Bancarrotas fiscales, crisis políticas, rebeliones obreras

Una nueva etapa de la bancarrota capitalista


El fracaso de los rescates estatales


 


La bancarrota capitalista internacional ha ingresado, definitivamente, en una fase aún más explosiva que la de septiembre de 2008, cuando la quiebra de Lehman Brothers amenazó con producir un colapso del conjunto de la economía mundial. La gigantesca operación de rescate al sistema bancario que siguió a esa quiebra ha desembocado en una crisis fiscal sin precedentes y en una inminente situación de cesación de pagos de numerosos Estados.


 


Quedaron así al desnudo las limitaciones insalvables de la intervención estatal para rescatar a la economía mundial de la bancarrota capitalista y, concretamente, para recomponer las mismas bases que produjeron su estallido. La gigantesca emisión de moneda, por parte de los bancos centrales, para socorrer al sistema financiero, ha servido para 'apalancar' -o sea, para financiar un nuevo proceso especulativo. Con tasas de interés oficiales cercanas a cero, los fondos financieros se volcaron a las Bolsas, las materias primas y al mercado de títulos públicos para inflar sus balances deteriorados con ganancias especulativas. El sistema fiscal fue forzado a incurrir en un nuevo endeudamiento para absorber los fondos generados por los rescates. Los llamados 'estímulos' del Estado para neutralizar la recesión fueron financiados por medio de este mecanismo especulativo. La deuda pública de Estados Unidos, por ejemplo, pasó del 40 al 100% del PBI y en España, del 30 al 80%. En lugar de 'limpiar' de sus balances los 'activos tóxicos' (incobrables), en especial los créditos hipotecarios en un mercado que sigue cayendo, los bancos incorporaron nuevos activos de esas características -ahora los títulos públicos. La insolvencia fiscal es un producto de este financiamiento parasitario, y no al revés (o sea, que este financiamiento fuera una operación de rescate de Estados insolventes). Basta para demostrarlo la carga enorme de pérdidas que están provocando, en las regiones italianas y los estados norteamericanos o alemanes, los contratos de productos derivados que cargan en sus presupuestos.


 


La bancarrota fiscal se ha fusionado con una nueva crisis financiera: ha crecido el volumen de 'activos tóxicos' en poder de los bancos y el financiamiento a mediano o largo plazo con deuda contraída a corto plazo (conocido como "descalce"). Los planteos de ajuste fiscal constituyen un reconocimiento de la bancarrota. Pero este ajuste fiscal, que apunta a liquidar derechos conquistados por los trabajadores, no se aplica a los gastos juzgados de 'interés nacional' como los militares, que han aumentado. Los bancos centrales han ingresado en una nueva ronda de emisión de moneda para rescatar otra vez a los bancos, ahora de la insolvencia fiscal. Es lo que ocurre con la compra de deuda pública en poder de los bancos por parte del Banco Central Europeo. Los países de la 'zona euro' y del FMI han comprometido 900 mil millones de euros para evitar el 'default'. De este modo, un conjunto de Estados en estado efectivo o potencial de 'default' pretende rescatar a otros que se encuentran en una situación más apremiante. La contradicción que encierra este operativo está demostrada en el hecho de que no se trata de un aporte efectivo a un fondo de rescate, sino de una declaración de garantía para el caso de que tenga efectivamente lugar una cesación de pagos.


En resumen, todos los Estados se siguen endeudando a tasas de interés cada vez mayores, financiados por la emisión de dinero de los bancos centrales.


 


A la bancarrota bancaria se ha sumado la bancarrota fiscal. En lugar de eliminarla o reducirla, la 'pirámide' especulativa del endeudamiento de bancos y Estados ha crecido todavía más. La intervención estatal, en lugar de neutralizar o contrarrestar la bancarrota capitalista, le ha dado un nuevo impulso. Es esta intervención del Estado la que ha sido saludada por el izquierdismo burgués como una reacción al régimen 'neo-liberal' o como una negación estatal del mercado. El Estado, sin embargo, no ha intervenido contra el mercado sino en su socorro; no como un poder exterior al capital sino como otro engranaje de la acumulación capitalista. En lugar de forzar al capital a aceptar una 'quita' sobre sus activos valorizados en forma ficticia, aplica esa 'quita' a los explotados en un intento de rescatar el capital ficticiamente inflado por la especulación. En lugar de liquidar el capital excedente y reordenar las proporciones entre el capital acumulado, de un lado, y la capacidad adquisitiva del consumo, del otro, ha incrementado la desproporción entre uno y otro, mediante el 'estímulo' a nuevos gastos de inversión. Ha autorizado que los bancos contabilicen sus activos incobrables a sus precios de adquisición, y no a los precios desvalorizados de mercado, para mantener una pléyade de 'bancos zombis', sostenidos por fondos públicos o emisión de moneda, y ha bloqueado el mecanismo capitalista de la quiebra y el 'default' y la 'quita' de los Estados. Se trata de un intento de socorro del sistema 'neoliberal', negando los principios básicos del capitalismo y del 'neoliberalismo. Pero al operar de esta manera, impide la recreación del crédito y una salida capitalista a la crisis. Al vetar el default estatal, ha creado 'Estados zombis', que deben ser tutelados como protectorados por otros Estados.


 


Al separar las esferas 'públicas y privadas', como si no fueran dos caras de la misma moneda, ocultando con ello los lazos indisolubles entre ellos en el engranaje de la acumulación capitalista, la izquierda que se reivindica marxista contrabandea un keynesianismo que ha sido completamente refutado en el desarrollo de la propia crisis. El keynesianismo, sin embargo, no pretende prevenir la bancarrota financiera, u ofrecer una salida 'no ortodoxa' a esa crisis, sino que es un planteo para la superación de la depresión económica creada por esa bancarrota, o sea -cuando la bancarrota ya ha sido consumada. La bancarrota capitalista, sin embargo, no puede ser superada, dentro del marco capitalista, sin una depuración del capital sobrante en todas las esferas. El Estado capitalista tiene la posibilidad de proceder a esta depuración mediante nacionalizaciones que impongan una 'quita' al capital excedente y permitan proceder a una reestructuración parcial del capital, apelando al recurso de una planificación igualmente parcial. Pero esta alternativa, que supone que el Estado se coloca en forma excepcional por encima de las clases, lleva la crisis capitalista al plano político: por un lado, porque convierte a la competencia entre capitalistas en una lucha entre Estados rivales y, por otro lado, porque supone una movilización parcial de las masas y una agudización de la lucha de clases (la hija del fascistoide Le Pen acaba de proponer una alianza de Francia, Alemania y Rusia contra Estados Unidos). Por una vía u otra, la crisis capitalista, en especial cuando tiene un alcance mundial, plantea la creación de situaciones revolucionarias. La caracterización del derrumbe capitalista mundial se ha convertido, por su carácter estratégico, en la delimitación política fundamental en el campo de la clase obrera y de la izquierda.


 


La crisis bancaria se profundiza


 


La crisis bancaria ha generado una crisis fiscal, y no al revés. La crisis fiscal ha acentuado la crisis bancaria y reabierto la crisis monetaria. A pesar de la gigantesca inyección de fondos públicos, la oferta monetaria global -el crédito- ha disminuido. En los últimos meses, los bancos han vuelto a dejar de prestarse entre sí -como ocurriera en septiembre de 2008. Estamos ante el principio clásico de la deflación en un marco, sin embargo, de devaluación de las monedas (como lo prueba la cotización del oro), o sea de inflación. Las dos décadas de crisis de Japón ya han demostrado que la emisión monetaria (la deuda pública de Japón es del 250% de su PBI) no contrarresta la deflación. La deflación agrava la crisis porque revaloriza las deudas y los créditos, o sea que aumenta la insolvencia, es decir que desarrolla nuevos factores de impasse.


 


La declaración de cese de pagos de la deuda pública de Grecia se da por descontada; lo mismo vale para España y Portugal -aunque aquí la prioridad la tienen las quiebras bancarias. Pero la zona euro recibiría un golpe decisivo si se concretaran estos 'defaults'. La crisis fiscal se ha extendido, dentro de las naciones, hacia los Estados locales o regionales -catorce estados en Estados Unidos (en primer lugar California), las entidades autónomas en España, los entes locales en Italia, e incluso algunos estados en Alemania-; existe la posibilidad de la cesación de pagos fiscal, al interior de los Estados nacionales. Los Estados en situación de 'default' evitan usar el paquete de garantías de la zona euro para no delatar esta condición, y para evitar que sus bancos acreedores se vean obligados a dar por perdidos sus créditos y tengan que ir a la quiebra. El paquete, concebido para rescatar los títulos públicos en manos de los bancos, acentúa, sin embargo, potencialmente la quiebra bancaria. Nada muestra esto mejor que la decisión de la Comisión europea de someter a un centenar de bancos a una 'prueba de resistencia' en escenarios de crisis -cuyos resultados, naturalmente, serán falsificados. La utilización del paquete de la Comisión Europea y el FMI por parte de un Estado que caiga en 'default' desplaza los derechos de cobro de los bancos en beneficio de los Estados que han suscripto ese paquete. Además, las deudas entre Estados deben ser pagadas en forma integral, no admiten quitas. Esta prioridad para los Estados prestamistas desvaloriza de inmediato las tenencias en poder de los bancos. El rescate de un Estado que declare la cesación de pagos se convierte en un nuevo episodio de la insolvencia de los bancos. Ese rescate público europeo no es, entonces, tal. En Europa, los bancos con mayor proporción de créditos incobrables son los alemanes, franceses y españoles (los 'activos tóxicos' de los bancos alemanes alcanzan a casi 300 mil millones de euros). O sea que la crisis no está concentrada en la 'periferia' sino en el 'centro'. No sorprende que se encuentre cuestionada la sobrevivencia del euro y de la Unión Europea. Para enfrentar esta posibilidad, la Comisión europea ha lanzado un plan de liquidación de bancos menores o públicos para ser acaparados por los grandes bancos con financiamiento de los bancos centrales. Es lo que ya ocurre con las Cajas, en España, cuya mayor parte será absorbida y transformada en bancos; con los Landesbank en Alemania e incluso con bancos semi-privados en Francia. Cada país debe someterse a una directiva supranational -como lo reiteran cotidianamente el español Zapatero y la CiU, el partido de la gran burguesía de Cataluña, cuyos votos permitieron la aprobación del 'ajuste' en ese país. La Unión Europea va tomando, en forma más definida, el carácter de un protectorado bajo la batuta del capital alemán. Pero esta perspectiva entra en contradicción con la tendencia al 'default' de varios países y la posibilidad de su salida 'transitoria' de la zona euro, y con las crisis políticas que se extienden por las naciones europeas (Francia, Grecia, España, Italia, Alemania) y las luchas crecientes de los trabajadores. La combinación de ambos factores plantea la perspectiva de una disolución de la zona euro y de la Unión Europea. Esta tendencia disolvente se manifiesta ya en los choques al interior de numerosos Estados, entre los gobiernos locales y el nacional -como ocurre con el nonato 'federalismo' de Berlusconi-Bossi; con los Länder, en Alemania, y con la autonomía de Cataluña.


 


El reciente derrumbe del euro, en abril-mayo, ya es considerado el segundo episodio del tipo de Lehman Brothers, el cual, en septiembre de 2008, estuvo a punto de provocar la dislocación del sistema bancario. La repetición de un momento disolvente en el desarrollo de la presente crisis atestigua su carácter sistémico y catastrófico. La remontada posterior del euro y el aparente congelamiento del default de las naciones europeas afectadas han sido el resultado de una intervención pactada de China, que ha salido al socorro de varios bancos españoles (compra de bonos) y de una transferencia, por parte de ella, de activos en dólares a euros (acompañado por la flotación del yuan). China se ha convertido en árbitro de la desvalorización del dólar y el euro, y por eso exige el derecho a comprar empresas industriales. Bien mirado, sin embargo, China, con el rescate del euro, se ha convertido en un rehén de las desvalorizaciones de monedas en las que tiene invertidos más de dos billones de dólares. China ha sido arrastrada aún más a la crisis mundial. Entramos en un estado superior de la crisis: una crisis monetaria generalizada. La superación histórica del impasse de la Europa capitalista es la destrucción de la Unión Europea, que se convierte de cada vez más en un régimen de protectorado, y su reemplazo por los Estados Unidos Socialistas de Europa -desde el Atlántico a Rusia.


 


Estados Unidos, siempre en el centro de la tormenta


 


Aunque la crisis de las deudas soberanas ha convertido a Europa en el centro aparente de la crisis mundial, ese centro sigue localizado en Estados Unidos. Su endeudamiento, nacional e internacional, público y privado, no solamente es creciente: es insuperable. En los meses recientes quedó expuesto el fracaso de su programa de 'estímulos' y subsidios bancarios, ahora hay pronósticos del ingreso a una "doble recesión", luego de la primera, de finales de 2007 a mediados de 2009. La tasa oficial de desocupación, 9,5%, está groseramente subestimada, pues no tiene en cuenta a las personas que han dejado de buscar trabajo, como a aquellas que están forzadas a trabajar tiempo parcial. El dato más contundente del impasse de Estados Unidos frente a la crisis es el continuo derrumbe del mercado hipotecario, lo que desencadenó la crisis, y que fue el objeto de las mayores operaciones de rescate. Las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, con alrededor de cinco billones de dólares en garantías hipotecarias, fueron primero nacionalizadas y, recientemente, retiradas de la Bolsa, cuando sus acciones cayeron por debajo del dólar. O sea que estas agencias se encuentran en bancarrota por sumas que superan a la deuda del conjunto de los Estados de la Unión Europea. Pero en ellas están invertidas la mayor parte de las reservas de los países acreedores de Estados Unidos. Una bancarrota formal de F & F llevaría la deuda pública norteamericana a un 140% del PBI; lo mismo ocurre con los sistemas de pensión estatal, que se encuentran completamente desfinanciados. La propuesta del Partido Republicano -privatizar F & F y liquidar los sistemas estatales de pensiones y de salud- no solamente sería un golpe descomunal contra las masas, sino que también obligaría al Estado a hacerse cargo de sus deudas. Informes recientes dan cuenta de que dos grandes bancos, Wells Fargo y Wachovia, absorbidos luego por otros bancos, han estado lavando dinero de los cárteles de México por alrededor de 500 mil millones de dólares -o sea que ni el dinero criminal los ha salvado de la bancarrota.


 


El financiamiento de la deuda pública de Estados Unidos (el mayor del mundo) por parte de capitales internos y externos se torna a cada momento más difícil.


Observadores e historiadores vaticinan el default de su deuda -bajo la forma de una devaluación del dólar, o sea del 70% de las reservas internacionales. El derrame descomunal de petróleo provocado por British Petroleum en el Golfo de México (la prueba del saqueo ecológico por parte del capital, forzado a reducir costos para contrarrestar la caída de su tasa de beneficio) va camino a convertirse en un gran disparador de una nueva etapa de la bancarrota financiera -por un lado, por los efectos que acarreará su quiebra, como los golpes que el derrame ha asestado al conjunto de la industria petrolera mundial. La tendencia que opera a favor del derrumbe del dólar neutraliza la desvalorización de las divisas rivales y puede provocar devaluaciones en cascada y el aumento cualitativo de la guerra comercial. En Estados Unidos, más que en ningún otro lado, el Estado se enfrenta al imperativo de proceder a una quita del capital existente, sea por la vía caótica de la inflación o por un reescalonamiento de la deuda pública -es decir una suerte de 'default'. El período de vencimiento promedio de la deuda pública norteamericana se ha reducido a los seis meses.


 


La crisis mundial, una transición histórica


 


Las contradicciones al interior de Europa no se desglosan de la crisis mundial. La devaluación del euro en el curso de 2010 ha inaugurado una nueva fase de una guerra monetaria que viene desde el derrumbe del dólar en la década de los 70 y el colapso del acuerdo de Breton Woods de 1945.


 


En el centro de la crisis monetaria se encuentra el dólar, debido a las descomunales necesidades de financiamiento fiscal de Estados Unidos. El dólar ha sido respaldado hasta ahora por una continua acumulación de reservas por parte del resto de las naciones. Como se ve, esta acumulación (de la que se jactan los Lula, Kirchner o Correa) no es una señal de solvencia, sino la contrapartida de un derrumbe potencial del dólar. La demanda de dólares que sostiene esta situación es otra forma de subvención estatal al capital atrapado por la crisis. La acumulación artificial de reservas ha convertido a los países que las poseen en rehenes de la política monetaria de Estados Unidos: una devaluación del dólar significaría una descomunal pérdida de valor de las reservas, que suman entre seis y ocho billones de dólares, principalmente en manos de China, Japón y Alemania. La disputa por el destino de estas reservas está asociada a una lucha por un nuevo reparto de mercados. En tanto China quiere convertir sus reservas en activos de capital en el resto del mundo, y en especial Estados Unidos, estos pelean por un acceso en mayor escala en el mercado de China. China, como todos los países con reservas internacionales elevadas, exporta capital en la forma de dinero e importa capital en forma productiva. Las enormes reservas de dólares en China constituyen una garantía oficial de China para esas inversiones extranjeras. O sea que las tenencias financieras en dólares, por parte de China, financian las inversiones norteamericanas en este país. Se trata, en principio, de una relación de dependencia, que la bancarrota capitalista (guerra monetaria por una revaluación de la moneda de China) solamente ha puesto en evidencia. La lucha por la reestructuración del mercado mundial es un aspecto decisivo de la presente crisis mundial. Esta confrontación es una semilla de nuevas guerras.


 


Estas tendencias disolventes hacen añicos las pretensiones de "coordinación internacional" de los Estados capitalistas, que arranca de la propia incapacidad del capital y de sus Estados para 'coordinar' sus contradicciones. Se estima que la sobrecapacidad de producción, en el conjunto de la economía mundial, es de cerca de 200 (índice 100), o sea el doble, mientras la capacidad de consumo ha caído, en el curso de la crisis, a alrededor de 70 -es decir que el potencial destructivo de la crisis no tiene paralelo en la historia. Por medio del desarrollo del crédito y, en definitiva, del capital ficticio (que se autonomiza del capital productivo sobre el cual se basa), el capital ha procurado superar sus propios límites para estrellarse, como en el pasado, ante un muro infranqueable de mayor porte económico y de mayor alcance histórico. Ha procurado valorizarse por encima del trabajo socialmente necesario para ello, o sea ficticiamente. La crisis es la manifestación de la vigencia de la ley del valor, que preside todo el desarrollo capitalista. La devaluación del conjunto de los capitales mundiales frente al oro, en el orden del 85% (un proceso que se encuentra en pleno desarrollo), mide el nivel de 'ficticiación' del capital que precedió a la presente crisis. En este sentido, la bancarrota capitalista mundial representa el desenvolvimiento de una transición histórica al socialismo o a la barbarie. Cuando los teóricos del reformismo y del centrismo concluyen que después de la presente crisis "el capitalismo ya no será como era", no sólo baten todos los registros conocidos de frases vacías y exponen su hostilidad al socialismo, sino que además, evitan decir que ese capitalismo ignoto será más bárbaro. Pretenden que podría retornar el capitalismo que siguió a la segunda guerra mundial, es decir una repetición de la historia. Pero el capitalismo de posguerra fue condicionado por la victoria de revoluciones enormes -y, además, duró muy poco, no 'treinta años gloriosos', como dicen sus apologistas, sino apenas doce, desde 1956, cuando se recuperó el nivel de preguerra, hasta 1968, cuando fue declarada la inconvertibilidad de facto del dólar al oro. En el medio, entró en decadencia el imperialismo inglés ya que sus ex colonias enfrentaron crisis revolucionarias y Francia atravesó diferentes crisis de alcance histórico, desde el golpe bonapartista de 1962 hasta el levantamiento de Mayo del '68. La bancarrota capitalista actual es solamente el episodio gigantesco de una crisis mundial que atraviesa el medio siglo.


 


La restauración capitalista y la crisis mundial


 


¿Puede China (y el resto de los llamados Bric -Brasil, Rusia e India-) "salvar al mundo"? Es confundir el número de habitantes de un país con las condiciones de un marco social definido. Si China pudiera abrir un período de realizaciones sociales progresivas del capitalismo, ya los habrían conseguido la India e Indonesia. Lo mismo vale para su capacidad para limitar o atenuar las crisis mundiales; en realidad ha acentuado esta incapacidad. La restauración del capitalismo en China supone, en principio, la apertura de una enorme posibilidad al capital mundial; sin embargo, hasta ahora ha acentuado las tendencias a la crisis, al acrecentar mucho más la capacidad de producción que el desarrollo del mercado para absorberla. La restauración capitalista ha eliminado las posibilidades de una transición económica al capitalismo basada en una clase media agraria (el campo es el mayor mercado potencial de China) -como, salvadas las distancias, ocurrió en Estados Unidos en el siglo XIX. En la transición norteamericana se produjo un reparto de tierras fiscales gratuito; en China hay un proceso de confiscación de tierras inmensamente carísimo para la masa rural que se encuentra en posesión de ellas. El proceso económico de China es confiscatorio de las masas rurales por parte del capital internacional y por parte de la burocracia que transita hacia la condición de clase capitalista intermediaria del capital extranjero. Ha desarrollado prematuramente las características parasitarias propias del capital ficticio (el 60% del crédito está concentrado en la especulación inmobiliaria de lujo); gran parte del capital controlado por el Estado es insolvente. La restauración capitalista enfrenta un mercado mundial en retracción, con relación a la capacidad productiva acumulada. Las fuerzas endógenas, agrarias, son históricamente más débiles, respecto de los protagonistas de procesos similares hace siglo y medio atrás, que las fuerzas externas actuales corporizadas en el capital mundial y que las fuerzas del proletariado (el de mayor concentración del planeta). En definitiva, la transición de China de un Estado transitorio no capitalista hacia una restauración completa del capital tiene lugar en un período de decadencia del capitalismo, no de ascenso. La restauración capitalista se ha de caracterizar, cada vez más, por crisis políticas, luchas de masas agrarias y proletarias, y revoluciones.


 


La crisis mundial se ha desarrollado, desde los años '70, de una manera desigual, y esto ocurre ahora también cuando la crisis tiene un carácter generalizado. Los 'estímulos' fiscales y la inyección de dinero de rescate para los bancos han provocado una reactivación temporal de la economía, que se ha manifestado en forma más acentuada en la mayoría de los 'países emergentes'. Luego de una fuerte recesión en 2008, han logrado recuperar sus niveles económicos a partir de 2009.


Esto ha llevado a los 'analistas' a pronosticar que los 'emergentes' traccionarían al conjunto de la economía mundial. Se trata de un despropósito. Esto no ocurrió ni siquiera en la "gran recesión" de 1873-90, cuando comenzó una ola de inversiones de Europa a la periferia y el reparto del mundo entre las principales potencias. La perspectiva es más bien la contraria: que las metrópolis arrastren a los 'emergentes' a una nueva recesión de mayor alcance que la anterior. Es que la 'bonanza' reciente reposa en los mismos factores especulativos que han entrado en crisis en las naciones desarrolladas. Los precios de las materias primas han comenzado a retroceder, en muchos casos. De otro lado, la reactivación de los 'emergentes' ha sido incentivada por el ingreso de capitales especulativos espoleados por la emisión monetaria en los países centrales. Varias de estas naciones han comenzado a instaurar un control al ingreso de capitales. Estos países están importando la política monetaria de Estados Unidos y Europa. Son objeto de un 'carry trade', que toma prestado a tasas de interés irrisorias para invertir en operaciones que pagan tasas muy superiores. En esta fase ulterior de la crisis mundial, los llamados 'emergentes' están creando la 'burbuja' financiera que hizo estallar la crisis en las metrópolis en junio de 2007. La situación de los 'emergentes' está muy bien definida por el hecho de que la mayor parte de ellos sufre una salida de capitales igual o superior al que ingresa. La especulación inmobiliaria en China o la del crédito al consumo en Brasil, por ejemplo, plantean un episodio bancario en gran escala o la entrada en una nueva recesión. El desarrollo de la crisis mundial ha acentuado la dependencia de los llamados 'emergentes' respecto a los centros del capitalismo mundial. La acumulación de reservas, por parte de los 'países emergentes', no constituye una formación de capital capaz de generar la correspondiente tasa de beneficio, sino un adelanto de riqueza que financia el rescate del capital mundial.


 


Crisis políticas generalizadas


 


Esta nueva etapa de la bancarrota capitalista se caracteriza también, junto al estallido de la crisis fiscal, por una secuencia de crisis políticas en las naciones centrales, que van desde Japón a Estados Unidos, con centro en la Unión Europea. Estas crisis están acompañadas con movilizaciones populares crecientes. En Italia, España y Grecia se discute el adelantamiento de las elecciones parlamentarias. El eje de estas crisis es la implementación del 'ajuste' fiscal en detrimento de los gastos y derechos sociales, y de los rescates bancarios, toda vez que Alemania impulsa la liquidación de la mediana banca europea en beneficio de la banca alemana y sus asociados. Con independencia del carácter por el momento más o menos limitado de estas crisis políticas, sirven para demostrar que la bancarrota capitalista no se limita a un fenómeno económico, incluida la crisis fiscal. Esa bancarrota mina las bases financieras del Estado, se convierte en una crisis de dominación política y altera la orientación prevaleciente de cada una de las clases sociales. Lo subjetivo emana de lo objetivo; la conciencia social se modifica con las alteraciones que sufre la existencia social; el encadenamiento de los seres humanos a sus propias condiciones entra en crisis con la crisis de estas condiciones.


Estamos ante otro gran punto de delimitación en la izquierda, para la cual la crisis mundial es inocua para el proceso político, al cual entiende como un enfrentamiento (abstracto) entre posiciones alternativas abstractas, que son ajenas al carácter histórico (transitional) de la crisis capitalista.


 


En Francia y en Italia están en proceso de desintegración dos alternativas que emergieron para modificar el régimen político vigente e instaurar formas de dominación bonapartista, o sea antiparlamentarias. La izquierda centrista y reformista, en Italia y Francia, había caracterizado las victorias de Berlusconi y de Sarkozy, respectivamente, como un retroceso histórico de la clase obrera y una derechización de las masas que abría el camino a un bonapartismo estructural, ignorando en esta caracterización a las distintas manifestaciones de rebeldía popular. Resulta obvio que habían excluido, en esa caracterización, la labor disolvente de la crisis mundial. Ahora, sus propios partidos se encuentran divididos, en especial en Italia, mientras pululan en ellos las conspiraciones por su derrocamiento (Fini, Villepin). Sarkozy y Berlusconi son acosados por sus propias burguesías, con la imputación de incapacidad para hacer el 'ajuste' fiscal (incluido el remate de las propiedades culturales y la privatización) y atacar a fondo las condiciones laborales. La posibilidad de un adelantamiento electoral en Grecia responde a la intención oficial, luego de llegar al gobierno con un programa de progreso social, de obtener un nuevo mandato de las urnas, ahora de apoyo al programa de la Unión Europea, para oponerlo a la resistencia de los trabajadores al ignominioso 'ajuste' de los gastos sociales. En España, Zapatero ha prolongado por un tiempo su agónico gobierno gracias al apoyo provisorio de la gran burguesía de Cataluña a su plan de 'ajustes' y, en lo fundamental, al esfuerzo político de la burocracia de los sindicatos por controlar una rebelión popular. En los años '30, la crisis mundial derribó en España no solamente al gobierno sino a la propia monarquía. El destino de los Papandreu, Zapatero, Berlusconi y Sarkozy depende de la crisis mundial. Al margen de estas crisis evidentes, se procesó otra más explosiva -la del gobierno de Merkel, en Alemania, que ha quedado en minoría en el Senado al perder las elecciones recientes en el Estado de Renania del norte. En la casi totalidad de los países europeos, la crisis política de los gobiernos enfrenta una crisis política mayor de las oposiciones de turno. Esto caracteriza a una crisis de régimen. Basta señalar que el opositor mejor cotizado de Sarkozy, en Francia es el director general del FMI o, en Italia, el presidente de la Cámara berlusconiana. Hace pocas horas, la mayor manifestación independista en la historia de Cataluña expulsó de la cabecera a los representantes socialistas y nacionalistas, o sea a todos los representantes de esa nación. Este hecho, lejos de representar una ausencia de alternativas, plantea la necesidad y ofrece la posibilidad de una alternativa obrera y socialista. Las vísperas de una crisis revolucionaria se caracterizan siempre por el extremo inmovilismo del régimen de turno.


 


Asistimos a una crisis política del conjunto de la Unión Europea, como lo testimonió la dilación para intervenir en la crisis griega, lo que llevó a una duplicación del paquete de rescate a Grecia y al establecimiento de otro paquete para toda la zona euro. El acuerdo para ese rescate fue impuesto por la intervención de Obama, cuya prioridad en ese momento era evitar la caída de Zapatero. Se volvió a manifestar, en el curso de la crisis, la dependencia de la Unión Europea con Estados Unidos. La crisis política y los planes de austeridad ponen de manifiesto la actualidad de la reivindicación planteada por la CRCI en su congreso de fundación: "Abajo los gobiernos del capital, por un gobierno de trabajadores para los Estados de Europa".


 


La clase obrera levanta la cabeza


 


La novedad más importante de esta nueva etapa de la crisis mundial son, sin lugar a dudar, las movilizaciones generalizadas de trabajadores en Europa y, por sobre todo, las huelgas en las grandes fábricas del sur de China. Los paros generales de 24 horas resueltos por las burocracias sindicales han sido impuestos por la presión de la crisis y el descontento general de la población. Se trata de un método que no puede llevar a la victoria. Los seis paros generales en Grecia no han torcido el brazo al gobierno 'socialista" de Papandreu; y lo mismo vale para las movilizaciones cada vez más numerosas en Francia. La burocracia de los sindicatos procura, por esta vía, encauzar la rebeldía popular y preservar a los gobiernos de turno. Ni siquiera plantea el retiro sin condiciones de los planes de austeridad, sino su negociación, como si esto no fuera otra cosa que una capitulación disfrazada. Precisamente en Italia, las tres centrales derechistas aceptaron (e incluso promovieron) el plan de flexibilidad de Marchione-Fiat en la planta de Pomigliano, con el pretexto de que sería la vía para recuperar puestos de trabajo. La victoria del plebiscito convocado con este fin por la patronal demostró el terreno ganado por la burguesía.


 


A pesar de la enorme presión ejercida por el conjunto de las fuerzas políticas de la burguesía y por las centrales obreras burocráticas, casi el 40% de los trabajadores de la Fiat de Pomigliano han tenido el coraje, sin embargo, de responder con un "No" al acuerdo. Esto es más significativo incluso en la medida en que la propia central de "izquierda", la CGIL (que había criticado el acuerdo), llamó abiertamente a votar por el Sí en el referéndum. En este punto se contrapuso a su "sindicato de rama", la Fiom, que rechazó el acuerdo y apareció como la verdadera triunfadora política de la confrontación con la patronal. La satisfacción de la clase obrera por el resultado, tan grande como inesperado, del "No" se reflejó en la amplia y combativa participación del proletariado de las fábricas, en primer lugar las metalmecánicas, en las movilizaciones asociadas a la huelga general convocada por la CGIL contra la política del gobierno, apenas tres días después de la realización del referéndum. Pero, a pesar del rechazo a las propuestas de la Fiat y el enfrentamiento con la dirección de la CGIL (implícita en Pomigliano y explicita en el reciente congreso de la confederación), ni siquiera la dirección de la Fiom ha sido capaz de ofrecer una dirección y una perspectiva a la combatividad obrera.


Para la patronal de Italia, el acuerdo flexibilizador es la única vía para generalizar el plan Marchione al conjunto de la clase obrera. La necesidad que tiene la burguesía de contar con el concurso de la burocracia sindical, es una manifestación indirecta de la resistencia de los trabajadores. Los sindicatos europeos han llamado a una jornada de protesta para una fecha tan lejana como el 29 de septiembre. En este marco, la huelga indefinida del metro de Madrid, votada en asamblea general apenas conocida la rebaja de sueldos decidida por las autoridades, ha puesto de relieve el factor de fondo de todas las movilizaciones obreras, a saber: el desencadenamiento de la fuerza elemental del proletariado, la única que puede barrer, tanto a los planes de austeridad como a la burocracia de los sindicatos. Los planes encuadrados de la burocracia sindical son desafiados por la acción directa de las masas. El giro que se ha producido en la resistencia popular en Europa queda en evidencia cuando se la compara con las movilizaciones de los Fórums Sociales contra la globalización, que en ningún momento lograron involucrar a la clase obrera como tal.


 


Contrariamente, con la generalización de las luchas obreras, el movimiento antiglobalizador ha desaparecido como factor político. Su principal reclamo, una tasa impositiva al movimiento financiero, ha sido tomado ahora por una fracción de éste para establecer un fondo de rescate para los bancos que quiebran. Los partidos y representaciones de los Fórums Sociales se han desintegrado en el curso de la crisis y la mayor parte de ellos se han pasado al campo del capital y de sus gobiernos. El desarrollo de la crisis y de la lucha de clases ha dejado al desnudo los límites insalvables de los movimientos pequeño-burgueses que reivindican el anticapitalismo sobre la base de las relaciones sociales capitalistas.


 


El desencadenamiento de la fuerza elemental del proletariado tuvo su manifestación contundente en las recientes huelgas en China y en otras naciones de Asia.


No sorprende, porque se trata de un proletariado joven, de reciente emigración rural, que no ha pasado por una secuela histórica de derrotas ni por la domesticación de la burocracia de los sindicatos. Cuenta, sin embargo, con una tradición histórica revolucionaria relativamente reciente, y viene de las filas de insurrecciones rurales contra las expropiaciones de la burocracia estatal. Emerge en una sociedad convulsionada por la restauración del capitalismo y en un período de transición entre diversas formas de explotación social. Esas huelgas han producido enseguida comités de fábrica, en el marco de una dictadura que castiga en forma severa cualquier manifestación independiente. El reclamo del establecimiento de convenciones colectivas de trabajo y sindicatos independientes del Estado es incompatible con el régimen político vigente, y su desarrollo implicaría un principio de doble poder. En las filas de los huelguistas ya han aparecido todos los matices de la oposición típicamente obrera: desde el planteo socialdemócrata de un régimen laboral en el marco de un régimen político que inserte en su seno formas semi-representativas de gobierno (una tendencia que se emparenta con la oposición dentro del Partido Comunista, que reclama una acentuación de los límites a la restauración capitalista, con el alegato de que llevaría a un retorno del status semicolonial de China), hasta una oposición obrera francamente revolucionaria. La dialéctica entre Rusia y América, que permitió a los socialistas del siglo XIX pronosticar la inminencia de una revolución en Rusia, se reproduce ahora con China (pero esta vez para sustentar una perspectiva revolucionaria también en América, tanto por su simbiosis económica con China como por los desafíos revolucionarios en su patio trasero).


