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La "etapa superior" del PT

El gobierno capitalista de Lula
Por Pablo Rieznik
Del gobierno de Lula se pueden decir muchas cosas controvertidas. Menos una: que no haya cumplido escrupulosamente con lo que anunció en la campaña electoral. El gesto más ampuloso se concretó pocas semanas antes de la elección que lo consagrara presidente. Entonces, Lula junto a los otros tres candidatos de la burguesía - José Serra, Ciro Gomes y Anthony Garotinho - sumó su firma al acuerdo alcanzado por el gobierno "neoliberal" de Fernando Henrique Cardoso con el FMI y cuya finalidad era, precisamente, la de trazar el rumbo de su sucesor (algo que sin embargo no consiguió en la Argentina con Duhalde). Ya entonces Lula había elegido como compañero de fórmula a un elemento evangelista y fascistoide del Partido Liberal - José Alençar - . Por esto mismo los dos líderes más reconocidos de la derecha brasilera, herederos de las dictaduras militares de los años "60 y 70 - el paulista Paulo Maluf y el bahiense Antonio Carlos Magalhaes - llamaron a votar por Lula en la segunda.
 
En consonancia con estos antecedentes el gobierno de Lula quedó constituído enteramente con los más conspicuos representantes del imperialismo y el gran capital. Al frente del mismo quedó Antonio Palloci,"hombre del mundo empresarial y los bancos (que) comprende perfectamente bien que el gobierno de Lula será tan capitalista como el de Cardoso" (1). Como brazo derecho de Palocci, el propio Lula "se encargó personalmente de presentar a Henrique Meirelles como "compañero presidente" (sic) del Banco Central". El sic corresponde al texto original de la corresponsal del diario argentino (2). Sucede que el "compañero" Meirelles fue hasta agosto pasado presidente mundial del Bank Boston, con sede en Estados Unidos, adonde "llevó una vida regia con un salario anual de 7 dígitos en dólares" (3). No es todo: Meirelles fue elegido diputado federal en octubre pasado en la lista del partido...de Fernando Henrique Cardoso.
 
Tampoco se trató de una excepción: en el otro ministerio clave para los patrones, el PT colocó al dueño del pulpo de la industria alimenticia Sadia - Luiz Fernando Furlan - que en las últimas elecciones había votado por el candidato de Cardoso, José Serra. Se trata de un viejo conocido de sus congéneres capitalistas argentinos porque promovió un juicio contra la Argentina ante la Organización Mundial del Comercio, aún sin resolución. El asunto data del año 2000 cuando el gobierno de De la Rúa impuso precios mínimos al ingreso de pollos de su empresa, acusada de competencia desleal. ¡Ah!, por supuesto, el hombre subió con el mandato de "reconstruir el Mercosur". La poderosa Federación de Industrias del Estado de San Pablo declaró inmediatamente su apoyo a Furlan. "Para los medios industriales brasileños fue una elección inmejorable" (4). El tercer ministro, designado para completar el "área económica" en el Ministerio de Agricultura fue Roberto Rodriguez, representante de una corporación de grandes productores rurales (Asociación Brasileña de Agrobusiness) y dueño de un ingenio azucarero.
 
Como además en el mismo gabinete se integraron los ex candidatos presidenciales, Gomes y Garotinho, está claro que el gobierno de Lula se conformó de entrada como un gran frente nacional de la burguesía y el gran capital sobre la base de una plataforma común, el propio acuerdo con el FMI. Algo que se revela también en las recientes declaraciones que el titular del organismo acaba de prodigar, a la gestión de Lula, dos meses y medio después de su debut, presentándola "con entusiasmo" como paradigma de la política del Fondo Monetario (5).
 
La función del PT
 
El gobierno de Lula, como puede verse, no dio lugar a un gobierno del PT. Pero puede decirse que su acceso a la presidencia con la política señalada revela su verdadera función en el escenario político. Una función que en la última elección fue puesta de manifiesto como nunca porque la dirección del PT se empeñó en sacrificar a numerosos candidatos estaduales en función de los candidatos burgueses que forman la base "suprapartidaria" que sostiene ahora al gobierno de Lula. En Paraíba, en Roraima, en Minas Gerais, en San Pablo, en Minas, en Rio de Janeiro y hasta en Rio Grande do Sul, donde el PT era gobierno, sus candidatos no fueron apoyados por la dirección del partido, que sí llegó a los acuerdos más variados con elementos de otros partidos, incluidos los de la derecha.
 
