«La Internacional del siglo XXI sólo puede ser la IV Internacional»

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Compañeras y compañeras, sobre esta discusión, en primer lugar, en nombre de la clase obrera de Grecia, quiero saludar a la clase trabajadora argentina que ayer protagonizó una magnífica manifestación contra nuestro enemigo común, el Fondo Monetario Internacional, y también quiero saludar la huelga general ya decretada en este país para el 9 de junio. Esto no sólo es una manifestación de la importancia de la militancia del proletariado argentino, no es sólo la manifestación de un desafío contra el imperialismo, por la liberación total, nacional y social del país. Es también una manifestación, es el signo precursor al mismo tiempo, de la revolución mundial que viene. Es la mejor contribución que ustedes pueden hacer a nuestra lucha común. Todos nosotros, los que estuvimos ayer presentes en la manifestación contra el FMI, estamos orgullosos de haber visto qué poderosamente la clase trabajadora de este país desafía al imperialismo. Y ese desafío aquí, en Buenos Aires, como fue obvio ayer, como lo manifestará la próxima huelga general, está íntimamente vinculado a otras manifestaciones de este desafío contra el mismo FMI.


 


Indudablemente hay una conexión interna entre la manifestación de ayer en Buenos Aires y el extraordinario desafío de noviembre del año pasado en Seattle, cuando la clase trabajadora norteamericana, grupos juveniles, organizaciones y activistas de los más diversos rincones del país, en el centro mismo del capitalismo mundial, en la capital yanqui, la capital financiera mundial, se movilizaron específicamente contra el FMI y el Banco Mundial, contra el que ustedes manifestaron ayer, y harán la huelga la semana próxima. Nuestros hermanos americanos lucharon contra el mismo enemigo, y lo ridiculizaron. Porque el imperialismo yanqui no pudo ni siquiera gobernar Yanquilandia y la perdieron. Perdieron el control de la ciudad, ¿recuerdan? Físicamente, no pudieron concretar la reunión de la Organización Mundial de Comercio, y más tarde en Washington, tuvieron que enfrentar al mismo pueblo, cuando se hizo la reunión del FMI y del Banco Mundial. No sólo eso; para el 23 de septiembre de este año, en Praga, en la República Checa, en el corazón del continente europeo donde se hará la próxima reunión del FMI y del Banco Mundial, ya se está organizando una enorme movilización popular a lo largo y a lo ancho de Europa, de la cual participaremos, bajo la bandera de la IV Internacional, contra el FMI. Y ahí nosotros subrayaremos la conexión entre los planes de hambre y miseria del FMI, y lo que la Otan hizo y quiere continuar haciendo en Europa, porque los planes del FMI de atacar a los pueblos del mundo, en América Latina, Asia, Africa, Este de Europa, Rusia, están todos internamente conectados, con los nuevos planes agresivos de la Otan, incluida la primera guerra en Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, que experimentamos el año pasado con el ataque a Kosovo. Una guerra que todavía no finalizó y que continúa por otros medios.


 


Entonces, vemos en el centro de Europa la conexión entre estas actividades bélicas, los planes de la Otan y los planes del FMI, el vínculo entre ambos y la necesidad objetiva de unir a los trabajadores del interior de Europa con los de todo el mundo para destruir estos instrumentos del capitalismo imperialista mundial y para establecer una sociedad totalmente diferente en este planeta martirizado. Entonces tuvimos el año pasado Seattle, pocos meses atrás Washington, ayer Buenos Aires, en setiembre próximo Praga: la lucha continúa pero en otro nivel en relación a las generaciones del pasado.


