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Crisis económica y huelgas en Buenos Aires (1888-1890)

Por Lucas Poy
Introducción
 
Aunque la mayor parte de los trabajos históricos sobre la llamada "crisis de 1890" se concentraron en la bancarrota financiera y en el surgimiento de una oposición burguesa representada por la Unión Cívica, es importante no perder de vista que pocas semanas antes de la Revolución del Parque, un golpe cívico-militar impulsado en julio de 1890 por la Unión Cívica -que, a pesar de ser derrotado, selló la caída del gobierno de Juárez Celman- se había realizado la primera celebración del 1° de mayo, en lo que fue considerado por muchas historias "oficiales" del Partido Socialista y el PC como la "aparición" de la clase obrera en la escena del país. Es importante destacar, en cualquier caso, que no se trataba de un rayo en cielo sereno. Si en la década de 1870, el enviado de la Asociación Internacional de Trabajadores, Raymond Wilmart, estaba aún en condiciones de escribirle a Karl Marx que las posibilidades de ascenso social existentes en el país hacían imposible cualquier intento de organización de los trabajadores, en la segunda mitad de la década de 1880 las cosas habían cambiado. En las vísperas de la revolución del '90, incluso desde antes de que se consolidara un movimiento de oposición dentro de las filas de la propia oligarquía, la clase trabajadora de la ciudad de Buenos Aires se había puesto en movimiento. Tal como lo definió Sebastián Marotta en su clásico libro, 1888 y 1889 fueron "años de acción" (1960: 43).(1)
 
El relativo desinterés historiográfico por la conflictividad obrera en este período tan temprano no hace más que reproducir, en realidad, una perspectiva que era bastante generalizada entre los contemporáneos: los observadores de la Argentina de mediados de la década de 1880 encontraban en el país un ejemplo de desarrollo pujante y desprovisto de las contradicciones y conflictos sociales que agitaban a los países europeos. Pero tras la apariencia de un desenvolvimiento armónico y una estabilidad política impensable en las décadas anteriores, se incubaban una serie de profundas contradicciones. La estructura de la propiedad de la tierra, caracterizada, salvo escasas excepciones regionales, por el predominio del latifundio, dificultó el acceso de los inmigrantes a la propiedad agraria y los obligó a permanecer en las ciudades del litoral. Las transformaciones económicas y sociales producidas como consecuencia de la penetración de capitales extranjeros y la consolidación del Estado oligárquico crearon las condiciones para el desarrollo de una incipiente clase obrera.
 
Si bien los primeros introductores del marxismo en la Argentina fueron los exiliados franceses de la Comuna de París, que llegaron al país en la década de 1870 y existen algunas evidencias de las actividades desarrolladas en el marco de la Primera Internacional (Falcón 1984, Tarcus 2007), fue recién en la década siguiente cuando se conformaron las primeras organizaciones permanentes, fundamentalmente gracias a los esfuerzos de la comunidad alemana, que incluía a más de cien exiliados por causa de las leyes anti-socialistas de Bismarck. La actividad organizada de los socialistas alemanes en nuestro país comenzó en 1882, cuando un grupo de exiliados formaron el Verein Vorwärts (Asociación "Adelante") siguiendo la iniciativa de Karl Mücke, quien había trabajado en la redacción de Der Sozialdemokrat, el principal órgano del SPD alemán, que se publicaba entonces en Suiza y era enviado de contrabando a Alemania. El 2 de octubre de 1886, el grupo comenzó a editar un periódico semanal, llamado Vorwärts. Organ für die Interessen des arbeitenden Volkes [Adelante. Órgano para la defensa de los intereses del pueblo trabajador], del cual aparecieron 696 números hasta su desaparición en marzo de 1901.
 
La importancia real que tuvo la actividad de los socialistas alemanes nucleados en el Verein Vorwärts está en discusión y permanece velada por una suerte de "mito de los orígenes". Hasta el reciente descubrimiento de una colección microfilma- da del Vorwärts en la biblioteca de la Universidad de La Plata, el único trabajo era el realizado por el checo Jan Klima (1974) a partir de materiales llevados a Europa por inmigrantes retornados. Tarcus discutió las conclusiones de Klima, señalando que el aparente "eclecticismo" de la ideología del Vorwärts no respondía a una peculiaridad latinoamericana, sino que era un fenómeno propio de la socialdemocracia de la época (2007: 133-144). Jessica Zeller (2007), que trabajó el material en alemán, ha profundizado esta problematización sobre el papel real jugado por el Verein, mostrando la tensión siempre existente en su seno entre la militancia socialista y las actividades sociales para inmigrantes alemanes.
 
En realidad, ya las primeras reseñas históricas sobre los orígenes del movimiento obrero y socialista en nuestro país, elaboradas por militantes que habían sido protagonistas del proceso, subrayaban este carácter ambiguo del rol jugado por el Verein. En una serie de artículos que constituyen la primera - y aún inédita en español- reseña de la historia del movimiento obrero y socialista argentino publicada en Vorwärts, que apareció en mayo de 1896 y fue escrita probablemente por Germán Avé-Lallemant, se planteaba que "aunque el Verein Vorwärts siempre conservó el carácter de un club de entretenimiento, ejerció -sobre todo a través de su periódico, que representaba, por así decirlo, su espíritu- una influencia sobre el movimiento obrero local que no debe subestimarse" fundamentalmente en los años previos a la crisis de 1890.(2)
 
Ya entrado el siglo XX, Augusto Kühn (1916), un tipógrafo alemán que también fue protagonista de ese período fundacional, señalaba que, si bien era cierto que desde la fundación de la Asociación el "hilo del movimiento" socialista ya no se interrumpió, el papel del Vorwärts no debía exagerarse. Diez años más tarde -cuando ya revistaba en las filas del Partido Comunista- el mismo Kühn publicó una nueva reseña histórica en la cual sostenía una interpretación similar. Allí sostenía que el Verein había "gozado durante mucho tiempo de una reputación envidiable", forjándose a partir de los escritos posteriores de algunos dirigentes socialistas "una leyenda que le atribuye méritos que no tiene, o que son exagerados", dado que sus aportes no habían ido más allá de "una conferencia de vez en cuando, la venta de un poco de literatura socialista y cierta liberalidad en la cesión de su local para los organismos obreros" (Kühn 1926). Lo más positivo de su acción, señalaba Kühn, había sido la publicación de su periódico y, particularmente, el rol jugado por el mismo en la coyuntura previa e inmediatamente posterior a 1890.
 
Existe mayor acuerdo en la historiografía sobre el importante papel jugado por los primeros núcleos anarquistas. El primer grupo del cual se tiene algún registro es el "Centro de Propaganda Obrera", fundado en Buenos Aires en 1876, posiblemente por bakuninistas miembros de la internacional disuelta en ese mismo año. Según Gonzalo Zaragoza (1996), que ha realizado la investigación más importante sobre el tema, a partir de 1880 jugaron un papel fundamental en el desarrollo del anarquismo en Buenos Aires un grupo de inmigrantes como los italianos Ettore Mattei y Napoleone Papini, el belga Emile Piette y el catalán Zacarías Rabassa. En torno a ellos, se desarrollaron grupos que impulsaron la difusión de las ideas libertarias y contribuyeron a la organización de los trabajadores. En una etapa en la cual la mayoría de los grupos aún se definían según las nacionalidades, los italianos se mostraron particularmente activos: en junio de 1884 fundaron un "Círculo Comunista Anárquico", que se autodefinía como "sección de la AIT" (la Asociación Internacional de Trabajadores, o Primera Internacional). El grupo, animado principalmente por Mattei, celebraba "reuniones, conferencias y debates" y distribuía en Buenos Aires la prensa libertaria europea.
 
