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Chávez, Lula, Kirchner, ¿adónde va Latinoamérica?

Por Jorge Altamira
Compañeros: Les agradezco que hayan venido, les doy las buenas tardes a todos y antes de entrar directamente en la materia, los quiero llevar a la siguiente reflexión.
 
El problema que vamos a discutir hoy es un problema complejo; no se trata solamente de qué posición tiene el Partido Obrero sobre el tema en debate. Se trata de ver cuál es la envergadura de la crisis que está viviendo América Latina; qué tipos de respuestas a esta crisis significan los gobiernos de Chávez, Lula y Kirchner; y qué tipo de alternativas debe encarar el movimiento obrero. Es un problema de análisis, o sea una respuesta partidaria a la cuestión, pero al mismo tiempo es un pronóstico, una caracterización, una perspectiva. O sea, una caracterización de la realidad en su conjunto, determinar en qué medida el pronóstico se confirma o no se confirma y obliga a adecuar los planteamientos políticos. Es, en realidad, la forma de actuar de un partido revolucionario, no es un sistema de recetas, sino una experimentación política constante.
 
Intuitivamente, por la cantidad de personas que asiste hoy a la charla y por el interés que ha suscitado, se puede decir que hay una percepción de que hay cosas en común entre Kirchner, Chávez y Lula. Cualquiera se da cuenta que las diferencias existen pero intuye que hay cosas en común. Por ejemplo, Lula y Chávez vinieron a Buenos Aires y su presencia en la asunción de Kirchner tuvo una repercusión que tendía a emparentarlos.
 
¿A qué obedecía todo eso? ¿Hay elementos comunes para que podamos colocarlos a los tres en una misma hilera?
 
El derrumbe político
 
Un primer elemento común es que los tres emergen en la escena política como consecuencia del derrumbe de todos los partidos tradicionales, un fenómeno político impresionante.
 
En Venezuela los partidos tradicionales no eran moco de pavo, eran dos grandes partidos.
 
El partido Acción Democrática era un partido como el peronismo, era una mezcla de radicalismo y peronismo, que intervino en varios procesos revolucionarios en la década del 40, sus dirigentes fueron exiliados y perseguidos. Finalmente, participaron en una gran insurrección popular en enero del año 58, apenas un año antes de enero del año 59, cuando triunfaría la revolución cubana. La juventud universitaria era toda Adeca (Acción Democrática). Los derechistas acusaban a Rómulo Betancourt, presidente del partido, casi de comunista, y el hombre en realidad pertenecía a un partido de las características de los partidos que, en América Latina, tienen que ver con la famosa Reforma Universitaria que nació en Córdoba en el año 18: el Apra del Perú, la Acción Democrática y el radicalismo, que aunque no nació en el 18, ideológicamente está vinculado a la reforma universitaria de Córdoba. Hay otros partidos de esas características en América Latina.
 
El otro partido importante en Venezuela era Copei, el partido de la Iglesia. La democracia cristiana era la otra vertiente, que en el pasado había tenido características franquistas, falangistas (en la década del 30). Luego, en la posguerra, en la Iglesia empieza a emerger un movimiento demócrata cristiano que busca tener características populares. Eran dos partidos que en determinado momento hicieron un pacto, que se llamó el pacto del punto fijo, por el cual se repartían el gobierno. Eran dos partidos fundamentales en los años 70. Acción Democrática nacionaliza el petróleo venezolano. A partir de los 80, éstos dos partidos se derrumban; aplicaron los planes del FMI, ajustes, desangre de la población; hay un levantamiento popular en Caracas, en el año 89. En el 92, un coronel da una suerte de golpe de Estado muy interesante, con coroneles y tenientes coroneles, pero cuando el pueblo se entera del levantamiento sale a las calles y se produce una insurrección popular, junto con estos militares.
 
La reacción de toda América Latina frente a la tentativa del coronel Chávez de llegar al gobierno a la cabeza de un insurrección popular; esa reacción de toda América Latina es apoyar la democracia (abajo los golpistas, no queremos más golpes militares, viva la democracia, Alfonsín, IU, ¿y quién?... Fidel Castro. En una carta dirigida al presidente Carlos Andrés Pérez lo saluda por haber logrado derrotar el golpe). Pero hay un partido en Argentina que apoya la insurrección encabezada por los militares, naturalmente hay algunos partidos en Venezuela. El partido, en Argentina, que apoya, no porque es un golpe sino porque es una lucha popular, es el Partido Obrero. El PO llama a apoyar el levantamiento popular en Venezuela contra el Estado y los partidos democráticos y aunque sabemos que está encabezado por un militar cuya ideología exactamente no conocemos en ese momento, lo que estamos apoyando es el levantamiento popular. Sabemos que si triunfa el levantamiento popular hay una perspectiva para el pueblo de Venezuela; que si es aplastado triunfa la reacción.
 
Los levantamientos populares son anteriores a Chávez. El Caracazo, en el año 89, y la tentativa de Chávez y el levantamiento popular en 1992, fracasan y, por un período parecen enterrados en la historia. Lo recuerdo, en particular, para los que creen que el Argentinazo se cayó. En los años 92, 93, 94 y 95, nadie daba dos mangos por Chávez en Venezuela, pero cuando tienen lugar las elecciones subsiguientes, emerge nuevamente el chavismo como expresión de una corriente popular que barre y destruye en una primera elección a Asamblea Constituyente, a los partidos tradicionales. Estos sacan un solo diputado; todos los demás son chavistas. Todos esos partidos se destruyen. Recuerdo una tapa de Prensa Obrera, en el 92, que advertía el "derrumbe de los regímenes políticos patronales" en América Latina. La emergencia del chavismo en Venezuela es, entonces, la expresión del derrumbe de la dominación política tradicional de la oligarquía y de la dominación del imperialismo y un planteamiento que quiere alterar las características sociales y políticas de Venezuela sobre bases capitalistas, no sobre bases socialistas. No hay aquí movimiento socialista, no es una revolución de los trabajadores.
 
Chávez convoca a sucesivas asambleas constituyentes que reforman la Constitución y le dan una base política para gobernar.
 
