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El Partido Socialdemócrata Alemán de 1918 a 1921

Por Rodrigo Peyrel
"Odia a la revolución como al pecado" Ebert (líder socialdemócrata alemán)
 
En 1918, la Alemania del Káiser Guillermo II cae derrotada, luego de cuatro años de guerra, marcando el final de la Primera Guerra Mundial.
 
Un año antes se produce en Rusia la caída del imperio de los zares y la toma del poder por los revolucionarios bolcheviques en representación de los proletarios y los campesinos rusos. Los líderes de la revolución llaman a los proletarios del mundo a derrocar a las burguesías y extender la revolución para la liberación de la clase obrera.
 
El objetivo de los bolcheviques era que la revolución se extendiera por toda Europa y esencialmente en Alemania, donde el movimiento obrero estaba mejor organizado y era el más numeroso del continente europeo. Lenin afirma que “las masas proletarias de todos los países se dan cuenta, cada día más claramente, de que el bolchevismo ha indicado la justa vía a seguir para escapar a los horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos” (1).
 
El proceso revolucionario “parecía perfectamente factible, porque la Gran Guerra concluye en medio de una crisis política y revolucionaria generalizada, particularmente en los países derrotados. En 1918, los cuatro gobernantes de Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria, perdieron su trono, además del Zar de Rusia, que ya había sido derrocado en 1917. Por otra parte los disturbios sociales, que en Italia alcanzaron una dimensión casi revolucionaria, también sacudieron a los países beligerantes europeos del bando vencedor" (2).
 
Ante este proceso revolucionario las preguntas que caben hacerse son:
 
¿Por qué no se produjo una revolución proletaria luego del fin de la guerra en Alemania?
 
¿Estaban las condiciones dadas para una revolución?
 
¿La socialdemocracia alemana jugó una papel contrarrevolucionario?
 
Una revolución sin revolucionarios
 
A medida que se acercaba el final de la guerra, aumentaba la agitación interna en Alemania. En noviembre de 1918 se produce en Alemania una revolución y es derrocado el Káiser Guillermo II.
 
La revolución se desencadena cuando a finales de octubre, los jefes de la Marina ordenaron un último ataque suicida contra los ingleses para redimir el honor alemán. El 28 de octubre se ordenó la partida de la flota de Wilhelmshaven. Los marineros, por mayoría, decidieron que, en la hora de la derrota alemana, era preferible salvar sus propias vidas antes que el honor alemán, y se amotinaron; las demostraciones en Kiel el 3 de noviembre provocaron un motín más generalizado, y en los primeros días de noviembre se extendieron los levantamientos revolucionarios por toda Alemania, desde el norte hasta el gobierno socialista de Kurt Eisner en Baviera, constituyéndose “consejos" de soldados, marineros y obreros para sustituir a los gobiernos locales existentes.
 
El mismo Berlín se convirtió en un centro de agitación donde los enlaces sindicales y los miembros del Partido Socialista Independiente debatían sobre la necesidad de un levantamiento armado, idea a la que se oponían los moderados del partido socialista mayoritario (SDP).
 
El 9 de noviembre quedó claro que el emperador debía abdicar: el gobierno del príncipe Max von Badén dimitió y Guillermo II abandonó Alemania y se instaló en Holanda.
 
En ese marco los socialistas asumen el gobierno porque literalmente no había nadie que pudiera hacerse cargo del mismo. El nuevo gobierno estaba integrado por los dos partidos socialistas, el Partido Socialdemócrata (SDP) (3) y el Partido Socialista Independiente (USDP), que estaban agudamente opuestos.
 
El SDP había crecido antes de la guerra hasta convertirse en el partido más importante en 1912. En este proceso de crecimiento, el SDP pasó de grupo revolucionario a convertirse en una institución que proyectaba alcanzar el cambio social ganando el voto pacíficamente, en vez de utilizar la agitación y la violencia
 
El gobierno estaba compuesto por tres integrantes de cada partido, Ebert, Scheidemann y Otto Landsberg por el SDP y Hugo Hasse, Wilheim Dittman y Paul Barth por el USDP.
 
