Palestina: “Limpieza étnica y genocidio”

Entrevista con Ilan Pappé

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El historiador israelí y activista de derechos humanos Ilan Pappé forma parte del grupo de académicos que se conocieron como “los nuevos historiadores” que re- estudiaron la guerra árabe-israelí de 1948 y los acontecimientos que llevaron al establecimiento del Estado de Israel. Mucho del trabajo de Pappé ha buscado reconocer y revisitar este momento histórico -lo que se conoce como la catástrofe palestina o nakbah– y construir un relato histórico opuesto a la visión prevaleciente.

Según Pappé, la sistemática expulsión de más de 700.000 palestinos en 1948 no puede ser entendida como un acto de guerra espontáneo. Fue más bien el resultado de una estrategia premeditada que alcanza una limpieza étnica; una estrategia que, arguye Pappé, continúa guiando las políticas de Israel hacia los palestinos. Sus muchos libros y artículos constituyen intentos de desarrollo de este argumento desde los inicios del sionismo hasta el presente.

Los escritos de Pappé han encontrado elogios, críticas y denuncias violentas. Ha recibido amenazas de muerte, fue denunciado por la Knesset y fue forzado a abandonar su puesto en la Universidad de Haifa, Israel, en 2008.

Mientras esta entrevista tenía lugar, Israel ya había comenzado su invasión terrestre a Gaza. Las muertes de civiles se acumulaban diariamente e Israel ignoraba sistemáticamente los llamados a detener la ofensiva. El 24 de julio, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas votó el lanzamiento de una investigación internacional sobre posibles crímenes de guerra israelíes, con la oposición de los Estados Unidos y la abstención de diecisiete países.

Al momento de esta entrevista, Pappé estaba en Israel. La misma se desarrolló entre el 21 y el 26 de julio por correo electrónico.

The White Review: Usted ha argumentado que el establecimiento del Estado de Israel en 1948 formó parte de un plan de “limpieza étnica” de la población indígena de Palestina. También argumentó que este plan continúa siendo una de las políticas fundamentales de Israel en la actualidad. ¿Qué evidencia histórica lo llevó a sacar estas conclusiones?

Ilan Pappé: Los archivos israelíes funcionan como los británicos. Desclasifican los documentos políticos luego de treinta años y los militares luego de cincuenta años. Estos documentos revelan muy claramente una estrategia sistemática y premeditada para la limpieza étnica de Palestina. La estrategia comenzó a tomar forma en 1947, cuando el Mandato Británico de Palestina estaba próximo a expirar y se hizo clara cuando los británicos estaban por retirarse.

Estos documentos israelíes respaldaron testimonios orales de los refugiados palestinos en todo el mundo a lo largo de los años. Los archivos de las Naciones Unidas dieron corroboración adicional. Fueron escarbados exitosamente por el historiador Michael Palumbo, quien fue el primero en advertir la evidencia suministrada por los archivos sobre el alcance de la expulsión y los métodos empleados. Los veteranos israelíes completaron el cuadro para nosotros, primero a través de obras de ficción, muy especialmente Khirbet Khizeh (1949), una novela del escritor y político S. Yizhar, y testimonios posteriores.

-¿Cuál es la relación entre su trabajo y el de los Nuevos Historiadores?

-A fines de los ochenta éramos tres historiadores: Avi Shlaim, Benny Morris y yo. Morris nos describió como una nueva escuela de historiadores a causa de nuestras interpretaciones de la guerra árabe-israelí de 1948. Teníamos muchas cosas en común, aunque no formamos una escuela. De manera conjunta e independiente desenmascaramos la mitología israelí en torno de estos acontecimientos y aceptamos los principales capítulos de la narración palestina.

-Desde entonces, Benny Morris se ha delimitado de usted y de su trabajo en términos vehementes.

-En realidad, no estoy interesado en las razones detrás de su ataque personal. Sólo tengo interés en debatir evidencia, análisis y conclusiones. El rechaza hacer esto y ha optado por la diatriba personal. No tengo tiempo para dedicar a sus problemas personales.

-Sus escritos prestan estrecha atención a las voces de aquéllos a quienes la historia frecuentemente olvida: las historias de mujeres y niños, por ejemplo, o más en general las historias orales. ¿Podría hablar sobre esto en el contexto amplio de la relación entre discurso narrativo y representación histórica?