Si tomamos el caso de Lula, no sólo saca 60 millones de votos en el segundo turno, aunque ya en el primer turno había sacado una cantidad impresionante de votos y la gente creía que podía ganar en el primer turno.
 
Lo significativo es que entre Lula y el segundo hay decenas de millones de votos de diferencia, es decir que los partidos tradicionales de Brasil son pulverizados en el proceso electoral. Hay un solo candidato de un partido relativamente tradicional, que es Serra, el candidato a presidente de Cardoso. Los demás son aventureros políticos, que formaron un partido solamente para ir a esas elecciones, es decir, que el partido de los trabajadores gana una elección contra nadie. La burguesía brasileña, los capitalistas brasileños, no le oponen a Lula una fuerza política estructurada. No la tienen, está completamente quebrantada, y algunos partidos se dividen, además, porque Lula lleva como candidato a vicepresidente a un hombre de la burguesía brasileña, un gran industrial, derechista, clerical, anticampesino, José Alencar, es decir, hace un pacto con la burguesía brasileña ya antes de las elecciones.
 
Todo esto es significativo porque los capitalistas dominan estos países, no directamente, sino a través de determinadas fuerzas políticas. El banquero no está al frente de la política, el que está frente de la política es una organización especializada en política. Si la organización se cae, la burguesía tiene un problema. ¿Cómo se reconstruye? Por otro lado, si esa organización política se cae porque la organización económica y social se está quebrando, eso provoca un choque entre el elemento popular y los partidos políticos. Esa desilusión, desengaño y repudio, que tiene al final la expresión de "Que se vayan todos", es una expresión del derrumbe de la dominación de los capitalistas; no es que se derrumbó totalmente esa dominación pero es una expresión de su derrumbe. Entonces, en Brasil, hoy, no hay otro partido político para gobernar que el Partido de los Trabajadores.
 
Si tomamos el ejemplo de la Argentina, el grado de atomización en las últimas elecciones, con el peronismo dividido en tres, los radicales divididos en tres, y el gobierno de Kirchner tratando de formar ahora virtualmente un nuevo partido, pegando un cachito del Frepaso, un cachito del Partido Justicialista, un poco de cada lado, es también un demostración de que ese derrumbe político que se manifestó en el Argentinazo, en las abstenciones, en una serie de fenómenos, que condiciona el ascenso de Kirchner. El derrumbe político tiene un fondo económico incuestionable. Los tres países pasan por lo que nosotros podríamos denominar una franca bancarrota capitalista, es decir que lo que está en el fondo del problema es una quiebra de las relaciones económicas capitalistas en todos estos países.
 
Para que ustedes lo vean claro, vamos a empezar con Argentina, que está en una situación más extrema.
 
Cuando se devalúa la moneda, todas las relaciones entre deudores y acreedores se derrumban, no se pagan deudas; los bancos registran pérdidas descomunales y su capital se convierte en negativo, es decir que deben más de lo que se les debe a ellos, o quienes les deben a ellos no les van a pagar; son industriales o personas que contrajeron créditos y quebraron, y como quebraron no van a pagar lo créditos. Cuando una empresa tiene capital negativo o no tiene capital no puede actuar en el mercado porque no puede afrontar los compromisos que asume. Si una empresa pide un crédito y no tiene capital no le van a dar un crédito. Grandes empresas de servicios públicos tienen capital negativo; Telecom, el año pasado, perdió 3.000 millones de dólares porque las tarifas se pesificaron y el peso argentino se devaluó a treinta centavos por dólar.
 
¿Cómo funciona entonces el capitalismo en Argentina? Funciona porque el Estado ha autorizado a los bancos a que sus balances no reflejen las pérdidas y en sus balances no aparece que tienen capital negativo, es decir que el Estado, la policía, el Ejército, la Justicia, ha dado la orden de que esos capitalistas sigan funcionando bajo la garantía del Estado. Este es un fenómeno excepcional, que permite ver claramente al Estado como el representante final del capitalismo. El Banco Central, que bajo Cavallo tenía prohibido darle crédito a los bancos, es autorizado a hacerlo por Duhalde y en los primeros cuatro meses del año 2002 les da unos 25 mil millones de pesos. Es decir que si un juez le daba permiso a un ahorrista para sacar la plata y el banco no tenía plata, el Banco Central ponía esa plata. El Banco Central, institución clave del Estado, emitió dinero para rescatar al capital.
 
Brasil vivió en el año 99 en parte lo que nosotros vivimos en el 2001, devaluó la moneda y se produjo una enorme crisis. En las vísperas de la subida de Lula la situación se agravó todavía más, la moneda se empezó a devaluar de nuevo y se creía que Brasil caería en la cesación de pagos. La deuda del Estado es de unos 450.000 millones de dólares, absolutamente impagable, con el agravante de que se ajusta, es decir que la que está en reales brasileños se ajusta con el dólar; entonces si el real se devalúa sube la deuda.
 
El caso de Venezuela es fantástico porque es un país productor de petróleo y tiene buenos precios internacionales. Pero, ya desde el año 89, lo que provocó el levantamiento popular del Caracazo fue una gigantesca devaluación. Tenemos acá, entonces, dos grandes fenómenos que son comunes a los tres países: desintegración del sistema político, bancarrota económica. Tanto en Venezuela y en Brasil como en Argentina hay que reconstruir el sistema capitalista en sus aspectos económicos, lo que significa que las masas paguen el costo. En la Argentina, los bancos reclaman que se les compensen las pérdidas, lo mismo Telecom. Telefónica también y los acreedores del exterior igualmente. Ahora, si el hombre y la mujer que van de a pie tienen que pagar este rescate, va a haber otro Argentinazo. Entonces, el presidente que tiene que encargarse de reconstruir el sistema político enfrenta, por un lado, la amenaza de los banqueros y sabe, por el otro, que si cumple la función que él tiene que cumplir de pagarle a los banqueros va a tener un levantamiento popular y que va a terminar como los Duhalde, los Menem y los De la Rúa.
 