La llegada al país de Errico Malatesta, en 1885, tuvo un impacto decisivo y contribuyó en gran medida a fortalecer y ampliar la influencia de los anarquistas en el medio local. Malatesta fue uno de los más notables dirigentes anarquistas a nivel internacional y, al momento de su llegada al país, ya era un referente notorio del movimiento libertario italiano y europeo. Había jugado un papel importante en el congreso de Rimini, en 1872, cuando la Federación Italiana rompió con el Consejo de Londres y selló el alineamiento con el anarquismo de los internacionalistas italianos en su lucha con el sector marxista. Hacia la década de 1880, cuando luego del congreso realizado en Londres en 1881 comenzó a cobrar fuerza el sector "individualista", Malatesta se convirtió en uno de los principales defensores de la necesidad de la organización, lo cual le valió una sistemática persecución policial: en 1883 debió afrontar, junto con otros compañeros, un juicio en el que se lo acusaba de terrorismo, que lo condenó a la cárcel.
 
Fue precisamente cuando supo que se le había negado la apelación que Malatesta decidió huir de Italia y se dirigió a la Argentina. Su llegada al país, junto a un grupo de compañeros de militancia, causó un gran impacto en los medios obreros de la ciudad. Su actividad se organizó en torno a un "Círculo de Estudios Sociales", que se reunía en los altos de un café de la calle Cerrito, y a la publicación de un periódico, llamado La Questione Sociale, del cual alcanzaron a aparecer unos catorce números entre 1885 y 1886. Las reuniones del "círculo" jugaron un papel destacado en la difusión de las ideas libertarias y en el establecimiento de vínculos organizativos entre los trabajadores que se harían evidentes poco tiempo más tarde.
 
En los años siguientes se formaron nuevos grupos anarquistas en los barrios de inmigrantes y también aparecieron algunos periódicos, como Il Socialista, editado por Ettore Mattei. Ya en ese período fundacional debieron enfrentar las persecuciones policiales: en diciembre de 1886, por ejemplo, varios grupos anarquistas publicaron un manifiesto criticando las medidas adoptadas por la municipalidad para enfrentar la epidemia de cólera, lo cual le costó cinco meses de cárcel a Mattei y otros militantes, que fueron detenidos cuando lo pegaban en las calles.
 
En suma, cuando habían transcurrido dos años de la presidencia de Miguel Juárez Celman (1886-1890), la actividad de militantes inmigrantes de diferente orientación política era ya un elemento importante en los medios obreros de la ciudad de Buenos Aires. En este trabajo analizamos de qué manera el ascenso huelguístico que tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires en el bienio 1888-1889 marcó, en un cuadro de crisis económica y política, un salto cualitativo con respecto al período inmediatamente anterior.
 
Expansión demográfica, carestía y crisis
 
Si todo el país había conocido un gran crecimiento de población a partir de la inmigración masiva que tuvo lugar en la década de 1880, el fenómeno era particularmente notable en la ciudad de Buenos Aires: entre 1869 y 1887, la población de la ciudad creció a una tasa anual del 7,3%, un ritmo superior incluso al de urbes de enorme crecimiento como Chicago, Boston o San Francisco. Según el censo municipal realizado en 1887, vivían en la ciudad 433.375 personas, de las cuales el 52,7% eran extranjeras (la proporción aumenta si se considera solamente la población activa, ya que el grueso de los inmigrantes eran varones adultos). El imponente crecimiento de la ciudad había convertido a la construcción en una de las principales ramas de la economía: en 1887, el Censo registraba a más de 10.000 personas ocupadas como albañiles, a los que hay que sumar los trabajadores empleados en diversas obras públicas y privadas como las de remodelación y construcción portuarias -particularmente la canalización del Riachuelo y la construcción del Puerto Madero-, instalación de cloacas y alumbrado, etc. Alrededor de 10.000 personas se desempeñaban como carpinteros, ocupados tanto en la industria de la construcción como en la producción para el consumo.
 
Un rol fundamental, por su cantidad y por el lugar que ocupaban en el contexto de la economía exportadora, era el jugado por los trabajadores de los transportes y diversos servicios. A los trabajadores ferroviarios, en creciente expansión dado el aumento de las líneas férreas, debemos agregar a los casi cinco mil carreros y más de dos mil cocheros que existían en 1887. El crecimiento de la ciudad, por otra parte, había generado un mercado para distintos productos que eran elaborados en pequeños talleres y fábricas. Si bien había fábricas que empleaban a más de un centenar de obreros, el promedio de trabajadores por establecimiento era todavía reducido. Las principales ramas eran la industria de la alimentación (panaderías, confiterías, licorerías, etc.) y la confección (zapateros, sastres, sombrereros, entre otros), aunque también tenían su importancia ciertas industrias livianas: existían ya en la ciudad varios miles de trabajadores metalúrgicos y herreros que jugarían un papel importante en la agitación del período inmediatamente posterior.
 
Ricardo Falcón distinguió un cambio importante en la segunda mitad de la década de 1880 y particularmente en el período que nos ocupa. Según este autor, las transformaciones de la década del '80 aceleran la proletarización de la masa de trabajadores. La llegada de grandes volúmenes de inmigrantes hacia fines de los años ochenta va a provocar un vuelco en la situación, que se verá agravado por la crisis económica. El aumento de la oferta de mano de obra favorece la situación de los patrones en la imposición de las condiciones de empleo (Falcón 1894: 72).
 
A los elementos señalados por Falcón es necesario agregar el profundo proceso de encarecimiento del costo de la vida que tuvo lugar en los años inmediatamente anteriores a 1890, en el marco de una crisis económica sin precedentes, y sin cuyo análisis es imposible comprender la movilización de los trabajadores. La ley 1130, sancionada el 25 de noviembre de 1881, había establecido que un peso oro sería equivalente a 1,033 de los antiguos "pesos fuertes" y a 1,6129 gramos de oro, al igual que la libra esterlina. A partir de enero de 1883 un peso oro, que correspondía aproximadamente a 25 de los antiguos pesos "moneda corriente", pasó a ser equivalente a un peso de la nueva moneda, llamada "peso moneda nacional". La convertibilidad, no obstante, no duró más que dos años, y a partir de 1885 el peso moneda nacional comenzó a devaluarse, tal como se pone de manifiesto en el siguiente cuadro. A comienzos de 1888, la moneda nacional ya se había depreciado en un 45%, lo que provocó una fuerte carestía que impactó directamente en el bolsillo de los trabajadores.
 
La agitación huelguística del verano de 1888
 
En el marco de la crisis económica, el reclamo obrero ante la carestía provocada por la fuerte devaluación del peso sería el eje fundamental de la agitación huelguística de los años inmediatamente anteriores al estallido de la crisis de 1890. La chispa que dio inicio al ciclo de huelgas no fue provocada, sin embargo, por un reclamo salarial, sino por el rechazo a un intento de imponer una regimentación sobre el personal de servicio. Una reglamentación arcaica se convertiría así en el detonante de un proceso de conflictos de carácter indiscutiblemente "moderno".
 
En efecto, a fines de enero de 1888 se generalizó una huelga de mozos y cocineros de hoteles y restaurantes de la ciudad de Buenos Aires. El conflicto se debía a la decisión de la municipalidad de establecer una ordenanza que disponía que los patrones tenían no solamente el derecho sino la obligación de expresar en una libreta cuál había sido la conducta de sus sirvientes mientras éstos se hubiesen desempeñado bajos sus órdenes. La ordenanza prácticamente condenaba a los trabajadores a una dependencia total respecto a sus patrones y a la imposibilidad de continuar trabajando en caso de ser despedidos o de no contar con el certificado de "buena conducta". En cuestión de horas, el movimiento generado por el rechazo a la "libreta" se generalizó al personal empleado en restaurantes y hoteles y se extendió a otros gremios: el sábado 21 de enero, los cocheros se declararon en huelga "por no querer aceptar las prescripciones municipales sobre servicio doméstico al cual no pertenecen según su opinión"(3). Tanto los cocheros como los cocineros y mozos comenzaron a sufrir persecuciones policiales, que impidieron la realización de reuniones y asambleas. Desde un primer momento se produjeron incidentes menores y detenciones en restaurantes y hoteles.
 