-El sionismo nació de dos impulsos muy razonables: el deseo de impedir una catástrofe en Europa y el deseo de reinventar el judaísmo como nacionalismo. En la práctica, esto significó una búsqueda de un Estado-nación judío. Se consideraron varios lugares pero, eventualmente, se dio precedencia a Palestina, y la presión ejercida por los políticos británicos no fue la razón menor. Cuando una tierra llena de gente se señala en un momento de despertar nacional, la única manera de habitarla es mediante la ocupación y la colonización. El movimiento sionista era demasiado débil para hacerlo por sí mismo. Necesitaba del poder del imperio británico de su lado. Se consiguió cuando se firmó la Declaración Balfour en 1917. La declaración apoyaba el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío. La comunidad judía de Palestina devino una típica sociedad de pobladores colonialistas, que solamente podía sobrevivir por medio del genocidio, como en las Américas, Australia y Nueva Zelanda, o por la limpieza étnica de la población indígena, como en Sudáfrica.

-¿Cómo justifica su uso de expresiones provocativas tales como “limpieza étnica” y “genocidio incremental” para describir las políticas israelíes entonces y ahora?

-No veo nada provocativo en mi uso de estos términos. Es un intento por llamar al pan, pan. En primer lugar, de paso, están actualmente ampliamente aceptados. Ya no pueden ser considerados provocativos. Y en los últimos diez años parece que los campos de matanza de Gaza han suministrado amplia evidencia de la validez del segundo término.

Elijo la definición más conservadora de “limpieza étnica” para probar mi hipótesis, la adoptada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos (primero adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 9 de diciembre de 1948). Según el artículo II de la Convención sobre la Prevención y Castigo del Crimen de Genocidio, genocidio significa alguno de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, en todo o en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso:

1) matar miembros del grupo;

2) causar daño físico o mental serio a miembros del grupo;

3) infligir deliberadamente al grupo condiciones de vida calculadas para producir su destrucción física en todo o en parte;

4) imponer medidas tendientes a impedir nacimientos dentro del grupo;

5) transferir por la fuerza niños del grupo a otro grupo.

(Fuente: 9 FAM 40.35 [(b)] N3.3 Intento de cometer genocidio)

Esta definición calza perfectamente con los acontecimientos que tuvieron lugar en 1948 y con los que ocurren hoy día.

Es interesante que, desde el punto de vista del Departamento de Estado de los Estados Unidos, aun si la gente huye y no son expulsados por la fuerza pero se les impide retornar a sus tierras, el poder agresor es acusado de limpieza étnica, lo cual es un crimen contra la humanidad. Actualmente, israelíes y palestinos acuerdan en el relato básico de lo sucedido en 1948. La cuestión -en palabras de historiadores como Benny Morris y Ari Shavites si existe o no una limpieza étnica “justificada” cuando es realizada por gente que pretende representar a las víctimas del nazismo.

En cuanto al genocidio incremental, leo y releo las convenciones internacionales contra el genocidio. Establecen claramente que la matanza masiva de gente basada en quiénes son y no en qué han hecho en tiempo de guerra, no tiene por qué tener lugar drásticamente de una vez. Puede ser parcial y ocurrir a lo largo del tiempo. Desde 2005, Israel ha encerrado a 1,8 millones de personas en Gaza. En tal realidad, cualquier acción punitiva, como la que estamos viendo hoy, sólo puede ser en el largo plazo un acto de genocidio, incluso si está acompañada de períodos “pacíficos” durante los cuales a la gente se le niegan los requisitos más básicos para la vida humana.

-¿Cómo responde a la crítica de que su trabajo es antisemita?

-Soy judío, de manera que en el mejor de los casos sería un judío que se odia a sí mismo. Pero, pese a todos mis pecados, no me odio a mí mismo.

-Volviendo a la situación actual, el gobierno israelí sostiene que el secuestro de tres adolescentes israelíes requirió y justificó el reciente bombardeo y la subsiguiente invasión de Gaza. Hasta donde yo sé, Hamas no ha reivindicado ni negado responsabilidad por los secuestros, aunque se considera responsable a esa organización política. ¿Cuál es su visión de estos hechos?

-Hamas no ha revindicado responsabilidad. Israel está empeñado en destruir a Hamas, especialmente luego de la posibilidad de un gobierno de unidad con Al Fatah. Estaba buscando un pretexto para abolir la influencia de Hamas en Cisjordania y para destruir su presencia en la franja de Gaza.