Como primera medida, el gobierno pone fin a la guerra; luego los partidos debatirían qué clase de gobierno debía ser y qué estructuras iba a poseer. No había duda en el espíritu de los socialistas que el sufragio prusiano de tres clases tenía que ser suprimido
 
Y había que introducir muchas reformas democráticas. No obstante existía una división muy real de la opinión entre los que querían cambios estructurales drásticos e inmediatos, en nombre de la revolución, y los que sostenían que, en lo posible, esas cuestiones debían posponerse para ser resueltas por una Asamblea Constituyente, que debería ser electa tan pronto como fuera posible por sufragio amplio.
 
Los dirigentes de los socialistas mayoritarios sostenían esta posición, como la única compatible con la democracia y algunos de los independientes estaban de acuerdo con ellos; la mayoría de los independientes, no obstante, no coincidían: querían dar el golpe mientras la situación era favorable y establecer los fundamentos de un nuevo orden lo más firmemente posible antes de convocar al pueblo para elegir su Asamblea Constituyente, que debería confirmar el cambio y darle forma constitucional. Estas eran las dos grandes tendencias. Existía una tercera posición, representada en parte dentro del USDP y en parte fuera de él, que no pensaba en la Asamblea Constituyente en ninguna etapa, rechazándola como instrumento de la democracia burguesa, pero que se dividía entre los partidarios de la dictadura de masas de los trabajadores y los partidarios de la toma del poder por una pequeña élite revolucionaria.
 
En este contexto el nuevo gobierno proclama la República sabiendo, además, que debe enfrentar una serie de problemas urgentes: la desmovilización de los soldados, el control de las agitaciones, levantamientos en toda Alemania, la reconstrucción de la economía, la garantía de suministros de alimentos y la redacción de una nueva constitución.
 
Se decidió dejar a los viejos jefes de los departamentos y de los ministerios, pero se designó en cada ministerio a un socialista de cada ala para vigilarlos y asegurar el cumplimiento de las órdenes del gobierno.
 
No se hizo nada para alterar la estructura federal, esperando la decisión de la futura Asamblea Constituyente. Los jueces y los tribunales continuaron funcionando igual que antes y la labor de desmovilización quedó a cargo de la administración militar y del Alto Mando. Los viejos burócratas y jefes militares consintieron en trabajar con Ebert y la mayoría, pero no con el USDP.
 
El carácter contrarrevolucionario del SDP
 
A partir de ese momento, el partido SDP va a reprimir todos los intentos de alzamiento que se produzcan en contra de la República, especialmente los provenientes del sector más radicalizado del USDP y de la Liga Espartaquista (luego Partido Comunista Alemán), simpatizante de la Revolución de Octubre y de la convicción de tomar el poder por vías revolucionarias.
 
El primer episodio contrarrevolucionario señalado por G. D. H. Colé en su Historia del Pensamiento Socialista, se va a producir el 24 de diciembre de 1918 contra los marinos (en su mayoría reclutas de izquierda) de la División de marina que habían arrestado en su propia oficina al comandante, el socialista mayoritario Otto Wels, y habían ocupado la cancillería en reclamo de pagos atrasados. Esa mañana, las fuerzas del general Groener, bajo las órdenes de Ebert, bombardearon la Cancillería logrando la liberación de Wels pero a su vez las fuerzas de la división de Groener empezaban a evaporarse al terminar el combate contra la División de marina. En ese momento la izquierda tuvo la mejor oportunidad para tomar el poder, pero no estaba preparada para ello.
 
La socialdemocracia, al no contar con el apoyo incondicional de las fuerzas armadas, organiza los llamados ‘cuerpos libres’, constituidos especialmente por viejos oficiales y comisionados del antiguo ejército. Estas unidades libres debían convertirse en las fuerzas de choque de la contrarrevolución contra la izquierda.
 
A causa de las posturas de los ministros del SDP, los ministros de la USDP renunciaron a sus cargos en el gobierno y entregaron el poder a los socialdemócratas, quienes quedaron en libertad de proseguir con el apoyo de los reaccionarios, bajo el pretexto de mantener la ley y el orden.
 