 


La transición a la barbarie


 


La bancarrota capitalista no solamente es la expresión más aguda de un largo período de crisis capitalista; también irrumpe en una sociedad inmersa en guerras y rebeliones populares, en catástrofes y barbaries. La bancarrota internacional potencia la descomposición del capitalismo que la precede. Representa una carga adicional para las masas y para los propios Estados. La finalización de la 'guerra fría' no ha resultado en una pacificación internacional, sino en el incremento potencial de las guerras imperialistas contra las naciones más débiles. Este solo hecho refuta la pretensión de que la disolución de la URSS y la restauración capitalista en los países de economía estatizada representen un paso progresivo en el desarrollo social. Desde la guerra contra la ex Yugoslavia, las guerras se han ido desencadenado de unas a otras y ahora amenazan con un holocausto contra Irán y la limpieza étnica final contra la nación palestina. Mientras somete a los pueblos a horrores infinitos, el capitalismo mundial va cavando más hondo su propia tumba. El imperialismo no cuenta con la fortaleza histórica y el aval social para desatar una tercera guerra mundial. Antes deberá someter a las masas con el método de la fascistización. La posibilidad de ganar estas guerras en forma aséptica, con economía de recursos materiales y humanos, apelando a la guerra aérea y a la conscripción militar voluntaria ha fracasado. La Otan se encuentra empantanada en todos los terrenos en que se ha desplegado: la ex Yugoslavia, Irak, Afganistán y la ex Asia soviética. Es claro, en esta disposición de fuerzas, que el objetivo estratégico es la colonización del ex espacio soviético y de China, para lo cual cuenta con la complicidad parcial de las burocracias restauracionistas. Pero la palabra de orden del imperialismo ante este impasse es: "surge" (incremento militar). La crisis de la empresa bélica del imperialismo norteamericano ya ha sumido al gobierno de Obama en una crisis insuperable; y lo mismo ocurre con los gobiernos 'aliados', que se ven obligados a retirar tropas tanto por la crisis económica como por la resistencia popular, en especial en Europa. La CRCI plantea convertir a todas estas guerras en una tumba del imperialismo para acelerar, de este modo, el proceso de la revolución social. Urge impulsar movilizaciones por el retiro militar incondicional del imperialismo de todos los países, y apoyar a las fuerzas nacionales que lo combaten al mediante la movilización y la lucha armada de las masas. En estas condiciones, repite su crítica al terrorismo político, que de un modo general tiene un carácter sectario y golpea sobre todo a las masas populares.


 


La izquierda en el laberinto de la bancarrota


 


La bancarrota capitalista ha dejado expuesta la bancarrota de la izquierda democratizante en todo el mundo. Luego de transitar por los gobiernos de Prodi-Bertinotti y de Lula, el llamado "Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional" acaba de votar favorablemente, junto al Bloque de Izquierda de Portugal (integrado, además, por reformistas y maoístas), la contribución de este país al fondo de rescate y el plan de austeridad de la Comisión europea para Grecia. El pretexto ofrecido para esta traición política es que el 'default' de Grecia sería un mal mayor que la austeridad impuesta contra los trabajadores. Del rechazo a la caracterización catastrofista de la bancarrota capitalista (creación de situaciones revolucionarias), la izquierda democratizante se ha pasado a la adaptación al capitalismo en crisis y al apoyo al sistema de protectorados dentro de la Unión Europea, con la diáfana intención de impedir el desarrollo de esas situaciones revolucionarias.


 


La posición del Bloque de Izquierda de Portugal pone en evidencia que la crítica democratizante al catastrofismo se apoya en la confianza de que las instituciones capitalistas tienen la capacidad para neutralizar la crisis mundial y que los rescates bancarios e industriales, y los planes de ajuste, son la manifestación de esa capacidad. Instalada en las instituciones del Estado, o procurando desarrollarse bajo su sombra, la izquierda democratizante tiene horror al catastrofismo y espanto por una crisis de poder; el temor a una situación revolucionaria la atrae como un imán hacia el campo del capital. Otra manifestación de esta adaptación al capital es el rechazo, en Grecia y en toda Europa, a la reivindicación del no pago de la deuda externa. La izquierda democratizante de Grecia, que también reclama para sí el mote de 'anticapitalista', ha lanzado una iniciativa, por intermedio de los así llamados "Economistas y Académicos de Izquierda" -compuesta principalmente por una frágil coalición de miembros de una fracción del NAR (Nueva Corriente de Izquierda, escisión del PC ), algunos miembros de Antarsya (un "frente amplio anticapitalista" formado por el NAR con otros centristas y la sección del Synap- sismos/Syriza, que es un frente de antiguos miembros del PC, de eurocomunistas, maoistas y centristas)- que reclama al gobierno de Papandreu la declaración de una moratoria de la deuda griega, su renegociación parcial o total y el retiro de la zona euro, pero no de la Unión Europea. Reivindica explícitamente la 'solución Kirchner' para la crisis griega. Propicia, de este modo, una salida negociada con el imperialismo, no la ruptura con el capital financiero internacional (una posición similar ha adoptado el PC griego, con el argumento de que es necesario que primero haya un gobierno obrero y popular en Grecia para encarar la salida adecuada a la deuda externa). La moratoria ya ha provocado una escisión en los Economistas de Izquierda de Grecia, cuya mayoría adhiere a Siryza, aunque también cuenta con adherentes de la izquierda del partido del Gobierno. La declaración de moratoria y la negociación con la banca opera como máscara de una devaluación monetaria y un retorno a la vieja moneda, la dracma.


 


Se trata de una de las salidas que proponen los voceros del imperialismo (como el actual asesor de Obama y ex asesor de Reagan, Martín Feldstein), con el añadido de establecer un sistema de dos monedas -el euro, para pagar la deuda externa, y la dracma, para los salarios y las transacciones corrientes.


 


Mientras los democratizantes de Portugal justifican su apoyo al ajuste griego en la necesidad de evitar la catástrofe de la devaluación, sus colegas de Grecia promueven esa devaluación sin importar la catástrofe que representaría para las masas griegas – a igual título de lo que representó para el pueblo de Argentina a principios de 2002. Desde las propias filas democratizantes, François Chesnais (uno de los voceros teóricos de esta izquierda) acaba de denunciar lo que llama la "timidez" de la izquierda europea frente a la deuda externa, aunque admitiendo haberla promovido hasta el momento. No se trata, como es obvio, de una "timidez", sino del lineamiento de una capitulación política ante el imperialismo. La "timidez" está en la crítica, toda vez que no plantea, conjuntamente, la nacionalización sin pago de los bancos, ni tampoco deriva el carácter revolucionario del planteo del no pago de la deuda. Mientras tanto, el paquete de salvataje para Grecia está permitiendo, como ocurrió en Argentina, que los bancos se deshagan de la deuda externa para inmunizarse de un default inevitable. El "no pago" es rechazado por la izquierda democratizante, cuando podría servir como reivindicación para unir a las masas de Europa contra los bancos y el capital financiero en una movilización política supra-nacional. La misma postura ha adoptado el grupo Lutte Ovrière, cuyos editoriales periodísticos se empeñan en reclamar que el pago de la deuda corra por cuenta de las ganancias de los capitalistas ("s'en prendre aux profits"). Se trata, al fin y al cabo, de una salida impositiva (gravar las ganancias) del tipo de la reclamada por el movimiento antiglobalizador con respecto a los movimientos financieros. Estamos en presencia de un caso vergonzoso de respeto por las deudas contraídas por gobiernos 'democráticos' y votadas en sus parlamentos. Se trata, también, de un ejercicio de culto y respeto reverencial ante las clases medias propietarias o semi-propietarias, con dinero en los bancos, como si ellas no se encontraran al borde de la confiscación por parte del capital financiero por medio de la corriente fuga de capitales, el default y finalmente la devaluación. A pesar de esto, la izquierda democratizante comparte la visión ilusoria de la pequeña burguesía de que la protección de sus ahorros pasa por la protección del capital financiero. Conectado con el tratamiento que da a la deuda externa, la izquierda democratizante no plantea la ruptura política con la Unión Europea (y de la Unión Europea) para poder construir una unión política de otro contenido social, los Estados Unidos Socialistas de Europa (gobierno de trabajadores), incluida la Federación Rusa.


 


Dentro de este marco de capitulación ante la salida capitalista a la crisis mundial, se encuadra el retroceso político del neonato Nuevo Partido Anticapitalista de Francia, que enfrenta fuertes tendencias a la disolución. La manzana de la discordia la constituye la fuerte presión interna para formar un frente democratizante con el Partido Comunista y el Partido de Izquierda, que derivará inevitablemente en un acuerdo con el Partido Socialista francés -una agencia de la gran burguesía gala. Esta orientación frentista democratizante pone de relieve que la estrategia del NPA no está determinada por la crisis mundial y la tendencia a la rebelión de los trabajadores, sino por la aspiración a obtener una presencia parlamentaria en los comicios de 2012 que, según las encuestas, ganaría un frente de los verdes y los socialistas. Pero como los apetitos son mayores que las bancas en disputa, el NPA enfrenta un camino duro para satisfacer los suyos. A la luz de todo esto, es claro que la disolución de la Liga Comunista Revolucionaria para parir el NPA no le ha abierto ningún camino promisorio a la 'vieja guardia' de aquella, que por eso mismo se encuentra dividida por primera vez.


 


Un caso especial en la izquierda democrática europea podría estar representado por el partido Die Linke, pero no porque tenga una política independiente del imperialismo, puesto que integra gobiernos burgueses en varios Estados. La peculiaridad de los Linke es que han abierto una expectativa de cambio en una parte de la clase obrera e incluso de la burocracia sindical descontenta con el SPD (Partido Socialista) y la mayoría del aparato sindical. Se encuentra posicionada como una estación de paso del descontento de las masas. Bajo este tipo de presiones, un partido como Die Linke podría radicalizarse y desarrollar en su interior tendencias revolucionarias. Esta posibilidad pone a la orden del día el reclamo de que Die Linke rompa por completo con los gobiernos burgueses regionales, se movilice por el retiro de todos los planes de austeridad y reivindique un gobierno de trabajadores.


 


La Cuarta Internacional


 


El agotamiento de las tentativas de desarrollo de la izquierda, por medio de la adaptación a lo que ha caracterizado como nuevas circunstancias históricas incompatibles con el 'paradigma bolchevique de la Revolución de Octubre', es completo. Para que ese 'paradigma' (que nunca fue un dogma sino un método) hubiera podido ser superado, habría sido necesario que el capitalismo dejara de ser una organización social históricamente determinada, contradictoria, inmune a la tendencia a la bancarrota y a la catástrofe social. León Trotsky, en 1936, en lo más duro del terror staliniano, fundamentó "la vigencia de la Revolución de Octubre… en la crisis mundial del capitalismo". Esa vigencia plantea también el 'paradigma' del Partido Bolchevique, o sea una Internacional proletaria fundada en un programa de reivindicaciones transitorias. Varias corrientes trotskistas han caído en el ridículo de impulsar una Quinta Internacional promovida por el chavismo -o sea, por el jefe de las fuerzas armadas de Venezuela, cuyos aliados son Kirchner, Lula, Mugabe y Amadihneijad, el verdugo teocrático del pueblo iraní y de su naciones oprimidas, como el pueblo kurdo. En oposición a todas estas adaptaciones, la CRCI ha pronosticado en forma sistemática la tendencia a la bancarrota capitalista, señala que ella conduce a la creación de situaciones revolucionarias y ha desarrollado una propaganda en esa dirección. Desde su fundación, la CRCI ha dejado en claro que la reconstrucción de la IV Internacional sobre la base de la proclamación de una fracción que la reivindica es inviable; que ella requiere un trabajo preparatorio y un reagrupamiento de fuerzas que reivindique su programa histórico y su función revolucionaria. A la luz de la crisis mundial, y de las movilizaciones generalizadas e incluso las rebeliones de los trabajadores, la CRCI llama a volcarse de lleno a desarrollar estas movilizaciones y rebeliones; a combatir a la burocracia sindical y a sus partidos y, por sobre todo, a reclutar a la vanguardia obrera de estas luchas. La caracterización de la crisis mundial capitalista y las tareas que se desprenden de ella son el eje de delimitación política en la izquierda y el trotskismo. Sin otras condiciones que esta base teórica y la correspondiente acción práctica, reiteramos nuestro planteo de refundar la Cuarta Internacional, cuya misión histórica no ha sido todavía cumplida. El método para esta construcción es el centralismo democrático. El terreno histórico de la revolución socialista mundial ha ganado una amplitud sin paralelo.




 


Resolución política del Secretariado Internacional de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional


 


10 de julio de 2010


 

Gambeta china

Publicado en Prensa Obrera N° 1.134 (24 de junio de 2010).


Desde hace dos años se han estado incrementando las presiones para que China revalúe su moneda, el yuan. El argumento es la necesidad de un reequilibrio de la economía mundial que permita exportar más a los países que tienen un déficit comercial estructural y forzar a una importación mayor a los que tienen excedentes -como es el caso de China principalmente, pero también el de Alemania y Japón. Este 'rebalanceo' permitiría a los países deficitarios pagar la deuda externa que han acumulado para financiar ese desequilibrio, y los que tienen excedentes podrán gastar sus reservas en mayores importaciones, sean para consumo o inversión; o sea, que elevaría la demanda mundial. Una revaluación podría ayudar a superar lo que constituye uno de los problemas estratégicos de la crisis, como es el enorme excedente de dólares que circula por la economía mundial y que amenaza con derribar el status del dólar como moneda de reserva internacional. El reequilibrio económico absorbería esos dólares excedentes, que se estiman en varios billones.


 


En los últimos meses, Estados Unidos incrementó las presiones a favor de esta revaluación del yuan, e incluso se han presentado en el Congreso de ese país proyectos de leyes para bloquear la entrada de productos chinos como represalia por el rechazo o la dilación de China en revaluar su moneda. También se incrementaron esas presiones de parte de países que, como Brasil, sufren una invasión de productos chinos que compiten con la producción local y que dependen mucho también de las exportaciones a ese país. En Argentina, la cuestión del comercio con China se ha convertido en un conflicto abierto (e incluso en una crisis política interna con la renuncia del canciller Taiana), que se manifiesta en el bloqueo de las ventas de China por parte de Argentina y de las de Argentina (aceite de soja) por parte de China. La revaluación amortiguaría la crisis: por un lado, porque encarecería las importaciones desde China hacia estos países, debilitando de este modo la presión de la competencia de China contra la producción local y, por el otro, porque abarataría las exportaciones a China -algo que a ésta le interesa especialmente, dada la enorme suba de precios registrada por las materias primas en los últimos años.


 


Del euro al yuan


 


La semana pasada, China pareció ceder a estas presiones. Despegó al yuan del dólar, al cual estaba atado desde 2008, lo que ofrece la posibilidad de una revaluación. Sin embargo, enseguida quedó claro que no se trataba de la esperada revaluación, sino de la sustitución de un régimen de cambio fijo frente al dólar por uno flotante -que puede subir o bajar, de acuerdo con lo que decidan las autoridades chinas. La cotización del yuan será acomodada de aquí en más, sobre una base diaria, a una canasta de monedas, ya no solamente frente al dólar.


 


China acabó convirtiendo a las presiones para que revalúe su moneda en un recurso a su favor, como enseñan las artes marciales asiáticas. Ocurre que, en medio de tantas presiones, sucedió algo que los contrincantes no previeron: la devaluación espectacular del euro. Si frente a la devaluación de su principal mercado de exportación (que es la Unión Europea; Estados Unidos ocupa el segundo lugar), China revaluara su moneda, el resultado que obtendría sería una devaluación del euro al cuadrado o, lo que es lo mismo, una revaluación al cuadrado del yuan. La devaluación del euro postergó una revaluación del yuan. China ha salido a neutralizar los desequilibrios monetarios que le ocasiona la crisis mundial (la tendencia a la dislocación de la Unión Europea) y los subsidios a los bancos y a las economías nacionales por parte de los Estados respectivos. China descarga ahora la responsabilidad de un futuro reequilibrio monetario en Estados Unidos, Europa y Japón, que deberán ocuparse de estabilizar sus propias monedas en lugar de delegar esa tarea a una revaluación del yuan. Se ha creado, de este modo, un principio de guerra monetaria -que es precisamente el arma de destrucción masiva de una guerra comercial. En toda la crisis ha prevalecido un proteccionismo atenuado y hasta la intención de preservar las corrientes de comercio previas a la crisis. La presión para revaluar el yuan se manifiesta en el aumento del ingreso de capitales golondrinas a China, que apuestan, precisamente, a ello, 'puenteando' un régimen de control cambiario y financiero severo. Está en marcha un ataque especulativo para que los países asiáticos asociados a China en términos comerciales e industriales revalúen sus monedas y, por esta vía, imponer una revaluación del yuan. Los especuladores internacionales parecen haber dado un precario respiro al euro para lanzarse a la aventura de China.


 


Falacia


 


Obviamente, es necesario dejar claro que la teoría del reequilibrio mundial, como vía de salida a la crisis, es una falacia. Ocurre que la sobrecapacidad de producción es mundial: asola tanto a las economías con déficit comercial como a las que tienen excedente. Más aún: afectan más a éstas que a aquéllas. China sufre de una sobrecapacidad de producción que supera a la de Estados Unidos. Lejos de ser potencialmente una salida para el capital que opera más allá de sus fronteras, China es la que más necesita de una salida para su sobreproducción (no es casual que el programa de estímulo del gobierno de Obama suponga gastos por el 5% del PBI, mientras el de China equivale al 25% de su PBI). Debido a esta sobrecapacidad, las autoridades chinas se enfrentan a la necesidad de liquidar su propia industria excedente, por ejemplo en la siderurgia, que está operando ya sin rentabilidad, sostenida por el gasto estatal o por préstamos que equivalen a subsidios. China, además, ha acumulado últimamente enormes inventarios de materias primas, con la intención de posicionar- se mejor para una futura discusión de los precios, de modo que ha creado una sobreproducción en este rubro. Cuando se tiene en cuenta que el crecimiento 'chino' comporta una acumulación de sobrecapacidad de producción, resulta entonces que, en términos capitalistas, ese crecimiento (medido como productor de beneficio) es ficticio, pues se le adjudica un valor que el mercado no podrá convalidar. Por otro lado, las exportaciones representan, en China, entre el 60 y 70% del PBI, frente al 25% de Norteamérica -es decir que China depende más de los mercados extranjeros.


 


Del mismo modo, la inversión representa un 70%, frente a un 30% del consumo interno -una manifestación indirecta, pero clara, de creación de sobreproducción.


Antes que reequilibrar la economía mundial, China necesita reequilibrar su propia economía. Para ello necesita del desarrollo del mercado interior, que en China significa, antes que nada, determinar el destino de su masa agraria, el principal componente de este mercado potencial. O se la proletariza mediante sucesivas expropiaciones y la creación de un capitalismo rural dominado por el capital financiero, o una revolución social procede a industrializar el campo y a elevar el nivel de vida de las masas agrarias. El destino de China, en el marco de la bancarrota capitalista, se conjuga entre grandes crisis sucesivas, que impongan por completo la vigencia de las relaciones capitalistas en el campo, y nuevas revoluciones que enfrenten el destino de miseria social que le promete este proceso de confiscaciones capitalistas.


 


Revaluar no resuelve


 


En términos inmediatos, una revaluación significaría para China un perjuicio sustancial, dependiendo del nivel de la revaluación. Claramente, significaría una desvalorización de sus tenencias de dólares -que suman más de dos billones, entre colocaciones en bonos del Tesoro norteamericano y otras inversiones en Estados Unidos. Las naciones importadoras de China terminarían pagando por esas importaciones un valor inferior al que se obligaron en el momento de comprarlas. Pero la revaluación significaría igualmente una valorización en dólares de las deudas contraídas en el interior de China -en yuanes. Esta valorización (en dólares) de las deudas aumentaría la cartera de incobrables de los bancos chinos, que ya es de las más altas del mundo. También golpearía al Banco Central de China, que tiene una deuda elevada con los bancos privados y estatales que operan en China, por los bonos que les ha entregado con el tiempo para absorber los yuanes que ha emitido para comprar los excedentes de divisas de su comercio exterior y de la entrada de capitales. Por último, pero para nada menos importante, la revaluación del yuan llevaría los valores de la propiedad inmobiliaria a nuevas alturas, en momentos en que se procesa una enorme especulación en este campo (el inventario de propiedades ociosas de alto precio es enorme) y cuando numerosos observadores vaticinan el estallido de una crisis hipotecaria de grandes proporciones.


 


Pero incluso aceptando estos resultados confiscatorios, la revaluación del yuan no resolvería ningún problema de la crisis, como no los resolvió en el pasado, cuando revaluó su moneda entre 2005 y 2008: China seguiría acumulando excedentes comerciales. Por un lado, porque su productividad crece más rápido que la de sus competidores y que los aumentos de salarios en China, acentuando de este modo su sobrecapacidad y, en consecuencia, debilitando sus márgenes de rentabilidad. Por otro lado, porque para 'rebalancear' el comercio con China no alcanza que ésta importe más -es necesario que Estados Unidos, por ejemplo, reduzca su propia demanda internacional, o sea su demanda en conjunto, que es exactamente lo contrario de lo que está buscando con sus programas de estímulo y su tasa de interés cercana a cero. Un debilitamiento mayor de la demanda en Estados Unidos significaría convertir la recesión en depresión. Lo que se concluye de aquí es que no puede haber, ni habrá, una "salida coordinada" de la bancarrota capitalista, o sea una 'ingeniería' financiera programada -con revaluaciones y devaluaciones concertadas. Los capitalistas y sus Estados buscan su salida de la crisis empíricamente, o sea por medio de presiones y de la fuerza. Ahora mismo, Obama está enfrentando a Merkel, porque Alemania no quiere abrir su mercado a la competencia extranjera, mediante el gasto fiscal, y en cambio se aferra a una política de austeridad para cerrar el mercado alemán a la competencia y para evitar el pago del rescate de los países en quiebra de la zona euro.


 


También para Estados Unidos, por caso, el efecto sería contradictorio, porque significaría alejar a China del financiamiento del déficit fiscal norteamericano, cada vez más alto.


 


Las contradicciones que los Estados procuran superar con sus políticas crean contradicciones aún mayores, simplemente porque ninguna crisis puede superarse sin una reestructuración en gran escala, lo cual supone quiebras, confiscaciones y concentración de capitales. Un ejemplo lo da la propia China, cuyo programa de estímulo del consumo se realiza en condiciones que lo reducen al mismo tiempo o potencialmente. Por ejemplo: para financiar ese estímulo y sus préstamos baratos o de remate se vale del pago de intereses muy bajos a los depositantes de los bancos, lo cual obliga a la población a destinar al ahorro una parte creciente de sus ingresos si quiere asegurarse, mediante ese ahorro, el acceso a la salud, al retiro jubilatorio o a la vivienda, que el Estado no garantiza desde que se puso en marcha la restauración capitalista. El ahorro creciente se hace a expensas del consumo, mientras el estímulo estatal alimenta la sobrecapacidad y la especulación inmobiliaria.


 


El proletariado


 


La decisión de flotar el tipo de cambio sin ceder a la presión de una revaluación inmediata constituye, sin embargo, una potencial concesión de grandes dimensiones al capital internacional. Es que la flotación es un paso necesario para una liberación del mercado de cambios y para el acceso del capital extranjero al mercado financiero de China. La revaluación es una presión que ejercen los capitales industriales; la liberación cambiaria es demandada por el capital financiero.


Una sustitución de los controles estatales por el capital financiero significaría el comienzo de una colonización capitalista en gran escala de China; sería la parte conclusiva de la restauración capitalista y estaría preñada de grandes crisis sociales y nacionales. En oposición a esta presión, es necesario tener en cuenta que la tendencia a la desvalorización generalizada de las monedas, en especial del dólar, como se manifiesta por sobre todo en la imparable subida del oro, desorganiza al capital financiero internacional y plantea su reestructuración (quiebras) en las propias metrópolis imperialistas. La desvalorización del dólar y del euro neutralizaría cualquier presión para la revaluación de la moneda china. La misma dirección desorganizadora tendría la caída de Estados Unidos en un nuevo pozo recesivo, como pronostican analistas de relieve, debido a la crisis financiera de los estados norteamericanos, el crecimiento de la desocupación y, por sobre todo, una nueva crisis hipotecaria. Por otra parte, si la revaluación del yuan es significativa (o sea que también lo es la devaluación del dólar frente al yuan), el Estado norteamericano se vería privado de un financista de su deuda pública, con la consecuente depreciación mayor del dólar.


 


Las recientes huelgas en grandes empresas extranjeras, en China, constituyen una respuesta social a estas tremendas contradicciones. Por sus características, es la reacción más profunda de los trabajadores a la bancarrota capitalista -a nivel mundial. No es, para empezar, un fenómeno episódico, ni podría serlo, dado el poder político que debe enfrentar la clase obrera y el poder de las corporaciones. Por eso fue largamente preparada, como se manifestó: 1) en la emergencia de representantes electos, ya organizados previamente, al margen del sindicalismo oficial; 2) en la cohesión de la masa de miles de huelguistas con esa dirección; 3) en la calidad de los planteos clasistas de la vanguardia de las huelgas. Por eso, también el poder prefirió recular por primera vez en muchísimos años, un signo descomunal de debilidad política, por temor a inaugurar una etapa de rebelión de la clase obrera de las grandes empresas y para evitar su generalización. En un país sin derechos políticos, los obreros chinos han avanzado décadas en el camino para conquistar el convenio colectivo de trabajo (hasta ahora, las condiciones laborales eran fijadas por el Estado o unilateralmente por las patronales). En varias empresas en huelga, la vanguardia de las luchas se presenta como portavoz "del proletariado" (no "de los trabajadores", como deforma Jorge Castro en Clarín) para enfrentar "al capital". El lenguaje de los representantes obreros es la expresión de su conciencia política. La crisis mundial ya ha generado en China la oposición revolucionaria potencial de la clase obrera.


 


La gambeta cambiaria de las autoridades chinas (neutralizar la presión extranjera para revaluar el yuan y abrir el mercado) no obedece solamente al desquicio monetario internacional -en primer lugar, el derrumbe del euro. Debe ser vista también como una respuesta empírica a la presión obrera, que exige convenios colectivos, sindicatos independientes (lo cual significa libertad política) y la restauración de derechos sociales.


 

Cuando China salvó a Europa

Publicado en Prensa Obrera N° 1.138 (22 de julio de 2010).


Nadie descorchó champagne para celebrar ni tampoco ofreció una corona de flores en señal de duelo, de tal manera que el tercer aniversario del comienzo del derrumbe económico mundial, a mediados de 2007, pasó sin la gratificación de un recuerdo. Los apologistas del capital han preferido el olvido para esquivar el desafío de explicar lo sucedido y el fracaso de los recursos, que habían pretendido infalibles, para conjurar la crisis o contenerla. Sin embargo, una crisis de conjunto, que atraviesa su tercer año sin el menor signo de reversión a la vista, tiene un alcance histórico. En especial, cuando ocurre después de haber proclamado una gran victoria: el desmantelamiento de los sistemas de protección social en la mayor parte del mundo, e impuesto nada menos que una extensión colosal del mercado mundial mediante la restauración capitalista en dos grandes bloques territoriales, como China y Rusia y su periferia. Ahora, los pronósticos más autorizados señalan una recaída de la producción industrial y nuevas quiebras de bancos. Los detonantes de lo que se ha dado en llamar la "doble zambullida" son las crisis fiscales de los Estados de la Unión Europea; la deuda federal, estadual y municipal de los Estados Unidos; el derrumbe del consumo como consecuencia de una desocupación mayor y la deuda creciente de Japón (200% del PBI), pero, por sobre todo, el persistente derrumbe del mercado hipotecario norteamericano. Este mercado es el principal mercado mundial de deuda, con obligaciones por 9 billones de dólares -el 65% del PBI de los Estados Unidos. Una columnista del Financial Times (12/7) observa que "la capacidad de la construcción de viviendas para motorizar un crecimiento económico de Estados Unidos se ha disipado, al menos por el momento", pero esto no tiene en cuenta la creciente desvalorización del stock de viviendas existentes, o sea el default de sus propietarios y la incapacidad para hacer frente a las cuotas de las hipotecas. "La industria de la construcción -prosigue la columnista citando al Barclay's Bank- descuenta una doble zambullida, o por lo menos una reducción significativa del crecimiento económico". El economista Nouriel Roubini (Project Syndicate, 16/7), luego de señalar que una caída industrial es inevitable después del cese de las medidas de estímulo, observa lo que nosotros mismos hemos señalado repetidamente: que "los excesos fundamentales que le metieron gas a la crisis no han sido encarados". Se refiere "al excesivo endeudamiento de hogares, bancos y otras instituciones financieras, así como a la mayor parte del sector de corporaciones". O sea que estaríamos en el punto de partida, aunque con el agravante de que, en el camino, los Estados y bancos centrales inyectaron billones de dólares en operaciones de rescate, que no fueron usados para reducir el excesivo endeudamiento sino para hacerlo mayor.


 


De infartos y colapsos


 


El manto de silencio que cubrió el aniversario sirvió para escamotear otro hecho más: el colapso de la zona euro en mayo, similar al que produjo la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y el default de la aseguradora AIG en septiembre/ octubre de 2008. El infarto se manifestó en la paralización del funcionamiento del capitalismo e incluso del sistema político norteamericano: los bancos dejaron de prestarse entre ellos, las operaciones de rescate se dilataban por divergencias políticas. Ahora, el columnista Siaba Sarrate (Ambito, 16/7), en referencia a la crisis de Grecia y del euro de mayo pasado, dice (retrospectivamente, claro) que "la corrida sin contención pudo (sic) ser terminal" y que, además, "se alimentó más de la parálisis de las autoridades -y de su asombrosa impericia". O sea, un derrumbe político combinado con el económico. "Europa pasó de Dunkerque a Normandía", rememora el columnista. En Dunkerque, en 1940, las tropas alemanas infligieron una dura derrota a las británicas, que tuvieron que retirarse de Europa, y abrieron el camino para la ocupación nazi de la Europa continental. En Normandía, en julio de 1944, se produjo la invasión aliada que inició la liberación de Francia. Se trata, por cierto, de una comparación muy fuerte. Pero, invasiones aparte, la crisis reciente en Europa puso de manifiesto, por segunda vez, que el derrumbe mundial no se compone solamente de recesiones, despidos y quiebras, sino también de colapsos cuando el mecanismo interior del sistema capitalista se paraliza, pero, en este caso, no a partir de un banco de inversión y una compañía de seguros sino de Estados y uniones políticas y monetarias estatales. No hay tampoco que asustarse, nos dice Siaba, porque el plan de salida de Europa funcionó muy rápido. Vano consuelo: de un colapso se sale rápido o no se sale. Más allá de esto, deja una secuela permanente. Es lo que ocurrió con la quiebra de Lehman Brothers y el rescate de AIG: el rescate de la economía por parte de los Estados y los bancos centrales desató la fase siguiente de la crisis mundial, que incorpora crisis fiscales gigantescas y aún mayores crisis monetarias. Las deudas públicas principales superan el 100% del PBI; las emisiones de moneda, con respaldo en activos sin valor, han crecido en torno al 150%; la base monetaria en Estados Unidos subió de 1,3 billones de dólares a 3,5 billones entre abril de 2007 y marzo de 2010, en tanto el PBI caía en precios constantes. Ahora, los especuladores internacionales apuestan a un derrumbe del dólar.


 


Más que una gambeta


 


De todos modos, la afirmación de que el plan de rescate salvó el día en Europa es menos que media verdad. En un artículo anterior ("Gambeta china", en Prensa Obrera N° 1.134) se nos escapó un eslabón de ese rescate. Es cierto que al no ceder a las presiones para revaluar su moneda, el yuan, respecto del dólar, China protegió al euro de un derrumbe, ya que esa revaluación hubiera amplificado la devaluación que estaba sufriendo el euro. Pero ante el anuncio del plan de rescate, China hizo algo más: salió a comprar deuda de los bancos españoles y griegos, y a transformar una parte de su reserva de dólares en euros. Las autoridades chinas habían pregonado, precisamente, que tenían la intención de atar su moneda a una canasta de monedas -lo cual supone una diversificación de sus reservas. "El mercado europeo, le acaba de decir Wen Jiabao, primer ministro de China, a su homóloga de Alemania, Angela Merkel, de visita en China, es y será una de las principales plazas de inversión para las reservas chinas de divisas extranjeras". Este señalamiento llevó al corresponsal de El País (17/7) en Pekín al comentario siguiente: "suficiente para que el euro superara la barrera de los 1,30 dólares por primera vez en dos meses". Voilà. Europa solamente salió de terapia intensiva, por un lado por la gambeta china en relación con el dólar, que fue acompañada por una fuerte intervención de socorro de bancos europeos y del euro. Es cierto que al detener la devaluación del euro, China actuó en defensa de sus propios intereses comerciales, como es frenar el encarecimiento de sus exportaciones y el abaratamiento de las de la competencia. Pero el problema comercial es de mediano y largo plazo, y está condicionado por diferentes variables, en tanto que el hundimiento del euro era un problema financiero inminente, pues hubiera podido acelerar las quiebras bancarias en Europa y provocar una cadena de devaluaciones de otras monedas.


 


La intervención de China en el rescate del euro la eleva a una posición de arbitraje en la crisis monetaria, que hasta ahora había estado reservada a Estados Unidos. Después del shock de 2008 y más tarde, cuando la crisis de Grecia sacudió a Europa, la Reserva Federal había realizado operaciones de canje del dólar con monedas locales (real, peso mexicano, euro) para cubrir las necesidades de dólares de los países que enfrentaban fugas de sus divisas. Ahora, ese rol fue pactado por la Unión Europea con China. Hay una lógica en esto, porque China tiene reservas superiores a los dos billones y medio de dólares. China se ve obligada a arbitrar para preservar el valor de estas reservas. En varias ocasiones, advirtió al gobierno de Obama contra la tentación de desvalorizar el dólar. Pero bien mirado, este arbitraje pone de manifiesto la dependencia monetaria de China. Después de todo, conservar un porcentaje desproporcionado de la riqueza creada y comercializada (sus gigantescas reservas son el 31% de las mundiales cuando su población es el 22% del total) constituye un despilfarro descomunal, pues la función del dinero, más allá de un nivel de atesoramiento y de reserva para transacciones, debe ser la inversión en nuevas capacidades productivas. Las reservas de China financian la emisión desmesurada de dólares sin respaldo (por eso el elogio de los Kirchner al monto alcanzado por las reservas de Argentina constituye un despropósito: son el vaciadero de basura de la Reserva Federal, su emisión de dólares, y tienen el único propósito de operar como garantía para un ulterior endeudamiento internacional). El salvataje del euro por parte de China es un nuevo estadio de la crisis monetaria internacional y una forma todavía 'pacífica' de dirimir los conflictos comerciales. La protección del valor de las reservas internacionales, por parte de los países con excedentes, y el privilegio emisor del dólar por parte de la Reserva Federal constituyen los 'casus belli' de la presente crisis mundial.


 


Los países emergentes, se informa, han recibido capitales especulativos en el último año por el monto de 700 mil millones de dólares. Ante la incapacidad de esas economías para absorber esa suma sin provocar un colapso interno, sus bancos centrales compraron 600 mil millones de aquellos, con lo cual evitaron una revaluación de sus monedas. Para esterilizar las monedas locales con las que compraron esos dólares, han tenido que pagar tasas de interés muy superiores a las que cobran cuando invierten esas reservas, por ejemplo en bonos de la deuda pública norteamericana. Esta operación de desangre financiero de las economías emergentes es saludada, naturalmente, por los países centrales y, menos naturalmente, por los cipayos que gobiernan en estos países, que adoran la acumulación de reservas como un éxito nacional y popular).


 


La zona euro sigue en terapia


 


El rescate del euro 'a la china' forma parte de una disputa que supera el marco del comercio entre naciones. Después de todo, las medidas proteccionistas de Estados Unidos contra las exportaciones chinas apenas involucran al 3% del comercio bilateral. La pelea principal es por el acceso a los capitales internacionales que operan en China al mercado de compras estatales de China, cuyo presupuesto anual es de dos billones de dólares. Las restricciones al acceso de este mercado ya han desatado un enfrentamiento, en especial de capitales alemanes y norteamericanos, con el gobierno de Beijing, particularmente porque China pone la condición de que las empresas extranjeras se asocien a las chinas y le transfieran tecnología sensible. Se trata de una exigencia imposible de satisfacer, porque el diferencial tecnológico es la fibra decisiva de la competencia mundial, en especial cuando la crisis ha horadado el diferencial de financiamiento. En forma simultánea, sin embargo, existe una restricción generalizada a permitir inversiones chinas en los países centrales, o sea a transformar sus reservas en dinero en inversiones productivas. China ha logrado, a cambio de su socorro al euro, que se le permita comprar empresas en Grecia y en otros países de la periferia de


Europa.