En efecto, para el intendente municipal, Antonio Crespo, la huelga debía ser enfrentada simplemente como un asunto policial. En una carta enviada al presidente, planteaba que el conflicto era "un escándalo que creo que debe ser reprimido con toda la energía que reclaman estos movimientos vergonzosos" (Rivero Astengo 1944: 466-467). El domingo 22, una reunión de doscientos cocheros en un corralón del Bajo fue desalojada por la policía y más tarde sucedió lo mismo en Palermo. El mismo día, unos seiscientos cocineros y mozos se reunían en el hipódromo de Lanús, ante la prohibición policial de hacerlo en la jurisdicción de la ciudad.(4)
 
A pesar de que los periódicos hablaban de un movimiento "sorpresivo", en los días posteriores los huelguistas pusieron en evidencia un importante nivel de organización, que permite considerar la existencia de vínculos previos. Las crónicas hacen mención, por caso, de una "Sociedad de Artistas Culinarios", que declaraba tener un "fondo de reserva" que alcanzaba la altísima suma de 25.000 pesos.(5) Incluso se había establecido que de dicho fondo se concedería 1 peso con 50 centavos diarios -prácticamente el equivalente a un jornal promedio- a aquellos huelguistas que lo necesitasen. Los "artistas culinarios" llegaron a reclamar y obtener la solidaridad de sus compañeros de la ciudad de Mar del Plata, lo cual resulta notable si se tiene en cuenta que la exigencia de libretas al personal era limitada a la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires.
 
Los trabajadores no sólo organizaban asambleas y recaudaban fondos de reserva, sino que se daban una política activa para difundir la huelga. Los "artistas culinarios" dispusieron la formación de "comisiones seccionales que recorrerán los hoteles del municipio para incitar a la huelga a los cocineros y mozos que aún permanezcan en sus puestos". Algo similar hicieron los cocheros, que difundían y pegaban en las puertas de las cocherías una hoja que era reproducida por La Prensa:
 
"A los del gremio: Se les advierte que no deben trabajar y caso que lo hicieran aténganse a las consecuencias. Se han nombrado comisiones encargadas de ejecutar órdenes recibidas. La Comisión."(6)
 
Aunque el intendente municipal recibió mensajes de apoyo del gobierno nacional e incluso un documento de adhesión firmado en la Bolsa de Comercio por aproximadamente 180 personas, el creciente peso de "la opinión" contraria a la ordenanza, que reflejaba la fuerza de la huelga y también la presión de los propietarios de establecimientos, fue quebrando la resistencia gubernamental. La Nación planteaba el 24 de enero que "se mira muy mal en las altas regiones oficiales la conducta del intendente que está 'comprometiendo con sus errores el crédito de la administración'".(7) El 25 de enero, cuando se dio a conocer la iniciativa de un grupo de concejales de reformar los artículos de la cuestionada ordenanza, la "comisión de cocheros en huelga" llamó a volver al trabajo:(8) poco tiempo después la ordenanza sería derogada y el propio intendente renunciaría a su cargo.(9)
 
La primera huelga del agitado bienio de 1888-1889 concluía así con un importante triunfo para los trabajadores. Pero su impacto no sólo había impulsado a la acción a los trabajadores de los gremios afectados: actuó, en realidad, como un catalizador para impulsar otras medidas de lucha e intentos de organización obrera. La consecuencia más importante fue el estallido de una huelga en el gremio de los panaderos, centrada en reivindicaciones salariales, que marcaba la línea general de lo que serían los conflictos obreros de los meses venideros.
 
A diferencia de lo ocurrido con la huelga de cocineros y cocheros contra la libreta del personal doméstico, la de los panaderos enfrentó desde un principio la oposición de los principales medios de prensa. El intendente municipal se reunió con los propietarios de panaderías pocas horas después de iniciado el conflicto y les aseguró que la municipalidad estaba dispuesta a "suministrar mil o mil quinientos peones municipales" para elaborar el pan y a disponer "lo necesario para que se trajera pan de Montevideo, Rosario, Mercedes, La Plata y otros pueblos cercanos".(10) A pesar de la oposición de la prensa, los patrones y el gobierno, los panaderos mantuvieron firme su medida de fuerza y, con el correr de los días, fueron logrando que los propietarios de panaderías cedieran a sus reclamos. Para lograr ese desenlace tuvo una importancia fundamental la organización con la que contaban, que les permitió actuar de forma unificada ante unos patrones panaderos que encontraron serias dificultades para ofrecer una respuesta unívoca.
 
En efecto, la Sociedad Cosmopolita de Obreros Panaderos era anterior al conflicto y en buena medida lo había preparado: se trataba de una organización fundada en julio de 1887 por panaderos fuertemente influidos por el anarquismo, cuyos estatutos habían sido redactados por Errico Malatesta y cuyo secretario era Ettore Mattei. Apenas iniciado el conflicto, La Nación informaba que circulaban "numerosas listas de suscripción para los fines de la huelga", a través de los cuales los panaderos decían haber recolectado la suma de veinte mil pe- sos.(11) Durante la huelga, la Sociedad mostró una capacidad organizativa importante: el diario La Prensa señalaba que los patrones que aceptaban el acuerdo pronto podían restablecer el trabajo en sus establecimientos porque "los huelguistas tienen varias comisiones en la Fonda 'Panaderos de Aplano' y en un café de la calle Suipacha, las que al recibir la adhesión del patrón disponen el envío de las cuadrillas necesarias".(12) Al constatar que muchos propietarios cedían individualmente a los reclamos de los obreros, un grupo de dueños de panaderías intentaron organizarse para dar una respuesta unificada. Aunque establecieron una multa para todos aquellos que cediesen al reclamo obrero, la huelga de los panaderos concluyó con un triunfo de los trabajadores una semana después de iniciada.
 
Las primeras huelgas ferroviarias y metalúrgicas de la historia argentina
 
Luego de los conflictos del verano de 1888, la agitación obrera conoció un nuevo ascenso, mucho más profundo que el anterior, durante la primavera. El 20 de octubre, un grupo de encargados de sección de los talleres del ferrocarril del Sud ubicados en la estación Sola, en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, presentaron una petición a la gerencia, solicitando que los jornales de los 750 trabajadores del taller fueran pagados en oro. El viernes 26 por la mañana, cuando el gerente anunció a los trabajadores que la decisión del directorio era no tomar ninguna medida hasta tanto no se consultara con las restantes empresas ferroviarias, los ferroviarios de Sola se declararon en huelga y se dirigieron hacia la plaza Herrera de Barracas, donde fueron reprimidos por fuerzas policiales que arrestaron a más de un centenar de trabajadores. El comisario de la seccional llegó incluso a pedir tropas del ejército como refuerzo, lo cual fue rechazado por el jefe de la policía.(13)
 
La huelga ferroviaria, y sobre todo los incidentes producidos en Barracas, tuvieron un enorme impacto en los periódicos, que volvieron a dedicar un gran espacio al problema de la conflictividad obrera, tal como habían hecho en los primeros meses del año. La mayoría de los medios de prensa comenzó adoptando una posición favorable a los huelguistas, considerando que sus reclamos eran justos y obedecían al grave encarecimiento de la vida que había tenido lugar en los meses previos. El lunes 29 de octubre, la gerencia del F.C. del Sud decidió otorgar un aumento de sueldo, acordado con el resto de las compañías ferroviarias (Norte, Rosario, Sur y Pacífico), y convocar a los trabajadores a regresar a los talleres a partir del viernes 2 de noviembre.
 