Naturalmente, a partir de aquí los fenómenos políticos nacionales se diferencian. A la izquierda argentina, y a la Izquierda Unida en particular, Lula las volvió locos, porque creyeron que habían llegado al paraíso. Ahora que Lula quiere privatizar la jubilación y ahora que Lula quiere pagar la deuda externa y hacer el ajuste, perjudicar a las masas y los campesinos se enojan, los empleados públicos se enojan, y hay huelgas y todo lo demás, la izquierda que lo apoyó tanto, forzosamente, dice que Lula traicionó el programa, uno más que traiciona. No, no es así. El fenómeno de Lula no es el de un tipo que no cumplió su programa. Lula, como representante de un partido que se dice de los trabajadores, ha formado en Brasil un gobierno capitalista y ese gobierno capitalista lo formó ya en la campaña electoral. Los que decían "Viva Lula", decían "Viva la formación de un gobierno capitalista". Había nombrado como vicepresidente a uno de los principales industriales brasileños y luego designó como ministro de Agricultura al representante de los terratenientes (miren si los campesinos no van a estar enojados). El presidente del Banco Central es un ex funcionario del Bank of Boston, es decir de los bancos norteamericanos. El secretario de Industrias es un gran industrial de la Unión Industrial de San Pablo, Luis Furlan. Es un gobierno capitalista hasta los tuétanos, acá nadie traicionó absolutamente ningún programa. Acá pasó algo mucho más profundo que traicionar un programa; un partido que invocaba el nombre de los trabajadores ha formado un gobierno, no de los trabajadores sino de los capitalistas y ahora el problema para las masas brasileñas no es que Lula vuelva a su programa original, sino que para ser un gobierno de los trabajadores debería, como mínimo, echar a todos los funcionarios capitalistas, de lo contrario, nunca podría volver a ningún programa original. No se puede hacer un cambio social profundo gobernando con los capitalistas. Primero hay que echar a los capitalistas, si los echan se abre una posibilidad de que el Partido de los Trabajadores en Brasil pueda ser todavía un partido de cambio, pero si no los echan pedirle que cumpla su programa original es cometer un tamaño embuste, es pedir que el presidente del Bank of Boston, el industrial vicepresidente, el ministro terrateniente y el ministro de la gran industria hagan la transformación popular de Brasil. Este es el fenómeno politico de Brasil, por eso el Partido Obrero, en el caso de Brasil, lleva como consigna política de orientación de las masas que han votado a Lula: que el PT eche a los capitalistas del gobierno y con ello se plantea una cuestión de poder. Que el Partido de los Trabajadores eche a todos los capitalistas del gobierno y satisfaga todas las reivindicaciones del pueblo; eso va a crear una crisis de poder. En este caso, como Lula no tiene mayoría parlamentaria, el PT estaría obligado a chocar con el Congreso y a desarrollar una situación revolucionaria. Pero Lula hace lo contrario: para conseguir mayoría parlamentaria convoca a todos los partidos políticos que se quebraron en Brasil y cuya quiebra permitió que el PT llegue al gobierno. Mientras los partidos tradicionales se derrumban, incapaces de dirigir el país (por eso gana el Partido de los Trabajadores), el Partido de los Trabajadores busca reconstruir bajo su dirección el sistema político quebrado, haciendo un acuerdo en el Congreso con todos los partidos tradicionales. Lula es toda una regresión política en la crisis. Por eso, si el descontento popular no fuerza una crisis política en el gobierno de Lula provocando la expulsión de los ministros capitalistas, del vicepresidente y la convocatoria de una Asamblea Constituyente, es decir, si la crisis no va por ese rumbo, la crisis va a ir por el rumbo que tuvo en Argentina, la gente va a terminar golpeando a Lula y a todo su gobierno en función de una alternativa que se tendrá que desarrollar oportunamente, porque Lula, con su política económica está haciendo lo mismo que hicieron Machinea y De la Rúa (aumentar los impuestos, aumentar la recaudación para pagar la deuda externa, aumentando los intereses y hay una caída industrial muy fuerte en Brasil, al caer la industria se recauda menos, etc.).
 
El otro problema de por qué el Partido de los Trabajadores es un gobierno capitalista es la fuerza social que lo empuja en esa dirección. La prensa de derecha en Argentina elogia a la izquierda moderna en Brasil, que no es un grupejo de marca menor como el Partido Obrero, que allá sí hay un partido, acá sólo bandas de piqueteros. Pero todo esto significa que, durante 25 años, los dirigentes del Partido de los Trabajadores fueron entrando al aparato del Estado, paso a paso, se fueron integrando al Estado y en la medida en que se fueron integrando al Estado fueron empezando a defender los intereses del Estado que les paga suculentos salarios. La última encuesta realizada sobre los congresos del Partido de los Trabajadores de Brasil demostró que el 75% de los delegados al congreso del Partido de los Trabajadores de Brasil son funcionarios del aparato estatal en las intendencias, en los municipios, en las gobernaciones y ahora diríamos en la presidencia. Es esto lo que saludó la izquierda argentina que fue a bailar zamba brasileña al Obelisco el domingo que ganó el PT, o mejor el Frente del PT con el... partido Liberal.
 