-¿Entonces, en su opinión, estos hechos fueron armados de esta forma porque Israel no quiere un gobierno legítimo con el cual negociar? ¿Incluso si los Estados Unidos parecen dispuestos a comenzar un diálogo?

-Israel ha demandado imponer unilateralmente su voluntad sobre los palestinos y hasta ahora ha tenido éxito. No está interesada en tener en cuenta el punto de vista palestino.

-Recientemente, Haaretz informó que el ministro de defensa israelí, Moshe Ya’alon, propuso que la respuesta de Israel al asesinato de estos tres adolescentes incluyera “una ola de construcción de asentamientos y el establecimiento de un nuevo asentamiento en su memoria”. Seguramente, no es una coincidencia que Israel presente planes para construir 1.500 asentamientos adicionales en Cisjordania, apenas una semana antes del secuestro de dichos adolescentes. ¿Podría comentar sobre estos propuestos asentamientos y sobre las políticas expansionistas de Israel

-No hay nada nuevo en esto. No tiene sentido pretender que la nueva ola de asentamientos es una respuesta al terror. Los planes para asentamientos, o su expansión, fueron preparados en el transcurso de un largo período de tiempo y han involucrado a varias agencias gubernamentales. Cuando el Estado está listo para expandirse, el pretexto se inventa. Pudo ser un comentario hecho por Mahmoud Abbas, una manifestación o, sin duda, un ataque a pobladores o soldados. El plan maestro de dónde y cómo asentarse es viejo. Marca muy claramente qué partes de Cisjordania pueden dejarse para que vivan los palestinos, ya sea como guetos, si se resisten, o como reservas, si se reconcilian con su destino. Hubo dos planes israelíes para colonizar Cisjordania. El oficial fue judaizar solamente áreas que no estaban densamente pobladas por palestinos, pero el movimiento de colonos sionistas usó un mapa bíblico que incluía áreas densamente pobladas. Su colonización fue aprobada como un hecho consumado por los israelíes. El resultado fueron docenas de pequeños enclaves palestinos separados por asentamientos, campos militares y áreas sin soberanía palestina.

-En su opinión, ¿por qué la comunidad internacional no hace más que condenar los asentamientos?

-En el caso de Europa, se trata del capítulo todavía abierto del Holocausto. Hay una resistencia a tratar la cuestión de Israel porque significa revisar por completo el trato del problema judío europeo luego del Holocausto. Europa estuvo deseosa de que se sacrificara a los palestinos para no tener que lidiar con su pasado. Respecto del apoyo de los Estados Unidos a Israel, es una combinación del sionismo cristiano y un fuerte lobby judío y de los intereses del complejo industrial militar.

-Es cierto que los Estados Unidos han sido el mayor sostén de Israel, suministrando miles de millones de dólares y equipo militar avanzado todos los años, aunque vale la pena notar en este contexto que la Unión Europea también ofrece amplios subsidios a Israel a través de sus programas de investigación. Sin embargo, acontecimientos recientes sugieren que Israel ya no necesita la luz verde de los Estados Unidos. Sin duda, varios israelíes de la línea dura han incluso deseado detener la ayuda estadounidense por completo. ¿Cómo evalúa esta relación y cómo ha cambiado?

-Como dije, hay razones históricas para esto. Pero el punto es que, en tanto Israel no interfiera con las políticas norteamericanas en Medio Oriente, tendrá carta blanca para sus políticas en Palestina. La crítica del primer ministro Benjamín Netanyahu a la política del presidente Obama hacia Irán y Siria fue un quiebre de este entendimiento. Mientras el Capitolio tenga la última palabra sobre la relación con Israel, el apoyo incondicional va a continuar. Pero la sociedad está cambiando su actitud, incluyendo partes de la comunidad judía y puede eventualmente impactar sobre los políticos.

-Sobre ese punto, ¿cómo se relaciona la actual invasión a Gaza con la situación del Medio Oriente, particularmente en Irán, país al que Netanyahu ha llamado recientemente “el principal imperio terrorista de nuestro tiempo”?