Cuando aún no se había cerrado el conflicto de los ferroviarios de los talleres de Sola, de todas formas comenzaron a estallar huelgas en otros talleres de la 
ciudad. El domingo 2 de noviembre, los trabajadores de la fundición "Fénix", ubicada también en el barrio de Barracas, enviaron una solicitud a los patrones; en sus breves párrafos es posible advertir no sólo la importancia de la reivindicación salarial como eje del reclamo, sino también el impacto causado por otros conflictos laborales:
 
"Ilustres señores Bash y Com. - Buenos Aires, 2 de noviembre 1888.- La grande cuestión que todavía se agita en la República Argentina, por una causa justa y sacrosanta en pro del trabajador, que es el aumentación del su sueldo, nosotros creemos que sea a Vs. bien nota, por eso limitámonos a decirse que nosotros trabajadores del suyo taller, sentimos en esta guerra económica los mismos menesteres y también hemos los mismos derechos. El aumento de estipendio que nosotros deseamos, no deferiense mucho de lo que los nuestros compañeros de desventura, han dirigido a los suyos respectivos principales".(14)
 
Ante la respuesta negativa de la patronal, los 160 trabajadores de Bash se declararon en huelga, iniciando un ciclo de conflictos entre los obreros de los establecimientos metalúrgicos. El miércoles 7, por la mañana, los trabajadores del taller de Wohlers y Cía, ubicado en la calle Montes de Oca a poca distancia del de los hermanos Bash, se declararon en huelga en reclamo de un aumento del 25%. Lo mismo hicieron ese día los más de 200 obreros del establecimiento mecánico de Schwartz y Cía, en Casa Amarilla, cerca de La Boca, reclamando un aumento salarial del 40%.(15) El 9 de noviembre fueron a la huelga los fundidores del establecimiento de J. Raimondi y Vetere, solicitando un 25% y el 12 lo hicieron los ciento treinta trabajadores de la casa Drysdale.(16) El martes 13 se sumaron los obreros de dos nuevas fábricas: "La Platense" y Rey y Chavanne (Zaragoza 1976: 101). En poco más de una semana, la huelga se había extendido a los principales establecimientos metalúrgicos de la ciudad.
 
La primera respuesta de los propietarios de los talleres fue rechazar cualquier tipo de acuerdo con los trabajadores: Wohler y Schwartz anunciaron el despido de todos los operarios. Contaron enseguida, como había sucedido en los conflictos de principios de año, con el apoyo de las fuerzas policiales, que destinaron piquetes de vigilancia en las inmediaciones de los talleres. A pesar de ello, las huelgas lograron mantenerse, basándose una vez más en los vínculos organizativos creados por los trabajadores y desarrollados durante el conflicto. Surge de las fuentes la existencia de comisiones y piquetes de trabajadores que buscaban asegurar el cumplimiento de la huelga.
 
El 24 de noviembre, el diario La Prensa señalaba que había circulado "profusamente" un "manifiesto suscrito en 'nombre de todos los huelguistas' por 'La Comisión' y por 'los trabajadores huelguistas de los talleres de Bash, Wohlers, Schwartz y Raimondi, a sus compañeros', en el que exhortan a los obreros a sostenerse en su actitud hasta conseguir el aumento de salarios".(17) El dato no sólo pone de manifiesto que la huelga de los trabajadores de los establecimientos metalúrgicos se extendió durante buena parte del mes de noviembre, sino también que existían lazos entre los trabajadores de los diferentes talleres.(18) Más interesante aún, una nota de La Prensa señalaba la existencia de otro manifiesto "dirigido 'a los obreros del arte de fierro y demás mecánicos' por 'los obreros de Sola', en que estos hablan en el mismo sentido del manifiesto anterior"(19), lo cual da cuenta de que existían vínculos de solidaridad y organización entre los trabajadores que habían salido a la huelga en esa agitada primavera de 1888.
 
Al calor de la huelga de los metalúrgicos de los talleres industriales, el conflicto que habían iniciado los ferroviarios de Sola se extendió a otros talleres del ferrocarril, en la ciudad y en el interior de la provincia de Buenos Aires. El 17 de noviembre, un nuevo gremio se sumó a la agitación cuando los trabajadores sombrereros de la fábrica de Rolando La Vigni y Cía se declararon en huelga en reclamo de aumento de sueldos y pusieron "a disposición de los demás obreros del mismo oficio que quieran imitarlos una modesta suma de dinero que han formado por suscripción levantada entre ellos".(20) Dos días más tarde, los peones del alumbrado público de la ciudad presentaron una solicitud al gobierno municipal "exponiendo que se verán en la necesidad de dejar sus puestos, y a la ciudad a oscuras, si no se les paga dentro de tres días en la forma que lo solicitan, es decir, lo atrasado que se les adeuda, y, en adelante, en los últimos días de cada mes".(21)
El 20 de noviembre se logró evitar una huelga de marineros a partir de la concesión, por parte de los empresarios, de un aumento salarial.(22) En diciembre, los zapateros, organizados en una Sociedad Cosmopolita de Obreros Zapateros, obtuvieron un aumento del 20% luego de realizar una asamblea conjunta con un grupo de patrones (Marotta 1960: 56-57).
 
"Existe organizado el socialismo en Argentina"
 
Ha sido un lugar en común para buena parte de la historiografía considerar que la agitación obrera no fue motivo de preocupación para la burguesía ni provocó respuestas represivas de parte del Estado hasta comienzos del siglo XX, cuando la aprobación de la ley de Residencia puso de manifiesto que la respuesta estatal ante la llamada "cuestión social" era una política de abierta represión. En las páginas precedentes hemos mostrado de qué manera ya en la década de 1880 el gobierno intervenía en contra de los huelguistas con las fuerzas policiales en todos los conflictos. Es importante advertir asimismo que las huelgas de 1888 comenzaron a sembrar alarma entre los empresarios, que se plantearon abiertamente el problema de la "cuestión social", responsabilizaron de ello a los militantes políticos y promovieron las primeras propuestas de tipo abiertamente expulsivas y represivas. El 10 de noviembre, en el salón de la Unión Industrial, se realizó una reunión de 23 propietarios de establecimientos metalúrgicos, con el objetivo de "cambiar ideas sobre la actitud que deben observar en presencia de las huelgas de sus obreros". En la reunión se decidió que "en ningún caso deben ceder a la presión de una huelga" y que "en ninguno de los talleres de los presentes será admitido un obrero alzado en huelga en cualquiera de los otros".(23) Ante la extensión del movimiento, la Unión Industrial Argentina resolvió la formación de una comisión "que estudiase con especial detención y empeño esas huelgas, sus causas diversas y los medios de prevenir sus efectos".(24)
 
En la reunión cobró fuerza un planteo que había sido avanzado tímidamente hasta entonces, pero que se convertiría en generalizado en pocos días: la denuncia de que detrás de las huelgas se encontraba "la propaganda insana de malos obreros contaminados con los errores del socialismo". El planteo ya había sido expuesto en la reunión del día 10, cuando -según el cronista del diario La Prensa- varios industriales habían asegurado "convencidos que las huelgas son el resultado de los trabajos de algunos caudillos socialistas que están en relación con asociaciones alemanas de esa clase"(25). La reunión en la Unión Industrial decidió formar una segunda comisión "que proyectase una protesta de los industriales ante dicha propaganda y la actitud que esta determinaba".(26)
 
El 25 de noviembre de 1888 se realizó una peculiar reunión, en el local del Verein Vorwärts, en la cual participaron trabajadores y miembros de la Unión Industrial y se pusieron frente a frente las posturas sobre las causas de la agitación obrera. El diario La Prensa publicó una crónica detallada del acontecimiento en su edición del día 27:
 
"Presidía la asamblea el Sr. Hector Mattei, anarquista italiano. Declarada abierta la reunión, tomó la palabra, en italiano, el Sr. Malatesta, que fue el discurso más aplaudido en la asamblea. Su tema fue las huelgas y la condición de la clase obrera en Europa y en América, que estudió con preparación y buen conocimiento del asunto, lo que le valió una verdadera ovación de parte de la mayoría de los concurrentes. Le siguió en la palabra, D. Zacarías Rabassa, español, que habló en su idioma sobre el mismo tema".(27)
 
Lo más destacado fue lo que ocurrió a continuación, cuando tomó la palabra un miembro de la Unión Industrial Argentina:
 
"En seguida subió a la tribuna un obrero, socio de la 'Unión Industrial Argentina', el señor Eduardo Lluch y pronuncia un breve discurso, correcto y mesurado, combatiendo de raíz las ideas de Malatesta e impugnando razonablemente la propaganda socialista.
 
