata sabía que la clase obrera la quería quitar de en medio y que su programa era impotente para resolver los acuciantes problemas de las masas. En vez de inmolarse con un programa democrático, decidieron travestirse de izquierdistas y unirse al PC.


 


"Muchos de nosotros veíamos claramente que marchábamos hacia la catástrofe", sigue Weltner, pues en un estado arruinado "el comunismo no puede ser llevado a la práctica. Por eso yo trabajé con toda mi energía para conseguir que la destrucción, las crueldades y la corrupción fueran contenidas dentro de los límites más estrechos posibles, con objeto de que el movimiento proletario pudiese mantenerse incluso después de la catástrofe" (6). Como se ve claramente, los socialdemócratas no confiaban en la creación de un gobierno obrero, sino que adoptaron la táctica de dejarse arrastrar por la ola de los acontecimientos para poder sabotearlos, empobrecerlos y ahogarlos dentro de los límites del democratismo pequeño burgués.


 


Es interesante observar que nunca el PC había propuesto la unificación de los partidos. Esa fue una propuesta socialista, basándose en que en Hungría partido socialista y sindicatos eran la misma cosa. Quien se afiliaba a un sindicato lo hacía automáticamente al Partido Socialista y las direcciones de ambas instituciones coincidían. Cuando el PC nace en noviembre, uno de sus conflictos, como hemos visto, es que no se le permitía a los obreros afiliarse a otro partido que no fuera el PS. Cuando la socialdemocracia busca el acuerdo con Béla Kun en la cárcel, lo hace en el nombre de la "unidad del movimiento obrero".


 


Lo más llamativo fue que la clase obrera intuyó que todo era una maniobra, y cuando en el mes siguiente se procedió a la unificación de los partidos y la elección de los representantes, los socialdemócratas perdían en la mayoría de los lugares. Los comunistas, por su parte, debieron defender las posiciones de los socialdemócratas y actuar de abogados de sus antiguos victimarios, con lo cual gastaban energías por salvarlos y vacilaba la confianza de los obreros en los mismos comunistas.


 


Como dice Béla Szanto (uno de los comisarios del pueblo y también jefe de milicias), se debía haber empujado a los socialistas no hacia la izquierda sino hacia la derecha. Desenmascararlos ante las masas como unos burgueses disfrazados de comunistas empujados por la necesidad y que traicionarían a la primera dificultad. Si antes prometían llegar al socialismo a través de la democracia, ahora tratarían de volver a la democracia a través del socialismo, lo cual, en un país arruinado y acosado por ejércitos extranjeros, era claramente un suicidio.


 


Se debía haber aceptado la conformación de un gobierno conjunto (sólo eran comunistas dos comisarios más los subcomisarios de todo el resto), pero nunca la unificación de los partidos, que impedía la preparación política de la vanguardia en referencia a las acciones que una dictadura proletaria debía emprender. Por otra parte, el ascendiente que los comunistas, y particularmente Béla Kun, tenían entre la clase obrera era lo suficientemente fuerte como para lograr una composición del comisariado más favorable al comunismo.


 


Menos aún se debió intentar durante la unificación que los dirigentes socialdemócratas salgan elegidos por los obreros. Al contrario, aunque fueran aliados de gobierno, se debía haber intentado su expulsión del seno de la clase obrera. La unificación partidaria fue más perniciosa considerando la juventud del Partido Comunista, cuyos cuadros habían sido recolectados mayoritariamente del anarquismo (Kogan, Szamuelly, Corvin, Kransz, el más tarde famoso Lukacs) y, en parte, del socialismo.


 


Inmediatamente constituido el gobierno de los Consejos, Béla Kun telegrafió a Lenin la novedad y éste, en otro telegrama del 23 de marzo, le requirió seguridades: "Le ruego comunicar qué garantías efectivas tiene usted de que el nuevo gobierno húngaro sea, en realidad, un gobierno comunista y no simplemente socialista, es decir, socialtraidor. ¿Poseen los comunistas la mayoría en ese gobierno? ¿Cuándo se celebrará el congreso de los soviets? ¿En qué consiste el reconocimiento efectivo de la dictadura del proletariado por los socialistas?" (7)


 


Béla Kun calmó las expectativas del dirigente ruso. Hablando por radio, le dijo: "No cuento con la mayoría en el gobierno, pero saldré victorioso, porque las masas están conmigo y va a reunirse el congreso de los soviets" (8). Lo concreto es que Lenin dio su más firme apoyo al gobierno obrero húngaro. En un artículo aparecido en Pravda el 29 de mayo de 1919, destacaba "el restablecimiento inmediato de la unidad de la clase obrera, de la unidad del socialismo sobre la base de un programa comunista" (9). Afirmaba que el ejemplo húngaro era "mejor que el de la Rusia Soviética, porque (supo) unir de un golpe a todos los socialistas sobre la plataforma de una verdadera dictadura del proletariado" (10).


 


Evidentemente, el programa común (que los socialistas aprobaron sin leer) calmaba las expectativas de Lenin y de los dirigentes comunistas húngaros. También era verdad que Béla Kun era el dirigente más reconocido entre los proletarios. En las elecciones para el Congreso de los Consejos que se realizaron el 7 de abril, los comunistas obtuvieron la mayoría. Sin embargo, como veremos, no era suficiente para definir todos los pasos a seguir durante el gobierno de los consejos.


 


La obra de la dictadura de los Consejos


 


El entusiasmo de los obreros por su nuevo gobierno fue enorme. Incluso la pequeño burguesía y sectores burgueses y nacionalistas dieron su apoyo inicial a la dictadura de los consejos. Para los obreros, era la ocasión de refrendar las acciones revolucionarias que estaban desarrollando desde el mismo nacimiento de la república burguesa. Desde el punto de vista "nacionalista", sólo un gobierno fuerte en alianza con Rusia podía frenar el despojo de Francia, Rumania, Checoslovaquia, Serbia. La gran mayoría de la población creía en la fortaleza del nuevo gobierno. Incluso en la bolsa de Zurich se siguió cotizando la corona húngara sin grandes caídas.


