Declaración sobre el documento final de la reunión de Buenos Aires por la Refundación de la IVa Internacional

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La Asociación Marxista Revolucionaria Proposta de Italia, la Liga Trotskista de los Estados Unidos y la Oposición Trotskista Internacional se unen con el Partido Obrero de Argentina, el Partido Causa Operaria de Brasil, la Oposición Trotskista de Bolivia, el Colectivo En Defensa del Marxismo de España, el Partido de los Trabajadores del Uruguay y el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia, para llamar a una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista como parte de nuestra campaña común por la refundación de la Cuarta Internacional.


 


Sin embargo, no podemos tan sólo firmar el documento "Por una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista" sin salvedades. Acordamos con el análisis general y las conclusiones programáticas y de organización del documento, que primero fueron establecidas por las nueve organizaciones firmantes de la "Declaración de Génova" de febrero de 1997. Pero tenemos las siguientes reservas acerca del nuevo documento.


 


Coincidimos con que el capitalismo mundial ha estado en crisis desde los inicios de los años 70 y que los capitalistas no tienen soluciones frente a la crisis. Su actual política neoliberal con el ropaje de la democracia burguesa, no provee ninguna solución. No la da tampoco la caída de la Unión Soviética. Por el contrario, ésta ha removido un elemento de estabilidad de la situación precedente: la burocracia stalinista contrarrevolucionaria.


 


Coincidimos con que la crisis está profundizándose a escala mundial y que, en todas partes, continuarán empeorando las condiciones de los trabajadores, incluso en los países imperialistas, que por un tiempo puedan protegerse descargando el peso de la crisis sobre las semicolonias y los ex-estados obreros.


 


Coincidimos con que las tensiones sociales se están incrementando en todo el mundo y que los trabajadores y los oprimidos lucharán contra la crisis. Explosiones como las de Francia, Albania, Corea del Sur e Indonesia no sólo continuarán, serán incluso más frecuentes. Ellas proveerán invalorables experiencias para la vanguardia y las masas y oportunidades para construir partidos revolucionarios.


 


Sin embargo, pensamos que es esencial para los trotskistas considerar cuidadosamente el ritmo de desarrollo de la crisis. Es aquí que encontramos deficiente el documento.


 


En el terreno económico, pensamos que el documento exagera la importancia de los mercados de valores y de la especulación financiera, en relación a la economía real de producción y distribución. El crash bursátil de octubre de 1987 fue proporcionalmente más grande que el de 1929, pero aun afectó pobremente la producción.


 


El capitalismo mundial sufre una sobreacumulación de capitales y de capacidad de producción excedente. En algún punto pronto, esto conducirá a una nueva recesión, y en algún punto más tarde a la depresión. Pero por ahora las economías de los países capitalistas avanzados continúan expandiéndose. Mientras las condiciones son terribles en la mayoría de las semicolonias y los ex-estados obreros, por el momento muchas economías de aquellos países están creciendo aún en la actualidad.


 


En el terreno político, pensamos que el documento es también algo mecánico al ligar las crisis económicas con el desarrollo de luchas revolucionarias. En muchos países semicoloniales y en los ex-estados obreros, las condiciones son lo suficientemente malas como para provocar revoluciones. Pero aún en la mayoría de ellos, nosotros no vemos revoluciones. Por el momento, las explosiones están contenidas.


 


Pensamos que el documento generaliza mucho acerca del desarrollo político de las masas y exagera sobre la perspectiva de confrontaciones revolucionarias en el próximo período. En particular, pensamos que es prematuro hablar de latinoamericanización de la lucha en Europa occidental, o que Europa occidental está "en las vísperas de confrontaciones revolucionarias".


 


En este esquema, pensamos que las formulaciones del documento sobre el frente popular confunden la cuestión.


 


Coincidimos con que el imperialismo por ahora preferiría usar la democracia burguesa, antes que recurrir a los militares o a las dictaduras para bloquear la radicalización del movimiento de las masas. A su turno, esto incluye el apoyo a las coaliciones de centroizquierda y a los frentes populares. Coincidimos con que las coaliciones de centroizquierda y los frentes populares de hoy tienen una política procapitalista y proimperialista más abierta que la de los frentes populares de los años 30.


 


Y acordamos con que los trotskistas deben desenmascarar a aquéllos, así como toda otra forma de colaboración de clases, polemizando si es necesario contra sus apologistas de "extrema izquierda", incluyendo a aquellos que se identifican a sí mismos como trotskistas.