En el caso del movimiento de Venezuela el fenómeno es más complejo en una serie de cuestiones. En primer lugar, ustedes han visto que el gobierno de Chávez tiene choques muy fuertes con los que nosotros llamaríamos los gorilas de Venezuela, la derecha que está apoyada por una parte de la izquierda. Casi todos los partidos de izquierda de Venezuela se han dividido en un ala pro Chávez y un ala anti Chávez, y el ala anti Chávez de todos esos partidos de izquierda milita con lo que en Venezuela se llama los escuálidos, que serían los gorilas. Le han hecho un paro patronal muy fuerte a Chávez y un golpe de Estado y una injerencia norteamericana, etcétera, y Chávez ha aguantado todo eso, ha resurgido enfrentando todo eso. Cuando esta ofensiva contra Chávez llegó a su punto más grave, en el comité nacional del Partido Obrero decidimos hacer un movimiento de solidaridad con toda una cantidad de importantes manifestaciones y un viaje a Venezuela. El ejército de Venezuela defendió a Chávez y se opuso a los golpistas y en algunos casos, muy interesante, por ejemplo se produjeron debates con líderes obreros en los cuarteles; eso les da una idea del clima, en cierto modo revolucionario, de la población que combatía el golpe derechista. Mientras que al gobierno de Lula lo caracterizamos como un gobierno capitalista y proimperialista, que ejecuta los planes del FMI, el gobierno de Chávez está realizando una cierta tentativa de nacionalismo económico, muy restringido, importante pero restringido, porque es un nacionalismo que se limita a tratar de ganar para el pais la mayor cantidad posible de divisas que resultan de la explotación del petróleo y en esa medida el Partido Obrero ha dicho "que el gobierno de Chávez es un gobierno de nacionalismo fiscal". En este punto tiene un choque importante con el imperialismo. Es que aunque en Venezuela el petróleo está nacionalizado, los grandes pulpos petroleros internacionales lograron encaramar una camarilla en la empresa estatal de petróleo. Esta empresa de petróleo invertía el dinero que ganaba Venezuela con el petróleo en el exterior, construyendo refinerías, construyendo estaciones de servicios, y dejaba la plata en el exterior, reduciendo el ingreso fiscal de Venezuela. Un estudio muy importante llegó a la conclusión de que Venezuela ganaba más plata cuando la explotación del petróleo era privada que cuando lo hacía el Estado, es decir que cuando el petróleo era yanqui ingresaban más dólares a Venezuela que cuando los "nacionalistas" venezolanos echaron a lo s yanquis. Chávez decide despedir, entonces, a la plana mayor de la empresa estatal y a cambiar esta situación de saqueo y este problema provoca el estallido de toda la clase capitalista de Venezuela, que empieza a atacár a Chávez, porque ahí estaba la madre de los problemas, ahí estaba el problema, de como se estaba saqueando Venezuela.
 
Es la empresa estatal PDVSA (empresa estatal de petróleo de Venezuela) la que larga la huelga general contra Chávez y la que provoca el desabastecimiento de petróleo. En este punto, la clase obrera venezolana juega un papel muy importante; en cierto modo el gobierno de Chávez habría caído si no hubiera sido por los obreros. Los obreros que salvaron a Chávez se llaman clasistas, son obreros petroleros de varias destilerías de Venezuela, que las ocuparon y las mantuvieron funcionando. Yo estuve en una asamblea general de obreros que se convocó para discutir las ocupaciones de fábricas en la Argentina y había una multitud de trabajadores discutiendo Sasetru, Brukman, las empresas recuperadas y todo ese tipo de problemas. Allí me mostraron los recortes de los diarios donde Chávez declara que los obreros de la región de Barcelona salvaron el gobierno. Como ustedes ven, acá ha estallado una gran crisis porque sin los recursos del petróleo ningún gobierno capitalista podría gobernar en Venezuela. El problema es que el chavismo es nada más que un nacionalismo fiscal. Los ingresos de petróleo que quedan en Venezuela van a los bancos venezolanos, con los cuales el Estado ha acumulado el 50% de la deuda pública. Los bancos venezolanos son todos extranjeros y Chávez no pretende nacionalizar los bancos.
 
Chávez ha tomado una medida nacionalista, que tiene un gran valor, histórico si ustedes quieren, pero no tiene una profunda incidencia económica: la declaración del carácter público de las orillas de los mares y de los ríos que eran acaparadas por la propiedad privada. Pero Chávez ha inaugurado lo que se llama la apertura petrolera en Venezuela. Con Chávez las empresas extranjeras empiezan a invertir en petróleo asociadas a la empresa estatal de petróleo. Un oligarca petrolero declaró: "De Chávez nos separa el suelo, pero nos une el sub-suelo". En este momento, más que en ningun otro, la industria petroquímica y petrolera está siendo abierta al capital extranjero en asociacion con PDVSA. Una empresa muy importante, Techint, es un fuerte sostenedor de Chávez, que rescató con dinero público la fuerte pérdida de la empresa siderúrgica Sidor, cuando no pudo pagar sus deudas. El Estado decidió transformar en capital los créditos que tenía contra Techint, socializando las pérdidas del grupo Techint.
 
Para que el movimento obrero que se destacó en estas luchas tenga un futuro tiene que comprender la limitación del nacionalismo burgués fiscal. Chávez mismo, cuando estuvo en Argentina, hizo un señalamiento muy importante cuando dijo que Venezuela no tenía salida si no había una unidad de América Latina, que no podía ser económica sino que ante todo debería ser política. Pero un plan político común con la burguesía de los otros países de América Latina (Lula, Kirchner) es imposible, porque los Kirchner y los Lula defienden a las burguesías de su países, no tienen propósitos colectivos comunes contra el imperialismo. El fenómeno más brutal de todo el fracaso de la izquierda y del nacionalismo ¿dónde está? ¿Dónde está mejor representado? En el gobierno de Ecuador, con Lucio Gutiérrez, un coronel que hizo una alianza con los indígenas y con el movimiento campesino en el año 2000, cuando ocurrió un levantamiento popular, y hoy no sólo gobierna con los planes del FMI, no sólo traiciona a los indígenas, sino que es el agente del Plan Colombia de los yanquis en Ecuador. La izquierda democratizante apoyó a Lucio Gutiérrez.
 
El gobierno de Kirchner está marcado por las contradicciones señaladas. Cuando Kirchner dice las cosas y que dice tiene gestos de tipo popular está pagando un tributo de palabra al Argentinazo, está tratando de recoger el sentimiento popular que había en la rebelión, pero no puede satisfacer las reivindicaciones de la rebelión. Hay que tomar distancia y hacer un balance en una perspectiva más amplia. Cuando uno hace eso ve que no se puede explicar nada si no se tiene en cuenta como factor de fondo la bancarrota económica capitalista y el derrumbe del sustento de dominación política.
 
Estos son los problemas que reclaman construir una alternativa política independiente sobre la base de este pronóstico de la enormidad de la crisis capitalista y de que la clase social que le puede ofrecer una salida es la clase social de los trabajadores que se encuentran desocupados y ocupados, es decir de la clase obrera en la perspectiva efectivamente de que un gobierno de los trabajadores abra el camino hacia el socialismo.
 
Nada más conpañeros.
 
