«Si no es ahora, ¿cuándo?»

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Compañeras y compañeros: Escribiendo en 1938 El Programa de Transición, el programa de acción y fundación de la IV Internacional, Trotsky afirmaba que la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria. Yo creo que a 62 años de distancia, el mundo, la humanidad, la clase obrera, vive cruelmente el mantenimiento de la ausencia de esta dirección revolucionaria, la permanencia de esta crisis de la dirección revolucionaria. Creo que la vemos cruelmente, frente a la ofensiva capitalista contra las condiciones de trabajo y de vida de la clase obrera y de las masas en todo el mundo, frente a la desocupación masiva, frente a la guerra y las masacres que la perpetuación del dominio imperialista, del capitalismo, provoca sobre todo el planeta.


 


Nosotros habíamos visto en este siglo, en la realidad de la lucha entre las clases, el rol contrarrevolucionario del stalinismo, la destrucción de partidos que debían construir la alternativa socialista para la humanidad, para la clase obrera, contra el capitalismo en decadencia. Su transformación en instrumentos de la contrarrevolución; de instrumentos para la emancipación del proletariado en instrumentos contra la emancipación del proletariado; de instrumentos para el socialismo en instrumentos contra el socialismo. Yo creo tomando el ejemplo de vuestra nación, cuánto pesó el rol del stalinismo en la crisis de la mitad del siglo en el movimiento obrero argentino; cuánto pesó en Italia, en mi país, a mediados del año 70, frente a un gran ascenso del movimiento obrero, el así llamado "compromiso histórico" con el cual el Partido Comunista más grande de Occidente salvó el dominio capitalista en mi país en el momento de una crisis internacional en Europa. Finalmente, el stalinismo ha cumplido hasta el fondo su rol contrarrevolucionario con la destrucción de las conquistas sociales en la Unión Soviética, en el este de Europa, en China, en Vietnam, etc.


 


Pero si el rol contrarrevolucionario del stalinismo (y el rol contrarrevolucionario de la socialdemocracia previamente) es un hecho adquirido históricamente por el movimiento trotskista allá en los años 30, y contra el cual intentaba, no en nombre del anti-stalinismo sino justamente, como dijera Savas, en nombre de la perspectiva de la revolución socialista mundial, construir la dirección alternativa, resolver la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado; creo lamentablemente que deberíamos reconocer que hoy, a 60 años de la muerte de Trotsky, a 62 años de la fundación de la IV Internacional, que la crisis del internacionalismo obrero está hoy presente todavía en forma inclusive más elemental que lo que lo estaba en 1938, cuando Trotsky escribió El Programa de Transición. Porque en 1938 existía, junto a la fundación de la IV Internacional, un reagrupamiento pequeño, una dirección alternativa respecto a las direcciones tradicionales del movimiento obrero. Existe una versión revisionista de la historia de la IV Internacional que afirma que la IV Internacional fue construida para mantener el hilo histórico del marxismo revolucionario en los peores años de la lucha de clases en el mundo. Es una visión totalmente falsa. La IV Internacional se construyó en 1938, planteándose el problema de constituirse como dirección revolucionaria del movimiento obrero y liquidar en la siguiente fase histórica el dominio capitalista-stalinista en el mundo. Desgraciadamente, la realidad de la lucha de clases, las presiones que ha sufrido la vanguardia proletaria nos condujeron a la situación de que la IV Internacional hace muchos años ha dejado de existir como organización consecuentemente trotskista; ha sido dominada por el revisionismo desde los años 50, se dividió y, aunque ha combatido contra el revisionismo conocido como el pablismo, no fue capaz de mantener una continuidad histórica de la IV Internacional, ni en su lucha contra el revisionismo, y degeneró a su manera. Moreno, Lambert, Healey, etc.


 


Creo que esta cuestión debe entenderse en su importancia negativa en la lucha de clases, no en términos de batalla de ideas. Brindo brevemente dos ejemplos acerca de ello; uno en América Latina. Nosotros vemos hoy que se desarrolla un fuertísimo movimiento de masas contra la dictadura peruana, y no conozco que exista una dirección marxista revolucionaria que luche por dirigir este movimiento. Se podría decir que esto es una verdad en muchos países frente a muchos movimientos de las mismas características. Pero si vemos veinte años atrás, en el momento de la crisis y caída de la precedente dictadura militar, observaríamos que las fuerzas que se reclamaban del trotskismo, participantes del Secretariado Unificado, en particular, bajo la dirección de Hugo Blanco, un nombre creo bastante conocido, conseguían mediante un frente político un 12% de los votos en las primeras elecciones libres bajo la dictadura, como expresión de una radicalización que veía en este reagrupamiento un punto de referencia potencial como dirección del movimiento de masas.