 


Miren: la Otan y el FMI no son demonios, son instrumentos, instituciones que expresan intereses de clase en un período histórico específico. Por ejemplo, tanto el FMI como la Otan son expresiones del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. La Otan fue construida en contra de la Unión Soviética, del comunismo, de la revolución social, especialmente contra la amenaza de una revolución en Europa en el período de la posguerra y para la dominación imperialista mundial en contra de la Unión Soviética; y el Fondo Monetario Internacional construído en el período de la expansión económica posterior a la Segunda Guerra, cumplió el rol de regulador de las tensiones para intervenir allí donde esas tensiones económicas podían derivar en problemas políticos, para disipar las posibilidades de una explosión. Esto ocurrió desde la creación del FMI y el Banco Mundial hasta algunos años atrás, hasta los 80; pero cuando el boom del capitalismo mundial posterior a la guerra, que tenía bases muy frágiles, colapsó y fue reemplazado por lo que se está viviendo ahora, que es la crisis de sobreproducción del capitalismo, a partir ya de los años 70, vimos la transformación del rol del propio FMI. De instrumento para prevenir la lucha, la guerra de clases mundial, se transformó en un instrumento de la lucha de clases mundial.


 


En todos los lugares donde intervino el FMI con medidas de ajuste, lo único que hizo fue crear las explosiones sociales. Hubo una explosión tras otra en América Latina en particular. Pero incluso este papel de intervención del FMI, desde el principio de la crisis mundial en los 70, conoció un nuevo desarrollo cualitativo en estos tres últimos años. La historia nunca se desarrolla en forma lineal, siempre se desenvuelve a través de zig-zags, crisis y catástrofes; parafraseando a Trotsky que dijo que la historia se desarrolla a través de catástrofes, cortes bruscos, zig-zags, regresiones; no es lineal, es explosiva. Especialmente en las épocas de transición. Entonces, el FMI, que en principio fue un instrumento del apaciguamiento de la lucha de clases, se transformó en un estímulo a la lucha de clases.


 


Pero el nuevo elemento cualitativo en este proceso, es que es un instrumento defectuoso de la lucha de clases mundial. ¿Por qué digo esto? En 1997, tres años atrás, todas estas contradicciones de la crisis capitalista mundial condujeron a la explosión conocida como la crisis asiática. Por supuesto, no fue una crisis regional sino mundial que debutó en el continente asiático. Un mes detrás del otro, si ustedes recuerdan, desde 1997 hasta ahora, especialmente en el 97 y 98, todas las predicciones del FMI fueron completamente ridiculizadas por la realidad. Por ejemplo, decían que en Tailandia ya se había estabilizado la crisis, y caía Corea, Filipinas, Indonesia, un país tras otro, toda Asia. Cuando dijeron "terminó la crisis en Asia" tuvimos la bancarrota, la quiebra en Rusia… Bueno, "ahora pudimos contenerla en Rusia": cuando dijeron eso estalló Brasil… y cuando dijeron "ahora la contuvimos en Brasil", esa misma crisis comenzó a golpear el corazón del mismo Wall Street.


 


En el inicio de este año 2000, las últimas predicciones del FMI sobre el desarrollo de la economía mundial eran bastante optimistas, y este optimismo fue desafiado por la crisis de Wall Street y por el colapso de la llamada "nueva economía" de las acciones de Internet. En definitiva, entonces, el FMI, es un factor muy débil, un enemigo muy debilitado, que está siendo amenazado al mismo tiempo por la crisis económica mundial y por el movimiento de las masas, desde Seattle a Buenos Aires, y estoy seguro que continuará en Praga en unos meses más, y en algunos otros lugares a lo largo y ancho del mundo. Esta debilidad es la debilidad histórica del sistema en sí mismo, y expresa la declinación del capitalismo. De la mal llamada economía de mercado que hasta unos años atrás decían que era el "fin de la historia", especialmente en ocasión del colapso de la Unión Soviética. La legendaria mano invisible de Adam Smith, que regularía automáticamente el mundo económico, ahora ese mercado está en una situación que sólo puede crear caos. De principio de regulación se transforma en un principio de desregulación y de desestabilización, que explica esa histórica decadencia del capitalismo. Y esto ya lo señaló en su momento Trotsky, no lo estoy inventando ahora.


