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El Secretariado Unificado en el gobierno de "frente popular" de Brasil

Miguel Rossetto, ministro del nuevo gobierno burgués
Por Proggeto Comunista (Italia)
El ascenso del gobierno de Lula en Brasil fue saludado como un importante éxito por el conjunto del reformismo, de la socialdemocracia, y del centroizquierda internacional. En efecto, el gobierno del ex sindicalista se ubica en el campo de experiencia del "progresismo", en un cuadro de alternancia política que no pone en discusión ni el capitalismo como sistema, ni su compatibilidad inmediata. El gobierno de Lula es por eso, con su especificidad, un gobierno burgués, que se vale del control del Partido de los Trabajadores (PT) para intentar llevar adelante su política sin una reacción de parte de la clase obrera y los otros sectores explotados. Esto se evidencia en el hecho de que el vicepresidente electo en la boleta de Lula es un político de derecha, dirigente del pequeño Partido Liberal, gran industrial textil (emplea a 150.000 obreros en fábricas en las cuales los derechos sindicales son prácticamente inexistentes). Así, también hay que recordar la situación de unidad nacional que se ha creado en el parlamento, donde el PT y sus aliados directos de centroizquierda no tienen la mayoría (el carácter político del gobierno en Brasil está determinado por su Constitución semibonapartista, que centra los poderes en el Presidente). Las seguridades dadas al Fondo Monetario Internacional de no modificar en nada las relaciones económico-financieras internacionales, en particular el respeto de la deuda, son en este cuadro una prueba del carácter ni siquiera limitadamente antiimperialista del nuevo gobierno (naturalmente, sin excluir en absoluto la posibilidad de futuras fricciones parciales con el imperialismo norteamericano). Una política, la del gobierno de Lula, más moderada que aquella, tímidamente refor mista, de un frente popular como el de Allende en Chile en los años 70.
 
Una novedad es la entrada en el gobierno del ex vicegobernador del Estado de Rio Grande do Sul, el de Porto Alegre, Miguel Rossetto, designado ministro de Desarrollo Agrícola. Rossetto es uno de los principales dirigentes de la corriente interna del PT que se denomina Democracia Socialista (DS), la sección brasileña de la organización internacional que se arroga el nombre de Secretariado Unificado de la IV Internacional.
 
Rossetto está encargado de entender en la delicadísima cuestión de la reforma agraria. Los latifundistas, sin embargo, no deben estar llenos de terror. Lula afirmó que quiere realizar la reforma en la concordia social (¡con los fazendeiros que usan constantemente la peor violencia de las bandas homicidas contra los sin tierra y los indios!). Rossetto, al asumir su cargo, tuvo conceptos similares.
 
Este ingreso en el ámbito del gobierno burgués -en sí una novedad, obviamente, para los maitanianos(1) brasileños-, ha tenido una fase de preparación profunda a partir de su rol en la gestión de la administración local de Porto Alegre y de Rio Grande do Sul. Como se ha dicho, Rossetto es el ex vicegobernador de Rio Grande do Sul, y el ex gobernador, Olivio Dutra, es un simpatizante de Democracia Socialista. En cuanto a Porto Alegre, el dirigente de la DS Raul Pont ha sido intendente por varios años. En estos papeles, exaltados por el carácter federal de Brasil, por el cual los "entes locales" tienen poderes amplísimos, han llevado adelante una política de colaboración de clases, con financiamiento a la industria y a los servicios privados, planteos regresivos de reforma previsiona l, oposición al aumento de los salarios de los empleados públicos, y uso, en algunas ocasiones, de las fuerzas de represión contra las luchas de los trabajadores. En este cuadro, el "balance participativo" es el espejismo, la democracia de base trucha para ocultar la realidad.
 
En este sentido, el ingreso de Rossetto en el gobierno nacional no representa más que la expresión a un nivel más general de una política consolidada en el tiempo, y el salto de calidad negativo de la DS hacia el reformismo no está, para nosotros, en el futuro sino en el pasado. Todavía es necesario reconocer que no sólo para las masas sino también para la vanguardia más politizada, casi siempre es necesario un hecho que muestre abiertamente aquella realidad que hasta ahora podía no aparecer clara. La entrada de Rossetto en el gobierno repesenta este hecho. Esto consolida la desviación reformista de la DS, señalada por todos los gestos hacia el lulismo y su política de conciliación con el imperialismo y el Fondo Monetario (como se evidencia en una entrevista de Raúl Pont al diario de Porto Alegre Zero Hora, en la cual afirma textualmente que "cuando decíamos no pagar la deuda, era en el sentido de una moratoria".
 
Los desarrollos brasileños ponen al Secretariado Unificado frente a una encrucijada precisa. Esta corriente ha abandonado el trotskismo consecuente hace muchas décadas. Esta desviación histórica hacia la derecha ha llevado naturalmente a muchas revisiones teóricas de las bases programáticas del marxismo revolucionario y se ha acentuado en el período posterior al 89, en el cual el SU ha comenzado a hablar abiertamente del fin de la época de la revolución socialista y de la necesidad de luchar, durante toda una fase histórica, por una perspectiva no socialista sino de "democracia radical". A pesar de todo esto, hasta hoy el Secretariado Unificado no había pasado al terreno del reformismo, manteniéndose sobre el del centrismo, es decir de una posición intermedia entre el marxismo revolucionario y el reformismo contrarrevolucionario, aunque siempre más recostado hacia la derecha.
 
Hoy, el SU, sus diversas secciones y sus simples militantes deben elegir. Es posible que elijan, completando un proceso histórico negativo, hacer de la experiencia brasileña un punto de referencia, invitando a construir una "nueva Internacional" sobre la base de la plataforma de "Porto Alegre" (balance participativo, unidad, unidad sin delimitación de clase de todos los movimientos, gestión "progresista" de las instituciones burguesas), es decir de la colaboración de clase. Está prácticamente excluida en los hechos la reacción contraria, como la que en el lejano 1964 llevó al SU a romper con su sección más importante, la de Ceylán -el actual Sri Lanka- (en cuya desviación a la derecha el grupo dirigente internacional tenía amplia responsabilidad), por su ingreso en un gobierno de frente popular. Existe, finalmente, la posibilidad de un gesto más ambiguo, de aceptación sin identificación, en espera de los acontecimientos, ojalá esperando cualquier contradicción en la gestión futura que provoque choques entre la DS y el resto del gobierno. Estas diferentes posiciones pueden encontrarse presentes en estos momentos en el interior del SU. Pero en Brasil, donde la delimitación política entre los que se reclaman del trotskismo ya ha tenido lugar, en la DS se están expresando algunos disensos.
 
En cualquier caso, los acontecimientos italianos demuestran plenamente la validez de la perspectiva de la refundación de la IV Internacional. Demuestran también la validez del concepto señalado en el llamamiento internacional que hace seis años fue lanzado en esta perspectiva, según el cual es necesaria una derrota política del Secretariado Unificado.
 
Por esa refundación, nuestra batalla junto a los compañeros de tantos otros países sacará lecciones también de la experiencia brasileña, para reconstruir, a pesar y contra la política del SU, una Internacional que, para usar las palabras de Trostky en el Programa de Transición de 1938, "no encuentra y no puede encontrar lugar en ningún frente popular. Se contrapone intransigentemente a todos los grupos políticos ligados a la burguesía. Su tarea es derrocar la dominación del capital. Su objetivo es el socialismo. Su método es la revolución proletaria".
 
 
Notas:
1. Livio Maitán es el principal dirigente del Secretariado Unificado en Italia (nota de EDM ).
 

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