 


¿Qué resta de todo esto hoy? Nada. El pablismo, en los hechos, no en las ideas, ha destruido esta potencialidad, primero en nombre de la unidad de la izquierda, del pluralismo de las fuerzas revolucionarias, es decir, renunció a la lucha por el partido de la vanguardia, y por el leninismo. Cuando esto provocó el fracaso de este frente, capituló ante la izquierda reformista de la Izquierda Unida peruana y disolvió, entonces, en los hechos, las tradiciones y las potencialidades del marxismo revolucionario en el Perú.


 


Pero nosotros vemos estas enormes limitaciones políticas, este rol destructivo y antirrevolucionario del revisionismo trotskista, no sólo en fuerzas que provienen de la tradición del Secretariado Unificado y del pablismo, sino incluso en fuerzas políticas que estaban a la izquierda y que han combatido al pablismo históricamente. Tomo el ejemplo de la organización Lutte Ouvrière de Francia, que muchos compañeros y compañeras conocen. Esta organización no es una organización en crisis. Tiene el mérito de haberse construido sobre la base de su propaganda, llevándola al conocimiento de amplios sectores de la clase obrera francesa; fue capaz de conseguir más de un millón de votos (el 5%) en las elecciones francesas. Pero, ¿cuál es su rol hoy? Dicen: "Somos un pequeño grupo, no somos capaces de construir un partido". Todavía hoy lo dicen. "Tenemos que esperar". Y con este tipo de análisis, cuando el movimiento de la clase obrera se desarrolla y empieza a plantarse como una alternativa de clase frente al dominio capitalista, como lo ocurrido en Francia en 1995, se limitan a un movimiento sindical, a un rol de apoyo. Es cierto; los compañeros de Lutte Ouvrière están en primera fila en las luchas, pero no plantean ninguna propuesta política, ninguna indicación de poder de clase. Entonces, una oportunidad histórica es desperdiciada. Creo que, sobre la base de estos hechos reales, se ve la absoluta necesidad de reconstruir, de refundar una IV Internacional sobre la base propia, coherente, consecuente, del programa trotskista, del programa del marxismo de nuestra época.


 


Una presencia que es demandada dramáticamente frente al proceso del colapso de los países del Este. Porque por fuerza era difícil, es cierto, construir partidos revolucionarios marxistas en estos países en tiempo oportuno para contrarrestar desde el inicio el proceso de disolución de estos países en los años ochenta. Pero seguramente habría sido posible construir a escala mundial un punto de referencia para que la vanguardia de clase de aquellos países pudiera ver en la perspectiva del socialismo revolucionario la alternativa y buscara intervenir con esa política, con esa perspectiva en la clase obrera de estos países, para luchar contra la restauración capitalista.


 


Las derrotas, entonces, existieron; a nivel de la IV Internacional, a nivel de la lucha de clases, pero ello no es, a mi entender, un motivo para el pesimismo. Las condiciones para el internacionalismo obrero existen y existirán plenamente. Existen en la realidad del "nuevo orden mundial" del imperialismo; existen frente a la creciente explotación, frente a las guerras, frente a las masacres, frente a la inestabilidad del dominio capitalista; existen frente al desarrollo de las luchas a escala mundial, a niveles desiguales, sean como fuerza o como nivel de conciencia de las diversas clases obreras, pero que se desarrollan desde América Latina hoy, incluso obviamente, en el ejemplo que presencié ayer en la movilización aquí en Argentina; pero también en Europa en los años pasados, en Italia en el 94, en Francia en el 95, en Corea del Sur, que fue proclamado como el país símbolo del nuevo modelo de producción capitalista sin contradicciones, con una clase obrera domesticada. En todo esto, la posibilidad de que la vanguardia construya una alternativa revolucionaria está plenamente presente. El trotskismo es la respuesta, porque en los hechos, en la historia de la lucha de clases, se ha demostrado que sólo el programa trotskista es la respuesta posible.


 


Si entonces la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de dirección revolucionaria, el internacionalismo real, al inicio del siglo XXI se reduce a la lucha por la refundación de la IV Internacional. Creo que tenemos que dar pasos adelante en los tiempos más cortos posibles. Creo que en el debate en estas jornadas de la reunión internacional de la organización que se reconoce en esta perspectiva, hemos dado una serie de pasos adelante significativos. La nuestra no es una simple batalla de ideas; es una batalla por el futuro, por el futuro de la humanidad. Es la batalla para que esto que llaman en definitiva el siglo XXI, porque hay una tradición cristiana dominante, pero a nosotros lo que nos interesa es la próxima fase histórica; para que la próxima fase histórica; que llamamos el siglo XXI sea, como lo creo posible, la fase del triunfo de la revolución socialista mundial para todo nuestro universo. Por esto tenemos que avanzar, sin vacilaciones, hacia la refundación de la IV Internacional, porque, como decimos en Italia: si no es ahora, ¿cuándo, compañero?


 


Muchas gracias.


 


(*) Texto de la intervención de Franco Grisolía, en la sesión de cierre del Seminario Internacional, "Internacionalismo obrero en los comienzos del siglo XXI", realizado entre el 29 de mayo y el 1º de junio. Mesa redonda final en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires realizada el 1º de junio.


 

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