 


Al igual que en la Comuna de París de 1871, los obreros habían constituido gobierno por la incapacidad y podredumbre de la clase burguesa por mantenerse en el poder. La burguesía se había marchado sola y el poder pasó formalmente a sus partidos casi de la misma forma que se cambia un gabinete por otro en los regímenes liberales.


 


La clase obrera no debió pelear con las armas en la mano, en las calles, contra la burguesía. Lo había hecho, sí, contra la monarquía. Pero el paso del gobierno capitalista al socialista se había hecho en forma indolora. Para los comunistas de todo el mundo, esto demostraba una vieja afirmación bolchevique: la revolución en Occidente sería más "pacífica" y más "civilizada" que la misma revolución en Rusia, más oriental y más bárbara. También evidenciaba que la influencia de la Revolución Rusa no se reducía a la creación de algunos partidos afines en Europa: era una gran ilusión que recorría los corazones de toda la clase obrera del mundo.


 


La dictadura de los Consejos, en su corta vida de cinco meses, desarrolló una vasta obra.


 


Primeramente, a través del decreto Nº 9 se socializaron los bancos y las empresas con más de 20 obreros. Este decreto sólo venía a legalizar una situación de hecho en toda Hungría: los obreros se habían hecho cargo de la producción hacía ya algunos meses. En cada fábrica se eligió un comisario responsable y otros tres delegados, todos elegidos en asamblea y revocables. A su vez, entre los comisariados del gobierno, los sindicatos, los consejos locales y los responsables de fábrica, se conformó un Consejo Económico Popular de 60 miembros, que discutía los problemas y soluciones a nivel económico para toda Hungría.


 


La distribución de alimentos y mercaderías se puso en manos de los soviets locales (11). Se comunalizaron los negocios de más de 10 personas para garantizar que no hubiera especulación ni acaparamiento. Como en otras medidas, se notó aquí la influencia del pensamiento anarquista: en vez de nacionalizar la distribución, se la dejó en manos del Consejo de cada ciudad.


 


El comisariado de finanzas, dirigido por el comunista Jeno Varga, emitió 8 mil millones de coronas (billete blanco), que se desvalorizaron rápidamente. Seguían circulando en Hungría, y sobre todo en el exterior, el billete azul que había impreso el Imperio Austro-Húngaro. Este billete era reconocido como moneda de pago en el extranjero y por eso mantenía su valor. Cuando el valor del billete blanco cayó por el piso, los campesinos exigían el pago en especias o en billete azul.


 


El gobierno había cambiado, era evidentemente un gobierno proletario basado en los consejos de obreros y soldados, pero el Estado, ¿había cambiado? Como ya la Comuna de París había demostrado, los obreros no pueden tomar la maquinaria del Estado tal cual la encuentran sino que de hecho deben destruirla y formar otra nueva. ¿Sucedió eso en Hungría? Veremos que sustancialmente sí, pero quedaron varias tareas por cumplir.


 


La primera discrepancia de gobierno surgió cuando el PC planteó desarmar a la odiada policía y gendarmería. El socialismo se opuso (12). Los obreros empezaron a desarmar a los policías en la calle, lo que provocó que éstos se escondieran. Pasados algunos meses, y cuando ya Hungría se defendía contra la agresión extranjera, los socialistas accedieron al desarme de la policía. ¿Qué gobierno se sostiene sin el monopolio de las armas?


 


La burocracia del Estado no fue disuelta (13). El Estado debió asentarse sobre la vieja clase de arribistas pequeñoburgueses que se aferraban a sus puestos ganados bajo la monarquía. Los socialistas, nuevamente, defendieron la "estabilidad laboral" de sus "clientes electorales", y la maquinaria administrativa debió sufrir el boicot de quienes no esperaban desarrollar una revolución sino de los que querían usufructuarla.


 


Se igualaron los salarios, y ningún funcionario estatal ganaba más que un obrero especializado. Los mismos salarios industriales se unificaron en cuatro grandes categorías. Pero pronto se observó que la productividad había caído. "El rendimiento del trabajo personal ha disminuido un 60% en relación con los tiempos de paz", afirmó Jeno Varga (14). Las causas de esta caída se encontraban, según el comisario de finanzas, "en la supresión de la coacción capitalista". Pero también, agregaremos, en que la vanguardia obrera se había alistado voluntariamente en los destacamentos de defensa.


 


Los socialistas también se opusieron a una ley general que separara a la Iglesia y el Estado. En esto ya no eran inconsecuentes con el socialismo sino directamente con sus propias consignas de pocos meses antes, pero también obedecía a su ceguera "electoralista": no enemistarse con un pueblo mayoritariamente católico. De esta manera, la cuestión religiosa la resolvió cada comuna a su parecer, lo que provocó la inevitable resistencia de la Iglesia. Las misas se transformaron en centros de conspiración antigubernamental, aprovechando las vacilaciones del gobierno en el tema.


 


Se actuó en forma vacilante con la libertad de prensa. La prensa burguesa siguió saliendo, hasta que se agotó el papel de rotativa. Recién en ese momento se prohibió a los diarios capitalistas y siguieron apareciendo solamente los diarios obreros.


 


En otros aspectos sociales, el consenso fue mayor. Se redujeron los alquileres un 20% y se procedió al reparto de las viviendas lujosas, acomodando familias obreras en las mansiones de la burguesía, dejándoles incluso el mobiliario.