 


Sea como fuere, el salvataje por parte de China no ha resuelto la crisis del euro. Es cierto que obligó a desarmar posiciones a los fondos que habían especulado a la baja (recompraron euros) y que esto provocó un giro hacia arriba en su cotización. Pero en este viraje intervino también una depreciación del dólar, determinada por la evidencia de que Estados Unidos vuelve a la recesión y de que no tiene el mismo margen que en los años recientes para ejecutar rescates o estímulos económicos. La situación fiscal y bancaria de Europa es más grave que nunca. La zona euro tiene una deuda pública combinada de casi 8 billones de euros, que se eleva a 12 billones para toda la UE. Gran Bretaña acaba de confesar que su deuda pública fue dibujada por el gobierno precedente (¡ya es un deporte mundial!) y que es, en realidad, medio billón de dólares superior a la informada. En Clarín del domingo 18 de julio, Rodolfo Terragno adjudicó los males de Europa a la convertibilidad de las viejas monedas europeas con el marco alemán, que quedó fijada en el valor del euro. Pero olvida que la crisis europea envuelve en especial a la misma Alemania, cuyos bancos tienen activos incobrables por 300 mil millones de dólares. Una salida del euro y una devaluación sumiría a los países que lo hicieran en una crisis económica mucho peor que la actual. Grecia tiene una deuda pública tres veces mayor a la de Argentina en 2001 y los bancos españoles han contraído una deuda récord para ser rescatados por el Banco Central Europeo. Una parte de la banca griega ya ha sido calificada de zombi: es que cotiza sus activos incobrables, que carecen de valor, a la par y reemplazan esta falta de recursos con inyecciones del Banco Central Europeo (esto mismo ocurre con las Cajas españolas, los Landesbank germanos y los bancos locales o cooperativos de Italia). La semana que viene se conocerán los resultados de las pruebas de resistencia a situaciones de crisis a la que han sido sometidos los bancos europeos. Todo el mundo anticipa que las pruebas han sido fraguadas, e incluso que son de imposible verificación, como ya se demostró en Estados Unidos. Aun así le bajarán el pulgar a una decena de entidades de importancia relativa, que seguramente serán absorbidas por otras… con el apoyo de un financiamiento de la Comisión Europea y los diversos Estados. En definitiva, los analistas internacionales más destacados siguen pontificando sobre la necesidad de un default "ordenado" de Grecia y las probabilidades crecientes de una desintegración de la zona euro.


 


Estados Unidos, siempre


 


El torbellino de la crisis ha regresado, a partir de este desarrollo, a Estados Unidos; los pronósticos optimistas de la Reserva Federal, en febrero, se han tornado, agoreros. Se prevé recesión o menor cifra de crecimiento del PBI (1,5%), agravamiento de la crisis hipotecaria, cese de la reposición de inventarios. El quebradero de los quebraderos está representado por las agencias estatales hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, cuyo valor de capital en Bolsa ha caído a casi cero (las sacaron de las pizarras), pero que solventa bonos garantizados por hipotecas en el orden de los 5 billones de dólares (la mitad del mercado hipotecario), que no puede pagar. De ese monto, la Reserva Federal se ha hecho cargo de 1,3 billones, o sea que la circulación del dólar no tiene respaldo. Una comisión investigadora ha determinado que el déficit fiscal ya tiene el carácter de "un cáncer", que hará metástasis fiscal en regla en unos pocos años. Asimismo, además de la posibilidad de default de numerosos estados de la Unión, los fondos de pensiones, que pagan jubilaciones predeterminadas, ya están más allá de la bancarrota: es que con la baja de las tasas de interés por las contribuciones que manejan necesitarían aumentar sus fondos de sustentabilidad en varias veces para poder pagar los retiros establecidos. Para resumir, la carga fiscal potencial del Estado norteamericano no tiene soporte. No porque el fondo de capital en los Estados Unidos para solventar la deuda del Estado no sea suficiente -por el contrario, la crisis ha creado una abundancia de capital en forma de liquidez-, sino porque ese capital no bancaría asumir el riesgo que conlleva la deuda pública. Hoy mismo, la deuda americana se solventa solamente en un 53% con capital interno -el 47% es exterior y saldría por la puerta de emergencia ante el primer síntoma de colapso. A esto se refieren los economistas cuando aseguran que cualquier despiste de ruta podría transformar a las nuevas manifestaciones de recesión en una depresión.


 


Los llamados países emergentes no pueden contrarrestar esta tendencia a partir solamente del comercio de materias primas que motoriza la demanda de China, porque esta misma demanda está siendo afectada por el nuevo retroceso de los países centrales. Otra cosa sería si la demanda de China estuviera sustentada en un vigoroso desarrollo de su mercado interior, con independencia del capital internacional. Pero lo que ocurre es que el capital internacional quiere colocar su excedente de producción y de capitales en China. Sería una tercerización de su actividad en los países centrales, con la consecuencia de un violento crecimiento de la desocupación en ellos. Por otro lado, la demanda de China y del resto de los emergentes se encuentra en gran parte fogoneada por los capitales especulativos y la acumulación de reservas de moneda extranjera, que se extinguirían como consecuencia de otro derrumbe financiero en los países centrales. La salida a este derrumbe plantea una reorganización social en gran escala; entrañará un gigantesco retroceso social si se produce en los marcos capitalistas.


 

El otro triángulo fatídico: Israel, Irán y Turquía


Los estrepitosos acontecimientos puestos en marcha por la violenta toma, por parte de Israel, de la Mavi Marmara, la nave de la flotilla de paz que desafiaba el bloqueo de Gaza, han arrojado una luz importante sobre la situación general en Medio Oriente. Turquía se ha convertido en el protagonista principal de las fuerzas que apoyan la causa palestina. Esto es muy irónico, dado que el país ha sido un miembro leal de la Otan durante seis décadas y "el aliado más importante de Israel en el mundo musulmán" (New York Times, 31/5) durante el tiempo que uno puede recordar, y ha sido especialmente así en el período posGuerra Fría e incluso en el actual gobierno. Ahora, la bandera nacional turca compitió en todo el mundo por el orgullo de ocupar un lugar al lado de la bandera palestina en las manifestaciones de protesta por el bárbaro asesinato, por parte de un comando israelí, de al menos nueve voluntarios a bordo de la Marmara, todas ellos ciudadanos turcos. De Estambul a Toronto, motivos islámicos también dominaron la mayoría de este tipo de protestas.


 


¿Qué hay detrás de este nuevo protagonismo turco-musulmán en el conflicto israelí-palestino y qué implica esto para el sistema de dominación imperialista en Medio Oriente en un futuro próximo?


 


Para dar una respuesta a esta pregunta, tenemos que poner sobre la mesa otra serie de acontecimientos inusuales: el embrollo entre Estados Unidos, por una parte, y la cooperación entre Turquía y Brasil, por otra, sobre la cuestión de las sanciones a Irán. Apenas una semana después del asalto israelí contra la flotilla humanitaria, el 8 de junio, se sometió a votación en el Consejo de Seguridad de la ONU una cuarta ronda de sanciones (reforzadas) a Irán y, quién lo iba a decir, Turquía y Brasil, miembros no permanentes del Consejo de Seguridad y dos aliados dóciles de Estados Unidos, votaron en contra (mientras que el único país árabe en el Consejo, el Líbano, se abstuvo).


 


Sólo tres semanas antes de eso, los mismos dos países, después de duras negociaciones en Teherán, habían firmado un acuerdo con Irán para un intercambio de uranio de bajo enriquecimiento iraní a cambio de uranio enriquecido para ser utilizado con fines médicos, algo sobre lo que los países occidentales no habían podido convencer a Irán el otoño anterior. Esto fue visto, como ciertamente lo fue, como una maniobra por parte de los dos países con el objetivo de posponer la discusión de una moción de Estados Unidos sobre una nueva ronda de sanciones en el Consejo de Seguridad. Así que una vez más nos encontramos con una pregunta similar: ¿Por qué esta diplomacia activa por parte de Turquía y Brasil que parecen ir contra la corriente de los esfuerzos de Estados Unidos para aislar a Irán?


 


¿Emergencia de una potencia regional o fundamentalismo islámico?


 


Hay por lo menos tres series de contradicciones que deben tomarse en cuenta al examinar las fuerzas detrás de esta nueva situación. La primera de ellas consiste en la dinámica de ascenso económico y político de Turquía como potencia regional que está en busca de un nuevo tipo de posición dentro de la constelación de fuerzas imperialistas. La segunda serie de contradicciones deriva de la contienda entre las tres potencias nucleares reales o potenciales del Medio Oriente (Israel, Irán y Turquía) y la postura de Estados Unidos. sobre esta cuestión. El tercer aspecto deriva de las explosivas contradicciones de la política interna de Turquía. Tomemos estos tres factores uno por uno.


 


Turquía es el principal aliado, con la obvia excepción de Israel, del imperialismo norteamericano en Medio Oriente. También es candidato a acceder a la Unión Europea, después de participar en negociaciones durante los últimos cinco años, aunque las relaciones se han agriado recientemente entre las dos partes debido a la reticencia explícita de los gobiernos de Sarkozy y Merkel de llevar a cabo el proceso. El país está gobernado por la clase capitalista más sofisticada y bien organizada del Medio Oriente. Ejerce la capacidad industrial de producción más avanzada entre estos países y ha aumentado sus exportaciones de alrededor de 30 mil millones de dólares a principios de esta década a más de 130 mil millones en 2008, antes del inicio de la crisis económica mundial. Además, el 90 por ciento de sus exportaciones son bienes industriales, cada vez más en sectores como la industria automotriz. Se ha convertido en muy poco tiempo en un importante receptor de inversión extranjera directa: muchas empresas multinacionales, desde Microsoft a Coca Cola, han hecho de Estambul su sede para Europa del Este, Eurasia, Medio Oriente y Africa del Norte.


 


Turquía ahora está buscando convertirse en un centro financiero y un centro de arbitraje de negocios para todo el mundo árabe, el Cáucaso, Asia Central y los Balcanes. Sumamos a esto el hecho de que tiene el ejército más grande en la Otan, segundo después del de Estados Unidos, lo que lo coloca entre las tres principales potencias militares de Eurasia, junto con Rusia e Israel.


 


Es sobre la base de este creciente peso económico y militar que los gobiernos de Turquía, desde hace tiempo, pretenden convertirse en una potencia regional. Fue bajo Turgut Ozal -un firme aliado de Occidente y, en particular, de Estados Unidos, además de ser el fundador del Partido de la Madre Patria (Ana- vatan Partisi)- que Turquía comenzó a aventurarse en una política pan-turco y neo-otomanista, llegando a la conclusión de que el colapso de la Unión Soviética significó una nueva era de oportunidades a favor de Turquía.


 


Un producto singular de esta nueva orientación dentro de las filas de la burguesía turca ha sido la proliferación mundial de una red de escuelas creada por una congregación religiosa inmensamente poderosa, liderada por un carismático Imam Fethullah Gülen, no sólo en países de mayoría musulmana, sino también en rincones inverosímiles del mundo como América Latina y el Lejano Oriente. Fethullah Gülen no está comprometido con ningún partido político en particular, pero últimamente ha apoyado el gobierno del AKP (Partido de Justicia y Desarrollo – Adalet he Kalkinma Partisi) y tiene discípulos en el ejército de parlamentarios del AKP e incluso dentro del Consejo de Ministros. El mismo reside en los Estados Unidos por temor a ser perseguido por el sistema secular turco.


 


El gobierno del AKP ha heredado la orientación de Ozal y la ha reforzado a través de una política exterior inmensamente activa que, a veces, da virajes en direcciones sustancialmente independientes -incluso en contra de la política exterior norteamericana. El hecho de que el partido gobernante provenga de una formación islámica ha suscitado una controversia dentro de los círculos gobernantes del país y en los establishments de Estados Unidos y de la UE en cuanto a si esta nueva política exterior implica un "cambio de eje", es decir si el gobierno se está alejando de la política exterior pro-occidental firmemente arraigada en el ala tradicional de la burguesía turca y yendo a vínculos más estrechos con el mundo islámico. La respuesta a esta pregunta es de gran importancia, ya que el gobierno formado a finales de 1990 por el predecesor más fundamentalista islámico de este partido moderadamente islámico, el Partido del Bienestar -Refah Partisi (PR)- del primer ministro Necmetten Erbakan, fue derrocado por una alianza de los militares turcos, el ala pro-occidental de la burguesía y el imperialismo norteamericano a través de la intervención militar más descarada.


 


Nuestra caracterización de la situación es que el gobierno del AKP está procurando, en forma simultánea, satisfacer las nuevas necesidades de expansión de la burguesía turca y convertirse, a la vez, en una potencia regional a fin de negociar mejor con Estados Unidos y, en particular, con la Unión Europea. En otras palabras, la explicación simplista conjurada por los islamofóbicos tanto de Occidente como de la propia Turquía -la idea que el AKP finalmente está revelando su carácter fundamentalista islámico- es falsa. La alianza con Brasil no se limita a la cuestión de Irán, sino que se extiende a través de una amplia gama de áreas tanto económicas como políticas. Parece que estas dos potencias medianas emergentes están tratando de lograr un nivel de influencia comparable a la de Rusia y la India (si no de China) sobre la base de una alianza más estrecha.


 


Sin embargo, ciertos factores objetivos complican la situación. Por una parte, si Turquía quiere convertirse en una potencia regional, lo cual necesariamente implica abrir un diálogo en primer lugar con los países islámicos -de los que no faltan en los alrededores Turquía, no sólo en el Medio Oriente y África del Norte, sino también en los Balcanes, el Cáucaso y Asia Central.


 


Al establecer relaciones con los países de mayoría musulmana, el AKP tiene una ventaja natural sobre sus rivales más seculares en la política interna de Turquía, que por supuesto plantean ciertas reacciones paranoides de islamofóbos de todo tipo. Incluso más importante que esto es el hecho de que el ascenso de Turquía en Oriente Medio ha coincidido con dos acontecimientos de sustancial importancia: el conflicto en torno a los esfuerzos nucleares iraníes y el ascenso de Hamas como un factor muy polémico en el drama israelí/palestino. Estos nos llevan a la segunda serie de contradicciones antes mencionadas.


 


Turquía: entre Israel e Irán


 


No debería ser necesario profundizar en detalle en la serie de contradicciones entre Israel e Irán que hacen que la hostilidad entre estos dos países sea la cuestión más candente de Medio Oriente en la actualidad. La posición especial de Turquía con relación a ese empate es lo que complica la naturaleza de la nueva política exterior turca. Turquía es, o al menos solía ser, el aliado más confiable de Israel, así como de Estados Unidos, en el mundo musulmán. Uno esperaría que Turquía se dejara llevar por la política de Estados Unidos hacia Irán, aunque con la prudencia que se esperaría, naturalmente, respecto a un país vecino tan poderoso.


 


Sin embargo, la presión estadounidense-israelí contra Irán por sus supuestos esfuerzos nucleares en curso paradójicamente ha significado un tiro por elevación contra Israel al sacar, al menos desde el punto de vista de Turquía, la cuestión de las armas nucleares (no reconocidas) de Israel a plena luz. El gobierno turco insiste ahora en un Medio Oriente desnuclearizado y, desde el momento en que, cualesquiera sean sus verdaderas intenciones, Irán, a diferencia de Israel, aún no despliega armas nucleares, esta política implica concentrar la atención de la región y el mundo sobre la capacidad nuclear de Israel en lugar de la capacidad de armar nucleares atribuida a Irán.


 


Irónicamente, Turquía es el único país en Medio Oriente, además de Israel, que mantiene (hasta ahora no reconocido en este caso también) armas nucleares en su territorio, aunque estas ojivas tácticas pertenecen a Estados Unidos y se colocaron en Turquía durante la Guerra Fría como un elemento de disuasión a la Unión Soviética. Con todo, lo que estamos presenciando en la relación triangular entre Turquía, Irán e Israel es el esfuerzo de cada uno de estos países por adquirir ventaja por su peso nuclear en Medio Oriente.


 


Es sobre la cuestión de Palestina, y en particular la situación de Gaza, que el carácter semi-islámico del AKP ingresa en la ecuación. Desde que Hamas fue elegido con una victoria aplastante en enero de 2006 para gobernar el Consejo Legislativo Palestino (y eventualmente quedó aislado en Gaza), el AKP ha seguido una política que diverge ampliamente tanto de la de Estados Unidos como de la de la Unión Europea (y del llamado Cuarteto que también incluye a Rusia y la ONU).


Esta política también se aparta de la que habría sido seguida por los partidos laicos rabiosamente pro-occidentales e islamofóbicos de Turquía. La alianza occidental califica a Hamas como una organización terrorista y rechaza el contacto con él en tanto se niega a: a) renunciar a la violencia contra Israel; b) reconocer el derecho de existencia del Israel sionista, y c) acatar los acuerdos de Oslo.


 


El AKP, en cambio, invitó a funcionarios de Hamas a Ankara para reunirse a raíz de las elecciones en 2006, una iniciativa severamente criticada por Israel y Estados Unidos. Cuando Israel atacó a Gaza en diciembre de 2008, el gobierno turco se enfrentó a esta acción sin ambigüedad. Durante un debate en el Foro Económico Mundial en Davos, finalizada esta guerra a finales de enero de 2009, el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, atacó ferozmente al presidente israelí, Shimon Peres, en un incidente que cautivó al público árabe y lo convirtió en un héroe a los ojos de masas árabes. Ejercicios militares conjuntos, que se habían llevado a cabo por muchos años, fueron cancelados más tarde por Turquía. El incidente Mavi Marmara es, por lo tanto, sólo el último drama de la larga agonía de la amistad turco-israelí.


 


Esto plantea claramente la cuestión de si, desde el punto de vista de los intereses norteamericanos, el AKP es apto para gobernar un país con el que Estados Unidos tiene, en palabras de Obama, una "alianza modelo." No es, por supuesto, ningún secreto que el AKP tiene todavía algunas de las marcas de sus orígenes islámicos. El primer test serio de la utilidad del partido para Estados Unidos tuvo lugar en marzo del 2003, cuando decenas de parlamentarios del AKP bloquearon una moción del gobierno que establecía la utilización del territorio turco por parte Estados Unidos en su ataque contra Irak. Esto agrió las relaciones entre los dos aliados durante años y años. Después de haber denegado su complicidad en la guerra de Estados Unidos contra el régimen secular de Saddam, los elementos más islámicos del AKP bien pueden resistir, en el caso de Irán, el lanzamiento de una guerra contra un país que se autotitula "República Islámica".


 


La oposición secular en Turquía utiliza esta perspectiva y las simpatías del AKP por Hamas para introducir una cuña entre la administración de Estados Unidos y el gobierno del AKP. Incluso se puede especular sobre si Estados Unidos no le ha dado la espalda al gobierno de Erdogan, apoyando al importante partido secular de centroizquierda (el Partido Republicano Popular-Cumhuriyet Halk Partisi) para las elecciones generales, que se celebrarán a más tardar dentro de un año. Este tipo de apoyo es incluso más probable ahora que, por primera vez desde que el AKP llegó al poder en 2002, el centro izquierda tiene alguna posibilidad de superarlo en las urnas. El nuevo líder del centroizquierda, Kemal Kilicdaroglu, utiliza la retórica populista de abordar las cuestiones de la pobreza, el desempleo y la corrupción -caras al corazón de las masas- en lugar de apelar a la lengua de madera de la anterior líder, Deniz Baykal, que masticaba sin cesar sobre la laicidad y la supervivencia de la república, temas de interés únicamente para las clases medias altas y su público querido, las fuerzas armadas.


 


Guerra civil política


 


Esto nos lleva a un tercer nivel de contradicciones. Las implicaciones internacionales de la nueva política exterior de Turquía se entrelazan con las luchas internas entre los dos campos principales gobernantes de la política turca. Hemos explicado muchas veces en nuestros escritos anteriores que el conflicto político en curso entre el gobierno del AKP, por una parte, y la amplia gama de fuerzas seculares (en primer lugar, el ejército turco) por otra, es una expresión, por sobre todas las cosas, de una lucha entre dos fracciones de la burguesía sobre el reparto del plusvalor y el poder político.


 


El ala más tradicional y arraigada de la burguesía turca, que es pro-occidental y secular con estilo propio, se niega rotundamente a considerar cualquier intento de alejar a Turquía del Occidente, aun marginalmente. Esta ala debe su origen a los parámetros de occidentalización de la "república kemalista" (de Kemal Atatürk, el fundador de la república turca sobre las ruinas del Imperio Otomano en 1923). A diferencia de esta fracción, una nueva ala de la burguesía ha emergido en el último cuarto de siglo y está compitiendo por el poder, ahora a través del AKP. No parece haber una solución fácil a las luchas intestinas de la burguesía, un conflicto que hemos estado llamando "la guerra civil política de la burguesía turca" desde hace muchos años.


 


Las nuevas líneas de fractura de la política exterior turca interactúan con esta división de la burguesía en la vida política interna y económica. Ambas alas de la burguesía están interesadas en la internacionalización de los circuitos del capital hacia el este, así como por extender su influencia política y económica hacia los Estados circundantes. Pero como el Islam es la ortodoxia imperante religiosa en estos países, el ala pro-occidental tiene un miedo mortal a que esta política pueda llevar, en el marco del AKP semi-islamista, a eliminar el ancla occidental y apoyarse exclusivamente en una islamista. El gobierno del AKP ha sido objeto de ataques feroces por los ideólogos de la burguesía pro-occidental, tanto por su actuación en el asunto de la flotilla, como por su posición en la votación del Consejo de Seguridad sobre Irán. En cuanto a las masas, estas medidas del gobierno del AKP son inmensamente populares, especialmente pero no exclusivamente, en el electorado pro- islámico del AKP.


 


La interacción entre la política nacional e internacional puede dar lugar a muchas complicaciones. Cuanto más popular se convierte Erdogan a los ojos de las masas populares (tanto turcas como árabes) gracias a su enfrentamiento resuelto con Israel, más difícil es sacarlo del poder y más histéricos se vuelven sus rivales burgueses pro-occidentales. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta la oposición del AKP en la política interna, que es una carta importante en la manga de Estados Unidos, si la política exterior del AKP se convierte, en cierto momento, en una carga real sobre los intereses de norteamericanos.


 


¿Qué política internacionalista deben desenvolver los socialistas?


 


No hay un camino fácil para los socialistas en esta situación complicada. Cualquier posición aceptable debería evitar ser la Caribdis de un seguidismo al movimiento islámico y la Escila de la capitulación ante el imperialismo, con el pretexto de la lucha contra el fanatismo religioso. Un enfoque matizado respecto a este complejo campo de fuerzas políticas necesita, por otra parte, combinarse con el apoyo principista al pueblo oprimido de Palestina.


 


Lo primero que hay que señalar es que aunque la izquierda debería, por supuesto, ser enemiga jurada de las armas nucleares, no hay ninguna lógica en negar las armas nucleares a Irán cuando Israel manifiestamente posee capacidad nuclear (dejando a un lado, por el momento, la cuestión del desarme nuclear total). Un Medio Oriente no nuclear, como un paso hacia un mundo libre de armas nucleares, es la única política que puede ser concretamente contrapuesta a la política agresiva injustificada hacia Irán, seguida por las potencias occidentales en alianza con Israel. Debe quedar claro que esto significa no sólo la plena rendición de cuentas por parte de Israel y la destrucción de su arsenal nuclear, sino también la supresión de las ojivas tácticas de la Otan y Estados Unidos en el territorio de Turquía y el cierre de las bases norteamericanas en ese país.


 


Está lejos de haber sido demostrado que Irán busca desarrollar armas nucleares y, dada su trayectoria en Irak, se puede sospechar legítimamente que Estados Unidos pretende un cambio de régimen en Irán bajo el pretexto de tratar de detener la proliferación nuclear. Irán invariablemente debe ser defendido contra Estados Unidos y/o de una agresión israelí. Esto no tiene nada que ver con defender el régimen fundamentalista iraní contra la oposición en ese país. Y, en todo caso, se espera que cualquier oposición digna de apoyo para los socialistas, en Turquía o en cualquier otro lugar, enfrente una agresión imperialista contra Irán.


 


En segundo lugar, la solidaridad internacionalista con un pueblo oprimido no debería basarse en la aprobación, por parte de los socialistas, de la naturaleza política del movimiento que lidera la lucha de ese pueblo oprimido. No es por ser organizaciones islámicas que Hamas (o Hezbollah en el Líbano) tienen el apoyo masivo de los pueblos, en cada caso. Se debe a que defienden, armas en mano, a su pueblo de la agresión colonialista y de la ocupación. Volver la espalda al pueblo de Gaza con el pretexto de que Hamas es un defensor del fundamentalismo religioso es abdicar del deber internacionalista.


 


La defensa de los derechos del pueblo palestino -que van desde los más simples, como la demanda del levantamiento del bloqueo sobre Gaza, hasta formas más acabadas, como la libre determinación y el derecho de retorno ('Awda')- es una tarea fundamental del movimiento internacional, con independencia de la naturaleza política e ideológica de los dirigentes palestinos. Una tarea subsidiaria del socialismo internacional debe ser apoyar a las tendencias que, dentro de la izquierda palestina, trabajan hacia una ruptura política con la dirección de la OLP, ya que esta organización ha -probablemente en forma irreversible- descendido al colaboracionismo con el imperialismo y con Israel.


 


En tercer lugar, debe quedar claro que el movimiento islámico no puede lograr la emancipación del pueblo palestino.


 


Más concretamente en la coyuntura actual, debemos dejar en claro a las masas, tanto si estamos luchando en Palestina como en otros países musulmanes o en otro lugar del mundo, que el gobierno del AKP en Turquía y Erdogan no son sus salvadores. Es cierto que un movimiento islámico de base que no tiene en cuenta las sutilezas de la diplomacia imperialista desafía gravemente el trato que reciben los palestinos a manos de Israel. El IHH (Insan Hak he Hürriyetleri he insani Yardim Vakfi – la Fundación para los Derechos Humanos y las Libertades y Ayuda Humanitaria), una fundación humanitaria más bien enigmática y principal organizadora de la flotilla, probablemente movilizaba a gente de dicha orientación.


 


El AKP, sin embargo, no es en absoluto un partido controlado por gente de organizaciones de base de este tipo. Por el contrario, el AKP es un partido de una fracción en ascenso de la burguesía con una orientación islamista: se encuentra atado, de pies y manos, al sistema capitalista a nivel nacional y al imperialismo internacionalmente. En efecto, es precisamente este carácter contradictorio de la AKP, dividido como está entre una base empeñada en cuestionar el statu quo imperialista y una dirección burguesa que estructuralmente no está dispuesta a romperlo, lo que explica la votación en el parlamento en marzo de 2003, que tuvo un impacto importante sobre la guerra de Irak y el conflicto con Israel.


 


Presentar a Erdogan como un salvador de las masas palestinas es no tener en cuenta una serie de contradicciones que mantienen como rehén a su gobierno con el statu quo de Medio Oriente. La primera y más evidente es la total hipocresía del AKP cuando se trata de la cuestión kurda. El marco histórico de las cuestiones palestinas y kurdas difieren considerablemente, pero existe una similitud en la forma en que están sometidos a la opresión nacional, por parte de Israel y Turquía, respectivamente (aunque en el caso de los kurdos, existe un factor adicional que es la fragmentación de este pueblo entre muchos Estados del Medio Oriente).


Defender los derechos de los palestinos y negar a la vez a los kurdos sus derechos más elementales es una contradicción en el sentido más simple del término -y esto es exactamente lo que el gobierno del AKP está haciendo.


 


Erdogan ha salido recientemente a declarar que, tras haber obtenido una victoria aplastante en las elecciones, Hamas no puede ser considerada como una organización terorrista, ¡olvidándose de que el brazo legal del movimiento kurdo recibe más de dos tercios de los votos en las urnas en un buen número de provincias kurdas! El tan cacareado "intento de acercamiento kurdo" o "apertura" lanzada por el gobierno del AKP el otoño pasado (y abruptamente abandonado pocos meses después) no llegó a ser más que un intento de liquidación de la influencia sobre los kurdos de Turquía por parte del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán – Partiya Karkeren Kurdistán) a cambio de reformas simbólicas. Dada la hegemonía de ese partido, terminó siendo un fracaso total.


 


Existe, luego, el hecho de que el gobierno del AKP no tiene ninguna intención de romper con el sistema imperialista, sino que en realidad ofrece sus servicios a este sistema a través de la hegemonía nueva que está tratando de establecer sobre el mundo islámico y, más concretamente, árabe. Sólo unos días después del asalto israelí contra la flotilla, los días 8 y 9 de junio, los ministros de Relaciones Exteriores y otros varios de 22 países árabes se reunieron en Estambul para sendas reuniones paralelas del Foro de Cooperación Económica de la comunidad turco-árabe y el Foro Económico turco-árabe, para recibir sermones sobre las virtudes del neoliberalismo, la privatización, la integración con el capitalismo occidental y la flexibilidad en el mercado de trabajo nada menos que de parte de Erdogan y sus ministros de Relaciones Exteriores y de Economía. Erdogan -copresidente junto con el primer ministro español de la llamada Alianza de Civilizaciones, un producto de la era Bush- actúa en la práctica como un caballo de Troya del imperialismo en el mundo árabe.


 


La atracción que Turquía ofrece económicamente a otros países musulmanes proviene en gran medida de su relación con la Unión Europea. Esta es una relación muy avanzada debido al acuerdo de unión aduanera en vigor entre la Unión Europea y Turquía durante los últimos quince años. No cabe duda de que una defensa coherente de los derechos de los palestinos exige la confrontación a gran escala con Israel y, por lo tanto, Estados Unidos. Si las escaramuzas de Turquía con Israel hasta la fecha han ocurrido sin levantar las iras de la administración norteamericana, esto es sólo porque el gobierno de Obama se está enfrentado con el actual gobierno israelí sobre el llamado proceso de paz. Sin embargo, está probablemente a punto de cambiar: todo un arco de grupos de presión, desde el think-tank sionista Jinsa al establishment neoconservador, ha comenzado a bombardear a la administración de Obama para que rompa relaciones con Turquía. Esto ha incluido una petición tan descabellada, dado su arraigo en Turquía y viceversa, como el desalojo de Turquía de las estructuras de seguridad de la Otan. Es muy poco probable que las cosas vayan a ir tan lejos, pero un cambio de mentalidad por parte de la administración de Obama es probable.


 


Por lo tanto, es evidente que el gobierno de Erdogan no es apto, por su carácter, para una defensa a gran escala de los derechos palestinos. Pero incluso si el mismo Erdogan y sus co-pensadores estuvieran dispuestos a romper por completo con Israel y, por lo tanto, con Estados Unidos, la naturaleza del movimiento islamista en Turquía no les permitiría seguir adelante. En una movida de extrema importancia, Fethullah Gülen, el líder de la congregación religiosa que se ha aludido más arriba, habló con el Wall Street Journal días después del asalto israelí a la flotilla. Gülen condenó en bloque al proyecto de la Flotilla de la Libertad y defendió el derecho de Israel a decidir qué bienes se deben permitir entrar a Gaza. Llegó a criticar la actitud de "desafiar a la autoridad" por parte de los actores turcos en el drama (todo esto en un periódico controlado por enemigos jurados de la AKP en el "establishment" de Estados Unidos). Las declaraciones de Gülen cayeron como una ducha de agua fría para los islamistas de todo tipo en Turquía, y dan a entender claramente que aquel retirará su apoyo al AKP si Erdogan y sus co-pensadores llegan a optar por una ruptura con Israel y con Estados Unidos. Esto, con toda probabilidad, reduciría el AKP a una sombra de lo que fue.


 


Existe, por último, el hecho indiscutible de que una abrumadora mayoría de los gobiernos árabes con los que Erdogan está planeando trabajar en condiciones cada vez más cercanas, desde la dictadura secular egipcia de Hosni Mubarak (cómplice en el bloqueo de Gaza) hasta los fundamentalistas medievales de Arabia Saudita, durante décadas han permanecido sordos a la situación de los palestinos, simplemente porque son seguidores serviles de Estados Unidos, su gran benefactor. El gobierno del AKP es plenamente consciente de esta situación: uno de los ministros de Erdogan ha registrado en público que incluso el Papa Benedicto XVI mostró mayor sensibilidad frente al incidente del Mavi Marmara que muchos gobiernos árabes.


 


Solidaridad con Gaza y la izquierda


 


La conclusión que corresponde extraer es clara. Es el movimiento socialista internacional el que tiene la responsabilidad de construir un frente contra la opresión israelí a los palestinos, empezando por la lucha contra el bloqueo de Gaza. El asunto de la flotilla ha creado un momento muy adecuado para ello. Israel probablemente nunca ha estado tan aislada y tan severamente condenada entre las masas del mundo. Una cuestión es apelar al movimiento de la clase obrera internacional para fomentar la solidaridad con el pueblo palestino. El ejemplo del sindicato sueco de trabajadores portuarios, que se negó a cargar o descargar mercancías desde y hacia Israel durante un período de unos diez días después del incidente del Mavi Marmara, es una propuesta bienvenida. También lo son las numerosas campañas de boicot, desinversión y aplicación de sanciones que han sido respaldadas por los sindicatos en el Sudáfrica, Canadá, Francia, Gran Bretaña y otros lugares. Estas iniciativas deben multiplicarse y ser llevadas a cabo en forma sistemática.


 


El movimiento socialista debe también trabajar mano a mano con los movimientos de derechos democráticos y humanos para organizar un movimiento de solidaridad internacional más independiente y unitario, sin negarse a colaborar con los movimientos de caridad islámicos cuando se trata de emprendimientos del tipo de la Flotilla de la Libertad. No debemos olvidar ni dejar que nadie diluya el hecho de que la flotilla no era un asunto exclusivamente islámico y que había a bordo de los buques de la flota, incluyendo el Mavi Marmara, clérigos de otras religiones de Medio Oriente, representantes seculares de los movimientos democráticos y, sobre todo, socialistas y revolucionarios de todo el mundo.


 


La solidaridad internacional tiene que continuar hasta que la brutal opresión del pueblo palestino llegue a su fin. El movimiento por la emancipación de los palestinos tendrá que recuperar de las cenizas de la historia la cuestión de un Estado democrático y laico en el territorio histórico de Palestina. Un resurgimiento del internacionalismo para el movimiento de izquierda de la región también traerá a la orden del día la visión de una Federación Socialista del Medio Oriente, que requiere de una lucha para construir las fuerzas políticas necesarias para tal proyecto. Este es el contexto capaz de conducir a la emancipación de la población kurda del yugo de un siglo de Turquía, Irak, Irán y Siria. En este momento político, en Turquía y en Medio Oriente, estas luchas se están interconectando más que nunca con el destino de la izquierda internacional y sus propias perspectivas de avance político.


 


 


Sungur Savran es editor del periódico Sici Mücadelesi (Lucha de los Trabajadores) en Estambul, Turquía.