 


Pero pensamos que el documento incorrectamente tiende a identificar la dinámica política de las coaliciones de centroizquierda y los frentes populares de hoy con la dinámica de los frentes populares del pasado.


 


En nombre de la "democracia" y "la lucha contra el fascismo" no del "socialismo", como dice el documento los frentes populares de los años 30 buscaron bloquear los levantamientos revolucionarios en Francia, en España y en todas partes. Los Partidos Comunistas explicaron esto a sus filas como "Ahora la democracia y el antifascismo, más tarde el socialismo".


 


La dinámica del bloqueo a los levantamientos revolucionarios diferenció a los frentes populares de los años 30 de las formas previas de colaboración de clases, tales como el "bloque de izquierda" entre los socialistas y los radicales en Francia en los años 20, el "gobierno laborista-liberal" de Ramsay MacDonald en Gran Bretaña y otros gobiernos socialdemócratas.


 


Algunos de los gobiernos de centroizquierda del presente juegan un rol similar al de los frentes populares de los años 30. Por ejemplo, el gobierno de Mandela-CNA en Sudáfrica, y hasta cierto punto, el gobierno de Jospin en Francia. Ellos buscan realmente frenar las luchas en curso de las masas.


 


Pero otros gobiernos de centroizquierda son simplemente pálidas versiones de los gobiernos de colaboración de clases del pasado. Los Prodi, Blair y, en cierta medida aún el gobierno de Jospin, han sido elegidos por los grandes capitalistas para implementar su política neoliberal, no para descabezar levantamientos revolucionarios.


 


Estos gobiernos no son los frentes populares descriptos en el conocido pasaje del Programa de Transición, que dice: "Los Frentes Populares por un lado, el fascismo por el otro: son recursos políticos extremos del imperialismo en la lucha contra la revolución proletaria". Podríamos ver un giro de los capitalistas hacia el frente popular o hacia gobiernos de "tipo izquierdistas" en los países capitalistas avazados para bloquear movimientos revolucionarios. Pero por ahora los capitalistas no necesitan hacer esto.


 


Repetimos: coincidimos con que la tarea central de los trotskistas es exponer a todas las coaliciones y gobiernos de colaboración de clases, incluidos los gobiernos de centroizquierda y de frentes populares de hoy. Nuestro desacuerdo sobre este punto está relacionado a nuestro desacuerdo con el ritmo del desarrollo de la revolución mundial, particularmente en los países avanzados.


 


Enfatizamos estos puntos porque pensamos que los trotskistas deben luchar contra la simplificación excesiva, contra los análisis impresionistas de la situación mundial. La historia de la Cuarta Internacional muestra los efectos negativos del catastrofismo.


 


Por ejemplo, la "inminencia de la tercera guerra mundial" de Pablo en 1951, el catastrofismo económico y político de Healy en los años 60 y 70, la "inminencia de revoluciones y contrarrevoluciones" de Lambert en los 70, los "choques inminentes" y las "nuevas vanguardias de las masas" del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional en los 70 y la "amenazante situación revolucionaria" de los morenistas en los 80.


 


Estos métodos llevan a la confusión, al fracaso, a la desmoralización y a las desviaciones políticas. Estas desviaciones incluyen la revisión de las tareas planteadas para la construcción de partidos revolucionarios; hablando continuamente de revolución, pero fracasando en reconocer las reales situaciones revolucionarias cuando surgen.


 


Las otras seis organizaciones involucradas en nuestro proyecto común para la refundación de la Cuarta Internacional no sufren estas desviaciones, y el documento no contiene tampoco ese tipo de desviaciones. Pero el documento tiende a simplificar en exceso la situación económica y política en formas que son potencialmente peligrosas.


 


El tiempo dirá si estamos acertados o equivocados en nuestras afirmaciones sobre la situación mundial. En los próximos dos o tres años la economía capitalista mundial podrá o no colapsar, y confrontaciones revolucionarias tendrán lugar o no en Europa occidental y otros países imperialistas. Las respectivas posiciones serán testeadas por los acontecimientos.


 


Mientras tanto, afirmamos nuestro compromiso para la campaña común por la refundación de la Cuarta Internacional, en torno a las bases políticas bosquejadas en la "Declaración de Génova" y al proyecto de una Conferencia Internacional Obrera y de la Izquierda Clasista.


 


Asociación Marxista Revolucionaria Proposta


 


Liga Trotskista de los Estados Unidos


 


Oposición Trotskista Internacional


 


Buenos Aires, 31 de mayo de 1998.


 

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