Siguiendo con su política contrarrevolucionaria, el gobierno socialista destituyó a Euchorn como jefe de la Policía de Berlín, lo que provocó al día siguiente manifestaciones de masas contra el gobierno. Los manifestantes, al encontrar escasa resistencia, ocuparon la jefatura de la policía y las oficinas del Vorwaerts, principal periódico del SDP. El USDP, que había dudado al principio si se debía aceptar el desafío de la destitución de Euchorn, se lanzó al combate con un llamado a la huelga general y el 6 de enero comenzó la huelga con considerable apoyo de masas. Al día siguiente, Noske entró en el gabinete como Ministro de Defensa, con la tarea de terminar con esta situación. Noske movilizó sus ‘cuerpos libres' para un ataque a los baluartes de la izquierda. Estas fuerzas actuaron, bombardeando y destruyendo los edificios ocupados por lo insurgentes, escasamente armados.
 
Los edificios ocupados fueron recuperados y el centro de la ciudad despejado; y entonces los *cuerpos libres' entraron en acción contra los suburbios proletarios, donde se intentó resistir. El 13 de enero terminó la lucha y, derrotados, los independientes levantaron la huelga general. Los dirigentes de la izquierda se escondieron o escaparon de la ciudad. Dos días después, un destacamento de los ‘cuerpos libres' apresó a Kart Liebknecht y a Rosa Luxemburgo, que habían permanecido en Berlín y los asesinaron en vez de entregarlos para que fueran sometidos a juicio.
De todos los socialistas revolucionarios, sólo Rosa Luxemburgo era comparable a Lenin. En Alemania fue la gran fuerza intelectual del lado revolucionario y su asesinato fue sentido y comentado en toda Europa como un acto de barbarie.
 
En las elecciones para la Asamblea Constituyente del 19 de enero, el USDP sólo logró el 5% de los votos contra el 39% del SDP. Pero se demostró también que los partidos socialistas formaban una minoría y que los partidos burgueses y de derecha reorganizados, aunque divididos entre sí, eran una fuerza capaz de reafirmarse plenamente en el Estado alemán. Los socialdemócratas conformaron una coalición con los demócratas y el centro católico. Lo más que se podía esperar de esa coalición era que confirmara la República y le otorgara una Constitución parlamentaria de acuerdo con las ideas liberales tradicionales.
 
A pesar del escaso caudal de votos conseguidos por los partidos revolucionarios, los alzamientos populares siguieron y se establecieron gobiernos socialistas, como por ejemplo en Baviera, donde se formó un pequeño ejercito rojo y se procedió a organizar la ciudad bajo la dictadura del proletariado. Este intento fue sofocado y el socialismo bávaro quedó destruido; la ciudad se transformó en un baluarte de la contrarrevolución.
 
Los acontecimientos más trágicos se dieron con los alzamientos de Berlín de marzo de 1919. Un mes antes habían estallado grandes huelgas en muchos lugares de Alemania y, en especial, en el territorio carbonífero del Ruhr, donde los mineros organizaron un nuevo y poderoso sindicato. Este sindicato pedía el reconocimiento de los Consejos de trabajadores, para los cuales reclamaban el derecho a participar en el control de la industria. En otras regiones, se plantearon peticiones similares. En gran parte de Alemania central se desarrolló una huelga general que, por cierto tiempo, aisló prácticamente a la Asamblea Nacional, que se reunía para redactar la nueva constitución.
 
A principios de marzo, la huelga se extendió a Berlín. Como consecuencia de la huelga, pero no por órdenes de sus líderes, aparecieron grupos en la calles y se produjeron esporádicos combates entre los restos de la División de marina y otros grupos de izquierda con la Policía de Berlín, ahora bajo el mando del socialdemócrata Eugen Ernst. Hubo indudables atrocidades de ambas partes, pero de los más de mil muertos, ni siquiera uno de cada diez era soldado y en su mayoría fueron trabajadores. Las autoridades habían decidido acabar de una vez con los “agitadores de la Berlín roja”, y lo hicieron despiadadamente. Las pérdidas de vidas fueron obra de los ‘cuerpos libres' de Noske. Este es también el encargado de reprimir los alzamientos producidos en abril de 1919 en Sajonia, donde se había proclamado un gobierno de “Consejos Obreros”.
 
El 11 de agosto es promulgada la nueva constitución dándole forma a la República de Weimar. Se crea una de las constituciones más “democráticas", incorporando no sólo el sufragio universal, incluido el voto femenino, sino también, la representación proporcional, y la iniciativa, el referéndum y la revocación popular de leyes.
 