 


El 26 de marzo de 1999, por ejemplo, en los más agresivos círculos del imperialismo, dos días antes del inicio del ataque de la Otan a los Balcanes, Thomas Friedman, un liberal americano, escribió en The New York Times una apología de la guerra y dijo: "Sostener la globalización es nuestro interés nacional más importante, y eso requiere un poder geopolítico estabilizado que no puede ser mantenido sin que se involucren los EE.UU." Ahora recuerdo una frase de Pablo Rieznik cuando dijo el otro día, en el seminario, que "globalización es norteamericanización", de manera que Thomas Friedman y Rieznik concuerdan. Este periodista norteamericano continúa y dice lo siguiente: "La mano invisible del mercado nunca funcionará sin el puño invisible de los aviones; McDonalds no puede desarrollarse sin Mc Donald Douglas, la empresa de aviones más importante del mundo"; y "el puño invisible que mantiene el mundo tranquilo para la tecnología del Silicon Valley, se llama Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América (ejército, marina y aviación)".


 


La máquina militar imperialista *este puño que por otra parte no es tan invisible* la vimos en el cielo y la tierra de los Balcanes y es absolutamente necesaria para este sistema en decadencia, porque la mano invisible del mercado nunca funcionará en función de la agonía de este sistema, que no puede mantenerse ya más sin una creciente violencia. La agresividad de la Otan no es en sí una señal de su fuerza, si pensamos en la guerra en los términos de estos periodistas como Friedman; es un claro signo del hecho de que la economía de mercado ya no puede autorregularse. La ley del valor no puede funcionar y no puede regular porque ella misma está en declinación. Porque todo el sistema está en decadencia.


 


¿Por qué esta decadencia? Porque la misión histórica, para decirlo metafóricamente, del capitalismo, fue precisamente la internacionalización de la economía y de la vida social de la humanidad. Trotsky dijo que el capitalismo fue el primer sistema que le dio un carácter universal, mundial, al proceso de la vida humana, quebrando el círculo restringido de la economía natural. Y en función de esta universalidad del proceso histórico, en un punto que había predicho Marx en un capítulo de El Capital, esta tendencia a la universalidad desenvuelta por el capitalismo se levanta como una enorme barrera en contra del propio capital, y éste no puede continuar sin enfrentar a esta barrera que conduce a su disolución. Esta tendencia a la universalidad que aporta el capital al proceso histórico no está simplemente atada a un proceso económico abstracto sino a las fuerzas vivas de los antagonismos sociales, a las fuerzas de clase. El capital no es una cosa, es una relación social, es la relación de valor entre capital y trabajo, donde el trabajo es la única fuente inter-relacionada con la naturaleza del valor. Entonces el trabajo vivo en sí mismo es el portador material de esta universalidad. No es apenas retórica revolucionaria, es una verdad científica, afirmar que la clase obrera es una clase internacional y que los proletarios de todo el mundo tienen que unirse. Porque Marx estableció el rol revolucionario de la clase obrera, porque la clase obrera es la clase universal que no puede liberarse a sí misma sin liberar a toda la sociedad de todas las formas de explotación, de opresión, que no son exactamente la misma cosa. Marx hablaba de explotación y de degradación, y de un tercer elemento: liberar a la humanidad de toda humillación. Marx dijo que la clase obrera es la única clase que puede liberarnos de la explotación, de la opresión estatal, pero también la única clase que puede darnos dignidad, dignidad a la vida humana, realmente humana, porque lo que vivimos ahora no es una vida humana. No solamente para nosotros, las víctimas del capitalismo; tampoco lo es la vida de la clase capitalista rica en Beverly Hills, San Pablo o Buenos Aires, no es una vida humana, es una vida prehistórica, de dinosaurios prehistóricos; sólo que los dinosaurios eran simpáticos dinosaurios vegetarianos, y éstos son caníbales.