"La concurrencia protesta y solo un insignificante número de personas tributan aplausos al orador. Este exclama al terminar: 'En fin, señores, nuestro afán, el deseo de todo obrero que se estime, debe ser el de buscar una solución para este estado de cosas. Propongo que nombréis una comisión que en contacto con otra que nombrará la Unión Industrial Argentina, trabaje por encontrar el resultado que todos apetecemos.'
 
"(...) Esta moción del señor Lluch fue mal recibida. (...) El orador catalán [se refiere a Zacarías Rabassa, L.P.] vuelve de nuevo a la tribuna y dice: 'Esa moción es una celada. Se quiere juntar a ocho lobos con ocho carneros. Los carneros somos nosotros, los que trabajamos. Los lobos son ellos, los que no trabajan, y sin embargo imperan.'
 
"Otro señor, francés de nacionalidad, ocupó luego el puesto de los oradores, pronunció una proclama abundante en denuestos contra el capital, pintando con sombríos y conmovedores detalles la triste situación del obrero.
 
"'Los capitalistas -dice- nos insultan con sus carruajes, mientras nosotros andamos medio desnudos y descalzos. Ellos comen con el producto de nuestro trabajo, y nosotros nos morimos de hambre con las migajas que nos arrojan. La moción presentada presentada por este señor -dice en tono despreciativo- es lo más infame que se os puede proponer, y estamos acostumbrados a esas farsas'.
 
"El señor Lluch se levanta entonces de su asiento, y encarándose con el auditorio, exclama: 'Los infames y los farsantes son los que, faltando descaradamente a la verdad, pretenden embaucar a los obreros con utopias ya pasadas de moda, y aseguran que la situación económica del obrero es tan precaria aquí como en Europa, y que estamos pereciendo de hambre, Y notad que el que eso dice usa botines de flamante charol y traje nuevo y su cara, lejos de acusar los caracteres de la anemia como consecuencia de la mala alimentación, reboza salud y robustez'.
 
"Aquí se produce un desorden general: todos hablan en voz alta en sus respectivos idiomas; hasta que por fin, un señor de color, Alejandro Duharte, cubano, consiguió hacerse oír y pronunciar un discurso, regularmente aplaudido, sobre el socialismo, el matrimonio civil y las huelgas, asuntos que trató con criterio abiertamente radical."(28)
 
La asamblea concluyó con un claro repudio a la moción de Lluch y se aprobó una resolución que establecía una posición ante las denuncias y persecuciones que comenzaban a surgir desde diversos medios de prensa, acusando a los "socialistas" de ser los causantes de las huelgas:
 
"1°) Las huelgas en general son el producto del orden social capitalista; en particular, las huelgas actuales en Buenos Aires, son el producto natural de la situación actual lastimosa de la clase obrera, de la situación creada por la injusta política financiera del gobierno (impuestos indirectos); por la especulación desenfrenada de la bolsa y de los capitalistas.
 
"2°) Las huelgas son un derecho natural derivado de la libertad individual, cuyo ejercicio libre solicitan los obreros sin condición para defender sus intereses.
 
"3°) En consecuencia: La asamblea protesta contra la INVECTIVA MENTIROSA, por la cual afirma una parte de la prensa capitalista, que las huelgas actuales sean la obra artificial de los socialistas.
 
"4°) Y protesta de toda fuerza contra la conducta de la policía y los arrestos arbitrarios de los huelguistas y si se sigue en esta conducta hace responsable totalmente a los autores de ella (policía) para todos los hechos que pueden producirse de ella."(29)
 
Lo interesante es que luego de las definiciones de los empresarios en las reuniones de la Unión Industrial, y sobre todo después de la experiencia de la reunión realizada el 25 de noviembre en el local del Vorwärts, se modificó sustancialmente la perspectiva de los principales medios de prensa con respecto a la agitación huelguística. Hacia fines de mes, el cambio de perspectiva era ya definitivo y profundo. El 29 de noviembre, La Prensa dedicó una extensa editorial al problema, en la cual se planteaba una "advertencia" a los trabajadores de Buenos Aires, en un tenor de ideas que prefiguran buena parte de las argumentaciones que algunos años más tarde servirían de fundamentación para las leyes represivas de expulsión de los trabajadores extranjeros:
 
"Afirmamos de la manera más absoluta, que en la República Argentina no se ha formado un solo socialista verdadero, pues aquí la vida es fácil: cuando el trabajo escasea en un punto, se le busca en mil otros con éxito indudable.
 
"Por consiguiente: los socialistas que comienzan a hacer su aparición, no solamente son extranjeros, sino que han venido de Europa socialistas hechos y formados, pretendiendo difundir sus doctrinas en esta joven República, que tiene abiertos sus amplios brazos a todos los obreros honestos y de buena voluntad del mundo entero.
 
"Esos hechos evidentes indican que para este país la lucha con el socialismo turbulento es muy fácil. (...) Partiendo de esa base, una ley de defensa del país contra aquel elemento perturbador, que faculte a los Poderes Públicos para embarcar a todo individuo convicto de la prédica mencionada contra el orden social, y devolverlos a sus países, matará la única simiente posible y allí terminará la lucha.
 
"(...) ¿No les gusta nuestra organización? ¡Váyanse!
 
"¿No se quieren ir y resuelven fundar partidos perturbadores de nuestra organización social? No lo consentiremos: del fondo del derecho a la propia conservación, surgirán leyes que compelan a embarcarse con destino a las playas de sus patrias a los que se declaren enemigos de la Nación."(30)
 
Otros periódicos, más cercanos al oficialismo, llevaban esta campaña de denuncia a extremos más grotescos, pero que son indicativos, de todas formas, del clima de persecución contra los militantes socialistas y anarquistas. Figaro, un diario juarista, incluía una reivindicación de los inmigrantes latinos, por oposición a los politizados trabajadores alemanes -lo cual implicaba una importante diferencia con las posiciones sostenidas por la burguesía argentina en el período inmediatamente anterior- y planteaban un firme llamado a la represión:
 
"Un alemán me tradujo los sueltos del Vorwaerts, señalados por el caballero en cuestión: esto es tremendo, estupendo, horripilante! (...) La inmigración latina, los tipos de la Europa meridional, donde todo es calor y luz, vida y alegría, esto es lo que nos conviene (...) Mañana, si por confianza de nuestras autoridades, o porque quieran dejar que la libertad exista hasta el abuso, llegamos a ser víctimas de un levantamiento encabezado por la asociación que parece dirigir a la clase obrera, será preciso emplear medidas tremendas que pueden evitarse desde ahora, yendo derecho a la causa y destruyéndola, cuando empieza a manifestarse."(31)
 
El principal medio oficialista, Sud-América, se expresaba en un sentido muy similar: el peso de los socialistas alemanes era llevado a punto tal que, en un curioso artículo, personificaba al Verein como un seguidor del propio Karl Marx:
 
"Desgraciadamente habíamos contado sin herr Worwaertz (sic), o sea el señor Adelante, quien se nos deja caer ahora, con el propósito de hacer flamear bien alto el trapo rojo, símbolo del socialismo... y de la locura. Así es: el caballero Worwaertz, ferviente discípulo a lo que parece de Karl Marx, el fundador de la Internacional, ha lanzado su proclama -en alemán, y se imagina que todo el cosmopolitismo obrero se halla pronto a seguirle ebrio de entusiasmo"(32)
 