Kautsky, en su libro sobre la dictadura del proletariado, teorizaba sobre cómo “la clase obrera va a llegar al poder indefectiblemente por medios pacíficos”. Recordemos que Kautsky era el mayor teórico marxista de la socialdemocracia alemana y europea; es señalado por Colé como el "principal antagonista teórico del bolchevismo". Kautsky va a señalar a la “democracia como una estructura neutra, marco ideal para el desarrollo capitalista y para el desarrollo del movimiento obrero, con la peculiaridad de que en ese paralelo y armónico curso, el movimiento obrero llevaría cada vez más ventaja, por la simple razón de que la regla de oro de la democracia es el gobierno de la mayoría, no menos simple que el ejercicio del sufragio universal. Y como el desarrollo del capitalismo implica inevitablemente la proletarización de la mayoría del pueblo, con la misma inevitabilidad llega la hora del ascenso del proletariado al poder. Una vez en el poder, el sistema democrático creado bajo el capitalismo le sirve al proletariado de instrumento óptimo para edificar el socialismo" (4).
 
Entonces veamos cual es el sistema socialista creado por los socialdemócratas alemanes a partir de la constitución de la República de Weimar. Recordemos también que desde hace dos años los socialdemócratas detentan el poder en Alemania: "Exceptuadas la jornada legal de 8 horas y algunas otras salvaguardias del bienestar de los trabajadores (y las tradicionales demandas de los obreros organizados), la República cuyos principales arquitectos fueron los socialdemócratas, en sus años de formación estaba lejos de ser socialista. No se nacionalizaron las industrias. La propiedad no cambió de manos. No se abordaron leyes de tierra ni reformas agrarias con los nuevos estados de la Europa Oriental; los ‘junkers’ del este del Elba permanecían intocados en sus grandes haciendas. Casi no hubo confiscación ni de la propiedad del antiguo Káiser ni de las otras dinastías dirigentes del imperio federal de Bismark. Incluso las estatuas de los emperadores, reyes, príncipes y grandes duques continuaban en las calles y en las plazas. Oficiales, funcionarios públicos, agentes de policía, profesores y maestros de escuela de la antigua Alemania Imperial se mantenían en sus respectivos puestos. El ejército, aunque limitado por el tratado de Versalles a 10.000 hombres, era el ejército en miniatura, con todos sus órganos esenciales intactos, aunque careciendo de contingentes. Los soldados eran jóvenes campesinos alistados para largos plazos y formados luego según las tradiciones militares alemanes y prusianas. En el cuerpo de oficiales seguían siendo fuertes las viejas influencias profesionales y aristocráticas” (5).
Nunca había existido una revolución tan suave, tan razonable, tan tolerante; no había terror, ni fanatismo, ni fe estimulante, ni expropiación ni emigrados.
 
A principios de marzo de 1921, estallaron serios trastornos en las minas de cobre de Mansfeld, en la Sajonia prusiana, un baluarte comunista. Horsuin, gobernador de la provincia y socialdemócrata, envió a la policía para ocupar la región. Los mineros se levantaron en rebeldía y se apoderaron de las minas e inmediatamente después, los trabajadores de la industria química del Leuna se les unieron. Los nuevos dirigentes comunistas impulsados por Bela Kun, pensaron que era la oportunidad para producir un levantamiento total.
Convocaron a una huelga general e instaron al proletariado a tomar el poder en toda Alemania. Hubo algunos levantamientos locales y muchos actos de violencia y sabotaje esporádicos: fueron volados edificios, se interrumpió el tránsito ferroviario, etc., pero no hubo huelga de masas y el gobierno pudo sofocar fácilmente el movimiento. Mansfeld y las fábricas de Leuna fueron ocupadas por el ejército y todo el plan fracasó, y con él, la transformación del partido comunista en partido de masas, ya que en pocos meses perdió más de la mitad de sus 350.000 miembros.
 
A partir de lo escrito anteriormente es posible afirmar que el papel jugado por la socialdemocracia en el período de 1918 a 1921 fue totalmente contrarrevolucionario ya que aplastó todos los movimientos revolucionarios y organizó un cuerpo de choque para destruir todo intento de revolución. A nivel teórico, su máximo exponente (Kautsky) se encargó de atacar la Revolución Rusa a partir de sus libros La dictadura del proletariado y Terrorismo y comunismo.
 