 


La clase trabajadora, para realizar esta emancipación universal, tiene que tener sus propios instrumentos, sus formas de organización, de resistencia, para pelear en términos de lucha de clases; tener sus sindicatos, sus partidos, y por encima de todo necesita un partido revolucionario, porque sólo a través de este partido revolucionario puede actuar no sólo como un objeto sino como un sujeto de la historia y liberarse a sí misma: nadie puede liberarla fuera de ella misma. Pero para concretar esa emancipación la clase trabajadora tiene que construir su propio partido, nadie puede hacerlo por ella.


 


Lógicamente, este partido revolucionario nació bajo los límites de las fronteras nacionales, pero para ser realmente un partido de la clase obrera, tiene que ser un partido de la clase obrera universal; de otro modo no es un partido revolucionario, porque el rol revolucionario de la clase obrera es el de ser una clase universal. O sea que no podemos construir el partido de la clase obrera en un solo país, sin construirlo como una sección del partido mundial de la revolución social, y esa es la cuestión de la Internacional, que estuvimos discutiendo precisamente estos días. Más quizás que en otro momento del pasado, la Internacional está hoy a la orden del día. Es una tendencia objetiva, no es apenas un deseo subjetivo. Al encontrarnos con los problemas de cada lucha de los trabajadores en un país y en otro, incluyendo los grandes países del mundo, como los Estados Unidos, o en la otra punta del mundo, Leningrado en Rusia, o en Medio Oriente, o en América Latina, o en los Balcanes, surge el problema de la necesidad de una Internacional.


 


Nuestra iniciativa, que comenzó tres años atrás en Génova, para luchar internacionalmente por la refundación inmediata de la IV Internacional, significa también que abrimos el diálogo con todas estas fuerzas sociales en lucha y con todas estas expresiones de la clase oprimida, que sienten la necesidad de una Internacional, y que vienen de diferentes orígenes políticos; especialmente después del colapso del stalinismo, de la bancarrota de la socialdemocracia, muchos están buscando una nueva forma de organización internacional de lucha y a todos ellos nos dirigimos, sin exclusiones ni sectarismos, pero también sin ninguna tendencia liquidacionista hacia la confusión. Y entonces, con mucha paciencia pero muy firmemente, tenemos que explicar una y otra vez, y empezamos a hacerlo desde hace tres años, en Latinoamérica, en los Balcanes, en Europa, incluyendo Asia (Turquía, Kurdistán, también en Palestina). Nosotros discutimos por qué esta Internacional del siglo XXI sólo puede ser la IV Internacional.


 


Muchos compañeros dicen: ¿Por qué la IV Internacional? Fue fundada en el 38 por Trotsky, y después de su asesinato, 60 años después, está dividida y fragmentada en centenares de grupos de los cuales muchos degeneraron en sectas que discuten interminablemente. Lo veo en Grecia pero también lo vi en Buenos Aires. No es un espectáculo edificante. No queremos conectar a todos los fragmentos y producir un mosaico; no lo que los surrealistas llamaban "cadáver exquisito". No queremos eso. Lo que nosotros decimos es que la IV Internacional fue establecida sobre bases históricas muy definidas, integrando un programa histórico que no fue agotado en 1938. El proyecto de Trotsky no está cerrado, está abierto.