La Boca y Barracas: barrios de huelgas obreras
 
Hacia fines del invierno de 1889, una nueva ola de agitación huelguística, más fuerte que todas las anteriores, sacudió a una ciudad de Buenos Aires atravesada por los efectos de la crisis económica y las convulsiones políticas que dieron lugar a la conformación de grupos opositores al juarismo. El 2 de agosto se declararon en huelga unos trescientos marineros de las obras del Riachuelo, que dirigieron una solicitud a sus superiores en reclamo de aumento salarial: los trabajadores invocaban la carestía de todos los artículos de primera necesidad para pedir un aumento en sus jornales. Pronto el reclamo comenzó a extenderse a otros trabajadores de la zona portuaria: los barraqueros de la ribera y los más de 1.500 marineros dependientes de las operaciones de carga y descarga del puerto.
Sud-América informaba que la huelga venía siendo preparada desde tiempo atrás por la actividad de grupos de obreros:
 
"Como siempre en tales casos, varios cabecillas andaban desde días atrás recorriendo fondas y almacenes, e incitando a sus colegas a un levantamiento en masa, como único medio de traer a los patrones a un arreglo cuyo resultado fuese un aumento de sueldos. Tanto trabajaron y tan bien, que ayer el movimiento comprendía la mayor parte de la población de la Boca."(33)
 
La "huelga del Riachuelo", como pronto empezó a ser llamada, se convirtió en un movimiento general de agitación de los trabajadores de toda la zona portuaria: la reivindicación salarial unificaba el reclamo de los trabajadores de los diferentes gremios. Con el correr de los días, cuando aumentaba el número de huelguistas, La Boca se fue transformando en un epicentro de agitación obrera. Las crónicas hablaban de "grupos de doscientos y trescientos marineros" que se agrupaban en la ribera y eran disueltos por la policía.(34) Según La Nación, "el espectáculo que ofrece la Boca es, como puede suponerse, excepcionalmente animado. Hombres de todas nacionalidades discuten en todas partes la cuestión palpitante, y su crecido número, con el de los agentes de diversas autoridades, moviéndose todos en un radio limitado, cercano a la ribera, llama la atención del que llega por allí ignorante de lo que ocurre".(35)
 
El conflicto portuario movilizó a miles de trabajadores a la huelga, causó un profundo impacto en los medios de prensa e impulsó la agitación en otros gremios. El 7 de agosto se extendió la huelga a las obras del Puerto Madero, donde carpinteros y braceros abandonaron el trabajo en reclamo de aumento salarial, "promoviendo desórdenes que obligaron a la policía a intervenir y hacer 45 prisiones".(36) El malestar se extendió incluso a gremios no portuarios: La Prensa informaba que en el gremio de carreros "notábanse anoche ciertos síntomas precursores de contratiempos" y que circulaban volantes de los panaderos que discutían la convocatoria a una huelga por aumento de jornal. Si bien no alcanzó las proporciones del año anterior, los conflictos de comienzos de agosto de 1889 llegaron al gremio ferroviario.
 
A diferencia de conflictos anteriores, las crónicas señalaban que los trabajadores no contaban con organizaciones previas. Con el paso de los días, de todas formas, aparecen menciones a "comisiones" que comenzaron a reunirse con los funcionarios responsables de las obras del Riachuelo y con los propietarios de corralones y lanchas. Una semana después del inicio de la huelga, la situación comenzó a normalizarse luego de que la mayoría de los patrones llegasen a un acuerdo con los trabajadores. A fines de mes se dio a conocer un decreto que establecía un aumento salarial del 15 al 25% para los trabajadores de las obras del Riachuelo, que habían sido los primeros impulsores de la huelga.(37)
 
En septiembre se produjo otro conflicto de importancia, que tuvo como protagonistas a los trabajadores de carpinterías. La característica distintiva de la huelga de los carpinteros de es el rol jugado por una comisión que, desde un primer momento, centralizó el reclamo de todos los trabajadores del gremio y que tenía vínculos muy estrechos con los socialistas alemanes nucleados en el Club Vorwärts. En los primeros días de septiembre se hizo circular una solicitud a los patrones en la que se reclamaba un aumento del 20% para todos los trabajadores del gremio. Al igual que en el caso de los panaderos, los propietarios que accedían al acuerdo contaban de inmediato con el personal necesario para reanudar sus tareas, debilitando de esta manera la acción de aquellos patrones que se negaban a ceder a los reclamos.
 
La acción de la comisión de obreros como eje articulador de la huelga puede observarse a través de múltiples episodios del conflicto. En el taller de Ocampo, Sackmann y Cía, por ejemplo, que empleaba a varios cientos de trabajadores y estaba ubicado en Montevideo y Cuyo, "la solicitud fue presentada por una comisión de obreros que no eran del establecimiento, mientras una parte del personal en número de 150 esperaban la contestación reunidos en las inmediaciones".(38)
 
Las reuniones de la comisión de carpinteros en huelga se realizaban, en un primer momento, en el local de la calle Comercio 880, sede de la asociación de socialistas alemanes. El jueves 12 de septiembre, por la tarde, se realizó una asamblea que contó con la presencia de más de quinientos trabajadores, "siendo demasiado pequeña la sala para contener más".
 
Hacia mediados del mes de septiembre el conflicto de los carpinteros llegó a su punto más alto, cuando se sumaron los trabajadores de las fábricas de billares, lo cual llevó a más de dos mil el número de los trabajadores implicados en la huelga según el diario La Prensa.(39) Las reuniones de la comisión se sucedían casi diariamente, y en ellas se informaba sobre la situación del conflicto y acerca de las casas que habían aceptado conceder el aumento del 20%. Incluso funcionaba una comisión en forma casi permanente en el mismo local del Verein Vorwärts, para "recibir las nuevas adhesiones y facilitar socorros a los más necesitados de los obreros sin trabajo".(40)
 
Los propietarios de carpinterías intentaron ofrecer una respuesta unificada a los trabajadores, aunque desde un primer momento se encontraron con la dificultad de encontrar que varias decenas de patronos cedían de forma individual al reclamo obrero. Un grupo de patrones intentó formar una comisión y ofreció a los trabajadores un aumento escalonado, que llegaría al 20% solicitado luego de seis meses, pero la propuesta fue rechazada. Durante la segunda mitad del mes las crónicas periodísticas siguen informando, día tras día, de nuevos establecimientos que aceptaban los reclamos de los trabajadores y de las reuniones y asambleas permanentes que éstos realizaban. "El 1 de octubre, tras varias semanas de intenso batallar, la huelga termina con la victoria obrera" (Marotta 1960: 67).
 
La agitación volvió a extenderse a otros gremios. En algunos casos no llegaba a declararse la huelga, pero se hacía sentir el reclamo obrero y conseguía sus reivindicaciones: el lunes 23 de septiembre, por ejemplo, la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, una de las principales empresas tipográficas de la ciudad, concedió un aumento de 20% "ante la perspectiva de verse abandonada de sus 400 obreros".(41)
 
El sábado 21 de septiembre, una reunión de trabajadores albañiles resolvió "pedir un aumento del 30% y una reducción de las horas de trabajo a 9 horas por día en los meses de mayo, junio, julio y agosto, y a 10 horas y media en los demás meses del año".(42) La huelga comenzó el lunes 23 cuando se vieron  "paralizadas la mayor parte de las obras en construcción" de la ciudad. Encontramos también en este conflicto la conformación de una "comisión" de huelguistas encargada de coordinar y difundir las medidas de lucha. Según La Prensa, "... en la calle Moreno esquina Alberti, agarráronse a pedradas un grupo de huelguistas albañiles con otros del gremio que seguían en el trabajo, teniendo la policía que intervenir y reducir a prisión a varios".(43)
 
El miércoles 25, los albañiles realizaron un importante acto público en la Plaza Constitución -luego de que el gobierno se negase a autorizar la manifestación en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), tal como había sido solicitado- en el que reunieron a miles de trabajadores.
 