La cúpula del PT construyó un bloque político para manejar al propio PT y para hacerlo jugar como respaldo de izquierda los acuerdos firmados con sectores de la burguesía. En Rio de Janeiro el PT fue utilizado para catapultar al candidato presidencial, el también pastor evangélico Anthony Garotinho. El PT carioca desapareció de la superficie. En muchos municipios fue loteado entre elementos de la burguesía que saltaron del barco de los partidos burgueses en situación de naufragio, para buscar un nuevo instrumento de fraude contra el pueblo. En los Estados donde el PT es más débil, como es el caso de Roraima, el partido fue entregado con acuerdo de la dirección nacional a un gran empresario local. En otros Estados la candidaturas eran truchas como en Bahía, en Paraíba, Minas, etc. En la campaña electoral, Lula aparecía acompañando a los candidatos rivales del PT.
 
Los resultados electorales tradujeron de un modo muy claro esta política de destrucción del PT. Aunque Lula ganó con el 62% de los votos y lo hizo en todos los Estados a excepción de Alagoas, el PT no ganó ninguna gobernación salvo la de Mato Grosso do Sul. Más grave aún, el PT perdió el estado de Rio Grande do Sul y la elección en Porto Alegre, que se habían convertido en emblema de lo que sería un gobierno nacional del PT. La "larga marcha" de Lula hacia la presidencia reposó en el fortalecimiento del PT como un aparato de funcionarios del Estado y a base de pactos sin límites a la derecha. Mientras toda la izquierda y centroizquierda internacional se consagró a registrar la paciente construcción del PT a lo largo de más de una década, y hasta de presentarla como un "modelo" universal, la realidad es que el ex obrero metalúrgico devenido en presidente se consagró sobre la consumación del cadáver de lo que alguna vez se presentó como partido "dos trabalhadores". Es claro, entonces, que Lula no construyó una mayoría para ganar la elecciones sino que armó una coalición con la gran banca y el imperialismo para asegurar la llamada gobernabilidad del Estado, es decir, a costa de los intereses de la mayoría electoral como señaláramos en Prensa Obrera al analizar el resultado electoral de las elecciones presidenciales brasileñas.
 
Izquierda a la derecha; "trostkistas" con terratenientes
 
Que el triunfo de un candidato popular sea el resultado de una completa estafa política a sus votantes no debe sorprender porque es la moneda corriente de la democracia capitalista. Por eso la caracterización de la izquierda del PT - y de buena parte de la izquierda mundial - de que el triunfo de Lula constituye una "victoria popular", "un giro histórico", "un cambio de 180º respecto al modelo neoliberal", etc. es un engaño completo y absoluto. En el caso de la llamada izquierda del PT es sobre todo una política que, en primer lugar, está dirigida a acomodar los apetitos pequeñoburgueses parlamentarios y prebendarios de sus propias direcciones. Cuando en septiembre del 2002, el que escribe estas líneas tuvo oportunidad de visitar Brasil escuchó por parte de un representante de la dirección oficial del PT que, con casi 200 mil cargos políticos de la administración gubernamental para cubrir luego de la asunción de Lula, la izquierda del partido podría quedarse "tranquila". En cualquier caso la función de armar el carro con la derecha para alcanzar la victoria para Lula, presentándola como lo que no es, sirvió para adornar con oropeles inclusive revolucionarios el hecho de que la izquierda del PT ha conquistado 28 diputados nacionales, 2 senadores y varios cargos en las legislaturas provinciales.
 