-Netanyahu fracasó, el tiempo dirá hasta cuándo, en galvanizar al mundo detrás de su paranoia manufacturada sobre Irán. Tenía la función de distraer la atención de la cuestión palestina y de los problemas sociales y económicos que enfrenta Israel. Pero ahora tiene que ocuparse de ambos. Prefiere la primera cuestión, ya que entiende la naturaleza nacionalista y racista de su propia sociedad. Es incapaz de ocuparse de la segunda cuestión, por su aproximación neoliberal a los problemas sociales y por su incapacidad para ver la conexión entre estos problemas y la naturaleza ideológica del Estado.

-Estoy interesado en su perspectiva sobre Hamas. La victoria electoral de Hamas de 2006 fue rechazada por Israel y los Estados Unidos sobre la base de que pondría en peligro la estabilidad y el proceso de paz. La historiadora Sara Roy, sin embargo, ha argumentado que el atractivo de Hamas tiene poco que ver con una agenda de activismo islámico, sino que más bien tiene que ver con las necesidades prácticas de la vida cotidiana. En su opinión, ¿por qué Hamas continúa teniendo apoyo popular significativo?

-Estoy de acuerdo con Sara Roy. Por ejemplo, en 1994 los israelíes decidieron acordonar parte de la Franja de Gaza. La cercaron con alambre de púas y crearon un enclave judío poblado con colonos. Ya entonces, la vida de los palestinos en una de las áreas más pobladas del planeta era insoportable. Los escasos recursos de agua fueron entonces tomados por los colonos y la vida se hizo similar a estar encerrado en una megaprisión. La Autoridad Palestina fue incapaz de cambiar esta realidad. Finalmente, fue la lucha de Hamas la que hizo que Israel retirara los colonos.

Pero, como sabemos, la alternativa fue peor: un gueto herméticamente cerrado que está permanentemente sitiado, con los alimentos supervisados y controlados, como la mayor parte de la infraestructura. No aceptar este modo de vida es perfectamente comprensible y hasta ahora solamente Hamas ha intentado luchar contra esto. Por supuesto, la mejor estrategia sigue siendo la lucha por un Israel y Palestina libres: libres del sionismo, libres del fanatismo, el colonialismo y la opresión.

-¿Podría comentar sobre cómo se presenta a Hamas en los medios de comunicación dominantes?

-Es un retrato unidimensional, chato. Se ha pintado a un movimiento político y social como una organización puramente terrorista, que no es diferente de al-Qaeda o del Estado Islámico de Iraq y el Levante (Isis). Desde sus inicios, alrededor de 1920, la lucha anticolonialista palestina fue a veces liderada por grupos políticos islámicos y personalidades, como el predicador palestino Izz ad-Din al-Qassam en 1935. Sin embargo, más frecuentemente, fue dirigido por fuerzas seculares, socialistas y nacionales. En todas estas luchas, los cristianos jugaron un papel similar a los musulmanes. Esta forma de resistencia no es de naturaleza religiosa, sino política y social.

-En su opinión, ¿qué quiere Hamas en el presente conflicto? Su brazo armado parece resuelto en su decisión de continuar lanzando cohetes sobre Israel. ¿Sugiere esto que Hamas podría querer incitar una incursión israelí limitada en Gaza en la creencia de que un conflicto continuado podría de algún modo reforzar su posición negociadora?

-Primero y principal, Hamas quiere un fin del bloqueo. Cuando termine el bloqueo podrá atender a las condiciones sociales y económicas sobre el terreno. Está dispuesta a hacer esto dentro de un gobierno de unidad con Fatah. No creo que Hamas quisiera provocar una incursión israelí pero, por cierto, estaba preparada para una tal incursión.

Pero su estrategia futura no depende solamente de lo que Hamas quiera. Si hubiera una apertura para un fin de la opresión en Palestina, muchos dentro de Hamas querrían ser parte de la reconstrucción de una nueva Palestina, con su propio aporte particular. Lo que Hamas no quiere es rendirse y cree -acertada o equivocadamente, el tiempo lo dirá- que en Gaza la mayoría de la gente todavía apoya esta posición y un número considerable de palestinos en otros lugares sienten lo mismo.

-¿Cuál es su visión sobre la violencia como forma de resistencia? En ciertas condiciones no parece justo que el Estado deba tener el monopolio de la violencia.