(*) Conferencia de Jorge Altamira en la Universidad Nacional de Salta, 6 de agosto de 2003.
Compañeros: Les agradezco que hayan venido, les doy las buenas tardes a todos y antes de entrar directamente en la materia, los quiero llevar a la siguiente reflexión.
 
El problema que vamos a discutir hoy es un problema complejo; no se trata solamente de qué posición tiene el Partido Obrero sobre el tema en debate. Se trata de ver cuál es la envergadura de la crisis que está viviendo América Latina; qué tipos de respuestas a esta crisis significan los gobiernos de Chávez, Lula y Kirchner; y qué tipo de alternativas debe encarar el movimiento obrero. Es un problema de análisis, o sea una respuesta partidaria a la cuestión, pero al mismo tiempo es un pronóstico, una caracterización, una perspectiva. O sea, una caracterización de la realidad en su conjunto, determinar en qué medida el pronóstico se confirma o no se confirma y obliga a adecuar los planteamientos políticos. Es, en realidad, la forma de actuar de un partido revolucionario, no es un sistema de recetas, sino una experimentación política constante.
 
Intuitivamente, por la cantidad de personas que asiste hoy a la charla y por el interés que ha suscitado, se puede decir que hay una percepción de que hay cosas en común entre Kirchner, Chávez y Lula. Cualquiera se da cuenta que las diferencias existen pero intuye que hay cosas en común. Por ejemplo, Lula y Chávez vinieron a Buenos Aires y su presencia en la asunción de Kirchner tuvo una repercusión que tendía a emparentarlos.
 
¿A qué obedecía todo eso? ¿Hay elementos comunes para que podamos colocarlos a los tres en una misma hilera?
 
El derrumbe político
 
Un primer elemento común es que los tres emergen en la escena política como consecuencia del derrumbe de todos los partidos tradicionales, un fenómeno político impresionante.
 
En Venezuela los partidos tradicionales no eran moco de pavo, eran dos grandes partidos.
 
El partido Acción Democrática era un partido como el peronismo, era una mezcla de radicalismo y peronismo, que intervino en varios procesos revolucionarios en la década del 40, sus dirigentes fueron exiliados y perseguidos. Finalmente, participaron en una gran insurrección popular en enero del año 58, apenas un año antes de enero del año 59, cuando triunfaría la revolución cubana. La juventud universitaria era toda Adeca (Acción Democrática). Los derechistas acusaban a Rómulo Betancourt, presidente del partido, casi de comunista, y el hombre en realidad pertenecía a un partido de las características de los partidos que, en América Latina, tienen que ver con la famosa Reforma Universitaria que nació en Córdoba en el año 18: el Apra del Perú, la Acción Democrática y el radicalismo, que aunque no nació en el 18, ideológicamente está vinculado a la reforma universitaria de Córdoba. Hay otros partidos de esas características en América Latina.
 
El otro partido importante en Venezuela era Copei, el partido de la Iglesia. La democracia cristiana era la otra vertiente, que en el pasado había tenido características franquistas, falangistas (en la década del 30). Luego, en la posguerra, en la Iglesia empieza a emerger un movimiento demócrata cristiano que busca tener características populares. Eran dos partidos que en determinado momento hicieron un pacto, que se llamó el pacto del punto fijo, por el cual se repartían el gobierno. Eran dos partidos fundamentales en los años 70. Acción Democrática nacionaliza el petróleo venezolano. A partir de los 80, éstos dos partidos se derrumban; aplicaron los planes del FMI, ajustes, desangre de la población; hay un levantamiento popular en Caracas, en el año 89. En el 92, un coronel da una suerte de golpe de Estado muy interesante, con coroneles y tenientes coroneles, pero cuando el pueblo se entera del levantamiento sale a las calles y se produce una insurrección popular, junto con estos militares.
 
La reacción de toda América Latina frente a la tentativa del coronel Chávez de llegar al gobierno a la cabeza de un insurrección popular; esa reacción de toda América Latina es apoyar la democracia (abajo los golpistas, no queremos más golpes militares, viva la democracia, Alfonsín, IU, ¿y quién?... Fidel Castro. En una carta dirigida al presidente Carlos Andrés Pérez lo saluda por haber logrado derrotar el golpe). Pero hay un partido en Argentina que apoya la insurrección encabezada por los militares, naturalmente hay algunos partidos en Venezuela. El partido, en Argentina, que apoya, no porque es un golpe sino porque es una lucha popular, es el Partido Obrero. El PO llama a apoyar el levantamiento popular en Venezuela contra el Estado y los partidos democráticos y aunque sabemos que está encabezado por un militar cuya ideología exactamente no conocemos en ese momento, lo que estamos apoyando es el levantamiento popular. Sabemos que si triunfa el levantamiento popular hay una perspectiva para el pueblo de Venezuela; que si es aplastado triunfa la reacción.
 
Los levantamientos populares son anteriores a Chávez. El Caracazo, en el año 89, y la tentativa de Chávez y el levantamiento popular en 1992, fracasan y, por un período parecen enterrados en la historia. Lo recuerdo, en particular, para los que creen que el Argentinazo se cayó. En los años 92, 93, 94 y 95, nadie daba dos mangos por Chávez en Venezuela, pero cuando tienen lugar las elecciones subsiguientes, emerge nuevamente el chavismo como expresión de una corriente popular que barre y destruye en una primera elección a Asamblea Constituyente, a los partidos tradicionales. Estos sacan un solo diputado; todos los demás son chavistas. Todos esos partidos se destruyen. Recuerdo una tapa de Prensa Obrera, en el 92, que advertía el "derrumbe de los regímenes políticos patronales" en América Latina. La emergencia del chavismo en Venezuela es, entonces, la expresión del derrumbe de la dominación política tradicional de la oligarquía y de la dominación del imperialismo y un planteamiento que quiere alterar las características sociales y políticas de Venezuela sobre bases capitalistas, no sobre bases socialistas. No hay aquí movimiento socialista, no es una revolución de los trabajadores.
 
Chávez convoca a sucesivas asambleas constituyentes que reforman la Constitución y le dan una base política para gobernar.
 