 

La crisis nuclear y el acuerdo Irán-Brasil-Turquía


A mediados de mayo, Irán, Brasil y Turquía firmaron un acuerdo de intercambio de combustible nuclear, por el cual Irán enviaría uranio (1.200 kilos) bajamente enriquecido (3,5%) a Turquía, recibiéndolo de vuelta enriquecido a 20% (o sea, adecuado para uso medicinal y científico, pero no para construir armas nucleares). El gobierno de Brasil (Lula) ofició de intermediario del acuerdo, lo que fue entendido como una manifestación contundente de su carácter de "potencia emergente del siglo XXI", o como parte de una victoriosa estrategia antiimperialista global, que marcaría también el inicio de una "geopolítica multipolar", en la que, por primera vez "actores medios tienen acción en temas estratégicos". Fareed Zakaria, que a pesar de su nombre es un celebrado chupamedias del imperialismo yanqui, se preguntó "¿Este es el futuro?", en la tapa del Newsweek ilustrada con una foto de Lula, Ahmadinejad y Erdogan en (conjunta) actitud victoriosa. La derecha brasileña, a su vez, busca criticar la política externa de Lula como caballito de batalla en la campaña electoral presidencial, señalando el carácter represivo del gobierno iraní (a cuyo refuerzo concurriría el acuerdo nuclear con Brasil), el "aislamiento brasileño" (de Estados Unidos), pero haciendo, claro, mutis por el foro respecto del genocidio palestino por parte de Israel, o sobre el masacre afgana por parte de Estados Unidos.


 


Turquía-Israel


 


La aproximación de Turquía a Irán, a su vez, pondría fin a un distanciamiento originado en la "revolución islámica" de 1979 (Turquía apoyaba a la dictadura proimperialista del Sha Reza Pahlevi), agravado durante la guerra civil yugoslava (en especial por el apoyo turco a Bosnia) en la década de '90, y pondría fin a la alianza turco-israelí, con consecuencias estratégicas para el Estado sionista, para el cual el régimen turco era, desde hace una década, su aliado principal en Medio Oriente. Los turcos eran los musulmanes "buenos", integrados a la Otan (siempre hubo soldados turcos al lado de soldados norteamericanos en las guerras de Estados Unidos y mantenían buenas relaciones con Israel).


 


A finales de mayo, como es sabido, un convoy marítimo de bandera turca, que transportaba activistas y ayuda material de sobrevivencia a la población palestina de Gaza, fue salvajemente atacado por Israel, que torturó a los tripulantes del buque insignia Marmara Mavi y asesinó una decena de ellos, principalmente turcos, del IHH (Insan Hak ve Hürriyetleri ve Insani Yardim Vakfi – Fundación para los Derechos Humanos, las Libertades y la Ayuda Humanitaria). En el convoy viajaban personalidades de Europa, Estados Unidos y Asia -incluida una sobreviviente del holocausto del nazismo (la presencia de esta mujer era la expresión del distanciamiento de miles de judíos del mundo entero con un Estado que pretende justificar su existencia, justamente, en la necesidad de una protección estatal contra el antisemitismo). La calificación de crimen de Estado para lo ocurrido es rigurosamente exacta. Turquía criticó duramente el hecho de que el gobierno de Obama no condenase el ataque israelí, ni apoyara una investigación independiente (el gobierno turco fue el único que condenó como "terrorismo de Estado" la acción israelí). Egipto anunció que abriría, por tiempo indeterminado, su frontera con Gaza.


 


Para los palestinos, en especial para el Hamas islámico (que gobierna Gaza), Turquía pasó a ser considerado el aliado principal en la lucha contra el colonialismo sionista. E Irán seria el eje de la constitución de un bloque político en Medio Oriente, con Siria, el Hezbollah libanés, Hamas, y ahora Turquía y


Qatar (que, todavía en febrero pasado, junto a Kuwait, Emiratos Arabes y Bahrein, aceptó albergar misiles norteamericanos Patriot apuntando hacia Irán) contra Israel y los países proimperialistas de la región (Egipto y Arabia Saudita). Periodistas, con aires de "cultura" de solapa libresca, explicaron, en su momento, la alianza turco-israelí por el común racismo anti-árabe de ambos países; ahora buscan explicar el viraje turco anti-Israel como una tentativa de reconstituir, en nuevas condiciones, el Imperio Otomano…


 


En los últimos cinco años, Turquía buscó adherir a la Unión Europea, bajo críticas de los Estados Unidos, y ahora también, explícitamente, de los gobiernos de Sarkozy y Merkel. El país es gobernado por la más organizada clase capitalista del Medio Oriente musulmán. Tiene la capacidad de producción industrial más importante de la región, aumentó sus exportaciones de cerca de 30 mil millones de dólares, en 2000, a 130 mil millones, en 2008. El 90% de sus exportaciones son bienes industriales (en especial de la industria automotriz). Diversas multinacionales han hecho del país su cabeza de playa para Europa Oriental, Medio Oriente y el norte de África. Pretende ahora transformarse en un centro financiero y de arbitraje de negocios para todo el mundo árabe, el Cáucaso, Asia Central y los Balcanes. Tiene, además, el segundo mayor ejército de la Otan (después de los Estados Unidos), lo que la pone entre las tres mayores potencias militares de Eurasia, junto con Rusia e Israel. Posee armas nucleares en su territorio, pertenecientes a Estados Unidos, que las colocó en Turquía durante a la "guerra fría" como medio de presión sobre Unión Soviética.


 


La aproximación con Palestina y el deterioro de las relaciones Turquía-Israel no son cosa nueva. Desde que Hamas fue electo para dirigir el Consejo Legislativo Palestino (después aislado en Gaza), el gobierno del AKP turco siguió una política de aproximación: invitó autoridades del Hamas para conversaciones en Ancara en 2006, iniciativa criticada severamente por Israel y Estados Unidos. Cuando Israel atacó Gaza en diciembre de 2008, el gobierno turco criticó el ataque sionista violentamente. En el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, el primer ministro turco Tayyip Erdogan atacó violentamente al presidente israelí, Shimon Peres. Los ejercicios militares conjuntos fueron suspendidos. El ataque al Mavi Marmara fue el episodio más reciente de la larga agonía de la "amistad" turco-israelí. Ni que decir tiene que, frente a los kurdos de su país, el gobierno turco sigue una política que poco difiere del tratamiento reservado por Israel para los palestinos.


 


Acuerdo y sanciones


 


El acuerdo nuclear fue presentado como un "frente antiimperialista" Irán-Brasil-Turquía, producto de la discusión de sus tres mandatarios en Teherán. Sin embargo, el acuerdo nuclear de mayo fue precedido, en abril, por un viaje a Irán del ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorim, en el cual éste presionó al gobierno iraní para que dé "garantías a la comunidad internacional de que su programa nuclear no tiene fines militares", para lo que debería "eliminar sus ambigüedades", o sea que el gobierno brasileño asumió la función de intermediario de la presión de las potencias imperialistas sobre Irán. La modalidad del acuerdo nuclear "antiimperialista", por eso, está lejos de ser nueva. En 2009, tras las presiones diplomáticas del "sexteto" imperialista (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Alemania y China), Irán accedió al inicio de inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea) del nuevo centro nuclear de Qom.


 


Irán, Estados Unidos, Francia y Rusia se habían reunido a partir del 19 de octubre de 2009, en Viena, para debatir las posibilidades de enriquecer el uranio iraní en un tercer país: un responsable estadounidense declaró en ese momento que "podría alcanzarse un acuerdo para que Teherán enriquezca su uranio hasta el 20 por ciento en Rusia, antes que el Estado francés lo transforme en combustible para el reactor iraní, siempre bajo control de la Aiea". El acuerdo permitirá un mejor control del stock de uranio enriquecido de Irán, cuyo programa nuclear ya ha sido sometido a cuatro mil horas de "inspecciones internacionales". Para calmar el frente interno, el director de la Organización de Energía Atómica de Irán, Ali Akbar Salehi, declaró categóricamente que "no hay relación entre el acuerdo de intercambio y nuestras actividades de enriquecimiento". Si Irán cumpliera el acuerdo se debilitaría política y militarmente. Si no lo hace, dará más crédito a la tesis de Hillary Clinton de que la ofensiva militar contra el país es la única vía para evitar que Irán se transforme en país "atómico". El acuerdo es una trampa.


 


Después del tour oriental de Lula, se reveló el contenido de una carta que, poco antes, Obama enviara al brasileño, instándolo a proponer un acuerdo nuclear en ese molde al gobierno iraní, para "retomar el proceso diplomático constructivo" con Irán. Que el acuerdo saliera, pero fuera del marco institucional definido por los Estados Unidos (o sea, como acuerdo de tres "periféricos", y no en el marco del "grupo de Viena" (o G5 +1, como es llamado) o de las negociaciones Irán-Estados Unidos, no el contenido del acuerdo, fue lo que puso fuera de sí a la Secretaria de Estado Hillary Clinton (que también representa al lobby sionista del Partido Demócrata, con su expresión en el Congreso, en el Comité Israelí-Americano de Asuntos Públicos). Para Clinton, el acuerdo "mina la capacidad de la comunidad internacional de presentar un frente unido contra Irán" (previamente, había metido la pata hasta el cuadril, declarando que el acuerdo no saldría).


Celso Amorim afirmó que "el acuerdo es el que Estados Unidos propuso". El propio gobierno iraní vio el acuerdo como una posibilidad de evitar una nueva rueda de sanciones internacionales, lo que resultó exactamente en lo contrario.


 


Porque inmediatamente después del acuerdo Irán-Brasil- Turquía, el gobierno de Obama envió una propuesta, a la ONU (Consejo de Seguridad) de nuevas sanciones a Irán, por su programa nuclear. Hillary Clinton declaró: "No creemos que fue por casualidad que Irán concordó con ese acuerdo -justamente cuando nos estamos preparando para avanzar (contra Irán) en Nueva York- cediendo ante el esfuerzo de las potencias para aprobar nuevas sanciones". Las sanciones propuestas por los Estados Unidos acabaron aprobadas (resolución N° 1929, Consejo de Seguridad de la ONU), con el voto contrario de Turquía y Brasil, y la abstención del Líbano: por primera vez, un "paquete anti-iraní" no fue aprobado por unanimidad del organismo, de quince miembros. El embajador de Israel en Estados Unidos, Michael Oren, dijo que la resolución "puede servir como plataforma de lanzamiento para sanciones de largo alcance contra Irán por parte de Estados Unidos y naciones de mentalidad similar" (!).


 


La Unión Europea también aprobó sanciones, que configuran un vasto enmarañado de medidas y resoluciones (comerciales, diplomáticas y militares) contra empresas, instituciones y el gobierno de Irán, por parte de Estados Unidos, la Unión Europea y la ONU, o sea, el imperialismo capitalista en pleno, que hasta el momento Irán consiguió eludir en parte. Con las nuevas sanciones, se está articulando el bloqueo de sus inversiones externas, su derecho a la navegación en aguas internacionales y la compra de casi cualquier tipo de armas (ocho nuevas categorías de armas han sido agregadas al actual boqueo comercial). La resolución prohíbe a los miembros de la ONU vender armas convencionales a Irán, exige un mayor control de las operaciones bancarias de ese país en el exterior y agrega más empresas e individuos de esa nacionalidad a una "lista negra". También autoriza a los países a detener e inspeccionar barcos que les resulten sospechosos de transportar carga vinculada al programa nuclear iraní. Amos Harel y Avi Issacharoff escribieron en el periódico israelí Haaretz: "tanto Israel como Estados Unidos se dan cuenta de que las nuevas sanciones no harán que Irán se arrodille. La clave para lograr eso son sanciones complementarias que, a diferencia de las recién aprobadas por la ONU, puedan resultar paralizantes para la economía iraní, y especialmente para la Guardia Revolucionaria de Irán".


 


El conflicto con Irán


 


En 2007, Estados Unidos clasificó a la Guardia Revolucionaria de Irán como grupo terrorista. Por primera vez en la historia, una institución militar oficial de un país soberano fue considerada terrorista por Estados Unidos. La Guardia iraní está compuesta por más de 120 mil soldados, anexa al Ministerio de Defensa desde 1989, pero obedece directamente al líder supremo del país, el ayatolá Ali Kamenei, y existe como fuerza separada del Ejército. La clasificación yanqui permite, por ejemplo, el congelamiento de bienes y fondos controlados por miembros de la institución en bancos de Estados Unidos. La Guardia controla un tercio de la economía iraní, como responsable por contratos de construcción civil y de las operaciones del aeropuerto internacional de Teherán. Hasta el Brasil del amigazo Lula ("my man", Obama dixit) llegó a ser amenazado por sus ventas de etanol (alcohol combustible) a Irán. Rusia, por su lado, no suspendió sus ventas nucleares a Irán.


 


Irán había llegado a amenazar en cancelar el acuerdo con Brasil y Turquía, en caso de nuevas sanciones, lo que no sucedió. Internacionalmente, la energía nuclear viene ganando terreno como alternativa al consumo de derivados de petróleo y su consecuencia, el "efecto invernadero" (están en construcción 53 centrales nucleares, encomendadas otras 135, y 295 planeadas hasta el año 2030). Irán, en virtud del múltiple bloqueo comercial de que ha sido objeto, desarrolló un programa nuclear bastante vasto, con fines medicinales y de consumo interno de energía (a pesar de ser uno de los principales exportadores de petróleo, Irán tiene, en función de su atraso industrial y tecnológico, problemas de abastecimiento energético interno). Bloquear el programa nuclear iraní (so pretexto de evitar la construcción de bombas nucleares) significa apretar la tuerca de la dependencia y el estrangulamiento económico del país, un objetivo central del imperialismo yanqui en el Golfo Pérsico, que toma como excusa la "defensa de Israel" (y el supuesto antisemitismo del régimen iraní). El nacionalismo iraní tiene, sin embargo, fuertes bases en la clase dominante local, y también en toda la población del país.


 


Según Afshin Rattansi, en Counterpunch, "el programa nuclear satisface a todos los grupos, excepto a unos pocos intelectuales que hablan de energía solar. Provoca agua en la boca de los corruptos más ricos, que anticipan la perspectiva de nadar en lucros todavía mayores de la exportación de petróleo. Las usinas nucleares suministrarían energía para uso local y doméstico; sobraría petróleo para ser exportado y generar dólares fuera de Irán. En cuanto al resto de la sociedad civil, la energía nuclear es motivo de orgullo nacional y abre el camino para crear algún tipo de arma nuclear, que sería útil cuando Israel y sus ojivas atómicas se transformasen de amenaza en ataque". La defensa del programa nuclear unificó todas las corrientes del alto clero chiita, "moderados" o "radicales", del ex-presidente Ali Rafsanjani al líder máximo espiritual (y por la jerarquía islámica más importante que el presidente), Ali Kamenei.


 


El primer reactor nuclear del país, construido y alimentado de combustible por Rusia, debería ahora entrar en servicio: en Natanz (centro del país) 5.000 centrifugadoras ya han permitido acumular más de 1,3 toneladas de uranio débilmente enriquecido (LEU, low enrichment uranium, del que Irán fabrica 80 kilos mensuales), una cantidad suficiente para alimentar eventuales centrales nucleares. Rusia vendió a Irán misiles tierra- aire, instalados sobre bases móviles alrededor de las bases nucleares. El centro de investigación nuclear de Teherán, irónicamente, fue construido con financiamiento y tecnología norteamericanos, en la década del '60, en tiempos de la dictadura del Sha (aliado de los Estados Unidos)…


 


Pero nada de esto permite construir una bomba atómica, y los propios expertos norteamericanos admiten que Irán se encuentra muy lejos de esa posibilidad (un informe de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos concluyó que las tentativas -atolondradas- de construir una bomba atómica iraní, fueron abandonadas en 2003). El lanzamiento iraní de un misil de largo alcance, el 28 de septiembre de 2009, día del Yom Kippur judío, fue menos una "amenaza a Israel" (como lo presentó la prensa burguesa mundial) y mucho más un expediente en busca de reconstituir el "consenso interno", en un momento de grave crisis del régimen clerical chiíta. Bien antes, el egipcio Mohamed El Baradei, como director-general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), consideró resuelto el contencioso nuclear con Irán.


 


Las acusaciones anti-iraníes eran casi kafkianas: el país debería demostrar que no desarrollaba tecnología que "podría" ser usada, en el futuro, para producir armas atómicas. La misma AIEA adoptó una actitud enteramente diferente con relación a Egipto y Corea del Sur: sus experiencias nucleares secretas fueron descubiertas por la agencia, que se contentó con una reprensión. Estados Unidos y la Unión Europea, conjuntamente, no avalaron el acuerdo entre Irán y la AIEA, lo que abrió una crisis y la salida de su director, Mohammed El Baradei, que se sumó recientemente a la oposición contra el gobierno pro-yanqui de Hosni Mubarak, en un Egipto marcado por el renacimiento de una importante movilización obrera y popular: el Medio Oriente es un polvorín, del cual la crisis con Irán es un aspecto.


 


Los acuerdos de 2009 entre delegados norteamericanos e iraníes preveían que el uranio fuese encaminado y enriquecido en Rusia, conservando Irán su propiedad, pero fuera de su alcance inmediato. China (que llegó a amenazar con vetar las sanciones anti-iraníes en la ONU) defendió el "diálogo con Irán", de cuyo petróleo es dependiente, aunque votó a favor de las sanciones (lo que fue premiado con la decisión de Obama de vender nuevas partidas de armamentos a Taiwán por 6.400 millones de dólares, un proyecto del gobierno de Bush). El Congreso de Estados Unidos pasó a discutir, en el mejor estilo bushiano, "sanciones unilaterales" a Irán, y a criticar el ingreso de Turquía a la Unión Europea. El envío de un representante yanqui (Richard Holbrooke) a Pakistán, cuyo gobierno es aliado de los Estados Unidos en Asia Central, no impidió el acuerdo Pakistán-Irán para la compra de gas iraní. Egipto, otro gran aliado de los Estados Unidos, propuso una conferencia internacional para declarar a Medio Oriente "zona libre de armas nucleares", lo que motivó una corrida diplomática del gobierno yanqui.


El alcance internacional de la crisis se midió con la firma, en inicios de julio, del acuerdo Estados Unidos-Polonia para instalar un escudo anti-balístico yanqui en Europa Oriental, bajo pretexto de "vigilar a Irán", pero claramente dirigido contra Rusia.


 


Chantaje nuclear


 


El "escudo" en Europa Oriental había sido denunciado por el gobierno de Putin como "una amenaza estratégica para la seguridad y la integridad del territorio ruso". La derecha republicana acusaba a Obama de capitular ante los rusos, frente a la decisión inicial del presidente demócrata de abandonar el "escudo". Obama envió al presidente ruso Medvedev una carta secreta sugiriendo que Estados Unidos podría renunciar al escudo en Europa Oriental si Moscú ayudaba a frenar el desarrollo en Irán de armas de largo alcance. La principal preocupación de Obama es el tratado de colaboración militar y nuclear que Rusia mantiene con Irán.


Como parte de ese tratado, Rusia se ha comprometido a proveer a Irán el sistema de defensa S-300, uno de los más avanzados y sofisticados del mundo, con gran alcances (200 kilómetros) y muchas capacidades: puede rastrear más de cien blancos simultáneamente, y golpear a doce al mismo tiempo.


 


Por su velocidad y vuelo a baja altura, los misiles rusos no son detectables por los radares de sus blancos. Pero esos misiles y radares todavía no han sido entregados a Irán. Las "concesiones" de Obama a Moscú apuntaban a que Putin- Medvedev renunciasen al tratado con Irán y no entregasen el sistema de defensa prometido: con los misiles en su poder, Irán tendría la capacidad de convertir un ataque norteamericano en una pesadilla (para Estados Unidos). Un analista norteamericano advirtió que, como consecuencia de las características del Golfo Pérsico, de sus costas y, sobre todo, del poderío de los misiles rusos, en caso de un contraataque iraní, "el Golfo se volvería rojo de sangre norteamericana".


 


La inauguración, el 6 de enero pasado, del gasoducto Dauletabad-Sarakhs-Khangiran, ligando el nordeste de Irán con Turkmenistán, afecta la estrategia global de los Estados Unidos. Turkmenistán posee la cuarta reserva de gas del mundo; ese gasoducto, de 183 kilómetros, y con capacidad de transportar anualmente 20 mil millones de metros cúbicos de gas, es de fundamental importancia para el abastecimiento da China, permitiendo que Irán destine sus exportaciones a otros mercados. Rusia e Irán controlan el 20 y el 47% de las reservas mundiales de gas del mundo, respectivamente. Compiten en el mercado mundial, e Irán quiere contener la presencia rusa en el Mar Caspio.


 


Obama apuntó a ganar a Rusia contra Irán. Ahmadinejad denunció al presidente ruso, Dimitri Medvedev, acusándolo de "sentarse junto a aquellos que fueron nuestros enemigos durante 30 años". Pero las reivindicaciones de la camarilla que gobierna Moscú son mucho más amplias que la anulación de la instalación de un sistema anti-misiles. Estados Unidos tiene la pretensión de ampliar la Otan para incluir a Ucrania y Georgia, a las que las camarillas moscovitas consideran como una esfera propia de influencia. Dado que su apoyo militar y político a Irán es la carta más fuerte de negociación del gobierno ruso, se considera improbable que se sume al bloque contra Irán si no obtiene "concesiones estratégicas norteamericanas" en Europa Oriental y Asia Central.


 


Israel no podría bombardear Irán sin la colaboración activa de los norteamericanos: los aviones israelíes deberían cruzar el espacio aéreo iraquí, y Estados Unidos es el único fabricante de las armas requeridas para bombardear las instalaciones iraníes (y el único que puede protegerlo en caso de contraataque). La diferencia, esta vez, sería que el bombardeo no aparecería como una jugada unilateral, "salvaje", de Israel sino como el resultado de un proceso político y diplomático internacional, con sucesivos actos y fases establecidas de antemano, que incluyen el reclamo de que la camarilla moscovita se sume al bloque contra Irán. Obama pretende dejar a Irán indefenso para tornar exitosa una extorsión de ataque (incluso nuclear) sionista contra su territorio.


 


Irán anunció la suspensión de sus negociaciones nucleares con las "potencias" hasta setiembre. Hasta el momento, el régimen iraní actuó en la certeza de que Estados Unidos no atacaría, y limitaría cualquier acción individual de Israel (incluido el delirante proyecto, descartado, de bombardear la central nuclear de Natanz… con aviones comerciales; o usando armas nucleares tácticas llamadas de "bunker-busters") pues un bloqueo del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, por el que pasa un tercio del tráfico energético mundial, tendría consecuencias imprevisibles. Pero tanto Irán como Corea del Norte siguieron bajo amenaza: el secretario de Defensa de Obama, Robert Gates, dijo el 6 de abril pasado, durante la presentación de la "nueva estrategia nuclear estadounidense", que si ambos países "no van a cumplir con las reglas del TNP (Tratado de No Proliferación de armas nucleares) y van a convertirse en proliferadores nucleares, todas las opciones están sobre la mesa", repitiendo a Hillary Clinton que, a su vez, repitió a Bush, del cual Gates también era secretario de Estado.


 


El cinismo de la "no proliferación" no es ningún secreto, ya vastamente denunciado, en un mundo con 25.000 armas atómicas (96% en manos de los Estados Unidos y Rusia), y donde la única potencia nuclear medio-oriental es Israel (no firmante del TNP, junto con Pakistán e India, Irán sí lo es) con estimadas 200 cabezas nucleares, las primeras tres producidas en 1968 (en 1975, por intermedio de su actual presidente Shimon Peres, Israel negoció un proyecto militar-nuclear conjunto con el todavía firme régimen del apartheid de África del Sur, en que éste entraría con el financiamiento y la materia prima -uranio- abundante en el país africano). La Comisión para el Desarme de la ONU, creada en 1946, jamás fue otra cosa que un simple e inocuo foro de debates.


 


El TNP no es sólo un "tratado asimétrico", como afirman analistas académicos, sino un instrumento de dominio global del imperialismo, que reserva la producción y posesión de armas nucleares a los cinco países del "club atómico" (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China), instrumento concebido en su momento con el apoyo de la burocracia pseudo-comunista rusa (y también china) como un arma suprema de chantaje diplomático-militar contra todas las naciones oprimidas del planeta. Su "revisión" ha sido concebida como una reformulación (reforzada) de sus bases fundamentales, en condiciones de su completa crisis (debido a la proliferación -debida inclusive a la disolución de la ex URSS- de países y hasta de mini-países dotados de armas nucleares), siendo una maniobra enteramente reaccionaria en la que han quedado comprometidos los regímenes de los países oprimidos (Brasil e Irán incluidos).


 


Opción militar y opción política


 


Desde el 20 de junio naves militares norteamericanas, incluido el portaaviones Harry S. Truman, escoltado por uno o más submarinos nucleares y otros buques de guerra, y junto a buques militares israelís, navegan por el Canal de Suez-Mar Rojo-Golfo Pérsico para vigilar cuanta embarcación parta de, o llegue a, Irán. "Un ex jefe de inteligencia israelí pidió un ataque preventivo contra Irán", confirmó The Christian Science Monitor, el 22 de junio pasado. En los Estados Unidos del super-presupuesto militar de Obama se ha acelerado la construcción de la súper-bomba MOP (Massive Ordenance Perpetrator), "capaz de golpear objetivos subterráneos profundos en ambientes de alta amenaza", a pedido del Comando del Pacífico (que tiene bajo su responsabilidad a Corea del Norte) y del Comando Central (que tiene bajo su responsabilidad a Irán) -pedido que fue aprobado por el Congreso, que adjudicó a la McDonnel Douglas un contrato de 52 mil millones de dólares para implantar la bomba en bombarderos Sthealter B-2, considerado el arma ideal para atacar instalaciones nucleares profundas (como las de Natanz o Qom, en Irán).


 


Estas grandes maniobras militares se complementan con los métodos artesanales, como el financiamiento anglo-norte- americano a la "guerrilla" suní Jundollah (Soldados de Dios), que en octubre pasado realizó un atentado terrorista en Teherán, con 42 muertes. Su líder, Abdel Malik Regi, es descripto como "en parte traficante, en parte talibán, en parte activista suní". Establecido atrás de la frontera con Pakistán, el Jundollah promueve atentados en la región norte de Irán, Baluchistán, matando soldados iraníes y civiles, y es formado por miembros de la etnia baluche. El Mossad israelí ofrece equipo y entrenamiento militar al grupo kurdo-iraní Pejak (Partido de la Vida Libre del Kurdistán), ligado al PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán, Partiya Karkeren Kurdistan) de Turquía, rotulado por Washington y el gobierno turco como "organización terrorista"…


 


¿Significa esto que todas las fichas norteamericanas e israelíes están puestas en el enfrentamiento militar con Irán? Esto supondría que el imperialismo yanqui y su aliado sionista tuvieran "la sartén por el mango, y el mango también", lo que está muy lejos de la realidad, en el mundo, y en especial en Medio Oriente. La guerra sería el resultado del fracaso de las presiones diplomáticas (claro que acompañadas del chantaje militar). Como planteó un investigador del muy derechista Council of Foreign Relations de los Estados Unidos, "la idea de un Medio Oriente libre de armas nucleares sienta a los Estados Unidos e Irán en la misma mesa. Y claro que también cooperan en otros frentes: sus esfuerzos en Irak y Afganistán son paralelos, y también ambos luchan contra Al Qaeda" (el 'expert' llega a plantear que hasta podría abrirse un área de colaboración Israel-Irán, habida cuenta de los rotundos fracasos de la política exterior israelí en los años recientes, invasión del Líbano incluida). En la cuestión kurda, el gobierno iraní busca las bases de un acuerdo regional general y con los propios Estados Unidos (a costa del entierro de las aspiraciones nacionales del pueblo kurdo): Ahmadinejad declaró que defiende una solución pacífica para la crisis kurda, con la "necesidad de enfrentar las actividades terroristas del PKK. Irán también tiene una minoría kurda y sufre ataques rebeldes contra su territorio".


 


La declaración final de la Conferencia de Revisión del TNP, celebrada en mayo en Nueva York, cita (negativamente) a Israel (y no a Irán), y lleva la firma de ambos países (Estados Unidos e Irán) -lo que provocó la reacción histérica del régimen sionista. La política de alinear y presionar a los regímenes nacionalistas, inclusive los más extremos (apelando eventualmente a amenazas militares), usando las contradicciones de su política, ya esbozada por Bush, y determinada por la gravedad de la crisis económica y política mundial, continua siendo la nota dominante la política externa yanqui en el mundo semicolonial (o, como dicen dos columnistas del Financial Times, "Estados Unidos espera que las sanciones obliguen a Irán a negociar"). Por detrás de la diplomacia de Obama, se esboza la mayor "guerra contra el terror" fabricada por el imperialismo, ya esbozada como guerra contra el "terror atómico".


 


Ciertamente, como analizó José Luis Fiori, "la iniciativa diplomática de Brasil y Turquía no fue una "rebelión de la periferia", ni un desafío abierto al poder americano. En este momento, los dos países son miembros no-permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, y desde el inicio contaron con el apoyo y estímulo de sus cinco miembros permanentes. Además, la diplomacia brasileña y turca mantuvo contacto constante con los gobiernos de estos países durante todo el proceso de las negociaciones. Turquía pertenece a la Otan, y abriga en su territorio armas atómicas norteamericanas". Debería agregarse que el acuerdo de mayo, que está lejos de ser antiimperialista (al contrario, se sitúa dentro de las alternativas políticas barajadas por las potencias) y, menos todavía, susceptible de cerrar la crisis nuclear, es una evidencia de la crisis mundial de la política imperialista en su sector más sensible, el del aparato de dominación militar del planeta, y ha llegado a evidenciar una potencial ruptura del establishment norteamericano, esto es, la perspectiva de una crisis política explosiva en el propio centro del imperialismo capitalista.


 


Desde la guerra y la ocupación militar de Yugoslavia, el imperialismo mundial se metió en un pantano histórico cada vez más profundo, en Palestina, Irak, Afganistán, Haití, y hasta en el Cáucaso. No puede usar a fondo todos sus recursos militares potenciales, porque debería proceder a una militarización acentuada de sus Estados y de sus economías, además de quebrar derechos políticos y sociales que las masas consideran consagrados e inamovibles. Esta contradicción está debilitando a todos los gobiernos, imperialistas o no. El mundo del capital entra cada vez más en un período de guerras y, en consecuencia, de crisis políticas crecientes, y de grandes rupturas internacionales, que plantean la posibilidad de una amplia política antiimperialista por parte del movimiento obrero independiente y la izquierda revolucionaria.


 


 


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Bicentenario de la Revolución de Mayo


 

Marx sobre Bolívar

Un texto implacable y vigente


Pocos ensayos históricos han sido tan ocultados o descalificados como la breve, brevísima biografía de Simón Bolívar escrita por Carlos Marx en 1857 como parte de sus contribuciones a la New American Cyclopaedia (NAC), a pedido de Charles Dana, director del New York Daily Tribune. Pasaron nada menos que setenta y siete años para que fuera incluido en la edición en ruso de las obras de Marx y Engels de 1934, de donde lo tomó Aníbal Ponce(1) para publicarlo en el primer número de su revista Dialéctica, en marzo de 1936. Jamás los editores rusos explicaron las razones del ocultamiento del texto hasta ese momento, pero en 1959, en la segunda edición en ruso de las obras de Marx y Engels, se incluyó una violenta crítica de las posiciones sostenidas por Marx, signo de que el artículo expresaba una orientación contrapuesta a la fijada por el Kremlin para Latinoamérica. Allí se caracterizaba que la posición de Marx sobre la personalidad y trayectoria de Bolívar era "unilateral", algo que los editores consideraban inevitable desde el momento en que había utilizado fuentes de determinados autores "cuya parcialidad era entonces poco conocida", los que habrían llevado a Marx a una apreciación equivocada sobre "esa ambición de poder personal" que coloca en el líder de la lucha por la independencia(2).


 


El argumento sobre la parcialidad de las fuentes ha sido descartado sin mucho esfuerzo desde el momento que Marx, radicado en ese tiempo en Londres, utilizó las enciclopedias más completas y actualizadas de su época y que, además, las opiniones vertidas en estas fuentes eran invariable y abiertamente favorables a Bolívar(3). Una de sus fuentes, fuera de éstas, fueron las Memorias del General Miller, universalmente aceptadas como fuente de información fidedigna y, por otra parte, también favorable a Bolívar. Es decir que la apreciación de Marx sobre Bolívar no es el resultado de una información errónea o "unilateral", sino el producto de una caracterización política meditada en contra de lo que le inducían sus propias fuentes y que Marx, a posteriori, jamás cuestionó.


 


Los hacedores de la "historia oficial" del Kremlin tienen dos conductas frente al texto de Marx. Una, reivindicatoria, que es la que reproduce el propio Aníbal Ponce en su presentación del texto en 1936, caracterizando que "terrateniente, hacendado, propietario de minas y de esclavos, Bolívar no sólo interpretó los intereses de su clase, sino que los defendió contra la pequeña burguesía liberal y las todavía inconscientes masas populares", repudiando la pretensión de asignar al pensamiento y la acción de Bolívar "un sentido emancipador antiimperialista"(4). La otra, en sintonía con el apareamiento del estalinismo con los movimientos nacionalistas burgueses de América Latina, en 1959, plantea que "tuvo éxito en integrar a esta lucha (de la independencia) los elementos patrióticos de los criollos terratenientes… la burguesía y la masa del pueblo, incluidos los indios y los negros"(5). El texto de Marx sobre Bolívar va a formar parte de ediciones sucesivas de "La revolución española" hasta el año 1974, cuando la Editorial Progreso de Moscú, tan subrepticiamente como lo había incluido en su momento, dejó de publicarlo.


 


La oposición al texto de Marx tiene un protagonista furioso en la llamada izquierda nacional. Para Jorge Abelardo Ramos, el padre reconocido de esta corriente histórica y política, el ensayo es "un trabajo dictado por la necesidad de sobrevivir" y en el cual "(los) infortunados juicios de Marx sobre Bolívar estaban sin duda influidos por la tradición antiespañola prevaleciente en Inglaterra, donde vivía Marx, y por el común desprecio europeo hacia el Nuevo Mundo"(6). El infortunio está en el campo del impugnador. En el mismo período, Marx escribe sus textos sobre la revolución desencadenada en España (1854), a la que dedica una atención particular porque "no hay otra cosa en Europa, ni siquiera en Turquía, ni la guerra en Rusia,(7) que ofrezca al observador reflexivo un interés tan profundo como España en el presente momento"(8). En esta elaboración, va a desentrañar el proceso abierto en España en 1808 a partir de la invasión de las tropas napoleónicas y distinguir entre la envoltura religiosa y nacional del alzamiento y la tendencia profunda hacia las reformas sociales y políticas planteadas a partir de la constitución de las juntas. Va a identificar la existencia de la revolución, episodio clave en los procesos de la independencia americana, e identificar cada una de sus secuencias. Es decir, Marx, al escribir sobre Bolívar, no abordaba un tema inédito y sólo para sobrevivir.


 


El escenario


 


En ningún otro escenario de las guerras por la independencia, si se exceptúa a Haití, la lucha de clases alcanzó la virulencia y profundidad de las libradas en el norte de la América hispana. En la última mitad del siglo XVIII, la limitada liberalización del monopolio español que significó la reforma de los Borbones (ver EDM N° 37, abril 2010) abrió las puertas a un vínculo temprano de Venezuela con el mercado mundial. La libertad económica creciente desenvolvió en forma vertiginosa la producción de cacao y, en menor escala, la del tabaco y el algodón. A partir de 1760, con precios internacionales en aumento, Venezuela se convirtió en el mayor exportador de cacao. El aumento de la producción y de la exportación provocó un cambio social que dislocó el conjunto de relaciones sociales. Los latifundistas compraron más tierras y títulos de nobleza, los comerciantes expandieron su actividad en todo el país y hasta una capa de artesanos pardos pudo comprar "privilegios" para salir de su ostracismo social. Al mismo tiempo, las diferencias con el escalón social más sumergido -esclavos, libertos, zambos, mulatos- se hicieron más ostensibles que nunca. El desarrollo de las contradicciones que se fueron acumulando en la base de la sociedad colonial constituyó el enorme caldo de cultivo de todo el proceso de guerra social que se desenvolvió, a ese nivel y en este escenario, con rasgos de excepción.