-Yo deseo que los actores estatales y no estatales encuentren soluciones no violentas a los problemas. Admito que, si las acciones preventivas para limitar el comportamiento criminal de los individuos y los Estados no resultan suficientes, hay una justificación para usar la fuerza de un modo limitado y restringido. Supongo que por violencia entendemos la fuerza usada de una manera apropiada, y en esto usted tiene razón, somos muy rápidos para juzgar a aquéllos que usan la violencia contra los Estados y menos rápidos para oponernos al uso de la violencia por el Estado.

-Usted apoya el movimiento “Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS)”, que ha sido criticado, entre otros, por Noam Chomsky y Norman Finkelstein, este último yendo tan lejos como para describirlo como un “culto”. ¿Qué razones tiene para apoyarlo?

-Me pregunto si ésta sigue siendo una cuestión luego de las actuales atrocidades israelíes en Gaza. ¿Pueden Chomsky y Finkelstein ofrecernos una estrategia alternativa aparte de repetir el gastado mantra de la solución de dos Estados? Este es el único camino dada la brutalidad israelí y el equilibrio de poder sobre el terreno.

-¿Podría especificar sus dificultades con la solución de dos Estados?

-Es una solución solamente para una parte de los palestinos y para una parte de Palestina. Los palestinos de Israel (uno de cada cinco ciudadanos en Israel es palestino) y los refugiados han sido dejados fuera de este arreglo, y ellos constituyen el cincuenta por ciento del pueblo palestino. El cuerpo entero está enfermo y ofrecemos tratar solamente una mano. En segundo lugar, el único Estado palestino con el que Israel está de acuerdo no tendría soberanía para los palestinos ni integridad territorial. Finalmente, los israelíes han colonizado Cisjordania en tal medida que no hay forma razonable de encontrar un lugar para tal Estado.

-¿Sobre qué base apoya usted la solución de un Estado?

-En primer lugar, porque es la única solución que permitirá a los refugiados palestinos de 1948 regresar, lo que para mí es una precondición para la paz. En segundo lugar, también traería el final del apartheid experimentado por los palestinos dentro de Israel. Y, finalmente, los hechos establecidos por Israel en los últimos cuarenta y cinco años son, por lejos, más importantes que los establecidos en los primeros veinte años de la ocupación. No hay lugar para un mini-Estado palestino viable y no hay razón para suponer que tal Estado terminará con el conflicto.

-¿Apoyaría usted el derecho al retorno de todos los refugiados, que pueden ser cerca de cinco millones?

-Sí, pienso que es una precondición para la paz. No creo que todos los cinco millones vayan a regresar, pero debería haber lugar para quien lo desee. Esto es también importante para la estabilidad de la región como un todo en este momento.

-Para muchos, la solución de un Estado y el derecho de retorno serían el final del Estado de Israel y amenazarían a la población judía, que alcanza los seis millones. ¿Piensa que Israel podría incluso aceptar esto?

-Los blancos de Sudáfrica también rechazaban la idea de un Estado sin apartheid. Tanto los palestinos como los israelíes tendrán que decidir sobre un Estado único, democrático para todos, antes que un conflicto sin fin. Estamos hablando de un cambio de régimen, de uno racista a uno democrático, en el único futuro seguro para ambos pueblos sobre el territorio.

-¿Hay otras formas de lucha que usted vea con potencial emancipador?

-Sí, una rebelión popular, como la que tuvo lugar en la primer Intifada, sería efectiva, aunque esta vez la reacción israelí será muy brutal. Uno esperaría que el movimiento BDS ayudará a suavizar el golpe.

-Un informe de las Naciones Unidas sobre la Franja de Gaza sostiene que el área “no será habitable para 2020”. En su opinión ¿cuánto puede durar la ocupación?

-Pienso que de muchas maneras estamos al comienzo de una nueva Intifada. Si no explota ahora, explotará en pocos años. Así que la ocupación no durará para siempre. La pregunta es a qué precio, y si la comunidad internacional intervendrá para pararla.

Ilan Pappé: Historiador israelí y activista de derechos humanos. Autor, entre otros libros, de La limpieza étnica de Palestina (2006), donde rastrea los comienzos de la ideología sionista a principios del siglo XX y ofrece un relato detallado de la sistemática expulsión de más de 700.000 palestinos en 1948, utilizando documentos recientemente desclasificados del Estado de Israel. Actualmente es profesor de Historia en la Universidad de Exeter y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos. La presente entrevista fue realizada por Rye Dag Holmboe y publicada en The White Review del 21 de julio de 2014.

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