Según Marotta, el conflicto de los albañiles concluyó con acuerdos parciales entre trabajadores y distintos empresarios, aunque con exclusión de los dirigentes gremiales, que fueron "prácticamente descabezados" (1960: 65). En cualquier caso, la conflictividad continuó a comienzos de la primavera y a fines de septiembre de 1889 se renovó la agitación ferroviaria. El 24 volvieron a entrar en conflicto los peones de carga y descarga de la estación Constitución, que presentaron un reclamo a la gerencia para exigir un aumento de sueldo que llevase sus jornales de 1,80 a 2,50 pesos por día. El 1 de octubre hicieron lo propio los de la estación Once de Septiembre, en número de un centenar, reclamando que su jornal pasase de 1,70 a 2 pesos.(44)
 
El jueves 26 de septiembre se produjo un conflicto de mayores proporciones en el ferrocarril de Buenos Aires al Rosario, porque finalmente fueron a la huelga los maquinistas y foguistas nucleados en La Fraternidad, que seguían reclamando por la libertad de un compañero que había sido detenido tras un accidente ferroviario.(45) La huelga produjo serios trastornos a todo el tránsito ferroviario del país, dado que la suspensión del servicio Buenos Aires-Rosario dificultaba el funcionamiento de otras líneas como el Andino, el Central Argentino y el Central Norte. El lunes 30 se daba a conocer una nueva huelga ferroviaria, que implicaba a... los ajustadores, torneros, caldereros, fraguadores, limpiadores y carpinteros del ferrocarril a la Ensenada que trabajan en los talleres de la estación General Brown. Preparaban una huelga pidiendo aumento del 25%, cuando la empresa sabedora del plan ha despedido a tres de los iniciadores, con lo cual la huelga que hubiera tardado 48 horas, ha empezado hoy mismo.(46)
 
Tal como había sucedido en la primavera del año anterior, el ascenso huelguístico de agosto y septiembre de 1889 provocó un incremento de las persecuciones contra dirigentes obreros. Durante las huelgas de carpinteros y albañiles había aparecido un manifiesto, firmado por dos grupos anarquistas de Barracas y probablemente escrito por Rafael Roca, en apoyo de los huelguistas. La respuesta policial fue ocupar "con gran aparato de fuerza" la imprenta de Barracas en donde se había editado el material y detener a varios de los principales dirigentes obreros anarquistas, como Ettore Mattei, Emile Piette y Victoriano San José (Roca logró escapar a Montevideo).(47) Las detenciones no se limitaron, de todas formas, a los militantes anarquistas y alcanzaron también a varios dirigentes socialistas, como José Winiger y Adolf Uhle, que fueron detenidos a fines de mes por haber escrito un suelto en Vorwärts contra el presidente Juárez Celman.(48)
Aunque varios de los dirigentes fueron liberados al poco tiempo, Piette, Mattei y San José permanecieron en prisión hasta agosto del año siguiente. Las persecuciones policiales de fines de 1889 marcaban, de esta forma, una continuidad con lo que sucedería a partir del año siguiente: cuando en mayo de 1890 diversos grupos anarquistas lograran comenzar con la publicación de un periódico permanente lo llamarían, precisamente, El Perseguido.
 
Conclusión
 
El 1° de octubre de 1889 los lectores de El Nacional podían encontrar un curioso artículo en la primera página del periódico. Bajo el título "Huelga inesperada", la nota informaba que:
 
Los mendigos de la capital tratan de declararse en huelga. Al efecto se habla de una reunión a celebrarse hoy o mañana y en la cual se discutirán los siguientes puntos:
 
1°) Elevación del mínimum de la limosna a recibir, de 5 centavos a 10, que es lo menos que puede recibir un pobre que se estime en algo, con el alto precio que alcanza el oro.
 
2°) Nombramiento de comisiones que impidan el ejercicio de la honrosa y lucrativa profesión de mendigo, hasta que el público acepte dicho aumento de limosna.
 
3°) Constitución de un sindicato permanente encargado de representar los intereses de la clase.
 
Los atorrantes harán lo mismo: se declaran en huelga porque encuentran que los caños no son bastante cómodos.(49)
 
El artículo satírico tiene interés porque posee la capacidad de resumir las características fundamentales del proceso huelguístico que atravesaba la ciudad de Buenos Aires en medio de una crisis económica y política sin precedentes. Porque el artículo no sólo deja en evidencia la postura fuertemente hostil a los trabajadores de uno de los medios de prensa más tradicionales de la ciudad, que no dudaba en asimilar los reclamos obreros a los de "mendigos" y "atorrantes". También resume los principales rasgos de los procesos de organización y agitación huelguística que recorrieron los años previos: la convocatoria de reuniones preparatorias, el planteo de un pliego reivindicativo que gira en torno a la necesidad de aumento salarial, la organización de comisiones para garantizar y promover el cumplimiento de la huelga y el intento de convertir esos vínculos surgidos al calor de la huelga en organizaciones gremiales de carácter permanente.
 
El desarrollo de una industrialización incipiente, en el marco de la expansión demográfica acicateada por la inmigración masiva, fue dando forma a una Buenos Aires obrera que, hacia las últimas décadas del siglo XIX, tenía poco en común con la ciudad de los burgueses, profesionales y políticos. En ella se procesaban, a espaldas de las miradas y la atención de la clase dominante, las experiencias de miles y miles de inmigrantes y trabajadores nativos que sufrían cotidianamente la explotación y la opresión en las fábricas y talleres, en el puerto, en las obras en construcción, en los conventillos, en los barrios obreros. Cuando a fines de la década de 1880 las luchas obreras hicieron su aparición brusca en la escena política, la prensa comercial y la oligarquía la consideraron una explosión inexplicable, sin razones aparentes en un país que ofrecía todas las posibilidades a los recién llegados; en realidad, se trataba de la manifestación de un proceso que venía desarrollándose molecularmente en la experiencia de los trabajadores de esa "otra" ciudad de Buenos Aires y que estalló en el marco de la crisis- la tarea del historiador es no repetir esa mirada impresionista, marcada por una perspectiva de clase, para recuperar el proceso a través del cual se constituía esa experiencia colectiva de los trabajadores.
 
Si en 1887, cuando el crecimiento económico parecía imparable y el "unicato" no mostraba fisuras, los reclamos obreros eran vistos como un fenómeno impropio de esta tierra promisoria y ajena a las contradicciones sociales características de Europa, dos años más tarde la situación había cambiado drásticamente. Con buena razón se ha enfatizado el papel clave que jugó el año 1890, como un momento de quiebre y que presenta un marcado simbolismo por reunir en pocos meses la crisis económica, el estallido de un golpe cívico militar que terminó con el gobierno y, en el terreno que nos ocupa, la aparición en la escena pública de la clase trabajadora con un conjunto de periódicos y manifestaciones públicas. Pero la importancia de los años inmediatamente anteriores no debe ser soslayada: con nuestro análisis de la agitación obrera de 1888 y 1889 como una etapa marcada por una profunda movilización reivindicativa y un desarrollo paralelo de la organización de los grupos socialistas y anarquistas locales, pretendemos enriquecer la comprensión del salto político y organizativo que representó la manifestación pública celebrada el 1° de mayo de en la ciudad de Buenos Aires, que ha sido marcada por todos los autores como un momento "fundacional" del socialismo y del movimiento obrero en nuestro país.(50)
 
Se trata, en suma, de advertir de qué manera la propia crisis económica actuó como un catalizador que le permitió dar un salto a la actividad de una clase obrera que venía madurando al calor de la carestía, la marginación política y social, y la intervención de activistas socialistas y anarquistas: sin duda procesos que resultan de notable actualidad más de un siglo después, cuando la crisis capitalista pone en movimiento la fuerza social de la clase obrera.
 