 


En el último cuarto del siglo XVIII, la Corona dispuso el ingreso de negros esclavos y profundizó la libertad de comercio, lo que consolidó aún más una clase criolla aristocrática, latifundista y esclavista. Poseedores de grandes extensiones por mercedes de la colonización y por haber sido encomenderos, sus tierras se valorizaron cuando hubo esclavos para explotarlas y mercado exterior para sus frutos. Esta clase social era conocida por el pueblo como los mantuanos (por los largos mantos que utilizaban sus mujeres) y eran, hacia fines del siglo XVII, los dueños de la mayor fuente de riqueza de la provincia y dominadores incuestionables de la vida política de Caracas, a través de las posiciones que ocupaban en el Cabildo. Mucho antes de 1811 (cuando se produce el primer episodio de la independencia), la nobleza criolla de Caracas se propone la independencia de la provincia, en particular cuando a raíz de la guerra entre España y Gran Bretaña (1779) los Borbones planteó una feroz política de exacción de las colonias.


 


Hacia 1800, dentro de la precariedad de los datos, la población de Venezuela "puede aproximarse a un millón de personas, entre las que más de las tres cuartas partes son indios, negros, zambos, mestizos y mulatos, llegando a 200.000 los criollos descendientes de españoles, a poco más de 10.000 estos últimos. En cuanto a los esclavos, su número se calcula en 60.000. la mayor parte de ellos dedicada a trabajar la tierra por cuenta de sus amos"(9).


 


La unidad de la oligarquía criolla va a resentirse profundamente con la Revolución Francesa. La revolución en las colonias inglesas de Norte América (1776) no había producido efecto porque, hasta ese momento, no había alterado en profundidad la organización social -no había dispuesto la libertad de los esclavos ni afectado el latifundio. Pero la Revolución Francesa y sus efectos sobre Haití, donde la esclavitud es abolida en 1793, coloca a la oligarquía criolla en un impasse.


En 1796 se produce la rebelión negra de Coro, primer episodio de guerra social, apoyada por negros y pardos libres y ferozmente reprimida, efecto directo de la rebelión en Haití y de las ideas de la Revolución. El escenario político y social es aún más abigarrado desde el momento que los altos funcionarios en Venezuela proceden de medios liberales y son duramente cuestionados por los mantuanos por proteger a mulatos, pardos y "toda gente vil", como consta en un memorial al rey de 1796(10). En esta línea, van a impugnar fuertemente la política de la Corona que, por apremios financieros, va a permitir que un pardo (denominación genérica al nacido o descendiente de la unión de blanco y negro) compre a buen precio su "limpieza de sangre" y obtenga aun privilegios de hidalguía. En 1797, la oligarquía criolla va a hacer causa común con el rey para aplastar la conspiración de Gual y España, que tiene el papel protagónico de comerciantes y profesionales de Caracas y está claramente orientada a la independencia e influida por ideas liberales.


 


Este centro de la reacción política fue el protagonista exclusivo de la conspiración de abril de 1810, que va a dar lugar a la primera junta que desconoció a la Corona y al Congreso amañado que acordaría la independencia en julio de 1811. El cambio de gobierno suscitó una cadena de levantamientos en su contra, el más importante en Valencia, aplastado al costo de 800 muertos, enarbolando la bandera del viejo orden y contra la "guerra a muerte" desencadenada por la oligarquía criolla como expresión de impotencia frente a su creciente aislamiento social. Quien canalizó este proceso fue Domingo Monteverde que, a dos años de gobierno mantuano desembarcó, en 1812, en Venezuela con un puñado de hombres que se convirtió en ejército en pocos días por la incorporación de todas las capas oprimidas de la población y derrotó a las fuerzas de la oligarquía criolla dirigidas por Francisco de Miranda y Simón Bolívar. Para la gran masa, el gobierno de los mantuanos era el gobierno de sus enemigos más jurados y Monteverde, además, había autorizado el saqueo que legalizaba la ocupación y el ataque a las propiedades de la oligarquía. En noviembre de 1812, derrotados y perseguidos los mantuanos, se jura en Venezuela la nueva constitución de España, la constitución liberal de 1812, expresión de la revolución desencadenada en 1808 ante la invasión de los ejércitos napoleónicos. La Constitución de 1812, emblemática en España por sus reformas sociales y democráticas, tenía como uno de sus grandes objetivos, tal como lo apreció Marx, "conservar el dominio de las colonias españolas, introduciendo en la nueva legislación un sistema de representación unificada… Constituía casi el principio mas importante de la Constitución mencionada, el de no abandonar ninguna de las colonias pertenecientes a España, y los revolucionarios de hoy (1854) comparten la misma opinión"(11).


 


La guerra social en Venezuela va a significar una movilización excepcional de las capas oprimidas, en la que confluyen desde artesanos y comerciantes -Boves, el gran caudillo que va a relevar a Monteverde a la cabeza de la rebelión de los "llaneros", es un comerciante ambulante- hasta esclavos negros e indígenas, la cual derrota en forma sucesiva a los ejércitos de la independencia organizados por los mantuanos, pero no puede evolucionar por la crisis dramática de su dirección. La rebelión plantea la libertad de los esclavos y el rechazo a la confiscación a través de los tributos, pero se agota en el saqueo a la oligarquía criolla y, donde cuadre, a los propietarios españoles, sin ningún interés en la estructuración capitalista de la sociedad y en un programa de reorganización social. Esta encrucijada va a llevar a su agotamiento, precipitada por el advenimiento en España de Fernando VII, el ahogo de toda expresión liberal en la península y el envío de un ejército profesional (dirigido por Morillo) claramente "extranjero" y disociado de las clases en el país.


 


Luego de sucesivas derrotas, Bolívar logra, en 1816, estructurar una fuerza expedicionaria con el auxilio de Alejandro Petión, presidente en ese momento del Haití del Sur. En este regreso, proclamó el fin de la "guerra a muerte" y decretó la libertad de los esclavos, a condición de incorporarse al ejército libertador, un punto que convertiría en obsesivo. A esta altura, el dominio de la oligarquía mantuana había sido ferozmente golpeado por la guerra social y Bolívar se recuesta en la formación del ejército como instrumento político y de regimentación social. Toda su carrera política y militar está dominada por el temor a desencadenar una guerra de clases del nivel de la vivida por Venezuela en el período 1812/16 -a la que él llamará "guerra de colores" para confundir sobre su naturaleza, como si fuese sólo un enfrentamiento de razas- o en Haití. De los hechos de la vida de Bolívar, controvertidos aún por los más encarnizados "bolivarianos" existen tres -el fusilamiento de sus brillantes generales mestizos Piar y Padilla y la proclamación de la "guerra a muerte"- que obedecen a una política consciente contra la amenaza de una guerra de clases. Frente a esta perspectiva, va a plantear la lucha por la "independencia" como única bandera en oposición a la guerra de "colores"; es decir a la guerra social, y el gobierno "fuerte" y "vitalicio". Bolívar jamás formó parte del ala democrática y liberal que se desenvolvió en el proceso de la independencia y sus concesiones sociales fueron dictadas, en muchos casos, por la urgencia de la guerra y tuvieron un carácter insustancial o regresivo. La oligarquía en Venezuela, Colombia y Bolivia no hizo caso a la liberación de los esclavos y Bolívar dejó hacer. Los esclavos de Venezuela no alcanzaron la libertad hasta 1854, "cuando los terratenientes advirtieron que estos eran trabajadores costosos y poco eficientes y que era posible obtener una mano de obra más barata"(12) y lo mismo ocurrió en Colombia y Perú. Los indios fueron el sector más castigado por la independencia bolivariana, aunque aparentemente se beneficiaron con la eximición de los trabajos forzados y de los tributos, desde el momento que el tributo era pagado con los excedentes de la producción y la prueba de que la tierra era suya. La política de dividir las tierras comunales entre propietarios individuales, en teoría para beneficiar a los indios, destruyó el fondo de tierras comunitarias y terminó beneficiando a los terratenientes más poderosos. Todas las contradicciones acumuladas estallaron con el fin de la guerra contra España, desde el momento que "Bolívar había conseguido la independencia a la cabeza de un ejército de pardos, negros y antiguos esclavos, cada uno con expectativas para la posguerra" que nunca se cumplieron. De este laberinto trató de salir a través de un atajo: "la lógica de sus principios le llevó a concluir que cuando mayor era la desigualdad social, mayor era la necesidad de igualdad legal", es decir ficticia (ídem anterior).


 


Qué dice Marx sobre Bolívar


 


El texto de Marx tiene unos 37.000 espacios y constituye una descripción aguda, descarnada y veraz, en los límites de un trabajo para un diccionario enciclopédico, sobre la lucha de clases en Venezuela y Colombia en el período de la independencia y el papel político y militar de Bolívar. Marx va a consignar la traición de Bolívar a Francisco de Miranda, entregado a los españoles, quienes lo mantuvieron en prisión hasta su muerte -lo que valió a Bolívar su pasaporte a la libertad "como recompensa al servicio prestado al Rey de España" luego de la derrota de 1812- y el desarrollo de cada una de las campañas militares, señalando sus límites y el papel superlativo del elenco de oficiales del ejército libertador: Piar, Mariño, Rivas, Brión, Paéz, Sucre y de la Legión Inglesa. Va tener la virtud de destacar el papel del movimiento de lucha en los momentos más desgraciados de la gesta de la independencia -en 1818, en Angostura, cuando las defecciones se sucedían una tras otra, "Bolívar encontró a Santander, nativo de Nueva Granada, quien le pidió elementos para hacer una incursión en ese territorio, cuya población estaba lista para un levantamiento general".


 


Marx va a ser implacable con los rasgos autoritarios y bonapartistas de Bolívar. Señala el pedido de éste, en 1816, antes de la reanudación de la guerra, para "unificar en su persona el poder civil y militar" en oposición al deseo de otros líderes de la independencia, que preferían confiar el poder a una asamblea representativa. Destaca el papel del Congreso Nacional de 1819 como factor de creación de un nuevo ejército, contrastando el llamado de una institución representativa contra los métodos dictatoriales de Bolívar.


 


En la fase final de la guerra de la independencia, continúa Marx, "por medio de su guardia de corps colombiana, manejó los votos del Congreso de Lima que, el 10 de febrero de 1823, le transfirió la dictadura, mientras se aseguraba la reelección como presidente de Colombia con un nuevo intento de renuncia. Su posición se había fortalecido con el reconocimiento del nuevo Estado de parte de Inglaterra y con la conquista del Alto Perú por Sucre, país. en el que Bolívar dio rienda suelta a su propensión al poder arbitrario, instituyendo el 'Código Boliviano' (en realidad la Constitución de Bolívar), imitación del 'Código Napoleón'. Su plan era trasplantar ese Código al Perú y de allí a Colombia, manteniendo en sujeción a los dos primeros países por medio de las tropas colombianas y a Colombia por medio de la Legión Extranjera y de los soldados peruanos".


 


Marx consigna el fusilamiento del pardo Piar en 1817, uno de los jefes patriotas de mayor prestigio, desde el momento que "la conquista de Guayana por éste había cambiado por completo, a favor de los patriotas, la situación, pues ese sólo territorio suministraba más recursos que todas las otras provincias de Venezuela juntas", como luego la condena a muerte del también pardo General Padilla en 1828, "cuya culpabilidad (en una tentativa de asesinato) no se probó en modo alguno pero que, como era hombre de color, no podía hacer una seria resistencia". Para Bolívar, once años después, "la muerte del general Piar fue, de necesidad política y salvadora del país, porque sin ella iba a empezar la guerra de los hombres de color contra los blancos"(13), una confirmación atroz de las razones del asesinato.


 


Marx detalla la convocatoria al Congreso de Panamá de 1827, que tuvo "por objeto aparente establecer un nuevo código democrático internacional", pero en realidad "pretendía, que América del Sur entera se constituyera como una república federal, a la que (Bolívar) gobernaría como dictador". Marx no podía saber que Bolívar excluyó de esa convocatoria a Paraguay -que emprendía un desarrollo capitalista autónomo- y a las Provincias del Río de la Plata por el peso -son sus palabras- del "partido de la independencia".


 


El resto es un resumen de la descomposición política del armado de naciones concebido por Bolívar, su pérdida de poder y su muerte (1830).


 


El texto de Marx, transcurridos más de 150 años, ha superado con creces el paso del tiempo. "De todas las referencias enciclopédicas del período mencionado, solamente la de Marx está de acuerdo con la verdad histórica"(14).


 


Sobre las tendencias a la dictadura personal, advertidas por Marx, el primer pronunciamiento político importante de Bolívar fue el manifiesto de Cartagena en 1812. Allí plantea la necesidad de un gobierno "fuerte" profundamente centralizado.


 


El fundamento: "nuestros compatriotas aún no son capaces de ejercer sus derechos legales. El gobierno debe probar que es fuerte y despiadado sin hacer caso de la ley o de la constitución hasta tanto sea establecida la paz". En su Carta desde Jamaica, de 1815, va a insistir sobre la imposibilidad de otorgar derechos democráticos al pueblo: "Mientras nuestros conciudadanos no adquieran las aptitudes y virtudes que distinguen a nuestros hermanos del norte, un sistema democrático radical, lejos de beneficiarnos, traerá la ruina sobre nosotros. No poseemos, lamentablemente, esas características". En este punto, Bolívar va a concebir un senado hereditario, compuesto por las familias criollas de las clases más altas, junto a la cámara baja elegida por votación calificada (según los bienes que se poseyesen).


 


En el Congreso de Angostura, en 1819, Bolívar ataca la "democracia absoluta" y va a repudiar el Congreso de Cúcuta, en 1821, por haber adoptado una constitución de corte demasiado liberal. Plantea que el pueblo está en el ejército -lo que es falso dada su pequeñez- y que el resto debe tener como "único derecho" ser ciudadanos "pasivos", impugnando a quienes pretenden una república como la del norte.


 


Desde qué lugar


 


Los impugnadores del texto de Marx sobre Bolívar no se han detenido lo suficiente en un punto: Marx denuncia al caudillo de Venezuela por sus limitaciones en la lucha del movimiento de independencia nacional, pero no se coloca jamás como neutral o en duda sobre lo progresivo y legítimo de esta lucha. La crítica al bonapartismo o a la tendencia a la dictadura civil de Bolívar no es en sí misma, sino como instrumento de una política que debilita la lucha por la independencia. Marx contrapone el papel que juega en la movilización popular la instancia de un congreso representativo a las tendencias regresivas de una dictadura. Destaca el "nuevo entusiasmo del pueblo" por la independencia que revierte en "insatisfacción" a causa de la dictadura de Bolívar, permitiendo que se rearme la ofensiva española. Resalta la libertad de los negros esclavos como uno de los motores del ascenso de las fuerzas de la independencia, aunque -y en esto coincide con la mayoría de los historiadores- reconoce al presidente de Haití y no a Bolívar como padre de la iniciativa.


 


Cuando Marx analiza la experiencia de países como Inglaterra, Francia y Alemania (abocados a las tareas iniciales de la industrialización y bajo la dirección de clases explotadoras que están desenvolviendo un determinado papel histórico), acomete contra las formas opresivas de los gobiernos capitalistas de la revolución industrial. Denuncia al bonapartismo, que es la forma política bajo la cual la burguesía francesa ahoga la revolución y ejerce una limitada función modernizante después del Termidor.


 


En el caso de América Latina, las tendencias al bonapartismo no son el producto de un Termidor que viene a tratar de cerrar una experiencia revolucionaria (burguesa) de características históricas y consolidar, a la vez, el advenimiento de un nuevo régimen social. Son los rasgos del Termidor sin la revolución burguesa, la expresión de la regresión del proceso revolucionario abierto con la revolución en España (1808) y en las colonias (1809/1811), una regresión que es alentada por la política de las metrópolis de Europa y Norteamérica. Gran Bretaña -que es la potencia que con mayor audacia interviene frente a los movimientos de lucha de la independencia- va a desenvolver una estrategia basada en que la emancipación de la América Española puede ser un grave riesgo si se produce una afirmación del sistema republicano. Mas allá del pacto entre España e Inglaterra frente a la invasión de la Península Ibérica por Napoleón, la experiencia de la revolución en España va a acentuar las tendencias conservadoras: "Después de 1808, los estadistas británicos vieron con malos ojos los movimientos de rebelión en la América hispana".(15) Entre los años 1822 y 1826, la diplomacia británica -primero con Castlereagh, luego con Canning- se orienta a considerar, en palabras de éste último, que "la conservación de la monarquía en cualquier porción de la América del Sur tendería a evitar el impacto de ese inevitable divorcio por el cual el Nuevo Mundo está a punto de ser dividido del Viejo"(16). Esta política se combinó con la neutralidad de Estados Unidos, orientada a la coexistencia con España y la Santa Alianza(17).


 


El ángulo con el que Marx interviene en sus escritos sobre América Latina es la defensa de los procesos de independencia nacional, en el sentido de que las cuestiones nacionales no resueltas y la opresión nacional significan bloqueos al desarrollo de las fuerzas productivas y de la democracia -o sea al libre desarrollo de la lucha de clases. Dicho de otro modo, la cuestión nacional no reposa en la homogeneidad étnica de un Estado, sino en el desarrollo de las fuerzas productivas sobre la base histórica de la nación y, a través de ella, el desarrollo de la clase obrera y de la lucha de clases.


 


Marx desenvuelve el mismo punto de vista contenido en su ensayo sobre Bolívar en otro texto para la misma Enciclopedia sobre Ayacucho -escrito en colaboración con Engels- en el que describe esta batalla como un triunfo de las fuerzas revolucionarias por el que fue destruido "definitivamente" el imperio español, o en los artículos para el New York Tribune u otros periódicos contra la intervención francesa en México o en sus aportes sobre Cuba, Haití y América Central.


 


Las tendencias a la monarquía o a la dictadura civil son condenadas por Marx en la medida en que son una expresión de las limitaciones insalvables de las élites políticas y militares que dirigieron las guerras de la independencia y que se enfrentaron desde los primeros instantes con las corrientes que, aun limitadamente, plantearon una perspectiva de transformación social y republicana. Es lo contrario de lo que afirma Milcíades Peña: "en realidad, es absurdo condenar los proyectos monárquicos de un San Martín o un Bolívar a la luz de la abstracta razón democrática universal… La monarquía fue, desde luego, reaccionaria cuando la burguesía maduró lo suficiente y tuvo fuerzas como para guiar a la nación a la conquista de la república democrática. Pero en una etapa anterior del desarrollo histórico la monarquía absoluta fue un importante paso hacia delante en la constitución de una nación moderna, superando el aislamiento medieval de feudos y ciudades. América Latina, al salir de la colonia, se hallaba precisamente en ese estado de disgregación. De haber prosperado los proyectos monárquicos. se hubiese logrado formar en América Latina varios Estados poderosos"(18).


 


Sin las medidas de transformación social esbozadas en el Programa de Operaciones de Moreno, o en las Instrucciones de Artigas de 1813, no existía el supuesto elemental para la formación de los "Estados poderosos" en América Latina.


 


La apreciación de Milcíades Peña no se sostiene en sí misma si se aprecia el ejemplo de Brasil, donde se instaló efectivamente una monarquía que fue incapaz de producir salto alguno en dirección a una nación moderna. La existencia de un fuerte poder central, con su cabeza en el emperador, impidió la fragmentación política de la América portuguesa, pero la unión del atraso hizo que éste perviviera. La unión no significó mayor independencia política o económica, al punto que Brasil fue más dependiente de Inglaterra que los países de la antigua América española. Más aún, la unión sofocó la evolución de centros dinámicos como la planteada por la revolución de los farrapos -harapientos- en Río Grande Do Sul en 1835, que va a plantear la federación con las provincias del Plata (recordar el planteo de Moreno y Artigas) o la Confederación del Ecuador en el norte). En el Brasil unido bajo la monarquía, las clases dominantes llegaron a cuestionar la esclavitud, la distribución de la renta nacional y el régimen político, pero no el latifundio -base de la economía nacional, de la cual todas esas mismas clases sacaron provecho- ni el esclavismo hasta bien entrado el siglo XIX.


 


Para José Aricó, que ha dedicado un libro a impugnar el texto de Marx, "la identificación de Bolívar como una forma burda de dictador bonapartista" es un "prejuicio político" que "pudo operar como un reactivador en su pensamiento de ciertos aromas ideológicos que, como aquella idea hegeliana de los 'pueblos sin historia' constituyeron dimensiones nunca extirpadas de su mirada del mundo"19. La aplicación del concepto de "pueblos sin historia" a los países latinoamericanos es un abuso que sólo tiene como consecuencia cuestionar al marxismo. El concepto de "pueblos sin historia" fue adjudicado por Marx y Engels al caso concreto de los pueblos eslavos del imperio austro húngaro y del imperio ruso. En las luchas nacionales de mediados del siglo XIX apoyaron la destrucción de los imperios multinacionales y la constitución de grandes nacionalidades -Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Hungría y Polonia- rechazando las aspiraciones de aquellos pueblos eslavos que tendían a ser piezas del juego político de los imperios que eran el centro de la reacción en la época.


 


El pensamiento de Aricó pretende un rescate del nacionalismo: "la forma bonapartista y autoritaria del proyecto bolivariano no expresaba simplemente, como se creyó, las características personales de un individuo, sino la debilidad de un grupo social avanzado que en un contexto internacional y continental contrarrevolucionario sólo pudo proyectar la construcción de una gran nación moderna a partir de la presencia de un estado fuerte". El punto sería reivindicar "la progresividad en sí del desarrollo de las fuerzas productivas y de las formaciones estatales", algo que debería "adoptar el marxismo para cuestionarse a sí mismo" (ídem).


 


¿Cuál es la actualidad de este debate?


 


Marx es denostado, atacado o descalificado en este punto por los que defienden las experiencias del nacionalismo burgués o pequeño burgués en América Latina, cuyo caso emblemático es el bonapartismo plebiscitario de Chávez. La reivindicación de Bolívar sirve para confundir sobre la naturaleza de la propia guerra de la independencia en el norte de América Latina, un proceso de confiscación del levantamiento de las masas por los terratenientes y comerciantes, y el fracaso reiterado del nacionalismo para alumbrar una nación independiente, plantado en un horizonte que procura ampliar la dominación de la burguesía nacional sin poner en peligro el capitalismo mundial,


 


A 153 años, el denostado texto de Carlos Marx sobre Bolívar tiene una absoluta e inusitada vigencia.


 


 


Notas


 


1. Aníbal Ponce: pedagogo, educador, autor de Educación y lucha de clases y La vejez de Sarmiento e inspirador de “La reforma universitaria, 15 años de derrotas”, entre otros textos. Se incorporó al PC en la década del ‘30, fue exonerado de sus cargos docentes por el gobierno de la “década infame” y emigró a México, donde murió a los 40 años a raíz de un accidente. 


 


2. Marx y Engels: Obras, Volumen 4, 1961, Berlín, Dietz Verlag. 


 


3. Draper, Hal: “Carlos Marx y Simón Bolívar”, Desarrollo Económico 30/31, julio diciembre 1968. 


 


4. “Comentarios Marginales” de Aníbal Ponce, en Simón Bolívar, por Carlos Marx, Ediciones La Otra Campana, Buenos Aires, 1987. 


 


5. Marx y Engels, ídem anterior. 


 


6. Ramos, Jorge Abelardo: Bolivarismo y marxismo, A. Peña Lillo editor, 1969. 


 


7. Guerra de Crimea: entre Rusia y la coalición de Francia, Turquía, Inglaterra y Cerdeña (1853/58). 


 


8. Marx y Engels, ídem anterior. 


 


9. Rippy, Fred: La rivalidad entre Estados Unidos y Gran Bretaña por América Latina (1808/1830), Eudeba, 1967. 


 


10. Columbus Memorial Library, Unión Panamericana, 1933. 


 


11. Marx y Engels: Obras Escogidas, Editorial Ciencias del Hombre, Buenos Aires, 1973. 


 


12. Lynch, John: Simón Bolívar, Crítica, Barcelona, 2006. 


 


13. Lacroix, Louis: Perú: Diario de Bucaramanga…, Editorial Bedout, Medellín, 1964. 


 


14. Draper, ídem anterior. 


 


15. Rippy, ídem anterior. 


 


16. Webster, Charles: Gran Bretaña y la independencia de America Latina, Londres, 1938. 


 


17. Pivel, Juan: Raíces coloniales de la revolución oriental de 1811, Montevideo, 1962. 


 


18. Peña, Milcíades: El paraíso terrateniente, Ediciones Fichas, 1969. 


 


19. Aricó, José: Marx y América Latina, Ediciones, Cedep. Lima 1980.


 

Crisis económica y huelgas en Buenos Aires (1888-1890)


Introducción


 


Aunque la mayor parte de los trabajos históricos sobre la llamada "crisis de 1890" se concentraron en la bancarrota financiera y en el surgimiento de una oposición burguesa representada por la Unión Cívica, es importante no perder de vista que pocas semanas antes de la Revolución del Parque, un golpe cívico-militar impulsado en julio de 1890 por la Unión Cívica -que, a pesar de ser derrotado, selló la caída del gobierno de Juárez Celman- se había realizado la primera celebración del 1° de mayo, en lo que fue considerado por muchas historias "oficiales" del Partido Socialista y el PC como la "aparición" de la clase obrera en la escena del país. Es importante destacar, en cualquier caso, que no se trataba de un rayo en cielo sereno. Si en la década de 1870, el enviado de la Asociación Internacional de Trabajadores, Raymond Wilmart, estaba aún en condiciones de escribirle a Karl Marx que las posibilidades de ascenso social existentes en el país hacían imposible cualquier intento de organización de los trabajadores, en la segunda mitad de la década de 1880 las cosas habían cambiado. En las vísperas de la revolución del '90, incluso desde antes de que se consolidara un movimiento de oposición dentro de las filas de la propia oligarquía, la clase trabajadora de la ciudad de Buenos Aires se había puesto en movimiento. Tal como lo definió Sebastián Marotta en su clásico libro, 1888 y 1889 fueron "años de acción" (1960: 43).(1)


 


El relativo desinterés historiográfico por la conflictividad obrera en este período tan temprano no hace más que reproducir, en realidad, una perspectiva que era bastante generalizada entre los contemporáneos: los observadores de la Argentina de mediados de la década de 1880 encontraban en el país un ejemplo de desarrollo pujante y desprovisto de las contradicciones y conflictos sociales que agitaban a los países europeos. Pero tras la apariencia de un desenvolvimiento armónico y una estabilidad política impensable en las décadas anteriores, se incubaban una serie de profundas contradicciones. La estructura de la propiedad de la tierra, caracterizada, salvo escasas excepciones regionales, por el predominio del latifundio, dificultó el acceso de los inmigrantes a la propiedad agraria y los obligó a permanecer en las ciudades del litoral. Las transformaciones económicas y sociales producidas como consecuencia de la penetración de capitales extranjeros y la consolidación del Estado oligárquico crearon las condiciones para el desarrollo de una incipiente clase obrera.


 


Si bien los primeros introductores del marxismo en la Argentina fueron los exiliados franceses de la Comuna de París, que llegaron al país en la década de 1870 y existen algunas evidencias de las actividades desarrolladas en el marco de la Primera Internacional (Falcón 1984, Tarcus 2007), fue recién en la década siguiente cuando se conformaron las primeras organizaciones permanentes, fundamentalmente gracias a los esfuerzos de la comunidad alemana, que incluía a más de cien exiliados por causa de las leyes anti-socialistas de Bismarck. La actividad organizada de los socialistas alemanes en nuestro país comenzó en 1882, cuando un grupo de exiliados formaron el Verein Vorwärts (Asociación "Adelante") siguiendo la iniciativa de Karl Mücke, quien había trabajado en la redacción de Der Sozialdemokrat, el principal órgano del SPD alemán, que se publicaba entonces en Suiza y era enviado de contrabando a Alemania. El 2 de octubre de 1886, el grupo comenzó a editar un periódico semanal, llamado Vorwärts. Organ für die Interessen des arbeitenden Volkes [Adelante. Órgano para la defensa de los intereses del pueblo trabajador], del cual aparecieron 696 números hasta su desaparición en marzo de 1901.


 


La importancia real que tuvo la actividad de los socialistas alemanes nucleados en el Verein Vorwärts está en discusión y permanece velada por una suerte de "mito de los orígenes". Hasta el reciente descubrimiento de una colección microfilma- da del Vorwärts en la biblioteca de la Universidad de La Plata, el único trabajo era el realizado por el checo Jan Klima (1974) a partir de materiales llevados a Europa por inmigrantes retornados. Tarcus discutió las conclusiones de Klima, señalando que el aparente "eclecticismo" de la ideología del Vorwärts no respondía a una peculiaridad latinoamericana, sino que era un fenómeno propio de la socialdemocracia de la época (2007: 133-144). Jessica Zeller (2007), que trabajó el material en alemán, ha profundizado esta problematización sobre el papel real jugado por el Verein, mostrando la tensión siempre existente en su seno entre la militancia socialista y las actividades sociales para inmigrantes alemanes.


 


En realidad, ya las primeras reseñas históricas sobre los orígenes del movimiento obrero y socialista en nuestro país, elaboradas por militantes que habían sido protagonistas del proceso, subrayaban este carácter ambiguo del rol jugado por el Verein. En una serie de artículos que constituyen la primera – y aún inédita en español- reseña de la historia del movimiento obrero y socialista argentino publicada en Vorwärts, que apareció en mayo de 1896 y fue escrita probablemente por Germán Avé-Lallemant, se planteaba que "aunque el Verein Vorwärts siempre conservó el carácter de un club de entretenimiento, ejerció -sobre todo a través de su periódico, que representaba, por así decirlo, su espíritu- una influencia sobre el movimiento obrero local que no debe subestimarse" fundamentalmente en los años previos a la crisis de 1890.(2)


 


Ya entrado el siglo XX, Augusto Kühn (1916), un tipógrafo alemán que también fue protagonista de ese período fundacional, señalaba que, si bien era cierto que desde la fundación de la Asociación el "hilo del movimiento" socialista ya no se interrumpió, el papel del Vorwärts no debía exagerarse. Diez años más tarde -cuando ya revistaba en las filas del Partido Comunista- el mismo Kühn publicó una nueva reseña histórica en la cual sostenía una interpretación similar. Allí sostenía que el Verein había "gozado durante mucho tiempo de una reputación envidiable", forjándose a partir de los escritos posteriores de algunos dirigentes socialistas "una leyenda que le atribuye méritos que no tiene, o que son exagerados", dado que sus aportes no habían ido más allá de "una conferencia de vez en cuando, la venta de un poco de literatura socialista y cierta liberalidad en la cesión de su local para los organismos obreros" (Kühn 1926). Lo más positivo de su acción, señalaba Kühn, había sido la publicación de su periódico y, particularmente, el rol jugado por el mismo en la coyuntura previa e inmediatamente posterior a 1890.


 


Existe mayor acuerdo en la historiografía sobre el importante papel jugado por los primeros núcleos anarquistas. El primer grupo del cual se tiene algún registro es el "Centro de Propaganda Obrera", fundado en Buenos Aires en 1876, posiblemente por bakuninistas miembros de la internacional disuelta en ese mismo año. Según Gonzalo Zaragoza (1996), que ha realizado la investigación más importante sobre el tema, a partir de 1880 jugaron un papel fundamental en el desarrollo del anarquismo en Buenos Aires un grupo de inmigrantes como los italianos Ettore Mattei y Napoleone Papini, el belga Emile Piette y el catalán Zacarías Rabassa. En torno a ellos, se desarrollaron grupos que impulsaron la difusión de las ideas libertarias y contribuyeron a la organización de los trabajadores. En una etapa en la cual la mayoría de los grupos aún se definían según las nacionalidades, los italianos se mostraron particularmente activos: en junio de 1884 fundaron un "Círculo Comunista Anárquico", que se autodefinía como "sección de la AIT" (la Asociación Internacional de Trabajadores, o Primera Internacional). El grupo, animado principalmente por Mattei, celebraba "reuniones, conferencias y debates" y distribuía en Buenos Aires la prensa libertaria europea.


 


La llegada al país de Errico Malatesta, en 1885, tuvo un impacto decisivo y contribuyó en gran medida a fortalecer y ampliar la influencia de los anarquistas en el medio local. Malatesta fue uno de los más notables dirigentes anarquistas a nivel internacional y, al momento de su llegada al país, ya era un referente notorio del movimiento libertario italiano y europeo. Había jugado un papel importante en el congreso de Rimini, en 1872, cuando la Federación Italiana rompió con el Consejo de Londres y selló el alineamiento con el anarquismo de los internacionalistas italianos en su lucha con el sector marxista. Hacia la década de 1880, cuando luego del congreso realizado en Londres en 1881 comenzó a cobrar fuerza el sector "individualista", Malatesta se convirtió en uno de los principales defensores de la necesidad de la organización, lo cual le valió una sistemática persecución policial: en 1883 debió afrontar, junto con otros compañeros, un juicio en el que se lo acusaba de terrorismo, que lo condenó a la cárcel.


 


Fue precisamente cuando supo que se le había negado la apelación que Malatesta decidió huir de Italia y se dirigió a la Argentina. Su llegada al país, junto a un grupo de compañeros de militancia, causó un gran impacto en los medios obreros de la ciudad. Su actividad se organizó en torno a un "Círculo de Estudios Sociales", que se reunía en los altos de un café de la calle Cerrito, y a la publicación de un periódico, llamado La Questione Sociale, del cual alcanzaron a aparecer unos catorce números entre 1885 y 1886. Las reuniones del "círculo" jugaron un papel destacado en la difusión de las ideas libertarias y en el establecimiento de vínculos organizativos entre los trabajadores que se harían evidentes poco tiempo más tarde.


 


En los años siguientes se formaron nuevos grupos anarquistas en los barrios de inmigrantes y también aparecieron algunos periódicos, como Il Socialista, editado por Ettore Mattei. Ya en ese período fundacional debieron enfrentar las persecuciones policiales: en diciembre de 1886, por ejemplo, varios grupos anarquistas publicaron un manifiesto criticando las medidas adoptadas por la municipalidad para enfrentar la epidemia de cólera, lo cual le costó cinco meses de cárcel a Mattei y otros militantes, que fueron detenidos cuando lo pegaban en las calles.


 


En suma, cuando habían transcurrido dos años de la presidencia de Miguel Juárez Celman (1886-1890), la actividad de militantes inmigrantes de diferente orientación política era ya un elemento importante en los medios obreros de la ciudad de Buenos Aires. En este trabajo analizamos de qué manera el ascenso huelguístico que tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires en el bienio 1888-1889 marcó, en un cuadro de crisis económica y política, un salto cualitativo con respecto al período inmediatamente anterior.


