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Polivalencia y categorías en los convenios de trabajo

Una respuesta obrera a la desvalorización de la fuerza de trabajo
Por Christian Rath
Una de las grandes innovaciones en la serie de convenios firmados por la burocracia del SMATA con las terminales automotrices en vías de instalación (FIAT, CHRYSLER, TOYOTA), es la desaparición de las categorías tradicionales y su reemplazo por niveles de “polivalencia”. El régimen ‘clásico’ de categorías en el convenio UOM 75, por ejemplo, reconocía ocho escalones de calificación, de peón a oficial múltiple, con diferencias del 7,5 % en el salario a percibir en cada caso. Las tareas exigidas a cada categoría, estaban enumeradas taxativamente en el convenio y el trabajador tenía el derecho de rendir cada año para la categoría superior y percibir un adicional por “falta de vacante” si la patronal no le daba una función acorde a su nueva calificación.
 
Para tomar sólo un ejemplo de los nuevos convenios, el ‘acuerdo’ SMATA-TOYOTA determina la existencia de dos niveles de trabajadores, los operarios polivalentes y los líderes de célula, cuya función, en ambos casos, es operar 'indistintamente' en cualquier tarea. En el caso de los líderes, deben, además, ‘capacitar’ al resto y reemplazar a los operarios que falten “en todos los casos que sea necesario”, un trabajo por el que perciben 900 pesos, casi el doble del operario raso. La única 'mejora' salarial prevista es un aumento de algo más del 3 % a los 12, 24 y 36 meses, es decir en función de la antigüedad y hasta los 3 años. La patronal se reserva en forma total y absoluta la distribución de tareas a cada trabajador y la selección de los “líderes” polivalentes.
 
La sustitución de las categorías tradicionales por la polivalencia pretende ser presentado como un progreso en la calificación del trabajador, que de este modo estaría en condiciones de dominar el Proceso del trabajo y  hasta internarse en el terreno de la investigación científica. Nada más falso. El crecimiento en complejidad de las máquinas y los sistemas administrativos va paralelo a la simplificación de los conocimientos necesarios para operarlas. Se asiste a un procesos de descalificación, que “mide” al trabajador en función de una destreza específica, cada vez más unilateral, una operación limitada y reiterada y en definitiva de la rapidez. Desaparece así el propio concepto de calificación, como puede verse en los tiempos de entrenamiento cada vez más cortos, y el salario deja de tener un 'básico' para estar cada vez más sujeto a "premios de productividad y calidad, que miden la intensificación física del esfuerzo del trabajador.
Para un autor, citado por Harry Braveman en “Trabajo y capital monopolista, los defensores de la polivalencia "confunden (interesadamente) destreza incrementada con calificación o talento. Cuando un constructor de gabinetes es calificado en su oficio, la calificación (alude a) su habilidad para imaginar como se presentarán las cosas en forma final si tales y cuales herramientas y materiales fueran usados... Pero si el hombre fuera capaz de no hacer nada sino castañetear los dedos rápidamente y con facilidad una y otra vez para ganarse la vida, luego, estaríamos hablando de destreza. Esto último es... lo que llama(n) calificación. Sin embargo en la industria, hoy, el aumento de la destreza significa disminución de la calificación (Kennedy, División del trabajo y la cultura del capitalismo).
 
Esta descalificación aleja todavía más al trabajador de la comprensión del proceso productivo y a una degradación global del contenido del trabajo —los productos basura”— Además, en la medida que el entrenamiento capacita al trabajador sólo para cumplir las instrucciones diarias de su orden de trabajo, su ‘calificación’ termina casi al momento de empezar y no le sirve más que para actuar en un lugar específico y como prolongación de una o varias máquinas que serán declaradas obsoletas en poco tiempo.
 
La polivalencia avanza en la destrucción de la calificación individual, que tiene su origen en la maestría artesanal, que combina materiales y procesos con la pericia manual requerida para crear un producto. En el proceso del trabajo, el capital plantea dos reglas básicas: una, cuando más hay que saber para dominar el proceso de la produción, menor debe ser el conocimiento necesario del operario (polivalente); dos, la evaluación se funda en el mayor esfuerzo y la velocidad del operario en la tarea encomendada, lo que supone la dictadura férrea de la patronal en la fábrica.
 
En el ideal del modo de producción capitalista, el dominio de los procesos del trabajo, a través del conocimiento científico, técnico y de ingeniería queda en manos de una elite patronal y vedado a la población trabajadora. A ésta se le reserva el papel de 'bestia de carga' combinado con la 'reducción' del trabajo a tareas simples y tontas. Esta tendencia se manifiesta en el campo de la enseñanza secundaria y técnica 'polimodal' de ‘ciclos cortos' y títulos 'basura', para no 'desperdiciar' los recursos de la sociedad en 'ilustrar' trabajadores que deben quedar sumidos poco menos que en la ignorancia.
 
Defender las categorías
 
Tal como surge del "convenio” Fiat y los que le sucedieron el planteo de arrasar con las categorías es seguido por la reducción salarial. Los cuatro o cinco niveles de polivalencia que se establecen parten de mínimos salariales inferiores y achatan las diferencias salariales hacia arriba. Este es el contenido básico de la política patronal. Los trabajadores tenemos que defender un régimen de categorías en los convenios y niveles de salarios incrementados, que corresponden al mayor costo que representa para el trabajador el encarecimiento de su formación técnica.
 
Este planteo de categorías corresponde a la propia realidad de los lugares de trabajo. Solo un trabajador con determinada calificación está en condiciones de reparar una máquina, plantar una matriz o conducir un subte. La patronal se propone ‘desconocer’ estas habilidades y ‘ahorrarse’ el pago del salario ‘diferencial’ respectivo (aún si se aceptan tareas en otras secciones o “células”, siempre debe estar presente el reconocimiento de la categoría y del salario).
 
Esto debe ir unido a la defensa y actualización de las asignaciones (mensuales) por título secundario y título técnico, que en el convenio de la UOM significaban el 15% del salario y, en el caso del título técnico, el pasaje automático a la categoría de oficial.
 
Hasta aquí las patronales han impuesto su criterio en 'convenios' que corresponden a plantas a instalarse, sin obreros, y en los que la burocracia del Smata firmó lo que le pusieron delante. No es el caso de las plantas establecidas o de las líneas de transporte, en las que las batallas cruciales contra la reducción de salarios, la destrucción de la jornada de trabajo y la disolución de las categorías aún están por darse.
 
Extraído de Prensa Obrera n° 505, 7/8/96

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