 


¿Por qué? Trotsky no era un luchador contra el stalinismo, no somos el negativo del stalinismo, no determinamos lo nuestro por lo que el stalinismo hace o deshace; Trotsky y la Oposición de Izquierda empezaron a pelear contra el stalinismo y la burocracia para completar la obra de la Revolución de Octubre. Trotsky es la Revolución de Octubre viva; no estará terminada hasta que se extienda a una escala planetaria. Otros, como el así llamado Secretariado Unificado, en su congreso posterior al colapso de la Unión Soviética, dijeron que ahora que el stalinismo se hundió es también el final del trotskismo, y entonces tenemos que reagrupar a la izquierda. No; aunque algunos de ellos se llaman trotskistas por razones que creen honestas, lo hacen por razones que no son buenas. Algunos miembros del Secretariado Unificado vinieron a Latinoamérica y sólo atrajeron a algunas organizaciones como antistalinistas y no como comunistas. Pero la única corriente comunista es la que viene de la Oposición de Izquierda. De allí provenimos. Es este contenido comunista lo más importante para transformar la Revolución Rusa de Octubre y llevarla a escala mundial. El stalinismo fue el gran obstáculo; luchábamos contra el obstáculo, siempre teniendo en claro el objetivo, que es la transformación radical, total de la vida humana en el planeta. No se trata de ser simplemente antistalinista. Un burgués democrático puede ser también antistalinista, lo vimos en los últimos años, incluido en esto la experiencia de Gorbachov, Yeltsin. Y vimos qué uso hicieron del anti-stalinismo. Claro que somos antistalinistas y tenemos víctimas en esta lucha; fue el stalinismo el que en los años más negros de este siglo asesinó a nuestros camaradas, incluido a León Trotsky; la Revolución española fue traicionada por el stalinismo; la Revolución griega fue traicionada por el stalinismo; una revolución tras otra fueron traicionadas por el stalinismo.


 


Odiamos al stalinismo porque luchamos por la revolución. No porque queremos a los burgueses democráticos. Estamos a favor de la dictadura del proletariado, que es la única fuerza que puede liberar a la humanidad. Todos los que se llaman a sí mismos trotskistas y dicen que Trotsky terminó porque Stalin terminó, prueban que no son otra cosa que burgueses democráticos. No se puede hacer una Internacional con ellos. El Secretariado Unificado de la llamada Cuarta Internacional, no es cuarta-internacionalista, n o está unificado y hasta debe dudarse que sea un secretariado. Entonces decimos que la Internacional del siglo XXI debe ser la IV Internacional que todavía no ha concluido su misión histórica, porque no se puede hacer la revolución a partir de la amnesia histórica, y en la IV Internacional están concentradas las victorias y las derrotas de la revolución internacional. No podemos pasar por alto esas experiencias. Todas las corrientes de izquierda, alas de la izquierda, que florecieron luego del colapso del stalinismo, se niegan a aprender de las lecciones de la historia. ¿Por qué la Unión Soviética colapsó? ¿Hubo en aquel momento una alternativa al stalinismo? ¿Trotsky y sus camaradas fueron o no una alternativa? Su programa, su política … no fueron abstractos términos moralizadores. No se puede hacer una revolución con amnesia histórica, sería una Internacional descerebrada, decapitada.


 


La primera cuestión entonces es que a través de toda la tragedia de este siglo XX, si hubo alguna fuerza política que pasó por la prueba de la guerra mundial, que luchó contra el capitalismo sin capitular ante el stalinismo, que luchó contra el stalinismo sin capitular ante la burguesía democrática; esa organización sólo fue la IV Internacional. ¿Se fragmentó?… Sí. Son todas las heridas abiertas que tenemos en nuestra IV Internacional. Es verdad. Pero, como dijo Trotsky, "tenemos que ser fieles a nuestra patria en el tiempo, somos los hijos de nuestra época, somos víctimas, y la vanguardia de la época; expresamos la época y no capitularemos frente a las ideas dominantes de la época, que son las ideas de la clase dominante". Por todas estas razones la Internacional sólo puede ser la IV Internacional, que fue fundada en 1938, y que en los inicios del siglo XXI será refundada.


 


(*) Texto de la intervención de Michael Savas-Matsas, en la sesión de cierre del Seminario Internacional, "Internacionalismo obrero en los comienzos del siglo XXI", realizado entre el 29 de mayo y el 1º de junio. Mesa redonda final en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires realizada el 1º de junio.


 

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