 


Expansión demográfica, carestía y crisis


 


Si todo el país había conocido un gran crecimiento de población a partir de la inmigración masiva que tuvo lugar en la década de 1880, el fenómeno era particularmente notable en la ciudad de Buenos Aires: entre 1869 y 1887, la población de la ciudad creció a una tasa anual del 7,3%, un ritmo superior incluso al de urbes de enorme crecimiento como Chicago, Boston o San Francisco. Según el censo municipal realizado en 1887, vivían en la ciudad 433.375 personas, de las cuales el 52,7% eran extranjeras (la proporción aumenta si se considera solamente la población activa, ya que el grueso de los inmigrantes eran varones adultos). El imponente crecimiento de la ciudad había convertido a la construcción en una de las principales ramas de la economía: en 1887, el Censo registraba a más de 10.000 personas ocupadas como albañiles, a los que hay que sumar los trabajadores empleados en diversas obras públicas y privadas como las de remodelación y construcción portuarias -particularmente la canalización del Riachuelo y la construcción del Puerto Madero-, instalación de cloacas y alumbrado, etc. Alrededor de 10.000 personas se desempeñaban como carpinteros, ocupados tanto en la industria de la construcción como en la producción para el consumo.


 


Un rol fundamental, por su cantidad y por el lugar que ocupaban en el contexto de la economía exportadora, era el jugado por los trabajadores de los transportes y diversos servicios. A los trabajadores ferroviarios, en creciente expansión dado el aumento de las líneas férreas, debemos agregar a los casi cinco mil carreros y más de dos mil cocheros que existían en 1887. El crecimiento de la ciudad, por otra parte, había generado un mercado para distintos productos que eran elaborados en pequeños talleres y fábricas. Si bien había fábricas que empleaban a más de un centenar de obreros, el promedio de trabajadores por establecimiento era todavía reducido. Las principales ramas eran la industria de la alimentación (panaderías, confiterías, licorerías, etc.) y la confección (zapateros, sastres, sombrereros, entre otros), aunque también tenían su importancia ciertas industrias livianas: existían ya en la ciudad varios miles de trabajadores metalúrgicos y herreros que jugarían un papel importante en la agitación del período inmediatamente posterior.


 


Ricardo Falcón distinguió un cambio importante en la segunda mitad de la década de 1880 y particularmente en el período que nos ocupa. Según este autor, las transformaciones de la década del '80 aceleran la proletarización de la masa de trabajadores. La llegada de grandes volúmenes de inmigrantes hacia fines de los años ochenta va a provocar un vuelco en la situación, que se verá agravado por la crisis económica. El aumento de la oferta de mano de obra favorece la situación de los patrones en la imposición de las condiciones de empleo (Falcón 1894: 72).


 


A los elementos señalados por Falcón es necesario agregar el profundo proceso de encarecimiento del costo de la vida que tuvo lugar en los años inmediatamente anteriores a 1890, en el marco de una crisis económica sin precedentes, y sin cuyo análisis es imposible comprender la movilización de los trabajadores. La ley 1130, sancionada el 25 de noviembre de 1881, había establecido que un peso oro sería equivalente a 1,033 de los antiguos "pesos fuertes" y a 1,6129 gramos de oro, al igual que la libra esterlina. A partir de enero de 1883 un peso oro, que correspondía aproximadamente a 25 de los antiguos pesos "moneda corriente", pasó a ser equivalente a un peso de la nueva moneda, llamada "peso moneda nacional". La convertibilidad, no obstante, no duró más que dos años, y a partir de 1885 el peso moneda nacional comenzó a devaluarse, tal como se pone de manifiesto en el siguiente cuadro. A comienzos de 1888, la moneda nacional ya se había depreciado en un 45%, lo que provocó una fuerte carestía que impactó directamente en el bolsillo de los trabajadores.


 


La agitación huelguística del verano de 1888


 


En el marco de la crisis económica, el reclamo obrero ante la carestía provocada por la fuerte devaluación del peso sería el eje fundamental de la agitación huelguística de los años inmediatamente anteriores al estallido de la crisis de 1890. La chispa que dio inicio al ciclo de huelgas no fue provocada, sin embargo, por un reclamo salarial, sino por el rechazo a un intento de imponer una regimentación sobre el personal de servicio. Una reglamentación arcaica se convertiría así en el detonante de un proceso de conflictos de carácter indiscutiblemente "moderno".


 


En efecto, a fines de enero de 1888 se generalizó una huelga de mozos y cocineros de hoteles y restaurantes de la ciudad de Buenos Aires. El conflicto se debía a la decisión de la municipalidad de establecer una ordenanza que disponía que los patrones tenían no solamente el derecho sino la obligación de expresar en una libreta cuál había sido la conducta de sus sirvientes mientras éstos se hubiesen desempeñado bajos sus órdenes. La ordenanza prácticamente condenaba a los trabajadores a una dependencia total respecto a sus patrones y a la imposibilidad de continuar trabajando en caso de ser despedidos o de no contar con el certificado de "buena conducta". En cuestión de horas, el movimiento generado por el rechazo a la "libreta" se generalizó al personal empleado en restaurantes y hoteles y se extendió a otros gremios: el sábado 21 de enero, los cocheros se declararon en huelga "por no querer aceptar las prescripciones municipales sobre servicio doméstico al cual no pertenecen según su opinión"(3). Tanto los cocheros como los cocineros y mozos comenzaron a sufrir persecuciones policiales, que impidieron la realización de reuniones y asambleas. Desde un primer momento se produjeron incidentes menores y detenciones en restaurantes y hoteles.


 


En efecto, para el intendente municipal, Antonio Crespo, la huelga debía ser enfrentada simplemente como un asunto policial. En una carta enviada al presidente, planteaba que el conflicto era "un escándalo que creo que debe ser reprimido con toda la energía que reclaman estos movimientos vergonzosos" (Rivero Astengo 1944: 466-467). El domingo 22, una reunión de doscientos cocheros en un corralón del Bajo fue desalojada por la policía y más tarde sucedió lo mismo en Palermo. El mismo día, unos seiscientos cocineros y mozos se reunían en el hipódromo de Lanús, ante la prohibición policial de hacerlo en la jurisdicción de la ciudad.(4)


 


A pesar de que los periódicos hablaban de un movimiento "sorpresivo", en los días posteriores los huelguistas pusieron en evidencia un importante nivel de organización, que permite considerar la existencia de vínculos previos. Las crónicas hacen mención, por caso, de una "Sociedad de Artistas Culinarios", que declaraba tener un "fondo de reserva" que alcanzaba la altísima suma de 25.000 pesos.(5) Incluso se había establecido que de dicho fondo se concedería 1 peso con 50 centavos diarios -prácticamente el equivalente a un jornal promedio- a aquellos huelguistas que lo necesitasen. Los "artistas culinarios" llegaron a reclamar y obtener la solidaridad de sus compañeros de la ciudad de Mar del Plata, lo cual resulta notable si se tiene en cuenta que la exigencia de libretas al personal era limitada a la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires.


 


Los trabajadores no sólo organizaban asambleas y recaudaban fondos de reserva, sino que se daban una política activa para difundir la huelga. Los "artistas culinarios" dispusieron la formación de "comisiones seccionales que recorrerán los hoteles del municipio para incitar a la huelga a los cocineros y mozos que aún permanezcan en sus puestos". Algo similar hicieron los cocheros, que difundían y pegaban en las puertas de las cocherías una hoja que era reproducida por La Prensa:


 


"A los del gremio: Se les advierte que no deben trabajar y caso que lo hicieran aténganse a las consecuencias. Se han nombrado comisiones encargadas de ejecutar órdenes recibidas. La Comisión."(6)


 


Aunque el intendente municipal recibió mensajes de apoyo del gobierno nacional e incluso un documento de adhesión firmado en la Bolsa de Comercio por aproximadamente 180 personas, el creciente peso de "la opinión" contraria a la ordenanza, que reflejaba la fuerza de la huelga y también la presión de los propietarios de establecimientos, fue quebrando la resistencia gubernamental. La Nación planteaba el 24 de enero que "se mira muy mal en las altas regiones oficiales la conducta del intendente que está 'comprometiendo con sus errores el crédito de la administración'".(7) El 25 de enero, cuando se dio a conocer la iniciativa de un grupo de concejales de reformar los artículos de la cuestionada ordenanza, la "comisión de cocheros en huelga" llamó a volver al trabajo:(8) poco tiempo después la ordenanza sería derogada y el propio intendente renunciaría a su cargo.(9)


 


La primera huelga del agitado bienio de 1888-1889 concluía así con un importante triunfo para los trabajadores. Pero su impacto no sólo había impulsado a la acción a los trabajadores de los gremios afectados: actuó, en realidad, como un catalizador para impulsar otras medidas de lucha e intentos de organización obrera. La consecuencia más importante fue el estallido de una huelga en el gremio de los panaderos, centrada en reivindicaciones salariales, que marcaba la línea general de lo que serían los conflictos obreros de los meses venideros.


 


A diferencia de lo ocurrido con la huelga de cocineros y cocheros contra la libreta del personal doméstico, la de los panaderos enfrentó desde un principio la oposición de los principales medios de prensa. El intendente municipal se reunió con los propietarios de panaderías pocas horas después de iniciado el conflicto y les aseguró que la municipalidad estaba dispuesta a "suministrar mil o mil quinientos peones municipales" para elaborar el pan y a disponer "lo necesario para que se trajera pan de Montevideo, Rosario, Mercedes, La Plata y otros pueblos cercanos".(10) A pesar de la oposición de la prensa, los patrones y el gobierno, los panaderos mantuvieron firme su medida de fuerza y, con el correr de los días, fueron logrando que los propietarios de panaderías cedieran a sus reclamos. Para lograr ese desenlace tuvo una importancia fundamental la organización con la que contaban, que les permitió actuar de forma unificada ante unos patrones panaderos que encontraron serias dificultades para ofrecer una respuesta unívoca.


 


En efecto, la Sociedad Cosmopolita de Obreros Panaderos era anterior al conflicto y en buena medida lo había preparado: se trataba de una organización fundada en julio de 1887 por panaderos fuertemente influidos por el anarquismo, cuyos estatutos habían sido redactados por Errico Malatesta y cuyo secretario era Ettore Mattei. Apenas iniciado el conflicto, La Nación informaba que circulaban "numerosas listas de suscripción para los fines de la huelga", a través de los cuales los panaderos decían haber recolectado la suma de veinte mil pe- sos.(11) Durante la huelga, la Sociedad mostró una capacidad organizativa importante: el diario La Prensa señalaba que los patrones que aceptaban el acuerdo pronto podían restablecer el trabajo en sus establecimientos porque "los huelguistas tienen varias comisiones en la Fonda 'Panaderos de Aplano' y en un café de la calle Suipacha, las que al recibir la adhesión del patrón disponen el envío de las cuadrillas necesarias".(12) Al constatar que muchos propietarios cedían individualmente a los reclamos de los obreros, un grupo de dueños de panaderías intentaron organizarse para dar una respuesta unificada. Aunque establecieron una multa para todos aquellos que cediesen al reclamo obrero, la huelga de los panaderos concluyó con un triunfo de los trabajadores una semana después de iniciada.


 


Las primeras huelgas ferroviarias y metalúrgicas de la historia argentina


 


Luego de los conflictos del verano de 1888, la agitación obrera conoció un nuevo ascenso, mucho más profundo que el anterior, durante la primavera. El 20 de octubre, un grupo de encargados de sección de los talleres del ferrocarril del Sud ubicados en la estación Sola, en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, presentaron una petición a la gerencia, solicitando que los jornales de los 750 trabajadores del taller fueran pagados en oro. El viernes 26 por la mañana, cuando el gerente anunció a los trabajadores que la decisión del directorio era no tomar ninguna medida hasta tanto no se consultara con las restantes empresas ferroviarias, los ferroviarios de Sola se declararon en huelga y se dirigieron hacia la plaza Herrera de Barracas, donde fueron reprimidos por fuerzas policiales que arrestaron a más de un centenar de trabajadores. El comisario de la seccional llegó incluso a pedir tropas del ejército como refuerzo, lo cual fue rechazado por el jefe de la policía.(13)


 


La huelga ferroviaria, y sobre todo los incidentes producidos en Barracas, tuvieron un enorme impacto en los periódicos, que volvieron a dedicar un gran espacio al problema de la conflictividad obrera, tal como habían hecho en los primeros meses del año. La mayoría de los medios de prensa comenzó adoptando una posición favorable a los huelguistas, considerando que sus reclamos eran justos y obedecían al grave encarecimiento de la vida que había tenido lugar en los meses previos. El lunes 29 de octubre, la gerencia del F.C. del Sud decidió otorgar un aumento de sueldo, acordado con el resto de las compañías ferroviarias (Norte, Rosario, Sur y Pacífico), y convocar a los trabajadores a regresar a los talleres a partir del viernes 2 de noviembre.


 


Cuando aún no se había cerrado el conflicto de los ferroviarios de los talleres de Sola, de todas formas comenzaron a estallar huelgas en otros talleres de la 


ciudad. El domingo 2 de noviembre, los trabajadores de la fundición "Fénix", ubicada también en el barrio de Barracas, enviaron una solicitud a los patrones; en sus breves párrafos es posible advertir no sólo la importancia de la reivindicación salarial como eje del reclamo, sino también el impacto causado por otros conflictos laborales:


 


"Ilustres señores Bash y Com. – Buenos Aires, 2 de noviembre 1888.- La grande cuestión que todavía se agita en la República Argentina, por una causa justa y sacrosanta en pro del trabajador, que es el aumentación del su sueldo, nosotros creemos que sea a Vs. bien nota, por eso limitámonos a decirse que nosotros trabajadores del suyo taller, sentimos en esta guerra económica los mismos menesteres y también hemos los mismos derechos. El aumento de estipendio que nosotros deseamos, no deferiense mucho de lo que los nuestros compañeros de desventura, han dirigido a los suyos respectivos principales".(14)


 


Ante la respuesta negativa de la patronal, los 160 trabajadores de Bash se declararon en huelga, iniciando un ciclo de conflictos entre los obreros de los establecimientos metalúrgicos. El miércoles 7, por la mañana, los trabajadores del taller de Wohlers y Cía, ubicado en la calle Montes de Oca a poca distancia del de los hermanos Bash, se declararon en huelga en reclamo de un aumento del 25%. Lo mismo hicieron ese día los más de 200 obreros del establecimiento mecánico de Schwartz y Cía, en Casa Amarilla, cerca de La Boca, reclamando un aumento salarial del 40%.(15) El 9 de noviembre fueron a la huelga los fundidores del establecimiento de J. Raimondi y Vetere, solicitando un 25% y el 12 lo hicieron los ciento treinta trabajadores de la casa Drysdale.(16) El martes 13 se sumaron los obreros de dos nuevas fábricas: "La Platense" y Rey y Chavanne (Zaragoza 1976: 101). En poco más de una semana, la huelga se había extendido a los principales establecimientos metalúrgicos de la ciudad.


 


La primera respuesta de los propietarios de los talleres fue rechazar cualquier tipo de acuerdo con los trabajadores: Wohler y Schwartz anunciaron el despido de todos los operarios. Contaron enseguida, como había sucedido en los conflictos de principios de año, con el apoyo de las fuerzas policiales, que destinaron piquetes de vigilancia en las inmediaciones de los talleres. A pesar de ello, las huelgas lograron mantenerse, basándose una vez más en los vínculos organizativos creados por los trabajadores y desarrollados durante el conflicto. Surge de las fuentes la existencia de comisiones y piquetes de trabajadores que buscaban asegurar el cumplimiento de la huelga.


 


El 24 de noviembre, el diario La Prensa señalaba que había circulado "profusamente" un "manifiesto suscrito en 'nombre de todos los huelguistas' por 'La Comisión' y por 'los trabajadores huelguistas de los talleres de Bash, Wohlers, Schwartz y Raimondi, a sus compañeros', en el que exhortan a los obreros a sostenerse en su actitud hasta conseguir el aumento de salarios".(17) El dato no sólo pone de manifiesto que la huelga de los trabajadores de los establecimientos metalúrgicos se extendió durante buena parte del mes de noviembre, sino también que existían lazos entre los trabajadores de los diferentes talleres.(18) Más interesante aún, una nota de La Prensa señalaba la existencia de otro manifiesto "dirigido 'a los obreros del arte de fierro y demás mecánicos' por 'los obreros de Sola', en que estos hablan en el mismo sentido del manifiesto anterior"(19), lo cual da cuenta de que existían vínculos de solidaridad y organización entre los trabajadores que habían salido a la huelga en esa agitada primavera de 1888.


 


Al calor de la huelga de los metalúrgicos de los talleres industriales, el conflicto que habían iniciado los ferroviarios de Sola se extendió a otros talleres del ferrocarril, en la ciudad y en el interior de la provincia de Buenos Aires. El 17 de noviembre, un nuevo gremio se sumó a la agitación cuando los trabajadores sombrereros de la fábrica de Rolando La Vigni y Cía se declararon en huelga en reclamo de aumento de sueldos y pusieron "a disposición de los demás obreros del mismo oficio que quieran imitarlos una modesta suma de dinero que han formado por suscripción levantada entre ellos".(20) Dos días más tarde, los peones del alumbrado público de la ciudad presentaron una solicitud al gobierno municipal "exponiendo que se verán en la necesidad de dejar sus puestos, y a la ciudad a oscuras, si no se les paga dentro de tres días en la forma que lo solicitan, es decir, lo atrasado que se les adeuda, y, en adelante, en los últimos días de cada mes".(21)


El 20 de noviembre se logró evitar una huelga de marineros a partir de la concesión, por parte de los empresarios, de un aumento salarial.(22) En diciembre, los zapateros, organizados en una Sociedad Cosmopolita de Obreros Zapateros, obtuvieron un aumento del 20% luego de realizar una asamblea conjunta con un grupo de patrones (Marotta 1960: 56-57).


 


"Existe organizado el socialismo en Argentina"


 


Ha sido un lugar en común para buena parte de la historiografía considerar que la agitación obrera no fue motivo de preocupación para la burguesía ni provocó respuestas represivas de parte del Estado hasta comienzos del siglo XX, cuando la aprobación de la ley de Residencia puso de manifiesto que la respuesta estatal ante la llamada "cuestión social" era una política de abierta represión. En las páginas precedentes hemos mostrado de qué manera ya en la década de 1880 el gobierno intervenía en contra de los huelguistas con las fuerzas policiales en todos los conflictos. Es importante advertir asimismo que las huelgas de 1888 comenzaron a sembrar alarma entre los empresarios, que se plantearon abiertamente el problema de la "cuestión social", responsabilizaron de ello a los militantes políticos y promovieron las primeras propuestas de tipo abiertamente expulsivas y represivas. El 10 de noviembre, en el salón de la Unión Industrial, se realizó una reunión de 23 propietarios de establecimientos metalúrgicos, con el objetivo de "cambiar ideas sobre la actitud que deben observar en presencia de las huelgas de sus obreros". En la reunión se decidió que "en ningún caso deben ceder a la presión de una huelga" y que "en ninguno de los talleres de los presentes será admitido un obrero alzado en huelga en cualquiera de los otros".(23) Ante la extensión del movimiento, la Unión Industrial Argentina resolvió la formación de una comisión "que estudiase con especial detención y empeño esas huelgas, sus causas diversas y los medios de prevenir sus efectos".(24)


 


En la reunión cobró fuerza un planteo que había sido avanzado tímidamente hasta entonces, pero que se convertiría en generalizado en pocos días: la denuncia de que detrás de las huelgas se encontraba "la propaganda insana de malos obreros contaminados con los errores del socialismo". El planteo ya había sido expuesto en la reunión del día 10, cuando -según el cronista del diario La Prensa- varios industriales habían asegurado "convencidos que las huelgas son el resultado de los trabajos de algunos caudillos socialistas que están en relación con asociaciones alemanas de esa clase"(25). La reunión en la Unión Industrial decidió formar una segunda comisión "que proyectase una protesta de los industriales ante dicha propaganda y la actitud que esta determinaba".(26)


 


El 25 de noviembre de 1888 se realizó una peculiar reunión, en el local del Verein Vorwärts, en la cual participaron trabajadores y miembros de la Unión Industrial y se pusieron frente a frente las posturas sobre las causas de la agitación obrera. El diario La Prensa publicó una crónica detallada del acontecimiento en su edición del día 27:


 


"Presidía la asamblea el Sr. Hector Mattei, anarquista italiano. Declarada abierta la reunión, tomó la palabra, en italiano, el Sr. Malatesta, que fue el discurso más aplaudido en la asamblea. Su tema fue las huelgas y la condición de la clase obrera en Europa y en América, que estudió con preparación y buen conocimiento del asunto, lo que le valió una verdadera ovación de parte de la mayoría de los concurrentes. Le siguió en la palabra, D. Zacarías Rabassa, español, que habló en su idioma sobre el mismo tema".(27)


 


Lo más destacado fue lo que ocurrió a continuación, cuando tomó la palabra un miembro de la Unión Industrial Argentina:


 


"En seguida subió a la tribuna un obrero, socio de la 'Unión Industrial Argentina', el señor Eduardo Lluch y pronuncia un breve discurso, correcto y mesurado, combatiendo de raíz las ideas de Malatesta e impugnando razonablemente la propaganda socialista.


 


"La concurrencia protesta y solo un insignificante número de personas tributan aplausos al orador. Este exclama al terminar: 'En fin, señores, nuestro afán, el deseo de todo obrero que se estime, debe ser el de buscar una solución para este estado de cosas. Propongo que nombréis una comisión que en contacto con otra que nombrará la Unión Industrial Argentina, trabaje por encontrar el resultado que todos apetecemos.'


 


"(…) Esta moción del señor Lluch fue mal recibida. (…) El orador catalán [se refiere a Zacarías Rabassa, L.P.] vuelve de nuevo a la tribuna y dice: 'Esa moción es una celada. Se quiere juntar a ocho lobos con ocho carneros. Los carneros somos nosotros, los que trabajamos. Los lobos son ellos, los que no trabajan, y sin embargo imperan.'


 


"Otro señor, francés de nacionalidad, ocupó luego el puesto de los oradores, pronunció una proclama abundante en denuestos contra el capital, pintando con sombríos y conmovedores detalles la triste situación del obrero.


 


"'Los capitalistas -dice- nos insultan con sus carruajes, mientras nosotros andamos medio desnudos y descalzos. Ellos comen con el producto de nuestro trabajo, y nosotros nos morimos de hambre con las migajas que nos arrojan. La moción presentada presentada por este señor -dice en tono despreciativo- es lo más infame que se os puede proponer, y estamos acostumbrados a esas farsas'.


 


"El señor Lluch se levanta entonces de su asiento, y encarándose con el auditorio, exclama: 'Los infames y los farsantes son los que, faltando descaradamente a la verdad, pretenden embaucar a los obreros con utopias ya pasadas de moda, y aseguran que la situación económica del obrero es tan precaria aquí como en Europa, y que estamos pereciendo de hambre, Y notad que el que eso dice usa botines de flamante charol y traje nuevo y su cara, lejos de acusar los caracteres de la anemia como consecuencia de la mala alimentación, reboza salud y robustez'.


 


"Aquí se produce un desorden general: todos hablan en voz alta en sus respectivos idiomas; hasta que por fin, un señor de color, Alejandro Duharte, cubano, consiguió hacerse oír y pronunciar un discurso, regularmente aplaudido, sobre el socialismo, el matrimonio civil y las huelgas, asuntos que trató con criterio abiertamente radical."(28)


 


La asamblea concluyó con un claro repudio a la moción de Lluch y se aprobó una resolución que establecía una posición ante las denuncias y persecuciones que comenzaban a surgir desde diversos medios de prensa, acusando a los "socialistas" de ser los causantes de las huelgas:


 


"1°) Las huelgas en general son el producto del orden social capitalista; en particular, las huelgas actuales en Buenos Aires, son el producto natural de la situación actual lastimosa de la clase obrera, de la situación creada por la injusta política financiera del gobierno (impuestos indirectos); por la especulación desenfrenada de la bolsa y de los capitalistas.


 


"2°) Las huelgas son un derecho natural derivado de la libertad individual, cuyo ejercicio libre solicitan los obreros sin condición para defender sus intereses.


 


"3°) En consecuencia: La asamblea protesta contra la INVECTIVA MENTIROSA, por la cual afirma una parte de la prensa capitalista, que las huelgas actuales sean la obra artificial de los socialistas.


 


"4°) Y protesta de toda fuerza contra la conducta de la policía y los arrestos arbitrarios de los huelguistas y si se sigue en esta conducta hace responsable totalmente a los autores de ella (policía) para todos los hechos que pueden producirse de ella."(29)


 


Lo interesante es que luego de las definiciones de los empresarios en las reuniones de la Unión Industrial, y sobre todo después de la experiencia de la reunión realizada el 25 de noviembre en el local del Vorwärts, se modificó sustancialmente la perspectiva de los principales medios de prensa con respecto a la agitación huelguística. Hacia fines de mes, el cambio de perspectiva era ya definitivo y profundo. El 29 de noviembre, La Prensa dedicó una extensa editorial al problema, en la cual se planteaba una "advertencia" a los trabajadores de Buenos Aires, en un tenor de ideas que prefiguran buena parte de las argumentaciones que algunos años más tarde servirían de fundamentación para las leyes represivas de expulsión de los trabajadores extranjeros:


 


"Afirmamos de la manera más absoluta, que en la República Argentina no se ha formado un solo socialista verdadero, pues aquí la vida es fácil: cuando el trabajo escasea en un punto, se le busca en mil otros con éxito indudable.


 


"Por consiguiente: los socialistas que comienzan a hacer su aparición, no solamente son extranjeros, sino que han venido de Europa socialistas hechos y formados, pretendiendo difundir sus doctrinas en esta joven República, que tiene abiertos sus amplios brazos a todos los obreros honestos y de buena voluntad del mundo entero.


 


"Esos hechos evidentes indican que para este país la lucha con el socialismo turbulento es muy fácil. (…) Partiendo de esa base, una ley de defensa del país contra aquel elemento perturbador, que faculte a los Poderes Públicos para embarcar a todo individuo convicto de la prédica mencionada contra el orden social, y devolverlos a sus países, matará la única simiente posible y allí terminará la lucha.


 


"(…) ¿No les gusta nuestra organización? ¡Váyanse!


 


"¿No se quieren ir y resuelven fundar partidos perturbadores de nuestra organización social? No lo consentiremos: del fondo del derecho a la propia conservación, surgirán leyes que compelan a embarcarse con destino a las playas de sus patrias a los que se declaren enemigos de la Nación."(30)


 


Otros periódicos, más cercanos al oficialismo, llevaban esta campaña de denuncia a extremos más grotescos, pero que son indicativos, de todas formas, del clima de persecución contra los militantes socialistas y anarquistas. Figaro, un diario juarista, incluía una reivindicación de los inmigrantes latinos, por oposición a los politizados trabajadores alemanes -lo cual implicaba una importante diferencia con las posiciones sostenidas por la burguesía argentina en el período inmediatamente anterior- y planteaban un firme llamado a la represión:


 


"Un alemán me tradujo los sueltos del Vorwaerts, señalados por el caballero en cuestión: esto es tremendo, estupendo, horripilante! (…) La inmigración latina, los tipos de la Europa meridional, donde todo es calor y luz, vida y alegría, esto es lo que nos conviene (…) Mañana, si por confianza de nuestras autoridades, o porque quieran dejar que la libertad exista hasta el abuso, llegamos a ser víctimas de un levantamiento encabezado por la asociación que parece dirigir a la clase obrera, será preciso emplear medidas tremendas que pueden evitarse desde ahora, yendo derecho a la causa y destruyéndola, cuando empieza a manifestarse."(31)


 


El principal medio oficialista, Sud-América, se expresaba en un sentido muy similar: el peso de los socialistas alemanes era llevado a punto tal que, en un curioso artículo, personificaba al Verein como un seguidor del propio Karl Marx:


 


"Desgraciadamente habíamos contado sin herr Worwaertz (sic), o sea el señor Adelante, quien se nos deja caer ahora, con el propósito de hacer flamear bien alto el trapo rojo, símbolo del socialismo… y de la locura. Así es: el caballero Worwaertz, ferviente discípulo a lo que parece de Karl Marx, el fundador de la Internacional, ha lanzado su proclama -en alemán, y se imagina que todo el cosmopolitismo obrero se halla pronto a seguirle ebrio de entusiasmo"(32)


 


La Boca y Barracas: barrios de huelgas obreras


 


Hacia fines del invierno de 1889, una nueva ola de agitación huelguística, más fuerte que todas las anteriores, sacudió a una ciudad de Buenos Aires atravesada por los efectos de la crisis económica y las convulsiones políticas que dieron lugar a la conformación de grupos opositores al juarismo. El 2 de agosto se declararon en huelga unos trescientos marineros de las obras del Riachuelo, que dirigieron una solicitud a sus superiores en reclamo de aumento salarial: los trabajadores invocaban la carestía de todos los artículos de primera necesidad para pedir un aumento en sus jornales. Pronto el reclamo comenzó a extenderse a otros trabajadores de la zona portuaria: los barraqueros de la ribera y los más de 1.500 marineros dependientes de las operaciones de carga y descarga del puerto.


Sud-América informaba que la huelga venía siendo preparada desde tiempo atrás por la actividad de grupos de obreros:


 


"Como siempre en tales casos, varios cabecillas andaban desde días atrás recorriendo fondas y almacenes, e incitando a sus colegas a un levantamiento en masa, como único medio de traer a los patrones a un arreglo cuyo resultado fuese un aumento de sueldos. Tanto trabajaron y tan bien, que ayer el movimiento comprendía la mayor parte de la población de la Boca."(33)


 


La "huelga del Riachuelo", como pronto empezó a ser llamada, se convirtió en un movimiento general de agitación de los trabajadores de toda la zona portuaria: la reivindicación salarial unificaba el reclamo de los trabajadores de los diferentes gremios. Con el correr de los días, cuando aumentaba el número de huelguistas, La Boca se fue transformando en un epicentro de agitación obrera. Las crónicas hablaban de "grupos de doscientos y trescientos marineros" que se agrupaban en la ribera y eran disueltos por la policía.(34) Según La Nación, "el espectáculo que ofrece la Boca es, como puede suponerse, excepcionalmente animado. Hombres de todas nacionalidades discuten en todas partes la cuestión palpitante, y su crecido número, con el de los agentes de diversas autoridades, moviéndose todos en un radio limitado, cercano a la ribera, llama la atención del que llega por allí ignorante de lo que ocurre".(35)


 


El conflicto portuario movilizó a miles de trabajadores a la huelga, causó un profundo impacto en los medios de prensa e impulsó la agitación en otros gremios. El 7 de agosto se extendió la huelga a las obras del Puerto Madero, donde carpinteros y braceros abandonaron el trabajo en reclamo de aumento salarial, "promoviendo desórdenes que obligaron a la policía a intervenir y hacer 45 prisiones".(36) El malestar se extendió incluso a gremios no portuarios: La Prensa informaba que en el gremio de carreros "notábanse anoche ciertos síntomas precursores de contratiempos" y que circulaban volantes de los panaderos que discutían la convocatoria a una huelga por aumento de jornal. Si bien no alcanzó las proporciones del año anterior, los conflictos de comienzos de agosto de 1889 llegaron al gremio ferroviario.


 


A diferencia de conflictos anteriores, las crónicas señalaban que los trabajadores no contaban con organizaciones previas. Con el paso de los días, de todas formas, aparecen menciones a "comisiones" que comenzaron a reunirse con los funcionarios responsables de las obras del Riachuelo y con los propietarios de corralones y lanchas. Una semana después del inicio de la huelga, la situación comenzó a normalizarse luego de que la mayoría de los patrones llegasen a un acuerdo con los trabajadores. A fines de mes se dio a conocer un decreto que establecía un aumento salarial del 15 al 25% para los trabajadores de las obras del Riachuelo, que habían sido los primeros impulsores de la huelga.(37)


 


En septiembre se produjo otro conflicto de importancia, que tuvo como protagonistas a los trabajadores de carpinterías. La característica distintiva de la huelga de los carpinteros de es el rol jugado por una comisión que, desde un primer momento, centralizó el reclamo de todos los trabajadores del gremio y que tenía vínculos muy estrechos con los socialistas alemanes nucleados en el Club Vorwärts. En los primeros días de septiembre se hizo circular una solicitud a los patrones en la que se reclamaba un aumento del 20% para todos los trabajadores del gremio. Al igual que en el caso de los panaderos, los propietarios que accedían al acuerdo contaban de inmediato con el personal necesario para reanudar sus tareas, debilitando de esta manera la acción de aquellos patrones que se negaban a ceder a los reclamos.


 


La acción de la comisión de obreros como eje articulador de la huelga puede observarse a través de múltiples episodios del conflicto. En el taller de Ocampo, Sackmann y Cía, por ejemplo, que empleaba a varios cientos de trabajadores y estaba ubicado en Montevideo y Cuyo, "la solicitud fue presentada por una comisión de obreros que no eran del establecimiento, mientras una parte del personal en número de 150 esperaban la contestación reunidos en las inmediaciones".(38)


 


Las reuniones de la comisión de carpinteros en huelga se realizaban, en un primer momento, en el local de la calle Comercio 880, sede de la asociación de socialistas alemanes. El jueves 12 de septiembre, por la tarde, se realizó una asamblea que contó con la presencia de más de quinientos trabajadores, "siendo demasiado pequeña la sala para contener más".


 


Hacia mediados del mes de septiembre el conflicto de los carpinteros llegó a su punto más alto, cuando se sumaron los trabajadores de las fábricas de billares, lo cual llevó a más de dos mil el número de los trabajadores implicados en la huelga según el diario La Prensa.(39) Las reuniones de la comisión se sucedían casi diariamente, y en ellas se informaba sobre la situación del conflicto y acerca de las casas que habían aceptado conceder el aumento del 20%. Incluso funcionaba una comisión en forma casi permanente en el mismo local del Verein Vorwärts, para "recibir las nuevas adhesiones y facilitar socorros a los más necesitados de los obreros sin trabajo".(40)


 


Los propietarios de carpinterías intentaron ofrecer una respuesta unificada a los trabajadores, aunque desde un primer momento se encontraron con la dificultad de encontrar que varias decenas de patronos cedían de forma individual al reclamo obrero. Un grupo de patrones intentó formar una comisión y ofreció a los trabajadores un aumento escalonado, que llegaría al 20% solicitado luego de seis meses, pero la propuesta fue rechazada. Durante la segunda mitad del mes las crónicas periodísticas siguen informando, día tras día, de nuevos establecimientos que aceptaban los reclamos de los trabajadores y de las reuniones y asambleas permanentes que éstos realizaban. "El 1 de octubre, tras varias semanas de intenso batallar, la huelga termina con la victoria obrera" (Marotta 1960: 67).


 


La agitación volvió a extenderse a otros gremios. En algunos casos no llegaba a declararse la huelga, pero se hacía sentir el reclamo obrero y conseguía sus reivindicaciones: el lunes 23 de septiembre, por ejemplo, la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, una de las principales empresas tipográficas de la ciudad, concedió un aumento de 20% "ante la perspectiva de verse abandonada de sus 400 obreros".(41)


 


El sábado 21 de septiembre, una reunión de trabajadores albañiles resolvió "pedir un aumento del 30% y una reducción de las horas de trabajo a 9 horas por día en los meses de mayo, junio, julio y agosto, y a 10 horas y media en los demás meses del año".(42) La huelga comenzó el lunes 23 cuando se vieron  "paralizadas la mayor parte de las obras en construcción" de la ciudad. Encontramos también en este conflicto la conformación de una "comisión" de huelguistas encargada de coordinar y difundir las medidas de lucha. Según La Prensa, "… en la calle Moreno esquina Alberti, agarráronse a pedradas un grupo de huelguistas albañiles con otros del gremio que seguían en el trabajo, teniendo la policía que intervenir y reducir a prisión a varios".(43)


 


El miércoles 25, los albañiles realizaron un importante acto público en la Plaza Constitución -luego de que el gobierno se negase a autorizar la manifestación en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), tal como había sido solicitado- en el que reunieron a miles de trabajadores.