 


Se prohibió la venta de alcohol en las tabernas y se promocionó el teatro: dos tercios de las entradas eran adquiridas para repartir entre los sindicatos y un tercio se dejaba para venta libre. Se editaron centenares de folletos y libros de propaganda socialista, que se vendían a precios ínfimos.


 


Se suprimieron las cajas de socorros y mutuales, pues la atención médica era igual para todos y gratuita. La escolaridad se decretó obligatoria hasta los 14 años. Se suprimieron las facultades de Derecho y Teología y se incentivó el estudio de la biología. Para realizar tareas docentes, se trasladó a miles de personas de tareas improductivas (empleados y profesionales) a la enseñanza.


 


Se garantizó el voto universal (varones y mujeres) desde los 18 años. Se rompió así con la "democracia" para rentistas que había prevalecido en Hungría hasta entonces. Se decretó el matrimonio libre desde los 14 años para las mujeres y desde los 16 para los varones, sin consentimiento paterno. El divorcio era unilateral y se llevaba a cabo como un trámite en 24 horas. El aborto estaba autorizado siempre que se llevara a cabo en hospitales públicos (15).


 


El problema campesino


 


El problema agrario es, evidentemente, uno de los factores más delicados para los gobiernos revolucionarios. En Rusia el Partido Bolchevique debió dejar para más adelante sus planteos de colectivización agraria y aceptó casi sin modificaciones el programa de los socialistas revolucionarios, que representaban la mayoría de los delegados campesinos a los soviets. Este era un programa de reparto de tierras, donde se legalizaba y generalizaba las tomas de grandes haciendas que motorizaron la Revolución Rusa entre febrero y octubre de 1917. Después de la toma del poder, Lenin planteó continuar con la lucha de clases en el campo, favoreciendo la creación de soviets o comités de campesinos pobres y jornaleros, en oposición a los campesinos ricos que dominaban los comités de reparto de tierras.


 


El diagnóstico del PC húngaro sobre la situación agraria estaba basado en que "Hungría es un típico país de grandes propietarios terratenientes, y la inmensa mayoría de su población rural está compuesta por trabajadores asalariados, sin tierra, y por pequeñísimos propietarios. Por esto las relaciones sociales en el campo húngaro son muy propicias para una política agraria revolucionaria" (16). De aquí se desprendía que la tarea de una dictadura proletaria consistía en colectivizar directamente el campo, sin pasar por una reforma agraria. De hecho, afirmaron que "el proletariado húngaro se hallaba en una situación más favorable que el ruso, que al instaurar la dictadura del proletariado se encontró con el reparto de la tierra ya efectuado" (17). Es decir que, mientras Lenin debió conciliar posiciones con el socialismo revolucionario y los campesinos, concediendo la reforma agraria y el reparto de tierras, la dictadura de los Consejos en Hungría estatizó toda la tierra y colectivizó las grandes haciendas.


 


Esto provocó el entusiasta apoyo de los peones y jornaleros del campo al gobierno revolucionario y, a la vez, que los pequeños propietarios, o los que querían serlo, pasaran a engrosar las filas de los conspiradores contra el régimen. El campesino propietario dejó de enviar productos de granja a la ciudad y se alió con el cura de la aldea para apoyar a los ejércitos invasores que rodeaban al gobierno revolucionario. Por el contrario, las grandes fincas siguieron produciendo a gran escala, con lo cual las ciudades estaban bien abastecidas de alimentos, el salario de los jornaleros creció enormemente y los principales batallones de defensa del nuevo ejército estaban constituidos por peones del campo. Incluso en una zona ya tomada por el ejército rumano, Transilvania, hubo una huelga general de obreros agrarios favorable al gobierno de Budapest.


 


De todas maneras, es falsa cierta diferenciación que hace Béla Szanto entre Rusia y Hungría: en Rusia, en octubre de 1917, la tierra estaba tan subdividida como en Hungría en marzo de 1919. No es verdad que Lenin se hubiera encontrado con una masa de campesinos recientes propietarios de tierras ocupadas y, en consecuencia, haya debido negociar la reforma agraria. Las grandes fincas fueron ocupadas, pero el reparto efectivo no lo hizo el gobierno provisional de Kerensky sino el gobierno revolucionario del Partido Bolchevique y los socialistas revolucionarios, estos últimos como representantes de la masa campesina. Lo que sí es verdad es que en Rusia la masa de pequeños propietarios era enorme y su objetivo inmediato era la ocupación de un pedazo de terreno que le permitiera vivir dignamente, no aplastado por la competencia con los grandes señoríos.


 


En Hungría, el campo no estaba tan revolucionado como en Rusia. El movimiento campesino empezó a movilizarse a partir de la revolución de octubre de 1918, y en muchos lugares la movilización surgió como reacción a la reforma agraria de Karolyi. La socialdemocracia, la gran organizadora del proletariado húngaro, no había podido organizar en la misma proporción a los obreros del campo. Para peor, en su afán electoralista, asumió el programa de los campesinos más acomodados y de hecho embarcó a los jornaleros y peones detrás del movimiento de campesinos ricos.


 


Cuando estalla la revolución obrera, el movimiento campesino tiene un protagonismo muy inferior al de los consejos de obreros y soldados y, además, no cuenta con un partido que lo represente como los socialistas revolucionarios en Rusia. El decreto de la tierra, que recién se promulga el 4 de abril, indica que "la tierra húngara pertenece a la comunidad de los trabajadores" (18), es decir al Estado o a la comuna, y queda descartada la propiedad individual. En los hechos, el movimiento campesino quedó dividido como apuntáramos antes: el campesino propietario en contra de la política agraria, especulando y almacenando grano, y los peones y jornaleros apoyando al gobierno, garantizando la provisión de alimentos a las ciudades.