 
Referencias
 
Dorfman, Adolfo (1986): Historia de la industria argentina, Buenos Aires: Hyspamérica.
 
Falcón, Ricardo (1986): El mundo del trabajo urbano (1890-1914), Buenos Aires: CEAL.
 
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Gaido, Daniel y Lucas Poy (2009a) "Entre Bismarck y Juárez Celman. Lucha política y contribuciones teóricas de los socialistas alemanes en los orígenes del movimiento obrero argentino", ponencia presentada en las II Jornadas Nacionales de Historia Social, Centro de Estudios Históricos-Conicet, La Falda, mayo.
 
Gaido, Daniel y Lucas Poy (2009b): "Antes de Justo. Los inmigrantes alemanes y la 'prehistoria' del socialismo argentino (1888-1894)", ponencia presentada en las XII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Universidad Nacional del Comahue.
 
Gerchunoff, Pablo, Fernando Rocchi y Gastón Rossi (2008): Desorden y progreso, Buenos Aires: Edhasa.
 
Joll, James (1956): The SecondInternational, 1889-1914, New York, Praeger.
 
Klima, Jan (1974): "La asociación bonaerense Vorwärts en los años ochenta del siglo pasado", en Ibero-Americana Pragensia, a. VIII, Praga.
 
Kühn, Augusto (1916): "Apuntes para la historia del movimiento obrero socialista en la República Argentina", en Tempos Nuevos, números 1 a 7.
 
Kühn, Augusto (1926): "Páginas de la historia revolucionaria argentina. Espigando", en Correspondencia Sudamericana, año I, núm. 2,
Buenos Aires, 30 de abril. Marotta, Sebastián (1960): El movimiento sindical argentino. Su génesis y desarrollo. 1857-1907, Buenos Aires:
Lacio.
 
Rivero Astengo, Agustín (1944): Juárez Celman 1844-1909. Estudio histórico y documental de una época argentina, Buenos Aires: Kraft.
 
Tarcus, Horacio (2007): Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Buenos Aires: Siglo XXI.
 
Zaragoza Rovira, Gonzalo (1996): Anarquismo argentino 1876-1902, Ediciones de la Torre, Madrid.
 
Zeller, Jessica (2007): "Entre la tradición y la innovación. La experiencia del Vorwärts en Buenos Aires", en Políticas de la Memoria. Anuario de investigación e información del CeDInCI, número 5.
 
 
Notas
 
1. Este artículo es una versión reducida del publicado en la serie Documentos de Jóvenes Investigadores del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, mayo de 2010. 
 
2. “Kurze Geschichte der Arbeiterbewegung in Argentinien”, en Vorwärts, núm. 499, 15/08/1896, núm. 502, 5/09/1896, núm. 504, 19/09/1896, núm. 505, 26/09/1896, núm. 506, 3/10/1896, y núm. 508, 17/10/1896. Para un análisis más amplio de este trabajo ver: Gaido y Poy (2009a y 2009b). 
 
3. Ibid. 
 
4. “Huelga de cocineros, mozos y cocheros”, La Prensa, 26/1/1888, pág. 4. 
 
5. Ibid. Según la crónica, “un cocinero de categoría ha donado 5.000 nacionales para ese fin”. 
 
6. “Huelga de cocineros, mozos y cocheros”, La Prensa, 26/1/1888. 
 
7. Ibid. 
 
8. “La huelga”, La Prensa, 26/1/1888. “El ukase municipal”, La Nación, 26/01/1888.
 
 9. Ver el “Retrospecto político, noticioso y estadístico de 1888”, La Prensa, 1/1/1889. 
 
10. “La huelga de panaderos”, La Prensa, 1/2/1888. 
 
11. “La famosa ordenanza y sus efectos”, La Nación, 31/1/1888. 
 
12. “La huelga de los panaderos”, La Prensa, 2/2/1888. 
 
13. “Continúa la huelga”, Sud-América, 27/10/1889. 
 
14. “La nueva huelga”, La Prensa, 7/11/ 1888. El diario hacía notar la influencia de la huelga ferroviaria sobre los trabajadores
metalúrgicos: en el mismo artículo se informaba que los obreros “no disimulan la creencia de que, como los obreros del FC del Sud, ellos también conseguirán el aumento general exigido”. 
 
15. “Huelgas”, La Prensa, 8/11/1888. 
 
16. “Huelga”, La Prensa, 10/11/1888. “Más huelguistas”, Sud-América, 13/11/1888. 
 
17. “Las huelgas”, La Prensa, 24/11/1888. 
 
18. Un artículo de La Nación de la semana anterior planteaba que “En La Boca, foco del huelguismo, se ha formado una asociación denominada Sociedad operaria mecánica de protección mutua. El centro cuenta ya con cerca con mil doscientos miembros.” (“Las huelgas”, La Nación, 17/11/1888). 
 
19. “Las huelgas”, La Prensa, 24/11/1888. 
 
20. “Las huelgas”, La Prensa, 18/11/1888. 
 
21. “Los peones del alumbrado público”, La Prensa, 20/11/1888. Los trabajadores obtuvieron el pago, y la municipalidad rescindió el contrato de la empresa encargada del alumbrado. 
 
22. “La huelga de lanchoneros”, La Prensa, 21/11/1888.
 
23. “Las huelgas”, La Prensa, 11/11/1888. 
 
24. “Las huelgas”, La Prensa, 20/11/1888. 
 
25. “Las huelgas”, La Prensa, 11/11/1888. 
 
26. “Las huelgas”, La Prensa, 20/11/1888. 
 
27. “Reunión de obreros”, La Prensa, 27/11/1888. La crónica de La Nación es más breve pero proporciona un relato similar. 
 
28. Ibid. 
 
29. Ibid. 
 
30. Ibid. 
 
31. “El socialismo y las huelgas”, Figaro, 14/11/1888. 
 
32. “El socialismo en Buenos Aires”, Sud-América, 15/11/1888. 
 
33. “Huelga de marineros”, Sud-América, 3/8/1889. 
 
34. Ibid. 
 
35. “La huelga de la Boca”, La Nación, 7/8/1889. 
 
36. “La huelga en vías de solución”, La Prensa, 8/8/1889. 
 
37. “Los sueldos en las obras del Riachuelo”, La Prensa, 29/8/1889. 
 
38. “Huelga de los carpinteros”, La Prensa, 11/9/1889, subrayado nuestro. 
 
39. “La huelga en las fábricas de billares”, La Prensa, 13/9/1889. 
 
40. “La huelga de los carpinteros”, La Prensa, 15/9/1889. 
 
41. “Las huelgas”, La Prensa, 24/9/1889. 
 
42. “La huelga de los obreros de albañilería”, La Prensa, 21/9/1889. 
 
43. Ibid. 
 
44. “Sigue la huelga”, El Nacional, 1/10/1889.
 
45. “La huelga de maquinistas”, El Nacional, 28/9/1889. 
 
46. “Otra huelga”, El Nacional, 30/9/1889. 
 
47. “Comunistas y socialistas”, El Nacional, 1/10/1889. El artículo lamentaba la detención de varios militantes del gremio de tipógrafos, como Indalecio Cuadrado y Francisco Fó, “que nada tienen que ver con los comunistas del otro grupo” y que pretendían publicar un periódico “de propaganda socialista científica” en la misma imprenta. Sobre las detenciones a los anarquistas, ver también Gonzalo Zaragoza (1996: 120-121) 
 
48. “Anklage des Präsidenten Celman gegen den Vorwärts”, Vorwärts no. 150, 10/11/1889. 
 
49. “Huelga inesperada”, El Nacional, 1/10/1889. 
 
50, La mejor fuente es Kühn (1916). El tema también es analizado por Tarcus (2007: 163-167), Marotta (1960: 94-99) y Godio (2000: 91-92), entre otros.

 

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