Pero el punto no se agota en lo anterior: la posición de la izquierda petista revela también el agotamiento de la política del seguidismo "opositor". Así lo revela el hecho de que en el elenco oficial no sólo figuran los banqueros y neoliberales sino la izquierda del propio PT, y su ala "trotskista": Miguel Rosetto, miembro del llamado Secretariado Unificado de la IV Internacional fue designado ni más ni menos que como ministro de la Reforma Agraria. Bastaron las primeras medidas de lucha y movilización del MST para que Rosetto planteara abiertamente que, como miembro del gobierno, condenaba la lucha del MST y que defendiese la política del gobierno de mantener la legislación represiva con la cual el gobierno de Fernando Henrique Cardoso había enfrentado a los piquetes del campo brasileño.
 
Es decir, que la izquierda del PT, que formalmente criticó las orientaciones derechistas de la dirección (acuerdo con el FMI, elección del vicepresidente derechista) se pasó con armas y bagajes a la misma política derechista. Es muy significativo que sirviera para este viraje la caracterización que tiene todo el PT del estallido argentino del 2001 y del derrumbe del gobierno de la Alianza, con cuyo triunfo el PT se había naturalmente identificado dos años antes. Para toda la izquierda del PT y para toda la izquierda democratizante de América Latina, la caída de De la Rúa, lejos de haber hecho ingresar a la Argentina en un período de posibilidades revolucionarias, abrió el escenario de un espantoso retroceso con enormes costos para las clases populares. Desde este ángulo, los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre fueron algo bastante peor que una reacción "espontánea" contra el gobierno de turno: fueron un estallido anárquico y desesperado que dejó al movimiento de las masas más cerca de una salida autoritaria que de una revolucionaria. A partir de aquí la consigna progresista e inclusive revolucionaria para Brasil pasó a ser la de evitar una crisis a la argentina. Brasil no es Argentina repitió Lula hasta el cansancio, algo que compartía la izquierda del partido que entendía que el defecto de la rebelión argentina era que no había podido ser encausada por una dirección como el PT. En realidad fue al revés: la rebelión que "encausaron" el Frepaso y la Alianza en el 2001, estalló en forma abierta por la incapacidad de éstos, como también le ocurrirá a Lula.
 
Así, para todo el PT, incluida su izquierda, someterse al dictado del FMI se convirtió en una suerte de mal necesario para evitar un colapso capitalista del tipo de Argentina y las consecuencias que ello acarrearía para el pueblo. Ser progresista en Brasil se transformó en colaborar con una salida antiobrera a la crisis y con una mayor miseria, con la salvedad de que no sea una salida "tan antiobrera" y tan grande como la que se verifica en la Argentina. Es lo que planteó, en diciembre último, uno de los máximos dirigentes de la izquierda del PT, Valter Pomar, de la llamada Articulación de Izquierda, al ser consultado sobre cómo pensaba que podían compatibilizarse los programas sociales y los compromisos asumidos con el FMI. La respuesta fue de antología: "una política de ruptura de los contratos provocaría un desastre que impediría la política social" (6). Pomar no podía ni puede ignorar que como resultado de tales "contratos" el gobierno de Lula debe utilizar el equivalente de unos 15 mil millones de dólares en el 2003 para cumplir con los intereses usurarios del endeudamiento. No es moco de pavo porque semejante torta de dinero alcanzaría para que millones y millones de los hambrientos brasileños "desayunen, almuercen y cenen", el objetivo que se trazó Lula en su discurso original como presidente.
 
Valter Pomar, sin embargo, subido al carro del apoyo al acuerdo con el Fondo, suscripto por el "neoliberal" Cardoso, agregó que los eventuales conflictos "serán manejados con la política económica: la tasa de interés, por ejemplo..." (7) Pero Pomar tampoco ignoraba que la tasa de interés y la política económica quedaban enteramente bajo el control de los banqueros y los patrones. En el mismo momento en que el líder de la Articulación de izquierda proclamaba una suerte de "tasa de interés" a favor de los trabajadores, el ya designado presidente del Banco Central acababa de declarar que "creemos en la continuidad... el gobierno no va a a hacer cambios bruscos o ideológicos en materia de política monetaria (en relación al gobierno neoliberal precedente)" (8). A pesar de todas las evidencias Pomar concluía su reportaje afirmando que "los trabajadores van a tener un gobierno de su lado". Con esto, la izquierda petista ha concluido por asumir sin complejos su verdadera función en el PT.
 