Si tomamos el caso de Lula, no sólo saca 60 millones de votos en el segundo turno, aunque ya en el primer turno había sacado una cantidad impresionante de votos y la gente creía que podía ganar en el primer turno.
 
Lo significativo es que entre Lula y el segundo hay decenas de millones de votos de diferencia, es decir que los partidos tradicionales de Brasil son pulverizados en el proceso electoral. Hay un solo candidato de un partido relativamente tradicional, que es Serra, el candidato a presidente de Cardoso. Los demás son aventureros políticos, que formaron un partido solamente para ir a esas elecciones, es decir, que el partido de los trabajadores gana una elección contra nadie. La burguesía brasileña, los capitalistas brasileños, no le oponen a Lula una fuerza política estructurada. No la tienen, está completamente quebrantada, y algunos partidos se dividen, además, porque Lula lleva como candidato a vicepresidente a un hombre de la burguesía brasileña, un gran industrial, derechista, clerical, anticampesino, José Alencar, es decir, hace un pacto con la burguesía brasileña ya antes de las elecciones.
 
Todo esto es significativo porque los capitalistas dominan estos países, no directamente, sino a través de determinadas fuerzas políticas. El banquero no está al frente de la política, el que está frente de la política es una organización especializada en política. Si la organización se cae, la burguesía tiene un problema. ¿Cómo se reconstruye? Por otro lado, si esa organización política se cae porque la organización económica y social se está quebrando, eso provoca un choque entre el elemento popular y los partidos políticos. Esa desilusión, desengaño y repudio, que tiene al final la expresión de "Que se vayan todos", es una expresión del derrumbe de la dominación de los capitalistas; no es que se derrumbó totalmente esa dominación pero es una expresión de su derrumbe. Entonces, en Brasil, hoy, no hay otro partido político para gobernar que el Partido de los Trabajadores.
 
Si tomamos el ejemplo de la Argentina, el grado de atomización en las últimas elecciones, con el peronismo dividido en tres, los radicales divididos en tres, y el gobierno de Kirchner tratando de formar ahora virtualmente un nuevo partido, pegando un cachito del Frepaso, un cachito del Partido Justicialista, un poco de cada lado, es también un demostración de que ese derrumbe político que se manifestó en el Argentinazo, en las abstenciones, en una serie de fenómenos, que condiciona el ascenso de Kirchner. El derrumbe político tiene un fondo económico incuestionable. Los tres países pasan por lo que nosotros podríamos denominar una franca bancarrota capitalista, es decir que lo que está en el fondo del problema es una quiebra de las relaciones económicas capitalistas en todos estos países.
 
Para que ustedes lo vean claro, vamos a empezar con Argentina, que está en una situación más extrema.
 
Cuando se devalúa la moneda, todas las relaciones entre deudores y acreedores se derrumban, no se pagan deudas; los bancos registran pérdidas descomunales y su capital se convierte en negativo, es decir que deben más de lo que se les debe a ellos, o quienes les deben a ellos no les van a pagar; son industriales o personas que contrajeron créditos y quebraron, y como quebraron no van a pagar lo créditos. Cuando una empresa tiene capital negativo o no tiene capital no puede actuar en el mercado porque no puede afrontar los compromisos que asume. Si una empresa pide un crédito y no tiene capital no le van a dar un crédito. Grandes empresas de servicios públicos tienen capital negativo; Telecom, el año pasado, perdió 3.000 millones de dólares porque las tarifas se pesificaron y el peso argentino se devaluó a treinta centavos por dólar.
 
¿Cómo funciona entonces el capitalismo en Argentina? Funciona porque el Estado ha autorizado a los bancos a que sus balances no reflejen las pérdidas y en sus balances no aparece que tienen capital negativo, es decir que el Estado, la policía, el Ejército, la Justicia, ha dado la orden de que esos capitalistas sigan funcionando bajo la garantía del Estado. Este es un fenómeno excepcional, que permite ver claramente al Estado como el representante final del capitalismo. El Banco Central, que bajo Cavallo tenía prohibido darle crédito a los bancos, es autorizado a hacerlo por Duhalde y en los primeros cuatro meses del año 2002 les da unos 25 mil millones de pesos. Es decir que si un juez le daba permiso a un ahorrista para sacar la plata y el banco no tenía plata, el Banco Central ponía esa plata. El Banco Central, institución clave del Estado, emitió dinero para rescatar al capital.
 
Brasil vivió en el año 99 en parte lo que nosotros vivimos en el 2001, devaluó la moneda y se produjo una enorme crisis. En las vísperas de la subida de Lula la situación se agravó todavía más, la moneda se empezó a devaluar de nuevo y se creía que Brasil caería en la cesación de pagos. La deuda del Estado es de unos 450.000 millones de dólares, absolutamente impagable, con el agravante de que se ajusta, es decir que la que está en reales brasileños se ajusta con el dólar; entonces si el real se devalúa sube la deuda.
 
El caso de Venezuela es fantástico porque es un país productor de petróleo y tiene buenos precios internacionales. Pero, ya desde el año 89, lo que provocó el levantamiento popular del Caracazo fue una gigantesca devaluación. Tenemos acá, entonces, dos grandes fenómenos que son comunes a los tres países: desintegración del sistema político, bancarrota económica. Tanto en Venezuela y en Brasil como en Argentina hay que reconstruir el sistema capitalista en sus aspectos económicos, lo que significa que las masas paguen el costo. En la Argentina, los bancos reclaman que se les compensen las pérdidas, lo mismo Telecom. Telefónica también y los acreedores del exterior igualmente. Ahora, si el hombre y la mujer que van de a pie tienen que pagar este rescate, va a haber otro Argentinazo. Entonces, el presidente que tiene que encargarse de reconstruir el sistema político enfrenta, por un lado, la amenaza de los banqueros y sabe, por el otro, que si cumple la función que él tiene que cumplir de pagarle a los banqueros va a tener un levantamiento popular y que va a terminar como los Duhalde, los Menem y los De la Rúa.
 