 


Según Marotta, el conflicto de los albañiles concluyó con acuerdos parciales entre trabajadores y distintos empresarios, aunque con exclusión de los dirigentes gremiales, que fueron "prácticamente descabezados" (1960: 65). En cualquier caso, la conflictividad continuó a comienzos de la primavera y a fines de septiembre de 1889 se renovó la agitación ferroviaria. El 24 volvieron a entrar en conflicto los peones de carga y descarga de la estación Constitución, que presentaron un reclamo a la gerencia para exigir un aumento de sueldo que llevase sus jornales de 1,80 a 2,50 pesos por día. El 1 de octubre hicieron lo propio los de la estación Once de Septiembre, en número de un centenar, reclamando que su jornal pasase de 1,70 a 2 pesos.(44)


 


El jueves 26 de septiembre se produjo un conflicto de mayores proporciones en el ferrocarril de Buenos Aires al Rosario, porque finalmente fueron a la huelga los maquinistas y foguistas nucleados en La Fraternidad, que seguían reclamando por la libertad de un compañero que había sido detenido tras un accidente ferroviario.(45) La huelga produjo serios trastornos a todo el tránsito ferroviario del país, dado que la suspensión del servicio Buenos Aires-Rosario dificultaba el funcionamiento de otras líneas como el Andino, el Central Argentino y el Central Norte. El lunes 30 se daba a conocer una nueva huelga ferroviaria, que implicaba a… los ajustadores, torneros, caldereros, fraguadores, limpiadores y carpinteros del ferrocarril a la Ensenada que trabajan en los talleres de la estación General Brown. Preparaban una huelga pidiendo aumento del 25%, cuando la empresa sabedora del plan ha despedido a tres de los iniciadores, con lo cual la huelga que hubiera tardado 48 horas, ha empezado hoy mismo.(46)


 


Tal como había sucedido en la primavera del año anterior, el ascenso huelguístico de agosto y septiembre de 1889 provocó un incremento de las persecuciones contra dirigentes obreros. Durante las huelgas de carpinteros y albañiles había aparecido un manifiesto, firmado por dos grupos anarquistas de Barracas y probablemente escrito por Rafael Roca, en apoyo de los huelguistas. La respuesta policial fue ocupar "con gran aparato de fuerza" la imprenta de Barracas en donde se había editado el material y detener a varios de los principales dirigentes obreros anarquistas, como Ettore Mattei, Emile Piette y Victoriano San José (Roca logró escapar a Montevideo).(47) Las detenciones no se limitaron, de todas formas, a los militantes anarquistas y alcanzaron también a varios dirigentes socialistas, como José Winiger y Adolf Uhle, que fueron detenidos a fines de mes por haber escrito un suelto en Vorwärts contra el presidente Juárez Celman.(48)


Aunque varios de los dirigentes fueron liberados al poco tiempo, Piette, Mattei y San José permanecieron en prisión hasta agosto del año siguiente. Las persecuciones policiales de fines de 1889 marcaban, de esta forma, una continuidad con lo que sucedería a partir del año siguiente: cuando en mayo de 1890 diversos grupos anarquistas lograran comenzar con la publicación de un periódico permanente lo llamarían, precisamente, El Perseguido.


 


Conclusión


 


El 1° de octubre de 1889 los lectores de El Nacional podían encontrar un curioso artículo en la primera página del periódico. Bajo el título "Huelga inesperada", la nota informaba que:


 


Los mendigos de la capital tratan de declararse en huelga. Al efecto se habla de una reunión a celebrarse hoy o mañana y en la cual se discutirán los siguientes puntos:


 


1°) Elevación del mínimum de la limosna a recibir, de 5 centavos a 10, que es lo menos que puede recibir un pobre que se estime en algo, con el alto precio que alcanza el oro.


 


2°) Nombramiento de comisiones que impidan el ejercicio de la honrosa y lucrativa profesión de mendigo, hasta que el público acepte dicho aumento de limosna.


 


3°) Constitución de un sindicato permanente encargado de representar los intereses de la clase.


 


Los atorrantes harán lo mismo: se declaran en huelga porque encuentran que los caños no son bastante cómodos.(49)


 


El artículo satírico tiene interés porque posee la capacidad de resumir las características fundamentales del proceso huelguístico que atravesaba la ciudad de Buenos Aires en medio de una crisis económica y política sin precedentes. Porque el artículo no sólo deja en evidencia la postura fuertemente hostil a los trabajadores de uno de los medios de prensa más tradicionales de la ciudad, que no dudaba en asimilar los reclamos obreros a los de "mendigos" y "atorrantes". También resume los principales rasgos de los procesos de organización y agitación huelguística que recorrieron los años previos: la convocatoria de reuniones preparatorias, el planteo de un pliego reivindicativo que gira en torno a la necesidad de aumento salarial, la organización de comisiones para garantizar y promover el cumplimiento de la huelga y el intento de convertir esos vínculos surgidos al calor de la huelga en organizaciones gremiales de carácter permanente.


 


El desarrollo de una industrialización incipiente, en el marco de la expansión demográfica acicateada por la inmigración masiva, fue dando forma a una Buenos Aires obrera que, hacia las últimas décadas del siglo XIX, tenía poco en común con la ciudad de los burgueses, profesionales y políticos. En ella se procesaban, a espaldas de las miradas y la atención de la clase dominante, las experiencias de miles y miles de inmigrantes y trabajadores nativos que sufrían cotidianamente la explotación y la opresión en las fábricas y talleres, en el puerto, en las obras en construcción, en los conventillos, en los barrios obreros. Cuando a fines de la década de 1880 las luchas obreras hicieron su aparición brusca en la escena política, la prensa comercial y la oligarquía la consideraron una explosión inexplicable, sin razones aparentes en un país que ofrecía todas las posibilidades a los recién llegados; en realidad, se trataba de la manifestación de un proceso que venía desarrollándose molecularmente en la experiencia de los trabajadores de esa "otra" ciudad de Buenos Aires y que estalló en el marco de la crisis- la tarea del historiador es no repetir esa mirada impresionista, marcada por una perspectiva de clase, para recuperar el proceso a través del cual se constituía esa experiencia colectiva de los trabajadores.


 


Si en 1887, cuando el crecimiento económico parecía imparable y el "unicato" no mostraba fisuras, los reclamos obreros eran vistos como un fenómeno impropio de esta tierra promisoria y ajena a las contradicciones sociales características de Europa, dos años más tarde la situación había cambiado drásticamente. Con buena razón se ha enfatizado el papel clave que jugó el año 1890, como un momento de quiebre y que presenta un marcado simbolismo por reunir en pocos meses la crisis económica, el estallido de un golpe cívico militar que terminó con el gobierno y, en el terreno que nos ocupa, la aparición en la escena pública de la clase trabajadora con un conjunto de periódicos y manifestaciones públicas. Pero la importancia de los años inmediatamente anteriores no debe ser soslayada: con nuestro análisis de la agitación obrera de 1888 y 1889 como una etapa marcada por una profunda movilización reivindicativa y un desarrollo paralelo de la organización de los grupos socialistas y anarquistas locales, pretendemos enriquecer la comprensión del salto político y organizativo que representó la manifestación pública celebrada el 1° de mayo de en la ciudad de Buenos Aires, que ha sido marcada por todos los autores como un momento "fundacional" del socialismo y del movimiento obrero en nuestro país.(50)


 


Se trata, en suma, de advertir de qué manera la propia crisis económica actuó como un catalizador que le permitió dar un salto a la actividad de una clase obrera que venía madurando al calor de la carestía, la marginación política y social, y la intervención de activistas socialistas y anarquistas: sin duda procesos que resultan de notable actualidad más de un siglo después, cuando la crisis capitalista pone en movimiento la fuerza social de la clase obrera.


 


 


Referencias


 


Dorfman, Adolfo (1986): Historia de la industria argentina, Buenos Aires: Hyspamérica.


 


Falcón, Ricardo (1986): El mundo del trabajo urbano (1890-1914), Buenos Aires: CEAL.


 


Falcón, Ricardo (1984), Los orígenes del movimiento obrero (1857-1899), Buenos Aires: CEAL.


 


Gaido, Daniel y Lucas Poy (2009a) "Entre Bismarck y Juárez Celman. Lucha política y contribuciones teóricas de los socialistas alemanes en los orígenes del movimiento obrero argentino", ponencia presentada en las II Jornadas Nacionales de Historia Social, Centro de Estudios Históricos-Conicet, La Falda, mayo.


 


Gaido, Daniel y Lucas Poy (2009b): "Antes de Justo. Los inmigrantes alemanes y la 'prehistoria' del socialismo argentino (1888-1894)", ponencia presentada en las XII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Universidad Nacional del Comahue.


 


Gerchunoff, Pablo, Fernando Rocchi y Gastón Rossi (2008): Desorden y progreso, Buenos Aires: Edhasa.


 


Joll, James (1956): The SecondInternational, 1889-1914, New York, Praeger.


 


Klima, Jan (1974): "La asociación bonaerense Vorwärts en los años ochenta del siglo pasado", en Ibero-Americana Pragensia, a. VIII, Praga.


 


Kühn, Augusto (1916): "Apuntes para la historia del movimiento obrero socialista en la República Argentina", en Tempos Nuevos, números 1 a 7.


 


Kühn, Augusto (1926): "Páginas de la historia revolucionaria argentina. Espigando", en Correspondencia Sudamericana, año I, núm. 2,


Buenos Aires, 30 de abril. Marotta, Sebastián (1960): El movimiento sindical argentino. Su génesis y desarrollo. 1857-1907, Buenos Aires:


Lacio.


 


Rivero Astengo, Agustín (1944): Juárez Celman 1844-1909. Estudio histórico y documental de una época argentina, Buenos Aires: Kraft.


 


Tarcus, Horacio (2007): Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Buenos Aires: Siglo XXI.


 


Zaragoza Rovira, Gonzalo (1996): Anarquismo argentino 1876-1902, Ediciones de la Torre, Madrid.


 


Zeller, Jessica (2007): "Entre la tradición y la innovación. La experiencia del Vorwärts en Buenos Aires", en Políticas de la Memoria. Anuario de investigación e información del CeDInCI, número 5.


 


 


Notas


 


1. Este artículo es una versión reducida del publicado en la serie Documentos de Jóvenes Investigadores del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, mayo de 2010. 


 


2. “Kurze Geschichte der Arbeiterbewegung in Argentinien”, en Vorwärts, núm. 499, 15/08/1896, núm. 502, 5/09/1896, núm. 504, 19/09/1896, núm. 505, 26/09/1896, núm. 506, 3/10/1896, y núm. 508, 17/10/1896. Para un análisis más amplio de este trabajo ver: Gaido y Poy (2009a y 2009b). 


 


3. Ibid. 


 


4. “Huelga de cocineros, mozos y cocheros”, La Prensa, 26/1/1888, pág. 4. 


 


5. Ibid. Según la crónica, “un cocinero de categoría ha donado 5.000 nacionales para ese fin”. 


 


6. “Huelga de cocineros, mozos y cocheros”, La Prensa, 26/1/1888. 


 


7. Ibid. 


 


8. “La huelga”, La Prensa, 26/1/1888. “El ukase municipal”, La Nación, 26/01/1888.


 


 9. Ver el “Retrospecto político, noticioso y estadístico de 1888”, La Prensa, 1/1/1889. 


 


10. “La huelga de panaderos”, La Prensa, 1/2/1888. 


 


11. “La famosa ordenanza y sus efectos”, La Nación, 31/1/1888. 


 


12. “La huelga de los panaderos”, La Prensa, 2/2/1888. 


 


13. “Continúa la huelga”, Sud-América, 27/10/1889. 


 


14. “La nueva huelga”, La Prensa, 7/11/ 1888. El diario hacía notar la influencia de la huelga ferroviaria sobre los trabajadores


metalúrgicos: en el mismo artículo se informaba que los obreros “no disimulan la creencia de que, como los obreros del FC del Sud, ellos también conseguirán el aumento general exigido”. 


 


15. “Huelgas”, La Prensa, 8/11/1888. 


 


16. “Huelga”, La Prensa, 10/11/1888. “Más huelguistas”, Sud-América, 13/11/1888. 


 


17. “Las huelgas”, La Prensa, 24/11/1888. 


 


18. Un artículo de La Nación de la semana anterior planteaba que “En La Boca, foco del huelguismo, se ha formado una asociación denominada Sociedad operaria mecánica de protección mutua. El centro cuenta ya con cerca con mil doscientos miembros.” (“Las huelgas”, La Nación, 17/11/1888). 


 


19. “Las huelgas”, La Prensa, 24/11/1888. 


 


20. “Las huelgas”, La Prensa, 18/11/1888. 


 


21. “Los peones del alumbrado público”, La Prensa, 20/11/1888. Los trabajadores obtuvieron el pago, y la municipalidad rescindió el contrato de la empresa encargada del alumbrado. 


 


22. “La huelga de lanchoneros”, La Prensa, 21/11/1888.


 


23. “Las huelgas”, La Prensa, 11/11/1888. 


 


24. “Las huelgas”, La Prensa, 20/11/1888. 


 


25. “Las huelgas”, La Prensa, 11/11/1888. 


 


26. “Las huelgas”, La Prensa, 20/11/1888. 


 


27. “Reunión de obreros”, La Prensa, 27/11/1888. La crónica de La Nación es más breve pero proporciona un relato similar. 


 


28. Ibid. 


 


29. Ibid. 


 


30. Ibid. 


 


31. “El socialismo y las huelgas”, Figaro, 14/11/1888. 


 


32. “El socialismo en Buenos Aires”, Sud-América, 15/11/1888. 


 


33. “Huelga de marineros”, Sud-América, 3/8/1889. 


 


34. Ibid. 


 


35. “La huelga de la Boca”, La Nación, 7/8/1889. 


 


36. “La huelga en vías de solución”, La Prensa, 8/8/1889. 


 


37. “Los sueldos en las obras del Riachuelo”, La Prensa, 29/8/1889. 


 


38. “Huelga de los carpinteros”, La Prensa, 11/9/1889, subrayado nuestro. 


 


39. “La huelga en las fábricas de billares”, La Prensa, 13/9/1889. 


 


40. “La huelga de los carpinteros”, La Prensa, 15/9/1889. 


 


41. “Las huelgas”, La Prensa, 24/9/1889. 


 


42. “La huelga de los obreros de albañilería”, La Prensa, 21/9/1889. 


 


43. Ibid. 


 


44. “Sigue la huelga”, El Nacional, 1/10/1889.


 


45. “La huelga de maquinistas”, El Nacional, 28/9/1889. 


 


46. “Otra huelga”, El Nacional, 30/9/1889. 


 


47. “Comunistas y socialistas”, El Nacional, 1/10/1889. El artículo lamentaba la detención de varios militantes del gremio de tipógrafos, como Indalecio Cuadrado y Francisco Fó, “que nada tienen que ver con los comunistas del otro grupo” y que pretendían publicar un periódico “de propaganda socialista científica” en la misma imprenta. Sobre las detenciones a los anarquistas, ver también Gonzalo Zaragoza (1996: 120-121) 


 


48. “Anklage des Präsidenten Celman gegen den Vorwärts”, Vorwärts no. 150, 10/11/1889. 


 


49. “Huelga inesperada”, El Nacional, 1/10/1889. 


 


50, La mejor fuente es Kühn (1916). El tema también es analizado por Tarcus (2007: 163-167), Marotta (1960: 94-99) y Godio (2000: 91-92), entre otros.


 

Los trabajadores y la Patria: una nota sobre un pasaje del Manifiesto Comunista


El pasaje en cuestión se refiere a la actitud de los trabajadores hacia su país.


 


Dice: "Además, se acusa a los comunistas de buscar la abolición de los países y la nacionalidad. Los trabajadores no tienen patria. No podemos quitarles aquello que no tienen. Dado que ante todo el proletariado debe obtener la supremacía política, constituirse a sí mismo en nación, es, hasta este punto, nacional en sí mismo, aunque no en el sentido burgués del término.


 


"Día a día se desvanecen las diferencias nacionales y los antagonismos entre los pueblos, debido al desarrollo de la burguesía, a la libertad de comercio, al mercado mundial, a la uniformidad del modo de producción y a las condiciones de vida que corresponden al mismo.


 


"La supremacía del proletariado las hará desaparecer aún más rápidamente. Una de las primeras condiciones de la emancipación del proletariado es la acción unida de por lo menos los países civilizados líderes.


 


"The Workers and the Fatherland: A Note on a Passage in the Communist Manifestó", International 4.2 (Winter 1977).


 


"En la medida que se ponga término a la explotación de un individuo por otro, también se pondrá término a la explotación de una nación por otra.


 


"En la medida que el antagonismo de clases dentro de la nación se desvanezca, llegará a su fin la hostilidad de una nación a otra".(1)Y, en una página anterior, el Manifiesto afirma: "La lucha del proletariado con la burguesía es ante todo en forma, aunque no en sustancia, una lucha nacional. El proletariado de cada país debe, por supuesto, arreglar cuentas ante todo con su propia burguesía".(2) La literatura socialista ha citado estos pasajes en innumerables ocasiones, generalmente para justificar la actitud negativa del movimiento obrero socialista hacia el patriotismo burgués y el chauvinismo. Sin embargo, a menudo se ha intentado atemperar el fuerte lenguaje de estos pasajes para darles un sentido opuesto, un sentido nacionalista.


 


"Podemos citar como ejemplo a H. Cunow, el bien conocido teórico de la socialdemocracia alemana. Analiza los pasajes arriba citados en su libro sobre: Las teorías de la historia, la sociedad y el estado en Marx.


 


"Según Cunow, todo lo que Marx y Engels pretendían afirmar era que: "Hoy (1848), el trabajador no tiene país, no forma parte de la vida de la nación, no tiene participación en su riqueza material y espiritual. Pero llegará el día en que los trabajadores obtengan el poder político y adquieran una posición dominante en el estado y la nación; y entonces, cuando por así decir [?] se hayan constituido en la nación, también serán nacionales y se sentirán nacionales, aun cuando su nacionalismo será [!] de tipo diferente al de la burguesía(3)". Esta interpretación de Cunow(4) tropieza con una frasecita, la frase "hasta este punto" ("Dado que ante todo el proletariado… debe constituirse a sí mismo en nación, es, hasta este punto, nacional en sí mismo"), indicativa de que ni Marx ni Engels esperaban que el proletariado se mantuviera "nacional" para siempre…


 


"La interpretación de Cunow se convirtió en la interpretación normal de la literatura reformista; pero después de la Segunda Guerra Mundial también encontró aceptación en el campo comunista. Así, leemos en la "Introducción" a la edición del Manifiesto vienesa de la Stern-Verlag (1946): "Cuando en el Manifiesto Comunista Marx afirma que 'Dado que ante todo el proletariado debe obtener la supremacía política, transformarse en la clase dirigente de la nación, constituirse a sí mismo en nación, es, hasta este punto, nacional en sí mismo' debemos entender que, en nuestra época, la clase trabajadora actúa como clase nacional, como columna vertebral de la nación en el combate contra el fascismo y por la democracia. La clase trabajadora de Austria lucha hoy para ganar su patria austriaca, para crear una Austria independiente, libre y democrática".(5) Esta interpretación no solamente equivale a la de Cunow, sino que va más allá aún. En completa contradicción con estas interpretaciones nacionalistas se encuentra lo que Lenin escribió en su famoso ensayo 'Karl Marx': "La nación es un producto necesario, y la forma inevitable, en la época burguesa de desarrollo social. La clase trabajadora no puede fortalecerse, madurar y consolidar sus fuerzas sino constituyéndose en la nación', sin ser 'nacional' ('aunque no en el sentido burgués de la palabra'). Pero el desarrollo del capitalismo tiende a derribar las fronteras nacionales, desecha el aislamiento nacional, reemplaza los antagonismos nacionales por antagonismos de clase. En los países capitalistas más desarrollados es perfectamente cierto que 'los trabajadores no tienen patria' y que la 'acción unificada' de los trabajadores, al menos en los países civilizados, 'es una de las primeras condiciones para la emancipación del proletariado'"(6). Pero ni siquiera la interpretación de Lenin termina de ser satisfactoria. Mientras que, según El Manifiesto, el proletariado, incluso después de obtener la supremacía política, será "hasta este punto, nacional en sí mismo", Lenin restringe este "ser nacional" a los inicios del movimiento de la clase trabajadora, antes de su 'mayoría de edad'. En una sociedad capitalista completamente desarrollada, dice Lenin, los trabajadores tendrán menos patria que nunca… Hasta aquí las diversas interpretaciones de los pasajes citados del Manifiesto.


 


"No puede parecer extraño que cierta cantidad de autores socialistas hayan intentado encontrar su verdadero significado. Mucho más extraño es que, a lo largo del tiempo, estos pasajes se hayan transformado en una especie de credo, que se hayan deducido de ellos consignas programáticas de largo alcance incluso cuando no se terminan de entender las palabras del Manifiesto… Esto se aplica especialmente a la afirmación de que los trabajadores "no tienen patria". Era mucho más fácil repetirla mecánicamente que explicar esta oración tan simple en apariencia y ponerla de acuerdo con la práctica cotidiana de los partidos socialistas (y luego los partidos comunistas). Y, desafortunadamente, esta práctica parecía desmentir cada vez más a los autores del Manifiesto…


 


¿Qué significan, entonces, en realidad, las proposiciones del Manifiesto? ¿En qué sentido "no tienen patria" los trabajadores, y cómo es que, pese a todo, aun después de obtener la supremacía, seguirán siendo "hasta este punto, nacionales"?


 


Parecería que para responder esta pregunta debemos ante todo examinar la terminología del Manifiesto.


 


"Es bien sabido que los términos 'nación' y 'nacionalidad' no tienen siempre y en todas partes el mismo sentido. En inglés y francés, por ejemplo, se suele entender por una 'nación' la población de un Estado soberano, y se toma el término 'nacionalidad' tanto como un sinónimo de 'ciudadanía' o como designación de una mera comunidad de ascendencia y lenguaje (un 'pueblo'… como el 'Volk' alemán). En cambio, en Alemania y Europa Oriental ambos términos hacen referencia ante todo a comunidades de ascendencia y lenguaje(7). Marx and Engels, especialmente en sus escritos tempranos, seguían casi siempre el uso francés e inglés. En primer lugar, utilizaban la palabra 'nación' para designar a la población de un Estado soberano (excepcionalmente, también aplicaban este término a pueblos 'históricos', como los polacos, que – temporalmente- habían sido privados de su propio Estado).


 


"'Nacionalidad', por el otro lado, significaba para ellos: sea 1) perteneciente a un Estado, es decir, un pueblo que poseía un Estado; sea 2) una mera comunidad étnica. Coherentemente, este es prácticamente el único término que usan para los así llamados 'pueblos sin historia', como los eslavos austriacos (checos, croatas, etc.) y los rumanos o para los 'restos de pueblos' como los gaélicos, bretones y vascos… ¡Y precisamente este concepto de 'nacionalidad', en fuerte contraste con el de 'nación' (por el cual Marx y Engels entendían un pueblo que poseía un Estado propio y, por lo tanto, su propia historia política), era muy característico de su terminología.(8)


 


Citamos algunos ejemplos: Los gaélicos de las Tierras Altas (Highland Gaels) y los galeses [escribía Engels en el periódico The Commonwealth en 1866] son sin duda de nacionalidades diferentes a lo que son los ingleses, aunque nadie daría por estos remanentes de pueblos que hace mucho han perdido el título de naciones más que por los habitantes célticos de la Bretaña francesa…(9) Y en el artículo "Alemania y el paneslavismo" (1855) dice que: "Podemos distinguir dos grupos de eslavos austriacos. Uno consiste de remanentes de nacionalidades, cuya propia historia pertenece al pasado y cuyo desarrollo histórico actual está atado al de naciones de raza y lengua diferentes… En consecuencia, aunque estas nacionalidades viven exclusivamente sobre suelo austríaco, en modo alguno se constituyen como naciones diferentes"(10). En otro sitio, Engels afirma: "Ni Bohemia ni Croacia poseían la capacidad de existir por sí mismas. Sus nacionalidades minadas gradualmente por factores históricos que provocan su absorción por razas más vigorosas, sólo pueden esperar la recuperación de algún tipo de independencia si se vinculan con otras naciones eslavas' (aquí Engels se está refiriendo a Rusia)".(11) El artículo citado de The Commonwealth, revela cuánta importancia asignaba Engels a la diferenciación terminológica de los conceptos de 'nación' y de 'nacionalidad'; hace allí una tajante distinción entre las cuestiones 'nacional' y 'de nacionalidades', entre el principio 'nacional' y el principio de las 'nacionalidades'. Aprobaba solamente el primero y rechazaba vigorosamente el segundo. (Como se sabe bien, Marx y Engels se equivocaban al negar futuro político a los 'pueblos sin historia': checos, eslovacos, serbios, croatas, eslovenos, ucranianos, rumanos, etc.(12).) También en el Manifiesto Comunista encontramos diversas instancias de este uso terminológico. Por ejemplo, cuando habla de que 'el desarrollo del capitalismo mina las industrias nacionales'(13), es evidente que hace referencia a industrias confinadas al territorio de un Estado dado. Por supuesto, deben entenderse en el mismo sentido las 'Nationalfabriken' ('fábricas propiedad del Estado', en la versión inglesa) a las que se hace referencia al final de la segunda sección. Y cuando en la oración 'Provincias independientes, o apenas si conectadas tenuemente, con intereses, leyes, gobiernos y sistemas impositivos distintos, terminan agrupadas en una nación, con un gobierno, un código de leyes, un interés nacional de clase, una frontera y una tarifa aduanera'(14), las palabras 'nación' y 'nacional' hacen evidente referencia al Estado, al pueblo que tiene un Estado, y no a la nacionalidad en el sentido de la ascendencia y el lenguaje. Finalmente, cuando en el Manifiesto Marx y Engels hablan de la lucha 'nacional' del proletariado, lo hacen en un sentido bastante diferente al que le dan las interpretaciones reformistas o neoreformistas… El siguiente párrafo, que retrata el origen de la lucha proletaria, lo aclara: "Al principio la lucha la llevan adelante trabajadores individuales, luego los trabajadores de una fábrica, más adelante los miembros de una rama de la producción, en una localidad, contra el burgués individual que los explota directamente… Era precisamente este contacto el que hacía falta para centralizar las numerosas luchas locales, todas del mismo carácter, en una lucha nacional entre clases"(15). Aquí, la lucha 'nacional' del proletariado, es decir el combate planteado a nivel del Estado entero, se hace directamente igual a la lucha de clases, dado que sólo semejante centralización a escala del Estado podía oponer los trabajadores como clase a la clase de la burguesía, dándole a estos combates la marca de combates políticos(16). Volviendo al párrafo citado al inicio, cuando Marx y Engels afirman que la lucha del proletariado contra la burguesía es "ante todo nacional", lo que tienen en mente es, con toda evidencia, una lucha que se lleva a cabo en primer lugar en el marco de un solo Estado, como lo prueba la razón ya dada de que "el proletariado de cada país debe, por supuesto, arreglar cuentas ante todo con su propia burguesía".


Pero desde este punto de vista, la afirmación de que el proletariado debe elevarse a "clase dirigente de la nación", de que debe constituirse como "la nación", toma igualmente un significado muy definido. Afirma que al principio el proletariado debe guiarse por las fronteras existentes, llegar a ser la clase dirigente dentro de los Estados existentes. Es por eso que, al principio, será "hasta ese punto, nacional…", aunque "no en el sentido burgués de la palabra"; porque el objetivo que se impone la burguesía es la separación entre los pueblos y la explotación de las naciones extranjeras por la propia. Por otro lado, la clase trabajadora victoriosa laborará desde el principio por la eliminación de las hostilidades y antagonismos nacionales entre los pueblos.


 


"Ejerciendo su hegemonía, creará las condiciones bajo las cuales "en la medida que el antagonismo de clases dentro de la nación se desvanezca, llegará a su fin la hostilidad de una nación a otra". Desde este punto de vista, y solamente desde él, se puede entender lo que quería decir el joven Engels cuando escribía sobre la 'abolición' o 'aniquilación' de la nacionalidad: no por cierto la 'abolición' de las comunidades étnicas y lingüísticas existentes (¡esto hubiera sido absurdo!), sino de las 'delimitaciones políticas de los pueblos'(17). En una sociedad donde (en las palabras del Manifiesto) "el poder público perderá su carácter político" y el Estado como tal se marchitará no puede haber lugar para 'Estados nacionales' separados…


 


"Creemos que nuestro análisis de la terminología del Manifiesto es más que un intríngulis filológico. Ha demostrado que los pasajes en cuestión se refieren ante todo a la 'nación' y la 'nacionalidad' en el sentido político y, por lo tanto, no se compadecen con las interpretaciones anteriores. Esto se aplica especialmente a la sumamente arbitraria y sofística explicación de Cunow, quien trató de deducir del Manifiesto un 'nacionalismo proletario' específico y de reducir el internacionalismo del movimiento internacional de la clase trabajadora a un deseo de 'cooperación internacional entre los pueblos'(18). Pero el Manifiesto tampoco predicaba la indiferencia proletaria frente a los movimientos nacionales, la práctica de una especie de 'nihilismo' en cuestiones de nacionalidad. Cuando el Manifiesto afirma que los trabajadores "no tienen patria", está haciendo referencia al Estado nacional burgués, no a la nacionalidad en el sentido étnico. Los trabajadores "no tienen patria" porque, según Marx y Engels, deben tomar al Estado nacional burgués como una maquinaria dirigida a su opresión(19)(20), su esfuerzo por superar la estrechez de miras nacional y las "separaciones y antagonismos nacionales entre los pueblos". En este sentido, sin embargo, estaba mucho más cerca del espíritu del marxismo y del Manifiesto que la interpretación nacionalista de Bernstein, Cunow y otros.


 


 


 


Notas


 


1. Marx y Engels: The Communist Manifesto (International Publishers, 1948), p. 28. 


 


2. Ibid., p. 20. 


 


3. Die Marxsche Geschichts, GeseIlschafts und Staatatheorie, vol. 2, p. 30. 


 


4. Cunow no fue el primero en interpretar el Manifiesto en este sentido. Esta innovación reformista, al igual que muchas otras, se origina en el fundador del revisionismo, Ernst Bernstein. En un artículo sobre “La socialdemocracia alemana y el embrollo turco” (Neue Zeit, 1896-7, Nº4, pp. 111) afirma que: “La proposición de que el proletario no tiene patria se corrige donde y cuando puede participar como ciudadano de todo derecho en el gobierno y la legislación de su país, y puede modificar las instituciones según sus deseos, y en la medida en que puede hacerlo”. 


 


5. La idea de que los trabajadores austriacos podrían haber querido luchar por el socialismo en su país ni siquiera parece habérsele ocurrido al autor de la ‘Introducción’… 


 


6. V.I. Lenin, The Teachings of Karl Marx. International Publishers, 1930, p. 31. 


 


7. Sobre el tema afirma Karl Kautsky: “El concepto de nación es igualmente difícil de delimitar. Y el hecho de que la misma palabra denote dos formaciones sociales diferentes, y que dos palabras diferentes denoten la misma formación no disminuye, precisamente, la dificultad. En Europa Occidental, con su vieja cultura capitalista, el pueblo de cada Estado se siente estrechamente unido al mismo. Allí, se denomina ‘la nación’ a la población de un Estado. Es en este sentido que, por ejemplo, hablamos de la nación belga. Cuanto más nos internamos hacia el Este europeo, son más numerosas las porciones de la población de un Estado que no desean pertenecer al mismo, que constituyen comunidades nacionales dentro del mismo y por sí mismas. También se las llama ‘naciones’ o ‘nacionalidades’.


Sería recomendable aplicarles solamente el último término” (Die materialistische Geschichtsauffassung, vol. 2, p. 441.) 


 


8. Compárese con el discurso de Marx sobre Polonia, fechado el 22 de febrero de 1858: ‘Los tres poderes [o sea Prusia, Austria y Rusia] siguieron el curso de la historia. Cuando en 1846 incorporaron Cracovia a Austria, confiscaron las últimas ruinas de la nacionalidad polaca…” (Mega, vol. 6, p. 408; ver también Gesammelte Schriften, vol. 1, p. 247). También aquí, como en muchos otros pasajes de Marx y Engels, no se entiende por ‘nacionalidad’ otra cosa que el gobierno. 


 


9. Grünbergs Archiv, vol. 6, p. 215ff. 


 


10. Gesammelte Schriften, vol.1, p. 229. 


 


11. Revolution und Kontrerevolution in Deutschland, pp. 62ff. 


 


12. Véase mi monografía: ‘Friedrich Engels und das Problem der “geschichtslosen” Völker’, in Archiv für Sozialgeschichte vol. 4, pp. 87-282. [“Engels and the ‘Nonhistoric’ Peoples: The National Question in the Revolution of 1848”. Critique Books, 1986.


 


13. The Communist Manifesto, p. 12. 


 


14. Ibid., p. 13. 


 


15. Ibíd., pp. 17-18. 


 


16. Compárese con La ideología alemana: “Precisamente porque la burguesía ya no es un estamento sino una clase, se ve obligada a organizarse nacionalmente y ya no localmente, dándole a sus intereses promedio una forma general” (Mega, vol. 5, p. 52). 


 


17. En el mismo sentido, Engels escribía en 1846: “Solamente los proletarios pueden abolir la nacionalidad; solamente el proletariado en su despertar puede permitir la fraternización de varias naciones” (Mega, vol. 6, p. 460). De un modo similar, en La ideología alemana, se hace referencia al proletariado como una clase que “ya es la expresión de la disolución de todas las clases, nacionalidades, etc., dentro de la sociedad del día de hoy… dentro de la cual ya está abolida la nacionalidad” (Ibíd., vol. 5, pp. 60 y 50; y cf. Ibíd., vol. 5, p. 454). 


 


18. El máximo error en la lectura del Manifiesto que hace Cunow es quizás el contenido en la siguiente cita de su libro: ‘Y es igualmente irrazonable sacar de la consigna “¡Trabajadores del mundo, uníos!” la conclusión… de que Marx pretendía afirmar que el trabajador está afuera de la comunidad nacional. No lo es menos deducir de la consigna “¡Periodistas, médicos, filólogos, etc., uníos en sindicatos internacionales para llevar vuestras tareas adelante!” que los miembros de estas asociaciones profesionales deberían sentirse desvinculados de su nacionalidad…’ (op. cit., vol. 2, p. 29). Compárese con la Crítica al programa del Gotha hecha por Marx en 1875, en cuyo punto 5 puede leerse que: “La clase trabajadora lucha por su emancipación en primer lugar dentro del marco del Estado nacional actual, conciente de que el resultado necesario de sus esfuerzos, que son comunes a los trabajadores de todos los países civilizados, será la hermandad internacional de los pueblos”. Sobre el mismo tema, Marx afirmaba: ‘Lassalle, en oposición al Manifiesto Comunista y a todo el socialismo anterior, pensaba el movimiento obrero desde el punto de vista nacional más estrecho. En esto lo continúan -(¡y eso después de todo el trabajo realizado por la Internacional!). Sin embargo es evidente por sí mismo que, para poder siquiera dar la lucha, la clase trabajadora debe organizarse como clase en su propia casa y que la arena inmediata de su lucha es su propio país. En la medida que su lucha de clases es nacional, no en lo substancial, pero como dice el Manifiesto Comunista ‘en lo formal’. Sin embargo, el ‘marco del estado nacional actual’, por ejemplo el Imperio Alemán, se encuentra, en sí mismo y a su vez, ‘en el marco del sistema de Estados’ desde el punto de vista económico. Cualquier hombre de negocios sabe que el comercio alemán es al mismo tiempo comercio extranjero, y que la grandeza de Herr Bismarck consiste, de seguro, precisamente en que persigue un tipo de política internacional. ¿Y a qué reduce su internacionalismo el partido de los trabajadores alemán? A la conciencia de que el resultado de sus esfuerzos será la ‘hermandad internacional de los pueblos’, una frase tomada en préstamo de la burguesa Liga de la Paz a la que se trata de hacer pasar por equivalente de la hermandad internacional de las clases trabajadoras en la lucha común contra las clases dominantes y sus gobiernos. ¡Por lo tanto, ni una palabra sobre las funciones internacionales de la clase trabajadora alemana!’ (Selected Works, vol. 2, p. 25f). 