 


Los ejércitos extranjeros azuzaron a los campesinos, a través de la Iglesia Católica, a sublevarse contra el gobierno. Sólo consiguieron algún éxito en la zona oeste de Hungría, donde debió partir el comisario Szamuely, ex anarquista, a reprimir un movimiento. De aquí surgió la "leyenda negra" del gobierno revolucionario que indicaría que "el sanguinario Szamuely" (como lo llamaron los burgueses) fusiló y ahorcó a cuanto opositor asomaba la cabeza. En verdad, sólo se ahorcó o fusiló a 129 personas en los cinco meses de gobierno, de las cuales sólo 48 fueron por orden de Szamuely (19). En contraposición, podemos anticipar que el ejército rumano fusiló a 30.000 personas en los primeros días de la caída de Budapest. Un claro ejemplo de "ética" y "democracia".


 


El problema militar


 


La dictadura de los Consejos estaba acosada por cuatro ejércitos: los checos desde el norte, los serbios desde el sur, los rumanos desde el este y los franceses ayudando a todos ellos (ver mapa). Hungría era tratada por las grandes potencias como una nación vencida en la guerra, a la que se debía saquear y hundir, ya que no para otra cosa se habían sacrificado tantas vidas de soldados. Los checos, serbios y rumanos, por su lado, pretendían "hacer leña del árbol caído" y expandir sus fronteras a expensas de Hungría, aún tomando zonas con población magiar, como Transilvania.


 


En rigor, este acoso había comenzado ya bajo el gobierno liberal de Karolyi y fue la causa directa de su caída. Francia no jugó a defender el gobierno liberal frente a la revolución sino que prefirió hundirlo, dejar que se pudra la situación aun con un gobierno bolchevique, y declarar luego tierra arrasada y poner gobiernos títeres en la región (20). La única diferencia para Francia antes y después de la revolución obrera es que se encontró ahora con una resistencia mucho más fuerte.


 


En el momento de decidir su entrada al gobierno, uno de los fenómenos que los comunistas evaluaron fue la cercanía de las tropas rusas hacia el nordeste de Hungría, detrás de los Cárpatos, donde se luchaba contra el ejército blanco ucraniano. El 13 de marzo informaba el diario del PC Voros Ujsag (Noticias Rojas) que el ejército rojo triunfaba en la zona de Galizia y estaba a sólo 200 kilómetros de la frontera húngara.


 


El gobierno de los Consejos, cuyo comisario de Relaciones Exteriores es Béla Kun, surge como reacción a la caída del gobierno burgués y, a la vez, como una defensa de las fronteras magiares. Por ese motivo recibe el inicial apoyo aún de sectores nacionalistas de derecha. Preocupado por no mostrar al nuevo gobierno con las mismas ansias expansionistas de antaño, Béla Kun declara reiteradas veces que Hungría no va a actuar fuera de sus fronteras naturales (es decir, territorio magiar).


 


De todas maneras, Rumania y Checoslovaquia deciden ocupar Hungría a principios de mayo. El gobierno decreta la movilización general y las tropas rumanas son rechazadas reiteradas veces, manteniéndose en la ribera oriental del río Tisza (unos 100 kilómetros fronteras adentro de Hungría).


 


El ejército checo, comandado por el general francés Pellé, es derrotado y desbaratado el 11 de mayo. Finalmente, el 7 de junio el ejército checo se rinde. El 11 de junio, el ejército húngaro ocupa la Alta Hungría, el 14 ocupa Eslovaquia y el 16 las fuerzas obreras de Eslovaquia se levantan y proclaman la dictadura proletaria en esa zona, gobierno revolucionario que durará sólo unas semanas.


 


Lejos de estar ahogándose, la revolución húngara se extendía. En Eslovaquia se decretó la reforma agraria. En Praga (Checoslovaquia) y Viena (Austria) suben gobiernos socialdemócratas.


 


Pero pronto empieza el ciclo contrario. El Ejército Rojo en Ucrania no avanza hacia la frontera húngara, a la que es muy difícil llegar por la oposición de las tropas y el obstáculo de los montes Cárpatos, y se dirigen hacia el sur, a tomar Odessa, mucho más importante desde el punto de vista político y militar.


 


El primer ministro francés Clemenceau propone discusiones de paz a Béla Kun, a condición de retirar su ejército de Eslovaquia. Béla Kun acepta y la dictadura obrera eslovaca cae a principios de julio.


 


El ejército rumano se recupera y hacia fines de julio vuelve a atacar, esta vez con más fuerza, contando con la ayuda ahora desembozada de campesinos y curas, y promoviendo las deserciones en el ejército magiar.


 


A esto se agrega una dificultad de orden político, y es que el antiguo ejército no había sido revolucionado. Los soviets de soldados dirigían la situación interna, pero ante las circunstancias de rechazar a los ejércitos invasores, se volvió a contar con los oficiales del viejo ejército imperial. La vigilancia política que los soldados podían ejercer decayó con el tiempo. Los socialistas del gobierno se negaban a endurecer posiciones con respecto a la oficialidad, así como se habían negado a desarmar a la policía y la gendarmería. En las últimas semanas de gobierno obrero, el ejército era una de las cuevas de conspiradores y batallones enteros se negaban a luchar, tratando de llegar a un acuerdo con el ejército francés, del otro lado de la trinchera.


 


Cuando el fin de la dictadura de los Consejos se veía inevitable, Béla Kun y los comunistas renunciaron al gobierno (1º de agosto), exiliándose en Austria, y los socialistas formaron un gobierno de emergencia, que fue barrido días después por el invasor rumano y francés. Se produjo entonces una de las carnicerías más grandes de que se tenga noticia: todo individuo hallado con un arma era fusilado sin juicio previo. Fue prohibida toda actividad política desde comunistas hasta radicales liberales. Se instauró una dictadura sangrienta que gobernó el país durante 10 años que hizo pagar, a cuenta de Francia y de Inglaterra, no sólo los gastos de guerra de los vencedores sino también el pecado de haber querido desarrollar un gobierno revolucionario propio.