Naturalmente, a partir de aquí los fenómenos políticos nacionales se diferencian. A la izquierda argentina, y a la Izquierda Unida en particular, Lula las volvió locos, porque creyeron que habían llegado al paraíso. Ahora que Lula quiere privatizar la jubilación y ahora que Lula quiere pagar la deuda externa y hacer el ajuste, perjudicar a las masas y los campesinos se enojan, los empleados públicos se enojan, y hay huelgas y todo lo demás, la izquierda que lo apoyó tanto, forzosamente, dice que Lula traicionó el programa, uno más que traiciona. No, no es así. El fenómeno de Lula no es el de un tipo que no cumplió su programa. Lula, como representante de un partido que se dice de los trabajadores, ha formado en Brasil un gobierno capitalista y ese gobierno capitalista lo formó ya en la campaña electoral. Los que decían "Viva Lula", decían "Viva la formación de un gobierno capitalista". Había nombrado como vicepresidente a uno de los principales industriales brasileños y luego designó como ministro de Agricultura al representante de los terratenientes (miren si los campesinos no van a estar enojados). El presidente del Banco Central es un ex funcionario del Bank of Boston, es decir de los bancos norteamericanos. El secretario de Industrias es un gran industrial de la Unión Industrial de San Pablo, Luis Furlan. Es un gobierno capitalista hasta los tuétanos, acá nadie traicionó absolutamente ningún programa. Acá pasó algo mucho más profundo que traicionar un programa; un partido que invocaba el nombre de los trabajadores ha formado un gobierno, no de los trabajadores sino de los capitalistas y ahora el problema para las masas brasileñas no es que Lula vuelva a su programa original, sino que para ser un gobierno de los trabajadores debería, como mínimo, echar a todos los funcionarios capitalistas, de lo contrario, nunca podría volver a ningún programa original. No se puede hacer un cambio social profundo gobernando con los capitalistas. Primero hay que echar a los capitalistas, si los echan se abre una posibilidad de que el Partido de los Trabajadores en Brasil pueda ser todavía un partido de cambio, pero si no los echan pedirle que cumpla su programa original es cometer un tamaño embuste, es pedir que el presidente del Bank of Boston, el industrial vicepresidente, el ministro terrateniente y el ministro de la gran industria hagan la transformación popular de Brasil. Este es el fenómeno politico de Brasil, por eso el Partido Obrero, en el caso de Brasil, lleva como consigna política de orientación de las masas que han votado a Lula: que el PT eche a los capitalistas del gobierno y con ello se plantea una cuestión de poder. Que el Partido de los Trabajadores eche a todos los capitalistas del gobierno y satisfaga todas las reivindicaciones del pueblo; eso va a crear una crisis de poder. En este caso, como Lula no tiene mayoría parlamentaria, el PT estaría obligado a chocar con el Congreso y a desarrollar una situación revolucionaria. Pero Lula hace lo contrario: para conseguir mayoría parlamentaria convoca a todos los partidos políticos que se quebraron en Brasil y cuya quiebra permitió que el PT llegue al gobierno. Mientras los partidos tradicionales se derrumban, incapaces de dirigir el país (por eso gana el Partido de los Trabajadores), el Partido de los Trabajadores busca reconstruir bajo su dirección el sistema político quebrado, haciendo un acuerdo en el Congreso con todos los partidos tradicionales. Lula es toda una regresión política en la crisis. Por eso, si el descontento popular no fuerza una crisis política en el gobierno de Lula provocando la expulsión de los ministros capitalistas, del vicepresidente y la convocatoria de una Asamblea Constituyente, es decir, si la crisis no va por ese rumbo, la crisis va a ir por el rumbo que tuvo en Argentina, la gente va a terminar golpeando a Lula y a todo su gobierno en función de una alternativa que se tendrá que desarrollar oportunamente, porque Lula, con su política económica está haciendo lo mismo que hicieron Machinea y De la Rúa (aumentar los impuestos, aumentar la recaudación para pagar la deuda externa, aumentando los intereses y hay una caída industrial muy fuerte en Brasil, al caer la industria se recauda menos, etc.).
 
El otro problema de por qué el Partido de los Trabajadores es un gobierno capitalista es la fuerza social que lo empuja en esa dirección. La prensa de derecha en Argentina elogia a la izquierda moderna en Brasil, que no es un grupejo de marca menor como el Partido Obrero, que allá sí hay un partido, acá sólo bandas de piqueteros. Pero todo esto significa que, durante 25 años, los dirigentes del Partido de los Trabajadores fueron entrando al aparato del Estado, paso a paso, se fueron integrando al Estado y en la medida en que se fueron integrando al Estado fueron empezando a defender los intereses del Estado que les paga suculentos salarios. La última encuesta realizada sobre los congresos del Partido de los Trabajadores de Brasil demostró que el 75% de los delegados al congreso del Partido de los Trabajadores de Brasil son funcionarios del aparato estatal en las intendencias, en los municipios, en las gobernaciones y ahora diríamos en la presidencia. Es esto lo que saludó la izquierda argentina que fue a bailar zamba brasileña al Obelisco el domingo que ganó el PT, o mejor el Frente del PT con el... partido Liberal.
 