Ahora bien: ¿Existían las condiciones para una revolución proletaria en Alemania? A nivel económico “se calculaba la riqueza de Alemania, antes de la guerra, en 225 billones de marcos oro y la renta nacional normal, en 40. Como es sabido, en aquella época Alemania se enriquecía velozmente. En 1896 su renta era de 22 billones de marcos oro. En dieciocho años (1896/1913) aumentó 18 billones, a razón de 1 billón por año. Aquellos 18 años fueron la época del formidable crecimiento del capitalismo en el mundo entero, y sobre todo en Alemania. Hoy, la riqueza de esta nación se estima en 100 billones de marcos y su renta, en 16, o sea un 40 por ciento de la que tenía antes de la guerra. Verdad que Alemania perdió una parte de su territorio, pero sus pérdidas más considerables fueron los gastos de guerra y el pillaje sufrido después (...) en el terreno de la industria como en el de la agricultura, Alemania produce en el presente mucho menos de la mitad de lo que producía antes de la guerra" (6).
 
En el ámbito político se destronó al emperador y se vivieron ataques constantes a la República por parte de los partidos de izquierda.
 
En resumen había una inestabilidad política y un quiebre de la economía, por lo tanto se puede afirmar que estaban las condiciones para una revolución. Entonces, ¿por qué no se produjo? Porque “en Europa, el mayor peligro para todos reside en que no existe un partido revolucionario. Hay partidos de traidores como el de los Scheidemann... o almas lacayunas como Kautsky” (7).
 
En un período de crisis, la burguesía conserva durante largo tiempo su fuerza de resistencia, sigue siendo aún más fuerte que el proletariado. Lenin afirmaba que “el arte de administrar el Estado, el arte militar y económico dan a los explotadores una superioridad muy marcada; su importancia es incomparablemente más grande que su proporción numérica en el seno de la población ’.
 
Lo que se produjo a mi modesto entender en el período estudiado, fue un enfrentamiento en el cual triunfó la burguesía, que aunque se encontraba en crisis y se recobró en un lapso de tiempo suficiente como para impedir el ascenso del proletariado que poseía una organización correcta para derrotar a la burguesía.
 
Como conclusión confesaré que el motivo que me llevó a elegir este tema era averiguar si la socialdemocracia alemana había traicionado a la Revolución Rusa (no sólo a la alemana). O sea, ¿porqué traición, si la socialdemocracia alemana nunca fue revolucionaria sino reformista? Porque el imperialismo y la guerra habían mostrado que el reformismo ya no tenía lugar histórico. Solamente existían dos opciones: la revolución y la contrarrevolución. Las tendencias reformistas, bajo pretexto de no optar por ninguna de ellas, optaron de hecho por la contrarrevolución, volviéndose traidoras. “La revolución mundial que justificaba la decisión de Lenin de implantar en Rusia el socialismo no se produjo y este hecho condenó a la Rusia Soviética a sufrir, durante una generación, los efectos de un aislamiento que acentuó su pobreza y su atraso” (8).
 
 
Notas
 
1. V. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, págs. 81/82.
 
2. E. Hobsbawn, Historia de siglo XX, pág. 66.
 
3. “El concepto se usa para designar a los movimientos socialistas que intentan moverse rigurosa y exclusivamente en el ámbito de las instituciones liberal-democráticas y aceptan dentro de ciertos limites la fusión positiva del mercado y de la misma propiedad privada renunciando así, sin reservas, a introducir todo aquello que sea 'nuevo cieloynuevatierra’... el espacio intermedio es precisamente lo que no quieren recorrer", Bobbio y Mateucci, Diccionario de Política, págs. 1947/48.
 
4. F. Claudin, Introducción de Teoría y Praxis, N° 9, pág. 18.
 
5. R. Palmer y J. Colton, Historia Contemporánea, págs. 40/41.
 
6. L. Trotsky, Una escuela de estrategia revolucionaria, págs. 40/41.
 
7. V. Lenin, op. cit.
 
8. E. Hobsbawn, op. cit., pág. 72.
 

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