 


Conclusiones


 


La experiencia húngara entre octubre de 1918 y marzo de 1919 es comparable a las vicisitudes de la Rusia revolucionaria entre febrero y octubre de 1917. La comparación no es nuestra sino que ya los mismos actores se sintieron "repitiendo" los pasos de sus hermanos bolcheviques: la revolución de octubre fue comparada a la revolución de febrero. Karolyi fue llamado (por los húngaros y por el mismo Lenin) como el Kerensky húngaro. Los sucesos frente a la redacción del Népszava y el encarcelamiento de los comunistas fueron comparados a las jornadas de julio y a la posterior ilegalización de los bolcheviques. Similares situaciones revolucionarias, de doble poder, donde los soviets en manos conciliadoras son a la vez el ámbito donde se dirimen los programas obreros y donde se le disputa el poder a la burguesía.


 


A su vez, los sucesos de la dictadura de los consejos son equiparables a la Comuna de París: un gobierno burgués que se deshace en sus propias contradicciones, se corre de la escena y deja "casi pacíficamente" que la clase obrera ocupe el poder que aquél ya no puede sostener. Si la Comuna de París no pudo contar con el apoyo del campesinado y quedó relegada a la capital de Francia, la dictadura de los Consejos húngara contó con un apoyo relativamente amplio entre los jornaleros y peones del campo. Como la Comuna, el gobierno obrero fue un gobierno de coalición entre diferentes fracciones obreras, debió enfrentar una guerra invasora y la tarea de destrucción del Estado burgués quedó a medio terminar.


 


Su interés, para el revolucionario de hoy, radica en que Béla Kun había conversado largamente con Lenin, en Rusia, las características de la Revolución Rusa, y las aplicó en la medida de lo posible en su experiencia húngara. Ya en el poder, todos sus pasos fueron controlados y confrontados con las opiniones del dirigente ruso, a través de decenas de telegramas que no se han conservado. Recibieron apoyo en dinero y en ideas directamente de Karl Rádek, radicado entonces ilegalmente en Alemania, así como éste las había transmitido al espartaquismo alemán.


 


Entre los paralelismos con la experiencia bolchevique, se destaca la constante prédica de los comunistas por continuar la lucha contra el estado burgués, aun bajo fachada democrática, y la necesidad de marchar hacia la dictadura del proletariado, planteando para ello consignas transicionales que actuaran como un puente entre el momentáneo apoyo de los obreros a las fuerzas reformistas y su necesidad futura de consumar una revolución obrera para acceder al poder y terminar con la bancarrota del capitalismo. 


 


Hemos transmitido lo que, a nuestro entender, fueron los aciertos y los errores del gobierno obrero húngaro. Entre los errores, el principal fue la unificación de los partidos socialista y comunista. A pesar de haberse hecho sobre la base de un programa comunista (factor que provocó el apoyo de Lenin a la unificación), conformaba una situación donde el programa era lo que menos importaba. Los socialistas aceptaban la dictadura proletaria, aceptaron el programa sin leerlo, porque entendían que la única forma de gobernar era con el partido que atraía mayor apoyo en ese momento: el partido de Béla Kun, el partido que reivindicaba la Rusia soviética. Incluso uno de los factores primordiales era recostarse geopolíticamente en la ayuda soviética, una vez perdida toda ilusión con las fuerzas imperialistas de Francia o de Estados Unidos. Por eso Béla Kun fue propuesto como comisario de Relaciones Exteriores: él debía ser el artífice de una alianza militar y económica con la Rusia de Lenin.


 


Todos esos factores debieron ayudar a una comprensión de que los socialistas estaban completamente perdidos, frente a las masas y frente al imperialismo. Las relaciones de fuerza dentro del gobierno debieron haber sido mucho más favorables a los comunistas que lo que fueron. Las elecciones al Congreso de los soviets de principios de abril confirmaron que el Partido Comunista tenía entonces más apoyo que el socialismo.


 


De todas maneras, los errores que podamos señalar en la experiencia húngara no fueron la causa de su caída. El problema principal fue militar: un pequeño país, hundido económicamente por la guerra y la derrota, rodeado de ejércitos anticomunistas, aislado del apoyo de Rusia, no pudo resistir el embate de países que estaban ansiosos de extender sus fronteras, ayudados por un ejército imperialista como el francés que quería a toda costa recolonizar la zona del Danubio en su propio beneficio.


 


Hungría fue parte de un reguero de insurgencias en la Europa central que entusiasmaron a los bolcheviques rusos con la extensión de la revolución más allá de sus fronteras: Hungría de marzo a agosto de 1919, Baviera en mayo, Eslovaquia en junio. La actividad revolucionaria en el centro de Europa mantuvo ocupados a los ejércitos imperialistas, que debieron distribuir sus tropas en distintos frentes. Por eso, aunque Rusia no pudo salvar a la dictadura proletaria de Hungría, sí se puede decir que Hungría salvó al gobierno obrero ruso. No sólo al distraer al ejército francés sino también a los ejércitos checos y rumanos, que también combatieron al gobierno bolchevique enviando batallones para engrosar el ejército blanco en Ucrania y Moldavia.


 


El tercer gobierno obrero de la historia no dejó una huella profunda en la memoria proletaria. Seguramente porque reformistas y stalinistas no tenían nada que aprender de ella y la relegaron al olvido. Sin embargo, a ochenta años de esa gesta, podemos afirmar que la revolución húngara conforma un hito y una experiencia imprescindible en la marcha del proletariado hacia el poder.