En el caso del movimiento de Venezuela el fenómeno es más complejo en una serie de cuestiones. En primer lugar, ustedes han visto que el gobierno de Chávez tiene choques muy fuertes con los que nosotros llamaríamos los gorilas de Venezuela, la derecha que está apoyada por una parte de la izquierda. Casi todos los partidos de izquierda de Venezuela se han dividido en un ala pro Chávez y un ala anti Chávez, y el ala anti Chávez de todos esos partidos de izquierda milita con lo que en Venezuela se llama los escuálidos, que serían los gorilas. Le han hecho un paro patronal muy fuerte a Chávez y un golpe de Estado y una injerencia norteamericana, etcétera, y Chávez ha aguantado todo eso, ha resurgido enfrentando todo eso. Cuando esta ofensiva contra Chávez llegó a su punto más grave, en el comité nacional del Partido Obrero decidimos hacer un movimiento de solidaridad con toda una cantidad de importantes manifestaciones y un viaje a Venezuela. El ejército de Venezuela defendió a Chávez y se opuso a los golpistas y en algunos casos, muy interesante, por ejemplo se produjeron debates con líderes obreros en los cuarteles; eso les da una idea del clima, en cierto modo revolucionario, de la población que combatía el golpe derechista. Mientras que al gobierno de Lula lo caracterizamos como un gobierno capitalista y proimperialista, que ejecuta los planes del FMI, el gobierno de Chávez está realizando una cierta tentativa de nacionalismo económico, muy restringido, importante pero restringido, porque es un nacionalismo que se limita a tratar de ganar para el pais la mayor cantidad posible de divisas que resultan de la explotación del petróleo y en esa medida el Partido Obrero ha dicho "que el gobierno de Chávez es un gobierno de nacionalismo fiscal". En este punto tiene un choque importante con el imperialismo. Es que aunque en Venezuela el petróleo está nacionalizado, los grandes pulpos petroleros internacionales lograron encaramar una camarilla en la empresa estatal de petróleo. Esta empresa de petróleo invertía el dinero que ganaba Venezuela con el petróleo en el exterior, construyendo refinerías, construyendo estaciones de servicios, y dejaba la plata en el exterior, reduciendo el ingreso fiscal de Venezuela. Un estudio muy importante llegó a la conclusión de que Venezuela ganaba más plata cuando la explotación del petróleo era privada que cuando lo hacía el Estado, es decir que cuando el petróleo era yanqui ingresaban más dólares a Venezuela que cuando los "nacionalistas" venezolanos echaron a lo s yanquis. Chávez decide despedir, entonces, a la plana mayor de la empresa estatal y a cambiar esta situación de saqueo y este problema provoca el estallido de toda la clase capitalista de Venezuela, que empieza a atacár a Chávez, porque ahí estaba la madre de los problemas, ahí estaba el problema, de como se estaba saqueando Venezuela.
 
Es la empresa estatal PDVSA (empresa estatal de petróleo de Venezuela) la que larga la huelga general contra Chávez y la que provoca el desabastecimiento de petróleo. En este punto, la clase obrera venezolana juega un papel muy importante; en cierto modo el gobierno de Chávez habría caído si no hubiera sido por los obreros. Los obreros que salvaron a Chávez se llaman clasistas, son obreros petroleros de varias destilerías de Venezuela, que las ocuparon y las mantuvieron funcionando. Yo estuve en una asamblea general de obreros que se convocó para discutir las ocupaciones de fábricas en la Argentina y había una multitud de trabajadores discutiendo Sasetru, Brukman, las empresas recuperadas y todo ese tipo de problemas. Allí me mostraron los recortes de los diarios donde Chávez declara que los obreros de la región de Barcelona salvaron el gobierno. Como ustedes ven, acá ha estallado una gran crisis porque sin los recursos del petróleo ningún gobierno capitalista podría gobernar en Venezuela. El problema es que el chavismo es nada más que un nacionalismo fiscal. Los ingresos de petróleo que quedan en Venezuela van a los bancos venezolanos, con los cuales el Estado ha acumulado el 50% de la deuda pública. Los bancos venezolanos son todos extranjeros y Chávez no pretende nacionalizar los bancos.
 
Chávez ha tomado una medida nacionalista, que tiene un gran valor, histórico si ustedes quieren, pero no tiene una profunda incidencia económica: la declaración del carácter público de las orillas de los mares y de los ríos que eran acaparadas por la propiedad privada. Pero Chávez ha inaugurado lo que se llama la apertura petrolera en Venezuela. Con Chávez las empresas extranjeras empiezan a invertir en petróleo asociadas a la empresa estatal de petróleo. Un oligarca petrolero declaró: "De Chávez nos separa el suelo, pero nos une el sub-suelo". En este momento, más que en ningun otro, la industria petroquímica y petrolera está siendo abierta al capital extranjero en asociacion con PDVSA. Una empresa muy importante, Techint, es un fuerte sostenedor de Chávez, que rescató con dinero público la fuerte pérdida de la empresa siderúrgica Sidor, cuando no pudo pagar sus deudas. El Estado decidió transformar en capital los créditos que tenía contra Techint, socializando las pérdidas del grupo Techint.
 
Para que el movimento obrero que se destacó en estas luchas tenga un futuro tiene que comprender la limitación del nacionalismo burgués fiscal. Chávez mismo, cuando estuvo en Argentina, hizo un señalamiento muy importante cuando dijo que Venezuela no tenía salida si no había una unidad de América Latina, que no podía ser económica sino que ante todo debería ser política. Pero un plan político común con la burguesía de los otros países de América Latina (Lula, Kirchner) es imposible, porque los Kirchner y los Lula defienden a las burguesías de su países, no tienen propósitos colectivos comunes contra el imperialismo. El fenómeno más brutal de todo el fracaso de la izquierda y del nacionalismo ¿dónde está? ¿Dónde está mejor representado? En el gobierno de Ecuador, con Lucio Gutiérrez, un coronel que hizo una alianza con los indígenas y con el movimiento campesino en el año 2000, cuando ocurrió un levantamiento popular, y hoy no sólo gobierna con los planes del FMI, no sólo traiciona a los indígenas, sino que es el agente del Plan Colombia de los yanquis en Ecuador. La izquierda democratizante apoyó a Lucio Gutiérrez.
 
El gobierno de Kirchner está marcado por las contradicciones señaladas. Cuando Kirchner dice las cosas y que dice tiene gestos de tipo popular está pagando un tributo de palabra al Argentinazo, está tratando de recoger el sentimiento popular que había en la rebelión, pero no puede satisfacer las reivindicaciones de la rebelión. Hay que tomar distancia y hacer un balance en una perspectiva más amplia. Cuando uno hace eso ve que no se puede explicar nada si no se tiene en cuenta como factor de fondo la bancarrota económica capitalista y el derrumbe del sustento de dominación política.
 
Estos son los problemas que reclaman construir una alternativa política independiente sobre la base de este pronóstico de la enormidad de la crisis capitalista y de que la clase social que le puede ofrecer una salida es la clase social de los trabajadores que se encuentran desocupados y ocupados, es decir de la clase obrera en la perspectiva efectivamente de que un gobierno de los trabajadores abra el camino hacia el socialismo.
 
Nada más compañeros.
 
(*) Conferencia de Jorge Altamira en la Universidad Nacional de Salta, 6 de agosto de 2003.
 

 

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