En la misma línea se confesó ante Página/12 otro de los líderes históricos del ala izquierda petista, Raúl Pont, ex intendente de Porto Alegre, también dirigente del Secretariado Unificado de la IV Internacional y figura central del partido en Rio Gande do Sul. Pont apoyó sin disimulos la incorporación de los líderes patronales de la industria y el campo al gabinete lulista: "muchos propietarios empresariales y rurales son concientes de que el modelo volcado a lo financiero no da para más y saben que ellos también deberán hacer un esfuerzo". El razonamiento es instructivo. Ya sabíamos que la derecha del PT había apoyado a la Alianza, ahora sabemos que la izquierda apoya el gobierno "productivo capitalista" de Lula, o sea el duhaldismo. Pont había planteado ya, a fines de diciembre último, que su corriente "exigía participación en el gobierno, pero si no lo logramos, no vamos a abrir una guerra dentro del partido". Además, "ninguna de las corrientes del partido que no responden a Lula vamos a hacer ninguna ruptura, ni quebrar el bloque parlamentario. Mucho menos irnos del partido". Los fiscales de la izquierda petista se transformaron así en los garantes del gabinete derechista.
 
Pero, además, ¿por qué se irían del partido si no hay discrepancias con el norte digamos estratégico de la dirección oficial? En las últimas semanas la actitud de la izquierda petista se mantuvo enteramente dentro de los límites de este acuerdo fundamental. La actitud más audaz la protagonizó Heloisa Helena, senadora del PT, otra de las representantes del Secretariado Unificado, que se opuso a la convalidación parlamentaria del nombramiento del banquero designado para presidir el Banco Central, así como del apoyo del PT a que la presidencia del Senado fuera entregada a un derechista de la oligarquía nordestina, José Sarney. ¿En qué consistió la oposición? En retirarse al momento de votar, pactada con la derecha del PT, que no se perdió de todos modos la oportunidad de amenazarla con sanciones. Al respecto, un politólogo de la derchista Fundación Getulio Vargas calificó la situación como la de "un teatro donde los radicales del PT critican para que alguien del gobierno responda y eleve sus credenciales junto a la sociedad y el mercado financiero" (9). En el medio de este "teatro" Lula anunció que recortaría los planes sociales en 4 mil millones de dólares para pagar la deuda externa, que aumentaría los intereses para permitir mayores lucros a los bancos, que su primera reforma será un recorte draconiano de las jubilaciones, que los salarios públicos serán disminuídos y que Brasil contribuiría con Colombia en la "lucha contra el terrorismo".
 
Formalmente, tanto para la Articulación de Izquierda como para los miembros del Secretariado Unificado, en sus mas recientes documentos, la caracterización del gobierno de Lula es la de "una gran incógnita no resuelta", de "una administración que suscita profundas dudas", que "posee una orientación indefinida, etc.". Es decir que después de ser un partido de los oprimidos se ha transformado en nada, pero como la política tiene horror a la nada, el lugar de la nada lo ha ocupado la burguesía. Es decir que no hay "incógnitas", ni "dudas", ni "indefinición". La especulación literaria sirve para justificar la conducta antirevolucionaria. Con el gobierno capitalista y proimperialista de Lula, el PT ha ingresado en su "etapa superior y terminal", es decir, la de la completa descomposición. La izquierda del PT ha sido arrastrada a este pantano como consecuencia de sus limitaciones insalvables. El hundimiento del capitalismo empuja al progresismo al campo de la contrarrevolución. Corresponde a los sectores más avanzados del movimiento obrero tomar conciencia de toda esta evolución de las crisis en las clases y partidos y reforzar la construcción en marcha del partido revolucionario.
 
 
Notas:
1. Clarín, 1° de diciembre de 2002.
2. Clarín, 13 de diciembre de 2002.
3. Idem anterior.
4. Clarín, 14 de diciembre de 2002.
5. O Estado de Sao Paulo, 12 de marzo de 2003.
6. Página/12, 29 de diciembre de 2002.
7. Idem anterior.
8. O Estado de Sao Paulo, 20 de diciembre de 2002.
9. O Estado do Sao Paulo, 11 de febrero de 2003.

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