 


 


Notas:


1. Béla Szanto, La revolución húngara de 1919, Grijalbo, Barcelona, 1977 (la primera edición en alemán es de 1919), pág. 44.


2. Béla Szanto, pág. 44.


3. Pablo Costantini, "Los soviets en Hungría. La revolución de 1919", en Historia del movimiento obrero, CEAL, Buenos Aires, 1973.


4. Béla Szanto, pág. 48.


5. Béla Szanto, pág. 82.


6. Béla Szanto, pág. 90.


7. Citado en Pablo Costantini, ob. cit., pág. 347.


8. V.I. Lenin, Obras completas, Cartago, Buenos Aires, 1960, tomo 29, pág. 263.


9. V.I. Lenin, "Un saludo a los obreros húngaros", en Obras escogidas, Problemas, Buenos Aires, 1946, pág. 198.


10. V.I. Lenin, pág. 201.


11. Pierre Ganivet, La comuna húngara, Imán, Buenos Aires, 1937, pág. 53.


12. Béla Szanto, pág. 104.


13. Béla Szanto, pág. 106.


14. En Pierre Ganivet, pág. 91.


15. Pierre Ganivet, pág. 77.


16. Béla Szanto, pág. 113.


17. Béla Szanto, pág. 119.


18. Pierre Ganivet, pág. 116.


19. Pierre Ganivet, pág. 58.


20. Peter Pastor, Hungary between Wilson and Lenin: the Hungarian revolution of 1918-1919 and the Big Three, East European Quarterly, Nueva York, 1976.


 


 

Sobre el juicio a Ocalam: disculpas, contradicciones y probables resultados


Cualquiera en Europa, no sólo kurdos y turcos, que tenga alguna idea sobre la lucha de liberación del pueblo kurdo bajo la dirección del PKK quedó perplejo ante las disculpas y los compromisos de Ocalam frente a la Corte de Seguridad del Estado (CSE) que sesiona en la isla-prisión de Imrali, en el comienzo mismo del juicio.


 


Las explicaciones de Ocalam en el juicio influyeron sobre los cuadros y las bases del movimiento de liberación kurdo; y confundieron y desmoralizaron no sólo a los kurdos sino también a los revolucionarios, que apoyan su movimiento.


 


Ocalam habla de paz y de sus preocupaciones por las víctimas de la guerra. En verdad no es la primera vez que habla de su voluntad de "establecer la paz" y de "hermandad". Pero contrariamente a lo que alegan sus seguidores, de que no hay diferencias entre la política actual de Ocalam y la del PKK, existen algunas diferencias importantes que no pueden ocultarse.


 


"Los choques armados deben cesar inmediatamente y las armas deberán ser depuestas". Es la primera vez que Ocalam hace un llamado directo a terminar la lucha armada de liberación, al afirmar, en el primer día del juicio, que quiere que el PKK y el ARGK (Ejército de Liberación Nacional del Kurdistán) "abandonen su postura contra el Estado turco y se preparen para el proceso de legalización". Es también la primera vez que afirma que "si le fuera permitido contactar a sus combatientes, los podría convencer de deponer sus armas en un plazo de tres meses y poner fin a la insurgencia". .


 


Turquía: la república democrática


 


"Estoy dispuesto a servir al Estado turco, por la paz y la hermandad como ejes de una república democrática y creo que para este fin debo permanecer vivo". "Denme a mí y al PKK una oportunidad. Puedo hacerlo bajar de las montañas en tres meses", dijo Ocalam a la corte.


 


Excusándose por los veinte años de guerra de liberación nacional del PKK bajo su dirección, enfatizó que desde ahora le gustaría contribuir al establecimiento de la paz y la hermandad en el país. Aquí estamos, por primera vez, frente a una noción, a saber, la "republica democrática". Ocalam no habla de luchar por una "república democrática"; por el contrario, reconoce a una "república democrática" como algo favorable a los kurdos: "Los kurdos pueden encontrar refugio en una república democrática, no tienen otro lugar. Aquí existe libertad de pensamiento. También existe libertad política. ¿Por qué debería reclamar por algo que ya existe? El único problema es la lengua y la identidad cultural", dijo Ocalam en el segundo día del juicio. Estas frases no son una expresión de la revolución democrática por etapas stalinista, sino el reclamo al Estado turco de reformas democráticas; Estado que previamente caracterizaba como colonialista.


 


¿Una nueva táctica? No debemos olvidar que el PKK no habló de deponer las armas ni en el período de cese del fuego de 1993, ni en el del 1995; debemos tener presente también el ejemplo del IRA que, aún después del acuerdo de paz con Inglaterra, todavía se resiste a deponer las armas. Se debe agregar, asimismo, que ésta no es una nueva orientación hacia una "república democrática" a cambio de deponer las armas, como una nueva táctica política "para incluir la cuestión kurda en una plataforma política", como afirman los seguidores de Ocalam. Además, el líder del PKK, Ocalam, en sus explicaciones, se ubicó un poco más lejos de las principales posiciones políticas, estratégicas e ideológicas de su partido.


 


Declaró que la lucha guerrillera es un error, no sólo en las presentes condiciones sino ¡desde el principio! Ocalam afirmó ante la corte: "llamo al PKK, yo, el que los condujo al error, el causante y responsable de todos los problemas y de todos los sufrimientos… Si hubiera sido consciente de esto en 1973, el método que habría seguido habría sido diferente… Les digo a los miembros del PKK que no continúen la lucha armada y que en su lugar desarrollen la lucha a través del pensamiento"; Ocalam está hablando de la posibilidad de una lucha legal y parlamentaria en lugar de la guerra de guerrillas en Turquía, ¡a fines de 1999 y para los kurdos! Ocalam, el líder del PKK, olvidó, directamente, la realidad de Turquía. ¡La realidad que no sólo conocen los marxistas revolucionarios o los pequeñoburgueses revolucionarios sino cualquiera que sabe que aquí no hay ninguna posibilidad para los kurdos de una lucha legal o parlamentaria por su identidad nacional, realidad que ahora olvida el líder del PKK! ¡Ocalam directamente olvidó a los cientos de políticos kurdos y revolucionarios turcos encarcelados, que lucharon por medios legales.