 


19. En uno de sus cuadernos de notas, Marx extrajo lo siguiente de Brissot de Warville: “Hay una noción que sospechan solamente aquellos que preparan planes educativos para el pueblo: que no puede haber virtud desde que las tres cuartas partes del pueblo no tienen propiedad, porque sin la propiedad la gente no tiene país, sin un país todo está en contra de ella, y por su parte deben armarse contra todos… Dado que este es el lujo de las tres cuartas partes de la sociedad burguesa, se deduce que estas tres cuartas partes no pueden tener religión, moral, ni apego al Gobierno…” (Mega, vol. 6, p. 617). 


 


20. En su carta a Sorge del 12 al 17 de septiembre de 1874, Engels hablaba de los “intereses cosmopolitas comunes del proletariado”. Esto contrasta vivamente con la connotación despreciativa que adquirió la palabra ‘cosmopolita’ en el vocabulario político de la Unión Soviética.


 

Ronald Fraser: La guerra maldita de Napoleón. Resistencia popular en la guerra de la península ibérica 1808-1814

Traducido de New Left Review 63, mayo-junio de 2010.


A lo largo de un frente que se extendía desde Varsovia hasta el Adriático, las fuerzas de avanzada de Napoleón se encontraron con muy poca resistencia popular. En Ulm o Austerlitz, Jena o Friedland, la Grande Armée enfrentó y venció a fuerzas realistas; los tratados de Pressburg o Tilsit no fueron desafiados desde abajo.


Las reformas constitucionales y legislativas se consolidaron a través de Estados satélites gobernados por miembros de la familia del Emperador -su hermano Jérome, rey de Westfalia; su hijastro Eugène de Beauharnais, virrey de Italia; sus hermanas Elisa y Carolina, en Lucca y Nápoles y también la Confederación del Rin, el Gran Ducado de Varsovia y la Confederación Suiza, estrechamente ligadas por las obligaciones de los tratados. Las elites locales y los poblados aceptaron ampliamente -y algunas veces hasta dieron la bienvenida- al sistema imperial francés. Entre 1805 y 1812, las revueltas antinapoleónicas (en Nápoles, Sicilia o el Tirol, por ejemplo) fueron en su mayor parte disturbios relativamente localizados. Sólo luego de la debacle de Moscú se movilizaron fuerzas populares significativas contra los franceses en los territorios alemanes, que llevaron a la derrota de la Grande Armée en Leipzig, en 1813.


 


La más impresionante excepción la constituye, por supuesto, España. Aquí, las fuerzas de Napoleón -enviadas inicialmente a través del país en 1807 para ocupar los puertos portugueses contra los ingleses- encontraron una resistencia insurreccional que los acosó de forma implacable durante seis años, en los que la "guerra maldita" agotó los recursos de la Grande Armée.


 


El hermano de Napoleón, José, instalado como Rey de España, apenas se atrevió a dejar su palacio. Las reformas emancipatorias anunciadas por el Emperador quedaron en letra muerta. "El sistema que deseaba instalar en España hubiera sido para el bien del país; sin embargo, fue contrario a las opiniones de su pueblo, entonces, yo fallé", reflexionó más tarde Napoleón. La realidad fue mucho más complicada, como en la actualidad nos muestra una vasta literatura sobre la Guerra Peninsular -incluyendo una plétora de libros, ensayos y conferencias que conmemoraron el 200 aniversario de 1808.


 


Sin embargo, como señala Ronald Fraser en La guerra maldita de Napoleón, nadie había aún ahondado en las experiencias de la gente común que luchó, sufrió y colaboró con la resistencia a la ocupación francesa. La historia oral de Fraser Sangre de España continúa siendo en forma indiscutida una reflexión única sobre las complejidades de la guerra civil española, al recordar las memorias de los sobrevivientes. Al abordar la Guerra Peninsular, se encuentra con una escasez de fuentes escritas, a causa de la extensión del analfabetismo en España en ese tiempo -quizá tan alto como el 80%. Entonces debe atar cabos; armar una masa de fragmentos y desenmarañar complejidades sociales, económicas y políticas de una impresionante serie de fuentes: manuscritos de los archivos municipales y de la Biblioteca Nacional; archivos militares en Madrid y Segovia; manifiestos, decretos y ordenanzas; cartas personales, diarios y cuadernos, memorias, panfletos, bandos, registros de asistencia a teatros y censos, así como una exhaustiva bibliografía de materiales primarios y secundarios. No sorprende que haya sido saludado por los más importantes eruditos en España como un hito en la historiografía de la guerra.


 


Fraser comienza con una brillante investigación sobre las clases sociales de España en la víspera de la Guerra Peninsular, que incluye las complejidades de las principales instituciones del país, así como la perspectiva y las condiciones de vida de las diferentes clases sociales. Habiendo sido la potencia dominante del siglo XVI, luego España había sufrido 150 años de declinación, pero seguía siendo el imperio colonial más grande del mundo, cuyas riquezas ayudaban a sostener el orden absolutista. En España, Carlos IV regía sobre un "palimpsesto de reinos, principados y provincias", en las cuales se superponían jurisdicciones de feudalismo combinadas con particularismos locales para oponerse exitosamente a cualquier intento de centralización.


 


La Iglesia, no tocada por la Reforma, era -según palabras de Fraser- "la única institución efectivamente nacional", la cual ejercía un considerable dominio sobre las vidas cotidianas del pueblo y con un ingreso que, a mediados del siglo XVIII, equivalía a un quinto del producto bruto total. La nobleza era la "columna vertebral" de una sociedad gobernada por el concepto de estatus y aunque los nobles dominaban el ejército -el cual, en consecuencia, tenía en su cúpula demasiados oficiales aristocráticos-, éstos estaban en gran parte excluidos de las funciones del Estado; su preeminencia descansaba, en cambio, en la propiedad y el origen feudal del "señorío".


 


Con respecto a los plebeyos de España, Fraser señala el crecimiento de las clases de comerciantes mayoristas en Madrid y las regiones costeras. Pequeña en número, comparada con sus contrapartes en Gran Bretaña o Francia, tendía a preservar el orden absolutista antes que desafiarlo, dado que se beneficiaba tan generosamente del monopolio español sobre el comercio con las posesiones en el Nuevo Mundo.


 


Por contraste, la existencia de la población trabajadora rural y las clases inferiores urbanas era dura y precaria. A fines del siglo XVIII, se habían producido brotes de enfermedades y crisis de subsistencia. El promedio de esperanza de vida se situaba por debajo los 27 años. La vida en los pueblos estaba marcada por el temor al fracaso de las cosechas y el hambre, así como por un proceso de proletarización que expulsaba a miles de la tierra. Según Fraser, "a fines del siglo, la mitad de los casi 1.700.000 trabajadores rurales estaba constituida por trabajadores sin tierra". Muchos de ellos inundaban las ciudades, en las cuales la pobreza era moneda corriente, las condiciones de vida eran antihigiénicas y las oportunidades de trabajo ferozmente estaban defendidas por un artesanado socialmente estigmatizado.


 


Según Fraser, el carácter del "ancien régime" "condicionaba profunda e inevitablemente" la guerra que iba a conmover sus propias bases, antes de culminar con la restauración absolutista en 1814. Los orígenes de la guerra son complejos.


 


España se había unido a la movilización realista contra la Revolución Francesa en 1793, pero luego de que concluyera en un fracaso en 1795, se alió con el Directorio de Francia contra Gran Bretaña. Sin embargo, la década de guerras intermitentes que siguió fue financieramente ruinosa para España y los intentos de retirarse del combate resultaron en demandas de un resarcimiento igualmente oneroso por parte de París. Luego de la derrota de la marina española en Trafalgar en 1805, Napoleón buscó contener el poder marítimo británico mediante un bloqueo continental. Fue para poner en práctica este bloqueo que la Grande Armée fue despachada para apoderarse de los puertos de Portugal en 1807. El gobierno español había acordado permitir que 25.000 miembros de tropas de Napoleón cruzaran el país. Sin embargo, esta fuerza inicial fue seguida a comienzos de 1808 por otros 100.000 soldados que permanecieron en el territorio español, se apoderaron de los puertos de Barcelona y San Sebastián, y tomaron el control de varias fortalezas claves "sin el permiso del gobierno o algún conocimiento de los objetivos militares (de Napoleón)".


 


Aun así los franceses no fueron inmediatamente recibidos como fuerzas de ocupación. Lo que cambió la situación fue la maniobra de Napoleón de destituir a los Borbones del trono de España. En el centro de los sucesos y actuando como disparador para el descontento popular, estaba la figura de Manuel Godoy, el primer ministro español desde 1792 y favorito real (y supuesto amante de la reina).


 


Aborrecido universalmente no solamente por su promoción inmerecida y su moral relajada, sino también por los sufrimientos infligidos al país a través de su diplomacia, Godoy fue removido en un golpe palaciego en Aranjuez en marzo de 1808.


 


La repulsión popular a su ministerio era tan fuerte que el rey que le había conferido el poder, Carlos IV, fue forzado a abdicar a favor de su hijo, Fernando VII. Seis meses antes, Fernando -descrito por su propia madre como "malicioso y cobarde"- había complotado para destituir a Godoy, escribiendo una carta llena de halagos a Napoleón para asegurarse el apoyo del Emperador. El complot falló, pero una vez que Fernando fue nombrado rey, buscó nuevamente el reconocimiento de Bonaparte. Las intrigas de los meses precedentes, sin embargo, "habían decidido definitivamente a Napoleón a deshacerse de los Borbones. En abril, convenció primero a Fernando y luego a toda la familia real española para trasladarse a través de la frontera a Bayonne, y en dos semanas forzó la abdicación a favor de su hermano José. La familia real pasaría los años de la guerra en la propiedad de Talleyrand en Valencia, reverenciando a Napoleón mientras España lo resistía heroicamente en nombre del rey.


 


Ya había habido estallidos de ira popular contra los franceses, principalmente la rebelión del 2 al 3 de mayo en Madrid. Sofocada por el comandante francés, Murat, la insurrección fue seguida por feroces represalias de parte de las fuerzas de ocupación. La noticia de la destitución de los Borbones del trono se esparció rápidamente y, en tres semanas, tuvo lugar una serie de levantamientos provinciales y se encendió la resistencia. En el vacío dejado por la abdicación de Fernando, se establecieron juntas insurreccionales en una serie de ciudades. Quizá la respuesta política más original e inusual a la guerra hayan sido alrededor de las 29 juntas dispersas en todo el país. Fraser las analiza en detalle, señalando su composición social: autoridades municipales, clero local y militares tendían a estar mejor representados, mientras las clases trabajadoras y los comerciantes apenas figuraban.


 


Las juntas marcaban una acentuada ruptura con el viejo orden: "España fue nuevamente separada en los reinos y regiones que la constituyeron, cada uno de ellos autónomo y soberano", acota. En septiembre de 1808, sin embargo, estos cuerpos regionales se habían subordinado a una Junta Suprema central designada para coordinar la resistencia a escala nacional. Más tarde en el mismo siglo, Francisco Pi y Margall, un discípulo de Proudhon y un inspirador de la Primera República española de 1873, se manifestó impresionado por las juntas y sostuvo que España había sido virtualmente una república federal durante la guerra, e hizo un llamamiento al restablecimiento de las provincias históricas siguiendo límites similares. Se puede sostener que Pi fue profético en este sentido, ya que en la actualidad las comunidades autónomas establecidas como reacción al Estado centralista de Franco coinciden estrechamente con esas provincias.


 


La guerra maldita de Napoleón brinda un importante relato cronológico de la guerra "desde abajo", focalizándose en sus primeros dos años. Este fue el período "más tormentoso" en las palabras de Fraser, el que abarcó la propagación de la resistencia y la devastadora respuesta de Napoleón -quien desplegó 250.000 soldados que, a su vez, fueron constantemente asaltados por un "ejército invisible" de guerrillas. Fraser demuele una cantidad de mitos que durante el curso del siglo XIX formaron parte de la imagen histórica de la resistencia popular, de la que la guerrilla rural constituía su símbolo más prominente.


 


Si bien es verdad que fue la participación de la población rural la que transformó la lucha en "una insurrección nacional", gran parte de la resistencia fue urbana -como se mostró de manera más impresionante en el levantamiento del 2 de mayo en Madrid.


 


El aspecto urbano de la guerra se refleja en el número de asedios que hicieron de España una experiencia única comparada con otras campañas napoleónicas. Los más famosos fueron los dos horroríficos asedios de Zaragoza, una ciudad clave en la línea este de comunicación con Francia, en el verano de 1808 y el invierno de 1808-09. Estos asedios están descriptos con todos los detalles en los atrapantes relatos de Fraser, que siguen a corta distancia el progreso de las batallas y evocan vivamente la atmósfera dentro de los muros de la ciudad. En la víspera del primer asedio, una concisa demanda efectuada por los franceses acampados en el exterior, "Capitulación", fue recibida con un concisa respuesta: "Guerra y cuchillo".


 


La artillería francesa hizo llover la destrucción sobre la ciudad. Leemos sobre el bombardeo del hospital: "los pacientes corrían, cojeando o trastabillando por las calles en sus ropas de cama, con sus vendajes, muletas y tablillas… Para aumentar el horror, escaparon algunos locos que corrían gritando, cantando y riendo salvajemente entre los cadáveres. "Ese día, el infierno abrió sus puertas" escribió un testigo ocular. Fraser luego relata cómo, después de que se hubiera abierto una brecha en los muros, el combate "fue casa por casa: los franceses a menudo ocupando un piso, los defensores el siguiente; las escaleras debían ser tomadas una por una, y las paredes divisorias demolidas a fin de avanzar". La resistencia de Zaragoza se mantuvo firme, pero cuatro meses más tarde los franceses retornaron. Esta vez, el bombardeo fue todavía más severo: "en una semana en enero solamente, cayeron 6000 bombas y granadas sobre la ciudad" y el combate dentro de los muros fue "aún más largo y más feroz que durante el primer asedio". Este hizo estragos no sólo en las calles, sino también "en túneles subterráneos, calles, casas y techados". La comida se tornó escasa y el tifus y el hambre diezmaron tanto a los habitantes de la ciudad que se dice que, en el momento de la rendición en enero de 1809, "6.000 cadáveres yacían en las calles esperando sepultura" y "el aire infectado era sofocante, una densa humareda cubría el cielo".


 


Se destacan en el relato de Fraser los ejemplos de heroísmo por parte de los civiles. Por ejemplo, "armado solamente con un cuchillo, un carpintero de 76 años atacó a dos soldados franceses que estaban saqueando una casa luego de asesinar a sus habitantes, mató a uno y apropiándose de su mosquete, tomó al otro prisionero" Otro incidente célebre concierne a Agostina Zaragoza, quien luego de que los artilleros, incluido su novio, fueran muertos, disparó un cañón sobre la avanzada francesa. Ella ejemplifica el papel único y extraordinario jugado por las mujeres españolas durante toda la guerra, que tiene muy pocos paralelos en cualquier otro lugar durante el período napoleónico. Es notable también cómo las mujeres se destacaron en la industria, especialmente en las fábricas textiles de los alrededores de Barcelona, llamada la Manchester de España, donde se había enraizado un protoindustrialismo a comienzos del siglo XVIII. Aquí, el carácter de la resistencia fue modelado significativamente por las particularidades locales -una de las más importantes, la existencia anterior de milicias de auto-defensa catalanas: los "sometents" que constituyeron una fuerte base para la guerra de guerrillas. También es específico del caso catalán el hecho de que los franceses hubieran ocupado la ciudad más importante, Barcelona. Como resultado, la insurrección aquí fue desde el inicio "más dispersa territorialmente que en cualquier otro lugar".


 


Según Fraser, la guerra en Cataluña fue "larga, más encarnizada y más costosa en vidas y propiedades que en casi cualquier otra parte de España".


 


Es notable que hubiera cuatro asedios en la región, incluyendo el de Gerona, que se mantuvo por siete meses en 1809 -el más largo además del de Cádiz, que duró dos años y medio. El sufrimiento de esta ciudad comenzó en el verano de 1810, cuando, por razones prácticas, este puerto atlántico devino capital. La Junta Suprema ya había sido disuelta por esta época: se había evacuado desde Madrid a Sevilla en diciembre de 1808 y luego huyó ante el avance francés hacia Andalucía a comienzos de 1810, entregando el poder a una regencia. Ese septiembre, sin embargo, la presión ejercida sobre los regentes, principalmente por parte de las colonias del Nuevo Mundo, forzaron a la convocatoria de las Cortes, un cuerpo medieval, raramente convocado, en el cual sólo la Iglesia y los nobles estaban originalmente representados. Ahora, en el medio de la ocupación, unos 233 diputados de todos los órdenes sociales de España, excepto los más bajos, se reunieron para una Asamblea Constituyente en Cádiz.


 


La Asamblea se transformó en la escena de un sin fin de debates, a menudo facciosos, de los que surgió la Constitución de 1812, la cual, a pesar de sus defectos (de los que hubo muchos), se convirtió en un modelo para las constituciones posteriores de Portugal y Grecia y, se ha sugerido, para los decembristas rusos de 1825. Los intentos franceses de rendir a Cádiz por hambre, mientras tanto, se hundieron en la geografía de la ciudad: localizada en un istmo que era "virtualmente inexpugnable por tierra", como señala Fraser, fue siempre capaz de abastecerse por mar y el bloqueo finalmente se levantó en agosto de 1812.


 


Otros asedios incluyeron los de Badajoz, Burgos y San Sebastián. Estas ciudades fueron cercadas por los británicos, quienes habían desembarcado en Portugal en 1808 y, habiendo asegurado sus costas y roto el bloqueo continental de Napoleón en 1809, permanecieron al otro lado de la frontera hasta 1812. La toma de Badajoz ese abril fue infame, debido a las mutilaciones y el pillaje llevado a cabo en la ciudad. "No hizo diferencia" comenta Fraser, "a la soldadesca alcoholizada que a quienes estaban asesinando, saqueando o violando fueran sus aliados españoles, fue incluso peor que Wellington no tomó medidas serias para evitarlo; en efecto, fue la más horrorosa noche de la guerra peninsular británica". Tan profundamente arraigado en la memoria estaban los horrores de esa noche que cuando los Fusileros Reales recientemente solicitaron erigir un memorial, fueron rechazados. El asedio a Burgos, en el otoño del mismo año, fue un completo fracaso, en parte debido al juicio equivocado de Wellington y a la falta de preparación para el sitio, por lo que fue obligado a retirarse a Portugal en una desbandada durante la cual la disciplina colapsó y muchos soldados desertaron. (¿Se unieron algunos soldados británicos a las guerrillas, como lo hicieron muchos desertores españoles y franceses en otras ocasiones?). A fines del verano de 1813, los británicos sitiaron San Sebastián, a la cual saquearon, siendo las víctimas, otra vez, españoles.


 


El antagonismo mutuo entre los supuestos aliados es un tema que recorre el libro. Durante seis años seguidos, los españoles tuvieron que resistir la ocupación francesa y durante mucho de ese tiempo lo hicieron sin asistencia de su aliado británico -que durante siglos fue, por supuesto, un tradicional enemigo de España.


Los motivos británicos eran en general sospechosos, especialmente cuando las colonias españolas en América comenzaban a rebelarse, así como que los mercaderes de Londres fueran los principales beneficiarios de la consiguiente apertura comercial. El siglo siguiente, Gran Bretaña iba a dominar el mercado de la América española. Las tropas del poder protestante mostraron poco respeto por las sensibilidades católicas, saqueando iglesias y violando monjas; además, Wellington tenía en baja estima al ejército español y a sus generales (si bien Charles Esdaile ha buscado rectificar la mala prenda que ha recibido en sus análisis de los últimos años de la guerra). Los españoles comunes, por su parte, se habrán interrogado, por qué Wellington se había retirado en varias ocasiones a las líneas inexpugnables de Torres Vedras, al norte de Lisboa. Portugal es considerado de forma marginal en el análisis de Fraser, pero Wellington hubiera estado perdido sin las tropas portuguesas que, bajo la dirección de William Beresford, se habían transformado en una eficiente fuerza de combate.


 


En contraste con sus sospechas sobre el ejército británico, las actitudes españolas hacia la armada fueron muy diferentes. El punto de vista del propio Wellington fue inequívoco: "Si alguien desea conocer la historia de esta guerra, se las contaré: es nuestra superioridad marítima". Sin la armada, la familia real portuguesa y la corte no hubieran sido evacuadas a Brasil cuando el ejército francés estuvo a las puertas de Lisboa en 1807. Fue también la armada la que evitó que los franceses tomaran Cádiz y fue crucial al expulsar a las fuerzas de ocupación de la costa norte, capturando Santander, lo que facilitó la provisión de suministros al ejército.


Las operaciones a lo largo de la costa este fueron menos exitosas, no pudiendo quebrar el control francés sobre Barcelona. La flota británica jugó un papel fundamental al suministrar a las guerrillas con embarques masivos de armas y municiones, así como desembarcando combatientes en toda la costa y, finalmente, al hacer posible la invasión del sudoeste de Francia a través de Navarra en el otoño de 1813. Más mundana, pero no menos importante, fue la contribución hecha al transportar no solamente suministros y tropas desde Inglaterra, sino también lingotes en metálico, lo cual era necesario para que el ejército no viviera a costa de la tierra, como hicieron los franceses: los sueldos de los soldados debían ser pagados y se garantizaron fondos a muchas juntas. La armada también llevó soldados a combatir a los Estados Unidos en la guerra de 1812, trayendo de vuelta trigo en ese año de hambrunas.


 


Napoleón mostró muy poca comprensión de España. De todos sus errores, el más grande fue seguramente su visión de que los ejércitos debían vivir a costa de la tierra. Ninguna otra cosa enfurecía tanto a la población rural, la que pronto se convirtió en un buen campo de reclutamiento para las guerrillas. Alrededor de 1823, cuando los grandilocuentemente llamados "100.000 Hijos de San Luis" fueron despachados por Luis XVIII para apoyar a Fernando, los franceses habían aprendido la lección y pagando por sus provisiones, por lo que pudieron recorrer el sur de España sin que muchos tiros fueran disparados. Otro error fatal fue el nombrar generales sin coordinar sus comandos, con el resultado de que estaban constantemente enfrentados. Tampoco Napoleón parecía apreciar el desafío de las guerrillas. En su apogeo en 1811-12, había 330 formaciones guerrilleras, comprendiendo alrededor de 55.000 hombres, casi tantos como un ejército regular. Fraser dedica un capítulo a la composición de la guerrilla y sus logros en las batallas. Donde existen registros de sus orígenes y ocupaciones, se ve que a menudo eran plebeyos.


 


Fraser suministra algunos ejemplos notables con sus "noms de guerre", terratenientes y pequeños granjeros como Juan Martín, "el empecinado" en Castilla la Nueva, (Francisco) Espoz y Mina en Navarra y Julián Sánchez, "El Charro" de Salamanca. El pastor de 18 años Gaspar de Jáuregui, "El Pastor", en el país vasco, y el cura rural Jerónimo Merino en Castilla la Vieja, cerca de Burgos, y el maestro herrero Francisco Longo, en Cantabria.


 


Estas formaciones, a menudo vestidas de civil y llevando en la cabeza como trofeos los chacós imperiales, inflingieron serias pérdidas a los franceses: las divisiones de Espoz y Mina mataron unos 16.745 soldados enemigos entre 1810 y finales de la guerra, o sea 9.2 por día. En el valle del Ebro, en 1811-12, el promedio llegó a 35 por día. En 1812, algunos de los generales de Napoleón -especialmente Suchet- lo habían persuadido de que las guerrillas eran ahora la mayor amenaza y, dado que el Emperador estaba preocupado por Rusia, se formó el Ejército del Ebro bajo el mando del General Reille, un veterano general de contra-insurgencia. Por una vez, los generales a los que se les ordenó ayudarlo lo hicieron y entonces se creó el único ejército unificado de la guerra. Pero en ese momento, la naturaleza de las bandas de guerrilla habían cambiado: algunas se habían institucionalizado en regimientos reconocibles, especialmente los de Espoz y Mina en Navarra.


 


El Emperador también falló al no tomar en serio a Wellington, a quien en forma despreciativa describe como un "general cipayo" por la experiencia que había tenido en India. De lo que nunca parece haberse dado cuenta de que fue Wellington, reconociendo a la inteligencia como clave en el éxito militar, quien estaba trabajando con las guerrillas -especialmente a través de George Scovell (a quien no menciona Fraser), un brillante descifrador de códigos que fue capaz de suministrar un flujo constante de información vital.


 


Además, ni Napoleón ni su hermano José aprendieron ninguna lección de la experiencia de éste último en Nápoles, donde había sido rey desde 1806 a 1808. No puede haber mayor ironía de que su experiencia en España fuera presagiada durante su reinado napolitano: antes que nada en el poder de fuego y la eficiencia del ejército británico que había infligido una aplastante derrota a una fuerza francesa de 6.000 hombres en cuestión de minutos en la Batalla de Maida en 1806.


Segundo, luego del retiro británico a Sicilia, los 40 mil soldados franceses fueron sujetados por la resistencia de una formidable guerrilla en toda Calabria, que fue suprimida de manera implacable por el mariscal Masséna.


 


Napoleón se arrepintió amargamente de haber nombrado rey a José e interfirió constantemente con él. A pesar de su deseo de demostrar independencia de París, la habilidad y autoridad de José fueron puestas constantemente en duda, especialmente entre los generales, quienes objetaban que él no valoraba la gloria militar.


Cuando José finalmente tomó el comando de un ejército en la Batalla de Vitoria en 1813, fue un desastre y huyó a Francia para nunca retornar -y, probablemente, nunca escuchar la ejecución de la "Sinfonía de Vitoria" de Beethoven, que celebraba la más grande derrota en suelo español. De toda la progenie napoleónica, José fue el más atractivo. En las palabras de cierre de Fraser "se puede decir que él fue uno de los verdaderamente honorables, aunque ineficaz, protagonistas de esta larga, a menudo y para ambos lados, guerra maldita". El libro concluye con una nota pesimista, como lo indica el título de su capítulo final. "Victoria militar y derrota política". Finalmente, España había luchado contra Napoleón sólo para restaurar a un monarca absoluto. En marzo de 1814, Fernando retornó y fue aclamado universalmente, incluso en Zaragoza, y rescindió la constitución de 1812, siguieron "seis años de una represión feroz y reaccionaria, en la cual se reinstaló la Inquisición, se abolió la libertad de prensa, se restablecieron los concejos de estado anteriores a la guerra y el gobierno municipal fue nuevamente dejado en las manos de las viejas oligarquías". Durante el curso del siglo XIX, España se convirtió en muchas formas en el país más militarizado de Europa, donde los ejércitos marchaban y contra- marchaban a través de las provincias centrales en las guerras carlistas, batallas por la sucesión real que persistieron desde 1830 hasta 1870. La imagen del país en el exterior se alteró también cuando el Romanticismo adquirió ímpetu, con escritores como Mérimée, Gautier, Borrow, Washington Irving y otros que consideraban a España un paraíso pre-industrial.


 


¿Cómo afectó la Guerra Peninsular a las campañas de Napoleón en otros lugares, especialmente mediante el retiro de tropas francesas para combatir en otros frentes? Esdaile ha señalado que la Guerra Peninsular fue siempre de carácter secundario para el Emperador, mientras que fue determinante para España y Portugal. Por el otro lado, para David A. Bell, autor de La primera guerra total (2007), España fue la "famosa 'úlcera' que corroyó los órganos vitales del Imperio, aun antes de que los miembros sucumbieran al congelamiento ruso", si bien otorga el crédito más importante para la derrota de Napoleón no a las guerrillas sino a los británicos. Cualquiera sea el veredicto sobre la importancia de la guerra para el dominio de Napoleón, no se puede discutir su importancia central para la Península Ibérica, ya que España y en menor medida Portugal perdieron gran parte de sus imperios en sus secuelas. Para España, estas pérdidas fueron drásticas: con la excepción de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, todas sus colonias conquistaron su independencia.


 


Cuba se transformó en un El Dorado para España, gracias a la revolución azucarera y la esclavitud que duró hasta 1885. La riqueza cubana estimuló un flujo de inmigrantes desde la metrópolis, en tal medida que casi no había familia española que no tuviera un pariente en la isla. En realidad, España se convirtió en gran medida en una sociedad que vivía de remesas -por ello el entusiasmo inicial, pero poco duradero, con que se recibió el estallido de la guerra contra los Estados Unidos en 1898.


 


Nadie que quiera entender la Guerra Peninsular en todos sus múltiples aspectos puede ignorar este libro. Es una lectura densa, pero su estructura incluye numerosos intervalos explicativos que no simplemente la aligeran, sino que son originales y muy reveladores. Existe el caso de un monje benedictino escocés reclutado como agente británico para repatriar al General Romana y 9000 soldados varados en Dinamarca, o el de un ex fraile convertido en agente napoleónico, quien luego alcanzó dudosa fama con una novela anti-clerical centrada en las malas intenciones respecto de una muchacha inocente por parte de un arzobispo lascivo. Otros episodios incluyen historias familiares y de folclore popular, así como un equilibrado análisis del significado de Goya. Señalando que Goya pasó casi toda la guerra en el Madrid bonapartista, Fraser hace notar que sus celebrados grabados "Desastres de la guerra" no fueron, como se supone comúnmente, documentos de eventos de los que él fuera testigo -a pesar del comentario marginal de Goya en muchas de las láminas "Esto lo he visto".


 


El artista fue "profundamente ambivalente acerca de la guerra, sus objetivos y medios": estaba horrorizado por "la crueldad de los supuestamente 'civilizados' franceses", mientras que, por el otro lado, "la defensa que hacían los patriotas de la religión y su dependencia de la Iglesia no lo seducían para su causa".


 


Estaba alarmado, también por el fantasma de la revuelta popular. Muchos de los grabados representaban aldeanos armados realizando actos brutales contra las tropas francesas, en uno "una pila de cadáveres parcialmente destripados, posiblemente soldados franceses por lo que quedaba de sus pantalones largos" está acompañado por el título "Esto es para lo que han nacido". La frase continúa: "encima de los muertos, un aldeano desarmado tambalea hacia delante, arrojando sangre por su boca abierta, los brazos abiertos en un gesto típico de Goya, a punto de caer y reunirse con los cadáveres". Las imágenes, que recuerdan a las "Miniseries de Guerra" del grabador francés Jacques Callot de 1633, en la que muestra ahorcamientos y violaciones cometidos en la Guerra de los Treinta Años, se publicaron en forma póstuma en 1863.


 


A través de detallados análisis políticos y económicos, y de intervalos que constituyen la mayoría del libro, uno nunca escapa de las realidades de la guerra y sus costos abrumadores, tanto en dinero como en miseria. Enfermedades como malaria, fiebre amarilla y tifus son endémicas. La muerte por hambre atormentaba la tierra así como las fluctuaciones extremas de temperaturas (que parecerían únicas en España). Pero los sentimientos dominantes son de temor y odio -temor a todos los ejércitos, franceses, británicos y españoles, y a los bandidos merodeadores y las guerrillas rapaces y el odio popular a las fuerzas de ocupación extranjeras que vivían a costa de la tierra, destruyendo las aldeas y las iglesias y realizando matanzas desenfrenadas.


 


En un epílogo demasiado corto, Fraser se refiere a los más de 1.000 españoles exilados que vivían en Londres. En este sentido, vale la pena mencionar el libro de Manuel Moreno Alonso, publicado en 1997, La forja del liberalismo en España: los amigos españoles de Lord Holland 1793-1840, basado en un estudio de siete años en el Reino Unido. Dos personas en particular son importantes para la discusión de Fraser. La primera es José Blanco White, un sacerdote sevillano que huyó a Inglaterra en 1810, donde permaneció hasta su muerte en 1841, uniéndose finalmente a la Iglesia Unitaria de Liverpool, que estaba a la vanguardia de la reforma social en esa ciudad. Continuó siendo crítico de España como entidad política "miserablemente oprimida como estaba por el gobierno y la iglesia" y, en una carta a Lord Holland fechada en 1835, protestaba que el país "hubiera mejorado bajo José Bonaparte, pero se ha hundido más y más bajo las presiones de los incurables y odiosos Borbones". Otra persona citada en la investigación de Moreno, más sorprendentemente, es Espoz y Mina, el más grande de los líderes de la guerrilla, quien mantuvo una larga correspondencia con Holland, solicitando su ayuda para avanzar en su propia carrera como político liberal en la España de la década del 1830.


 


Otro punto que quizás podría haber tocado Fraser es el hecho curioso de que las guerrillas aparecen muy escasamente durante la Guerra Civil Española. En Sangre de España, Fraser muestra que el concepto de guerra de guerrillas fue desacreditado frente a la necesidad de formar un ejército regular, uno también sospecha que los comunistas desconfiaron de la libertad de acción estimada por las guerrillas. Irónicamente, fue el cubano Alberto Bayo quien, luego de liderar la expedición republicana a Majorca, no pudo persuadir a nadie de tomar en serio la guerra de guerrillas.


 


Desilusionado, partió luego a México, donde habría de entrenar a los seguidores de Castro, quien utilizó esas técnicas de manera más efectiva para derrocar a Batista.


 


Al discutir cómo los mitos acerca de la "Guerra de la Independencia" española fueron utilizados para fines políticos, Fraser señala que los liberales del siglo XIX habían tratado de crear una nación moderna en torno al ideal de la unidad nacional en la "gloriosa épica" de la guerra.


 


Fraser lo contrasta con el propósito más siniestro de los inicios del gobierno de Franco, con su constante invocación de la resistencia popular a un agresor extranjero -el comunismo, una conspiración judeo-masónica internacional- en defensa de los "valores eternos" de España: la religión, la patria y la propia autoridad del dictador. Esta última idea representó un retorno a la figura del monarca absoluto. En efecto, para Fraser, la Guerra Civil suministró pruebas de que "el absolutismo en una moderna forma autoritaria-clerical que permaneció vivo en las entrañas de la sociedad española".


 


Las casualidades también tuvieron amplias consecuencias para España


 


Francisco Franco había planeado seguir a su padre en lo que probablemente hubiera sido una inocua carrera en la armada. En cambio, por razones financieras, se unió al ejército y, luego de una brillante carrera en Marruecos, fue nombrado director de la academia militar situada en, de entre todos los lugares… Zaragoza. Si bien su presencia allí fuera corta ya que Azaña, primer Primer Ministro de la Segunda República, la cerró en 1931 por considerarla un semillero de militarismo reaccionario -es una curiosa coincidencia que Franco hubiera estado allí, en una ciudad donde Fernando, "el bienamado", fuera recibido con una bienvenida delirante en su retorno a España. La rueda había, en realidad, dado una vuelta completa.