 


"Aquí existe libertad de pensamiento. Aquí hay libertad política" nos enseña desde la cárcel ¡que el Estado turko es democrático! Entonces, el concepto de "república democrática" no significa otra cosa que el actual régimen turco. Entonces, ¿para qué está luchando el pueblo? "Cuando digo Kurdistán no estoy aludiendo a nada político sino a una región geográfica" dijo Ocalam, el líder del PKK, en el segundo día del juicio. Esta posición está muy lejos del principal objetivo del PKK, que lucha por un Kurdistán independiente; de los objetivos de los dos ceses del fuego, por la "federación" en 1993 y por la "autonomía" en 1995. Ocalam da un gran paso hacia el completo abandono del concepto del Kurdistán para convertirse en un defensor de la "república democrática" de Turquía.


 


"El único problema es la lengua y la identidad cultural" dijo Ocalam en el tercer día del juicio. Esto no significa ni más ni menos que abandonar la caracterización de los kurdos como una nación. Fue muy lejos, hasta afirmar que "hay diferentes grupos pero no otra nación en Turquía", y aceptó una de las demandas del abogado querellante Kazim Ayadin, un conocido fascista: "Estoy de acuerdo con el señor abogado, en Turquía no hay discriminación entre turcos y kurdos". ¿Arrepentimiento o amenaza? "Soy responsable por lo que hice. Puedo dar mi vida si es en beneficio de Turquía. El público turco quiere destruirme. Tengo una sola vida para dar. No quiero más enfrentamientos". "¿Qué ocurrirá si muero?" le preguntó Ocalam a la corte y se respondió: "La organización lanzará a la lucha a miles de combatientes y cientos de miles de personas morirán". "No tengo intención de simplemente salvarme", dijo Ocalam y agregó: "Yo no creé la cuestión kurda. La encontré en Ankara. El problema existe desde hace doscientos años. Es un período doloroso. El pueblo ha sufrido mucho. Pero la guerra no tiene razón de ser, ni lógica. No importa cual sea el resultado, no importa cuanto suframos, no hay consuelo por lo que hemos hecho". "El separatismo, las presiones y los sentimientos de rebelión no pueden resolver los problemas; debemos vivir en paz juntos. Y una república democrática es una oportunidad para vivir juntos en la misma tierra", dijo Ocalam en el tercer día del juicio.


 


Para usar el nacionalismo paranoico del kemalismo de izquierda (1) Ocalam citó a Siria, Grecia, Chipre, Irán, Iraq, Yugoslavia, Armenia, Gran Bretaña, la Iglesia Ortodoxa griega, grupos turcos de extrema izquierda y el Asala como algunos de los colaboradores del PKK. Nadie sabe cómo, pero es la primera vez que se escucha de boca de Ocalam, que también Yugoslavia facilitó campos de entrenamiento para las guerrillas.


 


Acusando a Grecia, Italia y Rusia de no respetar las leyes internacionales, Ocalam le dijo a la corte que casi todos los estados vecinos y europeos ayudaron al PKK y trataron de usarlo contra Turquía, pero nada dijo de Estados Unidos e Israel, los estados que jugaron el papel más importante en su captura.


 


Ocalam trató de mostrar, por una parte, a todos los estados vecinos y a los europeos como enemigos de Turquía, y por la otra, su disposición a hacer cualquier cosa por la integridad territorial de Turquía.


 


Pero es muy difícil convencer al Estado turco con esos argumentos, especialmente con sus contradicciones internas. Primero, ¿cómo podría Ocalam, que el primer día del juicio, habló sobre sus limitaciones para impedir las "actividades terroristas" de "algunos separatistas" y de la "banda de los cuatro", como líder "solitario", persuadir a las guerrillas de "deponer las armas en tres meses"? ¿Tiene Ocalam más influencia ahora, cuando está en prisión, que antes? ¿No es una contradicción colocarse como reaseguro del Estado turco frente al peligro que amenaza su integridad territorial, como en el caso de la creación de un Estado kurdo en el norte de Irak, y al mismo tiempo procurar ser un aliado del imperialismo norteamericano, el verdadero maestro de ese plan? ¡Todo el PKK se reagrupó detrás de Ocalam! Del mismo modo, el Congreso kurdo, el Frente Nacional de Liberación de Kurdistán (ERNK) y la presidencia del Consejo del PKK se reagruparon tras Ocalam. El Congreso Nacional del Kurdistán nombró a Ocalam líder honorario en Amsterdam, diciendo que sus planteos en el primer día del juicio, en Imrali, fueron "sólo un llamado más a la paz a Turquía". Abdurrahman Cadirli, representante europeo del ERNK y miembro del cuerpo de presidencia del Congreso Nacional, dijo que "ésta no es la primera ocasión en que Ocalam hace un llamado a la paz. Continuará haciéndolo durante el juicio. Apoyamos a Ocalam y sus llamados a la paz". "Pero está claro que no puede alcanzarse la paz si un lado está por la paz y el otro el Estado turco la rechaza y continúa llamando a la guerra", agregó.


 


La declaración del Consejo de Presidencia del PKK, publicada en Ozgur Politika, el diario del PKK, utiliza también los mismos argumentos, con elogios más exagerados todavía, tales como que "el problema kurdo ocupó el primer plano, en todo el mundo, gracias a las explicaciones del camarada Abdullah Ocalam", "los grandes guerreros también saben cómo concluir la gran paz", "las explicaciones del presidente son talentosas, amplias y analíticas, y su enfoque es acabado, respetuoso y responsable", etc. Pero, "la prensa turca distorsiona sus significativas palabras", agregó el Consejo de Presidencia del PKK en su declaración.


 


Contradicciones


 


Tanto el Consejo de Presidencia del PKK, como el representante europeo del ERNK, enfatizaron también que "tal como está la situación, el Estado turco tiene más responsabilidad que el PKK". Pero Ocalam, al decirle a los militantes del PKK que él es "el que los condujo al error, el causante y responsable de todos los problemas y de todos los sufrimientos", asume toda la responsabilidad por la guerra.


 


El Consejo de Presidencia del PKK habla de las condiciones objetivas, de la magnitud, importancia y complejidad del problema y rechaza la idea de que la guerra de guerrillas es un error. Pero Ocalam dice que "si hubiera sido consciente de esto en 1973, el método que habría seguido habría sido diferente… Les digo a los miembros del PKK que no continúen la lucha armada y que en su lugar desarrollen la lucha a través del pensamiento". La declaración del Consejo de Presidencia realínea al PKK detrás de las declaraciones de Ocalam que afirmó que "comparte el dolor de las familias de los mártires… pido disculpas", planteando que "pedir disculpas es un signo de generosidad", pero con un importante agregado referido a los guerrilleros asesinados por las fuerzas militares turcas que no tienen tumba: "Pero nuestro pueblo también es sensible". El Consejo de Presidencia del PKK enfatizó que las víctimas de la guerra son de ambos lados, kurdos y turcos. Pero Ocalam habla sobre las víctimas del lado turco, es decir, de las fuerzas armadas y policiales.


 


Estas son las contradicciones entre la declaración del Consejo de Presidencia del PKK y del representante europeo del ERNK y Ocalam.


 


También se debe agregar que hay una contradicción interna en la declaración del Consejo de Presidencia del PKK. Al final de la declaración, en oposición a los elogios exagerados a Ocalam de los primeros párrafos, como los de que "el problema kurdo ocupó el primer plano, en todo el mundo, gracias a las explicaciones del camarada Abdullah Ocalam", "los grandes guerreros también saben cómo concluir la gran paz", "las explicaciones del presidente son talentosas, amplias y analíticas, y su enfoque es acabado, respetuoso y responsable"; el Consejo de Presidencia del PKK enfatiza sobre las "severas presiones sicológicas" de que es objeto Ocalam. ¿Por qué el Consejo de Presidencia necesita enfatizar sobre las presiones sicológicas, si Ocalam era merecedor de todos esos exagerados elogios en el juicio?


 


He intentado hacer un somero análisis de las posiciones de Ocalam y de ciertas contradicciones internas de sus declaraciones en el juicio, y mostrar las diferencias entre su posición y la declaración oficial del Consejo de Presidencia del PKK. Se advierten también en esas últimas contradicciones, los primeros pasos hacia una posible ruptura con Ocalam o el resultado de la presión de ciertos miembros del Consejo de Presidencia que no aceptan políticamente su posición en la corte.


 


Es el momento de apoyar a la vanguardia revolucionaria kurda


 


Está muy claro que las posiciones políticas y los argumentos de Ocalam en la corte están un poco lejos de la política oficial del PKK. Esta actitud de Ocalam traerá una nueva y áspera discusión dentro del PKK y del movimiento kurdo en su conjunto, la que podría concluir en una nueva orientación. La lucha de clases en el movimiento de liberación kurdo recreará y ayudará, inevitablemente, a las fuerzas revolucionarias. Los demócratas pequeñoburgueses y los campeones del Nuevo Orden Mundial pueden exagerar las disculpas y los compromisos de Ocalam y elogiar su posición realista.


 


El PKK, que con su programa revolucionario plantea como objetivo la creación de un Estado kurdo independiente y unido, y para alcanzarlo se acerca en su esencia a la concepción de la revolución permanente, bien que de una manera tímida, tiene que luchar tanto contra los ejércitos de las fuerzas de ocupación como contra las fuerzas feudales y burguesas kurdas. El PKK aplicó su programa revolucionario hasta 1993. Después de esto, la ola revolucionaria descendió principalmente por la represión salvaje llevado a cabo por las fuerzas turcas y por la presión del imperialismo norteamericano; el PKK fue puesto entonces a la defensiva. Redujo el nivel de sus reclamos a una especie de autonomía administrativa y cultural.


 


Si miramos los acontecimientos en su conjunto, podemos señalar nuestras tareas ante el movimiento de liberación kurda y ante su vanguardia. Los acontecimientos prueban una vez más que sólo los obreros y los campesinos pobres de Kurdistán, bajo la dirección del partido revolucionario, pueden alcanzar un Kurdistán unido e independiente. La vanguardia revolucionaria del movimiento de liberación kurdo necesita el apoyo de los marxistas revolucionarios de todo el mundo para alcanzar ese objetivo como parte de una Federación Socialista del Medio Oriente, en cooperación con los trabajadores revolucionarios turcos, árabes y persas. Este apoyo político/organizativo e ideológico, hoy es mucho más importante que en cualquier otro momento. Es el momento de evitar, entre los cuadros y en las filas del movimiento de liberación kurdo y en las fuerzas revolucionarias toda muestra de pánico o confusión, es el momento de frenar la desmoralización, provocada por el Estado turco y los imperialistas.


 


 


Notas:


 


(*) Ender Coskun. Dirigente de la Liga Marxista de los Trabajadores de Turquía.


 


1. Kemalismo: movimiento republicano nacionalista, liderado por Kemal Atartuk, que transformó a Turquía en una república en la primera posguerra [nota del traductor].